cachorros en peligro, en misiones

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cachorros en peligro, en misiones
Cachorros En Peligro
En Misiones
E
n la selva misionera hay muchos animales salvajes, así les dicen
algunos, unos cachorros jugaban, en su idioma se entendían, el mayor
era el leoncito Alejo, siempre estaba con su hermana, la leoncita Mimi,
juntos al tigre Rodrigo, el puma Jorge y la monita Lucía.
– Ché, león Ale – dice el puma – vamos hasta el río a darnos un chapuzón y
comer algún pescado –. El tigre dice:
–
Enseguida, ayer ví a varios yacarés en la orilla tomando sol.
– La monita se asusta y dice. esos me van a querer comer de almuerzo.
– Yo te cuidaré y todos te vamos a proteger de esos yacarés y de cualquier
daño que alguien te quiera hacer, dijo la leoncita.
– Si, siii, dijeron los demás.
Camino al río, se cruzan con doña mona Enedi.
– Hola lindos cachorritos, adonde van con mi hija.
– Nos vamos al río un rato, le deja ir con nosotros a ella y la monita tanguera
Malena, las vamos a cuidar y nos portaremos bien.
– Si mamá, les voy a hacer caso y me portaré bien, dijo Malena.
– Está bien dice doña mona, yo seguiré a lo de tu tío orangután Miguel vayan
a dejármelas allá, tienen dos horas y media, o no les dejaré nunca más que
salgan a pasear con ustedes.
– Todos contentos, agarran a los besos a doña mona, se van al río, como
siempre, hacia mucho calor y esa parte del Zaiman estaba lleno de animales,
garzas, tortugas, conejos, topos, pelícanos, flamencos, la mayoría eran crías,
cachorros, sólo dos o tres parejas mayores,
doña liebre, unos loros
parlanchines y chismosos, todos disfrutando del hermoso día nadando o en la
orilla, como los pescados grandes llegaron a un acuerdo de no agresión con
los leoncitos, estaban todos los pescaditos, lindos y feos, los más chiquitos y
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los más grandes, pejerreyes, bagres, viejas del agua, surubíes, dorados, hasta
peses espadas, se divirtieron un rato, hicieron amistad hasta con los
pescados y los sapos.
Cuando faltaban sólo unos minutos para irse a la casa del tío orangután,
llegan yacarés por todas partes, por la orilla opuesta, por el agua y por el
frente, no les dejaron espacio para escapar.
– Hoy tendremos un banquete, dijo un yacaré.
– Alcáncenos si pueden, dijeron las liebres, mientras corrían.
– ¿Aprendieron a volar? preguntaron las aves.
La monita tanguera se aferraba a su hermana, estaba muy asustada, le
temblaban las piernas y los bracitos. la mayoría de los animales que no podían
volar ni correr muy rápido, quedaron atrapados y muy asustados, no podían
reaccionar .los únicos que podrían hacer algo eran los felinos, pensaban los
sapos, pero estos estaban tan asustados como los de más a varios se le
congelaron el cuerpo y el cerebro de tanto miedo, mientras que se seguían
acercando y cerrando el circulo los yacarés. Los topos hicieron pozos y
escaparon, unos sapos se pudieron ir atrás, después los caracoles, los
conejos no entraban, ni las tortugas:
– Vamos pedir ayuda y volvemos, dijeron los topos.
– algunos flamencos y garzas pasaron en vuelos rasantes, se llevaron
tortugas y conejos, pero todavía quedaban muchos rodeados.
– Hace años que no como un mono, dice un yacaré.
– Yo nunca comí, desde chiquito que quería probar uno contesta otro.
– Unas ves comí carne de león, era muy duro, porque estaba muy viejo, estos
estarán más blandos, otro yacaré propone, te voy a convidar carne de tigre
si me das un poquito de carne de puma, y a vos, dice a otro, si me das
carne de león.
– Ahora no parecen futuros reyes de la selva, ese es nuestro titulo ahora,
decían mientras se seguían acercando. todos los rehenes estaban muy
juntos, para darse coraje.
– Súbanse arriba de nuestros lomos, dijo el leoncito.
– Subieron las monitas y dos o tres conejos en los otros felinos.
– Tenemos que tratar de escapar, correremos hacia ellos, separados cada
uno por dos o tres metros, cuando estamos cerca saltamos lo mas alto
posible o nos muerden y comen una pata y después el resto, cuando se
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distraen con nosotros, los que quedan acá van a correr lo más rápido que
hayan corrido y las tortugas trepen al lomo de los conejos, dijo la leoncita.
– O van a ser almuerzo y el postre de los yacarés, dijo el tigre.
– Unas tortugas no se movieron porque no escucharon nada, estaban dentro
de su caparazón escondidas, llorando de miedo, ya que creían que iban a
morir sin poder despedirse de sus parientes y amigos. el puma fue a los
golpecitos, llamando una a una a las tortugas y explicándoles el plan y les
subieron a las espaldas de los conejos.
– Agarrense bien fuerte tortugas y listos para correr conejos, dijo la monita
Lucia, ya con menos miedo.
– Cuando se prepararon los felinos para empezar a correr, se escuchó un
fuerte rugido, los yacarés creyeron que era el padre de los leoncitos, miraron
hacia donde salió el rugido, esta distracción aprovecharon y salieron como
una bala de rápido, cruzaron por arriba de algunos yacarés en su huida y
estos no sabían dónde mirar, atrás fueron los conejos con las tortugas al
galope. Los pobres yacarés por creer que les atacaban, dejaron escapar su
comida, se quedaron sin almuerzo, cena ni postre.
Ya lejos, se armaron de coraje y les hacían burlas a los yacarés, les
amenazaban con volver con sus padres y vengarse. Les agradecieron al león,
que
solo andaba de paso por ahí
vio lo que sucedía y se dio cuenta que
estaban por intentar huir y para que pudieran tener excito en su fuga, rugió
haciéndoles distraer unos segundos, que les alcanzarían para rajar. Todos los
ex rehenes les agradecieron mucho y se fueron, también agradecieron a los
cuatro cachorros, con promesas de gratitud eterna. Por el camino se ponen de
acuerdo de no contar lo que les pasó porque nunca más les dejarían salir a
pasear juntos y vivirían preocupadas sus mamís. Al llegar al árbol del tío
orangután les esperaba mamá mona muy enojada porque se atrasaron media
hora de lo que habían quedado.
Dijeron que se les pasó la hora porque no había sombra cerca para guiarse
y les parecía que el sol siempre estaba en el mismo lugar, y los otros animales
decían que estaban hacía poco rato allí, pero estamos todos acá, sanos y
salvo. También tenían acordado no ir más solos al rió, siempre pedirían a un
mayor que les acompañen, padres o tíos. El puma propone que la próxima vez
vayan con el tío orangután y si llegan los yacarés les podrá asustar con su
cara. Estallaron en risas todos, menos la monita Lucia porque se reían de su
tío preferido.
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– Él no es feo, que otra cara puede tener un orangután, pero también se reía.
El orangután bajó con su bebé Lucas en brazos y al ver a sus primos
estaba muy feliz y enseguida todo baboseado de los besos de los seis,
pasaron la tarde allí, jugando, cuando regresaron a su manada bajo el árbol les
salió al encuentro la Buky, una perrita que adoptaron, apareció en la selva sola
y últimamente se la veía triste y enferma, las monitas tenían otra
perrita,
fueron a buscarla y le trajeron, enseguida se hicieron amigas, se le pasó ya
tristeza y se sanó, pues
la perrita Mía es parecida en tamaño y color a Buky, ya tenía con quién jugar,
aparte de las monas y los felinos. llegan de visita la jirafa Albalux y la abuela
tiranasaurius rex, la Abú se queda este fin de semana de visita, jugando y
malcriando a los cachorros y a las monitas, para dolor de cabeza del señor
león quieto, la madre leona y la mona felices, pueden salir a pasear mientras el
león va a cazar la comida. Los animalitos contentos porque la Abú les lleva
cosas ricas para comer y les cuenta historias de cuando era joven, en la era del
hielo. así pasan horas escuchando a la Abú tirana saurio rex, las monitas
mientras escuchan, andan de rama en rama, saltan a la cabeza de la tía jirafa,
al lomo y al suelo y viceversa, hasta que llega un toro, novio de la
jirafa,
están un rato y se van a pastar por ahí, llegó mamá mona a buscar a las
monitas, es hora de comer y dormir, y como los felinos son carnívoros y las
monas vegetarianas, así que se van a su árbol a comer y dormir. Que mañana
todos tienen que ir a la escuela, los animalitos también estudian, tienen que
aprender por ejemplo: a diferenciar plantas comestibles y las venenosas, saber
guiarse por el sol y las sombras de los árboles, sumar, restar y dividir árboles,
aprender que pueden hacer ante el peligro, a rugir, a confiar en sus padres,
educarse como buenos animales que son, esa noche se cenaron un hombre
gordo por lo que había bastante comida, se acostaron con la panza llena y
soñaron felices.
Fin
Primer Cuento de Luís Alberto Benítez, julio 2010
Publicado en el primer libro de la cooperativa
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