Argentina - Embajada de Alemania Buenos Aires

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Argentina - Embajada de Alemania Buenos Aires
Argentina - Alemania
150 AÑOS
Embajada de la República Federal de Alemania
Embajador Dr. Rolf Schumacher
Embajada de la República Federal de Alemania,
Villanueva 1055
C1426 BMC - Buenos Aires
www.buenos-aires.diplo.de
Argentina – Alemania
Un recorrido a lo largo de 150 años
de relaciones bilaterales
ISBN
Fotos de tapa, contratapa y solapas: gentileza AGN, ASA,
Berlinale, DaimlerChrysler Argentina s.a., Familia Dietl,
Guido Gayk, Hambürg Süd, Roberto Litvatchkes, Min. Fed.
de Relaciones Exteriores, Rainer Pfisterer, Jorge Royan.
2
3
Grußwort des Bundesministers des Auswärtigen
für die Publikation der Botschaft Buenos Aires
"150 Jahre deutsch-argentinische Beziehungen”
Nicht nur im Titel des "Freundschafts-, Handels– und Schifffahrtsvertrages", der am 19. September 1857 in Paraná
unterzeichnet wurde, findet sich das Wort Freundschaft an erster Stelle wieder. Auch im Vertragstext, der sich sonst vor
allem mit Rechts- und Wirtschaftsfragen befasst, findet es gleich im ersten Artikel prominent Erwähnung.
Seit der Vertragsunterzeichnung hat sich in beiden Ländern vieles verändert, doch der Vertrag hat noch immer
Bestand. Besonders freut mich, dass unsere Bürgerinnen und Bürger die deutsch-argentinischen Beziehungen mit Leben zu
füllen vermochten und das gilt auch und vor allem für das Wort Freundschaft. Das ist nicht nur ein schöner Begriff auf
kunstvoll gesiegeltem Papier von 1857, sondern vielmehr der tägliche Austausch in allen Bereichen des Lebens: in
Wirtschaft, Kultur oder Gesellschaft, wie etwa Tango und Technologie, Borges und Biokraftstoff, Goethe und Gauchos oder
Fußball und Fangio.
Die deutsch-argentinische Freundschaft besteht fort und ist heute enger denn je. Davon legt dieses Buch Zeugnis ab
und lädt Sie ein zu einem bunten Spaziergang durch unsere gemeinsamen 150 Jahre. Dabei wünsche Ihnen eine spannende
und unterhaltsame Lektüre und würde mich sehr freuen, wenn wir die deutsch-argentinischen Beziehungen auch in Zukunft
offen, kreativ und lebendig gemeinsam gestalten könnten.
Dr. Frank-Walter Steinmeier
Bundesminister des Auswärtigen
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Mensaje del Ministro Federal de Relaciones Exteriores
para la publicación de la Embajada Alemana en Buenos Aires
"Argentina – Alemania 150 años"
No sólo en el título del "Tratado de Amistad, Comercio y Navegación", firmado el 19 de septiembre de 1857 en la ciudad de Paraná, figura la palabra amistad en primer término.También en el texto del Tratado, que básicamente se refiere a
cuestiones jurídicas y económicas, el concepto de la amistad se destaca por su mención en el primer artículo.
Desde la firma del Tratado se produjeron numerosos cambios en ambos países. Sin embargo, el Tratado aún perdura.
Me complace especialmente que nuestras ciudadanas y nuestros ciudadanos hayan dado vida a las relaciones entre
Argentina y Alemania y, ante todo, también a la amistad. El vocablo amistad no es solamente una linda expresión en un
documento de 1857 sellado con arte, sino que se manifiesta en el intercambio cotidiano en todos los ámbitos de la vida: en
la actividad económica, cultural o social, como pueden ser el tango y la tecnología, Borges y biocombustibles, Goethe y
gauchos, fútbol y Fangio o cerveza y ciencia.
La amistad germano-argentina persiste y es hoy más estrecha que nunca. El presente libro es un testimonio de esta
amistad e invita al lector a un colorido recorrido a través de nuestros 150 años compartidos. Espero que la lectura le
resulte interesante y entretenida. Sería para mí una gran satisfacción si también en el futuro continuáramos conformando
juntos las relaciones germano-argentinas con espontaneidad, creatividad y dinamismo.
Dr. Frank-Walter Steinmeier
Ministro Federal de Relaciones Exteriores
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An Stelle eines Vorworts
A modo de prólogo
Von Buenos Aires bis Cordoba hatte alles bestens geklappt. Nachdem der argentinische Präsident Agustin P. Justo
in Cordoba die zweisitzige offene Maschine ‚Junkers 10 Junior’ wieder bestiegen hatte und auf dem Rücksitz angeschnallt war, startete sie planmäßig Richtung Zielflughafen Tucumán. Da die Junior nur wenige Instrumente hatte, wie
zu dieser Zeit üblich, wählte der Pilot J. Stunde, einer der erfahrensten der Firma Junkers, die Route entlang der
Eisenbahnlinie, um sich nicht zu verirren. Das Wetter war zunächst einigermaßen gut, aber es begannen ungewöhnliche
Turbulenzen, so dass der Pilot Mühe hatte, die Maschine sicher in der Luft zu halten, bis Tucumán, wo sie zwar durchgeschüttelt, aber pünktlich landete. Ähnlich wie in Cordoba großes Militäraufgebot. Die Maschine rollt aus und kommt an
die Stelle, wo sie mit rotem Teppich erwartet wird. Der Pilot dreht sich in seinem Sitz um, um sich bei seinem illustren
Fluggast für den etwas ungemütlichen Flug zu entschuldigen. Und muss feststellen: der Präsident ist weg!
Desde Buenos Aires hasta Córdoba todo fue de maravillas. Una vez que el Presidente de la República Argentina,
Agustín P. Justo, ascendió en Córdoba al Junkers 10 Junior, un avión de dos asientos con cabina descubierta, se ubicó
en el asiento trasero y se colocó el cinturón de seguridad, la aeronave despegó puntualmente con destino al aeropuerto
de Tucumán. Dado que el modelo Junior estaba equipado con pocos instrumentos, como era usual en aquellos tiempos,
el piloto J. Stunde, uno de los más experimentados de la empresa Junkers, siguió la ruta a lo largo del trazado del
ferrocarril para no desorientarse. Inicialmente las condiciones climáticas fueron favorables pero, de pronto, turbulencias
poco habituales obligaron al piloto al máximo control del avión para mantenerlo seguro en el aire hasta Tucumán, adonde finalmente aterrizó algo sacudido, pero en horario. Al igual que en Córdoba, fue recibido con gran despliegue militar.
En ese momento la aeronave desacelera y finalmente se detiene en el lugar donde era esperada con una alfombra roja.
En su asiento el piloto gira hacia atrás para disculparse ante su ilustre pasajero por las condiciones poco confortables
del vuelo y advierte que: ¡El Presidente no está!
Was war geschehen? Während einer der Turbulenzen war die Schraube gebrochen, an der der Sicherheitsgurt des
Präsidenten befestigt war. Er wurde aus der Maschine katapultiert. Der Fallschirm ging auf, weil die Reißleine am
Flugzeug befestigt worden war, und der Präsident glitt auf eine der Sanddünen entlang der Eisenbahnlinie zu, wo er,
halbwegs sanft und ohne Schäden davon zu tragen, landen konnte. Er hatte Glück, denn es kam – was nicht oft am Tag
passierte – ein Zug. Er konnte den misstrauischen Lokomotivführer überzeugen, ihn mitzunehmen, und traf mit fünf
Stunden Verspätung in Tucumán ein, nachdem dort bereits das Schlimmste befürchtet worden war und man den Piloten
einem Verhör unterzogen hatte.
150 Jahre deutsch-argentinische Beziehungen – das ist große Geschichte aus Politik, Wirtschaft und Kultur, aber
auch Geschichten, in denen der einzelne Mensch, der Zufall, das Glück eine entscheidende Rolle gespielt haben. Manche
sind gut belegt, manche weniger, wie die obige aus dem Jahr 1933, für die es zwar eine mündliche Überlieferung gibt,
aber keine schriftliche, weil sie offenbar nie an die Presse gegeben wurde.
Ich freue mich, dass 150 Jahre nach Unterzeichnung des Freundschafts-, Handels- und Schifffahrtsvertrags vom
19. September 1857diese Publikation erscheinen kann, deren Ziel es ist, vom dichten und reichen Netz einen Eindruck
zu vermitteln, das im Laufe des letzten eineinhalb Jahrhunderts - ohne Übertreibung - von Tausenden von deutschargentinischen Botschaftern geknüpft wurde.
Und wenn die Lektüre Sie in dem Wunsch bestärkt, an der Weiterentwicklung dieser für unsere beiden Länder so
wichtigen Beziehung mitzuarbeiten, dann hat dieses Buch sein Ziel voll erreicht. Viel Spaß beim Lesen!
Dr. Rolf Schumacher
Botschafter der Bundesrepublik Deutschland
6
¿Qué había sucedido? Durante una de las turbulencias se rompió el tornillo que sujetaba el cinturón de seguridad
del Presidente y, entonces, fue catapultado del aeroplano. El paracaídas se abrió porque la cuerda había sido fijada al
avión. El Presidente se deslizó a lo largo de una de las dunas junto al trazado ferroviario, donde pudo tocar tierra casi
mullidamente sin sufrir lesiones. Tuvo suerte, ya que precisamente en ese instante pasó un tren, lo cual no sucedía con
frecuencia durante el día. Pudo convencer al maquinista desconfiado de que lo llevara y finalmente llegó a Tucumán con
cinco horas de retraso, donde ya se temía lo peor y se había sometido al piloto a un interrogatorio.
Un siglo y medio de relaciones argentino-alemanas implica Historia destacada de la política, de la economía y de la
cultura, pero también implica historias, en las que tanto los individuos como el azar y la suerte fueron factores decisivos. Algunas de ellas están bien documentadas y otras menos, como el relato de este episodio del año 1933 que, si bien
se conoce por tradición oral, no fue documentado por escrito ya que, por lo visto, nunca se comunicó a la prensa.
Me complace que al cabo de 150 años de la celebración del “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, firmado el 19 de setiembre de 1857, se edite el presente libro, cuyo objetivo es aportar una idea de cuán densa y vasta es la
red de vínculos establecidos en el transcurso del último siglo y medio – y sin exagerar - por miles de embajadores argentinos-alemanes.
Si al leerlo se fortalece en usted el deseo de contribuir al continuo desarrollo de estas relaciones tan importantes para
nuestras naciones, entonces el presente libro habrá cumplido plenamente su objetivo. ¡Espero que disfrute la lectura!
Dr. Rolf Schumacher
Embajador de la República Federal de Alemania
7
Contenidos
1857
1860
1861
11
Un tratado para la historia
Cuando nada auguraba que la relación bilateral duraría 150 años
Poblar un país a la alemana
La inmigración que ayudó a consolidar la
idea argentina
Un pilar de las
Ciencias Naturales
El aporte de Hermann Burmeister
1917
Al borde de la guerra por un telegrama 53
De asnos y rufianes: el incidente Luxburg
1920
La eterna lucha con el Genitiv,
Dativ y Akkusativ
El auge de las escuelas alemanas
57
1922
El mecenas intelectual
El argentino-alemán Félix Weil impulsó la
creación de la Frankfurter Schule
67
El Instituto Ibero-Americano
Investigación, información, ciencia y cultura desde Berlín
69
15
19
1930
1867
1872
1881
1900
La institución que nació
para proteger la vida
El Hospital Alemán se fundó en plena epidemia de fiebre amarilla
El negocio de cruzar los mares
La Hamburg-Südamerikanische
Dampfschifffahrts-Gesellschaft fue uno de
los ejes del intercambio comercial también
gracias a la participación argentina
23
1933
27
1934
Los socialistas del Vorwärts
El club que cambió el mapa político de la
Argentina
31
El inicio de una relación en 2 x 4
La llegada del bandoneón a la Argentina
35
1901/07 La Patagonia inesperada
1936
1957
105
La fuerza de la ambivalencia
Una charla con el compositor Mauricio
Kagel sobre la identidad y los (des)encuentros de la cultura
1996
La competencia de Goethe
y Thomas Mann
El grupo Die Toten Hosen logra más que
los clásicos alemanes
157
1960
111
El primer Presidente argentino
que visitó Alemania
En 1960, Arturo Frondizi viajó a Bonn no
sólo para felicitar al país por su recuperación
tras la guerra
2001
El día en que San Martín llegó a Berlín
Su monumento celebra la amistad
argentino-alemana, como lo hiciera la
fuente de la Plaza Alemania
161
2005
165
Un cine tan crudo como real
Los realizadores argentinos vuelven a deslumbrar en Berlín
2007
El que no falla es un alemán
Sobre etiquetas e intuiciones
171
Agradecimientos
174
1961
1967
73
La prensa en guerra
Cómo el Argentinisches Tageblatt y el
Deutsche La Plata Zeitung reflejaron la
división de la comunidad alemana en torno
al nacionalsocialismo
Una visita única
La llegada del Graf Zeppelin marcó el fin
de una época
39
1939
1916
8
El día en que se perforó
el suelo de Buenos Aires
Cómo Philipp Holzmann y Siemens interconectaron la capital argentina
45
1976/83 Los años de plomo
Un motor para el comercio bilateral
La Cámara de Industria y Comercio
Argentino-Alemana
49
1950/52
“Uno era alemán y se definía como tal” 87
El éxodo de los judíos alemanes - Entrevista
al escritor Roberto Schopflocher
El difícil nuevo comienzo
La reapertura de las relaciones bilaterales
después de la guerra
El maestro de Ulm
El diseñador y artista Tomás Maldonado
95
Una apuesta por el desarrollo
La cooperación técnica y económica del
BMZ y la GTZ
99
103
Una nueva Embajada
Para una joven democracia
Cronología
178
Lista de asociaciones
180
Registro de nombres
184
Sponsors
188
Bibliografía
202
Créditos / Impressum
204
127
141
Cuando el programa es más que un nombre 145
Las fundaciones políticas y científicas de
origen alemán
1990
1954
Anexo
En memoria de las víctimas de la última
Dictadura militar – Entrevistas a
Ellen Marx, Heinz Dressel y Osvaldo Bayer
La disputa por el “alma de Buenos Aires” 83
El Obelisco casi se construye dos veces
El barco que prefirió hundirse
El último viaje del acorazado Graf Spee
123
79
La fundación de Comodoro Rivadavia
1913
113
119
Una fuente para la inspiración
El Goethe-Institut Buenos Aires: 40 años
creando lazos a través del idioma, la cultura y
la información
La versión alemana del churrasco
Fleckvieh: la vaca que ayudó a crear el
mito argentino
1984
1937/38
Los fantasmas del pasado
El caso Eichmann revivió un capítulo que
se creía cerrado
151
“Ahora converge lo que debe estar unido” 153
La reunificación fue para el pueblo alemán
una fiesta pero también un desafío
9
Un tratado para la historia
Cuando nada auguraba que la
relación bilateral duraría 150 años
Hace 150 años, la idea de iniciar una relación
bilateral entre argentinos y alemanes tenía
fecha de vencimiento. Ocho años era el plazo
previsto en el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, firmado en 1857 entre el Reino de Prusia
y los restantes Estados de la Unión Aduanera (Zollverein) y la Confederación Argentina. Sin embargo, ese acuerdo se convirtió en la base de una relación que unió a ambas naciones hasta el día de hoy.
Pocos lo habrán imaginado en aquel septiembre de 1857.
La Argentina estaba lejos de ser un Estado en el sentido moderno de la palabra. El representante
alemán, Friedrich von Gülich, llegaba a un país dividido ya que Buenos Aires acababa de hacer su último intento de independizarse del resto del territorio argentino. Apenas cinco años habían pasado
desde la caída de Juan Manuel de Rosas y otros cuatro faltaban para que la Batalla de Pavón definiera el camino hacia un futuro común. Por tal motivo, von Gülich no presentó sus Cartas
Credenciales en lo que hoy es la capital argentina. Tuvo que desplazase hasta Paraná y presentárselas
al Presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza cuyo Gobierno mantenía desde
allí una durísima contienda con el de Buenos Aires.
Cabe resaltar que von Gülich no fue el primer representante alemán que llegó a suelo argentino.
Casi tres décadas antes, en 1829, la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo había designado a
Johann C. Zimmermann en el cargo de Cónsul Honorario en la
región del Río de la Plata. En 1845 Prusia nombró al comerciante Franz Mohr como su representante. Tres años más tarde ocuparía ese cargo Franz Halbach.
En el legado de Mohr figura un espacio que hasta el día de
hoy marca como pocos las relaciones entre la Alemania y la
Argentina: él era propietario de la estancia en la que hoy se
ubica el Aeropuerto Internacional de Ezeiza Ministro Pistarini.
Por su parte, la joven Argentina había entablado tempranos
contactos con los Estados alemanes mediante
Pág. anterior: la firma del
Tratado de Amistad, Comercio y
Navegación, el 19 de septiembre
de 1857, fue la base para una
relación bilateral que este año
celebra 150 años.
El tratado se firmó en la ciudad
de Paraná, que entonces era la
sede provisoria del Gobierno de
la Confederación Argentina.
(Fotos: Min. Fed. de Relaciones
Exteriores)
los nombramientos de Ferdinand D. Schlüter
como Cónsul en Hamburgo y de Augusto
Borchers como Cónsul en Bremen.
No obstante, el tratado celebrado el 19
de septiembre de 1857 entre la
Confederación Argentina y el Deutscher
Zollverein, representa para los historiadores
11
el inicio de una relación bilateral regulada y estable. Es considerado
futura Argentina representaba un destino migratorio que –según las negociaciones llevadas a cabo en
el primero entre ambas naciones en el marco del Derecho
Berlín por el representante argentino Delfín B. Huergo– no exigiría la asimilación total de los inmi-
Internacional y firmado en representación de los Estados actuales.
grantes alemanes. Permitiría una estrategia de asentamiento en colonias que mantendrían un estrecho
Dijimos que el Cónsul General Friedrich von Gülich llegaba a un
país en conflicto. Pero la realidad de su nuevo destino no le era total-
contacto con la tierra natal y conservarían la cultura alemana, como lo indicaba en el artículo 12.
Este tratado nació así, aquel 19 de septiembre de 1857, en medio de una enorme inestabilidad
mente ajena. En ese entonces Europa se reponía aún de las secuelas
política. Sólo los más idealistas pudieron imaginar que se convertiría en la base de una relación bila-
del movimiento nacionalista y revolucionario de 1848. Lo que hoy
teral que abarca hoy 150 años. El camino no fue fácil. Más de una vez la relación entre ambos países
conocemos como Alemania era un conjunto de reinos, ducados y ciu-
estuvo a punto de quebrarse y en una ocasión llegó a interrumpirse. Pero el impulso generado un siglo
dades independientes. Bajo el liderazgo de Prusia, funcionaba una de
y medio atrás permitió que, según lo confirman los datos oficiales, cerca de 1.200.000 descendientes
las primeras uniones aduaneras entre Estados soberanos, el Deutscher
de alemanes vivan, trabajen y construyan hoy un porvenir en la Argentina.
Zollverein. En total, participaban de esa unión 14 Estados, que luego
pasaron a ser parte de los Länder: Hesse, Baviera, MecklenburgoPomerania Occidental, Berlín, Brandenburgo, Sajonia, Baja Sajonia,
Sajonia-Anhalt,Turingia, y Baden-Wurtemberg. Sin olvidar, por cier-
Una pasión por América Latina
to, el Gran Ducado de Luxemburgo.
El Zollverein había sido creado para fortalecer la posición de
El tratado consistía de 15 artículos.
(Foto: (Fotos: Min. Fed. de Relaciones Exteriores))
Friedrich von Gülich fue un diplomático de carrera. Con estudios en
los mercados alemanes ante la competencia comercial de la cre-
Ingeniería, Química, Economía, Derecho e Idiomas, cursados en el
ciente industria británica. La impulsora de la unión había sido
Politécnico de Karlsruhe y en la Universidad de Berlín, había ingresado
Prusia. Con un territorio que se extendía por el Este hasta lo que
en 1849 al Servicio Exterior del Gobierno de Prusia. Tenía 29 años. Su
hoy es Polonia y por el Oeste hasta los Países Bajos y Francia y,
primer destino fue la Secretaría del Consulado General que su país
por otra parte, con el Rey Federico Guillermo IV con una salud
cada vez más deteriorada, Prusia necesitaba reducir costos de transferencia para consolidar su liderazgo político
y económico. La autoridad prusiana se afirmaría luego con la llegada de un joven ministro, Otto von Bismarck, y
de su contraparte monárquica, el Rey Guillermo I, que sucedería a su hermano mayor Guillermo IV.
A su vez, la Confederación Argentina de Urquiza requería cooperación económica. Había perdido sus más
mantenía en la ciudad de Barcelona. Poco pudo haberse imaginado el
joven diplomático que, de allí en más, el mundo latino se convertiría en
su segunda patria. A los cuatro años fue promovido al nivel de
Consejero y fue enviado como Encargado de Negocios a Chile.
Cuatro años después von Gülich se convertía en Cónsul General y representante diplomático ante
los gobiernos de los países de la región del Río de la Plata. En septiembre de 1857 presentó sus car-
importantes ingresos al quedarse sin la Aduana de Buenos Aires. Peor aún: la crisis mundial de 1857 había
tas credenciales en la Argentina. Un año antes lo había hecho en Uruguay. En 1860 se le agregó el
desalentado el interés por invertir en la región del Río de la Plata y había debilitado los flujos mercantiles. La
encargo de velar por los intereses alemanes en Paraguay.
demanda de materias primas declinaba, los precios de los productos argentinos caían.
El tratado que suscribieron entonces von Gülich y su contraparte, Bernabé López, en nombre de sus respectivos Gobiernos, constaba de 15 artículos, en los cuales principalmente, se establecían facilidades para la
navegación, para la importación y para la exportación, así como acuerdos en materia de precios, protección de
la propiedad privada y libertad de culto.
El acuerdo buscaba aprovechar una situación tan particular como beneficiosa para ambas partes. Para la
Argentina, la Alemania del Zollverein era un socio ideal: no ostentaba aún el poder de un Estado tan importante como lo eran Gran Bretaña o Francia. Más importante aún, el tratado le abría a la joven Confederación
Argentina la vía hacia una región con potencial inmigratorio considerable. El acuerdo, además, permitía el
acceso a un nuevo mercado que experimentaba un crecimiento económico y exportador importante.
Para el Zollverein y, particularmente, para Prusia, el tratado era un elemento ideal para nivelar y redirigir
Acerca del siguiente golpe de timón en su vida, la historia discreta no dice mucho. En 1864 von
Gülich se casó con Auguste Schwabe. El primero de los cinco hijos del matrimonio llegaría en 1871,
justo a tiempo para festejar la consolidación del Segundo Imperio alemán.
En enero de ese año, y tras la victoria en la guerra franco-alemana, los Estados alemanes, impulsados por
el Canciller Otto von Bismarck, coronaron a Guillermo I de Prusia como emperador. Su proclamación significaba también la transformación de la Confederación Alemana del Norte que había sucedido al Zollverein, en
el Imperio alemán. En este Estado, de carácter federal, el Rey de Prusia llevaba el título imperial, pero también el de Presidente, para distinguirse entre los monarcas que se habían integrado al Imperio.
Para entonces, von Gülich ya había cambiado nuevamente varias veces de destino. Tras regresar en
1868 desde el Río de la Plata a su patria, fue enviado en 1870 a la capital venezolana, Caracas.Tres
años más tarde se trasladó a Tánger, en Marruecos. Sin embargo, finalizó su carrera casi donde la había
iniciado. En 1877 fue nombrado Embajador en Santiago de Chile, puesto del que se retiró en 1881.
la corriente emigratoria que salía de los Estados alemanes hacia los Estados Unidos de Norteamérica. La
12
13
Poblar un país a la alemana
La inmigración que ayudó a
consolidar la idea argentina
“La compañía se encarga de fijar el precio del pasaje desde
Europa al puerto de Buenos Aires, víveres comprendidos, en
la suma de 260 francos. (…) La diferencia será pagada al
contado, justo después de la partida del navío y contra
reembolso a quien contrajo esas obligaciones en provecho
del Gobierno argentino.”
No eran objetos ni máquinas lo que la carta ofrecía. Era algo mucho más valioso para el joven
Estado argentino de 1860: inmigrantes. En este caso, el agente, desde su sede en París, ofrecía inmigrantes alemanes y suizos. Los preferidos eran los que tenían preparación y capacitación en el entonces difícil arte de cultivar la tierra. Hacia la segunda mitad del siglo XIX la Argentina necesitaba con
urgencia personal capacitado para cultivar su territorio, tan amplio como virgen. Sin embargo, demanda y oferta no estaban al mismo nivel. Como destino, la Argentina era eclipsada por las promesas de
tierra y fortuna de los Estados Unidos, el país de la inmigración por excelencia. El gobierno de
Buenos Aires necesitaba ofrecer un incentivo adicional. Pagarle al inmigrante la travesía y su primer
alojamiento era una posible opción, aunque no muy innovadora. Todos los países competidores en el
afán de hacerse con la valiosa mano de obra que salía de Europa adoptaban sistemas similares.
No faltaban razones para buscar especialmente pobladores alemanes. Cabe recordar que los alemanes
habían estado presentes desde los comienzos de la colonización, con figuras como Hans Vage, sargento de
artillería con Magallanes, en 1520, y Ulrich Schmidl y sus “einhundert treffliche Deutsche, Niederländer
und Österreicher”, en 1534. Le seguirían religiosos, como el misionero jesuita Florian Paucke. El joven
sacerdote llegó a los territorios del Río de la Plata en 1752. Aquí, en la reducción de San Javier, inició a
los indios mocovíes en las tareas de la agricultura.También les enseñó los secretos de la carpintería y de
la curtiembre, y puso en marcha una de las primeras escuelas.
Un siglo más tarde, alrededor de 1850, las primeras colonias de agricultores alemanes en la
provincia de Santa Fe fueron protagonistas de una tendencia que el Estado argentino quería
Pág. anterior: los inmigrantes
eran el activo más importante
para una joven Argentina. El
puerto de Buenos Aires era la
puerta de entrada por excelencia. (Foto: AGN).
impulsar. A pesar de que en aquel entonces el total de inmigrantes alemanes en
la Argentina era de apenas unos pocos centenares, es
difícil imaginar la historia de esta tradicional provincia agricultora sin su aporte. El nombre de sus colonias –algunas tan antiguas como Esperanza, funda-
Derecha: las navieras alemanas
eran, en muchos casos, el medio
de transporte predestinado.
(Foto: Nico Pérez / Gentileza
Hotel de Inmigrantes)
da en 1858– reflejan aún hoy una forma de vida
arraigada en los valores religiosos y del trabajo:
Esperanza, San Jerónimo, San Carlos,
Guadalupe.
Ya más cerca de la actual capital argentina, les seguirían, a partir de 1865, los asentamientos como Helvecia,
Humboldt y Cañada de Gómez. La región se convirtió también en un centro para el contacto diplomático. A poca distancia de Cañada de Gómez estaba la estancia La Germania,
fundada en los primeros años de la década 1870, por
Guillermo Nordenholz, el mismo que poco antes había participado en la fundación del Hospital Alemán.
Otro establecimiento agrícola de envergadura era La
Hansa, de Woltje Tietjen. Tanto él como Nordenholz se desempeñaron como cónsules alemanes, en Rosario y en Buenos
Aires. El interés diplomático alemán por la zona quedaba a
Carlos Gessel y su esposa, ejemplos de la inmigración alemana (Foto: AGN)
la vista de cualquiera que contemplara los campos de trigo y
alfalfa que se cultivaban por entonces. Asegurarse una presencia oficial en estos centros de producción alimentaria, en
la joven República Argentina, tenía que ser una prioridad para cualquier gran Estado europeo. En
1869, ese afán se tradujo en la creación de viceconsulados alemanes en las ciudades de Rosario,
Gualeguaychú y San Juan.
La segunda mitad del siglo XIX fue así una de las épocas más intensas de la inmigración alemana al
país. A partir de 1878 se sumaron los aportes de los colonos del Volga en las provincias de Entre Ríos y
Santa Fe. Por esos años se produjeron también los asentamientos en los viñedos de Mendoza, la región
por excelencia para la vitivinicultura de estilo europeo. Además, a finales del siglo, no hay que olvidar a
los pioneros que se animaron a buscar un nuevo destino en las profundidades de la Patagonia.
Por su parte, las provincias de Córdoba, Corrientes y Misiones se convirtieron a partir de 1919 en
el refugio de aquéllos que necesitaban dejar atrás la desesperación de un país derrotado en la Primera
Guerra Mundial. En el Noreste argentino se encontrarían con otros alemanes que habían llegado
El Manual del Inmigrante buscaba facilitar el difícil
proceso que significaba dejar atrás el hogar de toda
la vida, para volver a empezar en un país tan prometedor como desconocido. Sus contenidos abarcaban
desde consejos para el trabajo agrícola hasta las
recomendaciones para moverse en la ciudad. El
humor era, en algunos casos, el ingrediente preferido para ilustrar el primer encuentro con la cultura
argentina. (Foto: Nico Pérez / Original gentileza
Hotel de Inmigrantes)
antes desde el Sur de Brasil. El resultado son zonas como Montecarlo y Eldorado, en las que más de
un turista todavía hoy se queda perplejo cuando en plena ribera del Paraná, algún baqueano se dirige
a él en un alemán perfecto, aunque tal vez un poquito anticuado.
Para 1920, la comunidad alemana en la Argentina ya se contaba por miles. Según los datos de la
Dirección de Migraciones, rondaba la marca de 150.000, con lo cual representaba el 2,3 por ciento
del total de la población en la Argentina.
La guerra seguiría catalizando la inmigración. La tercera ola llegaría apenas treinta años después. Los primeros llegaron a partir de 1933, desde una patria natal enceguecida por un fanatismo
sin igual en la historia de la humanidad. Eran de ascendencia judía. Pocos años después, les seguirían
aquéllos que trataban de dejar atrás a una Alemania derrotada.
La historia se repetía. También sus protagonistas. Porque el inmigrante seguía siendo lo que había
sido siempre – un inmigrante. Sus problemas son los mismos a lo largo de toda la historia: otro idio16
17
Un pilar de las Ciencias Naturales
El aporte de Hermann Burmeister:
una historia particular
Carl Hermann Conrad Burmeister no fue
un inmigrante más. No dejó atrás una vida
destruida por la guerra, el hambre o la
miseria, como tantos que lo siguieron. Al llegar a la Argentina en 1861, Burmeister era un reconocido
científico en su país natal. Tenía 54 años. Estudió Medicina y Ciencias Naturales y se especializó en el
estudio de los insectos. Había publicado varios libros, que luego se convirtieron en clásicos de las
Ciencias Naturales. Su Handbuch der Entomologie (Manual de Entomología) en cinco tomos, publicado en 1832, se tradujo al inglés. Su Geschichte der Schöpfung (Historia de la Creación), de 1849,
llegó a tener seis ediciones y fue traducida a cinco idiomas. El hecho de que en 1859 su teoría fuera
refutada por la teoría de la evolución de Charles Darwin, publicada en El origen de las especies, no le
quita el mérito de haber sido una obra esencial en su época.
Burmeister llegó a gerenciar el Museo de Ciencias Naturales de su universidad en HalleWittenberg y lo convirtió en uno de los más importantes de su país. Fue discípulo y amigo personal
del naturalista quizás más reconocido en su época, Alexander von Humboldt. Cabe, entonces, la
siguiente pregunta: ¿Qué fue lo que lo motivó a dejar todo eso atrás y a aventurarse a trabajar para
un gobierno que era todo menos estable, en un país que recién comenzaba a encontrar su camino
como Nación y Estado?
Al igual que von Humboldt, Burmeister había viajado en varias ocasiones por América Latina.
Entre 1850 y 1852 había realizado investigaciones en Brasil. Cuatro años más tarde viajó por el
Cono Sur. De 1856 a 1860 recorrió Chile, Uruguay y la Argentina. Fue este último viaje el que marcó su destino.
A pesar de haber regresado a Alemania, luego de su último viaje, con
muestras de 10.000 objetos y con el prestigio de haber sobrevivido a una
travesía por una de las regiones del mundo menos conocidas en su
época, el naturalista alemán se encontró con la indiferencia y el
desinterés de sus conciudadanos. Por eso, al enterarse de que
su colega francés, el naturalista Auguste
Pág. anterior: Carl Hermann
Burmeister, en 1891, cuando ya
era reconocido como uno de los
pilares de las Ciencias Naturales
de la Argentina.
Derecha: el joven científico, en
1837, como profesor en la
Universidad de Halle (Fotos:
gentileza Museo de Ciencias
Naturales / Héctor A. Leanza)
Bravard, había rechazado la oferta del
entonces Ministro de Educación
argentino, Domingo Faustino
Sarmiento, de asumir la conducción
del nuevo Museo Público de Buenos
Aires, Burmeister no lo dudó
mucho. Le ofreció sus servicios a
través del representante alemán en Buenos Aires, Friedrich von Gülich. Sarmiento no vaciló.
Al llegar a Buenos Aires en noviembre de 1861, después de tres meses de travesía, los vientos
políticos habían cambiado. Sarmiento ya no era ministro y aún tampoco era presidente. Burmeister
tuvo que esperar otros cuatro meses hasta que el nuevo Ministro de Educación, Eduardo Costa, ratificara su nombramiento. Recién el 21 de febrero de 1862 el naturalista alemán pudo asumir su puesto.
No tardó, sin embargo, en dejar su marca. En poco tiempo transformó los desordenados materiales de
los depósitos del museo en colecciones científicas. Hacia 1864 se publicó la primera edición de la
revista Anales del Museo Público de Buenos Aires, que rápidamente fue reconocida también en el
exterior. En 1866 fundó la Biblioteca del Museo Público. Contribuyó a la misma con su propia obra
Los caballos fósiles de la pampa argentina y fundó la Sociedad Paleontológica.
Pero sólo cuando Sarmiento volvió a ocupar un cargo público Burmeister pudo convertirse en lo que
hasta el día de hoy muchos expertos consideran que fue: uno de los pilares de las Ciencias Naturales en la
Argentina. Poco después de asumir como Presidente de la Nación en 1868, Sarmiento le encargó la creación de la Academia de Ciencias de la Universidad de Córdoba y le encomendó la contratación de profesores extranjeros. El flamante director no dudó en asegurarse el apoyo de los colegas con los que mejor
congeniaba. En la Academia prevalecían apellidos extranjeros: Sievert, Lorentz, Stelzner, Weyenbergh,
Schultz-Sellak y Vogler. A pesar de que por su carácter dominante Burmeister no logró retener a la mayoría de ellos mucho tiempo, el ejemplo hizo escuela. Hacia finales del siglo XIX, la Argentina se había convertido en un punto de encuentro de los más renombrados científicos de habla germana.
Entre los más conocidos figura la colectividad de científicos que colaboró en la creación del
Museo de La Plata. Un resultado –mucho menos conocido– es seguramente el peso que adquirió la
influencia alemana en el área de la Física. Tanto es así, que en 1985 el historiador Lewis Pyenson
llegó a afirmar que hacia 1913 La Plata fue el segundo centro mundial de Física Teórica después
de Alemania. Cabe recordar también que la fuerte presencia de los investigadores de origen alemán
causó no poca resistencia dentro de la comunidad científica local. En 1928 el Centro Pro Defensa
Universitaria de la Plata llamó a la resistencia abierta para evitar que se nombrara al alemán
Erich Dauert al frente de la sección de Zoología del Museo de La Plata. La consigna fue:
“¡Egresados del país: Es necesario reaccionar!”.
No obstante, pocos dudan hoy del valor que tuvo la llegada al país del responsable de tanta
influencia alemana, Carl Hermann Conrad Burmeister. Entre sus alumnos hubo algunos que dejarían
su propia huella en la Historia argentina: Francisco Pascasio Moreno y Florentino Ameghino. Con
éste mantuvo incluso una disputa científica. Contrariamente a su maestro, Ameghino, considerado, a
su vez, como uno de los pilares de la Paleontología y de la Antropología en la Argentina, apoyaba las
teorías de Charles Darwin, quien había realizado investigaciones en la Patagonia Argentina.
Al cumplirse el 50° aniversario de su doctorado Carl Hermann Conrad Burmeister se había convertido en una figura del ámbito nacional. Vivió todavía para ver “su” museo convertido en Museo
Nacional de Ciencias. Al fallecer en 1892 dejaba atrás una tradición que, según la opinión de los
expertos, sería fundamental para el trabajo de los científicos argentinos durante varias generaciones.
El entonces Presidente Carlos Pellegrini lo reconoció así al encabezar el cortejo fúnebre.
20
Burmeister había visitado la región del Cono Sur antes de radicarse
definitivamente en la Argentina. Amigo personal de Alexander von
Humboldt, el científico alemán llegó en 1861 a Buenos Aires, por
invitación del entonces Ministro de Educación,
Domingo Faustino Sarmiento.
(Fotos: Nico Pérez / Originales gentileza Museo Histórico Sarmiento)
La institución que nació
para proteger la vida
El Hospital Alemán se fundó en
plena epidemia de fiebre amarilla
En aquel 1867 los planos del edificio, que
sería el Hospital Alemán y que consolidaría
así el aporte alemán a la atención médica en
la Argentina, no eran nuevos. Durante tres años la Sociedad Alemana de Socorros para Enfermos
Deutscher Krankenverein (DKV, por su sigla en alemán), fundada en 1857, había analizado la
posibilidad de construir un centro de atención médica en Buenos Aires. Fue el horror de una guerra lo que dio el impulso final para concretar los planes de construcción.
La Triple Alianza –Argentina, Brasil y Uruguay– libraba su segundo año de guerra contra el
Paraguay. A pesar de que el Norte del país era el centro donde se desarrollaban las batallas, la
capital argentina no tardó en llenarse de heridos. Tampoco tardó en aparecer otro hecho común
de las guerras de entonces: el cólera. La ciudad carecía de las condiciones mínimas de higiene
para una población que, tanto por la guerra como por la constante afluencia de nuevos inmigrantes, rondaba los 170.000 habitantes. En la capital argentina todo atentaba contra la salud pública: el hacinamiento, la ausencia de cloacas y la escasez de agua.
Buenos Aires no contaba con un sistema de eliminación de residuos y el abastecimiento de agua era
insuficiente. En los edificios se aprovisionaba el agua de lluvia por medio de cisternas en las terrazas. Las
casas particulares tenían pozos de agua. Los retretes eran excavaciones más o menos profundas que
alcanzaban la napa de agua subterránea, a veces estancada. Pocos de los rudimentarios baños habían
sido construidos por obras de albañilería. Las aguas servidas fluían en los fondos o en zanjones. Los residuos que se recolectaban se utilizaban para nivelar las calles y los terrenos bajos de la ciudad.
Sólo en los barrios del centro las calles tenían empedrado, realizado sobre desechos orgánicos, por lo cual se inundaban con frecuencia. Para la iluminación de las calles más
importantes ya se empleaba el
gas, pero el resto se alumbraba
Página anterior: el centro materno infantil del Hospital Alemán,
se convirtió en uno de los más
importantes de su época.
Derecha: desde 1881, cuando
llegó un grupo de enfermeras
diplomadas por la Cruz Roja y
especialmente contratadas, el
hospital se caracterizó por el alto
nivel de capacitación de su personal. (Fotos: HA)
con faroles de aceite. Aún se veían
los zanjones que demarcaron la
traza primitiva de la ciudad. Todos
ellos eran focos de infección y
medios de propagación de las enfermedades epidémicas. Este marco
desolador empeoraba por la presencia de los saladeros, el Riachuelo 23
que ya empezaba a oler mal- y los mercados, que se transformaban en poderosas fuentes de infección.
El 26 de agosto de 1867, reunido en sesión extraordinaria, el DKV decidió ponerse manos a la obra para
ayudar a mejorar la saturada situación sanitaria. Compró un terreno de 230 metros de frente por 106 metros
de fondo. En aquellos tiempos el lote estaba localizado fuera de los límites de la ciudad, sobre una calle de
tierra denominada Central América, que en la actualidad es la Avenida Pueyrredón.
Por disposición de sus promotores la gestión del nuevo centro quedaría a cargo de una Sociedad de
Hospital. Como primer presidente se designó al entonces Cónsul de la ciudad de Bremen en la Argentina,
Guillermo Nordenholz. Pero todavía antes de que se pudiera empezar la construcción, la comunidad médica
alemana debió participar en la lucha contra otro nuevo reto que enfrentaba la ciudad: la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires a partir de enero de 1871.
No era la primera vez que la ciudad se enfrentaba a esta plaga. Ya se habían registrado brotes en los años
1852, 1858 y 1870. No obstante, el daño causado en 1871 alcanzó cifras no conocidas hasta entonces.
De acuerdo con crónicas de la época, la enfermedad habría sido traída por un viajero llegado en un barco
francés, procedente de Río de Janeiro. La epidemia, que duró seis meses, se cobró 14.000 muertos. Entre ellos
hubo 233 alemanes. Sin embargo, el mayor número de muertos se registró en la comunidad italiana: perdió
El Presidente alemán Heinrich Lübke (izq.) y su par argentino
Arturo Illia inauguran instalaciones del Hospital Alemán en 1964.
(Foto: AGN)
6.201 miembros, según las estadísticas de la época.
Finalmente, una vez controlada la epidemia, la comunidad médica alemana inició las obras. El Hospital
Alemán (HA) abrió sus puertas en 1878. Su capacidad era de 24 camas, repartidas en dos pabellones. En un
principio, los estatutos habían indicado que los alemanes pobres tendrían derecho a tratamiento médico gratuito. Además, todo alemán, socio o no, podría hacer uso de sus servicios. Por entonces, unos 5.100 alemanes
vivían en la República Argentina. No obstante, pronto resultó evidente que el HA se encaminaba a convertirse
en un centro que no sabía de nacionalidades: sólo sabía de pacientes.
Apenas tres años después de su apertura, el hospital amplió sus instalaciones para poder atender la
afluencia de nuevos socios, entre los que figuraban apellidos sin procedencia alemana. Se construyeron dos
nuevos pabellones y hacia 1884 se abrían los consultorios externos para pacientes de menores recursos,
dónde la atención se ofrecía gratuita.
No tardó en llegar el agradecimiento de una ciudad, que veía a su población cada vez más cerca del medio
millón de habitantes. En 1886, la Municipalidad de la ya proclamada capital argentina, declaró al HA entidad
modelo. Ante una nueva epidemia de cólera que amenazaba con afectar a la ciudad, el hospital se esforzó por
hacerle honor al título. Amplió su capacidad de enfermería e incorporó en 1889 a la primera camada de 27
enfermeras diplomadas en la Cruz Roja que el HA había contratado especialmente en Alemania. Llegaban con
el encargo de enseñar, sobre bases científicas, el oficio de atender y curar.
En la actualidad el aporte del Hospital Alemán a la ciencia médica argentina se refleja en un total de ocho
departamentos y 52 servicios. A principios de 2007, con la construcción de un nuevo edificio de alrededor de
4.000 metros cuadrados, que se convertirá en el Instituto de Oncología, comenzó la más reciente obra de
ampliación. A esto se suma una importante labor académica en asociación con la Universidad de Buenos Aires
y la realización de conferencias tanto en el país como en el exterior, por lo cual, a 140 años de su creación, el
HA es también un referente en medicina a nivel internacional. Su Comisión Directiva incluye, además de argentinos, a representantes de Alemania, Austria y Suiza. Entre sus pacientes se registran más de 60 nacionalidades.
24
El frente del antiguo edificio del Hospital Alemán. (Foto: HA)
La nursery del HA fue para muchos argentinos y alemanes el
primer lugar desde el cual saludar al mundo. (Foto: HA).
El negocio de cruzar los mares
La Hamburg-Südamerikanische
Dampfschifffahrts-Gesellschaft se convirtió
en uno de los ejes del intercambio comercial
también gracias a la participación argentina
Aquel día de 1872, poco hacía
pensar que la HamburgSüdamerikanische
Dampfschifffahrts-Gesellschaft,
iba a convertirse en un actor
que haría historia en la relación entre la Argentina y Alemania. La empresa matriz –la HamburgBrasilianische Dampfschiffahrts-Gesellschaft– había sido fundada tres años antes por un grupo de
once armadores de Hamburgo. Esta reunía a lo más selecto de la entonces ya poderosa ciudad
mercante. Entre sus fundadores se destacaban nombres como August Bolten, Heinrich Amsinck o
W. Milburn & Co.
Juntos esperaban poder asentarse en la costa atlántica del continente sudamericano. Apostaban
así a uno de lo mercados menos desarrollados de la época. Del lado del Pacífico esperaban las
minas de cobre y salitre de Chile, con recursos vitales para satisfacer el hambre industrial de una
Europa en pleno desarrollo.
La meta era crear un servicio de transporte diseñado específicamente para esta ruta. Los fundadores esperaban poder diferenciarse de la competencia feroz de las navieras británicas de esos años.
Ello implicaba contar con barcos apropiados para poder aprovechar la red de puertos de poco calado
de la región.
Los buenos resultados obtenidos en la ruta a Brasil llevaron a los armadores hamburgueses
a ampliar el servicio. A la flota inicial de tres barcos –Santos, Río, Brazilian– se incorporaron
los buques Bahía I y Bahía II y se conformó la Hamburg-Südamerikanische DampfschifffahrtsGesellschaft. El 14 de julio de 1872, el primer barco de la nueva naviera atracó en el puerto de
Buenos Aires.
El momento no podía ser más propicio. La Argentina comenzaba a destacarse como uno de
los principales proveedores de alimentos en el mundo. A los pocos años –ya con los territorios de
la Patagonia incorporados al ámbito nacional– se afianzaba en el país el modelo agroexportador.
La combinación de nuevos aportes de capital extranjero a empresas rurales y el fuerte desarrollo
de la red ferroviaria permitió la expansión no sólo de la ganadería, sino también de la producción de granos. En 1898 Alemania era uno de los principales clientes de la Argentina. Según el
Anuario de Comercio Exterior de la época, poseía una participación del 15,2 por ciento en las
exportaciones argentinas. El 22,4 por ciento de las exportaciones estaba destinado a Francia,
Pag. anterior: el mítico vapor
Cap Arcona en una de sus llegadas al puerto de Buenos Aires en
los años ´30. (Foto: AGN)
mientras que Gran Bretaña alcanzaba una proporción del 14,3 por ciento. Las
compras de los tres países representaban el 50 por ciento del valor total de las
exportaciones argentinas.
27
Para entonces, la Hamburg Süd ya contaba con 60 buques y era una vía de referencia para el trans-
No obstante, el Cap Arcona alcanzó su mayor notoriedad internacional hacia el final de la
porte hacia los mercados de habla alemana. A pesar de contar durante algunos años con la competencia
Segunda Guerra Mundial. Al igual que otros buques de la flota como el Antonio Delfino, el Monte
de empresas como Norddeutscher Lloyd, de la ciudad de Bremen, o Hamburg-Amerikanische Packetfahrt-
Olivia, el Monte Rosa o el General San Martín, la antigua estrella de los mares del Sur fue utilizada
Actiengesellschaft (HAPAG), la Hamburg Süd supo hacer de la individualidad su marca de distinción.
entonces para evacuar a habitantes y refugiados desde la costa alemana del Mar Báltico. En los últi-
Sinónimo de tal expansión fue Antonio Delfino. Miembro de una de las tradicionales familias
mos días de la guerra muchos intentaban escapar por la vía marítima del horror. Anclado en la Bahía
argentinas, el primer agente general de la naviera alemana en la región del Río de la Plata, supo
de Lübeck, el Cap Arcona fue atacado y hundido por la aviación británica el 3 de mayo de 1945.
reconocer, a partir de 1894, las oportunidades que se le presentaban a una empresa de transporte
Llevaba 5.000 refugiados a bordo, de los cuales 350 sobrevivieron, según lo recuerda Joachim Wölfer,
especializado. Al cabo de pocos años Hamburg Süd no sólo vendía servicios de transporte rápido para
autor del libro Cap Arcona: Biographie eines Schiffes, Geschichte einer Reederei.
los cada vez más requeridos cereales, frutas, algodón y cueros argentinos. Ofrecía, además, buques
A pesar de la destrucción sufrida en toda su flota, tras la guerra la Hamburg Süd volvió a esta-
especialmente concebidos para el transporte del bien más preciado para la creciente economía argen-
blecerse como transportista de referencia para satisfacer las necesidades de un país en ruinas. El
tina: inmigrantes. Varias generaciones de ellos llegaron a la Argentina con barcos como el Cap Roca o
motor de tal renacimiento fue el empresario Rudolf August Oetker, quien antes de la guerra había sido
el Cap Verde. A ellos se sumó a partir de 1902 la categoría de buques Santa, como el Santa Bárbara
un importante empresario en el sector alimenticio e industrial.
y el Santa Catharina, y, posteriormente, la famosa línea Monte, como el Monte Cervantes y el Monte
Impulsado por una legislación que favorecía la inversión en el sector, Oetker tomó el control de la
Olivia. En ellos llegaron también familias alemanas, cuyos apellidos se convertirían en algunos de los
compañía. Hacia 1950/51 la naviera ya contaba con sus primeros barcos nuevos. El Santa Ursula
más representativos de la comunidad germano-argentina como, por ejemplo, Bieckert (Bieckert),
sería el primero en llegar a Buenos Aires en mayo de ese año. Luego le siguió una de las tantas histo-
Bemberg (Quilmes) o Staudt (Staudt&Cia.).
rias de éxito de una Alemania de posguerra.
En los primeros años del nuevo siglo Hamburg Süd instauró, además, el primer servicio marítimo
En la actualidad la Hamburg Süd cuenta, entre propios y rentados, con una flota de 139 barcos.Tras
regular entre Ushuaia y Buenos Aires. Entre los favorecidos estuvieron también aquéllos que optaron
varios años de consolidación, en los que llegó a adquirir 16 competidoras, cuenta hoy con servicios que
por la aventura de poblar el territorio patagónico, recién incorporado al ámbito nacional. Hacia 1904
cubren todo el mundo. Con un total de 4.000 empleados en el mundo, la Hamburg Süd se mantiene no sólo
la naviera dominaba gran parte del transporte marítimo hacia el Sur. Para ello aprovechaba también
como la principal naviera en las rutas a América Latina. Sigue siendo además lo que fue desde sus princi-
otras vetas del negocio: ofrecía a sus clientes el viaje a Chile por la vía férrea que, a principios del
pios: uno de los protagonistas en el desarrollo de la comunidad alemana y, a través de ella, de la Argentina.
siglo XX, ya permitía cruzar desde el Atlántico hacia el Pacífico. El impacto de la empresa de
Hamburgo se veía también en el puerto de Buenos Aires: operaba allí con la mayor flota de remolcadores y barcazas, reproduciendo así el modelo con el cual trabajaba ya en el puerto de Hamburgo.
El broche de oro de esta primera etapa aún estaba por llegar. El negocio de transporte de pasaje-
Izquierda: carga de carne en el puerto de
Buenos Aires.
Derecha: menú del Cap Arcona.
(Fotos: gentileza Hambürg Süd / AGN)
ros, cuyo auge se produjo entre las dos guerras y su imagen por excelencia fue el buque Cap Arcona.
En esa época éste fue el barco insignia para los servicios de traslado de pasajeros hacia América del
Sur, es decir, entre Alemania y la Argentina. Con una capacidad de 27.561 toneladas brutas de registro, el Cap Arcona tenía capacidad para transportar 1.300 pasajeros. Su tripulación constaba de 650
personas. Los interiores de aquel mítico barco le sirvieron de escenario a anécdotas, que hoy forman
parte de la historia de las relaciones bilaterales. Entre ellas se puede mencionar el episodio de las
vacas que eran embarcadas para proveer de leche fresca a los niños de las familias que viajaban en
primera clase. O bien, la historia de aquella familia, que optó por comprar la cabina en la que regularmente viajaba a Europa para asegurarse que nadie más durmiera en sus camas.
En esos años, la interacción con su puerto de destino en Argentina era tal, que la Hamburg Süd
confiaba a un proveedor en la Argentina el suministro de uno de los elementos más preciados. “Nadie
lo sabía, pero la cerveza alemana, que se ofrecía en las grandes recepciones que se organizaban en los
barcos, no era otra que Quilmes”, recuerda Karl Wolfgang Keymer, quien durante 25 años fue director
de la naviera en la Argentina.
28
29
Los socialistas del Vorwärts
El club que cambió el mapa
político de la Argentina
Un año nuevo y el número 13 no parecen, necesariamente, la combinación más propicia para iniciar una agrupación de carácter comunitario-político. Sin embargo, para
los fundadores de la asociación socialista Vorwärts (Adelante) la confluencia resultó perfecta. En la
noche del 31 de diciembre de 1881, trece inmigrantes alemanes firmaron, en un café del centro porteño, el acta constitucional de lo que se convertiría más tarde en un actor destacado del escenario político argentino y, especialmente en las relaciones bilaterales.
En sus comienzos la asociación no tenía otro fin que prestar ayuda a los inmigrantes alemanes. Se
parecía así a otras instituciones que se habían formado en otros países de inmigración como, por ejemplo,
los Estados Unidos. En esos días, según las estadísticas oficiales, la Argentina recibía a más de 500.000
inmigrantes, de los cuales, de acuerdo con la investigación ¿Dónde durmieron nuestros abuelos?, realizada
por los historiadores Jorge Ochoa de Eguileor y Eduardo Valdés, cerca de 18.000 eran alemanes.
Gran parte de los alemanes venían de una Berlín en pleno torbellino político. Allí, el Canciller
Otto von Bismarck había proscripto a los movimientos de ideología socialista. El partido de esa tendencia, el Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD), estaba proscripto. Sus instalaciones habían sido clausuradas y prohibidos los medios de comunicación que publicaban. Muchos de sus miembros se vieron obligados a emigrar. En su mayoría eran artesanos y trabajadores especializados, que se
habían manifestado en las calles de la capital alemana en reclamo de mejoras sociales.
En la Argentina, Vorwärts aspiraba a coordinar la ayuda para estos refugiados políticos, que, en
más de un caso, venían con muy poco más que lo puesto. Por otro lado, la asociación quería intensificar los contactos con los trabajadores argentinos, cuya fuerza venía creciendo desde la fundación del
primer sindicato, la Unión Tipográfica.
Para 1884 el Vorwärts se había convertido en un punto de referencia en el entorno de los inmigrantes. En su sede ubicada, primero en la calle Comercio, y luego en Rincón 1141 de la flamante Capital
Federal, los asociados podían utilizar instalaciones como bibliotecas, asistir a obras de teatro o participar en coros y grupos de debate. Más tarde, la asociación adquirió una propiedad en la afueras de la ciudad, que bajo el nombre de La Perlita se convertiría en uno de los primeros centros recreativos del país.
La asociación editó, además, lo que fue –junto a El Artesano, de 1863– uno de los primeros periódicos
obreros de la Argentina. Se trataba de una publicación semanal que incluía artículos, daba consejos e informaba sobre actos y reuniones. Su nombre: Vorwärts-Adelante. Emulaba así a otras publicaciones socialisPág. anterior: con el mismo
nombre, la asociación editó uno
de los primeros diarios obreros
de la época. Su contenido
comentaba, en alemán, la realidad nacional. (Foto: Friedrich
Ebert Stiftung).
tas, que se editaban en Portugal (Avante), Italia (Avanti) o Rusia (Wperiod).
Para fines de la década del ´80 la importancia de este actor comunitario alemánargentino había trascendido las propias fronteras. Cuando en 1889 se celebró en
París la Segunda Internacional, el movimiento obrero argentino –por pedido del
Vorwärts– estuvo representado por un socialista alemán de peso: Wilhelm
31
Liebknecht, el padre de quien luego se convertiría en una de
las principales figuras de la República de Weimar, Karl
Liebknecht. Un año más tarde, para el 1º de Mayo de 1890,
Vorwärts –el “Club” como lo llamarían muchos– organizó en
la Argentina la primera celebración del Día del Trabajador.
El acto se llevó a cabo en el Predio Español, donde cerca de
3.000 asistentes escucharon los discursos en varios idiomas,
entre ellos en alemán e italiano.
En junio de ese mismo año cayó el Gobierno de Miguel
Juárez Celman. Una de las causas de esa caída fueron los efectos de una crisis financiera, originada en la Inglaterra de los
Baring Brothers, y la presión por reformas democráticas, liderada por Leandro N. Alem y Bartolomé Mitre, quienes encabezaban la Unión Cívica. No obstante, tampoco se debe subestimar la presión que generó el sector obrero: el 29 de junio de
1890 quedó conformada la Federación de Trabajadores de la
Región Argentina, la primera central obrera de América Latina.
Sin embargo, la repercusión más importante que Vorwärts llegó a tener en la Argentina se gestó
cinco años más tarde. En 1896 la agrupación alemana impulsó la creación del primer partido socialista del país. Entre los fundadores e ideólogos del partido se encontraban varios miembros de
Vorwärts. Tanto es así, que la reunión constituyente del partido se celebró en la casa matriz del Club.
Una vez conformado el partido, Vorwärts volvió a concentrarse en el trabajo comunitario.
Posteriormente, en otras dos oportunidades, la asociación tuvo un protagonismo particular para la rela-
-¿Cuál es el mayor logro que le atribuye usted a la asociación Vorwärts en la Argentina?
-En primer lugar, hay que mencionar la fundación del Partido Socialista. No se olvide que el acta fundacional del partido se firmó en 1896 en la sede de la asociación Vorwärts. Además, destacaría como un logro
que, a pesar de haber declarado desde el principio que se trataba de una asociación con claro mensaje político, una vez fundado el Partido Socialista se fijó como objetivo principal el trabajo en el ámbito comunitario y
cultural. Pero no desistió de exigir a los socios que participen en el proceso político argentino.
-¿Dónde se percibió, además, el impacto de Vorwärts?
-En el aporte a la vida cultural y social que, de manera múltiple difundió la tradición humanista alemana. Otro elemento importante fue el papel de La Perlita, la quinta que la asociación ponía a disposición de
los socios para su esparcimiento al aire libre. Allí también se ofrecían instalaciones para hacer deporte.
Era algo único. Aquí se originó también la Federación Argentina de Faustball y también la Federación
Argentina de Handball. Algo para recordar es además el teatro. En el Vorwärts funcionó el grupo de teatro
del que surgió la Freie Deutsche Bühne, bajo la dirección de Paul Walter Jacob. Todo esto tuvo un importantísimo efecto para toda la comunidad alemana.
Los refugiados políticos encontraron también en la asociación un lugar en donde difundir sus ideas. La
asociación era un lugar de encuentro cultural para los perseguidos “raciales”, que en Alemania no habían
podido visitar ni un cine. El Vorwärts se esmeró por ofrecerles un ambiente de plena igualdad. El hecho de
contar, además, con una quinta, un centro comunitario, que les permitía alejarse de la ciudad para relajarse,
era algo único en esos años. Yo mismo me beneficié y mucho. Pero atención, la asociación Vorwärts no fue la
única organización de origen extranjero que aportó ideología social a la Argentina. Hubo organizaciones italianas y españolas que también hicieron su parte. Pero seguramente, junto a ellas, Vorwärts cumplió un papel
no menor. Al respecto, se debería recordar que uno de sus miembros, Germán Avé Lallemant, un agrónomo
alemán oriundo de la ciudad de Lübeck, fue quizás el primero que analizó la historia argentina desde el punto
de vista marxista. Nosotros se lo agradecimos con una plaza, aquí en Buenos Aires: logramos que en su honor
llevara su nombre. En San Luis hasta le dedicaron una montaña: el Cerro Lallemant.
ción bilateral. Como lo recuerda hoy su ex presidente, el escritor y médico austríaco Alfredo Bauer (ver
recuadro), durante las dos guerras mundiales volvió a ser un punto de encuentro y refugio para muchas
personas que, desde la Alemania derrotada, llegaban a una Argentina tan prometedora como extraña.
“Era algo único”
Alfredo Bauer (Viena, 1924) fue presidente de la asociación
Vorwärts en el período 2000 - 2004. Llegó a la Argentina en
1939, huyendo con su familia del terror, que de la mano de los
nacionalsocialistas había invadido su patria natal, Austria.
Médico de profesión, es, además, escritor. Con obras como Der
Mann von gestern und die Welt. Ein biographischer Roman um
Stefan Zweig y también Hexenprozess in Tucumán und andere
Chroniken aus der Neuen Welt, Bauer es considerado como una
figura central de la literatura del exilio.
32
Alfredo Bauer (Foto: A. Schwartz)
-¿Qué posición adoptó Vorwärts durante las dos guerras mundiales?
-En la Primera Guerra Mundial mantuvo una estricta actitud antibélica e internacionalista. Rehusó apoyar
el imperialismo del Imperio alemán, como así también a las potencias imperialistas occidentales. En la Segunda
Guerra Mundial Vorwärts apoyó activamente a la coalición anti-hitleriana, en particular, a la agredida Unión
Soviética.Tras el final de la guerra la asociación ayudó a la arruinada población alemana con envíos de víveres
y ropa, con especial atención de los sobrevivientes de los campos de concentración después de 1945.
-¿Y después de 1917 y la Revolución rusa, que llevó a la creación de la Unión Soviética?
-Como institución Vorwärts no se pronunció en ningún momento a favor o en contra del régimen. En la
asociación los socialdemócratas y comunistas colaboraban en un clima amistoso. Haber procurado mantener tal concordia fue mérito de Erich Bunke, quien durante muchos años fue el presidente de la asociación
Vorwärts. Bunke, era comunista –como lo soy también yo– mientras que, por ejemplo, el presidente actual,
Alfredo de Renzis, es socialista. Bunke, además, tuvo el destino de ser el padre de Tania, la guerrillera que
cayó con el Che Guevara cuando este murió en Bolivia.
-¿Dónde se puede apreciar hoy en la política argentina la impronta de la asociación Vorwärts?
-En los actos que recuerdan a los desaparecidos durante los años del Proceso Militar, cada 24 de marzo.
33
El inicio de una relación en 2 x 4
La llegada del bandoneón
a la Argentina inició un
fenómeno sigue seduciendo
Existe un tango finlandés, existe un tango danés. Fuera
de Buenos Aires y de la Argentina, Berlín parece haberse convertido en la segunda capital del tango. Cada
semana se organizan allí por lo menos 30 milongas en
bares y cafés bailables con nombres como Roter Salon, Salón Urquiza o Tangoloft.
La movida tanguera berlinesa también incluye a Klaus Gutjahr, uno de los últimos expertos en el
arte de construir bandoneones. Lo que es casualidad para algunos, resulta lógico para otros. Al fin y
al cabo, desde Alemania salió el primer bandoneón con rumbo a la Argentina. Llegó en 1900 a los
muelles porteños de la mano de marineros alemanes.
Según se sabe hoy, fueron los lutieres Carl Friedrich Zimmermann y Heinrich Band quienes –cada
uno por su lado e inspirados en la concertina alemana, un acordeón de forma hexagonal inventado en
1820– idearon el bandoneón. Pero fue el desarrollo de Band que le generó el prestigio y relevancia
que hoy tiene. Quien le dio su nombre al instrumento tenía un gran bagaje musical en su haber: uno de
los tíos de Band habría sido el violinista y compositor Nicolás Paganini.
A pesar de tan aristocrática herencia musical, el instrumento que es sinónimo de tango en la
Argentina, se utilizó en Alemania únicamente para la música popular. “Muy pocos sabían que la
extensión de su registro permite tocar música con una amplitud tan grande como la del piano”, explica Gutjahr desde Berlín.
“Cerca del 90 por ciento de los bandoneones que se usan en la Argentina provienen de Alemania”,
cuenta el lutier alemán, quien a los ocho años aprendió a tocar el instrumento de la mano de su padre.
Después profundizó sus conocimientos en el Julius-Stern-Institut de la Universidad de Bellas Artes de
Berlín, donde se despertaron su curiosidad y su pasión por el mecanismo de este instrumento.
Gutjahr construyó su primer bandoneón en 1984. Su primer cliente fue nada menos que el virtuoso Juan José Mosalini. Desde esos días pasaron por sus manos cerca de 600 de estos instrumentos. El también músico comenta que, cuando él comenzó su labor de lutier nada hacía presumir que la fascinación que irradia el sonido
del bandoneón se expandiría también entre la
población alemana. Sin embargo, eso ocurrió.
A tal punto, que a algunos les cambió la vida.
Nicole Nau es uno
Pág. anterior: la bailarina alemana
Nicole Nau y su esposo, el argentino
Luís Pereyra, son un referente para una
de esos casos. Nacida en
relación que vive al 2x4. (Fotos: Guido
Gayk / Jorge Royan).
en 1963, hasta fines de
la ciudad de Düsseldorf
1980 sólo pensaba en
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un futuro ligado al mundo de la publicidad y el diseño gráfico. Para eso se había preparado. Hoy, sin
argentina. Yo misma viví ese proceso: Descubrí el
embargo, es bailarina de tango y junto con su esposo, Luis Pereyra, es un referente de este baile a
tango cuando llegué a él a fines de los 80. Por más
ambos lados del Atlántico.
que viviera en Buenos Aires, era extranjera. Yo veía,
sentía las cosas del tango. Pero, desde una perspecti-
-¿Cómo se originó la fascinación por el tango en Alemania?
va alejada: interpretaba lo que veía en mi ser ale-
-Todo empieza en la década de los años 80. En mi caso comenzó con el espectáculo Tango
mán. Comparaba mis experiencias emocionales con lo
Argentino, de Héctor Orezzoli y Claudio Segovia, que se presentó en Alemania en 1988. En ese tiempo vivía en Düsseldorf y viajé especialmente a Munich para verlos bailar en el Deutsches Theater.
que había vivido antes.
Al conocer a Luis fue cuando comencé a convivir
Quedé tan fascinada, que al salir del teatro fui directamente a una agencia de viajes para tratar de
con una vida argentina normal. Al sentir sus ideales,
comprar un pasaje de avión. Lo que no sabía en ese momento es que en ese primer espectáculo había
sus valores, sus dificultades, su ser, me di cuenta de que
visto también a quien luego se convertiría en mi esposo y compañero de baile: Luis Pereyra. Ese día
jamás –y estoy hablando de 16 años– había entendido
dejé mi vida anterior de diseñadora gráfica y me entregué al tango.
algo de lo que es el tango. Esa experiencia me llevó a
aprehender el tango de nuevo, me obligó a rehacerme
-¿Por qué el tango tiene tanto auge en un pueblo como el alemán, que es considerado conserva-
dor y poco expresivo?
como bailarina.Tuve que viajar por el país para poder
entender al argentino. Por eso, opino, que el alemán
-Si, es notorio que, con excepción del pueblo argentino, sea el pueblo alemán el que tenga la
cree haber entendido. Pero, en el fondo, dudo que sea
mayor tendencia hacia la cultura del tango. Tal vez porque Alemania jamás tomó el tango como una
así. Se puede compartir la cultura. Pero no se puede
danza de moda, como fue en otros países. También influye el hecho de que en Alemania se haya des-
enseñar la cultura, tampoco aprenderla.
arrollado un sistema de enseñanza de tango, que es deslumbrante. Por otra parte, como bien sabemos,
los alemanes son de hacer las cosas a conciencia (ríe..).
Sin embargo, hay que reconocer que hoy el tango en Alemania está un poco cargado de clichés: el
abrazo, la melancolía, etc.. Sigue aferrado a imágenes que le fueron impuestas al tango para comercializarlo: hay cierto abuso de la imagen que el tango debe ser frívolo, sensual, erótico. En realidad, es
una danza sencilla del pueblo. Fuerte, alegre, potente, llena de ritmo.
Por ejemplo, veo las fotos de la familia de Luis y
El tango seduce a cada vez más alemanes.
Sólo en Berlín funcionan hoy más de 30
milongas. En la capital alemana se organiza,
desde 1996, el Internationales Tango Festival
Berlín. (Foto: Michael Grasmann)
no hay fiesta, ya sea un cumpleaños, la Navidad o lo que fuere, en que no bailen todos: chacarera,
zamba, bailecito, chamamé, lo que sea. Un tango, cada tanto. Esta gente jamás va a bailar para mostrarse. Sencillamente baila. Tampoco baila para olvidar el trajín del día. Simplemente baila.
Pero, obviamente, no es así en todos los casos. En Buenos Aires mucha gente baila tango porque
quiere mostrarse: las mujeres para ser vistas, los hombres para llamar la atención. Eso existe también
en Alemania. Existen aquéllos que se acercan al tango pensando que consiste en vestir minifalda y
-Aún así, posee un encanto palpable: ¿Cómo explica usted, una alemana radicada en Buenos
mostrar el cuerpo. Con el tango creen que son alguien.
Aires, que vive el tango como propio?
-Creo que el alemán se identifica más que nadie con esta danza porque se puede encontrar con
las raíces de su propia cultura. El abrazo viene de las danzas europeas, el bandoneón es un instrumen-
-¿Qué le pide el público en las giras por Alemania?
-El público alemán no pide. Pero vive cuando va a ver tango. Es increíble. Desde hace muchos años,
to, en realidad, muy alemán. Y, claro, está el otro elemento: el alemán encuentra en esta danza liber-
Luis y yo vamos de gira a Alemania. Les llevamos un tango muy cercano a las raíces. Un tango lejos
tad, ritmo, sensibilidad. Hombre y mujer pueden volver a vivir la danza compartida, dependiente.
del cliché. Un tango normal. ¡Un tango! Siempre eligiendo grandes composiciones. También llevamos
Ambos vuelven a encontrarse con roles definidos. La mujer encuentra un ambiente, en el cual puede
otras facetas de la cultura argentina, por ejemplo, la música folklórica, el zapateo, la chacarera, la
volver a lucirse desde su lado más femenino, el ser mujer. También esto es un cliché, pero es algo muy
zamba. Y es fascinante ver cómo se entusiasman, cómo lo viven con nosotros. Después nos dicen que
importante en un país, en el que como consecuencia de una fuerte emancipación, se perdieron los
jamás vieron algo igual. En virtud de estas experiencias creo que el alemán no quiere ver el cliché: la
roles tradicionales del hombre y de la mujer. A tal punto, que ambos perdieron casi su identidad.
mina y el macho. Tampoco quiere ver la carita linda del tango. Quiere el baile, quiere ver cómo uno se
desangra cuando interpreta un tema. Que se es dulce cuando la música lo es. Aprecia mucho las gran-
-¿Pero el alemán entiende el tango?
des composiciones. Pero aprecia también mucho lo sutil, lo puro, lo verdadero. No hay que olvidarse
-Es una muy buena pregunta. Creo que, en parte, siente que el tango posee algo muy especial.
que el pueblo alemán es muy culto. No le gusta lo falso. Quiere lo auténtico, quiere la verdad.
Pero dudo que lo entienda, que realmente lo pueda comprender. Porque viene muy ligado a la cultura
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La Patagonia inesperada
La fundación de Comodoro Rivadavia
Viajar por la Patagonia significa encontrarse una y otra vez a lo largo del camino con apellidos como Madsen, Otten, Musters, Saint-Exupéry, Jones o Egger. Valles, lagos y montañas llevan los nombres de estos pioneros, que buscaban un nuevo destino al sur del paralelo 42. Sin
olvidar, claro, al pionero de los aires, Günther Plüschow, quien con su avión Taube se adentró en lo
más profundo del Sur argentino.
Sin embargo, entre tantos nombres extranjeros, poco se habla de un alemán, Juan Plate. Es sorprendente, ya que, según documentos disponibles en el Archivo General de la Nación, fue él quien
impulsó la fundación de Comodoro Rivadavia, hoy la ciudad más grande de la región con 130.000
habitantes y, además, la capital del petróleo argentino.
Claro que, allá por 1900, las aspiraciones de Plate eran otras. El alemán era propietario de las
estancias Nueva Lubeka y La Emma. Las tierras estaban ubicadas al pie de la cordillera, a 750 kilómetros de la costa. Si quería sacarles provecho, Plate debía vencer esa distancia. Un reto no menor si se
considera que el viaje en carreta hasta Madryn, el puerto más cercano, exigía una travesía de 22 días.
Juan Plate había adquirido en 1895 esas casi 75.500 hectáreas del sur. Hijo de pobladores de la
ciudad de Neuhaus an der Ostsee, en el norte de Alemania, llegó a la Argentina en 1880. Cuatro años
más tarde tuvo la visión de fundar una empresa importadora de artículos de ferretería. Plate & Cía.
traía al país mercadería que un país en pleno desarrollo y crecimiento necesitaba en cantidad: alambres,
herramientas, cerrojos. Hacia la segunda mitad de la década de 1890 la empresa era un éxito comercial.
Por ese entonces, el Gobierno del Presidente Julio A. Roca se esforzaba por darle incentivos a la
población del territorio, que el propio Roca había sumado al Estado diez años antes. Tras el fracaso del
primer intento de asentamiento de soldados, el Congreso argentino autorizó
la venta de títulos de propiedad en la Bolsa. Juan Plate fue uno de
los que sin dudar mucho se decidió a comprar. Como lo recuerda
hoy su nieto, Alfredo (Vito) Plate, decía: “Damit muss man
was machen” (“¡Hay que hacer algo con esas tierras!”).
En 1896 el emprendedor abuelo de Vito envió a un
amigo, August von Thunn, con una tropa de caballos,
mulas, vacas, ovejas y carros para que tomara posesión
Pág. anterior: Comodoro
Rivadavia desde el aire, en 1967,
cuando su imagen todavía recordaba los días del pionero que
impulsó su fundación: Juan
Plate (Fotos: gentileza Diario La
Nación / Fam. Plate)
de las tierras. Von Thunn partió
desde el Fuerte Ítalo, población ubicada en el sur de Córdoba, hacia
Nueva Lubeka. Tardó un año y medio en
cubrir los 2.100 kilómetros. La distancia
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amenazaba con hacer poco rentables los
ofrecía condiciones apropiadas como puerto. La respuesta llegó poco después: indicaba la factibilidad
emprendimientos de su propietario.
de la fundación en Punta Borja.
La salida al Océano Pacífico tampoco
Por su parte, Plate activó sus contactos en el ámbito gubernamental. Entre ellos figuraba un
era una opción. El mismo Plate lo compro-
enamorado de la Patagonia de mucho peso: Francisco P. Moreno. El empresario alemán había ayu-
bó en una expedición que realizó cuatro
dado y hospedado al perito Francisco P. Moreno, cuando entre 1898 y 1901 éste había asumido la
años más tarde, cuando intentó abrir una
tarea de velar por los intereses argentinos en el litigio con Chile por el trazado de los límites aus-
ruta hacia Aysen, Chile, el puerto más cer-
trales. Otro conocido de Plate, aunque ya más lejano, fue el mismísimo Presidente Roca.
cano al otro lado de la Cordillera.
Cuatro semanas después de haber remitido la carta, el 23 de febrero de 1901, el Vicepresidente
Lejos de desesperarse, el alemán buscó
Norberto Quirno Costa firmaba, en representación del Presidente Roca, el decreto que ordenaba: “La
otra solución. La encontró en un despobla-
Dirección de Tierras y Colonias procederá a trazar un pueblo en el Territorio de Chubut, sobre la costa
do trecho de playa, Rada Tilly. Así se lla-
del Atlántico, entre la punta Borja y la punta Marques, que se denominará Comodoro Rivadavia”. El
maba la rada que se formaba en el Golfo
nombre era un homenaje al Ministro de Marina Comodoro Martín de Rivadavia, fallecido poco antes.
de San Jorge, en la costa argentina donde
Los trabajos de agrimensura se iniciaron cuatro semanas más tarde. Aquel alemán, que había llegado
Los Ford-T, se convirtieron también en el sur argentino en el medio de transporte privilegiado a la hora de hacer frente a las desafiantes travesías. Eran
conocidos por su apodo: Henry Viejo, en honor al fundador de la marca estadounidense (Foto: gentileza Fam. Plate)
los barcos que llegaban a la zona descar-
a la Patagonia para hacer su América, terminó impulsando así la fundación de una ciudad, que es
gaban provisiones y materiales.
todo un símbolo de la presencia argentina en el extremo sur del globo.
Pág. siguiente: el galpón del poblador Francisco Petrobelli fue la primera casa
de lo que sería Comodoro Rivadavia. (Foto: gentileza Fam. Plate)
estancieros de la zona –Angel Velaz,
Allí, el mismo Plate y otros cuatro
Cosme Llamas Massini, Máximo Abasolo
y el doctor Julio Fernández– habían
hecho construir en 1900, al pie del Cerro Chenque, un galpón de almacenamiento. El encargado de
armarlo fue Francisco Petrobelli, transportista y pionero, que abastecía a la Colonia Sarmiento.
Como lo reconocen hoy las autoridades de Comodoro Rivadavia, el galpón se convirtió en la primera edificación de la ciudad.
Unir la costa con la Cordillera a través de un ferrocarril era una opción lógica en una época en la
que el Estado trataba de impulsar la ampliación de la red de ferrocarriles, iniciada por la inversión
británica. Pero para eso hacía falta, primero, infraestructura, espacio para aprovisionamiento, y después, un puerto y una población.
Cartas y documentos conservados en el Archivo General de la Nación indican que a su retorno a
Buenos Aires, a fines de 1900, Plate inició las gestiones para fundar “un pueblo y puerto” en esas
costas. El 26 de enero de 1901 Plate y otros 27 propietarios de la zona presentaron una solicitud por
escrito al Ministro de Agricultura, Martín García Moreno. Entre los firmantes figuraban algunos de
los nombres más conocidos de la comunidad alemana en el país.
La carta tenía como señal de remitente la dirección de las oficinas de Plate&Cía. Decía: “Los que
suscriben, constituyendo domicilio en la calle Defensa Nro. 540, y teniendo presente el interés que el
Supremo Gobierno demuestra para que los territorios del Sur se pueblen (…) se permiten pedir al
Señor Ministro que se digne disponer lo necesario para que en la costa de la rada Tilly se establezca
un pueblo como puerto de mar.”
El petitorio fue enviado para su evaluación a la Dirección General de Tierras y Colonias del
Ministerio de Agricultura. Este solicitó la opinión del Ministerio de Marina para establecer si la rada
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Rumbo a lo imposible
Las expediciones alemanas a los hielos continentales, 1914-1916
ángulo de 360 grados, describió sus impresiones en el libro In den Einsamkeiten Patagoniens,
publicado en 1926: “El campo helado que se extiende entre los dos cordones de cerros Adela y
Mariano Moreno, se extiende desde el lago Viedma en semicírculo, hacia el Norte, para perderse
en el horizonte. Dominamos con nuestra vista una extensión de más o menos 100 kilómetros de
Resulta irónico que uno de los lugares más fríos e inhóspitos del planeta haya sido el escenario, en el cual las relaciones argentino-alemanas de comienzos del siglo XX hayan vivido uno de
sus momentos más cálidos.
La suposición de que debía existir una conexión entre los grandes lagos del sur de la
Patagonia oriental (Argentino, Viedma y San Martín) y los fiordos del Pacífico ya había seducido a muchos exploradores hacia 1916. Entre ellos se encontraba el geólogo alemán Rudolf
Norte a Sur y aún no logramos ver ninguno de los extremos del campo helado”.
Varias son las huellas que recuerdan todavía hoy que las dos primeras expediciones que pudieron cruzar los Hielos Continentales en dirección Este-Oeste estaban integradas por representantes de la comunidad científica alemana, que desarrollaban sus actividades en dependencias públicas argentinas.
Se recuerda también que aún en plena Guerra Mundial algunos lograron ver más allá del ren-
Hauthal. Como miembro de la delegación argentina en la Comisión de Límites, Hauthal reali-
cor y del enfrentamiento de toda una época. Su legado nos queda en la magia de lugares como
zó entre 1899 y 1900 una exhaustiva investigación de un glaciar al que llamó Bismarck.
Paso del Viento, Cerro Witte, Nunatak Witte, Cerro Kölliker, Glaciar Hicken, Cordillera Reichert
Pocos años después cambiaría de nombre para convertirse en lo que es hoy uno de los íconos
y Cordón Adela (este último llamado así en referencia a la madre de Alfred Kölliker), que se
de la Argentina de hoy: el glaciar Perito Moreno.
convirtieron en destinos del alpinismo internacional.
Durante sus años de investigación Hauthal intentó cruzar la Cordillera desde el Lago
Argentino hacia el fiordo Peel, en el lado chileno, pero no pudo ganar el interior de las monta-
Hans A. Schulz
ñas para encontrarse con el mar de hielo que allí aguardaba. Ese honor le correspondió a los
miembros de la expedición Flora Argentina, compuesta por el químico alemán Fritz Reichert,
La expedición alemana sobre el Hielo Continental en 1916.
(Foto: A. Kölliker / Del libro In den Einsamkeiten Patagoniens).
el botánico Cristóbal M. Hicken, el botánico y biólogo Lucien Hauman-Merck, el pintor Juan
Jörgensen y el peón chileno Rojas.
Si bien los miembros de esta expedición llegaron el 27 de febrero de 1914 “marchando a través de un suelo inexplorado y virgen, por ningún pie hollado” desde el Canal de los Témpanos del
Lago Argentino hasta los glaciares que descienden al fiordo San Andrés en Chile, no pudieron
descender hasta el Océano Pacífico debido a las inclemencias del tiempo. No obstante, pudieron
dar un testimonio auténtico sobre los secretos que allí aguardaban a las generaciones futuras.
Como consecuencia de esta primera expedición a la región del Lago Argentino, la Sociedad
Científica Alemana de Buenos Aires preparó una expedición de exploración a los glaciares de la
región del lago Viedma. Formaron parte de ella el geógrafo Franz Kühn, el químico Alfred Kölliker,
el topógrafo Adolf Tomsen, el geólogo Lutz Witte y el pintor Juan Jörgensen. Los acompañaron el
cocinero Augusto Tannert y los peones Pablo Silbermann, Adán Diener y Tobías Buechele.
Fue así que en el verano de 1915/1916 cuatro de estos exploradores –Kölliker, Witte,
Silbermann y Diener– lograron llegar por primera vez a lo más profundo de la zona de los
hielos continentales del lago Viedma. Para ello ascendieron por el valle del río Túnel y cruzaron por el Paso del Viento al campo de hielo, que atravesaron en dirección noroeste hasta la
vertiente pacífica.
Al igual que la expedición de Reichert y Hicken, tampoco ellos pudieron descender al mar por
los temporales reinantes en esas latitudes. Kölliker, cuyas fotografías cubren los hielos en un
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El día en que se perforó
el suelo de Buenos Aires
Cómo Philipp Holzmann y Siemens
interconectaron la capital argentina
Difícilmente alguien se pueda imaginar hoy
cómo se veía en la ciudad aquella profunda
grieta abierta en 1911 desde Plaza de
Mayo hasta el Once. Mucho menos, el impacto que esa grieta debe de haberles causado a los porteños
de entonces. En la capital argentina circulaban todavía tranvías a caballo. Muchos eran los faroles
que aún utilizaban gas para alumbrar el paso, y al puerto seguían llegando barcos repletos de inmigrantes de la vieja Europa, que venían a hacerse la América.
Pero la fosa de varios metros de profundidad que atravesaba el centro de Buenos Aires indicaba
que una nueva era estaba por comenzar. La capital argentina se disponía a incorporar un sistema de
transporte como el que tenían, en ese entonces, sólo otras once ciudades del mundo: el subterráneo.
La responsable de ejecutar el grueso de la obra era la filial local de la empresa alemana Philipp
Holzmann. Su aporte sería una de las primeras de las muchas huellas que dejaría la ingeniería alemana en el sector del transporte argentino, como prueba de que los comienzos siglo XX fueron tiempos
fructíferos para las relaciones bilaterales. Incluso, la corriente eléctrica que impulsaría los trenes subterráneos llevaría el sello alemán: era suministrada por cuatro usinas de la Compañía Alemana
Transatlántica de Electricidad.
Philipp Holzmann era una de las más importantes constructoras de la época, responsable de
varias emblemáticas obras de transporte en el mundo. Entre ellas, el ferrocarril que unía Estambul
con Bagdad (Bagdadbahn, por su nombre en alemán). Con una extensión de 2.400 kilómetros, su
construcción se había iniciado en 1903, para ser finalizada no antes de 1940.
Especializada desde principios de siglo también en el transporte urbano, la compañía, con sede en
la ciudad alemana de Frankfurt am Main, ganó en la Argentina el contrato para perforar el subsuelo
de Buenos Aires. Concesionaria era la Empresa de Tranvías Anglo-Argentina Limitada.
La obra costó en total 17
millones de pesos de entonces,
Pág. anterior: a principios del siglo XX, la construcción del subterráneo cambió la cara de Buenos Aires.
Sería el primero de América Latina. (Foto: AGN)
Derecha: a partir de 1928, la empresa Siemens participó de la ampliación del servicio. Primero como
constructora y luego como proveedora de tecnología y vagones. (Foto: Siemens)
los trabajos que requirió significaron un reto. Fue preciso desviar el
sistema de cloacas, desagües, bocas de tormenta y caños de suministro de agua potable en una de las más pobladas partes de la ciudad.
Para excavar la tierra se emplearon cuatro dragas eléctricas
con sistema de cuchara, que podían mover cerca de cinco metros
cúbicos por hora. La tierra era retirada del túnel con trenes que salían por rampas ubicadas en la Plaza de Mayo, del Congreso y Once,
para luego recorrer las vías del tranvía hasta llegar al depósito.
Según documentan los informes de la época fueron removidos
440.000 metros cúbicos de tierra. Al finalizar los trabajos se habían
aplicado 75.000 metros cúbicos de mampostería y se habían usado
31 millones de ladrillos y 108.000 barricas de cemento Portland de
170 kilos cada una. A ello se sumaban 13.000 toneladas de tirantes
de hierro y 90.000 metros cuadrados de capa aisladora.
A pesar de estas cifras impresionantes, la obra, en la que
participaron 1.500 trabajadores, se completó en no más de
veinte meses. El 2 de diciembre de 1913 se inauguraba la Línea
A, entre Plaza de Mayo y Once, y al día siguiente fue habilitada
al público. Aquellos fueron los primeros sudamericanos que
pudieron disfrutar de las ventajas del subte.
Cada estación tenía una longitud de cien metros y contaba
con frisos de un color determinado para facilitar la identificación.
Debía señalizarse así, ya que gran parte de sus usuarios –muchos
La colocación de los vagones sobre los rieles era
trabajo de precisión. El “subte”, como lo llamarían
cariñosamente los porteños, acompañó el crecimiento de la ciudad. (Fotos: AGN)
de ellos, inmigrantes– eran analfabetos.
Pero sobrevino la guerra. El desarrollo de este sistema de
transporte urbano se interrumpió después de las obras de prolongación de la Línea A, que se llevaron a cabo hasta 1914. Pasarían
cerca de quince años antes de que hubiera una segunda línea en el sistema de subterráneos, y nuevamente fue una constructora alemana la que obtuvo el contrato de construcción.
Esta vez la elegida fue la Siemens-Bauunion GmbH, que desde ese entonces quedaría ligada al desarrollo de la capital argentina. Siemens-Bauunion era la filial del conglomerado fundado por Werner von
Siemens. La sucursal había sido fundada en 1921 para ofrecer servicios integrados a clientes internacionales en lo que entonces eran las grandes obras de infraestructura en el mundo: telecomunicaciones, subterráneos y generadoras hidroeléctricas. La empresa tuvo a su cargo la construcción de la Línea B.
Iniciadas las obras en 1928, el subterráneo de la terminal Federico Lacroze quedó inaugurado en 1930.
Seis años más tarde Siemens volvía a remover el subsuelo porteño. Tuvo a su cargo la construcción y el equipamiento integral de la línea Retiro – Constitución. La línea C quedó inaugurada el
11 de noviembre de 1934. Siemens se había convertido en uno de los principales proveedores de soluciones para el sector de transporte público.
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Un motor para el
comercio bilateral
La Cámara de Industria y
Comercio Argentino-Alemana
A veces hasta el aspecto más oscuro de la naturaleza
humana tiene alguna consecuencia positiva. Tal fue el
caso de la Cámara de Industria y Comercio
Argentino-Alemana en la Argentina. Cuando corría el tercer año de la Primera Guerra Mundial la
comunidad de empresarios de origen alemán debió enfrentar una intensa campaña de discriminación de parte de la propaganda aliada. Ello incluía desde la conformación de listas negras para
boicotear a las empresas de origen alemán, hasta los actos de violencia contra sus negocios. Para
defender sus intereses ante tales agravios 122 empresarios de origen argentino-alemán se congregaron en Buenos Aires el 17 de junio de 1916. Sentaron allí las bases para una entidad, que luego
se convertiría en un excelente canal para las relaciones entre la Argentina y Alemania.
A cinco años de su fundación la Cámara ya formaba parte del grupo de cámaras alemanas de
América Latina. De esta forma se vinculó con el ente responsable para la industria y el comercio en
Alemania, el Deutscher Industrie- und Handelstag (DIHT), y se estableció como interlocutora bilateral e impulsó varios acuerdos económicos entre la Argentina y el Imperio alemán. A ello se sumarían,
ya desde entonces, actos de solidaridad como la colecta realizada para las víctimas del terremoto de
San Juan en 1944. Sin embargo, una vez declarada la guerra por parte de la Argentina a la Alemania
de Hitler, la Cámara no escapó a la suerte que corrió el resto de las instituciones alemanas en el país:
sufrió la expropiación y luego la anulación de su personería jurídica.
La llegada en 1950 del primer enviado oficial de la Alemania de posguerra, el Ministro Carl
Spiecker, impulsó, un año más tarde, la fundación de una nueva cámara, que absorbería el remanente de la antigua asociación. A partir de allí la entidad se convirtió en uno de los interlocutores
privilegiados en el proceso de recuperación del patrimonio de las empresas argentino-alemanas.
Por otra parte, los años de posguerra trajeron aparejada también la apertura de nuevas áreas
de trabajo. Entre ellas se destacan la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la educación. En 1979,
la Cámara introdujo en el país el sistema dual de formación profesional, basado en el modelo alemán. Éste consiste en un programa para egresados del nivel secundario. Durante dos años los
estudiantes alternan entre bloques teóricos, dictados en el centro de capacitación, y bloques de
formación práctica en distintas empresas, entre las que se encuentran también
Pag. anterior: pasado y presente
se encuentran en la sede de la
Cámara de Industria y Comercio
Argentino-Alemana, en la Avenida
Corrientes. La Cámara se convirtió
en un centro de encuentro, que
hoy es sede para más de 800
miembros. (Foto: AHK / CADICAA)
grandes multinacionales.
El sistema dual ofrece orientaciones como Técnico en Administración
Industrial, Técnico en Comercio Exterior y Mayorista y Técnico en Asistencia
Gerencial. Los respectivos cursos teóricos se dictan en el Instituto Ballester. La
carrera que otorga el título de Técnico en Mecatrónica se cursa en el Colegio
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Hölters. Hasta la fecha, cerca de 1.000 profe-
la relaciones bilaterales entre Argentina y Alemania, tienen por meta la transferencia de tecnolo-
sionales egresaron de estos cursos, de los cuales
gía. Para ello incluso se ha formado un Centro de Transferencia de Tecnología para el Mercosur.
hoy muchos ocupan puestos jerárquicos en
Si bien el mundo ha atravesado numerosos cambios desde 1916, la Cámara de Industria y
grandes compañías. Desde sus puestos de traba-
Comercio Argentino-Alemana ha sabido nutrirse de las experiencias vividas durante más de nueve
jo fomentan un creciente interés tanto por parte
décadas, siempre con la mira puesta en el desarrollo y el crecimiento. La prueba más contundente
de estudiantes como de empresas para seguir
de ello es que a los 122 empresarios que se reunieron en los comienzos se les han ido sumando
desarrollando y ampliando este programa.
constatemente nuevos socios. Tal es así, que en la actualidad son alrededor de 800 los miembros
Otra área de trabajo de la Cámara está
dirigida a los profesionales en actividad. Les
que han construido una amplia red de contactos para la institución, y que ofrecen el ámbito ideal
de encuentro para la intensificación de las relaciones bilaterales entre la Argentina y Alemania.
ofrece una gama de seminarios de capacitación con el objetivo de acercarles las últimas
innovaciones en su especialidad a nivel mundial. A su vez, y en una renovada apuesta al
futuro, la entidad ha empezado a actuar en
conjunto con los colegios alemanes: un programa de pasantías, de charlas informativas
con profesionales y de talleres de inserción
laboral permite a los alumnos del último año
La Sociedad Alemana de Beneficencia
(Deutsche Wohltätigkeits-Gesellschaft - DWG)
de la escuela secundaria tomar contacto con
la realidad laboral. Una función no menos
ambiciosa, que es estrechar el vínculo entre
Wohltätigkeits-Gesellschaft (DWG, por su sigla en alemán), se remonta al año 1825, en
las instituciones educativas y el ámbito
que se constituye como la primera entidad alemana sin fines de lucro de la Argentina,
empresarial, cumple el concurso intercolegial,
según reporta Josef Winiger en sus Historias de los Alemanes en las Provincias Unidas del
orientado a fomentar el deporte, la música y
Río de la Plata. En 1850, el Gobierno de Juan Manuel de Rosas le prohibió a la DWG su
la literatura.
actividad. Fue durante la Primera Guerra Mundial, siendo notable el deterioro de la situa-
Un área en el cual la Cámara de Industria
Arriba: el ex canciller de la República de Weimar, Hans Luther, con
miembros del directorio de la Cámara de Comercio Alemana, el 28 de
octubre de 1926, en Buenos Aires.
Abajo: reunión de la Comisión Mixta Argentino-Alemana el 30 de agosto de 1979, en Buenos Aires. (Fotos: AHK / CADICAA)
El primer antecedente de la Sociedad Alemana de Beneficencia, Deutsche
ción de muchos alemanes y sus descendientes que vivían en la región, debido a que muchos
y Comercio Argentino-Alemana se encuentra
fueron echados de sus empleos y nuevos inmigrantes llegaban a diario desde Europa, que se
trabajando también fuertemente es la responsa-
hizo imperioso organizar la ayuda. El 1° de marzo de 1916 varias personalidades y organi-
bilidad social empresarial (RSE), un tema de
zaciones decidieron unir sus fuerzas, constituyendo nuevamente la Sociedad Alemana de
creciente importancia en el mundo de los negocios. En este sentido, se ha asumido el compromiso de difundir el concepto de manera más
amplia. En conjunto con las cámaras binacionales de Alemania en Brasil, Paraguay y Uruguay se edita una
publicación, en la que se presentan los ejemplos de empresas que ya realizan labores de RSE. Su contenido se
complementa con los aportes de especialistas en la materia. El objetivo de este tipo de actividades es generar
sinergias entre el mundo empresarial y las asociaciones argentino-alemanas, que llevan a cabo proyectos culturales y sociales; y muchas de las cuales son dirigidas por voluntarios y ad honorem.
Durante el año 2007 se destacaron las iniciativas dentro del sector tecnológico, más específicamente
Beneficencia DWG, la cual obtuvo su personería jurídica el 23 de abril de 1917. Una de las
principales tareas de la DWG fue conseguir empleo para los desocupados y atender a quienes no lo obtenían, a los pobres, ancianos, enfermos y a los que habían huído de las guerras. Hoy, entre las actividades destacadas de la sociedad figuran el gerenciamiento del
Hogar de Mayores Los Pinos, el apoyo al Hogar de Niños María Luisa, y la cooperación
con la Asociación Alemana de Asistencia al Enfermo de Lepra y Tuberculosis.Su objetivo es
combatir dichas enfermedades en la región y asistir a los sectores más necesitados en
varias provincias y en el conurbano de Buenos Aires.
en las especialidades nanotecnología y biomedicina. Estos esfuerzos, enmarcados en el 150˚Aniversario de
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Al borde de la guerra
por un telegrama
De asnos y rufianes:
el incidente Luxburg
En 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en pleno desarrollo. La
Argentina se mantenía neutral, lejos de la destrucción y el horror que
causaba el primer conflicto a escala global. La relación bilateral con la
Alemania imperial de Guillermo II se desarrollaba en un ámbito de cordial respeto. A diferencia de lo
que ocurriría dos décadas más tarde, la comunidad alemana en la Argentina sólo sufría aislados efectos negativos a causa de la guerra. Sin embargo, a principios del año mencionado los aires cambiaron.
El 4 de abril de 1917, frente a las islas Scilly (Islas Sorlingas), a pocas millas de la costa sur de
Inglaterra, un submarino alemán hundió la goleta Monte Protegido, de bandera argentina. El barco
llevaba un cargamento de lino con destino al puerto holandés de Rotterdam. Según se pudo comprobar después, la tripulación entera provenía de Noruega, un país tan neutral en ese momento de la contienda como la Argentina. La protesta del gobierno argentino ante el gobierno alemán por la ofensa a
la soberanía fue respondida con el argumento de que el barco había zarpado antes de declararse la
guerra submarina sin restricciones.
¿Qué era aquéllo? Alemania había declarado en enero de 1917 la guerra submarina irrestricta y
había procedido a bloquear los puertos atlánticos de Gran Bretaña y
Francia y los de parte del mar Mediterráneo. Más tarde, el 2 de
febrero, Alemania le había comunicado a los países neutrales que
evitaran enviar sus barcos a las zonas sometidas a bloqueo ya que
serían hundidos sin previo aviso.
Tras el episodio, el Secretario de Estado de Guillermo II,
Arthur Zimmermann, le aseguró al gobierno de Hipólito
Yrigoyen que se repararía el daño causado. Alemania cumplió
después de la guerra: el 22 de septiemPág. anterior: el incidente se originó
en el tercer año de la Primera Guerra
Mundial. Las revelaciones en base a
los telegramas secretos del representante alemán en Buenos Aires, Karl
von Luxburg, enardecieron la opinion
pública argentina.
bre de 1921 a bordo del acorazado
Hannover se izó la bandera argentina
bajo los acordes del himno nacional.
Pero a pesar de que la respuesta
alemana le permitió al Presidente
Derecha: la respetada revista de información, Caras y Caretas, caricaturizó a
los protagonistas del caso. (Fotos:
Nico Pérez / Originales gentileza
Museo Histórico Sarmiento).
Yrigoyen seguir asegurándole a la
Argentina una posición equidistante
respecto de los bandos de guerra, el
53
daño estaba hecho. El 14 y 15 de abril en el centro de Buenos
Aires se multiplicaron los incidentes de violencia. Un grupo de
jóvenes simpatizantes con la posición aliada –Inglaterra,
Francia, EE.UU.– saquearon negocios alemanes y las dependencias del Club Alemán. Lo mismo ocurrió en la legación alemana
La ironía de Caras y Caretas superaba todas las
barreras. En la mejor tradición de las revistas de
información modernas, el medio utilizó el humor
como telón de fondo para informar sobre el desarrollo de un incidente que estuvo a punto de llevar a la
Argentina a la guerra. (Fotos: Nico Pérez / Caras y
Caretas, gentileza del Museo Histórico Sarmiento)
y en las oficinas de los diarios alemanes de la época.
La relación entre ambos países empeoró aún más pocos
meses después. El 22 de junio de 1917 un submarino alemán
hundió a otro buque de bandera argentina, el vapor Toro, a 84
millas al Sudoeste del Cabo Espartel, antes de llegar a Gibraltar.
El barco tenía como destino el puerto italiano de Génova. Su
carga: carne congelada, cueros, lana, grasas, tanino.
Tras este nuevo hundimiento se incrementaron las presiones,
tanto internas como externas. Se le exigía a Yrigoyen que rompiera de forma definitiva con Alemania. Su gobierno se limitó, en
cambio, a exigir la reparación por el daño sufrido y a demandar
“la seguridad de que el gobierno alemán respetará en lo sucesivo
a los barcos argentinos en su libre navegación de los mares.”
Más allá de argumentar que el Toro había entrado en la zona
Hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, el
puerto de Buenos Aires había sido un lugar de preferencia para la marina alemana. Entre los visitantes estuvo también el crucero Strassburg, en 1914.
(Foto: AGN)
de exclusión y que se dirigía con “mercancía de contrabando” a
una de las bases británicas más fuertes de la región, Berlín accedió a los requerimientos del mandatario argentino. Otra vez, prometió reparar al país y reconocerle a la marina argentina la libertad de navegar los mares según las normas del Derecho
Internacional. En tal sentido, le aseguró “una actitud acorde de parte de su Marina de Guerra.”
Fue en ese contexto que salieron a la luz cerca de 400 telegramas que el Embajador alemán
Luxburg había estado enviando a sus jefes en Alemania. Los telegramas habían sido filtrados desde
las embajadas aliadas. En un tono claramente distinto del que usaba oficialmente en la relación con
el gobierno local, Luxburg recomendaba mantener una posición pragmática respecto de la Argentina.
Aconsejaba que, en caso de no poder evitarse, los barcos argentinos fueran “hundidos sin dejar rastros”. Más directo que pragmático, calificaba allí al Ministro de Relaciones Exteriores argentino,
Honorio Pueyrredón de “notorio asno y anglófilo”.
También le tocaba su parte al mismísimo Yrigoyen. El representante alemán calificaba al presidente argentino nada menos que de rufián.
Buenos Aires respondió a Luxburg en lenguaje diplomático: le entregó su pasaporte y lo
declaró persona non grata. Esto equivalía a una expulsión del ministro alemán. No obstante, no se
produjo la ruptura de relaciones, a pesar de que el Congreso de la Nación había aprobado dos
resoluciones que recomendaban la interrupción. La Argentina se mantuvo neutral hasta el fin de
la Primera Guerra Mundial.
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La eterna lucha con el
Genitiv, Dativ y Akkusativ
El auge de las escuelas alemanas
en la Argentina se convirtió en un
pilar de las relaciones bilaterales
“Mi destino es la lengua castellana. El bronce
de Francisco de Quevedo. Pero en la noche
caminada me exaltan otras músicas, más íntimas. Alguna me fue dada por la sangre –o voz
de Shakespeare y de la Escritura–; otras por el azar, que es dadivoso. Pero a tí, dulce lengua de
Alemania, te he elegido y buscado, solitario. A través de vigilias y gramáticas, de la jungla de las
declinaciones, del diccionario, que no acierta nunca con el matiz preciso, fui acercándome. (…) Hoy,
en la linde de los años cansados, te diviso. Lejana como el álgebra y la luna”.
Nada menos que Jorge Luis Borges atestiguó con estas líneas la especial relación que lo unía al
idioma alemán. El gran autor argentino confirmaba así, en su obra El oro de los tigres (1972), el temor
de tantos otros que intentaron emularlo: tratar de dominar el idioma de Goethe, Schiller y Brecht puede
llevar toda una vida. No obstante, son hoy cerca de 19.000 los alumnos que lo hacen en alguna de las
escuelas que pertenecen a la Comunidad de Trabajo de las Asociaciones Escolares Argentino-Alemanas
(Arbeitsgemeinschaft Deutscher Schulen in Argentinien).
Pero, más allá del fuerte dolor de cabeza que puede causar el estudio de la lengua germana a los
alumnos, el modelo educativo alemán ha tenido un papel central en las relaciones bilaterales. Se convirtió en uno de sus más importantes protagonistas, especialmente en lo que se refiere a la creación y
fundación de instituciones alemanas.
La primera escuela alemana en la Argentina comenzó a funcionar en 1840. Casi veinte años
antes de que se firmara el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre la Confederación
Argentina y el Reino de Prusia y los restantes Estados de la Unión Aduanera, Katharina Keppel fundó
un colegio dominical. Su objetivo: enseñar religión y escritura en alemán.
Con el tiempo, la educación con sello germano fue ganando adeptos en la
sociedad argentina. Uno de los más interesados en la materia fue
Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1866, cuando era
Ministro de Educación, le confesó al enviado del
rey de Prusia: “Por su modelo para
Página anterior: alumnos del Instituto Ballester, delante
del edificio en la Calle Colón / Esq. San Martín.
Derecha: el plano del primer edificio del Instituto Ballester,
en la calle Lacroze 133. (Fotos: Instituto Ballester)
una educación popular, la humanidad tiene
escuelas e instituciones que integran enseñanza en alemán y español. La mayor parte de estas escuelas tam-
una eterna deuda con Alemania.”
bién fue fundada por inmigrantes alemanes. Sin embargo, su público ha ido cambiando a lo largo de los
La Argentina supo aprovechar ese
años. Si los escolares de antaño eran directa descendencia alemana dentro del alumnado de hoy en día sólo
modelo: Sarmiento impulsó la contrata-
una minoría desciende de alemanes. Más que el deseo de conectarse con la cultura de los antepasados, es
ción de varios educadores alemanes, entre
la calidad de la enseñanza, la que atrae a familias de apellidos italianos, españoles o suecos.
ellos, el cuerpo de profesores de la primera
El gobierno argentino les exige a todas que se ajusten a los programas de enseñanza elaborados
Facultad de Ciencias de la Universidad de
por el Ministerio de Educación. No obstante, les otorga -particularmente en los últimos años- un
Córdoba. Sin embargo, el impulso no fue
mayor espacio y margen para ofrecer contenidos en alemán. Una parte no menor de los fondos para
bien percibido hasta los últimos años del
hacer posible tal misión proviene todavía de Alemania. Cerca de 20 escuelas reciben hoy apoyo finan-
siglo XIX. Su efecto duró hasta poco antes
ciero directo desde Berlín. El gobierno alemán aporta al sistema de escuelas germano-argentinas
de la Segunda Guerra Mundial y consistió
cinco millones de Euros por año. Entre los centros de estudios más importantes se destacan cinco
en el establecimiento de gran parte de las
escuelas: Instituto Primo Capraro en San Carlos de Bariloche, Instituto Ballester, Colegio Goethe,
escuelas germano-argentinas, que aún
Escuela Hölters y Colegio Pestalozzi.
están en funcionamiento.
Una típica mañana escolar en la década de 1930. Para entonces, muchos colegios argentino-alemanes ya contaban con medios de transporte propios.
Aquí, tres alumnas de lo que es hoy el Colegio Goethe. (Foto: Fam. Heinlein)
En 1893 se creó la Escuela
Alemana de Barracas. En 1895 le siguió
la Escuela para Niñas, que, junto a la
Belgrano Schule, fundada en 1897, conformaría luego la Goethe-Schule de la actualidad. Sólo un
año más tarde abría sus puertas la Escuela Alemana de Quilmes.
A principios de siglo el sistema alemán de educación dejaba además otra herencia que trascendería el ámbito de la escuela primaria. El Ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno de
Manuel Quintana, Joaquín V. González, creó en 1904 el Seminario Pedagógico, que más tarde se convertiría en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario. Su función: preparar a los profesores de
enseñanza superior. González le confió al alemán Wilhem Keiper la dirección de los seminarios y del
programa de enseñanza. Para que lo acompañaran convocó a un grupo de expertos de Alemania. Esos
docentes alemanes trabajaron hasta 1916 en el Instituto y establecieron allí la primera base de la
formación pedagógica argentina.
Mientras tanto, el impulso fundacional de escuelas germano-argentinas no se detenía. En 1907 se
Instituto Ballester
En ocasión de su 85° aniversario el Instituto Ballester celebra el aporte brindado para el encuentro entre
las culturas alemana y argentina. Desde sus comienzos el Instituto Ballester ha crecido en sus dos sedes de Villa
Adelina y Villa Ballester. En la actualidad cuenta con más de 1.700 alumnos.
La escuela se define como una institución multicultural, que brinda a sus alumnos- desde el Nivel Inicial
hasta el Centro de Capacitación Profesional- una educación integral bilingüe de excelente nivel académico. En
concordancia con este espíritu, el Instituto Ballester ofrece a los alumnos del Polimodal la posibilidad de optar
por el Programa del Bachillerato Internacional para acceder al Diploma de Bachiller Internacional Bilingüe, que
los habilita para ingresar a universidades muy prestigiosas en todo el mundo.
El Centro de Capacitación Profesional, reconocido tanto por las autoridades educativas argentinas como alemanas, es un programa dual que conjuga capacitación teórica en la institución con experiencia laboral en las empresas.
Además cuenta con la participación y el apoyo de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana (CADICAA).
El complejo del Instituto Ballester en San Martín 444. (Foto: Instituto Ballester)
fundaba la Deutsche Schule Bariloche, que en 2007 festeja su primer siglo de vida. En 1910 le seguía
la Humboldt-Schule, y en 1912 la Escuela Alemana en Dock Sud. Su objetivo era educar a los hijos
de los inmigrantes alemanes que trabajaban en la compañía de electricidad del puerto. A esos institutos se sumaban escuelas con materias en alemán en todas las grandes ciudades argentinas como
Rosario, Bariloche, Córdoba y Mendoza.
En los años de la Primera Guerra Mundial se interrumpió el interés por este tipo de enseñanza,
pero con la fundación del Instituto Ballester en 1922 se retomó el contacto. Le siguieron el Colegio
Lanús Oeste (1925), la Escuela de Munro (1928) y en 1934, ya en los albores de la Segunda Guerra
Mundial, que dividiría también a la colonia alemana, la Asociación Cultural Pestalozzi.
Según datos de 2006 relevados por la Comunidad de Trabajo de las Asociaciones Escolares ArgentinoAlemanas (Arbeitsgemeinschaft Deutscher Schulen in Argentinien), actualmente funcionan cerca de 26
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Colegio Goethe
El centenario Colegio Goethe, fundado en 1897 como escuela de varones, respondió a la necesidad de
Escuela Hölters
Creada en 1931, la Escuela Hölters fue fruto de la inquietud del inmigrante y profesor alemán Hermann
la colectividad alemana, que por entonces contaba sólo con el colegio parroquial protestante en el centro
Hölters, quién estableció un internado en la localidad de Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires, y fundó en
de Buenos Aires. Se inició con sólo ocho alumnos, pero creció rápidamente. En 1907 se fusionó con la
ese año la escuela que hoy lleva su nombre.
escuela de señoritas de la Srta. Liebau y pasó a ocupar su histórico edificio en la calle Virreyes (hoy José
Son sus objetivos la formación de personas libres, capaces de elegir y actuar con responsabilidad y autono-
Hernández). Para 1922 el colegio contaba con planes de estudio alemanes y con el permiso de otorgar el
mía en un clima de libertad, respeto y autenticidad. Esto permite a todos sus miembros crecer en la creativi-
título de bachillerato alemán (Abitur). En 1927 se fusionó con la Germania Schule, y en 1931 adoptó el
dad, desarrollando conductas democráticas, solidarias y respetuosas del medio ambiente, promoviendo la inser-
nombre Goethe Schule.
ción de la Argentina en la cultura internacional.
Los avatares de la Segunda Guerra Mundial originaron la confiscación y el cierre del colegio. Pero en
La institución tiene una sede en la calle Libertad, donde funcionan el Jardín de Infantes y la Educación
1950 volvió a funcionar al fundarse la Norte Schule en Martínez. Nueve años más tarde egresaban nuevamen-
Primaria Básica, y otra sede en la calle Independencia, donde desarrollan sus actividades la Educación
te bachilleres argentinos hasta que en 1960 el gobierno argentino devolvió el edificio de Belgrano. En 1962 se
Secundaria Básica y los Polimodales, cuyos alumnos egresan con los títulos de: Bachiller Polimodal en
recibieron nuevamente bachilleres alemanes. Finalmente, y gracias a la colaboración del gobierno alemán y el
Economía y Gestión, en Humanidades y en Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y Bienes y Servicios con
esfuerzo de la comunidad de padres, el colegio se mudó en 1989 a su nueva sede en San Isidro. Allí logró uni-
Trayectos Técnicos Preferenciales en Electrónica (TTP).
ficar su propuesta escolar y ofrece hoy educación en los niveles de Jardín de Infantes, Educación General
Básica (EGB) I y II y Educación Polimodal a 1414 alumnos.
En 2006 se inició junto con la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana el programa de capacitación dual en Mecatrónica (Mecánica y Electrónica). El curso de dos años de duración incluye módulos de
capacitación teórica, que se alternan con la práctica dictada en las empresas argentino-alemanas adheridas.
El nuevo edifico del Kindergarten del Colegio Goethe, en Lomas de San Isidro. (Foto: Nico Pérez)
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El complejo de la Escuela Hölters, en la calle Independencia. (Foto: Escuela Hölters)
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Colegio Pestalozzi
Instituto Primo Capraro (San Carlos de Bariloche)
El Colegio Pestalozzi es parte de la Asociación Cultural Pestalozzi, una organización sin fines de lucro, fundada en 1934 por Ernesto Alemann, editor del diario liberal Argentinisches Tageblatt, y, entre otros, por el
“Más tarde visité la escuela alemana, donde me esperaba una docena de inmigrantes alemanes, gente de
industrial Alfredo Hirsch, con el objetivo de crear un lugar de educación libre y humanista en clara oposición a
la misma estirpe que yo había visto en mi país y que yo tanto quería. Me sorprendió ver en este pequeño esta-
la ideología imperante en esa época en Alemania.
blecimiento que junto al retrato del emperador Guillermo había uno de Lutero, a pesar de que un tercio de los
A 73 años de su creación, los valores fundacionales del Colegio Pestalozzi siguen arraigados y vigentes. Su
alemanes eran católicos. Los sentimientos nacionales habían cedido frente a los religiosos y Lutero había sido
objetivo es brindar una formación de excelencia, en la que se articulan los valores humanistas, pluralistas y soli-
aceptado como un representante más de los grandes pensadores alemanes que querían que sus hijos recuerden.
darios con los perfiles científico-técnicos requeridos por los desafíos de la época. Cultura, humanismo y tecnolo-
También había en esta escuela una buena biblioteca, cuyos libros eran, naturalmente, todos alemanes. Era la
gía constituyen así el pivote estratégico de su misión. Bajo el lema de encuentro de culturas se propone que el
única biblioteca del pueblo.”
alumno ponga en práctica la comprensión y aceptación de la diversidad, la tolerancia, el contacto respetuoso, la
solidaridad ante las desigualdades y la solución pacífica de los conflictos que puedan manifestarse.
El Colegio Pestalozzi, situado en el barrio de Belgrano, tiene en la actualidad 995 alumnos y cuenta con
nivel inicial, primario y secundario. Sus alumnos egresan con el título de bachilleres bilingües en Ciencias y
Letras y también pueden cursar el Bachillerato Internacional Bilingüe.
Resulta una de las tantas ironías de la historia que fuera justo un ex presidente norteamericano el que, a
sólo un año de la Gran Guerra, resumiera con estas pocas palabras el tipo de enseñanza que la Deutsche
Schule Bariloche (hoy Instituto Primo Capraro), intentó fomentar desde sus inicios.
Claro que, para cuando Theodore Roosevelt la visitó, la escuela no era más que un galpón. Un maestro, un
aula y quince alumnos con sus padres con más ambición que recursos, trataban de preservar aquí algo de la
cultura alemana en un entorno que todavía tenía muy poco de urbano.
Quizás fue esa ambición la que despertó la admiración de quien había sido uno de los personajes más
El Colegio Pestalozzi, en el barrio de Belgrano, instruye hoy a 995 alumnos. (Foto: Nico Pérez)
importantes de su época. Roosevelt –quien no fue pariente de Franklin Delano Roosevelt (FDR)– viajó a la
Patagonia en 1913. Tras dejar la presidencia en 1909, pensaba disfrutar aquí de uno de sus más queridos
pasatiempos: la vida silvestre y las actividades al aire libre como la caza y la pesca. Pero, según delatan sus
memorias, entre las experiencias que más recordaría figuró también la visita a esta institución de educación
alemana, que en 2007 festeja su primer centenario.
Fundada el 20 de enero de 1907 como Deutsche Kirchen- und Schulgemeinde, la pequeña escuela alemana del Nahuel Huapi enriqueció desde sus comienzos la incipiente vida cultural de este, por entonces
apartado, rincón del planeta. La cantidad reducida de alumnos en las primeras décadas de su existencia es
un reflejo del lento crecimiento de la aldea y la situación económica de sus habitantes, que, en palabras de
uno de los hijos del maestro Lührs, muchas veces pagaban con leña, leche y queso la enseñanza de sus hijos.
En 1927 la escuela tiene como director y maestro al escritor Max Tepp, cuya estadía en la región influyó
fuertemente en su obra posterior. Libros como Tanahuen, la indiecita del Nahuel Huapi (Die Indianerkinder
in der Löwenhöhle, 1933), que relata las andanzas de dos niños indígenas en la zona del Nahuel Huapi, y
Árboles y Arbustos de la Cordillera Patagónica (Bäume und Blumen am Nahuel Huapi, 1936) pretendían
acercar a los alumnos de las escuelas germano-argentinas a su entorno americano. Todavía hoy su lectura
conmueve a niños y jóvenes.
En los años 1944 y 1945 una nueva guerra mundial, que termina en lugares lejanos, arroja su sombra
sobre la pequeña escuela alemana del pueblo y ésta cierra sus puertas mediante el Decreto 7032 del
Gobierno Nacional.
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Pero los antiguos habitantes de habla alemana junto con una nueva inmigración, que atraída por las belle-
Un año de intercambio - Nico de Pro
zas del lugar y las oportunidades económicas llega a partir de la década del 30 y continúa llegando hasta
entrada la década del 60, vuelven a fundar la escuela en 1953. Remontándose a los comienzos de la historia
europea de la región, eligen como nombre el del pionero italiano Primo Capraro, quien, casado con una alemana, Rosa Meier, fuera uno de los pilares en la dura etapa inicial de la historia de la escuela. Y como si crecer
al ritmo de la ciudad fuese su destino, la escuela alemana inauguró en 1980 el nivel secundario y en 1993 el
nivel terciario. Los pocos alumnos de habla alemana de comienzos del siglo XX se convierten hacia fines de
siglo en más de 1.000 alumnos de los más diversos orígenes, inaugurando una nueva y fascinante etapa en la
transmisión de cultura alemana en este rincón del planeta.
En el año 2006 el Instituto Primo Capraro abre un espacio para el aprendizaje de su propio pasado en
relación al caso Priebke, y proyecta la película-documental Pacto de Silencio con la presencia de su director,
Carlos Echeverría, con el objetivo de mostrar a la opinión pública que trata el pasado en forma responsable y
con orientación al futuro. Con el legado de estos cien años de historia la escuela alemana, hoy Instituto Primo
Capraro, busca aprovechar la herencia de sus fundadores: ser un puente entre las culturas. Para ello, y a través de
un constante contacto con Alemania en forma de capacitaciones docentes, intercambios estudiantiles y un amplio
programa de pasantías, los docentes han creado un entorno de aprendizaje innovador, en donde aprender es debatir
ideas, reflexionar críticamente, ser tolerante ante las diferencias y solidario con las necesidades de la comunidad,
aprender con todos los sentidos, trabajar en equipo y ser abierto hacia otras culturas.
Lejos quedó esa primera etapa de la escuela fundada por padres alemanes para mantener su cultura europea. “Con nuestra lengua desaparece o permanece nuestra identidad alemana”, decían los colonos. Hoy, con
una nueva identidad en marcha, la escuela es consciente de que cada idioma aprendido nos abre un nuevo
mundo, enriquece nuestras percepciones, establece nuevos vínculos hacia nuevas culturas y aumenta nuestras
posibilidades profesionales. La identidad europea del Instituto Primo Capraro cumple hoy una función no tan
alejada de la de sus inicios, que es la de enriquecer una comunidad con diversidad cultural.
La Deutsche Schule (Instituto Primo Capraro) en San Carlos de Bariloche. (Foto: Inst. Primo Capraro)
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En su año de intercambio en
Alemania, Nico de Pro no se
quiso perder la oportunidad de
rendirle homenaje a uno de los
grandes protagonistas de la
amistad argentino-alemana:
Juan Manuel Fangio.
Su estatua se ubica enfrente del
nuevo Museo Mercedes, en
Stuttgart. Una réplica se encuentra también ante el edificio de la
empresa en Buenos Aires.
(Fotos: gentileza fam. de Pro)
El mecenas intelectual
Félix Weil
Nacido en Buenos Aires, Félix José Weil (1898-1975) era el heredero natural de la compañía
cerealera Weil Hermanos, de considerable gravitación en el mercado internacional de granos entre 1890
y 1920 junto con Bunge y Born y Louis Dreyfus. Su padre Hermann Weil (1868-1927) fundó la firma
con sus hermanos en Buenos Aires. Provenía del mercado triguero alemán de la ciudad Mannheim al
igual que su competidor, Alfredo Hirsch, gerente general de Bunge y Born. Hermann Weil modernizó el
mercado argentino de trigo, al introducir la medida del gluten, el peso de 78 kilogramos para 100 litros
de trigo y un porcentaje máximo garantizado de otros elementos. Así, el trigo argentino se integró al
mercado internacional. La compañía cerealera Weil Hermanos fue disuelta en la década de 1920.
Antes de la Primera Guerra Mundial, Hermann Weil se trasladó a Berlín donde frecuentó al
Kaiser, Guillermo II, y fue Consejero del Gobierno Imperial durante la guerra. Influyó en el Kaiser
para que en el frustrado acuerdo de paz con Gran Bretaña, ésta le cediera a Alemania las Islas
Malvinas, cuyo destino posterior habría sido el traspaso a la Argentina.
Hermann Weil dispuso que su hijo Félix, tras pasar su niñez en Buenos Aires, estudiara en un colegio
secundario y en una universidad alemana. En la Universidad de Tübingen, Félix Weil se acercó a las corrientes filosóficas del marxismo histórico. Ajeno a los negocios, convenció a su padre de que, en 1924, dotara
a su Instituto de Investigaciones Sociales en la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt a. M.
con un aporte que asegurara su funcionamiento. El Instituto atrajo a intelectuales de la misma orientación
que Félix Weil, entre ellos a Georg Lukács, Karl Korsch, Karl August Wittfogel, Friedrich Pollock, Max
Horkheimer,Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Leo Löwenthal y Walter Benjamin.
Tras el asalto del nazismo al poder, el Instituto continuó su actividad en Nueva York y se
reestableció en Frankfurt en 1950. Félix Weil, residente en los Estados Unidos, mantuvo el contacto
con su creación. A partir de la revuelta estudiantil de París, en 1968, la llamada Escuela de
Frankfurt (Frankfurter Schule), ejerció una influencia significativa en el ideario de la época, en particular mediante Herbert Marcuse, portaestandarte del marxismo.
Por su parte, Félix Weil, después de su doctorado con el profesor Adolph Weber en la Universidad de
Frankfurt en 1920, regresó a Buenos Aires, donde observó las condiciones del movimiento sindical argentino.
Weil fue amigo personal de quienes forjaron la política económica argentina en los años 30,
encabezados por Raúl Prebisch, Ernesto Malaccorto y Máximo J. Alemann. Fue consultado para la
redacción del decreto reglamentario de la ley sobre el impuesto a los réditos, actualmente impuesto a las
ganancias, al que contribuyó con sus conocimientos sobre los mercados de granos.
Ya retirado en los Estados Unidos, Félix Weil publicó en 1944 un libro sobre la
Pág. anterior: Miembros del
grupo que frecuentaba Félix Weil
(de pie, 2º de la der.). Entre ellos
Friedrich Pollock (de pie, 2º de la
izq.) y Georg Lukács (de pie, 4º
por la izq.) (Foto: gentileza Institut
für Sozialforschung Frankfurt)
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Argentina bajo el título en inglés Argentine Riddle, en el cual describe al país y sus
problemas, siempre enigmáticos para los extranjeros. En los últimos años de su
vida, Weil fue testigo de la influencia que la escuela de pensamiento que había sido
creada gracias a su mecenazgo ejerció entre los intelectuales rebeldes de Europa y
de los Estados Unidos.
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El Instituto Ibero-Americano
Investigación, información,
ciencia y cultura desde Berlín
El Instituto Ibero-Americano Fundación
Patrimonio Cultural Prusiano (Ibero-
Amerikanisches Institut Preussischer
Kulturbesitz) representa un ejemplo único de continuidad institucional al servicio del intercambio
científico e intercultural con Iberoamérica. Estrechamente vinculado a la Argentina desde su origen,
es también un importante actor en las relaciones bilaterales. Cuando en 1927 el erudito argentino
Ernesto Quesada, quien a lo largo de su vida había construido sólidos vínculos académicos y personales con Alemania, donó su biblioteca particular de más de 82.000 volúmenes a Prusia, Estado de la
entonces República de Weimar, acompañó tal obsequio con una condición no menor: los libros deberían servir como simiente de una institución encargada de cultivar las relaciones intelectuales entre
Alemania y América Latina.
El Instituto Ibero-Americano (IAI) fue inaugurado en Berlín, el 12 de octubre de 1930. Su primer director fue Otto Boelitz, ex-Ministro de Cultura y Educación de Prusia. Los planes elaborados
para la institución preveían el establecimiento de departamentos divididos por países y dirigidos por
especialistas de diferentes disciplinas, que realizarían tareas de investigación y llevarían adelante un
programa de publicaciones. Entre las actividades figuraba, además, el apoyo a los artistas y científicos
latinoamericanos residentes en Alemania.
Pero, como tantas otras instituciones de la época, también los primeros pasos del IAI se vieron restringidos tanto por los problemas presupuestarios derivados del derrumbe económico de esos años, como
por el terror del nacionalsocialismo. En 1934, Wilhelm Faupel, un general retirado que había actuado
como asesor militar en la Argentina y en Perú, se hizo cargo de la conducción. Durante su gestión el IAI
actuó al servicio del régimen nazi. Produjo escritos
propagandísticos para el exterior y mantuvo estrechas relaciones con grupos simpatizantes. No obstante, el trabajo científico y bibliotecario continuó
Pág. anterior: la Villa Siemens,
ubicada en el barrio de
Lankwitz, Berlín, fue la segunda
sede –de 1942 a 1976– del
Instituto Ibero-Americano, que
además es parte de la
Fundación Patrimonio Cultural
Prusiano, desde 1962.
desarrollándose con relativa
autonomía en forma paralela
a la estrategia de Faupel.
Finalizada la guerra, el
Instituto pudo sobrevivir
como Biblioteca
Derecha: el primer director del
Instituto, Otto Boelitz, desempaca
con sus colaboradores los libros
que llegaron de la Argentina, en
1930. (Fotos: IAIPK)
Latinoamericana, bajo la
conducción de las autoridades municipales de
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Berlín. Su nombre reflejaba la restricción de sus funcio-
dos temáticas: “Las relaciones entre Europa y América Latina en el pasado y en el presente” y
pronto comenzaron a revitalizarse las actividades científi-
“Construcciones de identidad en América Latina: estrategias de diferenciación y apropiación”. Para
cas y el intercambio cultural, y en 1954 el IAI volvió a
el caso argentino, los trabajos incluyen investigaciones sobre la circulación de conocimientos entre
alcanzar resonancia pública con la exposición Argentina
Alemania y la Argentina, sobre la construcción de la identidad de los inmigrantes de origen alemán
en el libro y la imagen. Finalmente, al cabo de cuatro
en la Argentina y sobre las relaciones bilaterales.
años, el Instituto logró recobrar su nombre original cuan-
En el contexto de la cooperación científica el IAIPK organiza regularmente coloquios científicos,
do fue incorporado a la Fundación Patrimonio Cultural
simposios y congresos internacionales. Cuenta, además, con un programa de becas, que permite apo-
Prusiano y se transformó en el IAIPK actual.
yar de ocho a diez proyectos por año para que los investigadores del exterior puedan acceder a los
En la actualidad la institución constituye el principal centro de información sobre América Latina,
El interior de la sede actual. El IAIPK se mudó en 1977 a este
moderno edifico ubicado en la Potsdamer Straße, en el centro
de Berlín. Los usuarios cuentan allí con las más avanzadas
tecnologías para su trabajo de investigación. (Foto: IAIPK)
Desde una perspectiva más general, las investigaciones llevadas a cabo en el IAIPK se centran en
nes a las de una biblioteca especializada. Sin embargo,
volúmenes y a las colecciones que se conservan en Berlín.
Las investigaciones realizadas en el IAIPK se reflejan en una oferta de publicaciones. Entre ellas
España y Portugal para los países de habla alemana.
figuran las series Biblioteca Ibero-Americana y Biblioteca Luso-Brasileira, que están dedicadas a los
Además, cuenta con la mayor colección europea de
estudios monográficos y multidisciplinarios. Por su parte, las Ibero-Analysen, contienen informaciones
materiales sobre la región, gracias al trabajo continuo a
de actualidad sobre la evolución política, económica, social y cultural de la región. Sin olvidar a las
lo largo de más de setenta y cinco años de completar y
Ibero-Bibliographien, que ofrecen selecciones bibliográficas, y la serie Ibero-Online.de, en la que se
actualizar sus existencias por medio de compras, canjes
publican conferencias y aportes a coloquios en el IAIPK. La oferta se completa con la edición de tres
y donaciones. No obstante, su característica principal
publicaciones periódicas: la revista Iberoamericana. América Latina–España–Portugal (literatura,
sigue siendo la integración de servicios de biblioteca,
historia y ciencias sociales), el anuario Indiana (estudios sobre los pueblos, los idiomas y las culturas
actividades culturales y tareas de investigación. Los
indígenas de América del Sur y Mesoamérica) y la Revista Internacional de Lingüística
volúmenes sobre la Argentina incluyen, por ejemplo,
Iberoamericana (aportes sobre los idiomas ibéricos y criollos).
59.000 libros publicados en Buenos Aires, más de
Por su parte, el centro cultural del Instituto desarrolla un programa de eventos culturales, que
3.400 revistas en total, incluidas 563 suscripciones
incluyen veladas literarias, exposiciones, cine, simposios y conferencias. Un hito en ese sentido fue la
activas, 8.000 mapas, 2.500 grabaciones de sonido y
realización del Festival Berlín-Buenos Aires en 2004, que celebró los diez años de hermanamiento
más de 220 videos y DVDs. En la biblioteca se guardan
entre las capitales de la Argentina y Alemania. Coordinado por el IAIPK y contando con la partici-
colecciones únicas como la Biblioteca Criolla, un conjunto de más de 2.000 folletos de literatura popular
pación de numerosas instituciones y artistas de Buenos Aires y Berlín, el evento presentó un abanico
argentina (1880-1920), reunidos por Robert Lehmann-Nitsche, y una colección de más de 120 revistas
de actividades integradas en un programa de reflexiones cruzadas, logrando así una amplia repercu-
argentinas de teatro. A ello se suman importantes legados documentales vinculados con la Argentina, entre
sión en ambas metrópolis simultáneamente.
los que se destaca el de Roberto Arlt y los archivos del Argentinisches Tageblatt. Los materiales de la
Es, por lo tanto, mediante esta combinación única entre centro de información, de investigación y
biblioteca no sólo son accesibles en Berlín, sino también en el resto de Alemania y en el extranjero a través
de cultura que el Instituto se propone seguir actuando también en este nuevo siglo XXI para poder
del servicio de préstamos interbibliotecarios o del servicio de suministro directo de documentos SUBITO.
cumplir con el legado de Ernesto Quesada: ser catalizador del diálogo entre la Argentina y Alemania.
71
La prensa en guerra
Cómo el Argentinisches Tageblatt y
el Deutsche La Plata Zeitung
reflejaron la división de la comunidad
alemana en torno al nacionalsocialismo
Los medios reflejan los signos vitales
de la comunidad. En tal sentido se
puede decir que a principios del siglo
XX la comunidad alemana en la
Argentina gozaba de excelente salud.
El Deutsche La Plata Zeitung
informaba desde 1884 sobre los acontecimientos más importantes de la Alemania imperial. Cinco
años después de su aparición le siguió otro diario con una línea más liberal, el Argentinisches
Tageblatt, fundado por el inmigrante suizo Johann Alemann. No obstante, la realidad política europea
no tardó en profundizar las diferencias entre ambas publicaciones.
Rápidamente el La Plata Zeitung comenzó a ser percibido como el órgano por excelencia para los
alemanes que residían en la Argentina y se identificaban con los ideales de la Alemania imperial de
Bismarck y de Guillermo II. Por su parte, el Tageblatt –como lo llaman sus lectores hasta el día de
hoy– mantuvo la línea progresista de sus fundadores. No se ocupaba sólo de temas alemanes, sino que
comentaba incluso, críticamente, la actualidad política argentina. En poco tiempo los dos diarios se
convirtieron en los líderes de opinión de una comunidad que crecía.
Las diferencias quedaron en suspenso con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Tanto el
Deutsche La Plata Zeitung como el Argentinisches Tageblatt se volcaron a defender ante la opinión pública argentina la posición de la alianza formada por la Alemania imperial, Austria,
Hungría y –en un principio– Turquía. Para contrarrestar la influencia de la propaganda de guerra
impulsada por Gran Bretaña y Francia, los diarios alemanes
de la Argentina publicaron ediciones en español. Pero con la
derrota alemana aquella unión mediática se quebró.
Las diferencias políticas volvieron a florecer, pero de
forma más radicalizada. El debate, cada vez más pronunciado, se acentuaba con la llegada de una nueva ola de
inmigrantes, provenientes de una
Pág. anterior: las tapas del
Argentinisches Tageblatt y el La
Plata Zeitung se diferenciaban
desde un principio en el tono
con el que reflejaban la actualidad alemana. (Fotos: Nico Pérez)
Alemania inmersa en la miseria de la
Derecha: en Alemania, el
Argentinisches Tageblatt fue prohibido por orden del Gobierno.
(Foto: gentileza IAIPK)
la República de Weimar. Esa discu-
posguerra. Los medios alemanes de la
Argentina terciaron en la discusión
central que encendía los ánimos en
sión se reducía a preguntas muy
simples: ¿Monarquía o
Derecha: el Embajador alemán,
Edmund Freiherr von Thermann, al
ingresar a la Casa Rosada para presentar sus Cartas Credenciales, en 1933.
Abajo: reunión de miembros de la filial
del Partido Nacionalsocialista (NSDAP)
en Buenos Aires, en el Luna Park.
(Fotos: AGN)
República? ¿Un modelo de Estado basado en los valores tradicionales o en los del cambio liberal?
La depresión de 1929 y la posterior crisis económica con sus millones de desocupados definió
la pregunta y la suerte del primer experimento democrático de Alemania: las elecciones de 1933
llevaron al Partido Nacionalsocialista (NSDAP) al poder. Su líder, Adolf Hitler, fue nombrado
Jefe de Gobierno.
Su asunción trajo aparejada la unificación (Gleichschaltung) de todos los medios de prensa. La
oposición intelectual se vio obligada a expresar sus opiniones en el exterior. Buenos Aires y el resto
de la Argentina se convirtieron en uno de los pocos lugares, en los que ambos bandos encontraron
la plataforma para lo que vendría: el debate entre el diario nacional-conservador Deutsche La
Plata Zeitung y su contrapartida liberal Argentinisches Tageblatt, que desembocó en una suerte de
guerra mediática.
El Tageblatt se caracterizó, desde un principio, por una línea clara y directa: con notas y titulares
provocativos denunciaba a los nacionalsocialistas. Tildaba al Gobierno de Hitler de “sociedad de criminales”. Sus miembros eran considerados “piromaníacos, asesinos y corruptos”. El Ministro de
Propaganda, Joseph Goebbels, era denominado germano atrofiado y patizambo (klumpfüßiger
Schrumpfgermane). Tampoco el jefe se salvaba, Hitler. El Tageblatt publicaba regularmente ácidas
caricaturas del máximo gobernante alemán.
Las consecuencias no se hicieron esperar: por orden del Gobierno de Berlín, se prohibió la difusión del diario germano-argentino en Alemania. En 1936, la Universidad de Heidelberg le retiró a su
editor, Ernesto Alemann, el título de doctor que le había otorgado. Además, fue llevado a juicio y
objeto de un boicot de publicidad. Sin embargo, la estrategia no tuvo éxito. La emigración a la
Argentina de opositores del régimen y de cada vez más judíos alemanes le proveían al Tageblatt de
una clientela creciente. Los recién llegados se identificaron con el diario y otras publicaciones opositoras como Das Andere Deutschland y el semanario judío Jüdische Wochenschau.
A pesar de ello, el Deutsche La Plata Zeitung siguió siendo el diario alemán de mayor tirada en la
región del Río de la Plata. Aunque no llegó a convertirse en un órgano de difusión del régimen nacionalsocialista, como lo hizo el panfleto Der Trommler también publicado en la Argentina, sí en cambio
se encolumnó en la promoción de la ideología del Tercer Reich. En períodos de crisis aceptó incluso
ayuda financiera directa de la Embajada Alemana, cuyo titular era entonces Edmund von Thermann
(1933-1942).
El Deutsche La Plata Zeitung intentó por largo tiempo difundir una imagen positiva del régimen
que se estaba instalando en Alemania. Destacaba como logros de los nacionalsocialistas la disminución de la desocupación, el crecimiento económico y la estabilidad política. A su competidor directo, el
Tageblatt, lo ignoraba por completo.
El ambiente de animosidad se trasladó de las páginas de los diarios a la realidad de una comunidad
alemana que se dividía entre socialistas y liberales, por un lado, y los que propagaban su preferencia
nacionalista, por el otro. Cada uno tenía su diario, su teatro, sus escuelas, sus asociaciones y sus clubes.
Fue por el llamado affaire Patagonia que la opinión pública argentina tomó nota de esa profunda
división. En marzo de 1939 el Tageblatt publicó un presunto informe secreto del Gobierno de Hitler
75
para colonizar la Patagonia. La prensa argentina no tardó en
último número se editó un día de octubre de 1944, que más tarde llegaría a tener otro significado
tomar en cuenta la noticia y en exigir al Gobierno del Presidente
para la Argentina: el 17 de octubre.
Roberto M. Ortiz una respuesta enérgica a semejante anhelo. La
La lucha encarnizada en el seno de la comunidad alemana en la Argentina tuvo consecuencias.
presión culminó con medidas contra los seguidores de los nacio-
La división se mantuvo. A un año de finalizar la guerra apareció el diario Freie Presse. El nuevo
nalsocialistas en el país. Entre ellos, la sucursal del NSDAP, que
periódico se convirtió en el heredero natural del desaparecido Deutsche La Plata Zeitung. Al poco
había sido fundada en 1931, como una de las primeras fuera de
tiempo ya era, según los datos de la época, el diario alemán de mayor tirada en el extranjero. Sin
Alemania. Esa filial del partido nazi llegó a contar con 2.000
embargo, sufrió pronto el mismo problema que su competidor, el Argentinisches Tageblatt: la canti-
miembros y realizó actos masivos en diversos centros, entre ellos
dad de lectores disminuyó abruptamente al comenzar a reducirse la afluencia de inmigrantes ale-
el Luna Park porteño.
manes. Al no contar con una clientela fija y fiel y atravesando tiempos difíciles el Freie Presse se
Al poco tiempo se descubrió, sin embargo, que el informe
vio obligado a cerrar. Desde 1977 el Argentinisches Tageblatt es el único medio que se publica en
secreto era falso. Se descubrió que el Tageblatt se había basado
idioma alemán en la Argentina. Su dirección está hoy a cargo de la cuarta generación de descen-
en informaciones provistas por un falsificador recurrente. El La
dientes de Johann Alemann.
Plata Zeitung celebró el traspié del competidor. No obstante, la
desconfianza y el temor ante una quinta columna proveniente del
Tercer Reich estaban sembrados.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial –en septiembre de
1939– catapultó la polarización a un nuevo nivel. Buenos Aires se
convirtió en un campo de batalla de los servicios secretos de los
dos bandos beligerantes. Británicos, norteamericanos, alemanes,
todos intentaron influenciar a la opinión pública local en su favor
a través de la prensa, la radio y el cine.
El Deutsche La Plata Zeitung festejaba los éxitos del ejército alemán sin tapujos y llegó a calificar a la campaña en
Arriba: mientras que el
Argentinisches Tageblatt (arriba)
no dudaba en ironizar la figura de
Adolf Hitler, el La Plata Zeitung
publicaba anuncios afines al régimen nacionalsocialista.
Página siguiente: la diferencia
entre ambos medios se reflejó,
como pocas veces, en la tapa
que cada uno publicó después
de la Noche de los Cristales, el 9
de noviembre de 1938 (Fotos:
Nico Pérez / Diarios gentileza de
Biblioteca Nacional).
Francia y a la ocupación de París “la mayor victoria de la historia humana”. El
Argentinisches Tageblatt, en cambio, comenzaba a describir las derrotas alemanas. Entre las primeras figuró la autodestrucción del acorazado de bolsillo Graf
Spee en la desembocadura del Río de la Plata en 1939.
Por su parte, el Gobierno argentino comenzó a seguir con más atención la situación dentro de la comunidad alemana. Creó a tal fin una comisión para la investigación de actividades antiargentinas. A pesar de ello, la prensa alemana no sufrió efecto
alguno. Esto no cambió tampoco tras el golpe de Estado en junio de 1943, protagonizado por el general Arturo Rawson contra el Gobierno de Ramón S. Castillo.
La neutralidad argentina siguió vigente hasta que en 1944 la Casa Rosada,
ya entonces bajo el mando de otro militar, el General Edelmiro J. Farell, se vio
obligada por presiones de Gran Bretaña y Estados Unidos a suspender las relaciones diplomáticas con Alemania. El 27 de marzo de 1945 la Argentina le
declaraba la guerra a un régimen nacionalsocialista, al que le quedaban sólo días.
Para entonces, en la Argentina la guerra mediática ya tenía un vencedor: el
Argentinisches Tageblatt. El Deutsche La Plata Zeitung había sido prohibido. Su
76
Holger M. Meding
Una visita única
La llegada del Graf Zeppelin
marcó el fin de una época
Llegar a la Argentina desde el Viejo Mundo exigía a
principios de 1930 una travesía en barco que duraba
más de dos semanas. A ellas se les sumaban las horas, y a veces los días, que demandaba acceder
al puerto de embarque.
Por otra parte, los vuelos de larga distancia seguían siendo un reto para los aventureros. Pocos
años antes, en 1927, Charles Lindbergh había cruzado el Atlántico en su legendario avión Spirit of
St. Louis. Tres años más tarde, una aeronave del tipo Dornier Do-15, piloteada por Wolfgang von
Gronau, unía la ciudad de Warnemünde, en el Norte de Alemania, con Nueva York.
A pesar de que las primeras aerolíneas comenzaban a levantar vuelo, la aviación intercontinental
de pasajeros se encontraba en sus inicios. Entre ellas, la Deutsche Lufthansa Aktiengesellschaft, fundada en 1926, se preparaba para comercializar los destinos más alejados con vuelos regulares de servicio postal: Asia y América Latina. Lo propio hacían los franceses Pierre-Georges Latécoère y
Marcel Bouilloux-Lafont, creadores de la mítica línea Aéropostale, entre cuyos pilotos figuraban hombres como Antoine de Saint-Exupéry o Jean Mermoz.
No obstante, para aquellos que querían cruzar el Atlántico con algo más que un equipaje de
mano, el barco seguía siendo la opción obligada.
No es difícil imaginarse entonces el asombro y la expectativa que causó la aparición de la plateada estructura del dirigible LZ 127 Graf Zeppelin en los cielos de Buenos Aires, el 30 de junio de
1934, a las seis de la mañana. La “ballena voladora”, como la llamaron algunos de los que la vieron
pasar, por sus 236,6 metros de largo y 30,5 metros de diámetro, venía en vuelo oficial desde la ciudad de Friedrichshafen. Representaba la esperanza de poder establecer, finalmente, un servicio regular
aéreo para trasladar correo y pasajeros entre Europa y la Argentina.
El Graf Zeppelin había sido fabricado en 1928 y ya había cruzado varias veces el océano. Con su
nave hermana, el LZ 129 Hindenburg, había efectuado desde 1932 un servicio quincenal entre
Alemania y Brasil. Sin embargo, para seguir viaje a Buenos Aires necesitaba un puesto de reabastecimiento que contara con la infraestructura necesaria para revisar los motores o reparar algún desperfecto. El problema quedó resuelto cuando los responsables del Zeppelin, entre ellos también su capitán Hugo Eckener, decidieron establecer ese puesto en Río de Janeiro.
El primer viaje al Río de la Plata se convirtió entonces para muchos porteños en el suceso del
año 1934. Desde sus primeras planas los diarios más importantes del país, como La Nación y La
Pág. anterior y siguientes: el Graf
Zeppelín a su llegada a la capital
argentina, en 1934, sobre el centro
de Buenos Aires. (Fotos: gentileza
Fam. Dietl)
78
Prensa, habían hecho lo suyo para aumentar la expectativa. Con varios días de
anticipación habían publicado extensos informes sobre los datos técnicos de la
nave, que era capaz de permanecer más tiempo en el aire que cualquier otra a
motor gracias a su capacidad de carga de 105.000 metros cúbicos de gas. No
79
menos interés generaban las crónicas de sus
El Convenio Comercial de 1934
El Convenio Comercial y de Pagos o Acuerdo de
Mientras tanto –y gracias a la reactivación del intercambio comercial–, la comunidad alemana
vuelos anteriores, los retratos de sus principales
residente en la Argentina crecía. La llegada del Zeppelin prometía incrementar ese bienestar. Traía la
responsables y de sus 26 tripulantes.
esperanza de poder ampliar el todavía limitado margen que presentaba la aviación civil. Sin embargo,
El Zeppelin llegó con las primeras luces de
el sueño no se concretó. En el mismo año, un hidroavión del Sindicato Condor, una subsidiaria de la
Lufthansa, rompió el récord que había establecido el Zeppelin.
Compensación y Clearing complementaba el Tratado de
la mañana a la capital argentina. Como lugar
Amistad, Comercio y Navegación de 1857. Mediante el nuevo
de aterrizaje se había fijado Campo de Mayo.
convenio ambos países se comprometían a que sus importadores
Pero ni la hora ni las frías temperaturas evita-
en transportar su carga postal desde Berlín hasta Buenos Aires. El Zeppelin había tardado siete días.
tuvieran un tipo de cambio no menos favorable que el de los
ron que ya desde la noche anterior el público se
Más aún: los aviones mejoraron su marca el año siguiente. Tardaron sólo tres días y medio.
importadores de cualquier otra nación. El acuerdo argentinoalemán de 1934 permitía a cada país comprar al otro tanto
acercara a las instalaciones militares. Según
A pesar de tener que realizar varias escalas a lo largo de su trayecto, el avión tardó sólo seis días
La majestuosidad del “cigarro”, como se llamaba al dirigible cariñosamente en su patria, había que-
cuentan las crónicas, un coro de 18.000 boci-
dado obsoleta. Lo que pocos intuían entonces en la Argentina era que su desaparición también marcaría
una comisión mixta argentino-alemana, con sede en Buenos
nas de autos estacionados alrededor del lugar
el comienzo del fin de una época. La relación bilateral estaba entrando en una de sus etapas más difíciles.
Aires, encargada de decidir sobre las diferencias de interpreta-
de amarre recibió al Zeppelin cuando, tras
ción que acarrease el convenio. Su objetivo era establecer un
sobrevolar el centro porteño y escoltado por
sistema comercial mediante acuerdos de compensación que, a
siete aviones militares, llegó finalmente a
diferencia del comercio con los países anglosajones, equivalía a
Campo de Mayo. Allí, a las 08.47 horas, tras
como le vendía, pero no más. También estableció la creación de
un trueque sin necesidad de contar con divisas.
La razón principal para este arreglo era la falta de divisas del
Estado alemán. Aunque su efecto fuera reducido para la balanza
comercial –no aumentó significativamente, a pesar de que en 1935
largar parte de su lastre de agua, el dirigible
quedó amarrado a pocos metros del suelo.
Por razones de cronograma su estadía no
el comercio de carnes pudo incrementarse–, el acuerdo tuvo un
duró mucho más que una hora. En ese lapso
efecto secundario no menor. A partir de 1936 los contratos del
se entregaron saludos y distinciones, mientras
gobierno argentino, otorgados a empresas alemanas vinculadas
la tripulación recargaba los depósitos. A
con la construcción, estimularon las exportaciones germanas de
pesar de una presencia tan breve, el esfuerzo
hierro y acero. Hacia 1938 Alemania se había convertido en el
principal abastecedor de estos productos. Las importaciones
argentinas de maquinaria, motores y vehículos provenientes de
realizado para hacer llegar la nave a la
Argentina representaba más que un logro de
Alemania alcanzaron un porcentaje de participación en el total de
la aeronáutica moderna. Era, para muchos,
las importaciones argentinas del 28,6 por ciento, cercano a la
también reflejo del buen momento que atra-
cifra de los norteamericanos, que registraban el 31,5 por ciento,
vesaban las relaciones entre la Argentina y el
mientras que los británicos estaban relegados al tercer puesto con
país germano después de una etapa que había
el 16,3 por ciento.
estado signada por las secuelas de la posguerra. La Alemania de la República de Weimar
había superado los difíciles años de hiperin-
flación y los problemas de la balanza de pagos.
La vuelta a un marco de crecimiento económico y de estabilidad tapaba también los ecos de un
escenario político cada vez más radicalizado. Para una gran mayoría el terror del nacionalsocialismo
era todavía un fantasma demasiado absurdo como para convertirse en realidad. La reactivación económica interna provocada por la política económica del gobierno del entonces Canciller Adolf Hitler
había generado un aumento en la demanda alemana de materias primas y alimentos. El efecto se sintió también en las exportaciones argentinas. El problema de divisas que ello causó al Estado alemán
se solucionó con el Acuerdo de Compensación y Clearing, firmado en septiembre de 1934.
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81
La disputa por el
“alma de Buenos Aires”
El Obelisco casi se
construye dos veces
Su función no era menor: como monumento debía dar testimonio al mundo de los 400 años que habían pasado desde 1536,
cuando Pedro de Mendoza fundó la ciudad de Buenos Aires.
Nada menos. Quizás por ello se lo llegó a proyectar como algo realmente elevado: en un principio iba a
ser un monolito de 162 metros de altura, que luego se redujeron a los no menos imponentes 67,5 metros
de hoy. Pero antes de convertirse en el ícono de la capital argentina, el Obelisco fue, ni más ni menos, la
manzana de la discordia de los porteños. En el centro de la polémica se ubicó un arquitecto de ascendencia alemana con ideas que parecían demasiado avanzadas para la época.
En 1936 la zona céntrica de la capital argentina era testigo del ensanche de la calle Corrientes,
la que todavía tenía doble mano de circulación. Al mismo tiempo, excavadoras y equipos de demolición finiquitaban los preparativos para lo que se convertiría en la Avenida 9 de Julio, que cortaría a
Buenos Aires en dos, separando su corazón financiero, el puerto y el barrio de San Telmo de la coqueta Recoleta y del barrio de Montserrat.
El Intendente Mariano de Vedia y Mitre decidió que fuera en esta intersección de Corrientes y la 9 de
Julio, dos de las más importantes arterias de la ciudad, donde se levantara un monumento conmemorativo
de dimensiones históricas. Se trataba, además, de un lugar doblemente histórico: según los archivos, aquí
había estado empotrado el listón de madera con el cual Pedro de Mendoza había dado cimiento a la ciudad en nombre de España. Siglos más tarde se había levantado, también aquí, la Iglesia de San Nicolás.
Desde su campanario había flameado por primera vez la bandera nacional, el 23 de agosto de 1812.
Sin embargo, la función del Obelisco no era sólo atestiguar el pasado. Con el ensanche de la Avenida
Corrientes y la finalización de obras en la Diagonal Norte se esperaba que la ciudad creciera hacia el
Norte. Desde un punto de vista urbanístico, había que crear una vía de escape que le diera nuevos aires a
Buenos Aires. Como un símbolo pétreo, el Obelisco signaría el proyecto modernista de una
ciudad que buscaba presentarse como una de las más vanguardistas del mundo.
El diseño quedó a cargo del arquitecto Alberto Prebisch. Su padre era un inmiPág. anterior: el Obelisco, en Av.
9 de Julio y Av. Corrientes, se
convierte cada noche en el corazón iluminado de la ciudad de
Buenos Aires.
grante llegado al país desde la ciudad de Dresden. Uno de sus
hijos fue otro Prebisch que alcanzaría también la celebri-
Derecha: las llaves que dan acceso a la escalera, que lleva hasta
la punta de este monumento, de
67 metros de altura. (Foto: AGN)
83
dad: el economista Raúl. El arquitecto Prebisch, nacido en 1899, hizo en sólo dos días la maqueta, convencido de que lo
que se le pedía era que diseñara todo el espacio de lo que sería la Plaza de la República. El resultado fue un conjunto que
se componía de fachadas de diez niveles y una rotonda en un círculo sencillo más el Obelisco.
El diseño se encontró con una crítica feroz. Se lo calificaba de desolador, oscuro y vacío. Los comentarios negativos coincidían en un punto: un monumento nacional no podía tener forma abstracta. También se decía que un monolito
no podía ser hecho en partes ni estar revestido y que, además, era muy alto.
No obstante, según lo recuerdan todavía hoy los especialistas (Cuaderno de Historia N° 9 del Instituto de Arte
Americano) el diseño era coherente con la tendencia urbanística del momento. Además, su forma había sido anticipada
en las discusiones que, según los registros históricos, se habían iniciado en 1905 con motivo de los preparativos para el
Centenario. Allí se había propuesto la construcción de un monolito de piedra de 162 metros de altura.
La discusión llegó a las primeras planas. Prebisch eligió el diario Noticias Gráficas para defender su creación. El 9
de abril de 1936 publicó una carta abierta en la que presentó sus argumentos. Cerró la nota anticipando: “Mi obra, por
sí sola, acabará con todas las objeciones”.
La construcción quedó a cargo de la Siemens-Bauunión, filial de la empresa alemana que venía participando en la realización de importantes obras de infraestructura como, por ejemplo, la ampliación de la red de subterráneos. En el caso del
Obelisco la empresa empleó 31 días para realizar la obra. Usó 680 metros cúbicos de cemento para levantar la estructura
de base, que se cubrió con 1.360 metros cuadrados de piedra blanca calcárea, traída especialmente de San Luis. Ciento
cincuenta obreros trabajaron en doble turno para levantar el monumento, cuyo costo fue de 200.000 pesos de la época.
El impacto favorable que causó el Obelisco cuando se inauguró el 23 de mayo de 1936 en presencia del presidente
de la Nación, Agustín P. Justo, convalidó la enérgica respuesta de Prebisch a sus críticos.
Sin embargo, dos años más tarde se volvía a levantar la polémica. La legislatura porteña llegó incluso a discutir la
demolición del Obelisco. El motivo era el desprendimiento de varias de las placas de piedra desde sus paredes. Sólo el
veto del Intendente frenó la moción. Para acallar los temores, Siemens retiró las placas y pintó la cubierta con pintura
látex, tal como todavía hoy se ve.
Desde aquel momento inaugural los porteños retoman día a día con especial cariño su relación con el Obelisco, defendiéndolo cuando sienten que se lo ridiculiza. La última vez fue el 1° de diciembre de 2005. Para conmemorar el Día
Mundial de la Lucha contra el SIDA el Obelisco amaneció teñido de rosa. Los organizadores lo habían enfundado con un
preservativo gigante, lo que generó no pocas protestas. Un
año más tarde, para festejar sus 70 años, había recobrado
su habitual sobriedad con un vestido nuevo, que demandó
650 litros de pintura. Así se refrescaba el presente de una
presencia urbana insoslayable, que su impulsor, el
Intendente Vedia y Mitre, había definido como “la materialización del alma de Buenos Aires.”
Una vista aérea de la Plaza de la República,
en 1941. (Foto: AGN)
84
El día de inauguración del monumento, el
23 de mayo de 1936, contó con la presencia del Presidente Agustín P. Justo.
(Foto: AGN)
85
“Uno era alemán
y se definía como tal”
El éxodo de los
judíos alemanes
El escritor Roberto Schopflocher llegó a la Argentina en 1937. De ascendencia judía,
emigró junto con sus padres de la Alemania nacionalsocialista. Atrás quedaban fami-
liares, conocidos y recuerdos.También la humillación y la persecución a la que los suyos se vieron expuestos
en aquel país, que aún hoy denomina patria. Agrónomo de profesión, Schopflocher (Fürth, 1923) es uno de
los exponentes de una nueva generación de autores tan alemanes como argentinos. El autor de obras como
Fuego Fatuo o Venus llega al pueblo recuerda aquí la historia que tuvo en común con 35.000 a 45.000
judíos-alemanes, para quienes la Argentina significó el final de una pesadilla y el inicio de un nuevo futuro.
-¿Cómo vivían los judíos la realidad alemana en los primeros años de la década de 1930?
-Déjeme aclarar antes un punto: Uno muchas veces escucha “los judíos” o “la comunidad judía”.
Pero eso no es del todo correcto. Como en toda confesión, también entre los judíos había muchas diferentes corrientes. En el caso nuestro, se trataba de una familia arraigada en lo que llamaría la burguesía
liberal judeo-alemana. Mis padres eran judíos, pero, en general, no lo tematizaban. Uno era primero alemán y se identificaba como tal, por más que fuera alemán, de confesión judía.
Para darle un ejemplo: en 1914, al iniciarse la Primer Guerra Mundial, mi padre se encontraba en
la Argentina como tantos jóvenes alemanes en aquella época, que recorrían el mundo. Pero al estallar la
guerra él no tuvo mejor idea que ir al Consulado para reportarse. Abortó su visita, se embarcó y … terminó el viaje en un campo de detención inglés, en la Isle of Man, en el Mar de Irlanda. Recién después
de la guerra pudo volver a Alemania.
-Alemania es caracterizada muchas veces como la patria de los pensadores, de los filósofos, de los
“Dichter und Denker”. ¿Cómo se explica un intelectual como usted que esa cultura terminara cayendo
en lo más profundo de la barbarie humana?
-Hay muchas explicaciones. Pero, ninguna es convincente.
Para mí, esto sólo prueba que en todos nosotros hay una fuerza
del bien y, otra, del mal, que aflora bajo las condiciones propicias.
Pág. anterior: la amenaza nacionalsocialista se hizo sentir en
cada vez más rincones de la realidad alemana con la llegada de
Hitler al poder. (Foto: gentileza
Horacio Coppola).
Derecha: el escritor Roberto
Schopflocher durante la entrevista (Foto: Nico Pérez)
-¿Cuáles fueron esas condiciones en el
caso alemán?
-Hitler fue un desequilibrado mental, pero
muchas grandes empresas lo apoyaron; al igual
que los anticomunistas, trataron de aprovecharse de él. Luego logró hacerse de millones
87
de seguidores. Eso fue contagioso.También hubo razones externas: la humillación sufrida después de la
ción se calmaría. Mi propia abuela, ingenuamente, llegó a decir: “Si Hitler supiera lo que está pasando,
Primera Guerra, el desempleo y la crisis económica que sobrevinieron a fines de los años 20.También hay
seguro que haría algo para parar esta locura.” Y eso era la opinión de una persona que había tenido una
que recordar que no todos los alemanes eran filósofos, así como no todos los alemanes de aquellos años
educación bastante rudimentaria. Pero, reflejaba la percepción de una gran parte de la sociedad. Los que
participaron de la locura. Es lo mismo que en el caso de la Argentina durante la última dictadura, cuando
emigraron antes de esa noche, pudieron llevarse algunas de sus pertenencias. Después de 1938, emigrar
muchos desviaron la mirada para no tener que ver lo obvio.
significaba muchas veces irse prácticamente con lo puesto.
-Aún así, la pregunta se justifica: ¿Por qué el seguimiento a Hitler fue tan masivo, por qué llegó a
tantos en vez de a unos pocos?
-¿Cuáles eran las opciones? ¿Palestina?
-En nuestro círculo más bien no. El sionismo todavía no era un concepto tan popular por entonces.
-El antisemitismo no era nada nuevo para esa época. Pogromos ya los había habido en Europa desde la
Además, los ingleses habían restringido el ingreso de los inmigrantes judíos a la región. No, la idea era
Edad Media. Se hacía eco de ese odio en los chistes populares de los gentiles, en los proverbios, en las prédi-
trasladarse a algún país limítrofe con Alemania o emigrar a los Estados Unidos. De radicarse en otro
cas de la Iglesia. Incluso los cuentos para niños lo contemplaban, según lo demuestran algunos cuentos de
continente, como América Latina, Nueva Zelanda o Australia todavía no se hablaba. Eso vino más tarde,
los Hermanos Grimm. Como lo describiera alguna vez el escritor Heinrich Heine: los actos de antisemitismo
cuando la mayoría de los países cerraron más y más sus fronteras.
eran como molestas picaduras de mosquitos en una cálida noche de verano. Formaba parte de la vida.
-¿Cómo se percató de ello?
-Fue a principio de los años 30, cuando aparecieron los primeros carteles rojos en las paredes, en las
calles, que llamaban a los actos nacionalsocialistas y advertían: “Juden unerwünscht” (Judíos: indeseados). Eso molestaba.
-¿Molestaba…?
-Si, porque uno sabía que había círculos en los que los judíos no eran bienvenidos. Pero no era
–todavía– nada existencial. Era como en Hamburgo, que no estaba bien visto ser católico (la ciudad de
Hamburgo, se caracterizaba por ser de confesión mayoritariamente luterana-protestante; nota de red.)
-¿Qué otros recuerdos le vienen a la mente cuando piensa en esos años?
-La inscripción con letras de alquitrán en un puente: “Deutschland erwache, Jude verkrache!”
(¡Alemania, despierta; Judío revienta!). También me acuerdo muy bien de aquel 30 de enero de 1933,
cuando en la radio transmitieron la asunción de Hitler como Canciller y Jefe del Gobierno alemán. Yo
tenía nueve años. Obviamente no entendía muy bien lo que pasaba. Pero sí tengo muy presente la cara de
-¿Por qué tuvo que ocurrir un progromo como el de la Noche de los Cristales para que la emigración
mis padres durante la transmisión. Estaban preocupados, y eso se veía.
se convirtiera en un éxodo?
A los pocos meses, el 30 de abril, hubo un boicot a los negocios judíos. Ante cada tienda afecta-
-Dejar todo atrás, todo lo que uno construyó a lo largo de una vida, no es nada fácil. Hay mucho de
da, había hombres vestidos con el uniforme marrón pardo. Les decían a los transeúntes: “Alemanes:
material en ello, pero también mucho de lo emocional. Dejar atrás a la propia cultura, el idioma con el
no compren a judíos”. Ahí fue cuando empecé a sentir, que lo que estaba pasando, estaba dirigido
que uno había crecido, la escuela, el negocio, la posición, los amigos, era y es algo muy difícil.
directamente contra mí.
-¿Los actos de persecución eran tan imperceptibles?
-¿Se notaba ya entonces que el ambiente iba empeorando, que habría más violencia?
-Hay un gran quiebre en lo que respecta a la persecución y a la emigración judía. Esa línea divisoria
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-No se trataba de una persecución letal en ese entonces. Desde 1933 era más bien un tema de restricciones, de sustracción de los medios de vida, que fueron en aumento a partir del 9 de noviembre de
fue la así denominada “Noche de los Cristales”, la noche de los pogromos, cuando los seguidores de
1938. Por entonces, –nosotros ya habíamos salido del país–, se prohibió a los judíos la entrada a lugares
Hitler atacaron y quemaron sinagogas en toda Alemania y condujeron a un gran número de judíos a los
públicos como los parques o los cines. Después se les negó el uso del tranvía. Ya más tarde el Estado les
campos de concentración. Hasta esa fecha muchos afectados se autoengañaban, pensaban que la situa-
sacó el teléfono y les exigió también la entrega de los aparatos de radio. Finalmente, se les echó de sus
89
Ambas páginas: con mirada
argentina: el fotógrafo Horacio
Coppola es uno de los más
reconocidos en su arte en la
Argentina y en Europa. Vivió en
Alemania a principios de los
años 30. Participó allí del
movimiento artístico de la
Bauhaus. Pero aprovechó
también su estadía para
documentar la cara de la otra
Alemania, que estaba al margen
de la política.
(Foto: gentileza H. Coppola)
“Hay que recordar, que no todos
los alemanes de aquellos años
participaron de la locura”,
recuerda Roberto Schopflocher.
casas. Muchos se autotranquilizaban con el argumento que el resto de las naciones, “el mundo
Por otra parte, en la casa de mi tío, donde mi hermano y yo vivimos durante el primer año, todavía se
civilizado”, no iba a permitirlo. Se equivocaron: la suerte de los judíos no le interesaba en lo más míni-
respiraba ese aire de la burguesía liberal que habíamos conocido. Mi tía era oriunda de la ciudad de
mo. Por otro lado, tampoco era tan fácil encontrar un país dispuesto a recibir al emigrante.
Hamburgo, no era judía.
-¿A qué se refiere?
-Como lo expresó en su momento el dirigente sionista Jaim Weizmann: el mundo se dividía entre los
países que se querían sacar a los judíos de encima y aquellos otros, que no los querían dejar entrar.
-¿Volvamos a la diferencia de haber salido antes o después de 1938: Se nota todavía?
-Hoy ya no tanto. Pero, sí existen todavía casos de aquéllos que cortaron con Alemania y no la quie-
-¿Cuando llegaron, pensaron que su estadía en la Argentina duraría un tiempo y después volverían
a Alemania?
-No. Estaba claro que no volveríamos a Alemania.
-¿Eso era común entre aquéllos que venían desde allá?
-Diría que, en gran parte, sí. La norma era poder empezar de nuevo, en una nueva sociedad a la que
ren volver a pisar nunca más. Es comprensible. Resulta muy difícil olvidar cómo, cuándo y dónde le
había que integrarse. Enviar a los chicos a la escuela, ir a la universidad. Era algo muy común. Yo, por
arrancaron al padre, la madre, los abuelos para llevarlos a las cámaras de gas. El caso de mi familia era
ejemplo, estudié Agronomía en Córdoba; mi hermano se recibió de Doctor en Química.
diferente. Nos salvamos a tiempo, a diferencia del tercio de alemanes judíos que fueron asesinados.
-¿Y en el caso de aquéllos que llegaron después de 1938?
-¿Qué sintió cuando su padre dijo: “Nos vamos a la Argentina.”? ¿Era como irse a la luna?
-No para nada. Yo sabía dónde estaba la Argentina por unos parientes que teníamos aquí. Pero,
también entre mis amigos se tenía una cierta idea de qué eran los países de la región.
-Todo fue mucho más difícil. Hasta el año 1936 no era tan complicado encontrar aquí trabajo en el
oficio propio, a no ser que uno fuera médico o abogado. Se encontraban puestos para contador, agente de
seguro, profesor de idioma. Pero, -¡Después…!- algunos que eran abogados llegaron a cargar sus maletines con salchichas, cigarros o corbatas que vendían de casa en casa. Eso, obviamente, no era la regla.
-¿Qué lugar ocupaba la Argentina entre los destinos de emigración de su entorno cuando ustedes
se fueron de Alemania?
Pero sí existía.
Nosotros todavía pudimos traer libros, cuadros, muebles y artículos domésticos. Pero, los que vinie-
-Para darle una idea: en su momento, la Argentina recibía más refugiados judíos per cápita que los
ron después del 1938 sólo tuvieron permiso para llevar consigo modestas valijas y el equivalente a diez
Estados Unidos: Las estadísticas indican que, en total, emigraron a la Argentina entre 35.000 y 45.000
Marcos alemanes. El intento de esconder más le podía significar a uno –en el caso de ser descubierto–
judíos alemanes. No hay que olvidar, que a medida que el tiempo pasaba se hacía más difícil entrar.
ser enviado a los campos de concentración.
-¿Por qué?
-¿Con qué ayuda podían contar los emigrantes al llegar, más allá de sus propios medios o de familiares?
-Si uno quería inmigrar tenía que ser “llamado” por un pariente cercano que ya viviera aquí. Eso
-El principal centro que los recibía era, justamente, la AFI, que había sido fundada por judíos ger-
significaba que su hijo, hermano etc., que debía residir desde hace más de dos años en el país, debía ges-
manohablantes en 1933 para ayudar y darse apoyo mutuo.
tionar ante el Ministerio de Relaciones Exteriores un permiso, denominado, precisamente, llamada. Por
su parte, la Asociación Filantrópica Israelita (AFI) trataba de obtener permisos de desembarque para
candidatos sin parientes, procurándoles un empleo, por modesto que fuera, para demostrar su utilidad
-¿Existía algún contacto entre los judíos alemanes refugiados y el resto de la comunidad alemana
residente en la Argentina?
para el país. Además, mantenía una chacra de entrenamiento en Río Negro para enseñar a jóvenes solte-
-Hubo excelentes relaciones con aquellos alemanes no judíos, que eran de ideas liberales, que no
ros el oficio de fruticultores. Estando aún en Alemania, muchos judíos trataban de aprender algún oficio
tenían prejuicios: con la gente del Colegio Pestalozzi, por ejemplo, del Argentinisches Tageblatt, con los
útil para ganarse la vida en la nueva patria.
círculos antifascistas del Vorwärts. Pero, naturalmente, no con los nazis declarados.
-¿Uno no podía ir entonces a un puerto, comprar un pasaje y embarcarse para venir?
-¿Hubo tensión entre los dos grupos de alemanes judíos y no judíos?
-Para nada. Usted precisaba un visado, que le otorgaba el Cónsul argentino de la ciudad desde la
-Para nada. Ni los nazis tenían demasiado interés en mezclarse con los judíos, ni viceversa. Por otro
cual partía el barco. Y este sólo se lo daba si usted podía presentar la llamada.
lado, no se olvide que, por ejemplo, las escuelas alemanas, en su mayoría, fueron gleichgeschaltet. Eso significaba que debían enseñar y responder en base a las consignas que llegaban desde la Alemania de Hitler.
92
-¿Cómo fue la llegada? Qué impresión le causó Buenos Aires?
Muchos alemanes que residían aquí, lejos del Reich, eran más nacionalistas que los de Alemania. La razón
-Lo que me impresionó fue la amplitud del entorno. Aquí, por primera vez en mi vida, vi palmeras.
es obvia: la distancia no les dejó ver muchas de las cosas, que los que vivían allí sí pudieron ver.
93
El barco que prefirió hundirse
El último viaje del
acorazado Graf Spee
Era una tarde de diciembre de 1939. Apenas unos meses antes
Alemania había iniciado lo que se convertiría en la Segunda Guerra
Mundial del siglo XX. Y en la desembocadura del Río de la Plata, a
pocos kilómetros de Montevideo y de las costas argentinas, esa tarde, la del 19 de diciembre, ya se
cerraba uno de los capítulos más dramáticos de la contienda. El acorazado de bolsillo Admiral Graf
Spee se hundía, mientras la mayor parte de su tripulación viajaba ilesa hacia Buenos Aires. Se llamaba
“de bolsillo” a los acorazados que Alemania había construido ajustándose a las severas restricciones
impuestas por el Tratado de Versalles.
El suceso no sólo traería toda la crudeza de la guerra hasta la región del Plata, sino que signaría la
relación bilateral entre argentinos y alemanes, que volvía a pasar por aguas turbulentas.
El comandante del Graf Spee, el capitán de navío Hans Langsdorff, había ordenado en la mañana la
autodestrucción del buque de 186 metros de eslora y 21,6 metros de manga. Langsdorff entendía que no
tenía escapatoria ante la flotilla de navíos británicos integrada por los destructores HMS Ajax, Achilles y
Cumberland, que lo esperaban en la desembocadura del río para terminar la faena que habían iniciado
pocos días antes en las aguas del Atlántico. Junto con otro buque, el HMS Exeter, los británicos habían
enfrentado al Graf Spee para que no siguiera adelante con su misión de búsqueda y destrucción de los
buques mercantes de bandera inglesa.
En efecto: el Spee había salido el 21 de agosto del puerto alemán de Wilhelmshaven, y su misión era
hostigar a la marina mercantil británica en el Atlántico Sur. Cinco meses después había hundido nueve
barcos de carga, pero no pudo finalmente con la flotilla de buques de guerra británicos, que se le enfrentaron el 13 de diciembre. La batalla había dejado al Spee con 39 muertos,
59 heridos y graves daños en su sistema de dirección y –lo que era mucho
peor, pero se supo sólo sesenta años después– en el sofisticado sistema
de suministro de combustible. Con el fin de intentar reparar el acorazado, el comandante alemán había buscado refugio
Pág. anterior: el acorazado Graf
Spee se hunde en el Río de la
Plata, el 19 de diciembre de
1939. El Capitán Hans Langsdorff
había ordenado la autodestrucción para que el barco no cayera
en manos británicas. (Foto:
colección privada)
Derecha: una muestra de agradecimiento de marineros del Graf
Spee hacia la población germano-argentina. (Foto: gentileza
Fam. Heinlein)
en el puerto neutral más cercano con las condiciones necesarias: Montevideo.
Las reglas de guerra de la época exigían
que cualquier parte beligerante abandonara el
refugio neutral a las 24 horas. Los uruguayos
le concedieron al Spee un plazo de 72 horas.
El comandante alemán aprovechó para liberar
a los prisioneros de guerra que le quedaban
de sus enfrentamientos con barcos mercanti-
les y para enterrar a sus muertos en el cementerio de la capital
uruguaya. Queda la anécdota de Langsdorff rindiendo su homenaje con el saludo naval internacional, al tiempo que todo el
resto de la tripulación lo hacía con el brazo derecho en alto, el
saludo impuesto por el régimen nacionalsocialista.
Al entierro humano le siguió la destrucción del Graf Spee,
decidida tras una consulta con Berlín. La razón debía buscarse
en el temor de que el buque cayera en manos británicas si la
tripulación se internaba en Uruguay. Los uruguayos ya se inclinaban hacia el bando de los aliados en contrapunto con sus
vecinos argentinos, que en 1939 se mostraban más cercanos a
las naciones del eje.
Una vez hundido su barco, con su tripulación internada en
un campo para refugiados en la Argentina y los documentos del
navío entregados en la delegación alemana en Buenos Aires,
Hans Langsdorff se suicidó. Fue el 19 de diciembre, en un hotel
céntrico de la capital argentina. Entre los posibles motivos del
suicidio está el deseo de cumplir con aquella ley no escrita, que
dice que un comandante está atado a la suerte de su barco.
Algunos entendieron, además, que Langsdorff quiso realizar
con su muerte un acto de protesta contra el régimen nazi que
comandaba a su país.
Más allá de su contexto dramático, el hundimiento del
Graf Spee representó para muchos de los casi mil marinos
alemanes del acorazado de bolsillo la oportunidad de iniciar
El acorazado de bolsillo había partido el 21 de agosto
de 1939 de Wilhelmshaven hacia el Atlántico Sur. Poco
después se inició la Segunda Guerra Mundial.
(Foto: AGN)
una nueva vida. Aplicados y capacitados en diversos rubros
El Graf Spee ante las costas uruguayas. (Foto: gentileza Fam. Gollhardt)
que la creciente economía argentina necesitaba, muchos se
instalaron cerca de sus centros de internación como Bahía
Blanca o Villa General Belgrano. Gran parte de los 135
marineros enviados a esta pequeña aldea cordobesa se asentaron definitivamente allí.
Así ha quedado escrito en la historia de Villa General
Belgrano, que a fines de los años 30 todavía era conocida como
No mucho más tarde la colonia cambió de nombre para adoptar el actual. Hoy Villa General
Belgrano es uno de los centros turísticos y cerveceros más característicos de la región, con una población estable de 6.000 habitantes.
Pero el último capítulo en la leyenda del Graf Spee todavía no se ha escrito. La discusión iniciada en
Villa Calamuchita y aspiraba a convertirse en un nuevo modelo
2004 sobre los derechos para rescatar los restos del navío del lecho del Río de la Plata aún sigue vigente.
de desarrollo agrícola, en base a los planes del agricultor Paul
Para los sobrevivientes y para los familiares de los tripulantes sería un sacrilegio. El barco, dicen, debería
Friedrich Heintze. Éste había llegado en 1929 al pueblo con la
ser considerado un cementerio marino y tendría que quedar tal como está, intangible. Para otros, sus restos
idea de poner en práctica su ideal de cooperativas agrícolas y
podrían dar testimonio invaluable de una época pasada.
forestales al estilo alemán. Con sus conocimientos técnicos los
marinos alemanes incentivaron el desarrollo del pueblo.
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97
El difícil nuevo comienzo
La reapertura de las
relaciones bilaterales
después de la guerra
Asombro, sorpresa, incredulidad, incluso temor. Las sensaciones de Fritz
Dung deben haber sido variadas aquel día de 1950. Sólo cinco años después del final de la guerra, un representante oficial de la Argentina lo
acababa de saludar con un orgulloso: “Wir hier alle Nazis” (sic).
Era evidente que el miembro de la comitiva oficial no se daba cuenta de la gravedad de sus palabras. “Su
concepción de lo que es hoy Alemania es un tanto particular…”, registró Dung en sus memorias al evocar el
traspié del funcionario argentino durante el primer encuentro oficial para activar las interrumpidas relaciones
bilaterales entre la Argentina y la República Federal de Alemania (RFA).
Dung pertenecía a la delegación liderada por el ministro alemán Carl Spiecker. Este había sido enviado
a América Latina por el gobierno del Canciller Federal Konrad Adenauer para sondear la posibilidad de
reiniciar el intercambio diplomático con los países de la región. El interés alemán venía impulsado por la
necesidad de reactivar el acceso a importantes fuentes de abastecimiento para la población de un país en
ruinas. En la Argentina esperaba un capítulo irresuelto que pesaría sobre las relaciones bilaterales: las
negociaciones sobre la devolución del patrimonio alemán.
Después de declararle la guerra al régimen de Hitler y a Japón el 27 de marzo de 1945, el gobierno
argentino, presidido por el General Edelmiro Farrell, se había incautado de todos los bienes de origen alemán en el país. El conjunto de la “propiedad enemiga” (Feindeigentum) incluía edificios, empresas y fábricas, pero también escuelas, clubes y otras instituciones comunitarias de la colectividad alemana. Se estima
que la medida les había cerrado las puertas a cerca de 30.000 miembros activos de entidades deportivas y
sociales. Al mismo tiempo, un total de 16.000 alumnos de escuelas alemanas en todo el país había quedado
sin lugar para estudiar. Una de las pocas excepciones fue el Colegio Pestalozzi. La razón era la abierta oposición que había tenido respecto del régimen nacionalsocialista.
Entre los últimos bienes expropiados por vía del Decreto 7032 estuvo la propia Embajada Alemana.
Hasta la capitulación del Tercer Reich, seis semanas más tarde, sus tareas fueron cumplidas por la
Embajada de Suiza.
Para administrar el patrimonio del que se había incautado, el gobierno argentino creó un órgano especial: el
Consejo de Administración, que luego se transformó en la Junta de Vigilancia y Disposición Final de la Propiedad
Enemiga. Ésta debía liquidar, administrar y/o disolver el patrimonio ajeno. En el peor de los casos -la liquidaciónla propiedad, el edificio o la empresa debían ser rematados al mejor postor.
Pag. anterior: El Presidente Juan
Domingo Perón izó personalmente la bandera alemana, el
día en el que la República
Federal de Alemania abría su
Embajada en Buenos Aires, en
1952. (Foto: Min. Fed. de
Relaciones Exteriores)
Según el trabajo de la investigadora Silvia Kroyer, realizado en base a información del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, la medida
contra la propiedad privada alemana alcanzó a 139 empresas. De ellas, un total de
68 fueron confiscadas. El resto figura como intervenido. Hasta el día de hoy se discute el valor del patrimonio alemán expropiado. No obstante, los historiadores con-
99
cuerdan que debe haber superado ampliamente los 540 millones de dólares. Este había sido el valor de las
inversiones alemanas en la Argentina antes de comenzar la guerra, en 1938.
La medida no era un capricho argentino. Tenía su razón de ser en el documento final de la conferencia
En el marco de una actividad cultural y deportiva que, a cinco años de la guerra, volvía a nacer, los
reclamos se intensificaron. Un ejemplo lo daba la educación alemana. Desprovista de los edificios escolares,
las familias contrataban a los maestros directamente para que les dieran clases a sus hijos en sus casas.
celebrada en Chapultepec, México. Allí, con el liderazgo de los Estados Unidos, los Estados americanos fir-
“Algunos que tenían garajes grandes, reunían cinco o diez chicos. Y allí se daba clase”, recuerda Rodolfo
mantes habían aceptado la estrategia común de expropiar los bienes de las comunidades de las naciones del
Hepe, el vicepresidente de la FAAG, que hoy agrupa a cerca de 300 instituciones y entidades.
Eje en sus respectivos países.
En 1948 la Junta dio por terminada su intervención. Para entonces, cien empresas de capital alemán
El primer objetivo de la Federación fue organizar las distintas actividades diseminadas en los centros
urbanos de la Argentina, para conformar un frente de reclamo conjunto por los bienes incautados. Nada
habían sido embargadas, y dos bancos habían sido cerrados. La misma suerte corrieron las empresas de
fácil en una época que no conocía ni el e-mail ni la telefonía celular. A mediados del siglo XX ni siquiera el
seguros más importantes que funcionaban en el país, sin contar la expropiación de la mayoría de las escue-
teléfono fijo era de uso tan simple y extendido como hoy.
las y asociaciones alemanas. A ello se sumaba un sinfín de propiedades intelectuales, marcas y patentes.
Los representantes de la FAAG tuvieron que servirse de restaurantes, bares y casas particulares.
Sólo algunas empresas se habían salvado. Eran las que al inicio de la guerra, y en previsión de lo que ven-
“También de clubes amigos, que les prestaban las instalaciones. No había otros lugares donde encontrarse.
dría, habían traspasado su propiedad a terceros. Así lo habían hecho el grupo Siemens, la fabricante de
Nuestros edificios estaban cerrados”, cuenta Hepe.
acero Thyssen y la IG Farben: transfirieron la titularidad de sus acciones a empresas radicadas en Suiza.
Desprovista de su base económica e intelectual, gran parte de la comunidad alemana dejó de tener peso
Un ejemplo de esta cooperación, que trascendió a las divisiones políticas de la época, lo protagonizó el
Club de Remo Teutonia. Tras su incautación, la entidad pudo ser reabierta dos años después gracias a la
en la vida social argentina. La poca esperanza que albergaban algunos se debía a que en 1946 había asu-
acción conjunta de otras doce entidades deportivas de Tigre. Lideradas por el Buenos Aires Rowing Club,
mido un nuevo presidente en la Argentina. Su relación cercana a la cultura alemana era de conocimiento
éstas solicitaron al Estado argentino que no mezclara política con deporte. Para cuando el Teutonia pudo
público. Su nombre: Juan Domingo Perón.
retomar su actividad en 1947, restaba aún la devolución de 200 clubes y asociaciones. La última institu-
Por simpatía o cálculo político, el nuevo mandatario se había resistido a la presión de los Estados Unidos y
Gran Bretaña para que se desarticulara el patrimonio germano. En el caso de las empresas, Perón permitió que
ción restituída fue en 1961 la sede original del Colegio Goethe, ubicada en el barrio de Belgrano.
Para los representantes alemanes el proceso significó por largo tiempo la necesidad de hacerse presen-
éstas mantuvieran su unidad, pero bajo administración argentina. Como tal representaban un valor de negocia-
tes día tras día ante las autoridades argentinas, que tenían potestad sobre cada caso. Allí se reconfirmaban
ción importante al iniciarse los contactos oficiales entre la Argentina y la joven República Federal de Alemania.
la autenticidad de los reclamos y la autoridad de los solicitantes. Había que ir al Ministerio del Interior, a
El propio Perón se encargó de subrayar su interés por reabrir la relación con aquel país, al que le debía
gran parte de su educación profesional. Acompañado por todo su gabinete, el mandatario argentino asistió al
la Cancillería y al Ministerio de Educación.
Un obstáculo no menor fue la falta de edificios aptos para que funcionaran en ellos dependencias públi-
acto oficial de reapertura de la Embajada Alemana en 1952. Allí Perón no se privó de izar la bandera alema-
cas, particularmente en la Capital Federal. Eso hacía interesante para cualquier administración proveerse
na durante el acto oficial, como lo muestran las imágenes de aquel día. Sin embargo, el buen ánimo reflejado
de las instalaciones adecuadas. Otro freno fueron los frecuentes cambios en la cúpula del poder argentino.
en los calurosos abrazos entre el General y el primer Embajador alemán, Hermann Terdenge, no se canalizó en
La caída de Perón significó también el fin de la estrecha relación entre la Casa Rosada y la Embajada.
una solución rápida de la incógnita sobre qué pasaría con el patrimonio alemán expropiado.
Durante el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu, conocido por su postura anglófila, la resolución de la
Esa solución requirió, entre otras cosas, de la insistencia de un Ministro de Economía que más tarde
cuestión quedó postergada. Fue sólo durante la
sería Jefe de Gobierno, Ludwig Erhard. Durante su visita oficial del año 1954, el Ministro, conocido por sus
administración de su sucesor, Arturo Frondizi,
modos campechanos y directos, le recordó al Presidente argentino que la paciencia de la nueva Alemania
cuando se logró avanzar decisivamente hacia
en esta cuestión no podía ser eterna. Aún así, el capítulo tardaría todavía veinte años en cerrarse.
la devolución de las últimas propiedades. Todos
Un papel particular cumplió para ello una organización privada sin fines de lucro: la Federación de
los reclamos de restitución se habían hecho
Asociaciones Argentino-Germanas (FAAG). Impulsada por ex-alumnos de las inactivas escuelas alemanas,
antes de finalizar el año 1956. Los últimos
a partir de 1955, con 120 miembros, la organización encauzó en una acción conjunta los reclamos de
fueron resueltos en 1967.
todas las entidades privadas de la comunidad alemana. El argumento central de los abogados Roberto
Brücklmaier y Eduardo Dürnhöfer era que el Estado argentino no había estado en su derecho en lo que
respecta a las expropiaciones, porque tanto en gran parte de las empresas como de las escuelas, clubes y
asociaciones habían afectado a personas jurídicas argentinas. Uno no podía expropiarse a sí mismo, argumentaban los expertos.
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En 1954, el entonces Ministro de Economía alemán,
Ludwig Erhard, le solicitó a Juan D. Perón una rápida solución para el problema del patrimonio alemán incautado al final de la guerra. (Foto: AGN)
El maestro de Ulm
Tomás Maldonado
“Form follows function”, el famoso axioma creado por el arquitecto estadounidense Louis Sullivan, sirve también para trazar la trayectoria de quien es considerado como uno de
los grandes pensadores del diseño internacional, Tomás Maldonado. Pero cabe recordar además que
fue este diseñador argentino, quien en la década de 1950 le abrió a su disciplina las puertas hacia un
mundo en pleno renacimiento: el arte y el diseño en la Alemania de posguerra.
Tomás Maldonado (Buenos Aires, 1922) se incorporó en 1954 a la Hochschule für Gestaltung
(HfG) en la ciudad de Ulm. La hoy legendaria casa de estudios había sido creada tres años antes a
instancias de un grupo de jóvenes en torno a Inge Aicher-Scholl, la hermana de Sophie y Hans Scholl,
quienes en 1943 personificaron uno de los más dramáticos y dignos ejemplos de resistencia contra el
régimen nacionalsocialista. Financiada tanto por el Gobierno alemán como por la administración estadounidense y donaciones privadas, la Hochschule für Gestaltung apuntaba a la formación de una
generación de artistas y académicos integrales. Cuando Maldonado decidió aceptar la propuesta, la
HfG era así poco más que un proyecto ambicioso en un país todavía marcado por la guerra.
Por aquel entonces, el argentino era un reconocido artista. En Buenos Aires había integrado el
grupo fundador de la Asociación Arte Concreto-Invención, había editado la revista de arte, arquitectura, diseño industrial y tipografía Nueva Visión.
No obstante, Maldonado no dudó cuando el director de la HfG, Max Bill, lo invitó a incorporarse
al cuerpo estable de docentes y, finalmente, se radicó en Ulm. Al poco tiempo el diseñador argentino
se había convertido en uno de los motores de la institución.
Junto a sus colegas Otto (Otl) Aicher, Hans Gugelot y Walter Zeischegg, Maldonado aceptó el desafío de la época y elaboró un nuevo concepto de programa para la escuela. Max Bill, antiguo alumno
de la Bauhaus, defendía un modelo pedagógico, que ubicaba al diseño en el universo del arte. Los
jóvenes rebeldes, en cambio, entendían que el acento debía estar primordialmente en los aspectos técnicos y en el proceso del diseño. Propugnaban un modelo proyectual. Tomás Maldonado fue el principal teórico del concepto, según el cual el uso, la función y la eficiencia debían regular el proceso creativo. La controversia culminó con la renuncia de Max Bill. En los años siguientes la Hochschule für
Gestaltung se convirtió en uno de los centros europeos más destacados en diseño industrial y gráfico.
Tomás Maldonado integró la HfG durante 12 años y fue su rector en los últimos dos años. A principios de la década de 1970 se radicó en Italia, donde enseñó en el Politécnico de Milán y, posteriormente, en la Universidad de Bologna. Además, fue profesor invitado del Royal College of Art de
Londres y de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos.
Desde entonces, “el maestro de Ulm”, como lo llaman cariñosamente sus discípulos
Pag. anterior: Max Bill (izq.)
y Tomás Maldonado en Ulm.
(Foto: Hans Conrad / Ifa /
gentileza MNBA)
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y amigos, se convirtió en uno de los grandes pensadores del diseño.Tomás Maldonado
vive actualmente en Italia. A los 85 años de edad se lo reconoce como un teórico, que
contribuyó a dar forma al mundo del diseño tal como lo conocemos hoy en día.
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