alfares y producciones cermicas en la provincia de mlaga

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alfares y producciones cermicas en la provincia de mlaga
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Barbesula (en la margen derecha del río Guadiaro), hoy
dentro de la provincia de Cádiz.
ALFARES Y PRODUCCIONES CERÁMICAS EN LA
PROVINCIA DE MÁLAGA. BALANCE Y
PERSPECTIVAS.•
Encarnación SERRANO RAMOS
Universidad de Málaga
1.- Introducción.
El territorio malacitano presenta dos zonas geográficas muy
definidas: el interior, el Surco Intrabético, limitado por la
Penibética y la Subbética y la costa bañada por el
Mediterráneo, al que Plinio (N.H. III, 6) denomina “mar
Ibérico”.
En cuanto a la orografía de nuestra tierra Estrabón, en varios
lugares del libro III de su Geografía (4, 2, 6, 10 y 14), nos
dice que las montañas de la región de Malaka eran
estribaciones de otras de más entidad y califica de “selvosa”
la región destacando los densos bosques que cubrían la
“cordillera del interior” (Estrabón III, 4, 2 y 10). Que la
ciudad estaba bañada por un río nos da referencia Plinio que
dice cum fluuio que para unos sería el Guadalhorce y para
otros el Guadalmedina. También los textos mencionan al río
Menace o Maenuba, el río Vélez.
Muchas de las ciudades que florecieron en nuestro territorio
después de la reforma de Augusto tenían tras de sí varios
siglos de historia y la clave de su desarrollo radica, por un
lado, en la existencia de una buena red viaria y en su
organización administrativa.
Con la reforma de Augusto y la creación de la Baetica nuestro
territorio quedó repartido entre los cuatro conuentus iuridici
en que se dividió la nueva prouincia: la zona costera se asigna
al conuentus de Gades, la mayor parte del territorio del
interior a los de Corduba y Astigi y una pequeña zona de las
serranías noroccidentales al de Hispalis.
La importancia de las comunicaciones marítimas en las que el
puerto de Malaca tuvo un gran papel, la corrobora Estrabón al
decir que Málaga era “la principal ciudad de la costa” debido
en parte a su puerto. Sobre el floreciente comercio que
desarrolló contamos, con interesantes documentos textuales y
epigráficos (Rodríguez 1976, nota 12).
Pero además nuestro territorio estuvo recorrido por una serie
de vías terrestres: una penetraba por la costa oriental y unía a
Sexi con Malaca. En ella el “Itinerario de Antonino” señalaba
las mansiones de Cauiclum (Torrox-Costa) y Menoba (en la
desembocadura del río Vélez); al llegar a Malaca seguía por
la costa hasta Gades y en ese tramo estaban Suel (junto al
castillo de Fuengirola), Cilniana (cerca de Marbella) y
Actas del Congreso Internacional FIGLINAE BAETICAE. Talleres alfareros
y producciones cerámicas en la Bética romana (ss. II a.C.–VII
d.C.),Universidad de Cádiz, Noviembre 2003, B.A.R., int. ser., 1266,
Oxford, 2004, pp. 161-194.
161
Para la comunicación con el valle del Guadalquivir desde la
costa, la vía natural era a través del valle del Guadalhorce que
pasaba por Cartima (Cártama), Iluro (posiblemente Álora),
Nescania (Valle de Abdalajís), Singilia Barba (Cortijo el
Castillón) y Anticaria (Antequera).
Desde Anticaria a Malaca el “Anónimo de Ravena” cita una
mansio Rataspen que puede identificarse con Aratispi
(Villanueva de Cauche) por el valle del Guadalmedina. Por
último, por los valles del Guadiaro y del Genal podía discurrir
un camino que uniría la costa occidental malagueña con la
serranía de Ronda y que llegaba a Acinipo. Otra vía pudo ser
la del valle del río Vélez. Si recordamos las vías que se
utilizaron en nuestra provincia durante el Bronce Final y
Hierro, vemos que prácticamente son las mismas (Aubet
1995, 137-150).
2.- Balance historiográfico (fig. 1).
Una de las primeras noticias que tenemos sobre la presencia
de hornos romanos en nuestra provincia es la que nos
proporciona Rein Segura (Rein 1944, 169-172) sobre un
horno en Torrox-Costa. Unos años después Giménez Reyna
en su Memoria Arqueológica de la provincia de Málaga nos
ofrece una descripción detallada del mismo (Giménez 1946,
81-83) como posteriormente veremos.
En esa publicación se hace referencia además a un nuevo
horno en este caso en Bobadilla (1946, 91-92), sobre el que
José Beltrán ha hecho una reconstrucción de su planta
(Beltrán 1982, fig. 5, 4). A partir de esas fechas tendremos
que esperar a finales de los cincuenta, a las excavaciones que
se realizan en el teatro romano de Málaga y más
concretamente a la publicación de Manuel Casamar en la que
encontramos la noticia de la aparición de un horno en la
ladera de la Alcazaba “del que sólo se pudo ver y fotografiar
la boca” (Casamar 1963, 4). Unos años después el periódico
La Tarde se hace eco del hallazgo de un “tejar romano” en la
finca El Coto en Ciudad Jardín (Málaga).
En la década de los setenta tiene lugar el descubrimiento del
horno de Toscanos para ánforas Dressel 7-11 (Niemeyer
1979, 177-193), el alfar del Puente de Carranque (López
1971-73, 49-60) y el de Cerro Alcaide (Serrano y Rodríguez
1974, 56-62) y se menciona un posible alfar en la “Finca del
Secretario” en Fuengirola (Atencia y Sola 1978, 73-84).
La década siguiente ha sido muy fecunda en descubrimientos
relacionados con la producción alfarera, y si es cierto que no
siempre han sido localizados los hornos, sí hemos dispuesto
de elementos suficientes que confirman su producción en los
lugares que a continuación mencionamos: Alameda (Serrano
1998, 165-168), El Castillón en Antequera (Serrano 1991),
Cortijo de las Monjas en Campillos (Atencia 1986), Cuevas
del Becerro (Nieto y Lobón 1992, 413-416), Peñarrubia
(Atencia, Serrano y Luque 1982, 133-136), Manganeto en
Vélez-Málaga (Arteaga 1985, 176-192), Haza Honda (Loza y
Encarnación Serrano Ramos
Figura 1.- Localización de los alfares romanos de la provincia de Málaga.
Beltrán 1988, 991-1001) y Vélez Málaga (Recio et alii 1989,
21-24). También en esa década J. Beltrán estudió el alfar de
Torrox-Costa (Beltrán 1982) y su producción cerámica
(Beltrán y Mora 1982, 149-154).
Muy fructífera ha sido la década de los noventa con los
descubrimientos del alfar de Santa María en Antequera
(Atencia y Serrano 1997, 177-215), las excavaciones en la
“Finca del Secretario” en Fuengirola (Villaseca e Hidalgo
1993, 386-388), los hallazgos en Málaga en C/ Carretería
(Rambla y Mayorga 1997, 61-78), Almansa-Cerrojo (Suárez
et alii 2001, 465-471) y las excavaciones en el alfar de La
Fábrica en Teba (Serrano, Gómez y Castaños, 1997, 181-202)
y Huerta del Rincón en Torremolinos (Serrano, Baldomero y
Castaños 1991, 149-153). Además en estos años ve la luz un
trabajo de C. Gozalbes (1995) en que hace referencia a
Medina Conde como la fuente más antigua, en la que se cita
un horno de cerámica romana en la provincia, y menciona
dieciséis alfares inéditos de los que sólo nos haremos eco del
de Cuevas de San Marcos, pues la información que se
proporciona de los otros es muy escueta y en la mayoría se
debe a noticias orales que habría que investigar. También en
esa década el Departamento de Arqueología de nuestra
Universidad organizó unas jornadas sobre la producción de
cerámica romana en los territorios malacitanos que fueron
editadas en 1997. A la vista de los trabajos recogidos en esa
162
publicación se observa cómo el panorama se ha enriquecido
considerablemente en los últimos años; no sólo se recogían
nuevos alfares, sino que se proporcionan nuevos datos sobre
otros ya conocidos y se presentó una síntesis sobre los alfares
malagueños (VV.AA. 1997).
A los yacimientos ya mencionados se han sumado en los
últimos años los siguientes: Los Molinillos en Benalmádena,
el alfar de la Cizaña en los Álamos (Torremolinos) y el horno
de Estepona.
3.- Nómina de talleres alfareros.
3.1.- ALAMEDA
UTM. 7119700/352900.
Diferentes obras realizadas en el casco urbano de Alameda a
lo largo de la década de los ochenta vinieron a confirmar la
existencia de un taller de T.S.H. en esa localidad malagueña.
El primer hallazgo tuvo lugar en 1981 como consecuencia de
unas obras que se estaban realizando en el patio de la Iglesia
Parroquial. Unos años después al construirse el nuevo
Ayuntamiento, situado en la Plaza de España, salió otro lote
cerámico, relacionado con el anterior e integrado por
fragmentos de moldes, cuencos, en su mayoría de la forma
37, y algunas formas lisas que vinieron a ampliar el
conocimiento de este alfar (fig. 2).
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
que decoran una ancha zona de la pared externa, están
enmarcadas por baquetones de gran profundidad.
Entre las formas lisas que se fabricaron en este alfar tenemos
la 2, el servicio 4-5, la 13, 15/17, 24/25, 27 y 36. Dentro de
este conjunto, el primer lugar lo ocupan, por el número de
ejemplares, los platos de la forma 15/17, seguidos de los
cuencos de 27, en los que, como viene siendo frecuente en
esta forma, los cuartos de círculos están poco marcados y en
algunos casos una pequeña incisión remarca el borde, y el
tercer lugar lo ocupa el servicio 4-5 que presenta decoración
burilada sobre el borde.
Por tanto, estamos ante un centro productor de pequeño
tamaño y con una comercialización muy reducida. Hasta
ahora sólo hemos podido localizar materiales de este taller en
las excavaciones de las termas de Santa María en Antequera.
En cuanto a su cronología este taller estaría en actividad en la
segunda mitad del siglo I d.C. hasta una fecha imprecisa de la
centuria siguiente.
Bibliografía: (Serrano, Atencia y Rodríguez 1984, 171-184;
Mato et alii 1989-90, 125-138 y Serrano e. p.).
Figura 2.- Sigillata hispánica del alfar de Alameda.
La pasta que se utilizó para la elaboración del producto
presenta algunas vacuolas, cuarzo y algo de mica y en cuanto
al color predomina el ocre carne (N. 40). El barniz es de color
tierra de Siena (S. 39), bien brillante o bien mate o semimate.
El número de piezas decoradas no es muy elevado, sólo
conocemos tres fragmentos de moldes y una veintena de
cuencos de 37. En cuanto a los estilos decorativos, las
metopas están presentes en este alfar tanto en moldes como en
piezas decoradas y adornadas con cruces de San Andrés o con
uno o varios motivos; pero, una vez más, la decoración de
frisos continuos ocupa el primer lugar, en los que la
repetición de un único motivo o la alternancia de grandes
círculos con dos pequeños conforman la decoración, y sólo
excepcionalmente se recurre a esquemas más complicados.
Respecto a los motivos decorativos de los 36 que hemos
contabilizado, sólo se puede hablar de punzones en 18 casos,
el resto o son el resultado de la unión de varios punzones o
son realizados a mano alzada. Como en los otros talleres
malagueños, los círculos, seguidos de los elementos vegetales
y de animales son los temas representados.
Por el contrario, la decoración burilada se utiliza también en
un número elevado de cuencos que, al estar carenados y
presentar el borde ligeramente exvasado, podemos
considerarlos de la forma 29/37, y en los que las incisiones
163
3.2.- ANTEQUERA-Bobadilla
UTM. 348450/ 4101500.
En el Cortijo Maquinilla situado a 1km. de la estación de
Bobadilla se localizó, según información de Giménez Reyna,
“un gran hoyo [...] − que contenía una construcción− la
galería subterránea de la comunicación que resultaba ser un
horno de alfarero análogo al encontrado en Torrox, con un
corredor de 3 metros de largo y 60 centímetros de ancho,
cubierto con bóveda de medio cañón, del que arrancaban a
cada lado cuatro como estrechas galerías de 1,30 metros de
largo y 0,40 metros de ancho, para allí colocar las piezas que
se cocerían al calor del fuego encendido en el corredor
central” (Giménez 1946, 91-92). En cuanto a la producción el
mismo autor nos habla de la abundante presencia de
cerámicas “tipo basto” por los alrededores, muchas de ellas
calcinadas.
A partir de esta descripción el profesor J. Beltrán hizo la
reconstrucción del horno y concluyó que era de planta
rectangular con pasillo central y muretes laterales (fig. 3: 2).
En lo que se refiere a su producción podemos considerar que
la cerámica común debió ser uno de los productos elaborados
en este alfar, pero con las escasas referencias que tenemos es
imposible determinar su cronología.
Bibliografía: (Giménez 1946, 91-92; Beltrán 1982).
3.3.- ANTEQUERA-Casería de la Mancha
(UTM. 364694/ 103315).
Este yacimiento está ubicado en la margen este de la carretera
Nacional 342 entre el kilómetro 2 y 3, junto al Puente de la
Campana. Después de efectuar una serie de sondeos, se
localizó, además de parte de un muro hecho con piedras
irregulares de 0, 55 m. de ancho y algo más de 2 m. de
longitud, un vertedero con materiales de construcción y
Encarnación Serrano Ramos
La pasta, de color tierra Siena tostada (P.25), presenta
vacuolas. Es ligeramente micácea, con pequeñas partículas
amarillentas y de corte no muy regular. Predomina el barniz
de color tierra de Siena (S.39), que suele ser poco brillante y
la superficie de algunas piezas resulta áspera al tacto.
Los numerosos moldes localizados eran destinados a obtener
cuencos de 37, a excepción de uno (fig. 4). Presentan la pared
gruesa y un orificio sobre el fondo. En relación con su
decoración hay dos grupos muy definidos. Uno, cuyos
motivos, por lo general son de mediano tamaño, desarrolla la
decoración en una sola banda o en dos, y en ambos casos
aparecen los siguientes esquemas decorativos: metopas, los
frisos continuos, decoración alternante o composición
triangular. Dos moldes de este grupo llevan incisa, sobre el
fondo interno, la marca L.M.F, que también aparece en
Andujar (Roca 1976, fig. 15: 5) aunque con ligeras
diferencias. Los motivos del segundo grupo, por el contrario,
son de mayor tamaño y de igual modo aparecen en una o en
dos bandas y presentan casi con exclusividad los círculos que
llevan en su interior rosetas de varios pétalos u otros círculos.
En cuanto a los esquemas de composición se da el friso
continuo y la alternancia, y a veces en la composición
alternante se recurre al esquema triangular. Algunos fondos
de este grupo llevan como marca el mismo círculo de
pequeño tamaño como el de ciertas composiciones. En
Andújar, también, se recurrió a este procedimiento, aunque
los punzones allí empleados no coinciden con los nuestros.
Figura 3.- 1. Planta del horno del Cortijo de las Monjas (Atencia 1986). 2.
Propuesta de restitución de la planta del horno de Bobadilla (Beltrán 1982).
3. Parte de uno de los hornos de Peñarrubia.
posiblemente cerámica común romana, ubicado en la margen
sur del río Guadalhorce. Al recogerse en el entorno
fragmentos de sigillata itálica, gálica e hispánica y al no
encontrarse productos africanos puede establecerse la
cronología de este lugar entre los siglos I y II d.C.
Bibliografía: (Romero y Medianero 1995, 501-503).
3.4.- ANTEQUERA- El Castillón, conocido también como
alfar de Singilia Barba.
UTM. 355150/4099550
A principios de la década de los ochenta dimos a conocer el
primer taller de T.S.H. de la provincia de Málaga. Se localizó
en la finca antequerana del Castillón, lugar en el que elevaba
la ciudad romana de Singilia Barba (Atencia 1986).
Las excavaciones arqueológicas se iniciaron en 1985 y se
centraron durante ese año y el siguiente en la ladera
occidental del cerro, en el lugar en el que unos años antes
habíamos recogido material cerámico y donde abundaban las
escorias (Serrano 1988, 412-416).
Se localizó parte del vertedero de un alfar, mermado por la
erosión, pero con abundante material cerámico, además de
trozos de tuberías, soportes, ajustadores y varios fragmentos
de platos de torno.
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Por lo que se refiere a las formas decoradas, a excepción de
unos pocos cuencos de forma 29, son los de 37 los que tienen
casi la exclusividad (fig. 5). Estos cuencos presentan la pared
curva, el borde perpendicular o ligeramente exvasado y con
una marcada separación entre la pared y el borde; el pie que
suele estar poco marcado es de sección triangular y el fondo
plano.
Respecto a la decoración, el estilo de imitación gálica va a
estar representado por algunas guirnaldas y arquerías, pero no
aparecen las cruces de San Andrés. También está presente la
decoración de metopas, pero es el tercer estilo, el de series de
círculos, el que tiene una mayor representatividad, y a veces
se puede hablar de un estilo híbrido al combinar distintos
estilos en un mismo vaso.
El estilo propio que dio identidad a este taller fue la
composición triangular que consiste en repetir el mismo
punzón o motivo hasta formar un triángulo invertido. Aparece
esta composición dentro de una metopa o alrededor del vaso
(Serrano 1986, 247-253).
Muy poca presencia tiene el estilo de imitación de forma de
vidrio; por el contrario, abunda la decoración burilada que la
realizan sobre cuencos de forma 29, 29/37 y 37.
Los motivos más representados en esta producción son los
círculos, que aparecen solos, conteniendo diversos motivos y
alternando con otros punzones, y a veces están entrelazados.
En cuanto a su forma los hay de línea continua, sogueados,
segmentados, punteados, ondulados y dentados, pero no faltan
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Figura 5.- Sigillata hispánica del alfar de Singilia Barba.
Figura 4.- Sigillata hispánica del alfar de Singilia Barba.
los vegetales -palmetas y rosetas- y los animales: aves,
ciervos, leones y grifos como motivos decorativos.
Las bandas decorativas pueden estar delimitadas por
baquetones o por frisos decorados con rosetas o pequeños
círculos y existen piezas en las que, a modo de friso, la
decoración está enmarcada por una guirnalda de bifoliáceas,
por pequeños círculos o por una línea de perlas.
En cuanto a las formas lisas están representadas la: 2, 4-5,
7,13, 15/17, 17-46, 16, 21, 22, 27, 24/25, 27, 30, 35/36, 39,
44, 57 y 59. El primer lugar lo ocupan los platos de 15/17
seguidos del servicio 4-5 y de las copas de 27 (fig. 5 y 6).
Por lo que respecta a las marcas sólo hemos contabilizados
tres. Dos son del mismo alfarero, una sobre un plato de 15/17
y la otra sobre una copa de 24/25 ó 27. En ambos casos están
dentro de una cartela rectangular de lados curvos y su lectura
es L.M.F.F. Este alfarero podría ser el mismo que firmó los
dos moldes, lo que nos indicaría que sería fabricante tanto de
moldes como de formas lisas. La tercera marca, sobre un
cuenco, posiblemente de 27, está dentro de una cartela
rectangular con los extremos en “cola de milano” y su lectura
es TITI OPPI. Por la forma de la cartela y el epígrafe
hubiéramos llegado a considerarla procedente de Andújar,
pero la pasta y el barniz de la pieza nos hace pensar en un
producto elaborado en nuestro taller. Además avala esta
165
suposición la diferencia de tamaño de la cartela y la marca
que en nuestro caso no está inscrita por un círculo, como
ocurre en los ejemplares de los Villares (Roca 1976, nº 64).
En este taller creemos haber podido individualizar a cinco
alfareros (Serrano 1993-94, 179-193). Conocemos en dos
casos sus nombres: L.M.F. y TITVS OPPIVS, a los restantes,
al no conocer el nombre, les hemos denominado “el de los
círculos ondulados, “el de las rosetas de cinco pétalos” y “el
de los grandes círculos”.
Pensamos que LMF pudo ser el mismo que trabajó en
Andújar (Roca 1976, lám. 4, 22) y también en Albaicín, pues
de los motivos que le hemos asignado, doce son iguales a los
de Andújar (Serrano 1999b, nota 57) y otros son parecidos,
como es el caso del motivo nº 85 de Singilia, cuya relación
con el nº 415 de Andújar es tal vez posible.
Con respecto al quinto alfarero, “el de los grandes círculos”,
al utilizar algunos de los punzones que hemos asignado a
LMF y también el esquema triangular, es posible que se trate
de la misma persona y que las diferencias que observamos se
deban a diferentes momentos de su producción. Además los
motivos nº 3, 14, 15, 38 y 74 también aparecen en Andújar.
Pero, además, la vinculación de Singilia con Andújar se pone
de manifiesto también en ciertos esquemas de composición, y
la igualdad es total en los vasos que hemos asignado a Titus
Encarnación Serrano Ramos
se encontraron fragmentos que corresponderían no sólo a los
objetos anteriormente mencionados, sino también otras
formas como garrafas, pucheros, ungüentarios, cubiletes y
pequeña anforita, que conformaron el ajuar de una tumba y
que debieron ser elaboradas en este taller.
Bibliografía: (Serrano y Atencia 1983, 175-192; Serrano
1991; 1993-94, 179-193; 1997b, 217-232).
3.5.- ANTEQUERA-Santa María, también conocido como
La Colegiata
UTM. 361200/4898250.
Su descubrimiento vino motivado por las excavaciones que,
durante los años 1988 y 1992, se realizaron en el casco
histórico de la localidad malagueña de Antequera y que
pusieron al descubierto un conjunto termal fechado en época
altoimperial y reformado en la severiana (Atencia y Serrano
1997, nota 1).
Fue durante la primera campaña de excavación cuando
apareció un lote de piezas decoradas de T.S.H. y de moldes de
fabricación de vasos decorados que constituían la prueba
inequívoca de la existencia de un centro productor en las
inmediaciones (fig. 7). El conjunto se localizó sobre una
rampa de desagüe que correspondía a la primera fase de
construcción de las termas. En el transcurso de los trabajos no
se detectaron restos de ningún vertedero ni de hornos pero la
Figura 6.- Sigillata hispánica del alfar de Singilia Barba.
Oppius (Serrano 1993-94,181-182). También es costumbre en
ambos lugares utilizar, como marca de ciertos moldes, un
punzón. La similitud que existe entre ambos centros nos hace
pensar en el desplazamiento a la provincia malagueña de
alfareros de Andújar, en este caso pudieron ser LMF y TITVS
OPPIVS u otros relacionados con estos productores.
En lo que se refiere a la comercialización de estos materiales,
su distribución debió ser muy reducida y hasta hoy sólo
hemos conseguido individualizarlos en el cerro de los
Castillones de Campillos (Serrano 1999a, 249-272), en
diversos yacimientos de Antequera y en el Valle de Abdalajís.
El taller de Singilia debió de empezar su producción en la
segunda mitad del siglo I, fecha que coincide con la otorgada
en Andújar a la segunda generación de alfareros dentro de la
cual está TITVS OPPIVS, y en el siglo II tuvo que entrar en
un estancamiento, según parece confirmar la escasa presencia
de ciertas formas consideradas tardías. La razón podemos
tenerla en el auge que empiezan a tener los productos
africanos que llegan a inundar estas tierras (Serrano 2001,
387-423).
En lo referente a la cerámica común se contabilizaron en el
vertedero un total de 394 fragmentos que pertenecen en su
mayoría a orzas de borde redondeado y exvasado y de borde
horizontal y acanalado; cazuelas de borde redondeado, jarros
de boca trilobulada, tapaderas y barreños. Fuera del vertedero
Figura 7.- Sigillata hispánica del alfar de Santa María.
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Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
forma en que aparecieron los materiales hizo pensar en un
aporte intencionado para rellenar y nivelar aquella rampa
cuando ya había perdido su funcionalidad, aunque su
procedencia originaria pensamos que fue cercana a las termas.
La arcilla, utilizada para la elaboración del producto, es de
color tierra Siena tostada (P.25) con partículas blanquecinas,
ligeramente micácea, con algunas vacuolas y de una dureza
media. El barniz que predomina en los vasos es el tierra Siena
(R.37), normalmente mate.
Para las formas decoradas se empleó el molde o el buril. La
decoración a molde, presente sobre cuencos de 37, se
distribuye en una o en dos bandas. En cuanto a los estilos
decorativos predominan las series de círculos y
excepcionalmente aparecen las metopas y las guirnaldas. En
los vasos con la decoración a bandas se representan esquemas
diferentes, la repetición del mismo motivo en ambas zonas o
motivos diferentes; también se cuenta con la alternancia de
dos motivos y con círculos que alternan con otros más
pequeños.
El número de punzones que conforman la decoración es muy
reducido y así de los 21 motivos individualizados sólo
podemos considerar como punzones a 9, el resto o son fruto
de la impresión de dos punzones o están realizados a mano
alzada. Los círculos seguidos de elementos vegetales son los
motivos más representados.
La otra técnica decorativa que se empleó en este taller fue el
buril que se atestigua sobre unos cuencos carenados y de
borde exvasado que consideramos de forma 29/37 y en éstos
las incisiones ocupan una ancha zona de la pared externa.
Las formas lisas que se elaboraron en este taller son la 4-5, 7,
13, 15/17, 16, 24/25, 27, 35-36 y 44. Destacan por el número
de ejemplares los platos de 15/17, seguidos del servicio 4-5,
que llevan sobre el borde una o dos acanaladuras, decoración
burilada o a la barbotina que consiste en tres puntos y dos
trazos paralelos.
Son evidentes las similitudes que se observan entre
determinados motivos decorativos de los talleres
antequeranos. En algunos casos la identidad es prácticamente
absoluta y en otros el parecido es significativo. También hay
afinidad en el uso de determinados esquemas compositivos.
Sus productos, hasta ahora, sólo los tenemos localizados en
una villa romana de la localidad costera malagueña de
Benalmádena (Rodríguez 1982, fig. 6: 2 y 3); en cuanto al
periodo de actividad de esta officina anticariense, pensamos
que debió de coincidir con el de la cercana Singilia Barba, es
decir, desde la segunda mitad del siglo I a mediados del II.
En ese alfar, además de T.S.H., se fabricaron, en cerámica
común, orzas de borde redondeado y de borde horizontal y
acanalado, pero también se elaboraron dos tipos diferentes de
cazuelas, las de borde engrosado y vertical y las de borde
vuelto al interior y fondo estriado (fig. 8). Las primeras, con
un diámetro entre los 18 y 22 cm., presentan una carena muy
167
Figura 8.- Imitaciones de cerámica africana de cocina producidas en el alfar
de Santa María.
marcada y en algunos casos la pared interna está recorrida por
acanaladuras muy pronunciadas. Su forma recuerda al tipo
Ostia III, 267. Partículas de mica y cal se aprecian entre los
componentes de la pasta que suele tener una tonalidad rojiza u
ocre anaranjada. De estos utensilios culinarios, algunos tienen
la pared externa cubierta por un engobe grisáceo, que puede
aparecer en bandas, otros tienen claros defectos de cocción.
Los de borde al interior y fondo estriado se fabricaron con
unos diámetros que oscilan entre los 21 y 29 cm, con la pared
muy delgada y el fondo abombado y estriado. La pasta es de
tonalidad ocre, anaranjada, a veces grisácea en el centro, con
partículas de cal y mica. En algunas piezas un engobe
grisáceo suele cubrir la cara externa, las hay con el engobe
dado a bandas y las que presentan fallos de cocción. No hay
duda de la similitud con la forma Hayes 23 (Serrano 1997b,
220).
Bibliografía: (Atencia y Serrano 1997, 177-215; Serrano
1997b, 217-232; Serrano 2000, 38).
3.6.- BENALMÁDENA-Los Molinillos
UTM. 0363573/ 4050828.
Este yacimiento está situado en la calle García Lorca, esquina
a la Avenida Antonio Machado, en Benalmádena costa, en
primera línea de playa y en este lugar se ha realizado en el
último año una intervención de urgencia al haber sufrido el
Encarnación Serrano Ramos
Figura 9.- 1. Planta de los hornos de Cuevas del Becerro ( Nieto y Lobón 1992). 2. Horno de Vélez-Málaga (Recio et alii 1989). 3. Horno de Los Molinillos,
Benalmádena (Pineda de las Infantas 2002).
168
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
yacimiento importantes daños como consecuencia de las
extracciones de tierra para la cimentación de un edificio.
Con los testimonios recuperados hasta ahora, pues durante
este verano han continuado los trabajos arqueológicos,
sabemos que el lugar ha estado habitado desde el siglo I d.C.
hasta el VII y durante este largo periodo de tiempo ha sido
posible documentar dos actividades industriales diferentes.
Del siglo I a finales del II-principios del III hay una
producción de aceite como se desprende del torcularium
localizado. A partir de esa fecha esta actividad es sustituida
por la producción de salazones con la que se puede relacionar
las piletas y el horno localizado. El estado de conservación
del horno era bastante deficiente, lo conservado pertenece a la
cámara de cocción, ovalada, que fue construida con hiladas de
ladrillos, y del praefurnium, orientado hacia el este, pero sólo
se pudo excavar una mínima parte (fig. 9.3).
Ánforas, como la Keay XXIII y la Beltrán 68, fueron algunos
de los productos que se fabricaron, además de cazuelas, cuyas
formas recuerdan a la forma Hayes 23 y al tipo Ostia III, 267.
En ambos casos la pasta es marrón anaranjada con abundantes
desgrasantes y porosa; no tienen engobe y a veces tampoco
las estrías que definen la forma Hayes 23.
En un momento impreciso del siglo V cesó esta actividad,
pero el lugar continuó habitado, como así lo confirman las
cerámicas a torno lento y los spatheia localizados.
Bibliografía: (Pineda de las Infantas 2002; 2003, 65-74).
3.7.- CAMPILLOS-Cortijo de las Monjas
UTM. 337900/4199200.
El yacimiento se encuentra en la margen izquierda de la
carretera que desde Campillos se dirige a Gobantes (MA-452)
a la altura del kilómetro 13,800.
La noticia de un horno en este lugar y su descripción se la
debemos al profesor R. Atencia Páez. El horno presenta
planta rectangular de 3,70 m. de ancho y 3,40 m. de longitud
y no ha conservado el praefurnium; tiene pasillo central y
muros laterales, de ladrillos, rematados en arquillos de medio
punto de 0,90 m. de luz, también de ladrillos. La separación
entre los arcos es de 0,30 m., su grosor como el de los muros
en que se sustentan oscila entre los 0,20 y 0,30 m. Se
conserva el inicio de cinco de esos arcos y una pequeña parte
de la parrilla, hecha con adobes de unos 0,20 m. de grosor.
Los muros exteriores del horno eran también de adobes y todo
el conjunto estaba enlucido (fig. 3.1).
En cuanto a la producción de este horno hay que pensar en
materiales de construcción a tenor de las escorias de estas
piezas que se encontraban en el terreno circundante.
Bibliografía: (Atencia 1986, 793-796).
3.8.- CASABERMEJA-Cerro Alcaide
36°54’N.4°26’W.
169
Este yacimiento se dio a conocer en 1974 y, aunque no se
dispone de nuevos datos, pensamos que se puede mantener lo
que entonces se publicó: la existencia de un alfar a escasos
kilómetros del pueblo de Casabermeja en el espacio
comprendido entre los ríos Cauche y Guadalmedina. Nos
apoyamos en los abundantes fallos de horno en los materiales
de construcción que se recojieron del lugar y en la variedad
de los ladrillos, aunque con bastante probabilidad algunas de
las formas de cerámica común recogidas allí pudieran ser de
fabricación local. De lo que no estamos tan seguro, en estos
momentos, es de la interpretación que hicimos de algunas de
las estructuras allí localizadas. En cuanto a la cronología, la
presencia mayoritaria de sigillata hispánica, así como de
sigillata africana del tipo A, nos sitúan entre los siglos I al III.
Recordemos, por último, que las ruinas de Aratispi se
localizan en las cercanías.
Bibliografía: (Serrano y Rodríguez 1974, 56-62).
3.9.- CUEVAS DEL BECERRO
UTM. 318200/4083400.
La realización de una zanja para la cimentación de una
vivienda, en el lugar conocido como Casas de las Viñas
perteneciente a esta localidad malagueña, sacó a la luz dos
hornos y parte de un tercero, que fueron excavados en 1983 y
1984 por el Servicio de Arqueología de la Diputación
Provincial.
El horno nº 1 con una orientación NO-SE, es de planta
circular y 2,5 m. de diámetro (fig. 9.1). Presenta pasillo
central y muretes laterales con cuatro arcos de medio punto de
ladrillos que sostienen la parrilla en la que es visible el
arranque de la bóveda que cierra la cámara de cocción. Su
praefurnium está construido con ladrillos.
El horno nº 2 orientado de O-E tiene la planta circular y de
igual tamaño que el anterior es decir 2,5 m. de diámetro. El
hogar presenta un pilar central de 1,20 m. de altura del que
parten 13 arcos de ladrillos que sostienen la parrilla, bastante
mal conservada. En cuanto al praefurnium está cubierto con
una bóveda de medio cañón hecha con ladrillos (fig. 10).
Dado que el único dato que nos ha llegado sobre la
producción nos indica que se trata de una “producción de tipo
doméstico y materiales de construcción” (Nieto y Lobón
1992, nota 2), habrá que interpretarlo como cerámica común.
En cuanto a su cronología se les relaciona con una villa
cercana, a la que se le ha asignado un amplio espacio de
tiempo del siglo I al V.
Bibliografía: (Nieto y Lobón 1992, 413-416; Aguayo et alii
1992, 343-348).
3.10.- CUEVAS DE SAN MARCOS-La Jimena
UTM. 371350/4122200.
La única noticia sobre este horno nos la proporciona C.
Gozalbes Cravioto que dice: “Hallazgo de un horno.
Abundante cerámica romana común y sigillata. Según el
dibujo que nos hizo el campesino que puso al descubierto el
Figura 10.- 1, Horno nº 1 de Cuevas del Becerro. 2, Interior del horno nº 2 de Cuevas del Becerro.
Encarnación Serrano Ramos
170
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Figura 11.- 1.Ubicación de los restos arqueológicos en la “Finca del Secretario”. 2. Planta del horno nº 1 de la “Finca del Secretario” (Villaseca 1997).
horno, antes de destruirlo, es idéntico en su estructura al de
Torrox y al de Bobadilla” (1995).
Al ser comparado con el horno de Torrox, el B, como después
veremos, estamos ante un horno circular con pasillo central y
muretes laterales. Por el contrario, la comparación con el de
Bobadilla no es correcta, si aceptamos la reconstrucción que
de él ha hecho el profesor J. Beltrán (Beltrán 1982, fig. 5: 4).
3.12.- FUENGIROLA-Finca del Secretario
UTM. 354700/4047500.
La “Finca del Secretario” se encuentra en la margen izquierda
del arroyo Pajares en la Barriada Los Boliches de Fuengirola.
La construcción de la variante de Fuengirola, así como el
desdoblamiento y el trazado de la vía férrea han afectado al
yacimiento.
Bibliografía: (Gozalbes 1986, 399; 1995, 83-91).
3.11.- ESTEPONA.
De este descubrimiento sólo hemos conseguido saber lo
siguiente: que el hallazgo se produjo como consecuencia de
unas obras en esa localidad. Que se trata de un horno de
planta rectangular que conserva varios pilares, un arco de la
cámara de cocción y fragmentos de la parrilla. Como
materiales se utilizaron adobes y ladrillos, y en cuanto a su
producción sólo sabemos que eran materiales de construcción.
Bigliografía: inédito. Véase la contribución de J. Suárez et
alii en las actas de este mismo congreso.
171
Sobre el lugar contamos con la publicación de Atencia y Sola
que estudiaron materiales de superficie. Posteriormente M.L.
Loza realizará unos sondeos previos al desdoblamiento de la
variante y, por último, la actuación de 1991 en esta zona vino
motivada por la necesidad de conocer la posibilidad de
construir un hospital en la zona baja de la “Finca del
Secretario”. Terminados los trabajos, se delimitaron dos
zonas, una estéril y otra en la que se pusieron al descubierto
unos hornos, piletas de salazones y una zona termal.
En cuanto a los hornos (fig. 11), se han localizado cinco.
Cuatro son circulares y con pilar central, el quinto es de
dimensiones pequeñas.
Encarnación Serrano Ramos
También se han excavado dos vertederos. De ellos el A
corresponde a la colmatación de la habitación que linda con el
horno 1, en éste destacan las ánfora Dressel 30 (Keay I) en
sus variantes Keay IA y IB, según señala su excavador
(Villaseca 1997, 261-262). No obstante pensamos que estas
ánforas se ajustan más al tipo Keay XIXC (Villaseca 1997,
fig. 3: 1 y 3) y al Keay XXIII (idem, fig. 3: 2), mientras que el
ejemplar que ha sido considerado como Keay XXVZ/2
(Villaseca 1997, fig. 5: 1) al no tener el cuello desarrollado y
por la ubicación de sus asas consideramos que está más cerca
de la forma Keay XVI. Sabemos que en el taller de Puente
Melchor (Cádiz) se fabricó este tipo que aparece en contextos
fechados entre mediados del siglo II-principios del III,
perdurando a lo largo de esta centuria sin que, por ahora,
aparezca en el siglo IV, aunque sí está localizada en otros
lugares (García 1998, 123). Esto no invalida que en este alfar
se fabricara la Keay XXV, tipo al que pertenecen algunos de
los fondos hallados en el lugar (Atencia y Sola 1978, figs. 24
y 25; Villaseca 1997, fig. 4: 2). Y en lo referente a la
cerámica común se encontraron en el vertedero ollitas, ollas,
tapaderas y jarras.
con el desmoronamiento de sus paredes y de la parrilla. El
hallazgo de piezas defectuosas en sus inmediaciones ha hecho
pensar que su producción serían las ánforas Dressel 18,
Beltrán IV- mayoritariamente- y la V. Junto a este horno se
localizó parte del praefurnium de otro horno (fig. 14.2).
En la habitación que ha sido interpretada como almacén se
localizaron fragmentos de sigillata sudgálica de las formas
Drag. 29, 15/17 y 24/25; la hispánica estaba representada por
las formas 15/17 y 18 y además se localizaron algunas piezas
de las formas Hayes 8 y 9 de sigillata africana. Lo que fue
considerado como almacén se amortizó con posterioridad al
construir sobre él un tercer horno de tamaño algo menor que
el que poseía el nº 1, al tener el hogar un diámetro
aproximado de 2’6 m.; el praefurnium ha conservado parte de
la cubierta abovedada de 1’10 m. de alto, hecha con adobes.
Se desconoce el sistema de sostenimiento de la parrilla, y en
cuanto a su orientación, diferente a la de los dos anteriores,
viene a coincidir con la del horno localizado en el nº 36 de
Cerrojo.
En cuanto al vertedero B, en torno a la cámara del horno 3, el
material ánforico estaba representado por la Dressel 7-11 y
más concretamente por la Beltrán IIA-1 (Villaseca 1997, 261270).
Si nos fijamos en los materiales recogidos en superficie y
estudiados por Atencia y Sola, el lugar pudo estar ocupado
desde la segunda mitad del siglo I d.C. hasta el IV o
principios del V. Y además de los productos antes
mencionados, se recogieron ladrillos de diversos tamaños,
algunos con defectos de cocción así como alguna que otra
cazuela de la forma Hayes 23, totalmente quemado, por lo
que podría considerarse de fabricación local (Atencia y Sola
1978, 83).
Bibliografía: (Atencia y Sola 1978, 73-84; Villaseca e Hiraldo
1993, 385-388; Villaseca 1997, 261-270).
3.13.- MÁLAGA-Almansa-Cerrojo.
La década de los noventa ha sido muy fructífera, en cuanto a
hallazgos en la margen derecha del río Guadalmedina (fig.
12). Las primeras intervenciones se realizaron en el nº 6 de
calle Cerrojo y pusieron al descubierto parte de una pileta de
salazones y algunas ánforas tardías, pero serán las
intervenciones en Almansa, esquina a Cerrojo, y las llevadas
a cabo en los números 36 y 24/26 de calle Cerrojo, las que
más información aportan.
Las excavaciones en C/ Almansa esquina a Cerrojo, sacaron a
la luz dos hornos y una gran dependencia que sus excavadores
han interpretado como almacén. Las construcciones se
levantaron sobre un estrato arcilloso y presentaban una suave
inclinación E-O. Del primer horno se conservaba el hogar y el
praefurnium. Éste presentaba una anchura de 1m., una
longitud de 4 m. y se utilizaron adobes en su construcción. El
hogar tenía un diámetro de 3 m. y en el centro eran visibles
los restos del pilar centrar, construido con adobes
semicirculares. Al abandonarse el horno se fue colmatando
172
Figura 12.-Localización de los alfares romanos entre los ríos Guadalmedina
y Guadalhorce.
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Las ánforas encontradas en sus inmediaciones son la Keay
XIII, XIX y XXIII, los mismos tipos que amortizaron las
piletas localizadas en C/Cerrojo 24-26, además de sigillata
africana de la forma Hayes 61.
Los hornos más antiguos debieron de abastecer a la factoría
de salazones localizada recientemente en los nº 24-26. Se
conocen, por ahora, diez piletas sobre las que se conservaban
los soportes para la cubierta y el muro exterior realizado en
un espléndido opus africanus. Estas piletas fueron
amortizadas por un vertedero de ánforas tardías en el que
estaban presentes la Keay XIII, XIX, XXI, XXIII y
esporádicamente la Dressel 20, algunas totalmente alteradas
por las altas temperaturas.
presencia también de un borde de Dressel 18 podría hacernos
pensar en su posible elaboración en este lugar. Pero además
se fabricaron tapaderas −de diferentes tamaños−, cuencosmorteros con pico vertedero, visera y sin las estrías interiores,
y platos o fuentes (Rambla y Mayorga 1997, fig. 6),
materiales que hablan de una actividad alfarera en la zona en
época altoimperial.
Bibliografía: (Rambla y Mayorga 1997, 61-78).
A la vista de estos hallazgos, podemos considerar que para la
actividad industrial realizada durante el Alto Imperio en la
zona, los hornos localizados en calle Almansa, esquina a
Cerrojo, suministrarían las ánforas; pero la presencia de
vertederos con ánforas tardías, algunas pasadas de cocción,
permiten pensar en una continuidad de la actividad industrial
en este sector de la ciudad hasta el siglo V y que se podría
relacionar con los otros hornos. La sigillata que acompaña a
esta última etapa son la africana tipo D con formas tales como
la Hayes 50, 59, 60, 61, 67 y 91. En cuanto a la decoración
predomina el estilo A2 de Hayes. También hay algunas piezas
con decoración de relieve aplicado, así como alguna lucente y
fragmentos de lucernas africanas. La localización de algunas
formas, como la Lamboglia 3b1, nos sitúa en el siglo III, y la
presencia de los tipos Dressel 20 y 23 hablan, también, a
favor de una continuidad de la actividad en la zona, como ya
hemos visto en otros puntos de la costa oriental.
En cuanto a la fabricación de cerámicas comunes pocas
noticias tenemos hasta el momento.
Bibliografía: (Mora 1990, 241-243; Suárez et alii 2001, 46571; Pineda de las Infantas 2002, 479-489).
3.14.- MÁLAGA-C/ Carretería.
El motivo de la intervención arqueológica en los números 101
y 103 de Carretería fue debido al cumplimiento de la
normativa urbanística municipal de evaluar el patrimonio
arqueológico del subsuelo previo a la concesión de licencia de
obra.
Las estructuras aparecidas han sido interpretadas como
pertenecientes a dos hornos, uno de planta rectangular del que
sólo se ha conservado parte de un muro de ladrillos
fragmentados, cuya cara interna presentaba diversas capas de
arcilla muy endurecidas por las altas temperaturas. Sobre su
producción poco podemos decir, si bien pudo estar
relacionada con la elaboración de materiales de construcción,
según sus excavadores.
El otro horno de planta circular ha conservado la cámara de
cocción, su diámetro es de 3,60 m. y la altura máxima de 1,15
m. Este horno pudo dedicarse a la cocción de ánforas entre
ellas la Beltrán I, IIA, IIB, IV y posiblemente la V, aunque de
esta última no se han localizados fallos de horno. La
173
Figura 13.- Ánforas y cerámica común del alfar de C/ Carretería (Rambla y
Mayorga 1997).
3.15.- MÁLAGA-Ciudad Jardín.
En la Finca “El Coto” junto al arroyo de Pescadores, según
información del hoy desaparecido periódico La Tarde, del
viernes 16 de febrero de 1968, se nos menciona el hallazgo de
“un tejar romano” en esa propiedad. El descubrimiento se
debe a Antonio Cancas quien menciona en el lugar un recinto
cuadrado de 2,90 por 2,56 m, en cuyo interior eran visibles
cascajos y en los alrededores fragmentos de ladrillos
quemados. Por lo que dice el periódico es muy probable que,
además de los materiales de construcción, se fabricase
cerámica común, pues se nos dice lo siguiente: “En el tejar
romano encontré infinidad de piezas de alfarería, aunque
todas ellas en muy mal estado”.
Bibliografía: (Sotomayor 1997, 15, V-VI).
Encarnación Serrano Ramos
3.16.- COLMENARES.
En este lugar, situado “a unos seis kilómetros de la línea de la
costa actual y aproximadamente a dos tan sólo de la registrada
para época romana” (Chic 1996, 260), habría que situar un
horno, que se dedicó a la fabricación de ánforas Dressel 7-11
y Beltrán II B.
Bibliografía: (Chic 1996, 245-266).
3.17.- MÁLAGA-Guadalhorce
UTM. 369260/4059710.
Sobre el entorno del río Guadalhorce, A. Arribas y O. Arteaga
hacen referencia a la existencia de hornos, según la
información que les proporcionan los arrendatarios de la
finca, los señores Ortega Rodríguez: “en el área del
yacimiento se habían hallado tres hornos de cerámica, de unos
dos metros de diámetro de boca, conservados hasta la altura
de un metro aproximadamente. Estaban construidos con
piedras, al parecer en seco” (1975, 7). No se menciona la
producción de estos hornos, pero, si seguimos leyendo el
texto, se nos habla de albercas de una posible factoría de
garum. Restos de piletas de salazones había mencionado
también Rodríguez de Berlanga (1903, 168-169) en el Cortijo
de la Isla y en el Cortijo de San Julián; y piletas aparecieron
en la finca La Cizaña (Amador 1909, 46-52; León 1962;
López 1971-73, 54). Esta es la razón por la que ha de
pensarse que los mencionados hornos se dedicarían a la
producción de ánforas salsarias.
No cabe duda de las condiciones favorables del lugar, su
cercanía al mar, el río y la presencia de arcillas que desde la
instalación de los fenicios allí estuvieron utilizando (Aubet et
alii 1999); sin embargo, también se nos dice que los limos
aluviales que rodean el yacimiento son de poca calidad para la
industria de la cerámica y que el mejor abunda en el ámbito
del monte bajo (Aubet et alii 1999, 45). No obstante la Dra.
Aubet al referirse al horno púnico fechado a principios del
siglo V, nos dice “tuvo que aflorar a superficie, al igual que
otras estructuras de combustión similares, detectadas durante
las excavaciones de Arribas” (Aubet et alii 1999, 80). Como
en esas excavaciones no se detectan, que sepamos ningún
horno, pensamos que son a las estructuras de las que hablan
los señores Ortega a las que se refiere la profesora Aubet.
Si volvemos a lo que dicen los entonces arrendatarios de la
finca, se habla de tres hornos de unos 2 m. de diámetro,
mientras que el horno púnico tenía un diámetro exterior de 5
m. y de los dos hornos, fechados a principios del siglo VI, el
diámetro, del mejor conservado, era de 1,35 m.
Las diferencias, por tanto, son considerables y si a ello se une
la ocupación de la zona en época romana, materializada por
una necrópolis, piletas de salazones en el lugar y en las
proximidades, abundante material cerámico y, lo que es más
importante, la proximidad del río y la abundancia de arcillas,
cabría pensar en una actividad alfarera, también, en época
romana
3.18.- MÁLAGA-Haza Honda.
Este yacimiento se encontraba a algo más de un kilómetro y
medio del alfar del Puente de Carranque, entre el Camino
Viejo de Churriana y la línea férrea Málaga-Córdoba, con
mucha probabilidad donde hoy está el colegio público
Guadaljaire. Su descubrimiento tuvo lugar en 1970 y su
destrucción fue casi inmediata, aunque se pudo recuperar
materiales de diversas épocas, los más antiguos calcolíticos
(Fernández, Baldomero y Ferrer 1986, 207-218) y otros
romanos que fueron dados a conocer por M.L. Loza y J.
Beltrán. En este taller están representadas las formas Beltrán
I, III y IV. Además conocemos algo de la cerámica común
fabricada en este lugar. Eran ollas de gran tamaño con el
borde exvasado, acanalado y dos asas, jarras y pesas de telar
algunas con marca (Loza y Beltrán 1988, fig. 1). Este alfar
estaría en actividad desde la época augustea hasta,
posiblemente, la época neroniana, sin que sepamos cuáles
fueron las circunstancias que determinaron la interrupción de
la productividad (fig. 17).
Bibliografía : (Loza y Beltrán 1988, 991-100; Beltrán y Loza
1997, 115).
3.19.- MÁLAGA-Ladera de la Alcazaba
UTM. 373540/4065120.
Desconocemos la ubicación exacta del alfar que hemos
denominado de la ladera de la Alcazaba, aunque pensamos
que debió de estar en la ladera occidental, dado que en las
excavaciones del teatro, de vez en cuando, aparecieron piezas
que consideramos fallos de horno, entre ellas ánforas Dressel
18, Beltrán I y trozos de grandes recipientes, posiblemente
ollas1. Éstas presentan la boca hacia afuera y dos asas que
arrancan del labio y llegan a la parte superior del cuerpo que
es bastante alargado, con el fondo abombado, de umbo
central, y suelen llevar un grafito sobre el borde o en la zona
baja del cuerpo. La pasta no está muy depurada, siendo
visibles partículas micáceas, arenosas y calizas. Un engobe
blanquecino, a veces verdoso, cubre la superficie (Serrano
2000, figs. 54-56). Un recipiente completo apareció en el
teatro, utilizado como urna, que contenía los restos de un niño
(Gran 1991, lám. VIII, 1) y otros se localizaron en la
necrópolis de calle Beatas (Duarte, Peral y Riñones 1992,
394-403), de los que uno estaba empotrado en una fosa y los
otros dos se encontraron dentro de ánforas Dressel 7-11, con
los restos quemados de un niño en el interior de uno de ellos.
Piezas similares se fabricaron en Haza Honda (Loza y Beltrán
1988, fig. 1.D), en la Huerta del Rincón (Baldomero et alii
1997, nº 33-34, con grafito) y en la “Finca del Secretario”
(Villaseca 1997, fig. 5: 2). Es posible que en este horno se
realizara también alguno de los recipientes considerados
como grandes vasijas, que presentan los bordes muy
desarrollados y algo caídos. Puesto que aquellas fueron
realizadas de diferente grosor en la pared, tuvieron que ser
usadas para mezclar las salsas o, tal vez, como morteros (fig.
15). La pasta suele ser de color ocre amarillento o rojizo con
desgrasantes calizos, micáceos y arenosos, y con ambas caras
1
Como la fecha en la que se construyó el teatro fue los comienzos del
principado de Augusto (Rodríguez 1993, 189), la actividad de este alfar es
anterior o estaba situado algo más alejado de lo que suponemos.
Bibliografía: (Arribas y Arteaga 1975, 7).
174
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Figura 14.- 1. Planta de los hornos de Manganeto (Arteaga 1985). 2. Planta y alzado del horno nº 1 de C/ Almansa (Suárez et alii 2001).
175
Encarnación Serrano Ramos
el Paseo del Parque (Berlanga 1906, 21-24). Pueden
relacionarse con la producción de este horno unas cazuelas,
no muy profundas, que presentan el borde con acanaladuras
horizontales en unos casos; en otros, los bordes son lisos y
con cierta inclinación hacia dentro, y los hay también con
incisiones sobre el borde y la parte superior de la pared
externa. Todas las variantes llevan dos asas horizontales, unas
lisas otras salomónicas (Serrano 2000, figs. 63-64 y 66-72).
Al no disponer de ningún ejemplar completo desconocemos
cómo serían sus fondos. Piezas similares han aparecido en
ambientes de finales del siglo III (Puerta 1996, fig. 269: 2-4).
También contamos con bordes más gruesos, con acanaladura
pronunciada.
Las excavaciones del teatro proporcionaron, además, grandes
cantidades de tapaderas de diferentes tipos, pero, al no
haberlas encontrado con fallos de cochura no podemos
considerarlas de fabricación local (Serrano 1989, fig. V: 116).
Bibliografía: (Casamar 1963, 4 ; Serrano 2000, 61-62 ).
Figura 15.- Materiales del alfar de la Ladera de la Alcazaba.
cubiertas de un engobe amarillo verdoso (Serrano 2000, figs.
58-62, 65). El hecho de que algunas de las piezas presenten
defectos de cochura nos ha llevado a considerarlas de
fabricación local. Y por el ambiente en que aparecen hay que
pensar que la cronología es altoimperial.
Manuel Casamar nos habla de la aparición de un horno en
esta ladera: “A la derecha del teatro, y en nivel ligeramente
superior, quedó parcialmente intacta una necrópolis que podrá
ser del siglo V-VI [...] y restos de una pila salsaria que se
salvó de una destrucción iniciada, en la que se perdió un
horno del que sólo se logró ver y fotografiar la boca”
(Casamar 1963, 4). Noticias de su ubicación nos las
proporciona Solo de Zaldívar quien nos dice hallarse a la
altura del vomitorio central. Tenemos que considerar este
horno como posterior al que hubo antes y, por lo tanto, al
momento en el que el teatro ya había sido abandonado. Su
producción pudo estar relacionada con la fabricación de
ánforas para las salazones, industria que debió de alcanzar
durante el Bajo Imperio un gran desarrollo, como se ha puesto
de manifiesto en los últimos hallazgos arqueológicos que han
tenido lugar en nuestra ciudad: los del teatro, C/ Afligidos,
Cañón, edificio de Correos, calle Alcazabilla y Museo
Picasso. A estos hallazgos hay que sumar los que tuvieron
lugar a principios de las XIX, consistían en setenta piletas de
diversas dimensiones que se localizaron en la ladera sur de la
Alcazaba como consecuencia de los desmontes para rellenar
176
3.20.- MÁLAGA-Paseo de los Tilos.
En el Paseo de los Tilos, sector que se extiende de la Plaza de
la Cruz del Humilladero hasta la explanada de la Estación de
Renfe, a comienzo de la década de los ochenta, según nos
informan J. Beltrán y M.L. Loza (Beltrán y Loza 1997, 111),
apareció un conjunto de ánforas completas que han sido
interpretadas como el posible almacén de un alfar. De este
lote se ha podido recuperar un ejemplar completo de la forma
Beltrán IIA variante 1 con características de la primera mitad
del siglo I d.C. No se ha podido resolver, como así
manifiestan los autores citados, si este depósito corresponde a
unos hornos determinados o al alfar del Puente de Carranque,
dada la proximidad que hay entre ellos y ante la posibilidad
que ambos lugares, en época romana, fueran costeros. No
obstante la excavación de una necrópolis en C/ Calatrava nº
16 junto al Paseo de los Tilos, en la que los enterramientos
estaban indicados con pequeños túmulos, hechos con restos
de alfar y materiales de construcción (Fernández et alii 2002,
530-551), puede servir para reforzar la existencia de unos
hornos en las cercanías.
Bibliografía: (Beltrán y Loza 1997, 109-110).
3.21.- MÁLAGA-Puente de Carranque
UTM. 371249/4063500.
Las primeras noticias sobre este alfar proceden de A. López
Malax-Echeverría quien nos dice que el yacimiento apareció
“al realizar las obras en la zona inmediata al oleoducto
Málaga-Puertollano [...] la profusión de ánforas, arcilla
fundida, cenizas, etc., probó que se trataba del emplazamiento
de un alfar romano, del que una vez finalizado el trabajo se
habían obtenido siete ánforas muy fragmentadas, de las que
nuestro gabinete de restauración restauró una completa
(López 1971-73, figs. 11-13), así como bordes de otras”.
Estas piezas fueron clasificadas por M. Beltrán de la forma
siguiente: el ánfora completa como Beltrán VI, uno de los
bordes de la Dressel 18 I y otros de la Beltrán II y Dressel 2-3
(Beltrán 1970, 493-494, nota 1093).
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Figura 17.- Ánforas y cerámica común de Haza Honda (Loza y Beltrán
1988).
En cuanto a la cronología de este taller, pudo estar en activo
en el siglo I d.C. o incluso llevar el inicio al I a.C., si se
considera que la pieza Maña C2b es un producto local
(Beltrán y Loza 1997, 110).
Figura 16.- Ánforas y cerámica común del alfar del Puente de Carranque
(Beltrán y Loza 1997).
Años después J. Beltrán y M.L. Loza ubican el yacimiento en
el cruce entre la Ronda Intermedia y la vía férrea MálagaCórdoba, al norte del Camino Viejo de Churriana. Lo
mencionan como “alfar de Carranque”, y detallan aún más la
clasificación anterior, identificando algunas piezas que
pueden considerarse de la forma Beltrán I (López 1971-73,
fig.1: 1 y 11), además de señalar que la forma Dressel 18 I
que se dató en época augustea puede considerarse Maña C2b
con una cronología del siglo I a.C., sin que se pueda
determinar si la forma se elaboró en este alfar (Beltrán y Loza
1997, 110).
Pero como suele ser frecuente en estos alfares, además de las
ánforas -Beltrán I, II, VI y la probable Maña C2b (fig. 16)- se
fabrica cerámica común que consistía en unos recipientes de
borde caído (López 1971-73, figs. 11, 4, 10) y ollas (López
1971-73, figs. 11, 12).
177
Bibliografía: (López 1971-73, 57; Loza y Beltrán 1988, 9911001; Beltrán y Loza 1997, 109-110).
3.22.- PEÑARRUBIA
36º57’N. 4º50’W.
La localidad malagueña de Peñarrubia estuvo situada en la
zona occidental de la depresión de Antequera, entre
Campillos y Teba, en el límite entre el llano y las primeras
estribaciones de la Sierra de Peñarrubia que le dio su nombre.
Su desaparición estuvo motivada, a comienzos de los años
setenta, por la construcción del pantano del Guadalteba.
Las noticias de la existencia de restos arqueológicos en el
lugar comienzan con Rodrigo Caro y serán recogidas por
otros autores como Velázquez, Bravo, Hübner, Cean
Bermúdez y Aguilar y Cano (Serrano, Luque y Sola 1989-90,
139).
En 1972 supimos de la existencia de una necrópolis en las
afueras del pueblo que no pudimos excavar al quedar el lugar
inundado por las aguas del pantano del Guadalteba. En 1981,
al realizar una visita al yacimiento y como consecuencia del
Encarnación Serrano Ramos
Figura
18.-
1.
Necrópolis
de
Peñarrubia
con
los
hornos
romanos.
178
2.
Planta
del
horno
del
alfar
de
la
Fábrica
(Teba).
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
descenso de las aguas en ese año, eran visibles, además de
unas tumbas y un suelo de opus signinum, una estructura a
escasos metros de las tumbas mencionadas (fig. 18.1) de la
que se conservaban dos muros paralelos de ladrillos, casi
soterrados que dejaban entre ellos un pasillo de algo más de
0,50 m. de ancho y de una longitud de 2,20 m. que
conservaba parte de un arquillo, también de ladrillos en su
sector norte. En el extremo opuesto era visible un muro
transversal, también de ladrillos que parecía limitar la
construcción (fig. 3.3).
La morfología de la construcción, así como la vitrificación de
los ladrillos, la presencia de abundantes cenizas y restos de
escorias nos hicieron interpretar estos restos como parte de un
horno de planta rectangular o cuadrada.
Su producción debió ser la cerámica común o los materiales
de construcción. Y en cuanto a su cronología, a tenor de las
piezas que formaban el ajuar de las tumbas, puede situarse en
la segunda mitad del siglo I d.C.
Dos años después, al tener conocimiento del saqueo que había
sufrido el yacimiento, procedimos a la limpieza y excavación
de la zona saqueada. El resultado fue, además de una
necrópolis de época hispano-visigoda (fig. 18.1), un
yacimiento romano que, en parte, conocíamos, al que vino a
sumarse otro horno en este caso de planta oval en el extremo
opuesto y que proporcionó grandes cantidades de cerámica
común.
El nuevo horno estaba muy destruido por encontrarse en el
lateral este de la pequeña elevación y estar sometido durante
años a la erosión del agua, y además porque los saqueadores
de la necrópolis interpretaron la parrilla como una tumba. El
hogar, excavado en el terreno natural, presentaba un pasillo
central con bóveda de medio cañón y muretes laterales para
soporte de la parrilla. En cuanto al praefurnium, cuya
longitud era de 2,60 m. por 2 m. de ancho, estaba construido
con ladrillos.
De la cerámica común, que recogimos en su entorno, destacan
las cazuelas de borde engrosado y vuelto al interior y con
acanaladura para ajuste de la tapadera; las orcitas de borde
redondeado, exvasado, cuerpo globular y fondo plano, y
también las de borde horizontal y acanalado; los cántaros de
cuerpo globular y dos asas; los jarros con pico vertedero y las
tapaderas.
La mayoría de estos recipientes tiene una pasta de color ocreanaranjada, semicompacta, bien depurada y con el corte
regular, aunque no faltase la pasta gris, y, en general, la
mayoría de las piezas estaban muy manchadas de cenizas.
El cúmulo de materiales de construcción en el sector NO nos
hace pensar que se fabricaron en el primer horno que
localizamos.
A la vista de todos estos datos, consideramos que el
yacimiento de Peñarrubia estuvo habitado durante buena parte
de los siglos I y II d.C. En un momento impreciso del siglo II,
179
por motivos que se nos escapan, se abandona el sitio para
volver a ser ocupado, posiblemente, a comienzos del siglo V
ya como necrópolis y continuar hasta finales del VII
principios del VIII.
Bibliografía: (Atencia, Serrano y Luque 1982, 133-136;
Serrano, Atencia y Luque 1983, 11-16; Serrano, Luque y Sola
1989-90, 139-157).
3.23.- TEBA- La Fábrica
UTM. 329530/4093970.
A comienzos de 1991 tuvimos conocimiento de este
yacimiento, situado a unos 2’5 km. del casco urbano de Teba.
Una visita al lugar nos proporcionó, además de abundante
material cerámico, numerosos restos de escorias, adobes
vitrificados, ajustadores, soportes y fragmentos con defectos
evidentes de cocción. A esto se añadió el hallazgo de varios
trozos de moldes de fabricación de vasos decorados, lo que
evidenciaba que junto a la cerámica común se fabricó T.S.H.
En las excavaciones que realizamos en el lugar se puso al
descubierto un horno y parte de un muro. El horno es de
planta casi circular con praefurnium, pasillo central y muretes
laterales unidos por arcos (fig. 18.2). El estado de
conservación no era bueno habiéndose perdido casi
totalmente la parrilla y las estructuras superiores; de la
parrilla únicamente quedaban leves indicios a una altura de
1’30 m. Para la construcción del horno se vaciaron las arcillas
del terreno y el material de construcción empleado fueron los
adobes y en la pared circular de la cámara de combustión
quedaban restos del enlucido que los cubría. Su orientación
era SO-NE. y sus medidas las siguientes: diámetro
aproximado del hogar 3,30 m., grosor de la pared 0,10 m. y
altura máxima conservada del 1,30 m; grosor de los muros
transversales unos 0,60 m. aproximadamente; anchura del
pasillo central 0,60 m. y altura hasta los arcos 0,75 m;
longitud del praefurnium 3’80 m. y anchura interior del
mismo 0’55 m.
Como antes hemos indicado, además de sigillata hispánica se
fabricó cerámica común. El número total de fragmentos
contabilizados ascienden a 4.497, de ellos 2.406 son de
sigillata y el resto de común. La mayoría de las piezas
apareció al oeste del praefurnium.
La sigillata hispánica fue elaborada preferentemente con una
arcilla de color tierra verde tostada (N.25), de una dureza
media que tiende a blanda, ligeramente micácea, con
abundantes partículas blanquecinas, vacuolas y con fractura
más bien irregular. El barniz que predomina es el tierra de
Siena (S.39), por lo general mate y áspero al tacto.
En cuanto a las formas decoradas (fig. 19) se utilizó tanto el
molde como el buril. Los moldes que no sobrepasan la
veintena y son de forma 37, suelen estar muy gastados y, en
algunos casos, el motivo sale del espacio reservado. En las
piezas decoradas a molde destaca el estilo de metopas,
decoradas con grandes cruces de San Andrés y la decoración
a bandas donde se repite el mismo motivo, normalmente
círculos, que alternan con otros más pequeños o con rosetas
Encarnación Serrano Ramos
Figura 20.- Cerámica común fabricada en los alfares de la Depresión de
Antequera.
Figura 19.- Sigillata hispánica del alfar de la Fábrica (Teba).
multipétalas. A veces se recurre a un guirnalda de bifoliáceas
con o sin motivo de coronamiento y otras a la línea vertical
ondulada, en estos últimos casos podríamos hablar de
metopas. Aparece también la alternancia de dos motivos, por
ejemplo, un círculo y un elemento vegetal, y
excepcionalmente hay algunas composiciones más complejas.
Y por lo que se refiere a los motivos decorativos, predominan
los círculos de diferentes tipos y tamaños; aparecen solos o
enmarcando un motivo vegetal, un ave, una crátera u otro
círculo, le siguen los vegetales y las aves. Del total de 43
motivos que hemos individualizados, a 30 se les puede
considerar como punzones, ocho son realizados a mano
alzada y el resto es la combinación de varios punzones.
La decoración burilada tiene una representación importante
en este alfar. Se realiza mayoritariamente sobre cuencos de
perfil semicircular y sobre cuencos ligeramente carenados y
de perfil exvasado que podemos considerar de la forma 29/37;
la decoración está comprendida entre baquetones y suele
ocupar una ancha banda de la pared externa.
En lo que se refiere a las formas lisas, están representadas la
4-5, 7, 13, 15/17, 24/25, 27, 35-36, 44 y 57. El primer lugar lo
ocupan los platos de 15/17 seguidos de las copas de 27 que
tienen muy poco marcados los cuartos de círculos y suelen
presentar una pequeña acanaladura bajo el borde. La
presencia de parte de una marca sobre un fondo nos hace
180
pensar que algunas de estas piezas estuvieron firmadas.
Para concluir diremos que nos encontramos ante un alfar que
sigue la línea de los otros ya conocidos en nuestra provincia,
en el que, además de la vajilla de mesa, se elaboró cerámica
común y, posiblemente, materiales de construcción. En
cuanto a su cronología creemos que este taller pudo entrar en
funcionamiento a partir de la segunda mitad del siglo I y el fin
se podría situar en un momento no muy avanzado del siglo
II.En cuanto a la expansión de estos productos los tenemos
localizados en Antequera en las termas de Santa María y en la
villa romana de los Castillones en Campillos.
Bibliografía: (Serrano, Gómez y Castaños 1997, 181-202;
Serrano, Gómez y Castaños 1995, 540-544; Serrano 1997a,
443-469).
3.24.- TORREMOLINOS-La Cizaña (Los Álamos).
El conocimiento de restos arqueológicos en la finca de la
Cizaña se remonta al siglo pasado (Amador 1909, 46-52) y,
recientemente, a la intervención de I. Ruiz y L. Salvago que
nos ha permitido conocer un conjunto termal, piletas de
salazones y una necrópolis (Ruiz y Salvago 1990); debido a
ello, antes de proceder a la urbanización de la zona fue
necesario realizar excavaciones de urgencia en el lugar. El
resultado fue la exhumación de un importante complejo
alfarero dedicado a la producción de ánforas salsarias. Se
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
localizaron dos hornos de planta circular, con una orientación
NE SO y prácticamente del mismo tamaño, en el interior de
una estructura rectangular. En ambos el diámetro exterior es
de aproximadamente 3,50 m. y la longitud del praefurnium
supera los 3 m; mientras que en el horno nº 2 han quedado
huellas del pilar central que sustentaba la parrilla, el nº 1, al
haber sufrido ciertas remodelaciones, ofrece mayor dificultad
a la hora de adscribirlo a un tipo determinado. En éste el
praefurnium tiene una longitud de 3,48 m., la altura
conservada es de 1,42 m. y el ancho de 1,60 m., apreciándose
aún el arranque de la cubierta. En cuanto al hogar, presenta un
muro circular de ladrillos de aproximadamente 0,80 m. de
ancho, adosado a la pared interna, por lo que esta forma
recuerda a los hornos del tipo IC′, según la clasificación de
Françoise Le Ny (Le Ny 1988, figs. 22 y 23) y concretamente
al horno del taller de Martres-d’Artiére (Puy-de-Dóme).
Se han podido diferenciar dos momentos de producción en
estos alfares. El primero tiene dos fases: a la A corresponde la
instalación del complejo que ha sido fijado en la primera
mitad del siglo I d.C. y a la B pertenecen nuevas edificaciones
así como remodelaciones de las anteriores, y su final se
situaría en la segunda mitad del siglo II.
La producción de estos hornos fueron las ánforas Beltrán II,
IV y VI, tipos que coinciden, salvo la ausencia de la Beltrán
V, con las elaboradas en el cercano taller de Huerta del
Rincón. La ausencia de la Beltrán I marca el inicio de este
alfar a partir del primer cuarto del siglo I d.C.
La fase B, cuyo inicio puede situarse en la segunda mitad del
siglo I d.C., supuso la remodelación de alguna de las
construcciones y la edificación de otras. Precisamente a esta
fase corresponde la construcción de los hornos G y H.
Estaban embutidos en arcilla bien compactada y limitados por
un muro de sillares. De uno de ellos, el H sólo se pudo
documentar su existencia a través del conjunto de la cámara
de cocción a nivel superficial, tenía un diámetro de 4 m.
En el siglo III se produce una reorganización de la actividad
alfarera en la Cizaña; continúa la actividad del horno 1, cesa
la del 2 y queda esta zona como vertedero. Las ánforas que se
elaboran en esta segunda fase, entre otras, son los tipos Keay
XIX y XXIII, producción que debió interrumpirse en pleno
siglo V2.
Bibliografía: (Soto, Cumpián y Sánchez 2003, 65)
3.25.- TORREMOLINOS-Huerta del Rincón
UTM. 366050/4053600.
Movimientos de tierras para la construcción de viviendas
realizadas en la finca Huerta del Rincón originan el
descubrimiento de abundante material cerámico de época
romana, lo que provocó la paralización de las obras y el
planteamiento de excavaciones arqueológicas. Los trabajos se
llevaron a cabo durante 1990, 1994 y 1995.
Esta finca se ubica en las proximidades de la playa de la
Carihuela, pasado el promontorio que la separa de la del
Bajondillo. Gracias a las excavaciones arqueológicas se ha
podido conocer un interesantísimo conjunto alfarero,
dedicado prioritariamente a la producción de ánforas que
debió iniciar su actividad en el primer cuarto del siglo I d.C. y
tuvo una perduración hasta principios del siglo V (fig. 21).
El emplazamiento reunía unas condiciones idóneas para la
producción alfarera: protegido de los vientos, abundancia de
agua dulce y la presencia de arcillas excelentes en las
proximidades. Otro elemento también presente en el lugar
sería la madera para los hornos.
De la fase A quedan algunas estructuras que han sido
relacionadas con el proceso de elaboración de las arcillas, así
como parte de un horno y una gran construcción interpretada
como almacén, de 22 m. de largo por 8 m. de ancho y en el
centro una hilada de pilares que soportarían el peso de la
techumbre. A esta estructura estaban adosadas otras de
tamaño menor. El horno, muy mal conservado, apenas quedan
restos de los muros de adobes que sostendrían la parrilla, fue
inutilizado y colmatado con ánforas Beltrán IIB.
El otro horno, el G, conservaba el praefurnium de 2 m. de
longitud, así como parte de la cámara de combustión (hogar)
de 3,5 m. de diámetro. La cámara estaba construida con
hiladas de ladrillos a soga y tizón. Un arco de medio punto de
1 m. de ancho por 0,80 m. de alto permitía el acceso al
interior, no conservaba la parrilla. En cuanto al sistema de
sustentación de la parrilla es posible, a tenor de los indicios
conservados, que se recurriera a un pilar central del que
arrancarían los arcos.
Un tercer horno, el K, se ha podido relacionar con esta fase.
Es de planta circular, con un diámetro de 1’20 m. y el
praefurnium mide 1’60 de largo por 0’60 m. de ancho. Dada
sus reducidas dimensiones pudo dedicarse a la cocción de
tapaderas o de recipientes de pequeño tamaño.
El edificio de la fase anterior se mantiene en uso, si bien se
realizaron ciertas modificaciones como en los colindantes.
En lo que se refiere al producto elaborado contamos con las
ánforas Beltrán II A y B, III, IV A y IVB, V y VI (fig. 22);
algunas con marcas como LIC.NIM o, abreviada, L (palma)
N, y CLICM que también aparecía abreviada CLM. Una de
las dos marcas, la L (palma) N está estampada también en dos
figlinae del valle del Guadalquivir, pero en ánforas olearias.
Igualmente se fabricó en esta fase cerámica común: cazuelas
de diferentes tipos −carenadas, con el borde vuelto al interior
y dobles asas−, cuencos profundos, morteros, tapaderas,
jarros, jarras y vasijas para almacenamiento (Baldomero et
alii 1997, 170-172).
La ausencia de las ánforas Beltrán I podría explicarse por un
cierto retraso en el comienzo de la producción, que pudo tener
lugar a partir del primer cuarto del siglo I.
2
Queremos agradecer a Antonio Soto Iborra el habernos proporcionado toda
esta información al encontrarse los resultados de la excavación aún sin
publicar.
181
Encarnación Serrano Ramos
Figura 21.- Estructuras aparecidas en el alfar de la Huerta del Rincón.
182
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
olearias −como la Keay XIII (Dressel 23) y la Keay XXV−, y
también se dedicaron a la cerámica común (fig. 22). De este
último producto están representadas las cazuelas, algunas con
decoración sobre los bordes; las ollas con acanaladura interna
para la tapadera y dos asas, los morteros con visera y pico
vertedero, las tapaderas en algunos casos con un orificio sobre
la parte superior, los jarros, jarras y los lebrillos. La pasta
suele ser de color castaño claro y con desgrasantes arenosos
(Baldomero et alii 1997, 174-177).
Si comparamos estos materiales con los anteriores, no existen
grandes diferencias: no aparecen en los productos tardíos las
cazuelas con asa en forma de lazo ni las carenadas, tampoco
encontramos las tapaderas de ánforas, los morteros no
presentan cambios y las ollas recuerdan a las producciones
africanas.
La sigillata africana aparecida en el pasillo de uno de los
hornos −formas Hayes 67 y Hayes 61− nos ayuda a establecer
el cese de esta figlina en pleno siglo V. No obstante, el lugar
pudo permanecer habitado hasta el siglo VI, como confirma la
presencia de la forma Hayes 99.
Figura 22.- Ánforas producidas en el alfar de Huerta del Rincón.
Estamos convencidos de que no se produce en este alfar un
cese en la fabricación del producto, salvo una reestructuración
de las dependencias que lleva al abandono de las anteriores y
a ubicar los nuevos hornos en la zona más oriental del
yacimiento. Son cuatro los hornos que corresponden al Bajo
Imperio, todos de planta circular y de diferentes tamaños. El
mejor de los conservados, el N está realizado con ladrillos y
conservaba el arranque del pilar central cuadrangular para
apoyo de la parrilla. El diámetro de la cámara de combustión
era de 1’80 m. y la longitud del praefurnium de 1 m; el suelo
de cámara de tierra arcillosa y se encontró colmatado por
trozos de ánforas y cerámica común.
Los otros hornos el O, P y R se hallaron muy destruidos, son
de mayor tamaño y en ellos el suelo de la cámara de
combustión estaba enlosado con ladrillos. Sólo en el horno P
eran visibles restos del sistema de sostenimiento de la parrilla
que consistía en tres muros paralelos con una distancia entre
ellos de 0,40 m. y con una altura de 1m. y 0,35 m. de ancho.
El cuarto horno, el R no pudo excavarse al quedar fuera de la
zona delimitada, si bien se pudo ver algo de su praefurnium y
del arco de medio punto por el que se accedía a la cámara de
combustión. Precisamente en el praefurnium se localizó un
vertedero de ánforas y cerámica común además de algunos
fragmentos de sigillata africana de las formas Hayes 61 y 67
que sirven para establecer las fechas de los vertederos.
En lo que se refiere a su producción, estos hornos van a
fabricar ánforas salsarias −como la Keay XIX, y la XXIII− y
183
En las cercanías de este alfar aparecieron piletas de salazones,
según nos informa Giménez Reyna (1946, 24): “en la bajada a
la playa del Hotel [de las Rocas] hay unos restos de piletas
salsarias de una industria de pesquería” y, en otro lugar, “En
Torremolinos −a 12 kilómetros al Oeste de Málaga− [...]
cerca de la playa, se encuentran los restos de varias piletas
salsarias” (Giménez 1946, 60). No sabemos si ambas citas se
refiere al mismo conjunto, lo que sí sabemos es que en el
primer texto se menciona el Hotel La Roca, y que el alfar de
la Huerta del Rincón estaba al otro lado del promontorio. Esta
circunstancia nos lleva a considerar que el producto que se
envasaba en las ánforas fabricadas en este alfar debía ser el
que se elaboraba en las piletas localizadas en la bajada a la
playa de ese hotel. Sobre el promontorio y próximo al
complejo del Castillo de Santa Clara apareció una necrópolis
(Serrano, Baldomero, Martín 1993, 207-216) que puede tener
relación con la última fase de este taller.
Bibliografía: (Serrano, Baldomero y Castaños 1991,149-153;
Baldomero et alii 1997, 147-176).
3.26.- TORROX-COSTA
UTM. 414600/4065200.
Este yacimiento había sido objeto de atención desde los
primeros años del siglo pasado, con motivo de la construcción
del faro e incluso con las excavaciones realizadas por Tomás
García (Rodríguez 1997, 273). No obstante, las primeras
noticias sobre el alfar se deben a Giménez Reyna y Rein
Segura. Según información de Giménez Reyna, a unos 200 m.
al oeste del Faro había una construcción llamada “la cueva”
que en un principio se creyó fuera un colector de alcantarilla
romano y que resultó ser un horno de alfarero, hecho con
ladrillos. La misma fuente indica cómo “todos los alrededores
del horno estaban plagados de cacharros, tejas y ladrillos
rotos y mal cocidos” (Giménez 1946, 81-83). En cuanto a su
tipología fue clasificado como horno del tipo 3b de Fletcher,
no obstante fue J. Beltrán quien consideró su planta circular y
no rectangular (Beltrán 1982, 37).
Encarnación Serrano Ramos
salazones de los tipos Beltrán I y II (Rodríguez y Atencia
1983, 263). Con este material, más el depositado en el Museo
de Málaga y en la colección Rein, el Prof. José Beltrán hizo
un estudio de toda la producción, diferenciando más de una
treintena de tipos (Beltrán 1982; Beltrán y Mora 1982, 149155), aunque tras los últimos descubrimientos habría que
reducir ese número (fig. 24 y 25).
La presencia de dos hornos, de materiales diversos y de
cronología diferente, permite hablar de dos momentos en la
vida de este alfar. A la primera etapa, en la que estaría en
funcionamiento el horno A, pertenecerían los siguientes tipos:
ollas con acanaladura interior y dos asas, cazuelas carenadas,
las de borde redondeado y asa y las de borde vuelto al interior
y asa en forma de lazo; los morteros, los hay con visera y con
el borde oblicuo y acanaladuras interiores; los platos de borde
bífido y los profundos, o cuencos hemisféricos, con el fondo
horizontal o con un pequeño pie, que se utilizaron en algunos
casos como tapaderas de urnas (Giménez 1946, lám. XXXIX,
1); los jarros, las jarras, embudos, lebrillos, dolias y las
tapaderas, tanto para ánforas como las de tamaño mayor con
el pomo horizontal y, a veces, con un orificio lateral (Serrano
2000, figs. 1-23). También se fabricaron en el alfar pesas de
telar, terracotas y materiales de construcción (Rodríguez y
Atencia 1983, 263).
La pasta que presentan estos productos suele ser de tonalidad
oscura −del marrón rojizo al ocre rojizo− con un desgrasante
blanco, o blanco y negro, que corresponde a la arena de la
playa (Rodríguez y Atencia 1983, 263).
Figura 23.- 1. Planta de los dos hornos de Torrox (Rodríguez Oliva 1997). 2.
Alzado del horno B de Torrox.
A finales de los años setenta, Rodríguez Oliva reanudará la
actividad arqueológica en el yacimiento, detenida desde los
trabajos de Rein Segura y Giménez Reyna (1944, 168-172).
En esos años el mencionado horno se daba por perdido, pero
las excavaciones realizadas en 1982 pusieron al descubierto
sus restos. Cinco años después apareció un segundo horno,
más antiguo que el anterior, también de planta circular, y en
este caso con pilar central (fig. 23), al que se denominó
“horno A” para diferenciarlo del otro, “el B”, con pasillo
central y muretes laterales. El nuevo horno tenía un diámetro
de 4,5 m. y un pilar de planta circular de 1,25 m. de diámetro
situado en el centro de la cámara. El praefurnium de 1,5 m. de
ancho estaba cubierto con una bóveda de medio cañón. La
inexistencia de vertederos hizo que los estudios cerámicos se
centraran en las pastas, y así se llegaron a fijar como
productos locales los siguientes: ollas, cazuelas, platos, jarros,
embudos, morteros, lebrillos, tapaderas, dolias y ánforas de
184
Casi con toda seguridad, también habría que considerar
fabricadas en el horno más antiguo las piezas usadas como
urnas u ofrendas en la necrópolis, a tenor de lo que nos dice
Giménez Reyna: “es de suponer sirviesen también para la
cocción de todas las vasijas funerarias de tan inferior calidad
material como el que encontramos en los enterramientos”
(1946, 83). Y en otro lugar: “Entremezcladas con este tipo de
inhumaciones se acompañan incineraciones, utilizando como
urnas cinerarias los más diversos tipos de vasijas, algunas
adecuadas para este fin y constituidas por ollas esferoidales y
achatadas, de unos 20 a 25 centímetros de diámetro, provistas
de una tapadera cónica casi plana y de material muy mal
cocido, de pésima pasta arenosa y muy deleznable” (1946,
86-87). Pero en la mayoría de las ocasiones la urna cineraria
es un simple cacharro doméstico, olla, cazuela, jarro o ánfora,
unas veces entera y otras rota.
Las piezas a que alude Giménez Reyna se encuentran unas en
el Museo de Málaga y otras en una colección privada, y en los
últimos años han sido objeto de la atención de Rodríguez
Oliva (1997, láms. IV y V). Estas piezas fueron estudiadas
por Beltrán Fortes en 1982, pero no se llegaron a publicar. Si
prescindimos del uso a que se destinaron y nos fijamos en su
forma, tendríamos los siguientes tipos:
Las cazuelas carenadas de borde engrosado, las de borde
oblicuo y acanalado y las de borde redondeado y dos asas . En
cuanto a las ollas, las tenemos con dos asas, borde exvasado y
cuerpo muy desarrollado (Giménez 1946, lám. XL). Las hay
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
Figura 25.- Diversos tipos de ánforas fabricadas en Torrox.
Figura 24.- Cerámica común elaborada en el alfar deTorrox.
también con el borde vuelto al interior, paredes curvas y asa o
con dos pequeñas protuberancias laterales y el fondo
rehundido. Con el mismo fondo, pero con las paredes más
verticales y con el borde de perfil triangular es el ejemplar
que consideramos orza. Contamos, también, con una serie de
piezas que denominamos ollas/cazuelas por no estar provistas
de asa y tener una altura algo menor que el diámetro de su
embocadura (Serrano 2000, figs. 30-39).
Si las piezas anteriores se utilizaron para guardar las cenizas,
las que pasamos a describir formarían parte del ajuar
funerario. Corresponden a jarros de boca ancha con un asa
(Rodríguez 1997, lám. IV, 1-2 ) y un conjunto de recipientes
de pequeño tamaño entre los que hallamos las ollitas de
cuerpo globular, borde hacia afuera, base plana y realzada con
un asa que arranca desde el borde hasta la mitad del cuerpo o
se coloca sobre la mitad del cuerpo. A las piezas que
presentan el mismo perfil, pero carecen del asa las
consideramos vasos. También están representados los bocales
carenados de borde hacia afuera, fondo plano o realzado y un
asa de sección oval que arranca bajo el borde y llega a la
altura de la carena. Los vasitos bitroncocónicos, las tazas y las
orcitas completan la serie. El hecho de que alguna de estas
piezas presentara defectos de cocción nos induce a
considerarlas como elaboradas en este alfar (Serrano 2000,
figs. 40-53).
185
Por último, para cubrir las urnas sabemos que, a veces, se
recurrió a un plato hondo o escudilla o a una tapadera con
pomo (Giménez, 1946, láms. XXXIX, 1 y XL, 1). También
formarían parte del ajuar ungüentarios como los que se
encuentran en la colección Arrese (Rodríguez y Atencia 1983,
lám. X, c).
Las piezas cerámicas halladas en la necrópolis excavada por
Giménez Reyna y utilizadas como urnas debieron tener un
primitivo uso relacionado con el proceso de fabricación del
garum, como ha señalado M. Ponsich: “Otros recipientes de
cerámica se encuentran en gran cantidad en las fábricas de
salazón y también en las necrópolis vecinas; sus formas
constantes y la densidad de su producción son impresionantes
[...]. Se trata de cuencos en los que se depositaban las
ofrendas, de cántaros y también de pequeños frascos, sin duda
de garum, así como morteros con asas y pitorro para
escanciar, con estrías concéntricas interiores. Los cuencos
tenían un aspecto muy particular: eran hondos y con un
reborde recto y perfilado en la parte superior, al que podía
adaptarse una tapadera. Sin duda alguna se utilizaban para la
cocción, como hace suponer su fondo llano y negruzco. En
cuanto se refiere a sus relaciones con la pesca, su papel podía
consistir en acelerar, en las calderas, la evaporación del agua
que contenía el garum, aún muy líquido, para transformarlo
en un producto pastoso para facilitar su transporte. Entre estos
cacharros aparecen también pequeños pucheros, convenientes
al transporte del garum [...]. Otra producción relacionada con
las factorías de salazón de pescado son las marmitas; su papel
Encarnación Serrano Ramos
está, sin duda, relacionado con la fabricación del garum”
(Ponsich 1988, 61).
Donde hoy está ubicada la urbanización Bau-Hoffman se
encontraba esta necrópolis que documenta tanto el rito de la
incineración como el de la inhumación. Dado que el rito de la
inhumación fue remplazando al de incineración a comienzos
del siglo II, especialmente desde el mandato de Adriano, las
urnas que hemos descrito habría que datarlas antes de esa
fecha. Las utilizadas para las incineraciones no solían tener
ajuar, aunque en algunos casos se menciona un vasito, un
jarrito, o un jarro; en cambio, las tumbas de inhumación
contenían en su mayoría, ajuares tales como ungüentarios,
pequeños recipientes, lucernas o piezas de metal. Sólo una
tumba, en concreto la número 11, contenía, entre otros
objetos, una moneda de Constantino II (Giménez 1946, 87).
Esta moneda contribuye a fijar el final de la necrópolis en
pleno siglo IV, y su inicio debió tener lugar posiblemente en
la época de Augusto. La mayoría de los pequeños vasos
depositados como ajuar recuerda ciertas formas de sigillata
hispánica y de las cerámicas de paredes finas, por lo que
creemos que gran parte de las tumbas con ajuar podría
situarse en los dos primeros siglos de la era cristiana, fecha
que coincide también con la de los materiales elaborados en el
horno A.
A la fase de producción más avanzada, tal vez relacionada
con el horno B, se podrían adscribir determinadas ánforas de
las llamadas “africanas” (fig. 25) como la Keay XIX,
representadas por varios bordes (Beltrán 1982, 191), y cuatro
piezas, tres de ellas completas y la cuarta incompleta, que
fueron reutilizadas como enterramientos infantiles en la
necrópolis tardoantigua de los Acantilados (Rodríguez 1997,
291).
Ánfora salsaria es también la Keay XXIII (Almagro 51c), de
la que tenemos varios fragmentos de boca y de panza (Beltrán
1982, 201) y un gran trozo se encontró formando parte de un
enterramiento infantil (Rodríguez 1997, 297). Finalmente con
la Keay XIII (Dressel 23) se pueden relacionar varias piezas
conocidas desde antiguo (Beltrán 1982, 198, 287; Rodríguez
1997, lám. XVII.2, 300) y este ánfora sustituirá a la Dr. 20 en
el transporte de aceite a mediados del siglo III.
Las ánforas mencionadas nos van a situar preferentemente en
los siglos IV-V, aunque en el alfar de los Matagallares
(Salobreña, Granada) se está fabricando la Almagro 51c en
pleno siglo III (Bernal et alii 1998, 250).
Falta por precisar si en esta etapa se fabrican también otros
tipos cerámicos o si la producción queda centrada en las
ánforas, aunque la presencia de ciertos recipientes con
decoraciones digitales sobre los bordes podría considerarse de
estos momentos.
Tampoco está resuelto si hubo alguna interrupción en la
producción alfarera; aunque puede afirmarse, a la luz de los
datos disponibles, que el comienzo de la fabricación pudo
tener lugar en la época de Augusto, a juzgar por los tipos más
186
antiguos de las ánforas de la forma Beltrán I. Como las
ánforas Beltrán I y Beltrán II B prolongan su existencia
durante el siglo II, y como en el siglo III podría fecharse la
fabricación de las ánforas Almagro 51c o Keay XXIII, según
está atestiguado en el alfar granadino, no habría por qué
pensar en una interrupción prolongada, si es que la hubo. Lo
que sí tendríamos es un cambio de hornos al haberse
comprobado cómo el praefurnium del horno B atraviesa el A
(Rodríguez 1997, 284, lám. IX) y al haberse detectado un
cambio de envases, con lo que las salazones pasarían de las
ánforas Beltrán I y II a la Keay XIX y XXIII y el aceite de la
Dressel 20 a la Keay XIII.
El uso de ánforas africanas como enterramientos infantiles en
la necrópolis de los Acantilados, donde estuvo la factoría de
salazones, obliga a pensar en una interrupción de la actividad
industrial o en su desplazamiento. Si aceptamos la primera
hipótesis, habría también que aceptar una pausa en la
producción alfarera.
Las piezas más tardías que pueden ayudarnos a establecer los
momentos finales de esta actividad son el plato de TSGP de la
forma Rigoir 1 −del grupo provenzal o marsellés− (Giménez
1946, lám. XLII), las lucernas africanas de la forma X tipo
A1, que, dado el estado de conservación, habría que
considerar como procedente de una tumba (Giménez 1946,
lám. LXII, 2) y la fuente rectangular decorada con los
Apóstoles de la forma Hayes 56 en C4, así como las formas
Hayes 61, 67 y 73.
La mayoría de estos materiales nos sitúa en pleno siglo V,
momento en que la actividad desarrollada en Caviclum debió
cortarse, aunque las dos jarritas tardías del Museo de Málaga
(Rodríguez 1997, fig. 4) pueden corresponder a una
ocupación residual del lugar.
Bibliografía: (Rein 1944, 168-172; Giménez 1946, 81-83;
Beltrán 1982; Rodríguez y Atencia 1983, 227-276; Rodríguez
1997, 271-303).
3.27.- VALLE DE ABDALAJÍS-Las Peonías.
Hemos de acudir a J.M. Martín, J.A Martín y M. Sánchez
(1995-96) para obtener noticias de esta zona. Esos
investigadores nos dicen: “Hemos detectado, además, una
zona probable de producción a gran escala de elementos de
barro cocido, como se desprende de la aparición de gran
cantidad de escorias y restos de cocciones defectuosas de
elementos de construcción (ladrillos, tégulas, etc)”.
Por esta noticia podemos deducir que los productos
elaborados en este alfar fueron materiales de construcción.
Bibliografía: (Martín et alii 1995-96, 243-260).
3.28.- VÉLEZ MÁLAGA-Toscanos
UTM. 401000/4065650.
En la margen derecha del río Vélez sobre el yacimiento
fenicio del Cortijo de los Toscanos existió un yacimiento
romano a partir de la época imperial que perduró hasta el
Bajo Imperio. En éste se puso al descubierto un horno de
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
ánforas Dressel 7-11, que puede considerarse entre los
mejores conservados de la Península Ibérica; con una altura
de más de 4 m. y un diámetro de luz de cerca de 2,50 m.
Bibliografía: (Niemeyer 1979, 221-258).
3.29.- VÉLEZ MÁLAGA-Manganeto, Almayate Bajo.
Los hornos se encuentran situados al norte del yacimiento de
Toscanos y su descubrimiento tuvo lugar en 1981, cuando una
pala mecánica, que excavaba una zanja de cimentación para la
construcción de un almacén, destruyó uno de los hornos.
Antes de que finalizara ese año, durante los meses de
septiembre y octubre se realizó la excavación sin que se
agotasen las posibilidades del yacimiento. Los tres hornos
localizados, aunque el número puede ser mayor, responden al
modelo de hornos de planta circular con pasillo central y
muretes laterales unidos con arcos (fig. 14.1).
El horno nº 1, en el que se utilizaron adobes y ladrillos como
materiales de construcción, tenía un diámetro de 5,5 m. Le
faltaba toda la parte superior de la que dejaba sólo apreciar el
arranque de la cúpula en el reborde de la parrilla. En cuanto a
los materiales que se han asociado a su producción, hay que
destacar la profusión de ánforas Dressel 14.
El horno nº 2 se encontraba destruido hasta el hogar desde
antiguo, por lo que los pocos datos que tenemos son relativos
al diámetro exterior que era de 5,60 m. y a la altura del hogar
de 1 m.
Por último, el horno nº 3 ha sido el que más datos nos ha
proporcionado. Ni conservaba la parrilla ni la cúpula de
cubrición; el diámetro exterior era de 5,50 m, la longitud y
anchura del praefurnium de 1,30 m; el pasillo central tenía
una anchura de 1,20 m.; 1,90 m. era la altura hasta los arcos y
2,40 m. hasta la parrilla. La posibilidad de excavar una parte
del vertedero facilitó buena información sobre este último y
vimos que nos ofreció el mayor número de cerámica; junto a
los materiales de construcción y cerámica común, destacan
las ánforas, en éste horno debieron cocerse los siguientes
tipos: Beltrán IIB, Dressel 17, Dressel 20 y vinarias derivadas
de la Dressel 2-3.
La ausencia en este taller de las ánforas Dressel 7-11, de
principios del Imperio que se fabricaban, por el contrario en
Toscanos, permite señalar una diferencia cronológica entre
ambos talleres y, por qué no, un traslado de la fabricación de
un lugar a otro. Manganeto empezaría su actividad en la
segunda mitad del siglo I y su cese pudo tener lugar a
mediados del siglo II, aunque esta fecha hay que tomarla con
cautela al quedar en el yacimiento hornos que aún no han sido
excavados.
Bibliografía: (Arteaga 1985, 176-192).
3.30.- VÉLEZ MÁLAGA
UTM. 397210/4.073930.
Movimientos de tierra para la plantación de aguacates
produjeron el descubrimiento de este horno, uno de los
mejores conservados de nuestra provincia.
187
Es de planta circular con un diámetro aproximado de 3 m.
Presenta pasillo central -de 0,72 m. de ancho y una longitud
de 2,90 m.- y muretes laterales, tres a ambos lados, de espesor
variable, los centrales tienen una anchura de 0,50 m. y la
altura 1,40 m. Sobre ellos arcos de medio punto en los que se
apoya la parrilla de 0,30 m. de espesor. Sus orificios
rectangulares están en torno a los 0,21 por 0,09 m. La cámara
de cocción se ha conservado hasta una altura aproximada de
1m., mientras que la conservación del praefurnium es muy
escasa (fig. 9.2).
Para su construcción se utilizaron adobes de distintos
tamaños, si bien predominan los de 0,46 por 0,32 por 0,08 m.
que se utilizaron para la pared del hogar y los de 0,33 por
0,32 por 0,10 m. para los muretes y los arcos. Como material
de unión se empleó el barro.
En cuanto a la producción de este horno habría que hablar,
con mucha probabilidad, de materiales de construcción.
Bibliografía : (Recio, Cabello y Martín 1989, 21-24).
4.- Valoración histórica.
De los yacimientos que hasta la fecha hemos podido reunir en
este corpus, aunque no ha sido posible localizar en todos los
casos los hornos, estamos en condiciones de confirmar su
actividad alfarera por la presencia de moldes para la
fabricación de formas decoradas, adobes vitrificados,
escorias, piezas pasadas de cocción, etc3.
Según la sistematización que realizó M. Sotomayor de los
hornos romanos en Andalucía (Sotomayor 1997, 9-26), en el
territorio malacitano están representados los siguientes:
1.-Hornos de planta circular, de esta variante tenemos: el 1.1,
parrilla sustentada solamente por columna o pilar central, al
que pertenecen los hornos números 1-3 y 5 de la “Finca del
Secretario” de Fuengirola, el nº 1 de los localizados en
Málaga en calle Almansa-Cerrojo y uno de los dos de
C/Carretería, el horno N de Huerta del Rincón en
Torremolinos y el horno A de Torrox-Costa y posiblemente el
nº 2 de la Cizaña. En todos ellos un pilar de algo más de 1m.
de diámetro es el elemento que sustenta la parrilla. En cuanto
a los tamaños: el más pequeño de este tipo es el horno N de
Huerta del Rincón con un diámetro de 1,80 m. y un
praefurnium de 1 m, y el mayor es el A de Torrox-Costa con
4,5 m. de diámetro, aunque los más frecuentes son los de
3
Anterior a los hornos romanos localizados en nuestra provincia, tenemos el
excavado en el Cerro del Villar, fechado en el siglo V a.C., cuando el lugar
había sido ya abandonado por los fenicios. Su planta es circular con un
diámetro de 5 m.y con pilar central hecho de adobes, de 0,80 m.(Aubet et
alii 1999, 79-80). Algo más tardío es el horno ibérico localizado en Ronda y
fechado entre finales del siglo V y el IV (Aguayo, Castilla y Padial 1992,
339-342). Por sus características, pertenece al tipo B-6 de Broncano y Coll
(1988, 187-228) del que se conocen otros ejemplares como el del Cerro de
los Infantes, algo más antiguo, finales del VII inicios del VI, el de Cerro
Macareno de fechas similares al de Ronda y el más reciente el del Pajar de
Artillo del siglo II a.C. Por último, mencionamos el alfar ibérico de Arroyo
Hondo en Álora en el que, aunque no se han localizado hornos, por los
materiales cerámicos encontrados se le ha signado una cronología entre el
siglo III al I a. C (Recio 1982-83, 133-172) y el de Aratispi (Perdiguero
1994, 3-14).
Encarnación Serrano Ramos
diámetro de unos 3 m. Tampoco hay coincidencia en cuanto a
la longitud del praefurnium, que oscilan entre 1, 2 y 4 m. que
es la medida del horno nº 1 de C/Almasa-Cerrojo.
El 1.3, parrilla sustentada por columna central y arcos
radiales, está representado por el horno nº 2 de Cuevas del
Becerro; en este caso el pilar central tiene una altura de 1,20
m. y de él parten 13 arcos, y posiblemente a este tipo
corresponde también el horno G de Huerta del Rincón.
Los hornos de estos dos tipos, 1.1 y 1.3, ubicados en la costa,
fabricaron ánforas, cerámica común y materiales de
construcción, a excepción del de Cuevas del Becerro, situado
en el interior, del que sólo se le conocen los dos últimos
productos.
El 1.5, parrilla sustentada por una serie de muros
transversales, está representado por los siguientes hornos: nº
1 de Cuevas del Becerro, posiblemente el de Cuevas de San
Marcos, uno de los dos de Peñarrubia, el de La Fábrica en
Teba que es de planta oval, el horno P de Huerta del Rincón,
el B de Torrox-Costa y los tres localizados en Vélez Málaga:
Toscanos, Manganeto y Vélez.
De todos ellos el de mayor tamaño es el de Torrox con un
diámetro aproximado de 7 m., mientras que en los restantes el
diámetro suele oscilar entre los 2,5 m. en el de Cuevas del
Becerro y los 3,30 m. del de Teba. Llama la atención la
longitud del praefurnium del horno de La Fábrica con 3,80 m.
y 0,55 m. de ancho.
En cuanto a la producción tenemos: T.S.H. en el alfar de La
Fábrica además de cerámica común; materiales de
construcción en Cuevas del Becerro y en Vélez; común en el
horno de Peñarrubia. Por último, en los alfares localizados en
el litoral: Toscanos, Manganeto, Torrox-Costa y Huerta del
Rincón fabricaron ánforas en grandes cantidades y en los tres
últimos la producción se completó, además, con cerámica
común y materiales de construcción
2. Hornos de planta rectangula: con esta planta sólo tenemos
el tipo 2.1, parrilla sostenida por muros transversales con
una galería central formada por el arco de cada muro, al que
corresponde el horno de Bobadilla, según restitución de J.
Beltrán, el de Campillos, el de Estepona por las noticias que
tenemos, con mucha probabilidad el de Peñarrubia y por
último, el segundo de C/ Carretería.
La longitud en éstos oscila entre los 2,5 m. del de Peñarrubia
y los 3,40 m. del de Campillos.
En cuanto a la producción parece, a la luz de los datos que
hay en nuestro haber, que los materiales de construcción y la
cerámica común fueron los productos que se cocieron en
todos ellos.
Contamos también con otros hornos, que, por los escasos
restos conservados, no ha sido posible determinar el tipo. En
dos casos, a pesar de conservar parte de la cámara de
combustión, ha sido imposible definir su forma, nos referimos
188
al horno nº 3 localizado en Málaga en C/Almansa-Cerrojo y
al aparecido recientemente en Benalmádena.
La producción en ambos casos son las ánforas tardías, en el
de Almansa-Cerrojo, la Keay XIII, XIX y XXIII y en el de
Los Molinillos (Benalmádena), la Keay XXIII, la Beltrán 68,
además de imitaciones de cazuelas de la forma Hayes 23 y del
tipo Ostia III, 267.
De muchos de estos lugares sabemos que fabricaron material
cerámico, aunque no han sido localizados los hornos. Citados
por orden alfabético tenemos: Alameda; Antequera en Casería
de la Mancha, en la finca el Castillón y en las proximidades
de Santa María; Casabermeja; en Málaga capital en la ladera
de la Alcazaba, en Puente de Carranque, El Coto y Haza
Honda; Colmenares y por último Las Peonías en el Valle de
Abdalajís.
En cuanto a su producción tenemos: T.S.H. en los talleres de
Alameda, El Castillón y Santa María, además en este último
se elaboraron unas cazuelas que imitan formas de la cerámica
de cocina africana, y respecto a la cerámica común hay
constancia en el Castillón y en Casería de la Mancha.
En los talleres localizados en Málaga ciudad, junto a las
cerámicas comunes, la producción fue mayoritariamente de
ánforas. De este modo en el de Haza Honda tenemos la
Beltrán I, III y IV; en el del Puente de Carranque la Dressel
18 I y las Beltrán I, II y VI y en el de la ladera de la Alcazaba
la Dressel 18 y la Beltrán I. Respecto al teatro romano M.
Casamar menciona la existencia de un horno sobre el lugar
donde estuvo la cauea y cuya producción debieron ser las
ánforas tardías que se utilizarían para envasar los salazones,
industria muy presente en esta zona de la ciudad, como ponen
de manifiesto los viejos y nuevos descubrimientos.
Materiales de construcción se elaborarían en el Coto,
Casabermeja y en el Valle de Abdalajís. Y por último, en
Colmenares se citan las ánforas Beltrán I y II.
Finalmente, habría que hacer referencia a un posible alfar de
ánforas Beltrán IIA1 en el Paseo de los Tilos, y a dos
pequeños hornos, uno en Torremolinos el K y otro en
Fuengirola en la “Finca del Secretario”, el nº 4. Dadas las
pequeñas dimensiones de estos dos últimos hornos y al estar
formando parte de dos de los conjuntos alfareros más
importantes de nuestra provincia, se podría pensar en la
cocción de tapaderas o recipientes de pequeño tamaño.
Los talleres del litoral malagueño van a fabricar a lo largo de
cinco siglos ánforas para la industria de salazones a la que
tanto tiempo se dedicó las costas malagueñas4 y sólo de
manera muy puntual ánforas olearias y vinarias. Pero, antes
de seguir con este tema, tendríamos que remontarnos a la
época fenicia en la que la producción y comercialización de
4
Sobre la importancia de la industria de salazones en nuestra ciudad habla
Estrabón (III, 4, 2) y la inscripción de Publius Clodius Athenius (C.I.L VI,
9677) representante en Roma de los intereses de los industriales del garum
malacitano. Recientemente el tema lo han tratado: (Mora y Corrales 1997,
27-59; Corrales 1993-94, 243-260).
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
salazones contaba con una larga tradición. No obstante, será a
partir de los dos siglos anteriores al cambio de era cuando
esta industria adquiera una importancia cada vez mayor en la
economía del litoral mediterráneo (López Castro 1995).
Muy esclarecedores para nuestra provincia son los datos que
nos proporcionan los yacimientos ubicados en la
desembocadura del río Vélez (Arteaga 1981) y más
concretamente el del Cerro del Mar, donde, junto a una
factoría de salazones, situada en la ladera del cerro (Arteaga
1981, 122), habría que destacar la presencia de ánforas
Dressel 18, en las que se observa claramente una evolución
desde los tipos más antiguos hasta los tardo republicanos y
augusteos (Arteaga 1985, 207-211), sin que hasta el momento
se hayan localizado los alfares. Aunque este tipo será
sustituido por las ánforas Beltrán I, II, III, IV y VI en torno a
los inicios del siglo I d.C., la producción del ánfora Dressel
18 podría llevarse hasta mediados del siglo I d. C en algunos
alfares (Mora y Corrales 1997, nota 6).
Respecto a la época imperial, la producción de salazones se
incrementó considerablemente. El primer alfar que
encontramos en la zona oriental de la provincia de Málaga es
el de Torrox-Costa que comenzaría su actividad en época
augustea, a tenor de los tipos más antiguos de las ánforas
Beltrán I allí fabricadas y que debió de perdurar hasta el siglo
V. En este taller se fabricaron las siguientes formas: Beltrán I,
II, Keay XIII, XIX y XXIII.
También la época augustea podía ser la fecha del inicio del
alfar de Toscanos, situado en la margen derecha del río Vélez
y en el que se fabricó la forma Beltrán I, mientras que en la
otra margen se conocen zonas de almacenaje y piletas. Será
hacia mediados del siglo I cuando comience la actividad de
los hornos de Manganeto, al norte de Toscanos, en el horno 1
está presente la Dressel 14 y en el 3 la Beltrán IIB, Dressel
17, 20 y vinarias derivadas de la Dressel 2-3, producciones
que perdurarán hasta mediados del siglo II d.C.
En el caso de Malaca, su actividad alfarera va siendo cada
vez mejor conocida. En las excavaciones del teatro hemos
localizado ánforas Dressel 18 y Beltrán I con evidentes
defectos de cocción, lo que confirma, a nuestro juicio, una
producción en las cercanías (Serrano 2000, 61). También
sabemos de la aparición de un horno sobre las gradas del
teatro que pudo ser uno de los que fabricaron ánforas para la
industria de salazones que se desarrolló en este sector de la
ciudad durante el Bajo Imperio. En C/ Carretería volvemos a
encontrar el ánfora Dressel 18, además de la Beltrán IIA, III,
IV y posiblemente V. La producción de este horno puede
relacionarse con las piletas localizadas en C/ Especerías 14-16
(Iñiguez y Mayorga 1992, 355-359) y con el reciente hallazgo
de C/ Compañía.
Tenemos mayor información sobre los talleres situados en la
margen derecha del río Guadalmedina. En concreto en el alfar
de Almansa-Cerrojo se fabricaron los siguientes tipos:
Dressel 18, Beltrán IV, V, Keay XIII, XIX, y XXIII, actividad
que se relaciona con las piletas halladas en las excavaciones
de C/Cerrojo nº 6 (Mora 1990, 241; Peral, Iñiguez y Mora
189
1990, 277 ss.) y 24-26 (Pineda de las Infantas 2002, 479489). El lugar es el adecuado para este tipo de industrias,
cerca del mar y junto a un río. Curiosamente hasta mediados
del siglo pasado se mantuvo en ese mismo sector de la ciudad
una industria conservera.
Más hacia poniente, entre el Guadalmedina y el Guadalhorce,
nos encontramos con el alfar de Puente de Carranque en el
que nos volvemos a encontrar con la Dressel 18, Beltrán I, II
y VI, y con el posible taller del Paseo de los Tilos con ánforas
Beltrán IIA1.
Algo más alejado de los anteriores se encuentra el de Haza
Honda, donde están presentes los siguientes tipos: Beltrán I,
III y IV, y cuya actividad se llevaría a cabo desde la época
augustea hasta el reinado de Nerón y su cese pudo deberse,
como así ha señalado J. Beltrán y M.L. Loza, o bien a las
circunstancias adversas del momento o a la dificultad que
plantean los aluviones fluviales en la zona (Beltrán y Loza
1997, 128).
Gran actividad debió desarrollarse en el entorno de la
desembocadura del río Guadalhorce, no obstante, no vamos a
detenernos en las etapas más antiguas, hoy muy bien
conocidas (Aubet 1995), sino que nos centraremos en la
época romana para la que contamos con una referencia sobre
la existencia de unos hornos en el cerro del Villar (Arribas y
Arteaga 1975, 7) y de la presencia de piletas de salazones
mencionadas por Rodríguez de Berlanga en los siguientes
lugares, Cortijo de la Isla en el Cerro del Villar (Rodríguez
1903, 168; Arribas y Arteaga 1975, 7), San Julián (Rodríguez
1903, 169) y en la finca El Pilar o La Cizaña (Amador 1909,
46-52; López 1971-73, 54), precisamente en este último lugar
se han excavado en los últimos años dos hornos destinados a
la producción de ánforas de salazones y parte de un almacén.
Es posible, como han señalado J. Beltrán y M. L Loza, que
esta zona, junto con la de Haza Honda, Puente de Carranque y
Paseo de los Tilos, formaría una ensenada marítima que
estaría relacionada con Malaca (Beltrán y Loza 1997, 121122).
Aguas arriba del Guadalhorce se ubica el yacimiento de
Colmenares, en el que se menciona la presencia de ánforas
Beltrán I y II. Es de todos los alfares productores de ánforas
el situado más al interior.
A escasos kilómetros de éste se halla el de Huerta del Rincón,
excavado recientemente y que aún está a falta de un estudio
pormenorizado de sus materiales. Sabemos que tuvo una
producción muy variada, las ánforas Beltrán II, III, IV, V, VI
y las Keay XIII, XIX, XXIII y XXV se fabricaron en este
taller, lo que nos indica una actividad alfarera sin interrupción
durante cinco siglos. Actividad que, como ya hemos señalado,
pudo estar relacionada con la industria de salazones ubicada
en las proximidades.
Antes de llegar al complejo alfarero de la “Finca del
Secretario” en Fuengirola, nos encontramos con el alfar de
Los Molinillos en Benalmádena que desarrolló su actividad
en época bajo imperial y en cuanto a su producción, a tenor
Encarnación Serrano Ramos
de los datos que tenemos, fueron las ánforas Keay XIII, XXIII
y Beltrán 68. El último taller que conocemos en nuestra
provincia en este sector de la costa occidental es el de la
“Finca del Secretario”, un importante complejo con cinco
hornos y con una producción de ánforas Beltrán IIA, Keay
XIX, XXIII y XXV. A tenor de los datos disponibles,
creemos que inicia su actividad en el siglo I y tiene una
perduración hasta el V. Como en los casos anteriores, estas
ánforas se pueden relacionar, como en la mayoría de los
casos, con las piletas de salazones localizadas en el entorno.
La presencia de ánforas olearias en algunas de nuestras
officinae hay que ponerlas en relación con la comercialización
del aceite. La zona que debió tener mayor actividad en época
romana, según los testimonios proporcionados, fue la
comarca antequerana (Corrales 1997-98, 89-113; Romero
1997-98, 115-141)
El producto sería transportado vía fluvial en recipientes
ligeros como odres hasta el puerto para ser embarcado al
lugar de destino, como ha señalado Darío Bernal (1997, 240).
Esto explicaría la ausencia de las ánforas Dressel 20 en la
comarca antequerana, máxime si recordamos que una Dressel
20 vacía pesa entre los 28 y 30 kg y llena entre 80 y 100 kg lo
que no aconsejaría el transporte por tierra a larga distancia
(Ponsich 1988, 22 nota 11).
Por el contrario, sabemos de la fabricación de este ánfora en
las siguientes officinae: Almansa-Cerrojo, con posibilidad en
Carretería, Huerta del Rincón y Manganeto. Además en
varios yacimientos de la costa malagueña hay constancia en
unos casos e indicios en otros de la fabricación de aceite,
como queda testificada por la presencia en Torremolinos de
una habitación con el suelo de ladrillos y una estructura de
1’30 m. por 1 m. que está recorrida por un canalillo y que
hemos interpretado como el ara de una prensa (Serrano,
Baldomero y Castaños 1991, 153). No ofrecen dudas los
testimonios que han sido localizados en Los Molinillos en
Benalmádena y que corresponden a un torcularium de ara
cuadrata y pavimento de opus spicatum. Actividad que sería
sustituida siglos después por la industria de salazones (Pineda
de las Infantas 2002). Además, la fabricación del tipo Keay
XIII (Dressel 23) en este yacimiento puede servir para fijar el
final de esta actividad en el citado lugar antes de pasar a los
salazones. Sabemos también que la Dressel 23 se fabricó en
otros alfares malagueños como el de C/ Almansa- Cerrojo,
Torrox-Costa y Huerta del Rincón.
Como acabamos de ver, la producción de los talleres de la
costa está en función de la industria de las salazones y
excepcionalmente del aceite y vino, por lo que, además de
ánforas, fabrican aquellas formas que se van a utilizar en el
proceso de elaboración del garum o para el transporte del
producto de mejor calidad. Esto lo hemos podido ver con total
claridad en el alfar de Torrox-Costa, y se puede intuir en otros
del litoral malagueño. Esta actividad alfarera, que en la
mayoría de las officinae mencionadas se había iniciado en la
época augustea, cesa durante el siglo II en la cuenca del río
Vélez y en otras relacionadas con Malaca, como es el caso de
la de C/Carretería y de algunas de las situadas entre los ríos
190
Guadalmediana y Guadalhorce, aunque la de Haza Honda
debió interrumpir su producción en época neroriana. Para la
época del Bajo Imperio los alfares que continúan son los de
Torrox- Costa, en Malaca el de la Ladera de la Alcazaba y el
de C/Almansa-Cerrojo, en Torremolinos el de la Cizaña y el
de Huerta del Rincón y en Fuengirola en el de la “Finca del
Secretario”. Y además en esta época inicia la actividad el de
Los Molinos en Benalmádena. En algunas de estas officinae
hemos detectado la presencia de ánforas Dressel 18; en otras,
como el de la ladera de la Alcazaba, tenemos constancia de su
fabricación. Estas ánforas serían la unión de una tradición que
arranca de la época púnica y cuya producción puede
prolongarse hasta mediados del siglo I d.C. La actividad
industrial se verá, finalmente, interrumpida en nuestro
territorio en la primera mitad del siglo V, lo que debió
originar una crisis económica considerable.
El panorama que encontramos en los alfares del interior es
totalmente diferente: en cuatro, se fabrica sigillata hispánica,
talleres que deben estar vinculados con ciudades, aunque sólo
conocemos los nombres antiguos de los antequeranos:
Singilia Barba y Anticaria. Ahora bien, estos alfares, además
de la vajilla de mesa, produjeron otros utensilios y así en el
taller de Singilia se fabricó también cerámica común y
posiblemente materiales de construcción, igual que en el de
Teba y en el de Santa María. En el caso de Alameda, al
disponer de menor información, no podemos confirmar esto.
Los otros talleres de la Depresión de Antequera (Casería de la
Mancha, Cortijo de las Monjas, Cortijo Maquinilla, Cuevas
del Becerro, Peñarrubia y Las Peonías), sólo fabricaron
cerámicas comunes y materiales de construcción. Pero van a
ser las producciones del Castillón, Teba y Peñarrubia las que
nos aporten mayor información y, además, las cerámicas
comunes allí fabricadas presentan cierta uniformidad, como a
continuación veremos. Se han contabilizado las orzas,
cazuelas de diferentes tipos, morteros, barreños, jarros,
tapaderas, pucheros, vasijas para provisiones y ungüentarios
(Serrano 1997b, 217-23). Predominan los recipientes de
cuerpo abultado, fondo estrecho que se ensancha hacia la
mitad y vuelve a estrecharse para dar lugar al cuello y los hay
con o sin asas. Estas características las encontramos en las
orzas, en los jarros de boca trilobulada, en los pucheros y en
los recipientes para guardar provisiones y en los ungüentarios.
Tienen también en común la atmósfera oxidante-reductora
durante la cocción y el poco cuidado de sus superficies, lo que
nos permite ponerlos en relación con la cocina. En lo que se
refiere a la vajilla de mesa, al menos en esta zona, pensamos
que la producción de sigillata hispánica evitó que se
elaboraran tipos en común con esta finalidad.
El radio de expansión que tuvieron estas producciones debió
de ser bastante reducido, no sólo en lo que se refiere a la
vajilla de mesa, sino también en lo referente a la cerámica
común, pues, pensamos que cada ciudad tendría su propio
alfar en el que elaborarían todos los productos de arcilla
cocida que demandaba la ciudad y el entorno.
Alfares y producciones cerámicas en la provincia de Málaga. Balance y perspectivas
5.- Perspectivas de investigación.
Mientras que la producción anfórica se interrumpe en ciertas
officinae de la costa en el siglo II, como hemos señalado
líneas arriba, en las del interior, por esas mismas fechas, cesa
la fabricación de la sigillata hispánica coincidiendo con la
llegada de la vajilla de mesa africana. No obstante, pensamos
que el cese de fabricación de T.S.H. no debió de afectar a las
otras producciones como la cerámica común y los materiales
de construcción. Lo que si parece que se produjo fue un ligero
cambio en los utensilios domésticos, como hemos podido
observar en algunas villae del interior y, sobre todo, en las
producciones de los talleres del litoral que permanecen
activos.
La mayoría de nuestros alfares, independientemente del lugar
de su ubicación, lo normal es que fabriquen más de un
producto, y precisamente la poca información que tenemos
puede contribuir a que consideremos que en muchos alfares la
producción queda reducida a materiales de construcción. De
este modo en los talleres del interior la T.S.H. se
complementa con cerámica común y materiales de
construcción, mientras que en la costa lo normal es que
además de ánforas se fabrique común, ladrillos y tegulae.
Por último, en el caso del territorio malacitano, sería
necesario un estudio en profundidad de las officinae
recientemente descubiertas para ampliar el conocimiento de la
industria alfarera en nuestra provincia.
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Encarnación Serrano Ramos
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