CANTO Y PLEGARIA - carlos runcie tanaka

Transcripción

CANTO Y PLEGARIA - carlos runcie tanaka
CANTO Y PLEGARIA
“…no es lo que comprendes…ni lo que dices…ni lo que sueñas…ni es lo
que deseas…ni lo que miras…ni lo que ves…no lo que oyes…no lo que
das…no es lo que no dices…no lo que escuchas…ni es lo que piensas…ni
lo que no quieres…”, palabras que a modo de letanía, acompañan con su
sonido, la experiencia que propone Carlos Runcie Tanaka en su nueva
presentación, “La misma plegaria”, en el espacio de la Galería Wu
Ediciones en Barranco.
Como es ya característica de este talentoso artista, no se trata de un
despliegue de obras de determinada categorización (escultura, cerámica,
etc.) sino de la oferta de una experiencia que, teniendo la visualidad por
primer vehículo, abre puertas a experiencias más profundas y significativas
que el mero goce estético.
Esta vez Runcie ubica sobre el piso, en cuidado y armonioso abanico
circular, esferas cerámicas de tamaño y texturas diversas, a veces con
incrustaciones de conchillas o agregados como venas de arcilla
envolventes, dispuestas en dos grupos, uno negro, el otro tierra, al que el
autor define como “cuentas sueltas para orar” y que más bien son
asociables configuraciones cósmicas cerradas e interdependientes.
Otras dos grandes esferas sirven de soporte para una escritura que parece
un interminable rosario de verificaciones desechadas. Todas las frases, de
las que más arriba se reproducen algunas, llevan a un camino de dudas y
búsquedas, de travesías por los sentidos y el alma, tratando de encontrar
una respuesta a la que nunca se llega y siempre se invoca. El verbo como
principio, el barro como vehículo, la esfera como símbolo, el sonido como
acompañante y exorcizador, el espacio como contenido y contenedor,
instrumentos para una expresión distinta y ambiciosa, a la vez que
impactante y austera.
No me parece adecuada la palabra instalación para rotular esta oferta de
Runcie Tanaka. Pareciera que ha hecho un abierto y honesto esfuerzo por
conjugar propuestas del pasado, directamente conectadas a esta, y
necesidades emocionales perentorias de un presente donde la angustia, el
dolor sordo e inacabable, la debacle de la esperanza, la fragilidad
constatada, se imponen a la necesidad de la esperanza y solo encuentran
escudo en un aferrarse a sentimientos de fe total.
La esfera, forma protagonista ahora, es un símbolo de totalidad y también
de infinito y perfección. Quizás sea este el sentido que asumió El Bosco al
alojar a los amantes de su “Jardín de las delicias” en esferas transparentes,
tal como lo apunta J.C. Cirlot.
Para Runcie podría ser una vía de expresar no sólo una vivencia profunda e
intensa sino una protesta por lo incomprensible y ajeno a la vida. Si bien la
cerámica ha sido el principal vehículo para su expresión, se ha vuelto ahora
un instrumento más para un modo más amplio, más extenso y arriesgado,
donde el intelecto asociado a un libre ejercicio sensible, lo lleva a integrar,
complementar y hasta amalgamar modos, formas, elementos, que
parecieran ejercerse solo en autonomía y que el autor logra conjugar para
proponer experiencias integrales y obligatorias.
Élida Román
Diario El Comercio. Lima, 29 de noviembre del 2001.

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