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Directorio Institucional
Dr. Francisco Armada
Ministro de Salud
Dr. José Rafael Mendoza
Viceministro de Redes de Salud Colectiva
Dr. Carlos Humberto Alvarado
Viceministro de Redes de Servicios de Salud
Dr. Fernando Colmenares Bottaro
Director Ejecutivo del Servicio Autónomo
Instituto de Altos Estudios “Dr. Arnoldo Gabaldon”
1ra. Edición, Noviembre 2006.
Todos los derechos reservados.
© Daisy Camacaro Gómez.
© Sobre la presente edición: IAES “Dr. Arnoldo Gabaldon”
Esta obra está protegida por las disposiciones sobre reproducción de
originales del Protocolo 2 de la Convención Universal sobre Derechos de
Autor. Se puede reseñar, reproducir o traducir con fines de investigación o
de estudio privado, pero no para la venta u otro uso comercial. En todo
uso que se haga de esta información se deberá indicar su fuente.
Depósito Legal.- If90420066101525
ISBN.- 980-6778-19-7
Directora de Gestión de Información: Wuilman Gómez.
Coordinación editorial: María Mercedes Estrada.
Concepto gráfico y diseño: José Edgardo Morr.
Revisión literaria: Miriam Kasen.
Transcripción de entrevistas: Glenda Girón.
Fotografias: Álbumes de la familia Rodríguez Ochoa.
Impresión: 1.000 ejemplares.
Impreso por: VDP Soluciones Gráficas c.a.
Telefax.- (0243) 2418454. email: [email protected]
www.iaesp.edu.ve
“Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran.
Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo
la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de
un agua remota que me espera donde comienza el alba.
Invento la víspera, la noche, el día siguiente que se levanta
en su lecho de piedra y recorre con ojos límpidos un mundo
penosamente soñado. Sostengo al árbol, a la nube, a la
roca, al mar, presentimiento de dicha, invenciones que
desfallecen y vacilan frente a la luz que disgrega”.
Octavio Paz
Dedicatoria
A la memoria de Lidia Zerpa Durán, mi queridísima tía.
A todos y todas mis estudiantes de medicina, con el anhelo
de que la semblanza de este médico promotor de vida y
constructor de ciudadanía, se convierta en un modelo
para el ejercicio de su profesión.
5
Agradecimiento
A todos y todas los/las entrevistados/as, amigos/as,
compañeros/as de trabajo quienes con sus voces y manos
ayudaron a evocar la vida, obra y el ejemplo
de Gilberto Rodríguez Ochoa.
7
Un trazador de caminos...
D
e Gilberto pudiera decirse que fue alguien especial. Su
historia, análisis, luchas, ideas, actitudes, construcciones, viajes,
poemas, búsquedas, cruzadas y hasta sus depresiones le daban
ese perfil, pero su característica más importante era su terco compromiso con las necesidades del pueblo.
Ese compromiso lo perseguía implacablemente, fueron muchas
las veces que lo vimos retirarse desilusionado, para luego reencontrarlo enfrascado en una nueva lucha. Era inevitable: si se
topaba con alguna injusticia, se obligaba a volver, a continuar en
el combate, haciendo énfasis siempre en la cuestión humana,
en términos de los que es la calidad de la atención, la calidad
que debía sentir la gente y eso fue algo realmente peculiar e importante dentro de la visión que tenía. En el aspecto ideológico,
poseía una direccionalidad bastante clara, no solamente en la
misión principal de transformación, sino también en las actividades cotidianas.
Yo lo conocí en Amazonas, cuando hice allá mi pasantía rural en
el último año de la carrera. Después como médico rural, tuve la
oportunidad de interactuar con él en diferentes espacios en ese
estado. Lo que más me marcó de él fue la lucha política, posible
desde cualquier marco, en todos los espacios. Fue una constante, cualquier instancia se convertía en un escenario para expresar
la necesidad de un cambio. Tanto en área de investigación como
cuando asumía una responsabilidad de índole política.
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Quienes lo conocimos supimos de su sencillez hecha vida, por
tanto, pretender homenajearlo de alguna manera sería ofenderlo, pero sabemos que ese no es el objeto de esta publicación.
Gilberto libró siempre una batalla interna en esa búsqueda del
auténtico revolucionario y profesó el anonimato como parte de
la reivindicación de lo colectivo por encima de lo individual. Se
trataba de una íntima construcción del socialismo en lo cotidiano
de su vida.
Hoy, cuando lo hacemos objeto de este libro y utilizamos su
nombre para el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano
de Caracas, quizás estamos forzando sus deseos o le fallamos
como compañeros de camino al aupar estas iniciativas que hacen recordar su nombre. Pero no, es lo que manda el afecto por
su recuerdo.
¿Qué pretendemos pues, si no se trata de un reconocimiento?
Realmente aspiramos compartir con los lectores su experiencia
para cumplir con la responsabilidad política de alimentar la batalla de las ideas para el avance de la Revolución Bolivariana.
Si lo precisamos, esta publicación tiene, al menos tres intenciones: En primer lugar, dar a conocer una vida de lucha como
ejemplo de lo hermoso del compromiso social y la demostración
de que compromiso no es sinónimo de sacrificio, pues se trata
de un acto de amor.
En segundo lugar, el recuento de la vida de Gilberto permite
mostrar algunos aspectos fundamentales de las políticas de salud
de la revolución, sus antecedentes de lucha y ejemplos de su
aplicación. Destacan la importancia del abordaje de nuestra condición multiétnica y pluricultural, el carácter fundamentalmente
político de las acciones sanitarias, el desenmascaramiento del
capitalismo médico y el enfoque de necesidades en la atención
de la salud del pueblo.
Finalmente, mostrar el accionar de Gilberto en la militancia de la
justicia ayuda a la identificación de una ética socialista en salud,
incluso en el resto de la política. Aunque uno, dos o mil códigos
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de ética sean útiles como orientación moral, el ejemplo tiene una
enorme fuerza forjadora de conciencias.
Entonces, presentamos este libro como una forma de llegar al
alma de algunos, de estremecerlos para pensar la salud desde
un punto de vista ético unido con el de la militancia.
Rodríguez Ochoa fue constante en su lucha contra la corrupción,
atacó por igual desde el robo burdo grande o pequeño, hasta
el maldito accionar legal del capitalismo médico en contra del
pueblo. Fue inquebrantable al defender una conducta de los
trabajadores de la salud y una administración de los recursos
públicos, sólo en función de los intereses del pueblo.
Como Ministro, incorporó un estilo distinto: más sencillo, más
humano. En los momentos cuando comenzaron a generarse
el movimiento y los cambios políticos y revolucionarios, planteó
una propuesta diferente para una estructura que se evidenciaba
terriblemente deformada y perversa.
También hizo énfasis en el esquema de la transparencia administrativa y se concentró en la acometida de las necesidades de las
gente: de lo que hacía falta, más que hacia lo propiamente técnico del Ministerio. Esa concepción quedó plasmada en el Modelo
de Atención Integral que Gilberto y su equipo propusieron para
dar respuesta a la percepción de las necesidades de la gente y no
en la percepción alrededor del propio sistema de salud.
Para mí Gilberto fue una referencia para la construcción de una
sociedad distinta, de un país más justo, un país que se proyecte
en condiciones diferentes . Particularmente, desde la trinchera de
la salud colectiva, de la salud pública en la que Gilberto estuvo,
pienso que hoy día tenemos algunas fortalezas que fueron producto de sus aciertos en ese entonces. Para la historia de la salud
en Venezuela, Gilberto es una referencia exitosa de un momento
que fue tan difícil: el inicio de la transformación. En ese sentido,
es un referente, una referencia ética, un trazador de caminos.
En estos días, el dolor de la partida de Gilberto, se disipa con el
regocijo del recuerdo de su vida, sus aportes y la certeza del com-
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promiso cumplido, incluso, nos ayuda la fantasía de que ante la
perspectiva del fatal accidente, y luego de un rápido balance de
su vida, se despidió con una última sonrisa.
Francisco Armada
Ministro de Salud
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Una vida para un libro...
H
e finalizado la lectura de la versión aún no editada del
libro-biografía de Gilberto Rodríguez Ochoa, escrito por Daisy
Camacaro Gómez, distinguida docente del Instituto de Altos Estudios de Salud Pública “Arnoldo Gabaldon”(IAESP).
Aún tengo el libro en mis manos y contemplo en este momento
la portada elaborada por la gente del IAESP. Al fondo: un paisaje
de Amazonas, donde se divisa el Orinoco y un cielo inmenso, un
papagayo elevado por un niño pareciera trascenderlo. Tal vez sea
ese un símbolo que nos recuerde al Gilberto niño y al Gilberto
adulto: un papagayo que nos empeñamos en hacer volar igual
que a los sueños. En primer plano los ladrillos de una vivienda en
construcción y una carretilla y abajo entre los ladrillos entreabiertos su rostro sonriente y la bandera de Venezuela ondeante.
Daisy me solicitó que escribiera el Prólogo del libro. Mi único mérito en la edición de esa obra es ser el recién nombrado Director
Ejecutivo del IAESP. No tuve el privilegio de conocer personalmente a Gilberto Rodríguez Ochoa, pero interesantes impresiones me
acompañan tras la lectura de este libro. Voy a tomar prestadas
las palabras de su hijo Andrés Eloy para decir con él: “... una
persona tan grande como papá es una de esas cosas maravillosas y extrañas de la vida que casi nunca ocurren…” y agrego:
lamento no haber tenido la oportunidad de ser su amigo, de
no haber podido discutir con él sus proyectos sobre el Sistema
Público Nacional de Salud. Lamento tantas cosas. Cómo hubiera
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disfrutado al visitarlo en Puerto Ayacucho, Turmero o Aguirre,
cuánto me hubiese gustado ser su alumno en la Universidad de
Carabobo y haber aprendido de él, más que por su palabra, por
su ejemplo.
Porque Gilberto Rodríguez Ochoa fue la expresión hecha hombre
de lo que significa la palabra coherencia, es decir, la sintonía
entre el pensar, el sentir y el actuar: como pensaba, sentía y como
sentía, actuaba. Era una coherencia radical.
Además de médico fue un constructor y un campesino. Constructor de casas y de proyectos para el país que él aspiraba solidario
e igualitario. Campesino por su amor a la naturaleza. Un amigo
lo describe como un enamorado. Sí, enamorado de la vida, del
amor, de la tierra, del firmamento, de los seres vivientes y principalmente enamorado de su pueblo.
Daisy se encargó de buscar las fuentes más cercanas al Dr. Gilberto: su esposa, sus hijas e hijos, sus hermanas y hermanos,
sus amigas y amigos, sus alumnas y alumnos, sus compañeras y
compañeros de lucha política y social y esa huella que dejó hecha palabra escrita casi a diario en la denuncia ante los medios,
artículos de prensa, reflexiones, cartas, poemas.
El libro narra su vida desde la casa paterna en La Pastora, su
vida de niño líder, su decisión de ser médico para que nadie más
muriera como murió su padre, su papel como hermano mayor
ante la ausencia de Arnoldo que estudiaba en la Escuela Militar,
su trabajo como dermatólogo en Caracas y Maracay, su vida
familiar y su rol de padre inigualable, su lucha existencial que
lo lleva a cambiar su destino e irse a vivir al Amazonas y hacer
contacto real con el pueblo indígena y sus necesidades sin fin,
su lucha radical contra la corrupción, el despilfarro de recursos
económicos y naturales, su retorno a Maracay para dedicarse a
la Dirección de Malariología y Saneamiento Ambiental, su paso
por Proyecto Salud Aragua y la Dirección General de Salud de
Corposalud Aragua, su nombramiento como Ministro y finalmente la vuelta al campo en Aguirre, donde muere fatalmente el 10
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de Marzo de 2002, precisamente el año que él mismo había
llamado de la dignificación.
Este libro seguramente se convertirá en lectura obligada para
todo estudiante que curse cualquier carrera relacionada con la
salud. Debe leerlo también el médico para cultivar la humildad
necesaria en su accionar diario, el aspirante a político para que
sienta ganas de luchar por una Venezuela justa, progresista, socialista y también cada venezolano, para que aprenda a amar
esta tierra, para que permanezca en el campo o vuelva a él,
para que se llene de fuerzas y luche por cerrar la brecha de los
que lo tenemos casi todo con los que tienen casi nada. Gilberto
Rodríguez Ochoa será dignificado el día en que cada venezolano
pueda hacer realidad lo que él soñó. Ese día aparecerá en el firmamento una estrella que alumbrará por siempre nuestros pasos
hacia un futuro solidario y justo.
Fernando Colmenares Bottaro
Director Ejecutivo IAES “Dr. Arnoldo Gabaldon”
15
Ir tras las huellas...
P
retender aproximarse a la vida y obra del Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa es involucrarse con la crítica implacable de la
privatización de la medicina, de la fragmentación de nuestro
sistema de salud, de lo biologicista y clínico del acto médico,
porque para él, esa crítica fue, más que una postura o actitud,
una práctica de vida.
Su sensibilidad social lo llevó, desde muy temprana edad a luchar
por una sociedad más justa, enfrentándose a los avatares de la
dinámica política desde la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y
manteniéndose hasta el final de su vida como un guerrero combatiente contra un sistema económico, social y político generador de improductividad, dependencia, neocolonialismo, atraso,
exclusión y pobreza para la mayoría de los/las venezolanos/as.
Fue el primer Ministro de Salud del gobierno del Presidente Hugo
Rafael Chávez Frías. Desde ese espacio dio un paso trascendental
para la concepción de la salud en el país y fusionó el Ministerio
de Familia y el de Sanidad, dando lugar al Ministerio de Salud y
Desarrollo Social y con mucho esfuerzo comenzó a batallar por
implantar el Modelo de Atención Integral (MAI) en todo el territorio nacional, así como el Sistema de Información Epidemiológica
(SISMAI). Promovió la red ambulatoria de prevención de la diabetes en Venezuela e impulsó innumerables programas y proyectos
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de salud vinculados a lo social, siempre desde la perspectiva de
un ciudadano constructor de sueños y maestro de obras para
el logro de un país con mayor justicia social y bienestar para
todos/as los/las venezolanos/as.
Acercarse a la vida de Gilberto Rodríguez Ochoa significa también transitar por los escenarios de su incansable lucha por la
democratización de la salud, por su tenaz énfasis en la prevención y promoción de la salud, su compromiso con la salud de los
indígenas y con un enfoque integral en la atención médica.
Llegar a su vida es también, conocer el arte de sus manos y su
afecto en la construcción de valores familiares centrados en el
amor, la responsabilidad y el compromiso. Es aprender a reconocer el empeño por lograr la bondad de la tierra donde se siembran los sueños que permitirán la cosecha de una mejor realidad
para el país.
Reconstruir la vida y obra de este luchador social, constituye un
interesante aporte para la memoria de la salud pública de la
región y del país, pues su paso dejó en el colectivo huellas que
marcan referentes muy importantes. De igual manera, para el Instituto de Altos Estudios en Salud Pública “Dr. Arnoldo Gabaldon”
es un hecho significativo, porque garantiza la continuidad de la
línea editorial de la vieja Escuela de Malariología, y su propósito
de conformar el registro biográfico de aquellos/as salubristas
venezolanos/as que pese a su destacada, interesante y fructífera
labor, aún permanecen en el anonimato.
Daisy Camacaro
18
Capítulo
1
Entre virutas, aserrín y
paraparas…
“Dice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra”
Antonio Machado
E
ran los tiempos inaugurales de Isaías Medina Angarita,
quien tomó posesión como Presidente de la República el 5 de
mayo de 1941. El país dejaba atrás el terror impuesto por el
benemérito y la incertidumbre política del período lopecista, para
abrirse paso hacia un cauce lleno de esperanzas y sueños sociopolíticos.
El gobierno de Medina Angarita se propuso el establecimiento
de la democracia, legalizando el Partido Acción Democrática
y permitiendo el libre ejercicio del Partido Comunista. Durante
su gestión no hubo persecución política, ni desterrados. Fue un
hombre humanista, caracterizado por su generosidad, comprensión y sencillez; emprendió reformas trascendentales para el país
como el nuevo Código Civil, el cual representó un avance para
la época, debido a su contenido social y humano básicamente
referido al derecho de la familia. Con su gobierno se instauró en
el país una dinámica nueva, producto de la reforma petrolera. La
construcción tomó auge: se hizo imperativo alojar a innumerables grupos sociales que dejaron el campo para participar de los
beneficios del botín petrolero. Se logró la reforma constitucional
a través de la cual se instauró el voto directo y popular para
elecciones de diputados y se permitió el voto a las mujeres. En
esta época, también se dio inicio a una reforma agraria que buscaba una mayor justicia social para el campesinado. El Estado
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comenzó así una etapa de considerables cambios políticos y de
desarrollo socioeconómico.
El país tomaba un rumbo más esperanzador y caminaba hacia
la paz social. El 6 de Agosto de ese año, nació Gilberto Enrique
Rodríguez Ochoa en la parroquia de La Pastora, en la calle de
Negro Primero a Callejón Mercedes, casa número 111. Tiempo
después sus padres José Andrés Rodríguez y Candelaria Ochoa
se mudaron para la casa de la familia paterna, ubicada de Cristo
al revés a Totumo, número 75, en la misma parroquia, allí convivieron con la abuela Dolores Martínez de Rodríguez y los tíos
Juan José, Felicia, Panchita y Soledad. En la actualidad funciona
allí la Casa del Cartero.
La familia Rodríguez Ochoa ocupó la planta más baja de la casa,
la cual, a pesar de ser una especie de sótano, tenía ventanas que
miraban hacia un traspatio de tierra que limitaba con una quebrada. José Andrés, de oficio ebanista ocupó la mitad del sótano
con su carpintería y en la otra mitad sentó su hogar: el espacio
para la cotidianidad armónica de su familia.
Cuando llegaron, el piso era de tierra. Años más tarde José Andrés en compañía de sus dos hijos mayores: Arnoldo y Gilberto,
además de ir haciendo realidad su propósito de consolidar su
carpintería, comenzó a construir mejoras en el área de su hogar,
así, hizo el piso de cemento y en la carpintería poco a poco,
fue fabricando las puertas y ventanas para su casa; a la par, iba
forjando en su familia el amor por el trabajo y la construcción
como forma de mejorar la vida; valorando el sacrificio y la humildad unidas a la solidaridad humana y social. Esta lección de
vida diaria marcó definitivamente el carácter y la personalidad de
Gilberto.
Candelaria asumió las labores propias del quehacer doméstico y
paralelamente, contribuía al ingreso económico de la casa pues
era una costurera de gran delicadeza y buen gusto. Confeccionaba vestidos para niñas y con ayuda de una amiga los vendía en
Colombia y en la Maternidad Concepción Palacios. Puntada tras
puntada, pasaba parte de sus noches sentada ante la máquina
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Singer que le había comprado José Andrés. Con el tiempo, los
hijos mayores: Arnoldo, Gilberto y Mireya tendrían la responsabilidad de comprar en el centro de Caracas los materiales que
ella necesitaba para las confecciones, ellos también eran quienes
hacían las entregas de los trajes que algunas personas o tiendas,
le encargaban a Candelaria.
José Andrés era un músico de corazón, un trovador que alegraba
las reuniones de la familia y los amigos. Además de trabajar en
su carpintería, laboró algunos años en el Servicio de Ingeniería
Militar como ebanista. El esfuerzo y el trabajo diario acompañaron a esta pareja en la tarea de levantar y formar a sus hijos/as:
Arnoldo, Gilberto, Mireya, Aura, Argelia, Luís, Omaira, Carlos,
Héctor y Raúl –quien es adoptado- Todos crecieron en un ambiente armónico, de respeto y bajo muy sólidos principios morales. El
hermano mayor narra como percibió él ese proceso:
“…Nunca dejamos de recibir un mensaje del valor
del esfuerzo cargado de afecto que le daba sentido
al empeño por el estudio y la superación, es así como
todos nosotros aprovechamos las oportunidades y
fuimos a la escuela primaria, al bachillerato y también
casi todos o por lo menos más de la mitad, fuimos a
la Universidad”. Arnoldo Rodríguez Ochoa.
En La Pastora se conocían todas las familias que en ella habitaban
y sobre esta base, se creaban profundos lazos de amistad, convivencia y solidaridad vecinal que le sirvieron a Gilberto de espacio
para la formación de una conciencia social y comunitaria. Si bien
había nacido en un período democrático, parte de su infancia y
adolescencia transcurrieron bajo un régimen dictatorial.
A la edad de ocho años, vive de cerca el golpe militar dirigido
por los comandantes Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez
Jiménez y Felipe Llovera Páez y con el cual se derrocó al gobierno
democrático de Rómulo Gallegos. Años más tarde también celebraría, en la platabanda de su casa los acontecimientos del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958.
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Mientras estudiaba la primaria en la Escuela “Pedro Emilio Coll”
trabajó para contribuir con los ingresos de la familia. Sus manos
habían heredado del padre el arte de la construcción, un día
fabricó con su hermano Arnoldo una carrucha de madera y en
ella transportaban las compras que hacían las amas de casa en
el mercado de La Pastora.
De sus creativas manos salieron papagayos y helados que si bien
era cierto que vendía, también con ellos despertaba la alegría
e impulsaba la imaginación y daba ejemplos de trabajo a los
hermanos/as menores y el resto de los niños/as del vecindario.
A menudo Gilberto hacía unas caminatas a Los Chorros en busca
de mangos, los cuales vendía en el frente de su casa.
Gilberto fue un ejemplo de buscavidas y tuvo mil maneras de
enfrentar las dificultades económicas según lo confesó Argelia,
una de sus hermanas:
“Como no había dinero para los zapatos de tantos
muchachos, Gilberto a veces metía cartones en los
suyos para que le duraran todo el año escolar”
Sus primeros trompos, perinolas y papagayos salieron de las manos de José Andrés, aprendizaje que más tarde Gilberto repetiría
con sus hijos/as:
“Él me hacía trompos, me enseñaba a hacer los
papagayos y sus frenillos, conocía muchos modelos
de papagayos y los volábamos juntos, también me
hacía gurrufíos, jugábamos metras y me enseñó a
jugar ajedrez, por cierto que nunca le gané, recuerdo
que pasamos muchísimas horas sentados frente al
tablero. De todos sus viajes, siempre me trajo un
regalo, algunos eran poco usuales, pero siempre
educativos” Su hijo Andrés Eloy.
Gilberto pasó su infancia entre virutas, aserrín y paraparas, trabajando fuerte, estudiando mucho, pero siempre, a pesar de las
limitaciones materiales, supo encontrar un espacio propicio para
la recreación y el placer por los juegos y la amistad. Aprovechó
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la vecindad que le permitía el patio, para la comunicación con
los/as vecinos/as. Nunca perdió la oportunidad para invitarlos a
jugar metras, trompo, papagayos, béisbol o construir columpios y
disfrutar de la sombra que, para entonces, ofrecían los árboles.
Desde la más temprana infancia mostró que su norte era la convivencia armónica en comunidad, fue el organizador de muchísimos templetes durante los carnavales, así como de los palos ensebados, carreras de sacos, quemas de judas y otras diversiones
de gran popularidad en esos tiempos.
Lleno de juvenil ingenio y con sus propias manos, construyó en
aquel corral de tierra lleno de árboles frutales, un espacio para
criar conejos y pollos. Quizás así nació el escenario donde comenzó a desarrollar su amor por la naturaleza. Raúl Coronadosu hermano adoptivo- contó con emoción:
“Él era un hombre con una sensibilidad humana
muy particular. Nos contaba sobre sus anécdotas
infantiles con mucha alegría, con evocaciones muy
hermosas. Suelo recordar una de las historia que lo
hizo descubrir su amor por la naturaleza: cuando él
y Arnoldo eran pequeños, salían con las hondas a
cazar palomas, una vez golpearon una palomita y
cuando ésta cayó al suelo y él corrió a recogerla y
vio en los ojos del ave el sufrimiento, desde entonces,
nunca más usó ni nos dejó usar hondas o chinas,
contra los animales”
Inició el bachillerato en el liceo Caracas de la parroquia San
Juan, durante ese tiempo él disfrutaba jugar pelota de goma,
tanto como las clases de inglés, o las de la profesora de historia
y las clases del profesor Vásquez Fermín. Terminó sus estudios de
secundaria en el Liceo de Aplicación en El Paraíso.
Con la silla de extensión-construida por él mismo- sus útiles y una
bolsa llena de cambures y panes, caminaba desde La Pastora
hasta El Calvario para reunirse y estudiar con sus compañeros
y para compartir travesuras juveniles, como la que narra Héctor
Romero Yépez, uno de sus mejores amigos:
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“… era frecuente que los turistas que visitaban El
Calvario, pidieran que les tomáramos fotografías.
Recuerdo que entonces nosotros, algunas veces,
procurábamos unos ángulos inadecuados que
captaban sólo parte del cuerpo de los visitantes: los
pies, el cuello y el torso, las manos, etc. Después nos
divertíamos al imaginar la sorpresa y lo que dirían
ellos cuando revelaran las fotos en sus países de
origen…”
Sus hermanos/as mayores recuerdan que sin decirle a nadie, y
por propia iniciativa, un buen día, Gilberto se inscribió en un
curso de dibujo en la Escuela de Artes “Cristóbal Rojas”, este
aprendizaje le serviría más tarde en su profesión y en el diseño de
las diversas casas que construyó.
Pasaba las vacaciones al lado de su familia y de algunos amigos
muy allegados, como Héctor Romero Yépez, quien continúa relatando:
“En 1956 viajamos con su familia a Puerto Píritu;
era el primer viaje que hacíamos fuera de Caracas.
Disfrutamos del mar y de la laguna, pescamos
con los muchachos del pueblo y organizamos
competencias para llegar nadando hasta un barco
que se encontraba abandonado lejos de la orilla.
Al año siguiente fuimos a Margarita con mi hermana
Flor en la motonave María Rosario, la cual salía
desde la Guaira y llegaba a Juan Griego a los dos
días. Íbamos a las playas pidiendo colas por todas
las carreteras y un día conocimos dos muchachos
que tocaban trompetas en los bailes. Nosotros le
llevábamos los instrumentos y así, entrábamos a
los famosos hoteles Bella Vista y Chez Lino, donde
disfrutábamos toda la noche bailando”
Después de dos años de ahorro, Gilberto pasó sus vacaciones en
Curazao, acompañado de Nelson Palacios y Alfredo Monasterio,
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de regreso, el 19 de noviembre de 1959, al llegar al aeropuerto
de Maiquetía, se dio cuenta de que su tío Luciano lo estaba esperando; enseguida lo asaltó un mal presentimiento: Luego del
abrazo fraternal, se enteró de la trágica noticia del fallecimiento
de su padre.
Eran tiempos difíciles, la familia estaba pasando por una situación
económica dura. Desde el inicio del gobierno de López Contreras
se había incentivado la inmigración de personas que tuvieran el
dominio de algún oficio, como agricultores, criadores, artesanos,
industriales, mecánicos, entre otros. En los años 50 el general
Pérez Jiménez a través de su política de concreto dio un gran
impulso al proceso urbanístico del país: la construcción de viviendas y de vías de comunicación constituyó uno de los ejes de su
gestión y contribuyó a incrementar la inmigración espontánea.
En 1957 llegaron al país más de 45.000 inmigrantes, quienes
desplazaron de los puestos de trabajo a muchos venezolanos
y José Andrés como artesano, no escapó esa situación, ya los
ingresos de la carpintería no suministraban el sostén necesario
para su numerosa familia y se vio obligado a salir de la capital
para asumir un contrato como ebanista de la Mueblería Aspúrua
y fabricar muebles de oficina en La Olivetti, ambas en el estado
Zulia.
Contagiado por el entusiasmo de unos amigos de Caracas, se
marchó para Maracaibo, pero una tarde mientras estaba en un
restaurante, se originó una discusión entre un grupo de muchachos que se encontraban allí reunidos y cuando se fueron de
manos José Andrés trató de separarlos y al final, recibió una
golpiza. Con gran dificultad se fue caminando hasta un centro
asistencial, pero lamentablemente no fue atendido y días más tarde, sus compañeros de trabajo observaron que el dolor era muy
fuerte e insistieron en llevarlo a una clínica donde el médico que
lo auscultó le indicó analgésico y reposo. Siete días después moriría Pepito - como lo llamaban cariñosamente sus familiares- a
los cuarenta y tres años de edad a causa de un desprendimiento
del bazo.
La poca atención médica desde su ingreso y la negligencia del
galeno de la cual fue víctima su padre, provocan un gran impacto
en la vida de Gilberto y así, a los diez y siete años decide estu27
diar medicina y luchar por una atención médica más humana.
Su hijo mayor cuenta su impresión de cómo su padre vivió esta
experiencia:
“La muerte del abuelo, es un evento que marca
de manera importante la vida de mi papá, porque
perdió a su amigo, al hermano; a aquella persona
que durante toda su vida lo había orientado…
aún con la causa de su muerte, el abuelo le
dio nutrientes fundamentales a mi papá para
ir haciendo de las luchas sociales una pasión”.
Gilberto Rodríguez González.
Cuando su padre falleció, Arnoldo cursaba el tercer año en
La Escuela Militar; entonces Gilberto asume todas las riendas
de su familia y comienza a trabajar como listero en El Plan de
Emergencia durante el gobierno de Wolfgang Larrazábal. Él era
el encargado de hacer la lista de asistencia de los obreros que
trabajaban en la construcción de las calles cercanas al Ávila y
además tenía la responsabilidad de cancelarles el salario por las
faenas cumplidas. Desempeñó ese trabajo hasta el día en que
José Joaquín Carrillo, el volibolista conocido como Papá Carrillo
y Bernardo Berroterán, preocupados por la situación económica
de la familia Rodríguez Ochoa, le consiguen un trabajo con un
ingreso mejor en la Compañía de Teléfonos -ahora CANTV-.
En la Compañía de Teléfonos trabajó como operador nocturno
de la central telefónica ubicada en la esquina de La Gorda en el
centro de Caracas. Pasaba casi toda la noche sin dormir, comunicando a las personas las llamadas hacia y desde el interior del
país y las de larga distancia internacional.
Después de cumplir con su turno de trabajo, a las siete de la
mañana, asistía a clases en la Facultad de Medicina en la Universidad Central de Venezuela, muchos de sus compañeros y
familiares cuentan que con frecuencia se dormía sobre el pupitre.
Después sufrió de insomnio y siempre lo atribuyó a ese trabajo.
Desde sus años de estudios de bachillerato, Gilberto había tenido
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necesidad de trabajar en la economía informal. Esas condiciones
de injusticia social y la sólida formación en valores fueron acicateando en él una conciencia de clase y un férreo compromiso
político con el devenir de su país. .
Durante toda su vida mantuvo una lucha vehemente contra todos los que, como representantes del poder, fueron responsables
del deterioro social y económico del país. Así como manifestó
en contra del predominio del poder y la opresión castrense de
Marcos Pérez Jiménez, más tarde lo hizo contra el gobierno de
Rómulo Betancourt.
Esa actitud le trajo las consecuentes dificultades: en una oportunidad, cuando iba en su carro, unos oficiales lo interceptaron
frente a la jefatura de la policía de La Pastora y revisaron el vehículo encontrando una caja llena de propaganda subversiva. Entonces lo detuvieron y lo amenazaron con llevarlo a prisión, pero
afortunadamente el jefe civil, gran amigo de la familia intercedió
a favor de Gilberto.
En otra oportunidad, sus hermanas fueron informadas de que
la Seguridad Nacional allanaría la casa de la familia, entonces
Mireya y Aura muy asustadas, escondieron un multígrafo manual
de Gilberto en la casa de un vecino y arrojaron a la quebrada
que limitaba con el corral de la casa, todos los panfletos, propagandas, folletos, libros subversivos y algunas bombas molotov
que éste había fabricado y las mantenía escondidas en la cocina
de su hogar. Cuando llegó Gilberto y se enteró de lo hecho por
sus hermanas, con una actitud colérica pocas veces vista en él,
tomó todos los productos de maquillaje de ellas dos y los arrojó
por la misma quebrada y les dijo:
!Para que aprendan a respetar mis cosas y mis
ideas!
Hoy todos sus hermanos y hermanas recuerdan ese incidente
como una de las más pintorescas anécdotas familiares.
Gilberto acostumbraba esparcir tachuelas por las calles de la
Pastora para trabar el paso de la policía por esa zona. Desde
29
pequeño se constituyó en un luchador incansable por las libertades del pueblo oprimido. Fue militante del Partido Comunista
de Venezuela, del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR)
y del Movimiento al Socialismo (MAS). Siempre contaba a sus
hijos/as esas experiencias como sustento para su educación y
Gilberto, su hijo mayor, narra al respecto:
“Mi papá, más que contar anécdotas, lo que nos
transmitía era el significado de ese período de su vida
de lucha contra la dictadura. Y claro, eso, de alguna
manera, era un ejercicio de formación para nosotros.
Estoy convencido de que la fortaleza ética que he
alcanzado en este momento de mi vida, tanto en lo
personal como en lo profesional, en gran medida
provienen de esos primeros años de formación bajo
la tutela y guía de mi papá, que fue muy fuerte y
llena de muchísima información.
De tantos años oyéndolo hablar de sus luchas; del
por qué había que enfrentarse políticamente; fuimos
armando en nuestro interior códigos éticos. El era
un hombre de los que en Psicología llaman de
perfil nutritivo, que solamente se siente feliz si está
nutriendo al que tiene a su lado”
En 1966 Gilberto se graduó de médico cirujano y debía realizar
su pasantía rural en San Carlos de Río Negro, pero una decisión
del director de Salud de Aragua hizo cambiar su rumbo y lo trajo
a San Francisco de Asís, en el estado Aragua.
Desde su llegada al centro asistencial de San Francisco, se dispuso a humanizar el espacio. Tras dos años de labor en este
pueblo realizó un trabajo comunitario importante y cada una de
sus acciones sirvieron de bálsamo para la gente. La comunidad
percibió de otro modo las aristas de su realidad social. Entre
todos/as construyeron un nuevo y esperanzador horizonte.
Su hermano Arnoldo recuerda que cuando fue a visitarlo en el
30
primer fin de semana, acompañado de Candelaria, Gilberto les
pidió a todos que lo ayudaran a limpiar y a sembrar unos árboles
en el patio del ambulatorio.
En el inicio de sus pasantías, nació su hijo mayor en Caracas y
en las vísperas del parto cuando iba a visitar a su esposa tuvo un
serio accidente en el trayecto de la autopista regional del centro,
a la altura de Tejerías; a pesar de que el vehículo fue considerado
como pérdida total, Gilberto sólo sufrió daños leves.
Al finalizar sus dos años de trabajo en la comunidad de San
Francisco, aceptó un cambio que le solicitó un médico que se
encontraba haciendo su rural en La Colonia Tovar, pueblo enclavado en la Cordillera de la Costa, en el Estado Aragua. Allí pasó
sólo cuatro meses, pero no por ello dejó de hacer de su profesión
una labor militante: iba desde La Colonia Tovar hasta La Victoria
a vacunar a los pacientes en sus hogares. Durante ese tiempo
nació su segundo hijo Levy Rafael.
Gilberto tenía cuatro meses trabajando en esa población cuando
recibió la noticia de haber sido aceptado en el postgrado de
dermatología. Su maestro, el científico Jacinto Convit refirió:
“Conocí al doctor Gilberto Rodríguez Ochoa porque
me envió una carta, donde me expresaba su deseo
de realizar el Postgrado de Dermatología.
En esa carta pude apreciar las condiciones humanas
que él poseía. Su inquietud central era ayudar al
prójimo. Tuvimos la oportunidad de trabajar juntos
en una enfermedad, que nos preocupaba a los dos:
la lepra.
Él me acompañó en el trabajo de investigación;
principalmente en el desarrollo de vacunas. Durante
sus estudios y trabajo en el Leprocomio de Cabo
Blanco, se distinguió como una persona inteligente,
trabajadora, de gran sensibilidad humana, puedo
decirlo: fue un hombre que tuvo el convencimiento
31
de que hacer el bien y ayudar al prójimo, era el
compromiso primordial. Indudablemente, él tenía
una especial disposición para tratar al enfermo y ver
los aspectos sociales del mismo”
Estuvo aproximadamente dos años dedicado a la atención de los
pacientes del leprocomio de Cabo Blanco, fundado en 1.904 en
tiempos de Cipriano Castro.
Había allí mil doscientos internos y estaba ubicado en el espacio que hoy ocupa el Aeropuerto de Maiquetía, era el sitio de
hospitalización obligatoria para quienes padecían de Lepra, una
enfermedad estigmatizada desde el tiempo del Antiguo Testamento, donde se le cita como un signo de impureza espiritual y
de suciedad corporal.
En compañía del Doctor Convit y de su equipo, adquirió muchísimos conocimientos. Siempre expresó que su trabajo al lado de
estos enfermos había sido su primer postgrado en salud pública,
la humanización en el trato a los pacientes de lepra fue su norte
y siempre los examinaba con una profunda entrega y dedicación.
Allí hizo amistad con muchos enfermos y en algunas oportunidades, en viajes que realizaba con sus familiares por el interior del
país, visitó a varios de esos pacientes que ya habían salido de su
reclusión.
Muchos en su familia le manifestaban su preocupación por los
riesgos de contagio que él podía tener en ese espacio, entonces
Gilberto se sentaba y con mucha pedagogía les daba una clase
al respecto y los invitaba a compartir con estos pacientes; sus hermanos/as, su esposa e hijos/as lo acompañaron frecuentemente
en posteriores visitas dominicales a Cabo Blanco.
En 1973 participó en la película Lepra, la cual obtuvo una medalla de oro en el festival de Berlín, lamentablemente por esa poca
cultura que tenemos en nuestro país de registrar la historia, no
queda copia de ella, ni certificado del premio, sólo una fotografía
con la leyenda : Sensibilitätsprüfung bei Lepra, en una revista
alemana, la cual aparece al final de este capítulo.
32
Era el médico que conocía en forma integral a sus pacientes, sin
importarle cuán difícil fuera la personalidad de éstos/as, ni qué
tan impactante su enfermedad. Más tarde como docente, sensibilizaría a sus alumnos/as para mantener esa misma actitud.
Se convertía en un maestro del paciente, lo orientaba y lo ayudaba a tomar las decisiones como si lo hiciera para sí mismo, por
sobre todo, Gilberto poseía una profunda comprensión por el
paciente de lepra, quien era condenado al encierro y segregado
del resto de la sociedad, perdiendo así la esperanza y los sueños
de una vida más justa.
Como miembro del equipo del doctor Jacinto Convit se desempeñó como docente ad honorem del pregrado en la Escuela José
María Vargas; fue el responsable del contenido programático
referido al área de lepra. En ese entonces estaba encargado del
programa de Lepra del Distrito Capital y era también docente del
área de dermatología del hoy denominado Instituto de Biomedicina. El doctor Javier Correa, quien fue su alumno, contó:
“Como docente era una persona que trataba de
transmitir su experiencia de vida, poseía una gran
sensibilidad social y siempre exponía la situación de
la lepra en el contexto nacional. Nos hacía vincular
con una problemática que estaba presente en la
región capital y que se caracterizaba por el hecho
de que, mientras la enfermedad estaba en el oeste,
todos los dermatólogos especialistas del área estaban
en el este, transmitía eso con la finalidad de cambiar
ese escenario de tanta injusticia social. Consideraba
imprescindible que el médico estuviera en el lugar
donde su accionar fuera necesario y efectivo”
Entre 1970 y 1977 Gilberto asume la jefatura del Servicio de
Dermatología Sanitaria de Caracas. Allí, a pesar de poseer un
cargo de gerencia, su condición de militante social lo impulsó a
subir los cerros al norte de La Pastora, con la finalidad de ofrecerle educación sanitaria a quienes por su condición de pobreza
habían estado al margen de esa información. Para cumplir con
33
eficiencia esa labor dedicaba horas a la formación de un grupo
de jóvenes integrado por sus hermanos/as menores, vecinos/as y
amigos/as de La Pastora, a quienes motivaba para que realizaran
las funciones de los sanitaristas y multiplicaran los conocimientos
adquiridos.
Con el mismo multígrafo manual que hacía volantes subversivos,
imprimía folletos ilustrativos sobre la prevención de la sarna, del
mal de Hansen, de la diarrea y daba orientaciones de higiene,
todo ello con el objetivo de ayudar a la gente a comprender su
situación de salud y tratar de transformarla.
Esa actividad generó molestias en el Ministerio de Sanidad, y
el Ministro llamó al Doctor Jacinto Convit para que le solicitara
a Gilberto paralizarla, pues la consideraba subversiva, pero él
continuó las tareas con mayor sigilo y precaución y dos años
después tendría nuevos horizontes para un trabajo con la gente
de Aragua.
En 1975 fue becado por la Oficina Panamericana de la Salud
(OPS) para hacer un curso en Brasil y Argentina. De ese viaje, la
familia y amigos recuerdan la anécdota de cuando llegó a Sao
Paulo: él sólo llevaba cien dólares y la primera noche lo dejaron
muy tarde en el hotel, tras un viaje largo y agotador, Gilberto,
desconociendo cualquier norma o funcionamiento de los hoteles,
se comió y bebió todo lo que encontró en la nevera de su habitación, al día siguiente le cobraron aproximadamente noventa
dólares, los cuales canceló y se vio obligado a abandonar el
lugar.
Caminó las calles de esa ciudad que le pareció impresionante,
cosmopolita, muy moderna, con un aire neoyorquino y un tráfico
que lógicamente superaba al de Caracas hasta que al final de
la tarde encontró una pensión donde podría sobrevivir con los
diez dólares que le quedaban. Tomó un cuarto en una pensión
con un baño colectivo ubicado en un pasillo y todos los días él
compraba un pan grande y lo saboreaba con un café que le
ofrecía la señora de la pensión. Así vivió durante más de una
semana, hasta recibir la remesa de dinero que le enviaron desde
Venezuela.
34
Gilberto participó en múltiples trabajos de investigación médica
sobre diversas enfermedades de la piel, los cuales presentó tanto a nivel nacional como internacional. La doctora Nora López,
compañera de trabajo y muy apreciada por Gilberto comenta:
“Él es el autor de uno de los primeros estudios que,
sobre el tema de la escabiosis se realizó con una
metodología cualitativa y un enfoque social. En este
estudio demostró que las condiciones precarias de
vida conllevan al desarrollo de esta enfermedad. Él
tomó como muestra dos familias de diferentes clases
sociales: una con buenas condiciones sociales y otra
que vivía en un cerro de La Pastora, con la que convivió
para conocer las condiciones y hábitos de vida, así
observó cómo se reproducía la enfermedad.
Descubrió que los que tenían acceso al agua y
viviendas con condiciones higiénicas, así como una
buena alimentación, no sufrían esos riesgos. Este
trabajo fue publicado años más tarde y traducido al
idioma inglés en una revista internacional y después
fue presentado en Francia por el doctor Rodríguez
Ochoa”
En 1977, el Doctor Jacinto Convit le comunica a Gilberto una
oportunidad de trabajo en el Hospital Central de Maracay, la
cual le permitiría asentarse en una ciudad más tranquila que le
abriría nuevos caminos para su militancia política y su trabajo
social en dermatología sanitaria.
En ese año asumió el cargo de Jefe del Servicio de Dermatología
Sanitaria del Estado Aragua, en el Hospital Central de Maracay,
ubicado en la avenida José María Vargas, en la Urbanización La
Floresta. Simultáneamente fungía como director del Centro Internacional de Entrenamiento en Enfermedades Tropicales Dermatológicas, cuya sede estaba ubicada en el mismo hospital. Este
centro era dirigido en Caracas por el Doctor Jacinto Convit y fue
constituido bajo un convenio con la Organización Panamericana
de la Salud.
35
Desde su responsabilidad como Director del Centro de Entrenamiento, acompañó a muchos colegas de América Latina para
entrenarse en el campo y conocer la realidad de la dermatología
sanitaria del país.
En los trabajos de campo que realizaba como responsable de
estas dos organizaciones lo acompañaron siempre el Dr. Jorge Alvarado y los inspectores sanitarios Luis Antonio Zúñiga y
Francisco Carbillo. El doctor Jorge Alvarado, su alumno en el
postgrado de Dermatología Sanitaria, en el Instituto de Biomedicina y quien luego fue su Adjunto en el Servicio de Dermatología
Sanitaria, cuenta:
“...realizábamos muchos trabajos de campo;
permanentemente íbamos detrás de los casos
nuevos en las poblaciones aparentemente sanas,
hacíamos un rastreo epidemiológico por casi todos
los municipios del Estado Aragua. Así llegamos a
Choroní para investigar los focos de leishmaniasis,
a La Colonia Tovar y Barbacoas para conocer los
casos nuevos de lepra, a un caserío llamado Santa
Rosa del sur, que pertenecía al Estado Carabobo,
pero como quedaba en los límites de nuestro Estado
él lo atendía y trataba los casos de Oncocercosis.
Gilberto nunca concibió la medicina fuera del
contexto social, quizás fue por ello que escogió la
especialidad de dermatología sanitaria. Nunca
ejerció la medicina privada y como gerente siempre
fue ejemplar: era el primero que llegaba y el último
que se iba”
En 1979, Gilberto Rodríguez Ochoa publica su libro Del ejercicio
privado de la medicina o de la alienación del acto curativo, donde expresa su visión sobre la situación de salud en Venezuela y su
posición tajante contra la privatización de la medicina, asimismo
pone en evidencia la descontextualización y la falta de pertinencia social de la formación médica, de igual manera denuncia la
36
desigualdad que tiene la población con respecto al acceso a la
atención médica.
En el último capítulo de su obra se refiere a la desalienación del
acto médico y la obligación social del profesional de la salud de
devolverle a la sociedad su saber y su práctica. En sus propias
palabras propone:
“...expropiar al médico lo que él convirtió en
propiedad privada gracias a la dinámica capitalista, y
reconvertir esos conocimientos en propiedad social.
Sólo entonces una medicina socializada permitiría
al médico ser verdaderamente libre, y cumplir una
tarea concientemente libre donde se rescate incluso
el acto de amor que debe ser la curación. Acto que
está enmarcado dentro del amor universal, tantas
veces buscado por muchos humanistas, cada uno
por vías diferentes: desde los anónimos de la precivilización hasta Ernesto “Che” Guevara, pasando
por la Grecia hipocrática, y por el cristiano “amar
al prójimo como a sí mismo”, y por Paracelso (“La
esencia de la medicina es el amor”) y por tantos de
antes y ahora.
Es en ese amor universal tantas veces cantado,
donde se reencuentra consigo misma la humanidad
en una especie de pensamiento que vuelve sobre ella
cíclicamente con cada uno de los hombres justos.
Sólo una medicina socializada puede conducir
a la desalienación del ejercicio médico. Y sólo
desalienando este ejercicio es posible lograr el
encuentro del acto curativo con ese amor universal”
Durante toda su práctica como servidor público Gilberto se mantuvo coherente con ese discurso y veintidos años después de la
publicación de su libro, en una entrevista realizada por Ernesto
Villegas Poljak y publicada en EL UNIVERSAL, el domingo 21 de
enero de 2001,expresa como máxima:
37
“Prefiero morir en un hospital que vivir en una
clínica”
y advierte sobre las perversiones de la medicina privada, al decir:
“El ejercicio privado de la medicina encierra
desviaciones y perversiones. No quiere decir que
no haya ejemplos dignos, pero convertir el acto de
atención a un enfermo en una relación comercial
trae inevitablemente tentaciones para perversiones, y
ocurren. La relación comercial es asimétrica”
Gilberto fue un médico con una sensibilidad social innegable, un
comunicador con una pasión suficiente tanto para comprender
y aliviar a quien necesitara de su atención como para combatir
sin desmayo la corrupción en todas sus formas y en todos los
espacios, aunque para ello tuviera que tomar medidas drásticas
o exponer su propia vida.
Siempre sintió su profesión como un arte, una filosofía, un modo
de vivir y como una acción política y transformadora de una realidad cargada de mucha injusticia social. Este hombre revolucionario, comprometido con el entorno en su desarrollo comunitario,
propició con iniciativas de acción social constructivas, la mejora
de la calidad de la atención médica.
Su sensibilidad y solidaridad, así como el amor y la humildad,
forman parte de los valores asumidos por quien, a través de la
formación, el servicio y su lucha social, hizo de su vida una militancia cotidiana.
38
Candelaria Ochoa y José
Andrés Rodríguez, padres de
Gilberto el día de su boda.
Fachada de la casa de La Pastora, calle Cristo al revés a Totumo Nº 75.
Óleo de Julio José Ágreda.
39
El día de la Primera Comunión de Gilberto, Mireya y Arnoldo.
40
Gilberto con sus compañeras/os del liceo Caracas.
En Pto. Píritu, 1956, Gilberto en compañía de Héctor Romero y otro amigo.
41
Gilberto con sus hermanos menores Héctor y Carlos.
Gilberto compartiendo sus conocimientos con
miembras/os de la comunidad de La Pastora.
42
Gilberto, Dr. Jacinto Convit (al fondo) y el equipo
de investigadores del Instituto de Biomedicina.
43
Gilberto con su equipo de Dermatología Sanitaria en un trabajo de
campo en la comunidad de Anacoco, estado Bolívar.
Luis Antonio Zúñiga, Francisco Carbillo y Gilberto en el salto
Kamamerú, durante un trabajo de campo.
44
Con vecinos en la casa de La Pastora jugando billar.
Bailando con su madre en
un intercambio de regalos,
fiesta tradicional de la familia
Rodríguez Ochoa.
45
Medalla de Oro en el Festival de Berlín en 1973.
46
Capítulo
2
Una cotidianidad
ladrillo a ladrillo…
¿ Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas?
¿Es que vivimos sólo para mantener memoria de nuestra
vida? Porque sucede que hasta la esperanza es memoria
y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.
Jaime Sabines
G
ilberto amaba la poesía, disfrutaba leyendo a Rainer María
Rilke, poeta y novelista austro-germánico, de simbólicas imágenes y de tantas reflexiones espirituales. También leía a Gustavo
Adolfo Bécquer. a Antonio Machado, José Ángel Buesa, Pablo
Neruda, Gabriela Mistral, y a los venezolanos Andrés Eloy Blanco
y Cruz Salmerón, éste era su favorito. Lo consideraba un gran
poeta y con frecuencia declamaba el poema Azul. Su hermano
Carlos cuenta con orgullo:
“…además Gilberto era un amante de la naturaleza,
del mar, la montaña, los ríos, los pájaros, los colores.
La vida y el amor le producían especial encanto, él
fue un fiel defensor del respeto humano, todas esas
virtudes lo caracterizaron y en gran medida, con
su ejemplo, nos fue formando a todos y así como
admiraba la naturaleza, disfrutaba con gran deleite
las manifestaciones de las artes plásticas, entre ellas:
las obras del Rodín y Picasso y en lo nacional, se
declaraba admirador de Rafael Ramón González, su
suegro”
Ese soñador amante del arte y de la naturaleza, se enrumbó hacia la construcción de su hogar y la consolidación de su familia
a la edad de 24 años, tras un noviazgo de once meses y cuando
aún le faltaba un año para terminar su carrera.
49
Pese a haberse declarado ateo, entró a la Iglesia el 24 de diciembre de 1965, para sellar con la unión, su amor con una vecina de
La Pastora, Maritza González, quien era estudiante de economía
de la Universidad Central de Venezuela.
Arnoldo, su hermano mayor cuenta una anécdota sobre los periplos de Gilberto para cristalizar su boda bajo las exigencias
sociales de la época:
“Se acercaba el día de la boda y Maritza estaba
preocupada porque aún no tenían los anillos y un
día, como milagro, un amigo le contó a Gilberto
que una señora del vecindario estaba vendiendo
sus aros de oro por buen precio y éste sin dudarlo,
fue inmediatamente a comprárselos. Así, con unos
anillos usados, dieron inicio a su nueva vida”
Durante sus primeros años de casados alquilaron una habitación
en la esquina de Cruz a Calle Ciega en La Pastora, muy cerca de
su casa natal, allí comenzaron a construir su hogar y a fundar su
propia familia. Maritza González, su esposa recuerda con admiración:
“…meses antes de casarnos, Gilberto me daba el
sueldo para que yo le entregara la mitad a Candelaria
y con la otra parte fuera comprando los enseres de la
casa, así fuimos pagando a crédito el juego de cuarto
y la nevera. La cocina nos la regaló su tío Luciano y
con los otros obsequios de la boda, le fuimos dando
vida propia a nuestro hogar”
Gilberto y Maritza tuvieron cinco hijos/as: los cuatro primeros
nacieron en Caracas: Gilberto José, el mayor, nació el 27 de
diciembre de 1966, Levy Rafael el 27 de enero de 1968, Ayarí
el 13 de Septiembre de 1970, Yuruani el 21 de Enero de 1975.
En los nombres de ellas dos reflejaron su pasión por la cultura
indígena y con el del menor, Andrés Eloy, nacido el 16 de Agosto
de 1979 en la ciudad de Maracay, rindieron honores al poeta
Andrés Eloy Blanco y al abuelo José Andrés.
Impulsado por su herencia familiar de construir, edificó varias
casas y sembró muchos árboles durante su vida. Llevaba en su ser
50
ese amor por la tierra, ser campesino formaba parte de sí mismo.
Por eso, en cada espacio por donde transitó, dejó la huella de su
pasión por la siembra y la construcción.
En 1972 le compró a Guillermo García Ponce un terreno en El
Junquito y allí, en medio de escarpados riscos, comenzó a construir una casa siguiendo los planos que él mismo había hecho.
Desde ella divisaba el hermoso tapiz verde de la montaña.
En ese espacio, acompañado de sus hermanos Carlos, Luís,
Héctor, Raúl y de sus dos hijos mayores y algunos amigos de La
Pastora, Gilberto sembró diversas especies de pinos, eucaliptos
y frutales e hizo un huerto de rábanos, lechugas, cilantro y cebollín.
El terreno carecía de agua, por lo tanto, todos los fines de semana, sus hermanos iban a la casa de La Pastora, dos veces por día,
a buscar agua para regar su plantación y también para continuar
la construcción. Al instalarse allí, Gilberto pretendía escapar del
ajetreo y bullicio de la capital y acercarse al bucólico paisaje que
se dibujaba frente a sus ojos a la altura del kilómetro 13, en la
comunidad de Hatico Barandilla.:
Más tarde se vio obligado a vender esa casa debido a un cambio
laboral para la ciudad de Maracay y entonces, compró una casa
pequeña en Turmero, donde reinicia de nuevo aquel arte heredado de José Andrés y comienza a hacer el frente de su casa; en
esta faena lo acompañó su gran amigo y compañero de trabajo,
el señor Antonio Duque. Un día mientras compartían, Gilberto le
dijo:
Hagamos el frente de tu casa y después, el de la
mía.
En esa casa fabricó también la biblioteca, acompañado de Levy,
su segundo hijo, quien narra con orgullo ese aprendizaje de la
construcción con su padre:
“...Mientras hacíamos esa biblioteca él me enseñó
como preparar el cemento y algunos fines de semana
yo lo despertaba con un café y le decía: papi ya tengo
un terceo listo, eso lo llenaba de verdadero orgullo.
51
Él me había enseñado la manera de hacer un terceo:
la mezcla de tres medidas de piedra, dos de arena,
y una de cemento”
Durante ese período estaba vinculado al Movimiento al Socialismo (MAS), también se desempeñó como concejal suplente ad
honorem. Eran tiempos de mucho quehacer político y conmoción
intelectual. El mismo Levy relata:
“Un día yo me escapé del liceo para buscar a mi
papá porque esa noche él no había dormido en
casa y cuando llegué al partido, me dijeron que
había salido desde la madrugada hacia la avenida
19 de abril y al llegar allí, lo encontré pintando un
mural de protesta. Mi papá siempre mantuvo una
oposición frontal contra los adecos. Esa fue una
época de mucha actividad política y al final, de
mucha decepción partidista”
Años más tarde y cuando fue Ministro, Gilberto confesó esa decepción de los partidos políticos en la ya mencionada entrevista
que le hiciera Ernesto Villegas Poljak :
“Yo milité en el MIR y en el MAS. Aprendí que todos,
sin excepción, tanto los de la extrema izquierda
como los de la extrema derecha, son buenos para
ganar elecciones o para llegar al poder, pero no
para cambiar la vida social del país.
Los partidos inevitablemente son organizaciones
piramidales, como los ministerios y toda organización
de la modernidad, que intrínsecamente tiene un
morbo: el ascenso, la búsqueda de la cúpula, de la
cúspide”
En ese período, en una de esas crisis existenciales, donde necesitaba reflexionar y estar consigo mismo, decidió aislarse y un
amigo le prestó una parte de su terreno, ubicado en El Castaño,
en la ciudad de Maracay. Allí, con tablas que anteriormente sirvieron para embalar partes de vehículos y las cuales él había
52
traído desde la Victoria, construyó una peculiar casa en medio
de un bosque de eucaliptos. Su hijo Gilberto quien es arquitecto,
contó
“...cuando papá construyó aquel lugar, creo que
prevalecía en él la necesidad de buscar ese espacio
del individuo perdido. Ahora lo entiendo de verdad.
Y es que cuando uno tiene demasiadas vinculaciones
con tantas responsabilidades, el espacio privado
corre el riesgo de perderse…o se disuelve o se oculta
y es tarea de uno buscarlo y rescatarlo….
Yo creo que ese refugio fue la materialización de esa
búsqueda, pues coincidió con un momento de su vida
en el cual papá era presa de una enorme excitación
intelectual y de muchos compromisos políticos”
Era su refugio un cálido espacio adornado con bromelias y plantas de la montaña; tenía cuatro metros de largo por tres de ancho, con un baño afuera y muy cerca de allí pasaba el río. Había
alrededor una gran diversidad de aves. Con el tiempo confesó a
muchos/as de sus amigos y amigas:
“Pasé allí el año más feliz de mi vida. Tras muchas
lecturas logré compenetrarme con la filosofía de
Séneca y aprendí a dominar ese espíritu de rebeldía;
ese deseo de querer ganarme al mundo”
Con Séneca aprendió que no era necesario luchar en la vida
por cosas que no le darían satisfacción y que debía buscarse el
valor de las cosas más simples. Quizás su reflexión permanente
le permitió descubrir que la vida debía ser llevada con calma:
vivir cada minuto, cada segundo, cada instante y siempre atentos
a la belleza y la sencillez que la misma vida muestra a nuestro
alrededor. Ayarí su hija cuenta con felicidad ese aprendizaje:
“Nos enseñó a contemplar la naturaleza: el agua, el
mar, la luna, la lluvia y a oler la tierra, a observar y
admirar hasta la flor más pequeña”
53
Otra de las aficiones de Gilberto fue la astronomía. Tenía una
pasión por las estrellas, conocía muchas constelaciones, leía
incesantemente sobre las galaxias, cuando debía mudarse por
razones de trabajo, se llevaba el telescopio.
Esa pasión por la naturaleza le sirvió de aula para sus hijos/as y
el resto de su familia. Durante las vacaciones aprovechaba todo
su tiempo para mostrarles el paisaje natural. Permanentemente
resaltaba las excelentes condiciones geográficas, ambientales,
históricas y culturales de nuestro país. Así, mientras recorría el
país al lado de su extensa familia iba construyendo un sentido
de pertenencia en sus hijos/as y hermanos/as menores por esta
patria, una sensibilidad por lo natural y verde, un interés ecológico por una gran diversidad animal y vegetal. Maritza su esposa,
rememora momentos felices de la vida en familia:
“Teníamos un Volkswagen y montábamos en su
techo todo lo que considerábamos esencial para un
viaje largo: cocinas, sartenes, ollas, hasta la plancha
de hacer arepas, la cafetera, los platos y vasos, la
ropa, los juegos. Nunca íbamos solos, generalmente
llevábamos a Candelaria, a mi mamá, a uno o dos
de sus hermanos, a Gilbertico y a Levy. Ellos dos
pasearon más que los otros, pues fueron para todos
los viajes que hicimos, excepto uno que inventamos
para Ecuador. Para allá fuimos sin niños; nosotros
dos con otras parejas.
Cuando recorríamos el país Gilberto se paraba
en cualquier lugar para mostrarnos la naturaleza y
contarnos algunos eventos históricos y culturales.
Él convertía cada viaje en un espacio ideal para el
aprendizaje”
Educó a sus hijos/as y a muchos de los que lo rodearon bajo la
máxima de Séneca:
“Sólo se aprende a vivir viviendo”
54
“Desde que éramos pequeños nos enseñó a escuchar
música clásica y canciones revolucionarias, nos leía
poemas y nos hablaba de cada uno de esos músicos y
escritores. Más que vernos graduados se preocupaba
porque aprendiéramos a vivir”. Ayarí.
Durante su estadía en Maracay se desempeñó como profesor de
la Universidad de Carabobo. También allí, en el exclusivo empeño de hacer realidad su sueño por un mundo mejor, en todas las
tareas y responsabilidades que asumió, supo imprimir su pasión
por la conquista de una sociedad más justa.
Como profesor, acompañó a sus alumnos en el proceso de construir sus propios saberes para que individual y comunitariamente,
tomaran conciencia de la realidad social y dieran respuestas a las
necesidades de la población. Para ello, implantó metodologías
didácticas originales e hizo del escenario social una cátedra. Luis
Valera, profesor de la Universidad de Carabobo señaló:
“Yo oí hablar de Gilberto en la Escuela de Medicina,
a la cual ingresé en el año 1980 ya, para entonces, él
ejercía como docente en el antiguo Departamento de
Ciencias Sociales. Me enteré que había un profesor,
autor de un libro muy polémico y reconocido por
la forma peculiar como enseñaba. Se referían a él
como a un educador incomparable: tenía unas ideas
diferentes a las que los estudiantes habían recibido a
través de toda su anterior formación.
Él iba desdibujando todo lo que tenía que ver con
el poder médico, ese tema era, realmente, el que
más trataba en su materia Historia de la Medicina y
Deontología Médica. Para él no solamente existía el
problema de revisar la medicina desde el punto de
vista histórico, sino que lo enfocaba en el contexto
socio político de cada una de las civilizaciones y
hacía énfasis, fundamentalmente, en la situación de
Venezuela.
55
Él impartía la docencia en lugares no habituales
y usaba otras estrategias pedagógicas. Sé que
sus alumnos fueron estudiantes marcados por sus
enseñanzas.”
En su desempeño docente, en la Universidad de Carabobo, donde trabajó durante tres años, no sólo se centró en el contenido
del programa, sino también en sensibilizar al estudiante de medicina sobre cómo abordar al paciente. Desmitificaba el uso de la
bata blanca y era muy crítico del distanciamiento habitual que los
galenos establecían en su relación con los enfermos. Consideraba primordial una actitud de respeto hacia el ser y a su dignidad.
La doctora Nora López cuenta su experiencia como alumna de
Gilberto:
“Conocí al Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa tres años
antes de graduarme como médica, me impactó
desde el primer momento, vestía una camisa blanca,
tipo indígena, calzaba alpargatas y su pelo era muy
corto. Su apariencia era muy lejana a la del médico
común. Cuando él entró al piso ocho, lo primero
que nos dijo fue que si nosotros íbamos a ver a los
pacientes, debíamos tocarlos pero aprendiendo a
respetarlos, y nos dio a continuación una serie de
orientaciones para aproximarnos a ellos…nos decía
que podíamos tocar la lesión, pero no sin antes hablar
con el paciente, que permitiéramos que él hablara
de su existencia, de su vida, pues así él nos tomaría
confianza y sentiría el calor nuestro, pero en el caso
de que no quisiera o no nos diera permiso; hasta
ahí debía llegar nuestra observación. Esa enseñanza
quedó grabada en mí para siempre”.
Sus clases de semiología fueron siempre extramuros y de campo.
Enseñaba a sus alumnos a observar el comportamiento y la actitud de la gente en el marco de su contexto social. Realizó muchos
recorridos en autobús con sus alumnos y alumnas para observar
los grupos sociales: sus edades, a qué estrato social pertenecían;
y así, los enseñaba a aguzar sus sentidos con respecto al diagnóstico sobre las enfermedades de la piel y otras patologías. Esta
manera de enseñarlos, iba dejando profundos aprendizajes en
sus alumnos/as:
56
“…desde entonces, cada vez que yo iba en un autobús
me dedicaba a observar atentamente a las personas
e iba al mercado libre los fines de semana pues sabía
que allí podría encontrar a algunos de mis pacientes
y yo quería observarlos e ir identificándolos. Así, por
enseñanzas del Dr. Gilberto, aprendí a conocer sus
hábitos y todas esas otras cosas del ser humano que
tantas veces se escapan durante el examen médico”
Nora López.
A pesar de lo mucho que se había preparado para ganar el
concurso de oposición en la Universidad de Carabobo, y quizás
tras la larga reflexión que hiciera en su retiro en la casa de El
Castaño, siempre seguía en la búsqueda de un trabajo de mayor
contacto con los más desposeídos y su necesidad de acercamiento a la naturaleza, por eso, tal vez , el giro que da a su vida una
invitación para visitar Puerto Ayacucho.
Era la primera vez que pisaba ese territorio y veía la densa cobertura vegetal de su selva virgen y sus aguas cristalinas, inmediatamente se sintió identificado con ese espacio y más allá
del compromiso de la visita de trabajo, se sintió profundamente
impactado. Su esposa cuenta que cuando Gilberto regresó a su
casa, al abrir la puerta le dijo:
“Maritza, vengo de ver el lugar más impresionante
del mundo y quiero que nos mudemos para allá”
En Puerto Ayacucho edificó una churuata para vivir en un terreno
muy próximo al río Carinagua, pero un día, al desbordarse el
río, el terreno se inundó y Gilberto se vio obligado a emprender
su proyecto en otro espacio. Más tarde, durante sus horas libres
y fines de semana, comenzó a construir una casa y a sembrar
frutales en una extensa área que perteneció al piloto Pablo Silva.
Los planos fueron hechos por Gilberto y él mismo hizo el diseño
de todas las instalaciones eléctricas y sanitarias. Todos sus hijos/
as recuerdan la enmarañada red de aguas que solía instalar en
todas las casas que construyó. Gilberto hijo, cuenta las vicisitudes
que pasaba la familia por esa causa:
“Mi papá diseñaba un sistema sanitario demasiado
complejo, por ejemplo, para un baño con un
57
lavamanos y una poceta, llevaba un tubo para
agua fría, otro para el agua caliente y otro tubo
por si el agua caliente fallaba. Las aguas negras del
lavamanos la tirabas para el jardín para regar las
matas, la de la poceta la llevaba para el subnivel.
Era complicadísimo pues todos aquellos tubos se
cruzaban en el camino y tenían llaves y ninguno de
nosotros comprendía cómo funcionaba aquello.
Al final era un enigma, porque cuando mi papá
estaba de viaje y nos quedábamos sin agua, nadie
sabía cuál era la llave que debíamos abrir. Creo que
él se divertía con toda esa parafernalia.
Por cierto, esa era la única cosa en la que mi papá
era complicado, porque para el resto de las cosas,
siempre fue muy simple y sencillo”
Esa pasión de ser arquitecto, albañil y campesino lo llevó a sembrar árboles en San Francisco de Asís y en La Colonia Tovar y a
construir las casas en El Castaño, El Junquito, Turmero, Amazonas y Aguirre.
“Creo que eso de construir casas, respondía a una
búsqueda interior y si ahondamos un poquito más,
tal vez se debía a su necesidad de transformar, de ir
modificando las cosas a las que tenía acceso, para
poner sus ideas al servicio de quien lo rodeaba. Mi
papá “vivió” su vida sembrando y eso de sembrar
árboles frutales en todas las casas y sitios de trabajo en
donde estuvo, no fue sólo para satisfacer la carencia
de frutas en términos directos, no fue tampoco por
tener mangos o cosechar limones, fue realmente la
respuesta a aquella sed de ir sembrando y dejando
cosas a lo largo de la vida: sembrar ideas, sembrar
costumbres, posiciones éticas. Sembrar el carácter.
En nosotros, hoy podríamos decir que él logró
cosecha”. Gilberto Rodríguez González
58
Impulsado por una necesidad interior de edificar y guiado por el
ímpetu de dejar bases sólidas y de generar cambios e incidir en
la realidad hasta transformarla, puede afirmarse que la construcción se produce en él como una festividad, como una danza,
como ejercicio terapéutico. Tal vez, la intensidad como vive este
proceso se vuelven diversión e integración en su ser.
Quizás, también, habría que preguntarse ¿Cuánta paz, cuánto
silencio o ruido interno trabajó Gilberto, ladrillo a ladrillo?
La boda de Gilberto y Maritza el 24 de diciembre de 1965.
59
Gilberto y Maritza con sus hijos Gilbertico y Levi en Mérida.
Gilberto en una quebrada en La Gran Sabana.
60
En compañía de sus hermanos/as, cuñados/as en el
patio de la casa de La Pastora.
61
Sus hijos Levi, Ayarí, Yuruaní, Andres Eloy y
Gilberto, el día de su graduación de Arquitecto.
62
En compañía de sus hijos Gilberto, Andrés Eloy y Levi.
63
Capítulo
3
Amazonas, territorio
de inmensos constrastes
“…No estás en el camino de tus tierras y gente,
y estás perdiendo el hito de tu historia,
perdiendo los tesoros de tus ancestros”
Alfredo Almeida
E
n 1983, Gilberto realizó una visita de trabajo a Puerto
Ayacucho y este primer contacto le causó una impresión
indescriptible. Se sintió maravillado ante la imponente selva
pluvial. paseó entre gigantes vegetales, lianas y epifitas. A diario
contemplaba admirado el paisaje adornado de bromelias
y orquídeas. En una oportunidad confesó que allí se sintió
fascinantemente deslumbrado .
Si bien es cierto que ese escenario geográfico le causó un
impacto visual y sensorial, la precaria situación de salud de la
población indígena lo conmovió profundamente y lo comprometió
políticamente . Fue por eso que decidió vivir en ese territorio
a fin de integrarse a él para compartir las dificultades de las
comunidades y desde la cercana convivencia, compartir también
conocimientos, producir cambios que permitieran mejorar las
condiciones de vida y salud de los indígenas. Al comienzo, se
instaló solo y más tarde la familia vendría a acompañarlo en ese
nuevo sueño . Su estancia en Amazonas se prolongó por más de
once años.
Después, él mismo contaría que Amazonas le permitió tener un
verdadero encuentro con Maritza y con toda su familia, además
de una inigualable tranquilidad y armonía espiritual.
En los cortos ratos libres solía sentarse a orillas de las quebradas
para escuchar el eco de la selva, observar la flora y la fauna y el
67
vaivén de las embarcaciones fluviales o admirar esa diversidad
cultural sembrada por nuestros ancestros. Para él, estar allí, era
como envolverse en ese mundo mágico y ensoñador que lo nutría
anímica y físicamente.
Inició un trabajo con las comunidades indígenas, integradas
aproximadamente por 17 grupos étnicos: los yanomami,
guahibo, piaroa y yekuana; cada uno con su lenguaje, religiones,
tradiciones y costumbres diferentes. Su hijo Andrés Eloy recuerda
esos tiempos:
“… él se fue primero y duró allá aproximadamente
dos años solo. Yo recuerdo que antes de mudarnos,
tal vez fui dos o tres veces y cada cierto tiempo él
venía para Maracay.
Fue una época en la que por una parte estaba
muy compenetrado con su trabajo, pero por otra,
tenía una profunda soledad, la cual manifestaba
frecuentemente en las cartas que le enviaba a
mi mamá y a nosotros nos hacía mucha falta su
compañía, por eso, después, nos fuimos todos
menos Gilberto, que ya estudiaba en la Universidad
en Caracas. A Levy se lo había llevado papá con
anterioridad”
En una de esas visitas a Maracay, Gilberto fue al Liceo donde
estudiaba Levy a buscar su boletín de calificaciones y al ver el bajo
rendimiento escolar de éste se convenció de que debía estar más
cerca de su hijo con la finalidad de acompañarlo en su formación
y arraigarlo en la práctica del trabajo, entonces lo invitó para
Amazonas y el muchacho aceptó. Hoy Levy nos resume parte de
su experiencia:
“A los cinco o seis días de estar allá, conocí a un
amigo de él que se llama Rubén Montoya y entonces
ellos me llevaron a la finca de la familia Cardozo.
Era una finca grande, con ganado y río. Creo que
68
mi papá sabía que con mi visita y permanencia
dentro de esa finca yo iba a enrumbar mi camino.
Desde esa noche me quedé viviendo ahí, recuerdo
que íbamos caminando por esas tierras y él me las
mostraba lleno de admiración y al rato yo le dije:
– Papá aquí es donde yo quiero vivir - y enseguida
me respondió:
– Quédate de una vez, hablaremos con el dueño.
Entonces me quedé. Hoy entiendo que mi papá
se fue satisfecho pues había logrado uno de sus
objetivos. Al otro día regresó con mi ropa, una bolsa
de comida y unos cartuchos que yo le pedí para la
escopeta. Para ese tiempo yo tendría como quince o
dieciséis años.
Allí viví varios meses. Dormía en una hamaca con
una escopeta y arrullado en la madrugada por el
bramar del ganado. Aprendí a ordeñar, a hacer
queso de mano, a hacer jabón, a sembrar. Me sentía
sorprendido pues no me cansaba, yo recordaba
que en la ciudad las rumbas me agotaban… yo no
recuerdo en qué momento dormía allá, pues pasaba
todo el día trabajando y toda la noche pescando. En
esos tiempos, yo sentía que en el campo no hacía
falta dormir mucho, tal vez por el oxígeno que me
brindaba toda esa vegetación. Esa fue realmente
una experiencia hermosísima en mi vida”
Así, estimulado por su papá, Levy estuvo en la comunidad piaroa,
enseñándola a cultivar hortalizas y a construir galpones para
criar pollos. La experiencia en Amazonas marcó huellas en él y
lo enrumbaron profesionalmente. Años más tarde se graduaría
de Zootecnista en la Escuela Agronómica Salesiana del Estado
Barinas.
69
Gilberto supo transmitir a sus hijos con gran entusiasmo, esa
afición que él había iniciado en el corral de tierra de la casa de
La Pastora y que le sirvió tanto a Levy como a Andrés Eloy para
definir su camino profesional.
“Yo aprendí con los piaroa a construir con bahareque
y les enseñé a cultivar hortalizas y a diseñar un galpón
para criar pollos. Construíamos el galpón y después
lo derrumbábamos para que el otro grupo de
muchachos lo hiciera de nuevo y todos aprendieran
en forma práctica. Así hacíamos las clases cada
día.
Tiempo después, en el fundo El Canarín, mi
hermano menor, mi papá y yo criamos pollos. Ahora
quisiéramos repetir la experiencia pues Andrés Eloy
se graduó de médico veterinario”. Levy Rodríguez
González.
En Amazonas, en sus primeros años, Gilberto vivió detrás del
Hospital José Gregorio Hernández. Después de un tiempo
compró un extenso terreno donde los fines de semana y en las
horas libres, construyó su casa para vivir con Maritza y sus hijos.
Andrés Eloy recuerda detalles de la experiencia de la construcción
de la casa en Amazonas:
“Ese fundo se lo compramos nosotros en trece mil
bolívares, a una profesora, llamada Carmen Rosa,
viuda de un piloto. Era un terreno como de cinco
hectáreas que tenía una casita de palma, que como
ya estaba casi destruida, tomamos de ella los palos
de parature que es una madera muy dura y los
utilizamos en la construcción de nuestra casa, cuyo
diseño hizo mi papá - yo aún conservo los planos –
Casi todos los fines de semana, nosotros ayudábamos
en la construcción. Para ese entonces, ya Levy estaba
estudiando en la Escuela Salesiana de Barinas.
70
A papá le interesaba que nosotros tuviéramos
conocimientos de plomería, electricidad y albañilería
y nos enseñó todo eso.
El diseño era muy particular: mi papá quería que la
brisa corriera por el centro de la casa y para ello
colocó ventanas por todo el pasillo. Recuerdo que
cuando hicimos la placa del techo había un solo
parature como soporte y la gente se burlaba y le decía
–Gilberto tu estás loco, ese palo solito ahí, en todo
el medio, se va a caer– Después, fuimos armando
la casa y cuando la terminamos, el parature que
se había colocado al principio, constituyó la base
para la esquina del mesón de la cocina y quedó
perfecto”
Gilberto trabajó incansablemente para mantener a su familia.
Asumió un cargo de médico en la Unidad Militar de Amazonas
para compensar los gastos. Sus familiares cuentan que ni siquiera
podían tener un buen cableado para hacer llegar la electricidad
a su parcela. Pese a esas dificultades económicas, él siempre
contó que cuando estuvo en esa tierra gozó de una alta calidad
de vida y en sus horas libres podía sembrar y recrearse con sus
animales y sus plantas.
Estar en el Amazonas es convivir directamente con la naturaleza
–solía decir Gilberto– Él se creía privilegiado por vivir cerca de un
río cuya amplitud era similar a la de un inmenso mar, pero lo que
más le importaba era sentirse cerca de los pueblos indígenas, sus
culturas, aprendió a saborear sus comidas y estudió la medicina
de El Chamán.
Era frecuente que él se internara durante una semana o quince
días para convivir con las familias indígenas, dialogar con ellas y
así, conocer su situación de salud. Magda Magris, médica rural
de Amazonas durante la gestión de Gilberto como director de
salud, cuenta:
71
“Su lucha se centró en adecuar los programas a la
realidad indígena, tomando en cuenta las diferencias
culturales de la población en Amazonas para crear
un sistema de atención de calidad”
Las enfermedades que con más agudeza se manifestaban
eran la malaria, la tuberculosis, la fiebre amarilla, la hepatitis,
el paludismo, el dengue y la diarrea. Él había observado que
no existía una vigilancia epidemiológica adecuada y que se
mantenían unas condiciones que mostraban una situación de
injusticia social.
Ese panorama arraigó aún más a Gilberto y lo hizo emprender
una lucha infatigable contra las condiciones que favorecían esas
endemias, las cuales hacían que las comunidades indígenas
murieran o padecieran de enfermedades absolutamente prevenibles,
como las respiratorias, las patologías gastrointestinales: diarreas
y parasitosis, así como las enfermedades infectocontagiosas y las
dermatológicas. Carmen Hernández, su secretaria en la Dirección
Regional de Salud, expresó:
“Durante su gestión hubo cambios importantes,
se dio más atención a a los indígenas e insistía en
dar respuesta a cualquier emergencia, consideraba
que debía solicitarse el apoyo que fuera necesario:
a los militares, a las otras instituciones, a quien
correspondiera, lo apremiante era actuar. Tenía una
forma de trabajo diferente a la de los directores
anteriores”
Para ese entonces el gobernador del estado era Bernabé Gutiérrez,
máximo representante del partido Acción Democrática, en cuyo
período los brotes y endemias asociadas a las enfermedades
más frecuentes reflejaban la ausencia de una política de salud
y de saneamiento ambiental coherentes con esa realidad socio
cultural. La acción del Estado se caracterizaba por la deficiente
infraestructura: pocos centros de salud, ausencia de equipos y
medicamentos, escasez de personal médico y sólo se producían
72
acciones esporádicas ante situaciones esencialmente graves.
Aunado a esto, reinaba la corrupción. Gilberto denunció
constantemente desviaciones de fondos, sin que se le prestara la
atención y correctivos pertinentes.
América Perdomo recuerda cómo esta situación se mantuvo
tiempo después, cuando ella era directora de Malariología en
Amazonas:
“Descubrimos un caso de corrupción que marcó
historia en la región, fue el de la supuesta construcción
de diez acueductos. Bajo las orientaciones de
Gilberto se realizó una investigación y se confirmó
el acto de corrupción con las pruebas y detalles que
fueron presentados ante los tribunales, los cuales
constataron que efectivamente, los constructores
habían percibido el pago, sin que hubiesen efectuado
las obras.
A pesar de haber sido demostrado el fraude, los
tribunales utilizaron todas las mafias ligadas al Poder
Judicial para no sancionar a los implicados, pues
estaban ligados al partido de gobierno. Lo importante
de esta investigación fue que por primera vez se
planteó ante la sociedad amazonense un hecho de
corrupción que fue probado y en el cual se señalaba
a cada uno de esos constructores quienes con
frecuencia efectuaban convenios con el Ministerio de
Sanidad y cobraban cuantiosas sumas de dinero por
obras que nunca realizaron”
Claro está, el combate contra la corrupción se enfrentaba a
toda una estructura de intereses por parte de los funcionarios
públicos, por lo cual Gilberto siempre fue víctima de agresiones
y en más de una oportunidad atentaron contra él, pero a pesar
de todo, continuaba combatiendo la corrupción y tomando
medidas correctivas hacia aquellos trabajadores/as a quienes les
comprobaba irregularidades administrativas.
73
A pesar de estar convencido de que la corrupción socavaba
la legitimidad de la Dirección Regional de Salud, continuó su
titánica labor e hizo seguimiento a muchos sindicalistas que eran
trabajadores/as adscritos a la institución.
La práctica y la observación le hicieron relacionar el sindicalismo
con la destrucción de las instituciones de salud y tipificó esos
casos de una manera exacta y bien calculada y su denuncia
desenmascaró a quienes nadie antes se había atrevido a tocar,
ya que en esa época eran fieles representantes de los dictadores
y caudillos del Territorio Federal de Amazonas.
Estaba atrapado en una situación donde la burocracia era
totalmente controlada y ejercida por el poder gremial y político
de Acción Democrática y su única arma válida fue siempre el
ejemplo. Durante todos los años que trabajó en el Hospital y
en la Dirección Regional cumplió el horario a cabalidad, él era
quien llegaba primero y se marchaba de último. Rubén Montoya,
su amigo y camarada en Amazonas, expresó:
“Gilberto fue el médico social que uno siempre ha
idealizado: el médico del pueblo, el que está al
servicio del más necesitado. A partir de la aparición
de Gilberto en mi vida, se fortaleció la propuesta que
me había planteado sobre el mundo amazónico, con
él pude hacer y deshacer sueños en favor de este
Estado. Nosotros formamos parte de un proyecto
político a largo plazo, éramos un grupo minúsculo
que en nombre de la nueva sociedad nos vinimos a
militar amazónicamente en esta parte de la frontera.
Nos propusimos luchar hasta lograr la liberación de
la sociedad amazonense, combatir -lo que él solía
llamar- ´el hamponato democratoide`.”
Amazonas era una región donde la exuberante belleza natural
contrastaba dolorosamente con la desigualdad, la pobreza y la
exclusión social y esta realidad hizo que por primera vez Gilberto
se presentara como candidato a alcalde para las elecciones
de 1992. Se lanzó públicamente a demostrar su lucha por la
dignificación de esta invisibilizada población.
Con un grupo de profesionales y jóvenes estudiantes conformó
El Movimiento Cívico Mayo y organizó una propuesta de gestión
74
legislativa municipal. En una carroza de madera y con una
pancarta recorrían los barrios de Puerto Ayacucho. Distribuían
folletos semejantes a aquellos usados contra la dictadura de
Pérez Jiménez. Los textos denunciaban: “ a quienes forman los
cogollos politiqueros hamponiles que tanto daño le han causado
a Venezuela y en particular a Amazonas”. Y su consigna fue“¡¡ES
LA HORA DE LA DIGNIDAD!!”.
Alejandro Signi, militante de ese movimiento hace un resumen de
esa experiencia:
“Había pasado el tiempo, se produjeron fuertes
alianzas con los jóvenes indígenas de la región que
alcanzaron cargos de representación popular, entre
otros, Bernabé Arana, alcalde del Municipio Autana,
Guillermo Arana, diputado al Consejo Legislativo
Regional, René Ye´kwana, ex directivo del periódico
Orinoco Indígena y así, bajo los sabios consejos de
Gilberto, fuimos participando en movimientos de
solidaridad con los pueblos indígenas. Igual respaldo
obtuvimos de los estudiantes, con los cuales fundamos
el Movimiento Cívico Mayo. Posteriormente y luego
de muchas coincidencias en eventos gremiales e
institucionales de salud, educación, tenencia de la
tierra y turismo, entre otros, decidimos participar
en la contienda electoral, llevando a Gilberto
como candidato a Alcalde del Municipio Atures y
avalado por la organización que formamos, el cual
denominamos `Movimiento Amazonas Nuestro`.
Con este Movimiento realizábamos recorridos por los
barrios de Puerto Ayacucho, presentando a nuestro
candidato a Alcalde, pero la experiencia en términos
de búsqueda de resultados electorales no fue buena
porque era muy difícil la comprensión de los mensajes
que estimulaban a crear instancias organizativas
para la solución de sus propios problemas y éstos
resultaban nulos ante las demandas de cargos de
trabajo, becas, favores, promesas y comisiones a
75
las que estaban acostumbrados a recibir por parte
de los políticos de Acción Democrática y COPEI, a
cambio del voto”
El Movimiento Cívico Mayo combatió siempre al modelo político
clientelar que se había agotado y que condujo al empobrecimiento
de la población y al descrédito institucional del Territorio Federal
Amazonas. De igual manera, se manifestó rotundamente en contra
de un sistema de corrupción que había erosionado la dinámica
social amazonense y denunció militantemente esa situación
de crisis moral; de inmensas brechas sociales y económicas y,
por primera vez, la población amazonense se colocó en una
disyuntiva política: cambiar o continuar en la ingobernabilidad
que sembraron las cúpulas partidistas de Acción Democrática y
COPEI.
El programa que presentaba el Movimiento Cívico Mayo
estaba centrado en la conquista de una sociedad más justa y
contenía propuestas específicas relacionadas con el desarrollo
socioeconómico de Amazonas, entre las cuales destacaban:
1. Leyes para el nuevo estado: “Impulsaremos una organización político territorial que tome en cuenta la complejidad
del estado, situación fronteriza y su extraordinaria riqueza
ambiental”.
2. Lograr un Concejo Municipal con mayor eficiencia: “Los
cargos serán por concursos. Hay que modernizar las ordenanzas o leyes municipales y crear una especialmente
para el turismo. No dar más contratos ni a corruptos ni a
personas que tengan otras fuentes de ingresos económicos. Los contratos serán, en su mayoría, para el pueblo organizado. Se realizarán cabildos públicos en las principales
poblaciones del interior hasta tanto la asamblea legislativa
conforme nuevos municipios.”
3. Acelerar y apoyar la participación popular e incorporar a
las poblaciones urbanas o rurales, indígenas o criollas a
programas como los de auto construcción de viviendas y
urgente solución al problema de cloacas en los barrios.
76
4. Atender la problemática indígena: “Luchar por la regularización de la tenencia de la tierra para las comunidades y
grandes poblaciones indígenas aún arraigadas en sus territorios originarios. Contribuir en forma decidida al desarrollo de sus propias culturas, pervivencia de sus idiomas y
cosmovisión”…
5. Desarrollo socio- económico: “Incentivar la producción
agroanimal así como la pequeña y mediana industria; incentivar el eco-turismo, regulándolo con una ordenanza
especial en cuya redacción participen los indígenas. Descentralizar algunas labores municipales para generar empleos fijos en los barrios, como por ejemplo: recolección y
bote de basura, mantenimiento de parques, jardines y vías
públicas, incentivar el desarrollo de cooperativas y crear
programas permanentes de formación ciudadana”
6. Servicios públicos básicos:”Plan de educación general sobre aprovechamiento de basura orgánica. Fortalecimiento
del transporte escolar y creación de rutas de transporte colectivo con circuito rápido”
7. Ejidos y terrenos municipales: “Rescate de las grandes posesiones de terrenos ociosos situados más allá del río Cataniapo, hoy en manos de terrófagos insaciables. Igualmente
los terrenos municipales en situación de engorde serán revertidos a la propiedad municipal aplicando las leyes vigentes”
8. Programa de seguridad (Delincuencia, inseguridad, sistema carcelario, policial y judicial) “Crearemos un programa
de seguridad con participación vecinal para lo cual la policía territorial deberá tecnificarse y convertirse en un cuerpo
de servicio integral. Los cargos judiciales se proveerán por
concurso, a fin de evitar que algunos juzgados apoyen a
los delincuentes políticos.”
9. Vivienda y urbanismo: “Impulsaremos programas de auto
construcción; las viviendas de interés social se asignarán
77
por estricta necesidad de las familias y no por componendas o corruptelas partidista.”
10. Deporte, recreación y cultura: “Fomentar el deporte desde el mismo seno del pueblo. Hay que fortalecer una dirección de cultura que trabaje para la escuela de música, el
grupo orquestal de instrumentos indígenas y para generar
actividades eco-museísticas. Lucharemos por la construcción del Parque Zoo-Botánico, el Parque La Tortuga y el
Parque Cerro Pintado”
11. Asesoría jurídica: “Ante muchas violaciones de sus derechos, el pueblo no tiene dónde recibir orientaciones, para
ello crearemos una oficina de reclamos y asesorías que,
junto con la Fiscalía del Ministerio Público permitan orientar a quienes requieran ayuda.”
Este programa estaba signado por esa férrea voluntad que el
grupo poseía y además daba especial sitial a la educación y
la salud y consideraba también una serie de planteamientos
de contraloría social para evitar la corrupción y el despilfarro en
estas instancias.
Desde 1983 hasta 1987 Gilberto fue Adjunto de Atención
Médica y también dermatólogo del Hospital “José Gregorio
Hernández” y presidente del Colegio de Médicos. Durante toda
su estadía en Amazonas fungió como coordinador ad honorem
de las pasantías de “Medicina Integral de Ambiente Rural” de la
Universidad Central de Venezuela.
En 1988 fue Director del Hospital José Gregorio Hernández, en
1991 Director Regional de Salud hasta su destitución. Este cargo
le fue restituido por Edgar Sayago, el primer gobernador electo
de Amazonas.
En diversos espacios públicos realizaba círculos de discusiones
permanentes en torno a la salud y a la situación socioeconómica
y política de Amazonas. En una de esas reuniones nocturnas
que organizaba como militante del Movimiento Cívico Mayo, en
78
su afán por incluir al colectivo en la construcción y búsqueda
de alternativas en relación con los problemas amazonenses
convocó a un grupo de médicos de Puerto Ayacucho e hizo
centrar el tema de esa reunión en una reflexión de lo ético. Con
palabras muy sencillas, condujo a los presentes a interrogarse
sobre su condición de actores/as sociales y los enfrentó a las
preocupaciones de la vida cotidiana, de esas dificultades con las
cuales nos encontramos en el contexto de nuestros intercambios
con la gente. Así les habló, Gilberto:
“...Ahora vamos a plantear la situación de salud en el
Territorio Federal Amazonas: tenemos una oferta de
servicios médicos de una calidad muy baja, no sólo
en Puerto Ayacucho, ya que todos los que vivimos
aquí o quienes conocemos Amazonas, podríamos
decir sin ningún resquemor y sin que nos quede la
menor duda, que la calidad de la atención médica en
Puerto Ayacucho y en el resto del Territorio Amazonas
es muy baja. Es muy pobre, deficiente y por tanto,
deja mucho que desear, eso es una verdad general.
Y otra característica de la atención médico sanitaria
en Amazonas es que es discriminatoria.
¿Por qué discriminatoria? Porque los que hemos
gobernado en Amazonas somos los criollos y somos
nosotros también quienes, por mil razones, nos
beneficiamos de lo que el Estado invierte en salud: por
influencias políticas, sociales; por poder económico,
por dominio de la lengua dominante o de ciertas
formas de lograr las cosas, lo cual forma ya parte de
la cultura. Las poblaciones indígenas de Amazonas
son las que menos reciben ese beneficio que de por
sí, como hemos dicho, es de baja calidad. Ellas están
muy alejadas de las posibilidades que tenemos los
criollos.
Hay una dotación insuficiente de recursos humanos
y materiales; y además están concentrados en Puerto
79
Ayacucho. Las estrategias sanitarias no son las más
adecuadas: hay poca mística en el personal, y por
último, la participación popular en el proceso saludenfermedad es mínima. Todo eso contribuye a una
baja calidad de la oferta. Cada uno de estos puntos
por supuesto requerirá una ejemplificación de lo que
quiere decir eso en concreto.
Cuando yo digo poca mística de trabajo, eso no quiere
decir que no existan trabajadores con mística…lo
que pasa es que aquí se dan paradojas tremendas,
aquí encuentras con frecuencia desde médicos hasta
barrenderos, que se roban los equipos o el adhesivo,
el frasco con alcohol, las tijeras, cualquier cosa.
En cuanto al cumplimiento del horario, por ejemplo,
hay sectores que trabajan más de lo que deberían
trabajar, pero hay un porcentaje no despreciable,
que no es puntual, que no asiste y hay otros que son
reposeros. Yo recuerdo, por ejemplo, que una vez
pasé una circular, la cual guardo porque es historia. Ell
asunto de dicha circular era un llamado de atención
sobre el consumo de alcohol de los trabajadores
mientras hacían las visitas para tratar la malaria.
No eran todos, pero fue necesario pasar la circular
porque eso ocurría en las horas laborables…
Otro ejemplo es el problema en la lavandería: a las
siete y cuarto de la mañana vemos que cada una de
las encargadas de la lavandería del Hospital viene
con una bolsa de ropa sucia que trae desde su casa;
entonces, en su horario de trabajo, en lugar de lavar
la ropa del hospital, lava la ropa de su familia… y
así podría citar ejemplos sobre los médicos, técnicos,
etc. No es que no exista mística, pues hay enfermeras,
médicos y obreros con mucha ética, pero es necesario
mejorar la mística de todos los trabajadores.
80
Por supuesto que el hospital no es lo más importante
para la salud del pueblo, pero, por ejemplo, no
hay urólogo; no hay otorrinolaringólogo, no hay
laboratorio de anatomía patológica y las mujeres
mueren de cáncer de cuello uterino porque aparte
de las razones de educación, entre otros factores, se
suma el hecho de que si le hacemos una citología,
tenemos que enviarla a Caracas y algunas veces
el resultado llega a los tres meses o no llega, esto
significa deficiencia de recurso humano importante.
Las políticas de salud son inadecuadas: aquí IPASME,
Sanidad, el Seguro Social y la Alcaldía tienen, cada
uno, sus propios servicios médicos y la Gobernación
tiene sus propios servicios de atención, entonces los
médicos ejercen múltiples cargos y trabajan por aquí
y trabajan por allá y en todas partes se menoscaba
su labor.
¿Cuáles serían las propuestas? -preguntó un
participanteCreo que las propuestas que yo tengo no agotan las
posibilidades de mejorar la situación, pero pudieran
servir, por lo menos, para orientar el camino.
Una propuesta es que los cargos importantes
deberían nombrarse por concurso. En Amazonas,
el poder político se expresa de una manera muy
brutal, caudillezca, atrasada, feudal: desde el
cargo para barrer en el hospital, hasta para el de
Director Regional de Salud requieren como mérito
fundamental el de ser militante de X partido político,
tal vez esto ocurre en igual o menor medida en el
resto del país.
Si uno analizara las instituciones públicas, observaría
que están carcomidas por el clientelismo político;
81
se ha establecido una relación de humillante a
humillado: cuando a alguien le piden una carta o
una tarjeta de recomendación, lo están humillando
indudablemente, pero como se tiene la necesidad y
no la suficiente valentía, pues se busca la carta o
la tarjeta, y por dentro se siente la humillación y se
establece una relación hipócrita entre el humillado y
el que lo humilla y a la larga eso hace que cualquier
organización, se derrumbe porque la gente no
ingresó de corazón o por méritos reales, sino que fue
enganchado, así, tan impersonal y ajeno, como en un
gancho de esos de colgar carne en un frigorífico.
Otra propuesta se referiría al aspecto de formación
de recurso profesional y obrero. Se requiere una
formación especial porque aquí en Amazonas existen
unas patologías específicas. Esto es fundamental.
Para cambiar la situación de salud en Amazonas, la
formación debe ser constante y pertinente.
La tercera línea que consideraríamos es el
fortalecimiento de la estrategia llamada Atención
Primaria de Salud. Mucha gente cree que Atención
Primaria de Salud, es atención de salud barata para
la gente pobre y eso no es así. Pudiera funcionar para
el Country Club, por ejemplo, allí la gente pudiera
reunirse y formar su comité de Atención Primaria de
Salud ¿Por qué? Porque a lo mejor están muy gordos
y sufren de obesidad o sufren de gota por comer
mucha carne roja. Entonces pudieran reunirse para
tratar de lograr una mejor salud y una tecnología
relativamente accesible, aceptable por la comunidad
y donde ellos participan en todo ese proceso de
mejorar la salud, con menos hipertensos o menos
obesos, menos personas que sufran “x” problema de
salud.
82
La Atención Primaria de Salud, pretende que, con la
participación de la comunidad ayudada por el equipo
de Salud se detecte el origen de los problemas, por
ejemplo en Río Negro, Manapiare, ayudados por el
médico, el trabajador social, la enfermera, algún otro
refuerzo y con la comunidad, se trataría de detectar
cuáles son sus problemas de salud más importantes:
diarrea, caries, o la que fuere, entonces se fijarían los
planes de trabajo que, sin inversiones muy costosas,
logren elevar el nivel de salud de esa población.
En Puerto Ayacucho por ejemplo, un Comité de
Atención Primaria de Salud, pudiera analizar los
accidentes de tránsito. Si se observa (yo lo he hecho)
que los accidentes de tránsito ocurren de viernes a
domingo y en la recta que va hacia el aeropuerto y
además, casi siempre involucran a jóvenes que se
encuentran bajo influencia alcohólica, un comité
de salud diría: vamos a intervenir en estos factores
ya detectados, y eso es económicamente barato:
bastaría una alcabala móvil, una campaña educativa
y eso sale barato. Pero lo que no puede hacer un
comité de Atención Primaria de Salud, es luchar para
que en el hospital tengamos una sala de terapia
intensiva para poder atender a los que chocan a
cada momento”
(Trascripción de una cinta grabada, sin fecha;
propiedad de Gisela de Montoya, sobre una reunión
de Gilberto Rodríguez Ochoa con un grupo de
trabajadores de la salud de Amazonas)
En este discurso se evidencia una vez más su posición ante la
fragmentación del sistema de salud y su incansable lucha contra
la corrupción, destacando la ausencia de ética en la función
pública . Es testimonio también de su perseverante esfuerzo por
construir ciudadanía en cualquier lugar y tiempo y expresión
de su observación crítica diaria de los espacios y relaciones
83
humanas donde trabajaba. Esta actitud fue una constante en su
vida profesional como Médico Rural, como Director Regional y
como Ministro de Salud.
Los que conocimos a Gilberto sabemos que incesante y
vehementemente, estuvo luchando por un sistema con una
interrelación de políticas que tomara en cuenta cada zona o
región del país con la finalidad de dar respuestas a sus problemas
específicos y de atender prioritariamente a la población en
situación de exclusión social en todo el territorio nacional.
En sus declaraciones por prensa, radio o televisión mantuvo
su sencillez para expresar con mucha claridad sus ideas,
preocupaciones y alternativas para la salud del pueblo. Tenía una
necesidad intrínseca de que la gente entendiera y comprendiera
sus propios problemas para así ayudar a resolverlos.
Gisela de Montoya contó que como Director Regional de Salud creó
un programa de actualidades en Amavisión que era la televisora
regional y a través de ese espacio televisivo dio charlas dirigidas
a madres, familias y jóvenes. También hizo muchas entrevistas y
ocupaba parte de ese tiempo en orientar a los médicos jóvenes
y pasantes sobre cómo atender a la población indígena y las
particularidades geográficas y culturales de la región.
Magda Magris habla sobre esa vocación docente de Gilberto:
“Conocí a Gilberto en el año 89, él era el encargado
de los pasantes del Proyecto Amazonas y a pesar de
ser un especialista en dermatología nos dio una clase
sobre la situación de salud en el estado Amazonas,
con una visión sumamente comunitaria.
Como pasantes de la Universidad Central habíamos
sido entrenados con una formación curativista e
individualista y aquí nos conseguimos con un docente
que tenía una visión de Salud Pública Integral”
Durante 1991 Gilberto Rodríguez Ochoa realizó un proyecto para
la creación de un hospital indígena destinado a la comunidad de
84
Platanillal y Puerto de Samariapo el cual tendría churuatas como
salas de atención; con chinchorros como lugar de reposo. El
hospital brindaría un espacio para que los pacientes convivieran
con su familia durante su hospitalización. En la maqueta se
previeron los fogones para que los familiares de los pacientes
prepararan sus alimentos.
Este proyecto no se pudo concretar debido a la falta de
financiamiento, tanto por parte del Ministerio como de otras
instituciones de Cooperación Técnica, pero cuando Gilberto
estuvo como Director del Hospital mandó a construir una churuata
y la puso a funcionar como sala de atención. El Doctor Jesús Toro
recuerda que Gilberto le comentaba que algunas/os integrantes
del equipo médico se resistían a brindar atención allí, porque
consideraban que carecía de las condiciones adecuadas.
A pesar de todas esas iniciativas y de un trabajo honesto con mucha
responsabilidad y compromiso social, sumado a su eficiente
labor en la Dirección, en junio de ese mismo año, Gilberto fue
destituido sorpresivamente por el Ministro Pedro Páez Camargo,
debido a sus constantes denuncias sobre la grave crisis asistencial
en el Territorio Federal Amazonas y en las que responsabilizaba al
Ministerio de Salud y Asistencia Social de esa situación.
“Dicen los informes que en sólo cinco meses el Dr.
Rodríguez Ochoa se enfrentó valientemente a las
mafias que se robaban las medicinas destinadas a
las medicaturas indígenas y rurales, reintegró las
partidas a los servicios correspondientes, que antes se
escapaban para fines extraños a los previstos. Trató
de poner orden en los puestos de trabajo y estableció
el mantenimiento para mejorar la logística”. El
Nacional 18/06/91 Luís R. García
César Arismendi, su amigo y compañero de militancia política
expresa:
“Debido a estas posturas irreconciliables, Gilberto
fue despedido sin tomar en cuenta sus comprobados
85
méritos gerenciales, su visión de país e incuestionable
armadura ético-moral.
Así, volvía Amazonas a darle continuidad al círculo
vicioso de la ineficiencia en servicios y atención de la
salud. Volvía el desagüe de recursos presupuestarios
y financieros para fines obscuros y volvíamos al
incremento de la morbi-mortalidad de las patologías
endémicas e infectocontagiosas que afectaban con
creces, especialmente a la población indígena de
este territorio de selva riquísima, pero sensiblemente
frágil a las intervenciones masivas de las manos del
hombre y tan codiciado por potencias extranjeras”
Amazonas realizó un paro cívico para protestar la suspensión
del doctor Gilberto Rodríguez Ochoa y por las calles de Puerto
Ayacucho desfilaron los representantes del Consejo Nacional
Indio de Venezuela, muchísimas organizaciones de base, así como
organizaciones culturales indígenas, la Comisión de la Mujer y
la Familia del Consejo Mundial de Pueblos indígenas, muchos/
as vecinos/as miembros y miembras de las comunidades y las
ONG’s. Los /as amigos/as y compañeros/as de trabajo hicieron
cartas públicas dirigidas al Ministro de Salud y al Presidente de
la República.
Otro hecho que comprueba la eficiente labor de Gilberto hacia la
población indígena es el que se produjo a raíz de su destitución:
el Consejo de Ancianos de los piaroa que sólo se reúne una vez
cada año y para tratar asuntos del interés de la etnia, hizo una
reunión de urgencia para tratar su destitución por considerarla
como una amenaza a la salud de sus comunidades. El 15 de
junio de 1991 una noticia en El Nacional señala al respecto:
“El Consejo de Ancianos de los piaroa fue convocado
de emergencia porque consideraron un atropello
a la salud de sus comunidades que se pretenda
remover del cargo al actual Director Regional de
Salud, Gilberto Rodríguez Ochoa...Ahora sienten
86
que sus comunidades pueden ser afectadas por el
paludismo, que hace inmensos daños en la región,
y también se sienten amenazados por el cólera que
inminentemente entrará por estos espacios selváticos.
Pero, lo que es peor para ellos- según manifestó
Guillermo Arana, vocero del consejo de ancianoses que los políticos de la zona estén haciendo todo
lo posible por destruir el único médico jefe que le
ha prestado atención a sus comunidades y que ha
procurado resolver la problemática de la salud rural
en apenas cinco meses que lleva de gestión”
En 1992, luego de tomar posesión el primer gobernador electo,
Edgar Sayago Murillo vuelve nuevamente Gilberto como Director
Regional de Salud y retoma sus sueños y, con la misma pasión que
había tenido antes, asume y emprende innovadores proyectos.
Uno de ellos fue “el Ambulatorio Fluvial” mediante el cual el
equipo de salud se desplazaría en una embarcación dotada
de medicinas, laboratorio y otros equipos para el tratamiento
preventivo y curativo de enfermedades como el paludismo y otras
afecciones endémicas de la región. Era una embarcación que
había sido bautizada con el nombre de “José Ignacio Baldó”
en homenaje al ilustre médico y ex Ministro de Salud. Este
ambulatorio fluvial dio cobertura asistencial a 29 comunidades
indígenas. También en el proyecto se incorporó a los ancianos
para los sabios consejos con respecto a las propiedades curativas
de las raíces, cortezas y frutos autóctonos de ese territorio.
Fue una iniciativa de un equipo formado por Francisco Armada,
médico rural de Maroa, Jesús Toro, médico adjunto a la Dirección
y Rubén Montoya, sociólogo militante cultural de la región. Con
esta propuesta se intentaba dar respuesta a las necesidades y
adaptar la atención de salud a las características específica de
esas comunidades.
Así también, Gilberto se aproximó a una labor de contraloría
social y sentó un precedente que permitía a los ciudadanos/
as amazonenses la oportunidad de hacer sugerencias sobre
87
asuntos públicos a los cuales tenían derecho. Con este ejercicio
democrático también estaba dando luces de cómo hacer el
seguimiento de proyectos vinculados con la realidad local y daba
espacio para la evaluación de su gestión. Rubén Montoya, quien
muchas veces lo acompañó a reuniones y asambleas atestigua:
“Por primera vez, un comisionado de salud le
presentaba cuentas al pueblo. Gilberto tomaba
un atril, una pizarra y con la máxima pedagogía,
en lenguaje sencillo, daba a conocer a todos la
distribución del presupuesto de la Dirección: ¿Cuánto
había quedado? ¿Qué debería hacerse? ¿Cómo y
dónde debería invertirse? Informaba también sobre
los problemas del hospital.
La gente empezó a sentir una fase desconocida,
jamás imaginada por ellos. Él decía que la Dirección
Regional de Salud no podía seguir siendo la caja
chica de un partido político para satisfacer las
necesidades económicas de los individuos que se
encontraban como directores y mucho menos, hacer
lo que les diera la gana con el dinero del pueblo”
Mientras fue Director Regional de Salud, nunca dejó de ejercer
su rol de médico y educador comunitario a la par que realizaba
innumerables supervisiones. En ese entonces, fue el primer Director
que abandonó el escritorio para trasladarse a las comunidades
indígenas y profesar coherentemente en su lucha por una salud
digna, caracterizada por la equidad y justicia social.
En sus recorridos llegó a San Carlos de Río Negro, Maroa,
Atabapo, Atures, Isla de Ratón, Manapiare, La Esmeralda, Alto
Orinoco y también se acercó a Ocamo, donde está ubicada
una comunidad yanomami. Para ninguno de sus amigos/as era
desconocido cuánto le afectaba el abandono que sufría esa
población.
Durante la supervisión escuchaba atentamente a la gente y así
conocía personalmente los problemas. De igual manera, se
88
relacionaba directamente con el personal y los observaba en
sus áreas de trabajo. Vigilaba en qué invertían los recursos
y precisaba cuáles eran las necesidades sociales de cada
comunidad. En la práctica diaria se planteaba la adaptación
de la medicina típicamente occidental a una más cónsona con
la cultura de los grupos indígenas, tomando en consideración la
diversidad y complejidad cultural y dándole mucho valor al saber
popular.
La lucha que emprendió no sólo se circunscribía a la corrupción
y al saqueo protagonizado por el bipartidismo amazonense, su
lucha también se extendió contra “Las Nuevas Tribus” y en sus
diferentes charlas, expresaba que este grupo representaba un
problema de soberanía muy delicado desde hace treinta y cinco
años, por ser un movimiento que cumplía un papel de agente
interventor en distintos aspectos de la región. Consideraba que
era una estrategia norteamericana muy bien armada y combinada
en América Latina. En nuestro caso, la ubicación geográfica que
este grupo tenía en el corazón del estado Amazonas, le permitía
llevar a cabo proyectos de colonización, exploración y explotación
de los recursos de la zona. Además según su denuncia, este grupo
se caracterizaba por lograr el aislamiento de las comunidades
donde ellos operaban, estimulando la pugna con aquellas que
no comulgaban con su credo.
Gilberto estaba convencido de que este grupo contribuía a la
desculturización indígena y rechazaba tajantemente que muchos
indígenas aprendieran primero el inglés que el español. Esta
misión evangélica norteamericana, fue expulsada de la región
el 12 de Octubre de 2.005 por decreto del Presidente de la
República.
Su postura política, su compromiso por la conquista de los derechos
humanos de los indígenas, el combate contra la corrupción y su
constante acusación a grupos aliados del gobierno, como es el
caso de “Las Nuevas Tribus”, así como su infatigable denuncia
frente a las desigualdades, abandono e injusticia social de las
que era víctima el pueblo amazonense, no pudo tener otra
respuesta que la persecución. Después de la rebelión militar del
89
4 de febrero de 1992, sufrió los embates de la persecución por
parte de la policía.
La gestión económica y política del gobernador Bernabé Gutiérrez
en Amazonas, era un fiel reflejo de la gestión de Carlos Andrés
Pérez en el país y a pesar de haber sido Amazonas una región
que nunca fue tomada en cuenta para la ejecución de las políticas
de desarrollo social y económico, a raíz de la rebelión militar,
acosaron a quienes estaban en contra de los desmanes políticos
de lo que había constituido esa democracia representativa.
Gilberto y su grupo de amigos/as militantes fueron víctimas de
este contexto político. Héctor Belisario, quien siempre acompañó
a Gilberto en el Movimiento Cívico Mayo rememora los hechos:
“Después del 4 de febrero hubo persecución en
contra de Gilberto y todos pensábamos que, como
él, seríamos allanados y presos; pues éramos un
grupo muy pequeño ya identificados con Chávez.
Recuerdo que mientras estábamos realizando una
reunión, una comisión de la División de Inteligencia
Militar vino desde Caracas a interrogar a Gilberto.
En esos tiempos él trabajaba para el Ejército y ese
día, el interrogatorio al que lo sometieron duró
desde las ocho de la mañana hasta el mediodía;
simultáneamente, fue allanada su casa”
El 27 de noviembre del mismo año Gilberto se vio obligado a
resguardarse y tomar medidas preventivas en relación a su familia.
Andrés Eloy, quien lo acompañó en ese momento puntualiza:
“Mi papá tenía muchos enemigos en el estado
Amazonas por constituir un serio obstáculo para la
corrupción reinante. A eso podría añadirse su simpatía
con el movimiento bolivariano que, de una forma
u otra, participaba en lo que se estaba gestando.
Aquella mañana, como de costumbre me llevó al
colegio y veinte minutos más tarde me fue a buscar
muy preocupado. En el camino a casa me orientó
acerca de los cuidados que debía tener porque yo
podría ser un blanco potencial de venganza para los
enemigos.
90
Al llegar, mi papá se cambió de ropa, se puso una
chaqueta de camuflaje que le habían regalado en
el Batallón Paramaconi también se puso botas,
pantalón verde, y tomó algunas cosas de primeros
auxilios, alimentos deshidratados y herramientas
básicas. Yo también me cambié de ropa y nos fuimos
juntos a la montaña.
En esa montaña que habíamos conocido tiempo
atrás, él había escogido una cueva como escondite,
pues era de difícil acceso, un poco estrecha y bastante
limpia internamente. Mientras caminábamos me
informó que iba a permanecer escondido unos días
en esa cueva y nos pusimos de acuerdo con algunas
señales particulares. Yo regresé a casa unas horas
después de haber conversado mucho con él dentro
de la cueva”
Los enfrentamientos y persecuciones que pudo sufrir Gilberto se
debían en gran medida, a esa lucha que había emprendido contra
las prácticas reñidas con la ética y el bien común, las mismas que
había percibido como hábitos entre los responsables de la toma
de decisiones de Amazonas; en los cuadros políticos de Acción
Democrática y COPEI y a los que denunció permanentemente.
Durante los once años de vida en Amazonas, fue un luchador
militante contra la corrupción, la cual reinaba en las diferentes
administraciones públicas del estado y una cultura antidemocrática
en la que de antemano se conocía quienes serían los gobernantes,
los cuales, al salir del ejercicio activo del poder político, lo hacían
en condiciones substancialmente mejoradas como producto del
enriquecimiento ilícito.
El proceso de corrupción había creado grandes desigualdades
y enormes brechas sociales y desde esta perspectiva, Gilberto
se convirtió en un obstáculo para su continuidad. En una carta
pública que hiciera en defensa de Rubén Montoya, declara
“El Ministro del Interior dijo hace un año, que
Amazonas era una tierra de nadie. Eso lo sabemos
91
mucho mejor quienes aquí sufrimos minuto a
minuto las fallas del agua a orillas del octavo río
del mundo, según nos dijeron en primaria, quienes
pagamos la electricidad más cara y con peor servicio
de Venezuela, quienes morimos ante la voraz e
insaciable especulación de muchos comerciantes,
quienes somos humillados por funcionarios civiles y
militares o quienes recurrimos incluso a la invocación
de Dios para que nos permita una llamada telefónica
y quienes carecemos de áreas recreativas.
Somos nosotros los que sabemos demasiado bien
por qué, Amazonas es una tierra de nadie”
Ese territorio que antes se le mostró como fascinante y de profundo
impacto sensorial y afectivo, también fue para él, un territorio de
inmensos contrastes y allí, supo mostrar la ignorada población
indígena respetando su cultura y haciendo valer sus derechos
sociales.
Amazonas fue el espacio escogido para demostrar su postura
antiimperialista, su encarnada lucha contra quienes desde el poder,
saquearon los bienes del pueblo y obstruyeron su desarrollo.
Su vida en Amazonas fue en todo momento, una práctica de su
militancia política y ecológica.
92
Folleto de campaña de Gilberto Rodríguez para alcalde.
93
Actual entrada del Fundo El Canarín.
La casa que Gilberto construyó en el Fundo El Canarín.
94
Gilberto acompañado de una amiga en la casa de El Canarín.
95
El Sr. Héctor Belisario, amigo de Gilberto y
militante del Movimiento Cívico Mayo.
96
Gilberto recibe al Ministro de Sanidad y a su hermano Arnoldo cuando
era presidente del PAMI
97
98
Capítulo
4
Contra una visión tubular
de la salud…
“Si no se toma conciencia de esta realidad,
los manotazos de los náufragos que cada vez son más,
harán zozobrar la nave y nos hundimos todos”
Eduardo Galeano
E
n 1994 mientras se encontraba trabajando en Amazonas,
Gilberto recibió la llamada del doctor Jacinto Convit quien le
informaba que lo había postulado ante el Ministro de Sanidad y
Asistencia Social como Director General Sectorial de Malariología
y Saneamiento Ambiental y le argumentaba la importancia de
su contribución en esa institución. El nuevo Ministro Carlos
Walter conocía la trayectoria de Gilberto Rodríguez Ochoa como
trabajador de la salud y lo instó a ocupar ese importante cargo.
Gilberto y algunos de sus amigos/as vieron esta propuesta como
la posibilidad de lograr los cambios que soñaron para Amazonas
y que fueron frustrados a causa de la lucha de poder.
Maritza se quedó en Amazonas ocupándose de la venta de la casa
y para acompañar a su hijo Andrés Eloy quien debía culminar el
cuarto año de bachillerato. Gilberto volvió al estado Aragua y
se instaló nuevamente en su casa de Turmero e inmediatamente
buscó la ayuda de muchos amigos/as para oír y repensar qué
hacer desde esta organización en función de la salud y de las
necesidades del pueblo.
Con la humildad que siempre lo caracterizó y a pesar de que
él no había crecido en el interior de la emblemática institución
de Malariología, inicia su nuevo rol y se arriesga a los desafíos
con una fuerte voluntad de conocer la realidad institucional y su
vinculación con el contexto social de este país.
101
Cuando tomó posesión como Director General Sectorial de
Malariología convergieron varias situaciones que conducían a
los cambios. Por una parte el Ministerio estaba dirigido por el
Doctor Carlos Walter, militante del MAS quien abrió las puertas
a una gestión más progresista que las anteriores y propició la
descentralización del sector salud, la cual conllevaba previamente
a una reestructuración del Ministerio de Salud y Asistencia Social
y por otra parte, en el año de 1994 se estaba haciendo efectivo
el ingreso de recursos extraordinarios para la ejecución de un
Proyecto de Control de Enfermedades Endémicas, se había
solicitado un préstamo al Banco Mundial por la suma de Ciento
Ochenta y Ocho millones de dólares. De esos 188 millones
de dólares, el 75% debía ser ejecutado por la Dirección de
Malariología y el 25% por el Instituto de Biomedicina.
Conciente de la inmensa deuda externa que representaba ese
préstamo para la Nación, Gilberto comenzó a hacer esfuerzos
para redimensionar el proyecto y reformular sus acciones con
la finalidad de lograr que tuviera una mayor pertinencia social.
El doctor Jesús Toro, quien lo acompañó en esta gestión
rememora:
“Gilberto tomó posesión un día viernes, recuerdo
que cuando yo recibí como Director de Endemias
Rurales me fui para su oficina y allí nos planteamos
reorientar todos esos recursos financieros, de tal
manera que fuesen lo más eficientes y sustentables
posibles, por lo tanto, debíamos reducir las compras
de insumos injustificados. Estaba programado
comprar 25 millones de dólares en insecticidas, lo
que equivaldría a comprar insecticidas suficientes
para un año de todos los programas antimaláricos
de América y se redujo a seis millones de dólares.
Se había destinado siete millones de dólares para
comprar medicamentos antimaláricos lo que era
equivalente a comprar medicamentos para atender
todos los casos antimaláricos para los próximos
cuarenta años y entonces se redujo esa cantidad a
medio millón de dólares”
102
Esos recursos financieros destinados exclusivamente para
Malariología y Biomedicina se recondujeron para beneficiar a
otros programas.
En una relación estrecha entre el doctor Jacinto Convit y
Rodríguez Ochoa se apoyaron programas de otras direcciones,
fundamentalmente de la Dirección de Epidemiología: Plan
Nacional de Eliminación del Sarampión, el fortalecimiento de
la red de diagnóstico en enfermedades infecto contagiosas, se
destinaron fondos para la adquisición de vehículos para todas las
regiones del país, el fortalecimiento de la Red de Laboratorios
de Salud Pública de Venezuela, dotándola de equipos para
diagnóstico de sarampión, rubéola y dengue. Además se
emprendió la construcción de Unidades de Investigación y Control
de Enfermedades Endémicas Tropicales. La primera se inició en
La Esmeralda, en Amazonas, la otra en El Piñal, una comunidad
al sur de Táchira muy cerca de los límites con Barinas y Apure y
otra en Sanare, en el Estado Lara.
Los proyectos que emprendió Gilberto Rodríguez Ochoa
conjuntamente con Biomedicina, trajeron como consecuencia una
fuerte resistencia dentro de la organización, porque el personal
sentía que se traducía en conceder espacios ante una institución
que siempre fue vista como rival de Malariología.
Con su equipo, se propuso trasformar una institución reactiva, que
giraba alrededor de la Malaria, en una institución que actuara
sobre los factores de riesgos ambientales causantes de múltiples
enfermedades en la Venezuela de hoy. Entendía que nuestro
país había dejado de ser rural y malárico, para ser urbano y con
innumerables problemas de saneamiento, de agua y con una alta
contaminación ambiental y atmosférica.
Concebía que ésta debía ser una institución que trascendiera
la enfermedad, para abocarse a la conquista de una salud
ambiental, un organismo que fuera más allá de la restitución del
daño, para luchar por la prevención de factores de riesgos y la
promoción de la salud. Pretendía una visión integral de la salud,
concebida dentro del contexto social de la gente, por lo tanto,
no podía seguir llamándose Malariología, pues lo medular no
era la Malaria, sino las desigualdades sociales existentes en este
país urbano, aunque no por ello dejara de considerar que había
103
sido una institución de orgullo para Venezuela en los tiempos
del Dr. Gabaldon, debido a que había logrado la erradicación
del paludismo. Ahora tenía que reconvertirse y responder a los
problemas actuales de la Venezuela de los noventa.
El país vivía una situación diferente a la de las cuatro primeras
décadas del siglo XX: la ciudad definitivamente desplazó al
campo. Los polos de crecimiento industrial atraían a numerosas
masas de poblaciones y los sectores depauperados se instalaron
en las ciudades con la esperanza de lograr mejores medios de
sobrevivencia.
El crecimiento económico no acompañó el vertiginoso
crecimiento poblacional: las barriadas incorporaron la ruralidad
a la ciudad y en definitiva, el desarrollo urbano no respondió
a las necesidades del pueblo y la pobreza invadió la ciudad.
Surgieron progresivamente cordones de ranchos carentes de
servicios indispensables, que en ese entonces constituían focos
de enfermedad y miseria, ya no sólo en la periferia, sino también
en el centro de las ciudades.
Ante esos grandes contrastes, Gilberto comienza a redimensionar
las acciones de Malariología y da sus primeros pasos:
“El afán de Gilberto consistía en montar sistemas
de vigilancia de factores de riesgo: vigilar las
enfermedades en animales y las transmitidas por
insectos, antes de que se presentasen en los seres
humanos. El programa de zoonosis no existía allí,
sino en el programa de epidemiología y lo que
funcionaba era el tratamiento de pacientes mordidos
por perros, se les aplicaban vacunas antirrábicas y
se hacía vigilancia del animal, si el animal mordedor
tenía síntomas de rabia, se le aplicaba el tratamiento
completo al paciente, de lo contrario no. La vigilancia
de perros con rabia, de caballos con encefalitis
equina, de ganado con brucelosis, de leptospirosis
en roedores, perros y ganado, no se llevaba a cabo
sino muy tímidamente y por otros organismos. En la
gestión de Gilberto se pretendió más bien, fortalecer
esas áreas.
104
Él pretendía que la parte de Ingeniería Sanitaria dejase
de ser solamente un ente generador de permisos
sanitarios y que enfrentara más vigorosamente la
vigilancia de riesgos en el aire, vigilara cuáles eran
los acueductos rurales que no estaban clorados y
que se hiciera una investigación de los factores de
riesgo involucrados en las enfermedades del país
y de igual manera, las de riesgos laborales en los
trabajadores”. Dr. Jesús Toro
En todo momento le preocupó el excesivo gasto para obtener
medicinas e insecticidas pues al final se desperdiciaban a causa
de su vencimiento. Fueron muchas las veces que él mismo había
constatado esta situación en los depósitos.
También intervino en lo que denominó ` la cultura del viático`, la
cual generaba un enorme gasto para la institución. El salario de
una auxiliar de medicina simplificada, quien era responsable de
muchos programas sanitarios en un caserío, estaba muy distante y
en desventaja, comparado con el de un obrero de Malariología, a
quien la cultura institucional le enseñó a `viatificar` las actividades
e incrementar su sueldo por cada tarea que realizaba y que al
final se traducía en un itinerario de labores fragmentadas para
obtener beneficios. Al respecto el doctor Jesús Toro, dice:
“No era lógico que a un caserío llegara, al mismo
tiempo, en un vehículo, un inspector para construir
una vivienda, en otro vehículo un inspector para
colocar la letrina y un tercer funcionario, también en
vehículo, para fumigar contra la malaria. Se mostraba
así una visión tubular de las cosas -frase muy usada
por Gilberto- en lugar de verlas y atenderlas de
una manera integral: el mismo funcionario debería
trasladarse a un sitio para encargarse del control de
los insectos, vacunar perros, gestionar la construcción
de la letrina, entre otras tareas”
Gilberto visualizaba la institución con funciones polivalentes, de
manera que atendiera las emergencias sanitario-ambientales de
105
una manera integral, pues lo contrario significaba ineficiencia. Él
centraba su preocupación en el control de riesgos.
Anteriormente había dos jefes: el de Malariología quien era el Jefe
de Zona, y era cuentadante y el otro que era el Director Regional
de Salud. Ambos tenían el mismo nivel jerárquico, y pertenecían
al mismo Ministerio y Gilberto contribuyó para que se fusionaran
las direcciones que, aunque paradójicamente pertenecían a
un mismo Ministerio, funcionaban desintegradamente y con
autonomía administrativa.
En los estados Aragua, Falcón, Carabobo, Anzoátegui y Bolívar,
pioneros de la descentralización, se logró que el Director Regional
de Salud se convirtiera en única autoridad y era el responsable
de administrar todo el presupuesto. En el resto de los estados, se
mantuvo durante ese período de transición a los dos jefes.
En el año 1999 como Ministro, ordenó que la máxima autoridad
de salud de cada estado fuera el Director Regional de Salud,
quien sería el responsable de la administración de esa institución.
De esta manera, en lugar de asignar recursos por separado a
Malariología de los estados y a las Direcciones Estadales de
Salud, se le asignaría a la Dirección Estadal de Salud.
El hecho de que Malariología perdiera la autonomía administrativa
significó para Gilberto Rodríguez cierto rechazo por parte de
algunos/as funcionarios/as de esta institución.
Luego de un proceso de evaluación, decidió concentrar la toma
de decisiones presupuestaria y administrativa en su la Dirección
General Sectorial, a efectos de controlar la firma de proyectos, la
asignación de viáticos, los proyectos de vivienda rural, acueductos
y compra de insumos, entre otros.
Quizás esta medida se entienda mejor al leer la siguiente reseña
publicada el domingo 5 de junio de 1994 en El Nacional:
“Estafa de veinte millones descubrieron en
Malariología. Rodríguez Ochoa denunció que fue
descubierto un negocio millonario con los contratos
que Malariología daba sin licitación de rigor a un
minúsculo e invariable grupo de personas.
106
Se habría confirmado la entrega de contratos
a empresas fantasmas, así como la asignación
de recursos para la construcción de obras que
jamás fueron concluidas. Aparte de Guárico, las
irregularidades también fueron detectadas en
Amazonas, Anzoátegui, Sucre y Carabobo”
En esa denuncia
manifestaba
su asombro ante la
escandalosa corrupción reinante en esa dependencia oficial y
se refirió a sobreprecios también en la compra de utensilios y
medicamentos.
Durante ese período había un proyecto para construir una sede
fastuosa, con tres edificios y él sólo aprobó la construcción de
uno, destinado para la Dirección de Ingeniería Sanitaria debido
a que ésta funcionaba en espacio alquilado.
Gilberto opinaba que la democratización del conocimiento de
salud en las comunidades era prioritario, antes que realizar
exageradas compras de equipos y medicamentos y para ello
invirtió en la formación de promotores de saneamiento ambiental,
proyecto que ya había implementado con los indígenas en
Amazonas. El doctor Alberto Aché, quien formó parte del equipo
de docentes con la misión de capacitar a un grupo de indígenas
yanomami recuerda:
“Cuando Gilberto fue Director General Sectorial de
Malariología, se formó un grupo de microscopistas
para el diagnóstico de la Malaria en el Alto Orinoco.
Las comunidades yanomami seleccionaron un grupo
de personas que ellas consideraban como las más
idóneas para el entrenamiento y se envió un equipo
de instructores de la Dirección de Endemias Rurales
para entrenarlos con respecto a la coloración de las
láminas para realizar los diagnósticos parasitológicos
y la diferenciación de las tres especies: Plasmodium
falsiparum, Plasmodium vivax y Plasmodium
malariae; de igual manera se instruyeron para que
distinguieran el Anopheles darlingi y brindaran
tratamiento antimalárico a los enfermos”
107
Más tarde cuando fue Ministro, Gilberto retomó ese programa
de capacitación dirigido a trabajadores de la salud de zonas
maláricas y en el artículo Sobre la epidemia de la vergüenza
publicado en El Nacional el 31 de Marzo del 2000, expresó su
intencionalidad:
“Tenemos gente que sabe del problema y estamos
llevando adelante estrategias exitosas. Por ejemplo:
democratizar el conocimiento, capacitar a todos
los médicos, bioanalistas y enfermeras de zonas
maláricas, e incluso capacitar a residentes de esos
lugares. Formar un ejército nuevo, con residentes
o trabajadores del lugar para que no tengan que
salir como cuadrillas desde ciudades distantes, con
viáticos impagables, vehículos, etc y lo que es peor:
hacer diagnósticos muy tardíos...”
Otra de las preocupaciones de Gilberto al analizar el
funcionamiento de Malariología fue la desproporción en la
distribución presupuestaria de ésta, pues sentía que se desviaba
la misión de esta institución. El doctor Jesús Toro ejemplifica al
respecto:
“Del presupuesto de la Dirección General gran parte
se lo llevaba el Servicio Autónomo de Vivienda Rural,
en segundo lugar la Dirección de Endemias para el
Control de la Malaria, mientras que una mínima
parte se destinaba para los programas de Ingeniería
Sanitaria, que en definitiva son los que abordan
toda la problemática de saneamiento ambiental y
contaminación atmosférica, fundamentalmente en
las zonas urbano-marginales y una parte aún menor
para la Escuela de Malariología, destinada a la
formación del recurso humano”
Un año después de haber dejado Amazonas, Gilberto se
encuentra nuevamente luchando contra los desmanes partidistas
del gobierno de turno, pues valiéndose de una epidemia de
108
encefalitis equina, hicieron una estrategia para defenestrar al
doctor Carlos Walter de su cargo. Por primera vez en la historia
de la democracia representativa un Ministro salía de su cargo por
un voto de censura del Congreso de la República.
Entonces, Gilberto escribió en su defensa en el editorial del
boletín informativo Nº 2 de la Dirección General Sectorial de
Malariología en noviembre de 1995:
“El recrudecimiento de enfermedades endemoepidémicas son producto, fundamentalmente,
de las fallas de saneamiento ambiental (falta de
relleno sanitario, dotación de agua y de disposición
de excretas) en muchas comunidades y numerosa
población urbano-marginal en las grandes ciudades,
así como las marcadas insuficiencia en educación
para la salud.
Tenemos, sin duda,otros asuntos de salud peores
que el de la encefalitis equina, como el hecho de que
diariamente mueren ocho niños por diarreas y otras
cifras similares por accidentes de tránsito, millones
sufren por la marginalidad y miles mueren o padecen
cada año por violencia, derrumbes, estrés, y otras
enfermedades. Bolívar produce el 60% de Malaria
en Venezuela.
¿Cuánta responsabilidad tienen, en este panorama
negativo de salud y ambiente, todos (diputados
incluidos) los que hipócritamente claman por un
MSAS más eficiente, el mismo que muchos de ellos
han contribuido a destruir por tantos años?
Luego de la destitución del Ministro Carlos Walter, Gilberto se vio
obligado a salir de Malariología y el doctor Oscar Feo lo nombra
Coordinador del Proyecto Salud de CORPOSALUD Aragua. Aquí
emprende nuevas luchas. El doctor Oscar Feo recuerda esos
momentos cruciales de Gilberto en la Corporación:
109
“Gilberto surge como una figura central en el
proceso de readecuación de la red ambulatoria del
estado Aragua. Recuerdo que hizo una reunión con
constructores del estado a pocas semanas de haber
asumido el cargo de coordinador de Proyecto Salud,
y les dijo:
– Señores aquí va a comenzar un proceso de
remodelación de un centenar de ambulatorios,
yo quiero transparencia en ese proceso, aquí
se acabaron las comisiones y los vicios. El diez
por ciento que se daba como comisiones en las
anteriores administraciones yo lo quiero reflejado en
la reducción de costos”
Así, estableció normas muy claras a fin de evitar cualquier proceso
de corrupción y el gobernador Didalco Bolívar abrió el proceso
de licitación para emprender ese proyecto. La recuperación de la
red ambulatoria en Aragua en los años 96 y 97 se debe en gran
medida a la lucha y a la perseverancia de Gilberto Rodríguez
Ochoa y al equipo de profesionales que lo acompañó en
CORPOSALUD.
En 1997 ya se había transformado gran parte de los ambulatorios
del estado Aragua, la gente de los barrios sentía que se producían
grandes transformaciones: los centros asistenciales pasaron de
“ranchos a clínicas” la población estaba contenta. Se equiparon
todos los ambulatorios, se capacitó y se sensibilizó al personal
logrando así mejorar la capacidad resolutiva. Hubo menor
número de enfermos referidos a los hospitales y la atención al
paciente se hacía con mayor calidez.
El doctor Oscar Feo continúa:
“Pero Gilberto es el primero en percibir que a pesar
de esa transformación de la estructura física o del
equipamiento y capacitación que hacíamos, el
rendimiento continuaba siendo muy pobre, porque el
problema fundamental era la forma de organización
110
del trabajo. De esa manera se evidenció que el modelo
de atención que prevalecía en la red ambulatoria
era un modelo fragmentado y medicalizado, que no
daba respuestas a las necesidades de la población
sino que estaba construido en función de la oferta de
los servicios de salud. Entonces Gilberto comienza a
generar una serie de reflexiones colectivas en torno
a ese problema, hasta llegar a la conclusión de que
junto con la remodelación del ambulatorio debía
introducirse un nuevo modelo de atención”
Ante esa realidad, y ahora con la responsabilidad de Director
General de Salud, Gilberto se dedicó a diseñar y construir un
nuevo modelo de atención. Soñaba con sembrar la Atención
Integral en la red ambulatoria, modernizar y optimizar la gerencia
hospitalaria y rescatar la ética médica. En 1997 conjuntamente
con profesionales de esa institución, comenzó a construir la
propuesta.
La doctora Nora López a quien Gilberto responsabilizó de
conducir los equipos de discusión y de reflexión sobre el modelo
de atención, cuenta los primeros pasos de ese proceso:
“En el año noventa y siete su norte era demostrar
que se podía hacer una reforma sanitaria integral.
Al referirse al financiamiento del Proyecto Salud
decía que un préstamo en el cual nos estábamos
endeudando nosotros, nuestros hijos, nietos y bisnietos
sólo serviría si se lograba poner en práctica una gran
transformación sanitaria. Gilberto no entendía por
qué una persona tenía que asistir a tantas consultas
y ser objeto de tantas historias médicas, aisladas una
de otras.
Para el equipo que asumió esa responsabilidad
significó un salto cualitativo en lo que a atención
y servicio se refería: había que repensar el servicio
desde el lugar del paciente que requería la atención
111
y por tanto, deslastrarse de la imagen del hospital
tradicional”
En reuniones o discusiones señalaba como ejemplo, a la mujer
que debía acudir a un mismo centro asistencial por múltiples
consultas: un día por la virosis, otro día para hacerse la citología,
otro para la planificación familiar y otro para cumplir con
el esquema de vacunación de su hijo o de su hija menor. Esa
preocupación reflejaba su sensibilidad social en lo que se refería
a dar una mejor atención a la población, sobre todo a la más
necesitada, la cual, en definitiva, era la que tenía menos acceso
a la atención médica.
Ese equipo de trabajo se convenció de que la organización
fraccionada en los ambulatorios era la causa de las bajas
coberturas en los programas preventivos, del poco uso de la red
ambulatoria y por ende, del congestionamiento de los centros
hospitalarios y de lo más grave: del padecimiento y muerte de
algunas personas que, como víctimas de las oportunidades
perdidas, no se les pudo evitar el daño a tiempo..
Es necesario insistir que entre las causas de la crisis del sector salud
en Venezuela destaca el predominio de un modelo profundamente
medicalizado y biologicista, en el cual la enfermedad y la curación
se convierten en problemas centrales y por tanto, se concibe al
hospital como el espacio fundamental de la atención médica.
Este enfoque prioriza la curación antes que la prevención, lo cual
menoscaba el fortalecimiento de la red ambulatoria, además de
disociar lo biológico de lo social y lo individual de lo colectivo.
Otro de los factores que explican esa grave crisis es la lamentable
fragmentación de la oferta de servicios en los ambulatorios del
país. Por lo tanto se hacía imperante dar una respuesta inmediata
al problema de la accesibilidad de la gente a los servicios de
salud. En lo íntimo de Gilberto, esta situación ameritaba acciones
precisas, muy cercanas al juramento que hiciera cuando era
apenas un joven, al conocer la causa de la muerte de su padre.
El pueblo venezolano sufre las consecuencias de un sistema
organizativo fragmentado y parcelado, existen innumerables
112
instituciones públicas y privadas que ofertan el servicio
aisladamente, según sus propios criterios gerenciales, con modos
de financiamiento y clientela diferentes.
La fragmentación en el sector salud es como un rompecabezas
cuyas piezas, a pesar de encontrarse próximas no se conectan entre
sí y una de sus aristas se evidenciaba en el modelo de atención;
donde existieron 25 programas, uno para cada enfermedad,
cada uno de ellos con consultas, historias y estadísticas propias,
todos centrados en la resolución de problemas específicos sin ser
contextualizado dentro de la realidad social de la gente, menos
aún del individuo. Era un reflejo de la cultura organizativa del
Sistema de Salud de Venezuela.
Años más tarde y en el marco de los cambios sociales que
se estaban dando en el país desde el inicio del gobierno del
Presidente Hugo Chávez Frías, nació el Modelo de Atención
Integral (MAI) y desde sus comienzos se perfiló como el centro
de la política de salud de su gestión como Ministro. Fue una
experiencia que nació en el Estado Aragua y que luego pasó a
ser referencia a nivel nacional.
Para la construcción del nuevo modelo de atención, se estableció
un trabajo de equipo, con tareas permanentes e intensivas y
comenzaron a crearse propuestas, entre ellas, la eliminación
de la papelería obsoleta a fin de sustituirla por formatos más
simples y más integradores. Se sustituyeron 18 formatos por uno,
surgió entonces la historia médica única y se creó un sistema de
información que permitiría almacenar toda la que se generaría
con el nuevo modelo.
Para desarrollar ese proceso fueron seleccionados los ambulatorios
que participarían en la experiencia piloto, se sistematizó ésta y se
plasmaron las líneas gruesas del Modelo de Atención Integral. Así
nació el primer papel de trabajo de lo que debería ser el MAI.
Más tarde, cuando fue Ministro, se inició un ciclo de formación
permanente a fin de facilitar el proceso de transformación. Para
ello se realizaron jornadas educativas con duración de más de
40 horas, en las cuales participaban activamente los funcionarios
113
y las funcionarias responsables directos/as de la salud de los
estados y del nivel central, también se realizó el acompañamiento
y la capacitación en cada uno de los estados. Había que revertir
esa cultura, era prioritario trascender la fragmentación y la
deshumanización en la atención de salud de nuestros centros,
a través de un proceso profundo de sensibilización del recurso
humano.
Con el MAI se derrumbó el viejo esquema de consultas preventivas
y consultas curativas y fueron organizadas de tal manera que
incluyeran: atención integral al niño / niña, al adolescente y al
adulto/a. Una vez más y desde otra instancia, Gilberto promovería
cambios en su lucha contra una visión tubular de la salud.
114
115
Gilberto como Director de Malariología.
116
Capítulo
5
Un ministro con la mirada
en la meta…
“La peor enfermedad
es la vida que llevamos”
Gilberto Rodríguez Ochoa
C
uando el comandante Hugo Rafael Chávez Frías asumió el
poder manifestó su firme propósito de transformar el Estado e
instituir un nuevo ordenamiento jurídico que abriera el camino
para la consolidación de un Estado Democrático de Derecho y
de Justicia Social, para ello declaró un estado de emergencia
social y solicitó poderes excepcionales a fin de instaurar reformas
socioeconómicas, convocó a un referendum con la finalidad
de disolver el congreso y crear una Asamblea Constituyente,
que tendría como misión redactar una nueva constitución: La
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual
permitiría refundar las estructuras socioeconómicas, políticas e
institucionales del Estado Venezolano.
No había tiempo que perder, el nuevo Presidente de la República
tenía que contar con un equipo que lo apoyara ideológicamente
y que asumiera un enorme compromiso social y político para
tomar las riendas de un país que debía ser reconstruido. En ese
momento histórico, el jefe de Estado en la víspera de su ascenso al
poder, dio a conocer la totalidad de los miembros de su gabinete,
entre ellos, a Gilberto Rodríguez Ochoa postulado al Ministerio
de Sanidad.
El 1 de febrero de 1999 a la 1:00 de la tarde Gilberto recibió
una llamada de su hijo Andrés Eloy, quien le manifestó que debía
comunicarse con el despacho del Presidente pues se le requería
119
ese mismo día a las 2:00 de la tarde en La Viñeta, en Fuerte
Tiuna. Gilberto se encontraba fuera de Caracas pero se trasladó
inmediatamente. Al llegar le informaron que estaba a punto de
comenzar el acto de juramentación de los cinco ministros que
faltaban para completar el gabinete del nuevo gobierno, entre los
cuales figuraba él como Ministro de Sanidad.
La coincidencia en los sueños y la identificación política por la
construcción de caminos alternativos para el desarrollo humano
y social de una patria nueva, impulsan a Gilberto a aceptar
la propuesta de gobierno del Presidente Chávez y decide
acompañarlo en su gabinete.
Gilberto Rodríguez Ochoa desde joven había sido un luchador
social y se identificó siempre como un hombre de izquierda,
durante toda su experiencia de vida y trabajo había luchado
contra la corrupción y la institucionalidad tradicional del sistema
político, no podía negarse a acompañar a este gobierno que
prometía una reforma institucional y un equilibrio económico y
social. Su hermana Argelia Rodríguez relata la experiencia de
esas primeras horas cuando Gilberto recibe la confirmación de
su nuevo cargo por parte del despacho presidencial:
“Él me llamó preocupado porque creía que no llegaría
a tiempo y porque en ese momento vestía de manera
muy informal. Inmediatamente se fue mi hermano
Raúl en una moto con un bolso donde le llevaba una
chaqueta, una camisa y un perfume. Mi hermano
Carlos se fue en un carro, para interceptarlo antes
de llegar a la rueda de prensa. Él le llevaba un flux
que mi mamá le había conseguido prestado, pero él
no quiso ponerse nada de eso, salvo la chaqueta. Así
salió en las fotos de la prensa, fue el único Ministro
sin corbata”
El destino sorprendió a Gilberto, quizás por la humildad que
siempre lo caracterizó, nunca pensó en ser Ministro de Salud.
Había visto una sola vez en su vida al Comandante Chávez. El
Doctor Oscar Feo cuenta el momento de ese encuentro, cuando
120
quizás quedó prendido en la memoria del entonces candidato a
Presidente, que cuando comenzara a ejercer, Gilberto sería su
Ministro de Salud:
“El equipo de CORPOSALUD programó invitar a los
candidatos presidenciales de la elección de 1998,
a fin de conocer qué opinaban ellos acerca del
proceso que estábamos gestando en Aragua, era un
poco para promocionarlo por considerarlo bueno y
pensábamos que podría servir de referencia nacional.
Cuando el Comandante Chávez visitó Maracay vino
a nuestra sede y después fuimos a mostrale algunas
de las experiencias. Antes de irnos, le presenté a Luís
Valera y luego a Gilberto Rodríguez Ochoa como el
Director general de Salud. Al oír el nombre, Chávez,
muy emocionado le dijo: ¿Entonces tú eres Gilberto?
¿El hermano del General Rodríguez Ochoa? Yo
había querido conocerte desde hace tiempo, pues
me han hablado muchísimo de ti y de tu experiencia
en Amazonas”
La convicción política de la necesidad de un cambio estructural
en el país, también condujo a Gilberto en años anteriores a
difundir los ideales políticos del Comandante Chávez. El doctor
Luís Valera cuenta una anécdota del tiempo cuando trabajaban
juntos en CORPOSALUD Aragua y que demuestra la militancia
cotidiana de Gilberto y su identificación política con este proceso
revolucionario:
“...en un acto que hubo en el Colegio de Médicos,
me conseguí a Gilberto Rodríguez frente a su carro,
con la maleta abierta llena de ejemplares del libro
Así habla el Comandante de Agustín Blanco Muñoz,
él los estaba vendiendo y entonces me dijo: -Hay que
difundir las ideas y ésta es una forma de hacerloRecuerdo que varios amigos me habían comentado
que Gilberto, por las tardes, después del trabajo,
121
estacionaba su carro en una esquina y ofrecía el
libro, mientras promovía las ideas y las propuestas
de cambio del comandante”
Al llegar al Ministerio, Gilberto tuvo como objetivo principal
humanizar ese monstruo de mil cabezas -como solía llamarloDeseaba profundamente que dejara de ser esa fortaleza
burocrática inaccesible para los ciudadanos, y día tras día,
fue dándole vida a ese edificio que se le mostraba como
abandonado a su suerte, ya el deterioro se dejaba sentir en las
paredes de mármol y los funcionarios se habían olvidado de su
valor patrimonial. Él mismo se reunió con el personal obrero y
los estimuló para lograr una institución coherente con su misión y
así, a los pocos días colocaron plantas en cada piso, limpiaron y
lustraron el bronce escondido por el polvo y el tiempo, a la semana,
había un personal debidamente uniformado e identificado que
brindaba información a cada una de las personas que se dirigían
al Ministerio. Los cambios comenzaron a notarse en los meses
iniciales: era evidente una mayor deferencia en la atención al
público.
María Vale, una periodista que se encontraba laborando en
CORPOSALUD Aragua y a quien Gilberto le solicitó que lo
acompañara en su gestión como asistente, cuenta de aquellos
primeros días de trabajo:
“Los primeros días fueron duros. Para los dos
resultaba una novedad la parte administrativa del
Despacho, nos sentábamos en el piso para revisar
todas las carpetas y reflexionábamos cómo organizar
el trabajo, luego, él en una computadora y yo en
la otra, construimos un primer plan y comenzamos
a llamar a profesionales con conocimientos y
experiencia.
Nosotros llegábamos a las seis de la mañana y
salíamos a media noche. Recuerdo que una de las
primeras interrogantes fue el monto de la caja chica
y al conocerlo, la redujo a la mitad y donó a los
122
centros asistenciales todos los artefactos y enseres de
lujo que encontró.
Su estilo de vida y su manera de predicar la humildad,
eran algo intrínseco en él. Gilberto Rodríguez
Ochoa era un revolucionario de corazón, decía
que la austeridad y la lucha contra la corrupción
debía comenzar por nosotros y exigía que no se
despilfarrara nada”
Durante su primer año de gestión recorrió todo el Ministerio y entró
en cada una de las oficinas saludando, escuchando, percibiendo
los problemas que había, observando los recursos que existían,
esa actividad inusual en un ministro la realizó por lo menos tres
veces en el año 1999. El doctor José Mendoza, quien más tarde
sería el Viceministro de Salud confirma:
“Gilberto poseía una fuerza carismática que marcaba
los procesos y a la gente con la cual se comprometía,
tenía una gran capacidad para escuchar y una
innegable humildad, siempre en la búsqueda de la
concreción de las metas. Buscaba y valoraba mucho
la opinión de sus compañeros de trabajo”
La asignación de recursos para los estados comenzó a hacerse
con criterios basados en las necesidades de la región, según
su perfil epidemiológico, su índice de pobreza y el número de
establecimientos asistenciales que tuviera. De esta manera, se
incrementaron los recursos para algunas regiones que debido a
su bajo índice de población, antes le había sido estipulada una
asignación muy baja sin considerar la situación de salud real.
Tenía que agilizar los procesos y comenzar a dar respuestas a los
problemas encontrados, no había tiempo para el descanso, debía
ir construyendo teorías pero `con la mirada en la meta` -como
solía decir- porque la deuda social era inmensa. Había llegado
el momento de comenzar a responder sobre la propia realidad
de la gente, aquella a la que siempre se le puso trabas para
acceder a la salud. Para ello logró un organismo conformado por
123
grupos de gerencia por proyectos estratégicos, que respondían a
las necesidades de la gente y no de la institución.
El trabajo realizado por Gilberto en diferentes espacios, hasta
esos momentos, fueron suficientes para conocer al “Monstruo”
en sus entrañas, estaba convencido de que debía darle un vuelco
radical al Ministerio, el cual se encontraba demolido por el
paternalismo, la privatización, la fragmentación y el centralismo.
En los lineamientos político-estratégicos en salud, escritos en
Febrero de 1999 manifestó:
“El Despacho es un monstruo burocrático de mil
cabezas, muy centralista y sin poder real de rectoría
Es un órgano fragmentado y tubular desde el punto
de vista programático. Todavía, en la práctica, el
nivel central se reserva competencias, que en una
gerencia moderna no le corresponden”
En 1999 el Ministerio se encontraba corroído por las reformas
neoliberales, era un caparazón hueco. A pesar de todas las
voluntades, no se producían respuestas, la capacidad de
conducción de las políticas de salud del Ministerio estaban
deterioradas, no se contaba con cuadros técnicos políticos
adecuados, entonces Gilberto enfrentó esa gran dificultad y
se planteó como desafío construir un Ministerio, en el cual las
transformaciones privilegiaran la equidad con eficiencia social,
de acuerdo con los cambios sociales que estaba exigiendo el
país, para así lograr que la salud se convirtiera, definitivamente,
en un derecho social.
Uno de los pasos importantes que Gilberto dio en sus primeros
meses de gestión fue la suspensión de la aplicación de políticas
neoliberales.
Antes del gobierno del presidente Chávez, el Ministerio se
encontraba en las puertas de la privatización, la cual se había
acentuado. Existían diversos mecanismos de cobro sin ninguna
regulación por parte del Estado desde la década del ochenta y la
del noventa, entonces, ordenó la suspensión de toda aplicación
de medidas neoliberales, los cobros y por ende, el lucro por
124
fondos de la privatización de los servicios médicos solapados en
los sistemas de recuperación de costos.
Su experiencia en San Francisco de Asís, La Colonia Tovar, el
leprocomio, los barrios de los cerros al norte de La Pastora -donde
realizaba Educación para la Salud- y Amazonas, fueron realidades
sociales que marcaron profundamente a Gilberto, lo ayudaron a
definir y priorizar claramente los objetivos de su gestión, los cuales
intentaban cubrir las inmensas brechas existentes y se diferenciaban
del sello asistencial del viejo Ministerio. Para él era preciso luchar
por mejorar la calidad de vida de la población perteneciente
a los estratos socioeconómicos más excluidos, fortalecer la red
ambulatoria, particularmente, la atención integral, mejorar la
oferta hospitalaria, profundizar la estrategia de lucha contra las
enfermedades endémicas-epidémicas, especialmente el dengue,
SIDA y la malaria. Además se propuso generar un cambio en
la formación de los profesionales de la salud, aumentar el
financiamiento para el sector y crear un Sistema Público Nacional
de Salud (SPNS) con coherencia y rectoría. Expresó esta propuesta
en los lineamientos políticos estratégicos en salud:
“Se impone de manera impostergable un cambio
cultural profundo que incluya la modernización
del Despacho en base a una redefinición de sus
competencias, la construcción de un sistema
intergubernamental de salud, dentro del contexto
de descentralización, con mecanismo de asignación
de fondos a los estados y redes de establecimientos
bien consensuados, el fortalecimiento de la red
ambulatoria como puerta de entrada al sistema e
instauración de la atención integral en los centros de
1º y 2º nivel para relanzar los programas de salud
pública, la capacitación de los recursos humanos de
hospitales y ambulatorios, así como el impulso a la
investigación”
También en un folleto conmemorativo de los 63 años del MSAS
manifestó:
125
“En estos sesenta y tres años nos encontramos con
una patria profundamente adolorida y saqueada.
La patria es el hombre, sus recursos naturales y
los valores culturales y materiales que hayamos
construido.
Este Ministerio de hoy tiene el deber de repensarse a
sí mismo para transformarse y asumir auténticamente
su rol rector, para un país que está renaciendo.
Los invito a que se incorporen desde ya al plan de
Reconstrucción Social de Venezuela”
El sector salud estaba derrumbado: la gestión institucional se
cimentaba en una política para la asistencia pública, marcada por
el paternalismo, el clientelismo y la descontextualización social.
Desde el primer día de gestión como Ministro, fijó su mirada en
el logro de una institución rectora con una función reguladora y
financiadora y para ello estableció prioridades: unas de carácter
estructural y otras coyunturales y urgentes.
Una de las estrategias coyunturales era transformar el sistema
sanitario asistencial. Inició esa tarea a través de la recuperación y
mejoramiento de la oferta hospitalaria dotando adecuadamente
de insumos y equipos básicos los centros de atención de la
salud, aumentó la presencia de especialistas en las emergencias
para así incrementar la productividad y la calidad en este nivel
de atención. Fortaleció también la red ambulatoria. En los ya
mencionados lineamientos políticos estratégicos en salud del
MSAS, escribió:.
“...abriendo centros de atención Integral o Núcleos
de Atención Primaria en sectores urbano-marginales
desasistidos y fortaleciendo la capacidad de oferta
de algunos ambulatorios, particularmente, en
cuanto a la resolución de aspectos críticos como:
traumatizados, atención de emergencia pediátrica
y de adulto y atención de partos…Dar sustento al
relanzamiento de los programas de Salud Pública
126
(vacunaciones, control prenatal, diagnóstico y
tratamiento precoz de cáncer, diabetes, hipertensión,
tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual,
entre otros)...”
En el marco de lo estructural se encontraban los cambios
pertinentes a la concepción de financiamiento de los servicios
de salud y también acabar con la separación del Seguro Social y
el Ministerio de Sanidad. Gilberto Rodríguez Ochoa se encontró
con una atención dividida, dirigida para contribuyentes y no
contribuyentes y se topó con un Seguro Social que brindaba
protección sólo a los trabajadores. La seguridad social poseía
problemas de ineficiencia administrativa, desequilibrio financiero,
su cobertura era destinada al sector medio y con una profunda
exclusión de los grupos de más bajo ingreso económico.
El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) es un
organismo autónomo adscrito al Ministerio del Trabajo a cargo
de la administración de las prestaciones de seguridad social,
salud y seguro de paro forzoso. La incapacidad y deterioro de
la calidad de sus servicios de atención trajo como consecuencia
una gran cantidad de sistemas de aseguramiento privados y
subvencionados por el Estado.
La salud era concebida como un bien individual y esa lección fue
institucionalizada y aprendida culturalmente, lo que impulsó a
la población a buscar la solución de su problema en las ofertas
brindadas por innumerables organizaciones, sin regulación y sin
ninguna relación entre sí. Realmente el Sistema Sanitario poseía
una organización fragmentada e inequitativa, por tanto, era
inaplazable el rescate de la rectoría: Gilberto consideraba como
un aspecto estructural e histórico ir hacia un sistema único de
financiamiento solidario y de acceso universal.
Él estaba conciente de que la unificación no se lograría por
decreto y que existía una enorme brecha entre el sistema existente
y el deseado. En ese camino se logró algún fruto cuando, a partir
del año 2.000, el Seguro Social comenzó a atender a toda la
población; aunque aún lamentablemente mantiene su autonomía.
Su lucha por la integración de los sistemas de salud fue muy
127
frustrante, solía decir a sus compañeros y compañeras que sentía
que había arado en el mar.
La doctora Nora López quien fuera compañera de trabajo en
Aragua y luchadora incansable por la implementación del Modelo
de Atención Integral (MAI) y del Sistema de Información de Salud
del Modelo de Atención Integral (SISMAI) en todo el territorio
Nacional, cuenta las confesiones que Gilberto le hiciera:
“…siento que la integración del Seguro Social, del
IPASME, de Sanidad Militar y PDVSA, es una lucha
encarnada contra muchos intereses y cada vez que
lo planteo retorna siempre un silencio absoluto...
siento que es un desgaste y comprendo que este es
un proceso de transformación difícil y tal vez tendrán
que pasar muchos años para que se cristalice...”
También con respecto al esfuerzo por la integración del Ministerio
con el Instituto del Seguro Social el doctor José Mendoza
expone:
“En muchas reuniones, Gilberto le decía al Director del
Seguro Social: `Vamos a unir estas dos Instituciones,
no importa que se llame Seguro Social con tal de
unirlas`.. Asimismo nos decía a nosotros: `Si tienes
que ceder para integrar, cede pero integra`. Creo
que esa fue una de las marcas de Gilberto, la
integración, por eso su lucha con respecto al cambio
del modelo de atención de salud, la reestructuración
del Ministerio, en cada obra de él, se palpaba esa
preocupación…”
A mediados de 1999 Gilberto logró introducir en la Ley Habilitante
la reforma y reestructuración del MSAS y el cambio de nombre,
el cual llevaba implícito una forma diferente de mirar la salud, la
reorganización de las 16 direcciones generales, la eliminación
de algunos organismos y la fusión de otros. El sueño era avanzar
hacia un nuevo Ministerio, rector de toda la salud de los y las
venezolanos/as.
128
El proceso de reestructuración estuvo motorizado por el deseo de
brindar una mejor atención a la población más necesitada del
país, mejorar los procesos administrativos y encontrar mayores
satisfacciones con la misión de ese Ministerio así como cumplir
con mayor eficacia y eficiencia sus metas, en fin, modernizar esa
institución pública y ponerla al servicio de la gente. Cambios
similares había dado en la vieja Malariología con igual costo de
resistencia por parte de sectores opositores.
Como Ministro, y desde esta visión, le correspondió a Gilberto
instalar la Subcomisión de Salud, instancia encargada de preparar
la legislación que garantizaría la salud de los venezolanos. Uno
de los rasgos más resaltantes de esta Subcomisión es su apertura
pública, interna e internacional.
En el ámbito público se solicitaron propuestas a sectores
involucrados en el tema: a los discapacitados, enfermos de SIDA,
pacientes renales, entre otros.
La apertura interna se refiere a la realización de debates por todo
el territorio nacional para el análisis y discusión de los artículos
referidos al tema de la salud, se hizo un proceso importante
de construcción colectiva de consulta popular, realizada en
sesiones de consultas públicas y de mesas de trabajo, con la
participación significativa de las organizaciones de la sociedad
civil, universidades, direcciones regionales de salud, empresas de
la industria médica y farmacéutica.
El apoyo internacional se refiere a la colaboración de expertos
de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), de
Chile, Brasil, Canadá y España para la revisión y asesorías de
la legislación que se encontraba en proceso de construcción
colectiva.
La Subcomisión de Salud se proponía darle un giro radical con
respecto a la antigua concepción asistencialista, biologicista
y curativa de la salud, la cual debía ser desplazada para ser
asumida como un derecho social y humano, con garantías para
el ciudadano y la ciudadana y la comunidad, dignificando la
calidad de vida y el bienestar social de la población, todo ello
129
enmarcado en el proceso de cambio y transformación nacional,
centrado en la construcción de ciudadanía, sobre la base de la
corresponsabilidad en salud.
Pensar la salud como un derecho social implicaba valorar lo
público, redimensionar lo colectivo, consolidar la participación y
rescatar la solidaridad y el interés permanente por los problemas
comunitarios.
Gilberto no cesaba de hacer referencia a la debilidad de la
Constitución de 1961, en la cual el destino de la salud del
pueblo dependía sólo del artículo 76, que consideraba la salud
como un derecho subvalorado y condicionado a las capacidades
económicas del Estado. Esa crítica permanente lo conducía
a motivar y apoyar el trabajo de los médicos y las médicas,
miembros y miembras de la Asamblea, quienes contribuyeron a
agilizar el proceso de reestructuración del Ministerio.
En todas sus declaraciones por los medios de comunicación,
Gilberto destacaba la necesidad de dejar muy claro, la
responsabilidad del Estado ante la salud del pueblo. Compartía
con el Presidente de la República la avidez de que naciera un
nuevo contrato social de los venezolanos y de las venezolanas.
En 1999 se había iniciado en el país un proceso de transición
política, socioeconómica y jurídica con el propósito de emprender
un nuevo modelo de desarrollo y fortalecer un sistema democrático,
lograr una sociedad más justa y apuntalar la economía
diversificada y productiva en el marco de la globalización.
Durante esa transición el país tomaba nuevos rumbos y se hacía
imperante una nueva constitución: la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela (CRBV).
La CRBV plantea un proceso de cambio legislativo, institucional
y también de nuevas estrategias para el logro de los cambios
necesarios, estableciendo las bases para desarrollar la naturaleza
jurídica y el modelo organizativo del sector salud en Venezuela.
La Carta Magna reconoce que la salud es un derecho social
fundamental, parte integral del derecho a la vida y el Estado es
130
su garante. En sus artículos se establece lo que debe hacer el
Estado para garantizar el derecho a la salud, los principios que
deben regirlo, la prioridad que debe dársele a la promoción de
la salud y a la prevención de enfermedades. Se prefigura una
acción gubernamental que corresponda con un nuevo contenido
político, más humano y más social.
Trascendió la mirada más allá del estetoscopio y del bisturí. Se
abrían las puertas para ver la salud fuera del recinto hospitalario.
La Constitución Bolivariana de Venezuela otorgó rango de
derecho social, tanto en lo individual como en lo colectivo y en
el que se encuentra comprometido el derecho a la vida y a un
bienestar social, la salud se vincula con la satisfacción equitativa
de las necesidades sociales y existenciales de la población. Se
daban pasos agigantados, comenzaban a cumplirse los sueños.
El doctor Oscar Feo, uno de los constituyentes, narra la
experiencia:
“Se establecieron mecanismos claramente definidos
para garantizarle al pueblo venezolano el derecho
a la salud, entre ellos: la rectoría del estado en la
conducción de las políticas de salud, el proceso
de participación ciudadana en todos los niveles
del Sistema Sanitario, el financiamiento con un
presupuesto suficiente para cumplir con la política
sanitaria y la creación de un Sistema Público
Nacional de Salud (SPNS) de carácter intersectorial,
descentralizado y participativo, integrado al sistema
de seguridad social y regido por principios de
gratuidad, universalidad, integralidad, equidad,
integración social y solidaridad, cuyo objetivo central
es convertirse en instrumento de las políticas dirigidas
a reconstruir la salud”
Durante el período de Gilberto, se revisaron la Ley Orgánica de la
Seguridad Social Integral, la Ley del Subsistema de Salud, la Ley
Orgánica de Salud y se propuso una reforma general de todas ellas
con una visión de un sistema universal, solidario, participativo, no
131
discriminatorio y como propuesta de transición se planteó que el
régimen de prestación de servicios del Seguro Social se uniera a
los del MSDS con una red ambulatoria fortalecida y estableciera
una concertación para el funcionamiento de los 33 hospitales del
Seguro Social y los 180 hospitales del Ministerio, dentro de un
plan nacional coherente.
Con respecto al elemento organizativo le preocupaba mucho
la segmentación de las direcciones. Es por ello que durante su
gestión muchos entes desaparecieron, entre ellos La Fundación
para el Mantenimiento de la Infraestructura Médico Asistencial
(FIMA). Se enfrentó públicamente a altos funcionarios de esta
Fundación y envió a la Contraloría General una denuncia,
acusando abiertamente a algunos funcionarios de este organismo
de percibir 10% de comisión por cada contrato que otorgaban
para el mantenimiento de la infraestructura hospitalaria. Esta
denuncia aparece publicada en el Diario EL UNIVERSAL del
20-03-1999. Una vez eliminada esa Fundación se garantizó la
labor que cumplía a través de la Dirección de Infraestructura del
Ministerio.
El Suministro de Medicamentos (SUMET) pasó al servicio de
Elaboraciones Farmacéuticas y el Programa de Atención Materno
Infantil (PAMI) se integró al Instituto Nacional de Nutrición. El otro
cambio que logró en esta línea de acción fue convertir al Proyecto
Salud en una oficina asesora, la cual se había constituido en un
Ministerio dentro del propio Ministerio. Se unificó Malariología con
el resto del Ministerio y se fusionó la Dirección de Enfermedades
de Transmisión Sexual y la Oficina de Prevención y lucha contra
el SIDA.
Refiriéndose a la situación que encontró al llegar al Ministerio
y repensando en la necesidad de una reestructuración Gilberto
escribió para El Aragüeño del 6 de febrero de 1999:
“...En una reducida oficina hay hasta veinte
funcionarios que cumplen las mismas obligaciones,
aún cuando esto de `cumplir` sea apenas una
manera de decirlo. No pueden ser destituidos porque
la Ley de Carrera Administrativa los protege, pero
habrá que buscarle una solución a este embarazoso
132
asunto, pues en tiempos de crisis tiene que haber
austeridad aplicable a todos los ciudadanos… Es
que comúnmente en el gobierno, quien llega lleva
sus colaboradores, pero no puede destituir a los
anteriores, de manera tal que el agrandamiento de
la burocracia es simplemente apabullante y no hay
manera, de acuerdo con la Ley, de que puedan ser
dados de baja, enviados a sus casas”
Inducido por esta preocupación Gilberto nombra a un equipo,
dirigido por William Hernández -gerente responsable del proceso
de reestructuración- con la finalidad de simplificar la estructura
y lograr el mejor desempeño del recurso humano. Durante
ese proceso de transformación se simplificó notablemente la
estructura: se redujeron las 150 oficinas a 29, logrando así un
desempeño más flexible y dinámico de la organización, lo que
permitió acortar los tiempos, maximizar el uso de los recursos y
aumentar la calidad de las respuestas. También se elaboró un
reglamento orgánico para señalar las interrelaciones en las diversas
áreas. En fin, todos estos pasos redujeron significativamente la
fragmentación y la hipertrofia que padecía tanto el MSAS como
el Ministerio de Familia.
En 1999 creó la Dirección Permanente de Descentralización,
encargada de fortalecer el Sistema Intergubernamental en Salud,
la cual promovía que los gobernadores, directores regionales
y alcaldes asumieran su responsabilidad y ejercieran su
liderazgo.
Con el firme propósito de abrir la política de salud al campo
social, el 14 de diciembre de 1999 se fusionó el Ministerio de
Sanidad y Asistencia Social (MSAS) y el Ministerio de la Familia,
institución que en gobiernos anteriores se había dedicado a la
asistencia social de niños, niñas, adolescentes y de las mujeres
trabajadoras. Con la fusión pasó a ser el Ministerio de Salud y
Desarrollo Social (MSDS) e integró a todas aquellas instituciones
y organismos que dispersa y aisladamente ejecutaban acciones
involucradas con la salud y el desarrollo social en el país como
eran: la Fundación Centro de Estudios sobre el Crecimiento y
133
el Desarrollo de la Población Venezolana (FUNDACREDESA)
Fundación de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, así
como otros Institutos y organizaciones autónomas y se crea el
Instituto Nacional de la Mujer (INAMUJER).
Del mismo modo, en el marco del proceso de reestructuración
y modernización del Ministerio, fue convertida en Instituto de
Altos Estudios de Salud Pública (IAESP) la antigua Escuela de
Malariología y Saneamiento Ambiental “Dr. Arnoldo Gabaldon”
a fin de contribuir con la formación del recurso humano de
salud y potenciar sus competencias para su desempeño en áreas
estratégicas, en los diferentes niveles del Sistema Público Nacional
de Salud.
Actualmente este Instituto cumple la misión de ejecutar la Política
de Formación de Recursos Humanos (RRHH) del Ministerio de
Salud y desarrolla procesos de investigación a través de estrategias
innovadoras para la toma de decisiones en Salud y Desarrollo
Social. Igualmente contribuye con el diseño de Políticas Públicas
de Salud, impulsando las transformaciones necesarias con la
participación social.
En el proceso de reestructuración, Gilberto no echa al olvido
sus deseos de ver cristalizados los cambios emprendidos por
él en 1994 y fusiona lo que para entonces era la Dirección
General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental con
la Dirección de Contraloría Sanitaria y conforma lo que hoy se
denomina Dirección General de Salud Ambiental y Contraloría
Sanitaria.
El nuevo Ministerio de Salud y Desarrollo Social quedaría con
cuatro Direcciones Generales de líneas: La Dirección General de
Salud Poblacional, la de Salud Ambiental y Contraloría Sanitaria,
la Dirección General de Políticas y Planes de Desarrollo Social y
la de Evaluación y Control de Planes Sociales.
Gilberto se planteó el MSDS como una estructura con competencia
administrativa directa en lo relacionado con la formulación de
las políticas sociales, particularmente salud, asistencia social y
laboral. Este nuevo Ministerio estaría integrado por el Despacho
del Ministro y dos viceministerios: Viceministerio de Salud y
Viceministerio de Desarrollo Social, a fin de unir esfuerzos
aprovechando los recursos de cada una de las instituciones
134
involucradas. De igual manera, se creó el Fondo Único Social
(FUS) adscrito al MSDS el cual actuaría como brazo financiero de
la política social del Estado. En las líneas estratégicas del MSDS,
para el año 2001 señaló:
“Asumimos la Salud y el Desarrollo Social como
derecho de los ciudadanos y ciudadanas y su garantía
como responsabilidad del Estado. Para ello nuestras
políticas están dirigidas a mejorar la calidad de vida
y a hacer que la prestación de nuestros servicios sea
eficiente y privilegie a los que por muchos años han
sido excluidos, para alcanzar el equilibrio social”
Poco a poco el Ministerio de Salud y Desarrollo Social fue
incorporando una serie de propuestas metodológicas de abordaje
a la atención de salud bajo un enfoque integral y participativo,
dando prioridad a las acciones de promoción de la salud y a
la prevención de los factores de riesgo a fin de satisfacer las
necesidades sociales de la población y contribuir al mejoramiento
de la calidad de vida individual y del colectivo.
Era un cambio que implicaba una nueva visión de la salud y
con ella, la construcción de una nueva ciudadanía, se requería
de un proceso de formación y toma de conciencia que tanto en
los albores del proceso de reestructuración como hasta hoy, ha
sido muy difícil de lograr. La doctora Alix Bautista, compañera de
trabajo de Gilberto en el Proyecto Salud Aragua señala:
“Desde el punto de vista ideológico el Dr. Gilberto
Rodríguez Ochoa soñaba con ese cambio
profundo en el sector salud. Pensaba que la nueva
institucionalidad debía darse desde el alma de cada
médico, de cada nutricionista, cada trabajador
social y en cada persona del Ministerio de Salud y
de la sociedad”
En su afán por construir esa nueva institucionalidad no tuvo
descanso. Recorrió todo el territorio nacional implantando el
Modelo de Atención Integral y los sistemas de información, la
red ambulatoria experimentó un cambio radical mediante el
establecimiento de este modelo, privilegiando así los aspectos
preventivos, de medicina anticipatoria, de diagnóstico y
135
tratamiento precoz, sin cita previa y con un enfoque familiar de
hábitat, educación y saneamiento ambiental; promoviendo la
participación ciudadana, rescatando los programas bandera de
salud pública.
El doctor Ely Saúl González, quien fuera el Coordinador del
Proyecto Salud recuerda:
“No fue tarea fácil la implantación del MAI. Hubo
resistencia por parte de algunos funcionarios/as
locales y más aún por parte de los altos funcionarios/
as del nivel central, era la primera vez que un estado
se convertía en el protagonista de los cambios. Se
había hecho cultura que el Ministerio bajara las
normas e implantara los programas, pero durante
esta gestión siempre tomó las experiencias regionales
exitosas como referencia para el resto del país.”
La Doctora Nora López, quien lo acompañó por casi todo el
territorio Nacional y era en ese momento la Directora General de
Salud de CORPOSALUD Aragua relata:
“Él creía en el trabajo de las regiones y tomaba
ejemplos de ellas para que se replicaran en el resto
del país, entre ellos la Posada Materna de Portuguesa,
ubicada en el municipio Biscucuy, él proponía que
hubiesen posadas maternas en todos los estados
en las áreas de difícil acceso. El otro modelo fue
el de los Núcleos de Atención Primaria de Yaracuy,
en los cuales el presupuesto fue transferido a unas
ONG´s y la comunidad administraba los recursos.
De Portuguesa y Mérida tomó la experiencia de
Medicina Simplificada: una enfermera sectorizada y
formada atendía las 24 horas a las comunidades. En
ese entonces, más del 60% del estado Portuguesa
poseía programas de Medicina Simplificada. Ahora
ese programa fue sustituido por la estrategia de
Barrio Adentro. Otra experiencia que él valoró
136
fue la red de comunicación de Mérida, la cual
fue asimilada en Aragua logrando que todos los
ambulatorios pequeños o grandes tuvieran una red
de comunicación de radio y de computación”
El modelo de Atención Integral, movilizó al Ministerio en todos
los ámbitos. Esos dos grandes aportes marcan su accionar en lo
técnico y quedaron plasmados en el Ministerio.
También se creó un sistema automatizado de registro de datos
y manejo de la información (SISMAI) el cual permitió el flujo de
comunicación entre los centros de salud de las regiones y el MSDS.
Poco a poco, con un proceso de formación y acompañamiento se
logró la incorporación de 21 estados al modelo.
En el año 2000 se hizo una inversión de 21 millardos de bolívares
destinados a la rehabilitación física y equipamiento de la red
ambulatoria. A finales de ese mismo año el MSDS logró publicar
y llevar adelante el proceso de licitación para comprometer 102
millardos de bolívares destinados a la compra de equipos y
mobiliario médico y no médico y para la adquisición de insumos
médico-quirúrgico.
Durante sus giras por el país, estimulaba siempre la participación
de la gente a través de los comités de salud, organizaciones
comunales, agrupaciones juveniles con la finalidad de integrar a
la comunidad en los cambios que se estaban gestando y cumplir
con una contraloría social. Al respecto, en una entrevista que le
realizó El Clarín de La Victoria, el 6 de febrero de 1999, Gilberto
exhortaba:
“...los directivos regionales de salud, deben compartir
en forma pública los presupuestos, las acciones y todo
lo que hagan dentro de los sectores a su cargo para
lograr que exista una transparencia y recuperar la
credibilidad del colectivo en el sistema de salud que
ha estado en reiteradas oportunidades involucrado
con el clientelismo y la corrupción, con esto se puede
ganar la confianza de la comunidad”
137
El 15 de diciembre de 1999 fue un día importante para la
historia venezolana: se aprobó la nueva Constitución, fue una
alegría que no pudo celebrarse, a causa del luto que impuso
la tragedia de Vargas. Simultáneamente una gran parte del
territorio Nacional sufrió la embestida del desastre natural,
las inundaciones y aluviones, acompañados de piedra y lodo,
afectaron a ocho estados. Esta tragedia fue considerada por la
Organización Panamericana de la Salud como uno de los peores
desastres del continente americano. Entre los estados afectados
estaban: Vargas, Distrito Federal, Miranda, Falcón, Anzoátegui,
Nueva Esparta, Zulia y Sucre.
Debido al temor de la aparición de grandes epidemias Gilberto
decretó, por tres meses emergencia epidemiológica en el país y a
raíz del desplazamiento de los damnificados por todo el territorio
nacional y los cambios climáticos, en enero de 2000, la prolongó
a tres meses más.
Por todo el país se difundieron las medidas preventivas que debía
tomar la población.
Con respecto a la tragedia publicó en un artículo denominado
“Infiernito” en EL UNIVERSAL, el viernes 4 de febrero de 2000:
“…el sistema político o modelo cultural fracasado
que nos rigió por 40 años, desmanteló los
pluviómetros…ese mismo sistema favoreció que los
campesinos del país, llaneros, sucrenses, andinos, se
vinieran desde el mismo día que cayó Pérez Jiménez,
es decir con Larrazábal, Betancourt, Leoni y Caldera,
a poblar de ranchos todos estos cerros inestables,
con la finalidad de ganar votos. Esa vieja siembra de
ranchos, miseria, deuda interna y externa, y pérdida
de soberanía alimentaria, es el otro infiernito, el peor
de todos, este que ahora estamos cosechando con
más crudeza y dolor desde el 16 de diciembre de
1999”
138
El MSDS ofreció respuestas oportunas y participó activamente tanto
en la atención inmediata a heridos de distinta gravedad, labores
de saneamiento ambiental, prevención de endemoepidemia y
asistencia a los damnificados, a través del FUS, la solidaridad de
muchísimas organizaciones sociales y de la Comisión Nacional
de Emergencia (CONACEM).
El presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
George Allyene, destacó la labor del MSDS en el trabajo de
prevención de epidemias a propósito de la catástrofe y elogió la
no aparición de ninguna epidemia.
Durante su gestión también enfrentó la inmensa deuda quirúrgica
que había heredado a causa de la ineficiencia y desmoronamiento
del Sistema de Salud; y estableció convenio con Instituciones
privadas, particularmente con El Hospital de Clínicas Caracas,
Hospital San Juan de Dios y el Hospital Militar; contribuyendo a
resolver la situación de cardiopatía congénita quirúrgica, de la
cual eran mayoritariamente víctima los niños de los sectores más
excluidos de la sociedad.
Realizó innumerables encuentros de reflexión con autoridades
de las universidades del país a fin de revisar la visión curativista
y biologicista de la formación médica, pues las pasantías eran
realizadas en hospitales de tipo IV (tercer nivel) predominando
siempre los eventos finales o avanzados de las enfermedades
de mayor impacto en salud pública (cáncer, cardiovasculares,
materno infantil, accidentes y violencia) Martha Chacón Directora
de Docencia e Investigación en el Ministerio indica:
“Gilberto propuso permanentemente, encaminar el
rediseño curricular de pregrado, para que tuviera el
mayor peso de la formación en los ambulatorios de
Atención Integral, a fin de que realizaran medicina de
diagnóstico precoz, así como acciones preventivas
de 1º y 2º nivel. Se creó una Comisión Nacional,
encargada de impulsar ese cambio curricular
conjuntamente con los decanos de las Escuelas de
esa área”.
139
Fue el primer Ministro de Salud que le propuso a la Academia
Médica analizar los beneficios de las distintas modalidades
terapéuticas que no se enseñan en nuestras universidades, pero
que han ganado un espacio en materia de salud como son: la
Acupuntura, Medicina Naturista, Medicina Tradicional Indígena y
otras; teniendo como base la medicina basada en evidencia.
Mejoró notablemente el acceso a los medicamentos, fortaleció
la política nacional de medicamentos e incrementó la cobertura
general del Programa SUMED de 600 mil beneficiarios en 1998,
a 2 millones en el 2000.
Con la acción mancomunada del Plan Bolívar 2000 y los
gobiernos regionales, el MSDS logró recuperar la estructura
física de los hospitales: limpieza, recuperación de áreas verdes y
labores de pintura entre otras.
Durante la gestión de Gilberto se produjeron mejoras sustantivas
para los trabajadores de la salud, materializadas en salario y
condiciones de trabajo de los/as médicos/as, nivelación de
sueldos al resto de los profesionales de la salud y se disminuyó
la conflictividad laboral que se había hecho ingobernable y
generaba frecuentemente suspensiones de trabajo en los centros
hospitalarios.
El 2 de septiembre de 2000 Gilberto Rodríguez Ochoa y Jesús
Méndez Quijada, Presidente de la Federación Médica, firmaron
el contrato colectivo que mejora la condición laboral de los
profesionales de la medicina. Gilberto había aprobado el aporte
de 500 millones de bolívares para atender la necesidad de los
galenos. Los trabajadores de Salud por primera vez comenzaron
a recibir la cancelación de la Ley de Programa de Alimentación,
a través de la cesta ticket. En enero del año 2001, antes de dejar
el Ministerio, Gilberto firmó un aumento salarial del 16 % para
los médicos y médicas.
Por primera vez en la historia de la salud pública, el artículo 34 del
Anteproyecto de la Ley Orgánica de Salud consagra el derecho
a una muerte digna cuando se sepa que el paciente está en su
fase terminal, lo cual permite la oportunidad de rechazar una
140
prolongación innecesaria de su vida. Gilberto Rodríguez Ochoa
defendía vehementemente el derecho a bien morir, por ello se
enfrentó a la iglesia y a los grupos sociales más conservadores,
esta lucha fue bandera de manipulación de sus opositores.
Otro de los aspectos que lo enfrentaron a la iglesia y a grupos
sociales conservadores fue su postura contra relaciones sociales
no igualitarias. Fue un Ministro que mantuvo una mirada diferente
hacia los problemas de salud de la mujer y se mantuvo denunciante
de un modelo médico que reprodujo y perpetuó, a través de su
práctica, estereotipos creados culturalmente, que generaron
valoraciones discriminatorias y situaciones no equitativas para
las mujeres. Por ello se preocupó por la situación del aborto, la
muerte materna, brindar atención integral a la mujer, el derecho
de la mujer a elegir el número de hijos, el derecho de ésta a elegir
alternativas anticonceptivas; y también colocó en la palestra la
alternativa de la vasectomía como medio anticonceptivo, el cual
ejemplificaba a través de su experiencia personal.
Trabajó arduamente con representantes de la OPS para buscar
alternativas contra el tabaquismo. El 19 de junio de 2000 el
Ministerio de Salud y Desarrollo Social produjo una Resolución
mediante la cual prohibía fumar en todas las áreas de la salud,
y en otros sitios públicos. De igual manera, la Ley de Salud
contemplaba la prohibición de la publicidad del tabaco y sus
derivados por cualquier medio de comunicación así como la
publicidad de bebidas alcohólicas por radio y televisión.
La eutanasia, las alternativas anticonceptivas, el antitabaquismo
fueron asuntos ajenos a otros ministros, en cambio para Gilberto
pasaban a ser trascendentales por su condición de hombre con
una gran sensibilidad humana y una visión integral de la vida y
de la salud.
Gilberto fue uno de los m inistros que más interactuó con los medios
de comunicación, todas las semanas -según sus compañeros/as
de trabajo- él enviaba un artículo de prensa. En uno de ellos,
publicado en EL UNIVERSAL, el jueves 29 de Abril de 1999 invitó
a los comunicadores a contribuir con el proceso:
141
“Invito a los comunicadores comprometidos con
el destino de la patria nueva y no con el ominoso
pasado, a que contribuyan con la pluma, la voz o la
imagen, a la reconstrucción del país, para nosotros,
nuestros hijos y los hijos de ellos.”
Pero también fue duro y preciso frente a la actitud de los medios
de comunicación, por ejemplo en un remitido que hizo en El
Nacional el miércoles 12 de Abril del 2000,expresó:
“Por cierto, señores de El Universal y 2001: Un Sistema
de Salud digno, requiere INDISPENSABLEMENTE
que los medios de comunicación masiva DEDIQUEN
DIARIAMENTE UN PORCENTAJE IMPORTANTE DE
SUS ESPACIOS PARA IR ELEVANDO LA FORMACIÓN
Y CONCIENCIA CIUDADANAS EN TORNO A SU
SALUD INDIVIDUAL Y DE LA SALUD PÚBLICA. Por
eso les pregunto ¿CUÁNTO ESPACIO DEDICAN
USTEDES DIARIAMENTE AL BIENESTAR Y SALUD DE
LA POBLACIÓN VENEZOLANA?
Esos logros del MSDS en tan corto tiempo, demuestran la lucha
infatigable de Gilberto Rodríguez Ochoa por la conquista de un
Sistema de Salud más humano e incluyente; su batalla frontal
contra la corrupción y el clientelismo así como su permanente
irreverencia ante una cultura conservadora.
Su compromiso se centró en generar los cambios que el país exigía,
se empeñó en conocer y sentir las necesidades de las regiones
desde su propia voz y en sus propios escenarios geográficos.
Exhortó permanentemente a los ciudadanos/as a participar y
realizar contraloría social. Su combate siempre fue por el rescate
de lo digno, lo justo, lo recto y lo noble que merecemos todos y
todas los y las venezolanos/as.
Empuñó sus armas contra una sociedad patologizada, lo que
abrevió en su máxima:
La peor enfermedad es la vida que llevamos.
142
El Dr. Oletta hace entrega a Gilberto de su cargo como
Ministro de Sanidad y Asistencia Social, 1999.
143
Gilberto compartiendo ideas con el Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela Comandante Hugo Chávez Frias.
144
145
Firma de Acuerdo para el pago de Bono Único.
146
Encuentro de familias dignificadas del estado Vargas.
Firma de Convenio UCV-MSDS
147
En Zea, estado Mérida, inaugurando una Unidad de Atención
Integral.
Juramentación del Consejo Nacional de Derechos
del Niños/as y del Adolescente.
148
Gilberto realizando campaña educativa
sobre el uso de los Tapapipotes.
149
Con Fidel Castro.
150
151
Capítulo
6
Aguirre: Un castillete
para los sueños…
“...El amor, la amistad y el arte
son todos intentos de reunión
que el yo realiza desde su isla
para trascender su soledad”
Ernesto Sábato
C
uando Gilberto regresó de Amazonas comenzó a entretejer
nuevos sueños y con sus hijos inició la búsqueda de otro
espacio donde pudiese volver a convivir con la naturaleza. Con
el dinero que recibió de la parcela que vendió en Amazonas,
compró un terreno en Aguirre, en el estado Carabobo, pueblo
tradicionalmente agrícola que antiguamente fue un territorio
poblado por agricultores canarios y sevillanos, quienes desalojaron
a los indios jirajara en una lucha que tomó casi un centenar de
años. Se dice que algunos de estos moradores eran oriundos
de Villas de Aguirre en las Islas Canarias y bautizaron con ese
nombre su nuevo espacio en recuerdo a aquel terruño natal que
había quedado más allá de los mares.
Gilberto emprendió las bases de una pequeña casa mientras
trabajaba en la Dirección General de Salud de CORPOSALUD en
el estado Aragua y en épocas propicias esparcía semillas en esa
tierra fértil, pero sus múltiples ocupaciones laborales amenazaban
con impedirle culminar su sueño. Andrés Eloy recuerda los inicios
de esa experiencia:
155
“…mi papá comenzó a construir esa casa cuando
trabajaba en CORPOSALUD, durante un tiempo
estuvimos buscando terrenos y vimos muchos, hasta
que por fin encontró ese de Aguirre y le gustó, por
la bondad de la tierra y el buen precio que logró; mi
papá creyó que era muy buena para hacer lo que
más deseaba: volver a sembrar.
Su trabajo en el Ministerio, nos había separado como
grupo y a él lo alejó de Aguirre. Entonces yo comencé
a atender la parcela y como él no podía ir yo iba
casi todos los fines de semana a regar las matas y a
sembrar; en ese tiempo ya estábamos construyendo
la casa que papá había diseñado...”
Gilberto hijo cuenta la experiencia del diseño de la casa de
Aguirre:
“Papá se vino de Amazonas, pero en sus sueños,
mantenía el propósito de volver a encontrarse con
el trabajo diario de la construcción y de la siembra.
Cuando compró el terreno de Aguirre reinició aquel
ejercicio: hacer los planos, dibujar las instalaciones
sanitarias. Parecía un niño diseñando su casa. Él
me enviaba por fax o por correo los dibujos que iba
haciendo y me pedía opinión, pero yo sabía que él
en el fondo, no quería que yo le cambiara su diseño.
Además entendí que debía dejarlo continuar su juego
y yo sólo le advertía determinadas cosas para que
no cometiera errores en el proceso de construcción,
pero esa casa de Aguirre está construida tal cuál la
pensó. Él la levantó con sus planos y con sus manos,
cuando tenía sesenta años”
En enero del 2001 por considerar que ya había cumplido un ciclo
y por creer que esta responsabilidad debería ser asumida por
una generación de relevo en una reunión, Gilberto le planteó al
Presidente la necesidad de ser sustituido en el cargo de ministro.
156
El domingo 21 de enero de ese mismo año aparece un gran
titular en EL UNIVERSAL: “Prefiero morir en un hospital que vivir
en una clínica” como parte de la entrevista que le hiciera Ernesto
Villegas Poljak, en ella informó su retiro del Ministerio de Salud y
Desarrollo Social.
Gilberto decía en esa entrevista que ya había hablado con el
Presidente de la República y que le había manifestado su necesidad
de retirarse y explicaba al respecto:
“...Este proceso requiere que el vehículo vaya a una
velocidad constante, porque el país está muy mal.
Nueve millones de personas en pobreza crítica es
una emergencia. Este es el Ministerio más exigente,
no hay domingos ni vacaciones. Más aun: cuando
los demás tienen vacaciones; más trabajo hay. Para
mí esto es una carrera de relevo. El corredor tiene
muchas exigencias”
Y cuando el entrevistador le preguntó si estaba cansado Gilberto
responde:
“Siento que debo ser relevado. El proceso requiere un
nuevo impulso, un nuevo brío, pero que mantenga el
sentido de la carrera. La otra razón es que el mismo
tren de exigencia altera la salud. El organismo
empieza a sufrir, a sentir el desgaste”
En la misma entrevista dio a conocer su proyecto de vida y expresó
su necesidad de descansar un tiempo y retomar la construcción
de su casa en Aguirre. En marzo de ese mismo año, al dejar
el Ministerio, lo primero que hizo fue ocupar esa estructura, sin
ventanas, ni puertas y sin ningún acabado en su construcción.
Allí comenzó, ladrillo a ladrillo y al lado de sus hijos, a cristalizar
sueños: construir una nueva casa y ser campesino.
Luís Valera, quien trabajó en CORPOSALUD con Gilberto y
compartió muchas experiencias a su lado cuenta una anécdota
que revela ese sueño:
157
“En una oportunidad, los dos realizábamos un taller,
cuya finalidad era cohesionar aún más el equipo y
vislumbrar las metas, planes y perspectivas de los
funcionarios de esa Corporación; la facilitadora
realizó una dinámica que fue muy reveladora: ella
nos entregó a cada uno una hoja en blanco y nos
preguntó cómo nos visualizábamos y qué soñábamos
ser dentro de esa organización. Cada quien escribió
como se veía y el cargo que deseaba y otras cosas
que hoy no recuerdo. Gilberto sencillamente expresó
que él quería ser campesino. Yo creo que ese deseo
siempre lo aplazó debido a su compromiso político
y social con el pueblo. Estoy seguro que él nunca se
imaginó que sería ministro”
Gilberto visualizó en Aguirre el espacio ideal para realizar ese
sueño de ser campesino; de vivir placentera y tranquilamente la
vida; disfrutar del aire puro; estar en contacto con la naturaleza,
alejado del ruido y dedicarse a la labranza de la tierra. En uno de
los manuscritos que hiciera allá expresó:
“No recuerdo si hoy es 6, 7 u 8 de Marzo. Si sé que
hoy es jueves del 2001. Pero lo que sé es que es mi
primer amanecer y siento que vendrá un sinnúmero
de cuestiones de importancia trivial para el mundo
y para mi amado país, pero para mí serán ataduras
agradables, placenteras, que me merezco después
de tantos años (45 conté en estos días!) tratando de
lograr un sistema de esperanza para la mayoría del
pueblo venezolano.
Ataduras placenteras o cosas triviales como:
levantarme a las 7 u 8 de la mañana, tranquilo y
hacerme un cafecito y disfrutarlo, con una música
llanera como fondo, sonando arriba en el nido del
águila...”
Quizás la soledad y el trabajo de la tierra lo llevaban reflexionar
y repensar lo vivido y en unas hojas sueltas encontramos esta
nota:
158
“...Yo creo en los relevos y así lo dije en Miraflores
el día de mi despedida, he cumplido. El Presidente lo
confirmó: `Gilberto, cumpliste. El juramento decía
que si cumplías la Patria te premiaría. Pues bien, te
vas premiado! Me honro en haberte conocido, en
haberte tenido como Ministro!
Nunca debemos esperar premios de nadie, sólo
premiarnos a nosotros mismos. Trabajar con pasión,
con una visión clara hacia dónde queremos ir y los
reconocimientos vendrán solos algún día! Y si no
vienen de afuera, no importa, los que más importan
son los que vienen de adentro de nosotros o de
alguien que nos quiera.”
Comenzó por hacer el tendido de la cerca en todo el terreno
que mide aproximadamente media hectárea. Sin lujo alguno,
construyó una casa con piso de arcilla, techos de caña brava
y tejas, también dispuso azulejos decorativos en algunas de sus
paredes. Con sus manos, igual que su padre allá en La Pastora,
construyó todas las ventanas y puertas en esa casa. Gilberto solía
decir que el olor a madera le recordaría eternamente su infancia
y a José Andrés.
La casa de Aguirre estaba toda ella llena de recuerdos de su
padre. Algunos piensan que la construcción de esta última casa
fue, para Gilberto, como la vuelta al padre que el destino le había
arrebatado en temprana edad. Nora López cuenta su impresión:
“Gilberto consideraba que su segunda profesión
era la de ebanista, le gustaba mucho la carpintería,
tenía todas las herramientas y él mismo hizo todos
los trabajos de madera en esa casa: las ventanas,
las puertas, el mueble de la cocina, todo. Basta ver
la casa, para percibir que todo allí fue hecho con
perfección y con mucho amor hasta en su último
detalle”
159
En esos tiempos compró una fuente y le instaló el agua y
electricidad; en ella colocaba trozos de frutas varias para que los
pájaros llegaran allí. En una de esas hojas sueltas que escribió
en Aguirre narra:
“...hoy fue un día especial en materia de pájaros.
Después que hablamos fui a ponerles los cambures y
pedacitos de naranja. Pues bien: al rato comenzaron
a llegar azulejos, carpinteros, picos de plata,
paraulatas, Cristofué... y de pronto, llegó un
perico hermoso y relativamente grande: pico corto,
encorvado, cabeza, cara y cuello amarillos con unas
manchas negras en las mejillas.
Todo el pecho y abdomen, verdes. Pero un verde
como manzana. Cola azul con algunas plumas
negras, centrales y alargadas. Y por último, alas
con plumas cremas y marrón, como en mosaicos
redondeados...”
Aguirre le permitió a Gilberto el contacto con la naturaleza,
bañarse con el agua fría, disfrutar de todos los pájaros sin jaula y
criar un perro al que bautizó con el nombre de Café.
Su hermano Carlos cuenta sobre esa pasión de Gilberto por la
naturaleza:
“Creo que él siempre abrigó entre sus sueños vivir
más cercano a la naturaleza; algunas veces he
creído que a pesar de su afán de construir y triunfar
transformándolo todo, tenía resistencia a algunos
avances tecnológicos como los ascensores; las
escaleras mecánicas, los vehículos lujosos, los
celulares, etc. Ninguna de esas cosas le hizo falta.
Cuando leo sobre Armando Reverón, el pintor
venezolano y la construcción de su Castillete,
imagino a Gilberto en un espacio como el que
construyó Reverón en Macuto, imagino a Gilberto en
160
guayuco y sin más utensilios que los que construyera
con palmas, cocos y otras cosas que le brindara el
medio; de verdad creo que eso es lo que Gilberto
pudo haber querido hacer en la vida.”
Carlos conocía bien a su hermano, pues cuando Gilberto se fue
a vivir en Aguirre regaló a un mendigo toda su ropa - la cual
siempre usó, más por presión de familiares y amigos/as que por
convicción- y compró cuatro franelas blancas, unos pantalones
de caqui, unas alpargatas y un sombrero de cogollo.
Su hijo Levy contó la anécdota de un día cuando Gilberto
estaba limpiando la maleza frente a la casa y vestía el pantalón
de caqui, la franela blanca y el sombrero de cogollo: un carro
oficial del Ministerio se detuvo y sus ocupantes preguntaron por
el Dr. Rodríguez Ochoa, si lo conocían o sabía cuál era su casa,
entonces él les dijo que vivía dos cuadras más arriba y los señores
subieron, luego Gilberto esperó que bajaran y después de
hablar con ellos, todos se rieron por su ocurrencia.
Sus hijos/as recuerdan con ternura la primera cosecha de café,
cuando los /las invitó a participar en el proceso de desconchar,
tostar y moler el café. Estuvieron hasta la media noche en
esa faena para luego saborear cada sorbo, disfrutando de la
contemplación de las estrellas, mientras Andrés Eloy tocaba la
bandola.
Así fue sembrando diferentes plantas y otros frutales que eran
irrigados por la red de agua que enmarañadamente solía hacer
Gilberto. Maritza, su esposa cuenta:
“La afición de Gilberto, además de construir, era
la siembra; siempre creí que esa era una forma
de relajarse. Aún siendo Ministro, en algunas
oportunidades él iba para Aguirre y tomaba una
escardilla y empezaba a abrirle zanjas a la tierra.
En el tiempo que él estuvo en Aguirre después de la
jubilación sembró y cosechó repollitos de Bruselas,
quinchonchos, diversas frutas y hoy existe un cafetal
gracias a su esfuerzo y perseverancia”
161
Era un militante ecologista:
“Nos decía que la próxima guerra mundial iba a
ser a causa de la escasez de agua, y quería evitar a
toda costa su desperdicio; por ejemplo, en Aguirre
él se bañaba sobre una ponchera donde recogía el
agua que sobraba y después la esparcía sobre las
plantas”. Ayarí
Una vez Gilberto contó que durante el primer mes que estuvo en
Aguirre y antes de instalar la red de agua de su casa, iba todas
las mañanas a buscar agua con un envase plástico hasta una
pila pública que había en la calle principal del pueblo. Un día
uno de los moradores lo reconoció como el Ministro de Salud
del gobierno del Presidente Chávez y entonces se corrió la voz y
al día siguiente, cuando fue a buscar agua lo estaba esperando
una multitud de personas para enviarle mensajes al Presidente y
le manifestaron su extrañeza porque un hombre que había sido
Ministro, hiciera también la fila para proveerse de agua.
Otra de las rutinas que hizo Gilberto en ese corto tiempo que
disfrutó de Aguirre fue recorrer caminos en búsqueda de especies
florales para sembrar en su parcela y construir un jardín para la
contemplación y la serenidad.
En Aguirre, guardadas en una caja de madera que alguna tarde
hizo con sus manos, encontramos unas hojas de lo que tal vez
fuera un diario y en ellas escribió:
Domingo
...comencé el trabajo de escalones con troncos
hacia la quebrada, y a los lados de esta escalera
abrí hileras de huecos y sembré semillas de flores
(de las que traje de las Montañas de Nirgua, que
parecen girasoles pequeños) de las que teníamos
aquí (cuarentonas?). Luego las regué. Además (y por
último) coseché casi todo el café restante.
162
Realmente es placentero hacerlo. Son matas que yo
sembré muy pequeñitas, las cuidé, regué, les hice
surcos, las aboné con ceniza, etc. Ahora, es una nota
verlas tan bonitas y cosecharlas: se van arrancando;
vaina por vaina, casi arrastrando la mano, como
encerrando la rama entre el pulgar y el índice y te
vienes arrancando las frutitas poco a poco, desde
la base de la rama hacia la punta, procurando no
apretar mucho con los dedos para no desprender los
asientos florales, que son como pedúnculos cortos
entre los frutos y la rama.
Si se arrancan (cosa que en verdad no es fácil, porque
están bien agarrados) no surgirían otras flores en ese
lugar.
Esta labor aparentemente simple, produce relax;
uno piensa en cualquier cosa, y además alterna las
manos para el trabajo: las matas de la izquierda,
con su mano correspondiente, e igual con las de la
derecha.
Uno observa detalles interesantes: colores diversos;
frutos comidos totalmente por los pájaros y los
granos en el suelo, ya secos, o bien algunos sobre
las hojas de café, “pegados” (la pulpa tiene una
baba pegajosa, como un latex), y que sin duda
han sido recientemente comidos por pájaros, se les
arrancan algunas parásitas (tiñas) y uno se imagina
que pronto florecerán y expelerán su tan exquisito
aroma. Además, el colocar las frutas sobre el zinc,
con pulpa o sin ella, me recuerda los viajes por
montañas venezolanas y esas cosechas tendidas
sobre patios, expuestas al sol...
¡Es tan placentero todo esto del café! No creo que
haya otra fruta que encierre tantos detalles para su
163
aprovechamiento... Luego será despulparlo, lavarlo,
secarlo, tostarlo, molerlo, y tomarse el cafecito,
hecho totalmente en casa.
¡Qué agradable! Esa es la vida: las cosas sencillas:
exponerse un rato al sol mañanero, un baño de
regadera, mar, río o lluvia... Ver las estrellas después
de un atardecer, disfrutar una comida sencilla, un
vinito o tender ropa y recogerla olorosa a brisa
fresca, seguir sembrando flores, hortalizas...”
Tal vez la vida en este espacio, significó para Gilberto un
reencuentro con aquella experiencia en El Castaño. Volvió a leer
a Séneca y a Khalil Gibran, oír música clásica y de vez en cuando
compartir un vino y contemplar la diversidad de estrellas en el
firmamento. Muchas noches sacó una colchoneta para poder
verlas, hasta que el sueño lo venciera.
También aprendió a cocinar. Ayarí recuerda:
“En Aguirre papá solía congelar raciones de comidas
para ganar tiempo y aprovecharlo en la siembra y
para terminar la construcción de la casa”
Desde el punto de vista personal confesó que se sentía muy
realizado, porque sus hijos habían logrado consolidarse y estaba
disfrutando a sus nietos/as Oriana, Gabriel, Ethienne, Camilo,
Sebastián, Alí y Matías. Sentía una gran armonía en su relación
familiar.
Gilberto mantuvo en reserva la construcción de su casa y siempre
le prometía a sus amigos/as que cuando estuviera lista los iba a
invitar. El día que vio culminada su obra escribió en el pizarrón:
Éste fue el año de la dignificación de GRO.
El 9 de marzo del 2002 preparó una parrilla especial para celebrar
la inauguración. Como una gran paradoja, similar a tantos
otros logros de Gilberto, si bien fue disfrutado por él mientras la
construía, a su término, la casa quedaría para el deleite de su
descendencia. Una carta guardada bajo la manga del destino
164
cambiaría el curso de los sueños tejidos en ese castillete, pues al
día siguiente, Gilberto Rodríguez Ochoa moriría en un accidente
de tránsito ocurrido en la encrucijada de Carabobo, en dirección
al Municipio Bejuma de esa entidad.
Para todos fue muy doloroso, pues significó la pérdida de un
amigo muy querido, un hombre comprometido y honesto, un
hombre íntegro.
Durante toda su vida Gilberto trató de construirse como hombre
nuevo, nunca tuvo apego por las cosas materiales, no tuvo afán
consumista, ni tampoco vivió para el qué dirán. Creemos que
él puede representar un modelo de dignidad, de honradez, de
trabajo y de sencillez para las nuevas generaciones.
Trabajar la tierra quizás representaba para Gilberto arrancar la
maleza, llegar a las raíces, de manera que la diferencia entre lo
real y lo ideal desapareciera. Era una forma de reencontrarse
con su existir, atarearse para enfrentar lo que para él encarnaba
lo absurdo y lo angustiante. Era una manera de buscar refugio
en la tierra, en las plantas y en el agua; todos ellos elementos
naturales, fuentes de energía, para así construir una nueva
pasión por una forma de pensar, amar, crear, sentir. Quizás lo
que quiso fue sembrar la esperanza de un mundo posible donde
prevaleciera la justicia.
165
Gilberto disfrutando de su nieto Camilo y de sus otras
cosechas en Aguirre.
Gilberto en compañía de Café.
166
“Papá mis múltiples compromisos laborales me impidieron participar
de este libro, y desde este espacio quiero expresarte mi profundo amor.
Yuruani”.
167
Ayarí con sus amigas en frente a la casa de Aguirre.
168
Capítulo
7
Poemas, cartas, notas
y algo más...
Obra inédita de Gilberto Rodríguez Ochoa
¿Qué tanto busco en el aire,
en la noche, en el sol, en la tierra,
en el agua, en el monte,
en el movimiento de aquello borroso,
o quizás en mis propios ojos?
Gilberto Rodríguez Ochoa
Gilberto en sus tiempos como universitario.
170
Poemas
Ya ni cerca estamos
¿Tú y yo,
distantes?
¿Nunca!
Oye:
ni siquiera cercanos,
que sería estar tan lejos.
Como un suave coro
Y armonioso
estás en mí:
Envuelta en todos los ecos
de mis latidos todos.
¿Dejaría de existir, de nuevo,
si te acercas,
y tu sangre no retumba más,
aquí,
para sacar el fuego
de mis espumas frías?
¡Sí!
¿Escucharás, acaso, las divinas notas
de este dulce ruido
y cálido que me hace sonreír dentro de ti?
¡No!
173
Pregunto...
¿Qué tanto busco en el aire,
en la noche, en el sol, en la tierra,
en el agua, en el monte,
en el movimiento de aquello borroso,
o quizás en mis propios ojos?
¿Qué busco?
¿Qué quiero encontrar, o ver, o tocar, sentir?
¿Será a ti, acaso?
Pero...
¿Estás lejana o tal vez cerca?
¿O es que estás en mí?
174
Para curar tu herida
Del amor que por mí sientes
guarda un pedacito
en una caja fuerte,
y sin pensar en el mañana,
con el resto de ese amor
¡ámame tierna y dulcemente!
Y si quisiera la suerte
que tu amor muriera
y lo arrastrara cualquier brisa
¡Abre la caja
y luego quema mis versos
porque ya habrán muerto
y los muertos sin amor inspiran risa!
Y con el resto que quedara
¡Mátame!
y conviérteme en la sombra de tu vida
y cuando ese fugaz sueño
en ti se disipara
¡busca tu sombra y abrázate con ella!
Pero no para llorar conmigo
¡sino para que sea cura de tu herida!
175
Si muero antes de ti
Si muero antes de ti
¿Qué te gustaría hacer conmigo?
Yo no te pondría en una urna
¡Pues todas son tan feas!
¡Qué soledad tan fría
y qué eternidad tan negra sentirías!
Yo te acostaría en el llano
desnuda,
donde haya más tierra,
y con la primera lluvia
te convertiría en pantano.
Y después,
abiertos mis brazos,
gritaría al cielo:
¡lluvia!
aquí estoy, desnudo,
¡aprovecha!
muerde toda mi piel
mis cabellos y mis uñas.
Lluéveme en la boca
y en los ojos
y todo mi cuerpo inunda.
¡Y desháceme
como a un pedazo de tierra!
¡Y arrástrame en tus aguas
y fúndeme con ella!
176
Siento pasar la borrasca
Está pasando. Lo oscuro se está yendo. Y quedas tú, quedo yo.
Como fuimos. Como somos. Como seremos.
¿No estaba nuestra solidaridad por encima del tiempo?
¿Es posible romper este aire
que nos acompaña en cada
pedacito de los ojos, del tacto,
del oír, del pensar, de todo?
Allá abajo, ó allá arriba, quedaron muchas cosas.
Estas manos juntas están lejos de todas ellas.
Somos eternos. A prueba de odiarnos, ni mucho menos.
Tu grandeza será benévola conmigo,
Y me comprenderás.
177
Angustia
Hoy amaneció gris
o mis ojos están nublados.
Ni siquiera escuché los pájaros,
los amigos que temprano me visitan
¿Qué se habrán hecho?
¿Estarán enfermos, acaso?
¿O me vieron triste
y callaron su canto?
Siento como un miedo frío, oscuro, hondo
que hace temblar mis carnes.
Mi escritura da saltos
como mi corazón,
y los trazos se me enredan
Como piernas de un borracho.
Y mi voz no es mi voz
y ni siquiera es tal.
¡Más bien parece llanto!
Mi estómago es un largo mordisco,
doloroso
Y todo mi cuerpo se está volviendo hueco
¡Oh tiempo!
¡Devora mi vacío, te lo ruego,
y ayúdame a cubrir de nuevo
mi esqueleto!
178
Quiero
Quiero cosas
que conocer quiero,
que se agitan
como dioses
o fantasmas
en todos mis rincones
desde el llanto
primero de la tierra.
Una flor que me des
o algo de espuma,
un abrazo viejo,
una sonrisa
de malicia compartida,
una sorpresa
de vida efímera
repetida siempre,
Una herida,
una sombra
que me diga
donde está la luz,
Un papel
pequeño
escrito por tus ojos
para acariciarlo viéndolo
y verlo, verlo
entre mis dedos
temblorosos.
179
De ti quiero
la lluvia
de dos carbones
ardientes, con la que lavas
tu náusea
y ves miserias
y dónde atesoras
hermosas esperanzas
en su brillo insatisfecho,
O liberar al sol
aprisionado
en tu piel
y tu mirada,
O ensartar
las cuentas
de tu risa
y hacerle un collar
a mi angustiada boca,
O acaso salvar
a un niño
que se muere...
Quiero
tus carnes infinitas
de aromas
y canciones
para hacer bellos poemas
y tus huesos quiero
para que no mueras.
Quiero
los arpegios
dorados
de tu incendiaria sangre
por tu mordiente boca
y por cada dedo
de tus manos adorables
180
y por tu inundado
hermoso vientre,
y que me lleven a ti
de nuevo,
a conocer el espacio de lo eterno.
Amo este amor
tan parecido
al que me dieron
antes de nacer al mundo,
Ojos y conciencia
cerrados
en la más oscura
y fría
profundidad
del mar,
en una espantosa
soledad
con ese calor
de desconocido origen.
En fin!
quiero no querer sentir
de nuevo
el frío
del fondo
de las cenizas del tiempo:
¡su comienzo!
Pero...
¿Qué busco en ti?
¡Nada!
Sólo soy
la universal búsqueda
de siempre:
una flor
un beso
una sonrisa
¡me da igual!
181
Hermana soledad
Solo,
celebro las cosas más tontas,
incluso el corte
de una flor.
Solo, lloro los dolores más pequeños
incluso el estar solo.
Cuando estoy solo,
también vivo.
182
Somos
Somos la huella
de efímeros pasos
que eternamente
otros caminantes
tallarán al paso de las olas...
O somos la espuma
del agua
que nace en nuestras bocas
cuando lucha contra el viento,
o eres el rústico aro
de pequeñas flores,
de amarillo corazón
y blancas alas
colocadas a saltos
en su rama
y convertidas
en mágica corona.
O somos la chispeante lluvia
de minúsculos claveles
blancos y morados
del bouquet más hermoso
de las más humana
y loca boda...
183
o somos el calor
y el olor
y la encantadora música
de fuerzas
que se enfrentan
en última contienda
con fuego de soles
que se abrasan
y aroma de cuerpos
compartidos
y de profundas voces
lastimadas
sus gemidos...
O somos, amor,
el rocío
de sudorosa piel
aunque no llegues,
y el corazón sobresaltado
cuando vienes....
eres el temblor de mis manos
cuando tocarte quiero
incrédulo
para sentir el sol
que retoza en tu piel;
Y eres mi temblorosa voz
jadeante
de angustiada caminata
cuando te hablo.
184
Somos una fiesta
en cualquier playa
con parejas de piedras
y de algas,
y de vueltas
que se besan con el agua
y con la arena...
O eres
mis rodantes lágrimas
que te despiden
sin verte
y que gritan
y te llaman,
a solas...
¡Vuelve! ¡Vuelve!
¡Oh, qué fácil
atrapar de las palmeras
su asegurado baile!
¡pero qué hermoso
y difícil
vivir de los pájaros
su vuelo!
185
Canto al campesino
¡No laves tus manos
campesino
que no están sucias!
¡Tienen la limpieza más perfecta!
Tus manos con tu tierra son sagradas.
No las corrompas con jabón y agua.
Tus manos tocan esto y lo otro
cuando aran el suelo.
¡Por eso tienen el perfume
más sublime:
el de la tierra trabajada!
Conoce tu fuerza
Hermano de mi alma.
Tienes el poder universal que encierra
en un solo puño el alfa y el omega.
En tus manos tienes atrapada
la máxima esperanza
¡Ábrelas!
Y dale libertad al gigantesco ejército
de tu poder: toda la tierra de la tierra
convertida en la más grande piedra
para aplastar a todos los asesinos del amor.
Si detienes tus manos
se acabarán los reyes
y los presidentes,
los militares, los burócratas,
los técnicos y los choferes,
los maestros y los profesionales
y todos los que beben tu sudor
186
Y los lamedores de la bajeza
Y los demás.
Los ascensoristas,
Los tipos que más saben de la vanidad.
¡Ellos conocen que al subir
siempre se baja
y que todos los de arriba son idiotas!
Si detienes tus manos
hermano campesino
se morirán Chopin y el otro
que no es músico
y toda la música junta.
Y también los que hablan hueco
y los limpiabotas.
y morirán todos los pintores
y el fabricante de botellas,
y de harinas
y los que hacen los barcos,
los aviones y las guerras.
Y los que fabrican la mesa
donde estoy hablando
que es la mesa más grande de la tierra.
Y morirán los payasos y la risa
y todos los obreros
y todos los poderes
y los ministros de Dios
y Cristo mismo.
¡Si detienes tus manos
la Casa Blanca se derrumbaría
y el Kremlin
y también el Vaticano,
y caerían, con todo lo demás,
estrepitosamente!
187
¿Pero sabes acaso, campesino
quienes no morirían?
Si tus manos detienes,
las mariposas seguirán volando
y los pájaros
y el polen
y el viento los ayudaría.
y la lluvia seguiría lloviendo
y el sol seguiría radiante como siempre
¡Y no moriría el hombre
porque vives tú
y tú eres la llama que da vida,
y más que ella, eres la vida misma!
Pero también viviría yo,
sencillamente porque quiero
que me entierres con tus manos.
¡Quema, campesino, quema!
¡quema con amor, hermano,
y así obtendrás de las cenizas
el mejor abono de tu campo!
188
Cartas
Querida amiga Syrius:
Hace pocos días comencé a percibir tu mirada desde muy lejos
en el firmamento. Yo estaba acostumbrado a mirar a Syrius desde
hace muchos años, pero ahora siento que ella también me mira,
desde que recibí aquella hermosa carta-poesía en la que me
dijiste: “cuando estés en Aguirre y observes el cielo por las noches
busca la estrella más brillante. Esa seré yo y te estaré mirando”.
Los dos astros que uno observa más brillantes en la noche son
Venus y Syrius. Pero Venus no tiene luz propia, ya que es un
planeta hermano de la tierra. Sólo refleja la luz del sol como
la luna, pero al estar más cerca del sol, la vemos con mayor
luminosidad. Cuando mires a Venus (si aún no la reconoces, te la
enseñaré alguna de estas noches). Observarás que no titila. Igual
ocurre con la luna, con Marte, o Júpiter o Saturno o la misma
Tierra si la viésemos desde lejos.
¡Pero Syrius sí titila porque es una estrella y está hecha de fuego
como el sol y como tú! Y ahora brilla más, desde que decidiste
irte para allá y mirarme con tus ojos que siendo aguarapados, a
veces, cuando estamos juntos y hablando de nosotros, los percibo
como paraparas brillantes.
Syrius, además, es la estrella más importante de la Constelación
de Canis Mayor (Can Mayor). Podrás encontrarla fácilmente,
desde aproximadamente las 9 de la noche en adelante, mirando
el cielo hacia el Este. Primero deberás ubicar la Constelación
de Orión. Es muy fácil por ser muy particular y por lo grande. El
vulgo la conoce aunque no sepa su nombre.
Gilberto Rodríguez Ochoa
191
Querida Aura, “Aura Rosa”:
Tengo, desde hace muchos años, la tentación de escribirte. Razones distintas de tipo humano, algunas muy profundas, probablemente impidieron que fluyera libremente esa comunicación. En
realidad en aquellas épocas uno desconocía muchas cosas, pero
a esta altura de la vida pareciera que todo se nos va aclarando.
Bien, esta necesidad de comunicación viene acentuándose en los
últimos tiempos. Quise escribirte al recibir tu carta de julio pasado, pero intuía que no debía hacerlo. En diciembre me entregaste
otras bellas notas y entonces pensé que si te escribía casi como
un resorte al recibir la tuya, sentiría, en lugar de pensar ¡es que el
lenguaje aprisiona nuestros sentimientos!
Sentí que irrespetaría ese momento de reflexión honda que estabas viviendo y es necesario respetar esos momentos y luego
acercarse, cuando la persona se haya serenado por y con su
propia búsqueda.
Si me preguntas dónde aprendí esto, sólo pudiera decirte que
observando los momentos dolorosos de la vida. Este mundo confuso, desorientado, alienado, es incapaz de enseñarnos de mejor
manera, algunas cosas elementales para mejor vivir!
Nos enseña, a veces muy bien y a veces no, a multiplicar, restar o
algún dato de la historia y otras cosas. Pero nos enseña que “los
pájaros no se matan, maluco” contaminando así una cuestión
que debería abordarse de otra manear, diciendo, por ejemplo,:
“hijo, mira qué hermoso ese pájaro. ¿Oyes su canto?”
Bueno, quizás me desordeno un poco al hablar. ¿Por qué la vida
ha de tener tanta angustia y orden? ¿Será en buena parte porque tenemos inseguridad? ¿Inseguridad de nuestra propia vida
física, inseguridad de que amamos y nos aman, inseguridad de
que actuamos bien con nuestros hijos, inseguridad de que somos
buenos profesionales, inseguridad de que vestimos bien, inseguridad al caminar delante de algunas personas porque sentimos
sus miradas en nuestra espalda y nos cuelgan de las piernas
192
como pesada carga? Más aún: la inseguridad expresada así tan
fácilmente, ¿no es todavía muy superficial? ¿No es necesario cortar más hondo para llegar más cerca del nudo central?
¿De dónde vienen el temor a la muerte, la falta de una profunda
solidaridad con la vida, con la pareja, con los seres humanos, la
sensación de que hemos actuado de manera incompleta, bien
con nuestros hijos, la tentación por la fama y el poder, la falta de
sencillez, la serenidad para caminar tranquilos?
Somos víctimas de un mundo de competencias, de un mundo que
nos enseñó desde pequeños a comparar: esto es mejor que eso;
aquello es más grande que lo otro o tal cosa es más bella que
esta otra, pero no nos enseñó, como debiera ser, a encontrar el
bien, la grandeza, la belleza, en lo profundo de las cosas. No
nos enseñó que ser ricos es sentir el mensaje de una flor o compartir el vuelo de un pájaro, caminar bajo la lluvia y ser parte de
ella. No nos enseñó que las palabras son camisas de fuerza, que
a veces se quedan cortas para expresar lo que sentimos.
¿Qué es la palabra amor? ¿Cuántas cosas no lo han deformado, idealizado o desviado? ¿No limita ella, ó lo que “sabemos de
ella”, nuestra propia búsqueda?
Podemos dejar de lado la palabra amor y tomar la palabra solidaridad, que es tan humana, tan sencilla, tan humilde. ¿Cómo
ir construyendo un camino de solidaridad, que haga de la vida lo
que debe ser: una hermosa aventura?
Si por ejemplo amo a una persona, y me engaña, ¿por qué no soy
solidario con su búsqueda? ¿Por qué no trato de comprenderlo
y ayudarlo a aclarar su camino? ¿Por qué atormentarlo más?
¿Es acaso venganza? ¿Por qué vengarme? ¿Es que amamos la
vida y los seres sólo cuando nos pertenecen? Es decir, cuando mi
ego está satisfecho ¿o los amamos porque tienen virtudes que
admiramos?
Hoy quiero decirte que te admiro mucho desde hace años. Eres
una gigante. Pero no te hagas la fatal pregunta ¿por qué muchos
no ven que soy gigante? ¡¡No!! La mayoría de la gente camina un
193
trecho muy corto de la vida, aunque muera de 80 años.
Acércate a tus hijas. Primero con una. Después con otra. Conversa con ellas en paz, con el corazón alerta. Pídeles perdón por los
errores que puedas haber cometido y por los de Henry.
Enséñales que también somos seres en formación y por tanto susceptibles de equivocarnos. Enséñales que muchas cosas han sido
útiles, placenteras, satisfactorias, en el proceso de esa formación.
Enséñales que frecuentemente vivimos angustias por ellos. Diles
que ustedes necesitan ayuda. Que los hijos deben también ayudar a los padres a formarse.
Si es tiempo de cosecha,
de descorrer los velos
de quemar las máscaras.
Si es tiempo de que aquel
y yo
seamos lo mismo,
de sonreír tranquilos,
de caminar con calma.
Es tiempo de cosecha.
Recibe un beso y un abrazo, muy suaves, sin apretarnos con fuerza.
A veces el lenguaje de la piel es mucho más profundo que la palabra. Pero es necesario que el contacto sea muy suave. Cuando
uno se aprieta fuertemente y se da golpes en la espalda, nunca
llega al corazón. Y con frecuencia se hace por hipocresía, aunque no sea concientemente.
Puerto Ayacucho 18/1/83.
Gilberto Rodríguez Ochoa
194
Querido hijo Andresito:
Sé que difícilmente comprenderás estas palabras, pero de todas
maneras las escribo quizás para consolarme o tal vez con la
esperanza de que pronto puedas entenderlas.
Me fui a trabajar para otro hospital donde hay muchos enfermos
que voy a curar, y además es un sitio muy bonito, con cerros, con
ríos, con animales y con mucha gente buena, pero el problema
es que estás muy lejos y aunque quiero verte todos los días, no
puedo porque hay que viajar en avión. Quiero que sepas que yo
te quiero muchísimo, que me haces mucha falta, y que aunque
no nos veamos todos los días, te quiero y estoy pensando siempre
en ti, deseando que los días pasen rápido para irme en el avión y
abrazarte y besarte y jugar contigo como lo hemos hecho tantas
veces.
Tengo fe en que más pronto que tarde, estaremos juntos. Aquí es
posible conseguir una tierra grande bonita, donde tener animales, matas y flores, y donde podremos vivir una vida más sana,
más humana, y juntos para siempre.
Recibe unos besos míos en tus manos. Van llenos de lágrimas.
Algún día entenderás por qué.
Tu papá, que te quiere muy grande
Gilberto
Pto Ayacucho 12/04/83
195
Andresin:
Querido hijo. ¿Cómo estás? Siempre recordándote mucho. En
este preciso momento algunas lágrimas me vienen a los ojos,
porque siento que tu compañía es muy agradable para mí,
aunque hables poco, y te extraño y porque siempre uno quisiera
estarle enseñando a sus hijos tantas cosas.
Deseo que te encuentres muy bien, contento, y que estudies bastante y hagas buenos trabajos, para que tu promedio de notas
sea cada vez mejor.
¿Cómo te sientes en el liceo? ¿Cómo está azabache (el negro)?
¿Los caños? ¿Walter?
Trata de escribirnos para tener algo tuyo cerca, “viviente”. Por
DOMESA puedes mandarlo a: Dirección Nacional de Malariología, Avda. Bermúdez, Maracay, al lado del Cuartel Páez, a mi
nombre.
Hoy en la mañana, fuimos a ver un terreno más allá de Valencia
(entre Campo Carabobo y San Carlos, un poco más allá de Tinaquillo). Está a una hora de Turmero, tal vez un poco más. Tiene
hectárea y media, es casi plano, buena tierra, y un río grande
(claro, no tanto como los de Amazonas!) Este río le pasa a lo
largo del lindero sur, es un trayecto de unos 150 mts. Y tiene tan
buena luz. Tiene varios frutales. No tiene casa. A Maritza y a mí
nos gustó mucho y cuesta un millón 350 mil bolívares. Estamos
de acuerdo y lo vamos a comprar si no surge algún inconveniente
mayor. Se puede sembrar y tener animales.
Con esta carta te mando:
•
•
•
•
Un mueble para la computadora.
Dos cráneos de caballos.
Dos libros.
Tu mamá te compró 4 paquetes de panelas de San Joaquín.
• Unos arequipitos (ojo: para todos, chamo).
• Un recorte de periódico.
196
• Un pasaje por avión Puerto Ayacucho – Maiquetía. Están a
nombre mío pero dile a Antonio que lo arregle en Avensa
con la hija de Jaime Rivero (te anexo una cartica para Jacqueline, así se llama ella).
Puedes venirte el sábado 25 y reservar regreso para el martes
28 cuando llegues al Aeropuerto de Maiquetía. No lo olvides,
Reserva porque mucha gente regresará ese día.
De los dos libros, uno es La Juambimbada, de Andrés Eloy Blanco. Muchas de esas poesías vale la pena leerlas (Tu tocayo A. E.).
El otro es Cuatro Gigantes del Alma (el miedo, la ira, el amor, el
deber), del psicólogo Emilio Mira y López, fallecido hace muchos
años. Creo que era Argentino. Tiene cosas interesantes. Espero
que te guste también.
Trata de llamarme en la noche. Pero al menos escríbeme algo. Te
envío Bs. 1.000,00 para el pago de Domesa. Un abrazote y un
gran beso. Te queremos mucho, todos tus hermanos siempre preguntan por ti y lamentan que no pueden llamarte por teléfono.
Saludos a Violeta, Antonio, Sra. Rosa, José Vicente, Nieves, Pedro, Jesús Ramón, Walter, etc.
Hasta pronto.
GRO
Turmero 11/02/95
Gilberto y Levi:
Reciban un fuerte abrazo y un beso. Los recuerdo todos los días.
A pesar de que ustedes están entrando en una edad en la que naturalmente uno se va desprendiendo de los padres, sin embargo,
una distancia como la presente obliga a pensar y recordar a los
seres más cercanos, más queridos.
197
Una de las cosas que debemos aprender en la vida es que toda
razón es relativa. Que no hay verdades definitivas. Y que es un
error creer que uno tiene la razón de manera segura. Sobre todo
ustedes, que están “empezando” a conocerse a si mismos, y empiezan a conocer a los demás, deben tener cuidado de no apresurarse en asegurar cosas o juicios sobre nadie. Vean, observen,
reflexionen. Y si pueden, callen. O si van a dar una opinión (a su
mamá, a mí, a sus hermanos, a sus familiares, a sus compañeros
de estudio, sus profesores, sus amigos, sus vecinos/as), háganlo
con mucha prudencia, con mucha humildad, siempre pensando
que no tienen toda la razón, y que incluso probablemente puedan estar totalmente equivocados.
¿Cuántos errores he cometido yo? Muchos. Pero eso no es lo que
importa. Lo que importa es nuestra actitud para reconocerlos,
para reconocernos, para la autocrítica que nos permita avanzar,
que nos permita día a día conquistar los grandes espacios vacíos,
salvajes, oscuros, que los seres humanos tenemos adentro.
Pronto nos veremos. Si sienten algún día la necesidad de escribirme, háganlo. Estamos juntos, a pesar de la distancia.
Sé que difícilmente comprenderán, al menos en parte, esta decisión mía de venirme para una zona del país donde se puede
vivir con más tranquilidad, en mayor contacto con cuestiones
demasiado importantes para mí, como son la naturaleza y un ser
humano más solidario. Ya oportunamente iremos conversando
eso, en detalle, y con tranquilidad.
Por favor, piensen en la gran responsabilidad que los dos tienen
en esta época. Responsabilidad con ustedes mismos, en particular (formarse para la vida); y la responsabilidad que tienen para
con su mamá y sus hermanos.
Jueguen con Andrés, aunque no le consientan pendejeras. Pero
no le peguen. Si deben reclamarle algo, lo llaman aparte y se lo
dicen seriamente y con cariño. El irá comprendiendo.
Levi: trata de ver en Ayarí aspectos muy positivos que ella tiene.
Sé que ella te quiere y es necesario que hagan esfuerzos (más tú
198
que ella) para superar algunos obstáculos tontos que en algunos
momentos los han enfrentado. Dicen que son cosas de muchachos, pero que es necesario darse cuenta de ellas y superarlas.
Nos veremos pronto. Probablemente pasemos aquí juntos las vacaciones. Se traen sus corotos de bucear y pescar. La pasaremos
muy bien.
Hasta pronto. Los quiere:
Gilberto
Pto Ayacucho 15/05/83
199
Capítulo
8
Desde la nostalgía
y el recuerdo
“Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos
de sus vidas”
Joan Manuel Serrat
Para decir de Gilberto...
Gilberto Rodríguez Ochoa: caraqueño, pastoreño, caraquista,
conquistador, serio, simpático, agradable; de risa fácil, buen
humorado, inteligente, enamorado, humilde, buen compañero,
conversador fino, bailador sin excesos, rico en conocimientos,
despegado de los bienes materiales, amigo fiel, poeta; un poco
loco, lector, no fumador, tomador social, repasaba las letras al
escribir, se comía las uñas, muy llorón cuando joven; fuerte cuando adulto, descuidado en el vestir, trabajador, estudioso, izquierdista, médico cabal, amante de su padre, hermano responsable,
padre amoroso, calvo con orgullo, bueno, bueno, bueno. En fin,
un personaje inolvidable, era poseedor de todos estos atributos y
los ejercía sin alardes, en forma natural, sin pensar en ellos, pues
en su interior, una natural humildad se los impedía.
Lo conocí cuando comenzamos a estudiar bachillerato en el liceo
Caracas de la parroquia San Juan (1954) tenía 13 años y era
flaco, pequeño, pobre y estudioso.
Estudiábamos juntos y para los exámenes finales íbamos a El
Calvario con las sillas de extensión y todos los útiles. En otras
ocasiones estudiábamos bajo la sombra de los edificios de la
urbanización “2 de diciembre” allí, los residentes nos enviaban
frutas, café etc. Gilberto se venía caminando desde La Pastora
hasta los sitios que escogiéramos para estudiar.
Con Gilberto compartimos todo: ropa, libros, útiles, hermanos,
padres. Mi madre y mis hermanos lo adoraban, mi hermano
mayor disfrutaba de su inteligencia, elocuencia y conocimientos.
Junto a su familia disfrutamos las vacaciones de los años 1956
y 1957: En 1956 viajamos a Puerto Píritu. (Nuestro primer viaje
fuera de Caracas) y disfrutamos del mar, la laguna, pescábamos
con los muchachos del pueblo y organizábamos competencias
para llegar nadando a un barco abandonado que se encontraba
lejos de la orilla.
203
Al finalizar bachillerato Gilberto y yo nos separamos: él se quedó en Caracas y yo me fui a Mérida. Cuando murió su padre,
Gilberto debió estudiar de día y trabajar de noche para ayudar
a cubrir los gastos de su hogar. En vacaciones nos reuníamos y
compartíamos lo que estudiábamos.
En una oportunidad fuimos a estudiar y luego a almorzar en el
restaurante de la UCV. Las mesas estaban llenas y al despejarse
una de ellas nos sentamos rápidamente, entonces Gilberto tomó
la servilleta del plato que una estudiante había utilizado y le dijo
al mesonero: a mi me traes un refresco, con esto yo estoy completo.
Ejerció la medicina sin sobresaltos, a todas las situaciones sabía
imprimirle la tranquilidad del sabio. Fue un médico ejemplar que
siempre estuvo al lado de los desposeídos. No creía en la medicina privada y se negaba a aceptar dinero por sus consultas. Creía
en las personas y a ellas se dedicaba con la misma bondad que
en ellas percibía.
Fue un revolucionario izquierdista: creía en la lucha de los pueblos
y nunca cambió su modo de pensar ni de vivir. Con él aprendí a
escuchar las canciones de Alí Primera. Ejerció diferentes cargos
en el MSDS con la misma abnegación; como Ministro, fue un
ejemplo constante de trabajo y dedicación, jamás se dejó influenciar por la importancia de este cargo.
La muerte lo sorprendió haciendo lo que siempre había querido:
vivir en una casita; sembrando la tierra, con cuatro animales,
leyendo y pensando mientras se deleitaba con alguna melodía.
Quizás su innecesaria pérdida debemos atribuírsela a los deseos
del Ser Superior de sentarse a charlar pendejadas con una persona real.
Palabras más o palabras menos, quiero dejarles una glosa que
recuerdo. Él me la leyó cuando éramos muy jóvenes (aproximadamente de 16 años) la había escrito para una muchacha de la
cual estaba enamorado:
204
Mientes al decirme que me amas.
Pues inédito en ti es el amor que no profesas
Libro amado que al abrir sus páginas
cuenta de mi errada pertenencia
Recuerdos tristes me traen estas glosas
escritas a la sombra de tu ausencia
de la vida mía cuando yo te amaba.
Héctor Romero Yépez
El amigo de luz infinita
Gilberto Rodríguez Ochoa fue para mí un amigo incomparable,
nunca olvido los largos viajes que realizamos juntos por los caminos de Venezuela. También lo recuerdo como interlocutor ameno
y conocedor en extremo de su profesión, en relación con la gente
humilde.
Interesado por todo, era un compañero oportuno, en ningún momento se aburría, como yo. Le interesaba todo, tenía el don del
asombro, su interés por la vida sencilla. Con paciencia oía mis
explicaciones sobre el color de las cosas, las flores, las piedras,
los ruidos, los atardeceres. Se asombraba cuando yo cambiaba de tema para referirme a lo que acontecía en el momento,
preguntaba y opinaba; a veces me corregía con muy buen tacto
o me amonestaba discretamente cuando yo confundía algunas
cosas.
Música, sentidos, agricultura, plantas… a veces nos enfrascábamos en temas filosóficos y siempre, pero siempre coincidíamos
en conceptos de profundidad. Por ejemplo, una noche, en la
Serranía de Sanguijuela por allá por el Estado Sucre, cerca de
Carúpano, estaba Manuela con nosotros y cosa rara, a pesar de
que ninguno tomaba licor, esa noche, no sé de dónde sacamos
una botella de Güisqui y sin mucha ceremonia nos echamos los
palos. El contó historias, yo también las conté y Manuela que
nunca antes había tomado, esa noche también tomó, es que esa
205
noche todo era distinto. Esa noche fue como la despedida de los
tres. Desde aquel parquecito veíamos las luces de Campoma, las
de Margarita y las de Carúpano. Había luna, estábamos sobrios,
callados, habíamos confesado cosas que no se cuentan nunca
pero esa fue una dramática hora que nunca volvería a repetirse.
En la mañana emprendimos el viaje de regreso, íbamos como
ausentes. Hablábamos poco. Eran pocas las palabras que quedaban por decirnos.
Días después estábamos en Bejuma. Manuela no iba con nosotros, Andrés Eloy tocaba su bandola.
Emprendimos el viaje hacia Camay. En ese sitio, Manuela y yo
dictábamos un curso de cerámica tomando como base su cultura
arqueológica, habíamos hecho buenas amistades y yo entusiasmé a Gilberto para que conociera ese sitio.
Andábamos juntos otra vez, Gilberto no era todavía Ministro de
la Revolución. Fuimos a Pomare que es Altagracia, donde está
el viñedo. Había llovido y no pudimos pasar el río para ir a Camay y debimos dar un rodeo, hasta que por fin pasamos. Allí le
mostré el horno de cerámica para leña y tomamos varias fotos
que todavía conservo. También fuimos a la casa de Juan Libera
que tiene el horno alfarero rústico para quemar tejas, baldosas
y ladrillos, tomamos varias fotos y el doctor se interesó mucho
en el asunto, fuimos a la casa del alfarero y este nos preparó un
almuerzo, allí conversamos largamente y entre otras cosas Juan
Libera se ofreció para dictar cursos de su alfarería y de horno,
si fuese necesario. (Hoy está vigente esa oferta) y Juan todavía
espera para que lo incluyamos en el programa que soñamos en
Camay.
Regresamos a Turmero y desde ese momento no nos volvimos a
ver hasta el día cuando nos visitó como Ministro de la Revolución
y se inauguró el Hospital de Sabaneta en el Consejo.
Ya en Sabaneta sabíamos que el Ministro vendría a la inauguración y preparamos con gran cariño el recibimiento. La Dirección
del Hospitalito y nosotros, sus amigos estábamos llenos de alegría
206
y en sitio apropiado decidimos hacer la galería “Alfredo Almeida”
con mis dibujos a plumilla para que adornaran un amplio pasillo
que aún hoy está recordando aquel emotivo acto.
Llegó el momento y allí estaba Gilberto Rodríguez Ochoa, vestía sencillamente en camisa sin corbata, radiante de alegría me
tomó por un brazo y me llevó a sentarnos en el sitio en el que
recibiría al público. Era el mismo Gilberto: afable, seguro, fino
pero muy dueño de la situación, me sentí eufórico, allí estaba el
amigo, ahora investido con un cargo de gran compromiso con
esta Revolución.
Un tiempo antes de esa visita, había muerto mi señora, Manuela
Perdomo de Almeida, ese acontecimiento cambió el rumbo de mi
historia un 19 de febrero de 1999. Maritza asistió a su entierro.
Yo conservo el libro que Gilberto me dedicó en 1978 con estas
palabras:
Para el maestro y amigo Alfredo Almeida y para esa entrañable y
gran mujer Manuela Perdomo:
Como para nosotros el tiempo siempre es ahora, y el pensamiento bueno es el tiempo presente, permítanme colocar en sus manos
estos escritos de lucha de ayer, de hoy y de mañana. Deseo que
vivan mucho físicamente, activos, viéndolos mezclados con el barro, con el conuco, con la pintura, con la cocina más humana,
con esta conmovedora y alegre fantasía de existir que ustedes
transmiten. Un beso para ambos.
Gilberto
Nunca terminaremos de lamentar ese viaje que ellos emprendieron al infinito que nos está esperando. Para siempre Gilberto vive
en nosotros y con nosotros con las horas que nos empujan hasta
la victoria siempre. Somos él, como debe ser su bandera en luz.
Su antorcha no se apagará en nosotros y podremos pasarla a las
generaciones que ya están en puerta.
Alfredo Almeida
Pachaquito, Semana Santa de 2006
207
Un Quijote de Aragua en Amazonas
Muchas personas suelen estar agobiadas por crisis cíclicas existenciales y Gilberto Rodríguez Ochoa no podía ser una excepción
pues convivía en un clima social, cultural y político que “chocaba” con sus firmes convicciones político-ideológicas de hacer
posible una patria distinta. Por eso no nos fue extraña esa especie
de huída consciente desde las tierras de su querida Aragua para
encontrarse, a mediados de la década de los 80 con la magia
misteriosa de la selva amazónica entre cánticos de piapocos, su
riqueza hídrica inconmensurable, la extraordinaria belleza de su
flora y fauna y por supuesto, la diversidad multiétnica de su indianidad.
Era un médico de una personalidad sin lugar a dudas polifacética, militante de la vida y revolucionario integral, de vocación
nacionalista, trabajador incansable y de una sabiduría envidiable. Para él fue muy simple construir con sus propias manos y con
diseño adaptado a las particularidades de la región su propia
vivienda y en el entorno de ella, cultivar los frutos de la vida,
aunque por lo impredecible de los cambios climáticos de esta
selva tropical y tal vez por desoír las consejas de los nativos, dos
años después, tanto la vivienda como el conuco familiar fueron
arrasados por una de esas inundaciones que son frecuentes en la
época de invierno.
Ese infortunio no lo amilanó y casi enseguida, en un reencuentro
de vida familiar; con la fuerza de su espíritu y sus manos y el apoyo de su esposa Maritza y sus cinco hijos, construyó una nueva y
hermosa vivienda, y al igual que Fruto Vivas, fue un constructor
creativo que supo combinar los recursos de la naturaleza y de
su entorno con los soportes espirituales de una real convivencia
humana. Por cierto, los hijos, parecieran haber heredado de Gilberto, además de su inmensa capacidad intelectual, la amistad
por el quehacer con las manos y la cercanía a la construcción y
a la tierra.
208
Disfrutó como pocos, de la seducción que encerraba la naturaleza
amazónica, de la inmensa espiritualidad que le proporcionaban
aquellas aguas celestiales de sus ríos, de la selva adentro, de sus
montañas vírgenes y del misterio de sus productos. En una ocasión, conminado por un grupo de ancianos piaroa que habitaban
cerca de las montañas mágicas del Autana, probó el yopo, una
especie de estimulante natural que utilizan los indígenas para sus
ritos y pasó toda la noche con severos malestares estomacales.
Las tertulias de los amigos y familiares con Rodríguez Ochoa, a
veces, resultaban interminables y en muchas oportunidades se
cerraban sólo obligados por la aparición de los primeros rayos
del sol. Siempre asomaba un tema especial para la reflexión, el
diálogo y la discusión fraterna. Su capacidad de persuasión y
el dominio del arte de los razonamientos y de la dialéctica se
perdían en el infinito.
A Rodríguez Ochoa, con aquellas credenciales de médico en
salud pública, docente universitario e investigador reconocido
a nivel nacional, no le importó perder posiciones en la escala
burocrática de sueldos y demás beneficios del personal profesional de carrera para optar un cargo en la estructura de recursos
humanos de la zona. Con esa estoicidad inquebrantable acudía
todos los días y puntualmente a sus consultas de dermatología
para atender a los indígenas y no indígenas del inmenso territorio
de la amazonía venezolana.
Nunca se doblegó ante el ejercicio de la medicina privada a la
cual combatió con apasionamiento casi religioso. La medicina
social era según él, la panacea para los descamisados y condenados de la tierra. Todos tenemos el derecho a la salud sin
discriminaciones de ninguna naturaleza –decía-. La medicina no
puede ser fuente para “hacer negocios” –agregaba-.
Esa convicción social le generó muchos enemigos políticos. Jamás se prestó para paralizar un servicio de salud, aún cuando
la convocatoria hubiese provenido de grupos gremiales de la
derecha o de la izquierda venezolana.
209
En esos vaivenes y marejadas de la política venezolana, con la
añadidura del sostenido resquebrajamiento de la fuerzas del sistema puntofijista, en aquella etapa de transición con la presencia
en la Presidencia de la República del Dr. Ramón J. Velásquez, Rodríguez Ochoa fue designado como Director Regional de Salud
de Amazonas, cargo que desempeñó por corto tiempo, habida
cuenta de su personalidad y posturas políticas radicales en contra de los desgobiernos de la IV República, los cuales –a su modo
de ver- estaban distanciados de las reales necesidades sociales
de la gente y practicaban las corruptelas más despreciables que
servían para incrementar la pobreza de los nacionales, por eso
siempre los consideró cómplices de la entrega del país a fuerzas
foráneas anti-nacionales y apátridas.
Rodríguez Ochoa se mantuvo reacio a convertirse en militante de
nuevo cuño en el contexto de los partidos tradicionales y junto
a otras figuras de estirpe de luchadores sociales que se reencontraban en Amazonas, se agrupó en una primera etapa en la
“Sociedad de Amigos de Amazonas” y luego en el Movimiento 11
de Mayo”, que en alianza con las fuerzas de izquierda de la zona,
organizaciones indígenas e individualidades, llegó a convertirse
en un combatiente activo y beligerante en la lucha contra las
“Nuevas Tribus” , así como también de la misión religiosa coreana y de los “garimpeiros” buscadores de oro de las entrañas del
suelo patrio. Las organizaciones indígenas, en muchas ocasiones,
lo colmaron de reconocimientos y de formas espirituales de protección junto a sus dioses y cosmovisiones.
Sostenía con una convicción extraordinaria, que se transitaba por
un momento político y estratégico diferente, donde los espacios
sociales no podían ser cubiertos por las agrupaciones políticas
de “vieja data” y que era el momento de propuestas políticas
novedosas y regionales. En la coyuntura electoral de aquel momento y en el marco del movimiento local “11 de mayo”, aceptó la propuesta de ser candidato a Alcalde de Amazonas, cuya
votación, aunque moderada, permitió la conquista de nuevos
espacios de lucha en contra de las fuerzas del establishment.
210
Al cristalizarse la opción real de gobierno de Chávez, Rodríguez
Ochoa fue convocado para que asumiera la cartera de salud
y permaneció en dicho cargo durante dos años, hasta que él
mismo dimitiera por razones personales. El Presidente Chávez,
en alocuciones públicas, siempre alabó su desempeño de ciudadano integro y revolucionario de gran lealtad. Muchos han
sido las demostraciones de afecto y reconocimientos hechos a los
integrantes de su familia luego de conocerse el trágico accidente
donde pereciera en el Estado Carabobo. Constantemente, en los
predios del palacio de Miraflores y fuera de éste, se le recuerda
y admira.
César Arismendi
Crónica de frágil memoria
I
Muchas veces coincidíamos en la acera de costumbre y en el
sopor de ciertas horas. Era Maracay la misma de esta tarde, con
la diferencia de que los tantos afectos de aquellos tiempos se
han disipado: unos por viajes interminables; otros, por esa fragua
terrible de los desencuentros. Sí, fueron muchas las veces, hasta
que nos unió un libro que Gilberto escribió en el recogimiento
de la preocupación por las políticas sanitarias de este país. Hoy,
cuando la urgencia me lleva a decir algunas cosas del amigo
médico, y por las tantas mudanzas, no sólo del espíritu sino de
mi biblioteca, no encuentro el libro y su título se me ha borrado,
pero no la carga emocional de sus páginas y la pasión humanística de sus palabras, más allá de la frialdad del discurso científico.
Se trataba de una tesis sobre la medicina social, sobre la salud
de este gentilicio que aún busca dónde calmar sus dolores corporales.
Recuerdo difusamente el encuentro con Gilberto en el diario El
Imparcial, a finales de los años setenta, al borde de unos fríos
211
ochenta cuya generación aún libera sus fantasmas. Entonces mi
amigo médico, dirigente del Movimiento al Socialismo, me llevó
su gracia escrita, su impronta literaria. Apareció una nota escrita
con la alegría juvenil de quien sentía en Gilberto Rodríguez Ochoa
que la puerta del éxito estaba ante sus ojos y los nuestros.
II
La casa del MAS quedaba en la calle Páez frente a la Asamblea
Legislativa. José Antonio Sucre, periodista, fundador junto con
muchos del partido naranja, me acota que Gilberto era un hombre dedicado por entero a la medicina solidaria. “Gilberto era un
hombre muy sensible, abierto y generoso. Llegó a formar parte de
la directiva del MAS y se destacó por su capacidad académica y
humana. Silencioso, observador, sabía diseñar políticas próximas
a las necesidades de la gente más débil. Se hizo querer por todos,
por su fuerza vital y por su calidad como ser humano. Inteligente,
dado a los amigos, supo también confrontar con entera pasión a
sus compañeros, pero siempre él, honesto y amigo”.
La política, entonces, ocupaba gran parte de la vida de este médico venezolano, entregado a respirar por sus pacientes y prójimos.
“Atendía la medicina pública. Muchos son los profesionales de la
salud que podrán dar fe de la angustia de Gilberto por lograr la
salud de su gente, de su país. Y su sueño, cambiar las cosas, ser
más generosos, más sanos, más solidarios.
Pasaron los años y nos alejamos. Llegó a ser Ministro. La muerte
de Gilberto nos marcó. Regresamos al pasado con su nombre.
Era un hombre bueno, de eso no hay duda”.
III
Cada quien en lo suyo. Un día me tocó ir a su casa de Turmero.
Se mudaba, por cuestiones de trabajo o curiosidad científica, al
Amazonas. De nuevo renovamos afectos. Gilberto me confesó
que andaba buscando algo: “lo que a uno se le pierde siempre”.
Recuerdo que el médico amigo tenía unos animales en la sala.
Una culebra en una cesta. La mujer de mi hermano se asustó.
Gilberto la calmó y le demostró que la serpiente era tan tranquila
como el silencio de sus ojos.
212
Supe que se había ido a trabajar al Hospital José Gregorio Hernández de Puerto Ayacucho.
Mi hermano vivió alquilado en la casa turmereña de Gilberto
el tiempo que él duró en Amazonas. Unos dos años, si no me
equivoco.
IV
Mi amiga Daisy Camacaro me invita a traerlo un rato a estos
días, gracias a las páginas de este libro que celebra la vida de
Gilberto Rodríguez Ochoa, el médico, el hombre, el soñador, el
revelador de poemas, el amigo, el servidor público. Por esa razón
esta crónica frágilmente olvidadiza. Me valgo de los datos de mi
mala memoria: el afecto rescata imágenes, emergencias.
A quienes lo tienen cerca, familiares, amigos y colegas, estas palabras más allá del tiempo y del dolor que nos causó su muerte.
Seguro traía en el cuerpo los aires de Aguirre, los aromas de esa
hermosa tierra carabobeña, la prometida para la reflexión y la
eternidad.
Hoy, cuando ha pasado el tiempo, me estaciono a diario en la
misma acera. A veces siento que alguien pasa y levanta la mano
de un saludo. Veo a Gilberto, su sonrisa tímida, su paso lento
hacia la puerta de la otrora casa del MAS. Se pierde detrás de
una mata que ya no es, pero sigue vigente en la mirada de quien
la recuerda. Otras veces sale y se aleja, como quien va hacia
Turmero.
La amistad, pese a la distancia, continúa. Cuando me asalta la
memoria, brindo por los amigos, pero sobre todo por quien tuvo
en la medicina y la gente sus más caros afanes. Entonces aparece
-entre amigos de bohemia- el nombre de Gilberto y sonreímos,
nos damos la mano y nos echamos al recuento de esa vida que
seguirá insistiendo, que seguirá pasando con el tiempo, para que
la eternidad no nos tome desprevenidos. Salud.
Alberto Hernández
213
Recuerdos de un buen profesional y amigo
Conocí al Doctor “Rodríguez Ochoa” (como le llamábamos en
Amazonas), por referencia antes que personalmente, Nora González –quien también ya está en el cielo– le nombraba mucho
y siempre con gran cariño. Nora, misionera salesiana entre los
yanomami de Mavaca, era una excelente enfermera.
Cuando ella iba a Puerto Ayacucho, tocaba a las puertas del
Doctor Rodríguez Ochoa para hacerle mil consultas sobre los
problemas de piel que aquejaban constantemente a los niños y
siempre era bien recibida. Las instrucciones iban siempre acompañadas de pomadas y medicamentos, beneficios utilísimos para
la población yanomami.
Pasados unos años, lo conocí personalmente, yo acompañaba
a un paciente que requería su atención y pude corroborar las
buenas referencias escuchadas.
En Puerto Ayacucho solía verle en Amavisión, el Canal de TV del
Vicariato de Puerto Ayacucho, en el espacio semanal de salud,
donde con gran pedagogía, instruía y formaba a la población.
Cuando fue comisionado de Salud del Estado Amazonas puso
gran empeño en un Proyecto de Salud en el que quiso involucrar
a todas las fuerzas vivas de la región, sin olvidar las educativas.
Quería que la atención en salud llegara a cada grupo étnico, a
cada comunidad, a cada persona.
Posteriormente y de manera más familiar, compartí muchas veces
con él, cuando venía a buscar a Andrés Eloy, el más pequeño de
los hijos, que estudiaba en nuestro Colegio “Madre Mazzarello”.
En algunas ocasiones solicitamos la casa de familia que tenían
a las afueras de Puerto Ayacucho para hacer jornadas de retiros
espirituales entre las Hermanas. Recuerdo una vez que no estaba
Maritza, la esposa, pero cuando llegamos, la casa estaba bien
limpia, pues él con Andrés Eloy, había barrido, pasado coleto y
pulido el piso.
214
Era un amigo apacible, servicial, se podía intercambiar ideas
con él. La gente de Amazonas le quiso, le apreció en su labor
profesional. Allí dejó muchos amigos. Particularmente creo que
ahora, desde la cercanía con Dios, que ya goza, ayuda todavía
más a los indígenas y a toda la gente de esa hermosa región
venezolana.
Con un grato recuerdo:
Sor María Isabel Eguilor
Gilberto: un hombre de huella permanente
Para encontrarme hoy con ustedes conjugué fuerzas afectivas e
intelectuales. Afectivas porque hay que hacer uso de la templanza espiritual para sentarse algunas horas a pensar en los seres
físicamente ausentes e intelectuales porque eché mano de mi experiencia como investigadora de la cotidianidad para reconstruir
desde mi subjetividad a ese amigo tan querido. Esa experiencia
me permite creer que esta percepción particular va a coincidir
con la de quienes lo conocieron.
Volqué mi mente hacia los recuerdos de aquellas tardes después
de clases, entonces, desanudé las conversaciones que sosteníamos en los cubículos, en los pasillos, en el estacionamiento del
Núcleo y así, fui entretejiendo tiempos, vivencias y esta semblanza
que quiero compartir.
¿Qué imagen evoqué? La de un hombre menudo, con su guayabera blanca, sus sandalias y con su inconfundible sonrisa. ¿Qué
tiempos vinieron a mi memoria? Aquellos años de los 80 cuando
nos conocimos y estrechamos una gran amistad que no se fundaba precisamente en puras coincidencias, sino todo lo contrario,
porque teníamos también profundos desacuerdos. Todo iba muy
bien cuando hablábamos mal de los adecos y echábamos pestes
de la política de EEUU hacia nuestros pueblos o de los retos de
215
la universidad. Nos divertíamos muchísimo contándonos chistes
y chismes… en fin, todo era cordialidad hasta que tocábamos el
tema de la discriminación de la mujer, su ubicación en la sociedad y temas afines. En ese punto llegábamos a veces, a términos
irreconciliables, yo desbordaba toda mi pasión e impaciencia y
él apacible me decía: - calma niña que se te van a desorbitar los
ojos, mira, la principal lucha de la mujer es conquistar igualdad
de derechos en lo laboral todo lo demás es feminismo radical - y
yo le refutaba que la principal opresión ocurría en el hogar y su
cotidianidad, y que todo lo demás era comunismo acrítico. Ya a
esos niveles terminábamos la conversación abruptamente, y al
día siguiente volvíamos a ser los amigos de siempre.
Estaba segura de que Gilberto comprendía la esencia de lo que
yo quería transmitirle, porque un hombre que abogó por los trabajadores explotados, que renunció a las prebendas que pudo
darle su profesión y que tuvo la entereza de reconocer que, de
la mayoría de sus colegas, no esperaba grandes esfuerzos para
transformar la realidad no podía ser ajeno a mis angustias y yo
sabía también que para él fueron vitales sus planteamientos para
alcanzar la equidad entre hombres y mujeres.
En ese transitar por los recuerdos, me tropecé con una anécdota
que sugiere al amigo, al médico que fue Gilberto: mi mamá
tenía una lesión en el cuero cabelludo. Para ella una clínica lujosa, un médico alto, con impecable bata blanca, es sinónimo
de sapiencia médica, obviamente buscó atención en el Centro
Médico de Caracas, en el Hospital de Clínicas Caracas, en el
Instituto de Diagnóstico; pero ninguno de esos lugares le resolvió
el problema, entonces le propuse que consultáramos a Gilberto;
advirtiéndole previamente que debería ser en el hospital y que
tendría que esperar su turno y además, le aclaré que él era un
hombre de una apariencia muy diferente a lo que pudiera esperar. Convencida ella, nos fuimos al hospital. Durante la espera,
salió Gilberto al pasillo y se lo presenté, cuando él se fue me dijo:
¿y ese es el médico que me va a examinar? Sí –le dije - él es un
excelente dermatólogo, ella me miró y refutó: con esa pinta de
derrotado...lo dudo. Resistí pacientemente sus comentarios hasta
216
que entramos a la consulta y entonces él, con su amabilidad, la
atendió sin apuros, le observó con detenimiento la lesión, luego
se subió en un banquito para bajar de un estante dos libros, los
abrió y le enseñó a mi mamá fotos para explicarle acerca de su
problema y le indicó un tratamiento. En menos de 15 días mejoró, entonces mi mamá se empeñó en que tenía que llevarle un
regalo y todos los días me preguntaba: qué le puedo comprar a
ese médico, tan....excéntrico él, con sus sandalias, su guayabera
y su sencillez. En esos 15 días, ella pasó de asignarle un aspecto
de derrotado a uno de excentricidad y sencillez.
Este relato dibuja con profunda crudeza, el imaginario colectivo
que la cultura dominante ha construido sobre lo que debe ser
un médico y Gilberto fue, por fortuna, la antítesis, el antihéroe
de ese médico distante que cree tener en sus manos la vida y
la muerte de sus pacientes, que apela a siglas incomprensibles:
ACV, UCI, TAC, y que usa como herramienta ideológica para
reafirmar lo inalcanzable de su sabiduría, la escritura ilegible.
Gilberto en su praxis profesional fue la esencia, la impronta del
buen proceder médico.
No importa en qué fecha nació Gilberto, lo importante es que
pasó por el mundo y lo conocimos, no importa qué títulos obtuvo,
mucho menos qué cargos ocupó, lo importante es que donde
estuvo, fue un médico que no hizo transacciones ni pactó con el
poder para corromperse, que no se entretuvo en el camino hacia
la búsqueda de lo justo. Siempre destinó esfuerzos para la lucha
política. Siendo apenas un adolescente combatió la dictadura y
como profesional de la salud, fue un activista de la contienda
gremial. Quienes respetamos la irreverencia, vimos en Gilberto
el aliado para la denuncia, la protesta, el uso de la palabra sin
cortapisa, la crítica certera contra la corrupción política.
Les confieso, que me era extraño ver en la prensa su foto con
ese traje obligado de Ministro, y a la vez era tan simpático leer
sus declaraciones donde decía ser ateo y de profesión soñador,
donde refería con tanta valentía la discusión de la eutanasia,
tema que junto con el del aborto, es obviado por la generalidad
del gremio médico. Sus confesiones eran un zarpazo a la doble
moral y la hipocresía social.
217
Ese equipaje psíquico, afectivo e intelectual, le permitía inventar cosas en su vida. Durante algunos años, en ese empeño por
ser un médico comprometido, puso de lado los beneficios de la
ciudad, y probó vivir en Amazonas, tratando de materializar ese
sueño de trabajar en las zonas olvidadas y por la salud de la gente ignorada. Retos voluntarios, que sólo pueden hacer quienes no
pierden la credibilidad en sí mismos y no viven para soñar, sino
que sueñan la vida.
Recuerdo esos tiempos, cuando se rumoraba que él podría ser
el próximo Ministro de Salud. Me lo encontré en CORPOSALUD
y compartimos algunas impresiones al respecto, bajo la sombra
de un árbol, como retomando la vieja costumbre de conversar
en los estacionamientos. En lo personal, estaba segura de que la
motivación de Gilberto para aceptar ese cargo no era otra que
era la posibilidad real de hacer cosas por este país y su gente.
Me comentó que una de sus preocupaciones no era el problema
de los recursos presupuestarios, sino cómo enfrentar la cultura
del trabajador público, estaba convencido de que esa era una
de las principales enemigas de cualquier gestión, creo que su
inquebrantable espíritu de lucha y su capacidad para inventarse
los sueños, fueron las cualidades que lo fortalecieron para asumir
esa responsabilidad, sin embargo, y como vaticinando el futuro,
ese día me confesó textualmente que si el monstruo público tenía
mil cabezas, no iba a pensar dos veces para apartarse del cargo y
volvería a reencontrarse con la tierra. Cuesta creer que personas
acostumbradas al fogueo, puedan apartarse de esa cotidianidad
política y profesional, pero, desde hace algunos años para acá,
he aprendido que la vida tiene insospechados atajos, que tal vez
no podemos soslayar.
Cuando Gilberto ya como Ministro, visitó a Aragua, fui al Hospital Central de Maracay a saludarlo y a entregarle, en nombre
de las mujeres de Aragua, una carta en una hoja amarilla - mi
color de suerte – y de mi puño y letra, como se le debe escribir a
los amigos. Acercarme a él, entre tantos periodistas, parecía una
misión imposible, pero al fin, logré dársela y él, como siempre,
con gesto deferente, se la metió en el bolsillo superior de su traje
obligado de Ministro, obviamente no se le veía nada elegante ese
218
papel amarillo sobresaliendo en el pecho, pero así lo vimos en
la flamante foto de prensa. En el día Internacional de la Mujer,
recibí una llamada de la doctora María Urbaneja, quien después
fue Ministra de Salud, para decirme Gilberto me pedía que le
enviara por fax, algún mensaje a fin de publicarlo en la prensa
nacional.
Había pasado mucho tiempo desde aquellos altercados teóricos
nuestros sobre la mujer. Él siempre reconocía que yo era una de
las primeras personas que lo había sensibilizado a reflexionar
sobre el tema y ese día sentí una gran alegría, creo que fue el primer Ministro de Salud que se manifestó públicamente al respecto.
Ustedes podrán imaginar que yo, no sólo le pasé un mensaje,
sino que aproveché la oportunidad para recordarle, entre otras
cosas, que en las mujeres ha recaído, sin costo alguno para el
estado, un significativo porcentaje de la atención primaria en
salud. Estimo que como Ministro, tuvo clara la importancia de
la descentralización, así como la urgencia de cambiar el modelo
de atención; por ello promovió una visión de atención integral en
salud. Él, más que nadie, comprendió la relevancia de las universidades y la academia en todo ese proceso de transformación
en salud. El tiempo que transitó en el cargo fue desbordado por
las incansables horas de trabajo. Hoy pudiéramos juzgarlo por
su tenacidad y empeño, nunca por la desidia, ni la corrupción.
Quienes lo queremos tanto, sólo agradecemos sus esfuerzos y
sus aciertos.
Como Gilberto era tan irreverente, estoy segura de que en este
momento está mirándonos y en cómplice amistad, nos esboza su
inimitable sonrisa.
Marbella Camacaro Cuevas
219
Mi profesor de Historia de la Medicina
Hoy, con estas líneas hago un recuerdo muy especial para el doctor Gilberto Rodríguez Ochoa, quien fuera mi profesor de Historia
de la Medicina en el 5to año de la carrera en el Núcleo Aragua
de la Universidad de Carabobo: Sus clases eran especiales pues
despertaba en nosotros el interés por conocer la verdadera historia de la profesión médica con una visión crítica. Disfrutábamos
con él la naturaleza y los espacios abiertos. Algunas de sus clases
se desarrollaban en la famosa pérgola del Hospital Central de
Maracay. Allí nos reunía a todos y hacíamos nuestros seminarios
y discusiones. Las tardes transcurrían discutiendo sobre temas sociales y de interés sobre la historia. Un día nos presentó su libro
Del ejercicio privado de la medicina o de la alienación del acto
curativo. El contenido de ese libro me marcó para siempre en el
ejercicio de mi profesión.
Hacia el final de mi carrera, supe que el Dr. Rodríguez se iba a
vivir al Amazonas y que había renunciado a la Universidad y a su
cargo del Hospital en Maracay. Recuerdo que a mí me pareció
asombrosa esa decisión, ya que no era tan fácil para nosotros
entender en ese momento el cambio de vida pues éramos unos
jóvenes estudiantes. Un año más tarde, al graduarme de Médico,
conseguí trabajo en el estado Guárico, en Cabruta, un pueblo
ubicado al margen del Río Orinoco frente a Caicara del Orinoco.
Gilberto Rodríguez Ochoa supo que yo estaba allí y un día me
visitó. Después de esa visita, cada vez que se desplazaba hacia
Puerto Ayacucho, hacía una parada en Cabruta para visitarme
en la Medicatura. Lo recuerdo vestido con camisas guayaberas
y usando sandalias de cuero: muy sencillo. Su rostro, siempre
sereno y con una sonrisa hermosa.
Después perdí el contacto por un tiempo y nos volvimos a encontrar en el año 1991 cuando realicé mi Curso Medio de Salud Pública en Maracay. Para ese momento él trabajaba con el Proyecto
Salud para el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y cuando
le conté que estaba trabajando como profesora en el Departa220
mento de Medicina Preventiva y Social en la Escuela de Medicina
en la Morita, expresó su complacencia porque sus alumnos estuvieran formando a los nuevos profesionales de la carrera.
Cuando fue nombrado Ministro de Salud en el año 1999, recibí
una llamada en mi celular y para mi grata sorpresa era de él: me
proponía que lo acompañara en su gestión, como Directora de
la Antigua Escuela de Malariología y Saneamiento Ambiental. Le
respondí de inmediato que sí, que contara conmigo. Me pidió que
transformara la Escuela en un Instituto de Altos Estudios. Como
decimos popularmente, me dio “luz verde” para que hiciera lo
que fuera necesario a fin de alcanzar ese objetivo. Emprendí
de inmediato ese trabajo y justo al año, pude presentarle como
cumplida, la misión encomendada.
Su propósito de transformar el Ministerio no fue una labor sencilla. Desde lo personal creo que uno de sus deseos se cumplió: ver
engrandecida la famosa Escuela de Malariología y transformada
en una Casa de Altos Estudios con perfil propio que titula a sus
egresados.
Evelín Escalona
10 de marzo de 2006
En Amazonas
Algunos episodios de su práctica social
Quizás el primer encuentro significativo donde participé con Gilberto fue aquel homenaje que se le hizo a Alí Primera, dos años
después de dejarnos. Nos acompañó Ramón Primera, “Moncho”
hermano de Alí, también médico y quien había compartido las
aulas de la U.C.V. y otros escenarios de lucha con Gilberto.
Habíamos escogido para el homenaje el espacio del antiguo
Colegio Pío XI de Puerto Ayacucho, donde por segunda vez nos
221
deleitamos con el talento de cantantes amazonenses, entre ellos
Francisco Gámez, Miguel Angel Ramos, Marisela Barrios, Grupo
Baré de los hermanos Olegario, Nestor Payema, Victor Ramírez,
y contamos con la producción y animación del profesor Ronaldo Olegario, organizador del recordado Festival de la Canción
Mensaje de Puerto Ayacucho, indicador ineludible de la conciencia política de la región.
Ya la semilla de la amistad con Gilberto comenzaba a germinar
y con el abono de coincidencias ideológicas, era casi imposible
que no creciera en terreno fértil, como efectivamente sucedió.
Para los años 1.986 - 87, estábamos en Puerto Ayacucho en el
Museo Etnológico de Amazonas, “Monseñor Enzo Ceccarelli”,
adscrito al Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho e inaugurado
un par de años antes. Allí, además de las actividades propias
del Museo, realizábamos reuniones para tratar diversos aspectos
problemáticos de la ciudad (falta de agua, fallas en la electricidad, calidad de la educación, etc) y de la defensa de los pueblos
indígenas. Estas reuniones no tenían nada de clandestinas ya que
Monseñor Enzo Ceccarelli, Vicario y Obispo de Amazonas venía
de liderizar las luchas de solidaridad en el conflicto de 1984,
entre el terrateniente Herman Zingg y el pueblo piaroa, en el Valle
de Wanay y conocía a todos los que promovían las reuniones en
el Museo: Gilberto Rodríguez Ochoa, Héctor Valverde Aristimuño, Rubén Montoya, César Arismendi, entre otros, Monseñor los
había visto en las primeras filas de la lucha a favor de los indígenas y enfrentando a Zingg y a sus aliados políticos: Paulina Gamus, David Morales Bello y los muy recordados asesores legales,
Rottondaro y Koësling, nombres muy sonados recientemente, a
propósito de las famosas “Guarimbas” que se dieron en algunos
sectores del este caraqueño en las conspiraciones reaccionarias
del 2002 y 2003.
Gilberto fue siempre coherente en el plano profesional, con lo
que había denunciado en su libro “Del ejercicio privado de la
Medicina o de la alienación del acto curativo” (Fondo Editorial
Proceso, Caracas, 1.979) Él se resistió a ejercer la medicina
privada. Peleó desde que llegó a estas tierras, por una práctica
222
médica respetuosa de todos y en especial, de los indígenas, sujetos de racismo cotidiano y más en esos cenáculos de dominio
jerárquico en el que devinieron las dependencias de salud, a lo
que se le sumaba la falta de dominio de los idiomas indígenas
por parte de los médicos y el personal paramédico para atender
a los pobladores, algunos bilingües y otros monolingües en su
idioma materno (hivi, uwotjuj0a, ye´kwana, baré, yanomami,
curripaco, baniva, piapoco, etc) realmente, lo que se practicaba
en esos centros era algo muy cercano a la Veterinaria.
Por su especialidad de dermatólogo, tenía que realizar el control
de las prostitutas de Puerto Ayacucho y del pueblo fronterizo de
Cazuarito de Colombia. En estas consultas, su ética lo conducía a
tratar con largas conversaciones plenas de cariño y comprensión
a esas mujeres, a quienes les hablaba “de la hermosa puesta de
sol del día anterior o del prolongado aguacero de hace dos días”
como escribimos en diciembre del 2002 (Amigos. En: revista “La
Iglesia en Amazonas”,. Nº 98, diciembre 2002, P. 45).
Esta forma de ver al paciente como uno igual, lo caracterizó desde siempre. Como médico especialista le tocó trabajar en uno de
los leprocomios del litoral central del país. Con ello fue moldeando su formación y reivindicando, para todos, la noble profesión
de la medicina.
Recordamos igualmente, que coordinó las pasantías de los estudiantes de Medicina, que se encontraban en Amazonas.
En algún momento nos comunicó, que en los informes que entregaban los pasantes al culminar su pasantía, siempre indicaban
que las charlas que dictábamos, de Dermatología y Antropología
de Amazonas eran, según ellos, las que más le habían aportado,
a honra nuestra.
En una oportunidad, pude constatar en carne propia el alcance
del daño que puede hacer al paciente una huelga de médicos.
Entonces me encontraba trabajando en Caracas y una infección
en uno de los dedos de mis manos me hizo acudir a un hospital
del cual fui rechazado, pues sólo se atendían casos de emergencia. Argumenté que el mío era un caso de emergencia, y me
223
contestó el médico de guardia que emergencia era en caso de
muerte…
Con un episodio como el anterior, me era imposible no tener
presente a Gilberto, quien siempre cuestionó las huelgas médicas
y él, a pesar de que sus colegas no pasaran consultas, cumplía
con su compromiso… y así como era gentil, sonriente y cariñoso, también era rígido, valiente y fuerte cuando la vida le exigía
ese comportamiento, como en aquella oportunidad en la que
un sindicalista adeco lo amenazó y no tuvo más remedio que
enfrentarlo con una pistola.
1992 fue un año que signó los destinos del país, para Gilberto no
fue un año de mucha tranquilidad, al igual que para muchos venezolanos y venezolanas que decidieron dar ese salto cualitativo
en aras de una sociedad más justa, por la cual habíamos luchado
desde los tempranos años liceístas.
Cierto día llegó a su casa una nota donde se le participaba que
tenía que comparecer ante la Fiscalía Militar para, como siempre,
tratar asuntos de su interés…En cuanto esta citación se produjo en
la institución militar, y antes de que llegara a manos de Gilberto,
uno de sus tantos amigos o pacientes debe haber recordado sus
acciones llenas de humildad y bondad y de manera clandestina
y anónima, tomó el teléfono y llamó a uno de los tantos amigos
de Gilberto, para que le comunicara que pronto le allanarían su
residencia.
Esta llamada fue recibida por Héctor Valverde, abogado de profesión y militante revolucionario desde la década de los sesenta,
quien jugó papel preponderante en la asesoría legal y política
de los indígenas piaroa– uwotjuja de Valle de Wanay y luego en
1998 se incorporó activamente a la estocada final del modelo
político venezolano instaurado a raíz de la caída de Pérez Jiménez. Valverde se comunicó inmediatamente conmigo para que
en breve tiempo encontrara a Gilberto e hiciera llegar la noticia
a su casa. Ambas tareas se cumplieron y Maritza pudo sacar de
su casa una escopeta 16 y una 7.65 con las cuales protegía a su
familia. Así logró evitar que consiguieran alguna evidencia que
224
pudiera involucrarlo en acciones conspirativas. Como revolucionario de toda la vida, Gilberto no podía permanecer de espaldas
a lo que el pueblo venezolano venía anunciando desde 1989.
En 1992, con la insurrección en marcha y en su condición de médico que trabajaba con los militares, se precisaba de alguien que
entrara a la sede de la Brigada del Ejército de Puerto Ayacucho y
contactara con un Mayor, para que éste asistiera a una reunión a
celebrarse en Puerto Páez. Con las indicaciones en mano, entró
a la Brigada y por las señas abordó al Mayor y le participó de
dicha reunión. Los datos que le habían proporcionado, tenían
error en los apellidos del militar, y lo condujeron a la persona
equivocada, quien inmediatamente reportó la novedad a la instancia de Inteligencia del Ejército a los pocos días tres Coroneles
de la Fiscalía Militar de Caracas se apersonaron en la región
y luego de intenso interrogatorio decidieron el allanamiento de
su casa. Al no reconocer lo afirmado por el Mayor y sin haber
encontrado ninguna evidencia de estar participando en los sucesos que ocurrieron en ese año, tuvieron que dejarlo en libertad,
previo el habitual chequeo sobre su persona que suelen realizar
los organismos de seguridad.
Muchas de las familias amigas de Gilberto y Maritza, entre ellos
César Arismendi y Carmen Emilia, Rubén Montoya y Gisela y
Antonio Graterol y América, Freidman y Martha, Miguel Angel
y la novia del momento, Alejandro y Cuba, acostumbrábamos
vernos frecuentemente y compartir salidas a los pozos, las fiestas
de nuestros hijos y, sobretodo, los días navideños. Con frecuencia, Cuba y Miguel Angel sacaban sendas guitarras e iniciaban
la velada musical con las canciones de Pablo Milanés y Silvio
Rodríguez y con el pasar de los tragos y atizando la brasa de los
pollos o de la parrilla, se llegaba a Felipe Pirela, Los Panchos o
a María Teresa Chacín. Con el tiempo llegó una amiga, de excelente voz, de condición humana inigualable, madre amorosa y
miembro de familia de revolucionaria, desde Gallegos para acá.
También apareció en la región un operador de turismo, compañero de nuestra amiga y ambos se unieron al grupo de familias
que compartíamos momentos de diversa naturaleza y motivación,
225
casualmente, todos no nacidos en Amazonas, a excepción de
César Arismendi.
Continuaron nuestros encuentros y las referencias de cada quien
de su vida: las andanzas políticas en el PCV, en el MAS luego de
la división, otros en el MIR antes de la división y posterior a ella,
unos para la Liga Socialista y otros para los Comité de Luchas
Populares (CLP), brazo legal de Bandera Roja (la original y no
la traidora de los actuales momentos) y nuestro querido amigo
operador de turismo participaba en los comentarios de la grave situación del país y escuchaba sobre la práctica política que
habíamos tenido, sin embargo, como casi todos habíamos sido
vacunados por la triple de los tres monitos: no ver, no oír y no
hablar, a pesar de que éramos compañeros, siempre se evitaba
algún dato en primera persona de alguna actividad puntual donde se hubiera participado políticamente.
En 1990 o 1991, se creó la primera delegación de la DISIP en
Amazonas y cuál no sería nuestra sorpresa, al enterarnos que
el buen amigo de turismo fue nombrado como el primer Jefe
de la Delegación de la DISIP en Amazonas y al inaugurarse la
sede actual de esa institución, en la urbanización Alto Parima de
Puerto Ayacucho, el Ministro del Interior, Sr. Luís Piñerúa Ordaz,
lo ascendió a Comisario General es decir, que como policía, el
recorrido debió haber sido largo.
En honor a la verdad, nuestro amigo el Comisario General tenía
como norte las áreas de narcotráfico y secuestro y como para
esos momentos participábamos de la lucha social y reivindicativa, nunca actuó en términos represivos hacia nosotros. Con el
tiempo, el amigo Eduardo fue comisionado para realizar trabajos
de investigación de carros robados en Venezuela y llevados a
Colombia y luego de arduas y peligrosas investigaciones, pudo
conocer en carne propia hasta qué punto los gobiernos reaccionarios y cómplices de ambos países, utilizan a funcionarios en misiones difíciles y luego los abandonan para que éstos asuman en
forma individual y familiar el precio de haber servido a la patria.
Con el tiempo, él tuvo que salir de Colombia por los caminos
verdes y enconcharse en Venezuela durante largos años.
226
10 de marzo de 1786: nacimiento de José María Vargas. 10
de marzo de 2002, muerte trágica de Gilberto. Parafraseando a
Pablo Milanés, diríamos si Vargas fundó La Medicina en nuestro
país, Gilberto la dignificó.
Para concluir este reencuentro con Gilberto, sólo me queda expresar que el amigo siempre es recordado en Amazonas y más en
estos tiempos de revolución, cuando hace tanta falta hombres y
mujeres de la talla de Gilberto, en humildad, solidaridad, honestidad, liderazgo, capacidad y, como decían los viejitos, que tanto
recordaba, don de gente, valores éstos, que tanto precisamos en
todas las escalas, para los retos que tenemos como sociedad.
Alejandro J. Signi Sánchez
Médico a carta cabal
Cuando conocí la noticia de su designación como Ministro de
Sanidad di gracias a Dios, porque al fin llegaba al Despacho
un Médico a Carta Cabal, bien formado académicamente, con
ideales humanitarios y sociales firmes y amaba su profesión y la
ejercía como un apostolado.
Lo conocí desde muy joven -a los 16 años- cuando estudiábamos
bachillerato en el Liceo de Aplicación y posteriormente cursamos
juntos la Carrera de Medicina. Era sencillo, alegre, preocupado
por los problemas sociales, decidió la especialidad médica que
le permitía soñar y cumplir con su manera de concebir la práctica
de la medicina.
Nos criticaba, respetando nuestra intención de abordar otra visión de la carrera, pero nos quisimos como verdaderas hermanos
incluyendo, en todos nuestros momentos importantes, a familiares y amigos cercanos.
227
En la Universidad, compartíamos tristezas, inconformidades, limitaciones económicas, sueños, alegrías, etc. Todo ello me sirvió
para crecer con él y considerarlo un gran amigo y un gran maestro a pesar de nuestra juventud.
Lo recordaré toda mi vida. Pienso que seres como ese tienen que
estar en un plano Superior por toda la eternidad.
Maura Elena Medina de Romero
Notas para la Historia
A un Maestro Compañero y Amigo
Cuando comenzó el año 1994 asumió la Dirección General
Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental un Médico
Sanitarista, Dermatólogo, nacido en la populosa Parroquia de
la Pastora en la Ciudad de Caracas, pero procedente del Estado
Amazonas, donde había ejercido importantes cargos, tanto en la
Dirección del Hospital de Puerto Ayacucho como en la Dirección
Regional de Salud de esa Entidad Federal.
Con este lenguaje de conocimiento, y experiencias el doctor
Gilberto Rodríguez Ochoa, comienza su tránsito por una organización conocida por él a través de sus historia pero, desconocida en sus aspectos organizacionales operativos y técnicos, esta
situación despertó expectativas y curiosidad en el personal, ya
que a decir del propio doctor Rodríguez Ochoa, él no era hijo legítimo de Malariología, si acaso, un hijo adoptivo, su gestión fue
difícil puesto que coincidió con los procesos de Reestructuración
del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y con la discusión y
firma de los Convenios para la Descentralización Administrativa
del Sector Salud y con ello de los Programas de Malariología.
Las decisiones obligantes en estas materias, profundizaron el
descontento y animadversión de muchos trabajadores y ex funcionarios puesto que fueron consideradas como entreguistas por
228
considerar que ningún nexo afectivo ni doctrinario lo unía a la
organización que dirigía.
El doctor Rodríguez Ochoa defendió con fuerza la tesis de que
Malariología no podía continuar operando bajo un enfoque anatómico, parcelado, individualista de sus programas, era necesaria
la integración con el resto de las Direcciones del Ministerio bajo
un concepto holístico de la salud.
En estas Notas Para La Historia, que escribo a la memoria del
doctor Rodríguez Ochoa, debo destacar aspectos de su personalidad regia, tenaz, perseverante y soberbia, aunque a la vez
reflexiva, que contrastaban con su sensibilidad, puesta de manifiesto en la intolerancia a la injusticia y desigualdad social o en
el placer sublime que experimentaba ante la nota sonora de un
cuatro o de una mandolina o ante las lágrimas de una madre
trabajadora que afligida, le pedía la renovación de su contrato
de trabajo próximo a fenecer. Para honra de su memoria, esta
joven madre actualmente forma parte de la nómina fija del Ministerio de Salud.
Otro aspecto a resaltar fue su desafío a las rígidas y exigentes
normas de protocolo, jamás pude convencerlo para que asistiera vestido de flux y corbata a los actos conmemorativos de las
fechas aniversarias que debía presidir, siempre se impuso de
chaqueta exhibiendo la más modesta prenda de su guardarropa.
Lo importante era su presencia y así lo demostró.
Concluyo dirigiéndole estas notas al Maestro quien me trasmitió
firmeza en las decisiones, serenidad y prudencia frente a las crisis
y optimismo y confianza ante el futuro.
Al Compañero, presente siempre en el diario y complejo trajinar
por la gestión pública y al Amigo, por su lealtad cuando los demás fallaron.
Disfrute doctor Rodríguez desde el silencio de la eternidad, este
cálido, respetuoso e imperecedero recuerdo.
Alcira Barbera López
Santa Ana de Coro 10 de febrero del 2006
229
Para recordar al Revolucionario
Un día del año 1997, cuando no había tantos revolucionarios
como hoy en día, ni estaba tan de moda la palabra, me dijo
el amigo GRO: “Los revolucionarios somos poquitos, pareciera
algo genético. Algunos estamos tan ‘enfermos’ que no cedemos
nunca en nuestras posiciones respecto a la necesidad de cambiar
el sistema capitalista”.
Gilberto fue de esa fibra irreducible: desde los 70’, que yo sepa,
visitaba los presos políticos del Cuartel San Carlos, enfrentó a
sus colegas médicos en su tendencia dominante al capitalismo o
mercantilización de la medicina y practicó una militancia política
honesta y consecuente.
Por la misma época, me dijo un día: “Yo no concibo que una
persona tenga más de dos pares de zapatos. Yo tengo dos pares:
uno negro y otro marrón. No necesito más”. A mí me dio pena,
porque yo tenía como 10 pares. No le dije nada porque sentí
que él era más coherente con el pensamiento revolucionario que
yo, por lo menos en el manejo de las necesidades reales y la
tentación del consumismo promovido por el modo de producción
capitalista. Así fue Gilberto, un hombre que se la jugaba practicando lo que pensaba, a contracorriente.
GRO no rehuía el debate y daba respuesta a las cuestiones que se
le planteaban. En un encuentro de 50 líderes de la Corporación
de Salud del Estado Aragua, donde GRO participó como uno de
los altos directivos, se presentó una discusión muy fuerte sobre
nudos críticos de la salud pública. Varios tuvimos diferencias con
algunas de las posiciones de GRO, incluso yo tuve la grosería de
decirle que me había sentido defraudado por él. Al día siguiente
nos llegó un documento de 9 páginas con argumentos muy serios
sustentando su posición.
Este era un rasgo muy propio de él. Muchos de quienes lo
acompañaron en su gestión en el nivel central, recuerdan que se
preguntaban de dónde sacaba el Ministro Rodríguez Ochoa el
230
tiempo (algunos juran que no dormía) para leer los documentos
que le enviaban para su consideración y él los regresaba con
notas, observaciones y argumentos.
Freddy Mejías
Algunas anécdotas vividas con mi gran amigo
No recuerdo el año exactamente, pero sé que ocurrió en la década de los 60 y que se celebraba por segundo año el Carnaval
Turístico de Carúpano; en esos días el carro de Gilberto estaba
malo y quisimos repararlo. Duramos una semana arreglándolo
para poder viajar a Carúpano. Finalmente, nos fuimos Rafael
González (su cuñado), Francisco Olivo, Luís (su hermano), Gilberto y yo.
Cuando llegamos a Carúpano no teníamos dónde hospedarnos
porque los hoteles y posadas estaban llenos, recuerdo que nos
detuvimos a comer en una casita donde vendían empanadas y
las respectivas cervecitas, Gilberto le preguntó a la señora, si
tenía una habitación que pudiera alquilarnos para, por lo menos,
guardar nuestro equipaje, bañarnos y cambiarnos de ropa. No
nos preocupaba dónde dormiríamos, pues nosotros íbamos en
plan de rumba. Gilberto le comentó que era médico en Caracas
y que nosotros éramos gente de bien, la señora le contestó que
no tenía habitación, pero que frente a la casa estaba la escuela,
y que ella nos podía llevar a la casa del director para que habláramos con él y así lo hicimos y el director nos prestó un salón de
clases para hospedarnos allí.
Nunca se me olvida que un día, al ir a cepillarnos los dientes,
Gilberto vio que yo le ponía al cepillo crema dental, de punta a
punta y me dijo: Alexis por qué le pones tanta crema dental al
Cepillo? Con un poquito que le eches en el medio basta y te da
la misma limpieza. Desde entonces hasta hoy, cada vez que me
cepillo los dientes me acuerdo de ese consejo de Gilberto. Esos
días que pasamos en Carúpano fueron inolvidables.
231
Nosotros, los amigos de Gilberto derrocamos el gobierno que
duró menos horas en el poder, esto sucedió en la Pastora parroquia donde nacimos y nos criamos. Eran otros Carnavales y estábamos reunidos en el bar Lucana para elegir al presidente de la
junta del carnaval de la esquina de “Cristo al Revés” y habíamos
elegido al señor José y le pedimos que dijera unas palabras como
presidente, él se subió a una mesa y dijo: “Hemos empezado
mal” y eso bastó para se formara el alboroto y el bochinche y le
dijimos: tú no sirves para presidente, nos costó mucho para bajarlo de la mesa ya que era un hombre de 1.90 mts. de estatura,
pero no costó menos subir a la mesa al nuevo presidente sustituto
que no era otro que Gilberto Rodríguez Ochoa que media 1.50
mts. de estatura.
Todos los años, en Diciembre Gilberto Rodríguez visitaba a mi
mamá, decían mis amigos que ella preparaba la chicha andina
más sabrosa que ellos habían probado. Cuando él llegaba yo le
decía a mi mamá: llegó Gilberto a tomarse su chicha, y siempre
llevábamos cuatro, guitarra y maracas para cantarle, y Gilberto le
dedicaba poemas de Andrés Eloy Blanco. Él declamaba tan bien
que yo siempre traté de imitarlo y me aprendí muchos poemas
que aún hoy en día declamo cada vez que me dan un chance.
Desde que Gilberto se nos fue y como el era un hombre de
palabra y no le gustaban las injusticias, estoy seguro de que ya
debe haber hablado con Dios o con el que pone los angelitos en
el Cielo y debe estar disfrutando
con sus ángeles catires,
con ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.
De su amigo: Alexis González Montero.
Caracas, 10 de Marzo del 2006
232
Testimonio
En 1973 durante la campaña presidencial de José Vicente Rangel, los que estaban conmigo en el Comité del MAS en la parroquia San José eran: René Zaza Yllas, Josefina López Mujica ( “La
Chipa”) Valentina, su hermana, Rafael Rodríguez (“Pelito”) y otros
compañeros de la zona.
Desde la parroquia La Pastora venían Gilberto Rodríguez, Carlos
Rodríguez, Luis Moreno , quien vivía en Altavista, y era un médico
muy amigo de Gilberto a colaborar en las “batidas” que hacíamos en la zona para el reparto de propaganda, visita casa por
casa, pintas en las paredes y pega de afiches.
Algunas veces los del grupo fuimos a Altavista , acompañando a
Luis Moreno en las actividades políticas en ese sector.
Las actividades de propaganda estaban orientadas por la Comisión de Propaganda, dirigida por el pintor Jacobo Borges, quien
tenía su taller en Sarría. Estas tareas se realizaban en forma colectiva y por esa razón el grupo además de la afinidad política, desarrolló lazos de amistad. Por eso era común que algún domingo
nos reuniéramos en el apartamento de Gilberto, en La Pastora, a
compartir un rato y almorzar con él y su esposa Maritza.
Gilberto era médico del Hospital Vargas, pero en el grupo no había diferencias, él era igual que los demás compañeros, actuaba
con sencillez y su trato era cordial con todos nosotros.
Recuerdo que Gilberto organizó conjuntamente con Nancy Caricote, que era de la directiva del Colegio de Odontólogos de
Caracas, una exposición de pintura, recolectando finanzas para
el MAS y la candidatura de José Vicente.
Después de la campaña electoral no nos volvimos a ver, creo que
Gilberto se fue a vivir a Maracay, por lo cual mi testimonio se
refiere sólo a la militancia política en Caracas y específicamente
en la parroquia San José.
Antonia Viloria de Tremont
Caracas, 28 de febrero de 2006.
233
Papá: mucho amor para regalar
Describir a papá representa para mí un doble riesgo: el de no encontrar las palabras precisas y éste de enfrentarme con el eterno
nudo en la garganta. Se imbrican los más variados pensamientos
que muchas veces no llevan a ninguna conclusión y por momentos siento que las ideas sucumben muchas veces bajo su propio
peso o el de los sentimientos.
Podría llenar cientos de hojas -al igual que muchas personas que
le fueron cercanas - evocando vivencias y enseñanzas particulares. Recuerdo cada detalle, tal vez porque en esas vivencias y
enseñanzas cada detalle fue importante.
En mi intento, sólo mencionaré resumidas cuestiones para no
redundar mucho con las que se comentan en el libro. Principalmente trataré algunas del ámbito familiar, porque en el ámbito
profesional hay otra increíble faceta de papá, con sus logros, su
dedicación, su filosofía, etc. Contaré recuerdos gratos relacionados con la pasión de papá por construir, sembrar y estar cerca
de la naturaleza.
Tengo los más hermosos recuerdos de cuando papá se fue a
Amazonas y venía cada cierto tiempo a visitarnos en Turmero, en
esa época escribió una hermosa carta que atesoro.
Cada vez que llegaba a Turmero era para nosotros como una
fiesta maravillosa. Tiempo después, nos fuimos todos para Amazonas. Ese viaje de mudanza fue una aventura, recuerdo que
la carretera estaba en muy mal estado, se cruzaban ríos con
puentes de madera y tambores, se perdía uno muchas veces en
carreteritas paralelas abandonadas, etc. Allá en Amazonas la
vida se tornó muy interesante, especialmente por la exuberante
naturaleza, que fue uno de los más grandes atractivos para mi
papá también. El primer fundo que tuvimos quedaba en Carinagüita, allí sembrábamos conucos, hacíamos aljibes, criábamos
animales, aprendimos a hacer bahareque, nos bañábamos con
totuma y nos enjabonábamos con paraparo. Lidiamos con el
comején, el jején, los zancudos, las culebras y los bachacos. Mi
papá construyó una churuata de dos pisos. Ese fundo lo dejamos
234
porque se inundó un día, y dentro de la churuata, el agua alcanzó un nivel de unos 30 cm. Vivíamos detrás del hospital “José
Gregorio Hernández” en el barrio “Alberto Carnevalli” y mi papá
trabajaba en ese hospital, hoy recuerdo aquella larga cola de
pacientes que él atendía sin importarle que fuera muy tarde.
Luego tuvimos “El Canarín”, que costó 13 mil bolívares. En ese
tiempo papá compró un Toyota viejo. Para todos nosotros estar
allá fue como tener cientos de días de trabajo, principalmente
los fines de semana, cuando me enseñaba albañilería, plomería, electricidad, astronomía y muchas otras cosas. De comida
llevaba mañoco, sardinas, tomate y cebolla. Dormíamos en la
placa sin techo de la casa para ver las estrellas. Una vez, por esos
días, vimos una avioneta que venía volando muy bajito y como
sin control, casi choca contra la casa, para todos fue un susto
muy grande, luego supimos que el piloto era Hernán Sánchez
y que con ese vuelo rasante nos estaba dando la bienvenida. Él
era un vecino, con quien hicimos una bonita amistad. Cada vez
que viajaba, al regresar, pasaba siempre por su fundo para que
lo fueran a buscar al aeropuerto. Hernán me regaló mi primer
caballo, al cual le puse “Rocinante” por el de Don Quijote, pues
era muy flaco y viejo, y tenía una oreja caída, por lo cual todas
las fotos se las tomábamos de un solo lado. Era muy noble ese
animal.
Luego de construida la casa nos mudamos. Esa casa la diseñó
papá, y aún conservamos los planos. el techo de los cuartos era
de cinc, para escuchar la lluvia. Tenía un sistema de recolección
de agua de lluvias, un sistema para regar matas con aguas servidas de lavamanos y regaderas, depósitos para separar la basura
orgánica de la inorgánica, corredores, etc. Cerca de la casa
también construimos un depósito de herramientas, ese era un
espacio que nunca podía faltar para papá en todas las casas.
En “El Canarín” luchamos con muchos incendios, que era el peor
de los enemigos e hicimos muchos cortafuegos. Papá me enseñó
a combatir el fuego con más fuego. Se perdió mucho tiempo
y dinero por incendios, además de que vivimos muchas desilusiones. Afortunadamente el espíritu inquebrantable de papá nos
energizaba, y así pudimos empezar una y otra vez. También
235
bregamos con una tierra muy dura que no se dejaba sembrar,
pero la sembramos, después fue común aquello de los bachacos,
otros incendios y tener que llevar el agua para regar las matas...
hoy siento que fue bonito ir domesticando aquello. Realmente fue
como irlo domando, igual que a un potro cerrero.
A “El Canarín” iba gente hasta los domingos a consultar a mi
papá. En este fundo también criamos muchos animales, casi todos en libertad. Todos trabajábamos mucho: papá, mamá, mis
hermanos y yo. Tengo un recuerdo muy grato de una vez que yo
quería sembrar pasto, y nuestro amigo, el Ing. Ernesto Perdomo
nos regaló unas semillas y entonces mi papá inventó una especie de rastra o surcadora con una viga “doble T” que llevaba
soldada en un extremo un pico con unos tubos para montarse,
y en el otro extremo una cadena para conectarla al Toyota. Yo
manejaba el Toyota y mi papá se subía en el aparato que inventó
y yo arrastraba ese aparato con mi papá que le daba peso y se
iban haciendo unos surcos perfectos.
Otro recuerdo especial que tengo es de cuando hicimos un tendido eléctrico atravesando la selva hasta el batallón donde papá
trabajaba en la carretera nacional. Nos llevó tiempo y mucho
trabajo, abriendo picas, subiendo árboles, empatando cables,
poniendo postes, escalando piedras. Era largo el trecho, por lo
cual a la casa sólo llegaban unos 90 voltios que no rendían para
mucho, pero al menos lográbamos encender algunos bombillos
y si acaso un televisor y dos ventiladores si apagábamos esos
bombillos. Antes de eso dependíamos de una planta eléctrica
que papá apagaba a las 11:00 ó 12:00 p.m.
Años después empezaron a urbanizar frente a nuestra casa, donde antes habían morichales y entonces hicimos un nuevo tendido
eléctrico hacia el frente. Estando allí en “El Canarín” también
había mucha actividad política, porque cuando mi papá se lanzó
como candidato a alcalde, el centro de operaciones de la campaña era nuestro fundo. En esos años viajamos unas cuantas veces
hacia el sur del estado acompañando a papá en otras campañas,
pero no políticas, sino sanitarias, de trabajo, hacia La Esmeralda,
Santa María de los Guaicas, Atabapo y otros.
236
Muchos de sus viajes fueron aventuras impresionantes. Una vez
tuvieron que aterrizar de emergencia en la carretera de Samariapo, otra vez tirarse casi en picada para aterrizar de emergencia
en una pista de tierra por el mal tiempo. En otra ocasión, como
médico de un batallón de infantería en campaña por el Alto Orinoco, nos contó que lloró cuando vio el desastre causado por
los garimpeiros, y que era una vergüenza para el país aquella
situación: pistas clandestinas, burdeles, destrozo ecológico, alienación étnica, etc.
Por esos tiempos íbamos a Caracas de vez en cuando, en el
mismo toyota viejo destartalado de los surcos. Los viajes eran
tediosos, pero maravillosos al mismo tiempo, muchas veces papá
se paraba en préstamos (esas lagunas artificiales a orillas de carretera donde abreva el ganado) para bañarnos, como era largo
el camino generalmente dormíamos en chinchorro en alguna
plaza en San Fernando de Apure.
Cuando papá viajaba solo regresaba con un montón de regalos
para todos; y siempre fue así, aún si el viaje era al exterior.
Años después nos vinimos a Maracay y dejamos atrás esa bella
e intensa etapa de Amazonas, pletórica de buenos amigos abogados, ingenieros, sociólogos, médicos, antropólogos, cultores
populares, todos de nobles ideales con los cuales se hicieron
muchas e interesantes tertulias:. En esas reuniones se gestaban
muchas ideas políticas. Yo volví a Amazonas en poco tiempo a
vivir con unos entrañables amigos, los Cardozo.
Cuando regresó a vivir en Turmero, tras una larga búsqueda,
papá compró la parcela de Aguirre, y empezó otra vez, pero
en una tierra más fácil de labrar. Cortamos muchos frutales que
estorbaban, para dejar entrar el sol, luego sembramos topochos,
cambures, taparos, limones, maíz y café y mientras se construía
la casa, volvimos a la carpintería, plomería, electricidad, le encantaba todo eso!
Él, como antes, dormía en el segundo piso para contemplar las
estrellas. Era como un niño, nunca perdió ese espíritu maravilloso. Cuando trabajábamos en Aguirre a veces oíamos los rebuznos de un burrito en una parcela cercana, y papá gritaba: ¡Llegó
el treeeeen! Y todos reíamos.
237
Por esos tiempos se reavivó nuestra hermosa amistad con Alfredo Almeida, y de allí surgieron algunos maravillosos viajes que
hicimos papá, el Sr. Alfredo y yo, por diferentes partes del país.
Oí en esos viajes largas conversaciones llenas de un gran matiz
filosófico que me marcaron. Cualquier sitio podía convertirse en
un buen lugar para ver plantas, animales, conversar, comer pescado frito con las manos o saborear un mango, así que un viaje
corto podía durar muchas horas.
Cuando nosotros construíamos la casa de Aguirre papá se apartó
un poco por su trabajo en el ministerio, así que nos reuníamos
con él esporádicamente. En el año 2001, por fin, cumplió uno
de sus sueños de mudarse allá, y entonces dedicó más tiempo a
sí mismo, escribiendo, leyendo, pero sin dejar de participar en
algunos eventos.
Cuando alguno de nosotros lo visitaba, él se alegraba mucho,
salía corriendo para abrirnos la puerta y abrazarnos. Enseguida
abría una botella de vino tinto para celebrar. Largas y bellas conversaciones sostuvimos en esos encuentros. A las 6 de la mañana
o antes uno se despertaba oyendo el golpe del pico o la escardilla sobre la tierra, era él que estaba sembrando.
El trabajo físico era el descanso necesario a tanto tiempo de trabajo intelectual, decía.
Tuvo siempre mucho amor para regalar. Cuando de niños nos
despertaba lo hacía con una caricia, con un susurro al oído.
Hizo duras críticas a los políticos incapaces, a los corruptos, a
la mediocridad, al sistema en decadencia, etc. Mientras tanto
trabajaba muy duro, desde tempranito hasta muy tarde. Muchas
vacaciones se le vencieron, sólo le gustaba ser útil, no esperaba
reconocimientos por lo que sentía que era su deber. La “tentación
de la fama”, como él mismo la llamaba, había sido desterrada de
su pensamiento desde hace mucho tiempo. Era muy desprendido
de lo material, especialmente del dinero, y siempre debía administrarlo muy bien. Lo irritaba la injusticia, recuerdo una anécdota
que me contó en Aguirre: estaba cerca del apartamento donde
vivía alquilado en Caracas cuando era ministro, caminaba por
allí temprano y vio dos policías “matraqueando” y tratando mal a
238
unos vendedores informales, entonces papá los siguió y caminó
varias cuadras hasta el comando de la policía donde llegaron.
Allí habló con el comandante, sin identificarse, sólo denunció los
policías, y entonces casi lo meten preso.
Durante su vida nos regaló de todo. Decenas de libros, todos
con hermosas dedicatorias. Recuerdo cuando yo tenía como 7
u 8 años, en Puerto Ayacucho, le pedí al niño Jesús una pistolita de tinta que se borraba, y obtuve en cambio un “Reto al
Conocimiento” de 2000 preguntas que aún conservo y con el
cual jugamos muchas veces por esos tiempos, además, recibí
una bonita carta del niño Jesús para Andresito, explicando el
por qué del cambio. Con esa carta empezaron mis dudas sobre
el niño Jesús pues yo pensaba: ¿Cómo hace el niño Jesús para
escribirme a máquina? ¡Esa máquina debe ser livianita al igual
que los juguetes! Y comencé a dudar...
Papá era un gran admirador de muchos escritores, poetas, músicos, científicos. Era muy culto, y eso nos emocionaba, para todo
tenía una respuesta lógica. Lo oí hablar de José María Vargas, del
Dr. Torrealba (El Sabio Torrealba), del Dr. Scorza, del Dr. Convit,
de Beethoven, de Mozart, de Rubén Darío, de García Márquez,
de Séneca, de Aristóteles, de Chagas, de Da Vinci, de Pastteur, de
Rilke y muchos otros ilustres personajes. Los los libros de mi papá
que aún conservamos tienen anotaciones por todas partes.
Papá supo equilibrar perfectamente el hecho de vivir y dejar vivir,
más aún extremando las circunstancias: vivir y ayudar a vivir. Él
enseñaba con el ejemplo que se vive para ser feliz porque la vida
es algo fortuito y como tal debe aprovecharse. Tanto mejor si
nuestra oportunidad puede también ser utilizada para incrementar o mejorar las oportunidades de otros, muchos de los cuales
las tienen en desventaja. No vivimos para satisfacer a un dios.
Siguiendo esa filosofía disfrutaba y aprovechaba cada segundo
de la vida, y nos enseñaba a todos a hacerlo, con el ejemplo.
Contemplar atardeceres, flores, animales, estrellas, subir montañas, bañarnos en ríos, cocinar con leña, oír buena música, leer
buenos libros, fueron vivencias comunes durante nuestros años
con papá. Tenía una sensibilidad y un gusto exquisito y también
239
un humor especial, era pícaro y una gran sonrisa se dibujaba en
su rostro con frecuencia. Siempre pensaba más en los otros que
en sí mismo.
Pienso que una persona tan grande como papá es una de esas
cosas maravillosas y extrañas de la vida que casi nunca ocurren,
es la interacción infinitesimal del espacio y el tiempo que las genera o quizás, para utilizar palabras de Alfredo nuestro sabio
amigo, diría: son elementos dispersos unidos por la casualidad.
Andrés Eloy Rodríguez González
Ya no somos los mismos
Un pedazo se ha roto en nuestra esencia quebrando
deseos y sueños
la posibilidad de volver a ver en tus ojos
el brillo único hiperbóreo
de un ser singular
una cicatriz profunda
desde la piel hasta el hueso
desde el suelo bajo nuestros pies
hasta las estrellas que ahora cosechas
todo ha quedado grabado en nuestro aliento
en el deseo infranqueable de volver a verte
Un sabio al que teníamos acceso
dejó de existir
se esfumaron sus sencillas maneras de interpretar el mundo
¿Quién ahora nos explicará el universo?
cómo entenderemos los laberintos de lo complejo
con las palabras más sutiles?
ese estilo, de aldaba que llamaba el saber
las mariposas de la persuasión
y las lanzas de aciertos
240
No existe ningún homenaje post-mortem
que alcance la satisfacción de tu presencia
los precisos consejos y el hablar pausado
de la sabiduría y la sencillez
en el entuerto queda el tatuaje imborrable
de sangre y cenizas
de una existencia adalid
de revolución y cambio
Cómo lamentamos no haber conversado
o haberte visto recientemente
antes de tu inexplicable partida
saber de viajes y experiencias
de nuevas interpretaciones
en países lejanos
que ya en tus sueños habías vivido
y como saeta precisa
conocías sin haberlos pisado
en la concreción de tus ideas
en el mensaje de tu humilde omnipotencia
Siempre presente en los raudales
la selva y ocasos de Amazonas
noches pleyadianas, y profundos deseos
de libertad y justicia
Sin diferencias de cultura, género
color o filosofía
te nos fuiste como Aquiles Nazoa
con su poesía
como Alí Primera
con su canto
de golpe, sin aviso
dejando en el aire un aura
que no se puede abrazar
como la densidad de tu cuerpo presente
241
que era un sol de energía
cuando palpábamos tu ser entre nuestros brazos
el regalo de tu sonrisa
el calor de tu vida
Todo lo que construiste
seguirá existiendo
tu ánimo, tu fuerza
tu inexorable capacidad de trabajo
titánica decisión, voluntad y brío
de ejemplo y constancia
de persuasión y encanto
el amor por la esencia de la vida
por el saber, y tu ternura al transmitirlo
Rasgaste el suelo del antiguo Amazonas
para sembrar futuro
y una profunda herida de inolvidable presencia
quedó marcada en toda Venezuela
en donde existió
un gran hombre sencillo
nuestro amigo Gilberto:
....Gilberto Rodríguez Ochoa
Escrito por Juan Francisco Hernández, un amigo de Amazonas,
al saber la trágica noticia de su muerte
242
Después
Después de la muerte de Gilberto son muchas las manifestaciones de afecto y dolor por su ausencia, una de ellas es la de su
hermana Aura, quien con delicado amor talla para él, en madera,
poemas de su propia autoría y los lleva a su tumba. Ella compartió mucho tiempo con él, pues cuando era estudiante del Instituto
Pedagógico de Maracay, había vivido en su casa de Turmero, lo
que hizo posible para ella interminables horas de conversaciones
y el acopio de sabias enseñanzas que aún recuerda con el mayor
de los afectos.
En el primer aniversario de la muerte de Gilberto le escribió:
Gilberto, hermano mío:
“A un año de tu partida no he dejado de pensar en ti... de recordar aquel recibimiento en el Amazonas con una florecilla silvestre
y una cachapita de tu propia cosecha.
Los que te conocimos bien sabemos que con una sencillez muy
coherente y con vocación de servicio, desde niño, fuiste madurando las ideas de lucha para el bien común, transitando por
el sendero de la honradez y la honestidad, a la entrega total y
desinteresada por una causa justa, siempre inspirada en la significación y valor del ser humano.
Solo espero que Dios y la santísima Virgen te den un sitial de
honor y ayuden a que tus sabios proyectos algún día se cumplan,
y de esta forma, los servicios hospitalarios se humanicen, el Casiquiare siga bañando el Amazonas y se acreciente el caudal de
los ríos y sus aguas se tornen cristalinas, que los pájaros canten,
retoñen los frutales y florezcan los araguaneyes, para que al fin
puedas sonreír al ver el país con el que siempre soñaste.
243
Héctor Romero Yépez, Maura Medina de Romero y
Gilberto en el colegio de médicos.
244
Nelson Palacios, Gilberto y Romero Yepez.
245
Gilberto en la boda de su sobrina Gaby al lado de sus hermanos/as,
cuñados/as.
246
Capítulo
9
Sus publicaciones y
trabajos...
Libros
1. Rodríguez Ochoa, G. (1979). Del ejercicio privado de la medicina
o de la alineación del acto curativo. Maracay: Fondo Editorial
Proceso.
2. Rodríguez Ochoa, G. (1979). El sistema de Maracaibo: Biología y
ambiente. Caracas: Instituto de Investigaciones Científicas.
Artículos Científicos:
1. Beer-Romero P., Rodríguez-Ochoa, G., Angulo, R., Cabrera, S.,
Yarzabal, L. (1989). Sporotrichosis in the Orinoco river basin of
Venezuela and Colombia Mycopathologia, 105(1):19-23.
2. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. (1982).
Estudio de la fauna flebotómica del estado Sucre. Bol. Malariol.
Y San. Amb, 22(1-4):11-22.
3. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. (1982).
Estudio de la fauna flebotómica del estado Táchira (Venezuela).
Bol. Malariol. y San. Amb, 22(1-4):53-75.
4. Ramírez Pérez., J., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G., Méndez, Luis
Enrique. (1981). Estudios de los grupos de edad en las poblaciones
de Lutzomyia panamensi (Shannon, 1926) y Lu. gomezi
(Nutzulescu, 1931) vectores de la leishmaniasis tegumentaria en
Venezuela. Bol. Malariol. y San. Amb, 21(2):114-128.
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Int J Lepr Other Mycobact Dis, 47(4):570-4.
6. Goihman-Yahr, M., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu,
N., Villalba-Pimentel, L., Ocanto, A., de Gómez, ME.. (1978).
Significance of neutrophil activation in reactional lepromatous
leprosy: effects of thalidomide in vivo and in vitro. Activation in
adjuvant disease. Int Arch Allergy Appl Immunol, 57(4):317-32.
7. Goihman-Yahr, M., Villalba-Pimentel, L., Rodríguez-Ochoa ,G.,
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Studies on the effect of serum and proteins on in vitro-induced
neutrophil activation. J Reticuloendothel Soc, 23(6):435-46.
249
8. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. y Carvillo,
F. (1982). Estudio de la fauna flebotómica del estado Aragua
(Venezuela). Bol. Malariol. Y San. Amb, 18(1):44-80.
9. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1976). Reacción lepromatosa: Talidomida y activación de los
polimorfonucleares. Acta Cient. Venez, 26(1):76
10. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1976). Activación de polimorfonucleares y proteínas sericas.
Acta Cient. Venez, 26(1):77
11. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1975). Polymorphonuclear activation in leprosy. I. Spontaneous
and endotoxin-stimulated reduction of nitroblue tetrazolium:
effects of serum and plasma on endotoxin-induced activation.
Clin Exp Immunol, 20(2):257-64.
12. Campo Aasen, I., Rodríguez Ochoa, G. (1975). La inervación
colinérgica de piel y mucosa del hámster. Acta Cient. Venez,
(24): 105-109.
13. Rodríguez Ochoa, G., Reyes Flores, O. (1974). Micosis Fungoide.
Dermat. Venez, 13(1-2):51-59.
14. Convit. J., Pinardi, ME, Rodríguez Ochoa, G, Ulrich M., Avila,
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leprae subsequent to local in vivo activation of macrophages in
lepromatous leprosy by other myco-bacteria. Clin. Exp. Immunol,
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15. Goihman-Yahr, M., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G.. (1973).
N.B.T. test in lepromatous leprosy. Lancet, 25;2(7826):456-7.
Letter to the Editor.
16. Fisher CA, Barksdale L. (1973). Cytochemical reactions of human
leprosy bacilli and mycobacteria: ultrastructural implications. J.
Bacteriology, 113(3):1389 (Acknowledge).
17. Convit; J., Rodríguez Ochoa, G., Ávila, José, Goihman-Yahr,
M. Y Pinardi, M. E. (1972). Dinámica de la respuesta celular
del enfermo de Lepra frente al Mycobacterium Leprae. Trabajo
presentado en la XXII Convención Anual de ASOVAC, Maracaibo,
Venezuela. Resumen publicado en Acta Cient. Venez, (23): 60.
Suple. 1
250
18. Convit; J., Rodríguez Ochoa, G., Ávila, José, Goihman-Yahr,
M. Y Pinardi, M. E. (1972). Ciclos climáticos en la Cuenca de
Maracaibo. Trabajo presentado en la XXII Convención Anual
de ASOVAC, Maracaibo, Venezuela. Resumen publicado en Acta
Cient. Venez, (23): 72. Suple. 1
19. Rodríguez Ochoa, G., Bastardo de Albornoz, M. (1970).
Esporotricosis cutánea diseminada. Dermat. Venez, 9(3-4):
1086-95.
Participación en eventos científicos
1. Rodríguez Ochoa, G., Rivero, A., Carrillo, F. (1984).
Paracoccidioidomicosis en Aragua y Carabobo: Fase II:
Investigación de campo. Ponencia presentada en XX Reunión
Anual de la Sociedad Venezolana de Dermatología, Caracas,
Colegio de Médicos del Distrito Federal.
2. Rodríguez Ochoa, G., Rivero, A. (1982). Paracoccidioidomicosis
en Aragua y Carabobo: revisión de 29 historias clínicas. Ponencia
presentada en VIII Jornadas Nacionales de Medicina Interna,
Maracay, Hospital Central de Maracay .
3. Rodríguez Ochoa, G. (1978). Epidemiologic and Health education
measures in Venezuela. Ponencia presentada en Reunión
Internacional: Scabies and Pediculosis, Minneapolis, Universidad
de Minessota, 1976 En J.B. Lippincott Company. Scabies and
Pediculosis. Minneapolis, 1977
4. Rodríguez-Ochoa, G. (1977). General aspects of the human
treatment of leprosy patients. Trabajo presentado en XI Congreso
Internacional de la Lepra, 1978, México. En: E. Switzerland,
Leprosy relief work, Berne: Ed. 1977.
5. Rodríguez Ochoa, G. (1975). Avances en el tratamiento de la
Lepra. Ponencia presentada en V Jornadas Científicas, Caracas,
Hospital Vargas.
6. Rodríguez Ochoa, G. (1975). Medicina general y lepra.
Consideraciones sobre confusión diagnóstica. Ponencia
presentada en V Jornadas Científicas, Caracas, Hospital Vargas.
251
7. Monzón, H., Rodríguez Ochoa, G. (1975). Dermatología en
Salud Pública. Ponencia presentada en III Congreso Bolivariano
de Dermatología, Maracaibo, Venezuela.
8. Rodríguez Ochoa, G. (1973). Morfea generalizada. Resumen
publicado en la Memorias del II Congreso Venezolano de
Dermatología, Caracas, Venezuela.
9. Rodríguez Ochoa, G., Borelli, D. (1967). Acerca de micosis
superficiales en Venezuela. clínicas. Ponencia presentada en I
Jornadas Venezolanas de Microbiología, Caracas, Colegio de
Médicos de Distrito Federal.
252
Lista de entrevistados
Maritza González: Actualmente dedicada a las labores del hogar.
Fue la esposa de Gilberto durante 37 años.
Arnoldo Rodríguez Ochoa: General de División del Ejército, hermano mayor de Gilberto.
Mireya Rodríguez Ochoa: Profesora de Educación Media mención
Evaluación, hermana mayor de Gilberto.
Aura Rodríguez de Díaz: Profesora de Geografía, hermana de Gilberto.
Argelia Rodríguez Ochoa: Secretaria Ejecutiva, hermana de Gilberto.
Carlos Rodríguez Ochoa: Gerente de finanzas de la empresa de gas
natural vehicular, hermano de Gilberto.
Andrés Eloy Rodríguez González: Médico Veterinario, hijo menor de
Gilberto.
Raúl Coronado: Comerciante, hermano adoptivo de Gilberto.
Héctor Rodríguez Ochoa: Publicista, hermano de Gilberto.
Gilberto Rodríguez González: Arquitecto, hijo mayor de Gilberto.
Levy Rafael Rodríguez González: Zootecnista, hijo de Gilberto.
Ayarí Ochoa González: Hija de Gilberto. Técnica Superior en Turismo.
Luís Valera: Médico Magister en el área de la Salud Pública, profesor titular de la Universidad de Carabobo y compañero de trabajo y amigo de Gilberto en CORPOSALUD Aragua.
Martha Chacón: Actualmente Coordinadora de Educación en
INAMUJER. Se desempeñó como Directora General de Investigación y Educación, durante la gestión de Gilberto como Ministro.
253
Javier Correa: Médico especialista en Salud Pública, alumno de Gilberto y durante la gestión de Gilberto como Ministro estuvo al
mando de la Secretaría del Despacho del Ministerio de Sanidad
y Asistencia Social.
Rubén Montoya: Sociólogo, Director de la Oficina Regional de Tierras en Puerto Ayacucho. Amigo y compañero de Gilberto en el
Movimiento Cívico Mayo, en Amazonas.
Magda Magris: Investigadora del Centro Amazónico de Investigación
y Control de Enfermedades Tropicales “Simón Bolívar” (CAICET),
Jefa en Salud Pública II. Desarrolló sus pasantías rurales durante
la gestión de Gilberto como Director de Salud de Amazonas.
Ricardo Belisario: Comerciante, amigo y compañero del Movimiento
Cívico Mayo.
Cuba Hernández: Abogada, amiga y compañera de Gilberto en el
Movimiento Cívico Mayo, en Amazonas.
Carmen Hernández: Secretaria y amiga de Gilberto en la Dirección
Regional de Salud del estado Amazonas.
Gisela de Montoya: Amiga y compañera de Gilberto en el Movimiento Cívico Mayo, en Amazonas.
América Perdomo: Directora de la Zona XIX, en Puerto Ayacucho,
estado Amazonas durante la gestión de Gilberto como Director
General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental. Hoy
en día es Directora del Centro de Amazónico de Investigación y
Control de Enfermedades Tropicales “Simón Bolívar” CAICET.
Jacinto Convit: Científico venezolano, maestro de Gilberto. Director
de los Servicios Antileprosos Nacionales, y Médico Jefe de la
División de Lepra. El Dr. Convit fue postulado en 1988 al Premio
Nóbel de Medicina. Es el Director del Instituto de Biomedicina,
actualmente.
Nora López: Alumna y compañera de trabajo de Gilberto en
CORPOSALUD Aragua. Coautora del Modelo de Atención Integral (MAI) y del Sistema de Información Epidemiológico (SISMAI).
Actualmente es responsable del Programa de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino de CORPOSALUD Aragua.
254
Jorge Alvarado: Médico Cirujano, alumno de Gilberto en el postgrado de Dermatología Sanitaria en el Instituto de Biomedicina. Se
desempeñó como Adjunto de Gilberto en el Servicio de Dermatología Sanitaria, en el Hospital Central de Maracay.
Jesús Toro: Jefe de la Dirección de Endemias Rurales durante la gestión de Gilberto como Director General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental. Hoy se desempeña como Director
General de Salud Ambiental.
Alberto Aché: Médico epidemiólogo, fue jefe de División de Epidemiología de la Dirección de Endemias Rurales de la Dirección
General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental.
En la actualidad, se desempeña como Docente Investigador del
Instituto de Altos Estudios de Salud Pública “Dr. Arnoldo Gabaldon”
Oscar Feo: Presidente de CORPOSALUD durante el ejercicio de Gilberto como Coordinador de Proyecto Salud de esa Institución.
En este momento, se desempeña como Secretario Ejecutivo del
Convenio Hipólito Unanue, en Perú.
María Vale: Asistente de Gilberto en el Ministerio durante los primeros 8 meses. Posteriormente se desempeñó como Directora de
Comunicación Corporativa del Ministerio de Salud y Desarrollo
Social.
Javier Correa: Médico especialista en Salud Pública, alumno de
Gilberto. Lo acompañó en el Ministerio como Director General
Sectorial de Secretaría.
José Mendoza: Vice Ministro de Salud durante la gestión de Gilberto. Cargo que ocupa actualmente.
Alix Bautista: Compañera y amiga de Gilberto en la Coordinación
del Proyecto Salud. Hoy es la Secretaria de la Universidad Rómulo Gallegos en el Estado Guárico.
Ely Saúl González: Compañero de Gilberto en CORPOSALUD Aragua; se desempeñó como Coordinador General del Proyecto
Salud del MSDS. Actualmente es Director del Centro Clínico La
Morita, en el estado Aragua.
Héctor Romero Yépez: Médico Cirujano especialista en Oncología;
amigo y compañero de Gilberto desde la infancia.
255
Tabla de Contenido
Dedicatoria .............................................. 5
Agradecimiento ........................................ 7
Un trazador de caminos .......................... 9
Una vida para un libro .............................. 13
Ir tras las huellas ...................................... 17
Cap. I
Entre virutas, aserrín y paraparas...
19
Cap. II
Una cotidianidad ladrillo a ladrillo...
47
Cap. III
Amazonas, territorio de inmensos
contrastes...
65
Cap. IV
Contra una visión tubular de la salud...
99
Cap. V
Un ministro con la mirada en la meta...
117
Cap. VI
Aguirre, un castillete para los sueños...
153
Cap. VII
Poemas, cartas notas y algo más...
Obra inédita de Gilberto Rodríguez Ochoa
169
Cap. VIII
Desde la nostalgia y el recuerdo
201
Cap. IX
Sus publicaciones y trabajos...
247
Lista de entrevistados ................................. 253
Esta publicación fue impresa en los talleres
de VPD Soluciones Gráficas con un tiraje de 1000 ejemplares, hecha
en papel bond blanco base 20, con portada en cartón calibre 18
plastificado. Para su diagramación se utilizaron las tipografías:
Futura Lt, Goudy, Pristina, Taffy y Times.
Noviembre del 2006, Año Bicentenario del Juramento
del Generalísimo Francisco de Miranda y de la Participación
Protagónica y del Poder Popular.

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