Tema 1 - El género didáctico del ensayo. Jovellanos La Ilustración

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Tema 1 - El género didáctico del ensayo. Jovellanos La Ilustración
Tema 1 - El género didáctico del ensayo. Jovellanos
La Ilustración
Se conoce con el nombre de Ilustración la ideología innovadora del siglo XVIII, que
pretendió “ilustrar” a la población sobre los nuevos conocimientos científicos y
filosóficos con la finalidad de mejorar la vida de las personas. Tuvo especial desarrollo
en Francia donde destacaron Voltaire, Montesquieu y Rousseau.
Principales características
- Racionalismo: la razón se considera la única base del saber lo cual favorece el
desarrollo del pensamiento científico (Newton). Ello supone cierto desprecio por los
aspectos no racionales de la personalidad: fantasía, emociones o sueños.
- Utopismo: se cree que la aplicación de la razón a todos los aspectos de la vida humana
permitirá una mejora constante de la sociedad y un progreso económico y cultural
ilimitado. Con ello se defiende la felicidad terrenal, idea desterrada del pensamiento
medieval.
- Reformismo: para lograr estos objetivos, los ilustrados proponen modernizar la
sociedad mediante reformas emprendidas por reyes y gobiernos absolutistas. La
doctrina política recibe el nombre de Despotismo ilustrado cuyos principios se resumen
en “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”. La colaboración entre los monarcas y los
ilustrados fue muy estrecha. Varios reyes europeos tuvieron ideas ilustradas: Carlos III
en España, Federico II en Prusia o Catalina la Grande en Rusia. Pero esta colaboración
se rompió a fines de s. XVIII (1789), cuando los ilustrados franceses optaron por la vía
revolucionaria y se enfrentaron a la monarquía.
Estas ideas se plasmaron en la Enciclopedia, diccionario en el que colaboraron
numerosos escritores dirigidos por D´Alembert y Diderot. Recogía todo el saber de la
época en 17 volúmenes. Fue el principal vehículo de difusión de las ideas ilustradas por
Europa.
Neoclasicismo: características
En el terreno de las ideas estéticas, el s. XVIII supone una vuelta al modelo clásico
greco-latino.
- Tendencia a expresar modelos genéricos universales, no temas personales y
nacionales. Por eso, el arte del Neoclasicismo es muy homogéneo.
- El arte y la literatura se ven sometidos a unas normas fijas que dictan Instituciones del
Estado (por ejemplo, RAE, Real Academia Española, de 1713, o las Poéticas como la
escrita por Ignacio Luzán).
- Propósito educativo. La literatura debe servir para educar al público más que distraer,
con un sentido moralizante que contribuya a reformar la sociedad de acuerdo con los
principios ilustrados.
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La prosa didáctica del S. XVIII
El género literario más importante de la prosa del s. XVIII es el ensayo. Cabe también
señalar la importancia que adquiere el periodismo en este siglo y sobre todo la prensa
literaria y científica (Diario de los literatos) y la de carácter crítico (El Pensador, El
Censor) Estas publicaciones periódicas sirvieron como medio de difusión de las nuevas
ideas y contribuyeron a la creación de una prosa ágil y suelta.
En el siglo XVIII, el término ensayo aún no se hallaba definido, por lo que los ensayos
dieciochescos adoptaron formas diversas. Algunos siguieron la técnica epistolar; otros
prefirieron la autobiografía o las memorias, donde la propia semblanza servía para
exponer las ideas. A veces se optó por el informe, que pretendía ser objetivo, o por el
libro de viajes que ofrecía un itinerario cuya variedad permitía reflejar situaciones
diferentes.
El ensayo en sus más diversas formas se convirtió en el género predilecto para la
divulgación de los principios de la Ilustración.
Los ensayistas elaboraron una prosa directa y precisa, entre la disertación y la
conversación, reflejo de la lengua culta y animada de las tertulias. El tono es vehemente,
propio de la polémica.
Los ensayos de Feijoo
Feijoo fue la principal figura en el surgimiento del ensayo en España. Con sus textos
pretendía educar al pueblo, al vulgo, como él lo llamaba.
Nace en Casdemiro, Orense, en 1676, en el seno de una rica familia de hacendados.
Renunció a sus derechos de primogenitura para seguir una vida religiosa en la Orden de
San Benito, en la que profesó en 1690.
Obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Oviedo, donde ocupó diversas cátedras.
Fue consejero real por decisión de Fernando VI, pero rechazó otros cargos para
dedicarse a sus escritos.
Su celda del convento de San Vicente, en Oviedo, fue punto de reunión de cuantos
intelectuales deseaban visitarlo atraídos por su fama. Murió en Oviedo en 1764.
Temas
Feijoo intentó demostrar la falsedad de las supersticiones y de ciertas creencias
populares por medio de argumentos racionales que obligaran a pensar. Para conseguirlo,
se valió de la observación y de la experiencia. Convencido de la necesidad de combatir
los errores culturales, demostró al inexistencia de seres fantásticos y criticó la creencia
en los milagros, en las artes adivinatorias y en las falsas propiedades de los animales o
de las plantas.
En lo que se refiere a la Iglesia, censuró conductas individuales de ostentación y de lujo;
y en lo institucional, rechazó la oposición a las novedades intelectuales que se hacían en
nombre de una pretendida defensa de la fe.
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Obras
Feijoo no profundiza excesivamente en los temas; su gran habilidad reside no tanto en
los contenidos tratados como en el planteamiento propuesto. Admirador del método
científico, incorporó pautas de análisis rigurosas y, a la vez, amenas, y muchas veces
recurrió al sentido común como criterio fiable. Su tarea formativa ha quedado reflejada
en las siguientes obras ensayísticas:
Teatro crítico universal. Se compone de nueve volúmenes en los que el autor trata
temas variados y aborda problemas relacionados con la ciencia y la realidad de la época.
Cartas eruditas y curiosas. Consta de cinco volúmenes que persiguen el mismo
objetivo: combatir los errores admitidos por la mayoría.
Estilo
La prosa de Feijoo presenta un grado de simplicidad y de sencillez que contrasta con los
excesos de los autores barrocos. El benedictino habló del tino mental, cualidad innata,
según él, que permitía elaborar adecuadamente un texto.
Cadalso y las Cartas marruecas
Otra de las figuras más destacadas del pensamiento ilustrado fue José Cadalso, aunque
su obra ensayística no fuera publicada en vida.
Nació en Cádiz (1741). En esta ciudad recibió una esmerada educación que completó en
París y Londres. Ingresó en el Ejército en 1762. Enamorado de la actriz Mª Ignacia
Ibáñez, escribió para ella una obra de teatro, Sancho García. La muerte de su amada lo
sumió en la desolación, y su sentimiento de soledad motivó la creación de las Noches
lúgubres, cuyo ambiente sepulcral presagia ya el Romanticismo. Muere en un asalto a
Gibraltar en 1782.
Temas
Los textos de Cadalso tratan, sobre todo, de las costumbres de los españoles, su forma
de vestir, su frivolidad, la ociosidad de los nobles, los usos lingüísticos…También se
ocupó de aspectos culturales como la educación.
Criticó el abandono por parte de los trabajadores de los oficios de sus padres, causa,
según él, de la decadencia de la industria. A la nobleza le reprochó su falta de interés
por una formación adecuada para servir a la nación.
Cartas marruecas
En su obra más destacada, las Cartas marruecas, Cadalso adoptó la forma epistolar:
tres personajes intercambian cartas que permiten al autor mostrar la realidad española
desde otros tantos puntos de vista:
Visión desde fuera. Es la del extranjero curioso y observador Gazel, joven marroquí que
viaja por España.
Visión desde dentro. Corresponde a la de Nuño, nativo y excelente conocedor de su
propio país.
Visión generalizada. Pertenece a Ben-Beley, sabio marroquí.
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El título de la obra imita el de las Cartas persas de Montesquieu; como el autor francés,
Cadalso introdujo la mirada externa y el exotismo, representados por Marruecos, pero
añadió la visión interna con un personaje nacional.
Estilo
Los textos de Cadalso se caracterizan por la presencia de ciertos elementos subjetivos y
de narraciones como ejemplos de situaciones. Su ideal estilístico es la sobriedad y la
contención. Pretende alejarse de la retórica barroca y afirmar la utilización de una prosa
más llana y sencilla.
Jovellanos y el ensayo ilustrado
Gaspar Melchor de Jovellanos fue uno de los más insignes ilustrados españoles del siglo
XVIII. Sus ideas reformistas –muy avanzadas en ciertos aspectos para su época- le
causaron numerosos problemas debido a la intolerancia de los sectores sociales más
conservadores.
La obra de Jovellanos abarca la poesía, el teatro y el ensayo. A diferencia de Feijoo, sus
textos ensayísticos en los que volcó sus propuestas reformistas, tienes como destinatario
a los grupos dirigentes, no al pueblo.
Nació en Gijón en 1744. Estudió Leyes y ejerció como magistrado en Sevilla y en
Madrid, ciudad donde desarrolló una intensa actividad reformista. Ingresó en la Real
Academia Española, en la de Bellas Artes de San Fernando y en la de Historia, así como
en la Sociedad de Amigos del País.
Con la subida al trono de Carlos IV, se produjo un freno en la renovación ilustrada, y
Jovellanos fue desterrado a Gijón; allí fundó el Instituto Asturiano y puso en práctica
sus ideas pedagógicas.
Tras ser nombrado ministro de Gracia y Justicia en 1797, fue desterrado nuevamente a
Gijón y luego encarcelado en el castillo de Bellver, en Palma de Mallorca.
Liberado en 1808, fue contrario a cualquier pacto con los franceses y formó parte de la
Junta Central frente a la invasión napoleónica. Caída en desgracia la Junta, volvió a
Gijón. Falleció allí en 1811.
Temas
En sus ensayos, Jovellanos manifestó una honda preocupación por los principales
problemas de su época: la agricultura, el problema de Asturias, la industria, las
comunicaciones…y propuso algunas medidas reformistas para resolverlos.
Además, mostró gran interés por los temas relacionados con la educación: en este
sentido trató cuestiones pedagógicas, como el rechazo del método memorístico y la
reforma de los estudios. Promovió las ciencias útiles e insistió en impulsar los métodos
experimentales. Defendió que la enseñanza fuera impartida en castellano, no en latín.
Abogaba por el aprendizaje de idiomas para posibilitar el acceso al conocimiento, ya
que mucha de la bibliografía más avanzada estaba en inglés o en francés.
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Obras
Informe sobre la Ley Agraria. En él, Jovellanos pide la derogación de las leyes que
impiden la creación de un marco de libertad para el desarrollo de la economía agraria.
Señala como causas del atraso imperante en el campo la concentración de la propiedad
en manos de la nobleza y de la Iglesia, la ausencia de los dueños de sus tierras, las malas
comunicaciones y la presión fiscal.
Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas. En ésta defiende la existencia de
diversiones para el pueblo. En el caso del teatro pretende una dignificación del género y
propone, como medidas para lograrlo, la creación de una escuela de actores, la puesta en
escena de obras didácticas y un ambiente teatral que excluya al público inculto.
Memoria sobre educación pública, obra representativa de su permanente preocupación
pedagógica. Para Jovellanos, la educación es fundamental pues es la base de la
prosperidad de una nación.
En otras ocasiones, Jovellanos se sirvió de su propia vida como fuente de recursos
temáticos para sus obras. En la Descripción del castillo de Bellver no refleja
exclusivamente la arquitectura del edificio en el que estuvo encarcelado, sini que
elabora un relato de ficción sobre la vida medieval que se había desarrollado en la
fortaleza mallorquina. En los Diarios se recogen diversas anotaciones sobre la realidad
de su época (historia, arte, política, economía, literatura). Finalmente, en las Cartas del
viaje de Asturias critica la situación que atraviesa su región natal.
Estilo
Jovellanos criticó los usos de la literatura barroca por considerarlos extravagantes y
defendió un estilo sencillo. Su prosa se caracteriza por esa sencillez y una gran claridad,
acordes con su intención expositiva y argumentativa de sus textos. En ocasiones utilizó
un lenguaje técnico, impuesto por la materia tratada. En textos como las cartas y las
descripciones se observa cierta subjetividad que anticipa muchas veces el romanticismo:
el paisaje, lo exterior, se muestra desde la perspectiva de la propia percepción del autor.
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