Cosmetología. - el moderno prometeo

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Cosmetología. - el moderno prometeo
Cosmetología.
Tema 3: Los Cosméticos: Características Generales.
Jorge Martínez Fraga.
Nivel Medio • CFGM de Peluquería • 14 de abril de 2012
www.elmodernoprometeo.es - elmodernoprometeo.blogspot.com
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Contenido
Cosméticos
!
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CARACTERÍSTICAS GENERALES.
5
Definición de Cosmético.
5
Diferencias entre cosméticos y medicamentos.
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Componentes de los cosméticos.
7
Tipos de componentes.
7
Principios activos.
8
Excipiente.
8
Aditivos y correctores.
10
Espesantes.
11
Suavizantes y emolientes.
11
Espumantes y estabilizadores de la espuma.
12
Humectantes.
12
Disolventes.
13
Controladores de pH.
13
Secuestrante de iones metálicos.
13
Conservantes.
14
Antioxidantes.
14
Antimicrobianos.
14
Colorantes.
15
Perfumes.
16
Clasificación de los productos cosméticos.
16
3
Introducción.
16
Formas cosméticas.
17
Disoluciones y lociones.
17
Emulsiones.
17
Suspensiones.
18
Geles.
18
Espumas.
19
Aerosoles.
19
Pulverizadores.
20
Sólidos en polvo.
20
Sólidos en barra.
20
Sólidos en forma de lápices.
21
Sólidos en pastilla.
21
Sólidos plásticos o moldeables: mascarillas.
21
Algunos soportes especiales.
21
Cosméticos según su función.
23
Cosméticos según su nivel de uso.
23
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Cosméticos
Composición y estructura de los Cosméticos.
CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Definición de Cosmético.
Podemos definir cosmético de varias formas. Si fuésemos al Diccionario de la Real Academia
de la Lengua, encontraríamos que se define cosmético como:
“Dícese de los productos que se utilizan para la higiene o belleza del cuerpo, especialmente
del rostro”.
Sin embargo, para definir cosmético de forma adecuada debemos ir a la legislación vigente, ya
que es la que nos diferenciará qué es un cosmético a nivel legal, industrial y sanitario. La
definición viene establecido en el Real Decreto
RD1599/1997 de 17 de Octubre. Y nada que no
entre en esta definición podrá ser considerado
como producto cosmético:
“Toda sustancia o preparado destinado a ser
puesto en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano (epidermis,
sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las
mucosas bucales, con el fin exclusivo y principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su
aspecto, y/o corregir los olores corporales, y/o protegerlos o mantenerlos en buen estado”.
Es decir, no podrán ser considerados cosméticos aquellos productos cuyo fin último principal
no sea la decoración o corrección superficial del cuerpo. Y tampoco aquellos que actúen a un
nivel diferente del superficial o aquellos que para su aplicación deban ser ingeridos, inhalados
o inyectados.
En este mismo Real Decreto vienen establecidos ciertos parámetros que hacen que ciertos
productos no puedan ser considerados cosméticos:
“Quedan excluidos del presente Real Decreto aquellos preparados destinados a la
prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades, así como los destinados a ser
ingeridos, inhalados, inyectados o implantados en el cuerpo humano. Tampoco se consideran
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cosméticos aquellos preparados destinados a la protección frente a la contaminación o
infección por microorganismos, hongos o parásitos”.
Es decir, que los cosméticos deben actuar a nivel superficial y quedar bien diferenciados de
todos los productos medicamentosos o terapéuticos.
Diferencias entre cosméticos y medicamentos.
En la definición y la aclaración que se detallan en el Real Decreto trata de diferenciarse a los
cosméticos de cualquier tipo de producto cuyo fin último esté relacionado de manera directa
con la salud, bien con el diagnóstico, bien con el tratamiento de enfermedades, patologías,
infecciones, etc.
Por eso es conveniente diferenciar claramente lo que es un cosmético de un medicamento, ya
que ambos productos deben cumplir funciones totalmente diferentes.
Como en el caso anterior, tenemos una definición lingüística de medicamento, que vendrá
dada por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua:
“Cualquier sustancia que, administrada interior o exteriormente a un organismo animal, sirve
para prevenir, curar o aliviar la enfermedad y corregir o reparar las secuelas de esta”.
Aunque ya se esbozan ciertas diferencias conceptuales entre cosmético y medicamento,
volverá a ser la legislación vigente la que marque la verdadera frontera entre ambos.
La definición legal de medicamento viene establecida por la
Ley 25/1990 del 20 de Octubre y dice lo siguiente:
“Toda sustancia y sus asociaciones o combinaciones
destinadas a su utilización en las personas o en los animales
que se presenten dotadas de propiedades para prevenir,
diagnosticar, tratar, aliviar o curar enfermedades o dolencias
o para afectar a funciones corporales o al estado mental”.
Las diferencias son muy notables. Aquí se habla de prevenir, diagnosticar, tratar, aliviar o
curar, conceptos que no vienen recogidos en la definición de cosmético. En el cosmético, los
conceptos básicos son limpiar, perfumar, modificar aspecto, corregir olores, proteger y
mantener en buen estado.
En la definición de medicamento se habla de enfermedades o dolencias, mientras en la
definición de cosmético y la aclaración de sustancias que no deben ser consideradas
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cosméticos queda muy claro que la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades no
entran dentro de sus funciones.
Por lo cual encontramos una clara diferencia entre cosmético y medicamento a nivel de
función.
También encontramos una diferencia muy clara a nivel de administración. Ya que el
cosmético debe ser puesto en contacto con partes superficiales del cuerpo y nunca deben ser
administrados por otros mecanismos, como ingestión, inhalación, inyección o implantación.
En cambio, en la definición de medicamento no se hace mención alguna al modo de
aplicación. Por lo que se entiende que este aspecto no es determinante para su definición: un
medicamento puede ser administrado de diferentes formas, inhalación, inyección, ingestión e
implantación incluidas.
En resumen, que encontramos también una clara diferencia entre cosmético y medicamento a
nivel de su aplicación.
Con estas dos definiciones en la mano, resulta sencillo discernir entre qué productos deben
ser considerados cosméticos y cuáles deben ser considerados medicamentos, aunque en
ocasiones nos encontremos con productos cuyas características hacen que esta decisión no
sea tan sencilla ni tan clara.
COMPONENTES DE LOS COSMÉTICOS.
Tipos de componentes.
Aunque podemos encontrar muchos tipos de cosméticos diferentes, con infinidad de
productos químicos en su composición y multitud de funciones diferentes, podremos
establecer un esquema general de composición.
Todos los componentes que constituyen un cosmético pueden englobarse en tres grandes
categorías:
• Principios Activos.
• Excipientes.
• Aditivos y Correctores.
Analicemos estas categorías.
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Principios activos.
Los principios activos son todos aquellos componentes del cosmético responsables directos
de la función principal del cosmético. Es decir, son los productos del cosmético que llevan a
cabo, de una forma u otra, la función para la que ha sido diseñado y fabricado el cosmético.
Por ejemplo, si tenemos un maquillaje, los colorantes encargados de dar color a la piel sobre
la que se aplica son el principio activo. Si tenemos un champú o cualquier otro cosmético de
higiene, los detergentes encargados de eliminar la suciedad de la piel son los principios
activos. En el caso de un líquido de permanente, el principio activo serán los productos
encargados de hacer que el pelo adquiera y mantenga la nueva forma.
Un cosmético puede tener, en su composición, uno o varios principios activos diferentes. Y
además, dado que puede cumplir varias funciones a la vez, puede tener principios activos cuya
finalidad no sea exactamente la misma.
Por ejemplo, en un champú con acondicionador incorporado la fórmula contendrá principios
activos encargados de la higiene, es decir, detergentes y principios activos encargados del
acondicionamiento, es decir, emolientes y acondicionadores.
Y por supuesto, un producto químico cualquiera puede ser el principio activo en un
cosmético determinado y un excipiente, aditivo o corrector en otro cosmético diferente. Por
ejemplo, los colorantes de un maquillaje constituyen su principio activo, mientras que en
otros cosméticos, como un jabón líquido, los colorantes son meros aditivos que hacen más
agradable el uso del cosmético o mejoran sus propiedades.
La variedad de principios activos usados en cosmetología es enorme. Aun clasificándolos
según su función, podemos encontrar abrasivos, acondicionadores, antioxidantes,
antisolares, desodorantes, detergentes, decolorantes, emolientes, epitelizantes, fijadores
capilares o filmógenos, tónicos, tintes, suavizantes, pilomotores, pigmentos, perfumes,
lubricantes, hiperemiantes, etc.
Excipiente.
El excipiente es la sustancia o grupo de sustancias que actúan como disolvente o soporte del
resto de sustancias del cosmético. Es decir, todos los componentes del cosmético se
encontrarán disueltas o suspendidas, en mayor o menor medida, en el excipiente o alguno de
los excipientes.
El excipiente suele ser la sustancia mayoritaria del cosmético. Debemos tener en cuenta que
los principios activos, por ejemplo, pueden requerirse en cantidades muy pequeñas. Sin
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embargo, dado que todos los productos deben estar incluidos en el excipiente, este debe
constituir la mayor parte del mismo.
Debemos tener en cuenta que en la composición de un cosmético entrarán en juego multitud
de sustancias diferentes, tanto principios activos como aditivos y correctores. Y todos ellos
deben estar debidamente disueltos o al menos incluidos en el excipiente o grupo de
excipientes. Por lo tanto, los excipientes deben ser capaces de disolver o incorporar (en
emulsión o en suspensión) a multitud de sustancias.
Además, dado que se trata del componente mayoritario, debe se totalmente compatible con la
piel y con el pelo.
Ocurre en ocasiones que el excipiente actúa, además, como principio activo o en ocasiones
como aditivo. Por ejemplo, el alcohol etílico puede ser a la vez el disolvente de la sustancia
activa y actuar como anibacteriano, evitando que proliferen microorganismos. Y la acetona en
un quitaesmaltes es, a la vez, el disolvente (y por tanto excipiente) y el principio activo.
El excipiente es el responsable de la forma cosmética. Entendemos como forma cosmética a la
forma de presentación del producto, es decir, cómo se encuentra el cosmético, si es líquido o
sólido, si es un aerosol o una espuma. Un excipiente líquido dará una forma cosmética líquida,
un excipiente en forma de sólido con gas en el interior dará una espuma, un excipiente líquido
con un agente que aumente la viscosidad dará lugar a un gel.
El excipiente debe adaptarse al principio activo y a la forma adecuada de aplicación.
Es decir, el principio activo debe poder incluirse en el excipiente de forma óptima para
cumplir su función, bien sea disuelto, suspendido o emulsionado. En cualquier caso, el
excipiente debe permitir al principio activo lleva a cabo la acción para la que ha sido
incorporado al cosmético y debe protegerlo.
Y debe aportar la forma cosmética adecuada para que el cosmético se pueda aplicar
correctamente. Por ejemplo, los polvos de maquillaje deben ser sólidos para poder ser
aplicados adecuadamente. Pero un acondicionador para el cabello deberá ser, normalmente,
líquido.
El excipiente más común y habitual es el agua. Se debe a que es un disolvente universal, en
ella se pueden disolver una cantidad enorme de sustancias diferentes. Además, es el
compuesto más importante de los seres vivos, es inocuo, barato y fácil de manejar. Es
totalmente compatible con la piel y el pelo, no provoca reacciones adversas.
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Pero en ocasiones también son importantes los excipientes grasos. Las grasas y aceites son
muy usados en cosmetología por sus propiedades sobre la piel, actuando como suavizantes y
emolientes. Al fin y al cabo, la piel se encuentra recubierta de un manto graso. Y muchas
sustancias activas importantes en los cosméticos son solubles principalmente en grasas, como
ocurre con los suavizantes y los emolientes o los acondicionadores.
Debemos pensar que las grasas y aceites no se mezclan con facilidad con el agua. En los
cosméticos, normalmente, se encontrarán estabilizados formando emulsiones, que son
mezclas estables de agua y grasas. Para estabilizar la emulsión se suelen usar unos productos
químicos llamados tensoactivos (formarán parte de los excipientes de multitud de productos
cosméticos).
Dependiendo de la proporción de agua y aceite y grasas que tenga la emulsión
diferenciaremos dos grandes grupos. Las emulsiones aceite en agua (O/A), en las que el
componente mayoritario es el agua y el aceite y las grasas son el componente minoritario. Y
las emulsiones agua en aceite (A/O), en las que el componente mayoritario de la emulsión es
el aceite y el agua se encuentra como componente minoritario. Las emulsiones O/A tienden a
ser más líquidas, menos viscosas y menos untuosas, con tacto o aspecto menos graso. En
cambio las emulsiones A/O suelen ser más viscosas y untuosas, con un aspecto mucho más
graso.
Otra mezcla muy común es la de agua con disolventes orgánicos como la acetona y el alcohol
etílico. En estos casos las mezclas son menos viscosas, aparentemente acuosas. Por ejemplo
los perfumes están compuestos por mezclas de agua con alcohol. Los disolventes orgánicos se
usan para disolver sustancias orgánicas que no se disolverían si se añadiesen directamente al
agua, pero que quedan bien disueltas si primero las disolvemos en el alcohol o la cetona y
después lo añadimos todo junto al agua.
Aditivos y correctores.
Los aditivos y correctores son sustancias que se añaden para mejorar las propiedades del
producto, facilitar su uso, protegerlo frente a agentes biológicos o químicos, defenderlo del
paso del tiempo o hacerlo más atractivo a la vista u olfato o más agradable de usar.
En muchas ocasiones los conservantes y algunos otros aditivos y correctores no vendrán
nombrados tal cual, sino por un código internacional. Suelen comenzar con la letra E, para
indicar que son conservantes permitidos en la unión europea, seguido por un número.
Los nombrados entre E-100 y E-200 son colorantes alimentarios. Los nombrados entre
E-200 y E-300, antimicrobianos. Entre E-300 y E-400 son antioxidantes, emulsificantes y
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estabilizantes. Entre E-400 y E-500 emulsificantes y espesantes (principalmente
alimentarios).
Existen varios tipos de aditivos y correctores en función de la función por la que son
incorporados. Veamos los más importantes.
Espesantes.
Son un grupo de aditivos encargados de aumentar la viscosidad del excipiente. Esto hace que
su apariencia sea más sólida y por lo tanto resulten más cómodos de aplicar. Resultan
fundamentales en algunos cosméticos, como las cremas, que resultarían poco prácticas si se
comportasen como un líquido acuoso.
Un tipo especial de espesantes son los gelificantes, que se encargan de transformar
cosméticos líquidos en geles, es decir, productos semisólidos.
Podemos diferenciar dos grandes tipos de espesantes, los que espesan soluciones acuosas y
los que espesan soluciones oleosas, ya que son los dos grandes tipos de excipientes que
encontraremos en los cosméticos.
Los espesantes acuosos son productos con gran capacidad de absorber o retener agua.
Destacan las gomas naturales, pectinas, ceras, algunos tensoactivos y grasas parcialmente
hidosolubles y los polímeros
acrílicos (los más usados para
obtener geles) como el carbopol,
carcomer, sepigel, hypan, etc. En
ocasiones, cuando el cosmético
está formulado con grasas y tensoactivos en emulsión acuosa, basta añadir una sal como el
cloruro sódico para lograr que la mezcla se espese.
Suavizantes y emolientes.
Se encargan de reponer los lípidos de la piel que el cosmético retira. Por ejemplo, los
productos que incorporan alcoholes o detergentes muy fuertes, eliminan gran cantidad de
grasas de la piel que deben ser repuestas. En caso contrario, la piel se resecará.
Cuando la acción suavizante es la función principal del cosmético, como ocurre en algunas
cremas hidratantes o en los cosméticos de acondicionamiento capilar, el suavizante debe
considerarse como principio activo en lugar de aditivo.
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La mayor parte de los suavizantes y emolientes son sustancias de naturaleza grasa que
reemplazan o complementan a las grasas de la piel. Las grasas pueden ser de naturaleza
animal, vegetal, mineral, sintéticas o semisintéticas.
Los emolientes de naturaleza mineral suelen ser muy efectivos pero muy oclusivos. Suelen
aportar un tacto graso bastante desagradable. Pero son baratos y fáciles de conseguir.
Ejemplos, petrolatum y sus derivados.
Los emolientes de naturaleza vegetal son también bastante oclusivos, aunque no tanto como
los minerales. Al ser productos naturales, no dan tantos problemas sobre la piel, no suelen
provocar reacciones adversas. Aportan tacto graso, pero no excesivamente marcado.
Ejemplos: los aceites y grasas vegetales, como el de oliva, etc. Tienen mayor tendencia al
enranciamiento que los emolientes minerales.
Los emolientes animales se absorben muy bien por la piel, no aportan apenas tacto graso, lo
cual es lógico porque son los más similares a las grasas de la piel. Son más difíciles de
conseguir, muy inestables (se enrancian con mucha facilidad). Son muy habituales los
derivados de aceites animales, como el aceite de castor o el aceite de lana, más conocido como
lanolina.
Los sintéticos y semisintéticos tratan de aportar las ventajas de los minerales, es decir, su
poder emoliente y su precio económico. Y a la vez no resultar tan oclusivos. Para ello se
fabrican artificialmente o se modifican emolientes de origen natural (aceite de castor
hidrogenado, por ejemplo). Se consigue, además, que sean más estables y duraderos que los
emolientes de origen animal.
Espumantes y estabilizadores de la espuma.
Algunos cosméticos incorporan sustancias que hacen que aumente la cantidad de espuma
generada, para hacer más agradable la aplicación de productos.
Los más habituales, algunos tipos de tensoactivos no iónicos.
Humectantes.
Evitan que el producto cosmético pierda agua, que pierda agua por evaporación. Se usan
sustancias que tengan gran capacidad para retener agua, como la glicerina o el propilenglicol.
Debemos tener en cuenta que, sin ellos, los productos pueden perder
agua y desestabilizarse (por ejemplo, si tenemos una emulsión,
perdería agua pero conservaría grasas, con lo que el cosmético sería
cada vez más graso, pudiendo perder propiedades o desestabilizarse).
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Entre los humectantes destacan sustancias como la glicerina y el propilenglicol, es decir,
sustancias higroscópicas que evitan pérdidas de agua.
Disolventes.
Se encargan de favorecer la disolución de algunas sustancias incapaces de disolverse en el
excipiente o excipientes del cosmético. Suelen usarse alcoholes, como la glicerina o el
isopropílico. En algunos cosméticos se requieren otro tipo de disolventes, como ocurre con la
acetona en el maquillaje de uñas.
Controladores de pH.
Se encargan de mantener el pH en unos valores adecuados, tanto para que el producto
cosmético no resulte dañino para la piel, como para que las variaciones de pH no estropeen
alguna sustancia. La piel tiene un pH superficial de alrededor de 5,5. Si este valor es
modificado por un cosmético que se aplique sobre ella, puede ocasionar problemas como
irritaciones.
Y determinadas sustancias cambian su solubilidad, carga eléctrica o forma química si varía el
pH. Por ejemplo, algunos tensoactivos son especialmente sensibles a los cambios de pH,
pudiendo perder su actividad (sobre todo los tensoactivos anfóteros).
Por eso se usan sustancias que evitan que el pH oscile con el paso del tiempo o al ponerse en
contacto con la piel o el aire. El pH de los cosméticos, en general, no debe diferir mucho del
pH de la piel, aunque hay excepciones como los cosméticos de
permanente. Para controlar el pH se usan ácidos (que bajan
ligeramente el pH) y bases débiles (que elevan ligeramente el pH).
Entre los ácidos destacan el ácido cítrico, láctico o tartárico. Entre las
bases débiles destacan la trietanolamina y la dietanolamina.
La combinación de sales ácidas débiles formará lo que se denomina disoluciones tampón, que
regulan el pH evitando que varíe el exceso. Las disoluciones tampón más habituales son las
conformadas por el tampón fostfato, derivado de las sales de ácido fosfórico.
Secuestrante de iones metálicos.
Los iones metálicos pueden causar serias desestabilizaciones en los cosméticos: romper
emulsiones, cambiar el color de los compuestos, hacer sustancias insolubles, transformar
productos, etc. Debemos recordar que los iones metálicos como el calcio (Ca2+) y el magnesio
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(Mg2+) son muy frecuentes, apareciendo por ejemplo en el
agua no destilada.
Los secuestrantes de iones metálicos más usado son las
sales del ácido etilen diamino tetracético, es decir, las sales
de EDTA.
Conservantes.
Los conservantes son los encargados de evitar el deterioro del producto con el paso del
tiempo. Las alteraciones más comunes que puede sufrir un cosmético son la oxidación de sus
productos, sobre todo de las grasas y la contaminación por agentes biológicos,
fundamentalmente bacterias y hongos. Para esto se usarán antioxidantes y antimicrobianos
respectivamente.
Antioxidantes.
Como decíamos, evitan la oxidación de los componentes del cosmético. Las grasas son
especialmente sensibles a la oxidación (se habla de enranciamiento): adquieren coloraciones
amarillentos y suelen adquirir olores fuertes y desagradables.
En general los oxidantes son moléculas de naturaleza orgánica que se oxidan con relativa
facilidad. De este modo, cuando un oxidante actúa sobre el cosmético, en lugar de oxidarse
los componentes de este se oxidan los oxidantes, evitando de este modo el deterioro. Los
oxidantes dejarán de ser efectivos cuando se hayan oxidado completamente o ante la acción de
oxidantes muy fuertes.
Existen muchos tipos de antioxidantes, entre los que destacan la
vitamina C (ácido ascórbico, E-300), la vitamina E (tocoferol y sus
derivados) y algunos derivados del benceno como el
bituihidroxianisol (BHA, E-320) y el butilhidroxitolueno (BHT,
E-321).
Antimicrobianos.
Son productos encargados de evitar o controlar el crecimiento de microorganismos sobre el
cosmético. Muchos cosméticos tienen componentes que los harían idóneos para el
crecimiento de hongos y bacterias. Estos, con su actividad, modificarían muchos
componentes y además supondría un serio riesgo del infección cutánea para quien lo aplicase.
De ahí el uso de estas sustancias.
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Entre los antimicrobianos más habituales destacan los derivados
de ácido benzóico y para-aminobenzóico (como los metil, etil,
propil o butil-paraben), la imidazolinil-urea (derivado del
imidazol), triclosan, adamantanos (compuesto orgánico
tricíclico), algunos derivados del amonio cuaternario, etc.
Su cantidad está regulada, ya que en general no son totalmente inocuos para la piel, pudiendo
producir reacciones adversas en determinadas personas, siendo relativamente comunes las
reacciones alérgicas a algunos de ellos.
Debemos tener en cuenta que la mayor parte de los antimicrobianos serán bien solubles en
grasas, bien solubles en agua, pero pueden no ser solubles a la vez en ambos medios. En el
caso de emulsiones, puede ser necesario que existan dos grupos de antimicrobianos, unos
destinados a actuar en la fracción acuosa y otros destinados a actuar en la fracción grasa.
Todo esto no quiere decir que los cosméticos sean estériles, pero el contenido de hongos y
bacterias debe estar totalmente controlado (no se pueden superar 1000 gérmenes por
gramo).
Colorantes.
Los colorantes son sustancias encargadas de aportar color al cosmético a fin de hacerlo más
agradable a la vista. Deben incluirse colorantes que no afecten a las propiedades del producto
y que tenga capacidad de disolverse en el excipiente.
Normalmente, en la formulación de un cosmético no se indica el nombre del colorante, sino
que se remite a un código internacional compuesto por el prefijo CI (de color index) seguido
de un número de cinco cifras.
Los colorantes pueden ser de origen natural, es decir, derivados de alguna sustancia extraída
de algún ser vivo (como el ácido carmínico, E-120 ó CI-75470) o sustancias inorgánicas. O de
origen artificial, es decir, sintetizados en el
laboratorio, siendo estos últimos con mucha
diferencia los más habituales.
Debe cuidarse mucho los colorantes aplicados, ya
que son causantes de múltiples problemas como
alergias o hipersensibilidades. La legislación clasifica los colorantes en cuatro grandes grupos
en función de la zona de aplicación permitida.
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De este modo, los colorantes del grupo 1 son aquellos permitidos en todos los productos
cosméticos. Dentro de este grupo se encontrarían los colorantes alimentarios. Por ejemplo, la
azorrubina, de color rojo (E-122 ó CI-14720); o la crisoína, de color naranja (E-103 ó
CI-14270).
Los colorantes del grupo 2 son aplicables en cosméticos de uso general no incluyendo el área
ocular (al poseer una piel más fina, es mucho más delicada y permeable). Entre otros
encontramos, por ejemplo, a el Anaranjado II
(CI-15510), o el Saffron (CI-75100).
En el grupo 3 se incluirían aquellos de uso externo, no
permitidos en cosméticos que entren en contacto con
los labios o las membranas mucosas. Entre otros, el
Verde Naftol (CI-10020), o el Amarillo III (CI-11710).
En el grupo 4 entrarían aquellos colorantes destinados a ser puestos en contacto brevemente
con la piel, como el pardo permanente (CI-12480).
Perfumes.
Encargados de aportar olor al cosméticos. Muchos excipientes, principios activos y aditivos
tienen olores desagradables. Además, el olor de los cosméticos es un incentivo para su venta y
uso.
Debe adaptarse el olor con el color del perfume (un olor mentolado debe aplicarse a un
cosmético con tonalidades verdosas o de lo contrario restaremos naturalidad al producto).
Además, debe ser totalmente soluble en el excipiente principal y compatible con el resto de
componentes del cosmético así como con el envase. Y no ser irritante para la piel ni para las
mucosas o semimucosas cuando se aplique cerca de estas.
CLASIFICACIÓN DE LOS PRODUCTOS COSMÉTICOS.
Introducción.
Podemos clasificar los productos cosméticos en función de
varios parámetros. Por una parte, podemos realizar una
clasificación en función de su forma cosmética. Por otro
lado, podremos clasificarlos según su función. O según la
zona de aplicación más habitual.
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Formas cosméticas.
¿Qué son las formas cosméticas?
Entendemos por forma cosmética la forma de presentación de un producto concreto, es decir,
la morfología del producto en función de los excipientes y aditivos y correctores añadidos.
Existen multitud de formas cosméticas diferentes. Veremos las más importantes.
Disoluciones y lociones.
Las disoluciones y lociones son formas cosméticas líquidas formadas por un excipiente o un
grupo de excipientes mezclados entre si y en los que tanto los principios activos como los
aditivos y correctores se encuentran perfectamente disueltos.
Lo más habitual es que se trate de cosméticos en el que el excipiente principal es el agua que
se mezcla con uno o varios tipos de alcoholes o poliacoholes como la glicerina o el
propilenglicol. Las sustancias se disolverán bien en el agua, bien
en los alcoholes y estos posteriormente se disolverán en agua.
Un ejemplo de este tipo de compuestos son los perfumes, en el
que encontramos mezclas de agua y alcohol etílico en diversas
proporciones, con sustancias olorosas disueltas (aquí los
perfumes forman parte de los principios activos, no de los
aditivos).
Pero también encontraremos lociones en las que no hay agua,
sino una mezcla de aceites o grasas de baja densidad. Es el caso,
por ejemplo, de las brillantinas, compuestas por una mezcla de
sustancias aceitosas encargadas de engrasar y fijar el cabello. Si la brillantina estuviese
aromatizada, no nos serviría el perfume hidrosoluble, ya que aquí no hay agua, debiendo
optarse por un perfumante liposoluble (soluble en grasas y aceites).
Emulsiones.
Las emulsiones son mezclas de agua con componentes grasos estabilizadas por medio de unos
compuestos químicos denominados tensoactivos.
Las emulsiones más habituales son las que presentan la
forma cosmética de crema o de leche. En general se
diferencian en que la crema es más espesa y viscosa, con
mayor contenido en grasas, mientras que la leche es más
líquida y con mayor contenido en agua.
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Al llevar a la vez agua y grasas permite la incorporación de principios activos tanto grasos
como acuosos (liposolubles e hidrosolubles respectivamente). Además, no son demasiado
desengrasantes para la piel, suelen ser bien toleradas, sobre todo por pieles secas.
Las cremas son más grasas, lo que las hace menos adecuadas para pieles con exceso de
secreción sebácea. Tienen un tacto más graso, son más untuosas. En cambio, las leches son
más líquidas, con tacto acuoso, menos grasas. Son mejor toleradas por pieles grasas.
Existen multitud de cosméticos realizados bajo estas formas cosméticas. Destacan muchos
cosméticos de higiene: jabones líquidos, leches de limpieza, desmaquillantes. También
cremas y leches hidratantes. Incluso cosméticos de cambio de forma o tratamientos.
Suspensiones.
Las suspensiones son formas cosméticas en las que parte de sus componentes se encuentran
en estado sólido, disperas dentro de un excipiente líquido.
Salvo que las partículas sólidas sean de muy pequeño tamaño, generalmente tenderán a
depositase en el fondo del recipiente o a flotar sobre la superficie si son menos densas que el
excipiente. Por eso para estabilizarlas se suelen usar espesantes, que hagan al excipiente más
viscoso y dificulten el movimiento de las partículas sólidas en su interior.
Hay varios ejemplos de suspensiones cosméticas. Por ejemplo, los maquillajes fluidos, en los
que las partículas de maquillaje se hayan flotando en un excipiente acuoso o en una emulsión.
Otro ejemplo son los exfoliantes sólidos, en los que las partículas encargadas de limar o
desgastar la superficie de la piel son pequeñas partículas sólidas (como huesos de fruta
trituradas o pequeñas bolas acrílicas) suspendidas en algún tipo de excipiente emulsionado.
Geles.
Los geles son un tipo particular de suspensión en la cual el sólido suspendido se encarga de
aumentar la viscosidad del excipiente hasta transformarlo en un líquido denso, un semisólido
o incluso un sólido.
Los sólidos suelen formarse a partir de disoluciones, es decir, a una mezcla de sustancias le
añado el agente gelificante, que aumentará su viscosidad hasta transformarla en un gel. Dado
que las soluciones pueden estar compuestas por sustancias acuosas u oleosas, podremos
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hablar de hidrogeles (si el líquido principal que se
melifica es el agua) e hidrogeles (si el líquido principal
que se melifica es un aceite o una grasa).
En muchas ocasiones usamos gelificantes y
transformamos una emulsión, loción o disolución en
un gel para facilitar su aplicación. Por ejemplo, si no usásemos gelificantes, muchos
cosméticos de higiene serían difíciles de aplicar, ya que se nos escurrirían entre los dedos.
Espumas.
Las espumas son formas cosméticas en las que se incorporará, dentro del excipiente, una
cierta cantidad de gas en forma de burbujas. Para lograr
esto hay varias opciones.
Un tipo habitual de espumas son las que vienen
envasadas a presión. El gas que viene envasado con el
resto del cosmético y al salir a presión y todo junto, se
forman las burbujas que le dan la típica morfología a la
espuma. Es el caso de las espumas fijadoras para el
cabello.
En otros casos, la espuma debe formarse fuera del envase y las burbujas de aire se adicionan
mediante la agitación. Ocurre por ejemplo en las espumas de afeitar en forma de jabón o de
crema, que deben ser agitadas con la brocha para conseguir la espuma.
Aerosoles.
Los aerosoles son formas cosméticas envasadas a
presión. Pueden ser emulsiones, geles,
disoluciones e incluso suspensiones (pero
siempre con excipiente líquido) envasados con un
gas propelente que enviará al cosmético hacia el
exterior en forma de pequeñas gotas.
Existen muchos ejemplos de aerosoles. Quizás los
más habituales son los desodorantes.
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Pulverizadores.
Se parecen a los aerosoles en que el cosmético puede ser una
emulsión, gel o emulsión (es decir, un cosmético con
excipiente líquido) que será propulsado al exterior en forma de
pequeñas gotas. Pero en este caso no se encuentra envasado a
presión. En este caso, el envase posee un émbolo que es capaz
de subir la presión en el interior a base de introducir aire,
obligando de este modo a salir al líquido del interior.
Los pulverizadores más habituales son los de perfume.
Sólidos en polvo.
Una forma cosmética relativamente habitual es la que se forma cuando se pulverizan
compuestos constituidos por excipientes sólidos. El ejemplo más típico son los cosméticos de
maquillaje en polvo. Pero también
encontramos otros, como los champúes para
lavado en seco, en el que el excipiente es un
polvo inerte al que se le añaden detergentes
sólidos.
El polvo puede ser suelto, si se encuentra
libre, o compacto, si se incorpora algún
agente ligante y es envasado a presión (los
ejemplos clásicos serían los polvos de maquillaje sueltos y los polvos de maquillaje
compactos).
Sólidos en barra.
Los sólidos en barra suelen fabricarse cuando un excipiente se
mantiene líquido a elevada temperatura y se introduce en un
molde, donde solidifica al enfriarse. Su excipiente no suele ser
acuoso, aunque podemos encontrar geles solidificados en
forma de barra.
Hay muchos ejemplos de cosméticos en forma de barra. Los
más conocidos y usados son las barras de labios, aunque hay
varios tipos de maquillaje que optan por estas opciones.
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Sólidos en forma de lápices.
Similares en su fabricación a las barras, pero introducidos en un soporte de madera (también
puede ser de plastico).
Sólidos en pastilla.
Se parecen a los sólidos en barra, pero en lugar de por enfriado de
un excipiente líquido calentado, se obtienen por prensado y
moldeado de sólidos. El ejemplo más clásico son los jabones.
Sólidos plásticos o moldeables: mascarillas.
Las mascarillas son formas cosméticas sólidas, pero con propiedades que las hacen
moldeables, adaptables o plásticas. Una vez aplicados, recubren una superficie a la que se
adaptan o amoldan.
Se trata de una forma cosmética que ha estado muy en boga durante unos años, pudiendo
encontrar mascarillas en acondicionadores, en lacas, en cosméticos para la piel, cara, uñas,
etc.
Algunos soportes especiales.
En ocasiones un cosmético con alguna forma cosmética determinada se deposita en un envase
característico.
Un ejemplo son las sustancias que se envasan en frascos monodosis, como ampollas. Las
ampollas poseen la cantidad justa de cosmético para su aplicación en una dosis (de ahí su
nombre). Suele usarse para sustancias que no se podrían almacenar en grandes cantidades
porque, una vez abiertos, se deteriorarían con facilidad. O en cosméticos en los cuales la
cantidad de sustancia a aplicar es determinante.
Otro tipo de soporte son los impregnados. Por ejemplo, las toallitas desmaquillantes. Se trata
de trozos de celulosa impregnada en el cosmético, de forma que se aplicarán mediante el
contacto de la zona con el soporte celulósico.
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Un tercer tipo serían las perlas y microesferas, constituidas por esferas de algún material de
cierta dureza, como gelatina o alguna sustancia acrílica, que se rompería o disolvería al
ponerse en contacto con la piel, liberando el cosmético que se encuentra contenido en su
interior.
También encontramos en ocasiones recipientes un poco especiales, para facilitar la
aplicación. Es el caso de los desodorantes en envase roll-on, un envase que posee en su zona
de contacto con el exterior una bola que al rodar se empapa en el cosmético (con el que está
en contacto por su zona inferior) y de este modo la parte superior de la bola lo extiende sobre
la piel. O los rodillos para la aplicación de ceras frías.
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Cosméticos según su función.
Dependiendo de la función del mismo, podemos encontrar los siguientes tipos de
cosméticos:
• Cosméticos de Higiene: su función es limpiar la piel o el cabello de una zona.
• Cosméticos de Acondicionamiento: su función es acondicionar la piel o el cabello.
• Cosméticos de Mantenimiento y Protección: su función es mantener en buen estado
la piel o el cabello de una zona determinada o protegerlo frente a diferentes factores,
como el clima, condiciones atmosféricas adversas, etc.
• Cosméticos Decorativos: su función es decorar la piel o el cabello. No solo
maquillaje, también tintes, cosméticos para el cambio e forma, etc.
• Cosméticos de Tratamiento: se trata de cosméticos encargados de tratar
alteraciones estéticas de distinta índole. Por ejemplo, cosméticos para tratamientos
capilares, como los tratamientos de la alopeciaa.
Cosméticos según su nivel de uso.
También se pueden clasificar en función del nivel de uso, pudiendo entonces diferenciar:
• Cosméticos para uso doméstico: cosméticos de higiene, algunos cosméticos de
mantenimiento y protección, muchos cosméticos decorativos (tintes
semipermantentes o temporales, etc.).
• Cosméticos para uso profesional: cosméticos para tratamientos capilares,
cosméticos para permanentes, colorantes permanentes, etc. Dentro de estos,
también podríamos hacer una clasificación que los dividiese en campos
profesionales, hablando así de:
• Cosméticos para Peluquería.
• Cosméticos para Estética.
• Cosméticos según su zona de actuación.
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Por último, se pueden clasificar en función de la zona donde actúan los cosméticos, es decir,
el lugar o parte del cuerpo donde se supone que deben llevar a cabo su acción (condicionando
esto, por lo tanto, el lugar del cuerpo en el que deben ser aplicados).
En este caso tendremos las siguientes opciones:
• Cosméticos para la superficie de la piel.
•Cosméticos para la piel del rostro.
•Cosméticos para la piel del cuerpo.
• Cosméticos para el cabello.
• Cosméticos para las uñas
• Cosméticos para los anexos glandulares.
• Cosméticos para glándulas sebáceas.
• Cosméticos para glándulas sudoríparas.
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