El desarrollo en su lugarversión 2

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El desarrollo en su lugarversión 2
EL DESARROLLO EN SU LUGAR
(El territorio en la sociedad del conocimiento)
SERGIO BOISIER
Santiago de Chile, 2003
2
TABLA DE CONTENIDO
Prefacio
CAPÍTULO 1
Crónica de una muerte frustrada.
El territorio en la globalización
9
CAPÍTULO 2
Desarrollo (local): ¿de qué estamos hablando?
27
CAPÍTULO 3
Sociedad del conocimiento, conocimiento social
y gestión territorial
54
CAPÍTULO 4
2001: la Odisea del desarrollo territorial
en América Latina
89
CAPÍTULO 5
Globalización, geografía política y fronteras
105
CAPÍTULO 6
¿Y si el desarrollo fuese una emergencia sistémica?
123
Posfacio
154
3
EL DESARROLLO EN SU LUGAR
(El territorio en la sociedad del conocimiento)
Prefacio
En el año 1965 la revista de la Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Chile (ECONOMÍA) publicó, en el número 88/89 el artículo titulado
“Análisis económico regional: una nota introductoria”, que marcó mi propia
introducción al mundo de las publicaciones académicas en un tema que había
comenzado a explorar en 1963, hace ahora cuarenta años, apenas egresado de esa
misma Facultad.
En 1998 la SALA CEPAL, una sala virtual de la Biblioteca de la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), compiló cerca de 12.000
trabajos escritos por diversos funcionarios (378) de esta entidad desde su fundación, en
una contribución de la Biblioteca a la conmemoración del quincuagésimo aniversario
de la Comisión, trabajo realizado por el Sr. José Besa, antiguo Jefe de la Biblioteca.
En esta recopilación se citan 130 artículos o libros con mi firma, cantidad aumentada
en forma no despreciable a la fecha.
Esto da cuenta de una perseverancia profesional absoluta, de un compromiso
inclaudicable con el tema, ético en primerísimo lugar, del desarrollo, pero del
desarrollo de la y de las personas humanas y de la importancia instrumental del
territorio, del hábitat, del entorno geográfico cotidiano, en la consecución de tal
objetivo.
No hay camino que no haya recorrido para ello. Desde las formulaciones más
formales y matemáticas, aprendidas “a sangre y fuego” en el entonces Departamento
de Ciencia Regional en la Universidad de Pennsylvania bajo la dirección del eminente
Profesor Walter Isard, hasta las especulaciones más abstractas y heterodoxas
parcialmente presentadas en este libro. Desde la inmersión en la práctica cotidiana en
la otrora Oficina de Planificación Nacional de Chile, o en la CEPAL/Brasil y el
Instituto de Pesquisas Económicas en el Brasil, o en la antigua Universidad del Litoral
en Rosario (Argentina), o en el Proyecto PAN-72 de la Oficina de Cooperación Técnica
de las NN.UU. en Panamá, o en tantas y tan diversas misiones de asesoría en tantos
países, hasta sofisticadas funciones académicas y de enseñanza en universidades y en
las propias Naciones Unidas (en el Instituto Latinoamericano y de Caribe de
Planificación Económica y Social, ILPES). Siempre con un solo norte, como me lo
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dijera hace poco mi entrañable amigo español Laureano Lázaro Araujo, “tratando
infatigablemente de encontrar la luz en la caja negra del desarrollo territorial”.
Es una tarea inconclusa, a la cual pretendo seguir contribuyendo. Sólo que
cuatro décadas parece un lapso adecuado para hacer un alto señalando algunas
conclusiones, aunque sean preliminares y para hacerse un regalo a sí mismo, y qué
mejor que un libro que contenga reflexiones de última generación (estoy
pretenciosamente creyendo que encontraré un editor).
Creo firmemente que el Siglo XXI, o lo que alcancemos, como humanidad, a
vivir de él, verá el triunfo definitivo de la ética, de las obligaciones morales de la
persona humana, en el eterno compromiso de una sociedad para intervenir sobre ella
misma a fin de recuperar el miltoniano paraíso perdido, que en su lectura actual se
denomina simplemente (¿o complejamente?) como desarrollo.
Estas intervenciones, comúnmente denominadas políticas públicas a favor del
desarrollo, son en realidad muy recientes y su inicio varios lo fijan no antes de 1941,
fecha de la firma de la Carta del Atlántico por parte de Roosevelt y Churchill, y su
resultado no puede ser peor. Cualquiera sea la definición de desarrollo que se utilice,
cuando se pregunta acerca de la proporción de la población mundial actual que vive en
un marco calificado como de desarrollo, difícilmente la respuesta supera el 12 %,
sumando con generosidad América del Norte (EE.UU. y Canadá), la Unión Europea,
Japón, Australia, Nueva Zelanda, Israel, y uno o dos pequeños países asiáticos y tal vez
un puñado de pequeños países europeos.
Se trata de un fracaso patente y creo que muchas personas estarían de acuerdo
en apuntar, alternativamente, a una errada concepción del objetivo (¿se supo, o se
sabe, qué es en efecto, el desarrollo?) o a un errado diseño de los programas y
proyectos que dieron forma a las políticas. Mi apuesta es más radical y al mismo
tiempo más lógica: tanto el objetivo como los instrumentos han estado mal definidos,
en general. Como esta es una afirmación rotunda, hay que saber leerla: la propuesta
de Dudley Seers es correcta, pero, ¿en cuántos países y durante cuánto tiempo, se ha
usado la definición, simplísísima por lo demás, de Seers?
Por eso creo firmemente, con Hirschmann, en la necesidad, subrayo, ética, de
ser heterodoxo e iconoclasta, de tener la osadía de pensar en forma radicalmente
distinta, de atreverse a romper esquemas, porque hacer más de lo mismo sólo puede
agravar la situación de la mayoría de la gente.
En 1976, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de España, a
través de su Centro de Perfeccionamiento, publicó mi primer libro: Diseño de Planes
Regionales (publicado en 1981 en inglés por el ILPES y el ISS de La Haya con el título
Planning a System of Regions), un libro que ahora lo calificaría (sin desconocer sus
méritos) como una verdadera oda a la racionalidad instrumental que alcanzó su
cúspide en la década de los años 60. De ahí para adelante mi separación de la visión
positivista y tecnocrática del desarrollo ha sido permanente y un hito importante en
este camino fue la publicación en 1982 del libro Política económica, organización social
y desarrollo regional, en versiones en español y en inglés, ambas realizadas por el
ILPES.
Hay otros libros y muchos artículos en el camino. Pero si se me pidiera señalar
una reflexión preferida, es la que cierra este libro, ¿Y si el desarrollo fuese una
emergencia sistémica?, un artículo recién terminado a fines del año 2002.
Como una persona ya retirada de las NN.UU. puedo darme lujos intelectuales
que están por encima de los temas u obligaciones contingentes y jamás olvido que el
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primer artículo científico de Humberto Maturana y Francisco Varela, que describía su
experimento inicial sobre la neurofisiología del conocimiento fue rechazado por cinco
prestigiosas revistas académicas del “primer mundo” por considerarlo o irrelevante o
de escasa calidad o simplemente por provenir del “tercer mundo”. Así pues, dispongo
de plena libertad para pensar diferente y aceptar el rechazo y si es preciso,“épater le
bourgeois”, y eso es precisamente lo que me propongo hacer.
Todos los capítulos que configuran este libro son, por así decirlo, “escritos de
última hora”, del Siglo XXI. El primero de ellos, “Crónica de una muerte frustrada. El
territorio en la globalización”, un título de indesmentible origen, corresponde a una
conferencia dictada en el año 2001 en la Pontificia Universidad Católica de Chile
(Instituto de Investigación y Posgrado de la Facultad de Arquitectura, donde ejerzo la
docencia) para salir al paso de una tendencia a “devaluar” el territorio, operación
falsamente atribuida a la globalización, charla irreverente, divertida (a mi juicio), pero
bien fundada en la demostración de la importancia creciente del territorio en la
globalización, al contrario de lo que parecía ser una opinión académica creciente. El
segundo capítulo, “Desarrollo (local): ¿de qué estamos hablando?” respondió también a
una petición institucional (prefiero no recordar siquiera el nombre de la institución) y
ha sido publicado, si se pudiese decir, “urbi et orbe”, pero no es más que una colección
de definiciones. El tercer capítulo, “Sociedad del conocimiento, conocimiento social y
gestión territorial”, escrito en el año 2001, responde a un compromiso asumido en el
seno del Consejo Científico Asesor del Instituto de Desarrollo Regional de Sevilla
(F.U.) del cual soy miembro y ha sido publicado, en español y en inglés en el website del
IDR (http://www.idr.es) y en varias revistas profesionales. El capítulo cuarto, “2001:
la Odisea del desarrollo territorial en América Latina” fue presentado en el año 2002 en
un Seminario internacional realizado en Medellín, Colombia, que trató acerca de las
investigaciones regionales en Antioquia (el Departamento territorial del cual es capital
Medellín). El capítulo siguiente, quinto, “Globalización, geografía política y fronteras”,
fue presentado en el año 2002 en Ámsterdam en el marco de la reunión del Tercer
Congreso Europeo de Latinoamericanistas y se originó en una invitación de la
Universidad Arturo Prat, de Iquique (Chile) para integrar el grupo universitario que
tenía a su cargo una importante participación en dicho congreso. Finalmente, el
mentado capítulo sexto, ¿Y si el desarrollo fuese una emergencia sistémica? tuvo un
curioso origen, ya que al mostrar una presentación Powerpoint en la Universidad del
Valle, en Colombia, en el año 2002, presentación en la cual una diapositiva “sugería”
que el desarrollo territorial tal vez fuese una “emergencia sistémica de un sistema
territorial complejo y altamente sinergizado”, mi amigo y Profesor de esa Universidad,
Dr. Javier Medina, me interpeló preguntando que significaba tal hipótesis, a lo cual
respondí que no lo sabía, pero que escribiría sobre ello.
Como con tanta sabiduría lo dijera José Ortega y Gasset, “soy yo y mis
circunstancias” y toda una vida dedicada al mismo tema, con mayor o menor éxito, no
es sino responder al “yo y mis circunstancias”.
En el año 1963, mi primer año como economista, acepté un cargo de Profesor en
el entonces Centro Universitario Regional de Temuco (ahora Universidad de La
Frontera), una entidad académica desconcentrada de la Universidad de Chile.
Presionado por la necesidad de escribir una tesis para obtener el título profesional, me
pareció que una universidad regional tendría que establecer sólidos lazos estructurales
con lo que parecía ser su entorno geográfico natural, ahora diríamos, con su región y
ello se veía favorecido además por el intento gubernamental de envolver a las
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diferentes universidades en el tema del desarrollo regional, que se había instalado en el
programa de gobierno como resultado de la necesidad de reconstrucción derivada de
los desastrosos terremotos y maremotos del año 1960. Tal intento se materializaba
mediante convenios de investigación establecidos entre la Corporación de Fomento de
la Producción (el ente público industrializador de Chile desde 1939) y las
universidades. Había allí un campo promisorio a explorar.
Esta sería en consecuencia, una “primera circunstancia” en mi vida profesional,
que me hizo entrar en el campo del desarrollo territorial de la mano de los modelos
gravitacionales de la “física social”.
En 1967, de vuelta del “peregrinaje” a la U. De Pennsylvania, comencé a
trabajar en la Oficina de Planificación Nacional hasta 1971, y me beneficié en extremo
del clima de innovación del gobierno de la época y sobre todo, de la larga presencia en
Chile de John Friedmann y de Walter Stöhr, los dos asesores principales que la
Fundación Ford trajo a Chile para ayudar al diseño de una política de desarrollo
regional (y urbana). De ellos aprendí muchísimo más que en cualquier programa de
doctorado y gané también dos amigos
Fue una “segunda circunstancia”.
En el año 1972 el ILPES (NN.UU) y el ILDIS (Fundación F. Ebert) organizaron
un importante seminario internacional en la ciudad de Viña del Mar, en Chile, sobre
la planificación regional y urbana en América Latina. Se trató de un evento
notablemente ideologizado (en parte por la situación política de Chile) que se polarizó
en torno a dos posiciones relativas a la teoría de los polos de crecimiento de Perroux y
a sus aplicaciones. Las posturas extremas estuvieron representadas por el economista
argentino José Luis Coraggio, un crítico extremadamente sólido y radical y por este
autor, un abogado de una revisión técnica de la teoría. El debate alcanzó notoriedad
internacional y ambas posturas y sus presentaciones fueron
extensamente
reproducidas, transformándose en cierto sentido en posicione icónicas.
Bien se podría hablar entonces de una “tercera circunstancia” en mi desarrollo
profesional.
En el año 1973 me correspondió hacer entrega al Gobierno del Brasil de una
investigación relativa a la eficacia de la planificación hecha a nivel de los estados de la
Federación. La investigación mostró la irrelevancia de este ejercicio y propuso
entonces una modalidad de planificación regional negociada, entre cada estado de la
federación y el gobierno federal. Mediante una nota oficial a la CEPAL el gobierno de
la época retiró de circulación las copias del informe sobre la base de que se trataría de
una concepción “subversiva”. Esto ya fue suficiente para darle a la propuesta una
difusión mucho mayor de la que normalmente habría alcanzado y su cuerpo central
fue más tarde publicado por la Revista de la CEPAL con el título “¿Qué hacer con la
planificación regional antes de la medianoche?” en alusión al cuento de la Cenicienta,
artículo que mereció réplicas en otros lados del mundo, como la del Profesor David
Dunham del ISS en Holanda “¿Qué hacen los planificadores regionales después de la
medianoche?”. David Dunham es hoy el Vicerrector del Instituto de Estudios Sociales
de La Haya y un prestigioso geógrafo y dilecto amigo.
¿No estamos hablando acaso de “una cuarta circunstancia”?
En 1975 debí presentar al Ministro de Planificación (y posterior Presidente) de
Panamá una propuesta sobre una estrategia nacional de desarrollo regional para ese
país, elaborada en el marco de un proyecto de cooperación técnica de las NN.UU,
7
dirigido por el Dr. Anatole Solow (+) y en el cual colaboraba también el destacado
planificador urbano Charles Boyce. Se trató de una extensa reunión técnica y política
sobre una propuesta que tiempo después jugó un importante papel en las
negociaciones del Tratado Torrijos-Carter que devolvió la administración del Canal a
Panamá. Fue un ejercicio que me permitió aprender muchísimo acerca de la relación
entre técnica y política.
Fue “una quinta circunstancia”.
En el año 1990, recién reestablecida la democracia en Chile, el gobierno, a
través del nuevo Ministerio de Planificación y Cooperación, solicitó a la CEPAL ayuda
técnica para colaborar con el incipiente gobierno de la Región del Bío-Bío (siempre la
prioritaria en materia de política de desarrollo regional) en la preparación de su
propuesta de desarrollo, cara al Siglo XXI. La CEPAL transfirió esta solicitud al
ILPES y de esa manera me correspondió dirigir un equipo de profesionales que en un
plazo breve de cuatro meses prepararon un “proyecto político” de desarrollo regional
poniendo en juego nuevas concepciones y enfoques, ciertamente heterodoxos en ese
momento. El producto mismo de la misión fue poco utilizado por la región (quizás si
era demasiado “moderno” para el contexto), pero para el ILPES significó una
reformulación completa de sus conocidos cursos internacionales sobre desarrollo
regional mediante un “aggiornamiento” que los colocó a la cabeza de programas
similares de formación y para quien escribe, la experiencia representó un quiebre
epistemológico completo y un distanciamiento definitivo con la ortodoxia planificadora
heredera del racionalismo iluminista de los años 60.
Se trató, entonces, de “una sexta circunstancia”.
En el año 2000 y en el marco de un importante experimento para crear
asociatividad pública-privada (o partenariado) en una región de Chile, realizado bajo
el alero de la Universidad de Talca (Región del Maule), experimento en el cual se ponía
en ejecución una elaborada liturgia participativa de actores sociales que incluía
discusiones gratificadas por beber una botella de vino (tal vez el producto emblemático
regional), recreando el concepto de la Grecia clásica de symposium, una reunión para
beber y conversar (filosofar), surgió el concepto de sinergía cognitiva como la expresión
concreta del constructivismo lingüístico, de la posibilidad de usar la palabra y el
discurso, en el sentido de Habermas, para construir actores, realidades y futuros. Juan
Ramón Cuadrado-Roura, querido amigo y eminencia española de la Ciencia Regional,
comentó humorísticamente, después de conocer el libro que describió tal experiencia
(Conversaciones sociales y desarrollo regional, Universidad de Talca, 2002, Talca,
Chile), que yo había inventado un encantador sistema, supuestamente académico, para
beber vino. Creo que tenía toda la razón.
Creo que ésta fue “una séptima circunstancia”.
Las personas pueden pasar por la vida casi sin dejar huellas; normalmente son
las circunstancias anotadas por Ortega y Gasset las que hacen la diferencia. Ahora tal
vez se diría que una vida de realizaciones es “recursiva y reflexiva”: el actor crea una
realidad y la realidad recrea al actor.
El desarrollo puede surgir en el ámbito de territorios con características
relativamente especiales, elevada complejidad y sinergía, mediante procesos auto
organizados, pero probablemente ello suponga dimensiones temporales que los hacen
inaceptables para todos aquellos que aspiran legítimamente a su propio desarrollo en
vida. Ante tal situación la alternativa es que la sociedad haga una intervención sobre sí
misma, para provocar el desarrollo.
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Como tal intervención ya no puede ajustarse a los cánones del “plan”
tradicional basado en la existencia de un solo agente con el control total del poder
sobre el medio y capaz entonces de imponer “su” proyecto, sino que ahora, debido a la
complejidad de las sociedades, existen múltiples actores, incertidumbre, caos y orden,
toda intervención requerirá un mecanismo interventor de complejidad equivalente a la
del medio. Se trata de la conocida Ley de Ashby.
Es la sociedad local en su conjunto, la política, la civil, la militar, la económica,
la laboral, etc., es decir, todos son ahora responsables de crear su propio futuro y de
alcanzarlo, y ello no puede hacerse sino mediante procesos sociales que generen un
conocimiento sustantivo sobre los procesos de cambio que serán intervenidos,
promovidos, un consenso basado en ese mismo conocimiento, una concertación política
capaz de sustentar un proyecto que no oculta sus diversas racionalidades e intereses, en
definitiva, capaz de crear poder político para cambiar el curso histórico de los
acontecimientos.
Estos son los fundamentos de una apuesta moderna que reconoce además, y
aquí es donde surge la heterodoxia radical, que el desarrollo de un territorio local, que
es el ámbito histórico, territorial y psicosocial natural en donde se materializa el
desarrollo, es una emergencia sistémica, precisamente de un sistema complejo,
dinámico, adaptativo, conteniendo una elevada sinapsis y sinergía. Por tanto ya no es
posible intentar el desarrollo mediante esquemas de operación del tipo
“incrementalismo disjunto”, tan cartesianos en sí mismos, sino mediante operaciones
basadas en la simultaneidad que maximiza una sinapsis y la sinergía sistémica.
El título elegido para este libro “El desarrollo en su lugar” apunta directamente
a dos cuestiones: el desarrollo debe recuperar su naturaleza territorial, debe recuperar
su lugar geográfico, y debe ser soñado y ejecutado por las personas de carne y hueso,
de cuerpo y espíritu, que habitan ese lugar, es decir, debe colocarse en las manos de las
personas, que es su lugar funcional natural.
Es evidente que este libro es el producto de agregar varios trabajos escritos en
forma independiente y ello explica varias repeticiones que el lector fácilmente
descubrirá. He preferido mantenerlas, no por comodidad, sino para remarcar la
importancia del conocimiento, nuevo y pertinente que se requiere para dar respaldo
científico a la “ingeniería de las intervenciones territoriales”, que, siendo como lo son,
intervenciones de toda la sociedad sobre sí misma, están lejos de la ingeniería social
utópica de Popper, tan cercana al autoritarismo.
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CAPÍTULO 1
CRÓNICA DE UNA MUERTE FRUSTRADA. EL
TERRITORIO EN LA GLOBALIZACIÓN
“Es obvio que el sentido es una
instancia simbólica, construida de
lenguaje y afectos, pero asimismo
queda implicado que el suelo deja de
ser un simple sustento geográfico, un
mero piso obligado por la fuerza de
gravedad, y se convierte en una
instancia simbólica hecha, no de
baldosas, sino de relaciones, lenguajes
y afectos” (Billig, M., Arguing and
Thinking. A Rethorical Approach to
Social Psycology, Cambridge U. Press,
1987)
10
1.- El hombre: un “animal territorial”.
Nos gusta, en nuestra propia fatuidad, recordar que Aristóteles hablaba del
hombre como un “animal político”, que encontraba en el ágora y en la polis los
espacios para su realización social, como arquitecto de la cosa pública, la “res publica”
como dirían más tarde los romanos. Tratamos de ocultar o de no recordar el hecho
más primario de ser el hombre un “animal territorial”, que ocupa, usurpa y defiende
su entorno físico con igual o peor ferocidad que cualquier otra especie animal. Con
mucha mayor ferocidad a partir de su paulatino dominio de la técnica de las armas
destructivas. No nos gusta recordar esta faceta de nuestra personalidad, quizás
precisamente porque ella nos recuerda nuestra cercanía indesmentible al mundo
primitivo de las fieras. El cerco en torno a la casa, la muralla en torno a la ciudad, los
hitos y alambradas en torno al país, ¿qué son sino mecanismos de preservación del
territorio propio?
La territorialidad introduce una agresividad en el comportamiento cuando se
supone amenazada nuestra propiedad territorial, individual y colectiva. Si ya no se nos
erizan los pelos ni somos ya capaces de mostrar los colmillos, somos rápidos en
desenfundar el revólver o en apretar el botón nuclear. Incluso, en las justas deportivas
más populares (y teóricamente pacíficas), como el football, la territorialidad está
siempre presente cuando se juega en el equipo local que supuestamente debe
“defender” su territorio. Igual que los cangrejos cuya conducta territorial ha sido bien
estudiada por la antropología, los jugadores del equipo local generan un “plus”
psicológico agresivo que hace que estadísticamente, los equipos locales ganen más
encuentros que los que el análisis estadístico permitiría predecir. De aquí que
actualmente se premie al equipo que jugando como visita logra ganar.
La globalización, un fenómeno históricamente reciente, aún si se quiere ubicar
su inicio en la Liga de Ciudades Hanseáticas, no ha logrado y difícilmente logrará
erradicar este componente genético del ser humano, a menos que la genómica descubra
en cuál gene está radicada la territorialidad y que la ingeniería genética lo manipule.
Pero, ¿querrá una sociedad cualquiera eliminar de verdad este componente?
2.- Identidad, proximidad y complejidad. El territorio y la persona humana.
La persona humana, categoría superior y espiritual del ser humano, alcanzable
cuando éste aprende a saber, a conocer, a amar, está indisolublemente ligada a un
territorio de escala pequeña, a un territorio de cotidianeidad, con el cual interactúa.
En la construcción de su propio ser, el ser humano construye su identidad
apelando a una matriz de relaciones (familia, raza, religión) entre las cuales destaca
por su fuerza la vinculación a un territorio. El ser de un lugar, el reconocerse en el
lugar, es una derivación del carácter territorial del “animal humano” y tan fuerte que,
como bien sabemos, el exilio es considerado como una pena máxima y el desarraigo del
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territorio cotidiano, aún en procesos migratorios internos y voluntarios es una
experiencia dolorosa para las personas. El verso de la conocida canción de Facundo
Cabral “no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir...” debe ser declarado
falso de falsedad absoluta.
No obstante es cierto que la modernidad escindió al hombre del territorio
mediante la introducción de la tecnología, al inicio simple y ahora compleja. Todos los
artefactos que maravillaron a José Arcadio Buendía allá en Macondo, desde el reloj
mecánico hasta el e-mail actual han contribuido a ello: la medición del tiempo se
independizó de la observación de las mareas, el telégrafo, el teléfono, la televisión
independizaron la transmisión de la escritura, la voz y la imagen, del lugar, para
cristalizar en la aldea global de McLuhan.
Este proceso modernizador abrió espacio—según Edgar Morin—para que el
hombre desarrollara una verdadera “metástasis del ego”, en la expresión del pensador
francés, que lo hizo creerse un “ciudadano del mundo” desprovisto de atávicos lazos
territoriales, provinciales y parroquiales. La vanidad del hombre se encontró cómoda
en la fuerza de la globalización que persigue, querámoslo o no, el traspaso de las
identidades territoriales al mundo funcional, sectorial, completando así el reemplazo
de la antigua lógica de regulación social horizontal, basada en el territorio, por otra,
vertical, basada en el sector. Ser ciudadano de la Coca-Cola debería ser más
importante que ser ciudadano chileno o colombiano.
¿Triunfará la globalización y desaparecerá la identidad social territorial?
Pareciera que no, tal como lo dice Thomas Friedmann (1999) en su magistral libro The
Lexus and the Olive Tree. En la globalización se puede gastar una cantidad asombrosa
de capital y de inteligencia para construir sofisticados mecanismos e ingenios, pero
sigue siendo una cruel realidad, hoy así como miles de años atrás, que judíos y árabes
se matan por la propiedad de un árbol de olivo.
“En verdad, una razón por la cual el Estado-Nación no desaparecerá jamás, aunque
se debilite, es porque es el último árbol de olivo—la expresión última de aquello a lo que
pertenecemos—lingüística, geográfica e históricamente. No se puede ser una persona
completa sola. Se puede ser una persona rica sola. Se puede ser una persona lista sola.
Pero no se puede ser una persona completa sola. Para eso se requiere ser parte de, tener
raíces en, un árbol de olivo” escribe Friedmann.
Pero, ¿ qué hay de la “McDonnalización” como se ha dado en llamar a la
devastadora y avasalladora intrusión del american way of life?
“La característica más importante de la cultura de masas global, es su peculiar
forma de homogeneización, que no reduce todo a lo específicamente norteamericano o
europeo, sino que tiene la capacidad de reconocer y absorber diferencias culturales dentro
de un marco general que es, en esencia, una concepción norteamericana o europea del
mundo. Hegemoniza otras culturas sin disolverlas, opera a través de ellas. No destruye las
culturas locales, las usa como medio. Su idioma universal es el inglés”
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Esto es lo que dice Jorge Larraín (2000) en un ensayo sobre identidad y
globalización. De hecho, la historia muestra que siempre el centro imperial ha
impuesto su lengua, pero no siempre al costo de eliminar la lengua vernácula. Pax
romana y lex romana, pero lengua nativa acompañando al latín.
La globalización, como se sabe, es una matriz que alberga múltiples dialécticas,
paradojas y contradicciones. Una de ellas radica en la oposición entre el peligro de la
alineación total y el rescate de “lo local” como nuevo (o recuperado) espacio de
solidaridad. Mientras más me universalizo, más me apego a mi terruño, como
mecanismo de defensa frente a lo inevitable.
La modernidad, según Pierre Muller (1990), ha encontrado su propio Talón de
Aquiles en la “crisis de la proximidad”. Los seres humanos, mejor aún, las personas
humanas, siguen siendo “sujetos proxémicos”. Las relaciones cara a cara y el tacto
jamás serán completamente mediatizadas por la electrónica. Román Gubern (2000) en
El eros electrónico explora este asunto.
En principio, las formas de acercamiento pueden ser favorecidas por los Chat,
que se caracterizan por vincular comunidades virtuales—on line—agrupadas por
intereses comunes y cohesionadas por la mutua empatía de sus miembros; aunque no
se conozcan personalmente, están unidas por la comunicación escritural, lo que marca
de entrada, las relaciones en un plano más conceptual que perceptual. El contacto por
Internet reduce la presencialidad física. Hemos pasado de la tercera dimensión, la cual
transmite la máxima información emocional, al soporte electrónico que privilegia el
oído, la imagen y sobre todo la escritura. ¿En dónde queda el lenguaje no verbal,
propio de los mecanismo de atracción con que contamos los humanos?
Se ha pretendido usar la realidad virtual para explorar las posibilidades del
sexo electrónico. La realidad virtual es un sistema informático que genera entornos
sintéticos en tiempo real, que son ilusorios, pues es una realidad perceptiva envolvente
sin soporte objetivo.
La idea de que en el ciber-espacio todo cabe se convierte en un atractivo para
simular encuentros sexuales. Sin embargo los experimentos no han sido muy
satisfactorios. Un cuerpo conectado a unos electrodos y éstos a un computador que a
través de un módem, se conecta a su vez a otro sistema semejante con otra persona, en
donde la relación sexual se limita a los impulsos entre uno y otro, ayudados por la
pantalla y por el “mouse” para estimular el cuerpo de cada cual. Toda esta estructura
con ciber-guantes, cascos y todo no parece muy eficaz. La electrónica no logra
reemplazar lo que la humanidad descubrió hace un millón de años: que el coito frontal
dio origen al beso, a la mirada sobre el rostro amado, a la atracción por los senos, las
caricias y el maquillaje, en otras palabras, a la “tactilidad” que requiere de la
proximidad física, es decir, la proximidad en un territorio, aunque sea el territorio de
la alcoba.
La complejidad o el paradigma de la complejidad, de acuerdo a Edgar Morin
(1994), se asienta en tres principios: el dialógico, el de recursividad y el hologramétrico
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que recoge el principio aristotélico de estar la parte en el todo y el todo en la parte.
¿Cómo se aplica esto a la relación entre el ser humano y el territorio?
La enorme mayoría de las personas desenvuelve toda su vida en un entorno
territorial, en un territorio cotidiano, de muy pequeño tamaño. Arbitrariamente, si
bien ello podría ser fácilmente investigado, digamos que tal territorio equivale a un
círculo de no más de 50 kms. de radio. Allí una vastísima proporción de los seres
humanos nacen, se educan, trabajan, forman familia, requieren servicios varios y
probablemente terminan por ser enterrados allí mismo. Es tan pequeño este
imaginario territorio que resulta fácil hipotetizar que las posibilidades de realización
personal de cada individuo, el logro de su personal proyecto de vida, está íntimamente
articulado con la suerte del territorio. Si a éste le va bien (al territorio) las
probabilidades de que al individuo le vaya bien son mayores que si lo primero no
sucediera. Esto es un ejemplo del principio hologramétrico: el individuo está,
obviamente, en el territorio, y el territorio está en el individuo en el sentido de que la
suerte del territorio afecta el logro del proyecto de vida individual. En esta
hologrametría se descubre un sólido respaldo al envolvimiento ciudadano en los
asuntos locales.
3.- Capitalismo tecnológico, desnacionalización y re-territorialización industrial.
Si es posible, con todas las limitaciones del caso, apuntar a un solo vector
definitorio de la actual fase tecnológica del capitalismo, fuertemente apoyada en la
Revolución Científica y Tecnológica, habría que señalar que ese vector está
configurado por la factibilidad de segmentar procesos fabriles tanto desde el punto de
vista funcional como espacial, sin que ello reduzca la eficiencia ni la rentabilidad, más
bien al contrario. Este vector está dando origen a la fabricación en red, un modelo
fabril que, dicho con modestia y también con franco orgullo, había sido anticipado a
comienzos de la década de los setenta en una propuesta estratégica conocida en la
época como INDUPOL (Industrialización, Urbanización, Polarización).
Se equivocan algunos economistas que sostienen que la Revolución C&T estaría
posibilitando un proceso de desterritorialización fabril, porque lo que ocurre ahora es
justamente lo contrario. En efecto, si una compañía manufacturera, como por ejemplo
la Ford Motor Co., decide fabricar un automóvil europeo como el Ford Escort, y lo
hace segmentando el proceso antiguamente único y lineal de producir un coche en
numerosos sub-procesos (fabricación del motor, del chasis, etc., etc.) al mismo tiempo
que localiza estas plantas en 16 lugares (regiones) ubicados en diferentes países
europeos conformando una red discontinua geográficamente hablando, el ahora
conglomerado (holding) Ford debe tomar al menos dos precauciones para que la
cadena de valor no fracase por ineficiencia de alguno de sus eslabones: i) debe
examinar cuidadosamente las características de los lugares (regiones) en donde instala
cada planta, o sea, la calidad y equipamiento del territorio y de sus estructuras sociales
y; ii) debe introducir un fuerte componente de descentralización en la gestión de cada
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una de ellas. El avión AIRBUS es otro clásico ejemplo de este modo de fabricación
actual que, dígase de paso, recupera al amparo de la tecnología moderna, las más
antiguas tradiciones fabriles de los “guilders” del inicio de la revolución industrial.
Piénsese en el tradicional modo de fabricación de los afamados relojes suizos.
Otra cosa completamente distinta es el paralelo proceso de desnacionalización
industrial planteado, entre otros, por Robert Reich (1993). La fabricación en redes
mundiales geográficamente discontínuas, la creciente sub-contratación, la provisión de
insumos just in time, hace difícil asignar una “nacionalidad” a un producto
determinado. ¿Son norteamericanos los computadores fabricados por la Texas
Instruments? Lo son, pero en una interpretación distinta del pasado, mucho más
jurídica que territorial.
La conclusión es que la sustentación temporal de la fase tecnológica del
capitalismo actual requiere tanto de un único mercado en donde vender rápidamente
los nuevos productos a fin de recuperar el capital invertido y de múltiples territorios,
que son territorios de producción. Requiere también de un nuevo orden internacional
y no se diga que tal nuevo orden consolidado en el brevísimo período entre 1989 y 1991
no es, en su esencia, de naturaleza territorial.
4.- Globalización, competitividad y territorio.
La competitividad, una imposición de la globalización, es sistémica, como se ha
afirmado tanto desde la CEPAL como desde el German Development Institute. Una
competitividad sostenida en el tiempo sólo puede basarse en la creación y uso de
ventajas competitivas dinámicas, construidas a partir del conocimiento y de la
innovación.
El carácter sistémico de la competitividad debe ser leído tanto en términos
funcionales como territoriales y en ambos casos se hace referencia a una red de actores
que se teje alrededor del producto que aparece como titular de la competitividad. El
carácter sistémico y territorial de esta red es señalado por Pierre Veltz (1995) al
sostener que “ la performance de cada unidad es, de esta manera, más y más sistémica y
dependiente de su entorno”.
El territorio es considerado ahora como un actor indirecto de la competitividad
al transformarse en una plataforma sistémica de ella ya que en el territorio se
encuentra la malla de soporte en la cual anidan las actividades productivas
competitivas, siendo tal malla un sistema de cooperación fabril de eficiencia variable.
En parte tal eficiencia depende de la calidad de la gestión territorial que allí se realice.
El territorio es también considerado un actor directo de la competitividad en la medida
en que es un espacio contenedor de una cultura propia que se traduce, mediante
prácticas sociales históricas, en la elaboración de bienes y/o servicios indisolublemente
ligados a tal cultura, a partir de las cuales se pueden construir nichos específicos de
comercio de elevada competitividad. Igualmente, la creciente importancia del
15
conocimiento tácito, fuertemente anclado al territorio, resulta cada vez más relevante
para la absorción de conocimiento codificado. De nuevo, Veltz dice:
“ La innovación, en particular, parece fuertemente ligada a las interacciones específicas
entre agentes y a los conocimientos tácitos que los unen”.
Hay que recordar a Porter y su concepto de aglomerados sinérgicos como
denominó a las estructuras sistémicas competitivas de las cuales forman parte un
número de agentes sociales: empresas, centros de ciencia y tecnología, universidades,
asociaciones gremiales, sindicales o de otra naturaleza y el Estado en su nivel y
estructura pertinente (nacional, regional, local), aglomerados sinérgicos que en las
propias palabras de Porter muestran afinidades territoriales, es decir, no se “instalan a
tontas ni a locas” en el territorio, como si el territorio no importase; lo hacen en
lugares que poseen determinadas características facilitadoras de la innovación. Pocos
países, si es que alguno en América Latina, han ligado competitividad y territorio en el
plano de la política, como es el caso de Colombia.
En el contexto de la competitividad y de la innovación, un número considerable
de autores han enfatizado la importancia de la proximidad geográfica para explicar un
buen desempeño en la competitividad de las empresas. Términos como sinergia,
economías de aglomeración (clustering), economías y aprendizaje por interacción,
sistemas locales de innovación o eficiencia colectiva, expresan las principales
preocupaciones en debate.
En la literatura, este énfasis convergente en lo local se manifiesta en cuatro líneas de
trabajo:
a) economía neoclásica tradicional: economistas de las áreas de
comercio internacional y de la geografía económica, como
principalmente Paul Krugman, han reinsertado los rendimientos
crecientes externos de escala en la agenda de la teoría económica
tradicional;
b) economía y gestión de empresas: Michel Porter, su principal
exponente, ha enfatizado la importancia de los factores locacionales
y de la proximidad en los procesos de clustering de proveedores,
clientes y empresas rivales, que posibilitan las ventajas competitivas
en la economía global;
c) economía política regional: la literatura reciente de geografía
económica y economía política regional ( como Pyke, Becatini y
Sengenberger, o como Markusen) han contribuido con un nuevo
énfasis en la región como un nexo de interdependencias no
transables;
d) economía neo-shumpeteriana: la preocupación de economistas
vinculados a esta corriente de pensamiento y con el desarrollo
tecnológico ha conducido a un énfasis significativo en el carácter
localizado del proceso innovativo asociado a procesos específicos de
aprendizaje colectivo y la importancia del conocimiento tácito en
tales procesos. El concepto de sistemas (nacionales) de innovación y
sus dimensiones locales sintetiza la importancia de las instituciones y
16
de su políticas, así como el ambiente socio-cultural de sus agentes,
eminentemente local.
5.- Conocimiento y territorio.
Estamos de lleno en la sociedad del conocimiento, según la expresión de Taichi
Sakaiya. La relación entre conocimiento y territorio se expresa claramente en el
surgimiento de un lenguaje emergente en el que es posible encontrar términos como
aprendizaje colectivo, conocimiento codificado y tácito, regiones que aprenden,
regiones inteligentes, medios innovadores, “clusters”, tecnópolis, “valles de silicona”,
distritos y otros, todos los cuales apuntan a la articulación conocimiento/territorio,
mediatizada por la asociatividad.
La razón última del acoplamiento entre el conocimiento y el territorio reside
precisamente en la importancia actual de la asociatividad para reducir la
incertidumbre y los costos de transacción, una asociatividad entre agentes homogéneos
o heterogéneos que no puede escapar a su dimensión territorial.
El aprendizaje colectivo (territorial) es la forma de enfrentar la incertidumbre y
también la necesidad creciente de coordinación, derivada a su vez de la creciente
complejidad. Puede ser entendido como la emergencia de un conocimiento básico
común y de procedimientos a lo ancho de un conjunto de firmas geográficamente
próximas, lo que facilita la cooperación y la solución de problemas comunes. Obsérvese
la mayor importancia relativa del aprendizaje colectivo para las PyMES, cuyos
mayores problemas no derivan de su tamaño sino de su aislamiento.
Ya se comentó brevemente acerca de la creciente importancia del conocimiento
tácito y difuso desde el punto de vista de la competitividad ya sea por la posibilidad de
generar nichos de mercado vinculados a las tradiciones y a la cultura o bien por la
articulación con el conocimiento codificado. Tanto la conformación de un mercado
mundial como el proceso de codificación aumentan la importancia de las capacidades
locales heterogéneas y localizadas para construir competencias específicas de las
empresas para crear, adquirir, acumular y usar el conocimiento un poco más rápido
que sus competidores más favorecidos tal vez por su situación de costos.
Las regiones que aprenden, son las regiones o territorios que mejor enfrentan el
juego globalizador y hacen de su capacidad de aprendizaje una condición esencial para
“ganar”. Una región que aprende es en realidad una organización que llega a ser
experta en cinco actividades principales: es capaz de resolver problemas de una
manera sistémica, es capaz de experimentar nuevos enfoques, es capaz de aprovechar
su propia experiencia para aprender, es capaz de aprender de las experiencias y
prácticas más apropiadas de otras organizaciones (benchmarking) y es capaz,
finalmente, de transmitir rápida y eficazmente el conocimiento a todo lo largo y ancho
de su propia estructura.
17
Ni qué decir con respecto al concepto de región inteligente. Si no se es
inteligente en la sociedad del conocimiento, no hay la menor posibilidad de salir de
posiciones perdedoras y marginales. Este concepto se aplica a un tipo de territorio que
es innovador, creativo, que aprende y que se interesa por los factores que determinan
la dinámica económica y social del territorio y en particular, en la naturaleza de los
procesos innovadores tanto como en los factores y condiciones que los estimulan. ¿De
cuántas regiones chilenas se podría decir que se interesan por descubrir los factores
que controlan sus propios procesos de cambio?
Un territorio inteligente tiene capacidad de aprender de su propia relación con
el entorno, es decir, tiene capacidad para cambiar patrones de conducta, ya que en un
entorno turbulento la repetición de las prácticas del pasado, la rutina, sólo puede
garantizar el fracaso. Para ello se requiere de una amplia red de sensores para
monitorear el entorno y una considerable sinapsis interna, base de la complejidad
estructural.
Según algunos autores las más conocidas regiones inteligentes europeas (EmiliaRomagna, Baden-Wurtemberg, por ejemplo) poseen buenas antenas (capacidad de
monitoreo), manejan información de calidad (información selectiva de última
generación), disponen de una capacidad de auto-evaluación, tienen una disposición al
aprendizaje y tienen la voluntad para poner en ejecución las lecciones aprendidas.
Puesto que conocimiento y cultura constituyen un par inseparable, éste puede
ser el lugar para recordar las ideas de Doreen Massey que apuntan al hecho que en la
cultura occidental, el tiempo ha tenido siempre una connotación masculina con los
atributos positivos que la acompañan: lo dinámico, lo cambiante, aquello que progresa,
que se moderniza, en tanto que el territorio ha sido signado—cuando no
estigmatizado—con las características atribuídas al género femenino, pasividad,
receptividad, reactividad, conservadurismo. Esta clasificación, según la geógrafa
británica, es una derivación del acentuado carácter machista de la cultura occidental,
así es que la descalificación del territorio podría encontrar sus raíces en ese fenómeno.
¡Cuidado!
6.- Rendimientos crecientes y territorio.
Los economistas parece que finalmente están descubriendo o redescubriendo la
geografía y esto constituye un hecho significativo si se juzga el notable conjunto de
nombres alrededor del tema: Krugman, Porter, Barro, Sala-i-Martin, Blanchard,
Venables, Quah, entre otros. De acuerdo a Krugman, los rendimientos crecientes (que
pueden ser considerados casi como “el Viagra” de la economía geográfica) son un
fenómeno esencialmente local y regional. De un modo similar, Porter ha enfatizado que
el grado de aglomeración geográfica de industrias en un país es un determinante clave
de la competitividad internacional de esa nación.
18
Los argumentos e investigaciones de Krugman se basan en el postulado de que
los rendimientos crecientes, las economías de escala y la competencia imperfecta son
mucho más importantes que los rendimientos constantes, competencia perfecta y
ventajas comparativas en la causalidad del comercio y de la especialización y que el
mercado, las externalidades tecnológicas y de otra naturaleza que apuntalan estos
rendimientos crecientes no son internacionales ni siquiera nacionales, sino que surgen
a través de un proceso de aglomeración local y regional.
La conclusión es que para entender el comercio es necesario entender los
rendimientos crecientes y para comprender los rendimientos crecientes es necesario
estudiar la concentración y especialización económica regional o territorial.
Se ha ligado también este “revival” de la economía geográfica à la Krugman con
las actuales teoría del “crecimiento endógeno” y se apunta en este sentido a que el
mecanismo económico que se encuentra en el corazón del crecimiento endógeno
requiere de interacciones sociales y externalidades que, precisamente, son mayormente
locales (territorializadas) en su naturaleza, algo ya señalado por Robert Lucas a fines
de los años ochenta.
En verdad comienza a aparecer un vocabulario nuevo para reflejar estas
externalidades territoriales específicas: Storper habla de activos relacionales, Konvitz
de capital territorial, Boisier de capital sinergético, Camagni de capital relacional, la
OECD también habla de capital territorial y todo esto sin considerar el uso a menudo
abusivo del concepto de capital social.
De hecho, cuando se reflexiona a fondo sobre el fenómeno del desarrollo en el
territorio, entendido contemporáneamente, no es posible eludir la irreductible lógica
territorial del desarrollo. En efecto, se concluye de tal análisis que el desarrollo (repito,
contemporáneamente entendido) siempre ha sido y siempre será, un proceso inicial de
pequeña escala, asentado en espacios sociales y territoriales proxémicos,
descentralizado, endógeno y capilar, en el sentido de iniciar, desde allí, un proceso de
expansión hacia arriba y hacia los lados sobre el territorio que puede conducir a
resultados de variada naturaleza (mancha de aceite, archipielagización, centroperiferia, etc.).
7.- Lo posible y lo imposible: territorios sin ciudades y ciudades sin territorios.
El concepto de territorio es usualmente entendido en tres niveles, de acuerdo a
su complejidad creciente. Así se habla de territorios naturales, equipados y
organizados. La primera categoría describe porciones de la superficie terrestre todavía
intocadas por el hombre; la segunda dice relación con territorios cuya ocupación por
parte del hombre se limita a grandes obras de ingeniería, o grandes explotaciones
mineras, o extensas plantaciones, con muy poca presencia permanente de personas y la
tercera, finalmente, denota territorios ocupados por comunidades o sociedades
19
estables, con un patrón de asentamiento humano discernible, con estructuras sociales,
tecnológicas y económicas, con cultura e identidad.
La ciudad, usando este término en una forma amplia como para describir
asentamientos humanos de diferentes tamaños, pero cuya característica esencial es la
aglomeración territorial, la vida en común, la existencia de variados servicios
colectivos y su permanencia en el tiempo, es la expresión máxima y cristalizada del
territorio. En las palabras de Lewis Mumford es el artefacto de la región, siendo la
ciudad y la región obras de arte colectivas que no se agotan en la racionalidad ni en el
individualismo y Brasilia es quizás el mejor intento de reemplazar el arte colectivo
manifestado a lo largo del tiempo por la fría racionalidad individualista del tecnócrata.
Todavía es algo temprano para declarar su fracaso y es ciertamente totalmente
prematuro celebrar su éxito.
Desde que la humanidad descubrió la agricultura y abandonó la caza nómada,
la ciudad ha sido siempre el locus del progreso y de la modernización, el lugar para
preocuparse por lo colectivo, para hacer política en el mejor sentido de la palabra y por
supuesto la etimología de esta palabra no hace sino recordar la importancia de la vida
urbana. ¡Qué puede tener de extraña la permanente tentación de concentrarse sólo en
el artefacto, en perjuicio de su medio, olvidando la naturaleza simbiótica de la
articulación entre ciudad y territorio !
Es posible, sí, concebir territorios sin ciudades, como es fácil entender si se
habla de territorios “naturales” o aún de territorios “equipados”, pero es imposible
concebir ciudades sin territorio, no sólo porque la ciudad no es una entelequia aespacial y no puede serlo y no lo son ni siquiera los pocos casos de ciudades que,
estando asentadas en su propio y delimitado territorio como corresponde al orden
natural de las cosas y a la ley de la gravedad, no poseen, sin embargo, un territorio
circundante, como son Singapur, Hong-Kong, Mónaco y algún otros caso que se
escapa. No es posible en general concebir una ciudad sin territorio o mejor dicho, una
ciudad sin su región ya que se está en realidad frente a una estructura sistémica cuya
emergencia es precisamente la simbiosis ciudad/territorio. Pretender estudiar, conocer
y sobre todo entender a una ciudad como Temuco en Chile aislándola de su territorio,
más o menos coincidente con la Región de la Araucanía, es sólo eso, una pretensión o
un artificio inútil.
En su obsesión por los rendimientos crecientes Krugman (1996) ha sostenido
que...
“la misma existencia de ciudades es un fenómeno visible que refleja la existencia de
rendimientos crecientes de escala” y agrega a continuación: “ Al nivel superior, el
desigual desarrollo de regiones enteras[...] puede estar dirigido por procesos acumulativos
enraizados en los rendimientos crecientes”.
Rendimientos crecientes y costos de transporte son dos de los elementos
económicos detrás del surgimiento de ciudades que no pueden desarrollarse si no es en
medio de la simbiosis con su territorio.
20
La globalización parece colocar aún más en relieve el papel de la ciudades en los
procesos económicos, tecnológicos y sociales. Según lo afirma una publicación de la
CEPAL, las 50 ciudades de América Latina con más de 1.000.000 de habitantes
desaceleraron algo su ritmo de crecimiento durante la década de los 80 para
recuperarlo en la década siguiente llegando a absorber un 43 % de la población
urbana y un 31 % de la total en el 2000, retomando, según el estudio de la CEPAL, su
posición privilegiada para captar la localización de inversiones nacionales y
extranjeras y articular a los actores productivos nacionales con los mercados externos.
Algunas de las metrópolis de mayor tamaño (más de 5.000.000 de habitantes) se
consideran—según el estudio en comento—ciudades globales por su dimensión
demográfica e importancia económica.
Este último concepto merece algo de atención. Su origen se remonta a los
trabajos de Peter Hall y también de John Friedmann y ha sido retomado por Saskia
Saasen y por Rosabeth Moss Kanter, entre otros autores que hablan de la ciudad
global como una red de ciudades.
Como lo afirma Pablo Wong (2000), las grandes ciudades, al igual que las
unidades territoriales regionales, parecen haber adquirido un papel estratégico dentro
de las transformaciones funcionales y espaciales surgidas en la economía global y la era
de la información. El argumento central deriva de la emergencia de un nuevo modelo
de crecimiento urbano caracterizado por una organización de la actividad económica
que sería simultáneamente, espacialmente dispersa y globalmente integrada. Bajo este
esquema las ciudades tendrían nuevas funciones, operando esencialmente como
centros de dirección desde donde se organiza la economía mundial y constituyéndose
en puntos de localización clave para las actividades financieras y los servicios
avanzados a la producción, así como puntos generadores de innovaciones. Al aceptar
que estos sectores se han convertido en la punta de lanza de la nueva economía,
habiendo reemplazado a la industria como sector dominante y centro del dinamismo
del sistema capitalista, ello lleva a Saasen a considerar las ciudades como sitios de la
producción post-industrial. Para esta autora, las ciudades globales serían Nueva York,
Londres y Tokio y la calificación de “global” no sólo obedece a sus respectivas
posiciones dentro de una cierta jerarquía, sino también al hecho de que estas tres
ciudades funcionan como un mercado unificado, de aquí que se hable de la ciudad
global en singular.
Hay una cierta idealización urbana en el aire. Otro especialista escribe que hay
evidencias suficientes sobre el agotamiento del modelo del Estado Nacional como
instancia para manejar las realidades sociales y económicas (...)y es razonable buscar
en la Ciudad [con mayúscula], instancia más real y concreta, que es la que genera la
riqueza que alienta la construcción permanente del hábitat urbano, donde reside la
gran mayoría de la gente, donde tiene lugar la vida económica y desde donde se
irradian los más diversos efectos sobre las economías de otros asentamientos cercanos
o lejanos geográficamente. Agrega este especialista (Jaime Acosta, 2000) que el
desarrollo de la vida económica depende de la economía urbana, en tanto las ciudades
son creaciones del proceso económico; y una vez que surgen, en los sucesivo, el
crecimiento económico depende de las relaciones de intercambio y trabajo con las
ciudades, y la modernización de la sociedad está sujeta a la capacidad de las ciudades
21
para liderarla. En esta larga cita hay mucho de romanticismo y se olvida, olvido
también cometido por otros autores, la naturaleza más sistémica que dicotómica de
estructuras tales como centro-periferia, ciudad-campo, urbano-rural, etc.
Pero sin duda es cierto que la mayor apertura y estabilidad de la última década
ha potenciado el rol económico de muchas ciudades y reconocido la importancia de la
funcionalidad urbana en la globalización. Es también evidente que habiendo cambiado
el entorno, habiéndose sobre todo complejizado en extremo, las unidades territoriales
que logran acoplarse exitosamente al nuevo entorno, sean regiones, sean ciudades,
deben cambiar sus roles porque deben aumentar su propia complejidad, de manera
que lo que señala Saasen es una consecuencia necesaria de un cambio estructural
liderado por la globalización. No pueden escapar los territorios y ciudades exitosos a la
tenaza de hierro representada por los nombres de Luhman y Ashby: reducción de la
complejidad mediante un aumento de ella y variedad necesaria.
Las ciudades cambian en la globalización, cambian su arquitectura y sus
funciones. Benjamín Barber (2000) recupera la “unidimensionalidad marcusiana” y
sostiene que hoy en día:
“la unidimensionalidad adquiere una realidad geoespacial palpable en la
arquitectura de los centros comerciales, en los cuales los lugares públicos han sido
reemplazados por los espacios privados destinados a optimizar el comercio. Ellos son
emblemáticos de Privatopía, esa nueva ciudadela (...) (vulgar, multirracial y peligrosa), que
ofrece un universo de calma y de seguridad provista de una sofisticada vigilancia”.
Es lo mismo que dice de Mattos (2001) en la presentación del número 80 de la
Revista EURE:
“...En particular, la proliferación de shopping-malls de última generación, de
condominios cerrados de alto estándar, de edificios corporativos inteligentes, de conjuntos
empresariales integrados, etc., han tenido una fundamental incidencia en la estructuración
metropolitana y en la configuración de la morfología existente”.
Cabe preguntarse si, más allá de las diferencias de las tecnologías propias de
cada momento histórico, hay algo de novedoso en este proceso de reconfiguración
urbana. Después de todo a comienzos de siglo se replicó en muchas ciudades el
ferrocarril subterráneo, claro, en América Latina y dejando de lado Buenos Aires, la
réplica demoró cuatro décadas; en los años treinta se esparcieron en las grandes
ciudades las tiendas por departamentos, Macy´s, Bloomingsdale, Galeries Lafayette,
Harrod´s, Gath y Chaves ; en los cincuenta y sesenta los “drivings”; en los setenta los
“fast food”, etc. Ahora se replican las nuevas formas de combinar comunicación,
comercio y ocio y los nuevos modelos de residencia, empujados en parte por la
masificación del automóvil, en parte por el aumento de la inseguridad y en parte
porque cada época conlleva un “modo de vida” sintonizado con esa época.
Como lo señala la CEPAL el principal reto de los próximos años globalizados
será evitar una fragmentación de los territorios nacionales y regionales y ello obligará
a un tratamiento unificado ciudad/región que fortalezca a las regiones rezagadas
mediante mecanismos de apoyo compensatorios. La ciudad tendrá que colocarse una
22
máscara de Jano para mirar al mundo y a su región simultáneamente, al futuro y al
pasado. Hay que evitar que una concepción demasiado centrada en la ciudad debilite
la preocupación por un manejo integrado y coherente del territorio.
Rosabeth Moss Kanter (1997), otra de las personas particularmente interesadas
en la dupla ciudad/globalización, tipifica a las ciudades “ganadoras” en la
globalización como aquellas capaces de desenvolver a un alto nivel las características
propias de la innovación (Thinker Cities) o de la fabricación (Manufacturer Cities) o del
comercio (Trader Cities) e ilustra estas categorías con los ejemplos de Boston,
Spartanburg y Greenville, y Miami.
A la luz de estas consideraciones, hablar de “ciudades globales” en América
Latina parece algo exagerado, a menos que se quiera usar la añeja dimensión del
“tamaño” como parámetro suficiente.
8.- Constantes y variables: el territorio y sus diversos “recortes”.
A menos de poseer dotes de un mago como David Copperfield con las cuales
pudiésemos producir la sensación de levitación para personas y para procesos, tanto
unas como otros seguirán, hasta donde es previsible, ineludiblemente atados al
territorio. Somos una especie terrestre, incluso diseñada con un mirar cabizbajo, pero
es cierto que albergamos desde siempre el sueño de elevarnos sobre la tierra y por eso
la mitología y la historia hacen de Dédalo, Icaro, los hermanos Montgolfier, los
hermanos Wright, Gagarin, y Armstrong personajes emblemáticos, pero no por ello
dejaremos de pisar diariamente la tierra, el territorio pequeño o grande.
La geografía política mundial y nacional está ciertamente en crisis y la nueva
geografía virtual amenaza con desplazar a la geografía física reemplazando la mano de
cartógrafo del Estado por la mano invisible, pero más poderosa, de la lógica territorial
del capitalismo tecnológico actual. Pero no se trata de una geografía puramente
electrónica.
Durante la década de los 90, veinte nuevos países ingresaron a las NN.UU., casi
todos ellos derivados del desplome de la URSS y de los socialismos reales. El debate
actualmente más importante en la Unión Europea es si ella será una Europa de
regiones como propone Alemania o una Europa de Estados como lo propone Francia.
¿Sería posible desconocer el carácter eminentemente territorial de esta cuestión? Más
impresionante es tomar nota de las fracturas de la geografía política nacional en países
de elevado nivel de desarrollo y de incuestionada consolidación. Para citar algunos
casos recientes: se hizo necesario un referéndum nacional en Alemania para decidir
acerca de una modificación de la división del país en “landers”; Humberto Bossi
obtuvo cuatro millones de votos con su propuesta de crear Padania, una secesión en el
Norte de Italia; la decisión del Ministro Jospin en Francia para elevar la autonomía de
Córcega provocó la renuncia del Ministro del Interior y volvió a destapar la olla a
presión de las demandas regionalistas; en Gran Bretaña se concedió un estatuto
23
especial a Escocia; la reivindicación de Québec aflora cada cierto tiempo; la Guardia
Nacional de los EE.UU. tuvo que intervenir militarmente en Texas hace alrededor de
cuatro años para disolver un movimiento armado que proclamaba la secesión de
Texas, para tal vez configurar la República de Téxico, anticipada hace décadas por
Toffler y en Chile el gobierno no atina a dar una respuesta moderna a las demandas de
revisión de la regionalización, que se mantiene idéntica durante más de un cuarto de
siglo. Perú eliminó las regiones en 1993 y Colombia ha hecho lo mismo el 2000 y
también en ese mismo año Brasil ha eliminado la SUDENE, símbolo emblemático
máximo de la cuestión regional en América Latina.
No obstante, y al mismo tiempo, las cartas constitucionales de Argentina, de
Colombia y de Perú, dejan abierta la puerta para regionalizaciones más
contemporáneas y sobre todo más democráticas y se alude a la formación de regiones
“asociativas” y “virtuales”.
¿Importa o no importa la geografía? Algunos dirán que no. Otros, como por
ejemplo el periódico International Herald Tribune (07/10/99) parecen sostener lo
contrario, al publicar un análisis preparado por Fred Hiatt titulado “A This Point,
Geography Counts” comentando el caso de Eng-Sion Tan un ingeniero de Singapur que
ha desarrollado un software (Third Voice) que permite poner comentarios en
cualquier Website, sin importar el tener un “permiso” del sitio. Cuando Mr. Tan quiso
implementar su proyecto (US $ 5 millones) la geografía súbitamente adquirió gran
importancia y el ingeniero, incapacitado para desarrollar su proyecto en Singapur se
instaló en el Silicon Valley en donde en una semana tenía varias ofertas de capital de
riesgo. Al otro lado del Atlántico, la OECD creó en 1994 el Servicio de Desarrollo
Territorial, una decisión que revela la creciente atención que los gobiernos de los
países más avanzados están concediendo a la economía regional y al desarrollo social y
al proceso de descentralización de poder y responsabilidades en el territorio y acaba de
publicar un libro titulado Territorial Outlook, 2001, conteniendo un sesudo análisis y
una gran cantidad de información sobre el desarrollo en el territorio de los países
miembros.
Muchos países de formación relativamente reciente son verdaderos puzzles
territoriales que se desarman con cierta facilidad (Yugoslavia); es cierto, se desarman
como países, pero el territorio reaparece en su conformación original con enorme
fuerza y no puede ser de otra manera.
¡Es que el territorio y los territorios son una constante universal forjada por la
historia! Son los recortes generalmente arbitrarios del territorio los que aparecen y
desaparecen. Son los recortes hechos por la mano de cartógrafo del Estado (muchas
regionalizaciones) o por las manos de cartógrafos de congresos internacionales que
dibujaron países de manera inconsulta (Viena, Siglo XIX; Versalles, Siglo XX), son
esos los recortes que están en crisis. Por ello no hay que preocuparse demasiado por la
eliminación de la regiones peruanas, colombianas, brasileñas o incluso, chilenas,
porque nunca existió una demanda social nacional que solicitase su establecimiento. En
casi todos los casos ellas resultaron de una mecánica burocrática weberiana o de una
hábil respuesta del Estado para diluir demandas específicas de uno o unos pocos
territorios (Colombia, España). Estructuras rígidas, como las regiones chilenas
24
pueden ser ahora poco funcionales. Por ello es que ahora hablamos más de territorios
que de regiones o hablamos de regiones únicas y múltiples a la vez, de límites
geográficos variables y de diferente pero simultánea temporalidad.
Nadie en América Latina, salvo el Gobierno Militar en Chile, se ha atrevido a
borrar de un plumazo (o de un sablazo) la división política-administrativa histórica,
aún cuando su funcionalidad actual puede ser puesta en duda, por la simple razón de
que el transcurso del tiempo reifica territorios inicialmente arbitrariamente definidos,
como los Departamentos post Revolución en Francia. La historia, pero sólo la historia,
no el decreto ni la ley, crea identidad y pertenencia, y le confiere permanencia al
territorio.
9.- Un coro de voces urbanas que cantan al territorio.
Para finalizar, sólo deseo mencionar los nombres, no hacer citas, sólo los
nombres selectos de un enorme conjunto de especialistas de diversas disciplinas, la
economía, la geografía, la sociología, la historia, la psicología, la geopolítica entre otras,
que lejos de cuestionar el territorio, lo revalorizan precisamente en el contexto de la
globalización. El crecimiento, el desarrollo, la competitividad, la innovación, la
asociatividad, cuando menos, son todos procesos territorialmente anclados.
Economistas como Porter, Piore, Sabel, Lundvall, Krugman, Konvitz, geógrafos como
Storper, Martin, Veltz, regionalistas como Camagni, Helmsing, Maillat, Lázaro,
Vázquez-Barquero, Cuadrado, del Castillo, Stohr,
sociólogas como Montero,
historiadores como Braudel o Toynbee y tantos otros, no levitan y por el contrario,
reclaman la necesidad de “aterrizar” el desarrollo para ponerlo en manos de las
personas humanas. Incluso Castells y Hall sostienen que las ciudades y las regiones
han llegado a ser los agentes cruciales del desarrollo económico.
Debemos ser cuidadosos para no romper la naturaleza sistémica de las cosas,
como por ejemplo, la ya mencionada relación ciudad/territorio, ya que ello sólo puede
traducirse en un desajuste del sistema con su entorno y de evitar eso trata
precisamente el acoplamiento exitoso a la globalización. Se requiere para ello reclamar
del Estado, a lo menos en América Latina, una hoy inexistente capacidad de regulación
del territorio, una capacidad de hacer “conducción territorial” tanto como conducción
política. Ello tendría que expresarse en una política de Estado acerca del ordenamiento
territorial, asunto que no puede dejarse entregado al mercado (que no está capacitado
para tratar con categorías territoriales) salvo que se acepte un ordenamiento
territorial “por omisión” puesto que siempre el flujo de inversiones dibujará una
geografía del capital, pero tal vez tal geografía tendrá poco que ver con las
aspiraciones sociales. Una sola pregunta ilustra el punto: ¿le será indiferente a la
sociedad chilena una ciudad capital de 10 millones o de 5 millones de habitantes? Si no
lo es, como el sentido común lo indica, ¿quién y a través de qué mecanismos no
compulsorios orienta la ubicación de la población en el territorio?
“El campo de política que en la OECD se denomina desarrollo territorial se basa en el
reconocimiento que la prosperidad es de manera creciente un asunto acerca de cuán bien
25
cada ciudad, cada región, puede realizar su potencial...La política territorial reconoce que
muchos cambios asociados con—inter alia—la globalización y la innovación tecnológica, y
con pasos hacia el desarrollo sustentable, se concentran al nivel sub-nacional. El papel
definitorio de la política territorial es hacer explícita la dimensión espacial”. OECD
Territorial Outlook, 2001 Edition, Paris.
“Alguien
que
nunca
fue
identificado había metido por debajo
de la puerta un papel dentro de un
sobre, en el cual le avisaba a
Santiago Nazar que lo estaban
esperando para matarlo, y le
revelaban además el lugar y los
motivos, y otros detalles muy
precisos de la confabulación”
Crónica de una muerte anunciada,
Gabriel García Márquez.
Editorial Sudamericana, 2000, 24,
Buenos Aires, Argentina.
Referencias
Acosta J.
Barber B.,
Boisier S.,
Grueso D.I.
Gubern R.,
Friedmann T.,
Larraín J.,
“Cultura, desarrollo endógeno, política industrial y
utopías para el Tercer Milenio”, en Explorador
CRESET, # 11, 12, 13, Junio 2000, Bogotá
“Vers une société universelle de consommateurs.
Culture McWorld contre démocratie”, Elbaz M. y
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27
CAPÍTULO 2
DESARROLLO (LOCAL): ¿ DE QUÉ ESTAMOS
HABLANDO?
1.-Desarrollo: una idea política de la posguerra
La economía clásica, para estos efectos representada por nombres como Smith,
Ricardo y Marx, hizo del crecimiento económico su tema central, en tanto que la
economía neo-clásica, asociada principalmente a nombres tales como Marshall,
Walras, Pareto, Pigou y otros, hizo de la distribución su tema central. En este sentido
es que puede decirse que el concepto de desarrollo tiene sus raíces más en la economía
neo-clásica que en la clásica. No obstante en los últimos años han aparecido modelos de
crecimiento y también de desarrollo que se enraizan indiscutiblemente en la economía
neo-clásica, como muy didácticamente lo escribe Vázquez-Barquero (1997), una
lectura imprescindible para comenzar a adentrarse en este campo. Esta
divergencia/convergencia hacia una misma matriz teórica es importante para entender
ahora las diferencias entre ambos conceptos.
El concepto de desarrollo, como acertadamente lo sostienen Sunkel y Paz (1970)
en un texto considerado como clásico en su tiempo, es un tópico de la posguerra y
habría que agregar, es un tópico de las Naciones Unidas. Ya en la Carta del Atlántico
firmada en 1941 por Churchill y Roosevelt se expresa que el único fundamento cierto
de la paz reside en que todos los hombres libres del mundo puedan disfrutar de
seguridad económica y social, y por lo tanto, se comprometen a buscar un orden
mundial que permita alcanzar estos objetivos una vez finalizada la guerra. Idéntica
decloaración de principios se establece en la Conferencia de San Francisco en 1945 que
diese forma a las Naciones Unidas. Es de sobra conocido que desde sus inicios, las
Naciones Unidas, particularmente a través de las Comisiones Regionales y muy en
particular a través de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL) hace del análisis del desarrollo un tema preferente tanto en la reflexión como
en los estudios empíricos.
28
Inicialmente el concepto de desarrollo (económico) fue asociado al crecimiento.
Por ejemplo, como lo citan Solari, Franco y Jutkowitz (1976;91), José Medina
Echeverría, el español considerado como el padre de la sociología latinoamericana del
desarrollo, sostenía que:
“El desarrollo económico es un proceso continuado cuyo mecanismo esencial consiste en la
aplicación reiterada del excedente en nuevas inversiones, y que tiene, como resultado la
expansión asimismoincesante de la unidad productiva de que se trate. Esta unidad puede
ser desde luego una sociedad entera..."
Idéntica postura es listada por Sunkel y Paz (op.cit.) al enumerar las
características o enfoques actuales del desarrollo (los autores escribían en 1970)
subrayando la identidad entre crecimiento y desarrollo.
Durante dos décadas el desarrollo continuó siendo casi un sinónimo de
crecimiento y el PIB agregado y sobre todo, el PIB per cápita fue la medida corriente
del nivel de desarrollo. Esto contribuyó a consolidar el dominio profesional de los
economistas en el tema del desarrollo, algo que generó una suerte de circularidad
viciosa de reduccionismo económico, que poco ha ayudado a entender la verdadera
naturaleza del fenómeno y al diseño de formas eficaces de intervención promotora.
El economista británico Dudley Seers provocó a fines de los sesenta una
verdadera revolución en materia de desarrollo con su conocido artículo acerca del
significado del desarrollo (1970).
Según Seers el punto de partida de una discusión acerca del desarrollo es
reconocer que “desarrollo” es un concepto normativo, lleno de juicios de valor. El
mismo se pregunta acerca de la fuente de tales juicios de valor, rechazando la posición
de Tinbergen (el gobierno) tanto como la propuesta implícita en la teoría de la
modernización social (copiar el sendero de desarrollo de otros países) y también
rechaza un liberalismo a ultranza que implicaría la permisividad para que cada
individuo introduzca sus propios juicios de valor. Seers, fuertemente inspirado en el
pensamiento de Gandhi, sostiene que debemos preguntarnos a nosotros mismos acerca
de las condiciones necesarias para la realización del potencial de la personalidad
humana, algo comúnmente aceptado como objetivo. A partir de esta pregunta Seers
apunta a la alimentación, como una necesidad absoluta (inmediatamente traducida a
pobreza y a nivel de ingreso). Una segunda condición básica para el desarrollo
personal es el empleo y la tercera, es la igualdad entendida como equidad, aquí por
tanto ya se introduce un elemento subjetivo e intangible puesto que el concepto de
equidad tiene tales dimensiones, como se plantea por ejemplo en un trabajo de la
CEPAL (1990).
Finalmente Seers señala textualmente (1970; 33):
29
“The questions to ask about a country´s development are therefore: What has been
happening to poverty? What has been happening to unemployment? What has been
happening to inequality? If all three of these have declined from high levels, then beyond
doubt this has been a period of development for the country concerned”.
Sería necesario esperar otra vez dos décadas para que el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), inspirado particularmente en ideas de
Amartya Sen, de Mahbub ul Haq, de Richard Jolly y otros, introdujese una nueva
acepción y una nueva forma de medir el desarrollo a través del concepto de un Indice
de Desarrollo Humano. Desde comienzos de los noventa el PNUD ha publicado
sistemáticamente el resultado de la aplicación empírica de este concepto en países y
también a nivel mundial enriqueciendo enormemente la idea de desarrollo.
Según se escribe en el informe del año 1996 (55/56):
“El desarrollo humano puede describirse como proceso de ampliación de las opciones de la
gente...Más allá de esas necesidades, la gente valora además beneficios que son menos
materiales. Entre ellos figuran, por ejemplo, la libertad de movimiento y de expresión y la
ausencia de opresión, violencia o explotación. La gente quiere además tener un sentido de
propósito en la vida, además de un sentido de potenciación. En tanto miembros de familias
y comunidades, las personas valoran la cohesión social y el derecho a afirmar sus
tradiciones y cultura propia”.
Desde el punto de vista conceptual el Indice de Desarrollo Humano (IDH)
intenta ser una aproximación a la medición de los niveles de Desarrollo Humano de las
personas en los distintos países, según se afirma en el informe sobre Chile del año 1996.
Por razones metodológicas, este Indice no incluye todos los ámbitos que el concepto de
Desarrollo Humano considera. Es así como reune sólo tres componentes del Desarrollo
Humano: calidad de vida, longevidad y nivel de conocimiento. Estas dimensiones,
ligadas al nivel de vida de la población, pero también al desempeño de indicadores
sociales del ámbito de la salud y de la educación, reflejan en sí mismas la evolución de
muchas otras variables a lo largo del tiempo. Por tanto, se concluye en el estudio
citado, constituyen una síntesis de diversos elementos que conforman el Desarrollo
Humano.
En el caso de salud, se mide la esperanza de vida al nacer. En el área de
educación actualmente se usa como variable la Mediana de Años de Escolaridad de
personas de más de 25 años. Finalmente el Indice considera la disponibilidad de
recursos económicos medida a partir del poder adquisitivo sobre la base del PIB per
cápita ajustado por el costo de vida. Es importante destacar la diferente naturaleza de
las variables incluídas en el Indice, algunas de tipo “stock” y otras de tipo “flujos”.
Nuevamente hay que apuntar a la creciente “subjetivización” e
“intagibilización” del concepto de desarrollo y de su medición, algo que, como se verá
más adelante, reclamará un verdadero cambio de paradigma.
30
A mediados de los años noventa, el entonces Secretario General de las Naciones
Unidas, Boutros Boutros-Gali publica en 1995 el informe titulado An Agenda for
Development, documento que incluye con el mismo título un capítulo correspondiente
al Report of the Secretary General A/49/665 del 11 de Noviembre de ese año. En este
capítulo el Secretario General define cinco dimensiones del desarrollo, llevando
definitivamente este concepto al plano de lo intangible y abriendo entonces la puerta a
profesionales provenientes de disciplinas distintas de la economía en el trabajo sobre
desarrollo. Sociólogos, politólogos, psicólogos, historiadores, ecólogos, antropólogos y
profesionales de la cultura encuentran ahora nuevos espacios de trabajo. La inter y la
multidisciplinariedad comienzan a abrirse paso.
Las dimensiones introducidas por Boutros-Gali son las siguientes:
“ 1] Peace as the foundation. Traditional approach to development presuppose that it takes
place under conditions of peace. Yet that is rarely the case....Development cannot proceed
easily in societies where military concerns are at or near the centre of life.
2] The economy as the engine of progress. Economic growth is the engine of development
as a whole....Accelerating the rate of economic growth is a condition for expanding the
resource base nad hence for economic, technological and social transformation...It is not
sufficient, however, to pursue economic growth for its own sake.
3] The environment as a basis for sustentability. Development and environment are not
separate concepts, nor can one be succesfully address witout reference to the other.
4 ] Justice as a pillar of society. Development does not takes place in a vacuum, nor its is
built upon an abstract foundation. Development takes place within a specific societal
context and in response to specific social conditions....People are a country´s principal
asset. Their well-being defines development.
5 ] Democracy as good governance. The link between development and democracy is
intuitive, yet its remains difficult to elucidate...In the context of development, improve
governance has several meanings. In particular however, its means the design and pursuit
of a comprehensive national strategy for development. Its means ensuring the capacity,
reliability and integrity of the core institutions of the modern State”.
En este breve recuento de la historia del concepto de desarrollo resulta obligado
incluir una propuesta, intermedia en el tiempo, publicada en español en un número
especial de la revista Development Dialogue (Fundación Dag Hammarskjold) en el año
1986 y que representa, a juicio de muchos, la más acertada propuesta para un
verdadero desarrollo, pero que, lamentablemente, nunca logró traspasar las barreras
del mundo académico. Se trata de la propuesta conocida como Desarrollo a Escala
Humana, en la versión de Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn,
economista, sociólogo y filósofo respectivamente, algo por demás sugerente. En las
palabras de sus autores:
“Tal desarrollo [el desarrollo a escala humana] se concentra y sustenta en la satisfacción
de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de
autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la
tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo
social, de la planificación con la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado”.
31
Hay que reconocer la extraordinaria contemporaneidad de esta definición. De
hecho, buena parte de los conceptos que se discutirán en las secciones siguientes
podrían ser simplemente remitidos a esta definición. En particular, y este
reconocimiento sólo lo puede hacer con honestidad el propio autor, hay múltiples
puntos de coincidencia o al menos de semejanza entre esta propuesta y su lenguaje y la
última propuesta de Boisier (1999) sobre capital sinergético y desarrollo territorial, si
bien ambas han sido formuladas en forma absolutamente independiente entre sí.
En el “desarrollo a escala humana” se avanza en la subjetivización del
desarrollo, se categorizan los recursos no convencionales (notablemente similares a las
varias formas de “capital intangible” de Boisier) y se hace hincapié en la utilización de
la sinergía como motor de desarrollo. Tales similitudes hablan por sí mismas de una
época de transición paradigmática, como lo sostendría seguramente Kuhn, transición
caracterizada por el hecho de que miembros de una misma comunidad de saberes, sin
contacto entre sí, comienzan a plantear las mismas dudas, a explorar los mismos
nuevos senderos, a inventar similares neologismos, a formular nuevas y parecidas
propuestas.
Esta última reflexión lleva a otra, de particular importancia. En la medida en
que se reconoce en el desarrollo un concepto complejo, profundamente axiológico,
multidimensional, constructivista, cualitativo en su esencia e intangible por
consecuencia, el paradigma científico que ha dominado el desarrollo científico de la
modernidad, el paradigma asociado a Isaac Newton y a las leyes de la mecánica celeste,
a Francis Bacon y al método experimental como único fundamento del conocimiento
científico y a René Descartes y al razonamiento analítico, deja de ser útil para
entender el desarrollo por su carácter de un paradigma reduccionista, mecanicista y
lineal. Entender el desarrollo requiere de enfoques holísticos, sistémicos y recursivos.
Morin, Prigogine, Capra, Drucker, Fukuyama, Habermas, Maturana y otros, son
algunos de los nombres que comienzan a estar detrás de un nuevo paradigma.
La cuestión práctica, lo que debiera interesar a los practitioners del desarrollo,
entre los cuales los más importantes son precisamente las autoridades locales, es que se
requiere de un verdadero re-entrenamiento mental para poder intervenir con alguna
posibilidad de éxito en el fomento del desarrollo, no sólo del crecimiento. Hay por
delante una tarea gigantesca e imprescindible para la comunidad académica, para
instalar en la estructura curricular de pre y post grado el paradigma propio de la
complejidad.
Hablando sobre subjetividad social y desarrollo humano, Güell (1998) señala
con mucho acierto que:
“Un desarrollo que no promueve y fortalece confianzas, reconocimientos y sentidos
colectivos, carece en el corto plazo de una sociedad que lo sustente. Entonces la viabilidad
y éxito de un programa de desarrollo dependerá del grado en que las personas perciban ese
programa como un escenario en que su subjetividad colectiva es reconocida y fortalecida”.
32
El mismo autor desarrolla un documento cuyas secciones son sumamente
llamativas y cuyos títulos son: 1] Las personas y su subjetividad no son un recurso
adicional, sino un requisito indispensable del desarrollo; 2] Reconocer la subjetividad
social no significa construirle defensas y refugios frente a la globalización, sino
potenciar su capacidad de manejarla; 3] La reinvindicación de la subjetividad
colectiva como objetivo y motor del desarrollo no debe derivar en un populismo
voluntarista; 4] La toma de decisiones para el desarrollo no puede ser tecnocrática,
pues involucra incertidumbre, respeto a la diversidad y discernimiento público.
2.-Los adjetivos del desarrollo: demasiados y redundantes
El desarrollo es la utopía social por excelencia. En un sentido metafórico es el
miltoniano paraíso perdido de la humanidad, nunca alcanzable ni recuperable debido
a su naturaleza asintótica al eje de su propia realización. En la práctica, y el breve
recuento de su historia más contemporánea así lo prueba, cada vez que un grupo social
se aproxima a lo que es su propia idea de un “estado de desarrollo”, inmediatamente
cambia sus metas, sean cuantitativas o cualitativas. Demos gracias a ello: de otra
manera la humanidad todavía estaría dibujando bisontes en alguna cueva del sur de
Europa ! Hay autores, como Veiga (1993), que hablan de la “insustentable utopía del
desarrollo”.
Quizás en parte debido a ello, a su propia naturaleza utópica y en parte también
debido a nuestro sobre-entrenamiento intelectual en las disyunciones analíticas
cartesianas, se ha producido paulatinamente una verdadera polisemia en torno al
desarrollo, es decir, una multiplicidad de significados cada uno de los cuales reclama
identidad única en relación al adjetivo con que se acompaña el sustantivo “desarrollo”.
Así se asiste a una verdadera proliferación de “desarrollos”: desarrollo territorial,
desarrollo regional, desarrollo local, desarrollo endógeno, desarrollo sustentable,
desarrollo humano y, en términos de su dinámica, desarrollo “de abajo-arriba” (o su
contrapartida, “del centro-abajo”) y otros más. Incluso se observa, en el más puro
estilo del cartesianismo, la especialización funcional de instituciones académicas y
políticas, unas ocupadas de ésta o de esta otra categoría, como si fuesen categorías
independientes.
1.- Desarrollo territorial. La más amplia acepción de desarrollo (desde el punto
de vista del tema central de este documento) es la de desarrollo territorial. Acá se trata
de un concepto asociado a la idea de contenedor y no a la idea de contenido. Territorio
es todo recorte de la superficie terrestre, pero no cualquier territorio interesa desde el
punto de vista del desarrollo.
33
Como recorte de la superficie terrestre el territorio puede mostrar a lo menos
tres características de complejidad creciente. Se habla de “territorio natural” para
hacer referencia precisamente a un tipo de recorte primario en el cual sólo es posible
reconocer los elementos de la naturaleza, sin que medie aún penetración ni menos,
intervención humana. Se trata de lugares vírgenes en el lenguaje habitual. En seguida
puede reconocerse un tipo de “territorio equipado” o intervenido, en el cual el hombre
ya ha instalado sistemas (por precarios que sean) de transporte, obras de equipamiento
(como represas por ejemplo) y aún actividades productivas extractivas (campamentos
mineros por ejemplo). Finalmente se habla de “territorio organizado” para denotar la
existencia de actividades de mayor complejidad, de sistemas de asentamientos
humanos, de redes de transporte, pero sobre todo, de la existencia de una comunidad
que se reconoce y que tiene como autoreferencia primaria el propio territorio y que
está regulada mediante un dispositivo político-administrativo que define las
competencias de ese territorio y su ubicación y papel en el ordenamiento jurídico
nacional, es decir, un territorio organizado tiene una estructura de administración y,
en algunos casos, también de gobierno. Estos territorios pasan a ser sujetos de
intervenciones promotoras del desarrollo.
Así es que la expresión “desarrollo territorial” se refiere a la escala geográfica
de un proceso y no a su sustancia. Es una escala contínua en la que es posible
reconocer los siguientes “cortes” : mundo, continente, país, región, estado o provincia o
departamento, comuna, y en ciertos casos, “veredas”, “corregimientos” u otras
categorías menores. El término “ingeniería de las intervenciones territoriales” acuñado
en el ILPES en los años noventa, no hace distinción alguna entre territorios ya que
pretende incluirlos a todos y a cada uno.
Hay que recordar en este contexto que el término “país” originalmente no
estaba asociado al concepto de Estado-Nación, sino más bien a “lugares” pequeños de
características específicas portadoras de una gran identidad. Pays y paysan en francés
y paese y paesano en italiano son todavía gentilicios que aluden al “campo”, a lo
campesino y a lo “lugareño”, a territorios de pequeña escala.
2.- Desarrollo regional. El desarrollo regional consiste en un proceso de cambio
estructural localizado (en un ámbito terrritorial denominado “región”) que se asocia a
un permanente proceso de progreso de la propia región, de la comunidad o sociedad
que habita en ella y de cada individuo miembro de talo comunidad y habitante de tal
territorio. Obsérvese la complejidad de esta definición al combinar tres dimensiones:
una dimensión espacial, una dimensión social y una dimensión individual. El
“progreso” de la región debe entenderse como la transformación sistemática del
territorio regional en un sujeto colectivo (cuestión que muchos, por razones
ideológicas, discuten); el “progreso” de la comunidad debe entenderse como el proceso
de fortalecimiento de la sociedad civil y el logro de una percepción de pertenencia
regional y el “progreso” de cada individuo debe interpretarse como la remoción de
toda clase de barreras que impiden a una persona determinada, miembro de la
comunidad en cuestión y habitante de la región, alcanzar su plena realización como
persona humana.
34
No es el propósito en esta oportunidad entrar a un análisis más detallado del
concepto de desarrollo regional, pero es inescapable señalar que el meollo de la
cuestión reside en la definición de “región”. ¿ Qué es una región ? es una pregunta con
varios siglos de edad y que ha motivado innumerables debates y publicaciones. No hay
sino respuestas convencionales, desde aquellas que enfatizan los aspectos psicosociales,
como por ejemplo lo hacía Hilhorst (1980) al preguntarse si acaso las regiones no eran
sino construcciones mentales o como lo hace Hiernaux (1995) al sostener que la región
es una articulación coherente de articulaciones sistémicas entre diversos grupos y
cosmovisiones espacio-temporales, hasta las definiciones más tradicionales basadas en
la geografía o en la economía.
La posición de este autor, expresada en muchos textos, es que la región es un
territorio organizado que contiene, en términos reales o en términos potenciales, los
factores de su propio desarrollo, con total independencia de la escala. Así, podrán
existir regiones grandes o pequeñas, de facto o de jure, con continuidad espacial o con
discontinuidad en la virtualidad del mundo actual, pero con un atributo definitorio: la
propia complejidad de un sistema abierto. Pero, entonces, ¿ en qué se diferencia el
desarrollo regional del desarrollo local? Esta pregunta quedará pendiente por el
momento.
3.- Desarrollo local. Si se tratase de un concurso de popularidad, el concepto de
“desarrollo local” ganaría el primer lugar en las preferencias. Aquí, sin duda, hay
mucho que decir. Desde luego, ahora se trata de un concepto sustantivo (contenido más
que mero contenedor) que alude a una cierta modalidad de desarrollo que puede
tomar forma en territorios de variados tamaños, pero no en todos, dada la intrínseca
complejidad del proceso de desarrollo. Es evidentemente una sobre simplificación
asimilar el concepto de desarrollo local a la idea de comuna, a lo municipal. En
realidad, lo “local” sólo hace sentido cuando se le mira, por así decirlo, “desde afuera y
desde arriba” y así las regiones constituyen espacios locales miradas desde el país así
como la provincia es local desde la región y la comuna lo es desde la provincia, etc. Al
respecto Di Pietro (1999) dice que:
“ Lo local es un concepto relativo a un espacio más amplio. No puede analizarse lo local
sin hacer referencia al espacio más abarcador en el cual se inserta (municipio,
departamento, provincia, región, nación). Actualmente se juega con la contraposición
‘local/global’ mostrando las paradojas y relaciones entr ambos términos”.
Hay una considerable confusión en la literatura en relación a la idea de
desarrollo local. Ello se debe, al parecer, a dos causas: a] se trata de una “práctica sin
teoría” al decir de Guimaraes (1997; 281), quien escribe:
“ The term ‘local economic development’ (LED) describes a practice without much
theoretical underpinning: a practice that would benefit from, but may actually never find,
comprehensive and applicable sustantive theory”.
b] es un concepto que reconoce por lo menos tres matrices de orígen.
35
Primeramente, el desarrollo local es la expresión de una lógica de regulación
horizontal que refleja la dialéctica centro/periferia, una lógica dominante en la fase
pre-industrial del capitalismo, pero que sigue vigente aunque sin ser ya dominante,
como lo señala Muller (1990). En segundo lugar, el desarrollo local es considerado,
sobre todo en Europa, como una respuesta a la crisis macroeconómica y al ajuste,
incluído el ajuste político supra-nacional implícito en la conformación de la UE; casi
todos los autores europeos ubican el desarrollo local en esta perspectiva. En tercer
lugar, el desarrollo local es estimulado en todo el mundo por la globalización y por la
dialéctica global/local que ésta conlleva.
En otras palabras, hay tres racionalidades que pueden operar detrás del
concepto de desarrollo local y no pocos errores prácticos provienen de una mala
combinación de instrumentos y de tipo de racionalidad. Por ejemplo, se copian
instituciones y medidas de desarrollo local ensayadas en Europa (desarrollo local como
respuesta) y se intenta aplicarlas en América Latina (desarrollo local como lógica de
regulación horizontal).
Son muchos los autores que en diversos continentes escriben sobre desarrollo
local y acá se hará referencia a varios de ellos. Curiosamente, pocos se atreven a la
osadía de definir con exactitud el concepto mismo de desarrollo local.
Muller (op.cit.) dice que las sociedades tradicionales, son, sobre todo, sociedades
territoriales o a menudo conjuntos más o menos integrados de territorios
relativamente autónomos. En este tipo de sociedad, agrega, es el territorio el que
confiere a los individuos su identidad fundamental: se es ante todo “de alguna parte”
(en tanto que hoy día es la identidad profesional la estructurante). De tal manera que
es una referencia común a un territorio lo que otorga coherencia a las comunidades
humanas. Cada territorio, continúa Muller, funciona como un sistema relativamente
cerrado que encuentra en sí mismo las fuentes de su propia reproducción. ¡ Cuidado
con las palabras! Las palabras de Muller describen o pueden describir la Francia
feudal pre Richelieu tan bien como la Alemania contemporánea y sus “länders” !
Lo que sucede es que la lógica de regulación horizontal propia de las sociedades
territoriales antiguas no ha desaparecido sino que coexiste con la lógica de regulación
vertical, propia, según el mismo autor, del funcionalismo introducido por la
industrialización y la modernización. Es más, es el mismo autor quien a continuación
habla de la crisis de la proximidad originada en la complejidad creciente de la lógica
vertical y en la necesidad entonces de “volver a lo local”:
“ C´est dans un tel contexte de crise de la proximité qu´il faut resituer la résurgence du
local. En effect l´espace local apparit aujourd´hui à la fois comme un lieu potentiel de
remise en cohérence de la sectorialité permettant dépasser les effects pervers du
corporatisme et comme lieu où peuvent se reconstruire de relations de proximité dans les
quelles les individus retrouvent un part de maîtrise de la complexité du monde. Autrement
dit, le local apparaît aujourd´hui comme un space où l´exigence de rationalité peut se
réconcilier avec l´exigence de proximité”.
36
El desarrollo local, en el contexto del análisis de Muller, fue la forma normal de
reproducción social y vuelve, envuelto ahora en un velo tecnológico, a reinstalarse
como forma de reproducción social y territorial. Se trata de un caso similar al de los
polos de desarrollo à la Perroux, que han renacido desde la industrialización fordista a
la industrialización flexible.
Buarque (1999; 23/25) es uno de los especialistas que se atreve adefinir el
desarrollo local: algunas de sus proposiciones son las siguientes:
“ Desenvolvimento local e um proceso endógeno registrado en pequenas unidades
territoriais e agrupamentos humanos capaz de promover o dinamismo económico e a
melhoría da qualidade de vida da populaçao.
A pesar de constituir um movimento de forte conteúdo interno, o desenvolvimento local está
inserido en uma realidade mais ampla e complexa com a qual interage e da qual recebe
influências e presiones positivas e negativas. O conceito genérico de desenvolvimento local
pode ser aplicado para diferentes cortes territoriais e aglomerados humanos de pequena
escala, desde a comunidade (...) até o municipio ou mesmo microregiôes homogêneas de
porte reduzido. O desenvolvimento municipal é, portanto, um caso particular de
desenvolvimento local com uma amplitude espacial delimitada pelo corte políticoadministrativo do municipio” (Itálicas en el original)”
Estos planteamientos de Buarque se enmarcan en la primera matriz referencial
del desarrollo local, como lógica de regulación horizontal.
Arocena (1997; 91), uno de los autores latinoamericanos más importantes en
este campo asume una postura próxima a la tercera matriz de orígen al ubicar el
desarrollo local en la dialéctica global/local:
“ El desarrollo local no es pensable si no se inscribe en la racionalidad globalizante de los
mercados, pero tampoco es viable si no se plantea sus raíces en las diferencias identitarias
que lo harán un proceso habitado por el ser humano”.
¡Indesmentible la postura humanista y “tourainiana” del sociológo uruguayo!
En una posición similar se encuentra también Buarque (op.cit.) quien en la
parte inicial de su libro había adoptado una visión más cercana a la enmarcada en la
lógica horizontal. Ahora Buarque sostiene que:
“ O desenvolvimento local dentro da globalizaçao é uma resultante direta da capacidade de
os atores e de a sociedade locais se estruturarem e se mobilizarem, com base na suas
potencialidades e na sua matriz cultural, para definir e explorar suas prioridades e
especificidades, buscando a competitividade num contexto de rápidas e profundas
transformaçoes” (Itálicas en el original).
Como se indicó más atrás, la conceptualización del desarrollo local como
respuesta ha sido la manera preferida en que los europeos se refieren al tema. En 1995
la OCDE había puesto esta cuestión con claridad meridiana, como lo cita Cuervo
(1998):
37
“El enfoque local del desarrollo es una respuesta a los problemas del desempleo y
desorganización económica causados por la decadencia industrial y las deslocalizaciones.
Después del fracaso relativo de los proyectos organizados y aplicados por organismos
públicos nacionales, la idea de utilizar procedimientos locales ha ido ganando vigencia”.
Como lo han comentado varios autores, las fuertes transformaciones que se
están produciendo en el modelo de acumulación de capital plantean problemas de
regulación como la gestión del mercado de trabajo o la adaptación y difusión de la
tecnología moderna que las instituciones que fueron eficaces durante la última fase
expansiva del ciclo, no son capaces de afrontar. Los instrumentos de intervención del
Estado han perdido eficacia en la regulación de la economía, lo que produce un
desajuste entre las demandas de regulación y el marco socioinstitucional. De esta
manera las transformaciones que están ocurriendo en el sistema de intervención del
Estado adquieren carácter estratégico. Es más, como lo señala Vázquez-Barquero, la
reestructuración del Estado está impulsando formas nuevas en la gestión pública como
es la política de desarrollo local. Ante un problema global de reestructuración del
sistema productivo europeo, en la última década las comunidades locales han tratado
de dar una respuesta a sus problemas intentando dinamizar el ajuste de los sistemas
productivos locales. Algunos gobiernos locales/regionales han intervenido en el
proceso, impulsando políticas encaminadas a solucionar los problemas que presenta la
reestructuración productiva.
Es en este contexto en el cual uno de los máximos exponentes del pensamiento
regionalista europeo, Vázquez-Barquero, define el desarrollo local (1988; 129):
“Un proceso de crecimiento económico y de cambio estructural que conduce a una mejora
en el nivel de vida de la población local, en el que se pueden identificar tres dimensiones:
una económica, en la que los empresarios locales usan su capacidad para organizar los
factores productivos locales con niveles de productividad suficientes para ser competitivos
en los mercados; otra, sociocultural, en que los valores y las instituciones sirven de base al
proceso de desarrollo; y, finalmente, una dimensión político-administrativa en que las
políticas territoriales permiten crear un entorno económico local favorable, protegerlo de
interferencias externas e impulsar el desarrollo local”.
Cuervo (1998; op.cit.) agrega también que es en este contexto de
“desafío/respuesta”, que se descubre la naturaleza ambivalente del desarrollo
económico local: se trata de una respuesta residual, desencadenada por un vacío
generado por la ausencia y el debilitamiento del gobierno nacional; se trata igualmente
de una oportunidad, creada por las nuevas y viejas virtudes de lo local, como ámbito
de construcción de procesos de desarrollo.
38
Borja y Castells (1997) señalan que lo global y lo local son complementarios,
creadores conjuntos de sinergía social y económica, como lo fueron en los albores de la
economía mundial en los siglos XIV-XVI, momento en que las ciudades-estado se
constituyeron en centro de innovación y de comercio a escala mundial. Los mismos
autores apuntan a la importancia estratégica de lo local como centro de gestión de lo
global en el nuevo sistema tecno-económico, cuestión que puede apreciarse en tres
ámbitos principales: el de la productividad y competitividad económicas, el de la
integración socio-cultural y el de la representación y gestión políticas.
Para finalizar este sintético recuento de opiniones conviene citar a Calafati
(1998) quien afirma que la introducción del concepto de “sistema local” en la discusión
sobre desarrollo (nacional) hace aparecer, en torno a la idea de “sistema”, dos
cuestiones muy básicas: primeramente, un sistema cuyas unidades fundamentales son
seres humanos debe tener un mecanismo de control, es decir, su naturaleza debe ser
homeostática (debe tener un “cerebro”); en segundo lugar, puesto que un sistema local
es un “sistema abierto”, se hace necesario entender sus procesos en términos de un
determinado patrón de interacción entre el “sistema” y su “entorno”. Estas dos
características de lo territorial sub-nacional han sido punto obligado en los últimos
trabajos de Boisier (1997 y 1998) quien ha insistido, en verdad desde hace tiempo, en
que un nuevo entorno del desarrollo territorial es parte integrante de un nuevo y
necesario paradigma y que la complejidad sistémica es en verdad un objetivo a lograr
estratégicamente para permitir, precisamente, una adecuada articulación entre el
sistema local o regional y el medio externo contemporáneo, caraterizado, a lo menos en
el núcleo, por una creciente complejidad.
Ahora puede volverse a la pregunta con respuesta pendiente: ¿cuál es la
diferencia entre lo local y lo regional? Hay que responder diciendo que la diferencia
entre ambos conceptos reside en una doble cuestión escalar. Por un lado, trátase de
una escala territorial en la cual en distintos segmentos de ella se ubican tanto lo local
como lo regional, aunque no hay ninguna regla matemática que marque el límite, pero
obviamente choca al sentido común referirse al desarrollo de la Región
CORPES/OCCIDENTE de Colombia (que incluye ocho Departamentos, ciudades tan
importantes como Cali y Medellín y que representa casi el 20 % del territorio y casi el
40 % de la población y casi el 50 % del VA industrial del país) como desarrollo local.
Es obvio que en este caso el adjetivo regional aparece, incluso intuitivamente, como el
apropiado. A la inversa, también parece contradecir el sentido común referirse al
desarrollo de la ciudad de Manizales (que no queda circuncrito al plano urbano de
ella) como desarrollo regional; contrariamente al caso anterior, acá local parece
“calzar” mejor con la realidad. Si se tratase de hablar del desarrollo del Departamento
de Caldas, parte de la Región y cuya capital es Manizales, se entra ya a un terreno de
traslapos y superposiciones. Por otro lado, se trata de una escala funcional, poco
precisa también, pero dotada de una cierta sensatez. Es evidente que la función de
promover el empleo se entiende hoy como una función muy apropiada a la escala local,
pero es igualmente evidente que una función como la promoción de la investigación
científica y tecnológica (parte importante de la idea de desarrollo), altamente
dependiente del funcionamiento de un sistema de ciencia y tecnología, no podría ser
considerada una función local, sino regional, que sería la escala funcionalmente
adecuada (y con no pocas dificultades habría que añadir!).
39
Otra importante diferenciación entre lo local y lo regional reside en la distinta
importancia relativa de los actores individuales y corporativos o institucionales en uno
u otro caso. Se espera, razonablemente, que un territorio “local” sea un territorio
proxémico en el cual las relaciones inter-personales, los contactos “cara a cara” y las
tradiciones familiares y sociales sean de mayor importancia que las relaciones
impersonales mediatizadas por instituciones y que las tradiciones sean cuando menos
tan importantes como el marco legal. Stöhr (1990) en Global Challenge and Local
Response presenta con mucha fuerza el papel desempeñado por actores individuales en
gatillar procesos de desarrollo en varias regiones y localidades europeas.
No obstante y en definitiva, la línea de separación entre lo local y lo regional
será siempre bastante casuística y arbitraria en el buen sentido de la palabra.
4.- Desarrollo endógeno. Casi tan popular como la idea de desarrollo “local” es
ahora la idea de desarrollo “endógeno”. Y también es una idea casi tan confusa como
el concepto anterior. El concepto de desarrollo endógeno nace como reacción al
pensamiento y a la práctica dominante en materia de desarrollo territorial en las
décadas de los 50 y 60, pensamiento y práctica enmarcados en el paradigma industrial
fordista y en la difusión “del centro-abajo” de las innovaciones y de los impulsos de
cambio.
Sin embargo, en las últimas décadas, una nueva acepción de desarrollo
“endógeno” aparece de la mano del concepto de crecimiento endógeno, propio de los
nuevos modelos de crecimiento económico global o agregado que hacen de la
innovación tecnológica un fenómeno interno a la propia función de producción, como
en Lucas y en Romer, dejando en el pasado la concepción neo-clásica del “factor
residual” de Solow, como lo muestra Vázquez-Barquero (1977; op.cit.). Esto ha
introducido una considerable confusión puesto que los calificativos de “exógeno” y
“endógeno” juegan un papel muy diferente a medida en que se desciende en la escala
territorial. Boisier (1997; op. cit.) ha mostrado que en el contexto de la globalización (y
de alta movilidad espacial del capital) el crecimiento territorial es más y más exógeno
(como regla general) a medida que el recorte territorial es más y más pequeño debido a
que la matriz de agentes que controlan los actuales factores de crecimiento
(acumulación de capital, acumulación de conocimiento, capital humano, política
económica global, demanda externa) tiende a separarse más y más de la matriz social
de agentes locales, siendo los primeros en su mayoría agentes residentes fuera del
territorio en cuestión. Por el contrario, sostiene el mismo autor, el desarrollo debe ser
considerado como más y más endógeno, debido a su estrecha asociación con la cultura
local y con los valores que ella incluye. Si el desarrollo es un fenómeno de un alto
contenido axiológico, algunos valores son universales (el valor de la vida, o el de la
libertad, por ejemplo), pero la mayoría tienen un carácter particular a la sociedad
local.
40
Cuadrado-Roura (1995) recuerda que el cambio en el balance de “movilidad y
de inmovilidad” producido en los factores productivos desde los años 70 motivaron
diversos trabajos que definieron los cuatro elementos que se consideraban
responsables del éxito de ciertas economías locales: el talento empresarial, un sistema
productivo flexible, economías generadas en los distritos industriales y la existencia de
algún agente “individual o colectivo” capaz de actuar como catalizador para movilizar
el potencial “autóctono”. Es así como las primeras teorías que consideraban dichos
elementos como auténticas causas de desarrollo local surgieron en Italia durante la
segunda mitad de la década de los setenta de manera tal que el “desarrollo endógeno”
tiene un profundo “aire itálico” debido a su asociación con nombres como los de
Bagnasco, Becattini, Brusco, Garofoli, Fuá y otros.
Garofoli (1995), uno de los más notables exponentes del “nuevo regionalismo”
europeo define el desarrollo endógeno de la manera siguiente:
“Desarrollo endógeno significa, en efecto, la capacidad para transformar el sistema socioeconómico; la habilidad para reaccionar a los desafíos externos; la promoción de
aprendizaje social; y la habilidad para introducir formas específicas de regulación social a
nivel local que favorecen el desarrollo de las características anteriores. Desarrollo
endógeno es, en otras palabras, la habilidad para innovar a nivel local”.
Un figura tan señera de la teoría regional como John Friedmann respaldaba
desde antes (1989) definiciones como la de Garafoli diciendo que:
“ Only cultural regions have the capacity to develop ‘from within’, because only they have a
collective sense of who they are, and because their presence in the world makes a
difference”.
Conviene recordar que a pesar de la enorme influencia intelectual de
Friedmann y a pesar de su prolífica producción, el concepto explícito de “desarrollo
endógeno” no pertenece a su vocabulario, si bien no caben dudas de su vocación
“territorial/local”, como de una manera tan expresa se plantea en su concepción de
“distritos agropolitanos”.
Aunque sin emplear el término preciso de “desarrollo endógeno”, tampoco cabe
duda alguna que la propuesta de Stöhr y Todtling (1997) conocida como la estrategia
de cerramiento espacial selectivo se ubica plenamente dentro de la idea de desarrollo
endógeno.
41
El “cerramiento espacial selectivo”, lejos de cualquier autarquía según sus
propios autores, propone un conjunto de políticas que permitirían canalizar los
ampliamente conocidos e incontrolados efectos de drenaje (backwash) de carácter
económico, social y político a fin de facilitar una mayor equidad espacial en las
condiciones de vida. Tales políticas presuponen varios requisitos: a] la ampliación de
las políticas espaciales más allá de la economía para considerar explícitamente los
procesos sociales y políticos; b] la reformulación del concepto negativo de fricción de
distancia a uno positivo ligado a la estructura de un sistema decisional espacialmente
desagregado; c] una mayor atención a las actividades no mercantiles y no
institucionales y a los requerimientos de la pequeña escala humana y de las relaciones
con el medio; d] un cambio en los poderes decisionales desde las actuales unidades
sectoriales (verticales) a unidades territoriales (horizontales). Los autores finalmente
proponen varias medidas generales para aumentar el cerramiento espacial selectivo
desde el lado de la oferta así como desde el lado de la demanda.
Buscando nuevamente en Vázquez-Barquero (1997;op.cit.) definiciones más
rigurosas del desarrollo endógeno se encuentran un par de opiniones del mayor
interés. En primer lugar, afirma que las teorías del desarrollo endógeno se diferencian
de los modelos de crecimiento endógeno en el tratamiento que dan a la cuestión de la
convergencia. Consideran que en los procesos de desarrollo económico lo
verdaderamente importante es identificar los mecanismos y los factores que favorecen
los procesos de crecimiento y cambio estructural y no si existe convergencia entre las
economías regionales o locales. Y agrega que las teorías del desarrollo endógeno
sostienen que la competitividad de los territorios se debe, en buena medida, a la
flexibilidad de la organización de la producción, a la capacidad de integrar, de forma
flexible, los recursos de las empresas y del territorio. Según este autor, el desarrollo
endógeno obedecería a la formación de un proceso emprendedor e innovador, en que el
territorio no es un receptor pasivo de las estrategias de las grandes empresas y de las
organizaciones externas, sino que tiene una estrategia propia que le permite incidir en
la dinámica económica local.
Más preciso es Boisier (1993) quien sostiene que:
“ La endogeneidad del desarrollo regional habría que entenderla como un fenómeno que se
presenta en por lo menos cuatro planos que se cortan, se cruzan entre sí.
Primero, la endogeneidad se refiere o se manifiesta en el plano político, en el cual se le
identifica como una creciente capacidad regional para tomar las decisiones relevantes en
relación a diferentes opciones de desarrollo, diferentes estilos de desarrollo, y en relación
al uso de los instrumentos correspondientes, o sea, la capacidad de diseñar y ejecutar
políticas de desarrollo, y sobre todo, la capacidad de negociar.
En segundo lugar, la endogeneidad se manifiesta en el plano económico, y se refiere en este
caso a la apropiación y reinversión regional de parte del excedente a fin de diversificar la
economía regional, dándole al mismo tiempo una base permanente de sustentación en el
largo plazo...
42
En tercer lugar, la endogeneidad es también interpretada en el plano científico y
tecnológico, es decir, la vemos como la capacidad interna de un sistema –en este de un
territorio organizado—para generar sus propios impulsos tecnológicos de cambio, capaces
de provocar modificaciones cualitativas en el sistema. En cuarto lugar, la endogeneidad se
plantea en el plano de la cultura, como una suerte de matriz generadora de la identidad
socioterritorial”. (Itálicas en el original).
De esta manera, según el autor, se va generando un escenario que es ocupado
por una variedad de actores públicos y privados de cuya interacción surge la sinergía
necesaria.
Cuando se piensa en profundidad en la esencia del desarrollo endógeno, viene a
la memoria algo que estuvo de moda en todo el mundo hace unos pocos años: aquellos
coloridos cuadros formados por una infinidad de puntos de distintos colores que había
que mirar de una cierta manera para “ver” como emergía de ese conjunto una figura.
En cierto sentido, era necesario ensayar una mirada “holística y sistémica” para
descubrir aquello oculto a primera vista, oculto precisamente a una visión analítica
(cartesiana) que ve partes y no ve el todo. Este ejemplo ilustra lo que se denomina en
análisis de sistemas como propiedades emergentes del sistema (una emergencia
sistémica).
Pues bien, el desarrollo endógeno puede ser entendido como una propiedad
emergente de un sistema territorial que posee un elevado stock de capitales intangibles
y sinergético, siguiendo la última propuesta de Boisier (1999; op.cit.) sobre este
concepto. En otras palabras, el desarrollo endógeno se produce como resultado de un
fuerte proceso de articulación de actores locales y de variadas formas de capital
intangible, en el marco preferente de un proyecto político colectivo de desarrollo del
territorio en cuestión.
Todo proceso de desarrollo endógeno se vincula al desarrollo local de una
manera asimétrica: el desarrollo local es siempre un desarrollo endógeno, pero éste
puede encontrarse en escalas supra locales, como la escala regional por ejemplo.
5.- Desarrollo descentralizado. La descentralización es una cuestión que se
plantea con gran fuerza en América Latina desde los años setenta, al comienzo
asociada al modelo neo liberal de política económica que acompañó al entronamiento
de los gobiernos de facto y posteriormente, vinculada precisamente a la recuperación
democrática que se instala definitivamente en todo el subcontinente a partir de Marzo
de 1990. Como es claro, para poder servir a dos señores tan distintos, la
descentralización, o es un fenómeno de alta complejidad o es una cuestión “difusa y
confusa”, como este autor la caracterizó en alguna oportunidad. Hay algo de verdad en
ambas lecturas. Es un proceso multidimensional complejo sin duda alguna y hay
mucho de confusión y de error en la forma en que se le presenta y discute.
43
Pero no este el momento de entrar de lleno en una discusión sobre el contenido
del término descentralización. Hay una sobre abundancia de literatura bien conocida
en el tema. Lo que interesa acá y en este momento es de un alcance más limitado: se
trata de escudriñar un tanto en la relación entre desarrollo territorial y
descentralización.
Hay que decir para comenzar que descentralización es un concepto que se
despliega en tres dimensiones: la funcional, la territorial, y la política. En cualquier
caso, descentralizar siempre implica una redistribución de poder y normalmente
significa crear instituciones que tienen como caraterísticas básicas el contar con una
personería jurídica independiente de otras figuras jurídicas (como el Estado), con
recursos o presupuesto propio y con normas de funcionamiento propias. Por supuesto,
que como es ya bien conocido, deslocalización y desconcentración son conceptos que se
encuentran en la misma cadena argumental, pero al mismo tiempo son completamente
distintos al de descentralización; el parecido lleva a confundirlos a veces, como sucedió
en Chile durante largos años, particularmente en relación a la instalación del
Parlamento en la ciudad de Valparaíso.
La descentralización funcional lleva a la creación de organismos con las
propiedades citadas en el párrafo anterior, pero con competencias restringidas a una
determinada actividad o sector (como por ejemplo, un Banco Estatal Ganadero). La
descentralización territorial también implica la creación o el reconocimiento de
entidades con, nuevamente, las caraterísticas señaladas, pero estando sus múltiples
competencias restringidas a un ámbito geográfico determinado (como es el caso de los
actuales Gobiernos Regionales en Chile). Finalmente la descentralización política
agrega el requisito de la generación del ente mediante elecciones políticas democráticas
(libres, secretas e informadas) como sería el caso de los gobiernos autónomos de las
comunidades españolas.
Estas tres categorías o dimensiones “puras” de la descentralización pueden
combinarse por pares para dar origen a formas mixtas y de entre ellas, la que interesa
definitivamente a esta discusión es la descentralización política-territorial, es decir, el
establecimiento de entes de gobierno para los territorios mediante su generación por
votación popular.
El desarrollo descentralizado supone la configuración del territorio en cuestión
como un sujeto colectivo con capacidad para construir su propio futuro. Desde luego,
no es el territorio como recorte geográfico el que puede operar como sujeto; sí lo es la
comunidad que habita tal territorio en la medida en que ella misma se alimenta del
regionalismo (regionalismo: un sentimiento de identificación y pertenencia a un
territorio, que es permanente en el tiempo y que permite subsumir intereses
particulares en un interés colectivo y que genera una cultura de características
particulares, que unifica hacia adentro y separa y distingue hacia afuera) y en la
medida en que es capaz de darse a sí misma un proyecto de futuro común consensuado
para dar cabida a la diversidad. Como se sabe, la idea de un “sujeto colectivo
territorial” produce pánico en el marxismo ortodoxo que ha cortado algunas ilustres
cabezas por apoyar esta herejía, ya que tal sujeto, pluriclasista por definición,
desplazaría a la lucha de clases como motor del cambio social.
44
Hay, finalmente, una clara intersección entre desarrollo endógeno y
descentralizado, puesto que es el poder transferido y también creado a partir de la
descentralización el que permite tomar decisiones en relación a opciones de desarrollo
y el que permite la apropiación parcial del excedente a fin de realimentar el proceso de
crecimiento in situ.
6.- Desarrollo de abajo-arriba. Otro concepto usado con frecuencia en la
literatura es el “desarrollo desde abajo” o “de abajo-arriba” (bottom-up) en
contraposición con la corriente dominante desde los cincuenta entronizada en el
paradigma de “desarrollo del centro-abajo” . Stöhr y Taylor (1981) prácticamente
dijeron, ellos mismos o sus colaboradores en el libro, todo lo que era aparentemente
posible decir acerca de esta propuesta paradigmática.
El punto de partida de esta propuesta es el reconocimiento del escaso éxito de
las formas consideradas “adecuadas” en la transmisión de innovaciones (tanto
tecnológicas como económicas y culturales) basadas en los canales inter firmas propios
del insumo-producto, en los canales intra firma propios del modelo organizacional casa
matriz/filial y en los canales inter urbanos implícitos en el ordenamiento del sistema de
centros urbanos (la regla “rango-tamaño” como ordenamiento paretiano óptimo).
Cada tipo de canal definía al mismo tiempo un campo de política pública: globales,
sectoriales y “espaciales”. Esto es lo que lleva a Stöhr y Taylor a afirmar que:
“ The available evidence as quoted above indicates that traditional spatial development
policies (predominantly of the centre-down-and-outward type) in most cases have not been
able—at least within a socially or politically tolerable time-span—to improve or even
stabilize living levels in the lest- developed areas of the Third World countries. Alternative
spatial development strategies therefore should be urgently considered...
Development “from below” needs to be closely related to specific socio-cultural, historical
and institutional conditions of the country and regions concerned.[...].The guiding principle
is that development of territorial units should be primarily based on full mobilization of
their natural, human and institutional resources”.
En este contexto los autores definen los siguientes elementos como componentes
esenciales de estrategias de desarrollo “desde abajo”:
1) El establecimiento de un amplio acceso a la tierra y a otros recursos naturales del
territorio, como factores claves de producción en la mayoría de las áreas menos
desarrolladas en el mundo;
2) La introducción de nuevas estructuras decisionales organizadas territorialmente (o
el restablecimiento de antiguas estructuras) para garantizar la equidad en la
comunidad;
3) La concesión de un nivel más elevado de auto-determinación a las áreas rurales así
como a otras áreas periféricas para generar una institucionalidad propia;
4) La elección de una tecnología “regionalmente adecuada” orientada a economizar
recursos escasos y a maximizar el uso de los recursos abundantes;
5) Prioridad a los proyectos que satisfacen necesidades básicas de la población;
6) Introducción de políticas de precios nacionales que favorezcan los términos de
intercambio de las regiones periféricas;
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7) Ayuda externa admisible como compensación de los efectos de erosión causada por
dependencias previas;
8) El desarrollo de actividades productivas que excedan la demanda regional sólo si
ellas conducen a una amplia mejoría en las condiciones de vida de la población.
9) Reestructuración de los sistemas de transporte y del sistema urbano para mejorar y
hacer más equitativo el acceso de la población en todo el territorio;
10) Mejoramiento del transporte y de las comunicaciones rural-rural y rural-aldea,
11) Estructuras sociales igualitarias y una conciencia colectiva son, a juicio de los
autores, elementos importantes para una estrategia “de abajo-arriba”.
Como suele suceder, a veces la buena intención termina por generar proposiciones
demasiado ambiciosas, si no en contenido, en alcance, y ello conspira en su contra. La
propuesta estratégica “de abajo arriba y hacia adentro” tiene un gran valor intrínseco
y se inserta plenamente en el contexto del desarrollo local endógeno.
Sin embargo, posiblemente Stöhr y Taylor pecaron de optimistas al suponer un
franco declinio en las formas “modernas” de transmisión de innovaciones, puesto que,
al contrario de lo que podría haberse supuesto, la globalización ha significado un
marcado incremento en la importancia de la transmisión intra firma al acentuar tanto
la segmentación geográfica de un mismo proceso productivo (dando origen a una red
de establecimientos) como la fusión de grandes conglomerados internacionales (como
por ejemplo, la reciente compra de la Volvo por parte de la Ford) y la revolución
científica y tecnológica, parte integrante de la misma globalización, ha significado una
densificación de las relaciones de insumo-producto o sea, de la transmisión de
innovaciones inter firmas, en parte debido a la subcontratación. Paralelamente, la
agudización de los fenómenos de metropolización, en algunos casos, o de crecimiento
muy irregular de los sistemas urbanos, parcialmente debido a la diferente capacidad
de adaptación de las ciudades al nuevo entorno (falta de desarrollo local) ha significado
una menor importancia de los mecanismos inter urbanos de transmisión de
innovaciones. Así, la propuesta de desarrollo “de abajo arriba” no encontró un
escenario adecuado para su propio desarrollo como alternativa.
3.-La irreductible lógica territorial del desarrollo
Probablemente no hay otro economista contemporáneo cuya memoria merezca
más ser rescatada que François Perroux, cuyo nombre aparece casi siempre vinculado
a la teoría (¿era realmente una teoría? ) de los polos de crecimiento, pero cuyo
pensamiento abarcó áreas mucho más amplias y complejas del pensamiento
económico. En cualquier caso, aquella afirmación célebre: “El hecho burdo, pero
sólido, es éste: el crecimiento no aparece en todas partes a la vez, se manifiesta en
puntos o polos de crecimiento con intensidades variables; se esparce por diversos
canales y con efectos terminales variables para el conjunto de la economía”, mantiene
una validez insospechada seguramente por el propio autor.
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Desde luego, los polos de crecimiento, lejos de estar muertos, están sumamente
saludables, aunque se han vestido ahora con el ropaje propio de la revolución científica
y tecnológica, como lo planteaba en una oportunidad Boisier (1981) porque, bien
pensada la cuestión, los “tecnopolos” no pueden desmentir su propio ADN que los liga
indudablemente al concepto perrouxiano original. Pero más allá de esta afirmación, lo
que interesa en el contexto de este documento es que la dinámica de crecimiento
descrita en la frase del economista francés corresponde casi exactamente a la dinámica
territorial del desarrollo, a aquella dinámica que Muller, según se anotó, define como
la lógica de la regulación horizontal o territorial que según él, era la lógica propia premoderna, de las sociedades primitivas o feudales.
Se equivoca el politólogo francés en asumir que esta lógica habría sido
completamente desplazada por la lógica de regulación vertical propia de la
sectorización del modernismo. Se equivoca porque ello nunca ocurrió del todo, porque
si bien la prevalencia de la lógica vertical ha sido clara en relación al crecimiento, el
más complejo y escurridizo desarrollo no ha dejado de estar regulado por una lógica
horizontal.
¿Puede alguien citar un caso de un proceso de desarrollo que se haya difundido
instantánea y simultáneamente sobre todo el territorio nacional ? ¿Puede alguien citar
el caso inverso, es decir, un desarrollo esparcido desde abajo instantánea y
simultáneamente hacia todo el territorio nacional? No, porque los casos extremos de
desarrollo “del centro-abajo” o “de abajo-arriba” ni siquiera se plantean como una
cuestión teórica. Lo que la evidencia empírica muestra y lo que el sentido común
respalda es un proceso de difusión del desarrollo que se asemeja mucho a la
proposición de Perroux.
Vázquez-Barquero (1995) afirma:
“El crecimiento económico y cambio estructural en los países recientemente
industrializados han sido analizados tradicionalmente, mediante el modelo de crecimiento
de concentración/difusión, que explica como el desarrollo económico toma la forma de
crecimiento urbano/industrial, liderado por las grandes empresas”. Subrayado de este
autor.
A pesar de que Vázquez-Barquero claramente es un crítico de esta explicación,
por lo menos en referencia al Sur de Europa, comete el desliz, tan frecuente por lo
demás, de intercambiar libremente “crecimiento” por “desarrollo”. En efecto, si en el
recuadro anterior la palabra ahora subrayada (desarrollo) hubiese sido simplemente
crecimiento, el juicio habría sido correctísimo y, por lo demás, en total y completa
concordancia con la explicación teórica de la lógica de expansión territorial del
capitalismo (pre modelo neo liberal) ofrecida por Boisier (1991; 5ª ed.) en el texto
Política económica, organización social y desarrollo regional.
47
Efectivamente el crecimiento económico ha estado regulado por una lógica
funcional, a partir, diríase, de la Revolución Industrial, una lógica que hizo del sector
industrial el sector motor del crecimiento y como toda vez que se elige un sector motor
para asentar en él el crecimiento se hace necesario “ordenar” el espacio en que
naturalmente tal sector se desenvuelve, lo “urbano” resultó el acompañamiento
natural y de ahí la dupla urbano/industrial anotada.
Desde el punto de vista del desarrollo, la dinámica territorial ha sido
completamente distinta, aunque pretender separar absolutamente ambos procesos es
un error.
El punto de partida está en reconocer que el desarrollo –tal como se le entiende
hoy día, pero como siempre ha sido—es un proceso que, requiriendo una base
material, no oculta su naturaleza intangible, como se discutió inicialmente. Siendo ello
así, procede reconocer, con toda lógica, que sus factores determinantes o causales
deben ser de igual dimensión y estos varios factores se han agrupado en categorías o
diferentes clases de capital intangible. Se ha argumentado a continuación que tales
capitales intangibles (alrededor de nueve o diez) deben ser articulados, potenciados y
direccionados por una forma aún superior de capital intangible: el capital sinergético
latente en casi toda comunidad y definido como un potencial catalítico de la sociedad
que le permite promover acciones en conjunto dirigidas a fines colectiva y
democráticamente elegidos con el conocido resultado de obtenerse así un resultado
final que es mayor que la suma de los componentes. Se ha sostenido también –y éste es
un punto crucial—que tales capitales intangibles y en particular, el capital sinergético,
se encuentran más fácilmente en espacios sociales y territoriales pequeños, de
naturaleza proxémica, en que los contactos cara a cara, las costumbres y las
tradiciones son muy importantes.
Si estas proposiciones son correctas, entonces el desarrollo comienza por ser un
fenómeno local, de pequeña escala, y ciertamente endógeno. Pero para poder
desplegarse como un proceso endógeno ya se sabe que se requiere previamente
adquirir la cualidad de descentralizado.
Y entonces a partir de este momento y de este punto el desarrollo comienza a
expandirse desde abajo, hacia arriba y hacia los lados de acuerdo a un proceso de
capilaridad, tal como se observa en la mecánica de fluidos. Pero también a partir de
este momento y de este punto se presenta la dialéctica entre la antigua y aún presente
lógica de regulación horizontal y la nueva lógica de regulación vertical: es el conflicto
entre el territorio y la función à la Friedmann y Weaber (1979). Dos resultados
pueden, de aquí en adelante, graficar la geografía del desarrollo: una expansión tipo
mancha de aceite, rara en la práctica y que significaría una equidad creciente en el
territorio o bien una expansión tipo archipiélago o en un caso extremo, la patología
estricta de centro-periferia.
Ahora sí tiene razón Vázquez-Barquero, cuando en el mismo texto, apunta:
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“El proceso de concentración industrial tuvo lugar cuando la producción industrial había
comenzado en centros urbanos menores y las actividades manufactureras se habían
difundido en las áreas rurales... Así pues, la difusión industrial (es decir, la creación de
empresas en áreas menos industrializadas) se ha producido, no sólo gracias a la
descentralización
productiva
y
funcional
de
las
empresas
urbanas
(nacionales/internacionales), que cambian su estrategia de localización, sino también
debido a los procesos de industrialización local en las ciudades medias y, en todo caso, en
las áreas no metropolitanas”.
La conclusión final es que al menos durante una fase inicial del ciclo largo de
expansión territorial de los procesos de crecimiento y desarrollo, el crecimiento puede
ser inducido desde arriba y también desde abajo, pero el desarrollo se mostrará
siempre como un proceso local, endógeno, descentralizado, capilar y contínuo o
discontinuo sobre el territorio. A fin de cuentas, los adjetivos del desarrollo son
redundantes y tautológicos, ya que sólo dicen lo que el propio concepto de desarrollo
dice. Son, en el mejor de los casos, copulativos y no disyuntivos.
|
No conviene colocar expectativas sobre dimensionadas en el desarrollo local;
cuestiones técnicas de escala y de complejidad pueden funcionar como fuertes
“barreras de entrada” al desarrollo e insistir en operar en esta escala puede dejar a la
población (el sujeto, después de todo) en una suerte de limbo de desarrollo, entre la
nada y la nada. En materia de desarrollo territorial hay que atenerse a la Ley de la
Variedad Necesaria de Ashby: niveles distintos de complejidad requieren escalas
distintas y homólogas de intervención.
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53
CAPÍTULO 3
SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, CONOCIMIENTO
SOCIAL Y GESTIÓN TERRITORIAL
1.-Conocimiento: el código del Siglo XXI
Fue Taichi Sakaiya (1995) quien popularizó el término sociedad del conocimiento para
describir su visión de la estructura de la sociedad venidera, en una anticipada historia
del futuro. Una conclusión apresurada haría pensar que Sakaiya se refería
exclusivamente al progreso técnico y a su importancia creciente en la elaboración de la
producción, sea mediante la creación de nuevos productos, sea mediante la
54
configuración de nuevos procesos y nuevas formas organizativas. Sin embargo, el autor
japonés apuntaba mucho más lejos y más arriba al introducir el concepto de "valorconocimiento", originado en percepciones subjetivas, un concepto que alude tanto al
precio del saber como al valor creado por el saber; en otras palabras, es el precio o
valor que una sociedad otorga a aquello que la sociedad reconoce como saber creativo,
una especie de “valor de uso” subjetivo. Esto lo expresa muy bien el título de un
capítulo del libro de Sakaiya: "Saciedad de bienes materiales y demanda de valores no
cuantificables", un título que apunta a una saciedad no derivada del exceso de
consumo, sino más bien derivada de nuevas percepciones individuales y colectivas.
Puesto que la edición inicial en japonés del libro de Sakaiya data de 1991 bien
puede decirse que el autor ha hecho gala de una perspicacia notable al anticipar dos
cuestiones que hoy se encuentran en el centro del debate: la importancia del
conocimiento en la globalización, por un lado, y por otro, el reconocimiento creciente
del carácter axiológico, valorativo, del desarrollo y la emergencia, precisamente, de
una demanda de bienes no materiales (paz, seguridad, solidaridad, justicia, etc.).
En relación con el binomio globalización/conocimiento, Delapierre (1995,18)
señala: “La segunda característica fundamental de la globalización es la importancia
adquirida por el conocimiento en la organización y en el funcionamiento de las
actividades económicas. Se trata, en primer lugar, del refuerzo en el contenido
tecnológico de productos y procesos(...)En segundo lugar, la importancia del
conocimiento en las actividades industriales no se limita a la tecnología; pasa también
por un aumento en la proporción de elementos no materiales en la inversión:
formación, software, gastos comerciales, organización” (traducción libre del autor).
Precisamente, debido a la importancia creciente del conocimiento en la
globalización (ese verdadero convidado de piedra de la contemporaneidad, ese “objeto
cultural no identificado”, en palabras de Néstor García Canclini) es por lo que el juego
competitivo en la misma globalización se hace más complejo de forma permanente, es
decir, los bienes y servicios comercializables son cada vez más complejos, en el sentido,
precisamente, de contener más y más progreso técnico (información, conocimiento,
innovación). Los propios códigos de la globalización, vale decir, las reglas del juego
(reglas de negociación, acuerdos, prohibiciones, excepciones, dinámicas temporales),
también se hacen cada vez más complejos, como lo podría atestiguar cualquier
negociador de acuerdos y tratados de comercio. Los actores, a su vez, se hacen más
complejos en su estructura y en su operación e incrementan sus condiciones como
competidores1. El lenguaje también se hace más complejo al introducir un léxico nuevo
que debe ser decodificado para su socialización, y, finalmente, se impone el inglés como
una suerte de megalenguaje globalizador.
Todo lo anterior tiene como consecuencia inmediata para cualquier territorio
interesado en ser un sujeto competitivo y ganador, la necesidad de hacer más compleja
su propia estructura interna para, de acuerdo con Luhmann (1997), reducir la
complejidad del entorno (sólo la complejidad puede reducir la complejidad) y
equiparar la complejidad sistémica con la del entorno. Colocando en lenguaje simple
tanto a Luhmann como a Ashby, “no se puede ganar en un juego complejo con
1 Por ejemplo, la actual ley de fomento forestal de Argentina transformó a este país en un actor mucho más complejo para Chile, en el
contexto del MERCOSUR, dado que comienza a amenazar la ventaja comparativa chilena en silvicultura.
55
jugadores y estrategias simples”. Siempre de acuerdo con el sociólogo alemán, la
complejidad es la información que le falta a un sistema para poder comprender y
describir completamente su entorno, o bien a sí mismo. Conocer supone información,
pero comprender supone conocimiento.
Desde el punto de vista del cambio de valores, el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD), en sus estudios recientes sobre desarrollo humano
en Chile (PNUD, 2000), concluye que la acelerada modernización del país en la década
de los noventa (cuya cara más visible fue la duplicación del ingreso per cápita) ha
dejado a las personas con agobiantes sensaciones de pérdida de ... ¿felicidad?, de
bienestar emocional, de seguridad y que, como reacción, los chilenos “sueñan” con una
sociedad más igualitaria en la que se fortalezca lo común, al mismo tiempo que se
integra mejor en su propia diversidad, dando existencia a una vida cotidiana con
rostro más humano. ¿Saciedad por sobreconsumo con apenas 5.000 US $ por habitante
o, más bien, por cambio de percepciones?
Desde la Canadian International Development Agency, Normadin (1997:124)
hace la siguiente reflexión en torno al concepto de desarrollo:
“Con el tiempo, se ha producido una creciente aceptación de que los seres humanos
no son simplemente agentes económicos en búsqueda racional y unilateral de un mayor
consumo de bienes y servicios. Los seres humanos también quieren vivir en un entorno
físico agradable, en armonía social, en lugares tranquilos y seguros, y en una comunidad
que les permita vivir un estilo de vida compatible con sus aspiraciones sociales y culturales.
Asimismo, desean ejercer su capacidad para hacer opciones para ellos e influir en las
opciones de su comunidad” (traducción libre).
Tienen razón todos aquellos que sostienen que el conocimiento se encuentra
“detrás” de los cambios de los paradigmas científicos, productivos, organizacionales o
de otra naturaleza, en medio de los cuales nos encontramos. Simultáneamente, el
conocimiento termina por traducirse en nuevos productos de elevada sofistificación
tecnológica 2 y también en nuevas maneras de pensar y de intervenir en asuntos tan
complejos como puede ser una propuesta de desarrollo local. El saber, el conocimiento,
aparece como un eje transversal de un abanico de paradigmas emergentes. La
necesidad de adquirir permanentemente nuevo conocimiento se convierte en un
imperativo, tanto para quien dirige una empresa como para quien dirige un gobierno
territorial o un organismo de fomento del desarrollo, así como, en último término, para
cualquier individuo.
Para las regiones la cuestión no es menor, como bien lo apuntan Maskell y
Malmberg (1999:167-185): “Las regiones deben casi permanentemente reconstruir
estructuras obsoletas, renovar recursos agotados, recuperar instituciones vencidas,
revitalizar habilidades y reconstruir conocimientos inadecuados” .
En la introducción al libro Economie Globale et Reinvention du Local, Savy y
Veltz (1995,7) afirman que “El progreso técnico, a la inversa [del capital], aparece cada
vez menos y menos como un bien público accesible a todos. Es transmitido mediante
Si bien, paradójicamente, el rescate de un saber ancestral a menudo revaloriza bienes y servicios muy elementales, pero que son
valorados precisamente por su carácter limpio y orgánico (en el caso de productos agrícolas) o por su carácter sui generis, al ser el
resultado de prácticas productivas profundamente incrustadas en algunas culturas, como es el caso de muchos productos artesanales.
Saber “codificado” y saber “tácito” se dan la mano a través de nuevos o renovados productos.
2
56
las competencias inmateriales (las personas y las redes de personas) mucho más que
por medio de las máquinas o mecanismos estandarizados. Circula rápidamente, pero
en esferas restrictas, ya que las técnicas nuevas requieren de un entorno de producción,
pero también de uso cada vez más y más sofisticado” (traducción libre).
Se ha hecho común distinguir entre conocimiento codificado y conocimiento
tácito y crece la importancia de este último, que entre otras características muestra un
poderoso anclaje territorial y escasa movilidad, precisamente porque reside en las
personas como sujetos individuales, o bien en las personas como sujetos colectivos,
como sucede con gran parte del capital cultural, tal como lo plantea Boisier (2000/a).
De hecho, parte del progreso técnico deja de ser un bien público, perfectamente móvil
y accesible a todos, como lo apunta Camagni (2000) al señalar la compleja dialéctica y
confrontación entre la hiper-movilidad de algunos factores productivos y el “anclaje”
territorial de otros, actuando éstos últimos como factores localizadores cruciales para
los procesos de producción más avanzados, que dan como resultado, según Camagni,
un aumento de las fuerzas centrípetas que empujan a los territorios ganadores del
pasado a ser también los ganadores del presente3. ¿Qué puede tener de extraño la
verificación, en el caso chileno, de ser la Región Metropolitana la única “ganadora”,
según varios (y simples) estudios empíricos, a la luz de las consideraciones anteriores?
Es muy importante concluir resaltando la creciente relación entre recursos
humanos y capital humano, por un lado, y el conocimiento y la posición ganadora o
perdedora de las regiones, por otro. Si se entiende bien la cuestión, “ganar” no puede
ser sino el resultado de más conocimiento, de más complejidad y de más velocidad, y
éstas son virtudes que, en parte, radican en las personas, más que en máquinas,
procedimientos e instituciones; y por ello la valorización de los recursos humanos
juega un papel central. Éste es el tema del libro de la OCDE Compétitivité Régionale et
Qualifications, de no tan reciente aparición (OCDE, 1997).
Hay también otro aspecto que liga estrechamente la globalización con las TIC y
con el conocimiento: la creciente virtualización y sus efectos territoriales (Wong, 1999).
Puede apostarse casi con total seguridad por la consolidación de un mundo
virtual, no sólo en términos organizacionales (corporaciones virtuales) o culturales (la
aldea global), sino también en términos geográficos (regiones virtuales). Técnicamente,
lo virtual es definido como “una base de datos gráficos interactivos, explorable y
visualizable en tiempo real en forma de imágenes tridimensionales de síntesis capaces
de provocar una sensación de inmersión en la imagen” (Quéau, 1995:15). La creciente
virtualización de la economía es uno de los factores relevantes que ha conducido a una
nueva geografía del poder en el mundo (Saasen, 1996). Esta autora sostiene que un
número cada vez mayor de actividades productivas se está desarrollando a través del
espacio electrónico, el cual sobrepasa o anula cualquier jurisdicción territorial. Como
consecuencia, dice Saasen, el avance de la economía global, en conjunto, con las nuevas
telecomunicaciones y las redes computacionales que integran el mundo, han
reconfigurado profundamente instituciones fundamentales para los procesos de
gobernabilidad y responsabilidad en los Estados modernos. Según lo menciona Wong
(op.cit.), la técnica virtual, fundamentada en la simulación, está convirtiéndose en un
nuevo lenguaje que, por su celeridad y horizontalidad, se torna en un sexto poder.
3
Entiéndase ello como una tendencia y no como un resultado inexorable.
57
Wong hace una enumeración de nuevas estructuras virtuales: 1) realidad
virtual; 2) producto virtual; 3) corporación o empresa virtual; 4) departamento
virtual; 5) moneda virtual; 6) universidad virtual; 7) comunidad virtual; y 8) región
virtual. Esta última se encuentra en la parte más alta de la pirámide que representa la
nueva modalidad de configuración territorial (Boisier, 1996), una modalidad que
responde a la lógica territorial del actual capitalismo tecnológico propio de la
globalización y ya no más al voluntarismo político del Estado, ex cartógrafo de mapas
regionales. Naturalmente, la virtualidad es claramente un subproducto de las
tecnologías de la información y de las comunicaciones, cuyo uso requiere tanto del
hardware como del software, es decir, de conocimiento.
Finalmente, y como es conocido, la sociedad del conocimiento o la nueva
economía tienen una base técnica en las Tecnologías de la Información y de las
Comunicaciones (TIC) que empujan la competitividad, la innovación y los cambios
organizacionales en las empresas y entre las empresas. La información como factor de
producción, según el European Information Technology Observatory 4, da origen a un
nuevo modelo de organización intra-redes, a nuevas modalidades de integración
vertical virtual (empresas red), a nuevas formas de cooperación y alianzas estratégicas
(regiones virtuales, por ejemplo), y al comercio electrónico e internet.
Es interesante destacar que en la nueva economía el tamaño de los países y de
las regiones es “lo de menos”, según lo afirma John Morgridge, presidente de CISCO:
“En esta economía el tamaño no es lo determinante, sino que es la rapidez con que
uno se mueve y la capacidad de las personas. Es verdad que hay que construir
infraestructura para tener acceso a la economía global, pero lo fundamental son los otros
puntos” (Morgridge, 2000).
Ésta es una observación muy interesante para la enorme mayoría de las
regiones en todo el mundo, que, en general, son sistemas socio-tecno-productivos de
pequeño tamaño; viniendo esta opinión desde el mundo de los negocios informáticos,
respalda la tesis de que la globalización ofrece oportunidades para los hábiles y
rápidos, así como amenazas para quienes no pueden “ponerse a tono” con las
exigencias del entorno.
Evidentemente, las TIC se encuentran ahora detrás de los aumentos de
productividad de empresas y países (y regiones), productividad que, de acuerdo con
Porter, es a su vez la columna vertebral de la competitividad. Por ejemplo, en los
Estados Unidos de Norteamérica, la productividad agregada creció entre 1995 y 1998
alrededor de un 2,3 % anual debido a ganancias de productividad de la mano de obra
(0,25 %), del capital (1,13 %) y de la tecnología (0,99 %), pero siendo ésta última la de
más rápida tasa de crecimiento con respecto al período 1990/95 (268 %). Esta enorme
tasa de expansión es explicada por un crecimiento del 31 % en tecnología no
informática, del 44 % en el uso de computadoras, del 14 % por nuevos software y por
un 11 % en comunicaciones.
Internet es, por supuesto, la tecnología emblemática de las TIC y de la sociedad
del conocimiento o de la nueva economía. Los descriptores esenciales son ahora e-mail,
e-government (G2C), e-business (B2B, B2C), e-employment, y el grado de conexión a la
Citado en el proyecto La sociedad de la información: retos y oportunidades para Andalucía, preparado en el Instituto de Desarrollo
Regional, Fundación Universitaria, Sevilla, España, 2001.
4
58
red y la intensidad de uso son los nuevos indicadores de modernidad. Desde este punto
de vista aparece clara la nueva situación de disparidades internacionales: en los
EE.UU. el 50 % de los hogares (allí justamente hay que medir la “modernidad”)
disponen de conexión a Internet; en Europa el mismo indicador llega a un 23 %, y en
América Latina sólo llega a un 3 %, ubicándose Chile a la cabeza con una tasa de
conexión igual al 10,1 %, según estimaciones dadas a conocer recientemente por la
compañía Telefónica CTC Chile.
No obstante, ni las TIC, ni la globalización mediante ellas, han logrado la tan
ansiada (por el sistema) homogeneización de productos a nivel mundial, inequívoca
marca de la existencia de un único mercado. En efecto, basta ser consumidor de vídeos
o de los más modernos DVD para tomar nota de la existencia de sistemas
incompatibles, como por ejemplo, NTSC, PAL, SECAM, en el caso del formato VHS, o
de seis códigos (y zonas geográficas) incompatibles en el caso del formato DVD.
Si ello ocurre como resultado de estrategias comerciales, es un buen indicio de
que no todo está perdido desde el punto de vista del resguardo de identidades.
Seguidamente, se exploran distintas intersecciones entre conocimiento y
organizaciones, procedimientos y territorios, tratando de identificar en cada caso, los
descriptores o palabras claves en cada uno de ellos.
2.-Conocimiento y sistema productivo: aprendizaje colectivo
La tecnología y el cambio tecnológico son reconocidos ahora como los motores
principales en los cambios en el patrón territorial del desarrollo económico; el auge y
caída de nuevos productos y procesos productivos se da en los territorios y depende, en
gran medida, de las capacidades territoriales para tipos específicos de innovación.
Según Helmsing (2000), dado el rápido cambio económico y tecnológico, las
firmas necesitan desarrollar una capacidad dinámica para renovar, aumentar o
adaptar sus habilidades de manera que mantengan el rendimiento económico. La
innovación y el aprendizaje son centrales y comprenden la combinación de diversos
conocimientos tecnológicos, organizacionales y de mercado. Según Lawson y Lorenz
(1999), tres cuestiones básicas en el aprendizaje organizacionales son: a] el aprendizaje
depende de compartir conocimiento; b] el nuevo conocimiento depende de la
combinación de diversos conocimientos; c] existe inercia organizativa. Camagni, por su
lado, argumenta que la incertidumbre yace en el corazón del problema de la
innovación.
El "aprendizaje colectivo regional" es la forma de enfrentar la incertidumbre y
la necesidad de coordinación. Según Helmsing, el aprendizaje colectivo puede ser
entendido como la emergencia de un conocimiento básico común y de procedimientos a
lo ancho de un conjunto de firmas geográficamente próximas, lo que facilita la
cooperación y la solución de problemas comunes. Compárese con el concepto
comentado más adelante de “sinergía cognitiva”, de Boisier, éste más ideado para
59
funcionar en el ámbito mesoeconómico y mesopolítico regional que en el ámbito
microeconómico de las firmas.
El aprendizaje colectivo es particularmente importante para la pequeña y
mediana empresa (Pyme) cuyo problema principal no reside necesariamente en su
tamaño, sino en su aislamiento. “Como empresas individuales, actuando
individualmente, están en una posición débil para competir. Les faltan recursos,
economías de escala y de alcance, de las cuales disponen las firmas grandes, y les falta
una voz política necesaria para influir sobre su propio entorno económico y político”
(Sengenberger y Pyke, 1991,8, citados por Helmsing, 2000). Si no es mediante la
asociatividad, el acceso a nuevas tecnologías se torna casi imposible.
La cuestión es que el aprendizaje colectivo, así como otras formas de
asociatividad requiere de una fuerte dosis de capital social, en los términos en que
ahora se entiende este concepto, vale decir, redes de cooperación permanentes o no,
basadas en la confianza interpersonal, capaces de operar en contextos de reciprocidad
difusa, más allá de relaciones familiares o amicales y orientadas a la consecución de
fines legítimos. No siempre los territorios en los cuales el aprendizaje colectivo de las
firmas es más necesario cuentan con un adecuado stock de capital social.
En este contexto, el concepto de activos relacionales de las empresas (Storper,
1997) aparece como central para asegurar la innovación y la competitividad. Estos
activos relacionales incluyen reciprocidad, confianza, lazos entre empresas,
convenciones y rutinas que aten a los agentes a las culturas corporativas,
racionalidades conductuales y de acción, y base cognitiva para el aprendizaje colectivo
y la adaptación.
3.-Conocimiento y competitividad: conocimiento codificado y tácito
Se puede parafrasear a Churchill advirtiendo a países, regiones, ciudades y
organizaciones: ser competitivo o morir. Quizás no en términos tan extremos, ya que los
peligros son desaparecer, por cierto, para muchas organizaciones, pero sobre todo,
perder, para las entidades territoriales. Como lo prueba la historia, en no pocos casos
“perder” es igual a “morir” para ciertas ciudades, como fue, por ejemplo, el caso de las
ciudades del salitre en el Norte de Chile o del caucho en la Amazonía brasileña.
Una competitividad sostenida a largo plazo sólo puede basarse en la creación y
uso de ventajas competitivas o dinámicas que, al revés de las ventajas comparativas
basadas en la explotación de recursos naturales y en la comercialización de
commodities (capaces de sustentar “buenos negocios” a corto plazo), se construyen a
partir del conocimiento y de la innovación. Como lo anota Rosales (1991): “La cuestión
de la competitividad descansa cada vez más en el conocimiento (científico, técnico, la
capacidad de diseño, los sistemas de información) y en la gestión de la tecnología. Esta
última ya no cabe concebirla en departamentos formalmente constituidos y limitados a
la investigación y desarrollo; por el contrario, hoy en día la gestión tecnológica
constituye una dimensión estratégica de la empresa, la cual abarca el conjunto del
60
modo de accionar de la misma (proveedores de materias primas, componentes y
equipos, servicios de ingeniería, diseño y organización, servicios de investigación
contratados de la universidad y centros tecnológicos, cooperación empresarial) en la
investigación y desarrollo, fabricación y distribución”. Conocimiento para ser puesto
al servicio de lo que Porter considera como el núcleo duro de la competitividad: la
productividad.
Ha surgido un nuevo vocablo en el léxico de la competitividad: "coopetencia",
es decir, la cooperación para competir eficazmente, un concepto inscrito en otro de
amplia difusión: "glocal", la simbiosis entre la dimensión global y local y un
neologismo que debe ser leído en dos sentidos. Hay que pensar globalmente para
actuar localmente (para las firmas) y hay que pensar localmente para actuar
globalmente (para las personas). En torno a estas cuestiones, Azúa (2000, ix) apunta:
“Nuestro objetivo es formular un modelo explicativo que contemple la dinámica de la
competitividad bajo el efecto de fuerzas activas que generan una red de conexiones
tanto por sí mismas como a través de la gestión del conocimiento” (cursivas del autor).
Una primera aseveración es, entonces, la que afirma la articulación entre
competitividad y conocimiento. Una segunda es la que afirma el carácter sistémico de
la competitividad. El concepto de competitividad sistémica es atribuido por la
socióloga chilena Cecilia Montero a trabajos desarrollados en el seno del German
Development Institute de Berlín 5, partiendo de la base de que en muchos países en
desarrollo el entorno empresarial eficaz (propiciado por la OCDE) es insuficiente o no
existe. Desde esta perspectiva, agregan Montero y Morris (1999:336) “...es altamente
relevante poner atención en el hecho de que la competitividad es 'construida' por el
hombre y que la localización de las firmas depende de la existencia de un entorno
capaz de responder en mejores condiciones a la complejidad creciente de las demandas
de la globalización”.
Hay que agregar que el concepto de competitividad sistémica debe ser
entendido a partir de la configuración de un verdadero tejido de actores, que
estructuran una red de servicios en torno a un producto y una planta que
superficialmente aparecen como titulares de la competitividad. Esta red tiene dos
características: a) es tanto funcional (proveedores, reparadores, etc.) como territorial
(gobierno local, agencias públicas y privadas vinculadas al funcionamiento del propio
territorio), y sobre esto Veltz (1995: 37) afirma que “La performance de cada unidad
es, de esta manera, más y más sistémica y dependiente de su entorno” (traducción
libre) y, b) su densidad es creciente en relación con la proximidad a la planta. En otras
palabras, el carácter sistémico de la competitividad es altamente territorializado y las
redes ayudan a difundir el conocimiento tácito. Nuevamente Veltz (op.cit.: 107) afirma
que “La innovación, en particular, parece fuertemente ligada a las interacciones
específicas entre agentes y a los conocimientos tácitos que los unen” (traducción libre).
El conocimiento tácito está constituido por elementos difíciles de codificar y, por lo
mismo, de difundir formalmente. Cuando estos elementos tácitos se incrementan
dentro de la base de conocimiento, la acumulación tecnológica se empieza a basar más
en la experiencia y en los contactos interpersonales. De acuerdo con Verónica Silva
(1994), el conocimiento tácito -por contraposición al conocimiento científico adquirido
por inversión en educación y en I+D- se adquiere básicamente por medio de la
5
Esta afirmación de la socióloga chilena contrasta con otras opiniones que ligan el concepto a la CEPAL.
61
experiencia en el propio proceso productivo y está representado por prácticas
organizativas, institucionales y estratégicas de los agentes económicos. Hay que
precisar, eso sí, que el conocimiento tácito es también el conocimiento difuso
(distribuido) poseído por los miembros de un grupo social, por una comunidad
territorial, por ejemplo, y generado a través de procesos históricos que forman parte
del capital cultural (Boisier, 2.000/a, op.cit.).
El concepto de conocimiento tácito se inscribe en lo que Gibbons et. al., (1994)
definen como el "Modo 2 de producción de conocimiento", caracterizado por la
transdisciplinariedad, la heterogeneidad y diversidad organizativa, el conocimiento
producido en un contexto de aplicación, el reforzamiento de la accountability, y
sistemas amplios de control de calidad, que están más allá de los árbitros académicos
usuales. Puesto que este denominado Modo 2 de producción de conocimiento incluye
consideraciones que están fuera y lejos de lo meramente comercial, se puede decir que
la ciencia se encuentra tanto en el mercado como más allá de él. En este proceso, la
producción de conocimiento se difunde a través de la sociedad y por ello resulta posible
hablar de un "conocimiento socialmente distribuido". Y la producción de
conocimiento se convierte por esta razón de forma creciente en un proceso socialmente
distribuido.
Este tipo de enfoque resultará plenamente coincidente con lo que más adelante
se denomina como "conocimiento pertinente" para una gestión social del desarrollo
territorial.
Helmsing (op.cit., citando a Maskell y Malmberg) sostiene que el conocimiento
tácito localmente imbricado se convierte en una fuente crucial de una capacidad
localizada. Diferencias en el conocimiento tácito entre localidades, regiones y países no
pueden ser fácilmente borradas por la globalización de mercados. Tanto la formación
de un mercado mundial como el proceso de codificación aumentan la importancia de
las capacidades heterogéneas y localizadas para construir competencias específicas de
las empresas, y, de esa manera, generar variaciones en su competitividad. En una
economía basada en el conocimiento las capacidades localizadas aumentan la habilidad
de las empresas para crear, adquirir, acumular y usar el conocimiento un poco más
rápido que sus competidores más favorables en un sentido amplio de costos. Este
“ambiente” dado por tales capacidades localizadas contribuye a la difusión del
conocimiento tanto codificado como tácito.
A manera de síntesis, el conocimiento tácito, sea adquirido en el trabajo
(learning by doing), sea tradicionalmente transmitido vía capital cultural, está
adquiriendo una creciente importancia para la competitividad y también para
construir nichos de mercado con monopolio respaldado por la cultura local
(denominación de origen). La competitividad permanente requiere de un insumo
también permanente de conocimiento codificado, resultado de procesos continuos de
investigación y desarrollo, y cuanto más conocimiento codificado se introduce en
procesos y lugares, más conocimiento tácito se requiere para un óptimo
aprovechamiento del primero.
Hay muchísimos ejemplos concretos de un conocimiento tácito que es
socialmente distribuido, que genera nichos de mercado gracias a la denominación de
origen y que sirve de soporte a una competitividad territorial. Por ejemplo, en la
región de Midi-Pyrénées, en Francia, en la comuna (en su sentido territorial) de
62
Roquefort, en el Departamento de Aveyron, el conocimiento tácito distribuido permite
a esta pequeña localidad fabricar el queso Roquefort. No hay allí la fábrica de queso;
simplemente todo el mundo sabe cómo fabricarlo y cualquier consumidor en cualquier
parte del mundo sabe que se trata de un producto muy caro debido a una calidad muy
elevada. Precisamente el conocimiento tácito se encuentra más difundido en procesos
fabriles que basan su competitividad más en la calidad que en el precio.
4.-Conocimiento y territorio: regiones que aprenden, regiones inteligentes, medio
innovador
Es tal la importancia actual del conocimiento, precisamente en la sociedad del
conocimiento, que éste se ha desplazado desde el campo micro-económico funcional de
la empresa y de los sistemas de producción al campo territorial, geográfico, como tal,
mediante conceptos que desde diferentes ángulos aprehenden la idea de nuevos
distritos industriales (NID, New Industrial Districts).
El concepto de learning region (región que aprende, región erudita, región
informada) es un concepto bien utilizado en la literatura académica anglosajona.
Richard Florida (1995: 527-536) sostiene: “ La nueva era del capitalismo requiere una
nueva clase de región(...)Las regiones deben adoptar los principios de la creación de
conocimiento y del aprendizaje continuo; deben ser de hecho learning regions”.
El concepto ha sido desarrollado principalmente por Michael Storper, Richard
Florida, Allen Scott, Kevin Morgan, David Edgington, James Simmies y otros. Se
refiere a regiones con una ventaja económica sostenida basada en la creación de
conocimiento, en el soporte para estructuras de redes productivas y de tecnología local
y otras estructuras soportadoras, upgrading de las destrezas laborales locales, y en la
construcción de una cultura regional de negocios. En este enfoque, la “infraestructura
humana” regional y la “infraestructura de redes” es más importante que la
infraestructura física, de acuerdo con Edgington (1998).
De acuerdo con este mismo autor la idea de learning region proviene de la
noción de que la innovación no es solamente un evento único (one off) centrado
alrededor de acontecimientos de ruptura cognitiva (breakthrough), sino también un
proceso basado en aspectos graduales y acumulativos de las trayectorias pasadas de
desarrollo. La teoría moderna de la innovación se desarrolló como resultado de la
crítica a los modelos lineales tradicionales con su abrumador énfasis en la investigación
formal, especialmente la investigación científica básica como fuente de nuevas
tecnologías. Con tal perspectiva, una capacidad baja de innovación podía ser explicada
por una baja actividad en I+D (y un bajo gasto del país o región en I+D). No obstante,
enfoques recientes apuntan a procesos basados en innovaciones incrementales, lo que
en esencia tiene que ver con "aprender haciendo" o con la organización de procesos de
innovaciones técnicas y de difusión como un solo proceso integrado. Más aún, el
aprendizaje interactivo y el empresariado colectivo resultan fundamentales para el
proceso de innovación y comprenden el "aprender haciendo" (aumentando la
eficiencia de las operaciones productivas), el "aprender usando" (incrementando la
eficiencia en el uso de sistemas complejos), así como "aprender interactuando"
(articulando usuarios y productores para producir innovaciones de productos).
63
Las investigaciones empíricas (muy pocas en América Latina, ninguna en Chile)
han arrojado algunas conclusiones: a] la importancia de las redes locales de firmas e
industrias y su impacto en la innovación regional; b] el papel de los gobiernos locales, y
de las organizaciones cuasi-gubernamentales (tales como consorcios de investigación
mixtos, públicos y privados) como condición necesaria para llevar a cabo una
innovación continua de producto; c] las learning regions requieren de un conjunto de
infraestructuras que puedan facilitar el flujo de conocimiento, ideas y aprendizaje. Sin
embargo, facilidades físicas tales como “parques científicos” e “incubadoras
universitarias” per se no conducirán a un desarrollo basado en la tecnología, como
tampoco lo harán los inductores tradicionales a la inversión industrial, tales como
suelo gratis, desarrollo de parques industriales o franquicias tributarias. Los
especialistas parecen estar de acuerdo en que para atraer inversión al desarrollo
tecnológico avanzado, la “infraestructura blanda”, básicamente del tipo institutional
building, es más importante que la “infraestructura pesada” o física.
James Simmies (1997) es el editor de un interesante libro colectivo que contiene
una amplia discusión acerca del papel de la tecnología y del aprendizaje en el
desarrollo regional. De particular interés es el contraste que muestra entre los
especialistas “pro-globalización” y los “pro-especialización flexible”, una cuestión
vinculada a varios de los conceptos aquí examinados.
Sin embargo, todavía está pendiente una definición de "región que aprende".
Desde el campo organizacionales Garvin (2000: 56) ofrece una definición totalmente
aplicable a las regiones: “Una organización que aprende es una organización experta
en crear, adquirir y transmitir conocimiento, y en modificar su conducta para
adaptarse a esa nuevas ideas y conocimiento”. Agrega este autor que una organización
que aprende es experta en cinco actividades principales: resolución sistemática de
conflictos, experimentación de nuevos enfoques, aprovechamiento de su propia
experiencia y pasado para aprender, capacidad para aprender de las experiencias y
prácticas más apropiadas de otras organizaciones, y en transmisión rápida y eficaz del
conocimiento a todo lo largo de la organización6.
El concepto de "región inteligente" ha ganado popularidad en la literatura, a
pesar de su escasa precisión, que lo hace a veces coincidir con el concepto de región que
aprende.
La noción de "región inteligente", parcialmente asentada en la teoría de la
organización productiva, se concentra en un tipo de regiones innovadoras, creativas o
que aprenden, y se interesa por los factores que determinan la dinámica económica de
una región y, en particular, en la naturaleza de los procesos innovadores tanto como en
los factores y condiciones que los estimulan. En los Estados Unidos, el Silicon Valley y
la Route 128 se han transformado en los ejemplos célebres de regiones creativas e
inteligentes, caracterizadas por una mano de obra altamente calificada,
establecimientos de investigación y enseñanza que se encuentran en la frontera del
conocimiento, agrupaciones de empresas de alta tecnología y una diversidad de actores
institucionales que, por efectos sinergéticos, benefician a toda la región. Como otras
aproximaciones, ésta de "regiones inteligentes" insiste en la interacción de diferentes
6 Imposible ocultar un sentimiento de frustración personal al recordar cuántas veces este autor ha tratado, infructuosamente, de llevar al
terreno de la gestión regional, en particular al interior de algunos gobiernos regionales, estas ideas. Sólo queda el consuelo del
concepto de “fracaso fructífero” frente a “éxitos efímeros”.
64
elementos en los sistemas regionales de innovación y en la importancia de su propio
medio, como caldo de cultivo de ideas y de valores sociales, de cultura y de savoir faire
tecnológicos, de espíritu de empresa y de calificaciones del recurso humano. Por
supuesto, el aprendizaje y la innovación son de nuevo considerados como los factores
determinantes de la competitividad tanto de las empresas como del propio territorio.
A fin de cuentas, la noción de región inteligente no puede ser muy diferente de
aquello que se entiende por inteligencia en las personas: la capacidad de aprender de
su propia interacción con el entorno, es decir, la capacidad de cambiar patrones de
conducta, ya que en un entorno turbulento la repetición de las prácticas del pasado, la
rutina, sólo puede garantizar el fracaso. Para ello se requiere de una amplia red de
sensores para monitorear el entorno y una considerable sinapsis interna, base de la
complejidad estructural. Hacer más compleja una región, que, tal como se ha
comentado, supone una cuestión imprescindible de abordar en el marco de la
globalización, es sentar las bases de una región inteligente.
Según Cooke (1993) las regiones inteligentes, como Emilia-Romagna en Italia o
Baden-Wurtemberg en Alemania, poseen buenas antenas (capacidad de monitoreo),
manejan información de calidad (información selectiva de última generación),
disponen de una capacidad de autoevaluación, tienen una disposición al aprendizaje y
tienen la voluntad para poner en ejecución las lecciones aprendidas.
Por otro lado, el concepto de “medio innovador” 7 se ha desarrollado
principalmente en el seno del GREMI (Groupe de Recherche Europeén sur les Milieux
Innovateurs), que incluye nombres como Aydalot, Camagni, Maillat, Perrin y otros.
Según Maillat (1995), el medio es un operador colectivo que reduce los grados
estáticos y dinámicos de incertidumbre que enfrentan las firmas mediante la
organización tácita y explícita de interdependencia funcional entre jugadores (actores)
locales, realizando informalmente las funciones de investigación, transmisión,
selección, decodificación, transformación y control de la información.
La noción de “medio innovador” o entorno local tiene, según VázquezBarquero, tres características: a) hace referencia a un territorio sin fronteras precisas
pero que forma una unidad, que es el lugar en que los actores se organizan, utilizan los
recursos materiales e inmateriales y producen e intercambian bienes, servicios y
comunicaciones; b) los actores locales forman, además, una red a través de relaciones y
contactos, con lo que se establecen los vínculos de cooperación e interdependencia; c)
contiene, por último, procesos de aprendizaje colectivo, que le permiten responder a
los cambios del entorno a través de la movilidad del trabajo en el mercado local, los
intercambios de tecnología de producto, proceso, organización y comercialización, la
provisión de servicios especializados, los flujos de información de todo tipo o las
estrategias de los actores (Vázquez-Barquero, 1999:111).
El concepto de medio innovador permite explicar la dinámica económica de los
sistemas de producción y de las ciudades y regiones. No es, sin embargo, la única forma
de respuesta a la velocidad del cambio y otras formas de organización, incluso no
espaciales. Como redes sectoriales también pueden resultar eficaces. Ambos
constituyen mecanismos de aprendizaje y de reducción de incertidumbre.
7
A.Vázquez-Barquero se refiere al milieu innovateur como “entorno innovador”, una mejor traducción, sin duda.
65
Alonso y Méndez (2000) dicen que, frente a la imagen schumpeteriana del
empresario innovador, la idea de “medio innovador” destaca el hecho de que la
innovación es, con frecuencia, un fenómeno colectivo, en el que la existencia de
relaciones interempresariales (mercantiles o extra mercado à la Storper) y de formas de
cooperación no incompatibles con el mantenimiento de un clima competitivo
(coopetencia), puede favorecer y acelerar el proceso hasta el punto en que puede
afirmarse que son los medios los que emprenden e innovan.
Desde tal perspectiva, el medio innovador se define como un “conjunto de
relaciones que intervienen en un área geográfica que reagrupa, en un todo coherente,
un sistema de producción, una cultura técnica y unos actores. El espíritu de empresa,
las prácticas organizativas, los comportamientos empresariales, las formas de utilizar
las técnicas, de aprehender el mercado, y el saber hacer son, a la vez, partes
integrantes y partes constitutivas de un medio” (Maillat, D., Quevit, M., Senn, L.,
1993:4).
El medio innovador incluye un territorio, actores, recursos materiales e
inmateriales, formas de interacción y una lógica de aprendizaje. De acuerdo con
Maillat, uno de los principales teóricos de los medios innovadores, éstos coexisten con
otros espacios, como tecnópolis, distritos industriales, y espacios periféricos, según sea
el juego entre la dinámica de aprendizaje y la dinámica de interacción.
Por cierto se agregan a los conceptos discutidos otros, como distrito industrial,
cluster, tecnopolo, ejes de desarrollo, etc., todos los cuales tratan de explicar los
fenómenos de innovación aglomerativa y de dinámica territorial en el marco del
desarrollo endógeno y de los rendimientos crecientes, estos últimos considerados como
una suerte de "Viagra" de la geografía económica8.
5.-Lecciones de la experiencia en desarrollo territorial en América Latina: un fracaso
relativo debido a las debilidades del conocimiento y de los procedimientos
Como es bien conocido, las políticas públicas en favor del desarrollo territorial
en América Latina tienen una fecha de nacimiento perfectamente nítida. Sus primeras
expresiones datan de 1947 con la creación en México de la primera comisión de
cuencas fluviales en la cuenca del río Papaloapan, y en 1948 en Brasil con la creación
de un organismo similar en la cuenca del río San Francisco en el Nordeste. A partir de
allí, y bajo el amparo de diferentes paradigmas y modelos institucionales
(principalmente la Tennessee Valley Authority,TVA, y la Cassa per il Mezzogiorno) las
políticas de desarrollo regional proliferarían experimentando un cambio sustancial a
mediados de los años sesenta al variar de escala (aparecen las políticas nacionales de
desarrollo regional) y de paradigmas (polos de crecimiento). La evolución de las
políticas latinoamericanas ha sido registrada principalmente por Boisier (1994) y por
de Mattos (1996), entre otros. Una comparación entre Europa y América Latina puede
resultar irritante, como es el caso ahora, si se tiene en cuenta que las políticas de
desarrollo regional europeas, en cuanto políticas nacionales, tienen casi la misma edad
8
Para una crítica demoledora acerca de la nueva “economía geográfica”, véase Martin, R., (1999)
66
que sus congéneres latinoamericanas, y en tanto políticas comunitarias son bastante
más recientes. La producción intelectual, la generación de políticas concretas y los
resultados, son infinitamente más amplios en Europa que en América Latina.
En una última referencia (Boisier, 1999/c) se sostiene que toda la historia de
medio siglo de esfuerzos en favor del desarrollo regional en América Latina termina en
un abierto fracaso al paso del siglo. En efecto, ni la tendencia a la hiperconcentración
demográfica y de actividad industrial en pocos lugares (generalmente, un único lugar)
fue aminorada—en general la primacía urbana aumentó entre 1950 y 1970, pero
parece haber llegado a un punto de inflexión-- ni las disparidades de ingreso
interregionales fueron reducidas--, si bien las evidencias empíricas no son conclusivas
en ningún sentido, como muestran varios ensayos incluidos en un reciente texto
(Mancha y Sotelsek, 2001)--, ni la extrema centralización de los sistemas decisionales
públicos y privados fue significativamente modificada (sin perjuicio de algunos
avances notorios en Bolivia, Colombia y Chile). De acuerdo con el CELADE (Centro
Latinoamericano de Demografía, ONU) los índices de primacía entre 1950 y 1990 se
elevaron en Brasil (de 0,869 a 0,949), en Colombia (de 0,705 a 0,992), en Chile (de 2,385
a 2,981), en Perú (de 3,539 a 4,296) y disminuyeron en Argentina (de 4,033 a 3,669) y
en Venezuela (de 1,312 a 0, 878)9. En materia fiscal, en 1992, los ingresos del primer
nivel intermedio de gobierno en Argentina, Brasil, Colombia y Chile eran 8,0%,
11,1%, 2,8% y 0,6% del total de ingresos, respectivamente, y hay que hacer notar que
Chile, nación a la que corresponde el más bajo guarismo, es el único país que ha
“constitucionalizado” sus regiones y que ha establecido gobiernos regionales como
entes públicos con personalidad jurídica propia.
Este fracaso ha sido atribuido por diferentes especialistas a distintas causas,
desde posturas radicales de izquierda que sostienen la imposibilidad de un desarrollo
regional en el marco de economías capitalistas dependientes con industrialización
tardía, hasta posturas igualmente radicales que se fundan en una supuesta
sobredeterminación sistémica (para espacios subnacionales) en el mismo marco
anterior, que no dejaría espacio de maniobra a nivel local.
La posición de este autor, y también de otros, apunta más bien a las carencias
cognitivas y epistemológicas (Boisier, 1998) que impidieron formular intervenciones
basadas en un conocimiento cabal de las relaciones de causalidad ocultas detrás de los
fenómenos aparenciales de concentración, disparidades y centralización, haciendo de
las políticas públicas simples apuestas con baja probabilidad de éxito, como la
evidencia empírica parece probar. Hubo y hay todavía, una considerable brecha entre
los modelos mentales y los modelos reales de los procesos de cambio en el territorio.
John Friedmann diría simplemente que existió una brecha entre pensamiento y acción.
Además, la praxeología y los procedimientos altamente centralizados, no
participativos, enmarcados en el, así llamado, paradigma del centro abajo (Stohr y
Taylor, 1981) atentaron adicionalmente contra el éxito perseguido.
Sin embargo, y más allá del escaso grado de eficacia de las políticas regionales,
ya que sus objetivos se mantuvieron muy lejos del logro, se han producido evidentes
cambios en la estructura económica de las regiones y en las relaciones interregionales,
no ajenos a una generalizada modernización de la infraestructura y del aparato
9
Agradezco al Prof. Miguel Villa, del CELADE, su gentileza al proporcionarme estas cifras.
67
productivo. Estos cambios, paradójicamente, han sido, sobre todo, el resultado de un
neoliberalismo que ha abandonado el dirigismo planificador del pasado y que ha
empujado a las regiones a posicionarse, sea como fuere, en el escenario del comercio
internacional globalizado, reservándose el Estado una doble función: desregular por
completo la explotación de recursos naturales exportables, y sobrerregular negativa y
autoritariamente el mundo laboral. Reconocer esta realidad no significa, por cierto,
concordar con la dirección de estos cambios ni con los costos sociales derivados.
A comienzos del tercer milenio, una mirada al mapa latinoamericano de
políticas regionales contemporáneas 10 muestra un conjunto vacío. Resulta difícil de
entender la inexistencia de una política de ordenamiento territorial en un país con una
extensión como la del Brasil (8,5 millones de Km²), o en otro de tan pequeño tamaño y
de posición tan estratégica en el MERCOSUR como el Uruguay (187 mil Kms²) o el no
menos estratégico caso de Panamá (54 mil Kms²) o, finalmente, en otro con una
morfología territorial tan extraña como Chile (5.000 Kms de largo y ancho promedio
de 140 Kms) 11. La política de descentralización en sus varias dimensiones, más
empujada por las necesidades de la competitividad en la globalización que por
consideraciones más autónomas, tiene un discurso bien estructurado en muchos países,
pero la realidad se muestra llena de pliegues y repliegues. La política de fomento al
crecimiento económico de las regiones o territorios subnacionales, cualquiera que sea
su denominación, incluida la transferencia tecnológica, es quizás la más nítida, si bien
sus mecanismos de control escapan a los organismos públicos encargados precisamente
del desarrollo territorial para ampararse en otros segmentos del Estado. Por último, el
fomento al desarrollo en las regiones, por lo menos como se le entiende ahora,
constructivista, intersubjetivo, valorativo e intangible, precisamente en las manos de
las personas y de las instituciones locales, no aparece en parte alguna.
Un conocido libro publicado veinte años atrás tenía como título Experiencias de
planificación regional en América Latina. Una teoría en busca de una práctica (Boisier,
Cepeda, Hilhorst, Riffka y Uribe-Echevarría, 1981), generando la errada imagen de
que efectivamente había un cuerpo teórico sólido que buscaba su inserción en la
práctica; hay que reconocer que habría sido más certero haber escrito “una práctica
en busca de una teoría”. Un subtítulo como ese mantendría su plena vigencia.
6.-El desafío para una gestión eficaz: diseñar una ingeniería de las intervenciones
territoriales que simultáneamente genere conocimiento sustantivo y prácticas
asociativas. El concepto de “conocimiento pertinente”
El título de esta sección lo dice casi todo. En efecto, si se desea promover un
desarrollo regional bien entendido, es decir, que beneficie efectivamente a las personas
humanas12, como individuos y como grupos, y que al mismo tiempo se ajuste a
Que incluyen políticas específicas, como ordenamiento territorial, descentralización, fomento al crecimiento económico y fomento al
desarrollo en las regiones, al menos.
11 Colombia es un caso aparte debido a que en este país la discusión acerca de una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial data de
1991 y hasta la fecha se han presentado no menos de ocho proyectos al Congreso de la República.
12 En la doctrina humanista/cristiana, el término "persona humana" no es en sí redundante ni tautológico. Su contenido y significación
apunta a reafirmar la naturaleza espiritual de hombres y mujeres como seres dotados de inteligencia y voluntad y como centros de
conocimientos y afectos. Esto es lo que define a la persona, la cual, a la vez, eso sí, existe en unión con la materia que es la raíz de su
individualidad. No se quiere decir con ello que se esté, por naturaleza, escindido, sino más bien que es un mismo ser el cual en un
10
68
13
fortalecer la diversidad en el territorio en el marco de la unidad nacional , habrá que
“crear” un conocimiento (ambiciosamente, un paradigma) científico acerca de la
causalidad de los procesos de cambio social en el territorio, y también habrá que
inventar procedimientos que hagan de la propia comunidad territorial el agente
endógeno de cambio, capaz de formular una propuesta a tono con el mundo actual y
capaz de ejecutarla. Se trata, como se ha dicho tantas veces, de crear un sujeto
colectivo regional. No es menor el desafío.
De hecho, la tarea propuesta pierde algo de dramatismo si se tiene en cuenta
que permanentemente se han producido cambios paradigmáticos o casi
paradigmáticos en la cuestión regional. En los últimos cincuenta años algunos de estos
cambios—si es permisible representarlos mediante el cambio de los códigos y de los
descriptores—se pueden apreciar a través de la siguiente propuesta de Camagni:
Figura 1. Conceptos claves en las políticas regionales por períodos históricos
1950/60
Infraestructura como condición del crecimiento económico regional
1960/70
Atracción de actividades externas, polos de desarrollo, base exportadora
1970/80
Desarrollo endógeno, PYMES, competencias (habilidades y atribuciones) locales
1980/90
Innovación, difusión de tecnología, medios innovadores
1990/00
Conocimiento, factores intangibles, aprendizaje colectivo
2000/10
Capital relacional, interconexión, cultura local, e-trabajo
Fuente: Camagni R., 2000, op.cit.
Para todos los efectos prácticos, tanto en América Latina como en ciertos países
europeos, como los del Sur Mediterráneo por ejemplo, la situación actual mezcla
elementos de los dos últimos períodos anotados por Camagni.
sentido es persona y en otro es individuo. La persona humana, por lo tanto, es una entidad interactiva e indivisible portadora de su
"personalidad" y de su "individualidad". De ahí la doble fuente desde la cual se expresa su sociabilidad.
13 Recuérdese la famosa descripción de los frisos del frontis de la abadía benedictina que hace U. Eco en El nombre de la rosa: “únicos
en la variedad y variados en la unidad”.
69
Una puerta de entrada muy prometedora para la tarea propuesta se halla en el
encuentro entre la moderna lingüística y el constructivismo cognitivo14.
La moderna lingüística derivada de Heidegger, Searle, Austin, Bourdieu y
otros, ha sido adaptada al campo organizacional por Fernando Flores (1989,
principalmente) y Rafael Echeverría (2000) entre otros. Es precisamente Echeverría
(2000: 37) quien afirma: “Se ha reconocido que el lenguaje tiene un papel activo y
generativo. Es lo que llamamos el poder transformador de la palabra (...) a través de él
generamos nuevos objetos y productos, transformamos el mundo, abrimos o cerramos
posibilidades, construimos futuros diferentes”.
Por su parte, Flores (1989: 24) sostiene : “Nuestra teoría está organizada en torno
a los conceptos centrales de conversación y diseño. Conversación es la unidad mínima de
interacción social orientada hacia la ejecución con éxito de acciones. Diseño es nuestro
nombre para la práctica interpretativa de producir un discurso para administrar los tipos
recurrentes de quiebres que impregnan las prácticas humanas” 15.
La conversación, que no es más que un acto de uso de la palabra, del lenguaje y
del discurso entre dos o más interlocutores, habrá de convertirse en la pieza
fundamental de un nuevo procedimiento social para formular propuestas colectivas,
participativas y asociativas, de desarrollo local, que den sentido procedimental al
llamado paradigma de abajo arriba (Stohr y Taylor, op. cit.).
Estas propuestas son hechas por actores/sujetos (Garretón, 2000) que se crean a
sí mismos precisamente mediante el discurso que emana de las conversaciones sociales
en torno al desarrollo. El constructivismo concede una importancia clave al discurso y
al sujeto (Rosas y Sebastián, 2001). El discurso se entiende como un elemento central,
que organiza toda la vida social y constituye a los individuos en sujetos definidos por
ciertos fines fijados por el mismo. La recursividad entre objeto y sujeto está en el
centro del enfoque constructivista. El constructivismo destaca la capacidad de ciertos
discursos para “construir” la Nación (Región), interpelar a los individuos y
constituirlos como “sujetos nacionales” [regionales] dentro de una determinada
concepción de la Nación [Región], articulada por el discurso (Larraín, 2000). La forma
de pensamiento y la acción propuesta a seguir se podría inscribir en las filas de
aquellos que Hopenhayn (1993) denomina como "comunidad humanística crítica", de
fuerte presencia intelectual en Chile y cuyo momento positivo se traduce en una forma
de inserción del saber social en la sociedad, por la coincidencia que muestra con los
valores y con los procesos asignados al humanismo crítico por Hopenhayn.
La tarea de reconstrucción epistemológica comienza por una sencilla
demostración. El conocimiento sobre desarrollo territorial acumulado durante medio
siglo de experiencias de política en América Latina no es adecuado al momento actual,
y padece de una irremediable obsolescencia en virtud de los acelerados cambios
sociales, tecnológicos, económicos y políticos que han acompañado a la actual fase de la
globalización, particularmente si dicha fase se la identifica con la primera crisis
petrolífera de 1973. Simplemente, se pasó de un mundo caracterizado por sistemas
Los “positivistas” se sentirán felices al descubrir, si no lo han hecho ya, que la palabra “constructivismo”, hasta no hace mucho, ni
siquiera aparecía en los diccionarios más reconocidos, en tanto que como concepto sociológico tampoco aparece en las enciclopedias
de ciencias sociales.
15 Para la noción de “quiebre” como interrupción de la acción ver la obra citada de Flores (pág. 75)
14
70
económicos nacionales cerrados, estatizados y centralizados, a las antípodas, para estos
efectos, configuradas por economías abiertas, privatizadas y descentralizadas, todo ello
en términos relativos, por supuesto.
Un solo y breve ejemplo empírico demuestra el juicio anterior. Durante el
segundo quinquenio de los sesenta, el entonces gobierno chileno fue particularmente
exitoso en el diseño y la puesta en práctica de una política de localización industrial,
que, como resultado, pudo establecer en ciudades como Arica, Iquique, La Serena, Los
Andes, Casablanca, Rancagua, Concepción, Puerto Montt, una paquete nada
despreciable de industrias automotrices, electrónicas, mecánica ligera, pesquera,
neumáticos, componentes mecánicos, refinerías de azúcar de remolacha y otras,
mediante el uso en particular de un instrumento de política económica: el arancel de
importaciones que gravaba las importaciones de equipos de capital e insumos. Ello en
el marco de una economía sobreprotegida, algunos de cuyos aranceles superaban el
300 % del valor CIF; naturalmente, en ese marco, reducciones del 50 % o del 100 %
para instalaciones en las regiones sugeridas por la política constituían fuertes rebajas a
los costos fijos de instalación. Como toda práctica, ésta generó conocimiento, cuya
utilidad se acerca a cero en un contexto económico como el actual, con un arancel
modal del orden del 6 % para la economía chilena. ¡Obsolescencia cognitiva por
cambio de contexto!
Para crear y difundir o distribuir socialmente un nuevo conocimiento, el primer
paso consiste en definir quiénes serán los “miembros del club del nuevo conocimiento”,
por así decirlo. En otras palabras, hay que especificar los actores, los participantes en
las conversaciones sociales, en las cuales y mediante las cuales se producirá y circulará
el nuevo saber. Como lo dice el PNUD :”Sin conversaciones, públicas y privadas, que
tengan como objeto a la sociedad no habrá aspiraciones colectivas” (PNUD, 2000), o,
como también lo afirma la misma institución: “El Desarrollo (...) consiste en hacer de
los individuos y las comunidades los verdaderos sujetos, gestores y beneficiarios del
desarrollo. Ello sólo es posible si las personas son capaces de entender esos cambios y
gobernarlos a su favor”. (Cursivas del autor), (PNUD, 1999).
Puesto que América Latina se participa plenamente de la apuesta política a
favor de la sociedad civil que está en el centro del proceso de su redemocratización, hay
un privilegio por convocar a los actores representativos de la sociedad civil local (por
difusa que sea) y, como también América Latina se hace una apuesta a favor de la
asociatividad, tal convocatoria debe incluir también a los actores representativos de la
sociedad política local (gobierno y Administración, partidos políticos, fuerzas armadas)
y de otros segmentos sociales ubicados entre ambos polos, por ejemplo, miembros de la
sociedad “mercantil” o económica, miembros de la sociedad “moral” (iglesias y otras
organizaciones cuyos fines son esencialmente éticos). Como esta convocatoria se dirige
a los “actores/sujetos”16 y no a miembros masivos de las organizaciones, hay que
conocerlos (con nombre, apellido, dirección, etc.) de antemano y ello supondrá poner
en práctica un método de identificación particularmente en la misma sociedad civil,
Según Garretón (op. cit.), este concepto se refiere a los portadores de acción individual o colectiva que apelan a principios de
estructuración, conservación o cambio de la sociedad, que tienen una cierta densidad histórica, y que se involucran en los proyectos de
cambio.
16
71
cuya naturaleza difusa, intersticial, porosa y poco formal, hace especialmente difícil
esta tarea17.
Hay que escapar de inmediato de la tentación de convertir estas conversaciones
sociales en una especie de curso académico. No se trata de transformar a los actores
sociales en académicos o en enciclopedistas sobre desarrollo territorial. Se trata, sí, de
socializar una forma de conocimiento denominada acá como "conocimiento
pertinente", equivalente, ni más, ni menos, a la cantidad mínima de conocimiento
suficiente para que se entienda la naturaleza sistémica, abierta y compleja del
problema que convoca, en este caso, la estructura del territorio y la dinámica de los
procesos de cambio—crecimiento y desarrollo—en el territorio. Esto significa poder
entender (no sólo conocer) el entorno del sistema territorial, es decir, el medio y el
interno de ese mismo sistema, esto es, sus procesos de cambio. En este contexto, el
grupo convocado enfrenta de inmediato un dilema luhmanniano: reducir la
complejidad del entorno actuando selectivamente en él, haciendo relevante sólo la
información pertinente (Rodríguez, 1995) y dejando fuera otras posibilidades.
Si se logra crear y, sobre todo, socializar un saber capaz de interpretar de una
manera consensuada o compartida tanto la estructura como los procesos de cambio, se
está a un paso de lograr crear una sinergia cognitiva en el espacio local. Se puede
definir este concepto como la capacidad colectiva para realizar acciones en común
sobre la base de una misma interpretación de la realidad y de sus posibilidades de
cambio. Si se puede crear esta sinergia cognitiva, se está cerca de lograr un consenso
social y cerca también de generar poder político, el recurso fundamental para
transformar pensamiento en acción. Hay que recordar tanto la sabiduría popular
expresada en el dicho “la unión hace la fuerza” como la académica, en las palabras de
Hanna Arendt; “el poder surge entre los hombres cuando éstos actúan unidos” 18.
7.-Conocimiento estructural y conocimiento funcional para la gestión territorial
Se denominará como "conocimiento estructural" al saber que permite
comprender que un territorio organizado (llámese región, departamento, provincia,
localidad, o como se desee) es una estructura de naturaleza sistémica, abierta y
compleja. Por supuesto, sería perfectamente comprensible que un lector se preguntase,
¿es que acaso los especialistas, en particular, los académicos, desconocen algo tan
elemental? Mi pregunta sería más bien, ¿lo sabemos en realidad? Porque si se examina
la literatura tanto teórica como práctica es perfectamente evidente que en la gran
mayoría de los casos la región o cualquier otro segmento territorial usado para fines o
analíticos o políticos, es tratada mediante un enfoque que privilegia decididamente el
contenedor sobre el contenido y son escasas las referencias a la naturaleza sistémica,
17 En el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social, ILPES/CEPAL/ONU, se diseñó un software (ELITE)
que permite identificar a los líderes de la sociedad civil.
18 En el transcurso del año 2000 el autor tuvo la oportunidad de diseñar y dirigir un experimento de creación de sinergia colectiva, de
asociatividad pública/privada y de modernidad, trabajando con un grupo de actores sociales de la Región del Maule, en Chile. Este
trabajo sistemático, organizado como un proceso conversacional, se extendió durante trece semanas consecutivas, con una elevada
disciplina, y se realizó bajo la égida de la Universidad de Talca, con el nombre de Coloquios del Maule. Véase el libro Conversaciones
sociales y desarrollo regional. (Boisier, 2000/b).
72
abierta y compleja del contenido, que es el que define el contenedor, y no a la inversa.
Como lo dice Martin (op.cit.:77) al criticar los planteamientos de la nueva economía
geográfica:
“La cuestión fundamental con relación a cómo se pueden conceptualizar de una
manera significativa las economías 'regionales' y 'locales', y cómo tales conceptos pueden
ser traducidos a términos empíricos, no se considera en absoluto. En vez de ello, hay un
deslizamiento ontológico entre regiones y puntos y espacios abstractos, por un lado, y el
uso acrítico de unidades administrativas cualesquiera en tanto sean útiles para propósitos
ilustrativos y empíricos, por el otro”. (traducción del autor).
Por otro lado, se denominará como "conocimiento funcional" a un cuerpo
cognitivo capaz de develar la forma en que el sistema anterior se articula con su
entorno y cómo modela sus propios procesos de cambio, para estos efectos, el proceso
de crecimiento económico en el territorio y el proceso de desarrollo en el territorio.
Naturalmente que no es necesario comenzar dando una definición de sistema,
porque el concepto sí se puede asumir como conocido. Pero una cosa es admitir que la
región X, Y, o Z, constituye un sistema (aunque no se sepa muy bien cuál es la
multiplicidad de su naturaleza) y otra muy diferente es tomar en cuenta de forma
permanente las modalidades, las potencialidades y las restricciones que supone operar
con un sistema en forma sistémica.
Simplemente para tomar un punto de partida, elegido de la vastedad de la
literatura actual, se puede seguir a Johansen (1997: 54) y apuntar que un sistema es
“un conjunto de partes coordinadas y en interacción para alcanzar un conjunto de
objetivos, o también que es un grupo de partes y objetos que interactúan y que forman
un todo o que se encuentran bajo la influencia de fuerzas en alguna relación definida”.
Al concepto de 'sistema' se le agregan indisolublemente los conceptos de 'subsistema' y
'supersistema'. Cada sistema está formado por partes que son los subsistemas, y todo
sistema se encuentra inmerso en otro mayor que constituye un supersistema, (una
estructura “anidada” no significa una sobredeterminación para los niveles inferiores,
siempre existen grados de libertad). Todos pertenecemos a algún sistema familiar que,
a su vez, forma parte de una comunidad local, la cual, unida a otras comunidades
locales, forma parte de ciudades, regiones y naciones. En todos estos casos se trata de
sistemas que son subsistemas de otro sistema mayor. Un sistema es un conjunto de
partes que funcionan como una sola entidad y al funcionar como un todo tiene
propiedades distintas de las partes que lo componen. Estas propiedades se conocen con
el nombre de propiedades emergentes. Tales propiedades “sobresalen”, por así decirlo,
del propio sistema cuando éste alcanza cierto nivel de complejidad y desaparecen
cuando se trata de efectuar reduccionismo analítico (la maladie cartesienne). Nada más
apropiado que definir el desarrollo endógeno entonces como... ¡una emergencia
sistémica! Como lo apuntan poéticamente O´Connors y McDermott (1998) "no se
puede encontrar el arco iris en la lluvia."
Una consecuencia práctica de lo anterior, por ejemplo, radica en que si se
pretende estudiar una región mediante el artificio de estudiarla “de arriba abajo”
(provincias componentes, comunas, etc.), en cierto momento la región desaparece como
tal y lo que queda en manos del analista es un conjunto no estructurado de elementos
que ya no definen a la región, porque se descendió más abajo del nivel de emergencia.
73
El asunto es que el método analítico en el cual todos estamos sobreentrenados
intelectualmente dificulta entender y, por consiguiente, dificulta trabajar con la noción
de sistema, y es por ello que se requieren verdaderos cambios mentales para superar
esta traba. El pensamiento sistémico es holístico ycircular, más que rectilíneo. Por
tanto, el concepto de "bucle de realimentación" resulta fundamental para entender el
funcionamiento de un sistema, y estos bucles son de refuerzo cuando los cambios
amplifican el cambio original, o de compensación cuando los cambios en el sistema se
oponen y amortiguan el cambio original (esta realimentación puede dar origen a
procesos de proalimentación, también de refuerzo o de compensación).
Gran parte de los “problemas” de la vida real tienen una estructura sistémica,
no siempre fácil de descubrir. Esto implica que la solución del “problema” debe
necesariamente envolver un enfoque sistémico; no es posible lograr soluciones
sistémicas con acciones parciales, porque en última instancia las causas se encuentran
en la estructura del sistema y no en sus partes.
Pero quizás si lo más importante, desde el punto de vista del conocimiento para
la acción, es tomar nota de que los sistemas no funcionan a “tontas y a locas” y que,
por el contrario, su comportamiento está cuidadosamente reglado por ciertas leyes de
funcionamiento sistémico. El desconocer este hecho en la práctica lleva a las tan
conocidas propuestas de cambio (planes de desarrollo, o como se llamen) que no son
otra cosa que wishful thinking.
Johansen (1996) da cuenta de cinco leyes que tienen que ver con la
supervivencia de los sistemas:
a) la ley de la viabilidad, que tiene que ver con la capacidad de la organización
(¿región?) en relación con su existencia y permanencia como fenómeno real
(en el caso de las regiones, no sólo con su creación administrativa). Esta ley
exige que el valor de lo que la organización social entrega al medio
(corriente de salida) tiene que ser capaz de generar todo lo que ella recibe de
ese medio (corriente de entrada) y que es necesario para mantenerla en
producción, es decir, para que pueda seguir entregando al medio aquello
que la caracteriza como organización y que garantiza su existencia;
b) la ley de la complejidad, en relación con el concepto de complejidad
dinámica del sistema, que sostiene que en la medida en que una organización
aumenta la especialización interna, ella experimenta un incremento
importante de su complejidad (que de hecho crece en forma exponencial)
que tiende a incrementar la incertidumbre dentro de la organización;
c) la ley de la jerarquía de la autoridad, relacionada con el aumento de la
variedad del sistema y, en consecuencia, de su complejidad y con la
necesidad de establecer reductores de la variedad. Mientras la
especialización se constituye en un amplificador de la variedad, la jerarquía
es un reductor de ella y el equilibrio entre ambas permite la gobernabilidad
de la organización. Hay una relación directa entre la diferenciación (un
aumento en la división del trabajo) y la integración (jerarquía de la
autoridad), y el sistema permanecerá viable en la medida en que ambas
variables se desarrollen equilibradamente. Una consecuencia práctica
inmediata de esta ley, observable en muchos países (Chile es tal vez el mejor
74
ejemplo en América Latina), es que si se desea hacer gobierno en un sentido
político en una región y no sólo administrarla (como es el caso actual en
Chile), es necesario aumentar el alcance y la profundidad de la
descentralización hasta alcanzar la intersección territorial y política de ella;
d) ley del conflicto ya que en la organización social, por estar compuesta por
partes especializadas que se encuentran en una relación de
interdependencia, y dado el hecho que cada parte tiende a maximizar sus
propios objetivos, inevitablemente las partes se encuentran entre sí en una
situación conflictiva19;
e) la ley de la desmaximización, una consecuencia de la anterior y que implica
que no es posible optimizar todos los subsistemas que componen un sistema
dado de forma simultánea y que la optimización del sistema completo
conlleva la suboptimización de algunas de sus partes20.
El siguiente concepto que debe ser internalizado mediante las conversaciones
sociales es el concepto de "apertura sistémica", o sea, la manera en que el sistema se
relaciona con su entorno o con el medio.
Desde el punto de vista teórico, un sistema abierto es uno que interactúa con su
medio, importando materia, energía e información, transformando esos insumos y
exportando la energía y la información convertida; este intercambio es de tal
naturaleza que logra mantener alguna forma de equilibrio (steady state) y además las
relaciones entre el sistema y el entorno admiten cambios y modificaciones. Es obvio
que los sistemas sociales son, por definición, sistemas abiertos, ya que en la práctica
todos los sistemas son abiertos en alguna medida. Cuanto más cerrado es un sistema,
más energía acumula dentro de él aumentando su entropía.
Desde un punto de vista mucho más elemental, un territorio tal como una región
constituye un sistema (tecno-socio-económico) considerablemente abierto, sobre todo
en el contexto de la globalización. Los flujos de intercambio con un entorno, hoy
ampliado considerablemente (el resto del país, el mundo), son enormes, al punto que
una proporción significativa de las operaciones (de cualquier tipo) que se inician o que
finalizan dentro del territorio tienen su finalización o su inicio fuera de él.
No pocas veces se observa en la práctica que propuestas oficiales de desarrollo
de regiones (estrategias, planes, etc.) utilizan una versión primitiva y descriptiva de las
relaciones de la región con el entorno (meras declaraciones acerca de cuán importante
es la globalización ahora, o cifras de exportaciones regionales, o propuestas sobre
posibles obras de infraestructura para conectar regiones especialmente
transfronterizas), escamoteando lo esencial del nuevo paradigma luhmanniano, que
hace del par sistema/entorno su eje central, así como en paradigma antiguo su eje
estaba constituido por el par todo/partes.
Sistemas territoriales pequeños (como la enorme mayoría de las regiones en
todo el mundo, aun cuando su área absoluta pueda resultar impresionante) tienden a
mostrar una elevada apertura sistémica y la consecuencia más significativa de ello—
Por ello siempre una política nacional de desarrollo regional, precisamente dirigida a un sistema de regiones, debe incluir un fuerte
componente (una subclase de política) tendente a compatibilizar la variedad de objetivos y metas de las regiones.
20 Fácil resulta entender los mecanismos de dominación/dependencia que la propia lógica del sistema impondrá en un sistema múltiple
de regiones.
19
75
como se verá más adelante—resultará en transformar en exógeno al territorio su
proceso de crecimiento económico, desde el punto de vista decisorio. Por otro lado,
cuanto más abierto es el sistema, mayor es su tendencia a llegar a un estado final
disipativo y para evitarlo debe equilibrar los flujos intercambiados con su entorno. Un
sistema disipativo tiene la doble habilidad de aumentar y almacenar información bajo
la forma de niveles cada vez mayores de complejidad estructural interna y de
“exportar” desorganización a su entorno inmediato. (Byrne, 1998). Cuanto más abierto
es el sistema, finalmente, menores los grados de libertad disponibles endógenamente
para su autocontrol, siendo entonces obvias las consecuencias sobre la modalidad de
hacer gobierno regional.
Volviendo a la práctica, toda región debe hacer una operación de selectividad
con respecto a su entorno, a fin de describir y entender su forma de articulación. El
entorno, para una región cualquiera es simplemente el mundo. Todo entorno, y por
supuesto el mundo, está constituido por una multiplicidad casi infinita de sistemas, no
todos los cuales son relevantes y pertinentes a la región y, por tanto, al describir la
articulación de la región con el entorno habrá una reducción del entorno—de su
complejidad-- (ésta es, tal vez, la cuestión central en los trabajos de Luhmann) para
dejar en relieve sólo aquellos sistemas que configuran un recorte del entorno
verdaderamente significativo para la región21. Se trata de crear información
pertinente, como se mencionó más atrás.
El tercer concepto que debe ser socializado es probablemente el más difícil de
comprender y, no en vano, se trata precisamente de la complejidad.
Hay en construcción un paradigma de la complejidad (Morin, Luhmann,
Prigogine, entre otros) que busca superar las restricciones del paradigma positivista.
Según Morin (1994:60)
“la complejidad a primera vista es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema
de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades (...). Pero la
complejidad no comprende solamente cantidades de unidades e interacciones (...),
comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En un
sentido, la complejidad siempre está relacionada con el azar (...). Pero la complejidad no se
reduce a la incertidumbre, es la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente
organizados”.
Luhmann (1997:76), por su parte, dirá que “(...) la complejidad es la información
que la falta a un sistema para poder comprender y describir completamente su entorno
(complejidad del entorno) o bien a sí mismo (complejidad del sistema)”, y que solamente la
complejidad puede reducir la complejidad.
Toda región, en cuanto sistema abierto y complejo, pero siempre con una
complejidad menor que la del entorno, tiene como objetivo primario hacerse más
compleja a sí misma para poder reducir la complejidad del entorno y competir con la
Ley de Ashby en la mano.
Decir, como se dice en tanto documento oficial, que la región X se inserta en un entorno amplio como consecuencia de la
globalización, o focalizar la cuestión exclusivamente en las exportaciones regionales, o alegar acerca de la dependencia del gobierno
regional en relación con el nacional, o son frases sin sentido operacional, o tautologías disfrazadas.
21
76
¿Cuál es el significado concreto del postulado anterior? ¿Qué significa, en la
práctica, hacer más compleja una región? Volviendo a Morin y a sus principios de la
complejidad (el principio dialógico, el principio de la recursividad organizacional y el
principio hologramétrico), se observa que la complejidad tiene que ver con la variedad
de subsistemas que pueden cobijarse dentro del sistema que se está denominando como
“región”, con la jerarquía de ellos y con una fuerte presencia de recursividad 22 en sus
interacciones.
Es evidente, como fue señalado al comienzo, que la globalización ha hecho más
complejo al mundo y específicamente, al entorno de cada región, que, como también
fue dicho, están ahora obligadas a incrementar su propia complejidad. En la práctica
esto se traduce en la necesidad de introducir más diversidad, más subsistemas en el
sistema regional23, simplemente más actividades y más organizaciones, dotándolas de
mayores niveles de autonomía (descentralización) y de bucles de refuerzo de los cuales
la recursividad es un elemento estructural.
Un ejemplo sencillo del uso en terreno de la complejidad está dado por un
análisis bien hecho, de buena calidad, de una comuna inserta en una región, en tanto
que tal análisis sea capaz de dar cuenta del hecho que no sólo la comuna está en la
región, sino que la región está en la comuna (la parte está en el todo y el todo en la
parte), y que por tanto no es posible describir y entender ésta si no es introduciendo en
ella su región. A pesar de ser aristotélico, cuesta todavía habituarse a que la parte está
en el todo tanto como el todo está en la parte. El Aleph, el increíble punto descrito por
Jorge Luis Borges, podría ser el más “ilustrado” ejemplo de hologrametría à la Morin.
Hay que dar paso ahora al conocimiento funcional, es decir, a una capacidad
para comprender el entorno específico regional y el interno de la misma región. Se
trata de procesos de articulación y de cambio.
Hay, en efecto, un nuevo entorno para el desarrollo regional, que puede ser
descrito como compuesto por tres nuevos escenarios, presentes en el medio (Boisier,
1996). El primero de ellos, el escenario contextual se construye permanentemente a
partir de la intersección de dos importantes procesos contemporáneos, económico uno,
apertura externa, y político otro, apertura interna. A su vez, la apertura comercial
externa de países y regiones es empujada por la multidimensional globalización,
expresión concreta, funcional y geográfica del nuevo capitalismo tecnológico, en tanto
que la apertura interna de países y regiones es empujada por la descentralización.
Cabe señalar que hay una fuerte retroalimentación entre ambas formas de apertura,
ya que no es posible ser competitivo con estructuras de decisión centralizadas. El
segundo escenario, denominado escenario estratégico, está siendo construido también
mediante dos procesos: nuevas modalidades de configuración territorial que generan
una geografía política con componentes virtuales dictada por la lógica del sistema más
que por el voluntarismo del Estado, y nuevas modalidades de gestión territorial que
introducen en el plano de la gestión de los gobiernos locales criterios políticos para
Recursividad es la aplicación de un mismo principio a sí mismo en distintos niveles, como la espiral de una escalera de caracol. Se
trata de la autoreferencia continuada. Un proceso recursivo es aquél en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causa
y productores de aquello que lo produce. Un fractal, por ejemplo, es un proceso recursivo.
23 Es interesante notar que en el pasado los economistas regionales argumentábamos a favor de diversificar la estructura productiva de
las regiones a fin de reducir su vulnerabilidad ante los ciclos comerciales o para aumentar las relaciones internas de insumo-producto
para disponer de multiplicadores más potentes, tanto de inversión como de empleo. Ahora la fundamentación se asocia a la necesidad
de aumentar la complejidad para competir.
22
77
modificar las situaciones de dominación/dependencia y criterios empresariales
(principalmente, la planificación estratégica) para aumentar la eficiencia del gobierno.
El tercer escenario es el escenario político, construido a partir del proceso de
modernización del Estado, entendida ésta desde el particular ángulo de su capacidad
(hoy inexistente en América Latina) de hacer "conducción territorial" tanto como
conducción política, y a partir de la necesidad de reinventar los gobiernos territoriales
para que puedan asumir sus nuevas funciones como conductor (político) y animador
(social).
Figura 2. Nuevo entorno de desarrollo regional
NUEVO ENTORNO DE
DESARROLLO REGIONAL
APERTURA
EXTERNA
NUEVO ESCENARIO
CONTEXTUAL
NUEVO ESCENARIO
ESTRATEGICO
NUEVO ESCENARIO
POLITICO
APERTURA
INTERNA
NUEVA ORG.
TERRITORIAL
NUEVA GESTION
TERRITORIAL
MODERNIZ.
ESTADO
NUEVAS FUNC.
GOB.REG.
GLOBALIZACION
DESCENTRALIZACION
REGIONES
PIVOTALES
ASOCIATIVAS
VIRTUALES
CUASI-ESTADOS
CUASI-EMPRESAS
TERRITORIALIDAD
CONDUCCION
ANIMACION
En relación con los procesos de cambio en el territorio, esto es, el proceso de
crecimiento económico, por un lado, y, por otro, el proceso de desarrollo, lo primero
que hay que señalar es que hoy está claro que se trata de dos procesos
estructuralmente distintos, aunque no independientes, y articulados de una manera
todavía desconocida, pero que probablemente asume la forma de un bucle o rizo.
La cuestión que se plantea es simple como enunciado: se trata de descubrir una
estructura sistémica como matriz causal del crecimiento y otra como matriz causal del
desarrollo. Esto es esencial: ya no es posible suponer que el crecimiento depende sólo
de un factor, como, por ejemplo, la inversión, o de la inversión más otros insumos,
porque se está frente a un asunto sistémico y su explicación causal debe ser también
sistémica.
78
Tomando como punto de partida la actual conceptualización de modelos de
crecimiento que califican al proceso de crecimiento como endógeno, debido a que los
gastos en investigación e innovación se consideran guiados por la racionalidad
económica24, y que identifican como los factores del crecimiento a la acumulación de
capital, de progreso técnico, y de capital humano, y “aterrizando” esta propuesta en el
territorio concreto, se observa la necesidad de ampliar el abanico de factores causales.
Y esto debe hacerse incorporando como factores de crecimiento el proyecto de país o
proyecto nacional que, mientras contenga una dimensión territorial, “asigna” papeles
o roles a cada región en ese mismo proyecto. Y cada una de estas posibilidades
alternativas genera diferentes senderos de crecimiento de largo plazo, así como el
cuadro de la política económica nacional que, por la vía de sus dimensiones globales y
sectoriales afecta positiva o negativamente al patrón de crecimiento de cada región y,
por último, la demanda externa (exportaciones más gasto de no residentes) como un
elemento obvio.
Teniendo como telón de fondo esta matriz causal, hay que hacer notar que en el
marco de la globalización, la matriz de agentes decidores que opera “detrás” de los seis
factores anotados, tiende a separarse más y más de la matriz de agentes locales. En
otras palabras, la región ve más y más distanciada la posibilidad de controlar su
propio crecimiento y esto debería obligar a toda región a potenciar al máximo su
capacidad para influir en las decisiones pertinentes, por ejemplo, el flujo de capital que
llega a la región, el diseño de determinados instrumentos de política económica, la
colocación de la producción en el mercado global, etc. Tal capacidad de influir va
unida a una tecnificada capacidad de negociación y a un verdadero cambio cultural
con relación a cómo la región se plantea frente a estos factores exógenamente
controlados. Estas cuestiones están exhaustivamente analizadas en varios textos de
Boisier (1996, 1999/a, 2000/b)25.
Por tanto, el progreso técnico deja de ser un factor residual y exógeno como en el modelo neoclásico de Solow.
La conocida estrategia de capturar capital extranjero denominada como “guerra fiscal” en el Brasil es un ejemplo extremo, y por
extremo, errado, de la innegable necesidad que tienen los gobiernos subnacionales para operar con estrategias agresivas, tipo
“cazador” (versus una pasiva tipo “trampero”). Véase Arbix, 2000.
24
25
79
Figura 3. Crecimiento territorial exógeno
CRECIMIENTO TERRITORIAL
EXOGENO
PROYECTO NACIONAL
Y
ORDENAMIENTO
TERRITORIAL
POLITICA ECONOMICA
NACIONAL
DEMANDA
EXTERNA
CRECIMIENTO CON CAMBIO
PROACTIVO
ACUMULACION
DE
CAPITAL
ACUMULACION
DE
PROGRESO TECNICO
ACUMULACION
DE
CAPITAL HUMANO
En relación con el proceso de desarrollo, hay que estar dispuesto a aceptar un
desvío radical de la ortodoxia, ya que, como se dijo, hoy el desarrollo es entendido
como el logro de un contexto, medio, momentum, situación, entorno, o como quiera
llamarse, que facilite la potenciación del ser humano para autotransformarse en
persona humana, en su doble dimensión, biológica y espiritual, capaz en esta última
condición, de conocer y amar. Esto significa reubicar el concepto de desarrollo en un
marco constructivista, subjetivo e intersubjetivo, valorativo o axiológico, y, por cierto,
endógeno, o sea, directamente dependiente de la autoconfianza colectiva en la
capacidad para “inventar” recursos, movilizar los ya existentes y actuar en forma
cooperativa y solidaria, desde el propio territorio, generando, obsérvese, una
proalimentación de compensación. En tanto proceso y resultado intangible26, el
desarrollo es el resultado de una matriz causal que no puede sino tener la misma
dimensión27: la intangibilidad, y por tanto será inútil asociarlo con meros avances
materiales. Como se ha dicho, más edificios para tribunales de justicia no garantizan
más justicia, pero, ¿quién podría negar la necesidad de su construcción? El
reconocimiento del carácter intangible del desarrollo conduce lógicamente a buscar
factores causales igualmente intangibles, y como es posible identificar un buen número
de ellos, y como también es posible someterlos a una taxonomía, el resultado es la
identificación de ciertos conjuntos más o menos homogéneos que han sido
denominados como "capitales intangibles" (cognitivo, simbólico, cultural, social,
26
27
Pero no del todo independiente de una base material en expansión.
Definido el desarrollo como una propiedad emergente de un sistema (territorial) altamente sinergizado.
80
cívico, institucional, psicosocial, humano, y mediático) que en definitiva son articulados
y dirigidos por medio del capital sinergético, capaz de matriciar el conjunto anterior28.
Figura 4. Desarrollo territorial endógeno
•DESARROLLO TERRITORIAL
ENDÓGENO
INTERACCIONES
INTERACCIONES
STOCK DE
CAPITALES
INTANGIBLES
GRADO DE
ENDOGENEIDAD
UNA PROPIEDAD EMERGENTE
DE UN SISTEMA TERRITORIAL
ALTAMENTE
SINERGIZADO
POTENCIAL
DE
CRECIMIENTO
ACTITUD
MENTAL
COLECTIVA
POSITIVA
Hay que agregar al cuerpo del conocimiento funcional una verdadera estructura
sistémica del desarrollo que muestre además la connotación de valor del concepto, en
línea con el pensamiento de Seers, Sen, Ul Haq, Jolly, Boutros Gali, Hirschmann,
Furtado y otros intelectuales que desde hace décadas han insistido en la dimensión
axiológica del desarrollo y que enfatice la noción humanista del desarrollo.
28
Concepto que comienza a aparecer en la literatura con nombres diversos (capital territorial, capital relacional, etc.).
81
Figura 5. Una estructura conceptual para el desarrollo
UNA ESTRUCTURA SISTEMICA
PARA EL DESARROLLO
MARCO VALORICO
VALO
RES
LIBERTAD, DEMOCRACIA,
JUSTICIA, ETICA, ESTETICA,
SOLIDARIDAD, VARIEDAD
MARCO INSTRUM.
COMUNIDAD
OBJETIVO CENTRAL
CONSTR.
SOCIAL
SER HUMANO
PERSONA HUMANA
REG.
IDENTIDAD
INGRESO, DISTRIBUCION,
EMPLEO,
DISCRIMINACION
VECTORES
MARCO SINERGICO
PRODUCT.
POL. SOC.
PyMES
EDUCACION
MARCO ENDOGENO
AUTONOMIA, REINVERSION,
CIENCIA &TECNOLOGIA,
CULTURA
CAPITALES:
COGNITIVO,
CULTURAL, SIMBOLICO,
SOCIAL. CIVICO,
INSTITUCIONAL, PSICOSOCIAL,
HUMANO, MEDIÁTICO
La compleja figura anterior intenta colocar en el centro de la cuestión del
desarrollo la posibilidad para todo individuo de alcanzar su plena dignidad como
persona humana, en un marco de valores en el cual la libertad, la democracia, la
justicia, la ética, la estética, la solidaridad, y la variedad constituyen sus elementos
definitorios29. En realidad, el objetivo central de toda propuesta de desarrollo no puede
ser otro sino otorgarles a los seres humanos su dignidad como personas. Como es claro
que jamás el desarrollo será un proceso individual (no se puede ser persona si no es
entre personas), este objetivo supone colocar a los seres humanos en un tejido social
que hay que densificar y articular hasta que se transforme en una verdadera
comunidad, es decir, en una asociación de personas que basan su asociatividad en la
“razón natural”, esto es, en la emocionalidad y en un sentido de pertenencia, como lo
señalara Thonnies. Esta comunidad, a su vez, debe ser capaz de transformarse en una
comunidad imaginada (Anderson, 1991) con un fuerte sentido de identidad. La
configuración de esta comunidad con estas características da lugar a la construcción
social regional, proceso que a su vez debe ser capaz de generar un conjunto de valores
regionales específicos que se sumarán a los de carácter genérico mencionados
anteriormente. Obsérvese que si no es posible realizar esta última operación, no existe
29
No se crea que este marco configura sólo un discurso; sus consecuencias prácticas son fácilmente deducibles.
82
30
en verdad una región , sólo aparece un recorte del territorio nacional que de manera
más o menos arbitraria se denomina “Región XYZ”. Si no existe en realidad una
región, no se necesita un gobierno regional ya que no existe nada que gobernar, sólo
existe un recorte territorial a administrar y en tal caso, un órgano desconcentrado del
Poder Ejecutivo nacional es suficiente. ¡Cualquier parecido con los “gobiernos
regionales” establecidos en Chile por la Ley Orgánica Constitucional de Gobierno y
Administración Regional—LOCGAR-- es intencional y no una casualidad!
Como ya lo anotase Dudley Seers (1970), las principales barreras que impiden
la potenciación de los seres humanos para devenir personas, son el hambre, el
desempleo, y la discriminación. Interpretadas ahora en términos de nivel de ingreso,
distribución interpersonal del ingreso, empleo, y discriminación, configuran un cierto
marco instrumental sobre el cual hay que concentrar la acción. Estas barreras a su vez
se asocian de manera lineal con la productividad, con las políticas sociales
(distributivistas y redistributivistas), con la dinámica de las PYMES (que son las
generadoras netas de empleo), y con el sistema educacional. Establecidas estas
relaciones parciales de causalidad, es posible entonces trabajar con las instituciones
asociadas los factores recién anotados.
Por otro lado, y como fue ya escrito, atendido el carácter subjetivo del
desarrollo, resulta importante cuantificar, potenciar y articular los diversos capitales
intangibles que generan en definitiva el desarrollo; y por último, todo este “operativo
de desarrollo” debe ser realizado en forma endógena31, y ello tiene que ver con la
descentralización efectiva, con la capacidad regional para retener y reinvertir in situ
parte de su propio excedente, para generar sus propios impulsos de innovaciones
tecnológicas y, por supuesto, con la cultura, generadora de la indispensable identidad,
que lejos de desaparecer barrida por la globalización, se fortalece como mecanismo de
defensa a la alienación.
En cuanto a la intangibilidad del desarrollo, una cuestión que hace que muchos
economistas saquen a la luz un escepticismo crítico, hay que observar que en relación
con este tipo de concepto, como también en relación con otros, los especialistas en
gestión empresarial van, para bien de ellos y para mal de nosotros, bastante más
adelantados en la reflexión. Por ejemplo, el libro de Roos, Roos, Dragonetti y
Edvinsson (1997) sobre el capital intelectual de las empresas sería una lectura muy
recomendable para tanto estudiante y estudioso del desarrollo; ayudaría a descubrir la
importancia y el valor de lo intangible (¿por qué Microsoft tiene un valor de mercado
proporcionalmente mucho más alto que el valor de sus activos en comparación con
General Motors, por ejemplo?) en la valorización de una organización (una región, por
ejemplo)32.
30 Se podría decir que no se realiza en ese caso una operación autopoiética de construcción de membranas que distinguen y separan la
región de su entorno.
31 Para el concepto de desarrollo endógeno como el que aquí se usa, véase S. Boisier, “Desarrollo local: ¿de qué estamos hablando?",
2000/a
32 Este libro, así como otros, ilustra acerca de la vana pretensión de ser original hoy por hoy. Se cita (pág. 86) a V. Perrone, de la
Università Bocconi, el cual utiliza diferentes categorías de capital intangible (social, cultural, simbólico) idénticas a las usadas por
Boisier (1999/b), hecho que habla precisamente de una transición paradigmática à la Kuhn, al aparecer un nuevo lenguaje en forma
simultánea y no preestablecida.
83
8.-Síntesis: conocimiento al servicio de la acción
Cuanto mayor es el conocimiento, más aprendemos, pues podemos establecer
más conexiones con lo que ya sabemos y, así, más ampliamos y profundizamos nuestros
conocimientos, sostienen O´Connors y McDermott (1998, op.cit.). Se aplica
directamente este razonamiento a la cuestión del desarrollo (territorial) si se le
entiende, como fue sugerido analógicamente, como un verdadero proceso de sinapsis
colectiva, de construcción de complejos mapas mentales capaces de incluir las
múltiples relaciones sistémicas propias del desarrollo. Si se acepta este enfoque, resulta
de suyo evidente que el desarrollo es una cuestión que tiene que ver principalmente con
las personas y con las instituciones. Además, esta reflexión de los psicólogos citados
explica de una manera sencilla, al revés de las alambicadas explicaciones de los
economistas, todo el “ruido” que se ha producido en torno a los nuevos modelos de
crecimiento endógeno. Es fácil entonces entender que los factores tradicionales de
producción (tierra, capital y mano de obra) presentan rendimientos decrecientes,
mientras que el nuevo e importante factor, el conocimiento, presenta rendimientos
crecientes. En otras palabras, si los individuos son considerados como objetos de una
función de producción, como mano de obra simplemente, se entra al mundo de los
rendimientos decrecientes, en tanto que si son considerados como sujetos, como
personas humanas capaces de aprender y conocer, se traspasa la puerta a los
rendimientos crecientes. ¡Así de simple! De paso, se descubre una dimensión ética en el
crecimiento endógeno.
Dror (1994) sostiene que se requieren elites de gobierno democráticas,
comprometidas y adecuadamente preparadas para representar el futuro y los intereses
de la comunidad, y para perfeccionar el eslabonamiento entre conocimiento y poder.
Al mismo tiempo, dice que deben hacerse vigorosos esfuerzos para elevar el nivel de
entendimiento popular en relación con temas complejos. Parece claro que una
comunidad informada y sabia constituye un milieu favorable al surgimiento de varios
de los procesos acá comentados: el aprendizaje colectivo, la innovación, la
transformación en una región que aprende y que es al mismo tiempo inteligente, la
asociatividad y otros.
Como se discutió, la creación de una sinergia colectiva a partir de un
conocimiento distribuido genera, a través del consenso, el poder necesario para poner
en práctica una propuesta de desarrollo cuya audacia innovadora debe ser una función
inversa al grado de retraso del territorio en cuestión. Sabido es que en medios sociales
rezagados la innovación y el innovador aparecen siempre como un peligroso desafío al
orden establecido, que, algunos por conveniencia y otros por temor, no quisieran
modificar. Para no ser un Cristo nuevamente crucificado, el conocimiento compartido
derivado de un aprendizaje colectivo se convierte en el mejor escudo protector y en la
mejor estrategia para promover el cambio. Las conversaciones sociales constituyen la
forma democrática para generar el poder necesario basado en el conocimiento, poder
capaz de romper la inercia y superar el miedo al desarrollo. Porque, efectivamente,
muchas sociedades parecen tener miedo al desarrollo, quedan permanentemente
atadas a la falta de desarrollo, al subdesarrollo como un verdadero "atractor"33 o
como una combinatoria del subdesarrollo, como denomina Peyrefitte (1997) a una
33
Estado estable al cual tienden los sistemas.
84
situación común caracterizada por una sociedad inmóvil, una sociedad hostil a la
innovación, una sociedad fragmentada, una sociedad oscurantista, una sociedad de
economía dominada, una sociedad de penuria, una sociedad espasmódica en relación
con la confianza en sus autoridades. ¿Algún parecido con América Latina?
Sin embargo, no se trata de hacer una apología del conocimiento que pudiese
llevar las cosas a una nueva era de “iluminismo racionalista”. El conocimiento es
importante, sí lo es, y lo será cada vez más en la sociedad del conocimiento, pero no por
mucho saber se hace mejor gobierno. Un buen gobierno depende de conocer y
combinar simultáneamente la ciencia y el arte de gobernar, de manera que el saber, la
experiencia, la intuición, la ética, la comunicación, la prudencia y el amor (en el sentido
de Humberto Maturana, como la emoción implícita del reconocimiento mutuo dentro
de la cual se dan las interacciones recurrentes que configuran un sistema social)
conjugan un todo inseparable.
Tampoco se trata de crear conocimiento por el conocimiento, para la mayor
gloria de los que saben. Parece claro actualmente que el desarrollo de un territorio
cualquiera, nacional o subnacional, no lo hacen los tecnócratas ni los burócratas ni los
políticos. Lo hace la gente, las personas de carne y hueso que no levitan, que pisan la
tierra diariamente, que sienten cotidianamente que el progreso está ahí, pero que se les
escapa, en parte porque no tienen el saber necesario en el mundo de hoy, en parte,
porque no tienen el poder para cambiar las cosas y, principalmente, porque no han
descubierto que el saber y el poder colectivos no son sino las dos caras de una misma
medalla.
El lenguaje entonces vuelve a aparecer en el centro del desarrollo.
“El lenguaje es un alfabeto de símbolos
cuyo ejercicio presupone un pasado que los
interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a
los otros el infinito Aleph, que mi temerosa
memoria apenas abarca?”
Jorge Luis Borges
85
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:
89
CAPÍTULO 4
2001: LA ODISEA DEL DESARROLLO TERRITORIAL EN
AMÉRICA LATINA
LA BÚSQUEDA DEL
DESARROLLO TERRITORIAL Y DE LA DESCENTRALIZACIÓN.
SENTIDO DE UNA METÁFORA
El magnífico film de Stanley Kubrick, 2001 La Odisea del espacio, inspirado en una novela
de ciencia ficción del notable astrónomo australiano Arthur Clarke, mostraba secuencias
iniciales con profundos mensajes antropológicos. Como se recordará, una tribu de simios
trata de apoderarse de una fuente de agua, siendo rechazada violentamente por otra ya
establecida en la fuente. Derrotados y cansados, los simios de la tribu invasora se duermen,
para despertar al alba con una extraña sensación e inquietud que los lleva a darse cuenta
de la presencia de un monolito basáltico frente al cual se sienten impelidos a acercarse,
temerosamente, para tocarlo, momento sublime en el cual instantáneamente se produce lo
que podemos interpretar como un extraordinario salto sináptico en su cerebro,
transformándose a partir de ese instante, en seres inteligentes, en homo sapiens. Sinapsis y
sinergia parecen constituir parte de la clave de un desarrollo bien entendido en el
territorio, sinapsis entre un orden socio-político descentralizado y un sistema económico,
social y tecnológico territorializado y sinergia a partir de la articulación de todos sus
elementos. Colombia, por un imperativo de sobrevivencia, busca reembarcarse en la odisea
del desarrollo territorial, por fin ahora, ya en el Siglo XXI, y sinapsis y sinergia pueden ser
instrumentos importantes para la paz y el desarrollo.
1.-La ambigüedad intrínseca de la descentralización34
“Creo que la extrema centralización del poder político acaba por debilitar a la sociedad y,
a la larga, al propio gobierno. Pero no niego que una fuerza social centralizada esté
capacitada para ejecutar fácilmente, en tiempos y lugares dados, grandes empresas”.
Alexis de Tocqueville, La democracia en América.
Es muy certera la reflexión del abogado, diplomático y político francés del Siglo
XIX a quién muchos consideran el padre de la descentralización occidental si se
entiende que el par centralización/descentralización no configura un par estrictamente
dicotómico sino más bien uno en el cual sus polos representan los extremos de un arco
34
Un interesante enfoque colombiano, similar en varios aspectos al aquí presentado se encuentra en el trabajo de
Pilar Gaitán Pavía (1992) “Los equívocos de la descentralización”.
90
de situaciones en que cada posible punto intermedio es una combinación de ellos que
responde a un determinado contexto histórico y que es funcional a ese contexto y no a
otros. Como lo afirma Work (2001:30) “La descentralización no es una alternativa a la
centralización”.
Si se comparte la afirmación anterior se daría un gran paso hacia la
desmitificación del proyecto descentralizador: ni pensamiento voluntarista como se
suele calificarlo desde una izquierda anclada en el pasado ni deus ex machina de la
democracia y del desarrollo, como se le presenta desde el otro extremo ideológico. La
combinación o proporción áurea de centralización y descentralización depende del
alcance del siempre cambiante contrato social entre el Estado y la sociedad civil,
contrato social, dígase de paso, extremadamente feble en América Latina por debilidad
congénita de uno de los firmantes, la sociedad civil.
La descentralización es un concepto tanto teleológico como instrumental. Es fin
y medio simultáneamente y ello ha contribuido a un cierto nivel de confusión
conceptual en el debate descentralizador (Boisier, 1991).
En particular y bajo el frondoso árbol político del liberalismo, específicamente
en la corriente ideológica originada en la matriz doctrinaria del humanismo cristiano
(del catolicismo social como se le denominaba décadas atrás), la descentralización
societal representa la aplicación en la práctica del principio político de subsidiaridad,
de acuerdo al cual cada organización social es competente para intervenir sobre su
propio ámbito (funcional o territorial) transfiriendo “hacia arriba” sólo aquello que el
bien común o la tecnología establezca como responsabilidad del ente mayor.
Entiéndase, en este marco, la subsidiaridad como indisolublemente apareada con el
principio moral de solidaridad también tanto en el plano funcional como territorial. La
subsidiaridad envuelve el reconocimiento del ser humano como persona humana en su
doble condición de individualidad y sociabilidad, es decir como sujeto de su propio
destino logrado siempre en asociación con otros; se es persona humana sólo entre
personas humanas. La solidaridad, a su turno, es una expresión práctica del amor, en el
amplio sentido en que Humberto Maturana emplea este concepto, basado en el
reconocimiento, entendimiento y cooperación con “el otro”.
El entender la descentralización tanto como una cuestión instrumental así como
finalista permite explicar su carácter a veces inasible, su conversión en bandera de
gobierno (que privilegia su dimensión instrumental) como de oposición (privilegiando
su dimensión finalista), rara vez aceptada en su dualidad (medio y fin al mismo
tiempo). En verdad la descentralización, por lo menos entre nosotros en América
Latina, se presenta como un concepto de elevada ambigüedad cotidiana ya que es
frecuente que se hable indistintamente de descentralización o de desconcentración,
incluso, a veces, se confunde la mera deslocalización (el cambio de ubicación geográfica
de un ente) con la descentralización, tal como se podía apreciar en Chile en relación al
traslado del Congreso Nacional desde Santiago a Valparaíso.
Debe ser claro que aún cuando los procesos de desconcentración y
descentralización se encuentren frecuentemente en un mismo continuo, el primero de
ellos alude a una cesión de capacidad de decisión desde un nivel jerárquico dado a otro
91
inferior dentro del mismo organismo, tratándose en consecuencia de una cuestión
interna que no requiere sino la voluntad del nivel jerárquico superior; el segundo, la
descentralización, supone la creación de un ente distinto de aquél del cual se va a
transferir capacidad decisoria y ello a su vez supone la concesión de personalidad
jurídica propia, de recursos y de normas propias de funcionamiento.
Puede agregarse todavía, ya en el terreno propio de procesos de
descentralización, que éstos pueden dar origen a tres modalidades “puras” de
descentralización: i)funcional, cuando se crea un ente con personalidad jurídica,
normas y presupuesto propio, estando su accionar limitado a una función, actividad o
sector, por ejemplo, una empresa pública generadora de energía eléctrica; ii)
territorial, cuando se crea un ente con las características señaladas, de alcance
multisectorial, pero cuya actuación se restringe a un espacio político/administrativo
definido, como por ejemplo, un gobierno regional; iii) política, cuando cumplidos los
requisitos básicos, la generación del ente deriva de procesos electorales populares,
secretos e informados, como puede ser, por ejemplo, una Gobernación Departamental
en Colombia. De mayor interés en esta ocasión resulta referirse a las modalidades
“mixtas” que se pueden concebir al combinar por pares las tres anteriores y de entre
ellas la combinación de una descentralización simultáneamente territorial y política
(un gobierno regional electo) es la de máximo interés, siendo al mismo tiempo una
sentida aspiración en los países de régimen político unitario. Por cierto, clasificaciones
como la anterior son casi tantas como autores (Cheema y Rondinelli, 1983; Finot, 2001,
entre otros).
Otra cuestión a mi juicio de la mayor importancia conceptual es la siguiente. En
gran parte del debate cotidiano la descentralización es entendida fundamentalmente
como una reforma de la administración pública, lo que en verdad en la práctica vendrá
a ser simplemente una desconcentración, incluso territorial, del aparato tecnoburocrático de gobierno; en otros casos la discusión sube de nivel y se interpreta la
descentralización como una reforma del Estado, envolviendo en este caso un cambio
estructural en la articulación del Estado con la sociedad civil y en la distribución
espacial del poder, como lo fue en su momento, la puesta en práctica de la Ley
Orgánica de Gobierno y Administración Regional (LOCGAR 19.175 de 1992) de
Chile; pocas veces el debate alcanza el verdadero nivel en que hay que plantear esta
cuestión, es decir, como un cambio estructural societal, que como tal involucra a todo
el tejido político y social de una nación, un nuevo contrato social. De nuevo, Work
(op.cit.:30) dice: “La descentralización es mucho más que una reforma del sector público,
de la administración o del funcionalismo. Envuelve el papel y las relaciones de todos los
actores societales, sean gubernamentales, del sector privado o de la sociedad civil”.
En los dos casos últimos es clara la naturaleza política de la descentralización ya
que se trata de una modificación en el patrón de distribución del poder, el recurso
colectivo por antonomasia. Por ello tiene razón el constitucionalista venezolano Allan
Brewer-Carías (1998) al sostener con energía el carácter político del proceso, saliendo
al paso de quienes, por distintas razones, ven sólo la dimensión administrativa. Parte
de este problema se explica porque en algunos casos son las propias leyes
fundamentales las que en su articulado hablan de regímenes unitarios con
92
descentralización administrativa que la ley regulará, como sucede precisamente en la
Constitución de Chile y en la de Venezuela.
Inescapable resulta también una breve referencia a la relación entre
descentralización y democracia, relación preñada de ambigüedad. En 1989 la ahora
extinta Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) de Venezuela
publicaba un libro titulado precisamente La descentralización. Una oportunidad para la
democracia (COPRE, 1989), al tiempo que en las postrimerías del régimen militar en
Chile, en ese mismo año, afirmábamos precisamente lo inverso al sostener en un
artículo de prensa publicado por el diario EL SUR (Concepción, Chile, 1989) que la
democracia era una oportunidad para la descentralización. Ambos títulos son
igualmente verdaderos. Quizás si ahora ellos pudiesen plasmarse en Colombia y en el
Perú.
Es casi evidente que una democracia madura supone una amplia distribución
social del poder político, o sea, supone una descentralización, pero es un error común
asignar causalidades unidireccionales, como si un proceso necesariamente generase
linealmente el otro, desconociéndose el carácter recursivo de ambos. Desde luego, en
términos territoriales la transferencia de poder a regiones por ejemplo, puede resultar
completamente anti democrática si en tales regiones no existe un receptor socialmente
adecuado, en cuyo caso el poder transferido sólo reforzaría estructuras oligárquicas y
clientelísticas. De nuevo, una relación entre descentralización y democracia debe ser
puesta en su contexto histórico porque en no pocos casos la centralización ha sido un
requisito para, precisamente, dar paso posterior a una democracia descentralizada, si
la centralización previa tuvo por propósito consolidar la construcción de un
Estado/Nación, como podría ser el caso de Francia en Europa y de Chile en América
Latina. . Como lo afirmaba desde la Presidencia de Francia F. Mitterrand, “Francia ha
tenido necesidad de un poder fuerte y centralizado para hacerse. Ella necesita, hoy día,
un poder descentralizado para no deshacerse” (DATAR,2000:17).
Un demócrata incuestionable como Brewer-Carías (op.cit.: 273) dice
refiriéndose al período inmediato a la caída de Pérez Jiménez: “La democracia no
habría durado una semana, fue necesario implantar la democracia con un sistema
centralizado, de manera que el centralismo per se no es malo, fue el instrumento que
afianzó la democracia...”.
Lo único claro en esta materia es que la descentralización bien entendida es
incompatible con regímenes autoritarios, sean de izquierda o de derecha. Ello porque
la descentralización significa competir por espacios políticos, con la posibilidad
previsible que la competencia sea ganada por sectores opositores al gobierno
autoritario, produciéndose una incoherencia lógica inadmisible a priori y a posteriori.
Quizás debido a ello es que el General Pinochet acostumbraba a decir durante su
gobierno que “la administración se descentraliza, el poder jamás”. ¡A confesión de
partes, relevo de pruebas!
Imposible dejar de mencionar la confusión, intencionadamente propalada por
los centralistas a ultranza, entre descentralización político/territorial y federalismo,
una cuestión que es agitada de tanto en cuando en Chile aludiendo al supuesto peligro
93
que para la concepción del Estado unitario significaría hacer de las regiones entes
tanto territorial como políticamente descentralizados en virtud de llegarse, por esa vía
se dice, a un sistema federal “ajeno por completo a nuestras tradiciones” (como si en el
Siglo XIX no se hubiera propuesto y ensayado una Constitución Federal en 1826). El
unitarismo se muestra como un modelo sacrosanto y el federalismo se presenta como
una perversa contrapartida. De nada sirve dar unas cuantas lecciones sobre sistemas
confederados, federados y unitarios y menos aún, mostrar los varios ejemplos de países
que se declaran como constitucionalmente unitarios y territorial y políticamente
descentralizados al mismo tiempo, como Italia, España y Bélgica en Europa o como
Colombia en América Latina.
2.-El centralismo como fenómeno dependiente de la trayectoria35
América Latina posee una “cultura centralista” en la expresión de Véliz (1984)
como resultado, según este autor, del hecho de no haber existido en América Latina
cuatro grandes fenómenos sociales europeos: ni un cambio social como el provocado
por la Revolución Industrial, ni un cambio político como el provocado por la
Revolución Francesa, ni un cambio religioso como el provocado por la Reforma ni,
finalmente, un sistema de reparto territorial del poder tal como el feudalismo. La
ausencia de tales estructuras y procesos aunada a la modalidad de la conquista ibérica
habría representado el caldode cultivo del actual centralismo latinoamericano. En tal
marco general hay amplio espacio para la diferenciación entre países.
A esta tesis hay que agregar un elemento a mi juicio central, por lo menos en los
países de la vertiente andina. Me refiero al régimen de inquilinaje campesino, heredero
de la encomienda española. Tal régimen, con no pocas características de la
servidumbre de la gleba, sometió a la mayoría de la población hasta bien entrado el
Siglo XX a un tipo de relación laboral rural tremendamente dependiente de la sujeción
servil del inquilino al dueño de la hacienda, al punto de crear, en el imaginario
campesino, la figura del padre-patrón, dueño de la hacienda, empleador, pagador y
también proveedor de servicios (religiosos, comerciales, de salud, de educación).
Cuando este régimen se quiebra y ya en el tercer decenio del Siglo XX se inicia el
intenso y sostenido proceso de migración rural-urbana derivado de la industrialización
incipiente, éste no se acompaña de un paralelo proceso de educación cívica, que
debería haber enseñado cómo enfrentar una vida urbana e industrial.
Puedo imaginar entonces a un campesino perdido en la capital, parado en la
plaza frente al Palacio de Gobierno, el Palacio de Nariño en este caso, mirando sin ver
y preguntándose en su soledad ¿dónde está mi padre-patrón? Puedo ver también que
en ese momento se abre una ventana en Palacio apareciendo un burócrata, que
observa al campesino concluyendo que precisamente ahí su buena suerte le ha
colocado al frente un “cliente” que lo ayudará a consolidar su clase emergente. Lo
llama y le dice: yo soy ahora tu padre-patrón, sólo que me llamarás padre-Estado,
35
La expresión “dependiente de la trayectoria” es una adaptación del término inglés “path
dependence” muy utilizado en los estudios sobre capital social y se refiere a la construcción
histórica de ciertos procesos. En tal caso estos procesos se incrustan en la cultura. Véase
Granovetter, 1973.
94
porque soy dueño del país. Así, limpiamente, la mentalidad dependiente rural dará
paso, sin solución de continuidad, a la mentalidad dependiente urbana, por ausencia de
un proceso de socialización. Me parece obvio que la mentalidad dependiente desea
carnalmente al centralismo y a la inversa. Hay una concupiscencia mutua.
Transformado entonces el centralismo en un fenómeno históricamente
construido es fácil concordar en que ahora nos enfrentamos con una cuestión cultural,
de difícil remoción. Tal vez por ello el ex Presidente de Chile, Eduardo Frei R-T, citaba
en su libro Ideas para el diálogo democrático precisamente a este autor: “El destino del
proyecto descentralizador en América Latina está condicionado al reconocimiento del
carácter cultural de la centralización y, por tanto, al carácter cultural de su
contrapartida: la descentralización. Esta presupone un cambio cultural, una
modificación del patrón de alteridad tan propio de nuestra población (siempre
buscamos a otro, al “alter”, para que nos resuelva nuestros problemas) y ello significa
[asumir] un modelo de comportamiento individual y social basado en la
autoresponsabilidad y en la subsidiaridad. Pero no se cambia una cultura por decreto,
sino por enseñanza y vivencia desde la infancia. Desde la escuela primaria hay que
enseñar a “vivir descentralizadamente” porque simplemente
ello es desconocido en América Latina” (Frei R-T, E., 1996:248).
La descentralización se puede crear por decreto o por ley, en sus aspectos
formales, pero no se puede sacar de la cabeza de la gente el centralismo mediante
idéntico mecanismo. Hay pues, una gran asimetría entre ambos desde el punto de vista
de su construcción/deconstrucción.
3.-La dinámica de la descentralización
La megatendencia descentralizadora no se explica a sí misma, ella es causada o
empujada por otras cuatro fuerzas primarias que deben ser develadas para entender
la naturaleza misma de la descentralización.
En primer lugar, la descentralización es empujada por la Revolución Científica
y Tecnológica (RCT) la que, operando principalmente mediante la microelectrónica
(que ya da paso a la nanoelectrónica), modifica profundamente el modo de producción
industrial manufacturera, los sistemas de comunicaciones y, los sistemas de transporte.
Todos estos cambios se potencian entre sí para crear un ambiente más favorable (a
veces imprescindible) para la introducción de sistemas decisorios descentralizados.
En relación a la producción industrial es suficiente observar el impacto sintético
más importante de la RCT sobre ella: la actual posibilidad de segmentar un proceso
manufacturero (anteriormente considerado como una unidad linealmente
estructurada) tanto en términos funcionales (dando lugar a varios sub-procesos) como
territoriales (dispersando las fábricas en lugares discontinuos del globo)36 . Se
36
Los ejemplos empíricos sobran: la fabricación del automóvil Ford Escort en Europa (16 lugares
diferentes para elaborar partes y componentes), la fabricación del avión AIRBUS (seis lugares), etc.
Obsérvese la notable recuperación, a la luz de la RCT, de la antigua tecnología suiza de fabricación
de relojes, completamente horizontal y en red, si bien a una escala micro.
95
configura el paso de la empresa individual y localizada en un punto a un conglomerado
en red con localización múltiple. Es claro que en tal esquema de funcionamiento
horizontal, los responsables de cada planta deben necesariamente disponer de un
amplio espacio de autonomía decisoria fin de ajustarse a la velocidad de la
globalización y por tanto será necesario introducir esquemas descentralizados en el
sistema de toma de decisiones del conglomerado37 .
En relación a las comunicaciones, es obvio comentar que la RCT ha producido
una reducción brutal en el costo de transmisión de datos e imágenes, transformado el
“costo de la fricción del espacio”, la antigua expresión de Walter Isard, en una
nimiedad y por tanto reduciendo significativamente la necesidad de integración
vertical y centralización asociada a los mecanismos cara a cara de toma de decisiones.
Estar lejos o cerca ha perdido relevancia en la actual geografía económica y si estar
lejos significa el beneficio de reducción de costos laborales u otros, entonces la
descentralización viabilizada por la tecnología es extremadamente útil.
De un modo similar, la RCT ha modificado en profundidad los sistemas de
transporte, reduciendo costos, haciendo irrelevante la distancia geográfica en muchos
aspectos. En el transporte marítimo la introducción del contenedor, de los sistemas de
roll-on-roll-off, la integración inter-modal y las reformas laborales portuarias han
bajado considerablemente los costos, en tanto que en el transporte aéreo los aviones de
fuselaje ancho, los motores más eficientes y los sistemas ILS de aterrizaje y despegue
han provocado efectos similares y en el transporte ferroviario las nuevas tecnologías de
trenes de alta velocidad (TGV, AVE, Shinkansen, etc.) apuntan en la misma dirección,
sin mencionar siquiera a la tendencia a reemplazar el desplazamiento de materiales
por el de información. Todos estos procesos, al reducir el costo de la distancia,
facilitan el descentramiento de actividades y la descentralización.
En segundo lugar, la descentralización es empujada por la reforma del Estado,
al menos en América Latina. Recuperada la democracia formal en toda América
Latina a comienzos de los noventa, se ha tratado de no reimplantar el viejo estilo de
ella reemplazándolo por un nuevo estilo que apuesta a la sociedad civil como el nuevo y
multitudinario agente conductor del proceso permanente de cambio. Somos todos
nosotros y no ya un agente único (Estado, Partido, Iglesia, Ejército, Proletariado, etc.)
quien conduce este proceso y para que ello sea posible hay que devolver a las
instituciones de la sociedad civil (todos nosotros) su autonomía históricamente perdida
(a manos del Estado principalmente) y ello equivale a la descentralización societal. Por
tanto hay encima de la mesa social una oferta descentralizadora.
En tercer lugar la descentralización se alimenta de una creciente demanda
autonómica por parte de organizaciones de la misma sociedad civil, especialmente
organizaciones de base territorial. Tal demanda incluso puede transformarse en una
patología disolvente del propio Estado nacional, pero el hecho es que estas
37
Confunde a muchos especialistas el hecho de que esta descentralización se da la mano con otros
procesos dentro del mismo conglomerado: descentramiento (desplazamiento territorial) de la
cadena de valor y concentración y centralización de ciertos segmentos estratégicos de esa misma
cadena.
96
organizaciones creen, legítimamente, haber alcanzado una mayoría de edad y no están
dispuestas a seguir aceptando que “otros” tomen decisiones que están dentro de su
ámbito de control. Por tanto en la mesa social hay también unademanda
descentralizadora. Un punto a elucidar es precisamente el cruce de ambas “curvas”, la
de oferta y la de demanda.
En cuarto lugar, la descentralización es reforzada en cierta manera por las
tendencias privatizadoras vigentes. Hay que ser cuidadoso al explicar este aspecto, que
en el fondo es muy simple. Si el acto privatizador permite el surgimiento de un nuevo
sujeto decisor independiente en el sistema o país en cuestión, por ejemplo, un
inversionista extranjero que no estaba presente o una agrupación civil formada de
manera ad-hoc para estos efectos, el resultado es una ampliación del número de
decisores independientes presentes en el sistema y ello, desde el punto de vista estricto
de la teoría económica, significa ampliar la descentralización38 . Si el acto privatizador
no genera esta situación, la privatización probablemente sólo contribuye a aumentar la
concentración de activos y su efecto descentralizador resulta impredecible. Obsérvese
de paso la asociación lógica que surge entre neo-liberalismo (o el Consenso de
Washington) y descentralización. ¿Algún parecido con los procesos actuales en
América Latina?
Finalmente hay que agregar otra fuerza detrás de la descentralización y que
tiene que ver con la lógica de la globalización: no se puede ser competitivo en el mundo
actual con estructuras centralizadas porque no poseen la velocidad requerida ahora.
En otras palabras, la apertura externa de la globalización obliga forzosamente a una
apertura interna de carácter político (Boisier, 1996).
4.-Descentralización y territorio: una intersección para potenciar el desarrollo, la paz y
la democracia
Por una variedad de razones los gobiernos nacionales, normalmente altamente
centralizados, sean federales o unitarios, están transfiriendo diversas funciones (y en
menor medida los recursos necesarios) a una multiplicidad de gobiernos subnacionales- regionales, provinciales y sobre todo municipales-- bajo un imperativo que
parece ser: ahora ocúpese usted de hacer gobierno en su jurisdicción, transferencia que
encuentra en principio una alegre recepción en las propias entidades territoriales, que
ahora demandan mayor autonomía, como fue señalado. Oferta y demanda se cruzan
en el territorio y en la función. Hay que agregar que la expresión “hacer gobierno”
resulta ahora casi un sinónimo de “hacer desarrollo”.
También por otra variedad de razones los territorios están siendo revalorizados
en la globalización (Boisier, 2001; Morgan, 2001; OECD, 2001) al punto de convertirse
paulatinamente en los nuevos actores de la competencia internacional por capital, por
tecnología y por mercados, como tan claramente se observa en la Unión Europea. Es
claro que para poder competir con posibilidades de terminar en una posición
38
Como cualquier economista sabe, el mercado perfecto de los textos es totalmente
descentralizado.
97
“ganadora”, los territorios organizados, cualquiera sea su denominación políticoadministrativa, requieren de una autonomía impensable en el pasado reciente,
autonomía sólo concebible en el marco de un proyecto nacional descentralizador.
La cuestión central radica en que el cruce de la oferta y de la demanda de
descentralización territorial se realiza precisamente en un punto de encuentro en el
cual confluyen, por un lado, el cambio en las funciones de regulación del gobierno
nacional, en el sentido de reservarse éste de ahora en adelante sólo las funciones más
estrictamente nacionales (política monetaria, fiscal, comercial, marco de competencia,
transparencia, etc.) entregando, como se señaló, la función de fomentar el crecimiento
y el desarrollo a entes territoriales y por otro, la percepción de los territorios (regiones,
provincias, comunas) de ser ellos los responsables de activar los varios mecanismos que
operan actualmente como factores causales de su propio crecimiento y de su
desarrollo, y de su posicionamiento en la globalización. Los territorios deben asumir
un cúmulo de responsabilidades sobre las cuales no tienen generalmente una
acumulación de prácticas históricas, en parte debido a la rapidez del cambio en la
sociedad actual. Esta constatación coloca, en el contexto de la actual sociedad del
conocimiento, la cuestión del conocimiento en el cruce mismo de la descentralización y
del desarrollo territorial.
Surge entonces una tesis de enormes repercusiones: la gestión territorial
conducente a provocar un mejoramiento en la calidad de vida de la gente, a una
disminución de las diferencias en esa misma calidad de vida entre grupos poblacionales
localizados en distintas partes del país, a intentar colocar al territorio en cuestión en
una posición “ganadora” 39 —todo lo cual presupone una descentralización efectiva—
exige realmente crear un marco cognitivo nuevo, ya que el conocimiento que sobre
estas cuestiones pudiese haberse creado en el pasado, no sirve ni en el presente ni
menos a futuro, por obsolescencia40.
Sostengo que este nuevo marco cognitivo, indispensable para respaldar una
acción con probabilidad de éxito, incluye dos formas cognitivas: un conocimiento
estructural, capaz de enseñarnos que todo territorio organizado es simultáneamente un
sistema, que es un sistema considerablemente abierto, y que es un sistema complejo en
el sentido del paradigma de la complejidad; y un conocimiento funcional que nos
permita descubrir y entender la causalidad y la dinámica contemporánea de los dos
procesos de cambio social más importantes para todo territorio, el crecimiento
económico y el desarrollo societal. Ello lleva a investigar cómo se articula un territorio
con los procesos globales que están en marcha en el mundo (el nuevo entorno) y a
39
Reducir las disparidades territoriales ex-ante tiene que ver con la equidad y con la libertad en un
sentido amplio. La característica de “ganador” o “perdedor” de los territorios en el juego globalizador
es mucho más compleja que una mera posición estadística.
40
En varios de nuestros países (Bolivia, Colombia, Chile, Perú) aprendimos durante los años
sesenta bastante acerca de las estrategias de polos de crecimiento, derivando el conocimiento de
prácticas exitosas o fracasadas. ¿Se atrevería alguien a aplicar esta receta de industrialización en el
contexto actual? Quedamos con un conocimiento obsoleto en nuestro maletín de trabajo.
98
descubrir las causalidades contemporáneas del crecimiento y del desarrollo (el nuevo
interno). La gráfica 1 ilustra esta primera propuesta.
Hay que observar la magnitud de la tarea propuesta ya que no se trata sólo de
declarar, por ejemplo en un documento que sea una propuesta de desarrollo de un
territorio, que efectivamente se tiene entre manos una cuestión sistémica, abierta y
compleja. Se trata de comprender el significado que estos conceptos tienen para la
acción en el Departamento de Antioquia en concreto y ello supone un verdadero
reentrenamiento mental y un cambio paradigmático imbricado en el propio sistema
educacional.
Si se razona ahora en relación a la segunda columna de la gráfica 1, es decir, en
relación al conocimiento funcional, es preciso comenzar por conocer la estructura del
nuevo entorno, configurado como se dijo, por una serie de procesos mundiales
vinculados a la globalización. Este nuevo entorno para cualquier región se construye
diariamente a partir de la configuración de tres nuevos escenarios: contextual
(relacionado con los procesos de apertura comercial externa y apertura política
interna), estratégico (vinculado al surgimiento de una nueva geografía altamente
virtual y a nuevas modalidades de gestión territorial) y político (modernización del
Estado y reinvención de los gobiernos territoriales).
El nuevo interno busca responder, como se indicó, a preguntas que cuestionan
acerca de cuáles son los factores que en la contemporaneidad, determinan los procesos
de crecimiento económico y de desarrollo en un territorio.
GRÁFICA 1
TIPOS DE CONOCIMIENTO PARA LA ACCIÓN TERRITORIAL
CONOCIMIENTO ESTRUCTURAL
DEBEMOS ENTENDER QUE TODA
REGIÓN ES UN SISTEMA, QUE ES
ADEMÁS UN SISTEMA ABIERTO Y
QUE POR AÑADIDURA ES UN
SISTEMA COMPLEJO.
ESTO SIGNIFICA QUE SE REQUIEREN
VERDADEROS CAMBIOS MENTALES
PARA ANALIZAR Y PARA
INTERVENIR EN UNA REGIÓN.
TENEMOS QUE APRENDER ANÁLISIS
DE
SISTEMAS Y TENEMOS QUE PENSAR
EN TÉRMINOS DEL PARADIGMA DE
LA COMPLEJIDAD.
CONOCIMIENTO FUNCIONAL
TENEMOS QUE ENTENDER CUÁL ES
LA
ESTRUCTURA ACTUAL (EN LA
GLOBALIZACIÓN) DE LOS
PROCESOS DE CAMBIO EN EL
TERRITORIO.
HAY QUE CONOCER EL NUEVO
ENTORNO (CÓMO SE INSERTA UNA
REGIÓN EN SU MEDIO EXTERNO) Y
EL NUEVO INTERNO (CUÁLES SON
HOY LOS FACTORES CAUSALES DEL
CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DEL
DESARROLLO SOCIETAL). SIENDO
EL PRIMERO EXÓGENO Y EL
SEGUNDO ENDÓGENO, HAY QUE
TOMAR NOTA DE LOS CAMBIOS
REQUERIDOS EN HACER GOBIERNO.
99
El crecimiento económico territorial depende actualmente de la forma como
opera una matriz de seis factores: la acumulación de capital, la acumulación de
conocimiento (progreso técnico), la acumulación de capital humano41, el “proyecto
nacional” y su componente territorial (que asigna papeles estratégicos a cada territorio
afectando su sendero de crecimiento a largo plazo), el cuadro de la política económica
nacional global y sectorial que “premia y castiga” implícita y diferenciadamente el
crecimiento de cada territorio, y la demanda externa (exportaciones más gasto de no
residentes). Cuando estos seis factores se miran desde el punto de vista de los agentes
que operan “detrás” de ellos mediante sus decisiones, se concluye que el crecimiento
económico territorial es altamente exógeno, los actores se encuentran normalmente
fuera de él y por tanto el gobierno territorial no puede controlarlos; a lo sumo puede
influenciar sus decisiones, algo directamente dependiente de su capacidad de
negociación (parcialmente basada en el conocimiento) y de su capacidad de promoción
(también apoyada en el conocimiento).
El desarrollo societal por su lado presenta cuestiones de mucho mayor
complejidad. Para empezar, ha cambiado por completo nuestra concepción del
desarrollo, desde su inicio como un concepto prácticamente sinónimo del crecimiento
hasta su interpretación actual, como un proceso y un estado intangible, subjetivo,
constructivista, vinculado a la posibilidad de crear en cada lugar y momento un clima,
un contexto, una situación o como se quiera llamar, capaz de potenciar la
transformación del ser humano en persona humana, en su individualidad y
sociabilidad y en su capacidad permanente de conocer, saber y amar42.
A partir de esta re-conceptualización centrada en la persona humana y en su
dignidad como tal (y ello se relaciona con la superación del hambre, del desempleo y de
la discriminación, en la versión inicial de Dudley Seers), la búsqueda de los factores
causales del desarrollo se ha reorientado hacia un conjunto de ellos, mucho más de
carácter intangible que material43.
Es claro que el desarrollo, aún concebido como un“producto” intangible, no
puede independizarse por completo de la expansión permanente de una base material
(crecimiento), pero hay que rechazar cualquier tipo de causalidad lineal, jerárquica,
entre ambos, en particular debe rechazarse la receta neo-liberal: primero crecer y
luego desarrollarse. Creo que no conocemos todavía laarticulación exacta entre
crecimiento y desarrollo y es posible que ella sea de alta complejidad, tal vez como un
“rizo” matemático y podría ser factible que al mismo tiempo su articulación en el
41
Estos son los factores presentes en la moderna teoría del crecimiento endógeno basado en los
rendimientos crecientes a escala.
42
Son muchos los nombres que han tenido responsabilidad en esta transformación: Lebret, Seers,
Furtado, Hirschman, Sen, Maturana, Gali, y tantos otros.
43
Recursos morales (Hirschman), activos relacionales (Storper, Camagni), capitales intangibles
(Boisier), etc.
100
tiempo esté descrita por dos cadenas sinoidales entrelazadas, como el ADN, sugiriendo
que a veces el crecimiento precede al desarrollo y a veces sucede lo contrario.
También se comienza a entender que desatar un proceso de verdadero
desarrollo, no sólo de mero crecimiento, presupone una actitud mental colectiva
positiva, lo que Hirschman llamó decenios atrás “las ganas de desarrollarse” y es
cierto, comunidades que sufren de una verdadera depresión, de una anomia colectiva à
la Durkheim, generan espirales regresivos de tipo económico (en vez de círculos
virtuosos) que imposibilitan el desarrollo44. Como lo dicen los publicistas “pensar
positivo” es parte de la fórmula del éxito. En términos de teoría de sistemas, estamos
hablando de fenómenos de pro-alimentación de refuerzo, vulgo profesías autocumplidas.
Pero lo más importante tiene que ver con el concepto de capital intangible.
Admitido como se dijo, el carácter intangible del desarrollo (como el logro de un
ambiente que potencia la transformación de los seres humanos en personas humanas,
se recordará), se atiene a la lógica sostener que entonces sus factores causales serán de
igual dimensión, es decir, intangibles y subjetivos. Como se puede mostrar que en casi
cualquier territorio organizado existe un amplio conjunto de tales factores y como ellos
pueden ser sometidos a un ejercicio taxonómico que entregue categorías relativamente
homogéneas en su interior, ellas son llamadas “capitales intangibles”. Boisier (1999) ha
trabajado diez categorías: capital cognitivo, simbólico, cultural, social, cívico,
institucional, psicosocial, humano, y mediático. Estas variadas formas son o deben ser
articuladas con fuerza y direccionadas mediante el uso del capital sinergético45 de
manera de introducir un alto nivel de complejidad y sinergia en el sistema, prerequisito del desarrollo. En términos operacionales se introduce acá la noción y la
práctica de un proyecto político para ejecutar esta tarea46.
Por último, se apunta a la necesidad de endogeneizar los procesos de cambio
(crecimiento y desarrollo) en el territorio. En relación al crecimiento económico, ya
descrito como altamente exógeno, es imprescindible intentar introducir un cierto grado
de endogeneidad, alcanzable mediante la negociación y la promoción; en relación a los
capitales intangibles y al propio desarrollo, su carácter intrínsecamente endógeno debe
ser potenciado permanentemente. Como se dice en la propuesta estratégica de la
Provincia del Neuquen en Argentina--NEUQUEN 2020-- “...si el desarrollo es un
producto de la propia comunidad, no serán otros, sino sus miembros quienes lo
construyan” (COPADE, 1997).
El concepto de endogeneidad (Boisier, 2000; Vázquez-Barquero, 2001, entre
otros), muy a la moda en círculos académicos, hay que entenderlo como desplegado en
44
No en balde durante el año 2001 en Chile se habló mucho acerca de una “recesión psicológica”
que parece afectar al país.
45
Una extensa discusión acerca de estos conceptos se encuentra en casi todos los últimos trabajos
del autor.
46
Es interesante examinar en este sentido el Plan de Desarrollo de Antioquia (Una Antioquia Nueva:
2001-2003) en el punto 1.2 denominado justamente “Capitales alternativos”, para descubrir un
enfoque semejante.
101
cuatro planos sociales que se intersectan. En primer lugar, la endogeneidad debe
entenderse como una creciente capacidad territorial para optar por estilos de
desarrollo propios y para poner en uso instrumentos de política adecuados a tales
estilos47; como es claro, este plano de endogeneidad se asocia estrechamente a la
descentralización. En segundo, la endogeneidad se entiende como una capacidad del
territorio para apropiarse de una parte creciente del excedente económico generado
allí para ser reinvertido in situ (a fin de dar soporte temporal a un crecimiento basado
en una matriz productiva más y más diversificada); nuevamente esta capacidad es una
función directa del nivel de descentralización radicado en el territorio48 . En tercer
lugar, la endogeneidad dice relación con la capacidad del territorio para generar sus
propios impulsos de cambio tecnológico, capaces de modificar cualitativamente su
funcionamiento, un asunto asociado a la capacidad para establecer y poner en
funcionamiento un sistema local de & T. En cuarto lugar la endogeneidad sólo es
posible en el marco de una cultura productora de identidad territorial, a partir de la
cual los activos intangibles49 potencian la competitividad territorial.
No cabe duda alguna: en la sociedad del conocimiento cambia o debe cambiar
radicalmente la forma en que un territorio se plantea e interviene sus propios procesos
de cambio —crecimiento y desarrollo— y ello va de la mano con una imprescindible
descentralización, cuya naturaleza y alcance exactos dependen más de la casuística que
de normas generales.
5.-Modernizar la gestión social del territorio sin caer en un academicismo estéril
En la sociedad del conocimiento, lo más importante es...¡el conocimiento! Como
lo sostiene Dror (1996:123) “...deben hacerse vigorosos esfuerzos para elevar el nivel de
entendimiento popular en relación a temas complejos” y no hay tema social más
complejo e importante que el propio desarrollo. También Stiglitz (2000:103) señala que
“El éxito de una economía basada en el conocimiento también requerirá de una
ciudadanía altamente educada con fuertes habilidades cognitivas y de una efectiva red
descentralizada de comunicaciones...”.
Ambos autores se refieren en definitiva a los necesarios cambios en los modelos
mentales con los que trabajan los “operadores del desarrollo”, desde los agentes
sociales de base hasta las más altas autoridades políticas, y ello apunta a un “saber”
actualizado.
Pero no se trata de transformar a los agentes de desarrollo en académicos,
poseedores de un conocimiento acabado y altamente abstracto, aunque la teoría, bien
entendida, sólo puede favorecer la eficiencia de la acción. Tampoco se trata de caer
47
Me parece importante subrayar que la mayoría de las regiones debieran mostrar posibilidades
de desarrollo que se distingan del estilo del país. No se puede pensar en desarrollos miméticos
reducidos a escala, pero no se me escapa el conflicto político que ello puede provocar, el que hay
que canalizar positivamente.
48
Es el territorio quien debe apropiarse del excedente, no importa si lo hace a través del sector público, por la vía tributaria o
del sector privado por la vía de utilidades no distribuidas, o una combinación de ambas formas..
49
Concepto algo diferente a “capitales intangibles”. Los activos intangibles, marcas, derechos de
propiedad, denominaciones de origen, calidad organizacional, y otros son discutidos en Morgan
(op.cit.).
102
nuevamente, como sucedió notablemente en los años sesenta, en la ilusión del
racionalismo iluminista a ultranza, porque hacer gobierno, y de eso se trata, no
depende sólo de un adecuado conocimiento, sino de su adecuada combinación con el
arte de la política.
¿Cuánto conocimiento es necesario? La respuesta es en principio sencilla. Se
requiere sólo del conocimiento pertinente, es decir, de una cantidad de conocimiento
capaz, como ya fue indicado, de permitir el surgimiento del pensamiento complejo y
contemporáneo en el análisis y en la acción en materia de cambio territorial.
Claramente surge ahora una cuestión praxeológica, es decir, ¿cómo se socializa
un conocimiento pertinente? Mi sugerencia basada en mi experiencia apunta a la
utilización del constructivismo lingüístico, es decir, el uso sistemático de la palabra y del
discurso para simultáneamente crear sujetos y realidades hasta generar una sinergia
cognitiva50, que de paso al consenso y mediante él, al poder político, insumo
indispensable para sacar la propuesta del “gabinete de las utopías”. Esto debe
organizarse mediante el establecimiento de conversaciones sociales (conversaciones
profesionalmente estructuradas entre actores/sujetos).Como lo señala el PNUD (2000)
en su informe sobre desarrollo humano en Chile: “Sin conversaciones, públicas y
privadas, que tengan como objeto a la sociedad, no habrá aspiraciones colectivas. Esto
significa que será necesario fortalecer, por una parte, las dinámicas de la conversación
social. [...] Al mismo tiempo, para que la sociedad misma sea objeto de aspiraciones,
debe afincarse el convencimiento de que la sociedad es un objeto en construcción
permanente y que sus artífices son los sujetos concretos”. El paso desde la
conversación a la acción consistirá entonces en la preparación y ejecución de un
proyecto político de cambio para el territorio en cuestión51.
Si el desarrollo (territorial) puede ser considerado como una propiedad
emergente de un sistema (espacial, social, económico, tecnológico, cultural) de alta
complejidad, un proyecto concebido para hacer una verdadera “ingeniería de las
intervenciones territoriales” debe inducir la intervención en aquellas cuestiones que
sustentan una emergencia sistémica: conexiones, conectividad, recursividad, energía y
otras, cuestiones todas vinculadas con la teoría dinámica de sistemas, con la lógica
difusa, con la irreversibilidad temporal, y con el caos. Si esto es efectivamente así, hay
que hacer una divisoria de aguas entre dos tipos de tareas que el órgano político
territorial debe abordar: tareas de administración, que son normalmente cotidianas,
rutinarias, de corto plazo y orientadas a cuestiones de orden material (para las cuales
también es necesario un mejor conocimiento, por ejemplo, acerca de preparación de
proyectos, presupuestos, etc.) y tareas propias de gobierno, más sustantivas, más
estructurales, de mayor alcance temporal, más innovativas, más políticas porque
tienen que ver con el poder y con requerimientos extraordinarios de conocimiento.
Aquí no cabe la rutina como bien lo dice Hirschman (1999:111): “...es verdad, el
enemigo principal es precisamente la ortodoxia; repetir siempre la misma receta, la
50
Definida como una capacidad colectiva para alcanzar objetivos colectivos democráticamente
establecidos, capacidad basada en compartir una misma interpretación acerca de la estructura y
dinámica de los procesos sobre los cuales será necesario intervenir. Véase Boisier S.,
Conversaciones sociales y desarrollo regional, Universidad de Talca, Talca, Chile, 2000
51
Cuya descripción y comentario escapa al alcance de este documento.
103
misma terapia, para curar tipos de enfermedades diferentes; no admitir la
complejidad, desear reducirla a toda costa; mientras las cosas reales son siempre un
poco más complicadas”.
Finalmente, uno de los desafíos más importantes que enfrenta cualquier
sociedad en desarrollo es lograr que éste se alcance a lo largo y a lo ancho de su
geografía y que su responsabilidad sea compartida por la sociedad civil y por el
Estado. Asociatividad es el nombre del juego, pero para jugar se exigirá ahora a los
jugadores conocimiento y autonomía; no es un juego para aficionados ni para
subordinados. Como muy bien lo dice una alta funcionaria de la DATAR de Francia:
“La noción de espacio hecho a ´sangre fría´, reducida a sus características físicas y
abstractas, poco a poco ha sido reemplazada por la noción de territorio hecho a ´sangre
caliente´, que se califica gracias a la acción colectiva de los trabajadores, de las
colectividades, de las empresas y de las administraciones” (Pommier, 2001:62).
Lo que está en juego es la democracia, la gobernabilidad, la gobernanza, y el
desarrollo mismo en un marco institucional y cultural en el cual sea posible la
diversidad dentro de la unidad según la fórmula clásica de Umberto Eco (1984:56) en
El nombre de la rosa: “...porque con tal sabiduría el arte los había combinado en
armónica conjunción, iguales en la variedad y variados en la unidad, únicos en la
diversidad y diversos en su perfecto ensamblaje...” Nada de ello es posible sin colocar
el esfuerzo de desarrollo en su lugar y en manos de la gente, es decir, nada de ello es
posible sin una adecuada y flexible combinación de descentralización, centralización y
desarrollo territorial.¡Hay que bajar a tierra la todavía etérea discusión sobre
desarrollo!
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105
CAPÍTULO 5
GLOBALIZACIÓN, GEOGRAFÍA POLÍTICA Y FRONTERAS
Ha habido un cierto apresuramiento en algunos medios académicos para
declarar la “muerte del territorio” y/o la “muerte de la geografía”, las dos
presumiblemente provocadas por la globalización, “ese objeto cultural no
identificado”, en las palabras de Néstor García Canclini.
Ambas parecen corresponder al género de las crónicas de muerte, en este caso
frustradas, parafraseando la conocida novela de García Márquez. A la primera
“muerte frustrada” se ha referido precisamente este autor (Boisier, 2001) y a la
segunda, entre otros, un destacado geógrafo inglés (Morgan, 2001). Bien examinada la
realidad ahora penetrada por la globalización, se observa más bien una revalorización
tanto del territorio como de la geografía, entendida esta última en un sentido amplio
puesto que ciertos desdoblamientos de la geografía, como la geografía política,
indudablemente muestran profundos cambios ante el impacto de una lógica de
ordenamiento territorial que responde más a la racionalidad de la misma
globalización que al voluntarismo de cartógrafos oficiales, tanto nacionales (los que
dibujaron los fracasados mapas de la regionalización, al menos en América Latina)
como internacionales (como aquellos que en 1815 y en 1919, en Viena y en Versalles,
dibujaron el mapa de Europa).
Siendo la geografía y el territorio una pareja carnal, aunque no imágenes
especulares, hay que referirse obligadamente a uno y a otra, tratando de aclarar el
efecto de la globalización sobre ellos.
El territorio y la geografía en la globalización. Revalorización
multidimensional.
En una imaginaria nueva Divina Comedia quizás si los especialistas
latinoamericanos seamos condenados a vivir para siempre con la cabeza vuelta hacia
atrás, al pasado, como lo estaban los “astrólogos, adivinos y veedores del futuro” en el
canto vigésimo, círculo octavo del infierno; en nuestro caso no por la osadía de tratar
de adivinar el futuro, sino precisamente por nuestra incapacidad profesional para
hacer aquello que se supone es parte de nuestra profesión: vivir siempre en la frontera
cognitiva.
106
Digo esto porque, por lo menos en el tema que nos ocupa,
sorprende la miopía nuestra para entender el papel del territorio en el mundo
contemporáneo, Siglo XXI y sociedad del conocimiento y de la información. En tanto
que en Europa los intelectuales y los políticos se encargan de subrayar la importancia
del territorio y en particular del territorio sub-nacional en los procesos de crecimiento
y desarrollo y por tanto en cuestiones tan significativas como el aprendizaje colectivo,
la innovación, la competitividad, la equidad y otras (OECD, 2001; DATAR, 2000;
Morgan, 2001; Camagni, 2000; Storper, 1997, entre otros), acá, más abajo del Río
Grande, practicamos un pensamiento y una política económica levitante, que se diseña
y se pone en práctica a una cierta distancia del suelo, sin enraizarse jamás en la
realidad viva y mutante del territorio y sin llegar en consecuencia a las personas de
”carne y hueso”, que no levitan, que pisan continuamente el territorio.
Sin embargo y ello es una paradoja, es fácil demostrar que la globalización,
un fenómeno que debiera ser una verdadera propiedad emergente de la fase
tecnológica actual del capitalismo, pero que todavía no alcanza esa dimensión holística
primando su cara financiera, en verdad revaloriza el territorio, como será comentado
muy brevemente a seguir.
Primeramente hay que recordar que el hombre es “un animal territorial”
antes que ser el aristotélico “animal político”, si bien nos gusta, en nuestra vanidad de
especie, recordar esta última característica y olvidar la primera, ya que ella nos
recuerda nuestra elemental animalidad. Es cierto que en la agresividad que surge en
la defensa del territorio (desde el hogar hasta la Nación) ya no se nos erizan los pelos
ni mostramos los colmillos, pero somos rápidos en desenfundar el revólver y también
en apretar el botón nuclear. Esta característica del ser humano ya está incorporada en
nuestro ADN y en el código genético y por desagradable que nos resulte recordarla, es
difícil imaginar que algún gobierno encargase a la genómica y a la ingeniería genética
eliminarla, porque, ¿quién, por pacifista que sea, desearía un pueblo que no
defendiese lo suyo?. Así pues, el territorio seguirá formando parte básica de nuestra
conducta y seguiremos levantando muros reales o virtuales y continuaremos siendo la
especie animal con mayor agresividad territorial. Para demostrar de un golpe la
importancia actual y perenne del territorio, bastaría preguntar a un palestino o a un
israelita, su opinión al respecto.
Por otro lado, la persona humana, superior categoría espiritual del ser
humano, categoría alcanzable cuando éste aprende a conocer, a saber, a amar, y a
liberarse de las ataduras sociales (pobreza, desempleo, discriminación) está
indisolublemente ligada a un territorio de escala pequeña, a un territorio de
cotidianeidad con el cual interactúa permanentemente.
En la construcción de su propio ser, en ese permanente desafío heideggeriano,
el ser humano construye su identidad apelando a una matriz de relaciones (familia,
raza, religión) entre las cuales destaca por su fuerza, la vinculación a un territorio. El
ser de un lugar, el reconocerse en el lugar, es una derivación del carácter territorial
del “animal humano” y tan fuerte que, como sabemos, el exilio es considerado como
una pena máxima y el desarraigo del territorio cotidiano, aún en procesos migratorios
internos y voluntarios es una experiencia dolorosa para las personas. Octavio Paz, en
107
El laberinto de la soledad, describe la vida del “pachuco”, el inmigrante mexicano en
los Estados Unidos que se resiste a abandonar mitos, costumbres y creencias. El verso
de la conocida canción de Facundo Cabral: “no soy de aquí ni soy de allá, no tengo
edad ni porvenir...” debe ser declarado falso de falsedad absoluta.
La globalización, se dice, conlleva la amenaza de romper con los lazos de
identidad territorial, traspasándolos a un mundo corporativo, funcional, en el cual
sería más importante ser “ciudadano de la Coca-Cola” que chileno o colombiano. Sin
embargo ello jamás ocurrirá; en verdad lo que la globalización genera es una
dialéctica de identidad: cuanto mayor es el peligro de una alineación total, mayor es la
tendencia de las personas a reforzar la dimensión (territorial) local, como un espacio
recuperado de solidaridad, como tal vez única forma de superar la discusión entre
“globalizarse o no”, abriendo espacio a la cuestión de cómo controlar este proceso
para convertirlo en una oportunidad para el desarrollo. Es lo mismo que sostiene
Thomas Friedmann (1999) en su magistral libro The Lexus and the Olive Tree y
también el sociólogo chileno Jorge Larraín (2000) en un ensayo sobre identidad
nacional y globalización; desde Europa, Pierre Muller (1990) habla de la “crisis de
proximidad” de la modernización, se añora la proximidad social, pero incluso la táctil,
la sensorial, que jamás será reemplazada por la comunicación electrónica y la realidad
virtual, internet y chats incluidos.
Hay que agregar que la enorme mayoría de la población del planeta ve
transcurrir su vida o gran parte de ella, en un muy reducido entorno territorial, que
probablemente puede ser descrito por un círculo con un radio menor a 100 kms. Se
trata de un “entorno cotidiano”: allí se nace, se crece, se forma familia, se busca
ocupación, se demandan servicios y probablemente se es enterrado allí mismo. Esto
significa que para muchos, el proyecto personal de vida está fuertemente atado a la
“suerte” de su entorno cotidiano: si a éste le va mal, la posibilidad de realizar el
proyecto individual es baja y a la inversa. De esta forma se establece entre el individuo
y el territorio una relación “hologramétrica”, en el lenguaje de Edgar Morin, es decir,
la parte está en el todo (el individuo está en el territorio) tanto como el todo en la parte
(el territorio está en el individuo) y ello hace del territorio una cuestión muy
importante para la persona y ello respalda también el envolvimiento cívico de las
personas en el manejo de su entorno.
Si ahora se mira la relación globalización/territorio desde un ángulo más
técnico, más asociado al capitalismo tecnológico y a los nuevos modos de producción
industrial, se concluye que el mayor impacto se observa-—microelectrónica
mediante—en la actual posibilidad de segmentación funcional y territorial de procesos
manufactureros que en el pasado eran concebidos como poseyendo una unicidad que
requería la integración vertical, la producción en línea, el mando autoritario y
centralizado y que ahora se desmembran en una multiplicidad de fabricaciones de
partes y componentes localizadas en lugares discontinuos del globo, con elevados
niveles de descentralización. Es la fabricación en red post-fordista.
Cuando un proceso fabril o una cadena de valor se descompone en sus
elementos y éstos se localizan en diferentes partes del globo, la empresa tendrá que ser
especialmente cuidadosa en el análisis y evaluación de cada lugar, de sus condiciones
108
naturales, de infraestructura y, sobre todo, de sus condiciones sociales, ya que
cualquier tropiezo por selección equivocada de la localización afectará a toda la
cadena de valor. La empresa en red no localiza los componentes de su proceso fabril
“a tontas y a locas” sobre el territorio; lo hace con extremo cuidado, valorizando y
haciendo análisis de ventajas comparativas de diferentes lugares, o sea, valorizando el
territorio como nunca antes.
Aumenta más todavía la importancia actual del territorio y de la geografía en
cuanto se discute la naturaleza de procesos tales como aprendizaje, conocimiento,
innovación, y competitividad.
La tecnología y el cambio tecnológico son reconocidos ahora como los motores
principales en los cambios en el patrón territorial del desarrollo; el auge y caída de
nuevos productos y procesos productivos se da en los territorios y depende, en gran
medida, de las capacidades territoriales para introducir tipos específicos de
innovación.
Señala Helmsing (2000) que, dado el rápido cambio económico y tecnológico,
las firmas necesitan desarrollar una capacidad dinámica para renovar, aumentar o
adaptar sus habilidades para mantener el rendimiento económico. La innovación y el
aprendizaje son centrales para ello y envuelven la combinación de diversos
conocimientos tecnológicos, organizacionales y de mercado. Se ha postulado que las
tres cuestiones básicas en el aprendizaje organizacional son; a) el aprendizaje depende
de compartir conocimiento; b) el nuevo conocimiento depende de la combinación de
diversos conocimientos; c) existe una inercia organizacional a romper. La
incertidumbre yace en el corazón del problema de la innovación.
El aprendizaje colectivo regional es la forma de enfrentar la incertidumbre y
la necesidad de coordinación. Según Helmsing, el aprendizaje colectivo puede ser
entendido como la emergencia de un conocimiento básico común y de procedimientos,
a lo largo y ancho de un conjunto de firmas geográficamente próximas, lo que facilita
la cooperación y la solución de problemas comunes. Las ventajas de la interactividad
facilitada por la cercanía geográfica están detrás del concepto porteriano de “cluster”
y también se vinculan al concepto de “learning regions”, paso previo para dar lugar a
las “regiones inteligentes”.
Según Morgan (op.cit.) las propuestas-- pertinentes a nuestra discusión-- del
llamado “enfoque evolucionista” en el pensamiento sobre desarrollo son básicamente
las siguientes:
•
La innovación es en su mayor parte un proceso a tientas,
incierto, acumulativo y dependiente de la trayectoria;
•
Los agentes, sean individuos, empresas o Estados, operan
con una racionalidad limitada (hay límites a lo que saben) y en sus relaciones exhiben
normas de conductas basadas en la confianza tanto como en la desconfianza y en el
oportunismo;
•
Las capacidades tácitas están localizadas e incrustadas en
rutinas personales e institucionales, y estas capacidades tienen dimensiones
locacionalmente específicas;
109
•
Las firmas y también otro tipo de organización muestran
un notable rango de capacidades y de marcos cognitivos;
•
El conocimiento es “espacialmente pegajoso” y el
conocimiento tácito es difícil de comunicar, salvo a través de la interacción personal en
un contexto de experiencias compartidas.
Hay un renovado interés, como el párrafo anterior muestra, en el
conocimiento tácito (como contraposición al conocimiento codificado) y ello es debido
a un reconocimiento de su importancia social y espacial cuando el aprendizaje y la
innovación se colocan en el centro del debate: social, porque las capacidades tácitas
tales como destrezas de equipo y rutinas organizacionales constituyen el “core” de la
competitividad empresarial; espacial, porque el conocimiento tácito, siendo
personalizado y dependiente del contexto, es locacionalmente “pegajoso”, una
característica que ayuda a explicar el “clustering” de las actividades intensivas en
conocimiento (Storper, 1997).Siendo personalizado y dependiente del contexto, el
conocimiento tácito representa un conocimiento no incrustado que se adquiere
directamente mediante el aprendizaje colectivo.
De acuerdo a Nonaka y Takeuchi (1995, citados por Morgan) existe un
proceso de “conversión cognitiva” mediante el cual el conocimiento tácito es
convertido progresivamente en un conocimiento organizacional (codificado)
ampliamente accesible, a través de un intenso proceso iterativo, en espiral, de
aprendizaje colectivo.
El conocimiento tácito, es una forma de saber que termina por socializarse en
una comunidad, dando paso a un conocimiento difuso o socialmente distribuido que se
transmite inter-generacionalmente y que se incorpora a la cultura local y de esa
manera acaba por expresarse en prácticas fabriles tradicionales, que, nuevamente una
paradoja, son ahora altamente valoradas en el contexto de una globalización también
preñada de tendencias homogeneizadoras en la producción. La marca, la práctica
tradicional (el método champagnoise, por ejemplo) y la denominación de origen son
ahora potentes instrumentos de comercio y motivo de intensas negociaciones y abren
al mismo tiempo “ventanas de oportunidades”52 a los territorios. Para apreciar la
naturaleza territorial y en consecuencia la importancia de la geografía en relación al
conocimiento tácito, véase el siguiente recuadro.
Extracto de una entrevista a un enólogo chileno
Pregunta: ¿Son los franceses los mejores vinos del mundo?
Respuesta: “Sí. Creo que la gran diferencia que hay entre Francia y el resto del mundo es que
los franceses llevan mucho más tiempo haciendo vino. Hoy día la tecnología es igual en todo el mundo.
Con plata puedes comprarte un tanque, una prensa, un equipo ultra sofisticado. Pero ellos tienen la
sabiduría que da manejar una misma viña durante treinta, cuarenta o cincuenta años. Conocen bien los
suelos, cómo sectorizar, qué cantidad exacta plantar, porque hay que tener claro que en un vino el
noventa por ciento o más lo hace la fruta; la maquinaria que tú le pongas es un anexo. Eso es la sintonía
fina y lo que hace la diferencia entre un vino bueno y un gran vino”
El Mercurio, 17/03/02, Santiago de Chile
Subrayado del autor
52
La famosa expresión de Carlota Pérez, la destacada economista venezolana.
110
La competitividad parece ser una especie de “karma” moderno para
empresas y organizaciones de todo tipo, obligadas a competir ofreciendo su
producción en un espacio único—el mercado global—y a competir también en esa
misma arena común por capital y por tecnología, incluso por la apropiación de
importantes flujos de turismo.
Ahora se reconoce el carácter sistémico de la competitividad; ya no es más
atribuible a la productividad de la sola organización. Por el contrario, la
competitividad pasa a depender de un verdadero tejido de agentes que conforman una
malla en torno a la entidad exportadora, proceso en parte facilitado por la
tercerización creciente. Proveedores, prestadores de servicios a la producción, mano
de obra temporal, transportistas, financistas, diseñadores y agencias locales y
regionales de gobierno y administración, pasan a ser contribuidores de una posición
competitiva. Este carácter sistémico de la competitividad admite una lectura funcional
y también una lectura territorial, como por ejemplo, lo anota Veltz (1995:37):
“...la performance de cada unidad es, de esta manera, más y más sistémica y
dependiente de su entorno”53.
En efecto, el territorio es ahora considerado como un actor indirecto de la
competitividad al transformarse en una plataforma sistémica de ella ya que en él se
encuentra la malla de soporte en la cual anidan las actividades productivas
competitivas, siendo tal malla un sistema de cooperación fabril de eficiencia variable.
El territorio es también considerado un actor directo de la competitividad en la
medida en que es un espacio contenedor de una cultura propia que se traduce, como se
dijo, mediante prácticas sociales históricas, en la elaboración de bienes y/o servicios
indisolublemente ligados a tal cultura y a partir de los cuales se pueden construir
nichos de comercio de elevada competitividad. Obsérvese nuevamente el papel del
conocimiento tácito incrustado en el territorio, el que resulta cada vez más relevante
para la absorción de conocimiento codificado
Es de interés señalar que, a pesar de los intentos por “matar” a la geografía,
entre los economistas hay un renovado interés por la geografía, notablemente por
parte de Krugman, Porter, Barro y otros, interés explicable debido al actual
“descubrimiento” de los rendimientos crecientes, los que, de acuerdo a Krugman, son
un fenómeno esencialmente local y regional. El mismo Porter ha afirmado que el
grado de aglomeración geográfica de industria en un país es un componente clave de
la competitividad internacional de esa nación. Ron Martin (1999) es, sin embargo, un
crítico de este enfoque, al que le niega una relación con la “verdadera geografía”.
Se ha ligado también este renovado interés en la geografía (o en la economía
geográfica más precisamente) con la actual teoría del crecimiento endógeno y se
apunta en este sentido a que el mecanismo económico que se encuentra en el corazón
del crecimiento endógeno requiere de interacciones sociales y externalidades que,
precisamente, son mayormente locales en su naturaleza, es decir, territorializadas.
53
Subrayado del autor.
111
Así pues, parece prematuro anunciar la muerte de la geografía y del
territorio.
La geografía y las fronteras en la globalización: de la rigidez de la geografía
política real del pasado a la flexibilidad de la geografía política virtual del futuro.
“Entre mi pueblo y tu pueblo
hay un punto y una raya;
la raya dice no hay paz,
el punto vía cerrada.
Y así entre todos los pueblos
raya y punto, punto y raya,
con tantas rayas y puntos
el mapa es un telegrama”
NICOLÁS GUILLÉN
Emerge una nueva geografía política. La geografía emergente de la
globalización está caracterizada por la conformación simultánea de un espacio único y
múltiples territorios, con manifestaciones geográficas en el espacio físico y en el
espacio virtual.
La globalización tiene un motor: la incesante innovación (Costa-Filho, 1996).
Este flujo creciente de innovación a su vez muestra dos características: costos
crecientes de I & D por un lado y productos de ciclo de vida crecientemente reducido
por otro. Estas dos fuerzas obligan a una comercialización a la mayor escala posible y
a la mayor velocidad a fin de recuperar el capital; no son admisibles, para la lógica del
capitalismo tecnológico, barreras arancelarias o para-arancelarias54 ni
estrangulamientos en el transporte. Los productos deben ser lanzados
simultáneamente en Londres, Nueva York, Tokio, Buenos Aires y Singapur. El espacio
único económico se transforma en un requisito de reproducción del sistema
capitalista. Este espacio es, dígase al pasar, notablemente perrouxiano55.
La globalización contiene en su seno varias dialécticas: la agregación y
segmentación territorial es sólo una de ellas. Al mismo tiempo que se configura un
espacio único, el Estado-Nación es sometido a tensiones territoriales enormes56. Tales
tensiones están obligando a los estados nacionales a abdicar de no pocas funciones
propiamente políticas, que son transferidas ahora a instancias supra-nacionales, como
54
Esto es así en el largo plazo y sobre todo, en la lógica del discurso.
Por François Perroux, el notable economista francés.
56
Basta recordar rápidamente lo sucedido— todo ello durante el segundo quinquenio de los años noventa— en
Alemania (plebiscito sobre los landers), en Italia (propuesta de creación de Padania por Bosi), en Francia
(mayor autonomía de Córcega y crisis política), en Escocia (nuevo estatuto), en Canadá (reiteración del
secesionismo de Quebec), tensiones regionales en Brasil, Colombia y Chile, etc.
55
112
tan claramente se observa en la Unión Europea; análogamente, los mismos estados
abdican de funciones de regulación y fomento a favor de instancias internas del propio
aparato del Estado, vía descentralización por ejemplo. Como resultado, los territorios
organizados (ciudades y regiones) se convierten en los nuevos actores en el escenario
mundial, al competir por los mismos recursos financieros y tecnológicos.
Más importante todavía, hay en marcha nuevas modalidades de configuración
territorial, nuevas maneras de “hacer región”, incluso con permisividad
constitucional, como se observa en la Constitución argentina (artículo 124), en la
colombiana (artículos 306 y 307) y en la peruana, nuevas maneras que descansan en
procedimientos más democráticos, más participativos y más flexibles que apuntan a
convertir a las nuevas regiones en “regiones ganadoras” como está de moda decir
ahora, o, por lo menos, a minimizar las posibilidades de resultar perdedoras, en una
competencia que hace de estas categorías casi categorías finales e irreversibles.
Las nuevas regiones que están emergiendo57 (pivotales, asociativas, virtuales,
en el lenguaje acuñado por este autor) se dibujan tanto en el espacio físico como en el
ciberespacio. Puede preverse que en la sociedad del conocimiento de Sakaiya, las
regiones virtuales del ciberespacio ganarán importancia en la medida en que las
transacciones de intangibles (de información) superen, en el comercio mundial, a las
transacciones materiales.
Esta nueva geografía sucintamente descrita provocará en todos los países un
nuevo ordenamiento territorial derivado de la lógica de expansión del capital
desterritorializado que acompaña ahora a la segmentación de los procesos industriales
en términos funcionales y territoriales.
Presionados al máximo por las exigencias de la competencia global, los
territorios (organizados) tratan de incorporar la mayor cantidad posible de factores
de éxito, de factores que los ayuden a posicionarse como “ganadores” del juego y para
ello deben dotarse de una maleabilidad que les permita modificar su propio
contenedor y contenido, su forma, sus límites, su complejidad, en operaciones que
recuerdan la noción de autopoiesis de Maturana. Así, grandes regiones quizás traten
de deshacerse de porciones de su territorio, consideradas como lastres o pequeñas
regiones traten de ampliar su tamaño para obtener ventajas de escala y de diversidad
y estos movimientos pueden darse incluso en horizontes temporales diferentes y
simultáneos y por cierto, por encima de las devaluadas fronteras nacionales.
Autores como Cuadrado-Roura (1994) y Boisier (1994) han examinado tanto
desde un punto de vista empírico como especulativo las condiciones que parecen
acompañar a una posición “ganadora”. El primero de ellos ha puesto la atención
mayormente en los aspectos infraestructurales (posición geográfica, transportes y
comunicaciones, tejido productivo) y organizacionales (gobierno, cultura, calidad la
mano de obra, etc.) en tanto que el segundo ha apuntado más bien a las características
de las instituciones para interactuar con el entorno globalizado (velocidad decisional,
57
Muchas de las cuales--¡vaya ironía!—coinciden ahora con la antigua división político-administrativa del país
(por ejemplo en Perú), la misma que el evangelio regionalizador de los sesenta trató de eliminar.
113
flexibilidad, maleabilidad, resiliencia, inteligencia, identidad) afirmando al mismo
tiempo que gran parte de ellas se asocian más frecuentemente a un tamaño pequeño,
más que grande, del territorio que las cobija. A propósito de esto dice P. Drucker
(1993:130):
“Con el dinero y la información convertidos en transnacionales, inclusive
unidades muy pequeñas son ahora económicamente viables. Grande o pequeño, todo el
mundo tiene igual acceso al dinero y a la información y en los mismos términos. En
realidad, los verdaderos ´éxitos sin precedentes´ de los últimos treinta años han sido
países muy pequeños”58.
En definitiva, mi propio análisis apunta a la complejidad inherente a la
contemporaneidad, complejidad que debe ser “adquirida” por los territorios si desean
triunfar en la globalización. Por varias razones, hay una apuesta implícita a favor de
una mayor complejidad en territorios de pequeño tamaño, admitiendo la relatividad
de este concepto.
A partir de la hipótesis anterior he planteado (Boisier, 1996) una suerte de
“nueva geografía” o una nueva forma de regionalización, describiendo una geografía
sistémica “anidada” a partir de las regiones pivotales, las cuales mediante arreglos
tácticos con meros territorios organizados o con regiones similares, dan origen a las
regiones asociativas (sujetas a la condición de contigüidad geográfica de sus partes
componentes), o bien en procesos de mayor complejidad estratégica, dando origen a
regiones virtuales, libres del requisito anterior de la contigüidad59. Conviene agregar
que más que crear categorías reales nuevas, me he limitado a poner nombres, a
denominar procesos que se dan cada vez con mayor frecuencia en el mundo real, como
es evidente en Europa y también en Argentina y en Colombia, a lo menos. Como lo
dice Humpty Dumpty en la obra de Lewis Carroll A través del espejo:
“Cuando yo uso una palabra, esa palabra significa lo que yo quiero que
signifique, ni más ni menos”.
El concepto básico de este enfoque reside en la noción de región pivotal,
concebida como la menor unidad político-administrativa que sea simultáneamente lo
suficientemente compleja60 y moderna (mejor dicho, contemporánea) como para
permitirle competir con altas probabilidades de éxito. Por razones prácticas, hay casi
una obligación de volcar la atención a las antiguas unidades de la vieja división
político administrativa, departamentos, provincias u otras, todo lo cual resulta
paradojal ya que precisamente tales unidades iban a ser “borradas” del mapa por la
regionalización de los años sesenta.
58
Personalmente estoy dispuesto a aceptar el juicio general de la última parte de la afirmación de Drucker,
pero difícilmente la primera. Después de todo, una nueva forma de desigualdad social está representada
precisamente por las diferencias y asimetrías en el acceso a la información, al conocimiento y a internet.
59
Se trata, como es fácil apreciar, de un planteamiento de elevada complejidad, cuyo desarrollo escapa por
completo a las posibilidades de este documento. Una completa exposición se encuentra en el texto Modernidad
y territorio del autor y publicado por el ILPES/CEPAL en 1996.
60
De acuerdo al actual paradigma de la complejidad, es decir, con estructuras dialógicas, recursivas,
hologramétricas de gran diversidad.
114
Así, ahora resulta perfectamente posible establecer una región construida a
partir de un acuerdo estratégico entre dos o más regiones absolutamente distantes y
discontínuas en el plano geográfico, una región conformada, por ejemplo, por una
porción localizada en Chile y otra en Italia61 o en Francia, como podría ser una región
Maule/Ile de France62, o una región Bío-Bío/Lombardía.
Los numerosos ejemplos de regiones fronterizas multinacionales que dan un
paso adelante y conforman asociaciones más formales, refrendadas incluso mediante
tratados internacionales, son claros casos de regiones asociativas, en tanto que la
antigua práctica de la “hermandad” entre ciudades o regiones, ha sido un anticipo de
las regiones virtuales. Las antiguas fronteras nacionales son simplemente superadas
por las nuevas realidades dictadas por la lógica de la globalización. La cooperación
local y territorial y la política transfronteriza en Francia son ejemplos anticipatorios
de las tendencias hacia nuevas modalidades de configuración territorial empujadas
por la globalización.
¿Qué pasa más concretamente con las fronteras nacionales, o mejor dicho,
con las regiones fronterizas, en este nuevo orden territorial e internacional?
La ordenación territorial y la integración transfronteriza en América Latina:
más allá y mas acá del Estado-Nación
Como se dijo, el Estado-Nación está atravesando un período de cambio de
final abierto ya que no sabemos exactamente cuál será la forma del Estado propio del
Siglo XXI, aunque su supervivencia estricta no parece estar en cuestión. Este proceso
de cambio ciertamente devalúa las fronteras, en tanto barreras políticas y físicas a la
libre circulación de personas, capitales y bienes y una pregunta pertinente es qué pasa
con las regiones de frontera: ¿dejarán de serlo?, ¿se integrarán?
Boisier (1987) exploró en profundidad esta cuestión para el caso de América
Latina. Los párrafos siguientes se basan en el trabajo citado y también en el trabajo
del Instituto Internacional de Integración (1985), del Convenio Andrés Bello, realizado
un par de años antes por Jorge Agreda y René Recacochea. Pero sin duda quien mejor
ha explorado los impactos territoriales de la virtualización en la economía globalizada
ha sido el economista mexicano Pablo Wong (1999), examinando precisamente la
conformación de regiones asociativas fronterizas en América del Norte.
En el estudio preparado por Boisier se identifican 71 “posiciones de frontera”
entre 22 países considerados en ese momento. Estas verdaderas bisagras de
integración se extienden a lo largo de 70.000 kilómetros, cifra en la cual destacan los
casos de Brasil con 12.303 kilómetros de frontera, Argentina con 9.389, Perú con
6.367, Bolivia con 6.340 y Chile con 6.328 kilómetros. La frontera argentino-chilena
61
De hecho existen varios de estos acuerdos en el caso chileno.
Los chilenos reconocerán acá una fuerte ironía en relación a la ciudad de Talca, capital de la Región del
Maule, cuyos habitantes hablan orgullosamente, desde hace mucho tiempo, de “Talca, París y Londres”.
62
115
por sí sola tiene una extensión de 5.318 kilómetros, siendo la tercera o cuarta frontera
más extensa del mundo.
Considerando el primer nivel de la división político-administrativa de cada
país como unidad de referencia, se constata que las así definidas áreas de frontera
incluyen una superficie total igual a 21.819.670 Kms². (excluida la frontera entre
EE.UU. y México) y en 1980 albergaban una población de 121.221.841 personas. Por
cierto son inevitables algunos problemas de contabilización múltiple, pero de todos
modos se revela la magnitud de la cuestión.
El término área de frontera o área fronteriza alude única y exclusivamente a
una situación locacional dada por el carácter de limítrofe que tales áreas tienen con
países vecinos. No tienen otra connotación ni contenido valórico desde el punto de
vista económico.
En términos económicos y sociales hay que dar paso al concepto de región
fronteriza, las que deben ser entendidas como espacios subnacionales limítrofes a
países vecinos, en los cuales se manifiestan formas particulares de relación y
superposición de dos (o más) sistemas (o estilos) económicos y de dos (o más) modelos
diferentes de política económica (Boisier, 1987:161). Hay que añadir que una situación
fronteriza pasa a convertirse en un problema específico de política pública cuando la
mencionada interacción opera asimétricamente, con un inequitativo reparto entre las
regiones vecinas de los costos y beneficios de la propia interacción y del efecto de las
políticas económicas63.
Varios autores están de acuerdo en considerar el tema del desarrollo conjunto
de áreas fronterizas, como un caso especial del modelo general de desarrollo regional,
como se desprende de las citas siguientes:
“...las áreas de frontera y sus problemas, se presentan como componentes y
resultantes de los procesos globales de desarrollo regional” (Instituto Internacional de
Integración, Convenio Andrés Bello, La integración fronteriza en la sub-región
andina, La Paz, 1985);
“...el contexto del presente artículo, el que trata acerca de los problemas del
desarrollo y de la formulación de políticas en regiones vecinas separadas por límites
internacionales” (Hansen, 1983);
“...el desarrollo de las regiones fronterizas no es sino un caso especial del ´caso
general´del desarrollo regional” (ILPES, 1985).
Si de desarrollo regional o territorial se trata, ahora es necesario adoptar las
más actualizadas teorías al respecto, las que comienzan por separar nítidamente los
procesos de crecimiento económico territorial y de desarrollo societal territorial,
habida cuenta de la fundamental diferencia en sus respectivos factores causales.
¿Cuál es el propósito último de una asociación de regiones fronterizas de
distintos países al generar una región multifronteriza única? No sólo beneficiarse cada
una de ellas de las complementaridades posibles, sino principalmente posicionarse
63
Por supuesto, se habla de “problemas” de tipo económico; no de seguridad nacional o bélicos.
116
mejor en el escenario globalizado actual, potenciando las economías de escala, las de
complementaridad y diversidad y la mayor complejidad que pudiese resultar de la
unión64. Un mejor posicionamiento en el escenario globalizado para crecer más y más
rápido y para dar cabida al desarrollo.
El crecimiento económico de un territorio, sea nacional, sea multifronterizo,
depende, siempre de acuerdo al pensamiento más actualizado, de una matriz de seis
elementos: i) la acumulación de capital económico; ii) la acumulación de conocimiento
y progreso técnico; iii) la acumulación de capital humano (hasta aquí se trata de la
teoría del crecimiento endógeno); iv) el proyecto político nacional y el papel asignado
en él al territorio en cuestión; v) el cuadro de la política económica y sus efectos
territorialmente diferenciados, y; vi) la demanda externa.
Para casi todo territorio nacional, esta matriz de factores causales muestra,
cuando se la mira desde el punto de vista de los agentes decisores, un elevado grado de
exogeneidad, ya que la mayoría de tales agentes son no residentes. De aquí que sea
correcto calificar el crecimiento territorial como un proceso exógeno y ello implica,
por un lado, generar una “cultura de gestión” adecuada a tal situación, adecuada a
potenciar la capacidad regional para “influir” en las decisiones ante la imposibilidad
de controlarlas, y por otro, establecer acciones para tratar de “endogeneizar” tanto
como sea posible estos factores, poniéndolos bajo el control regional65.
Parece razonable sostener en principio, aún cuando esta hipótesis debe ser
probada empíricamente caso a caso, que la asociación transfronteriza mejora la
posición del espacio ampliado para alcanzar un más elevado y rápido crecimiento con
una cierta dosis de endogeneidad. En principio, la nueva región se hace más atrayente
al capital, a la inserción de tecnologías y a la demanda externa por sus productos y
eventualmente podrá resultar más atrayente para el turismo (gasto de no residentes);
no obstante y al mismo tiempo, una región multifronteriza debe compatibilizar
diferentes proyectos de país y tal vez diferentes modelos e instrumentos de política
económica. Esta mezcla de factores deja en claro que una institucionalidad ad-hoc se
convierte en un requisito indispensable para la coordinación. Por tanto la
conformación de una región multifronteriza tiene una inocultable dimensión política,
de construcción de institucionalidad y de coordinación de instituciones precisamente
políticas. Además, la nueva región supuestamente tendrá mayor poder político, lo que
ayudará al proceso de endogeneización de su crecimiento. Como se verá más adelante,
la dimensión sociológica del proceso no es menor.
La cuestión del desarrollo de una región de esta especie nos remite a un
universo de extraordinaria complejidad, no sólo por la estructura que asume el nuevo
espacio sino también debido al radical cambio de enfoque que en materia de
desarrollo se ha producido. Sobre esto me parece digno de interés citar una
64
Hay que notar que el aumento de tamaño puede generar efectos contrapuestos en términos de complejidad y
diversidad, aumentando esta última y reduciendo la primera.
65
El desarrollo extenso de esta argumentación se encuentra en casi todos los últimos trabajos del autor,
particularmente en Sociedad del conocimiento, conocimiento social y gestión territorial, Documento de
Trabajo # 5, Instituto de Desarrollo Regional (F.U.), Sevilla, España, 2002
117
importante reflexión de Tomassini (2000:63) a propósito de lo que denomina el “giro
cultural” de nuestra época:
“Vivimos un ´cambio de época´ que rechaza, en lo esencial, los modelos
racionales, uniformes y cerrados que propuso la modernidad madura, en nombre de la
diversidad, de la capacidad para optar y para crear nuestra identidad en sociedades más
complejas, hechas posible por el avance del conocimiento, la tecnología, la información,
la libertad, el consumo y las comunicaciones y por cambios profundos en la subjetividad
de las personas. En este escenario cultural, las economías se orientan hacia la
producción de significados, y las sociedades, la educación y el consumo se mueven en
mundos virtuales, poblados de múltiples alternativas potenciales. En este contexto, la
importancia del gobierno, las mayorías electorales y los equilibrios macroeconómicos, del
producto bruto interno y de los ingresos monetarios promedio en las sociedades es por lo
menos relativizada por la emergencia de preocupaciones en torno a la calidad de vida, la
participación en la sociedad, la posibilidad de elegir los propios estilos de vida, la libertad
de expresarse, el respeto a los derechos, la educación, la igualdad de oportunidades, la
equivalencia en dignidad, el papel de la juventud y el de la mujer, la seguridad ciudadana
y la vida en las ciudades que, a falta de conceptos previos, se denominan ´temas
valóricos´” .
En este marco hay que ubicar la cuestión del desarrollo, cuya transformación
más significativa radica en el abandono del “cuantitativismo economicista” que
acompañó a la idea del desarrollo desde su introducción política, por allá por 1941 en
el famoso documento firmado por Churchill y Roosevelt y conocido como La carta del
Atlántico, para transformarse ahora en un concepto profundamente axiológico, intersubjetivo, intangible y culturalmente enraizado, apoyándose en el pensamiento de un
vasto conjunto de intelectuales, como Lebret, Seers, Hirchman, Sen, Furtado, Stiglitz y
otros.
En este cuadro se entiende el desarrollo no como logros concretos y
materiales—que no por ello dejan de ser importantes—sino como un proceso
conducente (asintóticamente, me parece) al establecimiento de un contexto, clima,
situación, entorno, o como quiera llamárselo, que posibilita la transformación del ser
humano en persona humana en su plena dignidad como tal y en su doble carácter
individual y social. Como se es persona sólo entre personas, queda clara la dimensión
societal del proceso y queda en claro también que éste supone la eliminación de las
principales trabas que históricamente han impedido a la mayoría ejercer este
verdadero derecho, trabas que Seers identificó con el hambre, con el desempleo, y con
la discriminación, como cuestiones básicas.
A riesgo de dejar parte de la argumentación en el camino, hay que afirmar
directamente lo siguiente: si el desarrollo (un resultado, una variable dependiente) es
de una dimensión intangible, la lógica más elemental indica que sus factores causales
(los medios, las variables independientes) deben ser de la misma dimensión, es decir,
intangibles, a menos que exista una suerte de piedra filosofal capaz de transformar
materia en espíritu. En este sentido es muy acertada la reflexión de Alain Peyrefitte
(1997:28):
118
“Nos resulta difícil aceptar que nuestra manera de pensar o de comportarnos
colectivamente pueda tener efectos materiales. Preferimos explicar la materia por la
materia, no por la manera” 66.
De manera que ahora se ha desatado una búsqueda casi frenética por factores
intangibles de desarrollo, o, como los ha denominado este autor, “capitales
intangibles” (Boisier, 2000), enumerando diez de ellos: capital cognitivo, capital
simbólico, capital cultural, capital social, capital cívico, capital institucional, capital
psicosocial, capital humano, capital mediático, y capital sinergético67. Es fácil
reconocer nombres detrás de estas categorías: Bourdieu, Putnam, Coleman,
Fukuyama, Hirschman, Montero, Williamson, Becker, North y otros y si de estar “a la
moda” se trata, nada mejor que escribir algo sobre capital social, el “eslabón perdido”
del neo-liberalismo.
Por cierto que este cambio en la percepción del desarrollo, desde logros
materiales a logros inmateriales no significa olvidar la importancia del crecimiento
económico como base material de sustentación en el tiempo, pero nunca más se
aceptará trastocar medios y fines diciendo: “primero crecer y después desarrollarse”,
una falacia completa del neo-liberalismo.
En definitiva el desarrollo depende, en cualquier lugar, sí, del crecimiento
económico (en una relación quizás “rizada” con el propio desarrollo) y además, de un
clima psicosocial positivo, de la capacidad de una específica y localizada comunidad68
para desatar su potencial endógeno, y del stock y articulación de los capitales
intangibles. En todo el proceso, la confianza, como virtud personal y ciudadana resulta
vital69.
Por cierto, el enfoque anterior es uno profundamente afincado en la cultura y
en los valores de una comunidad.
Ahora cabe preguntar, tal como se hizo en relación al crecimiento económico,
si acaso la conformación de regiones multifronterizas trabaja a favor de su desarrollo
o no.
Obsérvese lo complicado de la respuesta. La mayor parte de los “capitales
intangibles” se manifiestan con mayor nitidez en espacios sociales y territoriales de
pequeño tamaño, en espacios proxémicos en los cuales las relaciones personales cara a
cara, las tradiciones y costumbres, son importantes, más importantes que en espacios
en los cuales la interacción está mediatizada institucionalmente. Desde este punto de
vista la conformación de un espacio mayor no favorece en principio esta visión del
desarrollo, pero no se puede hacer de esta afirmación un dogma. Tal vez más
complicado sea el hecho, pasado por alto en todos los esfuerzos de integración
66
Subrayado nuestro.
Este último actúa como aglutinador y direccionador del resto y sirve de base para construir un proyecto
político.
68
Comunidad, quizás si más que sociedad, en la terminología de Thonnies.
69
No es para nada claro que el neo-liberalismo promueva el surgimiento de “virtudes” que facilitan el
desarrollo.
67
119
transfronteriza, de poner frente a frente características culturales muy disímiles en
términos, precisamente, de los anotados “capitales intangibles”. ¿Qué éxito puede
augurarse a una región bifronteriza por ejemplo, en la cual una de las regiones
nacionales posee un elevado stock de capital social (confianza inter-personal) y uno
muy bajo de capital cívico (confianza en las instituciones) en tanto que la otra muestra
una situación completamente inversa?70.
La cuestión es de una importancia práctica insospechada y llama la atención a
la necesidad de “trabajar” por el desarrollo similar de varios de los capitales
intangibles, sin olvidar que se han mencionado precisamente los dos más difíciles de
“trabajar” (de crear) en la práctica.
La conformación de una región multifronteriza o una región asociativa
fronteriza (RAF) no puede limitarse a una definición geográfica ni tampoco a la
creación de un aparato institucional, cuestiones de suyo importantes, pero que no
pueden hacer dejar de lado la preparación de un proyecto político de la RAF, proyecto
destinado a generar consenso social, cooperación entre fuerzas políticas, poder político
(cuyas fuentes son varias) y sobre todo, destinado a construir un futuro común en un
nuevo juego de suma abierta. Naturalmente que ello supone una elevada dosis de
descentralización territorial, política, administrativa y fiscal que por necesidad
implica una cesión de soberanía por parte de los Estados nacionales respectivos.
Supone, en muchos casos, deponer actitudes nacionales xenófobas o de desconfianzas
arraigadas en el pasado. Alemania y Francia serán para siempre ejemplos de
inteligencia y generosidad en función de la construcción de un futuro mejor71.
Para finalizar hay que referirse más específicamente a la conformación de
regiones asociativas y virtuales en el mundo real. El sociólogo alemán Ulrich Beck
(1998) sostiene que la globalización ha derrumbado una de las premisas
fundamentales de la primera modernidad, la idea de vivir y actuar en los espacios
cerrados y recíprocamente delimitados de los Estados nacionales y de sus respectivas
sociedades nacionales; por ello la globalización—argumenta—estremece la imagen de
espacio homogéneo, cerrado, estanco y nacional-estatal, según cita de Wong (op.cit.)
quien también recuerda a Kenichi Ohmae, el que ahonda aún más en este
razonamiento, sosteniendo que en un “mundo sin fronteras”, el Estado-Nación se ha
convertido en una unidad artificial y disfuncional para la organización de la actividad
humana y la administración de las tareas económicas. Ohmae define a los “EstadosRegiones” como zonas económicas naturales que pueden rebasar los límites fronterizo
nacionales, como el caso de Tijuana-San Diego en la frontera México-Estados Unidos.
El mismo Wong presenta una interesante tipología territorial producida por
la virtualidad: i) regiones virtuales y red de regiones, con los ejemplos de “los cuatro
motores regionales” de Europa (Rhone-Alpes, Cataluña, Lombardía, BadenWurttemberg, regiones todas no contiguas), de la Región Rhone-Alpes nuevamente y
70
El intento de conformar una región asociativa bifronteriza incluyendo la Región de Valparaíso (Chile) y la
de Cuyo (Argentina) ejemplifica a mi entender lo que se acaba de sostener.
71
Quizás no sea necesario ir tan lejos, si se recuerda que en 1999, uno de los buques más importantes de la
Armada argentina estuvo durante más de seis meses sometido a un proceso de modernización...¡en el principal
astillero de la Armada chilena! Algo impensable años atrás.
120
sus acuerdos con Shanghai, Québec, Ontario, Tunisia y Mali, del así llamado Arc
Atlantique, una región virtual formada por regiones de Irlanda, Inglaterra, Francia,
España, y Portugal o el grupo del “Círculo Artico”; ii) ciudad global y red de
ciudades, un tema favorito de Manuel Castell, Jordi Borja, y Saskia Sassen,
ejemplificado por Nueva York, Londres y Tokio; iii) regiones asociativas-virtuales
transfronterizas, concepto central en este documento y que Wong ejemplifica en
primerísimo lugar con la Región Arizona-Sonora72, agregando otros casos, como el
The Red River Corridor (Manitoba en el Canadá y North Dakota y Minessota en los
EE.UU), o la Pacific Northwestern Economic Region (Alberta y British Columbia en el
Canadá).
Al amparo del MERCOSUR fenómenos similares han aparecido en América
Latina, como por ejemplo, el intento de formalizar una RAF entre la Región de
Valparaíso en Chile y la de Cuyo en Argentina, así como varios otros intentos
asociativos entre regiones o provincias de Chile y provincias argentinas (Valdivia y
Neuquen). Asimismo, la ciudad o región metropolitana de Rosario en la Argentina ha
diseñado un plan estratégico que, bajo una visión de región virtual, permitiría que ésta
se convierta en centro geopolítico y económico y puerta del MERCOSUR y del
Corredor Biocéanico; iv)corredores económicos, comerciales y de transporte,
verdaderas supercarreteras de finalidad múltiple surgidas al amparo del TLC y del
MERCOSUR, que trascienden el tema fronterizo propiamente tal.
Tal parece entonces que en el Siglo XXI la geografía política nacional e
internacional experimentará profundos cambios, derivados de la necesidad de reecuacionar la geografía económica con la política. El mapamundi del futuro, más que
parecerse a un telegrama, en la feliz expresión de Guillén, se parecerá a un
caleidoscopio, con múltiples espacios sobrepuestos y traslapados, en un arreglo que al
observador incauto le parecerá caótico en el sentido banal del término, pero que al
observador entendido en el proceso de cambio actual, le parecerá perfectamente
ordenado. A esa nueva geografía política y económica corresponderá una nueva
composición política, entremezclando Estados nacionales distintos en sus competencias
a los actuales, con cuasi-Estados sub-nacionales para gobernar las regiones y con
cuasi-Estados supra-nacionales, a cargo de la regulación de la globalización.
72
Quizás si el caso de mayor interés en este contexto, ya que esta RAF deriva de un tratado suscrito en los 80
por los Gobernadores respectivos, cuenta con un Comité Binacional, Grupos Sectoriales de Trabajo, una
estrategia de desarrollo común e incluso una revista bi-lingüe (Arizona-Sonora). Objetivo básico de la alianza;
posicionarse mejor en el mercado global.
121
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123
CAPÍTULO 6
¿ Y SI EL DESARROLLO FUESE UNA EMERGENCIA SISTÉMICA ?
“Quizá su enemigo más grande sea la ortodoxia...
...es verdad: el enemigo principal es precisamente la ortodoxia; repetir siempre la misma receta, la misma
terapia, para curar tipos de enfermedades diferentes; no admitir la complejidad, desear reducirla a toda
costa; mientras las cosas reales son siempre un poco más complicadas”
Extracto de la entrevista a Albert Hirschmann realizada por Carmine Donzelli, Marta Petrusewicz y
Claudia Rusconi y publicada en español por el Fondo de Cultura Económica con el título de A través de
las fronteras (México, 1999)
Abstract
El autor plantea una hipótesis audaz que podría tener considerables impactos tanto en el pensamiento
teórico como en la práctica del desarrollo territorial. Sostiene el autor que el desarrollo territorial debe
entenderse como una propiedad emergente, como una emergencia sistémica de un sistema territorial
complejo y con elevada sinergia. Esta es una propuesta completamente opuesta a la práctica corriente de
políticas y planes de fomento del desarrollo a escala subnacional, implícitamente basada todavía en un
enfoque tipo “incrementalismo disjunto” de Lindblom. Si la hipótesis pasa los filtros metodológicos
usuales, habría que re-entrenar radicalmente a los responsables de estos procesos, familiarizándolos con
la teoría de sistemas, con la sinapsis neuronal, con la sinergía, con la lógica difusa, con la irreversibilidad
temporal, con el caos, etc., con todo lo que aparece detrás de las propiedades emergentes, y habría que
reformular también en forma radical la estructura burocrática y el funcionamiento de los cuerpos
políticos y técnicos que se desempeñan en el terreno. El desarrollo hay que re-escribirlo en el marco del
paradigma de la complejidad, y en un marco humanista y constructivista como el usado por el autor.
Palabras claves: sistemas, propiedades emergentes, sinapsis, sinergía, desarrollo territorial,
complejidad.
Introducción
Los últimos años han mostrado una saludable evolución del concepto de desarrollo,
alejándose cada vez más de su sinonimia, iniciada en la década de los años 40, con el
más elemental concepto de crecimiento. Es más y más frecuente leer interpretaciones
del desarrollo que lo colocan en un contexto mucho más amplio que la economía,
acercándolo mucho a una suerte de constructivismo en el que prima lo subjetivo, lo
valórico, lo intangible, lo holístico, lo sistémico, lo recursivo, lo cultural, la
complejidad, para citar sólo algunas de las características que se atribuyen ahora a la
idea de un desarrollo societal. Dígase de paso que en este proceso hay también una
notable recuperación del pensamiento de algunos economistas no muy lejanos en el
tiempo, incluso varios de ellos todavía activos. Me refiero entre otros, al sacerdote
124
francés L- J. Lebret, a F. Perroux, a G. Myrdal, a A. Hirchmann, a D. Seers, a A. Sen,
y, entre los latinoamericanos, a C. Furtado.
Un humanismo y una espiritualidad recuperados parecen abrirse paso y los
sistemáticos estudios empíricos realizados mundialmente por el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han logrado socializar una medición de un
cierto “Indice de Desarrollo Humano”, que no obstante sus limitaciones, ya en su
propia denominación expresa en parte la recuperación aludida, sin escapar a una
cierta tautología, porque, si el desarrollo no es humano, ¿qué entelequia sería?
Sin pretender ofrecer una definición terminal y sólo para ilustrar las
afirmaciones anteriores, en un trabajo reciente (Boisier, 2001/a: 30) se afirma lo
siguiente: “...hoy el desarrollo es entendido como el logro de un contexto, medio, momentum, situación,
entorno, o como quiera llamarse, que facilite la potenciación del ser humano para transformarse en
persona humana, en su doble dimensión, biológica y espiritual, capaz, en esta última condición, de conocer
y amar. Esto significa reubicar el concepto de desarrollo en un marco constructivista, subjetivo e
intersubjetivo, valorativo o axiológico, y, por cierto, endógeno, o sea, directamente dependiente de la
autoconfianza colectiva en la capacidad para ‘inventar ’ recursos, movilizar los ya existentes y actuar en
forma cooperativa y solidaria, desde el propio territorio...”.
Luciano Tomassini (2000:63) alude al “giro cultural” de nuestra época en
relación al desarrollo con las siguientes palabras: “Vivimos un ´cambio de época´ que rechaza,
en lo esencial, los modelos racionales, uniformes y cerrados que propuso la modernidad madura, en
nombre de la diversidad, de la capacidad para optar y para crear nuestra identidad en sociedades más
complejas, hechas posible por el avance del conocimiento, la tecnología, la información, la libertad, el
consumo y las comunicaciones y por cambios profundos en la subjetividad de las personas. En este
escenario cultural, las economías se orientan hacia la producción de significados, y las sociedades, la
educación y el consumo se mueven en mundos virtuales, poblados de múltiples alternativas potenciales. En
este contexto, la importancia del gobierno, las mayorías electorales y los equilibrios macroeconómicos, del
producto bruto interno y de los ingresos monetarios promedio en las sociedades es por lo menos relativizada
por la emergencia de preocupaciones en torno a la calidad de vida, la participación en la sociedad, la
posibilidad de elegir los propios estilos de vida, la libertad de expresarse, el respeto a los derechos, la
educación, la igualdad de oportunidades, la equivalencia en dignidad, el papel de la juventud y el de la
mujer, la seguridad ciudadana y la vida en las ciudades que, a falta de conceptos previos, se denominan
´temas valóricos´” .
Celso Furtado (1982:149), hace ya exactamente veinte años, habló sin ser
escuchado, acerca del desarrollo, de la manera siguiente: “...Sin embargo la experiencia ha
demostrado ampliamente que el verdadero desarrollo es principalmente un proceso de activación y
canalización de fuerzas sociales, de avance en la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y de la
inventiva. Por lo tanto, se trata de un proceso social y cultural, y sólo secundariamente económico. Se
produce el desarrollo cuando en la sociedad se manifiesta una energía, capaz de canalizar, de forma
convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas” 73.
El mismo Amartya Sen (2000:114) define el subdesarrollo como “... la privación de
capacidades básicas y no meramente como la falta de ingresos que es el criterio habitual con el que se
identifica la pobreza”, apuntando así, de contramano, al carácter no material del
desarrollo.
73
Compárese con la postura similar, quizás si más fuerte, mantenida por este autor en relación a su concepto
de “sinergia cognitiva” como base de un consenso social y político, Boisier (2000).
125
En una conferencia pronunciada por Joseph Stiglitz en La Habana, en este
año74 , éste dijo: “En uno de los países que visité, en lugar de proponerse elevar al máximo el Producto
Interno Bruto, las autoridades se trazaron como misión nacional elevar al máximo la Felicidad Nacional
Bruta. Se trata de un pequeño país y no conozco ninguna nación grande que se haya propuesto
explícitamente semejante objetivo” . Si non e vero....
Sin duda, se podrían agregar casi incontables definiciones actuales que buscan
resituar el desarrollo más en el campo del ser que en el campo del tener. Nunca el
desarrollo debió dejar de ser la utopía social por excelencia, el miltoniano paraíso
perdido de la humanidad.
El peso de la noche cartesiana
Por supuesto que hay que valorar positivamente este progresivo
enriquecimiento multidimensional del concepto de desarrollo. Sabemos ahora que
desarrollo y crecimiento son conceptos estructuralmente distintos, intangible el
primero, material el segundo, con todo lo que ello implica; sin embargo todavía no
conocemos la naturaleza de la relación entre ambos, ya que claramente no se trata de
cuestiones independientes. A modo de hipótesis se puede plantear que tal relación no
sería ni lineal ni jerárquica, lo cual desde luego significa abandonar cualquier idea de
“derrame” o trickling down, tan cara al pensamiento neoliberal de derecha; también
como hipótesis se puede sostener que ambos procesos estarían ligados de una manera
matemáticamente compleja, quizás a través de un “rizo” o loop ( Francisco Varela, el
notable biólogo chileno recientemente fallecido solía decir: “Olvídese de la idea de una
caja negra con entradas y salidas. Piense en términos de bucle”); incluso, se podría
llegar más lejos, como me gustaría hacerlo respaldado con pruebas empíricas, en el
sentido de sostener una articulación descrita por una doble sinoidal enlazada, como el
ADN, lo que sugeriría que a lo largo del tiempo, el orden de aparición de ambos
procesos podría alternarse. Quizás si en ciertos ciclos temporales, primero haya que
crecer para dar una base material en el inicio del desarrollo y quizás en otros ciclos,
primero habría que generar las condiciones psicosociales propias del desarrollo, que a
su vez estimularían procesos económicos tales como el riesgo, la asociatividad, la
innovación y la inversión. ¡Por lo menos suena atractivo!
Con todo lo positivo de la evolución en comento, personalmente aún tengo la
impresión de que somos víctimas del “síndrome de la suma”, de una visión analítica de
las cosas que nos empuja a privilegiar la suma por encima de la multiplicación, una
forma metafórica de apuntar a nuestra escasa capacidad de pensamiento sistémico o a
nuestra tendencia a sentirnos más cómodos con la entropía (un desorden con
tendencia mortal) que con la sinergía.75 Como lo afirma Nieto de Alba: “Hemos llegado a
74
Asimetrías e hipocresía, Conferencia Magistral ofrecida por Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de Economía, en
el IV Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. La Habana, 11
de Febrero de 2002.
75
Sé bien que la Real Academia Española de la Lengua no acentúa la palabra sinergía. Yo haré lo mismo
cuando escuche hablar de entropia, sin acento.
126
considerar que los fenómenos lineales, predecibles y simples prevalecen en la naturaleza porque estamos
inclinados a elegirlos para nuestro estudio, pues son los más fáciles de entender...” (1998: 97).
Aún cuando muchos funcionarios de gobierno no hayan oído jamás términos
tan complicados como “incrementalismo disjunto” o el intraducible muddling through,
ambos ligados a Lindblom (1969), la práctica de la planificación pública y de la
formulación de políticas y programas públicos (con o sin un marco tal como un plan)
se ajusta todavía hoy, a una forma de actuación iterativa, de ataque secuencial a
problemas específicos, en una suerte de piece-meal strategy. Como se ha dicho, detrás
de ello hay algo propio de Popper, en el sentido de ser más fácil obtener consensos en
torno a problemas “maléficos” que en torno a propósitos idealistas. Por el momento
sólo deseo anotar que, como se verá más adelante, el verdadero desarrollo no puede
alcanzarse mediante la “suma” de acciones, sin importar el mérito intrínseco de cada
una de ellas.
Se me ocurre que enfoques como el descrito tienen su explicación última en el
paradigma científico en el cual todos, sin excepción, aquí y allá, hemos sido sobre
entrenados, hablo del paradigma positivista construido desde hace casi medio milenio
a partir de las contribuciones básicas y fundamentales de Newton, de Bacon, de
Descartes, y posteriormente, de Comte, a quien se le tiene generalmente como
fundador del positivismo, aunque el paradigma se construyó a lo largo de dos siglos .
La linealidad, la proporcionalidad, la certidumbre, el empirismo, y sobre todo, la
disyunción cartesiana, base del método analítico, impiden aprehender la realidad
social en su complejidad. El desarrollo, hay que señalarlo ya, es, qué duda puede caber,
una cuestión o un problema de elevada complejidad, cuyo entendimiento requiere
modelos mentales basados en otros paradigmas, específicamente el paradigma
constructivista, como lo plantea entre otros este autor (Boisier, 1998), no lineal,
holístico, probabilístico, subjetivo e intuitivo, etc., y el paradigma de la complejidad,
recursivo, dialógico, hologramétrico, al decir de Edgar Morin. La cuestión, claro está,
es que no se cambia una forma de pensar de la noche a la mañana y dar paso a
personas habituadas a pensar la complejidad requiere ni más ni menos que profundas
reformas al sistema educacional. Lo dice también, con indudable mayor autoridad, el
ahora “disidente” y ya citado J. Stiglitz (2000:101): “...el desarrollo requiere de un cambio de
predisposiciones mentales y, en particular, una aceptación (.....) del cambio”. En su obra Todo lo
sólido se desvanece en el aire, Marshall Berman dejó en claro que ser moderno es
precisamente “estar” en el cambio y aceptarlo, y por ello es que el desarrollo es la
modernidad misma, en cualquier momento histórico.
También conspira al logro del desarrollo la comprensible inmediatez con que
operan los gobiernos, tanto más fuerte cuanto mayor es el déficit material. Nadie puede
oponerse a la urgente necesidad de proveer agua, energía, transporte, o a la
construcción de viviendas, escuelas, hospitales y tribunales, por ejemplo. Pero
confundir todo esto con el desarrollo es un error. En alguna otra parte afirmé que la
construcción de nuevos edificios para tribunales de justicia puede ser una necesidad
evidente, pero ¿garantiza ello más justicia a la población? Tal parece que hay una
tendencia a confundir medios y fines; el desarrollo tiene que ver con los fines y se
enlaza con los medios a través de la eficiencia y de la ética, pero no se confunde con
127
ellos. El desarrollo es teleológico, se ocupa de cuestiones de principios; el crecimiento es
instrumental.
No menos importante, como impedimento al desarrollo, es el “electoralismo”
tan común en situaciones de una democracia competitiva. El afán de mantener el
apoyo de los electores acentúa hasta convertirla en manía, la necesidad del gobierno de
turno de inaugurar obras, visibles a la población. Es cierto, un puente se ve y se usa
inmediatamente, en cambio el paso de una sociedad de la desconfianza a una sociedad
de confianza, una cuestión mucho más importante, no se percibe a simple vista y su
socialización toma un largo tiempo. No obstante, en vez de tirar la democracia por la
ventana y optar por un autoritarismo que provea un horizonte ¿estable? de largo
plazo, es mejor construir un proyecto político nacional consensuado, un proyecto de
Estado más que de gobierno.
Los economistas, que desde temprano se adueñaron del concepto de desarrollo,
están adiestrados mentalmente desde su primer día de facultad en entender lo que se
denomina como “el problema económico”: fines múltiples y jerarquizables y recursos
escasos y polivalentes se nos dijo. Es fácil entender que una dada cantidad de recursos
financieros puede usarse indistintamente en construir viviendas o en comprar armas,
el clásico dilema entre cañones y mantequilla de Samuelson; lo que ya no resulta tan
obvio, por lo menos varios decenios después de haber sido sometido a tal
adoctrinamiento, es que, por ejemplo, la justicia sea más importante que la libertad, o
el capital social más que el capital cívico, al revés de lo que sucede con la importancia
relativa debidamente contextualizada de viviendas o armas. Con el tipo de formación
recibida, un economista en una alta función pública tenderá a aplicar prioridades a
conceptos que son difícilmente jerarquizables, no tienen sustantividad, sólo
adjetividad, porque son valores, y en consecuencia son subjetividades personales no
susceptibles de un manejo externo, o bien jerarquizarán sectores, especialmente
sociales, cuyo crecimiento debe ser concebido como un solo proceso. Se dirá entonces
que la salud viene primero que la educación por ejemplo, sin ahorrar por cierto frases
de buena crianza a favor de la educación. Ahora sabemos que este par de servicios
colectivos deben constituir un todo inseparable (es bien sabido que la falta de
instrucción de la madre resulta determinante en el nivel de salud y de capacidad
mental de los niños); más complicada todavía es una pretendida asignación de
prioridades precisamente a conceptos estrictamente valóricos. Como lo dice Risieri
Frondizi (1945:15): “Los valores no son, por consiguiente, ni cosas, ni vivencias, ni esencias: son
valores”.
El paradigma positivista y el método analítico colocan dos trabas al
pensamiento en general y a la reflexión sobre el desarrollo en particular: inhiben la
comprensión de la complejidad, característica creciente de los procesos sociales, y
coartan una visión sistémica de ellos. Somos víctimas de una suerte de maladie
cartesianne que nos empuja al reduccionismo y cuya consecuencia más significativa, es,
a mi juicio, la incapacidad para formular marcos cognitivos y teóricos capaces de
explicar la estructura y la dinámica de los procesos sobre los cuales se demanda una
intervención social (no necesaria ni exclusivamente gubernamental), marcos que
debieran, si existiesen en verdad, garantizar la eficiencia de las intervenciones. Al no
existir, al seguir creyendo que el desarrollo se logra “sumando” proyectos, el objetivo
128
se torna “esquivo” como acostumbraba a denominarlo Marshall Wolfe, el recordado
sociólogo australiano de la CEPAL, inalcanzable o alcanzable mediante la “buena
suerte”, o mediante larguísimos procesos de auto-organización sistémica,
incompatibles en su temporalidad con las demandas sociales. En tanto que los
fenómenos simples pueden ser analizados por partes (ya que en estos casos el todo es
igual a la suma de las partes) y se puede entender algo sobre el sistema aún sin
entender el todo, en los sistemas caóticos (de elevada complejidad y sensibilidad)
predomina la no localidad, pues requiere el conocimiento del todo para entender las
partes (puesto que en estos casos el todo es mayor que la suma de las partes).
Pero no se crea que el maletín de esquemas teóricos sobre crecimiento y
desarrollo (territorial) 76 se encuentra vacío. Bien por el contrario, está casi repleto,
sólo que la pertinencia de su contenido es cuestionable.
Recientemente he tenido la oportunidad de leer dos magníficas síntesis sobre
teorías del crecimiento y desarrollo territorial. H. W. Armstrong (2002:232-242)
examina sintéticamente el conjunto “a la moda” en esta materia y señala : “There are no
fewer than seven separate theories of regional growth ‘in play’”, para enunciarlas a continuación:
la teoría de la convergencia condicional neoclásica, la teoría del crecimiento endógeno,
las teorías radicales y “post-fordistas”, la teoría del capital social, los modelos de la
nueva economía geográfica, los modelos de competitividad exportadora, y los “medios
innovadores” y regiones que aprenden. Si alguna crítica se pudiese hacer al recuento
de Armstrong, por lo demás extensible a la mayoría de los autores anglosajones, tiene
que ver con una exagerada autoreferencia a la literatura en esa lengua.
Paralelamente y a este lado del Atlántico, el economista colombiano E. Moncayo
(2002) ha preparado recientemente y por encargo del ILPES (Instituto
Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social, un organismo de
las NN.UU.) un completo documento en el que también anota, como respaldo de las
políticas regionales ensayadas en América Latina, categorías teóricas como el enfoque
keynesiano, el enfoque neo-clásico, los enfoques sobre crecimiento endógeno, y los
correspondientes a la acumulación flexible.
Estoy seguro que la mayoría de los especialistas en el tema se sienten
insatisfechos con todo este instrumental, que en su enorme mayoría, apunta al
crecimiento económico más que al desarrollo. No escapa este conjunto a la herencia
positivista y analítica del “peso de la noche cartesiana”.
76
En algún momento habrá que volver sobre la expresión “desarrollo territorial” para convalidarla, en la mejor
tradición “perrouxiana”, como la manera correcta de conceptuar el desarrollo, que fue, es y será, siempre un
fenómeno territorial y no abstracto.
129
La evolución del concepto de desarrollo: tratando de corregir
errores
La Carta del Atlántico, documento político para ordenar el mundo de la
posguerra firmado por Roossevelt y Churchill en 1941, parece representar el
nacimiento de la idea de desarrollo en el campo de las políticas públicas
internacionales y nacionales.
Se expresa en este documento que el único fundamento cierto de la paz reside en
que todos los hombres libres del mundo puedan disfrutar de seguridad económica y
social, y por lo tanto, se comprometen a buscar un orden mundial que permita
alcanzar estos objetivos una vez finalizada la guerra. Idéntica declaración de
principios se establece en la Conferencia de San Francisco en 1945 que diese forma a
las Naciones Unidas. Es de sobra conocido que desde sus inicios, las Naciones Unidas,
particularmente a través de las Comisiones Regionales y muy en particular a través de
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) hace del análisis
del desarrollo un tema preferente tanto en la reflexión como en los estudios empíricos.
Inicialmente el concepto de desarrollo (económico) fue asociado al crecimiento.
Por ejemplo, como lo citan Solari, Franco y Jutkowitz (1976: 91), José Medina
Echeverría, el español considerado como el padre de la sociología latinoamericana del
desarrollo, sostenía que:“El desarrollo económico es un proceso continuado cuyo mecanismo esencial
consiste en la aplicación reiterada del excedente en nuevas inversiones, y que tiene, como resultado la
expansión asimismo incesante de la unidad productiva de que se trate. Esta unidad puede ser desde luego
una sociedad entera..."
Idéntica postura es listada por O. Sunkel y P. Paz (1970) al enumerar las
características o enfoques actuales del desarrollo (los autores escribían hace más de
treinta años) subrayando la identidad entre crecimiento y desarrollo.
Durante dos décadas el desarrollo continuó siendo casi un sinónimo de
crecimiento y el PIB agregado y sobre todo, el PIB per cápita fue la medida corriente
del nivel de desarrollo. Esto contribuyó a consolidar el dominio profesional de los
economistas en el tema del desarrollo, algo que generó una suerte de circularidad
viciosa de reduccionismo económico, que poco ha ayudado a entender la verdadera
naturaleza del fenómeno y al diseño de formas eficaces de intervención promotora.
El economista británico Dudley Seers provocó a fines de los años sesenta una
verdadera revolución en materia de desarrollo con su conocido artículo acerca del
significado del desarrollo .
Según Seers (1970) el punto de partida de una discusión acerca del desarrollo es
reconocer que “desarrollo” es un concepto normativo, lleno de juicios de valor. El
mismo se pregunta acerca de la fuente de tales juicios de valor, rechazando la posición
de Tinbergen (el gobierno) tanto como la propuesta implícita en la teoría de la
130
modernización social (copiar el sendero de desarrollo de otros países) y también
rechaza un liberalismo a ultranza que implicaría la permisividad para que cada
individuo introduzca sus propios juicios de valor. Seers, fuertemente inspirado en el
pensamiento de Gandhi, sostiene que debemos preguntarnos a nosotros mismos acerca
de las condiciones necesarias para la realización del potencial de la persona humana,
algo comúnmente aceptado como objetivo. A partir de esta pregunta Seers apunta a la
alimentación, como una necesidad absoluta (inmediatamente traducida a pobreza y a
nivel de ingreso); una segunda condición básica para el desarrollo personal es el
empleo y la tercera, es la no discriminación o la igualdad entendida como equidad, y
aquí por tanto ya se introduce un elemento subjetivo e intangible puesto que el
concepto de equidad tiene tales dimensiones, como se plantea por ejemplo en un
trabajo de la CEPAL (1990).
Finalmente, Seers señala textualmente (1970: 33): “The questions to ask about a
country´s development are therefore: What has been happening to poverty? What has been happening to
unemployment? What has been happening to inequality? If all three of these have declined from high
levels, then beyond doubt this has been a period of development for the country concerned”.
Será necesario esperar otra vez dos décadas para que el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), inspirado particularmente en ideas de
Amartya Sen, de Mahbub ul Haq, de Richard Jolly y otros, introdujese una nueva
acepción y una nueva forma de medir el desarrollo a través del concepto de un Indice
de Desarrollo Humano. Desde comienzos de los noventa el PNUD ha publicado
sistemáticamente el resultado de la aplicación empírica de este concepto en países y
también a nivel mundial enriqueciendo enormemente la idea de desarrollo.
Según se escribe en el informe del año 1996 (55/56): “El desarrollo humano puede
describirse como proceso de ampliación de las opciones de la gente...Más allá de esas necesidades, la gente
valora además beneficios que son menos materiales. Entre ellos figuran, por ejemplo, la libertad de
movimiento y de expresión y la ausencia de opresión, violencia o explotación. La gente quiere además tener
un sentido de propósito en la vida, además de un sentido de potenciación. En tanto miembros de familias y
comunidades, las personas valoran la cohesión social y el derecho a afirmar sus tradiciones y cultura
propia”.
Desde el punto de vista conceptual el Indice de Desarrollo Humano (IDH)
intenta ser una aproximación a la medición de los niveles de Desarrollo Humano de las
personas en los distintos países, según se afirma en el informe sobre Chile del año 1996.
Por razones metodológicas, este Indice no incluye todos los ámbitos que el concepto de
Desarrollo Humano considera. Es así como reúne sólo tres componentes del Desarrollo
Humano: calidad de vida, longevidad, y nivel de conocimiento. Estas dimensiones,
ligadas al nivel de vida de la población, pero también al desempeño de indicadores
sociales del ámbito de la salud y de la educación, reflejan en sí mismas la evolución de
muchas otras variables a lo largo del tiempo. Por tanto, se concluye en el estudio
citado, constituyen una síntesis de diversos elementos que conforman el Desarrollo
Humano.
En el caso de salud, se mide la esperanza de vida al nacer. En el área de
educación actualmente se usa como variable la Mediana de Años de Escolaridad de
personas de más de 25 años. Finalmente el Indice considera la disponibilidad de
131
recursos económicos medida a partir del poder adquisitivo sobre la base del PIB per
cápita ajustado por el costo de vida. Es importante destacar la diferente naturaleza de
las variables incluídas en el Indice, algunas de tipo “stock” y otras de tipo “flujos”.
Nuevamente hay que apuntar a la creciente “subjetivización” e
“intagibilización” del concepto de desarrollo y de su medición, algo que reclamará un
verdadero cambio de paradigma.
A mediados de los años noventa, el entonces Secretario General de las Naciones
Unidas, Boutros Boutros-Gali publica en 1995 el informe titulado An Agenda for
Development, documento que incluye con el mismo título un capítulo correspondiente
al Report of the Secretary General A/49/665 del 11 de Noviembre de 1994. En este
capítulo el Secretario General define cinco dimensiones del desarrollo, llevando
definitivamente este concepto al plano de lo intangible y abriendo entonces la puerta a
profesionales provenientes de disciplinas distintas de la economía en el trabajo sobre
desarrollo. Sociólogos, politólogos, psicólogos, historiadores, ecólogos, antropólogos y
profesionales de la cultura encuentran ahora nuevos espacios de trabajo. La inter y la
multi disciplinariedad comienzan a abrirse paso.
Las dimensiones introducidas por Boutros-Gali son las siguientes:
“ 1] Peace as the foundation. Traditional approach to development presuppose that it takes place under
conditions of peace. Yet that is rarely the case....Development cannot proceed easily in societies where
military concerns are at or near the centre of life.
2] The economy as the engine of progress. Economic growth is the engine of development as a
whole....Accelerating the rate of economic growth is a condition for expanding the resource base nad hence
for economic, technological and social transformation...It is not sufficient, however, to pursue economic
growth for its own sake.
3] The environment as a basis for sustentability. Development and environment are not separate concepts,
nor can one be successfully address without reference to the other.
4 ] Justice as a pillar of society. Development does not takes place in a vacuum, nor its is built upon an
abstract foundation. Development takes place within a specific societal context and in response to specific
social conditions....People are a country´s principal asset. Their well-being defines development.
5 ] Democracy as good governance. The link between development and democracy is intuitive, yet its
remains difficult to elucidate...In the context of development, improve governance has several meanings. In
particular however, its means the design and pursuit of a comprehensive national strategy for development.
Its means ensuring the capacity, reliability and integrity of the core institutions of the modern State”.
En este breve recuento de la historia del concepto de desarrollo resulta obligado
incluir una propuesta, intermedia en el tiempo, publicada en español en un número
especial de la revista Development Dialogue (Fundación Dag Hammarskjold) y que
representa, a juicio de muchos, la más acertada propuesta para un verdadero
desarrollo, pero que, lamentablemente, nunca logró traspasar las barreras del mundo
académico. Se trata de la propuesta conocida como Desarrollo a Escala Humana, en la
versión de Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, (1986)
economista, sociólogo y filósofo respectivamente, algo por demás sugerente. En las
palabras de sus autores: “Tal desarrollo [el desarrollo a escala humana] se concentra y sustenta en la
satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de
autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de
los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con
la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado”.
132
Hay que reconocer la extraordinaria contemporaneidad de esta definición. De
hecho, buena parte de los conceptos que se discutirán en las secciones siguientes
podrían ser simplemente remitidos a esta definición. En particular, hay múltiples
puntos de coincidencia o al menos de semejanza entre esta propuesta y su lenguaje y la
propuesta de Boisier (2001/b) sobre capital sinergético y desarrollo territorial, si bien
ambas han sido formuladas en forma absolutamente independiente entre sí.
En el “desarrollo a escala humana” se avanza en la subjetivización del
desarrollo, se categorizan los recursos no convencionales (notablemente similares a las
varias formas de “capital intangible” usadas por Boisier) y se hace hincapié en la
utilización de la sinergía como motor de desarrollo. Tales similitudes hablan por sí
mismas de una época de transición paradigmática, como lo sostendría seguramente
Kuhn, transición caracterizada por el hecho de que miembros de una misma
comunidad del saber, sin contacto entre sí, comienzan a plantear las mismas dudas, a
explorar los mismos nuevos senderos, a inventar similares neologismos, a formular
nuevas y parecidas propuestas.
Esta última reflexión lleva a otra, de particular importancia, ya enunciada. En
la medida en que se reconoce en el desarrollo un concepto complejo, profundamente
axiológico, multidimensional, constructivista, cualitativo en su esencia e intangible por
consecuencia, el paradigma científico que ha dominado el desarrollo científico de la
modernidad, el paradigma asociado a Isaac Newton y a las leyes de la mecánica celeste,
a Francis Bacon y al método experimental como único fundamento del conocimiento
científico y a René Descartes y al razonamiento analítico, deja de ser útil para
entender el desarrollo por su carácter de un paradigma reduccionista, mecanicista y
lineal. Entender el desarrollo requiere de enfoques holísticos, sistémicos complejos y
recursivos. Morin, Prigogine, Capra, Drucker, Fukuyama, Habermas, Luhmann,
Maturana, Varela y otros, son algunos de los nombres que comienzan a estar detrás de
un nuevo paradigma.
La cuestión práctica, lo que debiera interesar a los practitioners del desarrollo,
entre los cuales los más importantes son precisamente las autoridades locales, es que se
requiere de un verdadero re-entrenamiento mental para poder intervenir con alguna
posibilidad de éxito en el fomento del desarrollo, no sólo del crecimiento. Hay por
delante una tarea gigantesca e imprescindible para la comunidad académica, para
instalar en la estructura curricular de pre y post grado el paradigma propio de la
complejidad.
Hablando precisamente sobre subjetividad social y desarrollo humano, el
sociólogo del PNUD P. Güell (1998) señala con mucho acierto que: “Un desarrollo que no
promueve y fortalece confianzas, reconocimientos y sentidos colectivos, carece en el corto plazo de una
sociedad que lo sustente. Entonces la viabilidad y éxito de un programa de desarrollo dependerá del grado
en que las personas perciban ese programa como un escenario en que su subjetividad colectiva es
reconocida y fortalecida”.
El mismo autor desarrolla un documento cuyas secciones son sumamente
llamativas y cuyos títulos son: 1] Las personas y su subjetividad no son un recurso
adicional, sino un requisito indispensable del desarrollo; 2] Reconocer la subjetividad
social no significa construirle defensas y refugios frente a la globalización, sino
133
potenciar su capacidad de manejarla; 3] La reivindicación de la subjetividad colectiva
como objetivo y motor del desarrollo no debe derivar en un populismo voluntarista; 4]
La toma de decisiones para el desarrollo no puede ser tecnocrática, pues involucra
incertidumbre, respeto a la diversidad y discernimiento público.
Propiedades emergentes, sinapsis neuronal, energía social
y sistemas territoriales complejos. Una mirada heterodoxa al
desarrollo
El escaso éxito mostrado por los intentos de provocar, en lapsos socialmente
aceptables, procesos reales de desarrollo societal, por lo menos en América Latina,
justifica la audacia de ensayos disidentes77, lejanos a la repetición y a la rutina,
rupturistas y alejados en consecuencia de la ortodoxia, como lo sugiere A. Hirschmann
en las conversaciones sobre su propia vida, siempre “traspasando fronteras”
(1999:111).
Para comenzar tal vez sea conveniente remarcar lo señalado por este autor en
un trabajo anterior (Boisier, 2000/a) en relación a una lógica territorial irreductible
que se descubre históricamente en el proceso de desarrollo. El autor lo expresaba de la
manera siguiente: “Si estas proposiciones son correctas, entonces el desarrollo comienza por ser un
fenómeno local, de pequeña escala, y ciertamente endógeno. Pero para poder desplegarse como un proceso
endógeno ya se sabe que se requiere previamente adquirir la cualidad de descentralizado. Y entonces a
partir de este momento el desarrollo comienza a expandirse desde abajo, hacia arriba y hacia los lados de
acuerdo a un proceso de capilaridad […] Pero también a partir de este momento y de este punto se presenta
la dialéctica […] Dos resultados pueden, de aquí en adelante, graficar la geografía del desarrollo: una
expansión tipo mancha de aceite […] o bien una expansión tipo archipiélago o en un caso extremo, la
patología estricta de centro-periferia” (2000/a: 105).
¿Y si, como se sugiere abiertamente en el título de este documento, el desarrollo
no sea alcanzable mediante la sumatoria de acciones, sino mediante una simultaneidad
que lo haga surgir, que lo haga emerger ? ¿Adónde nos lleva esto?
La respuesta es en principio simple: si así fuese, habría que repensar el
desarrollo (el proceso y su estado de realización en cualquier momento) a la luz de un
marco de razonamiento más sistémico. Concretamente habría que reflexionar y
trabajar el tema desde la perspectiva de la teoría de sistemas78 y ello llevaría
rápidamente a sospechar que el desarrollo –territorial como es—no es sino una
77
Hay que observar que los “casos exitosos” recientes (esto quiere decir, grosso modo, posteriores a la década
de los años 40 del Siglo XX) de desarrollo territorial en América Latina, por ejemplo, la provincia del
Neuquen en Argentina, la de Córdoba también en Argentina, el departamento de Santa Cruz de la Sierra en
Bolivia, la provincia de Concepción en Chile, algunos estados del Sur del Brasil, los departamentos de
Antioquia y Valle del Cauca en Colombia, el estado de León en México, el estado de Ceará (en proceso) en el
Brasil y algún otro que se escapa, son casi todos, el resultado de fuerzas externas e internas (el Estado y la
propia Región) con predominio no de las políticas centrales sino más bien de los esfuerzos locales.
78
Nada muy novedoso en verdad, porque, entre otros, Jay Forrester fue el primero en mirar a la ciudad como
un sistema, ya en la década de los años 60.
134
propiedad emergente de un sistema territorial dinámico complejo adaptativo y
altamente sinergizado.
Las implicaciones teóricas y prácticas de una hipótesis como ésta, si validada,
son enormes.
El mismo título de este documento no es accidental; bien por el contrario, ¿Y
si...? busca situar la cuestión del desarrollo de lleno en el campo de la complejidad y
de la simulación. Como lo señala Arthur Battram en su notable, espectacular libro
“Navegar por la complejidad”: “La simulación por ordenador es un recurso muy utilizado en la
investigación de la complejidad: posibilita un nuevo tipo de averiguación científica y responde preguntas
del tipo “Y si”, con iteraciones repetidas para analizar todas las posibilidades de una situación”
(Battram, 2001: 129, subrayado del autor).
Las propiedades emergentes se definen 79 como “fenómenos culturales y sociales
que emergen de las interacciones e intercambios entre los miembros de un sistema
social” 80. Algunos ejemplos en esta perspectiva son los roles grupales, normas, valores,
fines, entendimientos, experiencias compartidas, vocabularios compartidos, etc. “Las
propiedades de la globalidad pueden emerger de la comunicación del sistema consigo mismo en función de
su intencionalidad o finalidad, o emanar de sus relaciones con el entorno” señala Nieto de Alba
(1998: 129).
Otra definición apunta que las propiedades emergentes son las características
funcionales inherentes a un objeto agregado. Son esenciales a su existencia—sin ellas,
no existe el objeto agregado. Más formalmente, una propiedad emergente es una
característica funcional única de un objeto agregado que ‘emerge’ de la naturaleza de
sus partes componentes y de las relaciones forzadas que se han formado para atarlas
en su conjunto. Esta característica funcional es propia del agregado y no se puede
encontrar en sus partes. Una región no es la suma de provincias o de sectores.
Se ha atribuido, creo, a Prigogine, apuntar a la paradoja derivada del hecho de
que vivimos en un mundo de propiedades emergentes, sin darnos cuenta de ello y sin
entender nada de ellas. Fenómenos tan convivenciales como la inteligencia, la
conciencia, nuestra visión tridimensional, el amor, la vida, el arcoiris, la humedad del
agua, la capacidad de mostrar el paso del tiempo del reloj, etc., etc., son todas
propiedades emergentes de sendos sistemas que alcanzan determinados niveles de
complejidad.
He utilizado con frecuencia, con fines pedagógicos, un ejemplo muy sencillo que
permite entender este concepto. Me refiero a una moda de hace algunos años
consistente en la preparación de unos muy coloridos cuadros formados por una
enorme cantidad de puntos multicolores (algo parecido al impresionismo en pintura)
que debían ser mirados de una cierta manera para ver emerger una figura. Obsérvese
que una mirada analítica o segmentada no producía el efecto buscado, sólo lo generaba
una suerte de mirada holística.
79
80
Hay innumerables definiciones, pero son casi todas idénticas.
http://faculty.washington.edu/lolswang/html
135
C. Gershenson (2001) dice que podemos definir como niveles de abstracción a los
niveles donde podemos identificar un sistema simple (sin propiedades emergentes
porque el sistema es compuesto por un elemento el cual no interactúa con otros. Todas
las propiedades del sistema las posee también como elemento único del sistema). Al
empezar a interactuar diversos sistemas simples, se empiezan a formar sistemas más y
más complejos, hasta que la ciencia actual no puede predecir computacionalmente el
comportamiento del sistema. A este fenómeno se le conoce como complejidad
emergente. Pero después, dentro de un sistema empieza a haber regularidades, se
autoorganiza, y al percibir de nuevo fenómenos repetitivos, podemos asociarlos a un
concepto, nombrarlos, describirlos, y comprenderlos, porque el sistema resultante se
ha hecho simple, debido a una simplicidad emergente. Y al interactuar los sistemas
simples vuelven a presentar complejidad emergente y así sucesivamente.
Los sistemas complejos explican cómo es que se pueden formar propiedades y
fenómenos nuevos (emergentes), al interactuar los elementos de un sistema. Estas
propiedades no salen de la nada por el hecho de no estar en los elementos. Salen de las
interacciones entre ellos. De esta forma se puede explicar la mente emergiendo de
muchas interacciones a distintos niveles: entre las neuronas del sistema nervioso, entre
el individuo y su mundo, entre distintos individuos, entre el individuo y su sociedad y
entre el individuo y su cultura. Acá se entra al campo de la variedad, (complejidad) que
Gell-Mann (1995) clasifica en complejidad rudimentaria o algorítmica, de carácter
aleatorio y en consecuencia no comprimible y la complejidad efectiva que tiene relación
con los aspectos no aleatorios de una estructura o de un proceso 81.
La variedad es la medida de la complejidad de un sistema. El número de estados
que puede producir un sistema es una medida de su variedad y por tanto de su
complejidad. En un caso muy simple, el refrigerador doméstico sólo puede producir
dos estados: frío y no frío; en consecuencia su variedad y su complejidad es mínima,
sólo dos.
Una organización compuesta por muchos elementos, personas por ejemplo,
puede producir una cantidad tan grande de posible estados que la predicción del
comportamiento del sistema se haga imposible, casi caótica, amenazando la propia
existencia del sistema.
Esto significa que los sistemas muy variados y en consecuencia muy complejos,
como puede ser una sociedad regional deben ser organizados , dotados de formas de
regulación que permitan un grado posible de predicción de su conducta. O sea que
organizar implica siempre controlar, en el sentido de disponer de una capacidad para
prever el comportamiento del sistema sin importar su grado de diversidad o
complejidad. Este razonamiento se encuentra en la base de la Ley de la Variedad
Necesaria de Ashby.
81
He tenido la oportunidad de ver al físico Murray Gell-Mann en una entrevista de televisión en Chile en la
cual trataba—con mucho sentido del humor—de explicar la complejidad mediante la descripción del patrón de
diseño de varias corbatas que el mismo llevaba en un bolso, desde las tradicionales de franjas repetidas (poca
complejidad) hasta las más surrealistas (alta complejidad), dejando en claro, además, que eran todas de
afamadas marcas.
136
Hay tres maneras de enfrentar el problema de controlar un sistema. Se puede
reducir la variedad, mediante mecanismos reductores que disminuyan las interacciones
entre los elementos del sistema, que reduzcan los estados posibles. Estos reductores, en
los sistemas sociales, son normas, valores, costumbres, leyes, pautas culturales, etc. Se
puede, alternativamente, amplificar la variedad, aumentando la complejidad del
elemento de control hasta equipararla con la del sistema controlado, en el ejemplo del
refrigerador doméstico su elemento de control es el termostato, que tiene un grado
mayor de variedad o complejidad que un interruptor eléctrico, puesto que el
termostato interactúa con el refrigerador, o sea, al pasar del interruptor al termostato
se amplificó la variedad. Hay que notar que esta segunda posibilidad, la ampliación
permanente, puede llevar a situaciones prácticas imposibles de manejar, por tanto es la
reducción de la variedad o de la complejidad del entorno acompañada de un aumento de
la variedad o complejidad del sistema la forma adecuada de evitar el caos. Hay una
tercera manera de tratar la cuestión del control del sistema: absorber la variedad. Se
dice que en Occidente se usa como método tradicional de control, la reducción de la
complejidad, en tanto que en China se usa la absorción de la complejidad, todo ello
debido a patrones culturales diferentes.
Estas cuestiones parecen demasiado abstractas y alejadas de los problemas
concretos del desarrollo de un territorio. No obstante, la globalización, a través de la
apertura económica que produce en países y regiones, coloca a los territorios en una
relación muy peligrosa con lo que pasa a ser su nuevo entorno: el mundo, que, visto
como un sistema naturalmente mayor que cualquier país o región, presenta un grado
de complejidad infinitamente mayor que obliga a los sistemas menores a aumentar su
complejidad o a reducir la complejidad del entorno o a hacer ambas cosas
simultáneamente a fin de evitar su desaparición por “inmersión”. En otras palabras, el
aumento de la complejidad se transformará en la pieza maestra de toda estrategia
territorial de desarrollo. Este tema, la complejidad del sistema y de su entorno,
constituyó una de las preocupaciones principales de Niklas Luhmann, quien afirmó
que: “hay que distinguir entre el entorno de un sistema y los sistemas en el entorno” (Luhmann,
1997:52). Para muchos territorios la globalización puede ser tan amenazante,
metafóricamente, como la llama de la lámpara lo es a la mariposa nocturna....¡si la
aproximación es poco inteligente!
Según lo expresa David Byrne (1998), la complejidad sistémica no sólo pone en
relieve la no linealidad de los procesos reales (por oposición a los modelos
matemáticos); además, los procesos reales se muestran en forma evolutiva. Esto
significa que estamos tratando con procesos (y con un proceso en especial: el
desarrollo) que son fundamentalmente históricos. No son temporalmente reversibles y
esto resulta de particular interés precisamente en el desarrollo, como es fácil de
entender, ya que una vez que una sociedad se “coloca” en el sendero virtuoso del
desarrollo difícilmente experimentará una regresión. “La física de Newton nos habla de
trayectorias que pueden ser expresadas por medio de ecuaciones. Conocidas las condiciones iniciales, tales
trayectorias son predecibles y reversibles....En esas ecuaciones el tiempo no existe...La evolución biológica
por el contrario es un proceso irreversible” (Arsuaga y Martínez, 2001:331). Lo mismo sucede
con el desarrollo, que en el lenguaje de la teoría del caos, parece ser un “atractor”,
pero entendido este concepto no en forma estática, sino más bien como una “sendero”
dinámico. Así como el paradigma positivista, fuertemente newtoniano, abrió espacios a
137
82
modelos políticos, económicos y sociales basados en un tiempo reversible, el nuevo
paradigma de la complejidad, operando con un tiempo irreversible, deberá generar
modelos sociales y económicos congruentes, entre ellos, modelos de desarrollo, a cuya
búsqueda andamos .
El concepto de sinapsis neuronal, de la neurofisiología, es otro concepto que
puede ser de extrema utilidad en el campo del desarrollo.
La sinapsis (del griego enlace, unión) es el contacto sin fusión entre el cilindro
eje de una neurona y el cuerpo celular o las dendritas de otra a cuyo nivel se transmite
el impulso nervioso de una a otra célula. Se trata, aparentemente, de una transmisión
química y eléctrica. La inteligencia parece ser una función directa de la densidad de la
sinapsis cerebral; se evalúa en aproximadamente cien mil millones el número de
neuronas en un cerebro humano, aunque cada neurona tiene sólo unos 10.000
contactos con otras neuronas y estos contactos no son continuos, sino intermitentes
según lo expresa Charles Francois 83. La inteligencia es considerada una propiedad
emergente de la sinapsis neuronal.
Es interesante este punto. El mismo autor recién citado ha explorado la analogía
entre la sinapsis neuronal y la globalización,84 (Francois, 2002) señalando que “En sí
misma, la globalización aporta propiedades emergentes, que resultan de las interacciones que transforman
una colección de elementos incoordinados en un sistema coherente y funcional. Este aporte emergente
resulta de las sinergias que se producen al entrar en contacto elementos anteriormente inconexos”.
En un reciente trabajo sobre descentralización presentado a un seminario
internacional realizado en Medellín (Colombia)85 utilicé una variante del título del
magnífico film de Stanley Kubrick originado en una novela de Arthur Clarke, 2001:
La Odisea del Espacio, para narrar “la odisea del desarrollo territorial de América
Latina” a partir de esa fantástica metáfora antropológica del inicio del film en que se
describe cómo los primates de una tribu se transforman súbitamente en homo sapiens
al tocar el extraño monolito basáltico y al producirse en sus cerebros (supongo que ese
era el mensaje) una sinapsis gigantesca e inmediata.
Si se piensa en el desarrollo societal 86 no es difícil ahora entender que se trata
de un concepto y proceso dinámicamente complejo,87 entendido este último vocablo
como descriptor de una situación en la cual interactúan muchos elementos, de manera
a veces difícil de describir y por tanto generando una elevada incertidumbre, propia de
82
Ningún ejemplo mejor que los otrora famosos “modelos gravitacionales” de Walter Isard y la Escuela de
Ciencia Regional de Pennsylvania, donde no pocos de nosotros nos formamos.
83
Charles Francois, Presidente Honorario de la Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y
Cibernética-GESI, Buenos Aires, Argentina.
84
Me gustaría señalar que a quien por primera vez le escuché referirse a la globalización como “una
emergencia sistémica” fue a Federico Bervejillo, joven y destacado arquitecto uruguayo, mientras era
estudiante en el ILPES, (Bervejillo, 1996).
85
Seminario Internacional Los estudios regionales en Antioquia, Medellín, 6 y 7 de Junio de 2002. El
documento se titula 2001: La Odisea del desarrollo territorial en América Latina.
86
Empleo este concepto deliberadamente, más amplio y distinto de “desarrollo social” y también, por
supuesto, de “desarrollo económico”.
87
Sería mejor decir “sistema dinámico complejo”.
138
una elevada variedad. Murray Gell-Mann, Premio Nóbel de Física, ha sostenido que la
complejidad puede ser entendida como la dificultad para identificar regularidades en
un sistema. Interrogada cualquier persona acerca de qué es lo que entiende por
“desarrollo” seguramente enumera una serie de cuestiones como vivienda, trabajo,
educación, salud, seguridad social, ingreso, y tal vez, asuntos más profundos como
cultura, solidaridad, respeto a la alteridad, etc., etc. Probablemente esa persona no sea
capaz de identificar las innumerables interacciones (¿articulaciones sinápticas?) entre
los elementos que ella misma ha enumerado, pero para los especialistas es claro que no
se trata de una suma.
En verdad estamos diciendo simplemente que el desarrollo depende de la
interacción, esto es, de la conectividad y de la interactividad entre varios (muchos)
factores y procesos de menor escala, (de escala “local” en el lenguaje de la
complejidad), por ejemplo, de una cultura (ya se verá cuáles son las implicaciones de
ella), de relaciones de confianza, del papel de las instituciones, de la justicia, de la
libertad, del conocimiento socializado en una comunidad, del conocimiento y de las
destrezas “incrustadas” en las personas, de la salud, de los sentimientos y de las
emociones que acotan y direccionan una supuesta racionalidad instrumental, de la
autoconfianza, de elementos simbólicos que constituyen formas de poder, etc., etc.
Bien, el concepto de sinapsis da cuenta de lo anterior. Como se dijo, sinapsis es
conexión, conectividad, transmisión de “señales” (químicas, eléctricas,
informacionales, y otras). Cuando en una comunidad, como es el caso de algunas
regiones en América Latina, la medicina “moderna” se da la mano con la medicina
“tradicional”, “tribal”, “ancestral”, “natural”, o como quiera llamarse, allí hay
sinapsis, hay intercambio de información.
Pero al igual con lo que sucede en el cerebro para que la inteligencia aparezca
como “emergente”, no basta un elevado número de conexiones binarias, se requiere
que se construya paulatinamente una red de alta densidad, una verdadera “maraña”
de conexiones a través de las cuales fluya información. ¿Sinergía?
En este punto hay que hacer una referencia al concepto de sincronía neuronal88,
muy similar al concepto de sinergia. Lo que me parece sumamente sugestivo, después
de conocer una introducción al tema (Aboitiz; 2001), es el hecho que el cerebro
humano parece tener la capacidad de trabajar con categorías cognitivas analíticas y
sintéticas, simultánea o secuencialmente, algo que debiéramos desarrollar en relación a
nuestra capacidad para intervenir en la realidad (de la falta de desarrollo por
ejemplo). Aboitiz cita a Thompson y Varela (2001) quienes señalan que “...la conciencia
surge como una propiedad emergente, esto es, un proceso global que surge de la dinámica no lineal de las
interacciones locales, y que genera procesos top-down (globales-a-locales) que modulan la dinámica
general del sistema” (Aboitiz, 2001:285).
88
Estoy en deuda con el Dr. Ricardo Rosas, Director de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de
Chile por ponerme en contacto con este concepto, profundamente ligado a los últimos trabajos de Francisco
Varela, no ha mucho fallecido. De todas maneras, el balance de reciprocidad con Ricardo Rosas sigue a mi
favor, dado el hecho no menor de haberse casado con mi hija.
139
Eric Sommer (1996) define el concepto de sinergía como “un sistema de interacciones
entre dos o más actores o centros de acción”. Cualquier conjunto de dos o más seres
interactuantes puede ser considerado como sinergía. La sinergía surge cuando dos
seres interactúan o trabajan juntos de cualquier manera y por cualquiera razón. Para
que surja una sinergía no se requiere un propósito común. Siempre de acuerdo a
Sommer, la sinergía que envuelve un propósito común es una clase especial que se
conoce como “organismo” u “organización”.
La sinergía incluye un conjunto de seres. Cada uno de estos seres aporta su
particular carácter a las interacciones sinérgicas. Estos caracteres que los seres
aportan a sus interacciones en la sinergía incluyen todas sus potencialidades y
disponibilidades, incluyendo sus experiencias, creencias y objetivos que son parte de
sus cosmovisiones. Además de los seres y de sus cosmovisiones, la sinergía también
contiene las interacciones y los patrones interactivos desarrollados entre estos seres.
Finalmente, la sinergía incluye los particulares usos que sus participantes hacen de los
otros, como medios o como instrumentos. Los participantes en la sinergía se sirven
unos a otros como instrumentos o medios toda vez que ellos funcionan como
mediadores o medios mediante los cuales otros participantes en la sinergía interactúan
entre sí.
Señala Sommer que “una organización o un organismo es ‘una sinergia con un propósito
común’. Por ‘organización’ u ‘organismo’ quiero decir un conjunto de seres coadaptados y coordinados
para alcanzar un objetivo común. ‘Organizar’ es, entonces, el acto o el proceso de coordinar y coadaptar un
conjunto de participantes para el logro de un propósito común”.
Esta coordinación, diríase, este consenso social, se logra en un contexto
sinérgico mediante la introducción de energía en él. Energía que puede ser de
naturaleza muy variada: el sentimiento patrio y nacional en una confrontación bélica,
la solidaridad en una situación de catástrofe, la promesa de una satisfacción lúdica en
un juego, la recompensa material o inmaterial en otras situaciones, un “logro-n” (nachievement) à la McClleland, etc.
Aquí deseo introducir el concepto de sinergía cognitiva desarrollado un par de
años atrás en el marco de un experimento de desarrollo regional participativo (Boisier,
2000/b). He definido la sinergía cognitiva como la capacidad colectiva para realizar
acciones en común sobre la base de una misma interpretación de la realidad y de sus
posibilidades de cambio. Es decir, estamos hablando de una energía externa bajo la
forma de un marco cognitivo que es asumido por los participantes en la sinergía y este
marco cognitivo enlaza las posibilidades de acción con un conocimiento actual,
contemporáneo, es decir, enlaza la acción con el conocimiento propio de la sociedad del
conocimiento. Una cuestión de la mayor importancia porque ahora la estimulación del
desarrollo en cualquier parte requiere de intensos insumos cognitivos nuevos. Las
relaciones entre la gestión territorial y el conocimiento propio de la Sociedad del
Conocimiento han sido exploradas en profundidad por este autor recientemente
(Boisier, 2001/a). Este concepto (sinergia cognitiva) puede ser entendido como
negentropía.
140
Como esta situación no se puede lograr mediante procedimientos pedagógicos
tradicionales (no se trata de dictar “cursos” a los agentes sociales, si bien ello puede ser
recomendable en otro momento), la única forma de generar esta sinergía cognitiva 89 es
mediante la instalación de procesos de conversaciones sociales profesionalmente
estructuradas, de manera que toda la cuestión termina por enmarcarse precisamente en
el paradigma constructivista y en el uso del lenguaje, la palabra y el discurso, para
crear actores y proyectos.
Precisamente sobre esto Gershenson (op.cit.) anota que al formarse sociedades,
para lograr fines comunes (organizaciones diría Sommer), se desarrollan medios de
comunicación: lenguajes. Para que haya lenguaje, ya debe haber ciertas construcciones
conceptuales. Los conceptos se forman simplemente al repetirse una experiencia y
cuando se tiene un lenguaje se le puede asignar un nombre al concepto. Los conceptos
pueden hacerse más y más abstractos y el lenguaje permite que ellos sean transmitidos
y discutidos. El lenguaje permite que los conceptos sobrevivan a través de generaciones
evolucionando al mismo tiempo. Estos conceptos representan conocimiento y es la
acumulación de conocimiento lo que da origen a la cultura. La influencia del
pensamiento de Pierre Bourdieu es evidente.
El procedimiento denominado como conversaciones sociales90 busca
precisamente generar un lenguaje a partir de ciertas construcciones conceptuales
(hipótesis sobre el crecimiento y el desarrollo en el territorio) y este lenguaje se
traducirá en un conocimiento socializado sobre la naturaleza (estructura y dinámica)
de los procesos recién mencionados, conocimiento que a su vez jugará un papel de
poder simbólico a favor de quien lo detenta y lo exhibe.
El diálogo, ubicado en el centro mismo de toda conversación social, es, en sí
mismo, un tipo especial de conversación. El diálogo trata de la emergencia: del
nacimiento de nuevos significados y compromisos. “El diálogo es la herramienta que permite
explorar el espacio de posibilidad” (Battram, op.cit.: 58). Para generar un diálogo exitoso, que
produzca emergencia, hay que atenerse a tres reglas básicas: 1) respetar a la persona
que “mantiene el contexto” en cualquier momento del diálogo; 2) suprimir la tendencia
a juzgar o peor, a prejuzgar; 3) considerar todos los puntos de vista igualmente
válidos.
Puede observarse que en forma paulatina comienzan a delinearse tareas
específicas que habría que instalar o potenciar en un territorio para que el desarrollo
emerja: primero, introducir complejidad en el sistema territorial (región, provincia,
comuna, o lo que sea), por ejemplo ampliando la variedad de actividades y
organizaciones, dotar a las instituciones de elevada jerarquía (autonomía decisional)
que las capaciten para establecer regulaciones, estimular una creciente división del
trabajo (y aceptar la incertidumbre asociada), ampliar la malla de conexiones,
incrementar el flujo interactivo, aumentar la proporción de operaciones (de cualquier
89
Que en último término debe traducirse en generar poder social, ya que “el poder surge entre los hombres
cuando éstos actúan unidos” según lo afirmase Hanna Arendt.
90
Sobre la noción de conversaciones sociales en relación al desarrollo es importante revisar algunos trabajos
del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) sobre Chile, en particular los varios informes
sobre El Desarrollo Humano en Chile.
141
clase, financieras, comerciales, tecnológicas, etc.) que tengan su inicio y/o su término
adentro y/o afuera del sistema; segundo, favorecer la sinapsis, es decir la transmisión
de información entre los componentes sistémicos mediante la conformación de redes y
mediante el uso de los medios tradicionales de difusión de la información (estimular la
densificación de la mass-media); tercero, introducir al sistema energía exógena como
por ejemplo, conocimiento, y potenciar la energía endógena (socialización del
conocimiento tácito, autoestima colectiva, autoconfianza, etc.).
¿Qué tipo de estructura de gestión se requiere para
generar desarrollo?
La propuesta central aquí reseñada es que el desarrollo sería una propiedad
emergente de un sistema territorial complejo. Complejo en el sentido primario de ser
difícilmente predecible y puesto que las definiciones científicas se centran en lo que es
previsible, será difícil definir y trabajar la complejidad en términos científicos
tradicionales. De aquí la importancia que adquieren en el desarrollo factores
subjetivos y también el arte, en su sentido lato, en la propia gestión del desarrollo.
Pero hablamos no sólo de un territorio complejo; el territorio socialmente
organizado, que constituye la base física y psíquica del desarrollo es también un
sistema adaptativo complejo, dinámico, disipativo y autopoiético. La tensión constante
entre orden y caos, que se llama “complejidad”, es el resultado de dos procesos
dinámicos que interactúan permanentemente: la necesidad autopoiética de conservar
la identidad, de recrearse continuamente a sí mismo, de resistirse al cambio y de
centrarse en el interior, y la necesidad vital de todos los seres vivos de cambiar, de
crecer, de explorar los límites y de centrarse en el exterior. Un sistema adaptativo
complejo aprende a la vez que se auto organiza. “Parece que un sistema adaptativo complejo es
‘adaptativamente inteligente’, siempre viendo e imaginando modelos, probando ideas, actuando sobre ellas,
descartándolas otra vez, siempre evolucionando y aprendiendo” (Battram, op. cit: 33). En este
sentido, el desarrollo no puede ser sino el resultado de la adaptación interactiva con el
entorno, producto de subsistemas independientes del sistema adaptativo complejo, que
buscan mejorar su situación, en una dialéctica permanente entre impulsos centrífugos
y centrípetos (autopoiéticos).
Otra vez Nieto de Alba: “ Todos los sistemas autorreproductivos, sean individuales o sociales,
constituyen estructuras disipativas, abiertas unas a las otras y solamente capaces de mantenerse y crecer
interdependientemente...El crecimiento sostenido de un sistema disipativo requiere capacidad para
convertir la energía e información del entorno en formas más elaboradas de estructuración interna, al
mismo tiempo que transporta desorden interno al entorno” (1998:129/130). Así que estos sistemas
(como el sistema territorial que tenemos en mente) se caracterizan por una tensión
dinámica entre la eliminación de entropía y la acumulación de neguentropía; si el
balance es favorable el sistema evoluciona mediante su crecimiento interno.91
91
Mayores regulaciones y también mayor variedad de actividades por un lado y creciente sinergia cognitiva
por otro.
142
¿Es posible identificar, en un sistema territorial cualquiera, los sub-sistemas
locales más relevantes para generar desarrollo? Esto es básico para introducir
sinapsis, complejidad, y sinergía de manera que emerja el desarrollo.
Recogiendo muchos aportes de la más variada naturaleza que han apuntado de
manera parcial a elementos que parecen actuar como causalidades del desarrollo y
haciendo con ellos un ejercicio taxonómico para agruparlos en categorías
relativamente homogéneas en su interior, es posible hablar de seis de ellas.
Louis-Joseph Lebret (1969:23/24) decía: “La mayoría de los expertos [en desarrollo] no
se atreven a enfrentarse con la cuestión de los valores ni, en consecuencia, con la de los objetivos de
óptimun humano que hay que proponer...Algunos autores que tratan del desarrollo, adolecen de la cortedad
de miras de su concepción metafísica. Están aprisionados por una teoría del poseer y de la extensión de la
posesión, cuando en realidad habría que subordinarlo todo a ser-más y elaborar una teoría y una praxis del
ser-más que comprendiese la utilización civilizadora del poseer...Para nosotros, lo que cuenta es el hombre,
cada hombre, cada grupo de hombres, la humanidad entera. El objetivo del desarrollo no puede ser otro que
el desarrollo auténtico de los mismos hombres”.
He aquí un respaldo suficiente para comenzar por identificar a un conjunto de
valores como el sub-sistema que define el punto de partida en la búsqueda del
desarrollo, recordando también que D. Seers en ¿Qué estamos tratando de medir?
iniciaba su planteamiento apuntando al carácter axiológico del desarrollo.
Creo que es necesario, al hablar de desarrollo en un territorio (nación, región,
etc.) distinguir entre un cierto número de valores universales, como libertad,
democracia, justicia, paz, solidaridad, igualdad (o equidad o ausencia de
discriminación), ética, estética, heterogeneidad y alteridad, sin los cuales es impensable
el desarrollo en general, y otro número de valores singulares, propios del territorio en
cuestión, que son los valores que confieren una identidad, la que unifica hacia adentro
y distingue y separa hacia fuera; sin este segundo conjunto no será posible conformar
una fuerte comunidad imaginada que haga del propio territorio su principal referente
identitario y que viabilice la cooperación y solidaridad interna porque, “aunque no nos
conocemos personalmente, somos del mismo lugar”, que es el sentido que B. Anderson
(1991) dio a su concepto. Cuando se habla de valores, hoy, en la contemporaneidad, se
alude a nombres como J. Rawls (justicia), A. Sen (igualdad), D.Goulet (ética), M.
Levinas (alteridad) y otros, como se muestra en Parker (1998).
Los actores, individuales, corporativos, colectivos, públicos y privados,
configuran un segundo sub-sistema, siendo precisamente los actores los portadores del
desarrollo. Como lo hemos señalado en varios trabajos anteriores, no resulta suficiente
apelar a los actores en un sentido meramente abstracto; es necesario rescatar de entre
ellos los verdaderos agentes de desarrollo, actores portadores de proyectos, con poder
efectivo como para incidir en el curso de los acontecimientos, los que deben ser
identificados con exactitud a fin de convocarlos en los momentos oportunos 92 (en la
92
Se trata de conocerlos, con nombre, apellido, dirección, inserción en el tejido social, etc. a fin de configurar
una lista ordenada de ellos según su dotación de poder. Hay que recordar que, dejando de lado situaciones
revolucionarias, una activación del desarrollo sólo tiene éxito si se hace con el poder existente y no contra él y,
al contrario de lo que sugeriría un análisis superficial e ideologizado, esto no plantea una situación
conservadora; mas bien plantea el desafío de la asociatividad y de juegos de suma abierta.
143
complejidad los agentes
comportamiento).
son elementos
capaces de
determinar
su propio
Las organizaciones,93 públicas y privadas, conforman un tercer sub-sistema.
Los elementos de este conjunto incluyen objetos, propiedades, y conductas. Quiero decir
que no sólo interesa un catastro de las organizaciones que operan en el territorio (que
serían los objetos), sino que fundamentalmente interesa la evaluación de sus
propiedades o características, en relación a la contemporaneidad. Esto se refiere a la
velocidad de sus procesos de decisión, a la flexibilidad de respuesta a la cambiante
demanda del entorno, a su maleabilidad 94, a su resiliencia, a su identidad con el propio
territorio y, sobre todo, a su inteligencia organizacional (las propiedades); finalmente
interesa también establecer el patrón de relaciones inter- organizacionales a fin de
evaluar el clima de cooperación o de conflicto entre ellas (las conductas).
Los procedimientos, el conjunto de modalidades mediante las cuales el gobierno
local gobierna, administra, informa, y posiciona en el entorno a su propio territorio,
definen un cuarto sub-sistema. Algo más adelante se discutirá el verdadero sentido de
“hacer gobierno”; por el momento hay que señalar que “administrar” es un
procedimiento de rutina que conecta al gobierno con la población en el día a día
mediante la prestación de servicios y es también un procedimiento para asignar
recursos, una vez que los fines han sido establecidos95 . Por otro lado y ello resulta muy
importante en el marco de la Sociedad del Conocimiento y de la Información, los
actores sociales se sienten ahora abrumados por la velocidad, la masividad y la
entropía de la información contemporánea, una cuestión que los empuja a asumir
posiciones conservadoras en lo económico debido a la creciente incertidumbre y a los
elevados costos de transacción; nadie sino el propio gobierno local puede asumir la
tarea de recoger este flujo de información, reestructurándolo ordenadamente en
función de los propios objetivos societales (que se están formulando al mismo tiempo)
para devolverlo de esa manera a sus potenciales usuarios, reduciendo los costos de
transacción, la incertidumbre y la asimetría. Del mismo modo, nadie sino el gobierno
puede encabezar la tarea permanente para posicionar al territorio en cuestión en el
nuevo escenario contextual de la globalización, como se hace, a veces, regularmente a
nivel nacional 96. Como puede apreciarse, administrar es, ahora, más complejo que en
el pasado.
La acumulación o el capital económico configura un quinto sub-sistema obvio,
pero con la observación hecha más atrás en el sentido que sin negar la importancia de
la articulación entre los procesos de crecimiento y de desarrollo, se niega una relación
lineal jerárquica o cualquier planteamiento simplista y se sostiene una complejidad
desconocida de tal articulación. Pero resulta obvio que por intangible que sea el
desarrollo, varios aspectos de tal intangibilidad requieren una base material sólida y en
expansión. Sin un adecuado flujo de inversión neta eficientemente aplicada no puede
93
En el sentido que Sommer otorga a este concepto, como “sinergias con propósito”.
Capacidad para adaptar su propia estructura al entorno.
95
Hay que recordar aquello de que “la administración hace las cosas adecuadamente y la lideranza hace las
cosas adecuadas”.
96
A través de organismos especializados como la agencia gubernamental PROCHILE en el caso de Chile y
tanta otras en distintos países.
94
144
sostenerse en el largo plazo una práctica de desarrollo. Una cuestión importante a
tener presente es que en el contexto de la globalización, con la extraordinaria
movilidad de los factores productivos, principalmente capital financiero y tecnología,
los territorios tienen escasa endogeneidad y más bien, desde el punto de vista de las
decisiones que determinan la conducta de los factores de crecimiento en espacios
subnacionales (capital, tecnología, capital humano, proyecto nacional, política
económica, demanda externa), el crecimiento se muestra como exógeno y ello
determina culturas gubernamentales hacia estos factores distintas de las del pasado.
Los gobiernos deben ahora ser profundamente proactivos 97
Intencionadamente he dejado en el sexto y último lugar al sub-sistema más
importante, si es que aceptamos la naturaleza intangible del desarrollo como proceso y
como estado temporal. Se trata de los capitales intangibles, un amplio conjunto de
factores específicos que pueden ser agrupados en categorías relativamente homogéneas
y cuya importancia no sólo es crecientemente reconocida sino que deriva de la lógica
más elemental; en efecto, si se admite el carácter intangible, subjetivo e incluso
asintótico del desarrollo (en relación a un imaginario eje de su propia realización),
preciso será reconocer que los factores causales o variables independientes deben tener
la misma dimensión, porque está claro que no existe la alquimia capaz de transformar
el plomo en oro. Puesto en blanco y negro: el desarrollo no es causado por la inversión
material, sino por acciones que potencian fenómenos que se encuentran
preferentemente en el ámbito de la psicología social, aunque, según Alain Peyrefitte
(1997:28) “Nos resulta difícil aceptar que nuestra manera de pensar o de comportarnos colectivamente
pueda tener efectos materiales. Preferimos explicar la materia por la materia, no por la manera”.
Estos capitales intangibles son en general de una naturaleza tal que espantan a
los economistas, puesto que su stock aumenta a medida que se usan, es decir, se
comportan exactamente al revés de los recursos descritos en la teoría económica 98.
Hace más de cuatro décadas que A. Hirschmann esbozó una idea semejante al hablar
de los “recursos morales” y por cierto, algunos de estos capitales intangibles están a la
moda, como es el caso del capital social. El autor (Boisier, 2001/b) ha propuesto diez
categorías: capital cognitivo, capital simbólico, capital cultural, capital social, capital
cívico, capital institucional, capital psicosocial, capital humano, capital mediático, y, el
más importante en el planteamiento desarrollado en estas páginas, capital sinergético.
Nombres tales como Bourdieu, Putnam, North, Williamson, Schultz, Fukuyama,
Montero, Becker, Coleman, Hirschmann, y muchos otros se encuentran detrás de estos
conceptos.
Lamentablemente, no es posible en el espacio de este documento99 entrar a un
análisis detallado de estos capitales, aún cuando, repito, se trata de la categoría más
importante en este contexto.
97
En otros trabajos he hablado del paso desde una “cultura del trampero” a una “cultura del cazador” en forma
metafórica para aludir al cambio de actitud de los gobiernos.
98
Un ejemplo inmediato y sencillo es la solidaridad.
99
Las revistas académicas, el vehículo natural para difundir este tipo de planteamiento, se han puesto límites
cada vez más restringidos en el espacio “aceptable” para contribuciones y no resulta extraño recibir una
petición para “cortar por la mitad” un artículo, como si fuera una salchicha.
145
Lo que se tiene entre manos a estas alturas es, figuradamente, un “hexágono del
desarrollo”100. Aquí es donde hay que establecer sinapsis, crear sinergía e introducir
energía.
Acerca de los valores, hay que decir que para transformarlos en elementos
activos del desarrollo no basta una declaración de adhesión. Se necesita por un lado,
investigación histórica y rescate para sacar a luz los valores singulares del territorio en
cuestión101 y se necesita un discurso permanente para mantener viva la adhesión a los
valores universales y singulares. ¿Qué proporción, por ejemplo, de la población de la
Región del Maule (Chile) declara su apego a la valorización de la alteridad, o sea, de la
diferencia, y del “otro” o “no-yo”? ¿Qué significa para esta misma población el ser
“maulino”, o la “maulinidad” como valor? ¿Qué significa ser “paisa” en Colombia, o
sea, originario de Antioquia? Nada de esto puede suponerse como dato del problema;
se trata de variables a crear o rescatar y reforzar. Sin valores no hay ni región ni
desarrollo. La importancia del sistema de educación y de los medios de comunicación
social y también de las universidades o centros de investigación aparece clara y entre
estos elementos hay que introducir articulaciones sinápticas, aunque sean binarias al
comienzo.102
Sobre los actores ya se señaló que el trabajo con los actores requiere bajar de lo
abstracto a lo concreto, descubriendo a los agentes y a su poder relativo (en el ILPES
se desarrolló años atrás una metodología, simple, pero potente, basada en un
sociograma y conocida como el software ELITE, para identificar al conjunto de
agentes con poder, ordenándolos en forma relativa). Hay que inducir a los actores
individuales a agruparse según intereses comunes, a los corporativos a federarse, y a
los colectivos a hacer suyo un discurso supra-sectorial actualizado y moderno sobre el
desarrollo.
En relación a las organizaciones hay que recordar que en torno a ellas se
construye principalmente la asociatividad, una forma de sinapsis clave en el contexto
actual de la globalización y de la sociedad del conocimiento. La asociatividad admite
varias lecturas: entre el sector público y el privado (para construir “partenariado”),
entre empresas, gobierno, y el mundo de la investigación científica y tecnológica para
posibilitar procesos de aprendizaje colectivo e innovación, entre empresas y cadenas de
valor para generar agrupaciones o clusters, y entre territorios mismos para dar origen
a regiones asociativas y regiones virtuales.
En torno a los procedimientos (gobierno, administración, información,
posicionamiento) la tarea consiste en ligar estrechamente los procesos de
modernización en las cuatro áreas señaladas (por ejemplo, la informatización del
100
Algo más refinado que el propuesto por el autor hace años (Boisier, 1996).
Si no existen, hay que admitir que no existe una verdadera región, como territorio organizado capaz
potencialmente de desarrollarse endógenamente, sólo existe un recorte territorial, al cual arbitrariamente se
llama región. Siendo ese el caso ni siquiera se necesita un gobierno, ya que no hay nada, no hay una sociedad
que gobernar, sólo se necesita un órgano de administración que perfectamente puede ser sólo desconcentrado,
como en Chile.
102
La historiadora colombiana María Teresa Uribe ha escrito (2002) un interesante trabajo sobre Antioquia
como “comunidad imaginada”, muy pertinente a esta discusión.
101
146
gobierno debe servir para proveer una mejor prestación de servicios, también para
“colocar” al territorio en el “mapa de la globalización”, el mejor manejo de la
información a su vez debe ser puesto al servicio directo de la función de gobierno así
como de la promoción, y así por delante).
Para atraer capital transformando el territorio en un territorio competitivo
hacia adentro, es decir con capacidad de atraer justamente capital y tecnología, hay
que desarrollar un trabajo profesional y sistemático vinculado a la creación de una
imagen corporativa, un logo, y una idea fuerza. Esta tarea se apoya en la cultura y en el
propio proyecto de desarrollo, combina pasado y futuro; además, requiere de
conocimiento científico sobre una serie de cuestiones, como por ejemplo, los
requerimientos locacionales actuales de las varias actividades manufactureras, (mucho
más sofisticados que en el pasado), posibilidades de desarrollo tecnológico de los
recursos regionales, normas y códigos internacionales sobre capital y propiedad
intelectual, etc., etc. Todo ello debe ser enmarcado en un esfuerzo de promoción y
publicidad o marketing territorial (Caroli; 1999).
En el variado conjunto de capitales intangibles, sindicados acá como el factor de
desarrollo más importante, las acciones sinápticas son múltiples. Muchos de los
capitales intangibles mantienen naturalmente entre sí articulaciones con variada
fuerza, por ejemplo, el capital cognitivo y el cultural, el social y el cultural, el cívico y el
institucional, etc. Se tratará de pasar de conexiones binarias a conexiones múltiples
mediatizadas por el papel asignado al capital sinergético.
La energía e información (neguentropía) que hay que introducir en este sistema,
que ya ha aumentado considerablemente su complejidad, para que emerja el
desarrollo, está representada como se dijo por una sinergía cognitiva apoyada en un
proceso de conversaciones sociales.
¿Puede una estructura tradicional de gobierno territorial hacerse cargo de estas
tareas? Me parece que la respuesta es claramente negativa. Lo afirma también
Yehetzel Dror (1996:77): “...Y las formas disponibles de gobierno no son adecuadas para manejar las
necesidades y oportunidades en un mundo en constante cambio”.
Quizás si la limitación más severa que entraba el papel de los gobiernos subnacionales en relación al fomento del desarrollo radica en su incapacidad práctica para
pensar, reflexionar y aventurarse en el largo plazo.
Es fácil atribuir esta limitación a restricciones presupuestarias y de personal,
pero mi experiencia me muestra que también en muchos lugares –y Chile es uno de
ellos—hay en los tecnócratas públicos (especialmente en las regiones) un verdadero
miedo a la innovación, que responde a patrones culturales que miran mal al innovador,
que incluso llegan a castigar socialmente la innovación (mediante la ridiculización, la
marginación, pérdida del empleo, etc.). Estos patrones son propios además de culturas
autoritarias que permean todos los ámbitos de trabajo103 ; en estas condiciones,
proponer cambios, proponer innovaciones supone un alto riego funcionario y se puede
103
En Chile esto es muy evidente y fue, por cierto, acentuado durante el Gobierno Militar de 17 años.
147
llegar a ser fácilmente un “Cristo de nuevo crucificado”, aludiendo al título de la
novela de Kazantsakis. Todo esto además se magnifica en espacios sociales y
burocráticos de pequeña escala, proxémicos, como sucede en los ámbitos subnacionales, en los cuales incluso la persona de la autoridad es demasiado cercana, física
y jerárquicamente hablando.
Hay varias otras razones que impiden que los gobiernos sub-nacionales
cumplan el papel que se ha imaginado para ellos. Varias de estas razones fueron
mencionadas más atrás de manera que acá sólo es necesario agregar una adicional. Me
refiero al hecho de que en muchos casos la organización denominada (incluso en la ley)
“gobierno regional” no es tal, no tiene capacidad otorgada para hacer gobierno en el
sentido politológico del término, es decir, no tiene capacidad de conducción social, ni
legitimidad popular, ni autoridad real para señalar caminos de futuro ni para tomar
decisiones que, por ejemplo, pudiesen significar conflictos de poder con el gobierno
nacional y por tanto no puede diseñar un proyecto de desarrollo que sea en alguna
medida divergente e incluso francamente contradictorio con el proyecto nacional y
debe someterse a un mimetismo y a una reducción a escala completamente
inconducente.
No se necesita ser un genio creativo para señalar que el desarrollo, que la
gestión de un proyecto de desarrollo, requiere poder político. Esto es obvio y también
lo es recordar que el poder político no es un stock inmutable y que su distribución no
obedece necesariamente a un juego de suma cero entre el gobierno nacional y los
gobiernos sub-nacionales. El poder se transfiere, es cierto, pero principalmente se crea
mediante el consenso social y la concertación de fuerzas políticas. Como la afirmaba
Hanna Arendt: “El poder surge entre los hombres cuando éstos actúan unidos...”
Pero mientras este proceso se desenvuelve y ello siempre requiere plazos
medios, cualquier gobierno territorial, aún dentro del escaso margen de maniobra que
posee, puede crear una unidad de gestión encargada del largo plazo, del pensamiento y
de la acción de largo plazo (que obviamente comienza hoy), que lleve a una radical
división de tareas en la estructura organizacional del gobierno, separando
definitivamente las tareas de administración de las tareas de desarrollo, separando el
corto del largo plazo, separando la contingencia de lo sustantivo.
Tal unidad, con un alto nivel de profesionalismo, debe ocuparse de la
prospectiva, de la construcción de escenarios de largo plazo (Medina, 2001), de las
conversaciones sociales, de las alianzas estratégicas, de los flujos de inversión de largo
plazo, del ordenamiento territorial, de la investigación científica y tecnológica, de la
creación de sinapsis, sinergía, interacción, energía, del seguimiento permanente del
potenciamiento de los capitales intangibles del territorio, en una palabra, del
desarrollo más que del crecimiento. Claro que si los profesionales de esta unidad no
están profundamente entrenados en análisis sistémico, complejidad, uso de lógica
difusa, y otros conocimientos similares, no se avanzará mucho. Como lo sugiere Stiglitz
en una cita anteriormente anotada, si no hay cambios mentales será imposible lograr el
desarrollo. Porque el éxito depende de entender y de poner en práctica las condiciones
que hacen posible las emergencias sistémicas.
148
Me doy cuenta que, como toda propuesta de cambio de prácticas rutinarias,
ésta puede ser acusada como de inviable a primera vista. Pero he aquí una fuerza
independiente que viene en ayuda: la “nueva economía” y las Tecnologías de
Información y Comunicación (TIC), que mediante la formación de redes electrónicas
como INTERNET facilita enormemente la conformación de sinapsis en sistemas como
un territorio organizado y el flujo de información entre nodos de la red. A tal punto
que intentar el logro de un impulso permanente de desarrollo, como se le ha definido
acá, tal vez no sería posible en forma inducida sin una tecnología como INTERNET.
Recientemente el Gobierno de Chile ha dado a conocer una encuesta hecha a
cerca de 80.000 empresas (a través de una encuesta a una muestra de 3.134 empresas)
que intentó medir el acceso y uso de las TIC en las empresas chilenas (Ministerio de
Economía, 2002)104. Las empresas se clasificaron como pequeñas, pequeñas/medianas,
medianas, y grandes, y se configuraron doce sectores. Los principales resultados
muestran la previsible dispersión de la incorporación de las TIC según tamaño (sólo a
título de ejemplo, el 53 % de las grandes empresas dispone de página web al paso que
sólo un 10 % de las pequeñas tiene página web), pero lo más revelador es el uso de
Internet por parte de las empresas. El 70 % de ellas usa Internet para relacionarse con
el Banco, el 67 % para relacionarse con Servicios del Estado, el 35 % para relacionarse
con Proveedores y el 30 % usa Internet para contactarse con sus clientes.
La
principal información que fluye en la conexión empresa/banco es la revisión de los
estados de cuenta, en el caso de los Servicios Estatales se trata de la declaración y pago
de impuestos; la interconexión entre empresas revela mayoritariamente flujos de
información sobre precios y ofertas, y con los clientes el flujo mayor es un intercambio
de información. Estos y otros aspectos de la encuesta revelan un cierto patrón cultural,
nada de extraño en el caso de Chile, y que privilegia los flujos verticales 105 por sobre
una sinapsis más compleja y horizontal. Si bien el estudio se refiere al mundo
empresarial, es permisible aventurar extrapolaciones hacia mundos más agregados.
Esto pone en evidencia las indesmentibles dificultades del enfoque propuesto, que sería
inútil ocultar.
Los gobiernos y otros estamentos sociales, como agrupaciones empresariales
principalmente y universidades, están perfectamente conscientes de ello, aunque sus
iniciativas para colocar a las empresas en red o para acelerar la implantación del
“gobierno electrónico” tengan como objetivos principales mejorar la productividad, la
competitividad, la estructura de costos y las prácticas administrativas empresariales
más que el desarrollo agregado como tal. No importa; en último término todos estos
objetivos coadyuvan al desarrollo, directa o indirectamente y una vez instalada una
red interactiva (una sinapsis) no será imposible transformarla en una sinergía (darle,
como se recordará, un propósito común: el desarrollo) e introducir a través de ella la
energía necesaria.
Supongo que no es difícil estar de acuerdo en que un enfoque como el
propuesto, se inscribe, en la praxis, en el ejercicio del constructivismo lingüístico, es
104
Las TIC incluyen en este estudio el computador, la conexión conmutada a Internet, la conexión dedicada a
Internet, y la banda ancha.
105
Perfectamente afín este hecho con la reconocida cultura autoritaria chilena, incluso en el ámbito
empresarial.
149
decir, en el uso de la palabra, del lenguaje y del discurso en la creación sistemática de
actores y de proyectos. Lo dice el sociólogo Rafael Echeverría (2000:37): “Se ha
reconocido que el lenguaje tiene un poder activo y generativo. Es lo que llamamos el poder transformador
de la palabra...a través de él generamos nuevos objetos y productos, transformamos el mundo, abrimos o
cerramos posibilidades, construimos futuros diferentes” (subrayado del autor).
Así que en definitiva, el “hexágono de desarrollo” al cual se hizo referencia tiene
como vértices los siguientes subsistemas: 1) de acumulación; 2) decisional; 3) procesual
o procedimental; 4) axiológico; 5) organizacional y; 6) subliminal (este último referido
a los capitales intangibles cuya percepción se encuentra generalmente en el plano
subconsciente), conectados todos estos vértices por una fuerte malla sináptica y
dinamizados mediante la sinergía cognitiva introducida al sistema.
Una última interrogante técnica (¿u ontológica?): ¿es el desarrollo un proceso
caótico? Por supuesto ya que “el desorden se activa como resultado de la naturaleza
multidimensional del orden” (Colodro; 2002:34). Profundizar esta cuestión queda en manos
del lector.
La propuesta presentada acá no es fácil de llevar a la práctica. En la historia de
la humanidad, el sueño de volar ha estado siempre en la mente del hombre y su
realización práctica también, sólo que ésta última requiere un permanente proceso de
creación de conocimiento y de acción mancomunada. Se podrá decir que Dédalo e
Ícaro fracasaron, pero no ha fracasado la especie humana en su sueño y no sólo
volamos rutinariamente ayudados por ingenios mecánicos, sino que estamos a la
puerta de la tele-transportación de la energía y entonces de la materia.
El sueño del desarrollo, del bienestar, de la justicia, de la igualdad, de la
solidaridad, de la amistad, ha estado siempre en la mente del ser humano y también lo
ha estado su realización. Si logramos, en los espacios territoriales pertinentes,
aglutinar pensamiento complejo, conocimiento, acción común y poder político, el
desarrollo surgirá como lo que es: una propiedad de un sistema socio-tecno-económico,
territorializado, complejo, dinámico, adaptativo y sinergizado, a partir del cual habrá
que encauzarlo para lograr una diseminación territorial justa, eficiente y respetuosa
del entorno.
Es posible que el objetivo final todavía esté distante en el tiempo. Después de
todo hay que recordar que ya hace un largo tiempo que Aristóteles dijo: “La riqueza no
es, desde luego, el bien que estamos buscando, pues no es más que un instrumento para conseguir algún
otro fin” (Etica a Nicómaco) y todavía confundimos medios y fines.
150
UNA VISIÓN GRÁFICA DEL DESARROLLO COMO EMERGENCIA
SISTÉMICA
Subsistema
decisional
Subsistema
organizacional
Subsistema
axiológico
SINAPSIS
Subsistema
subliminal
A
GÍ A
E R I TI V
N
I
S GN
CO
Subsistema
procedimental
Subsistema de
acumulación
EL DESARROLLO:
EMERGENCIA
EMERGENTE
SISTÉMICA
COMO LA AURORA
151
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154
POSFACIO
¡LO
DEMÁS
Hamlet, Príncipe de Dinamarca, Acto V
W. Shakespeare
ES
SILENCIO!

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