comentario de texto de platón

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COMENTARIO DE TEXTO DE PLATÓN
TEXTO:
“- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la
vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol;
compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el
camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que
estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en
todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final,
y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la
causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la
luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la
verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con
sabiduría tanto en lo privado como en lo público.” (Platón. República, VII)
1.- CONTEXTO HISTÓRICO, CULTURAL Y FILOSÓFICO
El contexto histórico de la filosofía platónica es el de la ciudad-estado griega,
especialmente el de Atenas durante el último tercio del siglo V y la primera mitad del
siglo IV. La polis ateniense ha salido derrotada de las guerras del Peloponeso y se ha
visto sometida a la hegemonía de Esparta. Aprovechando la derrota y con el apoyo de
los espartanos, los aristócratas instauran la Tiranía de los Treinta, un gobierno que
suprime los derechos democráticos y desemboca en una guerra civil. Reinstaurada la
democracia, un jurado popular condena a muerte a Sócrates. Así pues, el periodo
político en el que vive Platón es muy agitado. Continuas crisis de gobierno, luchas
intestinas por el poder, exilios forzosos, ruina económica, son característicos de la
antiguamente poderosa Atenas. Por estas razones, se produce un cuestionamiento
generalizado sobre el tipo de ciudadano y el régimen político que aseguran el buen
gobierno. No es de extrañar, por tanto, que la política se convierta en un tema de
interés central en el pensamiento platónico.
Desde el punto de vista cultural el siglo V representa el esplendor del
clasicismo griego con el apogeo de la plástica y de la arquitectura civil y religiosa, la
literatura dramática (Sófocles y Eurípides, autores que llevan a escena las grandes
inquietudes personales y políticas del hombre afectado por la crisis de la ciudad) y
otros géneros literarios como la retórica (Lisias, que fustiga el régimen de los Treinta
Tiranos), la comedia (Aristófanes, autor que critica en clave cómica y conservadora el
deterioro de la sociedad) y la historia (Heródoto y Tucídides, encargados de forjar un
saber histórico como seña de identidad de un pueblo). En el siglo IV, sin embargo, la
crisis política se extiende al ámbito cultural. Ya no se acometen grandes proyectos
arquitectónicos; aún así, en escultura destacan varios autores que desarrollan un
nuevo estilo: Praxíteles, Escopas y Lisipo. Otros nombres importantes relacionados
con diferentes artes y disciplinas son: Isócrates y Demóstenes (Oratoria), Jenofonte
(Historiografía).
En este contexto nació Platón, en el 427 a. C. En el seno de la más alta
aristocracia ateniense. Desde muy pronto recibió la influencia de Sócrates, a quien
acompañó en sus últimos años. La muerte de Sócrates y la crisis de su ciudad
determinaron su vocación filosófica y su orientación política. Visitó Egipto e hizo
repetidos viajes a Siracusa (sur de Italia) para poner en práctica sus ideas políticas,
pero no tuvo éxito. Los últimos años de su vida, sin embargo, los pasó en Atenas
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enseñando en la escuela de filosofía que había creado, la Academia, hasta su muerte
en el 347 a. C.
El texto que se comenta, pertenece al libro VII de la República. Esta obra es
una de las más importantes de Platón y corresponde a su periodo de madurez. El
motivo fundamental que llevó a escribirla fue probablemente la muerte de Sócrates.
Precisamente Sócrates, es en la obra el narrador y el exponente principal de las
creencias platónicas; Glaucón y Adimanto (sus hermanos, en la realidad) también
intervienen. En la República, Platón plantea su concepción del Estado ideal, un estado
gobernado por filósofos, en el que juega un papel capital la educación y en donde la
justicia y la felicidad ciudadanas son posibles. Aunque es una obra fundamentalmente
de carácter político, en ella encontramos todos los grandes temas de la filosofía
platónica.
El libro VII es famoso porque es la parte de la República donde narra Platón
uno de sus mitos más conocidos: el mito de la caverna, con el que pretende mostrar la
diferencia entre un alma educada y otra ignorante. O lo que es lo mismo, este mito
muestra el largo camino que tiene que recorrer un hombre hasta convertirse en
filósofo-gobernante. A través de él, además, se puede conocer la visión de la realidad
y el conocimiento (onto-epistemología) que tiene Platón, su concepción del hombre
(antropología), así como sus planteamientos de carácter ético y político.
Cuatro son los rasgos fundamentales del contexto filosófico de la obra de
Platón.(1) La crítica a Heráclito, pues su concepción de la naturaleza solo es válida
para el Mundo Sensible, y al apuesta por la vía de la identidad de pensar y ser propia
de Parménides. (2) La influencia de la filosofía pitagórica: concepción del alma,
importancia de las matemáticas y la influencia de Anaxágoras (con su idea del Nous o
inteligencia planificadora) (3) La crítica a los sofistas, en primer lugar, a su
fenomenismo, que impide el conocimiento auténtico de la realidad, y también a su
individualismo y relativismo, causantes, a juicio de Platón, de la crisis de Atenas que
mencionamos con anterioridad. (4) Por último, y fundamentalmente la influencia
socrática. La teoría de las Ideas es la radicalización de la búsqueda de las esencias y
definiciones en Sócrates (Platón dota de existencia real los conceptos universales).
Por otro, lado la preocupación socrática por la virtud y el intelectualismo moral, es la
principal vía para plantear que el conocimiento de la Idea de Bien es el requisito
imprescindible para la vida feliz a nivel individual, y para el justo gobierno de la ciudad.
Las repercusiones de Platón en el pensamiento occidental son enormes: en
primer lugar, en Aristóteles, que a pesar de las críticas que hace a las ideas
platónicas, le deberá mucho a su maestro. Su influencia se hace notar claramente
también en la filosofía neoplatónica de Plotino, así como en la filosofía cristiana,
especialmente en San Agustín, y, en general, en todo el pensamiento idealista
posterior, moderno y contemporáneo; incluso en la lógica matemática (Whitehead).
Por lo demás, resulta fácil seguir las huellas del pensamiento político platónico en las
utopías sociales propuestas por diversos autores en el Renacimiento (Marsilio Ficino,
Tomás Moro, Campanela, Francis Bacon) así como en los modelos comunitarios del
siglo XIX.
Platón, ha tenido también grandes detractores, como F. Nietzsche, que lo
considera el mayor de los pensadores nihilistas y el causante, junto con el
cristianismo, de la decadencia de la cultura occidental. También ha sido criticado por
todos aquellos autores materialistas que han visto en el idealismo platónico un freno a
concepciones más realistas y modernas que ya estaban en la época griega en autores
como Heráclito, Demócrito y Protágoras. Pensadores de gran prestigio como K.
Popper, lo han señalado como el precursor del totalitarismo moderno por su
concepción organicista del Estado.
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2.- COMENTARIO DE TEXTO
A) EXPLICACIÓN DE LAS EXPRESIONES SUBRAYADAS:
ÁMBITO VISIBLE. Mundo sensible o de los sentidos. Es uno de los mundos en que
Platón divide la realidad y está compuesto por la multiplicidad de seres materiales que
vemos (copias o participaciones de las Ideas) y que siempre están cambiando. Para
Platón este mundo es una mezcla de ser y de no ser, es un mundo aparente, un
mundo de sombras, del cual solo se pueden tener opiniones. En la alegoría, el interior
de la caverna.
ÁMBITO INTELIGIBLE. Se trata del otro mundo en que divide Platón la realidad
(dualismo ontológico), es decir, el mundo inteligible o de las Ideas. Está compuesto
por las Ideas o Formas, entidades inmateriales, inmutables y universales que solo se
pueden captar con la razón. Las Ideas son modelos, causas y esencias inmutables de
los seres sensibles. El mundo de las Ideas es para Platón el mundo del ser, de la
verdad, del conocimiento auténtico. En la alegoría, como Platón nos aclara en el texto,
este mundo estaría representado por el exterior de la caverna.
B) IDENTIFICACIÓN Y EXPLICACIÓN DEL CONTENIDO DEL TEXTO (TEMÁTICA):
Como se ha dicho, el texto que comentamos pertenece al libro VII de la
“República”, concretamente a la parte final de la alegoría de la caverna, en la cual
Platón describe el proceso educativo del filósofo-gobernante; un proceso lleno de
dificultades que culmina con la aprehensión o la captación de la Idea del Bien. (En los
fragmentos anteriores, Platón ha utilizado dos recursos literarios para recalcar las
trascendencia de la Idea del Bien: la analogía del sol con el Bien (Libro VI) y el símil de
la línea (Libro VII)
El tema del texto es la interpretación de la alegoría. En él, Platón expone el
significado onto-epistémico, antropológico y ético-político de todos los elementos o
partes del mito, destacando la trascendencia de la Idea de Bien.
El texto puede dividirse en dos partes:
1ª PARTE. Desde: “Pues bien, querido Galucon (...)” hasta: “(...) y que es lo que
deseas oir”. En esta parte Platón nos aclara el significado filosófico de cada una de los
elementos que aparecen en su alegoría. En ella, podemos distinguir dos subpartes:
1.1 Platón nos aclara que la caverna (“la morada prisión) representa ontológicamente
el ámbito sensible (“la región que e manifiesta por medio de la vista”). En este
sentido, cabría distinguir dos niveles: por un lado, el formado por los seres naturales
(figurillas de hombres y animales) y artificiales (utensilios), y, por otro, el formado por
las imágenes de estos (las sombras). Epistemológicamente representa la opinión.
Por otro lado, y sin salir aún de la caverna, la luz del fuego, representa la luz y el calor
del sol. Así como ocurre en la naturaleza (mundo sensible) que sin la luz y el calor del
sol, no veríamos (conoceríamos) las cosas y la vida no sería posible, lo que se ve y
ocurre en la caverna es posible gracias al fuego.
1.2 Las cosas de arriba representan a los seres inteligibles (las Ideas) y la
contemplación de ellas representa la adquisición del conocimiento inteligible
(educación) después de un largo proceso lleno de dificultades en el que el alma se
libera de lo corporal sensible a lo que está ligada (cadenas) allá abajo (Proceso
dialéctico). Así pues, el exterior de la caverna, representa ontológicamente, el ámbito
inteligible, formado por los objetos matemáticos y las Ideas. Ambos son los seres
cognoscibles y verdaderos. Epistemológicamente, el exterior representa la ciencia.
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2ª PARTE
Desde: “Dios sabe si esto es (...)” hasta: “(...) tanto en lo privado como en lo público”.
En esta parte, Platón se centra en la Idea de Bien (a la que compara con el sol –supra
analogía Sol-Bien), de la que dice que es la meta última del conocimiento inteligible, el
saber más elevado, por tanto, al que solo llegan los filósofos. La contemplación del
Bien nos lleva a reconocer su importancia y trascendencia:
a) Es la causa de todo cuanto existe. Es causa de las Ideas, y en tanto las cosas del
mundo de los sentidos participan o son copias de las Ideas, el Bien es causa de
todo lo que existe en este mundo, incluido el sol (“ la luz y el señor de ésta”). Todo
lo bueno, bello y justo del mundo se deben a la Idea de Bien.
b) Pero al mismo tiempo, el Bien es la causa del conocimiento, en el sentido de que
hace posible que conozcamos las Ideas (esencias) y, en consecuencia, todas las
cosas del mundo (ilumina y da sentido a todo). Produce la verdad y la inteligencia.
c) Por último, la sabiduría que proporciona el conocimiento del Bien, tiene un efecto
práctico. Es decir, el Bien es la condición de que nuestros comportamientos en el
ámbito privado (ámbito de la Ética) sean buenos y rectos, y nuestras decisiones
sean acertadas y justas, caso de que nos dediquemos a la política (ámbito de lo
público). Aquí nos encontramos la expresión del intelectualismo moral de Platón y
la identificación filósofo-gobernante.
En definitiva, en este fragmento podemos ver, de forma resumida, toda la
filosofía platónica. Platón utiliza la alegoría para hablarnos del proceso educativocognoscitivo del filósofo-gobernante; pero, al mismo tiempo, expone su visión de la
realidad, su concepción de la naturaleza humana, y por último, sus ideas acerca de la
ética y la política. Y todas estas dimensiones, aparecen aglutinadas en torno a la Idea
de Bien, que es, como se sabe, el súmmum de su pensamiento.
C) JUSTIFICACIÓN DESDE LA POSICIÓN DE LA POSICIÓN FILOSÓFICA DEL
AUTOR.
Para entender bien todos los aspectos o dimensiones que aparecen en el texto
que comentamos, habría que empezar hablando de la teoría de las Ideas, una teoría
que resulta clave en la filosofía platónica y con la que, nuestro autor intenta dar
solución a algunos de los problemas, a su juicio, mal resueltos que ha heredado de la
filosofía anterior; unos, de carácter onto-epistémico y otros, de carácter ético-político.
Básicamente esta teoría afirma la existencia de unas entidades o realidades
inmateriales, absolutas, inmutables y universales, que son independientes del mundo
físico-natural y a las que llama Ideas o Formas. Por ejemplo, existe la Idea de Caballo,
de Árbol, de Hombre, pero también, la Idea de Justicia, de Bien, de Belleza, de
Triángulo, etc. De ellas, deriva todos los caballos, los árboles, los hombres, así como
todo lo justo, todo lo bueno, todo lo bello y todas las formas triangulares que hay en el
mundo físico. Las Ideas constituyen los modelos perfectos, esencias universales e
inmutables de los seres sensibles, quedando estos reducidos a simples copias (o
participaciones) de ellas. Las Ideas, dice Platón, están conectadas unas con otras y
están jerarquizadas, ocupando el lugar más alto la Idea de Bien, la cual (como
aparece en el texto) representa el fundamento de todo lo real, lo máximo que se puede
conocer, así como la base del comportamiento moral y político.
¿Cuál es el significado de la teoría de las Ideas?. Platón retoma con esta
teoría el problema que ya plantearon los presocráticos Heráclito y Parménides y pone
como “arjé” último del ser a la Idea del Bien; pero esta Idea es la culminación de un
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mundo inteligible, diferente y separado del mundo sensible, el de nuestra experiencia
inmediata. Esta división de la realidad en dos mundos (citados en el texto que
comentamos) es una de las consecuencias más clara de la teoría de las Ideas antes
referida y representa una solución dualista al problema ontológico planteado por la
filosofía anterior. Con ello, Platón intenta “reconciliar” a Heráclito con Parménides,
pues el mundo sensible, donde todo está en continuo fluir, todo está en un cambio
permanente, éste es el mundo de Heráclito. Por otra parte, separado de este mundo
está el mundo de las Ideas, eterno, único, inmóvil, que será el mundo de Parménides,
pero con una salvedad, que mientras el mundo de Parménides es único (el Ser), el
mundo de Ideas platónico es plural, dado que las Ideas son múltiples.
¿Qué consecuencias tiene ese dualismo ontológico en el plano
epistemológico? En primer lugar afirmar que el conocimiento epistémico es posible.
En efecto, piensa Platón, si el único mundo fuera el sensible que nos muestra
Heráclito, no podría ser posible la ciencia, puesto que las cosas varían de un momento
a otro, y la ciencia requiere un objeto permanente y estable (como afirmaba Sócrates),
estas realidades inmóviles, invariables son las Ideas de las que son objeto la ciencia.
De esta manera, Platón (siguiendo a Sócrates, pero yendo más allá de él) ha
conseguido una base que hace posible la ciencia, con el principal objetivo de rebatir
las concepciones sofistas de la filosofía; los cuales, aceptando el mundo de Heráclito,
identificaban la verdad con la apariencia, poniendo como única fuente de conocimiento
la percepción sensible (fenomenismo). La consecuencia de ello era el escepticismo
ontológico: no hay una realidad estable que conocer. A lo sumo, Platón considera que
las impresiones sensibles (en virtud del parecido de los objetos que las causan con las
Ideas, sus modelos prototípicos) solo sirven para evocar en determinadas ocasiones el
recuerdo que de las Ideas retiene el alma de su vida anterior (reminiscencia).
Por otro lado, Platón establece una correspondencia entre los niveles de
realidad y los niveles de conocimiento. Es decir, el dualismo ontológico tiene una
correspondencia con un dualismo en el orden del conocimiento (dualismo
epistemológico o gnoseológico). Platón representa esta idea gráficamente por medio
de la Alegoría de la línea dividida que aparece un poco más atrás, en el libro VI de la
República. La opinión sería el conocimiento propio del mundo sensible, un
conocimiento basado en los sentidos y no de fiar dado que se ocuparía de las cosas
que continuamente están cambiando. Dentro de ella, se distinguen dos niveles, uno
inferior (Imaginación o Conjetura, que tendría por objeto las imágenes de los seres
sensibles) y otro superior, la creencia (que se ocuparía de los seres sensibles
propiamente dichos). Por otro, lado, y ya dentro de la Ciencia, el auténtico
conocimiento universal y necesario, dado que su objeto son las Ideas, encontraríamos,
a un nivel inferior, el Pensamiento discursivo (números y entidades matemáticos) y a
un nivel superior, lo que Platón llama Inteligencia o Dialéctica, un conocimiento
completamente abstracto, que consiste en un doble recorrido ascendente y
descendente por las Ideas superiores y que tiene como máxima aspiración la Idea de
Bien. Este es el conocimiento que consigue el filósofo, representado en el mito (y en el
fragmento que comentamos) por el prisionero que sale de la caverna y contempla
extasiado la verdadera realidad del exterior y lo más alto que hay en ella, el sol (el
Bien) reconociendo en ello todo su poder.
¿Qué consecuencias tiene en el ámbito de la ética afirmar la existencia de
un mundo de realidades objetivas que además podemos conocer? Las
consecuencias que tienen tales afirmaciones es que rebaten en el plano de los
principios las teorías de los sofistas. En efecto, si los sofistas terminan en el
escepticismo al afirmar que la realidad se identifica con la apariencia: lo que es, es lo
que a mí me parece; sin embargo tenía una consecuencia aún más grave todavía y
era que terminaban en un relativismo ético: si no hay nada objetivo, ni estable,
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tampoco hay nada bueno, ni justo objetivamente; es decir, lo bueno será lo que a mí
me parece bueno, lo que yo subjetivamente crea que es lo bueno sin ningún otro
criterio. Platón al afirmar la existencia de un mundo objetivo y estable (el mundo de las
Ideas) habrá rebatido no sólo el escepticismo ontológico, sino también el relativismo
ético, dado que ese mundo inteligible implica la existencia de valores universales
(Ideas morales) que nos indican que es lo bueno, que es lo justo, etc.
Para Platón, es el filósofo el que, tras un largo esfuerzo (“al final y con
dificultad”, se dice en el texto), logra salir de la ignorancia (del mundo de la apariencia
y de las opiniones) y consigue liberarse de todo aquello que ata su alma a lo corporalsensible. Es así que, tras una vida racional y de autocontrol, consigue todas las
virtudes de su alma (armonía, justicia). El camino hacia el Bien (el camino del
prisionero desde el interior al exterior de la caverna, es también un camino hacia la
virtud (areté). Y dado que posee la virtud y conoce todas las Ideas morales y sobre
todo el Bien, él es el único que actuará correctamente en sus relaciones con los
demás (en el ámbito de lo privado, como se afirma en el texto) y, en consecuencia,
será plenamente feliz. Platón defiende así, al igual que Sócrates, el intelectualismo
moral y la identificación que éste hace de saber=virtud=felicidad.
Por último, ¿Qué consecuencias tiene el conocimiento de la Idea de Bien
para la política? El filósofo, el dialéctico, es también, según Platón, el que puede
actuar adecuadamente en el ámbito de lo público (texto), es decir en los asuntos del
Estado. Y ello, por la misma razón antes aducida, porque es él el que conoce el Bien,
y la Justicia y puede por ello hacerlas realidad en la polis. Él es, el que movido, no por
un afán de poder, de riquezas o de honores (como los Sofistas y los políticos
demagogos educados por ellos) sino por el deseo de hacer el Bien, tomará las
decisiones más acertadas en los asuntos que conciernen a todos (“lo público”) y
gobernará bien el Estado, y en consecuencia, hará que reine la paz, la justicia y el
bienestar entre los ciudadanos. La justicia nada tiene que ver con el dominio del más
fuerte como señalaban los sofistas más extremistas, sino con un orden y una armonía
social que sólo el que tiene los conocimientos necesarios puede realizar. Por eso, para
Platón el filósofo es el llamado a conducir al pueblo, a gobernar el Estado. Es ésta una
obligación moral que tiene con el resto de sus conciudadanos; el prisionero liberado ha
de regresar al interior de la caverna para tratar de educar, salvar, conducir a sus
compañeros.
El gobernante-filósofo es, por tanto, la pieza clave del Estado Ideal que Platón
nos propone en la República. Otras rasgos o elementos de este Estado ideal son: una
clara división de la población en tres grupos o estamentos, además de los
gobernantes, están los guardianes y los productores, la educación es una prioridad
estatal y cumple una función moral; existe un comunidad de bienes para los grupos
dominantes y se da una total igualdad entre hombres y mujeres.
3. RELACIÓN DEL TEMA O EL AUTOR CON OTRA POSICIÓN FILOSÓFICA Y
VALORACIÓN RAZONADA DE SU ACTUALIDAD.
RELACIÓN ENTRE PLATÓN Y ARISTÓTELES.
Como se sabe, Aristóteles fue discípulo de Platón y, si bien existen, como es
lógico, elementos en común entre ambos pensadores, también hay grandes
diferencias:
La realidad (ontología). El dualismo platónico prioriza lo inteligible sobre lo sensible.
Aristóteles propone una posición bien distinta. Para él la realidad primera y
fundamental es la sustancia (el ser individual), que es sensible. En segundo lugar,
para Platón el mundo sensible existe gracias a la participación en el inteligible.
Aristóteles modifica esa relación: si no hubiera sustancias (lo sensible), las esencias
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universales (lo inteligible) no estarían presentes en ningún otro sitio. No existe un
mundo de esencias separado.
A pesar de las anteriores diferencias, no debemos olvidar que para Aristóteles
la esencia ( o sustancia segunda como él también la llama) es la forma de la sustancia
(primera) o ser individual. La forma es la esencia de la sustancia, es decir, lo que
determina el auténtico y verdadero ser de la sustancia, más allá de sus
particularidades (lo que para Aristóteles son los accidentes de la sustancia). En este
sentido, la esencia o sustancia segunda se asemeja a la Idea platónica: ambas son las
formas de los seres sensibles y ambas son inteligibles. Sin embargo. hay una
diferencia radical: las Ideas están totalmente separadas de lo sensible. Esta
separación será duramente criticada por Aristóteles. Se preguntaba: ¿cómo la esencia
va a estar separada de aquello de lo que es su esencia') Por eso, para el Estagirita la
esencia está «en» la sustancia o ser sensible. No hay división ontológica, sino
hilemorfismo, es decir, unión de materia y forma en la misma sustancia.
Las formulaciones de Platón para explicar la relación entre las Ideas y las
cosas, las teorías de la participación y la imitación no son en absoluto convincentes
para Aristóteles. Él insiste en las carencias de este planteamiento con su “argumento
del tercer hombre”: si el hombre es el resultado de la imitación de la Idea de hombre, y
tal Idea es entendida como una entidad de carácter individual, ¿A qué otra realidad
imita la Idea de hombre? Debe existir un tercer modelo de hombre para explicar la
similitud entre el hombre concreto y la Idea de hombre, del mismo modo que se
postula la Idea de hombre para explicar la similitud entre los hombres concretos. De
ese modo encadenaríamos hasta el infinito la exigencia de un modelo del modelo, lo
que nos llevaría al absurdo.
Para completar la visión aristotélica de la realidad, a los conceptos materiaforma, sustancia-accidentes, habría que añadir otros conceptos correlacionados con
estos, como son: potencia-acto y las cuatro causas (material, formal, eficiente y final)
con los que el filósofo macedonio explica algo que Platón consideraba irracional y
ajeno al ser: el movimiento. De hecho, para Aristóteles el cambio, el movimiento es lo
más característico de la naturaleza; todas las sustancias naturales cambian hasta
alcanzar su máximo desarrollo, su máxima perfección (finalismo aristotélico) siendo el
causante último de todo ello, un motor inmóvil o acto puro (Dios).
El conocimiento (epistemología). El dualismo y el hilemorfismo conducen a
epistemologías opuestas: Aristóteles coincide con Platón al considerar que el
verdadero conocimiento debe ser universal y necesario. Por tanto, el único saber
verdadero es el conocimiento inteligible. Sin embargo, ambos se oponen al describir
cómo se adquiere. El dualismo ontológico platónico lleva a que la ciencia solo se
consiga superando lo sensible (el mundo aparente). Los seres sensibles quedan
reducidos a un pretexto para que el alma recuerde las Ideas que ya conoció
(innatismo). Para Aristóteles. el conocimiento de lo inteligible, las esencias o
sustancias segundas, solo es posible si se conocen las sustancias (primeras) o seres
sensibles, pues es “en” ellos donde se encuentran. Por eso a la reminiscencia
platónica, Aristóteles opone la abstracción (separar lo universal de lo particular
mediante el intelecto), y recupera así el valor de lo sensible.
El ser humano (antropología). Frente al dualismo antropológico platónico, que
identifica al ser humano con su alma inmortal, Aristóteles define al hombre como un
compuesto hilemórfico de cuerpo (materia y potencia) y alma individual (forma y acto),
que es mortal. Por eso, la finalidad de la vida y, por tanto, de la educación, no puede
consistir en la preparación del alma para su vida tras la muerte del cuerpo. Según el
Estagirita, la educación no exige obligar al alma a luchar contra su cuerpo. Más bien,
se trata de todo lo contrario, el alma necesita del cuerpo: solo con los sentidos
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accedemos al conocimiento porque solo “en” los seres sensibles se encuentran las
formas que nos permiten elaborar conceptos.
La ética. Coincide con Platón en que el conocimiento inteligible es el principal bien del
ser humano, pues es su actividad específica. También coincide en que las virtudes
más elevadas son las intelectuales (virtudes dianoéticas). Actuando conforme a esas
virtudes el ser humano alcanzará la felicidad, que es su fin. Pero Aristóteles se separa
de su maestro. En primer lugar, critica la austeridad platónica: la virtud no garantiza la
felicidad, los bienes materiales son también necesarios. En segundo lugar, critica el
intelectualismo moral. Quien conozca el bien no actuará necesariamente bien. Aunque
la prudencia y el conocimiento del bien permitan llegar a la elección adecuada, eso no
implica ponerla en práctica. Para seguir la buena elección también son necesarias las
virtudes éticas, que guíen nuestra voluntad. En conclusión, no basta ser sabio para ser
bueno, también hay que modelar el carácter.
La política. Aristóteles coincide con Platón al señalar que el Estado debe adaptarse a
la naturaleza del hombre y debe ayudarle a desarrollar sus capacidades específicas y
a alcanzar la felicidad. En esa ayuda la educación también ocupa un lugar central.
Como en Platón, la finalidad del individuo y la del Estado coinciden. Como en Platón,
ética y política están íntimamente unidas, y la virtud política por excelencia que el
Estado debe cultivar también es la justicia. Sin embargo, como hemos visto en la
antropología, la concepción que ambos autores defienden del ser humano es muy
distinta, lo que les lleva a políticas también distintas. El fin del Estado no es procurar
ciudadanos justos para que salven sus almas, sino lograr la felicidad del individuo. En
cuanto al modelo ideal de gobierno, Aristóteles, no piensa como Platón que el
gobierno ideal sea el formado por filósofos. En principio, para él cualquier forma de
gobierno es adecuada siempre cuando se oriente claramente hacia la justicia y el bien
común.
VALORACIÓN DE LA ACTUALIDAD
Aunque sin duda la democracia sigue siendo el mejor de los sistemas políticos
(o, si se quiere, “el menos malo”), muchas de las críticas que hace Platón a la misma
tienen hoy su vigencia: por ejemplo, la ineptitud e ineficacia de algunos cargos
públicos designados a dedo, la corrupción de muchos políticos demagogos que, una
vez conseguido el voto, se olvidan de las promesas que hicieron a su electorado o la
falta de respeto hacia las leyes. La crisis económica que vivimos es para algunos
consecuencia de una crisis más honda, de un crisis de valores, de una crisis de la
política. Por esta razón, también hoy tiene bastante sentido la idea de Platón de dotar
de principios éticos la acción política, “humanizar” la política; convertirla en una
actividad orientada al bien comun, manteniéndola así a salvo de quienes solo buscan
en ella fama, poder, o simplemente la ponen al servicio de los intereses económicos.
Los resultados de las encuestas que sobre los políticos se publican en los medios de
comunicación muestran que la mayoría de la gente los valora muy negativamente. La
sociedad civil (o ciertos sectores críticos de la misma, piénsese por ejemplo en “los
indignados”) demanda otra clase de políticos: personas integras, con voluntad de
servicio público, que sean cumplidores de las leyes y que contribuyan decididamente a
solucionar los problemas de la gente y a mejorar la sociedad.
No obstante, debe quedar claro que estas críticas a la democracia no hacen
bueno un sistema político como el que propone Platón en la República; un sistema
que implica la división de la sociedad en castas según las diferentes capacidades de
los individuos, con un clase dirigente (una élite de filósofos) privada de bienes y de
familia por la fuerza, que legisla sin contar con la mayoría de los ciudadanos, a los que
no les cabe otra opción más que obedecer sin rechistar. Un Estado así concebido,
como han señalado muchos autores (Popper, entre otros), dista mucho de ser un
Estado justo, un Estado ideal, como pensaba Platón; más bien, se parece bastante a
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esos regímenes totalitarios que se han dado a lo largo de la historia (el nazismo, el
estalinismo, etc.) con consecuencias desastrosas para la humanidad.
Por último, la idea de Platón de que el Bien, La Justicia, y demás conceptos
morales son valores universales es la misma que preside algunos proyectos éticos
actuales con vocación universal como el de los Derechos Humanos. Si existen unos
valores universales, unos valores que son reconocidos y aceptados en todas las
sociedades y por todas las culturas humanas, se evitará que en nombre de la defensa
de las tradiciones, en algunos lugares se cometan graves atentados contra la dignidad
y los derechos fundamentales de las personas.
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