Entrega Especial-21

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Entrega Especial-21
ENTREGA ESPECIAL
Se le ocurrió que lo que antes le había parecido
completamente imposible, especialmente el hecho
de que no había vivido como debería haberlo
hecho, podría, después de todo, ser verdad. Se le
ocurrió que sus impulsos vitales, reprimidos
brutalmente por sí mismo, apenas los había
experimentado, y podrían haber sido lo único
verdadero y real de su vida, y todo lo demás
falso...Trató de defenderse y justificarse ante sí
mismo y de pronto sintió cuán débil era lo que
estaba defendiendo y justificando. No había nada
que defender.
–Leo Tolstoy (La Muerte de Ivan Ilyich)
La muerte llegó por correo. ¡Qué vulgar! Yo me la
esperaba de manera más apoteósica; con la túnica,
la capucha, y la guadaña en mano; acercándose
lentamente, después de haber cruzado desiertos,
montañas, y mares; marchando al compás de la
Danse Macabre de Berlioz; haciendo temblar la
tierra con sus pasos pesados; y yo, llenándome de
terror con el estruendo cada vez más audible; y
cuando tocara, la casa se estremecería, y yo me
haría pipí en los pantalones; y cuando tumbara la
puerta con sus toques y me mostrara su rostro
descarnado, yo sencillamente moriría de miedo.
Pero no fue así; vino en un sobre, sin remitente,
dirigido a mí, naturalmente; con un sello
estampado que decía: Special Delivery. Era un
sobre grande, de papel manila, de esos que el
Ministerio de Defensa usa para notificar a las
familias que un hijo murió en tal o cual guerra.
Como yo no tenía hijos en la guerra, batiéndose
por los intereses de las corporaciones y la clase
gobernante, entendí que me estaban anunciando mi
propia muerte.
Cuando abrí el sobre, ella salió de él, y sin ser
invitada, como si fuéramos amigos y me conociera
de toda la vida, caminó a través de la sala y se
sentó en el sofá. Llevaba tacones altos, vestido
negro , cortísimo y ajustado ; pelo y ojos
negrísimos; exceso de maquillaje; y un escote que
mostraban unos senos apetecibles. Se sentó
cruzando las piernas, dejándome ver la mitad de
sus nalgas.
– ¿No me vas a dar un beso de bienvenida,
cabrón? –dijo, mirándome de manera libidinosa.
¡Vaya! Una mujer; y encima de eso, linda y
sensual. Me entraron unas ganas terribles de
hacerle el amor, hasta morir; que de eso se trataba;
me había llegado la hora.
–Te sorprende que sea una mujer, que sea
guapa y voluptuosa ¿verdad? No puedes negarlo;
seguro que en este momento sólo estás pensando
en cogerme, y chuparme las tetas y la panocha.
–No me sorprende que seas una mujer, me
asombra que seas tan prosaica.
–Es porque no soy pendeja como tú; soy
chingona; digo las cosas como son. Lo que pasa es
que la muerte no es lo que ustedes piensan; es otra
cosa. Somos muchos los que trabajamos allá
arriba, en el Ministerio de Defunción, para poder
dar abasto. Sólo somos emisarios. Digamos que
hacemos el trabajo sucio que los burócratas de allá
arriba decretan pero no se atreven a ejecutar. Si
alguien fue un buen tipo, como tú, por ejemplo, me
mandan a mí, para que tengas una muerte feliz.
Pero si fuiste un hijo de la chingada, te mandan a
Stalin; ese no es su nombre; lo llamamos así por lo
sádico que es; ese maldito goza haciendo sufrir a la
gente, antes de que mueran. ¿Ves? los de allá
arriba no son del todo unos desgraciados
insensibles; tienen algún sentido de la justicia.
–Si lo tienen ¿por qué nos pusieron aquí? ¿Cuál
es el propósito, el sentido de todo esto?
–Eso es lo malo de ustedes los humanos, tienen
que buscarle un sentido a todo. Han desperdiciado
una cantidad obscena de energía y tiempo
buscándole significado a la vida. Los filósofos,
monjes, y científicos han llegado hasta el extremo,
tratando de explicarlo todo, y no han alcanzado
ninguna conclusión. Mientras más profundizan, el
misterio se hace más grande. Pero ustedes siguen
de pendejos, buscando respuestas; y se dejan
engañar de cualquier líder religioso que les
prometa el cielo y la vida eterna. El buscarle
desesperadamente un sentido a la vida sólo
produce estrés, úlceras, depresión, una tendencia a
inventarse religiones que les digan lo que ustedes
quieren oír, y la anuencia de entregarles a esos
demagogos las riendas de sus destinos; y ellos,
naturalmente, se aprovechan. Y los más mamones
de entre ustedes, si no encuentran las respuestas
que quieren encontrar, se suicidan. ¿Qué tal si
descubres que la vida no tienen ningún sentido?
¿Que simplemente eres un grano de polvo en el
vasto universo? ¿Que vives al azar? ¿Que tu
existencia no afecta a nada ni a nadie? ¿Qué
diferencia habría? ¿Pero quién carajo te dijo que
todo tiene que tener sentido? ¿Es que la aurora
borealis es menos impresionante si no entiendes
los fenómenos físicos que la causan? ¿No es al
revés? Cuando sabes cómo el mago ejecuta sus
trucos, deja de ser magia. Así que, déjate de
chingaderas. Si quieres eliminar la angustia
existencial que te agobia, deja de adoptar esa
postura estúpida de investigador maestro que tiene
que analizar la vida y el universo hasta desentrañar
sus últimos secretos, hasta entender qué hace que
el universo gire en el sentido en que lo hace. Tu
error ha sido que te has pasado todo el tiempo
buscándole una explicación a la vida, en vez de
vivirla; por eso tu vida es incompleta. Se te dio la
oportunidad de pasar por este mundo; ¿qué
importan las razones? El propósito de tu vida es
vivirla a plenitud. Vive todo lo que puedas, viaja,
ama, sé tu mismo, riega el amor y el bien por todas
partes; deja de pensar. El único pecado verdadero
es desperdiciar el tiempo que se te ha dado en este
planeta. Porque después que te mueras, ¿sabes qué
te va a pasar? ¡Con una chingada! Volverás al
lugar de donde viniste, al polvo; ¿sabes por cuanto
tiempo? por toda la eternidad. Los átomos que se
te prestaron regresarán al seno de la madre tierra;
después renacerás, eso sí, en el pétalo de una flor,
la hoja de un libro, o los ojos de una linda mujer;
y, en ese sentido, vivirás eternamente. Pero no te
asustes, que no estoy aquí para llevarte; estoy aquí
para advertirte; te van dar una segunda
oportunidad. Sabemos todo sobre ti; que siempre
has sido un buen tipo; que nunca le has fallado a
nadie: ni a tus padres, ni a tus hijos, ni a tus
amigos, ni a tus mujeres. Todo eso está muy bien;
pero esa etapa de tu vida ya pasó. Después que tus
hijos crecieron y se fueron de la casa: ¿qué has
hecho con tu vida? ¿Qué piensas que es la vida? Te
la dan para que la uses, para que la vivas.
–Hago lo que puedo; viajo, leo, escribo.
– ¿Y eso de qué te sirve? Puedes entender y
explicar lo que es una ecuación diferencial, un
pulsar, un hoyo negro, las implicaciones sociopolíticas del Contrato Social de Rousseau, dónde
queda el Mar de Mármara, pero lo más sencillo e
importante, como bailar, no lo sabes, nunca lo
aprendiste. ¿No te da vergüenza tanta soledad?
¿No quieres andar por el mundo de la mano de
alguien? Y las mujeres: ¿qué has hecho con ellas?
Estás más solo que la mierda; lamentándote, y
pensando pavadas. Se te ha ido todo a la chingada.
¡Pendejo!
– ¿Y qué quieres que haga? Lo he intentado
muchas veces; ahora tiro la toalla; ya no voy más.
–Se te han dado muchas oportunidades de amar,
pero no has sabido aprovecharlas.
– ¡Oportunidades! ¡Qué risa me da! Ustedes
siempre me han dado a escoger de dos males el
menos mal. Nunca una tercera alternativa.
–Ha habido muchas mujeres que se han cruzado
en tu camino. ¿O no es así?
–Eso no es del todo cierto. Benázir y yo no
podíamos sentir nada el uno por el otro que no
fuera una amistad sincera. Jill-Marie me desdeñó;
supongo que porque soy más viejo; a veces pienso
que fue porque soy más negro. Carmela y Nevin ya
tenían su marido. Albania y Guadalupe no tenían
espacio para mí en sus vidas; lo importante era su
profesión, sus hijos, y su patria; tenían que regresar
a su patria. Sofía tenía dilemas psicológicos que yo
no podía resolver, no podía ayudarla; y además,
cinco gatos rebasaban el límite de mi tolerancia.
Pero no puedes negar que con Elyssa fue diferente,
que sí hice un verdadero esfuerzo, que la quería,
que hice lugar en mi vida y mi corazón para ella;
que le daba la importancia que se merecía; fue ella
la que se aburrió; supongo que porque el Diablo es
más divertido que los ángeles. Pero ¿qué puedo
hacer? Ustedes me hicieron así; ¿qué culpa tengo
yo de que a las mujeres les gusten los tipos malos?
Y no te vayas a creer que no he intentado ser uno
de esos; pero no me luce; y no funciona, porque es
falso, fingido.
– ¿Y de Arsinée, qué me dices? Se rumora que
estás enamoradito de ella.
–Eso no es verdad; y si lo fuera, ¿qué caso
tendría? Ella no lo está de mí; y de nuevo, la
historia se repite; no hay espacio para mí en su
vida; lo importante es su profesión, sus hijos, su
patria; muy pronto se irá, para no volver. ¡Qué
ironía! las mujeres que se cruzan en mi camino
tienen que regresar a su tierra. ¿Ustedes hacen eso
a propósito, para fastidiarnos la vida? ¿Es que se
aburren allá arriba y tienen que jugarnos bromas
pesadas y crueles? ¿Es así cómo se divierten?
– ¡Vete a la verga! Déjate de joder, y dime qué
vas a hacer. ¿Vas a dejar que se vaya, como dejaste
ir a Albania y a Guadalupe? Síguela hasta el fin
del mundo. No seas cabrón.
–Armenia está muy lejos.
– ¿Ves? Ese es tu problema; eres un pinche,
pendejo, come mierda; no tienes huevos. El resto
de tu vida, que no es mucho, tienes que vivirlo de
manera diferente. Te voy a parafrasear a Henry
James: Vive todo lo que puedas; no hacerlo es una
equivocación; no importa mucho lo que hagas,
siempre que tengas tu vida. A Doris Warshay:
Viaja lo más lejos posible, alcanza la alegría que
hay en tu alma, cambia las limitaciones que
conoces, siente cómo crecen tu mente y tu espíritu,
vive, sé, existe, ama, desea, escucha las verdades
que hay dentro de ti. A James Kavanaugh: Vete, sé
libre, deja tras de ti a los estériles, a su segura
esterilidad, vete sin decir dónde vas, camina a
través de un campo baldío, y allí deja el mundo, y
aléjate luego, despreocupado, como un Atlas sin
empleo. ¿Te sorprende este arranque de filosofía?
Tú no eres el único que sabe de libros; hace
milenios que ando por este mundo; no soy tan
vulgar como me piensas; yo también he sabido
ilustrarme. Pero el punto es que te queda poco
tiempo, y tienes que usarlo sabiamente. Si lo
haces, vendré yo a buscarte, y vas a poder cogerme
y mamarme todo lo que quieras; que se que ganas
no te faltan; y tendrás una muerte placentera. Si
no lo haces, te va a llevar la chingada; te mandarán
a Stalin; y créeme, la reputación que tiene ese hijo
de su puta madre, no es por nada; te hará morir de
la manera más cruel y dolorosa que te puedas
imaginar. De manera que, ten cuidado, piensa
muy bien lo que vas a hacer. Como dicen ustedes
por estos parajes: Don’t fuck up!
© Texto y foto, William Almonte Jiménez, 2012