En la Baja Edad Media el castellano consolida algunos de los

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En la Baja Edad Media el castellano consolida algunos de los
Università degli Studi di Catania
Facoltà di Lingue e Letterature Straniere Moderne
Corso di Laurea Specialistica in Lingue Straniere per la Comunicazione Internazionale
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Ornella D’Aita
Estudio diacrónico del orden sintáctico de los elementos de la frase,
en los siglos XV, XVI y XVII, a través del análisis de las obras literarias,
“La Celestina”, “Las Fortunas de Diana” y el “Lazarillo de Tormes”
Relatore:
Ch.ma Prof. María Cándida Muñoz Medrano
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Anno Académico 2006-2007
El objeto de mi investigación consiste en el análisis de la evolución de
la construcción de la frase, según el orden sintáctico, ya que este aspecto
parece ser el más evidente con respecto a la sintaxis actual y a la lengua
española en general.
El estudio tendrá su demonstración y conclusión a través de obras
literiaras, cuales La Celestina, Las Fortunas de Diana y el Lazarillo de
Tormes, que testimonian ampliamente esta evolución y que cubren el
período histórico que va desde el final de la Edad Media hasta la Edad de
Oro. Estas obras ofrecen numerosos ejemplos lingüísticos y también
culturales de expresión y dan forma a los más íntimos pensamientos gracias
también a la amplitud de las posibilidades expresivas que se iban
consolidando con una creciente conciencia lingüística de los escritores.
Sólo a través de un análisis diacrónico será posible comprender lo que
Michel Foucault llamó el espesor histórico del fenómeno lingüístico y
enseñar algunos aspectos fundamentales inherentes a mi búsqueda.
A fines de la Edad Media el castellano consolida algunos de los
procesos iniciados en épocas anteriores, mantiene la situación de variación
en otros y anuncia alteraciones que sólo se cumplirán en el Siglo de Oro.
Los historiadores de la lengua española consideran que la evolución
del español medieval a la lengua (pre)moderna caracterizó los siglos XIV y
XV, definido como un ‘período de transición’, en el cual nació el español
medio. Estos dos siglos presenciaron, sobre todo, la introducción de
latinismos y se nota también la construcción sintáctica latina; hoy en día
casi la mitad del léxico español es de origen culto que remonta a ese
período.
Donde están las mayores novedades es en la disposición de los
elementos de la oración y del período: el orden de las palabras va a sufrir
notables modificaciones por el fuerte latinismo sintáctico proprio de los
textos de esa época al cual hay que añadir la ampliación de las
posibilidades en ciertas estructuras sintácticas. La colocación de los
elementos de la frase no es linear y se hallan desplazamientos que parecen
obeceder a momentáneos impulsos del autor, o repeticiones que reavivan la
frase o elementos de la oración subordinada que aparecen en la principal.
El influjo latinizante en el orden de las palabras se observa en la
colocación del verbo y del ‘objeto’; no sólo pervive la anteposición de éste
por énfasis o per el carácter ‘temático’ del complemento, sino que se
extiende el afán por colocar el verbo al final de la frase, a la forma latina.
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Más notable aún es la general anteposición del adjetivo al nombre que,
por tradición retórica y por latinismo, se produce en esta época. Ésto se da
con adjetivos ‘explicativos’ y, a veces, con un entorno gramatical muy
forzado.
Durante el siglo XVI el castellano se convierte en una de las grandes
lenguas del mundo moderno y fue denominado “la lengua española” por
parte de Juan de Valdés en 1535, A lo largo de estos siglos se extiende la
llamada Edad de Oro de la literatura española. El latinismo extremo que
había caracterizado al siglo XV desaparece casi por completo y la lengua
va adquiriendo solidez; se conoce mucho mejor el latín, y también se
conocen mucho mejor las posibilidades y características internas del
español; asì como ha señalado Menéndez Pidal, domina el criterio de
‘selección’; el latinismo no es más una lengua de expresión sino un recurso
estilístico. Predomina el buen gusto y la naturalidad de la selección. Los
autores consideran que a la lengua hay que enriquecerla e ilustrarla.
En los siglos XVI y XVII la sintaxis era ya el resultado de grandes
evoluciones. Mientras que la sintaxis intraoracional se deslatinazaba, la
sintaxis interoracional y la organización del texto imitaban la construcción
del período latino, es decir, se latanizaban y los escritores españoles
empezaban a retoricar. Solo sucesivamente se naturalizará la retórica latina
ofreciendo una forma de organización discursiva hispánica y moderna.
Ocurre señalar también la evolución de los mecanismos de cohesión
textual, con períodos complejos en los cuales predomina la yuxtaposición
de los segmentos textuales con la dilatación de la organización del texto y,
al mismo tiempo, de la manera de concebir.
En ese período no se puede decir que hay una gramática específica
sino una gramaticalización, aunque la gramática no es homogénea sino
depende de los contextos culturales y geográficos que hacen posible que se
interfieran mutamente un modo sintáctico y uno pragmático en diferentes
formas.
El siglo XVII supone la consagración definitiva de las tendencias
esteticistas en la lengua literaria. Se pierde el gusto por lo natural, y sólo se
aprecia el artificio, la ostentación de ingenio y agudeza en el manejo de las
palabras, la dislocación de la sintaxis normal y el uso de latinismos
sintácticos. En lo referente al orden de las palabras, la colocación del verbo
y de los pronombres dentro de la frase constituye la diferencia principal
con respecto a la sintaxis actual. Contrasta con la regla moderna sobre todo
el uso enclítico proclítico de los pronombres y la anteposición del
complemento temático al verbo.
Sólo en el siglo XVIII estamos ante el “español moderno”, ante una
lengua que ha alcanzado su estabilidad y con la fundación de la Real
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Academia Espanola, en 1713, el idioma se unifica bajo un sistema
completo de normas.
Me pareció útil para mi investigación la eleccióñ de las obras
literarias, como La Celestina, Las Fortunas de Diana y el Lazarillo de
Tormes ya que éstas presentan algunos rasgos comunes, no obstante el
desarrollo diacrónico, y dado que con el artificio del ingenio y de una gran
aplicación de habildades lingüísticas muestran una vivacidad del cuadro
histórico que reflejan, utilizando todos los colores disponibles y aportando
únicos ejemplos del uso de la sintaxis de cada su respectivo tiempo. La
costante está en el hecho de reflejar una lengua hablada y, tal vez, culta,
satisfaciendo el gusto de todos y caracterizando así los personajes de
manera diferente según sus específicos lenguajes. Claramente cada obra
aporta variaciones importantes aunque el Lazarillo de Tormes y Las
fortunas de Diana presentan características peculiares en las estructuras
sintácticas que remiten a los tempos anteriores con semejanzas en La
Celestina, tanto que la profesora Navarro pretende dar la paternidad del
Lazarillo de Tormes a Fernando de Rojas, autor de La Celestina, mostrando
evidentes coincidencias entre las obras.
Es indudable que La Celestina influyó en el Lazarillo, como en la
mayoría de la narrativa posterior. No en vano La Celestina junto con el
Lazarillo son la base de la novela actual.
La Tragicomedia de Calisto y Melibea, más comúnmente conocida
como La Celestina, fue escrita en el siglo XV, época de transición entre las
artes caducas de la Edad Media y las renovaciones humanistas y fue
publicada en 1499, en pleno momento histórico llamado Prerrenacimiento.
Está ambientada en los últimos tiempos del siglo XV cuando en Italia ya
habían triunfado las ideas humanistas que comenzaron a sostituir a todo lo
que era la vida medieval, ya no sólo en las facetas artísticas, como la
literatura, sino también en todas las facetas de la vida y de la sociedad. En
este época los enfrentamientos nobiliaros son constantes poque las
diferentes casas nobles no desean perder su protagonismo. Se produjo así
un auge de la burguesía urbana en esos tiempos que produjo un cambio en
el sistema de los valores. Es esta ciudad burguesa la que mejor queda
retratada en la obra. El autor refleja una degradación del orden social de su
tiempo, mostrando el conflicto que hay en España entre las nuevas ideas
nacientes y las tradiciones.
En el lenguaje, del que hableremos más adelante en forma más
detallada, se muestra también con mucho realismo la sociedad de la época.
Merece remarcar que, al ser una obra dramática, se basa en el diálogo y por
lo tanto el lenguaje toma un papel predominante en la historia. Por la forma
de hablar de los personajes conocemos muchas de sus características
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inherentes a sus personalidades y, sobre todo, al lenguaje típico de aquel
tiempo. En efecto, cada personaje habla de una manera especial y eso le
proporciona mayor credibilidad a la obra y al argumento, aunque, algunas
veces, varían algunos rasgos de lo que sería normal en los personajes de la
época para ajustarlos a la historia y poder tener un cuadro coherente.
Además en la descripción de la forma de ser y actuar de los personajes
encontramos el cambio con respecto al arte medieval. Así parece que el
autor intenta desbancarse de todo lo de su época, siguiendo algunos valores
innovadores y modernos, pero sin embargo no puede evitar un final
totalmente medieval, dado que los pecadores mueren.
Otro recurso utilizado es la “picardía” que está presente a lo largo de
toda la novela y se encuentra también el el Lazarillo de Tormes. Este
recurso se usa con ingenio para representar la manera de vivir de la
burguesía y sus nuevas posabilidades, siendo fiel al cuadro histórico-social.
No hay que olvidar que La Celestina llega a un momento de madurez
y por ello los diferents modelos culturales y literarios confluyen en ella
purificados. Así se aúnan la tendencia culta y la popular y esto determinará
en gran medida su lenguaje y estilo.
Se pueden distinguir un lenguaje culto y latinizante, cargado de
artificios, que refleja una continuidad con el arte medieval y un habla
popular que muestra la voluntad de innovar el lenguaje con nuevos
expedientes: los refranes y expresiones vivaces que reflejan la lengua
hablada con sus principales características. Sin embargo, la separación no
es nítida; el uso de los diferentes registros del lenguaje no corrresponde en
forma absoluta a las clases sociales distintas, sino que se entrecuzan ambas
tendencias, dependiendo no sólo del emisor, sino también del interlocutor y
del asunto tratado, y por eso, hay que apreciar una clara tendencia a la
diferenciación. Sin embargo, Celestina engloba los dos tipos esenciales de
lenguaje que aparecen en la obra: el lenguaje culto y el lenguaje popular.
Además, la técnica del diálogo consume la perfección, pudiéndose
distinguir diferentes tipos según la intención del autor: monólogos,
diálogos oratorios y diálogos breves de una gran riqueza.
En general, podemos constatar que la obra está escrita en una prosa
artística y elegante de imitación latina en la cual predomina el curso lento.
En particular, los diálogos oratorios tienen una retórica muy elaborada; las
argumentaciones y la exposición de las ideas y sentimientos de los
personajes se expresan mediante oraciones compuestas por numerosas
proposiciones subordinadas, expresiones latinizadas, argumentos
complicados y fórmulas expresivas amplificadoras. Su función no es sólo
enseñar los recursos estilísticos, sino también sirven para la caracterización
de los personajes.
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Como ya he dicho, en La Celestina, obra maestra de la sintaxis y de la
prosa, confluyen las tendencias sabias del humanismo y las populares; en
ella todo está sólidamente construido, fluyendo la sintaxis abundante. Es
una sintaxis desglosada en dos, una popular y otra culta, dos sintaxis
hechas a fuerza de temperamento artístico, con orígenes literarios; y ésta
fue la razón que me trajo a considerar esta obra para mi investigación sobre
la sintaxis y para analizar cómo ésta varía según el diferente orden de las
palabras y según las evoluciones de la lengua.
La investigación llevada a cabo fue extraída de La Celestina porque la
prosa es libre de los condicionamientos que impone la métrica, cuyo género
literario puede reflejar más fielmente la lengua hablada común, y en esta
obra podemos tener muestra fiel de ello.
El lenguaje culto está estructurado según una organización sintáctica
latina con figuras que embellecen el estilo, abundan las redundancias, el
traslado del verbo al final de la frase, las construcciones de infinitivo y de
participio. Por otro lado, La Celestina puede considerarse como testimonio
de la necesidad de una reacción contra el pedante cultismo vigente en el
siglo XV, a través de un lenguaje vulgar-popular, de imitación de la lengua
oral, con la función de incitar la participación del lector en el proceso
conceptual del texto, y con el intento de convencer a los receptores por
medio del diálogo; por eso se utilizan recursos y estrategias propias del
lenguaje coloquial que se expresan de manera ágil y dinámica, con
expresiones callejeras, refranes, diálogos, comentarios, anécdotas y
sentencias tomados de la vida corriente.
Analizamos las diferencias sintácticas de estos lenguajes que se
reflejan en el diferente orden de palabras dentro de la frase o del período.
Veamos algunos aspectos:
Se destaca una organización sintáctica según el modelo latino que
prevée la dislocación del verbo al final de la frase1:
Mayormente pues ella con toda las otras cosas que al mundo son...(Prólogo)
En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotasse...(Calisto a
Melibea, Auto I)
¡O bienaventuradas orejas mías que indignamente tan gran palabra avéys
oýdo. (Calisto a Melibea, Auto I)
...¿Cómo sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde, aquel en
quien la voluntad a la razón no obedece?... (Calisto a Sempronio, Auto I)
A continuación las referencias acerca de la obra literiaria La Celestina remiten a: F. De Rojas, La
Celestina, Edición de D. S. Severin, Catedra, Madrid, 2005.
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Mira Nero de Tarpeya a Roma cómo se ardía; gritos dan niños y viejos y él
de nada se dolía. (Sempronio a Calisto, Auto I)
¿Yo? Melibeo só, y a Melibea adoro, y en Melibea creo, y a Melibea amo.
(Calisto a Sempronio, Auto I)
Increýble cosa prometes. (Calisto a Sempronio, Auto I)
...y más, a constellación de todos eres amado. (Sempronio a Calisto, Auto I)
Possible es, y aún que la aborrezcas quanto agora la amas; podrá ser
alcançándola, y viéndola con otros ojos, libres del engaño en que agora
estás. (Sempronio a Calisto, Auto I)
..y tú mucho moço eres. (Celestina a Pármeno, Auto I)
Notamos también que, los pronombres personales aparecen delante de
los infinitivos y si aparecen enclíticos, suele haber asimilación. Los que
aparecen detrás de los infinitivos cambian su forma:
Prospérete Dios por éste (y por mucho más que me darás. De la burla yo me
llevo lo mejor; con todo, si destos aguijones me da, traérgela he hasta la
cama. Bueno ando; házelo esto que dio mi amo, que sin merced, imposible
es obrarse bien ninguna cosa.) (Sempronio a Calisto, Auto I)
...¡Aun
al diablo daría yo sus amores! Al primer desconcierto, que vea en
este negocio, no como más su pan. Más vale perder lo seruido, que la vida
por cobrallo.
(Sempronio a Celestina, Auto III)
Madre, mira bien lo que haces. Porque, cuando el principio se yerra, no
puede seguirse buen fin. Piensa en su padre que es noble y esforzado, su
madre celosa y brava, tú la misma sospecha. Melibea es única a ellos.
Faltándoles ella, fáltales todo el bien. En pensallo tiemblo, no vayas por lana
y vengas sin pluma. (Sempronio a Celestina, Auto III)
...Loco es, señora, el caminante que, enojado del trabajo del día, quisiese
volver de comienzo la jornada para tornar otra vez aquel lugar. Que todas
aquellas cosas, cuya posesión no es agradable, más vale poseellas que
esperallas. (Celestina a Melibea, Auto IV)
Otro aspecto relevante es que los gerundios suelen llevar la
preposición “en” delante. Presencia inusual que por cierto altera el orden de
las palabras. Tomamos en consideración los ejemplos en comiendo y en
yendo:
...Y el que está en muchos cabos, está en ninguno, ni puede aprovechar el
manjar a los cuerpos, que, en comiendo, se lanza; ni hay cosa que más la
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sanidad impida que la diversidad y mudanza y variación de los manjares.
(Celestina a Pármeno, Auto I)
Yo te prometo, señora, en yendo de aquí me vaya por estos monesterios
donde tengo frayles devotos míos y les dé el mismo cargo que tú me das. Y
demás desto, ante que me desayune, dé quatro bueltas a mis cuentas.
(Celestina a Alisa, Auto IV)
La colocación del adjetivo, según su consideración como explicativo o
especificativo, marca algunas diferencias entre los diferentes niveles de la
lengua. En los fragmentos de la obra, los adjetivos han sido definidos
subjetivizadores y están casi siempre antepuestos, con una función
explicatica, aunque hay más ejemplos donde se refleja claramente un nivel
más culto de la lengua:
...a causa de le faltar defensivas armas para resistirsus fuegos... (Carta)
Y como mirasse su primor, su sotil artificio, su fuerte y claro metal... (Carta)
...de tu muy claro gesto a Melibea...(Calisto a Melibea, Auto XII)
...el dulce sonido de tu habla...(Calisto a Melibea, Auto XII)
...la osadía de tus mensajes...( Melibea a Calisto, Auto XII)
...la causa de tu arrebatada pena...(Pleberio a Lucrecia, Auto XX)
...la dañada memoria con la gran turbación...(Melibea, Auto XX)
En la misma manera, aunque con menor frecuencia, se encuentran
adjetivos antepuestos con función explicativa en los contextos que reflejan
un nivel de la lengua menos culta:
...la vida me has dado con tu sotil aviso...(Calisto a Pármeno, Auto XII)
...ya son libre de esta triste vida...( Elicia a Areúsa, Auto XV)
...de sombros árboles del huerto...(Elicia a Areúsa, Auto XV)
La interposición entre el adjetivo y su sustantivo de un elemento
sintáctico es relativamente frecuente; en los diálogos de los criados
podempos encontrar ejemplos como:
Sentencia a mi ver digna de perpetua y recordable memoria. (Prólogo)
¡Oh, cuántos dias antes de agora pasados (Auto XII)
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...en largos días largas se sufren tristezas...(Auto XX)
Las construcciones absolutas de participio se componen de un
participio y de un sintagma sustantivo en concordancia de «género» y de
«número» con él. La relación que se establece entre ambos es, claramente,
la subordinación del sustantivo respecto al participio, puesto que aquél
podría ser suprimido, en tanto que éste no. La construcción absoluta de
participio tiene un significado básico de todo incidental: «anterioridad
temporal», respecto de la oración que le sigue, encontrándose aislado entre
pausas, y casi siempre sistemáticamente antepuesta.
Todas cosas dexadas aparte, solamente sey attenta y ymagina en lo que te
dixere...(Sempronio a Celestina, Auto I)
...Dexadas burlas y passatiempos, oye agora, mi hijo, y escucha, que aunque
a un fin soy llamada, a otro soy venida...(Celestina a Pármeno, Auto I)
Despedida Celestina de Melibea, va por la calle fablando consigo misma
entre dientes. (Auto V)
Entrada Celestina en casa de Calisto, con grande affición y desseo, Calisto
le pregunta de lo que le ha acontescido con Melibea. (Auto VI)
Despedida Celestina de Melibea, va por la calle sola hablando. (XI Auto)
Pleberio tornado a su camara con un grandissimo llanto, preguntale Alisa,
su muger, la causa de tan subito mal. (Auto XXI)
Pues menos podras dezir, mundo lleno de males, que fuemos semejantes en
perdida aquel Anaxagoras y yo, que seamos yguales en sentir, y que
responda yo, muerta mi amada hija, lo que el a su unico hijo. (Pleberio,
Auto XXI)
En la lengua popular se destacan numerosísimos refranes y proverbios
cuyas estructuras sintácticas obligan a un orden forzado y preciso, según
los efectos de la rima o del retintín que quiere desencadenar:
Jo, que te estriego, asna coja. (Celestina a Pármeno, I Auto)
Refrán que se emplea para rechazar las alabanzas inoportunas. Se
subraya la oración relativa puesta entre comas que se intercala en la frase
principal.
Valiera más solo que mal acompañado. (Calisto a Pármeno, II Auto)
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Sencillamente, “es mejor hacer las cosas solo que con otros que
puedan hacerlas más difíciles”. El orden sintáctico evidencia la
contraposicón entre el estado de estar solo o mal acompañado.
Otros se ganan por malos y yo me pierdo por bueno. (Pármeno a Calisto, II
Auto)
lo que se pretende demostrar es que a veces la honradez puede no
ser beneficiosa, aunque a la larga acostumbra a serlo. En ambas
coordenadas se sigue el mismo orden de palabras para conseguir el mismo
efecto y enfatizar el contraste.
Allí
Un solo acto no haze habito. (Celestina a Areúsa, VII Auto)
Semejante a: una golondrina no hace verano o una flor no hace
primavera. Significa que no debemos generalizar, que un hecho aislado no
tiene las mismas consecuencias que una sucesión o repetición de hechos. El
refrán empieza con el complemento temático confiriendo así a éste
prioridad e importancia y, en segundo lugar, sigue todo el resto.
Sobre dinero no ay amistad. (Pármeno a Sempronio, XII Auto)
La intención es dejar claro que los negocios y la amistad no deben
mezclarse, que todos anteponen un buen dinero a un buen amigo. Incluso
en este caso, es evidente la traslación del argumento temático a la primera
posición.
Por mucho que madrugue, no amanece mas ayna. (Calisto a Sosia, XIV
Auto)
La traducción al castellano moderno es: no por mucho madrugar
amanece más temprano. Esto significa que hay cosas que no pueden
avanzar sin esperar, que debe respetarse el tiempo que tarda algo y por
mucho desearlo no se producirá antes. Se nota la anteposición de la oración
subordinada respecto a la principal con el intento de enfatizar el esfuerzo
que se hace para alcanzar nuestros objetivos, haciendo resaltar el término
mucho.
Ni es todo oro lo que amarillo reluze. (Sempronio a Calisto, XIV Auto)
Equivale a: no es oro todo lo que reluce. Da a entender que las
apariencias nos pueden engañar, que aunque veamos algo que reluce (nos
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llama la atención) no tiene porqué ser valioso. Notamos la dislocación del
verbo al final.
Por otro lado, un ejemplo de una típica construcción en latín que se ha
convertido en un refrán es:
¡O si viniéssedes agora, Crato y Galieno, médicos, sentiríades mi mal. ¡O
piadad celestial, inspira en el plebérico coraçón... (Calisto a Sempronio,
Auto I)
La segunda obra que mi investigación toma en consideración es el
Lazarillo de Tormes. Nos trasladamos al siglo XVI y notamos como
algunos aspectos del siglo de La Celestina no desaparecen y siguen siendo
usados por los escritores; un ejemplo es la inserción de los refranes, reflejo
de la lengua popular y algunas temáticas a nivel de contenido. Se tranforma
radicalmente la construcción de la frase y no existe más la traslación del
verbo al final de la frase sino que se encuentra en su justa posición detrás
del sujeto, aunque con algunas excepciones que veremos más adelante. Se
nota, sobre todo, la inversión entre la oración subordinada, con un fuerte
uso del gerundio, y la oración principal. Muchos son los casos en los cuales
el pronombre enclítico reflexivo se pospone al verbo y desparece la
insistencia en poner el adjetivo en posicición antepuesta al verbo. Por otro
lado, no faltan expresiones cultas, que atestiguan una sociedad en conflicto
entre las relaciones con el pasado y la voluntad de renovarse.
La novela el Lazarillo de Tormes, aunque sin duda más conocida del
siglo XVI fue la Vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y
adversidades, es de autor anónimo y de la que se conservan tres primeras
ediciones separadas (Burgos, Alcalá y Amberes) que datan de 1554.
Domina el interés de la problemática del amor, tema literario que propició
toda una corriente novelística marcada por la descendencia de La Celestina.
Además, el Lazarillo presenta una agresividad general contra la sociedad
que recuerda en muchos aspectos a La Celestina.
En la novela se manejan con gran habilidad una serie de elementos
folklóricos que, a través de la autobiografía de Lázaro de Tormes,
adquieren nueva significación y sentido, a lo largo de los siete capítulos del
que consta, y con un prólogo de relevancia absoluta para comprender
adecuadamente el texto y la intención; todo ello con una prosa clara,
rotunda y de una gran economía léxica y con un estilo ingenioso y agudo.
Con el Lazarillo empieza el género de la novela picaresca que obtuvo
gran éxito en el siglo XVII. Aunque el Lazarillo de Tormes no fue el
primer personaje literario que fue llamado pícaro. Por eso, es difícil
precisar los límites del género picaresco.
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Esta novela se puede calificar “realista” por su visión del mundo, su
lenguaje, el modo de enfocar los acontecimientos. El realismo aparece ya
en la Edad Media y se manifiesta con mayor o menos pujanza hasta
nuestros días en buena parte de la producción literaria española. Pero, ¿por
qué sabemos que es un texto realista?
Antes de todo, porque hay una visión no idealizada de la realidad, de
la que no se evitan los aspectos más groseros o desagradables. Además, hay
verosimilitud en todas las situaciones planteadas y una localización en un
tiempo y espacio concretos.
Lazarillo de Tormes es una obra en la cual convergen actitudes
conversas y erasmistas, y las consecuencias del aplastamiento de la
rebelión, que nos ofrece una defensa de la dignidad del hombre, un análisis
del planteamiento del conflicto entre el individuo y el mundo exterior, el
enfrentamiento dialéctico en que la persona es progresivamente corrompida
y fragmentada, y un punto de vista materialista y pesimista de las
relaciones humanas. Se trata de la injusta realidad de una sociedad
fuertemente dividida en clases y de una crítica desesperada de todo ello.
Pero es una obra clásica en el más puro sentido de la palabra porque es
perfectamente trasplantable a nuestra realidad actual.
Otro aspecto de mayor importancia, por lo que concierne a nuestra
investigación, que testimonia este realismo, es relativo al lenguaje; éste es
espontáneo, desenfadado y adecuado al contenido y a los personajes. La
obra ofrece un habla popular cuyo texto dramático la caricaturiza
acentuando los rasgos vulgares y arcaicos.
El lenguaje llano, sin afectación alguna, corresponde, a la misma
manera que al lenguaje de Las fortunas de Diana, al ideal de lengua del
siglo XVI manifestado por Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua,
donde defiende los criterios de “sencillez y selección”. En esta sencillez,
elaborada y difícil de conseguir, reside gran parte del atractivo de la obra.
En efecto, el lenguaje es sencillo pero no descuidado, como lo demuestra la
selección del léxico y de las construcciones sintácticas y a diferencia de la
obra de Vega tratada en esta investigación.
Teniendo en cuenta que es el propio Lázaro quien toma la palabra,
resulta plenamente acertado el uso de un lenguaje coloquial, lleno de
expresiones populares, de refranes y modismos, que imita el habla
cotidiana de la época, incluso los descuidos e incorrecciones (cacofonías,
anacolutos). Sin duda, lo más artificioso ha sido dar a la obra esa apariencia
de sencillez que tan bien cuadra con la humilde condición de su
protagonista.
El autor se acoge a las leyes del decoro; los personajes se comportan y
hablan de acuerdo con su estado social, origen y educación. Sin embargo,
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el narrador-protagonista emplea vocablos y giros cultos, construye frases
complejas y se sirve de recursos retóricos cuidadosamente dispuestos:
polisíndetos, metáforas, símiles, paradojas, antítesis y paralelismos. El
autor debía de ser una persona relativamente culta, como lo demuestran
también algunas alusiones a las Sagradas Escrituras y a los clásicos (Plinio,
Cicerón, Ovidio) que se encuentran a lo largo de la novela. Está claro que
esta erudición jamás desentona con la sencillez del conjunto.
Sin embargo, en la sintaxis, encontramos cierta negligencia en la
construcción de las frases, debido a que el autor intenta reflejar el lenguaje
hablado (en el que todos nos permitimos ciertas licencias), y ésta es otra
característica común a Las fortunas de Diana.
Un elemento importante en la novela son los comentarios y apartes
personales de Lázaro, con una función distinta respecto a los que veremos
en Las fortunas de Diana. En el Lazarillo sirven para indicarnos que el
protagonista se mantiene firme ante unos condicionamientos y opiniones
exteriores.
En el siglo XVI, el castellano ha superado ya su etapa de formación y
nos encontramos con una lengua madura, rica, expresiva, que se aleja cada
vez más del latín y que es apta ya para cualquier actividad literaria. Durante
este período se escriben distintos elogios sobre la capacidad expresiva de la
respectiva lengua nacional, y se proclama el derecho de utilizarla para
menesteres que hasta entonces habían sido reservados al latín. La lengua
del Lazarillo difiere ya bastante poco del castellano actual. Hay, sin
embargo, algunas evidentes diferencias que a nivel sintáctico se notan en el
uso de los gerundios y de los pronombres.
Además, merece decir que se distingue a través de la novela un
desdoblamiento de la narración: el narrador (Lázaro adulto), y el personaje
(Lázaro niño, Lazarillo) que se refleja a su vez, en dos voces distintas, dos
registros estilísticos: uno irónico, cínico incluso; otro espontáneo e
ingenuo.
El texto alterna dos tipos de discurso: la narración y el diálogo.
Este último, siempre en estilo directo, refleja la riqueza del lenguaje
coloquial de la época, tan importante en la obra, a la vez que da viveza y
frescura al relato.
Como hemos ya dicho, un aspecto significativo de la sintaxis de esta
obra es la inversión de la oración subordinada con la principal. Se da
prioridad a la subordinada, que frecuentemente se introduce con el
gerundio, enfatizando la inversión y aumentando la tensión dramática:2
A continuación las referencias acerca de la obra literiaria el Lazarillo de Tormes remiten a: - , Lazarillo
de Tormes, Edición de F. Rico, Catedra, Madrid, 1999.
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Fingendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme
en la pobrecilla lumbre que teníamos...(p. 31, Tratado I)
Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando
el daño que me estaba aparejado (...); estando recibiendo aquellos dulces
tragos, (...) alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer
sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder(...) (p. 32, Tratado
I)
Llegando a un lugar que llaman Almorox al tiempo que cogían las uvas, un
vendimiador le dio un racimo dellas en limosna. (p. 36, Tratado I)
Queriendo asar el que de ser cocido por sus deméritos había escapado. (p.
39, Tratado I)
Llorando, me parescía que hacía injusticia en no se las reír. (p. 42, Tratado I)
Pues estando yo en tal estado, pasando la vida que digo, quiso mi mala
fortuna (...) que en aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase. (p.
92, Tratado III)
Y así, ejecutando la ley (...) vi llevar una procesión de pobre...(p. 93, Tratado
III)
Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día, no sé por
cúal dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un real...(p. 95,
Tratado III)
Conviene recordar los arcaísmos que se pueden advertir en la prosa
renacentista: a nivel sintáctico se distingue la posposición de los
pronombres:
- ¿Cómo, y olistes la longaniza y no el poste? ¡Olé, olé! - le dije yo.
(p. 45, Tratado I)
Con en esta frase en estilo directo, Lazarillo zanja su venganza, nos
parece oír ya todo el cinismo que caracteriza al pregonero de Toledo en el
último tratado. Obsérvase que es ésta la única frase de este diálogo que no
va precedida del verbo introductorio dije, sino que, para propicionar el
contraste irónico con la situación en que se pronuncia, lleva este verbo
detrás.
Consideramos otros ejemplos:
Pues siendo yo niño de ocho años, acacharon a mi padre ciertas sangrías...
(p.14, Tratado I)
Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos
este racimo de uvas, y que hayas dél tanta parte como yo. Partillo hemos de
esta manera. (p. 36, Tratado I)
14
En este caso, notamos también que, el pronombre personal lo se
asimila al infinitivo partir y cambia su forma. Sería hemos de repartrlo, lo
repartiremos. Véamos otros ejemplos:
Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres. (p. 37, Tratado I)
Tomóme él un pedazo, de tres que eran, el mejor y más grande.(p.77, Tratado
III)
Ansí estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas cosas y otras
mchas.(p.84, Tratado III)
De Castilla la Vieja me dijo él que era- le dije yo. (p.109, Tratado III)
Aquí se nota no sólo la inversión del pronombre personal sujeto con el
verbo, sino también destaca la prioridad dada al complemento temático De
Castilla la Vieja. Y aún:
No sé en que paro: creo yo que el pecador alfamar pagara por todos. (p. 109,
Tratado III)
Analizamos, ahora casos donde existe la posposición del sujeto
respecto al verbo o la inversión de los elementos del verbo compuesto:
Pues sepa Vuestra Merced, antes todas cosas, que a mí llaman Lázaro de
Tormes.
(p. 12, Tratado I)
Mas también quiero que sepa Vuestra Merced que...(p. 27, TratadoI)
Aunque, en otros casos, está la fórmula:
Vuestra Merced sepa que desde que Dios crio el mundo, ninguno formó más
astuto ni sagaz. (p. 25, Tratado I)
Y a continuación siguen modelos de la inversión:
En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre ls cuales fue mi
padre, que(...) fenesció su vida. (p. 14-15, Tratado I)
Criado te he y con buen amo te he puesto; (p. 22, Tratado I)
Y así, me fui para mi amo, que esperándome estaba. (p.22, Tratado I)
Parescióme en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño,
dormido estaba. Dije entre mí:”Verdad dice éste, que me cumple avivar el
ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer”.(p. 23, Tratado I)
15
Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avivos para vivir muchos te
mostraré.
(p. 23, Tratado I)
Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo. (p. 110, Tratado IV)
Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo deso. (p. 133,
TratadoVII)
Observamos ahora expresiones que atestiguan el uso del pronombre
reflexivo enclítico y del pronombre personal complemento, aspecto que
adelante veremos que se encuentra también en Las fortunas de Diana:
que en casa del dicho Comendador no entrase, ni al lastimado Zaide en la
suya acogiese. (p. 20, Tratado I)
Se trata de un hipérbaton (Figura de construcción, consistente en
invertir el orden que en el discurso tienen habitualmente las palabras) que
enfatiza el contraste poniendo al final el verbo con asimilación del
pronombre reflexivo enclítico. Observamos otros casos:
y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y
parióme allí; (p. 14, Tratado)
...y metióse a guisar de comer a ciertos estudiantes... (p. 15, Tratado)
...y entrábase en casa. Yo, al principio de su entrada, pesábame con él y
habíale miedo... (p. 16, Tratado)
...que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome: (p. 23,
Tratado)
Con esto andábase todo el mundo tras él... (p. 27, Tratado)
...tópome Dios con un escudero que iba por la calle(...). Miróme, y yo a él, y
díjome (p. 72, Tratado)
..Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que le oí...(p. 73, Tratado)
Y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. (p. 73, Tratado)
Yo lleguéme a él y mostréle el pan. Tomóme él un pedazo, de tres que eran,
el mejor y más grande, y dijóme: (p. 77, Tratado)
...y fuime a las vecinas y contéles el caso... (p. 107, Tratado)
Sentóse el escribano en un poyo para escrebir el inventario, preguntándome
qué tenía. (p. 108, Tratado)
16
Otro aspecto peculiar es la presencia de sintagmas locativos con
adverbio pospuesto. Se trata de construcciones locativas en las que un
adverbio aparece pospuesto a un sintagma preposicional, como en en el
primero y en el tercero ejemplo, y a un sintagma nominal con determinante,
como en el segundo ejemplo:
A buen paso tendido comenzamos a ir por una calle abajo.
(p. 73, Tratado III)
¡Y velle venir a mediodía la calle abajo, con estirado cuerpo, más largo
que galgo de buena pasta! (p. 94, Tratado III)
A deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo
muchos
clérigos y gente que en unas andas traían. (p. 96, Tratado III)
El adverbio abajo ha sido definido descriptivo, ya que establece
distinciones locativas relacionadas con diferentes dimensiones espaciales.
Más recientemente, estos adverbios han recibido el nombre de nominales,
por el hecho de que presentan características comunes a los nombres y
porque en muchos casos se originaron a partir de la incorporación de un
nombre a una preposición.
Consideramos ahora algunos recursos estilísticos que enfatizan el
habla popular y contribuyen a alterar la sintaxis.
En el primer tratado, en la anécdota del Lazarillo con el ciego,
encontramos dos características notas de la novela: una temática, el carácter
reflexivo del protagonista, y otra estilística,el uso del polisíndeton para
enfatizar la narración, y característica típica de la lengua oral, así como
noteremos en nuestro estudio sobre Las fortunas de Diana. Si bien el uso
de estructuras y nexos copulativos suele considerarse síntoma de una
sintaxis primitiva y una prosa todavía incipiente, en este caso el
polisíndeton contribuye, indudablemente, a acentuar la tensión narrativa:
y dende en adelante mudó propósito, y asentaba su jarro entre las piernas, y
tapábale con la mano, y ansi bebía seguro. (p. 31, Tratado I)
Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo
en todo dejalle, y como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este
postrer juego que me hizo afrmélo más...(p. 44, Tratado I)
A continuación comienza un relato donde todo va a depender de la
situación atmosférica:
Y fue ansí que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había
llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba
17
rezando debajo de unos portales (...); mas como la noche se venía y el llover
no cesaba..
(p. 44, Tratado I)
Consideremos otros ejemplos, caracterizados de manera evidente, de
este recurso:
Levantéme muy quedito, y habiendo en el día pensado lo que había de hacer
y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, voyme
al triste arcaz, y, por do había mirado tener menos defensa (...) Y como la
antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes
muy blanda y carcomida, luego se me rindió, y consintió en su costado, por
mi remedio, un buen agujero. Esto hecho, abro muy paso la llagada arca y, al
tiento, del pan que hallé partido, hice según de yuso está escripto. Y con
aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas, en las
cuales reposé y dormí un poco. Lo cual yo hacía mal y echábalo al no comer.
Y ansí sería... (p. 62, Tratado II)
Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo
comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el
queso y sacarlo de la ratonera y no caer ni quedar dentro el ratón y hallar
caída la trampilla del gato.(p. 65, Tratado II)
Incluso el polisíndeton se utiliza a principio de frase, como se nota en
el siguiente ejemplo:
Y yo dije entre mí: "Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de
cuatro libras".
Tornóla a meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del talabarte. Y con
un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy
gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el
brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta,
diciendo:
–Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oír misa, y haz la cama, y ve por
la vasija de agua al río, que aquí bajo está y cierra la puerta con llave, no nos
hurten algo, y ponla aquí al quicio, porque, si yo viniere en tanto, pueda
entrar.
(p. 82, Tratado III)
He querido evidenciar el recurso del polísindeton porque, según yo,
crea una diferente construcción sintáctica, que causa una dilatación de la
organización del texto y, al mismo tiempo, de la manera de concebir,
proceso que se destaca a partir del siglo XVI, modificando además el ritmo
por la redundancia de la conjunción “y” y enfatizando el contenido; en este
caso el polisíndeton subraya la insistencia del aguacero.
Otro expediente estilístico que demuestra el desorden sintáctico de la
lengua popular, reflejo de una lengua espóntanea y descuidada, es el
anacoluto (inconsecuencias en la construcción de las frases), cuya
presencia es frecuente en esta obra:
18
Toma y vuélvela luego y no hagáis sino golosinar. (p. 48, Tratado II)
La mezcla de tú y vos tiene como antecedente el fácil tránsito de un
tratamiento a otro dentro de una misma frase o en frases vecinas. En la
segunda mitad del siglo XVI estas formas se mezlcan y su alternacia
depende sólo de la respectiva cortesía o confianza entre los interlocutores,
sea cual sea su condición social.
Este arquetón es viejo y grande y roto por algunas partes, aunque pequeños
agujeros. (p. 59, Tratado II)
Para remediar el anacoluto otras versiones lo han modificado con la
fórmula ...con algunos agujeros.
Merece la pena concluir nuesta investigación sobre el Lazarillo de
Tormes con el análisis de algunos refranes y expresiones populares, que se
encuentran a lo largo de la novela, brillantes testigos de la lengua coloquial
del siglo XVI, y vemos qué construcción sintáctica presentan:
No hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. (Prólogo)
Significa que todos los libros tienen algo bueno.
La honra cría las artes. (Prólogo)
El sentido es que los autores quieren que sus obras sean reconocidas.
Más da el duro que el desnudo. (p. 35, Tratado I)
Quiere decir que más da el que tiene algo que el que no tiene nada.
San Juan y ciégale. (p. 57, Tratado I)
El Lazarillo lo utilizó para expresar su deseo de que el clérigo no logra
ver su artilugio, y se lo pide a San Juan, que es el Santo de los criados.
Escapé del trueno y di en el relámpago. (p. 47, Tratado II)
El Lazarillo usó esta expresión para dar a entender que salió del ciego
que era muy cruel y se fue con el clérigo que aún era peor.
Mas cuando la desdicha ha de venir, por demás es diligencia. (p. 68,
Tratado II)
Significa que poco vale la diligencia contra el mal predestinado.
Éste es pobre y nadie da lo que no tiene. (p. 91, Tratado III)
19
Significa que ninguno da lo que no tiene; es un refrán muy usado en
La Celestina.
Y, además, consideramos algunas expresiones populares:
Marido y señor mío. (p. 96, Tratado III)
Significa Dios mío.
Manténgaos Dios. (p. 100, Tratado III)
Se solía decir cuando alguien no quería tener nada que ver con nadie;
es como si se dijera “ya te apañarás”.
Como se nota a través de estos refranes es fácil considerar que su
construcción depende de la espontaneidad con la cual el interlocutor quiere
ser más directo y conciso posible, alterando el orden de las palabras según
como más convenga para su objetivo; dando prioridad y énfasis al
complemento temático y oscurando el valor de las otras palabras que tienen
menor importancia. Aunque es además fácil constatar como algunas veces
el orden es muy linear para ser muy claro y no tergiversar.
A continuación, esta investigación sigue adelantándose en el tiempo
hacia el inicio del siglo XVII y parándose frente a una gran obra que es
testimonio único del estado de la lengua y de las evoluciones diacrónicas
sobre todo por lo que concierne la sintaxis, dado que la obra está escrita en
una lengua que se acerca a la oralidad, y la lengua oral evoluciona más
rápidamente que la lengua escrita.
Las fortunas de Diana fue publicada en 1621 y forma parte de un
conjunto de cuatro novelas, las Novelas a Marca Leonarda, que Lope de
Vega escribió a petición del último gran amor de su vida, Marta de
Nevares.
Una novela que fue definida “de capa y espada”, en la cual el
desarrollo de la intriga amorosa se basa en un intercambio de cartas de
amor, en diálogos y en monólogos dramatizados cuyo fin es, como explicó
Lope de Vega, dar “contento y gusto al pueblo, aunque se ahorque el arte”.
El histórico personaje Marta de Nevares se cela detrás del personaje
ficticio Marcia Leonarda, a la cual Lope escribe de manera que la presencia
de un narrador y de un narratario están ambos relacionados con Lope de
Vega y con Marta de Nevares transportando el mundo de la ficción al de la
realidad, con una continua mise en abîme. Ingenio, agudeza alocución
directa, formulación coloquial son parte de una retórica seductiva. El lector
real sigue el proceso mental con la lectora ficcional (la amada y narrataria)
20
y establece con ella un pacto tácito, la cual está ligada al narrador (el
amante).
He querido evidenciar este recurso porque subraya la estrategia de
combinar oralidad y escritura y de ofrecer la viveza y la inmediatez del
lenguaje, con el dominio de la acción, de la intriga amorosa entre los
amantes Celio y Diana sobre la descripción, así que Lope de Vega se
apropió del discurso comediesco para elaborar su retrato literario.
Las gradaciones del continuum conceptional entre los polos extremos
de ‘inmediates’ y ‘distancias comunicativas’, entre la oralidad y escritura
son evidentes en la lengua de Vega, en la cual resaltan la ‘cooperacion’, la
‘dialogicidad’, la ‘espontaneidad’, y en la cual se pueden destacar dentro
del estudio lingüístico tres niveles que aquí se funden en un único sistema:
el nivel universal que abarca la actividad del hablar entre los interlocutores;
el histórico, donde aparecen, por un lado, las lenguas como técnicas
históricas del hablar y, por otro, las tradiciones discursivas, y el nivel actual
donde encontramos los discursos concretos. Estos tres niveles han sido
puestos en evidencia por la triple función de Marcia Leonarda y por la
traslación del plano ficcional a lo real que hemos subrayado
precedentemente.
La línea del continuo entre los extremos de la ‘concepción hablada’ o
inmediatez comunicativa y la ‘concepción escrita’ o distancia comunicativa
en lo específico del texto literario Las fortunas de Diana y el Lazarillo de
Tormes consisten exactamente en la posibilidad de fingir y, al mismo
tiempo, de seducir con una retórica brillante.
El resultado es una lectura fragmentada y tetralizada que representa la
organización típica de la novela barroca por la convivencia de segmentos
narrativos y argumentativos. El énfasis de la acción ha de colocarse sobre
el dramatismo: la consigna fue ganar al fiel a través de la emoción. Las
escenas se vuelven dinámicas, lejos de los estilos anteriores. Las
composiciones se complican para ofrecer variedad y colorido. Las luces,
los colores, las sombras se multiplican y ofrecen una imagen vistosa y
atrayente de sus protagonistas.
Dentro de la lengua oral de Vega hay partes coloquiales (dialogos) y
poesía, algo que era usual en la Edad de Oro, para enseñar su habilidad.
Destaca también el uso de las figuras mitológicas que contribuyen a
enriquecer su lengua y a dar prueba del intento de contentar los gustos de
todos cultivando la mayor parte de los géneros vigentes en su tiempo con
extraordinaria calidad, tal que le valió el título de “Monstruo de la
naturaleza”.
La introducción de digresiones e interrumpciones en la obra
testimonian el intento del autor de evidenciar que está hablando con Marcia
21
Leonarda, y las cosas que dice no tienen nada que ver con el tema. Muchas
son eruditas, cultas, para hacerlas verdaderas, y éste es un recurso típico de
la retórica. Estos expediententes enseñan la dificultad de Vega de librarse
del peso de la tradición clásica y de la historia de su lengua causando así
una ruptura de su manera típica de escribir, con evidentes giros sintácticos
y ambivalencias del texto, y para ganar la complicidad del lector.
Estos recursos crean confusión dentro del texto, interrupen el hilo
argumental y descuidan la forma sintáctica con el intento de resaltar
algunas figuras para impactar al lector.3
Aposentóse el Duque en la corte con la grandeza que a tal príncipe convenía.
Íba y venía a palacio, llevando siempre en su coche a Diana, que se convertía
en los ojos de Argos para ver si por aquellas calles o en los patios y
corredores del alcázar parecía Celio, que con fuertes prisiones estaba en
Cartagena de las Indias. (p. 154)
Con una metáfora el autor explica que Diana intentaba ver Celio un
día, como si fuera Argos, figura mitológica que tenía cien ojos, y que
simboliza la vigilancia. Esta metáfora está subrayada por una compleja
estructura sintáctica que empieza por la inversión del verbo respecto al
sujeto y está organizada en diferentes oraciones subordinadas, donde cada
una añade un significado preciso al sentido general del período.
En los palacios de Circe estuvo mi entendimiento cautivo sin hermosura y
agradecido sin premio. En esta transformación no pude ver sus defetos: ¡Mal
haya amor que, pasado, es todo arrepentimiento! (p. 158)
En esta nota observamos la importancia dada a la coordinada espacial
puesta en la primera colocación para poner en evidencia el escenario
mitológico. Sigue la anteposición del verbo respecto al sujeto
entendimiento, sustantivo al cual siguen dos adjetivos coordinados
calificativos ( cuyo cambio de posición respecto del sustantivo no implica
cambio de sentido) y que tienen una función especificativa ya que están
pospuestos al sustantivo. Con la exclamación el autor quiere enfatizar que
mal es el amor pasado, adjetivo subrayado en cuanto está puesto entre
comillas.
Naturaleza y la diosa que vuestros prados amenos visten por abril y mayo, en
su boca compitieron. (p. 159)
Esta nota, insertada en el canto de Diana, hace referencia a la diosa
Flora. Naturaleza y la diosa se encuentran en primera posición con el
A continuación las referencias acerca de la obra literiaria Las fortunas de Diana remiten a: L. deVega,
Las fortunas de Diana; Texto y gramática de M. C. Muñoz Medrano, A. Lippolis Editore, Messina, 2007.
3
22
intento de intensificarlos. Sigue la anteposición del complemento objeto
respecto al verbo, para enfatizar la riqueza de estos prados que compitieron
en la boca de la diosa; según la creencia mitológica, la divinidad hacía
brotar las flores de los árboles.
Tres dicen que son las Gracias los que las suyas no vieron, porque las
hicieran más o fueran las otras menos. (p. 160)
También en este caso hay una evidente inversión sintáctica que quiere
enfatizar la cantidad de las Gracias que representan la hermosura, el arte,
el baile y el canto.
Lope confiere variedad a sus relatos, ricos, ciertamente, en episodios y
paréntesis, en historias y fábulas. Alega referencias doctas e intercala
“episodios mitológicos. Como explica Vega en La Arcadia, el escritor ha
de saber “todas las ciencias, o a lo menos principios de todas”.
El latín era la base de la enseñanza, y a través de la lectura de los
clásicos se alegaban sentencias, conocimentos mitológicos, máximas que
fijaban una forma de ser y de comportarse. Esto provoca que el orden
temporal se interrumpa y haya discordancias entre el orden temporal de la
historia y el orden de sucesión en el relato, insertando narraciones al
presente en narraciones pasadas (anacronías hacia el pasado) o futuras
(ancronías hacia el futuro). Claramente estas inserciones se reflejan en el
desorden de la sintaxis y en la sucesión de las palabras.
Empeñé las joyas en Sevilla para cosas que me fueron necesarias, con
determinación que, si Dios me volvia con bien del comenzado viaje, volvería
las joyas a su dueño. Pero si por la relación añadió el piloto que me habéis
dado conocéis esta dama, este diamante es suyo: mirad si le conocéis. (p.
146)
La identificación y el reconocimeinto del diamante sirve para
reconocer la identidad de la amada que se ignoraba. El autor aplica una
técnica bizantina que está en la anticipación de un evento que se va a
desarrollar posteriormente en el relato. Esta técnica contribuye a
fragmentar el texto, mezclando diferentes recursos, aportando desorden a la
organización textual. El autor invierte la subordinada si por la relación que
me habéis dado a la principal añadió el piloto, insertándola dentro de la
subordinada que Vega divide en dos partes; si por la relación y que me
habéis dado sin usar ninguna coma. Todo esto crea claramente un evidente
desorden de las palabras y del texto, en general, a través del uso de la
prolepsis, para subrayar el contenido, según la posición de los términos,
reflejando la lengua hablada y las intenciones discursivas intímas suyas.
23
Vega disfruta de la alternancia entre la modalidad escrita y la hablada
con una mezcla de heterógenas opciones y conferiendo sinuosidad al relato.
A través de los recursos de la narración hablada puede interrumpir su
relato, añadir digresiones, divagar sobre otros asuntos, y retomar el relato.
Lo que no sería posible a través del uso único de la modalidad escrita ya
que no disfruta de la actualidad del relato oral.
¿Qué había de hacer Diana en este atrevimiento? ¿Era Troya Diana? ¿Era
Cartago o Numanca? Que bien dijo un poeta: Tardóse Troya en ganar, pero,
al fin, ganóse Troya.
Desmayóse la turbada doncella. Celio la recibió en los brazos y puso con
respeto y honestidad en su cama... (p. 94)
Vega se basa en fuentes eruditas que evocan la caída de Troya que
tuvieron suceso en la tradición oral. En particular el autor usa la técnica
típica de los relatos del siglo XIV que consistía en versar en torno a los
asuntos clásicos como la guerra y la destrucción de Troya. El sujeto Diana
se pospone al verbo había de hacer, y en la interrogativa se pospone
incluso al complemento objeto Troya. De la misma manera, el sujeto el
poeta se pospone a bien dijo y el sujeto Troya a los verbos se tardó y se
ganó. Sigue el sujeto la turbada doncella que se pospone al verbo al cual
està ligado se desmayó, cuyo adjetivo turbada se antepone al sustantivo
con función explicativa que destaca y acentúa una característica inherente
de lo nombrado, explicitando algo que ya está comprendido en el
significado del sustantivo al fin de enfatizar la condición de la doncella.
El uso vivido del lenguaje es testimonio concreto de un discurso
paralelo a la historia, construido come relato oral que da vida a una lengua
hablada. Pretende que nosotros creamos que està contando algo que està
escrito para ser hablado. Consigue que su relato sea hablado más que
escrito, dialogado más que narrado.
El precepto “hay que escribir bien como se habla, el escribir tiene que
quedarse cerca del hablar” fue introducido por Juan de Valdés en su obra el
Diàlogo de la lengua (1535), “el estilo que tengo me es natural, y sin
afectación ninguna escrivo como hablo”. Así que, esta mímesis de lo
hablado de Vega se puede hacer resalir a Valdés con la fórmula “Escribe
como hablas” con un estilo orientado hacia la expresión de lo ‘natural’ y ‘lo
simple’; la mímesis de lo hablado utiliza construcciones y elementos
sacados directamente de la lengua hablada, con el uso de recursos literarios
que aparecen en el discurso directo.
Hay que considerar que la lengua escrita no evoluciona con la misma
velocidad de la lengua hablada y entonces la lengua de Vega es un
testimonio inestimable del estado y de las evoluciones de la lengua
espanola, ilustrándonos el fundamento de la lengua que hoy hablamos.
24
La lengua de Vega es muy fluctuante, muy poco equilibrada, no hay
un método preciso que sigue con coherencia, y, además, es una lengua
insegura y no cuidada. Esto demuestra el fin primario del autor, el de
persuadir a un público amplio que exige que se represente la acción en el
modo más directo posible. Así que, el objetivo es el de impactar
emocionalmente a los receptores sin hacer caso de los recursos estilísticos
empleados o a la lengua. Además el uso de una lengua concreta no es sólo
por voluntad del autor sino es el resultado del hecho que Vega escribió
mucho yendo de prisa y, a veces, sin la posibilidad de releer sus obras o de
hacer caso a su forma. La intención era sólo la de satisfacer a todos cada
uno con su gusto, combinando todos los recursos y géneros a disposición.
En su Arte Nuevo de hacer comedias en este tiempo, Vega recuerda
los nuevos principios del arte retórica y poética, aclarando a cada paso, que
hay que hacer las cosas como las espera el vulgo.
Las fortunas de Diana se caracteriza por una concatenación y
acumulación de ideas, e impulsos creativos. Todos estos aspectos que
hemos considerado hasta ahora dan lugar a la construcción de la frase de
manera desordenada, en la cual el verbo no está en su sitio y el sujeto se
pospone, característica típica de la lengua oral.
Por esta razón el artificio del autor de escribir como se habla no se
puede considerar lo que se llama “ficción converacional”, cuando el autor
imita no sólo el lenguaje hablado, sino también las estrategias y
mecanismos de la dialogacidad oral. En este caso la imitación de lo hablado
o las diferentes formas del discurso directo con los recursos del lenguaje
oral no son nunca completas ni perfectas, se trata siempre de simulaciones,
o sea, la conciencia lingüística del autor, la que selecciona ciertos rasgos
lingüísticos considerados característicos de la lengua hablada. Pero eso no
es el caso de Vega que utiliza el lenguaje hablado no sólo como un recurso
estilístico sino también con espontaneidad dando prueba inminente a sus
pensamientos y estados de ánimo, poniéndose al servicio y al gusto de su
público.
Reflejo de la lengua oral es la alteración de los componentes de la
oración, y esto implica que casi nunca está la disposicion linear de los
elementos, según el orden, sujeto, predicado y complemento.
Es grande la diferencia y más humilde el modo.
...llamaban a las novelas cuentos...se reducían sus fábulas a una manera de
libros. (p. 76)
Fueron en esto los españoles ingeniosísimos. (p. 78)
25
Vega seguía la regla en vigor que los sustantivos y los pronombres
habían de ir tras el verbo aunque no hay ningun rigor formal, ya que
estamos hablando de una lengua oral, que no puede ser rígida en cuanto es
fruto espontáneo de las consideraciones y deseos de los personajes.
No erraba Lisena en componer honestamente su hija, que una doncella en
hábito estraordinario de su estado no es mucho que desee cosas
estraordinarias...(p. 81)
Atenta estuvo Lisena y sin responder a Otavio...(p. 83)
Quedó Celio con la llave de aquellos aposentos. (p.90)
Distaba la ventana del suelo catorce o dieciséis pies...(p. 91)
Algunas noches duró en estos amantes la conversación referida
secretamente, porque Diana no daba lugar a lo que Celio con eficaces ruegos
pretendía y con juramentos aseguraba. (p.93)
Dejó finalmente Celio en manos de Diana su determinación.
Mil veces se maldecIa Diana por haber dado lugar a Celio en su deshonra...
(p. 97)
No quiero yo que me quieras, que como el amor es alma...(p. 112)
Admirados quedaron los pastores de ver entre aquellas ramas tal prodigio de
hermosura...(p. 116)
Tenía conocimiento este labrador con el mayoral de los ganados del
Duque...
(p. 127)
Contenta estará vuesta mercé, señora Leonarda, de la mejoría de nuestro
cuento, pues ya queda Diana en servicio del rey Católico..(p. 155)
...ya hicieron fin las fortunas de la hermosa Diana y el firme Celio. (p. 166)
Es claro que alterando el orden de los complementos la lengua se
acerca a la oralidad y la anteposición del predicado o la disposición del
complemento se realiza por imitación de la lengua hablada. En
consecuencia, a las incongruencias de la lengua hablada se da forma a
través de su expresión escrita.
Como ya hemos considerado, otra tendencia típica de la Edad barroca
està en la construción de la frase con el verbo puesto al final. La sintaxis y
la organización del texto imita, algunas veces, la construcción del período
latino, con finalidades estéticas y retóricas, aunque domina la tendencia de
la posición postverbal tan característica del castellano medieval del siglo
XV, como hemos observado a través del análisis de La Celestina. Veamos
26
ahora algunos ejemplos que muestran una organización sintáctica
impregnada de retocismo latino:
Y viniéndole a la imaginación a Celio que...así presumiendo hallarle como
por alejarse de su tierra, resolvióse a ver si en aquella insigne ciudad
estaba.(p. 120)
Vino gente y dividiósela conversación con gran sentimiento de Silveria, que
de allí adelante con más declarados ojos la miraba.(p. 132)
A muchos enviaba a ella con los procesos y averiguaciones y a muchos hacía
dar garrote en secreto y sepultura en el mar, si allí le había.(p. 163)
Esta tendencia a organizar la frase según la construcción latina era
típica del barroco con la finalidad de enriquecer la lengua, contraponiendo
típicas formas de la lengua hablada y construcciones más elegantes que
adornan la lengua empleando todo los recursos posibles para su narratario,
Marcia Leonarda y para satisfacer el gusto de todo el mundo. No obstante
Vega ha sido considerado como el enemigo de Góngora, que solía decorar
tal lengua hasta el punto de privarla de contenido, el autor juega con las
diferentes posibilidades lingüísticas, y, como hemos visto, no se puede
excluir el uso de construcciones cultas que se alternan a las más cercanas a
la lengua oral, dando a cada personaje su personal lengua, aunque, a veces,
con contradicciones.
Otra característica de la lengua oral es el uso reiterado de la
conjunción “que”, así como se suele repetir en la conversación, con una
función de refuerzo al sentido; su ripetición causa interrumpciones dentro
de la organización sintáctica de la lengua escrita y evidencia, en cambio, la
sinuosidad y la modulación típicas de la conversación:
Porque mandarme que escriba una novela ha sido novedad para mí, que
aunque es verdad que en el Arcadia... (p. 89)
Y que habiendo conocido la deslealtad de otros amigos...se había reducido a
quere tratar y conversar el caballero más noble...; y que mirase que, después
que andaba con él, no le había dado disgusto ni sacado la espada.... (p. 83)
...y el alma de la novedad y ternura que sintió oyéndolas, que me des licencia
para hablarte, que no sé si tengo qué decirte; (p. 89)
La reiteración de la conjunción “y” es otro típico ejemplo de la lengua
oral que contribuye a hacer menos fluida la organización sintáctica
rompiendo el hilo argumentativo que se puede seguir sólo con un justo
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orden de las palabras sin interrumpciones: en el siguiente ejemplo,
observamos cómo la conjunción “y” aparece bien seis veces:
Otavio era hijo de una señora viuda, que dél y de una hija que se llamaba
Diana y de quien toma nombre esta novela estaba tan gloriosa como Latona
por Apolo y la Luna. Acudía Lisena, que éste fue el nombre de la madre, a
las galas y entretenimientos de Otavio liberalmente, y con mano escasa y
avara... (p. 80-81)
No faltan ejemplos de discordancia sintáctica para subrayar algunos
detalles en cambio que otros:
...había no ha muchos tiempos dos caballeros de una misma edad...(p. 79-80)
En este caso particular se nota el adjetivo muchos puesto en plural y
entonces discordante con el nombre tiempo, y la inversión entre el verbo y
el sujeto, entre los cuales se pone la coordenada temporal para enfatizarla;
además se subraya el hecho que los caballeros son de la misma edad con el
adjetivo explicativo misma que ha sido antepuesto al nombre edad al cual
se refiere.
En Las fortunas de Diana sólo los pronombres enclíticos “reflexivos”
contribuyen a alterar el orden linear de los componentes de la frase, aspecto
que hemos destacado en el Lazarillo de Tormes.
Consideremos algunos significativos ejemplos:
Y engáñanse en esto, como en otras cosas, porque a la frescura de lass rosas
por la mañana basta
el natural rocío... (p. 91)
Consertáronse los dos con pacto que no había de pasar de la ventana... (p.
91)
Dolióse de su temor el alba, envidiosa de sus lágrimas salió más presto; (p.
110)
Sosegóse Otavio, así por esto como porque su madre le disuadía deste
pensamiento...(p.121)
Además, hay casos en los cuales los sustantivos propios o comunes no
tienen artículo y están en singular:
...que amor, dinero y cuidado es imposible disimularse...(p.134)
...porque es ingratitud al cielo o emplearse mal o encubrillas. (p.141)
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Por lo que concierne a la colocación de los adjetivos, en Vega muchos
son especificativos en posición antepuesta al sustantivo, utilizados para una
finalidad estética de la época barroca, en cambio en La Celestina estaban sí
en posición antepuesta pero con función explicatica.
Cosideremos algunos ejemplos en los cuales se destaca la preferencia
del autor por la anteposición del adjetivo al nombre con función
especificativa:
Y así contenta y enternecida Diana más de la verdad y llaneza que del artificio del
papel...(p. 89)
...si tan desigual libertad de mis obligaciones llegase a sus oídos. (p. 90)
...y la última fue rogarle que se fuese a vivr a su casa en mejores aposentos. (p. 90)
No obstante, no faltan adjetivos pospuestos al verbo, con función
explicativa, así como aparecen en el español actual, con el intento de
matizar la calidad del nombre:
Diana mostraba alegría en la obediencia, y con discreción notable no excedía un
átomo sus preceptos, de suerte que ni en misa ni en fiesta pública fue jamás vista de la
curiosidad ociosa de tantos mozos...(p. 81)
En este caso los adjetivos notable y ociosa restringen las posibilidades
referenciales de los sustantivos discreción y curiosidad, añadiendo notas no
inherentes a su significado, o sea, agregan algo que no está comprendido en
la significación de los sustantivos y se refieren a una parte de la extensión
de éstos.
Por fin, la construcción atributiva corresponde a la del español actual
y, en cambio, se diferencia de la del siglo XV y parte del siglo XVI, dado
que en aquel período se anteponía el atributo a su verbo.
...es ansia de las doncellas lucir su primera hermosura con la riqueza de las
galas; (p. 81)
...que a diez y a veinte leguas de Toledo anduvieron por espacio de un mes,
fue posible hallar señas. (p. 119)
...aunque sean engañosas, no dañan, porque entretienen la vida. (p.121)
A través de este excursus diacrónico hemos recorrido un viaje en el
tiempo que va desde el siglo XV hasta el siglo XVII, recorriendo las etapas
históricas señaladas por la publicación de obras de alto nivel literario como,
La Celestina, el Lazarillo de Tormes y Las fortunas de Diana.
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De manera distinta estas obras presentan aspectos peculiares que nos
enseñan la lengua en su respectivo período histórico. En mi investigación
he tratado la evolución sintáctica del orden de las palabras y he visto como
algunos aspectos se han desarrollado, otros han desaparecido y otros han
variado sus matices.
Por cierto la manera con la cual construimos y organizamos nuesta
ideas enseña una diferente madurez lingüística que se adquiere sólo con un
desarollo histórico y cultural. Hemos visto como en el siglo XV la
constucción de la frase era concebida según el modelo latino mientras que
ya en el siglo XVI el orden se configura de manera más linear aunque con
significativas excepciones. En la era de Las fortunas de Diana se destaca la
inversión entre el verbo y el sujeto creando desorden en la frase. Estas
diferentes configuraciones de la sintaxis demuestran, en diferente manera,
la espontaneidad y el escaso cuidado que hay en la lengua oral, el esfuerzo
de los escritores de acercarse a los lectores y su gran emotividad; por otro
lado, su fuerte arte estilítica no puede sino que trasparentar a través de sus
líneas leterarias. Por eso, en las tres obras literarioas analizadas resalta la
alternancia entre expresiones cultas y coloquiales que por cierto presentan
construcciones sintácticas diferentes; en la primera se nota la fuerte
relación con el latín y el arte medieval; y en la segunda hay una
construcción más vulgar que quiere impactar al lector dando prioridad a los
elementos temáticos y a las palabras llaves. Además, he analizado todos los
elementos de la frase que contribuyen a definir su orden. La posición de los
pronombres, de los adjetivos respecto al sustantivo, y dentro del período la
posición de la subordinada respecto a la principal, según la importancia que
el escritor quiere dar a las dos y según las nuevas posibilidades lingüísticas
a su disposición; en efecto, ya a partir del siglo XVI se constata la
dilatación del texto y el desarrollo del uso de los nexos, copulativos y no.
Es en la sintaxis donde se notan mejor los grandes progresos
lingüísticos entre la lengua clásica y moderna, progresos que se destacan en
mayor medida en la lengua oral, gracias a su capacidad de modificarse día
tras días. Y, por esta razón, las obras por mi elejidas me han ayudado en mi
investigación.
Todavía hay mucho que descrubir, y además hay que considerar que la
lengua tiene el poder mágico de revelar continuamente aspectos nuevos,
dado que refleja la cultura en la que se habla, y ésta va desarrollándose día
tras día gracias a los continuos estímulos de los hablantes sin fin y sin
ofrecer conclusiones absolutas.
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Sitología
http://www.rinconcastellano.com/index.html
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