- Comprender Aragón

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COMPRENDER Y DISFRUTAR
EL PATRIMONIO DE ARAGÓN
Repertorio
de bienes patrimoniales de Aragón
y guía para confeccionarse
el propio itinerario
Agustín Ubieto Arteta
José Luis Garrido Monge
COMPRENDER Y DISFRUTAR
EL PATRIMONIO
DE ARAGÓN
Repertorio
de bienes patrimoniales de Aragón
y guía para confeccionarse
el propio itinerario
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Agustín Ubieto Arteta y José Luis Garrido Monge
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Primera edición: mayo de 2010
ISBN: 978-84-8465-353-0
Depósito Legal: Z-xxxx/2010
Impreso en España • Printed in Spain
Fotocomposición:
La Central, S. C. • Miguel Servet, 2, 3.º dcha. • 22002 Huesca
Imprime:
Ino Reproducciones, S. A.
Polígono Malpica - Sta. Isabel, calle E (Inbisa II), nave 35 • 50016 Zaragoza
ÍNDICE
CONSIDERACIONES EN TORNO AL PATRIMONIO ..........................................................
1. El patrimonio, de moda ..................................................................................................
2. Una metodología de trabajo para el estudio del patrimonio..........................................
3. Repertorio y guía didáctica previos al estudio metodológico.........................................
4. La amplitud de miras y la coordinación, vitales.............................................................
9
9
11
13
18
1. LA NATURALEZA AL DESNUDO ....................................................................................... 21
Espacio natural (23); Fósil (24); Foz (25); Galacho (26); Gruta (27);
Laguna (28); Mirador (29).
2. LOS SENTIMIENTOS DEJAN HUELLA............................................................................... 31
Advocación (33); Bruja (34); Busto-relicario (35); Cáliz (36); Calvario (37); Carnaval (38); Corporal (39); Exvoto (40); Orden mendicante (41); Patrón (42); Peregrinación (43); Reliquia (44); Romería (45);
Sacramento (46); Virgen (47); Virgen del Pilar (48).
Cartuja (49); Catedral (50); Colegiata (51); Ermita (52); Esconjuradero
(53); Mezquita (54); Monasterio (55); Peirón (56); Puerta-capilla (57);
Sinagoga (58).
Baldaquino (59); Claustro (60); Coro (61); Cripta (62); Órgano (63);
Pila bautismal (64); Sillería (65).
3. EL HOMBRE SE AGRUPA SOCIALMENTE Y SE DEFIENDE ........................................... 67
Calle (69); Carta puebla (70); Casa (71); Casa rural (72); Ciudad (73);
Ciudad islámica (74); Ciudad romana (75); Cueva-vivienda (76); Despoblado (77); Judería (78); Masía (79); Morería (80); Muralla (81); Pardina (82); Patio (83); Plaza (84); Poblado romano (85); Pueblo de
colonización (86); Término municipal (87); Villa romana (88).
4. EL AGUA Y LA SAL, VITALES ............................................................................................. 89
Acequia (91); Acueducto (92); Aljibe (93); Azud (94); Balsa (95);
Canal (96); Canal Imperial (97); Embalse (98); Estanca (99); Fuente (100); Lavadero (101); Nevera (102); Noria (103); Pozo (104);
Salada (105).
5. EL HOMBRE SE COMUNICA ...............................................................................................107
Aeropuerto (109); Almenara (110); Apellido (111); Apodo (112); Calzada (113); Camino jacobeo (114); Camino real (115); Estación (116);
Ferrocarril (117); Gentilicio (118); Lonja (119); Nombre de pila (120);
Paso de barca (121); Puente (121); Reloj de sol (123); Sendero (124);
Soportal (125); Venta (126); Vía verde (127).
6. LOS SÍMBOLOS DEL PODER ................................................................................................129
Cárcel (131); Casa consistorial (132); Casa de la Comunidad (133);
Castillo (134); Derecho aragonés (135); Diócesis (136); Diputación
5
Provincial (137); Frontera (138); Humilladero (139); Inquisición (140);
Justiciazgo (141); Mina de sal (142); Palacio (143); Palacio episcopal
(144); Provincia (145); Real Audiencia (146); Real Sociedad Economica de Amigos del País (147); Salina (148).
7. EL CAMPO, FUENTE DE VIDA ............................................................................................149
Acampo (151); Almazara (152); Almendro (153); Arroz (154); Azafrán (155); Azucarera (156); Bancal (157); Borda (158); Cava (159);
Cerveza (160); Cooperativa agraria (161); Especia (162); Frutal (163);
Harinera (164); Horno (165); Hortaliza (166); Industria alimentaria
(167); Latifundio (168); Legumbre (169); Madera (170); Molino (171);
Mueble (172); Olivo (173); Planta textil (174); Trufa (175); Vid (176).
8. LA AYUDA DE LOS ANIMALES ..........................................................................................177
Abrevadero (179); Arnal (180); Avicultura (181); Calzado (182);
Cañada (183); Casa de Ganaderos (184); Corral (185); Cuero (186);
Matadero (187); Oveja (188); Palomar (189); Paridera (190); Toro
(191); Trashumancia (192).
9. MENS SANA IN CORPORE SANO .......................................................................................193
Agua de mesa (195); Balneario (196); Baño (197); Botica (198); Hospital (199); Planta medicinal (200); Terma (201).
10. CON LA MUERTE EN LOS TALONES...............................................................................203
Campo de urnas (205); Dolmen (206); Mausoleo (207); Sarcófago
(208); Sepulcro (209); Tumba real (210).
11. LA MATERIA, TRANSFORMADA CON INGENIO Y ESFUERZO ................................211
Alabastro (213); Alcohol (214); Alfar (215); Aluminio (216); Automóvil (217); Azabache (218); Azufre (219); Batán (220); Calera (221);
Cantera (222); Fundición (223); Herrería (224); Hidrocarburo (225);
Hidroelectricidad (226); Hierro (227); Lignito (228); Mineral industrial
(229); Papel (230); Rejería (231); Telar (232); Vestido (233).
12. ENTRE LA CULTURA Y EL OCIO......................................................................................235
Archivo (237); Banda de música (238); Biblioteca (239); Cartulario
(240); Casino (241); Coleccionismo (242); Editorial (243); Escuela
(244); Idioma (245); Incunable (246); Instituto de Estudios (247); Instrumento musical (248); Mapa (249); Miniaturismo (250); Museo
(251); Teatro (252); Toponimia (253).
13. EL ARTE Y SUS MANIFESTACIONES...............................................................................255
Arte rupestre (257); Arte romano (258); Arte musulmán (259); Arte
mozárabe (260); Arte románico (arquitectura) (261); Arte románico
(escultura) (262); Arte románico (pintura) (263); Arte mudéjar (264);
Arte gótico (arquitectura) (265); Arte gótico (escultura) (266); Arte
gótico (pintura) (267); Arte renacentista (arquitectura) (268); Arte renacentista (escultura) (269); Arte renacentista (pintura) (270); Arte
barroco (arquitectura) (271); Arte barroco (escultura) (272); Arte ba6
rroco (pintura) (273): Arte neomudéjar (274); Arte neoclásico (275);
Alero (276); Azulejo (277); Bayeu (278); Esmalte (279); Goya (280);
Mazonería (281); Miniatura (282); Mosaico (283); Retablo (284); Tapiz
(285); Techumbre mudéjar (286).
14. LEYENDAS Y REALIDAD ....................................................................................................287
Amantes de Teruel (289); Campana de Huesca (290); Corporales de
Daroca (291); Doña Blanca (292); Escudo legendario (293); Escudo de
Aragón (294); Mora de Cella (295); Peregrino de Castiello (296); Salto
de Roldán (297); San Balandrán (298); Término municipal legendario
(299); Torico (300); Trovador (301); Virgen de Magallón (302); Virgen
del Portillo (303); Virgen de Salas (304).
MAPA DE LOCALIZACIÓN DE LAS FOTOGRAFÍAS..........................................................305
ÍNDICE DE LUGARES CITADOS .............................................................................................307
7
8
CONSIDERACIONES
EN TORNO AL PATRIMONIO
1. El patrimonio, de moda
Que el patrimonio está de moda por razones muy diversas es algo sobre lo que nadie tiene la
más mínima duda. No pasa día sin que los medios de comunicación social escritos, orales o visuales
proporcionen varias noticias relativas a él: rehabilitación de un edificio señero, recuperación de un
dance, apertura de un nuevo museo, rememoración escenificada de una gesta histórica, reivindicación
de bienes desaparecidos, restauración de un cuadro, recuperación de una romería… Se convocan en
los lugares más diversos y dispersos de nuestro territorio todo tipo de jornadas, congresos, exposiciones, muestras y conferencias para hablar de los más variados temas patrimoniales. Las ferias y fiestas
monográficas en torno al patrimonio son cada vez más numerosas; las hay sobre las judías, sobre el
cerdo, sobre la trufa, sobre el traje tradicional, sobre la longaniza, sobre oficios tradicionales… Rivalizan los carnavales de antaño (Bielsa, Épila, Valderrobres, San Juan de Plan) con los recuperados
o de nuevo cuño: La Fueva, Artieda, Echo, Alcañiz, La Fresneda…
En nuestras comarcas, el movimiento asociacionista de matiz cultural es un hecho evidente con
la aparición de decenas de agrupaciones más o menos nutridas muchas veces nacidas en poblaciones
que durante los meses del frío apenas cuentan con siete vecinos, pero que durante el verano estallan
de actividad. Promueven rehabilitaciones de molinos, cárceles, torreones, batanes, hornos, caleras,
ermitas o neveras en un momento en el que la nueva estructura administrativa comarcal ha acercado
el dinero y las posibilidades de ser oídos a aldeas y pueblos hasta hace pocos años ignorados. Si la
sintonía de la asociación con el Ayuntamiento es buena se conjugan intereses para recuperar jirones
de un patrimonio adormilado que, además de revitalizar raíces de los lugareños, sirven de reclamo
para quienes no las tienen provocando un goteo continuo de gentes a poco que el paisaje, sea estepario o alpino, se adorne con un establecimiento gastronómico atractivo. Que el patrimonio y su
disfrute está ganando cada vez más adeptos es un hecho cierto e incuestionable.
De pronto, la Edad Media, de la que generalmente se sabe poco, se ha puesto de moda hasta
surgir varias empresas de confección de vestidos y trajes medievales, aparte de los atuendos más o
menos antañones rescatados del fondo de baúles de la falsa. Se visten así a los personajes que rememoran importantes batallas o simples hechos cortesanos ciertos o legendarios. Hasta hace tres décadas, por ejemplo, la conmemoración del Primer Viernes de Mayo en Jaca y la Morisma de Aínsa
—en ambos casos para recordar la resistencia cristiana frente a los musulmanes— eran ejemplos tradicionales y arraigados. En los últimos años se han sumado, entre otros, la Estancia del Cid en El
Poyo del Cid; Montalbán rememora tanto a los monjes santiaguistas como al Cid, con el nombra9
miento del caballero del Montalbán, tras la lectura del célebre Cantar de Mio Cid en el marco de
una fiesta medieval; en Teruel han cristalizado definitivamente las Bodas de Isabel o los Amantes de
Teruel sobre el famoso texto legendario; en Cariñena, desde 2004, se conmemora la Exaltación del
Escudo o asedio de Cariñena por Pedro I el Cruel de Castilla; en Uncastillo se ha consolidado como
fiesta turística el recuerdo de los cincuenta caballeros que fueron apresados por los moros en 997;
Rubielos de Mora se incorpora en 2004 a este movimiento recordando el momento en el que Pedro
IV el Ceremonioso dio a la población el rango de villa; al lado, en Mora de Rubielos, la población
entera celebra la Morería que sirve de atractivo a miles de visitantes; Caspe trata en los últimos años
de consolidar la fiesta del Compromiso, declarada ya de interés turístico; Leciñena, que da un salto
hasta el siglo XIX, rememora la participación de sus gentes frente a las tropas francesas mediante la
Cabalgada. Últimamente, Calatayud ha alumbrado la Alfonsada, en recuerdo del Batallador que liberó a la ciudad de los moros… Poco a poco se van incorporando más y más acontecimientos escenificados siguiendo guiones de procedencia muy diversa. Se podría decir que Aragón entero se ha
lanzado a la calle tras un disfraz.
Por otra parte, surgen por doquier museos y más museos de la más variada índole amén de múltiples centros de interpretación. Los datos de finales del año 2004 nos hablan con claridad: más del
ochenta por ciento de los centros de interpretación aragoneses —que iban entonces camino de los
cincuenta— abrieron sus puertas entre los años 1995 y 2004, y casi el sesenta por ciento, entre 2000
y 2004; por su parte, los museos sobrepasaban los ciento setenta: el 82,5 por ciento nacidos entre
1995 y 2004 y, afinando un poco más, el 57 por ciento han aparecido entre 2000 y 2004. Existen
edificios-museo (dedicados a una institución o personaje concretos) y museos especializados: aparte
de los mixtos en los que se muestra un poco de todo, los hay de paleontología, arqueología, pintura,
escultura, dibujo y cerámica; legendarios, de historia y sobre supersticiones y brujería; de milicia y
heráldica; de música y de pedagogía; los dedicados al agua, al vino, a la cerveza y al aceite; existen
museos sobre la harina, sobre el pan, sobre la pastelería y sobre el azafrán; también sobre la ganadería,
las aves, la apicultura y el cerdo; podemos ver museos de la minería, la pólvora, la electricidad y el
viento; tienen su sitio la fragua y la carpintería, el calzado y el esparto, los juegos y los juguetes. Los
más numerosos son los dedicados al arte sacro y, sobre todo, los etnológico-etnográficos.
El fenómeno —al que hay que añadir la recuperación de los más variados edificios y todo tipo
de tradiciones— es imparable y ha supuesto un vuelco total en el panorama cultural aragonés. Ha
ido todo tan deprisa que merece la pena reflexionar acerca de lo conseguido con tanto esfuerzo e
ilusión. Personalmente, le hemos dedicado una ponencia en las jornadas epílogo sobre Aragón, y la
conclusión más destacada es que ese vuelco se ha dado sin orden ni concierto1. Como tal afirmación
puede resultar hiriente, convendrá explicar las razones.
No seremos nosotros quienes digamos qué debe conmemorar cada colectividad ni siquiera cómo
debe hacerlo, pero sí que se deba advertir a quienes se acerquen a disfrutar de esas dramatizaciones
y representaciones la entidad y calidad del espectáculo basado en la historia, la leyenda, el mero folklore o la pura invención. Una señal identificativa contrastada debería presidir su convocatoria para
aviso de todos.
1
10
Agustín Ubieto, «El patrimonio cultural aragonés en la encrucijada: una apuesta por el futuro», en Jornadas
epílogo sobre Aragón hacia el futuro, 2004 (actas). Zaragoza, Instituto de Ciencias de la Educación, 2006, págs.
45-80.
Por otra parte, para hablar de un centro de interpretación propiamente dicho no basta solo con
preparar aulas de trabajo y actividades, salas de proyección, salas de conferencias y de exposición;
tampoco es suficiente con dotarlos de modernos recursos audiovisuales y multimedia (proyecciones
virtuales, vídeos, grabaciones sonoras, espectáculos de luz y sonido, etc.) ni con elementos representativos (gráficos, mapas, planos en relieve, diaporamas, autómatas, maquetas, paneles, etc.). Todo
eso es estupendo, pero no basta. El contenido coherente, el análisis, la síntesis y la valoración son
imprescindibles y muchas veces se echan en falta, con honrosísimas excepciones, que las hay.
Por último, cualquiera que se acerque a una buena parte de los museos existentes —el 57 por
ciento de ellos nacidos entre 2000 y 2004— pronto se dará cuenta no solo de su diversidad temática,
como se ha indicado, cosa que es natural y magnífica, sino de la distinta calidad. Algunos están perfectamente dotados de medios materiales, didácticos y humanos, pero muchos otros tienen escasos
recursos de todo tipo. Únicamente abren todo el año el 37,6 por ciento; previo concierto de visita,
el 38,8 por ciento; el resto, en verano más sábados y domingos (7 por ciento) o sábados y domingos
(5,3 por ciento). Bastantes de los denominados museos no son sino colecciones, exposiciones o muestras permanentes —muchas de ellas magníficas—, pero no museos en sentido estricto.
El acercamiento a un centro de interpretación, a un museo o a una representación o dramatización puede basarse en motivaciones diversas que van desde el mero entretenimiento hasta la intención investigadora, pasando por la curiosidad, el placer turístico, la profundización culta, la
docencia, la referencia y el contraste, etc. Ante este cúmulo de expectativas el usuario tiene derecho
a saber qué es lo que va se a encontrar. Procede, pues, hacer un alto en el camino y tratar de poner
orden por parte de quien tenga autoridad y capacidad para ello.
2. Una metodología de trabajo para el estudio del patrimonio
Desde los años ochenta del siglo pasado, el fenómeno del patrimonio quedó enlazado con el estudio del llamado entorno, teniendo como destinatarios principales a los alumnos de Primaria y luego
a los de Secundaria; en la Universidad no siempre ha sido bien visto, como no sea para circunscribirlo
al marco más pequeño de un archivo, de un museo o de un yacimiento. En los centros de estudio comarcales y locales el goteo de trabajos más o menos profundos fue constante, aunque más centrados
en historias municipales.
La consideración del entorno como objeto de estudio oficial tomó carta de naturaleza en el Diseño Curricular Base del Área de Ciencias Sociales, conocido como D. C. B., documento que sirvió
de fundamento a la Reforma Educativa de 1991 en su etapa Secundaria Obligatoria, la ESO, cuando
reconoce que el ámbito de investigación más realista y adecuado a las características psicoevolutivas
de los alumnos de la ESO es el entorno próximo, es decir, el campo de experiencias próximas a los
mismos sobre el que se puede obtener información de primera mano con relativa facilidad, lo que
permite el contacto real con el fenómeno y supone una experiencia directa deseable en cualquier
sistema educativo que pretenda ser activo. No obstante, una buena parte de los trabajos sobre el entorno suelen carecer tanto de un entramado conceptual consistente como de una adecuada metodología de trabajo.
Para finalizar esta visión sucinta sobre el papel que desempeña el entorno o el territorio próximo,
es obligado poner de relieve el carácter de laboratorio que este entorno tiene para quienes trabajan
con él. Los elementos físicos (documentos escritos, yacimientos arqueológicos, neveras, retablos) y
los elementos intangibles (dances, costumbres, ritos) que sirven para hacer análisis no nacen en los
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libros, se llevan a los libros, porque los datos y elementos están en el archivo, en el yacimiento, en
la romería o en la iglesia de un entorno concreto. El problema es activarlos.
Si el entorno, el territorio cercano, muy trabajado en nuestras aulas, constituye un marco geográfico-territorial plagado de datos, objetos y vivencias es, asimismo, el espacio que acoge al patrimonio, es decir, todo aquello que nos han legado nuestros mayores, lo que significa que a la vez es
multiforme e ilimitado, útil e inútil, cercano y lejano, hermoso y prosaico; unas veces nos vanagloriamos de él, otras nos dolemos e incluso nos avergonzamos, pero, en definitiva, es algo nuestro, nos
singulariza. Como muchas veces es inservible para el hoy —un pozo, un peirón o un palomar, por
ejemplo—, solemos ignorarlo o lo que es peor lo destruimos. Mas a la ignorancia o a la desidia se
unen los intereses particulares y colectivos que nos llevan, por ejemplo, a enajenar un bien comunitario —la balsa que dio de beber antaño a los habitantes y animales del pueblo— para levantar una
urbanización de foráneos desarraigados. Adiós pozo, peirón, palomar y balsa.
También es cierto que el paso del tiempo, la climatología y algunas catástrofes naturales destruyen patrimonio cada día, pero la pérdida mayor se debe, sin duda alguna, a los expolios, a los robos
y al vandalismo. Quizás este último, que es multiforme, sea el más grave de todos porque es, en definitiva, fruto de la ignorancia y de la falta de sensibilidad, lo cual se palía en casa, pero sobre todo
en las aulas. Ahora bien, si en el estudio del entorno el aula se adelantó a las decisiones de política
educativa, en el caso del patrimonio ha sucedido al revés. Hasta la aparición del precitado D. C. B.
de Secundaria, todavía vigente, la palabra y el concepto de patrimonio apenas tuvieron reflejo, lo
cual ha tenido consecuencias muy negativas. Si el entorno produjo bibliografía abundante entre el
profesorado, el patrimonio apenas atrajo su atención, y el fenómeno de la eclosión de este, que es
bastante reciente, cogió a contrapié a ese profesorado, pero la reacción, aunque tardía, ha sucedido.
A pesar del escaso bagaje educativo en cuestiones de patrimonio, una serie de variadas circunstancias ha hecho que algunas modalidades o troceamientos interesados de este (el histórico, el artístico y el etnológico, fundamentalmente) se hayan puesto de moda: la mejora de la calidad de vida,
un turismo cada vez más selecto, el impacto de los medios audiovisuales, la popularización de una
tupida red de establecimientos hoteleros urbanos y rurales, la pugna entre sí de todas las Comunidades
Autónomas tratando de captar gentes de otros lugares, la revitalización de rutas adormecidas (la de
Santiago o la de la Plata, por ejemplo) o una nueva cultura surgida en torno a lo diferente, todo ello
ha provocado un enorme movimiento de masas capaces de degustar, en unas ocasiones, y de devorar,
en otras, cualquier tipo de bien patrimonial.
Excepto en el terreno educativo, pues, se preparó el país ante la avalancha que se le venía encima, y surgieron así a escala nacional diversas leyes (de Patrimonio Histórico Español —1985—,
Patrimonio Nacional, de costas, del suelo, de espacios naturales protegidos, de museos y archivos
nacionales, etc.); y, asimismo, se desarrollaron, en la década de los años noventa, todas las leyes autonómicas de patrimonio, llegándole el turno a Aragón en 1999. Su artículo 2 deja bien claro a qué
bienes afecta:
El Patrimonio Cultural Aragonés está integrado por todos los bienes materiales e inmateriales
relacionados con la historia y la cultura de Aragón que presenten interés antropológico, antrópico,
histórico, artístico, arquitectónico, mobiliario, arqueológico, paleontológico, etnológico, científico,
lingüístico, documental, cinematográfico, bibliográfico o técnico, hayan sido o no descubiertos y tanto
si se encuentran en la superficie como en el subsuelo o bajo la superficie de las aguas.
El texto, con el que coincidimos totalmente, es diáfano: abarca prácticamente todo lo que nuestros mayores nos han legado, y los aragoneses nos hemos puesto a defender, conservar, rehabilitar,
mostrar y a veces inventar patrimonio por doquier por instituciones públicas y privadas, por colectivos
de índole diversa, e incluso por personas individuales.
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A nuestro juicio, el patrimonio cultural aragonés se halla inmerso en una crisis de crecimiento,
en una auténtica encrucijada. Y es que a las circunstancias generales del país que han dado lugar a
la eclosión del patrimonio, en Aragón se une el nacimiento y desarrollo de las comarcas, que, sin
duda alguna, están siendo útiles en otros muchos terrenos, pero no del todo en el del patrimonio. La
competencia, muy teñida a veces de tintes políticos, está llevando a una descoordinación de la que
existen múltiples ejemplos, y si siempre se ha echado en falta un Instituto Aragonés de Cultura,
ahora más que nunca. La crisis de crecimiento se agrava, asimismo, por la carencia de unos estudios
capaces de formar generalistas en el tratamiento del patrimonio, a pesar de los loables esfuerzos que
la Universidad está haciendo con la impartición de varias titulaciones de Postgrado que no dejan de
ser sectoriales. Añádase a esto la proliferación de bienintencionados espontáneos muchas veces con
falta de formación adecuada, la aparición de pequeñas empresas de servicios culturales sin garantías
públicas de calidad y la convocatoria de trabajos y estudios por parte de instituciones diversas (sobre
todo comarcales y locales) que no siempre garantizan la bondad del producto final. El asunto merece,
a nuestro juicio, una reflexión colectiva y, si es posible, institucional que conduzca a un sello de calidad.
Como estos bienes patrimoniales son casi infinitos, es harto difícil diseñar un esquema conceptual previo de trabajo a partir de ellos, máxime cuando además se trata de insertarlos en un contexto
histórico y social que les dé razón de ser. Por eso nosotros hemos partido de una propuesta conceptual
basada en el entorno. Hay propuestas metodológicas para enseñar a trabajar en un archivo o en un
yacimiento, pero son inexistentes los diseños de conjunto. Este es el fundamento del trabajo titulado
Propuesta metodológica y didáctica para el estudio del Patrimonio2.
En la citada Propuesta…, en cada epígrafe del entramado de contenidos se explica y justifica,
en primer lugar, el porqué de su presencia. En segundo lugar, se enumeran y valoran las principales
fuentes existentes para cada bien patrimonial así como otros tipos de medios y apoyos; en tercer
lugar, se ofrecen soluciones metodológicas para trabajar con cada tipo de fuente, basadas todas ellas
en la experiencia de multitud de investigadores de nuestra tierra que fueron aportadas durante una
década a las Jornadas sobre Metodología de la Investigación Científica sobre Fuentes Aragonesas3;
en cuarto lugar, cuando los hay, se señalan los recursos didácticos que pueden servir para ilustrar e
incentivar cada aspecto concreto del trabajo; y, por último, se hace referencia a los bienes patrimoniales afectados con la explicación aclaratoria procedente.
3. Repertorio y guía didáctica, previos al estudio metodológico
Esta propuesta de trabajo estructurada no es más que un intento de ofrecer un método para
abordar el estudio generalista del patrimonio que acoge un entorno —quizás el local, pero también
2
Véase Agustín Ubieto Arteta, Propuesta metodológica y didáctica para el estudio del Patrimonio, Zaragoza, Prensas
Universitarias de Zaragoza, 2007, 115 págs.
3
Se trata de las actas de las diez jornadas celebradas en Monzón (1985), Jaca (1986), Albarracín (1987), Daroca
(1988), Piedra (1989), Graus (1990), Calamocha (1991), Barbastro (1992), Rubielos de Mora (1993) y Sos del
Rey Católico (1994), dirigidas por A. Ubieto y editadas por el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Zaragoza.
13
el comarcal— pensando tanto en trabajos de aula como en el quehacer de unos posibles centros de
interpretación general, locales o comarcales, como dinamizadores, catalogadores, investigadores y
difusores de los bienes patrimoniales de su zona de influencia, coordinados con los demás centros
para evitar duplicidades y aprovechar inercias.
A partir de los centros de interpretación general ha de surgir, en primer lugar, el repertorio de
bienes patrimoniales de un espacio concreto; en segundo lugar, una guía didáctica de bienes patrimoniales en la que deberían constar su justificación didáctica; cuáles son los ejemplos más significativos de la zona; cómo se puede acceder a ellos; y qué posibles referencias bibliográficas existen. Solo
esta tarea interpretativa generalista y previa nos permitirá pensar y decidir qué museo, qué exposición
permanente, qué yacimiento, qué pozo, qué batán, qué dance, qué salina, qué noria, qué ruta o qué
dramatización merecen la pena de ser apoyados para convertirse en objeto de referencia garante de
calidad y de exclusividad, merecedor de un viaje ex profeso. Como al lado existirá otro bien patrimonial meritorio, surgirán la ruta, las rutas, y al final, el Parque Patrimonial de Aragón que nada
tiene que ver con un parque de remiendos y retales.
Pondremos un ejemplo, el de una comarca en la que, tras la realización del repertorio previo,
emergen sobre los demás un cierto número de bienes patrimoniales: un palomar ignorado pero que
permanece intacto; un peculiar carnaval; una banda de música con más de setenta años de existencia;
una ermita románica, como otras muchas, pero con unos exvotos casi únicos en muchos kilómetros
a la redonda; todo un sistema material e institucional de aprovechamiento del agua para usos agrícolas
y unos cuantos bienes más, incluido un variado y rico repertorio toponímico alusivo a un sistema secular de vida agropecuaria. Los demás bienes patrimoniales, que son bastantes, los hay en cualquier
otro término municipal u otra comarca colindante, son repetitivos. Aunque todos merecen ser conservados y lo serán con el tiempo, se impone la priorización que requieren las inversiones necesarias.
El dilema está servido, y si nos viéramos en la tesitura de aconsejar a qué destinar los fondos económicos existentes, no habría duda si la red de caminos internos permite el paso de vehículos a paso
lento y si los habitantes de la comarca estuvieran ilusionados con el proyecto. El resultado, un parque
temático único en el mundo que reúne aspectos absolutamente de moda: sería respetuoso con la naturaleza, sería ecológico, sería patrimonial, sedante y didáctico. Nos hallamos, en este caso, en la comarca del Campo de Borja que nos sirve de ejemplo.
No seremos exhaustivos, pues si tuviéramos que hacer un informe ocuparía más de doscientos
folios, de modo que solo citaremos un porcentaje mínimo de los topónimos existentes y aun estos de
puntillas. Se trataría de poner de relieve aquellos cultivos, la vegetación autóctona, las vías de comunicación, la diversidad de rocas y tierras utilizadas o las infraestructuras productivas que sus nombres seculares señalan. El automóvil de nuestros visitantes de hoy caminará lento y se avisará a sus
ocupantes con letreros explicativos cómo se llama el paraje donde se encuentran para que observen
la adecuación del mismo con lo que ven.
Comencemos el recorrido. Por estar en los Machales, en la Pesquera o en el Quiñón se hallarán
ante unos pastos naturales, pues eso es lo que significan los tres términos; en la Vicera, topónimo
que asimismo se explicará, habrá una piara de cerdos, mientras que el recinto artificial rodeado de
redes o el levantado con cantos rodados para guarecer las ovejas nos dirán que estamos en la Malla,
o el levantado con cantos rodados de las Cortecillas para guarecer las ovejas harán justicia a su nombre. En el término de la Paridera, una de ellas, rehabilitada para la ocasión, mostrará con varias maquetas interactivas qué faenas se llevaban a cabo dentro de sus paredes. Se podrán visitar y recorrer
andando la Cañada (que está siendo recebada), la Cordelada y la Cabañera real, por las que el rebaño
del parque temático cambiará de lugar de pastos, sobre todo para ir al Berbegal, lugar de frescas
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hierbas donde las haya; la Carrera hace referencia a un camino ancho, mientras que el viejo trazado
del vial romano queda testimoniado por la denominada Calzada, sin duda referida a la romana que
por Tarazona comunicaba la Meseta con el valle del Ebro.
Tras el recodo del camino, llegaremos al Aguadero que está siendo reparado para que beban los
rebaños y los animales silvestres, y más adelante pasaremos por la Pila o por el Abrevadero que
ejercen las mismas funciones. Bebe un perro en la primera, mientras que en el segundo sacian en
aquel momento su sed varios terneros.
Según la época del año, convendrá tener cuidado al pasar cerca de las colmenas del Melero, del
Abejar o de las Arneras, anuncio de que en el pueblo próximo podremos comprar miel que sabrá a
romero o tomillo sin duda. Varias palomas, con su ir y venir sin tregua, nos muestran vivo el Palomar
que está en uso, lo mismo que el corral que se levanta en el Corte, donde nuestro nieto podrá ver
por primera vez gallinas vivas. En el río, escaso en aguas, vemos como en el Cañar se ha acotado un
recodo con simples cañas para facilitar la pesca, aunque un kilómetro aguas abajo el mismo procedimiento nos dice que estamos en el Corral que, como se ve, no es solo para gallinas y conejos.
Dos habitantes de los pueblos del parque están limpiando la maleza del Bardal (un letrero nos
explicará que es zona de zarzas) para que en su momento las que allí crecen libres den los frutos sazonados que se convertirán en mermelada para el desayuno en calma; luego irán al Barrillar para aligerarlo de plantas parásitas, pues de la barrilla capitana que allí crece cada año, tras ser secada al sol
en su momento, se derivará la sosa precisa para hacer el jabón que comercializa una familia del pueblo; cuidarán también con celo el Juncarillo, cuyos juntos flexibles no solo servirán para conocer algunos juegos de los peques de antaño, sino que permitirán tejer los cestos necesarios para recoger y
guardar los caracoles que reptan cansinos tras la tormenta. En otros pueblos del parque esta tarea se
hará en la Iza o en la Izuela, que son exactamente lo mismo, como rezan los letreros informativos.
Las plantas típicas de la comarca —convertida en Parque Natural— las podremos ver en el Romeroso, la Cardera y el Retamar, en el Fenollar o en el Ginestar, que está lleno de retamas; pasaremos
por el Aliagar, por la Artosa y por el Carrizal, y cuando el automóvil llegue lento al Oril, nos sorprenderá la presencia de laureles. Qué decir de términos como Parral, Nogueral o Figaral, Carrascal
o Cerezo, Manzanares y Olivares. Toda una lección de botánica.
Veremos, si es el tiempo, ensaladas, alcachofas y borrajas tan nuestras en los Hortales y las Cerradas, que todos son huertos de verdad, aunque los últimos, como indica su nombre, están vallados,
cercados. Abundan términos como Viñedo, Viñas y Viñales, lo que quiere decir que este cultivo
tiene raigambre secular en la comarca. También hay Olivares y en el Garbanzal los más pequeños
ven cómo es la planta de eso que tanto les dan de comer en el colegio; un poco más adelante, en
torno al Pilar de octubre, se arrancarán en el Azafranal o el Lafranar las flores cuyos estigmas, los
brines, trataron de competir con las especias llegadas de fuera y hoy han resurgido en el parque. También tuvieron lugar los Linares, de manera que su planta leñosa, trabajosamente amansada y suavizada
dio lugar a toallas y manteles para la casa y camisas y blusas para los habitantes de sus pueblos.
Las aguas escasas del río fueron aprovechadas al máximo, a conciencia, tanto para campos como
para huertos. Microtopónimos delatores de ello aparecen en toda la comarca-parque. Veremos cómo
es en el Azud de raigambre mora donde nacen las acequias que delatan los términos de Gamellas,
Partidero o Brazal (acequia menor derivada de otra más grande); pasaremos junto a la Fila (o paradera
de la acequia levantada de piedras o con simple césped) y la Arquilla, o lo que es lo mismo, la compuerta en la que encaja la paradera de hierro o madera para retener y desviar al agua; también podrá
ver el visitante los Alcabuces. Todas estas venillas de agua serán salvadas con puentes rústicos que
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están a la vista en Pontarrón y Gallipuén. En la Ñora, se habrá reconstruido una noria trabajadora,
que ya son contadas las que quedan.
Pero el agua tan necesaria en estos parajes se manifiesta en todo el parque de muchas otras maneras y con utilidades distintas, habiendo dejado múltiples microtopónimos delatores. Todos los pueblos cuentan en sus términos municipales con el topónimo Fuente para agua de boca, e incluso el
Ojo da agua fresca, pero también hay Pozo, horadado con arduos trabajos comunitarios. Igualmente
hallaremos múltiples depósitos naturales de agua más o menos pequeños en los que se recoge la de
lluvia: aquí y allá hay Balsa, Badina, Laguna o Alaguna, mientras que con artificio, desviando el
agua del río pero dándole salida, se originó la Estanca. Es agua para el ganado, para lavar y, en muchas
ocasiones, fruto de tormentas veraniegas, incluso para beber si la fuente se ha agostado. Por no faltar,
no falta el Aguasal en Ambel, donde se estancaba agua salobre debido al subsuelo salino, sal explotada
con permiso de los señores.
La variedad de rocas del suelo y del subsuelo propició su aprovechamiento para los más diversos
usos por parte de los lugareños. La cal —tan necesaria para la construcción, para el blanqueo de fachadas e interiores y para la desinfección— tiene presencia toponímica y real en la Calera y el Blanquizo. Un horno especial para purificarla —reconstruido en el parque para que sirva de ejemplo—
era siempre el complemento necesario. Para la construcción, la grava se tomaba en la Monsarra; las
piedras más gruesas, en el Cantal o los Cantales, mientras que para la elaboración de tejas y adobes
(algunos se están secando hoy al sol) los Terrales eran y son inmejorables. Si la arcilla se arrancaba
en la Marga, el yeso crudo lo hallaremos sin duda en la Aljecera, aunque, no obstante, la señora de
las rocas será la piedra de la Cantera o de la Pedrera, con cuyos sillares una vez labrados se levantaron
los edificios más nobles.
Aparte de los núcleos urbanos con caserío más o menos compacto, todo este amplio agro aparecía salpicado de edificaciones aisladas para animales y personas: podremos verlas durante el paseo
en los términos Paridera, Corral, Torre, Villa y Almunia, y sabemos a qué términos municipales pertenecen por el hecho de que nos aparecen varios lugares que se refieren a sus delimitaciones, como
denuncian los términos de Muga, Hueda y Mojón.
En la cercanía de los pueblos aparecen buen número de términos relacionados con actividades
industriales fundamentales para aquel vivir diario. No faltan referencias al Tejar, uno de ellos vivo
para dar más realismo al parque; y que había alfareros de odres para aceite nos lo comunica el término
Barquineros, en tanto que en la Cantarería del barro surgieron cántaros para llevar agua de beber y
cocinar de la fuente a las casas. Las aceitunas recogidas en mantas durante el otoño-invierno nos
llevan al Trullar o al Trulluelo, almazara donde se hacia el caldo aceite del año e incluso más para el
mercado de Tarazona. Pero, sobre todo, en este somontano abundan bodegas y molinos. El término
Bodega está presente en casi todos los términos, lo cual nos habla de la antigua tradición vitivinícola
de la actual comarca. Hallaremos el microtopónimo Molino, ligado generalmente a una acequia más
que al río, aunque alguno de ellos bien pudo ser un batán para enfurtir y eliminar la grasa de lanas y
cueros. Por último, la necesidad de conservar los alimentos en condiciones e incluso con fines terapéuticos obligó a que las gentes de estas tierras levantaran las Neveras, una de las cuales se ha rehabilitado. Estos pozos, por lo general revestidos internamente de ladrillos y cubiertos con bóveda,
requirieron ímprobos y peligrosos trabajos para conservar la nieve helada entre mantos o capas de
paja o para eliminar el agua del deshielo. A la de Magallón —casi intacta y con algo de nieve helada
todavía— se encamina nuestro coche.
En nuestro parque todo está integrado, en su sitio, funciona. Y no hemos hablado ni del 10 por
ciento de las cosas que tantos otros topónimos denotan, ni hemos entrado en ningún pueblo, donde
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el anuncio de las calles del Mercado, Zapatería, Horno, Tenerías o Tintes, entre otras, prometen más
encuentros interesantes con el pasado. Lo cierto es que entre la realidad serena del paraje, la utilización de recursos modernos y la imaginación de cada uno, el visitante de nuestro parque ha podido
vivir inmerso durante una horas en el siglo XIX e incluso en la época de Fernández de Heredia o Zurita, ha vivido su patrimonio y se ha acercado a sus raíces.
Pocas veces encuentra uno un patrimonio toponímico tan variado y monográfico a la vez, tan
rico y consistente como el de la comarca borjana. Por las claves que encierran para comprender el
entorno que nos rodea, los nombres de nuestros parajes, que son patrimonio, deben ser conservados
aunque hoy no cumplan por desuso las funciones que antaño desempeñaron y que, en este caso, podrían dar lugar a un escenario de historia viva, lo cual parece un contrasentido. Todo surgió de un
repertorio previo cuyo análisis nos convenció de la riqueza incalculable que la comarca encerraba
en sí misma y en relación con las otras, sobre todo las circundantes. Tras haber elaborado el repertorio,
se trabajó metodológicamente durante cierto tiempo en un imaginario centro de interpretación y el
resultado es una propuesta de parque temático y natural que por sus características es único. Entran
en juego entonces otras instancias políticas y económicas que son las que tienen capacidad para llevarlo a la práctica tras valorar su viabilidad.
Pues bien, el trabajo que el lector tiene en sus manos constituye, como reza el subtítulo, un repertorio inacabado de bienes patrimoniales de todo Aragón. En este caso, para su realización han
conjugado sus esfuerzos dos autores pues este tipo de trabajo requiere siempre colaboración. Para la
laboriosa recogida de documentación, se contó en 2004-2005 con la ayuda económica del Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior de la DGA, con cuya acquiescencia se edita el trabajo
elaborado, cuya redacción básica data de 2006.
Se diseñaron previamente amplios capítulos en los que agrupar los bienes patrimoniales tanto
materiales como inmateriales que nos parecieron más significativos, a sabiendas de que quedaban
muchos más fuera de esta horma. Esos capítulos tienen que ver con la naturaleza al desnudo; los sentimientos dejan huella; el hombre de agrupa socialmente y se defiende; el agua y la sal, vitales; el
hombre se comunica; los símbolos del poder; el campo, fuente de vida; la ayuda de los animales;
mens sana in corpore sano; con la muerte en los talones; la materia, transformada con ingenio y esfuerzo; entre la cultura y el ocio; el arte y sus manifestaciones; y leyendas y realidad. Prácticamente
están recogidas todas las actividades humanas que han dejado huella patrimonial.
En ese ensamblaje se han ubicado los casi doscientos cincuenta bienes patrimoniales elegidos,
cada uno de los cuales ha sido tratado de la misma manera en una ficha de iguales proporciones para
dar homogeneidad al trabajo a pesar de su desigual calado: en primer lugar, se ofrece una justificación
didáctica de por qué ha sido seleccionado, proporcionando un ejemplo fotográfico y procurando una
distribución geográfica equilibrada; luego se presenta una selección siempre arriesgada de cada bien
patrimonial en el territorio comarcal aragonés, con una valoración en forma de estrellas, en la que
han sido tenidos en cuenta criterios de unicidad y de calidad, estado de conservación, influencia en
el entorno, etc., tratando de objetivar al máximo algo que puede tener una importante carga de subjetivismo. Es un riesgo asumido en la seguridad de que son todos los que están aunque no estén todos
los que son. Por último, un amplio índice toponímico nos conduce fácilmente a todas las poblaciones
aragonesas citadas tanto en la parte primera, la justificación didáctica, como en la segunda, en la
que se ponen ejemplos concretos.
Sin duda alguna, la lista de bienes patrimoniales no incluidos en el repertorio es casi infinita.
Alguien echará en falta acuartelamiento, alfolí, antifonario, belén, carruaje, cerdo, chocolate, cine,
cofradía, cruz parroquial, cruz de término, custodia, energía, era, gozo, hospital, iglesia, migas, minas,
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molinos polvoreros, navatas, papel, pez, plantas aromáticas, prensa, procesión, queso, resina, seminario, vidrio, yesería y tantos otros bienes patrimoniales que harían esta obra interminable. El resultado que se presenta no es nada más que un repertorio que pasaría a la categoría de guía si no fuera
porque le faltan, al menos, referencias bibliográficas así como indicaciones de acceso.
4. La amplitud de miras y la coordinación, vitales
Para finalizar, quisiéramos hacer dos consideraciones de carácter general. Ambas tienen que ver
con el riesgo que se corre de caer en el «egolocalismo» excesivo, si esa palabra existiera.
Por una parte, para poder tomar decisiones tanto de carácter político-cultural como económicas
para preservar, revitalizar o poner de relieve un bien patrimonial cuanto mayor es el territorio o entorno analizado se pueden alcanzar conclusiones más universales: por eso mejor una comarca que un
municipio. Pondremos un ejemplo aclaratorio tomando como base el análisis todo Aragón, pues de
otra manera sería imposible llegar a conclusiones semejantes. El ejemplo, bien significativo por cierto,
se refiere a la barrera constituida por el río Ebro, barrera física —hoy menos que antes— pero también
psicológica, cultural y patrimonial.
Un colega nuestro, el profesor Gonzalo M. Borrás, ha insistido en ello al explicar por qué es
raro hallar edificios mudéjares al norte del río y románicos al sur, aunque haya excepciones en ambos
casos. Su tesis se reafirma con multitud de otros ejemplos fruto del estudio global del patrimonio aragonés. Porque esa divisoria se da, asimismo, cuando cartografiamos los calvarios o vía crucis erigidos
para rememorar los últimos días de la vida de Jesús de Nazareth, lo que se conoce como la Pasión,
sin tener que acudir a la Palestina tradicional, sucedáneo que parece haber sido puesto en práctica
por los franciscanos. Los catorce cuadros iconográficos de que constan pueden estar en una iglesia,
en las calles de un pueblo o a lo largo de empinados caminos en un montículo cercano al poblado
hasta coronar en el Gólgota, donde generalmente suele levantarse una ermita: al norte del Ebro,
aunque los hay, son contados los ejemplos; sin embargo, las provincias de Zaragoza y, sobre todo, la
de Teruel son ricas en este tipo de manifestación religiosa.
Lo mismo sucede con los templetes más o menos cercanos a muchos de nuestros pueblos, pequeños habitáculos generalmente abiertos por los cuatro costados. Los del norte del Ebro, abundantes
en la provincia oscense, reciben el nombre de esconjuraderos y tenían —aún la tienen algunos—
una función bien definida: desde allí el sacerdote del pueblo, o un vecino, a falta de este, invocaba
al cielo, generalmente a santa Bárbara, cuando la tormenta recia amenazaba campos, ganados y personas. Los parecidos templetes sureños del Ebro son humilladeros y sus funciones son totalmente
distintas; tienen que ver con el ajusticiamiento en la picota o con la exposición pública de los reos
para que sirvieran de escarmiento.
En el sur ibérico y no en el norte, son corrientes las puertas-capilla abiertas tanto en las antiguas
murallas de nuestros pueblos como en los muros que dividían a veces sus distintos barrios o colaciones.
Advocaciones diversas, pero fundamentalmente san Roque, san Antonio o variantes de la Virgen
presiden las capillas abiertas en su parte superior. Norte y sur se comportan una vez más de diferente
manera.
Lo mismo sucede con el toro, de tradición multisecular en Aragón: más del 80 por ciento de las
plazas de toros fijas se encuentran en tierras ubicadas al sur del Ebro —Teruel (23), Zaragoza (21) y
Huesca (4)—. Pueblos hay en los que cada barrio o cada asociación compra su propio toro para correrlo por las calles durante el verano y, sobre todo, en las fiestas. Además de las tradicionales corridas,
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que son escasas, en buena parte de la provincia de Zaragoza y en toda la de Teruel, los festejos con
toros son numerosísimos y variados. Aparte de las más comunes vaquillas, se corren toros ensogados
o enmaromados, toros embolados, toros de fuego, toros enjubillados, toros con roscadero.
Los ejemplos de esta divisoria norte-sur son todavía muchos, pero para finalizar con esta realidad
nos centraremos en el terreno de las advocaciones de santos relacionadas con el fenómeno romero
a Compostela, los santos Martín, Cristóbal, Santiago, Úrbez y Millán. Tras cartografiar todas las ermitas, iglesias y montes dedicados a los cinco, veremos cómo las dedicadas a Santiago se distribuyen
de manera aleatoria por todo Aragón; los de san Úrbez, son corrientes en el Pirineo y los de san Millán, próximos a la frontera con Castilla. Sin embargo, podemos asegurar que en los dedicados a san
Martín y san Cristóbal existe una exagerada bipolarización: la provincia de Huesca es sanmartiniana
y la de Teruel sancristobalina, ambas de manera exagerada. Puede darse el caso curioso de que a lo
largo de la vía que corre entre Alcañiz y Calamocha y la que desde Teruel desciende por el Jiloca
hasta Daroca existen cerca de veinte picos montañeros denominados de San Cristóbal, fenómeno
que todos sabemos que es anormal. Una vez más, norte y sur del Ebro se comportan de manera distinta.
Estas realidades solo son detectables cuando se trabaja con un repertorio que abarca todo Aragón. Trabajar con un solo municipio empequeñece la visión de conjunto, por lo que creemos recomendable que varias comarcas colindantes aúnen esfuerzos, lo que eliminará el riesgo de repetir
actuaciones innecesarias en bienes patrimoniales parecidos. El ombliguismo puede costar muy caro.
Ello nos conduce a una segunda y última consideración, a afirmar categóricamente que el tratamiento del patrimonio requiere coordinación. Surgen como setas los centros etnológicos que, como
almacenes ordenados, muestras o colecciones, están muy bien, pero abren sus puertas en calidad de
museos despreciando a los que de verdad lo son y se comportan como tales. Quizás uno solo bueno
sería más recomendable. El del Camino de Santiago es otro de los muchos ejemplos posibles. El territorio aragonés conserva miles de datos y evidencias acerca de los muchos caminos jacobeos que lo
atravesaron, pues personalmente podemos atesorar más de diez mil. De esos datos, unos son concluyentes (documentos escritos —visitas pastorales, aranceles y testamentos—, documentos pictóricos,
fueros de determinadas poblaciones, leyendas, heráldica, toponimia rural y urbana, salvoconductos,
hospitales, estatutos de cofradías dedicadas a los peregrinos, unos pocos libros de viajes, conocidas
reglas monásticas que obligaban a atender al romero, etc.), y otros son indicios indirectos (ermitas,
iglesias, montes, etc., dedicados a advocaciones proclives a la ayuda al peregrino), todo lo cual acaba
de perfilar itinerarios bastante precisos. A pesar de ello, cada cual hace la guerra por su cuenta con
tal de que una de esas rutas pase por la puerta de su casa. Un letrero con caracteres góticos no es suficiente para conferir la vitola de Camino de Santiago; alguien debe coordinar ese proceso, sin duda,
la Administración. Esta realidad nos recuerda las recientes palabras del titular de Política Territorial,
Justicia e Interior: «Si las comarcas no se ponen de acuerdo, no se transferirán nuevas competencias»4.
Momento es de finalizar. La propuesta de un método de trabajo —que en este caso nos ha llevado a la realización de este limitado repertorio de bienes patrimoniales aragoneses— debe constituir
una tentativa de análisis. Si cada comarca contara con un Centro de Interpretación Comarcal o un
4
Pronunciadas por el consejero Rogelio Silva en AM (Aragón Municipal), 89, abril de 2008.
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Centro Comarcal de Estudios, de los que ya existen varios en todo Aragón, trabajos semejantes asegurarían el acierto a la hora de priorizar fondos económicos para rehabilitar y potenciar nuestro rico
y variado patrimonio. Pero acabaría de asegurar la coherencia necesaria el nacimiento del tantas
veces invocado Instituto Aragonés de Cultura de modo que, sin menoscabo de los centros de estudios
provinciales y centros comarcales de estudios (a los que se unirían los centros comarcales de interpretación donde no existieran los segundos) que formarían parte del magno instituto, se podrían
trazar actuaciones generales pensadas para todo Aragón. Nuestro rico patrimonio lo merece y lo demanda.
20
I
LA NATURALEZA AL DESNUDO
h
Espacio natural ............................................................... 23
Fósil ................................................................................ 24
Foz ................................................................................... 25
Galacho .......................................................................... 26
Gruta .............................................................................. 27
Laguna ............................................................................ 28
Mirador ........................................................................... 29
ESPACIO NATURAL
El imparable proceso de industrialización iniciado a finales del siglo XIX, la generalización del turismo de masas y la explotación desmedida de materias primas han
puesto en peligro el entorno natural. Con el
fin de detener posibles desmanes en la naturaleza y evitar el deterioro de lugares de gran
riqueza ecológica y cultural, los legisladores
españoles y europeos crearon los espacios
naturales protegidos.
Los Órganos de Montoro tienen un sitio
Si las medidas para la conservación de
en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Aragón
estos espacios se iniciaron en la década de los
ochenta, desde entonces Aragón ha pasado
de proteger el 0,36 por ciento (1984) del territorio al 2,32 por ciento (2000). Los espacios naturales pioneros
fueron el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural del Moncayo y el Monumento
Natural de San Juan de La Peña. Paulatinamente, a estos entornos se han ido sumando otros nuevos, como
el Parque Natural de Posets-Maladeta, la Reserva Natural de Los Galachos, el Monumento Natural de los
Glaciares Pirenaicos o el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno, por citar algunos.
El extenso territorio aragonés ofrece una diversidad enorme, desde paisajes de alta montaña —en los
que podemos contemplar glaciares, morrenas o ibones— hasta paisajes típicamente mediterráneos de carrascas y matorral, pasando por humedales y algunas zonas de especial protección para las aves (los denominados ZEPA) o espesos bosques de pinar. Su visita constituye no solo una lección de belleza, sino
también un riguroso aprendizaje sobre la relación del ser humano con el medio.
Aparte de Ordesa y Monte Perdido✪✪✪, la declaración de Parque Natural de la Dehesa del
Moncayo✪✪ es de 1987. Sus 1389 ha constituyen una sucesión completa de los diferentes pisos bioclimaticos (matorral mediterráneo, carrascal, robledal, hayedo relicto, pinar de repoblación), así
como formaciones geomorfológicas de modelado glaciar y periglaciar (circos, morrenas y derrubios).
En 1991, era declarada como tal por las Cortes de Aragón la Reserva Natural de los Galachos
de La Alfranca, La Cartuja y El Burgo de Ebro✪✪, además de Zona de Especial Protección para las
Aves (ZEPA) por la Directiva 79/409/CEE.
El Parque de la Sierra y Cañones de Guara✪✪✪ fue declarado por Ley en 1990, además de ZEPA
por la Directiva 79/409/CEE, con 47 450 ha de parque y otras 33 775 ha de zona periférica de protección. Encierra varios tipos de relieve (kárstico, dolinas, grutas, simas, cañones) y de bosque mediterráneo, con enclaves de bosque atlántico y pastizales de montaña. Las sierras de Guara, Gabardiella, Arangol, Balcés y Sevil y los cañones de los ríos Flumen, Guatizalema, Alcanadre o Vero
constituyen un auténtico paraíso natural.
Las 33 267 ha del Parque Posets-Maladeta✪✪✪, declarado como tal por las Cortes de Aragón
en 1994, afectan a los términos de Benasque, Gistaín, Montanuy, Sahún y San Juan de Plan, y van
desde los 1500 metros en el fondo de valle y los 3404 metros en la cima del Aneto, con varias formas
de modelado glaciar (morreras, ibones) y fenómenos kársticos, y diversas especies endémicas y en
peligro de extinción de flora y fauna propia de los pisos bioclimáticos de alta montaña.
Se camina hacia una Red de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (RENPA), como las selvas de Zuriza y Oza, el Turbón, los Mallos de Riglos, las Ripas de Alcolea y Ballobar, las lagunas de
Bujaraloz, la estanca y salada de Alcañiz, o los Órganos de Montoro, entre otros muchos.
23
FÓSIL
Hasta hace poco más de dos siglos se creía que nuestro
planeta era bastante joven —alrededor de cuatro mil años—
y que mantenía el mismo aspecto desde sus orígenes. Los
avances de la Geología y de la Paleontología han desmentido
esas impresiones. Los registros de fósiles eran el testimonio
de que las especies animales y vegetales no habían sido siempre las mismas; y la posición de los registros fósiles en ciertas
capas del suelo demostraba desapariciones, transformaciones y evoluciones que habían afectado a la superficie del planeta y a sus moradores; por añadidura databan la edad de la
Tierra en millones de años. Pero antes de estos descubrimientos, los fósiles se contemplaron como obra sobrenatural con
propiedades mágicas y religiosas, o como animales que quedaron como restos del diluvio universal. En Aragón hay referencias a la creencia de que fósiles especialmente grandes
eran huesos de gigantes muertos, como en Concud (Teruel).
En Murero, los trilobites han alcanzado
la categoría de símbolo
La ciencia explica la existencia de fósiles por procesos
físico-químicos complejos pues al morir un organismo, si sus
restos quedan enterrados en determinadas circunstancias, comienza un proceso de intercambio entre los
componentes orgánicos y el suelo. Con el tiempo estos componentes orgánicos pueden encontrarse fosilizados.
Respecto a su tipología, es muy variada. Se clasifican según la característica del resto orgánico, su
época geológica o sus rasgos anatómicos. Aragón es una tierra rica en yacimientos con fósiles que se remontan a hace seiscientos millones de años.
Un viaje por el fascinante mundo de los fósiles aragoneses es un viaje por la historia de nuestro
planeta. Los yacimientos más importantes están en Murero (con fósiles de 520 millones de años de
antigüedad), en Libros, Riodeva (donde se ha encontrado un saurio gigantesco), Rubielos de Mora
(20 millones). Les siguen en importancia Galve, Peñarroya de Tastavins, Montalbán, Ariño, Puig
Moreno, Castellote, Daroca, Calatayud, Villafeliche y Arén. La historia comienza hace más de 550
millones de años, en el periodo Precámbrico, del que tenemos restos, aunque no muchos, entre las
sierras de Vicort y Cucalón; del Cámbrico (entre 550-500 millones de años), Aragón posee en Murero✪✪✪ uno de los más interesantes yacimientos del mundo. Luego no hay periodo geológico del
que Aragón no tenga fósiles, lo que lo convierte en un auténtico laboratorio universal, sobre todo
la provincia de Teruel, a la que acuden estudiosos de todo el orbe.
Como esta historia sería difícil, ininteligible e inacabable, remitiremos a aquellos centros en
los que de manera didáctica nos narran los resultados de lo hallado e investigado. En Zaragoza, el
Museo Paleontológico de la Universidad tiene dos salas, la Longinos Navas✪✪✪ y la Lucas Mallada✪✪✪, con visitas guiadas; también disponen de interesantes museos de fósiles los colegios Rosa
Molas✪ de Zaragoza, y La Salle✪ de Teruel. En Galve se halla el Museo Paleontológico✪✪. Mención
especial hay que hacer a Dinópolis✪✪✪, en Teruel, la mayor exposición paleontológica de Europa,
dividida en varias secciones: Dinópolis. Región Ambarina✪✪ (Rubielos de Mora), Dinópolis Legend
Park✪✪ (Galve); y Dinópolis Inhóspitak✪✪ (Peñarroya de Tastavins).
24
FOZ
A veces las aguas de los ríos que surcan los valles de
los Pirineos o de la Cordillera Ibérica, en lugar de desviarse
ante el obstáculo de semejantes moles, las atraviesan. Este
admirable fenómeno se produce, entre otros motivos, por la
erosión de sus aguas bravías. A lo largo de miles de años, la
velocidad y el caudal del río han horadado la roca caliza
hasta originar una especie de tajos en la montaña, semejantes a los formados por el filo de un cuchillo en una materia
blanda. Algunos de estos tajos estrechos y abruptos por los
que, en principio, solo pasaba el agua fueron domesticados
en parte por el hombre que ha unido sus orillas con atrevidos
puentesa o ha hecho sitio para la carretera y a veces hasta
para el tren. Aunque presentan sutiles matices que los diferencian, reciben nombres distintos según las zonas y el vocablo foz alterna con los de hoz, cañón, garganta, gorgocha,
desfiladero o congosto. Como ejemplo de matiz, en la Ribagorza la foz se debe a un río de agua constante mientras que
Estrecho congosto tajado por el río Pitarque,
cerca de la población del mismo nombre
el congosto correspondería a un barranco ocasional. Desde
el punto de vista de la geografía física, todas estas formaciones se asimilan dentro de las formas kársticas, propias de terrenos calizos y yesíferos.
Este tipo de impresionantes paisajes se localizan principalmente en las Sierras Exteriores pirenaicas
(ríos Aragón, Gállego, Cinca, Noguera Ribargozana y sus afluentes) y en la Cordillera Ibérica (ríos Jalón,
Mesa, Piedra, Huerva, Aguasvivas, Martín, Guadalope, Matarraña y Mijares). Hasta que el hombre los dominó
en parte, estas angosturas provocaron el aislamiento de muchos valles pirenaicos, lo que explica en parte
que cada uno tenga su propia personalidad.
En la Jacetania, surcada por el río Aragón y afluentes, entresacamos las foces de Burgui y Sigüés,
Fago, Majones, Biniés✪ y la Boca del Infierno✪✪✪ que conduce al viejo puerto del Palo. En el Sobrarbe, Ara, Cinca y afluentes han tenido que abrir tajos inverosímiles: la garganta de los Navarros,
el desfiladero de Jánovas, el valle de Añisclo✪✪✪ (Ordesa), las gargantas de los ríos Yesa y Bellós✪✪;
el estrecho de las Devotas y el Entremón. En la Ribagorza, los ríos Ésera e Isábena, antes de unirse
al Cinca, y el Noguera Ribagorzana rivalizan en estrecheces: destacan los congostos de Ventamillo✪✪✪ y Obarra, el congosto de Olvena✪✪, con su puente inverosímil, y el paso d’Escales. En La
Litera, en el Noguera Ribagorzana y sufragáneos, el congost de Baldellou y de Montrebey✪✪, en el
límite con Cataluña. Y ya en la Hoya de Huesca, el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara✪✪✪, un espacio natural privilegiado, acoge bastantes foces originadas por los ríos Flumen, Guatizalema, Alcanadre, Calcún, Formiga, Balcés, Mascún y Vero, entre las que destacaremos las Gorgas
Negras, Mascún y los Oscuros de Balcés.
En la Ibérica, las hoces suelen estar menos humanizadas, sin carreteras que las transiten; los ríos
Jalón, Piedra, Mesa y Huerva crean varias hoces; así podemos atravesar las hoces del Jalón, los cañones del Mesa✪✪, las hoces del río Piedra y las gargantas del Huerva. El Aguasvivas genera las
hoces de Huesa del Común, en tanto que el río Martín atraviesa el cañón de Peñarroyas, los desfiladeros entre Obón y Alcaine, y los cañones del Martín✪✪, cerca de Albalate. El río Guadalope abre
la Hoz Mala✪✪, la Boca del Infierno, los Órganos de Montoro✪✪✪ y los Estrechos; el Guadalaviar
pasa por el Barranco Hondo y el Mijares atraviesa el Cañón. El Matarraña, en fin, genera el Parrisal✪✪✪.
25
GALACHO
A menudo, los ríos bien sea por el escaso desnivel del lecho, bien por el proceso de
sedimentación o por otros accidentes del terreno pueden describir curvas casi imposibles
y muy pronunciadas denominadas meandros.
Cuando algunos de estos meandros quedan
cortados y aislados del cauce del río y son
abandonados por su curso se genera un tipo
de paisaje acuático similar a un lago que en
Aragón se ha dado en llamar galacho, acepEn el galacho de Juslibol se dibuja perfectamente perfilado
ción que no coincide exactamente con la proel antiguo meandro del río Ebro
porcionada por el Diccionario de la Real Academia, que recoge esta palabra como aragonesismo con el significado de barranquera que excavan las
aguas al correr por las pendientes del terreno.
La peculiaridad de los galachos del río Ebro, los más importantes, radica en su valioso ecosistema y
en la fragilidad de su existencia, ya que están íntimamente vinculados a la inconstante dinámica del río, a
sus crecidas y estiajes e incluso al aprovechamiento humano de sus aguas. El ecosistema de estas formaciones se manifiesta en una rica vegetación palustre de bosque de ribera con álamos, sauces, chopos y
otras especies de árboles, así como en su fauna acuática y en las aves que habitan en sus carrizales.
Esta riqueza natural confiere a los galachos la categoría de aulas de la naturaleza donde se pueden
estudiar la flora, la fauna y los procesos de formación del galacho. Los únicos galachos existentes en el
valle del Ebro son los de Juslibol y los de la reserva de La Alfranca, La Cartuja y El Burgo de Ebro. Todos se
localizan en la provincia de Zaragoza.
Nuestro viaje por estos lugares puede comenzar por el galacho de La Alfranca✪✪✪, de 4,2 ha
de superficie, que en realidad constituye una parte de la reserva natural formada por un conjunto
mayor: los galachos de La Alfranca, de Pastriz, de La Cartuja y de El Burgo de Ebro. Es el mayor del
valle del Ebro y comenzó a originarse en 1927, momento en que el río presentaba un meandro no
muy desarrollado, pero hacia 1956 ya estaba separado del río. Actualmente solo con las crecidas le
alcanza aquel. En su carrizal hay colonias de garzas, garcetas comunes, martinetes y algún aguilucho,
hasta alcanzar ciento veinte especies de aves distintas; pueden encontrarse, asimismo, jabalíes, jinetas
o nutrias, e incluso la introducción en su ecosistema del galápago de Florida. Se puede visitar la reserva y el Centro de Interpretación de los galachos de La Alfranca, La Cartuja y El Burgo de Ebro✪✪
de Pastriz integrado en el llamado Centro Internacional del Agua y del Medio Ambiente.
El galacho de Juslibol✪✪✪ posee varios ecosistemas: el río, el escarpe de yesos y la zona esteparia.
Está situado entre Juslibol, Monzalbarba y Alfocea y se originó tras la gran riada de 1961. A partir
de los años setenta, se da en él un curioso fenómeno originado cuando de las graveras del meandro
abandonado se extrajeron áridos para la construcción. La profundidad de tales extracciones hizo
aflorar aguas subterráneas, creándose así una serie de lagunas. Se pueden solicitar visitas guiadas al
Gabinete de Educación Ambiental✪✪ del Ayuntamiento de Zaragoza o visitar la página http://
www.zaragoza.es/azar/ayto/medioam/educacion.pdf. Asimismo, existen interesantes actividades didácticas propuestas por J. L. Cortés en http://www.panoja.org/juslibol/index.htm✪✪.
26
GRUTA
Sobre todo en las tierras calcáreas, que
en Aragón son muchas, varios elementos físicos se han confabulado para salpicar aquí y
allí enigmáticas grutas, muchas de las cuales
sirvieron de abrigo a nuestros antepasados y
ellos lo agradecieron decorando con pinturas
sus paredes rugosas con trazos que luego alcanzarían la categoría de arte. La mayoría se
abren en los Pirineos y en la Cordillera Ibérica,
y, aparte de cobijar a seres humanos y animaGalería de entrada a la gruta de las Güixas en Villanúa
les, muchas sirvieron de recintos de culto, de
misteriosos escenarios de apariciones y cobijo
de ritos y leyendas inexplicables a la luz de la razón humana.
La formación de estas oquedades naturales en el interior de la tierra, muchas de ellas accesibles desde
la superficie aunque con cierta dificultad, se debe a procesos geológicos complejos. En su mayoría provienen de la descomposición de la roca caliza por factores biológicos y atmosféricos, proceso físico que llamamos carstificación. El resultado de estas acciones naturales es la formación de inmensas oquedades de
gran belleza, con estalactitas y estalagmitas que componen caprichosas formas, algunas tan humanas que
se suelen comparar con esculturas o grandes bóvedas catedralicias.
Para alcanzar el centro de estas bóvedas, hay que recorrer a veces extensos pasillos que pueden alargarse hasta decenas de kilómetros llenos de rumores. Entrar en una de estas cuevas y grutas constituye
toda una experiencia, no solo por su sugestiva belleza y magnetismo, sino también por el misterio que encierran, con varias tradiciones y leyendas de brujasa y aquelarres. Precisamente por ello, este patrimonio
natural se convierte en cultural.
En la Hoya de Huesca, en las cercanías del embalsea de Vadiello, aparte de la cueva de los
Murciélagos, sobrecoge acceder a la de San Cosme y San Damián✪✪✪ que, tras ser tabicada por el
hombre, se convirtió en uno de los enclaves más importantes de la religiosidad aragonesa; en el auténtico paraíso que es la sierra de Guara, entre focesa y congostos, las grutas son muchas: Chaves,
Solencio (con más de once kilómetros de largo), la Grallera, la Carrasca en Almazorre… De las
varias que hay en torno a Villanúa, quizás la más espectacular sea la de las Güixas✪✪✪, lugar de multitud de aquelarres con asistencia del diablo.
En la provincia turolense, varias cuevas han sido utilizadas y pintadas por el hombre, como la
del Val del Charco del Agua Amarga, o las de Alacón, dando origen al arte paleolíticoa, pero si nos
atenemos a la cueva-gruta, donde estalactitas y estalagmitas pueden simular hasta la propia imagen
de la Virgen, debemos acudir a Molinos y adentrarnos en la cueva de Cristal✪✪✪.
Bastantes de esas cuevas —como en Yebra de Basa✪✪, en las llamadas celdas de Peñasola o en
la cueva de Santa Juliana— sirvieron de retiro y meditación a los muchos anacoretas que se repartieron por los Pirineos antes del nacimiento del monaquismo; luego, como se ha visto en San Cosme
y San Damián, se convirtieron en ermitasa de no poco atractivo, entre las que cabe citar, aparte de
otras muchas, la de la Virgen de la Peña✪✪ en Aniés, la Virgen de la Peña al sur de Peña Oroel, San
Julián en Lierta, San Martín de la Valdonsera✪✪✪, San Ginés, etc.
27
LAGUNA
Las lagunas son masas de agua acumulada en hundimientos del terreno que no permiten su salida hacia el mar u otros colectores principales: es lo que se llama endorreísmo. Y las hay naturales y artificiales. Las
naturales, en cuya formación influyen tanto
el clima como las características del suelo,
están sujetas al ciclo natural del agua —aunque esta puede proceder del subsuelo—, son
abundantes en organismos y suelen tener
La laguna de Sariñena, con la ayuda del hombre,
gran concentración de sales. Cuando el índice
mantiene estable el nivel de sus aguas
de salinidad es alto se les llama saladasa, de
las que Aragón es rico. Algunas lagunas naturales también pueden ser cársticas, formadas por aguas asentadas sobre terrenos donde abunda la caliza y el yeso.
Las lagunas artificiales, por su parte, han sido acondicionadas por el hombre con fines concretos:
dedicación a la piscicultura, regulación del riego, tratamiento de aguas residuales o cultivos como el arroz,
y no están sujetas a los ciclos naturales del agua, ya que dependen de la regulación humana. Desde el
punto de vista ecológico, la existencia de lagunas artificiales tiene su importancia, pues suelen servir de
hogar a numerosas especies de aves y son como un oasis en entornos áridos.
Por otra parte, muchas lagunas naturales han sido transformadas en artificiales, cual es el caso de la
de Sariñena, donde un canal de drenaje rodea todo el perímetro para mantener el mismo nivel del agua
durante de todo el año.
Una excursión por las lagunas nos permite observar una rica tipología de ecosistemas de gran interés
científico y didáctico.
Por sus reducidas dimensiones, difícilmente se puede denominar lagunas a las que, de origen
cárstico, conocemos como balsas de Estaña, en tierras de Benabarre; a los denominados Ojos Pardos,
también de origen cárstico, en Abanto; a la llamada laguna de Bezas; o a la laguna de Guialguerrero,
cerca de Cubel.
La laguna natural de Gallocanta✪✪✪, la mayor de España, está situada a mil metros de altitud
en el Campo de Bello, compartido entre Zaragoza y Teruel. La salinidad de sus aguas demuestra que,
además del agua de lluvia aportada por los arroyos circundantes, la recibe también del subsuelo salino.
La escasez de lluvias hace que en buena parte del año aparezca casi seca, mas a pesar de ello es lugar
preferido por multitud de aves migratorias. Un sencillo pero didáctico Centro de Interpretación de
la Laguna✪, situado en Bello, y un pequeño Museo de las Aves✪, en Gallocanta, colaboran en el
mejor entendimiento del paraje.
La laguna de Sariñena✪✪ que, como se ha indicado, ha sido modificada por el hombre, es de
gran interés paisajístico dada la aridez de la zona donde se sitúa. La laguna fue natural hasta los años
setenta, pero la llegada del regadío provocó la elevación del nivel de agua venida de las acequiasa.
Esta aportación de agua dulce cambió la salinidad modificando el entorno natural. Tras diversas oscilaciones, anidaron una gran diversidad de aves, lo que demuestra cómo la alteración humana del
entorno influye en la naturaleza, tanto para bien como para mal. Un digno Centro de Interpretación
de la Laguna✪✪ da sentido al entorno.
28
MIRADOR
Hay paisajes extraordinarios que requieren ser admirados en su conjunto como
si de verdaderas obras de arte se tratara, pero
eso no siempre es fácil pues se requiere perspectiva y eso solo lo da la altura. Existen lugares naturales —ligados a refugios, castillosa, ermitasa, puentesa o caminos— desde
donde extasiarse, pero en la mayor parte de
las ocasiones ha intervenido el hombre adecuando espacios con barandillas, plataformas
La sierra de Alcubierre sirve de atalaya para observar
e incluso con aparatos de observación y paa vista de pájaro los Monegros oscenses y zaragozanos
neles explicativos: a unos y otros los llamamos miradores. Desde estos emplazamientos se puede aprender a veces más que con un libro o en el aula,
pero conviene acceder a ellos con mapa adecuado. Solo así enseñan de verdad.
El origen cultural de los miradores se halla en el Romanticismo, cuando los artistas se interesan por
impresionantes paisajes que empequeñecen la figura humana y comienzan a pintarlos en plena naturaleza
desde lugares que ofrecen sobrecogedoras vistas. Hasta entonces la pintura se había hecho en interiores.
Hay quien sostiene que se puede ver todo Aragón sin necesidad de ascender en globo o avión con
solo acercarse a diez o doce miradores. Es posible. Depende de qué Aragón se quiere ver. Porque los miradores enseñan cosas muy diversas: los hay históricos, agrícolas, geológicos, urbanísticos. Cualquier selección
será siempre subjetiva. Esta, también. Porque junto a los que aquí se reseñan, todos ellos accesibles sin esfuerzo, siempre faltará el de nuestra predilección.
Comenzaremos por un mirador desde el que en una mirada se abarca todo lo que fue el primitivo Aragón: el de San Juan de la Peña✪✪✪. Entre Plan y Chía, el puerto de Sahún✪✪ domina los
valles de Gistaín y del Ésera. Desde el dolmena de Ibirque, buena parte de la Guarguera aparece a
nuestros pies, y el despoblado amurallado de Muro de Roda✪✪ nos muestra La Fueva y la cortada
del Cinca. El pico del Águila✪✪, sobre el pantano de Arguis, nos encara con el parque de Guara.
Cerca de Luesia, desde Puy Moné tenemos una visión de las Cinco Villas, a las que también se
ve tanto desde el santuario de Monlora✪ como del de Nuestra Señora de Sancho Abarca✪. Desde
Loarre✪✪ se dominan las hoyas de Ayerbe y de Huesca. El pueblo de Berbegal es una atalaya magnífica para ver el somontano barbastrense y los Monegros; estos aún cuentan con tres miradores más:
la cruz de la sierra de Alcubierre✪✪, sobre el puerto, la ermita de San Caprasio✪✪ y La Almolda.
Desde el Pueyo de Barbastro✪✪, nos cabe en una mirada todo el parque del río Vero. El Cinca se domina desde la ermita de San Salvador, en Torrente de Cinca, desde el castillo de Mequinenza y desde
Alcolea✪.
Para ver Zaragoza, Juslibol es el sitio adecuado, y el santuario de Nuestra Señora del Moncayo✪✪
domina todos los pueblos a sus faldas. Para ver los meandros del Ebro es preciso desplazarse hasta
Sástago✪✪✪. El santuario de la Misericordia✪✪ es punto obligado para ver todo el Campo de Borja.
La laguna de Gallocanta se domina desde la ermita de Nuestra Señora del Buen Acuerdo✪ y desde
Berrueco. Y parte del Jiloca, desde Villafeliche y desde la ermita de San Esteban de El Poyo del Cid.
Ermitas privilegiadas son las de la Virgen de Herrera✪✪ y la Virgen del Águila✪✪, en Paniza. Las
tierras bajoaragonesas tienen en la ermita de San Miguel de La Portellada y en el poblado de San
Antonio✪ de Calaceite dos balcones de excepción. La villa de Cantavieja✪✪✪, en fin, es toda ella
un mirador privilegiado.
29
II
LOS SENTIMIENTOS DEJAN HUELLA
h
Advocación .............. 33
Bruja.......................... 34
Busto-relicario .......... 35
Cáliz .......................... 36
Calvario .................... 37
Carnaval ................... 38
Corporal ................... 39
Exvoto ...................... 40
Orden mendicante.... 41
Patrón ....................... 42
Peregrinación............ 43
Reliquia..................... 44
Romería .................... 45
Sacramento............... 46
Virgen ....................... 47
Virgen del Pilar......... 48
Cartuja ...................... 49
Catedral .................... 50
Colegiata................... 51
Ermita ....................... 52
Esconjuradero ........... 53
Mezquita ................... 54
Monasterio................ 55
Peirón........................ 56
Puerta-capilla............ 57
Sinagoga.................... 58
Baldaquino................ 59
Claustro .................... 60
Coro .......................... 61
Cripta........................ 62
Órgano ...................... 63
Pila bautismal .......... 64
Sillería....................... 65
ADVOCACIÓN
Cuando pretendemos conseguir de otro algo que es
graciable, algo que no está obligado a dar, buscamos muchas
veces un intermediario, una persona de confianza conocida
de ambos. Más o menos esa sería la función de la advocación: una santa o un santo especializados en solucionar determinados problemas de los humanos, naturalmente con la
ayuda del Cielo del que son intermediarios.
Cada época y cada circunstancia han dado advocaciones
concretas. Se veneran muchas imágenes de san Esteban, protomártir del Cristianismo, sobre todo durante la Reconquista
allí donde se estancó la lucha, en las llamadas extremaduras.
A falta de periódicos y televisión, ejercían propiedades propagandísticas para contrarrestar al Corán: el mensaje era que
quien luchara contra el infiel y muriera en la pelea podía convertirse en un Esteban. En momentos de influencia del otro
lado de los Pirineos, abundaron las ermitasa dedicadas a san
Martín, personaje que cautivaba por su caridad y ayuda a pobres y caminantes, por lo que los caminos jacobeosa estuvieron plagados de oratorios dedicados a él.
San Roque, aquí en una puerta de entrada
a Quinto, es una de las advocaciones
más populares de Aragón
Cuando en el siglo XIV surgen algunas de las principales herejías, tres santos salidos de las filas de
los predicadoresa dominicos (Domingo, Tomás de Aquino y Pedro de Verona) y otros tres de los franciscanos (Francisco, Antonio de Padua y Luis de Anjou) ven levantarse multitud de ermitas en su nombre.
Casi todos los caminos transitados por romeros y mercaderes vieron proliferar los templos y hasta los
montes (veinte pequeños picos cercanos unos a otros se llaman así en la provincia de Teruel) dedicados a
san Cristóbal, todavía hoy patrón de los automovilistas. La carencia de remedios eficaces contra la peste
provocó la aclamación a san Roque, sobre todo en las zonas más azotadas en el siglo XVII, las comunidadesa de Calatayud y Daroca, donde abundan ermitas y fiestas en su honor. San Jorge, en las pocas veces
que se le solicita, lo es para que interceda ante la plaga de langosta, puesto que era diestro en deshacerse
de dragones. Por último, la Contrarreforma, con su obsesión didáctica, vio proliferar ermitas y sobre todo
parroquiales dedicadas a la Asunción, Ascensión o el Rosario… Para cada mal, un remedio, un intercesor,
un intermediario ante el Cielo.
Cualquiera que haya recorrido Aragón con un cierto criterio analítico, habrá caído en que
unas advocaciones son más prolíficas que otras. No encontrará muchas santas Waldesca, que las hay,
pero sí muchos altares, ermitas y parroquias dedicados a san Miguel, por ejemplo. Habrá observado
la abundancia de san Martín (todo el norte aragonés es sanmartiniano), Santiago, san Cristóbal
(todo el sur aragonés es sancristobalino), san Úrbez (prolífico en el Prepirineo oscense) o san Millán
(de culto en el límite con Castilla). Ese es el análisis, la síntesis e interpretación es otra cosa: hay
muchos, y la mayor parte tienen que ver con gente que viajaba fueran mendigos, mercaderes o romeros.
Entre los santos, san Juan Bautista, san Pedro, san Blas, san Esteban, san Roque, san Sebastián
y san Gregorio son los más abundantes; entre las santas, son abundantes santa Lucía, santa Águeda,
santa Quiteria, santa Eulalia y santa Bárbara. De advocaciones de la Virgen, santa María y la Asunción encabezan la lista; luego, la del Rosario y la Ascensión; la del Pilara, solo a partir del siglo XVII
comienza a proliferar. Todas estas advocaciones y otras menos frecuentes se impusieron con un criterio, con una intención. Buscarla puede ser un buen motivo para un viaje.
33
BRUJA
A veces la naturaleza humana se niega
a reconocer que la casualidad y el azar formen parte de su vida atribuyéndolos, sobre
todo en los infortunios, a fuerzas desconocidas y externas. Según los lugares, estas fuerzas extrañas y difícilmente controlables se
suelen encarnar en duendes, trasgos, brujas o
criaturas similares.
En Aragón existen multitud de leyendas,
sobre todo en zonas montañosas como los PiSilueta del castillo de Trasmoz, centro de famosos aquelarres
rineos y el Moncayo, que relacionan las desgracias con los maleficios y conjuros de las
brujas. A estas, que tienen un origen pagano, se las representa en forma de mujeres, casi siempre de aspecto
siniestro y malvado, que poseen poderes sobrenaturales gracias a su relación con el diablo. Según cuentan
las historias transmitidas de generación en generación, las brujas se reúnen en la noche del Sabath para
celebrar sus aquelarres o reuniones en lugares aislados, donde bailan en círculo alrededor de Satanás, encarnado en un macho cabrío. Cuando termina la cita, la iconografía popular las representa volando, montadas en sus escobas y entrando en las casas de los humanos por las chimeneas, de ahí que en el Pirineo
existan las típicas chimeneas cónicas que tratan de impedir su entrada.
Evidentemente, vivimos tiempos en que resulta difícil creer en fuerzas diabólicas, cuando es el propio
ser humano quien causa la desgracia de sus semejantes. No obstante, la huella que han dejado en Aragón
las leyendas de brujas ha sido muy importante. La mentalidad antigua y la religiosidad oficial y popular
mezcladas creyeron ciegamente en su existencia, tal como se ve en los procesos de la Inquisicióna, en las
citadas chimeneas del Alto Aragón y en los espantabrujas.
Que Francisco de Goyaa las represente profusamente en sus grabados y pinturas, y que Buñuel las
tenga también presentes en sus realizaciones no es fruto de la casualidad. Multitud de leyendas, tradiciones
y cuentos populares forman parte de nuestro acervo cultural, por lo que no es de extrañar la proliferación
de museos repartidos por las zonas montañosas que tratan de explicar el fenómeno.
Como nos es muy difícil presentar a una bruja concreta y tampoco deseamos correr el riesgo
del enfado de alguna por un olvido involuntario, nos limitaremos a recordar que existen muchos libros aragoneses sobre brujería y cada vez abren sus puertas más museos que tratan de ellas.
En la zona norteña pirenaica, Abizanda tiene abierto un interesante Museo de la Religiosidad
y Creencias Populares✪✪ que nos advierte sobre cómo trataban en la zona de proteger a la casa, a las
personas individuales y al grupo de las fuerzas sobrenaturales, entre ellas las brujas. En Adahuesca,
las abuelas de Sevil, en el Centro de Interpretación de Leyendas y Tradiciones✪, nos narran muchas
leyendas, mitos y tradiciones en los que las brujas andan mezcladas. En Tella, desde la Casa del Molino✪ no solo se pretende mostrar al visitante el oso cavernario, sino que se adentra en el mundo
mágico y brujeril del Pirineo cercano.
En el somontano del Moncayo zaragozano, Trasmoz mantiene abierto un Museo de Brujería y
Supersticiones del Moncayo✪✪ cuyo título lo dice todo, en un paraje misterioso, sede de reconocidos
aquelarres en el castillo cercano, con un tratamiento riguroso de tan peliagudo tema.
34
BUSTO-RELICARIO
El mundo de las reliquiasa, no suficientemente estudiado todavía, tuvo una importancia de gran alcance durante la Edad Media,
pero el fenómeno se extendió también a los
siglos posteriores, incluido el XVIII. Las catedralesa, colegiatasa, iglesiasa, ermitasa y
monasteriosa se lanzaron a una carrera desenfrenada por obtener y poder exhibir reliquias de las más variadas procedencias y
santos. En buena parte, su importancia se
Busto-relicario de San Pedro, procedente de Ayerbe,
medía por el número y calidad de las reliquias
exhibido en el Museo de Arte Sacro de Huesca
acumuladas, lo que significaba mayor afluencia de fieles. Muchos peregrinos se desviaban de la ruta jacobea para postrarse ante ellas.
Dentro de esa dinámica, llaman la atención las reliquias guardadas en unos relicarios especiales, pues
se trata de bustos, a veces con parte del torso y brazos, en cuyo interior se introducía un huesecillo de la
cabeza de la santa o santo representados. Tales bustos-relicario dieron lugar a una auténtica especialización
artística, pues la mayoría, realizados en plata —aunque los hay de cobre, bronce, madera o terracota—,
fueron objeto de delicados trabajos de los talleres de orfebres más afamados, que incrustaban piedras preciosas. Una vez extendida la moda, se labraron algunos sin reliquia alguna dentro.
Aunque esta costumbre no es privativa de Aragón, se puede asegurar que si existiera una clasificación
oficial al uso nuestra tierra estaría a la cabeza mundial. En total, sobrepasan el medio centenar, y algunas
iglesias acumulan varios de ellos, apareciendo en cabeza la Seo y el Pilar zaragozanos, con cerca de veinte
entre ambos. Abarcan desde el siglo XIV hasta el XVIII.
Muchos de estos bustos-relicario son bien conocidos puesto que suelen encabezar la procesión
en algunas localidades, puesto que varios de ellos son declarados patronos de las mismas.
Un simple listado de santos y lugares sería tedioso, así es que procuraremos simplificar al máximo, haciendo caso omiso del siglo. Andrés (San Gil de Zaragoza); Atilano (ayuntamiento de Tarazona); Braulio (el Pilar); Constancio (catedral de Albarracín); Esteban (Encinacorba); Fausto
(catedral de Albarracín); Francisco Javier (San Carlos de Zaragoza); Gaudioso (catedral de Tarazona
y catedral de Barbastro); Hermenegildo (la Seo); Ignacio (San Carlos de Zaragoza); Joaquín (el Pilar);
José (el Pilar); Juan Bautista (la Seo); Calatorao (de terracota); Lorenzo (la Seo; catedral y San Lorenzo de Huesca); Martín (catedral de Huesca); Millán (catedral de Tarazona); Orencio (catedral y
San Lorenzo de Huesca); Pablo (dos en San Pablo de Zaragoza); Pedro (San Pablo de Zaragoza;
Ayerbe; catedral de Barbastro; catedral de Jaca); Pedro Arbués (la Seo); Prudencio (catedral de Tarazona); Román (catedral de Barbastro); Santiago (el Pilar); Valero (la Seo y San Pablo de Zaragoza;
catedral de Barbastro); Vicente (la Seo, San Pedro y catedral de Huesca); Victorián (catedral de
Barbastro).
Entre las santas representadas están: Ana (el Pilar, Cariñena); Bárbara (San Pablo de Zaragoza);
Dolorosa (Calatorao, de terracota); Dorotea (el Pilar); Isabel (Museo Galdiano de Madrid); Jerónima
(catedral de Teruel); Leticia (Ayerbe); Emerenciana (catedral de Teruel); Magdalena (Magdalena
de Zaragoza); Paciencia (catedral de Huesca); Pantaria (La Almunia); Úrsula (el Pilar); Virgen María
(el Pilar); Virgen del Pópulo (San Pablo de Zaragoza).
35
CÁLIZ
En el ritual cristiano, uno de los actos más importantes
es la celebración de la misa, cuyo momento culminante es la
consagración del vino y del pan en forma de oblea. Para contener a ambos se utilizan el cáliz y la patena. Teniendo en
cuenta que para los cristianos es dogma de fe que vino y pan
se convierten en la sangre y cuerpo de Cristo, no es de extrañar que ambos continentes —cáliz y patena— suelen ser
dignos de tal.
Es cierto que la mayoría, los de utilización diaria, son
objetos dignos del caso, pero realizados en simple metal, dorado o plateado, o incluso de cerámica. Pero para las grandes
solemnidades, sobre todo en catedrales y colegiatas, se elaboraron auténticas joyas de orfebrería que, aparte de su valor
religioso, tienen una gran categoría artística, surgiendo incluso una auténtica rivalidad entre iglesias por poseer los
mejores.
El Cáliz del Compromiso,
custodiado en Caspe,
es uno de los más bellos de Aragón
Limitándonos al cáliz, que por su tamaño se presta
mejor para la labor del orfebre, está constituido de tres partes: la copa (donde se contiene el agua), el astil (para cogerlo
con las manos, para lo que se suele abultar en su parte central) y el pie (para apoyar). Los tres elementos
suelen ser objeto de decoración.
Los orfebres aragoneses se hicieron famosos desde el siglo XIV, pero la tradición ha llegado hasta la
actualidad. Lo cierto es que dentro de lo limitado del objeto hubo variaciones notables, primando en cada
momento más el adorno de la copa, del astil o del pie, de modo que son perfectamente identificables. El
arte detallista con el que están hechos obliga a tenerlos en cuenta cuando se trata de degustar y disfrutar
de nuestro patrimonio y de nuestras raíces.
Es difícil ofrecer una selección pues son cientos los existentes, pero solo se puede comenzar
por uno, el Santo Grial✪✪✪, que, tras pasar, entre otros lugares, por San Juan de la Peña y la Aljafería,
fue regalado por Martín I a la catedral de Valencia. No podemos olvidar los que la diócesis de Lérida
debe devolver a la de Barbastro-Monzón: Abenozas, Bafaluy, Capella y Portaspana.
De los que están en suelo aragonés, por su antigüedad (siglo XIV) y belleza destacan el de la parroquial de Longares✪✪ y el llamado Cáliz del Compromiso✪✪✪, restaurado y conservado en Santa
María del Pilar de Caspe. Daroca✪✪ conserva en la colegiata uno gótico, de pie muy recortado, del
siglo XV. Con un tratamiento distinto del astil, del siglo XV, destacan los cálices de Retascón✪✪ y
de la catedral de Tarazona✪✪. Gótico, con decoración plateresca, lo hay precioso en la ex catedral
de Albarracín✪✪; del siglo XVI, Layana✪ (con decoración cincelada) y Asín✪ son magníficos ejemplos. Pero es a partir de 1580 cuando aparecen los cálices abollonados, espectaculares: parroquial de
Zuera✪✪, Calatayud✪✪ (Museo de Arte Sacro) o la Seo de Zaragoza✪✪✪, por ejemplo. Por último,
la generalización del torno mecánico a principios del siglo XVII propició novedades técnicas y decorativas que dejaron ejemplares extraordinarios: en Alcañiz, el Cáliz de Miedes✪✪ (siglo XVII) o
en Pedrola✪✪, uno del siglo XVIII.
36
CALVARIO
Si bien algunas religiones tienen como precepto la peregrinación obligatoria a sus lugares santos, aquellos en los
que vivió o desarrolló su actividad el fundador, cual es el caso
bien conocido de los musulmanes a la Meca, en el mundo
cristiano no fue así, aunque fueron y son muchos los fieles
que han ido y van todavía a Tierra Santa.
Para rememorar los últimos días de la vida de Jesús de
Nazareth, lo que se conoce como la Pasión, sin tener que
acudir a la Palestina tradicional, parece que los franciscanos,
que se habían extendido por la Península desde el siglo XIII,
pusieron en práctica un sucedáneo, aunque varios siglos más
tarde. Son los denominados calvarios o vía crucis, pues hasta
en esto es variado Aragón.
Establecidos en catorce los momentos clave de los últimos instantes de la vida de Jesús, surgió para cada uno de
ellos una iconografía específica con los personajes correspondientes, y fueron representados bien en pintura o bien
en escultura, encabezados con una frase descriptiva: «Jesús
cae por primera vez», por ejemplo.
Alloza, como tantos pueblos turolenses,
mantiene vivo su empinado calvario
Estos cuadros iconográficos pueden estar en una iglesia, distribuidos en las calles de un pueblo o a
lo largo de empinados caminos en cuesta en montículo cercano al poblado hasta coronar en el Gólgota,
donde generalmente suele levantarse una ermita. A lo largo del camino, catorce pilares o columnas contienen en hornacinas resguardadas con rejas cada una de esas escenas ante las que los asistentes a la procesión se detienen para rezar. Nos hallamos ante el calvario o vía crucis y algunos constituyen verdaderas
obras de arte popular, aparte de su valor religioso y etnológico.
En la parte sur de Aragón, a estas composiciones se les suele llamar calvarios y son numerosos
los existentes, generalmente en magnífico estado de conservación todos. Entre otros muchos lugares
de la provincia turolense, los hay en Alba, Albalate del Arzobispo, Albentosa, Alcorisa (que paralelamente escenifica toda la Pasión con personajes reales)✪✪✪, Alloza (con toda la subida jalonada
por cipreses)✪, Beceite, Blesa (reconstruido tras la Guerra Civil), Calaceite (en un paraje magnífico,
el cerro de San Cristóbal)✪, Híjar (con una exposición permanente sobre la Semana Santa)✪, La
Mata de los Olmos, Linares de Mora, Mora de Rubielos, Oliete, Rubielos de Mora (con las catorce
escenas realizadas en forja por el escultor José Gonzalvo)✪✪, Sarrión (con las escenas en azulejos)✪
y Torrevelilla (reconstruido en 1961).
Fuera del ámbito turolense, las catorce estaciones suelen recibir el nombre de vía crucis. Han
desaparecido bastantes, pero aún podemos ver el de Uncastillo, en la subida a la ermita de la Virgen
de San Cristóbal, el de Ateca, con pilares de ladrillo rojo y baldosines de cerámica, o el de Paniza,
constituido con simples peirones, como en Badules, Villar de los Navarros, o Lagueruela, por ejemplo.
37
CARNAVAL
Casi todos los pueblos han festejado el
tránsito del invierno a la vida nueva que
anuncia la primavera, época de siembra y de
promesas; por lo tanto, es una costumbre ancestral y pagana que, como tantas otras, acomodó el cristianismo. Alegría que para el
cristiano será pronto contenida por la austeridad que marcará la inminente Cuaresma,
por eso son días intensos, convulsos, sin casi
límite, en los que nada es lo que es, los valores
Personaje del carnaval de Bielsa,
se invierten: el pobre zahiere al poderoso; el
uno de los más arraigados de Aragón
súbdito pide cuentas al señor; animales deformes; máscaras que ocultan los rostros del
descaro. Son tres días no más, pero intensos, porque, llegado el miércoles de ceniza, la normalidad debe
volver. Cuando las cosechas hayan sido recogidas habrá otras fiestas.
Como la deformidad no tiene límites y la subversión de valores tampoco, las formas de plasmarlos
son también ilimitadas, de ahí la gran diversidad de las celebraciones, generalmente siguiendo guiones
establecidos desde tiempos inmemoriales en los que participa el pueblo.
Antaño no hubo pueblo que no viviera su carnaval, pero la galopante despoblación y las prohibiciones
que impuso el llamado nacionalcatolicismo de tantos lustros dieron al traste con muchos de ellos, aunque
hubo colectividades que se resistieron y buscaron maneras de conservarlo. Hoy, muchos pueblos tratan
de resucitarlo con más o menos apego a la tradición. Reseñarlos todos es ya casi tarea imposible.
En Bielsa✪✪✪, por ejemplo, ha sobrevivido su Cornelio Zorrilla, muñeco de paja que expiará
los pecados de todo el pueblo tras ser juzgado y torturado, rodeado de trangas (mitad humanos, mitad
animales), osos, amontato, caballet, garreta, hiedra y madamas en constante movimiento.
En Épila✪✪✪, los carnavales son largos y los bailes, desfiles y concursos de máscaras no paran
desde el Jueves Lardero hasta el Martes de Carnaval, más el Sábado y Domingo de Piñata, con participación de todo el pueblo disfrazado con sus mascarutas (máscaras para ocultar el rostro) y hablando con voz de falsete quienes están detrás de ellas para permitirse decir todo; el alcalde habrá
sido secuestrado en su casa para custodiar la llave del Sagrario. Aquí el chivo expiatorio será don
Zaputero.
El valle de Gistaín✪✪ se convierte en un carnaval único, aunque con peculiaridades locales: en
San Juan de Plan, por ejemplo, el peirote o muyén destinado a morir quemado será paseado en borrico
por los mayordomos animados por las madamas ataviadas con gorros de lazos multicolores. En el hermoso valle de La Fueva✪, compuesto por varias pequeñas localidades, el carnaval, como el equipo
de fútbol, es comunitario y, en este caso, itinerante, lo que da origen a una auténtica caravana festiva.
Todo el valle del Vero organiza el carnaval del Somontano, rotando los distintos pueblos en su organización. Del carnaval de Valderrobres✪✪ destacará la fantasmada, masiva concentración nocturna
a los pies del castillo, un auténtico espectáculo de disfraces sacados de ultratumba, con reparto de
calmante el sábado entre los asistentes. Han recuperado sus carnavales en Nerín y en Torla, en Ejea
y Tauste. Pervivió en época franquista el de Villafranca de Jiloca y hoy lo viven con orgullo.
38
CORPORAL
Nuestra historia está repleta de narraciones milagrosas
o portentosas, de hechos y circunstancias inexplicables a la
luz de la razón, lo que para muchos son milagros: victorias
militares casi imposibles, curaciones inverosímiles, castigos
ejemplarizantes, favores especiales, victorias contra elementos naturales desatados, etc. Pocas son las localidades que
no pueden presentar en su currículum alguno de estos portentos, en torno a los cuales se celebran con fe inusitada manifestaciones religiosas o folklóricas de raigambre más o
menos profunda.
Uno de estos hechos prodigiosos lo constituyen los llamados corporales, de los que Aragón es rico pues existen
abundantes ejemplos. El fenómeno extraordinario consiste
en que, en determinadas condiciones catastróficas, unas hostias, consagradas o no, se salvan del voraz incendio de la iglesia o capilla en la que estaban guardadas con celo por los
sacerdotes (o los monjes) del lugar o del monasterio.
Los corporales de Aniñón
atesoran una larga tradición histórica
Naturalmente, un hecho tan extraordinario moviliza a
las autoridades, a los pueblos y a las multitudes, de modo que la localidad así distinguida se convierte en
lugar de peregrinación.
De algunos de estos corporales solo ha quedado el recuerdo, pero otros son todavía expuestos a la
fe de los fieles guardados en relicarios más o menos ricos y artísticos, aunque, en realidad, no se trate de
reliquias en el sentido estricto de la palabra.
Del siglo XIV eran los de Andorra: las llamas devoraron la iglesia de Santa María Magdalena,
excepto su sagrario de madera, y las formas consagradas que había dentro fueron depositadas en una
arqueta de plata sobredorada para ser veneradas. El siglo XV fue prolífico en portentos semejantes.
En Fraga, el convento de San Agustín ardió. En pocas horas, todo fue ceniza: maderas, ropajes, cantorales y lienzos; sin embargo, las propias llamas transportaban por el aire, cercana al techo, la hostia
consagrada que ocultaba el sagrario y los paños corporales. En los monasterios de San Juan de la
Peña y de Montearagón, así como en Aguaviva✪✪, pasó algo semejante. En esta última población,
anualmente se celebra una solemne procesión conmemorativa, adornando las calles del recorrido
con una larguísima y artística alfombra confeccionada por sus habitantes con serrín teñido de colores.
En Cimballa, fue distinto: dudó el sacerdote que oficiaba la misa si el vino que acababa de consagrar
era realmente la sangre de Cristo; al instante, la que contenía el cáliz se convirtió en auténtica sangre.
Todavía se venera hoy en Aniñón el Santísimo Misterio de los Corporales✪✪, cuyos lienzos son
paseados en procesión cada tercer domingo de septiembre. Pero los corporales más famosos son los
de Darocaa✪✪✪, custodiados y venerados en la colegiata, con una tradición secular, pues su aparición
tiene que ver con la reconquista de Valencia, en el siglo XIII. La festividad del Corpus Christi constituye hoy uno de los actos religiosos más sobresalientes de Aragón.
39
EXVOTO
En muchas religiones, entre ellas la cristiana, existe la costumbre de entregar ofrendas a la divinidad en agradecimiento por un
beneficio recibido. El hábito está generalizado
en todo el Occidente europeo y en Hispanoamérica. La Virgena y múltiples advocacionesî
de santos han recibido y reciben las más variadas ofrendas, aunque estas difieran con el
paso del tiempo. Hasta mediados del siglo XX,
eran corrientes reproducciones de cera, plata
u oro de la parte enferma, milagrosamente
salvada (ojos, pechos, pies, piernas, brazos,
etc.), además de muletas, trajes de torero, pelucas, mortajas o velos de novia, entre otras
muchas cosas.
Nuestras ermitas,
como la de Nuestra Señora de la Peña de Aniés,
atesoran todavía numerosos exvotos
Destacan por su valor etnográfico, aunque no tanto artístico puesto que fueran hechos por simples
pintores locales, las tablillas o pequeños cuadros pictóricos que representan el milagro efectuado por curación de enfermedades y dolencias, terminación de epidemias, protección de accidentes laborales, salvamento de animales de labor o de carga, protección en guerras o protección en naufragios. Vemos, así, la
caballería despeñada que resulta indemne, la curación de un leproso, el puerto de La Habana de donde
volvió salvo el mozo del pueblo, etc.
Aparte de la curiosidad que implica verlos colgados en las paredes de ermitas e iglesias, con los
exvotos se pueden hacer estudios sociológicos, sobre medicina, culturales, religiosos, etc., del espacio geográfico donde se hallan. La enfermedad y el ansia de salud, la desesperación y la esperanza existen y los
exvotos son testimonio de ello. Cada pueblo debe salvar los suyos si no quiere desenraizarse, y, sin embargo,
cada día se destruyen algunos aquí y allá porque parecen vergonzantes.
Aún quedan en Aragón ermitas con exvotos. Ya Faci nos describía, entre otros, los exvotos de
cera y plata que estaban colgados en la verja del altar de la Virgen de Treviño de Adahuesca. En
Nuestra Señora de Semón✪✪, en Acered, pueden verse algunos, aunque se han perdido muchos; se
puede ver una bonita colección, asimismo, en Nuestra Señora de Cillas✪✪, junto a Huesca; los hay
en la ermita de la Virgen de Cilleruelos✪, en Cuevas Labradas, y en el concurridísimo santuario de
la Virgen de la Carrodilla✪✪, de Estadilla. La ermita de la Virgen de la Carrasca✪✪, en Blancas,
guarda todavía una excelente colección de exvotos pictóricos casi todos ellos del siglo XIX. En la
ermita de Nuestra Señora de los Pueyos✪, en Alcañiz, alguien donó su cabellera, vete a saber por
qué y para qué, pero también están el traje de luces del torero Paco Camino —que aún acude a los
Pueyos a dar gracias a la Virgen por haber sanado de la herida de asta— o un banderín del Alcañiz
C. F.; todavía quedan algunos de carácter pictórico —porque de los figurativos se han destruido o
robado casi todos— en el santuario de Nuestra Señora de Rodanas✪✪, en Épila: constituyen un magnífico ejemplo de arte naíf, como casi todos los de este tipo de exvotos. Por último, entre otros muchos ejemplos, merece la pena visitar el enclave espectacular de Nuestra Señora de la Peña✪, en
Aniés, en cuyo interior aún se conservan exvotos interesantes.
40
ORDEN MENDICANTE
A comienzos del siglo XIII, muchos entendían que las reformas monásticas cluniacense, cisterciense, agustiniana y premostratense habían fracasado. Para la renovación,
la Iglesia puso en marcha algunos mecanismos: universidadesa, Inquisicióna y órdenes
mendicantes. Esta renovación fue fundamentalmente urbana, así es que los conventos de
estas órdenes se levantaron en las urbes
donde la herejía se había extendido más.
Desde la muerte de san Bernardo, que
Impresionantes ruinas del convento dominico
del Desierto de Calanda
dio consistencia al Císter, no hubo nadie capaz de hacer cristalizar ciertas iniciativas, que
las hubo, como el caso de los Pobres Católicos oscenses, entregados al servicio de los necesitados, que incluso fueron perseguidos.
Pero están a punto de surgir tres grandes personalidades que van a cambiar radicalmente el panorama: santo Domingo de Guzmán, san Francisco de Asís y santa Clara. Con ellos nacerán, entre otras, las
órdenes llamadas mendicantes: los predicadores o dominicos, los hermanos menores o franciscanos y las
clarisas. Toda una revolución.
Los dominicos y dominicas, con su hábito blanco, en 1236 abrían casi trescientos conventos en toda
Europa. Los franciscanos, con su hábito castaño, también se multiplicaron en tierras aragonesas, así como
las dos ramas surgidas del franciscanismo: las Pobres Damas o clarisas (debidas a santa Clara) y la Orden
Tercera o terciarios. A mediados del siglo XIII son ya más de mil quinientos conventos sitos en treinta y
cuatro provincias. Carmelitas, agustinos, servitas, siervas de María y mercedarios, estos últimos especializados en el rescate de cautivos, serán otros ejemplos de órdenes mendicantes. Su huella todavía perdura
en Aragón. Dado su gran número, se impone una selección como ejemplo.
Entre los dominicos, el masculino de Santo Domingo de Zaragoza✪ ha sido recientemente remodelado y convertido en un centro de documentación del agua y del medio ambiente; magníficas
las ruinas mudéjares de Santo Domingo de Magallón✪✪, hoy reconstruido como Casa de la Cultura;
el femenino de San Bruno y San Esteban de Albarracín✪✪ constituye un importante complejo vivo.
De los franciscanos, cabe señalar la magnífica iglesia de San Francisco de Teruel✪✪; en Pina de
Ebro podemos ver restaurado el convento mudéjar de San Francisco✪✪.
Como ejemplos de clarisas, en Huesca aún está vivo el convento de las menoretas de Santa
Clara✪, del siglo XIII, aunque reformado en el XVI; y en Teruel abre sus puertas Santa Clara✪.
De los conventos masculinos de carmelitas, merece ser visto el de Valentuñana✪✪, fundado en
el siglo XVII a los pies de Sos, en el que existe alojamiento. Asimismo, merece verse el de Alcañiz,
hoy habilitado para juzgados, destacando su claustro✪; espectaculares son las ruinas de difícil localización del llamado Desierto de Calanda✪✪. Entre las casas femeninas, en las afueras de Huesca,
abren todavía sus puertas las monjas carmelitas de San Miguel (las Miguelas)✪✪; en Teruel, todavía
sigue en pie la torre mudéjar de su iglesia✪.
Convento de agustinos era el de Belchite✪, hoy derruido en el antiguo pueblo; ejemplo vivo de
agustinas es el de Rubielos de Mora✪, levantado entre los siglos XIV y XVII.
En la casa de mercedarios de Nuestra Señora de la Merced de Tarazona✪ se instaló la parroquia
de San Andrés; en magnífico estado de salud se halla el de Nuestra Señora del Olivar✪✪, en Estercuel, dotado de residencia; románticas son las ruinas de Nuestra Señora del Pilar✪, cerca de Embún.
41
PATRÓN
Una de las constantes en la vida de nuestros pueblos
es la costumbre de elegir, dentro del amplio santoral cristiano, la patrona o el patrón —a veces los dos a la vez— de
toda la comunidad. Algunos elevaron a tal categoría al santoa nacido en la localidad, como pueden ser los casos de
san Licer en Zuera, santa Agatoclia en Mequinenza, san Lorenzo en Huesca o san Valero en Zaragoza. Pero no todos los
pueblos, ni mucho menos, tenían el camino tan allanado,
pues no es fácil disponer de un santo propio.
Cuando eso no era posible, lo que sucedía en la mayor
parte de los casos, la elección no era fácil, y tuvieron que recurrir a procedimientos muy variados. Los apóstoles llevaron
ventaja por ser más conocidos (Andrés, Mateo, Pablo, Pedro,
Santiago o Tomás), pero también algunas advocacionesa especializadas, como san Roque, san Miguel o santa Bárbara,
por ejemplo. En otras ocasiones, se recurrió a procedimientos
singulares, cual es el caso que nos narra la leyenda sobre la
elección de santa Tecla como patrona de Cervera de la Cañada, que cuantas veces se repetía la elección siempre salía
la papeleta con su nombre.
Aunque la tradición es antigua,
la imagen de santa Pelagia es moderna
Un ejemplo singular, el de la elección de santa Pelagia como patrona de Cretas, nos es narrado por
la leyenda. ¿Fue así como sucedió? A falta de otro testimonio más certero la leyenda nos sirve.
En efecto, cuando Alfonso I el Batallador se decidió a sitiar el importante enclave de Fraga,
en 1133, el rey estaba en condiciones de encomendar a varios de sus tenentes o seniores los castillos
y villas de Nonaspe, Algás, Batea, Fayón, Horta de San Juan y tal vez Lledó, es decir, los tramos
finales de los ríos Matarraña y Algás en el Bajo Aragón. No es de extrañar, por lo tanto, que los no
muy numerosos mozárabes que sobrevivían aún bajo dominio musulmán en poblaciones tan cercanas
a aquellas —como Valderrobres, Beceite o Cretas— esperaran ansiosos su propia liberación.
Así las cosas, los pocos mozárabes que aún vivían en Cretas, que estaban al corriente de la situación, con el cuidado que la ocasión requería para no soliviantar a los musulmanes, hacían cálculos
y planes para un futuro que presumían inmediato, se quedaran o no los moros que de momento regían
el pueblo. Sin duda alguna, el rey les asignaría un tenente de su confianza para que garantizara la seguridad y la administración del territorio —tal vez una de las órdenes militares de Calatrava o San
Juan—, pero había otras muchas cosas que dependían de sí mismos.
Sus sueños, no obstante, tuvieron que prolongarse para verse hechos realidad más de treinta
años todavía, pues la inesperada derrota de Alfonso I el Batallador en Fraga, que significó un lamentable retroceso para la Reconquista, fue también un duro golpe para los mozárabes de Cretas. De
entre esos sueños pospuestos, uno muy importante para ellos y que les originó prolijas discusiones
era la decisión acerca de la advocación a la que dedicarían el pueblo tras la Reconquista. Como no
llegaron a un acuerdo unánime, pues cada uno proponía un santo distinto, convinieron nombrar al
santo o santa que la Iglesia celebrara el día en que tuviera lugar la esperada liberación. Cuando, por
fin, al mediodía de un ocho de octubre las llaves de Cretas eran entregadas al representante del rey
Alfonso II de Aragón por el alcaide moro, Pelagia, la santa de Antioquía, que había muerto tal día
como aquel del año 290, se convertía en su valedora ante el cielo.
42
PEREGRINACIÓN
Las peregrinaciones son habituales en
todas las religiones, siendo raras las excepciones, por lo que no es de extrañar que también se den en el mundo cristiano, ámbito en
el que estas santas caminatas tienen dos orígenes distintos: la veneración de los Santos
Lugares (los que Jesús había santificado con
su presencia) y el culto a los santos y mártires
y a sus reliquiasa.
Si exceptuamos las realizadas a Tierra
El santuario de San Cosme y San Damián, en Vadiello,
Santa, las demás peregrinaciones cristianas
fue un importante centro de peregrinación
se basan en el culto a los restos o reliquias de
los mártires y santos, con tal proliferación que varios concilios tuvieron que tomar cartas en el asunto,
como en el africano de 401, cuando se prohibió el culto de los mártires a los que no se pudiera probar la
existencia de una reliquia.
Todo el mundo cristiano se puso en marcha y los santuarios más célebres por los prodigios que en
ellos ocurrían se convirtieron en centros concurridísimos de peregrinación. Las peregrinaciones a Santiago,
Roma o Jerusalén, aunque principales, no eran las únicas. Milán, Colonia, Rocamador o Tours, en Europa,
fueron otros importantes centros de atracción.
En España, cabe reseñar a San Salvador de Oviedo, Santo Toribio de Liébana en Cantabria o Guadalupe,
en Extremadura; en Aragón, podemos citar al menos cuatro focos de atracción peregrina: San Juan de la
Peña, Santa María la Mayora de Zaragoza, Santa María de Salasa de Huesca y San Cosme y San Damián,
en Vadiello.
El monasterio de San Juan de la Peña✪✪ presumía de conservar los cuerpos o alguna parte de
ellos de veintiséis santos, amén de un fragmento del vestido de la Virgen, dos astillas de la cruz de
Cristo, piedras del pesebre de Belén, etc., pero, sobre todo, mientras estuvo allí, el Santo Grial fue
el más reconocido en Europa. Los peregrinos se desviaban del camino jacobeoa para acudir a adorarlo.
También fue foco de atracción peregrina Santa María la Mayor✪✪✪ de Zaragoza, máxime
cuando la ciudad fue centro de confluencia de varios de los caminos jacobeosa que atravesaban Aragón. A sus pies vendrán como peregrinos papas (Nicolás IV, Adriano VI), santos (Vicente Ferrer,
Luis Gonzaga), reyes (Blanca de Navarra, los Reyes Católicos, Carlos I, Felipe II), etc. Si a partir del
siglo XVI se le abren capillas como Virgen del Pilar en varias tierras de Aragón, tras la coronación
canónica de 1905 el Pilar no ha dejado de crecer como centro de peregrinación mundial.
Fue lugar importante de peregrinación Santa María de Salas✪✪ en Huesca, a la que Alfonso X
dedicaría una de sus cantigas. Gozó de fama de muy milagrera, incluso entre la población mora, y
conocemos disposiciones de Jaime I amparando a los peregrinos que acudieran a su templo.
Ante un escenario incomparable, la ermita rupestre de San Cosme y San Damián✪✪ ha sido
considerada siempre como mágica y curativa, como lo atestiguan mitos, ritos, leyendas y tradiciones
ancestrales. La fama de ambos santos, patronos de la medicina, atrajo siempre a multitud de peregrinos, aunque la iglesia sea pequeña y esté actualmente vacía.
43
RELIQUIA
Desde el momento mismo del nacimiento de la religión predicada por Jesús, los
cristianos comenzaron a venerar los objetos
y lugares relacionados con este y con su pasión, haciendo extensiva tal devoción a los
restos de los santos o de los objetos que estuvieron en contacto con ellos. Fue tal la fiebre desatada por las reliquias durante la Edad
Media que su tráfico se convirtió en un verdadero problema, teniendo que intervenir
Roma para tratar de evitar abusos de todo
tipo.
La ex colegiata de Borja conserva
un importante altar relicario
Estas reliquias (manos, brazos, piernas, cabezas, canillas, objetos diversos, fragmentos de la cruz, gotas
de leche de la Virgen, piedras del pesebre de Belén, etc.), guardadas en cofres, cajas, dedos, brazos, bustosa
—los llamados relicarios— eran expuestas a los fieles e imploradas frente a desgracias personales o catástrofes naturales (eran sacadas en procesión con ocasión de tormentas, los nublados malignos), se utilizaban
para exorcizar a los poseídos, o se acudía a ellas para protegerse de epidemias, hambrunas o sequías pertinaces.
Poco a poco fue declinando su importancia, de manera que hoy constituyen meros vestigios de la
religiosidad popular de antaño, aunque al menos por su valor patrimonial debieran desenterrarse. No obstante, algunas reliquias aún atraen la atención de fieles y curiosos.
El prestigio de una institución religiosa llegó a medirse por el número de reliquias que atesoraba, de
modo que San Juan de la Peña llegó a poseer siete cuerpos enteros de santos y restos de otros diecinueve,
aparte de otros muchos objetos: un fragmento del vestido de la Virgen, dos astillas de la cruz de Cristo,
piedras del pesebre de Belén y unos corporales salvados milagrosamente del fuego, pero sobre todo, mientras estuvo allí, el Santo Grial, hoy en la catedral valenciana.
Además de los corporalesa, todavía venerados en Aguaviva, Daroca y Aniñón, con importantes celebraciones anuales, existen aún tantas reliquias y relicarios que su simple enumeración es
imposible. Ejemplo bajoaragonés (donde existen varios relicarios) puede ser el de Torrecilla de Alcañiz✪✪, del que Faci escribió que es el relicario más admirable que después de los Innumerables
Mártires de Zaragoza se venera en Aragón, que fue creciendo hasta el siglo XIX. Reliquias famosas
y todavía veneradas en su arqueta de plata de la iglesia de San Miguel son las de Castiello de Jaca✪✪✪,
tan relacionadas con el Camino de Santiago, origen de una bonita leyenda relativa a un peregrino.
Muchas vicisitudes han pasado las reliquias y relicario de los Santos Mártires y patrones de Teruel✪✪✪, Juan de Perugia y Pedro de Saxoferrato. Loarre✪✪ conserva todavía dos relicarios del siglo
XII, conteniendo una de ellas restos de San Demetrio; en Ayerbe✪✪, aparte del busto-relicarioa citado, dos relicarios de plata de los siglos XVI (Santa Leticia) y XVII (San Esteban y San Sebastián)
son buena muestra de esta tradición cristiana; varios son los relicarios que enseña el museo de la colegiata de Borja✪✪. En Gelsa es muy apreciado el relicario de la Santa Espina✪✪✪, obra artística del
siglo XVII, en el que la tradición dice guardar una espina de la corona de Cristo, venerada en procesión solemne todos los años. En Ambel, las Santas Reliquias✪✪✪ han logrado la categoría de patronas del pueblo y han originado un dance singular. Por último, también Liesa celebra la fiesta de
las Reliquias✪✪✪ en Pentecostés, con asistencia de los pueblos cercanos.
44
ROMERÍA
Existen todavía santuarios y ermitasa
cuyas advocacionesa, bien sea la Virgen o un
santo, generan devoción y atractivo entre los
vecinos de un pueblo o de toda una comarca,
gentes que se desplazan, siguiendo la tradición de sus mayores, a sus añejos edificios en
días señalados del año con intenciones religiosas y también festivas. A estas pequeñas
peregrinaciones se les llama romerías, de las
que Aragón es rico.
Una de las múltiples romerías aragonesas, de larga caminata,
Son muy variadas y, aunque no siguen
lleva a las gentes de Leciñena hasta el santuario
de la Virgen de Magallón
un modelo rígido ni uniforme, compartían y
comparten, sin embargo, aspectos comunes.
En muchas de ellas, una cofradía de vieja raigambre es la encargada de organizar y ordenar la comitiva y
los actos, que suelen comenzar por la mañana e incluso de madrugada, cuando los romeros con sus mejores
galas, andando, en caballerías o en carrozas fastuosamente adornadas, emprendían la marcha hacia el
santuario, a veces con la efigie del santo o de la virgen en peana. Una vez allí los participantes se disponían
—según las circunstancias— a honrar religiosamente al santo, y a comer o merendar después. Tras la colación, bailes y competiciones en la pradera hermanan a todos hasta la hora del regreso.
En los barrios rurales de las ciudades y en el ámbito campesino, las romerías —como los mercadosa
periódicos— no solo suponían un motivo de encuentro sino también un sistema eficaz de lucha contra la
endogamia, pues era el momento para conocerse mozas y mozos e incluso de apalabrar pareja.
Respecto a las fechas de celebración, las romerías, con el calendario agrícola en la mano, suelen coincidir con el fin de las faenas del campo o con épocas de pausa, de ahí que muchas se celebren en el mes
de septiembre, aunque otras lo son en primavera o en relación con la Pascua.
Se celebraban y aún se celebran tantas romerías en nuestra tierra que es imposible referirlas
todas. Acuden aquí algunas a mero título de ejemplo. Por su larga tradición, comenzaremos por la
romería y procesión salpicada de dances de Santa Orosia, en Yebra de Basa; o la ascensión con la
procesión de las cruces a Santa Elena, patrona del valle de Tena, en las cercanías de Biescas; o cuando
los pueblos del hermoso valle del pantano de La Peña acuden a Santa María para honrar a San Gregorio. Numerosa es la concurrencia a la Virgen de la Alegría, de la Bella o del Pueyo, en Monzón,
Castejón del Puente o Barbastro, respectivamente. San Jorge y la Virgen de Loreto movilizan a los
oscenses.
La Virgen de Magallón, con una bella leyenda detrás, congrega a las gentes de Leciñena y alrededores; en Tarazona no se habla tanto de la romería en honor de San Lamberto, sino del Quililay,
con meta en el santuario de la Virgen del Moncayo, con todo un interesante ritual musical. Los santuarios de Valentuñana (Sos del Rey Católico), la Misericordia (Borja) o Montler (Sástago y comarca), así como la Virgen de Rodanas, en Épila, tienen larga tradición romera.
La Virgen de la Silla, en la sierra de Cucalón, a la que tan devoto fue Jaime I, congrega cada
año a gentes de Anadón, Rudilla, El Colladico, Lagueruela, Bea y Fonfría; en Peñarroya de Tastavins,
se llena de romeros la artística ermita de la Virgen de la Fuente, en tanto que los de Villel honran a
la Virgen de la Fuensanta. Y las romerías, muchas centenarias, siguen.
45
SACRAMENTO
La Iglesia, que había vivido momentos
amargos durante el siglo X —el llamado Siglo
de Hierro—, cimentó su renacimiento a lo
largo del siglo XI hasta salir tremendamente
fortalecida tras el I Concilio de Letrán (1123).
Durante los siglos XII y XIII se fundamenta la
Iglesia moderna, y con ello la organización
eclesial y buen parte de ritos, días festivos y
sacramentos en la forma en la que hoy los
conocemos, constituyendo una buena parte
de nuestro patrimonio.
Réplica en lana del cuadro que representa la Comunión de san José
de Calasanz en la capilla de Peralta de la Sal
Se desarrolla la curia romana, naciendo
la Cámara Apostólica y la Signatura Apostólica (siglo XI) así como la Penitenciaría (siglo XII); se organizan las tasas económicas y los impuestos; se
organiza la división parroquial rural y urbana; se sistematiza todo lo relacionado con las indulgencias, que
consisten en la remisión, fuera de la penitencia, de toda o parte de las penas temporales de pecado que se
han de cumplir en la tierra o en el Purgatorio, porque solo la penitencia suponía el perdón del mismo pecado.
Se convirtió en obligatorio guardar la festividad del domingo y el resto de fiestas universales, que se
multiplicaron: a las de los Apóstoles y Evangelistas, honrados desde los carolingios, y a la de Todos los
Santos, impuesta por Alcuino a los irlandeses y extendida por Cluny en el siglo XI, se añadieron las de los
Santos Inocentes (28.XII), San Martín (11.XI), Invención de la Cruz (3.V), San Lorenzo (10.VIII), San Miguel
(29.IX), San Nicolás (6.XII), las Ánimas (2.XI), la Exaltación de la Cruz (14.IX) y la Inmaculada (8.XII), destacando la del Santo Sacramento. Se alcanzaron hasta cuarenta festividades además de los domingos. Se
comienzan a utilizar diferentes colores en los ornamentos según el tiempo litúrgico, y al blanco (hasta entonces único) se le añaden (desde Inocencio III) otros cuatro: rojo, verde, violeta y negro. Ciñéndonos a los
sacramentos, la tarea de los teólogos permitió fijar el número de estos definitivamente, lo mismo que su
ritual: serían siete.
Respecto al bautismo, se abandona el rito de la triple inmersión y se sustituye por el de infusión
(agua sobre la cabeza), pronunciándose la fórmula fijada a partir del Concilio de Letrán: «Ego te
baptizo, in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti».
La confirmación, que había acompañado al bautismo, se hace independiente de este, con el
doble rito de la imposición de manos y la unción del Santo Óleo; desde el siglo XIII se añade el
aliento en la mejilla para gravar en la memoria del confirmado la percepción del sacramento.
El IV Concilio de Letrán convirtió en obligatoria la penitencia una vez al año. Entre los procedimientos penitenciales heredados, el concilio eligió la confesión auricular y el siglo XIII fijó la
fórmula actual de la absolución: «Ego te absolvo, in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti».
Respecto a la eucaristía, se fija la doctrina de la transubstanciación y se desarrolla una verdadera
devoción eucarística. A partir del siglo XI, se comulga solo con pan.
En cuanto a la extremaunción, en peligro de muerte se debe confesar y administrar el viático
en procesión solemne y, cuando la muerte parece inevitable, el enfermo recibía la extremaunción.
Por último, el matrimonio se reafirma en el siglo XII como indisoluble, prohibiendo el divorcio,
excepto en el caso de consanguinidad.
46
VIRGEN
Aunque hasta 1854 la virginidad de María no fue
dogma de fe en la doctrina católica, en España hubo siempre
veneración por la Madre de Dios, como nos muestran tantos
testimonios en forma de pintura o escultura, simbolizados,
por ejemplo, en las Inmaculadas de los siglos XVI y XVII, y,
sobre todo, en tantos cientos de tallas repartidas por todo
Aragón sin excepción alguna. Prácticamente no existe pueblo
que no presuma de su Virgen románica, gótica, renacentista
o barroca.
Es posible que esta insistente devoción mariana provenga de cultos precristianos dedicados a diosas madres
como Cibeles, fuertemente arraigados en la religiosidad popular, pero, al margen de esta posibilidad, es notorio que a
partir del siglo XII la Virgen se adueña de catedralesa, colegiatasa, parroquias, ermitasa y oratorios. Esta exaltación se
debe sin duda a haberse convertido en la principal intermeTalla de madera de Nuestra Señora
diariaa entre los creyentes y Cristo. Paralelamente da el salto
de la Fuensanta en su ermita de Villel
a la literatura, a la poesía, a la leyenda y a las tradiciones de
las que existen, asimismo, cientos.
La popularidad adquirida por la Virgen se aprecia de manera única en nuestra tierra, que tiene una
decidida vocación mariana. Para darse cuenta de ello basta observar las numerosas advocacionesa con
las que se presenta o apercibirse de tantas fiestas y romeríasa a ella dedicadas. Nuestra literatura legendaria está plagada de apariciones, de ayudas ante el invasor moro, de fundamento de monasterios y pueblos
enteros… Existen tantas que solo intentar citarlas todas sería imposible. Al hacerlo con algunas como
ejemplo quedaremos mal con muchos, pero es un riesgo que hay que correr, pues la Virgen del propio
pueblo es siempre la mejor y quizás no aparezca aquí.
En la provincia norteña, son advocaciones señaladas las de Huesca (de Salas, de la Huerta y
Cillas), Adahuesca (de Treviño), Almudévar (de la Violada), Aniés (de la Peña), Anzánigo (de
Izarbe), Ayerbe (de Casbas), Barbastro (del Pueyo), Benabarre (de Linares), Cartuja de Monegros
(de las Fuentes), Castejón del Puente (Bella), Ena (del Camino), Estadilla (de la Carrodilla), Garcipollera (de Iguácel), Graus (de la Peña), Jaca (de la Victoria), Monzón (de la Alegría), Palo (de
Bruis), Riglos (del Mallo y de Cacabiello), Sahún (de Guayente), Sin (de Badain), Torreciudad (de
Torreciudad).
En la provincia central, citemos al menos las de Zaragoza (Pilar, Cogullada y Portillo), Belchite
(del Pueyo), Borja (de la Misericordia), Cariñena (de las Lagunas), Calatayud (de la Peña), Ejea (de
la Oliva), El Burgo de Ebro (de Zaragoza la Vieja), El Frasno (Pietas), Épila (Rodanas), Herrera (de
Herrera), Ibdes (de San Daniel), La Almunia (de los Palacios), Langa (de Tocón), Leciñena (de
Magallón), Luna (de Monlora), Monzalbarba (de la Sagrada), Nonaspe (de Dos Aguas), Paniza (del
Águila), Sástago (Monler), Tauste (de Sancho Abarca), Villamayor (del Pueyo), Zuera (del Salz).
En la provincia sureña, cabe destacar, entre otras, las de Alcalá de la Selva (de la Vega), Alcañiz
(de los Pueyos), Aliaga (de la Zarza), Blancas (de la Carrasca), Camarillas (del Campo), Caminreal
(de las Cuevas), Estercuel (del Olivar), Fórnoles (de Monserrate), La Fresneda (de Gracia), La Iglesuela (del Cid), Manzanera (de la Vega), Mazaleón (de San Cristóbal), Monforte de Moyuela (de
Belén), Oliete (del Cantal), Orihuela (del Tremedal), Peñarroya de Tastavins (de la Fuente), Villarreal (de la Silla), Villel (de la Fuensanta).
47
VIRGEN DEL PILAR
Según la tradición, el apóstol Santiago
el Mayor quiso convertir al cristianismo a la
pagana Caesaragusta del siglo I, pero los habitantes de la ciudad se mostraron tan testarudos y escépticos que el Apóstol, desesperado, pidió ayuda divina que llegó de forma
prodigiosa cuando la Virgen, que vivía en Palestina, se apareció en un pilar del puente romano para asombro de los paganos y de los
pocos cristianos que había en la urbe.
La devoción a la Virgen del Pilar, muy extendida desde
Otro tipo de fuentes más fiables nos hael siglo XVI, vio nacer ermitas como la de Bubierca
blan de la pequeña iglesia mozárabe de Santa
María la Mayor, de la que tenemos noticias del siglo IX, levantándose luego sucesivamente un templo románico y otro gótico, ambos con claustro adjunto en el que debió emerger poco a poco la imagen de una
de sus capillas: Santa María del Pilar, que se erigió en un símbolo que ha llegado hasta nuestros días y que
ha sobrepasado las fronteras de Aragón, sobre todo a partir del siglo XVI, cuando se difundieron varios de
sus milagros.
Como símbolo, la Virgen forma parte de un enorme patrimonio literario, histórico, religioso, musical
y material que tiene su más acabado lugar en la basílica del Pilar de Zaragoza comenzada en 1681 y finalizada en el siglo XX.
Desde la misma Edad Media, la iglesia de Santa María la Mayor de Zaragoza se convirtió (junto con
Nuestra Señora de Salasa de Huesca o San Juan de la Peña) en lugar preferente de peregrinacióna, pero
será en el siglo XIX cuando el Pilar sea elegido como santuario mariano preferente, constituyendo el espaldarazo definitivo el año 1905, fecha en la que es coronada canónicamente. La elevación de la Virgen a
patrona de la Hispanidad ha contribuido a hacer de ella un auténtico símbolo patrimonial de Aragón en
el mundo.
Si Zaragoza es el centro mundial pilarista, existen réplicas de la imagen por doquier. A partir
de la difusión del milagro de Calanda, en el siglo XVI, dos fenómenos paralelos extenderán la devoción a la Virgen del Pilar en los más alejados rincones. Por una parte, los evangelizadores hispanos
de América y Asia, así como políticos, comerciantes y soldados, llevaron consigo imágenes que dieron
origen a iglesias de todo tipo; por otro lado, en territorio aragonés comenzaron a edificarse ermitas
rurales dedicadas a la Virgen zaragozana.
En Aragón, tienen parroquias dedicadas a la Virgen del Pilar Almudáfar (actualmente agregado
a Fraga), Colungo, Fañanás, Lastiesas, Lierta y Sardas (Huesca), Fréscano (siglo XVII), Gordún y
Sástago (Zaragoza) y Ojos Negros (Teruel). Fueron monasterios pilaristas el mercedario de Embún
(1699) y el de capuchinas de Huesca (1647); hay templos en Calanda (siglo XVIII) y La Fresneda
(Teruel).
Ermitas dedicadas a la Virgen del Pilar las hay en las tres provincias aragonesas. Bagüés (siglo
XVII), Borau, Candasnos y Rosel (añadido a Ortilla), en Huesca; Bubierca (siglo XVII), Malón
(siglo XVIII), Manchones (siglo XVII), Montón, Pedrola (siglo XVIII), Sástago (siglo XVIII), Tauste,
Tiermas y Villanueva de Huerva, en Zaragoza; Alloza, Ariño, Armillas, Belmonte de Mezquín, Cervera del Rincón, El Castellar, Hinojosa de Jarque, Ladruñán, Luco de Bordón, Monforte de Moyuela,
Monteagudo del Castillo y Pancrudo, en Teruel.
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CARTUJA
A partir de fines del siglo XI y comienzos del XII, asistimos a un movimiento de reacción contra el atesoramiento de riquezas
materiales y contra la colaboración de los
monasterios con el poder político, defendiendo y propiciando el aislamiento, la oración, la pobreza y la predicación. Los canónigos de San Agustín (Loarre, Montearagón,
etc.) y los cistercienses (Rueda, Veruela) nacieron con esos objetivos, pero también acaPanorámica exterior de la Cartuja de Aula Dei, o Cartuja Alta,
baron formando parte del sistema señorial
en las inmediaciones de Zaragoza
imperante. El intento definitivo vino de Chartreuse, cerca de Grenoble, de la mano del que
sería san Bruno (a fines del siglo XI), aunque su nueva regla, la cartuja, no se fijó hasta 1130: dicha regla
se basaba en la vida en común (iglesia, sala capitular y refectorio) compatibilizada con la soledad en celdas
aisladas y una vida austera: silencio casi absoluto, abstinencia completa de carne y el reparto del tiempo
entre la oración, el trabajo en el campo o la copia de manuscritos en la propia celda.
Al siglo XII pertenece la primera cartuja hispana, la de Scala Dei, en Tarragona, pero la primera nacida
en territorio aragonés data del XVI, la de Las Fuentes, a la que siguió la de Aula Dei, próxima a Zaragoza.
El difícil encaje de estos cenobios en el sistema socioeconómico de Aragón, cuyos reyes buscaron y
hallaron la colaboración de los monasteriosa para repoblar el territorio, hizo que su establecimiento en
nuestras tierras fuera lento y tardío, cuatrocientos años después de que naciera la primera cartuja a fines
del siglo XI.
Ubicada cerca de Lanaja, en los Monegros, la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes✪✪
debió comenzar a levantarse en 1507 por los condes de Sástago, aunque su sede definitiva fue más
tardía, incluso posterior a la de Aula Dei, de la que copió su trazado. Nació envuelta en una leyenda,
como ofrenda de los condes por el hijo de ambos muerto en aquel paraje. Dificultades varias hicieron
que sus primeros cartujos se refugiaran en la de Aula Dei. Los edificios que hoy conocemos —iglesia,
claustro, celdas y muro exterior— fueron finalizados muy avanzado el siglo XVIII, pero la desamortización de mediados del XIX la convirtió en propiedad particular y, hasta hace poco, en redil. Hoy
se puede visitar en determinados días.
La cartuja de Santa María de Aula Dei✪✪✪, conocida como Cartuja Alta, fundada en 1564 por
Hernando de Aragón, arzobispo de Zaragoza, se halla ubicada a la vera del Gállego, a pocos kilómetros de Zaragoza. Se mantiene todavía viva gracias a su rehabilitación y al regreso de los cartujos en
1901, pues también la dejó inservible la desamortización de 1835. Si todo su conjunto es digno de
mención, deben destacarse del mismo las pinturas murales que Goyaa realizó en su iglesia. Complicadas gestiones han logrado que pueda ser visitada en determinados días por las mujeres.
La cartuja de la Inmaculada Concepción✪ ha sido absorbida en su mayor parte por el caserío
del pueblo que nació a su sombra —la Cartuja Baja, cerca de Zaragoza—, de modo que muchas de
las viviendas aprovechan incluso celdas y habitáculos del monasterio. En 1860, veinticinco años
después de la desamortización, ya estaba habitada por colonos que tienen en arriendo las tierras que
antes pertenecieron a los frailes.
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CATEDRAL
La catedral es la iglesia principal en un
territorio gobernado por un obispo (la diócesisa) donde está su cathedra —’silla’ en latín—, su sede, de donde derivará el nombre
seo. Así, San Salvador de Zaragoza será conocida vulgarmente como la Seo. Como se
acaba de ver, todas estaban patrocinadas por
un santo o la Virgen: San Pedro (Jaca, Huesca), Santa María (Barbastro, Zaragoza —la
concatedral del Pilar—, Tarazona, Teruel) o El
Vista de la catedral de Tarazona, una de las tres sedes episcopales
Salvador (Zaragoza y Albarracín). Si en prinheredadas del mundo antiguo
cipio obispo y canónigos (que constituían el
cabildo) tenían un patrimonio común, desde el siglo XIII, a efectos administrativos y económicos internos,
se separaron en mensas distintas: la episcopal y la canonical.
Estos canónigos, encabezados por el deán, podían ser regulares (porque seguían una regla, la de San
Agustín) y seculares (que no seguían regla alguna) y vivían de la asignación económica de su mensa, aunque podían tener prebendas aparte. La proliferación de donaciones y el crecimiento del patrimonio motivaron la aparición de otros muchos clérigos (beneficiados, capellanes o racioneros) que no eran canónigos.
Unos y otros tenían y tienen una organización jerarquizada.
Con la conquista musulmana, las tres sedes episcopales visigóticas (Osca, Caesaraugusta y Turiaso)
quedaron en sus manos. Así es que los cristianos del norte pirenaico tuvieron que diseñar de nuevo el entramado diocesano aragonés al ritmo de la reconquista del país.
Las primeras diócesis aragonesas fueron las de Aragón y Ribagorza, pues Sobrarbe, por culpa
del Cinca, soportó durante más tiempo la presencia mora. En Aragón, el primer embrión diocesano
fue el de Sasau o Sasave✪ (hoy ermita románica) hasta que se levantó en Jaca, a mediados del siglo
XI, la actual catedral románica✪✪✪. En Ribagorza, en pugna con Urgell, se levantó la catedral románica de Roda de Isábena✪✪, hasta que se tomaran Barbastro y Lérida, como así sucedió.
Salvados los Pirineos, Huesca caía en manos cristianas en 1096: la mezquita se convirtió en catedral y, aunque se hicieron algunas obras de acondicionamiento, el culto se celebró en la estructura
musulmana hasta que Jaime I dio los primeros pasos para levantar la catedral gótica actual✪✪. También se tomó Barbastro (1100) y se erigió una modesta catedral, pues la reconquista de Lérida (1149)
la redujo a colegiata, hasta que la Contrarreforma la elevara a sede catedralicia de nuevo en el siglo
XVI✪✪, título que comparte desde hace muy poco tiempo con la concatedral de Santa María de
Monzón✪, salvados en parte los problemas de la Franja.
Tomada Zaragoza en 1118, la mezquita pasó a ser catedral: San Salvador✪✪✪, iniciada en románico con influencias mudéjares, acabó siendo gótica, y fue el lugar de jura de los fueros por los
reyes aragoneses; en 1676 se le unió como concatedral la basílica del Pilar✪✪. Poco después de Zaragoza, se recuperaba la sede visigótica de Tarazona, catedral gótica✪✪ con importantes elementos
mudéjares, sobre todo su inigualable claustro.
La catedral de Albarracín✪✪, nacida gótica, encabezó una diócesis a la medida de un señor feudal, Pedro Ruiz de Azagra, para terminar agregada a Teruel. En esta ciudad, su catedral✪✪, como no
podía ser menos, es un bello ejemplo de arte mudéjar que es Patrimonio de la Humanidad.
50
COLEGIATA
Del mismo modo que existe una jerarquía entre los eclesiásticos —desde el Papa a
los sacerdotes, pasando por los obispos y
otras dignidades— también los templos cristianos obedecen a una estratificación. En muchas ocasiones, no siempre, esta jerarquía se
nota en el aspecto externo de los edificios que
van desde la sencilla iglesia de aldea a la imponente catedrala.
Dentro de esta escala la colegiata es un
templo intermedio entre la parroquia y la caLa de Alquézar sirve de ejemplo
a las numerosas ex colegiatas aragonesas
tedral cuya categoría se adquiría por bula
papal, siempre y cuando concurriera algún
mérito para ello. La principal característica de la colegiata estriba en que se compone de un abad y varios
canónigos (colegio) que celebran ritos similares a los de la cabecera de la diócesisa. Así la colegiata cuenta
con coro para los grandes rituales y con un espacio notable. Otra peculiaridad de la colegiata radica en
que los clérigos podían pertenecer al orden seglar o regular, es decir, observar una regla o seguir las normas
de vida comunitaria. Cuando una colegiata se regía por una regla, habitualmente la de san Agustín, contaba
con un claustro anexo.
La realidad es que, por el concordato de 1851 entre la Iglesia y el Estado español, se acordó suprimir
todas las colegiatas existentes en el Reino menos aquellas que radicasen en una capital de provincia en la
que no hubiese sede episcopal. En Aragón solo ha conservado la denominación oficial la colegiata de Albarracín como deferencia a su antiguo rango de catedral. Sin embargo, en algún momento de la historia
han sido colegiatas muchas iglesias aragonesas y popularmente se les otorga esta categoría cuando en
realidad todas son ex colegiatas.
Es difícil hacer una selección en nuestro territorio teniendo en cuenta que sobrepasaron el centenar y existen magníficas muestras, muchas de ellas declaradas Monumento Nacional, que no caben
en espacio tan reducido. Pero hoy existen magníficas guías para que ninguna caiga en el olvido.
En la provincia de Huesca, son ejemplos notables las de Aínsa✪✪, románica, con extensión de
claustro gótico; la de Alquézar✪✪✪, ejemplo de gótico tardío, con fragmentos del original claustro
románico, construida en la antigua fortaleza musulmana; de la de Bolea✪ conviene destacar un excepcional retablo de pintura gótica; las de Boltaña y El Grado son ejemplos de gótico tardío; la de
Pertusa✪ es una suma de estilos: barroca con cripta románica y claustro renacentista; la de Tamarite
de Litera es románica, mientras que, en Sariñena, la de San Francisco sustituyó a la medieval.
En la provincia de Teruel, destaca el impresionante barroco de Santa María✪✪✪ de Alcañiz;
en Montalbán✪✪ descuella la parroquial gótico-mudéjar; en Mora de Rubielos✪✪ impresiona su
nave única, gótica de influencia levantina, con claustro anexo barroco; la de Rubielos de Mora✪ es
manierista; y la gótica de Valderrobres✪ se levanta a la sombra del castillo-palacio episcopal.
En la provincia de Zaragoza, el caso de Calatayud es especial, pues hubo tres: Santa María la
Mayor✪✪✪ (torre y claustro mudéjares con portada plateresca), Santo Sepulcro✪✪ (claustro mudéjar)
y Santa María de la Peña✪ (mezcla de mudéjar y neoclásico). En la de Borja✪ predomina el mudéjar;
la de Caspe✪ —sede del Compromiso— es gótica; la de Daroca✪✪ (mezcla de románico, gótico y
renacimiento) es sede de los corporales; románica con torres góticas es la de El Salvador✪✪ de Ejea,
mientras que la de Santa María✪✪✪, en Uncastillo, es ejemplo de románico aunque con claustro
gótico-renacentista. En Épila destaca la impresionante mole barroca de la actual parroquia✪✪.
51
ERMITA
Normalmente se trata de un santuario
levantado en despoblado, aunque muchas de
ellas nacieron en los aledaños de los núcleos
urbanos. Si bien no conllevan la existencia de
una congregación religiosa que esté a su
cargo, siendo servidas antaño por un santero
o ermitaño, en torno a muchas de ellas nacieron hermandades de cofrades, con finalidades religiosas, sociales y asistenciales dentro de los pueblos de su entorno.
Nuestros montes y pueblos guardan multitud de ermitas,
como la de Loreto, de Formiche Alto
Aparte de su principal función, la religiosa, las ermitas han significado otras muchas cosas: sustitución de antiguas deidades
paganas, mojón divisorio entre términos, lugar de cita social, favoreciendo el mestizaje entre pueblos, lo
que evitó la endogamia. En territorios de señorío, propiciaron la desviación de impuestos, diezmos y primicias entre ellos. Habitualmente suele ser el último vestigio de un antiguo pueblo, de manera que a su
vera no es raro hallar restos de despoblados.
Consideración principal merece el estudio de las advocaciones, pues los titulares (la Virgen o los santos) ejercían una tarea de intermediariosa con la divinidad para el logro de algún beneficio espiritual o
material.
Estudiar las romerías, los exvotos, gozos, leyendas, tradiciones, hermandades, etc., permite conocer
en profundidad el alma colectiva de nuestros pueblos.
Aragón está plagado de ermitas, si bien se ha dicho que actualmente no queda ni la cuarta
parte de las que se levantaron desde la Edad Media y, sobre todo, desde el siglo XVII. Hacer una selección es tarea difícil y comprometida pues siempre dependerá del criterio con la que se efectúe: su
estado de conservación, sus dimensiones, el estilo artístico, el número de pueblos a los que congrega,
la advocación, etc. Bucearemos en localidades que no han llegado a estas páginas.
Las más numerosas son las dedicadas a alguna advocación de la Virgen: Oliete, por ejemplo,
tiene su guía espiritual en la Virgen del Cantal✪, adornada con una hermosa leyenda. En un bonito
paraje del río Pitarque, el pueblo del mismo nombre venera a la Virgen de la Peña, advocación que,
como en Calatayud, da nombre a no pocas mujeres; en Adahuesca, merece una visita Nuestra Señora
de Treviño, antiguo monasterio románico; en Moyuela, Nuestra Señora de Allende constituye uno
de los pocos ejemplos románicos al sur del Ebro.
Ermitas no dedicadas a la Virgen pudieran ser las San Cristóbal en La Cerollera; la de Santa
Quiteria✪✪, en Samper de Calanda, restos de un antiguo monasterio, con un claustro recoleto y curioso; la de San Daniel✪, en Ibdes, que data del siglo XVII; el Santo✪, en término de Aladrén, restos
románticos de un antiguo monasterio cisterciense del siglo XIII; de Santa Bárbara, celebrada en numerosos pueblos aragoneses, puede ser ejemplo la de La Fresneda; San Jorge tiene en Fayón un ejemplo, en la que se reparte el deseado panet. En Peraltilla, San Román✪ (siglo XVII) está en una
encrucijada de pastores y endemoniados. En fin, San Salvador✪ de Torrente de Cinca es un conjunto
trinitario renacentista, célebre por sus curaciones, incluida la de Felipe II.
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ESCONJURADERO
Cercanos a las iglesias rurales más
que en pleno descampado, aunque a veces
lo estén junto a una ermitaa fundamentalmente en tierras sobrarbenses, no es raro encontrarse con una especie de templete, muy
semejante a los humilladerosa del espacio
turolense, solo que los cuatro arcos o vanos
del quiosco o baldaquino están orientados a
los cuatro puntos cardinales. Generalmente,
para su construcción se utilizó la piedra en
forma de sillarejo y el espacio interior bajo la
sencilla bóveda se encuentra vacío.
El de Guaso es un bello ejemplo de esconjuradero norteño
Se trata de un habitáculo en el que el cura del pueblo, ante la amenaza de una tormenta, se aprestaba
a invocar la intercesión de santa Bárbara mientras la campana de la iglesia tañía el toque que correspondía
a la ocasión. Se trataba de esconjurar la tormenta, de romperla, lanzando a los cuatro vientos el esconjuro
con frases típicas de cada localidad. A falta de cura, era un vecino, por turno rotatorio, quien efectuaba el
rito. La Iglesia no hizo mas que sacralizar la inveterada costumbre pagana de imprecar a las brujas, diablos
o genios de la montaña a los que consideraba responsables de tan temido meteoro.
Con el tiempo, los esconjuraderos o cuatropilares cayeron en desuso, lo que ha provocado la desaparición de muchos de ellos, aunque algunos se convirtieron en pequeñas capillas por el simple procedimiento de tabicar los vanos.
En las casas, por su parte, cada cual hacia su propio esconjuro, bien poniendo tijeras, hoces o cuchillos
en las ventanas, con la punta hacia arriba, bien echando sal al llar o clavando ramas de olivo o boj bendecidas en la tierra.
Son tan sencillos estos pequeños habitáculos que apenas tienen otro valor que el etnológico,
lo que hace difícil destacar a ninguno. Los más conocidos lo son por su relativa facilidad de acceso.
Rehabilitado, destacando en la parte alta del barrio del Tozal del pueblo de Guaso✪, cerca de
Aínsa, existe uno del siglo XVI desde donde se divisa un magnífico panorama. También en las inmediaciones de esta villa sobrarbense, otro robusto esconjuradero accesible es el ubicado en el pueblo
de San Vicente de Labuerda, junto a su iglesia románica, con la mole impresionante de Peña Montañesa como telón de fondo. En años de sequía, cuando las aguas del Cinca embalsadas en el pantano
de Mediano escasean, no solo se nos muestra entera la iglesia del pueblo anegado, sino que pegado
a ella, como un hijuelo, se puede ver su esconjuradero✪. Merece, asimismo, la pena desplazarse hasta
Almazorre, en este caso aguas arriba del Vero, para contemplar el que se levanta junto a la iglesia de
San Esteban. Además de otros muchos, los hay también en Asín de Broto, en Burgasé y en Campol,
pero, para acabar con los ejemplos, merece la pena llegar por buena pista de tierra al monasterio de
San Cosme y San Damián, sobre el pantano de Vadiello, en cuyas inmediaciones se levanta la denominada Cruz Cubierta✪, que no es otra cosa que un escojuradero reutilizado para guarecer una
cruz en medio de un paisaje dominado por desafiantes mallos.
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MEZQUITA
El templo donde los musulmanes rezan a Alá y se constituyen como comunidad es la mezquita, palabra árabe que
significa lugar de postración pues es en esa actitud de profunda sumisión en la que rezan los musulmanes durante
cinco veces al día. Pero, además de templo, la mezquita funciona a veces como lugar de reunión y de estudio, y algunas
ejercen o han ejercido como universidades e incluso como
centros políticos.
Arquitectónicamente, la mezquita puede ser sencilla,
como la casa del profeta Mahoma que fue la primera, o bien
ser una majestuosa obra de arte. Respecto a las iglesias cristianas, esta carece de figuraciones humanas para no fomentar la idolatría, de modo que la decoración consiste en
motivos vegetales o en versículos del Corán, los arabescos.
Espacialmente sigue un orden muy preciso: un patio con
fuentes para que los fieles se descalcen y hagan las ablucioLa mezquita de Calatorao, de la que vemos
la puerta de su mihrab ocluida,
nes prescritas, y la sala de oraciones con el muro principal
está siendo rehabilitada
(la alquibla) orientado hacia la Meca, en el que se abre el
mihrab, habitáculo muy decorado que es el lugar más importante del templo. Allí se encuentran, asimismo. el mimbar o púlpito de predicaciones y la macsura, ámbito reservado al califa, la máxima autoridad política y religiosa.
En la parte exterior, se pueden contemplar los alminares o minaretes, altas torres desde las que el almuédano llama a la oración y que han servido de inspiración a torres y campanarios cristianos. Si las mezquitas aprovecharon los solares de las iglesias cristianas, los cristianos aprovecharon muchas mezquitas
para levantar sus iglesias, lo que explica en parte la escasez de estas en nuestro solar.
Aunque hoy no queda apenas nada de ella, sabido es como la catedral de Huesca aprovechó
hasta el siglo XIII la antigua mezquita mayor de la ciudad. Asimismo, parece que no existe duda de
que la torre-campanario de Ateca fuera el alminar de la mezquita, lo mismo que en el Belchite Viejo
derruido por la guerra. Entre otros muchos lugares, en Daroca toman modelo de alminares la torre
de la iglesia de Santiago, a imitación del minarete de la Giralda, y la iglesia de Santo Domingo. Las
torres de Huérmeda, cerca de Calatayud, de Longares, de Belmonte de Calatayud y de Santa María
de Mediavilla (hoy catedral) de Teruel parece que son minaretes aprovechados por los cristianos.
Los estudios se centran hoy —salvo que aparezcan otras nuevas— en las mezquitas mudéjares
de Calatorao, Tórtoles y Torrellas. En Calatorao✪✪, parece demostrado que el edificio conocido
como hospital de peregrinos fue la mezquita mayor de los mudéjares de la villa, incluida la madrasa
o escuela coránica y la vivienda del imán, todo ello —junto con el mihrab, los grafitis y las pinturas
originales— rehabilitado recientemente. En Torrellas, parece no haber duda de que su mezquita no
es otro edificio que el de la actual iglesia de San Martín de Tours, sobre la que se ha podido reconstruir
virtualmente el templo musulmán. En Tórtoles✪ (un barrio de Tarazona), se hallan restos importantes
de su mezquita mudéjar del siglo XV, hoy en proceso de restauración, como el arco de herradura del
mihrab, habitáculo recuperado, y varias vigas de su techumbre decoradas con motivos polícromos e
inscripciones arábigas.
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MONASTERIO
Travesía de las Monjas, calle de Predicadores, plazuela de Santa Clara. Pueblos enteros delatan también procedencias similares:
el portero de mi casa es de Sasa del Abadiado;
estuve en las fiestas de La Almunia de San
Juan; cuando fui a Gallocanta, pasé por Torralba de los Frailes; ¡buen vino el de Cartuja
de Monegros!; la Cartuja Baja se está convirtiendo en dormitorio de Zaragoza. ¿A quién
no le gustan los suspiros de monja, todo
Monasterio de Veruela, rodeado de la habitual muralla
mimo, huevo y horno?; ¿quién no desea enclaustrarse alguna vez, saturado, lleno de ruidos, prisas y trajines? Aquel hombre nos decepcionó, y es que el hábito no hace al monje, pero habrá que
tomárselo con paciencia benedictina. Calles, plazas, pueblos, comarcas, dulces, aforismos y frases comunes
como los anteriores son solo ya restos que se ven y se oyen. Pero detrás hay más, hubo más. El mundo de
los monjes influyó, y mucho, en el mundo de los aragoneses sin hábito. Pero, ¿quiénes eran y dónde estaban? Cuál es su debe y cuál su haber.
Al retiro en solitario —el anacoretismo— le sucedió la vida monástica, la vida en común. Los primeros
monasterios se regían por una gran variedad de normas hasta que, en el siglo VI, san Benito de Nursia redactó una regula que se hizo común, la benedictina. Luego la orden benedictina sufrió reformas destacando
dos, la cluniacense y la cisterciense, pero la renovación tomó también otros derroteros, como los canónigos
regulares de San Agustín, los premostratenses y los cartujos. A estas órdenes monacales se sumaron los
monasterios de las órdenes militares.
Las renacidas ciudades, por otra parte, precisaron órdenes monásticas nuevas, surgiendo en el siglo
XIII las llamadas órdenes mendicantesa, entre las que destacarán los dominicos y los franciscanos. También
lo son las clarisas, carmelitas, agustinos, siervas de María y mercedarios, especializados estos últimos en
el rescate de cautivos.
Aparte de su importancia espiritual, asistencial y cultural, los monasterios actuaron también como
ordenadores y administradores de parte del territorio, llevando a cabo una enorme tarea de repoblación.
Pero también alcanzaron poder social y político. Tras sucesivas reformas entre los siglos XV y XVII, las órdenes monásticas llegaron al XIX pujantes, formando parte del sistema señorial. Pero el siglo XIX fue
amargo para la mayor parte ya que quedaron sus bienes desamortizados. Luego, la última Guerra Civil y
la crisis vocacional acabaron por vaciar sus claustros. La mayor parte de los monasterios han cerrado sus
puertas, pero todos desempeñaron un papel, todos tienen su debe y su haber.
Veamos en una selección de urgencia algunos de esos monasterios, en distinto grado de conservación. Cluniacenses fueron, por ejemplo, los de San Juan de la Peña✪✪✪ y San Victorián✪✪; de
la reforma benedictina cisterciense están en pie al menos los de Veruela✪✪✪, Rueda✪✪✪, Piedra✪✪,
Santa Fe✪ y el femenino de Casbas✪✪; agustinianos fueron los castillos-convento de Loarre✪✪✪ y
Montearagón✪; y ejemplo de cartujos, la Cartuja de las Fuentes✪ (en los Monegros) y la de Aula
Dei✪✪✪ en Zaragoza. Templario fue el castillo-convento de Monzón✪✪; hospitalario, el de Sigena✪✪;
y del Santo Sepulcro, las canonesas del Santo Sepulcro✪✪ de Zaragoza. Del amplio mundo de las órdenes mendicantes, sirvan los ejemplos seleccionados al hablar de ellas en otro espacio de este libro.
55
PEIRÓN
Desde la Edad Media, en la España cristiana fue costumbre generalizada levantar, tanto en las salidas de las poblaciones como en el cruce de caminos, en pleno monte,
columnas o pilares de piedra o ladrillo rematados generalmente con una pequeña capilla dedicada a una advocación
religiosa, generalmente a la Virgen o algún santo de devoción
local, buscando su protección y amparo. Constituyen, pues,
un elemento familiar en la cultura de todos los pueblos hispanos y, cómo no, en Aragón.
El caminante foráneo o el simple lugareño que debía
salir del poblado para realizar sus tareas agrícolas o ganaderas buscaba en este lugar estratégico orientación y amparo
para su viaje más o menos largo, o simple parada para el
agradecimiento por la andadura finalizada con bien.
Sin duda, el peirón cristiano está relacionado con antiguos dioses paganos protectores de los caminantes, bien el
griego Hermes, o su correspondiente latino, Mercurio. Así
que, como en tantos otros aspectos, no se hizo nada más que
sacralizar una realidad existente.
Peirón de la Virgen de Herrera
en la villa turolense de Burbáguena
Su etimología parece ser latina, con el significado de piedra, una piedra elevada a la categoría de sagrada, por lo que no es extraño que muchos de estos peirones fueran protegidos y dignificados con pequeñas obras arquitectónicas en forma de baldaquino o capilla. El pueblo los llamó, asimismo, pairones o
pilones y tienen una simbología y funciones distintas a muga, mojón, buega hueda, mogote o cruz de término. Una vez más, el Ebro hizo de frontera entre el mundo de los peirones, al sur, y el de los pilarets del
norte, siendo ambos lo mismo.
Como sucede en todos estos casos, el elevado número de peirones existentes, muchos de ellos
afortunadamente restaurados, dificulta la selección. Sin duda, se quedarán magníficos ejemplares sin
citar. Lo que importa es que la gente repare en ellos cuando recorra nuestros caminos.
La mayor parte son de sección cuadrada y están ubicados en caminos como los de San José✪✪,
de ladrillo (Acered), el de Anento✪✪, de ladrillo con decoración cerámica y sin advocación en la
hornacina; magnífico, aunque algo deteriorado, es el dedicado a la Virgen de Herrera✪✪✪ en Burbáguena, con decoración de tipo mudéjar; sin el titular —San Vicente— en la hornacina, de ladrillo
y tres cuerpos, es el de Fuentes de Jiloca✪✪; Godos dedicó uno a Santa Elena✪✪, de ladrillo y en
forma de torre de iglesia barroca rematada incluso con una cúpula; muy estilizado, con amplia capilla
dedicada a la Virgen del Pilar en Luco✪✪. De sillar o piedra son los de San Cristóbal de Cantavieja✪✪, uno de los de Cedrillas✪✪, con tres hornacinas sin imágenes, y el de Roda de Isábena✪✪, en
el norte pirenaico, con amplio basamento que sirve de banco y con profunda hornacina sin santo.
Dentro de poblado, destaca el de San Antón, en Jaraba✪✪, enorme, de cuatro cuerpos de ladrillo,
con hornacinas en el segundo (el del santo) y en el tercero. Entre los pocos circulares, el de las Almas✪✪ de Atea.
56
PUERTA-CAPILLA
Hayan llegado a nosotros o no sus murallasa, muchos
de nuestros pueblos estuvieron murados externamente, es
decir, rodeados en todo el perímetro urbano. Asimismo, en
muchas ocasiones dentro del recinto amurallado hubo compartimentaciones menores también separadas con muros,
constituyendo barrios aparte, cual es el caso de muchas juderías y morerías, aunque a veces compartimentaron gremios
o ligallos.
En estos muros, logrados con ímprobos esfuerzos vecinales y grandes inversiones económicas, se abrieron puertas
para atravesarlos, todas ellas fuertemente custodiadas, tanto
se tratara de no dejar pasar al enemigo como a la enfermedad, peste y lepra, por ejemplo.
Existen, pues, puertas en los muros exteriores y puertas
—luego convertidas en arcos— en el interior. Aunque no en
todos los casos, unas y otros , cuando los peligros del exterior
habían remitido, sobre todo a partir de los siglos XVII y XVIII,
fueron complementados con capillas abiertas en su estructura, dando lugar a la puerta capilla o al arco capilla muy típicos en todo Aragón, aunque haya comarcas más favorecidas que otras.
La puerta-capilla de San Roque
de entrada a la villa de Mosqueruela
Todos los arcos y puertas capilla están dedicados a una
advocación sin que exista unanimidad, aunque es bien cierto
que algunos santos fueron más distinguidos que otros por sus cualidades de intermediarios ante la divinidad, destacando san Roque, san Antonio o variantes de la Virgena. En realidad, sobre todo los arcos-capilla que suelen levantarse en medio de las calles, generalmente estrechas, son remansos de paz y sosiego
hasta para el viajero más acelerado. Afortunadamente, existen muchos arcos y puertas capilla, lo que dificulta la selección. Los que siguen son solo ejemplos.
Gúdar-Javalambre, Maestrazgo, Bajo Martín, Bajo Aragón, Matarraña y Ribera Baja del Ebro
son comarcas privilegiadas. En ellas podemos encontrar multitud de puertas y arcos capilla: capilla
de San Roque✪✪, donde la tradición encierra a la amante de Jaime I (Mosqueruela); portal de Teruel
en lo que queda de la antigua muralla (La Puebla de Valverde), lo mismo que la puerta del Carmen
en los muros✪✪ (Rubielos de Mora); bonito es el portal de Sant Antoni✪✪, coronado con un cimborrio con curiosa linterna interior (Calaceite); la capilla barroca del siglo XVIII de San Antonio✪✪
(Cretas); las capillas-portal de San Roque✪✪ y de San Gregorio✪✪ (Beceite); capilla-portal de San
Antonio de Padua✪✪ y de San Francisco Javier✪✪ (Fuentespalda); la de la Virgen del Carmen✪✪
(Peñarroya de Tastavins); arco de San Roque (Valdealgorfa); el sencillo portal de San Antonio (Las
Parras de Castellote); las tres puertas capilla de San Roque✪✪, San Miguel✪✪ y San Antón✪✪, los
dos primeros con reloj de sol (Quinto de Ebro); la puerta-arco barroca de Santa Águeda✪ de 1687
(Escatrón); la de San Roque (Molinos); la puerta-capilla de la Virgen de Arcos✪✪, patrona de la
villa (Híjar).
El mayor enemigo de las puertas y arcos capilla es la circulación rodada de vehículos que exige
ensanchamientos casi imposibles a veces.
57
SINAGOGA
Al igual que los cristianos se disponían,
espacial y espiritualmente, alrededor de la
iglesia o los musulmanes alrededor de la mezquitaa, la vida de los judíos hispánicos giraba
en torno a la sinagoga. Allí los sefardíes cumplían con sus ritos de adoración a Yahvé, enseñaban la escritura y la lectura y se reunían
en asamblea. La sinagoga era para el pueblo
de Moisés una institución en la que se superponían el aspecto religioso y cultural en el
La sinagoga de Híjar, hoy capilla de San Antonio Abad,
sentido amplio de la palabra, no en vano era
es una de las pocas existentes en Aragón
el corazón de la aljama o juderíaa. Desgraciadamente, también fue el lugar en el que en
varias ocasiones tuvieron que soportar la ira de musulmanes y cristianos.
Desde el punto de vista constructivo, la sinagoga se ajusta a la arquitectura y arte del tiempo en que
se construye. Las conservadas total o parcialmente son sencillas edificaciones que se confunden con edificios corrientes,si no se está avisado; de hecho, es habitual la confusión porque en muchas casos fueron
edificios reutilizados por los cristianos después de que los judíos fueron obligados a convertirse o a marcharse.
El interior es sencillo. En el lugar principal se encuentra un arca que contiene los rollos de la Ley (la
Torah) orientada hacia Jerusalén. Junto a esta arca está encendido un candelabro de siete brazos (menorah)
y cerca una especie de púlpito para que el rabino lea, rece o modere las reuniones. En las tres provincias
aragonesas hubo un legado judío importantísimo, por lo que han quedado huellas de sinagogas en numerosas poblaciones que, afortunadamente, están siendo poco a poco recuperadas.
Aunque conocemos el emplazamiento de las abundantes juderías aragonesas, no son muchas
las sinagogas conservadas, aunque sí las noticias de ellas debido a que muchas fueron destruidas o
bien aprovechadas como iglesias cristianas, como el caso de Calatayud: su sinagoga mayor se convirtió, primero, en la iglesia de Santa Catalina de Siena (1492) y hoy es ermita de la Consolación,
recientemente restaurada; en Cariñena, la actual iglesia de Santiago es la antigua sinagoga; en Zaragoza, donde hubo cuatro sinagogas, el solar donde se levanta el Real Seminario de San Carlos era
el de la mayor; en Biel, la sinagoga que se pretende recuperar se halla enmascarada por la llamada
en el pueblo casa de la Peregrina; en Uncastillo, se empleó como casa consistorial; en Tarazona, se
sospecha que la sinagoga mayor se encontraba situada en la llamada casa de Bécquer en la Rúa Alta;
en Épila aún existe la cuesta de la Sinagoga; la llamada sinagoga de Sádaba es realmente un mausoleo
romano del siglo IV, hoy en estado ruinoso.
La sinagoga aragonesa mejor conservada es la de Híjar (del siglo XV), aunque nos haya llegado
como ermita de San Antonio Abad✪✪, junto al arco de entrada al barrio casi despoblado de San
Antón; levantada en estilo mudéjar, se puede ver la estructura original —con la parte alta o coro (el
matroneo destinado a las mujeres) y la baja—, así como su techo en perfecto estado de conservación.
Conviene no olvidar que la aljama judía de Híjar controló una de las primeras imprentas de la Península.
58
BALDAQUINO
Se trata de una pequeña construcción compuesta de
varias columnas que sostienen una cúpula, un dosel o un
simple techo. La función de este templete es similar a la de
un escenario y sirve tanto para marcar un lugar significativo
dentro de un edificio como para crear un espacio que en
cualquier momento puede ser ocultado mediante cortinas.
Su nombre procede del nombre de Bagdad (Baldac), que en
la Edad Media designaba a una lujosa tela procedente de esa
parte del mundo.
Normalmente, los baldaquinos se hallan en algunas
iglesias donde cubren el altar mayor, de ahí que a veces sustituyeran a retablosa, aunque también es frecuente encontrarlos en destacadas tumbas, acotando un espacio ritual y
simbólico. Su origen como construcción en el interior de
templos parece provenir de Bizancio y relacionarse con el rito
ortodoxo, donde se acostumbra a ocultar a los fieles la consagración durante la eucaristía, aislando el altar del resto de
la iglesia. En Europa Occidental esta creación comienza a difundirse hacia el siglo XV, pero se generalizó a partir del Barroco, con la construcción del célebre baldaquino de Bernini
en la basílica de San Pedro en Roma.
Espectacular baldaquino de la iglesia de
Nuestra Señora de la Asunción de Calamocha
Muchos templos importantes construidos o modificados en Aragón durante el Barroco integraron baldaquinos en
su interior para crear espacios sagrados muy significados, como es el caso del baldaquino de Nuestra
Señora del Pilar. Posteriormente, se continuaron construyendo en el Neoclasicismo y en varios momentos
del siglo XIX. Cada uno de ellos constituye magníficos ejemplos de la arquitectura y artes decorativas del
tiempo en que se levantaron.
En Aragón no son muchos, pero sí espectaculares. Barroco, imitando las columnas salomónicas
de Bernini, es el de la capilla de Santiago✪✪ de la Seo de Zaragoza (h. 1700), templo en el que
existen dos más, el del Santo Cristo✪✪✪ (h. 1728-1730) y el de la capilla San Pedro Arbués✪ (h.
1675). También en la capital se pueden ver en las iglesias de San Felipe✪ y de Santiago✪. Los hay,
asimismo, en Mallén (ermita de Nuestra Señora del Puy de Francia✪), en Fuendejalón (ermita de
Nuestra Señora del Castillo✪✪, h. 1747), en Magallón (el del Santo Cristo✪, de hacia 1745), en
Daroca (el de la Asunción, a imitación del de Roma —h. 1685—, en la Colegiata✪✪; en Cariñena
(también de la Asunción✪✪, en mármol y madera policromada, de h. 1735), en Calatayud, el del
Cristo yacente del convento del Santo Sepulcro✪✪ (1772); y en El Frasno el levantado en la ermita
de Nuestra Señora de Pietas✪.
En Calamocha, la iglesia de la Asunción✪✪✪ muestra uno espectacular de estilo rococó (1760),
mientras que en Alloza se puede contemplar uno más modesto en la ermita✪.
En la provincia oscense, conserva Robres uno neoclásico, dedicado a Santa Lucía✪✪, procedente
de la catedral de Huesca; en Barbastro, la catedral exhibe el dedicado al Santo Cristo✪✪ (h. 1720).
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CLAUSTRO
El claustro era un elemento indispensable de los centros religiosos en los que se
hacía vida en común. Se trata de una galería
cubierta y planta cuadrada que rodea el patio
principal interior abierto al cielo y que sirve
para comunicar entre sí las diversas dependencias comunitarias: sala capitular, refectorio, horno, locutorio, scriptorium, cocina, cilla,
iglesia y hasta bodega, etc. Solía construirse
en el ángulo exterior que forma la nave con
el crucero y era reducto de oraciones en solitario y asuetos en común.
El claustro, como el del monasterio de Rueda,
era el centro de la vida monacal
El claustro ejercía un papel fundamental. Las columnas y capiteles de sus arcos suelen estar cubiertos
de esculturas que representaban escenas del Antiguo y Nuevo Testamento sobre las que el magister, a
falta de libros, daba lecciones de Historia sagrada y de Religión. Esta escultura claustral fue particularmente
abundante en el Románico y algo menor en el Gótico y épocas posteriores. Tuvieron claustro, sobre todo,
los monasteriosa, las catedralesa y las colegiatasa, en definitiva, los centros en los que se hacía vida religiosa en común,
De entre los claustros existentes, los catedralicios y los colegiales son los que peor fortuna han tenido,
habiendo desaparecido muchos de ellos por circunstancias diversas. Los de los monasterios han corrido
mejor suerte, aunque casi todos ellos han tenido que pasar por el doloroso trance del abandono producido
tras la desamortización del siglo XIX.
En el ámbito catedralicio, el románico y recoleto de la excatedral de Roda✪✪✪ tiene un atractivo especial; la catedral de Jaca✪ sufrió la mutilación del suyo (siglo XVIII), aunque ahora en parte
de sus dependencias se ha abierto el importante Museo Diocesano de Arte Románico; el de la catedral
de Tarazona✪✪✪ es ejemplar único por las celosías a modo de encaje mudéjar de sus arcos apuntados.
De entre las colegiatas, son interesantes los claustros de Santa María de Borja✪✪ (mudéjar), de Santa
María de Calatayud✪✪ (el edificio religioso más importante de la ciudad), de Santa María de Uncastillo✪ (gótico); de Santa María de Alquézar✪✪ (románico y curioso por su plano poligonal); el
de la impresionante ex colegiata de Mora de Rubielos que posee uno sencillo.
En el ámbito de los monasterios, justo es comenzar por el románico de San Juan de la Peña✪✪✪,
cubierto por la roca y lleno de capiteles historiados; románico es el de San Pedro el Viejo✪✪✪ de
Huesca, convertido en panteón reala. De los monasterios cistercienses han sido rehabilitados más
o menos los claustros de Veruela✪✪✪ y Rueda✪✪✪, en tanto que el de Piedra✪ está bastante incompleto. El convento de las Canonesas del Santo Sepulcro✪ de Zaragoza esconde un pequeño claustro
de crucería. Sigena✪ conserva mal que bien restaurado el suyo, que nada tiene que ver con el que
captara en su día Carderera. El monasterio de Casbas✪, dentro de la zona de clausura, tiene uno del
siglo XV, constituido por curiosos arcos trebolados. Alcañiz nos ofrece dos: el pequeño y romántico
de la iglesia del castillo calatravo✪, y el del antiguo convento de carmelitas✪✪, rehabilitado para albergar los Juzgados; de aspecto romántico es el semiderruido del Desierto de Calanda; y entrañable
y sorprendente el de la ermita de Santa Quiteria, en Samper de Calanda.
60
CORO
Frecuentemente, el Reino de los Cielos
aparece en muchas composiciones iconográficas como un inmenso coro en actitud de
adoración a Dios. En bastantes pinturas que
adornan paredes o cúpulas de iglesias y ermitas, se representa a ángeles, arcángeles,
querubines, santos y almas cantando en completo éxtasis la gloria del Creador.
Es difícil precisar cómo surgió esta tradición coral, pero es muy probable que interEspectacular coro alto de la iglesia parroquial
de Cervera de la Cañada
vinieran varios componentes: el carácter sublime y solemne del canto gregoriano de antigua tradición; la concepción armónica de la música occidental en tanto que reflejo de un perfecto y matemático universo creado por Dios; la visión jerárquica de la iglesia semejante a los distintos niveles de la
organización coral; o todos ellos a la vez. Esta primacía de la música en las ceremonias y ritos religiosos
tuvo también su reflejo en el culto, de manera que en los templos cristianos se reservó una parte específica,
el llamado coro, destinada al canto religioso y en el que se aprecia la jerarquía del clero.
Inicialmente el espacio para el coro se situó en el presbiterio —espacio que circunda al altar mayor—,
pero a partir de los siglos XII y XIII, con la explosión del Góticoa, en muchos templos se situó en la nave
central. Esta disposición liberó espacio en el presbiterio facilitando el desarrollo de grandes retablosa en
el altar mayor. Dado que el coro es un área reservada para los oficiantes, se colocaron verjas de forjaa
para impedir el acceso a los fieles y curiosos, creándose un espacio cerrado.
Tras esta verja, se situaban hasta tres hileras de sitiales en gradación, labrados en madera, las silleríasa, de las que Aragón es rico. El conjunto queda dominado por la silla episcopal o abacial, que destaca
por encima de las otras por su ornamentación y dimensiones. A veces, la situación del coro en un extremo
de la iglesia o en una parte elevada de los pies propició la colocación de techumbres artísticasa.
Además de en catedrales, colegiatas y basílicas se pueden observar coros en muchas iglesias
menores, algunas con coro alto sobre la entrada desde finales del siglo XV. De entre los más sobresalientes coros de la provincia oscense, cabe citar los de la catedral jacetana✪, el de San Pedro el
Viejo✪✪ de Huesca y el de la colegiata de Bolea.
Tienen coros magníficos, las colegiatas de Borja✪✪, Calatayud (Santo Sepulcro y San Juan✪✪),
Cariñena, Daroca✪✪ y Ejea; San Martín de Uncastillo, la catedral de Tarazona y el monasterio de
Veruela; en Zaragoza, aparte de los de San Pablo, San Miguel de los Navarros y la Seo✪✪, destacan
el monumental coro del Pilar✪✪✪ y el de la Cartuja de Aula Dei. Los coros altos de las iglesias de
Maluenda✪✪, Tobed✪✪, Torralba✪✪ y Cervera de la Cañada✪✪.
La provincia de Teruel conserva coros magníficos en Santa María de Mediavilla✪✪, la catedral,
que fue desplazado del presbiterio, como en tantos otros lugares; la ex catedral de Albarracín y Santa
María de Rubielos de Mora.
61
CRIPTA
Tan misterioso nombre, propio de una
novela de terror y de misterio, se refiere a un
tipo de construcción presente en el sótano o
subsuelo de muchos templos cristianos y
suele contener la tumba o el sarcófago de un
religioso o de una persona significada. Son
famosos en Aragón los sarcófagosa de los Innumerables Mártires de la cripta de Santa Engracia, el de San Ramón en Roda de Isábena
o los condes de Bureta. En ocasiones, la cripta
también se usó como santuario independiente. Esta forma de enterramiento y de
culto se relaciona con los antiguos ritos celebrados en las catacumbas cristianas.
La cripta de la ex catedral de Roda de Isábena
atesora importantes pinturas murales románicas
En Aragón las primeras criptas se construyen en las iglesias románicas, básicamente con dos finalidades: enterrar a los muertos y ayudar a nivelar el terreno accidentado sobre el que se asienta el edificio
principal. Habitualmente, la zona sobre la que se sitúa esta peculiar planta subterránea se corresponde en
la parte superior con el ábside, limitándose, por tanto, al presbiterio, el espacio que rodea el altar mayor.
Hay algunas que superan este espacio y se prolongan hasta alguna de las naves, como en la iglesia de San
Esteban de Sos.
La construcción de estas criptas es bastante ingeniosa. Por ejemplo, en Aínsa, Caballera y Roda de
Isábena se divide la cripta en tres partes que sostienen partes de la bóveda. En Loarre, sin embargo, se
aprovecha la escalera con bóveda de medio cañón y se accede al castillo por la cripta.
En el norte oscense, la cripta del románico monasterio de Alaón✪✪ se abre bajo el ábside central y en ella debió estar enterrado su legendario abad Benito Latrás. En Aínsa, se rehizo la existente
bajo el ábside central de Santa María. La de la ex catedral de Roda de Isábena✪✪✪, con excelentes
pinturas murales románicas, contiene el sarcófago de su obispo san Ramón. La de la iglesia del castillo
de Loarre, de planta semicircular, es, en realidad, un oratorio✪✪ al que se accede desde la escalera
del castillo y desde el centro de la iglesia; la del monasterio de San Martín de Caballera✪✪ —municipio de Santa Liestra— es románica de tres naves. En Murillo de Gállego, la cripta románica✪✪ de
la iglesia de San Salvador se construyó para salvar el desnivel existente en el terreno. Tienen asimismo cripta la colegiata de Bolea, la ermita de San Juan y San Pablo de Tella; y Santa María de
Pertusa. Se está restaurando la cripta de los Lastanosa en la catedral de Huesca.
En las Cinco Villas, destaca la del Salvador y San Esteban (siglo XI)✪✪✪ de Sos: es la más
amplia de Aragón, se accede a sus tres naves desde un pasadizo y atesora importantes muestras de escultura y pintura mural; en Luesia, la cripta del siglo XI es la parte más antigua de San Salvador; la
de la iglesia de Santiago de Luna está parcialmente excavada en la roca; en Biel se ha paralizado la
restauración debido al hallazgo de pinturas murales. En el Campo de Borja, en la cripta de la iglesia
de Bureta✪✪ reposan algunos de sus condes (siglo XVIII). Santa Engracia✪✪, en Zaragoza, posee
cripta con sarcófagos paleocristianos. En Teruel, tiene cripta la catedral.
Junto a estas criptas con clara finalidad religiosa, el pueblo turolense de Jatiel nos muestra una
curiosa construcción subterránea✪✪✪ en ladrillo, de los siglos XIV o XV, de planta de cruz latina y
ábside recto, que debió ser almacén perteneciente a la Orden del Hospital. Se ignora quiénes la obraron y las circunstancias de su construcción, pero constituye un espacio único en Aragón.
62
ÓRGANO
La solemnidad y pompa de los ritos religiosos católicos
confirieron a la música de órgano una función privilegiada
dentro de iglesias y catedralesa, así como en las capillas de
reyes y nobles.
La representación más remota en Aragón de este instrumento de viento se ve en un capitel del pórtico sur de la
catedral de Jaca (siglo XI), mientras que, entre otras, las pinturas murales de San Miguel de Daroca, del retablo de Villarroya del Campo o de la Seo muestran la existencia de
órganos portátiles.
Entre los órganos de considerable tamaño presentes en
los templos, encontramos tipos muy variados. Durante los
siglos XV y XVI, los más habituales son los llamados positivos,
que podían trasladarse. Están compuestos de tres castillos
en los que van colocados los tubos. Algunos de estos órganos
Magnífico órgano de la iglesia
están bellamente decorados (iglesia de San Pablo en Zarade San Juan el Real de Calatayud
goza). No obstante, por lo que se valora un órgano musicalmente es por la altura de su tubo mayor que decide la disposición y tamaño del resto. Como el tubo mayor normalmente se medía en pies, ello nos permite hablar
de órganos de dos pies, de cuatro pies, etc.
Avanzado el siglo XVI, se generalizaron los órganos de numerosos tubos, de cinco castillos y de ocho
pies (Santa Lucía de Alcañiz, San Lorenzo de Huesca). Estos órganos adquieren una impresionante sonoridad
y variedad de registros. Entre los siglos XVII al XIX estos instrumentos se perfeccionaron incorporando
nuevos sonidos. En la actualidad son objeto de restauración para evitar su deterioro y desaparición, pues
en Aragón existen talleres de magníficos restauradores que lo han hecho posible. En este aspecto del patrimonio nuestra Comunidad es excepcionalmente rica.
Una de las características más importantes de Aragón son los conciertos organizados actualmente durante todo el año aprovechando la gran cantidad de órganos rehabilitados en los últimos
años. Destacan las audiciones, dentro del denominado Ciclo Internacional de Órgano, que tienen
lugar en el santuario de Torreciudad, donde se puede degustar la música emanada de los cuatro mil
tubos de su monumental órgano✪✪✪. Llama, asimismo, la atención la celebración de las Jornadas
Internacionales de Órgano que, con carácter itinerante, sobrepasan ya las veinticinco convocatorias.
Uno de los primeros órganos restaurados fue el de Agüero, en torno al cual se ha organizado un
interesante Museo del Órgano✪✪✪ que pasa por ser el único del mundo. A partir de aquí, es difícil
proponer una selección, pues son muy numerosos y realmente valiosos los existentes. Y lo más sorprendente es que se hallan casi todos ellos en pequeños pueblos de las tres provincias. Pero sería injusto no citar algunos, como los de Belmonte de San José✪✪ (siglo XVIII), Trasobares (siglo XVIII),
el órgano medieval de Encinacorba, el neoclásico de Pastriz, el de Villafranca del Campo (datado
en 1734), o el de Borja✪✪ (uno de los más interesantes de Aragón).
63
PILA BAUTISMAL
El sacramento del bautismo se originó cuando Jesús
fue sumergido por Juan Bautista en las aguas del río Jordán.
Desde entonces la Iglesia hizo de este ritual de purificación
uno de sus hitos. A través de él se lava el pecado original, se
adquiere la condición de cristiano y se accede a otros sacramentosa. Es tal su importancia que, según la vieja doctrina
de la Iglesia, los niños no bautizados iban al Limbo, un espacio donde no podían gozar de la visión de Dios, aunque recientemente el Limbo haya dejado de existir, convirtiéndose
en una de las noticias más importantes de lo que llevamos
del siglo XXI. Pero, además de su sentido religioso, el bautismo tuvo gran trascendencia social en el pasado: el recién
nacido era aceptado en la comunidad, se le asignaban padrinos, se le distinguía con un nombre de pilaa y era reconocido legítimamente por sus padres como heredero.
Con tan esencial papel, la pila bautismal —el recipiente
Pila bautismal de Belmonte de Calatayud
en la que fue bautizado Baltasar Gracián
que contiene el agua bendita— ocupa un lugar destacado en
las iglesias y adopta muchas formas, estilos artísticos y significados, pues a veces ser bautizado en una determinada pila otorga un estatus especial.
Si las pilas primitivas eran grandes cubas de madera o de metal donde se sumergía completamente
al futuro cristiano en un lugar específico, el llamado baptisterio, con el cambio del bautismo por inmersión
al de aspersión, las pilas evolucionaron hacia el modelo conocido —con basa, fuste y copa— para situarse
cerca de las puertas de los templos, en los laterales o en el atrio.
Pilas bautismales las hay en todas las iglesias parroquiales, lo que hace que su enumeración y
selección sea casi imposible, de modo que citaremos algunas en función de algún matiz curioso.
En Navasa, por ejemplo, existe una enorme pila que parece de inmersión✪✪ y que hace las funciones de abrevaderoa, lo que constituye dos hechos únicos; en Ena (ermita de la Virgen del Camino)
y en Osia (San Juan Bautista) las hay cuadradas; en Bailo✪ sirve de pila un antiguo capitel románico
historiado reutilizado; mientras que en San Esteban de Sos✪✪ las hay en forma de cáliza, con soporte
y pie con bolas. Curiosa es, asimismo, la de la ermita de Cabañas de La Almunia✪✪, con forma de
copa agallonada y decoración superior de arcos de medio punto.
Lo normal es que las pilas bautismales sean de piedra o de barro cocido, pero las hay de otros
materiales: de jaspe (San Pedro de Siresa) y de loza dorada (Quinto de Ebro), pero las más llamativas
son las de cerámica, de las que tenemos ejemplos magníficos en distintas parroquiales: Arándiga,
Chodes, Longares, Muel✪✪, Ricla o San Mateo de Gállego, entre otras.
En Peralta de Calasanz —antes de la Sal— la parroquial de Santa María conserva la pila en la
que fue bautizado san José de Calasanz; Belmonte de Calatayud conserva la pila donde fue bautizado
Baltasar Gracián, en tanto que en Fuendetodos se encuentra la que sirvió para hacer cristiano a
Goya.
Pero existen, asimismo, pilas bautismales representadas en capiteles, en tanto que el escudo de
Épila nos muestra una pila bautismal de oro sostenida por dos leones del mismo metal.
64
SILLERÍA
La música desempeña un papel esencial
en la liturgia cristiana, y gran parte de la europea nació merced a los encargos de la Iglesia. Aunque es difícil precisar cuándo surgió
esta tradición, sabemos que los Padres de la
Iglesia ya fomentaron el acercamiento a Dios
a través de la música, tal vez porque se consideraba reflejo de un perfecto y jerárquico
universo creado por Dios. En principio, en los
ritos primaba el texto por encima de la meloEn el Pilar zaragozano se halla
día, como se aprecia en el carácter monódico
una de las más hermosas sillerías aragonesas
del canto gregoriano, pero a partir del siglo
IX fue imponiéndose la polifonía, lo que contribuyó al desarrollo posterior de la música de órgano y a la
construcción de mayores espacios dedicados al canto, como el llamado coro.
Inicialmente, el coro se situó en el presbiterio de los templos, pero en época gótica pasó a la nave
central por influjo de la catedral de Santiago de Compostela. Desde entonces este espacio se amuebló con
espectaculares sillerías de maderas nobles con las que los artesanos aragoneses labraron con gran maestría
asientos, respaldos, apoyabrazos, las curiosas misericordias y remates superiores.
Si el traslado del coro a la nave central facilitó el desarrollo de los retablos en el altar mayor, el propio
coro, reservado para los miembros del cabildo, también se independizó creándose un espacio cerrado con
verja de forja tras la que se disponían a veces hasta tres hileras de sitiales en gradación, conjunto dominado
por la silla abacial o episcopal, que destaca por encima de las otras por su ornamentación y dimensiones.
En la provincia oscense cabe señalar la sillería de la catedral de Jaca del siglo XVIII; la del coro
de San Victorián (siglo XVI), guardada en la parroquial de Boltaña; la plateresca de Roda de Isábena;
o las de San Pedro el Viejo✪✪ de Huesca (gótica de 1506, con influencia musulmana), Santa María
la Mayor de Bolea (siglo XVI) o monasterio de Casbas. La del Pueyo de Barbastro fue labrada por
los propios monjes, de ahí su deficiente factura.
En la provincia zaragozana son dignas de mención, entre otras, las de San Martín de Uncastillo,
San Salvador de Ejea (siglo XVII), catedral de Tarazona, parroquial de Trasobares (siglo XVI), monasterio de Veruela (restaurada, con cincuenta tableros de nogal que narran la vida y milagros de
san Benito y san Bernardo), colegiata de Borja (siglo XV)✪✪, colegial del Santo Sepulcro de Calatayud (siglo XVII), San Juan de Calatayud✪✪ (mudéjar), colegiata de Daroca y colegiata de Cariñena. La de Salvatierra de Escá es de piedra. En Zaragoza, además de las de San Pablo, San Miguel
de los Navarros y de la Seo (siglo XVI), destaca la renacentista de triple graderío del Pilar✪✪✪ (con
ciento cincuenta sillas de roble historiadas con escenas del Antiguo Testamento, la Pasión y la vida
de la Virgen). En la Cartuja de Aula Dei✪✪ hay noventa y seis asientos labrados a principios del
siglo XX.
En la provincia turolense podemos admirar las sillerías de Santa María de Mediavilla✪✪ de Teruel (siglo XVII), la ex catedral de Albarracín y Santa María de Rubielos de Mora.
65
III
EL HOMBRE SE AGRUPA SOCIALMENTE
Y SE DEFIENDE
h
Calle ................................................................................ 69
Carta puebla .................................................................... 70
Casa ................................................................................. 71
Casa rural......................................................................... 72
Ciudad ............................................................................. 73
Ciudad islámica ............................................................... 74
Ciudad romana ................................................................ 75
Cueva-vivienda ............................................................... 76
Despoblado ...................................................................... 77
Judería.............................................................................. 78
Masía ............................................................................... 79
Morería ............................................................................ 80
Muralla ............................................................................ 81
Pardina............................................................................. 82
Patio................................................................................. 83
Plaza................................................................................. 84
Poblado prerromano ........................................................ 85
Pueblo de colonización.................................................... 86
Término municipal.......................................................... 87
Villa romana .................................................................... 88
CALLE
Al hablar de toponimiaa hemos visto
como muchos de los nombres de nuestros
pueblos (macrotoponimia) y de las partidas
de sus términos municipalesa (microtoponimia) deben ese nombre a la forma del terreno,
al color de las rocas, a nombres de pobladores,
al agua, a la vegetación, a las vías de comunicación, a la ganadería, etc., y constituyen un
rico patrimonio cultural que debe ser conservado.
Los nombres de muchas calles, como esta de Villanueva
Sucede lo mismo dentro ya de una pode Huerva, orientan sobre las actividades que se desarrollaron
blación, de modo que barrios, parroquias o
antaño en ellas
colaciones, plazas y calles suelen atesorar una
información rica y variada del paso del tiempo. A veces el nombre de una calle puede ser el último vestigio de algún hecho, acontecimiento, influencia
o existencia pasada de oficios, dedicaciones, pertenencias, etc. Sirva un ejemplo de aclaración. En Aragón
hay más de treinta localidades en las que existe la calle Coso. Aunque no queden restos de muralla, se
puede asegurar que esa población estuvo murada, pues el microtopónimo urbano coso deriva de cursus,
el camino que corría paralelo a los muros. Si a coso se le añaden las muchas calles Extramuros, Intramuros,
Cinto o Xinto existentes, la información se enriquece.
Cada época histórica, al abrirse nuevas arterias, suele dejar huella en los nombres de nuestras calles,
pero conviene tener mucho cuidado con los cambios de denominación, porque fácilmente podemos destruir
patrimonio, aunque también se está dando cada vez más el caso contrario: la recuperación de nombres
tradicionales perdidos. Se entenderá lo difícil que es hacer ningún tipo de selección y valoración en este
terreno; por eso dedicaremos este espacio a dar claves generales.
Una buena parte de nombres de calles en pueblos diversos se refieren a aspectos relacionados
con la religión, existan o no quienes los originaron: abadía, arcedianos, calvarioa, capuchinos, clérigos, convento, deán, descalzas, encomienda, cofradía, iglesia, merced, mezquitaa, monasterioa,
monjas, obispo, órden, pabostría, peiróna, peregrino, prior, predicadores, priorato, rectoría, regla,
sanjuanistas, seo, sinagogaa, temple, vicaría, etc.
Con las calles referidas a los oficios que se establecieron en ellas también se alcanza una larga
lista: aguadores, alfarería, ballestería, broqueleros, caldereros, cantarería, carnicería, carretero, cordeleros, cuchillería, filaturas, falconero, hiladores, ollerías, pelaire, platería, etc. Lo mismo ocurre
con calles que tienen que ver con la ganadería: albéitar, dula, ganaderos, labradores, palomar, pastores,
cabañera, etc. Ni qué decir con los nombres derivados de la agricultura: aceña, balsa, graneros, noria,
quiñón, molino, ruzafa, etc. O con aspectos mercantiles: azoque, lonja, mercadal y mercado, zocodover y zocotín, etc. Los servicios urbanos son ricos en huellas toponímicas: aljibea, alfar, atarazana,
alhóndiga, arbellón, baños, batána, cárcela, carramolino, embarcadero, ferial, forjaa, fosal, fragua,
herrería, hospital, matadero, neveraa o nevería, picota, posada, postigo, pozoa, reloja, tejería, tenerías, trujal, etc.
Por poner un ejemplo de pueblo completo, sirva el de Villanueva de Huerva, con nada menos
que estas calles: Secreta, San Martín, Merino, Batán, Iglesia, Galiana, Forcallo, Hilador, Monjas,
Puente, Barranquillo y Callizo. Para cualquier persona ajena al pueblo eso es información privilegiada
que está al alcance de cualquiera con acudir a la guía telefónica.
69
CARTA PUEBLA
Normalmente, los archivosa oficiales y
privados, los ayuntamientos e incluso las parroquias conservan copias, cuando no el documento original, de las delimitaciones de los
términos municipalesa. Dentro de los archivos de estos municipios en muchos casos se
pueden encontrar las cartas puebla o cartas
de población que fueron expedidas por el monarca, por el titular de un señorío laico o eclesiástico, por la autoridad diocesana o por un
concejo de villa de realengo, entre otros, doVista de Candasnos,
cumentos que suelen copiarse en manuscricuya carta puebla data de comienzos del siglo XIII
tos más o menos coetáneos o en traslados
tardíos. También pueden hallarse en pleitos entre concejos limítrofes en siglos muy posteriores.
Conviene no olvidar que esos documentos suelen estar vigentes a pesar de su antigüedad, lo que
permitió, no hace más de cincuenta años, que el municipio de Estada, por ejemplo, ganara un pleito para
tomar aguas en un azuda operativo en cota más alta del río Cinca del que venían haciéndolo. Buena parte
de esta documentación está publicada y al alcance de cualquiera. Aquí vamos a ver dos ejemplos en el
idioma original, el latín. Por tratarse de un latín medieval —plagado de palabras castellanas, aragonesas y
catalanas— será inteligible en un alto porcentaje con un pequeño esfuerzo.
Veamos un ejemplo de término municipal delimitado por el rey Pedro II de Aragón, cuando,
en 1209, concede la villa de Candasnos al monasterio de Sigena: «Locum nuncupatum Campus Asinorum, sicut affrontat: ab oriente, in locum apelatum Portellatam de Campo Asinorum et in vallem
que dicitur de Avinorca usque ad illum locum qui vocatur Petros; et meridie, in viam que ducit ad
vallem de Orriis vel ad Casp et transit circa prenominatum locum de Petros et per vallem de Loparolis
et intrat in vallem Cornam usque ad vallem de Latronibus; ab occidente, in vallem qui vocatur de
Latronibus usque ad caput eiusdem vallis; et circi vel aquilone, in altiorem serram que est inter vallem
de Latronibus et bassam que dicitur bassa de Cagallons, et ita per predictam serram et per predictam
vassam redit ad supranominatam Portellatam…».
Cuando se repuebla un lugar, aparte de su espacio geográfico suelen enumerarse los usos a los
que tienen acceso sus habitantes, si bien el señor se suele reservar ciertos bienes y monopolios. La
carta puebla de Riodeva (1260) es buen ejemplo: «[…] Damos et atorgamos a todos a vos los pobladores de Riodeva con todos los terminos et con todo aquello que nos y avemos ni aver y debemos
con todas las honores al dito lugar pertenecientes, con casa et palacios et iglesias et con todos los
terminos et las pertenencias suyas del cielo en abiso et con terras, campos, yerbas, ortos, alodios, laboraciones, hiermas et pobladas, acequias, aguas dolçes e saladas, e con fuentes et estabbyos et pescherias e viverias, montes, garrigas et con fustas e venaciones, yervas et pasturas, con entradas et
exidas et todas sus pertenencias las que ha et aver debe, asin como meior et mas sanament puede
seyer dito et entendido a pro vestro et de los vestros succesores. Exceptuado la sennoria e la iglesia
con decima e con primicia et el forno et el molino con sus aguas et sus açudes e sus cequias e pecheras
et aguaduchos, et huest et cavalgada et cena de rey et de inffant et de procurador de regno, cualquier
ora el rey a los de Villel la demande que vos seades tenidos de paguar en la partida del comendador
a razon de los homes de Villel. Et encara retenemos pora nos la torre et la casa et la iglesia, las quales
tienen con la torre, del cielo fasta en abisso, et el huerto que nos teniamos dantes. Las quales cosas
todas retenemos poral Temple, asin que ninguna persona non pueda fer iglesia nin forno nin molino
en todos los terminos de Riodeva […]».
70
CASA
La casa es el espacio en que se desenvuelve parte de nuestra vida, de ahí que la decoración, la disposición de los objetos y el
mobiliario sean reflejo de elecciones personales. Pero hay elementos estructurales de la
casa heredados y determinados por el medio
geográfico, el clima, la historia, las relaciones
de parentesco, la dedicación a la agricultura
o la ganadería y otros condicionantes. Así la
casa es un símbolo colectivo y no solo un producto de la elección individual efímera.
Bello conjunto de casas típicas aragonesas de Gistaín
En Aragón, existen varias zonas geográficas que fijan las singularidades más acusadas de la casa tradicional y de sus dependencias anejas. En el
Pirineo, debido a lluvias y nieve, son de piedra con tejados muy inclinados de pizarra, piedra o teja plana
y grandes chimeneas de campana rematadas con curiosos espantabrujas. La dependencia del ganadoa y
de la maderaa demandaron patios y leñeras. En el Prepirineo y el Somontano, de clima más benigno, alternan la piedra y el ladrillo, los tejados están menos inclinados y son de teja. Abundan los balcones. La
base de la economía es el cereal y la vid, por lo que las casas pueden tener bodega y granero. Estas casas
cuentan a veces con patios con cuadras y almacenes.
En el valle del Ebro, o zona central, de clima continental a veces extremo, se utiliza el ladrillo y el
adobe, la caída del tejado es suave y el último piso posee un granero. Un tipo particular de vivienda en
esta zona es la cuevaa. En las tierras altas de Teruel y la Ibérica predomina la piedra sin labrar a la que
se añade yeso; la madera tiene un gran protagonismo en los alerosa; y la rejeríaa es de una perfección
inusual. Las cubiertas son poco inclinadas y con teja árabe. Evidentemente, esta clasificación responde a
una generalización que no hace justicia a la belleza de las casas aragonesas.
Se comprenderá que ante los miles de casas-vivienda existentes en nuestros pueblos —muchas
ya cerradas por desgracia, aunque tienden a ser rehabilitadas como residencia de verano— sea difícil
remitir a algunos en concreto. Sirva solo de llamada de atención para pasear detenidamente por las
calles de tantos pueblos de los Pirineos (Benasque, Boltaña, Luesia, Nocito, Torla), de los somontanos
(Adahuesca, Añón, Calasanz, Fonz, Vera de Moncayo), de la zona llana (Albalate de Cinca, Alcubierre, Berbegal, Bujaraloz, Chodes, Cretas, Gelsa, Nonaspe, Samper de Calanda, Sástago) o del Sistema Ibérico (Alloza, Camarena, Estercuel, Ibdes, Jabaloyas, Ojos Negros, Orihuela del Tremedal,
Segura de Baños) y tantos otros.
Como entrar en una casa deshabitada o habitada es harto difícil por razones comprensibles,
proponemos visitar tres que han sido habilitadas enteras como museo, con todas las habitaciones
completas y equipadas: en los Pirineos, el Museo Etnográfico Mas de Puybert✪✪, una masía del término de Aler, cerca de Benabarre, que no solo muestra las habitaciones, su mobiliario y su menaje,
sino que además introduce en el ambiente y las costumbres de sus moradores; en la zona llana, el
Museo Etnológico Familia Santas✪✪, de Bolea, una casa urbana, de la que se pueden analizar todo
tipo de habitaciones y equipamiento desde cada puerta de entrada; en la zona turolense, el Museo
Etnológico Lo Masmut✪, de Peñarroya de Tastavins, aunque estupendo, es algo más artificial en el
sentido que aquí nos interesa, puesto que incluye salas que nada tienen que ver con la disposición
de una casa (carpintería, herrería, etc.).
71
CASA RURAL
Al recorrer cualquiera de nuestras carreteras, hasta el conductor y pasajeros más
despreocupados dejan atrás multitud de edificaciones que salpican nuestros campos y
montes. Si el recorrido es por pistas o caminos rurales, muchos de los cuales son perfectamente transitables con el debido respeto, la
cantidad de tales inmuebles se multiplica, y
es que en el campo se ha desarrollado, y se
desarrollan aún, buena parte de los afanes de
muchos aragoneses y de sus animales amiAlgunas de las tradicionales pardinas, como la de Lagé,
gos. No son edificaciones con estilo; son sentodavía sobreviven en medio del monte
cillas y levantadas con los materiales que da
el entorno, pero han sido y son tremendamente útiles y prácticas. Algunas de esas casas fueron levantadas
para el hombre; otras, para los animales. Muchas son de utilización mixta. En ocasiones sirven para guardar
aperos, en otras, forrajes. Algunas son fin de etapa, otras, lugar intermedio de descanso. Este no es ningún
tipo de clasificación ni estudio profundo, solo pretende ser una llamada de atención hacia un pasado que
es secular y cercano a la vez, pues muchas gentes llegadas a la ciudad hace algunos años giraron en torno
a ese mundo, son sus raíces.
A veces, para las mismas funciones se les llama de manera distinta según la zona de Aragón en las
que se levantan, porque nuestra tierra es variopinta y multiforme.
En zona llana irrigada se dan almunias, viviendas permanentes con tierras de labor; algunas dieron origen a poblados: la de Doña Godina, la de San Juan, la de Aísa o Muniesa… En la parte central
de Aragón, surge para lo mismo la torre, de las que hay cientos, y también ha originado pueblos: Torre
del Compte, Torres de Berrellén… El casal suele ser una casa solariega aislada y no abunda mucho: si
es grande y destartalada, pasa a ser casalucio o casalicio; la casa aislada en el campo tiene menos pretensiones, existen muchas y solía ser habitada estacionalmente. En zonas solo quebradas del Pirineo,
surge la pardinaa, micromundo en el que un poco de todo (cereal, monte, huerta, horno, ganado,
caza y corral) dio de vivir a muchas familias, pero ahora están deshabitadas; semejantes en casi todo
—y abundantes en zonas quebradas turolenses, en la Franja e incluso en los Monegros— son el mas,
la masíaa y la masada. El castillo, propio de la hoya y somontano oscenses, equivale a una casona
grande, con ciertas pretensiones, lo que al sur del Ebro le llaman finca y, en casos contados, cortijo o
hacienda. La cabaña es habitáculo ocasional sobre todo de pastores, como lo es el llamado cubillar o
refugio en despoblado. Y refugios se llaman a pequeños edificios levantados para que se guarezcan los
montañeros en las altas cumbres. En los caminos antaño más transitados, las ventasa —que las hay
por todo Aragón— suponían un respiro para carreteros y viajeros; con funciones similares hubo, asimismo, mesones hoy desatendidos.
Las edificaciones de apoyo son cientos, casi todas en ruina. De los tambores de viña, casetas de
vigilancia, apenas queda ninguna. Las bordasa —algunas de amplias dimensiones, con planta baja
para cuadra y alta para el heno, y espacio para pernocta transitoria— son abundantes en la zona pirenaica. Al corrala y a la parideraa, tan vitales para el ovino, se les ha dedicado espacio propio.
Cabe citar aún la barrera —recinto de bajos tapiales e incluso de redes para acogida de ganado—, la
cortecilla —corral construido de cantos rodados y arena—; y la mallata y malla, lugares destinados
para crear recintos artificiales con redes para guardar transitoriamente al ganado, lugares que han
dejado huella toponímica.
72
CIUDAD
Casi todas las poblaciones tratan de añadir a su escudo,
de manera resumida, su currículum con el que se muestran
orgullosas al presente. Los ejemplos son bastantes, pero basten solo dos: «La Muy Noble y Leal por ser saqueada Fidelísima Ciudad de Borja» o «Villa Noble de Sallent, Cabeza del
Valle de Tena». Entre todos esos títulos, destaca uno, el de
ciudad, por el que han pugnado y todavía lo hacen por conseguirlo muchos pueblos, aunque en la actualidad no tenga
mayor trascendencia serlo o no. Poblaciones como Madrid
no son ciudad y, sin embargo, lo son Cariñena o Borja.
¿Qué se precisa para ser municipio completo, o sea, ciudad?; las villas, por su parte, serían municipios incompletos,
y los lugares y aldeas, municipios rudimentarios, con estatus
jurídicos distintos en cada caso. ¿Cuáles eran los criterios
para alcanzar a ser ciudad? ¿Ser sede episcopal? No: Daroca
y Calatayud lo son, pero nunca han pasado de tener colegiata. ¿Tener muralla? No: muchos núcleos que la tuvieron
jamás alcanzaron a ser ciudad. ¿La concesión real de una
feria? No: Tampoco. Ni siquiera el número de habitantes.
Escudo de la ciudad de Cariñena
ante la puerta de su casa consistorial
Aparte de alguna de esas cualidades, se precisaba la voluntad del Rey para otorgarla, única autoridad
que podía conferirla, aunque también en este terreno existen excepciones, como los casos de Monzón
(1089) y Tamarite (1337) que, elevadas a la categoría de ciudad por Sancho Ramírez y Pedro IV el Ceremonioso, respectivamente, no fueron aceptadas así por las Cortes.
A pesar de las muchas incógnitas que este asunto plantea, lo cierto es que ser municipio completo
implicaba derechos y obligaciones, entre ellos la condición jurídica libre de sus habitantes, la dependencia
directa del Rey y la preeminencia en las Cortes de Aragón, por delante de villas y aldeas. Por eso, cuando
Felipe V compartimentó Aragón en corregimientos, en 1711, estos se configuraron en función de las ciudades existentes y se habilitó a dos villas, Sos y Benabarre, para capitalidad de dos corregimientos que se
juzgaron necesarios, los de Cinco Villas y Ribagorza. Desde 1909 no se han producido nuevos alumbramientos. ¿Es que ya no interesa? ¿Quién puede otorgar ahora ese derecho? ¿Las Cortes? ¿El Rey?
Aunque alguna perdió su fuero de ciudad, cual es el caso de Roda de Isábena, la Edad Media
nos había legado diez: Jaca (desde 1077, por nombramiento de Sancho Ramírez), Huesca (1096, por
su conquistador, Pedro I), Barbastro (1100, por Pedro I, su captor), Zaragoza (1118, por Alfonso I el
Batallador), Tarazona (1119, por Alfonso I, tras su reconquista), Albarracín (1300, por Jaime II, tras
incorporarse al Reino), Teruel (1347, por Pedro IV, por haberle ayudado contra la Unión), Daroca
(1366, por voluntad de Pedro IV el Ceremonioso), Calatayud (por Juan I, en 1391, aunque las Cortes
ya la habían propuesto en 1365-66 por su defensa heroica contra Castilla) y Borja (1438, por un desconocido servicio a Alfonso V). Antes del censo de Floridablanca (1787), se añadieron dos más:
Alcañiz (1652, por privilegio de Felipe IV) y Fraga (1709), por la fidelidad mostrada a Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Posteriormente fueron ascendidas a ciudad Caspe, en 1861 (por la fidelidad dispensada a la causa isabelina frente a los ejércitos carlistas), y, por último, ya en el siglo
XX, era encumbrada a tal rango Cariñena (1909), a la que Alfonso XIII concedía la calidad de ciudad
en mérito a sus muchos monumentos y por la encarnizada lucha contra la filoxera. Es la decimocuarta.
73
CIUDAD ISLÁMICA
La cultura islámica fue esencialmente urbana. Basta
adentrarse en el mundo de Las mil y una noches para imaginar urbes laberínticas de calles estrechas con casas blancas,
zocos (mercados), bañosa, palacios y mezquitasa. Ciudades
que, a pesar de su apariencia caótica y desordenada, estaban
muy compartimentadas y jerarquizadas y cuyo modelo se
implantó allá donde fueron los musulmanes.
Así, con su llegada en el siglo VIII las ciudades hispanorromanas y visigodas se adaptaron y en ellas empieza a
distinguirse la al-mudaina —donde se localizaba el alcázar y
el centro político y administrativo—, y la medina, un conjunto
de callejuelas apretadas e irregulares donde cabían las juderíasa, las zonas artesanales y comerciales, o los arrabales, o
sea, los barrios extramuros.
Naturalmente, esta influencia se tradujo en lo que luego
El casco viejo de Fraga conserva intacto
sería Aragón y —aunque la Reconquista de los cristianos mosu trazado de callejas de raigambre musulmana
dificó bastante la estructura y aspecto de las ciudades musulmanas— todavía quedan numerosos vestigios arqueológicos (zudas, palacios, mezquitas, murallas, baños, calles, fuentes, etc.) y toponímicos (nombres de calles
y de barrios) del pasado moro.
En efecto, en varias localidades actuales quedan múltiples restos de barrios en los que fueron recluidos
mudéjares y moriscos. De estos barrios denominados moreríasa nos quedan huellas arqueológicas y toponímicas: calle Morería, Azoque, Alcaicería, Zocotín, Arrabal, Meca, Aben Aire, Almozara, Alquibla, etc.
En bastantes poblaciones aragonesas quedan vestigios diversos del pasado moro, especialmente
en las cuatro grandes ciudades creadas por ellos de nueva planta: Calatayud, Daroca, Fraga y Barbastro. Sin duda alguna, el mejor ejemplo de plano urbano vivo con reminiscencias musulmanas lo hallamos en Fraga✪✪: calles irregulares, estrechas, recodos, pasadizos, con casas a distintos niveles,
todas ellas en torno a la actual parroquia que fue elevada sobre la antigua mezquitaa mayor. También
merece un recorrido pausado el barrio del Entremuro de Barbastro✪, que conserva buena parte del
primitivo plano urbano de la ciudad mora. Calatayud (barrio de la Morería, en la parte alta) y Daroca
(barrio de la Grajera) no deben pasar desapercibidas si queremos aproximarnos al urbanismo musulmán. Además de las cuatro grandes, Magallón, Tarazona o Borja (barrio de San Juan, antigua morería), por ejemplo, conservan el trazado urbano de calles estrechas con muchos recodos y predominio
de construcciones mudéjares. De la antigua morería de Zaragoza apenas nos quedan algunos nombres:
calles de la Morería y Azoque.
Interesante es, sin duda alguna, un recorrido por el tranquilo barrio morisco✪ de Gelsa, últimamente rehabilitado.
74
CIUDAD ROMANA
Ante las ruinas cada vez más ruinas de
la sufrida Jánovas, a nadie se le ocurre decir,
cuando se las mira desde lo alto, que son los
restos de una ciudada. Sin embargo, rápidamente elevamos a la categoría de ciudad romana los restos romanos que a duras penas
se mantienen en pie junto al pueblo donde
vamos a veranear, quizás por aquello de su
vetustez, aunque no todos los restos romanos
lo son de ciudades romanas.
Restos arqueológicos de Celsa, en Velilla de Ebro
Roma usó muchos medios para romanizar a los habitantes del valle del Ebro (lengua,
Derecho, moneda, administración, religión, calzadas, etc.). Naturalmente, las ciudades también fueron núcleos de vertebración social, política, económica y cultural en extensos territorios: fueron auténticos escaparates para atraer a los pueblos indígenas hacia la cultura dominadora. Con todo, no todas las
poblaciones eran ciudades romanas.
La ciudadanía romana, porque podía ser simplemente latina, había que ganarla y obtenerla, y no
todas las poblaciones romanas que nos rodean la lograron. También se ganaba la ciudadanía latina, de
modo que hubo, asimismo, ciudades latinas. Aún cabía un tercer grado, las ciudades estipendiarias.
De las poblaciones que sí lograron el estatus de ciudad romana, unas fueron levantadas de nueva
planta —Caesaraugusta (Zaragoza), por ejemplo— pero en otros casos se aprovecharon poblados ya existentes, como la celtibérica Bílbilis (cerca de Calatayud) y la ibérica Azaila.
Estas ciudades se basaron en un trazado urbano en el que dos calles principales —una llamada decumanus y otra cardus— se cruzaban en perpendicular. Las calles abiertas a partir de aquellas daban al
plano un aspecto cuadriculado, como se observa en Azaila y se adivina en Zaragoza, con las calles Don
Jaime cruzándose con Mayor-Espoz y Mina-Manifestación. A estas ciudades las equiparon con infraestructuras y edificios públicos entre los que sobresalen acueductosa, puentesa, calzadasa, alcantarillado,
termas, teatrosa, circos, etc., que aún se conservan.
Esta parte de nuestro patrimonio, aunque deteriorado por el tiempo, aún es accesible. Antes
del 212 d. C. eran ciudades romanas Bílbilis✪✪✪, cerca de Calatayud (murallas, termas, teatro, casas,
foro, cisternas y museo), Caesaraugusta✪✪✪ (Zaragoza: trazado urbano, murallas, teatro, foro, embarcadero, varios museos, etc.), Celsa✪✪ (Velilla de Ebro: plano urbano, casas, mosaicos, pinturas,
emplazamiento del teatro, moneda, museo), Osca✪ (Huesca: sede de Sertorio, monedas, muralla,
museo) y Turiasso (Tarazona). Lo había sido también Azaila✪✪✪ (trazado urbano, foro, termas, cisterna, muralla, moneda), pero quedó arrasada poco antes de nacer Cristo fruto de una guerra civil
entre romanos, aunque se reconstruyó de nuevo. Cuando se crean las diócesis cristianas, tres de ellas
—Caesaraugusta, Osca y Turiasso— serían cabecera de sede hasta plena Reconquista.
Antes del 212 d. C. eran ciudades latinas Osicerda (si no es Osera, probablemente esté en el
Bajo Aragón: moneda) y Leónica (tal vez Mazaleón, donde existe el poblado de San Cristóbal) y
debieron alcanzar esa ciudadanía los habitantes de Bursao (Borja), Calagurris Fibularia (dudas entre
Loarre y Bolea), Iaca (Jaca, capital de los iacetanos), Labitolosa (Puebla de Castro: trazado urbano,
defensas) y Segia (Ejea de los Caballeros: ciudad de los segienses).
75
CUEVA-VIVIENDA
Los extremos del clima aragonés en la
zona central del valle del Ebro, con inviernos
bastante fríos y veranos muy cálidos, unido a
la escasez de materiales de construcción y al
ingenio de personas con escasos recursos
económicos, favorecieron la aparición de cuevas artificiales utilizadas como viviendas estables. Estos acomodos se realizaron principalmente en pueblos próximos a las riberas
de los ríos Ebro, Huerva, Jalón y Jiloca, cuyos
Como tantos pueblos aragoneses,
habitantes las construyeron porque eran muy
en Salillas de Jalón abundan las cuevas-vivienda
baratas, fáciles de construir, garantizaban una
temperatura constante todo el año —entre
dieciséis y veinte grados— a la par que aislaban de la humedad exterior.
Estas cuevas se usaron como almacenes, bodegas, refugios en tiempos de guerra, pero también como
viviendas permanentes donde moraban y viven aún —cada día menos— familias enteras. El procedimiento
de construcción no es complejo porque estas cuevas se emplazan en zonas de rocas blandas donde abunda
el yeso o la arenisca, fácilmente excavables con un simple pico.
Por lo general, no se suelen emplear materiales de apoyo como cemento, hormigón, ladrillo o madera,
ya que en principio los propios materiales naturales son suficientes para dar cohesión a las estancias. A
veces se añadía una capa de cal con el fin de ahuyentar a los insectos y para aumentar la luminosidad del
interior, luminosidad conseguida gracias a la luz que entraba por las chimeneas de ventilación o por las
ventanas de la fachada. En cuanto al mobiliario interior, solían excavarse en la roca los armarios o las estanterías necesarios. Otra ventaja de este tipo de vivienda consistía —y consiste— en que pueden ampliarse
hasta donde se desee, es decir, aunque se incorporaran nuevos miembros a la familia bastaría con excavar
una nueva habitación. Junto a estas viviendas solían ir anejos aljibesa, pozosa, pariderasa y algunas casetas auxiliares.
En Juslibol existen más de doscientas cincuenta viviendas rupestres, algunas de las cuales se
remontan a cuatrocientos años, y todas ellas cuentan con las comodidades propias de otras viviendas
(electricidad, agua potable, vertidos, etc.).
En Moyuela, a la vera del río del mismo nombre, afluente del Aguasvivas, existen varias, ventiladas con chimeneas por las que penetra algo de luz. Actualmente, las que no han quedado arruinadas suelen servir para segunda residencia.
Las hay en Muel (en el llamado Cabezo de las Cuevas), Cariñena, Tarazona, Borja, Zuera, Alacón, La Muela (donde llegaron a constituir el denominado barrio de los Imposibles, con las calles
Lepanto y las Américas, aunque fueran conocidas popularmente como las Afueras o las Cuevas) y
un largo etcétera, pero son los pueblos del Jalón y del Jiloca los que constituyen el conjunto mayor
de este tipo de vivienda, con barrios enteros socavados en la zona periférica de los pueblos o en las
colinas circundantes, cual es el caso de Épila.
La proximidad de todos los pueblos del Jalón✪✪✪ entre sí facilita una visita, pues además conservan otros muchos bienes patrimoniales. Esos pueblos son los de Bardallur, Épila, Lucena, Lumpiaque, Plasencia, Ricla, Rueda, Salillas (con una forma constructiva algo distinta) y Urrea.
76
DESPOBLADO
Unas veces la construcción de un embalsea, otras, la guerra, han producido abandonos de núcleos enteros de población. Pero
existen más causas: una epidemia de peste, la
propia mecanización del campo, un cambio
de táctica guerrera o de modo de vida, una
decisión política calculada, como el caso de
los moriscos, etc., son otras.
Aragón es abundante en pueblos abandonados, tanto que en el siglo XX se han proEl despoblado de Muro de Roda
conserva bien visible su antigua muralla
ducido más de ocho despoblados por año,
aunque no todas nuestras comarcas han sufrido por igual, padeciendo más las tierras
altas que las del llano. Sin duda alguna, tanto desarraigo forzado durante generaciones ha causado mella
en el ser íntimo de los aragoneses, un pueblo estoico donde los haya. La justicia del kilo, del metro o del
dinero difícilmente puede paliar tanto desarraigo, por mísero que fuera lo que se dejó.
Además de unas casas ruinosas, una ermitaa y una pardinaa en tierras pirenaicas o una masadaa
en las turolenses pueden delatar la existencia de un antiguo poblado más o menos grande.
Recorrer las calles en ruinas de un pueblo abandonado constituye una experiencia personal que difícilmente se olvida, sobre todo si mediante un ejercicio de empatía nos ponemos en la piel de quienes tuvieron que dejarlo todo para crear nuevas raíces. Como existen tantos, es difícil recomendar la visita
sosegada de ninguno. Pero puestos a elegir alguno, lo será por su significado o por su belleza.
Como ejemplo de despoblado antiguo, Azaila✪✪✪ es ejemplo de lo que fue una ciudad en el
siglo I a. C. Una guerra civil —democracia, unos; dictadura, otros— la destruyó cuando faltaban 49
años para que Cristo naciera. A la guerra se deben, asimismo, el fantasmagórico Belchite✪✪✪ viejo
o el cercano Rodén✪; en cualquier otro sitio, el primero se hubiera convertido en todo un símbolo
de lo que no debe volver a suceder; aquí no. Un pueblo abandonado a la fuerza por los moriscos pudiera ser Gil✪, entre Selgua y su estación de ferrocarril. Como ejemplo de una estrategia política
calculada puede servir Bílbilis✪✪✪, a la que encontraron adormecida los musulmanes en el siglo
VIII; a escasos tiros de ballesta, estos fundaron una ciudada nueva, la Calatayud de hoy; nuestra Bílbilis, tan cargada de historia, hubo de renunciar a perpetuarse y quedó abandonada. Las gentes de
Montañana✪✪✪ no pudieron sobreponerse a la mecanización del campo, aunque su rehabilitación
sea un deleite para los ojos. Un pantano, como en otros muchos sitios, ahogó a Ruesta✪✪, en proceso
de rehabilitación. También la paz ha producido abandonos masivos: Muro de Roda✪✪✪, en el bello
valle de La Fueva, dejó de ser útil como refugio al amparo de sus murallas todavía en pie y murió,
aunque hoy constituya uno de los rincones más bonitos de Aragón.
Las campanas de la iglesia llamaron a fiesta, tañeron a muerto, congregaron a vecinal, avisaron
el fuego. Faltó el boticario, luego el médico. El veterinario no tuvo sustituto; el herrero murió. Nadie
enseña en la escuela. ¡Si al menos hubiera quedado el maestro! ¿Quién me ayuda a defender mi alma,
mi cuerpo, mi asno, mi hijo, mi predio? Hay que marchar… En el monte quedaron las raíces.
77
JUDERÍA
El legado judío, junto al musulmán, el
cristiano y previamente el romano, ha sido
esencial para la cultura hispánica. La llegada
de los judíos a España data del año 70 d. C., y
su presencia, con altibajos de convivencia, fue
constante en la vida social hasta que se les
forzó en 1492 a elegir entre la expulsión o su
conversión al cristianismo. Antes de tan trágico acontecimiento habitaron en barrios
propios, las llamadas juderías, que se localizaban al amparo del castilloa señorial, la catedrala o la iglesia, cerca del centro urbano.
La placa Barrio Verde Alto, en este caso en Sádaba,
delata al antiguo barrio judío
Generalmente, los judíos prefirieron ubicarse en urbes pujantes como Zaragoza, Huesca, Jaca, Teruel,
Calatayud, Daroca, Ejea o Tarazona. No obstante, sus asentamientos dependieron de la tolerancia de cristianos o musulmanes a los que sirvieron como médicos, comerciantes, juristas, financieros o artesanos.
Hasta el siglo XI moraron cómodamente en ciudades islámicas, pero, a raíz de la invasión almorávide y almohade que implicó su persecución, marcharon al norte cristiano, donde tuvieron una fuerte dependencia
de los reyes hasta el punto de ser considerados una propiedad del monarca.
Una judería se caracteriza por sus calles estrechas y tortuosas, algunas portillos sin salida, como una
ciudad aparte merced a la institución de la aljama cuyo centro era la sinagogaa. Al amparo de la aljama
se regulaba la vida de todos sus habitantes, se impartía justicia, se recaudaban impuestos, se estipulaban
las obligaciones religiosas, se garantizaba la enseñanza primaria, etc. Las juderías a partir de la expulsión
mantuvieron su nombre, aunque en algunos sitios recibieron la denominación de Barrio Nuevo o Barrio
Verde, lo que resulta una pista importante para su reconocimiento.
En Huesca capital, encontramos huellas de la presencia judía en el Barrio Nuevo, que estuvo
cerrado con puertas y del que aún puede seguirse su traza desde la puerta del Ramián hasta las fuentes
de la Judería. En Jaca, la judería se hallaba en el barrio del Castellar. También se aprecian restos en
Barbastro, Monzón (entre la Costera y calle del Sisallo), Tamarite de Litera y Fraga.
En la provincia de Teruel, la capital esconde su judería entre las calles Judería, Valcaliente, Fontana, Comadre y Aínsas. Alcañiz disponía la suya en el barrio de Santiago; de la judería de Híjar✪,
cuyo trazado se puede seguir perfectamente, nos queda la sinagoga✪✪ mejor conservada.
En la provincia de Zaragoza, esta ciudad, como Tarazona, tenía dos juderías: la Vieja, situada
junto a la zuda y las murallas romanas, cerrada por seis puertas, y la Nueva, alrededor de lo que fue
la sinagoga mayor en lo que hoy es iglesia de San Carlos. Quedan también restos visibles en Daroca,
mientras que en Biel hay un Barrio Verde y una Puerta de la Judería y se está impulsando un museo
en lo que se estima una sinagoga enmascarada, en la Casa de la Peregrina; en Calatayud, se han señalizado las zonas ligadas a la cultura hebrea, y en Tarazona, donde se pueden apreciar las casas colgadas✪ y las dos juderías, conviene visitar el Museo Moshé de Portella✪✪, donde uno se puede
embeber de la vida y cultura de los judíos.
Cabe destacar, por último, que los municipios de Caspe, Alcañiz e Híjar han dado forma a la
denominada Ruta Talmúdica✪✪, con interesante programa para acercarse al mundo judío.
78
MASÍA
Los habitantes de nuestro país han vivido bien en núcleos concentrados (ciudadesa, villas, aldeas y lugares), bien en edificaciones aisladas, en medio del campo, que,
según las regiones, reciben nombres distinto.
Sin salir de Aragón, encontramos, según las
zonas, casas, ventasa, haciendas, pardinasa,
torres, masías/masadas, castillosa e incluso
cortijos.
En el agro y montes turolenses son típiUna de las muchas masías, en este caso de la Valle Alta,
en el término de Alcalá de la Selva
cas las masías, que salpican todo el territorio
y que pueden estar aisladas o agrupadas, habitadas por una o varias familias. Unas pertenecían a terratenientes que las arrendaban a varias familias; otras eran propiedad de pequeños
agricultores. Por lo tanto, su superficie también es dispar, pues las hay grandes y pequeñas.
Estas edificaciones constan fundamentalmente de dos plantas. La primera acoge en uno de sus lados
un pequeño zaguán, cocina con fuego bajo y cadiera, una pequeña despensa y una o dos habitaciones; en
el otro lado, la cuadra con sus pesebres y pajera. La planta segunda acogía el pajar y los graneros, y, adosada
a la masada, la perchada servía para guardar el carro.
Esta manera de vida ha sido habitual hasta la mecanización del campo, a mediados del siglo XX. Cada
masía solía constituir un pequeño microcosmos, de manera que, aparte del cereal y el olivo, un pequeño
huerto era imprescindible. Leña, ganado lanar o cabrío, el caballo y los animales de corral proporcionaban
una economía de subsistencia. Era habitual, asimismo, disponer de horno e incluso de capilla para oír misa
los domingos.
Las comarcas de Gúdar-Javalambre, Maestrazgo, Bajo Aragón y Matarraña son ricas en este
tipo de viviendas rurales, aunque actualmente la mayor parte de ellas se hallan en trance de desaparición, si bien algunas se han reutilizado como corralesa para el ganado. Abandonadas en su mayor
parte, muchas han sido expoliadas por desaprensivos buscadores de vajillas y aperos de labranza.
Es difícil señalar una a modo de ejemplo, pero por su estado de conservación y facilidad de acceso, se proponen varias: masada de los Becerriles y mas del Cerrito, en Linares de Mora; la masada
de las Costeras✪✪ y la masía de Motorrita, en Gúdar; la masía de la Valle Alta✪✪ y la masía de la
Lupia, en Alcalá de la Selva; la masía de las Camarillas y la masía de la Fuenlozana, en Mora de Rubielos; la masía de Mosqueruela✪✪, en un bello paisaje de rocas duras; el mas del Pi✪✪, del siglo
XVIII, entre olivos, pinos y viñas, en Valderrobres, actualmente convertido en casa rural; los mases
de la Torre Espada, en el término de Alcañiz, constituyen un ejemplo de mases agrupados; por último,
el mas de Ramón y el mas de Rambla o Fuente el Carmen (ambos en el término de Calanda).
79
MORERÍA
La convivencia de gentes de culturas diversas en la Edad Media dio origen a formas
distintas de agrupamiento urbano basadas
en criterios religiosos. Los mozárabes, como
cristianos que eran, se agruparon en barrios
aparte en las ciudades dominadas por los
moros; lo mismo hicieron, por su parte, los
musulmanes que decidieron continuar en sus
lugares de origen o de residencia tras la reconquista cristiana, los llamados mudéjares,
que se reunieron en las morerías; los judíos
se agruparon, asimismo, en las juderíasa.
Cada uno de estos barrios poseía una organización social, económica y jurídica propia.
Calatayud todavía conserva viva la calle Morería
Generalmente, las morerías se situaban fuera de las murallasa, ya que los conquistadores cristianos
obligaron a vivir a los musulmanes fuera del casco urbano, en los arrabales. Las calles de la morería se caracterizaron por seguir un trazado similar al de las ciudades islámicasa: varias mezquitasa, zoco o mercadoa, calle principal y alrededor calles estrechas y oscuras, con numerosos callejones sin salida, patios
interiores y puertas que cerraban todo el recinto a la caída de la noche.
Las leyes que regían en la morería estaban inspiradas directamente por el Corán y el código islámico,
y sus funcionarios también solían ser moros, aunque en muchos casos estaban bajo la supervisión de los
dominadores. Estas aljamas musulmanas dependían directamente del rey a través de sus autoridades representantes.
En algunas zonas rurales, la segregación no fue tan tajante, dado el elevado número de habitantes
musulmanes, cual era el caso de Aranda, Villafeliche, Belchite o Híjar, donde la mitad de los hogares eran
moros; en Huesa del Común, casi tres cuartas partes. Las morerías destacaron por la dedicación a la agricultura de sus habitantes, así como a distintas labores artesanas (cerámicaa, herreríasa, etc.).
En Aragón, hubo importantes morerías en Borja, Belchite, Calatayud, Daroca, Fraga, Huesca,
Tarazona, Teruel o Zaragoza, entre otras poblaciones. Pero el hecho es que no nos ha llegado ninguna
intacta, por lo que su reconstrucción es casi siempre virtual, basándonos en textos, en restos arqueológicos e incluso en la microtoponimia urbana (calle de la Morería, existente en varias localidades;
calle Meca, calle Azoque o Zocotín, calle Mezquita; barrio de la Alquibla, etc.). Por eso es importante
acudir al plano de los pueblos y ciudades que vamos a visitar.
En Huesca, la morería se situó al sur del casco urbano cristiano, traspasada la puerta alquibla de
la muralla, en lo que hoy es calle de San Lorenzo, rodeada de muralla propia de tierra. También
estuvo fuera de la muralla en Zaragoza, aunque en sí misma se rodeó de una de adobe: en la plaza de
Salamero o del Carbón estaba la mezquita mayor, de donde salía la calle principal, la de Azoque,
que todavía existe. En Teruel, la ubicación de la morería fue excepcional: estuvo integrada dentro
del recinto urbano cristiano, en derredor de la actual plaza del Seminario e integrando dentro las torres mudéjares de San Martín y del Salvador. Evocadores de estos momentos son un paseo relajado
por el rehabilitado barrio morisco✪ de Gelsa o una visita al Centro de Interpretación la Huella del
Islam✪ de Torrellas.
80
MURALLA
Desde el Neolítico, desde que el hombre
se hace sedentario, los humanos han rodeado
sus poblados de muros de piedra o tierra para
defenderse de sus enemigos, abriendo en
ellos puertas de acceso especialmente vigiladas. Las primeras muestras de murallas en terreno aragonés pueden observarse en poblados prerromanos (Azaila, Calaceite o Monleón, por ejemplo) y fueron reutilizadas por
los romanos.
La pequeña población de Mirambel
Durante la Edad Media, no solo se aproconserva íntegra su muralla circundante
vecharon las murallas romanas, sino que se
construyeron nuevas, de manera que pocas
fueron las poblaciones tanto musulmanas como cristianas que no se resguardaron tras una de ellas, aunque
a veces hoy no haya más rastro que el de la toponimia urbana: las calles Entremuros, Extramuros, Muralla,
Xinto o Coso son algunas.
Cuando la paz llegó, la función de la muralla ya no fue solo contra las armas, sino que sirvió de
control fiscal, policial y sanitario, amén de segregación de colectivos étnicos y religiosos antagónicos: mudéjares y judíos.
A partir de la Edad Moderna, y sobre todo en el siglo XIX, además de que el concepto de defensa
había cambiado, la necesidad de espacio obligó a destruirlas o, en el mejor de los casos, a apoyar las nuevas
casas en sus lienzos, cual es el caso de Huesca, por ejemplo. Hoy constituyen un bien preciado, por lo que
se están rehabilitando los restos existentes.
Son muchos los lienzos parciales de muralla y torreones o puertas aislados que nos ha dejado el
tiempo, pero pocos están completos. No obstante, existen ejemplos singulares.
En el norte aragonés, merece la pena ascender por camino de tierra hasta el despoblado de Muro
de Roda✪✪✪, en La Fueva; las del castillo de Loarre✪ ya no resguardan al pueblo que desapareció; y
la de Aínsa✪✪ está bastante completa, con varias torres y arcos incluidos.
En la parte central de Aragón, las de Daroca✪✪ y Calatayud✪✪, trepando por los riscos aledaños,
son las más completas, junto con las de Sisamón✪✪ y Sos del Rey Católico✪✪, con varias puertas
vivas de acceso a la villa.
En la provincia sureña, aunque sencilla y de material pobre, hallamos todo el perímetro de la
villa de Mirambel✪✪✪, con varias puertas de acceso; muy completa es la muralla de Mosqueruela✪✪✪, con preciosas puertas de entrada que nos introducen en un bonito casco urbano; la de Albarracín✪✪, con bastante trecho en pie y con varios torreones, sirve para completar el impresionante
marco de la ciudad; en Cedrillas✪✪ podemos admirar toda la defensa pétrea de la villa vieja; más
parciales son los restos de Mora de Rubielos✪, con varios lienzos y tres hermosas puertas, y de Rubielos
de Mora✪, con singular puerta de entrada a un casco urbano para recorrer con sosiego.
Conviene no olvidar los recintos amurallados, generalmente bastante completos, de varios de
nuestros monasterios cistercienses (Veruela✪✪, Piedra✪ y Santa Fe✪✪) y cartujas (Aula Dei✪, en
Zaragoza, y las Fuentes✪✪, en los Monegros).
81
PARDINA
En toda una ancha faja de toboganes,
quebradas y barrancos entre las sierras de
Santo Domingo, San Juan y Oroel, al norte, y
las primeras alineaciones calizas del Prepirineo, al sur, salvo contados y depauperados
pueblos, no ha conocido otro tipo de explotación de sus escasos recursos que el afán heroico de los pardineros.
Desde la Edad Media, al menos, estas
tierras montaraces y adustas —mezcla de
Restos de la pardina de Rompesacos,
monte bajo, pinares, campos secos para el
en tierras del embalse de La Peña
cultivo de esperar la lluvia y barrancos arbitrarios—, se moteó de pequeñas y aisladas casonas, las pardinas, dispuestos sus hombres, mujeres y niños a arañar la vida de cada jornada. El municipio
del que dependían y eran extensión, lejos, muy lejos.
Si los restos de pardinas son hoy abundantes, aún nos delatan muchas más los documentos escritos
conservados. Si nos limitamos a una zona concreta, la de los pueblos que rodean al pantano de La Peña,
al menos podemos recordar estas: Casanova, Visús, Blanzaco, Pequera, Ordaniso, Sus de Pueyo, Rompesacos,
Ferrera, Samper y Bergosal. Pero al este y al oeste existen evidencias de otras muchas.
Cada pardina pretendía ser un microcosmos. Del monte, la madera y caza, incluido el jabalí depredador
de cosechas ya granadas; de los barrancos de algunas, pesca, y, de casi todos, agua para los huertos de
llenar el plato de la hora del Ángelus. Cereal en los secanos que dejaban libres pino, carrasco y boj. En el
corral y pocilga, los animales para asegurar el invierno. En la ladera solana, hubo panales para abejas de
miel y velas. Junto a la casa, o en el casa misma, pozoa o manantial y horno. Ovejas y cabras eran necesidad; la vaca, un lujo. La mula, amén de arar la tierra, hacía camino para trocar los exiguos excedentes
por aceite o vino, bacalao o sal.
Desde el siglo XIII, tenemos noticias de Casanova (en torno a Carcavilla, donde está la central
hidroeléctrica), de Visús (de cuya iglesuela románica se conservan restos, pues allí hubo un poblado
mayor) y de Blanzaco. Pero las hay anteriores: Pequera, a cuyo enclave paradisíaco se llega por la foz
de Escalete, es conocida desde 1033; de 1042 nos llegan noticias de Ordaniso. Entre Centenero y
Triste, Sus del Pueyo profundizó sus raíces hasta 1066. Rompesacos y Ferrera nacieron en ese mismo
siglo XI, cuando el castillo de Cacabiello (hoy Santa María y la Peña) dio tranquilidad a la comarca,
llegando la segunda —Ferrera— a ser denominada villa. Vida moderna existe hoy en Ferrera y los
dos Samper, alto y bajo; también en Bergosal, conocida desde 1046, aunque en esta última, quizás la
más grandiosa y mejor conservada de todas, la finalidad actual sea el descanso de sus nuevos propietarios.
En torno a Bailo, núcleo del que dependieron, a un lado y otro del puerto de Santa Bárbara,
abrieron puerta entre otras las de Bail, Biescas de Santa María, Nueveciercos, Montañano, Jaz, Cocorro, Mullermuerta o Lobera.
Al desaparecer la vida de las últimas pardinas —que dieron lugar a una forma de ser, incluida
el habla— el desierto de Sodoruel cada vez es más desierto. Recorrer este microcosmos patrimonial
por sus caminos ciertamente difíciles pero bellos constituye toda una lección de supervivencia que
no se olvida.
82
PATIO
Entre las formas arquitectónicas de antaño merece un espacio propio el patio, del
que existen muestras muy notables en la arquitectura renacentista aragonesa. Se trata
de un espacio de las viviendas cerrado con
muros o galerías, pero descubierto, en torno
al cual se emplazan y organizan las distintas
estancias, lo que permite la entrada de luz y
la ventilación. En ocasiones, en el centro de
estos patios se situaba un pozo, una fuente o
Patio del palacio de los Pardo,
un estanque para satisfacer las necesidades
hoy Museo Camón Aznar en Zaragoza
de agua de la casa o para refrescar y dotar de
sensación de calma al entorno. Por otro lado,
el patio crea un espacio íntimo que permite disfrutar del aire libre manteniendo la seguridad y la privacidad.
En este sentido es similar al claustroa de los monasteriosa.
Por supuesto, el patio puede tener otras funciones más propias de la cotidianidad de una antigua vivienda o un palacio, como la de servir de almacén, cuadra o cochera. No obstante, hay patios de tanta belleza que se hace muy difícil pensar en la mera funcionalidad, como, por ejemplo, el llamado Patio de la
Infanta concebido como un disfrute para los sentidos y un lugar para la contemplación y la meditación.
El patio renacentista aragonés, prototipo de este tipo de recintos, tiene forma cuadrada o rectangular.
Si en la planta inferior suele ser arquitrabada, con columnas de estilos clásicos, la planta superior suele
presentar arquerías de medio punto. Coronando el conjunto, colosales aleros daban sombra o desviaban
las aguas de lluvia. Naturalmente estos patios renacentistas fueron imitados en el neoclasicismo y en el
modernismo. En Aragón son abundantes.
La ciudad de Zaragoza es rica en patios, como los de los palacios de Sástago✪✪, de Morata✪✪
(Audiencia); de Montemuzo; de Donlope (hoy Real Maestranzaa)✪; de los Pardo✪✪ (actual Museo
Camón Aznar); y de Zaporta (su Patio de la Infanta✪✪✪ está reubicado en el edificio central de Ibercaja). De los edificados en el siglo XVII, destacan los palacios de Fuenclara y de Argillo (Museo
Pablo Gargallo). Posteriores y magníficos son los patios del edificio Pignatelli (sede del Gobierno de
Aragón), el del Matadero Municipala o el del Ayuntamiento zaragozano. Interesantes son los del
Hospital de Nuestra Señora de Gracia, de la Aljafería✪✪, y el patio de armas de la Academia General
Militar. Destacan en Épila y Morata de Jalón los patios de los palacios del conde de Aranda✪✪ y
conde de Morata✪, respectivamente. En Tarazona, magnífico es el del palacio de Eguaras✪✪, del
siglo XVI (hoy sede de la Casa del Traductor), pero también es interesante el del palacio episcopala.
Son interesantes en Daroca el patio de la casa de la Comunidada, del siglo XVIII, así como los de
la casa de los Luna✪✪ (obra mudéjar del siglo XIV), la casa de la Cadena, del siglo XVII, y la casa
de los Bernabé (actual casino)a. En Veruela, el patio de honor del monasterioa✪✪.
En Huesca, es digno de admirar el patio de la antigua universidad sertoriana, hoy Museo Provincial, así como en Jaca el patio renacentista de su casa consistorial. En Bellver de Cinca✪✪ hay
un magnífico conjunto de casas renacentistas con patio que merecen una visita: casa Prin, casa Benito, casa Camilo, casa Canalís, casa Pardo o casa Ferrer.
Interesante es el patio del palacio episcopal de Teruel, así como la casa consistoriala de Rubielos
de Mora✪✪; en la vecina Mora de Rubielos, destaca el patio de armas de su castillo✪✪.
83
PLAZA
En todos los núcleos urbanos, por pequeños que sean, suele haber un sitio espacioso —bien por ensanchamiento de una de
sus calles, bien en la confluencia de varias de
ellas—, lugar de referencia de sus habitantes
y de los foráneos que acuden a la población.
Las hay rectangulares, circulares u ovaladas (las menos), poligonales y cuadradas.
Muchas de ellas son porticadas para guarecer
a la gente del sol, del frío, del viento o de la
lluvia. En ocasiones, sirven de mercadoa o de
real de la feria, o simplemente de lugar de encuentro.
Singular plaza ochavada de Chodes, en tierras del Jalón
Algunas son famosas en todo el mundo. En muchas ciudades, la más conocida es la Mayor, como en
Madrid, Valladolid, Burgos, León, Cáceres, Salamanca o Gijón; la de María Pita, en La Coruña, o la de Cataluña, en Barcelona; la de España en Sevilla o la del Pilar en Zaragoza; la del Obradoiro, en Santiago, o la
de Zocodover, en Toledo; la del Castillo, en Pamplona y el Espolón, en Logroño. La de San Pedro, en el Vaticano o la de España, en Roma. En Bruselas, destaca la del Ayuntamiento, o el Rosío, en Lisboa.
En general, en torno a estos puntos neurálgicos, suelen concentrarse importantes edificios: ayuntamientoa, catedrala, colegiataa, museosa, etc., aunque en algunas falta todo eso y, sin embargo, destacan
por su armonía, por la homogeneidad de sus edificios, por sus soportalesa…
Muchos de los pueblos de Aragón pueden presumir de tener plazas hermosas, con independencia de su tamaño. Su selección puede resultar subjetiva, pero solo se pretende llamar la atención,
crear el hábito de acudir siempre a la plaza de cada localidad.
Sería difícil no comenzar por la plaza Mayor de Chodes✪✪✪, nacida para aglutinar al nuevo
pueblo levantado por el conde de Morata (1676), de planta ochavada con veinticuatro viviendas
gemelas, y tres puertas pues la cuarta da paso a la iglesia. De ascendencia románica es, sin duda, la
plaza Mayor de Aínsa✪✪✪, rodeada de casas con soportales y con fachadas homogéneas, con sus típicos balconajes y aleros, a la sombra de la iglesia románica.
En el Bajo Aragón histórico descuellan, sin duda alguna, la plaza de España de Alcañiz✪✪,
donde se levantan los edificios más emblemáticos de la ciudad; Valderrobres✪, La Fresneda✪, Calaceite✪ son otros ejemplos. La provincia de Teruel aún nos puede sorprender en Mora de Rubielos✪,
Mosqueruela✪, Cantavieja✪ o la del Torico en Teruel✪.
En la provincia de Huesca, llama la atención el paralelogramo irregular de Graus✪✪, con viejas
casas porticadas, muchas de ellas con aleros renacentistas; su atractivo tienen la de la catedral de
Huesca✪, la del ayuntamiento de Monzón✪ o la del mercado de Barbastro✪.
Curiosa es la plaza Mayor de Caspe✪, casi circular; la pequeña y recoleta plaza de Sos✪✪ y la
destacada por grandiosa del Pilar de Zaragoza✪, lugar de encuentro festivo y reivindicativo de todos
los aragoneses.
84
POBLADO
PRERROMANO
Realmente, solo podemos hablar de poblados prerromanos al referirnos a los erigidos por un mosaico de pueblos que habitaron
el actual Aragón entre los siglos VII-III a.C.
Parece ser que del contacto de estos
pueblos con los mediterráneos fue surgiendo
lo que denominamos cultura ibérica. Los iberos no serían, pues, una raza o pueblo nuevo
sumado a los ya existentes, sino una cultura
Restos de la antigua Contrebia Belaisca,
aledaños a Botorrita, en el río Huerva
nueva surgida del contacto de las tribus ya
asentadas desde la Primera Edad del Bronce
con las colonizaciones mediterráneas. Este cultura es, por lo tanto, resultado de una adaptación. La moneda,
el torno y, sobre todo, el alfabeto serán los signos más patentes de la nueva cultura ibérica.
Lo que ocurre es que el grado de iberización entre los pueblos indoeuropeos del actual Aragón no
fue uniforme ni de la misma intensidad. Así, nos hallaremos con pueblos profundamente iberizados, pueblos
puente —de iberización media en algunos aspectos— y pueblos apenas contaminados por el iberismo. Las
fronteras entre unos y otros nunca fueron nítidas.
Desafortunadamente, los restos de poblados son escasos y muchas veces, cuando ha perdurado el
enclave, sobre él se han asentado culturas posteriores y apenas queda nada del prerromano, como pudiera
ser el caso de Celse. ¿Cuáles son esos pueblos y cuáles sus poblaciones más señaladas?
Entre los pueblos iberizados, los ilergavones fueron uno de los mejores vehículos del cambio;
con ellos están emparentados los ilergetes, ubicados entre Iltirda (=Lérida) y Bolscan (=Huesca).
Entre la Jacetania y la sierra de Alcubierre, son sus límites, aunque debieron alcanzar el Ebro.
Como pueblo puente, los sedetanos, aunque conservaron su lengua indoeuropea, fueron profundamente iberizados. De la sierra de Alcubierre, al norte, al río Matarraña, al sur, esta tribu incluye
todo el actual territorio municipal zaragozano, contando con poblaciones tan importantes para el
momento como Salduie (=Zaragoza), Beligion✪✪ (=Azaila) o Celse✪✪ (=Velilla de Ebro).
La frontera con los pueblos apenas iberizados podría ubicarse en los ríos Huerva y Gállego, hacia
el oeste. De norte a sur de esta franja, se asientan varias tribus celtibéricas: los iacetanos (=Iaca) y
los suessetanos (=Segia, Ejea). Estos ocupan las Cinco Villas, en las que han dejado varios topónimos
sufijados en -dum, como Berdún, Gordún, Navardún. Ambos pueblos sufrieron la presión de los vascones, por lo que su frontera fue inestable. Emparentados con los suessetanos estaban los galos, de
los que Gallur denota su origen. En torno al Moncayo se ubicaron los celtíberos, con Turiaso (=Tarazona) y Bursau (=Borja) como centros urbanos destacados. A lo largo del Jalón, belos (con Attacum=Ateca) y lusones (con Bílbilis✪✪ y Nertobriga), mientras que los titos se adueñaron del Jiloca.
Los lobetanos señorean la zona de Albarracín, en tanto que los turboletas parecen estar concentrados
en torno al Teruel actual. Entre el Aguasvivas y el Huerva, los belaiscos, con Contrebia Belaisca✪✪
(=Botorrita).
Este es el escenario que van a encontrar los romanos. Algunas tribus se aliarán pronto con ellos;
otras, en cambio, resistirán hasta el exterminio. Pero, en definitiva, con los romanos va a tener lugar
el primer proceso integrador de lo que, hasta ahora, no era más que un mosaico de tribus.
85
PUEBLO
DE COLONIZACIÓN
El nacimiento de nuestros pueblos se
remonta a cualquier etapa histórica: los hay
de origen céltico, ibérico o romano. Muchos
nacieron con los musulmanes, pero la mayor
parte surgieron como consecuencia de la Reconquista al poner en explotación nuevas tierras. A partir del siglo XIII, el mapa de
nuestros pueblos está casi ultimado, aunque
hay excepciones, cual es el caso de los más
recientes, los llamados de colonización.
Recoleta plaza de Santa Anastasia, en las Cinco Villas
En época de Franco, el Instituto Nacional
de Colonización [INC], luego integrado en el IRYDA, edificó en distintas zonas de la España árida varios de
estos nuevos pueblos tras convertir en regadío tierras antes resecas, de manera que Aragón se vio afectado
por este fenómeno. Se levantaron poblaciones de nueva planta y, a partir de 1958, se establecieron los
primeros colonos seleccionados, ligados a lotes familiares compuestos por una vivienda, herramientas y
aperos, animales de cría y de labor, un pequeño huerto y una porción de regadío, entre 6 y 20 ha. Tras
cinco años de orientación tutelada, accedían a la propiedad, para lo que se les concedía un periodo de
20/25 años de amortización.
Basada su actividad fundamentalmente en la agricultura, los nuevos vecinos —llegados de lugares
diversos de España— tuvieron que superar las naturales diferencias de origen, tal como debía suceder con
el proceso repoblador de la Edad Media. Desde el punto de vista didáctico, es muy aleccionador tratar de
profundizar en cómo se llevó a cabo la integración de gentes que tenían acentos, léxicos, advocacionesa
religiosas, costumbres, gastronomía o maneras de ver la vida distintos, hasta llegar a constituirse en una
sociedad nueva.
Las comarcas aragonesas más afectadas fueron las de las Cinco Villas, la Violada, los Monegros y el
Bajo Aragón. Merece la pena visitarlas para buscar las diferencias con los asentamientos tradicionales.
En el Bajo Aragón, por ejemplo, nacieron Alpeñés del Caudillo y Campillo de Franco, denominados hoy Valmuel y Puigmoreno, respectivamente, cercanos y de características similares en tierras atravesadas por el arroyo Regallo, aunque irrigados con aguas de la Estancaa de Alcañiz.
Este experimento repoblador dio en las Cinco Villas un buen número de pueblos, al calor del
embalse de Yesa y del canal de Bardenas, diseñados por los arquitectos Borobio, que se inspiraron en
la arquitectura tradicional. Sus nombres son los de Alera, Bardena (del Caudillo), Camporreal, El
Bayo, El Sabinar, Pinsoro, Sancho Abarca, Santa Anastasia, Santa Engracia y Valareña.
El histórico desierto de la Violada, así llamado porque era atravesado por la via lata (o vía ancha
romana), vio nacer los pueblos de Artasona del Llano, El Temple (del Caudillo), Frula, Ontinar del
Salz, Puilato, San Jorge, Valfonda de Santa Ana y Valsalada (barrio de Almudévar).
Los regadíos monegrinos dieron origen al nacimiento de Cantalobos, Cartuja de Monegros,
Curbe, Montesusín, Orillena, San Juan del Flumen, San Lorenzo del Flumen y Sodeto.
86
TÉRMINO MUNICIPAL
Entre todas las circunscripciones administrativas que
nos ha legado la historia, el término municipal es el más longevo, pues hunde sus raíces en los siglos XII y XIII, y ha servido de base para la configuración de todos los demás. Es
una de las principales herencias patrimoniales que debemos
a la Edad Media.
Sus límites no siempre se deben a la naturaleza (ríos,
gargantas, sierras, etc.), como cabría esperar, sino que en
buena parte han sido pactados por quienes estaban en condiciones de hacerlo, generalmente, el rey y determinados señores. Son, por lo tanto, artificiales. Esos documentos de
concesión suelen estar vigentes todavía, lo que ha permitido
ganar algún que otro pleito.
Tras conquistar un territorio había que repoblarlo, lo
que exigía un permiso otorgado por la autoridad competente.
Era tal la falta de brazos en Aragón que la repoblación no
La compartimentación en términos municipales
solo incorporó a cristianos y a mudéjares —los judíos fueron
es la más longeva de Aragón
menos y más urbanos—, sino también a gentes venidas de
fuera; tampoco se puso reparos a delincuentes y malhechores siempre que se asentaran definitivamente en el lugar de la convocatoria, pues de lo contrario la ira
regia volvía a caer sobre ellos.
Cuando se repuebla un lugar delimitando su espacio vital, se enumeran, asimismo, todos los usos a
los que tienen acceso sus habitantes en él: hacer leña, pastar ganados, sembrar campos, pescar, construir,
abrir acequias, utilizar los caminos, etc. No obstante, el señor se reserva ciertos bienes, impuestos y servicios:
décimas y primicias, monopolio de molinoa y hornoa, incluso ayuda militar, etc. En muchas ocasiones, el
reparto del término municipal se efectuaba a pobladores concretos: sus apellidos nos denotan procedencias
y ocupaciones.
Pero una vez delimitado el término municipal, surgieron enfrentamientos entre colindantes, disputas
que han llegado hasta hoy. Asimismo, no son abundantes pero existen desgajamientos de un municipio
alumbrándose otro nuevo, cual es el caso de la villa de Andorra, integrada inicialmente en el término de
Albalate del Arzobispo e independizada a comienzos del siglo XVII, con la creación de su propio término
municipal. Puede suceder, y acaba de suceder, que una localidad absorbida en su día por otra quisiera independizarse, supuesto recientemente vivido en Aragón: Villamayor versus Zaragoza. Naturalmente, Villamayor no solo reivindicó el derecho a ser pueblo independiente y no barrio rural de la capital, sino
también el término municipal que por historia le corresponde.
Los términos municipales —sean amplios (Zaragoza, 1063,1 km2; Ejea, 609,9 km2) o minúsculos
(Pleitas, 2,1 km2; Cinco Olivas, 2,3 km2)— constituyen una herencia medieval, la compartimentación territorial más longeva y base de todas las demás. Son, sobre todo, un espacio de vida y de intereses, si bien estos han ido cambiando con el tiempo.
Si uno está dispuesto a recorrer el perímetro de un término municipal por mera curiosidad —lo
que puede ser una bonita y aleccionadora excursión✪✪✪—, hágalo con su carta de población a la
vista. Seguro que se puede hacer con ella, aunque esté en latín medieval. Los microtopónimosa rurales (nombres de lugar) que aparecen en el documento le darán enormidad de pistas para delimitarlo.
Conseguirlo constituye una inmensa satisfacción personal y familiar.
87
VILLA ROMANA
Aunque la romana fue una civilización
eminentemente urbana, las ciudades estuvieron rodeadas de pequeñas villae de campo, a
modo de segunda vivienda, de las que existen
múltiples restos. En este caso nos referimos a
las grandes explotaciones agrícolas y ganaderas, de uno o dos kilómetros cuadrados de
extensión, en las que un terrateniente y su familia vivían en una gran mansión asistidos
por un gran número de sirvientes y esclavos.
Villa Fortunatus, villa romana cercana a Fraga,
Este tipo de hábitat fue muy abundante en
a orillas del río Cinca
los últimos siglos del Imperio como fruto de
un largo proceso de ruralización y feudalización. Se trata de explotaciones agropecuarias autosuficientes cercanas a las calzadasa romanas, con producción sobrante para abastecer a las grandes urbes a través de aquellas. Se convirtieron en focos de
romanización y de control político en zonas remotas.
En Aragón, el mayor número de villas, que son muchas, se localizan preferentemente en el valle del
Ebro, en las Cinco Villas y en las tierras del Cinca, las zonas más intensamente romanizadas. Lo más destacable de ellas es su estructura interna y la decoración con mosaicosa en el suelo y paredes de las estancias.
Con el transcurrir del tiempo, muchas de estas villas se transformaron en auténticos pueblos que
han llegado hasta hoy. Nombres romanos, sin duda dueños de villas, como Sarinianus, Licinianus, Marcius,
Lupus, Granius, Sabinianus o Carinius, entre otros, dieron origen a Sariñena, Leciñena, Marcén, Lupiñén,
Grañén, Sabiñánigo o Cariñena.
La lista de villas localizadas es enorme, pero muy pocas reúnen condiciones para ser visitadas
puesto que permanecen sin excavar. En los Pirineos existen varias: Escó, Artieda, Sabiñánigo. En
las Cinco Villas: Gordún, Sos, Castiliscar, Sádaba, Uncastillo, Layana, Farasdués. En la Hoya de
Huesca y el Somontano, las hay en Bolea (con restos escultóricos y de termas), Loarre, Ortilla, Apiés,
Plasencia, Huesca, Argavieso, Costean. En el Cinca y afluentes, en Laluenga, varias en Albalate de
Cinca y en Sena; el Adamil de Monzón; Santa Lecina; Estiche, Chalamera, Velilla de Cinca, Fraga,
Torrente, etc. Las hay en La Litera: Tamarite, Altorricón. Pueden verse en torno al Moncayo: Aniñón, Vera, Tarazona, Borja. Existen en el Jalón y sus afluentes: Calatorao, La Almunia, Urrea. Aparecen en Teruel y el Maestrazgo: La Iglesuela del Cid, Teruel. Las hay a lo largo del Ebro y afluentes:
Cabañas, María de Huerva, Villanueva de Gállego. También se dan en el Bajo Aragón, Martín y
Matarraña: Caspe, Urrea de Gaén, La Puebla de Híjar, Alcañiz, Calanda, Alcorisa, Valderrobres.
Como villa de referencia se suele tomar Villa Fortunatus✪✪✪, enclavada al norte de Fraga, camino de Zaidín. Se halla estructurada alrededor de un gran patio de cerca de veinte metros, en el
que se encontró un aquarium —fresco de tema marino— y una serie de mosaicos en el pavimento.
Desde este patio se accedía a las habitaciones, cuyas plantas podemos recorrer. Experimentó diversas
modificaciones a lo largo de su existencia transformándose en el siglo VI en basílica.
A Villa Fortunatus se le ha unido hace unos años la Malena✪✪ de Azuara, de los siglos III a V,
de planta cuadrada en torno a un patio, con ricos mosaicos decorados, como el de las bodas de Cadmo
y Harmonía, unos de los más bonitos que nos ha legado este pasado romano.
88
IV
EL AGUA Y LA SAL, VITALES
h
Acequia .......................................................................... 91
Acueducto ....................................................................... 92
Aljibe............................................................................... 93
Azud................................................................................. 94
Balsa................................................................................. 95
Canal ............................................................................... 96
Canal Imperial................................................................. 97
Embalse............................................................................ 98
Estanca............................................................................. 99
Fuente............................................................................ 100
Lavadero ........................................................................ 101
Nevera ........................................................................... 102
Noria...............................................................................103
Pozo ............................................................................... 104
Salada ............................................................................ 105
ACEQUIA
Difícilmente se puede regar directamente desde un río,
por muy caudaloso que este sea, de manera que hay que capturar sus aguas mediante la construcción de una presa o
azuda, desde donde el líquido se distribuye mediante una
red de acequias.
En nuestro país, algunas acequias son de origen prerromano, pero las más se deben a los romanos y a los musulmanes, así es que suelen ser varias veces centenarias. Casi
ignoradas, constituyen en realidad auténticas obras de ingeniería, con decenas de miles de kilómetros, trazadas y abiertas sobre el terreno por maestros de obra muchas veces
anónimos.
Con el tiempo, su infraestructura se ha actualizado para
evitar pérdidas por filtración o reventones, de manera que
modernas conducciones de cemento han desplazado a los
La acequia Camarera a su paso
cauces de tierra y a las hueras de piedra que las protegían
por el caserío de San Mateo de Gállego
de las avenidas. Pero si el legado material es importante,
también lo es todo lo que rodea a su utilización pues casi
todas están vivas: su regulación y uso, los derechos y obligaciones de los usuarios, y las garantías de todo
el proceso.
Todas las acequias tienen estatutos u ordenanzas de las que son garantes las comunidades de regantes, que velan por el buen funcionamiento, cuidado material (las guardas) y turnos de riego (el ador),
léxico todavía vivo.
Existen muchas acequias y comunidades de regantes en todos los ríos aragoneses, de forma que
es muy fácil visitarlas y estudiarlas. Los siguientes son solo ejemplos por alguna singularidad.
La acequia de la EstancaJJ —nacida de un azud del Guadalope, en el límite entre los términos
de Calanda y Castelserás—, tras 31 kilómetros de recorrido, tiene la peculiaridad de que desemboca
en la estanca de Alcañiz, a la que da vida alimentándola permanentemente de agua.
Magnífica es la acequia Camarera✪✪, nacida junto a la Candevanía en un azud del Gállego,
aguas arriba de Zuera, discurriendo una por la margen izquierda y otra por la derecha. La primera,
ancha, poderosa, atraviesa el casco urbano de San Mateo confiriéndole un aire especial a la población.
Parece ser que la acequia del Rabal✪ no solo regó las huertas norteñas de Zaragoza, sino que,
antes de desembocar en el Ebro, pasaban parte de sus aguas por un conducto artificial de plomo tendido bajo el lecho del gran río en forma de sifón a la ciudad romana de la orilla derecha.
Pero la acequia más notoria es, sin duda alguna, la que llevó aguas del río Guadalaviar a Cella✪✪✪, en el Jiloca, a través de un cauce horadado en buena parte de su recorrido en la roca, con
respiraderos incluidos. Es obra romana, aunque la tradición se la atribuya al Cid, y en torno a la cual
existe un precioso relato legendarioa del señorío de los Abén Razín. El acondicionamiento del pozo
artesiano de Cella dejó a esta obra de ingeniería inservible cuando, en realidad, constituye el primer
trasvase de aguas conocido entre cuencas.
91
ACUEDUCTO
Para trasladar el agua desde su origen
hasta el lugar de utilización, el hombre inventó y construyó costosos cauces artificiales,
colosales obras hidráulicas de ingeniería que
salvaban sin interrupción desniveles más o
menos profundos del terreno. Con ese fin nacieron el sifón y el acueducto. Los acueductos
antiguos —Roma construyó muchos de
ellos— podían salvar los obstáculos del terreno, bien construyendo el canal sobre arcadas o muros (el de Segovia es un ejemplo
singular), bien subterráneamente, horadando
la roca, sistema del que tenemos en Aragón
un buen ejemplo.
Pilares que soportaron el acueducto de Los Bañales
Estas grandes obras de ingeniería, que debían sortear grandes desniveles y distancias e incluso superar
los problemas de presión para que el agua se elevara y avanzara, fueron motivo de admiración y espanto
entre las gentes. Era tal la majestuosa apariencia y la dificultad técnica de estos conjuntos de arcos y canales que la tradición popular atribuyó su creación al diablo, de ahí que bastantes acueductos, así como
muchos puentes, reciban la denominación del Diablo o del Gigante, cual es el caso de Castellote.
Los acueductos, entre los que destacan los romanos, han surgido en cualquier época. Pero es en la
actualidad —merced a los nuevos materiales y técnicas de construcción— cuando han proliferado, apoyados
en altísimos pilares prefabricados. No obstante, nuestros campos están llenos de pequeños acueductos,
muchos de ellos conocidos como gallipuén o puente que, conteniendo una acequiaa, sirven a su vez de
paso o puente.
Como ejemplo de época romana, merece la pena visitar los románticos restos del acueducto
de Los Bañales✪✪, junto al pueblo de Layana, entre Sádaba y Uncastillo, al que se accede por una
pista transitable. Una buena hilera de enhiestos pilares da fe de la envergadura de la obra. Asimismo,
ayudados por un mapa topográfico, se pueden hallar tramos del acueducto subterráneo qu,e partiendo
del río Guadalaviar✪, llevaba aguas a los llanos de Cella, obra romana que la tradición ha achacado
al Cid y al que la leyendaa ha tocado con su magia.
El más completo y mejor conservado de los acueductos aragoneses es el de los Arcos de Teruel✪✪, de época renacentista, que discurre dentro de la ciudad, pero también merecen una visita
unos cuantos acueductos toscos y pequeños repartidos por todo Aragón: el de los Tres Ojos (Cervera
de la Cañada); el Arco de la Mora (acueducto musulmán cercano a Zuera); el del Olivar Alto✪ (Morata de Jalón); el de la acequia Carraviega (Ateca); el gallipuén de Farlete; el de la acequia Torcalespino (Inogés); el Paso de los Gigantes (Castellote); los medievales de los Arcos (Calanda); de
Camarillas (gótico); Castillazuelo y Sangarrén, entre otros muchos.
Entre los modernos, impresionan varios de ellos, ligados a los riegos del Alto Aragón (Pertusa✪
y Terreu, tramos IV y V del canal de Monegros), destacando el acueducto de Tardienta✪, de 836 m
de longitud.
92
ALJIBE
Como tantas palabras de nuestro
idioma relacionadas con el agua, aljibe deriva
del árabe y significa ‘cisterna’ o ‘pozo artificial’, es decir, hecho por el hombre para recoger el agua de lluvia. Para construirlos, hay
que buscar una roca impermeable o utilizar
materiales que no la dejen escapar.
Naturalmente, los aljibes son propios de
tierras donde el agua escasea o de lugares
donde no podría conseguirse de otra manera,
El aljibe de Castejón del Puente se levanta
cual puede ser el caso de un castillo roquero,
en las cercanías de la Virgen de la Bella
muchas veces aislado por el enemigo. Su finalidad es la de abastecer de agua de boca a
las personas y, en algún caso, a los animales. Otra variante conocida consistía en excavar en la roca el depósito. En ambos casos, como obras de altos costes que son, solo los señores o los municipios podían permitírselos. A los demás solo les cabía el recurso de la tinaja e incluso del cántaro.
Pero tan importante como el pozo artificial o depósito subterráneo donde acumular el agua caída
del cielo era el sistema de recogida mediante una estudiada retícula de canalillos de conducción.
En definitiva, el aljibe se convirtió en un bien estratégico que debía ser defendido a toda costa, pues
de él podía depender la supervivencia de una colectividad.
Aljibes había en todos los castillosa, de modo que son muchos en los que quedan algunos de
sus elementos: depósito y conducciones. Se puede ver el aljibe del castillo de Loarre o el de Peracense,
por ejemplo; identificables son los canalillos del de Mesones de Isuela.
En el Somontano barbastrense y en La Litera, por otra parte, existen varios ejemplos de aljibes
excavados en la roca: en torno a Azanuy✪✪ pueden admirarse cerca de cuarenta; los hay, asimismo,
en los aledaños de Permisán✪ y La Almunia de San Juan✪. Para quien tenga curiosidad por ver este
bien patrimonial, existe toda una ruta de varios kilómetros preparada expresamente, la de Albelda✪✪✪. En el sur, el conjunto más interesante es, sin duda, el de Rodenas✪✪, cerca del castillo de
Peracense.
En cuanto a los aljibes de obra, además de los citados de los castillos, hay bastantes en todo
Aragón. Por señalar alguno, los restos arqueológicos de Bílbilis✪✪ nos muestra un buen conjunto.
Otros están dentro de casas particulares, como pueden verse en lugares tan alejados entre sí como
en la turolense Rubielos de Mora o en Guaso, en el Sobrarbe.
En Odón✪✪, al sur de la laguna de Gallocanta, existen varios dispersos por sus alrededores.
Magnífico es el de Castejón del Puente✪✪, entre Barbastro y Monzón, cercano a la ermita de la
Bella: está construido con sillares y le llega el agua por canalillos abiertos en la roca, con la particularidad de que se puede bajar al nivel del agua mediante escalera de peldaños de roca arenisca. Pero
quizás el más señalado de todos sea el próximo a la ermita de Nuestra Señora de Magallón, en Leciñena✪✪✪, un aljibe datado en 1560.
93
AZUD
Naturalmente, las aguas de los ríos y
arroyos no se detienen si no encuentran impedimentos a su paso. Son aguas libres que
tienen un destino: otro río mayor, un lago o
el mar, aparte de las que se evaporan y filtran,
lo que depende del clima y del tipo de suelo.
Por otra parte, el cauce de los ríos suele
estar demasiado profundo y no permite el
aprovechamiento del líquido en la ribera,
razón por la cual es preciso tomar artificialmente sus aguas río arriba y derivarlas por
medio de un canala o acequiaa.
Magnífico azud, llamado del Molino,
en el curso del río Alcanadre, cerca de Bierge
Para efectuar esa captación, el hombre ideó el azud, cuya construcción debía tener en cuenta dos
factores: la superficie a la que se iba a derivar el agua debía quedar por debajo de la cota del azud y el tipo
de suelo en el que debía asentarse. Aunque los hay de estacas y de grava, normalmente se aprovechaba
un fondo rocoso sobre el que se levantaba un muro de piedra de sillería, unido con cal y arena, protegido
internamente por una empalizada de materiales diversos para darle consistencia y frenar mejor la fuerza
del agua.
En uno de los extremos del azud se abría una salida o aliviadero desde la que arrancaba la acequia o
canal madre, llamada así por ser origen de otras muchas acequias menores o hijuelas. Su construcción
tenía —y tiene— fundamentalmente dos finalidades: proporcionar agua para el riego y obtener fuerza motriz para los molinosa de todo tipo, batanesa y otros ingenios. Pero también surgen para llevar agua a las
poblaciones o para regular el cauce de un río.
Existen azudes en casi todos los ríos aragoneses, pero sobre todo en los más pequeños, en los
que es más fácil construirlos. Los podemos ver, mejor o peor conservados, porque algunos de ellos
están activos todavía.
El ejemplo más digno de ser admirado por su espectacularidad es el del Molino✪✪✪ de Bierge,
en el río Alcanadre, formando una auténtica cascada en medio de un entorno natural privilegiado.
Pero existen otros muchos, como algunos del río Guadalope, entre los que destacan el de la Acequia
Nueva de Alcañiz✪✪, cerca de Castelserás, y el del Molino Viejo✪✪ de Alcañiz; siguiendo la apacible
carretera que bordea el río Jalón, muy pródigo en este tipo de ingenios, hay varios, como el que se
encuentra a los pies de Villanueva de Jalón✪✪; interesante es el azud de Lledó, en el río Algás✪✪,
que ha dado origen a una auténtica piscina natural; en este mismo río, el llamado del Molino Nuevo✪✪ de Calaceite; el amplísimo de la Vega✪✪, en Cervera de la Cañada, sobre el río Ribota; el que
da origen a la acequia Castejón en el río Aranda, en término de Arándiga✪. El río Martín, en término
de Albalate del Arzobispo, nos proporciona dos ejemplos señalados: el de Mélida✪✪ y el de la acequia
de Urrea✪✪. El propio Ebro, entre Gelsa y Escatrón, nos proporciona en torno a una quincena. En
el río Gállego, en fin, aguas arriba de Zuera✪✪, se puede admirar el nacimiento de dos señaladas acequias, la Camarera (que poco después atravesará la población de San Mateo) y la Candevanía, tan
importantes ambas para los riegos de la parte noreste de Zaragoza.
94
BALSA
Tal vez parezca mentira, pero muchos
de nuestros pueblos no han tenido agua corriente (aún quedan algunos), ni río ni fuente,
aunque sí quizás un pozo sediento la mayor
parte del año. Los habitantes de estos pueblos
se aferraron a su tierra y trataron a toda costa
de atesorar y administrar el agua que de
cuando en cuando les regalaba el cielo, generalmente en forma de tormenta.
Para ello idearon y acondicionaron balBalsa Buena de la población monegrina de Bujaraloz
sas en medio del campo (eran para los animales) o en las cercanías del pueblo, de donde
bebían todos —las balsas buenas— o solo lavaban —las balsas malas—. Por eso no se entiende que hoy,
solventado el problema, los habitantes actuales se las dejen morir o incluso las maten deliberadamente
sin tener en cuenta que entierran patrimonio, raíces, cosa que no verían con buenos ojos los abuelos que
transmitieron los apellidos.
Los habitantes de antaño estudiaron la orografía cercana, y una vez que elegían la hondonada hacia
donde corrían las aguas de lluvia, acondicionaron el terreno para que no se perdiera ni una gota: levantaron
diques con las piedras del campo e impermeabilizaron el fondo con losas de piedra o incluso barro endurecido. Los alrededores, siempre limpios.
Alguien velaba para que el uso fuera racional, pues de la balsa buena el agua iba a las tinajas de la
casa, en cuyos fondos se decantaban tierra e impurezas antes de hervirla. El agua de mesaa embotellada
era tanto un lujo como un sueño inalcanzable. Esta no es una historia de la prehistoria, sino de hace tan
solo cincuenta años, demasiado poco para olvidarnos tan pronto.
Muchas de las balsas urbanas han muerto —las rurales no tanto—, pero aún quedan las suficientes para hacerlas presentes. Este es el caso de la que puede servir de ejemplo a todos, la balsa de
Jaulín✪✪✪. Hoy ya no se beben ni se hierven los alimentos con sus aguas, pero el paraje sirve de
solaz a las personas y de hábitat seguro para ánades y palomas, lugar de reposo para leer un libro.
En buen estado de conservación se hallan aún, aunque ya no ejerzan su función primigenia, las
de Candasnos✪✪ y La Muela✪✪: pueden visitarse porque son patrimonio público. En un viaje, bastantes merecen la parada de unos minutos, sobre todo, cómo no, en los Monegros, donde varias se
llaman todavía Balsa Buena: Bujaraloz, Laluenga, Poleñino, Callén, Robres, Alcubierre, Senés o Pallaruelo, entre otras, son algunos ejemplos.
Las hay, asimismo, en las tierras resecas al sur y al norte del río Ebro, como en Lécera, Perdiguera,
Selgua, Peralta de Alcolea, Castejón de Valdejasa, Tauste, etc.
No obstante, cada día desaparece alguna soterrada por una nave industrial o una casa que bien
pudieron construirse unos metros más allá. Alguien es responsable de la desaparición de este tipo de
patrimonio por mísero que parezca.
95
CANAL
Se trata de conducciones artificiales
construidas por el hombre para llevar el agua
allá donde hace falta, ya sea para uso humano, agrícola, ganadero o industrial. Asimismo, fueron utilizados antaño para el
transporte de mercancías.
Las aguas de los ríos que transcurren
por Aragón, incluidas las del Ebro, tienen escasa influencia en las tierras que atraviesan,
lo que se aprecia en el aspecto casi lunar que
El canal de Monegros
a su paso por tierras de Almudévar
ofrecen muchos paisajes. Esta peculiaridad
del suelo, unida a la escasez de lluvias y al potencial agrícola de las tierras aragonesas si se
les aporta agua, confiere a los canales un papel primordial para obtener recursos y detener la desertización.
Pensemos que algunas comarcas tienen tasas pluviométricas de las más bajas de España (Monegros, Hoya
de Huesca, Ribera Alta del Ebro, etc.).
La apertura de los canales y de las acequiasa derivadas de ellos ha requerido infraestructuras hidráulicas muy costosas en forma de embalsesa, presasa y acueductosa, con la oposición muchas veces
de los pueblos afectados.
Junto al canal más antiguo, el Canal Imperiala —al que se dedica espacio propio— recorren nuestra
tierra los canales de Aragón y Cataluña, Bardenas, Cinca, Lodosa, Monegros, Piñana y Tauste. Estos canales,
en los que ha intervenido la mejor ingeniería, han permitido llevar a cabo regadíos esperados desde tiempo
inmemorial y desarrollar actividades industriales diversas.
El canal de Aragón y Cataluña, también llamado de La Litera por atravesar esta comarca, de
124 km de recorrido, recoge aguas de los ríos Ésera y Noguera Ribagorzana mediante los embalses de
Barasona y de Santa Ana, para regar alrededor de 100 000 ha, muchas de ellas de frutales.
El canal de Bardenas, todavía incompleto, tiene previstos 132 km y depende del río Aragón a
través del pantano de Yesa. Riega la zona de las Cinco Villas y la baja Navarra, y el abastecimiento
de agua a Zaragoza capital ha generado fuerte controversia acerca del recrecimiento del pantano regulador.
De origen medieval, el canal de Tauste toma sus aguas del Ebro en Fontellas (Navarra), a escasos
kilómetros aguas arriba del nacimiento del Canal Imperial. Discurre paralelo al Ebro, por su margen
izquierda, a lo largo de 44 km.
El canal de Lodosa corre en torno a 127 km por la margen derecha del Ebro hasta desembocar
de nuevo en él en Mallén, dando origen a una importante red de acequias.
Los canales de Monegros y Cinca confluyen cerca de Tardienta. El canal del Cinca, de 90 km
de longitud, toma sus aguas de este río a través del pantano de El Grado, mientras que el canal de
Monegros (de 133 km) se divide en Monegros I y II y toma sus aguas del río Gállego y del Cinca.
Una acequia antigua dio origen al canal de Piñana, de 54 km de recorrido. Alimentado por el
río Noguera Ribagorzana, parte del embalse de Santa Ana.
96
CANAL IMPERIAL
La obsesión española por los canalesa
ha sido una constante histórica. Son célebres
los proyectos de los arbitristas del siglo XVI
que propusieron construir varios para comunicar el interior del país con el mar para resolver los endémicos problemas de transporte
y de riego de España, aunque la idea descabellada no fraguó.
Con todo, la querencia por los canales
persistió y los Borbón, con su afán de reforAlmenara de San Nicasio en el término de Novillas
mas, comenzaron una política de construcción allá donde las circunstancias lo permitieron. Así surgió, a finales del XVIII, esa gran acequiai que es el Canal Imperial de Aragón, obra titánica
debida al esfuerzo de muchos y a la férrea voluntad de Ramón de Pignatelli, cuya intención era llevarlo
hasta el mar Mediterráneo. Desgraciadamente, no pudo lograrlo, pero aun así el canal recorre unos
108 km de longitud desde El Bocal en Navarra hasta Fuentes de Ebro. Su objetivo era triple: regar con él
las resecas tierras aragonesas —todavía en la actualidad riega unas 25 000 ha—, abastecer de agua a los
zaragozanos y transportar mercancías y personas. De tan ingente obra nos han quedado, aparte del propio
canal, multitud de edificios y construcciones.
A lo largo de su curso podemos observar pueblos, palomaresa, puentesa, acueductosa, palaciosa,
azucareras, esclusas, pasarelas, acequiasa, fuentesa o templos. Algunos de estos edificios se integran en
hermosos paisajes naturales. La importancia de la nueva cultura del agua quizás augure al Canal Imperial
un prometedor futuro como parque fluvial abierto al público y recorrido en barcazas adecuadas para efectuar una visita guiada de gran contenido cultural y patrimonial.
Una excursión a lo largo del Canal Imperial es un viaje en el tiempo en el que conoceremos
pueblos, infraestructuras hidráulicas y edificios variados. Nuestro viaje comienza en Navarra, en El
Bocal. Allí se halla la presaa de Pignatelli✪✪ y el puente de Formigales; también hallaremos la casa
de compuertas y el palacio de Carlos V✪. Pasado Cortes de Navarra, tras pasar bajo un puente de ladrillo de la época, el canal entra en Aragón, paralelo al Ebro. Novillas es el primer pueblo: se pueden
contemplar las almenaras de San Nicasio✪✪ cuya función es proteger las compuertas y, con alguna
gestión, quizás se pueda atravesar el Ebro desde el antiguo paso de barcasa. Ya en Mallén, veremos
el puente de Valverde✪, y, en Gallur, se podrá parar para visitar la antigua fábrica remolachera. Tras
dejar atrás Boquiñeni, Luceni nos sorprenderá con el curioso puente de la Canaleta✪✪, y podremos
visitar sin problema la antigua azucarera✪✪a. Llegados a Alcalá de Ebro, aparte de visitar todo el
tinglado✪✪ único abierto en su tiempo para comercializar la sal de Remolinos, podemos atracar y
acercarnos a la mina de sala de Remolinos✪✪✪. Nuestro itinerario continúa hacia Pedrola (tal vez
se pueda gestionar una visita inolvidable al palacio de los duques de Villahermosa✪✪✪) y Figueruelas,
donde Opel España✪✪✪ toma aguas del canal. En Alagón, donde se encuentra el acueducto✪ sobre
el río Jalón, junto al que antaño hubo puerto, podremos saborear varios edificios, entre ellos la torre
mudéjara de su iglesia. Tras pasar Pinseque (con su torre mudéjar), llegamos a Zaragoza: allí nos esperan el puente de América, las esclusas de Valdegurriana✪✪, la fuente de los Incrédulos✪, una noriaa junto a una central hidroeléctrica, para terminar visitando la iglesia de San Fernando✪✪ y la
casa del Canal✪ en Torrero. Un recorrido para una jornada inolvidable.
97
EMBALSE
La generalización de los embalses o
pantanos —grandes depósitos cerrados de
agua construidos por la mano del hombre en
un valle o depresión llana— comienza con la
Revolución Industrial cuando las fábricas y las
modernas ciudades requieren de grandes
cantidades de energía y agua.
Sin embargo, el embalse, como presa
que detiene las avenidas o que desvía el agua
para encauzarla hacia otros depósitos llamaEmbalse de La Peña, en el curso del río Gállego
dos estancasa que permitirán regar los campos, tiene una larga historia. Mucho antes de
que se pensara en el agua embalsada como fuente de energía, los romanos levantaron presas para conducir
el agua hasta las acequias; al menos así lo sugieren los contrafuertes de Villafranca del Campo. Tras los
romanos, en el Aragón medieval hallamos algún testimonio, como por ejemplo la estanca procedente de
la acequia de Sorbán. Durante el siglo XVI se construyeron abundantes estancas. Esta proliferación entró
en crisis en el siglo siguiente. El XVII solo vio el comienzo del esperado embalse de Arguis (Huesca), terminado en 1704 y muy pronto remodelado. Este embalse sería uno de los escasos proyectos de la centuria
ilustrada, ya que el Canal Imperial absorbió todos los esfuerzos.
A finales del siglo XIX y principios del XX, la insistencia de Costa y de los regeneracionistas sumada
a la falta de agua en ciertos lugares y a la necesidad energética se manifestaron en la proliferación de
presas. Uno de estos primeros pantanos modernos fue el de Escuriza (1899) en Teruel, al que le siguieron
otros muchos, sobre todo en época franquista, que transformaron el paisaje, ahogaron a muchos pueblos,
a los que obligaron a emigrar o a buscar nuevas acomodaciones.
Es difícil hacer una selección y menos una valoración sumaria del significado de los embalses
aragoneses. Siempre dependerá del valor considerado: ¿Por el desarraigo que han producido?; ¿por el
impacto medioambiental?; ¿por la nueva riqueza generada?; ¿por el destino de esa riqueza?
En la margen izquierda del Ebro, los ríos más afectados por los embalses han sido el Aragón
(Yesa); el Gállego (Lanuza, Búbal, La Peña y Ardisa) y sus afluentes: el Escarra (Escarra) y el Sotón
(La Sotonera); el Cinca (Laspuña, Mediano y El Grado) y sus afluentes: el Ésera (Joaquín Costa), el
Flumen (Cienfuéns, Belsué, Montearagón, Torrollón), el Guatizalema (Vadiello) y el Calcón (Calcón); y el Noguera Ribagorzana (Escales, Sopeira, Canelles, Santa Ana).
El propio Ebro ha visto inundados varios kilómetros de su tramo por los embalses de Caspe,
Mequinenza (el mayor de todos, casi cuatro veces más grande que el siguiente, Yesa) y Ribarroja.
En la margen derecha, el Queiles a través del Val (Val), el Jalón, a través del río Aranda (Maidevera) y del Piedra (La Tranquera); el Huerva (Las Torcas, Mezalocha), el Martín (Cueva Foradada);
Guadalupe (Santolea, Calanda, Caspe II y Los Moros) y su afluente el Guadalopillo (Gallipuén); y
el Matarraña, a través del río Pena (Pena).
Entre los ríos que ignoran al Ebro, el Guadalaviar (Arquillo de San Blas) y el Mijares (Los Toranes).
98
ESTANCA
Es relativamente corriente que, en el
lenguaje coloquial, lo mismo que embalsea y
pantano son sinónimos, se asimilen las palabras embalse y estanca. Está claro que estas
dos últimas no son sinónimas, no significan
lo mismo y no deben ser confundidas.
El caso es que tanto en el embalse como
en la estanca el hombre ha modificado la Naturaleza, pero de manera distinta. El embalse
es un depósito artificial de agua formado por
Panorámica de la estanca de Alcañiz
la acción humana, generalmente en un valle,
mediante la contención de las aguas con
dique o presa, pero luego sigue su curso, aunque parte se aproveche para acequiasa o alimentar centrales
hidroeléctricasa. La estanca es también un depósito artificial pero en derivación, es decir, no se cierra el
curso del río que lo origina, sino que se distrae agua para almacenarla fuera de su curso. Algunos llamados
embalses son estancas, como el de La Sotonera.
En Aragón existen ejemplos muy antiguos de estancas, comenzando por Almonacid de la Cuba y continuando por la estanca de Villarroya de la Sierra, a la vera del río Ribota, sin duda de origen romano, pues
los musulmanes, grandes constructores de acequias, no lo fueron de estancas.
Eso no quiere decir que no haya alguna estanca medieval, cual es el caso, por ejemplo, de la de Borja
(quizás de antecedentes romanos), que se construyó en 1328. Pero la gran centuria constructora de estancas por derivación será el siglo XVI, lejos de los ríos, pues la tecnología constructiva de la época no era
lo suficientemente avanzada como para oponerse a las aguas bravías de los congostosa.
La estanca de Borja✪✪, nacida del agua de lluvia pero sobre todo de la acequia de Porroyo, es
un bonito lugar entre huertos, de 14 ha de superficie, con su casa del siglo XVI y con abundante
fauna acuática, como cigüeñas, fochas, cormoranes y garzas reales.
La gran estanca de Aragón es la de Alcañiz✪✪✪, bien cercana a algunas importantes saladasa,
lo que convierte al paraje en único. Nace de un canal del río Guadalope que continúa su camino
una vez formada la estanca. Además de facilitar el riego, poblaciones de cormoranes, fochas, avocetas,
somormujos y un largo etcétera de aves hacen de ella su hábitat estacional.
Tiene estanca del siglo XVI el término de Castiliscar✪✪, con enorme presa y larga acequia de
abastecimiento, con acueductos que salvar. La de Used✪✪ es una enorme estanca de escasa profundidad, pero con obras de ingeniería notables.
La estanca aledaña a Chimillas se llama de Cortés✪✪, y es llenada mediante acequia del Isuela,
obra que encargara un castellán de Amposta. Muy cercana a ella y a las casas de Huesca, en un término emblemático para los oscenses, está la de Loreto✪✪, alimentada desde la de Cortés. A ambas
se les suele denominar albercas.
Derivadas del Arba de Luesia y del Arba de Biel, disfruta Ejea de dos estancas, la de Canales✪✪
y la del Gaucho✪✪, esta a las puertas mismas de la villa.
99
FUENTE
Asegurarse el agua para hombres y animales ha sido
una de las constantes vitales de todos los pueblos desde que
la humanidad se hizo sedentaria. A falta de río, precisa fue
siempre una fuente, un pozoa o, cuando menos, un aljibea
y una balsaa, por este orden. A falta de río, lo mejor una
fuente, y mejor en el pueblo que en el monte. Muchos poblados nacieron precisamente a la vera de alguna, bien porque manara allí el agua, bien porque se la trajera de lejos
mediante conducción costosa.
Por otra parte, para aprovechar al máximo sus aguas,
junto a la fuente surgieron otros elementos imprescindibles
para la vida de antaño: abrevaderoa y lavaderoa, y aun la
sobrante se aprovechó para regar los huertos cercanos. No
es de extrañar, pues, que en torno a la fuente tuviera lugar
buena parte de la vida comunitaria con un banco donde esperar el turno.
La fuente de las Escaleras
en el casco urbano de Calatorao
Tanto representaba la fuente que los concejos rivalizaron entre sí, más que por la calidad de sus aguas, que también, por tener más que los demás, por el número
de sus caños y por la belleza del conjunto, sometido a modas, como cualquiera otra obra arquitectónica,
dando incluso origen a la fuente monumental.
Hoy, cuando el agua ha llegado a las casas, la fuente y sus accesorios (donde bebían animales y se
hacía la colada) han perdido casi todo su significado social, pero no deja de ser un testimonio patrimonial
que debe ser objeto de conservación y de admiración antes de que, por tener los votos suficientes, alguien
los arrumbe para siempre. Afortunadamente, quedan muchas aún, lo que dificulta hacer una selección
que no sea lesiva.
Por su gran cantidad de fuentes dentro del casco urbano así como por su variedad, cabe destacar
las de la ciudad de Tarazona✪✪. A la hora de individualizar, se pueden señalar las de los Veinte Caños✪✪ de Daroca, aunque sus aguas procedan de una acequia cercana; la reformada de los Ocho Caños✪ de Calatayud, que comenzó teniendo once, diez para el vecindario y la undécima para el
verdugo y los excomulgados; la de Berbegal✪✪, situada frente a la ermita de San Gregorio; la de Bañón✪, con forma de templete clásico; la de Almonacid de la Sierra✪, de doble escalinata situada en
el centro de la plaza; la de Malanquilla✪, posiblemente de origen romano; la del Vivero✪✪ de Barbastro, del siglo XVI; la más moderna de Alcañiz✪✪ (junto al río Guadalupe, con sus setenta y dos
caños) o las del Ojuelo (hoy no potable) y de las Escaleras✪✪ (nada menos que cuarenta y tres) de
Calatorao; en Zaragoza, la fuente de los Incrédulos✪✪ rememora el día en que las aguas del Canal
Imperial llegaron a la capital. Es interesante el Pilón✪✪ de Alpartir, fuente construida con buenos
sillares, con tres arcos notables. En Rubielos de Mora✪, la forja de Gonzalvo también ha llegado modernamente a este bien social y cultural.
100
LAVADERO
Lavar la ropa en casa es un trabajo muy moderno pues
hasta mediados del siglo XX eso era imposible en la mayor
parte de los hogares aragoneses. Baste decir que el último
lavadero zaragozano —llamado La Higiénica— desapareció
en 1954 y, por esas mismas fechas, y aún más tarde, en muchos pueblos se lavaba en el río o en el lavadero municipal.
Todavía se utilizan algunos en el mundo rural, pero ya no
suele serlo por necesidad.
En las ciudades, los lavaderos —que ocupaban grandes
solares para el secado— eran privados y toda una pléyade de
mujeres ejercían de sol a sol un trabajo duro donde los haya.
Grandes tinajas proveían de agua caliente y lejía, lujos que
incrementaban el precio final del servicio y que pocos pueblos pudieron permitirse.
En las ciudades han desaparecido todos, pero no así en
El magnífico lavadero de la Solana
los pueblos, siempre ligados a la fuentea y al abrevaderoa.
en Mosqueruela
El problema es que también aquí se están perdiendo poco a
poco, bien por desidia, o bien por desconocimiento de lo que significan de patrimonio, como vestigio de
un modo de vida que permite valorar el coraje de nuestros antepasados más próximos.
En nuestros pueblos los hay cuadrados o rectangulares, con techumbre o sin ella, para lavar a pie o
de rodillas, con pozas grandes y pequeñas, y todos ellos con una losa estriada e inclinada donde frotar la
ropa o escurrirla; todavía son empleados muchos para lavar las prendas grandes —mantas, cortinas o edredones— que no caben en la lavadora convencional, o simplemente por el placer de utilizarlo en verano
cuando el sol comienza su declive. El agua, fría, a no ser que, como sucede en Rueda de Jalón, se aproveche
el agua caliente de algún manantío cercano. Afortunadamente, existen muchos lavaderos, lo que dificulta
hacer una selección. Los que siguen son solo ejemplos.
En Castralvo✪✪, los vecinos han tenido la buena idea de recuperarlo como lugar de encuentro
de todos; el de Santa Cruz de Grío✪✪, que fue recuperado en el año 2000, es hoy foco de atracción
para el visitante; magnífico es el de Camarena de la Sierra✪✪, situado en el corazón del pueblo; monumental es el lavadero de la Solana de Mosqueruela✪✪ que, con sus tres grandes arcos y cubierta a
doble vertiente, nada desmerece del extraordinario conjunto urbano; enorme es el de Añón de Moncayo a las faldas de este monte mítico; interesantes son los conjuntos fuente-lavadero de Sardas✪✪,
junto a Sabiñánigo, y de Rasal✪✪, ambos rehabilitados en medio de unos bellos paisajes naturales.
Lumpiaque✪✪, en fin, ha rehabilitado el entorno del suyo, sito en una de las entradas a la villa, incorporando una doble zona ajardinada y de barbacoas para disfrute de sus gentes.
101
NEVERA
Actualmente, tomar una bebida fría o
conservar el pescado y la fruta frescos es algo
sencillo y barato, así como ingerir un antipirético cuando tenemos fiebre, pero ¿qué sucedía cuando no había frigoríficos o la farmacopea no estaba avanzada? Para esos
casos, durante siglos, se utilizó la nieve y el
hielo.
Si Hipócrates o Galeno ya nos hablaron
de las propiedades médicas de la nieve, y si
Nevera rehabilitada en Fuendetodos
en Roma fue utilizada para hacer helados y
refrescos, en la Edad Moderna fue utilizada
tanto en gastronomía (conservaba los alimentos y permitía hacer postres y bebidas) como en medicina por su poder antipirético, antihemorrágico,
analgésico, antiinflamatorio o anestésico. En torno a la nieve y el hielo surgió una actividad económica
importante.
Pero si solo nieva y hiela en invierno, ¿cómo conseguir su duración? La respuesta está en las neveras
o pozos de nieve, obras arquitectónicas en las que se almacenaba la nieve o el hielo entre paja para su
conservación y comercialización.
Caídas en desuso, estas sencillas edificaciones, sometidas a la intemperie, se han ido deteriorando
hasta que recientemente cada localidad está acondicionando la suya, pues casi todas contaron con este
recurso, muchas veces testimoniado toponímicamente, con las calles de la Nevera, Nevero o Nevería. Las
neveras también forman parte de nuestras raíces, son patrimonio.
Son tantas las rehabilitadas que su listado sería enorme y, por otra parte, como edificaciones
sencillas que son, es complicado destacar a una de otras. La lista que sigue es incompleta, pero trataremos de resaltar si existe algún valor añadido. La nevera del pueblo es ya un objeto habitual de
visita, máxime cuando muchas de ellas han sido convertidas en infraestructuras culturales, donde se
suele dar explicaciones de cuál era el proceso del acarreo, conservación y distribución del hielo.
Ejemplo de nevera urbana lo constituye la ubicada bajo la plaza de España de Alcañiz✪✪ (del
siglo XVIII), enorme, pues era de distribución, formando hoy parte de un amplio complejo cultural
y turístico; visitables son las semiurbanas de Albalate del Arzobispo✪ (del siglo XVII), la espléndida
de Belmonte de San José✪✪, utilizada como sala de exposiciones, o la de la Cañada de Verich✪, asimismo sala de exposiciones hoy. Todo el Bajo Aragón histórico está lleno de ellas.
En la provincia de Zaragoza, sobresale La Muela, por la cantidad de las existentes, de carácter
popular; las antiguas comunidades de Daroca y Calatayud son ricas en neveras: en Daroca, la cercana
a la torre del Jaque está excavada en la roca, como la de Malanquilla; magnífica es la de Alborge✪✪.
En la provincia norteña, en Fonz, por ejemplo, existe una con pasillo; en Zurita✪✪, en La Litera,
las tres hoy visitables no se cargaban con nieve, sino con hielo: en efecto, se conducía mediante canalillos aún visibles agua del barranco de Getsemaní a una explanada en zona umbría sobre los pozos,
de donde se extraía en su momento para ser vendida en Lérida.
102
NORIA
De que las grandes civilizaciones han
nacido al calor de ríos más o menos importantes no cabe la menor duda. En nuestro
país, las principales ciudadesa lo han hecho
a la orilla del mar o de un río. El río es vida,
aunque nuestra civilización actual le haya
dado la espalda a esta realidad, si bien se ven
signos de arrepentimiento.
Para aprovechar al máximo el poder
fertilizador de las aguas fluviales, el hombre
Lamentable estado de la magnífica noria de Hernández Torcal,
—hasta la aparición de los motores elevadoen el término de Morata de Jalón
res— ha creado obras e ingenios para llevar el
agua a las tierras fértiles más elevadas, ingenios que, en resumidas cuentas, tratan de robar el agua al río (los azudes), conducirla (las acequias) y elevarla (las norias).
Las primeras obras hidráulicas son romanas, pero fueron los árabes quienes las mejoraron y ampliaron,
por lo que no debe extrañar que nuestro vocabulario esté plagado de vocablos ligados a ellos: acequiaa,
arcaduz, aljibea, albercaa, almenara, azuda, alfarda, aceña, noria…
Las utilizaron los romanos, pero fueron los musulmanes quienes llenaron nuestros campos de norias
trabajadoras, ya fueran movidas por la propia agua (la noria propiamente dicha), bien por animales obedientes (la aceña).
Han desaparecido muchas de nuestros ríos y acequias, pero aún quedan testimonios que merecen
ser rescatados con urgencia, superando con diálogo y acuerdos la eterna pugna entre lo público y lo privado. Algo parece que se está moviendo, sin embargo.
Sin duda, la mayor concentración de norias elevadoras se dio a lo largo del Ebro, donde aún
son visibles varias que reclaman rehabilitación. Aquí estaban las más grandes, con dieciséis metros
de diámetro, aunque las más corrientes solo alcancen doce. Las que había en Caspe se las tragó el
embalse de Mequinenza; en Gelsa se puede ver la estructura de cuatro norias en paralelo; y en el
monasterio de Rueda✪ se ha rehabilitado una magnífica. Todos los pueblos ribereños las tuvieron,
como en Sástago, donde hubo hasta seis.
Todavía puede verse en el Cinca, en Castejón del Puente✪, a falta de la rueda de madera, toda
la obra vertical de piedra y la toma del agua. Pero es en el curso del Jalón, en la comarca de Valdejalón, donde aún están en pie varias de las llamadas de corriente, algunas trabajando todavía, como
la de Villanueva✪✪, al pie de la carretera. Constituyen todo un campo de norias próximo a extinguirse si no se pone remedio inmediato. Recorrer sus caminos rurales y hallarlas entre perales y manzanos es un auténtico placer para el espíritu; las hay en Chodes, Épila, Morata de Jalón y Urrea. No
podemos dejar de señalar la llamada de Hernández Torcal✪✪✪, en Morata, con una impresionante
y bella rueda, rueda que aun parada chirría de dolor, como chirriaban las norias vivas: hubiera merecido, agobiada por la vía férrea que casi la toca, ser trasladada a la Expo 2008 y rehabilitada. La
Noria Vieja✪✪ de Urrea de Jalón, reparada hace pocos años, se levanta sobre una acequia, la de la
Hermandad.
No se pueden perder más raíces. Todos somos culpables: unos por no ir a verlas y otros por no
rehabilitarlas.
103
POZO
En un territorio como el aragonés, si solo hubiera habido asentamientos humanos a la vera de los ríos, nuestra
realidad como pueblo hubiera sido bien distinta, pues la
mayor parte de nuestra geografía carece de ellos. Afortunadamente, su agua se puede captar mediante azud o presa y
ser trasladada a voluntad a través de acequiasa, habilidad
que dio origen a no pocos poblados.
Por otra parte, el agua no solo corre por la superficie,
pues también se encuentra en el subsuelo, liberándose muchas veces mediante fuentes naturales que han sido origen
de no pocos asentamientos. Pero el hombre arriesgó más y
ocupó tierras sin agua aparente, de modo que tuvo que ingeniárselas para descubrir acuíferos subterráneos y llegar a
ellos con ímprobos esfuerzos sin tener la certeza de la salubridad del agua.
Laluenga conserva uno de los más bellos pozos
A veces, tras varios intentos fallidos, se daba con la vía
qanats, una obra monumental
acuífera y, en virtud del tipo de suelo, había que aplicar la
técnica adecuada para horadar y fijar las paredes para evitar el derrumbe y el enronamiento. Luego había
que vigilar los posibles focos de contaminación, los pozos ciegos, ordenar el reparto entre los usuarios y
mantener el pozo.
Pero, en ocasiones, no solo se trataba de perforar un agujero más o menos profundo y vertical, sino
de ir a buscar el agua mediante tentáculos o galerías longitudinales cuyas paredes también había que recubrir, los famosos qanats de tipo árabe, auténticas obras de ingeniería de compleja realización, muchas
veces con escaleras para adentrarse en ellos, y de los que en Aragón hay ejemplares únicos casi desconocidos. Como en todo este tipo de obras auxiliares o menores, existen todavía muchos ejemplos en nuestra
tierra, aunque algunos estén a punto de desaparecer si no se sensibiliza a los ciudadanos. Los que se citan
a continuación son solo algunos ejemplos.
Los más llamativos son los abiertos en los castillos —que generalmente tienen aljibes— por la
gran profundidad de los tubos, cual es el caso de los castillos de Mora de Rubielos✪✪ o de Novales✪✪,
por ejemplo. Algunas localidades se distinguen por la gran cantidad de pozos horadados en su término, como sucede en Laperdiguera, Bañón o La Muela, pozos que podrían definirse como unifamiliares. A la hora de distinguir alguno, todos coinciden en señalar los pozos de Valdetormo✪, en la
comarca del Matarraña, y, sobre todo, el de Monroyo✪✪, en territorio del Maestrazgo.
En cuanto a los qanats, las comarcas de los Monegros✪✪ y Somontano de Barbastro✪✪ los tienen
abundantes y, en general, fácilmente recuperables: los hay, entre otras poblaciones, en Adahuesca,
Angüés, Blecua, Lagunarrota, Laperdiguera, Monesma, Ola, Ponzano, Selgua o Velillas; en algunos
pueblos hay hasta dos (Albero Alto) e incluso tres (Laluenga). De entre todos ellos, cabe significar
por la magnitud de la obra y por su estado de conservación uno de Laluenga✪✪✪.
Mención aparte merecen los qanats construidos para alimentar una fuente mediante largo conducto para trasladar el agua, como son los casos de Calaceite, con la font de la Vila✪✪, o la Cartuja
de las Fuentes, en los Monegros✪✪, origen de una curiosa fuente.
104
SALADA
Allí donde en tiempos remotos hubo un
mar hay sal oculta, cual es el caso de la actual
cubeta del valle del Ebro. Como el Aragón actual no tiene costa, ha tenido que sacarla del
interior de la Tierra de las tres maneras posibles: horadando la entraña de la tierra (minas
de Remolinos); sacándola al exterior mediante
pozos y manaderos y exponiéndola al sol (salinas: Naval, Armillas, Ojos Negros, Salinas de
Jaca, Calasanz, etc.); rellenando depresiones
De las muchas saladas aragonesas,
de base salina con agua de lluvia: las saladas
las de Chiprana constituyen un magnífico ejemplo
(Aragón es rico en estas últimas). Conviene
recordar que la sal, elemento imprescindible
para la vida de hombres y animales, nunca fue libre, siempre perteneció a un señor, generalmente, el rey,
funcionando como actualmente lo hace el petróleo, como instrumento del poder. Solo se liberalizó muy
avanzado el siglo XIX.
Las saladas se forman en depresiones de base salina más o menos extensas de terreno en las que las
aguas de lluvia no tienen salida. Al quedarse estancadas y filtrarse el agua hacia el fondo produce un
efecto de capilaridad por el que las sales afloran a la superficie. Es entonces cuando el sol evapora el agua
no filtrada quedando la sal liberada a nuestros ojos. El saladar estará dispuesto para que el hombre la
arranque.
En algunos saladares, la existencia de un pozo, generalmente de agua salobre, los hizo más rentables
pues se podía suplementar la posible carencia de lluvia. Incluso se diseñaron salinas anejas, dando lugar
a una explotación mixta, como en la laguna de la Playa. Las saladas más importantes, las que producían
mucho, se dotaron de silos o pósitos para almacenarla evitando así su robo. Actualmente, están abandonadas, pero como sigue lloviendo y habiendo sal en el subsuelo, cualquiera puede arrancarla sin miedo a
ser encarcelado como antaño. Sobre algunas, la Administración debería actuar sin dilación, pues se trata
de bienes patrimoniales en peligro inminente de extinción.
Las saladas o saladares, que no deben confundirse con las balsasa, se encuentran entre campos
de cultivo, por lo hay que acceder a ellas por caminos rurales generalmente en buen estado. En sus
orillas cabe toda una lección de historia, pero también de economía y sociología.
Las saladas más extensas están entre los Monegros y en la actual comarca de la Ribera Baja del
Ebro, siendo especialmente privilegiada la carretera que une Bujaraloz con Sástago, de la que parten
varios caminos. Destaca por su extensión y antiguas infraestructuras la llamada Laguna de la Playa✪✪✪, aunque realmente está seca, pero son dignas de visitar las llamadas del Piñol, del Camarón✪,
de la Muerte, del Rollico✪, etc.
Pueden visitarse los saladares cercanos a Chiprana✪✪✪, así como las saladas Grande✪✪ y Pequeña✪ en torno a Alcañiz. En los acampos que rodean Zaragoza por el sur hubo varias, pero hoy
prácticamente solo es reconocible como tal la llamada Salada✪✪, aledaña a la carretera que lleva a
Mediana, donde aún está medio en pie el pósito o almacén, escenario que merecería una cierta atención.
105
V
EL HOMBRE SE COMUNICA
h
Aeropuerto ................................................................... 109
Almenara....................................................................... 110
Apellido......................................................................... 111
Apodo............................................................................ 112
Calzada .......................................................................... 113
Camino jacobeo ............................................................ 114
Camino real................................................................... 115
Estación ......................................................................... 116
Ferrocarril ...................................................................... 117
Gentilicio ...................................................................... 118
Lonja.............................................................................. 119
Nombre de pila .............................................................. 120
Paso de barca ..................................................................121
Puente............................................................................ 122
Reloj de sol .................................................................... 123
Sendero.......................................................................... 124
Soportal ......................................................................... 125
Venta ............................................................................. 126
Vía verde ....................................................................... 127
AEROPUERTO
El avión, nacido al alba del siglo XX, necesitó de grandes extensiones de terreno para
despegar y aterrizar, lo que dio origen a instalaciones específicas llamadas aeropuertos.
Originalmente fueron pequeños, con pistas
cortas de gravilla, arena o hierba. A este tipo
de instalaciones, todavía existentes en muchos puntos de nuestra geografía, se les denominó aeródromos y solían tener un uso
militar y postal, añadiéndose posteriormente
el deportivo.
El aeródromo de Santa Cilia de Jaca
se dedica fundamentalmente a las actividades deportivas
El gran avance de la aeronáutica y su especialización transformaron algunos de los
aeródromos mejor situados en aeropuertos nacionales e internacionales con pistas pavimentadas de varios
kilómetros de longitud, tal y como se puede ver en Zaragoza. La naturaleza de estos aeropuertos ha exigido
grandes edificios e infraestructuras (torre de control, hangares, terminales de carga y pasajeros, aduanas,
zonas de servicio, etc.), ya que se mueven grandes cantidades de mercancías y de personas. La nueva terminal de Barajas, inaugurada en enero de 2006, testimonia que el avión será el medio más utilizado en el
siglo XXI para distancias largas y medias.
En Aragón tenemos ejemplos tanto de aeropuertos civiles y militares (aeropuerto y base militar de
Zaragoza) como de aeródromos. Estos últimos son empleados para la extinción de incendios, para vuelos
privados o para la práctica del vuelo sin motor, aeromodelismo, paracaidismo, parapente, etc.
En Aragón, de momento solo existen dos aeropuertos, el de Zaragoza y el de Huesca. El de Zaragoza✪✪, en su doble función civil y militar, es una de las grandes instalaciones de la Península y
está considerado como uno de los mejores de Europa, con un coeficiente de utilización del 95 por
ciento por su climatología, vislumbrándose un futuro importante como aeropuerto de mercancías
en torno a PLA-ZA.
En Monflorite✪, en Huesca, renombre internacional ha tenido el aeródromo de la Escuela de
Vuelo sin Motor, donde se han formado multitud de pilotos, instalación que se ha convertido en aeropuerto convencional, categoría hacia la que camina uno en Teruel, localizado en Caudé, hasta
ahora aeródromo de pruebas militares.
En cuanto a los más modestos aeródromos, en Aragón hay varios, la mayoría de los cuales proviene de la Guerra Civil, por lo que tienen interés histórico. Para informarse sobre su funcionamiento,
lo mejor es llamar a los Ayuntamientos, dado que no hay seguridad de que todos se hallen gestionados.
Además, existen otros muchos aeródromos con especialidades distintas: Aínsa (extinción de
incendios y vuelos de ultraligeros); Barbastro (encuentros de ultraligero con el Ayuntamiento); Benabarre (vuelo sin motor gestionado por una empresa); Binéfar (aeródromo con club de vuelo); Castejón de Sos (especializado en parapente y con escuela de vuelo); Gurrea de Gállego (lo gestiona el
club de vuelo de la localidad). En Santa Cilia✪ (dependiente de la DGA) hay una empresa que hace
actividades; el aeródromo Tardienta-Monegros organiza varias actividades; Villanueva de Gállego
(con escuela de vuelo). Herederos de la Guerra Civil son los de Sariñena, Castejón del Puente, Alcañiz y Calamocha.
109
ALMENARA
Hasta la invención del telégrafo, primero, y del teléfono, después, más o menos
paralela a la del ferrocarril, la humanidad no
dio el verdadero salto cualitativo en sus comunicaciones a distancia. Estamos a mediados del siglo XIX. Sin embargo, antes de esta
revolución, los romanos ya ensayaron medios
para transmitir velozmente la información
utilizando torres de señales construidas sobre altozanos o elevaciones donde eran bien
La torre del Mocatero, en el término de Chiprana,
visibles, situadas en línea y a distancia variaes un ejemplo de almenara
ble, formando una red de comunicación que
permitía hacer llegar la información hasta sitios muy lejanos en un tiempo relativamente breve. El medio empleado para comunicarse consistía en determinados movimientos de antorchas accionadas por vigías conocedores de un código de señales. La
transmisión de la información era esencial para avisar de inesperados movimientos de tropas, catástrofes,
inicio de hostilidades, invasiones, etc. Como no podía ser de otra manera, los musulmanes, grandes asimiladores de otras culturas, usaron estas torres — las almenaras— y erigieron otras nuevas que posteriormente
fueron usadas y completadas por los cristianos.
Para darnos idea de la rapidez alcanzada baste decir que por la tarde del día en que Alfonso I el Batallador venció a los almorávides en Cutanda (1120), a trescientos kilómetros de distancia, ya se había recibido la noticia en Jaca. Aparte de los castillos y muchas torres de iglesia, se levantó toda una red de
almenaras (también conocidas como torres vigía, torres de vela, torres de señales o atalayas) de las que
nos han llegado pocos ejemplos, quizás debido a la pobreza de los materiales de construcción empleados.
A finales del siglo XVIII estas torres utilizaron un nuevo sistema de telegrafía a base de espejos, muy práctico
para las tropas napoleónicas y que se adoptó en la región, dando lugar al mocatero, muy presente en las
guerras carlistas del siglo XIX.
Sobre todo en la zona de Caspe y Chiprana, hay numerosos testimonios de su utilización en las guerras
carlistas donde alternó con el clásico sistema de antorchas. Allí las torres de señales reciben el nombre de
mocateros.
Como ejemplos todavía en pie, señalemos la Torreta✪✪, en Abiego, aneja al desaparecido castillo árabe; la torre de vela de Torreciudad✪, nada menos que del siglo XI; la magnífica torre de Navardún✪✪✪, la mayor de las Cinco Villas; señaladas y bien visibles a varios kilómetros a la redonda
son las de Viacamp✪✪ y Luzás✪✪; también en Litago✪ quedan en pie dos torres vigía del antiguo
castillo. En Tormos✪✪, en la comarca de La Sotonera, permanece enhiesta una almenara de sillares,
sin duda restos del castillo de un antiguo poblado medieval.
En la Ribera Baja del Ebro y en el Bajo Aragón caspolino se pueden ver varios mocateros, pequeños castilletes situados en puntos estratégicos, desde cuyas torres se hacían señales luminosas con
espejos o teas para transmitir los movimientos de las tropas carlistas a las Capitanías Generales de
Zaragoza y Barcelona. Destacan por su buen estado de conservación la torre de SalamancaJJJ, en
Caspe, y la torre del MocateroJ, en Chiprana; o los tres pequeños fortines mocateros de Quinto de
EbroJJ utilizados como torres de señales en la última guerra carlista.
110
APELLIDO
Así como hoy podemos acudir a la guía telefónica que
nos aproxima a los apellidos de una población concreta, para
siglos anteriores tenemos que acudir a los índices onomásticos (nombres de persona) de las colecciones documentales
publicadas. De este modo, uno se da cuenta de que la forma
de nombrarnos en la actualidad nace en la Edad Media, iniciándose incluso en el siglo IX y generalizándose en el siglo
XII. La aparición del apellido es, pues, un invento medieval y,
desde luego, no puede ser más patrimonial. Nos lo han dejado en herencia nuestros mayores.
En efecto, la reducida nómina de nombres de pilaa y la
movilidad de la población con el resurgir de las ciudades, del
comercio y de las peregrinaciones concentró a muchas personas llamadas igual, de modo que para distinguirlas hubo
que recurrir a una segunda denominación tras la primera, lo
que hoy llamamos apellido. Pronto se generalizan los llamados nombres patronímicos añadiendo la terminación -ez al
nombre del padre (Sancho Ramírez, o hijo de Ramiro), lo
mismo que los árabes usaron ibn, los judíos ben o los germánicos son.
La Virgen de Ubieto recuerda el viejo poblado
desaparecido y es origen de un apellido
muy extendido en la Jacetania y el Serrablo
Pero los apellidos surgen de otras muchas maneras. Podían hacer referencia a un lugar de origen (Johanes de Aínsa), un apodo (Pedro Feo), a una característica personal (Domingo Royo), hagiográficos (Luis
de Miguel o Sanagustín), a un oficio (Pedro Teixidor o Tejedor), a una dignidad civil (Pedro Marqués), a una
paternidad presumida o maliciosa (Ramón del Vispe), a rasgos físicos (Ramón Delgado), rasgos psíquicos
(José Amador), procedencia territorial (Tomás Catalán), procedencia zoológica (José Cordero), accidentes
geográficos (Ríos, Pueyo, Montes), parentesco (Nieto), etc.
Aunque el procedimiento quedó más o menos fijado hacia 1200, su invariabilidad tardó en llegar,
pues bastaba con cambiar de lugar de residencia para mudar de apellido e incluso de nombre, para desesperación de los investigadores de hoy. Cuando el apellido comienza a ser distintivo familiar además de
individual, ya en el siglo XVI, se comienza a añadir también el de la familia de la madre, sobre todo desde
la aparición de los registros parroquiales. Esta forma de nombrar se fija bastante en el siglo XVIII con la
aparición de los censos y queda completamente instituida con la aparición del Registro Civil en 1870.
Es comprensible que no quepa selección ni valoración alguna en este caso, pero sí algunas consideraciones. Pueblos existen hoy en Aragón en los que cerca de un tercio de los apellidos que aparecen en la guía telefónica tienen raíz mora o judía, como el caso de Híjar. No pocos apellidos son
oriundos del otro lado de los Pirineos (Armañac, Bayona, Bouthelier, etc.) que pasaron en momentos
distintos. Determinados apellidos se asentaron y proliferaron en determinados lugares: Ateca (Cristóbal), Boquiñeni (Almau), Teruel (Maicas, Muñoz, Soriano), Huesca (Allué, Escartín, Mur, Oliván,
Santolaria), Jaca (Aso, Jarne), Brea (Benedí), Barbastro (Pueyo), Calatorao (Casedas), Borja (Aznar,
Arilla, Lajusticia), Monzón (Torres), La Almunia (Soria). Apellidos como Ara o Ubieto son abundantísimos tanto en Jaca como en Sabiñánigo, derivado el segundo de un poblado hoy inexistente
cercano a Javierrelatre del que ha quedado la imagen románica de la Virgen del mismo nombre.
111
APODO
Quien haya vivido o al menos haya pasado un cierto
tiempo en un pueblo sabe perfectamente que muchas de sus
casas son conocidas por nombres que, en muchas ocasiones,
nada tienen que ver con los actuales moradores; incluso
puede que ya no quede ningún descendiente de la casa original, puesto que fue vendida hace tiempo. Y, sin embargo,
la gente del lugar siempre se referirá a esa casa con el nombre antañón.
Esos nombres —que algunos pueblos han perpetuado
recientemente en baldosas de cerámica colocadas en las fachadas, como sucede en Santa María y la Peña— son, en realidad, apodos tomados de defectos, habilidades, profesiones,
carencias… En realidad, unas veces son alias o sobrenombres
referidos a cualidades o circunstancias malas o buenas; en
otras ocasiones, el apodo es en realidad un mal nombre o
mote que suponen burla, ironía o menosprecio. De todo hay.
Placas como esta indican en Santa María,
como en tantos otros pueblos,
¿Dónde está el límite? Ser de casa Melón pudiera parecer
el apodo de la casa
mote y, sin embargo, es un alias, al referirse a la habilidad de
un antepasado en cazar (no en cosechar) melones, especie
de tejones que, en caso de peligro, rodaban ladera abajo arrebujados como un melón.
Los oficios de los moradores o dueños suelen terminar en apodo; una institución que murió puede
dejar huella centenaria; los nombres o apellidos de unos antepasados que ya no existen, lo mismo. En algunos sitios está tan arraigada la costumbre que los recién incorporados por haber adquirido una casa se
apresuran a poner su placa con un apodo antes de que se lo impongan los demás. Por último, casi todos
los pueblos —al ser vistos por los de al lado, que suelen ser muy críticos— también suelen ser apodados, o,
mejor dicho, motejados. Los siguientes apodos son reales.
Los oficios de los antiguos moradores dan nombre a muchas casas: en casa Pelaire vivió, sin
duda, un cardador o peletero; en casa Batanero, alguien trabajó en el ingenio hidráulico para enfurtir
los paños; casa Fustero (carpintero); casa Ferrero (el herrero del pueblo); casa Arnal y casa Melero
hacen referencia, casi con seguridad, a quienes hicieron de la apicultura una actividad reconocida;
casa Boticario, casa Tejedor, casa Zurrador…
La casa Vispe o la casa Bisbal pertenecieron a la Iglesia, como la casa Abadía, donde aún vive
el párroco; la casa de la Mesta fue lugar de reunión de los antiguos pastores; la casa del Hospital
tanto puede hacer referencia al antiguo establecimiento donde se atendía a los enfermos como al
edificio oficial que la Orden de San Juan tenía en el pueblo; la casa del Almudí —hoy restaurante—
fue lugar de contratación del trigo; y la casa Consolación, hoy rehabilitada, no fue de ninguna señora,
sino la vieja casa donde se repartían víveres y alimentos a los necesitados…
Apodos relativos a características o nombres de antepasados existen muchos: casa Chorche,
casa Chané, casa Esperanza, casa Malcagas, casa Galán (cuando en realidad se llaman Samper), casa
de Bolo…
Les llaman (no se llaman a sí mismos) carnicrabas a los de Ayerbe y nenes a los de Barbastro; a
los de Calatayud, cazuelos, y a los de Huesca, fatos. Cheposos serán los de Zaragoza.
112
CALZADA
Los romanos cohesionaron sus territorios mediante
una importante red de calzadas que posibilitaron la movilidad de sus ejércitos y la extensión y difusión de su comercio
y cultura. Muchas de estas vías de comunicación están hoy
sepultadas por modernas carreteras o por las roturaciones
sucesivas del campo, aunque quedan algunos restos que aún
son visibles y, desde luego, quedan abundantes miliarios.
De las treinta y dos rutas importantes que los historiadores asignan a Hispania, parece ser que nueve atravesaban
la región aragonesa. Algunas de las principales son la IlerdaOsca-Caesaraugusta-Cascante; la Caesaraugusta-Pompaelo,
que pasaba por las Cinco Villas; la de las Galias remontando
los Pirineos por el puerto del Palo y Echo; o la que por Jaca
conducía al Somport. Por el centro en dirección oeste —o
este, según se mire— se hallaban dos rutas que unían Tarazona con Zaragoza, una por Mallén y otra por Magallón.
A través del río Jalón discurría la arteria principal de
Hispania, la que comunicaba Emerita Augusta (Mérida) con
Caesaraugusta. En el sureste se trazó el enlace entre Caesaraugusta y Laminio (Ciudad Real).
Restos camuflados de la antigua calzada romana
que transcurría por encima de la Boca del
Infierno y que por la selva de Oza
conducía al puerto del Palo
En el Bajo Aragón se emplazaron la que conectaba la ciudad augusta con Contrebia Belaisca (Botorrita) y que finalizaba en Levante. Estas vías bajoaragonesas unían las villas de la margen derecha del Ebro.
Particularmente importante fue la que comunicó Ilerda y Celsa. De carácter secundario fueron la vía del
Cinca, la vía de la Canal de Berdún y la del Jiloca hacia el Levante.
Somos tan herederos de los romanos que buena parte de la actual red de carreteras, incluso de autopistas y autovías, discurren exactamente por encima de las calzadas construidas por Roma.
La realidad es que apenas quedan restos verdaderamente romanos, pues muchas veces se trata
de caminos medievales que aprovecharon las calzadas. No obstante, tenemos algunos. Un tramo bastante accesible discurre por Pertusa✪, en dirección a la ermita de la Victoria, en el que aún se distinguen las rodadas de carros y los restos de un puente romano; podemos ver un fragmento a su paso
por Tolous✪, en la ermita de la Alegría próxima a Monzón; cerca de Tarazona se puede ver otro corto
tramo.
Quizás la más reconocible en buena parte de su recorrido es la calzada que enlazaba Celsa (Velilla
de Ebro) con Ilerda✪✪, atravesando los Monegros, pero los tres vestigios más interesantes de Aragón
se encuentran en la calzada que unía Zaragoza con el Béarn francés a través del puerto del Palo, por
donde entraba el primitivo Camino de Santiago antes de acondicionarse el del Somport. En Siresa
puede verse la inscripción epigráfica✪✪✪ —nada menos que del año 383— en la que se lee cómo un
tal Antonius Maximinus, en nombre del emperador Maximus, reparó la ruta por su enorme valor
militar; por encima de la carretera actual, sobre la llamada Boca del Infierno✪✪✪ que nos introduce
en la selva de Oza, existe un enorme trecho perfectamente reconocible; pero más sorprendente es el
último tramo✪✪✪, próximo a coronar el puerto del Palo, cuyas curvas requirieron costosas obras de
consolidación perfectamente visibles.
113
CAMINO JACOBEO
Si las peregrinaciones a los Santos Lugares datan del siglo II, pronto surgieron otras
basadas en el culto a los restos o reliquias de
mártires y santos. En España alcanzó caracteres universales la de Santiago, apóstol que
la tradición sitúa entre nosotros y cuyo sepulcro se creyó haber descubierto el 25 de
julio de 813.
La peregrinación jacobea pasó por altibajos. Su momento culminante, del siglo XI al
Junto al puente de Sástago puede verse la señal
XIII; su declinación, en el XIV. Si en el siglo XV
del antiguo camino de Santiago
el móvil piadoso es solo un pretexto para recorrer mundo, con la Reforma dejan de venir
los ingleses, los alemanes y buena parte de los franceses. El declive es tan grande que en el siglo XVII se
pretendió arrebatar a Santiago el título de patrón de los españoles enfrentándolo a santa Teresa y a san
Miguel. En el siglo XVIII, los peregrinos son pocos, y, hacia 1867, se escribía que no se veían en Compostela
más de treinta o cuarenta peregrinos el día de Santiago. En 1891, apenas era reconocido un peregrino por
su atuendo y en el XX escasean antes de mediados de siglo. La revitalización del Camino surge a partir de
las Jornadas Medievales de Estella de los años sesenta, hasta constituir hoy un fenómeno de masas.
El móvil más elevado fue, sin duda, la devoción, pero no el único. La peregrinación servía, asimismo,
para reparar culpas, cumplir votos, penitencias (individuales y colectivas) o sentencias civiles (impago de
multas o rentas, adulterios, raptos, etc.), satisfacción de la curiosidad o para el mejor desarrollo de los negocios. También había bandidos y criminales que tendían asechanzas a los romeros… Estos, que fueron
protegidos por las legislaciones laicas y eclesiásticas, caminaban acompañados por guías y dispusieron de
hospitales y albergues en el camino, desempeñando un papel fundamental los monasteriosa. En consecuencia, vienen muchos peregrinos, por motivos diversos, pero apenas sabemos nada de ellos en su tránsito
por Aragón, aunque estaban protegidos jurídicamente y amparados por la hospitalidad debida al romero.
Pero, ¿por dónde pasaban?
Sin duda alguna la ruta más conocida y transitada es la del Somport —el Camino de Santiago
con mayúscula—, pero ni mucho menos fue la única. Todos los puertos pirenaicos fueron permeables,
como lo demuestran los restos de hospitalesa al pie sur de la montaña: Santa Cristina, Socotor, San
Nicolás, Parzán, Gistaín y Benasque.
Conforme fue descendiendo hacia el sur la frontera cristiano-musulmana se habilitaron nuevas
rutas para las gentes mediterráneas: ahí están los salvoconductos extendidos en el siglo XIV a lombardos, napolitanos, milaneses, franceses, saboyanos, loreneses, catalanes, etc. Sin duda alguna, a
mediados del siglo XI, por Arén penetraba un camino que llevaba a Jaca; hacia 1100 se abre el que
de Tremp conducía a Huesca; a mediados del siglo XII, tomadas Fraga, Lérida y Tortosa, nacen al
menos cuatro: por Sariñena, por los Monegros (existe mínima descripción) y dos por ambas orillas
del Ebro. Desde Caspe, uno importantísimo llevaba a Alcañiz y a Montalbán para enlazar en Calamocha con los que ascendían desde Valencia (reconquistada en 1238) por el Turia-Jiloca y desde
Castellón por La Iglesuela. Desde Calamocha, Jiloca y Manubles dirigían a los romeros hasta Torrelapaja. Zaragoza ni qué decir tiene que era confluencia de varios para distribuir a los romeros hacia
Tudela, Ágreda o Soria. Varias correspondencias muy claras enlazaban de norte a sur, o viceversa, a
los anteriores caminos transversales.
114
CAMINO REAL
Los caminos unen tierras y facilitan el intercambio de
productos, conocimiento, culturas y gentes. Aragón lo cruzaron caminos desde tiempos remotos, pero hasta la dominación romana no existió una sólida y planificada red de
calzadasa, que sufrió un gran desgaste durante la Edad
Media. Siglos después, las vías romanas fueron sustituidas
por los Caminos Reales, acondicionados por el Reino entre
los siglos XV al XVIII para comunicar entre sí las poblaciones
más importantes. Parte de estos caminos siguieron aprovechando las vías romanas o las rutas más transitadas como
los caminos de Santiagoa.
A pesar de su pomposo nombre, los reales caminos
transcurrían por pistas con mínima infraestructura viaria,
polvorientas y llenas de piedras donde solían atascarse los
coches de caballos; el polvo del camino ahogaba al viajero
en verano y en las estaciones húmedas se convertía en un
En Bernués todavía se pueden observar
barrizal impracticable. Para inconvenientes mayores (corrivarios tramos de un camino real
mientos, derrumbe de puentes, etc.), existían cuadrillas permanentes de mantenimiento, muchas veces a costa de los
propios municipios. Algo más leve pero no menos molesto era ser devorado por las chinches durante los
reposos en las ventasa y en las postas de relevos.
Pero el mayor peligro era el de los bandoleros, tan prolíficos en el siglo XVI, lo que obligó a la Diputacióna, aparte de invertir en infraestructuras, a proteger los caminos, sobre todo el que conducía a Francia,
organizando la guarda del reino, que acompañaba a las caravanas desde Canfranc a Ayerbe. Muchos de
estos polvorientos caminos, que fueron recorridos por ilustres viajeros, están camuflados bajo carreteras
o vías férreas.
Desde Castilla hasta Cataluña, importante era el Camino Real que atravesaba Aragón desde
Ariza hasta Fraga, pasando por Calatayud y Zaragoza; otros caminos hacia Castilla eran los que transitaban por Used-Daroca-Mainar-Cariñena-Muel-Molina de Aragón con meta en Madrid (que penetraba en Zaragoza por el monasterio de Santa Fe, adonde acudían las autoridades zaragozanas a
recibir a los monarcas) y por Tarazona-Ágreda, de gran valor estratégico. Hacia Cataluña, se utilizaron,
asimismo, caminos alternativos por los Monegros, bien por Alfajarín-Bujaraloz-Fraga, bien por Sariñena-Monzón. El reino de Valencia quedaba unido por el Bajo Aragón en dirección a Zaragoza siguiendo la trayectoria del Ebro, aunque existía otro que atravesaba el Maestrazgo. Hacia Navarra, el
camino discurría paralelo al gran río por Alagón y, ya en territorio navarro, por Tudela. Hacia Francia,
como siempre, eran varios los pasos abiertos por el Pirineo, destacando el del Somport; a partir del
siglo XVI, la ruta económica más importante —heredera de la calzada Caesaraugusta-Beneharnum—
era el Camino Real que partiendo de Zaragoza llegaba, a través de Ayerbe y Jaca, al Béarn, con varias
pardinasa, ventasa y trazos de camino visibles en el tramo de Bernués que conduce al puerto de
Oroel. Pero no nos engañemos, la mayor parte de nuestros pueblos estuvieron unidos simplemente
por caminos de herradura y sendas donde los caballos y, sobre todo, los asnos eran los reyes.
También tenía gran importancia comercial, como demuestran los varios peajes conocidos, la
vía fluvial que unía a Aragón con Cataluña a través del Ebro, por donde se transportaban los bienes
de consumo más pesados, entre ellos, los cereales y la lana.
115
ESTACIÓN
Entre mediados del siglo XIX y principios del XX, la aparición del ferrocarril transformó la faz de la sociedad europea, pues el
tren era capaz de transportar toneladas de
mercancías y decenas de pasajeros con mayor
rapidez, menor costo y más seguridad que
cualquier otro medio de transporte. Los gobiernos y la empresa privada se aprestaron a
abrir túneles, y a tender puentes y raíles, pero
también a construir estaciones que rivalizaran
La de Canfranc es, sin duda,
por su tamaño y belleza con las de otros paíla más espectacular estación de ferrocarril aragonesa
ses. Ciudades como París, Londres, Berlín, Barcelona, Madrid o Lucerna, entre otras, erigieron majestuosos espacios que impresionaron por sus altísimos techos y bóvedas capaces de esparcir el
humo y disimular la carbonilla de las máquinas a vapor.
De este modo, si la catedral es la construcción más representativa de la Edad Media, la estación de
tren es el icono arquitectónico del momento. Sus arquitectos emplearon nuevos materiales (vidrio, hierro
y cemento) e imitaron y combinaron los estilos clásicos. En Aragón fueron hermosos ejemplos la estación
del Norte o del Arrabal y la antigua estación de Delicias de Zaragoza. Impresionante resulta la estación
fronteriza de Canfranc, pensada como una gran aduana.
Pero no todas las estaciones —en las que además de oficinas, taquilla, sala de espera, vestíbulo y lavabo, solía haber vivienda para jefe de estación y factores— tuvieron la entidad de las capitalinas. En general, eran edificios funcionales y modestos siguiendo un mismo patrón que solo se rompió en
determinados nudos de comunicación o en poblaciones de una cierta entidad. La construcción de una estación supuso casi siempre un motor de desarrollo para muchas comarcas, aunque ahora bastantes de
ellas estén cerradas por necesidades de explotación.
A lo largo de las vías férreas aragonesas pueden verse hermosos ejemplos de estaciones, algunas
de las cuales, por estar ubicadas en líneas clausuradas, forman parte de las modernas vías verdesa.
Sin duda alguna, la más emblemática es la de Canfranc✪✪✪, inaugurada en 1928, desgraciadamente
cerrada en 1949 al tráfico internacional y permanentemente reivindicada su apertura; en esa ruta es
interesante la de Jaca. En los resecos Monegros fue fundamental la estación de enlace de Tardienta.
En Zaragoza, la nueva estación de Delicias✪✪, tan monumental como inhóspita y poco funcional, ha eclipsado a la antigua, en tanto que la estación del Norte✪✪, situada en el Arrabal, es actualmente un centro cultural. Asimismo, la minera estación de Utrillas✪, que marcó la fisonomía
del barrio, ha quedado desfigurada. Interesantes son las de Cariñena, Caspe y Calatayud.
En la provincia turolense, a la estación de la capital le da realce la escalinata neomudéjara que
la comunica con el Óvalo, siendo destacables las otrora importantes estaciones de Caminreal✪✪, y
de Samper de Calanda. A lo largo de la fallida línea de Val de Zafán✪✪✪ que se inicia en Alcañiz,
podemos ver las curiosas estaciones de Valdealgorfa, Valjunquera, Valdetormo o Torre del Compte,
todas ellas distintas y deliciosas, alguna de ellas reconvertida en establecimiento hotelero.
116
FERROCARRIL
Si la primera línea española nace en
1848, el primer tendido férreo no llegó a Aragón hasta 1861. Al trayecto con Barcelona
por Lérida (1861), se le unieron dos ramales
(Tardienta-Huesca, 1864; y Selgua-Barbastro,
1880). También en 1861 se llegaba a Alsasua,
línea a la que se conectarían dos ramales ya
en el siglo XX (Borja-Cortes de Navarra —de
vía estrecha— y Tarazona-Tudela). En 18631864 se llegaba a Madrid por Calatayud y
La estación de Torre del Compte
compañía distinta conectó por segunda vez
ha sido convertida en un hotel
con Barcelona (1879), ahora pasando por
Caspe. Entre 1893 y 1895 se abren nuevos
horizontes: se inaugura el trazado Huesca-Jaca (la llegada a la frontera aún tardaría 38 años), y se une
Aragón con Valladolid, vía Ariza. Cuando comienza el siglo XX, siguen sin ferrocarril, entre otras poblaciones,
Aínsa, Tamarite, Ejea, Tarazona, Borja, Cariñena, Daroca, Fraga, Alcañiz y Teruel. Se atisba la llegada a Valencia, pero Francia queda lejos todavía.
En 1901, Teruel dejaba de estar aislada, pues se subía a la línea Sagunto-Calatayud; en 1928, se unían
Jaca y Canfranc; y un año después se enlazaba Calatayud con Soria.
El Bajo Aragón tenía grandes expectativas, pues —durante el gobierno de Primo de Rivera (19231930)— se había construido toda la infraestructura de la línea que uniría Teruel con Alcañiz, para prolongarse por Caspe, Mequinenza y Lérida hasta Pobla de Segur. Su apertura se retrasó y, aunque en 1939 se
trabajó en el tendido, jamás llegó a inaugurarse. Alcañiz, no obstante, consiguió al final su tren, pero este
le unía a Zaragoza y San Carlos de la Rápita (1942). Teruel y Alcañiz se desvinculaban. Sin embargo, quien
lograba sus propósitos era Cariñena: sobre el ferrocarril de vía estrecha que le unía con Zaragoza, se construyó, en 1933, la línea Zaragoza-Caminreal.
Construida la red básica, quedaban los retoques, los consoladores ramales de vía estrecha, los ferrocarriles mineros, varios proyectos jamás realizados y bastantes frustraciones. Ejea se enganchaba a un
ramal de vía estrecha que iba de Sádaba a Gallur (1915), mientras que, para evitar el rodeo por Huesca, se
enlazaba Zuera con Turuñana en el camino hacia Francia. Tres líneas mineras —dos de vía estrecha y una
de trazado normal— transportaban carbón y mineral de hierro: Zaragoza-Utrillas, Ojos Negros-Sagunto y
Andorra-Escatrón.
En 1949, una compañía estatal —RENFE— se hacía para su explotación con todas las concesiones de
vía ancha. Hoy, por no haberse construido o por cierre de varias líneas, comarcas enteras y poblaciones
importantes del tejido aragonés no tienen tren. Entre las últimas, recordaremos algunas: Aínsa, Graus,
Barbastro, Tamarite, Fraga, Ejea, Borja, Tauste, Alcañiz, Daroca y Andorra.
En la actualidad, el AVE ya atraviesa Aragón de este a oeste, pero muchas de las líneas tan trabajosamente logradas por nuestros mayores han sido levantadas o tienen problemas estructurales,
como son los casos de la línea pirenaica y la turolense. Más que nunca se puede decir que no existe
una estructura regional del ferrocarril. Afortunadamente, los lechos alargados de las vías y bastantes
estacionesa han sido recuperados para el asueto, el paseo en paz o la práctica del deporte. Forman
parte de las denominadas vías verdes✪✪a, a las que se les dedica espacio aparte.
117
GENTILICIO
Sabido es como en nuestros pueblos
muchas veces no basta con el apellidoa oficial para distinguir a sus habitantes unos de
otros, máxime cuando algunos de estos apellidos son repetitivos dentro de una misma
comunidad. Surgen entonces el apodoa o el
mote, o ambas cosas a la vez, cuyos orígenes
son muy diversos.
Ahora bien, cuando se trata de denominar a todo un pueblo o cuando se quiere exEl palacio de los marqueses de Urriés que dieron motivo,
presar de dónde es una persona se emplea el
según la tradición, a la denominación de carnicrabas
gentilicio, normalmente derivado del macrotopónimo actual (uno de Barbastro será barbastrense; el de Sádaba será sadabense; el de Andorra, andorrano) o del nombre antiguo, cual es el caso del bilbilitano (de Bílbilis) al referirse a una persona de
Calatayud. Pero como en el caso de las personas individuales, los pueblos pueden tener también sus apodos
o motes colectivos, que también tienen orígenes variados. Sirvan como muestra seis ejemplos: los de Aguaviva suelen ser los ches, los de Boltaña, pelaires o tozuelos; los de Cerler, potrencos. Los habitantes de La
Ginebrosa son rabosos; memojos serán los de Siétamo; los de Monzalbarba, cigüeños.
Como se ha dicho, el origen de estos apelativos colectivos es muy diverso, haciendo referencia a los
productos sobresalientes de sus campos (higueros), a una actitud frente al invasor (gabachos), al oficio
dominante (tinajeros, albarderos), a un pretendido aspecto (abarcudos), etc. En ocasiones, el mote colectivo
tiene su origen en una leyenda o tradición. Este es el caso de los habitantes de Ayerbe, los carnicrabas.
Veamos la explicación legendaria.
Parece ser, pero no es cuestión comprobada ni generalizada, que cada vez que se unía en matrimonio una pareja era costumbre que el titular del señorío pasara la primera noche con la dama recién casada. Naturalmente, a decir de los ayerbenses, el marqués de Ayerbe no podía ser menos que
los demás señores, y esa inveterada, gravosa y vejatoria obligación la solía cumplir en el palacio de
Urriés, morada familiar y emblema externo de su poder y señorío.
Naturalmente, la tradición (que casi siempre suele favorecer y ponerse de parte de los poderosos)
es una cosa y otra muy distinta la dignidad de las personas. Así lo entendieron unos recién casados
ayerbenses cuando ambos se negaron a someterse a costumbre tan vejatoria por mucho que el marqués
fuera el marqués. Y, en vez de darle gusto, decidieron abandonar villa, familia y trabajo para marcharse
al otro lado de los Pirineos, pues no era tan fácil dejar un señorío para instalarse en otro.
No obstante, antes de marchar ambos jóvenes quisieron dejar su impronta, como muestra de su
disconformidad, y ataron —bajo el pasadizo que llevaba a las habitaciones posteriores del palacio,
en la puerta por donde debía entrar la recién casada— una cabra, dejándole a su alcance algo de comida y agua para mantenerla callada. Al llegar la noche y bajar el marqués al esperado encuentro,
aunque el pasadizo estaba mal iluminado, pronto se dio cuenta de que aquella no iba a ser su noche.
Extendió sus manos y extrañado por la forma y por el pelaje del animal que le esperaba, exclamó
sorprendido: «¡Qué ye esto!, pero ¡si ye carni craba!». Los que, conocedores de la trama, estaban
apostados en absoluto silencio tras unos carros en la plaza Baja, asistiendo alborozados al engaño,
oyeron perfectamente tan definitoria frase, por lo que el marqués fue apodado desde entonces «Carnicraba», apelativo que de manera encomiástica pasó a denominar a quienes ridiculizaron al poder.
118
LONJA
El francés antiguo llamó loge (‘glorieta’,
‘gabinete’ o ‘camarín’) a lo que en Cataluña
pasó a ser llotja en el siglo XIV (centro de contratación de mercaderes), de donde se derivó
a toda la Corona de Aragón, de modo que hay
lonjas en Mallorca, Barcelona, Valencia o Zaragoza, pero también en lugares más pequeños.
Surgidas en la Baja Edad Media, eran
las lonjas recintos cubiertos, pero a menudo
La lonja de Alcañiz que, junto a la casa consistorial,
es el centro neurálgico de la ciudad
abiertos por alguno de sus lados, y servían de
lugar de reunión de los comerciantes, bien
para vender sus productos, bien para realizar sus operaciones mercantiles, lo que en otras latitudes les
confirió el nombre de casa de contratación. En muchas localidades se utilizaron, asimismo, para instalar
el mercado semanal. Constituyen, en realidad, uno de los pocos edificios civiles que nos han llegado de la
época, casi todas ellas de estilo gótico, aunque las hay renacentistas.
En bastantes pueblos, el atrio cubierto de la iglesia realizó estas funciones, de ahí que a muchos de
ellos se les denomine también lonjas. Tal es el caso del pequeño habitáculo abierto y así llamado de la catedral de Jaca, donde, por cierto, se halla rebajada en la piedra la vara jaquesa, patrón de medida muy extendido por Aragón.
Desafortunadamente, han desaparecido muchas, en ocasiones convertidas en capillas, pero tenemos
las suficientes como para poder rememorar esta faceta de nuestro pasado.
En Sos del Rey Católico, nacida como hospital en el siglo XIII, luego se instaló allí la lonja✪✪
que hoy podemos ver restaurada y aprovechada como centro cultural, constituyendo, con sus distintas
alturas de nivel, un bello rincón dentro de la riqueza monumental y urbana de una de las cinco villas
tradicionales.
Los habitantes de Uncastillo, dentro del extraordinario conjunto urbano de la villa, aún conocen como la lonjeta✪ al edificio gótico de dos plantas cercano a la iglesia de San Martín.
La lonja de Alcañiz✪✪, junto con la casa consistoriala y los arcos de las casas de enfrente, colabora a crear el magnífico conjunto de la plaza de España. De origen gótico del siglo XV, al modo
de las lonjas italianas, no ha perdido su belleza a pesar de las modificaciones posteriores sufridas, la
última reciente para dar cabida a un importante centro cultural.
Por último, cabe destacar la lonja de Zaragoza✪✪✪, un magnífico edificio del siglo XVI, levantado a instancias del arzobispo Hernando de Aragón siguiendo el modelo de la de Palma de Mallorca:
una gran sala rectangular, con altas columnas y bóvedas estrelladas que firmó el arquitecto Gil de
Morlanes, tan prolífico en estas tierras.
119
NOMBRE DE PILA
Mucho antes de que nacieran los apellidosa, fue necesario distinguir a las personas por un nombre, aquel que
luego se pondría en la pila bautismala cuando el bautizo
pasó a ser por aspersión. Los nombres de pila cristianorromanos —en un proceso común a todas las tierras del Imperio
que pasaron a manos de los germánicos— fueron sustituidos
por nombres de esta cultura, de modo que con los visigodos
hallamos denominaciones como Leodegisio, Ildulfo, Gunderico, Sinderedo… La nómina cambió cuando la religión católica se hizo oficial en el reino visigodo, volviendo a la
nomenclatura de los apóstoles y primeros mártires.
No obstante, la nómina de nombres de pila es muy reducida hasta finales del siglo XI, pero con la renovación religiosa de la Iglesia —sobre todo en los siglos XII y XIII— se
van a incorporar, aparte de los autóctonos, muchos nombres
que llegan a hoy (Domingo, Juan, Pedro, Guillermo, Ramón
La Virgen de la Carrodilla ha dado nombre
a no pocas muchachas oscenses, sobre todo,
o Raimundo, Jaime o Jacobo, Ferrando o Fernando, Alfonso,
de la zona de Estadilla donde está su santuario
Andrés, Bernardo, David, Esteban, Felipe, Rodrigo, Francisco,
Gregorio, Martín, Miguel, Vidal, Dominica, Dulce, Clara, Isabel,
Estefanía, Oria o Áurea, Teresa, entre otros muchos), nómina que se puede seguir fácilmente acudiendo a
los índices onomásticos de cualquier colección documental publicada que se refiera a la localidad o aledaños.
La lista se amplió algo con la aportación de los grandes santos del siglo XVI (Ignacio, Pascual, Luis,
José de Calasanz, Vicente, Carlos, Juan de la Cruz, Rosa); con la política propagandística de la Iglesia frente
a la Reforma (Rosario, Asunción, Ascensión, Inmaculada); con la vuelta a las tradiciones autóctonas ciertamente apagadas (es el caso de Jorge) o incluso poco difundidas (el caso de Pilara, poco corriente hasta
estos momentos); los estragos naturales hicieron volver los ojos hacia advocacionesa de intermediarios
de reconocido prestigio, como Roque, Bárbara o Quiteria, que han dejado huella en tantas ermitasa y fiestas en nuestro territorio.
La laicización de la sociedad española del siglo XIX y buena parte del XX amplió el abanico de nombres
de pila, aunque no pasaran por esta, como los Liberto, Libertad, Floreal, Amor, Acracio, Volterina, Espartaco,
Cristal, Hortensia o Esmeralda, lista que se atemperó durante la época franquista, que supuso una vuelta
impuesta a la tradición, hasta que el influjo televisivo y la nueva apertura a Europa invadieran el Registro
Civil de nombres como Fabiola, Vanesa, Alejandro, Sergio, Raúl, Cristian, Jessica, Ingrid, Cayetano, Willy, etc.
Todos estos nombres de pila han tenido y tienen todavía fiel reflejo en nuestra tierra. Incluso
se puede asegurar que alguno de ellos son nombres repetitivos dentro de una familia, son patrimoniales, transmitidos de generación en generación. Asimismo, se dieron hasta mediados del siglo XX
nombres únicos por poco comunes extraídos del santoral, el llamado santo del día. Sin embargo, los
muchos santos aragoneses (Paciencia, Balandrána, Úrbez, Licer) han proliferado poco si exceptuamos los de Engracia, Lorenzo, Vicente o Valero. Asimismo, han tenido fortuna desigual las advocaciones locales de la Virgena, siendo relativamente corrientes, según las zonas, los de Carrodilla,
Peña, Fuensanta, Casbas, Jara, Bella o Alegría.
120
PASO DE BARCA
Hasta época bastante reciente, las barreras naturales —montañas y ríos fundamentalmente— han sido difíciles de superar
por el hombre a ras de tierra o de agua, aunque nunca hayan supuesto un freno ni a las
ideas ni a los hombres. Casi veinte años estuvieron los cristianos en Juslibol o en El Castellar antes de atravesar el Ebro para tomar
Zaragoza, pero al final lo hicieron. Tampoco
fue obstáculo para que muchos términos municipales tengan tierras en ambas orillas.
La barca de Torres de Berrellén
en plena travesía del río Ebro
Como no siempre fue posible levantar
un puente por su enorme costo o, peor aún,
no siempre se pudo reparar el que se llevó por delante la gran riada, los habitantes de los pueblos ribereños
saltaron de una orilla a otra mediante barcas normales (siempre pequeñas) o botes preparados para el
paso de varias personas, animales, bultos y carruajes; cuando eran dos, actuaban en forma de catamarán
y eran más seguros. Todo consistía en sobreponerles una plataforma plana y unir todo el conjunto a ambas
orillas, de modo que estirando de una segunda cuerda la plataforma iba de un lado a otro.
El oficio de barquero estaba muy regulado, pues de él dependían vidas, por lo que cobraba en función
del peligro, más con las aguas altas, menos con los estiajes. Las cuerdas, siempre de cáñamo y sin nudos
hasta que el acero hizo su aparición y con él se multiplicó la seguridad, aunque nunca fue total como recuerda el accidente de la barcaza de Santa Eulalia de Gállego. También era oficio apreciado el de calafatero,
o, más vulgarmente, el de carpintero de ribera, diseñadores y autores materiales de las barcazas y a veces
también barqueros.
Cinca (Ligüerre, El Grado, Castejón del Puente, Chalamera, Fraga, Zaidín, etc.), Gállego
(Santa Eulalia, Zuera, San Mateo, Peñaflor) y Ebro (Novillas, Boquiñeni, Pradilla, Alcalá, Gallur,
Cabañas, Alagón, Torres de Berrellén, Sobradiel, Zaragoza, Pina, Alborque, Cinco Olivas, Sástago,
Escatrón, Chiprana, Caspe o Mequinenza), los tres ríos fueron ricos en este tipo de transporte, aunque
no los únicos. A veces el trayecto era de orilla a mejana y viceversa, pues estas islas en medio del río
podían estar cultivadas o acoger ganado en épocas sin riesgo.
Hoy se puede experimentar la emoción de una travesía en la enorme barcaza que atraviesa regularmente el Delta del Ebro✪✪✪. Una de las últimas en morir fue la de Novillas, pero aún funcionan
para uso agrícola o para ir de romería a El Castellar, en la orilla izquierda del gran río, las de Torres
de Berrellén✪✪ y Sobradiel✪✪, en las cercanías de Zaragoza, y en Alborge✪✪, recién rehabilitada.
Estaban tan bien estudiados y elegidos los lugares de amarre en ambas orillas que algunos itinerarios pasaron a ser posteriormente puentes, como el de Gallur o en Zaragoza, pues el moderno puente
de Santiago recuerda por su emplazamiento a la barca del tío Toni, como bien saben nuestros mayores. Otros no tuvieron fortuna y la falta de puente —entre Boquiñeni y Pradilla, por ejemplo— obliga
a dar un rodeo enorme para llegar al segundo desde Zaragoza. Hoy se ha recuperado afortunadamente
la barca de Boquiñeni✪✪.
121
PUENTE
El que en todos los billetes de papel
euro de la Unión Europea aparezcan impresos
puentes distintos no es cosa del azar. Sin
lugar a dudas, significa el deseo manifiesto y
común de unión y de colaboración que debe
prevalecer entre los distintos pueblos europeos y el mundo. El puente material —sea de
madera, piedra, hierro u hormigón— une orillas y tierras opuestas, pero también deja paso
a pueblos, a mercancías y a ideas.
El puente de Luco,
Tampoco es casual que en Aragón exislevantado para salvar las aguas del río Jiloca
tan numerosos puentes, ya que históricamente ha sido y es tierra de paso, con abundantes accidentes geográficos que salvar pero con deseos de
relacionarse con los otros. Para hacerlo, el aragonés de antaño levantó puentes por los que aún atraviesan
caminos, carreteras, ferrocarrilesa o canalesa. Nuestro paisaje está lleno de ellos, en pie los más, derruidos
otros. Hoy, cuando con las enormes estructuras de hormigón armado se tienden puentes en pocos días o,
como mucho, en meses, no nos hacemos idea de lo que costaba levantarlos antaño, por lo que para atravesarlos, pontazgo hubo que pagar durante siglos.
Tal era la dificultad para solventar el obstáculo del Ebro que, hasta época moderna, entre Logroño y
Zaragoza solo hubo dos pasos: en Alcanadre, que significa ‘puentes’, y en Tudela; asimismo, en Zaragoza
solo hubo uno, el de Piedra, y, sin embargo, para la Exposición del 2008 surgieron cinco en Zaragoza capital
y entorno. El camino hasta el puente moderno ha sido largo y muy costoso. Por eso, al ver el puente de
Olvena, que une de forma inverosímil las dos orillas de su congostoa, solo cabe admiración y agradecimiento a los mayores. Y, como ese, Aragón tiene muchos.
De cómo pudieron ser los primeros puentes, el del Mar✪ sobre el Jiloca, en Calamocha, puede
ser una muestra, adintelado él, construido uniendo la hilera de piedras con losas planas; adintelado
pero de madera es el de Calmarza, sobre el río Mesa, junto a la fábrica de papela. Puentes de tablas,
muy usados en el pasado, los encontramos aún en la azucareraa de Calatorao, y en Teruel, donde
son bastante abundantes, como el del Hostal de la Trucha✪, en Villarluengo.
La mayoría son de piedra y quedan muchos medievales —románicos y góticos—, pero también
los hay de los siglos XVI al XIX. Así es que, aunque mezclados, citaremos algunos. Sobre el Aragón,
el de San Miguel✪✪ en Jaca; salvando el Gállego, el de Anzánigo✪✪; el de Capella✪✪✪ atraviesa el
Isábena; y Perarrúa tiene dos, de origen romano uno, el medieval, magnífico✪✪, al que se le parece
mucho el de Besiáns; casi inverosímil es el de Olvena✪✪ sobre el Ésera. Torla✪, sobre el Ara, y el de
Rodellar✪, en el barranco de Mascún, es casi imposible. El Alcanadre muestra uno bonito cerca de
Bierge✪, mientras Nocito✪ une sus dos barrios con uno medieval; el de Montañana✪ destaca por el
marco y por su airosa factura. En latitudes más sureñas, es muy hermoso el que atraviesa el Jalón✪✪
entre Morata y Chodes; y merecen la pena los de origen romano en Luco✪✪✪ y Calamocha✪✪,
ambos sobre el Jiloca. Formiche Alto✪✪ tiene uno de los siglos XV y XVI.
Puentes más modernos son los de hierro, de los que Aragón es rico. Son ejemplo suficiente los
de Gallur✪✪ y Sástago✪✪, y los varios de Zaragoza: puente de Hierro o del Pilar, el del Gállego (modernista) y el puente de América, en el Canal Imperial; espectacular es el de Torre del Compte✪✪✪
que atravesaba el ferrocarril del Val de Zafán y, por supuesto, el viaducto✪✪✪ que en Teruel une las
dos partes de la ciudad y ahora descansa porque le ha salido uno nuevo.
122
RELOJ DE SOL
El control del tiempo y su distribución
han sido obsesiones de la humanidad, sobre
todo desde que el ser humano se hizo sedentario. Maravilla conocer los ingenios de la
mente para controlar el tiempo. Pero el reloj,
tal como lo conocemos hoy, es una invención
relativamente reciente, a partir del siglo XIV.
La aparición del reloj de ruedas de movimiento con pesas significó la popularización
de los relojes públicos de torre, toda una reInteresante reloj canónico de sol en San Miguel de Foces
volución que, no obstante, tardó en popularizarse. No es de extrañar que, inventado
aquel, se construyeran relojes de sol, más seguros y muy abundantes desde el siglo XVI, un ingenio barato
y fácil de construir, de modo que no hubo pueblo sin reloj de sol aunque se hayan perdido muchos de
ellos.
Tres son sus componentes: la faz o superficie (de cemento, madera, pizarra, piedra, cerámica, etc.)
donde se marcan las líneas horarias; las líneas horarias, simples rayas; y el estilo o gnomon, la varilla cuya
sombra señala la hora. La faz puede disponerse tanto horizontal como verticalmente, y la superficie puede
ser plana, curva o poliédrica, no importa. Lo normal es el reloj vertical, en paredes de iglesias, ayuntamientos, casonas, puertas-arco, etc.
La diversidad de los relojes de sol reside fundamentalmente en el tipo de material utilizado para hacer
la faz y su decoración, pues admite color, figuras y textos (algunos están fechados, por ejemplo). También
dependen de la precisión de los cálculos matemáticos para diseñar las líneas horarias, que los hacen más
o menos exactos.
En algunos conventos, más que las horas convencionales les interesó que su reloj marcara las
horas religiosas o canónicas, y así lo podemos ver en un muro de San Miguel de Foces✪✪✪, cerca de
Ibieca, con las iniciales de las mismas: P[rima], T[ercia], M[ediodía], N[ona], V[ísperas].
Relojes convencionales verticales más o menos cuadrados hay muchos, aunque la mayor parte
en estado de deterioro, y piden a gritos una rehabilitación nada costosa. Los hay en catedrales: Jaca
(en la torre campanario) y Teruel; se pueden ver en iglesias parroquiales: Cabra de Mora, Orna, Peralta de Alcofea, Alagón✪✪ (en la torre mudéjar del siglo XIV, si bien fue añadido en 1649), despoblado de Acín (de 1879); aparecen en monasteriosa, santuarios, capillas y ermitasa, como los de
Rueda, Monlora (de 1939), Blesa✪✪ (con restos de policromía); en fachadas de ayuntamientos: Camañas (de 1914), Torre del Compte, Castelserás, etc.; en palaciosa y casonas: Ayerbe (compitiendo
con el reloj mecánico del municipio) o Lechago (casa de los Baselga); en puertas-arco: Quinto tiene
dos, en la de San Miguel (1828) y en la de San Roque✪✪ (1776, con inscripción latina que traducida
dice: «Mis días pasaron como una sombra»); en plazas, como la de España✪✪ de Calatayud (policromado, de 1793, tras un balcón).
Como ejemplo de reloj de faz circular, formato poco usual en Aragón, valga el de Pina✪✪, fechado en 1876.
123
SENDERO
La palabra sendero, o si se quiere senda,
tiene un significado muy concreto: el de camino estrecho abierto generalmente por el
tránsito de peatones. Nuestros campos y
montes están llenos de ellos y suelen conducir a bosques, huertos, cuevas, etc., lugares
más o menos apartados e inaccesibles de
nuestros pueblos, aunque actualmente muchos de ellos hayan caído en desuso.
Sin embargo, en la actualidad este voSeñal de GR1 a su paso por Puente de Montañana
cablo, además del tradicional, ha tomado un
nuevo sentido, y ha pasado a designar un recorrido o itinerario diseñado de tal manera que —aprovechando caminos, pistas, veredas, cañadas, calzadas
históricas y sendas antiguas que buscaban los pasos más adecuados por valles, collados y cordales— se
puedan visitar lugares considerados de interés paisajístico, cultural, turístico, histórico, artístico o social.
Estos senderos de Gran Recorrido [GR], de más de 50 km o de Pequeño Recorrido [PR], de menos de
50 km constituyen una verdadera red de itinerarios peatonales señalizados y homologados que tratan de
evitar, siempre que es posible, vías con tránsito de vehículos o zonas industriales y urbanas.
De esta manera, nuestro país se ha enganchado a la corriente senderista extendida por toda Europa
y son miles los caminantes que los utilizan cada año. Aragón se ha incorporado a esta interesante corriente
cultural, como no podía ser menos, pues varios de los europeos atraviesan el corazón de los Pirineos. Como
es imposible describirlos todos, seleccionaremos una muestra.
El GR 1, iniciado a comienzo de los años ochenta en Ampurias, atraviesa Cataluña, Aragón,
Navarra, Álava, Cantabria y León, para penetrar por el Bierzo en Galicia. Muy utilizado por montañeros y senderistas es el GR 11, que une el Mediterráneo y el Cantábrico por todo el Pirineo. El
GR 10, de 205 km, recorre el Sistema Ibérico desde Rubiales hasta Orihuela del Tremedal, por las
serranías de Albarracín, Montes Universales y Macizo de Javalambre, entre grandes pinares y carrascales. En realidad, forma parte del Sendero Europeo E-7, que va desde el Mar Negro (en Rumanía)
hasta Lisboa, enlazando con otros muchos de largo y corto alcance.
Huesca es la provincia con mayor número de senderos; tres de ellos son paralelos entre sí de
manera transversal: el GR 11 citado, que da a conocer la cadena pirenaica; el GR 1, que transcurre
por las Sierras Exteriores; y el GR 15, que entre ambos lleva a tierras navarras. Otros, en dirección
norte-sur, atraviesan las comarcas históricas de los Pirineos: la Ribagorza (GR 18), el Sobrarbe (GR
19) y el Serrablo (GR 16). De tierras francesas e italianas llega uno de nuestros senderos más conocidos, el Camino de Santiago (GR 65.3) y su variante (GR 65.3.3) del puerto del Palo, que entra
por al valle de Echo. El GR 45, con un itinerario circular, nos permite conocer el somontano de Barbastro. Algunos de estos senderos conllevan una red propia de Pequeño Recorrido [PR] que parten
del sendero principal a algún lugar de interés o enlazan varios GR. El GR 90, todavía en fase de señalización, pretende unir todas las tierras del Ebro, desde Cantabria hasta Cataluña.
Estos senderos son, pues, modernos pero difícilmente se puede aglutinar más patrimonio de todo
tipo en sus recorridos. Existen mapas y guías de todos ellos.
124
SOPORTAL
Ante un clima cercano a lo extremado
—con inviernos bastante fríos y ventosos
cuando el cierzo arrecia y veranos de calores
tórridos en el centro del día— nuestros antepasados adecuaron espacios más o menos
largos en los que poder comunicarse. Para comerciar o tomar un mosto con el amigo, para
la espera de la cita o para festejar cuando no
se precisaba intimidad, el soportal era y es el
sitio adecuado. La lluvia, la nieve, el viento y
la solanera, en la calle abierta, a escasos metros.
Soportales de la villa de Ráfales, en tierras del Matarraña
Es el soportal un espacio porticado en torno a una plazaa, a lo largo de una calle o bajo un gran edificio y, aunque buena parte de ellos nos los han legado las gentes del Medievo o quienes vivieron en los
siglos XVI y XVII, aún son útiles. Muchos, por su belleza, son atractivo para turistas, máxime si aún se esparcen bajo sus arcadas los puestos del mercadoa, como ocurre en muchos pueblos. No son todos iguales,
pues la zona geográfica, la época de construcción, el estilo imperante y hasta la tradición los hacen distintos
unos de otros.
En las zonas de montaña, casi todos de origen medieval, son bastantes recios y construidos con
piedra; pero, conforme descendemos hacia el llano, los soportales renacentistas crecen en altura y en ligereza, combinando madera y piedra, y suelen formar parte de lonjasa, casas consistorialesa, palaciosa
e incluso cárcelesa. Y, como seguían siendo útiles, nacieron otros nuevos, como en los modernos bulevares
de imitación francesa del siglo XIX (el paseo de la Independencia de Zaragoza es ejemplo) o con el estilo
neomudéjara de finales del XIX y comienzos del XX, como hizo la ciudad de Barbastro cuando, en 1926,
restauró la magnífica plaza de su mercadoa.
En el Bajo Aragón, en el Matarraña y en el Maestrazgo hay magníficos soportales, caracterizados en
su mayor parte por el arco de medio punto. Muchos forman parte indisoluble de magníficas casas consistorialesa o cárcelesa.
De norte a sur, abrieron soportales las gentes de Benabarre y de Aínsa, donde el conjunto de
su plaza✪✪✪ concita admiración unánime. Duplica soportales Graus en su plaza Mayor✪✪, con edificios como el ayuntamiento del siglo XVI, y en la plaza de España, con casas como las de Bardaxí,
del Barón o de Heredia. Pequeña pero recoleta es la plaza Vieja✪ de Alquézar; bastante mayor pero
no por eso menos entrañable, la citada plaza del Mercado✪✪ de Barbastro, con vocación de estilo
historicista. Soportales para admirar los hay en Estadilla y Fonz y en alguna de las cinco villas tradicionales como Sos del Rey Católico, Uncastillo y Ejea de los Caballeros.
En el somontano del Moncayo, merece una parada la plaza Mayor de Torrellas, y, cómo no, la
plaza del Mercado✪✪ de Borja. Soportales hay en la plaza de la colegiata de Daroca y en Caspe,
donde se abren los llamados Arcos del Toril. En Zaragoza existen soportales en varios sitios, pero por
su magnitud es cita obligada el paseo de la Independencia✪✪, que toma como modelo el paseo de
Rivoli de París, o la más moderna plaza San Francisco.
Tienen soportales la plaza de España✪ de Alcañiz y de Calanda, y la plaza Mayor de Albarracín;
también la parte baja de muchas casas consistorialesa del Bajo Aragón, como Calaceite, La Fresneda
o Mazaleón, así como en el antiguo mercado de Andorra. En fin, la recoleta plaza del Torico✪✪ de
Teruel abre soportales en todo su perímetro.
125
VENTA
Los rótulos de parador, hostal, hotel,
hostería, fonda… anuncian establecimientos
distintos, precios distintos y prestaciones distintas cuando se trata de hacer un alto en el
camino que hoy se recorre a cien kilómetros
por hora. Antaño, aunque la velocidad fuera
diez veces menor que ahora, se viajaba también y se precisaban paradas para reponer las
fuerzas de personas y animales; los rótulos, si
los había, eran distintos: taberna, posada,
Restos de la que fuera importante Venta del Cuerno
mesón, venta, palabras que parecen sinónien el camino de Zaragoza a Teruel
mas pero que admiten matices. Algunos de
estos establecimientos fueron tan famosos
que quedaron en la toponimia: Venta de Baños (Palencia), Tabernas (Almería), Tabernas de Isuela (Huesca),
Venta del Olivar (Zaragoza). Algunas llegaron a las páginas literarias, como la turolense Venta de Mirambel,
título de una novela de Baroja.
Las ventas solían estar en despoblado, entre núcleos habitados, y las había mejores y peores. Pero
una venta que se preciara, aparte de la sala del mostrador y mesas para las comidas, debía tener un saladero
(donde conservar tocino, cecina, jamones y bacaladas), una fresquera para preservar los víveres, un pozo
(generalmente en medio de un patio interior), gallinero y palomar, y un huerto, vivero de hortalizas. Para
los animales, cuadras, donde solían dormir también las personas sobre un lecho de paja.
Como dice la vieja copla, «no hay ningún río sin puente / ni camino sin vereda, / ni vereda sin parada, / ni parada sin su venta». Pero los avances del automóvil y del ferrocarril fueron el comienzo del fin de
las ventas; como escribió Julio Camba, el ferrocarril ha matado la mayoría de mesones, ventas, fondas…
que acogían al viajero en los antiguos caminos. Poco a poco, fueron cerrando sus dependencias que, en
buena parte, siguen intactas solo que ignoradas por completo, siendo muy pocas las reconvertidas a la
modernidad.
Podemos ver ventas abandonadas en parajes complicados por la existencia de montañas, como
en la ruta que desde el pantano de La Peña conduce a Jaca por el difícil puerto de Oroel, al pie del
Camino Reala: del Zapo, varias en torno a Bernués (Val Pregona, Biella, Gabardiella), Moncheta,
de León, de Barranco Fondo. En el camino de Villanueva a Castejón de Valdejasa, la del Cascón.
En la ruta de Alagón a Sos: del Porro (entre Remolinos y Tauste), de Íñigo (entre Tauste y Ejea), de
Chela (junto al Bolaso), del Majo y del Zapato (cerca de Sos).
Las había en los altiplanos rectos, como en la ruta de Cariñena a Valencia: de Huerva (cerca
de Mainar), de las Cañadas (entre Mainar y Retascón), casa de Santiago (Villafranca del Campo),
de los Céntimos (entre Luco y Calamocha), Valenzuela (Cella), Guarina (Caudé), del Cardo (cerca
de Teruel), del Puente (antes de ascender al puerto de Escandón, todavía viva), de la Esparraguilla
y de la Campanera (cerca de Sarrión).
La lista es amplia, así que terminaremos en la ruta Alcañiz-Teruel: de la Pintada (hoy viva,
cerca de Gargallo), del Cañizar (en Cañizar del Olivar), de Calvo y Trullén (entre Los Olmos y Alcorisa), la Alta y la Baja (en Peralejos), del Lino (cerca de Villalba Baja).
126
VÍA VERDE
Sobre sus raíles se podría atravesar Europa de lado a
lado. Siete mil kilómetros de vía férrea —después de haberlos
diseñado, tras de arduos trabajos humanos y no menos gastos— han quedado fuera de servicio o nunca transportaron
pasajero alguno porque nunca llegó el momento de su inauguración. De eso saben mucho los pueblos que median entre
Alcañiz y Teruel, que se quedaron con sus bellas estacionesa
sin ser vividas. Y con túneles y puentes sin atravesar vagón
alguno.
En nuestra tierra, se quedaron sin ferrocarril Tarazona
y Borja, Aínsa y Graus, Ejea y Tauste, Daroca y Andorra, Barbastro, Tamarite y Fraga. Cinco de ellas son ciudades, pero
¿de qué les vale? Entre todas, con sus pueblos de alrededor,
más de cien mil aragoneses privados directamente de un
beso de andén.
Un movimiento de alcance europeo —apoyado por el
La vía verde del Tarazonica
a su paso por Malón
MOPU desde 1993, y luego por el Ministerio de Medio Ambiente, más FEDE y RENFE— ha decidido reutilizar los lechos
de los ferrocarriles abandonados, habiendo alcanzado ya en España los 1300 km.
Han nacido en buena hora las vías verdes que no solo enlazan patrimonio a raudales, sino que permiten a cicloturistas y andarines de cualquier edad hacer deporte o simple ejercicio en sosiego, sin ningún
octano que contamine. Cuatro son los itinerarios acondicionados en Aragón, pero aspiran a ser más. Son
vías seguras, con señalización específica, que se articulan en etapas y, aparte de atravesar ríos sobre bucólicos puentes y túneles llenos de silencios en los que se oye hasta el jadeo del simple andar, recalan en
estaciones, magníficas algunas, y en pueblos que tienen mucho que ofrecer para la vista, para el paladar
y para el alma. Se trata de una nueva cultura del ocio.
La vía verde del Campo de Borja, por ahora de 10 km, enlaza Borja con Agón. Aún es más
proyecto que realidad.
La vía verde Ojos Negros II✪, en un tramo aún, de 78 km enlaza Barracas y Cella. Todavía quedan raíles, por lo que aún cabe la posibilidad de un tren turístico entre Santa Eulalia y Ojos Negros,
dejando de ser vía verde en ese tramo. La solución está vinculada al futuro de Sierra Menera.
La vía verde de la Val de Zafán✪✪ lleva, a lo largo de veinticinco km de Alcañiz a Valdetormo,
pero pretende llegar a Arens y Lledó. Apeadero de Alcañiz, vegas del Guadalope (atravesado sobre
magnífico viaducto) y del Redolmos, estaciones neomudéjares de Valdealgorfa y Valjunquera; túneles
de hasta 2136 m, trincheras, terraplenes, fuentes de aguas calizas. Olivosa y almendrosa son los dueños del campo.
La vía verde del Tarazonica✪✪, nacida en 2000, recorre 22 km entre Tarazona y Tudela. En
medio, Vierlas, Malón, Tulebras, Cascante y Murchante. De firme bueno, contará pronto con estaciones-albergue. El río Queiles es su compañero de viaje pues corre cerca.
Está en fase de propuesta la vía verde del Cariñenica, de 16 km entre Zaragoza y María de
Huerva, que tropieza con graves destrozos en su trazado. Otro proyecto, el Valfambra, lleva de Teruel
a Alfambra; se ha habilitado un trayecto alternativo, pero todavía no puede ser llamado vía verde.
Muchos túneles, al menos, están tabicados. El trayecto es precioso y merece ayuda.
127
VI
LOS SÍMBOLOS DEL PODER
h
Cárcel ..................................................................................... 131
Casa consistorial .................................................................... 132
Casa de la Comunidad ........................................................... 133
Castillo ................................................................................... 134
Derecho aragonés................................................................... 135
Diócesis .................................................................................. 136
Diputación Provincial............................................................ 137
Frontera.................................................................................. 138
Humilladero ........................................................................... 139
Inquisición ............................................................................. 140
Justiciazgo............................................................................... 141
Mina de sal ............................................................................. 142
Palacio.................................................................................... 143
Palacio episcopal .................................................................... 144
Provincia ................................................................................ 145
Real Audiencia .......................................................................146
Real Sociedad Economica de Amigos del País ...................... 147
Salina ......................................................................................148
CÁRCEL
Derivado de la palabra latina carcer, el término cárcel
aparece documentado a mediados del siglo XII, pero la realidad es que pasa de puntillas por la documentación medieval
e incluso por la moderna. Sea como fuere, quienes infringían
las normas justas o injustas de cualquier momento histórico
terminaron siempre en reclusión, y no precisamente en estancias de mínima habitabilidad. Siempre estuvieron en edificios dependientes de la autoridad pública o religiosa, fueran
palaciosa, edificios consistoriales o castillosa, dando lugar
a las truculentas mazmorras, destacando hasta bien entrado
el siglo XIX las dependientes de la Inquisición. Generalmente,
las prisiones estaban equipadas con instrumentos de tormento.
El desarrollo progresivo de los municipios a lo largo del
Antiguo Régimen conllevó la creación de cárceles municipales donde los vecinos de un lugar, los vagabundos o los foUna de las dos cárceles
que se conservan en La Fresneda
rasteros que hubieran cometido delitos permanecían durante
un tiempo variable, bien a la espera de juicio o como paso
previo a las galeras, minas o la deportación. En estas cárceles los penados solían organizarse por su cuenta.
Este modelo de raíces medievales cambió a lo largo de la Edad Contemporánea, adoptando primero
el modelo panóptico de Benthan (edificio en el que toda la parte interior se dominaba desde un solo punto)
y después el de Crofton (basado en la reinserción de los reclusos), a la par que se creaba un modelo estatal
específicamente levantado para la población reclusa, con todo tipo de servicios para su atención. En muchos
pueblos y ciudades de Aragón existen rastros de prisiones de distintas épocas, desde los más simples habitáculos a las más modernas.
Algunas cárceles han adquirido cierta notoriedad, como la casa del Valle, en Broto; la torre
del Reloj o de la Cárcel y el fuerte de Rapitán, en Jaca; la cárcel-torreón de Puértolas; las de las encomiendas templarias del castillo de Monzón o la de Belver de Cinca. Una cárcel histórica es, asimismo, la Torre del Trovador de la Aljafería de Zaragoza, empleada desde la Edad Media hasta el
siglo XIX por la Inquisición y en la que aún se pueden ver las pintadas de los antiguos presos. Si famosa fue la cárcel de Manifestación de Zaragoza, luego se le añadieron durante la Guerra Civil las
de la casa de Escobereta en el barrio de San Pablo, el hospicio de la Misericordia y el convento de
Casablanca, además de la de Torrero, que ha sido derribada. Ejemplo singular es el campo de concentración y cárcel de Santa Eulalia del Campo.
De entre todas las cárceles recuperadas para refrescar la memoria histórica están los bajos del
ayuntamiento de Albarracín. Pero sobre todo destacan las de la comarca del Mezquín-Matarraña
que han dado lugar a la ruta de las Cárceles✪✪✪, la mayoría de ellas localizadas en las plantas bajas
de ayuntamientos o casas consistorialesa, como allí se les denomina, y muchas de las cuales datan
del siglo XVI y se mantuvieron activas hasta principios del XX. Las mejor conservadas son las de
Mazaleón, La Fresneda, Ráfales y Calaceite, pero son interesantes también las de Torre del Compte,
Peñarroya de Tastavins, Monroyo, Belmonte de San José, Fórnoles, Torre de las Arcas y Cretas. La
Oficina de Turismo de Beceite, por ejemplo, se ha instalado en la antigua cárcel, lo mismo que en
Yésero el Centro de Interpretación de la Pez.
131
CASA CONSISTORIAL
En principio, hasta el siglo XIV, las asambleas concejiles
no dispusieron de edificio propio y aún entonces fueron
pocas. En Huesca, la primera conocida data del siglo XV en
el mismo solar que el actual. Y es que la casa concejil (modernamente llamada consistorial), como símbolo del poder
del pueblo que elige libremente a sus mandatarios, es tardía.
Hay que tener en cuenta que muchos pueblos pertenecieron
bien a señoríos laicos, bien religiosos, destacando entre estos
últimos las órdenes militares y los obispos.
En la Edad Moderna, los municipios trataron de desvincularse poco a poco de aquellos lazos señoriales hasta llegar
a emanciparse, de manera que la casa consistorial se convertirá en el símbolo del nuevo poder y, como tal, deberá rivalizar con el antiguo castillo o palacio señorial. Habrá que
esperar al siglo XVI para encontrar los primeros ejemplos
conservados.
No por casualidad los ejemplos mejores radican en poblaciones de obediencia señorial, aunque no faltan tampoco
en poblaciones de realengo, como se verá.
Ayuntamiento de Valderrobres,
de estilo renacentista,
rivalizando con el castillo-palacio
del arzobispo zaragozano
No es de extrañar, por lo tanto, que en buena parte del Bajo Aragón, casi todo él en manos eclesiásticas, las casas consistoriales se conviertan en verdaderos palacios del pueblo, rivalizando en monumentalidad y lujo con las mansiones señoriales, como los casos de Alcañiz o Valderrobres.
Ejemplos señeros de ayuntamientos ubicados en tierras de realengo pueden ser los de Jaca✪✪,
Tarazona✪✪ y Borja✪✪, todas ellas ciudades, construidos en el siglo XVI, que es cuando se va a fijar
el prototipo de edificio consistorial más abundante —sea de piedra, ladrillo o mezcla— con porches
o lonja abiertos generalmente a la plaza mayor también porticada.
El Bajo Aragón histórico atesora elegantes ejemplos de este nuevo prototipo: la casa consistorial
de Alcañiz✪✪, construida entre 1565 y 1570, es renacentista; en La Fresneda✪✪✪, fue edificada en
el siglo XVI como símbolo del arte renacentista-plateresco. El ayuntamiento renacentista de Valderrobres✪✪, finalizado en 1599, rivaliza en monumentalidad con el palacio del arzobispo zaragozano.
La de Mazaleón✪✪, edificada entre los siglos XVI y XVII, es ejemplo de la lucha por la libertad
a través del tiempo. La de Calaceite✪✪, de estructura más sencilla, fue construida a principios del
siglo XVII. Cañada de Benatanduz, Ejulve, Monroyo o Torre del Compte, entre otras poblaciones
bajoaragonesas, alargarán este tipo de construcciones hasta pleno siglo XVIII.
Fuera de este ámbito, dispersos por Aragón, existen magníficos ejemplos: Graus✪✪ (haciendo
juego con las magnífica plaza porticada), Bielsa✪ (de elegante sencillez), Calatayud✪ (con gran balcón corrido poco habitual); Ateca✪ —del siglo XVII— es una muestra de mezcla de piedra y ladrillo.
En fin, sirva como ejemplo de otros muchos posibles pueblos pequeños la casa consistorial de Torrijo
de la Cañada✪✪, en los aledaños de Calatayud, de 1582-1599, de ladrillo, con impronta mudéjar y
de profusa decoración.
132
CASA
DE LA COMUNIDAD
Hasta la conversión en reino (1035),
Aragón careció de la más mínima estructura
político-administrativa, de modo que los condes aragoneses se basaron en los monasterios
para la organización del territorio. En el siglo
XI, los reyes de Aragón se ayudaron para ello
en las tenencias, pero el costo fue muy
grande pues parte del territorio pasó a depender de los tenentes o seniores. Para paliar esta
Antigua casa de la Comunidad de Teruel
sangría, ya desde Alfonso I el Batallador se
configura una nueva forma de organización,
las comunidades de aldeas que le permitían al rey no enajenar tierras de realengo. Se trataba de agrupaciones de varios lugares y aldeas en torno a una ciudad o villa, y tenían autonomía jurídica, con la doble
finalidad de la defensa común de una zona fronteriza con los musulmanes y de la ordenación y explotación
del territorio. Ideadas en el siglo XII, es en el XIII cuando quedan definitivamente fijadas, cuando las aldeas
lograron un alto grado de emancipación respecto a la cabecera, llegando incluso a independizarse. Conviene
recordar que las cuatro capitalidades o sedes —Calatayud, Daroca, Teruel y Albarracín— adquirieron el estatus de ciudad.
Las aldeas quedaron bajo la jurisdicción directa del rey y obtuvieron algunos derechos importantes,
como el de la representación en Cortes, por ejemplo, pero los pleitos entre las ciudades cabecera y las
aldeas —que trataron siempre de emanciparse— por los pastos, el ganado, la madera, etc., fueron constantes. Para dirimirlos, se erigieron en las cuatro ciudades las casas de la Comunidad, donde aldeas y ciudad
solventaban sus diferencias. De ellas nos han quedado los edificios, aunque ahora cumpliendo cometidos
distintos.
La Comunidad de Daroca tenía fijados ya sus límites en 1142, aunque la casa de la Comunidad
de Daroca✪ es posterior, habiendo llegado a nosotros el edificio de los siglos XVII y XVIII sito en la
calle Mayor (plaza de San Pedro).
La Comunidad de Calatayud data de 1131. La posterior casa de la Comunidad de Calatayud se
ha convertido en casa de la Cultura, en la plaza de la Comunidad, edificio totalmente reedificado a
comienzos del siglo XIX y reformado en los años noventa del XX.
La Comunidad de Teruel se configuró en la segunda mitad del siglo XIII en permanente lucha
con las aldeas. La casa de la Comunidad de Teruel✪✪ realiza actualmente las funciones de Museo
Provincial. Se trata de un bello edificio renacentista del siglo XVI, de influencia manierista, que
tiene su paralelismo en las casas consistoriales de Alcañiz y Valderrobres de la misma época.
La Comunidad de Albarracín nace en 1284, un año después de que la ciudad se incorporara al
reino de Aragón. La primitiva casa de la Comunidad de Albarracín✪ destaca por su arco de medio
punto de la puerta principal y la labor de forja de sus rejas con decoración de aves. Se encuentra en
la plaza de la Comunidad. No obstante, como esta comunidad sigue viva, existe otra casa de la Comunidad en Tramacastilla✪, más reciente, donde se encuentran todos los archivos de la Comunidad,
puesto que la capitalidad pasó a esta villa en el siglo XVII.
133
CASTILLO
Aragón es rico en ruinas de tiempos pasados; entre ellos, los castillos. Pero, ¿qué es
un castillo? ¿Qué y a quién defendía? ¿Qué
tierras de labor dominó y de quién son ahora?
¿Por qué para entrar he tenido que pedir la
llave al cura y no al alcalde? Nuestros castillos
atesoran respuestas a estas y otras muchas
preguntas, pero hay que preguntarles con intención. Así es que más que atender a los elementos constitutivos para clasificarlos, lo
haremos atendiendo a sus funciones.
El de Loarre es el único castillo románico
que queda en pie en España
Muros y troneras, saeteras y torres han
defendido siempre ideas, modos de vida, credos religiosos y formas de pensar de personas y grupos concretos. Por eso los castillos surgen cuando dos
concepciones distintas de la existencia se ponen frente a frente: musulmanes y cristianos.
El primero que se fortifica es el mundo musulmán contra los cristianos y contra sí mismos dado el
mosaico de territorios que pretendieron independizarse de Córdoba cada uno por su lado.
En el siglo XI, los cristianos levantaron fortalezas para asegurar las lentas ganancias territoriales, destacando la línea fortificada en el Prepirineo por Sancho III el Mayor. A partir de ella, los reyes, para pagar
los servicios prestados, entregaron castillos en tenencia a seniores que gobernaron el territorio en nombre
del monarca y que tendieron a transmitir el honor dando lugar a los señoríos, que también quedaron reflejados en el entramado de castillos. Hasta algunos obispos y monasterios, además de las órdenes militares,
gobernaron castillos en nombre del rey. Este tuvo mucho cuidado de no enajenar aquellos castillos que
estaban en la frontera con Navarra y Castilla, es decir, los fronterizos.
De los castillos musulmanes son ejemplo los de María de Huerva, Alfajarín, Calatayud✪, Rueda
de Jalón y, sobre todo, la Aljafería✪✪✪ zaragozana, levantada al mismo tiempo que la catedral de
Jaca.
En la línea defensiva levantada por Sancho III el Mayor en el siglo XI destacan varios (Ruesta,
Sos, Uncastillo✪, Biel, Luesia, Nocito, Perarrúa✪, etc.), pero de todos ellos sobresale Loarre✪✪✪, el
único castillo románico hispano que está en pie. Ramón Berenguer IV fortificaría en el siglo XII otra
línea defensiva, la marcada por las fortificaciones de Alcañiz (luego calatravo), Nonaspe, Castellote,
Híjar, Albalate, Monforte, Huesa, Cutanda o Monreal. Unos y otros fueron gobernados por tenentes.
Las órdenes militares, que no olvidemos habían sido nombradas herederas por Alfonso I, defendieron y repoblaron grandes espacios del Bajo Aragón. En pie están todavía algunas de sus fortificaciones, destacando el castillo templario de Monzón✪✪ y el calatravo de Alcañiz✪✪.
Castillos señoriales hay muchos, pero a la hora de ofrecer una selección, propondríamos los de
Mesones✪✪, Valderrobres✪✪ (del arzobispo de Zaragoza), Sádaba✪✪, Montearagón✪ (dependiente
de la abadía) o Mequinenza✪✪ (hoy dependiente de ENHER).
Por último, los castillos fronterizos —cuyos alcaides nombraba directamente el rey— tienen
sus ejemplos más visibles en Uncastillo✪, Roita (gótico, de difícil acceso), Peracense✪✪ (enredado
entre rocas de conglomerados) y la Ciudadela de Jaca✪✪✪, de los más tardíos, para defenderse de
Francia.
134
DERECHO ARAGONÉS
Aragón —con Cataluña, Galicia, Navarra, País Vasco y
Baleares— conserva todavía su propia legislación privada, a
pesar de siglos de intenciones centralizadoras, todo un milagro de supervivencia desde los ocasos medievales. Con la
conquista mora, la anterior legislación basada en el Liber Iudiciorum desapareció. Tuvo que crearse un ordenamiento jurídico nuevo; así es que desde el siglo XI van a surgir varios
fueros, con matices distintos en función del tipo de gentes a
los que iban destinados en cada caso. Nacieron los fueros de
Jaca, Sobrarbe (es decir, Barbastro), Ejea, Zaragoza y Extremadura, cuyos textos se extendieron con rapidez.
En consecuencia, Aragón es, en el siglo XII, un mosaico
de foralidades diversas. Ante tal diversidad de códigos, en
1247, en Huesca, el obispo Vidal de Canellas, por orden del
rey Jaime I el Conquistador, sistematizó y ordenó la legislación dispersa existente, naciendo así la llamada Compilación
de Fueros de Aragón en dos colecciones. De ello nos queda
el Vidal Mayor, de cuyo manuscrito, hoy custodiado en Estados Unidos, se hizo una reproducción facsímil en el Instituto de Estudios Altoaragoneses.
Miniatura del Vidal Mayor que representa
la entrega por parte de Vidal de Canellas
al rey de la compilación
de los Fueros de Aragón
Los Fueros de Aragón, nacidos en Huesca a mediados del siglo XIII, lograron sobrevivir hasta 1707,
fecha en la que Aragón dejó de ser reino. Tan solo quedó en pie, como indultado, el Derecho civil, que ha
llegado hasta hoy y que nos distingue y diferencia.
¿Cuántos saben que un aragonés mayor de 14 años (y menor de edad) tiene capacidad para efectuar
por sí mismo acciones de la vida civil, bastando tan solo la asistencia de sus progenitores al acto? ¿O que
en Aragón la autoridad de los padres puede pasar directamente a los abuelos si estos la aceptan? Muchas
son, por otro lado, las fórmulas jurídicas genuinas (el casamiento en casa, o la hermandad llana, o el consorcio doméstico, o la junta de parientes) que tratan de defender la casa aragonesa. En cuanto concierne
al régimen económico del matrimonio, las peculiaridades son diversas, como la llamada comunidad conyugal continuada. Si en el resto de España, cuando muere uno de los cónyuges se disuelve la sociedad
matrimonial y se procede al reparto de los bienes entre el superviviente y los herederos, en Aragón cabe
la posibilidad de posponer esa disolución y la liquidación subsiguiente. Fundamental para un aragonés es,
entre otras cosas, conocer la existencia de la llamada legítima, o el precepto conocido como beneficio legal
de inventario.
El Derecho aragonés fue antaño todo uno, de una pieza. La pluma de ave de un Borbón, en el XVIII,
nos dejó sin Reino ni Cortes, sin Diputación ni Justicia. Y casi sin nuestro Derecho de siempre, porque de
él nos quedó un aliento.
El Derecho aragonés es igual para todos los aragoneses de nacimiento o de adopción y el texto
legal vigente está en Internet al alcance de cualquiera. Si uno quiere aprovecharse de sus ventajas
frente al código castellano a la hora de hacer testamento, por ejemplo, debe leerlo antes o acudir a
un notario.
135
DIÓCESIS
En el momento de la invasión islámica, las tierras hoy
aragonesas estaban organizadas en tres diócesis de límites
imprecisos, con obispos en Huesca, Tarazona y Zaragoza, pero
las tres quedaron en territorio moro. Solo a comienzos del X,
ampliada la franja cristiana del norte montañoso, surgieron
nuevas diócesis: la de Ribagorza, con sede en Roda de lsábena, y la suborense, con sede en Sasau o Sasave; mas
cuando Jaca se convirtió en ciudad (1077), la sede suborense
fue a parar a Jaca. Cuando el siglo XI agoniza, el Aragón liberado cuenta con dos diócesis: Jaca y Roda.
En 1096 se toma Huesca, una sede histórica. Con falsificaciones documentales por medio se trasladó la sede jacetana a Huesca, y argucia paralela despojó también a Roda de
la suya, para trasladarla primero a Barbastro y luego a Lérida.
En definitiva, Jaca y Roda/Barbastro desaparecían como diócesis en beneficio de dos grandes: Huesca y Lérida, aunque
esta con parte de sus tierras en Aragón hasta hace poco.
Sello del obispo Omedes
realizado por Teresa Jassá,
conservado en la iglesia parroquial de Cretas
En 1118, Zaragoza y Tarazona, dos sedes tradicionales
en época visigoda, fueron reconquistadas y la restauración
fue fácil para Roma. A mediados del siglo XII, pues, el Aragón cristiano volvía a contar con las mismas diócesis que quinientos años antes: Zaragoza, Huesca y Tarazona.
En 1170, Pedro Ruiz de Azagra, celoso de la independencia de su señorío de Albarracín, logró con artimañas que se restaurara una llamada sede segobricense, identificándola con Segorbe, donde iría a parar
la seo una vez reconquistada. No fue así y con Albarracín-Segorbe surgió una diócesis bicéfala hasta que
Felipe II acometió su reorganización. La de Albarracín era una diócesis debida a la voluntad feudal de un
hombre.
Por último, el miedo al morisco y al protestante originó las últimas diócesis. Felipe II logró crear la de
Barbastro y acabó con las disputas entre esta ciudad y Huesca; para defenderse de la influencia morisca
empequeñeció la ya entonces archidiócesis de Zaragoza, surgiendo así la de Teruel; separaba Albarracín
de Segorbe; y la amenaza del protestantismo, en alza en Francia, aconsejó la recreación de la de Jaca. El
mapa diocesano quedó dibujado en este siglo XVI. De norte a sur, siete diócesis: Jaca, Huesca, Barbastro,
Tarazona, Zaragoza, Albarracín y Teruel. Pero Jaca pertenecía y pertenece al arzobispado pamplonés, mientras que una parte entrañable de Aragón, la Ribagorza, ahora integrada en la diócesis Barbastro-Monzón,
tiene su patrimonio cautivo en Lérida.
El mapa de las diócesis aragonesas, una parte importante de nuestro patrimonio en común, lo
han contorneado más los guerreros y políticos que los propios religiosos. Y, desde luego, el pueblo
apenas ha intervenido. Pero el caso es que, aparte de los beneficios espirituales que han podido reportar, ahí están las catedralesa, los palacios episcopalesa y las colegiatasa, los archivosa y museosa,
los retablosa… Incluso parte de los límites fronterizos entre las provinciasa de Huesca y Zaragoza
tienen herencia diocesana.
136
DIPUTACIÓN
PROVINCIAL
La llegada de los liberales al Gobierno
en 1833 dio origen a importantes reformas
que estaban pendientes desde la Constitución
de 1812, reformas que aspiraban a la creación
de un Estado liberal con leyes semejantes
para toda España. Entre otras muchas, destacó la propiciada por el secretario de Fomento, Javier de Burgos, que supuso la
división territorial del país en provinciasa. De
Pinturas de Saura
en un salón de la Diputación Provincial de Huesca
entonces datan las tres aragonesas —Huesca,
Teruel y Zaragoza— aunque en una reforma
territorial anterior, intentada en 1822, se contemplaba una cuarta provincia, la de Calatayud, que finalmente no cuajó.
Con la división provincial de España se alteró el ordenamiento del Antiguo Régimen. En las nuevas
capitales provinciales se instalaron representantes de todas las ramas de la administración del Estado, a
la vez que cada provincia se dividía en partidos judiciales. Al frente de cada provincia, el Gobierno situó a
un subdelegado de Fomento, al que posteriormente se denominó gobernador civil, quien presidía la denominada Diputación Provincial y era la máxima autoridad en la provincia. La función principal de la Diputación era hacer cumplir los mandatos del Gobierno, controlar y apoyar la gestión de los municipios,
además de gestionar la mayor parte de los asuntos provinciales (fomento, hacienda, obras públicas, beneficencia, seguridad, quintas, cultos, etc.).
Con posterioridad, las diputaciones experimentaron cambios en su estructura y funcionamiento dependiendo del carácter dictatorial o democrático de los gobiernos. La última reforma se produjo con la
entrada en vigor de la Constitución de 1978 y del Estatuto de Autonomía de Aragón. Aquí las diputaciones
nos interesan desde el punto de vista patrimonial. La gran cantidad de asuntos de los que se ocuparon ha
hecho que posean interesantes archivosa y fondos patrimoniales fundamentales para conocer nuestra
historia.
La Diputación Provincial de Huesca, aparte de sus competencias y cometidos político-administrativos, posee, además de los archivos clásicos sobre las funciones de la Diputación desde el siglo
XIX, una interesante fototeca que quiere testimoniar parte de la historia del Alto Aragón. Convoca
los premios Félix de Azara y de ella depende el Instituto de Estudios Altoaragoneses.
La Diputación Provincial de Teruel, además de las funciones que le son propias, custodia un archivo muy interesante documental y fotográfico. Alberga el Patronato de Turismo y de ella depende
el Instituto de Estudios Turolenses.
La Diputación Provincial de Zaragoza cuenta con un impresionante archivo y una bien nutrida
biblioteca gestionados por la Institución Fernando el Católico. Promueve el Cuarto Espacio y el Escaparate Cultural, un magnífico servicio de divulgación de cultura que informan sobre las novedades
bibliográficas, culturales y turísticas.
137
FRONTERA
Que ni la religión ni la lengua son elementos constitutivos por sí solos de un Estado es cosa que está fuera de duda: Rusia y
la India lo son y, sin embargo, en su seno se
profesan varias religiones; Suiza y Bélgica lo
son y en su solar se hablan varias lenguas. De
lo que no cabe duda es de que un Estado precisa al menos un Derechoa común, una administración propia, una moneda identificativa y un sistema fiscal básico unitario,
El puente de Puente de Montañana
unas cortes independientes, una autoridad
une las dos orillas de Aragón y Cataluña
política reconocida y unos límites territoriales
precisos. Aragón es un territorio continental
y, por lo tanto, rodeado de otras tierras que aspiraron también a ser ellas mismas. Se impusieron, pues, los
límites, las fronteras. El Reino de Aragón las alcanzó entre los siglos XII y XIII:
La frontera con Francia es la que más se adapta al terreno, de manera que suele ser el Pirineo axial,
el de las altas cumbres de granito, el que marca la divisoria.
La frontera con Navarra fue en cierto modo pactada. La unión de pamploneses y aragoneses producida
en 1076 continuó hasta el fallecimiento de Alfonso I el Batallador (1134), cuando los primeros proclamaron
rey de Navarra a García Ramírez el Restaurador y se pactó una frontera común en 1135.
El diseño de la frontera entre Castilla y Aragón se hizo escalonadamente. En primer lugar, cuando Alfonso VII sucedió a Urraca, que había estado casada con el Batallador, este entregó al castellano por las
paces de Támara (1127) todas las plazas castellanas; luego, a la muerte del aragonés (1134), el castellano
logró retranquear la línea de la extremadura marcada por Soria, Almazán, Agreda, Monreal de Ariza, Molina
de Aragón y Traid a los límites casi actuales con Aragón, pues hubo pequeños retoques (1136) para configurar las diócesis de Osma, Sigüenza y Tarazona. En 1151, en virtud del tratado de Tudilén, la frontera
quedó donde está hoy.
La frontera entre los reinos de Valencia y de Aragón es más tardía, de casi un siglo después. Los sucesores de Alfonso I el Batallador (Ramón Berenguer IV, Alfonso II, Pedro II y Jaime I el Conquistador) acabaron la reconquista aragonesa. Este último, en 1239, creó el reino de Valencia y lo dotó con las tierras
ganadas por él, delimitando la frontera común.
Por último, la frontera entre Aragón y Cataluña, que parece inconclusa, según nuestros vecinos, quedó
fijada sucesivamente por Jaime II en las Cortes de Zaragoza de 1301 (cuando estableció que la Ribagorza
era de Aragón y que la frontera quedaría ubicada en la clamor de Almacellas, donde está en la actualidad),
y en 1305, en las Cortes de Barcelona (cuando ratificó tal decisión).
El actual mapa de Aragón es, como tantas otras cosas, fruto de la Edad Media. Desde aquel entonces, se nos murió o nos mataron al reino, al rey, al Justicia, la moneda, las Cortes y los Fueros,
pero nos quedó un territorio delimitado frente a terceros y parte del Derechoa que nos singulariza.
Excepto en los Pirineos, que delimitan con Francia, y en el curso del Noguera Ribagorzana, que
marca durante muchos kilómetros el límite con Cataluña, es muy difícil ver físicamente las distintas
fronteras. No obstante, para observar un ejemplo de manipulación de la historia, se recomienda una
visita al Museo de Historia de Cataluña, en Barcelona.
138
HUMILLADERO
A lo largo de los principales caminos o en sus encrucijadas, casi siempre fuera del poblado y en terreno algo elevado, el viajero se topaba a veces con el humilladero, construcción similar a un quiosco o baldaquinoa levantado con
piedra o ladrillo, con una bóveda sustentada por columnas
cuya principal misión era resguardar y cubrir una columna
especial, el rollo o la picota, llamados de ambas maneras, que
era instrumento de ajusticiamiento. Dicha columna, generalmente con basa, en lugar de capitel, tenía varias extremidades salientes, generalmente cuatro, las llamadas horcas,
rematando todo el conjunto en punta.
Su utilidad era tanto penitenciaria como de escarmiento público y consistía bien en colgar las cabezas de los
ahorcados, bien en exponer a los reos a la vergüenza pública,
donde podían ser azotados tras la celebración del juicio por
haber atentado contra la vida de las personas, contra la propiedad privada o pública o contra la religión.
Magnífico humilladero
de Alcalá de la Selva
Como los métodos penitenciarios cambiaron con el
tiempo, los humilladeros cayeron en desuso y muchos desaparecieron, mientras otros fueron reutilizados.
Fundamentalmente, a partir del siglo XIX fueron cubiertos por sus cuatro costados, dando lugar a
pequeñas ermitas o sirvieron para resguardar peirones que estaban al aire libre.
El humilladero tiene similitudes formales con el denominado esconjuraderoa, habitual en tierras oscenses, pero sus funciones son distintas, por lo que merece un lugar aparte.
De que hubo en Zaragoza en el siglo XVI no deja la menor duda la magnífica vista que de la
ciudad nos legara Van der Wyngaerde: estaba en el Rabal. Pero todos no se han perdido.
Uno de los más espectaculares de Aragón es el de Tarazona✪✪ —denominado hoy el Crucifijo
por haber sido convertido en pequeño templete—, de planta octogonal y de ladrillo, obra de la segunda mitad del siglo XVI, dentro del cual todavía se conserva el rollo. Muy cerca, el de Borja✪,
también de ladrillo y octogonal, nació en el siglo XVIII para convertirse posteriormente en la capilla
del cementerio.
En tierras oscenses cabe destacar el de Sigena✪, de tradicional planta cuadrada y reconvertido
en ermita, tal como se le puede ver.
Sin embargo, son las tierras turolenses las más ricas en este tipo de bienes. De ellos, el que más
llama la atención es el de Alcalá de la Selva✪✪, en la comarca de Gúdar-Javalambre: data de 1628
y está realizado con sillares de piedra. En Samper de Calanda✪✪, en la subida a la ermita de Santa
Quiteria, entremezclado con el Calvario, su humilladero es bonito, tanto por sí mismo como por el
magnífico panorama que permite admirar desde lo alto. Los hay también, entre otros lugares, en Perales de Alfambra✪ (hoy guardando una cruz), en Cabra✪ (el denominado humilladero de Almas) y
en Manzanera✪ (el pilón del Esclavo).
139
INQUISICIÓN
La Inquisición o Tribunal del Santo Oficio fue un organismo de represión creado por
la Iglesia católica en la Edad Media para velar
por la pureza de la fe y perseguir a los herejes.
Y, si en principio no tuvo grandes atribuciones
en los reinos hispanos, a medida que pasó el
tiempo y que las relaciones entre judíos, musulmanes y cristianos se enrarecieron, se convirtió en una especie de policía secreta con
inmenso poder sobre las vidas públicas y privadas. Este poder se manifestó con cruda virulencia a partir del siglo XV a causa del
sentimiento oficial antijudío, primero, y de la
extensión de la Reforma protestante, después.
Tablero de ajedrez grabado en el suelo
de una de las salas de la Torre del Trovador de la Aljafería
Ser acusado por la Inquisición de delitos como herejía, bigamia, sodomía, brujería, superstición, contrabando de caballos con Francia o criptojudaísmo conducía a un auto de fe, en realidad, un juicio sumarísimo en el que se podían arrancar las confesiones, con horribles torturas incluidas, tras el que, además
de los bienes, se podía perder la libertad o ser quemado vivo, en efigie, descuartizado, desterrado o condenado a galeras. Aunque existe un precedente con Jaime II, tomó carta de naturaleza en 1484 (con la
unión de Castilla y Aragón) y permanece hasta su supresión en 1834.
Su implantación no fue bien recibida, de modo que nada más nacer, Pedro de Arbués, inquisidor general, fue asesinado por conversos zaragozanos dando origen a una feroz represión y al asentamiento del
Tribunal del Santo Oficio. Desde 1521, el zaragozano había establecido sus límites tras absorber sucesivamente a los Tarazona, Calatayud, Daroca, Barbastro y Jaca, mientras Teruel era adscrito al de Valencia, a
pesar de las reiteradas protestas de las Cortes aragonesas.
De ese pasado quedan, sobre todo, escenarios, documentos y actitudes. Los escenarios son varios. La sede inquisitorial —desde 1486— estaba en la Aljafería, aunque, por falta de fondos para
mantenerla, en 1708 pasó a la casa del Canal, en la plaza de Santa Cruz; las causas eran vistas en la
Seo (dentro, fuera o en la plaza), en la iglesia del Portillo, o, en menor número, en el hospital o en
el palacio arzobispala; la cárcel estuvo ubicada durante mucho tiempo en la Torre del Trovadora;
por fin, el quemadero u hoguera y la picota eran plantados junto al mercado.
Por otra parte, bastantes iglesias aragonesas fueron reparadas e incluso construidas con dinero
del Tribunal, como el monasterio jerónimo de Santa Engracia (del que queda la iglesia); la iglesia de
San Juan de Calatayud; o el propio palacio de la Aljafería.
Mucha documentación ha desaparecido, pero todavía quedan fuentes para emprender una historia que no está hecha. Hay documentos en la Audienciaa, en la Biblioteca Nacional de París, en
el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en el British Museum de Londres y en los Archivos de
Simancas y de la Corona de Aragón de Barcelona.
Entre las actitudes, el pueblo, en general, las ciudades, las Cortes y el Justicia, todas las fuerzas
vivas de Aragón, hicieron un frente más o menos común contra la Inquisición, por cuanto era considerada un brazo eclesiástico del Estado, no del reino, que mermaba las libertades de los aragoneses.
140
JUSTICIAZGO
La institución del Justiciazgo es parte significativa de
las singularidades de Aragón como reino antaño y como comunidad histórica hoy. El Justicia, que nació entre brumas
legendarias en la segunda mitad del siglo XIII, alcanzó su
cenit entre el XIV y el XV. Si vio la luz para servir de mediador
entre el rey y el reino, luego fue garante e intérprete del ordenamiento foral, representó al reino cuando se reunía en
Cortes —en las que actuaba como presidente en ausencia del
rey—, tomó a los monarcas juramento de someterse a la ley
—acto imprescindible para ser coronados como tales— y, con
carácter excepcional, llegó a asumir la defensa armada del
reino ante la amenaza de ejércitos extraños.
Con los vientos centralizadores de la dinastía extraña
de los Habsburgo, en el siglo XVI, nacieron nuevas formas de
gobierno e instituciones nuevas. Estorbaba el Justicia de Aragón y nació, por ejemplo, la Real Audienciaa, cuyas competencias chocaron de manera deliberada con las del Justiciazgo. Había comenzado el asedio. También comenzó el
nacimiento de un mito que creció a partir de la ejecución de
Juan de Lanuza el joven (1591) ordenada por Felipe II.
Estatua erigida en honor de Juan de Lanuza,
en la plaza de Aragón zaragozana
Desde ese momento, el Justicia se convirtió entre los aragoneses en símbolo defensor de las libertades
del reino, de la tradición y de los Fueros frente a la tiranía y la centralización. Pero con el ajusticiamiento
de Juan de Lanuza, aunque no murió el Justiciazgo, ya nada fue igual. Se mermaron sus competencias y
solo se nombró para el cargo a personas afectas a la monarquía hispana. El siglo XVII pasó sin pena ni
gloria, hasta que, en 1707, Felipe V abolió el Justiciazgo. E, ironías de la historia, en 1713, en Suecia —luego
símbolo de igualdad, de libertad y de respeto a los derechos humanos— nacía el Ombudsman, calco exacto
de nuestro Justicia. Y mientras el sueco se convertía en un ejemplo a imitar, el aragonés, desde entonces,
en una añoranza y un recuerdo muchas veces reivindicado, tanto que con la llegada de la democracia y
del Estatuto de Autonomía de Aragón la figura del Justicia —doscientos setenta y cinco años después de
que Felipe V lo matara— se recuperó como institución con la encomienda de velar por los derechos individuales y colectivos de los aragoneses.
Son varios los lugares asociados al Justiciazgo de Aragón. Nos lo recuerda Ejea de los Caballeros,
villa donde nació como institución en las Cortes celebradas en 1265; nos lo recuerda Tarazona,
donde Felipe II le produjo la primera gran herida en 1591; nos lo recuerda el monumento✪ que Félix
Navarro esculpiera en 1904, expuesto a la vista de todos en lugar tan señero como es la plaza de Aragón de Zaragoza; nos lo recuerdan sendos cuadros al óleo de Eduardo López del Plano (1864, Diputación Provincial de Zaragoza✪) y de Victoriano Balasanz (1886, Ayuntamiento de Zaragoza✪); nos
lo recuerda, en fin, la tumba del cuerpo ajusticiado de Juan de Lanuza, el símbolo, que reposa en la
iglesia de San Cayetano✪✪ de Zaragoza.
Desde 1995, la institución recuperada del Justiciazgo tiene su sede en un palacioa renacentista
rehabilitado, el palacio de Armijo, en la calle don Juan de Aragón de Zaragoza✪✪✪. Desde allí el
Justicia resucitado nos sirve. Es salvaguarda de personas, vigilante de nuestro Derecho especial, defensor del Estatuto, mediador entre aragoneses.
141
MINA DE SAL
La sal (cloruro sódico) es esencial para
la vida de hombres y animales. Además, por
sus propiedades como conservante es utilizada, entre otras muchas aplicaciones, en farmacia, abonos y elaboración de vidrio. No es
de extrañar que adquiriera la condición de
moneda y que antaño fuera fuente de riqueza
y de poder. Esta riqueza se obtiene de tres lugares: del mar, de las salinasa y saladasa interiores —de donde es aflorada por las aguas
subterráneas— y de las minas. En estas últimas se le llama sal gema y es fruto del enterramiento de depósitos marinos sedimentados hace millones de años.
Interior de la mina de sal María del Carmen
en Remolinos
Aunque carece de salinas litorales, Aragón es rico en saladas, salinas y minas interiores. La extracción
de la sal gema de estas últimas resulta trabajosa y dura, por lo que en el pasado uno de los mayores
castigos era ser condenado a las minas. En las enormes galerías subterráneas —antiguamente con pico y
pala, hoy con dinamita y compresor— el minero debe arrancar la sal gema que aparece junto a margas y
yesos. En carro antes, ahora con camiones enormes, la sal es sacada al exterior para ser molida a gusto del
consumidor.
La sal no podía adquirirse libremente sino en el estanco o circunscripción ordenado por la autoridad,
generalmente, el rey, no siendo liberalizada hasta muy avanzado el siglo XIX, lo cual obligó a cerrar muchas
salinas y minas que no pudieron competir con las mejor preparadas y comunicadas.
En Aragón las minas de sal más célebres y duraderas han sido y son las de Remolinos✪✪✪, quizás ya excavadas por los romanos, aunque no tenemos noticias de su explotación hasta época musulmana. Durante la Edad Media y la Edad Moderna estas minas y las cercanas de Torres de Berrellén
fueron un bien de realengo, como tantas otras salinas; los habitantes de Zaragoza se vieron obligados
a abastecerse de ellas.
Tan importante era su explotación que, a principios del siglo XX, ya privatizadas, se tendió un
cable aéreo y más tarde un teleférico entre Remolinos y la estación férrea de Pedrola y la fábrica levantada en Alcalá de Ebro para evitar los problemas de transporte y manipularla sin estrecheces, ingenio del que aún se puede ver algún vestigio. En la fábrica de Alcalá de Ebro✪✪, que tenía
conectadas internamente sus instalaciones por medio de vías, aún pueden verse, entre otros, restos
de molinos, almacenes, tolvas y depósitos de agua, además de la terminal del teleférico, todo lo cual
constituye un conjunto fabril único que clama a voces por su rehabilitación hasta donde sea posible.
Pocas veces un centro de interpretación ha sido tan preciso y justificado como en este caso.
Hoy —cerradas las minas de Torres de Berrellén—, con aviso y acuerdo previos con la empresa
privada que la explota industrialmente, se pueden visitar las galerías de la mina María del Carmen✪✪✪ de Remolinos, visita que nunca defrauda puesto que constituye una experiencia única.
142
PALACIO
Cuando a finales del siglo XV la guerra interna se aleja
y cuando la monarquía trata de convertir a la nobleza rural
en palatina para mejor controlarla, esta abandona la incomodidad de los viejos castillosa para instalarse en lujosos
palacios urbanos o, al menos, en la población más señera de
su señorío. La aristocracia se adapta a la vida cortesana y a
modos menos belicosos y más comerciales. De paso, y sin
pretenderlo, es imitada tanto por la pujante burguesía de
mercaderes y artesanos como por los municipios que han ido
sacudiéndose el yugo señorial mostrando su liberación con
magníficas casas consistorialesa de aspecto palaciego.
Aunque los hay de influencia francesa, los constructores de estos palacios encontrarán el modelo preferido en las
ciudades renacentistas italianas y lo adaptarán a Aragón,
tanto que muchos viajeros que recorrieron nuestra tierra
entre el 1500 y el 1600 escribieron que nuestras pequeñas
Palacio de los condes de Ribagorza
ciudades les recordaban a las más hermosas de Italia. Natuen Benasque
ralmente, también hubo palacios inspirados en el gótico, algunos de ellos con gran impronta mudéjar, cuya influencia también se extenderá a los renacentistas.
En general, los palacios aragoneses —de piedra sillar o de ladrillo— destacan por su altura y su tamaño,
con gran número de estancias tanto para sus egregios moradores como para la servidumbre, además de
cocina y una o varias bodegas, con espacios para las caballerías y carruajes. Incluso uno o varios pozos,
huerto o jardín y amplio patio interior. Al exterior, destacan grandes ventanas, la obligada galería aragonesa
superior de pequeños arcos de medio punto y el remate con artísticos alerosa de madera. El alabastro
ayudará a realzar la belleza de escaleras, patios interiores, portadas y arquerías. El modelo no solo se perpetuó hasta el siglo XVIII, sino que a finales del XIX los arquitectos se inspiraron en ellos para regalarnos
ejemplares tan bellos como el palacio de Larrinaga.
La nómina es tan extensa que es difícil la selección: siempre nos dejaremos uno. Lo importante
en este caso es el conjunto✪✪✪. En el norte aragonés, Benasque aporta, entre otros, el palacio de los
condes de Ribagorza; Fonz, que tiene varios, el palacio de los barones de Valdeolivos. En Huesca capital destaca ante todo el palacio los duques de Villahermosa, con magnífica techumbrea.
En la provincia zaragozana, habitado está todavía en Pedrola el palacio de los duques de Villahermosa, titulares también del de Fréscano; espera su rehabilitación el de los condes de Morata en
Morata de Jalón; Épila conserva el de los condes de Aranda e Illueca, el castillo-palacio de los Luna.
En Borja, magnífica es la casa de las Conchas. Pero la mayor concentración palaciega se halla en la
capital: casi todos ellos han sido restaurados y habitados por instituciones diversas. El palacio más
ilustre es la Aljafería, morada de reyes moros y cristianos y ahora sede de las Cortes de Aragón;
palacio de Argillo (Museo Pablo Gargallo), con aleroa impresionante; palacio de Armijo (sede del
Justiciazgoa); el palacio de Morata (actualmente Palacio de la Audienciaa); casa Pardo (Museo
Camón Aznar); casa Donlope (hoy Real Maestranza de Caballería), con impresionante escalera y
techumbre; casa Huarte (Archivo Histórico Provincial); palacio de Montemuzo (archivo); el palacio
de los Condes de Sástago (Diputación Provincial), etc. De la casa Zaporta solo nos queda, que no es
poco, el Patio de la Infanta, visitable en la sede de Ibercaja; más moderno es el palacio Larrinaga
(1903).
143
PALACIO EPISCOPAL
Aunque habría que distinguir entre el
alto y el bajo clero, entre los que existían notables diferencias de todo tipo, la Iglesia como
institución ha desempeñado un destacado
papel en Aragón desde el momento mismo de
la Reconquista del país. Su influencia no solo
se extendió a los ámbitos espiritual y asistencial, sino también al cultural, al social, al económico y al político. No olvidemos que su
participación en el proceso de la repoblación
Magnífico palacio episcopal de Teruel,
del territorio al ritmo de la Reconquista la
sede actual del Archivo y Museo diocesanos
sumió en el sistema señorial imperante desde
el siglo XI hasta las Cortes de Cádiz (1810), de
modo que a comienzos del siglo XVII, por ejemplo, el 26 por ciento de las tierras aragonesas pertenecían
a señoríos eclesiásticos. Cabildos catedralicios, órdenes militares y bastantes monasteriosa se convirtieron
en cabecera de señorío.
Aparte de otras muchas consideraciones que no han lugar aquí, la Iglesia se organizó territorialmente
en torno a varias sedes episcopales, las llamadas diócesisa, que también fueron configurándose conforme
avanzaba la Reconquista, compartimentación que no siempre obedeció a criterios meramente espirituales
y que motivó abundantes disputas territoriales entre los prelados.
En la cabecera de diócesis, la seo o catedrala; en sus proximidades, muchas veces unidos por pasadizo
cubierto, el palacio episcopal, centro neurálgico administrativo y normalmente vivienda del obispo. Como
correspondía a una alta autoridad de rango espiritual y temporal, tales palacios, similares a los de los señores laicos, fueron y son magníficos edificios que siguieron el estilo artístico imperante en el momento
de su construcción.
El palacio episcopal✪✪ de Jaca, aunque se comienza a construir en 1606, la fase más importante
data de mediados del siglo XVIII, con modificaciones posteriores. Aparte de obras de arte interesantes, conserva perfectamente organizado el Archivo Diocesano, distinto del catedralicio.
En la recién constituida diócesis de Barbastro-Monzón, el palacio episcopal barbastrense se ha
rehabilitado para ser en parte sede del Museo Diocesano.
En Huesca, el antiguo palacio contiguo a la catedral desapareció, levantándose el actual en la
plaza de la Catedral.
El palacio episcopal de Teruel✪✪, comunicado con la catedral, fue construido en el siglo XVII.
Tras largo abandono, lo que provocó su deterioro, fue restaurado en los años noventa. Su rico patrimonio pictórico ha sido la base de su adaptación a un interesante Museo Diocesano. Pero conviene
no olvidar que Albarracín, hasta que se agregó a Teruel, también fue sede episcopal, por lo que también tiene palacio episcopal✪✪ unido a la ex catedral, formando con ella un bonito conjunto.
En Tarazona, el palacio episcopal✪✪ —asentado sobre la antigua Zudaa y formado por varios
edificios de planta irregular que van de los siglos XII al XVIII— conserva obras de interés artístico.
El palacio arzobispal de Zaragoza acoge, aparte de la zona administrativa de la diócesis, el Museo
Arzobispal y varias instituciones de carácter benéfico social.
144
PROVINCIA
Hasta llegar al actual sistema de administración territorial, con la provincia como un pilar básico, Aragón fue compartimentado en circunscripciones muy diversas de raigambre medieval (merinados, bailíos, sobrejunterías, sobrecollidas,
veredas), además de los señoríos tanto laicos como eclesiásticos, típicos del Antiguo Régimen, que tanto entorpecieron
una organización racional del Estado hasta el siglo XIX.
A comienzos del siglo XVIII, con la victoria de Felipe V
en la Guerra de Sucesión, la nueva administración de cuño
francés dictó muchas medidas tendentes a centralizar España, racionalizando, por ejemplo, las veredas de la dinastía
anterior. Así, por un Decreto de Nueva Planta de abril de 1711,
aquellas eran sustituidas por los corregimientos, con competencias amplísimas, pues a las iniciales (judicial, de policía
y de representación real) se unieron otras muchas: política,
militar, gubernativa y económica. Esta división estuvo vigente
durante más de cien años, hasta que nacieron las provincias
(1833).
División napoleónica de Aragón
en prefecturas o provincias, en 1812
No obstante, antes de la fijación definitiva de las tres provincias que nos han legado nuestros mayores,
hubo otros intentos, bien fuera por la administración francesa de ocupación, bien por las autoridades españolas una vez expulsados los franceses. Hagamos un poco de historia.
Bajo dominio francés, se sucedieron con inusitada rapidez dos divisiones territoriales: la de abril de
1810, que no llegó a aplicarse, troceaba Aragón en las prefecturas de Ebro y Cinca (capital Huesca), Ebro
y Jalón (capital Zaragoza) y Guadalaviar (capital Teruel); la de junio de 1812 apenas pudo ponerse en práctica, pues en julio de 1813, el general Paris tuvo que retirarse de Zaragoza, que capitulaba el 3 de agosto.
Esta segunda división ideada por Suchet se basaba en cuatro prefecturas o provincias: Huesca, Zaragoza,
Alcañiz y Teruel.
Casi en paralelo, los parlamentarios españoles, reunidos en Cádiz, también diseñaban la división de
toda España y, por lo tanto, de Aragón en provincias, aunque su puesta en vigor se retrasó, pasando por
un intento fallido (1822) y otro válido y definitivo, el de 1833. En efecto, tras muchas dilaciones, en 1822
se llegó a una primera división que para Aragón suponía el nacimiento de cuatro provincias: Zaragoza,
Huesca, Teruel y Calatayud. Varias poblaciones con aspiraciones a encabezar provincia, como Barbastro,
Caspe o Alcañiz, quedaron frustradas. En algunos casos, los límites del antiguo reino tuvieron que ser modificados, en más o en menos. Medinaceli y su comarca, hoy de administración soriana, eran asignadas a
Calatayud; buena parte del Maestrazgo —Cantavieja, La Iglesuela, Mirambel, Mosqueruela, Puertomingalvo
y San Agustín, tierras históricamente aragonesas— pasaban a la provincia de Castellón; Ademuz se agregaba
a Teruel.
El regreso al poder de Fernando VII supuso la derogación de la división de 1822, que solo duró
unos meses (hasta octubre de 1823). Sin embargo, a su muerte, con la reina María Cristina, se aprobaba la segunda y definitiva división provincial, el 30 de noviembre de 1833. Pero de las cuatro provincias se pasó a tres (Huesca, Teruel y Zaragoza), de manera que la de Calatayud había tenido una
vigencia de veinte meses escasos. Un año después (1834), se dividía cada una de ellas en partidos
judiciales, que respondían en general a los antiguos corregimientos. Esta retícula, corregida luego en
varias ocasiones, es la que ha llegado hasta nosotros como herencia patrimonial.
145
REAL AUDIENCIA
En el Antiguo Régimen (el anterior a la
Revolución Francesa y a la Constitución de
1810 en España), todos los poderes estaban
concentrados en la monarquía, de modo que
el rey dictaba las leyes (poder legislativo), gestionaba la administración del reino (poder
ejecutivo) e impartía justicia (poder judicial).
Como puede suponerse, estas tareas eran ingentes incluso para un rey, por lo que se hizo
auxiliar por instituciones diversas. A la que
se ocupó de la justicia se le llamó Audiencia
Real, de la que el rey era nominalmente su
presidente.
Antigua casa de los condes de Morata,
sede actual del Tribunal Superior de Justicia de Aragón
Esa Real Audiencia, que parece datar del siglo XIV como derivación de la antigua Cancillería Real, lo
es desde el instante en el que al canciller —representante del rey— se le rodea de los funcionarios precisos
para desempeñar su cometido: los oidores o consejeros. Pronto, con la unificación de los reinos hispanos
y las ausencias prolongadas del monarca, se da el paso siguiente: no solo pasa a presidir la institución nominalmente el virrey (que delegará a su vez en el vicecanciller o lugarteniente), sino que aparece como
apoyo un consejo, aunque sin poder de decisión, que corresponde al presidente.
Un paso más hacia la modernización lo da en 1528 el primer Habsburgo, Carlos I, que, además de
instalar la Real Audiencia de Aragón en Zaragoza, establece que los consejeros voten las sentencias. Tras
sucesivas y parciales reformas que respetan las peculiaridades del reino, en 1564 se crean dos salas: la ya
existente hasta entonces (que pasa a entender solo de las causas civiles) y una nueva, la sala de lo criminal,
con cinco letrados adscritos.
La reforma más importante se propicia entre 1707 y 1711 y corresponde al ganador de la Guerra de
Sucesión, al primer Borbón, Felipe V. El proceso castellanizador iniciado dos siglos antes culmina ahora: la
Real Audiencia aragonesa pasará a regirse como las de Valladolid y Granada, con una sala civil y otra criminal, con un fiscal común para ambas. Con esta medida se trataba de neutralizar al Justiciazgoa y a la
Diputacióna, tan peligrosos para la monarquía en el siglo XVI.
Al imponerse a lo largo del siglo XIX el concepto de soberanía nacional, la Real Audiencia terminó
por convertirse en Audiencia Territorial que, tras la Constitución de 1978, ha derivado, asimismo, en el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.
Actualmente, los ricos fondos documentales✪✪✪ de la Real Audiencia de Aragón, que pasaron
a formar parte en su día de la Audiencia Territorial de Zaragoza, se hallan custodiados en el Archivo
Histórico Provincial de Zaragoza, y suponen una riqueza patrimonial de incalculable valor.
La Audiencia Territorial de Zaragoza y el Tribunal Superior de Justicia de Aragón, herederos
de la Real Audiencia, ocupan el palacio de Luna, o casa de los condes de Morata✪✪✪. Con sus dos
gigantes flanqueando la entrada del Coso y su magnífico patio interior, pasa por ser el palacio renacentista más purista o menos contaminado por las influencias góticas o mudéjares frecuentes en otros
palacios de la época.
146
REAL SOCIEDAD
ECONÓMICA
DE AMIGOS DEL PAÍS
La política ilustrada, que alcanza su máximo esplendor
durante el reinado de Carlos III (siglo XVIII), tuvo como principal fin reactivar la economía y aumentar el bienestar de los
españoles. Dentro de este contexto, y entre otras medidas e
instituciones, se fundaron las Reales Sociedades Económicas
de Amigos del País, sociedades compuestas por nobles, altos
eclesiásticos, funcionarios y burgueses preocupados por el
fomento de la agricultura, la industria, el comercio y la cultura. Sus socios —imbuidos por los postulados de la Enciclopedia— se preocuparon por difundir la enseñanza de las
primeras letras, así como por extender el conocimiento de
técnicas agrícolas, artesanales, industriales y comerciales.
Las Reales Sociedades apoyaron la fundación de monLa Real Sociedad Económica de Amigos
tepíos y lucharon contra la mendicidad y determinados pridel País de Zaragoza, que sigue viva,
atesora un importante tesoro artístico
vilegios que perjudicaban el bien común. Para llevar a cabo
tan encomiables fines, establecieron las primeras cátedras de
Economía, elaboraron publicaciones y alentaron la investigación mediante becas. Sus sedes se dotaron de
buenas bibliotecas, organizaron conferencias y fueron un punto de referencia para muchas zonas deprimidas.
En territorio aragonés, durante el periodo de apogeo de la Ilustración se fundaron dos sociedades
—Zaragoza (1776), con Ramón Pignatelli a la cabeza; y Jaca (1782)—, pero luego surgirían otras. Gracias a
la sociedad zaragozana, la Universidad incorporó saberes prácticos en un momento en que la enseñanza
estaba anquilosada. Surgieron así cátedras (Agricultura, Botánica, Química, Filosofía Moral, Derecho público,
Economía Civil y Comercio), escuelas (Agricultura, Matemáticas, Dibujo, Torno, Hilaturas) y academias,
como la de San Luis. De sus iniciativas nació, por ejemplo, la actual Ibercaja. Por su parte, la jacetana promovió una fábrica de medias y explotaciones mineras, aunque su vida había languidecido cuando los franceses invaden Aragón a comienzos del siglo XIX. Cuando la Ilustración apenas era ya un recuerdo, nacieron
la de Teruel (1803), que no comenzó una cierta actividad hasta 1877, y la de Huesca (1838), que fomentó
una pinacoteca con los bienes amortizados y organizó varios cursos para sus socios de Matemáticas, Geografía, Taquigrafía, etc.
La única que continúa viva es la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País de
Zaragoza✪✪, cuya sede se puede visitar previa cita. Merecen verse algunas obras de Goya (Menipo el
filósofo; Esopo el fabulador; Aparición de la Virgen a Santa Teresa; La Virgen impone el collar a Santa
Teresa en presencia de San José, y una escena no identificada, además de alguna atribución). Por otra
parte, colabora en la convocatoria de cursos, publicaciones y está vinculada a muchas exposiciones,
algunas de ellas tan históricas como la Exposición Aragonesa de 1868 y la Hispano Francesa de 1908
o Centenario de los Sitios. Fue además el germen de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis
en 1792 y de varios estudios universitarios.
147
SALINA
Aunque no tiene costa, Aragón es rico
en cloruro sódico, o sea, sal. Esto se debe a
que buena parte de su territorio fue antaño
un mar que quedó oculto por sucesivos cataclismos geológicos. La sal así aprisionada
puede salir a la superficie de varias maneras:
la primera ya se ha visto en las saladasa,
cuando el agua de lluvia se estanca en terreno de base salina, y el cloruro sódico aflora
por capilaridad a la superficie; en otras ocaLas salinas de Armillas, como tantas otras,
siones, se mete el hombre en la entraña de la
se hallan abandonadas
tierra mediante minasa; en la última intervienen las aguas subterráneas, en forma de
fuente o pozo, sacando la sal disuelta a la superficie donde el hombre puede retenerla con artificios, las
llamadas salinas.
Para hacer una salina hace falta una fuente de agua salada, o mejor un pozo, un puteo. Para sacarla
solo cuando interese se usa una noriaa, antaño movida por animales antaño o con bomba ahora. Luego,
por canalillos de madera, el agua salada tendrá que ser conducida a pequeños estanques o rectángulos
de escasa profundidad —las eras salsas— para que el sol evapore el agua y quede liberada la sal. La suma
de esas eras será una salina. Desde unas casetas situadas en la parte alta, vigilarán que nadie se lleve una
onza.
Estas salinas fueron siempre de los poderosos, generalmente el rey, que las convirtieron en monopolio
hasta muy avanzado el siglo XIX, de manera que la sal, por su necesidad, funcionó como ahora lo hace el
petróleo. Aragón se compartimentó en circunscripciones especiales, los estancos, en los que necesariamente
debía ser comprada al precio, generalmente abusivo, marcado por el señor. Por ella hombres han muerto
y hombres han matado.
En nuestra tierra hubo multitud de salinas, pero hoy son contadas las que funcionan. Sin embargo,
aún puede uno deleitarse recorriendo alguna de las que quedan paradas pero en pie: alguien debería tener
el coraje de rehabilitar alguna, pues sería, sin duda, un motivo de especial atracción cultural y turística de
esta parte tan importante de nuestro patrimonio.
Vivas están aún, y pueden visitarse con permiso de sus dueños, las de Naval✪✪, y hasta hace
poco la de Calasanz✪✪✪, donde se puede seguir todo el proceso productivo, aunque ahora el silencio
de la mula trabajadora se trueque en ruido de motor.
A partir de ahí, hay salinas hacia los cuatro puntos cardinales, unas más reconocibles que otras.
La selección es, pues, aleatoria. En el sur, aún merece la pena llegar hasta Arcos de las Salinas✪✪,
recorrer los parajes que llevan a las recoletas de Armillas✪✪ o ver las que están junto al complejo
minero abandonado de Ojos Negros✪.
En el norte, bastante enteras, porque se explotaron hasta hace poco, es fácil llegar con coche
normal o, mejor andando unos centenares de metros, a las de Peralta de la Sal✪✪. Aún se puede reconocer el complejo entramado de eras salsas en las que fueran importantes salinas de Juseu y Aguilaniu, y más al sur, las de Puibolea.
148
VII
EL CAMPO, FUENTE DE VIDA
h
Acampo ................................... 151
Harinera................................... 164
Almazara.................................. 152
Horno....................................... 165
Almendro..................................153
Hortaliza .................................. 166
Arroz ........................................154
Industria alimentaria ............... 167
Azafrán..................................... 155
Latifundio ................................ 168
Azucarera ................................. 156
Legumbre ................................. 169
Bancal ...................................... 157
Madera ..................................... 170
Borda........................................ 158
Molino ..................................... 171
Cava......................................... 159
Mueble ..................................... 172
Cerveza .................................... 160
Olivo........................................ 173
Cooperativa agraria ................. 161
Planta textil ............................. 174
Especia ..................................... 162
Trufa......................................... 175
Frutal........................................ 163
Vid ........................................... 176
ACAMPO
Uno se sorprende de la cantidad de testimonios que sobrevivieron al Antiguo Régimen combatido por las ideas y los postulados
de la Revolución Francesa, origen de un ordenamiento europeo nuevo, aunque en España la resistencia a aquellos, por los avatares
políticos del siglo XIX, hizo que tardara algo
más el cambio. Uno de esos restos llegados
hasta hoy es el acampo, que tiene su origen
en el siglo XII, fruto de los privilegios concedidos por la monarquía aragonesa a los ganaderos zaragozanos, aglutinados en la llamada Casa de Ganaderos, aunque tal denominación sea muy posterior, de 1699.
Acampos de Zaragoza cada vez más colonizados
Los acampos son unas dehesas de secano compartimentadas en fincas de entre 500 y 3000 ha, dedicados originariamente al pastoreo de los rebaños zaragozanos de ovejas, fincas que eran sorteadas por
la Casa de Ganaderos entre sus afiliados a cambio de un canon económico, con la obligación de mantener
un rebaño de entre 200 y 750 cabezas.
Con la desamortización, los acampos pasaron a ser privados y perdieron la uniformidad: unos se han
convertido en cotos de caza, otros se arriendan para pastos, alguno se ha convertido en tierra regable por
el sistema de aspersión, en club de golf, polígonos industriales o están baldíos pero con futuro.
Como fincas privadas que son, las barreras obstaculizan muchas veces el paso al curioso que debe
rodearlos para verlos, aunque el Cuarto Cinturón los atraviesa. Aparte de los existentes en el término de
Zaragoza, los hay también, aunque muchos menos, en Zuera, La Muela, Alfajarín o Fuentes de Ebro.
De los treinta y uno existentes en el término de Zaragoza, solo dos están ubicados en la margen
izquierda del Ebro (acampo del Santísimo y acampo de San Gregorio); los demás ocupan la franja
sur del término de Zaragoza, desde La Muela hasta Fuentes. Y de todos ellos solo uno no es privado,
el acampo de San Gregorio✪✪✪, vinculado a la Academia General Militar.
La expansión de la ciudad hacia el sur, con las zonas de servicios ya en marcha, amén de proyectos urbanísticos distintos, a punto están de terminar con buena parte de los acampos centenarios
como los de Guallar, Moncasi, Costa, Casellas, Barta, Ibáñez, Sedero o Funes, siendo este último
monte estepario el destinado a albergar el Parque Tecnológico del Reciclado (PTR).
151
ALMAZARA
Las almazaras son factorías donde se
extrae el aceite de las olivas. Esta extracción
se realiza por medio de dos métodos: uno tradicional, el de presión, y otro más moderno,
denominado continuo. A veces este último
método se alterna con el de presión (método
mixto). Actualmente las almazaras disponen
de grandes adelantos tecnológicos y energía
suficiente para la producción. Sin embargo,
en el pasado las almazaras se emplazaban en
molinosa, únicos ingenios que daban la suficiente energía al proceso de prensado de la
aceitunaa.
Como otras muchas,
la almazara de Jaganta ha sido rehabilitada
Habitualmente, las olivas llegaban a la almazara donde debían ser molturadas muy pronto para evitar
la fermentación (máximo 48 horas). Por supuesto, antes de pasar a molerse, la aceituna debía limpiarse y
clasificarse, apartando las dañadas. La pasta ya molida salía por un canal que lo acumulaba en un depósito.
Una vez realizada esta operación, la pasta resultante se repartía por encima de unos discos de esparto (capachos) que eran apilados uno encima de otro e introducidos en una prensa donde se separaba la parte
oleaginosa del orujo (hueso y tejidos vegetales).
En la última fase, el agua (alpechín) que queda mezclada con el aceite se separaba por decantación
natural en grandes tinajas aprovechando la diferente densidad. Finalmente, se almacenaba en depósitos.
En la actualidad, el proceso no ha cambiado mucho. En las reglas de la Denominación de Origen Protegida
del Bajo Aragón se ha respetado esta forma de elaboración tradicional y únicamente ha variado el proceso
de filtrado a través de centrífugas.
Por número de almazaras o molinos de aceite, la mayor concentración se da en el Bajo Aragón,
en el Bajo Martín y en el Matarraña. Desgraciadamente, han pervivido pocas almazaras antiguas intactas, aunque se hace un esfuerzo por restaurarlas.
En Huesca, pueden contemplarse en Almazorre (en ruinas), Barluenga, Buera (del siglo XVII),
en Santa María de Dulcis (Somontano); Castilsabás (del siglo XIX, hoy recuperada) y Centenera
(molino que se usó también como harinero); las hay, asimismo, en Coscojuela de Sobrarbe; Fumanal,
Mipanas, Palo, Panzano y Troncedo. Entre las que se han conservado en Teruel debe destacarse las
de Albalate del Arzobispo, Alcañiz (las fábricas Durán y Fosas y Rodríguez y Ruiz datan de 1913);
Alcorisa✪, Calaceite✪ (en torno a ella hay un Museo del Aceite), Andorra✪, la de Jaganta, en la
pedanía de Las Parras de Castellote, en el entorno del Parque Cultural de Mas de las Matas. También
destaca el molino de aceite de Ráfales✪, rehabilitado como establecimiento de turismo rural. Situado
en la comarca del Matarraña se conserva un molino aceitero del siglo XVIII muy bien restaurado y
aún en funcionamiento, y otro de principios del siglo XX. En Zaragoza, las hay en Alfajarín, en Tarazona y en Caspe; La Muela tiene un Museo del Aceite situado en un antiguo molino. En Mequinenza✪, la almazara de Antonio Rey ofrece explicación didáctica. En el parque Bruil de la capital
zaragozana se localizan los restos del antiguo molino Goicoechea.
Respecto a almazaras contemporáneas son muchas las que se pueden visitar por toda la región.
En http://oracle3.mapya.es/pls/pwao/p_listado_almazaras_ccaa?pauto=2 se recogen los datos principales de muchas de la región, que son alrededor de ciento cinco.
152
ALMENDRO
Aunque el almendro sea de procedencia
foránea —fruto de sucesivas hibridaciones de
diferentes especies silvestres extendidas por
Asia y el Mediterráneo— es considerado como
propio. Las flores blancas con matices rosáceos de este árbol mediterráneo, de hoja lanceolada y caduca, siempre anuncian con
belleza la primavera antes de que esta aparezca en el calendario de los hombres. Lo debieron de introducir en la Península y en las
Alloza (‘almendro’ en árabe) hace honor a su nombre
Baleares los fenicios y griegos, quienes lo
plantaron en zonas cercanas a la costa; luego
se adaptó en el interior, puesto que acepta bien tanto los suelos graníticos como los calizos y no necesita
de mucha agua. Únicamente soporta mal la altura, de ahí que, aunque presente en las tres provincias, escasea en sus zonas más montañosas.
Siempre dio leña para los fogones, pero el campesino buscó ante todo el poder energético de su fruto
del que se aprovechó su semilla, la almendra. Su recolección manual por vareo —golpeando el árbol con
una vara— para ir del suelo a los cestos, congregó a parientes y vecinos en días de calor. Después —mucho
antes de pasar a ser condimento gastronómico, guirlache o ingrediente de perfumes y cosméticos— fue
alimento con pan para la merienda y postre en días de fiesta.
Antes de que la ciencia acumulada en el SIA nos diera la variedad de almendra guara, los campesinos
hicieron pruebas e injertos hasta lograr variedades de nombres peculiares: desmayo largueta, marcona y
desmayo rojo —que florece tarde para salvar los hielos—, entre otras. La semilla del almendro tan celosamente transmitida es también patrimonio.
Tradicionalmente, las zonas en las que se ha cultivado intensivamente el almendro son las del
Somontano barbastrense, la Hoya oscense, el Bajo Aragón histórico, el valle medio del Jalón, La Litera y el Bajo Cinca, pero pueden encontrarse almendros en otras muchas. En cualquiera de ellas
merece la pena perderse civilizadamente por caminos abiertos entre manchas de almendros. Sin duda
alguna, en el poblado vecino hallará propuestas diversas para saborearlas de mil maneras.
Varias son ya las empresas que seleccionan y preparan almendras como frutos secos en tantas
localidades: Alcañiz, la Ginebrosa, Castellote, Calanda, Mas de las Matas, Ayerbe, Huesca, Barbastro,
Tamarite de Litera, etc.
Para el guirlache, ha surgido toda una reglamentación en torno al llamado turrón negro, elaborado con almendras de la variedad largueta sin pelar en pos de conseguir la calidad alimentaria. La
pastelería artesana produce piedrecicas del Calvario (Alcorisa); carquiñoles y almendrados (Castellote); pastas artesanas; almendrados; colinetas de Huesca; garrapiñadas; peladillas de boda y bautizo… Se comercializa, en fin, hasta la cáscara de almendra que antaño alimentó estufas de escuela.
Milenario entre nosotros, la gastronomía aragonesa hace salsa con él para acompañar garbanzos y
cardos. Pero también es nombre de pueblo y apellido —Alloza—, ‘almendro’ en árabe.
153
ARROZ
La Oryza sativa, el arroz, es un cereal de
enorme importancia para la supervivencia de
gran parte de la humanidad, sobre todo en
Asia. Su cultivo se remonta a hace seis mil
años, aunque a la Península no llega hasta el
siglo VIII, introducido, como tantos otros productos, por los musulmanes. Se trata de una
planta anual y su complejo cultivo requiere
fundamentalmente tres condiciones: superficies de riego fácil, ausencia de contrastes de
Una de las varias empresas arroceras aragonesas
temperatura y abundante mano de obra. Habitualmente relacionamos su cultivo con
nuestros vecinos valencianos; sin embargo,
Aragón supera la producción levantina, pues la aragonesa es hoy la tercera del país, detrás de Andalucía
y Cataluña.
Aunque las referencias medievales al arroz no son abundantes en nuestra tierra, no deja de haberlas.
Por ejemplo, su tránsito con carácter comercial nos lo muestra el arancel de aduanas de Candanchú (1295):
«De carga de pegunta, o de cannamo, o de seuo, o de arroz o de gengible: [cóbrese] IIII solidos». Jaime II,
en 1312, ordenará a los jurados de Monreal que preparen para la cena real 4 quintales de arroç. Asso nos
narra como «en San Matheo se cultivó el arroz por espacio de muchos años hasta 1747, en que el Acuerdo
lo prohibió, por ser esta cultura perjudicial à la salud de sus habitantes».
La planta del arroz se ve muchas veces atacada por algas, parásitos, insectos, hongos y malas hierbas.
Por este motivo requiere de una gran inversión, un gran trabajo y la intervención de técnicos. Algunos
arroces aragoneses poseen la C de calidad alimentaria que otorga el Gobierno de Aragón. Aunque ni mucho
menos en la cantidad de otros cereales, el cultivo del arroz —legado por nuestros mayores— siempre ha
formado parte de nuestro patrimonio.
La mayor parte de las tierras donde se cultiva están dentro de los límites de las comarcas de
Cinco Villas, sur de la Hoya de Huesca, Monegros, Cinca Medio y Ribera Baja del Ebro, donde se
pueden aprovechar las canalizaciones de regadío, el agua pirenaica y el tipo adecuado de suelo.
Teniendo en cuenta que el arroz se siembra entre marzo y abril y se siega en el mes de octubre,
podemos ver campos de arroz en la comarca de las Cinco Villas, donde se halla, por ejemplo, la Arrocera de Aragón✪✪ (carretera Gallur-Sangüesa, km 31, Ejea de los Caballeros). No es extraño que
uno de los platos típicos de la zona sea el arroz caldoso.
En la comarca de los Monegros, podemos encontrar la Cooperativa Arrocera del Pirineo✪✪,
sita en Grañén, que agrupa a varios pequeños productores. En ella se envasa el conocido arroz Brazal.
El arroz de la Hoya de Huesca suele tener como destino para su envase la granja Porta✪✪, ubicada en la capital, apareciendo Osca de Agricultores Arroceros, sita en Alcolea de Cinca, como
cooperativa que aglutina a los agricultores de una amplia zona.
154
AZAFRÁN
Esta planta, originaria de Oriente, se
cultiva en nuestra tierra desde que la trajeron
los musulmanes en el siglo VIII. Se trata de
una flor de color morado (la llamada rosa del
azafrán, que incluso dio nombre a una zarzuela) que se recolecta en otoño, alrededor de
las fiestas del Pilar, al despuntar el día, antes
de que los rayos de sol abran las hojas.
La parte más importante de esta flor son
sus estigmas de color rojo anaranjado que
Vista parcial del Museo del Azafrán
despiden un fuerte e intenso olor, muy espeen Monreal del Campo
(Foto: Museo del Azafrán)
ciado (brin). Constituye, como el anís o el orégano, una alternativa a las especiasa de
Oriente, y se utiliza como condimento en el arroz, las pastas y los quesos, pero también como ingrediente
médico (con él se prepara el láudano) y remedio homeopático, o como componente de pinturas y tintes.
En la actualidad el azafrán se produce esencialmente en la provincia de Teruel, aunque en el pasado
se cultivó, asimismo, en las otras dos provincias aragonesas, llegando a alcanzar una gran importancia
para el sustento de muchas familias como ingresos complementarios a la agricultura tradicional.
Aragón llegó a producir la mitad del azafrán de todo el país y las plantaciones se extendían por muchas comarcas (el Alto Jiloca, Somontano oscense, Ribera del Cinca, Monegros, Campo de Monreal, serranías
de Montalbán). Durante los siglos XVI y XVII, Aragón se convirtió en una gran exportadora. Sin embargo,
una serie de falsificaciones del condimento le llevaron a perder el mercado francés.
Hoy, el azafrán es un cultivo en franco retroceso en las zonas tradicionales de Castilla-La Mancha
(Cuenca, Ciudad Real, Albacete y Toledo) y de Aragón debido a lo costoso de la siembra, la recolección, el
esbrinado (o separación de los estigmas) y el tostado, faenas que exigen mucha mano de obra puesto que
no existen sistemas mecanizados.
Monreal del Campo✪✪, antaño centro azafranero por excelencia, posee desde 1983 un museo
dedicado al azafrán en el que se puede satisfacer la curiosidad del viajero por esta especia autóctona
del interior. El museo abre martes y sábados de 11-14 h y de 17-20 h. y su finalidad se enmarca dentro
de la Etnología, pues busca describir el proceso económico y social del cultivo de esta flor. Monreal
está situado en la carretera Somport-Sagunto. Desde Teruel, a 58 km, se accede por la A-23 en dirección a Zaragoza. Cuando lleguemos a la indicación de Monreal seguiremos la N-211. El museo se
encuentra en la plaza Mayor, n.º 10.
155
AZUCARERA
El azúcar es una sustancia muy presente en nuestra vida, ya sea en forma de pequeños gránulos para acompañar al café y las
infusiones, en forma de caramelo o de dulce
o como componente de refrescos y bebidas.
Inicialmente, se extraía de la caña de azúcar,
cultivo típico y casi exclusivo de los países del
área del Caribe y América del Sur, de donde
se importaba para satisfacer la demanda española. Con la pérdida de las colonias en
1898 se comenzó a extraer de la remolacha,
un cultivo en el que ha sido pródigo Aragón.
Conjunto de chimeneas de la azucarera de Épila,
hoy abandonada, como todas las demás
Para el procesamiento industrial de esta sustancia fueron necesarias grandes factorías llamadas azucareras, ya que la materia prima debe pasar por las fases de purificación, concentración, filtrado, cristalización y refino antes de llegar al mercado y a nuestras mesas.
Estas enormes fábricas, con sus altas chimeneas de ladrillo, fueron esenciales en el desarrollo industrial
del Aragón de principios y mediados del siglo XX porque contribuyeron a potenciar una serie de empresas
dependientes, como abonos para los cultivos, maquinaria especializada, extracción de carbón, transporte,
etc.
Zaragoza llegó a ser una de las principales provincias productoras de remolacha. Estas actividades
beneficiaron a toda la región y desarrollaron el carbón turolense. Paradójicamente, su proliferación y rentabilidad las llevó a la saturación del mercado al poco de su expansión. A esto se sumó la crisis del cultivo
de la remolacha en Aragón, muy perjudicial para muchos municipios. En la actualidad, apenas quedan
azucareras abiertas, pero en el pasado contribuyeron a configurar nuestros pueblos y hoy son objeto de
interés de la arqueología industrial.
Son muchas las localidades aragonesas que todavía conservan la azucarera; sus enormes chimeneas de ladrillo delatan su presencia desde lejos. Algunas se pueden visitar.
En Huesca: los escasos restos de la enorme azucarera de Monzón (1925-1968) están hoy integrados dentro del moderno recinto ferial.
En Teruel, destacan la de La Puebla de Híjar (1912-1971), en el Bajo Aragón; y la de Santa
Eulalia del Campo, en el río Jiloca, interesante por el barrio que naciera al calor de la fábrica.
La provincia de Zaragoza es pródiga en ejemplos: la capital vio levantarse sucesivamente las de
Aragón o Vieja, la Nueva, la del Gállego y la del Rabal, esta última camino de convertirse en biblioteca tecnológica tras haber fracasado el intento de convertirla en museo de arqueología industrial.
Sobre el río Ebro, se construyeron varias: la de Nuestra Señora de las Mercedes, abierta entre 1900
y 1975, estaba ubicada en Alagón; la de Gallur, denominada de Nuestra Señora del Pilar, se mantuvo
en pie entre 1900 y 1926; la de Luceni✪ (que puede visitarse), y la Ibérica, de Casetas. A lo largo del
Jalón, las hubo en Terrer✪ (que puede visitarse); en Calatayud, donde hubo dos; la de Calatorao
(1903-1926); y, sobre todo, la llamada del Jalón, en Épila✪✪ (1904-1969), que dio origen a un barrio
propio, visitable, con las viviendas asociadas a la fábrica que denotan una auténtica estratificación
social: los directivos e ingenieros poseían hotelitos individuales con jardín delantero mientras los
obreros se alojaban en pequeñas casas puestas en hileras.
156
BANCAL
Cuando las tierras son llanas, o simplemente quebradas, y no hay más agua que la
que de cuando en cuando le sobra al cielo, el
cereal de secano ha sido el rey. Cuando en las
tierras altas y accidentadas los campos amplios escasean y la franja estrecha del río escasamente daba para la huerta de ir tirando,
el hombre ha luchado contra la pendiente de
la montaña para robarle retazos en los que
sembrar trigo duro para llevar al molinoa y
Paisaje de bancales en las proximidades
al hornoa de cocer pan. Con ese fin le ha
de La Iglesuela del Cid
puesto escaleras al monte y ha sembrado
cada escalón que, dada la pendiente, nunca
será ancho, aunque pueda ser largo y sinuoso. Para lograr esas fajas escalonadas, que se asemejan a las
curvas de nivel de un mapa topográfico, ha tenido que excavar arriba y rellenar abajo hasta nivelar el terreno; luego para que la tierra removida y apelmazada se contenga, ha levantado enormes diques o paredes
de piedras: son los bancales que, en la más alta montaña, donde la pendiente puede ser de hasta el 40 por
ciento, pueden llamarse espuenas. Cada año, tras sembrar uno a uno de nuevo todos los bancales, se aprestan los hombres a reparar los gruesos muros de piedra que el barranco indómito trató de minar con las
últimas tormentas del otoño y las aguas del deshielo.
Como es lógico, tantos afanes acabaron modificando el paisaje y el discurrir del agua en las laderas
que siempre tienden a su natural. Desde lejos, cualquier advenedizo pensaría que aquellas gentes pretendían
llegar al cielo. Cuando a finales del siglo XIX y, sobre todo, en la primera mitad del XX quedaron deshabitados
un buen número de pueblos, erosión y vegetación han ido matizando los perfiles de estas bancadas de manera que, en ocasiones, los montes abancalados parecen pirámides incas medio soterradas.
Bancales podemos ver, ahora yermos en general, en todas las tierras montañosas de Aragón,
ya sean del norte como del sur. Recorriendo sus carreteras de paisajes inmensos, bancales de espectacular belleza podemos ver en el Maestrazgo turolense; más empinados, si cabe, los hallamos en torno a la sierra de Gúdar. Los hay todavía visibles en el monte de la Diezma, cerca de Grisel, donde la
tierra empieza a hacerse somontano del Moncayo. Cerca de allí, en la Muela de Borja, sus hombres
abancalaron el monte para arañar espacio.
En los Pirineos, acondicionaron bancales con ímprobos esfuerzos en las montañas del alto Aragón, del alto Gállego y del alto Cinca, aunque en la actualidad son bonitos pero están llenos de
abandono. Laderas abancaladas se pueden ver en tierras del valle de Aísa y en las de su vecino valle
de Borau, en cuya proximidad está la ermita de San Adrián de Sasau, sede de obispos antes que Jaca
fuera sede. En la Garcipollera, eran corrientes en todos los pueblos que la componen, hasta las puertas
mismas del monasterio románico de Santa María de Iguacel. Tienen bancales los pueblos que en
torno a Broto se miran en las aguas del Ara; terrazas levantaron los habitantes del valle de Puértolas.
Bancales con una cierta fama los hay en Oncins, al pie de Peña Montañesa, allí donde se levantó el
centro espiritual del Sobrarbe, el monasterio de San Victorián rehabilitado con lentitud.
Bancales existen en el norte y en el sur aragonés levantados con ímprobos esfuerzos por nuestros
mayores; son herencia suya, son patrimonio y merecen nuestra consideración.
157
BORDA
Hasta hace unas décadas el ganado fue el principal recurso de la economía pirenaica. A su alrededor surgieron
construcciones, costumbres y labores que apoyaban actividad tan vital. Una de estas construcciones es la borda, una
edificación de piedra con tejado vegetal o de pizarra, normalmente aislada, que fue usada con doble función: como
establo para el ganado bovino y como almacén de forraje.
Según las zonas, algunas personas también llaman bordas a
cualquier tipo de edificio agrícola o ganadero; por ejemplo,
en Broto se denomina bordas a las cuadras anejas a las casas.
La razón de ser de la borda de almacenaje y estabulación se halla en el ciclo del ganado bovino pirenaico. Durante
el verano los pastores recogían heno de las praderas. Para no
llevarlo hasta los pueblos dada la complicada orografía, la
precariedad de los transportes o simplemente la lejanía lo
acumulaban en las bordas, con lo que evitaban un arduo viaje
y generaban una reserva de forraje localizada. Este forraje
era consumido por los animales en el largo invierno, periodo
en el que el ganado debía mantenerse en la borda por las
bajas temperaturas.
El valle de Gistaín conserva varias bordas
como esta de los alrededores
de San Juan de Plan
La permanencia del ganado en la borda implicaba muchas veces que los pastores pasaran a menudo
semanas enteras con el ganado, lo que dio origen a una cierta agrupación de bordas, una especie de
pueblos de pastores.
En lo referente a su estructura, la borda se compone de dos pisos, el inferior para el ganado y el superior para el forraje (el llamado yerbero). En este piso superior es donde solía vivir el pastor y desde allí
se arrojaba el heno a través de unas trampillas. Los constructores de las bordas, gentes del pueblo, sin
duda, solían aprovechar los desniveles del suelo para levantarlas, de manera que las caballerías que transportaban el forraje entraban directamente al yerbero.
Las bordas, muchas de las cuales se hallan actualmente en desuso, están asociadas a las zonas
más dificultosas de los Pirineos. Algunas de ellas se han rehabilitado recientemente para fines bien
distintos de los originarios.
Aunque en el Pirineo occidental aragonés, el de la Jacetania, no es donde más abundan, destacan, sin embargo, los conjuntos de Fago, Ansó y Echo; es en Sobrarbe y Ribagorza donde más proliferan. Especialmente interesantes son las levantadas en el valle de Gistaín, en torno a Plan y San
Juan de Plan, uno de los valles que mejor ha conservado su patrimonio natural y etnográfico. La presencia de las bordas confiere un matiz especialmente bucólico al paisaje. Las montañas que limitan
el precioso valle del río Ara, desde Torla a Aínsa, muestran ejemplos interesantes, pero será el valle
de Benasque, en la Ribagorza, donde podremos contemplar importantes bordas en buen estado de
conservación.
Especialmente interesantes son los denominados poblados de vacas, concentraciones de bordas
próximas entre sí, como el peculiar conjunto de San Mamés✪ en el término de San Juan de Plan.
158
CAVA
Si el champán (de la región francesa de
Champagne) nace a finales del siglo XVII, la
primera experimentación a partir del método
champagnoise en suelo catalán data de 1872.
A pesar de que el método es común en los dos
lados de los Pirineos, hay que tener en cuenta
la diferencia de climas, de escenarios y de
uvas. Largos litigios ante los tribunales de justicia europeos reservaron la denominación de
champagne a los caldos de la región francesa
originaria, mientras que los españoles adquirieron la denominación de cava. El primero
seguirá oficialmente el método champagnoise y el otro, el tradicional, como reza en las etiquetas.
Exterior de las Bodegas Bordejé en Ainzón
Para que nazca el champán o cava, que en definitiva es vino, este debe sufrir —aparte de inyección
de gas y aportación de azúcar— no una sino dos fermentaciones, pero en el mismo recipiente. Si se hace
en dos recipientes será vino gasificado o vino de aguja. El invento francés acabó de perfeccionarse desde
el exterior: España aportó el tapón de corcho, que no deja escapar el gas, e Inglaterra, la botella capaz de
soportar las cuatro o cinco atmósferas producidas por la fermentación doble.
La expansión de la elaboración de este extraordinario vino manipulado ha sido tal que en 1986 nació
la zona de Denominación de Origen Cava constituida por catorce comarcas vitivinícolas: Penedés, Conca
de Barberá, Costes del Segre, Alella, Blanes, Empordá, Artes, Raimat, Rioja Alta, Rioja Alavesa, Mendavia
(Navarra), Grávalos (Rioja Alta), Ainzón (Campo de Borja) y Cariñena. No obstante, la desigualdad de dedicación y de producción entre unas y otras es enorme, pues solo la comarca del Penedés produce el 95
por ciento del total de cava español en 63 de los 161 municipios de la zona. Fuera de esta zona de denominación, se elabora cava en otras regiones hispanas.
En Aragón el cava se produce desde los años sesenta del siglo XX, siguiendo el método tradicional,
como no podía ser de otra manera. Habitualmente, la mayor parte de los cavas aragoneses son del tipo
brut (sin o con poco azúcar), y las variedades de uva más utilizadas son la Macabeo y la Chardonnay.
De momento, en Aragón, este legado patrimonial con más o menos tradición, según las zonas,
es capaz de elaborar excelentes y cada vez más extendidos cavas en Ainzón, Calatayud, Cariñena,
Jarque y Somontano barbastrense.
En Ainzón, las tradicionales bodegas Bordejé elaboran el cava Bordejé, mientras la cooperativa
del Santo Cristo comercializa el cava Reinante y Caytusa difunde la etiqueta Monasterio de Veruela.
Cariñena, a través de las bodegas San Valero, embotella el cava Gran Ducay. En Calatayud, las bodegas Langa comercializan J. Langa y Reyes de Aragón, mientras en la localidad zaragozana de Jarque
de Moncayo se crea el cava Fontellón, y el somontano barbastrense, a través de las bodegas Lalanne,
nos ofrece el cava Lalanne.
159
CERVEZA
El hecho de que la voz cerveza derive de
la latina cervesiam ya es indicativo de su antigüedad; es cierto, la cerveza posee gran tradición histórica, pues ya los pueblos mesopotámicos, egipcios y griegos la consumían.
La obtención de este líquido amarillo pálido
procede de la fermentación de varios cereales
—aunque fundamentalmente sea la cebada—
a los que se les añade lúpulo. Actualmente,
esta bebida levemente alcohólica se considera
La Zaragozana no solo ofrece una acreditada cerveza,
casi un refresco asociado al verano y a las
sino también la posibilidad de recorrer su museo
reuniones amistosas, pero durante la Edad
de raigambre centenaria
Media europea fue considerada un alimento
por los campesinos y un poderoso reconstituyente en los monasterios. A España parece que llegó en tiempos del emperador germánico Carlos V,
aunque su consumo no se generalizó hasta principios del siglo XX.
El crecimiento de Zaragoza como centro industrial a finales del siglo XIX, unido a la gran producción
de cebada de la región, llevó a varios hombres de negocios a fundar en el año 1900 la fábrica La Zaragozana,
coincidiendo con la implantación de varias fábricas de cerveza por toda España.
Desde entonces los destinos de la marca y la región parecen tan unidos que esta cerveza es parte del
patrimonio cultural aragonés, y en esta consideración tiene mucho que ver el mantenimiento de la fabricación artesanal.
La fábrica se construyó tomando como modelo los centros cerveceros alemanes de donde se
trajo la primera maquinaria y al maestro cervecero. Gran parte de esta maquinaria todavía está en
funcionamiento. Prueba de la gran calidad de esta cerveza es la obtención de varias medallas y diplomas; entre varios galardones destacamos el Diploma de Honor con Gran Medalla de Oro, obtenido
en la Exposición Internacional de Londres (1902).
La empresa tiene un espacio-museo✪✪✪ abierto dedicado a su pasado en el que puede seguirse
la historia de la cerveza y de la fábrica. Todavía se mantiene la malhería y la sala de braceado. Sus
envases desde principios de siglo también son interesantes. También en numerosas ocasiones festivas
pueden verse algunos carros de reparto de los inicios del siglo XX por las calles de Zaragoza. La empresa se encuentra situada en la calle Ramón Berenguer IV, 1. Se puede llamar para pedir cita y hora
de visita.
160
COOPERATIVA
AGRARIA
La cooperativa supone una forma de
gestión comunitaria en la que una serie de
productores, en este caso agricultores, se
unen para comercializar y transformar sus
productos o comprar los utensilios y productos necesarios para la explotación.
Sin duda, una de las causas de su aparición fue la debilidad de los agricultores a
Exterior de una cooperativa agraria
principios del siglo XX para introducir sus
en La Almunia de Doña Godina
productos en los mercados, la necesidad de
créditos para adquirir abonos y útiles, así
como el intento de crear una sólida economía agrícola, tal como proponía el oscense Joaquín Costa, un
auténtico pre-cooperativista, empeñado en difundir fórmulas de solidaridad entre sus contemporáneos.
En un principio, estas agrupaciones se asentaron sobre la base del cooperativismo católico —que favoreció la creación de las cajas rurales aún existentes— o de las fórmulas del cooperativismo alemán. Con
el advenimiento de la II República (1931) y la Guerra Civil (1936-39), algunas de ellas se mantuvieron en
la órbita católica, pero otras aplicaron la autogestión anarquista, sobre todo en el Bajo Aragón, hasta que
fueron suprimidas en 1939.
Durante los años 1940 y 1950, la mala situación económica del país aumentó su importancia, sobre
todo, en bodegasa (Cariñena, Campo de Borja, Barbastro), en almazarasa (Bajo Aragón), en hortalizasa y
frutalesa (La Litera, Calatayud, La Almunia de Doña Godina, etc.) y en la comercialización de cerealesa y
piensos.
En 1976, recién muerto Franco, el cooperativismo agrario aragonés aún no había reaccionado, y aunque existían diversos tipos de asociacionismo, las estructuras antiguas seguían intactas. No obstante, el
número de cooperativas agrarias era amplio, con más de doscientas cincuenta, aunque solo un 10 por
ciento de las mismas sobrepasaban los quinientos socios. La mayor parte —un 70 por ciento— radicaba en
la provincia de Zaragoza. La fórmula cooperativa fue más pujante en Zaragoza y Teruel y, por comarcas,
sobresalían las de Ribagorza, donde dominaba la pequeña cooperativa, Cinco Villas, valle longitudinal del
Ebro, Jalón-Jiloca y Bajo Aragón zaragozano-turolense.
No obstante, producido el cambio político y llegada la hora de la adaptación a los nuevos tiempos, la
carencia de cooperativas de segundo grado capaces de vertebrar el proceso agrícola con el comercial, la
implantación de multinacionales agroalimentarias y la aparición de nuevas fórmulas de asociacionismo
caracterizan en la actualidad a nuestras cooperativas agrarias. Ese es el reto aún no alcanzado del todo.
La gestión cooperativa hoy día se mantiene bajo otras figuras jurídicas. De lo que fueron en el
pasado nos quedan algunos edificios, algunos nombres (sindicatos agrícolas, grupos sindicales de colonización, etc.), y formas de transportar y proceder que aún se aprecian en muchos de nuestros pueblos. Pero el número y calidad de muchas de nuestras cooperativas agrarias —un bien por el que
lucharon y que nos legaron nuestros antepasados del siglo XIX— ha mejorado sensiblemente. Nos
resistimos a dar nombres que, por otro lado, están en la guía de teléfonos. Además, todos conocemos
o hemos acudido a alguna de ellas y hemos adquirido fruta, conservas, aceite o vino. Algunas de las
cajas rurales siguen siendo útiles y funcionando al volver la hoja del siglo XXI.
161
ESPECIA
El fácil acceso a todo tipo de bienes y
mercancías en el mundo globalizado actual
ha despojado a las especias de parte de su pasado misterioso y mucho de su exotismo. Pero
hubo un largo tiempo de muchos siglos en
que eran bastante raras, muy caras y difíciles
de conseguir. Para traerlas, los mercaderes
europeos viajaban miles de millas hasta el
alejado Oriente, primero en barco y luego a
lomos de caballerías, siguiendo la ruta de las
En el Museo del Azafrán de Monreal del Campo se puede seguir
especias o de la seda. Tempestades, naufratodo el proceso de su cultivo, hoy muy reducido en Aragón
gios, montañas con puertos que tocan el
cielo, ataques de bandidos… El veneciano
Marco Polo, un comerciante, en su Libro de las maravillas, nos ha narrado su apasionante viaje a la China
de nuestro siglo XIII, libro en el que por primera vez se da extensa noticia en Europa del país asiático y en
el que se relatan aventuras sin límite. Nuestro Jaime II de Aragón intentó el control del comercio de estas
mercancías en el Mediterráneo sin conseguirlo; el primer viaje de Colón estuvo motivado por la necesidad
de buscar una ruta alternativa a la que los turcos habían cerrado para conseguir especias y seda. Esencialmente, las especias se usaban —y se usan— para la conservación y condimento de los alimentos.
Donde no había neverasa, los alimentos adquirían enseguida olores y sabores muy desagradables
que las especias disimulaban. Además, son fundamentales como componente de perfumes, en magia, en
medicina, en tinturas y como ingrediente gastronómico.
Entre las especias orientales más buscadas y utilizadas estaban la pimienta, la cayena o guindilla, la
mostaza, la nuez moscada, el sésamo, la vainilla, el curry, el clavo o la canela. Muchas de ellas siguen llegando de Oriente como antaño y están en cualquiera de nuestras despensas; algunas de ellas se han convertido en patrimonio propio, pues su uso nos lo legaron nuestros mayores y las seguimos utilizando:
¿sabría igual la longaniza de Fuentes de Ebro o Graus sin la canela, el clavo o la pimienta? Pero los aragoneses buscamos alternativas propias: por ejemplo, el azafrána que trajo el moro y se hizo nuestro. ¿Y el
anís? ¿No funcionan como muchas de las especias exóticas el romero y el tomillo en poca cantidad? Restaurantes de alta alcurnia y mayor precio los incluyen y los comemos —¿solo por esnobismo?— en platos
de descripción kilométrica. ¿Y el perejil? ¿Y la trufaa? Si el gran Loscos viviera hoy igual los desclasificaba
de entre las plantas simplemente aromáticas.
Tomillo, romero y anís —si se acepta que han funcionado y funcionan cada vez más como especias, sobre todo los dos primeros— los hay en todo Aragón; basta con alejarse un poco del asfalto
urbano. El perejil puede crecer en cualquier huerta e incluso en maceta doméstica de terraza o ventana. La trufa —que no pretende ser especia porque vale y cuesta más que ella— hasta hace poco
era natural, ahora ya se cultiva y se le dedica voz propia en este repertorio.
El azafrán también tiene su sitio en solitario. Nadie le disputa el honor de ser especia, pero cada
vez se cultiva menos por la cantidad de tiempo y mano de obra que requiere; de eso saben mucho en
el altiplano de Monreal del Campo. Precisamente allí nos lo explican en su magnífico Museo del
Azafrán✪✪, al que ya hemos remitido al lector.
162
FRUTAL
Los frutales constituyen uno de los cultivos tradicionales de Aragón, de modo que
sus frutas han merecido elogios constantes,
desde el siglo I (es el caso del poeta bilbilitano
Marcial) hasta los viajeros que atravesaron
Aragón en los siglos XVI y XVII, pasando por
los musulmanes que, en sus múltiples descripciones de distintas poblaciones hoy aragonesas, destacan la variedad y riqueza de las
frutas, sobresaliendo en concreto algunas de
ellas, como las ciruelas de Huesca.
Melocotones enfundados en bolsas de papel,
paisaje típico de los alrededores de Calanda
Lo cierto es que hasta época reciente
nuestros frutales se han distinguido por la
desigualdad de los frutos, por sus rendimientos irregulares y por su carácter meramente complementario
de la economía agraria. No obstante, esa precariedad ha dado paso en las últimas décadas a un cultivo racional, basado en plantaciones regulares, técnicas modernas de cultivo y selección de variedades, todo lo
cual ha convertido al sector de la fruticultura en uno de los motores del cambio rural. Aunque el secano
supone todavía un porcentaje apreciable de las tierras dedicadas a los frutales, en torno al sesenta por
ciento, la superficie irrigada ha ido progresivamente en aumento con altos rendimientos.
Los regadíos del Ebro y sus afluentes han dejado paso al cultivo intensivo, destacando del conjunto
tres comarcas: el valle del Cinca y su zona de influencia, el valle del Jalón y el amplio Bajo Aragón histórico.
A estas comarcas tradicionales cabe añadir recientemente la Hoya de Huesca, el Somontano de Barbastro
o el Campo de Borja. Por cultivos, entre los de secano predominan el almendroa y el cerezo; en cuanto a
los de regadío sobresale la producción de melocotón, seguida por las manzanas de mesa, pera, ciruela y,
en menor medida, albaricoque, que ha experimentado un notable aumento en los últimos tiempos. Últimamente, algunos pueblos tratan de recuperar la fruticultura ecológica tradicional, pero, sin embargo,
queda mucho por hacer en el terreno de la transformación (mermeladas, zumos, etc.), máxime porque
cuando se intenta surgen productos de la calidad de las frutas de Aragón, las frutas escarchadas o los
orejones, por no hablar del melocotón con vino de tantas fiestas patronales.
Pocas cosas son tan estimulantes como recorrer una plantación en época de floración, sobre
todo en el caso de los cerezos y almendros, o en la época de recolección en el resto. Muchas son las
localidades —Sena, El Frasno o Fraga, entre ellas— en las se puede adquirir fruta en plena calle, en
la carretera o en las propias plantaciones.
Como simple estímulo, porque los ejemplos pueden ser muchos, veamos unos cuantos escenarios
a los que acudir en su momento: en el amplio Bajo Aragón histórico algunas zonas han logrado adquirir justa fama por la calidad de sus frutos, como la de Calanda, reino del melocotón amarillo y
tardío, típicamente embolsado en el árbol, que ha logrado incluso una denominación de origen propia; justa fama han alcanzado, asimismo, las ciruelas de Fabara o de Nonaspe; o la fruta de Valmuel,
población en la que la fruticultura constituye una actividad económica exclusiva. Caspe atrae por
su melocotón y cereza; en la comunidad de Calatayud y el valle del Jalón tienen reconocimiento
unánime sus excelentes cerezas, además de manzanas, peras y melocotón, que ya tenían fama y se
exportaban a Castilla en la Edad Media; en todo el valle del Cinca predomina la denominada fruta
de hueso (cereza, ciruela, melocotón, albaricoque, nectarina), pero también se dan los higos, de los
que Fraga hace, antes más que ahora, dulce pan de higo.
163
HARINERA
En un pasado no muy remoto, alrededor
de la mitad de las tierras cultivables de Aragón se dedicaron al cereal, fundamentalmente al trigo, cuya necesidad de almacenamiento introdujo en el paisaje agrario una
silueta inconfundible, la del silo en franca
competencia con la torre de la iglesia por llegar antes al cielo.
La enorme producción originada no solo
aseguró las necesidades aragonesas sino que
Harinera remozada de la estación de Selgua
permitió asirse al carro de la industrialización
de finales del siglo XIX, de modo que el territorio aragonés se llenó de harineras orientadas a la exportación de harinas para diversos usos: panificación,
sémola, producción de pasta, repostería, etc. Tales harineras —aprovechando la generalización de la nueva
energía eléctrica y la mejora de las comunicaciones— acabaron por arrinconar a los seculares molinosa
rurales de corto alcance. Estas factorías de nueva planta en unión de azucarerasa, alcoholerasa y fundicionesa cimentaron un foco de desarrollo fabril importantísimo al necesitar y potenciar otro tipo de recursos (carbón, hierroa, ferrocarrila, etc.).
La industria harinera ha salvado multitud de escollos (las ventajas otorgadas al trigo castellano por
parte de las compañías de ferrocarril, las dos guerras mundiales y la civil española, la competencia catalana,
etc.), pero la importación de trigos extranjeros más baratos ha obligado a una drástica reestructuración
del sector, lo que ha supuesto el cierre de bastantes factorías.
Hay numerosas harineras desperdigadas por el territorio aragonés, lo que hace difícil relacionarlas todas, trabajo que escapa a nuestros objetivos. Algunas aún funcionan, mientras que otras
—sobre todo las ubicadas en el interior de pueblos y ciudades— hace tiempo que abandonaron su
actividad. En territorio oscense, destacan las de Tardienta, Selgua, Huesca, Plasencia del Monte o
Binéfar, surgidas a la vera del ferrocarril y todavía activas. Otras, ya paradas, han sido o están siendo
rehabilitadas: así sucede con la harinera La Verense, más conocida como el Moliné✪ en Barbastro,
aunque un incendio en 1997 ha retrasado su puesta a punto; con el molino Periel✪✪ (donado por
sus dueños al Ayutamiento de Sabiñánigo para ser centro cultural); o con la harinera La Dolores✪✪
de Caldearenas, hoy Museo y Aula de Interpretación del Pan de Aragón, en cuyas instalaciones
abiertas al público se puede seguir el prolijo proceso que lleva a unos granos de trigo a convertirse
en harina.
En Zaragoza, a la orilla del Canal, inactiva e inmersa en una urbanización moderna, sobresale
lo que fue La Imperial y constituye un buen ejemplo de arqueología industrial. El Ayuntamiento zaragozano ha dado el primer paso para la rehabilitación de la antigua harinera San José✪, edificio de
interés arquitectónico. En Villanueva de Gállego destaca la Ceres Aragonesa✪ (1920), de aire modernista. En ruinas, pero de bonita estampa, es la harinera modernista de Tarazona✪ (1919), que
bien merecería una cierta rehabilitación; la de San José✪✪ de Azuara, levantada en los años cincuenta, conserva intacta toda su maquinaria.
En tierras turolenses, donde el sector harinero tuvo una menor presencia, la harinera María
Manuela✪✪ de Cantavieja, todavía en actividad, espera ser abierta al público. Un ejemplo de rehabilitación está siendo la harinera✪ de Mas de las Matas, merced a los esfuerzos conjuntos del Grupo
de Estudios Masinos y el Ayuntamiento.
164
HORNO
Lo mismo que hoy no se concibe un
pueblo, por pequeño que sea, sin un espacio
polideportivo, alguna sucursal bancaria, una
biblioteca municipal o un supermercado, es
difícil imaginar antaño una colectividad que
careciera de ferreríaa, de carpintería, de tejería, de molinoa y batána, o de horno para
cocer pan. Estos últimos, molino y horno, en
los pueblos de señorío, estuvieron cautivos de
los señores durante muchos siglos, prácticamente hasta comienzos del siglo XIX, de
modo que todo el mundo debía ir a moler el
grano y cocer el pan al establecimiento señorial, pagando naturalmente un impuesto por ello.
Horno de pan cocer, rehabilitado, de Torre de Arcas
Hasta la aparición de la nueva tecnología, la tipología de los hornos varió muy poco durante siglos:
hechos generalmente de mampostería, con paredes muy gruesas para evitar la fuga del calor, debían tener
una cámara oval o redonda de techo abovedado, con un piso o solera de material refractario (losetas generalmente) inclinado desde el fondo hacia la boca; esta se cerraba con puerta metálica que llevaba incorporada una mirilla para observar el interior. Obligadas eran dos lumbreras o tiros para la salida del
humo y para la ventilación. Debajo del conjunto, una cámara para cargar la leña. Una pala de madera
servía para introducir la masa en forma de pan y sacarla una vez cocida.
Aunque hubo hornos de pan en casas particulares, lo normal es que la gente acudiera al horno del
pueblo o de la ciudad para comprar el pan o para que le cocieran la masa elaborada en casa. El trabajo de
panadero estaba muy regulado por las disposiciones municipales o señoriales, con constante vigilancia
por parte de las autoridades. Hoy, cuando se quiere ponderar la calidad de un pan, se suele decir que es
pan de horno cocido con leña.
Aunque muchos de estos hornos tradicionales han desaparecido arrinconados por las nuevas
tecnologías, cada día son más los pueblos que están recuperándolos para mostrarlos como bien patrimonial. Por eso comienza a ser difícil hablar de todos ellos y mucho menos hacer una selección.
Veremos algunos ejemplos a vuela pluma.
Para comenzar lo haremos con un horno de pan convertido en museo, el Museo Horno de
Pan✪✪✪ de Torre de Arcas, horno que estuvo activo desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo
XX, con tres espacios diferenciados: acopio de leña, zona del amasado y boca del horno. Todavía se
utiliza en la primera semana de agosto, con motivo de la semana cultural. Aunque formando parte
de un conjunto mayor, puede verse el horno de la masía que dio origen al Museo Etnográfico de Mas
de Puybert✪✪, en Aler, junto a Benabarre. La Hoz de la Vieja ha organizado su Museo del Pan en el
antiguo horno comunal✪.
Se han rehabilitado o están en proceso de hacerlo, en Pozondón, en Andorra✪ (el llamado
horno de pan cocer), en Rubielos de la Cérida✪ (curioso por su estructura singular); en Albalate del
Arzobispo (muy sencillo, sito al pie del castillo); en Moscardón, en la comunidad de Albarracín,
que ha sido habilitado como restaurante.
165
HORTALIZA
Se llama hortaliza —palabra que viene de hortal o
huerta— a una gran diversidad de vegetales que nos son muy
familiares a fuerza de tenerlos todos los días en nuestros platos. La lista es larga pero de necesaria manifestación para
que no haya equívocos: estamos hablando de la acelga, ajo,
alcachofa, berenjena, bisaltos, borraja, calabaza, cardo, cebolla, champiñón, col, coliflor, escarola, espárrago, espinacas,
fresa y fresón, guindilla, guisante, judía verde, lechuga,
melón, pepino, pimiento, puerros, sandía, tomate o zanahoria. De unas hortalizas se come todo (champiñón); de otras,
solo sus hojas (lechuga), los frutos (pimiento, melón), las flores (alcachofa o coliflor) o los bulbos o raíces (cebolla o zanahoria).
Pero, aparte de familiares entre nosotros, estas hortalizas son también muy abundantes gracias a las peculiaridades del suelo, a la tradición y a la abundancia de agua en
Más del setenta por ciento de la borraja
algunas zonas de huerta (áreas del Cinca, Zaragoza y sus alse cultiva en nuestra tierra
rededores, las Cinco Villas, Jalón-Jiloca, etc.). En unas zonas
predominan más las hortalizas para comer en fresco, en otras
las destinadas a la industria alimentaria, sobre todo, en la vecina navarra.
El mayor número de hectáreas, en orden decreciente, está dedicado a pimiento, tomate, cebolla,
melón, espárrago y judía verde; a bastante distancia les siguen acelga, escarola, espinacas, calabaza, cardo
y borraja. Pero si hablamos de tradición, tres son los nombres que destacan: la borraja, la alcachofa y el
cardo. La borraja —que procede de África y la trajeron los musulmanes— es muy típica de Aragón, y tiene
un currículum impresionante: más del 70 por ciento de la que se cultiva en España crece en nuestra tierra;
es diurética, depurativa y laxante, de manera que los médicos clásicos y el naturalista Linneo la consideraron
planta propia de boticaa y, desde 1997, forma parte del patrimonio agroalimentario de Europa. La alcachofa
y el cardo completan esta gran tríada patrimonial.
Los regadíos modernos han transformado a las Cinco Villas que han pasado de ser granero de
cereales a líder en hortalizas (pimiento, tomate, espárrago, puerro, coliflor, alcachofa, cebolla y ajo).
La alargada Ribera del Ebro con sus pequeños ríos-tentáculo (tomate, cebolla, espárrago, lechuga, coliflor, achicoria, col, repollo, acelga, cardo, melón) tiene nombres propios: la cebolla de
Fuentes de Ebro posee virtudes singulares por su sabor dulce y por el hecho de que al ser cortada no
origina lágrimas. Se produce entre mayo y septiembre. Desde 1997 se la distinguió con la C de calidad
que otorga el Gobierno de Aragón a los productos excepcionales, y se está impulsando la creación
de una denominación de origen. Fama llevan entre los zaragozanos, que son los mayores consumidores, los tomates de Utebo y los cardos de Muel y Mozota. La borraja abunda en los barrios zaragozanos de Las Fuentes, Montañana o Movera.
El río Jalón y afluentes, con La Almunia y Calatayud a la cabeza, aparte de zona fruticultora
importante, lo es también horticultora (judía verde, ajo, tomate, cebolla, melón), siendo afamados
los ajos de Bardallur y Arándiga.
El canala de Cinca-Monegros (pimiento, cebolla, judía verde, tomate) ha hecho el milagro de
que buena parte de tierras antaño cerealistas de secano produzcan hoy frutos tradicionales de huerta.
El agua hace milagros.
166
INDUSTRIA
ALIMENTARIA
Los seres humanos necesitamos una
serie de alimentos básicos para la subsistencia, muchos de los cuales requieren artificio
o industria para su obtención, pues deben ser
tratados y transformados a partir de las materias primas. Ello obligó a la aparición de oficios especializados de los que quedan abundantes restos microtoponímicos en las calles
de nuestros pueblos. Con la llegada del siglo
Interior de una quesería tradicional en Tronchón
XIX y de la Revolución Industrial esas necesidades básicas se convirtieron en un fin para
la propia industria, ya que el aumento de la población y la especialización del trabajo obligaban a producir
cada vez más. De este modo surgió la industria alimentaria, una actividad que buscaba dar de comer al
mayor número posible de personas, así como investigar en la creación y conservación de alimentos.
En Aragón, la industria alimentaria se desarrolla sobre todo entre finales del siglo XIX y las primeras
décadas del siglo XX como consecuencia general del aumento de población, del desarrollo de la ciudad de
Zaragoza y de los excedentes del campo aragonés. En este desarrollo tuvieron un gran protagonismo las
azucarerasa y las harinerasa, así como otras industrias que directa o indirectamente dependieron de estas
factorías, como las alcoholerasa, la pastelería… A estas industrias les acompañaron las del sector cárnico
con sus mataderosa, las del vino, aceites, y derivados del cacao y del chocolate.
Como consecuencia de la presencia tradicional de esta industria en nuestra tierra, tenemos multitud
de establecimientos fabriles, alguno de ellos todavía productivos, que son parte de nuestro patrimonio.
Junto a ellos deben ser tenidos en cuenta algunos museos y centros de interpretación que tratan de evidenciar la importancia de algunos productos concretos.
La visita a fábricas actuales (pastas, turrones, quesos, chocolate, conservas vegetales, arroza,
harina, etc.) es relativamente fácil si se establece contacto previo con ellas. No obstante, también
existen museos repartidos por todo Aragón.
Para la elaboración de harina, puede acudirse a la fábrica de harinas La Dolores de Caldearenas✪✪, o al molino de harina de Miravete de la Sierra✪✪. Para la elaboración del vino, son interesantes el Museo del Vino de Cariñena✪✪, el Museo del Vino de Nuévalos✪✪ y el Museo del Vino
El Trasiego de San Martín del Río✪. La pastelería dispone del Museo de la Pastelería de Daroca✪✪.
En Alfambra✪ existe un Museo de la Remolacha azucarera ubicado en el antiguo lavaderoa; en Calamocha✪ se encuentra el Museo del Jamón, aunque como alternativa se puede asistir a alguna feria.
Para la miel, es indicado el Museo de la Apicultura de Ejea de los Caballeros✪✪; en cuanto al aceite,
aparte de acudir a alguna de las muchas almazarasa abiertas, se puede acudir a la Casa-Museo del
Aceite de Aniñón✪, al Museo del Aceite de Ráfales✪ o al Museo del Aceite de La Muela✪✪. Monreal
del Campo✪✪ tiene abierto un Museo del Azafrán; la fábrica de cervezas La Zaragozana✪✪ acoge
gustosa a los visitantes.
167
LATIFUNDIO
Tradicionalmente, en nuestro país las
fincas rústicas han presentado dos tipos en
cuanto a su extensión, propiedad y rendimiento: el minifundio y el latifundio. El minifundio consiste en una pequeña extensión de
terreno de pocas hectáreas que pertenece a
una sola familia a la que sirve para subsistir
con técnicas de explotación razonablemente
actualizadas; el latifundio, por el contrario, se
basa en una gran extensión de tierra, superior
a doscientas o quinientas hectáreas, según los
criterios, que también pertenece a una familia, que la puede explotar directa o indirectamente, con rendimientos desiguales.
Pueden verse algunos latifundios en la Hoya de Huesca,
en los alrededores de Plasencia del Monte
Históricamente, los latifundios se relacionan con las villas romanasa en las que se producía todo lo
necesario para alimentar a las ciudades romanasa. Tras la caída del Imperio, entre los siglos XII y XIII, el
latifundio se convierte en la base de la economía señorial. Los señores, ya nobles laicos o eclesiásticos,
concentraron en sus manos enormes extensiones de tierra, cultivadas por los vasallos de cada señorío
prácticamente adscritos a la gleba, fundamento remoto de los actuales latifundios y una de las características del Antiguo Régimen contra las que luchó la Revolución Francesa.
Las medidas desamortizadoras de mediados del siglo XIX, así como los gobiernos de Carlos III y de la
II República, intentaron distintas reformas agrarias que desgraciadamente fracasaron. Incluso se ha llegado
a afirmar que los latifundios actuales se configuran de manera definitiva entre el siglo XIX y comienzos
del XX. Ahora, en el lenguaje socio-económico actual, la palabra latifundio se suele emplear para denominar
a las grandes extensiones agrarias cultivadas de forma poco eficaz, en las que se utilizan técnicas productivas retrasadas para cada momento y lugar, con rentabilidades bajas y que generan pobreza y desigualdad.
Por el contrario, las grandes fincas cultivadas con medios industriales modernos y con criterios económicos
y legales racionales reciben el nombre de gran propiedad.
Una zona aragonesa donde se pueden ver latifundios y grandes propiedades es la de los Monegros tradicionales, tanto en la parte oscense como en la zaragozana, compartimentación agraria que
cualquier observador puede percibir desde los distintos miradores naturales repartidos por la sierra
de Alcubierre✪✪✪. En esta zona pasan de cuarenta las fincas de entre 500 y 2500 ha. Los municipios
afectados son los de Alfajarín, Bujaraloz, Farlete, La Almolda, Leciñena, Monegrillo, Peñalba y Perdiguera, en la zona zaragozana, y los de Alcubierre, Candasnos, Castejón de Monegros, Lanaja y Pallaruelo de Monegros, en la parte oscense.
Junto con esta zona descrita, a la que cabe aún añadir los grandes municipios del Bajo Aragón
histórico y el Campo de Belchite, se unen tres zonas más: la de Zaragoza (donde cabe recordar los
acamposa que rodean a la ciudad y parte de las Cinco Villas; las zonas turolenses del Maestrazgo y
Gúdar-Javalambre; y la zona pirenaica, con grandes extensiones pertenecientes a los municipios.
Sueltas aparecen La Almunia, Calamocha o Épila. Los latifundios, pues, forman parte de nuestro
patrimonio como pueblo.
168
LEGUMBRE
La alimentación está determinada sin
duda no solo por motivos económicos, sino
también por motivaciones geográficas, históricas, ecológicas, climáticas y culturales. Las
legumbres son un tipo de comestible bastante
resistente y adaptable a gran diversidad de
medios y condiciones, de ahí que suelan aparecer en tierras muy diversas y alejadas entre
sí. Su cultivo se remonta al Neolítico y, de hecho, se han encontrado en asentamientos huAunque la producción aragonesa sea escasa actualmente,
manos de Oriente Próximo semillas fósiles de
el garbanzo tiene larga tradición entre nosotros
lentejas y guisantes de unos ocho mil años de
antigüedad. Es muy posible, sin embargo, que
estas semillas se conocieran antes y que pudieran ser recolectadas por grupos nómadas para complementar
su dieta y alimentar al ganado.
Entre las legumbres más consumidas y populares destacan la soja —muy apreciada en Oriente y cultivada desde hace cuatro mil años—, las lentejas, los guisantes, los garbanzos, las habas y las judías, tanto
rojas como blancas, que proceden de América y que, en principio, solo eran accesibles a los más ricos. En
cuanto a sus características nutricionales, la gran aportación de proteína las convierte en imprescindibles
en la dieta de muchos países pobres.
Las plantas leguminosas pueden variar externamente, pero se las reconoce porque su fruto o semilla
se encuentra protegido por una vaina. El consumo y su cultivo —más este que aquel— han descendido en
Aragón debido al cambio de tendencia en la alimentación humana y a la generalización de los piensos
compuestosa en la nutrición del ganado. Sin embargo, algunas legumbres forman parte de nuestro patrimonio alimentario. Aunque quizás sin mucho conocimiento bíblico, todavía se dice que uno se vendería
por un plato de lentejas, y en el menú de nuestros comedores escolares las legumbres —junto con la pasta—
aparecen invariablemente una o dos veces por semana.
En Embún, en el valle de Echo, todavía se cultivan en muchos huertos los boliches que le han
dado fama, como la han adquirido cuando se hacen acompañar en la olla y en el plato de cebolla,
zanahoria, puerro, laurel, ajo, morro de cerdo, chorizo, aceite, agua y sal. También en Luesia, en las
Cinco Villas, se cultivan boliches, pero sobre todo judías, tanto que han dado pie a que periódicamente se celebre en la villa la Feria de la Judía. Casi tanto como su puente romano, famosas son, asimismo, las judías de Luco de Jiloca. En Tarazona, con motivo de la romeríaa del Quililay —que se
celebra el primer domingo de julio acudiendo al santuario de Nuestra Señora de Moncayo—, las judías desempeñan un papel fundamental, puesto que son repartidas por el Cabildo turiasonense junto
con migas a la pastora ofrecidas por el Ayuntamiento.
Los bisaltos, guisantes que se comen con su vaina, son típicos en la mesa de muchos de nuestros
pueblos —Mezalocha, por ejemplo—, acompañados de aceite de oliva o un poco de jamón.
El término rural del Garbanzal en los campos aledaños a Mallén nos delata la presencia en otro
tiempo de los garbanzos en la comarca de la Huecha.
Algunas de estas legumbres son la base de cocidos y potajes muy calóricos, como, por ejemplo,
los «recaos», que nos recuerdan la gran cantidad de energía que necesitaron los aragoneses del pasado
para trabajar en el campo.
169
MADERA
Si la madera pudiera hablar describiría
a la perfección la historia de la humanidad
pues ha ido indisolublemente unida al hombre a lo largo de los siglos hasta hoy. Probablemente, contaría cómo nuestros antepasados la usaron como arma, combustible, elemento constructivo, herramienta y apero
agrícola, mobiliario de casas humildes y palacios, menaje de cocina, medio de transporte
terrestre y marítimo, imaginería religiosa, instrumento musical y un largo etcétera inabarLa madera era transportada
por navatas por los ríos hasta llegar al Ebro
cable. Leñadores, navateros, aserradores, carboneros, organistas, carpinteros, ebanistas,
carreteros, arquitectos, armadores y tantos otros formaron parte de una larga cadena de especialistas. La
madera, en manos del artesano o del artista, lo mismo fue prosaico bien de consumo diario como inapreciable obra de arte.
Nuestros antepasados remotos y recientes, como no podía ser menos, también dependieron de la
madera, de forma que la carpintería —como meta de un largo proceso de preparación— era establecimiento
imprescindible en cualquier pueblo. También lo fue la ebanistería de encargos más detallistas.
Carpinteros y ebanistas casi siempre dependieron tanto de los árboles disponibles en la comarca
como de las propiedades de cada tipo de madera: la sabina se utilizó para hacer vigas, pariderasa y azudesa
porque espanta los insectos; el acebo se empleó como matriz en la imprentaa; el enebro, como eficaz antipolillas, en la construcción de muebles; el quejigo se utilizó en las bordasa por su resistencia; el boj, para
hacer cubiertos, y el tejo, por su dureza, para hacer palas destinadas a las minasa; del nogal surgieron sillerías de iglesia y muebles para el salón de día de fiesta.
Pero, aparte de esta artesanía de lo cotidiano, la madera destacó en la carpintería y ebanistería mudéjara para ser techumbrea o puertaa donde su tratamiento adquiere categoría de arte. Artistas de aquí
y de allá hicieron de la madera órganoa, facistol, silleríaa, retabloa, esculturaa…, mientras que de manos
más prosaicas pero no menos eficaces nacieron cucharas, tenedores, escudillas, el almirez de hacer ajoaceite, molinillos, fuelles…
Dejando aparte la madera hecha arte que tiene varios huecos especiales en este repertorio, nos
interesa ahora hacer el suyo a la madera de usos más cotidianos y utilitarios. Quedan aún aquí y allí
artesanos que ofrecen cucharas de madera, llaves, pequeños cofres, etc., pero para una visión completa
del fenómeno disponen de museosa adecuados.
Entre los museos especializados, para hacernos una idea del proceso, cabe citar el Museo de las
Navatas y la Madera✪✪, de Laspuña, y el cercano Centro de Interpretación de la Naturaleza y Actividades Tradicionales✪ sito en Ceresa. No muy lejos de allí, la villa de Campo nos ofrece un Museo
de Bastones✪. Bastante más alejado, en la población turolense de Blesa, previa concertación de
visita, podemos recorrer su Museo de la Carpintería y de la Fragua✪. Entre los muchos museos etnográficos de carácter general, algunos dedican salas muy completas a la madera, su tratamiento y utilidad práctica. Esos pueden ser los casos del Museo de Oficios y Artes Tradicionales✪✪ de L’Aínsa,
cuya primera planta está dedicada a la madera y sus múltiples formas de utilización; y el Museo Ángel
Orensanz y Artes de Serrablo✪✪ de Sabiñánigo, de similares características que el anterior.
170
MOLINO
Históricamente, en la mayor parte de
las tierras aragonesas se ha sembrado y se
siembra cereal. A fin de explotar al máximo
este recurso agrícola fue preciso el molino
para molerlo y hacer de la harina pan. Necesitaba el molino de una rueda vertical y eje
horizontal o, al revés, de una muela horizontal
y eje vertical. Las aspas que llevaban en su perímetro las ruedas eran empujadas por el
agua que les caía con fuerza de la acequia,
Molino de viento de Ojos Negros,
del río o del arroyo produciendo una energía
uno de los pocos conservados en Aragón
que mediante engranajes diversos movía
mazos, martillos pilones, martinetes, sierras o
fuelles para ser molino harinero, aceitero o almazaraa, molino trapero o batána, de yeso y de papela. La
fuerza del agua hecha pan.
Estos molinos hidráulicos —pocos cursos de agua por pequeños que fueran no los tuvieron— fueron
habituales en monasteriosa, señoríos y pueblos, donde constituyeron una auténtica revolución tecnológica
y una fuente de poder y riqueza puesto que solo se podía moler en los molinos señoriales.
La tecnología del molino de agua evolucionó lentamente y, en el siglo XVI, se sumó el de viento.
Juntos llegaron hasta el siglo XX, en el que la tecnología molinera cambió con el aprovechamiento de la
energía hidroeléctrica. Poco a poco dejó de hablarse de molinos y fraguas para pasar a hacerlo de harinerasa y fundicionesa.
Los molinos aún se atrevieron a adentrarse en el siglo XX, pero en torno a los años cincuenta quedaron
paralizados. Eso significa que muchos quedaron abandonados. Hoy se los rehabilita como objeto de museo
y bien patrimonial.
Prácticamente no existe pueblo que no tenga vestigios mejor o peor conservados de uno o varios molinos. Su enumeración y selección es casi imposible. Busquemos, no obstante, algunos para
visitarlos.
En Huesca, ha sido rehabilitado el de Alcolea de Cinca✪✪, del siglo XII, con la maquinaria original y todo el sistema acuático. Merece la pena ser visto, aunque hoy es vivienda y almacén, el Molino de Abajo, en Monzón. Interesantes son los de Las Almunias de Rodellar✪✪, en la sierra de
Guara, con toda su maquinaria; el de Chimillas✪✪ y el de Yeste, hoy convertido en casa rural.
En Teruel, son varios los ejemplos: el molino de Calamocha, cerca del puentea romano, que
procede del Renacimiento; en Mas de las Matas hay varios, remitiéndonos concretamente al llamado
del Brazal✪✪; interesante es también el de Manzanera✪✪, levantado entre los siglos XVII-XVIII.
En Zaragoza, cabe acercarse al molino de Mélida✪✪, en Alberite de San Juan; y a los de Cinco
Olivas y Pina (el molino del conde de Sástago✪✪), así como el recuperado harinero de Ibdes. ✪✪.
Como molino de viento destaca el rehabilitado de Malanquilla✪✪, camino de recuperación que
han seguido otros posteriormente: Sestrica (El Palomar), Ojos Negros✪✪ y Used.
171
MUEBLE
Los muebles, imprescindibles en la civilización occidental, desempeñan varias funciones, desde facilitar el descanso y propiciar
la convivencia hasta guardar y ordenar los objetos más variados. Parece ser que la primera
civilización en dotarse de muebles fue la egipcia, en la que ya se aprecia una distinción
entre muebles sencillos muy difundidos entre
las clases populares, como el taburete, y muebles de lujo, propios de las clases altas, como,
Magnífico armario renacentista
por ejemplo, camas o sillas. Esta distinción inide la sacristía de la catedral oscense
cial perdurará a lo largo del tiempo, de modo
que hoy distinguimos entre muebles populares y muebles cultos. Los primeros, realizados por carpinteros sin pretensiones, suelen ser intemporales,
aptos para lo cotidiano, sencillos y funcionales, y muy conservadores a la hora de aceptar innovaciones.
Los segundos, de factura más cuidada, hechos con mejores maderasa, están más abiertos a la innovación,
a la moda y a los estilos artísticos imperantes, por lo que hablaremos de muebles renacentistas, barrocos,
modernistas, etc. En Aragón se puede reconstruir, sin duda, la historia de nuestro mobiliario.
Los muebles cultos, en menor número y más desperdigados que los populares, se encuentran en catedralesa, iglesias, casas consistorialesa, palaciosa y, en general, en edificios señoriales. Muchos de los
muebles populares aún son útiles in situ, pero si no fuera así los podemos contemplar en varios museos
etnográficos repartidos por todo Aragón. No obstante, con la producción en serie desde principios del
siglo XX, los muebles se han homogeneizado perdiendo personalidad.
Muebles cultos existen bastantes, pero dispersos. La siguiente relación, en la que se omite el
estilo artístico, es solo indicativa como llamada de atención e incentivo. Son sillas importantes la
de San Ramón, en Roda de Isábena, la prioral de Sigena (hoy en Cataluña), la del síndico de la Comunidad de Daroca, en esta ciudad, o la de la Casa de Ganaderos de Zaragoza. Como ejemplos de
sitial, sirvan los de San Pedro de los Francos (Calatayud) o parroquial de Villarreal de la Canal. Armarios existen muchos y preciosos: los del ayuntamiento de Huesca, de la catedral oscense, de la sacristía de Javierre, el armario relicario del monasterio de Piedra (hoy en Madrid), etc. Ejemplo de
puerta, la de la sacristía mayor del Pilar, y, de cajonera, la de Roda de Isábena. Los bargueños y taquillones existen en muchos lugares. Como síntesis bastante completa, sirva el palacio de los Barones
de Valdeolivos✪✪ o casa Ric de Fonz.
Muebles populares los hay en abundancia. Con los existentes se podrían amueblar muchas casas
completas. El listado es impresionante: camas, catres, mesillas y cunas, armarios, alacenas y cajoneras,
arcas y arcones, cadieras, sillas, banquetas de fogón y mesas, bargueños y escritorios, atriles, canarieras,
etc. En muchos de nuestros museos etnográficos se exponen muebles más o menos sueltos; en otros,
se han habilitado habitaciones completas (Museo de Artes de Serrablo; Museo Etnológico de Zaragoza, Museo Etnográfico de Codos, Museo Etnológico Lo Masmut de Peñarroya de Tastavins); otros
han habilitado una casa completa, con todo su mobiliario (Museo Etnográfico Mas de Puybert✪✪,
en Aler, cerca de Benabarre; Museo Etnológico Familia Santas✪✪, de Bolea) y merecen, sin duda
alguna, una visita.
Si faltara algún mueble, quizás se pueda encontrar diestramente dibujado en el Museo de Dibujo
Castillo de Larrés, en esta población cercana a Sabiñánigo.
172
OLIVO
El olivo, que es símbolo de paz, es también uno de los cultivos mediterráneos más
corrientes junto al cereal y la vida. Dentro de
la clasificación botánica se le conoce como
Olea europea y se piensa que su cultivo se inició en Oriente Próximo hace seis mil años y,
presumiblemente, fue traído por fenicios y
griegos hasta las costas de Iberia alrededor
del año 500 a. C. Antes en esta tierra existían
acebuches, una variedad de olivo silvestre de
fruto poco aprovechable.
Plantaciones de olivos divisadas
desde el poblado prerromano de Calaceite
La principal virtud de este árbol, no excesivamente alto y de troncos y ramas retorcidos, es producir un fruto, la oliva o aceituna, que puede ser consumido, bien directamente o bien prensado
para obtener aceite en las almazarasa. Ese líquido dorado se usa para la preparación y conservación de
alimentos, pero antaño también se utilizó como combustible de candiles para iluminar las estancias de las
casas.
La abundancia del olivo en nuestra tierra, algo apartada del Mediterráneo, se debe a sus peculiares
características, ya que se trata un árbol resistente a los rigores del clima y, aunque no soporta bien las heladas, es bastante longevo y de hoja perenne.
La aceituna empeltre, originaria de Pedrola, de color negro, es la base del ochenta por ciento del
aceite de denominación de origen, junto a las variedades aberquina y royal que aportan el veinte por ciento
restante. En Aragón existen alrededor de cincuenta mil hectáreas de olivares que contribuyen al equilibrio
del ecosistema —protegen el suelo y son fuente de alimento—, por lo que constituyen un patrimonio que
debe ser conservado.
Aunque se da en todo Aragón, son zonas olivareras por excelencia la Hoya de Huesca, el Somontano de Barbastro, La Litera, el Somontano del Moncayo, la Tierra de Belchite y el Bajo Aragón.
Impresionantes son las vistas desde el santuario del Pueyo✪✪, junto a Barbastro, o desde el poblado
ibérico de Calaceite✪✪✪, con mares de olivos a sus pies en dirección a los cuatro puntos cardinales.
En busca de los aceites de sus almazaras, generalmente regentadas por cooperativasa locales, ha surgido últimamente una especie de oleoturismo, a lo que ha contribuido la creación de la denominación
de origen por parte del Gobierno de Aragón.
Bastantes pueblos han abierto museos especializados en el cultivo del olivo y su transformación
en aceite. Ahí están la Casa-Museo del Aceite de Aniñón✪✪ (aprovechando un antiguo molino
con toda su maquinaria intacta); el Museo del Aceite de La Muela✪✪ (ubicado en el antiguo molino
de la Olearia, con todas sus máquinas restauradas); y el Museo del Aceite✪✪ de Ráfales (ubicado en
la antigua almazara —el Molí de L’Hereu—, compartiendo edificio con un moderno hotel rural).
Todos son dignos de una detenida visita.
Por último, si en La Fresneda se pueden contemplar olivos centenarios, en la comarca de los
Monegros, concretamente en la localidad de Alberuela de Tubo, se ha recuperado una centenaria
explotación olivarera llamada el Rincón del Olivar.
173
PLANTA TEXTIL
Vivienda, alimentación y vestido constituyen necesidades básicas desde los albores
de la humanidad. En el caso del vestido, hasta
la aparición de las fibras sintéticas, de origen
bien reciente, la materia prima se obtuvo de
los animales (cuero, lana y seda) y de las plantas textiles, principalmente lino, cáñamo y algodón.
De esta trilogía textil, hasta los albores
del siglo XX los aragoneses cultivaron mucho
El cáñamo y el lino, cuya flor vemos,
cáñamo (necesitado de poco agua y de suelos
fueron insustituibles durante siglos
poco exigentes), que, unido al esparto, al junco y a la caña originaron pequeñas industrias
y talleres artesanos de alpargatería, cestería, cordelería, atalajes, bayetas, paños. Menor presencia tuvo el
lino porque requería mayor humedad de la tierra y una cierta riqueza de suelo. El algodón, introducido
por los árabes en Europa, apenas tuvo incidencia hasta la generalización del regadío en el siglo XX, debido
a que necesita suelos profundos, nitrogenados y mucha agua. A este trío de plantas textiles —cáñamo,
lino y algodón— podríamos añadir la seda, al considerar que la morera es fundamental para la cría del gusano. Actualmente, el cultivo de estas plantas es testimonial.
Si nos limitamos a las prendas de vestir de uso corriente, no solo son ahora distintas por imperativos
de la moda, que siempre ha existido, sino que el tejido es también diferente. Hoy calcetines, medias, pantalones, faldas, camisas e incluso la ropa interior suelen ser de fibras artificiales o sintéticas, todo elaborado
en serie en fábricas automatizadas repartidas por lugares remotos. Basta con ir a una tienda, a unos
grandes almacenes, y pedir la talla adecuada, pero este fenómeno es moderno, muy reciente. Como mucho,
de los años cuarenta o cincuenta del siglo XX para aquí.
Enriar o remojar el cáñamo o el lino; secar los manojos de nuevo; quitarles las semillas con el esgarbador y machacar los tallos con la cascadera para liberar la fibra flexible de la tosca; suavizarla mediante
el espadado y hacer surgir la fibra fina con la corona de Cristo o rastrillo; convertirlo en ovillo con la rueca,
el enrocador y el huso; hacerlo madeja con el demoré; blanquear el nuevo hilo en el roscadero tras hacer
lejía con agua caliente y la ceniza del hogar; y formar por fin la madeja blanca en la devanadera para
llevarla al telara, es todo un proceso trabajoso. Seguirlo paso a paso es toda una lección patrimonial, de
vida pasada, y hoy se puede hacer acudiendo a alguno de nuestros museosi etnológicos, unos más completos que otros.
Antes de llevar la fibra tan trabajosamente conseguida al telar, donde comenzaba otro proceso
artesanal, había que lograr hacer de cañas ásperas hilo. En realidad, secarse con una toalla de lino
era como hacerlo con un puñado de arañazos domesticados. Hoy no hay nadie que lo haga, pero
puede aproximarse uno en varios museos.
Puede acudirse al Museo de Artes Populares de Serrablo✪✪, en Sabiñánigo, con buena y abundante dotación de material y explicaciones suficientes. Aunque es más exposición que museo, el
Museo Etnológico Miguel Longás✪ de Ejea es útil; el Museo de Oficios y Artes Tradicionales✪✪ de
L’Aínsa dedica la segunda planta de su edificio a la producción y objetos derivados de las fibras textiles, incluyendo también la lana.
174
TRUFA
A nadie se le oculta que las zonas montañosas de Aragón son ricas en setas, no solo
recogidas por los naturales del país, sino también por una ingente cantidad de foráneos
—muchos de ellos con intenciones meramente mercantiles acudiendo en cuadrilla y
con camionetas, y, en general, con poco cuidado por el monte que no es suyo—, lo que
ha motivado que en muchos lugares se haya
puesto coto a este tipo de depredación sisteEmpresa dedicada a la comercialización de la trufa en Sarrión
mática. Hayedos, abetales, abedulares, robledales, encinares, carrascales y pinares acogen
una gran variedad de setas que también han
dado origen a una sugestiva gastronomía autóctona, con interesantes ferias y encuentros micológicos
anuales, cual es el caso de poblaciones como Ayerbe.
En ese mundo mágico de la micología, nuestra tierra tiene una larga tradición en la búsqueda dificultosa, casi artística, y en su aún más misteriosa comercialización de un hongo especial: la trufa, sobre
todo la negra. Un mundo en el que puedes estar tomando un café en un bar de Graus, rodeado de gente
de normal apariencia que conversa de cosas baladíes pero que, en definitiva, está vendiendo y comprando
trufa por un valor de decenas de miles de euros. ¡Qué bien me ha sentado el café!
Hasta ahora —porque desde hace algún tiempo la trufa ya se siembra— su búsqueda requería de perros —incluso de cerdos— convenientemente adiestrados, porque tan preciado manjar se oculta hasta más
de treinta centímetros bajo la superficie, junto a las raíces que más les gusta, las de las encinas. Los truferos
aragoneses —que suelen arrendar los montes donde ejercen tan misteriosa profesión, los recorren y vigilan
todo el año, pero sobre todo de diciembre a marzo, que es cuando la trufa madura— han llevado a Aragón
a ser la primera región productora de España de tan áureo producto. Y así como la lonja cárnica de Binéfar
sirve de referencia para la venta de carne en el país, Graus y Mora de Rubielos, junto con Vic y Morella,
marcan el precio fluctuante, pero siempre elevado, según la oferta y la demanda en cada momento.
También ha nacido toda una cultura en torno a su conservación. La mejor, la fresca, aunque siempre
conservada en un recipiente cerrado y rellenado de agua para que no pierda el aroma, pero también se ha
aprendido a congelarlas sin perder un ápice de su frescura, o a conservarlas con aceite.
En Aragón existen tradicionalmente varias zonas truferas: en los Pirineos, aunque se dan en
más sitios, a la cabeza están el Sobrarbe y la Ribagorza, con Graus, Benabarre y Aínsa como centros
neurálgicos, sobre todo el primero.
En los montes de la Cordillera Ibérica, el Maestrazgo, Gúdar-Javalambre, parte del Bajo Aragón
turolense y el Matarraña son las zonas más ricas, en este caso con Mora de Rubielos a la cabeza, aunque desde hace algún tiempo Sarrión ha surgido con fuerza con los frutos de sus carrascales, villa en
la que precisamente se convoca cada diciembre la Feria Internacional de la Trufa [FITRUF], pues
no en vano la provincia turolense es la primera productora nacional.
175
VID
Junto al cereal y el olivoa, la vid forma
parte de la conocida trilogía agrícola mediterránea y su cultivo corre parejo al nacimiento
de la misma agricultura en el Neolítico. Fácilmente reconocible, su aspecto es el de una
planta trepadora de tamaño medio, de tronco
nudoso y retorcido y de hojas pecioladas de
color verde que presenta una gran variedad
de tipos y frutos.
Aunque sabemos que en Aragón se culPlantación de viñedos en el Campo de Cariñena
tivó vid desde tiempos remotos, no encontramos grandes viñedos hasta la Edad Media,
precisamente en tierras en las que hoy no abunda en demasía, la Jacetania y las Cinco Villas. Sabemos que
las variedades aragonesas en aquel tiempo, de ahí que constituyan parte de nuestro patrimonio, fueron la
garnacha tinta y blanca, la mazuela y la macabeo. La expulsión de los moriscos —excelentes agricultores—
a comienzos del siglo XVII significó un duro golpe para los viñedos, y costó mucho recuperarlos. Sin embargo, ya en el siglo XVIII se produjeron grandes excedentes de vino que se destinaron a la exportación.
Las comarcas más productivas fueron Cinco Villas, Monegros, Jacetania, Somontano, Bajo Aragón, Jiloca
y las zonas de Valderrobres, Cariñena, Calatayud y Borja. Los caldos de estos viñedos se vieron favorecidos
por el desastre de la filoxera en Francia.
Tras esta época favorable, a finales del siglo XIX la plaga de la filoxera llegó también a nuestra tierra.
Muchas especies autóctonas fueron arrancadas para plantar vides americanas (rupestre y riparia) y su introducción modificó incluso los hábitos y las técnicas de cultivo. A la vez, la evolución del negocio del vino
obligó a que muchas especies aragonesas fueran desplazadas.
Muchas bodegasa aragonesas con denominación de origen [D. O.] emplean algunas de las
vides autóctonas, varias veces seculares, en la elaboración de sus vinos, aunque en ocasiones su presencia sea solo testimonial. Para conocerlas, lo mejor es informarse en los Consejos reguladores o en
bodegas particulares, donde siempre lo hacen con sumo gusto.
Las variedades autóctonas y patrimoniales intervienen en la elaboración de la mayor parte de
vinos aragoneses, tanto en los de D. O., como en los llamados vinos de la tierra (valle del Cinca, ribera del Gállego-Cinco Villas, Valdejalón, Campo de Belchite, valle del Jiloca). Por variedades, su
distribución más o menos es la siguiente: la garnacha, quizás la uva más aragonesa, continúa siendo
la reina, singularmente en la provincia de Zaragoza. La garnacha tinta es típica de Calatayud, Campos
de Borja y Cariñena y de la provincia de Teruel; en cuanto a la garnacha blanca abunda en los vinos
del Bajo Aragón. La mazuela Cariñena se cultiva en el campo del mismo nombre, aunque actualmente está siendo cultivada fuera de Aragón; es importante en la D. O. Calatayud. La variedad macabeo (blanca), tal vez la más cultivada después de la garnacha, es importante en las D. O. de
Calatayud y del Somontano. La moristel se cultiva en Zaragoza y en el Somontano oscense, donde
está considerada variedad principal; en Cariñena la uva recibe el nombre de moristel-Juan Ibáñez o
concejón, aunque en esta última D. O. no es muy abundante. La tempranillo se cultiva en Calatayud,
Campo de Borja y Somontano. La robal interviene en los blancos de Calatayud y la moscatel de
Alejandría aparece en los blancos del Campo de Borja. Todas ellas conviven en los vinos con especies
foráneas, como la syrah, la pinot noir, la cabernet-sauvignon, la merlot, etc.
176
VIII
LA AYUDA DE LOS ANIMALES
h
Abrevadero ............................................................................ 179
Arnal ...................................................................................... 180
Avicultura .............................................................................. 181
Calzado................................................................................... 182
Cañada ................................................................................... 183
Casa de Ganaderos................................................................. 184
Corral ..................................................................................... 185
Cuero...................................................................................... 186
Matadero ................................................................................ 187
Oveja...................................................................................... 188
Palomar ...................................................................................189
Paridera .................................................................................. 190
Toro ........................................................................................ 191
Trashumancia ......................................................................... 192
ABREVADERO
Cualquiera que tenga es sus manos un
documento de delimitación territorial de
bienes rurales (carta de población, compraventa de heredad, testamento, etc.) se percatará de la relevancia que se concede a los
montes, pastos, caminos y aguas, fundamento de la economía agropastoril imperante
hasta pleno siglo XX. Ciñéndonos a las aguas,
estas tenían importancia suma como fuerza
motriz, para la pesca, el riego y o para el abastecimiento de hombres y animales.
Conjunto de fuente, abrevadero y lavadero de Castelserás
Asegurar el agua de boca para los animales era imprescindible, tanto en descampado como en las proximidades del poblado, valiéndose para
ello tanto de arroyos, balsasa y fuentesa naturales como de artificios para recogerla hechos por el hombre
en forma de pileta de madera (ahuecando un tronco de árbol) o de piedra y obra: son los abrevaderos.
Unos eran comunales y otros privados, pero en cualquier caso siempre debían estar limpios y practicables.
En multitud de ocasiones estaban ligados a las cabañerasa a las que servían de apoyo. Pocas veces una
construcción tan pobre ha dejado tanta huella documental.
Si nuestros montes y campos están salpicados todavía de estas elementales construcciones, casi
todos los pueblos dispusieron de abrevaderos urbanos, casi siempre ligados a la fuente y al lavaderoa.
Fuente primero, abrevadero después y lavadero al final, sirviendo el agua sobrante para riego de los huertos
aledaños. Es una constante de la que quedan todavía múltiples ejemplos, aunque ahora sean solo testimonio patrimonial de un pasado casi inconcebible hoy, bienes obsoletos que están siendo rehabilitados
con mimo.
Es fácilmente comprensible la dificultad que entraña efectuar una selección de abrevaderos
urbanos y mucho menos una valoración: son muchos y la mayor parte anodinos pilones que solo en
el caso de estar hechos en piedra admiten algún tipo de decoración. Pero no queremos dejar de citarlos como bien patrimonial de inusitada importancia a pesar de su sencillez.
Por su elevado número y buen estado de conservación merece ser destacada la sedienta comarca
del Campo de Belchite✪✪, en la que la buena gestión del agua siempre ha sido primordial: ligados a
la fuente, los hay en Almonacid de la Cuba (que conserva una importante presa de origen romano),
Azuara (enfrente de la fuente Alta de los veinte caños), Lagata, Moneva, Moyuela y Plenas (en este
caso con lavadero anejo).
Como ejemplos dignos de mención, entre otros muchos posibles, merece la pena detenerse a
ver la trilogía fuente-abrevadero-lavadero del siglo XVIII rehabilitada en Abiego. En el caso de Navasa nos encontramos haciendo las veces de abrevadero una antigua pila bautismal. Con cierto valor
artístico, cosa bastante rara, hallamos el abrevadero medieval de Castellote. El pueblo de Castelserás,
por su parte, ha recuperado el gran abrevadero del siglo XIX, unido a la fuente y al lavadero, todo
ello junto a un antiguo molino aceitero.
En casi todos los casos, la rehabilitación —aparte de conservar un bien patrimonial otrora importante— ha logrado crear ambientes bucólicos y recoletos apropiados para la tertulia en paz, que
no es poco.
179
ARNAL
En el peculiar y rico mundo de la apicultura, se denominan arnales a los recipientes preparados por el hombre para poder
recoger la miel, la cera, el polen, el propoleo
y la jalea real que producen las abejas. El
nombre, de origen céltico, parece derivado de
una variante del aliso, árbol abundante en el
pasado en cuyos troncos ahuecados se instalaron las primeras colmenas naturales. Luego
el hombre, con materiales diversos (cañas
Uno de los magníficos arnales que aún quedan en pie
trenzadas, corcho, tablas, barro e incluso boen Castejón de Monegros
ñiga de vaca), ideó recipientes de formas variadas —tumbados unos o verticales otros— e
incluso los agrupó en bancales e hileras dispuestos uno encima de otro dando origen a auténticos edificios
cubiertos con techumbre conocidos como arnales, colmenares o abejares según las zonas.
Muy tardíamente, en el siglo XIX, un tal Layens ideó una especie de arcón, la colmena rectangular de
madera, compuesta por varios panales que se pueden extraer para arrancar con facilidad los productos
melíferos allí depositados. Asimismo, el invento permitió mover de emplazamiento las colmenas, lo que
ha dado origen a una auténtica trashumancia apícola.
La acariasis (enfermedad de las abejas) de los años treinta y el cambio de vida en el campo producido
a mediados del siglo XX, con la despoblación consecuente, supuso el abandono de muchos arnales, de ahí
que buena parte de los existentes se hallen medio derruidos, cuando no han quedado solo reflejados en la
toponimia rural. No obstante, en la actualidad, al calor del Plan Apícola Nacional, se ha recuperado esta
actividad, sobre todo en las Cinco Villas, una de las zonas más productoras de España.
Aunque colmenas Layens se pueden ver en muchos pueblos de Aragón, pocos son los arnales
antiguos que han llegado hasta nosotros, aunque afortunadamente algunos se están recuperando. En
el Alto Gállego, por ejemplo, se pueden ver en Aineto, Villobas y, sobre todo, en Yéspola, con su
colmenar cubierto por un tejado de lajas✪✪; rústico pero atractivo es el de Santa María de la Nuez✪,
en Sobrarbe; muy bien conservados los hay en Daroca✪✪, Cortes de Aragón✪✪, en Caspe✪, pero
sobre todo en Bujaraloz, donde se puede admirar un curioso colmenar completamente tapiado✪✪, y
en Castejón de Monegros✪✪✪, donde podemos encontrar varios, uno de ellos de los mayores existentes y no mal conservado. En Sástago podemos ver importantes vestigios de los colmenares del
monasterio de Rueda que se quieren recuperar.
Por otra parte, merece la pena una visita al Museo y Aula Viva de Apicultura✪✪ de Ejea de los
Caballeros, dependiente de una moderna empresa apícola, perfecto para conocer didácticamente el
interesante mundo de la apicultura. También en Padarníu (en el valle de Lierp) existe un taller de
apicultura para escolares✪.
En Granén (Monegros), se está llevando a cabo un proyecto de desarrollo rural basado en los
arnales, con la pretensión de preparar una ruta de la miel.
180
AVICULTURA
El salto de cazador a domesticador de
animales, junto con la aparición de la agricultura, la alfareríaa y la rueda supuso la primera gran revolución humana: el hombre
entró en el Neolítico. El ser humano ha tenido
la necesidad de ser ganadero, de domesticar
animales que le ayuden en sus labores y le
permitan alimentarse.
Una variante de la ganadería es la avicultura, cuyos orígenes se remontan al año
Conjunto de granjas en el término de la Perdiguera
4000 a. C. y parecen situarse en Asia. Desde
entonces la avicultura ha evolucionado
mucho. Durante siglos fue una actividad complementaria de la agricultura en los corrales de la familia
campesina, pero actualmente, desde mediados del siglo XX, se ha convertido en una actividad altamente
cualificada en la que se emplean muchos recursos científicos, técnicos y económicos, y que ha desembocado en la llamada avicultura intensiva llevada a cabo en granjas especializadas y que afecta a todo tipo
de aves —pollos, perdices, codornices, pavos, patos, etc.— de las que se obtienen carne, huevos e incluso
plumas.
Las instalaciones avícolas más modernas constituyen empresas integradas en las que se dan todas
las fases de la producción: reproducción, incubación y engorde. Se trata de granjas sometidas a estrictas
normas de higiene y de seguridad para que no se produzcan enfermedades que podrían acabar con toda
la explotación e incluso afectar a la salud humana.
Además de las grandes explotaciones avícolas de tipo industrial, en las últimas décadas han cobrado
mucha importancia las granjas que tratan de recuperar las formas tradicionales de cría y engorde (avicultura ecológica). Asimismo, aunque porcentualmente signifiquen poco, cabe añadir bastantes familias que
continúan alimentando a sus propias aves en corrales que poseen en los pueblos.
En el pasado existieron razas autóctonas aragonesas de las que solo se conserva la llamada gallina de Sobrarbe que se encuentra en peligro de extinción.
En la actualidad, el paisaje agrario aragonés se ha visto modificado por la proliferación de este
tipo de granjas. Pocas son las comarcas y los pueblos que no hayan abierto pequeñas explotaciones
familiares que están integradas en redes dependientes de grandes empresas aragonesas (caso de Porta,
de Huesca), mixtas (Doux, en Zaragoza) o foráneas, como UVESA de Navarra, COPAGA, GUISSONA, que garantizan todo el proceso productivo, incluidas las fábricas de piensos compuestos y
los mataderos especializados.
Aragón, que aporta alrededor del 16 por ciento de la producción total nacional de aves, ha instituido la marca Aragón Calidad Alimentaria para el pollo campero o de corral y para los huevos de
gallina.
A la hora de organizar un viaje instructivo, es muy fácil poder visitar granjas avícolas de pollos,
codornices y perdices, y, en menor medida, de pavos o avestruces. La guía telefónica sirve de gran
ayuda, pero también el servicio de información de los Ayuntamientos.
181
CALZADO
La aparición del calzado se remonta a
tiempos muy antiguos, de modo que los pueblos mesopotámicos (en la zona actualmente
iraquí), y sucesivamente los egipcios, los griegos y los romanos lo utilizaron para protegerse las plantas de los pies, considerándolo
un símbolo de estatus y de distinción. Por lo
que sabemos, la forma de guarecer los pies
siempre estuvo determinada por la moda, por
los condicionantes culturales y por la materia
prima, aunque los artesanos emplearon diversos materiales como el papiro, el esparto o el
cueroa.
El Museo del Calzado de Brea ilustra sobre esta actividad
característica del valle del Aranda
Aunque siempre ha habido excepciones (la confección de abarcas, alpargatas e incluso chanclos en
localidades muy concretas) en Aragón han existido, aunque de características distintas, dos zonas tradicionales en la fabricación de calzado: la comarca del Aranda (basada en el cuero como materia prima) y la
comarca del Maestrazgo, basada en el trabajo del esparto, cuyo tratamiento (arrancado, desbastado y trenzado) dio trabajo y comida a muchos brazos rurales. Mientras la primera ha llegado viva hasta nuestros
días, la segunda apenas pudo sobrevivir hasta el siglo XIX.
En la del río Aranda se ha elaborado un calzado cuya materia principal ha sido el cuero. La tradición
en esta comarca zaragozana parece provenir de los pueblos celtíberos que conocían la forma de curtir la
piel. Siglos más tarde, los musulmanes perfeccionaron el oficio y construyeron numerosas tenerías que
dieron fama desde la Edad Media a lugares del entorno como Brea, Illueca o Calatayud. Finalmente, esta
tradición desembocó, a principios del siglo XVII, en la fabricación del famoso calzado de Brea y, más tarde,
de Illueca, o en menor medida, de Jarque. En la actualidad esta actividad fabril continúa en ardua competencia con las factorías nacionales y extranjeras, sobre todo las chinas.
Mientras hubo usuarios, no fue de menor importancia la fabricación de calzado de esparto en la comarca del Maestrazgo. Todos sus pueblos, y especialmente los habitantes del pueblo de La Cuba, trabajaron
en el esparto. Desde el siglo XVII hasta pleno siglo XX, sus artesanos se aprovecharon del albardín (nombre
popular del esparto) para elaborar sogas, cestos y alpargatas. Estas, caracterizadas por su poco peso y su
comodidad, son todo un símbolo del pasado que se resiste a desaparecer. Han constituido y constituyen
todavía una parte esencial de la indumentaria tradicional aragonesa.
En la comarca del Aranda, siguen activas —fundamentalmente en Illueca y Brea— varias fábricas✪✪✪ modernas y competitivas de calzado, a las que con previa autorización se puede acceder.
Además, es obligada una visita al Museo del Calzado✪✪ de Brea, en el que, dividido por épocas, se
explican, con recursos multimedia modernos y atractivos, los distintos avatares del calzado de cuero.
En el Centro de Interpretación de la Manufactura del Esparto✪✪, abierto recientemente en el
pueblo turolense de La Cuba, previo concierto de visita, una garganta humana le presta su voz al esparto, quien explica paso a paso los diversos avatares y afanes de sus mujeres y hombres hasta convertirlo en soga, en capazo, en albarda o en alpargata.
El Museo de Arte Sacro y Etnología Ansotana, de Ansó, dedica un espacio a la zapatería, con
útiles para la elaboración del calzado✪.
182
CAÑADA
La trashumanciaa —desplazamiento estacional del ganado— se realizó y se realiza
aún por caminos especiales: las cañadas o cabañeras. En Aragón, estos caminos o vías pecuarias suponen unos 12 000 km. Según su
anchura, reciben diferentes denominaciones:
cafiadas o cañadas propiamente dichas, cuya
anchura no excede de los 75 m; cordeles, de
la mitad de anchura (37,5 m); veredas (no superan los 20 m); y, por último, coladas, de
menor anchura que las anteriores.
Por acuerdo del Ayuntamiento de Zaragoza,
el puente de Hierro ha sustituido al de Piedra como cabañera
Las cabañeras del ovino aragonés, que
superaban a menudo los límites de Aragón,
se abrieron paso tanto vertical como horizontalmente. La ruta vertical iba, bien desde la provincia de Zaragoza hacia el norte para que el ganado permaneciese durante el verano en los Pirineos, o bien desde Albarracín, a través de Castilla, hacia Andalucía y Extremadura para pasar el invierno. Horizontalmente, el
ganado se desplazaba desde Teruel a Levante y Cataluña. Muchas veces debían atravesar y atraviesan
cascos urbanos, cual es el caso de la calle Alcalá de Madrid o el Coso de Huesca, con el consiguiente caos
circulatorio.
Los problemas seculares de las cañadas continúan, de modo que en la actualidad en la provincia de
Huesca siempre existen reclamaciones pendientes de resolución. Los más frecuentes, la invasión por los
labradores que cultivan las tierras limítrofes; el desvío o la interrupción de la vía tradicional; y el no reconocimiento por parte de la Administración o de ciertos particulares del carácter pecuario de algunos caminos que los ganaderos consideran cabañeras. Recorrerlas a pie o en bicicleta, con tantos vestigios
pastoriles a su vera (abrevaderosa, corralesa, descansaderos, pariderasa, etc.), constituye un placer y toda
una lección acerca de una parte de nuestro patrimonio que está en peligro.
Las cañadas aragonesas, que son muchas, forman una tupida red y discurren por tres zonas diferenciadas: las que unen el valle del Ebro con los Pirineos; las que desde las sierras de Gúdar y Maestrazgo toman el camino de Levante; y las que desde Albarracín conducen a Levante, Andalucía e
incluso Extremadura. Es casi imposible relacionarlas todas.
Entre las cañadas pirenaicas, destacan las de los valles de Tena, de Broto y de Benasque, más
conocida esta como cabañera de Bonansa, todas ellas con ramificaciones a los valles menores. Naturalmente, todas las comarcas de tránsito entre las montañas y el Ebro tienen multitud de ramales
fácilmente detectables. Los rebaños de Tauste forman parte de la cañada real de los Roncaleses que
une los Pirineos con las Bardenas.
Los rebaños de Gúdar-Javalambre disponen de varias rutas, con sus correspondientes ramales:
la ruta catalana o del Llosar, la castellonense central o de Cabanes, la castellonense meridional, la
valenciana y la aragonesa, la única hacia el norte y hoy inactiva. Por ellas se llega a las tierras de
Castellón, a las riberas del Turia y del Júcar hasta adentrarse en Murcia.
Los rebaños de la sierra de Albarracín, entre otras menores, utilizan la cañada de los Chorros,
que por Cuenca y Ciudad Real penetra en la provincia de Jaén hasta Linares; la cañada de Zafrilla,
que tras atravesar Cuenca se interna en Valencia en dirección a Chiva; y la cañada de Salvacañete,
que arranca de la anterior, atraviesa Cuenca y llega a Villar del Arzobispo en Valencia.
183
CASA DE GANADEROS
La ganadería fue durante muchos siglos
actividad económica fundamental en Aragón,
destacando el ganado ovino, con razas tan
señeras como la merina o la más autóctona
rasa aragonesa. En la Edad Media, la sempiterna lucha con los agricultores motivó el nacimiento de instituciones para regular y defender los intereses de los ganaderos, instituciones que en Aragón recibieron denominaciones distintas: hubo ligallos (Letux), ligajos
(Calatayud), mestas (Albarracín) y casas de
ganaderos (Zaragoza o Tauste).
Escudo de la Casa de Ganaderos de Zaragoza
Por el volumen de cabezas y por las prerrogativas alcanzadas, la más importante fue la Casa de Ganaderos de Zaragoza o Cofradía de San Simón y San Judas, anterior en varios años a la Mesta castellana,
pues nace en 1218, cuando Jaime I nombró a su primer Justicia, y con una vida tan longeva que ha llegado
viva hasta nuestros días. Este Justicia, su máxima autoridad institucional y jurídica, descansaba en el capítulo general con poder ejecutivo y legislativo, órgano corporativo que celebraba cuatro sesiones al año
a las que podían acudir como miembros los ganaderos vecinos de Zaragoza.
El organigrama de la Casa se completaba con un lugarteniente del Justicia que lo auxiliaba o sustituía,
con un consejo limitado a consultas, con dos mayordomos en función de tesoreros, con un procurador
general que acusaba a los delincuentes que atentaran contra el ganado, con un notario que registraba los
acuerdos y con otros cargos menores, como vedaleros, guardas y contadores de ganado.
La Casa de Ganaderos de Tauste es algo más reciente, y ambas han dejado multitud de testimonios
patrimoniales, destacando el archivo de la Casa zaragozana.
En Zaragoza es posible ver la Casa de Ganaderos, sita en el número 8 de la calle de San Andrés,
ya que sigue activa. Su archivo✪✪, entre otras muchas cosas, permite estudiar procesos criminales
de los ganaderos, noticias sobre los dos Sitios de Zaragoza o datos sobre el consumo de carne en siglos
pasados. Cuenta con curiosos objetos y documentos, como el escudo o mobiliario de diversas épocas.
Actualmente, actúa como cooperativaa, tiene un total de 400 socios y dependen de ella 180 000
cabezas de ganado ovino, siendo su actividad principal la comercialización de carne de ovino, aparte
de facilitar a sus socios un lavadero de lanas, un puesto de abastecimiento en el mataderoa y un servicio de mejora ovina en Almonacid y en la Cartuja Baja.
La Casa de Ganaderos de Tauste✪, también viva, funciona como cooperativa de San Simón y
San Judas con cerca de doscientos socios. En su salón, se puede ver una tabla renacentista que representa la Virgen con el Niño rodeado de ovejas con la marca de los propietarios.
Otro lugar asociado a este mundo ganadero es la sala capitular de la iglesia de Santa María del
Portillo en Zaragoza, pues el capítulo general de la Casa de Ganaderos se reunía en ella una vez al
año por Pascua florida.
184
CORRAL
Hoy en día el ganado se guarda en modernos establos prefabricados, pero hasta no
hace mucho, no más allá de mediados del
siglo XX, el ganado, y sobre todo el ovino, se
guarecía en cuevas y en corrales de los que
existen muchos en nuestros campos y montes. Los pastores y albañiles levantaban tapias
de piedras o adobe siguiendo los modelos
aprendidos de sus antepasados con el único
fin de proteger al ganado y procurar su comodidad; eran sencillas construcciones que
solían orientarse pensando en los vientos y
hacia el sur para aprovechar la luz y el calor
del sol. Los más completos podían contar con
aljibea, yerbero o casetón.
Corral abandonado en los alrededores
de Castejón de Monegros
La estructura de los corrales varía según zonas y necesidades. Los más sencillos solo se componían
de un contorno de piedras; un poco más complejos son los que añadían al cinturón de piedras un pequeño
establo cubierto. Este último es el tipo más extendido por la mayor parte de Aragón. Los más grandes se
dan en las sierras del Prepirineo donde el corral se compone de dos partes muy extensas, una cubierta y
otra descubierta, ambas limitadas entre sí por un muro. Cuando la parte cubierta es muy extensa se emplean grandes vigas de madera para sustentar la techumbre.
Algunos corrales albergaban al ganado durante todo el año, en tanto que otros se construían para
breves estancias en el camino de la trashumancia. A veces realizaban la función de pariderasa, aunque
estas se diferencian del corral porque suelen estar completamente cubiertas.
A pesar de la sustitución de los tradicionales corrales por los nuevos de estructura prefabricada, sobre
todo en las cercanías de los pueblos, todavía quedan bastantes de los antiguos. No obstante, el corral tradicional está en situación de jaque, aunque no de jaque mate. Conservar los más posibles, sobre todo los
que son útiles aún, constituye un acto de solidaridad con nuestro patrimonio, e ir a verlos, también.
Ante un bien patrimonial como este es difícil hacer ningún tipo de selección y mucho menos
de relación exhaustiva. Se indicarán algunos a modo de ejemplo. Como es natural, hay abundancia
de corrales en las zonas dedicadas tradicionalmente al ovino, como las de Bailo, Longás, Ejea (de
San Gil), Farasdués (de Lucas), Tarazona (del Brujo), Ainzón (Romeroso Bajo), Añón (de Horcajuelo), Monegrillo (de Sardas), Bujaraloz (de Pelegrín), Lanaja (de Colás), Candasnos (varios), Zuera
(Saputo, de Mareca, etc.), Pina (de Galiana), Belchite, Valdecuenca, Azuara, Oliete (el Portillar),
Rodenas (varios), Moscardón, Villel (Toconal) y un largo etcétera. Es decir, se dan en todo Aragón.
Asimismo, se pueden ver cuevas que han hecho la función de corrales en Ordesa, Val de Vió,
en las sierras prepirenaicas, o en el Bajo Aragón (Ráfales).
185
CUERO
El cuero es el resultado de un complejo
tratamiento de la piel de los animales una vez
quitado el pelo y sometido el pellejo a un proceso llamado curtido. Su finalidad es quitarle
la grasa, evitar el deterioro y darle la flexibilidad precisa. Normalmente, las pieles más
trabajadas son las de ganado vacuno, lanar y
caprino, aunque según las épocas y los lugares se emplearon y se emplean otras, como
las de reptiles, caballos, morsas, ciervos o elefantes. Ramón Llull, en la Edad Media, añade
a esta lista, entre otras, pieles tan curiosas
como las de la rata o el pez.
Tradicional botería todavía viva
en la plaza de San Lorenzo de Huesca
El cuero tiene una larga tradición en Aragón, incluso de antes de la llegada de los romanos, pero fue
con los musulmanes cuando adquirió auténtica relevancia. Innumerables son los bienes de consumo que
se confeccionaron en este material, siendo los más usuales, aparte del vestido, los arreos para las caballerías;
odres, pellejos y botas para depositar vino, aceite o agua; las portadas de incunables y libros; tapicerías;
capuchas y guantes para la práctica de la cetrería; incluso marcos, frontales de altar y retablos. Modernamente, el cuero es también imprescindible en maletas, cinturones, carteras, bolsos, prendas de abrigo y
correas de transmisión de vehículos y máquinas, etc.
El proceso de obtención del cuero se realiza hoy por medio de procesos químicos y mecánicos en los
que intervienen sofisticadas máquinas, pero en el pasado conseguir cuero era un proceso manual lento y
duro debido sobre todo a las emanaciones de las materias orgánicas animales y vegetales de las tenerías.
En muchos de nuestros pueblos todavía quedan nombres de calles relacionados con este arduo trabajo,
como las de curtidores, pelaires, pellejeros o tenerías, entre otras. Hoy aún quedan algunos artesanos con
obrador abierto, aunque con su paulatina desaparición —como en el caso del botero de Ayerbe— el oficio
se agosta.
Dejando aparte las manufacturas industriales, todavía pueden verse pequeños talleres, en general de carácter familiar. Citaremos algunas aun a riesgo de ser injustos, por lo que remitimos a la
página web de la Asociación de Artesanos de Aragón: http://www.artearagon.com.
En el norte oscense, en Barbastro concretamente, la familia Abadías mantiene abierta a duras
penas la botería Abadías y Abadías que fabrica además otros objetos, mientras que en Boltaña trabaja
la artesanía del cuero Santiago Lozano. En Huesca, sigue la tradición la botería Lafuente. En el sur
turolense, en la bonita villa de Rubielos de Mora abren sus puertas a los visitantes la cooperativa
puerto CREA y el taller de María José Aranda; asimismo, en Puertomingalvo podrá encontrarse fácilmente el taller Las Nogueras. En el centro zaragozano, aparte de la industria y algún taller semiartesanal de calzado de Brea e Illueca, en Lumpiaque se dedica a la artesanía del cuero el taller Arte y
Cuero, mientras en Ejea de los Caballeros Emilio Navarro todavía hace abarcas. Zaragoza ve abrir
todavía varios talleres artesanales, fácilmente localizables con la guía telefónica. Por su parte, el Centro de Artesanía de Aragón, sito en la calle Monasterio de Samos, en el edificio del antiguo mataderoa, realiza actividades artesanales a petición de los centros escolares, y una de ellas es el trabajo
con cuero.
186
MATADERO
Mientras en el mundo rural los animales destinados a la alimentación se sacrificaban en la casa privada o del carnicero, en las
ciudades se delimitaron espacios en las afueras, los mataderos. Las primeras instalaciones
apenas ofrecían garantías higiénicas, de
modo que la sangre y los restos de las reses
atraían moscas y alimañas. El insoportable
hedor hacía que los barrios donde se instalaron fueran evitados, excepto por los más
Antiguo matadero municipal de Ayerbe
pobres que incluso se apiñaban en los alredeactualmente en desuso
dores con la esperanza de aprovechar los desperdicios. El trabajo de matarife gozaba de
escasa consideración social debido a que solo los muy desesperados eran capaces de enfrentarse al hedor
y a las posibles enfermedades que pudieran contagiar los animales. Los mataderos, en consecuencia, eran
focos de marginalidad por donde ocasionalmente aparecían veedores o inspectores.
Solo en época relativamente reciente el avance en los conocimientos médicos, la intervención de la
Administración y la importancia dada a la higiene fueron transformando los mataderos en edificios con
garantías para la salud. De nuevo se trasladaron a las afueras de las ciudades, pero esta vez se procuró
cuidar hasta los mínimos detalles. Se encargó a arquitectos de renombre su diseño y construcción, siendo
buena muestra de ello el Matadero Municipal de Zaragoza construido nada menos que por Ricardo Magdalena.
Estos hechos coinciden en el tiempo con el crecimiento industrial y demográfico de muchas ciudades
y con la aparición de los veterinarios, encargados de los análisis de los animales. Gracias a estas medidas,
que enseguida se extendieron también a los pueblos, se garantizó la seguridad alimentaria. Hoy muchos
de estos mataderos de finales del XIX y principios del XX, algunos de los cuales ya no cumplen su función
primigenia, constituyen una muestra patrimonial, reconvirtiéndolos en espacios culturales.
En Zaragoza, por ejemplo, el actual matadero se halla en Mercazaragoza, pero ha quedado dentro del entramado urbano el antiguo Matadero Municipal✪✪✪ (levantado entre 1880 y 1884 por Ricardo Magdalena para ser recinto de la Exposición Aragonesa de 1885-86); actualmente se ha
reutilizado para actividades sociales y culturales, como es el caso del Centro de Artesanía de Aragón.
Como ejemplo de matadero rural sirva el de Uncastillo.
El caso del Matadero Municipal✪✪ de Huesca es similar. Creado en 1905, representa un buen
ejemplo de la arquitectura industrial aragonesa y es actualmente un atractivo centro cultural. El Matadero Municipal✪✪ de Jaca fue magníficamente dotado desde sus inicios. También quedó obsoleto
el de Binéfar siendo sustituido por el matadero Fribin✪✪✪, el más importante de España en cuanto
al sacrificio de carne vacuna y el sexto en cuanto a carne de cerdo.
En la capital turolense, su inicial Matadero Municipal✪✪ es un ejemplo de arte modernistaa,
en tanto que el de Calamocha✪✪ tiene una gran importancia por las industrias cárnicas surgidas en
la villa. El antiguo de Oliete✪, en la comarca andorrana, es hoy sala de exposiciones.
187
OVEJA
La historia de la humanidad se puede
resumir en un relato continuo de intento de
sometimiento de la Naturaleza. En tal historia
la oveja, como integrante de esta, pronto fue
sometida tanto por su mansedumbre como
por el incalculable valor que tiene su carne,
su lana, su piel y su leche. Su presencia es tan
familiar que la oveja o el cordero son protagonistas y símbolo de incontables narraciones
y representaciones iconográficas en forma de
ovejas negras, descarriadas, sacrificadas y
hasta clonadas. También ha dejado su impronta en el patrimonio artístico y lingüístico.
Rebaño de oveja rasa aragonesa pastoreando en la montaña
Desde la primera representación de la oveja en tierra aragonesa hace cinco mil años —las pinturas
rupestresa de Alacón así lo atestiguan— hasta convertirse en la especie ganadera reina de Aragón se ha
fraguado toda una cultura en torno al ovino, sobre todo a partir de la Edad Media, cuando guerreros y
ovejas repoblaron juntos el país reconquistado, estableciendo hábitos como el de la trashumanciaa e instituciones reguladoras como la Casa de Ganaderosa de Zaragoza y Tauste, la Mesta de Albarracín, el Ligajo
de Pastores de Calatayud y el Ligallo de Pastores de Letux, entre otras.
A partir del siglo XVI, las necesidades textiles propiciaron la exportación de lana aragonesa de las
razas rasa aragonesa, churra y merina hacia el Mediterráneo y norte de Europa. Para el siglo XVIII, Jordán
de Asso contabilizó más de dos millones de cabezas, algo más del triple de aragoneses de la época. Actualmente esta importancia no ha decrecido y constituye un sector clave de la economía aragonesa y una
seña de identidad gastronómica muy apreciada, como muestra el ternasco de Aragón, con etiqueta de denominación específica, o algunos quesosa renombrados de cuya composición forma parte la leche de
oveja.
Sus representaciones artísticas son muchas, y van desde las pinturas rupestres de Cerro Mortero,
en Alacón (Teruel), hasta sendos ejemplares de oveja rasa aragonesa en el trascoro y retabloa de la
Seo zaragozana.
Vivas están, y de ellas se ha hablado, la Casa de Ganaderos✪✪ de Zaragoza y de Tauste, con locales y archivos visitables. Se investiga en la mejora de la raza ovina en Almonacid de la Sierra y en
la Cartuja Baja.
Puede uno acompañar —en un viaje✪✪✪ lento pero posible si se tiene tiempo para el sosiego y
se llega a un acuerdo con los pastores— a muchos rebaños que en trashumanciaa recorren de parideraa en paridera las cañadasa seculares, aprovechando las balsasa que festonean el camino y los
saladeros donde los pastores regalarán a los animales roca de sala arrancada de las minasa de Remolinos, sal que las ovejas lamerán agradecidas. Sin duda, nos convertiremos en admiradores y amigos
del perro pastor de pintas negras que no permite que el rebaño se salga del cordel para no tener problemas con los agricultores. En la dieta de los pastores veteranos y noveles —estos últimos tal vez
formados en la Escuela de Pastores de Fortanete— quizás haya una noche con migas de pastor y quesoa porque el ternasco se ha quedado en la mesa del hombre con prisas. Al final del viaje, el aprendiz
de pastor improvisado será capaz de distinguir a las churras de las merinas y, si se me apura mucho,
a la roya bilbilitana o la rasa aragonesa de la segureña o manchega.
188
PALOMAR
Desde tiempos inmemoriales, el hombre se ha servido
de las palomas como fuente de proteínas, como elemento de
abono para los campos e incluso como medio de comunicación. No es extraño, pues, que haya procurado controlarlas y
tenerlas a su disposición, construyendo habitáculos adecuados para su amparo y reproducción. Todo el Mediterráneo
tiene una larga tradición, destacando Francia y Turquía, aunque España no les va a la zaga.
Los palomares, normalmente de tapial o adobe, pueden
ser circulares o de planta cuadrada-rectangular, y deben reunir ciertas condiciones para ser atractivos para los animales:
muy cerrados para que haya silencio absoluto, protegidos de
los vientos dominantes, expuestos a la solana, de muros
gruesos para lograr temperatura estable, abertura superior
para su acceso y nidales en el interior, de modo que cada pareja pueda disponer del suyo.
Los palomares, como el de Ródenas,
formaron parte del sistema económico local
Los palomares siempre estuvieron protegidos jurídicamente, y, muy a menudo, su posesión era signo externo de
la riqueza o del poder de su dueño. Asimismo, no es extraño
verlos en los testamentos, en los arreglos matrimoniales e incluso en los contratos de aparcería.
Actualmente han caído en desuso y buena parte de los miles de palomares existentes en nuestro país
se hallan en peligro de desaparición cuando, en realidad, forman parte importante de nuestro patrimonio,
lo cual debería mover a la reflexión con vistas a conservarlos.
La secular tradición existente en Aragón hace que pocos sean los pueblos que no cuentan con
uno o varios palomares en sus términos, modestas edificaciones que pasan desapercibidas, en medio
del campo, en algún altozano e incluso en el tejado de la casa familiar. También pueden cerrarse
oquedades rocosas en las que se pueden ver los nidales. Aunque muchos palomares están en auténtico
peligro de extinción, no es raro ver alguno nuevo como explotación para vender el guano.
El enorme número y pobreza material de estos bienes patrimoniales hace difícil una selección.
No obstante, citaremos algunos a modo de ejemplo.
De entre los palomares edificados, Cucalón, Cuencabuena, Poyo del Cid, Fuentesclaras, Torre
la Cárcel y Villafranca nos muestran ejemplos en buen estado; en Villahermosa, destaca el ubicado
sobre el tejado de una casa✪; en Daroca y Luco de Jiloca existen dos remozados y en uso✪. Singra
atesora varios, incluido uno en uso✪✪. El entorno de la laguna de Gallocanta es rico en palomares:
en Las Cuerlas existen dos que son explotados para la venta de guano✪✪. Hay varios excelentes en
Bello, Santed, Concud, Caudé (en el que se ven los nidales en barro)✪. Magnífico es el de Ródenas,
posiblemente del siglo XII o XIII✪✪. Notables son los de Alcorisa y los muchos de Molinos, algunos
todavía en uso✪.
De entre los rupestres, quizás los más completos e interesantes sean los dos de Alcorisa✪✪, cercanos al renombrado Calvarioa.
189
PARIDERA
La vida del ganado ovino criado según
las formas tradicionales que todavía siguen
subsistiendo se rige por ciclos estacionales
bastante precisos, bien en movimiento, con
cambios de lugar (simple pastoreo, llevando
los campos y montes de términos colindantes
y cercanos o haciendo la trashumanciaa a lugares alejados), bien deteniendo el rebaño
para la realización de determinadas faenas,
entre ellas, la cría. Hay un tiempo para salir al
En lontananza, en tierras de Peralta de la Sal,
campo y pastar, y otro para la cubrición y la
la paridera aguardaba al rebaño deambulante
crianza. Cuando llega este momento, que es
el que da continuidad al rebaño, los pastores
trasladan a sus ovejasa a las parideras, aunque estas, en términos más generales, pueden ser los alojamientos cotidianos de las ovejas si el pastoreo es más o menos local.
Normalmente, en el sistema de una cría por año, que ya es bastante inusual, la permanencia de la
oveja en la paridera tenía lugar entre los meses de noviembre y diciembre. En algunas zonas la crianza se
realiza en mayo, como en Fortanete, donde se cría la raza cartera; en otras se organizan según las necesidades de los pastores, no siguiendo necesariamente el sistema de una cría por año, sino dos cada tres
años o ajustándose a la naturaleza reproductiva del animal.
El nacimiento de los corderos en la paridera supone para los pastores más trabajo: separar las ovejas
paridas, ponerles a mamar los corderos y retirarlos y llenar de pienso los pesebres. La paridera es poca
cosa: levantada con piedras o adobe, suele tener una zona sin cubrir y otra cubierta. Algunas presentan,
además, una caseta para el pastor porque los días de noviembre y diciembre ya son fríos.
Como sucede en el caso de los corralesa, hacer una selección de parideras es harto difícil, por
no decir imposible. Por otra parte, las hay por todo el Aragón ovino, que es bastante amplio. Las
tres provincias están plagadas de ellas, aunque muchas en desuso. Por tratarse de una realidad bastante
desconocida para la mayor parte de la gente, pero que es real, merece la pena ponerse de acuerdo
con algún pastor para vivir un día, o al menos unas horas, en la paridera. A lo mejor se puede incluso
comer unas buenas migas de pastor.
Hay parideras en Valareña (la de Baqué), varias en Castejón de Valdejasa, en torno al castillo
de Sora; en la Sotonera, cerca de la hermosa torre de señales; en Magallón (Fuempudia, Vargas y
Plano); en Pomar y en Alcolea de Cinca; en Zuera y Perdiguera; Villarreal de Huerva concentra varias a su alrededor; las hay en Ibdes, Nuévalos y Alarba; más al sur las vemos, por ejemplo, en Bello
(a la vera de la lagunaa de Gallocanta) y en Blancas (con nombres tan sonoros como Cerrillosa y
Tollagar); en Estercuel (rivalizando con el monasterio del Olivar), Saldón y Fortanete…
Cabe otra posibilidad, la de visitar el Centro de Interpretación de la Vida Pastoril de Caldearenas, donde en A Paridera✪✪ y en otro edificio similar, en medio de un paisaje natural, se puede
aprender mucho sobre la vida y afanes de quienes se dedican al ganado ovino.
Aunque nada tenga que ver directamente con las parideras, el Centro Pastor de Andorra es un
homenaje a quien —con su garganta privilegiada y su personal estilo— viajó desde su rebaño hasta
los más alejados escenarios del mundo para cantar jotas.
190
TORO
Aunque mucha gente lo desconozca, si
hay tierras de antiquísima tradición en torno
al toro esas son las nuestras antes y después
de ser Aragón. El toro ha formado parte de la
religión de sus pueblos primitivos; existen
pinturas rupestres (Albarracín), estatuillas, relieves (en las Cinco Villas hay varios), monedas (Caesaraugusta, Celsa y Turiaso), etc. El
toro ha dado origen a escudos ciudadanos
(Teruel), tesoros (en Griegos o en Ayerbe), leLa plaza de toros vieja de Tarazona es, sin duda alguna,
yendas (Teruel, Pina, Lanaja), tradiciones (el
la más emblemática de Aragón
alarde de Pina), o festejos populares de los
que se hablará a continuación. Desde el siglo
XIV hasta el fin de la dinastía de los Austria, se lidiaron toros por alanceamiento en Aragón (Zaragoza o
Fraga, son ejemplo) —incluso el Papa los prohibió sin éxito en 1567— para derivar al toreo a pie a partir de
los Borbón. De las iniciales fiestas para solaz de los señores se pasó por imitación a los festejos populares,
que adquirieron bastantes modalidades distintas hasta nuestros días que aún están vivas. Una vez más,
como en tantas otras ocasiones, la línea del Ebro constituye una especie de barrera: de menor tradición al
norte que al sur, con algunas excepciones, claro.
Desde siempre existen bastantes ganaderías de toros de lidia en Aragón, el número de plazas de toros
ronda las cincuenta, nunca han faltado toreros aragoneses en las plazas hispanas, algunos de ellos con
cierto prestigio entre la profesión, y la variedad de festejos populares en torno al toro es enorme. Pueblos
hay en los que cada barrio, cada asociación o cada cofradía compra su propio toro para correrlo por las
calles casi todos los días de verano y, sobre todo, en las fiestas.
Además de las tradicionales corridas, en buena parte de la provincia de Zaragoza y en toda la
de Teruel, los festejos con toros son numerosísimos y variados; destacan las comarcas de Gúdar-Javalambre, Maestrazgo, Matarraña, Bajo Aragón, Cuencas Mineras, etc. Se corren toros ensogados o
enmaromados, toros embolados, toros de fuego, toros enjubillados, toros con roscadero y las tradicionales vaquillas de toda España.
En Aragón existen en torno a cincuenta plazas de toros fijas y su número lo dice todo: Huesca
(4), Zaragoza (21) y Teruel (23). De todas ellas, solo la de Zaragoza✪✪ es de primera categoría; dos
lo son de segunda: Huesca✪ y Teruel✪; las demás son todas de tercera. Las hay elípticas (Alfambra),
octogonales (como la de Ateca de 1860), con solo la mitad construida (Rubielos de Mora), cubiertas
(Zaragoza, La Muela), de madera (Casetas). Como ejemplo de plaza octogonal de 1792 tenemos el
ejemplo único de la Plaza Vieja de Tarazona✪✪✪, elevada a la categoría de monumento histórico.
Fue Ejea, en el siglo XVIII, importante zona de cría de toros bravos. De ese pasado quedan vacadas todavía en Ejea, Tauste, alrededores de Zaragoza (como Sobradiel o San Juan de Mozarrifar),
Zuera, Luesma, Valdelinares, etc.
La lista de toreros aragoneses es bastante extensa. Exceptuando los actuales, son nombres
conocidos los de Martincho (de Farasdués, célebre en el siglo XVIII), Calerito, Nicanor Villalta,
Nicanor Villa Villita, Braulio Lausín Gitanillo de Ricla, Francisco Royo Lagartijo, Fermín Murillo,
Juan Ramos, Miguel Peropadre, Cinco Villas, Raúl Aranda, Florentino Ballesteros, Justo Benítez, etc.
191
TRASHUMANCIA
La gran dependencia económica de la
ovejaa, el clima y el medio natural impulsaron a los pastores aragoneses a seguir modos
de vida subordinados a la alimentación de su
ganado. De este modo, durante los secos veranos los pastores se trasladaban con sus rebaños hacia la montaña, mientras que en los
inviernos se desplazaban hacia los pastos de
las tierras bajas. A este movimiento se le denominó trashumancia. Para llevarla a cabo,
Aunque todavía subsiste, la trashumancia posee
los ganaderos abrieron caminos específicos,
una dilatada historia recogida en el Museo de Guadalaviar
las cabañeras o cañadasa. Algunas de estas
vías pecuarias se extendían a lo largo de centenares de kilómetros, hasta sobrepasar en total los diez mil. Los pastores y ganados de Albarracín, por
ejemplo, podían trasladarse hasta el valle de Alcudia, en Extremadura, en un viaje que duraba entre cuatro
y cinco semanas.
La trashumancia es una actividad que con toda probabilidad nació en el Neolítico, con la aparición
de la ganadería, y se dio en la España antigua, pero solo experimentó un notable incremento a partir de la
Edad Media y, sobre todo, en la Moderna, con la intensificación del comercio de la lana. Su decadencia se
sitúa a finales del siglo XIX, pero aún hay muchos pueblos que la practican.
Los pastores, buenos conocedores de su oficio, opinan que este traslado estacional es muy beneficioso
para el desarrollo de los animales. Las zonas en las que más intensamente se practicó fueron la sierra de
Albarracín, el Maestrazgo, los Pirineos, las Cinco Villas y el Valle Medio del Ebro. En algunas de ellas, la
trashumancia se practicó incluso con el ganado vacuno y en bastantes zonas se complementó con la agricultura. La trashumancia, en definitiva, dio origen a toda una forma de vida que determinó la vestimenta,
la gastronomía, las costumbres e incluso las leyes. En torno a ella se creó una cultura que merece la pena
conocer y que incluye desde platos tradicionales (como las migas de pastor), hasta leyendas y objetos de
artesanía (mantas, esquilas, tijeras, etc.).
Existen muchos lugares donde la trashumancia es todavía una realidad, cual es el caso del valle
de Vió: sin duda los hermanos Garcés acogerían a estudiosos o interesados en este arte cuando trasladan sus rebaños desde Vió hasta María de Huerva y viceversa✪✪✪.
En la pequeña localidad de Fortanete, en el Maestrazgo, donde la trashumancia se vive todavía,
se ha abierto una Escuela de Pastores✪✪✪, dependiente de la Asociación Nacional de Criadores de
Ganado Ovino de Raza Cartera, en la que una buena parte de sus alumnos son inmigrantes.
En Guadalaviar, en la ganadera comarca de Albarracín, se celebra cada agosto un Encuentro
Internacional de Pastores Trashumantes✪✪✪ en el que participan pastores de otras latitudes y culturas
en los que el ganado es fundamental, como representantes de los pueblos tuareg, masai, indios cuervo,
etc.; existe además un pequeño y aleccionador Museo de la Trashumancia✪✪.
Por último, otro lugar muy relacionado con la trashumancia, o al menos con la vida pastoril, lo
hallamos en Caldearenas, donde —en los edificios de una antigua parideraa— se han abierto no ha
mucho el Centro de Interpretación de la Vida Pastoril y el Centro Fotográfico de la Trashumancia,
ambos✪✪ de interés.
192
IX
MENS SANA IN CORPORE SANO
h
Agua de mesa ......................................................................... 195
Balneario ................................................................................ 196
Baño ....................................................................................... 197
Botica ..................................................................................... 198
Hospital.................................................................................. 199
Planta medicinal .................................................................... 200
Terma ..................................................................................... 201
AGUA DE MESA
Las aguas mineromedicinales procedentes del subsuelo aptas para el consumo humano se denominan aguas minerales y tienen
una larga tradición. No son de hoy. Llegan
hasta nosotros embotelladas tras pasar rigurosos controles químicos y sanitarios, aunque
también hay quienes las toman directamente
de manantiales, sin ser analizadas, ya que conocen de antiguo sus virtudes. Las aguas embotelladas son una alternativa al agua coPlanta embotelladora de agua de mesa en Cañizar del Olivar
rriente de los lugares habitados al hallarse libres de elementos procedentes de la química
industrial, como el cloro, pero también pueden estar contaminadas. Por otra parte, la ingestión de estas aguas (junto a baños, duchas o inhalaciones),
que poseen olores, colores y sabores peculiares relacionados con su composición, puede formar parte del
tratamiento prescrito en los balneariosa. Estos establecimientos suelen reservar fuentes para comercializar
aguas de mesa.
En nuestra región existen varias empresas dedicadas al embotellado, aunque se pueden contabilizar
alrededor de ciento catorce surgencias de importancia que cumplen con la normativa y que potencialmente
podrían explotarse comercialmente.
No todas las aguas tienen la misma composición química y, por lo tanto, no todas sirven para lo
mismo, de ahí que las comercializadas tengan obligación de expresar en gramos/litro sus componentes:
bicarbonatos, sulfatos, cloruros, sodio, calcio o magnesio, entre otros. Los manantiales pirenaicos se caracterizan por ser de aguas bicarbonatadas; en la depresión del Ebro, las aguas suelen ser más salinas; en
la zona de la Ibérica, existe mayor diversidad, pues van desde aguas poco mineralizadas hasta muy mineralizadas. Respecto a la localización de los manantiales, coinciden básicamente con las zonas donde hay
o ha habido balnearios. Con el riesgo de equivocación, siempre involuntaria, veamos las aguas aragonesas,
algunas de tradición secular.
En los Pirineos, desaparecidas las aguas de Arro (Ribagorza) y Ribagorza (Graus), están en el
mercado las de Ribagorza (Graus); Veri (San Martín de Veri); Vilas del Turbón (Vilas del Turbón)
y Panticosa (Balneario de Panticosa).
El Sistema Ibérico turolense aporta Agua del Maestrazgo (Cañizar del Olivar) y Aguas de Manzanera (Manzanera).
La provincia de Zaragoza embotella Sierra del Águila (Cariñena); El Cañar (Jaraba), Font Jaraba
(Jaraba) y Lunares (Jaraba); aunque hubo otros establecimientos que embotellaron agua en el pasado:
Fita Santa Fe (Cuarte de Huerva), aplicada contra la dermatosis, las afecciones del hígado y el estreñimiento, llegó a exportarse a Cuba y Filipinas; en Mediana de Aragón también hubo agua embotellada usada también como purgante y para afecciones del hígado; en el monasterio de Piedra, se
embotelló agua, asimismo, hasta principios del siglo XX, indicada para dispepsias, trastornos circulatorios, cálculos biliares y renales, agua que ahora se embotella en Villanueva de Gállego con la denominación de Fontecabrás.
195
BALNEARIO
Nuestros ancestros, siempre aferrados
a la Naturaleza, conocieron muy pronto las
propiedades medicinales de determinadas
aguas, bien cuando se sumergieron en las excesivamente calientes (las termalesa) o bien
porque bebieron otras de sabor anómalo (las
aguas de mesaa) que les produjeron efectos
curativos. Esos ensayos hídricos constituyen
una magnífica herencia patrimonial que ha
llegado hasta nuestros días.
Tras un largo paréntesis,
En principio creyeron que el fenómeno
Baños de Segura rehabilita sus instalaciones
se debía a los dioses o a fuerzas sobrenaturales, de ahí que muchas fuentes todavía sean
consideradas mágicas y milagrosas. En realidad, se trata de defectos del agua normal por acumular exceso
de determinadas materias (sales, organismos y minerales). Las hay ferruginosas o bicarbonatadas, sulfurosas
o sulfuradas, radiactivas u oligometálicas, carbonatadas o nitrogenadas, etc. También pueden ser de mineralización débil.
Estas aguas suelen ser apropiadas para sanar dolencias variadas (reuma, artritis, gastroenteritis, etc.)
y bien hay que bañarse o mojarse con ellas, inhalar su vapor o simplemente beberlas.
Según los casos, se ofrecen en instalaciones adecuadas, los llamados balneariosa, la mayor parte declarados de utilidad pública, pero pueden aflorar en simples fuentesa. Algunas son embotelladas y se ofrecen en forma de aguas de mesa.
Aragón es rico en manaderos mineromedicinales, conocidos y explotados algunos desde época romana. Bastantes han cerrado sus instalaciones, pero otras han sido modernizadas, propiciando una variante
terapéutica cada día más pujante: la balneoterapia. La zona pirenaica, la ribera del Jalón-Piedra y la sierra
de Javalambre albergan hoy la mayoría de los establecimientos abiertos.
En la provincia oscense, aparte de algunos establecimientos cerrados, como Camporrells y Estadilla (Somontano barbastrense) y Arro (Ribagorza), siguen pujantes los balnearios de Benasque✪
(ya conocido desde tiempos de Roma); Panticosa✪, especializado en enfermedades del aparato digestivo y respiratorio y en agua de mesa; Vilas del Turbón✪, para enfermos del aparato urinario y
con agua de mesaa. Por su curiosidad, merece mención especial Naval✪, con baños en aguas de concentración salina superior a la del Mar Muerto de indudables cualidades terapéuticas para la piel.
En la provincia zaragozana, además de Quinto y Fuentes de Ebro, poco activos, Tiermas✪ (=termas) desapareció a causa del pantano de Yesa, aunque, cuando sus aguas bajan, la gente sigue acudiendo a bañarse. Alhama (=fuente termal) de Aragón✪, conocida por los romanos y los musulmanes,
abre varios balnearios, lo mismo que Jaraba✪ (=agua abundante) y Paracuellos del Jiloca✪.
En Teruel, en proceso de rehabilitación los Baños de Segura, no solo ofrece el balneario Paraíso✪
en Camarena de la Sierra, sino que acondiciona otros nuevos, como el de Ariño, en la comarca de
Andorra-Sierra de Arcos.
196
BAÑO
Para la cristiandad medieval, el baño aparecía como una
invitación a la sensualidad y al pecado. De hecho, lugares
como ríos, manantiales, charcas y fuentes, donde se lavaba
el cuerpo, se asociaban al encuentro entre amantes, tal como
ha plasmado la lírica popular. Incluso las termasa, los baños
públicos romanos, fueron objeto de sospecha para la cristiandad, al ser considerados afines al paganismo y apropiados para orgías. Por ello muchos clérigos y monjes medievales solo se bañaban una vez al año, coincidiendo con la
festividad más importante de sus órdenes o parroquias.
Contrariamente, para las culturas islámica y judía el
baño era una necesidad contemplada en sus normativas religiosas. En las mezquitasa es preceptivo lavarse antes del
rezo, y los baños árabes suelen encontrarse cerca de aquellas.
Curiosamente, los baños árabes se denominan h.amma—m, de
donde surge el nombre de Alhama —alh.amma—m—, lugar coAntiguos baños árabes
conservados en Zaragoza
nocido por sus casas de baños y aguas medicinales y termales. Andando el tiempo, esta predisposición al baño se
descubrió como un notable acierto pues detenía el avance de enfermedades. En este sentido tanto árabes
como judíos fueron continuadores de la cultura romana. El baño se consideró tan propio de estas culturas
que su práctica fue sospechosa para la Inquisición.
Lamentablemente, el paso del tiempo no ha querido conservar en nuestra región muchos de los baños
árabes y judíos, quizás por lo sospechoso de los edificios. No obstante, quedan algunos vestigios que atestiguan la importancia y belleza de los baños. Baños árabes y judíos han sido confundidos por la tradición
de manera que popularmente mucha gente llamaba baños árabes a lo que, en realidad, eran baños judíos
y viceversa.
Desafortunadamente, en el norte aragonés solo se ha conservado la toponimia (baños) de Benasque y de Panticosa, que han continuado la tradición, pero no queda nada de los medievales.
En el sur aragonés, Alhama o Alfamén son nombres emparentados con alh.amma-m, de modo
que las aguas de Alhama fueron usadas por los musulmanes: sabemos que la primitiva casa de baños
fue denominada Baños Viejos (después Baños Viejos de San Roque) y que en el siglo XII tenía dos
pilas, una para hombres y otra para mujeres (baños de El Moro y de La Mora). Jaraba, donde continúa
la tradición, procede del árabe šarabah, que significa ‘bebida abundante’. Los baños de Quinto de
Ebro y Los Bañales, en término de Layana, también fueron usados por los árabes, que aprovecharon
las termas de origen romano, cuya estructura conservaron y ha llegado hasta nosotros. En Tarazona,
el baño judío parece que se situó cerca de la acequia de Selcos. En Daroca, se conserva un capitel
procedente de sus baños.
Afortunadamente, en Zaragoza capital se conserva una pequeña parte de los baños judíos✪✪
que constaban de tres estancias con aguas de distintas temperaturas; la mejor conservada quizás es la
del baño tibio, y destaca por su planta rectangular, abovedada con crucería sencilla y con columnas
de alabastro. Datan del siglo XIII y están sitos en el Coso, 126 -132.
197
BOTICA
Actualmente, casi todo el mundo usa la
palabra farmacia para denominar al lugar
donde se dispensan medicinas, pero los más
mayores saben que hasta no hace mucho a
las farmacias se les llamaba boticas, término
derivado del griego apotheke que pasaría a
las lenguas latinas como apotica. En el interior —donde solía estar la vivienda del boticario— tenían estos establecimientos una
parte no visible, la llamada rebotica, generalLa antigua farmacia Ríos se conserva intacta
mente un patio descubierto donde crecían
en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza
plantas diversas utilizadas por el boticario
para elaborar directamente medicamentos siguiendo fórmulas generales o propias. En la parte a la que
accedían los clientes, enormes estanterías de madera, generalmente trabajada y labrada, guardaban ordenados tarros de cerámica (o albarelos) etiquetados con los nombres de las sustancias.
En nuestras latitudes, las primeras boticas aparecieron en los monasterios —generalmente en los cistercienses— donde monjes conocedores de plantas medicinales clasificaban y guardaban distintas sustancias en tarros que llevaban impreso el blasón del monasterio. Pero también se abrieron boticas en hospitales
y castillos.
Posteriormente, con el desarrollo de las ciudades y de las universidades, las boticas salieron del primitivo ámbito monástico y se generalizaron. En muchas ciudades y aldeas importantes aparecieron boticarios y médicos que tomaron prestados términos alquímicos para clasificar los elementos guardados en
los frascos. Con la llegada de la Revolución Industrial —merced al desarrollo de la química y de la producción en serie— la mayor parte de medicamentos ya no se elaboraron en las boticas. Poco a poco los antiguos
envases que habían guardado plantas quedaron como adorno al ser sustituidos por medicamentos fabricados industrialmente. Afortunadamente, aún se pueden ver algunas de estas boticas que forman parte
de nuestro patrimonio.
Desafortunadamente, la mayor parte de las farmacias actuales —bien por ser nuevas o bien
por la falta de espacio para guardar y exponer los medicamentos producidos en serie por empresas
farmacéuticas— no conservan los viejos tarros. No obstante, el respeto por este tipo de patrimonio
nos ha legado algunos ejemplos.
En la comarca de Monegros, en la casa natal de Miguel Servet✪✪ de Villanueva de Sigena, se
ha reproducido una farmacia y un laboratorio de alquimia de entre los siglos XV y XVI. En el Museo
Provincial de Teruel se ha conservado una antigua farmacia del siglo XVIII procedente de Alcalá de
la Selva y Oliete✪✪; asimismo, en Teruel destaca la botica neogótica del convento de los Franciscanos✪✪; en el Bajo Aragón, en el museo dedicado a los botánicos Loscos y Pardo Castrón en Castelserás✪, se puede ver una pequeña botica. Las hay también en los monasterios de Veruela✪ y nuevo
de San Juan de la Peña, aunque esta última no se muestra al público.
Pero los ejemplos más ricos los hallamos uno en Madrid y otro en Zaragoza. La magnífica colección aragonesa conservada en Madrid se encuentra en el Museo de la Farmacia Hispana✪✪✪ de
la Facultad de Farmacia; en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza se halla recogida
la antigua farmacia Ríos✪✪✪, toda una institución de la capital aragonesa.
198
HOSPITAL
Actualmente, la palabra hospital se asocia a modernos centros sanitarios con varias
especialidades medicoquirúrgicas donde permanecen ingresados los enfermos, centros en
su mayoría sufragados con fondos públicos
donde se realizan diariamente centenares de
pruebas y de operaciones con el máximo rigor
e higiene. En la Edad Media, sin embargo, los
hospitales fueron instituciones sostenidas por
órdenes religiosas, por la caridad o por el municipio, y su función esencial —que deriva de
Ruinas del tercer hospital del mundo, el de Santa Cristina
de Somport, junto a las pistas de esquí de Candanchú
la palabra latina hospitare— era la de albergar
a peregrinos, viajeros y vagabundos. Su ubicación señala perfectamente las rutas de peregrinación.
A partir del siglo XVII, se fueron especializando en estos colectivos, asistiendo a las clases más bajas,
pues los poderosos tenían sus propios médicos. Por entonces la medicina apenas conocía los fundamentos
de la circulación sanguínea, la fisiología más básica, y mucho menos se sabía del peligro de virus y bacterias.
La Inquisicióna provocó que pocos médicos pudieran presumir de haber visto un cuerpo por dentro.
A mediados del siglo XIX, la mayor parte de los hospitales tenía un soporte económico municipal y
estaban destinados a los enfermos pobres, a los forasteros y transeúntes y a la humanidad desvalida, pero
la realidad es que todos ellos pasaron verdaderas penurias. Con el tiempo, estas auténticas casas de Misericordia se dedicaron al cuidado de los más pobres, dejando a los verdaderos hospitales el cuidado de
los enfermos, a los que les llegó la modernización en el siglo XX. Para entonces, algunos de los hospitales
se encontraban anexados a la Facultad de Medicina, como el hospital de Nuestra Señora de la Esperanza
(Huesca) o el de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza. Por privilegio real este establecimiento pudo hacer
prácticas anatómicas desde 1488. El hospital, como patrimonio de nuestros mayores, tiene una vez más
raíces medievales.
El hospital más famoso de la Edad Media era el de Santa Cristina de Somport —el tercero del
mundo— del que quedan sus ruinas✪. El de Jaca✪, como tantos otros, estuvo ligado al camino jacobeo, cual es el caso de Aínsa✪, del que solo quedan el exterior y alguna sala, con pinturas barrocas;
o el de Sancti Spiritus de San Miguel de Foces✪, del siglo XIII, del que solo se ve su magnífica iglesia.
Las dependencias del actual museo de Huesca pertenecieron a la Facultad de Medicina más antigua
de España —fundada por Pedro IV, en 1384— hasta que en 1422 se levantó enfrente el hospital de
Nuestra Señora de la Esperanza, hospital anexo a la Facultad. En su lugar existe hoy un centro universitario.
En la provincia turolense, la capital contó con varios hospitales en la Edad Media; los hubo,
asimismo, en Rubielos de Mora, Calamocha o Alcañiz. Son restos visibles el antiguo hospital de Albarracín✪ (siglo XVIII), actualmente convertido en museo.
En Zaragoza, en 1425, era fundado uno de los más importantes de España, el hospital Nuestra
Señora de Gracia✪✪✪ (entre el Coso y San Miguel); destruido durante la Guerra de la Independencia, fue reedificado y todavía subsiste. Desafortunadamente han desaparecido muchos (Nuestra Señora de la Misericordia, el de Convalecientes; San Pablo, San Gil, San Julián, San Lázaro —dedicado
al cuidado de leprosos, del siglo XIV—; Santa Marta —para peregrinos—; San Marcos de Daroca;
Santa Lucía de Caspe; San Juan de los Labradores de Calatayud, etc.). Todavía existe el edificio del
hospital de peregrinos de Torrelapaja✪✪, punto importante de un camino jacobeo transversal.
199
PLANTA MEDICINAL
Antes de que los grandes avances de la
química desarrollaran la farmacopea moderna, los seres humanos echaron mano de las
plantas medicinales para sanar sus dolencias.
Constituye un misterio saber cómo se descubrieron las distintas propiedades de las plantas, un conocimiento adquirido sin duda en
un largo proceso de millones de años en el
que pudieron intervenir el instinto, la observación de los animales y cierto método basado en el ensayo y el error. Sea como fuere,
nadie puede dudar de los beneficios de las
plantas medicinales, solas o como base de
muchos medicamentos modernos y, seguramente, futuros.
La gayuba siempre fue un eficaz remedio
para las dolencias gastrointestinales
En el patrimonio natural y cultural aragonés, el uso de las plantas medicinales es muy importante,
pues no en vano se suele decir que nuestra propia farmacopea sabe de unas setecientas especies de efectividad variada. La extensión y diversidad de climas y paisajes (alta montaña, sierra, valle) han determinado
esta riqueza. No es casual que magníficos botánicos, como Félix de Azara, Pardo Sastrón o Loscos, a quien
debemos un catálogo de plantas con aplicaciones farmacéuticas, sean de la tierra o que las universidades
aragonesas incluyeran el estudio de las plantas desde el siglo XVII.
No es casual que en muchos pueblos aún existan personas conocedoras de remedios para afecciones
de personas y animales, que continúan recogiendo ajenjo, centaura, consuelda, genciana, manzanilla, té
de roca y otros centenares de plantas para sus propios usos. A veces un pastor, un anciano o una anciana
han tenido fama de curanderos, saludadores, y, en ocasiones, hasta de brujos. Leyendas hay sobre las medicinas de los monjes de San Caprasio (ermita de la sierra de Alcubierre), o el quitamiedos de Robres, que
hacía que los combatientes de este pueblo destacaran entre los guerreros de Alfonso I el Batallador. Lamentablemente estos saberes se van perdiendo.
Del amplio catálogo de nuestras plantas medicinales, veamos algunas, en función de la dolencia
que tratan de paliar: analgésico: eléboro fétido; anticatarral: tomillo; antidiarreico: acedera; antihelmíntico (contra los parásitos del intestino): ajenjo; antihemorroidal: centaura mayor; antiinflamatorio: estepa; antigripal: corniera, senera; antineurálgico: forniguilla u ortiga menor; astringente:
artusa; béquico (contra la tos): tomillo; carminativo (para impedir la formación de gases y facilitar
la evacuación): camomila, manzanilla; depurativo: genciana, berduna o lengua de ciervo; digestivo:
camomila, manzanilla, milorio, tomillo; diurético: fumaria, estañera, colondrillo, gayuba; emenagogo
(para la menstruación): estañera; espasmolítico gastrointestinal: estañera, gayuba, manzanilla, camomila, ruda; hemostático (para cortar hemorragias): milorio; hipotensor: genciana, berduna; laxante: corniera, senera; mucolítico: zamarrilla; queratolítico (para destruir las capas córneas de la
piel): celidonia, abozo, letreriza o lechetrezna; tónico: ruda, tomillo; tonificante: genciana; vulnerario
(para curar llagas y heridas): estepa; acedera, celidonia, rododendro.
Podemos averiguar algo más de las plantas medicinales acudiendo al Museo de Artes del Serrablo, en Sabiñanigo; al Museo de Brujería y Supersticiones del Moncayo, en Trasmoz; al Museo de
los Botánicos Loscos y Sastrón, en Castelserás; y al Herbario de las Saladas de Chiprana.
200
TERMA
En el territorio aragonés son conocidos
abundantes embolsamientos de aguas subterráneas que han permitido no solo asentar viviendas sobre ellas, con no pocos riesgos, sino
también convertir en fértiles tierras a otras
que en superficie carecían de corrientes acuíferas, como es el caso del altiplano turolense
y los campos aledaños a Alfamén, por ejemplo.
En ocasiones, esas aguas subterráneas
La ciudad romana de Bílbilis tenía unas importantes termas,
—mezcladas o no con determinadas sustancuyos restos vemos
cias minerales—, por efecto del calor del interior de la tierra, pueden aflorar a la superficie a más de veinte grados centígrados de temperatura. Cuando
esto sucede nos hallamos ante las denominadas aguas termales. Si además de esa temperatura superior
están mezcladas con sustancias minerales, sus efectos calmantes y terapéuticos para el organismo humano
pueden dar origen al balnearioa.
Aunque existen pruebas de la utilización de las aguas calientes subterráneas en época prerromana,
serán los romanos quienes las aprovechen de manera sistemática.
Los romanos consideraron el baño como una de sus actividades higiénicas y sociales predilectas, y a
tal efecto construyeron instalaciones adecuadas, las llamadas termas. En estos edificios ritualizaron y aprovecharon el agua al máximo hasta el punto de que cuando no disponían de aguas cálidas naturales las
obtenían calentándolas en grandes calderas. Las termas eran edificios impresionantes y de variada forma.
Estaban compuestas de varios espacios y piscinas. Desde el vestíbulo o apodyterium se accedía al caldarium
—sala de agua caliente—, al frigidarium —sala de agua fría- o al tepidarium, sala de agua tibia. Además de
estas estancias, en otras dependencias era posible realizar ejercicios, oír música, leer o reposar. Sobre la
base de estas termas se construirían luego algunos bañosa, principalmente árabes y judíos. Estos baños y
termas han sido la base de muchos establecimientos termales contemporáneos.
Al margen de los balnearios de aguas medicinales que se extienden por las tres provincias, de
los cuales algunos fueron termas romanas, en nuestro viaje podemos encontrar los siguientes restos
de termas. En la provincia norteña, pueden observarse restos en Labitolosa✪, en la Puebla de Castro;
en Tiermas✪✪ (el topónimo lo dice todo), junto al pantano de Yesa, cuando las aguas embalsadas
descienden lo suficiente, todavía afloran aguas calientes, las que dieron lugar a baños romanos, ahora
inundados por el pantano, frecuentadas por mucha gente todavía hoy; en la Hoya de Huesca, pueden
verse escasos restos en Alerre.
En la provincia central, en Monreal de Ariza (la antigua Arcóbriga✪) se pueden ver los restos
de unas modestas termas; en Los Bañales✪✪ (cerca de Layana) quedan incluso los pilares del acueductoa que llevaba las aguas al complejo termal, del que aún quedan restos; en Bílbilis✪✪, próxima
a Calatayud, pueden admirarse restos suficientes; por último, en la antigua Caesaraugusta, un Museo
de las Termas Romanas✪, a falta de restos concretos, recrea los que debieron ser sus termas.
En la provincia sureña, de las termas de Azaila✪, las más antiguas que se conservan en Aragón,
se aprecian perfectamente las estancias que las componían.
201
X
CON LA MUERTE EN LOS TALONES
h
Campo de urnas ..................................................................... 205
Dolmen .................................................................................. 206
Mausoleo ................................................................................ 207
Sarcófago................................................................................ 208
Sepulcro ................................................................................. 209
Tumba real ............................................................................. 210
CAMPO DE URNAS
La muerte, desde los albores de la humanidad, siempre
ha producido una mezcla de miedo, respeto y expectación.
Quizás para atemperar la ansiedad que provoca tan amargo
trance necesitamos de rituales y modelos de comportamiento. Una de las formas ritualizadas más arcaicas de tratar
la muerte es la de los campos de urnas que dan nombre a la
cultura de una serie de pueblos todavía no bien conocidos.
Según ciertas teorías, los pueblos que se agrupan bajo
esta denominación son de origen indoeuropeo y llegaron a
la zona nororiental de la Península por los Pirineos hacia el
año 1000 a. C. extendiéndose por el valle del Ebro en los siglos siguientes. Esta cultura parece que constituyó el sustrato común de íberos y celtíberos.
Tras la muerte, se incineraban los cadáveres y sus cenizas eran introducidas en vasijas de cerámica, las urnas, depositando junto a ellas ofrendas y objetos personales del
finado. Una vez enterradas, se formaban singulares espacios
parecidos a los actuales cementerios, de ahí la denominación
de campos de urnas, necrópolis que se construían muy cerca
de los poblados.
Junto a la ciudad romana de Azaila
podemos observar un amplio campo de urnas
Los variados objetos personales enterrados junto a las urnas —buena parte de ellos expuestos en los
museos provinciales— han permitido conocer no solo muchos detalles de la cultura material y espiritual
de estos lejanos antepasados, sino también diferenciar en Aragón dos culturas distintas: una del Bronce
final y otra, un poco más tardía, del Hierro.
La cultura de los campos de urnas —unas enterradas en túmulos y otras en hoyos— se expande
por la zona nororiental, desde tierras catalanas a Aragón por las cuencas del Cinca-Segre, hasta alcanzar el Bajo Aragón, donde podemos observar hoy los yacimientos más sobresalientes. Dada la
abundancia de estos campos de urnas, la siguiente lista no es nada más que una aproximación.
En la provincia de Huesca, los yacimientos vinculados a las urnas se sitúan en torno a Huesca
capital (Bolea, Albero Alto, Novales, Yéqueda y Huesca), destacando fuera de este ámbito el conjunto arqueológico de La Codera de Alcolea de Cinca✪, sin olvidar la Masada del Ratón (Fraga),
Las Valletas (Sena), El Puntal (desde donde se divisa toda La Litera) o Robres.
En la provincia de Teruel, junto al magnífico poblado ibérico del Cabezo de Alcalá✪✪ de Azaila,
podemos contemplar un amplio campo de urnas, mas también merece la pena una visita a San Cristóbal✪ de Mazaleón.
En la provincia de Zaragoza, en torno a Caspe podemos ver la Loma de los Brunos y, sobre todo,
el Cabezo de Monleón✪, cuyo plano urbano se dibuja todavía, si bien quedan pocas urnas; destacan
en la zona, asimismo, los yacimientos del Roquizal del Rullo (Fabara), los Castellets (Mequinenza)
o Maella. Fuera del ámbito bajoaragonés, tenemos ejemplos visibles en Épila, Fréscano, Borja, Uncastillo y los numerosos asentamientos del valle de La Huecha.
205
DOLMEN
El dolmen es un sepulcro de piedras. Por
el gran tamaño de las mismas, este peculiar
tipo de enterramiento forma parte del llamado megalitismo (mega, ‘grande’; lithos,
‘piedra’), un fenómeno cultural que se produjo hace unos siete mil años —entre el Neolítico y la Edad de Bronce— en zonas atlánticas y del Mediterráneo occidental. Se compone de varias piedras en posición vertical
(los menhires) que sostienen una gran losa en
El dolmen de Tella es uno de los más accesibles
posición horizontal. Son tan parecidos a una
para ser visitado
mesa que su nombre, derivado del bretón,
significa literalmente mesa de piedra, porque
una vieja tradición legendaria nos quiere hacer creer que estos sepulcros habían sido mesas para gigantes
o construidos por gigantes.
Existen dos tipos de dólmenes: el más sencillo —el de cista— se asemeja a una mesa y está formado
por una piedra horizontal sobre dos verticales; el otro tipo —el de corredor— está compuesto por un dolmen
que se inserta en otro menor: se crea así el efecto de una cámara sustentada por varias piedras verticales.
A los lados del dolmen se iba depositando tierra hasta tapar los menhires colocando por fin la piedra horizontal de modo que el conjunto quedaba cerrado dando origen al túmulo.
En el territorio aragonés los dólmenes se sitúan principalmente en la zona de los Pirineos, en cotas
superiores a los 700 metros. Están vinculados a una economía pastoril, y son de tipología sencilla. Evidentemente, su naturaleza de primitivos cementerios ha creado un aura de misterio y leyenda alrededor de
ellos cuyo eco se nota en sus nombres.
Son bastante abundantes y no resulta excesivamente difícil acceder a alguno, aunque están
casi todos ellos en parajes agrestes y fuera de las carreteras convencionales. La siguiente selección,
en la que prima la facilidad de acceso, es simplemente orientativa.
En la parte más occidental de los Pirineos, en el valle de Ansó, el dolmen de Belabarce es el
más conocido. Los valles paradisíacos de Guarrinza✪✪ y de Aguas Tuertas, en la selva de Oza, conservan un buen número, rodeados de relatos legendarios que nos hablan de misteriosas princesas
moras. Cerca, en el puerto del Palo, encontramos el más alto de todos, el de Las Foyas. En Villanúa,
en el río Aragón, podemos acceder con facilidad a la Caseta de las Guixas✪, lo mismo que al de
Santa Elena✪, en el Gállego, junto a Biescas.
En el nacimiento del río Guatizalema, destaca el dolmen de Ibirque o Caseta das Bruxas✪✪,
accesible remontando el río desde el magnífico valle de Nocito. En la cabecera del Flumen, de bastante peor acceso, hallamos el de Belsué, y próximo a Rodellar, un dolmen mítico, la Losa Mora✪,
en la sierra de Guara, tiene más difícil acceso. En el alto valle del Cinca, es bastante accesible el de
Tella✪✪. A Capilleta✪ en Paúles y el de Merli✪ son asequibles al visitante.
206
MAUSOLEO
La necesidad de recordar a los seres
queridos, el deseo de exhibir el poder político o económico de una familia, aun en la
muerte, o de no querer permanecer solo en la
oscuridad de la tumba, originaron monumentos funerarios como los mausoleos. Se trata
de edificios de estructura sencilla, aunque con
pretensiones suntuarias. Su nombre procede
del sátrapa persa Mausolo al que su esposa
Artemisa mandó construir una impresionante
El mausoleo de Fabara es quizás el más grande
tumba en Halicarnaso como recuerdo de su
de los conservados en la Península
gobierno, enterramiento que se convirtió en
una de las siete maravillas de la Antigüedad.
Los romanos, como continuadores de lo mejor de las culturas que les antecedieron, adoptaron el nombre
para un tipo de tumba semejante a un edificio que podía albergar a varios difuntos de una misma familia.
Las familias que pudieron permitirse este tipo de lujosa morada mortuoria eran ricas, ya que los romanos
más pobres eran enterrados en tumbas comunales. Estos monumentos se levantaron fuera de las ciudades,
en puntos cercanos a las vías romanas o cerca de la entrada a una ciudad para que todo el mundo pudiera
contemplarlos y admirarlos.
Se trata de monumentos con una gran variedad de formas, siguiendo la moda del momento o reflejando las excentricidades de sus futuros inquilinos. Los que se han conservado en nuestra tierra pertenecieron a ilustres familias hispanorromanas, propietarias de grandes fincas agrícolas, como las de los Atilios
o los Lupos, casi todos ellos son de los siglos II y III. Ignorados hasta no hace mucho, fueron utilizados
como simples refugios por agricultores y pastores.
Aunque no son objeto de nuestra consideración aquí, conviene aclarar que se han levantado mausoleos hasta nuestros días. Para cerciorarse de ello, basta recorrer el cementerio de Torrero, en Zaragoza,
del que solo mencionaremos el levantado para recordar a Joaquín Costa.
Ciñéndonos a los romanos, existen en especial dos núcleos geográficos donde se localizan mausoleos: las Cinco Villas y el Bajo Aragón. En las Cinco Villas, importante es el de los Atilios✪✪, conocido como el Altar del Moro, entre Sádaba y Layana, en dirección a Uncastillo, y el de la Sinagoga,
también en Sádaba, auque este se encuentra en ruinas. En Sofuentes, por donde pasaba una calzada
romana, existe otro trasplantado, de tipo torre, con frisos de armas, coronas y guirnaldas de laurel,
relacionado también con la familia de los Atilios; y, en la misma zona, están los restos del monumento
de Farasdués, del siglo I d. C. En el Bajo Aragón, importantísimo es el de Fabara✪✪✪, quizás el más
grande de la Península y visitable: tiene la forma de un templo romano y la tumba se hallaba en una
cámara subterránea —conditorium— a la que se accede por escaleras cerca de la cella, destinada a los
sacrificios en honor del muerto, un tal D. M. L. Aemili Lupi como dice la inscripción. Los restos
restaurados del mausoleo de Miralpeix✪✪, paraje inundado por el embalse, fueron trasladados a
Caspe, mientras que en Chiprana los restos de un mausoleo fueron utilizados para construir la ermita
de la Consolación y de los aparecidos en la cercana Dehesa de Baños apenas quedan unos elementos
decorativos. Restos de mausoleo existen en varios otros lugares, como en Velilla de Cinca, integrados
en la cercana ermita de San Valero, o en La Iglesuela del Cid, en la ermita de la Virgen del Cid.
207
SARCÓFAGO
Ante la muerte, las distintas culturas se
comportan de manera diferente; sin embargo,
ante el hecho de deshacerse del cuerpo del finado —aunque existe alguna forma más que
no viene al caso en estas latitudes occidentales— fundamentalmente hay dos: la incineración y la inhumación. La primera se ha
tratado al hablar de los campos de urnasa.
Cuando a partir del siglo II, en época romana, la incineración deja paso a la inhumaSarcófago paleocristiano
ción, surgen los sarcófagos de piedra o
conservado en la iglesia parroquial de Castiliscar
mármol para enterrar a los difuntos más distinguidos, tumbas que se depositan en el suelo, y en las que se representa escultóricamente no solo la
figura del fallecido, sino también motivos alegóricos de su personalidad. Posteriormente, los cristianos
imitaron la moda y de ese modo nos han llegado sarcófagos romanos y paleocristianos. Aunque no sean
muchos, en Aragón tenemos varios de ambos. Desde nuestro punto de vista, somos hijos directos de este
momento histórico en cuanto que hasta no hace mucho, sobre todo por motivos religiosos, nosotros hemos
inhumado a nuestros muertos.
Los sarcófagos romanos se caracterizan por tener decoración de tema pagano; los paleocristianos,
en cambio, se decoran con motivos bíblicos y cristianos, especialmente con escenas relativas al Antiguo
Testamento, aunque no renuncian a algunos de los elementos paganos, como los cuernos de la abundancia,
los jardines y algunos personajes. En algunas ocasiones se aprovecharon sarcófagos romanos para enterramientos cristianos.
Aparte de fragmentos de sarcófagos romanos aparecidos en Chalamera, Gallur, Estada, Torrente
de Cinca y Sos del Rey Católico, los enteros se reducen a tres romanos y tres paleocristianos.
De los romanos, uno apareció en Graus, pero está en paradero desconocido, otro en Tarazona
y el tercero, el más importante, labrado en mármol, se reutilizó para enterrar los restos del rey Ramiro
II de Aragón y puede verse en la iglesia de San Pedro el Viejo✪✪✪ de Huesca: es un sarcófago en el
que consta el retrato del difunto que es sujetado por dos genios, y se aprecian las figuras de Hypnos
(dios del sueño) y de Thánatos (dios de la muerte).
De los paleocristianos, en la iglesia parroquial de Castiliscar✪✪ puede admirarse uno del siglo
IV con diversos milagros de Jesús; en Tarazona, en la Exposición Permanente de Arqueología del
Moncayo✪✪ se muestra otro en buen estado; por último, en la cripta de Santa Engracia de Zaragoza
encontramos dos sarcófagos de mármol: uno llamado Receptio Animae✪✪✪ (recepción de las almas),
de en torno al año 340, conocido, asimismo, como de la Asunción, y el de la Trilogía Petrina✪✪, de
entre los años 340 y 350. El de la Asunción tiene escenas de Adán y Eva, el recepta ad Deum (almas
recibidas por Dios), milagros como el de la curación del ciego, de las bodas de Caná, así como la hemorroísa (la mujer con flujo de sangre constante). El sarcófago de la Trilogía Petrina se usa como mesa
de altar, y muestra escenas de la vida de san Pedro (milagro de la fuente, arresto de Pedro y escena
del gallo). En el centro aparece una orante y, a la derecha, diversos milagros de Cristo.
208
SEPULCRO
Con independencia de los actos positivos o negativos de cada ser humano, basta
con haber alcanzado un cierto relieve en la
escala social como para intentar seguir presente en el mundo de los vivos, de ahí que algunos de ellos hayan levantado su última
morada incluso antes de morir. Los sarcófagosa romanos y paleocristianos fueron el
modelo en muchos de esos sepulcros, sobre
todo al principio.
En la parroquieta de la Seo zaragozana se halla
Desde la Edad Media, en Aragón se launo de los sepulcros más bellos de Aragón,
el de Lope Fernández de Luna
braron hermosas tumbasa de reyes, obispos
y nobles con relieves y policromía. Durante el
románico, este tipo de sepulturas se sitúa en los monasterios donde muchos nobles y obispos quieren ser
enterrados para garantizar su salvación. En los costados del sepulcro se representan elementos alegóricos,
escudos heráldicos y escenas religiosas. A partir del siglo XIV, sobresalen los sepulcros en los que se esculpe
la efigie yacente del finado en piedra, mármol o alabastro siguiendo el estilo de la época. Pero esta posición
tendida cambió entre los siglos XVI y XVII por la posición orante y por otras actitudes más vitales, al mismo
tiempo que las tumbas comienzan a ocupar un papel más relevante en el interior de iglesias o catedrales.
Cuando los enterramientos salen de las naves y de los claustros religiosos, surgen los grandes panteones, así como instalaciones alegóricas a la personalidad del finado para dar el cobijo que antes proporcionaba el templo. En nuestros cementerios proliferan los alardes de este tipo.
Aparte de bellos sepulcros de gente más o menos relevante (San Miguel de Foces, en Ibieca,
es un ejemplo de sepulcros pintados) y de las tumbas realesa, que tienen un espacio aparte, veamos
una selección somera. Para la historia de la escultura románica, es importante el sepulcro del siglo
XI de la condesa Sancha✪✪, hoy en el monasterio jaqués de las benedictinas; por lo mismo, el de
San Ramón✪✪, en la cripta de Roda de Isábena, del siglo XII; románico, con cremalleras pétreas de
ajedrez, es el panteón de Nobles✪✪ de San Juan de la Peña, junto al que yace el conde de Aranda.
Un ejemplo destacado de sepulcro gótico con estatua yacente es el de don Lope Fernández de
Luna✪✪✪, en la parroquieta de la Seo zaragozana, templo en el que está, asimismo, el del arzobispo
Juan de Aragón✪✪, con una concepción propia de un retablo; en el Museo de Zaragoza, procedente
del monasterio de Rueda, se halla el sepulcro del monje aristócrata Pedro Fernández de Híjar✪✪; y,
en la catedral de Tarazona, deben tenerse en cuenta los sepulcros de los cardenales Pedro y Fernando
Pérez Calvillo✪✪. Por último, citemos el sepulcro de Lope Ximénez de Urrea✪✪, que fue virrey de
Sicilia, en la iglesia parroquial de Épila. Aunque moderno, obra de Juan de Ávalos, justo es citar el
doble sepulcro de los Amantes de Teruel✪✪a, en la iglesia de San Pedro de la capital turolense.
Muestra de sepulcros con estatua orante son el del obispo Palafox✪✪, hoy en el Museo de Calatayud, o el de los duques de Villahermosa✪✪, en la iglesia de San Carlos de Zaragoza.
Joaquín Costa, aunque fallecido en Graus, reposa en el paisajístico y espectacular mausoleo✪✪a
del cementerio de Torrero de Zaragoza.
209
TUMBA REAL
Los monasterios aragoneses desempeñaron una múltiple función durante la Edad Media. Aparte de la religiosa
(como lugares de oración y recogimiento) y asistencial (por
sus hospitales y su ayuda a peregrinos e indigentes), también
ejercieron una importante labor cultural (por sus scriptoria
y por organizar los primeros archivos y bibliotecas), social
(colaboran en la repoblación del país), política (forman parte
de las Cortes y de la corte itinerante del rey) y económica
(poniendo en explotación amplios territorios del reino).
El respeto logrado hacia determinados lugares, territorios y personas (iglesias, monasterios, clérigos, pobres, viudas,
comerciantes y peregrinos) dio lugar a la conocida como paz
de Dios. Los monasterios se convirtieron en lugares seguros
no solo para guardar los documentos importantes, sino también los cuerpos sin vida de los reyes. La Corona engrandeció
tanto a algunos de estos cenobios que los reyes los elegirán
para su reposo definitivo. Surgió así el monasterio-panteón:
San Juan de la Peña, el primero, San Pedro el Viejo de Huesca;
transitoriamente, Montearagón y Sigena serán morada última de reyes e infantes aragoneses, hasta que Poblet, con
alguna excepción, les hurte tal privilegio.
Aunque Jaime I quiso ser enterrado en Sigena,
el único monarca aragonés
que fue a parar allí fue Pedro II
Las tumbas de los reyes aragoneses, desde Ramiro I hasta Fernando II el Católico, estuvieron repartidas
en nueve panteones. Su itinerario por tierras aragonesas y catalanas conduce tanto a disfrutar de paisajes
extraordinarios como de centros emblemáticos de nuestro patrimonio.
El primer panteón real aragonés fue el de San Juan de la Peña✪✪✪, donde en realidad existen
dos: el primitivo y el que mandó levantar Carlos III en el siglo XVIII: allí están los reyes del siglo XI:
Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I. Con el salto al llano, el panteón real bajó hacia el sur. Alfonso
I el Batallador fue enterrado en el de Montearagón✪, pero el abandono sufrido por este en época
desamortizadora obligó a trasladarlo a San Pedro el Viejo✪✪✪ de Huesca, junto a su hermano, Ramiro
II el Monje, tumbas ubicadas ahora en el claustro románico. Sigena✪✪ conserva la tumba de Pedro
II, pues, aunque falleció defendiendo a sus súbditos albigenses en Francia y fuera enterrado en el
Hospital de Toulouse, Honorio III accedió luego a que fuese llevado al monasterio monegrino.
La vinculación cada vez mayor de los reyes de Aragón con Cataluña motivó el desplazamiento
del panteón real. El monasterio de Poblet✪✪✪ acogió a Alfonso II; luego fueron a parar allí los restos
de Jaime I, que quiso reposar en Sigena y fue enterrado en Valencia, donde murió, para terminar en
Poblet, donde, tras un paréntesis, acabaron también Pedro IV (el gran valedor del monasterio), Juan
I, Martín I, Fernando I de Antequera, Alfonso V y Juan II. En Santes Creus✪✪✪ están las tumbas de
Pedro III y de su hijo, Jaime II, quien ordenó labrar los actuales templetes góticos. En el monasterio
de San Francisco✪ de Barcelona está Alfonso III, donde transitoriamente estuvieron Jaime II (que
luego fue llevado según su voluntad a Santes Creus) y Alfonso IV. Este fue llevado más tarde a San
Francisco de Lérida y, tras ser destruido este convento, a la Catedral Vieja de Lérida✪✪. Por último,
Fernando II el Católico reposa en la Capilla Real de Granada✪✪✪.
210
XI
LA MATERIA, TRANSFORMADA
CON INGENIO Y ESFUERZO
h
Alabastro ................................. 213
Herrería.................................... 224
Alcohol.................................... 214
Hidrocarburo ........................... 225
Alfar......................................... 215
Hidroelectricidad..................... 226
Aluminio ................................ 216
Hierro....................................... 227
Automóvil ............................... 217
Lignito ..................................... 228
Azabache ................................. 218
Mineral industrial .................... 229
Azufre....................................... 219
Papel ........................................ 230
Batán........................................ 220
Rejería...................................... 231
Calera....................................... 221
Telar ......................................... 232
Cantera .................................... 222
Vestido ..................................... 233
Fundición................................. 223
ALABASTRO
Cuando el yeso, tan abundante en tierras aragonesas, se presenta en bloques compactos de grano menudo y de color blanquecino constituye una variedad muy apreciada del mismo: el alabastro. Se trata de una
roca hija del Terciario, y suele aparecer en
capas de hasta dos metros de espesor, entremezclado con otras bandas de margas, areniscas, arcillas y yesos.
Al encontrarse en la superficie o muy
Vistosa decoración en un bar del pueblo de Gelsa
cerca de ella, la casi totalidad de las explotaciones lo son a cielo abierto, de modo que tras
su extracción el paisaje resultante es un amasijo de tierras removidas que desde lejos dan la sensación de
ser enormes hormigueros.
Aragón posee las mayores reservas de Europa, aunque hasta época muy reciente solo ha sido productor-exportador. Hoy, con la fundación de Adalar (Asociación para el Desarrollo del Alabastro en Aragón),
en 1999, se pretende que nuestra tierra se beneficie del valor añadido que supone su transformación.
Se trata de un material muy apreciado para la construcción (muchas ventanas se cierran con él), pero
sobre todo para la ornamentación y la escultura una vez que ha sido pulimentado. Por ello son abundantes
las obras de arte realizadas en alabastro, de las que Aragón es rico. Utilizado por los romanos y por los
musulmanes (la Aljafería constituye un magnífico ejemplo), es durante los periodos gótico y renacentista
cuando se usa abundantemente por los mejores artistas del momento (Gil Morlanes, Juan de Ancheta o
Damián Forment, entre otros), pudiendo admirar todavía hoy sus obras maestras: la portada de la iglesia
de Santa Engracia o los retablos del Pilar y de la Seo, de Zaragoza, retablo mayor de la catedral de Huesca
y el de Gelsa, etc.
En Aragón, aparte de otros yacimientos menores (Tamarite o Barbastro), destacan dos zonas
productoras: la de Calatayud y la del Bajo Aragón. En la zona de Calatayud, los yacimientos se concentran en este municipio y en Fuentes de Jiloca; en el Bajo Aragón, podemos encontrar yacimientos
en numerosos puntos de los términos municipales de Azaila, Híjar, La Puebla de Híjar, Albalate del
Arzobispo, Urrea de Gaén, Pina, Fuentes, Quinto, etc.
Para visitar una cantera, cosa que es bastante fácil, habrá que tomar sin duda caminos de tierra,
generalmente en buen estado, puesto que por ellos circulan los camiones que transportan la piedra
a los aserraderos, generalmente ubicados en los pueblos de la zona. Visitando un yacimiento a cielo
abierto, el aserradero y, por último, el taller artesanal nos podremos hacer una idea de las diferentes
actividades que conlleva este preciado material. Veremos, así, la carencia de industrias transformadoras totalmente mecanizadas que se encuentran fuera de Aragón (Navarra, Cataluña e Italia) y que
consumen la casi totalidad del alabastro extraído, que acaba en lugares tan remotos como América
o China.
En La Puebla de Híjar, funciona un aserradero de la empresa Garatur, destinado al polígono industrial de la Venta del Barro. Asimismo, en el barrio de la Estación de La Puebla, existe una pequeña
empresa en las antiguas escuelas, edificio habilitado y equipado por el Ayuntamiento.
213
ALCOHOL
El desarrollo y proliferación de las azucarerasa en la
región a finales del siglo XIX, unido a los cultivos tradicionales de nuestros campos, favoreció la creación de varias factorías dedicadas a destilar alcohol y fabricar licores. Las
azucareras suministraron la melaza —un derivado del azúcar
necesario para la extracción de alcohol etílico—, mientras las
regiones agrícolas proporcionaron en forma de uva y cereal
la otra parte necesaria para la fabricación de licores. Naturalmente, la remolacha precisa para que las azucareras pudieran procurar la melaza también se cultivaba en grandes
cantidades en los campos aragoneses que adquirieron durante muchas décadas un aspecto especial.
La mayoría de estas empresas alcoholeras se dedicaron
a destilar aguardientes y anises de fuerte personalidad, aunque también hubo —y hay— buenos vermús y mistelas. De
los alambiques de Calatayud provenía el afamado anís La Dolores, y, asimismo, fue célebre el ron fabricado tanto por la
Industrial Licorera Española, en Zaragoza, como por Ventura
y Cía, en La Almunia de Doña Godina.
En la localidad de Colungo, junto a Alquézar,
todavía se destila un reconocido anís
Como es lógico, estas empresas se ubicaron cerca de los viñedos y de las azucareras, de manera que
las zonas de producción más destacadas fueron el Campo de Cariñena, la Cuenca del Jalón, el Campo de
Borja y la Comunidad de Calatayud. Alrededor de los años veinte del siglo pasado contaban con más de
una alcoholera lugares como Aguarón, Ainzón, Almonacid de la Sierra, Atea, Ateca, Calatayud, Cariñena,
Caspe, Daroca, La Almunia de Doña Godina, Maella, Mas de las Matas y Morata de Jalón. Mención aparte
merecen los alambiques de algunos monasteriosa.
El fin de la autarquía en los años cincuenta del siglo XX, unido al endurecimiento de la normativa
sobre alcoholes y la entrada de licores procedentes de otros países fueron poco a poco acabando con la
licorería aragonesa. No obstante, muchos aragoneses siguen elaborando licores en sus casas continuando
una larga tradición familiar. Por supuesto, existen algunas licorerías que se mantienen todavía, como la
de Colungo.
La vinculación de las azucareras al alcohol fue tanta que muchos alambiques se instalaron en
ellas, de modo que hubo una sección alcoholera, por ejemplo, en las azucareras de Épila✪ y de Ricla✪
en la que participaba Bodegas Bilbaínas; merece la pena visitar ambos complejos de los que la destilería forma parte. Tal fue la simbiosis que en Terrer la azucarera acabó convirtiéndose en alcoholera.
A Lumpiaque, al calor de la azucarera epilense, naciole junto al lavaderoa la alcoholera. En Manchones, en la comarca de Daroca, la alcoholera es actualmente un establecimiento de turismo rural.
En Cariñena, es posible la visita a la destilería San Valero✪✪, en la que se puede seguir perfectamente
el proceso de la destilación.
En el Somontano oscense, donde antaño se aprovechaba el vino agrio para la destilación del
aguardiente, continúa la tradición que hace que en la actualidad se elaboren varios licores de café,
té, frutas silvestres, orujo y anís, de manera que este último ha hecho famoso al destilado en Colungo✪✪✪, en las tierras quebradas aledañas de Alquézar.
214
ALFAR
Una vez más, con la primera gran revolución producida cuando el hombre se hace
sedentario en el Neolítico, surge un nuevo invento: el arte de hacer vasijas para líquidos.
El lugar de trabajo pasará a ser el alfar, en el
que además surgirán materiales para sus primitivas construcciones estables (adobes, ladrillos, tejas y azulejos). En adelante, la
alfarería —que dio un paso importante con la
aparición del torno— será uno de los oficios
más importantes durante siglos.
La cerámica tradicional
y la actual de Teruel gozan de una reconocida fama
La diversidad de tratamiento de los materiales, las necesidades distintas a cubrir y la
habilidad de cada alfarero dieron origen a resultados distintos, de modo que pronto comenzaron a diferenciarse unos alfares de otros. Algunos pueblos acabaron especializándose en un tipo de cerámica concreto, como sucedió con el vaso campaniforme que desde la Península se extendió a toda Europa. Entre
nosotros destacarían los alfares mudéjares, y algunos pueblos hicieron de la alfarería su principal actividad,
cual es el caso de Almonacid de la Sierra, que en el siglo XVII llegó a abrir más de treinta y cinco alfares,
en tanto que Tobed y Villafeliche alcanzaron los cuarenta.
La disposición del alfar constaba de dos zonas, una exterior y otra interior. En la exterior, aparte del
horno, se amasaba el barro y se almacenaban y exponían algunas piezas; en el interior, el torno era el rey,
pero también se decoraban las piezas. Allí trabajaban el alfarero, sus oficiales y aprendices. La calidad de
los productos y el dominio del oficio los supervisaba desde la Edad Media el gremio de alfareros según
normas muy estrictas.
Todavía sobreviven hoy poblaciones de tradición alfarera. En buena parte de ellos se han abierto
museos que permiten seguir todo el proceso del oficio. Son ejemplos a tener en cuenta el Museo de
Alfarería Tradicional Aragonesa✪✪ de Morillo de Tou, especializado en el siglo XX; el del Museo de
Cerámica de Bandaliés✪✪, pionero en este tipo de instalaciones y especializado en alfarería popular
de fuego (ollas, cazuelas); en Naval, población de raigambre alfarera, abre sus puertas el Centro de
Interpretación de la Alfarería✪✪✪, que en realidad es un alfar tradicional que nos ha llegado intacto
para deleite de todos; en el Museo de la Alfarería✪ de Santa Cruz de Moncayo se pueden seguir las
variantes locales; Muel, otro de los referentes de la cerámica aragonesa —aparte de la Escuela-Taller
de Cerámica✪✪✪, de obligada visita—, ha abierto un Museo de Cerámica✪ que guarda en realidad
la colección Torralba y Fortún; en Santa Cruz de Grío, la colección de cerámica José María Gimeno✪,
con más de 10 000 piezas de todo Aragón, merece una visita. Aunque no sean específicos de alfarería,
tienen buenas colecciones, por ejemplo, el Museo de Zaragoza, sección de Cerámica✪, en el parque
Primo de Rivera (denominado popularmente Parque Grande), o el Museo de Teruel✪, donde están
recogidos los alfares de Bronchales y Rubielos de Mora.
Antes de programar un viaje cultural, merece la pena seleccionar alguna de las muchas empresas
alfareras distribuidas por todo Aragón: Alagón, Alcañiz, Alcorisa, Alhama de Aragón, Andorra,
Bandaliés, Galve, Muel, Naval, Teruel, etc.
215
ALUMINIO
El aluminio —que tuvo su antecedente
en el antiguo alumbre del que Aragón era
rico— es posiblemente después del acero el
metal más utilizado en la actualidad. Interviene, solo o en aleación, en la estructura de
aviones, barcos, automóviles y bicicletas, así
como en la construcción de puertas y ventanas, y está presente en objetos tan cotidianos
como las latas, tetrabrik, en el denominado
papel de plata, que, en realidad, es de aluminio. También forma parte de los esquíes, en
carpintería o en antiácidos. Todas estas utilidades se deben a la gran ductilidad del aluminio, a su maleabilidad y a su gran capacidad de resistencia y duración.
A pesar de la crisis del sector, Sabiñánigo posee
una larga tradición en el tratamiento del aluminio
No obstante, en lo referente a su proceso de fabricación presenta algunos inconvenientes. La mayor
parte de los yacimientos se sitúan en países subdesarrollados donde son explotados por grandes empresas
multinacionales que, además de no dejar apenas beneficios para la población de esos países, constituyen
verdaderos monopolios. Otro inconveniente es la gran cantidad de energía necesaria para su obtención,
problema que se trata de paliar mediante su reciclado.
En Aragón —donde el alumbre tiene una gran tradición desde la Edad Media y se ha extraído bauxita
en Fuentespalda, aunque sus yacimientos no resultan interesantes para su explotación— el aluminio se
halla presente desde los años veinte del siglo pasado, cuando una empresa de capital francés (Aluminio
Español, S. A.) se instala en Sabiñanigo, aprovechando la proximidad de los saltos hidroeléctricosa y de
Francia, de donde venía la bauxita. Esta instalación, junto a otras, contribuyó al despegue de la localidad
altoaragonesa. En la actualidad, son varias las empresas dedicadas al aluminio, un sector esencial para
nuestra economía; algunas son auxiliares de Opel Españaa. En la década de los sesenta, los barriles de
cerveza se fabricaron con este material.
Sabiñánigo sigue siendo el gran centro del aluminio, con varias factorías, entre ellas la heredera
de la que fuera pionera, ahora Alcoa. Pero también han surgido empresas nuevas en otras poblaciones,
como Aluminio y Aleaciones, en la Cartuja Baja, dedicada a la fabricación de piezas fundidas en
coquila por gravedad, destinadas a la industria de la automoción. Industrias Aragonesas del Aluminio,
sita en Zaragoza, lo obtiene por el sistema de extrusión, con destino a la carpintería de aluminio.
Por su parte, Teral, S. L., con sede en Zaragoza, se dedica al reciclado de aluminio y, además de tener
un aula de formación en reciclaje, admite visitas. No obstante, la guía telefónica es una buena ayuda
para localizar las muchas empresas existentes hoy en Aragón, pues además de en Sabiñánigo y Zaragoza, las hay en La Muela, Teruel, La Puebla de Híjar, Monreal del Campo, etc.
Otro lugar interesante relacionado con el aluminio y otros materiales es el Instituto de Ciencia
de los Materiales de la Universidad de Zaragoza, con sedes en los campus de San Francisco y Actur.
Por otra parte, el Centro de Reciclaje sito en el Parque Tecnológico de La Cartuja no solo dará
servicio a otros 61 municipios, sino que también gestionará el reciclaje de los envases ligeros de toda
la Comunidad.
216
AUTOMÓVIL
En 1866, el alemán Daimler inventó el
motor de explosión, más barato y con mejores
prestaciones que los motores de vapor con
los que se equiparon los primeros automóviles. En los años siguientes, el invento fue incorporando mejoras, aunque pocos podían
disfrutarlo por su elevado costo. Pero, en
1908, el estadounidense Ford creó la primera
cadena de montaje que comenzó a producir
miles de coches en serie bautizados con la
Desde 1982, el sector del automóvil tiene en Figueruelas
marca Ford T. A partir de aquí, se abarataron
uno de sus bastiones
los costes de producción, lo que supuso poner
la máquina al alcance de millones de personas: el mundo ya no volvería a ser el mismo. El automóvil y las industrias relacionadas con él, como las del
petróleo y caucho, crecieron espectacularmente, inundando ciudades y convirtiéndose en símbolo de estatus y en objeto de dependencia.
A España tardó en llegar el culto y la cultura del automóvil por el conocido y sufrido retraso económico del país. No obstante, a partir de 1960, con el fin de la economía autárquica, el español medio descubrió un curioso coche llamado Seat 600 —que durante escaso tiempo tuvo su rival en el Biscuter—, del
que se decía que era bueno hasta para los atropellos.
A partir de entonces comenzó una carrera ascendente en la industria del automóvil en nuestro país
que comenzó con la liberalización de la producción y de la distribución, ambas monopolizadas por la empresa estatal Seat. Con el establecimiento de factorías extranjeras en el país, Aragón participó de esta industria con la instalación de la General Motors-Opel España en Figueruelas, en agosto de 1982. La creación
de miles de puestos de trabajo directos, más los indirectos de las empresas auxiliares, hace que la GM
tenga una gran presencia económica y social en Aragón, aunque siempre con la espada de la deslocalización
como amenaza dramática.
Aparte de su actividad empresarial, procura tener una función social, apoyando, por ejemplo, la candidatura de Jaca a los Juegos Olímpicos, colaborando en programas formativos y de investigación con la
Universidad, o subvencionando programas culturales, como la restauración del retabloa del Pilar. A estas
alturas, el automóvil Corsa ya forma parte de nuestro patrimonio industrial, como lo serán en su día los
Tigra o Meriva. Al margen de Opel, otros organismos relacionados con el automóvil son Centro Zaragoza,
el circuito de Alcañiz y la carrera Baja Aragón.
La factoría de Opel-España✪✪✪ de Figueruelas, con ciertas condiciones lógicas, puede ser visitada. Cerca de ella se encuentra, asimismo, el Instituto de Investigación sobre Reparación de Vehículos✪✪ de Pedrola, donde se trabaja sobre la mejora de la seguridad automovilística.
Pero la pasión por el automóvil en Aragón es incluso anterior a la instalación de la GM, de
modo que la ciudad de Alcañiz —en cuyo circuito automovilístico urbano estable se celebró hasta
hace poco el rally de Alcañiz✪✪ desde 1965— acaba de levantar la Ciudad del Motor con un circuito
de Fórmula 1. Por otro lado, la Baja Aragón✪✪, que se celebra desde 1983, se ha convertido en una
carrera de nivel internacional.
217
AZABACHE
Detrás de tan poético nombre que expresa una profunda negrura se oculta una variedad del carbón de lignitoa
caracterizado por ser compacto y opaco, duro y frágil.
Se emplea, sobre todo, en artesanía, en la que es materia prima para la escultura y para objetos de joyería. La reina
Victoria de Inglaterra lo puso de moda en su país durante los
funerales de su esposo, cuando lució las joyas de luto de ese
material. En España, el trabajo con azabache lo realizan habitualmente artesanos asturianos y, sobre todo, gallegos que
se localizan alrededor de Santiago de Compostela y que
desde la Edad Media elaboran principalmente objetos inspirados en el Apóstol, así como amuletos, las figas, contra el
mal de ojo.
La abundancia de esta sustancia fósil en la cuenca de
Utrillas (Teruel), donde se explotó en el siglo XIX, así como la
existencia de una tradición artesanal casi olvidada, encaminó
al Ayuntamiento de esta localidad y a la DGA a patrocinar la
instalación de un taller para dos hermanos gallegos, los hermanos Vázquez Boutis, cuyo fin era recuperar la tradición
artesana entre la juventud de la localidad.
Las joyas de azabache
tienen una larga tradición en nuestra tierra
Como resultado del magisterio de estos artesanos, se ha recuperado esta hermosa tarea artesanal
que se materializa en la fabricación de abalorios diversos: pendientes, collares, dijes, prendedores, gargantillas y ornamentación para trajes de novia. Siendo objeto de predilección de los peregrinos santiagueses,
no sería extraño que fuera objeto de tráfico en estas tierras por donde pasaba uno de los caminosa jacobeos que atravesaban Aragón. De la importancia del azabache de Utrillas y de su calidad nos da idea el
hecho de que en el siglo XIX se exportara a Barcelona, a Marsella e incluso fuera usado por una fábrica
alemana de joyería de luto.
El azabache de Utrillas y Escucha, dadas sus características, tenía que ser curado. La explicación es
sencilla: al exponerlo al aire se fisuraba en parte —hecho que va acompañado de pequeños estallidos perceptibles en absoluto silencio— hasta que se llegaba al corazón. Para evitar la pérdida que ello ocasionaba,
se curaba dejándolo almacenado durante cierto tiempo en la oscuridad. A partir de ahí, su dureza y fagilidad, permitía la utilización del torno y de la lima hasta lograr una superficie pulimentada de brillo intenso
y suave tacto que han dado origen a su atractivo como joya.
Para llegar a Utrillas, situado a 76 km de Teruel, en el corazón de la comarca de las Cuencas
Mineras, debe tomarse la carretera nacional 420; también se puede acceder fácilmente desde Zaragoza
tomando la carretera A-222, en excelente estado. En el magnífico Museo Minero de Escucha✪✪✪
se pueden ver algunas vetas al natural.
En forma de lentejuelas, se puede detectar en muchos de los trajes tradicionales aragoneses de
mujer, sobre todo en los destinados a los días festivos, más ricos y adornados que los de los días de
trabajo.
218
AZUFRE
El azufre es un mineral amarillento que
aparece en masas o cristalizado en distintas
formas. Fue conocido desde la Antigüedad
por hallarse a la vista en terrenos volcánicos,
lo que, junto a su peculiar olor a huevos podridos, le confirió su asociación con los infiernos y con el fuego. Para los alquimistas árabes era, junto al mercurio, un principio esencial ligado al elemento fuego, y en la Biblia,
cuando la ciudad de Sodoma insistió en pecar,
fue destruida con una lluvia de azufre mandada por Dios. Curiosamente, el lignitoa aragonés tiene un elevado porcentaje de azufre
que genera la tan temida lluvia ácida.
Aunque en franco retroceso,
la minería del azufre ha tenido en Libros larga tradición
El azufre fue un mineral muy apreciado desde el siglo XIII por ser parte de la composición de la pólvora. Modernamente, se ha utilizado para la preparación de productos químicos (ácido sulfúrico), insecticidas, para combatir el acné, como producto básico de la vulcanización del caucho y como blanqueante
en la fabricación de papel o azúcar, lo que le hizo imprescindible en las azucarerasa. También cabe citar
su intervención en las aguas medicinalesa sulfurosas que en tiempos de Alfonso VII de Castilla fueron
consideradas demoníacas.
En nuestra región tenemos algunos de los yacimientos de azufre más destacados en la parte oriental
de la provincia de Teruel (Libros y Riodeva). Allí, el azufre aparece en forma sedimentaria, intercalado con
las margas pizarrosas del lignito. Este carácter sedimentario da al paisaje el peculiar aspecto de hojas agrupadas, de ahí el nombre de la localidad de Libros. Estos yacimientos fueron explotados en otras épocas;
hubo abiertas hasta siete explotaciones. Su presencia en la tierra amarillea el paisaje.
En Huesca, las aguas sulfurosas poseen un porcentaje importante de azufre. En Benasque hay
un conocido balnearioa de aguas sulfurosas, así como en Panticosa; en Buesa, a la fuente del Baño
se le atribuyen poderes curativos por sus aguas sulfurosas; en Tiermas las aguas están en parte ocultas
por el pantano de Yesa, pero siguen manando al lado del antiguo centro termal; también hubo en
Camporrells, comarca de La Litera.
En Teruel, como hemos indicado, actualmente no existe minería del azufre, pero todavía se
puede contemplar en Libros✪✪ el barrio de las Minas, en el que destaca su iglesia dentro de la roca
y varias excavaciones en la montaña que fueron en el pasado viviendas mineras. En Riodeva podemos
ver muy cerca del pueblo el pico del Águila y bellos parajes en los que destacan las cascadas. Por
añadidura en ambos lugares es un verdadero espectáculo contemplar el color del suelo de una tonalidad amarillenta. Libros se halla a 27 km de Teruel por la carretera N-330 dirección a Valencia, y
Riodeva, a 44 km también por la N-330; después de Villaespesa se debe girar a la izquierda para
tomar la TE-V-6012. En cuanto a aguas sulfurosas destacan las de Baños de Ariño en la comarca de
Andorra-Sierra de Arcos.
En Zaragoza destaca por sus aguas sulfurosas Paracuellos del Jiloca, cerca de Calatayud.
219
BATÁN
La lana, incluso después de haber sido
convertida en hilo para tejerla, y el cueroa,
como materias animales que son, conservaban parte de grasa del animal que debía ser
eliminada. Hoy se hace por procedimientos
sofisticados, pero antaño fue un problema
que el hombre tuvo que solucionar con imaginación. Para ello nació el batán aprovechando la tecnología del molino hidráulico.
Estos magníficos ingenios, que se reMaqueta del batán de Lacort en Pirenarium, Sabiñánigo
montan al siglo XI —aunque fueron conocidos
por los romanos—, estaban destinados a golpear y comprimir lanas, telas y cueros, y se situaban en corrientes de agua, naturales o artificiales, destinadas a mover una rueda vertical, similar a una
noria, en cuyo largo eje se encajaban formando un ángulo recto unas levas —piezas para insertar— que se
conectaban a unos pesados mazos. Al moverse la rueda por el impulso del agua, los mazos golpeaban el
paño contra una superficie dura. El proceso de desengrasado, conocido como enfurtido, duraba uno o dos
días, pues los tejidos para batanear debían ser cambiados de posición cada poco tiempo. Su estruendo era
tan descomunal que don Quijote y Sancho narran una de sus aventuras nocturnas sobrecogidos de miedo
por el ruido de lo que no era más que un batán.
Aunque existen restos de muchos batanes en nuestra tierra —incluso desaparecidos son localizables
por la toponimia—, la mayor parte de ellos están arrumbados. No obstante, cada día aparecen noticias que
hablan de la rehabilitación próxima de algunos de ellos, lo cual no deja de ser importante pues se trata de
una parte importante de nuestro patrimonio.
El batán más conocido de Aragón, aunque no sea el único, es el de Lacort✪✪✪, trasladado de
su enclave original a Fiscal, población que no solo atesora un interesante conjunto de casas tradicionales, sino también al último batán pirenaico vivo hasta 1974. Salvado de la ruina y rehabilitado,
es una auténtica joya etnográfica, capaz de mostrarnos todavía cómo funcionan sus dos enormes
mazos de madera que, movidos por el agua de una acequia que una noria eleva, sirven para suavizar
las piezas de lana tejidas al amor del brasero en las tardes largas de invierno para ser luego prenda de
abrigo. Una réplica en miniatura, con animación, puede verse en Pirenarium, en Sabiñánigo.
Otro batán recuperado para restaurante es el ubicado a un kilómetro de Tramacastilla, en la comarca de Albarracín, en torno al cual se ha abierto un establecimiento de turismo rural.
En cuanto a las técnicas de batanería romana, distinta de la medieval, que fue la que se impuso
en Aragón, en Farasdués✪✪ (yacimiento del Cuatrón, cerca del río Agonia) puede observarse la estructura de un complejo compuesto de varias piscinas situadas a alturas diferentes y conectadas entre
sí. Se trata de un ejemplo único.
220
CALERA
Durante muchos siglos, la cal ha tenido
una gran importancia en la vida de nuestros
antepasados. Sus múltiples aplicaciones la hicieron imprescindible, pero conseguirla requirió muchos esfuerzos en común. Todo comenzaba arrancando piedra caliza de los
montes circundantes. Para que esa caliza se
convirtiera en cal, era preciso someterla a
altas temperaturas, lo cual requería la preparación de los hornos de cal o caleras.
Restos arqueológicos de la calera permanente
Normalmente, se aprovechaba la ladera
del Tío Faustino en Fuendetodos
de un montículo en la que se excavaba un
pozo de poca profundidad, de manera que
tres de sus paredes ya estaban hechas; la cuarta se levantaba con piedras. En otras ocasiones, con más
trabajo pero con mayor duración, se prepararon pozos permanentes. En cualquier caso, en la oquedad se
colocaban las piedras de cal —las grandes, abajo, las pequeñas, arriba— y se recubría todo el conjunto con
una última capa de tierra para que no escapara el calor producido por la combustión de la madera del
monte que se introducía por las boqueras. Durante dos o tres días, el fuego permanente hacía la tarea de
cocido.
Cocidas las piedras y enfriadas, en una de las eras del pueblo se pasaba por encima de ellas el ruejo
—pesado rodillo de piedra de mayor circunferencia por un lado que por el otro— para ser molidas. Luego
se porgaba con un cedazo y se ensacaba para su transporte, venta y utilización.
Las aplicaciones de la cal, aparte de la construcción —pues su mezcla con arena producía la argamasa—, eran múltiples. Esa cal todavía viva, depositada en grandes recipientes de barro con agua, se convertía en muerta, facilitando su uso como pintura, mezclada con colorantes o no. Se utilizó para sanar las
heridas de las patas de los animales, para tratar toneles de vino avinagrado, como insecticida para los frutales, como desinfectante de enfermedades contagiosas como tifus o cólera, para realizar gargarismos e
incluso para curar vómitos y diarreas. Se utilizó en la metalurgia, en la obtención de amoniaco, potasa o
sosa, y hasta para la fabricación de azúcar, por eso había caleras en las azucarerasa. De las caleras de
ladera apenas quedan restos, pero no así de los verdaderos hornos de cal, muchos de los cuales aún pueden
verse en los campos aragoneses.
La selección sería interminable; por eso se proporcionarán solo algunos ejemplos. Lo importante
es que cuando se viaje se preocupe uno por saber cómo solucionaban esta necesidad vital. Varias caleras pueden verse en torno a las minas de Ojos Negros✪✪; asimismo, en Torre los Negros✪✪. Bajo
la sombra del castillo señorial, hay caleras en Mesones de Isuela✪. En Fuendetodos, es motivo de visita la atractiva calera del Tío Faustino✪✪✪, que la construyó hacia 1950 aprovechando una antigua
neveraa. Se pueden ver en los Monegros zaragozanos, en Farlete✪✪✪; muy cerca de allí, las hay en
Leciñena✪✪. También en Agüero y en Escanilla. Varios hornos, próximos a la carretera, nos esperan
en Gabasa✪✪, utilizados hasta mediados del siglo XX. Llaman la atención los hornos de cal de las
azucareras, tal como puede verse tanto en la Azucarera de Aragón✪✪, conocida también por la Vieja,
en el camino de Torrecillas, en Zaragoza, como en el magnífico complejo azucarero de Épila✪✪.
221
CANTERA
El lugar en el que se extrae un mineral
o una roca suele recibir el nombre genérico
de cantera, pero se aplica más propiamente a
las explotaciones efectuadas a cielo abierto.
Los procedimientos de extracción pueden ir
desde los más tradicionales (pico, pala, palanca) a los más sofisticados y modernos
(oruga, excavadora), pasando por la utilización de explosivos. Dependerá del tipo de explotación.
Aunque desconocida en la actualidad,
Para rentabilizar la inversión que supone
aún pueden verse vestigios de la cantera
para ruedas de molino en Fuentes Claras
su apertura y mantenimiento, suelen excavarse en lugares que permitan un transporte
ágil y lo más cerca posible de los centros de consumo, aparte de garantizar que existe roca o mineral suficiente para una larga permanencia. Algunas vienen siendo explotadas desde hace siglos y han llegado a
adquirir una cierta notoriedad tanto económica como social. En Aragón existen varias. La gama de materias
extraídas es muy extensa y diferente, y casi todas están ligadas a la construcción y a la decoración arquitectónica: las hay de lignito, de hierroa, de alabastro, de mármol, de arcilla, de caliza, de yeso, de caolín,
de granito, etc.
Por ser explotadas a cielo abierto, es relativamente fácil aproximarse al menos a ellas, aunque, eso sí,
siempre por caminos de tierra aunque transitables, puesto que la roca extraída debe ser transportada en
enormes camiones hasta alguna población cercana para su tratamiento.
Aparte de todas las canteras de lignitoa, explotadas en su mayor parte a cielo abierto, típicas
de los pueblos de la comarca de Andorra✪✪✪, que se pueden vislumbrar desde distintas ubicaciones
de sus carreteras y caminos, pueden verse muchas de las dedicadas a la extracción del alabastroa,
tan abundante en Aragón, sobre todo en la comarcas del Bajo Martín y del Bajo Aragón✪✪✪, con
una importante transformación del paisaje natural, pues han dado origen un ingente número de
enormes hormigueros fácilmente detectables sin alejarse mucho de las carreteras.
Las canteras de piedra de Ricla y, sobre todo, de Calatorao✪✪✪, de color gris y negro intenso,
son conocidas desde época romana y han sido ponderadas y descritas por muchos viajeros y cronistas,
denominándolas de mármol negro. Piedras muy resistentes, el brillo y lustre que aporta su pulimento
las hace muy apetecibles para la decoración arquitectónica. Su presencia va desde Filadelfia hasta la
moderna estación intermodal de Delicias en Zaragoza, pasando por la Seo de Zaragoza, el Valle de
los Caídos, Vitoria, etc.
En Fuentes Claras✪✪ son famosas, sobre todo antaño, las canteras de piedra que servían para
tallar las enormes piedras de molino. O, a pocos kilómetros de La Puebla de Albortón✪✪, tienen
amplio reconocimiento las canteras de piedra caliza ornamental, de color amarillo o salmón con
vetas rosas y rojas.
Las canteras a cielo abierto de yesos son muy abundantes en Aragón, aunque muchas de ellas
están hoy abandonadas. La comarca de La Litera✪✪ ha sido tradicionalmente una gran productora,
pero también se pueden ver en Pina✪✪ o Belchite✪✪, donde existen explotaciones.
222
FUNDICIÓN
A medida que avanza la industrialización en el Aragón
de finales del siglo XIX en forma de harinerasa o azucarerasa, por ejemplo, y se tienden líneas de ferrocarrila, muchas
antiguas herreríasa dejan paso a modernas fundiciones. En
estos nuevos y grandes talleres se funden ingentes cantidades de metal para dar forma a objetos diversos tanto para
alimentar a la propia industria como para la vida cotidiana.
Unos son necesarios para la construcción y extensión del ferrocarril (como raíles o vagones); otros, para la propia industria (maquinaria para las harineras o turbinas para la
electricidad); además de elementos asociados al desarrollo
arquitectónico y al mobiliario de las modernas ciudades (faroles, fuentesa, bancos, vigas, rejasa, escaleras, puentesa,
etc.). La tradición de estas fundiciones se encuentra firmemente asentada en el pasado aragonés. Ya hubo importantes
herrerías en Albarracín, el Moncayo y los Pirineos, cuyas heEl león que acompaña al Batallador
en el Parque Grande de Zaragoza
rramientas y forjas fueron muy afamadas. Durante la Ilusnació en la fundición de Averly
tración, la Real Sociedad Económica de Amigos del Paísa se
preocupó por mejorar los procesos de fundición del metal y,
en 1853, la Sociedad Maquinista Aragonesa era la primera empresa zaragozana y española.
Pero cuando las fundiciones adquieren gran importancia es a principios del siglo XX. Solo la ciudad
de Zaragoza contaba con ciento cincuenta fundiciones, de las cuales destacaron la Sociedad Maquinista
Aragonesa, Averly, Mercier, Maquinista y Fundiciones del Ebro, Carde y Escoriaza, Fundición E. Pellicer…
Muchos de estos talleres todavía siguen activos como Averly; otros han cerrado, dejando importantes testimonios de arqueología industrial.
Actualmente pueden visitarse factorías como Averly✪✪✪ que, con ciento cincuenta años a sus
espaldas, sigue suministrando mobiliario urbano, aparte de conservar dependencias, diseños, moldes
escultóricos y maquinaria del siglo XIX. Pero, además de admirar la instalación por dentro, podemos
saborear buena parte del mobiliario urbano que diseminó no solo por Zaragoza, sino también por
otras muchas otras poblaciones aragonesas, destacando las artísticas farolas, barandillas de muchos
puentes, quioscos de música, además de muchas estatuas (la del Justicia, en la plaza de Aragón; el
león del Batallador en el Parque; la Samaritana de la plaza de la Seo); ornamentos (los hay en la Seo
y el Pilar); columnas (los porches del Mercado); o las estructuras metálicas en los palcos del Teatro
Principal y campanas diversas para tantas iglesias de Aragón.
De otra gran fundición, Carde y Escoriaza✪✪, han quedado, asimismo, importantes obras del
siglo XIX, destacando en Aragón la estación del Mediodía de Zaragoza, el mobiliario del Gran Hotel
de Panticosa o los coches de tranvía de Leganés, Irún y Zaragoza. Varios de sus vehículos se encuentran dispersos en varios museos del ferrocarril. En Aragón existe la denominada Colección de Vehículos de la antigua Carde y Escoriaza. Como muestra de una interesante arqueología industrial
quedan Maquinista y Fundiciones del Ebro, Mercier o Maquinaria y Metalúrgica Aragonesa en
Utebo, que nace a finales de los años veinte. A estas industrias señeras supervivientes les acompañan,
o les han sustituido modernamente otras como Casting Ros, en Utrillas y Fundiciones Villaguz, en
Villanueva de Gállego.
223
HERRERÍA
La abundancia de hierro en la serranía
de Albarracín, Ojos Negros o en los yacimientos del Moncayo y de los Pirineos, motivó ya
desde época romana su transformación en
armas (lanzas, espadas, escudos, etc.), complementos para hacer más resistentes los carruajes, puertas para cerrar las entradas de los
poblados, pues las de madera podían ser quemadas, elementos defensivos para las personas (corazas y yelmos) o simples herraduras
para las caballerías, elementos todos ellos demandados por los ejércitos. La habilidad pasó
al mundo musulmán y cristiano medieval y
tuvo larga vigencia hasta la aparición de las
nuevas armas modernas que permitían además la lucha a distancia.
El Museo de Artes de Serrablo acoge buena parte
de la herrería del deshabitado pueblo de Lasaosa
(foto: Museo Ángel Orensanz
y de Artes de Serrablo-Ayuntamiento de Sabiñánigo)
Surgió, asimismo, la herrería agrícola y doméstica, la más perdurable, relacionada con lo cotidiano:
herramientas para las tareas del campo (azadas, arados, guadañas, hoces, llantas de carro) y, sobre todo,
útiles y mobiliario para la cocina y la casa (tenazas, martillos, trébedes, llaves, cerrajas, calderos, aldabones,
picaportes, etc.).
El trabajo en las herrerías o ferrerías tradicionales —que las hubo en casi todos los pueblos— requería
de fuerza y destreza. En la fragua, el herrero y sus ayudantes calentaban el hierro al rojo vivo ayudándose
de las tenazas. Cuando el hierro estaba a la temperatura adecuada lo apoyaban sobre el yunque y moldeaban el metal a golpes de martillo hasta conseguir la forma deseada. A finales del XIX la mayor parte de
las herrerías fueron sustituidas por industrias llamadas fundiciones.
En algunas herrerías se especializaron en la rejería para puertas y ventanas, o como simple elemento
de separación en templos y casas. A esta especialidad le dedicamos el apartado rejeríaa.
Todavía quedan vivas pequeñas fraguas en los Pirineos, en Jaca, Echo o Berdún, por ejemplo,
pero sobre todo podemos ver y estudiar estos instrumentos en museos especializados, comenzando
por el Museo de Artes de Serrablo✪✪✪ —quizás el más importante de Aragón— donde se trasladó
buena parte de la herrería del deshabitado pueblo de Lasaosa. Embún ha rehabilitado recientemente
su vieja ferrería✪✪, lo cual es siempre motivo de esperanza.
En la provincia turolense, gran fama adquirieron la herrería de Orihuela del Tremedal, datada
en el siglo XIV, y la de Torres de Albarracín, antaño fuente de importantes ingresos para la comunidad
y hoy rememorada en el paisaje por la presencia de vetas de hierro. Merece la pena una visita el
Museo Etnológico Lo Masmut✪✪ de Peñarroya de Tastavins, en una de cuyas plantas superiores se
ha recreado una herrería; igualmente atractiva es la sala VI del Museo de Teruel✪✪ en la que se reproduce una herrería y útiles elaborados en ella.
En la zona zaragozana, el Museo Etnológico Miguel Longás✪ de Ejea de los Caballeros dedica
un espacio a la herrería, aunque lo comparte, entre otros, con hojalateros, caldereros o herradores.
224
HIDROCARBURO
Los hidrocarburos son compuestos químicos de naturaleza orgánica formados por
carbono e hidrógeno. Estas sustancias, según
las relaciones que se establezcan entre sus
elementos, generan otros compuestos. Los
más populares y conocidos son el petróleo y
el gas natural.
Actualmente, el petróleo es la principal
fuente de energía del mundo. De esta sustancia densa y de color variable —oscila entre el
Instalaciones de gas natural en las cercanías de Larrés
amarillo y el negro— se extraen tras su refino
la gasolina y el gasoil, combustibles imprescindibles para mover la industria y los medios
de transporte. Por otro lado, el petróleo es clave para la fabricación de plásticos, parafinas, tejidos, polímeros, etc. Con semejante trascendencia es el producto más demandado en el comercio mundial y mueve
miles de millones de euros diarios. Los Estados modernos son incluso capaces de ir a la guerra por su
control sin importarles el coste en vidas humanas.
Por su parte, el gas natural es una fuente de energía más limpia y relativamente reciente. Su uso se
destina a calefacciones donde está sustituyendo a las calderas de gasoil. En la industria comienza a sustituir
al carbón y es parte esencial de las centrales de cogeneración. En ocasiones, el gas natural suele ir asociado
a bolsas de petróleo, ya que suele situarse por encima del crudo.
Vista la importancia de ambos hidrocarburos, no es extraño que en nuestra tierra se hayan hecho diversas prospecciones para encontrarlos. Estas prospecciones han tenido desigual fortuna. Desde los años
sesenta se realizaron búsquedas de gas en los Pirineos. La recompensa se obtuvo en la comarca del Serrablo,
pero en 1989 se agotaron las reservas. Actualmente, esas instalaciones se utilizan como almacenamiento
subterráneo. Respecto al petróleo, se busca en Huesca.
Actualmente, una empresa, Serica Energía Ibérica S. L., está realizando prospecciones en la
zona de La Litera y el Somontano de Barbastro buscando el petróleo y el gas que teóricamente deben
hallarse en nuestro subsuelo.
Como realidad, en el tramo espacial que va desde Sabiñánigo a Jaca, son varias las instalaciones
visibles de las prospecciones gasísticas llevadas a cabo (Aurín, Orzandué, etc.), que han dado origen
a uno de los tres grandes almacenamientos subterráneos que existen en España: Vizcaya, Cádiz y Serrablo✪✪✪. Aquí nace el gasoducto el Serrablo-Huesca-Zaragoza✪✪, con un recorrido de 291 km.
Desde Huesca se ha derivado otro que enlaza con Barbastro, Monzón y Albelda✪, donde se conecta
con el catalán que, desde la costa, pasa por Igualada-Lérida-Alfarrás. Por otra parte, otro gasoducto
recorre Aragón transversalmente, el Bilbao-Logroño-Tudela-Zaragoza-Alcañiz-Tarragona✪✪. Un
tercer gasoducto lleva camino de pasar cerca de Teruel, el que conectará el Magreb con Europa, lo
que significaría la gasificación de esta provincia sureña. Por otra parte, el gasoducto Cuencas Mineras-Caspe-Teruel es prácticamente una realidad, con ramales Andorra-Calanda-CastelserásAlcañiz.
225
En la población ribagorzana de Seira, un museo muestra el proceso productivo de la hidroelectricidad
HIDROELECTRICIDAD
En el último cuarto del siglo XIX, la electricidad se extiende por las ciudades europeas y españolas,
de modo que en 1883 se realizan ensayos de iluminación en Zaragoza. En sus inicios esta energía se producía a partir de vapor, gas y carbón, pero los ingenieros se aperciben pronto de las posibilidades de obtener
energía producida por los saltos de agua, procedimiento que durante siglos había movido molinosa y batanesa. Pronto se generalizó así la energía hidroeléctrica, motivada por la fuerza del agua lanzada desde
una considerable altura a unas turbinas que pronto se generalizaron. Paralelamente, surgieron el transformador y el tendido eléctrico para transportar la energía.
La primera central aragonesa que generó este tipo de energía en 1893 fue el antiguo molino de San
Carlos, en el barrio zaragozano de Casablanca, molino que aprovechaba el salto de las esclusas del Canal
Imperiala. Buena parte de los muchos molinos y batanes existentes en Aragón se transformaron en centrales. La importancia de la altura del salto y el caudal determinaron la localización de estas nuevas catedrales, de manera que todos los ríos aragoneses, sobre todo los pirenaicos, comenzaron a festonearse de
centrales, lo que requirió la construcción de embalsesa.
Durante el siglo XX, las principales compañías eléctricas del país obtuvieron concesiones para instalar
sus centrales, como Eléctricas Reunidas de Zaragoza (1910) que, con el tiempo, absorbió a pequeñas compañías comarcales (Jaca, Tardienta, Jalón). El paisaje sufrió una rápida transformación. Actualmente la
provincia de Huesca produce en torno al 75 por ciento de la energía hidroeléctrica de la región.
Todavía podemos ver algunas de las primitivas instalaciones, como las de Gistaín, en el norte,
o de El Poyo del Cid, en el sur. Entre ambos escenarios, Zaragoza conserva el viejo y pionero molino
de San Carlos; Sástago, con una central de EMESA de 1904, de estética modernista, junto a otra de
factura racionalista, constituye un complejo digno de ser visitado; Marracos conserva un edificio de
principios del siglo XX, mientras la de Carcavilla, aún funcionando, está a medio camino entre el
pasado y el presente; Embid de la Ribera nos muestra otro de los muchos ejemplos de un pasado no
tan remoto.
Centrales nuevas también existen muchas —en el llamado «Mar de Aragón», aguas arriba de
Mequinenza, se pueden divisar varias—, pero otra cosa es adentrarse en ellas por motivos fácilmente
comprensibles. Por eso es conveniente y aleccionador visitar algunos de los museos que se han levantado últimamente. Podemos acercarnos al Museo de la Electricidad✪ de Murillo de Gállego, ubicado en un antiguo molino harinero, donde se exhiben las piezas de la central que se levantaba a su
vera. En Lafortunada, abre sus puertas el Museo Pirenaico de la Electricidad✪✪ para mostrar enormes
piezas de su central, aún existente, con explicación adecuada de su funcionamiento. El Museo de la
Electricidad✪✪ de Seira, a través de la vieja maquinaria y de las instalaciones asociadas (casas de los
ingenieros, barracones para los trabajadores, estancias de ocio, etc.), nos muestra la adaptación de
un pueblo agrícola y ganadero a un nuevo sistema de vida.
226
HIERRO
Este metal maleable y dúctil es bastante
abundante en forma de mineral, aunque casi
siempre en combinación con otros. Aragón no
es ninguna excepción y desde tiempos antiguos fue explotado tanto por los pueblos indígenas como por los foráneos. Ya en el siglo
IV a. C. los celtíberos extraían hierro de yacimientos del Moncayo. La fama y calidad de
este hierro celtíbero la experimentaron algunas de las legiones romanas que lidiaron a esAunque se explotó hierro en varios puntos de Aragón,
pada con estas tribus asentadas en la zona
siempre destacaron las minas al aire libre de Ojos Negros
occidental de Aragón. Más adelante, cuando
invasores e invadidos comenzaron a asimilarse, se siguieron explotando estos yacimientos hasta que se agotaron. Parte de este hierro sería usado
para acuñar moneda.
Durante los siglos siguientes la importancia del hierro se limitó al taller de los artesanos hasta la llegada de la industrialización en la segunda mitad del siglo XIX, tiempo en que el ferrocarrila y la expansión
fabril reclaman grandes cantidades de este metal. Por entonces se comienzan a explotar los yacimientos
de Ojos Negros (Teruel) dirigidos por la compañía de Sierra Menera y el de Pozo de Santa Rosa, en Tierga
(Zaragoza).
Fuera de su carácter industrial muy posterior, el hierro dio origen a gran cantidad de ferreríasa, forjas
y rejeríaa. Y la construcción con hierro a finales del siglo XIX se convirtió en una seña de identidad del
modernismoa aragonés, como revelan puentesa, viaductos, mercadosa, quioscos, etc.
En el pasado hubo extracciones de hierro en buena parte de los Pirineos, particularmente por
el valle de Gistaín y, sobre todo, en Bielsa. Era exportado a Francia, Cataluña, Huesca y Barbastro.
Aneto, Benasque, Bono, Calasanz, Jaca y Rodellar abrieron minas que tuvieron que cerrar por la carestía del transporte, de modo que a mediados del siglo XIX solo subsistía una.
Hubo minas en toda la sierra de Albarracín (con muchas ferrerías hasta comienzos del siglo
XX), y aún se puede ver alguna mina abandonada en Bronchales. Pero las mayores explotaciones
estuvieron siempre en Ojos Negros✪✪✪ y en Villar del Salz, donde todavía puede verse el entresijo
de minas e instalaciones dependientes, como el barrio del Hospital o Sierra Menera, donde se aprecian las viviendas para obreros y gestores. En 1913, se transportaron 940 000 toneladas de mineral
—el 10 por ciento de la producción nacional— a través del ferrocarril de Ojos Negros a Sagunto,
línea que pereció con la reconversión industrial y ahora forma parte de una vía verdea. En la provincia de Teruel, un auténtico paraíso geológico, existieron abiertas minas en muchas localidades,
pero basta con viajar a Ródenas✪✪, cuya parroquial tiene un púlpito de hierro de 1599, y al fabuloso
castillo de Peracense para ver el hierro a flor de tierra, confiriendo al paisaje el color rojizo que da
nombre al primero.
En la provincia zaragozana, históricamente la zona más interesante es el somontano del Moncayo, donde destacó Añón. Pero también hubo actividad minera en Ainzón, Ambel, Aranda, Arándiga, Chodes, El Frasno, Litago, Morés, Purujosa, Purroy, Tabuenca, Tarazona, Trasmoz y Viver. En
sus alrededores aún se pueden ver minas abandonadas con solo alejarse un poco de las carreteras que
atraviesan las comarcas de Tarazona, Borja y Aranda.
227
LIGNITO
A lo largo de la historia de la Tierra, plegamientos geológicos diversos sepultaron
bajo enormes capas de rocas masas vegetales
más o menos grandes, lo que dio origen a los
carbones minerales que presentan estados de
evolución distintos. El lignito, uno de ellos, se
encuentra entre la turba, el menos evolucionado, y la hulla, el que más.
Este fenómeno, meramente natural, no
tendría significado económico y social, ni
Impresionante mina a cielo abierto
tampoco cultural y patrimonial, de no haber
en la localidad turolense de Ariño
intervenido el hombre para arrancárselo a la
tierra y aprovecharse de la energía que genera. El lignito no solo alimentó antaño las cocinas económicas de nuestras casas, sino que ha movido
máquinas e industrias de todo tipo hasta convertirse en alimento básico de las centrales térmicasa.
La extracción del lignito ha condicionado la vida de muchos de nuestros pueblos, dando lugar a toda
una cultura minera: de pozos, minas a cielo abierto, lavaderos, organizaciones sociales, trenes y poblados
mineros, joyería del azabachea o centrales térmicas, entre otras realidades sociales, económicas y culturales
que merecen ser conocidas y comprendidas.
Aragón tiene los yacimientos de lignito más importantes de España, repartidos en varias cuencas mineras (Oliete-Ariño, Utrillas-Aliaga, Estercuel-Gargallo, Castellote y Mequinenza), con una veintena de explotaciones que afectan a bastantes más pueblos y a muchos mineros con sus familias. Algunas de esas
explotaciones se encuentran a cielo abierto, otras son subterráneas. Pero hoy el lignito aragonés, destinado
fundamentalmente a las centrales térmicas, está pasando por una profunda crisis, pues su alto contenido
en azufre está obligando a importar carbón foráneo de origen norteamericano o sudafricano. La difícil
tarea de la reconversión laboral constituye una de nuestras mayores preocupaciones como pueblo solidario.
Teniendo en cuenta que el fenómeno económico, social, patrimonial y cultural que ha representado y representa aún el mundo del lignito aragonés es bastante más amplio, podemos aproximarnos a él en muchos pueblos. Sin ánimo de exhaustividad, veamos algunas propuestas.
En Escucha, en un antiguo pozo convertido en Museo Minero✪✪✪, los visitantes —ataviados
con un equipo ad hoc— descienden en un vagón hasta una profundidad de 200 metros en un recorrido muy didáctico. En varias localidades, como en Ariño✪✪ o Estercuel✪, por ejemplo, abundan
las minas a cielo abierto que pueden ser vistas desde muchos lugares. En Utrillas✪, pueden apreciarse
todavía restos de la actividad minera (ruinas de la estación de carga del ferrocarril de vía estrecha
que llegaba a Zaragoza, clasificación y lavadero de lignito, así como viviendas mineras). En Andorra,
podemos ver la diferencia entre un tratamiento adecuado o inadecuado del patrimonio en su antiguo
poblado minero. En Aliaga, el tratamiento ha sido distinto, de modo que el antiguo poblado minero
de Santa Bárbara✪ acoge incluso un interesante Centro de Interpretación de la Minería✪✪ que nos
permite conocer en detalle cómo era y cómo funcionaba una explotación minera.
228
MINERAL
INDUSTRIAL
Los minerales industriales, fundamentalmente no metálicos, son los que apenas
necesitan transformación para su aplicación
industrial. Se usan sobre todo en la construcción, la industria del vidrio o la cerámica. Aragón, que es rico en este tipo de minerales,
tiene una secular tradición en su explotación
y aplicación heredada de nuestros mayores,
por lo que suponen, asimismo, un bien patrimonial.
Cantera explotada en Mezalocha,
en las proximidades de la cementera de Muel
La gama aragonesa de minerales industriales es amplia: alabastroa (usado en la construcción y tallado
figurativo), arcillas (de varias calidades y características, son empleadas en la construcción, elaboración
de cemento, cerámica, gres, pavimentos, aislantes, etc.), azufrea (preferentemente usado en la industria
química), baritina (utilizada para vidrio, caucho, pinturas, industria farmacéutica e industria química), bauxita (básica para la obtención de aluminio, se usa fundamentalmente como material refractario), caliza
(cemento), caolín (industria papelera, cerámica, cemento y pinturas), cuarzo (relacionado con el caolín),
fluorita (fabricación de aluminio, esmaltes, acero), sala gema (para mesa, cloro y sosa) y yeso (importante
en la construcción es también roca ornamental) son los principales.
En menor proporción, disponemos de mármol (empleado en construcción), ocre, pizarras bituminosas
y sales potásicas. Lo cierto es que visitar cualquier tipo de yacimiento de minerales industriales en nuestra
tierra es relativamente fácil.
El principal de ellos es el alabastroa, del que se trata aparte en este repertorio al ser Aragón el
principal productor de Europa: en la zona de Calatayud, el Bajo Aragón turolense y la Ribera Baja
del Ebro pueden verse abundantes yacimientos en constante explotación.
La roca caliza y la arcilla común, necesarias en la producción de cemento, hace que dos cementeras se ubiquen a sus pies: Muel y Morata de Jalón. Pero los yacimientos explotados son muchos:
Mezalocha, Belchite, Calatorao, Villafranca del Campo, San Blas, Valdecebro, Baldellou, Estadilla,
Fonz; en cuanto a la arcilla refractaria, de la que Aragón es el primer productor nacional, acumula
Teruel el mayor número explotaciones: Cañada de Verich, Fuentespalda, Beceite, Castellote, Aguaviva o La Ginebrosa. Los yesos se localizan en todo Aragón, pero fundamentalmente en la zona de
Calatayud y Campo de Belchite. La fluorita se explota en Benabarre, Bielsa, Gistaín, Panticosa y
Sallent.
La sal gema, también tratada aparte, tiene en las minas de Remolinos su punto principal de
atracción, máxime cuando ya son pocas las salinas que siguen abiertas. Por último, debemos citar la
explotación de caolín en La Ginebrosa, Riodeva, Cetina, Calatayud y Cubel y de ocres en Tierga y
Luesma (Zaragoza).
Por último, hay mármol en Castejón de Sos; sales potásicas en Barbastro y Tamarite; y pizarras
bituminosas en Rubielos de Mora.
229
PAPEL
La gran revolución que supuso la invención de la imprentaa a finales del siglo XV
—hecho que transformó decisivamente el
mundo occidental— no hubiera sido posible
sin el papel, pues, antes del hallazgo de este
endeble y pobre hermano de la cultura, lograr
soportes en los que escribir exigía un notable
esfuerzo económico y tecnológico, de modo
que si en otras latitudes se escribía en papiro,
en Europa se hacía sobre pergamino conseguido a partir de la piel de ovejaa, cordero,
cabra o ternero tras un laborioso proceso.
Este impedimento sumado a la difusión manuscrita del libro reservó la cultura libresca a
los más poderosos y ricos.
Ruinas de la fábrica de papel Bonica
en las cercanías de Valderrobres
Pero para entonces, en la China del siglo I, ni papiro ni pergamino, sino papel: como casi siempre el
país asiático se había adelantado. No obstante, su proceso de elaboración tardó en llegar diez siglos a la
Península Ibérica y de aquí a Europa. Los transmisores, una vez más, los musulmanes. La fabricación era
sencilla, pues bastaba con disponer de molinosa hidráulicos que proporcionaran energía, y amasar una
pasta bien a partir de cáñamo, lino o algodón, bien a partir de trapos de estas materias vegetales. Tal pasta
—una vez prensada y secada hasta solidificarse— era encolada y prensada hasta ser papel. El de madera,
más tarde, pero ya había papel.
Con todo, la generalización del papel en el reino de Aragón fue lenta dado el prestigio del pergamino
y la poca demanda de documentos escritos; únicamente se puede destacar el hecho de que los reyes aragoneses regularán su uso en el siglo XIII. Hasta el siglo XVIII, el papel se fabricó a partir de trapos de
algodón incoloros que se mezclaban con gelatina de huesos para dar cohesión a la pasta. Hoy Aragón,
que siempre ha tenido tradición papelera, cuenta con modernas factorías, como Saica, cuyos productos
—papel de diversas clases y cartón— abastecen los mercados nacional e internacional.
Si pretendemos bucear en el pasado remoto de este bien patrimonial, nada mejor que viajar
hasta el hermoso y sugestivo Matarraña y pueblos aledaños. Una buena parte de las fábricas tradicionales de papel e incluso de naipes —hasta doce factorías en total— se localizaron entre Beceite
y Valderrobres. En Beceite, donde hubo hasta nueve, se han restaurado dos del siglo XVIII: la de la
Font del Pas se ha convertido en establecimiento hotelero, y La Noguera✪ ha sido transformada en
centro cultural donde se puede aprender bastante sobre el papel a través de paneles explicativos.
Cabe destacar en Valderrobres, a la vera del río Pena, afluente del Matarraña, la fábrica Pena o Bonica✪✪, muestra única en toda Europa de un molino estucado al estilo renacentista, con pinturas de
animales exóticos y temas papeleros que decoran las cuatro grandes fachadas.
Pero hubo más. En Villarluengo, por ejemplo, destacó una de las fábricas más grandes fundada
a finales del siglo XVIII que, pionera en la obtención de papel continuo, es hoy hostal. En Zaragoza
hubo hasta cinco fábricas de papel continuo: Alsina, La Blanca, La Nava, La Montañesa, La Zaragozana, de las que funcionan La Nava y La Montañesa. También están en pie las de Calmarza, Castejón de las Armas, Quicena, los restos en San Juan de Mozarrifar y Villanueva de Gállego.
230
REJERÍA
Los muchos yacimientos de hierroa existentes en el actual Aragón fueron prontamente explotados desde los romanos hasta época reciente, y era lógica, por tanto, su
conversión en elementos para la milicia (lanzas, espadas, escudos, corazas, escudos, etc.) o simplemente la utilización de
instrumental para la agricultura (arados, azadas, hoces, guadañas) y la vida diaria (martillos, clavos, tenazas, calderos, aldabones, trébedes, etc.).
A partir de la Edad Media, con el renacimiento comercial y urbano, se amplió la gama de objetos de hierro transformados en las herrerías aragonesas, surgiendo desde la
época del románico una especialidad nueva, la rejería, que,
aparte de su utilidad, permitía un tratamiento artístico. Nació
la rejería de interiores como separación de espacios sin
coartar la vista, y una rejería de exteriores en ventanas, balcones y balaustradas. Ambas modalidades son relativamente
abundantes pues podemos ver hermosas rejas tanto en el interior de los templos (para separar atrios, capillas o coros)
como en edificios civiles, fundamentalmente, en edificios de
cierta relevancia e incluso en viviendas particulares.
Una de las innumerables rejas de tierras
de Albarracín, en Orihuela del Tremedal
Gran parte de esta forja fue imitada, posteriormente, por el arte modernista en puertas exteriores,
cancelas, adornos de balcones e incluso barandas de puentes.
La rejería románica de ambiente eclesiástico es muy elemental y la podemos degustar en la catedral de Jaca✪✪. Con la aparición del Gótico cambia la estética y comienzan a destacarse talleres y
maestros rejeros, como Cañamache, autor de la rejería de la catedral de Teruel✪✪✪ (1486), trasladada
al coro donde hoy se encuentra. Del mismo siglo XV serán las rejas de la iglesia de San Esteban de
Sos✪✪ y de la capilla de los Alabastros de la colegiata de Daroca✪✪, mientras que hasta muy avanzado
el siglo XVI persistirán los modelos góticos (capilla del Pilar en la iglesia de San Pablo✪✪, en Zaragoza; capilla de Santa Ana✪✪ de la catedral oscense, o capilla de los Corporales✪✪ de Daroca). El
Renacimiento es abundante en ejemplos: capilla del Corpus de San Pablo de Zaragoza; la capilla del
Pilar✪✪, del rejero zaragozano Escalante; la plateresca de la capilla del Nacimiento de la Seo✪✪ y la
de bronce del coro del Pilar✪✪✪. A partir del siglo XVII la rejería religiosa comienza a decaer, pero
aún aparecerán ejemplos preciosos, muy barrocos unos (capilla de San Joaquín✪✪ de la catedral de
Huesca), más sencillos otros (capilla de San Miguel de San Pablo de Zaragoza). En el siglo XVIII el
arte de la rejería se ruraliza y nos deja ejemplos en las parroquias de Mianos✪✪ o de Calcena✪✪.
Curiosamente, con la decadencia de la rejería eclesiástica comienza el auge de la civil, aunque
en el siglo XVI la reja renacentista de la Maestranza de Zaragoza, entre otras, rompa la regla✪✪. Las
muestras son muy abundantes: la Casa Grande de Villar del Cobo✪✪; los balcones del palacio de los
Zapata✪✪✪ de Mallén, del siglo XVIII; los balcones y ventanas de la casa de los Monterde✪✪ en Albarracín, etc. Pueblos✪✪ como Albarracín, Calomarde, Cantavieja, La Cuba, Gea de Albarracín u
Orihuela del Tremedal constituyen un paraíso de la rejería popular, pero serán los edificios modernistas✪✪ del siglo XIX y principios del XX de todo Aragón quienes llenen de rejas barandillas, balcones y ventanas formando parte de este estilo tan peculiar.
231
TELAR
En la Biblia, el vestido aparece unido al pecado original:
Adán y Eva, al comer del fruto prohibido, perdieron la inocencia y sintieron vergüenza de la desnudez de sus cuerpos.
Sin embargo, sin ánimo de contradecir al Libro, lo más verosímil es pensar que el vestido apareció para protegernos de
la intemperie. Al principio, los vestidos se realizaron con las
pieles de los animales cazados, pero con la sedentarización
llegó la agricultura y, con ella, el cultivo de materias vegetales
textiles, como el lino, el algodón o el cáñamo, a los que se
sumó la lana ovina fruto de la paralela domesticación de los
animales, en este caso, de la oveja.
Para convertir en tela los hilos derivados de esas fibras,
era preciso entremezclarlas, darles cohesión, lo que solo fue
posible con el concurso del telar, la máquina o conjunto de
máquinas capaz de urdir tramas de hilos hasta dar como resultado la tela. De ahí al vestido, a la manta o al tapiza solo
Antiguo telar que la familia Puig
mantiene vivo en la Iglesuela del Cid
faltaba un paso cualitativo que se dio relativamente pronto.
Habitualmente, cada pueblo contaba con su telar, cuyo trabajo, generalmente encomendado a mujeres y niños, requería
un esfuerzo ímprobo, puesto que hasta que se supo aplicar la fuerza hidráulica fue la humana la que movió
los pedales para mover los entresijos del telar.
Hasta la aparición de la industria textil moderna capaz de producir en serie, ha habido muchos tipos
de telares fruto de modificaciones y mejoras sucesivas. Aunque conocemos cómo fueron los medievales,
no nos ha llegado ninguno original, sí un par de telares tardíos de urdimbre horizontal. Se trata de pesadas
máquinas de madera sostenidas por cuatro columnas con ingeniosos mecanismos: husillos, campanales,
peines, etc. A partir de la Revolución Industrial los telares tradicionales fueron paulatinamente sustituidos,
primero, por telares movidos por vapor, y, luego, por telares eléctricos.
Los grandes rebaños de los Pirineos, del Maestrazgo y de la serranía de Albarracín hicieron de
estas comarcas centros importantes de artesanía textil, por lo que no es de extrañar que los telares
antiguos mejor conservados se encuentren en ellas, mereciendo una visita para comprender lo trabajoso que nos ha sido vestirnos.
En la amplia zona pirenaica existen al menos tres lugares a donde viajar: en el barrio de El
Puente, en Sabiñánigo, se puede ver el telar de Guaso✪✪, construido en el año 1821 e instalado en
el Museo de Artes Populares del Serrablo, con explicación completa de todo el proceso textil. Por
su parte, el Museo de Oficios y Arte Tradicionales✪✪ de Aínsa sirve para el mismo fin. Asimismo,
en Triste✪✪, a la vera del embalsea de La Peña, se ha instalado hace pocos años un telar tradicional,
destacando la función docente, a través de cursos especializados, emprendida por sus gestores.
En la comarca del Maestrazgo, la bonita villa de La Iglesuela del Cid mantiene vivo y a pleno
rendimiento un pequeño taller textil✪✪✪ a cargo de la familia Puig. Su trabajo se puede admirar y
adquirir en un local comercial del pueblo.
232
VESTIDO
La indumentaria es una de las manifestaciones del patrimonio cultural aragonés menos conocidas. La tendencia
general identifica el vestido tradicional con el traje de baturro, cuando en realidad es una variante moderna y uniformadora que ignora la diversidad de vestimentas. La heterogeneidad del clima aragonés; los diversos medios; las múltiples labores tradicionales; las situaciones excepcionales,
como las fiestas, las bodas o funerales; incluso la pertenencia
a diferente clase social, han determinado la existencia de una
gran gama de tipos de indumentaria en las distintas comarcas.
Esta riqueza indumentaria se suele clasificar por áreas
geográficas: la pirenaica, la del llano y la Ibérica, con notables
diferencias internas. En el área del Pirineo, perviven los trajes
más antiguos en razón de su aislamiento, y buenos ejemplos
son los trajes de Ansó y Echo. En el Pirineo es también inteLa villa de Ansó conserva con celo
todo lo relacionado con su vestimenta
resante conocer la vestimenta de la val de Chistau y Bielsa.
tradicional (foto: Museo de Zaragoza)
En la parte central del Ebro, por la influencia de la capital se
dio una uniformidad mayor, destacando la riqueza de tejidos
y la vistosidad de los mantones. Son muy destacables los trajes del Bajo Cinca y el Bajo Aragón. En cuanto
a la Ibérica destacaron las prendas hechas con lana.
Las prendas más reconocibles proceden principalmente del siglo XVIII y, a pesar de la variedad, existen
aspectos comunes en el traje popular. En el femenino, se pueden señalar las enaguas, el refajo, la saya, la
faltriquera, la camisa y el jubón, además del mantón. En los hombres, la camisa larga, un calzón —pantalón
hasta la rodilla—, faja, chaleco y pañuelo o sombrero. No obstante, las distintas modas y los nuevos tejidos
también dejaron su huella.
Actualmente, lo mismo que se ha puesto de moda la Edad Media, está en boga la revitalización
de tradiciones más o menos dormidas de las que no puede faltar la vestimenta, presente en tantas
procesiones y desfiles festivos: la ofrenda floral del 12 de octubre en Zaragoza; la romería de Santa
Orosia, en Yebra de Basa; o el Día del la Exaltación del Traje Ansotano, son solo algunos ejemplos.
Existen, asimismo, colecciones como la del grupo universitario Somerondón, fruto de un auténtico
trabajo de investigación. Pero no es preciso esperar a esos días señalados para ver de cerca la riqueza
y variedad de nuestra indumentaria tradicional en exposiciones permanentes y museos.
Para empezar, casi todos los museos etnológicos, que en Aragón son muchos, tienen alguna sala
dedicada a la indumentaria. Aun a riesgo de olvidos involuntarios, citaremos algunos lugares más
concretos. Se podría comenzar, por ejemplo, por la Casa Ansotana✪✪ del Museo de Etnología de
Zaragoza. En el propio Ansó, el Museo de Arte Sacro y Etnología Ansotana✪✪ es una referencia
obligada. Merece la pena ver los vecinos museos etnológicos de Echo✪ y de Aragüés del Puerto✪.
También se puede ver indumentaria en el Museo Etnológico de San Juan de Plan✪ situado en la casa
del Cura. En Fraga, se puede visitar el palacio Montcada✪ donde se expone una magnífica muestra
de la indumentaria tradicional de la zona. El Museo de Teruel✪, en su sección de Etnografía, ofrece
indumentaria; el Museo Etnográfico de Torre del Compte✪, ropas de casa y de vestir…
233
XII
ENTRE LA CULTURA Y EL OCIO
h
Archivo .................................................................................. 237
Banda de música .................................................................... 238
Biblioteca ............................................................................... 239
Cartulario .............................................................................. 240
Casino .................................................................................... 241
Coleccionismo ....................................................................... 242
Editorial.................................................................................. 243
Escuela.................................................................................... 244
Idioma .................................................................................... 245
Incunable ............................................................................... 246
Instituto de Estudios............................................................... 247
Instrumento musical .............................................................. 248
Mapa ...................................................................................... 249
Miniaturismo.......................................................................... 250
Museo ..................................................................................... 251
Teatro ..................................................................................... 252
Toponimia .............................................................................. 253
ARCHIVO
La reconstrucción del pasado se hace
con documentos, que no son otra cosa que
las huellas que hemos dejado las personas a
través del tiempo. Esos documentos pueden
ser de muchas clases: materiales, arqueológicos, orales, escritos, etc. Entre los más buscados por los historiadores están los escritos,
aunque ello no quiere decir que sean los más
fiables.
Los documentos escritos se suelen cusSede del Archivo Histórico Provincial de Teruel
todiar en edificios o salas especiales llamados
archivos, de manera que cuando queremos
reconstruir la historia de nuestros pueblos tenemos que acudir a ellos para estudiarlos y analizarlos, aunque es cierto que en muchas localidades han
desaparecido por causas diversas, generalmente durante alguna contienda bélica.
En las parroquias, suelen conservarse los registros parroquiales (fundamentalmente los de bautismo,
matrimonio y defunción), mientras que en los ayuntamientos podemos hallar el registro civil, el catastro,
el padrón o los libros de actos comunes, entre otros. Pero existen otros muchos documentos de carácter
notarial, testamentario, de aguas, etc.
Recoger los datos de dichos documentos, analizarlos, mostrar síntesis coherentes y valorar los resultados constituye el proceso investigador que nos permitirá conocer el pasado de nuestros pueblos, de
modo que la defensa y la conservación de los documentos escritos en archivos es fundamental para profundizar en nuestras propias raíces.
Archivos foráneos con documentos aragoneses hay muchos: el Histórico Nacional, el de la
Corona de Aragón, el de la Catedral de Lérida, etc., pero, ciñéndonos a Aragón, en las tres provincias
existen magníficos archivos históricos provinciales✪✪✪ o archivos de las respectivas diputaciones
provinciales✪✪, con fondos catalogados y personal competente a su servicio. Asimismo, hoy ya son
muchos los archivos municipales✪✪ organizados y accesibles, de manera que tomando como muestra
la comarca del Bajo Aragón histórico —de todas sería imposible dar nota en este espacio— los hay,
por ejemplo, en Alcañiz, Alcorisa, Calaceite, Castelserás, Funtespalda, Híjar, La Codoñera, La Fresneda, La Puebla de Híjar, Mazaleón y Peñarroya de Tastavins. A título de ejemplo cabe citar, asimismo, los municipales de Barbastro, Jaca, Monzón, Alagón, Borja, Calatayud, Caspe, Daroca,
Longares, Perdiguera, Calamocha, Albarracín, Rubielos de Mora, etc. Algunos son especializados
en música (Tarazona, Calatayud, Cinco Villas, Albarracín), en documentos notariales (Archivo Notarial de Zaragoza o Archivo Notarial de Montalbán), en aguas (Confederación Hidrográfica del
Ebro), etc.
La Iglesia, por su parte, conserva una importante riqueza documental, con archivos catedralicios✪✪✪ bien dotados y organizados, como los de las catedrales de Tarazona, Albarracín, Teruel, la
Seo y el Pilar de Zaragoza, Huesca, Barbastro o Jaca. También los guardan algunos monasterios (Casbas, Santa Clara de Huesca) y parroquias (Santa María de Uncastillo, Santa Engracia de Zaragoza).
Existen, por último, archivos privados, algunos de los cuales tienen notable importancia, como
el de los condes de Aranda en Épila.
237
BANDA DE MÚSICA
En algunas de nuestras ciudades, pero
también en muchos de nuestros pueblos, algunos domingos o los días más señalados del
año se iba a escuchar a la banda de música
local. Hiciera frío o calor, sus esforzados componentes aparecían en el quiosco de la música —un lugar emblemático y de cita en
muchas localidades— o desfilaban con sus
instrumentos a cuestas actuando en verbenas, conciertos o con motivo de aconteciLa banda de música de Pedrola pronto será centenaria
mientos solemnes. Tan habitual ha sido su
presencia que cuesta comprender la importancia que han tenido en la historia cultural de nuestros municipios. Gracias a las bandas de músicos profesionales (las institucionales en general) y aficionados (casi todas las municipales), muchas personas han
podido escuchar todo tipo de música, entretenerse, bailar y conocer a los grandes maestros clásicos, antes
de que existieran o se generalizaran los modernos medios de reproducción del sonido en serie.
Si la edad dorada de las bandas aragonesas se sitúa entre 1910 y 1960, el éxodo rural a las ciudades
significó un declive notable de las municipales, aunque nunca su desaparición total, pues todavía sobreviven la mayor parte de las institucionales y bastantes de aquellas.
En su origen, las bandas tuvieron un sentido militar para enardecer el ánimo y coordinar los movimientos de los soldados; de ahí que algunas de las primeras bandas aragonesas estén vinculadas a regimientos militares. Pronto se sumaron las diputaciones provinciales y bastantes municipios.
Con el desmantelamiento de varios acuartelamientos militares en Aragón, las bandas del Ejército han ido desapareciendo paulatinamente, destacando entre las supervivientes las de la Academia
General Militar, que de cuando en cuando actúa fuera de su ámbito castrense, y la Banda de Guerra
de la Brigada de Caballería Castillejos, ambas de Zaragoza. Viva y activa está la Banda Provincial de
Zaragoza, dependiente de la Diputación Provincial, que es heredera de la antigua Banda del Hospicio,
existente desde principios del siglo XIX.
Entre las municipales, hay que hacer una mención especial de la Banda de Pedrola✪✪, pronto
centenaria, pues fue fundada en 1818; entre 1910 y 1960 se le unieron bastantes más, aunque algunas
han tenido altibajos. Los concursos de bandas de música y el papel educativo y lúdico que suponían
llenó Aragón de ellas, si bien muchas han perdido su carácter de músicos aficionados para ir profesionalizándose. Actualmente existe un interés renovado por las bandas, ahora enfocadas como una
actividad cultural, pero, sobre todo, de integración juvenil. Hoy son bandas municipales destacadas
en Huesca las de Santa Orosia de Jaca, la Ciudad de Barbastro, la Lira de Monzón, así como las de
Benabarre y Sabiñánigo. En Teruel, donde se celebra cada año el Encuentro Provincial de Bandas
de Música, podemos citar las de Alcañiz (la Unión Musical y la Banda Nuestra Señora de los Pueyos),
de Teruel (Santa Cecilia), las de Andorra, Calamocha, Mora de Rubielos, y tantas otras. En Zaragoza,
la lista es amplísima: La Almunia de Doña Godina, Agrupación Musical Borjana, Calatayud, Caspe,
Daroca, Ejea de los Caballeros, Tarazona, San Mateo de Gállego y un largo etcétera. La actividad es
tal que se ha constituido la Federación Aragonesa de Sociedades Musicales y Escuelas de Música
Amateur.
238
BIBLIOTECA
Hoy día las bibliotecas son instalaciones
donde se hallan depositados y organizados libros, revistas, periódicos y otros documentos
visuales y sonoros, todos a disposición de
los ciudadanos para su consulta, siempre y
cuando se cumplan unas sencillas normas.
Pero durante la Edad Media y la Moderna las
bibliotecas se entendían de otra manera: bien
ejercían una función similar a la de los archivos, porque importaba sobre todo conservar
Sala de lectura de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza,
y copiar los libros, o bien eran colecciones prisita en el edificio Paraninfo
vadas. En nuestra tierra buenos ejemplos de
bibliotecas concebidas como archivos fueron
las de los monasterios, catedrales y colegios del clero (San Juan de la Peña, Roda de Isábena, colegio del
Carmen de Calatayud, monasterio de Sigena, etc.). Respecto a bibliotecas privadas ya destacaron en época
visigótica la de San Braulio, más adelante, las de Lastanosa o Zurita y hoy la de Marquina, en Jarque.
El cambio hacia el actual modelo de biblioteca se produjo con la desamortización de Mendizábal
(1834). La expropiación de tierras y bienes de la Iglesia, entre los que había miles de libros, sumado al aumento de la curiosidad intelectual, se manifestó en la creación de archivos y bibliotecas deseosos de conservar y también de divulgar un extenso patrimonio documental.
La primera biblioteca fue la de Huesca, abierta en 1857: le siguió la de Teruel, también en la segunda
mitad del XIX, y la de Zaragoza, en 1920. Son el germen de las actuales bibliotecas públicas. Entre tanto
se habían ido constituyendo las bibliotecas universitarias. A principios del siglo XIX la de la Universidad de
Zaragoza contaba con unos ocho mil ejemplares. Hoy las bibliotecas aragonesas constituyen modernos
lugares de conocimiento donde se emplean las últimas tecnologías.
La información sobre los libros publicados en Aragón se puede encontrar en el Instituto Bibliográfico Aragonés (c/ Doctor Cerrada, 22. Zaragoza). Un directorio completo de la red de bibliotecas públicas de Aragón por comarcas se puede encontrar en http://benasque.aragob.es/abnetopac/
salida.html. Interesan las bibliotecas públicas de las tres capitales: Huesca (avenida de los Pirineos,
2), Teruel (plaza Pérez Prado) y Zaragoza (c/ Doctor Cerrada, 22). Otras bibliotecas de interés son:
Biblioteca General de la Universidad de Zaragoza, de la que dependen las bibliotecas universitarias
(http://wzar.unizar.es/doc/buz/.html), localizada en el Paraninfo; la biblioteca de las Cortes de Aragón,
con fondo documental histórico (Palacio de la Aljafería); la biblioteca del Real Seminario de San
Carlos (plaza de San Carlos, 5, Zaragoza); la biblioteca de la Diputación Provincial de Zaragoza
(plaza España, 2): a través de la web http://www.dpz.es/cultura/archivo-biblio/biblio/biblio.htm se
puede acceder a la dirección de las bibliotecas municipales de la provincia de Zaragoza; la biblioteca
del Instituto de Estudios Altoaragoneses (c/ Parque, 10, Huesca), con página web http://www.iea.es/;
la biblioteca del Instituto de Estudios Turolenses (c/ Amantes, 15, Teruel), con página web http:
//3w.ieturolenses.org/; Biblioteca Capitular, que depende del Cabildo Metropolitano (plaza de la Seo,
s/n, Zaragoza). Asimismo, interesan las del Archivo Capitular de Huesca; la del monasterio del Pueyo,
de Barbastro; Biblioteca Diocesana Episcopal de Albarracín; Biblioteca Diocesana de Teruel; Biblioteca del Cabildo de la Catedral de Tarazona.
239
CARTULARIO
Los cartularios son libros medievales de pergamino o
papel, compuestos de cuadernillos en los que se ha copiado
a mano fielmente un documento o una serie de documentos
pertenecientes a una persona, familia, institución, localidad
u orden militar o religiosa. Por lo general copian documentos
existentes en un archivoa de títulos de propiedad, escrituras
de compraventa, permutas de bienes, donaciones, privilegios,
fundaciones eclesiásticas, testamentos, cartas de población
e incluso tratados de paz. Para garantizar su custodia y credibilidad se depositaron en los archivos de los monasterios.
En una época en que los notarios no estaban generalizados, no existían las fotocopias compulsadas y en la que,
además, los documentos podían destruirse con suma facilidad en incendios o asaltos, la función del cartulario era evidente: garantizar que en caso de pérdida o destrucción del
original existiera una copia autentificada que diera cuenta
de los derechos individuales, familiares o institucionales.
El Libro de la Cadena,
custodiado en Jaca
Estas colecciones de documentos, muchas de ellas
transcritas y editadas, se han convertido en una inestimable
ayuda para reconstruir el pasado histórico y lingüístico.
Esta costumbre medieval de reunir en un volumen los documentos de una institución o persona dio
origen a una variante —la redacción de colecciones diplomáticas de documentos sueltos de procedencias
diversas—, modalidad que comenzara en el siglo XVII y que ha llegado a nuestros días, proporcionando a
los investigadores la materia prima para reconstruir el pasado. Un ejemplo de reciente publicación es El
Lucero de Benasque que reúne documentos que van desde 1122 hasta 1851.
Una buena parte de los cartularios que afectan a Aragón se hallan en la diáspora: en el Archivo
Histórico Nacional de Madrid (cartulario del Temple de Huesca, cartulario de Montearagón, cartulario de Obarra), Real Academia de la Historia de Madrid (cartulario de Alaón) o Archivo de la
Catedral de Lérida (cartulario de Roda), entre otros lugares.
No obstante, bastantes se encuentran entre nosotros, depositados en el Archivo de la Catedral
de Huesca (cartulario de Apón Galíndez, cartulario de Siresa), Archivo de la Seo de Zaragoza (cartularios pequeño y grande de San Salvador), Universidad de Zaragoza (Libro Gótico de San Juan de
la Peña✪✪), Ayuntamiento de Jaca (Libro de la Cadena✪✪) o iglesia de Santa María de Uncastillo
(cartulario de Santa María de Uncastillo). La lista se puede agrandar, entre otros muchos, con el
cartulario de la Encomienda de Aliaga, cartulario de Santa Cruz de la Serós, cartulario de San Pedro
el Viejo de Huesca o cartulario de la Orden del Temple.
240
CASINO
El término casino se ha popularizado
para denominar a los establecimientos donde
se acude exclusivamente para apostar dinero
en juegos de azar. Sin embargo, en muchos de
nuestros pueblos y ciudades todavía se llama
casino a grandes y emblemáticos edificios
donde sus socios se reúnen para charlar, leer
o celebrar actos culturales. El casino, por
tanto, no era solo un local donde se podía
jugar, sino, sobre todo, un lugar de reunión y
Fachada principal del casino de Huesca
esparcimiento. La tradición se remonta al siglo
XIX, cuando el disfrute del ocio y las conversaciones de la burguesía se desplazan del interior del hogar al casino. Algunas novelas realistas nos describen
escenas de las actividades y tertulias desarrolladas en estos espacios tan representativos de la época.
En Aragón los primeros casinos aparecen a instancias de personas, partidos políticos o grupos con
intereses comunes: labradores, artesanos, industriales. Puede incluso haber en alguna localidad más de
un casino, el de los ricos y el de los pobres, como se distinguían a menudo.
Pero no solo las grandes ciudades y la burguesía tuvieron sus casinos. Muchos pueblos, sabedores de
las necesidades de ocio de los trabajadores, apoyaron la construcción de casinos aprovechando la coyuntura
económica. Actualmente, tanto los comarcales como los capitalinos, por sus características arquitectónicas,
por el decorado y mobiliario de sus salones y por su influencia en la vida política, social, cultural y económica son parte de nuestro patrimonio.
Actualmente, todavía subsisten bastantes casinos. Zaragoza ha visto cerrar los dos existentes:
en 1839, una tertulia de comerciantes fraguó en el Centro Mercantil e Industrial, y, en 1910, el Casino Mercantil✪✪, en su magnífico edificio del Coso, rehabilitado y readaptado por Cajalón; por su
parte, el Casino Principal se fundó bajo los auspicios de la aristocracia zaragozana y tuvo su sede en
el palacio de Sástago. También el Gran Hotel fue durante un tiempo casino. En la provincia abren
casino Ainzón, Alagón, Ariza, Cadrete, Calatayud, Calatorao (el Agrícola e Industrial✪, de 1910),
Caspe, Daroca (con magnífico edificio y mobiliario✪ de principios del siglo XX), Ejea, Erla, Fuendetodos, Gallur, Gelsa, Letux, Mallén, María de Huerva, Morata de Jalón, Tauste, Tosos, Uncastillo
y Zuera; en Pinseque, el castillo-palacio✪ de los señores del lugar es utilizado ahora como casino.
El Círculo Oscense✪✪✪ de Huesca surge en 1904, en un magnífico edificio rehabilitado y gestionado por el Ayuntamiento, dando cabida además a la sección moderna de la Biblioteca Provincial,
la Escuela Municipal de Jota y otros grupos culturales. En Panticosa, uno de los vistosos edificios✪✪
del complejo surgido en torno al agua nació como casino en 1906 y ha sido rehabilitado por Moneo.
En Jaca subsiste el tradicional Casino de la Unión Jaquesa✪, pero también abren sus puertas los de
Sallent de Gállego y Sariñena. En Ayerbe, el casino es la llamada Casa Otal.
En Teruel, de las muchas sociedades culturales y recreativas surgidas destacó el Círculo Recreativo Turolense✪✪ de la capital (1856), uno de los edificios neogóticos más bonitos, aunque hoy rehabilitado por Ibercaja para propio uso; subsisten vivos los de Albarracín, Alcañiz, Calamocha y La
Puebla de Híjar, mientras que el de Monreal del Campo cerró en 1937, aunque sigue en pie, y el de
Albalate del Arzobispo se ha convertido en Centro de Interpretación de Cultura Popular.
241
COLECCIONISMO
El placer por el coleccionismo no es moderno, pero la proliferación de los coleccionistas, sí. Hasta época relativamente moderna
una estatua, un templo, un mausoleoa o un
pergamino no eran más que elementos útiles
y aprovechables para las necesidades inmediatas, por lo que no se sentía la necesidad de
conservarlos, sino de usarlos; de este modo
muchas ilustres piedras de puentesa, murallasa o castillosa se usaron para construir
En la Ciudadela jacetana se exhibe una magnífica colección
otros edificios; sobre el texto obsoleto de perde soldados de plomo en miniatura
gamino se escribió otro texto… Únicamente
en los monasteriosa y en las iglesias hubo
cierto afán por conservar valiosos manuscritos, reliquiasa y elementos litúrgicos.
El hombre renacentista, ávido de originalidad y cultura, se torna consciente de la historia y del valor
de la memoria que desprenden los objetos. Nobles y humanistas buscan acaparar y guardar estatuas, pinturas, objetos, joyas o incunablesa dando lugar al coleccionismo. Muchas de estas colecciones privadas
han sido la semilla posterior de museosa diversos.
En Aragón, uno de los primeros coleccionistas fue Lastanosa, mencionado tanto por amistad como
por su importancia por Baltasar Gracián en El Criticón. La colección de este oscense, compuesta de objetos
curiosos, obras de arte, numismática, libros, fósiles y plantas raras, fue muy ponderada en el siglo XVII. En
la actualidad, muchas colecciones tanto públicas como privadas están dando origen al nacimiento de colecciones estables, muchas veces denominadas museos, que son puestas a la contemplación de todos. Los
ejemplos son muchos.
Los 64 tapicesa del Cabildo Metropolitano de Zaragoza constituyen una importantísima colección origen de una exposición permanente, el Museo de Tapices✪✪✪. La colección privada de
pintura de un historiador y literato dio origen al importante Museo Camón Aznar✪✪ zaragozano.
Por su parte, la Academia General Militar de Zaragoza reúne y expone en su museo✪, entre otros
muchos objetos, una importante colección de uniformes que se puede complementar con la de soldados de plomo en miniatura de la Ciudadela de Jaca✪✪. En Huesca, el denominado Centro Aragonés de Arte y Naturaleza✪✪✪ es, en parte, el fruto de una colección del pintor Beulas. La de Luis
Marín Bosqued ha generado el Museo de Arte Contemporáneo Hispano-Mexicano✪✪ de Alagón,
así como la de Luis Marín Bosqued da pie al Museo de Pintura Contemporánea Marín Bosqued de
Aguarón✪✪. En Utebo puede verse el Museo Ossa✪✪ formado a partir de una importante colección
de motos.
En Albarracín, un particular, Eustaquio Castellano, muestra su magnífica colección de juguetes
dando origen al llamado Museo de Juguetes de Albarracín✪✪. Una colección de cuadros de Virgilio
Albiac es el fundamento del Museo de Pintura Virgilio Albiac de Fabara✪. De igual manera, la donación de la colección de Jesús Guiral al Ayuntamiento caspolino ha permitido abrir la meritoria
Exposición de Numismática de Caspe✪; idéntico origen tiene la original Exposición Permanente de
José Valls✪, en Fabara. Varias colecciones etnográficas particulares han propiciado el nacimiento de
otros tantos museos: Museo del Labrador✪ (José Lostao, Novillas); Museo Etnológico Miguel Longás✪ (Ejea); Museo Etnológico Casa Fabián✪ (Alquézar); Colección Etnográfica Julio López✪ (Morata de Jalón): Colección de Cerámica José Mª Gimeno✪ (Santa Cruz de Grío); Exposición
Etnográfica Ángel García Cañada✪ (Andorra).
242
EDITORIAL
Hacia 1850, a medida que se populariza
la lectura y se mercantiliza el oficio de escribir,
algunos empresarios crean editoriales. Las
formas de proceder de los nuevos establecimientos sustituyen a las clásicas imprentasa,
ya que se ocuparán de todos los procesos de
publicación (derechos de autor, propiedad intelectual, financiación, maquetación, impresión, distribución, etc.). En muchas ocasiones,
la finalidad de las editoriales será, al margen
del lucro, la de contribuir al conocimiento de
un autor o una materia.
En el Escaparate Cultural
de la Institución Fernando el Católico
se exponen todas las novedades editoriales aragonesas
En Aragón las editoriales aparecen relativamente tarde. La primera es la de Eduardo
Ibarra con su Colección de documentos para el estudio de la Historia de Aragón (1904-1920). A esta entidad
pionera le sucederán en las décadas siguientes la conocida editorial de libros de texto Edelvives y la de
Clásicos Ebro, dirigida por el gran filólogo José Manuel Blecua Teijeiro. Junto a ellas conviven las de instituciones oficiales y cajas de ahorro, destacando las de la DGA, las Cortes, la Institución Fernando el Católicoa, el Instituto de Estudios Altoaragonesesa, el Instituto de Estudios Turolensesa o las Prensas
Universitarias de Zaragoza (PUZ), así como varias iniciativas de los centros culturales de las distintas comarcas.
Editoriales especializadas han sido Acribia (con temas de veterinaria); Anubar (de fuentes históricas
medievales); Guara o Unali; además de los libreros Alcrudo o Moncayo. Dentro del ámbito de la creación,
la editorial Javalambre fue pionera. Actualmente destacan las ediciones de poesía de Olifante, dedicada
tanto a poetas consagrados como a los mejores poetas aragoneses; Mira Editores o Lola Editorial se ocupan
de la creación y los estudios. Merecen destacarse también algunas de los programas LEADER en el Maestrazgo o las iniciativas de Amigos de Serrablo, Consello d´a Fabla Aragonesa —edita en aragonés— o la
Associació Cultural del Matarranya —en catalán—.
Con el riesgo que comporta un listado como este, en el que cualquier ausencia será involuntaria,
a las ya reseñadas cabe añadir otras muchas: Zócalo, UnaLuna, Egido, Certeza, Ediciones 94, Editorial
Pirineo, Val de Onsera, Prames (una de las más importantes en Internet (http://www.prames.com/),
Aneto Publicaciones, Gara d’Edizions (dedicada casi exclusivamente a traducciones), Cremallo, Publicaciones y Ediciones del Altoaragón S. A., Edizions de l´Astral, Xordica, Ediciones Braulio Casares, etc. Edición en catalán, en el Institut d’Estudis del Baix Cinca, la Associació Cultural del
Matarranya y los Consells Locals de la Franja. Actualmente también han surgido algunas asociadas
a casas de Juventud para la publicación de cómics y fanzines, uno de cuyos ejemplos es Burz Comics.
Conviene tener presente por lo que significa de apoyo al mundo editorial las múltiples ferias
del libro repartidas anualmente por todo Aragón, así como el Escaparate Cultural, dependiente del
Área de Difusión Cultural de la Institución Fernando el Católico, ubicada en el Cuarto Espacio de
la Diputación Provincial de Zaragoza, donde se exponen de manera sistemática todas las publicaciones aparecidas nacidas en Aragón.
243
ESCUELA
El inicio del cambio en la educación
había surgido en la Constitución de Cádiz
(1812), pero solo en 1821 nacería el primer
Reglamento general de instrucción pública,
germen de todas las modificaciones posteriores: se establecían por vez primera los tres ciclos que han llegado hasta nosotros (primario, secundario y universitario). El gran paso
adelante lo dio la ley Moyano (1857), pero,
como las disposiciones anteriores, esta dejó
Edificio de la vieja escuela pública de la villa de Biel
en manos de los ayuntamientos y de las familias la competencia de la instrucción primaria, lo que motivó menor eficacia de lo
esperado. No obstante, la tasa de analfabetos en Aragón descendió en el periodo 1877-1930 del 55 por
ciento al 40,9 por ciento, hallándose por primera vez por debajo de la media española (42,3 por ciento),
con grandes desigualdades entre los niños y las niñas en detrimento de estas.
Solo en 1902 el Estado se hizo cargo del pago de los maestros, pero es difícil encontrar un edificio
educativo antes de comienzos del siglo XX e incluso anteriores al año 1923. Una maestra de Ejea nos
cuenta en 1928 como doscientos cincuenta párvulos están amontonados en noventa y cinco metros. Trescientos sesenta alumnos tienen clases donde solo caben sesenta y nueve mesas…. Y eso era lo normal.
El ejemplo de las Cinco Villas nos puede servir de pauta para el resto de Aragón. Tras la primera
Escuela Pública levantada en Biel (1902), se tendrá que esperar a los años veinte y primera mitad de los
treinta para que se construyan las escuelas públicas de Biota, Castiliscar, parte de la de Ejea, El Frago, Erla,
Farasdués, Luna, Piedratajada, Santa Eulalia y Tauste. Entre los cincuenta y los setenta, verían la luz las de
Asín, Fuencalderas, Lobera, Luesia, Orés, Urriés y Valpalmas. En muchos de esos pueblos, la escuela fue el
primer edificio en tener agua corriente, servicios higiénicos e incluso calefacción. Sus aulas estaban llenas,
pero hoy están casi todas vacías.
Aparte de la escuela pública de Biel✪, la primera de las Cinco Villas, casi todos sus pueblos
conservan sus edificios, algunos reconvertidos en centros culturales. Especialmente fructífero fue el
periodo de la dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930, con algunos edificios de bella factura.
De esta época son, por ejemplo, las escuelas públicas de Alcubierre, Ayerbe, Graus, Zuera, etc. En
Teruel, el Archivo Histórico Provincial ocupa el bello edificio de su escuela pública✪✪.
Como ejemplo cabe citar dos edificios zaragozanos: las escuelas públicas Gascón y Marín y Joaquín Costa. La dedicada a Gascón y Marín✪✪ comenzó a construirse en 1911 para inaugurarse en
1919, teniendo en cuenta el proyecto de José de Yarza, con una curiosa fachada de ladrillo, elíptica
y de estilo neorrenacentista; el edificio no desmerecía del resto de los edificios de la plaza, tan señeros
durante la exposición de 1908. Por otro lado, la falta de aulas públicas provocaba que más de mil
niñas y niños zaragozanos estuvieran sin escolarizar, por lo que se proyectó en 1922 un nuevo edificio
que habría de ser modélico: además de aulas, nacía con salón de actos, teatro, talleres, comedor escolar, ropero, piscina cubierta, etc., para una pedagogía inspirada en la Institución Libre de Enseñanza: era la escuela pública Joaquín Costa✪✪✪ que se inauguraba en 1929.
244
IDIOMA
Como fruto de la romanización, en la Península Ibérica
se habló y se escribió latín, lengua de la que durante la Edad
Media derivaron varios dialectos que siguieron evoluciones
distintas: eran el catalán, el navarro-aragonés, el castellano,
el astur-leonés, el gallego-portugués y el mozárabe. Todos
se desarrollaron a la par que tenía lugar el proceso reconquistador, por lo que todos tuvieron influencias, en grado
distinto también, del árabe e incluso de gentes que llegaron
de fuera para ayudar en la tarea repobladora, como ocurriera
con los franceses en el Aragón medieval.
Ciertamente, nadie duda de que catalán, castellano y
gallego-portugués, en principio dialectos del latín, por razones de índole diversa (por su desarrollo, por su amplia utilización oficial y literaria, por el número de sus hablantes, etc.,
por razones históricas y de prestigio) son considerados hoy
como lenguas independientes nacidas de un tronco común.
Qué sea el aragonés o, mejor dicho, el navarro-aragonés es
el problema de fondo: ¿Lengua?; ¿dialecto?
Mapa con la distribución espacial
de las lenguas habladas en Aragón
También parece haber acuerdo en que en Aragón, en áreas bien distintas por su localización y extensión, se habla castellano y catalán, aunque, en este último caso, algunos maticen que se trata de variedades
comarcales, por no decir dialectales. El castellano ocupa actualmente el área más extensa y más poblada
de Aragón, aunque está plagado su léxico de múltiples aragonesismos.
El empuje del castellano comenzó en la Edad Media, sobre todo a partir de la crisis dinástica
que se solucionó en Caspe, en 1412, con la introducción de una dinastía de origen castellano en el
trono aragonés. El proceso centralizador de los siglos XVI-XVII, que finalizó con la liquidación del
reino y su castellanización en múltiples aspectos, hizo que la lengua castellana acabara imponiéndose
desde despachos oficiales, cuarteles, catedrales y notarías, aunque los aragoneses siguieran manteniendo su identidad y distinguiéndose de los demás por su propio Derecho y moneda.
Respecto al aragonés, desgajado del latín y arrinconado por el castellano, el primer problema
es si constituye hoy un sistema homogéneo de comunicación y, si es así, si se trata de una lengua o
de un dialecto: parece que las razones argumentales de la ciencia lingüística nos conducen a que no
podamos hablar técnicamente de una lengua aragonesa. El segundo problema implica determinar
—suponiendo que se trate de un dialecto, lo que no tiene ningún sentido peyorativo ni le resta un
ápice del carácter histórico a Aragón— si se puede hablar de un único dialecto, una única fabla, o
se trata de variantes o complejos dialectales diversos. Está claro que cheso, panticuto, chestaví o navalés son hablas que, aunque con concomitancias, se hallan muy localizadas espacialmente y son diferentes entre sí, sin duda, porque el efecto valle les ha singularizado a cada una de ellas.
El hecho es que esta multipeculiar manera de hablar patrimonial, por razones económicas y poblacionales, se halla en peligro de extinción, lo cual constituiría una pérdida irreparable no solo para
Aragón, sino para el acervo cultural de Occidente. También lo serían tanto la pérdida de las hablas
catalanas como la desaparición de los aragonesismos incrustados en el castellano.
245
INCUNABLE
A los libros impresos desde la aparición
de la imprenta (1453) hasta el año 1501 se les
llama incunables. Este peculiar nombre procede del latín y significa literalmente en la
cuna, al efectuarse una comparación entre la
vida humana y la vida de los libros. Los primeros incunables son impresos que todavía
poseen mucha influencia de los manuscritos
y códices medievales, de manera que emplean
un tipo de letra semejante a la del manuscrito, normalmente letra gótica, y las habituales abreviaturas de los copistas. Estos primeros libros se acompañaban de numerosos
grabados.
El Manipulus curatorum pasa por ser
el primer incunable impreso en Aragón
El primer incunable aragonés data de veintidós años después de la invención de la imprenta. Parece
ser que se trata del Manipulus curatorum, debido al primer impresor documentado en Zaragoza, Mateo
Flandro, fechado el 15 de octubre de 1475, por lo que técnicamente es un protoincunable. A Flandro le siguieron tipógrafos como Pablo y Juan Hurus, Enrique Botel o Jorge Cocci, casi todos ellos procedentes de
Bélgica. Al taller de estos impresores se deben otros ilustres incunables aragoneses; en 1477, Botel y Hurus
publicaron unos Fueros de Aragón.
En 1485, Pablo Hurus imprimió el Missale caesaraugustanum donde se representó la notación musical. Y el taller de este impresor estampó en 1499 el primer escudo del reino en Crónica de Aragón, de
Vagad, escudo que está vigente hoy por acuerdo de las Cortes de Aragón.
Otras obras sobresalientes de este periodo que constituyen un patrimonio único fueron Fábulas de
Esopo (1489) o el Espejo de la vida humana de Rodrigo (1491), obispo de Zamora, ambas de Hurus. Especialmente querida para los estudiosos de la literatura es la obra Cárcel de amor, escrita por Diego de San
Pedro y publicada en 1493. Al margen de lo impreso dentro del reino, los archivos aragoneses y bibliotecas
poseen un nutrido número incunables. Si queremos tener un incunable en la mano son varias las bibliotecas
aragonesas a las que podemos acudir.
En Huesca, los fondos más valiosos están en la Biblioteca Pública, donde se conservan 145 incunables. En Teruel, la Biblioteca Pública cuenta con dos. Donde más podemos encontrar es en Zaragoza: Biblioteca Pública Municipal, Biblioteca de Aragón, Biblioteca del Archivo de Protocolos
Notariales de Aragón y Biblioteca Universitaria de Zaragoza.
En cuanto a instituciones dependientes de la Iglesia, la biblioteca del Cabildo Metropolitano
de la Seo —aparte de otros muchos incunables— posee el primero aragonés, el Manipulus curatorum;
el Real Seminario de San Carlos heredó la magnífica biblioteca de Manuel de Roda y Arrieta con
84 incunables. La biblioteca capitular de Tarazona y su archivo musical poseen más de 200 incunables. Existen, asimismo, en el Archivo Capitular de Huesca; Monasterio del Pueyo, de Barbastro;
Biblioteca Diocesana Episcopal de Albarracín; Biblioteca Diocesana de Teruel; biblioteca del Cabildo
de la Catedral de Tarazona.
246
INSTITUTO
DE ESTUDIOS
Dentro del panorama cultural aragonés
existe una cierta variedad de instituciones
—privadas unas, públicas, otras— que, a pesar
de las vicisitudes y alternativas por las que
han pasado, han servido de punto de referencia y apoyo a literatos, ensayistas, investigadores y artistas aragoneses, con resultados
dispares en el logro de los objetivos para los
que nacieron. Entre esas instituciones hay
Sede oscense del Instituto de Estudios Altoaragoneses
que contar, sin duda alguna, con los institutos
de estudios dependientes orgánicamente de
las tres diputaciones provincialesa, aunque con mayor o menor grado de dependencia política, teniendo
en cuenta que todas ellas nacen en la España de los años cuarenta del siglo XX, con todas las connotaciones
que ello implica.
En 1943, la Diputación Provincial de Zaragoza alumbraba la denominada Institución Fernando el Católico; en 1948, la Diputación Provincial de Teruel creaba el Instituto de Estudios Turolenses; un año después, en 1949, nacía en Huesca el Instituto de Estudios Oscenses (luego pasaría a llamarse Instituto de
Estudios Altoaragoneses) dependiente también de la Diputación Provincial. Los tres centros nacieron adscritos al Consejo Superior de Investigaciones Científicas y los tres han llegado hasta la actualidad.
Organizados en secciones disciplinares (Arqueología, Historia, Filología, Literatura, Arte, Numismática,
Geografía, Ciencias de la Naturaleza, etc.), por ellos han pasado como colaboradores la mayor parte de
quienes en Aragón han trabajado en tales disciplinas, incorporando, asimismo, con su política de becas a
la investigación, a multitud de jóvenes estudiosos de cada una de las tres provincias. Los congresos, jornadas, encuentros, exposiciones, cursos o seminarios se cuentan por centenares, de modo que como simple
dato revelador baste decir que, cuando en 2001 se edita el primer catálogo conjunto de publicaciones,
estas alcanzan nada menos que 3386.
Cuando se ha intentado crear el inexistente Instituto de Cultura Aragonesa para aunar criterios y
rentabilizar las inversiones, que, no lo olvidemos, son públicas, no se podía partir de mejor base; tampoco
se les podrá ignorar si se quiere ordenar mínimamente el nuevo y caótico escenario cultural surgido del
nacimiento de las comarcas aragonesas, máxime cuando las tres instituciones tienen una red de centros
comarcales adscritos, de modo que entre todos completan una nómina amplísima de investigadores y especialistas en los más variados ámbitos de la ciencia y la cultura.
La Institución Fernando el Católico, con sede en Zaragoza, tiene adscritos los Centros de Estudios Bilbilitanos, Comarcales del Bajo Aragón-Caspe, Cinco Villas, Turiasonenses, Borjanos y Darocenses. El Instituto de Estudios Turolenses, sito en Teruel, cuenta, como adscritos, los Centros de
Estudios Comunidad de Albarracín, Hijaranos-Bajo Martín, del Jiloca, Locales de Andorra, Maestrazgo Turolense, Bajoaragoneses, Grupo de E. Masinos, Sierra de Gúdar, de la Trashumancia, del
Bajo Aragón y Locales de Alcorisa. Por último, el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que radica
en Huesca, conlleva una red de centros adscritos: CEHIMO, Amigos de Serrablo, Institut d’Estudis
del Baix Cinca, del Somontano y de Sobrarbe.
247
INSTRUMENTO MUSICAL
Sin duda alguna, habla y música nacieron hermanadas
y aún hay quien mantiene que la segunda debió preceder a
la primera. Sea como sea, lo cierto es que existen testimonios
arqueológicos de instrumentos musicales que se remontan
al Paleolítico, y, aunque no tan antigua, una estela funeraria
del siglo VIII a. C. hallada en Luna ya nos muestra una lira
grabada. El valle del Ebro, región natural en la que se asentó
Aragón, siempre ha sido tierra de paso y de influencias de
aquí y de allá, por lo que no es de extrañar que en muchos
aspectos sea multiforme, variedad que se manifiesta en un
terreno muy poco conocido por los aragoneses, sus instrumentos musicales populares.
Estos instrumentos, que son bastantes, forman parte de
tres bloques muy nítidos: viento, cuerda y percusión. Entre
los de viento, chiflo, silbato, cuerno, clarinete, dulzaina, gaita,
flauta, caracola y acordeón; entre los de cuerda, la bandurria,
la mandolina, el chicotén, el guitarro y el laúd; entre los de
percusión, la castañuela, el palo, la caña, la esquila, la matraca, la campanilla, zambomba, pandero, tambor y bombo.
El chicotén suele formar parte de los grupos
dedicados a la música popular aragonesa
No obstante, cada cultura entiende la música de distinta manera, lo cual genera una lógica diversidad
de instrumentos, sonidos, ritmos y melodías. Todo ello forma parte del folclore, es decir, del patrimonio
cultural del pueblo. Además de la jota, conviene no olvidar otras manifestaciones tradicionales como albadas, mayos, villancicos, dances, boleros, valses, polcas, música procesional o tamborradas, en los que intervienen multitud de instrumentos, solos o en compañía, como los citados.
Una selección sumaria de instrumentos tradicionales nos conduciría a unos quince. Entre los
de viento, la reina es la gaita✪✪✪, peculiar por muchas cosas, pero sobre todo por la funda de piel de
serpiente de los tubos sonoros; la dulzaina, tan típica del Bajo Aragón, las Cinco Villas y Albarracín;
el chiflo, del que saben mucho en Jaca y Yebra de Basa; y el acordeón de tipo piano que destaca en
Sobrarbe y Cinco Villas. De los de cuerda, guitarro✪✪, guitarra, bandurria y requinto son típicos de
las rondallas, pero también el laúd. Entre los de percusión, el chicotén✪✪✪ —especie de arpa en
forma de caja— es el más original: tocado con una sola mano, deja la otra libre para el chiflo; el
tambor y su hermano el bombo alcanzan en el Bajo Aragón redobles únicos; pandero, castañetas y
cañas rajadas completan la selección. Cabría añadir los instrumentos domésticos: cucharas, botellas
de anís, sartenes…
Aunque existen representaciones antiguas de instrumentos, como el artesonado de la catedral
turolense, lo mejor es verlos. En vivo, la Orquestina del Fabirol, la Ronda de Boltaña y Somerondón,
entre otros grupos✪✪✪, los utilizan en sus actuaciones. Por otra parte, entre el Museo de Artes Populares de Serrablo✪✪, en Sabiñanigo, y el Centro de Cultura Popular✪✪, de Albalate del Arzobispo,
reúnen un importante número, si bien en casi todos los museos etnológicos✪ aragoneses existen
ejemplares sueltos, aunque el Museo de Lo Palotiau✪✪ de Embún da un paso más al hablar de su
dance. Otra forma de acercamiento es acudir a Conspiremus✪✪✪, una interesante feria de construcción de instrumentos musicales que se celebra bianualmente en Boltaña; a la Asociación de Gaiteros
de Aragón✪, que ofrece unidades didácticas; o la Casa del Gaitero✪, en Aguarón, donde se exponen
más de quinientos instrumentos de los cinco continentes.
248
MAPA
Conseguir la representación gráfica de
un territorio a través de un mapa ha sido una
constante aspiración humana a lo largo de un
recorrido multisecular. Los mapas han sido y
son instrumentos imprescindibles desde la
Antigüedad para orientarnos, representar
los accidentes de un territorio y conocer con
precisión sus rutas, sus límites geográficos e
históricos, así como su evolución. En estos
tiempos en que es posible ver la Tierra desde
Fragmento del mapa de Aragón
el espacio y en el que los científicos usan salevantado por el portugués Labaña en 1797
télites para la confección de mapas es relativamente sencillo obtener la representación y
medición de un lugar. Sin embargo, los mapas han sido una difícil conquista que se puede iniciar en el
siglo II con Ptolomeo, fuente ineludible de muchos cartógrafos.
Los mapas antiguos se realizaban sobre la base de otros mapas, a medida que los cartógrafos iban
explorando un territorio, o sobre la base de noticias de viajeros o navegantes, para lo que fue esencial la
intervención de la brújula a partir del siglo XV. Esta forma de recoger datos originó que muchos cartógrafos
cometieran incorrecciones. Pero pese a estos errores, subsanados parcialmente por la proyección de Mercator, los mapas antiguos son obra de gran mérito por su laboriosa composición, la hermosura y cuidado
con los que los cartógrafos realizaban sus obras y la concepción del mundo que de ellos se desprende.
Los mayores inconvenientes de la cartografía durante siglos han sido el sistema de proyección utilizado (bien fueran mediciones lineales o astronómicas), la disparidad de escalas y tipos de medidas utilizadas
y la carencia de relieve, subsanado con la aparición muy tardíamente de las curvas de nivel.
Los primeros mapas con representaciones cartográficas de Aragón se encuentran dentro de mapas
generales, formando parte de Europa, de la Península Ibérica o de España. Hasta el momento, la más antigua
y más nítida parece encontrarse en el atlas de los judíos Abraham y Jehudá Cresques, de 1375, en el que
aparecen situadas las principales ciudades del reino. A este mapa le siguen varias representaciones de los
siglos XVI y XVII, como, por ejemplo, el de la familia Mercator o el de Labaña, referencia para muchos
mapas hasta el siglo XIX. De la antigua Corona de Aragón constituye una auténtica joya el de Nicolás Sanson, de 1653.
Para ver mapas antiguos de Aragón hay que acudir tanto a bibliotecas como a archivos de medio mundo. No obstante, a bastantes de ellos se puede acceder en la sección de cartografía de nuestros
tres archivosa históricos provinciales. Asimismo, las diputaciones provincialesa y las bibliotecasa
provinciales poseen interesantes fondos cartográficos.
Para mapas actuales de Aragón, el Instituto Aragonés de Estadística tiene una sección de cartografía temática esencial para conocer nuestras comarcas y las tres provincias. En la Biblioteca de
Humanidades María Moliner hay una cartoteca. Por su parte, el Ayuntamiento de Zaragoza, a través
del portal del Archivo Municipal y del portal de Urbanismo, da a conocer un auténtico tesoro: los
planos históricos y oficiales que muestran la evolución urbanística de Zaragoza desde el siglo XIX.
249
MINIATURISMO
El miniaturismo, el arte de representar
en pequeño personas, animales, edificios y
una gran variedad de objetos con diferentes
materiales, es una antiquísima manifestación
común a muchas culturas relacionadas con
aspectos religiosos, suntuarios, memorialísticos o didácticos.
Históricamente, el miniaturismo que
más atención ha recibido es el militar. Se han
encontrado representaciones de soldados en
En Pirenarium, en la población de Sabiñánigo,
miniatura en una tumba egipcia que data del
se puede abarcar y recorrer todo el Pirineo aragonés
3000 a. C. y se conservan soldados de pequeño tamaño de la época romana. Estas figuras tal vez estuvieran destinadas a la preparación y representación de batallas o simplemente se usaban
como juguetes. Pese a estos antecedentes el miniaturismo militar comienza a ser relativamente habitual
a partir del siglo XVIII de la mano del alemán Hilper, quien se dedicó a la fabricación de soldaditos en
estaño y sería el precursor de una larga tradición que se extendió por numerosos museos y colecciones de
Europa y que se popularizó con los famosos soldaditos de plomo. A España estas miniaturas llegaron tardíamente, alrededor de 1910, pasando a convertirse en el centro de colecciones diversas.
Las miniaturas militares —que tienen que ver, asimismo, con aviones, barcos, carros de combate, etc.—
alternaron a lo largo del tiempo con otros objetos en miniatura, como vajillas, joyas, figuras, cuadros, etc.,
que forman parte de colecciones colectivas o particulares. En la actualidad la actividad miniaturista suele
agruparse junto a prácticas similares, como la confección de maquetas o el modelismo, pero este, a diferencia del miniaturismo, se ocupa de reproducir con alta fidelidad a tamaño reducido las proporciones y
aspecto exacto de un edificio, figura, máquina, construcción, etc.
El Museo de Miniaturas✪✪ de Jaca se encuentra en la Ciudadela: nacido de una colección particular, la de Carlos Royo Villanova, cuenta con alrededor de treinta y dos mil figuras que representan
distintas escenas militares desde la Antigüedad a la actualidad. De la misma temática, en el Museo
de la Academia General Militar✪✪ un espacio está dedicado a la miniatura de formaciones de soldados de papel hechos a mano por el miniaturista militar Hernández Pardo. Gran interés reviste el
Parque de los Pirineos, Pirenarium✪✪✪, de Sabiñánigo, donde en una gran maqueta de dos hectáreas
que reproducen los Pirineos, 120 representaciones a pequeña escala de conjuntos monumentales y
naturales. En el Centro de Interpretación de la Naturaleza El Guayén✪, de Jarque, se puede ver una
pequeña colección de árboles de la zona en miniatura. Por otra parte, el belenismo, tan extendido
actualmente en nuestra tierra, cuenta con más de una ruta de los Belenes, destacando el de Monzón✪✪✪. Por su parte, la Agrupación Artística Aragonesa✪✪, con sede en Zaragoza, posee una sección de miniaturismo (con varias maquetas ferroviarias) y suele celebrar una exposición anual,
además de tener activa una página en Internet: http://www.infonegocio.com/agrartaragonesa/. Pendiente está, al habla con la AZAFT (Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y el Tranvía),
de la creación del Museo del Ferrocarril.
250
MUSEO
Los helenos denominaron museo al
templo de las Musas, deidades que en su mitología representaban a las artes, las letras y
las ciencias. Sin embargo, a partir del siglo
XVIII, la palabra pasó a mencionar una institución permanente donde se exhiben públicamente objetos o materiales artísticos, científicos o técnicos relacionados con la cultura
para conocimiento y disfrute de la sociedad.
Los primeros intentos de implantar museos
El Museo del Dibujo, en la población de Larrés,
en Aragón aparecen con la Ilustración a finaes único en nuestro país
les del siglo XVIII, teniendo el honor de ser el
primero el Museo Provincial de Zaragoza en
1792 y, ya en el siglo XX, el de Huesca en 1901, dos museos clasificados como generalistas porque abarcan
diversos temas.
Desde entonces el número de museos aragoneses tanto públicos como privados ha crecido motivado
por el interés que despiertan todas las variedades culturales, desde las más complejas a las más populares.
Nuestros museos son, en general, recientes, ya que el 82,5 por ciento han nacido entre 1995 y 2004; afinando un poco más, vemos que más de la mitad (el 57 por ciento) ha visto la luz entre 2000 y 2004.
La mayoría son, pues, museos tiernos, cuyas dificultades iniciales quedan patentes con solo ver los
días y horarios de apertura al público. Únicamente el 37,6 por ciento del conjunto garantiza que están
abiertos todo el año. El resultado es una amalgama, y no una verdadera red estructurada de museos, sin
que nadie ponga orden y concierto. Y muchos no lo son, sino buenas exposiciones permanentes, muestras
y colecciones que merecen ser vistas, pero no son museos.
Ante esta tesitura se comprenderá la dificultad que entraña hacer ningún tipo de selección y menos
de valoración, pero un mínimo riesgo habrá que correr. Serán criterios para ello los días y horario de apertura, la calidad y cantidad de lo expuesto, la atención científica al visitante y la posibilidad de investigación.
En la provincia de Huesca, Barbastro: Museo Diocesano. Campo: Museo de Juegos Tradicionales. Huesca: Museo Provincial, Museo Diocesano y Centro de Arte y Naturaleza Fundación Beulas.
Jaca: Museo Diocesano. Larrés: Museo del Dibujo. Roda de Isábena: Museo Diocesano. Sabiñánigo:
Museo Ángel Orensanz de Artes Populares de Serrablo.
En la provincia de Zaragoza, Cariñena: Museo del Vino. Velilla de Ebro: Centro Monográfico
de la Colonia Celsa. Zaragoza: Museo Provincial, Arqueología y Bellas Artes; Museo Camón Aznar
(pintura desde el Renacimiento hasta las vanguardias); Museo de Cerámica y Museo Etnológico en
el parque Primo de Rivera; Museo de Tapices y Capitular de la Seo (grandes tapices, orfebrería, pintura y escultura); Museo del Foro de Caesaraugusta (restos del foro de Augusto); Museo Pablo Gargallo; Museo Pablo Serrano; Museo Paleontológico Longinos Navas y Teatro Romano de Zaragoza.
En la provincia de Teruel, Albarracín: Museo Diocesano. Escucha: Museo Minero. Galve: Paleontológico. Teruel: Museo Provincial, Museo Diocesano y Museo Paleontológico Dinópolis.
251
TEATRO
La historia del teatro occidental es también la historia de sus espacios. Las primeras
pantomimas se relacionan con rituales religiosos y la escenografía propia del poder, de
modo que las representaciones se realizaban
en templos, palacios o en grandes explanadas.
La construcción de un espacio propiamente
escénico corresponde a los griegos, que concibieron el teatro como un medio de entretener, adoctrinar, enseñar y mostrar las pasioEl rehabilitado Teatro Municipal en Alcañiz
nes y conflictos humanos. Los romanos, magconstituye un bello ejemplo de teatro de tipo tialiano
níficos asimiladores, copiaron los teatros y los
argumentos helenos, difundiéndolos por todo
el Mediterráneo; así fue como los teatros llegaron a las ciudades del valle del Ebro (Bílbilis, Caesaraugusta,
Osca).
Con la caída del Imperio romano y la llegada de la Edad Media se dejó de asistir al teatro. Muchos
fueron cubiertos por la hierba o utilizados para otros menesteres. El teatro adquirió una faceta más nómada
y circense. Los juglares iban por las plazas de los pueblos y los castillos recitando cantares. No obstante,
en los soportales de las iglesias y a veces en el interior se representaron obras relacionadas con la historia
religiosa, los llamados autos sacramentales.
Durante los siglos siguientes, especialmente en el XVI y el XVII, hubo una enorme afición al teatro.
Los espectadores asistían a los corrales de comedias, llamados así porque se celebraban en patios o manzanas de edificios. En 1589 se conoce la existencia de uno de estos corrales en Zaragoza.
Con los Borbón en España y la política ilustrada del siglo XVIII, se construyeron teatros según el modelo italiano (con escenario, foso para la orquesta, platea y pisos en forma de herradura), modelo que perduró en los siglos XIX y XX. Posteriormente, ya en el siglo XX, la arquitectura contemporánea levantó en
Zaragoza el desmantelado Teatro Fleta, toda una pérdida por único.
A los desdibujados restos del teatro romano de Monreal de Ariza se añaden recientemente las
evidencias del de Huesca. Más completos son los de Bílbilis✪ (en fase de restauración para actos culturales), de Velilla de Ebro✪, y, sobre todo, el de Zaragoza✪✪, el más completo aunque bastante deteriorado, con centro de interpretación incorporado para su seguimiento.
Un remedo de teatro medieval en la calle podría serlo cada septiembre la Mojiganga✪✪✪ de
Graus, que nos devuelve al ambiente del teatro popular medieval y moderno.
De los teatros de estilo italiano, cabe lamentar la pérdida en época reciente del teatro de Caspe.
De lo que se perdió queda muestra en el Teatro Municipal de Alcañiz✪✪✪, una auténtica joya felizmente restaurada, fomentado por la burguesía dominante cuando el teatro era un espectáculo cultural
y social de primer orden. En Tarazona, el Teatro Bellas Artes✪, de marcada influencia modernista,
es de 1921; en Huesca, el Teatro Olimpia✪, inaugurado en 1925 con fachada imitando a la arquitectura griega, ha sido recientemente restaurado. En Zaragoza, tras el incendio de la Casa de Comedias
del Hospital de Nuestra Señora de Gracia en 1778, surgió el Teatro Principal✪✪, un magnífico teatro
italiano de 1798.
252
TOPONIMIA
Los pueblos poseen vida, como las personas, y también nombre, como estas. Asimismo, lo tienen sus partidas, sus campos y
dehesas, sus montes… Aunque algunos son
de origen céltico o ibérico, la mayor parte de
nuestros pueblos nacieron en la Edad Media,
de la que otra vez somos deudores. Un tema
apasionante de ese pasado consiste en saber
el origen y el porqué de sus nombres. La toponimia procura desvelar sus secretos.
La tierra rojiza da nombre a la población de Alfambra
Ha influido la forma del terreno, como
La Muela, o los muchos Pueyo aragoneses
(igual a otero, cabezo, montículo aislado); Almudévar nos habla de un montículo redondo. También la naturaleza del terreno y su color: son ejemplo
los Salinas, Alfambra (la roja), Monroyo (monte rojo) o Purroy (pueyo rojo). Montalbán será monte albano
o monte blanco.
El agua también ha originado topónimos diversos. Jaraba significa bebida abundante, y cualquier Alhama será una fuente termal; por su parte, Tarazona es lugar abundante en aguas, por las muchas fuentes
repartidas por toda la ciudad y alrededores.
Ha influido la vegetación: Artaso es encinar, Alloza, el almendro y El Pobo, del latín populus, luego
popus, significa álamo. Ganadería y agricultura, asimismo, dieron sus nombres, y si Berbegal era la majada
donde pacen las ovejas, tanto la Almunia como la Aldea equivalen a la granja o el huerto, mientras que
Muniesa será el huerto de Aísa, una mujer musulmana.
Muchos otros nombres derivan de personas concretas: Abizanda se refiere al moro lbn Sallam, o Boquiñeni a Abú Qinaní. El castillo de un tal Zayd dará Calaceite, como el de Ayyub, Calatayud. Cariñena, Ontiñena y Leciñena fueron las fincas rústicas romanas de Carinius, Ontinius y Licinius, respectivamente.
Zaragoza es la ciudad dedicada a César Augusto.
También la religión ha influido con nombres de santos. Si Almonacid equivale a monasterio, muchos
denotan su dependencia: Alcalá del Obispo, Sasa del Abadiado o Albalate del Arzobispo.
Otros desempeñaron un papel en las vías de comunicación: Acered es el camino, Alberite, la posta,
Alfántega será la aduana y Tabernas, la posada. Otros nos indican la distancia en millas a las ciudades romanas de Huesca y Zaragoza, como Tierz, Cuarte, Quinto, Sexto (hoy desaparecido), Siétamo y San Pedro
de Séptimo (hoy inexistente), Utebo o Nueno.
La lista de nombres y significados es interminable. Pero finalicemos con Juslibol. Proviene de un grito:
«¡Deus lo vol!» (Dios lo quiere), el proferido por los soldados cristianos durante años antes de cruzar el
Ebro y tomar Zaragoza.
Nuestro pasado se puede estudiar en los libros, no cabe duda, pero también se toca; solo hace
falta leer en él. Los nombres de nuestros pueblos y sus campos dan muchas pistas. Hoy existen multitud de publicaciones✪✪✪ asequibles al gran público que ayudan a desvelar estos secretos.
253
XIII
EL ARTE Y SUS MANIFESTACIONES
h
Arte rupestre........................... 257
Arte romano ........................... 258
Arte musulmán ....................... 259
Arte mozárabe......................... 260
Arte románico
(arquitectura).......................... 261
Arte románico (escultura)...... 262
Arte románico (pintura) ........ 263
Arte mudéjar........................... 264
Arte gótico (arquitectura) ...... 265
Arte gótico (escultura) ........... 266
Arte gótico (pintura).............. 267
Arte renacentista
(arquitectura) ......................... 268
Arte renacentista
(escultura) .............................. 269
Arte renacentista
(pintura) ................................. 270
Arte barroco (arquitectura) .............. 271
Arte barroco (escultura) ................... 272
Arte barroco (pintura)...................... 273
Arte neomudéjar............................... 274
Arte neoclásico ................................. 275
Alero ................................................. 276
Azulejo .............................................. 277
Bayeu................................................. 278
Esmalte.............................................. 279
Goya.................................................. 280
Mazonería.......................................... 281
Miniatura .......................................... 282
Mosaico ............................................. 283
Retablo.............................................. 284
Tapiz .................................................. 285
Techumbre mudéjar .......................... 286
ARTE RUPESTRE
El arte prehistórico, en este caso la pintura sobre roca en abrigos y covachas, pasa
por ser la primera manifestación artística del
hombre en nuestro territorio. Los ejemplos
más antiguos se remontan a más de veinte
mil años. La mayor parte de ellos pertenecen
al denominado arte levantino, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en
1998. En algunos yacimientos hay también
pinturas del denominado arte esquemático,
Las de Alacón constituyen una muestra
algo posterior al levantino. En el Bajo Aragón,
de las muchas pinturas rupestres esparcidas por Aragón
por ejemplo, podemos encontrar representaciones que van desde el 6500 a. C. (prelevantinas) hasta el 1000 a. C. (pintura esquemática), pasando, por supuesto, por la pintura llamada levantina.
Estas pinturas, además de ser una primitiva expresión artística, constituyen una muestra importante
de un modo de vida y de unas creencias. Por un lado, nos muestran qué y cómo cazaban, qué recolectaban
y comían, cómo vestían, cómo se relacionaban o cómo pudieron concebir la vida; por otra parte, nos
ilustran acerca de sus pensamientos, temores y esperanzas. Así, veremos escenas de danza, de caza propiciatoria, de recolección, escenas que no son otra cosa que ritos mágico-religiosos que favorecen el vivir
cotidiano.
Conviene, por lo tanto, acercarse a ellas para tratar de desentrañar su mensaje, pero el acceso a los
abrigos no siempre es fácil, por lo que conviene informarse previamente.
Algunos están relativamente agrupados, sobre todo en los entornos de los ríos Vero, Martín y
Guadalope y de la sierra de Albarracín, y muchos de ellos dentro de los denominados parques culturales. Pero existen, asimismo, otros abrigos interesantes fuera de ellos.
En el ámbito del Parque del Vero, existe en Colungo un Centro de Interpretación del Arte Rupestre✪✪ que proporciona claves para ver los abrigos o cuevas de su entorno: abrigos de Arpán✪✪,
Fuente del Trucho✪✪ y Chimiachas y covachos de Barfaluy y Tozal de Mallata.
Para aprovechar al máximo las muchas pinturas del Parque Cultural de Albarracín se puede
contactar con el Centro de Arte Rupestre✪✪ de Albarracín. Existen cuatro tramos de norte a sur: el
del término de Albarracín y entorno del Rodeno (abrigos de Cabrerizo, Navazo, La Cocinilla del
Obispo, Callejones y Losilla); el de Bezas (Las Tajadas y Bezas); el de Masía de Ligros, Pajarero y
Olivanas; y, por último, el de Prado de Tormón.
En el Parque Cultural del Río Martín sirve de ayuda el Centro de Interpretación de Arte Rupestre✪✪, en Ariño. En su perímetro destacan el conjunto Obón-Alcaine✪✪, y muchos abrigos en
Albalate del Arzobispo, Los Chaparros, Alacón u Oliete.
Fuera de estos ámbitos, destacan, por ejemplo, las pinturas de Val del Charco✪✪, en Alcañiz;
Calapatá (Cretas), El Secans (Mazaleón), La Fenollosa (Beceite); Remosillo, en el congostoa de
Olvena, y el Forau del Cocho, en Estadilla; en el alto Guadalope, los abrigos de Ladruñán. En Borja,
la Cueva de Moncín✪✪ es, desde 1999, Patrimonio de la Humanidad. Asimismo, existe el Centro
de Arte Rupestre de Aragón✪✪, sito en el parque Primo de Rivera de Zaragoza.
257
ARTE ROMANO
Los romanos, tras constituir el mayor
imperio de la época antigua, impusieron a los
pueblos conquistados su propia organización
política, social, económica y religiosa. Un aspecto importante de ese proceso romanizador
es, sin duda alguna, el arte. La majestuosa arquitectura aplicada a edificios públicos, como
termasa, circos, teatrosa, templos, unida a la
belleza y proporción de la escultura, al lujo de
A pesar de su deterioro, el teatro de Caesaraugusta
los mosaicosa, y a la ingeniería aplicada en
es una de las más importantes huellas del arte romano
puentesa, acueductosa y calzadasa constituyeron una extraordinaria propaganda de los modos de vida y del poder de la «ciudad eterna».
Sin embargo, el arte romano no es propiamente original. Lo aprendieron de los griegos, quienes
usaron en la arquitectura proporciones gobernadas por el orden, el equilibrio y la medida, cálculos matemáticos que armonizaban las formas y líneas; les enseñaron a apreciar la solidez y eternidad del sillar y el
brillo y tersura del mármol para encarnar la belleza humana en la escultura. Roma puso el pragmatismo
complementando el clasicismo heleno con elementos como el arco de medio punto y los mosaicos.
La rápida conquista del valle del Ebro hacia el II a. C., así como la fundación de ciudades importantes
sobre la base de ciudades anteriores o cercanas (Bílbilis, Celsa, Caesaraugusta) han dejado valiosísimos
vestigios romanos en nuestra tierra.
En la provincia oscense, aparte de la calzada mejor conservada✪✪, en los aledaños de la selva
de Oza, podemos ver en Artieda algunas villas, necrópolis y restos de columnas y capiteles jónicos
en la ermitaa de San Pedro. En Labitolosa✪✪, La Puebla de Castro, sobresalen del casco urbano las
termas y la curia. Villa Fortunatus✪✪✪, junto a Fraga, constituye el mejor ejemplo aragonés de villa
romana. En Huesca capital, donde Sertorio fundara la escuela para educar a las elites indígenas y romanas, se conservan restos romanos en el Museo Provincial✪.
En la circunscripción turolense, destaca el plano íntegro del Cabezo de Alcalá de Azaila✪✪✪
con termas y pequeño templo; en Urrea de Gaén✪, asentamiento romano con importantes hallazgos
materiales; entre Cella y Albarracín, el curioso acueducto✪✪✪a romano excavado en parte bajo la
roca; en Teruel capital se conservan restos romanos en el Museo Provincial.
En la provincia de Zaragoza, los conjuntos más sobresalientes están entre Sádaba y Uncastillo,
donde quedan restos en Los Bañales✪✪ (con acueducto y termas) y el mausoleoa de los Atilio, con
restos de calzada y miliariosa. Cerca de Calatayud se puede admirar la ciudad de Bílbilis✪✪✪ donde
encontraremos un teatro —que quiere emplearse para representaciones—, foro, termas (con su barrio
de casas), parte del recinto amurallado y las cisternas. En Celsa✪✪✪, hoy Velilla de Ebro, aparte de
los restos urbanos, se puede ver el Museo Monográfico dedicado a los hallazgos; en Tarazona se encontró la excelente cabeza de Augusto✪. En la Comarca del Aranda, en Illueca hay restos de un
puente romano; La Malena✪✪ de Azuara es ejemplo de villa romana. En Zaragoza capital✪✪✪, aparte
del trazado urbano, se pueden encontrar murallas, foro, puerto fluvial, termas y teatro, todos ellos,
salvo las murallas, con su correspondiente museo; además, en el Museo Provincial se muestran piezas
importantes (escultura, mosaicos, cerámicas, monedas o lápidas funerarias). Fabara y Caspe nos regalan sendos mausoleos✪.
258
ARTE MUSULMÁN
No más de cuatro años —711-715— tardaron los musulmanes en reemplazar a la administración visigoda en el valle del Ebro y
hacerse con el poder. Comienza así un dominio que, según los casos, durará hasta el siglo
XIII, al compás de la reconquista cristiana de
la que nacerá Aragón. Aparte de otras consecuencias, empieza así un largo periodo de encuentro de tres culturas —cristiana, judía y
musulmana— del que somos deudores individuales y colectivos. Este contacto multiforme justifica la presencia del arte musulmán en nuestra tierra, aunque después de
tantos siglos aparece algo borroso.
Detalle del Salón Dorado de la Aljafería
Las características de este arte están muy marcadas por la religión islámica. El precepto religioso de
la oración obligará a la construcción de mezquitasa, a cuyos fieles se convocará desde los altos alminares
o minaretes. Conforme pase el tiempo, las necesidades militares y sociales demandarán, asimismo, la construcción de murallasa, palaciosa, castillosa y zocos (mercados)a. La prohibición de la idolatría (no hay
más Dios que Alá) vetó la representación de figuras humanas y, por tanto, la decoración mora usará para
ello la escritura kúfica y las composiciones geométricas, valiéndose de cerámica, ladrillos o estucados.
En cuanto a los materiales, la escasez de piedra del valle del Ebro les obligó al uso del ladrillo y del
yeso, aunque también emplearon la piedra. Pero la aportación del arte moro más conocida es el arco de
herradura con sus entrecruzamientos de líneas curvas y rectas. Naturalmente, este arte no fue siempre
uniforme, pues varios siglos de permanencia y sucesivas alternativas políticas dieron pie a la evolución.
Su influencia en el arte cristiano fue constante, de la que el arte mozárabea es un ejemplo, pero sobre
todo en el arte mudéjara, tan especial y prolífico en Aragón.
Aunque quedan restos del arte del periodo califal, la presencia más rica —y única en el
mundo— es la huella del periodo taifal, sobre todo de la taifa zaragozana y algo menos de la albarracinense.
En la capital oscense apenas quedan vestigios de la muralla y un arco de herradura y un capitel
de alabastro en la catedrala, restos del minarete de la mezquita sobre la que se edificó la sede cristiana
oscense. En Bolea, el torreón de la Colegiataa formó parte de la fortaleza árabe. En la provincia turolense, la bella ciudad de Albarracín, como capital de la taifa, conserva parte de la muralla✪✪, con
las torres del Andador y de la Engarrada. El museoa de la ex catedral muestra un esenciero de plata
regalado por Abdelmelik a su esposa en el siglo XI. En la provincia de Zaragoza, destaca el conjunto
fortificado del Calatayud islámico✪✪ del siglo IX, obra hecha de mampuesto, cal y yeso, con arco de
herradura califal. Pero la obra señera se halla en la capital: el palacio-fortaleza de la Aljafería✪✪✪,
de la época taifal (siglo XI), construido por Al-Muqtadir cuando se construía la catedral de Jaca.
Aunque retocadas, están en pie parte de las murallas, la Torre del Trovador, el oratorio de planta octogonal, donde está el mihrab y lo más espectacular de la Aljafería islámica, las salas con pórticos de
arcos apuntados, polilobulados y compuestos entrecruzados, todo ello adornado con abundantes yeserías caladas.
259
ARTE MOZÁRABE
El Aragón musulmán se distinguió por la mezcla de culturas, religiones y etnias. Junto a los recién llegados, fundamentalmente hombres de distintas procedencias —árabes de
raza, magrebíes, beréberes, sirios y nubios— convivieron en
los mismos territorios con judíos hispanos, cristianos convertidos al Islam —los muladíes— e hispanos que mantuvieron la religión cristiana. A estos últimos se les llamó en
lengua árabe musta´rab, o sea, mozárabe. No está claro que
tal denominación la conservaran cuando abandonaron territorio moro para dirigirse a las tierras de repoblación cristianas en tiempos de intolerancia, o cuando el avance de la
Reconquista los absorbió.
Los mozárabes poseyeron bajo la dominación musulmana sus propios jueces y mantuvieron habitualmente la libertad religiosa a cambio de pagar un tributo. Su acusada
personalidad se reflejó en una cultura propia manifestada en
la lengua, la literatura, la liturgia, la música y, en general, en
el arte, destacando especialmente en la arquitectura religiosa,
en la pintura y en la iluminaciones para códices y manuscritos.
La iglesia de San Pedro de Lárrede
es una bella muestra de las muchas existentes
en el Serrablo
Las características más acusadas del arte mozárabe siguieron las pautas del arte visigodo, aunque
añadiendo una fuerte influencia musulmana y bizantina. Sus iglesias, con plantas de cruz griega o basilical
y varias naves, presentan en común el arco de herradura, más cerrado que el visigótico, la bóveda de
nervios de estilo califal, los capiteles corintios y el grosor de sus muros.
En la Jacetania, se considera mozárabe la iglesia baja de San Julián y Santa Basilisa✪✪, sobre
la que se construyó el monasterio románico de San Juan de la Peña; luego encontraremos aquí y allí
elementos sueltos de raigambre mozárabe, como la torre de la iglesia de Guasillo✪, del primer cuarto
del siglo XI, con un ventanal ajimezado en la parte media de la misma, y con arcos de herradura.
En el Alto Gállego, varias iglesias del Serrablo✪✪✪, todas ellas rehabilitadas por la Asociación
de Amigos de Serrablo, son para unos muestra del primitivo románico de influencia lombarda, mientras que para otros se trata de arte mozárabe autóctono. Una amplia lista, capitaneada por la iglesia
de San Pedro de Lárrede y continuada por San Bartolomé de Gavín, San Juan de Busa, San Martín
de Oliván, San Úrbez y San Miguel de Basarán, Ordovés, etc., constituyen un conjunto único de
obligada visita.
Desafortunadamente, nada queda de las iglesias mozárabes de Zaragoza (Santa María la Mayor
y las Santas Masas), de Huesca o de Tarazona, por citar tan solo las cabeceras de diócesis legadas por
los visigodos.
260
ARTE ROMÁNICO
(ARQUITECTURA)
A finales del siglo X, en una Europa rota,
acuciada por terrores apocalípticos y sin monarcas de relieve, surge el arte románico, denominado así porque tomó prestados elementos del arte romano y se desarrolló al
mismo tiempo que las lenguas romances. El
Románico, por primera vez desde Roma, se
erigió en arte común de gran parte de la Europa occidental.
La iglesia de Santa María de Uncastillo
Este estilo artístico llegó a Aragón desde
es un bonito ejemplo de la arquitectura románica aragonesa
el norte de Italia a través del condado de Ribagorza. Las construcciones románicas iniciales de estilo lombardo surgen en las primeras décadas del siglo XI, evolucionan a finales de este siglo y
perviven hasta muy entrado el siglo XIII, mezclándose con elementos góticos Su arquitectura se caracteriza
por el empleo de gruesos muros reforzados con contrafuertes, lo que motiva que las construcciones tengan
pocas ventanas (vanos) y por el uso de la bóveda de cañón originada por la unión de arcos de medio punto.
Otra característica de este arte es la profusión de la esculturaa en portadas y capiteles de iglesias y
claustros con un programa iconográfico en el que resaltan escenas junto a representaciones de la vida
cotidiana medieval.
Esta iconografía se extiende también a la pinturaa, muy lineal y de un colorido intenso y que decora
muchas de las iglesias del mismo periodo.
El marco geográfico del románico aragonés se limita fundamentalmente al norte de la línea
que, de este a oeste, va desde La Litera a las Cinco Villas, aunque no faltan ejemplos al sur de la
misma.
La arquitectura presenta etapas diferenciadas. El primer románico, el llamado lombardo de origen italiano que penetra desde Cataluña, destaca en los monasterios de Alaón✪✪, Obarra✪✪, en
San Caprasio✪ (Santa Cruz de la Serós), Santa María de Buil✪ y en la ex catedral de Roda de Isábena✪✪. A este grupo pertenecerían, aunque con localismos, las iglesias del Serrablo, que para otros
son mozárabes.
El primer románico nórdico postcarolingio, de escasa vigencia en el Pirineo, tendría en la iglesia
de San Pedro de Siresa✪✪ su mejor ejemplo. El románico de transición, propio de la obra de Sancho
III el Mayor en el siglo XI, tiene en parte del actual y todavía impresionante castillo de Loarre✪✪ su
mejor exponente. El llamado románico puro, de sillares perfectos y escultura decorativa, halla en la
catedral de Jaca✪✪✪ su más sobresaliente muestra, desde donde tendrá amplia difusión dentro y fuera
del reino: San Juan de la Peña✪✪✪, Santa Cruz de la Serós✪✪ o San Adrián de Sasave✪✪, entre
otros.
Durante los siglos XII y XIII, los monumentos románicos se multiplican, siendo de destacar su
ruralización y su amaneramiento: Sos✪, Santa María de Uncastillo✪✪, Santiago de Agüero✪✪, Murillo de Gállego✪, etc. Al sur del Ebro, Daroca✪✪ conserva el conjunto de iglesias más completo:
colegiata de Santa María, San Miguel, San Juan y Santo Domingo.
En el campo de la arquitectura civil, el castillo-abadía de Loarre✪✪✪ constituye el único castillo
románico hispano en pie, uno de los monumentos más visitados de Aragón.
261
ARTE ROMÁNICO
(ESCULTURA)
La escultura románica estuvo siempre
al servicio de la arquitectura, de modo que
cualquier lugar medianamente visible de un
templo, de un monasterio y a veces de un
castillo, ya fuera un arco, un tímpano, las columnas de los claustros o un muro cercano a
la puerta, se entendían como espacios ideales
para que los artistas exhibieran su maestría y
propagaran a través de extensos programas
iconográficos las concepciones cristianas dominantes en los siglos XI al XII.
Decoración escultórica de la iglesia de Santiago de Agüero
Los artífices de la época, empleados fundamentalmente por la Iglesia, esculpían motivos y escenas
bíblicas llenas de simbolismo con el fin de enseñar a un público analfabeto la historia religiosa, la doctrina
y, sobre todo, de infundirles veneración y temor a Dios, de ahí que en la piedra aparezcan abundantes narraciones apocalípticas y bestiarios. Estas escenas religiosas se intercalaban y se alternaban con estampas
de la vida cotidiana, lo que nos acerca al vivir de aquellos hombres cercanos al año 1000, a sus formas de
vestir, a sus oficios y costumbres, etc. Formalmente, las representaciones y figuras estuvieron muy marcadas
por la influencia bizantina, persa y, por supuesto, la romana.
El artista románico sigue unos modelos poco naturales: las figuras son inexpresivas, alargadas y se
adaptan al espacio. En cuanto a los materiales usan la piedra y, en las figuras exentas, la madera; en ocasiones se utiliza también el marfil. Las narraciones y escenas no siguen un orden coherente y lineal, por lo
que a veces cuesta interpretar su sentido. En Aragón, esta manera de esculpir penetra por el Camino de
Santiago, siendo fundamentales las relaciones con Francia y con la catedral de Santiago de Compostela y
San Martín de Frómista, que influyen en la escultura de la seo jacetana, desde donde se irradia a algunas
parroquias aragonesas. Mención aparte merecen algunas espléndidas muestras de sepulcrosa, como el
de San Ramón de Roda.
De la escultura románica, inexistente en el primer románico, sobresalen las iglesias del entorno
jaqués, como la propia catedral de Jaca✪✪ (tímpano, capiteles del claustro), Santa Cruz de la Serós
(con la minúscula pero bella iglesia de San Caprasio✪✪, además de los capiteles del monasterio),
Sos (los capiteles de San Esteban), Alquézar✪✪ (claustro de la colegiata), San Juan de la Peña✪✪✪
(claustro), Loarre✪✪ (capiteles de la iglesia, emparentados con Saint Sernin de Toulouse y Moissac),
San Pedro el Viejo✪✪✪ de Huesca (el tímpano y el magnífico claustro de lo que fuera monasterio),
Santiago de Agüero✪✪, San Nicolás de El Frago (sus portadas sur y oeste), San Miguel de Biota (sus
portadas) y San Salvador de Ejea. En Uncastillo, destacan las iglesias de San Felices, San Miguel, el
ábside de San Martín y, sobre todo, la portada y canecillos de Santa María✪✪. En Zaragoza, el ábside
de la seo de San Salvador. Completa el conjunto una larga lista de iglesias: San Salvador de Selgua;
San Salvador en Luesia; San Gil en Luna; San Salvador de Murillo de Gállego, San Esteban de Botaya, Santa María de Chalamera; Nuestra Señora de Baldós de Montañana, etc.
Por otra parte, son de destacar los sarcófagosa de doña Sancha✪✪ (benedictinas de Jaca, siglo
XI) y de San Ramón en Roda de Isábena✪✪ (siglo XII), y, en cuanto a la escultura exenta, aparte de
la talla del Cristo de Castiliscar✪, son muchas e importantes las tallas románicas de la Virgen✪✪✪a.
Por último, en Uncastillo existe un interesante Centro de Interpretación del Arte Religioso.
262
ARTE ROMÁNICO
(PINTURA)
La peculiar sensibilidad de los artistas
del Románico se expresó tanto en la esculturaa como en la pintura de los siglos XI al XIII,
aunque solo comenzó a estimarse y a conservarse desde principios del siglo XX. En Aragón
los estudios sistemáticos se emprenden hacia
1960, coincidiendo con el descubrimiento de
murales en Bagüés, Navasa y otras localidades pirenaicas.
El frontal de altar de Tresserra constituye un bello ejemplo
de la pintura románica aragonesa en el exilio
Entre los rasgos más definitorios de la
pintura románica suelen destacar su sencillez
y su antinaturalismo. Las figuras, en las que imperan las líneas muy nítidas de su dibujo, se representan
de manera esquemática o conceptual, sin que haya una relación evidente con la realidad, hecho que se
manifiesta en el uso de símbolos y motivos geométricos que conviven en la composición con figuras hieráticas y alargadas de escaso volumen, con inexistencia de perspectiva y dominio de la yuxtaposición. En
cuanto a los colores reinan el rojo y el azul, al lado del naranja y amarillo, aunque en Bagüés encontramos
verde y azul. Su temática es casi siempre religiosa, siendo motivos principales la figura de Cristo como
juez y señor del mundo, los símbolos de los evangelistas y, en algún caso, la Virgen con el niño.
Con respecto al soporte, la pintura románica aragonesa es fundamentalmente mural, utilizando sobre
todo la técnica del temple. Pero, junto a estas muestras murales, hay también espléndidos ejemplos sobre
tabla en forma de frontales de altar, muchos de ellos en el exilio.
En cuanto a la pintura mural románica, suelen distinguirse tres zonas de influencia: la zona de
Jaca-San Juan de la Peña —la occidental— está representada por la iglesia de Bagüés (quizás el ejemplo mejor de todos, con la historia de la humanidad desde la Creación en las paredes laterales, la
Crucifixión en el ábside y la Ascensión en la parte superior), el ábside de la iglesia de Navasa, San
Juan Bautista de Ruesta o Susín, además de las pinturas de la cabecera del monasterio bajo de San
Juan de la Peña. Con buena parte de ellas y otras muchas de estilos posteriores, se ha abierto el magnífico Museo Diocesano✪✪✪ de Jaca, de obligada visita. En esta zona occidental cabe añadir también
las pinturas restauradas que se encuentran en la iglesia de San Juan Bautista de Uncastillo✪✪. En la
zona central, impera Roda de Isábena, con las extraordinarias pinturas murales de su cripta✪✪; y, en
la zona oriental, el Museo Diocesano✪✪ de Barbastro nos muestra una pintura al temple del siglo
XIII y el ábside de la iglesia de San Vicente de Vió, con su magnífico Cristo en majestad flanqueado
por las escenas del martirio de san Vicente y de los Reyes Magos. Aún cabría añadir una cuarta zona,
la meridional, representada por las pinturas murales románicas del monasterio de Sigena desaparecidas, aunque no las góticas que se exhiben en Barcelona
En cuanto a la pintura románica en tabla, de difícil sistematización e interpretación, está representada por los relativamente abundantes frontales de altar o antipendios, muchos de los cuales
están fuera de nuestras fronteras, de modo que —aparte de visitar el Museo Diocesano de Barbastro✪✪— para ver esta pintura sufragada por los aragoneses del momento hay que viajar al Museo
Diocesano de Lérida✪✪ (allí están todavía, aparte de otros de estilos posteriores, los frontales románicos de Berbegal y Tresserra) y al Museo de Arte Románico de Cataluña✪✪✪ en Barcelona (donde
se conservan los frontales de Betesa, Chía, Estet y Gésera).
263
ARTE MUDÉJAR
La confluencia de las culturas islámica,
cristiana y judía en la Península Ibérica originó riquísimos resultados culturales y artísticos. Buena muestra de ello es el arte
mudéjar, fenómeno estético fruto de la influencia del arte de los musulmanesa andalusíes en los reinos cristianos. Este arte
apareció en el siglo XII y se alargó hasta el
siglo XVII, más allá de la expulsión de los moriscos. La palabra mudéjar proviene del árabe
Bella y estilizada torre mudéjar de Muniesa
mudağğan, ‘sometido’, que se traduce como
aquel a quien se le ha permitido quedarse.
Esta palabra se usó para definir la nueva situación de los musulmanes que permanecieron en territorio conquistado por los reyes cristianos sin que
los nuevos poderes alteraran su religión ni sus costumbres. La convivencia fue creando poco a poco el
nuevo estilo. Los cristianos admiraron la belleza y lujo de los edificios islámicos, los adaptaron a sus necesidades y quisieron perpetuar sus formas usando sus materiales. Para este fin necesitaron la habilidad
y riqueza de los arquitectos, ebanistas y albañiles mudéjares que se esforzaron en continuar con la belleza
y peculiaridades del arte hispanomusulmán, pero adaptándolo a las estructuras y edificios cristianos (iglesias, catedralesa, palaciosa, castillosa, etc.).
La feliz síntesis entre elementos del arte cristiano y del arte moro se aprecia en el uso de materiales
como ladrillo, argamasa, yeso, madera, cerámica, alabastro, muchos de los cuales son propios del valle del
Ebro; en la asimilación de las torres de los campanarios cristianos a la estructura y aspecto formal de los
alminares; en el levantamiento de espléndidas y admirables estructuras y techumbresa de madera o en la
decoración con ladrillos salientes del muro con cerámica vidriada o de arquerías murales a base de arcos
o de herradura entrecruzados.
Es tal la abundancia y calidad de este arte tan propio —que pocas veces supera la línea del
Ebro hacia el norte— que es casi imposible hacer una relación mínimamente congruente. Sin ningún
tipo de orden cronológico o tipológico, vayan algunos ejemplos.
El número de iglesias es incontable: Teruel nos muestra su catedral✪✪; Zaragoza atesora varias
(San Pablo, la Magdalena, San Gil, San Miguel de los Navarros), Alagón, Ambel, Ateca, Azuara,
Maluenda, Mesones, Montalbán✪✪, Tobed✪✪, Torralba de Ribota✪✪, etc. Entre los varios ábsides,
son ejemplos señeros los de San Juan de Daroca, la iglesia de los dominicos de Magallón✪✪ y la Seo
zaragozana✪✪. Existen claustros impresionantes, de los que son ejemplo los de Borja (Santa María),
Calatayud (Santa María), Tarazona✪✪✪ (catedral), Teruel (San Pedro) o Zaragoza (Canonesas del
Santo Sepulcro). Quizás sean las torres las más conocidas. Las hay muchas y excelentes: Alcubierre,
Alfajarín, Aniñón, Borja (la ex colegiata), Calatayud (San Pedro de los Francos, Santa María y San
Andrés), Daroca (Santo Domingo), Mainar, Muniesa✪✪, Mara, Ricla, Tarazona (catedral), Teruel
(San Pedro, San Martín✪✪✪ y El Salvador✪✪✪), Utebo✪✪, Villamayor o Zaragoza (la derruida Torre
Nueva, la Magdalena✪✪✪, San Pablo, San Gil o San Miguel). Por último, un par de ejemplos de techumbresa: ermita de la Virgen de la Fuente (Peñarroya de Tastavins) o la catedral✪✪✪ (Teruel).
El arte mudéjar aragonés, de fuerte personalidad, constituye una impresionante parte de nuestro
patrimonio que ha merecido la catalogación de Patrimonio de la Humanidad.
264
ARTE GÓTICO
(ARQUITECTURA)
En el siglo XII, las monarquías, los Estados europeos y las ciudades se fortalecen, se
fundan universidades, se difunde el amor cortés, el cristianismo se humaniza, se abren rutas comerciales y las cruzadas alejan la guerra, salvo en España, donde sigue la Reconquista. La expresión de este cambio se plasmó
en el arte gótico, ligado a la construcción de
grandes catedralesa, castillosa y palaciosa.
La ex colegiata de Mora de Rubielos supone la culminación
del gótico mediterráneo aragonés
El Gótico, nacido en la Francia del siglo
XII, llegó a España a través del Camino de
Santiago, perviviendo hasta el siglo XVI. La prolongación del Románico y la gran influencia mudéjar en
Aragón provocaron que el gótico aragonés fuera original y con fases propias. A la inicial cisterciense le
seguirá el gótico clásico de arcos apuntados y la bóvedas de crucería buscando la verticalidad con ligeros
muros que permitían la apertura de ventanas donde destacaban vidrieras. A este tipo más ortodoxo se
ajusta la catedral de Huesca. Otra forma de entender el Gótico es la del Bajo Aragón, de época tardía y
muy influido por el gótico levantino.
El arte gótico se extiende hasta el siglo XVI fusionándose con el nuevo estilo renacentista a la par
que incorpora elementos mudéjares y borgoñones. La pinturaa y la esculturaa —artes que se extienden a
portadas, sepulturas y retablos— están dotadas de gran plasticidad y aparecen en el gótico ortodoxo. Con
el tiempo las representaciones pictóricas y escultóricas se recargan, perdiendo la mesura inicial para reflejar
el sufrimiento, a veces con gran crudeza. Aragón puede presumir de un extenso patrimonio gótico, por lo
que es difícil realizar una selección sin caer en algún olvido.
En el norte oscense, entresacamos, en el ámbito de la influencia cisterciense, el monasterio de
Casbas, la iglesia de San Miguel de Foces✪, Nuestra Señora de Salas✪ en Huesca, la iglesia de la Corona en Almudévar, o las parroquias de Alcalá de Gurrea, Castejón de Monegros y Ontiñena. Con
pinturas murales interesantes, San Miguel de Barluenga✪ y San Fructuoso de Bierge✪. De gótico
clásico destaca la catedral de Huesca✪✪, que apenas ha sufrido modificaciones.
En el centro aragonés, destaca el estilo cisterciense del castillo de Sádaba✪ y los monasterios
de Veruela✪✪, Rueda✪✪ y Piedra✪. Ejemplo de gótico convencional es la seo de San Salvador✪✪✪
de Zaragoza, comenzada en el románico y ampliada sucesivas veces hasta el XV. Iglesias cubiertas
con madera son San Martín en Sos del Rey Católico✪ y San Antonio Abad de Tauste✪. Muy hermosa resulta la iglesia de Longares✪. Algunas partes de la catedral de Tarazona✪ se consideran con
impronta de gótico clásico. Del gótico final destaca la colegiata de Santa María de Daroca✪ y con
un estilo muy clásico Santa María de Sádaba✪.
En el sur turolense, Alcañiz conserva el campanario gótico de la antigua Santa María la Mayor,
siendo dignas de mención las iglesias con cubierta de madera de Santa Quiteria en Argente✪ y Nuestra Señora de la Fuente en Peñarroya de Tastavins✪✪. Más tardías y de estilo levantino son Santa
María la Mayor de Valderrobres✪✪ con magnífica escultura, las iglesias de Ráfales✪, Torre del Compte✪, San Francisco en Teruel✪✪; en Mora de Rubielos destacan el castillo-palacio✪✪ y la Colegiata✪✪ —culminación del gótico mediterráneo aragonés—. De estilo purista, pero tardía, la iglesia de
Molinos✪.
265
ARTE GÓTICO
(ESCULTURA)
La escultura gótica impera en la mayor
parte de Europa entre los siglos XIII y XVI. De
origen francés, se suele definir como una escultura naturalista en la que el artista imita
con gran fidelidad lo que quiere representar,
a la par que usa elementos de gran contenido
simbólico o alegórico. Su temática es esencialmente sagrada, aunque a medida que avanza
en el tiempo introduce bastantes escenas de
Tan sencillo como espectacular es el retablo gótico de alabastro
de la parroquial de Luceni
la vida cotidiana y profana. Las figuras ofrecen
un aspecto bastante humanizado en contraposición a la sensibilidad románica, alcanzando en el siglo XV las mayores cotas de realismo.
No obstante, a pesar de estas afirmaciones generalistas, la escultura gótica en Aragón introduce matices característicos debido a causas diversas: la gran extensión temporal del Gótico; la ausencia de talleres
de escultura autóctonos; la escasez y dispersión de las obras; la pervivencia de modelos románicos; el gran
peso de la decoración mudéjar, así como las diversas influencias flamencas, germánicas e italianas que recibieron los escultores en distintos momentos.
Aún habría que añadir la carencia de piedra en la región, ya que un material duro como el alabastroa
solo se empleó a partir del siglo XV, momento tardío en el que ya apuntaba el Renacimientoa. Con todo,
existen interesantes muestras en alabastro, en piedra y en madera policromada en pórticos, portadas, retablosa, sillerías de coroa, sepulcrosa y esculturas exentas.
La dificultad de sistematizar todo lo relativo a la escultura gótica nos mueve a presentar sus
principales logros no tanto por siglos o escuelas, algo farragoso para el profano, sino por elementos.
De entre las portadas góticas que contienen esculturas, pues no todas las poseen, cabe destacar
la de la catedral de Huesca✪✪ y la de la colegiata de Santa María de Caspe✪, ambas bastante afectadas, sobre todo la segunda, por la erosión de la piedra arenisca utilizada. En Zaragoza, hay que contar, asimismo, con la portada norte de San Pablo; en Calatayud, la de San Pedro de los Francos✪; en
Valderrobres, Santa María la Mayor; en Daroca, la puerta del Perdón de la colegiata; y, en Sádaba,
la parroquial de Santa María. De entre las embocaduras de capilla, cabe citar las de San Agustín y
San Sebastián de la catedral jacetana.
En el capítulo de los sepulcrosa, abordados en capítulo aparte, pertenecen a este estilo los de
Lope Fernández de Luna✪✪✪ y del arzobispo Juan de Aragón✪✪ (la Seo zaragozana), los de los hermanos cardenales Pérez Calvillo✪✪ (catedral de Tarazona), la de Pedro Fernández de Hijar (Museo
de Zaragoza) o el de Lope Ximénez de Urrea✪✪ (parroquial de Épila), entre otros.
En cuanto a retablos, la auténtica obra maestra es el mayor de la Seo✪✪✪, pero tienen su belleza,
asimismo, el de Montearagón✪✪ (de alabastro, hoy en el Museo Diocesano de Huesca), el de San
Sebastián✪ y la parte escultórica del retablo mayor✪✪ de la colegiata de Bolea, más importante por
su pintura. Cabe añadir el de alabastro de la parroquial de Luceni✪.
La imaginería continúa la tradición mariana del románicoa con ejemplares tan sobresalientes
como la Virgen de Nuestra Señora de Tamarite o la Virgen del Molino (Santa Eulalia del Campo),
a los que deben añadirse varios calvarios: Fanlo, Alagón o Mainar, entre otros.
266
ARTE GÓTICO
(PINTURA)
Como la románica, la pintura gótica penetra en Aragón a través de los caminos de
peregrinación y se desarrolla desde el siglo
XIII hasta los inicios del XVI, plasmándose en
vidrieras, miniaturas, muros y tablas. Si inicialmente fue pintura al temple, alternó más
adelante con el óleo, y su temática es más variada que la románica. Se pueden reconocer
en nuestro solar las distintas tendencias pictóricas europeas: la francogótica; la italogótica; la internacional y la hispanoflamenca.
Entre las pinturas murales góticas,
las del castillo de Alcañiz constituyen un magnífico ejemplo
El estilo francogótico se define porque sus rasgos principales están muy determinados por el románico. En la hoya de Huesca hay varios pequeños templos con pinturas murales que responden a esta tendencia (Arbaniés, Bierge, Barluenga, etc.).
Con respecto a la pintura italogótica muchos investigadores etiquetan los retablos de los hermanos
Serra (Sigena, Virgen de Tobed) en esta tendencia.
A partir del siglo XIV es el momento del gótico internacional, que alterna y se superpone al italogótico,
y está marcado por el perfeccionamiento de la representación y del gesto; las figuras adquieren volumen
y se logra un mayor dominio de la perspectiva. A la par, la gama de colores aumenta y la tabla comienza
a proliferar y a erigirse en parte esencial de los retablosa.
Por último, la tendencia hispanoflamenca dio espectaculares resultados. Estuvo muy marcada por
los primitivos flamencos. Se desarrolló desde mediados del siglo XIV hasta casi mediados del XVI, fusionándose, como en arquitectura, con la pintura renacentista.
La pintura mural es abundante en nuestra tierra y, aparte de ejemplos recogidos en los museos
provinciales y diocesanos, cabe recordar al menos las de Bierge (San Fructuoso✪✪), Barluenga (San
Miguel✪✪), Ibieca (San Miguel de Foces✪✪✪) y Liesa (Nuestra Señora del Monte✪), además de las
de la sala capitular de Sigena✪✪✪, hoy en el Museo de Arte de Cataluña, en la provincia oscense.
En la de Zaragoza, Daroca (ábside de San Miguel✪), La Almunia (ermita de Santa María de Cabañas✪✪), Sos del Rey Católico (iglesia de San Esteban✪) y Uncastillo (iglesia de San Juan✪). En Teruel, destacan las de Alcañiz (torre del homenaje del castillo✪✪✪).
La pintura sobre tabla prolifera a lo largo del siglo XV. Buena parte de esta obra está en el exilio,
fundamentalmente en Barcelona (Museo de Arte de Cataluña) y Lérida (Museo Diocesano). Son
ejemplos notables de retablos los de Alquézar (colegiata, de Santa Ana✪✪), Benabarre (de Santa
Elena✪), Bolea (mayor✪✪✪) y Siresa (cuatro de la iglesia de San Pedro✪✪); en Zaragoza, Anento
(de San Blas✪), Calatayud (de la Epifanía de la colegiata✪), Daroca (de las iglesias de San Martín✪✪
y de San Pedro✪✪), Ejea de los Caballeros (de Santa María); Luesia (de San Blas), Morata de Jiloca
(ermita de la Santa Cruz✪✪), Paracuellos de Jiloca (de San Blas y la Magdalena✪), Tarazona (de los
Pérez Calvillo✪✪), Torralba de Ribota (conserva varios notables✪✪), Uncastillo (mayor de San Martín), Villarroya del Campo (parroquia✪✪). En Teruel, son de destacar los ejemplos de Rodenas (iglesia
de San Juan✪✪) y Rubielos de Mora (de la vida de Cristo de la parroquia✪✪✪).
Los libros iluminados más destacables se hallan en las bibliotecas de las catedrales de Huesca✪✪,
Tarazona✪✪ y Zaragoza✪✪, destacando el Vidal Mayor✪✪✪, conservado en la Fundación Paul Getty
de Santa Mónica (California), editado en facsímil por el Instituto de Estudios Altoaragoneses.
267
ARTE RENACENTISTA
(ARQUITECTURA)
Aunque anterior en el tiempo, la expansión catalano-aragonesa en el Mediterráneo
originó una fructífera relación con Italia desde la época de Alfonso V, relación que se
acentuó durante los gobiernos de los Reyes
Católicos y de Carlos I, lo que influyó decisivamente en la cultura hispana a través del
Renacimiento. Esta etapa de la historia de Occidente causó un profundo seísmo que acabó
con las estructuras medievales.
Interior renacentista de la iglesia parroquial de Fuentes de Ebro
El Renacimiento desplazó los intereses
artísticos e ideológicos hacia el ser humano, la Naturaleza, la vida terrena y el clasicismo grecorromano,
y, aunque Dios no quedó olvidado, abandonó su condición medieval para adquirir una dimensión más humana. Este nuevo sentido de la vida se plasmó en un arte que trató de imitar primero y de superar después
los modelos del arte heleno y romanoa. Las características básicas del arte renacentista en arquitectura
son la horizontalidad, el uso de la perspectiva, el empleo del arco de medio punto, la recuperación de las
proporciones, los modelos y los órdenes clásicos. En Aragón, como en el resto de España, el renacimiento
tuvo personalidad propia y compleja debido a la permanencia del góticoa y del mudéjara.
Estos rastros se pueden ver en algunas de las iglesias consideradas de gótico tardío pero con influencias renacentistas, como las de Longares o Leciñena, o las denominadas iglesias de los Reyes Católicos
(parroquial de Sádaba, San Carlos de Zaragoza). Pero donde más destaca el Renacimiento en nuestra tierra
es en palaciosa, en casas consistorialesa y en lonjasa. Algunos de estos edificios se acompañan de magníficos patiosa, como el de la Infanta.
Las iglesias renacentistas aragonesas, que son muchas, suelen responder a dos modelos, aunque
con variantes en cada caso: a) las llamadas de salón, con una o varias naves: catedral de Barbastro✪✪,
colegiatas de Daroca✪✪ y Bolea✪✪, Santiago de Albarracín, Ariza, Calcena, Fuentes de Ebro✪✪,
Fuentes de Jiloca, Longares, Magallón, etc.; y b) las de tipo Reyes Católicos, de una sola nave con
capillas poco profundas en los laterales: Agón, Albeta, Bisimbre, Cedrillas, Cretas, Fuendejalón✪✪,
Maleján, Tabuenca, Sádaba, San Carlos✪✪ de Zaragoza, Santa Eulalia del Campo o cartuja de Aula
Dei, entre otras. Ejemplos de portadas renacentistas añadidas a edificios de otros estilos son: Santa
Engracia de Zaragoza✪✪ y Santa María de Calatayud✪✪, ambas de alabastro, la parroquial de Cretas,
la parroquial de Andorra✪✪ y Santo Domingo de Alcañiz. Cimborrios renacentistas los podemos
ver en la Seo de Zaragoza o en Tarazona.
Dentro de la arquitectura civil, es el momento culminante de las lonjas, de las casas consistoriales y de los patios. Las lonjasa renacentistas señeras son, sin duda, la de Alcañiz✪✪, en el hermoso
marco de la plaza de España, y la de Zaragoza✪✪✪, levantada a imitación de la lonja de Palma de
Mallorca. Aparte de la poblaciones de realengo, la gradual emancipación durante el siglo XVI de las
poblaciones de señorío dotó a nuestra tierra de magníficas casas consistorialesa, repartidas por todo
Aragón. Son ejemplos señalados las de las ciudades de Borja✪✪, Calatayud✪, Jaca✪✪ y Tarazona✪✪;
las de Bielsa✪, Graus✪✪ o Torrijo✪✪ de la Cañada; y las del Bajo Aragón histórico: Alcañiz✪✪, La
Fresneda✪✪✪, Mazaleón✪✪ o Valderrobres✪✪. Son, asimismo, innumerables los patiosa de muchas
de las casas de la nobleza y alta burguesía, que cabe ejemplificar con el de la Infanta✪✪✪ de Zaragoza.
268
ARTE RENACENTISTA
(ESCULTURA)
La escultura renacentista, al igual que la arquitectura
y la pintura, tomó como referencia los espléndidos modelos
de Grecia y Roma, de modo que las representaciones escultóricas se caracterizan por la proporción, la simetría, la búsqueda de la belleza clásica y el escrupuloso respeto a la
anatomía humana. Estos rasgos se encarnaron en piedra,
mármol o alabastroa en forma de bustos, desnudos, estatuas
de cuerpo entero, relieves y conjuntos escultóricos escenificados para retablos. Naturalmente, los escultores del XVI interpretaron desde sus peculiares puntos de vista estos
fundamentos, según su personalidad, su adscripción geográfica y las influencias a las que estuvieran sometidos. En España, debido al peso de la Iglesia, apenas se realizaron ni
desnudos ni temas mitológicos.
En Aragón, los escultores tanto autóctonos como foráRetablo renacentista del altar mayor
de la parroquial de Sádaba
neos trabajaron fascinados por el clasicismo italiano, pero
también estuvieron influidos por los escultores góticos y flamencos, sobre todo en el periodo inicial; de ahí que algunos
estudiosos etiqueten con el nombre de plateresco a las manifestaciones artísticas de entre finales del siglo
XV y comienzos del XVI en las que se entremezclan el gótico tardío con el Renacimiento.
Entre algunas peculiaridades de la escultura renacentista aragonesa, se podrían citar el peso de los
temas religiosos sobre los profanos; el afán de los artistas por representar de la manera más fidedigna
posible la expresividad y la preferencia por la confección de retablos, sillerías, portadas, imaginería y, en
menor medida, sepulcros. En cuanto a los materiales, una singularidad de la escultura aragonesa es el empleo del alabastro, material que ha dejado obras de impresionante belleza y que junto a la maderaa, y más
tarde el yeso, es el soporte principal.
Dada la gran cantidad de obras repartidas por todo Aragón, se hace difícil elegir ejemplos sin
herir susceptibilidades, pero hay que arriesgarse.
Entre las portadas, cabe destacar las de Santa Engracia✪✪✪ de Zaragoza y Santa María✪✪ de
Calatayud. De entre los abundantes y magníficos retablosa, deben aparecer, sin duda, los del Pilar✪✪✪, mayor de la iglesia de San Pablo✪✪✪, mayor de la iglesia de San Miguel de los Navarros✪✪,
de la Visitación de la iglesia de San Juan y San Pedro, y capillas de San Agustín✪✪ y de San Bernardo,
ambas de la Seo de San Salvador, todos en Zaragoza capital; en la provincia, son ejemplos destacados
el retablo mayor de la iglesia de Longares✪ y el mayor de la de Sádaba✪✪. En la provincia oscense,
son dignos de mención el retablo mayor firmado por Forment en la catedral de Huesca✪✪✪, el mayor
de la catedral de Barbastro✪, el del altar mayor de la iglesia parroquial de Sallent y tres de sendas capillas de la catedral de Jaca: de la Trinidad✪✪, de San Miguel✪✪ y de San Jerónimo. En la provincia
turolense, magnífico es el firmado por Gabriel Joly en la catedral de Teruel✪✪✪.
Son de destacar las silleríasa de la iglesias de San Pablo✪ y del Pilar✪✪ de Zaragoza, la plateresca
labrada en nogal de San Martín✪ de Uncastillo y la de la catedral de Huesca✪. En trascoros, el de la
Seo de Zaragoza✪✪ es el más significativo, sirviendo de ejemplo de patioa el de la Infanta✪✪✪ de
Zaragoza. Significar por último al menos el relieve de la coronación de Carlos V en el ayuntamiento✪✪✪ de Tarazona.
269
ARTE RENACENTISTA
(PINTURA)
La pintura renacentista comienza a sustituir paulatinamente a la gótica durante el primer cuarto del siglo XVI.
En esa transición y mezcla de las tendencias góticas con las
renacentistas se originaron interesantes resultados que hicieron de la pintura renacentista hispana algo distinto de la
italiana, proceso en el que tuvo mucho que ver la influencia
de la pintura flamenca y germánica.
Entre las características generales más relevantes de
esta nueva pintura, plasmada en telas, tablas y retablosa,
destacan el interés de los pintores por reflejar la belleza
según los cánones clásicos; la preocupación por pintar a los
seres humanos de manera natural, para lo cual los artistas
se sumergen en el estudio de la anatomía y no dudan en representar desnudos; la integración de la figura humana y del
paisaje o el empleo de la perspectiva. Los temas fueron miParroquia de Alagón: retablo del Calvario
tológicos y alegóricos. Estos temas, pintados preferentemente al óleo, aparecieron solos o como parte de composiciones religiosas. Asimismo, un género muy recurrente fue el del retrato. En España y en Aragón, en
contraste con Italia, primaron los temas religiosos (Cristo, la Virgen) y apenas se cultivó el desnudo.
Dentro del reino, fue la ciudad de Zaragoza la que aglutinó a la mayor parte de los pintores, aunque
no desdeñaron trabajar en la provincia y en zonas limítrofes, como Navarra y Soria. En la zona oriental, la
pintura de esta época recibió bastante influencia de Cataluña, tal como se ve en el retablo de la iglesia de
Capella, en tanto que en la provincia turolense la influencia fue levantina.
Dada la gran cantidad de pintura existente, la selección es casi imposible, de modo que se pondrán ejemplos para aprender a distinguirla. Aunque no muy abundante, existe pintura mural renacentista de la que son ejemplos interesantes la catedral de Tarazona✪ (bóveda de la capilla mayor y
el apostolado de la capilla de la Purificación), la cartuja de Aula Dei✪ en Zaragoza, la iglesia de San
Andrés✪ de Uncastillo y la parroquial de Mirambel.
De la pintura en tabla, casi toda ella de carácter religioso y mitológico, destacan varios retablos
repartidos por todo Aragón. Del primer renacimiento gotizante destacan el retablo del Calvario de
la parroquial de Alagón✪✪, y el retablo de Santiago de Grañén✪✪, de Pedro Aponte, influido por
Durero. Las iniciales influencias italianas hallan en el retablo de San Juan Bautista✪✪ (catedral de
Tarazona, de Jerónimo Cosida) un ejemplo importante, mientras que el estilo del italiano Tomás Peliguet y sus imitadores lo podemos ver en los retablos de San Miguel✪ de Biota y San Babil✪ de Calcena. Un paso adelante en la evolución pictórica renacentista lo dará otro italiano, Pietro Morone,
con el que Miguel Ángel entra en Aragón, dejando su huella en las pinturas murales de la capilla de
San Miguel✪✪ de la Seo zaragozana, y en los retablos de Paracuellos de Jiloca✪ y de la Magdalena y
San Miguel de Tarazona; la versión miguelangelesca del evolucionado Peliguet y sus seguidores hallan
sus mejores versiones en los retablos de San Antonio Abad✪✪ de La Muela y el mayor de la parroquial de San Mateo de Gállego✪✪. De la última etapa pictórica renacentista, rozando ya la pintura
barroca siguiente, cabe destacar la figura de Rolán de Mois, presente en todo Aragón, del que señalaremos la capilla del obispo Pedro del Prado, en la iglesia de San Andrés✪✪ de Uncastillo.
270
ARTE BARROCO
(ARQUITECTURA)
Entre mediados del siglo XVI y finales
del siglo XVII, España muestra preocupantes
síntomas de decadencia. La potencia imperial
—repleta de hidalgos pobres, vagabundos, pícaros, conversos, cristianos viejos y nobles corruptos— acostumbrada a vivir del oro americano, con escasa industria, malas cosechas
y poca y mal instruida población se desangra
en guerras europeas para defender la fe caEn la iglesia parroquial de Peralta de la Sal
armonizan perfectamente el arte barroco y el mudéjar
tólica y el espíritu de la Contrarreforma. Esta
fe es fanáticamente defendida por la Inquisición que condena en tremendos autos de fe a potenciales enemigos y conversos. Estos actos, a medio camino entre el oficio religioso y el espectáculo, se complementan con expresiones exageradas de aparente
religiosidad, como procesiones o autos sacramentales. Todos estos factores conformaron una cultura muy
ambigua y teatral, espiritual y materialista, profunda y al tiempo superficial que encontró expresión en el
arte barroco, caracterizado por ser la apoteosis de las formas y la deformación de los modelos clásicos
procedentes del Renacimiento. Este estilo junto al mudéjar es el más característico y personal de Aragón
y posee numerosas muestras por toda la región.
De entre sus peculiaridades, frente al barroco de otras regiones, destaca el uso del ladrillo y el yeso,
además de la incorporación de elementos mudéjares, como las lacerías de yeso que ornamentan cúpulas
y bóvedas. La planta predominante en el barroco aragonés es la de Vignola, típica de las iglesias jesuíticas.
Se caracteriza por tener una gran nave central con varias capillas laterales y con una cúpula sobre el crucero, estructura visible en el gran templo del Pilar de Zaragoza. La impronta del barroco en nuestro país
ha sido tal que como estilo artístico sobrevivió hasta bien entrado el siglo XVIII.
A la hora de singularizar iglesias barrocas, no podemos olvidar en Zaragoza las Fecetas✪✪, San
Ildefonso✪✪, las fachadas de San Cayetano✪ y San Felipe✪, la basílica del Pilar✪✪✪ y el súmum del
barroco zaragozano, la iglesia del seminario de San Carlos✪✪✪. Pero sería injusto olvidar magníficos
ejemplos de la provincia, como las parroquiales de Brea✪✪ e Illueca✪✪ o la colegiata del Santo Sepulcro✪✪ de Calatayud.
En tierras oscenses, la parroquial de San Lorenzo✪✪ es un buen ejemplo, pero no puede haber
ejemplo mejor que el de la sorprendente parroquial de Peralta de la Sal✪✪✪, tan ligada a San José
de Calasanz, muestra inequívoca de cómo la decoración mudéjar de entrelazo pervive en el barroco
aragonés claramente interiorizada. En el Sobrarbe, se está recuperando afortunadamente la iglesia
del otrora importante monasterio de San Victorián✪✪.
En el sur turolense son excelentes ejemplos la iglesia parroquial de Cantavieja✪✪; la ermita del
Pilar✪✪ en Hinojosa de Jarque o la colegiata de Santa María✪✪ de Alcañiz, sin olvidar las abundantes
portadas-retablo✪ de las iglesias bajoaragonesas, simbolizadas por las de Valjunquera, Valdealgorfa,
Belmonte o Mas de las Matas.
Merece la pena una mención especial a la ruta del Barroco del Campo de Belchite✪✪, excelente
iniciativa que lleva a visitar cinco iglesias, seis ermitas, un convento y siete torres de Lécera, Codo,
Moyuela, Plenas, Moneva, Belchite, Letux, Almonacid de la Cuba y Samper del Salz.
271
ARTE BARROCO
(ESCULTURA)
La atormentada creatividad y el manierismo de Miguel Ángel fueron claves para que
el clasicismo contenido del Renacimiento derivara hacia formas más arriesgadas durante
el siglo XVII. Entre los rasgos de la nueva escultura barroca se suelen apuntar la expresividad y el dinamismo de las figuras —hasta el
punto de dominar los escorzos, forma de representación en que la posición del cuerpo
humano está forzada—, consiguiendo de este
modo perspectiva, tensión, efectos de luces y
sombras, dramatismo e independencia.
Retablo barroco de la capilla de San José,
en la iglesia de San Carlos Borromeo de Zaragoza
Temáticamente, existen variaciones nacionales, de modo que mientras en Italia continúan esculpiéndose representaciones mitológicas, en España imperarán los temas religiosos, en coincidencia con las ideas
de la Contrarreforma. En Aragón la obsesión por trasladar lo religioso a todos los aspectos de la vida desarrolló enormemente la imaginería para iglesias y pasos de Semana Santa, siendo habituales imágenes
de Cristo, la Virgen sufriente y la Asunción, además de la representación de santos de la tierra.
Artesanos y escultores esculpieron estas obras para los habituales retablosa, silleríasa, portadas y
los novedosos baldaquinosa empleando, según el encargo y los medios, la maderaa, el yeso, la piedra, el
mármol —de Carrara es el de la Santa Capilla del Pilar—, el alabastroa, más raramente el marfil, el barro
(Cristo yacente en el Santo Sepulcro de Borja) y hasta el cartón. Inicialmente, estas obras se debieron a
gremios de artesanos, algunos agrupados en la cofradía de San José, aunque poco a poco fueron surgiendo
academias oficiales que acabaron por imponer un estilo más depurado y academicista en el siglo XVIII.
Sin entrar en autorías y teniendo en cuenta los incontables ejemplos repartidos por todo Aragón, podemos destacar la escultura barroca que poseen los tres museos provinciales y los diocesanos.
Además, en Zaragoza, la Seo y su museo atesoran variados ejemplos (portada, estatuas de la torre,
capilla e imagen de San Pedro de Arbués✪✪; retablo de Santa Elena, escultura de Santo Tomás de
Villanueva, etc.), el Pilar (Santa Capilla del Pilar✪✪✪, retablo de San Agustín✪✪ y pequeños Cristos de marfil en la sacristía). Existe escultura barroca en las iglesias de San Felipe, Santiago, San
Carlos Borromeo✪✪ (capilla de San José), la Magdalena, San Gil, Escolapios (Santo Tomás y Santo
Domingo), Santa Isabel, Hospital de Nuestra Señora de Gracia (San Antonio Abad), y San Miguel
de los Navarros (estatua de San Miguel). En la provincia, Illueca (retablo mayor de la parroquial✪✪),
Longares (Ecce Homo atribuido a Alonso Cano), Mallén (Cristo atado a la columna), Magallón,
Borja (magnífico Cristo yacente de la ermita del Santo Sepulcro y retablo mayor✪✪✪ de la colegiata,
obra de los Mesa), Daroca (grupo de la Virgen en el baldaquino de la colegiata), Abanto (retablo de
la parroquial✪✪, donde se combinan pintura, relieve y escultura) y Calatorao (bustos de la Virgen
y San Juan del Centro Parroquial).
En Teruel, existen muestras importantes en Alcañiz (tanto en la colegiata como en la iglesia
del Carmen) y Gea de Albarracín (retablo✪✪). En la provincia oscense, Huesca (iglesia y retablo
del Rosario de Santo Domingo✪✪ e iglesia de San Lorenzo✪✪), Jaca (retablo de la Trinidad de la
catedral✪✪) y Loarre (capilla de San Demetrio).
272
ARTE BARROCO (PINTURA)
La pintura barroca es difícil de caracterizar, y la complejidad para establecer rasgos comunes se halla en la existencia de varias escuelas, como la flamenca, la italiana y la
española que se influyen mutuamente y que poseen personalidades tan geniales y variadas como Velázquez, Caravaggio, Rembrandt, Vermeer o Rubens, por citar solo a algunos
de los grandes maestros.
Cada escuela tuvo singularidades. Así, en la pintura flamenca predominaron escenas burguesas y cotidianas debido
al desarrollo urbano y a la huella del protestantismo. Por su
parte, los italianos se debatieron entre el tenebrismo de Caravaggio y el clasicismo colorista de los venecianos y napolitanos. Estos últimos inspiraron a pintores aragoneses del
XVIII como Luzán, mientras la magnífica pintura española,
alentada por el espíritu de la Contrarreforma, cultivó temas
religiosos —Inmaculada, San Jerónimo, crucifixiones, místicos, santos de la tierra, Santos Padres— que se avinieron bien,
en consonancia con la paradoja barroca, con retratos de curiosos tipos humanos, bodegones, naturalezas muertas, paisajes, alegorías y reinterpretaciones mitológicas.
Retrato de Vicencio J. Lastanosa,
en la capilla catedralicia de San Orencio
y Santa Paciencia de Huesca
Pese a esta variedad, suelen darse características formales comunes para la pintura barroca, como el
deseo de realismo, la profundidad, el predominio del color, el movimiento y el juego de luces y contrastes.
Como no podía ser de otra manera, la pintura barroca aragonesa compartió rasgos con la española, evolucionando a la par y derivando en el XVIII en una pintura más académica, vinculada a la Academia de San
Luis y a José de Luzán. Esta pintura llegó a tocar a Bayeu e incluso a Goya. En Aragón tenemos buenas
muestras de pintura barroca tanto en muro como en tabla.
Aparte de los museos provinciales de Bellas Artes, dos edificios destacan de los demás: la iglesia
de la Mantería✪✪ de Zaragoza (conocida como iglesia de las Escolapias, decorada por Claudio Coello) y la Seo zaragozana✪✪✪, en la que abundan los ejemplos en sus múltiples capillas.
Aragón es una auténtica pinacoteca barroca en la que están representados Claudio Coello✪✪;
Galbán (Épila, San Juan de la Peña, la Seo); Ximénez Maza (la Seo, el Pilar, Longares), Lupicini (la
Seo), Juan Zabalo (la Seo); el interesante Jusepe Martínez✪✪ (la Seo y San Miguel de los Navarros
de Zaragoza, parroquial de La Almunia, convento de Predicadores de Ayerbe, Santa María de Uncastillo, San Lorenzo y catedral de Huesca); José de Luzán✪✪ (monasterio de la Oliva, en Ejea de
los Caballeros, catedral de Huesca, iglesia de la Santa Cruz de Zaragoza, parroquial de Ribota, San
Miguel de Ateca o santuario de Monlora); Rafael Pertús (parroquial de Longares); Vicente Berdusán✪✪ (Santo Domingo de Daroca, Los Fayos, catedral de Huesca, Gea de Albarracín, Villafranca
de Ebro, Magallón, Maluenda, Ojos Negros); Bartolomé Vicente✪✪ (Calatayud, San Pedro el Viejo
y San Lorenzo de Huesca, seminario de San Carlos y Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza); Pedro Aybar (colegiata de Santa María de Calatayud y Farasdués); Pedro García Ferrer (iglesia zaragozana de San Carlos Borromeo); Francisco del Plano (capilla de San Lorenzo del Pilar);
Jerónimo Secano (convento de Capuchinas y San Pablo de Zaragoza). Algunos consideran barrocas
las pinturas de Goya✪✪✪ para la parroquial de Remolinos, las de la ermita de la Virgen de la Fuente
en Muel, las de San Juan el Real de Calatayud, las de Aula Dei y la bóveda del Pilar.
273
ARTE NEOMUDÉJAR
Todas las tierras que en cuatro años de
comienzos del siglo VIII pasaron a depender
de la nueva administración musulmana en el
solar que luego sería Aragón habían sido recuperadas por los cristianos en el siglo XIII
tras cinco siglos de Reconquista. Los judíos y
buena parte de los musulmanes, ahora en calidad de sometidos —mudéjares—, se quedaron en el reino.
Sabido es como, tras varios siglos de
La escalinata de Teruel constituye un magnífico ejemplo
convivencia, los judíos aragoneses fueron exdel arte neomudéjar aragonés
pulsados en 1492, dando origen al curioso fenómeno de los sefarditas. La presión sobre los
moros —los mudéjares— también se hizo cada vez mayor, de modo que en 1526 se les obligó a convertirse
al cristianismo o marchar. Los nuevos conversos fueron conocidos como moriscos o cristianos nuevos,
hasta que en 1610 se les conminó a abandonar también el país, lo que originó un enorme vacío tanto por
su número como por su cualificación como agricultores.
Tras su exilio forzoso, se dio el hecho curioso de que la arquitectura mudéjar no solo no desapareció,
sino que amplió sus límites por todo Aragón, sobrepasando incluso sus fronteras.
Palaciosa para la alta nobleza, edificios públicos, conventos y colegios e iglesias al estilo mudéjar se
distribuyen por doquier durante los siglos XVII y XVIII para decaer en el XIX. No obstante, a finales de la
decimonovena centuria y primeros años del siglo XX, con el auge de los nacionalismos y el romanticismo
en boga, que retorna a los valores propios tradicionales, surge en Aragón un estilo neomudéjar del que
nos han quedado múltiples ejemplos todavía vivos en su mayor parte.
Cuando teóricamente no queda ni un solo morisco en nuestra tierra, multitud de iglesias y palacios son decorados con yeserías en bóvedas, púlpitos y bocas de capilla, como puede verse en las
bóvedas de las iglesias de Brea de Aragón e Illueca, o en las iglesias zaragozanas de San Ildefonso y
las Fecetas de Zaragoza, o más al norte, en la iglesia parroquial de Peralta de la Sal.
Son ejemplos señalados de esta corriente neomudéjar, en parte, el actual Paraninfo universitario✪✪, antiguo edificio de las Facultades de Medicina y Ciencias, diseñado por Ricardo Magdalena
e inaugurado en 1895, y el Antiguo Matadero Municipal✪ de Zaragoza (1880-1884) del mismo arquitecto. La Plaza de Toros de la Misericordia✪, reformada en 1916, tiene influencias musulmanas,
que son mayores en el edificio de Correos y Telégrafos✪ de Zaragoza, del arquitecto Antonio Rubio
(1926), y la Academia General Militar✪ inaugurada en 1928.
Pero el monumento más cargado de neomudejarismo lo constituye la llamada escalinata✪✪✪
de Teruel, que sirve de entrada a la ciudad desde la estación de ferrocarril salvando un considerable
desnivel hasta la explanada del Óvalo. Es obra del arquitecto turolense José Torán, que la realizó en
1921.
274
ARTE NEOCLÁSICO
Durante el siglo XVIII triunfa el Neoclasicismo, muy definido por la imitación de los modelos clásicos y por el rechazo de los excesos barrocos. El nuevo arte se basa en la
proporción geométrica, en la pureza de líneas, en el predominio de lo funcional sobre lo decorativo, así como en la sencillez y la simetría. Entre los elementos arquitectónicos,
predominan las columnas, los frontones y las cúpulas que
siguen los órdenes de la Antigüedad. En la pintura, junto a
temas solemnes —los mitológicos e históricos— se desarrollan temas amables y cotidianos en escenarios naturales que
invitan a la sensualidad y vitalismo, tal como muestra la primera pintura de Goyaa. Por su parte la escultura ofrece rasgos similares a la arquitectura con predominio de la temática
histórica, conmemorativa y religiosa. Todos estos rasgos artísticos son, en cierto sentido, un reflejo de las tendencias
racionalistas y sensualistas de la cultura de la Ilustración.
La iglesia de Orihuela del Tremedal
muestra su neoclasicismo emergiendo
En Aragón como en España, el arte neoclásico se retrasa
por encima del caserío
algunas décadas debido a la persistencia del Barroco, de
modo que en las primeras obras se aprecian mezclas de elementos neoclásicos y barrocos, tal como en la remodelación de la basílica del Pilar realizada por Ventura
Rodríguez o en la obra pictórica de los Bayeua.
En el último tercio del siglo XVIII, el fuerte impulso de la Ilustración —merced al conde de Aranda o
Ramón Pignatelli, a tratadistas como Luzán o a instituciones como la Real Sociedad Económica de Amigos
del Paísa— significó la definitiva implantación de este estilo, muy ligado al reformismo ilustrado que aún
influyó en las primeras décadas del XIX, con huella en edificios de estilo historicista. De este brillante
periodo nos han quedado valiosas huellas patrimoniales.
En Zaragoza, las mejores muestras están vinculadas al Canal Imperiala (iglesia de San Fernando✪✪, casa del Canal Imperial [plaza de Santa Cruz], edificio Pignatelli✪✪, sede de la DGA, o la
fuentea de los Incrédulos✪). En el entorno de las plazas de la Seo y del Pilar hay mucha huella
neoclásica: la Seo (la portada principal), el Pilar (capilla de la Virgen✪✪, el baldaquinoa) y palacio
arzobispal✪a. Otras construcciones zaragozanas son Puerta del Carmen✪, palacioa de los condes de
Sobradiel✪, el remozado palacio de Palafox✪ y, vinculado también a los Sitios, es el cuartel de Pontoneros y la iglesia de Nuestra Señora de Altabás reconstruida en el siglo XIX sobre moldes neoclásicos; la cartujaa de Aula Dei (pinturas); la antigua Capitanía General✪✪ (fachada). En la provincia;
Ariza (palacio de los marqueses de Ariza✪✪), Calatayud (palacio del barón de Warsage✪), Pastriz
(palacio de la Alfranca✪), y Remolinos (iglesia de San Juan Bautista).
En Teruel capital (ermita del Santo Cristo); en la provincia, las iglesias de Frías de Albarracín✪,
Linares de Mora✪, Orihuela del Tremedal✪✪ y Pitarque✪. En Calanda (casa Fortón Cascajares✪) y
en Rubielos de Mora (casa de los Barberanes✪✪).
En Huesca capital, el baldaquino de la catedral (actualmente en Robres); en la provincia, Estadilla (palacio de Abad y Lasierra✪✪ y fuente); en Graus (casa consistorial✪✪, con pinturas de influencia noeoclásica), Lanaja (cartuja de las Fuentes✪✪); San Juan de la Peña (panteón real✪).
275
ALERO
La función primordial de un alero —parte saliente del tejado de un edificio— es proporcionar sombra y, sobre todo, impedir que
el agua de la lluvia caiga sobre la fachada. Ello
quiere decir que existen innumerables en todo Aragón, pero naturalmente aquí interesan
los típicos aleros de la arquitectura histórica
aragonesa que destacan por su belleza. En su
composición se emplearon materiales tan diversos como maderaa, yeso, piedra o ladrillo,
aunque los más valorados sean los de madera.
Alero del palacio de los Argensola en Barbastro
El origen de estos aleros ornamentados parece hallarse en el arte musulmána de inspiración califal,
pasando luego al arte mudéjara que los extendió por todo tipo de edificios aragoneses, en los que se mantuvieron como elemento distintivo hasta el siglo XVIII. La concepción historicista de la arquitectura, a principios del siglo XX, los recuperó de nuevo.
La tipología de los aleros es muy variada, casi tanto como la fantasía de sus artesanos. Se suelen clasificar según los estilos de la historia del arte (mudéjar, gótico, renacentista, barroco), pero también según
su estructura y elementos.
Los aleros mudéjares (siglos XIV y XV) poseen decoración sencilla, y los hay tanto de madera como de
ladrillo, con profusión de formas geométricas. Los renacentistas emplean motivos clásicos, como piñas,
hojas de acanto o escudos, motivos que serán mucho más abundantes y exagerados en el Barroco, época
esta en la que destacarán los aleros construidos con callizo y yeso, como el de la lonja de Alcañiz (siglo
XVIII). De piedra —empleada en las zonas más frías— es el alero del palacio de Morata de Jalón del siglo
XVIII.
Como se comprenderá, es difícil hacer una lista y mucho menos valorarla. Así es que los que
aquí aparecen lo son solo a modo de ejemplo, tratando de que este elemento constructivo-decorativo
no pase desapercibido cuando deambulemos por las calles de cualquiera de nuestros pueblos.
La ciudad de Huesca atesora muchos: los hay renacentistas (casa de Canónigos, ayuntamiento,
casa Climent) y barrocos (colegio imperial de Santiago, casa de Claver o casa de los condes de
Guara). En Barbastro destaca el palacio de los Argensola, y, en su somontano, el monasterio de Casbas.
Teruel capital también es rico en aleros, entre otros el del palacio de los marqueses de la Cañada,
casa del Deán, palacio de los marqueses de Tosos, casa de la Comunidad o convento de Carmelitas.
En la provincia, pueden servir de ejemplos la casa consistorial de Valderrobres o la lonja de Alcañiz.
La ciudad de Zaragoza ofrece una lista enorme, lo que obliga a resumir: el palacio de Fuenclara
(gótico), casa de la Maestranza, casa Huarte, casa de los Luna, casa de Palafox, la seo de San Salvador,
la lonja (madera, renacentista), el palacio de Sástago (renacentista, madera), palacio de Montemuzo,
palacio Condes de Argillo, Real Seminario de San Carlos (ladrillo), casa de los Morlanes (ladrillo)
o Facultad de Medicina y Ciencias-Paraninfo (siglo XIX). En la provincia, la casa consistorial de
Borja, San Pedro de los Francos (Calatayud) o Santa María de Maluenda.
También los hay modernos, como Correos (1926) o el colegio de Gascón y Marín (neorrenacentista, 1915), ambos de Zaragoza; casa Ferrán (1910), el ex casino turolense (1922), Correos
(1922), en Teruel.
276
AZULEJO
El azulejo es una pieza plana, por lo general cuadrada y de poco espesor, que se fabrica básicamente con arcilla y sílice. Su superficie puede adquirir gran vistosidad en virtud de su esmalte, motivos y colores. Dos circunstancias han hecho de la azulejería una
parte muy valiosa de nuestro patrimonio: la
arcilla del valle del Ebro y la habilidad de los
artesanos musulmanes para vidriarla.
La tradición y las técnicas del vidriado
Exterior de la parroquieta de la Seo de Zaragoza
moras perduraron en los alfares mudéjares
que crearon azulejos barnizados con estaño
para decorar torres, cubrir muros y fachadas
y revestir suelos. Sus azulejos fueron de dos tipos: planos, de un solo color, y con relieve, denominados de
cuenca o de arista. En cuanto a los motivos más empleados en los azulejos planos fueron dominantes los
dibujos geométricos pintados en un solo color. En Teruel, dominaron indistintamente el color verde-morado
o el azul. Más adelante, los mudéjares dibujaron temas heráldicos y vegetales (exterior parroquieta de la
Seo). A partir del siglo XVI dominaron los azulejos de arista de varios colores, tal como se ven en la iglesia
de Tobed o en Santa María de Utebo.
Con la expulsión de los moriscos en el siglo XVII se impuso el azulejo plano, adoptando motivos barrocos hasta el siglo XVIII: de entonces hay curiosas lápidas y comienza a usarse como placa para los nombres de las calles. La azulejería experimentó cierto renacer a finales del siglo XIX y comienzos del XX
recuperada por arquitectos y artesanos historicistas. Hoy continúa la tradición en varios alfares. El geógrafo
árabe El Idrisi, en viaje por el Aragón del siglo XII, elogió el efecto de la cerámica que resplandecía en los
alminares de Calatayud. No es de extrañar, pues pocas cosas hay tan bonitas como el reflejo del sol poniente
en los azulejos de una torre mudéjar.
Al norte del Ebro no es corriente la azulejería, pero la podemos ver, por ejemplo, en el suelo
de la capilla del Sacramento✪ de la catedral de Huesca. Teruel, ¿sería Teruel✪✪✪ sin las torres con
azulejos de Santa María de Mediavilla, San Pedro, San Martín y del Salvador? Digna de ver es la solería del castillo de Albalate del Arzobispo✪ (siglo XIV), pero tampoco desmerecen los ejemplos de
los siglos XVI y XVII: camarín de la virgen en Santa Eulalia del Campo✪ o torre de Muniesa✪✪.
Del siglo XX es ejemplo magnífico la escalinata✪✪ de Teruel.
Los siglos XIII-XIV nos legaron en la capital zaragozana las torres de San Gil✪ y de la Magdalena✪✪ y el muro de la parroquieta de la Seo✪✪✪; en la provincia, varias torres✪✪ como las de La
Almunia de Doña Godina, Santa María de Ateca, San Miguel de Belmonte de Calatayud, Santo
Domingo de Daroca, Longares y Morata de Jiloca. El siglo XV nos ha regalado el suelo de la capilla
del palacio arzobispal✪ y la solería del Salón del Trono✪ de la Aljafería de Zaragoza. El siglo XVI,
con predominio de la azulejería de arista, nos ha dejado varias solerías (capilla de San Miguel de la
Seo✪, iglesia del monasterio de Veruela✪), muchas torres✪✪ (Aniñón, Tobed, Fuentes de Jiloca, Villamayor, Santa María de Utebo✪✪✪), ermita de Santa Lucía✪ en Campillo de Aragón. De los siglos
XVII-XVIII, aparte de varias capillas en iglesias diversas, son ejemplos San Miguel de los Navarros✪
y Las Fecetas✪ de Zaragoza, la iglesia de la Virgen del Río✪✪ en Tobed o la cúpula de azulejos de la
iglesia de Aguarón✪✪. En el Museo de la Cerámica✪✪ de Muel existen fondos de azulejería en el
que se ven interesantes piezas de arista.
277
BAYEU
Inevitablemente, el nombre de Bayeu evoca al genio de
Francisco de Goya. Sin embargo, los tres hermanos Bayeu
(Francisco —1734-1795—; Ramón —1746-1793— y Manuel
—1740-1809—), en distinta medida, fueron estimables representantes de la pintura aragonesa y española del siglo XVIII.
De los tres, el mejor fue, sin duda, el mayor, Francisco, que
se inició en la pintura con un estilo barroco que poco a poco
derivó hacia un neoclasicismo bastante académico aprendido
del pintor de la corte Mengs. De su pincel surgieron temas
históricos, religiosos y mitológicos.
En 1762, el joven Francisco conoce en Zaragoza a
Mengs, con el que realiza en los años siguientes distintos
proyectos en Madrid. Allí adquiere fama, llegando con el
tiempo a ocupar los cargos de pintor de Carlos III y, al final
de su vida, el de director de la Real Academia de San Fernando. Antes de estos nombramientos, con el fin de obtener
Cuadro de la Asunción, de Francisco Bayeu,
dinero, da clases: entre sus alumnos están Goya y su propio
en la iglesia parroquial de Pedrola
hermano Ramón, que crecerá a su sombra y será su inseparable colaborador. En el taller, Goya conoce a la hermana de
su maestro, María Josefa Bayeu, con la que se casa. Comienza
así una relación profesional y familiar llena de altibajos. Junto al pintor de Fuendetodos, trabajó en las bóvedas del Pilar (1772-1775), no sin conflictos. En esta tarea participó también Ramón.
Más adelante, en 1783, Francisco Bayeu fue requerido por la Real Fábrica de Tapices como director,
donde acude junto a Goya y Ramón. Después de su cuñado, se considera que Francisco Bayeu es el mejor
cartonista de la fábrica que dirige. Tras diversos problemas de salud, la muerte de su hermano Ramón le
afecta profundamente, hasta el punto de que dos años después fallece dejando una obra notable, sobre
todo como dibujante. La obra de Manuel Bayeu tiene una cierta importancia y alternó su condición de
monje con la de pintor de temas religiosos barrocos de mediana factura. La obra de los tres forma parte,
sin duda, de nuestro patrimonio cultural.
La mayor parte de la obra aragonesa de Francisco Bayeu se puede admirar en Zaragoza: iglesias
de Santa Engracia, San Felipe, Santa Isabel, San Ildefonso, cartujaa de Aula Dei, y el Pilar, con cuatro cúpulas. Cuadros suyos se exhiben en el Museo Provincial y en el Museo Camón Aznar. Calatayud
atesora obra suya en San Pedro de los Francos y en el Museo de Arte Sacro, así como la parroquial
de Pedrola. En Huesca está representado en el Museo Provincial.
Ramón Bayeu tiene obra suya en Zaragoza (iglesias de San Gil y Santa Cruz; el Pilar, con tres
cúpulas; Museo de Zaragoza y algunas en colecciones particulares). Asimismo, se puede contemplar
obra suya en Urrea de Gaén, si bien han desaparecido de las iglesias de La Puebla de Híjar y Vinaceite.
El tercero de los Bayeu, Manuel, pintó para su cartuja de Las Fuentes lienzos sobre la vida de
San Bruno (hoy en el colegio de Santiago de Huesca); decoró el presbiterio de la catedral de Jaca;
pintó una serie de retratos de abadesas en los muros del salón del trono del monasterio de Sigena,
desaparecidos en 1936; decoró con siete lienzos la sacristía de la iglesia de San Gil en Zaragoza; y,
hacia 1800, realizó dos grandes cuadros para la iglesia de San Fernando de Zaragoza. Aún puede
verse obra suya en la medio desmantelada cartuja de Las Fuentes, en los Monegros.
278
ESMALTE
La antiquísima técnica del esmalte, testimoniada en varias latitudes mediterráneas,
consiste en aplicar a diversos objetos de cerámica, metal, madera u otras materias una
pasta de composición similar al vidrio. Esta
sustancia, que se obtiene a temperaturas muy
elevadas, otorga a los objetos a los que se decora un extraordinario brillo, además de dureza y resistencia. El esmalte se aplica seco o
mezclado con agua o aceite a la superficie
que se quiere recubrir.
Arqueta esmaltada de influencia lemosina,
custodiada en el Museo de Arte Sacro
de la catedral de Huesca
En Aragón, el esmaltado se aplica desde
la Edad Media tanto a joyas como a arquetas,
retablosa, cruces, cálicesa, cerámica, báculos, etc. Los primeros esmaltes parecen ser los de origen lemosino
y entran en el siglo XIII por Huesca y provincia dada su proximidad a Limoges y perduran hasta el XVII, pasando pronto a Zaragoza. Se caracterizó por el naturalismo de sus escenas en los retablos y por utilizar el
procedimiento del campeado en placas.
La habilidad del esmaltado fue pronto adquirida por artesanos aragoneses, destacando desde el siglo
XV dos magníficas escuelas, las de Zaragoza y Daroca, cuyas obras alcanzaron hasta el siglo XVII.
Estos esmaltes constituyen hoy un rico e inigualable patrimonio, en este caso artístico, motivo de
deleite para quienes se acercan a él con un poco de calma para saborearlo. Esta técnica detallista ha reverdecido en Aragón en el siglo XX contando entre sus artesanos varios artistas de reconocido prestigio
internacional.
De la escuela lemosina, conserva Huesca capital varias arquetas esmaltadas en su Museo Diocesano✪✪✪, todas ellas de notable belleza, destacando, asimismo, el famoso báculo de Roda de Isábena✪✪. De la misma escuela, la Seo zaragozana custodia dos hermosos trípticos, de entre los que
destaca por su composición y colorido el conocido como de la Crucifixión✪✪✪, por ser este el motivo
central del mismo, quizás la obra más importante de Aragón.
Respecto a las obras de artistas autóctonos, sean de la escuela zaragozana o darocense, merecen
ser destacadas varias custodias (como la gótica del pueblo turolense de Tronchón✪✪ o la de plata
dorada con esmaltes de la colegiata de Santa María de Daroca✪✪); cruces (la gótica de plata esmaltada de Linares de Mora, la de bronce de la iglesia de San Martín de Uncastillo✪✪ o la de la parroquial de El Burgo de Ebro✪✪, por ejemplo); cálices (el de la parroquial de Híjar✪✪ del siglo XIV es
una magnífica muestra), relicariosa (sirvan de ejemplo sendas puertas✪✪ de la colegiata de Daroca);
bustos-relicarioa (ejemplo magnífico es el dedicado a san Valero, conservado en la Seo zaragozana);
portapaces (los de la iglesia de Santa Cruz de Zaragoza✪ y la parroquial de Belchite✪ son ejemplo)
y trípticos (el de estilo flamenco de la iglesia de Linares de Mora✪✪✪, con la Crucifixión de Cristo
como motivo central, cuya ubicación no debe extrañar mucho, por cuanto esta población formó
parte del señorío eclesiástico del obispado zaragozano).
279
GOYA
En el campo de la pintura, Francisco de Goya (17461828) es considerado universalmente como un genio que
supo conjugar tradición e innovación. La primera naciole del
análisis de otros grandes maestros (Bosco, Durero, Rembrandt y, particularmente, Velázquez); la segunda fue fruto
de su propia sensibilidad, muy influida por amargas circunstancias vitales: su tremenda sordera, la brutal Guerra de la
Independencia que le tocó vivir, la ruptura del sueño ilustrado en el que había creído y el postrero exilio francés. Todo
ello quedó plasmado en pinturas y grabados de tremenda
expresividad donde aparece un imaginario de pesadilla, poblado de brujas, figuras humanas animalizadas, sorna, violencia desatada, frialdad, crueldad y muerte. La naciente
sensibilidad romántica y más tarde el Impresionismo y el Expresionismo lo asimilarán y se inspirarán en su obra única.
¿Dónde se halla el umbral de esa brutal evolución? ¿Fue un
cambio repentino? ¿Cuándo comenzó a ser un genio?
Una de las pechinas pintadas por Goya
en la iglesia neoclásica de Remolinos
El niño nacido en Fuendetodos, aprendiz de José Luzán,
se educó en el amable clasicismo del francés Mengs, debidamente enseñado por su futuro cuñado, el pintor de la corte Francisco Bayeu. Este clasicismo desembocó
en cuadros pintados en la corte que reflejan la vida cotidiana, la despreocupación castiza y popular de la
aristocracia y las diversiones de majos y majas. Eran momentos de esperanza, cuando la Ilustración pugnaba
por sacar al país de un atraso secular.
En 1789, coincidiendo con la Revolución Francesa, su arte le llevó a ejercer de pintor de la corte. Y su
pintura captó el cambio que comenzaba a manifestarse en el país, cada vez más encerrado en sus habituales
vicios. Súbitamente, en 1792, como si el propio Goya fuera un trasunto de Aragón y de España, contrae
una grave enfermedad que le deja sordo. A partir de ahí, graba los Caprichos y realiza las obras que le han
dado fama universal y que han convertido tanto su persona como su obra en una parte importantísima
de nuestro patrimonio cultural. Artistas aragoneses, como Ramón Acín, Buñuel o Carlos Saura, entre otros
de talla universal, beben en él como él libó en Velázquez.
Aparte del proyectado Espacio Goya que pretende reunir gran parte de su espíritu y de su obra,
las tierras de Aragón, sobre todo las zaragozanas, constituyen un inmenso museo✪✪✪ de obra dispersa,
tanto mural como en tabla. Solo cabe reseñarlas. En Zaragoza capital, existe obra suya en la basílica
del Pilar, en el Museo Provinciala, en el Museo Camón Aznar, en la Real Sociedad Económica
Aragonesa de Amigos del Paísa, en la colección de Ibercaja, en el palacio arzobispala y en la cartujaa
de Aula Dei. En la provincia zaragozana, la ermita de la Virgen de la Fuente de Muel y la iglesia
neoclásica de Remolinos conservan pintadas por Goya las pechinas de sus respectivas cúpulas; en
Alagón, en el antiguo colegio de los jesuitas, hoy casa de la cultura, adorna la bóveda de la escalera;
en Cabañas de Ebro, un retrato de su padre; en Pedrola existen varias obras suyas en el palacio de los
duques de Villahermosa que se pueden contemplar pidiendo cita. Por último, en Fuendetodos, aparte
de su casa natal convertida en museo, la Casa-Museo del Grabado muestra varios grabados de las series de Desastres, Disparates, Tauromaquia y Caprichos.
En Huesca, el Museo Provincial de la capital conserva un bonito retrato y varias litografías de
Los toros de Burdeos, mientras en Esquedas se le atribuye una representación del Padre Eterno.
280
MAZONERÍA
El término mazonería está relacionado con la palabra
masonería, pero ambos vocablos no deben ser confundidos.
Este último término se usó desde el siglo XIX para mencionar
una sociedad secreta cuyos fines parecen coincidir con los
del liberalismo político, pero, antes de que masonería adquiriera tan misterioso significado, la palabra denominó a los
gremios de artesanos de la construcción.
En Aragón, el término mazonería se ha usado para
mencionar las obras en las que albañiles y artesanos empleaban la cal y el yeso para crear molduras, estructuras o
figuras en relieve en techos y retablos, algo similar a lo que
hacen actualmente los escayolistas, pero también se ha utilizado para denominar la talla en madera de las silleríasa de
muchos templos o de la madera trabajada que culmina muchos retablos. La mazonería, pues, se ocupa del moldeado y
tallado de materias como el yeso, la cal y la madera, aunque
Importante mazonería del retablo
de la parroquial de Ibdes
fuera de Aragón también incluyó las labores de modelado de
cálices, cruces o patenas, aparte del bordado realizado con
plata y oro. En un retablo, pues, una cosa es la estructura —la mazonería— y otra las tablas con escenas
de pintura o alabastroa.
El trabajo de los mazoneros aragoneses, gran parte de ellos de origen mudéjar, resultaba bastante
penoso. Requerían de un andamio consistente que pudiera soportar el enorme peso de algunas de las
piezas que debían colocarse en retablos, paredes o techos, piezas que, acopladas previamente en el suelo,
eran izadas con poleas para ser colocadas en su lugar con gran pericia. Estos trabajos se ajustaron a los
estilos artísticos de su tiempo, de modo que existe una mazonería gótica, renacentista o barroca que a
veces es de estilo diferente al de las imágenes que aparecen en el interior del retablo. A finales del XVII la
mazonería va desapareciendo en favor de las imitaciones pictóricas para abaratar costos.
Está claro que el ámbito de la mazonería es enorme, lo que dificulta realizar una selección. Por
ello solo se intentará poner ejemplos de todos conocidos para ayudar a discernir entre mazonería y
pintura-escultura, sobreentendiendo que a veces en un retablo puede haber más arte en el continente
—la mazonería— que en el contenido —las tablas—.
Un buen ejemplo de conjunción entre mazonería, pintura y escultura lo constituye el retablo
de la colegiata de Bolea✪✪✪. La mazonería —el continente— está compuesta de un amplio banco,
una estructura de cinco calles y tres pisos, y un guardapolvo, todo ello tallado al estilo gótico; distribuidas en este entramado, veinte pinturas al temple sobre tabla y cincuenta y siete esculturas de madera policromada. El retablo del monasterio de San Victorián✪✪, conservado en la catedral de
Barbastro, conjuga diecisiete tablas del siglo XVI con escenas de la vida de san Victorián con una
mazonería barroca. Los dos retablos que Forment✪✪✪ labrara en alabastro para el Pilar zaragozano y
para la seo oscense se construyeron con mazonería gótica, quizás por imposición de los respectivos
cabildos, mientras que la imaginería es de estilo renacentista.
A la vista de estos y tantos otros ejemplos posibles está claro que la mazonería en sí es todo un
arte legado como patrimonio, variante esta de la que Aragón es rico.
281
MINIATURA
Durante la Edad Media los monjes —amparados en el
ora et labora de sus reglas— llevaron a cabo la inestimable y
enorme tarea de conservar y copiar manuscritos, con lo que
contribuyeron a salvaguardar gran parte del saber de la Antigüedad. El profundo respeto y amor por los libros y la importancia de algunos documentos llevó a los monjes a
realizar copias con exquisito cuidado, así como a pintar ilustraciones de gran belleza y fantasía —las llamadas miniaturas—, palabra que procede de la latina miniare que designaba
la antigua labor de pintar en rojo las letras capitulares.
Los monjes miniaturistas, con su arte detallista, desplegaron en sus obras una gran fantasía entremezclando motivos de origen vegetal, animal y humano con escenas bíblicas,
mitológicas o literarias. Su maestría se hizo notar tanto en
las letras del texto como en los dibujos integrados en diferentes lugares de la página. La viveza de los colores aplicados
hizo que los textos parecieran como si realmente estuvieran
iluminados; de ahí que también se hable de manuscritos iluminados y del arte de la iluminación.
Una de las bellas miniaturas del Vidal Mayor
Con el crecimiento de las ciudades en los siglos XIV y XV y con la difusión de la cultura fuera de los
conventos, la miniatura se introdujo en los talleres laicos, desde donde se extendió a los breviarios y libros
de horas de la nobleza y de la burguesía. Con el nacimiento de la imprenta y los nuevos procedimientos
de reproducción de ilustraciones, la labor de los miniaturistas descendió notablemente. Las muestras de
esta parte tan artística del patrimonio aragonés solo es posible verlas en los archivos catedralicios y en las
grandes bibliotecas de la Iglesia.
El Archivo Diocesano✪✪✪ de Huesca atesora una gran riqueza de códices miniados: destacan
un himnario y un Breviarium monasticum (siglos XI y XII); un misal oscense (siglo XIII); el Breviario
del obispo Montcada (siglo XIV); varios libros corales procedentes de Santa Engracia de Zaragoza (siglos XV y XVI); o las iluminaciones de Francisco Lorieri, de 1692.
En Tarazona, más que el Archivo de la Catedral (donde puede verse un misal miniado de 1471),
es la biblioteca de la catedral✪✪✪ un centro importante en el campo de la miniatura medieval no
solo por la abundancia, sino también por la calidad de sus manuscritos iluminados: libros litúrgicos,
bíblicos, jurídicos, teológicos y filosóficos, predominando los códices pertenecientes al período gótico,
con ilustraciones que siguen las tendencias francesa, italiana y flamenca.
En un segundo plano se puede incluir al Archivo Catedralicio de Jaca (Actas del Concilio de
Jaca y códices de los siglos XIV al XVI), biblioteca del seminario de San Carlos de Zaragoza (manuscrito de las obras poéticas de Petrarca y un Libro de horas de Rodríguez de Fonseca, obispo de Palencia, de comienzos del siglo XVI); y el Museo Diocesano de la Seo zaragozana (algunas muestras
de iluminaciones del XVIII debidas a Lorieri).
Como muestra singular está el Vidal Mayor✪✪✪, códice del siglo XIII que recoge nuestros fueros
unificados, publicado en edición facsímil por el Instituto de Estudios Altoaragoneses de Huesca sobre
el original que se conserva en la Fundación Paul Getty de Santa Mónica.
282
MOSAICO
La cultura romana, de la que somos herederos, sintió
una especial predilección por la vida doméstica, reflejada en
el gusto suntuoso por el mobiliario y la decoración de las
casas. El mosaico, aunque no siempre, estaba compuesto a
base de pequeñas piezas de cristal, piedra, ónice, mármol, cerámica o vidrio —las llamadas teselas—, y constituyó un ornamento habitual en las villas y casas romanas, técnica
decorativa que aprendieron de los pueblos de Asia Menor y
que difundieron por todo Occidente. El actual Aragón, como
tierra de importantes ciudades y villas romanas, no fue una
excepción.
Los mosaicos —de los que conocemos abundantes
ejemplos— solían ocupar una superficie bastante estimable
en las casas y villas y, si inicialmente se colocaron en las paredes o techos de las estancias principales, luego, cuando se
perfeccionó su resistencia, se colocaron en el suelo de habiReproducción de un mosaico romano
aparecido en Utebo
taciones, patios e incluso piscinas, a modo de pavimento. Las
teselas de diversos materiales y colores, pegadas al suelo con
argamasa, configuraron figuras y escenas de la vida diaria de gran realismo, narraciones mitológicas o
motivos geométricos y florales. El resultado constituye una auténtica obra de arte patrimonial.
Si bien no nos han llegado ejemplos tan notables como los de la villa siciliana de Piazza Armerina,
atesoramos bastantes ejemplares romanos aparecidos en estancias urbanas y en las múltiples villas de
nuestro territorio. Pero también la Edad Media nos ha dejado algún ejemplo, y, lo que es más curioso por
desconocido, la arquitectura modernista e historicista de principios del siglo XX no está exenta de piezas
interesantes.
El muestrario de mosaicos romanos aparecidos en suelo aragonés es bastante amplio, pero pocos
los podemos admirar in situ. La explicación es sencilla: las múltiples villas romanasa conocidas apenas han sido excavadas por falta de medios, por lo que, en general, se han vuelto a cubrir tras arrancar
parte de sus mosaicos, que han ido a parar a museos foráneos (el Museo Arqueológico Nacional expone el Triunfo de Baco salido de una vivienda del Coso zaragozano) o a los Museos Provinciales✪✪✪
de las tres provincias. En el Museo Provincial de Zaragoza✪✪ podemos ver expuestos mosaicos de
Zaragoza, La Almunia, Artieda, Estada, Utebo y Villa Fortunatus; en el Museo Provincial de Huesca✪
hay mosaicos de la villa romana de Rienda (Artieda), Albalate de Cinca o Coscojuela de Fantova;
en el Museo Provincial de Teruel✪, los hay de Urrea de Gaén, Calanda o Caminreal. Pero podemos
admirar mosaicos en su propio lugar de origen: en la ciudad romana de Celsa (Velilla de Ebro) tenemos la casa de los Delfines y otros varios de menor entidad; han permanecido algunos en las mejores
villas romanas excavadas: en Villa Fortunatus✪, cerca de Fraga, y en la villa de La Malena✪ (Azuara).
De época cristiana pueden considerarse los mosaicos de Alcolea de Cinca, en tanto que en el
monasterio de Alaón✪ puede admirarse uno del siglo XIII.
Por último, ejemplo de mosaico modernista es el la casa Soláns✪, en el número 60 de la avenida
Cataluña de Zaragoza.
283
RETABLO
En el altar mayor, sobre todo, pero también en muchas
capillas de los templos se yerguen los retablos, grandes estructuras pintadas o esculpidas de maderaa, piedra o alabastroa, donde se representan imágenes de la historia de
Cristo o de algún personaje sacro. En una época en que la
lectura era privilegio de pocos, la Iglesia usó el retablo para
enseñar su mensaje, particularmente a partir del Concilio de
Trento (1545-1563).
En general, los retablos constan de cuatro partes: una
inferior llamada predela o banco; otra central que relata las
escenas principales de la obra, organizadas en secuencias narrativas, muy parecidas a una película, escenas que se distribuyen en calles; el guardapolvo que rodea los extremos del
retablo; y, finalmente, el ático que remata el conjunto. Cada
época artística tuvo su propia concepción del retablo. En el
Románicoa era portátil, de madera, en forma de tríptico y
servía para cubrir reliquiasa. En el Góticoa, de estructura
más compleja, predomina la madera policromada aunque algunos se hacen con alabastro.
Retablo gótico del siglo XV de la capilla
del Salvador, en la parroquial
de Rubielos de Mora
A partir del Renacimientoa sobresalen los de alabastro, con magistrales volúmenes y formas escultóricas; el Barrocoa siguió el modelo clásico, pero de manera exacerbada, compleja y efectista, con gran
profusión del dorado, modelo que fue el más permanente. Posteriormente, abundaron los neoclásicosa.
De todos ellos existen en Aragón muchísimos, lo que dificulta su selección.
En la provincia oscense, señalemos los de Alquézar (museo, de pintura gótica); Barbastro (catedral, comenzado por Forment); Bolea (colegiata✪✪✪, de pintura flamenca, uno de los más perfectos); Gistaín (gótico, de pintura); Grañén (Santiago, gótico); Jaca (catedral✪✪, renacentista);
Tramacastilla de Tena (renacentista). En Huesca capital sobresalen el de la catedral✪✪✪ (de Damián
Forment, de alabastro, uno de los más celebrados); San Lorenzo (retablo mayor, barroco); parroquia
de la catedral (del monasterio de Montearagón✪✪, renacentista, de Gil de Morlanes); iglesia de
Santo Domingo (barroco); y Museo Diocesano (destacan el de la coronación de María, siglo XV, y
el pequeño de Salas, siglo XIV).
En la provincia turolense, cabe señalar, entre otros, los de Albarracín (catedral); Ródenas (pintura gótica); Rubielos de Mora (capilla del Salvador✪✪, gótico del siglo XV); Salcedillo (San Miguel,
retablo mayor). En Teruel capital son notorios los de la iglesia de San Pedro, la catedral (de Gabriel
Yoli) y la iglesia de la Merced (retablo de San Jorge).
En la provincia zaragozana, Ambel (retablos de San Juan Bautista, ermita, y la Magdalena, parroquial); Aniñón (madera); en Borja (barroco, colegiata✪✪); Calatayud (varios en el Museo de
Arte Sacro); Daroca (colegiata); Ejea de los Caballeros (El Salvador, gótico de alabastro); Erla (Virgen de la Corona); Fuentes de Ebro (de influencia italiana); Lechón (pintura); Longares (renacimiento); Retascón (de la Virgen✪✪); Ricla (Santa María, barroco); Tarazona (catedral, de Santiago,
de pintura gótica, y la Magdalena); Torralba de Ribota (pintura gótica); Uncastillo (Santa María);
Villarroya de la Sierra (ermita de la Virgen, de Gil Morlanes); Zaragoza San Carlos (barroco); el Pilar✪✪✪ (de Forment); la Seo (altar mayor✪✪✪, en alabastro, uno de los más interesantes); y Museo
de Bellas Artes (el de Blesa, gótico).
284
TAPIZ
Se trata de un tejido historiado, bien diferenciado de la alfombra por sus características técnicas, destinado en principio al cubrimiento y decoración de paredes, aunque
con el tiempo también se convirtió en valor
de inversión. En cualquier caso, siempre ha
significado prestigio y distinción.
De labor minuciosa y lenta, requiere de
un cartón con el dibujo que se desea plasmar
en él, de una base o fondo de tafetán, de una
urdimbre de hilos de seda o lana —que puede
estar dispuesta vertical u horizontalmente—
y de hilos de esas materias que se irán entremezclando con los de la urdimbre en función
del dibujo.
La Universidad de Zaragoza
atesora una interesante colección de tapices
Aunque los tapices eran conocidos en el antiguo Egipto, lo cierto es que en Europa no aparecen hasta
el siglo XIV en varias ciudades francesas —Arrás, Tournai y París a la cabeza— que fueron sustituidas en el
siglo XV —tras la invasión inglesa— por las de Flandes: Amberes, Brujas, Bruselas y Audennarde. Sus tapices
alcanzaron tal auge en Europa y, sobre todo, entre los príncipes italianos, que las ciudades italianas abrieron
talleres en Florencia, Mantua, Roma, etc., rivalizando con los tapices flamencos.
Precisamente cuando en el siglo XVIII la tapicería mural perdió en Europa su carácter utilitario para
convertirse en meramente decorativo, los Borbón crearon en España la Real Fábrica de Tapices, para la que
hicieron dibujos los Meng, Bayeua o Goyaa.
En Aragón no hubo talleres, pero sí gusto por los tapices, de manera que los hay y muchos, contando
incluso con una de las mejores colecciones del mundo. La Iglesia, la nobleza y la alta burguesía, las instituciones oficiales y, recientemente, las entidades bancarias han ido atesorando importantes tapices que
hacen de Aragón un importante espacio tapicero.
Entre las instituciones religiosas, el Cabildo Metropolitano cesaraugustano (repartido entre el
Pilar, la Seo y el palacio arzobispal) atesora una colección de 64 tapices fruto de donaciones diversas
que han dado origen al Museo de Tapices✪✪✪, único en su género si se exceptúa la Casa Real de
Madrid. La iglesia zaragozana de San Pablo conserva una pequeña pero interesante muestra✪.
Entre las colecciones civiles zaragozanas, Ibercaja✪✪ figura a la cabeza, seguida por la Universidad✪✪. Luego tienen alguno el Banco Central Hispano, la Diputación Provinciala, la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del Paísa y varios particulares, entre los que destaca la colección Guillén✪. En la provincia, mención especial merece la colección del Palacio Villahermosa✪✪
de Pedrola; la familia Dusmet, en Ambel, posee también un par de ejemplares.
Fuera de Zaragoza, en la provincia oscense el palacio episcopala de Barbastro tiene ejemplares,
mientras que en la turolense alcanza cierto nivel numérico y de calidad la colección de la catedral
de Albarracín✪✪.
285
TECHUMBRE
MUDÉJAR
Cuando tras ímprobos esfuerzos de siglos —lo que conocemos como Reconquista—
los cristianos aragoneses consiguieron sustituir la administración de los musulmanes por
la propia, buena parte de la población mora
decidió quedarse en la tierra en la que había
nacido y vivido, pero con un estatus social
nuevo, el de mudéjares. Concentrados en las
morerías, continuaron trabajando en sus anImpresionante techumbre de fines del siglo XIII
tiguos oficios, entre los que destaca la agride la catedral turolense
cultura en la que eran consumados especialistas; también lo eran en el arte de la construcción, por lo que los nuevos dominadores siguieron encomendándoles obras tanto de carácter religioso como civil. En esas obras hechas por moros para cristianos,
quedó la huella de aquellos, lo que llamamos el arte mudéjar, hoy visible en forma de iglesias, torres, palacios, alfarería, etc. Un aspecto de esa herencia lo constituyen las techumbres internas de los edificios
que construyeron.
Aunque tienden a ser denominadas genéricamente como artesonados, conviene precisar que existen
distintos tipos de techumbres mudéjares: las planas o adinteladas (con dos variantes: alfarjes y taujeles),
las dispuestas a dos aguas (una V al revés, con variantes) y los artesonados propiamente dichos.
Pero aparte de la apariencia material, estas techumbres internas —cubiertas externamente con tejas
moras— fueron profusamente decoradas constituyendo no solo elementos arquitectónicos necesarios,
sino también verdaderas obras de arte. Aragón es rico en este tipo de patrimonio.
Los alfarjes, techumbres planas de madera con vigas a la vista, existen muchos. Tuvieron un
precedente en el siglo XIII: el de la sala capitular del monasterio de Sigena✪✪✪, quemado en 1936
y conocido solo por fotografías de la época. Cronológicamente, del siglo XIV, le sigue el de la ermita
de Nuestra Señora de Cabañas✪✪, cercana a La Almunia de Doña Godina. De principios del siglo
XV destacan los de los coros altos de las iglesias de Santa María (Maluenda) ✪✪, Virgen de Tobed✪✪,
San Félix de Torralba✪✪ y Santa Tecla de Cervera de la Cañada✪✪; del mismo siglo pero de mayores
dimensiones existen varios (palacios de Épila o Illueca, por ejemplo), destacando el que cubre el
Salón de los Obispos del palacio episcopal de Tarazona✪✪. Fuera de este ámbito, al norte del Ebro,
cabe destacar el de la iglesia de Castro✪✪, junto a La Puebla de Castro, y el recién rehabilitado del
palacio de Villahermosa✪✪ de Huesca. En el exilio tenemos uno, el la Villa Schifanoia, entre Florencia y Fiésole. Entre los taujeles más representativos cabe destacar los tres existentes en el palacio
de la Aljafería✪.
Varias son las techumbres dispuestas a dos aguas que nos han llegado, mereciendo especial mención las de la ermita de la Virgen de la Fuente✪✪ (Peñarroya de Tastavins), la de la iglesia de la Magdalena✪✪(Tarazona), la parroquieta de San Miguel✪✪ de la Seo zaragozana, la de la capilla del castillo
de Mesones de Isuela✪✪, destacando del conjunto la techumbre de la catedral de Teruel✪✪✪, obra
única de fines del siglo XIII.
Los artesonados propiamente dichos (techumbres decoradas con artesones o casetones) también
son varios, figurando a la cabeza de todos ellos el del Salón del Trono✪✪✪ de la Aljafería, seguido
de varios del siglo XVI, como el de la casa de la Real Maestranza✪✪ de Zaragoza, o el de las escaleras
del palacio episcopal✪✪ de Tarazona, obra realizada en yeso y no en madera.
286
XIV
LEYENDAS Y REALIDAD
h
Amantes de Teruel ................................................................. 289
Campana de Huesca .............................................................. 290
Corporales de Daroca............................................................. 291
Doña Blanca........................................................................... 292
Escudo legendario .................................................................. 293
Escudo de Aragón .................................................................. 294
Mora de Cella ........................................................................ 295
Peregrino de Castiello............................................................ 296
Salto de Roldán...................................................................... 297
San Balandrán........................................................................ 298
Término municipal legendario .............................................. 299
Torico ..................................................................................... 300
Trovador ................................................................................. 301
Virgen de Magallón................................................................ 302
Virgen del Portillo.................................................................. 303
Virgen de Salas....................................................................... 304
AMANTES DE TERUEL
A lo largo y ancho de la densa historia
aragonesa medieval, con independencia de
alianzas y enlaces matrimoniales concertados
por la conveniencia de cada momento, entre
el estamento nobiliario fueron frecuentes las
pugnas de todo tipo, fundamentalmente por
cuestiones relativas a sus señoríos.
Aparte de las vicisitudes normales y verídicas, la leyenda ha adornado y exagerado
muchas de esas peleas, entre las que recordaLa tumba de los Amantes
mos las de los Albir y los Frago, los Urrea y los
es uno de los referentes de la ciudad de Teruel
Cornel, los Luna y los Urrea, los Muñoz y los
Marcilla… Uno de los relatos que mayor huella
ha dejado es el que tiene que ver con el enfrentamiento de los Marcilla y los Segura en Teruel, leyenda conocida mundialmente como la de los amantes de Teruel, tan famosa como la desarrollada en la ciudad italiana de Verona. Más o menos, la leyenda turolense dice así…
Vivían en Teruel dos importantes familias, la de los Marcilla, muy noble, y la de los Segura, muy rica.
Pertenecía Juan Martínez a la primera de ellas, y, desde su más tierna infancia, sentía un profundo amor
por Isabel, hija de los Segura, quien correspondía a su amor. Por ser Juan hijo segundo no podía aspirar a
la fortuna familiar para ofrecérsela a Isabel. Así lo veía don Pedro Segura, quien se oponía a la boda por la
desigualdad de fortuna, de modo que, viendo que el único modo de unirse a Isabel era aportando riquezas
al matrimonio, decidió Juan marchar a las cruzadas a hacer fortuna, obteniendo la promesa de su amada
de que lo esperaría al menos durante cinco años.
Pasaba el tiempo y el joven Marcilla no regresaba, por lo que don Pedro Segura aconsejó a su hija
que aceptara como marido al acaudalado Pedro Fernández de Azagra, hermano bastardo del señor de Albarracín. Pero Isabel, aun sabiendo que iba contra la voluntad de su padre, se negaba hasta que no hubieran
transcurrido los cinco años prometidos. Pero llegado el día en que se cumplía el término fijado, Isabel no
tuvo más remedio que aceptar el matrimonio con el rico pretendiente de Albarracín.
El mismo día de la boda, cuando aún sonaban las campanas, entraba don Juan en Teruel. Al enterarse
de la noticia, corrió en busca de Isabel tratando de evitar lo que ya era irremediable: Isabel se había casado.
Al caer la noche, Juan consiguió acercarse a la muchacha, manteniendo ambos una breve y clandestina
conversación. Juan, a pesar de verse perdido, solicitó de ella un beso en prueba de amor. Pero Isabel, convertida en una mujer casada, se lo negó, pues no podía faltar a su palabra. En ese mismo instante el joven
cayó muerto. Cubierta con un velo, asistió Isabel al entierro de Juan. De pronto, se acercó para darle el
beso que la noche anterior le negara, quedando muerta en el acto sobre el cuerpo del joven. El pueblo entero, en medio de un gran dolor, decidió enterrar juntos a quienes habían muerto de mutuo amor.
La leyenda, aparte de miles de páginas escritas acerca de la historicidad del relato, desde el
siglo XVI, ha generado todo tipo de propuestas: poemas, tragedias (como las de Rey de Artieda, Tirso
de Molina, Pérez de Montalbán, Comella, Hartzenbusch), monólogos (Nipho), zarzuelas (Blas de la
Serna), se concibió una ópera (Barbieri), piezas burlescas, novelas, un cancionero… Si Marinas los
esculpió en la escalinata neomudéjar, Juan de Ávalos los inmortalizó en una magnífica composición
escultórica que hoy es visitada por miles de personas en la iglesia de San Pedro. Recientemente, todo
el pueblo de Teruel participa en una moderna dramatización✪✪✪ que dura varias jornadas, con cuidados escenarios, hecho que concita una gran afluencia de visitantes.
289
CAMPANA
DE HUESCA
A la muerte de Alfonso I el Batallador
tras la derrota de Fraga (1134), tuvo lugar una
crisis política de amplio alcance cuyas consecuencias llegan hasta hoy, como la adscripción de Zaragoza a Aragón tras ser tomada
por el rey castellano; el escudo actual de esta
ciudad con su león rampante; la restauración
del reino de Navarra (hoy comunidad autónoma); los límites entre Navarra y Aragón;
La campana de Huesca,
buena parte de la frontera entre Castilla y
inmortalizada por el pintor Casado del Alisal
Aragón, con la pérdida de la extremadura soriana se dibujó entonces; o la constitución de
la Corona de Aragón que actualmente se pretende reverdecer con la creación de una eurorregión.
El caso es que tras la muerte sin hijos de Alfonso el Batallador y la negativa de Pedro Taresa, descendiente directo del monarca, a convertirse en rey, un hermano del rey muerto, Ramiro —que era monje y
había desempeñado el cargo de obispo en varias diócesisa— decidió exclaustrarse para tomar las riendas
políticas, para lo cual recorrió el país logrando las adhesiones de casi todas las ciudades y villas, así como
de bastantes seniores o tenentes, aunque no de todos. Tampoco obtuvo la bendición de la Santa Sede que
se opuso con todos los medios a su alcance.
Con tan importante oposición a la que vencer —y que procuró poner en circulación relatos vejatorios
contra el propio Ramiro—, solucionó las crisis con Navarra, Castilla, el condado de Barcelona, las órdenes
militares (a las que Alfonso I había dejado el reino), firmó acuerdos de paz con los musulmanes, engendró
una hija —Petronila— que pudo transmitir el reino y decidió acabar con los nobles levantiscos. En esta decisión se halla la raíz de la leyenda de la campana de Huesca.
En efecto, pensando en cómo llevar a cabo su plan, la leyenda cuenta que Ramiro envió un mensajero
al monasterio francés de San Ponce de Tomeras donde había profesado para que su sabio abad le aconsejara. Este entró con el heraldo en la huerta del monasterio y sin mediar palabra fue cortando las coles
que sobresalían de las demás. Cuando el emisario regresó y refirió lo sucedido, el rey entendió perfectamente y puso en práctica su plan. Reunió en Huesca a los ricos hombres de Aragón para celebrar cortes y
mostrarles una campana que se oiría por todo el reino. El rey les mostró la campana en una estancia donde,
uno a uno, fueron entrando los nobles levantiscos. Uno tras otro, hasta quince, fueron decapitados y sus
cabezas atadas a la cuerda de la campana. Cuando la campana fue exhibida con su rosario de cabezas al
resto de los nobles acataron a Ramiro como rey.
A pesar de la dificultad que entraña el que una leyenda pueda dejar huellas, Huesca nos muestra
varias. Por una parte, los restos del antiguo palacio real —hoy Museo Provincial— entre ellos su
cripta✪✪, donde la creencia popular sitúa las ejecuciones. En la Sala del Justicia del Ayuntamiento
oscense puede verse el gran cuadro historicista pintado por Casado del Alisal✪✪ en el siglo XIX, una
tremenda estampa basada en la narración. En el claustro de San Pedro el Viejo de Huesca se halla
la tumba de Ramiro II, muy sencilla, que incluso aprovecha un antiguo sarcófago romano✪✪. Fuera
de la capital, San Juan de la Peña es el monasterio en el que se redactó la conocida crónica✪✪ donde
está inserta la leyenda de la campana como cantar de gesta. Quedan, asimismo, varias leyendas✪✪
denigratorias del rey-monje que han contribuido a rodearlo de una inmerecida fama cuando tanto
le debe Aragón. Y, por último, la leyenda puede explicar la desaparición inexplicable, sin dejar rastro,
de varios tenentes de la documentación coetánea aragonesa✪✪✪.
290
CORPORALES DE DAROCA
Como se indica en otro lugar, varias son las localidades
aragonesas en las que, mediante narraciones tradicionales o
legendarias, se nos presentan hechos milagrosos o portentosos que, en su momento, incluso dieron lugar a una cierta
afluencia de curiosos, movidos por la creencia o la credulidad.
Entre esas narraciones, varias tienen que ver con los corporalesa, que al menos aparecieron en Aguaviva, Andorra, Aniñón, Cimballa, Fraga y en los monasterios de San Juan de la
Peña y Montearagón. No obstante, sin olvidar los de Aniñón,
los más afamados son los de Daroca. Como todos aquellos,
los darocenses se basan en una tradición, para unos, en una
leyenda para otros. El relato en este caso es más o menos
así.
Una vez reconquistada la ciudad de Valencia, Jaime I el
Conquistador hubo de dejar la ciudad y partir hacia Montpellier, encargando el gobierno a Berenguer de Entenza. Este,
Detalle de la procesión
con la ayuda y el consejo de varios capitanes, decidió sitiar
del Corpus en Daroca
el castillo de Chío. Tras el éxito inicial de los cristianos, los
moros se rehicieron y la batalla quedó indecisa.
Los cristianos se aprestaron a proseguir la lucha al día siguiente, cuidando todos los preparativos. Al
alba, estando sus capitanes a punto de recibir la comunión, sonó el toque de rebato pues el enemigo había
tomado la iniciativa. Quedose solo el mosén darocense Mateo Martínez celebrando la misa y, no sabiendo
qué hacer con las seis Sagradas Formas, las consagró, las envolvió en unos corporales y las escondió entre
unos palmitos. Los cristianos ahuyentaron al enemigo.
Finalizada la batalla, los capitanes solicitaron la comunión a mosén Mateo para dar gracias a Dios. Al
desenterrar los corporales que envolvían las seis Sagradas Formas, vieron que estas se habían pegado completamente a los paños, que aparecían teñidos de sangre. Se armó tal alboroto entre los soldados cristianos
a la vista de aquel portento que los musulmanes, de nuevo reagrupados, volvieron a la carga, por creer
que el desconcierto, el temor y la confusión había hecho mella en el bando enemigo. Replicaron los aragoneses —enfervorizados por los corporales que, desde lo alto de la montaña, mostraba el sacerdote darocense— para terminar venciendo y tomando Chío.
Una vez repartido el botín de guerra, se planteó el problema del traslado y custodia de los santos
corporales a un lugar seguro y digno, de modo que, tras largas deliberaciones, se echó a suertes su posesión.
Por tres veces fue agraciada Daroca, mas como el sistema del sorteo no satisficiera a los no agraciados, se
acordó poner los corporales dentro de una arqueta, cargándola sobre una mula, a la que se dejó en plena
libertad. Valencia, Catarroja, Manises, Segorbe y Jérica fueron jalones que la mula dejó atrás hasta llegar
a Daroca para, tras arrodillarse el animal en la iglesia de San Marcos, morir reventada. Los corporales, pues,
se quedaron en Daroca.
Hoy la ciudad de Daroca no solo conserva dignamente los Corporales✪✪✪ en un magnífico
relicarioa en la colegiataa de Santa María, sino que la festividad del Corpus Christi, celebrada con
una procesión✪✪ solemne, constituye uno de los eventos religiosos más significativos de Aragón.
Con la reliquia como motivo central, el Museo de los Corporales✪✪ presenta una magnífica muestra
de arte sacro rica en retablos góticos, en ornamentos sagrados y piezas de orfebrería que merecen
nuestra atención.
291
DOÑA BLANCA
La historia está repleta de narraciones difíciles de distinguir de la realidad. Estos relatos con base histórica se difundieron de manera oral o escrita, en prosa o en verso, a
través de crónicas, romances, relaciones, cantares, gozos, etc.,
constituyéndose con el pasar del tiempo en leyendas. En su
momento estas narraciones difundieron noticias, hechos militares, prodigios, traiciones o simplemente explicaciones a
hechos que el pueblo no alcanzaba a entender porque estaba
distante del lugar social de los hechos. Quiérase o no, constituyen fuentes históricas que unas veces corren paralelas a
la realidad histórica y otras se separan por completo.
Una de las leyendas más célebres de Aragón es la relativa a la princesa aragonesa doña Blanca ligada a Albarracín.
En el siglo XIII, doña Blanca, una hermosa y sencilla joven,
hermana menor del príncipe heredero de Aragón, fue enviada
al exilio a causa de los celos de su cuñada, la futura reina de
Aragón. En su camino hacia el destierro castellano, Blanca
atravesó el señorío independiente de Albarracín, donde se le
brindó un caluroso recibimiento popular y se le dio hospitalidad en el palacio de los Azagra.
La torre de doña Blanca recuerda
en Albarracín a la desdichada
princesa aragonesa
A medida que el tiempo transcurría las gentes que habían visto llegar a la infanta y su séquito deseaban volver a verla, pero se sucedían los días y nadie la había vuelto a ver. Pasaron semanas, primero, y
meses, después. Nadie sabía nada de ella. Incluso se vio marchar a su séquito.
Comenzó a sospecharse en la ciudad que la joven había muerto de pena y que había sido enterrada
en una de las torres de la fortaleza, que desde entonces pasó a ser conocida como torre de doña Blanca.
El silencio más absoluto se hizo en torno a la suerte corrida por la princesa aragonesa. El misterio comenzó
a desvanecerse y se desvela aún cada plenilunio, cuando la campana próxima a la torre desgrana los doce
sones de la medianoche. Entonces las gentes de Albarracín ven salir de su torre de piedra una sombra
clara, figura de mujer y holgadas vestiduras, que lentamente desciende roca a roca, hasta los huertos y el
río para bañarse en aguas claras del Guadalaviar. Luego, al cabo de un rato, la sombra se desvanece hasta
el nuevo plenilunio. Se trata, sin duda, de la sombra de doña Blanca, la princesa que debió morir de pena
en su exilio a causa de unos celos cortesanos.
Quienes crean que el hecho puede ser cierto no tienen nada más que acudir a Albarracín en
noche de luna llena y esperar junto a la torre✪✪ de doña Blanca. Su emplazamiento es propicio para
la leyenda, ya que formó parte del antiguo convento de los dominicos, junto a la iglesia de Santa
María. Restaurada en 2001, actualmente se ha convertido en sala de exposiciones dependiente de la
Fundación Santa María. Originalmente formó parte de uno de los castillos de la ciudad y el relato
es solo una de las varias leyendas asociadas a este bellísimo entorno.
292
ESCUDO LEGENDARIO
Pocas veces nos paramos a pensar de dónde nos vienen
y qué pueden significar algo tan importante como es nuestro
propio apellidoa —nada más patrimonial que eso— o nuestro
mismo nombre de pila —de pila bautismala— hasta hace
poco recurrente y repetitivo en el seno de algunas familias.
Sin embargo, muchos nos aprestamos a que nos inventen el
escudo familiar. Detrás de esos apellidos suele haber narraciones inverosímiles pero ciertas, a veces mucha historia y,
en ocasiones, también mucha leyenda.
A los pueblos que, como entes hechos y vividos por los
humanos también tienen vida propia, les sucede algo parecido; ya hemos visto cómo la toponimiaa puede ayudarnos
a desentrañar su significado: unas veces el nombre del pueblo se debe al color de la tierra o a la naturaleza del suelo;
otras, a quienes lo fundaron; al agua, a la religión, a la agricultura…
Antiguo testimonio
Unos y otros —humanos y pueblos—, al hacernos madel escudo legendario de Caspe
yores y cargarnos de responsabilidades, necesitamos autoafirmarnos ante los demás y nos inventamos la firma, que nos distinguirá del resto de los mortales.
Los pueblos tienen todos firma, aunque a veces nos les gusta e intentan cambiarla: en su caso, es el
escudo que con sus símbolos —como los trazos de nuestra firma— les diferenciará de los demás pueblos.
Pues bien, buena parte de los escudos existentes están basados en hechos legendarios, lo que no tiene
nada de extraño cuando al propio escudo de Aragóna le sucede lo mismo. Veamos al menos tres ejemplos
—Caspe, Maella y Daroca— aunque existen muchos, muchísimos más.
¿Qué hacen tres cabezas de moros en el escudo de Caspe? Lo aclara la leyenda✪✪, pero para
eso hay que situarse en los campos de Alcoraz, donde se decidió la reconquista de Huesca en 1096.
Dice la leyenda que para la victoria fue decisiva la ayuda de san Jorge y narra, asimismo, que en el
campo de batalla fueron hallados sin vida cuatro jefes moros cuyas cabezas simbólicas se asentaron
en un cuartel del escudo de Aragón. Como los caspolinos hicieran ver que de los cuatro tres habían
sido abatidos por ellos consiguieron que también que esas tres subieran a su escudo.
Si se llega a Maella por carretera, nos recibe el escudo de la villa, destacando en él una mano
de mujer. ¿Tiene fundamento? Sí, y también es legendario✪✪. En época en que los campesinos trataban de sacudirse el yugo de sus señores, el cabecilla de aquellos fue apresado por el señor. El caso
es que ambos estaban enamorados de la misma joven que era novia del rebelde. Dispuesto a ajusticiar
el poderoso al muchacho, intercedió por él la joven. Pero solo podría salvarle la vida si ella accedía
a conceder su mano al señor. Dijo que sí la enamorada y tomando un enorme cuchillo se cortó la
mano, que mandó en caja bien envuelta al señor. «¡Oh, mano de ella!, ¡Oh, ma della! ¡oh, maella!»,
exclamó aquel. El labrador quedó libre, pues la joven había cumplido, y la mano de esta subió al escudo.
¿Qué significan las ocas que campean en el escudo de Daroca? Nueva leyenda✪✪. Tomada la
ciudad a los moros, una noche quisieron estos retomarla aprovechando que los centinelas cristianos
estaban dormidos. Aunque avanzaron con mucho sigilo, no pudieron evitar que unas ocas se despertaran y que con su alboroto lo hicieran también los centinelas, que pudieron reaccionar y aplastar la
intentona. Las ocas no solo se convirtieron en heroínas, sino que fueron alzadas al escudo.
293
ESCUDO DE ARAGÓN
Los humanos, individualmente y en
grupo, hemos tenido siempre la necesidad de
los símbolos y de las convenciones para identificarnos; entre esos símbolos, están los escudos. Estos son antiguos y, desde luego, en
la Edad Media —que es cuando se inventan o
cimentan buena parte de las instituciones
más importantes de hoy— son corrientes y
necesarios. No es de extrañar, por tanto, que
el reino aragonés también lo tuviera, aunque
en realidad era el del rey, pues hasta muy
Escudo de los reyes de Aragón, con las cuatro rayas verticales
avanzada aquella época rey y reino se identirojas, en una de las miniaturas del Vidal Mayor
fican totalmente.
El escudo oficial de Aragón data de 1978, cuando la Diputación General de Aragón asumió el que la
historia nos había legado, sobre el que la Real Academia de la Historia se había pronunciado favorablemente
en 1921. Se inspiraba en el grabado aparecido en la portada de un libro editado en 1499, hace, por lo
tanto, más de quinientos años. Dicho libro —Crónica de Aragón— lo había escrito el cronista Vagad «por
mandato y ruego de los Señores Diputados del Reyno de Aragón», que lo asumieron junto con el escudo.
Los cuatro cuarteles no fueron casuales; todos tenían una larga historia detrás.
Los tres cuarteles primeros (de izquierda a derecha y de arriba abajo) son fruto de otros tantos relatos
legendarios; el cuarto es real. Los tres legendarios coinciden en un hecho: la ayuda celestial para vencer
en tres batallas distintas a los moros, portento simbolizado por tres cruces distintas.
El escudo aragonés es solo uno y, por lo tanto, no cabe selección alguna, como no sea dónde
están impresos, estampados, pintados o esculpidos, lo cual no tiene mayor importancia.
Cuartel primero: tiene que ver con la legendaria reconquista de Aínsa por García Jiménez, animado por la visión que había tenido de una cruz situada sobre una encina. Parece que se refiere al siglo
VIII, cuando ni existe el reino de Sobrarbe —simbolizado por el árbol— ni tuvo lugar la batalla.
Cuartel segundo: la batalla también es legendaria, pero de tradición antigua. Fue ganada a los
moros en el Pueyo de Araguás, teóricamente en el siglo X. La cruz que dio ánimo a los aragoneses
tiene una forma especial y se le reconoce como la cruz de Íñigo Arista.
Cuartel tercero: se refiere a la ayuda celestial —una vez más simbolizada por la cruz— en la batalla de Alcoraz, de fines del siglo XI, que sí fue cierta, pero que sacaron adelante los soldados cristianos sin la colaboración imposible de san Jorge. Las cuatro cabezas de moros —entre los brazos de
la cruz de San Jorge— hablan de los derrotados, no de los muertos, circunstancia esta que se suele
simbolizar con una gotas de sangre debajo de las mismas.
Cuartel cuarto: la dinastía aragonesa, nacida en 1035, adoptó pronto la enseña integrada por
cuatro rayas rojas. Como las representaciones más antiguas son escultóricas y sin color, no permite
precisar más. En las miniaturas del Vidal Mayor (siglo XIII) vemos por vez primera la señal real de
los reyes tal como ha llegado al escudo, es decir, las cuatro rayas rojas —barras— en vertical.
Con el pacto entre el rey de Aragón Ramiro II y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV
(1137), la seña real de la dinastía aragonesa, conocida como Casa de Aragón, se incorporó a la Casa
de Barcelona; y luego a Mallorca (1229) y Valencia (1238) cuando Jaime I los reconquiste. Solo así
se explica que el tercer cuartel del escudo de España esté compuesto por nueve barras —cinco amarillas y cuatro rojas— que representan a la antigua Corona de Aragón, pues todos sus integrantes las
poseían.
294
MORA DE CELLA
En nuestra tradición, las leyendas sobre mujeres moras
relacionadas con fuentes, cuevas o tesoros son abundantes.
Por eso, la leyenda de la mora de Cella rompe parcialmente
este argumento y explica cómo surgieron el acueducto y la
acequia que, horadando la montaña que separa las vertientes
del Guadalaviar y el Jiloca, lleva las aguas a Cella, lo que supone el primer trasvase conocido en nuestra Península.
En el tiempo en que Albarracín era gobernado por Abú
Meruán, de la familia de los Aben Razín, ocurrió una extraordinaria historia de amor. El menor de los hijos de este noble
señor acostumbraba a recorrer la tierra de los alrededores,
lo que le llevaba a menudo hasta Cella. En esta localidad era
hospitalariamente agasajado por el alcaide del castillo, quien
tenía una espléndida hija. Fruto de estas visitas y del continuo trato, brotó el amor entre el hijo de Abú Meruán y Zaida,
hija única del alcaide. Pero aquel amor era imposible pues el
honrado alcaide manifestó que pensaba desposar a su hija
con un emir de al-Ándalus más rico y más poderoso que el
linaje de Meruán.
Tramo del acueducto romano de Cella
a su paso por Gea de Albarracín
Enterado Abú Meruán de los propósitos de su vasallo, el alcaide, y apenado por los jóvenes enamorados, le envió una embajada acompañada de abundantes presentes para forzarle a admitir el compromiso
de boda. Pero el alcaide adujo que Zaida ya estaba comprometida. A pesar de esto, los emisarios insistieron,
hasta que el padre de Zaida puso una condición para que se celebraran los desposorios y que consideraba
que era imposible de cumplir: accedería a la boda cuando las aguas del río Guadalaviar regaran Cella.
Los embajadores tras deliberar pidieron al señor de Cella un plazo de cinco años. Cientos de hombres
se pusieron a trabajar durante este periodo hasta horadar las rocas y construir el acueducto y acequia
que llevaron las aguas a Cella, lo que sucedió pocos días antes de expirar el plazo. El alcalde cellano cumplió
el pacto y ambos jóvenes se casaron.
El lugar asociado a esta leyenda evidentemente es el acueducto de Cella✪✪✪, impresionante
obra de los ingenieros romanos, aunque luego se la achacaran al Cid, que nada tuvo que ver en ello.
Ahora es fácil acceder para visitarlo y merece la pena el empeño, máxime cuando se pueden ver
desde la carretera que corre paralela al Guadalaviar en dirección a Albarracín varios de los respiraderos abiertos en la roca. Está claro que, cuando el pueblo no sabe responder a determinadas preguntas, se las ingenia para encontrar explicaciones por inverosímiles que parezcan, como es este caso.
295
PEREGRINO
DE CASTIELLO
Cada día disponemos de más datos
para reconstruir los distintos caminos jacobeosa que atravesaron Aragón y sobre las peregrinacionesa que, aparte de la internacional de Compostela, tenían un carácter más
local: San Juan de la Peña, Santa María la
Mayor de Zaragoza, Santa María de Salas de
Huesca y San Cosme y San Damián de Vadiello. Está claro que el camino más nítido es el
Arqueta de las reliquias conservadas en Castiello,
que penetraba por el puerto de Somport, pero
fundamento de la leyenda
evidencias de todo tipo nos permiten asegurar que había otros.
Tenemos restos físicos de caminos, evidencias documentales, testamentos, cofradías específicas para
la atención a los peregrinos, alguna descripción de etapa de los caminos del Sur, centros religiosos dependientes de órdenes que en sus estatutos o reglas contemplaban la atención al peregrino, toponimia clara,
hospitales todavía en pie, etc. Pues bien, a esta riqueza abundante aunque dispersa se unen bastantes leyendas que se refieren a varios peregrinos de esos caminos, incluido el camino que penetraba o salía,
según se mire, por el Somport.
En efecto, existen leyendas sobre peregrinos en Benasque, en Boltaña, en Alcolea de Cinca, en Zaragoza y en Castiello de Jaca, esta de gran pervivencia, pues aún se pueden venerar en la iglesia de esa población pirenaica las reliquiasa a las que se refiere la leyenda. El relato que reproducimos es todo un
prodigio patrimonial.
En cierta ocasión, amparado por las facilidades que proporcionaba el Camino de Santiago que,
entrando por el Somport, se dirigía hacia Jaca, llegó a Castiello de Jaca un peregrino que venía de
Francia. Aparte del zurrón de las vituallas, cargaba al hombro un saco bastante voluminoso. Así atravesó el camino al llegar a Castiello, en cuya hospedería durmió aquella noche. A la mañana siguiente,
sin mediar casi palabra, se dispuso a marchar con el saco a la espalda, pero, a la salida del pueblo, el
peregrino cayó muerto, como fulminado. Inmediatamente acudieron a auxiliarle y le llevaron, antes
de enterrarlo, a la losa del cementerio. Ante la sorpresa de todos, el peregrino volvió a la vida súbitamente y, de manera apresurada, emprendió de nuevo su andadura, pero otra vez cayó muerto al
salir de Castiello. Quienes le recogieron se aseguraron de que realmente había fallecido. Pero el caso
es que hasta cuatro veces se repitió tan extraordinario hecho: si se iba de Castiello, el peregrino
moría; cuando lo devolvían al pueblo, resucitaba.
Naturalmente, intentaron ahondar en aquel misterio, máxime cuando observaron que cada vez
que emprendía el viaje de nuevo, conforme se iba alejando, a cada paso que daba el romero se encorvaba más y más. Fue entonces cuando el peregrino contó que le habían encomendado transportar
el saco que cargaba a la espalda por el Camino de Santiago, advirtiéndole que cuando el saco aumentara de peso no se resistiese. Así es que, a la vista de lo sucedido, aceptó la idea de que tenía que
dejar el saco en Castiello, puesto que no era capaz de salir de allí. Lo que no sabía era qué contenía
el misterioso saco, así es que decidieron abrirlo, apareciendo unas reliquias que fueron depositadas
en la iglesia, donde todavía se conservan. Aparte de varias pertenecientes a diversos santos, destacan
una espina de la corona de Cristo y una astilla de la cruz en la que murió. Cumplida su misión, el romero siguió viaje hacia Santiago, pues quería dar gracias al Apóstol por haberle salvado reiteradamente la vida.
296
SALTO DE ROLDÁN
Tradicionalmente, la relación de nuestra
tierra con Francia ha sido muy estrecha, tal
como muestra la historia y narran muchas leyendas en las que personajes de origen franco
intervienen en lo que actualmente es Aragón.
Este es uno de esos casos: se trata de una de
las varias leyendas relacionadas con el gran
héroe franco Roldán, cuya intervención da pie
al nacimiento de uno de los accidentes orográficos más destacables y bonitos del Prepirineo.
Vista del Salto de Roldán
desde los alrededores de Apiés
La historia parte de un hecho cierto: el
intento de la toma de Zaragoza por Carlomagno en el año 777, ciudad que no pudo conquistar. A partir de aquí comienza la leyenda con la retirada
del ejército franco del valle del Ebro, cuando el campeón y héroe de Carlomagno, Roldán, es herido en la
cruenta batalla que la tradición sitúa en Roncesvalles. Viendo la situación perdida, el grueso del ejército
franco espolea sus caballos hasta alcanzar la seguridad de su territorio. El herido Roldán, con su montura
a punto de reventar y sabedor de que su muerte está próxima, no tiene más alternativa que dar un enorme
salto con su caballo entre dos enormes rocas distantes entre sí varios centenares de metros e intentar salvarse. Así fue como surgió el conocido Salto de Roldán en la sierra de Guara.
La leyenda se completa con otra, pues el bravo guerrero franco se quedó sin su caballo y él mismo,
herido de muerte en Ordesa, donde había llegado a duras penas. Mientras agoniza piensa que no volverá
a ver las llanuras de la dulce Francia y que su prodigiosa espada será deshonrada por las manos de sus
enemigos. Preso de ese furioso y melancólico pensamiento, en un último esfuerzo arroja su espada para
que por lo menos ese objeto tan íntimo para un noble caballero repose en la tierra donde nació. La fuerza
con la que el mítico caballero lanza su espada la lleva hasta el otro lado de los Pirineos, no sin antes golpear
en una enorme roca formando una brecha o un tajo desde el cual Roldán puede contemplar por última
vez Francia.
Existen numerosas rutas y posibilidades para disfrutar del Salto de Roldán✪✪✪, paraje cercano
a Huesca, donde se puede llegar en automóvil por una pista practicable, pero también en bicicleta
de montaña e incluso andando. Aparte de la belleza del propio lugar —con el río Flumen en el fondo
de la gran abertura—, las vistas de los Pirineos desde las peñas de San Miguel o de Amán, hacia el
norte, y de la Hoya de Huesca, hacia el sur, son de gran belleza.
Otra cosa es ascender a la Brecha de Roldán✪✪✪, que se puede lograr partiendo del Centro de
Interpretación del Parque de Ordesa, tras larga caminata de cuatro o cinco horas de subida continua
y con alguna dificultad técnica en el camino, como las clavijas de Carriata, para salvar los 1507 metros de desnivel entre la salida y la llegada. No obstante, puede pensarse en hacer noche bien en el
refugio francés de Sarradets o en el español de Góriz, ambos relativamente cercanos a la brecha, situada a 2807 metros de altitud.
297
SAN BALANDRÁN
En el curioso mundo de los santosa,
existen multitud de circunstancias que los
han elevado a los altares: una vida ejemplar
y comprometida en un contexto sociopolítico
difícil puede ser una de ellas. Por eso son muchos los que alcanzaron la santidad en la
época dura del Imperio Romano cuando los
cristianos eran perseguidos por el simple
hecho de serlo; otros se ganaron la santidad
entre las comunidades de mozárabes hispaTumba de San Balandrán,
nas en los momentos de intransigencia relien el monasterio del Pueyo, junto a Barbastro
giosa entre musulmanes y cristianos, como
les sucedió a los turolenses san Juan de Perusa y a san Pedro de Saxoferrato, patronos de la ciudad de Teruel.
Personas hubo que, renunciando a la comodidad de su estatus económico y social, hicieron partícipes
de sus bienes a los más necesitados, como pudiera ser el caso de san Martín de Tours, de culto tan extendido
en la parte norteña de Aragón. Hubo otros que se entregaron en cuerpo y alma a facilitar las peregrinaciones, trabajando en la adecuación de los caminos y hospitales, como pueden ser los casos de santo Domingo de la Calzada o san Juan de Ortega.
La casuística es, pues, muy variada. Pongamos, sin embargo, de relieve un caso bastante generalizado,
el de las mujeres y hombres, muchas veces niños, que tuvieron la fortuna, sin duda merecida, de haber
sido elegidos para hablar directamente con la Virgena a través de apariciones más o menos fantásticas,
de las que la leyenda se ha hecho eco. Esa circunstancia y las repercusiones ulteriores (nacimiento de una
comunidad de religiosos o construcción de un monasterio o iglesia) les llevaron a los altares. Ese es el caso
del joven pastor aragonés Balandrán, cuya leyenda dice así.
Entre los lugares preferidos por sus ovejas para pastar, pocos como el montículo del Pueyo, en
las cercanías de la ciudad de Barbastro. Allí se hallaba precisamente un día el joven Balandrán
cuando, tras recoger el rebaño en un redil, se disponía a tomar un bocado y a pasar la noche en una
pequeña cueva que él mismo había acondicionado y le servía de amparo. Tras comer el pan y las magras de rigor, se dispuso a rezar para arrebujarse en la manta. Le acompañaba su perro. De pronto, en
el silencio del monte, oyó que alguien le llamaba por su nombre. Muy temeroso y desconfiado, se
acercó al almendro de donde parecía proceder la voz misteriosa y, atónito por lo que veía, hincó sus
rodillas en tierra. Tenía ante sí a la Virgen, apoyada en una de las ramas del árbol.
Dialogó como pudo con ella, que le solicitaba que fuera a Barbastro a contar lo sucedido y, sobre
todo, a manifestar a los barbastrenses su deseo de que se le construyera en el pueyo un santuario
donde mejor acomodarse. Para que no le tomaran por necio o que pudieran no creerle, le grabó una
señal indeleble en la frente. Los habitantes de Barbastro, con el clero y las autoridades al frente, fueron en procesión hasta el pueyo al día siguiente. En el almendro, mientras las ovejas pastaban solas
por la ladera, la imagen sonriente de la Virgen, llamada del Pueyo desde ese instante, convenció a
todos.
Pocos meses después, en la cima misma del pueyo o montículo, había nacido un hermoso santuario, lugar habitual de peregrinación de todos los pueblos de la comarca que se domina desde lo
alto. Balandrán, aun sin dejar de apacentar a sus ovejas, decidió dedicarse al servicio de Nuestra Señora, a la que pronto honraría una comunidad entera de frailes.
298
TÉRMINO MUNICIPAL
LEGENDARIO
Al tratar del término municipala ya se
ha visto cómo estas circunscripciones territoriales de carácter administrativo tienen una
vigencia de muchos siglos, más de ocho en
muchos casos, de forma que es la más longeva de todas las que nos han llegado a nosotros en forma patrimonial. También sabemos
que esos términos fueron pactados por quienes tenían capacidad para ello, generalmente
Buena parte de los actuales términos municipales
se deben a templarios y hospitalarios
el rey o los señores, tanto laicos como eclesiásticos. Pero la leyenda, por disparatada que
parezca, también ha querido dar su versión en ocasiones. El que vamos a narrar no es el único caso, por
eso servirá de ejemplo a tantos otros. Se trata de la delimitación de los términos municipales entre Binéfar
y Monzón, dos poblaciones colindantes en tierras oscenses.
La legendaria tradición, que no es muy vieja, se refiere en realidad a un momento de finales del siglo
XI, y dice así: Monzón, tras varios intentos del ejército aragonés, cayó en manos cristianas y con la toma
de su castillo toda la zona se aprestó a la tarea de la repoblación del territorio. En aquellos momentos, Binéfar formaba parte del término de Monzón, pero el rápido crecimiento de su caserío animó a sus pobladores a reclamar su propio territorio municipal.
Tras propuestas de todo tipo, pudo llegarse, por fin, a un acuerdo de solución. Consistía este en que
al alba de un determinado día saldrían dos ancianas, una de Binéfar y otra de Monzón, andando por el camino que unía a ambas poblaciones: donde se encontraran, allí estaría la güega o muga. Naturalmente,
en ambos lugares eligieron a las abuelas más rápidas, a las que nadie podría ayudar.
Por parte de Binéfar, sus vecinos designaron a una ágil anciana a pesar de que estaba resfriada. Esta,
pensando en el compromiso del día siguiente, decidió superar la enfermedad por el procedimiento habitual:
sudando bien arropada en la cama. Así es que cuando se echó la noche tomó unas peras de la falsa y se
preparó un ponche caliente. Aparte de miel, les añadió el preceptivo vino tinto de la tierra. Todo hubiera
sido normal a no ser porque se pasó en la dosis recomendada por la receta, de modo que se acostó en la
cama realmente contenta. Al despertar, el catarro estaba mucho mejor, pero el sol entraba ya por la ventana.
Muy apurada, se vistió rápidamente, se calzó unas zapatillas cómodas y se dispuso a plantarse lo más
cerca posible de Monzón. Pero cual no sería su asombro cuando, nada más dejar las últimas casas de Binéfar, se topó con la cabezuda montisonense que, ligera y, sobre todo, madrugadora, había recorrido ya
las dos leguas que separan a ambas localidades. Como les seguían a distancia varios vecinos de Binéfar y
de Monzón, respectivamente, justamente allí donde se encontraron colocaron una muga de piedra para
señalar la linde, haciendo que el notario diera fe de lo ocurrido. Por eso el término de Binéfar ha sido y es
tan reducido.
Esta leyenda —nacida en momentos en el que prensa, radio o televisión ni siquiera eran un
sueño— forma parte, sin duda alguna, de aquellas que el vulgo inventa para ser narradas de boca en
boca para afear o desacreditar a aquel al que teme, envidia o admira. El ejemplo más claro es el conjunto de leyendas castellanas, ideadas por el partido antiaragonés, que trataron de desacreditar a Alfonso I el Batallador, casado con la reina castellana doña Urraca.
299
TORICO
Muchos de nuestros pueblos, aparte de los datos objetivos que proporcionan los documentos escritos, materiales
o arqueológicos, para rehacer la historia añaden entrañables
relatos legendarios que, desde luego, son más sugestivos
que aquellos. Incluso a veces suelen encerrar parte de verdad,
pero envuelta en la fantasía que el pueblo suele dar cuando
no alcanza a comprender lo sucedido. Entre los muchos
ejemplos posibles, Teruel atesora una de estas narraciones
que, de manera resumida, dice:
Corría el mes de octubre de 1171. Los cristianos, acaudillados por el rey Alfonso II, llegaron a Cella y prosiguieron
su marcha hasta acampar en las cercanías de lo que hoy se
llama Villa Vieja, en Teruel. Era tarde y el monarca decidió esperar al nuevo día. Mas, cuando se hallaban descansando,
llegó al campamento un mensajero. Según sus noticias, se
requería con urgencia al rey en otros lugares del reino, de
El Torico campea
modo que este ordenó replegarse a sus tropas para que esen el escudo legendario de Teruel
peraran su regreso, negando a varios de los seniores la posibilidad de continuar ellos solos la expedición.
Sin embargo, acabó atendiendo la propuesta de dos caballeros —Blasco Garcés de Marcilla y Sancho
Sánchez Muñoz—, quienes proponían la fundación de una villa a la que el rey concedería el fuero que estimara conveniente, de manera que su autoridad sobre ella no quedara menguada. Accedió Alfonso II y
avió monturas y pertrechos para regresar reino adentro. Entre los señores y adalides surgieron las dudas
acerca de dónde ubicar la villa nueva. Como no lograban un acuerdo, decidieron que el emplazamiento se
ubicaría allí donde alguna señal de la providencia les marcara.
Hallándose en estas disquisiciones, supieron de la emboscada preparada por las tropas moras que
merodeaban por los contornos y decidieron hacerles frente. Los musulmanes habían reunido una gran
cantidad de toros a los que les colocaron en las astas y en el testuz materias inflamables y los lanzaron
contra los cristianos, a los que creían descuidados. Pero no fue así, y lanceros, arqueros, ballesteros e infantes se parapetaron en trincheras. Más lejos esperaba la caballería. Los toros fueron dispersados y los
moros acosados y perseguidos hasta ser vencidos, de manera que muelas, cerros y llanos de la margen izquierda del río quedaron libres de enemigos. Fue entonces, al amanecer, cuando, sorprendidos, los cristianos
vieron en lo alto de la Muela un magnífico toroa superviviente de la manada. Entre su cornamenta, lucía
una lucecilla, restos, sin duda, de la materia inflamada que encendieron los moros, pero que desde lejos
parecía una estrella. Era la señal que esperaban. Aquel sería el lugar del asentamiento de la nueva villa, la
de Teruel, luego ciudad.
Esta tradición legendaria ha quedado plasmada en multitud de realidades, entre la que destaca
la aparición de un toro en el escudo turolense. Asimismo, en la antigua plaza del Mercado, una columna rematada con un toro de pequeñas dimensiones, el llamado Torico✪✪✪, que da nombre actualmente a la plaza, es símbolo muy querido en la ciudad. Las fiestas patronales solo comienzan
cuando un mozo, trepando a duras penas por la columna, logra poner el pañuelo festivo al animal
que la tradición hace responsable del nacimiento de la ciudad. Pero es que, además, ese fuego encendido entre su cornamenta está, sin duda, en la base de la costumbre ampliamente extendida por
la provincia turolense de los toros de fuego, una de las modalidades, junto con los toros ensogados y
embolados.
300
TROVADOR
Se localiza esta leyenda en la Zaragoza
del siglo XV —durante las luchas entre los
partidarios del rey Juan II y los del príncipe de
Viana, su hijo y posible sucesor— y comienza
cuando el noble Lope Artal del Azlor no tiene
piedad y condena a la gitana Estrella a ser
quemada en la hoguera. Semejante condena
se funda en que Estrella ha ahogado a su propio hijo.
Azucena, hija de Estrella, implora a don
Exterior de la Torre del Trovador,
Lope que perdone a su madre, pero es en
del palacio zaragozano de la Aljafería
vano, por lo que jura vengarse de él. Dicho y
hecho: aprovechando la oscuridad, Azucena
secuestra a un hijo de don Lope, llamado Manrique de Lara, para arrojarlo a la hoguera en el momento de
la ejecución de su madre. Pero la fatalidad obra con ironía y Azucena lanza a su propio hijo a la pira, mientras el hijo de don Lope, Manrique, se salva. A consecuencia de todo ello, Manrique, que despuntó como
poeta y trovador, será criado por la gitana y crecerá en el odio contra su padre y su propia familia, los
Artal, ignorando los lazos de sangre que los unían. El destino quiso, además, que Manrique escogiera el
bando opuesto al de los Artal y que se enamorara de una dama, doña Leonor, que también pretendía su
ignorado hermano, Antonio Artal.
Tamaña rivalidad política y amorosa termina con el secuestro de Leonor por parte de Antonio Artal
a quien ayuda su hermano Guillén a encerrarla en un convento. Enterado el trovador Manrique de esta
maniobra, rescata a Leonor y ambos se refugian en la fortaleza de Castellar, al otro lado del Ebro. Pero
Manrique es pronto apresado y encerrado en el torreón de la Aljafería hasta el día de la muerte a la que
fue condenado. Al final y cómo no podía ser de otra manera, todo el mundo muere: Manrique, el trovador,
es ajusticiado; doña Leonor se suicida, y Antonio Artal, al enterarse de toda la verdad por Azucena, muere
de remordimiento. Por cierto, Azucena acabó enloqueciendo.
Los dos lugares que se mencionan en la leyenda son reales y ambos, con distinto grado de dificultad, pueden ser visitados. El Castellar✪ está frente a Torres de Berrellén, al otro lado del Ebro,
obstáculo que suelen solventar desde un paso de barcaa ahora solo utilizado en contadas ocasiones.
El enclave, como Juslibol, fue fundamental para la reconquista de Zaragoza en 1118. Allí hubo importante población e incluso salinas; fue disputado entre Pamplona y Zaragoza para integrarlo en sus
respectivas diócesis, y en su castillo confinó Alfonso I el Batallador a su esposa, la reina castellana
doña Urraca.
El otro lugar mencionado es la Aljafería, su conocida Torre del Trovador✪✪, en recuerdo del
joven Manrique. Se trata de una de las más antiguas construcciones musulmanas conservadas y un
prodigio constructivo. Tiene cinco pisos: los tres primeros son de época musulmana, y los otros dos,
añadidos por los cristianos. En muchos momentos de su historia fue usada como cárcel, y no solo por
parte de la Inquisición, aunque no parece que lo fuera en el siglo XV.
Con tan terrible historia —que fue recreada en un drama romántico por García Gutiérrez (18131884)— y con tantas gargantas a las que poder poner voz, no es extraño que el italiano Giuseppe
Verdi compusiera, en 1853, una de sus más afamadas óperas, Il trovatore✪✪.
301
VIRGEN DE MAGALLÓN
Cuando queremos hallar respuestas a las cosas de ayer
no nos queda más remedio que hacernos preguntas desde
el hoy, pero sin olvidar el contexto político, social o religioso
de aquel momento. Cuando deseamos hallar respuestas a
por qué se levantó un monasterio o una ermita en un lugar
determinado y no en otro que parece más lógico o adecuado
desde el hoy, a veces no hallamos respuestas satisfactorias
desde la razón. ¿Por qué se levantó el monasterio de Sigena
en un lugar lacustre? La documentación de fines del siglo XII
nos dice que fue una decisión estratégica de la monarquía
aragonesa para tratar de repoblar una parte de los Monegros
desde el nuevo cenobio; pero ¿por qué se construyó exactamente en ese paraje y no unos centenares de metros más
alejado de las lagunas? La leyenda nos da una explicación:
así lo quiso la Virgen.
Explicaciones legendarias semejantes existen muchas
en Aragón: entre otros muchos ejemplos posibles, así se explican las ubicaciones del Pueyo de Barbastro, del monasterio
de Veruela, del monasterio del Olivar en Estercuel, etc.
La Virgen de Magallón,
en su santuario de Leciñena
El argumento es muy parecido casi siempre: aparecida la Virgen a alguien (un pastor, un niño, un
guerrero, un toro) en un lugar concreto, pretenden los vecinos levantarle un altar en el pueblo. Llevan la
imagen a la iglesia, pero una y otra vez vuelve aquella al lugar de su aparición. Se impone la lógica: la
Virgen quiere se le levante allí y no en otro lugar su templo. El tesón de Nuestra Señora no puede ser más
aragonés. Veamos una de esas explicaciones en forma de leyenda, el caso de la Virgen de Magallón que
tiene su ermita en Leciñena.
La pugna entre Juan Albir y Sancho Frago en el siglo XIII llevó la tragedia a Magallón, pues
acabó con el asesinato del segundo. Los hijos de este, buscando venganza, apuñalaron a Juan Albir
en la ermita a pesar de hallarlo asido a la imagen de la Virgen de la Huerta, que, viendo profanado
su templo, se hizo llevar por varios ángeles a un monte de Leciñena.
Una noche de marzo de 1283, un pastor, atraído por las luces de un monte cercano, encontró
la imagen de la Virgen, que le rogó comunicara a las gentes de Leciñena el deseo de que le construyeran una ermita y, aunque les costó creerle, acudieron al monte para rendirse a sus pies, levantando
un magnífico templo. Se extendió la noticia y los de Magallón, sospechando que pudiera ser su Virgen, acudieron al lugar y, tras verificar que así era, solicitaron su devolución que fue denegada. Los
tribunales sentenciaron que la Virgen debía volver a Magallón y se preparó el retorno. Llegó la comitiva a Monzalbarba y depositaron la imagen para pasar la noche en el santuario de Nuestra Señora
de la Sagrada, pero a la mañana siguiente la imagen había desaparecido para volver a Leciñena.
En un segundo intento, hicieron noche en Zaragoza y depositaron la imagen en el santuario de
la Virgen del Portilloa, pero de nuevo volvió la imagen a los montes de Leciñena. Por tercera vez se
repitió la operación, mas el vicario general, sorprendido como todos los demás, acordó que si volvía
a desaparecer de nuevo la imagen esta vez se quedaría para siempre en la ermita de Leciñena. Paró
la comitiva otra vez en Zaragoza, poniendo a buen recaudo la talla en el santuario de Nuestra Señora
la Mayor, y, por tercera vez, se produjo la huida. La imagen quedó para siempre en Leciñena, aunque
se acordó ponerle por nombre el de Nuestra Señora de Magallón en recuerdo de su origen.
302
VIRGEN
DEL PORTILLO
La vocación mariana de Aragón es tal
que constantemente vemos a la Virgena
mezclada con las cosas de los humanos, amparando naturalmente a los cristianos frente
al enemigo religioso musulmán. Los ejemplos
son muchos, pero baste ahora recordar solo
algunos: la vemos hace novecientos años,
bajo la advocación de Virgen de la Oliva, colaborando en la reconquista de Ejea de los CaExterior de la iglesia zaragozana del Portillo
balleros; la vemos junto al rey aragonés Sancho Ramírez en la batalla de Piedratajada, en
tierras de Biscarrués; o la vemos luchando
como Virgen de la Victoria junto a las mujeres jaquesas para defender a la que sería primera capital del
reino, Jaca. También participó en Zaragoza echándole una mano providencial a su reconquistador, Alfonso
I el Batallador.
En efecto, tras más de veinte años de espera al otro lado del Ebro, en Juslibol, las tropas del Batallador
—que habían sido muy reforzadas con soldados llegados del otro lado de los Pirineos al reclamo de la cruzada convocada por el Papa— decidieron atravesar el río y tomar Zaragoza a los musulmanes, en diciembre
de 1118.
Alfonso I el Batallador, su libertador, organizó la defensa de la ciudad, tomó medidas para garantizar
la permanencia voluntaria y pacífica de los mudéjares y judíos en barrios separados y decidió ausentarse
con su ejército para proseguir la lucha que le llevaría a reconquistar casi todo el valle del Ebro. Es el momento en el que la leyenda explica lo que aconteció a continuación.
Ante la ausencia del rey, algunos de los moros vencidos quisieron aprovechar la circunstancia
e intentar volver a tomar la ciudad para sí. Amparados en la oscuridad de la noche, trabajando con
gran sigilo, comenzaron a abrir una brecha en el muro exterior de tierra que la rodeaba. Poco a poco
iban llegando al lugar todos los moros varones pertrechados con las armas que habían ocultado el
día de la rendición. Todo estaba preparado. Cuando ya se aprestaban a coger por sorpresa a los cristianos, cuyos centinelas se habían confiado y dormido, en medio de la oscuridad se produjo un
enorme resplandor y el cielo se iluminó completamente. Pudo verse entonces a la Virgen María
como capitana de un auténtico ejército formado por ángeles y mártires y santos zaragozanos que defendieron la brecha o portillo que los moros habían abierto en el muro de tierra.
Despertados los centinelas cristianos, corrieron la voz al otro lado de la muralla interior, esta
construida de piedra, saliendo todos a defender la ciudad, lo que fue innecesario puesto que el ejército
celestial, dirigido por la Virgen, fue suficiente para someter a los asaltantes, que fueron reducidos de
nuevo a la morería. Cuando volvió la calma, al inspeccionar el lugar, el adalid cristiano descubrió,
en un hueco del portillo abierto por los musulmanes, una pequeña imagen de la Virgen María. En
acción de gracias por el favor recibido, construyeron con celeridad una ermita donde, desde entonces,
es venerada como Nuestra Señora del Portillo.
Sirva este recuerdo patrimonial para mitigar en lo posible el atasco circulatorio en el que, cristiano o no, uno puede verse inmerso en la plaza zaragozana del Portillo.
303
VIRGEN DE SALAS
Como se ha visto en el caso de la Virgen
del Portilloa de Zaragoza, a partir del siglo XI
y sobre todo en el XII, la Virgen fue compañera habitual de nuestros reyes y soldados en
la tarea de ganarle al moro las tierras que
ellos arrebataron a los cristianos a comienzos
del siglo VIII. En otras ocasiones, encontramos
a Nuestra Señora en actitudes menos beligerantes, tratando incluso de ganarse con sus
favores a la población musulmana y judía, tan
abundante en las tierras reconquistadas.
La ermita de Salas, en las cercanías de Huesca
Vemos, por ejemplo, cómo por su intercesión se convirtió a la fe cristiana el moro
carcelero que en Cortes de Aragón custodiaba a un vecino de Muniesa porque este lloraba al no poder
asistir a la festividad de la Virgen que se iba a celebrar en su pueblo; en Langa del Castillo, la Virgen vio
despavorida cómo en su propia ermita era asesinado un cristiano por otro cristiano y fue a buscar refugio
a la casa de Tocón, un moro de paz, que la acogió a pesar de profesar religión bien distinta, para acabar
convirtiéndose, de modo que desde entonces se conoce en Langa a Nuestra Señora como Virgen de Tocón.
Lo sucedido en Borja en el siglo XIII constituye toda una lección de transigencia e integración. En
esta ciudad, como en tantos otros lugares de Aragón, convivieron cristianos y moros tras la Reconquista.
Cada comunidad tenía, como es lógico, sus propias costumbres y tradiciones fruto de la distinta concepción
de la vida y de la muerte, mas, con la excepción de aislados y contados casos, la coexistencia solía ser pacífica y el trato entre unos y otros natural. La leyenda nos relata un ejemplo.
En el seno de la comunidad mudéjar de Borja, una madre vio cómo su hijo de corta edad enfermaba, sin que los físicos o médicos borjanos ni de los pueblos de alrededor hallaran remedio a su
mal. La salud del niño fue agravándose poco a poco hasta acabar muriendo. Es de imaginar el desconsuelo de la madre y las escenas de dolor inmenso a que el fatal desenlace dio lugar.
La desconsolada mora borjana, en sus constantes idas y venidas diarias a la fuente, había oído
a unas amigas cristianas que existía en las afueras de la ciudad de Huesca una imagen milagrosa de
la Virgen de la que contaban historias inverosímiles. Las amigas las llamaban milagros y, aunque la
agarena no entendía cómo pudiera ser posible aquellos hechos tan fantásticos, decidió llevar a su
hijo muerto hasta Huesca para pedir por él a la Virgen de sus amigas.
Cuando con cierto recelo les contó a sus vecinas musulmanas qué era lo que pretendía hacer,
oyose de todo, pero no cejó en su empeño y se encaminó a Huesca, mejor dicho, a las afueras de
Huesca, puesto que la ermita de la Virgen estaba situada en las huertas aledañas a la ciudad. Allí
supo que se llamaba Nuestra Señora de Salas, un lugar de peregrinacióna para los cristianos. Tras un
penoso viaje, llegó al santuario oscense y rogó a la Virgen por su hijo muerto desde su fe distinta,
pero con el corazón limpio y fue escuchada. El pequeño morico jugaba ya antes de que la madre
saliera del templo.
Volvió a Borja y narró en la fuente todo lo que había sucedido mientras el niño correteaba con
otros niños. Sus vecinas moras callaron, pero jamás la perdonaron. No se hizo por aquello cristiana,
pero desde entonces comprendió que sentía lo que las madres cristianas sentían.
304
MAPA DE LOCALIZACIÓN DE LAS FOTOGRAFÍAS
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Torre del Compte
La Fresneda
Alcorisa
Valderrobres
Mas de las Matas Ráfales
Armillas
Ojos Negros
Calaceite
Castelserás
lope
Luco
Calamocha Fuentes Claras
Alacón
Gua
da
Burbáguena Orihuela del
Tremedal
Alcañiz
tín
ar
M Ariño Andorra
Alloza
Baños de Segura Mata
rrañ
a
Hu
erv
a
Jal
ón
ZARAGOZA
Eb Osera
Fraga
Épila
ro
Illueca
Candasnos
Salillas
Bujaraloz
Brea Calatorao
Fuentes de Ebro
Botorrita
Chodes La Almunia de
Aniñón
Morata Doña Godina
Mequinenza
Quinto Gelsa
Cervera de
Mezalocha
de Jalón
la Cañada Bilbilis
Villanueva del Huerva
Velilla
Calatayud
Sástago
Cariñena
Fuendetodos
Bubierca
Rueda
Aguasvivas
Belmonte
Caspe
Azaila
Chiprana
Fabara
Ibdes Murero Ji
Híjar lo
Daroca
c
La Iglesuela
del Cid Mosqueruela
Formiche Alto
La Puebla de V.
Mora de R.
Rubielos de M.
Sarrión 305
ÍNDICE DE LUGARES CITADOS*
ABANTO (Z): Arte barroco (escultura) (272); laguna (28).
ABENOZAS (H): Cáliz (36).
ABIEGO (H): Abrevadero (179); almenara (110).
ABIZANDA (H): Bruja (34); toponimia (253).
ACERED (Z): Exvoto (40); peirón (56); toponimia (253).
ACÍN (H): Reloj de sol (123).
ADAHUESCA (H): Bruja (34); casa (71); ermita (52); exvoto (40); pozo (104); Virgen (47).
AGÓN (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268); vía verde (127).
AGUARÓN (Z): Alcohol (214); azulejo (277); coleccionismo (242); instrumento musical (248).
AGUAVIVA (T): Corporal (39); corporales de Daroca (291); gentilicio (118); minería industrial (229); reliquia (44).
AGÜERO (H): Arte románico (arquitectura) (261); arte románico (escultura) (262); calera (221); órgano
(63).
AGUINALIU (H): Salina (148).
AINETO (H): Arnal (180).
AINSA (H): Aeropuerto (109); borda (158); colegiata (51); cripta (62); escudo de Aragón (294); ferrocarril
(117); hospital (199); madera (170); muralla (81); planta textil (174); plaza (84); soportal (125); telar
(232); trufa (175); vía verde (127).
AINZÓN (Z): Alcohol (214); casino (241); cava (159); corral (185); hierro (227).
AISA (H): Bancal (157).
ALACÓN (T): Arte rupestre (257); cueva-vivienda (76); gruta (27); oveja (188).
ALADRÉN (Z): Ermita (52).
ALAGÓN (Z): Alfar (215); archivo (237); arte gótico (escultura) (266); arte mudéjar (264); arte renacentista
(pintura) (270); azucarera (156); Canal Imperial (97); casino (241); coleccionismo (242); Goya (280);
paso de barca (121); reloj de sol (123).
ALAÓN (monasterio) (H): Arte románico (arquitectura) (261); cartulario (240); cripta (62); mosaico (283).
ALARBA (Z): Paridera (190).
ALBA (T): Calvario (37).
*
Se hace referencia a las fichas y a las páginas.
307
ALBALATE DEL ARZOBISPO (T): Alabastro (213); almazara (152); arte rupestre (257); azud (94); azulejo
(277); calvario (37); casino (241); castillo (134); foz (25); horno (165); instrumento musical (248); nevera
(102); término municipal (87); toponimia (253).
ALBALATE DE CINCA (H): Casa (71); mosaico (283); villa romana (88).
ALBARRACÍN (T): Archivo (237); arte rupestre (257); arte romano (258); arte musulmán (259); arte renacentista (arquitectura) (268); biblioteca (239); busto-relicario (35); cáliz (36); cárcel (131); casa de la
Comunidad (133); Casa de Ganaderos (184); casino (241); catedral (50); ciudad (73); coleccionismo
(242); colegiata (51); coro (61); diócesis (136); doña Blanca (292); hospital (199); incunable (246); mora
de Cella (295); muralla (81); museo (251); orden mendicante (44); oveja (188); palacio episcopal (144);
poblado prerromano (85); rejería (231); retablo (284); sillería (65); soportal (125); tapiz (285); toro (191).
ALBELDA (H): Aljibe (93); hidrocarburo (225).
ALBENTOSA (T): Calvario (37).
ALBERITE DE SAN JUAN (Z): Molino (171); toponimia (253).
ALBERO ALTO (H): Campo de urnas (205); pozo (104).
ALBERUELA DE TUBO (H): Olivo (173).
ALBETA (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268).
ALBORGE (Z): Nevera (102); paso de barca (121).
ALCAINE (T): Arte rupestre (257); foz (25).
ALCALÁ DE EBRO (Z): Canal Imperial (97); mina de sal (142); paso de barca (121); toponimia (253).
ALCALÁ DE GURREA (H): Arte gótico (arquitectura) (265).
ALCALÁ DEL OBISPO (H): Toponimia (253).
ALCALÁ DE LA SELVA (T): Botica (198); humilladero (139); masía (79); toponimia (253); Virgen (47).
ALCAÑIZ (T): Acequia (91); aeropuerto (109); alero (276); alfar (215); almazara (152); almendro (153);
archivo (237); arte rupestre (257); arte gótico (arquitectura) (265); arte gótico (pintura) (267); arte renacentista (arquitectura) (268); arte barroco (arquitectura) (271); arte barroco (escultura) (272); automóvil (217); azud (94); banda de música (238); cáliz (36); camino jacobeo (114); casa consistorial (132);
casino (241); castillo (134); claustro (60); ciudad (73); colegiata (51); espacio natural (23); estación
(116); estanca (99); exvoto (40); ferrocarril (117); fuente (100); hidrocarburo (225); hospital (199); judería (78); lonja (119); masía (79); nevera (102); orden mendicante (41); órgano (63); plaza (84); provincia (145); salada (105); soportal (125); teatro (252); vía verde (127); villa romana (88); Virgen (47).
ALCOLEA DE CINCA (H): Arroz (154); campo de urnas (205); espacio natural (23); mirador (29); molino
(171); mosaico (283); paridera (190); peregrino de Castiello (296).
ALCORISA (T): Alfar (215); almazara (152); almendro (153); archivo (237); calvario (37); Instituto de Estudios (247); palomar (189); venta (126); villa romana (88).
ALCUBIERRE (H): Arte mudéjar (264); balsa (95); casa (71); escuela (244); latifundio (168).
ALER (H): Casa (71); horno (165); mueble (172).
ALERA (Z): Pueblo de colonización (86).
ALERRE (H): Terma (201).
ALFAJARÍN (Z): Acampo (151); almazara (152); arte mudéjar (264); camino real (115); castillo (134); latifundio (168).
ALFAMBRA (T): Industria alimentaria (167); toponimia (253); toro (191); vía verde (127).
ALFAMÉN (Z): Baño (197).
308
ALFÁNTEGA (H): Toponimia (253).
ALFOCEA (Z): Galacho (26).
ALHAMA DE ARAGÓN (Z): Alfar (215); balneario (196); baño (197); toponimia (253).
ALIAGA (T): Cartulario (240); lignito (28); virgen (47).
ALLOZA (T): Almendro (153); baldaquino (59); calvario (37); casa (71); toponimia (253); Virgen del Pilar
(48).
ALMAZORRE (H): Almazara (152); esconjuradero (53); gruta (27).
ALMONACID DE LA CUBA (Z): Abrevadero (179); arte barroco (arquitectura) (271); estanca (99); toponimia (253).
ALMONACID DE LA SIERRA (Z): Alcohol (214); alfar (215); casa de ganaderos (184); fuente (100);
oveja (188); toponimia (253).
ALMUDÁFAR (H): Virgen del Pilar (48).
ALMUDÉVAR (H): Arte gótico (arquitectura) (265); toponimia (253); Virgen (47).
ALMUNIA DE SAN JUAN (H): Aljibe (93); casa rural (72); monasterio (55); toponimia (253).
ALPARTIR (Z): Fuente (100).
ALQUÉZAR (H): Arte románico (escultura) (262); arte gótico (pintura) (267); claustro (60); coleccionismo
(242); colegiata (51); retablo (284); soportal (125).
ALTORRICÓN (H): Villa romana (88).
AMBEL (Z): Arte mudéjar (264); hierro (227); tapiz (285); reliquia (44); retablo (284).
ANADÓN (T): Romería (45).
ANDORRA (T): Alfar (215); almazara (152); arte renacentista (arquitectura) (268); banda de música (238);
coleccionismo (242); corporal (39); corporales de Daroca (291); ferrocarril (117); gentilicio (118); hidrocarburo (225); horno (165); lignito (228); paridera (190); soportal (125); término municipal (87); vía
verde (127).
ANETO (despoblado) (H): Hierro (227).
ANENTO (Z): Arte gótico (pintura) (267); peirón (56).
ANGÜÉS (H): Pozo (104).
ANIÉS (H): Exvoto (40); gruta (27); Virgen (47).
ANIÑÓN (Z): Arte mudéjar (264); azulejo (277); corporal (39); corporales de Daroca (291); industria alimentaria (167); olivo (173); reliquia (44); retablo (284); villa romana (88).
ANSÓ (H): Borda (158); calzado (182); dolmen (206); vestido (233).
ANZÁNIGO (H): Puente (122); Virgen (47).
AÑÓN (Z): Casa (71); corral (185); hierro (227); lavadero (101).
APIÉS (H): Villa romana (88).
ARAGÜÉS DEL PUERTO (H): Vestido (233).
ARANDA DE MONCAYO (Z): Hierro (227); morería (80).
ARÁNDIGA (Z): Azud (94); hierro (227); hortaliza (166); pila bautismal (64).
ARBANIÉS (H): Arte gótico (pintura) (267).
ARCOS DE LAS SALINAS (T): Salina (148).
ARDISA (Z): Embalse (98).
309
ARÉN (H): Camino jacobeo (114); fósil (24).
ARENS DE LLEDÓ (T): Vía verde (127).
ARGAVIESO (H): Villa romana (88).
ARGENTE (T): Arte gótico (arquitectura) (265).
ARGUIS (H): Embalse (98); mirador (29).
ARIÑO (T): Arte rupestre (257); azufre (219); balneario (196); fósil (24); lignito (228); Virgen del Pilar (48).
ARIZA (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268); camino real (115); casino (241); ferrocarril (117); arte
neoclásico (275).
ARMILLAS (T): Salada (105); salina (148); Virgen del Pilar (48).
ARRO (H): Agua de mesa (195); balneario (196).
ARTASO (H): Toponimia (253).
ARTASONA DEL LLANO (H): Pueblo de colonización (86).
ARTIEDA (Z): Arte romano (258); mosaico (283); villa romana (88).
ASÍN (Z): Cáliz (36); escuela (244).
ASÍN DE BROTO (H): Esconjuradero (53).
ATEA (Z): Alcohol (214); peirón (56).
ATECA (Z): Apellido (111); alcohol (214); acueducto (92); arte mudéjar (264); arte barroco (pintura) (273);
azulejo (277); calvario (37); casa consistorial (132); mezquita (54); poblado prerromano (85); toro (191).
AURÍN (H): Hidrocarburo (225).
AYERBE (H): Almendro (153); apodo (112); arte barroco (pintura) (273); busto-relicario (35); camino real
(115); casino (241); cuero (186); escuela (244); gentilicio (118); reliquia (44); reloj de sol (123); toro
(191); trufa (175); Virgen (47).
AZAILA (T): Alabastro (213); arte romano (258); campo de urnas (205); ciudad romana (75); despoblado
(77); muralla (81); poblado prerromano (85); terma (201).
AZANUY (H): Aljibe (93).
AZUARA (Z): Abrevadero (179); arte romano (258); arte mudéjar (264); corral (185); harinera (164); mosaico (283); villa romana (88).
BADULES (Z): Calvario (37).
BAFALUY (H): Cáliz (36).
BAGÜÉS (Z): Arte románico (pintura) (263); Virgen del Pilar (48).
BAIL (H): Pardina (82).
BAILO (H): Corral (185); pardina (82); pila bautismal (64).
BALDELLOU (H): Foz (25); minería industrial (229).
BALLOBAR (H): Espacio natural (23).
BANDALIÉS (H): Alfar (215).
BAÑÓN (T): Fuente (100); pozo (104).
BAÑOS DE SEGURA (T): Balneario (196).
310
BARBASTRO (H): Aeropuerto (109); alabastro (213); alero (276); almendro (153); apellido (111); apodo
(112); archivo (237); arte románico (pintura) (263); arte renacentista (arquitectura) (268); arte renacentista (escultura) (269); baldaquino (59); banda de música (238); busto-relicario (35); catedral (50);
ciudad (73); ciudad islámica (74); cooperativa agraria (161); cuero (186); Derecho aragonés (135); diócesis (136); ferrocarril (117); fuente (100); gentilicio (118); harinera (164); hidrocarburo (225); hierro
(227); incunable (246); Inquisición (140); judería (78); mazonería (281); mineral industrial (229); museo
(251); olivo (173); palacio episcopal (144); plaza (84); provincia (145); retablo (284); romería (45); san
Balandrán (298); sillería (65); soportal (125); tapiz (285); vía verde (127); vid (176); Virgen (47); Virgen
de Magallón (302).
BARCELONA: Arte románico (pintura) (263); arte gótico (pintura) (267).
BARDALLUR (Z): Cueva-vivienda (76); hortaliza (166).
BARDENA (Z): Pueblo de colonización (76).
BARLUENGA (H): Almazara (152); arte gótico (arquitectura) (265); arte gótico (pintura) (267).
BASARÁN (H): Arte mozárabe (260).
BEA (T): Romería (45).
BECEITE (T): Arte rupestre (257); calvario (37); cárcel (131); minería industrial (229); papel (230); patrón
(42); puerta-capilla (57).
BELCHITE (Z): Arte barroco (arquitectura) (271); cantera (222); corral (185); despoblado (77); esmalte
(279); mezquita (54); minería industrial (229); morería (80); orden mendicante (41); Virgen (47).
BELLO (T): Laguna (28); palomar (189); paridera (190).
BELMONTE DE GRACIÁN (o de Calatayud): Azulejo (277); mezquita (54); pila bautismal (64).
BELMONTE DE SAN JOSÉ (o de Mezquín): Arte barroco (arquitectura) (271); cárcel (131); órgano (63);
nevera (102); Virgen del Pilar (48).
BELSUÉ (H): Dolmen (206); embalse (98).
BELVER DE CINCA (H): Cárcel (131); patio (83).
BENABARRE (H): Aeropuerto (109); arte gótico (pintura) (267); banda de música (238); ciudad (73); horno
(165); laguna (28); mineral industrial (229); mueble (172); soportal (125); trufa (175); Virgen (47).
BENASQUE (H): Azufre (219); balneario (196); baño (197); borda (158); camino jacobeo (114); cañada
(183); cartulario (240); casa (71); espacio natural (23); hierro (227); palacio (143); peregrino de Castiello
(296).
BERBEGAL (H): Arte románico (pintura) (263); fuente (100); casa (71); mirador (29); toponimia (253).
BERDÚN (H): Herrería (224); poblado prerromano (85).
BERGOSAL (H): Pardina (82).
BERNUÉS (H): Camino real (115); venta (126).
BERRUECO (Z): Laguna (28).
BESIÁNS (H): Puente (122).
BETESA (H): Arte románico (pintura) (263).
BEZAS (T): Arte rupestre (257); laguna (28).
BIEL (Z): Castillo (134); cripta (62); escuela (244); judería (78); sinagoga (58).
BIELSA (H): Arte renacentista (arquitectura) (268); carnaval (38); casa consistorial (132); hierro (227); mineral industrial (229); vestido (233).
311
BIERGE (H): Arte gótico (arquitectura) (265); arte gótico (pintura) (267); azud (94); puente (122);
BIESCAS (H): Dolmen (206); romería (45).
BIESCAS DE SANTA MARÍA (H): Pardina (82).
BILBILIS (Z): Aljibe (93); arte romano (258); ciudad romana (75); despoblado (77); gentilicio (118); teatro
(252); terma (201).
BINÉFAR (H): Aeropuerto (109); harinera (164); matadero (187); término municipal legendario (299); trufa
(175).
BINIÉS (H): Foz (25).
BIOTA (Z): Arte románico (escultura) (262); arte renacentista (pintura) (270); escuela (244).
BISIMBRE (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268).
BLANCAS (T): Exvoto (40); paridera (190); Virgen (47).
BLANCAZO (H): Pardina (82).
BLECUA (H): Pozo (104).
BLESA (T): Calvario (37); madera (170); reloj de sol (123); retablo (284).
BOLEA (H): Arte musulmán (259); arte gótico (escultura) (266); arte gótico (pintura) (267); arte renacentista
(arquitectura ) (268); campo de urnas (205); casa (71); colegiata (51); coro (61); cripta (62); mazonería
(281); mueble (172); retablo (284); sillería (65); villa romana (88).
BOLTAÑA (H): Casa (71); colegiata (51); cuero (186); gentilicio (118); instrumento musical (248); peregrino
de Castiello (296).
BONANSA (H): Cañada (183).
BONO (H): Hierro (227).
BOQUIÑENI (Z): Apellido (111); Canal Imperial (97); paso de barca (121); toponimia (253).
BORAU (H): Bancal (157); Virgen del Pilar (48).
BORJA (Z): Alero (278); apellido (111); archivo (237); arte rupestre (257); arte mudéjar (264); arte renacentista (arquitectura) (268); arte barroco (escultura) (272); bancal (157); banda de música (238); campo
de urnas (205); casa consistorial (132); ciudad (73); ciudad romana (75), ciudad islámica (74); claustro
(60); colegiata (51); cooperativa agraria (161); coro (61); cueva-vivienda (76); estanca (99); ferrocarril
(117); frutal (163); humilladero (139); mirador (29); morería (80); órgano (63); palacio (143); poblado
perromano (85); reliquia (44); retablo (284); romería (45); sillería (65); soportal (125); vía verde (127);
vid (176); villa romana (88); Virgen (47); Virgen de Salas (304).
BOTAYA (H): Arte románico (escultura) (262).
BOTORRITA (Z): Calzada (113); poblado prerromano (85).
BREA (Z): Apellido (111); calzado (182); cuero (186); arte barroco (arquitectura) (271); arte neomudéjar
(274).
BRONCHALES (T): Alfar (215); hierro (227).
BROTO (H): Bancal (157); borda (158); cañada (183); cárcel (131).
BÚBAL (H): Embalse (98).
BUBIERCA (Z): Virgen del Pilar (48).
BUERA (H): Almazara (152).
BUESA (H): Azufre (219).
312
BUJARALOZ (Z): Arnal (180); balsa (95); camino real (115); casa (71); corral (185); espacio natural (23);
latifundio (168); salada (105).
BURBÁGUENA (T): Peirón (56).
BURETA (Z): Cripta (62).
BURGASÉ (H): Esconjuradero (53).
BUSA (despoblado) (H): Arte mozárabe (260).
CABAÑAS DE EBRO (Z): Goya (280); paso de barca (121); villa romana (88).
CABRA DE MORA (T): Humilladero (139); reloj de sol (123).
CADRETE (Z): Casino (241).
CALACEITE (T): Almazara (152); archivo (237); azud (94); calvario (37); cárcel (131); casa consistorial
(132); mirador (29); muralla (81); olivo (173); plaza (84); pozo (104); puerta-capilla (57); soportal (125).
CALAMOCHA (T): Aeropuerto (109); archivo (237); baldaquino (59); banda de música (238); camino jacobeo (114); casino (241); hospital (199); industria alimentaria (167); latifundio (168); matadero (187);
molino (171); puente (122); venta (126).
CALANDA (T): Acequia (91); acueducto (92); almendro (153); arte neoclásico (275); claustro (60); embalse
(98); frutal (163); hidrocarburo (225); masía (79); mosaico (283); orden mendicante (41); soportal (125);
villa romana (88); Virgen del Pilar (48).
CALASANZ (H): Casa (71); hierro (227); salada (105); salina (148).
CALATAYUD (Z): Alabastro (213); alcohol (214); alero (276); archivo (237); arte romano (258); arte musulmán (254); arte gótico (escultura) (266); arte gótico (pintura) (267); arte mudéjar (264); arte renacentista (arquitectura) (268); arte renacentista (escultura) (269); arte barroco (arquitectura) (271); arte
barroco (pintura) (273); arte neoclásico (275); azucarera (156); azulejo (277); baldaquino (59); banda de
música (238); Bayeu (278); biblioteca (239); cáliz (36); casa de la Comunidad (133); Casa de Ganaderos
(184); casino (241); castillo (134); cava (159); ciudad (73); ciudad romana (75); ciudad islámica (74);
calzado (182); claustro (60); colegiata (51); cooperativa agraria (161); coro (61); despoblado (77); ermita
(52); estación (116); ferrocarril (117); fósil (24); frutal (163); fuente (100); gentilicio (118); hortaliza
(166); hospital (199); Inquisición (140); judería (78); mineral industrial (229); morería (80); mueble
(172); muralla (81); oveja (188); poblado prerromano (85); provincia (145); reloj de sol (123); retablo
(284); sepulcro (209); sillería (65); sinagoga (58); terma (201); toponimia (253); vid (176); Virgen (47).
CALATORAO (Z): Apellido (111); arte barroco (escultura) (272); azucarera (156); busto-relicario (35); cantera (222); casino (241); fuente (100); mezquita (54); mineral industrial (229); puente (122); villa romana
(88).
CALCENA (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268); arte renacentista (pintura) (270); rejería (231).
CALDEARENAS (H): Harinera (164); industria alimentaria (167); paridera (190); trashumancia (192).
CALLÉN (H): Balsa (95).
CALMARZA (Z): Papel (230); puente (122).
CALOMARDE (T): Rejería (231).
CAMAÑAS (T): Reloj de sol (123).
CAMARENA DE LA SIERRA (T): Balneario (196); casa (71); lavadero (101).
CAMARILLAS (T): Acueducto (92); Virgen (47).
313
CAMINREAL (T): Estación (116); ferrocarril (117); mosaico (283); Virgen (47).
CAMPILLO DE ARAGÓN (Z): Azulejo (277).
CAMPO (H): Madera (170); museo (251).
CAMPOL (H): Esconjuradero (53).
CAMPORREAL (Z): Pueblo de colonización (86).
CAMPORRELS (H): Azufre (219); balneario (196).
CANDANCHÚ (H): Arroz (154).
CANDASNOS (H): Balsa (95); carta puebla (70); corral (185); latifundio (168); Virgen del Pilar (48).
CANFRANC (H): Camino real (115); estación (116).
CANTALOBOS (H): Pueblo de colonización (86).
CANTAVIEJA (T): Arte barroco (arquitectura) (271); harinera (164); mirador (29); peirón (56); plaza (84);
provincia (145); rejería (231).
CAÑADA DE BENATANDUZ (T): Casa consistorial (132).
CAÑADA DE VERICH (T): Minería industrial (229).
CAÑIZAR DEL OLIVAR (T): Agua de mesa (195); venta (126).
CAPELLA (H): Arte renacentista (pintura) (270); cáliz (36); puente (122).
CARCAVILLA (H): Hidroelectricidad (226).
CARIÑENA (Z): Agua de mesa (195); alcohol (214); baldaquino (59); busto-relicario (35); camino real
(115); cava (159); ciudad (73); cooperativa agraria (161); coro (61); cueva-vivienda (76); estación (116);
ferrocarril (117); industria alimentaria (167); museo (251); sinagoga (58); toponimia (253); vid (176);
villa romana (88); Virgen (47).
CARTUJA DE AULA DEI (monasterio) (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268); arte renacentista (pintura) (270); arte barroco (pintura) (273); arte neoclásico (275); Bayeu (278); cartuja (49); coro (61);
Goya (280); monasterio (55); muralla (81); sillería (65).
CARTUJA BAJA (o de Miraflores) (Z): Cartuja (49); casa de ganaderos (184); monasterio (55).
CARTUJA DE MONEGROS (o de las Fuentes) (H): Arte neoclásico (275); Bayeu (278); cartuja (49); monasterio (55); muralla (81); pozo (104); pueblo de colonización (86); Virgen (47).
CASANOVA (H): Pardina (82).
CASBAS (H): Alero (276); archivo (237); arte gótico (arquitectura) (265); claustro (60); monasterio (55);
sillería (65).
CASETAS (Z): Azucarera (156); toro (191).
CASPE (Z): Alcohol (214); almazara (152); almenara (110); archivo (237); arnal (180); arte romano (258);
arte gótico (escultura) (266); banda de música (238); cáliz (36); camino jacobeo (114); casino (241); ciudad (73); coleccionismo (242); colegiata (51); embalse (98); escudo legendario (293); estación (116); ferrocarril (117); frutal (163); hidrocarburo (225); hospital (199); judería (78); mausoleo (207); noria (103);
paso de barca (121); plaza (84); provincia (145); soportal (125); villa romana (88).
CASTEJÓN DE LAS ARMAS (Z): Papel (230).
CASTEJÓN DE MONEGROS (H): Arnal (180); arte gótico (arquitectura) (265); latifundio (168).
CASTEJÓN DEL PUENTE (H): Aeropuerto (109); aljibe (93); noria (103); paso de barca (121); romería
(45); Virgen (47).
CASTEJÓN DE SOS (H): Aeropuerto (109); mineral industrial (229).
314
CASTEJÓN DE VALDEJASA (Z): Balsa (95); paridera (190); venta (126).
CASTELLOTE (T): Abrevadero (179); acueducto (92); almendro (153); castillo (134); fósil (24); lignito
(228); mineral industrial (229).
CASTELSERÁS (T): Abrevadero (179); acequia (91); archivo (237); azud (94); botica (198); hidrocarburo
(225); planta medicinal (200); reloj de sol (123).
CASTIELLO DE JACA (H): Peregrino de Castiello (296); reliquia (44).
CASTILISCAR (Z): Arte románico (escultura) (262); escuela (244); estanca (99); sarcófago (208); villa romana (88).
CASTILLAZUELO (H): Acueducto (92).
CASTILSABÁS (H): Almazara (152).
CASTRALVO (T): Lavadero (101).
CASTRO (H): Techumbre mudéjar (286).
CAUDÉ (T): Aeropuerto (109); palomar (189), venta (126).
CEDRILLAS (T): Arte renacentista (arquitectura) (268); muralla (81); peirón (56).
CELLA (T): Acequia (91); acueducto (92); arte romano (258); mora de Cella (295); venta (126); vía verde
(127).
CENTENERA (H): Almazara (152).
CERESA (H): Madera (170).
CERLER (H): Gentilicio (118).
CERVERA DE LA CAÑADA (Z): Acueducto (92); azud (94); coro (61); patrón (42); techumbre mudéjar
(286).
CERVERA DEL RINCÓN (T): Virgen del Pilar (48).
CETINA (Z): Mineral industrial (229).
CHALAMERA (H): Arte románico (escultura) (262); paso de barca (121); sarcófago (208); villa romana
(88).
CHÍA (H): Arte románico (pintura) (263); mirador (29).
CHIMILLAS (H): Estanca (99); molino (171).
CHIPRANA (Z): Almenara (110); mausoleo (207); paso de barca (121); planta medicinal (200); salada (105).
CHODES (Z): Casa (71); hierro (227); noria (103); pila bautismal (64); plaza (84); puente (122).
CIMBALLA (Z): Corporal (39); corporales de Daroca (291).
CINCO OLIVAS (Z): Molino (171); paso de barca (121); término municipal (87).
COCORRO (H): Pardina (82).
CODO (Z): Arte barroco (arquitectura) (271); mueble (172).
COLUNGO (H): Alcohol (214); arte rupestre (257); Virgen del Pilar (48).
CONCUD (T): Fósil (24); palomar (189).
CORTES DE ARAGÓN (T): Arnal (180).
COSCOJUELA DE FANTOVA (H): Mosaico (283).
COSCOJUELA DE SOBRARBE (H): Almazara (152).
COSTEAN (H): Villa romana (88).
CRETAS (T): Arte rupestre (257); arte renacentista (arquitectura) (268); cárcel (131); casa (71); patrón (42);
puerta-capilla (57).
315
CUARTE (H) y (Z): Toponimia (253).
CUARTE DE HUERVA (Z): Agua de mesa (195); toponimia (253).
CUBEL (Z): Laguna (28); mineral industrial (229).
CUCALÓN (T): Palomar (189).
CUENCABUENA (T): Palomar (189).
CUEVAS LABRADAS (T): Exvoto (40).
CUTANDA (T): Almenara (110); castillo (134).
CURBE (H): Pueblo de colonización (86).
DAROCA (Z): Alcohol (214); archivo (237); arnal (180); arte románico (arquitectura) (261); arte gótico
(arquitectura) (265); arte gótico (escultura) (266); arte gótico (pintura) (267); arte mudéjar (264); arte
renacentista (arquitectura) (268); arte barroco (escultura) (272); arte barroco (pintura) (273); azulejo
(277); baldaquino (59); banda de música (238); baño (197); cáliz (36); camino real (115); casa de la Comunidad (133); casino (241); ciudad (73); ciudad islámica (74); colegiata (51); coro (61); corporal (39);
corporales de Daroca (291); escudo legendario (293); esmalte (279), ferrocarril (117); fósil (24); fuente
(100); hospital (199); industria alimentaria (167); Inquisición (140); judería (78); mezquita (54); morería
(80); mueble (172); muralla (81); nevera (102); órgano (63); palomar (189); patio (83); rejería (231); reliquia (44); retablo (284); sillería (65); soportal (125); vía verde (127).
ECHO (H): Borda (158); calzada (113); herrería (224); legumbre (169); sendero (124); vestido (233).
EJEA DE LOS CABALLEROS (Z): Arnal (180); arte románico (escultura) (262); arte gótico (pintura)
(267); arte barroco (pintura) (273); arroz (154); banda de música (238); carnaval (38); casino (241); ciudad romana (75); coleccionismo (242); colegiata (51); coro (61); corral (185); cuero (186); Derecho aragonés (135); escuela (244); estanca (99); ferrocarril (117); herrería (224); industria alimentaria (167);
judería (78); justiciazgo (141); planta textil (174); poblado prerromano (85); retablo (284); sillería (65);
soportal (125); término municipal (87); toro (191); venta (126); vía verde (127); Virgen (47).
EJULVE (T): Casa consistorial (132).
EL BAYO (Z): Pueblo de colonización (86).
EL BURGO DE EBRO (Z): Esmalte (279); espacio natural (23); galacho (26); Virgen (47).
EL CASTELLAR (despoblado) (Z): Paso de barca (121); trovador (301).
EL CASTELLAR (T): Virgen del Pilar (48).
EL COLLADICO (T): Romería (45).
EL FRAGO (Z): Escuela (244); arte románico (escultura) (262).
EL FRASNO (Z): Baldaquino (59); hierro (227); Virgen (47).
EL GRADO (H): Canal (96); colegiata (51); embalse (98); paso de barca (121).
EL POBO (T): Toponimia (253).
EL POYO DEL CID (T): Hidroelectricidad (226); mirador (29); palomar (189).
EL PUEYO DE ARAGUÁS (H): Escudo de Aragón (294).
EL SABINAR (Z): Pueblo de colonización (86).
316
EL TEMPLE (H): Pueblo de colonización (86).
EMBID DE LA RIBERA (Z): Hidroelectricidad (226).
EMBÚN (H): Herrería (224); instrumento musical (248); orden mendicante (41); Virgen del Pilar (48).
ENA (H): Pila bautismal (64); Virgen (47).
ENCINACORBA (Z): Busto-relicario (35); órgano (63).
ÉPILA (Z): Alcohol (214); archivo (237); arte gótico (escultura) (266); arte barroco (pintura) (273); azucarera
(156); campo de urnas (205); calera (221); carnaval (38); colegiata (51); cueva-vivienda (76); exvoto
(40); latifundio (168); noria (103); palacio (143); patio (83); pila bautismal (64); romería (45); sepulcro
(209); sinagoga (58); techumbre mudéjar (286); Virgen (47).
ERLA (Z): Casino (241); escuela (244); retablo (284).
ESCANILLA (H): Calera (221).
ESCARRA (H): Embalse (98).
ESCATRÓN (Z): Azud (94); ferrocarril (117); puerta-capilla (57).
ESCO (Z): Villa romana (88).
ESCUCHA (T): Azabache (218); lignito (228); museo (251).
ESTADA (H): Mosaico (283); sarcófago (208).
ESTADILLA (H): Arte rupestre (257); arte neoclásico (275); balneario (196); exvoto (40); minería industrial
(229); soportal (125); Virgen (47).
ESTERCUEL (T): Casa (71); lignito (228); orden mendicante (41); paridera (190); Virgen (47); Virgen de
Magallón (302).
ESTET (H): Arte románico (pintura) (263).
ESTICHE (H): Villa romana (88).
FABARA (Z): Arte romano (258); campo de urnas (205); coleccionismo (242); frutal (163); mausoleo (207).
FAGO (H): Borda (158); foz (25).
FANLO (H): Arte gótico (escultura) (266).
FAÑANÁS (H): Virgen del Pilar (48).
FARASDUÉS (Z): Arte barroco (pintura) (273); batán (220); corral (185); escuela (244); mausoleo (207);
toro (191); villa romana (88).
FARLETE (Z): Acueducto (92); calera (221); latifundio (168).
FAYÓN (Z): Ermita (52); patrón (42).
FERRERA (H): Pardina (82).
FIGUERUELAS (Z): Automóvil (217); Canal Imperial (97).
FISCAL (H): Batán (220).
FLORENCIA (Italia): Techumbre mudéjar (286).
FONFRÍA (T): Romería (45).
FONZ (H): Casa (71); nevera (102); palacio (143); minería industrial (229); mueble (172); soportal (125).
FORMICHE ALTO (T): Puente (122).
317
FÓRNOLES (T): Cárcel (131); Virgen (47).
FORTANETE (T): Oveja (188); paridera (190); trashumancia (192).
FRAGA (H): Arte romano (258); camino jacobeo (114); camino real (115); campo de urnas (205); ciudad
(73); ciudad islámica (74); corporal (39); corporales de Daroca (291); ferrocarril (117); frutal (163);
judería (78); morería (80); mosaico (283); paso de barca (121); patrón (42); toro (191); vestido (233);
vía verde (127); villa romana (88); Virgen del Pilar (48).
FRÉSCANO (Z): Campo de urnas (205); palacio (143); Virgen del Pilar (48).
FRÍAS DE ALBARRACÍN (T): Arte neoclásico (275).
FRULA (H): Pueblo de colonización (86).
FUENCALDERAS (Z): Escuela (244).
FUENDEJALÓN (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268); baldaquino (59).
FUENDETODOS (Z): Calera (221); casino (241); Goya (280); pila bautismal (64).
FUENTES CLARAS (T): Cantera (222); palomar (189).
FUENTES DE EBRO (Z): Acampo (151); alabastro (213); arte renacentista (arquitectura) (268); balneario
(196); Canal Imperial (97); especia (162); hortaliza (166); retablo (284).
FUENTES DE JILOCA (Z): Alabastro (213); arte renacentista (arquitectura) (268); azulejo (277); peirón
(56).
FUENTESPALDA (T): Aluminio (216); archivo (237); minería industrial (229); puerta-capilla (57).
FUMANAL (H): Almazara (152).
GABASA (H): Calera (221).
GALLOCANTA (Z): Laguna (28); monasterio (55); palomar (189); paridera (190).
GALLUR (Z): Azucarera (156); Canal Imperial (97); casino (241); ferrocarril (117); paso de barca (121); poblado prerromano (85); puente (122); sarcófago (208).
GALVE (T): Alfar (215); fósil (24); museo (251).
GARGALLO (T): Lignito (228); venta (126).
GAVÍN (H): Arte mozárabe (260).
GEA DE ALBARRACÍN (T): Arte barroco (escultura) (272); arte barroco (pintura) (273); rejería (231).
GELSA (Z): Alabastro (213); azud (94); casa (71); casino (241); ciudad islámica (74); morería (80); noria
(103); reliquia (44).
GÉSERA (H): Arte románico (pintura) (263).
GIL (despoblado) (H): Despoblado (77).
GISTAÍN (H): Borda (158); camino jacobeo (114); carnaval (38); espacio natural (23); hidroelectricidad
(226); hierro (227); minería industrial (229); mirador (29); retablo (284); vestido (233).
GODOS (T): Peirón (56).
GORDÚN (Z): Poblado prerromano (85); villa romana (88); Virgen del Pilar (48).
GRAÑÉN (H): Arnal (180); arte renacentista (pintura) (270); arroz (154); retablo (284); villa romana (88).
GRAUS (H): Agua de mesa (195); arte renacentista (arquitectura) (268); arte neoclásico (275); casa consistorial (132); escuela (244); especia (162); ferrocarril (117); plaza (84); sarcófago (208); sepulcro (209);
soportal (125); teatro (252); trufa (175); vía verde (127); Virgen (47).
318
GRIEGOS (T): Toro (191).
GRISEL (Z): Bancal (157).
GUADALAVIAR (T): Trashumancia (192).
GUASILLO (H): Arte mozárabe (260).
GUASO (H): Aljibe (93); esconjuradero (53); telar (232).
GÚDAR (T): Bancal (157); masía (79).
GURREA DE GÁLLEGO (H): Aeropuerto (107).
HERRERA DE LOS NAVARROS (Z): Virgen (47).
HÍJAR (T): Alabastro (213); archivo (237); calvario (37); castillo (134); esmalte (279); judería (78); morería
(80); puerta-capilla (57); sinagoga (58).
HINOJOSA DE JARQUE (T): Arte barroco (arquitectura) (271); Virgen del Pilar (48).
HUÉRMEDA (Z): Mezquita (54).
HUESA DEL COMÚN (T): Castillo (134); foz (25); morería (80).
HUESCA: Aeropuerto (109); alabastro (213); alero (276); almendro (153); apellido (111); apodo (112); archivo (237); arroz (154); arte romano (258); arte musulmán (259); arte mozárabe (260); arte románico
(escultura) (262); arte gótico (arquitectura) (265); arte gótico (escultura) (266); arte gótico (pintura)
(267); arte renacentista (escultura) (269); arte barroco (arquitectura) (271); arte barroco (escultura)
(272); arte barroco (pintura) (273); arte neoclásico (275); avicultura (181); azulejo (277); banda de música
(238); Bayeu (278); biblioteca (239); busto-relicario (35); camino jacobeo (114); campana de Huesca
(290); campo de urnas (205); cañada (183); cartulario (240); casa consistorial (132); casino (241); catedral
(50); ciudad (73); ciudad romana (75); claustro (60); coleccionismo (242); coro (61); cripta (62); cuero
(186); Derecho aragonés (135); diócesis (136); Diputación Provincial (137); escudo legendario (293); escudo de Aragón (294); esmalte (279); exvoto (40); ferrocarril (117); frutal (163); Goya (280); harinera
(164); hospital (199); incunable (246); Instituto de Estudios (247); judería (78); matadero (187); mezquita
(54); miniatura (282); morería (80); mosaico (283); mueble (172); muralla (81); museo (251); orden
mendicante (41); órgano (63); palacio (143); palacio episcopal (144); patio (83); patrón (42); peregrinación (43); plaza (84); poblado prerromano (85); provincia (145); Real Sociedad Económica de Amigos
del País (147); rejería (231); retablo (284); Salto de Roldán (297); sarcófago (208); sillería (65); teatro
(252); techumbre mudéjar (286); toro (191); tumba real (210); villa romana (88); Virgen (47); Virgen
del Pilar (48); Virgen de Salas (304).
IBDES (Z): Casa (71); ermita (52); molino (171); paridera (190); Virgen (47).
IBIECA (H): Arte gótico (pintura) (267); reloj de sol (123).
IBIRQUE (H): Dolmen (206).
ILLUECA (Z): Arte romano (258); arte barroco (arquitectura) (271); arte barroco (escultura) (272); arte
neomudéjar (274); calzado (182); cuero (186); palacio (143); techumbre mudéjar (286).
INOGÉS (Z): Acueducto (92).
JABALOYAS (T): Casa (71).
JACA (H): Almenara (110); apellido (111); archivo (237); arte románico (arquitectura) (261); arte románico
(escultura) (262); arte románico (pintura) (263); arte gótico (escultura) (266); arte renacentista (arqui319
tectura) (268); arte renacentista (escultura) (269); arte barroco (escultura) (272); banda de música (238);
Bayeu (278); calzada (113); camino real (115); camino jacobeo (114); cárcel (131); cartulario (240); casa
consistorial (132); casino (241); castillo (134); catedral (50); ciudad (73); ciudad romana (75); claustro
(60); coleccionismo (242); coro (61); Derecho aragonés (135); diócesis (136); estación (116); ferrocarril
(117); herrería (224); hidrocarburo (225); hidroelectricidad (226); hierro (227), hospital (199); Inquisición (140); instrumento musical (248); judería (78); lonja (119); matadero (187), miniatura (282); miniaturismo (250); museo (251); órgano (63); palacio episcopal (144); patio (83); poblado prerromano
(85); puente (122); Real Sociedad Económica de Amigos del País (147); rejería (231); reloj de sol (123);
retablo (284); sepulcro (209); sillería (65); Virgen (47).
JAGANTA (T): Almazara (152).
JARABA (Z): Agua de mesa (195); balneario (196); baño (197); peirón (56); toponimia (253).
JARQUE (Z): Biblioteca (239); calzado (182); cava (159); miniaturismo (250).
JATIEL (T): Cripta (62).
JAULÍN (Z): Balsa (95).
JAVIERRE (H): Mueble (172).
JAZ (despoblado) (H): Pardina (82).
JUSEU (H): Salina (148).
JUSLIBOL (Z): Cueva-vivienda (76); galacho (26); toponimia (253).
LA ALFRANCA (Z): Espacio natural (23); galacho (26).
LA ALMOLDA (Z): Latifundio (168); mirador (29).
LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA (Z): Alcohol (214); apellido (111); arte gótico (pintura) (267); arte
barroco (pintura) (273); azulejo (277); banda de música (238); busto-relicario (35); casa rural (72); cooperativa agraria (161); hortaliza (166); latifundio (168); mosaico (283); pila bautismal (64); techumbre
mudéjar (286); toponimia (253); villa romana (88); Virgen (47).
LA CAÑADA DE VERICH (T): Nevera (102).
LA CARTUJA BAJA (Z): Aluminio (216); espacio natural (23); galacho (26); oveja (188).
LA CEROLLERA (T): Ermita (52).
LA CODOÑERA (T): Archivo (237).
LA CUBA (T): Calzado (182); rejería (231).
LA FRESNEDA (T): Archivo (237); arte renacentista (arquitectura ) (268); cárcel (131); casa consistorial
(132); ermita (52); olivo (173); plaza (84); soportal (125); Virgen (47); Virgen del Pilar (48).
LA GINEBROSA (T): Almendro (153); gentilicio (118); minería industrial (229).
LA HOZ DE LA VIEJA (T): Horno (165).
LA IGLESUELA DEL CID (T): Camino jacobeo (114); mausoleo (207); provincia (145); telar (232); villa
romana (88); Virgen (47).
LA MATA DE LOS OLMOS (T): Calvario (37).
LA MUELA (Z): Acampo (151); almazara (152); aluminio (216); arte renacentista (pintura) (270); balsa
(95); cueva-vivienda (76); industria alimentaria (167); nevera (102); olivo (173); pozo (104); toponimia
(253); toro (191).
320
LA PORTELLADA (T): Mirador (29).
LA PUEBLA DE ALBORTÓN (Z): Cantera (222).
LA PUEBLA DE CASTRO (H): Arte romano (258); arte mudéjar (264); ciudad romana (75); techumbre
mudéjar (286); terma (201).
LA PUEBLA DE HÍJAR (T): Alabastro (213); aluminio (216); archivo (237); azucarera (156); Bayeu (278);
casino (241); villa romana (88).
LA PUEBLA DE VALVERDE (T): Puerta-capilla (57).
LACORT (H): Batán (220).
LADRUÑÁN (T): Arte rupestre (257); Virgen del Pilar (48).
LAFORTUNADA (H): Hidroelectricidad (226).
LAGATA (Z): Abrevadero (179).
LAGUERUELA (T): Calvario (37); romería (45).
LAGUNARROTA (H): Pozo (104).
LALUENGA (H): Balsa (95); pozo (104); villa romana (88).
LANAJA (H): Arte neoclásico (275); cartuja (49); corral (185); latifundio (168); toro (191).
LANGA DEL CASTILLO (Z): Virgen (47); Virgen de Salas (304).
LANUZA (H): Embalse (98).
LAPERDIGUERA (H): Balsa (95); pozo (104).
LÁRREDE (H): Arte mozárabe (260).
LARRÉS (H): Mueble (172); museo (251).
LAS ALMUNIAS DE RODELLAR (H): Molino (171).
LAS CUERLAS (Z): Palomar (189).
LAS PARRAS DE CASTELLOTE (T): Almazara (152); puerta-capilla (57).
LASAOSA (H): Herrería (224).
LASPUÑA (H): Embalse (98); madera (170).
LASTIESAS (H): Virgen del Pilar (48).
LAYANA (Z): Acueducto (92); cáliz (36); mausoleo (207); terma (201); villa romana (85).
LÉCERA (Z): Arte barroco (arquitectura) (271); balsa (95).
LECHAGO (T): Reloj de sol (123).
LECHÓN (Z): Retablo (284).
LECIÑENA (Z): Aljibe (93); arte renacentista (arquitectura) (268); calera (221); latifundio (168); romería
(45); toponimia (253); villa romana (88); Virgen (47); Virgen de Magallón (302).
LÉRIDA (Cataluña): Arte románico (pintura) (263); arte gótico (pintura) (267).
LETUX (Z): Arte barroco (arquitectura) (271); Casa de Ganaderos (184); casino (241); oveja (188).
LIBROS (T): Azufre (219); fósil (24).
LIERTA (H): Gruta (27); Virgen del Pilar (48).
LIESA (H): Arte gótico (pintura) (267); reliquias (44).
LIGÜERRE (H): Paso de barca (121).
LINARES DE MORA (T): Arte neoclásico (275); calvario (37); esmalte (279); masía (79).
321
LITAGO (Z): Almenara (110); hierro (227).
LLEDÓ (T): Azud (94); patrón (42); vía verde (127).
LOARRE (H): Aljibe (93); arte románico (arquitectura) (261); arte románico (escultura) (262); arte barroco
(escultura) (272); castillo (134); cripta (62); mirador (29); monasterio (55); muralla (81); reliquia (44);
villa romana (88).
LOBERA (Z): Escuela (244); pardina (82).
LONGARES (Z): Archivo (237); arte gótico (arquitectura) (265); arte renacentista (arquitectura) (268); arte
renacentista (escultura) (269); arte barroco (escultura) (272); arte barroco (pintura) (273); azulejo (277);
cáliz (36); mezquita (54); pila bautismal (64); retablo (284).
LONGÁS (Z): Corral (185).
LORETO (término de Huesca): Estanca (99).
LOS FAYOS (Z): Arte barroco (pintura) (273).
LOS OLMOS (T): Venta (126).
LUCENA DE JALÓN (Z): Cueva-vivienda (76).
LUCENI (Z): Arte gótico (escultura) (266); azucarera (156); Canal Imperial (97).
LUCO DE BORDÓN (T): Virgen del Pilar (48).
LUCO DE JILOCA (T): Legumbre (169); palomar (189); peirón (56); puente (122); venta (126).
LUESIA (Z): Arte románico (escultura) (262); arte gótico (pintura) (267); casa (71); castillo (134); cripta
(62); escuela (244); legumbre (169); mirador (29).
LUESMA (Z): Mineral industrial (229); toro (191).
LUMPIAQUE (Z): Alcohol (214); cuero (186); cueva-vivienda (76); lavadero (101).
LUNA (Z): Arte románico (escultura) (262); cripta (62); escuela (244); instrumento musical (248); Virgen
(47).
LUPIÑÉN (H): Villa romana (88).
LUZÁS (H): Almenara (110).
MADRID: Botica (198); busto-relicario (35); cartulario (240); mosaico (283); mueble (172).
MAELLA (Z): Alcohol (214); campo de urnas (205); escudo legendario (293).
MAGALLÓN (Z): Arte mudéjar (264); arte renacentista (arquitectura) (268); arte barroco (escultura) (272);
arte barroco (pintura) (273); baldaquino (59); calzada (113); ciudad islámica (74); orden mendicante
(41); paridera (190); Virgen de Magallón (302).
MAINAR (Z): Arte mudéjar (264); arte gótico (escultura) (266); camino real (115); venta (126).
MAJONES (H): Foz (25).
MALANQUILLA (Z): Fuente (100); nevera (102); molino (171).
MALEJÁN (Z): Arte renacentista (arquitectura) (268).
MALLÉN (Z): Arte barroco (escultura) (272); baldaquino (59); calzada (113); canal (96); Canal Imperial
(97); casino (241); legumbre (169); rejería (231).
MALÓN (Z): Vía verde (127); Virgen del Pilar (48).
MALUENDA (Z): Alero (276); arte mudéjar (264); arte barroco (pintura) (273); coro (61); techumbre mudéjar (286).
322
MANCHONES (Z): Alcohol (214); Virgen del Pilar (48).
MANZANERA (T): Agua de mesa (195); humilladero (139); molino (171); Virgen (47).
MARA (Z): Arte mudéjar (264).
MARCÉN (H): Villa romana (88).
MARÍA DE HUERVA (Z): Casino (241); castillo (134); trashumancia (192); vía verde (127); villa romana
(88).
MARRACOS (Z): Hidroelectricidad (226).
MAS DE LAS MATAS (T): Alcohol (214); almazara (152); almendro (153); arte barroco (arquitectura)
(271); harinera (164); molino (171).
MAZALEÓN (T): Archivo (237); arte rupestre (257); arte renacentista (arquitectura) (268); campo de urnas
(205); cárcel (131); casa consistorial (132); soportal (125); Virgen (47).
MEDIANA DE ARAGÓN (Z): Agua de mesa (195); salada (105).
MEDIANO (H): Embalse (98); esconjuradero (53).
MEQUINENZA (Z): Almazara (152); castillo (134); embalse (98); ferrocarril (117); hidroelectricidad (226);
lignito (228); mirador (29); noria (103); paso de barca (121); patrón (42).
MERLI (H): Dolmen (206).
MESONES DE ISUELA (Z): Aljibe (93); arte mudéjar (264); castillo (134); calera (221); techumbre mudéjar
(286).
MEZALOCHA (Z): Embalse (98); legumbre (169); minería industrial (229).
MIANOS (Z): Rejería (231).
MIEDES (Z): Cáliz (36).
MIPANAS (H): Almazara (152).
MIRAMBEL (T): Arte renacentista (pintura) (270); muralla (81); provincia (145); venta (126).
MIRAVETE DE LA SIERRA (T): Industria alimentaria (167).
MOLINOS (T): Arte gótico (arquitectura) (265); gruta (27); palomar (189); puerta-capilla (57).
MONEGRILLO (Z): Corral (185); latifundio (168).
MONESMA DE SAN JUAN (H): Pozo (104).
MONEVA (Z): Abrevadero (179); arte barroco (arquitectura) (271).
MONFLORITE (H): Aeropuerto (109).
MONFORTE DE MOYUELA (T): Castillo (134); Virgen (47); Virgen del Pilar (48).
MONLEÓN (despoblado) (Z): Campo de urnas (205); muralla (81).
MONLORA (santuario) (Z): Arte barroco (pintura) (273); mirador (29); reloj de sol (123).
MONREAL DE ARIZA (Z): Teatro (252); terma (201).
MONREAL DEL CAMPO (T): Aluminio (216); azafrán (155); castillo (134); especia (162); industria alimentaria (167).
MONROYO (T): Cárcel (131); casa consistorial (132); pozo (104); toponimia (253).
MONTALBÁN (T): Archivo (237); arte mudéjar (264); camino jacobeo (114); colegiata (51); fósil (24); toponimia (253).
MONTANUY (H): Espacio natural (23).
MONTAÑANA (H): Arte románico (escultura) (262); despoblado (77); puente (122).
323
MONTAÑANA (Z): Pardina (82).
MONTEAGUDO DEL CASTILLO (T): Virgen del Pilar (48).
MONTEARAGÓN (monasterio) (H): Arte gótico (escultura) (266); cartulario (240); castillo (134); corporal
(39); corporales de Daroca (291); monasterio (55); retablo (284); tumba real (210).
MONTESUSÍN (H): Pueblo de colonización (86).
MONTÓN (Z): Virgen del Pilar (48).
MONTORO (T): Espacio natural (23); foz (25).
MONZALBARBA (Z): Galacho (26); gentilicio (118); Virgen (47); Virgen de Magallón (302).
MONZÓN (H): Apellido (111); archivo (237); azucarera (156); banda de música (238); calzada (113); camino
real (115); cárcel (131); castillo (134); catedral (50); ciudad (73); hidrocarburo (225); judería (78); miniaturismo (250); molino (171); monasterio (55); plaza (84); romería (45); término municipal legendario
(299); villa romana (88); Virgen (47).
MORA DE RUBIELOS (T): Arte gótico (arquitectura) (265); banda de música (238); calvario (37); colegiata
(51); claustro (60); masía (79); muralla (81); patio (83); plaza (84); pozo (104); trufa (175).
MORATA DE JALÓN (Z): Acueducto (92); alcohol (214); alero (276); casino (241); coleccionismo (242);
minería industrial (229); noria (103); palacio (143); patio (83), puente (122).
MORATA DE JILOCA (Z): Arte gótico (pintura) (267); azulejo (277).
MORÉS (Z): Hierro (227).
MORILLO DE TOU (H): Alfar (215).
MOSCARDÓN (T): Corral (185); horno (165).
MOSQUERUELA (T): Lavadero (101); masía (79); muralla (81); plaza (84); provincia (145); puerta-capilla
(57).
MOYUELA (Z): Abrevadero (179); arte barroco (arquitectura) (271); cueva-vivienda (76); ermita (52).
MOZOTA (Z): Hortaliza (166).
MUEL (Z): Alfar (215); arte barroco (pintura) (273); azulejo (277); camino real (115); cueva-vivienda (76);
Goya (280); hortaliza (166); minería industrial (229); pila bautismal (64).
MULLERMUERTA (despoblado) (H): Pardina (82).
MUNIESA (T): Arte mudéjar (264); azulejo (277); casa rural (72); toponimia (253); Virgen de Salas (304).
MURERO (Z): Fósil (24).
MURILLO DE GÁLLEGO (Z): Arte románico (arquitectura) (261); arte románico (escultura) (262); cripta
(62); hidroelectricidad (226).
MURO DE RODA (H): Despoblado (77); mirador (29); muralla (81).
NAVAL (H): Alfar (215); balneario (196); salada (105); salina (148).
NAVARDÚN (Z): Almenara (110); poblado prerromano (85)