La Identidad Lingüística De Los Dominicanos

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La Identidad Lingüística De Los Dominicanos
Brigham Young University
BYU ScholarsArchive
Books
2009-8
La Identidad Lingüística De Los Dominicanos
Orlando Alba
Brigham Young University - Provo, [email protected]
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Alba, Orlando, "La Identidad Lingüística De Los Dominicanos" (2009). Books. Book 4.
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1
2
LA IDENTIDAD LINGÜÍSTICA
DE LOS DOMINICANOS
3
4
LA IDENTIDAD LINGÜÍSTICA
DE LOS DOMINICANOS
Orlando Alba
Ediciones Librería La Trinitaria
Brigham Young University
2009
5
Ediciones Librería La Trinitaria, Santo Domingo
Brigham Young University
©
2009 Orlando Alba
La identidad lingüística de los dominicanos
ISBN: 978-99934-39-55-4
Primera edición
Agosto de 2009
Diseño de portada:
Eric Simó
Impresión:
Editora Búho
Santo Domingo, República Dominicana
Impreso en la República Dominicana
6
A Maridalia y a Melissa,
los dos angelitos que con su inocencia y alegría
inspiran a ser mejores a sus papás, a sus tíos
y, especialmente, a sus abuelitos: Mamá y Papón.
7
8
Contenido
0. Presentación
11
1. No hay un dialecto superior a otro
13
2. ¿Existe un español típicamente dominicano?
21
3. El error de mezclar fenómenos lingüísticos
diferentes
35
4. El español estándar es inclusivo, no exclusivo
41
5. Pesimismo frente a lealtad lingüística
57
6. Hipercorrección en las noticias de televisión
79
7. Integración de los préstamos: un reflejo
de la estabilidad del español dominicano
113
8. ‛Los dominicanos y las dominicanas‘
149
Bibliografía
159
9
10
Presentación
El objetivo principal de este libro, dirigido al lector común no
especializado en temas lingüísticos, consiste en dar respuesta a
preguntas como estas: ¿Hay razones para decir que el español
hablado en un país es mejor que el de otro? ¿Cuáles son las características que definen el modo de hablar dominicano? ¿Por
qué tantas personas subestiman la lengua de su país? ¿Son los
préstamos del inglés, utilizados en el vocabulario del juego de
pelota, un peligro para la integridad del español dominicano?
¿Es correcta, o quizá excesivamente correcta, la pronunciación
que se escucha en la emisión de las noticias de televisión? ¿Se
justifica la mención explícita generalizada de ambos géneros
en frases como ‛la alimentación de los niños y las niñas‘?
En otras palabras, podría decirse que la intención de estas páginas es doble: por un lado, aclarar algunas confusiones y falsas
ideas que circulan en diversos ambientes; por el otro, hacer una
pequeña contribución al conocimiento de la realidad del español dominicano que, como todo instrumento de comunicación,
merece el aprecio de sus usuarios.
Se compilan aquí ocho ensayos de diferente extensión. Tres de
ellos son versiones revisadas y ligeramente modificadas de trabajos que han sido publicados recientemente. El que se refiere
a la integración de los préstamos apareció en la Revista de Lingüística Teórica y Aplicada, de la Universidad de Concepción,
11
Chile, 2007, con el título de Integración fonética y morfológica
de los préstamos: datos del léxico dominicano del béisbol.
Otro, con relación a la hipercorrección fonética en las noticias
de televisión, es un artículo que forma parte de un libro editado
por R. Ávila, del Colegio de México, Estudios sobre el español
en los medios. Y en otro, sobre pesimismo y lealtad, se retoma
y se amplía un asunto tratado antes en mi libro de 2004, Cómo
hablamos los dominicanos. Los demás trabajos fueron escritos
para la ocasión. El último, sobre el sexismo lingüístico, intenta
participar en un debate que no solo interesa a los dominicanos,
sino a la comunidad hispánica en general.
Agradezco a la Librería La Trinitaria la inclusión de esta publicación en sus ediciones, y de manera especial al Departamento
de Español y Portugués y a la Facultad de Humanidades de la
Universidad Brigham Young, las facilidades con que siempre
han estimulado mis inquietudes de investigación. Al final, pero
no por menos importante, quiero dar las gracias a cada uno de
los miembros de mi familia, en particular a Miriam, mi esposa,
por su comprensión, apoyo y motivación.
Orlando Alba
Provo, junio de 2009
12
1
No hay un dialecto superior a otro
Tanto en ambientes académicos como en situaciones de menos
formalidad, en tertulias y en reuniones sociales de diverso tipo,
se escucha a veces la discusión de si el español de determinado
país o región es mejor o peor que el hablado en otro lugar. En
estas comparaciones, y no es de extrañar, casi siempre resultan
favorecidas las modalidades fonéticamente conservadoras, que
mantienen con regularidad las consonantes situadas al final de
sílaba (mismo, dos, alto, comer), como sucede en la del norte
de España, que es además la zona de origen de la lengua, y en
algunos lugares de América, como en el interior de Colombia,
en la zona central de México y de Costa Rica. Generalmente se
suele aducir, suponiendo erróneamente que existe uniformidad
lingüística en todo el país, que los españoles hablan con más
claridad, corrección y propiedad que los dominicanos o que los
cubanos. Muchos piensan, además, que el modo de hablar de
los colombianos supera al de los argentinos y el de los costarricenses al de los panameños.
Con relación a esta controversia, es necesario precisar varios
aspectos. Evidentemente, hay que reconocer el derecho que tienen los hablantes de comentar y opinar sobre los temas que deseen, en especial tratándose de su lengua, un patrimonio que
les pertenece por derecho natural. Dicho esto, sin embargo, y
adoptando un enfoque más técnico y profesional, si se quiere,
13
conviene conocer algunas verdades sobre el sentido, la función
y la naturaleza de las lenguas que podrían servir para evitar el
incurrir en inexactitudes, e incluso en la formulación de errores
o de juicios completamente falsos.
En primer lugar, una lengua se define como un sistema de comunicación, es decir, como un conjunto de signos y de reglas
que permite formular y comprender mensajes. Es a partir de esta caracterización como, en definitiva, tendría que ser evaluado
el modo de hablar de una comunidad o de una zona geográfica
en particular. Porque el valor objetivo de una lengua se determina de acuerdo con el cumplimiento o no de la función comunicativa que debe desempeñar. En consecuencia, si el español
hablado por los dominicanos, por ejemplo, les permite entender
y darse a entender satisfactoriamente, hay que concluir que ese
instrumento es tan eficaz, tan valioso y tan ‛bueno‘ como otros,
ya que lleva a cabo su cometido, le hace honor a su naturaleza
y a su misión. Según este razonamiento, desde una perspectiva
teórica, científica y lingüística, de ninguna manera se justifica
afirmar que una variedad geográfica de la lengua es mejor que
otra.
Por otra parte, las lenguas no constituyen entidades éticas, que
se convierten en objetos de evaluación moral. De ahí que en
sentido estricto, no se les aplican calificativos como bueno,
malo, puro, impuro, como se hace con una persona. Tampoco
son entes estéticos, susceptibles de ser catalogados de feos, bonitos, elegantes, hermosos, según se puede decir de una pintura
o de un paisaje. Una lengua es, ante todo, un fenómeno histórico y social, comparable a las tradiciones y a las costumbres de
los pueblos. Incluye unos hábitos, sin duda arbitrarios, que la
comunidad ha ido estableciendo a lo largo del tiempo. Pero se
14
trata de unas normas que, si bien son convencionales, se aceptan y se respetan sin discusión. Así como regularmente no se
plantea la cuestión de si la forma europea de saludo, tocándose
ambas mejillas, es mejor o peor que la hispanoamericana, en la
que solamente se hace contacto con el lado derecho de la cara,
tampoco tiene sentido discutir si la variedad de lengua usada en
Madrid o en Bogotá es superior que la empleada en Caracas o
en Santo Domingo. Lo mismo podría aplicarse también a los
hábitos alimenticios y a las formas de vestir vigentes en las diversas áreas del planeta. Por lo común, poca gente pierde el
tiempo alegando que lo que se come cotidianamente en un país
es menos saludable que lo que se come en otro. Simplemente,
son hechos que se asumen como tales, porque su práctica, su
uso repetido los ha convertido en normales, en lo habitual.
A propósito de este tipo de valoraciones aplicadas a la lengua
española, el conocido lingüista rumano Eugenio Coseriu ha escrito una frase lapidaria muy contundente desde el punto de
vista sociolingüístico: ―Madrid es la capital de España, pero
no es la capital del español‖ (Coseriu 1982:42). En efecto, la
lengua española tiene muchas capitales que marcan las pautas
de lo que en una comunidad nacional se entiende como aceptable y válido. Así, por ejemplo, el enunciado Luis se marchó en
su coche sonaría natural si proviniera de un madrileño, pero no
si lo formulara un chileno, de quien se esperaría que dijera algo
como Luis se fue en su auto. Asimismo, la pregunta ¿Sabés lo
que pienso cuando me hablás así?, resulta normal en Buenos
Aires o en Montevideo; sin embargo, no hay duda de que se
consideraría extraña si la produjera un dominicano en Santo
Domingo o un cubano en La Habana, donde probablemente se
presentaría bajo la siguiente forma: ¿Tú sabes lo que yo pienso
cuando tú me hablas así? A este respecto, el ilustre dialectólo15
go M. Alvar afirma con gran acierto: ―Las cosas están claras:
no hay un español mejor, sino un español de cada sitio para
las exigencias de cada sitio. Al margen queda lo que la comunidad considera correcto y eso lo es en cada sitio de manera
diferente. El español mejor es el que hablan las gentes instruidas de cada país: espontáneo sin afectación, correcto sin pedantería, asequible por todos los oyentes‖ (Alvar 1996:141).
No debe olvidarse, además, que la variabilidad constituye un
rasgo esencial, necesario, de la estructura de todo sistema lingüístico. Las lenguas son instrumentos de comunicación que
están al servicio de la gente y, por eso, no es accidental ni casual el hecho de que cambien a lo largo de la historia y de la
geografía. Las lenguas tienen que cambiar porque las necesidades de sus usuarios cambian continuamente. Solo así pueden
justificar su existencia al cumplir fielmente con su función. Esa
flexibilidad esencial de la lengua es, precisamente, lo que le
permite a cada hablante expresarse como es, con su particular
personalidad de hombre o de mujer, de ciudadano de un país o
de otro, miembro de un grupo social determinado, que durante
las veinticuatro horas del día realiza acciones diferentes en
medio de diversas situaciones y a quien le ha tocado vivir en el
siglo veintiuno y no en el diecisiete. El modo de hablar es un
componente importante de la identidad de los pueblos y de las
personas. Por medio de su peculiar forma de expresarse, un
hablante se revela, por ejemplo, como abogado de Bogotá,
como maestra de la ciudad de México, como obrero de Lima o
como adolescente de un barrio marginado de Santo Domingo.
El español de cada uno de los cuatro personajes aludidos no
solamente es, sino que debe ser distinto, para que así todos
puedan expresar y reafirmar su peculiar identidad, a través del
uso diverso y variable de la lengua común.
16
Ahora bien, lo expresado en los párrafos anteriores no implica
que en el interior de cada país no haya unos dialectos o modos
de hablar que puedan considerarse más apropiados y más prestigiosos que otros. Generalmente, disfrutan de mayor estimación social en el contexto de una nación, los rasgos propios del
habla de los grupos sociales altos, de las personas que tienen
mayor nivel de educación. Del mismo modo, suele tener más
aceptación el habla capitalina que la de las áreas alejadas de los
grandes centros urbanos. Pero hay que entender que en estos
casos, la consideración no se fundamenta sobre una base de naturaleza lingüística, sino en razones extralingüísticas, sociales.
De manera muy lógica, la gente suele asociar los fenómenos
lingüísticos con la condición social y con la procedencia de los
hablantes que los producen. Por esta razón, a muchas personas
en la República Dominicana les suena menos vulgar la forma
puelta que otra como pueita, a pesar de que desde un punto de
vista puramente lingüístico, en ambas se produce lo mismo: un
cambio que transforma la /r/ en otro sonido. La versión pueita
parece menos refinada y tal vez rústica, precisamente porque
esa pronunciación se asocia con hablantes campesinos con muy
escasa o sin ninguna instrucción escolar. En cambio, la primera
(puelta) se relaciona con los residentes de la Capital, lo que la
hace socialmente más tolerable.
Un caso similar, que permite ilustrar la misma idea, es el de la
presencia frecuente de los pronombres delante de los verbos,
una práctica inusual en países como España, Chile o México,
donde normalmente el uso del pronombre sujeto se reserva
para la expresión de énfasis. En vista de que la mayoría de los
dominicanos, incluyendo las personas muy educadas con altos
niveles de escolaridad, utiliza ese fenómeno en sus conversa17
ciones, en todo el país se aceptan sin reparo como buenas y
válidas frases del tipo Yo quiero que tú sepas…; Cuando tú me
llames, yo te cuento. En estos enunciados, la presencia de los
pronombres es sistemática y habitual, pero sin añadir un valor
enfático o intensificador.
Por su parte, en el país también se encuentran ampliamente documentadas estructuras sintácticas del tipo Ello hay agua, Ello
no se sabía si era hembra o varón, en las que, por así decir, se
personaliza un verbo impersonal, al introducir el sujeto pronominal ello. Sin embargo, estos casos generan una evaluación
diferente a la comentada anteriormente. El uso de ello frente al
verbo impersonal arrastra una fuerte asociación con el habla
popular, poco educada, y por eso no se admite dentro de la norma lingüística culta dominicana.
Como se puede observar, en el empleo de la lengua y en la valoración de los hechos lingüísticos, ocurre algo paralelo a lo
que sucede en el mundo de la moda. Lo que lleva a mucha
gente a preferir un determinado estilo de vestuario, de blusa, de
camisa, de pantalón, a menudo no es el hecho de que proteja
mejor del frío o que en realidad se ajuste bien a su figura y la
haga lucir más elegante. Con relativa frecuencia se tiende a seguir o a copiar la forma de vestir que se exhibe en las revistas,
en el cine, en la televisión, sencillamente porque esa es la moda, porque así lo hacen los artistas y las modelos.
Las ideas expuestas aquí pueden servir de marco para entender
de forma más adecuada el fenómeno del pesimismo y de la
inseguridad lingüística que muestran muchos dominicanos.
Cuando un hablante asume una actitud negativa con respecto a
su lengua, pensando que es inferior a otra, simplemente revela
18
una opinión subjetiva que no se fundamenta necesariamente en
razones lingüísticas, sino en hechos de carácter extralingüístico. Probablemente, la causa primera y profunda del problema
del pesimismo radica, entre otros factores, en las crónicas crisis
económicas sufridas en el país, en la descomposición social, en
la falta de educación, en las decepciones políticas, en la corrupción administrativa, circunstancias que han ido creando un sentimiento de impotencia y de frustración en la población. Así, es
lógico pensar que el avance en la solución de esas dificultades
contribuirá a restaurar poco a poco la autoestima social en el
país, un elemento necesario para infundir en los ciudadanos el
orgullo y el aprecio que merece el modo de hablar nacional.
Entre tanto, una meta muy deseable para los dominicanos que
consideran inferior o que se avergüenzan de su modo de hablar,
sería la de que adopten en ese campo la misma actitud positiva
que tienen ante otros componentes de su cultura, como sucede,
por ejemplo, con el merengue. Es un hecho innegable que si no
todos, la inmensa mayoría de los dominicanos se sienten muy
orgullosos de su música típica. Debe pensarse que, en realidad,
si no existen razones para considerar el merengue inferior a la
salsa, al danzón o al pasodoble, tampoco las hay para creer que
el español hablado en el país representa una segunda categoría
con respecto al de otros lugares.
19
20
2
¿Existe un español típicamente
dominicano?
Como parte integrante de la veintena de países que componen
el mundo hispánico, la República Dominicana, lógicamente,
utiliza el español como su lengua nacional, de difusión general.
Y según se ha mostrado en varios estudios, en lo fundamental,
el modo de hablar vigente en el país es igual al del resto del
territorio hispanoparlante.
No puede ser de otra manera, porque de lo contrario, no sería
lícito catalogarlo como español y a miles de personas a todo lo
largo y ancho de la geografía nacional les resultaría imposible
disfrutar, como lo hacen, de telenovelas realizadas en México,
en Colombia o en Venezuela, y también de programas noticiosos, de diversión y de debates, difundidos vía satélite desde
Madrid, Miami y otros lugares. Tampoco sería factible la comunicación entre un dominicano y un chileno, un uruguayo, un
español, un peruano, un hondureño o un mexicano, cuando entran en contacto por cualquier motivo.
Sin embargo, también es verdad que el español hablado por los
dominicanos exhibe una fisonomía propia, conformada por un
conjunto de rasgos externos, superficiales, que permiten que
sea reconocido como distinto de los demás. Es una realidad que
percibe sin grandes dificultades la mayoría de los nativos del
21
país y de los ciudadanos de otras naciones cuando conversan
con algún dominicano.
No se debe olvidar que, con frecuencia, lo que hace distinta a
una realidad de otra, no es la totalidad de los elementos que la
componen, sino uno o dos detalles particulares presentes en la
superficie. En tal sentido, por más que se parezcan entre sí, dos
gemelos son fácilmente identificados por sus amigos y por los
miembros de la misma familia. Algo semejante sucede con los
dialectos de una lengua. Considerado en su conjunto, está claro
que el español de un país tiene que ser muy parecido al de los
otros, pero unos cuantos fenómenos se encargan de señalar la
diferencia.
En este punto resulta oportuno precisar un asunto importante.
Las diferencias que existen entre las variedades de una lengua
se suavizan o se van haciendo menores en la medida en que se
asciende en el nivel sociocultural de los hablantes. Esto es una
consecuencia lógica de la acción niveladora que ejercen la educación, los medios de comunicación y otros factores. Así, la
comparación del habla de un obrero de Venezuela y uno del
Cibao (la región norte dominicana), con toda seguridad arrojará
como resultado un mayor número de divergencias que la de un
médico caraqueño y uno santiaguero. Por esta razón, cuando se
intenta definir los rasgos que caracterizan el modo de hablar de
dos países, hay que esperar que entre los hechos relevantes, los
realmente distintivos, se descubran más formas estigmatizadas,
exclusivas del nivel sociocultural bajo, que fenómenos cultos,
de uso general.
Los atributos que definen la identidad lingüística dominicana
son captados subjetivamente por los propios hablantes al notar
22
que su modo de hablar no se confunde con el de los nacionales
de otros países. Muchos dominicanos son capaces de reconocer
por su manera de hablar a un puertorriqueño o a un cubano, por
ejemplo. Y cuando no logran identificarlos de forma positiva,
al menos descubren negativamente que no son, que no hablan
como dominicanos. Lo mismo ocurre, naturalmente, en sentido
inverso. A modo de ilustración, se citan aquí los comentarios
del comediante Felipe Polanco (Boruga), en una de sus presentaciones grabadas en YouTube:
―Lo dominicano somo una raza que no damo a conocer
dondequiera que vamo. El dominicano no tiene que ver
para darse a conocer. Mira. Lo dominicano vamo a
Puerto Rico, y hablamo como puertorriqueño. Cruzamo pa Miami y hablamo una mehcla de puertorriqueño
con cubano. Y ponemo vaina de aquí. Y te dicen, -pueh
nene, epérate un momento, que tengo que ir a chequear
esa vaina, chico-. Que eso e, -etá del carajo-. Porque se
te meclan toda la cosa. El caso e no quedar mal.‖
Al decir y hablamo como puertorriqueño, y más adelante, una
mehcla de puertorriqueño con cubano, sin ambigüedad alguna,
el humorista revela la percepción, compartida por la mayoría
de sus compatriotas, de que la forma de hablar de los dominicanos es distinta a la de sus dos vecinos antillanos. En su caricaturización, el personaje enfatiza y destaca especialmente el
factor de la entonación y un elemento léxico propio de cada
isla: nene para Puerto Rico y chico para Cuba.
En una encuesta realizada recientemente en Santo Domingo y
en Santiago, se solicitó a 235 estudiantes universitarios que
manifestaran su opinión acerca de la siguiente afirmación: ―La
23
manera de hablar de los dominicanos es diferente a la de los
cubanos y los puertorriqueños‖. Según se puede observar en la
gráfica número 2.1, una aplastante mayoría de 97% de la muestra evalúa positivamente el enunciado. Y tres de cada cuatro jóvenes no solamente aprueban la idea expresada en la oración,
sino que confiesan estar muy de acuerdo con ella. Estas cifras
confirman la hipótesis de que, al menos desde la perspectiva
subjetiva de las creencias que sostienen los hablantes, existe un
modo de hablar típico de los dominicanos.
73%
80%
60%
24%
3%
40%
20%
0%
muy de
acuerdo
de acuerdo
en
desacuerdo
Gráfica 2.1. ―La manera de hablar de los dominicanos es diferente a la de
los cubanos y los puertorriqueños.‖
Vale la pena investigar en qué datos objetivos se fundamenta
esa apreciación de los hablantes o determinar, al contrario, si se
trata de una creencia basada en una impresión completamente
errónea.
El análisis cuidadoso y detallado de varios hechos indica que,
efectivamente, el español hablado en las tres islas del Caribe
muestra diferencias lingüísticas importantes. Tales distinciones
24
se manifiestan tanto de forma cuantitativa como cualitativa.
En el terreno fonético, el rasgo de mayor fuerza diferenciadora
es, sin duda, la entonación. Por esa razón, a veces se escucha a
dominicanos que, de manera festiva, intentan imitar las curvas
de entonación que perciben como distintivas del habla cubana,
o a cubanos que caricaturizan a los puertorriqueños y a la inversa. A pesar de que lamentablemente no hay muchos análisis
objetivos, seguros y confiables sobre el tema, en la actualidad
se dispone ya de estudios que describen con bastante precisión
algunos de los patrones de la entonación dominicana. Después
de analizar enunciados producidos por varios informantes de
Santiago y de Santo Domingo, Sosa (1999:238) comenta lo siguiente:
Un contorno típicamente dominicano es el exclamativo
que se expresa como declaración categórica o como
contradicción a alguna afirmación previa, caracterizado por un descenso tonemático hasta la línea de base
tonal, seguido de una subida cuantitativamente importante en la última sílaba.
Por su parte, Willis (2004:80) concluye que las interrogativas
absolutas (las que se responden con un sí o un no) del español
dominicano muestran una curva tonal diferente a la que se ha
considerado típica del español del Caribe en estudios previos.
Esto se revela de tres maneras distintas: el contorno general de
la entonación es creciente; el segundo acento tonal o musical
de la frase se produce a una altura superior a la del primero;
hay una caída a partir de la última cima tonal de la oración.
En una publicación previa (Alba 2004), se había señalado que
otra variación propia de la entonación dominicana, que parece
25
haberse generalizado sobre todo en el habla femenina, consiste
en una subida considerable del tono en enunciados con valor
aclaratorio, intercalados en la oración. Estas frases alcanzan
una altura tonal propia de las interrogaciones hasta llegar a su
último acento, y caen bruscamente en la sílaba final. Ejemplos
de este tipo se pueden citar muchos, pero uno que resulta muy
claro es el que aparece en una entrevista por televisión, en la
que una congresista afirma: ―La comisión de justicia se va a
reunir, en el Hotel Santo Domingo, en un seminario a ultimar
todos los detalles‖. La entrevistada realiza una subida creciente
del tono a partir del inicio del fragmento ‛en el Hotel Santo
Domingo‘, hasta llegar a un pico en su última sílaba acentuada
[min], con un descenso notable en la sílaba final [go].
En otro orden de cosas, se ha convertido en un lugar común la
afirmación de que uno de los rasgos más notables del español
caribeño es la relajación y la pérdida de la /s/ en posición posvocálica. Se acepta que estos procesos igualan a los antillanos
y que todos coinciden en decir, por ejemplo, máh o meno (más
o menos), dehpué (después), mihmo (mismo). Pero esa no es
toda la verdad.
Al comparar los dialectos dominicano y puertorriqueño, por
ejemplo, se descubren divergencias cuantitativas en cuanto a la
variación de la /s/ final de sílaba y de palabra. Se ofrecen aquí
unos datos que proceden de investigaciones llevadas a cabo por
López Morales (1983) y por Alba (1990). Aunque las muestras
solamente incluyen sujetos de la zona urbana de San Juan y de
Santiago, respectivamente, los resultados pueden considerarse
válidos para el país entero, porque los cambios que afectan a
esta consonante están igualmente difundidos por el territorio
completo de ambas islas.
26
San Juan, PR
interna
Santiago, RD
final
interna
final
[s]:
8%
10%
10%
11%
[h]:
80%
44%
29%
20%
[Ø]:
12%
46%
61%
69%
Cuadro 2.1. Porcentaje de las variantes de /s/ final de sílaba, interna de
palabra (esto), y final de palabra (dos) en San Juan y en Santiago
Las cifras del cuadro anterior son muy elocuentes. Aunque en
ambos lugares están presentes las tres variantes del fonema /s/,
está claro que el proceso de debilitamiento o desgaste de este
segmento se encuentra mucho más avanzado en Santiago que
en San Juan. Según se observa, en tanto la pronunciación aspirada (h) de la /s/ en interior de palabra (con un sonido parecido
a la jota: ehto) alcanza en San Juan el 80%, en Santiago apenas
se produce en el 29% de los casos. A la inversa, la eliminación
total en el español dominicano de Santiago supera el 60% tanto
en el interior (eto), como al final de la palabra (do). Y en San
Juan, solamente llega al 12% en el interior y no alcanza el 50%
al final de la palabra.
Estas diferencias de frecuencia no suelen pasar desapercibidas.
De forma intuitiva, los oyentes captan la desigual proporción
con la que aparecen las mismas variantes en un texto y en otro.
Por otra parte, las variaciones que experimenta el fonema /r/
producen un efecto mucho más tajante que el generado por la
/s/. Si bien es cierto que sus diversas formas no alcanzan la difusión geográfica que tienen las de la /s/, en el caso de la /r/ la
27
diferenciación creada es más transparente por tratarse de una
acción de carácter cualitativo. Al observar el cuadro número
2.2, se puede notar que en Santiago la realización lateralizada
(tenello, en vez de tenerlo) es prácticamente inexistente. De hecho, solamente se da ante /l/. En San Juan, en cambio, una de
cada tres /r/ (el 34%) se convierte en /l/ (jugal, en vez de jugar;
puelta, por puerta). Por su parte, en Santiago y toda la extensa
y populosa región norte del país, está presente una variante vocalizada [i] (paite, en vez de parte; comei, en lugar de comer),
que no se escucha en el español de San Juan.
San Juan, PR
Santiago, RD
Vibrante
[r]
14%
28%
Fricativa
[ɹ]
46%
27%
Lateral
[l]
34%
5%
Elidida
[Ø]
6%
28%
Vocalizada [i]
—
12%
Cuadro 2.2. Porcentaje de las variantes de /r/ final de sílaba (parte) y de
palabra (comer) en San Juan y en Santiago
Es cierto, sin embargo, que si la comparación se realiza entre
San Juan y Santo Domingo, las diferencias se suavizan ya que
dejan de ser cualitativas y solo se manifiestan de manera cuantitativa. Según los resultados de un estudio de González (1987),
el habla popular de la capital dominicana se caracteriza sobre
todo por la eliminación de la /r/ (jugá –jugar), que sobrepasa el
40%, y por la realización lateral (jugal –jugar), que aparece en
el 30% de las ocasiones.
28
En lo que respecta a Cuba, es preciso anotar que el cambio de
/r/ y /l/ que puede considerarse más representativo de la lengua
espontánea es su igualación o asimilación a la consonante que
sigue: patte, por parte; fadda, en vez de falda.
Además de los ejemplos citados, y a pesar de que en sus países
respectivos representan formas estigmatizadas que no abarcan
todo su territorio, otros hechos fonéticos también desempeñan
una función discriminadora de tipo cualitativo entre el español
puertorriqueño y el dominicano. En Puerto Rico se producen
con frecuencias variables la pronunciación velar, posterior, de
la consonante vibrante múltiple erre, con un sonido similar al
de la jota castellana (dicen jamón, por Ramón) y la articulación
relajada, fricativa, de la /č/ (mushasho, en lugar de muchacho).
Ninguno de estos fenómenos se encuentra de forma sistemática
en el territorio dominicano. Por el contrario, el cambio de la /l/
a una [r], cuando está colocada en posición final de sílaba y de
palabra (farda –falda, y paper –papel), solamente se da, dentro
de la zona del Caribe, en el sur de la República Dominicana.
En el nivel sintáctico también se descubren varias diferencias
cualitativas que tienen un fuerte poder distintivo. El español de
la República Dominicana incluye ciertas estructuras sintácticas
consideradas emblemáticas del país, o de una región del país,
aunque su uso frecuente está circunscrito especialmente a los
sectores bajos de la población. Una de esas formas es la doble
negación, en enunciados que contienen un marcador negativo
antepuesto y otro pospuesto al verbo: Yo no estoy de acuerdo
con eso no. Aquí nunca lo hacen así no. En estos ejemplos, la
negación pospuesta se integra dentro del mismo enunciado, que
se pronuncia como una sola unidad de entonación. Es decir, no
se trata del adverbio negativo, usado en español general para
29
enfatizar, fuera del resto de la oración: No lo llames, no.
Otro fenómeno sintáctico con sabor dominicano consiste en el
uso del pronombre ello ante verbos impersonales, en especial
delante de haber: Ello hay. Ello no se sabía. Estas estructuras,
que no aparecen en el español cubano ni en el puertorriqueño,
son comunes, particularmente en el habla popular de la región
norte dominicana.
En Puerto Rico, por su parte, es relativamente común el orden
de palabras lo más que, en lugar de lo que más, algo que no se
escucha tanto en Cuba ni en la República Dominicana. En el
diario El Nuevo Día, de San Juan, una noticia reciente informaba lo siguiente: ―Lo más que le ilusiona ahora a Juan es poder
regresar a su pueblo, Coamo‖. Y en una entrevista oral en la
versión electrónica de otra publicación boricua, una señora le
dice al periodista: ―Eso es lo más que me duele‖.
Cuba
Puerto Rico
R. Dominicana
boniato (batata)
cheche (fanfarrón)
chico (de valor apelativo)
fruta bomba (papaya)
fula (dólar)
guajiro (campesino)
guanajo (tonto)
jelengue (desorden)
marañón (fruto, árbol)
papalote (cometa)
sinsonte (ave, pájaro)
ay, bendito (interjección)
chango (tímido)
chavo (centavo, dinero)
chiringa (cometa)
coquí (sapo pequeño)
monga (catarro, gripe)
nene (de valor apelativo)
pantalla (pendiente)
parcha (fruta –chinola)
piragua (granizado)
pon (autoestop)
bola (autoestop)
cajuil (marañón)
campuno (rural - despect.)
chichigua (cometa)
chinola (fruta -parcha)
comparón (orgulloso)
concho (tipo de taxi)
frío frío (granizado)
lechosa (papaya)
pariguayo (tímido, tonto)
yipeta (todoterreno, SUV)
Cuadro 2.3. Algunos términos distintivos de cada isla del Caribe
En cuanto al léxico, existen unidades que si no son exclusivas,
30
al menos se utilizan de forma más generalizada y frecuente en
un país que en otro. En el cuadro 2.3 se recogen algunas de
esas palabras que permiten a los nativos de cada isla identificar
a sus vecinos. Por ejemplo, se asocian en seguida con Cuba los
términos boniato, chico, fruta bomba, guajiro, marañón; con
Puerto Rico, chiringa, monga, nene, pon; y con la República
Dominicana, cajuil, chichigua, concho, yipeta.
Aparte de las formas citadas, en el caso dominicano es otro rasgo léxico notable del habla popular espontánea el uso frecuente
del término vaina, lo que motiva a un comediante a hacer la siguiente caracterización:
―El único país del mundo que con una sola palabra puede decir diez cosas diferentes somos nosotros, con la
palabra vaina. Miren qué ejemplo, miren: Eh, el de la
vaina verde, hazme el favor. –¿Qué hay? ¿Cómo está la
vaina? –No, aquí en esta vaina, mi hijo. Hablamos esa
vaina después. Pásame una vaina que está ahí al lado de
la puerta. Ten cuidado. Tú me dejas caer esa vaina, y
tenemos una vaina ahora mismo.‖
También merecen ser mencionados aquí algunos casos en los
que una palabra pronunciada con un cambio fonético propio
del habla popular adquiere un significado distinto al original.
Se produce así el fenómeno denominado lexicalización, en el
que un elemento lingüístico se convierte en una unidad léxica
nueva, en otra palabra. Un par de ejemplos muy conocidos son
jablador (mentiroso) y jumo (borrachera), que en estilo espontáneo conservan el sonido aspirado que correspondía a la hache
y se distinguen semánticamente de hablador y de humo.
Algo parecido ocurre con los términos asopao (sopa espesa de
31
arroz con carne) y melao (especie de jugo denso de caña), que
surgen de la eliminación fija de la /d/ intervocálica. En estos
casos, si se restituyera el sonido perdido, diciendo asopado y
melado, la pronunciación sonaría afectada y hasta ridícula. Lo
mismo se descubre en chiguete (chisguete –chorro fino de un
líquido) y patatú (patatús –desmayo) en los que la elisión de la
/s/ se ha establecido como la norma de pronunciación. Por su
parte, la palabra de uso popular riego –de ‛riesgo‘– (el período
de las semanas que siguen al parto), se diferencia del término
general o estándar riesgo (peligro o posibilidad de un daño) y
también de su homónimo riego (acción y efecto de regar).
Sin embargo, a pesar de lo expuesto, algunos investigadores
entienden que las tres Antillas españolas exhiben una notable
homogeneidad lingüística que permite hablar con propiedad sobre el español del Caribe como si se tratara de una entidad dialectal única. Una consecuencia de esta concepción se revela en
el hecho de que todos los intentos de división del español americano en zonas dialectales coinciden en situar a las tres islas
dentro de una misma área.
Cuando esos análisis dialectales de conjunto destacan la unidad
lingüística antillana, se apoyan en la consideración global de
determinados hechos, como el debilitamiento consonántico o la
presencia de elementos léxicos de origen indígena, africano,
etc. Suponen que los procesos de relajación fonética están presentes en los tres lugares con idéntica proporción y que el vocabulario está integrado por las mismas unidades. Y esto no es
así, según se ha mostrado en los párrafos anteriores.
Una posible explicación de la discrepancia de visiones podría
encontrarse en la circunstancia de que algunos dialectólogos,
32
actuando como observadores externos, simplemente perciben
la realidad en su conjunto, sin discriminar los detalles y los aspectos particulares. Tal vez disponen de informaciones sobre el
habla culta y no acerca de otras modalidades. Esto contribuiría
a forjar su percepción de homogeneidad o de uniformidad. En
cambio, desde dentro, resulta mucho más fácil advertir las diferencias con las que se tiene un contacto directo e inmediato.
33
34
3
El error de mezclar fenómenos
lingüísticos diferentes
Cuando se observa la realidad fonética del español dominicano,
se puede distinguir la existencia de dos tipos de fenómenos de
acuerdo con su repercusión sociolingüística. En tanto algunos
hechos no constituyen señales o síntomas reveladores de la
procedencia geográfica ni del nivel educativo de las personas,
otros sí tienen valor discriminatorio.
En el primer grupo se pueden incluir dos casos notables. Uno
de ellos consiste en la pronunciación posterior o velar de la /n/
final de palabra (pan), en cuyo proceso de articulación no se
mueve la lengua hacia el frente de la boca (como en nada),
sino que se retrae hacia el fondo (como en mango). El segundo
es la pronunciación de la jota relajada (jabón), reducida a una
simple aspiración o soplo de aire que roza las paredes del canal
articulatorio abierto (como la h del inglés hat). Ambos hechos
diferencian el habla dominicana de lo que es usual en el norte
de España, por ejemplo, donde los dos segmentos se articulan
con mayor tensión articulatoria. Sin embargo, en el interior de
la República Dominicana, ninguno de los dos sonidos permite
distinguir a unos hablantes de otros. Todos los ciudadanos, con
independencia de su procedencia geográfica y de su nivel
sociocultural, coinciden, más o menos, en la producción de las
mismas variantes relajadas. Si se manifiesta alguna diferencia,
35
aparentemente no se percibe o al menos no se tiene conciencia
de ella. Es decir, se trata de unos hechos que carecen de valor
diferenciador desde el punto de vista social y geográfico en el
país. Se podría decir que tienen un tipo de prestigio general implícito, porque aunque no son marcas de nivel alto, se aceptan
plenamente en el habla culta formal.
En contraposición, la pronunciación de la /s/ y de las líquidas
/r/ y /l/ ofrece una rica gama de variantes fonéticas fácilmente
perceptibles que facilitan su asociación con los hablantes que
las realizan de forma más frecuente y continua. En este sentido,
cualquier dominicano, al escuchar a un conciudadano que dice
Yo toy dede la sei de la mañana en eta equina aquí, y na má he
hecho do ciento peso, sería capaz de adivinar con un altísimo
índice de probabilidad que no se trata de un profesional, sino
de un obrero sin instrucción. La repetida eliminación de la /s/
le facilita llevar a cabo la identificación. Del mismo modo, si
oyera las formas comel y comei, en vez de comer, no solamente
podría reconocer con mayor o menor precisión el nivel de educación de su paisano, sino también su procedencia geográfica.
De la /s/, generalmente se distinguen las siguientes variantes: la
conservación plena [s] (castigo); la variante relajada, aspirada
[h] (cahtigo) y la eliminación completa [Ø] (catigo). En cuanto
a /r/ y /l/, se producen múltiples formas. Entre ellas se cuentan
las siguientes: su intercambio (ele en lugar de ere -puelta-, y a
la inversa, ere en vez de ele -úrtimo-); la igualación al sonido
siguiente (patte, por parte); la vocalización o cambio a una [i]
(paite, aigo, en lugar de parte y de algo, respectivamente); la
eliminación total (jugá, en vez de jugar). Además de estas posibilidades, pueden darse otras que por su escasa frecuencia no
son incluidas aquí.
36
Ahora bien, la acción discriminadora de las variantes de la /s/,
de la /l/ y de la /r/, que como se ha visto hace posible distinguir
a unos hablantes de otros, no se produce de la misma manera.
Las diversas formas que adopta la /s/ establecen una distinción
cuantitativa entre los hablantes. No resulta exagerado afirmar
que al expresarse en estilo espontáneo, todos los hablantes de
la República Dominicana, sin importar su procedencia regional
ni su nivel social, eliminan y convierten en un sonido aspirado,
similar a la jota, cierta cantidad de las /s/ finales de sílaba y de
palabra. Lo que determina en este caso la diferencia entre un
hablante analfabeto y otro profesional es la proporción o la frecuencia con la que pronuncian esas variantes. Es fácil percibir
que mientras en el habla de un abogado, de cada diez /s/ de un
texto, aproximadamente suelen perderse tres o cuatro, tal vez
otras tantas se transforman en una aspiración, y dos o tres se
mantienen, en la de un obrero sin especialización, desaparecen
por completo siete, ocho e incluso más.
Por su parte, algunas de las manifestaciones de las líquidas (ere
y ele) señalan una diferencia de carácter cualitativo, ya que
unos hablantes producen unos sonidos que otros no pronuncian
nunca o casi nunca. Por ejemplo, una persona que dice úrtimo,
en vez de último, queda identificada con bastante seguridad no
solamente en cuanto a su nivel social bajo o medio bajo, sino
también como habitante de la región suroeste del país. Esto es
así como consecuencia del valor cualitativo del fenómeno, por
tratarse de un cambio (de ele a ere) que nunca se realiza o es
sumamente raro en el habla de los estratos altos de la sociedad
y que difícilmente se escucha en otras regiones de la geografía
dominicana.
37
Existen también en el español dominicano algunos fenómenos
sintácticos, diferentes a los usuales en la lengua culta de otros
lugares, que son aceptados como normales por todos los sectores de la sociedad. En tal sentido, esos hechos no actúan como
factores de diferenciación sociolingüística y no son motivo de
inseguridad. En otras palabras, los hablantes los utilizan con
frecuencia y no consideran que se trate de formas inapropiadas
o poco elegantes. Uno de ellos es la conservación del pronombre sujeto delante del verbo en las oraciones interrogativas. Por
ejemplo: ¿Qué tú quieres? ¿Cómo tú estás? Tal vez no se tiene
conciencia de que dicha colocación difiere de la del español de
otros lugares: ¿Qué quieres? - ¿Qué quieres tú? En todo caso,
lo cierto es que el fenómeno se acepta como normal, incluso en
el habla culta.
El terreno del vocabulario ofrece ilustraciones de naturaleza similar. Obviamente, el español de los dominicanos comparte la
mayor parte de sus unidades léxicas con el resto del mundo hispánico. Para probarlo, basta pensar en miles de sustantivos de
alcance panhispánico, como cabeza, camisa, libertad, arroz,
libro; adjetivos, como sabio, verde, caliente, grande, bueno;
verbos, como estudiar, dormir, ver, amar, comer, tener, bailar;
y numerosos adverbios, como lejos, sí, mucho, mañana.
Sin embargo, igual como ocurre en cualquier otro país, en este
campo se descubre una serie de términos que de hecho pueden
considerarse exclusivos de los dominicanos, porque se desconocen o no se usan en otras partes. Entre ellos cabe citar cajuil,
chichigua, quipe, chinola, concón, figurear, macuteo, mangú,
motoconcho, yipeta. Resulta de gran interés comprobar que el
empleo de estas palabras no provoca vergüenza ni dudas en los
hablantes. A pesar de su carácter local, dichos términos son
38
percibidos como neutros, del mismo modo que mesa o andar,
que se utilizan sin ninguna restricción estilística ni social.
El uso de otras palabras distintivas del español dominicano, sin
embargo, está más condicionado por la situación comunicativa.
Entre estas últimas se encuentran chele, chepa, chin, fracatán,
pariguayo, pique, tajalán, que se aceptan como apropiadas y
válidas, pero solamente cuando se habla en estilo espontáneo,
familiar, informal.
Desde una perspectiva histórica, además, resulta natural que
con el tiempo, ciertas palabras se desgasten y caigan en el olvido, o que otras sean reemplazadas por unidades léxicas competidoras. Así, por diferentes motivos, ahora suena como cosa del
pasado la expresión ser un timacle (aplicada a un individuo con
habilidades) o el vocablo tutumpote (persona rica e influyente).
En otros casos, se ha producido o está en proceso de realizarse
la sustitución de un término que se percibe anticuado o tal vez
de bajo rango social, por otro mejor valorado, como sucede con
chalina, desplazado por corbata; patilla, por sandía; calimete,
poco a poco relegado por sorbete; y puerco, por cerdo.
Las distinciones precedentes deben ser tomadas en cuenta a la
hora de hacer una adecuada descripción del modo de hablar
que caracteriza a los dominicanos. A menudo se ha incurrido
en el error metodológico de mezclar fenómenos heterogéneos
de acuerdo con su uso y su valor sociolingüístico. Por ejemplo,
en diversas obras se encuentran afirmaciones en el sentido de
que en el Caribe Hispánico, y específicamente en la República
Dominicana, el nivel fonético se caracteriza por la presencia de
una articulación relajada de la jota; por la pronunciación posterior de la /n/ final de palabra, llevando la lengua al fondo de
39
la boca, como se hace al decir tengo; por la confusión de las
líquidas (ere y ele); y por la frecuente eliminación de la /s/ final
de sílaba. En el área de la morfología y la sintaxis, se suelen
citar fenómenos como el uso de la forma –ico para la derivación del diminutivo cuando la última consonante de la palabra
es /t/ (perrito, papelito; pero gatico, ratico); la formación del
plural en –se (manise, en vez de maníes; barbuse, en lugar de
barbudos); o el cambio de orden de los pronombres átonos antepuestos (me se olvidó, en vez de se me olvidó). En cuanto al
vocabulario típico, se dan ejemplos como chichigua y chele.
Hay que subrayar que al realizar semejantes descripciones, se
entremezclan y se confunden hechos de diverso tipo: unos que
son generales y tienen prestigio, con otros que son regionales o
populares y están estigmatizados en la sociedad. Tal como se
comentó anteriormente, la pronunciación relajada o aspirada de
la jota y la velarización de la /n/ final son fenómenos que en la
República Dominicana pertenecen a la norma culta del país, es
decir, forman parte legítima del habla que se considera educada. Por su parte, los cambios que afectan a las líquidas /r/ y /l/
finales de sílaba y de palabra, constituyen indicios de nivel sociocultural y de procedencia geográfica. Lo mismo se aplica a
los ejemplos morfosintácticos ya citados. La alternancia –ito/–
ico (perrito – gatico) no tiene valor discriminador desde el punto de vista dialectal ni sociolingüístico, porque la utilizan todos
los hablantes por igual, aunque a veces se establecen diferencias de estilo. Sin embargo, el uso de me se olvidó, en lugar de
se me olvidó, revela con claridad la baja condición social del
hablante. Y en el campo léxico, en tanto chichigua es un término no marcado, utilizable en cualquier circunstancia, la palabra
chele, que actualmente parece estar en franco desuso, es propia
del estilo muy informal.
40
4
El español estándar es inclusivo,
no exclusivo
En el uso ordinario de la lengua, el término estándar alude a la
idea de modelo, de tipo, es decir, a lo que sirve como patrón.
Pero también hace referencia a lo que se considera normal, a lo
que está generalizado.
Según la descripción anterior, se puede observar que aunque
ambos sentidos son compatibles, ya que pueden aplicarse a la
misma realidad, no son recíprocos, no se implican mutuamente.
Aunque es verdad que lo que se generaliza y se estima normal
constituye de alguna manera un modelo, pueden existir unos
modelos, tipos o patrones que no se hayan generalizado.
Muchos lingüistas, especialmente sociolingüistas, utilizan la
designación lengua estándar con el sentido, coherente con el
primero de la lengua común, de variante de prestigio usada por
una comunidad. Esta modalidad trasciende las diferencias geográficas y provee un modelo unificado que puede ser usado en
situaciones formales, por los medios de comunicación y por la
escuela, según piensa Crystal (1985:286). De acuerdo con esta
concepción, una variante sin prestigio, como la que utilizan los
sectores socialmente bajos de las ciudades y los residentes en
zonas rurales, es llamada no estándar, e incluso, sub-estándar.
El sistema estándar, por tanto, parece estar representado por un
41
dialecto particular que, por lo general, es el utilizado por los
hablantes del nivel sociocultural alto en una zona geográfica
determinada, en un estilo específico, el de mayor cuidado. Esta
variedad se prefiere y ha sido seleccionada entre otras posibles.
Cuenta con la aceptación de la comunidad en general, la cual la
reconoce como su mejor tarjeta de presentación en circunstancias formales.
En ocasiones, la noción de estándar se asocia e incluso llega a
identificarse con el patrón establecido por las formas correctas,
tal como son prescritas por la ortografía para el uso escrito.
Conviene saber que en rigor, tanto en un caso como en el otro,
se trata de entidades abstractas que carecen de hablantes reales.
Si se entiende como la modalidad más prestigiosa de un lugar
determinado, se debe tener en cuenta que, en realidad, así como
nadie puede hablar la lengua española, tampoco nadie habla el
español de España, ni el español dominicano, ni el español estándar, simplemente porque son unos sistemas complejos que
se caracterizan por un rasgo intrínseco, que es su variabilidad.
Lo que se considera el modo propio de un cubano culto admite
varias posibilidades fonéticas, morfológicas, sintácticas y léxicas. De manera que cuando alguien habla, necesariamente tiene
que seleccionar una opción entre varias posibles.
La idea de futuro, por ejemplo, se puede expresar mediante una
forma sintética (Compraré un carro nuevo) o una analítica (Voy
a comprar un carro nuevo); y con el fin de suavizar la dureza
del imperativo (Pásame el agua), el hablante puede recurrir a
diferentes alternativas (¿Me pasas el agua? – ¿Puedes pasarme
el agua? – Por favor, pásame el agua). En este sentido, los actos de habla no realizan, no agotan el sistema lingüístico como
42
tal, sino solamente una de las posibilidades que este ofrece. En
consecuencia, se debe aceptar que los dialectos, los modos de
hablar, constituyen sistemas virtuales que no son realizables en
su totalidad. Con respecto a esta interpretación, López Morales
(1989:41) afirma lo siguiente:
―Hablar del español del Caribe, del antillano, del dominicano o del de la ciudad de Santo Domingo, conlleva
una jerarquía de abstracciones; son identificaciones,
conceptualizaciones, a las que sólo se puede llegar a
través de ejercicios intelectuales, aunque éstos sean, por
supuesto, de una utilidad extrema desde muchos puntos
de vista: las sintopías, por minúsculas que sean, no garantizan la homogeneidad lingüística necesaria para
hablar de ‗auténticas‘ unidades.‖
Cuando la lengua estándar se identifica con el modelo ortográfico, hay que reconocer que el factor de la variabilidad se reduce en gran medida, pero precisamente por eso se convierte en
un arquetipo artificial que no es practicado concretamente, en
el ámbito verbal, por ningún hablante. La falta de diversidad de
la lengua estándar así entendida permite incluso describirla como una forma patológica de la lengua. Irónicamente, desde este
ángulo se trataría de un tipo anormal de expresión lingüística.
Y así parece corroborarlo la comunidad, cuando se resiente y
sanciona socialmente a quienes se extralimitan hablando, o intentando hablar, como un libro, con un grado de corrección tan
alto que resulta excesivo para el uso oral. No puede olvidarse
que el habla es, por naturaleza, distinta a la lengua escrita. La
escritura es solamente una representación aproximada, un simple reflejo de la realidad oral. Por eso, no puede estar primero,
sino después. No es consustancial, sino accidental.
43
La prueba más contundente de que la ortografía constituye un
hecho cultural, ajeno y externo a la realidad lingüística en sí, es
el carácter rígido, único e inflexible de sus normas. La forma
escrita de las palabras no tolera las variaciones de estilo. Puede
decirse que, de alguna manera, es inmune a la influencia de los
factores sociales que determinan la conducta oral esencialmente variable de los hablantes. Así, por ejemplo, la forma gráfica
de la oración ‛Lo hizo por ti‘ es única, independientemente de
que la persona que la redacte sea un catedrático universitario,
una secretaria o un estudiante de escuela primaria. Tampoco
importa si aparece en una carta personal o en un ensayo científico. En cualquier caso, hay obligación de escribir la palabra
hizo con hache y con zeta, sin tilde sobre la i y separada por un
espacio de lo y de por. Hacerlo de manera diferente implicaría
incurrir en un error. Sin embargo, al hablar, dicha palabra se
podría pronunciar con zeta o sin ella; manteniendo un hiato o
uniendo estrechamente en sinalefa la o de lo con la i inicial de
hizo; enlazándola con por o haciendo una pausa entre ambas.
Como lengua nacional de una veintena de países, el español no
tiene una modalidad de prestigio única, propia de una región o
de una zona particular. Por eso, hablando con rigor, no existe
un modelo estándar general, que excluya las demás variedades.
En muchos aspectos, lo que funciona como estándar en un país
puede y debe ser diferente a lo que se considera así en otros. La
lengua española es patrimonio de todos y dentro de su unidad
fundamental alberga una extensa variedad, porque debe tener la
amplitud suficiente y la capacidad necesaria para permitirles a
sus usuarios manifestarse exactamente como son, con la particular personalidad cultural y nacional que les corresponde.
Al menos parcialmente, la noción de español estándar debe en44
tenderse como un sistema amplio, formado por un conjunto de
posibilidades que acepta diversas opciones. En consecuencia,
una de sus principales características es necesariamente su flexibilidad. Su estructura se sustenta en un componente básico,
panhispánico o internacional, que constituye una norma general. Sin embargo, en lo que respecta a una serie de elementos
fonéticos, sintácticos y léxicos, se diversifica, es tolerante, y
deja de ser internacional para hacerse nacional. Y esto tiene
que ser así porque no todas las variantes de una variable lingüística trascienden las fronteras geográficas. Una variante que
es utilizada por la mayoría de los hablantes de un país, puede
ser desconocida en otro. Basta pensar, por ejemplo, en el pronombre vosotros y sus formas posesivas (vuestro, vuestra) y la
objetiva inacentuada (os), normales en el español de Castilla,
pero extraños y ajenos al habla de Hispanoamérica.
También puede darse la circunstancia de que un hecho tenga
una valoración social positiva en un lugar y negativa en otro,
como es la diptongación frecuente de los hiatos (golpiado, en
vez de golpeado; policiaco, y no policíaco), que en México es
común en el habla culta, pero en el Caribe se considera vulgar
o propio solamente de estilos muy espontáneos. Otro ejemplo
sería la elisión de la /d/ intervocálica (pasao por pasado), que
en España cuenta con bastante tolerancia social y se produce,
incluso en el habla culta, con mayor frecuencia que en los países hispanoamericanos. Por eso se puede afirmar que la lengua
estándar no corresponde a una norma particular, excluyendo las
demás, sino que tiene la capacidad de armonizar en su interior
la presencia de elementos propios de varias normas nacionales.
La base unitaria en la que se sustenta el español estándar es, sin
duda, más amplia que el componente diferenciador. En tal sen45
tido, es impresionante la unidad lingüística que sirve de soporte
a una comunidad cultural de más de 400 millones de personas.
Sin embargo, está claro que en los distintos niveles de análisis
lingüístico, hay fenómenos que provocan una diferencia legítima y tolerable dentro del marco flexible del español estándar.
De acuerdo con una propuesta hecha por Ávila (1997) y basada
en la ausencia o presencia de los fonemas zeta y ese, existen
tres normas hispánicas, o lo que es igual, tres modelos de lengua española estándar. En una de esas normas no se pronuncia
el fonema interdental // (zeta), pero el alveolar /s/ se mantiene
en todos sus contextos. Algunas capitales que ilustran esa norma son, entre otras, Bogotá y México. En la segunda, tampoco
se pronuncia la //, y la /s/ final de sílaba se aspira y se elide de
forma variable. Algunos lugares donde rige esta modalidad son
Caracas, La Habana, Santiago de Chile, Santo Domingo. En la
tercera, que se circunscribe al territorio peninsular, en ciudades
como Madrid y Valladolid, se mantienen tanto la // como la
/s/ en cualquier posición.
Clasificaciones semejantes, lógicamente, son posibles también
utilizando como criterio la pronunciación de otros segmentos,
como pueden ser la /n/ final de sílaba y de palabra, la jota, la
ye. ¿Y qué decir de la entonación? Sencillamente no es posible
plantear la existencia de un esquema único de entonación que
pueda considerarse estándar, general.
La variación de la /s/ tiene aquí particular importancia por su
pertinencia en la conformación de la identidad del español de
la República Dominicana. Igual que en otros países, la conservación de ese sonido cuando está colocado en posición final de
sílaba y de palabra tiene prestigio en el país. Sin embargo, con46
viene subrayar que su frecuencia en el habla dominicana debe
mantenerse dentro de ciertos márgenes. Sobrepasar esos límites, pronunciando la consonante con regularidad, resulta socialmente inaceptable, incluso dentro de la norma culta del país.
48%
50%
40%
40%
30%
12%
20%
10%
0%
[s]
[h]
[Ø]
Gráfica 4.1. Variantes de /s/ - Hablantes cultos en estilo espontáneo
Esta situación se manifiesta con claridad, en el plano objetivo,
si se analizan de manera cuantitativa textos orales de hablantes
cultos dominicanos cuando se expresan de manera informal y
aun en situaciones de mucha formalidad, como pueden ser las
entrevistas en televisión.
La gráfica 4.1 permite observar que, en conversaciones libres
realizadas por hablantes del grupo social alto de Santiago, el
mantenimiento de la /s/ llega apenas al 12% del total. Sin duda,
la variante mayoritaria para este grupo es la aspirada, que alcanza casi la mitad de las posibilidades. Esto representa un indicio seguro del carácter prestigioso de dicha pronunciación en
47
el español dominicano. La eliminación, por su parte, se produce en el 40% de las ocasiones, lo que en comparación con el
estado del habla culta en otros países, constituye un índice muy
elevado. Sin embargo, dentro del contexto dominicano, el impacto de esa cifra se suaviza cuando se compara con los altísimos porcentajes de eliminación que se registran en el habla popular del país, que sobrepasan el 90%.
Según se ha comprobado en muchas investigaciones, tanto con
fenómenos del español como de otras lenguas, cuando se pasa
de un estilo espontáneo y familiar a uno más formal, es lógico
que aumente la frecuencia de las formas prestigiosas y que disminuya el índice de aparición de las estigmatizadas, las que la
comunidad no acepta como correctas. Con el interés de verificar la hipótesis anterior con datos dominicanos, se ha juzgado
conveniente analizar materiales del habla culta en estilo formal.
63%
70%
60%
50%
22%
40%
30%
15%
20%
10%
0%
[s]
[h]
[Ø]
Gráfica 4.2. Variantes de /s/ - Hablantes cultos en entrevistas de televisión
48
En la gráfica 4.2 se recogen los resultados del estudio de diez
fragmentos de entrevistas transmitidas por diversos canales de
televisión de Santo Domingo. Entre los hablantes participantes,
todos profesionales con estudios superiores, hay empresarios,
médicos, abogados, teólogos, ingenieros, economistas. Como
se encuentran ante las cámaras de televisión, respondiendo las
preguntas que se les plantean, hay derecho para suponer que al
expresarse intentan hacerlo en un estilo más cuidadoso que el
que usan normalmente en una conversación privada.
La comparación de las cifras de la gráfica 4.1 con las de la 4.2
revela una diferencia que confirma el efecto del cambio de estilo. Como era de esperar, y de manera altamente significativa,
se observa que la presencia de la variante [s] casi ha duplicado
su frecuencia: de un 12% en conversaciones libres, en estilo informal, asciende a un 22% en las entrevistas de televisión. Por
su parte, la pronunciación aspirada [h] también experimenta un
incremento notable, pasando del 48% al 63%. Este aumento de
frecuencia con que se produce la variante [h] en el registro más
formal, debe interpretarse como una prueba indiscutible de su
estatus prestigioso en el español de los dominicanos, quienes la
juzgan con una actitud claramente positiva. De no ser así, carecería de sentido el hecho de incrementar su uso precisamente
cuando tratan de hablar mejor.
Lógicamente, al elevarse la frecuencia de las demás variantes,
la eliminación total desciende de manera visible, a menos de la
mitad del nivel alcanzado en el estilo conversacional: del 40%
se reduce apenas al 15%. Este moderado índice, sin embargo,
no deja de ser elocuente. Significa que el ideal lingüístico de
los hablantes cultos dominicanos acepta que aproximadamente
una de cada siete eses sea eliminada, incluso en las situaciones
49
de mayor cuidado, cuando la conciencia lingüística está muy
activa indicando qué es lo más apropiado para la ocasión.
A modo de ilustración, se citan las palabras de un entrevistado:
«El único lenguaje no puede ser únicamente la huelga
no. Siempre, la Iglesia en su doctrina social ha tenido la
huelga como un recurso extremo, dehpué que se agotan
todo lo recurso, verdad. Aquí empezamo planteando
una huelga, no. Vamoh primero a hacer la huelga, y
dehpué ya vamo a negociar, no. Sobre todo en este
campo de la medicina, con tanta deficiencia y con tanta
gente, pasando calamidadeh, no, no. Yo creo que el médico tiene que medir mucho más suh decisiones, y su
lenguaje de paro, porque, ¿a quién ehtá afectando?, a la
población. Por un lado, no se puede negar que hay una
buena dosih de política en muchah de ehta decisioneh
también, no. Por otro lado, se apoyan mucho de ehtos
grupos, gremios, en condiciones salarialeh y de vida.
Lo que pasa eh que uno ha vihto que se han mejorado,
aunque no quizá en la proporción que ellos ehperan, se
han mejorado lah condicioneh, pero seguimoh cada día
ahpirando a más.»
Los datos anteriores confirman la idea tantas veces repetida de
que el proceso de desgaste de la /s/ ha progresado más en la
República Dominicana que en otros países del ámbito hispánico. Como consecuencia de ese estado tan avanzado del proceso
de debilitamiento, en la mente de muchos se ha ido creando la
imagen de que lo normal, la práctica habitual, lo natural, es la
variación, la combinación de las diversas formas: [s, h, Ø]. Por
eso no tiene nada de extraño que la conservación constante y
50
exclusiva de la variante plena [s] suene artificial y afectada.
Con el fin de verificar esta hipótesis desde una perspectiva subjetiva, se llevó a cabo un sondeo con una muestra compuesta
por 139 estudiantes universitarios de las dos principales ciudades dominicanas: Santo Domingo y Santiago.
28%
Desaprobación
Aprobación
0%
72%
20%
40%
60%
80%
Gráfica 4.3. ―Suena raro y afectado un compañero que al hablar pronuncia
todas las /s/ finales de sílaba‖
Los encuestados debían manifestar su grado de acuerdo o de
desacuerdo con una serie de enunciados evaluativos. La gráfica
4.3 recoge los resultados con relación a una de esas afirmaciones. Según muestra la gráfica, el 72% de los encuestados (casi
3 de cada 4) opina que está de acuerdo con lo expresado en el
enunciado, y apenas el 28% lo desaprueba. Pero eso no es todo.
Casi la mitad de la muestra afirma estar no solo de acuerdo,
sino muy de acuerdo, como se observa en la gráfica 4.4.
Estos resultados indican que el mantenimiento sistemático de
la /s/ implosiva no es una meta deseable del español de los dominicanos, sino que al contrario, representa un fenómeno sobre
el que gravita una pesada carga de rechazo social, excepto tal
51
vez en estilo de lectura. El problema no reside en que se trate
de un comportamiento lingüístico incorrecto, sino en que constituye una acción que se percibe, con razón, como exagerada y
poco natural. Vale decir que no es una cuestión de corrección,
sino de hipercorrección. Consiste en un hecho ilustrativo de
una conducta que sobrepasa los límites considerados normales
en el contexto del español dominicano y del Caribe.
45%
40%
35%
30%
25%
20%
15%
10%
5%
0%
44%
28%
Muy de
acuerdo
De acuerdo
28%
En
desacuerdo
Gráfica 4.4. ―Suena raro y afectado un compañero que al hablar pronuncia
todas las /s/ finales de sílaba‖
Algunos sujetos masculinos de la muestra manifestaron que el
hecho de pronunciar todas las eses se considera en su ambiente
como una señal que podría poner en entredicho su imagen de
virilidad. Esta apreciación, aparentemente caprichosa, cuenta
con apoyo objetivo. En una investigación sobre la variación fonética en Santiago se revela un fenómeno comprobado también
en otros lugares del mundo hispánico: las mujeres exhiben una
conducta lingüística más conservadora que los hombres. En lo
que respecta a la pronunciación de la /s/, esta actitud se manifiesta en el hecho de que, en conjunto, las mujeres retienen el
52
sonido, tanto bajo la forma plena [s], como de aspirada [h], con
mayor frecuencia que los hombres, según se puede apreciar en
la gráfica 4.5.
80%
70%
71%
60%
50%
40%
51%
25%
30%
20%
10%
0%
34%
15%
4%
[s]
[h]
Hombres
[Ø]
Mujeres
Gráfica 4.5. Variantes de /s/ según el sexo
Resulta lógico, en este sentido, que la pronunciación muy frecuente de esa variante sibilante se asocie con el sexo femenino.
Esta misma asociación se expresa en el teatro y en las comedias populares que se presentan por televisión, en las que a los
personajes homosexuales, afeminados, se les pone a hablar con
notable corrección, pronunciando todas las eses.
En la morfosintaxis también se encuentran algunos fenómenos
que ilustran el carácter abierto de la norma estándar, que en
ocasiones deja de ser general para hacerse regional. Pueden
citarse casos como los diversos alomorfos del diminutivo (illoín-ito-ico), la posición del sujeto en la interrogación (¿Cómo
estás (tú)? / ¿Cómo tú estás?), el leísmo (Le vi en el cine / Lo
vi en el cine), el voseo frente al tuteo (vos hablás / tú hablas).
53
90%
83%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
17%
20%
10%
0%
Aprobación
Desaprobación
Gráfica 4.6. Considero aceptable y normal que un dominicano culto diga:
‛Si tú quieres, yo te llamo cuando ella llegue‘.
En el español del Caribe se ha consignado en reiteradas ocasiones el abundante uso de sujetos pronominales que acompañan
al verbo, en oposición a lo habitual en otras zonas donde se
omiten, por redundantes, ya que la información de persona se
encuentra en la forma verbal. En la República Dominicana, este uso es general y se acepta como parte del habla culta. Según
indican las cifras de la gráfica 4.6, una mayoría aplastante del
83% de la muestra investigada aprueba el fenómeno como un
rasgo normal del habla culta.
De hecho, muchos hablantes parecen no ser conscientes de que
existe otra forma, que es precisamente la estándar en la mayor
parte del mundo hispánico: ―Si quieres, te llamo...‖. En otras
palabras, esas personas no eligen entre dos alternativas, porque
la única opción que tienen disponible a la hora de hablar es la
que incluye el pronombre: ―Si tú quieres, yo te llamo.‖
Pero donde se manifiesta con más claridad el carácter flexible
y abierto del español estándar es en el campo del vocabulario.
Las unidades léxicas distintivas de diversos países hispánicos
54
se aceptan con mayor facilidad que las diferencias fonéticas y
morfosintácticas. La mayoría de la gente convive sin dificultad
con la realidad de que en un sitio se llama patata, zumo, piso,
lo que en otros es papa, jugo y apartamento, respectivamente.
Y se asume también como un hecho que lo que en Argentina o
en Chile se denomina poroto, en Venezuela se llama caraota,
en México, frijoles, y en la República Dominicana, habichuela,
y también frijoles.
Si se examinan las primeras veinte palabras disponibles en el
campo léxico del transporte en distintos lugares del mundo hispánico, se descubre que dentro de la gran cantidad de léxico
común (avión, barco, tren, bicicleta, caballo, helicóptero, bote,
taxi), algunas unidades permiten caracterizar la lengua estándar
de cada país: auto en Chile; coche en España; y carro en México, en Puerto Rico y en la República Dominicana. Y aunque la
palabra autobús puede considerarse una forma común, por ser
de conocimiento general en todo el mundo de habla española,
la denominación más frecuente en México es camión; en Chile,
bus o micro; y en las Antillas hispánicas, guagua.
A modo de conclusión, vale repetir las palabras del maestro R.
Lapesa (1992:282): ―la versión culta peninsular de la lengua
española no es la única legítima: tan legítimas como ella son
las versiones cultas de cada país hispanoamericano.‖ En el
mismo sentido, E. Coseriu (1982:42) señala que ―las formas
reconocidas como típicamente madrileñas (si no las dice un español) resultan -en América- afectadas en la mayoría de los
casos y de las situaciones.‖ Por su parte, Ávila (1997) sugiere
que ―en vez de pensar en una norma unitaria, habría que promover la unidad esencial dentro de la diversidad. Los modelos
del bien hablar están dentro de cada país o cada región. Esos
55
modelos son el sustento de la norma general, los que la nutren
y fertilizan.‖
Está claro que la imposición de la norma de un lugar sobre la
de otro supone un total desconocimiento de la esencia social de
la lengua, que adquiere en cada país su color peculiar. Por tal
razón, el español estándar tiene que ser entendido como un sistema elástico, como un conjunto de posibilidades que admite
diferentes realizaciones. Esa elasticidad constituye precisamente un testimonio que manifiesta su riqueza y su funcionalidad.
En consecuencia, la lengua ejemplar que debe servir de modelo
a los dominicanos no es la que rige en otras partes, sino la versión culta que se practica en el interior del propio país. En definitiva, el español estándar es inclusivo, no exclusivo.
56
5
Pesimismo frente a lealtad
lingüística
Se ha indicado que cuando dos amigos conversan, no hay solamente dos, sino seis personas presentes: está cada uno de ellos
como es en verdad; cada uno según es visto por el otro; y cada
uno como se considera a sí mismo. Esto es así porque la imagen que un individuo tiene de sí mismo, suele ser distinta de la
que de él se forjan los demás. Y ambas normalmente se apartan
de la realidad, porque son simples transposiciones o representaciones subjetivas del referente, de la verdad del objeto exterior.
La distinción anterior es aplicable también, de cierta manera, a
las lenguas y a los dialectos. Una cosa es, en el plano objetivo,
el sistema lingüístico, con su amplio conjunto de unidades y de
reglas, y otra muy distinta, en el ámbito subjetivo, son las ideas
o las creencias que los hablantes tienen sobre dicho sistema.
Al intentar caracterizar la identidad del español dominicano se
impone tomar en cuenta ambos aspectos. Porque, a fin de cuentas, lo que piensan los hablantes sobre su modo de hablar es
parte de esa identidad y, además, tiene repercusión en el funcionamiento y en la evolución de la lengua.
El objetivo principal de este capítulo consiste precisamente en
intentar revisar brevemente la valoración subjetiva que sobre
su lengua manifiestan los hablantes dominicanos.
57
Según se ha señalado en una publicación anterior (Alba 2004),
son muchos los dominicanos que experimentan un estado de
inseguridad lingüística que los lleva a creer que su manera de
hablar es peor, que no es tan correcta como la de otros lugares.
Esta actitud negativa se expresa tanto de forma indirecta como
directa. Hace varios años, un conocido humorista dominicano
caricaturizaba el español del país de la siguiente manera en una
de sus anécdotas:
«Y la forma de hablal. En ve de deci nosotro, decimo
nojotro. Ello hay. Dede que uté oye una gente diciendo
ello hay, e de aquí. Ello haberá que eperal. Poque eso
e, tú sabe cómo e. Haiga, que ello haiga. Poque e que
somo así. Entonce uno no se explica cómo gente que a
vece viven en loma en otro paíse, hablan correctamente.
Pero nosotro somo así y hay que quererno así.»
Dos ideas del texto anterior resultan particularmente reveladoras. La primera evidencia una sátira a la forma de hablar de los
dominicanos («Dede que uté oye una gente diciendo ello hay, e
de aquí.»). La segunda, en cambio, es una apología del español
de otras partes («Entonce uno no se explica cómo gente que a
vece viven en loma en otro paíse, hablan correctamente.»).
Vienen al caso, en este sentido, los comentarios expresados por
el escritor dominicano León David en un artículo publicado en
la versión digital del periódico HOY, en junio de 2007. Aquí se
citan fragmentos de ese trabajo.
«Muy a mi pesar me he visto obligado a admitir –no en
una sino en múltiples ocasiones– que nuestro pueblo no
se estima a sí mismo y, por consiguiente, vaga por las
calles arrastrando por el lodo el amor propio como si de
58
un trapo se tratara.
«Y, por descontado, el menosprecio a lo nuestro va de
manos con la desembozada tendencia a ensalzar todo lo
de fuera. Lo autóctono es por antonomasia malo, feo y
denigrable; lo foráneo –siempre que no proceda de Haití–, ostentará el brillo y las cualidades que por tan mezquina guisa en lo propio nos hemos empeñado en negar.
«Pues bien, para ahorrar al lector fatigosos preámbulos,
iré al grano: nuestra inclinación a disminuir lo nacional
y a magnificar lo extranjero se va a manifestar, entre
otras cosas, en los nombres que hemos dado a sitios públicos y calles de la ciudad. ¿Por qué la avenida del malecón, sin duda la más hermosa de la capital, tiene que
llamarse George Washington? ¿Por qué colocar a amplias y transitadas vías los nombres de Winston Churchill, John F. Kennedy o Charles de Gaulle, voces por
otra parte impronunciables para el dominicano común?
«Nos creemos tan poca cosa que acudimos presurosos
al mérito real o supuesto del extraño en la esperanza de
que algo se nos transfiera de su grandeza. Henos aquí,
mutatis mutandis, frente al mismo mecanismo psicológico que induce a los padres a encasquetar a sus hijos
los nombres de Peter, en lugar de Pedro, Tommy, en lugar de Tomás, o Daisy, en lugar de Margarita, sin darse
por enterados que lo que ellos suponen enaltece, en verdad ridiculiza.»
Una crítica similar había sido planteada veinte años antes por
González Tirado. El autor considera que muchos dominicanos
tienen una especie de complejo de inferioridad lingüística que
59
los mueve a preferir las formas no hispánicas por creer que son
más distinguidas y prestigiosas que las castizas. Ahí estaría la
explicación de que en el país se acojan con tanta facilidad los
préstamos de procedencia inglesa, no solamente en el habla corriente y ordinaria, sino especialmente en las narraciones deportivas y en la prensa escrita, donde aparecen formas como
money player (‗jugador de dinero‘), implementar un acuerdo,
paquete de medidas, teacher. Ese complejo se nutre, según él,
de la falsa creencia de que una lengua (el inglés) es superior a
otra (el español). Critica también la falta de identificación y de
aprecio a su modo de hablar que revelan muchos dominicanos.
A este respecto, afirma lo siguiente:
«Entonces, ¿cuál es la competencia lingüística de un tipo de dominicano que, al visitar nuevamente a Puerto
Rico, saluda a un nativo de la Isla y le habla con entusiasmo, en el mismo tono y con la misma forma de hablar que tiene el boricua?»
«Indiscutiblemente, manifiesta el complejo de inferioridad lingüística, con la creencia de que la norma está impuesta por el extranjero, que es un timbre de distinción
y de orgullo.» (González Tirado, 1987:39)
En el análisis de la imagen negativa que muchos dominicanos
tienen sobre su propio modo de hablar y de las causas que la
generan, resulta inevitable relacionar el problema con la actitud
pesimista con la que, según varios autores, los ciudadanos del
país se valoran a sí mismos. Por ese motivo, parece oportuno
realizar aquí una rápida revisión del tema sobre el cual se han
escrito ya tantas páginas.
60
Breve repaso del pesimismo dominicano
Cuando se habla del pesimismo de los dominicanos, surgen en
seguida los nombres de José Ramón López, Américo Lugo,
Francisco Henríquez y Carvajal, entre otros intelectuales de alto rango. Pero el asunto se ha popularizado, por así decir, ya
que aparece también en conversaciones, en breves ensayos y en
columnas periodísticas informales.
En tono anecdótico y folclórico, abundan los comentarios, los
informes, las historias de escritores que testifican dando apoyo
a la postura que atribuye una mentalidad pesimista a los dominicanos. El 13 de febrero de 2007, un escritor encabezaba su
columna en un diario del país con el título El pesimismo tiene
cara de dominicano. Y hace poco, un conocido periodista, en
un breve artículo que se publica en el medio electrónico Diario
a Diario del 18 de julio de 2008, termina con esta declaración:
los dominicanos somos altamente pesimistas y… ello es uno de
los serios obstáculos que nos impiden superar nuestros males y
problemas. A modo de ilustración de su planteamiento, cuenta
la siguiente anécdota: Mi mamá, por ejemplo, cuando le digo
que mis exámenes médicos anuales dieron resultados negativos, que no tengo nada, que estoy bien en sentido general, suele decirme: -¡Esos médicos no saben nada!-, porque ella entiende que ‘algo tiene uno’.
Esa actitud negativa puede llegar en ocasiones a una especie de
fatalismo religioso. Hace unos años, un noticiario de televisión
recogía las opiniones de varios choferes del transporte público
urbano (concho) en Santo Domingo con relación al aumento
del precio de la gasolina y del costo de la vida en el país. Uno
de los entrevistados expresó lo siguiente:
61
‗Yo le voy a decir algo. Fíjese. Eto e cuetión de profecía, cumpliéndose. Eso e parte de la Biblia. O sea, que
nadie va a resolver eto. Ningún presidente.‘
Aparte de los frecuentes testimonios populares como los que se
han citado, son muchos los intelectuales y pensadores que han
escrito sobre el problema. El resultado ha sido una bibliografía
bastante copiosa, recogida y comentada en un valioso ensayo
por R. Tejada (2008). La autora recorre la evolución histórica
del pesimismo dominicano, desde la publicación del polémico
ensayo ‛La alimentación y las razas‘, a finales del siglo XIX,
hasta la actualidad. Siguiendo el hilo de su exposición, aquí se
ofrece una síntesis muy apretada del tema.
En el citado trabajo de José Ramón López, ‛La alimentación y
las razas‘, el autor sostiene que los habitantes de la República
Dominicana son víctimas de una alimentación deficiente, que
causa un declive de sus capacidades físicas y mentales. Por eso
son personas cercanas a la animalidad, carentes de la capacidad
para vivir en una sociedad organizada y de enfrentarse a serias
dificultades. Sus comentarios se apoyan en la observación del
campesinado dominicano, que a finales del siglo XIX constituía el grupo mayoritario de la población del país. De acuerdo
con su razonamiento, los campesinos dominicanos tienden a la
anemia, a contraer toda clase de enfermedades, a la estatura
baja y al cuerpo raquítico y débil. Esto imposibilita la salida de
su estado de miseria y da como resultado una raza degenerada.
Cree que dicha degeneración ha infundido en el alma campesina una tendencia a la imprevisión, a la violencia y a la malicia.
Por esa razón, de acuerdo con el autor, no piensan con claridad;
se les dificulta adoptar formas civilizadas de justicia; y no tie-
62
nen la honradez necesaria para crear relaciones económicas y
políticas con sus conciudadanos.
Otro intelectual que manifiesta una visión negativa y pesimista
con relación a los dominicanos y sus posibilidades de progreso
es Federico García Godoy. En el primer quinto del siglo XX,
publica un trabajo en el que evalúa como un defecto la mezcla
racial del dominicano, en la que hay sangre de europeo blanco,
de procedencia social generalmente baja, y de etíope ‛salvaje‘
con supersticiones ‛fetichistas de sus selvas africanas‘. Según
él, esto arroja como resultado la conformación de una sociedad
con inferioridad mental, de pensamiento escéptico y pesimista,
y con tendencia a la violencia.
Dentro de la misma línea de pensamiento se sitúa la postura de
Francisco Henríquez y Carvajal, quien también revela su visión
negativa de la composición étnica del pueblo dominicano. Para
resaltar su punto de vista, compara al pueblo dominicano con el
suizo, el inglés y el estadounidense. Entiende que a esos países
no solo les hizo falta el trabajo de muchos siglos para lograr su
desarrollo material y político, sino que también contaban con
unos elementos étnicos superiores a los del pueblo dominicano.
Américo Lugo enfatiza la valoración racista en su concepción
peyorativa del pueblo dominicano. Considera que la mezcla de
sangre africana, el individualismo y la falta de cultura, hacen al
pueblo dominicano poco apto para la actividad política. Por eso
habría que recurrir a la inmigración de personas de raza blanca.
Este argumento racial de Lugo es reforzado por Manuel Arturo
Peña Batlle, uno de los intelectuales que dio soporte ideológico
al régimen de Trujillo. Basándose en el estudio de la historia,
63
Peña Batlle sostenía la tesis de que los males del pueblo dominicano tenían su origen en las despoblaciones de la parte norte
de la isla de Santo Domingo, ocurridas en los inicios del siglo
XVII, y que subsecuentemente facilitaron el establecimiento de
lo que es hoy la República de Haití. Trataba de demostrar que
Haití era una nación que surgió de esclavos africanos salvajes e
ignorantes, que no profesaban una religión civilizada y que no
aprendieron a hablar francés. La dominicana, en cambio, era en
esencia una comunidad católica y de habla hispana. De ahí el
dilema que se plantea a los dominicanos: vivir en civilización o
perecer absorbidos por los factores negativos que implicaría el
contacto con Haití.
El pensamiento de Peña Batlle sirvió así de apoyo al empeño
del régimen trujillista por aparecer como un defensor de la nacionalidad dominicana. Con ese fin, el tirano inició en 1937 el
exterminio de los haitianos que vivían en territorio dominicano.
Esa acción genocida sirvió para desalojar a los haitianos, antes
de realizar una repoblación, con familias dominicanas, de los
territorios fronterizos con Haití. La visión pesimista de Peña
Batlle con respecto a la sociedad, unida a la idea de que Haití
era una amenaza de la cual había que cuidarse, reforzaba su
tesis de que Trujillo era el responsable del progreso político y
económico que la sociedad dominicana había alcanzado.
Este modo de pensar, que en principio surgió como ideología
de una élite pensante, se popularizó a través de la nueva teoría
de la historia dominicana que se difundió a través de los medios de comunicación y de las escuelas durante más de dos
décadas.
64
Pocos años más tarde, en 1950, Enrique Patín Veloz publica un
trabajo en el que señala que el dominicano mantiene una serie
de prejuicios que caracterizan su mentalidad: el complejo de lo
extranjero (lo que proviene del exterior es superior a lo de la
isla); el complejo colonial (tendencia a los proyectos políticos
anexionistas a países desarrollados); el complejo geográfico (el
tamaño de la isla y la escasez de recursos materiales genera la
percepción de debilidad); el complejo haitiano (se considera a
Haití como una amenaza; lo haitiano es visto como inferior,
despreciable y perjudicial); el complejo regional (los habitantes
de las regiones o provincias generan rivalidades al considerarse
superiores a los de otras regiones o comarcas); el complejo de
Concho Primo (la nostalgia del pasado se convierte en rechazo
de las normas y costumbres presentes, que son percibidas como
inmorales); el complejo contemporáneo (identificación con el
pesimismo y el vacío espiritual de la crisis cultural europea,
generada a su vez por las dos guerras mundiales).
Con la llegada de la era democrática, después de la muerte del
dictador en 1961, la autovaloración popular negativa y la pesimista que exponen varios escritores, siguen aportando material
de análisis en artículos de prensa y en libros dedicados al tema.
Pérez Cabral insiste en la idea de que los males del país se deben a la mezcla racial que da origen al mulato, que es resultado
del cruce de blanco y negro. Como consecuencias negativas de
su hibridez étnica, el mulato manifiesta dos actitudes opuestas,
de acuerdo con el autor: la blancofilia (la necesidad o el deseo
de ser considerado blanco) y la negrofobia (la negación y el rechazo de lo negro). Ahí estaría el origen de expresiones como
indio, indio oscuro, indio claro, negro lavado, color canela
para referirse al color de su piel. Entiende que la condición de
65
isleños también contribuye a crear la sensación de desamparo y
de encierro del pueblo dominicano.
En su momento recibieron gran difusión los artículos de prensa
y las conferencias dictadas por el siquiatra Antonio Zaglul. A
partir de 1968, el autor describe los rasgos del dominicano en
artículos periodísticos que luego recopiló en el libro Apuntes.
Según su percepción, el dominicano es un individuo depresivo
con tendencias paranoicas. Tal estado mental lo lleva a subestimar lo dominicano y a experimentar un complejo de persecución. Este sentimiento, a su vez, le hace desconfiar y temer el
gancho, el ser víctima de un engaño o desprecio.
Finalmente, para Carlos Andújar, los problemas de la identidad
cultural dominicana, a los que llama fantasmas, son estos: la
amnesia negra (algunos han subestimado o ignorado la presencia cultural y racial de lo negro en el país); lo extranjero como
fijación mental (muchos sobreestiman lo extranjero y al mismo
tiempo infravaloran lo nacional); la crisis de la autoestima (la
desconfianza en el gobierno y en las instituciones conduce a
una falta de solidaridad social); la cultura del más vivo (su afán
por obtener éxito personal y material, convierte a los dominicanos en seres individualistas y desinteresados de los demás).
En síntesis, según Tejada (2008), la valoración pesimista del
espíritu dominicano que desde el siglo XIX han realizado diversos intelectuales, se basa en las siguientes hipótesis:
La alimentación deficiente ha producido una población
física y mentalmente degenerada.
66
Las deficiencias físicas y mentales incapacitan a la
población para gobernarse, y por esa razón, la dirección
política de la nación debe recaer sobre la élite educada.
La mezcla racial dominicana, resultado de la unión de
blancos y negros, produce una sociedad inferior, pesimista, violenta y servil.
El exceso de sangre africana en la conformación racial,
el individualismo y la falta de cultura son factores que
explican la falta de aptitud política de los dominicanos.
El pesimismo lingüístico
En medio del estado de cosas anteriormente descrito, no tiene
nada de extraño que la actitud general de pesimismo se transfiera al terreno lingüístico, provocando como consecuencia que
sea negativa la percepción de gran parte de la población sobre
el español utilizado en el país.
Resulta muy fácil comprobar el sentimiento de inferioridad lingüística de los dominicanos, que se manifiesta frente al español
que se habla en otras partes. Según los estudios realizados por
Alvar (1986), Turley (1998) y Alba (2004), muchos dominicanos muestran una actitud despectiva hacia su propia manera
de hablar. La consideran menos correcta e inferior a la de otros
países hispánicos. Entre estos países donde supuestamente se
habla mejor el español, se suelen citar como ejemplo España,
Colombia y Costa Rica, entre otros.
A pesar de su carácter anecdótico, resulta oportuno recordar
que hace ya varias décadas, un destacado escritor y político,
67
lamentaba el deterioro que, según él, había experimentado la
lengua de los dominicanos, no solamente en el uso común de la
población, sino incluso en la versión formal de la prensa escrita. Como parte de su programa de gobierno en el campo de la
educación, el referido político proponía una estrategia mágica
para resolver el problema: traer al país maestros españoles, colombianos y costarricenses para que enseñaran en cursillos de
verano el buen español a los maestros dominicanos. Una vez
entrenados, los maestros ejercerían su influencia multiplicadora
transmitiendo a los estudiantes sus nuevos conocimientos. No
es necesario comentar semejante propuesta, que desde el punto
de vista lingüístico resulta no solo descabellada, sino también
imposible de materializar.
Esta subestimación de la modalidad de español que se habla en
el país es compartida por muchos ciudadanos. La gráfica 5.1
incluye los resultados de una encuesta de opinión con respecto
a esta afirmación: El español hablado por los dominicanos es
peor que el de otros países, como España y Colombia.
Según se puede observar en la gráfica, el 62% de los sujetos
manifestó que estaba de acuerdo con el enunciado, lo que confirma la idea tantas veces reiterada de que muchos dominicanos
no juzgan positivamente su manera de hablar el español. Por el
contrario, parece más bien que la menosprecian. Se confirma la
presencia de la inseguridad en la conciencia lingüística de la
mayoría de los encuestados, quienes revelan un desajuste entre
las formas que consideran correctas y las que realmente utilizan al hablar. Es importante notar, además, que dentro del 62%
que comparte la creencia expresada en el enunciado, una gran
mayoría (el 75%) no solo está de acuerdo, sino que manifestó
estar muy de acuerdo con su contenido.
68
El fenómeno de la inseguridad lingüística ocurre cuando los
hablantes piensan que su modo de hablar no es correcto y, en
consecuencia, existe un desacuerdo entre las formas que consideran adecuadas y las que de hecho utilizan en el habla espontánea. Este estado mental, llamado inseguridad lingüística en el
vocabulario técnico, pero que en el caso dominicano se podría
denominar pesimismo lingüístico, se revela de distintas formas.
Por ejemplo, en el inglés de Nueva York, según Labov (1984),
se descubre especialmente en la clase media baja. Los hablantes de este grupo muestran un rango mayor de variación estilística que los demás hablantes. Se esfuerzan más que los otros en
utilizar las formas correctas y manifiestan una fuerte actitud
negativa hacia su propia forma de hablar. En Puerto Rico, por
su parte, los que presentan mayor inseguridad son los hablantes
del nivel sociocultural bajo, según López Morales (1989:224).
El lector podría preguntarse por qué los dominicanos que creen
que su modo de hablar es inferior al de otros no hacen esfuer69
zos por olvidar las formas propias, que juzgan incorrectas, para
sustituirlas con las ajenas, que evalúan positivamente. Se sabe
que a pesar de entender que las suyas son inferiores y menos
correctas, siguen utilizándolas. Continúan hablando como de
costumbre y raras veces se deciden a imitar la manera de hablar
que sobrestiman.
¿Cómo se explica esta aparente contradicción?
En el fondo, no existe tal contradicción. Una serie de factores
permiten aclarar la paradoja.
Respuesta 1: la lealtad lingüística
El dilema encuentra respuesta en la función de identificación
social del habla de las personas. La conducta verbal constituye
un acto mediante el cual los hablantes afirman su identidad, no
solamente desde el punto de vista individual, sino también desde la perspectiva social, como miembros de un grupo, como
residentes en una región y como ciudadanos de una nación. En
este sentido, Hudson (1981:24) comenta que cada enunciado
emitido por un hablante puede ser considerado como un acto
de identidad en un espacio multidimensional.
Resulta altamente significativo el hecho de que la opinión de la
inmensa mayoría de los mismos encuestados cambia drásticamente cuando la cuestión se plantea en términos positivos y el
enunciado valorativo resalta de manera explícita la capacidad
del dialecto de servir como símbolo de la nacionalidad.
Una afirmación sometida a evaluación fue la siguiente:
Nuestra manera de hablar el español nos identifica como dominicanos: por eso no se justifica el imitar el habla de otros países.
70
Según se puede apreciar en la gráfica 5.2, la reacción suscitada
por este enunciado fue abrumadoramente favorable. El 87% de
la muestra de estudiantes está de acuerdo, y más de la mitad
confiesa estar muy de acuerdo con el valor del español dominicano como marcador de la identidad nacional.
Los datos permiten concluir que el sentimiento de inferioridad
es superado por el de solidaridad o de lealtad. El primero, que
se manifiesta en la creencia de que el español hablado en el
país es inferior al de otras zonas, es sostenido por el 62% de la
muestra. En cambio, el segundo, expresado por la idea de que
el modo de hablar constituye un símbolo de la dominicanidad y
que por tanto no se justifica imitar a otros, es compartido por el
87%. Se corrobora una vez más el equilibrio entre la inseguridad y la lealtad de las personas a su lengua. Ambas posturas
71
parecen establecer una relación de tolerancia que posibilita su
coexistencia. Esta situación ilustra y confirma el sentido de la
frase de J. Martí: Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino.
El valor social del habla como un indicador de identidad y lazo
de unión entre los miembros de un grupo, fomenta en los hablantes el desarrollo de un sentimiento de lealtad lingüística
que los mantiene adheridos al modo de hablar de la comunidad.
Como resultado de ello, se produce un choque entre dos posiciones contrapuestas: el pesimismo y la lealtad. La fuerza negativa del primero queda así neutralizada por el poder positivo
de la lealtad, de la fidelidad al mejor emblema de su identidad:
su modo de hablar. Esta antítesis genera un equilibrio dinámico
que permite la actuación y el desenvolvimiento natural de los
hablantes como usuarios competentes de su dialecto. El valor
de la identidad social y de la lealtad al grupo (la idea de lo propio, de lo nuestro), pesa tanto o incluso más que la percepción
de debilidad o el reconocimiento de la miseria (la conciencia
de lo agrio).
Las ideas anteriores permiten destacar la importancia del prestigio encubierto, ese valor implícito que los miembros de una
comunidad de habla asocian a las formas que utilizan normalmente en el habla espontánea, pero que intentan evitar en situaciones formales. De esta manera, fenómenos locales que en el
contexto general de la sociedad se consideran prohibidos o inapropiados, adquieren una función positiva de expresión de la
solidaridad de cada miembro del grupo con los otros.
Los resultados obtenidos a través de una encuesta respondida
por cientos de jóvenes, son confirmados por los testimonios no
solicitados que se escuchan en transmisiones de radio y de tele-
72
visión y en canciones populares. Un merengue utilizado para
animar a los seguidores del equipo de béisbol de las Águilas,
El triunfo cibaeño, dice lo siguiente:
Ei triunfo cibaeño no me lo quita nadie.
Ei triunfo cibaeño lo llevo aquí en la sangre.
Cuando se canta play, comienza ei campeonato.
En el Etadio Cibao, quise gozá un buen rato.
Ven dame la coineta, que Batihta dio un tablazo.
Viene anotando Mondesí y Beini Catro viene ahí.
Viene Polonia mete un hit. Y Mendy Lope tá gozando.
A partir de ahí, el coro responde con el siguiente estribillo:
Los aguilucho somo así: hablamo siempre con la i,
que con la i yo digo así, to el mundo sabe que soy de aquí.
Obviamente, el merengue constituye una proclamación de ese
valor encubierto de la vocalización de las líquidas /r/ y /l/ (que
suele llamarse hablar con la i), como símbolo regional cibaeño
del cual se enorgullecen sus hablantes. El hecho que constituye
un motivo de vergüenza en determinadas circunstancias, provocando incluso las burlas de los residentes de otras regiones,
al mismo tiempo sirve como emblema de la filiación a una comunidad y a una región.
Es evidente que la pertenencia a un grupo impone un compromiso que no se puede ignorar impunemente. Podría decirse que
la relación armoniosa con los demás miembros de la comunidad exige una naturalidad, una espontaneidad y una llaneza que
son innegociables. Por eso la lealtad lingüística constituye un
factor que favorece fuertemente el mantenimiento de los dialectos y de las hablas populares por más desprestigiados que
73
estén. Abandonar la forma de hablar propia para adoptar una
ajena, implica incurrir en un desacato que la comunidad no
suele tolerar: la deslealtad lingüística. Esa sustitución es considerada por los demás como un acto de arrogancia y de traición
al grupo, a la región, al país. Consecuentemente, la condena
social no se hace esperar y la persona afectada recibe como
sanción las burlas y el rechazo de familiares, amigos, vecinos,
compañeros de trabajo y de la comunidad en general.
Dentro de esta línea de pensamiento, A. Galmés de Fuentes
(1964:131) señala lo siguiente:
―el temor... a despertar las risas o burlas de los vecinos
por el empleo de un lenguaje afectado, es un freno que
retiene la desaparición de los dialectos y contribuye eficazmente a mantener viva el habla tradicional. Y este
temor a incurrir, ante los vecinos de una comunidad, en
la afectación, al emplear formas extrañas a los usos dialectales del lugar, es de todos los minutos del día, mientras que el temor opuesto a ser bastos, poco refinados, a
que conduce el mismo complejo de inferioridad, sólo
ocurre alguna que otra vez cuando un forastero visita el
lugar, perturbando la intimidad de su vecindario.‖
Respuesta 2: la dificultad de cambiar el modo de hablar
En el caso de que alguien intentara imitar el modo de hablar de
otro lugar, nada garantiza que su esfuerzo sería exitoso. No es
suficiente la voluntad de querer hacer algo: hace falta tener la
capacidad y el entrenamiento necesarios para poder hacerlo. La
adquisición de un dialecto distinto puede ser una tarea menos
difícil que el aprendizaje de una segunda lengua, pero no deja
74
de ser un asunto muy complejo que envuelve el dominio de un
sistema completo, con distintas formas de pronunciación y curvas de entonación, otras estructuras sintácticas y una serie de
unidades léxicas diferentes. Sobre el particular, Saville-Troike
(2003:23) sostiene que los miembros de una misma comunidad
por lo general pueden entender las distintas variedades sociales
y regionales de una lengua, pero no hablarlas o producirlas. Solo algunos imitadores de gran talento son capaces de hacerlo.
Aun suponiendo la improbable situación de un hablante con la
capacidad de imitación necesaria, el manejo adecuado del nuevo sistema requeriría una enorme inversión en esfuerzo. Desde
esta perspectiva, se entiende con mucha claridad que no es tan
fácil dar el paso y decidirse a sustituir su manera de hablar por
la de otros. Sencillamente, el riesgo de hacer el ridículo es demasiado elevado.
Cuando un dominicano se empeña en pronunciar la zeta, pero
sigue utilizando su entonación habitual y diciendo papa (en vez
de patata), carro (no coche), Lo conozco desde niño (por Le
conozco desde niño), Ustedes hablan bien (no Vosotros habláis
bien), su intento resulta risible, además de incoherente.
Como es natural, lo expuesto en los párrafos anteriores no implica un congelamiento de los grupos sociales y de sus respectivos modos de hablar. Una realidad patente en la República
Dominicana y en otros países es la movilidad social. Por razones económicas, de ocupación y de ascenso en la dimensión escolar o académica, hay personas que se desplazan de un grupo
a otro. Es razonable suponer que un joven de clase social baja
que logra graduarse como abogado, por ejemplo, adquirirá el
estatus social y la competencia lingüística necesaria para poder
75
interactuar en igualdad de condiciones con los miembros de
grupos más altos. Cuando se encuentra en casa, sin embargo, se
ve impulsado a emplear una variedad de habla acorde con la
situación, que no hiera la sensibilidad ni la intimidad familiar.
Causas del pesimismo lingüístico
Se ha sugerido la posibilidad de que el origen del pesimismo
lingüístico se relacione con factores sociales, económicos, etc.
Pero, ¿existen también razones de tipo lingüístico?
En realidad, no son causas internas a la lengua las que motivan
el fenómeno. El papel determinante lo desempeñan circunstancias relacionadas con los hablantes, y no con la lengua en sí.
◘Se opone el habla popular local a la versión culta ajena
Es indudable que un factor favorecedor y condicionante del
sentimiento de inferioridad lingüística es el hecho de que con
frecuencia las personas tienden a comparar el habla popular de
su país con la variedad culta de otros países. Esta suele ser la
única versión con la que muchos dominicanos han tenido experiencia, a través de la televisión, de la relación ocasional con un
turista, con un sacerdote, o por otros medios. No es frecuente el
contacto de la población con extranjeros procedentes de zonas
rurales o de estratos sociales bajos. Es normal, por tanto, que
sobre esta base desigual de comparación, la evaluación del modo de hablar de su propia nación resulte desfavorable.
◘Se desconoce que ‛en todas partes se cuecen habas’
Por otra parte, es posible también que algunos hablantes hagan
su evaluación sin haber oído nunca el español de otros países,
76
motivados por la fama de que tradicionalmente han disfrutado
esas variedades o tal vez por una especie de idealización, lógicamente infundada, de lo extranjero.
Los dominicanos tienen plena conciencia de que se comen las
/s/, o de que muchos dicen ello hay, por ejemplo, pero olvidan
que ‗en todas partes se cuecen habas‘. Suelen desconocer que
en Castilla, donde algunos creen que se habla ‗el español más
puro‘, se producen también cambios y eliminación de elementos lingüísticos. En el terreno morfosintáctico se pueden citar
ejemplos como el uso de adjetivos masculinos junto a sustantivos femeninos que comienzan con a acentuada (en este área, el
mejor agua del mundo); el laísmo (Ayer hablé con Isabel y la
dije todo); la selección del pasado imperfecto de indicativo en
la segunda parte de la oración condicional que comienza con
subjuntivo (Si tuviese dinero, me compraba un coche). Con relación a la pronunciación, resulta normal en Castilla el cambio
de la /d/ final de sílaba y de palabra a una z: azquirir (adquirir),
Valladoliz (Valladolid), libertaz (libertad). En esa región española, la /s/ final de sílaba se conserva, pero es notable la pérdida de la /d/ intervocálica, especialmente en los participios que
terminan en -ado (Todavía no ha llegao), y la eliminación de la
k en la combinación ks (examen es pronunciado esamen, en vez
de eksamen o egsamen).
Sin embargo, parece que los cambios que se relacionan con la
/s/ resultan más chocantes y llaman mucho la atención, probablemente, en parte, por tratarse de un sonido más frecuente que
otros y quizá por su función morfológica como marca de pluralidad nominal (las niñas) y de segunda persona verbal (tú
hablas, frente a él habla).
77
Conclusión
Después de lo expuesto, y hablando con rigor, puede decirse
que no existen razones objetivas, lingüísticas, que fundamenten
el sentimiento de inseguridad (el pesimismo) que experimentan
muchos dominicanos. En otras palabras, el citado complejo de
inferioridad no parece basarse en causas internas, sino en creencias motivadas a veces por la ignorancia y otras veces por realidades extralingüísticas, como pueden ser la falta de prestigio
social, el escaso poder económico o el bajo nivel de educación
de los hablantes.
A través de las consideraciones anteriores se ha mostrado que
el estado mental de pesimismo lingüístico de muchos dominicanos es compatible con la presencia subyacente en la conciencia de los ciudadanos del orgullo por su forma de hablar, que
constituye el medio más efectivo para expresar la solidaridad y
la lealtad debidas a su grupo y a su país. El modo de hablar una
lengua constituye un factor importante en la configuración de
la identidad cultural de las personas. Representa la más visible
tarjeta de presentación con que cuentan los ciudadanos de una
nación. En tal sentido, los dominicanos se distinguen de los
chilenos o de los salvadoreños, por ejemplo, no solo por lo que
comen, por sus tradiciones, por su música, sino, en especial,
por su manera de hablar el español. Y si parece normal que les
guste el merengue y se sientan felices al bailarlo, también es
muy legítimo que ejerzan plenamente su derecho de hablar como hablan.
En esencia, el español hablado en la República Dominicana es
un instrumento de comunicación tan valioso y efectivo como el
de cualquier otro país.
78
6
Hipercorrección en las noticias de
televisión
Un hecho bien conocido por la comunidad académica internacional es que el español hablado por los dominicanos constituye uno de los dialectos hispánicos más radicales en cuanto a la
variabilidad de algunas de sus consonantes. El fenómeno se
puede ilustrar, por ejemplo, con los procesos de cambio a que
están sometidos los sonidos /r/ y /l/ tanto en posición final de
sílaba interna de palabra como al final de palabra, y la nasal /n/
al final de palabra. En este sentido, en las diversas regiones del
país se producen distintas realizaciones fonéticas, condicionadas casi siempre por el estilo de habla y por el nivel sociocultural del hablante: puerta: [puérta, puétta, puélta, puéita]; mujer:
[muhér, muhé, muhél, muhéi]; último: [úļtimo, úrtimo, úitimo];
pan: [paŋ, pã] (Jiménez Sabater 1975; Haché de Yunén 1982;
González 1990; Alba 1990, 2004).
Ahora bien, el fenómeno que mejor representa el radicalismo
consonántico del español dominicano es, sin duda, el avanzado
proceso de desgaste que experimenta la /s/ al fin de sílaba y de
palabra. El tema ha sido objeto de estudio en reiteradas ocasiones y se menciona en los más diversos tratados de dialectología
hispánica (entre otros, Zamora y Guitart 1982, Lipski 1994,
Moreno de Alba 2007). Algún investigador, basándose en los
frecuentes casos de eliminación (lito, en vez de listo; entonce,
79
en lugar de entonces) que se escuchan en el país y también en
los ejemplos de ultracorrección que descubre (fisno, por fino),
ha llegado al extremo de postular la hipótesis de la inexistencia
de la /s/ a nivel subyacente en la lengua popular (Terrell 1986).
Como es natural, una interpretación tan radical tenía que ser rechazada de inmediato. Y así lo hizo Humberto López Morales
(1990) con la utilización de nuevos datos que le permiten comprobar que el cambio de un estilo a otro conlleva una reducción
significativa de las eliminaciones, lo cual hace completamente
insostenible la arriesgada hipótesis de la inexistencia del fonema /s/ en el nivel subyacente del dialecto popular dominicano.
Pero lo cierto es que incluso en el habla del grupo social alto,
son importantes los índices de eliminación completa, que pueden rondar el 40%. Por su parte, la pronunciación aspirada,
parecida a una jota (mihmo, en vez de mismo), encarna la variante que mejor identifica el habla de este sector privilegiado
de la sociedad.
Frente a este estado de cosas, resulta particularmente chocante
el comportamiento de los locutores y de los periodistas que intervienen en los medios orales de comunicación en el país en lo
concerniente a la pronunciación de la /s/ final de sílaba y de palabra. Una simple observación de los programas de noticias en
la televisión dominicana permite descubrir que la forma plena
[s], la variante sibilante, no solo se mantiene prácticamente en
la totalidad de las ocasiones posibles, sino que también es objeto de una articulación exageradamente tensa. Se trata de un hecho tan perceptible y llamativo que, con frecuencia, el escuchar
tales emisiones provoca en muchos oyentes la sensación de desagrado o de incomodidad que suele suscitar la falta de naturalidad y de autenticidad.
80
El objetivo central de esta investigación consiste, precisamente,
en intentar encontrar una explicación a ese fenómeno, es decir,
al hecho de que los comunicadores (los presentadores, los lectores de noticias y los reporteros), exhiben unos índices muy
elevados de retención del segmento [s], en fuerte contraste con
la situación que caracteriza el habla culta del país.
El corpus en que se basa el estudio está compuesto por diez
segmentos de diez minutos de duración cada uno, correspondientes a programas de noticias de cuatro de los canales de
mayor audiencia de la televisión dominicana. Cada segmento
consta de un promedio de 1,000 palabras. Se analizan todas las
incidencias de la consonante /s/ situadas en posición final de sílaba y de palabra, con el fin de descubrir: A- cuándo el sonido
es pronunciado plenamente, como [s] ([esto]); B- en qué casos
se manifiesta débilmente como un soplo aspirado [h] ([ehto]);
C- cuándo se suprime por completo [Ø] ([eto]).
Resultados generales
El material analizado contiene un total de 2,656 casos de /s/ en
posición final de sílaba, situados tanto en el interior (contraste,
esperanza) como al fin de la palabra (más, niños).
Como se observa en la gráfica 6.1, el índice de eliminación del
segmento /s/ se sitúa en el 10%, en tanto su retención plena
supera levemente el 63%. Poco más de la cuarta parte del total
se manifiesta por medio de una articulación relajada, aspirada,
que se representa con el signo gráfico h.
De entrada, es importante aclarar que los resultados recogidos
en la gráfica incluyen la participación de una gran variedad de
sujetos: locutores, reporteros, obreros, políticos, campesinos.
81
Gráfica 6.1. Variantes de /s/ en las noticias de TV dominicana
[s] (63.25%)
[Ø] (10.35%)
[h] (26.40%)
Igual que en todas partes, el formato típico de los telediarios
consiste en que el presentador inicia la noticia desde los estudios de televisión y a continuación da paso al reportero, quien,
desde la calle o desde cualquier lugar donde se origine el hecho
noticioso, explica, narra los acontecimientos y generalmente
entrevista a los protagonistas o a los afectados por el evento.
Esa variedad de participantes es la razón por la que la /s/ no
aparece con una frecuencia mayor. Como es lógico suponer, el
habla del hombre de la calle, sobre todo si este pertenece a los
sectores bajos de la población, se caracteriza por incluir una
mayor cantidad de elisiones o de reducciones fonéticas que la
de los periodistas encargados de comunicar las noticias por la
televisión.
Para ilustración del lector, se incluyen aquí dos muestras de los
82
textos utilizados, en los que se destaca el sonido analizado. En
la primera intervienen la presentadora, el reportero y el protagonista de la noticia. En la segunda solamente participan el
presentador y un reportero.
Muestra 1:
Presentadora:
«El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada, CM, alertó hoy a las autoridades sobre los graves
efectos y las nocivas repercusiones de algunos ajustes
económicos contemplados por el gobierno.»
Reportero:
«En momentos en que las autoridades gubernamentales
no ocultan sus propósitos de aumentar las cargas impositivas, incrementar los precios de los combustibles y
otros ajustes que han sembrado la preocupación y el desaliento en la población, el dirigente empresarial CM,
alertó sobre los efectos y repercusiones de medidas de
esa naturaleza.»
Empresario:
«Yo pienso en ese sentido que hay que tener mucho
cuidado con lah medidaØ de ajuhte, sobre todo porque
nosotroh no tenemoh una crisis como la del año ochenta y nueve noventa, donde nosotroh necesitábamos, eh
ajuhteh tipo, de tipo shock. Ahora mihmo no, nosotroh
tenemoh una macro economía ehtable, y cualquier medida necesaria para mantener esa estabilidad macro económica, pues debe de ser de forma tal que afecte menos
a loh que menoh tienen.»
83
Muestra 2:
Presentador:
«El Presidente, Leonel Fernández[s], ordenó mediante
decreto la puesta en libertad de sesenta reclusos de laØ
diversas cárceleh del país por motivo de las Navidades.»
Reportero:
«Los indultos están contenidoØ en el decreto seiscientos cuarenta y cinco guion noventa y seis dado a conocer hoy por la oficina de prensa del Palacio Nacional, y
el mismo es con efectividad a este lunes. El mayor número de los indultados corresponden a la Penitenciaría
de la Victoria, con doce, seguido por San Juan de la
Maguana, con siete.»
Para situar bien los hechos anteriores en su contexto apropiado,
resulta pertinente comparar los datos de las noticias con materiales del habla culta del país donde se emiten y al que van dirigidas las informaciones. De esa forma se tendrá una idea más
precisa de las correspondencias, las semejanzas o las diferencias existentes entre ambas versiones de producción lingüística.
Con este fin, se incluye la gráfica 6.2, que recoge el análisis de
conversaciones libres de 35 hablantes, representativos del grupo sociocultural alto de Santiago. Los integrantes de la muestra
son profesionales pertenecientes a distintas áreas: abogados,
médicos, economistas, profesores, administradores, ingenieros.
Fueron entrevistados con el fin de sostener una conversación
sobre tema libre de aproximadamente 30 minutos de duración,
que fue grabada para su posterior transliteración y análisis.
84
Gráfica 6.2. Variantes de /s/ en conversaciones libres - habla culta
[h] (48%)
[s] (12%)
[Ø] (40%)
Es fácil observar que el rasgo que mejor caracteriza el estilo
conversacional del grupo social alto es su preferencia por la
aspiración de /s/, que representa aproximadamente una de cada
dos posibilidades, el 48%. Por su parte, la eliminación se sitúa
en el 40%, una cifra superior a la que arroja el habla de las personas del mismo grupo sociocultural en otras zonas hispánicas.
Por ejemplo, en San Juan de Puerto Rico (López Morales
1983) y en Las Palmas de Gran Canaria (Samper Padilla 1990),
el proceso de desgaste fonético está bastante menos avanzado
que en territorio dominicano y la variante aspirada aparece con
una frecuencia mucho más alta que la eliminación total. En la
posición final de palabra, los hablantes cultos de Las Palmas
eliminan la /s/ en el 23.29% de los casos y la aspiran con una
frecuencia casi tres veces mayor, en el 63.72% de las ocasiones
(Samper Padilla 1990:121).
85
Gráfica 6.1. Variantes de /s/ en las noticias de TV dominicana
Gráfica 6.2. Variantes de /s/ en conversaciones libres - habla culta
[s] (63.25%)
[h] (48%)
[s] (12%)
[Ø] (10.35%)
[h] (26.40%)
[Ø] (40%)
El cotejo de ambas gráficas conduce a la conclusión de que la
diferencia entre las dos modalidades lingüísticas (noticias y
conversaciones) es muy grande. La presencia de la [s] es cinco
veces mayor en las noticias de la televisión que en las conversaciones del grupo alto; por su parte, la eliminación es cuatro
veces más frecuente en las conversaciones que en la televisión.
La diferencia es menos dramática en el caso de la aspiración,
en el que la variedad conversacional supera a la televisiva en
una proporción de aproximadamente dos a uno.
Sin embargo, este contraste no resulta muy sorprendente si se
toma en cuenta que se trata de dos versiones estilísticas muy
diferentes. La situación y las circunstancias concretas en las
que se ofrecen las noticias, ante las cámaras de televisión y con
la intención de difundirlas públicamente, condicionan una actuación lingüística mucho más cuidadosa y formal que la que
produce un sujeto en una conversación libre delante del encuestador. Aunque el hablante sepa que lo que dice está siendo
grabado, dado que su acto de habla se realiza en un ambiente
más o menos privado, bajo promesa de anonimato, no siente la
presión que experimenta quien se expresa frente a las cámaras
de televisión.
86
Presentadores y reporteros:
un caso de hipercorrección
Pero la meta de este artículo no es estudiar los datos globales
de las noticias. Lo que interesa aquí es la pronunciación de los
periodistas que las emiten, por lo cual se analizó por separado
la producción de los presentadores y los reporteros. El conteo
revela un índice de casi el 100% de retención de /s/, lo que
convierte su modalidad en una versión lingüística artificial en
el ámbito dominicano. Su articulación casi invariable de la /s/
ilustra un caso extremo de hipercorrección, según el sentido
acuñado para este término por Labov (1984:126), que lo utiliza
para referirse al hecho de que los hablantes de clase media baja
superan a los del estrato más alto en su tendencia a usar las formas consideradas correctas y apropiadas para estilos formales.
No debe confundirse el término hipercorrección, como se define aquí, con el de ultracorrección, que en la tradición hispánica se refiere al fenómeno que se produce cuando el hablante
interpreta como incorrecta una forma correcta y la sustituye por
la que entiende normal. Como consecuencia, surge un tipo de
reestructuración fonológica que genera una forma inaceptable,
incorrecta (rusta, cuatros). Como indica la Real Academia, se
trata de la deformación de una palabra por equivocado prurito
de corrección. La hipercorrección, en cambio, solo produce un
aumento, aunque exagerado, de la frecuencia con la que son
usadas las formas de prestigio por un grupo con respecto a otro
de más alto nivel sociocultural. El hecho consiste, por tanto, en
un exceso cuantitativo de corrección.
La gráfica 6.3 no podía ser más elocuente. La retención de la
/s/ es sistemática en el habla de los presentadores y reporteros
87
de las noticias. En un corpus de 1,260 casos de /s/ que fueron
analizados, más de 99 de cada 100 fueron pronunciados de manera plena. Menos del uno por ciento fue objeto del proceso de
relajamiento.
Gráfica 6.3. Variantes de /s/ en presentadores y reporteros de noticias
en la TV dominicana
0.63%
[Ø]
[h]
0.32%
99.05%
[s]
0%
20%
40%
60%
80%
100%
Si los datos contenidos en esta gráfica se comparan con los de
la 6.2, que recoge los resultados de conversaciones libres producidas por hablantes cultos, se observa que el contraste es tajante. De un 12% de retención que caracteriza el habla natural,
conversacional, de los hablantes cultos, se asciende a una tasa
astronómica de más del 99% en el caso de los presentadores y
los reporteros de las noticias. Es, por tanto, extremadamente
notable la oposición o la distancia entre su pronunciación y la
del habla culta natural, incluso en los estilos más formales.
El estudio de Samper Padilla y Hernández Cabrera (2007:355356) señala una situación muy diferente en las Islas Canarias,
donde los presentadores de las noticias solo conservan la [s] en
el 44.4% de las ocasiones, la aspiran en el 52.4% y la eliminan
88
en el 3.2%. Los corresponsales (o reporteros) se muestran un
poco más conservadores, y mantienen la [s] en el 59.9% de los
casos. Producen la aspiración [h] en el 36.3% y la eliminación
en el 3.7%.
Para ilustrar de manera más directa los datos recogidos en la
gráfica 6.3, se presentan a continuación ejemplos de textos producidos por tres locutores:
«Fuentes del Palacio Nacional revelaron este miércoles
que podría sorprender a la ciudadanía la cantidad y los
niveles de los funcionarios que serán sustituidos por el
presidente Leonel Fernández[s]. Señalaron que en las
sustituciones se espera que también estén involucrados
militares. Aseguran que en este caso ocurrirá algo sin
precedentes en una gestión del presidente Leonel
Fernández[s].»
«Con esta iniciativa las autoridades tienen previsto
ahorrar más de setecientos mil barriles de petróleo
equivalentes a cuarenta millones de dólares. Más de dos
mil personas trabajan en el operativo de sustitución en
barrios pobres del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo. Brigadistas tienen que cambiar un promedio de cincuenta y siete mil bombillos por día. Este plan
beneficiará a más de quinientas mil familias. Las autoridades de Industria y Comercio sustituyen la cantidad de
bombillos que tiene cada casa.»
«Vamos a iniciar esta entrega con la autoridad metropolitana de transporte, que ha detenido cerca de dos mil
vehículos en dos días, por circular sin renovar las placas. Los vehículos son retenidos en el llamado canódro89
mo, donde los apurados dueños reconocen sus faltas y
realizan gestiones tales como pagar la multa que encarece aún más el impuesto para renovar el marbete.
Según voceros de la AMED, los vehículos son quitados
a sus dueños cuando cometen alguna infracción, tras lo
cual, al parecer, se dan cuenta de que no han renovado
las placas y también de que tienen cristales rotos o les
faltan las luces.»
No es difícil comprobar que todas, absolutamente todas las /s/
presentes en los textos anteriores se conservan intactas. No se
encuentra ni un solo caso de relajamiento o de reducción.
Frente al elevadísimo nivel de corrección de los textos anteriores, se descubre una situación totalmente diferente, de mayor
adecuación a la realidad dialectal del país, en el siguiente fragmento, producido por un reconocido escritor, alto funcionario
del área cultural del gobierno, como respuesta a la pregunta de
una periodista de la televisión.
«Hahta ahora vamoh a clausurar el domingo, como ehtá
previsto. Ehto eh un gran evento que, eh, incluye la participación de mucha gente. Loh editoreh internacionales se
regresan ya dehde el luneh temprano. Ehtamoh evaluando
todavía la posibilidad de ehtenderla, aunque sea un día.
Pero, oficialmente, aunque eso ocurra, la Feria debe clausurarse el domingo. Ya los representanteØ del paíh invitado
de honor del año que viene han llegado al país. Y ehtarán
también aquí el domingo. El ehpectáculo de clausura ehtá
preparado…»
En este breve texto, el segmento /s/ colocado en posición final
de sílaba o de palabra aparece en 21 ocasiones. Según se puede
90
ver, del total de casos posibles, el hablante ha eliminado uno
(al final de la palabra representantes) y ha conservado cuatro
como sibilantes (en las palabras previsto, internacionales, los y
país). Sin embargo, las 16 incidencias restantes, nada menos
que el 76% del total, se manifiestan en forma de una aspiración
relajada [h].
Pero el antagonismo numérico descrito no es todo. Además del
exceso de corrección en el aspecto cuantitativo por parte de los
presentadores y los reporteros dominicanos, se comprueba también una gran exageración en la tensión articulatoria con que
pronuncian la /s/. Esta peculiaridad es fácilmente perceptible
por medio de una simple audición, sin necesidad de recurrir a
refinados escrutinios. De cualquier manera, para verificar el
hecho en forma inequívoca, se consideró conveniente realizar
un análisis acústico de seis incidencias de la [s] final: tres pronunciadas por reporteros y presentadores, y tres fueron extraídas de las conversaciones de los hablantes cultos. El análisis se
llevó a cabo utilizando el programa computacional Praat, con
la valiosa colaboración del colega y amigo Erik Willis, de la
Universidad de Indiana. Aunque el examen experimental de estos datos no tiene pretensiones de exhaustividad ni de representatividad estadística, al menos señala con claridad una tendencia muy generalizada: la mayoría de los presentadores y de los
reporteros de las noticias televisivas en la República Dominicana practican una pronunciación que sobrepasa los límites de
rigidez y de tensión articulatoria propios del habla natural.
Por razones de espacio, solamente se incluyen aquí cuatro espectrogramas: dos por cada grupo de hablantes. La observación
cuidadosa de las seis muestras revela que la duración de la /s/
final de palabra es mayor en los ejemplos extraídos de las noti91
cias que en los pertenecientes al habla conversacional de personas cultas. El promedio de duración de los primeros es de 163
milésimas de segundo: 157 en la palabra veganas (dicha por un
reportero); 202 en niveles (un presentador) y 130 en sustituidos
(un presentador). En cambio, la duración media de las eses pronunciadas en el habla culta conversacional es de 93 milésimas
de segundo: 66 en la palabra medidas (un abogado); 108 en
decisiones (un arzobispo) y 105 en médicos (un médico).
Frequency (Hz)
5000
0
ni
ve
l e
s
202
0.946
Time (s)
Gráfica 6.4. Espectrograma de la palabra niveles - Presentador de noticias
Al observar las gráficas 6.4 y 6.5, se puede apreciar que el segmento [s] de la palabra niveles, pronunciada por un presentador
(gráfica 6.4), cubre el doble del espacio que ocupa el del término médicos (6.5), lo que quiere decir que aquel es un sonido
92
con una duración notablemente superior a la de este. Como
consecuencia de ello, no sería insensato suponer que la /s/ de la
palabra niveles sea percibida como exagerada y artificial por
los oyentes, independientemente de su nivel social.
Frequency (Hz)
5000
0
l o s
m é
d i
c o
s
103
0
0.724
Time (s)
Gráfica 6.5. Espectrograma de los médicos - Conversación de hablante culto
Una diferencia similar manifiesta el cotejo de las gráficas 6.6 y
6.7. El espectrograma del término veganas, pronunciado por un
reportero (gráfica 6.6), indica que la duración del segmento [s]
es de 157 milésimas de segundo. En cambio, el sonido final de
la palabra medidas, correspondiente a un reconocido abogado
del país (gráfica 6.7), tiene una duración de apenas 66 milésimas de segundo. De manera que la última /s/ se caracteriza por
su brevedad, que es inferior a la mitad de la duración que tiene
la primera. Como es lógico, este contraste tan notable refleja el
grado mayor de tensión y énfasis con que habla el periodista.
93
Frequency (Hz)
5000
0
ve
ga
na
s
157
2.142
Time (s)
Gráfica 6.6. Espectrograma de la palabra veganas – Reportero de noticias
Frequency (Hz)
5000
0
c a n
t i
d a (d)
d e
m e
d i
d a
s
66
0
1.142
Time (s)
Gráfica 6.7. Espectrograma de cantidad de medidas – Conversación
hablante culto
94
Otro detalle notable de la pronunciación de los informadores,
especialmente cuando leen las noticias, es que tienden a hacer
pausas en posiciones donde no corresponde y, en ocasiones,
parece como si estuvieran intentando pronunciar palabra por
palabra. Obsérvese el siguiente ejemplo, en el que las pausas
aparecen indicadas con líneas verticales │:
«Fuentes del Palacio Nacional revelaron │ este miércoles │que │ podría │ sorprender a la ciudadanía la cantidad │ y los niveles │ de los funcionarios que serán
sustituidos │ por el presidente Leonel Fernández[s]. │
Señalaron que en las │ sustituciones │ se espera que
también estén involucrados, │ militares. │ Aseguran
que │ en este caso ocurrirá │ algo sin precedentes │ en
una gestión del presidente Leonel Fernández[s].│»
Como se puede apreciar, varias de las pausas se realizan en lugares inapropiados de la secuencia, creando una ruptura de la
estructura sintáctica de la oración. Por ejemplo, se introduce un
corte entre el subordinante que y el verbo dependiente podría,
al que está íntimamente ligado. Asimismo, se ha hecho una
pausa indebida entre niveles y de, y otra entre el artículo las y
el sustantivo sustituciones, al que actualiza y con el que, naturalmente, debe formar una sola e inseparable unidad sintáctica
y fonética. La consecuencia directa de esta práctica es una pronunciación que resalta por su artificialidad.
También es un rasgo muy llamativo de la dicción de muchos
reporteros, la adopción de unos patrones de entonación uniformes, repetitivos y monótonos, que se alejan de los propios del
habla natural del país.
95
Causas de la hipercorrección
Hasta aquí se ha puesto en claro la existencia del fenómeno de
la hipercorrección en las emisiones de los noticiarios dominicanos. Conviene ahora tratar de encontrar las razones que causan
este comportamiento. ¿Por qué los locutores, los presentadores
y los reporteros de las noticias pronuncian con tanta frecuencia
la /s/? ¿Qué los lleva a alejarse tanto de la norma culta de su
país? En las próximas páginas se intentará plantear una serie de
hipótesis o de posibles factores que aislada o conjuntamente
podrían actuar como impulsores del fenómeno.
Hipótesis #1: La inseguridad lingüística
Un primer factor que podría servir como motor de la aludida
conducta hipercorrecta es el de la inseguridad lingüística que
experimentan muchos dominicanos. Como se sabe, existe un
estado de inseguridad lingüística cuando el hablante cree que
su modo de hablar no es correcto y, en consecuencia, hay un
desacuerdo entre las formas que él considera adecuadas y las
que en efecto utiliza cuando habla de forma espontánea (Labov
1984, López Morales 1989).
Es un hecho confirmado que una parte importante de la población dominicana considera su modo de hablar como inferior y
menos correcto que el de otros países. Y no solamente eso.
También en otros aspectos de la cultura, muchos dominicanos
experimentan un sentimiento de inferioridad frente a los ciudadanos de otras naciones y tienden a menospreciar lo autóctono,
lo propio, y a enaltecer lo extranjero.
La idea central planteada en la hipótesis número uno es esta: el
96
sentimiento de inseguridad lingüística que conduce a una especie de menosprecio del modo de hablar propio, puede motivar
una reacción extrema, exagerada, de hipercorrección, de parte
de los locutores, de los reporteros, de los presentadores y, por
qué no, incluso de los productores de las noticias y los dueños
de los medios orales de comunicación. Si esos comunicadores
y empresarios consideran que la lengua de los dominicanos no
es correcta ni apropiada para usos formales, resulta lógico que,
consciente o inconscientemente, intenten distanciar la manera
de hablar empleada en la transmisión de las noticias del modo
habitual como se expresan ellos mismos y los demás miembros
de la comunidad en situaciones cotidianas. Y lo hacen, principalmente, utilizando el recurso de la retención sistemática del
fonema /s/, cuya frecuente desaparición se ha convertido ya en
emblema del habla popular (‗incorrecta‘) dominicana.
El problema consiste en que al actuar de esa manera, en su intento por elevar su comportamiento lingüístico, sobrepasan el
nivel de corrección establecido por el habla culta formal de su
país. Por eso resulta apropiado designar el fenómeno con el término hipercorrección, que equivale a un tipo de corrección que
se extralimita. Y, lógicamente, el producto final no puede ser
otro que una actuación fonética afectada, chocante, artificial,
apartada de la norma o del modelo ideal de bien hablar que define la identidad lingüística de los dominicanos.
Hipótesis #2: El mercado lingüístico
Por otra parte, una de las hipótesis que podría dar respuesta
parcial al problema es la del llamado mercado lingüístico, un
concepto esbozado por primera vez por Labov en 1966, en su
97
conocido estudio sobre la estratificación social de /r/ en tres
tiendas por departamentos de la ciudad de Nueva York, y luego
elaborado con más detalles por los investigadores canadienses
D. Sankoff y S. Laberge (1978). Se postula que los hablantes
que desempeñan ciertas ocupaciones tienden a usar una forma
de lengua más correcta que otras personas de idénticas o muy
parecidas características socioeconómicas. En este sentido, resulta muy comprensible que locutores, recepcionistas, actores y
maestros, por ejemplo, dispensen mayor cuidado a su actuación
lingüística que médicos, biólogos, ingenieros, administradores,
economistas, cuyas ocupaciones no requieren necesariamente
una habilidad comunicativa especial. El empleo correcto y esmerado de la lengua determina en gran medida el éxito de la
función de los primeros, pero no afecta la eficacia del trabajo
de los segundos. Ahí podría estar parcialmente la explicación
del mantenimiento sistemático del segmento /s/ que exhiben
los reporteros y presentadores de las noticias, en contraste con
la articulación más relajada que caracteriza a los protagonistas
de los hechos.
En los materiales analizados, se encuentran muchos ejemplos
que corroboran las ideas anteriores: mientras profesionales de
la política, de la salud o del mundo de los negocios, practican
una pronunciación variable de la /s/, los reporteros se esfuerzan
por mantenerla de manera tensa y constante. Aquí se presenta
una muestra de esos casos.
Reportera:
«En esta decimoprimera versión de la feria internacional del libro, los asistentes podrán disfrutar de una gran
variedad de textos y material educativo que ofrecen las
98
casas editoriales, y una diversidad de vistosos stand con
informaciones diversas. CPT, consultor jurídico del Poder Ejecutivo, quien se considera amigo de los libros,
realizó su primer recorrido por la feria.»
Abogado:
«Lo que he advertido hahta ahora me, me… entusiahma mucho y pienso terminarla, y sé que voy a tener que
venir variah veceØ para poder verla completa y poder
dihfrutar a plenitud...»
En el primer texto, correspondiente a la reportera que desde la
calle recoge la noticia, aparece un total de 16 casos de /s/ en
posición final de sílaba o de palabra. Es muy revelador el hecho de que todas las posibilidades se conservan en forma plena,
como [s]. En cambio, en el texto producido por el consultor
jurídico del Poder Ejecutivo, un profesional que sociocultural y
socioeconómicamente pertenece a un grupo superior al de la
reportera, de 5 casos de /s/, ninguno se conserva en forma plena, uno se pierde y cuatro se reducen a la variante relajada [h].
Hipótesis #3: El estilo formal de lectura
Se podría pensar que un factor determinante del alto nivel de
conservación de la /s/ reside en el hecho de que la producción
lingüística de los presentadores consiste generalmente en la
lectura de unos textos dados y no en una elocución normal. Tal
suposición parece tener mucho sentido. Según reconoce cualquier persona, y tal como saben muy bien los lingüistas que
trabajan con una metodología de análisis sociolingüístico, la
99
lectura en voz alta permite al hablante concentrar su atención
en la pronunciación, ya que otros aspectos de la comunicación,
como la selección léxica o el ordenamiento sintáctico de las
palabras, vienen ya dados en el texto escrito.
Sin embargo, resulta significativo que los reporteros, que no
leen, también exhiben el mismo nivel de corrección en lo que
se refiere a la articulación de la /s/. El índice ya citado de
retención de /s/ superior al 99% corresponde por igual al habla
de presentadores y reporteros. El siguiente es un ejemplo producido por una reportera de noticias de un canal dominicano de
televisión, en el que se puede observar que la /s/ se conserva en
las 17 oportunidades existentes en el texto:
«Técnicos de la Cámara de Cuentas analizan cada detalle de los recursos de la Junta Central Electoral, destinados a la modernización de las Oficialías Civiles, ascendentes a treinta y cinco millones de dólares. La labor es como un balde de agua fría en el marco del conteo regresivo para las elecciones congresionales y municipales.»
Incluso, como se indicó antes con relación a las Islas Canarias
(Samper Padilla y Hernández Cabrera 2007), se da el caso de
que los reporteros (o corresponsales), que normalmente no leen, sino que amplían y comentan, superan en la retención de la
/s/ a los presentadores, que generalmente leen la noticia. En los
noticiarios de la televisión canaria, los primeros mantienen las
eses en el 59.9% de las ocasiones, en tanto los segundos lo hacen solamente en el 44.4%.
100
Hipótesis #4:
El origen sociocultural de algunos comunicadores
Un hecho muy estudiado es el avanzado estado en que se encuentra el proceso de eliminación de la /s/ final de sílaba y de
palabra en la República Dominicana, sobre todo en los niveles
bajos de la población. La gráfica 6.8 muestra que en el habla
popular, los niveles de pérdida son elevadísimos. De cada 10
incidencias de la /s/, 9 se suprimen por completo. Tales cifras
permiten pensar que la eliminación tan repetida de la consonante es rechazada socialmente, ya que resulta natural que el
fenómeno se asocie estrechamente con la condición social de
los hablantes que lo producen.
Gráfica 6.8. Variantes de /s/ implosiva en el nivel social bajo
100%
80%
60%
40%
90%
3%
20%
7%
0%
[s]
[h]
[Ø]
Aunque no existe una investigación que arroje conclusiones
precisas al respecto, es un asunto de conocimiento público que
algunos reporteros de la televisión dominicana proceden de los
niveles sociales medio bajo o bajo de la población. En vista de
que la tasa de eliminación de la /s/ es tan alta en estos sectores,
101
sus miembros deben aprender artificialmente, en cierto sentido,
el modo de hablar culto en la escuela o por otros medios, pero
siempre fuera del ambiente familiar y de su propio grupo. En
tales circunstancias, no sería extraño que dicho proceso diera
como resultado un manejo de la pronunciación poco natural,
aprendido, que no reflejara fielmente la variabilidad propia del
habla culta auténtica. Esta se caracteriza principalmente, como
se indicó antes, por unos porcentajes de la variante aspirada [h]
que alcanzan el 48%, por un nivel de eliminación que se sitúa
alrededor del 40% y por el mantenimiento pleno de la /s/ en
aproximadamente el 12% de las ocasiones. Podría especularse
que quizá, en su empeño por hablar bien, los locutores procedentes de los sectores sociales bajos simplemente no consiguen
adecuarse a estas proporciones. Saltan del límite, característico
de su grupo de origen, en el que prácticamente se ha completado la etapa final de la reducción fonética, al extremo opuesto
de la invariabilidad, conservando el 100% de los sonidos.
Hipótesis #5:
La acción de la escuela de locución y de los directivos de las
empresas noticiosas
Existe en Santo Domingo una escuela de locución en la que se
preparan muchos de los comunicadores que trabajan en los
programas de noticias. En dicha escuela, por lo visto, se enseña
y se exige a los alumnos que pronuncien «correctamente», que
articulen de forma clara todos los sonidos. Como resultado de
ello, muchos locutores exageran y podría decirse que tienden a
hablar como un libro, exhibiendo una pronunciación claramente artificial. Por otra parte, hay que tomar en cuenta, como han
atestiguado varios presentadores y reporteros, que los dueños
de las empresas de comunicación y los productores de los pro102
gramas les exigen un modo de pronunciación muy correcto y
esmerado. Y para estos, la idea de lo correcto implica la pronunciación de todas las eses que contiene el texto.
Sin duda, se trata de un factor de mucho peso, porque desde la
perspectiva de los locutores y de los reporteros, se puede argüir
que es la política de la empresa en la que trabajan la que los
obliga a pronunciar de la forma como lo hacen. Brinda apoyo a
esta interpretación la regularidad y la homogeneidad que se observa en su comportamiento lingüístico afectado y exagerado.
De hecho, en ninguna de las muestras analizadas se encontró
un solo caso que se apartara de la referida artificialidad. Sería
lícito pensar, en consecuencia, que el factor determinante de su
actuación lo constituye el hecho de no tener alternativa y no el
posible estado de inseguridad lingüística, que bien podría jugar
un papel reforzador de la conducta de unos, pero tal vez no de
la de otros.
Sin embargo, en el caso de los dueños de emisoras, de los productores de programas y en el de los directivos de la escuela de
locución, el razonamiento anterior es irrelevante y vacuo, ya
que son ellos quienes establecen las normas, sin estar subordinados a una autoridad superior. Así que, en definitiva, lo que
parece explicar el surgimiento de la actuación hipercorrecta de
los locutores y los reporteros en los noticiarios de televisión es
la inseguridad lingüística. Esta conclusión resulta lógica ya que
si los que ejercen una función directiva imponen como regla la
pronunciación en forma tensa de cada una de las /s/ finales de
sílaba de un enunciado, lo hacen precisamente movidos por la
creencia de que el modelo del habla culta natural del país –que
dista mucho de conservar todas las eses– no es digno ni apropiado para el uso en las noticias de la televisión.
103
Discusión
Un recurso que puede ayudar a descubrir cuál de los factores
estudiados es el que más contribuye a la presencia de la hipercorrección, consiste en averiguar si el fenómeno está o no está
presente en otros países donde la /s/ también experimenta el
proceso de reducción. Con ese fin se realizó un análisis de la
pronunciación de la /s/ final de sílaba y de palabra en unos segmentos de noticiarios de España, Argentina, Uruguay, Chile,
Perú, Panamá, Cuba, Puerto Rico y Venezuela.
Resulta altamente significativo que en esas zonas del mundo
hispánico la situación de hipercorrección no existe o no es tan
marcada como en la República Dominicana. Un ligero examen
de sus noticiarios revela una pronunciación más natural, en la
que la variante aspirada [h] se repite con bastante frecuencia en
el habla de los presentadores y los reporteros. En esos lugares,
la distancia entre la pronunciación culta del país y la de la televisión no es tan grande como en el caso dominicano. Esto obliga a pensar, lógicamente, que las hipótesis del mercado lingüístico y del estilo de lectura, por ejemplo, no tienen suficiente validez, ya que esos factores están presentes en los noticiarios de
todos los países. Por tanto, no parece arriesgado suponer que el
comportamiento hipercorrecto que se descubre en la emisión
de las noticias de la televisión dominicana, probablemente tiene su origen profundo en una reacción exagerada en busca de
corrección, impulsada por la inseguridad lingüística que, como
muchos de sus compatriotas, experimentan los presentadores,
los reporteros y los ejecutivos de los medios orales de comunicación del país.
Se ofrecen a continuación, como una muestra sin intención de
104
representatividad, algunos fragmentos muy breves tomados de
las transmisiones por Internet de varios programas de noticias
de los mencionados países del mundo hispánico. Fueron grabados cinco minutos de cada noticiario. Aquí solo se ofrecen unas
líneas, correspondientes a los primeros segundos del fragmento
analizado, que dan una idea acertada de la pronunciación de la
/s/ por parte de los presentadores y los reporteros. Los casos de
la articulación aspirada, relajada, se destacan subrayando y poniendo en negrita el símbolo h.
Sevilla (España):
«El desaparecido futbolihta del Sevilla, Antonio Puerta, eh
dehde hoy, hijo predilecto de la provincia, un nombramiento a título póhtumo que ha recogido su hermano Raúl.
Otra hija predilecta de la provincia dehde hoy, la gran Marifé de Triana, agradecía el título que le otorga su tierra, al
tiempo que defendía la importancia de recibirlo en vida.»
Total: 5
[s]: 0 (0%)
[h]: 5 (100%)
Tenerife (España):
«Y esta noche en el cine Víctor se acoge el estreno del cortometraje Amanece. Participa en esta edición del festival de
cortoh de Caja Canarias. Amanece retrata treh días en la
vida de Teresa, que es una mujer trabajadora que ha rebasado la treintena, y de Claudio, su padre, con el que vive y
con el que apenas se relaciona debido a un ohcuro hecho
del pasado. Con imágeneh de ehte cortometraje que pueden
ver ehta tarde, noh dehpedimoh. Nosotroh regresamoh mañana a las tres. Pasen una feliz tarde. Adiós.»
Total: 23
[s]: 12 (52%)
[h]: 11 (48%)
105
Argentina:
«En la búhqueda siguen prófugoh loh delincuenteh que
mataron a un policía y a un comerciante durante el intento
de asalto a una inmobiliaria de Lanús. El efectivo murió
anteh de llegar al hohpital y el dueño del negocio dehpuéh
de haber sido operado.»
Total: 9
[s]: 1 (11%)
[h]: 8 (89%)
Chile:
«Dehpuéh de cinco días de intensa lluvia y viento, así amaneció la cordillera. Prácticamente no nevó. La razón ehtá
en la elevación del isoterma cero, el límite en el que el agua
caída se congela y se transforma en nieve. Si éhte generalmente se ubica a loh doh mil setecientoh metroh de altura,
por ehtoh días superó loh treh mil.»
Total: 15
[s]: 3 (20%)
[h]: 12 (80%)
Uruguay:
«El ex ministro del Partido Nacional, del Ministerio de
Economía y Finanzas, Ignacio de Posadas, indicó en una
entrevihta en el semanario Voceh del Frente, justamente,
que pondría lah manos, y que pone lah manos en el fuego
por el ministro actual de Economía y Finanzah, Danilo Astori, por el caso Bengoa.»
Total: 15
106
[s]: 10 (67%)
[h]: 5 (33%)
Perú:
«La pobreza en el Perú disminuyó cinco punto doh por
ciento en el dos mil siete. La cifra varió en cuarenta y
cuatro punto cinco a treinta y nueve punto treh por ciento.
El jefe del organismo, Renán Quispe, detalló que la mayor
dihminución de la pobreza se registró en el área urbana.»
Total: 8
[s]: 5 (62%)
[h]: 3 (38%)
Venezuela:
«Un grupo de transportihtah, protehtó hoy a las afuerah de
la sede del Ministerio del Poder Popular para la Infraehtructura. Rechazan la inseguridad que hay en el país, también la creación de la empresa denominada Sistema Integral de Transporte. Aseguran que de no obtener rehpuehta
van a continuar llevando a cabo manifehtaciones.»
Total: 15
[s]: 7 (47%)
[h]: 8 (53%)
Panamá:
«Atensio manifehtó que ehtas son lah principales causas
que inciden en el mal estado y poca durabilidad de lah carreteras. Aspecto en el que coincide con el hasta hace pocos
días Director del Centro ehperimental de Ingeniería de la
Universidad Tecnológica de Panamá, y ahora minihtro de
Educación, Salvador Rodríguez.»
Total: 16
[s]: 10 (62%)
[h]: 6 (38%)
Cuba:
«Lázaro Barredo, director de Gramma, en la velada hizo
107
entrega del original de 'Canción de cuna para dehpertar a
un negrito', una poesía ehcrita por Nicoláh Guillén, en mil
novecientos cincuenta y tres, y que se encontraba en los
archivos del periódico Gramma.»
Total: 7
[s]: 4 (57%)
[h]: 3 (43%)
Puerto Rico:
«Chelsea Clinton reiteró en la ihla nena el compromiso de
su madre de devolver y limpiar lah tierrah que fueron ocupadah por la Marina. Rafael Elín López noh tiene la noticia
de primera plana.»
«En un acto estrictamente proselitihta, en el que otra vez,
en el caso de la campaña Clinton, la prensa no puede preguntar, Chelsea Clinton caminó por lah calleh de Vieques y
visitó varios centroh comunitarios con loh lídereh localeh
de la campaña de su madre, la senadora por Nueva
York…»
Total: 18
[s]: 6 (33%)
[h]: 12 (67%)
Según se puede observar, aunque en proporciones distintas, en
todos los países, tanto el reportero como el presentador de las
noticias exhiben un comportamiento variable en el que alternan
las variantes [s] y [h].
Finalmente, a modo de recapitulación y para recalcar el punto
central de esta exposición, se incluyen dos ejemplos más tomados de los noticiarios dominicanos en los que se confirma de
nuevo la presencia invariable de la /s/.
108
República Dominicana:
Reportero:
«Con esta iniciativa, las autoridades tienen previsto
ahorrar más de setecientos mil barriles de petróleo equivalentes a cuarenta millones de dólares. Más de dos mil
personas trabajan en el operativo de sustitución en los
barrios pobres del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.»
Total: 18
[s]: 18 (100%)
[h]: 0 (0%)
Presentadora:
«Vamos a iniciar esta entrega con la autoridad metropolitana de transporte, que ha detenido cerca de dos mil
vehículos en dos días, por circular sin renovar las placas. Los vehículos son retenidos en el llamado canódromo, donde los apurados dueños reconocen sus faltas y
realizan gestiones tales como pagar la multa que encarece aún más el impuesto para renovar el marbete.»
Total: 22
[s]: 22 (100%)
[h]: 0 (0%)
Conclusiones:
Como era lógico esperar, el estudio comprueba la existencia de
una diferencia importante entre la forma de pronunciación empleada en los informativos de la televisión y la que normalmente practican los miembros de la comunidad en situaciones
comunes de la vida. Sin embargo, se verifica un contraste que
más que visible y esperable, puede considerarse chocante. Por
cada caso de [s] que los hablantes cultos retienen en conversa109
ciones libres, las noticias mantienen cinco. De acuerdo con
esto, es lícito afirmar que en la República Dominicana, las noticias de la televisión se transmiten haciendo uso de un modo
de lengua súper conservador, hipercorrecto.
Pero el hecho adquiere dimensiones dramáticas en el caso específico de los presentadores y de los reporteros, cuya pronunciación ilustra un tipo especial de hipercorrección que cae en
el terreno de la invariabilidad. En sus intervenciones, alcanzan
un índice de casi el 100% de retención de [s], convirtiendo en
artificial su modalidad lingüística en el ámbito dominicano. Si
hubiera lugar para sugerencias, habría que proponerles a todos
que apliquen mayor naturalidad en su expresión.
Según se ha expuesto, tal situación podría tener origen en cinco
factores fundamentales:
a. la inseguridad lingüística de muchos dominicanos;
b. el mercado lingüístico;
c. el estilo formal de lectura;
d. el origen social bajo de algunos comunicadores;
e. la acción de la escuela de locución y de los directivos de las
empresas noticiosas.
El análisis presentado en este trabajo permite atribuirle mucha
importancia al último de los factores expuestos. Si la política
establecida por las empresas responsables de los programas de
noticias obliga a los presentadores y los reporteros a practicar
una determinada forma de pronunciación, a estos no les queda
más remedio que acatar la disposición, independientemente de
que estén o no de acuerdo con ella.
110
Ahora bien, la observación anterior no debilita la relevancia de
la inseguridad lingüística como una de las causas principales y
más probables del fenómeno. El hecho de que en muchos países hispánicos, los presentadores y reporteros de las noticias de
la televisión produzcan numerosos ejemplos de la variante relajada [h], reduce la probabilidad de que otros factores jueguen
un papel determinante de la hipercorrección dominicana en la
pronunciación de la /s/. Queda anulado, entre otros, el posible
papel del estilo formal de lectura, porque de esa misma forma
son ofrecidas las informaciones por los presentadores en los
noticiarios de todas partes.
Los datos revelan que los presentadores y reporteros de otros
países no tienen reparo en pronunciar variablemente la /s/, utilizando unas veces la variante [s] y otras la variante relajada
[h]. En cambio, sus homólogos dominicanos y los directivos o
patronos que los contratan, en un claro despliegue de inseguridad lingüística, parecen avergonzarse del uso de la segunda, a
pesar de ser la forma preferida por los hablantes cultos del país.
Tal vez no caen en la cuenta de que al expresarse de esa manera, despojan su actuación lingüística de dos de los rasgos más
apreciados de todo comportamiento humano: la autenticidad y
la naturalidad.
Y lo que incluso es peor: con su conducta hipercorrecta, contribuyen a acentuar el sentimiento de inseguridad o de pesimismo
de muchos de sus conciudadanos, que sienten distante y ajeno
el español súper formal con el que se difunden las noticias. De
esta forma, sin proponérselo, desaprovechan la oportunidad de
realizar una importante labor educativa, ya que los medios de
comunicación podrían colaborar en la tarea de que los ciudadanos tomen conciencia y se sientan orgullosos de su identidad
111
nacional. Para ello, sin tener que ser conformistas, deben comenzar aceptando y asumiendo los valores que definen dicha
identidad. Y entre esos valores, ocupa un lugar preferencial el
modo peculiar de hablar la lengua.
112
7
Integración de los préstamos:
Un reflejo de la estabilidad del español dominicano
I.
Introducción
Algunos investigadores, en especial los que adoptan una visión
normativa de la lengua, han expresado su preocupación por el
posible, e incluso inminente, peligro de deterioro y de fragmentación a que está abocada la lengua española en América. Entre
los principales autores que han mostrado ese temor ante el supuesto peligro de escisión del español se cuentan Andrés Bello,
Rufino J. Cuervo y Amado Alonso. A mediados del siglo XX,
Alonso expresaba su creencia de que ‛el edificio de nuestra comunidad idiomática está cuarteado‘. Entendía que tanto en el
léxico como en el aspecto fonético, el fonológico, el sintáctico
y el morfológico existían diferencias que podían acarrear males
muy graves (Alonso 1956:33-48). Con posterioridad, autores
de menor envergadura también se siguen preocupando porque
piensan que ‗la lengua española en América ha sufrido sensibles alteraciones‘, acentuadas por la influencia extranjera, que
amenazan su unidad y su integridad.
Como es natural, la misma preocupación ha sido manifestada
en la República Dominicana, donde el tema no solo ha logrado
inquietar a algunos filólogos, sino también a figuras de la vida
política y social del país. Son conocidas las declaraciones que
formuló en su momento Juan Bosch para proponer un plan de
113
rescate o de recuperación del español dominicano, ya que en su
opinión se encontraba en un estado avanzado de deterioro y de
descomposición.
En el fondo, esta actitud medrosa se ve impulsada precisamente por la naturaleza variable de la lengua, que debe adaptarse
de manera continua a las necesidades de los usuarios con el fin
poder cumplir a cabalidad con su función. Para responder a su
misión comunicativa, las lenguas y sus dialectos son, y tienen
que ser, entidades complejas y flexibles en las que la unidad
convive con la diversidad. De ahí que los fenómenos lingüísticos sean, en esencia, cambiantes, porque consisten en hechos
históricos enmarcados en la multiplicidad social y geográfica
de los hablantes, así como en las distintas situaciones en las
que se realizan los actos de habla.
Una consecuencia de la esencia variable de las lenguas es justamente la presencia de elementos de procedencia extranjera.
En toda lengua se encuentran préstamos que han llegado como
resultado del contacto o de las relaciones que han tenido sus
hablantes con otras lenguas a lo largo de la historia. Por tal razón, como se sabe, una lengua ‗pura‘, que no haya heredado ni
recibido ningún rasgo de otra, simplemente no existe. Para que
tal situación fuera posible tendría que darse la extraña circunstancia de una sociedad completamente aislada e incomunicada
con el resto del mundo, en la que todos sus miembros se mantuvieran segregados durante toda la vida, en permanente estado
de enclaustramiento.
En épocas pasadas, era frecuente que el español tomara palabras prestadas del francés o de otras lenguas. En la actualidad,
sin embargo, la influencia del inglés es, si no la única, sin duda
114
la más intensa y abundante de todas. Y por varias razones, es
también la que provoca las reacciones más adversas de ciertos
sectores que se erigen en defensores de la lengua. En distintas
obras se pueden leer afirmaciones como estas: ‗los anglicismos
constituyen otra plaga en el español‘, ‗la invasión de los anglicismos es masiva‘. Se ha llegado a condenar, por ejemplo, el
uso de términos como ‗flirteo‘ y ‗flirtear‘ con el argumento de
que ‗todo lo que ellos puedan expresar se encuentra en las voces castellanas coqueteo y coquetear‘ (Alfaro 1970:217). Pero
el mismo autor reconoce que estos términos, que ahora parecen
castellanos, y que con pleno derecho pueden ser considerados
como tales, derivan de la palabra francesa coquette, que a su
vez procede de coq (gallo).
En este artículo se analizará el proceso de adaptación fonética
y de integración morfológica de que son objeto los préstamos
del inglés en el campo léxico del béisbol en el español de la
República Dominicana. La hipótesis que se plantea es que la
entrada de nuevos elementos léxicos procedentes del inglés, no
implica ningún peligro de alteración del español, porque el sistema tiene la capacidad de asimilarlos y de integrarlos según su
propia estructura. En este sentido, la llegada de los préstamos
debe verse como un fenómeno natural mediante el cual la lengua amplía y enriquece su caudal léxico, sin que al hacerlo se
modifique su estructura fonológica ni se altere su organización
morfológica. Los que se escandalizan y ‛defienden‘ al español
de la amenaza extranjera, sin saberlo están subestimando la estabalidad y la fortaleza del sistema.
Esa actitud defensiva se adopta en un artículo publicado hace
ya varias décadas sobre los anglicismos del béisbol en Colombia. Su autor afirma que uno de los fenómenos principales que
115
ha notado en la lengua hablada en ese país sudamericano es ―su
vulnerabilidad, entendida ésta como debilidad frente a la invasión anglicista‖ (Fernández García 1971:18).
II.
Aspectos metodológicos
Los datos analizados en este estudio forman parte del corpus de
una investigación más amplia publicada como libro hace unos
años (Alba 2006). Las informaciones proceden de tres fuentes:
1. transmisiones radiales y televisivas; 2. un test asociativo que
recoge el léxico disponible en ese centro de interés; 3. un cuestionario dirigido.
En el primer caso, fueron grabadas en cinta magnetofónica más
de veinte horas de transmisiones directas de radio y de televisión de diversos partidos de béisbol correspondientes a las temporadas invernales de 1997-1998, 1999-2000 y 2002-2003. Se
hizo una selección de diez fragmentos de veinte minutos cada
uno: tres pertenecen a la temporada que finalizó en enero de
1998, tres a la concluida en enero de 2000, y cuatro a la que
terminó en enero de 2003. Cada trozo de grabación representa
una cantidad de palabras que oscila entre 2,000 y 2,200. En el
análisis no fueron tomados en cuenta los anuncios comerciales
intercalados en la narración.
Como segunda fuente de información se seleccionó una muestra de 247 jóvenes de edades comprendidas entre los 17 y los
22 años. Un poco más de la mitad son estudiantes de nivel
universitario de Santo Domingo y de Santiago, que al momento
de la encuesta cursaban el primer año de estudios en sus respectivas universidades. Los demás son estudiantes del último
año de bachillerato de un colegio privado y de una escuela pública de la zona del Cibao. Los sujetos de la muestra fueron
116
post-estratificados en cuatro grupos sociales (alto, medio-alto,
medio, bajo) según la zona de residencia, el ingreso, la educación y la ocupación de sus padres. Durante dos minutos, los encuestados enumeraron las palabras relacionadas con el juego de
pelota que afluían a su memoria. Así se reunió un material espontáneo compuesto por 492 términos distintos. Este material
de léxico disponible fue analizado mediante el programa computacional Dispolex (http://www.dispolex.com/), que pondera
la frecuencia y el orden de aparición de los términos.
Por último, se elaboró un cuestionario de 221 preguntas consistentes en definiciones, en descripciones y en ilustraciones para
que los encuestados produjeran, tanto oralmente como por escrito, el término correspondiente. Fue respondido por quince
dominicanos de Santo Domingo y de Santiago: cinco de ellos
son periodistas deportivos y los otros diez son ex-jugadores o
aficionados muy conocedores del béisbol.
III.
Clasificación de los préstamos
Dentro del conjunto de las unidades léxicas que se consideran
anglicismos, existe una amplia diversidad. Muchas son palabras íntegramente importadas, en la forma y en el fondo, como
hit, bleacher, pitcher, strike; otras son calcos motivados por el
parecido en lo fonético y en lo semántico, como base (de base),
doble (de double), triple (de triple); otras consisten en traducciones más o menos exactas, pero no relacionadas en su forma
fonológica, del tipo carrera (de run), jardinero central o centrocampista (de center fielder).
Acerca de este tema se han planteado diversas clasificaciones.
Una de las más conocidas es la ofrecida por M. Lüdtke (1974).
Aquí se adopta, con algunos ajustes, la propuesta que ofrecen
117
Otheguy y García (1988). Los autores distinguen dos categorías: préstamos y calcos. Los últimos son divididos en léxicos y
fraseológicos. Los léxicos, a su vez, se subdividen en dos tipos:
los que aparecen fusionados fonológicamente con una palabra
de la lengua receptora y los que son independientes en cuanto a
su forma fonológica en una y otra lengua.
En los préstamos, proviene del inglés el signo completo, con su
forma y su contenido. Por ejemplo, en la palabra strike, es fácil
percibir la estructura fonológica inglesa, pronunciada de diversas maneras, con un mayor o menor grado de adaptación de su
significante al español: [estráik], [estrái], [ehtrái], [etrái]. Pero
también resulta claro que tiene origen inglés su sentido de lanzamiento bueno, de acuerdo con las reglas del juego, que el
pitcher hace al bateador sin que este logre conectarlo. En
español, este significado no corresponde a ninguna forma fonológica propia, porque el juego de pelota tiene origen extranjero
y es relativamente reciente. Cuando el deporte no se conocía, el
concepto asociado a ‗strike‘, obviamente, no se encontraba presente en la mente de los hablantes.
Los casos como strike se consideran préstamos léxicos. En el
vocabulario del béisbol dominicano, pertenecen a esta categoría, entre otras, las siguientes palabras citadas en orden descendente según su índice de disponibilidad:
118
bate:
Pieza de madera de forma cilíndrica,
más gruesa por un extremo que por el
otro, con la que se golpea la pelota.
home run:
Pelota bateada por el aire que pasa sobre
la pared del outfield, y permite al bate-
ador recorrer las cuatro bases y anotar
carrera.
pitcher:
Jugador defensivo que lanza la pelota a
los bateadores intentando que no puedan
conectarla.
out:
Cada una de las tres jugadas defensivas
de poner fuera a los bateadores o corredores durante una entrada.
catcher:
Jugador que ocupa la posición detrás del
plato para recibir los lanzamientos del
pitcher.
hit:
Batazo imposible de atrapar por parte de
un jugador defensivo, que le permite al
bateador alcanzar la primera base.
foul:
Pelota bateada por el aire o por el suelo
hacia la zona exterior de las líneas que
delimitan el terreno de juego.
safe:
Término que indica que un corredor ha
alcanzado legalmente una base.
umpire:
Árbitro del juego.
home:
Goma en forma de pentágono que marca
el punto desde donde se batea.
center field:
Posición central del outfield o de los jardines. Por extensión, el jugador defensivo de esa posición.
119
120
left field:
De las posiciones del outfield, la que está al lado izquierdo vista desde el home
o el plato. Por extensión, el jugador de
esa posición.
right field:
Posición del lado derecho del outfield
vista desde del home. Por extensión, el
jugador de esa posición.
coach:
Entrenador de jugadores y ayudante del
mánager en ciertas funciones.
short stop:
Posición del infield situada entre la segunda y la tercera bases. Por extensión,
el jugador de esa posición.
inning:
Cada uno de los nueve actos, divididos
en dos mitades, de los que consta un juego de béisbol.
dugout:
Lugar donde se sientan los jugadores durante el juego cuando no están actuando
en el terreno.
bleacher:
Gradas del estadio situadas en las zonas
más alejadas, donde son más baratas las
boletas.
fly:
Pelota que es bateada por el aire y se eleva a gran altura.
dead ball:
Pelotazo que da el pitcher a un bateador.
rolling:
Pelota que va rodando por el suelo al ser
bateada por un jugador.
bullpen:
Zona exterior al terreno de juego, en el
área de los jardines, donde los pitchers,
en especial los relevistas, hacen lanzamientos de calentamiento antes y durante el juego.
slider:
Lanzamiento que hace el pitcher en el
que la pelota dobla hacia el lado afuera y
desciende al llegar al home.
swing:
Movimiento coordinado realizado por el
bateador con los brazos cuando intenta
conectar la pelota lanzada por el pitcher.
wild pitch:
Lanzamiento desviado hecho por el pitcher y que se le escapa al receptor.
play off:
Serie de varios partidos al final de la
temporada en la que participan los equipos clasificados para ello.
back stop:
Tipo de malla colocada detrás del home
para proteger a los aficionados de las pelotas que se le escapan al catcher o que
son bateadas de foul en esa dirección.
infield hit:
Jugada en la que el bateador logra llegar
a la primera base con un batazo de hit
que no sale del cuadro interior.
bound:
Salto que da la pelota al tocar el terreno.
121
line up:
Lista de los nueve jugadores que participan en el juego en el orden en que deben
batear.
slump:
Disminución del rendimiento ofensivo
de un jugador durante un período de
tiempo relativamente largo.
wind up:
Movimiento reglamentario que hace el
pitcher en preparación para lanzar la
pelota.
El fenómeno del anglicismo se manifiesta de manera distinta
cuando lo que se transmite es solo un nuevo significado, que se
envuelve en una estructura fonética ya existente en español.
Así sucede, por ejemplo, en casos como base y carrera. Ambas
palabras existen desde hace siglos en español con sus correspondientes significados, pero antes de que el deporte hiciera su
aparición en el mundo hispánico, ninguna de las dos tenía el
sentido que tiene ahora en el ámbito del béisbol. De hecho, en
varios países donde se habla español pero no se practica el juego de pelota, muchos hablantes desconocen que uno de los significados del término base es ‗almohadilla, saco de lona o pieza de goma con que se marcan los cuatro puntos donde se intersectan las líneas que delimitan el diamante en el terreno de
juego‘.
En estos casos, el proceso se considera un calco, es decir, una
copia del significado de una palabra de la lengua fuente que se
introduce en otra de la lengua receptora. Muchos lingüistas lo
llaman un préstamo semántico o un traslado semántico. Esta
designación, tomada de H. Lüdtke, es la que utiliza González
122
Gómez en su estudio de los anglicismos del béisbol en Costa
Rica (González Gómez 1998:91-99).
Como se puede observar en los ejemplos anteriores, unos calcos se realizan con formas que son similares en ambas lenguas,
fonética y ortográficamente, de modo que resulta bastante fácil
hacer la fusión o la copia. A este tipo corresponden base (de
base), bola (de ball), doble (de double), triple (de triple), plato
(de plate). La relación o la semejanza fonética existente entre
las dos palabras se revela con bastante transparencia.
Conviene aclarar aquí el caso del término ‗bola‘. Aunque en el
sentido de ‗pelota‘ es una palabra netamente hispánica y no un
calco del inglés ‗ball‘, resulta que en el béisbol también se llama bola el lanzamiento desviado que hace el pitcher al bateador. Y en este sentido particular, se trata de un claro ejemplo
de traslado semántico inducido por la semejanza fonética entre
ball, del inglés, y bola, del español.
Otros calcos se producen mediante un tipo de traducción literal
que selecciona en la lengua receptora una forma equivalente,
pero en un sentido distinto, a la palabra de la lengua fuente que
se trata de importar. En este grupo hay que incluir unidades
como estas: carrera (de run), lanzador (de pitcher), receptor
(de catcher). Por ejemplo, en español, existe lanzador con el
sentido general de ‗que lanza‘. Pero en el juego del béisbol adquiere el significado específico de ‗pitcher‘, es decir, ‗jugador
defensivo encargado de lanzar la pelota al receptor, intentando
que el bateador no pueda golpearla‘. Un rasgo de este tipo de
calco es la independencia fonética entre las palabras: carrera,
por ejemplo, no tiene ningún vínculo en cuanto a su pronunciación con run; ni receptor con catcher. En síntesis, el término
123
español que recibe el traslado semántico se corresponde con el
que expresa el significado básico o general de la palabra inglesa, pero ambos son completamente distintos desde el punto de
vista de su significante.
préstamos
léxicos
bleacher
catcher
foul
hit
home
home run
out
pitcher
safe
umpire
préstamos con
sufijo español
batear
fildeador
flaicito
jonronero
pitcheo
piconazo
ponchado
roletazo
calcos con
calcos sin
relación fonética
relación fonética
base
bola
curva
doble
línea
plato
sacrificio
triple
carrera
corredor
cuenta
elevado
fuera
lanzador
receptor
robo
Cuadro 7.1. Clasificación de algunos anglicismos del béisbol en la
República Dominicana
En otra categoría hay que situar los vocablos en los que de una
base léxica inglesa se deriva otra palabra mediante la adición
de un sufijo español, como sucede con batazo (de bat > bate),
flaicito (de fly), jonronero (de home run), pitcheo (de pitch),
esprintada (de sprint). En estos casos se revela un alto grado
de integración o adaptación del préstamo a la estructura fonética y morfológica del español.
El cuadro 7.1 ofrece una muestra de los anglicismos del béisbol
que se emplean en el español de la República Dominicana, clasificados según los criterios ya expuestos.
Para los fines de este estudio, evidentemente, solo tienen inte124
rés los préstamos, ya que los calcos utilizan una forma fonológica hispánica.
IV.
Adaptación fonética de los anglicismos
La pronunciación de los préstamos, como es natural, no se realiza de manera uniforme, sino variable. Es decir, no todos los
hablantes los dicen exactamente del mismo modo, ni la misma
persona lo hace igual en cada circunstancia. Es lo que pasa con
cualquier fenómeno de la lengua, sea de tipo sintáctico, léxico
o, sobre todo, fonético. Así, por ejemplo, en español estándar
se puede decir tanto élite como elite, del francés ‗élite‘. De la
misma forma sucede con préstamos del inglés tan conocidos
como club y sandwich, que ofrecen variantes de pronunciación
extendidas por todo el mundo hispánico: [klub], [klob], [klu], y
[sáņdwič], [sáņdwi], [sáηgwiče], respectivamente.
En sentido general, sin embargo, se observa una tendencia de
carácter sociolingüístico: los hablantes del nivel sociocultural
bajo pronuncian los anglicismos con un alto grado de acomodación a las características de su propia lengua; en cambio, las
personas de los niveles sociales más elevados, especialmente
cuando se expresan en estilos formales, como es el caso de los
periodistas que narran el juego, tienden a mantener, o tratan de
mantener, una pronunciación del préstamo similar, cercana, a
la que tiene la palabra en la lengua original. De este modo, en
las transmisiones se escuchan con frecuencia formas como [hit]
(‗hit‘), [seif] (‗safe‘), [hom] (‗home‘), en las que se mantienen
las consonantes finales /t/, /f/ y /m/.
Este comportamiento funciona probablemente como una señal
de estatus. Por lo general, resulta prestigioso el poder mostrar a
los demás el conocimiento de una lengua extranjera. No hay
125
que olvidar, tampoco, que en el hablante culto puede ejercer alguna influencia la imagen escrita de las palabras, ya que tiene
acceso a la ortografía por medio de la lectura.
Sin embargo, en el habla popular, estas mismas palabras aparecen con una forma completamente asimilada a la estructura del
español, es decir, sin /t/ ni /f/ final, y con sustitución de la /m/
por la /n/: [hi] (‗hit‘), [sei] (‗safe‘), [huŋ] (‗home‘). Se podría
decir, en este sentido, que el proceso de adaptación fonética de
los préstamos guarda una estrecha relación con los factores sociales. En la medida en que el uso de un término se populariza
y se generaliza, en esa misma medida se adapta progresivamente a la estructura fonética de la lengua recipiente.
Es oportuno recordar que muchos hablantes de los estratos sociales superiores tienen cierto dominio del inglés; en cambio,
los pertenecientes a los niveles bajos son, por lo común, monolingües. Estos últimos adquieren los anglicismos del béisbol
por vía oral, exclusivamente, sin el refuerzo que supone el contacto ortográfico y sin la ayuda de la enseñanza formal.
Se ofrece a continuación una lista de muchos de los préstamos
presentes en el español del béisbol con las diversas formas fonéticas con que se expresan en el habla dominicana. Se incluyen las diversas variantes propias del habla culta y la popular.
back stop:
bleacher:
bound:
bullpen:
catcher:
center field:
coach:
126
[bakestóp - bakestó - bakehtó - baketó];
[blíčer - blíčel - blíče];
[báuņd - báuŋ];
[bulpéŋ - buipéŋ];
[káčer - kéčer - kéče];
[seņterfíl - seņterfí - seņtefí];
[kóač - kóč - kó];
dead ball:
dugout:
field:
fly:
foul:
hit:
home:
home run:
infield:
infield hit:
inning:
left field:
line up:
mánager:
out:
pitcher:
playoff:
right field:
rolling:
safe:
score:
short stop:
slider:
slump:
spikes:
standing:
strike:
swing:
team:
umpire:
wild pitch:
[déδból - deβól - deβói];
[doγáut - doγáo];
[fíl - fí];
[flái];
[fául - fáo];
[hít - hí];
[hóm - hóŋ];
[honŕóŋ];
[infíl - infí];
[infilhít - infilhí - infihí]
[ínĩŋ];
[lefíl - lefí];
[lainóp - lainó];
[mánayer - máneyer - mániye];
[áut - áo];
[píčer - píče];
[pleió - pleyó];
[ŕaifíl - ŕaifí];
[ŕóliŋ];
[séif - séi];
[eskór - ehkór - ekór - ekói];
[šorestóp - siorehtó - sioretó];
[esláiδer - ehláiδer - ehláiδe - eláiδe];
[eslóm - eslóŋ - ehlóŋ - elóŋ];
[espáiks - espáik - ehpái - epái];
[estáņdiŋ - ehtáņdiŋ - etáņdiŋ];
[estráik - ehtráik - estrái - ehtrái - etrái];
[swíŋ];
[tím - tíŋ];
[ampáya];
[wailpíč - wailpí - waipí];
127
wind up:
[wainóp - wainó].
Un ligero análisis de la pronunciación de que son objeto las palabras de la lista anterior permite descubrir el diferente grado
de adaptación a la estructura fonética del español que han alcanzado unas y otras. Como se sugirió anteriormente, varios
factores contribuyen a esta diversidad. Dos de ellos se encuentran estrechamente relacionados: por un lado, la frecuencia de
uso o el grado de difusión del préstamo, y por el otro, el nivel
sociocultural de los hablantes.
La importancia de la frecuencia de uso en la evolución fonética
de las palabras ha sido reconocida desde hace mucho tiempo
por diferentes lingüistas. Ya a finales del siglo XIX, el alemán
Hugo Schuchardt insistía sobre el asunto, y a mediados del XX
lo hacía el polaco W. Mańczak (1969). El francés A. Martinet
(1974) destaca el papel de la frecuencia en los procesos de
cambio. Y con datos del español, M. Torreblanca (1986) revisa
la hipótesis en un breve artículo titulado ‗La frecuencia de los
morfemas y su evolución fonética‘.
Concomitantemente con las causas citadas, pueden actuar otras
muy relevantes, como son la estructura fonológica de la palabra y tal vez en menor grado, el riesgo de crear homonimia con
un vocablo existente en la lengua. El término coach sirve para
ilustrar el efecto de tales condicionantes. En tanto en el habla
culta formal, esa palabra tiende a mantener la palatal final /č/,
conservando así su fisonomía inglesa de [kóač] o [kóč], en el
habla popular y en estilo espontáneo, dicha consonante desaparece, con lo cual su forma fonológica queda completamente
ajustada a la estructura española ([kó]).
Puede parecer curioso en este caso que en lugar de eliminar la
128
/č/, no se haya añadido al final una /e/, como sucede con otros
anglicismos del mismo tipo. Por ejemplo, switch (interruptor) y
clutch (embrague del auto) son convertidos en el habla popular
dominicana en [swíče] y [klóče], respectivamente. Pero si se
hubiera hecho lo mismo con coach, el resultado hubiera sido
[kóče], dando lugar a una coincidencia con el sustantivo de uso
general ‗coche‘. No se debe descartar que tal vez la evasión del
choque de homónimos haya sido un factor relevante en la solución adoptada.
En casos como play off y wild pitch se observa un fenómeno
similar. Ambas palabras presentan un nivel de españolización
inferior al que se descubre en bate y home run (jonrón), por
ejemplo. De nuevo, este hecho guarda relación con la forma fonológica y con la frecuencia con que se utilizan esas palabras.
No hay dudas de que las últimas no solamente son mucho más
comunes, sino que constituyen al mismo tiempo la base para la
derivación de otras unidades léxicas: batazo, bateador, batear;
jonronazo, jonronero, jonronear.
En el proceso de adaptación fonética de los préstamos, los ajustes se realizan de acuerdo con las necesidades y las características de cada caso. Los cambios más comunes son la prótesis de
/e/, que se da en [eskór - ehkór], de score; [esláiδer - ehláiδer],
de slider; [eslóŋ - ehlóŋ], de slump; y la apócope, que aparece
en [fáo], de foul; [fí], de field; [áo], de out. Algunos términos
requieren la aplicación de ambos cambios, como se observa en
[etrái], de strike [stráik]; en [espái - epái], de spikes [spáiks]; o
en [ehláiδe - eláiδe], de slider [sláiδər].
Y, como es lógico, la pronunciación del anglicismo se realiza
de acuerdo con las normas y los hábitos articulatorios del espa-
129
ñol. Por ese motivo, los sonidos /t/ y /d/ iniciales de palabra (en
team o en dugout), se pronuncian con la articulación dental
propia del español y no elevando la lengua a la región alveolar,
como se hace en inglés. Del mismo modo, la /r/ inicial de right
field o de rolling, se adapta a la estructura española convirtiéndose en la vibrante múltiple erre, ya que la ere no comienza
palabra en español. Otros casos revelan un ajuste a la variedad
dialectal dominicana, como sucede con home run y bullpen,
por ejemplo, que se transforman fonéticamente en [honŕóŋ] y
[bulpéŋ], con /n/ final velarizada; el último, incluso, en el habla
popular de la zona norte del país, suele aparecer bajo la forma
[buipéŋ], con vocalización de la /l/ final de sílaba.
V.
Integración morfológica de los anglicismos
Muchos anglicismos no solo se han acomodado fonéticamente
a la estructura del español, sino que también se han integrado
en su forma morfológica, convirtiéndose en una fuente para la
creación de nuevas palabras mediante la adición de sufijos españoles. En consecuencia, surgen formas híbridas constituidas
por una raíz inglesa con una terminación hispánica. Uno de los
ejemplos más notables de este fenómeno en el vocabulario del
béisbol es bate (bat), del que derivan batear, bateador, batazo,
batería. Otros casos son los siguientes:
base ball:
béisbol (beisbol), beisbolero, beisbolista;
catcher:
quécher, quechear (quechar), quechecito;
field:
fil, fildear, fildeador, fildeo;
fly:
flay, flaicito, aflaizado;
hit:
jit, jiteador, jitear;
home run:
jonrón, jonronazo, jonronero, jonronear;
130
pick up:
picó, piconazo;
pitcher:
pícher, pichear-pichar, pichecito, picheo;
punch out:
ponchado, ponchador, ponchar, ponche,
ponchón.
rolling:
rolin, rolata, roletazo, roletear;
sprint:
esprintada;
umpire:
ampaya, ampayar.
Como se puede observar, las derivaciones casi siempre parten
de un sustantivo del que se obtiene otro sustantivo (field-fildeo,
béisbol-beisbolista, jonrón-jonronero, pitcher-picheo); en otras
ocasiones surge un verbo (quécher-quechear, hit-hitear); o un
adjetivo (fly-aflaizado).
Este proceso de integración morfológica constituye una demostración de que el préstamo ha dejado de ser y de sentirse como
un elemento ajeno o extraño al sistema. En realidad, ha logrado
naturalizarse, asimilándose por completo a la estructura de la
lengua receptora.
Un caso curioso es el del anglicismo rolling, adaptado fonéticamente como rolin, que hace referencia a la ‗pelota que al ser
bateada va rodando por el suelo‘. En el habla formal de los locutores de radio y televisión, alterna con la variante hispánica
rodado. También es usual el elemento roletazo, que añade el
rasgo intensificador de ‗pelota bateada con mucha fuerza por el
suelo‘. Habría que suponer que de rolin salió rolata, palabra de
uso ocasional, de la cual se formaría el término más común roletazo, con disimilación de la /a/: rolatazo > roletazo.
131
El origen etimológico de rolling plantea un enigma muy difícil
de resolver. En la terminología inglesa no existe dicha palabra,
y para expresar el mismo sentido se suelen utilizar las formas
grounder y ground ball. El término inglés roller, de donde tal
vez pudo haber derivado rolling, a través de una confusión de
sufijos, es utilizado en el vocabulario inglés para designar ‗un
rodado lento, sin mucha fuerza‘. En el español del béisbol en la
República Dominicana, rolling carece de este matiz semántico
atenuador de ‗lento o sin fuerza‘. Otra derivación extraña es la
de piconazo, de pick up: picó.
También resulta interesante la forma corring, que la utilizan algunos narradores dominicanos en frases como esta: ―El jugador
hizo un corring muy arriesgado y fue puesto out en la goma‖.
En este caso se ha producido el fenómeno inverso al de, por
ejemplo, home run > jonronero, citado anteriormente, donde la
forma léxica prestada se adapta por medio de un sufijo español.
En esta ocasión, a la base léxica del verbo español correr se ha
añadido el sufijo inglés de gerundio -ing.
Sin embargo, se advierte un detalle de suma importancia que
da indicios de la fortaleza y la estabilidad del sistema receptor.
La terminación morfológica del gerundio (–ing) ha sido usada
para crear una palabra que en el español dominicano tiene únicamente función nominal o sustantiva, a diferencia de lo que
pasa en inglés. Como es sabido, el gerundio inglés, además de
su valor verbal, cumple función nominal y adjetival. Todos los
ejemplos documentados en los datos de las narraciones analizadas, aparecen en contextos nominales (de sujeto o de objeto directo), como en la oración ‗El jugador hizo un corring suicida‘.
En ningún caso se encuentra con función verbal (*está corring)
ni adjetival (*un jugador corring).
132
VI.
Pluralización de los préstamos
Como es sabido, el proceso de formación del plural no siempre
está claramente definido. Existe fluctuación, por ejemplo, para
jabalí, entre jabalís y jabalíes; y si de convoy se dice convoyes,
de jersey se dice jerséis. Es natural que estas formas plurales
inestables se encuentren sobre todo en el área de los préstamos,
como también muestran las alternancias entre clubs-clubes-clus
y entre sánduiches (sángüiches)-sangüis.
En las transmisiones de los juegos de béisbol en la República
Dominicana, aparecen numerosos ejemplos de préstamos en
los que el alomorfo plural que se repite de manera regular y
sistemática es [ø]; es decir, el anglicismo se utiliza sin marca
de pluralidad. Son numerosos los casos del tipo dos ehtrái, hay
dos ao, diez hit, tres inning, en los bleacher.
Se podría pensar que esta ausencia de marca en los plurales es
la práctica usual en el español dominicano, que presenta un altísimo nivel de elisión de la /s/ final. Pero, en las transmisiones
analizadas se observa que la /s/ final con función de plural se
mantiene con mucha frecuencia en las palabras nativas: hay
dos corredores en circulación, Las Águilas, de todas maneras,
un total de tres carreras, dos imparables.
Para mayor ilustración del lector sobre el fenómeno de la pluralización de los anglicismos del béisbol, se transcriben aquí
varios trozos tomados de las transmisiones. En ellos se observa
el problema dentro de un contexto más amplio.
―No hay out. Final del tercero. Dos por cero ganan las
Águilas. Dos por una ganan Estrellas al Escogido. Batazo de bound alto por tercera. Recoge Arias, a segunda
133
hay uno, a primera, dos, doble play. Cinco, cuatro, a
tres; de tercera a segunda a primera. Dos out.‖
―Sí, loh tre catcher del Escogido están jugando defensa
en el día de hoy porque no fue nadie a jugar. Foul atrás,
cero bolas, dos strike.‖
―En tres inning completos: Águilas dos, Licey cero.‖
―El zurdo listo otra vez, aquí viene, afuera. La cuenta al
máximo, tres bolah, dos strike para Guillermo García...
Conecta batazo de fly altísimo, en zona foul detrás el
receptor, que se coloca debajo y la captura. Hay dos
out, no hay nadie en circulación. ...su promedio está en
dos cuarenta y cuatro en el round robin: diez hit en cuarenta y un turnos.‖
―el equipo de las Águilas solamente le ha podido conectar dos hit.‖
―algunos scout de Grandes Ligas...‖
―Tiene doce hit en cuarenta y seis turnos.‖
―Un partido a casa llena en el Estadio Quisqueya, en los
bleacher, hay gente colgando.‖
―Ron Belliard llega al conteo profundo, tres bolas y dos
strike.‖
―Cero bola, dos strike para Tejada. Nueve por cero, ganando las Águilas. Entrando de nuevo al box el derecho
Vladimir Pérez. El lanzamiento, afuera y baja. La cuenta en una bola, dos strike. Doce hit tiene el equipo de
las Águilas. Uno nada más ha conectado el equipo de
134
los Tigres. Listo ya el pitcher, aquí viene, strike tirándole, y lo ponchó. Este es el primer out. Aquí viene,
alto el lanzamiento, primera mala. Dos hit en nueve turnos tiene Félix Martínez.‖
La situación no requeriría mayores comentarios si se tratara del
uso popular que, como norma general, elimina la /s/ final de
palabra. Es bien sabido que en el habla de los grupos sociales
bajos de la República Dominicana son muy frecuentes secuencias de este tipo: tre muchacho, los hombre. Parece lógico pensar que en esas circunstancias, la presencia de un préstamo, un
término extranjero, podría plantear un problema adicional.
Sin embargo, el hecho de que en la mayoría de los préstamos
en función plural no aparezca la /s/ ni siquiera en el estilo formal y cuidadoso de las transmisiones radiales y de televisión,
obliga a buscar una explicación. Probablemente la respuesta se
encuentre en la estructura fonológica de las palabras. Varios de
los ejemplos terminan con consonantes que en español están
prohibidas o son raras en posición final de palabra, como la /t/
o la /k/. Los vocablos que más se repiten son out, hit, strike.
Añadir la /s/ al término hit, por ejemplo, provocaría la inusual
aparición del grupo consonántico /ts/ al fin de la palabra.
En los casos de inning y rolling, terminados en /n/, el hecho de
ser palabras llanas con una [i] como última vocal, las convierte
en estructuras extrañas a la fonología del español, donde o no
existen o son extremadamente raras las palabras terminadas en
-in inacentuada. Existen bastantes ejemplos terminados en -in
acentuada, como jardín, maletín, jazmín, pero no es fácil encontrarlos con -in inacentuada. El caso de mitin es precisamen-
135
te un préstamo del inglés que se ha internacionalizado. Es muy
probable que su uso ampliamente difundido y generalizado, geográfica y socialmente, haya permitido la formación regular del
plural en -es: mítines.
Las consideraciones anteriores ayudan a comprender mejor por
qué resulta problemático añadir la marca canónica de plural, la
-s, a la mayoría de los préstamos, aun en el habla culta formal.
Conviene puntualizar, a este respecto, que la situación de indistinción morfológica entre el singular y el plural no es ajena al
español estándar o general. Existe una serie de cultismos que
permanecen invariables en cuanto al número, según comenta
Alarcos Llorach (1994:64). Sucede así con tedeum (el tedeum /
los tedeum), y con memorándum (un memorándum / dos memorándum), entre otros.
Por otra parte, no debe olvidarse que la referida ausencia de esa
marca no compromete, normalmente, la noción de pluralidad,
porque existen otros mecanismos que también la expresan. En
consecuencia, la información se mantiene a pesar de que la /s/
haya desaparecido.
Los recursos adicionales que en español manifiestan la pluralidad son de diversos tipos:
a. morfológicos:
a.1.1 la canción
a.1.2 la cancione
a.2.1 el pobre
a.2.2 lo pobre
En los ejemplos anteriores, resulta fácil observar que la distinción se expresa mediante la -e final (canción - cancione) y con
136
el artículo (el - lo)
b. sintácticos:
b.1.1 compré una manzana
b.1.2 compré manzana
b.2.1 la muchacha se fue
b.2.2 la muchacha se fueron
En b.1.2, la ausencia de determinante frente a manzana, revela
que esa palabra tiene función plural, que lo que se quiere decir
es manzanas, ya que la expresión de la singularidad se indica
con un determinante: la o una; en b.2.2, la concordancia con el
verbo fueron resuelve el problema.
c. semánticos: c.1. un grupo de hombre
c.2. cuatro silla
La presencia en la frase nominal c.1 de un núcleo colectivo
(grupo) y en c.2 del modificador cuatro, no deja lugar a dudas:
hombre debe entenderse como hombres, y silla, como sillas.
De acuerdo con las ideas anteriores, resulta evidente que no se
plantea ningún problema de comunicación cuando el narrador
o el comentarista dice los bleacher, no hay out, dos strike, loh
tre catcher, doce hit, dejando al anglicismo sin su correspondiente marca morfológica de plural. En los cinco casos citados,
actúa algún elemento distinto a la /s/ para transmitir el sentido
de pluralidad: en el primero, lo hace un recurso morfológico (el
artículo los); en el segundo, el contexto sintáctico (la ausencia
de un determinante después del verbo hay); y en los últimos
tres, la presencia de una unidad léxica (dos, tre, doce).
En ocasiones, la terminación fonológica de algunos préstamos
facilita el ajuste morfológico. Es el caso del término home run
137
(jonrón), terminado en /n/ y con acentuación aguda, cuyo plural adopta el patrón español y añade -es (jonrones), siguiendo
el modelo de cartón, marrón, avión.
Es interesante el caso de strike en el habla popular del Cibao,
región donde los hablantes de los sectores socioculturalmente
bajos de la población producen con frecuencia variable el proceso de vocalización de /r/ y /l/ finales de sílaba y de palabra y
dicen paite (parte), coichón (colchón), papei (papel). El anglicismo strike se adapta fonéticamente mediante la aplicación de
una prótesis de /e/ (estraik, ehtrai o etrai), como sucede con
cualquier forma que contenga la combinación inicial de /s/ más
consonante (scribere - escribir; spaghetti - espagueti). Ahora
bien, cuando en el estilo informal un cibaeño quiere usar esa
palabra en plural, para expresar, por ejemplo, que el bateador
tiene una bola y dos..., no dice etraye, que sería normal según
el modelo de los términos agudos terminados en diptongo con i
final (ley-leye, batey-bateye), sino que utiliza la variante etrale,
en la que se ha cambiado la /i/ final por una /l/. Se trata de un
típico ejemplo de ultracorrección, el fenómeno que consiste en
corregir un error inexistente, originado tal vez por la analogía
con otras palabras. El hablante relaciona probablemente la forma etrai con algunas palabras agudas terminadas en /l/ que él
mismo emplea sustituyendo la /l/ por la [i], como canai (canal)
o panai (panal), cuyos plurales son canale y panale, respectivamente, con recuperación de la /l/ final del singular. De esta
manera, el razonamiento resulta lógico: si etrai es una variante
popular de etral, como canai lo es de canal, el plural debe ser
etrale.
Finalmente, hay dos casos que en el habla popular reciben dos
soluciones diferentes en cuanto a la formación del plural: field
138
y hit. El préstamo field es pronunciado generalmente sin la /d/
[fíl], e incluso sin la /l/ final en el habla popular [fí]. El plural
de este término se construye agregando -es, como lo hacen las
palabras agudas terminadas en /l/, del tipo mil o fusil. Resulta
digno de atención en el habla popular el fenómeno de recuperación de la /l/ final a la hora de la transformación al plural.
Field, convertido fonéticamente en [fí], aparece en plural bajo
la forma file (lo file). Es el mismo proceso que se observa en
otros casos, como mil (pronunciado popularmente [mí]), que en
plural retoma la /l/ subyacente y se convierte en mile.
En cambio, la pluralización de que es objeto el préstamo hit en
la lengua de los grupos sociales bajos es completamente diferente. Como es natural, la /t/ final desaparece y la palabra de
una sílaba queda convertida en [hí]. Y como ocurre con otros
casos de formas agudas terminadas con las vocales i – u (ají,
rebú), el habla popular dominicana forma su plural añadiendo
el sufijo -se: ají-ajise; rebú-rebuse; un ji - do jise. Es probable
que en este comportamiento haya influido una generalización
del patrón seguido en palabras del tipo feliz y cruz. En estos casos, el plural se forma con -es: felices, cruces. Pero, como la
pronunciación usual de las formas singulares es felí y crú, debido a la eliminación de la /s/, y sus plurales respectivos quedan
también reducidos a felice y cruce, el hablante puede creer que
ha construido el plural agregando -se: [felí-felise, crú-crúse].
Ahora bien, ¿por qué la forma popular [fí] (de ‗field‘) recupera
la consonante final en el plural, en tanto que [hí] (de ‗hit‘) no
lo hace? En el habla popular dominicana, el plural de [fí] es
siempre fíle (nunca *físe) y el de [hí] es híse y a veces hí (pero
nunca *híte). La explicación parece fácil: la /l/ es una consonante normal y frecuente al fin de la palabra, pero la /t/ no lo
139
es. Este hecho ha contribuido a fijar, a mantener en la conciencia de los hablantes la imagen de la /l/ subyacente en la palabra
/fil/, que aunque en singular aparece frecuentemente sin la consonante final, la recupera automáticamente en la formación del
plural, según el modelo de [mí] (mil): [míle] (miles). También
incide probablemente en este resultado el hecho de que, precisamente por ser la /l/ mucho más normal que la /t/ al final de la
palabra, la variante singular [fíl], con la /l/ conservada, aparece
con mayor frecuencia que [hít], con /t/ conservada, en el habla
de las personas de nivel social alto y en las narraciones de radio. De este modo, los hablantes de los niveles sociales bajos
han estado expuestos, es decir, han escuchado la variante [fíl]
con mayor frecuencia que la forma [hít]. En este caso, se podría arriesgar la hipótesis de que en el español popular de los
dominicanos, la representación subyacente, memorizada, del
término en cuestión es /hi/, no /hit/. Los hablantes de este nivel
social, que por cierto ignoran que dicho vocablo es un anglicismo, tampoco tienen conciencia de la /t/ final, y esto los lleva
consecuentemente a formar el plural con -se, según el modelo
de ají - ajise.
VII.
Asignación del género a los préstamos
Como en inglés los sustantivos no tienen género gramatical, se
plantea lógicamente el problema de descubrir cómo se les asigna el género a los préstamos o anglicismos nominales, porque
en español todo sustantivo debe tener un género específico:
masculino o femenino.
Entre los factores que influyen en el proceso de asignación del
género a los préstamos se mencionan los siguientes (Poplack,
Pousada y Sankoff 1982):
140
a.
El sexo del referente, en el caso de los seres animados.
b.
La semejanza fonológica de la terminación del
préstamo con una terminación nominal de la
lengua recipiente asociada a un género determinado.
c.
La asociación al género de una palabra homófona del idioma recipiente.
d.
La tendencia a adoptar el género ‗no marcado‘
de la lengua recipiente.
El primero de los factores citados solo se aplica a una reducida
cantidad de los préstamos. Sin embargo, su poder es absoluto y
no admite excepciones. Varias investigaciones sobre el tema
indican que a ninguna palabra con referente masculino se le
asigna el género femenino o viceversa. Cuando el préstamo designa a un ser animado, el género gramatical que se adopta en
la lengua recipiente es siempre el que corresponde al sexo del
referente. De este modo, en el español del béisbol se dice un
catcher, el coach, el mánager, un pitcher derecho, un rookie, el
utility, asignándoles el género masculino a esos anglicismos,
porque todos hacen referencia, generalmente, a una persona de
sexo masculino. Ocurre exactamente lo mismo con los términos de estructura fonológica hispánica inicialista, intermedista,
antesalista, que se consideran masculinos a pesar de su terminación.
Con respecto al segundo factor, conviene recordar que en español, salvo algunas excepciones, las palabras que terminan en -a
inacentuada, en -d, en -z, y en ciertos sufijos (-ción, -sión, 141
umbre, -tis), son femeninas; en cambio, las palabras terminadas
en otros sonidos y las formas compuestas son masculinas. De
acuerdo con este factor, es natural que los términos béisbol,
bleacher, bound, box, bullpen, club, dead ball, double play,
dugout, escore, field, forfeit, foul, foul tip, handicap, hit, home,
home run, infield, inning, líder, line up, out, pick up, play, play
off, ponche, rally, record, rolling adopten en el español dominicano el género masculino. Se habla así de ‗los bleacher‘, ‗un
bound alto‘, ‗un doble play‘, ‗el dugout‘, ‗quinto inning‘, ‗rolin
lento‘. Hay que observar que en bound, field y record, que
podrían haber sido declaradas femeninas debido a la tendencia
española a considerar femeninas las palabras terminadas en -d,
esta consonante final solo tiene existencia ortográfica. En la
pronunciación normal, la -d final desaparece, con lo que la última consonante de esos préstamos es -n, -l, -r, una terminación
normalmente masculina.
Aunque los casos a los que se aplica no son numerosos, también influye en la asignación del género, la asociación del anglicismo con una palabra homófona del idioma recipiente. Es
muy probable que esta sea una de las causas por las que base
(de base) es femenina. En otros casos, la homofonía concurre
con el factor de la terminación fonológica para determinar el
género del sustantivo. Esta podría ser la doble razón por la que
bola (de ball), curva (de curve), línea (de line) y rotación (de
rotation), tienen género femenino. Las cuatro palabras no solamente tienen una configuración fonológica similar a la de sus
correspondientes en inglés, sino que también las tres primeras
terminan en -a y la cuarta en -ción. El mismo argumento puede
aplicarse a los términos masculinos doble (de double), plato
(de plate) y sacrificio (de sacrifice).
142
Finalmente, varios autores entienden que existe una tendencia a
adoptar el género ‗no marcado‘ de la lengua recipiente, que en
el caso del español es el masculino, como puede notarse en los
pares doctor-doctora, Juan-Juana. Aparentemente, este factor
actúa con gran eficacia en el campo léxico del béisbol dominicano, porque si se observan los datos con cuidado, se descubre
que más del 90% de los préstamos son masculinos. De un conjunto muy numeroso de unidades sometidas a verificación, solo
7 tienen género femenino.
average, back stop, balk, base, bate, batazo, bateador,
bateo, batería, béisbol, bleacher, bola, bound, box, box
score, bullpen, catcher, center field, club, coach, curva,
dead ball, double play, draft, dugout, esprintada, field,
fildeo, fly, force out, forfeit, foul, foul tip, handicap, hit,
hit and run, home, home run, infield, inning, jacket, left
field, líder, línea, line up, mánager, out, out field, pick
up, pitcher, play, play off, ponche, rally, record, right
field, rolling, rookie, roster, rotación, score, short stop,
sinker, slider, slump, spikes, staff, standing, strike,
swing, team, ticket, time, umpire, utility, wild pitch,
wind up.
Como se observa, han adoptado el género masculino todas las
unidades íntegramente importadas del inglés, tanto en su forma
como en su sentido, al estilo de box, dugout, fly, pitcher. Únicamente son femeninos 6 calcos realizados sobre formas fonológicas que en español tienen ese género (base, batería, bola,
curva, línea y rotación) y un préstamo con sufijo español terminado en -a: esprintada.
143
Aunque los datos anteriores parecen confirmar la efectividad y
la relevancia de la denominada tendencia al género no marcado, en realidad, casi todos los préstamos examinados tienen
una terminación que en español se asocia con el masculino,
porque no acaban en -a, ni en -ción, -sión, -umbre, etc. Este
factor, por tanto, podría explicar por sí solo la asignación del
género, sin tener que acudir a la hipótesis de la tendencia a lo
no marcado.
VIII.
Conclusión
Antes de poner punto final a este trabajo, resulta apropiado y
oportuno subrayar que en el campo léxico del béisbol, tanto los
préstamos como los calcos se producen motivados por una necesidad, debido a la inexistencia en español de una palabra que
exprese dicho concepto. Desde este punto de vista, la adopción
de los términos strike (estráik - estrái) o home run (jonrón), y la
adición del nuevo significado a una palabra ya existente, como
bola, carrera o receptor, debe interpretarse como un enriquecimiento que, por lo demás, se ha logrado de forma muy económica, sin tener que crear y memorizar un nuevo significante.
Es distinta la situación que se produce con unidades de otras
zonas semánticas, como aplicación y correr, que a menudo se
utilizan en un sentido que en español contienen otros términos.
Son conocidos los ejemplos del tipo ‗hacer una aplicación‘,
por ‗hacer una solicitud‘; ‗correr para presidente‘, en lugar de
‗postularse para, o aspirar a presidente‘. Estos calcos no obedecen a una necesidad impuesta por una carencia del español,
sino a una pobreza léxica del hablante que ignora o ha olvidado
que su lengua dispone de los recursos necesarios para expresar
tales significados.
144
Aparte de la razón anterior, es decir, que en muchos casos la
lengua receptora no posee una palabra que haga referencia a un
determinado sentido, en otras ocasiones, el uso del préstamo
puede resultar más cómodo y fácil para los hablantes por dos
motivos. Primero, porque a menudo se trata de una palabra más
corta, más económica que la alternativa española. Dos ejemplos permiten ilustrar lo dicho: hit y home run (jonrón). Las
variantes hispánicas de hit (sencillo, indiscutible, inatrapable),
no solo son más formales y menos populares, sino también mucho más largas que su equivalente. Lo mismo se puede decir de
cuadrangular y de vuelacerca, con relación a jonrón.
En segundo lugar, los préstamos del campo léxico del béisbol
son términos adquiridos de manera espontánea en el ambiente
natural de la comunidad antes de que el hablante haya entrado
en contacto y haya conocido la variante competidora a través
de la radio o de la prensa escrita.
En este sentido, el análisis del léxico disponible es muy revelador. Cuando existen dos variantes léxicas, una de origen inglés
y la otra de procedencia española, para expresar el mismo significado, la palabra de mayor disponibilidad es el préstamo, adquirido por vía oral desde la infancia. El equivalente hispánico,
usado con cierta regularidad solamente en el estilo formal de
las narraciones radiales y de televisión, aparece en el escenario
mucho más tarde. En otras palabras, el usuario común no llega
a conocer la forma hispánica hasta después de haber adquirido
y de haber estado utilizando durante años el término de origen
inglés. Por eso, la primera no se encuentra tan disponible como
el anglicismo y apenas forma parte del léxico pasivo de los hablantes. Como ilustración, se presenta una muestra de algunas
145
de estas parejas de sinónimos o de conjuntos de equivalencia
semántica, obtenidos en el análisis de la disponibilidad.
El número colocado a la derecha de cada término indica su posición en las listas según el índice de disponibilidad. De esta
forma, el 8 colocado junto a la palabra catcher, por ejemplo,
significa que ese término se presenta primero a la memoria de
los hablantes que su equivalente receptor, en la posición 96.
home run
4
……
cuadrangular 55
pitcher
6
……
lanzador
40
catcher
8
……
receptor
96
mánager
18
……
dirigente
175
inning
53
……
entrada
84
rolling
92
……
rodado
293
Según se ha indicado, un término de origen extranjero, como
home run, se añade al vocabulario del español dominicano, se
adapta a su estructura fonética (jonrón) y entonces es transformado en un factor morfológico de reproducción que da origen
a nuevas palabras (jonronero) o al uso metafórico en expresiones como dar un jonrón, para hacer referencia al logro del éxito en la realización de una actividad, de un negocio. De esta
forma, el español de los dominicanos demuestra que reacciona
y funciona como todas las lenguas.
En conclusión, parece lícito afirmar que la hipótesis inicial ha
quedado plenamente corroborada: el ingreso de los anglicismos
al campo léxico del béisbol no provoca ninguna alteración en
el español hablado por los dominicanos. Los materiales anali146
zados indican que las estructuras fonológica y morfológica de
la lengua exhiben una estabilidad y fortaleza notables. Lejos de
producir alguna modificación en el sistema, con el tiempo y en
la medida en que su uso se generaliza, los préstamos son asimilados por el español. Al final, se integran y son moldeados de
tal manera que se someten a los mismos procesos y restricciones que el resto del vocabulario. En consecuencia, se puede decir que reciben su carta de ciudadanía, ampliando así el caudal
léxico de la comunidad.
147
148
8
Los dominicanos y las dominicanas
Desde hace unos años, se ha ido generalizando en todo el mundo hispánico el uso llamado no sexista de la lengua. El intento
se concentra especialmente en textos escritos, pero también se
manifiesta en comunicaciones orales de cierta formalidad. Así,
con frecuencia se encuentran enunciados como el que aparece
en la página electrónica www.santillana.com.do/default.html,
del Grupo Santillana, para describir los libros de texto recomendados por la Secretaría de Educación para el nivel básico
en la República Dominicana: ‛Los libros de texto del séptimo y
del octavo cursos de la serie de español ponen especial atención al desarrollo lingüístico de los niños y niñas de diez a trece años, con actividades en las que ellos y ellas participan de
forma planificada y cooperadora en las situaciones de intercambio comunicativo.‘ De manera similar se expresaba hace
poco una funcionaria gubernamental al afirmar en un programa
de televisión que ‛el objetivo de las medidas anunciadas por el
Presidente es garantizarles un mejor futuro a todos y todas los
dominicanos y las dominicanas‘.
Como se sabe, este uso se origina en reacción al valor genérico
que en español estándar tiene el masculino, según se ilustra en
la oración Todo trabajador debe exigir sus derechos. En este
caso, el término masculino trabajador es extensivo a las mujeres, es decir, se refiere tanto a un sexo como a otro. Del mismo
149
modo, cuando en un diario madrileño se comenta acerca de la
expulsión de los moriscos del territorio español, todo el mundo
entiende que el hecho afectó tanto a unos como a otras.
Para algunas personas, esta función abarcadora o genérica del
masculino ejemplifica lo que se denomina sexismo lingüístico,
porque resulta discriminatoria en cuanto a su forma. Sería un
reflejo del predominio que han ejercido los hombres sobre las
mujeres en los diversos ámbitos de la vida: el laboral, el social,
el político, etc. Quienes asumen esta posición, consideran que
dicho uso constituye una manifestación inaceptable de la desigualdad existente entre los sexos, e implica ‛una ocultación de
la mujer a través del lenguaje‘. Alegan que si se quiere lograr
una sociedad igualitaria, hay que evitar que ‛el habla cotidiana
siga haciendo invisibles a las mujeres‘. Lo apropiado sería que
la oración Todo trabajador debe exigir sus derechos fuera convertida en Todo trabajador y toda trabajadora deben exigir sus
derechos.
Las consideraciones anteriores obligan a realizar varias puntualizaciones importantes para demostrar que la alusión explícita a
ambos sexos, aceptable en contextos muy concretos de énfasis,
como al iniciar un discurso con la frase Señoras y señores, no
es necesaria, ni se puede justificar con argumentos lingüísticos.
Se explica, acaso, desde la perspectiva de la corrección política, pero no de la corrección en el uso de la lengua.
1. Distinción entre género y sexo
Lo primero que debe quedar claro es que los conceptos género
y sexo corresponden a esferas completamente distintas. El sexo
es un carácter físico, una condición orgánica, de los animales y
las plantas, que permite distinguir en cada especie, individuos
150
machos de individuos hembras. Por su parte, el género es una
categoría gramatical, una propiedad que indica las relaciones
del sustantivo con otras palabras del enunciado y que en el caso
del español, clasifica los términos en masculinos o femeninos.
Dicho en palabras de Alarcos Llorach (1994:63), ‛el género es
un accidente o morfema que caracteriza al sustantivo, dotándole de una de las dos posibilidades combinatorias que llamamos masculino y femenino, las cuales, mediante la concordancia, permiten la manifestación explícita de ciertas relaciones
entre las unidades (o palabras) del enunciado.‘
A todos los sustantivos españoles, sin excepción, se les asigna
un género: masculino o femenino. Y no hacen falta análisis minuciosos para descubrir que la inmensa mayoría de tales palabras hacen referencia a realidades, abstractas o concretas, sin
sexo. Por ejemplo, por cada nombre de persona, como sería el
caso de niño - niña, existe un sinnúmero de otros sustantivos,
de referentes inanimados, que designan las partes de su cuerpo
(cabeza, corazón, ojo, oreja, hueso, espalda, uña, dedo, etc.),
su vestimenta (camisa, pantalón, blusa, etc.), a los que se les
ha asignado un género gramatical completamente arbitrario,
que no tiene nada que ver con el sexo.
Si el sustantivo se refiere a seres animados, lo más frecuente es
que haya una forma distinta para cada uno de los dos géneros
gramaticales. En tales casos, existe correspondencia entre la
distinción biológica de sexo y la diferencia de género, la cual
se expresa de diversa manera: a. por el uso de sufijos de género
añadidos a la misma base, como en doctor/doctora, gato/gata;
b. por medio de palabras distintas según el sexo del referente,
como en hombre/mujer, caballo/yegua. Esta correspondencia
es, probablemente, lo que motiva la confusión de ambas nocio151
nes y conduce a algunos al convencimiento equivocado de que
masculino es sinónimo de macho, y femenino, de hembra.
Abundan, sin embargo, los casos en que existe una forma única, utilizada para referirse a los seres de ambos sexos. Entre estos nombres se encuentran los sustantivos comunes en cuanto
al género y los llamados sustantivos epicenos.
En los primeros, el género es indicado por los determinantes y
los adjetivos que acompañan al sustantivo (el solista/la solista,
un artista dominicano / una artista dominicana). Los epicenos,
en cambio, son los sustantivos que designan seres animados,
pero solo tienen una forma a la que corresponde un único género gramatical, independientemente de que se refieran a un sexo
o al otro. El género no guarda relación, necesariamente, con el
sexo del referente. Hay epicenos masculinos (pez, personaje) y
femeninos (ballena, persona, víctima). La concordancia se realiza con el género gramatical del sustantivo, sin que importe el
sexo del referente. Así, por ejemplo, en la oración Luis es una
persona muy simpática, a pesar de que Luis es varón, se utiliza
el adjetivo simpática, en correspondencia con el género de persona. En los epicenos que se refieren a animales, si se quiere
especificar el sexo del referente, se suelen agregar los términos
macho o hembra: una hormiga macho, el lagarto hembra.
Cuando el referente del nombre es inanimado, que es lo más
frecuente, el género es obviamente ajeno a la noción de sexo.
Unos son masculinos (piso, cielo, día, árbol) y otros, femeninos (silla, puerta, libertad, mano). Existe también un grupo de
sustantivos que poseen ambos géneros, los llamados ambiguos
en cuanto al género (el dote-la dote, el linde-la linde, el reumala reuma, el interrogante-la interrogante).
152
Las precisiones anteriores ayudan a entender mejor el problema. La utilización del masculino para designar la clase, o sea, a
todos los individuos de la especie, solo busca eficiencia, y no
tiene una intención discriminatoria de la mujer. No implica, en
absoluto, ‛una ocultación de la mujer a través del lenguaje‘,
como suponen los defensores del no sexismo. Parece olvidarse
que el uso genérico incluye también a los animales. En la oración El ladrido de los perros no los dejó dormir, no se exonera
de culpa a las perras. Tampoco se excluyen de la referencia las
gatas cuando se dice que En el barrio hay muchos gatos. Pero a
pocos se les ocurre pensar que en estos casos hay sexismo lingüístico, y que por algún tipo de conspiración machista se está
privilegiando a los animales machos sobre sus parejas hembras.
Según apunta el escritor y académico español Pérez-Reverte en
un artículo publicado en la versión electrónica de un diario de
Madrid, ‛el uso genérico del masculino gramatical tiene que
ver con el criterio básico de cualquier lengua: economía y simplificación. O sea, obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que
puede resumirse en dos‘. Y a propósito de los reclamos en favor del uso no sexista, el autor concluye: ‛La Real Academia
no es una institución improvisada en dos días, que necesite los
votos de las minorías y la demagogia fácil para aguantar una
legislatura. La RAE tampoco es La Moncloa, donde bastan
unos chillidos histéricos en el momento oportuno para que el
presidente del Gobierno y el ministro de Justicia cambien, en
alarde de demagogia oportunista, el título de una ley de violencia contra la mujer o de violencia doméstica por esa idiotez
de violencia de género sin que se les caiga la cara de vergüenza. La lengua española, desde Homero, Séneca o Ben Cuzmán
hasta Cela y Delibes, pasando por Berceo, Cervantes, Queve153
do o Valle Inclán, no es algo que se improvise o se cambie en
cuatro años, sino un largo proceso cultural cuajado durante
siglos, donde ningún imbécil analfabeto Bo analfabetaB tiene
nada que decir al hilo de intereses políticos coyunturales.‘
2. El masculino: género no marcado
En español, como se indicó oportunamente, el género es una
categoría gramatical propia del sustantivo y sus dependientes,
que se manifiesta mediante una oposición morfológica binaria.
El sistema diferencia con claridad los dos miembros de la oposición, el femenino y el masculino, por medio de la presencia o
la ausencia de una marca funcional:
femenino (+) ⁄ masculino (–)
Hay evidencias de que el femenino es el miembro marcado, casi siempre con la señal morfológica –a: Manuel–a, doctor–a.
Por su parte, el masculino se considera el género no marcado, y
se manifiesta con no –a. Esta no –a, o ausencia de –a, puede
consistir en nada (profesor - profesora), o también en –o (niño
- niña), en –e (este - esta), y en formas menos frecuentes.
El carácter no marcado del masculino se pone de manifiesto en
la nominalización, cuando se convierte una oración o palabra
en un nombre. Por ejemplo, al emplear preposiciones, conjunciones y otras palabras que no tienen género gramatical como
si fueran sustantivos, la concordancia se realiza siempre con el
masculino: El sí de las niñas; No le pongas tantos peros; En el
texto hay demasiados paras; Le respondió con un no rotundo.
Lo mismo sucede cuando se nominaliza una oración: El hacer
ejercicio todos los días es bueno para la salud; El que lo diga
mucha gente no significa que sea verdad.
154
La condición de no marcado es lo que le confiere al masculino
un valor general, genérico, no específico. Por eso, posee mayor
extensión semántica y, en consecuencia, más indeterminación
que el femenino. Este, por estar marcado, se refiere de manera
particular y exclusiva al valor para el que ha sido marcado. Sin
embargo, por no poseer una señal específica, el masculino tiene
una facultad doble, según el contexto en el que aparezca utilizado: a. hacer referencia únicamente a los individuos de su género; b. englobar a los de ambos géneros, a la totalidad.
Se trata del mismo mecanismo que actúa dentro de la categoría
de número. La propiedad del singular como término no marcado de la oposición, frente al plural, resulta evidente al comparar parejas del tipo mono ⁄ monos, mesa ⁄ mesas, árbol ⁄ árboles.
Ello permite al singular ser utilizado con un valor inclusivo del
plural. Así, por ejemplo, todo el mundo entiende que en la oración El perro es el mejor amigo del hombre no se hace referencia a un perro y a un hombre en particular, sino a los perros y a
los hombres en general, es decir, a las especies completas, a la
canina y a la humana, respectivamente.
De acuerdo con lo anterior, para ser coherentes, la lucha contra
el uso del masculino con valor genérico debería ir acompañada
de otra contra el uso del singular con valor global. Porque no es
justo combatir la supuesta injusticia contra el género femenino,
y no hacer lo mismo con respecto a la misma ‛falta‘ cometida
en contra del número plural.
Consecuencias del uso no sexista
La primera consecuencia indeseable del llamado uso no sexista
de la lengua es la de crear verdaderas piruetas lingüísticas. Se
155
producen repeticiones engorrosas y unas estructuras sintácticas
innecesariamente complicadas.
Si se cumpliera la recomendación de no emplear el masculino
ni el singular con su valor genérico, la oración antes citada se
convertiría, más o menos, en este esperpento:
Los perros y las perras son los mejores amigos y las mejores
amigas de los hombres y de las mujeres.
En el artículo En torno a la lengua no sexista, que apareció en
el diario La Información, de Santiago, el periodista Domingo
Caba cita un fragmento de la dedicatoria de un libro publicado
en el año 2000:
―Dedico esta obra de manera muy especial a los maestros y maestras de mi país; y a todos y todas aquellos y
aquellas que puedan leerla. Lo hago de esta manera, ya
que considero que los mismos y las mismas son los y
las profesionales más meritorios y meritorias que tienen una nación, un pueblo y el mundo. Son ellos y ellas
los padres y las madres de los y las profesionales, los
agentes de cambios, transformadores, forjadores, moldeadores y modificadores de caracteres de la sociedad
y el mundo.‖
Según se puede observar, el resultado logrado no solo han sido
unas construcciones sintácticas insufribles, pesadas, repetitivas,
sino también una visible incongruencia en la aplicación de la
concordancia. En su intento por evitar la ‛discriminación y el
ocultamiento de la mujer‘, el autor (o autora) del texto se dirige
a los maestros y maestras, a todos y todas aquellos y aquellas,
pero al final se le olvida hacer lo mismo y se refiere a los agen156
tes de cambios, transformadores, forjadores, moldeadores y
modificadores de caracteres de la sociedad y el mundo. Como
señala el mismo periodista, si se quería mantener la coherencia
del discurso, aquí debió decir algo como esto: los y las agentes
de cambios, transformadores⁄transformadoras, forjadores⁄forjadoras, moldeadores⁄moldeadoras y modificadores⁄modificadoras de caracteres de la sociedad y el mundo.
Pero, naturalmente, con ello el texto aumentaría aun más su nivel de ridiculez.
Por otra parte, el desdoblamiento o la mención explícita generalizada de ambos géneros (los ciudadanos y las ciudadanas,
los alumnos y las alumnas) invalida la utilización de ese recurso cuando de verdad tiene relevancia. Se pierde la posibilidad
de distinción o precisión en oraciones en las que sí es necesaria
la presencia expresa de ambos géneros. La Real Academia cita
dos ejemplos a este propósito: a. La proporción de alumnos y
alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente.
b. En las actividades deportivas deberán participar por igual
alumnos y alumnas.
De acuerdo con los señalamientos anteriores, se puede concluir
que el uso no sexista, además de generar unas construcciones
sintácticas enrevesadas y extravagantes, también conlleva un
empobrecimiento de la capacidad expresiva de la lengua.
En el orden concreto, para los dominicanos, la práctica rigurosa
del uso citado tendría consecuencias negativas en varias áreas.
Por un lado, se verían afectados los nombres de instituciones
tan reconocidas como la Cámara de Diputados o la Asociación
Dominicana de Profesores. Por el otro, habría que reformular
el himno nacional, cuya primera estrofa dice así:
157
Quisqueyanos, valientes alcemos
Nuestro canto con viva emoción.
Y del mundo a la faz ostentemos
Nuestro invicto, glorioso pendón.
El ajuste no sexista rompería la estructura rítmica del verso, al
tener que ser expresado de la siguiente manera:
Quisqueyanos y quisqueyanas, valientes alcemos.
Conclusión
No hay dudas de que en el nivel léxico es legítima la incorporación de los femeninos catedrática, jefa, jueza, médica y otros
similares que en el pasado solo se usaban en masculino porque
dichas funciones se consideraban exclusivas de hombres. El español, y toda lengua, es suficientemente flexible para asimilar
las innovaciones causadas por la transformación de las circunstancias históricas y sociales. Pero un asunto muy distinto, que
carece por completo de sentido, es que, por ignorancia acerca
del funcionamiento de la lengua, en el terreno morfo-sintáctico
se pretenda desvirtuar la función genérica del masculino, equiparando la noción de género gramatical con la de sexo.
La eliminación de la violencia contra la mujer, errónea y torpemente llamada violencia de género por algunas personas, debe
ser una meta de todos. Pero hay que atacar el problema en sus
causas y en sus verdaderas manifestaciones, y no malgastar el
tiempo en cursilerías absurdas e inútiles. Empeñarse en el uso
de los desdoblamientos de género (padres y madres, los y las
estudiantes, todos y todas, dominicanos y dominicanas), no es
más que una recreación de Don Quijote, al confundir los molinos de viento con el enemigo.
158
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Esta primera edición de La identidad lingüística de los dominicanos,
de Orlando Alba, consta de 1000 ejemplares
y se terminó de imprimir en el mes de julio de 2009,
en los talleres gráficos de Editora Búho,
Santo Domingo, República Dominicana.
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