El conjunto prehistórico y de arte rupestre de El Milano. Mula, Murcia

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El conjunto prehistórico y de arte rupestre de El Milano. Mula, Murcia
El conjunto prehistórico
y de arte rupestre de
El Milano.
Mula, Murcia
Miguel San Nicolás del Toro (ed.)
MONOGRAF Í AS CE PAR 1
El conjunto prehistórico y de arte rupestre
de El Milano (Mula, Murcia) está formado
por una sepultura de inhumación múltiple
del Neolítico final y de carácter megalítico,
adosada a un abrigo rocoso de escasas
dimensiones. En un momento campaniforme
se adosa una nueva sepultura de incineración.
A pocos metros, un abrigo de grandes
dimensiones aloja en su interior numerosas
motivos esquemáticos pintados en rojo. En
una hornacina exterior del mismo abrigo,
encontramos una cuidada composición de
estilo levantino con figuras humanas y de
animales.
Se presenta la memoria de las excavaciones
realizadas en 1986 y el estudio de las pinturas,
todo ello gracias a un equipo interdisciplinar
que trabajó tanto en el campo como en el
laboratorio.
Los trabajos fueron financiados por la
Dirección General de Cultura con el apoyo
del Ayuntamiento de Mula y la Universidad
de Murcia.
El conjunto prehistórico
y de arte rupestre de
El Milano.
Mula, Murcia
Noviembre de 1989
Monografías CEPAR 1
CENTRO DE ESTUDIOS
DE PREHISTORIA Y ARTE RUPESTRE
El conjunto prehistórico y de arte rupestre de
El Milano. Mula, Murcia
Edición y coordinación
Miguel San Nicolás del Toro
Autores
Marina Aboal Sanjurjo
Anna Alonso Tejada
Antonia Asencio Martínez
Enrique Fernández Alcázar
Juan González Castaño
María Dolores Jara Andújar
Pilar López García
Belén Martín Ibáñez
Consuelo Martínez Sánchez
Concepción Obón de Castro
José María Pastor Gonzálvez
José Luis Pérez-Cuadrado
Diego Rivera Núñez
Miguel San Nicolás del Toro
Michael J. Walker
© Copyright de los textos y las imágenes, sus autores.
© Copyright de esta edición:
Comunidad Autónoma de la Región de Murcia
Consejería de Educación y Cultura
Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales
Centro de Estudios de Prehistoria y Arte Rupestre
Edita
Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales
Servicio de Museos y Exposiciones
Plaza Fontes, 2. Palacio de los Pacheco
30001 Murcia
Tel. 968 279 727
Fax 968 279 739
Diseño gráfico
Pablo Portillo
Primera edición: diciembre 2009
ISBN: 978-84-7564-526-1
Depósito Legal: MU-2146-2009
Reservados todos los derechos. Queda prohibido reproducir, almacenar en
sistemas de recuperación de la información y transmitir alguna parte de esta
publicación, cualquiera que sea el medio empleado (electrónico, mecánico,
fotocopia, grabación…) sin el permiso previo de los titulares de la propiedad
intelectual.
Impreso en España /Printed in Spain
Murcia, 2009
Presentación
Cuando se nos propuso la publicación de la monograf ía del resultado de las excavaciones y estudios de arte rupestre de El Milano, parecía adecuado priorizar la difusión de este trabajo.
De una parte, la larga permanencia en los archivos de este manuscrito parecía incompresible
ante el aval de las firmas plasmadas en el mismo. El recientemente creado Centro de Estudios de
Prehistoria y Arte Rupestre que depende de esta Dirección General parecía el marco adecuado
para la publicación. Por último, la prioridad que supone para esta Dirección promover los estudios y la puesta en valor de los sitios de arte rupestre, más de diez años ya inscritos en la Lista del
Patrimonio Mundial de la UNESCO, suponía un reto al que debíamos hacer frente con rapidez.
El Milano se encuentra hoy debidamente protegido y abierto a visitas a través de los trabajos de
información del lugar llevados a cabo por el Ayuntamiento de Mula, quién además se encuentra
elaborando un ambicioso plan de puesta en valor de sitio en el contexto del paisaje.
Enrique Ujaldón Benítez
Director General de Bellas Artes y Bienes Culturales
6 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Índice
Introducción
Introducción11
Miguel San Nicolás del Toro
Descubrimiento15
Miguel San Nicolás del Toro
Descripción y acceso al yacimiento
Miguel San Nicolás del Toro
16
Metodología de la excavación
Miguel San Nicolás del Toro
20
Geología del conjunto
José Luis Pérez-Cuadrado
28
El sepulcro
Miguel San Nicolás del Toro
29
Morfoscopia de los sedimentos
José Luis Pérez-Cuadrado
30
Inventario del material arqueológico
Cerámica35
Miguel San Nicolás del Toro
Material lítico
Consuelo Martínez Sánchez y Miguel San Nicolás del Toro
36
Industria ósea
Mª Dolores Jara Andújar
Objetos de adorno
41
Inventario de restos óseos humanos
Michael J. Walker
46
Informe preliminar sobre los restos humanos
Michael J. Walker
Presentación de los datos
Número mínimo y sexo de los individuos
La disposición y el tratamiento post-mortem de los restos humanos
60
Análisis de las piezas dentarias
Enrique Fernández Alcázar y José María Pastor Gonzálvez
Resultados
64
43
60
60
62
64
Estudio de los materiales
Industria lítica
Miguel San Nicolás del Toro
69
Cuentas de collar
Belén Martín Ibáñez y Miguel San Nicolás del Toro
72
Índice | 7
Ecología en la zona de Mula
Ecología en la zona de Mula durante el siglo XVI
Juan González Castaño
77
Paleoetnobotánica
Paleoetnobotánica83
Diego Rivera Núñez y Concepción Obón de Castro
La vegetación actual del yacimiento y su entorno
83
Estudio de los materiales vegetales arqueológicos
84
Relación de muestras recogidas por flotación
84
Los restos vegetales
85
Estudio tafonómico
85
Relación de restos vegetales - Nivel I
86
Relación de restos vegetales - Nivel II
87
Distribución relatlva de restos vegetales
88
Morfología de los restos
89
Dimensiones de las semillas (mm)
90
Discusión de los resultados
90
Palinología
Palinología99
Pilar López García
Arte rupestre
Arte rupestre
Anna Alonso Tejada
Descripción de las figuras
Apreciaciones técnicas y cromáticas
Color
Análisis tipológico y temático
Representaciones zoomorfas
Comentario
Flora algal del Abrigo I
Marina Aboal Sanjurjo y Antonia Asencio Martínez
103
104
120
123
124
127
128
133
Discusión137
Bibliograf ía general
145
Introducción
Introducción | 11
Introducción
Miguel San Nicolás del Toro
La presente publicación tiene por objeto presentar los resultados científicos obtenidos en la excavación y estudio de las pinturas llevados a cabo en
1986 tal y como entonces fueron redactados para el conocimiento público1.
Cuando el Director General de Bellas Artes y Bienes Culturales, D. Enrique
Ujaldón respaldó la presente publicación, como editor de la misma me platee
la revisión de los trabajos para su actualización por los distintos especialistas
que formaban el equipo de trabajo. Finalmente, decidí secundar la publicación de la memoria tal y como se presentó, ya que proceder a la revisión
general de la misma suponía otro lapso más de larga espera. Entiendo que
la publicación de los trabajos mantiene vigente su actualidad, aunque las
conclusiones hay que situarlas en el momento en el cual fueron redactadas,
y conf ío en la generosa comprensión del lector al leer esta obra.
En estas dos décadas el conocimiento de la prehistoria murciana se ha
enriquecido notablemente tanto por el aumento de descubrimientos como
por los estudios realizados. Todo ello no ha hecho sino afirmar la necesidad
de dar a conocer los estudios llevados a cabo en este excepcional conjunto,
que tuvimos la oportunidad de excavar en colaboración de investigadores
de alto nivel profesional y no menor personal. A ellos se sumaron otros
profesionales, que se incorporaron en fases posteriores a la excavación,
con el resultado final de constituir un ejemplar equipo interdisciplinar. Por
ello, me satisface ver por fin publicados los resultados de las investigaciones
arqueológicas en el yacimiento de El Milano que tuve el honor de dirigir, y
que esperamos contribuya al conocimiento de la prehistoria regional.
Desde la excavación hasta el presente se han sucedido diversas publicaciones que de forma más o menos específica han dado a conocer el yacimiento,
tanto a nivel de la investigación como de la sociedad en general. Basta hacer
una búsqueda en Internet para darse cuenta de la entidad de este conjunto.
El arte rupestre de El Milano se dio a conocer en 19862, con posterioridad se
ha recogido en varias publicaciones que abordan a modo de avances partes
1 Los trabajos que aquí se publican han permanecido inéditos durante veinte años debido a causas
ajenas a los investigadores. La excavación del abrigo del El Milano y el estudio de las pinturas se llevó
a cabo en 1986.
2 Alonso, A., San Nicolás del Toro, M.; López, J. D. (1986-1987): “Avance al estudio del Conjunto con
Pinturas Rupestres del Milano (Mula, Murcia)”. Bajo Aragón, Prehistoria. Págs. 341-346.
Alonso, A. (1986): Abrigo de El Milano (Mula). Colección BIC. Consejería de Cultura. Murcia.
12 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
del estudio general, siendo la última publicación de 19993. Desde 1986 se han
ido presentando varias publicaciones parciales del contenido de esta obra.
Gracias a la colaboración entre el Gobierno Regional de Murcia y la
empresa Carl Zeiss, de la antigua República Democrática Alemana, cristalizó, un trabajo pionero para su época, la documentación fotogramétrica
de objeto cercano, para algunas de las paredes pintadas del abrigo; siendo la
primera vez que se realizaba esta labor para abrigos de arte rupestre postpaleolítico en la Península Ibérica. De esta forma, se siguieron los métodos de
intervención utilizados para el arte paleolítico de Altamira. Los resultados de
este ensayo, fueron publicados por nosotros en 19874. Los pares estereoscópicos en el campo fueron obtenidos con la cámara analógica UMK 10/1318
F manejada por los propios operarios de la Carl Zeiss de Jena, obteniéndose
levantamientos a escala 1:1 con equidistancia entre curvas de tan solo 2 mm.
Así mismo, el paso del tiempo y la presencia de visitantes han ocasionado
alteraciones diversas tanto en el cerramiento del abrigo como en las propias
pinturas. Estas agresiones han sido aminoradas en buena parte gracias a
proyectos de intervención financiados por la Dirección General de Cultura.
Así, se han realizado reparaciones en el cierre, se han limpiado las pinturas
levantinas y se ha restaurado el sepulcro tras su destrucción casi total, acaecida al poco tiempo de los descubrimientos.
En 2006 la hornacina de arte levantino en que se muestran las pinturas, fue
impregnada con un material líquido que impedía la visión de las mismas.
El encargo de los trabajos de limpieza le fue encomendado al equipo de
Eudald Guillamet y el objetivo de la intervención fue eliminar la película
que recubría aquellas. La sustancia pertenecería probablemente al grupo
de las ceras o barnices y podría haber sido aplicada en spray. En un primer
momento, el panel debió tomar un aspecto brillante y vívido pero, con la
acción de los rayos UV, se produjo lo que se llama en restauración el efecto
3 López García, P. (1991): “Estudios palinológicos”, en Pilar López El cambio cultural del IV al II
milenios a.C. en la Comarca Noroeste de Murcia. C.S.I.C. Págs. 226-228.
Rivera, D. y Obón de Castro, (1991): “Macrorrestos vegetales en los yacimientos de la Comarca
Noroeste en los inicios de la Edad de los Metales. Abrigo del Milano (Mula)”, en Pilar López El cambio
cultural del IV al II milenios a.C. en la Comarca Noroeste de Murcia. C.S.I.C. Págs. 243-244.
Mateo Saura, M.A. (1999): Arte rupestre en Murcia. Noroeste y Tierras Altas de Lorca. Ed. KR. Murcia:
171-173.
4 San Nicolás del Toro, M. (1989): “Trabajos fotogramétricos de arte rupestre en Murcia”. Boletín de
la Asociación Española de Arte Rupestre, 2. Barcelona.
San Nicolás del Toro, Miguel (1995): “Aspectos para la documentación gráfica del arte rupestre”.
Verdolay: Revista del Museo Arqueológico de Murcia, Nº. 7, 1995 (Ejemplar dedicado a: Homenaje a
la Dra. Dª Ana María Muñoz Amilibia). Págs. 133-143.
Walker, M. J., (1990): “El Abrigo 2 de El Milano (Mula, Murcia): Nuevas aportaciones antropológicas
sobre el proceso funerario en el Neolítico”. En: E. Rebato, R. Calderón (eds), Actas/Proceedings VI
Congreso Español de Antropología Biológica, Septiembre 1989. Bilbao, Universidad del País Vasco,
pág. 461-473.
Walker, M. J., San Nicolás, M., (1995): “Disposal of the dead and dispersal of the living in pre-Argaric
S.E. Spain. Abrigo 2 de El Milano and a revision of the dynamics of cultural change: 'Little Big
Men' and No Growth in population?" En: W. H. Waldren, J. Enseñat, R. C. Kennard (eds), Ritual,
Rites and Religion in Prehistory. IIIrd Deya International Conference of Prehistory. Volume II. Deià
Archaeological Museum and Research Centre, Deià, Mallorca, September 25th-30th 1993. Oxford,
Tempvs Reparatvm, "British Archaeological Reports BAR International Series No. 611(ii)", pág.
110-169.
Introducción | 13
de “pasmado”, creando una película completamente opaca que ocultaba
por completo las representaciones rupestres. Posiblemente esta sustancia
absorbió el polvo ambiental mientras permaneció fresca. Para su necesaria
eliminación se utilizaron disolventes orgánicos por la solubilidad de las ceras
y cera-resinas. Se eliminaron los restos con lavados a pincel y agua de bajo
contenido en sales. El resultado ha sido la recuperación para el futuro de
este excepcional panel.
La última intervención de campo tuvo lugar en 2008, bajo la dirección de
Virginia Page. Consistió en la reconstrucción del sepulcro que, poco tiempo
después de las excavaciones, había sufrido una brutal destrucción de los
elementos pétreos por clandestinos que buscaban debajo de las mismas. Los
trabajos se han apoyado en la topograf ía y las fotograf ías de la excavación,
para volver a reubicar las distintas piedras que habían rodado ladera abajo.
La consolidación del anillo perimetral se hizo con varillas de acero ancladas
con resinas.
La singularidad del sepulcro megalítico se ha mantenido en estos años, ya
que no se han documentado elementos semejantes en el panorama regional.
Los materiales junto a la fecha obtenida por radiocarbono de 5220±280 BP
(I-14.655) (ca. 5950 cal BP) han sido recientemente tratados en el contexto
regional5.
La inmensa mayoría de las estaciones de pintura rupestre aparecen, de
acuerdo con la norma general, desvinculadas de restos arqueológicos, funerarios o constructivos que permitan proponer una aproximación más precisa de su cronología. Por ello tanto El Milano como los Abrigos del Pozo en
Calasparra, al contener elementos de arte rupestre junto a depósitos arqueológicos son excepcionales en el panorama peninsular. Y más excepcional
si cabe, es que tengan además la dualidad en sus paredes de arte rupestre
levantino y esquemático, como el caso de El Milano, lo que supone sin duda
un enorme reto a la investigación6.
Deseamos hacer constar nuestro agradecimiento a la Dirección General
de Bellas Artes y Bienes Culturales el interés mostrado por facilitar la publicación de esta memoria de excavación, con lo que se cierra así el proceso
natural de intervención sobre un bien patrimonial: conocer, investigar y
transmitir.
5 Martínez Sánchez, C. y San Nicolás del Toro, M. (2003): “El Neolítico en Murcia. Continuidad y
cambio durante el Calcolítico”. Estudios de Arqueología dedicados a la profesora Ana María Muñoz
Amilibia. Murcia, 155-173.
6 San Nicolás del Toro, M. (2009): “El arte rupestre prehistórico en Murcia: 1998-2008”, en J.A. López,
R. Martínez y C. Matamoros (Eds.) El arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica. 10
Años en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Actas del IV Congreso. Valencia, 205-212.
Introducción | 15
Descubrimiento
Miguel San Nicolás del Toro
El descubrimiento de las pinturas de El Milano y con ellas también el
sepulcro, se produjo como resultado de la prospección de los miembros del
denominado Colectivo de Arqueología (integrado en la Casa de la Cultura
de Bullas), quienes realizan una interesante labor de custodia de su patrimonio arqueológico, comunicando puntualmente a la Dirección General
de Cultura cualquier información sobre descubrimientos o remociones
incontroladas que afectan negativamente a la conservación arqueológica7.
A primeros de junio de 1985 el mencionado grupo distinguía tonalidades
rojizas en un abrigo rocoso profundo, en el paraje de El Milano a sólo 4 km
de Bullas, ya en el término municipal de Mula. Iniciados los estudios de
campo sobre las pictograf ías, fuimos nuevamente avisados de que en las
proximidades del abrigo, personas desconocidas habían iniciado la excavación del sepulcro, con el abandono en el lugar mismo de la excavación de
algunos huesos humanos y un hacha pulida.
Así pues, emprendimos la excavación de urgencia del área sepulcral
durante los meses de julio-agosto del mencionado año dentro del programa
de actuaciones de la Dirección General de Cultura. Para ello se formó un
equipo de excavación integrado por los arqueólogos Pedro Álvarez Azorín,
Mª Dolores Jara Andújar, José Domingo López Martínez, Consuelo Martínez Sánchez e Inmaculada Ruiz Parra.
Los estudios posteriores a los trabajos de campo, elaborados de manera
interdisciplinar, se agrupan en dos bloques: sepulcro y Arte rupestre.
7 Igualmente colaboraron en las tareas de campo. Por todo ello nuestra gratitud a Santiago Fernández
Jiménez, Damián Guirado Escámez, Juan J. López Valera y Alfonso Mesa.
16 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Descripción y acceso al yacimiento
Miguel San Nicolás del Toro
Figura 1. Vista aérea oblicua del conjunto
prehistórico, que queda enmarcado por el
cerramiento metálico.
Hemos definido como “Conjunto Prehistórico de El Milano” a los dos
abrigos que contienen vestigios arqueológicos. El Abrigo I es el de mayores
dimensiones y llega a ser casi una oquedad, con un suelo rocoso sin sedimento y que acoge en sus paredes y techo numerosas pictograf ías. A unos
pocos metros, barranco arriba y contiguo al anterior, tenemos el Abrigo
II de menores dimensiones, con restos de pigmentos y el sepulcro que se
estudia a continuación.
Se llega al mismo, bien desde Bullas, o por el Niño de Mula. Están comunicadas ambas poblaciones también por una carretera interior que conduce al
paraje Belamonte-Canticharia, donde una nueva desviación por camino de
tierra nos lleva al pie del abrigo, aguas arriba y margen derecha del arroyo
de El Milano que confluye con el río Mula.
La elevación caliza de El Milano constituye una pequeña alineación de
cerros que se erigen sobre las margas de la gran cuenca miocénica del río
Mula, con avanzados procesos de abarrancamiento y ablación.
La zona responde al agroclima mediterráneo templado seco.
Introducción | 17
Figuras 2, 3 y 4. Plano de situación de los
abrigos de El Milano.
18 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 5. Plano de situación de El Milano,
expresado en coordenadas UTM.
Figura 6. Levantamiento fotogramétrico de El
Milano a escala 1/250 y equidistancia de curvas
de nivel de 25 cm. Proyección UTM.
Introducción | 19
20 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Metodología de la excavación
Miguel San Nicolás del Toro
La especial configuración rocosa del abrigo y la presencia de bloques de la
cámara nos hizo plantearnos, en un principio, la posibilidad de que se tratase de una covacha sepulcral eneolítica con el acceso obstruido, de similar
morfología a las halladas en la Comarca Noroeste. En efecto, el estudio de
varias decenas de covachas sepulcrales revela la colmatación intencionada
de la boca mediante piedras de grueso tamaño y tierra, que consigue así una
ocultación visual en el paisaje. Por fortuna los daños al depósito parecían
escasos, por lo que se puso el máximo de atención en asegurar los medios
necesarios para una correcta excavación.
Se buscaba definir con precisión la naturaleza del hallazgo, por lo que los
trabajos consistieron tanto en la precisa localización estratigráfica y espacial
de los hallazgos, como en la toma de muestras para los análisis paleontológicos, paleobotánicos (palinológicos y de macrorestos), sedimentológicos
y cronológicos. Al propio tiempo se efectuaron estudios geológicos, geográficos y geomorfológicos para contextualizar el yacimiento. El desarrollo
paralelo de esas líneas de investigación ha permitido el contraste de las
conclusiones que han ganado así solidez.
Como primer paso en la excavación, procedimos a la división del espacio
abierto en unidades de excavación de 1 m de lado, subdivididas en 9 sectores
numerados de Este a Oeste y de Norte a Sur.
Para cubrir la superficie de trabajo se han definido 31 cuadros que quedaron f ísicamente bajo una estructura metálica, que soportaban el peso de los
miembros del equipo y del material, desmontables en unidades igualmente
de 1 m.
En plan general imetría hemos partido de un levantamiento fotogramétrico
aéreo a escala 1:250 enlazado a la Red Geodésica Nacional, con un punto
“0” indicado f ísicamente en el suelo con yeso y definido por las siguientes
coordenadas: X= 622.376,28; Y= 4.210.678,51; Z= 537,65 m. La malla de la
retícula se colocó a una altura mayor de 37 cm respecto de “0”, lo que da un
nivel absoluto de 538,02 m.
De esta forma, tanto las cuadrículas como los elementos materiales y
cualquier otra medida que hemos necesitado, van referidas a X, Y y Z con
dos cifras decimales (precisión de centímetros) en coordenadas U.T.M.8
8 Con posterioridad a los primeros trabajos topográficos, se ha digitalizado la información en planta
y alzados, lo que nos ha permitido almacenar todos los datos planimétricos así como los materiales
arqueológicos. Nuestro agradecimiento al Servicio Regional de Cartograf ía de la Dirección General
de Política Territorial.
Introducción | 21
Figura 7. Planta del Abrigo II antes de iniciarse
las excavaciones con indicación del punto “A”. En
línea a trazos la zona expoliada.
Figura 7 bis. Localización de los perfiles 1 y 2 del
Abrigo II.
22 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 11. Perfil 1. En trama de puntos el interior
de la cámara sepulcral y en línea discontinua el
nivel superior del depósito arqueológico.
Figura 11 bis. Perfil 2, con indicación de la línea
de silueta del Abrigo.
Introducción | 23
● Cuentas de collar
■ Sílex
▲ Hueso trabajado
✳ Cerámica
♦ Molusco
7M 8M
7L
8L
Figura 8. Planta de distribución de materiales del
interior de la cámara sepulcral del Abrigo II.
La práctica que habíamos adquirido en anteriores excavaciones prehistóricas en cuanto a la bondad de la recuperación del sedimento extraído
aconsejo que éste se sometiera a flotación mediante un equipo mixto de
aire y agua que diseñado por nosotros para esta excavación, ha permitido
recuperar, entre otros, los macrorrestos vegetales para los estudios de paleocarpología.
1 2 3
4 5 6
7 8 9
24 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 9. Detalle de un sector de la excavación
del sepulcro (cuadro 8L). A la izquierda se
aprecia el empedrado que cubría el nivel de
enterramientos neolíticos.
Figura 10. Detalle de la incineración recogida en
una zona junto a la pared rocosa del Abrigo.
Introducción | 25
Figuras 13 y 14. Fases de excavación del
enterramiento de calcinación total (cuadros 8L
y 8M).
26 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 12. Planta del Abrigo II, tras finalizar la
excavación del mismo.
Introducción | 27
28 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Geología del conjunto
José Luis Pérez-Cuadrado
El escarpe donde se sitúan los abrigos se halla localizado en un afloramiento
subbético de calizas masivas (biomicritas) del Eoceno medio. Estas, que se
encuentran en discordancia con los terrenos circundantes, pertenecen a la
llamada Unidad de Mula. Si bien la estratificación es muy poco manifiesta,
en una zona próxima al escalpe se ha medido una dirección aproximada
N20°W y buzamiento 20ºE.
El Abrigo I, que se encuentra en la base del talud y es de una profundidad
considerable, tiene las paredes recubiertas, en su mayor parte, por costras
carbonatadas de precipitación química relacionadas con diversos conductos kársticos de pequeño tamaño que se aprecian en el techo y paredes del
mismo. El suelo se inclina levemente hacia el exterior y sobre él no se halla
ningún tipo de depósito sedimentario. Todo el material erosionado ha sido
evacuado y transportado. Incluso en algunas zonas está tapizado por una
delgada costra carbonatada.
Observando el abrigo desde un punto de vista más lejano, se distinguen
varias superficies que claramente han condicionado su morfología y formación. La cavidad se encuentra limitada lateralmente por dos fracturas
paralelas entre sí, desarrollándose a favor de un determinado estrato de
manera preferencial.
A partir de estas observaciones, cabe pensar que los principales mecanismos genéticos que han actuado en la formación del abrigo son la disolución
química de la roca caliza a través de pequeños conductos kársticos y la
gelivación diferencial, favorecidas por algunas estructuras previas que han
determinado su evolución y morfología.
El otro abrigo, donde se ubica el sepulcro, consiste en una ligera concavidad de la roca de planta semicircular cuya pared aumenta en altura hacia
el centro y se halla ligeramente extra-plomada. A diferencia del anterior,
no se observan recubrimientos calcáreos sobre sus paredes, así como son
prácticamente inexistentes los conductos kársticos y las fracturas en la roca.
Una parte del suelo se halla cubierto por finos depósitos sedimentarios y
otra por grandes bloques desprendidos de la pared que se fracturaron al
caer, mientras que en otras zonas se encuentra la roca desnuda. Su génesis se
debe probablemente a la actuación de procesos de macro y microgelivación
de manera puntual.
Dados los procesos genéticos que se invocan para la formación de estos abrigos, ha de pensarse que su desarrollo tuvo lugar en épocas más frías y algo más
húmedas a las actuales, durante los últimos períodos glaciares cuaternarios.
Introducción | 29
El sepulcro
Miguel San Nicolás del Toro
El sepulcro se encuentra en el Abrigo II, poco profundo y casi en pared vertical, que sólo a un metro del suelo forma oquedad, con un extraplomo que
no supera los 80 cm. El espacio funerario, de planta ligeramente semicircular,
completa el resto del circulo mediante una alineación de piedras de mediano
tamaño que descansan sobre el suelo del abrigo. El exterior contiene piedras
de pequeño tamaño que arropa la cámara. Las dimensiones interiores de la
cámara son de 90 cm. de profundidad por 1,40 m de longitud.
El interior fue preparado con un lecho de pequeñas lajas de caliza a modo
de enlosado, roto únicamente en la zona central por el expolio, que descansan sobre un sedimento estéril arqueológicamente (estrato III).
En este espacio así definido se depositaron los inhumados (estrato II), que
en número no menor de seis fueron colocados, al menos los últimos, en
posición anatómica, con los cráneos hacia el interior ligeramente elevados.
Destacamos que algunos de los huesos y en especial aquéllos que presentaban una mayor masa muscular en el inicio de la calcinación, sufrieron una
especial incidencia del fuego en las apófisis.
La continuación del rito funerario proseguiría al cubrir la cámara con un
encarchado pétreo, en el que se mezclan pequeñas y grandes piedras que
provocan la fractura de los huesos, para terminar finalmente con un ligero
estrato de tierra que no llega a sobrepasar la altura de las piedras que forman
el círculo funerario (estrato I). En total, la potencia del depósito es de unos
cuarenta centímetros por término medio.
En un momento posterior y con un evidente respeto a los enterramientos
ya existentes, se amplia la cámara funeraria junto a la pared rocosa del lado
Sur, para depositar un nuevo enterramiento individual totalmente calcinado
y cubierto únicamente por un delgado estrato de tierra.
También formando parte del depósito contenido en la cámara sepulcral,
se ha advertido la presencia de huesos de animales junto a los humanos.
Se trata de un fémur de conejo (7M, 9) y fragmentos de un metapodio de
ovicáprido (8L, esqueleto)9.
9 Identificación realizada amablemente por el Dr. A. Morales del Dpto. de Zoología de la Universidad
Autónoma de Madrid.
30 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Morfoscopia de los sedimentos
José Luis Pérez-Cuadrado
Uno de los aspectos a tratar, al caracterizar el depósito arqueológico del
Abrigo II donde se instala el sepulcro, es la identificación del sedimento. Esto
es, definir las características morfológicas de los elementos constituyentes,
así como la propia naturaleza de todo el depósito cuaternario, tanto del
exterior como del interior de la cámara sepulcral.
Básicamente se distinguen dos niveles: el primero que sirve de base al
sepulcro, de formación esencialmente autóctona del abrigo, y el segundo
localizado en el interior de la cámara y de formación antrópica.
Se ha analizado, a la lupa binocular, la porción del sedimento con un
tamaño de grano comprendido entre 1,5 y 0,2 mm, en dos fracciones diferentes: 1,5-0,75 mm y 0,75-0,2 mm.
Muestra I (Estrato II, Cuadro 8L, sector 3, cota 537,45 m)
La muestra está recogida en el interior de la zona más antigua del sepulcro,
en contacto con los enterramientos, fechados por C-14.
Color: seco 10YR 3/4, húmedo 5YR 3/44.
Aparecen los mismos tipos de elementos que en la muestra I, sin embargo,
su abundancia relativa varía notablemente.
En este caso, casi todos los granos corresponden a concreciones de arcilla
cementada por carbonato cálcico, de morfología irregular en general, y de
color oscuro. Con frecuencia contienen un núcleo blanco carbonatado
muy corroído.
Los fragmentos calizos son muy escasos y de color blanco. En la fracción
comprendida entre 0,75 y 0,20 mm su abundancia es algo mayor, y casi siempre están totalmente alterados. El cuarzo se encuentra en menor proporción.
Conviene señalar que, tanto en esta muestra como en la del estrato III, no
aparecen elementos tales como sílex, carbón o restos óseos.
Este sedimento es de origen antrópico y resulta del relleno de la cámara
sepulcral, comprendida entre las losas que sirven de base a los inhumados
con sus ajuares y el siguiente estrato I, que es el sellado de la cámara mediante
un encachado pétreo al que le sigue un proceso natural de sedimentación
que llega desde la última práctica funeraria hasta nuestros días.
Muestra II (Estrato III, cuadro 7L, tomada bajo el espacio funerario).
Color: seco 7,5YR 4/4; húmedo 5YR 3/4.
La mayor parte de los granos que se observan son de naturaleza caliza, y
en algunos casos aparecen bastante alterados.
Introducción | 31
Figura 15. Mapa geológico (abrigos de “El
Milano”), coordenadas geográficas.
Cuaternario
indiferenciado
margas y areniscas
Terciario
margas y margocalizas
calizas arenosas
caliza nummulítica
Cretácico
margocalizas y margas
Jurásico
calizas con sílex y calizas nodulosas
Triásico
margas yesíferas
dolomías
32 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Se encuentran algunos granos de cuarzo, de dos de las formas ya descritas
por Cailleux y Tricart (1963):
- Non usés (sin desgaste): de brillo vítreo, con las aristas vivas, hábito frecuentemente prismático, etc. Son productos de la desagregación directa de
la roca original.
- Ronds mats (redondeados mates): sin brillo, de forma redondeada, con
numerosos impactos en su superficie, etc. Se interpretan como elementos
transportados por el viento.
En ocasiones, los granos presentan características intermedias entre ambos
tipos.
Hay también, en pequeña proporción, concreciones de arcilla.
El sedimento, en conjunto, procede de la erosión f ísica y química de las
paredes del abrigo, a excepción del cuarzo que ha de considerarse como
elemento alóctono.
Inventario del material arqueológico
Inventario del material arqueológico | 35
Cerámica
Miguel San Nicolás del Toro
N° 7. Fragmento de cerámica a torno.
Dimensiones longitud 29 mm, anchura 18 mm, grosor 4 mm.
Cuadro 6K, sector 6. Superficial.
N° 25. Fragmento de cerámica a mano, pasta grisácea-negruzca y superficie
marrón, desgrasante calizo fino; superficie interior alisada y exterior decorada con incisiones paralelas, con dos registros decorados con impresiones
de matriz denticulada transversales.
Dimensiones: longitud 25 mm, anchura 20 mm, grosor 7 mm.
Cuadro 8M, sector 7. X=15, Y= 2, Z = 537,63 m.10
N° 47. Fragmento de cerámica a torno.
Dimensiones: longitud 32 mm, anchura 21 mm, grosor 4 mm.
Cuadro 8M, sector 7. X = 20 Y = 20, Z = 537,65 m.
N° 48. Fragmento de cerámica a torno.
Dimensiones: longitud 30 mm, anchura 19 mm, grosor 3 mm.
Cuadro 7M, sector 7. X = 99, Y = 15 Z = 537,65 m.
10 Las coordenadas van referidas a cada uno de los cuadros correspondientes y van expresados los
valores en centímetros. La magnitud Z va referida a m.s.m.m.
36 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Material lítico
Consuelo Martínez Sánchez
Miguel San Nicolás del Toro
N° 1. Lasca de sílex de color gris veteado, talón facetado, sección transversal
triangular, cara inferior plana, extremo distal convexo, bordes convexosinuoso, bulbo rebajado. Señales de uso en el borde izquierdo y extremo
distal.
Dimensiones: longitud 34 mm, anchura 30 mm, grosor 11 mm.
Superficie.
N° 2. Fragmento medial de lámina de sílex gris veteado y quemado, sección
transversal trapezoidal, cara inferior cóncava, bordes convexos sinuosos.
Señales de uso en el borde izquierdo.
Dimensiones: longitud 20 mm, anchura 17 mm, grosor 3 mm.
Cuadro 8L, sector 2. X = 52, Y = 70
N° 3. Lasca de sílex gris opaco veteado, talón cortical, sección transversal
poligonal, cara inferior sinuosa, extremo distal apuntado bordes convexosinuoso. Señales de uso en el bode derecho.
Dimensiones: longitud 26,5 mm, anchura 18 mm, grosor 3 mm.
Superficial.
N° 4. Lámina de sílex de tercera extracción de marrón traslúcido, talón
cortical, sección transversal trapezoidal, cara inferior cóncava, extremo
distal apuntado, bordes convexos-sinuosos con restos de córtex, talón liso
Dimensiones: longitud 25 mm, anchura 11 mm, grosor 2 mm.
Cuadro 7L, sector 5. Z = 537,76 m.
N° 6. Lámina de sílex marrón veteado y opaco, talón diedro, de sección
transversal poligonal, de cara inferior cóncava, extremo distal recto, ejes
paralelos y bordes cóncavo- sinuoso.
Dimensiones: longitud 36 mm, anchura 10 mm, grosor 4 mm.
Cuadro 7L, sector. 8. X = 64, Y = 27, Z = 537,77 m.
N° 11. Resto de talla de sílex de color marrón claro opaco con restos de
córtex.
Dimensiones: longitud: 11 mm, anchura 10 mm, grosor 7 mm.
Cuadro 8L, sector 1. X = 1, Y = 11, Z = 537,74 m.
Inventario del material arqueológico | 37
N° 13. Segmento de circulo de sílex veteado de color gris, sección trapezoidal y sección longitudinal arqueada; retoque abrupto marginal directo y
continuo que afecta a todo el arco.
Descripción según Laplace:
Trav prox Apd + Lat des Smd + trav dis Apd
Dimensiones: longitud 22 mm, anchura 6,8 mm, grosor 2 mm; Ia 3,2,
Ic 3,4.
Cuadro 7M, sector, 8. X = 65, y = 28, Z = 537,61 m.
N° 15. Trapecio geométrico irregular, en sílex blanquecino, sección triangular y sección longitudinal arqueada; retoque en los lados, directo continuo y
abrupto (le alterna con oblicuo; en la cara inferior presenta escamaciones.
Descripción según Laplace:
Trav prox Apd +–Spd + Trav dist Smd + lat dex Ppi
Dimensiones: longitud 17,2 mm, anchura 11,6 mm, grosor 3,5; Ia 1,5,
Ic 3,3.
Cuadro 7M, sector, 8 X = 56, Y = 30, Z = 537,60 m.
N° 17. Trapecio simétrico con la base pequeña retocada.
Descripción según Laplace:
Trav prox Apd + lat sen Apd + trav dis Apd
Dimensiones: longitud 18,4 mm, anchura 7,7 mm, grosor 4,1 mm; Ia 2,4,
Ic 1,9.
Cuadro 7M, sector 9. X = 94, Y = 23, Z = 537,82 m.
N° 27. Segmento de circulo en sílex veteado de color marrón-rojizo con
poros, sección poligonal y longitudinal ligeramente arqueada; retoque marginal directo y continuo que afecta a casi todo el arco.
Descripción según Laplace: Trav Amd - Apd - Lat sen Spd - Trav dis Apd
- Tx
Dimensiones: longitud 23,1 mm, anchura 19 mm, grosor 2,7 mm; Ia 2,6,
Ic 3,3.
Cuadro 7M, sector 7. X = 13, Y = 10, Z = 537,62 m.
Nº 29. Trapecio en sílex veteado de color blanco lechoso, sección triangular
y perfil longitudinal rectilíneo; retoque directo abrupto que afecta a los lados.
Dimensiones: longitud 18 mm, anchura 9 mm, grosor 2,5 mm.
Cuadro 8L, sector 4.
N° 29/2. Resto de talla de sílex gris opaco quemado.
Dimensiones: longitud 10 mm, anchura 8 mm, grosor 1 mm.
Cuadro 8L, sector 2. Z = 537,28 m.
N° 33. Trapecio de sílex veteado de color, sección triangular y longitudinal
arqueada; retoque directo marginal continuo y abrupto que afecta a todo
el arco.
38 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Descripción según Laplace:
Trav prox Spd + Amd + Trav dis Amd + Apd
Dimensiones: longitud 22,7 mm, anchura 12,4 mm, grosor 2,2 mm; Ia 1,8,
Ic 5,6.
Cuadro 7L, sector 2. X = 39, Y = 92, Z = 537,56 m.
N° 34. Laminilla de sílex veteado de color, sección triangular y longitudinal
arqueada, extremo distal apuntado, bordes rectos-convergentes.
Dimensiones: longitud 18 mm, anchura 6 mm, grosor 2 mm. Superficial.
N° 43. Fragmento de sílex de color marrón, de sección poliédrica, con cuatro
caras planas. Posible núcleo con al menos dos planos de percusión.
Dimensiones: longitud 18 mm, anchura 16 mm, grosor 4 mm.
Cuadro 6J, sector 7. X = 15, Y = 76. Superficial.
N° 44. Lasca de sílex gris opaco, talón escamoso, bordes convexos sinuosos,
extremo distal irregular, sección transversal irregular, cara inferior cóncava.
Dimensiones: longitud 16 mm, anchura 14 mm.
Cuadro 7L, superficie.
N° 45. Resto de talla de sílex blanco opaco.
Dimensiones: longitud 7 mm, anchura 6 mm, grosor 2 mm.
Cuadro 7L, superficie.
N° 49. Fragmento proximal de lámina de sílex veteado de color blanco,
sección transversal trapezoidal, cara inferior sinuosa, bordes convergentes
y talón diedro.
Dimensiones: longitud 11 mm, anchura mayor 12 mm, grosor 2,5 mm.
Cuadro 7M, sector 9. X = 99, y = 15, Z = 537,66 m.
N° 55. Hacha pulida. Hecha de roca of íta pulida, con el extremo distal fracturado, de silueta frontal de lados rectos convergentes irregulares, de sección
transversal oral irregular. Talón cónico redondeado de acabado piqueteado
excepto en el extremo distal que es pulido fino.
Dimensiones: longitud 139 mm, anchura 57 mm, grosor 38 mm.
Cuadro 7L, superficie de excavación clandestina.
Dimensiones: longitud 36 mm, anchura 10 mm, grosor 4 mm.
Cuadro 7L, sector 4. X = 28, Y = 38, Z = 537,77 m.
Inventario del material arqueológico | 39
Figuras 16 y 17. Piezas nos. 6 y 13.
Figuras 18 y 19. Piezas nos. 15 y 25.
40 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 20. Pieza nº 33.
Figura 21. Pieza nº 28.
Figuras 22. Piezas nos. 17, 2x, x, 2, 34 y x.
Inventario del material arqueológico | 41
Industria ósea
Mª Dolores Jara Andújar
N° 23. Fragmento medial de lámina plana realizada sobre diáfisis de hueso
largo.
La extracción del soporte, ha sido realizada mediante la técnica de seccionamiento longitudinal, bilateral, con amplitud total. En la fase posterior de
regularización, se ha practicado el procedimiento de abrasión, apreciándose
en la superficie total del fragmento haces de estrías superpuestas con densidad comprimida y orientación transversal u oblicua.
La parte medial y extremos de la pieza presentan fracturas transversales y
longitudinales, producidas con posterioridad a la fabricación.
Los bordes del fragmento son paralelos al eje de simetría y la sección
transversal es rectangular.
Dimensiones: Long. total conservada 18 mm; anchura medial 10 mm;
espesor medial 2 mm.
Cuadro 7M, sector 7. X = 23, Y = 4, Z = 537,82 m.
N° 28. Objeto apuntado realizado sobre la diáfisis de un hueso largo. En
el proceso de fabricación, la superficie de la pieza ha sido regularizada
inicialmente mediante la técnica de rascado, apreciándose aristas y surcos
longitudinales en las partes medial y proximal de las caras posterior y lateral
izquierda, así como planos tangenciales localizados en los bordes laterales
de la parte distal. Posteriormente ha sido aplicado el procedimiento de
abrasión, observándose en la superficie total de la parte distal estrías con
densidad comprimida y orientación transversal. Estas huellas se extienden
de forma dispersa por el resto de la superficie. A lo largo del fuste y en el
extremo distal podemos apreciar cinco fracturas recientes. El soporte de
la pieza es recto. La punta, localizada en la parte distal, presenta posición
simétrica, amplitud profunda, agudeza fracturada y perfil recto. Los bordes
de la parte medial son paralelos al eje de simetría, acabando en un extremo
proximal redondeado. La sección transversal es redondeada en la parte distal
y triangular en las partes medial y proximal, con una leve insinuación del
canal medular en la cara posterior. La coloración oscura de hueso ha sido
posiblemente adquirida durante un proceso de calcinación leve.
Dimensiones: long. total conservada 112 mm; long. total reconstruida 114
mm; log. de la punta conservada 15 mm; long. de la punta reconstruida 17
mm; anchura proximal 10 mm; anchura medial 11 mm; anchura distal 9
mm; espesor proximal 4 mm; espesor medial 5 mm; espesor distal 3 mm.
Cuadro 7L, sector 3 X = 17, Y = 2, Z = 537,57 m.
42 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
N° 36. Fragmento distal de objeto apuntado, realizado sobre diáfisis de hueso
largo. En el proceso de fabricación, la superficie total de la pieza conserva
estrías. de abrasión con densidad media y orientación transversal u oblicua.
Posteriormente se ha producido una fracturación transversal proximal y
longitudinal izquierda.
La punta conservada presenta amplitud profunda y pequeñas melladuras
en el extremo distal. En el lateral derecho el perfil es recto y el borde convergente, siendo la sección transversal de los extremos proximal y distal
semiovalada.
La pieza se encuentra afectada por un proceso de leve calcinación, mostrando la superficie una coloración grisácea.
Dimensiones: long. total conservada 20 mm; long. punta conservada
20 mm; anchura distal conservada 4 mm; espesor distal 5 mm.
Cuadro 7L. Superficial.
N° 53. Fragmento medial-distal de objeto apuntado, realizado sobre la diáfisis de un hueso largo. En el proceso de fabricación, la superficie de las caras
anterior y laterales muestra estrías y planos de rascado, a los que se superponen estrías de abrasión con densidad media y orientación transversal u
oblicua, dando lugar a la aparición del canal medular.
Los extremos proximal y distal de la pieza muestran sendas fracturas oblicuas producidas con posterioridad a la fabricación.
El fragmento conservado presenta perfil recto y bordes convergentes. La
sección transversal es arqueada-cóncava lnferior y semicircular en los extremos proximal y distal, respectivamente. La superficie de la pieza muestra
un avanzado estado de erosión en la cara posterior con presencia de grietas
y descamaciones.
Dimensiones: long. total conservada 35 mm; long. total reconstruida
39 mm; long. de la punta conservada 2 mm; long. de la punta reconstruida
6 mm; anchura medial 10 mm; anchura distal 5 mm; espesor medial 3 mm;
espesor distal 2 mm.
Cuadro 8L. Superficial.
N° 54. Esquirla ósea perforada.
El fragmento conservado presenta estrías de abrasión, con densidad media
y orientación transversal, localizadas en el extremo superior y cara anterior.
Las fracturas transversales y longitudinales, que ocupan el extremo inferior
y el lateral derecho de la pieza, secciona la perforación realizada sobre ésta.
Sin embargo, la cara interna del orificio conservado, muestra surcos adquiridos mediante el procedimiento de perforación por presión rotativa ejercida
consecutivamente desde las caras anterior y posterior.
Dimensiones: longitud 10 mm, anchura 6,5 mm, grosor 2,5 mm.
Cuadro 7M, sector 7. Superficial.
Inventario del material arqueológico | 43
Objetos de adorno
N° 5. Cuenta de collar de forma de barril en roca ígnea (identificación
petralógica realizada por Belén Martín Ibáñez), con perforación bicónica
de color verde con vetas blancas y suave pulido.
Dimensiones: Longitud 17 mm, anchura mayor 11 mm.
Cuadro 7L, sector 1. X = 16, Y = 86, Z = 537,74 m.
N° 8. Cuenta de collar esteatita, forma oivácea irregular, color negro, pulido
mixto.
Dimensiones: longitud 10,5 mm, diámetro mayor 7,5 mm.
Cuadro 7L. Superficial.
N° 9. Cuenta de collar de esteatita, forma circular, perforación bicónica, color
negro; pulido mixto muy fino con líneas de abrasión superficial.
Dimensiones: longitud 9 mm, diámetro mayor 8,5 mm.
Cuadro 7L. Superficial.
N° 10. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea, perforación bicónica,
color verde oscuro con pulido longitudinal que se intensifica en algunas
zonas que le confiere un aspecto ligeramente irregular.
Dimensiones: longitud 15 mm, diámetro mayor 9,5 mm.
Cuadro: 7L, sector 6. X = 95, Y = 66, Z = 537,77 cm.
N° 12. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea aplastada, con perforación bicónica irregular, de color verdoso con pulido irregular.
Dimensiones: longitud 13 mm, diámetro mayor 10,5 mm.
Cuadro 7L, sector 9. X = 72, Y = 21, Z = 537,75 m.
N° 14. Cuenta de collar de estéatita, forma olivácea de color rojizo muy
oscuro, perforación bicónica, pulido irregular facetado con impurezas de
la roca.
Dimensiones: longitud 18,5 mm, diámetro mayor 14 mm.
Cuadro 7M, sector 9. X = 86, Y = 26, Z = 537,66 m.
Nº 16. Cuenta de collar de roca caliza blanca, perforación bicónica.
Dimensiones: longitud 5,5 mm, diámetro mayor 8,5 mm.
Cuadro 7M, sector 8. X = 44, Y = 28, Z = 537,62 m.
N° 18. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea, perforación bicónica,
de color negro intenso; pulido facetado.
Dimensiones: longitud 11,4 mm, diámetro mayor 8 mm.
Cuadro 7L, sector 1. X = 26, X = 83, Z = 537,62 m.
N° 19. Cuenta de collar e esteatita, forma olivácea con perforación bicónica,
color verde claro traslúcido; pulido longitudinal.
Dimensiones: longitud 17,3 mm, diámetro mayor 9,3 mm.
Cuadro 6L, sector 3. X = 96, Y = 85, Z = 537,73 mm.
44 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
N° 20. Cuenta de collar de esteatita con perforación cónica, color verde claro
con impurezas; pulido irregular y facetado en la base.
Dimensiones: longitud 6,2 mm, diámetro mayor 8,6 mm.
Cuadro 8L, sector 5. X = 44, Y = 52, Z = 537,73 m.
N° 21. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica, color verde claro con impurezas; pulido regular.
Dimensiones: longitud 16,2 mm, diámetro mayor 11,7 mm.
Cuadro 8L, sector 5. X = 44, Y = 52, Z = 537,73 m.
N° 22. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica, color verde lechoso; pulido longitudinal.
Dimensiones: longitud 10,2 mm, diámetro mayor 8,2 mm.
Cuadro 7L, sector 7. X = 14, Y = 15, Z = 537,77 m.
N° 24. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica
ligeramente aplastada, de color verde claro con impurezas; pulido regular.
Dimensiones: longitud 13,4 mm, diámetro mayor 8,6 mm.
Cuadro 8L, sector 1. X = 4, Y = 97, Z = 537,73 m.
N° 26. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea irregular con perforación
cónica en un extremo y bicónica en el opuesto, color verde con impurezas
de mármol blanco.
Dimensiones: longitud 14,3 mm, diámetro mayor 12,4 mm.
Cuadro 8L, sector 2. X = 58, Y = 89, Z = 537,74 m.
N° 30. Cuenta de collar de esteatita, tendencia circular irregular con perforación bicónica casi tubular, de color verde con impurezas.
Dimensiones: longitud 10,7 mm, diámetro mayor 10 mm.
Cuadro 8M, sector 9. Z = 537,66 m. Superficial.
N° 31. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea, aplastada en el centro
con suave depresión, perforación bicónica alargada, color verde oscuro.
Dimensiones: longitud 11,6 mm, diámetro mayor 11 m.
Cuadro 8M, sector 9. Z = 537,66 m.
N° 32. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica
casi tubular, color negro; pulido mixto muy fino.
Dimensiones: longitud 13,4 mm, diámetro mayor 7,5 mm.
Cuadro 7M, sector 9. X = 32, Y = 32, Z = 537,62mm.
N° 35. Cuenta de collar de caliza blanca, perforación bicónica.
Dimensiones: longitud 5 mm, diámetro mayor 8 mm.
Cuadro 7M, sector 9. Z = 537,67 m.
N° 37. Cuenta de collar de esteatita, forma oilvácea con perforación bicónica, color verde con impurezas.
Dimensiones: longitud 16, diámetro mayor 9,7 mm. Superficial.
Inventario del material arqueológico | 45
N° 38. Cuenta de collar de caliza blanca, perforación bicónica.
Dimensiones: longitud 5,3 mm, diámetro mayor 8 mm.
Cuadro 7L. Superficial.
N° 39. Valva de Glicymeris glicymeris sp. fragmentada con perforación.
Dimensiones: longitud 48 mm, anchura 44 mm.
Cuadro 7M, sector 7. X = 3, Y = 3, Z = 537,56 m.
N° 40. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica, color verde con impurezas.
Dimensiones: longitud 9,5 mm, diámetro mayor 7,3 mm.
Cuadro 8M, sector 7. X = 2, Y = 24, Z = 537,35 m.
N° 41. Cuenta de collar de caliza blanca, perforación bicónica.
Dimensiones: longitud 5 mm, diámetro mayor 8 mm.
Cuadro 7M, sector 9. X = 82, Y = 32, Z = 537,67 m.
N° 42. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica, color negro irregular.
Dimensiones: longitud 16,5 mm, diámetro mayor 11 mm.
Cuadro 6J, sector 9. Z = 537,62 m. Superficial.
N° 46. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea con perforación bicónica, color verde con impurezas.
Dimensiones: longitud 13 mm, diámetro mayor 10 mm.
Cuadro 7L. Superficial.
N° 50. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea, perforación bicónica
casi tubular, color verde con impurezas.
Dimensiones: longitud 10,5 mm, diámetro máximo 8,4 mm.
Superficie.
N° 51. Cuenta de collar.
Dimensiones:
Cuadro 7M, sector 9. X = 86, Y = 15, Z = 537,75 m.
N° 52. Cuenta de collar de esteatita, forma olivácea, perforación bicónica,
color negro con impurezas.
Dimensiones: longitud 8,8 mm, diámetro mayor 7,3 mm.
Cuadro 7J. Superficial.
46 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Michael J. Walker
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos
Lado
Clavícula
1
1
i
Omaplato
1
1
Húmero
Cúbito
¿Cúbito?
Radio
2
1
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
4
¿i?
i
i
i
i
d
d
¿i?
i
i
i
i
d
d
d
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
1
3
1
Distral
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Sector
Elevación(+)
Sigla del paquete
Nº asignado
7L
7L/8L
99,60
99,68-99,70
M1/44
54
0300
0301
quemado
7L
7L
99,55
99,60
M1/41
M1
0400
0401
robusto
grácil
grácil
grácil
7M(9)
99,73
7M
8L
7M
7L
99,73
Est 1
99,73
99,55
7L
7L
7L
7M
7L
7L
7L
7L
7L
7L
8L
7L
7L
99,55
99,59
99,55
99,57
99,56
99,55
99,59
99,55
99,55
99,55
M1/05
Cland
Cland
M2/46
M3
M2/46
M1/46
M1/05
M1/42
M1/37
M1/39
M1/53
M1/18
M1/39
M1/29
M1/46
M1/39
M1/39
M3
M1/39
M1/18
0500*
0502’
0502’
0503’
0504
0505
0506
0507
0600
0601
0602
0603
0604*
0605
0606*
0607*
0608*
0609*
0610
0613
0615
Comentario
¿roído?
grácil
inmaduro
quemado
+
+
+
i
i
¿d?
¿d?
¿Radio?
1
i
Escafoides
1
1
1
1
i
d
¿d?
d
¿Escafoides?
1
Semilunar
1
1
1
1
i
i
¿i?
¿I?
1
¿i?
1
¿I?
i
1
1
1
1
1
1
1
Central
(margen vertebral)
(¿cavidad glenoidea y cuello?)
1
4
1
1
1
1
2
1
Semilunar o
piramidal
Trapecio
Proximal
i
i
i
¿i?
d
+
+
+
+
+
+
+
+
quemado
grácil
robusto
+
inmaduro
quemado
quemado
quemado
99,45
99,56
7L
7M(7)
99,66
99,59
Est 1
M1/1-3
M1/37
0611
0612
0614
7L
7L
7M(9)
7L
7M(9)
7L(3)
8M(7)
7L
7L
99,56
99,56
99,73
99,55
99,73
99,72
99,65
99,55
99,55
M1/36
M1/18
M2/55
M1/46
M1/55
0700*
0701*
0702*
0703
0704*
0705
0706
0707
0709*
7L
99,75
7L
7L
7L
99,75 Est. 1
99,60
99,59
M1/39
M1/39
0708
M1/40
M1/28
Cland
0800
0801
0802
0803
Cland
0804
M1/33
0900
0901
0902
0903
8L(2)
7L(5)
7L(4,5,7)
7L
99,76
99,75
99,59
7L(4,5,7)
99,75
7L
99,59
M1/33
0903
7L
99,58
M1/47
0904
7L
7L
7L
7M(9)
7L
7L
99,55
99,55
M1/46
M1/41
M1/33(CH 23/22)
1000
1001
1002
1003
1004
1005
99,75
99,59
99,60
0902
M1/33(CH 23/22)
M1
(+) Para el cálculo de la altitud sobre el nivel del mar, hay que sumar la cifra señalada en la columna a la eonstante 437,65 m.
(*) Datos ostométricos tomados para posterior publicación.
Inventario del material arqueológico | 47
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos
Lado
Comentario
Sector
Elevación(+)
Sigla del paquete
Nº asignado
Hueso
grande
1
i
quemado
7L
99,59
M1/33(CH23/lS)
1100
Ganchoso
1
1
1
1
i
d
d
d
7L
7L
7L
7L
99,59
99,59
99,59
99,58
M1/33(CH 23/10)
M1/37
M1/33(CH 23/1)
M1/45
1200
1201
1202
1203
Piramidal
1
1
i
¿i?
7L
99,59
Cland
M1/33(CH 23/12)
1300
1301
Pisiforme
1
1
7L
7L
99,59
99,59
M1/33(CH 23/30)
M1/37
1400
1401
Metacarpiano l
1
i
+
+
+
Metacarpiano II
1
1
1
i
d
d
+
+
+
+
+
+
+
Metacarpiano III
1
1
1
i
d
d
+
+
+
Metacarpiano IV
1
¿d?
Metacarpiano V
1
1
1
i
i
d
(Metacarpiano V)
1
1
2
¿Metacarpiano III?
1
¿Metacarpiano IV?
Proximal
Central
+
Distral
+
+
+
+
+
+
+
+
+
¿i?
+
+
1
1
1
i
+
+
+
+
¿Metacarpiano V?
1
1
1
1
¿i?
¿d?
¿d?
+
+
+
Metacarpiano
inclasificable
1
1
1
1
1
1
1
¿d?
+
+
+
+
+
+
+
+
¿Metacarpiano,
metatarsiano,
similar?
1
1
Falange
primera I
(mano)
1
1
1
d
d
d
+
+
+
Falange
primera II
(maro)
1
d
+
Falange
primera III
(mano)
1
1
d
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
51
1500*
7M
7L
7L
99,59
99,59
99,59
M1/37
M1/14
M1
1600*
1601*
1602*
7L
7L
7L
99,55
99,60
99,59
M1/39
M1
M1/14
1700*
1702*
1703*
7L
99,59
M1/14
1801*
7L
7L
99,59
99,55
Cland
M1/37
M1/41
1900*
1901*
1903*
8L
7L
7L
99,59
99,59
M1/33(CH23/14)
M1/33(CH 23/2)
1906*
1907*
1909*
7M
99,57
M1/50
1701
7L
99,59
Cland
Cland
M1/33
1800*
1802*
1803
7M(8)
7L
1364
99,72
99,59
M1/14
Cland
1902*
1904*
1905*
1908
7L
99,59
7L
7L
8L(1)
7M
99,55
99,59
99,76
99,57
M1/37
Cland
Cland
M1/39
M1/37
31
M1/50
2000
2001*
2002*
2003*
2005*
2006*
2007
8L(1)
7L
99,61
M1/03
2100*
2101*
7L(6)
7L
7L
99,75
99,55
99,59
M1/41
M1/37
2200*
2201*
2202*
7L
99,55
M1/41
2300*
7L
7L
99,55
99,61
M1/41
M1/03
2400*
2401*
48 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos
Lado
Proximal
Central
Distral
Falange
primera IV
(mano)
1
1
d
i
+
+
+
Falange
primera V
(mano
1
1
1
i
d
d
+
+
+
Falange
primera ¿ll?
(mano)
1
¿d?
Falange
primera
¿III?
(mano)
1
1
1
Falange
primera
¿V?
(mano)
1
1
Falange
primera
(mano),
inclasificable
entre ll, III,
lV y V
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Sector
Elevación(+)
Sigla del paquete
Nº asignado
+
7L
8L
99,55
Est, 1
M1/46
M3
2500*
2501*
+
+
+
+
7M
7L
7L
99,55
99,55
99,59
M1/46
M1/46
M1
2600’
2601*
2602*
+
+
+
7M(9)/8M(7)
99,74
M1/56
2700*
i
+
+
+
+
+
+
7M
7M(9)/8M(7)
7L
99,57
99,68
99,55
M1/50
M1/48
M1/46
2701*
2702*
2703*
i
¿i?
+
+
+
+
7L
7L
99,59
99,74
M1
M1/12
2800*
2801*
d
i
i
i
+
+
+
+
+
99,66
99,55
99,68Est. 1
99,70
99,59
M1/1-3
M1/41
99,66
M1/37
1085
Cland
Cland
Cland.
Cland.
Cland.
Cland.
Cland.
Cland
Cland.
M1/1-3
2900*
2901*
2902*
2903*
2904*
2905*
2907*
2908*
2909*
2910*
2911*
2912*
2913*
2914*
2915*
2916*
d
i
i
i
i
i
i
+
+
+
+
+
+
Comentario
+
+
+
+
7L
9L(1)
7M(7, 8, 91)
7L
16R
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Falange
segunda II
(mano)
1
1
d
¿d?
+
+
+
+
+
7L
99,59
99,59
M1
M1/14
3000*
3001*
Falange
segunda III
(mano)
1
1
1
d
i
d
+
+
+
+
+
+
+
+
+
7L
7L
7L
99,59
99,60
99,59
M1(CH 23/9)
M1
M1/14
3100*
3101*
3102*
Falange
segunda IV
(mano)
1
1
¿i?
d
+
+
+
+
+
+
7L
7L
99,59
99,59
M1/37
M1
3200*
3201*
Falange
segunda
(mano)
inclasificable
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
d
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
7L(6)
99,75
7L
7M(9)
7L
8L(3)
7L
7L
99,55
99,62
99,59
99,79a
99,55
99,59
+
+
+
+
7L
99,55
7L
99,55
8M(7)
8L(3)
99,70
99,70
8L(1)
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
7L
99,69
99,68
99,68
99,74
d
¿d?
i
d
¿d?
d
¿i?
i
d
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
¿roído?
51
M1/41
M1/57
M1/14
M1/14
M1/14
Cland.
Cland.
M1/46
Cland.
M1/41
Cland.
Cland.
M2/47
1364
48
48
M1/12
3202*
3203*
3204*
3205*
3206*
3207*
3208*
3209*
3210*
3211*
3212*
3213*
3214*
3215
3216*
3300*
3301*
3302*
3303
3304*
3305*
3306*
Inventario del material arqueológico | 49
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos
Falange
tercera II
(mano)
1
Falange
tercera III
(mano)
1
1
1
d
d
i
Falange
tercera IV
(mano)
1
Falange
tercera V
(mano)
Falange
tercera
(mano)
inclasificable
Lado
Proximal Central Distral
Comentario
Sector
Elevación(+)
Sigla del paquete
Nº asignado
+
+
7M(8)
99,72
+
+
+
+
+
7L
7L
7L
99,59
99,59
99,59
M1
M1
M1
3500*
3501*
3502*
d
+
+
+
7L
99,59
M1(CH 23/24)
3600*
1
1
d
i
+
+
+
+
+
+
7L
99,59
M1
Cland
3700*
3701*
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
i
¿i?
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
7L
7L(8)
99,59
99,75
Cland.
M1(CH 23/20)
7L
7M
99,59
99,57
8L
7M(8)
Est. 1
99,62
3800*
3801*
3802*
3803*
3804*
3805*
3806*
3807*
3808*
3809*
3810*
3811*
+
+
+
7M(7,9)
7L
99,75
99,59
i
d
d
d
+
+
+
+
+
+
+
quemado
infantil
3400*
Cland.
M1/14
M1/50
Cland.
Cland.
Cland.
Cland.
M3
Falange
tercera
¿(mano)?
inclasificable
1
1
Hueso
sesamoidea
1
7L(1)
99,70
4000
Hueso
sesamoidea
1
7L(1)
99,70
4000
Esternón
1
7M
99,60
M1/45
4100
¿Esternón?
2
7L
99,55
M1/59
4200
Costilla
primera
1
1
1
7L
8M(7)
99,60
99,70
M1/44
M2/47
Cland.
4300
4301
4302
Costillas
1
1
6
1
1
2
2
1
1
2
6
8
1
1
1
7
7M(9)
99,73
Cland.
M2/46
M1
M2/47
4400
4401
4402-8
4409
4410
4411-2
4413-4
4415
4416
4417-8
4419-24
4425-32
4433
4434
4435
4436-42
¿Costillas?
(fragmentos
de dif ícil clasificación y
que igual
pudieran ser
humanos
juveniles que
de animales)
1
1
1
1
1
1
1
quemado
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
quemado
cortaduras
8M(7)
7M(7)
7M(9)/8M(7)
7M(9)
7M
16R
7L
7L
7M
¿inmaduro? ¿quemado?
grácil
¿inmaduro?
¿inmaduro?
¿inmaduro?
quemado
¿cortaduras?
7L(6)
7M
99,70
Est. 1
99,74
99,74
99,55
99,74
99,60
99,67
99,66
99,75
99,60
8L(3)
99,70
Limpieza superficial
7L(1)
99,75 Est. 1
7M(9)
99,76
M(9)/8M(7)
99,74
8L(3)
99,70
7L(6)
99,75
M1/14
56
56
M1/42
1086
M1/12
M1/44
M1/50
M1/03
M1/55
56
3900*
3901*
4443
4444
4445
4446
4474
4448
4449
50 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Pelvis:
- isquión
- tuberosidad esquía
- acetábulo
- filón y acetábulo
- acetábulo
- filón (mujer adulta)
- cresta filíaca
- cresta filíaca
¿Pelvis?
- ¿cresta filíaca?
- ¿pubis?
- ¿pubis?
- ¿pubis?
Fémur
- (arranque de cuello)
- (arranque de cuello)
Fémur
Nº de
fragmentos Lado Proximal Central Distral Comentario
1
1
1
4
¿d?
¿d?
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
5
i
i
i
i
i
i
i
i
d
d
¿d?
¿d?
1
13
1
1
¿d?
d
+
1
1
1
¿Fémur o Húmero?
3
Rótula
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
i
1
d
d
d
1
1
1
1
3
23
1
i
d
d
d
robusto, quemado
+
+
+
+
+
+
+
grácil
robusto
grácil
robusto
+
+
+
¿Fémur?
Tibia
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Sector
Elevación(+)
Sigla del
paquete
Nº asignado
7L
8M(7)
7L
7L
7L
7L(3)
7L
99,56
99,70
99,56
99,56
99,60
99,72
99,59
M1/36
M2/47
M1/36
M1/40
M1/35
4500
4501
4502
4503
4504
4505
4506
4507
7L
7L
8L(3)
7M(9)/8M(7)
99,59
99,55
99,74-99,79
99,74
M1/27
M1/39
7L
7L
99,63
99,60
99,74
1
Peroné
1
1
¿i?
¿d?
(Peroné)
2
2
¿d?
4509
4510
4511
7L
7L(1)
7M
7L
7M
7L(1)
7L(1)
7L
99,64
99,73
99,57
99,73
M2/46
M1/l9
M2/46
99,60
99,59
M1/20
M1/32
4600*
4601*
4602*
4603*
4604
4605*
4606*
4607*
4608*
4609*
4610
4611
7L
7M(9)/8M(7)
8M(7)
99,64
99,74
99,70
Sin etiqueta
M1/17
M1/56
M1/47
4612
4613*
4614
4615
8L(2)
99,64-99,68
M1
Sin etiqueta
4700
4701
4702
8J
99,54
7L
7L
99,59
99,56
7L(6)
7L
8L
99,75
99,59
99,69
4800
Sin etiqueta
M2/46
M1/36
4900
4501
4902
4903
4904
4905
4506
4907
4908
4909
4910
99,73
M1/19
M1/20
M1/30
M1/30
M1/30
M1
M2/55
5000*
5001*
5002*
5003*
5004
5005
5006
7L
99,55
M1/39
5100
+
+
7M
99,73
99,63
M2/46
M1/10
5200
5201
+
+
7L
7L
99,57
99,61
M1/33
M1/03
5202
5203
7M
7L
99,73
99,56
7L
7L
7L
7L
7L
99,57
99,60
99,55
99,55
99,55
7M(9)
+
+
+
+
+
+
+
+
+
56
4508
M2/04
M1/40
M1/12
Sin etiqueta
M1/36
7L(1)
¿Tibia?
M1/27
Cland.
robusto
+
+
+
quemado
quemado
quemado
M1/24
M1/36
M1/10
M1/24
M1
Inventario del material arqueológico | 51
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Calcáneo
Astrágalo
Nº de
fragmentos Lado Proximal Central Distral Comentario
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
2
1
1
1
1
1
¿Astrágalo?
1
1
Navicular
1
1
1
1
1
1
1
1
1
i
i
¿i?
d
d
quemado
¿inmaduro?
i
i
i
i
i
i
i
d
d
d
d
d
¿d?
d
Sector
7L
7L
7L
7L
7L
7M(8)/8M(7)
7L
99,60
99,59
99,64
99,54
99,59
99,74
99,59
21
M1/33(CH 33/8)
M1/ll
M1/42
M1/30
56
M1/37
5300*
5301
5302*
5303
5304
5305*
5306
7L
7L
7L
7M
7L
7L
7L
99,74
99,64
99,59
99,76
99,60
99,59
99,60
M1/12
M1/11
M1/33(CH 33/4)
7L
7M(9)/8M(7)
7L
7M(3)/8M(7)
7L
7L
99,60
99,74
99,59
99,63
99,59
99,59
8M(7)
99,70
5400
5401*
5402*
5403
5404
5405*
5406*
5407
5408
5409
5410
5411
5412
5413
5414
5415
7L(1,4)
7L(5)
99,68
99,76
7L
7L
7r,l(9)/8M(7)
7L
7L
99,60
99,59
99,74
99,59
99,64
8M(7)
8L
7M(9)/8M(7)
99,70
7L
quemado
inmaduro, quemado
quemado
quemado
quemado
i
i
d
d
quemado
quemado
quemado
inmaduro
asigElevación(+) Sigla del paquete Nºnado
M1/44
M1/33(CH 23/2)
M1/21
M1/10
M1/21
56
M1/33(CH 33/S)
49
M1/33(CH 33/10)
M1/33(CH 33/1)
M1
M2/47
5500
5501
99,74
21
M1/33
56
M1/33(CH 33/6)
M1/11
Cland,
M2/47
M3
56
5600
5601
5602
5603
5604
5605
5606
5607
5608
99,64
M1/11
5700
Cuboide
1
Cuneiforme primero
1
1
d
d
7L
7M(9)/8M(7)
99,60
99,74
21
56
5800
5801
Cuneiforme
segundo
1
d
7M(9)
99,74
56
5700
Cuneiforme tercero
1
d
7L
99,59
M1/33(CH33/16)
6000
¿Cuneiforme?
1
1
1
1
1
7L
8M(7)
7L
7L
7L
99,74
99,70
99,64
99,64
99,64
M1/12
M2/30
M1/11
M1/11
M1/11
6100
6101
6102
6103
6104
Metatarsiano
1
1
1
1
1
1
i
d
M1/1-3
M1/12
M1/56
M1/11
M1/37
6200*
6201
6202*
6203
6204
6205*
Metatarsiano ll
1
¿Metatarsiano ll?
1
Metatarsiano llI
1
+
Metatarsiano IV
1
Metatarsiano V
1
¿Metatarsiano V?
1
quemado
+
+
+
+
+
7M(9)/8M(7)
71L
7L
7L
99,66
99,74
99,74
99,64
99,59
99,59
¿d?
+
+
7L
99,61
M1/1-3
6300*
i
+
+
99,66
M1/1-3
6400
7L
99,59
M1/33(CH 23J19)
6500*
+
7L
99,59
M1/33 CH(23J7)
6600*
+
7L
99,59
M1/37
6700*
8L(3)
99,64
M3
6800*
+
+
+
+
i
+
+
+
52 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos Lado Proximal Central Distral Comentario
¿Metatarsiano?
1
1
1
¿Metatarsiano o
metacarpiano?
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
¿Metatarsiano,
metacarpiano o
falange?
1
Falange primera I
(pie)
1
1
1
1
1
1
1
1
d
d
+
+
+
+
+
+
i
d
d
i
+
+
+
Sector
asigElevación(+) Sigla del paquete Nºnado
+
+
7M(9)/8M(7)
7L
7M(9)/8M(7)
99,74
99,61
99,74
56
M1/03
56
6900*
6901*
6902
+
+
7M(9)/8M(7)
7L
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
99,74
99,60
99,66
99,78
99,78
+
7L
8L(1)
8L(5)
8M(7)
99,56
99,69
99,64
99,70
56
21
M1/1-3
48
48
M/1
M1/19
+
8L(3)
7200*
7201
7202
7203*
7204*
7205
7206*
7207
7208
7209*
7210
7211
7212*
+
8L(4)
99,75
7L
7L
7L
7L
7L(5)
7L
7L
99,55
99,66
99,56
99,64
99,59
99,76
99,56
99,55
8L(1)
99,69
7500
7600
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
¿inmaduro?
+
+
+
+
+
+
7300*
M1/39
M1/1-3
M1/18
M1/11
M1(CH23/3)
M1/41
M1/41
7400*
7401
7402*
7403*
7404*
7405*
7406
7407
¿Falange primera I
(pie)? 3
1
¿Falange primera II
(pie)?
1
+
+
7L(1,4)
99,68
Falange primera III
(pie)
1
+
+
7L
99,60
21
7700*
Falange primera V
(pie)
1
+
+
7L
99,60
M1/44
7800*
¿Falange primera III,
IV, o V (pie)?
1
+
+
7L(3)
99,70
8000*
¿Falange primera IV
o V (pie)?
1
+
+
8L(4)
99,75
8100*
Falange primera
(pie)
1
1
1
1
¿d?
d
¿Falange primera
(pie)?
1
Falange segunda I
(pie)
1
1
¿Falange segunda I
(pie)?
1
Falange segunda II
(pie)
1
1
1
í
d
i
¿Falange segunda II
(pie)?
1
d
Falange tercera II
(pie)
1
i
¿Falange tercera III
(pie)?
1
Falange tercera IV
(pie)
1
+
+
+
¿inmaduro?
M2/47
Cland.
Cland.
+
+
+
+
Cland.
Cland.
Cland.
Cland.
8200*
8201*
8202*
8203*
Cland.
8300*
99,66
M1/1-3
M1
8400
8401*
+
i
+
+
+
7L
+
7L
99,55
M1/46
8500
7L
99,60
21
Cland.
Cland.
8600*
8601*
8602*
99,66
M1/1-3
8700
Cland.
8800*
+
+
+
+
+
+
+
+
d
+
+
+
+
+
+
+
+
7L(1,4)
99,68
8900*
Cland.
9000*
Inventario del material arqueológico | 53
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
fragmentos Lado Proximal Central Distral Comentario
Falange tercera V
(pie)
1
1
¿Falange tercera
(pie)?
1
1
1
1
1
¿Falange primera
(pie)
o segunda (mano)?
i
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Sector
+
+
+
+
+
+
7L
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
8L(1)
9L(1)
7M(9)
7L(6)
7L(1)
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
grueso, quemado
delgado, quemado
delgado, quemado
+
inmaduro
+
inmaduro
+
+
asigElevación(+) Sigla del paquete Nºnado
99,59
Cland.
M1
99,71
99,68
99,67
9200*
9201
9202
9203
9204
99,70
8L(2)
7L
7L
7L
7L(6)
7L(6)
7M(9)
7L(6)
7L(1)
9L(1)
8L
99,68 Est. 1
Est 1
8L(1)
99,76 99,69
7L
99,59
99,58
99,56
99,60
99,72
99,72
99,74
99,72
9100*
9101*
M1/08
M1/39
9300*
9301
9302*
9303*
9304*
9305
9306
9307’
9308*
9309*
9310*
9311
9312
9313*
9314
9315
M3
10000
M3
Est. 1
10001
10002
M1/47
M1/18
M1/45
56
M3
Cland.
Cland.
Cráneo
Hueso lambdoideo
“inca”
1
Hueso wormiano
1
1
8L
pequeño
delgado
8L
7M(7)
Est. 1
99,71
Escama occipital
1
71(1)
99,75Est.1
Mistoides
1
7L(1)
99,60
10100
¿Mastoides?
1
7M(7)
Est. 1
Petrosal
1
1
1
1
1
1
7L(1,4)
7L
7L
99,68
99,74
99,74
7M(9)/8M(7)
99,74
M1/12
M1/12
Cland.
Cland.
56
M1/44
10200
10300
10400
10401
10402
10403
10404
10405
¿Petrosal?
1
7L
99,59
M1/33(CH3314)
10500
Fragmentos basicraneales inclasificables
1
1
7M
7M
99,60
99,60
M1/45
M1/45
10600
10601
Frontal
1
mág. orbit
7M(7)
52
10700
Frontal con nasales
1
sut. metop.
incomp.
muesca
orb., grácil
7M(7)
52
10701
¿Parietal?
1
1
1
1
Cland.
10800
10801
10802
10803
¿i?
sut abiert.
-80 mm
-80 mm
-80 mm
7M(9)/8M(?)
8L(2-3)
99,64
99,70
Cland.
54 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Hueso
Fragmentos inclasificables (>50mm.) de
bóveda
Maxilar
Nº de
fragmentos Lado
Inventario de restos óseos humanos
Proximal
6
5
11
26
1
1
1
3
40
2
10
3
1
2
14
1
1
2
1
1
1
8
30
14
12
3
1
1
4
6
4
1
4
2
9
1
2
1
2
3
1
3
2
1
1
1
1
Central
Distral
Comentario
grueso
delgado
delgado
grueso
grueso
grueso
grueso
grueso
grueso
quemado
quemado
quemado
quemado
quemado
quemado
quemado
calcinado
quemado
1
1
1
i
+
d
+
1
i, d
+
1
i, d
+
raíz2I/C
inclasificable
raíces P1,P2;
alv. CI2
¿juvenil?
alv C,2I, 1l, l1,
I2, raíz diente
impactado
detrás de 1l I1
1
M cúspides
1 1
I,l ,alv 2p 1P
Sector
Elevación(+) Sigla del paquete
7M(7)
7M(9)/8M(7)
8L(4)
8L(1)
8L
7M(7)
8L
7M(9)/8M(7)
8L(1)
7M(9)/8M(7)
8L
8L(2)
7M(9)
8L(3)
99,71 Est. 1
99,74
99,75
99,69
99,74
99,69
99,74
Est. I
99,64-99,68
99,75
99,74-99,79
7L
99,59
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
8L(2-3)
8L(3)
99,63
99,63
99,70
99,74-99,79
8L(2)
8L(2)
8M(7)
8L(3)/8M(9)
8L(4)
8L(1)
7L(4)
7M(9)/8M(7)
7M(8)
7M(9)
7M(9)
7M(9)
7M(7)
7L(1)
8M(7)
7L(5)
7L(5)
7J
7K
7L
7M(7,9)
99,64-99,68
99,70
99,71
99,63
99,75
99,10
99,74
99,72
99,76
99,75
99,62
Est. 1
Cland.
Cland.
Cland.
Cland.
56
M3
52
M2
56
56
M3
Cland.
M1/37
Cland.
49
49
Cland.
M2/47
56
M2/57
99,70
Nº asignado
10900-5
10906-10
10911-21
10922 41
10948
10949
10950
10951-3
10954-9
10994 5
11000-9
11010-2
11013
11014-5
11016 29
11030
11031
11032-3
11034
11035
11036
11037-44
111O0-2
111304
11143-5
11155-7
11158
11159
11160-3
11164-3
11170-3
11174
11175-B
11179-8
11181-9
11190
11191-2
11193
11194 5
11196 8
11199
11200-2
112034
11205
11206
11207
11208
99,76
99,65 Est. 1
Est. 1
99,74
99,75
M1/12
99,70
52
M2/47
52
11300
11301
11302
7M(7)
52
11303
7M
M1/45bis
11304
7M(7)
8M(7)
7M(7)
Inventario del material arqueológico | 55
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Mandíbula
Nº de
Cenfragmentos Lado Proximal tral
1
1
d
i, d
1
i
1
i,d
+
1
i, d
+
1
1
1
1
1
i
i
i
1
d
¿d?
Incisivo
maxilar
1
1
1
d
i
d
Incisivo
¿maxilar?
1
1
1
Incisivo
mandibular
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Incisivo
¿mandibular?
1
Incisivo
1
1
1
1
1
(Incisivo)
Incisivos
inmaduros
con 2 muescas congénitas en la
corona
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
+
Comentario
Sector
+
infantil; alv. m2
alv. 2P, 1P, C, 2I
1
I, I1, I2, C, P1, P2, M1
C,1 P,2 P,1 M,2 M,3 M;
cúspides molares
poco aplanadas;
alv. 2I; 1M caries
3
M; raíces 2P, 1P
alv C, 2I, 1I, I1, I2;
alv. ¿m2? delante
1
P; resorpción en
2
M, 1M; quemada
3
M, 2M, 1M, 2P, 1P, C,
2 1
I, I, M1, M2, M3:
cúspides molares
poco aplanadas
alv P2, P1, C, I2, I1
7M
7M
M1
M1
11400
11401*
7M(7)
52
11402
Cland.
11403*
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
rama y cóndilo
cóndilo
cóndilo calcinado
cóndilo calcinado
¿inmaduro?
cóndilo¿inmaduro?
¿cóndilo?
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
¿+?
7L
99,74
M1/12
11404
7M(9) 8M(7)
7L
7L
8L
8L
99,74
99,65
99,55
56
M1/15
M1/42
M3
M3
11405
11406
11407
11408
11409
8M
7M(8)
99,70
99,72
M2/47
11410
11411
M1
M1
M1
11500
11501
11502
M1/42
M1/42
11503
11504
11505
M1
M1
M1
M1
M1
M1
M1
M1
M1
M1
M1
11506
11507
11508
11509
11510
11511
11512
11513
11514
11515
11516
Est 1
7M
7M
7M
7M
7L
8L(1)
+
i
i
i
i
i
i
d
d
d
¿d?
¿i?
Elevación(+) Sigla del paquete
Nº asignado
Distral
desgastado
desgastado
desgastado
+
desgastado
+
+
quemado
raíz
esquirla
99,55
99,55
99,69 99,76
7M
7M
7M
7M
7M
7M
7M
7M
7M
7M
7M
8L(1)
99,66-99,70
7L/8L
71/8L
99,63-99,70
99,63-99,70
7L
8L
99,59
Est. 1
7L
7M(9)/8M(7)
8L
7M
8L
7M(8)
7L
7L(4)
6J
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
7M(9)
99,55
99,70
99,72 Est, 1
99,72
99,59
99,10
99,44 Est, 1
99,64
99,68
99,62
8M(7)
8M(7)
8M(8)
99,70
99,70
99,74-99,76
11517
54
54
M1/09
M1/33(CH 23/27)
M3
11518
11519
11520
11521
11522
M1/41
M2/47
M3
M1
11523
11524
11525
11526≠
11527
11528
11529
11530
11531
11532
11533
11534
M1/33(CH 23/28)
M2/57
M1/47
M2/47
11535
11536
11537
56 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
¿Incisivo?
(esquirlas, raíces)
Nº de
Proxifragmentos Lado mal
1
1
1
1
1
Cen- Distral
tral
Comentario
Sector
raíz
quemado
7L(6)
8L(2)
8L(1)
7L(1,4)
7M(8)
corona
raíz
asigElevación(+) Sigla del paquete Nºnado
99,71
99,68
99,72
11601
11600
11601
11602
11603
11604
Canino ocular
1
1
i
d
7M
7M
Canino ¿maxilar?
1
i
7L
99,55
Canino ¿mandibular?
1
i
7M(8)
99,72
11703
Canino
1
1
1
8L(2)
8M(7)
7M(9)
99,72
99,62
M2/57
11704
11705
11706
M1
11800
M1/09
11801
M1/15
M1
11900
11901
7M
7M
7M
M1
M1
M1
12000
12001
12002
7M
7M
M1
M1
12003
12004
7M
7M
7M
M1
M1
M1
12005
12006
12007
M1/09
M2/55
12100
12101
inmaduro esquirla
Premolar primero
maxilar
1
i
¿Premolar primero maxilar?
1
i
Premolar segundo maxilar
1
d
Premolar primero
mandibular
1
1
1
d
d
d
1
1
d
i
1
1
1
i
i
i
¿Premolar primero mandibular?
1
1
i
i
Premolar primero
1
Premolar segundo mandibular
1
1
d
d
¿Premolar
segundo
mandibular?
1
d
1
d
Premolar segundo
1
Premolar maxilar
1
Premolar mandibular
1
1
Premolar
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
¿Premolar?
1
dentina expuesta
cúspides aplanadas
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides agudas
dentina expuesta
cúspides agudas
cúspides aplanadas
dentina expuesta
dentina expuesta
cúspides agudas
7M
7L
7M
7M(9)
8L(2)
cúspides agudas
esmalte aplanado
caries oclusal y
mesial del cuello
cúspides agudas
99,65
99,73
M1
M1
11700
11701
M1/46
11702
99,64-99,68
7M
7M(8)
99,72
7M
99,68
7M(9)/8M(7)
12200
M1
12300
12301
M1
12400
/48
12401
8L(2)
99,64-99,68
cúspides agudas
7L
99,55
M1/41
12600
cúspides agudas
cúspides aplanadas
7L
7L
99,60
99,55
M1
/41
12700
12701
M3
12800
12801
12802
12803
12804
12806
12807
12808
12809
12810
12811
12812
12813
12814
12815
12816
12817
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides aguda
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides aplanadas
cúspides aplanadas
cúspides aplanadas
raíz quemada
raíz
8L
Est. 1
8L(1)
8M(7,8)
99,75-99,77
7M(9)/8M(7)
99,64
7M
8L(1)
7M(9 8M(7)
99,74
7L/8L
71vi(7,8,9)
7M(9)
8L(2)
7L
7M(7)
7L(1)
99,68-99,70
99,70
99,62
Est 1
99,59
Est, 1
99,70
71(1)
99,75 Est, 1
12500
M1
Cland.
Cland.
/56
Cland.
/54
/57
M1/37
12900
Inventario del material arqueológico | 57
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
Proxifragmentos Lado mal
Cen- Distral
tral
Comentario
Sector
asigElevación(+) Sigla del paquete Nºnado
Molar primero
maxilar
1
1
i
i
cúspides aplanadas
7M
7M
¿Molar primero
maxilar?
1
d
cúspides ligeramente aplanadas
7L
99,55
Molar segundo
maxilar
1
1
i
d
7M
7M(8)
99,72
1
d
cúspides aplanadas
cúspides ligeramente aplanadas
cúspides aplanadas
1
1
i
d
7M(8)
7M
1
1
1
d
cúspides aplanadas
cúspides aplanadas
destina expuesta
cúspides aplanadas
Molar primero
mandibular
1
i
¿Molar primero
1
i
¿Molar segundo
mandibular?
1
1
1
1
i
d
i
i
Molar tercero
mandibular
1
1
1
1
i
¿Molar primero o
segundo mandibular?
1
¿Molar tercero
mandibular?
Molar tercero
maxilar
M1
M1
13000
13001
M1/42
13100
M1
13200
13201
M1
13202
M1/50
13300
13301
7M(8)
99,72
8L(1)
99,69-99,76
7M(9)/8M(7)
99,74
/56
13302
13303
13304
cúspides aplanadas
destina expuesta
7M(9)/8M(7)
99,68
/48
13400
cúspides aplanadas
dentina expuesta
¿caries oclusal?
7L
99,55
/42
13500
99,68
M1
M1
/48
13600
13601
13602
13603
M1
M2/47
M2/47
M1
13700
13701
13702
13703
cúspides agudas
7M
99,72
99,57
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides aplanadas
7L(5)
7M
7M
7M(9)/8M(7)
i
i
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides agudas
cúspides agudas
7M
8M(7)
8M(7)
7M
99,70
99,70
i
cúspides agudas
7L(4,5,7)
99,75
13800
1
cúspides agudas
8M(7,8)
99,75-99,77
13900
Molar ¿mandibular?
1
cúspides agudas
7M(8)
99,72
14000
cúspides agudas
Molar segundo
1
8M(7)
99,70
/47
14100
Corona de molar
primero no
erguido
1
7M(9)/8M(7)
99,68
/48
14200
Corona de molar
primero o
segundo
no erguido
1
1
1
1
7M(9)/8M(7)
99,64
8L(3)
99,74-99,79
8M(7)
99,70
8L(2)
99,65
M2/47
14300
14301
14302
14303
Corona de molar
tercero no
erguido
1
1
1
1
1
1
1
1
7M(9)/8M(7)
8M(7)
99,64
99,65
7L
7M(7)
7M(9)/8M(7)
7M(8)
99,65
Est. 1
99,74
99,72
Cland.
Cland.
M1/15
14400
14401
14402
14403
14404
14405
14406
14407
Corona de molar
no erguido
1
1
1
1
7L(9)
8L(2)
7M(9)
7M(9)
99,75
99,66
99,62
99,62
Corona demolar
o premolar no
erguido
1
7M(7)
99,71 Est. 1
14600
Molar(fragmento
pequeño, adulto)
1
1
1
1
7L(1)
8L(4)
7L(3)
7L
99,75 Est. 1
99,75
99,70
99,55
14700
14701
14701
14702
/56
/57
/57
M1/41
14500
14501
14502
14503
58 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Nº de
Proxi- Cenfragmentos Lado mal
tral
Molar o premolar (fragmento
pequeño, adulto)
1
1
Raíz molar con
raíz accesoria
1
Fragmentos de
raíces
dentarias
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Fragmentos
inclasificables
de dientes
5
1
2
1
1
4
1
2
2
1
1
4
1
1
2
Distral
Comentario
raíz con raíz accesoria
Sector
Elevación(+) Sigla del paquete
8L(3)
7M(9)
99,62
8L(1)
99,69
7M(7)
7M(7)
7L(1)
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
8L(2)
7M1(9)/81(7)
8M(7)
8L(1)
7M(8)
8L(2)
7M(8)
7M(8)
99,71 Est. 1
99,71 Est. 1
99,75 Est. 1
99,74
99,74
99,65
99,68
99,72
99,75
99,72
99,66
99,72
99,72
8M(7)
7L(5)
7L(1)
8L(2)
8M(7)
99,70
99,70
99,75 Est. 1
99,66
99,65
7L(6)
99,72
9L(7)
99,69-99,72
8L(2)
99,65
7L(8)
Est. 1
7M(9)-8M(7)
99,64
8L
Est. 1
7M(9)
99,62
7K
Est. 1
7M(8)
99,72
Cland.
/57
Nº asignado
14800
14801
14900
Cland.
/56
/56
/48
M2/47
Cland.
M3
/57
15000
15001
15002
15003
15004
15005
15006
15007
15003
15009
15010
15011
15012
15013
16000-4
16005
16006 7
16008
16009
16010-3
16014
16015-6
16017-8
16019
16020
16021-5
16026
16027
16028-9
Inventario del material arqueológico | 59
Inventario de restos óseos humanos
Hueso
Vértebras
- atlas
Nº de
Proxi- Cenfragmentos Lado mal
tral
3
- atlas
- ¿atlas?
- ¿atlas?
- axis
- axis
1
1
1
- axis
- axis
3
1
- cervical
- cervical
- cervical
- cervical
- ¿cervical?
- ¿cervical?
- ¿cervical?
- ¿cervical?
- ¿cervical?
- ¿cervical?
- cervical/tor. sup.?
- ¿cervical/tor. sup.?
- ¿torácica?
- toracolumbar
- ¿sacro?
- inclasificable
- inclasificable
1
1
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
1
2
1
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
- inclasificable
1
1
1
2
1
1
3
3
1
1
6
1
3
10
1
2
14
1
30
26
Vértebra o cráneo
- inclasificable
- inclasificable
1
9
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Distral
Comentario
Sector
Elevación(+)
Sigla del
paquete
Nº asignado
3 frags. quemados
¿todos del mismo?
frag. arco neural
apófisis dorsal
apóf. trans. izq.
dens
dens
dens
dens, CaC03 adherente dens, proceso
espinoso apófixis
ar. tic. izq. sup.
inmaduro
8L
Est. 1
M3
17000-2
7M(9)/8M(7)
7L
7L
99,74
99,59
99,59
8L(4)
8M(7)
7L
99,63
99,70
93,59
7M
71-8L
7L
99,60
90,68-90,70
99,45
7L
7L
7M(9)/8M(7)
7M(9)/8M(7)
99,59
99,45
99,74
99,74
7L
7L
8L
7M(9)
99,56
99,60
99,71
99,62
7L(1)
7L(5)
8L(3)
99,73
99,74-99,79
17200
17201
17202
17203
17300
17301
17302
17303
17304
17305
17400
17401
17500
17600
17700
17800
17801
8L(8)
7L(9)
8M(7)
99,76
99,75
99,70
17802
17803-4
17805
7M(9)
7M(9)/8M(7)
7L
7L
7L(8)
7L(4,5,7)
8M(7)
7M(9)/8M(7)
7L(1)
7L(8)
7M
7M(8)
7L
7L
7M(7)
8M(7)
7L
7M(9)
99,76
99,74
99,55
99,59
99,70
99,75
99,70
99,74
99,75
99,57
99,72
99,58
99,60
99,71 Est. 1
99,70
99,59
99,62
7L
7M(8)
8L
proceso espinoso
quemada
quemada
frag. apóf. neural
frag. apóf. neural
cuerpo inmaduro
superficie artic.
quemada
quemada
superficie artic.
¿inmadura?
apófisis neural
apófisis neural
proceso espinoso
apóf. antic. infers.
apófisis
apófisis
apófisis
apófisis
apófisis articular
apófisis
apófisis
apófisis quemada
apófisis
apófisis
apófisis etc.
apófisis etc.
quemados
M1/28
M1/28
Cland.
Cland.
M1/28
M1/45
/54
M1/41
Cland.
M1/37
M1/46
/56
/56
Cland.
M1/18
M1
/57
Cland.
M2/47
17003
17004
17005
17100
17101
17102
17103
17104-6*
99,60
M2/47
M1/41
/57
Cland.
M1/45
17806
17807
17808
17809
17810
17811
17812-4
17815-7
17818
17819
17820-5
17826
17827-9
17830-9
17840
17841-2
17843-96
17897
17898-927
17927-52
99,72
Est. 1
M3
18000
18001-9
/56
M1/42
M1/28
M2/47
/56
M1/50
M1/47
M1/45
60 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Informe preliminar sobre los restos
humanos
Michael J. Walker
Presentación de los datos
Los restos humanos procedentes de la excavación arqueológica del Abrigo
II de El Milano, fueron recogidos por sectores y estratos (elevación). Los
paquetes de material óseo, sin limpiar llevaban etiquetas con información
diversa y a veces ausente en ciertos huesos, según se puede ver por la presencia o ausencia de datos en las columnas de identificación osteodontológica
del inventario.
Hemos considerado necesario identificar cada pieza por un número individual, que incorpora tanto el número de pieza de cada clasificación como
ésta misma, ya que nos parecía dudosa la suposición de los excavadores de
que habían podido identificar esqueletos individuales (“M1” ó “muerto núm.
1”, etc.) durante el transcurso de la labor arqueológica (se puede comprobar en la tabla que al supuesto M1 le corresponden tres cabezas de cúbito
izquierdo). A nuestra enumeración asignada se ha añadido un asterisco para
aquellos fragmentos que hemos medido. No se ofrecen aquí las tablas de la
estadística osteométrica por falta de espacio, pero esperamos publicar estos
datos en un futuro próximo.
La mayoría de los huesos y dientes estaban en estado fIagmentado. Algunos de éstos apenas permitían una identificación inequívoca. Cuando en
la primera columna (“número de fragmentos”) aparece una cifra mayor
a 1 quiere decir que se trata de varios fragmentos de un solo hueso. En
la siguiente columna (“lado”) se señala el lado izquierdo (i) o derecho (d)
cuando esta precisión ha sido posible. Para los huesos largos fragmentados,
se señala la presencia de las áreas proximal, central y distal. Cuando se da la
presencia de las tres se trata de un hueso completo. En los casos del maxilar
y de la mandíbula, se ofrece tanto la presencia de las piezas dentarias adultas
(letra mayúscula), infantiles (letra minúscula) o sus raíces como los espacios
que corresponden a dientes perdidos post-mortem (calificados por “alv.”).
La situación se da por números a la izquierda para el lado izquierdo y a la
derecha para el lado derecho (p.e. 2I significa un incisivo lateral izquierdo,
m2 el molar infantil posterior derecho).
Número mínimo y sexo de los individuos
De la lectura de la tabla se puede deducir por los números globales de rótulas, fémures, astrágalos, y tal vez de los incisivos y molares, que el conjunto
óseo corresponde a un número de individuos que no puede ser inferior a
seis, siendo éste el número mínimo de individuos. Al menos uno era una
mujer adulta a la que corresponde un fragmento de ilión característico del
Inventario del material arqueológico | 61
sexo femenino. El sexo de los demás individuos es más dif ícil de precisar,
aunque la robustez de ciertos huesos largos sugiere la presencia de al menos
un varón de edad adulta. Un fragmento mandibular con la presencia del m2
nos señala un niño entre los 2 y 9 años de edad. La presencia entre las piezas
dentarias sueltas de al menos tres incisivos y un canino adultos de desarrollo
incompleto, también apunta hacia uno (¿o dos?) niños entre los 8 y 12 años
y otros ocho molares terceros de desarrollo inacabado sugiere al menos dos
juveniles o adultos jóvenes entre los 15 y 25 años de edad.
La falta de exposición de dentina en los molares terceros, por lo general,
sugiere que pocos individuos, y tal vez ninguno, tenían una edad avanzada.
Por ejemplo el fragmento mandibular núm 11404 ofrece una muestra bastanle completa de la dentición adulta en la que se aprecia el aplanamiento
de las cúspides de los molares primeros, pero no de los segundos ni terceros que son más bien agudas, panorama éste que se repite en el fragmento
mandibular núm. 11402. Sin embargo la resorpción alveolar del fragmento
mandibular núm. 11403, en el área anterior al presente tercer molar, la que
corresponde a los molares izquierdos anteriores, puede señalar una edad
algo mayor. No obstante conviene recordar que la presencia de patología
peridontal, la que causó la pérdida de las piezas dentarias en vida, se da con
frecuencia en los esqueletos arqueológicos y no necesariamente en una edad
adulta muy avanzada. Este fragmento ofrece también la presencia de una
pieza supernumeraria infantil (¿canino?) delante del primer premolar. También se da el caso de una raíz impactada detrás de los incisivos centrales de
un fragmento de maxilar (núm. 11304). Este fragmento ofrece aplanamiento
de las cúspides del primer molar, pero en este caso falta la parte posterior
del hueso. Las caries, tanto cervical como oclusal, se presenta de forma
solamente testimonial, lo que también concuerda con la conclusión de una
edad media no muy elevada para el conjunto: con las caries cervical en la
dentición prehistórica se relaciona la frecuencia de procesos patológicos
periodontales. De la lectura de los tres fragmentos mandibulares con molar
tercero erguido se desprende la conclusión de que deben ser al menos tres
individuos de edad adulta en el conjunto. Otro fragmento (núm. 11401) no
puede corresponder a una edad inferior a los 12 años.
Tanto los fragmentos craneales como postcraneales (entre ellos vértebras
y falanges) confirman la presencia de niños en el conjunto. Sin embargo la
lectura de algunos huesos (p.e. fémur, rótula) nos obliga a considerar la posibilidad de que hay seis esqueletos que dif ícilmente podrían corresponder
a un edad inferior a los 14 años. Por consiguiente nos parece probable que
el grupo consta de un niño entre los 2 y 9 años, otro (o quizás dos) entre
los 8 y 12 años, dos entre los 14 y 20 años, tres entre los 18 y 25 años, y uno
mayor próximo a los 25 años.
Sumando estos datos llegamos a la cifra de ocho (incluso quizás 9) para el
número mínimo de individuos representados por el conjunto de los cuáles
uno era mujer adulta y otro varón adulto. Tal vez no sería demasiado atrevido preguntarnos si se trata de un núcleo familiar. Posiblemente apoya
esta hipótesis la observación de que cada uno de tres incisivos adultos de
desarrollo incompleto muestran dos ranuras que atraviesan el filo en sentido
antero-lateral. Semejantes indentaciones se conocen tanto como anomalías
62 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
congénitas como por intervención artificial, pero al no haber sido aplicada
ésta en nuestras piezas las consideramos como anomalías congénitas.
La disposición y el tratamiento post-mortem de los restos humanos.
Algunos elementos óseos e incluso dientes, ofrecen señales de quemadura
parcial, pero en muy pocos casos se puede observar un proceso de calcinación avanzada (entre ellos destacan dos cóndilos mandibulares). Un fragmento de húmero y una falange parecen haber sido roídos y dos fragmentos
de costillas muestran corte artificiales. Las señales carbonizadas se presentan
de manera bastante irregular, tanto en la clasificación osteológica como
en las áreas de un solo hueso. Tenemos la impresión de que los elementos
craneales, dentarios y los segmentos distales de las extremidades han sido
sometidos al fuego con mayor frecuencia que los huesos proximales (fémur,
húmero) de éstas. Nos preguntamos sobre la posibilidad de la realización
del desmembramiento parcial de los cadáveres y de su exposición, con el
consiguiente deterioro de los componentes, antes de ser trasladados ciertos
paquetes de huesos al abrigo, algunos tal vez articulados gracias a ligamentos,
otros despojados de tejidos blandos y hasta fragmentados, lo que podría
explicar la disparidad de las abundancias relativas de los distintos componentes óseos y dentarios. Si estos procesos se efectuasen en un lugar común
fuera del abrigo pero en ocasiones sucesivas, se podría interpretar de modo
sencillo la observación de los efectos del fuego a ciertas piezas pequeñas,
ya separadas de su entorno anatómico tal y como se ponen de manifiesto
en la anteriormente citada raíz canina con señales de haber sido sometido
al fuego. O sea, no se debe de descartar la hipótesis de que, al no haberse
recogido en su momento, algunas piezas se requemaron en el lugar donde
se preparaban los cadáveres antes de ser finalmente recogidas y llevadas al
abrigo, juntamente tal vez con paquetes anatómicos y menos separados.
La escasez de señales de roído en los huesos hace improbable la hipótesis
de que mamíferos carnívoros despojasen los cadáveres pero no podemos
descartar la de que aves carnívoras lo hubiese hecho. Sin embargo la ausencia de neurocráneos más o menos completos y la calcinación de algunos
fragmentos pequeños de éstos tal vez implica la intervención humana en el
proceso de reducción ósea. Si realmente fuera así es muy de notar la falta de
empleo de implementos cortantes o serrantes, con la excepción de las dos
costillas (posiblemente no humanas) mencionadas antes.
Estas características de los huesos fragmentos se parecen mucho a las que
hemos comentado en huesos humanos procedentes del yacimiento del
eneolítico pleno del Prado de Jumilla (Lillo y Walker, 1987: 105-109): en este
poblado se han descubierto unos muy escasos componentes de la osteología
humana entre varios miles de restos óseos de animales que sin duda representan los despojos de la comida cotidiana, por lo que consideramos que
corresponden a los elementos por descuido no recuperados de prácticas
intencionadas de la reducción de los restos mortales cuya gran mayoría se
trasladaron para enterrarse en otro lugar. Tanto allí como en el Abrigo del
Milano nos encontramos ante los testimonios de una práctica funeraria de
cierta difusión en la Región desde las prostrimerías del Neolítico hasta los
finales del Eneolítico.
Inventario del material arqueológico | 63
Figura 22 tris. Detalle de un sector (Cuadro 7-L)
del sepulcro con el nivel de enterramiento que
apoya en el enlosado pétreo.
64 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Análisis de las piezas dentarias
Enrique Fernández Alcázar
José María Pastor Gonzálvez
La serie de piezas dentales obtenidas en la excavación las agrupamos en
dos apartados: Grupo de dientes sueltos, en número de noventa y tres; y, dos
fragmentos de mandíbula con molares alojados en ellos, en número de cinco.
El análisis de estas piezas se ha realizado mediante la inspección de las
mismas. No se han realizado radiograf ías ni han sido sometidos a ninguna
manipulación de laboratorio, ni se ha procedido a su medición, quedando
esto relegado a un posterior análisis más exhaustivo11.
De este análisis realizado en primera instancia, se pretenden obtener los
siguientes objetivos:
1. Determinar anatómicamente a qué grupo pertenece cada pieza (incisivos, caninos, molares y premolares), la presencia de dientes temporales y
localización en la arcada de cada pieza.
2. Hallar el número mínimo de individuos, a partir del máximo número de
piezas iguales repetidas. Asimismo, mediante la observación de la presencia
de dientes temporales, constatar la presencia de niños.
3. Descripción del estado de las piezas para objetivar en éstas los vestigios
de lesiones patológicas. Lo mismo hemos hecho con los fragmentos mandibulares que permitirán evaluar si las enfermedades de los tejidos de sostén
del diente (parodontopatías) han dejado señales suficientemente explícitas.
Resultados:
1. Tras realizar el estudio morfológico de las piezas, las agrupamos del
siguiente modo:
PermanentesTemporales
Incisivos 205
Caninos 125
Premolares17 –
Molares 354
2. El número mínimo de individuos adultos es de cinco, ya que hay 5 primeros molares permanentes superiores derechos. De igual manera la presencia
de 3 caninos temporales superiores izquierdos confirma la presencia de tres
niños como mínimo.
11 Un avance al estudio que presentado en una comunicación la Reunión Anual del Centro de
Estudios Estomatológicos celebrado en Murcia en Junio de 1987.
Inventario del material arqueológico | 65
Debido a la falta de reabsorción radicular de las piezas temporales y a la
presencia de un primer molar permanente con las raíces en proceso de
formación y que por lo tanto no había hecho erupción, podemos inducir
que la edad de los niños está comprendida entre los dos y seis años.
3. Tras la observación de las piezas podemos evidenciar tres tipos de
alteraciones:
a. Las producidas por la acción del calor.
b. Las producidas por la abrasión.
c. Las producidas por patologías previas.
a). Los cambios de color observados en esmalte y dentina y la presencia
de líneas de fractura nos confirman que este grupo de piezas ha estado
sometido a los efectos de una temperatura elevada, que oscilaría entre los
175º C y los 400º C, en base a los datos obtenidos de Figún y Garino (1980)
sobre los efectos de la temperatura sobre el diente:
175°C. Grietas en el esmalte.
400°C. Estalla el caparazón adamantino.
800°C. Se carboniza el esmalte.
1100°C. Se desestructuran los tejidos dentarios.
b). Para determinar el grado de abrasión de las piezas usamos el índice
de Brahant, descrito por Campillo (1983), en el que 0 representa ausencia
de abrasión, + presencia de facetas de desgaste, ++ aparición de zonas de
dentina y +++ exposición de toda la superficie dentinaria.
Agrupados los dientes obtenemos los siguientes índices:
Incisivos
Caninos Premolares
Molares
o + +++++
131 5 1
9300
130 2 2
272 5 0
Dado que el grado de abrasión aumenta con la edad, el hecho de que
encontremos un gran número de piezas sin abrasión sugiere la presencia
de un mayor número de individuos jóvenes, mientras que la existencia de
otras piezas muy abrasionadas indican la presencia de individuos adultos
mayores. Aunque no debemos olvidar que una dieta más o menos abrasiva
condiciona el grado de desgaste de las piezas.
c). La presencia de caries es mínima, existiendo tan solo tres piezas careadas, todas ellas molares. Uno de los molares presenta una caries mínima en
su surco vestibular. Otras dos caries se encuentran en una misma pieza, un
cordal superior izquierdo, en la que encontramos fuerte pérdida de sustancia, tanto de esmalte como de dentina. Una de estas caries se encuentra en
la cara oclusal de la pieza y la otra en el cuello. La tercera pieza con caries
es un primer molar superior derecho y está localizada también en el cuello.
Es de notar que estas dos piezas presentan un grado de abrasión acusado y
similar pudiendo corresponder a un mismo individuo.
66 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Otra alteración observada en una pieza aislada es una hipercementosis
(aumento de la formación de cemento alrededor de la raíz), en un segundo
molar superior derecho. Esta alteración suele producirse en piezas con
una marcada actividad funcional, lo que concuerda con el fuerte grado de
abrasión observado en la misma.
En uno de los fragmentos mandibulares se evidencia una reabsorción de
la tabla ósea alveolar, lo que indica la presencia de enfermedad periodontal.
Esta se traduce en pérdida de soporte, movilidad dentaria e inflamación de
la encía.
Estudio de los materiales
Estudio de los materiales | 69
Industria lítica
Miguel San Nicolás del Toro
El material lítico recuperado de roca metamórfica del sepulcro está integrado por 19 piezas en silex y una azuela pulida también en este tipo de roca.
Esta última presenta señales de uso en el filo, definidas por estrías paralelas
de escaso desarrollo y perpendiculares al filo.
De entre el material tallado hay que destacar un primer conjunto de laminitas fracturadas de secciones triangular, trapezoidal y pentagonal, algunas
de ellas por efecto de la exposición al fuego.
Un segundo conjunto está constituido por ocho geométricos. Un par de
ellos se ha observado al microscopio electrónico de barrido con obtención
de fotograf ías sin preparación previa, a bajo voltaje de aceleración (2 Kv),
que evita la coloración de la pieza mediante baño de oro o carbono (nº 29)12.
La proporción de estos útiles, nos hace pensar que acaso los geométricos
formarán parte de instrumentos compuestos y una vez desaparecidos los
soportes perecederos, quedarían disgregados entre los restos humanos. La
tipología, lejos de ofrecer carácteres que pudieran considerarse como muy
evolucionados, presenta en algunos casos rasgos un tanto arcaicos como el
retoque abrupto y de pequeño tamaño. Son muy distintos de aquéllos que
habitualmente estamos acostumbrados a encontrar en cuevas y poblados
Eneolíticos de la Región, de mayor tamaño y generalmente bastantes más
toscos, que suelen denotar el abandono de la técnica de obtención por
microburil, con formas predominantes de trapecios rectángulos. Por el
contrario, en El Milano los rasgos de una relativa antigüedad unidos a la
proximidad de la vecina Cueva del Búho (con una dilatada evolución de
hábitat hasta el Neolítico que tiene su inicio en fases finales del Paleolítico
superior), nos hacen reflexionar acerca de la posible relación filética entre
ambos yacimientos.
Los elementos que la sugieren son el neto predominio de trapecios en
ambos conjuntos, como parece ocurrir en otros grupos (Juan Cabanilles,
1984: 102); en segundo, el procedimiento de obtención a través de la técnica
del microburil y la preponderancia del retoque abrupto frente al de doble
bisel, que se nos revelan como rasgos relativamente antiguos. Pero, además,
dentro del conjunto de El Milano, existen otras características igualmente
apreciables como son algunas formas indefinidas entre los trapecios con la
base pequeña retocada y los toscos triángulos isósceles, o la presencia de un
segmento y dos medias lunas de factura no muy buena que abogan por un
relativo rejuvenecimiento cronológico. La industria lítica, con las reservas
12 Estudio realizado por Belén Ibáñez en la Universidad de Granada con un modelo B5M 950 un
sport size de 10 mm.
70 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figuras 23 y 24. Detalle del lado mayor del
Trapecio nº 29, en donde se aprecian las huellas
de uso.
propias de esta exigua representación tipológica, se podría situar en una
fase terminal de la evolución geométrica epipaleolítica que ha podido prolongarse hasta el Neolítico.
En cuanto al uso de los microlitos, propuesto su empleo en útiles compuestos y la presencia de lustre de cereal en filos de algunas de las piezas
estudiadas por J. J. Cabanilles para el neolítico valenciano, se podría indicar
su utilización como dientes de hoz (1984: 74) como hemos visto en las
señales de uso de algunos filos de los segmentos observadas al microscopio.
De todas formas, no podemos descartar su inserción como armaduras
en el asta. En este último sentido se ha pronunciado J. Eiroa (1987: 59) con
respecto a los geométricos procedentes del poblado eneolítico de La Salud,
Estudio de los materiales | 71
quien los considera pervivencias de tradiciones tecnológicas muy antiguas,
rasgos del arcaísmo del trabajo del silex.
Al estudiar la industria microlítica de la Cueva de las Palomas de Peña
Rubia (Cehegín) que consiste en dos medias lunas y un trapecio, se podría
considerar, en una primera observación, un material antiguo en los sepulcros del Eneolítico. Ahora bien, su presencia cada vez mayor tanto en los
poblados como en las necrópolis eneolíticas de Murcia, junto a la diferencia de tamaño y retoque respecto a los escasos microlitos neolíticos de la
Región, nos lleva a pensar que son útiles que funcionalmente continuarán en
vigencia durante todo el Eneolítico hasta diluirse dentro de la cultura argárica13. En el resto de Murcia están presentes principalmente en la Comarca
del Noroeste sobre todo en las cuevas de Peña Rubia (Cuevas del Calor,
Amador, Saltador); Sierra de la Puerta de Cehegín (Cueva del Punzón);
Cueva de la Represa y Los Alcores en Caravaca; el covacho de La Nariz,
poblado y megalito nº 1 de Bagil en Moratalla. Asimismo se conocen en el
poblado y megalito del Cabezo del Plomo en Mazarrón y necrópolis de los
Blanquizares de Lébor en Totana (San Nicolás del Toro, 1988: 101), como
en el conjunto megalítico de El Capitán (Lorca).
Los útiles de silueta geométrica procedentes de dólmenes vascos han sido
estudiados por A. Cava, con un porcentaje del 61,84 % para los trapecios,
36,84 % triángulos y el 1,32 % para los segmentos (1984: 99-106). Esta presencia mayoritaria de los trapecios también es señalada por G. Delibes para
el grupo San Martín-Miradero, con el 57 % de trapecios, 28 % de triángulos
y el 15 % de segmentos (1987: 190). En Cataluña, por el contrario, están
prácticamente ausentes en los dólmenes, mientras que si se encuentran en
los sepulcros de fosa (Muñoz Amilibia, 1965: 243, 263-264). En todos los
casos los retoques son mayoritariamente abruptos.
Hay que hacer notar la presencia de láminas con truncaduras oblicuas
abruptas, que presentan una silueta geométrica pero que al faltarles un
lado retocado, no se incluyen en las tipologías de los geométricos, si bien
aparecen junto a los geométricos propiamente dichos con los que parece
compartir la misma funcionalidad. Así también A. Muñoz (1986a: 24), al
tratar del material geométrico de la sepultura del Cabezo del Plomo, hace
notar que se trata más bien de truncaduras que afectan a uno de los filos.
13 Recientemente se ha efectuado una breve excavación de urgencia sobre el poblado de Cabecica del
Trigo (Cehegín) datado en un Argar B, de donde se ha extraído trapecio de base reca de considerable
tamaño con señales de lustre cereal.
72 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Cuentas de collar
Belén Martín Ibáñez
Miguel San Nicolás del Toro
Para abordar el estudio petrológico de las cuentas de collar hemos partido
de un método no destructivo, por ello se han descartado las metodologías
más usuales utilizadas en Geología, como son la difracción de rayos X por
el método de polvo o la observación de una lámina delgada del material en
un microscopio petrográfico de luz transmitida.
Se ha tenido que recurrir a técnicas de identificación mineralógica como
dureza de rayado, observaciones a la lupa de texturas, color, etc. y ataques
con ácido.
El total de piezas, 26 cuentas, se puede dividir en tres grupos bien diferenciados:
El primero y más numeroso, con 21 piezas, se puede subdividir, a su vez, en
dos apartados atendiendo a su coloración: 7 de ellas son de color negro (n°
8, 9, 10, 14, 18, 32 y 42) y las 14 restantes son verdes o pardas (n° 12, 19, 20,
21, 22, 24, 26, 30, 31, 37, 40, 46, 50 y 52). Todas éstas son insolubles en ClH
(ácido clorhídrico) y presentan una dureza muy baja (primer término en la
escala de Mohs), puesto que son susceptibles de ser rayadas con cristales
de yeso (segundo término en la escala de Mohs). Si a estas características
unimos las de color, brillo y tacto jabonoso, se puede deducir que se trata
de esteatita (filosilicato de magnesio), una variedad de talco de grano muy
fino que presenta unas inmejorables condiciones para ser pulimentada y
perforada dada su baja dureza. Conviene señalar, respecto a las cuentas de
tonalidades verdosas, que a la vista de los resultados han de descartarse otros
minerales de colores análogos tales como la calaíta (nombre en desuso que
corresponde a turquesa), variscita, jade, actinolíta, serpentina, etc.
El segundo grupo lo componen 4 piezas de color blanco (n° 16, 35, 38 y
41) que corresponden a una caliza blanca. Atacadas con ácido clorhídrico
efervecen, tal y como lo hace el carbonato cálcico.
La cuenta restante (n° 5), que se puede considerar como grupo independiente, presenta una coloración verde. En una primera observación podría
confundirse con una pieza del grupo primero, pero observada a la lupa se
pueden distinguir granos de minerales de diferente naturaleza; correspondería, pues, a una roca ígnea básica, posiblemente de carácter volcánico (ofita).
En cuanto a las áreas fuente de los materiales utilizados para la elaboración
de las cuentas, la esteatita posiblemente proceda de rocas metamórficas
(exquisitos y mármoles dolomíticos) del complejo Nevado Filábride, siendo
el yacimiento de Somontín (Almería), actualmente en explotación, el más
próximo a la zona.
Estudio de los materiales | 73
En lo que se refiere a las piezas de caliza blanca, basta recordar que el
sepulcro se halla ubicado en un relieve de calizas de este tipo.
Por último, existen numerosos afloramientos de rocas volcánicas, si bien
de reducida extensión, en los alrededores de El Milano, a muy pocos kilómetros de distancia. Esta proximidad de las áreas fuentes también la señala
G. Delibes para la zona del Duero: rocas como la variscita y los cuarzos son
propias de los suelos de penillanura (Delibes et. al., 1987: 192).
En cuanto a su valoración cultural, recientemente, Muñoz Amilibia (1986a:
24-28) ha señalado la presencia de 15 cuentas de calaíta procedentes del tholos del Cabezo del Plomo (Mazarrón), con perforación cilíndrica bastante
regular que difieren de las típicas del Neolítico final, concretamente de los
sepulcros de fosa. La perforación cilíndrica sería el resultado de trabajar
materiales de menor dureza y una técnica más perfeccionada. Los tamaños oscilan entre los 8-17 mm. de longitud y 6-11 mm. de diámetro. Para
la autora, las cuentas pétreas no debieron tener una gran comercialización,
serían más bien una consecuencia del fruto del contacto con el medio f ísico
local.
De la cueva sepulcral de La Represa (Caravaca) recogemos 15 cuentas de
collar de forma olivácea, localizadas en su mayoría en la zona más externa
de la cueva y las enmarcamos cronológicamente en un momento próximo
al campaniforme (San Nicolás, 1981).
Muñoz Amilibia (1986a: 28) establece una interesante relación entre las
rocas para obtener cuentas de collar y la prospección de minerales metálicos,
que se traduce en un mejor conocimiento del mundo f ísico mineralógico del
hombre prehistórico. Así, el conocimiento de los minerales metálicos sería
consecuencia de la búsqueda de minerales para elaborar objetos de adorno,
ya que los objetos de cobre escasean en los ajuares eneolíticos antiguos y las
cuentas de piedra se usan abundantemente desde el Neolítico final, mientras
que escasean en época campaniforme, cuando el metal empieza a tener más
significación. De esta forma, las cuentas reflejarían algo más que aspectos
de prestigio o moda en el adorno.
Las cuentas de collar de perforación bicónica y silueta olivácea están presentes desde el Neolítico final a la Edad del Bronce en el País Valenciano
(Bernabéu, 1979: 114).
Ecología en la zona de Mula
Ecología en la zona de Mula | 77
Ecología en la zona de Mula durante
el siglo XVI
Juan González Castaño
Tras la caída de Granada y la desaparición del peligro musulmán, en un
importante sector fronterizo con aquel Reino, la zona de Mula y la comarca
del Noroeste van a comenzar un fuerte crecimiento económico-demográfico basado en las roturaciones de las mejores tierras y en la deforestación de
las dehesas cercanas a núcleos habitados, en un proceso no repetido, aunque
de modo menor, desde época romana, lo que permite que ciudades como
Caravaca o Mula aumenten prodigiosamente su vecindario. En el caso de la
segunda, casi triplica su población en menos de cuarenta años, pasa de 357
vecinos en 1495 a 830, solo pecheros, en 1533 (González Castaño, 1980: 27).
Esa demanda creciente de tierra hace que la pérdida de superficie arbolada
comience a ser grave a mediados de la centuria del quinientos. En el primer
libro de acuerdos concejiles (1523-1528), mientras abundan las ordenanzas
relativas al agua o a la huerta, no hay ni una sola que regule el aprovechamiento de los montes. Por el contrario, son numerosísimas las licencias para
desforestar, quemando pinos y zonas de espeso bosque.
Y decimos quemando pinos porque estos árboles eran los que formaban
la vegetación de los montes muleños mayoritariamente, lo que parece mostrarse de acuerdo con los resultados del análisis de polen, efectuado por Pilar
López García en este mismo trabajo.
Sólo parece haber encinas y robles en abundancia en un lugar de los términos concejiles: la dehesa del río Mula, precisamente donde se hallan las
pinturas rupestres de El Milano son continuos los pregones en los que se
ordena que ningún ganado paste sus bellotas ni persona alguna las coja,
bajo fuertes multas, pues su venta contaba en el presupuesto municipal14.
Pero a partir de la mitad del siglo XVI, los estragos en la masa forestal son
tremendos. Los regidores son conscientes de que la madera va escaseando
y es cada vez más dif ícil conseguirla. El precio de la carga de leña se dispara
en apenas siete años. De 17 maravedís en 1568 pasa a costar 85 en 1575, un
500% más15. Qué lejos quedan los comentarios realizados por el rey Alfonso
XI en su Libro de la Montería, cuando dice que tanto la Sierra Espuña como
la de Pedro Ponce “es buen monte de oso et puerco en invierno16. ¿Dónde
14 Como ejemplo valga el Acta capitular de 23-VII-1569, Archivo Municipal de Mula (desde ahora
A. M. Mula). La pena era de 600 maravedís.
15 “Libro de cuentas que se toman a los mayordomos del concejo desta villa enpeçado en nueve dias
del mes de julio de quinientos e çincuenta y seis años”. Cuenta de 1567-1568 y act. cap. de 26 IX-1575.A.
M. Mula.
16 Discurso y notas de José Gutiérrez de la Vega, págs. 359-360. Imp. de M. Tello. Madrid 1877.
78 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
estarán esos osos si Prado Mayor, en la zona más alta de Espuña, ha sido
roturado a pricipios del siglo XVI…?
Los pinos de Herrero (al Norte de Mula), en los que se refugió parte de
la población durante la peste de 1489, son sólo un recuerdo y está a punto
de ocurrir otro tanto con los de la dehesa de Manzanete17. Un acuerdo de
marzo de 1601 prohíbe hacer cargas de monte en los caminos que llevan a
ese lugar18. Lo que no es ninguna novedad, ya que años antes se había vedado
coger leña en la misma dehesa, bajo multa de 600 maravedís19.
La del río Mula también está amenazada. En 1600 se dice: “…que porque
esta villa tiene dos dehesas de mucho aprovechamiento para este ayuntamiento y sus veçinos que son la una la dehesa que diçen del rio Mula en la cual
ay robles y pinos y otros montes questos fortaleçen y reparan la açequia mayor,
do se trae el agua para el servicio desta villa y sus veçinos (agua que brotaba en
un manantial en las cercanías de Bullas) porque por estar como estan este año
los quixeros de la dicha açequia son para la dha fuerça y reparo de la dicha
açequia de mucha consideraçion, raçon de que con las llubias pasadas se a
ronpido y llebado la presa del açud questa en el dicho rio (desde donde partía
la acequia mayor) muchas veçes y cada una dellas para la bolber a reparar se
an gastado muchos pinos para estacas y otra madera y desta causa estan los
montes de la dha dehesa y río maltratados y muy esquilmados...”20 Prohíbe el
concejo la tala de árboles, bajo pena de 1.000 maravedís. Precisamente esta
zona es la que describe Fernando Colón en su viaje de Mula a Cehegín, a
principios del s. XVI, cuando dice: “Party de Mula para Cehegin que ay seis
leguas, las dos primeras (las de la zona Milano-Bullas) de un valle e arroyo
arriba muy hondo e de montes e pinares e enzinares e atochares…”21.
Las sucesivas corporaciones deben atender al cuidado de la vegetación,
aunque concediendo licencias para talar pinos y hacer carbón. Algo dif ícil
de conjugar.
Entre agosto y octubre de 1560 se da permiso a dos vecinos para cortar 230
pinos. Con la salvedad de que a Pedro de Gea, uno de ellos, se le concede
quemar bosque para sacar tierra22.
En 1576, se permite a las personas que tengan terrenos panificables talar
los árboles de alrededor sin pena alguna23.
Sin embargo, en 1567 se había prohibido hacer carbón para los pueblos
comarcanos, amenazando con multas de diez ducados al que lo sacase de
Mula24.
17 “Informaçion que hiçieron los veçinos de la billa de Mula contra el Marques de los Velez sobre la
heleçion de los ofiçios de conçejo” s/f. Documento de 28-III-1525. A. M. Mula.
18 Act. cap. de 28-III-1601 A. M. Mula.
19 Act. cap. de 15-I-1564. A. M. Mula.
20 Act. cap. de 23-lV-1600. A. M. Mula.
21 Descripción y cosmograf ía de España, pág. 326 del tomo II. Imp. del Patronato de Huérfanos
del Ejército. Madrid, 1910.
22 Acts. caps. de 28-VIII y de 4-X de 1560. A.M. Mula.
23 Act. cap. de 4-XI-1567. A. M. Mula.
24 Act. cap. de 11-I-1567. A. M. Mula.
Ecología en la zona de Mula | 79
Figura 26.
Dos años más tarde se pregona lo siguiente: “…que por quanto el desorden
de cortar pinos donçeles en los terminos desta villa a sido mucho y a causado
una gran disminuçion dellos, que nadie los corte ni descorteçe so pena de 600
maravedis por cada pino cortado…”25. Es que la misma estructura de los pinos
piñoneros: tronco recto y una longitud de unos cuatro o cinco metros, la
hacía ideal para fabricar vigas y colañas.
Y en 1573 solicita Mula que se aplique la carta acordada, dada por Juana
la Loca en Zaragoza, el 21 de mayo de 1528, en la que se contemplaban
fuertes castigos para los destructores de los montes26. Veinte años después
es condenado Alonso Fernández Melgarejo Flores a 1.500 maravedís de
multa y a las costas del pleito por haber quemado, ayudado por su yerno,
siete u ocho pinos carrascos cerca de sus bancales27.
Los ejemplos se podrían multiplicar y la ineficacia de la normativa municipal también. En el resto de la Edad Moderna se van a repetir las mismas
ordenanzas, pero sin mucho éxito. Mula no es la única que necesitaba carbón y leña, sino también los pueblos vecinos y la capital, que había devorado
sus reservas de Fortuna y La Garapacha, amenazando con hacer lo mismo
con las de las serranías muleñas.
El resultado de tanta imprevisión es bien conocido, la desforestación tremenda que soporta aún la Región y que se intentó paliar a fines del siglo XIX
y los primeros años del XX dotando de arbolado, sobre todo resinosas, las
vertientes de Espuña y las inmediaciones de la Cuenca del Guadalentín; y
el posible cambio del microclima en comarcas enteras.
Además, debe tenerse en cuenta que en montes bien dotados de cobertura
vegetal abunda la caza. Pero no únicamente la menor, sino la de ciervos y
cabras.
25 Act. cap. de 23-VIII-1569. A. M. Mula.
26 Libro 5 de Provisiones Reales. A. M. Mula. Provisión dada en Madrid el 4-III-1573, fol. 113.
27 A. M. Mula. Documentos del Marqués de los Vélez. Denuncia contra Alfonso Fernández
Melgarejo Flores y su yerno, de 21-XI-1593.
80 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Esto es lo que ocurre en Mula durante el primer tercio del siglo XVI,
cuando el arbolado es todavía espeso. En 1523, se manda que, de todo
venado que se venda en la carnicería, se dé al alcaide de la fortaleza un
arrelde (algo más de 1.800 gramos)28. Al año siguiente se regula el arrelde
de la misma carne, se venderá a 28 maravedís29.
En 1526 se pone nuevamente precio a la carne de los grandes herbívoros:
el arrelde de cabra montés costará 13 maravedís, el de venado 12 y el de
tasajos (cecina)30.
Pero el nivel de la caza sigue paralelo a la degeneración del monte. A partir
de 1560 no habrá ni una sola mención a grandes animales. Han desaparecido de las proximidades de Mula, refugiándose en las abruptas sierras del
Noroeste. Únicamente se regulará la caza menor: conejos, liebres y perdices,
que constituirá la posibilidad de comer carne de una parte importante de
la población, demasiado pobre para alimentarse de la que se sacrificaba en
el matadero. También se permitirá y premiará, en todo tiempo, la de lobos
y zorras, abundantísimos en el término municipal y tachados de animales
nocivos.
28 Act. cap. de 26-VII-1523. A. M. Mula.
29 Act. cap. de 28-VIII-1524. A. M. Mula.
30 Act. cap. de 5-V-1526. A. M. Mula.
Paleoetnobotánica
Paleoetnobotánica | 83
Paleoetnobotánica
Diego Rivera Núñez
Concepción Obón de Castro
La vegetación actual del yacimiento y su entorno
El yacimiento se halla enclavado al pie de una pared caliza vertical en la
que crecen algunos ejemplares de Teucrium thymifolium y Dianthus broteri, otras especies presentes son: Juniperus phoenicea, Juniperus oxycedrus,
Rhamnus Iycioides y Carex halleriana. No lejos de la excavación se encuentra
una higuera (Ficus carica var. caprificus), enraizada en la roca.
Los estratos del yacimiento se han visto afectados por las raíces de pinos
(Pinus halepensis) y olivos (Olea europaea var. sylvestris?). La raíz de estos
árboles se ha introducido entre los estratos, e incluso ha llegado a levantar
las losas que constituyen las cubiertas y el suelo del enterramiento.
En el interior del Abrigo I aparecen restos de Adiantum capillus veneris y
Mentha suaveolens, estas plantas son características de lugares con aguas
rezumantes y, aunque en el momento en que se estudió el abrigo aparecían
muy depauperadas, indican que ha existido agua relativamente abundante
en algunos periodos del año hasta hace muy poco. Esto puede explicar la
existencia de algunas algas cianof íceas en la superficie de la roca. En el
mismo sentido, aunque no tan estrictamente hidrófilo, se ha de interpretar
la presencia de Carex halleriana, que también aparece entre el matorrral
más xérico.
En las rocas y paredes próximas se encuentran ocupando las fisuras Dianthus broteri, Sedum album, y posiblemente Rhamnus saxatilis.
El matorral corresponde a las fases de degradación de un carrascal termófilo en el límite de su área por la escasez de precipitaciones, y muy agredido
por la acción antrópica. Los pinos carrascos constituyen la única vegetación
arbórea (Pinus halepensis), junto a ellos crecen arbustos de Pistacia lentiscus
y Olea europaea var. sylvestris. El matorral es rico en especies de plantas aromáticas de la familia de las labiadas como el romero (Rosmarinus officinalis)
y el tomillo (Thymus vulgaris). Existen también arbustos espinosos como
Rhamnus Iycioides y los enebros y sabinas antes citados. Entre las matas más
bajas encontramos Fumana ericoides, Paronychia suffruticosa, Phagnalon
rupestre, Sedum nicaense, Sedum album, Sedum dasyphyllum, Argyrolobium
zanoni, Sanguisorba minor, y Ononis minutissima.
Las gramíneas son abundantes y reflejan una vegetación propia de ambientes aridificados por un pastoreo excesivo, entre ellas destaca el esparto (Stipa
tenacissima), algunas otras son Stipa offneri, Oryzopsis paradoxa, Hyparrhenia pubescens, Brachypodium retusum y Dactylis hispanica.
84 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Aceptando como hipótesis de trabajo la inexistencia de cambios climáticos profundos entre la época actual y el período al que pudiera adscribirse
el enterramiento, la vegetación estaría constituida por matorrales, más o
menos densos, de lentisco (Pistacia lentiscus), y cambrón (Rhamnus lycioides). La vegetación forestal podría ser relativamente aclarada y constituida,
en los lugares más favorables, por carrascas (Quercus rotundifolia) y en los
enclaves secos posiblemente por pinares de pino carrasco (Pinus halepensis)
y espartales (Stipa tenacissima) aunque no se encontró ningún resto de esta
última especie.
Estudio de los materiales vegetales arqueológicos
Entre el material vegetal recuperado mediante técnicas de flotación, predominan los fragmentos de raíces de edad relativamente reciente. En un
primer estudio se han encontrado algunos excrementos de micromamiferos
que pudieran confundirse con semillas. Las raíces parecen haber producido
una activa remoción y mezcla de materiales, dado que la mayor parte de las
muestras obtenidas presentan una composición florística similar, existiendo
un gradiente desde los estratos más superficiales ricos en materiales hasta
los profundos en donde estos últimos escasean.
Los excrementos hallados sugieren también la actividad de diversas especies de animales que pudieron introducir accidentalmente algunos restos
y semillas.
No es posible determinar la edad de los restos hallados, aunque no podemos descartar su introducción reciente en pequeñas galerías producidas
por micromamíferos.
No se ha recuperado ningún resto vegetal carbonizado que pudiera sugerir la cremación de plantas en los ritos funerarios. En las condiciones del
yacimiento, los restos carbonizados se hubieran podido conservar perfectamente de haber existido, por lo que su ausencia nos indica la inexistencia
de éstos en el momento del enterramiento, e incluso hace pensar que la
incineración se llevó a cabo fuera del lugar de enterramiento.
Los restos que han sido encontrados están momificados, o simplemente
desecados, por lo que varía su estado de conservación, aunque la identificación resulta generalmente posible.
Relación de muestras recogidas por flotación
Cada muestra corresponde a una bolsa identificada con un código señalado
en negrita, en cursiva se indica el código de laboratorio, con localización
estratigráfica:
7M (16-8-85) [38/86], est. I
7M (21-8-85) [32/86], est. II.
7M [33/86], est. II?
8M (16-8-85) [39/86], est. I.
8M (21-8-85) [24/86], est. II.
8M [31/86], est. II?
6L (-99,75)(8-8-85) [29/86], est. I.
7L (-99,75)(8-8-85) [34/86], est. I.
7L (16-8-85) [26 y 36/86], est. I?
Paleoetnobotánica | 85
7L (21-8-85) [28/86], est. II.
7L [40/86], est. II?
8L (-99,80)(8-8-85) [30/86], est. I.
8L (21-8-85) [27/86], est. II.
8L [35/86], est. II?
9L [25/86], est. I.
Existe una muestra general de superficie con el número de laboratorio
37/86.
Los restos vegetales
Se han encontrado abundantes restos vegetales en las muestras que corresponden a (s) semillas, (h) hojas, (e) espiguillas, (b) bulbos, (c) conos masculinos de coníferas, (r) rizomas, (l) cálices, (a) ramillas de cupresáceas, y (t)
tallos, también se han identificado diversos (f ) fragmentos de los anteriores.
Los materiales vienen indicados en las dos relaciones siguientes, agrupados
en dos niveles, uno que comprende las muestras más superficiales (nivel I) y
otro (nivel II) que incluye exclusivamente las muestras obtenidas del espacio
funerario. (Cuadros I y II).
Estudio tafonómico
La procedencia de los materiales encontrados puede conjeturarse atendiendo a la capacidad natural de dispersión de cada uno de ellos, su situación
en la estratigraf ía y los posibles vectores de transporte. (Como se muestra
en el cuadro).
Una buena parte se ha depositado in situ bajo la simple acción de la gravedad, ya que proceden de plantas que crecen en las paredes por encima
del enterramiento o incluso entre las piedras que lo cubrían. El momento
en que estos materiales se depositaron es dif ícil de fijar aunque el gradiente
que observamos, siendo más abundantes en el Nivel I, hace suponer una
incorporación reciente. Resulta particularmente interesante observar que
estos materiales son significativamente más escasos en las cuadrículas 7M
y 8M que corresponden al interior más cobijado del abrigo. A este grupo
pertenecen: Euphorbia sp., Teucrium thymifolium Schreber, Pinus halepensis Miller, Carex hallenana Asso, Rosmarinus officinalis L., Rhamnus sp.,
Helianthemum sp., Santolilla chamaecyparissus L., Bupleurum fruticescens
L., Thymus vulgaris L., Poa bulbosa L., Quercus rotundifolia Lam., Asphodelus fistulosus L. y Dianthus broteri Boiss et Reut.
86 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Relación de restos vegetales - Nivel I
Especies
Cynodon dactylon
Vitis vinífera
Asphodelus fistulosus
Medicago sp.
Chenopodium sp.
Pistacia lentiscus
Pinus halepensis
Ficus carica
Juniperus oxycedrus
29
1r
2s
1s
1f
1s
1s
7h
5s
2s
7h
34
30
1s
1s
2f
2s
1s
2s
1f
1e
10s
6h
Carex halleriana
20s
2e
9h
5h
1f
56s
6h
31
4e
2s
1f
1f
Paronychia sp.
Filago pyramidata
Rosmarinus officinalis
Bromus cfr secalinus
Rhamnus sp.
Helianthemum sp.
Thymus vulgaris
Trachynia distachya
Sorbus sp.
Calendula arvensis
Hippocrepis sp.
Malus sp.
Lactuca sp.
Vulpia sp.
Brachypodium sp.
Oryzopsis sp.
Euphorbia sp.
Euphorbiaceae
Caryophyllaceae
Rosaceae
Santolina sp.
Bupleurum fruticescens
Phragmites australis
Quercus rotundifolia
Dianthus broteri
No identificados
26
36
37
1s
1h
1s
1s
2h
2s
10s
1h
7s
11s
4h
14s
1a
6s
12s
1h
1f
1a
2s
3h
26s
2h
2s
4s
16s
4h
4l
2s
1b
Juniperus phoenicea
Poaceae
Teucrium thymifolium
Muestras
25
38
39
52s
7h
1l
2e
2s
19s
1h
2s
1s
1h
1s
3h
1s
1h
1s
8s
1h
1l
5s
1s
12h
1f
21s
5h
1
1h
1s
1t
2e
1f
1e
3s
1s
1s
19s
6h
7s
7s
2h
ls
ls
1s
1s
1s
1e
3e
18s
31s
4s
3s
2s
4s
5s
8s
1s
14s
2s
1s
2s
1s
2s
5s
1e
4s
7s
4s
3f
1h
1f
1s
1s
Paleoetnobotánica | 87
Relación de restos vegetales - Nivel II
Especies
Cynodon daciylon
Vitis vinífera
Asphodelus fistulosus
Medicago sp.
Chenopodium sp.
Pistacia lentiscus
Pinus halepensis
Ficus carica
Juniperus oxycedrus
32
24
28
1s
Muestras
27
33
31
2s
1s
1s
1s
Juniperus phoenicea
Poaceae
Teucrium Thymifolium
35
3s
1s
1s
2s
1s
3s
6s
1s
1s
js
2s
1h
1s
4s
6s
2h
1c
1s
1s
11s
2s
8s
1l
1s
1f
9s
44s
7h
7s
1h
1l
2s
1s
Carex halleriana
Paronychia sp.
Filago pyramidata
Rosmarinus officinalis
Bromus cfr. secalinus
Rhamnus sp.
Helianthemum sp.
Thymus vulgaris
Trachynia distachya
Sorbus sp.
Calendula arvensis
Hippocrepis sp.
Malus sp.
Lacuca sp.
Vulpia sp.
Brachypodium sp.
Oryzopsis sp.
Euphorbia sp.
Euphorbiaceae
Caryophyllaceae
Rosaceae
Santolina sp.
Bupleurum fruticescens
Phragmites australis
Quercus rotundifolia
Dianthus broteri
No idenificados
40
9s
8h
4s
2s
1s
1s
1s
1s
1s
1s
1e
3s
8s
4s
1s
3s
1s
6s
13s
1s
4s
10s
1f
1f
1s
1e
1h
88 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Distribución relatlva de restos vegetales
Especies
Cynodon dactylon
Vitis vinifera
Asphodelus fistulosus
Medicago sp.
Chenopodium sp.
Pistacia lentiscus
Pinus halepensis
Ficus carica
Juniperus oxycedrus
Juniperus phoenicea
Poaceae
Teucrium thymifolium
Carex halleriana
Paronychia sp.
Filago pyramidata
Rosmarinus officinalis
Bromus cfr. secalinus
Rhamnus sp.
Helianthemum sp.
Thymus vulgaris
Trachynia distachya
Sorbus sp.
Calendula arvensis
Hippocrepis sp.
Malus sp.
Lactuca sp.
Vulpia sp.
Brachypodium sp.
Oryzopsis sp.
Euphorbia sp.
Euphorbiaceae
Caryophyllaceae
Rosaceae
Santolina sp.
Bupleurum fruticescens
Phragmites australis
Quercus rotundifolia
Dianthus broteri
TOTALES
A
1
6
2
4
1
7
10
22
79
25
1
85
46
18
2
183
8
6
1
1
1
4
1
2
1
1
1
4
32
66
16
4
0
0
0
0
4
1
648
B
C
0
6
2
0
0
3
3
12
14
9
0
32
3
0
0
81
0
4
0
0
0
1
0
0
1
0
0
1
5
21
30
0
1
1
1
1
1
0
233
1
12
4
4
1
10
13
34
93
34
1
117
49
18
2
264
8
10
1
1
1
5
1
2
2
1
1
5
37
87
46
4
1
1
1
1
5
1
881
Índices
M
1
14
4
4
1
11
14
38
105
38
1
132
55
20
2
299
9
11
1
1
1
5
1
2
2
1
1
5
41
98
52
4
1
1
1
1
5
1
–
A = número de restos de la especie en el nivel I
B = número de restos de la especie en el nivel II
C = total de restos de la especie en los dos niveles
ΣCi = total de restos de todas las especies
M = C/ΣCi
P = A/C
R = B/C
S = depositado primariamente in situ, s = de forma secundaria
V = transportado por el viento, v = de forma secundaria
Z = depositado por animales o el hombre, z = de forma secundaria
P
100
50
50
100
100
70
77
64
85
73
100
72
93
100
100
69
100
60
100
100
100
80
100
100
50
100
100
80
86
76
34
100
0
0
0
0
80
100
–
R
0
50
50
0
0
30
23
36
15
27
0
28
7
0
0
31
0
40
0
0
0
20
0
0
50
0
0
20
14
24
66
0
100
100
100
100
20
0
–
D
S
Z
S
Z
Sv
S
Sv
Sz
Sz
Sz
V
S
S
S
V
S
V
S
S
S
V
Z
Z
Zs
Z
V
V
Sv
Sv
S
Sz
Zs
Z
Sz
Sv
V
Sv
Sv
–
Paleoetnobotánica | 89
Otros materiales han podido ser transportados por el viento desde zonas
próximas en un radio no superior al centenar de metros. Son generalmente
fragmentos de gramíneas muy ligeros o restos de distintos tipos de hojas.
En su totalidad corresponden a plantas actualmente existentes en la zona.
Su estado de conservación es muy bueno y su localización en estratigraf ía
sugiere una incorporación relativamente reciente.A este grupo pertenecen:
Oryzopsis paradoxa (L.) Nutt., Chenopodium sp., Paronychia suffruticosa
(L.) Lam., Filago sp., Bromus cfr. secalinus L. Trachynia distachya (L.) Link,
Lactuca sp., Vulpia sp., Brachypodium sp. y Phragmites australis (Cav.) Trin.
Los restos de frutos de higuera (Ficus carica L.), pueden tener dos procedencias diferentes. O bien se trata de flutos comestibles (var. carica)
transportados intencionalmente al abrigo o depositados en heces o restos
que proceden de aparatos digestivos. Una segunda explicación los atribuiría
a las higueras silvestres (var. caprificus) que todavía crecen en las paredes
rocosas que existen por encima del abrigo.
Las semillas de uva (Vitis vinífera L.) presentan una morfología intermedia
entre las silvestres y las cultivadas. No existen trazas de vid silvestre en la
zona estudiada por lo que su presencia cabría interpretarse en función de
un transporte realizado por animales u hombres que las consumieran.
Pese a que los olivos (Olea europaea L.) han alterado profundamente el
depósito con sus raíces, no se han encontrado restos de ellos.
Las manzanas (Malus sp.) aparecen representadas por algunas semillas.
Su presencia se debe al transporte por los animales o las personas ya que es
improbable el depósito in situ a partir de manzanos silvestres. Otro tanto
puede decirse de las semillas de serbal (Sorbus sp.).
Los lentiscos (Pistacia lentiscus L.) son posiblemente el depósito más conflictivo, ya que sus semillas pueden ser confundidas con las de alguna especie
de leguminosa, de todos modos su presencia puede ser explicada por simple
depósito in situ.
Los enebros (Juniperus oxycedrus L.) y sabinas (Juniperus phoenicea L.) han
podido depositarse in situ pero también pueden haber sido transportados
por los animales o el hombre. Existe una semilla de sabina asociada a restos
fecales.
Algunas pequeñas semillas y frutos pueden haber sido transportadas por
los animales, éste es el caso de: Medicago sp., Calendula arvensis L., Hippocrepis sp. y Caryophyllaceae.
Morfología de los restos
Cada uno de los tipos de restos aparecen ilustrados en las cinco láminas
adjuntas. Sin embargo a continuación (Cuadro IV) se indican las dimensiones usualmente utilizadas en la bibliograf ía para las especies más interesantes.
90 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Dimensiones de las semillas (mm)
Especies
Vitis vinífera
Asphodelus fistulosus
Pistacia lentiscus
Ficus carica
Juniperus oxycedrus
Juniperus phoenicea
Teucrium thyrnifolium
Carex halleriana
Rosmarinus afficinalis
Rhamnus sp.
Sorbus sp.
Malus sp.
Lactuca sp.
Oyzopsis sp.
Euphorbia sp.
Euphorbiaceae
Bupleurum fruticescens
N
12
4
9
34
67
31
94
36
220
10
5
3
1
37
86
46
1
n
11
4
9
13
17
11
17
10
27
8
5
3
1
11
15
13
1
Índices
long.
x
σ
5,2 0,8
3,3 0,0
4,1 0,8
1,5 0,1
5,0 0,7
4,9 0,8
2,2 0,1
3,2 0,4
2,2 0,2
4,2 0,6
3,7 0,6
6,0 0,3
1,5
3,9 0,2
3,7 0,3
1,7 0,2
2,3
-
anch.
x
σ
3,4 0,5
1,8 0,5
2,1 0,4
0,9 0,2
3,5 0,6
2,9 0,5
1,2 0,1
1,7 0,1
1,3 0,1
1,9 0,5
2,1 0,2
3,6 0,1
1,1
1,3 0,1
1,5 0,1
1,2 0,1
1,1
-
espe.
x
2,6
1,3
3,6
1,2
2,6
2,4
1,2
1,5
1,0
2,0
2,0
1,3
1,0
1,1
1,1
0,6
σ
0,3
0,2
0,8
0,2
0,5
0,6
0,1
0,2
0,1
0,4
0,4
0,1
0,1
0,1
-
N = total de semillas recuperadas de cada especie
n = semillas medidas de cada especie
x = media de la muestra
σ = desviación típica de la muestra
Discusión de los resultados
La interpretación de los materiales vegetales arqueológicos exige tener
en cuenta las condiciones de depósito y conservación de los mismos (Hastorf, 1985). La calcinación es un proceso generalizado en estos contextos
(Marinval, 1987).
La ausencia en este yacimiento de restos vegetales calcinados resulta muy
perturbadora, teniendo en cuenta que existen huellas de calcinación en los
materiales óseos recuperados. Si unimos a lo anterior la riqueza en material
vegetal (más de ochocientos restos pertenecientes a unos cuarenta tipos
diferentes), se incrementan las dudas respecto a la antigüedad de los restos
vegetales recuperados.
Es una práctica generalizada entre los arqueobotánicos el descartar como
modernos todos los restos no carbonizados (Marinval, 1987; Minnis, 1981),
dado que se supone una descomposición relativamente rápida de las semillas y otros restos vegetales en el contexto arqueológico. Sólo en raras ocasiones se han dado las condiciones adecuadas para la conservación de
materiales no carbonizados en medios no sumergidos, como puede ser la
mineralización parcial de las semillas de vid (Rivera y Waler e.p.)
La presencia de materiales recientes en las muestras puede deberse (Keepax, 1977) a cuatro factores: una flotación descuidada, contaminación cruzada entre diferentes muestras en el aparato de flotación, contaminación
aérea de las muestras mientras se encuentran expuestas y presencia en el
Paleoetnobotánica | 91
Figura 27.
a-Cynodon dactylon (29), rizoma.
b-Teucrium thymifolium (29), semilla.
c- Ídem, hoja.
d-Pinus halepensis (29), cono masculino
e-Ídem, hojas.
f- Bromus cfr. secalinus (29), espiguilla.
g-Rosmarinus officinalis (29), semilla.
h-Ídem, hoja.
i- Euphorbia sp (29), semilla
suelo de semillas recientes antes de iniciarse la excavación. Los tres primeros
factores determinan la contaminación en sentido estricto, el último es el
ruido (Minnis, 1981; Rivera y Obon, e.p.)
La contaminación se ha evitado en este caso mediante una cuidadosa
recogida y tratamiento de muestras, que ha sido llevada a cabo por el equipo
de arqueólogos, pero el ruido puede haber sido importante Keepax (1977)
considera que la introducción de semillas recientes anterior a la excavación
92 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
es el más serio problema para la interpretación de los restos vegetales. Del
mismo autor establece la siguiente lista de agentes de dispersión vertical de
las semillas:
- La remoción por el arado (no es éste el caso).
- Las cavidades producidas por las raíces.
- Las grietas producidas por la desecación.
- El lavado por agua de lluvia.
- Las lombrices de tierra y otros animales zapadores
En el medio relativamente seco cabe añadir la acción de las hormigas y
pequeños roedores comedores de semillas (Minnis, 1981). La remoción de
tierras producida por los excavadores clandestinos incrementó la mezcla
de niveles.
La profundidad a la que se encuentran las semillas puede utilizarse para
distinguir las modernas de las prehistóricas. Existe una tendencia a disminuir la densidad de senillas recientes con la profundidad, aunque no de
forma lineal, algunos puntos significativos se sitúan a los 25, 50 y 100 cm de
profundidad (Minnis, 1981). En los veinticinco centímetros superiores las
semillas actuales son muy abundantes, en medios al aire libre, mientras que
resulta muy raro encontrar semillas arqueológicas.
En el Abrigo del Milano, el nivel I tiene una profundidad media de 10 cm
y el nivel II de 25 cm, por lo que ambos se encuentran en la región de alto
riesgo de incorporación de semillas recientes. La variación de la densidad
de semillas en función de la profundidad muestra una significativa disminución; lo cual no sucedería de haberse producido el depósito de forma
contemporánea o anterior al momento del último enterramiento, y sin
embargo puede ser explicada fácilmente por un transporte vertical de restos
vegetales recientes. La abundancia de restos frágiles como hojas y cálices y
su buen en estado apunta en la misma dirección.
Nivel I
Nivel II
Vol. sedimento Núm. restos
333 l
648
265 l
233
Restos/l
1,94
0,89
Teniendo en cuenta lo anterior, tenemos que concluir que la mayor parte
de la muestra está formada por materiales recientes, aunque es posible que
algunos de ellos, dotados con cubiertas muy resistentes (Vitis Juniperus),
sean antiguos e incluso contemporáneos de los enterramientos.
Paleoetnobotánica | 93
Figura 28.
a-Ficus carica (29), semillas.
b-Pistacia lentiscus (29), semillas.
c-Oryzopsis sp. (29), semilla.
d-Helianthemum sp. (29), cáliz y calículo.
e-Thymus vulgaris (29), cáliz inmaduro.
f- Carex halleriana (29), espiga masculina.
g-Ídem., ovario.
h-Ídem., fruto.
i- Chenopodium sp. (29), semilla.
j- Desconocida (29), cotiledón sin cubierta
k-Euphorbiaceae? (29), semilla.
l- Asphodelus fistulosus (29), semilla.
94 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 29.
a-Pistacia lentiscus (30), semillas.
b-Poaceae (29), espiguilla.
c- Medicago sp. (29), fruto.
d-Calendula arvensis (30), cipsela (fruto).
e-Sorbus sp. (30), semilla
f- Juniperus oxycedrus (30), hoja.
g-Ídem., semilla.
h-Juniperus phoenicea (30), semilla.
i- Ídem, tallo con hojas.
Paleoetnobotánica | 95
Figura 30.
a-Caryophyllaceae (30), semilla.
b-Vitis vinifera (30) semillas.
c- Paronychia sp. (25), hoja.
d-Medicago sp. (25), hoja.
e-Malus sp. (25), semilla.
f- Teucrium thymifolium (25), cáliz.
g-Rosmarinus officinalis (25), fragmento de cáliz.
h-Hippocrepis sp. (25), fragmento de fruto.
i- Trachynia distachya (30), espiguilla.
96 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 31.
a-Desconocido (25), semilla.
b-Vulpia sp. (39), espiga.
c- Lactuca sp. (33), semilla.
d-Carex cfr. halleriana (25), base de tallo con
inserción de hojas.
e-Bupleurum fruticescens (31), semilla.
f- Brachypodium sp. (26), espiguilla.
g-Santolina sp. (31), capítulo.
h-Dianthus cfr. broteri (37), fragmento apical de
cápsula.
i- Desconocido (40), pedúnculo de fruto.
j-Phragmites australis (40), espiguilla y
fragmento de raquis.
k- Quercus rotundifolia (36), hoja.
I- Ídem., (35), hoja.
Palinología
Palinología | 99
Palinología
Pilar López García
La muestra está recogida en el interior de de la zona más antigua del sepulcro en contacto con los enterramientos.
El tratamiento químico no ha sufrido ninguna variación respecto al realizado habitualmente: ClH en frío, FH al 45% durante 48 horas en caliente
y posterior concentración en licor de Thoulet (Yoduro de Cadmio y de
Potasio) a fin de dejar en suspensión los palinomorfos. La muestra no presentaba significativas cantidades de carbón por lo que se ha podido efectuar
la lectura sin tener que realizar ningún otro tratamiento adicional. Tenemos
que señalar que la obtención del número final de pólenes: 764 se ha obtenido
con la lectura de 4 láminas completas. Señalamos a continuación la lista de
género encontrados:
Pinus t. halepensis
Fraxinus
Quercus t. ilex
Cichoriaceae
Dipsacaceae
Fabaceae (Medicago)
Poaceae
¿Cerealoide?
Ranunculaceae
Alismataceae
Cyperaceae
Juncaceae
Luzula campestris
Lycopodium
Equisetum
Polypodium
Monoletes
Scheuchezeria palustris
Hystrichospheros concentricistes
19,60 %
0,65 %
1,96 %
19,60 %
0,65 %
0,65 %
1,96 %
0,65 %
1,30 %
0,65 %
2,61 %
43,79 %
0,65 %
17,64 %
2,61 %
0,65 %
4,57 %
1,96 %
2,61 %
Entre el polen arbóreo domina el pino carrasco (Pinus halepensis), habiendo
escasos ejemplares de fresnos (Fraxinus) encinas (Quercus t. ilex). Entre las
herbáceas destacan las plantas que crecen próximas a los cursos de agua,
como es el caso de las Alismatáceas, Juncáceas, o los distintos tipos de
esporas que se han localizado. La presencia de Histrichospheros concentricistes vienen a confirmar este hecho. Los datos referentes al medio vegetal,
100 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
muestran que en el momento en que se produjo el enterramiento, éste se
encontraba bastante desforestado ya que, extrapolando los datos ofrecidos
por los porcentajes de pinos, la vegetación arbórea es totalmente escasa. La
no existencia de pólenes de cereales ni de plantas ruderales parece indicar
que en un radio próximo al abrigo no se localizaban campos de cultivo.
El porcentaje de plantas propias de medios húmedos puede interpretarse
como consecuencia de la proximidad al río o por el hecho de que el sedimento que estaba entre los restos óseos sea de carácter antrópico pueda
llevar implícito el que se produjeran diferentes aportes vegetales. Se sabe que
el porcentaje de helechos aumenta después de una fase de desforestación
(Girad, 1967: 267-275). Afirmar esto, para el caso que nos ocupa parece un
poco aventurado dado que se trata de una sola muestra y sus características
no son las más idóneas para hablar de deposición polínica natural.
Anteriormente hemos indicado que no podemos hablar de cultivos, ya que
entre el escaso número de gramíneas hay algún polen que podría corresponder a un tipo de cereal, pero sus medidas, muy ajustadas a los límites
establecidos para separar las plantas silvestres de las cultivadas, nos impiden
hacer más precisiones.
Arte rupestre
Arte rupestre | 103
Arte rupestre
Anna Alonso Tejada
La aparición de pinturas rupestres en el Abrigo 1 del Milano, supone un
significativo descubrimiento por cuanto representa los primeros hallazgos
de manifestaciones pictóricas en ese municipio. Se une así a los 19 conjuntos pictóricos, hasta ahora descubiertos, repartidos en nueve municipios
de Murcia (Alonso y López, 1985). En el momento de revisar estas líneas
hay que señalar que este número de estaciones con arte rupestre se ha visto
incrementado en la zona de Moratalla (Alonso y Grimal, e.p.) e incluso en
el mismo término de Mula con los covachos del Cejo Cortado (Montes
Bernárdez y Sánchez Pravia, 1988), lo que viene a constatar, una vez más, el
importante lugar que ocupa nuestra Comunidad en lo que respecta a estos
Bienes de Interés Cultural.
Los trabajos en la cavidad con pinturas del El Milano se iniciaron con la
observación sistemática de toda la superficie, lo que permitió descubrir
varias figuras y restos que no habían sido advertidos en los momentos de
su descubrimiento; omisión que estaba justificada por la alteración grave
que esta cavidad presenta en varios de sus tramos y que hacía muy dif ícil la
apreciación de algunos motivos a simple vista. En esa primera operación a
que nos referimos, se pudo constatar que las pictograf ías se extendían prácticamente por toda la superficie del abrigo y que, presumiblemente, albergó
muchos más elementos de los que hoy, lamentablemente, nos ha llegado.
Las características del soporte permitieron el calco directo de todos los
motivos y posteriormente se procedió a las tomas fotográficas con distintos
tipos de película para la elaboración final de los calcos. De igual manera se
procedió a tomar, por observación dlirecta y utilizando una tabla de colores,
los datos referentes al cromatismo de las figuras y otros de distinta índole
que complementaron el estudio final.
Las pinturas que integran el conjunto del Milano, representan dos formas pictóricas bien diferenciadas: la naturalista levantina y la esquemática.
Aunque encontramos, como veremos posteriormente, ambos tipos compartiendo el mismo espacio rocoso, hay una concentración notoria de las
primeras en una pequeña concavidad localizada en el extremo izquierdo
del abrigo que presenta una configuración muy particular y cuya elección
no creemos que haya sido aleatoria. En la superficie restante se pintó algún
elemento naturalista y los motivos esquemáticos que se han conservado
preferentemente la mitad derecha de la cavidad.
104 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figuras naturalistas
Figuras esquemáticas
Figura 32. Plano de planta del abrigo con
indicación de la ubicación de motivos pictóricos
(según M. San Nicolás).
Descripción de las figuras
1. Arquero. Es la representación situada en el extremo izquierdo de la
cavidad y la primera de un grupo que se ubica en una pequeña hornacina.
Se dirige hacia el centro de la misma en actitud de marcha, tal como lo
demuestra la postura de uno de los pies conservados. Su estilo, aunque
naturalista, está dotado de una cierta estilización, especialmente en lo que
concierne al tórax, que triangular en su parte alta se estrecha a medida
que se acerca a la cintura. En este punto, al igual que el correspondiente
a las caderas, está lamentablemente oculto por una colada estalagmítica,
producida por el agua que se vierte desde la parte alta de esta concavidad.
La cabeza presenta una estructura triangular con los vértices inferiores
redondeados y notablemente abultados.
El brazo más adelantado se dispone extendido y está relacionado con unos
trazos que contactan con otra figura y que, por su morfología, corresponderían a fragmentos del arco. El otro brazo se dobla hacia el cuerpo a la altura
media del tórax. En ambos se dibujaron cuidadosamente las manos y tres
de sus dedos.
Las piernas parecen de tamaño reducido en comparación con el cuerpo
y se conservan en un estado muy desigual. La más adelantada se recompone mediante pequeñas partes de pigmento que van configurando una
Arte rupestre | 105
Levantino
Esquemático
Figura 33.
1. Cantos de la Visera y Abrigo del Mediodía (Yecla).
2. Cueva del Peliciego (Jumilla).
3. Abrigos del Buen Aire (Jumilla).
4. Abrigo de La Calesica (Jumilla).
5. Abrigos I y II del Barranco de los Grajos (Cieza).
6. Cueva-sima La Serreta (Cieza).
7. Abrigo de las Enredaderas (Cieza).
8. Cueva de Los Pucheros (Cieza).
9. Abrigos del Pozo (Calasparra).
10. Cañaíca del Calar (Moratalla).
11. Fuente del Sabuco (Moratalla).
12. Abrigos de la Risca (Moratalla).
13. Barranco de Andragulla (Moratalla).
14. Abrigos de Benizar (Moratalla).
15. El Sabinar (Moratalla).
16. Abrigo de la Fuente (Moratalla).
17. Abrigo del Serrano (Moratalla).
18.Cuevas de las Conchas, Palomas y Humo de Peña
Rubia (Cehegín).
19. Abrigo del Milano (Mula).
20. Cejo Cortado (Mula).
21. Cueva de la Plata (Totana).
22. Abrigo del Mojao (Lorca).
23. Abrigo de los Gavilanes (Lorca).
24. Cueva de los Paradores (Lorca).
25. Cueva de la Higuera (Cartagena).
Distribución del arte rupestre en Murcia (según M. San Nicolás).
106 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
extremidad realista en la que parece verse con claridad el pie en el que se
insinúan los dedos.
Color: rojo castaño oscuro (Pantone 201U).
2. Figura humana. Colindante al arquero anterior con la que contacta en
un punto, se localiza una problemática figura que a primera vista parece
corresponder a una representación humana, aunque de cuerpo incompleto.
La cabeza es ovalada con dos pequeñas depresiones a ambos lados del
óvalo. El cuello es ancho y da paso a dos trazos, el de la derecha de mayor
grosor, que parecen converger finalizando en varios trazos de longitud
similar que podrían interpretarse como los dedos.
En la parte inferior a la anterior zona se distinguen distintos restos de pigmento del mismo color que la figura, que bien pueden pertenecer a ella sin
que pueda decirse con claridad si se trata de las dos extremidades inferiores.
Color: rojo (Pantone 186U).
3. Figura humana (?). Bajo las representaciones precedentes, aparecen
los restos de una posible figura humana incompleta de líneas muy simples.
Se dirige hacia la izquierda con el cuerpo ligeramente inclinado. Las piernas
son dos trazos que se apuntan en el extremo No se conservan ni la cabeza
ni las extremidades superiores.
Color: castaño oscuro (Pantone 469U).
4. Cuadrúpedo. En la parte baja de esta pequeña concavidad se distinguen
los restos que podrían pertenecer a un cuadrúpedo. Se distingue parte de la
cabeza y la mitad anterior del cuerpo con una sola extremidad.
Por la disposición de esta parte conservada, el cuadrúpedo parece dirigirse
hacia la derecha, ligeramente ascendente.
Color: castaño rojizo (Pantone 174U).
5. Restos. Frente al animal precedente aparecen restos de pigmento y
trazos del mismo color y otros de color rojo-castaño.
Color: Pantone 180U.
6. Cuadrúpedo. Sobre el cuadrúpedo 4 y también en sentido ascendente
aparece otro animal. El color está muy desvaído, especialmente en la zona
de la cabeza, lo que no permite determinar su especie. En cualquier caso la
longitud de las tres extremidades podría corresponder a un ejemplar joven,
tal vez a un cérvido.
Color: rojo-castaño (Pantone 180U).
7. Arquero. Se trata de la mejor conservada de todo el panel. Se dirige
hacia la izquierda de la cavidad y por la flexión de sus piernas se halla en
movimiento.
Su cabeza presenta una gran protuberancia que cae, a modo de melena,
sobre uno de sus hombros. Parece tratarse de un gran tocado o de una
especie de moño.
El cuerpo se estrecha ligeramente hacia la cadera que está bien marcada.
El falo ha sido representado aunque en esta zona se aprecian dos apéndices,
uno de mayor tamaño y situado sobre el otro. Tal vez podría tratarse de algún
tipo de adorno o de protector.
Los brazos son dos trazos rectos, algo más gruesos en su parte inicial, que
finalizan en varios dedos. El más adelantado porta un arco y una flecha.
Arte rupestre | 107
Figura 34. Representaciones 1 a 10 de
la cavidad de El Milano.
Figura 35. Restos. Figura 11.
108 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 36. Cuadrúpedo, 13 y otros restos de
figuras 12, 14 y 15.
Arte rupestre | 109
Figura 37. Trazo vertical, tarra 16, y otros restos.
110 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 38 bis.
Las piernas son realistas y se han marcado los muslos y las pantorrillas así
como uno de los pies en el que se aprecian tres dedos.
Color: castaño rojizo oscuro (Pantone 483U).
8. Figura femenina (?). Tras el arquero 7, con el que contacta, aparece
una figura humana.
Se dispone ligeramente inclinada hacia su compañero, con los brazos
extendidos, y el cuerpo dotado de una notoria rigidez. La cabeza es ovalada
e inmediatamente surge el cuerpo recto, sin distinción del cuello, realizado
a trazos verticales que finaliza a media altura de las piernas.
Las piernas son rectas, muy irregulares y la parte final queda enmascarada
al contactar con otra figura.
Los brazos se hallan dispuestos en cruz, son de grosor regular y finalizan
con la palma de la mano abierta en la que se contabilizan cuatro dedos en
cada una de ellas, más o menos completos.
Color: rojo (Pantone 173U).
9. Ciervo. Se sitúa bajo las piernas de la representación precedente y se
halla orientado hacia la derecha y ligeramente ascendente.
El animal, aunque realista, presenta una cierta tosquedad en sus formas.
Hay que señalar, no obstante, que esta zona presenta un soporte especialmente quebrado e irregular lo que probablemente influyó en la ejecución
del animal.
En la cabeza destaca la cornamenta de grandes proporciones en la que se
aprecian prácticamente todas las puntas correspondientes a un individuo
adulto. Llama la atención el tamaño de tres de aquéllas que se hallan en la
base y que se dirigen hacia delante correspondiendo a las basales y a las
luchaderas.
La parte correspondiente al morro es prácticamente inexistente, aunque
sospechamos que no hubo un interés excesivo en realizarla.
La línea del dorso es recta, al igual que la del abdomen, y tiende a converger
a medida que se acerca al cuello.
Las extremidades posteriores se conservan parcialmente y contactan con
el cuadrúpedo 10. Las anteriores son rectas y se inclinan hacia delante,
dotando a la figura de un cierto movimiento.
Color: rojo (Pantone 193U).
11. Restos. Fuera ya de la hornacina, estos restos inician la serie de manifestaciones que se distribuyen prácticamente por toda la cavidad.
Situados en una zona alta, muy deteriorada por abundantes coladas, no
configuran una forma reconocible.
Color: rojo-castaño oscuro (Pantone 194U).
12. Restos. Siguiendo hacia la derecha, y a unos pocos metros de la anterior
representación, aparece un número abundante de restos informes. Incluimos en este número los situados en la zona más alta.
Color: anaranjado rojizo (Pantone 157U).
13. Cuadrúpedo. Unos centímetros más abajo, y dentro de una pequeña
concavidad que forma la roca, se identifica la figura incompleta de un
pequeño cuadrúpedo.
Arte rupestre | 111
Figura 38. Antropomorfos tipo Y15 y 21 y otras
figuras, 20 y 22.
Figura 39. Varios restos de pinturas.
112 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 41. Elementos pluricirculares.
Figura 40. Grupo de motivos en pigmentación
roja y negra.
Arte rupestre | 113
114 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Carece de la cabeza y la zona final de los cuartos traseros. Las extremidades
anteriores se hallan semidobladas, al igual que las posteriores, y, a pesar de
los abundantes desconchados, la figura presenta unas formas realistas.
Color: anaranjado-rojizo (Pantone 157U).
14 y 15. Restos. En sentido descendente se distinguen abundantes restos
de pigmento, pequeños trazos, que no parecen configurar formas reconocibles.
Color: rojo-castaño (Pantone 187U).
16. Barra (?). Hacia la derecha, y en una zona de la pared próxima al suelo,
se aprecian un trazo vertical que podría corresponder a una barra y algunas
manchas poco definidas.
Color: rojo-castaño oscuro (Pantone 201U).
17. Trazo. Bajo el anterior elemento y en la misma pigmentación se
observa un trazo que se incurva en el extremo inferior.
18. Restos. Hacia la izquierda de los restos comentados se aprecian otros
formados por una pequeña mancha y un trazo inclinado que surge bajo ella.
Color: rojo (Pantone 193U).
19. Antropomorfo. Siguiendo el recorrido hacia la derecha y en una zona
alta del abrigo, se sitúan un grupo de antropomorfos y restos pintados.
El primero corresponde a un motivo formado por un trazo vertical al inicio
y final del cual se pintaron sendos apéndices laterales hacia la izquierda.
El superior podría significar algún tipo de tocado, mientras que el inferior
podría corresponder a una de las extremidades inferiores.
Los brazos arqueados se cierran en la cintura lo que permite incluir esta
representación en el tipo de figuras en ¢.
Color: rojo (Pantone 193U).
20. Motivo indeterminado. Bajo el anterior antropomorfo, aparece un
motivo pintado de dif ícil clasificación. Está formado por un trazo ancho vertical que se inicia con una mancha de pigmento redondeada y una pequeña
protuberancia en el lado izquierdo. Finaliza bifurcándose el trazo central en
dos, el de la derecha especialmente ancho.
El color es similar a la anterior figura.
21. Antropomorfo. A unos 30 cm. a la derecha de la figura 19, se pintó otra
de características muy similares. El trazo central que forma el cuerpo está
mejor conservado y es más uniforme. La zona superior, que corresponde a
la cabeza está redondeada y se observan restos de pigmento próximos a ella.
Los brazos se arquean hacia el cuerpo. Bajo el situado a la izquierda del
observador se advierte un trazo vertical que bien podría tratarse de algún
objeto o arma, que, dado su esquematismo, resulta dif ícil identificar.
Del extremo final del trazo que forma el cuerpo, surge hacia la derecha un
trazo lateral, ligeramente redondeado en su extremo, y que corresponde a
una de sus extremidades.
Color: rojo (Pantone 193U).
22. Motivo indeterminado. Inmediatamente debajo del antropomorfo 21
se conserva un trazo vertical, de grosor uniforme, que se incurva ligeramente
hacia la derecha del extremo superior. Se observa, igualmente, restos de
pigmento a la izquierda de esta última zona y en otras cercanas a la figura.
Color: rojo (Pantone 193U).
Arte rupestre | 115
Figura 42. Restos no identificables de pintura.
116 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
23. Restos. Bajo los antropomorfos, en φ aparecen unos restos en la misma
coloración, que por su forma podrían corresponder a una figura similar a
las anteriores.
24. Restos. Algo más de medio metro a la derecha del anterior elemento, aparecen otros restos del mismo color, que básicamente configuran una forma de “tridente” invertido con el apéndice izquierdo algo
más prolongado.
25. Trazos, digitación y cuadrúpedo (?). Siempre hacia la derecha pero
en un nivel inferior, aparecen cuatro trazos paralelos entre sí y ligeramente
inclinados hacia la izquierda de color negro (Pantone 432U). En el espacio
próximo se aprecian restos de color rojo y negro. Es precisamente sobre
una aparente digitación de color negro sobre la que se pintó una figura muy
incompleta de un posible cuadrúpedo.
Presenta dos orejas grandes y redondeadas y el morro ligeramente apuntado. Tan sólo se conservan restos del cuerpo y de una extremidad. Hay
que señalar que el trazo es muy irregular originado probablemente por
la mala conservación del soporte y consecuentemente de las pinturas en
toda esta zona.
Color: rojo (Pantone 193U).
26. Pluricircular. A algo más de un metro del antropomorfo 21 y en una
zona próxima a la base de la pared, se pintó una figura de proporciones
considerables si las comparamos con las compañeras.
Está compuesta por una serie de elementos semiovalados que se disponen
a ambos lados de un eje central, que en este caso es inexistente. En su lugar,
se observa una colada estalagmítica que, o bien es la causante de la desaparición del pigmento, o bien se aprovechó su presencia para realizar la figura.
Los trazos que forman este elemento son de grosor bastante uniforme a
pesar de que algunos se presentan muy incompletos. Se observan próximos a estos motivos numerosos restos o trazos que no parecen formar
parte de él.
Color: rojo-carmín (Pantone 215U).
27. Restos. A unos 35 cm. a la derecha aparecen restos de pintura en color
negruzco (Pantone 402-403U).
28. Restos. Siguiendo esa misma dirección aparecen numerosos restos de
pigmento informes.
Color: rojo-castaño oscuro (Pantone 201U).
29. Trazos. Grupo de trazos de distinta longitud y orientación ubicados
en una zona especialmente conflictiva por las concreciones y el ennegrecimiento del soporte.
Color: rojo (Pantone 193U).
30. Cáprido. Bajo los anteriores trazos, ligeramente hacia la derecha, se
conservan los restos correspondientes, probablemente, a un cáprido realista. En la cabeza se conservan parcialmente las dos cornamentas, anchas,
y parte del morro.
Del cuerpo apenas se aprecian los cuartos delanteros y las extremidades
son tan solo incipientes.
Color: rojo-castaño oscuro (Pantone 194U).
Arte rupestre | 117
31. Restos y figura humana (?). Sobre el cáprido anterior, aparecen restos
de pigmento; uno de ellos son dos trazos finos que convergen en la parte alta
y que recuerdan a las extremidades de una figura humana lineal. Presentan
el mismo color que los motivos precedentes.
32. Restos y motivo indeterminado. Unos centímetros sobre la figura 31
se aprecian unos restos de pigmento de color gris intenso (Pantone 432U),
Están formados por un trazo horizontal que se curva en el extremo derecho
para escindirse en dos, Hay de mencionar también otros restos de pintura
en la zona sin forma reconocible.
33. Restos y figura humana (?). Cercanas al motivo anterior aparecen
abundantes manchas negruzcas y sobre ellas se conservan parcialmente una
posible representación humana, Es de trazo lineal, irregular, y se aprecia el
cuerpo, los brazos, en uno de los cuáles se pintaron los tres dedos y sobre
Figura 43. Varios restos, una posible figura
humana y cáprido.
118 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 44. Restos y antropomorfo ancoriforme.
Figura 45. Restos, trazos y posible figura
humana.
Arte rupestre | 119
Figura 46. Restos indeterminados.
120 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
la muñeca que podría corresponder a los restos de una posible arma. De
las extremidades inferiores sólo se conserva una y breves restos de la otra.
34. Restos y trazos. Una serie indiscriminada de trazos y restos en color
castaño-rojizo (Pantone 174U) y gris intenso (Pantone 432U), vuelven a
aparecer a pocos centímetros a la derecha del grupo 33, Entre aquéllos destaca unos trazos finos verticales, ligeramente inclinados y paralelos entre sí.
35. Restos. Ya hacia el final de la pared del Milano continúan apreciándose
restos, negros y rojos, de formas poco definidas.
36. Restos. Se sitúan casi en el techo del abrigo y son de color rojo (Pantone 200U).
37. Antropomorfos y restos. En la zona final del abrigo aparecen unas
interesantes representaciones. Se trata de un motivo formado por un trazo
vertical y otro incurvado hacia abajo en la zona superior que podría corresponder a un “ancoriforme”. Inmediato a este motivo, perfectamente conservado, aparecen restos de otros de morfología similar.
Color: gris intenso (Pantone 432-433U).
38. Restos. Fuera de la cavidad pintada y en la pared que alberga los enterramientos, a unos 2 m. de altura del suelo, se aprecian restos de pigmento.
La zona está totalmente alterada y sólo donde se ubican estos restos se
aprecia un soporte más antiguo.
El color rojo es algo más claro que en los anteriores motivos (Pantone
164U), pero puede ser debido al estado del soporte y a la ubicación más
desprotegida.
Apreciaciones técnicas y cromáticas
Las apreciaciones técnicas utilizadas en la ejecución de los distintos motivos del Milano, se ve muy condicionada por el soporte rocoso en sí y por el
estado de conservación de las figuras. De un buen número de ellas, como
se desprende de la descripción, tan sólo quedan restos que no configuran
formas concretas, por lo que es muy dif ícil hablar en estos casos de trazos o
de técnicas. A pesar de ello, aquéllos que se han conservado aceptablemente
nos ofrecen una variedad digna de ser comentada.
El grupo de elementos realistas presenta dos ejecuciones bien diferenciadas. Las figuras 1 y 7 han sido realizadas con unos trazos o líneas extremadamente precisas con los perfiles bien delimitados, observaciones que quedan
patentes en los brazos y manos de ambas representaciones humanas cuya
extremada figura debieron ser realizadas con un objeto muy fino o, cuanto
menos, utilizado con una precisión maestra.
Es de destacar las soluciones adoptadas para la ejecución del arquero 7 pues
su cuerpo ha sido realizado en distintos planos, obligado por la extrema irregularidad del soporte. Esta circunstancia queda reflejada en nuestro calco
y provoca que la mitad inferior de la figura quede, por razones obvias, algo
distorsionado. Si embargo, este hecho queda disimulado en la apreciación
visual, lográndose un efecto óptico perfectamente corregido. La técnica
utilizada para la representación que comentamos es el silueteado y el relleno
interior a tinta plana que queda ampliamente demostrado en distintas zonas
del cuerpo. Esta misma técnica se observa en la realización del cuadrúpedo
Arte rupestre | 121
Figura 47. Arquero, figura 1 y representación
humana, figura 2.
Figura 48. Arquero, figura 7.
Figura 49. Ciervo, figura 9 y ciervo, figura 10.
122 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 50. Antropomorfo de tipo Y, figura 19 y 21.
10 cuyo perfil observamos bien delimitado a excepción de aquellas zonas
en las que el soporte está especialmente alterado.
Un cierto cuidado en el diseño se constata en algunos elementos esquemáticos como son el “pluricircular” 26 y los trazos 25, pero de manera especial
en el ancoriforme del grupo 37 en el de, a pesar de su reducido tamaño, se
aprecia una línea de perfilado de poco más de un milímetro que ha sido
trazada con una gran seguridad.
Retornando a los elementos naturalistas, se observa un tratamiento muy
distinto de las formas, que no de la técnica, para aquéllos que presentan, a
pesar de su realismo, una cierta tosquedad. Los perfiles que configuran el
motivo 2, pero especialmente el 8, son algo irregulares e imprecisos, e igualmente sucede con el rayado longitudinal paralelo que configura el interior
del cuerpo en esta última figura humana. Obsérvese la solución tan distinta
utilizada para señalar las piernas y las manos de esta figura comparándola
con su compañera.
De los cuadrúpedos que consideramos naturalistas, realizados a tinta plana
(fig. 4, 6, 9, 10, 13 y 30), tan solo podemos comentar unos pocos dada su
morfología muy incompleta. El ciervo (fig. 9) muestra, a pesar de su cuerpo
algo tosco, una cierta precisión en las líneas que configuran las extremidades anteriores y en las puntas que integran su cornamenta. Esta ha sido
pintada en una zona sobresaliente de la roca, disposición que bien pudo ser
intencionada para conseguir resaltarla aún más, a pesar de que por sí misma
presenta un tamaño notorio.
El animal 10 presenta la misma técnica que se utilizó para los arqueros: una
línea de silueteado, muy bien definida en almas zonas, y un relleno interior
algo desigual, que quizás sea debido a una menor acumulación intencionada
del pigmento por parte del pintor.
El estado parcial del cuadrúpedo con las patas replegadas (fig.. 13), deja
entrever una cierta calidad en las líneas, pero existe otro hecho que queremos recoger en estas observaciones y es la utilización del soporte para la
creación de un cierto paisaje. Efectivamente, el cuadrúpedo que puede estar
descansando como lo demuestra sus patas replegadas, se halla en el interior
Arte rupestre | 123
Figura 51. Antropomorfo de tipo ancoriforme,
figura 37 y restos de otras figuras.
de una pequeña oquedad que forma las concreciones rocosas. La utilización
del soporte rocoso para la realización de las pictograf ías, sean naturalistas
o esquemáticas, es algo que hemos podido comprobar nosotros mismos
en varios yacimientos y que había sido recogido por otros autores (Beltrán,
16: 32) En este sentido creemos que sería necesario hacer una observación
más minuciosa del propio soporte, ya que probablemente la utilización del
mismo como elemento integrante de una composición sea una práctica más
frecuente de lo que hasta ahora nos hemos percatado.
Para el resto de representaciones esquemáticas como, por ejemplo, los
antropomorfos en, φ parece haberse utilizado un proceso de realización
menos cuidadoso, en el que no se aprecian ningún tipo de perfil, lo que
puede responder, según nuestro criterio, a la utilización de otros útiles
pictóricos, tal vez aquéllos que proponíamos en uno de nuestros trabajos
(Alonso i Mir, 1986: 13).
Color
Básicamente las imágenes del Milano se integran en los colores más habituales de la pintura rupestre: el negro y el rojo. Del primero existe un número
muy limitado de elementos que no llegan a presentar una pigmentación
negra intensa sino grisácea. La mayoría de motivos fueron pintados en
alguna de las gamas del rojo. Para evitar la confusión en la determinación
de los cromatismos, hemos utilizado la tabla de colores Pantone Color
Formula Guide, que unifica los criterios. La toma del color fue realizada en
Agosto de 1985, con una temperatura entre los 30-32°C y la roca ligeramente
humedecida.
124 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Color
Pantone Núm. inventario
Rojo castaño oscuro
201U
1, 11, 16, 17, 28, 30, 31
194U
Rojo
186U
2, 8, 10, 18, 19, 21
173U
193U
22, 23, 24, 25, 29, 35
200U36
Rojo castaño
180U
5, 6, 9, 14, 15
187U
Rojo carmín
215U
26
Castaño oscuro
469U
3
Castaño rojizo
174U
4, 34
Castaño rojizo oscuro
483U
7
Anaranjado rojizo
157U
12, 13, 38
164U
Negruzco o negro
432U
25, 27, 32, 33, 34
402U
35, 37
Existen figuras en las que se aprecian distintos matices de color. Tal es el
caso del arquero 7, en el cual se observan hasta tres tonalidades de rojo según
sea la línea de silueteado, el interior del cuerpo o cierta partes extremas
de mismo, como los dedos. En este hecho pueden confluir varios factores
como el propio soporte de la roca, que raramente es uniforme, o un factor
mucho más simple, pero no por ello menos probable, como es la densidad
del pigmento al depositarlo sobre la roca o la insistencia con la que el pintor
realizó los trazos de la figura.
Otros ejemplos del abrigo del Milano presentan una uniformidad total de
color y de tonalidad, como es el grupo de figuras en φ o el ancoriforme y
los restos inmediatos, lo que nos inclina a pensar que fueron realizados en
un mismo momento.
A pesar de que existen en nuestro abrigo restos y figuras distribuidos prácticamente por toda su extensión, son escasas las superposiciones entre ellas
y cuando los motivos contactan se hace muy dif ícil, con los medios de que
disponemos, determinar si efectivamente existen.
La más clara que tenemos en estos paneles es la formada por la figura
25, un posible cuadrúpedo de color rojo, que se superpone a un elemento
esquemático, una posible digitación de color gris intenso.
En el caso de las representaciones 1 y 2 que contactan en varios puntos y
8, 9 y 10, con las que sucede algo similar, no es posible determinar su orden
de realización en base a esta circunstancia. Sin embargo, como veremos
posteriormente, no creemos que correspondan todas a un mismo momento.
Análisis tipológico y temático
Representaciones humanas. En este tipo de elementos es el más claramente
identificable de todos los que componen el conjunto del Milano. A pesar
de su número ciertamente limitado, apreciamos una variedad tipológica
que permite hacer algunos comentarios. Hay que distinguir dos grupos
Arte rupestre | 125
bien diferenciados: los integrados por las figuras realistas y el grupo de las
representaciones esquemáticas.
Las primeras, prácticamente se concentran en la pequeña hornacina que
inicia el abrigo por la izquierda, aunque nos atrevemos a ver restos de alguna
otra en distintas partes de la cavidad. A pesar de que todas presentan convencionalismos comunes, como son la indicación de los dedos de los pies
y de las manos, lo cierto es que muestran una concepción estilística claramente diferenciada.
Figura 52 bis. Figura de tipo Y de algunos
yacimientos murcianos.
A: La Serreta, según A. Alonso.
B: Cañaica del Salar lll-1 según A. Be!trán.
C: La Cueva de Los Grajos, según A. Beitrán.
D: Abrigo del Pozo, según A. Alonso.
E: Abrugi de El Milano, según A. Alonso.
126 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Calificamos el arquero, figura 1, como una representación naturalista estilizada. Ya apuntábamos en anteriores trabajos (San Nicolás, López, y Alonso,
1988) la extraordinaria similitud que esta figura presentaba con ciertas
representaciones de la zona Nerpio-Moratalla, especialmente con las figuras
de La Risca I (Lillo y Lillo, 1979), algunos paneles de La Risca II (Alonso,
e.p. C) y de Solana de las Covachas (Alonso, 1980). Esta circunstancia nos
hizo pensar en nuestros primeros comentarios sobre el conjunto del Milano
que podría tratarse de una representación femenina. Sin embargo, tras una
observación más detenida, hemos de considerar varios factores que hacen
que modifiquemos esa apreciación inicial. El primero es el hecho de que
no se hallan representado los senos, aunque ciertamente no siempre es un
elemento figurado. El segundo es la poca definición que podemos percibir
en la zona en que se debió diseñar la falda, básicamente por el mal estado
de conservación en este punto. El último de los elementos, el más sólido, es
que los trazos finos que parecían salir de la Figura 2 son, en realidad, parte
de un posible arco que sujetaría la figura y que queda un tanto enmascarado
por su compañera.
Arqueros semejantes al comentado se encuentran en varios yacimientos
baste citar el abrigo de los Toros (Viñas y Alonso, 1978).
El arquero 7 es el único ejemplo de figura naturalista proporcionada,
aunque no exenta de una cierta estilización. Una vez más tenemos que
mirar hacia la zona de Nerpio y Moratalla para encontrar figuras similares,
concretamente el conjunto de Solana de las Covachas (Alonso, 1980: 64).
En él existe un arquero cuya configuración del cuerpo, tocado, y de otros
convencionalismos, es muy similar al del Milano. Como mera curiosidad,
comentaremos que hasta sus tamaños se aproximan: 19 cm para el primero
y 19,3 cm para el segundo.
Tanto las figuras 2 como la 8 podrían incluirse en el grupo de representaciones naturalistas toscas, pues si bien representan un realismo, especialmente
la mejor conservada, la tosquedad de las formas las separa de las imágenes
con las que comparte el panel.
La posibilidad de que la representación 8 correspondiese a una mujer, se
ve fundamentada por el hecho de que parece ir vestida con una prenda
completa que llegaría a la altura de las rodillas, sin que podamos precisar
más dada la morfología tan tosca de las piernas. Las líneas longitudinales que
configura la prenda de vestir pudiera corresponder a un convencionalismo
técnico, aunque no podemos descartar la posibilidad de que se tratase de
la representación gráfica del tipo de decoración del vestido. Este extremo
de identificar decoraciones de vestimentas y, especialmente, corporales ya
ha sido determinada por Piñón (1982: 160) y nosotros mismos creemos
identificar estos últimos en un arquero del abrigo VII de Las Bojadillas.
Más dif ícil es la determinación precisa de la tipología de las posibles figuras
humanas 3, 31 y 3 por la conservación muy parcial. Sin embargo, creemos
que podrían corresponder a un tipo de individuos lineales de simplicidad de
formas, que consideramos esquemáticos, como simple concepto estilístico
sin otra implicación, y cuyos paralelos son muy abundantes en los abrigos
con pinturas naturalistas de Murcia y Albacete.
Arte rupestre | 127
En el grupo de las representaciones antropomorfas esquemáticas se aprecian de forma clara tres tipos: en phi (φ), ancoriformes y pluricirculares.
El primer tipo está integrado por los motivos 19, 21 y posiblemente por
el 23. Estas morfologías son muy abundantes en las estaciones con arte
rupestre esquemático con lo que se podrían enumerar numerosos paralelos.
Centrándolos en las comarcas más inmediatas de la propia Región, hay que
citar el conjunto de las Enredaderas en Cieza (Salmerón, 1988: 225-226)
en el que se identifican algunos de estos elementos compartiendo el panel
fundamentalmente con ídolos oculados.
Muy próximo al anterior hay que hacer mención de la importante cavidad
pintada de La Serreta I. En ella identificamos más de medio centenar de
motivos esquemáticos, aunque con distintos grados de esquematismo; desde
figuras de animales en las que se han señalado con verismo distintas zonas
corporales, pasando por arqueros, hasta la figuras en (φ). De estos últimos
existe una nutrida representación asociados, por lo menos espacialmente,
a otros motivos antropomorfos, a cuadrúpedos y, en otras ocasiones, por
el contrario, se encuentran distribuidos por distintas zonas del panel sin
relación aparente con otros elementos 25.
También en la Cueva de los Grajos (Cieza) existen paralelos de lo antropomorfos en φ, que en uno de sus paneles aparecieron dispuestos unos
inmediatos a los otros (Beltrán, 1969: 35, 50 y 52).
En uno de los frisos de los Abrigos del Pozo (Calasparra), se pintaron varios
individuos de esta morfología que según M. San Nicolás (1985: 103) están
asociados a cánidos y a unos útiles agrícolas.
Ya en el extremo Oeste de Murcia, en alguno de los paneles esquemáticos
del conjunto de la Cañaica del Calar (Moratalla), también aparecen estos
elementos, aunque precisamente en esta zona y en la inmediata de Nerpio
no son excesivamente frecuentes (Beltrán, 1972: 53) (Lám. 14).
Para el tipo ancoriforme, del que como hemos señalado tenemos un claro
ejemplo en El Milano, los paralelos se concretan en toda la mitad sur de la
Península (Acosta, 1968: 200) pero de manera más concreta en el mencionado Abrigos del Pozo (San Nicolás, 1985: 100) y en la Cueva del Mediodía
de Yecla (Breuil y Burkitt, 1915: 325).
La representación 26, que hemos considerado como un pluricircular,
siguiendo la nomenclatura de P. Acosta (1967: 62), presenta relaciones morfológicas con varios elementos de la Cueva-sima de la Serreta, de tamaño
notorio, y que en esta última cavidad se localizan a ambos lados de los
paneles principales.
Representaciones zoomorfas
El número reducido de animales y su precaria conservación hace que sólo
podamos distinguir claramente las tipologías en las representaciones naturalistas. En éstas, al igual que sucedía con las figuras humanas, se distinguen
dos tendencias: la naturalista-estilizada, representada por el ciervo 10, y la
naturalista-tosca, representada por el ciervo 9.
Las tipologías de las figuras 4, 6, 13 y 30 son más dif íciles de precisar por
las razones anteriormente comentadas, pero todo indica que corresponden
a figuras naturalistas “levantinas”, que al igual que las anteriores encuentran
128 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
sus paralelos en las estaciones con pinturas naturalistas del Norte y Noroeste
de Murcia.
A pesar de que existe algún ejemplo de elementos esquemáticos
abstractos en el abrigo del Milano (digitación, barra…), son tan poco significativos en este conjunto que no creemos que requieran un comentario
más amplio.
Tipo de figuras
Núm. de inventorio
Total
Humana2
1
Humana (?)
3, 31, 33
3
Arquero
1, 7
2
Humana femenina (?)
8
1
Tipo φ
19, 21
2
Pluricircular26
1
Ancoriforme37
1
Ciervo9
1
Cierva10
1
Cáprido30
1
Cuadrúpedo
4, 6, 13
3
Cuadrúpedo (?)
25
1
Trazos
17, 25, 29, 34
4
Digitación25
1
Barra (?)
16
1
Restos
5, 11, 12, 14, 15, 18, 23, 24, 27, 28,
31, 32, 34, 35, 36, 37, 38
17
Indeterminados
20, 22, 32
3
Manchas35
1
Comentario
Al intentar determinar las posibles escenas del conjunto pintado en el
Milano hay que diferenciar una vez más las integradas por los motivos
naturalistas y por los esquemáticos, ya que no presentan relación alguna
entre ambas. En los primeros, nos atrevemos a ver la intencionalidad de
poner en relación los dos arqueros; ambos se disponen uno frente a otro,
en movimiento, y sostienen un mismo tipo de elemento. Aunque las figuras
que tienen imnediatas son de morfología diferente a los arqueros, parece
que su colocación es claramente intencionada (existe espacio suficiente en
esa misma zona para situarlas en otro lugar) e incluso la idea de repetir dos
imágenes afrontadas de lo que deducimos que quizás haya que ver una cierta
“imitación” en estas figuras aunque el proceso técnico esté peor resuelto.
El problema se presenta a la hora de poner en relación los dos arqueros y el
grupo de animales por la situación un tanto desplazada que éstos ocupan. A
ello hay que añadir la ausencia de elemento alguno que indique que los cuadrúpedos se hallen heridos y, efectivamente, por la disposición de los arcos,
no parece que éstos se estén utilizando. Por todo ello, resulta muy forzado
interpretar como una escena de caza este grupo de figuras. Añadiremos,
como comentario al margen, que escenas de caza claramente representadas son mucho menos numerosas de lo que a priori puede pensarse en los
Arte rupestre | 129
Figura 52. Vista de la cavidad I y ll del conjunto
de “El Milano”.
núcleos inmediatos de Nerpio o Moratalla e incluso, si mucho se me apura,
en la totalidad de las estaciones pintadas murcianas. Animales y arqueros
comparten, frecuentemente, los paneles pero sin mostrar claros indicios de
que aquéllos sean acosados como objeto de caza.
Siguiendo la tónica general, en las representaciones esquemáticas es más
dif ícil de deteminar posibles composiciones (Acosta, 1983: 16-17) pero si
hay, indudablemente, asociaciones o concentraciones de elementos similares que no forman grandes grupos. En El Milano, efectivamente, tenemos
asociaciones espaciales de un mismo tipo de figuras como es el caso de los
antropomorfos 19 y 21, de tipo φ. Uno de ellos, el 21, parece tener asociados
dos elementos que podrían tratarse de algún objeto o instrumento. En este
aspecto, nos recuerdan a algunas figuras del panel 2 del ya citado abrigo
del Pozo, en el que aparecian varios motivos de brazos en asa asociados a
cuadrúpedos y a unos elementos que, San Nicolás, identifica como azadas
lo que le lleva a interpretar estas composiciones como representaciones de
una actividad social o agropecuaria (San Nicolás, 1985: 103).
No quedan tan definidos los elementos que aparecen en nuestro abrigo,
pero no cabe duda que hay una intención de diferenciar las dos figuras próximas asociando a una unos elementos, tal vez un útil o tal vez un elemento
distintivo, mientras que la distinción o diferenciación del otro individuo
parece residir en el apéndice que surge de la cabeza y que podría identificarse
como un adorno. Esta diferenciación, aparente, de atributos en los individuos sugiere la posibilidad de que nos encontremos ante antropomorfos
que desarrollaron diferentes actividades o bien que representan diferentes
categorías sociales.
Con probabilidad existió un número mayor de figuras similares al ancoriforme 37, con lo que tendríamos esas agrupaciones a las que nos hemos
referido, pero el estado incompleto de los motivos que se conservan no nos
permite definir de manera precisa una posible composición.
Si el conjunto pictórico del Milano como tal es importante, no cabe duda
que la circunstancia de tener inmediato a él un conjunto sepulcral le da una
relevancia particular sobre todo si tenes en cuenta el hecho de que en la
130 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
pared sobre los enterramientos existe un resto de pintura. Esto nos conduce
a plantearnos la posible reláción entre las estaciones rupestres y los depósitos
arqueológicos próximos a aquéllas.
En este último aspecto existen en la propia Comunidad Murciana una
serie de yacimientos pictóricos en los que se ha considerado su entorno
arqueológico.
En los conjuntos de Buen Aire, en Jumilla, con pinturas naturalistas y
esquemáticas, apareció un raspador con extremo redondeado de filiación
Epipaleolítica y materiales argáricos en la ladela del Cerro (Molina y Molina,
1973: 65-66).
Próxima a la estación anterior, en la Cueva clel Peliciego, se hallaron materiales que abarcan diferentes etapas culturales siendo la más antigua la del
Bronce a la que siguió un momento ibérico y otros más que por su cronología muy posterior no nos son de interés (Fortea Pérez, 1974-75:33).
En la base de los abrigos pintados de la Cañaica del Calar y de la Fuente del
Sahuco, con motivos naturalistas y esquemáticos, se localizó, en superficie,
el extremo distal de un hacha pulida (Barrera et alii, 1987: 92), y sobre las
pinturas, en una zona amesetada se localizó el poblado eneolítico de Arroyo
Tercero amurallado y con chozas con adobe.
Próximo al conjunto de La Risca, también en Moratalla, con paneles básicamente naturalistas, se hallaron varios fragmentos de cuchillos de silex
de sección trapezoidal y triangular pertenecientes al período eneolítico.
Existiendo, además, restos de un háhitat argárico y en una zona próxima
testimonios de haberse utilizado como enterramientos eneolíticos (Lillo y
Lillo, 1979).
Procedente de los abrigos con motivos esquemáticos del Pozo, en Calasparra, es un fragmento de cerámica a mano de fondo plano (San Nicolás,
1985 117-118; aunque este autor ve una mayor y más directa relación entre
las pinturas y el cercano poblado de El Castillico que debió comenzar en el
Eneolítico perdurando durante la cultura argárica.
En la estación pintada de la Cueva-sima de la Serreta, con motivos esquemáticos aunque no exentos de cierto realismo, se localizó un depósito
arqueológico que se inicia en un Eneolítico hasta llegar a una romanización
(Sánchez Sánchez et alii, 1972: 85-87; San Nicolás, 1980).
Las cavidades de la Peña Rubia representan un caso interesante de asociación, cuanto menos espacial, entre pinturas y restos arqueológicos. La cueva
de las Palomas, del Humo y de las Conchas contienen varios paneles con
pictograf ías que han sido clasificadas por Beltrán como de “estilo levantillo”
(Beltrán y San Nicolás, 1985: 18) y cuya relación con los enterramientos
eneolíticos localizados en su interior es clara para San Nicolás (187: 87)
cuando dice “las pinturas de Peña Rubia no se pueden separar del contexto
funerario en el que se instalan y para el que se realizan”.
Los trabajos sobre el sincronismo entre yacimientos arqueológicos y paneles pintados en otras zonas de la Peninsula no son muy abundantes sin que,
efectivamente, se planteen resultados concluyentes. En este sentido son
claros algunos comentarios de Beltrán (1985: 44) sobre el arte levantino y
lás industrias líticas cuando dice “volvemos a insistir en que la clasificación
cultural o cronológica de un conjunto lítico a la entrada de un covacho o al
Arte rupestre | 131
pie de un abrigo no tiene porqué arrastrar la cronología o la clasificación de
las pinturas próximas, sea la totalidad del friso o parte de él”.
De igual manera nos parece realistas y acertadas las palabras de P. Utrilla
(1988: 338) en uno de sus estudios sobre esta problemática al señalar “de
cualquier modo insistimos una vez más que no pasará de ser una mera
hipótesis, casi un divertimento, mientras no encontremos más casos, como
el de Atapuerca o Altamira en los que exista una correlación evidente entre
arte parietal y mueble”.
Con todo lo anteriormente expuesto queremos poner de manifiesto lo
problemático que sigue siendo una atribución cronológica definitiva de los
conjuntos rupestres, por cuanto sigue sin aparecer los estratos arqueológicos
que cubran las pinturas, circunstancia determinante.
Sin embargo, parece ser una hipótesis comúnmente aceptada atribuir a la
pintura esquemática un inicio en el Neolítico final-Eneolítico para perdurar
a lo largo de la Edad del Bronce (Acosta, 1968), aunque para ciertas zonas
peninsulares las cronologías se amplían considerablemente (Carrasco Rus
et alii, 1985: 146-147). Considerando tal idea podríamos integrar en estas
cronologías las figuras esquemáticas que aparecen en El Milano y, consecuentemente, establecer la hipótesis de que sus autores están directamente
relacionados con aquéllos que realizaron los enterramientos con lo que, por
lo menos, algunos de los motivos adquieren aquí un cierto sentido necrolástico, idea que por otra parte es mantenida por varios autores (Sanchidrian,
1984-85: 238).
¿Pero qué sucede con las representaciones naturalistas levantinas que
también existen en nuestra cavidad?
Compartiríamos la opinión de Beltrán (1975: 16) al considerar la pintura
“levantina” y la esquemática como explesiones totamente diferenciadas sin
que la primera evolucione para concluir o transformarse en la segunda,
como hemos podido comprobar en varias zonas, como por ejemplo, en la
de Nerpio-Moratalla.
Por otra parte, no existe, por lo que nosotros conocemos, materiales muebles con motivos semejantes a los que aparecen en los paneles levantinos, a
pesar de que en Alicante las últimas investigaciones de M. S. Hernández y
B. Marti (1988; Hernández et alii 1988) ofrecen interesantes aportaciones
en este aspecto que deben ser constatadas en otras zonas. Y, por último, las
teorías que en tomo a la cronología de estas manifestaciones se han emitido
no dejan de ser, por ahora, lícitas hipótesis de trabajo. Por todo ello hemos
de reconocer que siguen siendo insuficientes los datos que disponemos
para emitir una datación acertada de las representaciones naturalistas del
El Milano
Faltan campañas de prospección para la localización de nuevas estaciones
con pinturas naturalistas que nos permitan establecer la relación entre nuestros paneles y los de los municipios, inmediatos (especialmente con el de
Moratalla, con el que coincide en muchos aspectos) y, desde luego, se habrán
de tener en consideración los estudios de los yacimientos arqueológicos en
los ambientes de arte rupreste “levantino” cuando éstos sean auténticamente
exhaustivos y rigurosos.
132 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Nota al margen
Tuvimos ocasión de visitar esta interesante cavidad hace ya algunos años
y aunque hemos contabilizado un número de representaciones superior
al centenar, no dudamos de que un estudio pormenorizado de la misma
superará con creces esta primera observación y aportará interesantes datos
para el arte rupestre murciano.
La bibliograf ía existente sobre las pinturas de este yacimiento que nosotros
conocemos es la siguiente:
ALONSO TEJADA, A. y LÓPEZ, J. D.: Informe sobre los yacimientos con
arte rupestre... (citado en la bibliograf ía general) (La Serreta págs. 33 a 37,
fotos 13 y 14).
SAN NICOLÁS DEL TORO, M.: Aportación al estudio del Arte..(citado
en la bibliograf ía general).
GARCÍA DEL TORO, J. (1988): Las Pinturas Prehistóricas de la Región de
Murcia, Universidad de Murcia (La Serreta pág. sin numerar).
Arte rupestre | 133
Flora algal del Abrigo I
Marina Aboal Sanjurjo
Antonia Asencio Martínez
Las algas representan un grupo criptogámico de distribución muy amplia
y, desde luego, no están relegadas a los ambientes acuáticos, especialmente
algunos de sus grupos. Entre ellas se encuentran los primeros organismos
fotosintetizadores que contribuyeron con la liberación de oxígeno a la creación de la atmósfera actual. También se encuentran entre sus representantes
los vegetales fósiles con una datación más antigua (Precámbrico).
La naturaleza rocosa de este abrigo favorece la existencia de un buen
número de grietas de percolación, que permiten el asentamiento de comunidades, a veces complejas y bien desarrolladas, de microalgas tanto epilíticas como endolíticas. El grupo dominante es el de las Cianof íceas, algas
procariotas, cuya capacidad para fijar nitrógeno atmosférico transforma en
hábitats idóneos los que son, verdaderamente, inhóspitos para la mayoría de
los vegetales. Estos microorganismos se comportan siempre como pioneros;
son los primeros en colonizar los nuevos ambientes creados, favoreciendo y
facilitando el posterior asentamiento de otros seres. El final de este proceso
provoca, en muchos casos, la desaparición de las Cianof íceas que permanecen relagadas a las zonas de condiciones más adversas.
El muestreo se realizó teniendo en cuenta por una parte, las distintas
condiciones de iluminación y humedad que ofrece el abrigo y por otra
parte, la posible influencia que su desarrollo pueda tener sobre las pinturas
rupestres (Véase la localización de los 17 puntos de muestreo en la figura
de la página 132).
El aspecto que ofrecen los distintos táxones varía considerablemente en
función de las condiciones externas (coloración y grosor de la vaina) y fase
del ciclo vital. Es relativamente frecuente hallar células de resistencia muy
ornamentadas y coloreadas en los ejemplares recolectados.
En la siguiente tabla se sintetiza la distribución de los 31 táxones algales
identificados en las distintas muestras, con indicación únicamente de la
presencia-ausencia. El 93% de las especies pertenecen a las Cianof íceas.
Sólo se ha identificado una clorof ícea y una diatomea.
Hantzschia amphyoxis está perfectamente adaptada a la vida aerof ítica. Se
han encontrado tanto frústulos vacios como células vivas aunque solamente
en una de las muestras (9). Esta misma especie puede hallarse viviendo
sobre musgos o en el suelo en los que las nieblas suponen el único aporte
de humedad.
134 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Hormotilopsis gelatinosa es una clorif ícea muy característica por su formación de vainas gelatinosas; vive en condiciones aerof íticas y haa sido muy
pocas veces citada en el mundo. Su hallazgo posse, por tanto, un notable
interés.
ESPECIES
CLOROFÍCEAS
Hormotilopsis gelatinosa Train & Bold
DIATOMEAS
Hantzschia amphyoxIs (Ehr.) Grun.
CIANOFÍCEAS
Aphanocapsa fusco-lutea Hansg.
A. grevillei (Hassal) Rabenh.
A. roeseana de Bary
A. testacea Näg.
Calothrix porietina Thuret
Chlorogloea microcystoides Geitler
Chroococcidiopsis sp.
Chroococcus lithophilus Erceg.
Ch. minor (Kütz.) Näg.
Ch. minutus (Kütz.) Näg.
Gloeocapsa alpina (Näg.) emend Brand
G. atrata (Turp.) Kütz.
G. dermochroa Näg.
G. gigas W. et G.S. West
G. helvetica (Nag.) Starmach
G. kützingiana Näg.
G. punctata Näg.
G. rupestris Kütz.
Gloeothece sp.
Lyngbya putealis Mon.
Nostoc paludosum Kutz.
Pseudanabaena catenata Lauterb.
Schizothrix calcicala (Ag.) Gom.
Schizothrix tinctoria (Ag./ Gom.
Scytonema crustaceum Ag.
S. mirabile (Dillw.) Born.
S. myochrous (Dillw.) Ag.
Tolypothrix byssoidea (Hass.) Kirchn.
T. discoidea (Gardner) Geitler
MUESTRAS
5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
+
+
+
+
+
+
+
+
+ +
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
Arte rupestre | 135
Figura 54.
1.Gloeoccapsa rupestris, cenobio con
células de resistencia
2.Seytonena myochrous, ramificación.
3.Lyngbya putealis, filamento.
4.Seytonema mirebile, ramificación.
5.Gloeocapsa atrata junto con
Chroococcus Iitophyilus,
6.Tolypothrix discoidea, ramificación.
7.Gloeocapsa rupestris.
8.Holotilopsis gelatinosa.
9.Hantzschia amphyoxis.
10. Chroococcus litophyilus.
11. Nostoc paludosum.
12. Aphanocapsa testacea.
136 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Figura 55.
1. Holotilopsis gelatinosa.
2. Schizothrix calcicola.
3. Tolypothrix byssoidea.
4. Chroococcidiopsis sp.
5. Calothrix parietina.
Discusión
138 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
Una de las primeras dificultades para aproximarnos al sepulcro es tratar
de definir si responde a un monumento funerario de carácter megalítico.
Un rasgo y su sistema constructivo lo indican.
El lugar funerario se ha modificado mediante la adecuación de un espacio
predefinido, caracterizado por unas superficie recogidas que confluyen en
un lugar central más deprimido topográficamente. Así, la acción antrópica
ha consistido en completar este espacio hasta darle forma seudo circular
mediante la colocación de bloques calizos sin preparar y de diferente morfología, que proceden del mismo lugar. Queda configurada así una morada
para contener a los difuntos.
El espacio cerrado circular no presenta apertura lateral de acceso al interior.
La introducción del cadáver (es) en la cámara se efectúa necesariamente por
la parte superior sin que, dadas sus pequeñas dimensiones, quepa pensar
que los deudos penetraran en ella. La manipulación de los mismos se haría
desde el exterior. esta incomunicación topográfica entre el espacio interior
del círculo y el exterior, tal vez, ¿cabría llevarla a a otros niveles simbólicos?
Un elemento de contraste con las formas funerarias características del
Neolítico y Eneolítico murcianos se refiere a la visualización del lugar escogido para el enterramiento de El Milano. En los períodos citados, salvo
escasas excepciones, se sitúa en cuevas naturales de pequeñas dimensiones,
lo que les confiere una condición de interior, de ocultación y de integración
en el paisaje que implica una escasísima definición visual exterior.
La localización de la sepultura de El Milano tendría en cuenta dos factores. El primero es la existencia de las pinturas que dotarían al abrigo de una
significación especial. El segundo depende de la características del paisaje
cárstico de la zona. Las únicas oquedades naturales de la misma son las que
ahora nos ocupan y otras situadas a unos dos kilómetros al sur de El Milano.
En la sepultura de El Milano, distinguimos dos momentos de ocupación
funeraria: uno primero en un incierto momento del neolítico-eneolítico
datado por radiocarbono en el 5220±280 BP y un segundo campaniforme.
Se ha recuperado la totalidad de los esqueletos (si exceptuamos los restos
que se destruirían con la excavación clandestina mencionada), de entre los
que se diferencian cinco adultos y tres niños. Hay una orientación de algunos de los cadáveres definida por una posición flexionada, protegiendo la
cabeza adentro de la visera y recostados sobre el lado izquierdo. La falta de
algunos huesos del esqueleto sugiere la seleción previa al enterramiento y/o
arrinconamiento o extracción del interior de osamentas anteriores.
Otro rasgo común con los sepulcros megalíticos en esta primera fase es
que, aunque parece evidente el escaso gasto de energía en el monumento, es
un hecho manifiesto que se ha invertido más en el sepulcro que en el ajuar.
Por otro lado, la dedicación de un lugar específico para el enterramiento
aleja a El Milano de las sencillas deposiciones neolíticas practicadas, principalmente, bajo el lecho de habitación de las cuevas, vinculándolo con las
tradiciones generalizadas en el Eneolítico sea en cueva, sea en megalito. Hay
pues un traslado del sitio de habitación en la segunda forma de existencia
material. Se podría pensar en un mantenimiento de la propiedad/uso del
lugar que fuera de transmisión hereditaria a modo de panteones familiares.
Discusión | 139
Los materiales de ajuar parecen ser objetos de uso personal (armas, instrumentos de trabajo,…) no muy diferentes a los empleados en vida y escasas
ofrendas personales perecederas, si consideramos estas últimas los fragmentos de hueso de animales. Parece advertirse un valor individual en elementos
de ajuar como las cuentas de collar, atributo externo usado asiduamente.
Barfield advierte que en los enterramientos colectivos los adornos parecen
haber representado, normalmente, ofrendas colocadas en el momento de
la inhumación de los huesos descarnados de inhumación secundaria, o
incluso posterior, mientras en el área de enterramiento individual el ajuar
se coloca en la tumba en el momento del entierro y corresponde esencialmente al equipo que perteneció al individuo. Las primeras son ofrendas a
los ancestros, mientras que en el último caso se sitúan en la tumba a la vez
que el muerto y representan principalmente bienes individuales (Barfield,
1985: 241-248).
Los huesos de animales de El Milano pertenecen a conejo/liebre y ovicáprido. Su hallazgo está documentado ampliamente en otros sepulcros
múltiples. De una parte, como se apuntó, podría tratarse de un elemento
más de ofrenda, un aporte alimentario para la ultratumba. También podrían
formar parte de los restos introducidos en el “paquete” mortuorio como
producto de los despojos de las comidas de carácter funerario que se realizarían en la primera actuación sobre el cadáver, donde no habría que excluir
la antropofagia.
Entre todos los materiales del ajuar, el único alóctono es la valva de molusco
que presenta una perforación en el natis, que puede ser de origen natural.
Hay que recordar que el yacimiento se encuentra a casi 60 km de las costa.
La presencia de elementos de adorno, está ampliamente constatado en las
cuevas de enterramientos múltiples del eneolítico de las comarcas interiores
de Murcia (Reverte, 1978).
Esta inversión del trabajo funerario que da como consecuencia una enfatización en la tumba, que no en el contenido, respondería a un cambio
fundamental en ideología (Shennan, 1982 cit. por Mathers, 1984: 24)
La dedicación económica del grupo más antiguo puede intentar definirse
a partir de diversas evidencias cruzadas. Los análisis paleobotánicos no
indican la presencia de plantas cultivadas. Esto podría explicarse porque
el lugar funerario estuviera alejado de los lugares de hábitat como podría
corresponder a sociedades ganaderas. Sin embargo, los resultados del estudio antropológico van en el mismo sentido que los paleobotánicos.
La presencia de microlitos geométricos en los ajuares no resuelve la cuestión. Existen dos hipótesis sobre su funcionalidad. Una los vincula con
prácticas cazadoras (puntas de proyectil): La otra con la siega como parte de
elementos de hoz. Como han indicado Bello et alii (1987: 1489) estas interpretaciones pecan de gran esquematismo. Los “únicos análisis de microdesgaste que se han hecho hasta la fecha sobre microlitos aparecidos en
el interior de megalitos (gallegos) sugieren su utilización como elementos
de hoces utilizadas en la siega de cereales” (Bello et alii, 1987: 148). Otro
tanto apunta, como sabemos, Juan Cabanilles (1984: 74) en relación con los
fechados en el neolítico valenciano. Nuestros análisis insisten en esta idea.
Sin embargo, serían necesarios estudios específicos en cada caso, así como
140 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
tener en cuenta que la presencia del denominado “lustre de cereal” garantiza
el empleo de estas piezas para el corte de herbáceas pero no necesariamente
de cereales.
El carácter marcadamente agrícola que pone en evidencia los útiles del
ajuar parecería, en principio, contraponerse al resultado de los análisis botánicos que no indican la presencia de plantas cultivadas. La explicación de
este hecho se encuentra en que no coincide el lugar funerario y el hábitat
que, sin duda, no debió estar próximo en atención a estas consideraciones y a
las prospecciones infructuosas efectuadas por nosotros en las proximidades.
La segunda fase de los enterramientos de El Milano, definida por los restos
de la cremación de un cuerpo acompañados únicamente de un fragmento
erosionado de cerámica campaniforme, expresa cambio significativos en
algunos aspectos del ritual. Las novedades se concretan en la individualización de un espacio funerario que pierde su carácter megalítico y la práctica
desaparición del ajuar. Sin embargo el adosamiento de la nueva sepultura
a las anteriores y la propia práctica de la cremación indican la vinculación
con lo anterior.
Esta última facies en estructuras funerarias tradicionales indica para
Mathers una modificación final de las prácticas de enterramiento colectivo, antes de que esta tradición sea rechazada y reemplazada durante la
Edad de Bronce por tumbas y artículos funerarios más individualizados
(Mathers 1984: 25).
En suma, la primera fase de enterramiento de El Milano va a suponer una
ruptura con las formas mortuorias tradicionales en cueva natural de raíz
neolítica. Sugiere el paso a las que estarán vigentes durante todo el Eneolítico
hasta llegar a la Edad del Bronce.
El origen de los enterramientos múltiples y primarios en Murcia no parece
coincidir con los orígenes del Eneolítico, sino que sería una forma empleada
en la facies anterior tal y como se advierte en Sierra de la Puerta (Cehegín) y
Cueva C-6 (Águilas), si bien no parecen tratarse de cuevas exclusivamente
funerarias como es el caso de la Cueva de los Tollos (Mazarrón). Los orígenes de la práctica múltiple funeraria podrían situarse, por paralelos con el
área valenciana, en un momento próximo al Neolítico II a mediados del IV
milenio (Bernabéu, 1988: 158).
Algunos yacimientos encuadrados en las fases iniciales de la denominada
“Cultura de Almería” (E. y L. Siret, 1890; G. y V. Leisner, 1943; Acosta y
Cruz-Auñón, 1981) presentan rasgos definitorios en cuanto a arquitectura,
ritual y ajuar funerario que podrían estar relacionados con el sepulcro de El
Milano, a reservas de la falta de contextos de las secuencias que se proponen.
La imposibilidad de un conocimiento directo de los sepulcros al no haber
podido visitar todos, por desconocimiento de su localización precisa31, nos
hace remitirnos al trabajo reciente de P. Acosta y R. Cruz-Auñón (1981).
En lo que definen como Neolítico muy final en transición, predominan las
plantas sencillas, siendo especialmente significativos los sepulcros de planta
simple oval de Loma de Cucador 11 y 12 en Cantoria, con unas dimensiones
de 1,55 x 1,25 m y 1,40 x 1,20 m respectivamente, parámetros que se acercan
31 Agradecemos a Ángela Suárez, arqueóloga territorial de Almería, el interés por ayudarnos a
intentar localizar los citados sepulcros.
Discusión | 141
al 1,40 m de diámetro de la sepultura que nos ocupa. Presentan además un
“pavimento enlosado” y unas dimensiones de 1,40 x 1,30 m, pero esta vez la
técnica constructiva empleada es la de losas y mampostería. No hay referencias a restos humanos como sucedía en Loma de Cucador 12, mientras
que en Loma de Cucador 11 únicamente se menciona que es colectiva sin
especificar número de individuos (Acosta y Cruz-Auñón, 1981: 286).
Los restos de fuego en plantas simples circulares u ovales, únicamente son
señalados en Loma de la Atalaya 8 y 12, en Purchena, y Loma de la Almanzora 10/16, en Cantoria, ambos de planta circular de mampostería y losas y
mampostería, respectivamente. También en Cantoria se sitúa la Cabeza de
la Copa 3/1 con una cámara simple oval de losas. Todas ellas tienen rituales
de inhumación colectiva (Acosta y Cruz-Auñón, 1981: 283, 289-290, 292 y
295). Pero estos sepulcros son clasificados en la fase II que correspondería
ya al Calcolítico32. En todo caso, no se especifica si son los restos humanos
y/o lgunas zonas concretas de los sepulcros los que se ven afectados.
La calcinación de los esqueletos de El Milano nos introduce en lo que
pudo representar para la sociedad que nos ocupa. Se ha advertido que una
misma cultura puede tener cremación e inhumación indistintamente, por
lo que no reflejaría necesariamente una diversidad étnica o religiosa dentro
de una comunidad, ni tampoco la llegada de unas gentes y/o nuevas ideas
religiosas (Ruiz Zapatero y Chapa, e. p.).
La modalidad de calcinación parcial de los esqueletos en unas fechas tan
antiguas nos lleva a la búsqueda de antecedentes peninsulares que habría
que remontar a inicios del IV milenio. Así, Martínez Navarrete recogía
los yacimientos de Lapa do Fumo, estrato B, que está datado por C14 en
el 3090±160 BC, asignado a un Neolítico II o medio con afinidades con la
cultura megalítica portuguesa. Igualmente señalaba que los hallazgos más
antiguos en España, fechados por radiocarbono, correspondían al túmulodolmen de Kurtzebide en Letona, del 2495±95 BC (Martínez Navarrete,
1984: 34-36).
A estas evidencias de calcinación, en este caso de maderas, se suma ahora
el sepulcro de El Miradero (Valladolid) con unas fechas de C14 del 3165
y 3205 BC. El túmulo con ajuares de tipo doménico, carece de estructura
propiamente megalítica y presenta un espacio central circular que sirve de
cámara, arropado por un área de piedras. Entorno a los cadáveres contraídos
y en especial sobre los cráneos de hallaron los materiales a modo de ofrendas (Delibes, 1987: 183-184). La estructura, en opinión de G. Delibes(1987:
187), respondería a un acondicionamiento de tipo geolítico de una tumba
de ocasión y no a diferencias culturales de fondo respecto a los grupos
propiamente megalíticos.
En la cultura de Chassey meridional francesa, que cubre la totalidad del
IV milenio y principios del III, hay cistas con restos humanos con cremación parcial (Abri du Fraischamp, la Roque-sur-Pernes, Vaucluse) y otras
de cremación no especificada en pequeñas cistas con lajas de piedra en la
necrópolis de la Bastidonne en Trets (Bouches-du-Rhône) (Courtin, 1976:
32 Únicamente la Loma de la Atalaya 4, en Purchena, correspondería a la fase I, siendo también una
planta simple circular de losas y mampostería.
142 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
261). En concreto, en la cueva del Noyer (Quercy), estos contextos se fechan
en el 3100±139 BC (Clottes y Costantini, 1976: 281 y 283).
La cremación-calcinación requiere un lugar determinado, posiblemente
fuera del sepulcro. Se ha señalado la presencia de un crematorio neolítico
en La Hoguette, en Calvados (Caillaud y Lagnel, cit. por Delibes, 1987). En
El Milano se encuentran algunos huesos calcinados en posición anatómica,
por lo que dif ícilmente el traslado de los cuerpos pudo hacerse cuando
estaban totalmente descarnados.
Dos o tres huesos de El Milano presentan señales de cortes probablemente
intencionados. Una falange humana de la Cueva del Calor, que corresponde
a un nivel del Eneolítico antiguo, tiene también fuertes incisiones en la zona
medial. Estas señales, junto a la cremación parcial, nos indican la práctica
de una intervención post-mortem sobre el difunto.
La intervención sobre el cadáver previa al enterramiento no debió realizarse en el lugar funerario sino en el poblado, incluso la cremación parcial.
No compartimos la hipótesis, según la cual las prácticas que implican una
acción del fuego tuvieron lugar en el propio sepulcro, sea éste cueva o megalito. A nuestro juicio, la elevada temperatura necesaria durante un tiempo
prolongado para la reducción parcial de la biomasa del cuerpo provocaría la
destrucción parcial del lugar y dejaría numerosas huellas en las paredes y el
depósito que dependerían de la litología del sepulcro, pero siempre algo más
que señales de humo y algunos carboncillos. Recordemos que la estimación
de la temperatura que afectó a los huesos de El Milano se encuentra entre
los 175 ºC y los 400 ºC se debería a un fuego abierto.
Parece pues evidente un deseo de “quemar” el cadáver tanto por combustión, como es la práctica mayoritaria, como por acción química que resulta
de la reacción de la biomasa con la cal viva para el caso de El Miradero. De
esta forma, la calcinación del individuo sería una práctica extendida y de
función profiláctica.
Esta hipótesis nos parece más adecuada que la propuesta por Mellaart para
los comienzos de la práctica de los enterramientos secundario, que sigue a
Perrot. Según ella, son resultado de las prácticas funerarias de las gentes que
murieron lejos del hogar, siendo enterrados en otro sitio y llevados al mismo
más tarde. Así pues, la tumba es la casa del hombre, el lugar al que siente que
pertenece, que quiere y donde anhela ser enterrado (Mellaart, 1975: 277).
Recientemente se ha señalado el hallazgo de fragmentos de huesos
humanos, mezclados con otros de animales y cerámicas, en algunas zonas
del poblado del Eneolítico de El Prado (Jumilla) con unas fechas BP del
4350±50 (BETA-7072), 4230±50 (BETA-7073), 4180±50 (BETA-7071),
4170±50 (BETA-7070), 4080±130 (HAR-146) y 3950±160 (BETA-7069)
(Walker.1986). Son interpretados por sus excavadores como los restos de
la exposición de cadáveres. Una vez reducidos a huesos serían trasladados
a la Cueva de los Tiestos con fechas de 3790±115 (HAR-160) y 3600±80
(HAR-358) BP (Lillo y Walker, 1988; Molina y Molina, 19733: 196-201).
Para nosotros, los mencionados hallazgos podrían responder a la pérdida
de algunos huesos humanos durante la ceremonia funeraria en el lugar de
habitación antes de su traslado al lugar funerario. Éste no sería necesariamente la Cueva de los Tiestos, en atención a su lejanía de unos 6 km sino
Discusión | 143
quizás, más bien, la Cueva del Cabezo de las Salinas (Vilanova y Piera, 1891).
Sin embargo, tampoco se puede excluir la posibilidad de que El Prado fuera
tanto un sitio funerario como de habitación en sus últimos momentos a raíz
de los últimos descubrimientos funerarios en habitat de Campos (Almería)
(Camalich, 1988 e.p.) y del Amarguillo II (Sevilla) (Cabrero, 1988 e.p.), así
como en La Viña (Cádiz) (Ruiz Fernández y Ruiz Gil, 1989: 7-13).
Así nos inclinamos por una intervención sobre el cadáver en el poblado y
excepcionalmente en el lugar del fallecimiento, que comprendiera la manipulación del cuerpo (¿antropofagia, desmembración,…?) y la posterior cremación parcial junto con elementos de cultura material.
Dada la temperatura no demasiado elevada (400 ºC) de dicho proceso, es
posible que se quedaran algunos “paquetes” anatómicos de huesos contiguos todavía unidos por tendones y ligamentos, tal y como pudiera tratarse
de los huesos largos distales de la pierna o del brazo con extremidades
correspondientes aún dependientes de estos. También se han observado
incisiones sobre ciertos huesos ocasionadas por animales carnívoros, que
debieron producirse bien durante una posible exposición del cadáver en el
lugar de habitación o como consecuencia de la excavación del sepulcro una
vez depositado allí el cadáveres
Esta práctica de cremación parcial, con un origen en el Neolítico final
y extendida en el Eneolítico antiguo, está ampliamente documentada en
Murcia, tanto en cuevas naturales como en megalitos, según ha puesto de
manifiesto Idáñez Sánchez (1986: 165-167) a los que se han sumado otros
en fechas más recientes (San Nicolás, 1987: 87-118).
Estaríamos ante una manifestación del horizonte de sepultura circular de
un poblado campesino al aire libre neolítico, señalado por Arribas y y Molina
(1979: 106). En este grupo así definido podríamos incluir la primera fase del
Cabezo del Plomo (5170±90 y 4930±120 BP), Las Amoladeras (4700±70 BP)
(García del Toro, 1987: 275), El Prado (4350-3950 BP) (Walker, 1985: 800),
Calblanque y Librilla, con una fecha, para este último, que se extiende desde
el 5610±330 hasta el 4500±100 BP (Walker, 1986).
Bibliograf ía general
146 | Conjunto prehistórico El Milano, Mula.
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