evangelio según marcos - Descubriendo El Siglo 21

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evangelio según marcos - Descubriendo El Siglo 21
EVANGELIO SEGÚN MARCOS
INTRODUCCIÓN
El Evangelio según Marcos (=Mc), como parece lo más probable, fue el primero que
se escribió. Mucho de lo que antes se había transmitido de viva voz o en escritos
parciales quedó recogido y organizado en este libro. La primera frase del evangelio nos
indica su contenido: “Principio de la buena noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios” (Mc
1.1).
El evangelista quiere presentar esa buena noticia para todos. Es “buena noticia de
Jesús” en un doble sentido: porque él mismo empezó a proclamarla, y porque cuando los
enviados por Jesús la anunciaban, hablaban sobre todo de él.
Este evangelio relaciona el comienzo de la actividad de Jesús con la actividad de Juan
el Bautista, y a Juan lo relaciona con un texto del profeta Isaías, complementado con una
frase de Malaquías (Mal 3.1; Is 40.3). Sin embargo, no menciona ninguno de los puntos
de referencia que eran comunes en los libros de historia de la época: los gobernantes y los
años de gobierno. De esa manera insinúa Marcos que la historia que él escribe no es una
historia profana, sino la culminación de la historia del pueblo de Dios, comenzada mucho
antes.
El evangelio muestra al lector claramente quién es Jesús, y así lo destaca en los
momentos más cruciales del libro. Ya en la frase inicial de Marcos se afirma que Jesús es
el Mesías, el Hijo de Dios, y una de las primeras escenas del evangelio es el bautismo de
Jesús, en el que se escucha esta voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, a quien he
elegido” (Mc 1.11). Los demonios le reconocen como el Santo de Dios (1.24) y como el
Hijo de Dios (3.11; 5.7). En otro momento decisivo, Pedro expresa su fe y la de sus
compañeros al declarar que Jesús es el Mesías (8.29). Dios mismo le vuelve a proclamar
como su Hijo en la transfiguración (9.7). Con solemnidad especial, Jesús declara ante la
Junta Suprema de Jerusalén que él es el Mesías, y que vendrá como Hijo del hombre,
sentado a la derecha del Todopoderoso (14.62). La exclamación del capitán romano, al
ver la muerte de Jesús, resume lo que el evangelista quiere que el lector comprenda:
“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (15.39).
Sin embargo, el evangelio nos muestra, aún con más claridad, quién es Jesús, al
hablarnos de lo que él hacía y enseñaba. Los títulos de Mesías, Hijo de Dios, Hijo del
hombre y otros, se entendían en aquella época de diversas maneras. Jesús no comparte
todas las expectativas judías comunes en su tiempo, sino que las corrige y las supera. Y
esto lo va dejando claro con hechos y enseñanzas, y sobre todo con su muerte y
resurrección.
Marcos nos dice con relativa frecuencia que Jesús no quiere que se divulgue quién es
él. A varios enfermos, después de sanarlos, les prohíbe hablar de lo que les ha sucedido
(1.44; 5.43; 7.36). También en diversas ocasiones prohíbe a los discípulos que hablen de
él (8.30; 9.9), al igual que a los demonios (1.34; 3.12). Así, tanto los hechos como la
enseñanza de Jesús muestran más claramente quién es y cuál es su misión.
Él destruye el poder del demonio sobre los hombres (1.27,34,39; 5.1-20; 7.24-30; 9.1429), da salud a los enfermos (1.29-34) y pan a los que tienen hambre (6.30-44; 8.1-10), y
salva a los discípulos cuando están en peligro (4.35-41). Pero la autoridad de Jesús se
revela también de otras maneras: enseña con plena autoridad (1.27), perdona los pecados
(2.5), tiene autoridad sobre el sábado (2.28), declara el verdadero sentido de la ley (7.1-
23; 10.1-12; 12.18-27,28-34) y anuncia lo que sucederá en el futuro (13.1-37). Por eso,
no es extraño que, al dirigirse a Dios, lo haga con una palabra que expresa una intimidad
desconocida hasta entonces: Abbá (14.36).
Jesús es maestro, pero no como los maestros de la ley (1.22). El evangelio resume en
estas palabras la enseñanza de Jesús: “Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está cerca.
Volveos a Dios y aceptad con fe sus buenas noticias” (1.15). El resto de sus enseñanzas
puede considerarse como una explicación y ampliación de ese mensaje. Con mucha
frecuencia, Marcos destaca que parte muy importante de la actividad de Jesús era enseñar
a la multitud, y de manera particular al grupo de sus discípulos (cf., por ej., 4.33-34).
Pero serán, sobre todo, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús las que revelarán
cuál es su misión y cuál el sentido de su vida. Se puede decir que todo este evangelio está
orientado hacia ese momento decisivo de la historia de Jesús, lo que haciéndose más y
más claro a partir del primer anuncio que Jesús hace de su muerte y su resurrección
(8.31), un anuncio que contradice las expectativas de los discípulos y de toda la gente (cf.
8.32-33). Otras dos veces repite Jesús este anuncio (9.31; 10.33-34). Con la entrada en
Jerusalén comienza la última semana de la vida terrena de Jesús, la culminación de todo
su camino (caps. 11–16).
Desde el punto de vista de esta revelación de la persona y de la misión de Jesús, el
evangelio de Marcos puede dividirse en dos grandes partes:
I. Jesús, con sus hechos y su enseñanza, revela quién es él y cuál es su misión. Escoge un
grupo especial de colaboradores, a quienes da instrucciones especiales. El punto central
es la proclamación de Pedro: “Tú eres el Mesías” (1.1–8.30).
II. Jesús muestra que cumplirá su misión en la humillación y la muerte, pues ha venido
para “servir y dar su vida en pago de la libertad de todos” (10.45). Sin embargo, la muerte
no será el final; después de resucitar volverá a reunir a sus discípulos, para encargarles
una misión (8.31–16.20).
Otros autores, tomando en cuenta las indicaciones geográficas, prefieren la siguiente
división de la materia de este evangelio:
Preparación
I. Actividad de Jesús en Galilea
II. Viajes por diversas regiones
III. Actividad en Jerusalén, pasión, muerte y resurrección
El estilo de Marcos se caracteriza por su carácter popular, con descripciones bastante
pormenorizadas, incluso con repetición de detalles.
Por otra parte, casi todo el material de Marcos se halla también en los otros dos
evangelios sinópticos ( Mateo y Lucas ) o, por lo menos, en uno de ellos. Muy pocos
pasajes son exclusivos de Mc (los principales son: 3.20-21; 4.26-29; 7.32-37; 8.22-26;
14.51-52).
Hoy es opinión generalmente aceptada que de alguna manera los evangelios de Mateo
y Lucas se basan en el de Marcos.
Los mejores manuscritos de Marcos terminan en 16.8. Los vs. 16.9-20 tienen un estilo
diferente, y parecen ser un resumen de los relatos que se encuentran en los otros
evangelios. Probablemente son de otra mano y se añadieron en un momento posterior.
Debemos a los autores cristianos del siglo II la atribución de este evangelio a Marcos
(identificado con el personaje del mismo nombre que se menciona en Hch 12.12,25;
15.37,39; Col 4.10; 2 Ti 4.11; Flm 24; 1 P 5.13). De esa misma época es la noticia de que
fue escrito en Roma, después de la muerte de Pedro y de Pablo. Se puede colegir a partir
de diversos textos (cf., por ej., Mc 7.3-4; 10.11-12) que los lectores a quienes en primer
lugar se destinó eran cristianos no judíos, posiblemente romanos.
La ciencia bíblica actual ha reconocido la importancia de Marcos en su condición de
testimonio de la más antigua enseñanza de la iglesia sobre Jesús, el Hijo de Dios

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