La obra básica del Racionalismo Cristiano, no obstante sencilla, es

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La obra básica del Racionalismo Cristiano, no obstante sencilla, es
RACIONALISMO CRISTIANO
ÍNDICE
PREFACIO
INTRODUCCIÓN
Capítulo I - LINEAMIENTOS GENERALES
Capítulo II - FUERZA Y MATERIA
Capítulo III - GRANDE FOCO
Dioses y Religiones
Capítulo IV - EL ESPACIO
Capítulo V - EL ESPÍRITU
Capítulo VI - ENCARNACIÓN DEL ESPÍRITU
Capítulo VII - DESENCARNACIÓN DEL ESPÍRITU
Capítulo VIII - EL PENSAMIENTO
Capítulo IX - EL LIBRE ALBEDRIO
Capítulo X - LA AUREOLA
Capítulo XI - LA EVOLUCIÓN
Capítulo XII - EL VALOR
Capítulo XIII - EL CARÁCTER
Capítulo XIV - LA FAMILIA
Capítulo XV - EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Capítulo XVI - FENÓMENOS FÍSICOS Y PSÍQUICOS
Capítulo XVII - LA MEDIUMNIDAD
Capítulo XVIII - LA OBSESIÓN
Capítulo XIX - SÍNTESIS DE LOS PRINCIPIOS RACIONALES
CONCLUSIÓN
PREFACIO
La obra básica del Racionalismo Cristiano, no obstante sencilla, es bien profunda y
debe ser vista como el cimiento base de conocimientos cuya estructura deberá ser
levan-tada mediante el esfuerzo de cada uno.
Está consustanciada en ella, en la sencillez de sus principios fundamentales, una
nueva concepción del Universo y de la vida, y una conducta sana para los seres
humanos que deseen seguirla. Tal conducta, merced de los conocimientos que
proporciona, impele a la persona hacia el conocimiento de si propia, como Fuerza y
Materia probando que en toda manifestación de vida hay un centelleo de inteligéncia
que, como en nosotros propios, hace parte de la vida total.
Aprendemos, así, a saber que somos pequeño rayo, no obstante aún muy débil, de un
inmenso Fóco de Luz que impulsiona el Cosmos - que es la vida inteligente
Universal.
Fuerza y Materia - he ahí, en el sentido Doctrinario, la síntesis del Universo.
Fuerza es vida, es Inteligencia, es el principio Creador y animador de todo cuanto
existe. Solamente podremos entender la Vida, en lo que ella posee de universal, de
grandioso y profundo, conociéndonos a nosotros mismos, por lo tanto entendíédonos
como inteligencia, y solo es posible com-prendernos lo que somos como Maleria,
penetrando, con el auxilio de la Física, ese microscópico sistema planetario - que es el
átomo. Con su estudio moderno, fragmentándolo en electrones, demonstró el hombre
científico que la materia, en otro tiempo juzgada inerte, es un enorme repositorio de
energías, las cuales, en el día en que pudieren ser utilizadas industrialmente, mudarán
de aspecto la faz de la Tierra.
Son esos pacientes trabajos, desarrollados por pesquisidores del saber, que nos
permiten sostener, que "desde la estrella más lejana hasta el barro en que pisamos,
todos somos hechos del mismo material"
Estas dos palabras - Fuerza y Materia - cuya síntesis comprende al hombre y el
Universo, representan, para las futuras generaciones, un programa de realizaciones,
que continuará siempre, sin jamás detenerse.
En el Racionalismo Cristiano se hace, constantemente, elocuente exhortación para que
haya estudio y raciocinio, en intuito de que todos comprendan la imperiosa necesidad
de entregarse perseverantemente al esfuerzo de tornarse cada vez mejores.
El conocimiento de la vida real es un proceso continuo de estudio y jamás será
comprendido por aquellos que se limitan a repetir, sin raciocinar, conceptos
sojuzgados a dogmatismos religiosos o concepciones absolutistas.
Por todo eso, la divulgación de los prin-cípios racionalistas cristianos es, en los
tiempos que pasan, medida imperiosa y de gran alcance.
Luiz de Mattos reveló el Racionalismo Cristiano después de sentir muy bien el
deplorable. estado a que había llegado la mentalidad humana, y lo hizo, sin
economizar esfuerzos, seguro de poder ofrecer al mundo el único y gran recurso para
dirimir los graves malos morales que lo estavan, y aún están, asolando.
Su vida de hombre honrado, digno, em-prendedor, prudente, perseverante, intrépido,
fué un ejemplo de acción vivificante que subsistirá, como incentivo de fuerte
repercución, en la consciencia vigilante de las generaciones presentes y venideras.
Esa espléndida personalidad no quiso imponer a nadie una disciplina que ella misma
no pudiese ejecutarla y no condensó una norma de conducta que no fuese la suya; de
ahí la principal razón de haber hablado siempre con la autoridad que le era peculiar,
reveladora de la convicción de quien sabe que puede dar el ejemplo.
Actuó Luiz de Mattos con el especial cuidado de presentar los Principios
Racionalistas Cristianos de un modo práctico y sencillo, al alcance de todas las
mentalidades, y el resultado ahí lo tenemos, viéndolos comprendidos y acatados por
todas la clases sociales.
Y son ellos tan sencillos, que en una sola palabra podrían ser sintetizados: esa palabra,
es Conducta. De hecho su explanación persigue ese gran objetivo, que es darle a la
criatura humana una norma de conducta. Y cuando decimos norma de conducta, nos
referimos al procedimiento del individuo en la colectividad, en obedencia a la
filosofía cristiana. Por eso mismo, el Racionalismo se llama también Cristiano.
Lo que constituye una realidad incontestable, es que Luiz de Mattos, con ese código
de disciplina cristiana, creó una mentalidad nueva, que dia a dia más se expande, a
medida que de el vayan tomando conocimiento aquellos que, en esta encarnación, ya
consiguieron romper con las cadenas de las creencias y de las concepciones místicas.
Es, pues, bajo una norma de conducta bien definida, modelarmente conducida, que el
racionalista cristiano habrá de imponerse en la lucha por la vida, a la consideración y
al respeto de todos.
No son las palabras, sino los actos y las aptitudes, que señalan el valor de los
principios que la persona adopta.
La vida ordenada de cada persona es el reflejo de su sentir espiritual, y de nin-guna
forma puede la conducta humana aproximarse más de aquél modelo esculpido por
Cristo y reanimado por Luiz de Mattos, de que, estableciendo cada individuo una
norma de vivir calcada, rigurosamente, en los sanos enseñamentos de los Principios
Racionalistas Cristianos.
INTRODUCCION
Esta obra - base y fundamento del Racionalismo Cristiano -, no es para ser leida como
un libro cualquiera y abandonada, cuando no olvidada, despues de su lectura.
Se trata de un trabajo serio de pesquisa y elucidación para estudio y consulta diaria,
capaz de abrir nuevos horizontes al ser humano, con la amplitud de la vision
panorámica que coloca delante de sus ojos perspectivas hasta ahora no imaginadas por
él, que podrán contribuir para imprimir nueva orientación, nuevos rumbos a su vida, y
hacer con que ella se modifique, a cada paso, para lo mejor, alcanzando un sentido
más práctico, más amplio, más profundo, más objetivo, más seguro y auténtico.
Todos los seres humanos - no hay quien no lo reconozca - tienen necesidad de pautar
sus actos por un regimen educacional estructurado en principios de elevada moral.
Por moral se entiende la conducta subordinada a normas que representen la más alta
expresión de la espiritualidad ambiente, capaz de servir de padrón y ejemplo en el
medio en que ellos viven.
Urge que cada uno cumpla su deber, haciendo la parte que le compete con la atención,
los ojos y el alma dirigidos hacia el fin principal de la encarnación, que es el
perfeccionamiento, la evolución espiritual - sin querer saber si los otros también lo
están cumpliendo o nó.
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Vivir para la materia es la tendencia generalizada del espíritu, después que encarna.
Esto, evidentemente, mientras no adquiera - a costa de duras pruebas y penosas
experiencias, em innumerables encarnaciones, un cierto estado de conciencia de la
vida, a que todos llegarán, más temprano o más tarde, por el desarrollo de la
espiritualidad.
La humanidad, en el estado actual, puede ser clasificada en dos grandes clases: la de
los espíritus ado-radores y la de los independientes, con divisiones que corresponden
a la escala del progreso adquirido en el transcurso de sucesivas encarnaciones.
El grado medianero de la espiritualidad se encuen-tra en la faja de transición
intermediaria que separa el campo dominado por la mentalidad adoratória, de aquél en
que la personalidad se destaca por la firmeza del carácter, independencia de actitudes
e insubordinacion a todo cuanto su conciencia esclarecida repudie.
Asi considerado el aspecto fundamental de la evolución del ser humano, fácil se torna
divisar la linea intermedia de la espiritualidad que separa, simbólicamente, las dos
categorías o dos campos, valorados por una escala de graduación ascendente, donde
se registran, tornándose claras, las diferencias existentes entre los valores espirituales
inferiores y los superiores.
Clasificados en la categoría inferior, están los salvajes - una de las primeras fases de
la evolución en forma humana -, siguiéndoles los que se entregan a las prácticas
extravagantes de adoración, dominados por ciego fanatismo.
En la faja de transición se confundem los espíritus encarnados - prisioneros aún de la
idea subalterna de un dios protector y paternal, pero ya liberados de las cadenas más
fuertes del fanatismo primario y embrutecedor -, con los que, rechazando las
genuflexiones contemplativas y las actitudes adulatorias y serviles, procuran
conducirse con rectitud y valor.
En los espiritus integrantes de la camada superior, refulgen las vocaciones idealistas,
destacándose no solamente el alto interés que nutren por toda la humanidad, como asi
también el dominio de las vibraciones producidas por los conflictos humanos,
principalmente en la etapa final de la evolución terrena, en la que su espiritualidad se
revela por arriba de la mentalidad comun existente en el planeta.
Encarnado o desencarnado, el ser siempre es un espíritu - partícula de la Inteligencia
Universal - permaneciendo, cuando encarnado, sujeto a las contingencias de la vida
terrena, algunas de las cuales escapan totalmente a su voluntad.
De ahí la necesidad de que sea enfrentado, con simpatia y elevación de sentimientos,
al semejante que se encuentre en situación desfavorable en cualquier región del
planeta, pues toda la humanidad constituye una única familia habitando,
pasajeramente, este mundo, para realizar su progreso espiritual.
Humanización debe ser el lema comum, y cooperación, colaboración y
confraternización representan los elementos capaces de destruir la animosidad entre
los hombres.
El espíritu es un obrero que participa, con su esfuerzo, inteligencia y operosidad, de la
evolución general. Trabaja él directamente para el conjunto, e indirectamente para si
mismo. Esta aserción es verdadera, tanto en lo referente al encarnado, como al
desencarnado. En el trabajo en cuerpo astral, el conjunto es el Universo; en la labor en
cuerpo carnal, ese conjunto es, principalmente, la humanidad.
Por más agitadas que sean las conturbaciones terrenas, cúmplele al espíritu encarnado
pensar con elevación y proceder con humanidad. En un mundo-escuela como lo es
este planeta, no se puede recriminar al alum-no de primer año por no saber tanto como
el de quinto.
Los que aquí cursan aprendizaje, por perteneceren a la más variada graduación
espiritual, accionan, bajo un estado correspondiente a sun grado de evolución, y no
pueden ir más allá de sus posibilidades.
Están, pues, equivocados los que se juzgan perfectos en materia de espiritualidad,
como acontece con muchos religiosos.
A los que viven realmente impregnados de ideas de santidad, es dificil hacerles
conciliar esas ideas con la clasificación de las diversas categorías espiritua!es
indicadas en esta obra.
Sin embargo, de nada les valdrá cerrar los ojos a la verdad, porque a costa de nuevas
encarnaciones, de largas y reiteradas meditaciones, de estudio, de sufrimiento, de
trabajo y experiencias, tendrán que conquistar los grados de espiritualidad que le
estuvieren faltando para alcanzar el conocimiento de la realidad, mediante la fuerza de
convicción resultante de la evidencia de los hechos.
Espiritualidad e intelectualidad son facultades diferentes que el ser humano las
perfecciona, independientemente una de la otra, pudiendo avanzar su desarrollo más
en una de que en la otra, en el curso de cada encarnación. Ambas son indispensables
para la evolución del espíritu, por lo que tendrán que ser conquistadas con esfuerzo y
determinación.
El desarrollo espiritual y el intelectual, obedecen a una complejidad de aptitudes, de
conocimientos, de experiencias, de ejercicios y soluciones que el espíritu solo puede
obtener encarnando muchas y muchas veces en diferentes lugares.
Todos saben que los pueblos difieren los unos de los otros, hasta mismo de región
para región. Esa diferencia es más pronunciada de un país a otro, donde se verifican
hábitos, costumbres, gustos, inclinaciones y temperamentos bastantes desiguales.
En cada uno de esos conglomerados humanos, el espíritu pasa a disponer de ciertas y
determinadas condiciones para desarrollar facultades que percibe encontrarse
atrasadas con relación a la evolución ya conquistada en otras.
Todos los hechos que parecen incomprensibles, cuando ocurridos en una región del
globo, donde las tendencias no son las mismas, tienen explicación natural, por
obedecer al plan general de la evolución y estaren encuadrados en las leyes de la
relatividad.
Ningun individuo posee solamente defectos o cualidades. Ambos atributos hacen
parte de su personalidad moral. En la lucha que emprende, intenciona reducir los
defectos y aumentar las cualidades, desde el momento cuando comienza a despertar
para el lado evolutivo de la vida.
Asi como la suma de individuos representa un pueblo, su formación moral indica el
resultado parcelado de las cualidades y defectos de ese mismo agrupamiento social.
Por asi serlo es que cada uno da su mayor o menor contribución para la variación del
nivel moral del pueblo, en cuyo medio deliberó encarnar.
La evolución del espíritu es el resultado de su esfuerzo, de su voluntad, de sus
aspiraciones de progresar. Sin embargo, en ella ocurren frecuentes pausas debidas a la
intolerancia y al comodismo del espíritu encarnado, principalmente si él no se viere
muy asediado por las dificultades.
Pero cuando las atribulaciones vienen y no dejan, de venir para sacudir, para despertar
- ahí, si, el indolente se siente perplejo, aturdido por la incertidumbre que constata en
el vacío por él mismo creado en el interior de su existencia.
Llegando a este punto, el lector estará interesado en saber que es lo que aconseja el
Racionalismo Cristiano.
Su interés será ampliamente atendido en las páginas que siguen a continuación, en las
que habrá de ver, pormenorizadamente ecuacionados, los problemas de la vida, en un
lenguaje franco, sencillo, natural y objetivo, como corresponde a la verdad, y sentirá,
a través de cada palabra, de cada línea, de cada capítulo, de cada página, el calor del
mensaje que el Racionalismo Cristiano dirige a toda la humanidad, con lo que
contribuye, conscientemente, para que haya paz entre los hombres y el mundo se
torne fraterno y espiritualizado.
CAPITULO I
LINEAMIENTOS GENERALES
Antes de la divulgación de la materia de que trata esta obra, juzgamos oportuno,
registrar algunos conceptos espiritualistas de autores que se impusieron a la
admiración del mundo por los extraordinarios recursos de inteligencia y sabiduría do
que estaban dotados.
A tales conceptos, como habrá de verse, no les ha faltado el apoyo, desde las más
remotas eras, do grandes valores humanos, seriamente preocupados con el estado,
generalmente retardatario de la humanidad.
Algunos, de avanzada evolución, reencarnaron solamente para echar la semilla de la
Doctrina que el Racionalismo Cristiano hoy explana, destinada al esclarecimiento y
consecuente espiritualización de los habitantes de este planeta.
Cunde por toda parte, aún hoy, deplorable ignorancia a respecto de las cosas
espirituales, siendo fuera de duda que la humanidad ha sido, consciente o
inconscientemente, la gran víctima de esa ignorancia.
No son pocos los enbusteros que de ella han extraído provecho en todos los tiempos.
El ser humano necesita, por eso mismo, ser despertado para la luz, para el
conocimiento de si mismo, para la comprensión racional de la vida, a fin de poder
desempeñarse, con más eficiencia, en sus tareas terrenas.
Conocidos espiritualistas claman, desde hace mucho, contra el error multisecular de
esconder la verdad a la humanidad, y de conservarla en la más completa ignorancia a
respecto de los principios que explican su propia existencia.
- "La ignorancia de la Verdad es uno de los mayores males que afligen el mundo" afirmó Platón.
Jesus lo secundó, cuando dijo "que solo la verdad podrá libertar a la humanidad de las
garras de la ignorancia, y prepararla para el cumplimiento del deber".
Obsérvese la magnifica lección que Descartes daba, mas tarde, sobre la verdad:
"Distinguir lo falso de lo verdadero es el único medio de ver claras las acciones y de
caminar, con firmeza, en esta vida. Un perfecto conocimiento de todas las cosas que
el hombre puede tener, es tan necesario para regular nuestras costumbres, como el uso
de nuestros ojos para guiar nuestros pasos. Trabajar para bien pensar, es el principio
de la moral.
El principio de la moral, a que hizo referencia Descartes, está resumido en estas bellas
y juiciosas palabras de Cicerón, relacionadas al hombre de bien:
- "Observar, puntualmente, todas las reglas que pueden constituir el hombre honrado,
es lo mismo que satisfacer todas las obligaciones y cumplir todos los documentos que
respectan a todas las partes y a todas las acciones de la vida, solamente pudiendo el
hombre ser honrado, en la proporción que las observa."
- "Todo lo que se puede llamar de honrado, se reduce a cuatro principios:
Consiste el primero, en la perspicacia del espíritu, que nos obliga a buscar y a
descubrir la verdad. A ese, llamamos Ponderación."
"El segundo, es aquel que se encamina a guardar las leyes de la sociedad humana. Es
la fé de los contractos, dando a cada uno lo que es suyo. A ese, llamamos Justicia."
"El tercero se sintetiza en la grandeza, de ánimo que, no dejándonos abatir, nos hace
capaces de las mayores empresas y nos asegura la firmeza contra los más terribles
accidentes. A ese, llamamos Valor."
"El cuarto se resume en el orden y en las medidas justas y exactas que debemos
guardar en todas nuestras acciones y palabras. A ese llamamos Moderación."
Para Horacio, hombre honrado es el que se vence a si mismo, aquél a quien la muerte,
la pobreza y los trabajos no lo atemorizan y que, sabiendo reprimir sus deseos
intemperados, desprecia los honores.
Hoy, como en el pasado, los que estudian los problemas y los conflictos humanos - y
entre esos estudiosos se encuentra, destacadamente, el Racionalismo Cristiano - saben
que solamente por la educación espiritual podrá hacerse de cada criatura humana un
ser pacífico y verdaderamente honrado.
Para eso, entretanto, hay necesidad de barrer del sentido común el mundo de
falsedades con que se ha pintado a la vida.
Es indispensable el deshacimiento de las ideas y de los enseñamientos no verídicos
sobre la existencia humana, que tanta confusión producen en el espíritu de aquellos
que buscan la Verdad.
Solamente estarán en condiciones de alcanzar el ideal de plena honradez, los seres
humanos que sean rigurosamente verdaderos.
Podrán, por ventura, ser verdaderos los que ignoran, los que desconocen, los que nada
saben a respecto de la verdad, de lo que somos espiritualmente y de lo que estamos
haciendo en este mundo? Claro que no.
Ninguna ilustración es completa, cuando no transmite al ser humano el conocimiento
de si mismo. Ese conocimiento debería constituír el A B C de la vida.
Ahora bien, el A B C - para aprendizaje de leer y de escribir, es suministrado a los
niños inmediatamente después de ingresar en los jardines de infancia o en las escuelas
de enseñanza primaria.
Y el A B C para el conocimiento de lo que es todavía más importante y fundamental,
el propio Yo - remoto, presente y futuro - del que dependen la salud, el bienestar y la
felicidad, (y con eso un mundo menos agresivo, menos intolerante y más justo. y
comprensible) ese A B C jamás fué dado explícitamente al conocimiento de la
humanidad!
Es triste, es lamentable que tal cosa haya acontecido, una vez que, en posesión de tan
útiles, tan necesarios, tan valiosos e imprescindibles conocimientos, no andaría el ser
humano, a mucho tiempo, mendigando la protección y el amparo de supuestos dioses
paternales, porque habria aprendido a confiar en si propio y a buscar amparo y
protección en el poder inmenso de su voluntad y en la fuerza invencible de los
pensamientos.
La ley de la reencarnación - que las organizaciones religiosas tanto hacen para ocultar
a sus adeptos, en un deplorable atentado contra una verdad tan elemental, nue es la
evolución - es aqui amplia y minuciosamente explicada.
Pero no se suponga que el Racionalismo Cristiano, está haciendo, con esta
divulgación, una revelación inédita.
Tres mil años antes de Cristo, Krishna ya proclamaba, en la India, la existencia de la
Inteligencia Universal, y aseveraba la inmortalidad del alma y su progreso, a través de
múltiplas reencarnaciones.
Y esclarecía el gran pensador: - "El cuerpo es finito, sin embargo el alma que lo
habita, es invisible, imponderable y eterna."
Tratando de la reencarnación, observaba: - "Cuando el cuerpo muere, si el ser fué
esclarecido, el alma asciende a las regiones de los entes puros, que poseen el
conocimiento de la vida. Pero si el alma, cuando encarnada, se dejó dominar por las
pasiones, por los deseos intemperados, entonces es obligada a volver nuevamente a la
Tierra, para recuperar el tiempo perdido"
En ese orden de ideas, proseguía:
- "Yo y vosotros hemos tenido múltiplas reencarnaciones. Las mias, solo de mi son
conocidas, mientras que vosotros no conoceis ni las vuestras. Los males con que
atormentamos al prójimo, nos persiguen, como la sombra al cuerpo. Las obras cuyo
móvil es el amor al semejante, deben ser anheladas por lo justo, porque son las que
concurren para la evolución espiritual. El hombre virtuoso es parecido con los árboles
de nuestras florestas, cuya sombra benéfica da a las plantas que las rodean la frescura
de la vida."
Hermes, en el alto Egipto, aseverava, muchos milenios antes de la. era cristiana:
a) "que la Inteligencia Universal es la única Fuerza Creadora de todo cuanto existe en
el Universo."
b) "que sus atributos son la inmensidad, la eternidad, la independencia, la voluntad
todo poderosa. y la bondad sin limites."
A respecto del alma, su inmortalidad y reencarnación, ponderaba:
"El espíritu del hombre tiene dos fases: cautiverio en la materia, y ascension a la luz.
Durante la encarnación, pierde la recordación de su origen. Cautivo de la materia,
embriagado por la vida, se precipita como una lluvia de fuego, con sensaciones
voluptuosas, a través de las regiones del sufrimiento, del amor y de la muerte, hasta la
prisión terrena donde la vida real parece un sueño vano."
"Las almas poco evolucionadas permanecen amarradas a la Tierra por multiplos
renacimientos. Las almas virtuosas, entretanto, se elevam, a las esferas superiores,
donde recobran la vista de las cosas reales, en las cuales se impregnan con la luz de la
conciencia iluminada por el dolor, con la energía de la voluntad adquirida en la lucha.
Ellas se hacen luminosas, pues poséen la luz en si mismas e irradian esa luz en sus
actos."
Más tarde vinieron los griegos Pitágoras, Sócrates y Platón, que también hicieron
interesantes disertaciones a respecto de la inmortalidad del alma y de su
reencarnación.
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Esas verdades, aunque conocidas de los sacerdotes de los templos egipcios, fueron
cuidadosamente ocultadas por ellos a sus fieles.
En todos los tiempos, el espiritismo científico viene siendo objeto de preocupación de
grandes intelectuales, los cuales encuentran en su estudio importantes e
indispensables subsidios para aumentar su cultura.
En Evolución Animica, afirma Gabriel Délanne., basándose en pacientes
investigaciones:
- "Con la certeza de las vidas sucesivas y de la responsabilidad de los actos de cada
uno, muchas cuestiones se presentarán bajo otros aspectos. Las luchas sociales, que en
nuestra época toman un carácter terrible, podrán ser amortiguadas por la convicción
de que la duración de una existéncia es, apenas, un momento, en la eterna evolución.
Con menos orgullo en la clase alta y menos envidia en las bajas camadas sociales,
nacerá una efectiva solidaridad."
Para que el lector pueda avaluar el esfuerzo desarrollado por algunos hombres de la
ciencia, deseosos de poner la humanidad al corriente de la verdad a respecto de la vida
espiritual - cuando, aún no estaba codificado el Racionalismo Cristiano transcribimos, a seguir, algunos trechos de un ensayo filosófico del que es autor, el
médico Antonio Pinheiro Guedes, en lo cual, criticando al materialismo dominante,
presenta convincentes argumentos sobre la existencia del alma.
Veamos, inicialmente, lo que dice el Dr. Pinheiro Guedes sobre el sueño:
"El sueño, tanto el natural como el provocado por la hipnosis o por los anestésicos, asi
como los ensueños y las alucinadiones, no puede ser explicado, de modo
comprensible, racional y satisfactoriamente, por los procesos fisiológicos comunes y
ordinarios de la escuela organicista o materialista.
"El sueño es la supresión de las funciones de relación; es la suspensión de la actividad
psíquica, casi la cesación de la vida animal.
"Durante el sueño, el cuerpo reposa, y el alma se retempla.
"El sueño, al igual que la vigilia, es un modo de ser del viviente, ambos afirmando la
existencia en antítesis, pues que la vida es dupla - vegetativa u orgánica, animal o de
relación.
"Las escuelas materialistas procuran explicar el sueño, tanto el artificial como el
natural, provocado o mórbido, por una especie de parálisis del cerebro, debido a su
compresión, ya por falta o por superabundancia de sangre.
"Incontestablemente, tanto la anemia como, la congestión le acompañan o se
presentan en el sueño; entrado en sueño natural, provocado o mórbido, el aparato
cefálico se encuentra en uno de esos dos estados; pero indicar el estado o la condición
de un órgano o aparato, en la realización de un fenómeno o de una función, explicar
su mecanismo o la manera de efectuarse, no es determinar su causa; son hechos
diferentes, no deben ser confundidos.
"La observación registra que la pérdida de sangre en cantidad excesiva, y, a veces,
hasta de una pequeña porción, trae, como consecuencia, el sueño, el deliquio, el
síncope o vértigo y, mismo, la muerte, que es un sueño del cual no se despierta.
"Todavia otras maniobras provocan el sueño: la inhalación de anestésicos, los pases
magnéticos, la sugestión, el reposo y hasta el movimiento, cuando cadencioso, un
canto monótono y la sola ausencia de la luz, todo eso son apenas condiciones para el
sueño; son, cuando mucho, causas predisponentes.
"La causa del sueño, la única real, verdadera, aquella que lo determina e impone, es
la necesidad de la suspensión de la actividad psíquica, la supresión de las funciones de
relación; la paralización temporaria de la vida animal.
"El sueño es para la vida animal, lo que el hambre y la sed son para la vida organica:
por el hambre y la sed, el cuerpo reclama alimentos, por el sueño, el alma pide aliento.
Los sueños y las alucinaciones son fenómenos puramente psíquicos que no pueden ser
explicados fisiológicamente; por eso, las teorias que la ciencia materialista concibió
para explicarlos, son falsas y hasta irrisorias.
"Para ellas, los sueños son producidos por las perturbaciones del aparato digestivo!
"Son el producto de una actividad inconsciente!
"Son el fruto de la superexcitación de ciertos grupos de células cerebrales, mientras
otros centros permanecen en reposo, y de ahí su incoherencia!
"No recuerdan los creadores, de tales extravagantes teorías, de que se han registrado
sueños auténticos que fueron verdaderas profecías.
"Ocurre en el sueño el mismo hecho que se produce en el sonambulismo lúcido: el
alma del magnetizado ve y oye aquello que está aconteciendo en lugares muy
distantes: lee en el pasado y en el futuro. Hechos que corroboren no faltan: se
encuentran en los libros religiosos y en los profanos, en los romances y en las páginas
de la historia.
"Las alucinaciones están en el mismo caso y no pueden ser explicadas
fisiológicamente, porque ni son fenómenos psíquicos, y si hechos espiriticos.
La pretensión de la ciencia materialista a explicarlas, es simplemente ridicula.
"No se puede aceptar, realmente, como siendo perversión de los sentidos, alucinación,
la audición de palabras, frases y disertaciones, en lengua que el oyente no conoce y
que él repite, con dificultad, o, todavia, la audición de una pieza de música.
"Asi también la descripción exacta de la figura de un individuo que el vidente nunca
lo ha visto anteriormente, fallecido o ausente, descripción minuciosa de su porte,
facciones, actitudes y gestos habituales, lo que revela la realidad y prueba la identidad
de la persona, no obstante visible solamente a él.
"Son numerosos los hechos de esta naturaleza registrados en la literatura médica, en la
dramática y en otras.
"Por lo tanto, las teorías inventadas por los materialistas para explicar el cómo y el
porqué de los sueños y alucinaciones, son falsas, no pasan de meras hipótesis sin
fundamento, sin las condiciones de las científicas.
"Fenómenos puramente psíquicos y hechos espíriticos, con ciertas alucinaciones,
verdaderos casos de mediumnidad, no obedecen a las leyes orgánicas.
"Las neurosis y, entre ellas, principalmente el sonambulismo, la catalepsia y la locura,
no tienen explicación satisfactoria y racional fuera de las teorías, principios y leyes
provenientes del. estudio, de los fenómenos espiríticos.
"Los fenómenos hoy estudiados y vulgarizados bajo el nombre de Hipnotismo,
y a mucho tiempo, conodidos por Mesmer, Puysegur, Dupotet y muchos otros, antes y
después de ellos; la denominada transposición de los sentidos, la penetración o lectura
del pensamiento y su transmisión asi como la exteriorización de la sensibilidade y
otros, no pueden tener explicación plausible, racional, cientifica, sino en la existencia
del cuerpo astral, cuerpo anímico periespíritu, que es constituído por el flúido
universal, cuya existencia ha sido demonstrada experimentalmente.
Este mismo estudioso médico espiritualista, previendo el desarrollo de los
conocimientos psiquicos de la época, predijo que su marcha se haría en órbitas de la
ciencia, externándose asi:
"La ciencia es el conocimiento de las cosas, de los hechos y de los fenómenos en si
mismos, en su naturaleza y en sus relaciones entre si y con todo que los cerca: el
medio, el ambiente.
"Ese conocimiento solo se obtiene, por el estudio metódico, observación atenta y
análisis minucioso.
"Es, por lo tanto, la ciencia, fruto de nuestra inteligencia, resultado de nuestro trabajo;
ella persigue una finalidad, satisfaciendo una necesidad de nuestro espíritu.
"E! espíritu siente incesantemente, necesidad de investigar; es ávido de
conocimientos, quiere luz, siempre luz !
"El Universo es infinito; la avidez de luz es insaciable, la materia de estudio
inagotable.
"La Ciencia Psiquica tiene, por finalidad, esclarecernos sobre el otro mundo, sobre la
vida de allende-tumulo, probar la existencia. del alma, su preexistencia y
sobrevivencia al cuerpo, satisfaciendo asi una necesidad ineludible de nuestra alma, la
aspiración incesante de nuestro yo.
"Ella estudia los hechos extraordinarios, pero numerosos, numerosísimos, que
constituyen un orden de fenómenos, considerados, hasta hace poco tiempo, como
siendo sobrenaturales, y, por eso, relegados, como inobservables, indignos de estudio,
los cuales, entretanto, convenientemente observa-dos, prueban la existencia del
espíritu, esclareciéndonos sobre la vida, poniendo ante nuestros ojos maravillados,
estupefactos, un otro mundo.
"Los hechos que constituyen el objeto de la Ciencia Psiquica, no son sobrenaturales,
ni mismo, extraordinarios, tan solo porque escapan a la observación de los que no
saben verlos; ellos son naturales, como todo cuanto existe en el Universo; son
comunes, ordinarios y hasta frecuentes.
"Pero, para verlos, observarlos, aprender a notarlos y a reconocerlos, cuando y donde
quiera que se presenten, era necesario descubrir, el instrumento capaz de registrarlos,
tornándolos evidentes y palpables.
Ese instrumento es el médium.
"Encontrado el instrumento, estudiadas sus aptitudes, se iniciaron las observaciónes
de los hechos, al comienzo los espontáneos, más tarde los provocados, en la intención
de reconocerles la naturaleza de la causa productora de tales fenómenos.
"Como resultado de los estudios espiriticos, la inmortalidad del alma es instituída en
principio perfectamente determinado, con pruebas irrefutables.
"La sucesión de las existências o multiplicidad de vidas corpóreas de una
individualidad consciente - el espíritu humano -, denominada reencarnación,
constituye una ley, a la cual están sujetos todos los espíritus, y es condición esencial a
su progreso.
"Asi, pues, la Ciencia Psiquica persigue una finalidad, estudia un orden de hechos,
emplea métodos, procesos e instrumentos exclusivamente suyos; funda teorías,
estatuye principios, establece leyes; satisface asi, y reúne plenamente, todos los
requisitos exigidos por los fueros científicos.
"El Psiquismo es, por lo tanto, sin la mínima duda, una ciencia. Ciencia vasta,
profunda, eclética, él construye la síntesis de la vida humana, abarca todo el ciclo de
las evoluciones del espíritu, ab initio ad aeternum, desde el inicio hasta el infinito.
"Sus principios, sus leyes, tienen aplicación universal; son un fanal en el medio de las
tinieblas que nos cercan son un faro en el mar tempestuoso de la vida.
"Son un faro en el mar tempestuoso de la vida, porque nos hace ver un puerto de
abrigo en la calma, en la resignación, en la paciencia; refugios seguros contra las
tempestades morales, consecuencia de nuestros vicios y errores; frutos de nuestro
atraso, de nuestro orgullo.
"Son un fanal en el medio de las tinieblas que nos cercan, porque, desvendando el
misterio de. como se opera nuestro progreso moral e intelectual por el proceso de la
reencarnación o sucesión de vidas corpóreas; demonstrando la preexistencia y
sobrevivencia del alma humana, enrarece, adelgaza el velo que oculta a nuestra vista
una serie de vidas, cada cual menos luminosa, menos limpia de errores, faltas, vicios y
crímenes, lo que nos hace comprender porque el mundo es una escuela, donde
debemos aprender a amar al prójimo como a nosotros mismos, y como la
reencarnación es una necesidad, pues que la vida corpórea es un medio de reparación,
aproximando uno del otro, el ofendido y el ofensor, o reuniendo, en una misma
familia, bajo el velo de la materia y gracias al olvido del pasado, a la víctima y su
verdugo!
"Hemos probado, y lo hicimos por demonstración analítica, que el Psiquismo es una
ciencia, ciencia de observación, en la cual se recurre también al método experimental.
000
Prosiguiendo en sus demonstraciones cientificas de la vida espiritual, Antonio
Pinheiro Guedes penetra profundamente, en el examen de la ciencia psíquica,
establece asociaciones con la ciencia médica, concluyendo que esta necesita ser
estudiada en correlación con aquélla, cuando dice:
"Probada la existencia del alma, nadie, seguramente, pondrá en duda que es ella quien
dirige el cuerpo, quien lo anima y domina: ella es el transmisor, el vehículo de los
hábitos y cacoetes, y también de las molestias.
"El cuerpo es para el alma lo que es la ropa para el cuerpo:
No solo. el rostro, que se dice ser el espejo del alma, con su facción particular, la
fisonomía, sino también el cuerpo todo, en su conjunto, por la proporcionalidad de sus
formas y por su actitud, nos impresiona; no hay quien no lo haya experimentado, y
esa impresión es agradable, simpática o antipática; pero solo la tenemos en presencia
de un viviente, criatura humana o animal; la emoción que sentimos en presencia de un
muerto, es muy diferente; produce una conmoción, un choque, un sentimiento
instintivo de repulsión.
"Asi, pues, el alma domina al cuerpo, lo envuelve todo, no está encerrada en su
interior, y hasta se revela en la simple forma de un pie.
"Sin embargo, es la cabeza, sin la menor duda, que más y mejor muestra la influencia
del alma sobre el cuerpo, con sus concavidades y protuberancias; el rostro, sede de los
músculos de la expresión de nuestras emociones, tan bien estudiadas por Darwin y
Duchenne de Boulogne; la boca, grande o pequeña, de labios gruesos o finos, de
comisuras levantadas o deprimidas, cuya forma, finalmente, traduce, revela una
variedad, casi infinita, de sentimientos e ideas; la boca forma y emite la palabra; la
boca estereotipa esos frémitos estados del alma - el llanto y la risa!
"Y los ojos, que son, por su brillo y transparencia, como unos globos cristalinos,
donde se reflejan, en cambiantes infinitas, las emociones del alma! Y hasta la nariz y
las orejas; finalmente, todas las partes componentes del rostro son delatoras de las
disposiciones y tendencias de nuestro espíritu.
"Lavater, con sus belísimos y muy interesantes estudios de las fisonomias, en que
colaboró cl gran Moreau de La Sarthe, y, antes de ellos, Adamantius, médico del siglo
IV; Porta (Giambattista), célebre fisico, inventor de la câmara oscura, que publicó un
tratado de Humana Fisionomia, en Sorrento, en el año 1586; Lachambre, médico, de
Luiz XIV; el célebre pintor Lebrun, y todavía otros; Gall y Spurzheim, médicos,
creando la Frenología, cultivada, después, por Broussais, F. Combe, Vimont y otros;
todos ellos son intérpretes de la acción y de la influencia y dominio del alma sobre el
cuerpo; todos ellos, son precursores en el estudio de las relaciones del espíritu con el
cuerpo.
"Ese estudio, solo el Psiquismo pudo tomarlo completo, haciendo conocer el modo
por el cual se establecen esas relaciones y como se forman o se crian las ligaciones
entre el espíritu y su cuerpo; conocimiento imposible sin el concurso, sin el auxilio
del instrumento - el médium.
"Se sabe, hoy, que el espíritu asiste, preside la formación de su cuerpo,
transfundiéndose, consustanciandose en él por el. periespíritu, cuerpo anímico,
molécula a molécula, órgano por órgano, durante la gestación, hasta completar la
evolución fetal; y de él toma entera y absoluta posesión en el momento de ser dado a
luz, enseñoreándose entonces totalmente del barco que aparejó para navegar en el mar
tempestuoso de la vida material.
"Se sabe, también, y esto es racional, penetra en la conciencia, se siente, que debe ser
asi: es el propio espíritu quien elige, después de demorado estudio en la vida astral, y
procura, según sus necesidades de orden moral e intelectual, el país, la sociedad, la
familia, sus genitores, todo, en fin, cuanto deba y pueda concurrir para su progreso.
"Y asi es él el principal, sino el único responsable por las contingencias, por las
vicisitudes y dificultades que lo oprimen, durante la vida corporea.
"Por ese modo, se admite que el espíritu pueda transmitir, se acepta, porque es
comprensible, que él imprima en su cuerpo, igualmente con el tipo y la forma, su
aspecto característico, sus tendencias morales e intelectuales, dándole más desarollo a
los centros afectivos o a aquellos que sirven a la inteligencia.
"Los espíritus, al encarnar, traen consigo sus vocaciones, mayor o menor habilidad
para las bellas artes o para las artes mechnicas, y por eso se dice, y es exacto, que la
criatura nace poeta, artista, comerciante, soldado, músico o médico.
"Es sumamente importante el cometido de la familia en la sociedad y la
responsabilidad social de los padres, a quien incumbe educar su prole, constituyendo
el fin principal de la educación, reprimir, o al menos modificar las tendencias
perniciosas de los hijos, que temprano se revelan, y alentar y desarrollar las benéficas.
“El psiquismo es un poderosos foco de luz cuyos rayos se expanden más allá de las
fronteras de la esfera intelectual e iluminan todo el ciclo de la Vida.
"Él esclarece y justifica las denominadas ciencias ocultas, explicando racionalmente
sus deducciones, los porqué de la vida astral y física.
"La Historia Universal, la vida de los pueblos, su naturaleza, su caráter, reciben de él
la más intensa luz.
"Y la que se expande sobre las ciencias médicas, ilumina todo su vasto territorio,
penetrando en lo más profundo y recóndito de sus dominios.
"En la Antropologia, se distinguen: la Anatomia, ciencia de la estructura y,
conformación de los órganos; la Embriologia, ciencia de la formación y desarrollo del
feto; y la Teratología, ciencia de las anomalias de los individuos, (los monstruos) y de
los órganos (las disformidades). El Psiquismo nos revela, desvenda y pone claramente
ante nuestros ojos, el porqué de esos fenómenos, siempre desagradables, ora
estupendos, muchas veces repulsivos.
"Él nos hace ver y compreender cómo y porqué una emoción perturba las
funciones del aparato digestivo que, hasta cierto punto, esto es, en su mecanismo
íntimo, en sus procesos físico-químicos, son independientes de la voluntad; y las del
aparato circulatorio que también se efectúan fuera de esta competencia, y cuyo centro,
el corazón, tiene, entretanto, ritmo perturbado y puede inmovilizar-se, determinando
la extinción de la vida, al embate de una emoción violenta y brusca.
"Esas funciones, como todas las que tienen por fin nutrir, reparar, conservar los
órganos, y son, por eso, denominadas de vida vegetativa, se ejercen y operan bajo el
influjo directo e inmediato de una inervación que les es peculiar - el sistema
ganglionar, también llamado gran simpático - constituído por una serie de ganglios
nerviosos (reunión, grupo de células nerviosas) ligados, entre si, por cordones
igualmente nerviosos, compuestos de 19 a 25 ganglios para cada lado, que se
encuentran en las cavidades esplácnicas (región cervical, caja torácica y vientre),
junto a la columna vertebral, desde el atlas hasta el coxis, circundándola, como un
collar o cadena sin fin.
"Puesto que autónomo en su función peculiar, el nervio trisplácnico, o gran simpático,
no solo no se encuentra separado del sistema cerebroespinal, sino que vive bajo su
influencia, es su subalterno, está ligado a él por nervios aferentes, cordones nerviosos
que, partiendo de los nervios cranianos y de los raquidianos o espinales, penetran uno por uno - todos los ganglios del gran simpático, donde se originan los
numerosísimos- filetes nerviosos que, acompañando los canales circulatorios sanguineos y linfáticos -, los envuelve, como la hiedra envuelve al muro, y penetrando
sus paredes, se dirige, con ellos, a todos los órganos y tejidos del cuerpo humano.
"En estas condiciones, sólo indirectamente los órganos y aparatos de la vida de
nutrición reciben influjo del sistema nervioso, cerebroespinal, subordinado a la vida
de relación; por lo que, para explicar la perturbación de las funciones digestivas y
circulatorias por traumatismo moral, se siente, se reconoce la necesidad de un otro
agente, además de los nervios, capaz de hacer comprender los efectos de una acción
indirecta, remota y, puesto que impalpable, tan enérgica, tan terrible, que puede
fulminar como el rayo.
"Ese otro agente es el periespíritu, cuerpo anímico, por cuyo intermedio el espíritu se
liga, se consubstancia, órgano por órgano, molécula a molécula con su cuerpo, a cuya
organización, a cuya, constitución y hechura el asiste, preside, a similitud del albañil
que amasa el barro, prepara la argamasa, elige y acondiciona el material con que
levanta la pared y construye el edificio.
"Al embate de una pasión violenta, el espíritu se conturba, se conmueve, se siente
oprimido, y el periespíritu se contrae, necesariamente, más o menos, conforme sea el
choque más o menos violento, inesperado y cruel; el periespíritu, contrayéndose,
disminuye su influjo sobre la molécula material, sobre la célula orgánica, sobre el
órgano que, por eso, pierde el calor, la energía, la actividad y hasta la vida.
"Asi, de ese modo se comprende cómo una emoción brusca y violenta puede
no solo perturbar funciones, que no se ejercen bajo el influjo de los nervios de la vida
de relación, sino que puede hasta mismo aniquilar el viviente.
"He ahí como, con un pequeño rayo de luz, el psiquismo ilumina, esclarece puntos
obscuros de la Anatomía, de la Fisiología, de la Patogenesía y de la Embriogenia,
hasta hoy imperserutables y, sin esa luz, inescrutables.
000
"Acaba,de ver el lector como la luz que se irradia de los estudios espiríticos, penetra
en los más hondos recesos de las ciencias positivas, como son las antropológicas,
haciendo encontrar solución racional para los intrincados problemas de fisiología
patológica y embriogenia.
"Supone, tal vez, que ahí termina la fuerza iluminativa del faro, que es el psiquismo?
"Si asi lo piensa, se equivoca, como podrá verlo; y para que se convenza de su
engaño, basta una digresión por el campo de la Nostalgia, donde se encuentran,
principalmente en el terreno de la Etiologia -, uno de los más escabrosos, de los más
dificiles problemas de las ciencias médicas.
"Aquí el auxilio de la ciencia psíquica es inestimable, por los recursos con que arma
al médico para vencer las mayores dificultades del diagnóstico; por los
esclarecimientos de que le provee para. explicar el origen de ciertas molestias y
también la resistencia admirable del organismo a las causas morbigénicas.
"En general, el individuo que es metódico, paciente y calmo, que sigue una norma de
vida regular y no es atropellado por el revolotear de la sociedad; cuya actividad no es
solicitada simultáneamente por una multiplicidad de cosas, las más disparatadas; ese
tal es sano, tiene larga vida.
"Las: estadísticas de la mortalidad por las profesiones, son de eso la mejor prueba.
"Para ellos, singla, en mar sereno, el batel de la vida.
"Sin embargo aquellos cuya actividadees despertada e instigada, casi incesantenie e
por mil objetos diferentes; que viven contrariados bajo la presión de sentimientos
deprimentes; esos son enfermizos, su vida raramente es larga, son ellos que
concurren, con la mayor cifra, para el obituario.
"Esos son los pilotos cúyas naves, acosadas por las tormentas de la vida, muchas
veces zozobran en la mitad del viaje, porque las olas enfurecidas, que son las
pasiones, gastaron, extenuaron las fuerzas, y con ellas el coraje, el ánimo al timonero,
que cae vencido.
"La mayoría de las enfermedades tiene sus causas predisponentes en el debilitamiento
del espíritu que, por su abatimiento, por su desánimo, no comunica, no transmite al
cuerpo la vitalidad que nace da la energía.
"La alegría es expansiva, ella activa la circulación, da calor al cuerpo, anima y
robustece al organismo, mantiene la salud, prolonga la vida.
"La tristeza, al contrario, es reconcentrada: ella retarda la circulación, enfría, quita
calor al cuerpo, desanima y debilita al organismo, arruina la salud, acorta la vida.
"Pero como los extremos se tocan y todo exceso es malo, si la deprimente tristeza es
funesta a la existencia, la alegría, cuando excesiva, no lo es menos; puede hasta
fulminar.
000
"Habiendo demonstrado, y, asi, hecho ver que las conturbaciones del alma, su
abatimiento y desánimo, por las innúmeras y perennes dificultades que la dominan
cotidianamente, son causas predisponentes a las molestias somáticas, por el estado de
languidez y falta de energía del organismo, para reaccionar sobre el circunfusa; y en
esta designación están incluídos todos los agentes capaces de modificar al organismo
o alterar la salud y aniquilar el viviente; ya en los de orden material, o en los de orden
moral - los físicos y los sociales o sociológicos - paso a mostrar, tornar visible,
palpable, aquello que, entretanto, ya de por si es evidente, menos, por supuesto, para
los organicistas o materialistas; esto es que las Neurosis son molestias del alma,
debidas a sufrimientos del espíritu, o pura y simplesmente provocadas por espíritus.
"Se da el nombre de neurosis, en Medicina, a estados mórbidos que consisten en
perturbaciones funcionales, sin lesiones materiales ni causas apreciables, y que se
observan principalmente no solo en la vida de relación, sino también en la vegetativa..
"Las neurosis, con sede en el aparato digestivo, el circulatorio y en el respiratorio,
raramente son impulsivas, esto es, capaces de dominar la voluntad: la Dispepsia, el
Asma y la Angor-Pectoris, sin embargo, aquellas que afectan la vida de relación y son
constituídas por alteración de la motilidad, de la sensibilidad o de la inteligencia,
perturban, suspenden, alienan la voluntad, subyugan, la conciencia; casi reducen a la
criatura humana a las condiciones del bruto, de la fiera.
"Las primeras tienen por causa una alteración de la función, dependiente,
ordinariamente, de vicio diatésico: el herpetismo, la sifilis, la escrofulosis, etc.
"Las segundas, las que afectan la vida animal, no se asocian a causa alguna orgánica
apreciable.
"De estas, algunas, como la Nostalgia y la Hipocondria, son mera exteriorización de
estados. Del alma; otras, traducen un desorden en las relaciones del alma con su
cuerpo, como la Catalepsia; otras, todavia, como la Histeria, representan estados
complejos, mixtos de desórdenes psíquicos e intervención de una voluntad o actividád
extraña, invisible, - un espíritu; otras, finalmente, como la Locura, en la mayoría de
los casos, son fenómenos espíriticos, son hechos de la vida psiquica. El enfermo, en
este caso, es simplemente un médium obsesionado.
"El fenómeno de posesión, que significa la tomada del espíritu encarnado por el
desencarnado, el cual se posesiona del organismo bruscamente y con violencia o lenta
y subrepticiamente, y de uno o de otro mode en la Histeria y la Locura, es lo que
constituye el llamado desdoblamiento de la personalidad, que es, antes, una
duplicación del indivíduo, porque no pudiendo el alma separarse completamente de su
cuerpo, pues sería la muerte, lo que de hecho se da es la subyugación del encarnado
por el desencarnado, el predominio de éste sobre aquél que, no obstante, continua
ligado a su cuerpo, en posesión de él, aunque contrariado, subyugado.
"Esto es admisible, se comprende; al paso, que el desdoblamiento de la personalidad,
como dice el organicista, materialista disfrazado, es inaceptable, por absurdo: la
unidad es indivisible; el hombre es uno, la criatura es indivisa.
"La Locura es, en la mayoría de los casos, una obsesión; a veces, simple alucinación
de los sentidos, otras veces, desórdenes de la inteligencia o perversión del sentido
moral; otras, todavía, depresión, casi aniquilamiento de las facultades psíquicas,
verdadeiro embrutecimiento.
"Son estados del alma debidos a la acción, más o menos directa, de los espíritus
desencarnados, o mismo de encarnados, influyendo sobre los seres humanos de
diversos modos: desde la simple sugestión insistente, perenne, tenaz, hasta la acción
directa, enérgica, violenta, provocando los llamados ataques.
"El espíritu acciona, impelido por el amor o por el odio, bajo el impulso de uno de
esos sentimientos; pero, dominando su pasión, procura captar la confianza de su
víctima: su acción es intencionalmente lenta, pero suave; incesante, pero delicada; sin
embargo, si la pasión le domina, entonces la agresión es violenta y brutal.
"Asi se comprende y se explica el porqué de las formas tan variadas, casi infinitas, de
la Histeria, desde la simple tristeza o alegría, sin causa que las justifique, hasta la
abstracción, el embeleso y el éxtasis, hasta la locura - desde el estado en que la
víctima canta, baila, grita y Ilora, sin saber porqué, hasta aquel en que, furiosa, rompe
su vestimenta, y debatiéndose, cae por tierra, convulsa, en contorsiones pavorosas,
horrorosas o lúbricas, las cuales, para ser explicadas racional y satisfactoriamente,
sólo pueden ser atribuídas a la naturaleza del sentimiento , que anima, agita, e impulsa
al espíritu agresor u obsesor.
"Y asi también se expli an las formas diversas de la locura, que no pueden ser
atribuídas a enfermedades del órgano de la mentalidad; porque la necropsia,
practicada en individuos fallecidos de molestias intercurrentes, al comienzo de la
locura, nunca reveló la mínima lesión material del cerebro, siendo cierto, entretanto,
que se encuentran, profundas alteraciones en los cerebros de aquellos que sucumben
después de largo tiempo de sufrimientos por la locura, lo que torna bien patente que
tales lesiones son efectos y nó causa de las perturbaciones psíquicas.
"Esos hechos pueden ser observados y analisados por quien quiera que sea.
"Aquellos que lo hicieren, sin ideas preconcebidas, sin sujeción a escuelas o sectas,
libres de cualesquiera trabas, han de reconocer su veracidad.
000
"En el proceso de formación, individualización y perfeccionamiento del espíritu, está
la razón de ser de los reinos de la Naturaleza; ellos son los laboratorios, las oficinas
donde se realiza el trabajo ingente y maravilloso de la creación humana.
"Cada uno de los reinos de la naturaleza consta de regiones diferentes, ocupadas por
estados (las especies) más o menos independientes, (distintas) y ligados,
jerárquicamente, (filiación) desde los más simple a los más complejos.
"La jerarquía depende del número de oficinas; la más ínfima contiene una única, la
más elevada involucra todas, ocupándose, cada cual, con un trabajo peculiar, cada una
ejecutando lo suyo, (las ínfimas separadas y sucesivamente) hasta que, creadas todas y
constituído el laboratorio, pasan a funcionar simultánea y sinérgicamente,
concurriendo cada cual con su trabajo, y convergiendo sus esfuerzos para el mismo
fin - la Creación.
"Constituído el laboratorio (el viviente) con las oficinas necessarias (las partes
componentes del cuerpo), y estas con sus mecanismos (órganos), él entra en actividad
y funciona siempre, incesantemente, mientras las máquinas funcionan regularmente,
al menos que un accidente venga a interrumpir el trabajo de transmisión del
movimento, porque entonces el laboratorio enmudece, temporal o definitivaniente.
"La reproducción, arremedo o simulacro de la estática (formas, actitudes, facciones),
es una especie de memoria, memoria física, retentividad de formas, la cual se puede, o
mejor, se debe considerar como transformación, o aún más ajustadamente,
vitalización de la fuerza de cohesión, que es aquella que conserva, torna permanente
la configuración de los cuerpos; es el atavismo orgánico, corporeo.
"El mismo fenómeno de orden dinámico, reproducción del caracter, aptitudes y
tendencias afectuosas e intelectuales, es del dominio psíquico, el cual se debe reputar
como una especie de memoria, no material, sino mecánica y, por lo tanto, todavía
retentividad, que llamaré memoria periespiritual, puesto que es el cuerpo anímico que
conserva las modalidades de existencias pasadas.
"El reflejo o reproducción, en una nueva existencia, de forma y de carácter idénticos o
semejantes a las de una existencia anterior, próxima, da al hombre carácter y formas
femeninas; a la mujer carácter y formas varoniles.
"Fenómeno idéntico se opera en relación a existencia remota; y entonces el hombre o
mujer presenta, en su todo o en ciertos trazos fisionómicos, el tipo de un animal.
"Tanto en uno como en otro caso, son fácilmente verificables.
"Eso no es novedad. Fue la observación de ese hecho notable, pero no extraordinario
o excepcional, que indujo a Aristóteles y a Lavater sugerir la idea de reconocer el
carácter por los trazos fisionómicos del individuo.
"Ellos creían que las fisionomías que presentan cierto parecido, tal o cual semejanza
con animales, denuncian inclinaciones análogas a las de esos animales.
"Y la observación, siempre y por toda parte, les dió y continúa a darles la razón,
convirtiendo una simple presunción en utilísima realidad.
El Dr Pinheiro Guedes refutó, como puede verse, a las teorías sostenidas por las
corrientes materialistas, inclusive de la medicina, contraponiéndoles sus
conocimientos espiritualistas adquiridos en fuentes de la más cristalina esencia.
Y lo hizo, con el sincero deseo de servir a la clase médica a la cual pertenecia,
consciente de que ela podria, todavia, prestar mayores beneficios a la humanidad, si
acrescentara a sus valiosos estudios de fisiologia, el resultado de las pesquizas, no
menos importantes, en el campo del psiquismo.
El médico que pudiere suministrar tratamiento físico, con el conocimiento de las
causas o influencias psiquicas de la mayoría de las enfermedades, es dos veces
médico.
Será necesario señalar ser la presente divulgación sincermente inspirada en el deseo
de ver a la humanidad reerguirse para emprender, por caminos ciertos, la marcha de
su evolución, sabiendo, lo que hace y porquê lo hace?
CAPÍTULO II
FUERZA Y MATERIA
Muchas tentativas han sido hechas en el sector de las ciencias filosóficas, para
explicar lo que es Fuerza y Materia, en su concepción genérica.
Sin embargo, carentes de base real, esas explicaciones - de un modo general no
convincentes ni satisfactorias - contribuyeron, en muchos casos, para aumentar la
confusión y la duda en el espíritu humano a respecto de la real existencia de la vida
fuera de la materia.
Hoy, entretanto, Fuerza y Materia constituyen tema de simple análisis, siempre que se
desdoble, sin grandes reflexiones teóricas, dentro de la secuencia de los principios
racionales expuestos en esta obra, ajustándose a los moldes de una invulgar sencillez,
accesible al raciocinio común.
Fuera del campo de la espiritualidad que es inmenso e inagotable - jamás podrá
alguien encontrar solución para los problemas espirituales.
La definición de Fuerza y Materia, se sitúa, pues, dentro de la lógica de los fenómenos
psíquicos ampliamente divulgados por el Racionalismo Cristiano.
Mientras el ser humano no obtuviere pleno conocimiento de si mismo como Fuerza y
Materia, ninguna divagación filosófica podrá ejercer influencia decisiva en el
perfeccionamiento de su conducta individual.
Cuanto más firme, más nítida y realista fuere la comprensión de la acción del espíritu
sobre el cuerpo físico, vale decir, de la Fuerza sobre la Matéria, más de prisa la
clarividencia del sentido espiritual revelará al estudioso las funciones vitales de la
naturaleza universal.
En Fuerza y Materia se resume, se sintetiza, se define, se explica toda la Verdad de la
vida.
Los principios reunidos en esta obra apenas encierran la parcela de enseñamientos de
aquella verdad que está al alcanze de la comprensión humana, desde que la persona se
interese decididamente por su estudio, sin dejarse influenciar por los martillados
compendios sacerdotales.
La apuración de los conocimientos relacionados con la vida, reduce los errores en que
incurren tantos.
Y que és la vida, sino la acción permanente de la Fuerza sobre la materia?
La materia no posee atributos. Estos son exclusivos de la Fuerza y, como tal, se
exteriorizan y manifiestan en la consubstanciación de los tres reinos de la naturaleza.
Los atributos que se evidencian en los seres humanos, constituyen, apenas, reducido
número de aquellos que pueden. revelar espíritus más esclarecidos que, en razón de su
más, adelantado grado de evolución, no reencarnan más en este Planeta.
La Fuerza mantiene el Universo regido por leyes comunes, naturales e inmutables.
Comunes, porque son inherentes a todos, sin la mínima excepción; naturales, porque
discurren dentro de una secuencia lógica, en el proceso de la evolución; inmutables,
por seren absolutas, y en este sentido no hay lugar para lo imprevisto, para el acaso o
las dudas, imperando - solo y siempre la exactitud, la certídumbre, la perfección.
Las responsabilidades y los deberes del ser humano que él necesita comprender bien
para convencerse de que toda vez que infringiere a las leyes naturales, retarda,
inapelablemente, la marcha de su evolución - están dentro de estos principios
Asi, sin conocer el proceso de su propio desarrollo espiritual, sin atribuir a la materia
el papel a que está realmente subordinada y a la Fuerza la supremacía que tiene sobre
ella, no puede conducirse la persona - con el necesario aprovechamiento, de ahi
resultando tener que someterse, en obediencia a aquéllas leyes - todavía que por libre
voluntad y en duras experiencias - a una multiplicidad de reencarnaciones, que serían,
de otro modo, grandemente reducidas.
El Universo es compuesto de Fuerza y Materia. La Fuerza es el agente activo,
inteligente y transformador. La Materia es el elemento pasivo y plasmable. Ambos, en
forma original, indivisible, fundamental e imponderable, penetran todos los cuerpos,
estendiéndose por el espacio infinito.
La Fuerza, accionando en obediencia a las leyes evolutivas, se utiliza de la Materia,
en el estado primario de ésta, y con ella forma cuerpos y realiza fenómenos
incontables e indescriptibles que escapam a la apreciación común, considerados los
limitados recursos de este planeta.
En el Universo no hay nada de nuevo, y también nada se pierde. Todo en el está
creado. Hay, solamente, transformaciones de la Materia y evolución de la Fuerza.
Los innumerables cuerpos, compuestos en múltiplas combinaciones de las partículas
de la materia organizada, nada más exprimen do que esas transformaciones.
Composición y descomposición, agregación y disgregación de los cuerpos, son el
resultado de la acción mecánica de la vida.
La ciencia química, en sus constantes investigaciones, clasificó aproximadamente un
centenar de elementos básicos de la materia organizada, dándole a la partícula
fundamental e infinitésima de esos elementos el nombre de átomo.
Los átomos son científicamente combinados para formar las moléculas, que se
clasifican, por su vez, como partículas infinitésimas de los cuerpos compuestos.
Tanto los átomos como las moléculas se mantienen agregados unos a los otros,
mientras sobre ellos ejerciere la Fuerza acción cohesiva, y se desagregan, cuando esa
misma Fuerza deja de actuar.
La materia organizada, mismo representada por un simple átomo, contiene una suma
de energía de extraordinario poder, manteniéndose cada núcleo de alta condensación
de fuerza en perfecto equilibrio con los demás, en la composición del Todo, en
completa uniformidad, cada cual dentro de la respectiva clase, sin ninguna alteración
en su constitución específica. Esto porque lo que las leyes establecieron no puede
sufrir modificaciones, ya que no existen imprevistos para la Sabiduría Excelsa, que es
una, integral, total.
La Fuerza, utilizándose de la materia, comienza su evolución en la estructura del
átomo, passando después, en la composición de las moléculas, a un nuevo orden de
acción constructiva.
En todo el constante agregar y desagregar de los cuerpos la intensidad de la Fuerza va
aumentando en esos núcleos infinitésimos, con mayor acentuación de vibraciones de
la vida, haciendo progresar su grado de inteligencia.
Completado el ciclo iniciado en el primero de los tres grandes reinos de la Naturaleza
el mineral -, de donde ascende para el vegetal y el animal, pasan esos núcleos a
constituírse en microorganismos, de ínfima especie.
De esos microorganismos, partiendo de la especie ínfima, emprende la partícula de la
Fuerza su evolución a través de otras especies y de otros organismos de mayor
desarrollo, alcanzando siempre formas mas elevadas.,
En la molécula y sus subdivisiones, la Fuerza Inteligente apenas se torna
perceptible por su expresión vibratoria o de movimiento íntramolecular interno. Ya en
los microorganismos, además de aquella vibracion, revela acción de movimiento
exterior la locomoción.
Asi, de mudanza en mudanza de un cuerpo para otro inmediatamente superior, va
evolucionando la partícula de la Fuerza, hasta alcanzar condiciones que le permitan
encarnar en cuerpo humano, ya como espírito, en situación de ejercer la facultad del
libre albedrío y asumir las responsabilidades inherentes a esa facultad.
Como espíritu, encarna innumerables veces, adquiriendo siempre más inteligencia,
más luz, más experiencia, más conocimientos, más clara concepción de la vida y
mayor capacidad de raciocínio
El espíritu hace su trayectoria en este planeta en condiciones apropiadas a su estado
de adelantamiento, pasando, en cada reencarnación, a vivir en medio adecuado al
progreso ya alcanzado, hasta terminar la parte de la evolución que corresponde, a este
mundo.
El globo terrestre es una esfera de materia organizada, impregnada de fuerzas que
actúan directamente sobre los átomos, constituyéndolos, uniéndolos y manteniéndolos
en equilibrio, en la sistemática de una complejidad de movimientos.
El átomo está en constante vibración producida por la energía existente en su interior,
y se liga a otro átomo por la fuerza de cohesión, para coponer la molécula. También
es esa misma fuerza de cohesión que une a las moléculas entre si.
De un polo a otro de la Tierra, pasan líneas de fuerza, que las propias brújulas lo
denuncian.
La fuerza de gravedad ejerce poderosa acción sobre cada átomo, atrayéndolo hacia un
centro en el interior del globo.
En todos los movimientos que ejecuta, la esfera terrestre es impulsionada por la fuerza
que actúa en el interior de sus átomos.
El diagrama siguiente permite formar una idea, no obstante elemental, de la
asociación de la Fuerza y Materia en el planeta, para la composición de los reinos de
la naturaleza.
Diagrama demonstrativo do /a acción do fa Fuerza (Universal) sobre la Materia
(Universal), en acción y animación de todos los cuerpos, destacándose, en cada caso,
sus atributos fundamentales, predominantes en los tres reinos de la naturaleza.
Diagrama
Se ve, pues que es la Fuerza el atributo fundamental predominante en el reino mineral.
En e1 vegetal, La Fuerza y la vida, y finalmente en el reino animal - además de estos
dos últimos atributos - predomina tanbién la inteligencia.
No se debe inferir, de ahí, la inexistencia de vida en los reinos mineral y en el vegetal.
Apenas se menciona la predominación de los atributos fundamentales índicados, para
facilitar la comprensión del lector, dado la transcendencia del asunto.
El ser humano que quisiere detenerse en la investigación de este importante
tema, encontrará campo abierto para desdoblar el raciocinio, fortalecer sus
convicciones y concluír que esas dos fuentes substanciales - Fuerza y Materia - son el
principio y el fin, son unidades que se tocan en sus extremos, que corren paralelas y
que, en su inconmensurabilidad, abarcan el Infinito, y penetran y envuelven el
Universo.
Las expresiones aqui empleadas son relativas, en la falta de otras que mejor. puedan
expresar una concepción de orden absoluta.
CAPÍTULO III
GRANDE FOCO
Dioses y Religiones
Este capítulo es destinado especialmente a aquellos que estuvieren dispuestos a
romper con las cadenas sectáricas para, por la liberación espiritual, tornarse capaces
de ascender a las regiones que el materialismo religioso jamás podrá alcanzar.
Es perfectamente comprensible que el indio de las selvas no tenga una concepción de
la espiritualidad que vaya más allá de la mística de adoración al fuego, al rayo, al sol
o a los animales inferiores, por faltarle bases de raciocinio para demoverlo de la
perplejidad adoratoria a que se entrega.
La primera idea de dios repelida por los más civilizados y acepta por esos seres
primitivos, surge, precisamente, en las condiciones precitadas.
La lei de la evolución es infalible. En lo que respecta al espíritu, ella se procesa como ya fué explicado - a través de incontables encarnaciones, y solo por medio de
ellas el raciocinio se va desarrollando en el amplio camino de la espiritualidad, bajo
cuya luz el misticismo pierde la forma, el sentido, la significación, para dar lugar
solamente a aquello que el buen sentido y la lógica admiten como verdadero, con
fundamento en las lecciones aprendidas en el voluminoso libro de la vida.
Luego que comienza e raciocinar, en la primera fase de encarnadol en forma humana,
el espíritu siente, no obstante de una manera vaga y confusa, la existencia de una
Inteligencia Superior que no le es posible definir.
Y de ahí nace su inclinación adorátoria, perfectamente justificada por las condiciones
de ignorancia en que vive.
Al observador atento no le es difícil avaliar el grado de espiritualid de los seres, por la
tendencia que manifestan hacia la adoración.
De un modo general, se adora para mendigar favores y protección. La adoración,
pués, acusa una condición de inferioridad espiritual.
Es en el estado primitivo en la condición. de salvaje, que el individuo siente el primer
impulso, el primer gesto, el primer movimiento adoratorio.
De encarnación en encarnación, asciende él a las clases dichas civilizadas,
conservando ese mismo sentimiento, aunque modificado en la forma, ya más pulido,
más refinado para satisfacer las condiciones sociales del medio ambiente per aún
manteniendo en lo más hondo de su. Yo, el mismo pensamiento y la misma idea
generada. en el pasado.
Las religiones recurren siempre a. la aparatosidad, a las pompas para impresionar a
sus adeptos e incentivar la adoración.
DIOS - CREACIÓN HUMANA
Grupos análogos se reúnen para adorar, de un cierto modo, a un cierto dios. Cada
pueblo, cada raza, creó la imagen de ese dios a su propia semejanza.
Un chinés, por ejemplo, jamás admitiría un dios con facciones occidentales, asi como
un occidental, encontraría absurda, y hasta ridícula la idea de la divinidad en um
rostro asiático.
Los dioses poseen, invariablemente, los caracteres físicos de los seres umanos que los
concibieron.
No importa que é, stos, invirtiendo la realidad de los hechos, sostengam que fué Dios
quien al hombre a su imagen. Sin embargo la verdad es otra, y no es necessario poseer
gran imaginación para identificar el engaño multisecular de que ha sido víctima la
humanidad.
Fué el hombre quien imaginó, quien concibió, quien creó los dioses. Los crió
mentalmente, con la misma forma y las mismas cualidades y defectos que posee.
Em esa creación están claramente reflejados los sentimientos de los creadores.
El dios corpóreo figura en todas las religiones. En el credo - que es la oración
principal de una de ellas - aparece con el hijo sentado a su lado derecho, componiendo
un cuadro común de la vida material.
El concepto de la divinidad, aunque variando de raza para raza, no modifica la
tendencia generalizada relativamente a la concepción del dios-rey todo poderoso,
distribuyendo premios y castigos.
En la Biblia, en el Viejo Testamento - libro sagrado e intocable para tantos adoradores
- existen varias referencias al dios de temperamento iracundo y vengativo de la época.
Ese vergonzozo sentimiento, especialmente en un dios, nada más es de que el reflejo
dele sentimiento del propio pueblo que lo imaginó.
La carencia de conocimientos impone cierta condición de dependencia. Esta verdad,
que se constata en la vida terrena, aún es mas evidente cuando envuelve cuestiones
espirituales.
Lo que interesa resaltar - para que quede bien claro - es el modo por el cual se procesa
su marcha evolutiva, en que conquista, paso a paso, la independencia espiritual.
Cuando la criatura humana, de evolución en evolución, llega a comprender lo que es
como espíritu, Fuerza, Inteligencia y Poder; cuando se convence de que posee
atributos morales para vencer, racionalmente, cualesquiera dificultades, cuando
adquiere la conciencia de su condición de partícula de un Todo armonioso - de Él
inseparable -, que es el propio Universo Espiritual, caen por tierra, por ridículas e
inaceptables, las ideas primitivas del dios protector, a que vivía uncido.
Las religiones subsistirán mientras pudieren contar con adoradores para protejerlas y
sustentarlas. No importa que los objetos de adoración sean los astros, las
manifestaciones de la naturaleza, los animales inferiores o las imágenes alegóricas de
barro, de madera o mismo de oro.
La verdad es que los adoradores pertenecen todos a una clase idéntica, no obstante de
diferentes categorias. Son candidatos a reencarnaciones sucesivas en este laboratorio
psíquico, que es el mundo Tierra, hasta que el amaduramiento espiritual los haga
comprender la realidad de las cosas.
En el conocimiento de la vida fuera de la materia, están los lúcidos elementos de
convicción, por medio de los cuales el ser humano adquiere suficiente valor para
liberarse de las falsas concepciones que lo mantienen prisionero en las doradas
fantasías de los misterios, del milagro y de lo sobrenatural.
CONOCIMIENTOS SECRETOS
Ya es tiempo de que la humanidad pase a entender que no existen conocimientos
secretos. Existen, eso si, intereses secretos, inconfesables, y por causa de ellos, la
verdad ha sido duramente sacrificada.
Es lamentable que en un siglo de tanto avanzo tecnológico, predomine, todavía,
arraigado en tantos espíritus, la concepción deísta, divinal, del sentido adoratorio.
El espíritu es Fuerza, es Inteligencia, es Poder, con iniciales mayúsculas. Todos, sin
excepción, están sujetos a los mismos principios, a las mismas reglas, al mismo
proceso evolutivo. No hay espíritus privilegiados, como lo serían los dioses y sus
supuestos hijos.
La sistemática de la evolución se encuadra en el régimen de las leyes naturales e
inmutables, que son absolutamente iguales para todos. Invariablemente todos hacen el
mismo curso, recorren el mismo derrotero, lo que constituye un alto y meritorio
principio de justicia.
Los que hoy rinden culto a un dios abstracto, juzgarán - al cabo de tantas
encarnaciones cuantas fueren necesarias para alcanzar el suficiente esclarecimiento
tan necio ese culto, como ridícula los civilizados entienden, ahora, ser la idea, que
también ya alimentaron, de adorar dioses representados por elementos de la naturaleza
o de animales inferiores.
Para la mayoría, dios es una entidad que se presta para promover castigos, distribuir
gracias y labrar, en carácter éterno, o temporario, condenaciones o absoluciones.
Grandes espíritus, portadores de ideas reformadoras, se transladoron a este planeta,
encarnando, con enorme sacrificio, en la intención educativa de desbrutalizar la mente
humana, absorbida por el sentimiento de gozo y de los placeres apenas materiales.
Sin embargo, esos valerosos espíritus, más allá de no haber sido comprendidos,
resultaron ser divinizados por la masa ignara, como aconteció con Jesús, Buda,
Confúcio y Mahoma.
Concretizada la idea de la divinización fueron criadas las religiones respectivas que
corresponden a varias formas especuladoras de adoración, sumándose, en seguida, los
adeptos de cada una.
En un mundo como este, en que se confunden almas encarnadas, de varias clases, y en
el cual la mayoría aún vive mas para la materia de que para los valores espirituales, no
fué difícil agrupar, bajo la flámula de cada religión, millones de adoradores.
Obsérvese en la estadística que se cita, a continuación, el numero aproximado de
adeptos de las religiones mas conocidas. (*)
Católicos ………...
Musulmanos……..
Brahamanismo…..
Protestantes……...
Confucionistas…..
Ortodoxos……….
578 millones
529 millones
478 millones
323 millones
303 millones
123 millones
(*) Esos datos son del Almanaque Abril, 1975, página 346, que reproduce estimativas
del "The Official Associated Press Almanac" extraídas, a su vez, del 1973 Britannica
Book Of The Year".
Existen, además de estos, millones de adoradores distribuidos en todo el planeta en
alrededor de ocho mil sectas.
En el Brasil, y en muchos otros países se adora a Jesús. No hay, entretanto, cualquier
diferencia entre tales adoradores y los otros que se inclinan para Buda, Confúcio y
Mahoma.
Por detrás de las apariencias de todos ellos, se esconde la acción servil y adulatoria,
con la cual esperan recibir mayores recompensas, presentes o futuras, o el perdón para
sus faltas.
Esas actitudes constituyen una práctica destructiva que promueve el debilitamiento
del propio carácter
Si a los seres encarnados, esclarecidos, repugnan las adulaciones, los actos de
servilismo y los inciensos, no es difícil imaginarse lo que eso produciría en espíritus
desencarnados de alta evolución, si tales sentimientos pudiesen llegar a ellos.
Los fieles pueden adorar un pedazo de palo tallado con formas humanas, porque el
libre albedrío no les niega el derecho de satisfazer su irracional voluntad adorativa.
Ningún adorador será capaz de disociar la idea de adorar, de la de pedir. La razón es
obvia: adorar y pedir son dos muletas iguales, para una sola invalidez mental.
Y, obsérvese: el dios, a quien son dirigidos los pedidos, es de tal manera inadvertido y
vive tan ajeno, tan retraído, tan indiferente a los problemas humanos, que su atención
para esos problemas solamente es despertada por los llamamientos que le llegan.
Es necesario que se le pida piedad, para que pueda apiadarse; que se le suplique
misericordia, para tornarse misericordioso; que se le implore paz, para que pacifique;
que se le ruegue justicia, para que sea justo.
FANATISMO CONDENABLE
Si todo el fanatismo es condenable por el poder que tiene de obliterar la razón e
impedir el raciocinio, el religioso es más nocivo todavía, porque generando odios y
pasiones, es capaz de llevar a las criaturas humanas a cometer los actos más
desalmados y los crímenes más abominables.
En la historia de la, humanidad no existen guerras tan bárbaras, tan implacables, tan
cruentas, tan feroces, tan brutales, tan espantosamente perversas y deshumanas, como
las religiosas.
Jamás el mundo asistió a acciones de tamaña crueldad y vandalismo como las que
practicaron los cruzados, cuyo odio los llevó a despedazar indefensos y aterrorizados
viejos, mujeres y niños.
La pavorosa noche de S. Bartolomé, y las hogueras encendidas por la Inquisición para
quemar, vivas, después de horriblemente martirizadas y mutiladas, las víctimas del
odio que el fanatismo religioso generara en el espíritu de los propios sacerdotes
inquisidores, son un ejemplo bien ilustrativo de los extremos a que ese fanatismo
puede llevar al hombre.
En la mejor de las hipótesis, el fanatismo religioso - y nadie, por mas que demuestre
estar por él dominado, se considera fanático -, debilita, aliena y reduce a la impotencia
la voluntad humana.
El hombre, que es un espíritu creador por excelencia, influenciado por la falsa idea del
milagro y de la ayuda divina, a la espera de los cuales se detiene, inerte, en lugar de
esforzarse, para ayudarse a si mismo, llega, muchas y muchas veces, al fracaso, por
no saber utilizar las dos poderosas fuerzas que posee en si mismo y que, debidamente
ejercitadas, pueden conducirlo al triunfo.
Esas fuerzas que, en la mayoría de los seres, yacen ignoradas y adormecidas, se
llaman - VOLUNTAD y PENSAMIENTO.
Los dioses mitológicos también hicieron milagros, en la imaginación fantasiosa de los
adoradores, y de ahí la autoridad y el prestigio que ejercieron junto a sus fieles.
Por eso, no existe diferencia sensible entre los dioses milagreros de la mitología y los
no menos milagreros de las varias religiones actuales. Estas apenas han progresado y
perfeccionado los métodos de adorar, que se tornaron, como ya fué dicho, más
distintos, más elevados.
LIBROS SAGRADOS
Las religiones poseen, en regla general, libros considerados sagrados por sus adeptos.
Se entiende por sagrado lo que es puro, lo que no posee mácula, lo que es perfecto e
intocable. Dentro de esos libros, sin embargo, pueden existir los mayores absurdos, la
más clara ofensa al decoro y al buen sentido, puede la verdad ser transformada en
mentira, lo justo en injusto, lo honrado en deshonrado, puede, la lógica sufrir todas las
agresiones y violencias, que, ninguna crítica es admitida.
Leyendo tales cosas y observando tantos disparates, el lector puede indignarse, pero
no tiene el derecho de hablar, y mucho menos de analisar.
En la Bíblia, todos lo saben, fueron alterados diversos textos originales, con la
finalidad de favorecer a un ventajoso sistema capaz de propiciar fondos suficientes
para sostener la legión sacerdotal que se sirve del referido sistema.
Solamente la palabra "perdón", habilmente intruducida en aquel libro, proporciona
enorme, incalculable renta.
Durante muchos siglos, las religiones propugnaron por la ignorancia de los seres. Esa
ignorancia convenia a los intereses de los orientadores religiosos. Estos, porque ricos
e ignorantes, siempre vivieron a las mil maravillas con las sectas religiosas que
introducieron, en la Bíblia, este versiculo, repleto de malicia: "Bien aventurados los
pobres de espíritu, porque de los tales es el reino de los cielos."
OBSESIÓN RELIGIOSA
La obsesión religiosa tiene sus fuentes, sus orígenes en la infancia de los seres
humanos, cuando comienzan a sentirse deslumbrados delante de los cuadros que les
pintan del cielo, del infierrno, del padre celestial y de la corte de ángeles, arcángeles y
querubines.
Lo que más los impresiona, por sobre todo, son las narraciones en torno de los
milagros, de las recompensas y de los castigos divinos.
No es necesario poseer mucha imaginación para comprender lo que esas
fantasías representan en el delicado período de la formación del carácter y de la
personalidad del ser humano, y de como ellas contribuyen para embotarles el
raciocinio y dificultar, o tornar imposible, su expansión en el amplio terreno de la
espiritualidad.
De entre los más graves errores de las religiones, ocupa lugar de destacado relieve el
perdón para las faltas y, hasta mismo, para los crímenes cometidos por sus adeptos.
La absolución de los pecados satisface al rebaño, produciendo gran alivio en la
conciencia de este. El alma queda supuestamente libre de culpas. Con esa impunidad
que la absolución le asegura, no titubea en cometer nuevas faltas, nuevos errores,
nuevos crímenes, de los cuales sabe que recibirá absolución en el confesionario, o
cuando le sea dada la extrema-unción, en el momento final.
Se rescatan las deudas morales mediante las confesiones, como las mercantiles con el
dinero. Y el buen pagador mantiene siempre abierto el crédito, para nuevas,
operaciones...
Es comfin atribuirse a dios, cuyos designios afirman ser impenetrables, la
responsabilidad de gran parte de las cosas que acontecen en la Tierra.
De esta manera, si desencarna una persona de la familia, fué dios quien la llevó. Si
acontece un desastre, dios asi lo quiso. Si alguien escapa de quedar bajo las ruedas de
un automóvil, a dios se atribuye la salvación de la casi víctima.
La individualidad siempre queda subordinada a la acción de una tercera entidad, y esa
subordinación ejerce aplastante influencia sobre el espíritu humano.
Por ahi se ve cuanto las religiones son incapaces de transmitir a sus adeptos la
verdadera noción de la vida espiritual, por la completa ignorancia en que se mantienen
con relación a la existencia de la vida fuera de la materia.
POR QUE NEGAR LA REENCARNACIÓN ?
Por que las religiones occidentales tanto se empeñan, tanto se obstinan en negar la
reenearnación? Por que tan intransigentemente la combaten, a pesar de las resonantes
e irrefutables pruebas de su existencia real? Por que persisten en el desconocimiento
de tantos y tantos hechos que exaustivamente la comprueban, de los cuales está llena
la historia de la humanidad?
La respuesta es fácil: reenearnación y salvación, son ideas que se rozan, que se
agriden, que se chocan, porque son antagónicas e irreductiblemente incompatibles,
y en el concepto de la salvación - íntimamente ligado a los favores del perdón - está,
precisamente, la base en que se apoyan esas religiones.
Si las organizaciones religiosas revelasen la verdad a sus adeptos, en lo referente a la
fantasía de los perdones, de la salvación eterna, de la mansión celeste, del divino
padre, del infierno, del diablo, del purgatorio y de tantas otras invenciones, ninguna
de ellas se mantendría de pié.
Desaparecerían las fuentes de renta representadas por la industria de los santos de
madera y de barro, de las reliquias, de los diezmos del "señor", de las limosnas para
los "santos", de rezos y de muchas otras prácticas artificiosas.
Cuando el individuo se convenciere de que al practicar el mal, tendrá, sin ninguna
clase de apelación, que rescatarlo, sin posibilidad de perdón; que en una encarnación
se prepara para la encarnación siguiente; que esta será más o menos penosa, de
conformidad con el uso que haya hecho de su libre albedrío, en la práctica del Bien o
del Mal; que las acciones buenas revertirán en su beneficio y las malas en su
perjuicío; que no puede contar con el auxilio de nadie para liberarlo, de las
consecuencias de las faltas que cometiere y que tendrá que rescatarlas con acciones
elevadas cualquiera sea el número de encarnaciones necesarias para eso, por cierto
pensará más detenidamente, antes de consumar un acto indigno.
Los que saben avaliar el peso de la responsabilidad que arrastran con sus propios
actos, hacen todo lo posible para consubstanciarse en los enseñamientos reales que
transmiten el conocimiento de la Verdad, rompiendo con las entorpecentes mentiras
religiosas.
DESPERTAR PARA. LA REALIDAD
El Racionalismo Cristiano - sin otra ídea, otro intento, otro interés que no sea el de
hacer, despertar a la humanidad para la realidad de la Vida - se propone revelarle los
esclarecimientos que ella necesita para salir, de la oscuridad espiritual en que todavía
se encuentra, tan dañosa, tan perjudicial a su, evolución.
Por no ser religión, y sí una escuela espiritualizadora, es que esta doctrina no posee
dioses ni adoradores.
Almas liberadas de la esclavitud sectárica, los estudiosos del Racionalismo Christiano
aprendieron a confiar en si mismos, en su capacidad espiritual y en el poder de la
voluntad para luchar y vencer.
Por eso, no son adoradores ni pidientes, ni quejumbrosos ni harapos mentales. Todos
saben que son grandes los obstáculos que surgen, a cada paso, en el camino de la vida,
pero que podrán vencerlos, con los propios recursos morales, de que disponen.
En toda esta obra se enseña que el espíritu es una pequeñita fracción de la
Inteligencia., Universal, en evolución. En ella también se demuestra que el Universo
es compuesto de Fuerza y Materia. La Fuerza, presentada, en esta obra, bajo una
denominación común (Fuerza, Inteligencia Universal o, todavía, Grande Foco), incita
y movimenta todos los cuerpos que llenan el Espacio Infinito, utilizando, para esso, la
Materia, en sus muchos estados.
Fuerza es la expresión empleada cuando consubstanciada em su asociación con la
Materia, y Grande Foco, cuando se quiere exprimir el agente Universal, en su
concepción infinita. Sin embargo, son términos sinónimos, de igual sentido.
Nadie, por más sofista que sea, podrá señalar, en cualquiera de esas dos expresiones,
la más leve afinidad con el vocablo "dios", ya tan desmoralizado - por el sentido
mezquino y materialista que le han adjudicado los adoradores de todas las religiones.
No se puede expresar la grandeza infinita de un valor absoluto, con palabras de
sentido relativo, como son las del lenguaje común.
Las palabras Grande Foco o Fuerza, aún cuando no expresan toda la realidad de su
sentido, son adoptadas en falta de términos más expresivos.
Grande Foco da la idea de luz y también de intensidad de brillo.
Ese Grande, con "G" mayúscula, quiere decir Total.
Es, sin duda, una expresión bastante accesible a aquellos cuya mentalidad todavía. no
puede penetrar, más profundamente; en las cuestiones demasiadamente abstratas
Los que se interesan, realmente por esre estudio de transcendental importancia,
encontrarán, en el Capítulo "Fuerza y Materia", los elementos de que necesitan para
un juzgamiento perfecto.
CAPITULO IV
EL ESPACIO
Por más que el ser humano de expansión a sus conocimientos, por más que los
analise y en ellos se profundice, no podrá penetrar - de la limitada posición que ocupa
en este planeta - , toda la extensión infinita del Espacio.
La mente puede avanzar hasta un cierto punto, pero queda siempre sin alcanzar la
meta extrema, que se encuentra bajo el dominio de los valores absolutos.
Pierden su tiempo los que se preocupan demasiadamente con la definición integral
del problema espacial para abarcalo en su concepcion total, porque solamente la
Inteligencia, Universal tien absoluto dominio de tan completo saber.
Antes de llegar a los problemas máximos del Universo, necesita la persona, adquirir,
apenas, los conocimientos imprescindibles para su evolución, esforzándose por
aprender las innumerables lecciones que aún ignora, y que anteceden, grandemente, a
aquellas que envuelven las transcendentales concepciones del Espíritu.
Lo que a respecto del Espacio la inteligencia humana ya puede comprender, viene
siendo revelado por la ciencia que estudia tales conocimientos.
Este planeta - que sirve, a un solo tiempo, de escuela y crisol depurador a más de
cinco mil millones de seres encarnados es, como miríada de otros planetas, semejante
a una particula de polvo, en relación al Espacio Infinito.
Él pertenece al modesto sistema solar de una gran familia estelar, que se llama
GALAXIA.
El sistema solar, del cual hace parte la Tierra, se compone de reducido número de
planetas, que giran alrededor del Sol.
Ninguno de esos planetas tiene luz propia. Ésta proviene de los rayos solares que en
ellos se reflejan, como acontece con l .luna, cuyo brillo resulta de la luz solar reflejada
en su mitad iluminada.
Excluídos los planetas, otras estrellas que brillan en el firmamento son soles y, por lo
tanto, centros de sistemas solares. Hay sistemas solares menores de que el que
contiene el nuestro planeta, como también los hay mucho mayores.
Existen otros todavía, bastante complejos, con varios soles, y estos de colores
diferentes, producen cambiantes de luz de diversas tonalidades, en combinaciones que
se alternan con el poner y el nascer de cada sol.
La luz emitida por los cuerpos solares - idéntica a la de cualquier cuerpo material - no
puede ser confundida con la Luz Astral que representa la Fuerza inteligente y llena el
Espacio Infinito, por ser ella de constitución enteramente diversa.
Las tinieblas de la noche nada significan para el espíritu, pues este ve a través de la
Luz Astral que penetra todos los cuerpos, hasta el más recóndito lugar en el Espacio.
Día y noche expresan períodos apenas relacionados con la vida material.
Varios son los movimientos de la Tierra en el Espacio, sobresaliendo el de rotación
alrededor de su propio eje, el de translación alrededor del sol, el que es efectuado, con
todo el sistema solar, en torno del eje de la galaxia, y el que resulta del movimiento de
la propia galaxia.
Todos estos movimientos son perfectamente conjugados en velocidades uniformes y
rigurosamente ajustadas.
La medida usada para avalorar las distancias astronómicas, es la extensión que la luz
recorre en el Espacio, en un año, tomándose por base su velocidad que es,
aproximadamente, de trescientos mil kilometros por segundo.
Con esa altísima velocidad, ella va, de un polo a otro de la Tierra, en una
insignificante fracción de un segundo.
La distancia del Sol a la Tierra es atravesada en quinientos segundos,
aproximadamente, Sin embargo, para atravesar la galaxia de nuestro sistema solar, de
un extremo, opuesto al otro más alejado, demora millares de años.
Y es bueno no perder de vista que existen galaxias incomparablemente mayores,
como también hay soles en la galaxia a que pertenece el pequeño planeta en que
vivimos, decenas de millones de veces mayores de que el nuestro, a pesar de ser este
tan grande, en relación a la Tierra, que llega a contener bien más de un millón de
veces su volúmen.
UNIVERSO DE GALAXIAS
La galaxia es una inmensa familia de sistemas solares que se cuentan a millones. La
de que nuestro planeta hace parte, tiene la forma aproximada de un lente biconvexo o
huevo frito, y situase, más o menos, a un tercio de la distancia radial del eje a su
periferia extrema.
Todo cuanto los ojos desarmados del cuerpo humano pueden ver en el firmamento, es
parte integrante de esta galaxia, de la cual la Via-Láctea representa el aro exterior.
La distancia de una galaxia a la otra más próxima es de tal magnitud, que ultrapasa,
la capacidad de apreciación del espíritu encarnado, de percepción normal.
A pesar de eso, una galaxia con sus millares de millones de sistemas solares, no
representa más - en Comparación con la extensión infinita del Espacío - que una
insignificante isla en el océano o, menos aún que un punto en el Universo.
Esa relación de grandezas invita a meditar en la magnificencia del Universo y en la
modestísima participación de nuestro planeta en la composición del Todo.
Y si el planeta es de composición modesta, de igual modo deberán serlo sus
habitantes, modestos en el saber, en la inteligencia, en la espiritualidad y en la
evolución.
Si todos viviesen compentrados de esa realidad, no habría lugar para vanidades y
presunciones, que apenas reflejan un estado propio de la Tierra, poniendo en
evidencia la ignorancia y la inferioridad espiritual de sus habitantes.
Para hacerse una idea, aunque, sin precisión, de cuantos billones o trillones de
espiritus están en evolución en cada galaxia, basta considerar que en torno de cada
sistema solar gira incontable número de planetas.
Si en este mundo, que es de los menores, evolucionan más de tres mil millones de
espíritus, lógicamente en los otros planetas, en promedio proporcional, esa cantidad
no lo será menor.
La Inteligencia Universal, de la que el pensamiento, en su expresion máxima, emana,
tiene poder ilimitado. Nada existe en el Universo sin su razón de ser. Ninguna
creación fue obra del acaso, ya que todo obedeció a una determinación rigurosamente
preestablecida, mismo en los más insignificantes pormenores.
El sentido de la creación, aqui empleado, indica, transformación de la materia por la
acción de la Fuerza Inteligente. La idealización de los mundos corresponde a las
exigencias de la evolución.
Asi, de encarnación en encarnación, promueve el espíritu su evolución en este
planeta, hasta determinado límite. De ahí por delante, prosigue en otro medio, en que
las condiciones psíquicas y físicas obedecen a una sistematización diferente.
Desarrollando una velocidad, en el Espacio, cercano a los treinta kilómetros por
segundo, describe la Tierra su órbita, en torno del sol, con precisión matemática en un
período de tiempo absolutamente exacto.
Arrastrando, por su vez, los componentes de su propio sistema, en una órbita que
tiene por foco un punto en el eje de la galaxia, con velocidad semejantemente elevada,
el Sol completa, de igual modo, su trayectoria en tiempo rigurosamente exacto.
También la galaxia, transportando, con perfecta uniformidad, todos los sistemas
solares de que es compuesta, en una velocidad del mismo modo grande, cierra su
órbita en un período no menos regular.
Toda esa revoloteante disposición de movimientos, precisos e inalterables, es obra de
la Inteligencia Universal, con una sola finalidad: proporcionar medios a las partículas
del Todo para poderen progresar y subir, uno a uno, los extensos peldaños de la
evolución.
No hay cualquier exagero en afirmar que una única de esas partículas es tan
importante cuanto el propio Todo, porque este no podría existir sin ella, y ni ella sin
ÉL.
La obra de la naturaleza no contiene errores ni imperfecciones. Sus leyes son
inmutables, los movimientos matemáticamente exactos y los acontecimientos mas
sorprendentes que puedan ocurrir, en incursiones variantes, no pasan de consecuencia
lógica del desdoblamiento de la propia vida, llena de acciones y reacciónes, de causas
y efectos, pero siempre en busca del equilibrio final.
Asi como los satélites tienen sus movimientos combinados con los de los planetas,
éstos con los de los soles de cada sistema y el de los sistemas solares con todos los
movimientos de los otros sistemas de cada galaxia, también los espíritus accionan y
evolucionan coordinados unos con los otros, en fiel obediencia a un régimen
regulador de todas las funciones.
El espacio está repleto de Fuerza y Materia. Nada pierde ni gana. De lo que tiene,
nada sobra, ni posee de menos. El equilibrio de las leyes se revela tanto en el macro
como en el microcosmos, tanto en lo inconmensurablemente grande, como en lo
inconmensurablemente pequeño.
Fuera del alcanze visual del cuerpo humano, en el infinito como en lo infinitesímal, la
vida se expande sin interrupción, integral, armonizante, con la manifestación de las
más variadas vibraciones.
ESPACIO Y TIEMPO
Para el espíritu, todas las grandezas se confunden, porque él está en toda parte y en
cualquier tiempo.
Espacio y Tiempo, alias, con iniciales minusculas, son dos relatividades que solo
interesan a los medios físicos. Con letras mayúsculas, entretanto, representan
concepciones absolutas, que el lenguaje humano es demasiado pobre para definir,
delante de la grandeza del Infinito.
Para la Inteligencia Universal hay, solamente, - con respecto a Espacio y Tiempo -,
una especie de Presente Eterno, idea que no puede ser bien comprendida en este
mundo de tamañas limitaciones.
Asi, las velocidades, por más altas que sean, no pasan de expresiones relativas,
igualmente subordinadas al medio físico, pues en el campo espiritual otros principios,
otras leyes rigen la vida..
En su esencia primordial, apenas como Fuerza, el cspiritu podrá hacerse presente,
instantáneamente, tanto en un mundo como en otro, dentro de su radio de ácción,
utilizándose, tan solamente, del campo imantado, afín, de la Fuerza Infinita,
componente del Todo..
Esa Fuerza, penetrando y envolviendo todos los cuerpos del Universo, llena
literalmente el Espacio.
Deteniéndose el hombre en la contemplación del Universo, en meditación sobre las
inconmensurables grandezas del Infinito, a escrutar el sentido creador de la vida y el
poder ilimitado de la Inteligencia Universal, habrá de percibir - si no estuviere
demasiadamente dominado por las emociones terrenas -, que no pasa de un ser de
reducidísimas dimensiones, delante de la grandiosidad del Universo.Y se
compenetrará, entonces, de la inmensa caminata que tendrá que hacer en la larga, en
la interminable senda de la evolución.
NI PADRES NI HIJOS
Los grandes espíritus que encarnaron en este mundo para auxiliar el progresso de la
grey humana, lo hicieron impulsados por la acción consciente del deber. Nunca para
atender la voluntad de quien quiera que sea, y mucho menos de un supuesto padre
celestial.
En la esfera espiritual, no hay padres ni hijos. Lo que hay, lo que existe, en verdad, es
una enorme co-munión de espíritus, en una infinita graduación evo-lutiva, en que
todos los seres - todos, sin excepción, son constituidos de un mismo principio,
denominado Fuerza.
En los mundos dispersos por el Espacio, se encuentran - usando de reducidos números
para facilitar la comprensión humana - millones y millones de espíritus en cada plano
de evolución
Aqui mismo, en la Tierra, han encarnado, aunque raramente, espíritus de evolución
superior al medio ambiental, siendo que innúmeros otros, del mismo grado de
evolución, están desarrollando actividades espirituales en otras regiones del Universo.
Cuanto más adelantado sea el espíritu, tanto mayor es el deseo que siente de auxiliar a
evolucionar a su semejante.
De ahi la razón de someterse, voluntariamente, al sacrificio de encarnaren en mundos
de la especie de este, cuando, en los planos correspondientes a su adelanto, la vida aunque siempre trabajosa -, discurre en un ambiente de incomparable bienestar
común.
Negar a Jesús el valor, el mérito de haber conquistado su evolución espiritual a costa
de grandes luchas, de trabajos, de sufrimientos, de desencarnaciones, y
reencarnaciones, atribuirse las cualidades, la nobleza, los altos atributos que posee ese
gran espíritu al privilegio de una supuesta filiación divina, es error grave que
cometen, además de una demonstración de lamentable ignorancia en lo que respecta a
la vida espiritual.
Quién revela mayor valor, el líder que ascendió a su posición mediante el esfuerzo y
méritos propios, después de haber vencido todas las etapas que lo elevaron a la más
alta cumbre de la experiencia y del saber, o el que fué singularmente colocado en esa
posicíón, con fundamento en la jerarquía de antepasados?
Los adoradores de Jesús lo clasifican, obcecadamente, en esta segunda posición,
influenciados por la concepción deísta. Para esos, el valor de tan admirable y
evolucionado espíritu está más en la filiación al hipotético dios padre, do que en sus
propios méritos, cuando, en la realidad, lo debe exclusivamente a si mismo todo
cuanto adquirió y continúa a adquirir para aumentar, aún más, sus valiosos atributos
espirituales.
DIECISIETE CLASES
Los espíritus que hacen su evolución en este planeta, pertenecen a las primeras
diecisiete clases, de una serie de treinta y tres.
Esas clases y esas series son aquí mencionadas, apenas, - tal la importancia. de la
materia para facilitar la comprensión al lector.
De más arriba de la clase décima-séptima, sólo eventualmente uno u otro espíritu
encarna en este mundo, no por exigencia de su evolución, pero para auxíliar a la
humanidad a levantarse espiritualmente, en una bella y espontánea manifestación de
abnegación y desprendimiento.
Millones de otros, de igual categoría, no obstante no encarnando, se dedican principalmente por intermedio de las Casas Racionalistas Cristianas - a auxiliar
astralmente el progreso de sus semejantes menos desarrollados espiritualmente,
encarnados en este Planeta.
Distribuídos en la serie de treinta y tres clases, de acuerdo con el grado de desarrollo
de cada uno, los espíritus hacen su evolución, partiendo de la siguiente orden de
mundos:
a) mundos materializados
b) mundos opacos
c) mundos blancos
d) mundos diáfanos
e) mundos de luz puríssima
espíritus de la
espíritus de la
espíritus de la
espíritus de la
espíritus de la
1ª
6ª
12ª
18ª
26ª
a la
a la
a la
a la
a la
5ª clase
11ª clase
17ª clase
25ª clase
33ª clase
Los mundos se dividen, todavía, en dos grandes categorias: mundos espirituales y
mundos-escuelas.
Para los primeros, van los espíritus que desencarnan y dejan la atmósfera de la Tierra,
cada cual ascendiendo al mundo correspondiente a su propia clase, pues en ellos no
permanecen espíritus de clases diferentes.
MUNDOS-ESCUELAS
A los mundos-escuelas llegan espíritus de varias clases, para promover, entre sí,
intercambio de conocimientos intelectuales, morales y espirituales.
La Tierra es un mundo-escuela, en que las diecisiete primeras clases, de la serie de
treinta y tres, promueven su evolución, partiendo de la primera y llegando a la
décima-séptima, en períodos que varian mucho, de espíritu para espíritu, pero que se
elevan, siempre, a millares y millares de años.
Para ascender de una clase a otra inmediatamente superior, no existen privilegios ni
protecciones. El principio de la justicia se funda en la ley de la igualdad. Todos tienen
que enfrentar idénticas dificultades y llegar al triunfo por el esfuerzo propio.
El mal aprovechamiento de una encarnación, resulta, inapelablemente, en la necesidad
de repetirla, debiendo el espíritu repasar por las mismas tribulaciones hasta conseguir
dominar los vicios y las debilidades, y recuperar el tiempo perdido.
Conforme está explicado en el Capítulo VI de ésta obra, en el mundo que le es propio
le es dado al espíritu desencarnado el conocimiento de lo que pasa en los mundos de
clases inferiores a la suya, pero ignora lo que ocurre en las superiores.
Sin embargo, constatando las enormes ventajas de la ascensión a clases más elevadas,
vive bajo el incontenido deseo de pasar más al frente, a fin de alcanzar nuevos
conocimientos y conquistar más amplios atributos espirituales.
En el mundo correspondiente a su clase, el espíritu traza los planes para la nueva
encarnación, que desea, ardientemente, aprovecharla, en lo máximo. Su mayor
esperanza es no perder tiempo en la Tierra, no fracasar, no tornar inútil el sacrificio
de encarnar.
Los espíritus de las clases inferiores, especialmente los de la primera, encarnan bajo la
orientación de otros que ya poseen más evolución. Ellos son, comparativamente,
como los niños que necesitan de que alguien los acompañe para ir al Jardín de
Infancia.
En los mundos-escuelas, las emociones hacen parte de la vida cuotidiana. Esas
emociones son experimentadas, indistintamente, por todos sus habitantes. Cuando el
hombre se toma superior a las sensaciones de la pobreza y de la fortuna, que
completan el cuadro de las referidas emociones, ahí, sí, el sentido de la vida espiritual
comienza a despertar en él.
A medida que evoluciona, va el espíritu tornándose conocedor de las cosas del
Espacio. Si en la Tierra tanto hay para aprender, mucho más lo hay en el Universo. A
éste, ofrece campo el Espacio. El Universo representa. la evolución en marcha.
Se sincronizan unas a las otras - como eslabones de una misma cadena - estas tres
expresiones: Espacio, Universo y Evolución. Pesquisar el Espacio, por eso, es
estudiar el Universo y reconocer la Evolución.
Existe un deber que les comprende a todos por igual: Trabajar para evolucionar. Cada
cual necesita ocupar su lugar y esforzarse en el cumplimiento de sus atribuciones,
seguro de que tiene en el Espacio una posición definida e insustituible.
Millones de espíritus encarnados en este planeta se sienten preocupados por la falta de
una brújula orienladora.
Si la que trajo Jesús, hace aproximadamente veinte siglos, no hubiese sido
parcialmente desimantada par la ganancia especuladora, muchos y muchos millones
de seres aún encarnados habríam concluído, hace mucho tiempo, el curso. en la
Tierra, y estarían ejerciendo sus actívidades en otras regiones del Espacio.
Tiempo perdido no se recupera. Es como agua ya pasada, que no mueve molinos. Al
Racionalismo Cristiano le incumbe una gran y sublime misión, hasta entonces bien
árdua y aún no comprendida por muchos: restablecer la Verdad y reimplantar los
magníficos enseñamientos de Jesús en la Tierra.
CAPITULO V
EL ESPIRITU
El espíritu es luz, es inteligencia, es vida, es poder creador. En él no hay materia en
ninguno de sus estados. Es, por lo tanto, inmaterial. Partícula individuafizada, asi se
conserva en toda la trayectoria que hace en el proceso de su evolución.
Él es indestructible, indivisible, eterno, y evoluciona para el perfeccionamiento, cada
vez mayor. Como partícula del Todo, es inseparable, de él y subsiste a cualquier
transformación, nada habiendo que lo pueda destruír.
En el Capítulo “Fuerza y Materia”, quedó evidente la evolución de las partículas de la
Fuerza, desde su estado primario, inicial, hasta cuando adquiere suficíente desarrollo
para incitar y movimentar un cuerpo humano.
Se le da a la partícula de la Fuerza, desde que inicia el proceso evolutivo en cuerpo
humano, la denominación de espíritu, denominación que mantiene, de ahí por delante,
en su larga caminata evolucionaria.
En el espacio inconmensurable del Universo, en que la Inteligencia vibra, sin
interrupción, acusando permanente acción consciente y constantes demonstraciones
de vida, agita el espíritu su fuerza intranuclear, que se exprime, en todas sus
actividades, por movimientos vibratorios.
Son essos movimientos irradiados por un núcleo de Fuerza, que es el espíritu, en el
océano de una esencia idéntica, que es el Todo, señalando el poder atractivo que hace
con que atributos de ese Todo converjan para el núcleo, desarrollándolo y dándole
mayor potencialidad.
Son atributos del espíritu, inherentes al Todo:
a)
b)
c)
d)
e)
f)
g)
h)
i)
j)
k)
la fuerza de voluntad
la conciencia de si mismo
la capacidad de percepción
la inteligencia
el poder del raciocinio
la facultad de concepción
el equilibrio mental
la lógica
el dominio de si propio
la sensibilidad
la firmeza de carácter
FUERZA DE VOLUNTAD Y CONCIENCIA DE SI MISMO
La fuerza de voluntad es la más poderosa palanca de que dispone el espíritu para
llegar al triunfo, no existiendo dificultad u obstáculo - dentro, naturalmente, de las
limitaciones humanas que no sea capaz de superar.
Ella no conoce la timidez ni permite el desánimo o el debilitamiento, y tiene el poder
de subyugar todas las flaquezas, todas las pasiones, todos los vicios, todos los deseos
intemperados, cuando el ser humano, sabe utilizar, conscientemente, ese superior
atributo.
Es común en los seres confundir la voluntad con el deseo, muy a pesar sean
verdaderamente elementos completamente antagónicos.
Cuando el espíritu encarnado es asaltado por un deseo inferior y posee la voluntad
suficientemente ejercitada, esta interviene, dominadoramente, venciendo ese deseo.
Llama interior que conduce a la víctoria a los que la saben alimentar, mismo en las
luchas más árduas y difíciles de la vida, la fuerza de voluntad es el resultado de una
serie de sucesos alcanzados, con esfuerzo y decisión, en las encarnaciones anteriores,
y como expresión de valor, una fortaleza inexpugnable para el espíritu.
La conciencia de si mismo hace con que el espíritu no ultrapase sus posibilidades, en
pura pérdida, dispersando las energias que posee.
Ella significa, pues, la auto-apreciación, en su real, en su verdadero sentido, no dando
lugar a la exaltación de la vanidad ni a la falsa modestia, ya que la magnitud y el valor
espiritual son encarados siempre dentro de una rigurosa visual normal
En posesión de la conciencia de si mismo, procede el espíritu con sencillez,
ecuanimidad y respecto a su semejante, por saber que todos tienen un origen común y
hacen, sin distinción, el mismo curso evolutivo.
CAPACIDAD DE PERCEPCIÓN E INTELIGENCIA
En la capacidad de percepción, pesan determinados factores psicológicos que el
lenguaje común no los puede definir, no obstante representen valores reales y
fácilmente reconocibles.
De ella son fuertes componentes los recursos de la intuición y de la inspiración, que
poseen destacada importancia entre los demás atributos espirituales y las propias
acciones humanas.
La capacidad de percepción, que está íntimamente ligada al poder de penetración del
espíritu, a su agudez, perspicacia y sensibilidad, ejerce, más allá de eso, notable
influencia en el terreno de la observación, revelándole aquello que las conveniencias
tantas veces escondem.
Cuando la prudencia interviene, cautelosa, en las disposiciones del ser humano, es
también la capacidad de percepción que le provee los elementos de decisión.
La inteligencia, como facultad maestra del espíritu, interviene en las demás,
purificándolas y contribuyendo para tornarlas mejores y más eficientes.
De la inteligencia dependen los otros atributos espirituales que se crean, expanden,
crecen, amplian y perfeccionan, a medida que el espíritu evoluciona.
Gran aliada de la perfección, la inteligencia hace al espíritu reconocer sus errores
para. corregirse.
Permanece ella detrás del raciocinio, proveyéndole los medios necesarios par a su
desarrollo.
Facultad iluminativa, por excelencia, la inteligencia dilata los horizontes del espíritu y
es el instrumento capaz de disipar las tinieblas y destruír la ignorancia donde quiera
que ellas se encuentren.
PODER DEL RACIOCINIO Y FACULTAD DE CONCEPCIÓN
El poder del raciocinio constituye valioso atributo de que dispone el espíritu para
analisar los acontecimientos de la vida, extrayendo de los hechos las lecciones que le
pudieren ser útiles.
El raciocinio es como una luz que se proyecta sobre los problemas difíciles de la
existencia, para tornarlos claros y comprensibles.
Más allá de nortear al espíritu en el transcurso de sua evolución, representa él,
todavía, una poderosa arma de defensa contra el convencionalismo mundano, contra
las creencias místicas que producen la ceguera de la fé y otras subordinaciones
indicativas de formas agudas o amenas de avasallamiento.
En la facultad de concepción están las creaciones del pensamiento, el genio inventor y
la ingeniosa fuerza realizadora de todas las transformaciones y mejoramientos.
Esencialmente constructiva, a ella se debe, como elemento propulsor, el desarrollo
progresivo de la evolución universal.
Tanto en las artes, como en las ciencias y letras, ocupa posición de inconfundible
relieve.
La formación de las riquezas se debe a su concepción, así como las abnegaciones, los
desprendimientos y las renuncias, por ser ella cultivada, via de regla, en beneficio de
la colectividad.
EL EQUILIBRIO MENTAL Y LA LÓGICA
El equilibrio mental proviene de la purificación de. los sentidos, del temperamento
bien ajustado a las realidades de la vida, de la serenidad, de la comprensión. exacta de
las posibilidades y de la justa apreciación delos hechos.
La calma, la serenidad, la moderación, las actitudes ponderadas, la reflexión, el
criterio y el buen sentido, son cualidades reveladoras del equilibrio mental, por medio
del cual el espíritu, en el torbellino de la existencia terrena, procede con más
seguridad y se abstiene de la práctica de los errores comunes.
El perfeccionamiento de esa facultad deberá ser motivo de constantes cuidados e
interés del espíritu encarnado, por desempeñar ella un papel de la más alta
significación en el desarrollo de su evolución.
La lógica es un atributo que proporciona, a cada uno, coherencia en sus actitudes,
congruencia en la condensación de las ideas y ordenación en los pensamientos.
Sin educación, sin esmeramiento espiritual, la lógica es del todo imposible.
Ella es, por excelencia, una facultad que resulta de la educación y de la superación del
espíritu, possibilitando a éste la formulación de sus conjeturas sobre bases firmes,
seguras, objetivas y reales.
Ninguna afirmación, pues, podrá tener bases sólidas, si no fuere firmemente apoyada
en ese importante atributo.
DOMINIO DE SI MISMO Y SENSIBILIDAD
El dominio de sí mismo asegura al espíritu humano el control íntimo, evitando los
actos impulsivos y las actitudes impensadas que puedan conducirlo a cometer
desatinos irreparables, de los cuales viene a arrepentirse, más tarde, como acontece en
la mayoría de las veces.
El ser humano necesita permanecer siempre alerta y vigilante, consciente de que es
una fuerza que trabaja incesantemente, vibrando, atrayendo o repelendo. Corrientes
favorables y desfavorables a su progreso y bienestar llenan el espacio, cruzándose en
todas las direcciones.
De ahí la necesidad del dominio propio, para no dejarse influenciar por las
irradiaciones adversas, procediendo, únicamente, de acuerdo con su voluntad.
La sensibilidad es la facultad de que dispone el espíritu para sentir las corrientes
vibratorias del medio ambiente y, por detrás del involucro de las apariencias, la
verdad.
Es por la sensibilidad que se percibe el sentimiento afin que congrega, que une, que
hermana los seres de idénticos ideales y de iguales aspiraciones.
Es la sensibilidad, todavía, el intrumento de la alegría y del dolor - dolor que hace, no
pocas veces, al espírítu desatento, indiferente y transviado concentrar-se en si mismo,
despertar y enfrentar a la realidad de la vida.
FIRMEZA DE CARÁCTER
La firmeza de carácter, como tantas otras facultades, patentiza, inequivocadamente, la
evolución espiritual del ser humano.
Los que la poseen, siempre dan los mejores, los más nobles, los más admirables
ejemplos de rectitud en todos los actos de la vida.
Como resultado de su combinación armónica con los demás atributos ya
mencionados, revela suficiente amaduramiento espiritual y efectivas condiciones para
ascensión a clase evolutiva más elevada.
Son innumerables los atributos del espíritu, que aumentan y se desenvuelven en la
razón directa de su crecimiento, como ser evolucionario.
CAPITULO VI
ENCARNACIÓN DEL ESPIRITU
El planeta Tierra no es habitación permanente de ningún espíritu. Es un
mundo-escuela, un laboratorio depurador, una oficina de aprendizaje, de trabajo,
donde él se instruye, se perfecciona, se desarrolla, en tiempo más o menos largo y en
ambiente adecuado para promover su evolución.
Conforme lo esclarece el capítulo IV de esta obra, los espíritus están distribuídos por
clases, en mundos propios, de acuerdo con la evolución de cada uno.
Los espíritus que evolucionan en este planeta, pertenecen a las primeras diecisiete
clases, separadas, unas de las otras, en el espacio, en el orden de su importancia.
Sin embargo, al encarnar, se mezclan, intensamente, para la formación de pueblos de
estructura heterogenea, como conviene a un mundo escuela.
Los que saben más, los que disponen de mayor aprendizaje, de mayor lastre de
experiencia, enseñan a los que saben menos aquello que, por su vez, aprendieron de
otros. Exactamente por ese hecho es que se ven, con frecuencia, seres de
espiritualidad bastante diferente en una misma familia.
Para bien aprender las lecciones de la vida, necesitan las personas encontrar, en su
semejante, cualidades y conocimientos que aún no lo poseen.
El espíritu es inmaterial. Material es su cuerpo astral, también conocido como
periespíritu o cuerpo animico, compuesto de flúido quintaesenciado - pero materia de la misma naturaleza de la substancia flúidica del mundo en que se aloja, en el
intervalo de las encarnaciones.
Semejantemente, su cuerpo carnal corresponde a la materia componente de este
planeta. Cuanto más adelantados los mundos de luz a que va ascendiendo el espíritu,
en su evolucionar, más diáfana es la materia quintaesenciada de que se compone su
respectivo cuerpo astral.
Esto explica la razón de seren los cuerpos astrales - no obstante de substancia idéntica
- más diáfanos unos de que otros.
Ningún hecho, ningún acontecimiento de la vída humana puede ser ocultado a los
planos espirituales. Es que todo lo que pensamos o hacemos produce movimientos
vibratorios que se cruzan en todas las direcciones.
Por eso es que tan prontamente se opera una fecundación, ésta es inmediatamente
constatada en esos planos, y un espíritu acude a cumplir una de las más importantes
determinaciones de las leyes naturales – la reencarnación - de entre los que aguardan,
sin temor o reluctancia, dentro del más riguroso orden, cada uno por su vez,
compenetrado de los deberes que le están designados.
Determinado a reencarnar, e identificada aquella que le va servir de madre, el espíritu
acompaña la gestación hasta el tercero mes, cuando entonces toma ligazón, mediante
cordones flúidicos, al cerebro y al corazón del feto
El cuerpo carnal, en formación, comienza a ser envuelto, molécula a molécula, por el
cuerpo flúidico del espíritu, que sobre él irradia apostado en el lado de afuera del
cuerpo de la gestante - hasta el momento de ser dado a luz, cuando entonces toma
entera posesión de él.
Consumada la encarnación, queda el espíritu yuxtapuesto al cuerpo de la criatura, del
lado izquierdo, apoyado en su cuerpo astral.
Seguidamente de la encarnación del espíritu, queda el ser humano constituído de tres
cuerpos:
1 - cuerpo mental (espíritu)
2 - cuerpo astral (materia flúidica)
3 - cuerpo carnal (materia organizada compuesta)
Con esa constitución deberá ejercer sus funciones terrenas y vivir, distintamente, las
dos vidas: la material y la espiritual.
El cuerpo mental - para el cual están dirigidas las atenciones de los estudiosos - es el
agente vivo e inteligente que gobierna a los otros dos cuerpos – el astral y el material siendo, por lo tanto, responsable por todas las manifestaciones de la vida.
La ley de transformación de la materia, a que están sujetos los dos últimos cuerpos,
jamás lo alcanza. Eterno e inmutable, en su esencia, el ofrece, a medida que
evoluciona, admirables demonstraciones de potencialidad y valor.
El cuerpo astral es la ligazón, la unión entre los cuerpos mental y carnal. Él está preso,
partícula por particula, al cuerpo mental, en virtud de la vibración permanente de éste,
y envuelve a todo el cuerpo carnal uniéndose, por cordones flúidicos, a sus órganos
principales - el cerebro y el corazón.
Durante el sueño, el espiritu se aleja, con su cuerpo astral, (del cual no se aparta
nunca) sin interrumpir, no obstante, la unión con el cuerpo carnal, al cual continúa
transmitiéndole calor y vida, a través de los cordones flúidicos ya mencionados.
Por mayores, por más extensas que sean las distancias que separen el espíritu de su
instrumento corpóreo, jamás interrumpe la ligazón con este, no solo porque tal
interrupción significaria la desencarnación, sino porque la naturaleza de los cordones
flúidicos les permite distanciarse, remotamente.
De este modo, solamente en el acto de la desencarnación dejan, los cuerpos mental y
astral, definitivamente al carnal.
El cuerpo carnal es una máquina admirablemente concebida por la Inteligencia
Universal para proporcionar al maquinista - el espíritu - los recursos, los elementos,
los medios con los cuales lleva a efecto, en el planeta Tierra, un curso de
perfeccionamiento, en múltiplas, en innumerables encarnaciones, indispensables para
su ascensión a ambiente de mayor espiritualidad, en un plano más alto de evolución.
Toda ciencia médica de él se ocupa, estudiándolo, en sus mínimos detalles. Y no es
pequeño el número de científicos que ya admiten ser los desordenes del espíritu - en
los cuales se incluyen, con destaque, las perturbaciones emocionales -, la causa de
gran parte de los desarreglos físicos, formando todo un cuadro, de anormalidades y
enfermedades cuya etiología no constituye más un secreto para ellos.
Definido por trazos normales, el cuerpo carnal puede ser presentado como una
perfecta y acabada pieza escultural.
El espíritu, cuando encarna, se aisla de su pasado, olvidándose, por completo, de las
anteriores encarnaciones.
Esto representa, para él, un gran bien. Primero., porque la cortina de materia,
impidiendo que se reconozcan desafectos de otras encarnaciones, posibilita la
reconciliación de éstos, aproximándolos, sin resentimiéntos o malquerencias.
Segundo, sin la visual temporaria. de los errores del pasado, que muchas veces
disminuyen, avergüenzan y hasta subyungan y alienan la voluntad, el espíritu
encarnado se ambienta como iniciándose en una nueva existencia, en cada pasaje
terrena.
Asi lo han hecho, y continúan a hacerlo, miles de millones de ellos en su trayectoria
por este mundo, en una larga serie de encarnaciones.
Cuando encarna, el espíritu apenas retiene, en su subconsciente, el resultado de las
lecciones aprendidas, la experiencia de las pruebas por las cuales pasó y las
lendencias del uso que hizo de su libre albedrío.
Todo cuanto de bueno adquirió, con esfuerzo y trabajo, conserva para siempre, y esa
conquista, esos bienes, ese patrimonio le prestan valiosa colaboración en cada
encarnación, facilitándole la adquisición de nuevos conocimientos, de nuevas
cualidades y de mejor rectíficación de sus atributos.
DEBERES DEL ESPIRITU, DESPUÉS DE ENCARNADO
El espíritu cuando encarnado, pasa por fases distintas, en cada una de las cuales podrá
cosechar valiosos enseñamientos.
Esas fases son: La infancia, la juventud, la madurez y la vejez. En todas ellas tiene
deberes a cumplir, trabajos a realizar, obligaciones a satisfacer.
La dinámica de la vida exige acción permanente. Pero acción dignificante, provechosa
y constructiva, en beneficio propio y del semejante.
Las cuatro fases mencionadas sólo poseen sentido en el plano físico. Ellas se
relacionan, únicamente, con el desarrollo y duración de la máquina humana, sirviendo
para establecer la diversidad de experiencias y enseñamientos, en el transcurso de una
encarnación.
INFANCIA JUVENTUD Y MADUREZ
Al período que se prolonga del nacimiento a la pubertad, se le da el nombre de
infancia. En ella se construye, por asi decirlo, toda la base, todo el soporte que habrá
de sostener el edificio de la encarnación.
Por eso, es de fundamerítal importancia los enseñamientas que fueren suministrados
al ser humano en esa delicadísima faz de la vida, a través de lecciones del más alto
sentido moral y, sobre todo, de ejemplos repletos de valor, para que sean bien
asimilados y contribuyan para la formación de una valerosa y noble personalidad
Le siguen a la infancia los años de la juventud que se sitúan entre lo que generalmente
se conoce por menor y por adulto.
La juventud comieriza en la pubertad, prolongandose hasta la madurez. Es la edad de
la razón, en la que están presentes, de un modo general, las más altas aspiraciones y,
los grandes ideales de la vida, y a esas aspiraciones, a esos ideales, no es extraño el
sentimiento de espiritualización, desde que en la infancia haya tenido el ser humano la
felicidad de recibir principlos educativos elevados.
Una nación será más grande, en la medida en que pudiere confiar en su juventud, para
la cual se dirigen, permanentemente, las esperanzas de los más viejos.
A la juventud le sigue la madurez, en la que el ser humano tiene, a su favor, la
experiencia conquistada en los períodos anteriores de la vida. Podrá ser él en esta
face, un timonero firme y competente, valiéndole de mucho la suma de conocimientos
adquiridos.
En la madurez, alcanza la persona su apogeo. Sus células orgánicas - notablemente las
cerebrales - alcanzaron la máxima vitalidad, permitiendo al espiritú, transmitir la
plenitud de su capacidad constructiva.
VEJEZ
La vejez representa la última faz de la vida, en cada encarnación. Y esto es
comprensible: el cuerpo físico nada más es de que una máquina, al servicio de la
Fuerza, también denominada espíritu, de quien recibe el calor, la acción, el
movimiento y la vida. Esa máquina - como todas las máquinas - está sujeta a la acción
del tiempo, a los desarreglos y desgastes que son mayores o menores, de conformidad
con el trato que le haya dispensado el maquinista - el espíritu.
Y, convengamos, no faltan los desatentos, los indiferentes y los despreocupados. No
son pocos los que se entregan a los vicios, con lo que producen, en el cuerpo carnal,
daños no raramente irreparables, ocasionando su ruina.
La vida bien vivida, conduce a una vejez saludable y feliz. En esa faz, sin embargo,
mismo que.plenamente lúcido, no puede el espíritu, como es comprensible, manifestar
la misma fortaleza.y el vigor y el dinamismo revelados en los periodos anteriores. Y
esto, por el natural decaimiento de su instrumento corpóreo.
Felices los espíritus que saben dar al mundo, en cada pasaje por la Tierra, inequívocos
ejemplos de valor y honradez.
El interés por el bienestar general, el comportamiento familiar, la preocupación
constantemente dirigída para la educación de la prole, la disciplina y el amor al
trabajo, son algunos de esos ejemplos.
MORAL SOCIAL Y AUTO EDUCACIÓN
Las actividades en este mundo son diversas, e muchos son los medios por los cuales
se processa la evolucíón.
Mientras tanto, ni todos los seres disponen de iguales posibilidades, pero lo que
interesa, por arriba de todo, es ennoblecer el sentido de la vida, mismo sometido a los
trabajos más rudos y humildes.
La moral social se define por la formación espiritualista, por la intransigente defensa
de las buenas costumbres y la práctica efectiva de hábitos saludables.
Cada pueblo posee una concepción propia de la vida. Pero cuanto más se camina,
cuanto más se avanza en el terreno de la civilización, más visibles, más seguros, más
fuertes se evidencian los preceptos de la moral y de la honra, principalmente en lo que
dice respecto al hogar, cuya formación constituye - como se esclarece en el Capítulo
XIV, de este libro, que trata de la Familia - un indeclinable deber de todo ciudadano.
La educación de los seres humanos no se limita, no se restringe, no se circunscribe al
período de la infancia, en que más actúan los padres.
Preparados para dirigirse por si mismos, ya en mayoría de edad, deben ir recogiendo
el más voluminoso lastre de experiencia que les fuere posible alcanzar, a través de la
observación y del testimonio de las cosas que ocurren a su alrededor, o de que hayan
tomado conocimiento.
El éxito o el fracaso de los otros, las causas, las razones, los motivos de las alegrías o
de los sufrimientos de estos, constituyen valiosos enseñamientos, de los cuales deben
tomar provecho todas las personas, a fin de no incurrir en los errores que causaron el
dolor y el perjuicio ajeno, y para seguir por los mismos caminos que llevaron el
semejante al triunfo y al bienestar.
Si el hombre se disminuye, moralmente, delante del prójimo, cuando, practica
acciones condenables, reveladoras de indigencia de principios morales y educativos,
aún se sentiría más inferiorizado y con vergüenza de si mismo, si disfrutara de una
conciencia espiritual vigilante y en condiciones de poder apreciarlas.
Los varios niveles sociales que existen en la Tierra se justifican, parcialmente, no solo
por tratarse de un mundo-escuela, sino también por las deficiencias que se observan
en la educación de los seres humanos que lo habitan.
El individuo mal educado restringe su campo de acción al propio nivel en que vive,
tornándose indeseable en los planos superiores de educación, y de ahí la necésidad
que tiene el espíritu encarnado de no economizar esfuerzos en el sentido de mejorar
sus condiciones sociales, contribuyendo para la elevación de los índices de
moralización en el planeta.
EJEMPLOS DE HONRADEZ Y DE DEDICACIÓNAL AL TRABAJO
Los ejemplos de honradez constituyen la más alta contribución que los seres pueden
dar a la sociedad.
La honradez no se restringe a la puntualidad en los pagamentos, la exactitud en las
transacciones y la fidelidad en los ajustes, Ella exige, por arriba de todo, firmeza de
caráter, intransigente lealtad e indesviable rectitud en el cumplimiento del deber.
Los que no poseen elevación de sentimientos, desprendimiento y valor, no pueden
tener la pretensión de considerarse honrados, por seren esos importantes atributos
inseparables de la honradez.
Los ejemplos de dedicación al trabajo son de los más útiles a la causa de la
humanidad.
El Universo, considerado en si mismo, es todo movimiento y acción. Los grandes
artífices del progreso del mundo, fueron trabajadores incansables.
Los que viven en la ociosidad no pasan de parásitos sociales y aprovechadores del
trabajo ajeno, aún mismo cuando dispongan de fortuna y se juzguen grandes
personajes.
Tanto se ennoblece y dignifica el ser humano en el trabajo brazal, como en el
intelectual, artístico o científico.
Lo que da provecho al espíritu no es la naturaleza, pero si el valor moral del trabajo y
la satisfacción en que este es realizado.
Deben, pues, todos procurar el trabajo que corresponda a su vocación, para ejecutarlo
con alegría y entusiasmo, considerándolo, nó un castigo, pero si un premio, ya que,
sin él, jamás darían un solo paso en el camino de la evolución.
ACCIONES MERITORIAS Y ERRORES
VOLUNTARIOS E INVOLUNTARIOS
Las obras culturales que se escriben, las escuelas. que se instalan, las bibliotecas que
se fundan, las organizaciones científicas que se establecen. y los trabajos que se
realizan con la finalidad de instituir e incrementar, en todas las latitudes, el
intercambio intelectual, espiritual y material entre los seres, son acciones meritorias,
del más alto interés humano.
Bajo este aspecto, se incluyen también las iniciativas destinadas a fomentar la
producción industrial, mineral y agrícola, para elevar el padrón de vida de la
colectividad.
Todos los habitantes de este mundo-escuela son imperfectos. Unos,
evidentemente, más de que otros. No hay, pues, quien no esté sujeto a cometer
errores. Muchos de esos errores son involuntarios. Otros resultan del mal uso del libre
albedrío.
Se dice que errar es humano. Nada más exacto. Sin embargo, una vez advertido y
convencido de haber cometido un error, cúmplele a la persona, honestamente,
reconocerlo y esforzarse por errar - mismo involuntariamente - lo menos posible.
Esconder los errores, en vez de combatirlos, es práctica muy común, pero altamente
perjudicial para él perfeccionamiento del espíritu.
Lá mayoría de los individuos, en la apreciación íntima de sus actos, raramente
procede con imparcialidad y justicia
Mismo los que encaran severamente a las malas acciones ajenas, para las cuales
siempre tienen palabras de censura y condenación, no huyen a la tendencia general
con relación a las propias faltas, que es la de justificativa amplia, indulgente y
absolutista.
Con ese procedimiento, los errores.pasan a incorporarse a los hábitos y costumbres
humanos, perdiendo, el hombre el respeto que debe a si mismo, corrompiendo, el
carácter y la dignidad.
Lo que todos deben y necesitan hacer, es encarar, corajosamente, a las faltas
cometidas, y disponerse a eliminarlas, con el poder de su voluntad.
EL PERFECCIONAMIENTO Y EL MAL DE LA IGNORANCIA
El perfeccionamiento debe constituir la principal preocupación del ser humano, en
todos los ramos de su actividad.
Todo individuo tiene necesidad de esmerarse en el desempeño de sus obligaciones,
procurando ejecutar el trabajo con el devotamiento de que fuere capaz.
Sin atención, interés, conocimiento, esfuerzo, decisión, alegría, buen humor e
inquebrantable disposición de alcanzar resultados positivos, no se camina para el
perfeccionamiento, y éste, indisolublemente ligado a la evolución, es la razón
principal de la venida del espíritu a la Tierra. No hay posibilidad de progreso
espiritual fuera del campo del perfeccionamiento.
Nadie debe dejar de combatir a la ignorancía, por ser ella la causa de la mayoría de los
males que afligen a la humanidad. La ignorancia es una fuerza enteramente negativa.
Siempre hace mal y, sí no empuja para atrás, dificulta, en el terreno de la evolución, a
dar un paso hacia el frente. Evolución significa luz, luz que cuanto más sea la
claridad, cuanto más resplándece, cuanto más refulge, más ahuyenta, las tinieblas de
la ignorancia.
Es la ignorancía, por eso mismo, la gran, la poderosa, la irreconciliable enemiga del
espíritu encarnado. Combartirla, en todas las oportunidades y por todos los medíos, es
deber que impone a los que.desean realmente progresar, aprovechando bien la
encarnación.
Éstos, como no tienen tiempo para perder, procuran.aprender hoy lo que hasta ayer
no lo sabían, conscientes de que cada conocimiento nuevo representa más un bien,
más un valor que se incorpora al patrimonio espiritual.
A los que no tuvieron la felicidad de frecuentar escuelas, debemos recordarles que el
propio mundo Tierra es una Escuela, donde podrán aprender las más variadas
lecciones, pues enseñamientos buenos no faltan.
Muchas son las materias de que se compone el curso que compete al espíritu hacer en
este mundo, en las innumerables reencarnaciones. Los alumnos despreocupados,
desatentos y reincidentes están siempre a repetir las lecciones.
Si la humanidad se compenetrara de lo que representa, en la vida del espíritu, una
encarnación bien aprovechada, no se constatarían tantas fallencias y tan enorme
descaso en la Tierra por los valores espirituales.
Cuanto más adelantado sea el ser humano, más reconoce la distancia que le separa del
saber absoluto que exige una eternidad de estudios. Los verdaderos sabios no pierden
la conciencia de sus limitaciones, esforzándose para aprender más y más. Por lo
general, son modestos y sencillos, lo contrario de los mediocres, siempre preocupados
en exhibirse y hacerse pasar por personas de gran talento e importancia.
Muchos no se perciben del ridículo a que se exponen, cuando hacen de si mismos - de
su inteligencia, de su bondad, de su valor - el objeto de la conversación.
Ese alarde de atributos hipotéticos o reales no queda bien a nadie. Por eso hay
necesidad de comedimiento, de moderación en todos los gestos y actitudes, que
deberán constituír un saludable hábito en la vida del ser humano, para poder
conducirse siempre con ejemplar dignidad.
PRINCIPIO DE AUTORIDAD
Inseparable de la fidelidad a los dictámenes de la moral, de la moderación y de la
justicia, el principio, de la autoridad jamás podrá ser ejercido con despotismo y
intolerancia.
A pesar de que muchos se impongan por el temor que sus actos infunden, la verdadera
autoridad, la más auténtica, la más legítima, es magnánima y justa., y por eso se torna
querida y respetada.
Esto no quiere decir que renuncie ella al derecho - y hasta el deber - de usar de
energía y severidad, cuando se tornen necesarias. Lo que no debe, nunca, es excederse
el individuo que la tenga, tornándose prepotente y arbitrario.
Antes de adoptar cualquier medida, debe la autoridad reflexionar detenidamente, para
reducir al mínimo la posibilidad de incurrir en error y practicar injusticias.
ECONOMIA
Siempre que los recursos permitieren, la economía no debe afectar la buena
presentación ni la plena suficiencia en la vida material, moral e intelectual del ser
humano.
Tan condenable es la disipación, como la mezquindad y la avaricia. Todos deben.
abstenerse de lo supérfluo repeler los vicios, oponerse al desperdicio y al derroche,
pero sin privarse de lo que necesita.
Es necesario que se comprenda que los bienes materiales pertenecen a la Tierra y en
ella quedarán, no siendo los seres humanos más que administradores o depositarios
temporarios de esos bienes.
Proceder egoisticamente, esclavizar-se a los valores puramente materiales, en la falsa
suposición de que de ellos depende la felicidad, es error, y de los más graves, en que
incurre un gran número de seres.
El patrimonio que el espíritu acumula, en el transcurso de cada jornada terrena, es
representado, exclusivamente, por las acciones meritorias que pratica.
Esos son, en verdad, los únicos bienes que lleva consigo al desencarnar - bienes que
habrán de llenarlo de alegría y felicidad en el plano espiritual.
EL MIEDO, LA EFICIENCIA E EL RESPETO
El miedo es uno de los perniciosos males que más .inquietan, angustian y martirizan a
la humanidad. Él tiene raices profundas que comienzan a crecer en la primera
infancia, cuando tantas cosas equivocadas son inculcadas en el espíritu de los niños.
Las historietas ridículas que les son. contadas, en que configuran bichos-papón,
fantasmas, duendes y tantas ficciones, responden por el complejo de temor que se
apodera de los niños, y por la nefasta influencia que tal complejo pasa a ejercer,
durante toda su vida.
Combatir, en el proceso de educación de los ninos, todo cuanto pueda contribuír para
tornarlos tímidos, miedosos, evitando, necesariamente, los extremos, que conducen a
la imprevisión y la temeridad, es deber que se impone a todos los que tuvieren una
parcela de responsabilidad para con ellos.
Vivir con eficiencia, quiere decir vivir plenamente, en el buen sentido, esto es, cuidar
de la salud moral y física, participar activamente del esfuerzo común de la humanidad
para mejorar las condiciones del mundo, y proceder, siempre, con disciplina, método
y orden.
Los seres deben respetarse a si mismos y al prójimo, ya que no es concebible una
existencia terrena digna y bien ajustada, al interés común, sin respeto.
El respeto debe existir entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre hermanos y,
de un modo general, de individuo para individuo. No hay germen más pernicioso, más
contaminador, más destructivo del sentimiento de amistad, de que la falta de respeto.
La intimidad no díspensa, de manera alguna, el tratamiento respetuoso.
Tratar sin respeto al semejante, es revelar carencia de principios educativos y cometer
una indignidad, pasible de toda condenación. Sin embargo, para que sea respetado y
tratado con consideración, debe el ser humano proceder corectamente en todos los
actos de su vida.
EL CELO Y EL TRABAJO
El desempeño de cualquier función exige celo, dedicación e interés por alcanzar el
mejor resultado posible. Mientras tanto, es de arriba que deben partir los ejemplos,
puesto que solo tiene autoridad para exigir aquel que sabe cumplir.
La falta de celo en el desempeño de cualquier funcíón, hiere el carácter, disminuye al
individuo e inferioriza la conducta. Yerra contra si mismo el ser cuya actividad se
caracteriza por el descuido, por el abandono y por el relajamiento.
El trabajo humano, mismo cuando parezca aislado es de coordinación, estando
directamente interesado en el todos los seres encarnados. Los que ejecutan mal su
parte, por falta de celo y dedicación, revelan cualidades negativas e indigencia en el
sentido de la responsabilidad.
Para ser bien aprovechado el tiempo, debe cada uno organizar un plan inteligente de
trabajo, de manera que cada compromiso sea ejecutado en su hora propia. Trabajar,
recrear y descansar, son tres necesidades igualmente imperiosas para producir un
mismo resultado, que es el bienestar físico y espiritual.
Cada cual debe elegir el horario que mejor atienda a sus conveniencias y a las
exigencias del trabajo, pero sin descuidar del reposo y del recreo.
Asi procediendo, encontrará placer en el trabajo, provecho en el descanso y alegría en
el divertimiento, - factores que contribuirán, decisivamente, para su salud y bienestar
INTEGRIDAD
La integridad deberá constituírse en permanente preocupación del espíritu encarnado,
que mucho lucrará si en cada existencia en este mundo consiguiere pulir una de las
muchas faces, por lo menos, de ese precioso tesoro moral.
Nadie puede llegar al fin de las encarnaciones terrenas sin haber alcanzado el más alto
nivel de integridad.
No faltan pretextos en este mundo astuciosamente creados para proporcionar
situaciones ventajosas, pero deshonestas.
Los débiles, ente ellos, capitulan siempre. Los fuertes resisten, los que resisten,
vencen, y las victorias fortalecen. Pues es de la suma de esas victorias, precisamente,
que se forma la personalidad verdaderamente íntegra. Pero, entiéndase: no se
perfecciona la conducta moral apenas por el hecho de que no se venda la conciencia.
Es necesario más, es necesario sentir la vida, en toda su grandeza y plenitud, para
reconocer que solo es perfectamente íntegro quien - además de la honra - está siempre
dispuesto a contribuir para el bien general, y es justiciero, digno, leal y valeroso.
EL RACIOCINIO
Si tantas cosas erradas se hacen en la Tierra, es porque los seres humanos no se toman
el trabajo de raciocinar, maduramente, antes de practicar cualquier acto, para poderem
prever sus consecuencias. El raciocinio, cuanto más ejercitado, más se desarrolla.
Por comodismo, por indolencia, por pereza mental, muchos atribuyen a los otros la
tarea de pensar por ellos, y pasan a aceptar, como propias, las ídeas ajenas.
De ahí nacen los movimientos sectarios, con numerosos rebaños, estos siempre
propensos a creer en lo que los otros creen o fingen creer, por más absurdo que sea el
objeto de la creencia, principalmente en el terreno estrecho y resbaladizo del
misticismo, en que la investigación espiritualista, para la identificación de la Verdad,
no es admitida.
Con el poder penetrante de pesquisa que el raciocinio posee, no es difícil distinguir lo
racional del absurdo, lo que es lógico de lo que no lo es, lo cierto de lo equivocado, y
divisar el camino que conduce a la persona convictamente hacia la Verdad.
ATRAER EL BIEN, REPELER EL MAL Y CUMPLIR EL DEBER
Todos los seres humanos son dotados, de entre otras, de la facultad de intuición facultad más sensible en unos de que en otros.
Por medio de ella, espíritus desencarnados que deambulan por la atmósfera de la
Tierra, en estado de perturbación, (en esta obra mencionados, genéricamente, por la
designación de astral inferior) interfieren en la vida y en los pensamientos de los seres
encarnados, llevándolos - cuando estos no reaccionan por el pensamiento, accionado
por la voluntad consciente - a cometer las peores acciones, y haciéndolos llegar,
frecuentemente, a la obsesion.
Contra esas influencias, son totalmente inútiles los pedidos a los hipotéticos dioses y
santos, generalmente formulados por los que desconocen estos principios básicos y
fundamentales de la Vida Universal: ATRACCIÓN Y REPULSIÓN - ACCIÓN Y
REACCIÓN -CAUSA Y EFECTO.
Por eso mismo, necesitan los seres conocer la acción del pensamiento, el poder de la
voluntad, la fuerza psíquica de atracción - que tanto podrá ser ejercitada para el bien,
com o para el mal, conforme la naturaleza de los pensamientos que la dinamizaron y,
consecuentemente, los recursos, los medios, los elementos que todos, indistintamente,
poseen para atraer el bien y repeler el mal.
Solamente los ignorantes podrán no aceptar la Verdad espiritualizadora - tan
claramente consubstanciada en los principios racionales de esta obra - para entregarse
al materialismo, religioso o nó, que tantos y tantos fracasos y fallencias ha producido
en los seres humanos.
Los deberes materiales y morales necesitan estar ciempre presentes en la conciencia
de cada uno.
La vida reclama de todo individuo, a cada paso, una actitud, un movimiento, un gesto,
una palabra que traduzcan el cumplimiento del deber.
Cumplir el deber significa ser honrado, respetarse a si propio y proceder con dignidad,
elevación y conciencia esclarecida.
Cada deber cumplido significa el rescate de una obligación, un paso adelante, la
marcación de más un punto en el cuadro de la evolución.
Cúmplele, al espíritu encarnado, mantenerse siempre vigilante, siempre alerta,
siempre atento a sus deberes, convencido de que no cumpliéndolos en una
encarnación los estará aumentando, infaliblemente, para las encarnaciones
subsiguientes.
CAPITULO VII
DESENCARNACIÓN DEL ESPÍRITU
La vida humana está de tal manera organizada, que los acontecimientos ocurren en
época propia, así considerada cuando no son contrariadas las Leyes Naturales, en el
transcurrir de la existencia.
Es la violación de esas leyes la causa frecuente de perturbaciones y desequilibrios
que, alterando el ritmo natural de la vida, acarrean para el espíritu profundos
sufrimientos.
La evolución requiere tiempo, trabajo y sacrificio. Normalmente, la desencarnación
deberá ocurrir en la vejez. Pero, para que esto acontezca, es necesario cuidar de la
salud física y mental.
Muchos factores. en la Tierra, tales como las mudanzas bruscas de temperatura, el
aire sucio, la insalubridad de ciertas regiones, los brotes epidémicos, las abundantes
vias de contaminación y la influencia perniciosa de los espíritus del astral inferior,
contribuyen para la desencarnación prematura de los seres humanos.
Todavía hay a considerar determinados fenómenos socíales, generadores de conflictos
y guerras de extermínio.
De cualquier modo, la desencarnación, antes de la época propia, representa siempre
un lapso en la evolución, y solamente existe un recurso para su reparación: es la
reencarnación inmediata.
Pero esta reencarnación no es un problema fácil. Los candidatos a reencarnar son
numerosísímos, ultrapasando las posibilidades existentes. De ahí la necesidad de
espera.
Para no perder tiempo, muchos espíritus deciden encarnar en medios desfavorables,
dispuestos a enfrentar cualesquiera dificultades.
La constatación de que otros, de la misma clase, porque se esforzaron más y
supieron mejor aprovechar el tiempo en la vida terrena ascendieron a clase superior
no que deja de causarles sufrimientos, no propiamente por esa ascención, pero:por el
hecho de no poderlos acompañar y de ellos , tener que distanciarse, en la jornada
evolutiva
El espíritu de una determinada clase puede abservar lo que se pasa con otros espíritus
de la suya y de las clases inferiores. No lo puede hacer, mientras tanto, en lo quese
relacion con las clases superiores.
Los que quedan, los que estacionan, pierden el contacto con viejos y queridos amigos,
compañeros de largas jornadas en muchas y muchas encarnaciones, y sufren, por eso,
el dolor que sienten los que ven en la Tierra desencarnar los entes queridos.
Ese contacto entretanto - lo saben los seres en los planos espirituales - podrá ser
restablecido. Pero, de que manera? La respuesta es obvia. Si una persona anda más
despacio en conparación con otra que camina más de prisa, luego se distancian
ambos. Y si el que vá adelante no está dispuesto a reducir sus pasos, el que está en
desventaja tendrá que aumentarlos, si quisiere alcanzarlo.
Pues es precisamente eso que hacen muchos espiritus cuando toman la decisión de
encarnar, dispuestos a enfrentar todoslos sufrimientos de la vida terrena, que saben ser
pasajeros, para enriquecerse de conocimientos y valores morales que los habiliten a
ascender a la clase inmediata
Con ánimo fuerte y redoblado esfuerzo, consiguen recuperar el tiempo que perdieron
y reaproximarse, fraternalmente, de los que les habían pasado al frente.
La desencarnación deberá ocurrir, normalmente, en la vejez. El cuerpo humano es
como una flor o un fruto: nace, cresce, alcanza el máximo desarrollo y, finalmente,
fenece. Cuando fenece, deja de tener cualquier utilidad para el espíritu. Se impone,
pues, una solución natural, espontánea y sabia, que es la desencarnación.
Solamente en casos excepcionales, la desencarnación podrá darse antes del encarnado
haber completado las cuatro fases de la existencia terrena, sin perjuicio para él. Es
cuando, por ejemplo el espíritu pertenece a clase superior a la 17ª y baja a la Tierra en
mísion especial de hacer despertar a la humanidad o contríbuír para transformaciones
morales que puedan acelerar el ritmo de la evolución en el planeta.
Qué es, al final, la desencarnación? En qué consiste? Cómo se procesa?
DESENCARNACIÓN, FENÓMENO NATURAL
La desencarnación es un fenómeno natural en la vida de todos los animales. Ella
significa lo opuesto a la encarnación. El espíritu encarna en la ocasión en que se
posesiona del cuerpo, en la natalidad, y desencarna, en el exacto momento en que
abandona definitivamente ese cuerpo.
Cuando esto acontece, el espíritu hace con que se desprendan los lazos flúidicos que
transmitían la vida al cuerpo físico, anteríormente ligados al cerebro y al corazón de
éste, y de el se aleja, con su cuerpo astral.
No perdamos de vista, entretanto, que la denominación de espíritu solamente es dado
a la partícula de la fuerza que haya adquirido condiciones evolutivas para encarnar en
cuerpo humano.
Una vez abandonado, por el espíritu, el cuerpo físico, nada más es de que un
compuesto de materia. Su fuente de vida ya no existe. Al cesar ésta, por el alejamiento
del espíritu, cae en el dominio de las leyes químicas, desintegrándose, y sus moléculas
pasan a componer otras formas y a constituír otros organismos.
Es natural el sentimiento de los que quedan, por la ausencia de los que van. El
sentimiento, si, el desespero, nó. La añoranza es comprensible, y se admite. La
mortificación jamás.
El esclarecimiento a respecto de como se procesa la evolución es un gran bien, por ser
el único medio capaz de llevar la persona a encarar, con naturalidad, la
desencarnación, por el reconocimiento de tratarse de acontecimiento normal en el
desdoblamiento de la vida.
Por no perder de vista a sus amigos encarnados, el espíritu desencarnado no siente,
como estos, la separación. En verdad él no puede conversar como lo hacia
anteriormente. Dispone, entretanto, del sentido telepático, por medio del cual es capaz
de transmitir pensamientos al espíritu de los seres encarnados, que los reciben como si
fuesen sus propios pensamientos.
Y, lo que es peor: no transmiten, mientras aprisionados a las influencias terrenas,
apenas pensamientos. También transmiten sentimientos, muchos enfermizos,
perniciosos, obececantes.
Necesitan, pues, los seres encarnados auxiliar, con pensamientos elevados, a los entes
queridos a ascender a sus mundos, donde la vida es sentida en toda su realidad, sin las
influencias perturbadoras del plano terrestre.
CREENCIA INFUNDADA
Ya es tiempo de abandonar la creencia de que los espíritus desencarnados necessitan
de rezos, de preces u oraciones. Esto no es verdad. En el campo espiritual, donde las
influencias perturbadoras no existen, la vida es sentida con entera, realidad. La
lucidez del espíritu es completa. Este tiene plena conciencia de la eternidad de la vida
y del proceso de su evolución.
Cielos beatíficos y paradisíacos, purgatorios estacionarios e infiernos o demonios y
calderas incandescentes, son imaginarias creaciones humanas que el propio buen
sentido repele. Lo mismo acontece con relación a un supuesto enjuiciamento divino.
Es pura ficción. No existen dioses para juzgar a los que desencarnan.
Al dejar la atmósfera terrestre - y con ella todos los factores de confusión y
perturbación - los espíritus ven, con alegría, lo que hicieron de bien, y con profundo
pesar, las acciones condenables.
Los cementerios y las iglesias donde se hacen mentalmente evocaciones de seres
desencarnados, constituyen puntos de atracción de los espíritus del astral inferior, por
las corrientes flúidicas afínes que los pensamientos de encarnados y desencarnados
forman en esos locales. Por eso, siempre que el ser humano tuviere que penetrar en
tales medios, debe hacerlo con la conciencia esclarecida, para no tomar parte en la
vibración de esas corrientes.
Cuando se viere, por ejemplo, en la obligación moral de acompañar los restos
materiales de una existencia humana, debe desviar el pensamiento de la comunidad
acongojada, y elevarlo, sereno, claro, límpido, consciente, al Astral Superior, que es la
meta para donde se dirigen todos los espíritus libres de sus ligaduras con la materia y
de las influencias flúidicas originarias de las emociones inferiores, de las cuales este
planeta se encuentra saturado.
ESTACIONAMIENTO EN LA ATMÓSFERA DE LA TIERRA
Ya sabemos como se opera la desencarnación del espíritu. Al abandonar,
definitivamente, al cuerpo carnal , se retira con el cuerpo astral que es, como también
sabemos, formado de materia flúidica. imponderable a los sentidos comunes.
Cuando, el ser desencarna, si no posee, esclarecimiento a respecto de la vida
espiritual, son las cosas íntimamente relacionadas con la materia que más lo influyen,
en los momentos que anteceden y suceden a la desencarnación, de la cual
comunmente no se apercibe.
Esa influencia es más fuerte, más dominadora, todavía, cuando el espíritu vivió
atollado en los vicios, con el pensamiento dirigido hacia los placeres materiales.
En tal estado - y porque el cuerpo astral le da la impresión del carnal - deambula por
la superficie de la Tierra,. andando como cualquier transeúnte, aburrido con la falta
de atención de los encarnados que no se perciben, es claro, de su presencia. Sin
embargo, no le faltan oportunidades para entrar en relaciones con otros espíritus
desencarnados, en situación idéntica.
Los movimientos de los espíritus desencarnados, en la superficie terrestre, obedecen a
las condiciones de sus cuerpos astrales. Si estos están impregnados de elementos
groseros, por la conducta viciosa mantenidas por aquéllos, se transladan, paso a paso,
como lo hacen los seres encarnados.
Entretanto, aquellos que vivieron una existencia terrena menos materializada, deslizan
en el ambiente atmosférico, de acuerdo con la densidad de sus cuerpos astrales,
impelidos por la acción del pensamiento.
A pesar de que esos espíritus comprenden, con relativa facilidad, el fenómeno de la
desencarnación, sus pensamientos se prenden demasiadamente a los acontecimientos
de la vida terrena, con el deseo de continuaren sintiendo las emociones y los placeres
de esa misma, vida, pasando entonces a actuar sobre los seres humanos, y esa
actuación, cuando persistente, acaba tornándose obsesiva. Es ese el deseo que los
induce a permanecer en la atmósfera de la Tierra, en una actividad semejante a la que
desarrollaron como encarnados.
Los que fueron médicos, por ejemplo, continúan procurando ejercer sus actividades
donde encuentran receptividad mediúnica desarrollada y desprotegida de la disciplina
Racionalista Cristiana.
Acontece, sin embargo, que no disponiendo los espíritus, en la Tierra, de medios para
ampliar sus conocimientos, no pueden evitar las mistificaciones ni librarse de las
influencias deletéreas del ambiente en que actúan.
Por eso, siempre son perjudiciales sus actuaciones, qualquiera que sea el grado de
evolución a que hayan alcanzado.
ASTRAL INFERIOR
La camada atmosférica que envuelve al planeta Tierra, se denomina astral inferior. En
esa camada permanecen espíritus que pertenecieron a todas las clases sociales y que,
en su vida de encarnados, se dejaron dominar por las emociones materiales.
Esas emociones no faltan en el astral inferior, que es también ambiente
impregnado de misticismo religioso.
Innúmeros de aquellos que engañaron al prójimo con promesas del cielo y
amenazas del infierno, alli también se encuentran presentes. Es el paraiso de todos los
materialistas y gozadores.
Ningún espíritu encarna teniendo como punto de partida el astral inferior. Él deberá
passar indefectiblemente del astral inferior para el mundo correspondiente a su clase,
y solamente de ese mundo podrá venir a reencarnar.
En el astral inferior, los conocimientos del espíritu son limitados a los que tuvo en la
Tierra. Los que fueron materialistas, aún más se aferran a esa idea, ya que el medio
ambiente no es favorable para la mudanza de opinión.
Alli constatan que no hay dios, ni demonio, ni santos, ni cielo, ni infierno, y se ríen de
los adoradores que aún continúan entorpecidos por la influencia de sus creencias.
Los religiosos, educados en el régimen del temor, se acobardan, inicialmente, al
penetrar en el astral inferior, pensando en el purgatorio y en el infierno.
Observan, seguidamente, que fueron engañados y se perturban, pierden la noción de
su estado, en una situación de completa perplejidad. Desorientados, acuden a las
iglesias, como en busca de un derrotero, de un guía, de una tabla de salvación.
Con el transcurrir del tiempo, se van familiarizando con el embiente y compartiendo
conocimientos con otros desencarnados, en idéntica situación.
No es sin decepción y sufrimientos que muchos ven destruírse, deshacerse el castillo
de fantasías que arquitectaron en su mente, con el abundante material sugestivo de la
mística religiosa.
Mismo asi, es tal el apego a los santos y a los dioses, y tan grande, tan profundamente
enraizado el terror de verse castigados, que ni mismo en ese estado de semiconciencia
espiritual son capaces de hacer funcionar el atrofiado raciocinio para la liberación que
tantos beneficios les proporcionaría
Es relativamente pequeña la transformación que observa el desencarnado al penetrar
en el astral inferior: ve que posee un cuerpo igual al carnal, y observa el cuadro de la
vida material terrena, como siempre lo conoció.
Expresándose, como los demás desencarnados, por la acción del pensamiento, como
si estuviese hablando, puede mismo oír el timbre del sonido que le da la idea de ser de
la propia voz.
Ese fenómeno es perfectamente compreensible: los pensamientos poseen diferente
densidad y, consecuentemente, un sonido especial, característico e individual.
Todos esos hechos contribuyen para que el desencarnado se adapte en el astral
inferior, ignorando los males que le sobrevendrán de esa permanencia en un medio
ambiente en que la evolución se estanca, con el agravante de almacenar, para rescate
futuro, cargas más o menos pesadas, conforme la actividad a que se entregó en ese
sector de baja espiritualidad.
EXPANSIÓN A LOS VICIOS Y CONTACTO PELIGROSO
Los espíritus desencarnados dan expansión, en el astral inferior, a los vicios que
mantenían en cuerpo humano. Asi, si tienen voluntad de fumar, se recuestan al
encarnado que está fumando, y experimentan, por inducción, el mismo placer que
aquél siente.
De igual modo proceden con relación a los demás deseos, y de ahí se llega a la
conclusión que todos los espíritus encarnados, portadores de vicios, se entregan, como
instrumentos inconscientes, a la satisfacción de los que alimentan los espíritus del
astral inferior.
Hay, todavía, un punto a esclarecer: ni siempre los deseos viciosos parten de la
criatura encarnada.
Muchas veces son los obsessores viciados que la ocompañan (y con los cuales ella
anda, sin saberlo, asociada) que los provocan e instigan para saciarlos.
El peligro del contacto con los espíritus del astral inferior no está solamente en
tornarse pasivo el ser humano a las malas influencias intuitivas, que resultan siempre
en desatinos, en obsesiones, en conflictos domésticos, en resentimentos infundados,
en desentenmiento con la familia, en prevaricaciones e infidelidades.
Hay también el riesgo de accidentes o desastres, motivados por el estado de
perturbación a que ellos pueden hacer llegar al ser humano. A esos males se agregan
las molestias infecciosas que los espíritus del astral inferior generalmente ocasionan o
agravan, provocándole a la persona, su desencarnación prematura.
El proceso es relativamente sencillo para ellos: recogen, en los focos de materia en
estado de putridez, miasmas contaminadores y los arrojan en el cuerpo de la víctima,
aprovechándose de las lesiones o heridas expuestas, de la debilidad del paciente y de
todos los elementos favorables a la propagación a desarrollo del mal.
PERVERSIDAD SIN LIMITES
La perversidad en que pueden accionar los espíritus del astral inferior, es casi sin
límites. La acción deletérea de esos espíritus, constituy la causa promotora de muchas
y muchas desgracias.
Y aún serían mayores, si los espíritus del Astral Superior no contaran con el
dispositivo de corrientes más fuertes, formadas por las vibraciones de pensamientos
de seres encarnados y esclarecidos a respecto de sus deberes espirituales, que pueden
conservar limpio su mental y matenerse en condiciones de reaccionar contra cualquier
influencia maléfica.
Como los espíritus del astral inferior no ignoran que todos los seres poseen
mediumnidad intuitiva, de ella se aprovechan para inculcar en el mental de los
mismos ideas absurdas y disparatadas.
De ahí la razón de andaren ciertos individuos con manías de persecución, otros viendo
las cosas siempre por el lado negro, o todavía de suponerse víctimas de enfermedades
diversas.
Cumple acentuar - y este detalle es de mayor importancia -, que ni todos los males de
que es víctima la humanidad son provocados por la acción de los espíritus del astral
inferior. Cada individuo posee tendencias, temperamento, modo particular de sentir y
ver las cosas, libre albedrío para tomar decisiones, e individualidad propia. Él tiene,
consecuentemente, la responsabilidad directa por los sucesos o fracasos que tuviere en
la vida.
Es verdad que las fuerzas del astral inferior, cuando atraídas por pensamientos afines,
intervienen en la vida de los seres humanos, provocando males o agravando los ya
existentes, pero no es menos verdad que ellos pueden defenderse perfectamente de
esas fuerzas inferiores, con las poderosas armas del pensamiento y de la voluntad
FORMACIÓN DE FALANGES
Existen, en la Tierra, individuos que gobiernan, y otros que son gobernados. Si esos
individuos no fueren capaces de imprimir a las actividades terrenas a que se entregan
un sentido espiritualista, ingresan, cuando desencarnan, en el astral inferior,
conservando las mismas inclinaciones de mando y de obediencia.
Asi se forman las falanges, dirigidas por un jefe. Si su comandante es perverso,
también lo son los comandados, pues lo que los une es, precisamente, la afinidad de
sentimientos.
Esas falanges coordinan sus actividades pernciosas con las de los encarnados que se
entregan a la práctica de la magia negra y sus numerosas derivaciones.
El grado de perversidad de cada falange depende de la inferioridad espiritual de sus
miembros. A las que se disponen a colaborar en los más requintados actos de
salvajismo, asisten los individuos encarnados más violentos y feroces, del mismo
modo que otras, de instintos perversos menos agresivos, intuyen a médiums de
sentimientos idénticos: los macumberos, los oráculos, a los arregladores de negócios,
a los cartomantes y todos los embusteros que trafican con la felicidad ajena.
La gran mayoría de los suicidios, de los casos de locura, de las desavenencias,
disturbios callejeros, de los conflictos, de las agresiones, de las discusiones, de los
desórdenes, de las intrigas y de las convulsiones por pasión política, es provocada por
la interferencia de las fuerzas del astral inferior.
Los espíritus que alli estacionan están todos envueltos por flúidos densos y groseros,
impregnados de corrientes vibratorias malsanas, como la envidia, los celos, la
corrupción, el odio, la mentira, la ingratitud, la hipocresía, la traición, la falsedad y
otros sentimientos equivalentes.
Esos espíritus accionan, frecuentemente, con maña y suavidad, exteriorizando en los
centros espiritistas en que actúan (que no deben ser confundidos con las Casas
Racionalistas Cristianas), los más puros y nobles sentimientos y las más dulces y
melodiosas expresíones de amor al prójimo.
ESPÍRITUS BIEN INTENCIONADOS
No se suponga que en el astral inferior impere solamente la maldad. En el mismo
ambiente de almas pervertidas, encuéntranse otras que tuvieron la intención de ser
buenas, cuando encarnadas, pero que fracasaron en ese propósito, por haber
conservado adormecido el raciocinio, en lamentable inconciencia de lo que
representa, en el transcurso de la vida, el sentimiento de justicia y la prática efectiva y no solamente en pensamientos - del bien.
Es bueno insistir en que nada pueden hacer las fuerzas del astral inferior de útil a la
humanidad, a pesar de encontrarse, en ese medio, espíritus bien intencionados.
La razón fácilmente se comprende: las mejores intenciones de esos espíritus son
neutralizadas por la acción flúidica del ambiente, acabando por producir males cuya
intensidade varía, de acuerdo con su grado de espiritualidad.
Solamente en el mundo relativo a la clase a que pertenecen, para donde tendrán que
seguir, antes de volver a encarnar, es que los espíritus - libres de toda perturbación y
en plena lucidez - reconocen el gran atraso que produce a la evolución del ser humano
la desencarnación prematura.
En la atmósfera de la Tierra, de un modo general, consideran mejor la vida que llevan,
bajo ciertos aspectos, de que la de los encarnados. Por eso, muchas veces desean que
los amigos que dejaron en la Tierra desencarnen también, para hacerles compañia, y
pasan a trabajar astralmente para eso, sin que estén movidos por cualquier sentimiento
de hostilidad.
ASCENCIÓN A LOS MUNDOS A QUE PERTENECEN
Es error suponer que todos los espíritus que desencarnan ingresan en el astral inferior.
Muchos ascienden, inmediatamente, a los mundos de su clase, sin detenerse un solo
instante en la atmósfera de la Tierra.
Esos son los que saben vivir espiritual y materialmente, los que ven en el trabajo
honrado una de las serias razones de la vida, los que mantienen puros, limpios e
incontaminados sus pensamientos.
Los que asi viven y piensan, atraen, frecuentemente, a las Fuerzas Superiores que los
asisten, principalmente en el momento de la desencarnación, auxiliándolos a
transladarse para sus mundos.
Ya hemos visto que el Astral Superior cuenta, para. su obra de saneamiento del
planeta, con varios puntos de apoyo en la Tierra, pues, sin tal apoyo su trabajo, se
tornaría más difícil, sino mismo imposible.
Donde quiera que se encuentre una persona a irradiar pensamientos de alto sentido
espiritualista, con el sincero deseo de beneficiar el prójimo, ahí está un polo de
atracción, un instrumento de apoyo a la acción de las Fuerzas Superiores. La Limpeza
Psíquica que las Casas Racionalistas Cristianas realizan, no tiene otra finalidad.
Con el auxilio de las corrientes flúidicas allí formadas, penetran los Espíritus del
Astral Superior en la atmósfera de la Tierra, de ella arrebatando obsessores. de toda
especie, de los más pacatos a los más agresivos.
Se cuentan, entre los espíritus arrebatados por la corriente flúidica.organízada por esas
Fuerzas del Bien, cuya luz esplendente ilumina y despierta a las conciencias, mismo a
las más empedernidas – innumerables perturbadores del equilibrio de la vida terrena,
unos de gran inteligencia, otros de enorme obtusión, otros, todavía, de intelectualidad
incipiente, pero todos sumergidos en el más profundo materialismo: escamoteadores
contumaces, magistrados venales, audaces mistificadores, impenitentes charlatanes,
ministros vanidosos, presidentes pseudo-patriotas, reyes magalomaníacos, papas
adoradores y de mental oscurecido por los dogmas, etc.
El primer deber del espíritu, después que desencarna, es elevarse al mundo a que
pertenece, sin detenerse en la atmósfera de la Tierra.
Sin embargo, como nadie puede cumplir el deber sin estar para eso preparado, los
espíritus desencarnan, en su mayoria, envueltos en la niebla embriagadora de las
sensaciones materiales, agravadas por, las fantasías creadas por las místicas religiosas,
y pasan, asistidos por obsesores, a engrosar las huestes de los que estacionan en la
atmósfera de la Tierra.
Solamente los que no se olvidan, cuando encarnados, de los deberes espirituales, y a
ellos condicionan toda la grandeza de la vida, están preparados para la ascención a los
mundos a que pertenecen, sin resbalar por las corrientes impuras del astral inferior.
Si la humanidad pudiese comprender que todos los acontecimientos ocurren dentro de
condiciones naturales, de acuerdo con el estado del alma, o supeditados al desarrollo
espiritual de cada individuo, no se mortificaría ni se dejaría abatír por el desespero y
las amarguras a que constantemente se entrega.
Todos los espíritus del Astral Superior tienen esa conciencia. Y porque la poseen,
observan, con el entendimiento esclarecido, las desgracias que se lamentan en el
planeta, sin que ellas produzcan cualquier alteración en sus sentimientos y
actividades.
VIDA ES ACCIÓN
Vida es acción. Donde hay acción, está el cumplimiento del deber. Como la vida es
dinámica y sin interrupciones, los deberes que recaen sobre el espíritu están siempre
presentes, y su cumplimiento representa una imposición impostergable que en el
Astral Superior es cumplida rigurosamente.
Allí no se conocen el cansacio, la pereza, la indolencia o la displicencia, ni se deja
para después lo que debe ser hecho en el momento exacto. La fatiga resulta de los
trabajos materiales que no afectan al espíritu.
En el Espacio Superior no existen el dia y la noche. La luz que lo ilumina y satura,
permanentemente, es la Fuerza Inteligente en acción en el océano infinito del
Universo. Los espíritus estacionados en el astral inferior se encuentran fuera de la ley,
impedidos de cumplír sus deberes, por, ser aquél un medio creado por el error, por el
abandono de las obligaciones, por la sumisión a los vicios, por la atrofia y
embrutecimiento del sentido espiritualista y por la expansión de las tendencias
inferiores provenientes de encarnaciones anteriores, que no se preocuparon por
extinguirlas.
En tal ambiente, los espíritus permanecen completamente, ilusos a respecto da la vida,
y en la dependencia de ser despertados para ella. Y ese despertar no es fácil, debido a
la influencia de los flúidos perturbadores que los envuelven.
Sin la lucidez indispensable para la clarificación del embotado sentido del deber,
vegetan en una situación inferior a la que soportaban cuando encarnados, por no
disponerem allí de ninguna posibilidad de mejorar su estado espiritual.
Engañosos aspectos de la vida material pueden seducir al espíritu, pero apenas
durante su situación de encarnado o en la atmósfera terrestre. En su mundo, libre de
todas las influencias terrenas, la vida real se presenta con la limpidez de la verdad. En
él, los deberes tienen una sola interpretación, no habiendo, por eso, sofismas, modos
de ver, alternativas, situaciones indecisas, vacilaciones, dudas e incertidumbres. Deber
firmado y deber cumplido, son principios que se confunden en una sola consumación.
En el mundo correspondiente a su clase, no puede - como esta obra lo esclarece - el
espiritu evolucionar. Esa imposibilidad resulta de que todos allí poseen el mismo
nivel intelectual y, pues, idéntico grado de desarrollo. Nada tienen, asi, para enseñarse
unos a los otros.
Pero este planeta está - como ya fué dicho - preparado para recibir espíritus de
diecisiete clases diferentes, que aqui se mezclan, se auxilian, se confraternizan,
permutando conocimientos.
No es necesario resaltar, más una vez, la ventaja que esa desigualdad de valores
representa, en el proceso evolutivo de la humanidad. Ella es tan importante, tan
valiosa, tan necesaria, que hasta los miembros de una misma familia son, en regla, de
espiritualidad diferente.
VISIÓN DEL PASADO
A las facultades de los espíritus, no escapan ningún detalle, ningún movimiento,
ningún hecho referente a su vida anterior. Tienen ellos grabado en materia flúdica, por
la acción vibratoria del pensamiento - y con la más absoluta fidelidad -, toda la vida
pasada, desde su origen, y la continúan grabando, eternamente.
No es difícil hacer una idea de lo que significa el registro en esa inmensa, en esa
interminable estera flúidica, en que todos los cuadros de la vida de cada ser están
enfocados, como si fuesen peliculas cinematográficas, cuyas escenas pueden ser vistas
en cualquier época.
Tan pronto alcanza el mundo a que pertenece, el espíritu pasa revista a toda su vida
pasada. La examina, detenida y minuciosamente, hace confrontaciones, observa las
encarnaciones pérdidas, calcula el tiempo que desperdició en las parcialmente
aprovechadas, raciocinia, analiza y estudia la posición en que se encuentra, con el fin
de establecer un nuevo plan para la encarnación siguiente.
Si verifica que hizo estacionamiento en el astral inferior, deplora, íntimamente, no
haber utilizado mejor sus propios recursos espirituales, con los cuales habría
adiccionado otros valores a su patrimonio moral.
POLOS DE ATRACCIÓN
Ya sabemos - porque esto fué explicado en las páginas anteriores - que los espíritus
realizan su progreso reencarnando en este mundo, hasta alcanzar el décímo-séptimo
grado de evolución.
De ahí para arriba, la evolución es procesada en el Espacio que, - como también fue
dicho -, es denominado Astral Superior.
Entre otros muchos deberes, tienen los espíritus del Astral Superior el de contribuir
para el progreso de los seres encarnados, respectando, en regla general, el libre
albedrío de estos.
Sin el establecimiento de polos de atracción suficientemente fuertes, sería del todo
imposible, a los espíritus del Astral Superior llegar en la Tierra. Para eso, además de
los seres humanos esclarecidos que en este planeta le sirven de instrumentos,
disponen de la participación de los espíritus de los mundos opacos, que están a su
servicio.
Esos espíritus deberían de hacer su evolución reencarnando, como generalmente
acontece. Sin embargo, fueron tantas las encarnaciones perdidas, y tan grandes los
sufrimientos por los que pasaron, sin provecho, que se decidieron a trabajar en el
Espacio, no obstante sabiendo que allí su progreso espiritual es muy lento.
Entretanto, hay, a favor de ese proceso, la circunstancia de no haber pérdida de
tiempo, como acontece en la Tierra, donde millones y millones de encarnados atollan
en las bajas pasiones mundanas.
Los espíritus clasificados en los mundos opacos son de la sexta a la décima-primeira
clase. Sus cuerpos astrales se componen de materia flúidica, más o menos densa, y
con ellos pueden locomoverse, fácilmente, por la superficie de este planeta.
Rigurosamente disciplinados por las Fuerzas Superiores, su actividad es valiosa, ya
que pueden penetrar en cualquier ambiente, por peor que él sea.
Ofrecen, todavía, los espíritus de los mundos opacos estrecha colaboración a los
encarnados, cuando en desdoblamiento en el régime doctrinario explanado en esta
obra, pára que las Fuerzas Superiores puedan promover grandes limpiezas psíquicas
en el astral inferior, de él arrebatando a terribles obsesores. En el Astral Superior,
disponen los espíritus de los más amplios recursos para el cumplimiento de sus
deberes.
ESPACIO Y TIEMPO
Espacio y tiempo son dos relatividades terrenas desconocidas en el Espacio. El campo
de vista del ser humano está circunscrito a las tres dimensiones. Cuando a ciencia
terrena registra la velocidad de la luz, nada puede informar a respecto de la velocidad
con que los Espíritus Superiores - que de igual modo son Luz - pueden transladarse en
el Espacio. Y nada puede informar porque, en el presente estado de evolución de la
humanidad, ese conocimiento aún no hace falta.
Espacio y tiempo - abstraídas las condiciones de la relatividad - son dos expresiones
que se confunden en una sola.
Cuando el intelecto humano estuviere en condiciones de ejercitar su facultad
deductiva, imaginativa y analitica, en la órbita de esa comprensión, entonces el
aspecto del Universo cambiará por completo, y el problema de las grandezas
inconmensurables pasará a tener nueva significación. Es justamente bajo tal
modalidad de vida que se efectúan los movimientos de los espíritus del Astral
Superior, teniendo por campo de acción extensiones que escapan a los límites de la
comprensión existente en el horizonte del mental humano, y por deberes,
transcorrientemente, atribuciones que no se asemejan a las del vivir terreno.
Las minucias de la vida del Astral Superior interesan apenas a los que allá se
encuentran. Al espíritu encarnado, ninguna contribución podrán, por ahora, ofrecer.
CAPITULO VIII
EL PENSAMIENTO
El pensamiento es vibración del espíritu, manifestación de la inteligencia, poder
espiritual.
Al alcanzar determinada faz evolutiva, siente el espíritu necesidad de dar expansión a
sus conocimientos, alargar los horizontes de la inteligencia y, cada vez más, fortalecer
los principios morales que fuere adoptando, de encarnación en encarnación, en la, ruta
de la existência.
Pensar es raciocinar, es crear imágenes, concebir ideas, construir el presente y el
futuro. Es por el pensamiento que la persona resuelve, soluciona, descubre y esclarece
los problemas de la vida.
El espíritu imprime al pensamiento la propia fuerza de que es dotado. Al igual que el
sonido y la luz, tabien el pensamiento hace todo su trayecto en ondas vibratorias que
quedan registradas en el océano infinito de la materia substancial de que es provisto el
Universo y, con facilidad, puede tornarse conocido de todos los espíritus, desde el
instante en que es emitido. De ahí la imposibilidad de ser alterada la verdad, en la vida
espiritual.
Todo el proceso de la evolución está fielmente impreso en el libro de la Vida. Las
buenas como las malas acciones, los pensamientos inferiores, como los elevados, allí
se encuentran grabados indeleblemente. Los pensamientos anteceden a las acciones.
Asi, todo lo que es hecho, todos los actos dignos o indignos, son el resultado de
pensamientos también dignos o indignos, “Quien mal hace para si lo hace” - dicen las
leyes espirituales y con que razón lo dicen!
Los pensamientos quedan ligados a su fuente de origen, mientras permaneciere el
sentimiento que los generó.
Ellos establecen verdaderos climas ambientales proporcionadores de salud o de
enfermedades, de alegría o de tristeza, de triunfo o de fracaso, de bien o de malestar.
Formando corrientes que se cruzan en todas las direcciones, tienen como fuente
alimentadora los propios seres encarnados y desencarnados que los emiten.
Muchas de esas corrientes son, más allá de enfermízas, terriblemente avasalladoras.
Ellas llegan mismo a ejercer acentuada predominancia sobre las benéficas, por la gran
inferioridad espiritual de que está saturada la atmósfera de este planeta.
Pensando mal, el ser humano no sólo transmite, pero también capta, en la misma
intensidad, quiera o nó, pensamientos afines y los efectos de esos pensamientos
maléficos. Esas corrientes producen los más serios daños en disturbios físicos y
psíquicos.
La educación de la voluntad y el fortalecimiento de ésta, tienen importancia
fundamental en la acción de gobernar a los pensamientos. Aprendiendo a fortalecerse
con sentimientos repletos de valor, el ser humano creará en torno de si una barrera
flúidica de tanta regidez, que los pensamientos maléficos de los espíritus obsesores no
tendrán fuerza para romperlos o interferirlos.
Ánimo fuerte y resuelto para pensar y deliberar, es condición que se impone. Temores
e indecisiones conducen a la derrota y a la ruina. El pensamiento racionalmente
optimista debe prevalecer, siempre y siempre, porque - cuando aliado a la acción - se
constituye en una fuerza capaz de demoler los más serios obstáculos.
Pensamientos de valor y de coraje, de firmeza y decisión, atraen las vibraciones de
otros pensamientos de formación indéntica, produciendo un ambiente de confianza,
capaz de conducir al suceso.
REVESES
Jamás el espíritu debe abatirse. Un revés no significa más que un accidente pasajero.
Él debe servir para llamar la atención para algo que fue negligenciado o que era
desconocido. Muchas veces, llega a ser mismo útil.
De cualquier modo, siempre habrá una experiencia a cosechar y una lección a guardar
de cada insuceso que ocurre.
En la vida nada ocurre por acaso. Todo tiene su explicación, su motivo, su causa, su
razón de ser. Nadie puede aprender sólo con el éxito, pues también se aprende, y
mucho, con el insuceso. La felicidad, la salud y el bienestar no serían tan deseados, si
fuesen desconocidas la desgracia, la enfermedad y la miseria.
Frente a eso, nadie debe desfallecer. El lema es sentir el mal para evitarlo, para
combatirlo, para destruírlo, y concebir el bien para conquistarlo, para integrarlo en los
hábitos y costumbres de todos los dias.
En esa conducta, es la acción soberana del pensamiento que sobressale,.por
representar una fuerza motriz de prodigiosa capacidad para derrotar a los obstáculos.
Esa fuerza del pensamiento varía con la educación de la voluntad. La voluntad débil
genera el pensamiento débil; la voluntad fuerte irradia pensamientos vigorosos.
No es, pues, dando acogimiento a las vibraciones enfermizas del pesimismo, del
desánimo, de malquerencia, envidia, ingratitud, odios, venganza, de perversidad e
indolencia, que el individuo se fortalece y resuelve sus problemas. Antes, por el
contrario, entorpece la mente y se arruina con esas vibraciones.
SABER PENSAR
El pensamiento se cultiva, se perfecciona, se aprimora y fortalece, por el poder
consciente de la voluntad. Pensamientos fuertes son claros, reflexionados y bien
definidos.
Con mayor facilidad se concretiza un ideal cuando se sabe pensar firmemente y se
pone en acción una voluntad repleta de energía.
Saber concentrarse en determinado asunto, dándole alas a la imaginación, con el
propósito y el empeño de estudiarlo bien, de descubrir en él todos sus fatices, toda la
multiplicidad de aspectos, todas la diferentes formas de interpretación y hasta mismo
sus modalidades sofísticas, constituye objeto de ese estudio.
En todos los casos, sin embargo, necesita el estudioso ejercer severo control de si
mismo, para no colocar, en la apreciación de los hechos en exámen, sus simpatías, los
intereses egoísticos o mismo la influencia de la presunción y del convencimiento de
que se encuentre poseído, pues estos ofrecen, invariablemente, una visión deformada
de las cosas, y terminan por llevarlo a conclusiones erróneas.
Para ser constructivo, progresista, realizador y útil al Todo, el pensamiento debe ser
límpido, cristalino y libre de las deformidades espirituales ocasionadas por un vivir
indisciplinado, por la idolatria del ego y por la presupuesta infalibilidad de las
opiniones que conducen al fanatismo de las ideas fijas.
Es común decirse que la unión hace la fuerza. Nada más exacto, tanto en el sentido
material como en el espiritual. La influencia del medio es de mayor importancia para
el bienestar del espíritu. Varios individuos de mala índole e inferior educación,
ligados unos a los otros y a terceros, por pensamientos afines, producen vibraciones
mucho más perniciosas de que las emitidas, apenas, por uno de ellos.
Por ese ejemplo se ve que todo individuo debe saber prepararse, mentalmente,
siempre que tuviere que entrar en cualquier mal ambiente. Ese preparo consiste en el
pensamiento vibrado con sabiduría, elevación, conciencia y confianza, en si mismo.
El vigor del pensamiento emitido por persona mentalmente sana y esclarecida, crece,
en la medida de las necesidades del momento, se amplía, se expande y supera
cualquier corriente de pensamientos inferiores, por la atracción que ejerce de la
Fuerza afín Universal, cuyo poder es infinito.
FUERZA DEL PENSAMIENTO
La fuerza del pensamiento tiene, como medida, el grado de evolución del ser humano,
y como límite la capacidad que este posea de utilizar sus propios atributos
espirituales.
Esa fuerza deberá ser desarrollada siempre con el objetivo de favorecer el bien
común. Desde que el ser humano se desarrolle en la conciencia de si mismo y se
identifique con sus poderosas facultades latentes, encontrará en la fuerza del
pensamiento el instrumento seguro y eficaz para la realización de todos sus anhelos y
aspiraciones, y la protección de su salud física y mental.
La historia de la medicina registra innumerables casos de enfermedades graves cuyas
curas, por muchos consideradas milagrosas, apenas se debieran a la reacción espiritual
de los propios enfermos y a la atracción que supieron ejercer a las Fuerzas Superiores.
La sublimación del pensamiento produce un estado de conciencia sensible a la
evolución del espíritu y propicio a la conquista de la felicidad interior y del bienestar
por esa felicidad proporcíonada.
El espíritu concibe la imagen por el pensamiento, y solo después la materializa para
determinado fin. Vean las maravillas de la pintura universal. Obsérvese la riqueza, la
magnificencia de la obra, que consagró e inmortalizó tantos y tantos artistas, a través
de los tiempos. Pues ninguna de elas fué estampada en la tela sin que el pintor la
hubiese concebido mentalmente, en todos sus detalles.
Lo mismo acontece con el ingeniero. Antes de diseñar el edificio, la máquina, el
aparato, el instrumento, la pieza, él los estudia y examina en todos sus pormenores.
Con el pensamiento en acción, engendra primero el esbozo, corrige después las
probables deficiencias, hasta que la imagen de lo que va exteriorizar y materializar en
el papel esté más o menos perfecta.
De toda la obra humana - toda, sin excepción - creó el espíritu la imagen por la acción
del pensamiento, y solamente después la materializó. Y sí asi ocurre en la Tierra,
mucho más en el Espacio, donde el poder del pensamiento creador es
incomparablemente mayor.
Evolución significa, arriba de todo, poder creador. Cuanto mayor evolución tenga un
espíritu, más poderoso se torna su pensamiento y, transcorrientemente, su capacidad
de crear.
Um hombre atrasado, por más nefasta que sea su atividad, no puede ultrapassar
ciertos límites impuestos por la indigencia del raciocinio o por la pobreza mental de
que está dotado. Un espíritu de evolución, un científico, por ejemplo, si fuese utilizar
los recursos de su inteligencia para el mal, podría causar una obra verdaderamente
devastadora.
Y si esto es posible en un mundo tan modesto, de tan reducida evolución espiritual,
imagínese la inmensa fuerza creadora de los espíritus de superior evolución cuyas
actividades son ejercidas en planos más elevados. El pensamiento vigoroso emana del
espíritu fuerte, adiestrado, experiente. En cada encarnación bien aprovechada, trabaja
él conscientemente, para mejorar, cada vez más, su personalidad psíquica.
Y es en el orden de este progreso que crecen el poder del pensamiento y la capacidad
de concibir, de criar, de realizar obras, cada cual más importante.
De las riquezas espirituales que la persona tiene forzosamente que conquistar en este
planeta, asume papel de excepcional relieve la facultad del pensamiento, de cuyo
poder concentrado y ceñido depende la racional solución de todos los problemas de la
vida.
CAPITULO IX
EL LIBRE ALBEDRIO
El libre albedrío es una facultad espiritual controlada por la voluntad y, cuando bien
usada, orientada por el raciocinio.
Cuanto mayor fuere el poder de raciocinar, tanto más fácil se torna el gobierno del
libre albedrío. Libre albedrío quiere decir libertad plena de acción, tanto para el bien,
cuanto para el mal.
Practican el bien los que trabajan para promover su evolución. Los que, por acciones
o pensamientos, hacen retardar esa evolución, incurren en el mal que acabará, tarde o
temprano, por involucrarlos con mayor o menor dureza.
La facultad del libre albedrío comienza a despuntar cuando la partícula inteligente
asciende a la faz evolutiva que le da condiciones para encarnar en cuerpo humano.
En esa faz, como es comprensible, el desconocimiento de la verdad a respecto del
proceso de la evolución es completo.
Sin embargo, la criatura humana ya posee la conciencia del bien y del mal.
El mal uso del libre albedrío resulta de la corta capacidad de racionar, de la
adquisición de vicios y malas costumbres y del cultivo de sentimientos inferiores,
entre los cuales tiene papel de destacado relieve la perversidad.
Bajo la influencia de esas perniciosas adquisiciones enemigas de la salud y de la
evolución espiritual, la mente humana queda saturada de vibraciones animalízadas,
que hacen el ser humano perder el respeto de si mismo y lo llevan a cometer los más
reprobables desatinos. Todo mal crece de culpabilidad cuando practicado
conscientemente, y los que asi proceden, tendrán, sin la minima duda, un triste y
doloroso despertar.
Usar el libre albedrío como arma contra él semejante, utilizarlo para injuriar, intrigar,
escarnecer, calumniar y desmoralizar el prójimo, constituye crimen de la más alta
condenación.
Huyan los hombres, cuanto les sea posible, de la justicia terrena, tantas y tantas veces
padeciendo dolo en el enjuiciamiento de los hechos humanos, pero jamás podrán
escapar a las sanciones espirituales que los harán cosechar, en su debido tiempo, el
fruto de las semillas que hubieren sembrado sobre la Tierra.
No es un tribunal astral, como podrá suponerse, que irá imponerle al delincuente la
justicia espiritual. Es el propio espíritu que a élla voluntáriamente se somete, en el
momento en que, - libre de todas las influencias de este mundo - procede a un
detenido exámen de sus actos, en cuyas circunstancias ni uno solo de ellos escapa a su
apreciación y juicio.
En esa ocasión, el remordimiento le quema la conciencia, como sí sobre ella hubiese
sido puesto un hierro candente. Dominado por el arrepentimiento, anhela nueva
encarnación, dispuesto a dar lo máximo de si para recuperar, lo más posible, el tiempo
que perdió en la Tierra.
Es la quemadura de alto grado producida por el atrito de la lucha íntima entre la
constatación del mal practicado y la conciencia del deber que nó fué cumplido, que
hace trabajar el raciocinio, ejercitándolo y desarrollándolo..
La perversidad es una demonstración inequívoca de inferioridad espiritual. Significa
ella no estar el espíritu todavía convenientemente educado, tornándose evidente que
sus vibraciones son análogas a las de las camadas espirituales de incipiente desarrollo
en la grey humana.
El libre albedrío, en tales circunstancias, debe reflexionar en el desconcierto de la
orientación, y en el estado de ignorancia del propio espíritu.
El espíritu es luz y, como tal, brilla con la intensidad correspondiente a su grado de
progreso. Intensidad de luz quiere decir intensidad de vibración. Cuanto mayor fuere
esa intensidad, más acentuado es el conocimiento de la vida, más evidente la acción
dinámica espiritual, más seguro el control de los actos humanos y más perfeccionado
el uso del libre albedrío.
En la medida que crece la intensidad de la vibración del espíritu, va disminuyendo la
posibilidad de dejarse dominar por las corrientes vibratorias de inferior especie, y de
praticar acciones que su propia conciencia repudie.
La evolución - nunca es demás repetirlo - es regida por leyes naturales que jamás se
alteran en el Tiempo y en el Espacio. A sus normas imperativas nadie puede
substraerse.
Esas leyes colocan a todos en el mismo riguroso píé de igualdad en lo tocante a los
medios de que cada cual dispone para hacer uso, con toda la libertad, del patrimonio
espiritual que fuere conquistando, de manera más rápida o más lenta, conforme la
dirección que haya dado al libre albedrío.
CONSTRUIR EL PROPIO FUTURO
La evolución no solo puede ser retardada, como hasta paralizada por la indolencia,
displicencia o negligencia del ser humano. Esa situación de indiferencia, de
relajamiento y abandono de los deberes que la vida impone, es muchas veces atribuída
a una supuesta predestinación o al yugo de un destino inexorable y cruel, contra los
cuales muchos suponen que sería inútil luchar.
Ese modo falso de encarar cosas tan serias es de consecuencias desastrosas. El espíritu
encarnado tiene suficiente poder para mudar, en cualquier tiempo, los rumbos de la
vida, manejando, correctamente, el líbre albedrío. De su futuro bueno o malo, del
triunfo o del insuceso, es él el artífice.
El hombre esclarecido prepara hoy el dia del mañana. Esto significa que el futuro será
lo que estuviere siendo proyectado y trabajado en el presente.
Como hay mucho lo que hacer, cúmplele estar siempre atento a sus deberes,
procurando utilizar el libre, albedrío en lances que protejan su futuro y le faciliten la
jornada.
El dolor moral - cuando acompañado por la desorientación - produce vibraciones
susceptibles de atraer o retener influencias y flúidos deletéreos.
Sin embargo, desde que la persona posea algun conocimiento de la vida y perciba las
asociaciones existentes entre el cuerpo y el espíritu - sin perder de vista lo precario y
transitorio de los valores terrenos - comprenderá la necesidad de oponer reacción
inmediata al sufrimiento, para no dejarse dominar por él, asi como, a los pensamientos
débiles, que podrán conducirlo a la depresión espiritual y física, causa de tantos
avasallamientos.
A nadie le es solicitado más de lo que puede dar. El buen uso del libre albedrío está
dentro de la capacidad de cada uno. Por qué, entonces, cometer errores que hacen de
la vida un tormento? Por qué dejarse tantos absorber por las peligrosas emociones de
los sentidos materiales, tan precarias como engañadoras?
Es, pues, de máximo interés humano el conocimiento de la responsabilidad que cada
uno tiene en el gobierno de la facultad arbitral. Esa responsabilidad hace parte
integrante de la vida, siendo, por eso, irrecusable e intransferible. Es inútil negarla,
como es inútil la tentativa de escapar a sus consecuencias.
La mística del perdón para los crímenes, fraudes y prevaricaciones, no tiene ningún
sentido en la vida espiritual.
Lo que se impone, por arriba de todo, es la necesidad imperiosa e impostergable de
que cada persona enfrente, con coraje, determinación y valor, los problemas y las
responsabilidades de la vida.
El peligro precisa ser conocido para poder ser evitado. Son incalculables los males
que resultan de la ignorancia de lo que representa el libre albedrío en la existencia
humana, pues con esa facultad bien conducida, no tendríamos tantas encarnaciones
perdidas.
Largas son, sin duda, las jornadas que deberá recorrer el espíritu por la Tierra, en
sucesivas etapas. Sin embargo, todas ellas podrán ser superadas, sin inútiles
repeticiones, desde que los principios racionalistas cristianos fueren rigurosamente
observados y cumplidos, y de ellos hace parte destacada e importante el tema de este
Capítulo.
Gran parte de la humanidad poco sabe a respecto del libre albedrío. Muchos lo
desconocen, y hasta mismo su existencia. Para esa ignorancia ha contribuído,
decisivamente, el error multisecular de limitar la vida a una única encarnación - error
por el cual los seres humanos han pagado un altísimo precio.
Cuándo se decidirá la humanidad a despertar para la realidad de la vida? Cuándo se
sentirá con fuerzas para romper con las cadenas que la aprisionan, como esclava, a
concepciones falsas?
Esto tendrá que acontecer un dia. Quando, no importa... !
CAPITULO X
LA AUREOLA
La aureola de todos los cuerpos que las personas que tuvíeren desarrollada la facultad
medúnmica de la videncia pueden observar, es una emanación de los mismos cuerpos.
Más densa junto a la periferia del cuerpo, ella se diafaniza, gradualmente, desde ahí
hacia su propia periferia externa.
La visión astral, cuando comienza a desarrollarse, apenas distingue la porción de
mayor densidad de la .aureola. Su observación más profunda, mientras tanto,
solamente es posible a aquellos que poseen la videncia lo suficientemente
desarrollada.
La coloración de la aureola de los cuerpos minerales se presenta, en cierto modo,
constante. En los cuerpos vegetales, la vida ya demuestra acción evolutiva mas
avanzada y varíable. Los árboles en la mayor frondosidad de su existencia, y las
maderas, en su utilización industrial, presentan aureolas diferentes que corresponden a
la transformación ocurrida.
En los animales inferiores, aumenta la variación de los colores áuricos, que se alteran
de acuerdo a sus estados de salud, de calma o de irritabilidad, de coraje, o de temor,
de buena o de mala nutrición y, todavía, por la edad viril o senectud, respectivamente.
Es la aureola humana que, por la gran variedad de colores, presenta mayor
complejidad para su análisis, pues, además de revelar el estado de evolución de cada
individuo, expone sus tendencias, índole, grado de inteligencia, capacidad de
raciocinio, sensibilidad de consciencia y, finalmente, la naturaleza de sus
pensamientos.
Aunque parezca ser sólo una, en realidad son tres las aureolas humanas: la del
espíritu, la del cuerpo flúidico y la del cuerpo físico, cada una de ellas
correspondiendo a la naturaleza del cuerpo de donde emana.
La aureola del cuerpo físico, que es la emanación de todas las partículas de la materia
organizada en el contenidas, puede ser observada, durante el sueño, sin la
interferencia de las dos otras, cuando el espíritu y el cuerpo flúidico de el se alejan.
Se constata, entonces, ser ella blanquecina y trasparente (como si estuviese
constituída de hilos de cabellos retesados), si el cuerpo estuviere sano, y curvos y
caídos, cuando enfermo.
La aureola del cuerpo flúidico, de tenuidad inferior a los otros dos cuerpos, es casi
invariable. Mientras tanto, ninguna se compara con la del espíritu que, por su
intensidad y variedad de colores, define, con fidelidad, la naturaleza de sus
vibraciones espirituales.
Los dos extremos opuestos en la gama de los sentimientos alimentados por el espíritu,
son identificados en la aureola por los colores negro y blanco.
El blanco, límpido, cristalino, sin manchas, exterioriza la modalidad más elevada del
desarrollo espintual
La negra, los más bajos y animalizados sentimientos.
Entre las aureolas negra y blanca, existe, de un extremo al otro, inmensa
variedad de colores, cada cual definiendo un estado, una emoción, un sentimiento,
imperfectos, es obvio, porque la meta que deberá ser alcanzada es la perfección, cuyo
máximo exponente es el blanco.
La vista humana apenas puede distinguir los colores del espectro solar y sus
asociaciones. Entretanto, existen innumerables otros que, no obstante no seren
percibidos por los ojos físicos, hacen parte de una ordenada serie de colores de la
aureola del espíritu.
La aureola humana varía de color, de acuerdo con el pensamiento emitido por el
propio espíritu. En estado de calma y tranquilidad, ella se manifiesta por una
coloración propia, reveladora del grado de evolución del mismo.
Siendo que la evolución se promove mediante la eliminación progresiva de los
sentimientos inferiores, los colores de la aureola, representantivos del éstado de
evolución, son compuestos de numerosos otros colores combinados, cada uno
significando la presencia de un determinado sentimiento, emoción o pasión.
En el orden evolutivo, cada individuo bien intencionado procura despojarse de los
defectos que va percibiendo en su propia personalidad, pero conserva aquellos que se
les escapan. Ese procedimiento, asi mismo, varia de persona para persona.
Unos, mientras procuran dar combate a la vanidad, se olvidan de la avaricia, otros,
esforzándose por dominar la envidia, se dejan llevar por la lujuria, y asi por delante.
De eso resulta modificarse el color habitual o propia de la aureola, de individuo para
individuo. Y ese calor habitual o propio, va cambiando, paulatinamente, en la medida
que el carácter vaya mejorando.
Está ella sujeta, todavía, a mutaciones repentinas y pasajeras. Basta que el ser se deje
asaltar por una emoción cualquiera, para que su aureola adopte, inmediatamente, el
color que esa emoción traduce. Es que la emoción produce una vibración
correspondiente, y ésta, dominando el campo de la aureola, se impone con su color
propia, característica y latente.
Los colores habituales de la aureola definen, de un modo general, el carácter del
individuo, al paso que los colores pasajeros expresan las pasiones que aún no han sido
dominadas y destruídas.
La lectura de la aureola solo podrá ser hecha, con exactitud, por espíritus de superior
evolución, conocedores de toda la sutileza de la alternación y combinación de colores,
una vez que en un mismo color cada tonalidad posee una expresión o significado
particular, y cada combinación de dos o más colores, la tonalidad exige nuevas
definiciones.
Los componentes del Astral Superior tienen la aureola invariablemente blanca porque,
después de alcanzar aquel estado, su naturaleza pasa a ser inviolable.
No obstante que la aureola esté parcialmente oculta a la visión humana, la persona
necesita habituarse a ser honesta, no por el miedo de que otros descubran la
inferioridad de su personalidad interior, pero, si, por el deber de conciencia, por
dignidad propia, por el respeto que debe a si mismo y por el esclarecimiento
relacionado con la vida.
Solo asi el carácter del ser humano se pule, se bruñe, se perfecciona, se consolida,
bajo condiciones estructurales indestructibles, para que, en cualquier situación, las
actitudes que practica revelen siempre la alta calidad de sus atributos morales.
CAPITULO XI
LA EVOLUCIÓN
El principio fundamental de la vida en el Universo, es la evolución. En ella reside la
base del entendimiento de todo cuanto se pasa dentro y afuera del alcanze visual
humano.
No hay explicación lógica ni racional para la existencia, cuando la evolución no es
debidamente considerada.
Niéguenla, muy a pesar, por ignorancia algunos, por pirronismo otros, por interés
sectarista tantos, empléen, para reforzar esa negativa, todos los sofismas, todos los
floreos, todos los artificios de lenguaje de que fueren capaces, y ella estará siempre
presente, siempre viva, siempre actuante en todas las manifestaciones de la vida,
desde cuando ésta comienza a despuntar.
Por qué tanto se interesan determinadas sectas en negar la evolución?
Por qué tan intransigentemente se oponen a ella?
El motivo no es difícil encontrarlo, si considerarse que el reconocimiento de la
evolución reduce a andrajos la mistica de la salvación.
Aceptar, pues, tal verdad, implica en la destrucción de un sistema del que participan,
directa o indirectamente, millones de individuos cuyas conveniencias personales son
colocadas por arriba de los superiores intereses de la humanidad.
Ni todos los adversarios de la evolución están convencidos de su inexistencia. No es
pequeño el número de los que, mismo combatiéndola, intimamente la admiten.
Algunos la niegan por no serles profesionalmente conveniente la verdad. Otros por
subordinación a dogmas que los tornaron fanáticos y obscurantistas.
Martillando la idea de la “salvación” en el mental del niño, esta fantasía se va
impregnando en el subconsciente, hasta criar raíces profundas. Más tarde, cuando
adulto, repite, maquinalmente lo que se habituó a oír, sin querer someter el caso al
raciocinio, por sentir un desagradable choque entre lo falso, por tanto tiempo,
almacenado en el subconsciente, y el verdadero, latente en el sentido consciente.
FALSAS IDEAS
Más allá de absurdo, el dogma de la “salvación” es un estímulo al comodismo. El
trabajo, la lucha que el ser humano precisa trabar, el esfuerzo al que no puede dejar de
entregarse para conseguir la evolución espiritual y el progreso material, no son
entendidos por los sectaristas que mejor confían en la “gracia”, en los “favores”, en la
protección de la supuesta divinidad, que en todo lo demás.
Aún mismo que se trate de vagos, parásitos, malandrínes, eso no modifica su
inmunidad celestial, si vinieron al mundo como electos de “dios” y a salvo, por lo
tanto, de las consecuencias de los pecados terrenos. De cualquier manera, no están ahí
los representantes de la divinidad para conceder a los delincuentes las absoluciones y,
con ellas, el pasaporte para el cielo?
Los más profundos desentendimientos humanos que tantas tragedias, tantos males,
tantas desgracias generaron en el mundo, (sin excluír el odio, las guerras y mismo la
miseria y el hambre) tienen sus orígenes, próximas o remotas, en la suma de las falsas
ideas que las innumerables sectas inculcan en las criaturas humanas.
Víctima inconsciente de esos males, la humanidad viene siendo impelida hacia el
dolor, en una secuencia, casi interminable, de encarnaciones perdidas.
Sin embargo, una cosa es segura: la evolución tiene que ser procesada, a cualquier
costo. Así lo imponen las leyes naturales e inmutables que rigen el Universo. Y estas
son indiferentes a la necia pretension de los que suponen que pueden frustrarlas o
anularlas.
Por eso, todo individuo debe imprimir una superior orientacíón a la vida para acortar
el proceso de su evolución, esforzándose para ser operoso y progresista con la
atención dirigida para el primoramiento de la propia personalidad.
La evolución se hace sentir en todo: en la semilla que germina para transformarse en
una flor; en un árbol que se agiganta y fructifica, en la trayectoria de un cielo; en el
ser humano que ingresa en la escuela siendo analfabeto y egresa de la Universidad
siendo un científico; en el desarrollo de las artes, de las letras, de las ciencias, de la
música, de los laboratorios, de las industrias, de los inventos y de las utilidades
sociales.
Los átomos existen primordialmente junto a la vida. Y por qué solamente en nuestra
época han podido los científicos tornarse capaces de desintegrarlos? - Por qué no lo
hicieron antes? Mismo en el terreno biológico, por qué, siendo el hombre, en la escala
animal, el ser que posee mayor evolución, su aparecimiento en la Tierra no precedió
al de los demás animales? - La respuesta es obvia: el hombre surgió en la Tierra,
cronológicamente, como el resultado de la evolución de los animales que lo
antecedieron.
Y, a pesar del adelanto actual del mundo, la marcha evolutiva en los tres reinos de la
naturaleza prosigue, sin cualquier interrupción o alteración. Apenas los que inician
ahora su progreso en cuerpo humano, encuentran, en la época presente, condiciones
más favorables para su desarrollo mental
Y no obstante puedan esas criaturas primitivas ser consideradas bastante
evolucionadas, en relación a los animales de categoria inferior, por los cuales ya
pasaron, son tan pobres, tan indigentes de inteligencia, que más se dejan orientar por
el instinto, de que por la razón.
TRAYECTORIA EVOLUTIVA
La Historia de la humanidad está señalada por innumerables marcos indicativos de su
larga, de su inmensa trayectoria evolutiva. Y porque es imposible recorrer todo ese
extenso camino en una sola existencia física, los que se apegan al tradicionalismo
religioso, se niegan a admitir la evolución, a fin de no verse obligados a reconocer el
elemento por el cual ella se procesa, en la faz animal o humana - la reencarnación.
Basta raciocinar para comprenderse que ninguna oposición puede ser hecha a la ley de
la evolución. Sin ella, todos los seres habrían de poseer el mismo grado de
inteligencia, adelanto y espiritualidad.
No es admisible que el “dios” que las sectas enseñan a adorar, hubiese creado a un
espíritu más atrasado de que el otro, e hiciera, conscientemente, el imbécil y el sabio,
en una arbitraria, defectuosa e injusta manera de proceder.
Cuando los sectaristas pudieren percibir ese absurdo en la consumación de las
prácticas divinas, dejarán de repeler lo que es racional, lógico e intuitivo, pues
encontrarán en la evolución del espíritu - que parte de un origen comum, muy remoto
- la explicación de todos los fenómenos de la vida.
Ese origen - conviene insistir - es uno sólo. Al iniciarse el proceso evolutivo, cada
partícula de la Inteligencia Universal dispone de las mismas posibilidades, los mismos
recursos, se encuentra en idénticas condiciones y posee iguales valores latentes.
Por eso se desarrolla en la misma proporción, hasta alcanzar la denominación de
espíritu, cuando pasa a disponer del libre albedrío para conducirse por su cuenta y
riesgo. Hemos visto, en el capitulo IX de esta obra, como el mal uso del libre albedrío
retarda la evolución espiritual.
El observador que desee ver, tiene, delante de los ojos, el cuadro de la evolución del
espíritu en la vida terrena. No existen dos individuos iguales, no obstante los haya
semejantes. Cada uno está promoviendo su progreso a su modo y a su costa, de
acuerdo con el procedimiento que haya adoptado en el transcurso de las encarnaciones
pasadas, en un período de millares de años.
Los que mejor hayan usado el libre albedrío - es evidente - consiguieron evolucionar
más de que otros menos cuidadosos, en el mismo número de encarnaciones.
Ahí está una de las razones que explican la gran heterogeneidad de mentalidades,
disparidad de sentimientos y divergencias de conceptos que se observan en el medio
del pueblo.
Es que el número de encarnaciones realizadas varía de individuo para individuo,
como varía también el aprovechamiento que cada cual adquirió y el esfuerzo
dispensado por cada uno.
Puede haber quien haya perdido doscientas encarnaciones en consecuencia de un vivir
desregladamente, y quien, en igual período, haya perdido, apenas, veinte. Éste, sin
duda, a evolucionado mucho más de que aquél.
REVELACIÓN SENCILLA Y NATURAL
Obsérvese como esta. revelación de la vida, transmitida al conocimiento humano, es
diferente de aquella que los sectaristas presentan, llena de incoherencias, absurdos y
contradicciones, porque basándose en las sandeces bíblicas, en parte inspiradas por
espíritus chanceros del astral inferior, conocidos como “profetas”, que se sirvieron, no
raramente, de médiums confabuladores, iguales a los muchos que por ahí andan a
explotar el inmenso filón de creencias, de las cuales obtienen grandes lucros en
supuestas ciencias.
Cuando fueron escritos, hace millares de años, los libros que aún hoy, en el siglo de
las luces, embebecen, atrofiando el raciocinio. de millones de adoradores, el mundo se
encontraba en condiciones muy inferiores con respecto a las actuales.
Quien hace evolucionar al planeta son los elementos que en él viven. En aquella
época, sus habitantes poseían un grado de evolución bastante más abajo del actual, y
nada sabían a respecto de la mediumnidad y de sus efectos y consecuencias. El
fenómeno mediúnico, muy vulgar en los dias de hoy, era considerado, como un don
divino y sobrenatural.
La comprensión y el conocimiento de las cosas son frutos de la evolución del espíritu,
y muchos de los que hoy están encarnados, ya consideran a la vida bajo un aspecto
que se aproxima, cada vez más, de la Verdad.
No se piense que los fanáticos admitirán, como reales, las verdades aqui proclamadas.
El fanatismo enturbia a la inteligencia, no dejándola raciocinar. Para el fanático, hay
libros sagrados, dictados por “dios”, de los cuales él no puede ni debe dudar, bajo
pena de cometer gran pecado y poner en riesgo su “salvación”.
He ahí lo que en realidad se pasa. Pero ni todo está perdido. El creyente tiene el
derecho de reencarnar tantas veces cuantas fueren necesarias para la adquisición, en la
vida terrena, de los conocimientos y de la experiencia que lo conduzcan a aceptar, de
plena conciencia, la verdad antes rehusada.
Nadie puede pasar a un mundo de mayor evolución, mientras que en este se
mantuviere saturado de engañosas ideas sobre la vida, y proceda, erróneamente, de
acuerdo con ellas.
Es lamentable que el ser humano transforme la amplia senda de la evolución, por
ignorancia, en un estrecho, áspero y sinuoso camino repleto de obstáculos difíciles de
transponerlos.
Temprano o tarde todos tendrán que comprender que la humanidad camina en una
misma dirección y para alcanzar un idéntico fin - que es el perfeccionamiento solamente pudiendo lograrlo, por el esfuerzo propio bien orientado, por el trabajo
individual disciplinado y por la conquista del saber, a costa de la actividad intensa y
permanente.
Debe el individuo procurarse a sí mismo y en si mismo aprender a confiar, consciente
de seren inmensos e invalorables loz recursos que posee para llevar a buen término
cada existencia física.
Con este pensamiento, quedará sincronizado con la corriente de la evolución, por
donde hará su ascención espiritual sin grandes trompiezos y sin mayores sacrificios.
CAPÍTULO XII
EL VALOR
El valor que todos los espíritus poseen en mayores o menores dimensiones, es uno de
los ángulos caracterizantes de la personalidad humana.
Cuanto más se consolida el carácter en las rudas asperezas del trabajo cotidiano y en
la lucha por la conquista del bien, más siente el espíritu la necesidad de poner a
prueba ese gran atributo, a fin de que los resultados correspondan a los esfuerzos
empleados.
Siempre que el ser humano, al definirse por una conducta, tuviere que recurrir al
propio valor y de él socorrerse para trazar la directriz a seguir, gana su acervo
espiritual más un refuerzo, más un estímulo, más una parcela de enriquecimiento.
Y no hay quien no tenga la oportunidad de externarlo, a cada paso, por algún hecho,
por reposar en él, el verdadero bienestar íntimo, que satisface la conciencia, alegra el
semblante y, como recompensa mayor, transmite a la persona el agradable
sentimiento del deber cumplido.
Todas las faculdades tiendem a enmustiarse, cuando no son regularmente ejercitadas.
El ejercicio fortalece y vigoriza. Él es tan necesario a la mente, como al cuerpo. El
ejercicio mental consiste en la práctica habitual de actos y pensamientos de valor que
precisan ser estimulados, desde la infancia.
Esos actos y esos pensamientos pueden ser revelados en el hogar, cuando el
adolescente asume la responsabilidad de sus faltas, cuando se solidariza con las
dificultades y los sufrimientos de sus padres y hermanos y cuando es capaz de un
gesto de desprendimiento y renuncia a favor del prójimo.
También se revela en la escuela, cuando el estudiante sabe ganar o perder en los
torneos deportivos, cuando procede con dignidad en el estudio y en los exámenes,
cuando reconoce los esfuerzos de los padres y todo lo hace para tornarse merecedor
del sacrificio de estos.
Ejercitados por el adolescente esos altos atributos espirituales, entrará él, en la
segunda faz de la juventud, con un preparo moral en que se reflejarán, nítidamente,
los trazos del valor de que está dotado.
Eso le habilitará a resistir a las tentaciones humanas, propias de la edad, a vivir con
método y disciplina, a encarar el trabajo como un premio y a exigir para si el mismo
respeto que dispensa a su semejante.
En la edad madura, en que, - como lo esclarece el capítulo VI -, las células del
organismo alcanzan la máxima vitalidad y el espíritu conserva el precioso tesoro
representado por los enseñamientos cosechados en la adolescencia y en la juventud,
precisa el ser humano contar con ese buen capital para no ser influenciado por los
errores vicios que predominan en el medio ambiente.
Actitudes de valor, por arriba de todo con bravura, si fuere preciso, arrojadas, si el
momento lo exigiere, - pero siempre serenas y tranquilas, ponderadas y justas,
inflexibles y rectas - he ahí la característica principal de ese notable atributo.
Todo individuo que vive bajo los dictámenes de la honra y del deber, que.molde a sus
hábitos y costumbres con la argamasa de los principios cristalinos de la moral
cristiana, y se mantiene bajo el dinámico estímulo de las vibraciones del bien, está
permanentemente envuelto en una coraza impenetrable a las arremetida del mal.
Esa coraza, aunque invisible, conserva toda su rigidez mientras el ser humano se
mantuviere vígilante. Un descuido puede poner todo a perder. Sin embargo, los
fuertes, apoyados en el esclarecimiento, hacen todo lo posible para no descuidarse, y
la finalidad del Racíonalismo Cristiano es, precisamente, la de orientar y esclarecer a
los fuertes, para que no se descuiden, y a los débiles, para que se tornen fuertes.
El valor del individuo tiene su inicio donde comienza el dominio de si mismo. La
cualidad esencial, necesaria al desarrollo del valor, consiste en saber él controlar los
nervios y los pensamientos, dominando a sus ímpetus y a las inclinaciones
reprobables, para que el raciocinio pueda indicarle las mejores soluciones.
La persona que tuviere que ejercer cargos directivos, necesita primeramente aprender
a dirigirse a si misma y a dar ejemplos de serenidad, de coraje, de honra y valor,
conteniéndose delante de los cuadros emotivos que la vida le presenta, para no
descontrolarse ni causar perjuicios a sus subalternos.
ACTOS DE JUSTICIA
Los actos de justicia son practicados, en regla, cuando el espíritu procede con
serenidad, imparcialidad e interés por la verdad. El mundo carece tanto de justicia,
como de hombres de valor y de honra.
Por eso, ser justo, valeroso y honrado debe constituír la más seria aspiración del
espíritu humano. Pero, entiéndase: nadie puede ser justo, sin ser tolerante y moderado,
sin comprender la vida, en su complejidad, en su contextura espiritual y contenido
realista.
La comprensión clara y verdadera de la vida habilita al ser humano para acelerar el
desarrollo y la purificación de sus cualidades espirituales, y asi disminuir el número
de reencarnaciones en este mundo-escuela, de ambiente de sufrimientos, donde la
ignorancia engendró al materialismo en que la humanidad se debate y, con él, la
degradación moral infiltrada en todas las camadas sociales.
Esa comprensión proporciona al individuo, un sentimiento práctico de renuncia a las
cosas terrenas, por la certidumbre de la transitoriedad de permanencia en este planeta,
y de que son de uso provisorio las riquezas materiales, con las cuales solamente podrá
conseguir algunos objetivos de limitado alcance.
Las riquezas materiales no pertenecen al individuo, sino al mundo, que las presta a sus
habitantes para su administración y de ellas hacer buen uso, como efímera
recompensa por sus esfuerzos y realizacíones. El espíritu de renuncia, de
desprendimiento, de abnegación, de sacrificio y de solidariedad humana, es, pues, el
resultado de la superior comprensión de la vida, que aproxima fraternalmente a los
seres unos de los otros, como partículas hermanas de un único Todo.
Mientras tanto, no se confunda ese elevado sentimiento espiritual con el desinterés
por las cosas, originado en los desengaños y desilusiones que tornan a los individuos
en apáticos, escépticos, solitarios, bohemios, exóticos o sectaristas fanáticos.
El espíritu esclarecido y, por eso mismo, fuerte, no se deja abatir por desiluciones o
desengaños. Comprende las causas de las debilidades y de la maldad de los seres
humanos, no confía en perfecciones, por saber que no existen, y acepta los
acontecimientos con racional entendimiento.
Verdadero, leal, honesto y equilibrado, no se olvida, en los momentos de peligro, de
que su integridad moral debe mantenerse por arriba de todas las consideraciones e
intereses, y no teme a las consecuencias de su inflexible posición contra la corrupción.
CAVAR EL PROPIO ABISMO
Las fuerzas del mal - téngase esto siempre en la mente - jamás prevalecerán sobre las
del bien. Éstas, en el final de todas las convulsiones, son las únicas que permanecerán
eternamente. Aquéllas accionan transitoriamente, en un período de tiempo que marca
su propia destrucción.
Todos los malos actos damnifican gravemente el carácter de quien los practica, y
dejan en la personalidad espiritual marcas difíciles de borrar.
Fortalecer, pues, los atributos de valor para resistir a los procedimientos indignos, es
una necesidad imperiosa e inconmovible.
No son pocos los egoístas e inescrupulosos que, con falsas apariencias, viven a
engañar al prójimo, procurando extraer provecho de todas las situaciones. Indiferentes
a la desgracia ajena, solo se complacen con la satisfación de sus intereses, por más
viles que ellos sean.
Con ese indigno procedimiento, entretanto, cavan, sin percibirse, el propio abismo,
hacia cuyo fondo van cayendo, y del cual solamente podrán salir a costa de indecibles
sufrimientos.
Los gestos de grandeza espiritual, en que relucen los índices testificadores del valor,
son los que más ennoblecen a las personas y les proporcionan la anhelada felicidad. El
valor está para la luz, como la debilidad para las tinieblas. Ambos mútuamente se
repelen.
Ningún ser consciente podrá preferir la accion negativa por la positiva, el nada por el
todo, el atraso por el progreso, la duda por la certidumbre, el fracaso por el éxito, el
miedo por el coraje y la oscuridad por la luz.
Los que hacen el cambio le lo bello por lo horrendo, in el simbolismo de esas
comparaciones, son seres obliterados, que marginaron el buen sentido y permanecen
bajo el influjo de una conciencia apática, enteramente deformada en la apreciación de
los valores auténticos.
En todas sus obras, el Racionalismo Cristiano propugna por la transformación de ese
infeliz estado de conciencia de la humanidad, en parte motivado por su abandono a un
sectarismo obscurantista que desconoce el proceso evolucionario de la vida y los
deberes, espirituales de las criaturas humanas.
Las acciones, buenas o malas, más allá de nunca perderse, acarrean consecuencias
correspondientes, por imperio de las leyes naturales que rigen el Universo.
La consecuencia de la paralización del corazón es la desencarnación; de la explosión
de una bomba, la. destrucción; de la rotación de la Tierra, alrededor del Sol, el dia y la
noche.
Asi - irrevocablemente - las buenas o las malas acciones determinan, para su agente,
como consecuencia, un resultado que corresponde, invariablemente, a. la naturaleza
de los pensamientos que las generaron.
Se engañan, por lo tanto, aquellos que piensan poder escapar a los efectos de sus
actos, a través del perdón o de otros expedientes. No existen perdones en el plano
espiritual, ni dioses para perdonar.
Urge raciocinar para bien vivir. Urge proceder con independencia, valiéndose, cada
cual, de los propios recursos morales y espirituales de que dispone. Quien hiciere el
mal, tendrá que rescatarlo, inapelablemente, más temprano o más tarde.
Solarmente los actos de valor engrandecen la personalidad y ennoblecen el caráter.
Aquellos que los practican, se tornan eficaces colaboradores en la obra de
pacificación y espiritualización de las masas humanas.
CAPÍTULO XIII
EL CARÁCTER
El carácter es representado or la suma, de cualídades morales del individuo, en que se
destacan sus virtudes y el conjunto de vallores espirituales, conquistados de
encarnación en encarnación.
Ese valioso atributo expresa el nivel de espirituatlidad. del ser humano, que puede ser
aferído.por la firmeza y rectitud con que procede en sus actos cotidianos.
Más de que por la honestidad de la conducta en las transaciones comerciales o en el
ejercicio de cualquier función, ele caráter se revela por la intransigente repulsión a la
pusilanimidad, a la intriga, a la envidia, a las actitudes dudosas, a la prevaricación, a
la deslealdad, a los movimientos traicioneros, en fin, a todas las acciones indignas.
En la realidad, son pocos los seres poseedores de caráter verdaderamente íntegro. Esto
porque solamente en las últimas encarnaciones terrenas, esa integridad podrá ser
considerada perfecta.
Ni siempre el individuo culto posee mejor carácter, pues un gran número de ellos
hacen de la cultura un instrumento de viveza.
No se puede negar, mientras tanto, la ventaja, y más de que ventaja, la necesidad de la
instrucción y de la cultura, por proporcionaren una amplia contribución para el
desarrollo de la inteligencia y de la capacidad de raciocinar - medio por el cual el
espíritu analiza, confronta, deduce y concluye, para poder llegar al conocimiento de la
verdad de la vida.
Es el caráter uno de los más ricos y preciosos bienes del espíritu. Sin embargo, su
adquisición no es muy fácil Por el contrario, exige prolongados períodos de
meditación, en numerosas encarnaciones, a lo largo de las cuales las conclusiones van
sazonándose, bajo lá dura prueba de la experiencia.
Solamente después de incontables desengaños y de sufrir muchos agravios, injusticias
e ingratitudes, es que el individuo mide, en lo íntimo de su naturaleza espiritual, la
extensión de las miserias humanas y contra ellas se rebela, asqueado de esas bajezas hecho que lo lleva a sentir repugnancia por la práctica de las mismas.
Asi, de repugnancia en repugnancia a las perversidades reconocidas y
experimentadas, el espíritu se va liberando de las acciones inferiores, para ubicarse,
por convicción absorbida del esclarecimiento, en las rígidas líneas de un conducta
ejemplar.
En cualquier sector de la actividad - y no apenas en las lides literarias y científicas puede el ser humano ejercitarse en el desarrollo de la inteligencia: en las fábricas, en
el comercio, en la agricultura, en la escuela, en la oficina o en el hogar. Cualquier
ambiente de trabajo honrado predispone excelentes oportunidades para el
perfeccionamiento del caráter, siempre obedeciendo a un progresivo normal, en que
no hay lugar para transformaciones radicales ni regeneraciones muy rápidas.
Sin embargo, jamás podrá operarse, sin medir el esfuerzo, la buena voluntad y, por
arriba de todo, la conciencia esclarecida aunada a la noción del deber y al firme
propósito de cumplirlo.
Los padres y maestros que estuvieren en condiciones de transmitir a los hijos y a los
discípulos - en lo referente a la rectitud del carácter - el lenguaje vivo y altisonante del
ejemplo, ejercerán excepcional influencia en el espíritu de éstos, que se traducirá en
acatamiento obediencia y respeto.
No hay exagero en la afimación de que el mundo carece notablemente de padres y
profesores competentes y honrados. Porque los que son realmente honrados, poseen
en sus manos prodigiosos instrumentos de pulimiento, con los cuales en mucho
contribuyen para el perfeccionamiento del carácter de los adolescentes que tienen a
sus cuidados.
Hay padres cuyo carácter se revela inferior a de los hijos, asi como existen
profesores y maestros que lo son, apenas, por sus dotes intelectuales. Los malos
ejemplos, entretanto, no son imitados por los que tienen discernimiento espiritual
para sentirlos y condenarlos. Padres y maestros de mal carácter, por un lado, e hijos
y alunos de mayor evolución, por el otro, marchan siempre por rutas diferentes,
buscando, cada uno, satisfacer sus anhelos, sean estos enfermizos y viciosos, o
benéficos y purificadores.
La tarea del profesor no debe limitarse a la instrucción pedagógica de los alumnos. La
escuela, por complementar al hogar, le impone a los maestros el irrecusable deber de
llevar conceptos constructivos a los discípulos, capaces de tornarlos buenos
ciudadanos.
Si la acción de los profesores es altamente meritoria en el perfeccionamiento del
carácter de los alunos, de mayor relieve es, todavía, la de los padres, a quien compete
el inexcusable deber de observar las líneas generales del carácter de los hijos, cuando
pequeños, por ser esa la faz en que la corrección ofrece mejores resultados.
POSICIÓN EQUIDISTANTE DE LOS EXTREMOS
En la definición de las líneas del carácter, todos deberán considerar la posición
equidistante de los extremos, donde predomina, el equilibrio. El criterio, la equídad, el
buen sentido, la puntualidad, la lealtad, la armonía, el coraje, la hombría, el buen
humor, la dignidad, la gratitud, la urbanidad, la fidelidad, el comedimiento, la
veracidad, el respeto propio y del semejante y, finalmente, el celo, son atributos que,
Cultivados debidamente, constituyen virtudes primaciales, ennoblecedoras del
espíritu, para las cuales se dirige el ser humano deseoso de conquistarlas para
moldeamento y enriquecimiento de su
carácter aprimado.
complejo espiritual, del cual depende el
El miedo e la temeridad son dos extremos, en cuyo punto medio está el coraje –
virtud componente de la fisionomía del caráter.
Todos los atríbutos morales están equidistantes de esos dos extremos. Aunque en
posiciones extremas, se sitúan el derrochador y el avariento, pero el comedido queda
en el centro que representa la posición ideal. para todos los seres.de carácter bien
formado.
En esas mismas posiciones extremas, están las cualidades negativas que inferiorizan
al espíritu, mientras que en el centro, al contrario, refulgen las positivas, ideales,
constructivas, que lo engrandecen, haciéndolo crescer en la escala ascendente de la
evolución.
Al igual que el perdulario y el avariento, tambíén, la malquerencia y la adoración
ocupan puntos extremos, pero la amistad y la virtud tienen lugar destacado en el
centro.
Hombres y mujeres se despeñan por los flancos de peligrosos abismos, por no querer
comprender que entre dos fuerzas iguales y opuestas existe siempre, un punto central
de equilibrio, en el cual deberían mantenerse para poder disfrutar de las ventajas que
él ofrece.
Tanto la malquerencia como la adoración generan situaciones repudiables: mientras la
malquerencia despierta el sentimiento de adversión, de odio y de venganza, con los
más perniciosos efectos para el agente, la adoración conduce al temor, a la humildad
servil y subalterna, a la subyugación de las iniciativas, a la alienación de la voluntad, a
la falta de confianza del individuo en si mismo, siempre en desprestigio del espíritu y
en flagrante anulación de su propio valor.
En ambos sentimientos, apenas citados como ejemplo, la evolución sufre un retardo, o
bien no se produce, lo que en mucho perjudica al carácter. Trabajar para perfeccionar,
cada vez más, ese gran, ese incomparable atributo, es acumular riqueza espiritual de
insuperable valor.
Los bienes materiales, ya se hizo ver, quedan en la Tierra, los espirituales, nó. Estos
nunca se separan de quien los supo acumular. Y la mejor fortuna que el ser humano
puede aspirar, es la que se forma a través de acciones nobles, que reflejan siempre la
grandeza del carácter.
CAPÍTULO XIV
LA FAMILIA
Las sociedades bien constituidas tienen como base, como fundamento, como suporte,
la familia.
Cuando esta se distingue por el cultivo de las superiores cualidades del espíritu, sin
dejarse contaminar por el virus destruidor de la corrupción, su contribución para
elevar los índices de perfeccionamiento de las colectividades es de alto relieve.
Asi como la fuerza de cohesión mantiene unidas las células de los cuerpos, en la faz
utilitaria y en el medio en que se encuentran, también las familias necesitan de esa
fuerza de cohesión para ligar-se unas a las otras como células de un todo, y componer
una sociedad homogénea, progresista y pacífica, inclinada al desarrollo de las más
significativas virtudes.
Esa fuerza de cohesión solo podrá resultar de la afinidad de sentimientos elevados, de
las nobles aspiraciones alimentadas, de la solidaridad en los actos de
perfeccionamiento y en la mancomunión de los esfuerzos empleados en beneficio
general.
Cuanto mayor fuere el número de esos núcleos familiares a desarrollar esa fuerza de
cohesión, tanto más alto serán los índices de moralidad y honradez del medio
ambiente.
El comportamiento de la colectividad, reflejando el estado de la mayoría de sus
componentes, representa el nivel medio del perfeccionamiento de un pueblo y revela
su capacidad productiva y realizadora, tanto en el campo material, como en el
espiritual.
En estas condiciones, crece de importancia, como un gran problema social, la
constituición de la família, como tal entendida no la unión de los seres en la desunión
de los espíritus, pero el verdadero entrelazamiento espiritual y material de los
cónyuges para las responsabilidades del hogar y la perpetuación de la especie.
A los que se casan, es indispensable la comprensión de los deberes y derechos de cada
cónyuge, que no son, en regla, iguales, pero si complementarios.
Es en la asociación de intereses dirigidos hacia una misma finalidad, sentidos con
inteligencia y realizados con dedicación, que se forman y consolidan los lazos
espirituales que atraen el marido a la mujer y ésta al marido, poniendo, en segundo
lugar, el interés apenas físico que, cuando deturpado, tanto inferioriza a la humanidad.
Al encarnar, trae el espíritu, entre otros deberes, el de constítuír familia, decidido a
honrarla y a dignificarla, mismo a costa de cualquier sacrificio.
Cometen, pues, grave delito espiritual los que, por acción u omisión, contribuyan para
la ruina del hogar y el desmoronamiento de la familia.
Las colectividades, de que se forman las naciones, serán grandes y respetadas,
siempre que los fundamentos de su constitución moral - representados por los
eslabones espirituales que entrelazan las familias unas a las otras - posean ligaduras
suficientemente fuertes para repeler los efectos de las corrientes malignas, por las
cuales pasan las vibraciones de la corrupción, del sensualismo desenfrenado, de la
egolatría y de la inmoralidad.
La familia es el núcleo en que deben ser ejercitadas las virtudes del afecto, de la
lealtad, del desprendimiento, de la renuncia, de la fidelidad, del sacrificio, del respeto
y de la comunión de sentimientos.
Como corolario, el hogar es una escuela de perfeccionamiento espiritual y un campo
de desarrollo psíquico.
Como los errores son fáciles de ser cometidos y difíciles de ser reparados, se impone
una permanente vigilancia del ser humano sobre si mismo, para evitarlos.
LIBRO ABIERTO
Aunque grandes sean las responsabilidades en el hogar que pesan, por igual, sobre un
matrimonio, ellas nunca son mayores a la capacidad de que disponen para soportarlas.
De marido para mujer, y de esta para el marido, es imprescindible que haya absoluta
confianza. Para eso, es necesario que el alma de uno esté siempre en condiciones de
poder presentarse a la del otro, como un libro abierto. No deben practicar ningún acto
del que se puedan avergonzar, íntimamente, preocupándose en esconderlo.
La situación de reserva, el hecho de tener que ocultar faltas, de sentir necesidad de
mentir para sostener buenas apariencias, es altamente perjudicial al carácter, además
de dificultar la evolución espiritual. La vida en el hogar será mucho más feliz, si cada
cónyuge se hiciere acreedor de la confianza, sin restricción, y el apoyo moral del otro.
La infidelidad y la prevaricación son actos que, más allá de herir la decencia, maculan
indeleblemente, la conciencia proyectada en el plano espiritual para una encarnación.
Pensamientos honestos y fuerza de voluntad en acción son armas poderosas que el ser
humano debe usar para protegerse de las embestidas de las fuerzas inferiores que
intenten envolverlos en los flúidos perniciosos de sus corrientes, tan prontamente
perciban la afinidad de un sentimiento inclinado a la prevaricación.
La mujer y el hombre se complementan en el hogar como dos medidas de
compensación, en el equilibrio de una situación que debe y precisa ser permanente.
Asi como el espíritu se liga al cerebro y al corazón por cordones flúidicos,
afirmándose en esos órganos para posibilitar el equilibrio de las funciones humanas,
también la acción espiritual, se desdobla en la constitución del hogar, para delegar al
hombre atribuciones de la más alta capacidad del pensamiento y de esmerado
ejercicio, y a la mujer funciones que más se identifican a la sensibilidad y docilidad de
su sentimiento, sin excluir los dotes del intelecto, tantas y tantas veces por ella.
De esa manera, es necesario que cada cual se esfuerze por desempeñar bien su papel.
Unidos, cumpliran la árdua y dignificante tarea; distánciados en espíritu, sembrarán la
discordia, el desentendimiento, y la obra quedará por hacer.
ENTENDIMIENTO Y COMPRENSIÓN
Asi como el violín y el arco son dos cuerpos diferentes que se unen para producir
sublimes sonidos musicales en las manos del artista, también los dos seres que se
unen por el pensamiento - no obstante dotados de cualidades y atribuciones
diferentes - tienen el deber de auxiliarse mútuamente, bajo la influencia de las
vibraciones armónicas del entendimiento y de la comprensión.
Hombres y mujeres nunca deben preocuparse con los valores de la contribución que
aporten, por seren ellos aferidos por medidas diferentes. Los líquidos son medidos por
unidad de volúmen, mientras que los tejidos lo son por unidades de longitud. No
puede, por lo tanto, haber comparación y equivalencia entre los dos cuerpos.
De igual modo, es imposible establecer comparación equitativa entre la producción
masculina y la femenina, por faltarle la unidad fundamental, donde se concluye que
las atribuciones de la mujer y del hombre, no obstante de igual valor, no pueden ser
invertidas, sin contrariar a las leyes naturales y sin producir el desequilibrio
correspondiente a esa inversión.
El espíritu no tiene sexo, a pesar de que se constatan en la Tierra tendencias y
acciones masculinas y femeninas. Es él propio quien delibera a respecto del sexo que
va a adoptar, cuando se decide a encarnar.
En regla general, si encarna como mujer, es para ser madre. Y esa tendencia es tan
acentuada, que mal comienza a dar los primeros pasos en la vida terrena, manifiesta
especial interés por las muñecas, cuyo cuerpo acaricia, como si fuese la madre a
mimar el hijo.
No ocurre lo mismo con el niño, cuya propension se dirige a los caballitos, los
automóviles o caja de herramientas.
El instinto materno se manifiesta en la mujer desde los albores de la infancia, y ser
madre - de cuerpo y alma consagrada a esa misión - es lo más noble y elevado de sus
deberes en la Tierra.
Las atenciones que fueren dispensadas a la esposa, para auxiliarla a cumplir sus
obligaciones en el hogar, y a la hija, para que se torne buena madre, por mayores
que sean, jamás podrán ser consideradas exageradas. La mujer precisa recibir atento y
delicado tratamiento, para no fallar en sus altos ideales, sintetizados en la grandeza,
del hogar y de la prole.
En la obra de la regeneración de las costumbres de la humanidad, desempeña ella un
papel del más alto relieve, para cumplimiento del cual precisa estar en contacto
permente.con los hijos - que serán los padres y dirigentes del mañana - esforzándose
por educarlos en los moldes de una conducta moral impregnada de virtudes.
Los niños poseen un subconsciente plasmable, que los torna sensibles a recibir la
influencia de la orientacion que les fuere suministrada - educación que debe ser
consubstanciada en los principios de honestidad y de amor al trabajo y a la verdad para que se tornen, en el futuro, buenos ciudadanos, excelentes marido y mujer y
padres ejemplares.
BUEN-HUMOR
A los componentes de un hogar, jamás deberá faltarles la serenidad y el buen-humor,
cuyo cultivo es de mayor necesidad. Inconciliable con el pesimismo, del que es gran
enemigo, el buen-humor abre el camino, para el triunfo, ya que desarma a los
pensamientos derrotistas y a los recelos infundados, auyentando al nervíosismo.
El individuo bién-humorado refleja alegría en el semblante, confianza en si mismo y
dispone de lo esencial para gozar buena salud.
El hogar exige de sus integrantes desprendimiento y tolerancia, para que no falten,
entre ellos, la armonía y el entendimiento, y no sé debiliten los, lazos de amistad que
deben unirlos, cada vez más sólidamente.
Téngase siempre en vista que siendo todos imperfectos, susceptibles de incurrir en
errores, estos deben ser encarados no con indignación o revuelta, pero con calma y
comprensión, para lo que es necesario dominar el temperamento impulsivo, violento e
intempestivo.
El temperamento de un matrimonio puede diferir del hombre para la mujer, asi como,
de un modo general, difiere el de los hijos, de unos para con los otros, pero esa
diferiencía es perfectamente comprensible, desde que se tome en cuenta las diversas
categorías espirituales existentes en los miembros de una misma familia.
Una de las grandes virtudes humanas consiste en saber respetar el punto de vista
ajeno, y jamás perder el, hábito cortés.
El hombre debe contribuír con una parcela de esfuerzos, tan pesada como el de la
esposa, para mantener la unidad de la familia. En la sombra de su nombre honrado,
todos, en el hogar, deberán sentirse felices.
La autoridad moral de los padres tiene como fundamentos más importantes, más
profundos, los actos de su vida, y esa autoridad será mayor o menor, consonante a la
lisura, la sensatez y la honestidad de su procedimiento.
Los buenos padres procuran los ejemplos en la indesviable rectitud de su conducta,
cuando es necesario dar lecciones a los hijos, no admitiendo que estos adquieran
vicios, no economizando esfuerzos para que se miren en el espejo de su propia vida y
los imiten en el comportamiento, en la dedicación a la familia y en el trabajo.
Los hijos necesitan oír los ponderados consejos paternos, para precaverse contra los
riesgos y peligros a que estarán expuestos durante la vida.
La remodelacíón de la humanidad comienza por la remodelación de las costumbres de
la familia. Es principio confirmado que cada individuo es lo que quiere serlo, dentro
de las posibilidades humanas. Del mismo modo se confirma el adagio de que cada
pueblo tiene el gobierno que merece.
De ahí la necesidad de seren elevados, siempre, los índices de constituición de la
familia, para que las naciones puedan tener una dirección a la altura de su desarrollo
espiritual y de su conciencia moral.
El bienestar y la felicidad de un pueblo, fácilmente es aferido por los sentimientos de
dedicación al hogar y a la familia. Los que rehuyen, sin causa justificada, a
constituírla, desobedecen al cumplimiento de sus deberes, ofenden a la sociedad y no
pueden ser considerados como buenos ciudadanos.
CAPÍTULO XV
EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Un viejo y sabio aforismo enseña que nadie puede dar lo que no posee. En la faz
actual por la que el mundo atraviesa, los hombres y las mujeres preparados para
suministrar a los hijos una educación a la altura de las exigencias de la vida espiritual
y material, están en lamentable minoría.
Los padres, verdaderamente dignos de ese nombre, no son los que se limitan a
procrear, irresponsablemente, y si los que miden y pesan las responsabilidades
consecuentes del matrimonio, y se preparan para cumplir, conscientemente, los serios.
deberes que la paternidad impone
El acto de reproducir, por fuerza de la naturaleza de los cuerpos de los animales en
general, es meramente instintivo pero tratándose de los seres humanos, las
consecuencias que de él resultan son las más serias y graves.
Los hijos, via de regla, son el retrato de los padres. Con el inmenso poder de
asimilación que poseen en la infancia, graban, indeleblemente, en el subconsciente, lo
que ven hacer los adultos, y procuran imitarlos.
Por eso, no es posible disociar el hogar de la escuela, que él también es, arriba de
todo, - escuela buena o mala, de la cual los padres, que son los maestros, están
continuamente a suministrar a los alumnos - los hijos - lecciones y ejemplos de
disciplina o indisciplina, de virtud o de vicios, de trabajo o de ociosidad, de honradez
o de deshonra, de coraje o cobardía, de verdad o de impostura, de dignidad o de
envilecimiento, de orden o de desorden, de vergüenza o de desfachatez, de lealtad o
de traición, de sinceridad o de hipocresia.
El trabajo de educar tiene su inicio en la cuna. Con pocos días de nacido, comienza la
criatura a manifestar inclinaciones y tendencias que necesitan recibir estímulo, cuando
buenas, y represión severa e intransigente, siempre que se revelen desrazonables e
inconvenientes.
Las responsabilidades del matrimonio, durante la infancia de los hijos, son inmensas,
exigiendo de la mujer y del, esposo, para la educación de éstos, además de vigilancia
permanente, todo el valor, sacrificio y espíritu de renuncia de que fueren capaces. Esa
educación deberá ocupar el primer lugar en el interés de los padres, no substrayéndose
nunca de suministrarla.
COMPRENSIÓN Y ENTENDIMIENTO
Los padres no deben atemorizar a los hijos con gritos y amenazas, pero proceder, si,
con calma, comprensión y entendimiento, para conquistarles la confianza, la amistad
y el respeto. Um buen procedimiento educativo consiste en mantener el hábito de
entablar con ellos frecuentes conversaciones, de las cuales aprovecharán,
inteligentemente, para abordar las faltas que le hayan observado y auxiliarlos a
corregírse, indicándoles lo que deben y precisan hacer para eso.
En lo más íntimo del alma, los hijos, aunque no lo demuestren, siempre sienten
gratitud hacia los padres, desde que perciban en ellos el interés por su futuro, por su
seguridad, felicidad y bienestar.
Al castigo físico, que debe ser aplicado en casos extremos, y moderadamente, los
padres deben preferir la supresión de regalías, por un determinado lapso de tiempo.
Todavia, si la gravedad de la falta de exigiene, ese castigo solamente será propiciado
si el padre o la madre estuvieren absolutamente serenos, pues el nerviosismo y la
consecuente alteración del tono usual de la voz, no solo les substrae toda autoridad
para hacerlo, como produce en el alma de los hijos, además del sentimiento, de
rebeldía, un efecto. contrario a lo que tenían en vista los genitores.
Toda acción educativa debe tener como finalidad y fuente de inspiración el deseo
sincero de los padres de fortalecer la personalidad y el carácter de los hijos.
Reprenderlos en presencia de extraños, es del todo inconveniente, porque, además de
humillarlos al niños, los hieren en su sensibilidad.
PROCEDIMIENTO DELICTIVO
El modo de proceder de muchos padres descargando sobre los hijos la ira de que se
sienten poseídos, haciendo de ellos una válvula de escape para su nerviosismo y mal
humor, no es, apenas, una actitud errada, pero profundamente delictiva, por contribuir
para que ellos los vean como unos brutos, unos desalmados, y se tornen falsos y
desimulados, pasando a esconder las acciones (que anteriormente las practicaban en
presencia de los padres), a fin de huir del castigo.
Los consejos del padre y de la madre deben ser suministrados siempre que se hicieren
necesarios y oportunos.
La vigilancia atenta y permanente, con la finalidad de descubrir las insuficiencias del
carácter que fueren siendo reveladas, indicará el momento en que deben ser dados.
Tendencias vanidosas, impuntualidad, dejadez, negligencia, chismear, mentiras,
dscortesías, falta de respeto, incivilidad, delación, pusilanimidad, malvadez, farsa,
deslealtad y fingimiento, son índices reveladores de grandes fallas en el carácter,
exigiendo que los niños de ellas tomen conocimiento y escuchen, con la atención y
debido respeto, las amonestaciones educativas de sus padres, que deberán ser
suministradas con amor e interés, en consideraciones claras, objetivas e incisivas.
En la educación de los hijos, precisa imperar siempre - y por arriba de todo - la
sinceridad, la lealtad, la justicia y la verdad. La curiosidad natural de los pequeños
seres debe ser satisfecha, nunca por medio de artificiosas mentiras convencionales,
siempre desacreditadoras, pero con explicaciones racionales y convincentes, al
alcance del intelecto infantil.
En la obra de la naturaleza nada existe de feo o vergonzoso, cuando los límites de las
leyes naturales son respetados. Vergonzosos son los vicios, la licenciosidad, la ofensa
a las buenas costumbres y la falta de respeto y de sentido moral.
A los que se predispongan a raciocinar y a hacer buen uso de la inteligencia, no le
faltarán recursos de lenguaje para transmitir a los hijos una idea sana, relacionada con
las delicadas funciones de la existencia terrena.
CONFIANZA EN LOS PADRES
Los hijos deben habituarse a confiar en los padres, para que estos puedan orientarlos,
esclarecerlos y ayudarlos a buscar la solución para sus problemas.
Sin embargo, esa confianza dejará de existir, si los genitores no tuvieren moralidad,
decencia, comedimiento, sensatez, brio, coherencia y conducta ejemplar, en una
palabra: si no procedieren como desean que sus hijos procedan.
Control y vigilancia discretas son dos prácticas que deberán estar siempre presentes
en la acción educativa suministrada por los padres.
- “Dime con quien andas y te diré quien eres” - he ahi lo que un viejo adagio
previene. Las malas compañias son siempre perjudiciales, y la tendencia para el mal
es una realidad, tanto más, por concurrir para ella la nefasta influencia del astral
inferior, como asi también los errores acumulados en encarnaciones pretéritas.
Son incontables los desvios que se verifican por influencias de las malas compañias,
de las excesivas libertades, de las contemporizaciónes por arriba de lo razonable y de
las facilidades y concepciones aparentemente inofensivas.
Muchachos y chiquilinas, jóvenes y señoritas deben procurar en el hogar, y nunca
fuera de él, el agasajo consejero, el ambiente ameno y confortador y el refugio contra
las tentaciones y los peligros.
Aunque las transformaciones radicales no sean posibles, ni mismo en el propio
convivio del hogar, en él, entretanto, pueden ser alcanzadas grandes conquistas para
el perfeccionamiento de la personalidad. Pero cuando esto no pudiere ser conseguido,
debido a la rebeldia temperamental de ciertos espíritus encarnados, cualquier
mejoramiento deberá ser motivo de regocijo, porque esa conquista, por diminuta que
parezca, tendrá siempre su valor.
Por corresponder a una acción constructiva cuyos resultados se multiplican, de
generación en generación, nunca serán demasiados los esfuerzos consumados por los
padres en la educación de los hijos, que deberá ser fundamentada, invariablemente, en
esta importante trilogia: trabajo, honradez y disciplina.
CAPITULO XVI
FENÓMENOS FÍSICOS Y PSÍQUICOS
Los fenómenos físicos, no obstante sean clasificados de un modo diferente en relación
a los de orden psíquica, son, en esencia, ocasionados por el mismo poder, y tienen un
origen común.
Como el Universo se compone de Fuerza y Materia, tanto en las manifestaciones
físicas, como en las psíquicas, el agente es siempre uno - la Fuerza Universal presentándose de múltiples maneras.
La exteriorización de la Fuerza, ya sea obedeciendo a las leyes del plano físico, o del
psíquico, no ultrapasa los limites de la fenomenología normal, encuadrada en las
leyes naturales, y provee preciosos elementos para estudios transcendentales en la
órbita de la espiritualidad.
Los sentidos más comunes que se observan en el organismo humano - como el olfato,
vista, tacto, oído y paladar - no se originan, como muchos piensan, en el cuerpo físico,
y si en el espíritu, que los exterioriza por medio de órganos adecuados, los cuales no
funcionan sin las vibraciones espirituales y el impulso que les son transmitidos,
semejantemente al violín cujas cuerdas, para produciren sonidos, precisan ser heridas
por el violinista.
Ni todas sus facultades pueden ser manifestadas por el espíritu, durante su
encarnación. El sentido telepático, común en el plano astral, es una de ellas. Solamente cuando alcance un estado superior de evolución, tendrá la humanidad
condiciones para usar esa facultad en la Tierra.
En la situación actual del mundo, ella sería bastante peligrosa, ya que se constituiría
en una válvula de retención de las miserias humanas que precisan ser conscientemente
combatidas, y no recalcadas.
Los espíritus, en los mundos que le son propios, se entienden por los pensamientos.
En. la Tierra, perdurará, por -mucho y mucho tiempo, como forma, como manera de
exteriorizarlos, el lenguaje. articulado.
Los fenómenos psíquicos se manifiestan de acuerdo con el grado de evolución y las
peculiaridades de cada espíritu. La mediumnidad, que se expresa por varias formas,
trae al conocimiento humano inequívocas demonstraciones de esos fenómenos. Esto
porque la sensibilidad de los médiuns es más desarrollada de que en los demás seres,
lo que les permite entrar en contacto com las vibraciones del plano psíquico,
Vibraciones armónicas o que se casen y ajusten, se asocian entre si.
LIGAZÓN DE LOS DOS PLANOS
El médium es un elemento de ligazón de los dos planos - el físico y el psíquico siendo esa la razón de que casi siempre se revelan, por su intermedio, los fenómenos
psíquicos.
Cuanto más sensible sea el individuo, mayores, posibilidades tiene de captar
vibraciones. De esas vibraciones, alias, diferentes unas de las otras, el espacio está
repleto, pudiendo cada vibración captada producir una revelación o fenómeno
correspondiente.
Las retinas de los ojos humanos pueden captar las vibraciones de la luz solar, pero no
las de la luz astral, a no ser cuando interviene el médium, con su sensibilidad, a través
del fenómeno, muy conocido, de la clarividencia.
El médium de incorporación puede desdoblarse en determinadas condiciones
psíquicas - y ese fenómeno, desde que sea praticado disciplinadamente, es de gran
utilidad.
Se entiende por desdoblamiento la separación, por momentos, del espíritu y
periespíritu del cuerpo carnal del médium, sin, todavia, romper los cordones flúidos
ligados al cerebro e al corazon del desdoblado.
Lo que se da con todos, durante el sueño, ocurre con el médium de incorporación
despierto, en trabajos de desdoblamiento.
La seguridad de los instrumentos mediúmnicos, en esta acción, es guarecida por las
Fuerzas Superiores que dirigen las operaciones de Limpieza Psíquica realizadas por el
Racionalismo Cristiano.
El trabajo de las Fuerzas Superiores que astralmente supervisionan y dirigen la
Limpieza Psíquica, constituye una de las más notables realizaciones en el campo del
psiquismo, por sus benéficos resultados a favor de la humanidad.
Los que apenas se limitan a apreciar los fenómenos físicos, cerrando el raciocinio al
análisis de la fenomenología psíquica, poseen una visión muy estrecha de las cosas
espirituales. La dialética de esos seres, girando dentro de un círculo de reducidas
dimensiones, desaparece delante del vasto escenario ocupado por la ciencia psíquica.
De entre los fenómenos psiquícos, son las materializaciones, las levitaciones y los
transportes de objetos sin contacto, que más impresionan a la masa humana, ajena a
los poderes espirituales.
Algunos de esos fenómenos son producidos por espíritus chanceros del astral inferior
que, accionando invisiblemente, arrojan objetos y producen ruidos, o por individuos a
ellos aliados, que hacen mal uso de la facultad mediúmnica para obtener ventajas,
generalmente pecuniarias.
No son pocos los médiums que así proceden, en condenables prácticas, en la intención
de conquistar efectos sensacionalistas, principalmente en la prensa, y, todavía, para
atraer prosélitos, naturalmente del medio ignara en espiritualismo, representado por
individuos que andan por ahí sumergidos en la superstición y atenidos a creencias
entorpecentes, originarias de las místicas dogmáticas.
Se sabe que la materia organizada, simple, se reduce al átomo - una partícula de
ínfima dimensióne, imperceptible a la visión normal del ser.
Pero como, no obstante esa invisibilidad, su existencia es real, él ahí está
componiendo y formando, todos los cuerpos, y pasando, invisiblemente, de uno para
el otro, bajo la acción de una Fuerza, de igual modo invisible.
Es obvio que la misma Fuerza que conduce un átomo, transporta incontable número
de ellos, sin alterar el equilibrio universal. Las leyes que imperan en esta acción son
del plano astral, independientes de las que se conocen en el mundo físico.
Todos pueden sentir la actuación, en este planeta, de las fuerzas de la naturaleza, que
son parcelas de la Fuerza Total, accionando, combinada y equilibradamente, en el
concierto armónico del Universo.
No le es difícil al ser humano constatar la fuerza atómica, la fuerza interatómica, la
fuerza intermolecular, la fuerza de gravedad, la fuerza de atracción de los cuerpos, la
fuerza magnética y otras diversas fuerzas que mantienen a la Tierra en perfecto
equilibrio, en un movimiento conjugado de todos los cuerpos opacos y luminosos que
giran, incessantemente, en el espacio sideral.
Esas y otras fuerzas actúan directamente sobre el átomo, con la intensidad graduada
por la Inteligencia Universa1para mantener el Universo en condiciones de completa
estabilidad.
Esto quiere decir que cualesquiera otras fuerzas que actúen en el átomo para producir
fenómenos psiquicos, son impulsadas por el espíritu, por ser este una Partícula de la
Fuerza Total, de la cual posee poderes congéneres, no obstante limitados al estado de
evolución ya alcanzado.
FUERZA DEL PENSAMIENTO
De acuerdo con su desarrollo, cuenta el espíritu con suficiente fuerza para, por la
acción del pensamiento, modificar o alterar determinadas condiciones físicas. Los
fenómenos psíquicos - es bueno que eso quede bien claro - se realizan por la acción
del pensamiento de espíritus encarnados o desencarnados, accionando aislada o
conjuntamente.
En este caso está la levitación, solamente posible cuando la fuerza del pensamiento es
suficientemente intensificada hasta el punto de anular la fuerza de gravedad que actúa
sobre los átomos de un cuerpo.
Cuando eso acontece el cuerpo, así levitado, pasa a pairar en cualquier punto del
espacio, en obediencia a la fuerza que lo mantiene.
Una segunda fuerza, también oriunda del poder del pensamiento, puede ser aplicada
para dar movimiento direccional al cuerpo levitado.
De igual modo son operadas las materializaciones. Para que se efectúe una
materialización, hay necesidad de realízarse, simultáneamente, una desmaterialización
verificándose, en el caso, una remoción de átomos en forma flúida, dirigida, hasta
mismo, a través de obstáculos, casi todos relativamente porosos, como paredes, pisos
y techos.
En la levitación y transporte, no opera, apenas, la fuerza que se contrapone al de la
gravedad, sino también a la que genera el movimiento.
En las materializaciones, a más de esas dos, existe la que interfiere en la fuerza de
cohesion anulándola en el acto de la desmáterialización, y utilizandola, en seguida,
en la materíalización.
En tales fenómenos, como es evidente, nada existe de sobrenatural, Lo que ocurre, en
verdad, son simples manifestaciones de la Fuerza, en sus numerosas realizaciones.
Y nótese: todo lo que aqui está mencionado, con relación a los poderes, nada más
representa que una parcela ínfima de aquellos que el espíritu tendrá cuando alcance
un alto grado de evolución y pase a desarrollarse en los elevados dominios del Astral
Superior.
Por ser Fuerza y Poder, cresce él en potencial espírítual a medida que evoluciona y en
la proporción de esa evolución.
Sus pensamientos se traducen en ideales, tanto más altos, cuanto mayor fuere la
concentración de esos poderes.
CAPITULO XVII
LA MUDIUMNIDAD
Una de las facultades del espíritu humano que más reclaman atencioso y razonado
estudio, es la mediúmnica, de la cual, lamentablemente, se han ocupado muy poco las
organizaciones científicas. Es esta, sin duda, un vacío que tendrá que ser llenado con
el progresivo desarrollo espiritual de los seres humanos.
La mediumnidad, que se manifiesta de múltiples maneras - de acuerdo con el grado de
evolución de una o más de sus modalidades - es facultad innata en el espíritu de todas
las personas.
Los espíritus encarnados disponen, por lo menos, de la mediumnidad intuitiva, que
varía, regularmente, de individuo para individuo, de conformidad con el desarrollo
que vaya obteniendo, de encarnación en encarnación.
La mediumnidad siempre es útil, cuando bien aprovechada. Pero altamente
perjudicial, cuando utilizada al servicio del mal. Los buenos o los malos pensamientos
se atraen, en la razón directa de su afinidad, y su instrumento de captación es la
facultad mediúmnica.
El espacio ocupado por la atmósfera terrestre está repleto no solo de espíritus, como
asi también de pensamientos, de ahí resultando las vibraciones de dos corrientes
distintas, clasificadas como la del bien y del mal.
Todo individuo de carácter bien formado que mantenga el pensamiento ocupado en
realizaciones útiles y alimente el deseo sincero de progresar espiritualmente,
esforzándose por alcanzar ese alto objetivo, tendrá a envolverlo las corrientes del
bien, fortalecidas por la irradiación delas Fuerzas Superiores. Con esa benéfica
asistencia, el éxito es menos difícil.
De igual modo, cuando se predispone a la práctica del mal, sus vibraciones
espirituales establecen polos de atracción de las corrientes afines del astral, inferior y
pasan entonces los obsesores, valiéndose de la mediumnidad intuitíva del infeliz, a
influenciarlo, mentalmente, para llevarlo a cometer desatinos.
El hecho en si nada tiene de extraordinario: las malas intenciones, reflejadas en los
pensamientos, encuentran, en el espacio inferior, situado en la atmósfera que envuelve
al Planeta,.corrientes organizadas que a tales intenciones se yuxtaponen, por la
identidad formada entre vibraciones.de una misma naturaleza.
Los que, grandes o pequeños, ricos o pobres humildes o poderosos viven al margen de
los buenos preceptos morales; los que practican, oculta o ostensiblemente, acciones
indignas; los que traen ajustado al rostro la máscara de la bondad y esconden en el
alma las más feas villanias; los asesinos, los ladrones, los.estafadores, los inmorales,
los traidores, los desleales, los falsos, los hipócritas, los mentirosos, los valentones,
los alborotadores, los pusilánimes, los vagabundos y, en general, todos los pillos, no
pasan, sin saberlo, de seres esclavizados a las falanges obsesoras, que los tornan
instrumentos dóciles de su voluntad y los llevan a practicar las más abominables
acciones.
Esas falanges encuentran todas las facilidades en el ambiente de la vida física, en
virtud de la mediumnidad de los seres y de la corriente de apoyo que los malos
pensamientos humanos dan a los obsesores.
Por eso, es de máxima importancia que cada uno, se esfuerce por conocer el grado de
desarrolo de su facultad o facultades mediúmnicas, a fim de poder orientarse, con
acierto, en el control de los pensamientos.
Muchos locos.son médiums desarrolados que llegaron a la obsesión por el
desconocimiento de sus facultudes. La locura es, via de regla, producto de la
ignorancia de la vída fuera de la materia.
En el día en que las organizaciones científicas se despojen de preconceptos o
influencias sectarias y se dispongan a estudiar la mediumnidad, en sus varios aspectos
y peculiaridades, comprenderan la necesidad de hacerse una campaña de
esclarecimiento de la humanidad, por medio de la más ampla divulgación de los
resultados de esos estüdios, para que las personas se compenetren de que precisan
imprimir una orientación saludable a su vida, a fin de que el número de locos se
reduzca a los descuidados y a los desatentos.
MODALIDADES- MEDIÚMNICAS
No hay solamente la mediumnidad intuitiva. Otras existent y, entre ellas, la de,
incorporación, peculiares apenas, a ciertos individuos.
Se denomina mediumnidad de incorporación aquella en que la acción del espíritu
actuante es fácilmente notada sobre el cuerpo del médium. Si muchas de las
facultades mediúmnicas pueden pasar desapercibidas, lo mismo no acontece con la de
incorporación, cuya observación a nadie escapa, en el momento de la actuación.
Podrán darles otros nombres, atribuirles otras causas para justificar lo ignorado, pero
la verdad es una única, y, más temprano o más tarde, el reconocimiento de la
mediumnidad de incorporación, como facultad espiritual, habrá de imponerse, por su
evidencia, como todas las cosas palpables del planeta.
Las modalidades mediúmnicas más comunes 1que se observan en este mundo, son: la
intuitiva, la olfativa, la vidente, la auditiva, la psicográfica, la clarividente y la de
incorporación, con los correspondientes fenómenos de desdoblamiento, de
materialización, de levitación y de transporte.
La facultad mediúmnica, en sus manifestaciones, varía de individuo para individuo,
de acuerdo con su temperamento, el sistema nervioso, el sentimiento que lo anima, la
sensibilidad y el grado de evolución.
El médium de incorporación ni mismo necesita concentrarse para recibir la influencia
de los espíritus del astral inferior, pues su sensibilidad y el sistema nervioso están de
tal forma predispuestos, que le basta, para ser actuado, brutal o suavemente,
(conforme la índole de los sentimientos que animen el obsesor actuante) la acción del
pensamiento.
Entretanto, una vez concentrado con el propósito de dejarse actuar, la yuxtaposición
del espíritu actuante se hará con intensidad, sin que el instrumento mediúninico pierda
la conciencia.
Ese espíritu se sirve de la mediumnidad del instrumento de incorporación para
exteriorizar su pensamiento, dislocándose, ligeramente, de la posición normal el
espíritu del médium, en concentración, para facilitar la captación de los pensamientos
transmitidos.
La telepatia - conforme ya se esclareció en el Capítulo XVI de esta obra - es una
facultad aún no desarrollada sensiblemente en la especie humana. A pesar de eso,
algunos espíritus encarnados ya la poseen.
La mediumnidad intuitiva está íntimamente ligada a la estructura del embrionario
órgano, telepático, que es un reflejo de la sensibilidad psíquica, cuyo desarrollo, a su
tiempo, se irá revelando.
Consecuentemente, la mediumnidad intuitíva, la de incorporación y las funciones
rudimentarias del incipiente órgano telepático, completan, en acciones coordinadas y
recíprocas, una suma de tres predicados espirituales, cuyo desarrollo, cuando bajo
riguroso control, ofrece los más perfectos resultados, en la captación de pensamientos
de espiritus desencarnados o no.
En las corrientes del Astral Superior, los médiums, de un modo general, transmiten,
voluntariamente, lo que los espíritus les intuyen. Sin embargo, como no pierden el
control de si mismos, no pronuncian las inconveniencias que pudieren ser intuidas,
cuando actuados por espíritus del astral inferior.
EL MAL DE LA IGNORANCIA
En todas las camadas sociales, hay individuos que, poseen, sin saberlo, además de la
intuitiva, la mediumnidad de incorporación. Por conservarse en esa ignorancia, unos
acaban practicando el suicidio, otros desaparecen en los desastres, muchos
superpueblan los hospitales, las cárceles y penitenciarias, y gran parte de esos
individuos, con la facultad menos desarrollada, viven a provocar desórdenes, a
perderse en el juego, a diprimirse en el alcohol y arruinarse en la sensualidad,
desenfrenada.
Los espíritus desencarnados que deambulan en el astral inferior, rápidamente
identifican a los encarnados que poseen mediumnidad de incorporación, al percatarse
la facilidad con que ellos reciben sus intuiciones, lo que no ocurre con los demás.
Con eso, la persona dotada de esa facultad será fatalmente víctima de tales espíritus,
si no estuviere esclarecida y preparada para repeler su maléfico contacto. Se cuenta
por millones, en el astral inferior, los espíritus alcahuetes, intrigantes, desleales,
facciosos y amantes de discusiones que encuentran, en la mediumnidad de
incorporación, campo abierto para satisfacer los deseos malignos que alimentan y
saciar sus malas pasiones en los hogares donde la disciplina préegonada por el
Racionalismo Cristiano, no es practicada.
Es bueno no perder de vista que los afines se atraen, y cada uno se revela de acuerdo
con su modo de pensar. Quien le guste de la maledicencia, del embuste, del
chismorrear, produce pensamientos correspondientes y atrae, para junto de si,
obsesores de igual gusto.
Pero, cuando el autor de tales pensamientos es un médium de incorporación, la
situación se torna mucho más grave, por cuanto queda sujeto a recibir constantes
descargas de los afines desencarnados que lo incitan contra sus desafectos y los de los
propios obsesores.
DISCIPLINA DEL PENSAMIENTO
La disciplina del pensamiento, que es prática indispensable a todos, mucho más debe
serlo, todavía, a los médiums. Estos, no obstante estar muchas veces bien
intencionados, pueden tornarse víctimas de emboscadas del astral inferior y cometer
desatinos de graves consecuencias.
El médium precisa saber seleccionar a las personas de sus relaciones y evitar
conversaciones impropias. Las preocupaciones demasiadas y los trabajos excesivos no
son recomendables. Deben cuidarse, física y espiritualmente, para mantener, en buena
forma, su capacidad de reacción contra el desánimo y el desaliento.
El trabajo, además de constituir un fuerte estímulo para el cuerpo físico, es la más
provechosa de las distraciones para el espíritu, cuya atención debe estar
constantemente dirigida para las cosas útiles y honestas.
No hay duda de que todos tienen necesidad de descanso, reposo y recreo en las horas
propias. Entretanto, nadie jamás deberá entregarse a la ociosidad, que es siempre
perjudicial, muy particularmente tratándose de médiums.
NECESIDAD DE ESCLARECIMIENTO
La discusión constituye un fuerte imán de atracción de las fuerzas del astral inferior.
De ella nacen los desentendimientos, los disgustos y el resentimiento que tanto
contribuyen para destruír la armonía y la afectibilidad.
Los médiums, por seren muy sensibles y vibrátiles, son fácilmente propensos a
arrebatarse por lo que los otros dicen o hacen que se ajuste o choque con las
emociones de su temperamento.
De ahí la necesidad que tienen de esclarecimiento, para saber, en el ambiente en que
viven, defenderse de los golpes lanzados por las terribles fuerzas maléficas que
envuelven este mundo y tienen como punto de apoyo, los millones de médiums
ignorantes, displicentes e incautos dispersos por el planeta.
La , mediumnidad, como todas las facultades espirituales se desarrolla,
progresivamente, de encarnación en encarnación. Desde el primer grado de la
evolución en las camadas humanas más atrasadas, en los ritos salvajes, en la práctica
de la magía, comienzan cíertos individuos a desarrollar las facultades mediúmnicas,
sin preparo psíquico, sin conocimiento de los riesgos a que se exponen por la
inobservancia de la disciplina que debería acompañar tal desarrollo.
Esto explica el por qué de encontrarse el mundo repleto de personas perturbadas y
anormales, de paranoicos y desequilibrados, de obsesionados y dementes.
Quien desarrolle la mediumnidad fuera de la disciplina aconsejada, por esta Doctrina es bueno repetirlo - se expone a.todos los peligros, inclusive la obsesión.
La garantia del médium esta precisamente en saber resguardarse de la acción de las
fuerzas inferiores, para no tornarse un instrumento inconsciente al servicio de la
perversidad y de la mixtificación de esas fuerzas del mal.
Para vivir con aprovechamiento, necesita el ser humano conocerse a si mismo,
partiendo del principio básico y fundamental de que es compuesto de Fuerza y
Materia. La Fuerza es el Espíritu. La Materia, apenas el vehículo, el instrumento, el
medio del cual él se sirve para promover su evolución en la Tierra.
La Materia, no tiene facultades. Esas, que son innumerables, pertenecen todas al
espíritu, y conviene señalar que solamente pequeña parte de ellas es revelada en la
vida terrena.
La facultad mediúmnica es de las más importantes, por la influencia que ejerce en la
existencia de cada uno.
Procurar, pues, estudiarla, para conocerla a través de su complejidad y múltiples
manifestaciones, es deber que se impone a todos los seres humanos que quieren vivir
conscientemente, y no vegetar.
CAPITULO XVIII
LA OBSESIÓN
La obsesión es uno de los males de que más sufre la humanidad. Su mayor peligro
está, precisamente, en el hecho de no ser percibida, en sus aspectos menos chocantes,
por los que desconocen las verdades espiritualistas que el Racionalismo Cristiano
difunde, principalmente en la parte referente a la vida fuera de la materia.
La obsesión puede presentarse de forma sutil, amena, periódica, permanente, suave o
violenta.
En las formas sutiles y amenas, se manifiesta por manías, pavores, estrafalario, fobias,
cacoetes, excentricidades, exotismos, extravagancias, pasiones, fanatismos, cobardía,
indolencia, y por todos los excesos, como los sexuales, los de comer, los de reír o
llorar, y muchos otros.
En el capítulo XVII, que trata de la mediumnidad, quedó explicado como accionan los
espíritus obsesores sobre los individuos que los atraen con pensamientos afines.
A pesar de toda la acción deletérea que las fuerzas del astral inferior ejercen sobre la
humanidad, forzoso es reconocer que la culpa de la obsesión corresponde, en gran
parte, a las propias víctimas, por haberen, cuando sanas, alimentado los pensamientos
con que se formaron las corrientes de atracción en que se apoyaron los obsesores.
Está plenamente demonstrado en esta obra - y los hechos lo vienen confirmando,
todos los dias - que los pensamientos de perversidad, de venganza, de odio y otros
semejantes, vibran en todas las direcciones del espacio inferior, estableciendo
inmediato contacto entre quien los emite y los espíritus obsesores.
Las bajas camadas del astral inferior están, pues, ligadas, por estrecha afinidad, a las
personas mal humoradas y a las vengativas, envidiosas, irritadas y deshonestas, asi
como a todas aquellas que alimentan debilidades y vicios.
Esas personas, aún mismo cuando no aparenten estar obsesionadas, crian un clima
ambiental profundamente dañoso a si mismas y a los miembros de las famílias o
personas con quienes conviven, forzados unos y otros a participar del mismo
ambiente, sin poseer los esclarecimientos suficientes para minorar los efectos
perniciosos de la mala asistencia.
El resultado es, casi siempre, la obsesión de esas personas, en cualesquiera de las
formas, benigna o violenta.
Ni siempre el espíritu obsesor tiene conciencia del mal que produce. Él también es
víctima de los errores que cometió, cuando encarnado, por el desconocimiento de la
vida fuera de la materia.
Esa lamentable ignorancia lo hizo prisionero del ambiente atmosférico de la Tierra,
empujado por la ceguera de falsas creencias y persuadido de que nada más existe para
los que desencarnan, arriba del ilusorio medio en que pasaron a vivir..
Procura, entonces, desarrollar cualquier actividad en ese ambiente, pasando a intuír a
sus ex-parientes, amigos y conocidos, en la suposición de que practica una buena
acción o por sentir placer en esa actividad.
Esas intuiciones, siendo bien aceptadas, servende estímulo para otras, estableciendo
intensa coparticipación de los espíritus del astral inferior con los seres encarnados.
Cuando esto acontece, el camino para la obsesión está abierto
Siempre que la afinidad fuere intensa, los obsesores no se aparton de la víctima, por el
placer de permanecer donde se sienten bien. Cuando la obsesión es producida por
espíritus que fueron enemigos del obsesionado, en la Tierra, la acción perturbadora es
ejercida con mayor violencia contra él, aumentando las crisis furiosas.
INEXISTENCIA DE LA MUERTE
La concepción de la muerte resulta de un concepto de la vida completamente errado.
En la verdad, ella jamás existió. El espíritu - será necesario repetirlo? - es
imperecedero. Por eso, no muere nunca.
Deben, por lo tanto, los seres humanos esforzarse por rehacerse, lo más de prisa
posible, del choque producido por la desencarnación de parientes y amigos, para no
debilitarse espiritualmente.
Dice la sabiduría popular, con justa razón, “que lo que no tiene remedio,
remediado está”. Es perfectamente inútil permanecer alguien a lamentar una situación
pasada. La preocupación debe estar enfocada en el presente, del cual depende el
futuro.
Pensar - ya se a dicho muchas veces - es atraer. Todos los que se ligan, por el
pensamiento, a seres desencarnados, estacionados en el astral inferior, no solo los
estarán atrayendo y perturbando más, como retardando su marcha para el mundo a
que pertenecen, estimulándolos a quedarse en contacto con las cosas terrenas,
inclusive los problemas de la vida familiar, y asi concurriendo para tornarlos en
obsesores.
Conviene insistir: los espíritus que vivieron, cuando encarnados, una vida irregular,
materializada y abundante en faltas, permanecen en el astral inferior, no raro por
decenios, accionando perversamente contra los encarnados. Su preocupación es la
intuición. para el mal. Se sirven, para eso, de personas de voluntad débil, que las
utilizan como instrumentos pasivos para la ejecución de sus crímenes. De ahí los
homicidios, los suicidios y tantas otras calamidades sociales.
Esos espíritus actuán aisladamente o en falanges obsesoras, bien adiestradas, para
mejor conquistar a sus objetivos. Sus organizaciones poseen vigías atentos,
escalonados en varios lugares, prontos para dar la señal en el instante preciso y
promover la convocación de los demás obsesores, para una acción en conjunto.
Como la unión hace la fuerza, obtienen generalmente resultados malignos sobre los
encarnados desprevenidos y ajenos a sus tramas, ya obsesionándolos, ya llevándolos a
cometer desatinadas acciones, con los sentidos enteramente perturbados.
Sin esclarecimiento, no hay quien pueda huír a la influencia obsesora, ni impedir que
fuerzas externas introduzcan interferencias en sus actos y en su yo espiritual.
Solamente los esclarecidos, que tienen conciencia del valor de esas poderosas fuerzas
que se llaman voluntad y pensamiento -, son capaces de mantener alejados a los
obsesores.
CAMINOS DE LA OBSESIÓN
En varios de los capítulos de esta obra, quedó claramente indicados cuales son los
caminos que conducen a la obsesión - enfermedad psíquica producida por el mal uso
del libre albedrío, por la voluntad mal educada, por la incontinencia e inmoralidad
sexual, por el descontrol en los actos cotidianos, por el nerviosismo desenfrenado, por
los deseos insuperables, la ambición desmesurada y el temperamento voluntarioso.
Al hacer mal uso del libre albedrío, el ser humano quebranta a las leyes naturales que
establecen normas de vida correctas, seguras y apropiadas. Esa facultad asegura a
cada uno el derecho de conducirse por si mismo, con libertad e independencia de
acción, (como conviene a los seres dotados de raciocinio) pero, tornándolo
responsable por todos los actos que practique.
Con el raciocinio bien ejercitado. en la solución de los problemas que constantemente
se presentan, teniendo siempre presente el aspecto honrado de la cuestión, todos
podrán conservarse dentro de las reglas de la buena conducta, haciendo, por lo tanto,
uso adecuado de su libre albedrío.
Los que se apartan de ese camino, lo hacen porque así lo quieren, porque se han
dejado debilitar, y esa debilidad es, justamente, la que proporciona motivo para la
atracción de espíritus del astral inferior que, en mayor o menor espacio de tiempo,
acaban por producirles la obsesión.
La voluntad mal educada proviene de la indolencia, de la indiferiencia y de la
negligencia para con las cosas serias de la vida. El indolente está siempre a la espera
de que los otros hagan lo que él propio debe hacerlo. No le gustan los horários, y
siente horror a la disciplina. Enemigo del trabajo y del orden, nada hace por su
progreso.
Está situado en el plano de los parásitos. Mientras el mundo exige actividad,
dinamismo y acción, el indolente observa lo que está pasando, sin voluntad de
participar activamente en el movimiento que reclama su presencia.
Nadie puede eximirse del deber de trabajar y de procurar en el trabajo la verdadera
satisfacción de la vida. El Universo entero es una oficina de trabajo permanente,
donde todos deben ser obreros activos y deligentes.
Los que así no proceden, quedan colocados espiritualmente en un plano inferior de la
vida, no pasando de marginales, como marginales son los espíritus del astral inferior
con los cuales se asocian, por fuerza de la ley de atracción.
En la incontinencia y desórdenes sexuales, están los gérmenes del materialismo
obsesionante, cuyos pilares son la lujuria y otros vicios. Subyugado a ese estado, el
ser humano da expansión a sus instintos animalizados, proporcíonando fácil atracción
a los espíritus del astral inferior, sus afines, que concurren para obsesionarlo.
Todos los actos cotidianos precisan ser ejecutados con el mayor criterio y honestidad.
La organización social obedece a un esquema cuyos trazos principales definen la
posición que los seres humanos deben adoptar en el intercambio de las relaciones
sociales, sin perder de vista el respeto propio y el debido a su semejante.
Para ese fin, deben tener control en sus actitudes, dominio sobre si mismos y el
raciocinio en acción. El descontrol en actos y palabras, además de generar ofensas y,
muchas veces, arrepentimientos, da causa a frecuentes resentimientos que cuestan
pasar y crian antipatías y enemistades.
IRRITACIÓN, DESCONTROL Y AMBICIÓN DESMEDIDA
Los espíritus del astral inferior gustan de aprovecharse de los seres descontrolados,
irritables e irreflexivos, que no piensan antes de hablar, para divertirse con los efectos
de su actuación.
Seres descontrolados son, pues, instrumentos del astral inferior y, si no están
obsesionados, caminan hacia la obsesión.
El nerviosismo desenfrenado trae la irritación, la intolerancia, la irreflexión y la
imprudencia - mal que conduce a un deplorable estado psíquico - por lo que debe ser
combatido, inflexiblemente, por todos los medios, por ser el agente de perturbación
que más facilita la actuación de los espíritus obsesores.
El neurótico, de un modo general, cuida poco de su salud y no se esfuerza por
dominar a sus ímpetus. El resultado es caer en las mallas insidiosas del astral inferior,
siguiendo el camino desastroso de la obsesión.
Deseos insuperables son aspiraciones inalcanzables. Hay individuos con desmedida
ambición, que nunca se conforman con lo que poseen. Siempre quejosos, suponen que
merecen mas, viviendo en permanente estado de insatisfacción.
Es perfectamente racional - y hasta elogiable - que cada uno procure mejorar las
condiciones de vida y no escatime esfuerzos para alcanzar esa mejoría. Sin embargo,
eso no se consigue con desánimo y lamentaciones, que solo sirven para agravar las
situaciones difíciles y debilitar las energías espirituales.
La ambición sin límites, asociada al rebelión íntima, produce mal humor, del cual se
aprovechan los espíritus del astral inferior para actuar sobre los revoltosos,
inculcándoles en la mente los más sombríos pensamientos, capaces de llevarlos a la
obsesión y, por vía de ella, a otros males.
La ley de atracción no falla. A su imperio, todos están sujetos. El ser humano necesita
compenetrarse de la transitoriedad de las cosas que pertenecen a la Tierra. La
esclavización a los valores materiales, tan fácilmente perecibles, además de atrasar la
evolución espiritual, a causado muchos y muchos sufrimientos.
La ambición comedida es natural. La desenfrenada, una fobia, en que el egoísmo y la
egolatría influyen decididamente. Los ambiciosos y descomedidos no miran los
medios para obtener los fines: lesan, usurpan y acaparan. Les domina la idea obsesiva
de ganar rápidamente, mismo a través de maniobras extorsionistas y exorbitantes.
Para esos, no existen contemplaciones ni medios términos. Su determinación es
avanzar. Arquitectan audaces golpes, poco les importando herir los preceptos de la
moral y de la honradez.
El mundo está lleno de esos tipos, que son, en gran parte, la causa de su desequilibrio
económico. Ellos están divididos en dos gigantescos bloques: uno, en la Tierra,
especulando y accionando con enorme desembarazo y astucia, el otro, igualmente
activo y astucioso, en el astral inferior, compuesto de desencarnados que procedían en
este mundo como proceden sus actuales parceros encarnados.
Los dos bloques, íntimamente asociados, gozan de la misma voluptuosidad que
alimenta la obsesión de uno y del otro.
TEMPERAMENTO VOLUNTARIOSO
El temperamento voluntarioso refleja la personalíidad egocéntrica de los que
entienden que la razón está exclusivamente de su lado y quieren imponer a los otros
sus propias ideas.
Esos individuos están frecuentemente en choque con los demás, mismo que tales
choques no sean exteriorizados, y nada es más divertido para los espíritus del astral
inferior de que asistir a los choques humanos. Eso entusiasma a los obsesores. Como
andan siempre a la espera del momento propicio que les permita la actuación, el
individuo voluntarioso vive marcado por ellos, dandoles, a cada paso, la oportunidad
de armar un conflicto. En la falta de otra ocupación, esta, para ellos, es absorvente.
El voluntarioso se irrita, fácilmente, cuando el punto de vista ajeno no coincide con el
suyo, tornándose un fomentador de contrariedades.
No es preciso destacar lo que esa forma de obsesión - que es muy común - representa
para los seres humanos.
Insidiosamente, ella va penetrando, con lentitud, en el subconsciente, hasta tomar
cuenta de la persona. Ésta, no percibiendo el envolvimiento de que está siendo objeto,
no reacciona, no se opone, no da importancia, al mal que, por fuerza del hábito, acaba
por tornársele agradable, facilitando el dominio de los obsesores que pasan a ser más
actuantes, más violentos y difíciles de alejarlos.
Todo cuidado es poco, y solo el conocimiento de como se procesa la evolución es que
da al individuo las condiciones, los recursos, los medios para defenderse de la
obsesión. Las atracciones apasionantes son las más peligrosas, por el placer y el
impulso apetecible con que impelen a las víctimas para sus cariciosas redajes. Hasta
los esclarecidos primarios ruedan, a veces, por ese despeñadero.
CONMOCIONES MORALES Y RUMBO SEGURO
Nadie debe dejarse abatir. Hay momentos en la vida en que las conmociones morales
- algunas de gran intensidad - sacuden, impiedosamente, al espíritu humano. A éste,
sin embargo, no le faltan fuerzas para reaccionar y dominar la situación, cuando se
apoya en
el conocimiento de la vida real y en la Verdad. Son esos conocimientos sus armas y
sus escudos más fuertes porque, cuando bien manejados, conducen siempre al
triunfo.
Cuantas y cuantas veces la simple partida de un ente querido para el allende - cosa tan
natural en la vida - se traduce en desconformidad, en aflicción y ,en desespero!
Con esto, el espíritu desencarnado, no esclarecido, se aflige, sufre, procura intuír para
calmar y, como no lo consigue, acaba por tornarse obsesor, perturbando y llevando a
la locura el intuído.
El mejor procedimiento de los que quedan, para los que parten, es elevar el
pensamiento con firmeza y convicción, envolviéndolos en la ternura y en el calor de
la irradiación amiga, para auxiliarlos a romper la camada atmosférica terrestres y a
seguir para los mundos a que pertenecen.
Se empeña el Racionalismo Cristiano en ofrecer a los seres humanos un derrotero
seguro para una vida saludable y evolutiva. Es la finalidad de esta obra.
Gran parte de la humanidad es víctima de la obsesión, exactamente por descononcer
los recursos, los elementos, los medios que tiene a su alcance para evitarla o librarse
de ella.
Algunos síntomas del estado inicial de la obsesión, pueden ser observados, en los
siguientes casos:
1)
2)
3)
4)
5)
1)
7)
8)
tendencia para dar risadas sin motivo, o a pretexto de cosas fútiles;
manifestaciones de cacoetes;
voluntad de llorar, sin razón plausible;
comer exageradamente;
estar siempre con sueño;
sentir placer en la ociosidad;
exteriorización de manías;
ideas fijas;
9) hacer gracejos ridículos;
10) incomodar, persistentemente, al prójimo;
11) repetir, mecánicamente, el mismo dicho;
12) dejarse dominar por pasiones;
13) prevenciones exageradas;
14) obstinación;
15) prácticas viciosas;
16) actos de ostentación;
17) explosiones temperamentales;
18) Místificación;
19) hábito de mentir;
20) expresarse licenciosamente;
21) revelar cobardía;
22) usar palabrotas;
23) demonstrar fanatismo;
24) gesticular y hablar solito;
25) ser sistemáticamente importuno;
26) oír y ver cosas fantásticas;
27) gastar arriba de lo que debe y puede;
28) manías de sentirse enfermo;
29) descuidarse de las obligaciones en el hogar y en el trabajó;
30) abandonar los deberes caseros, ausentándose del seno de la familia;
31) vivir en un mundo distante, soñadoramente;
32) provocar o alimentar discusiones.
Cualesquiera de estas actitudes, aunque mismo cuando no constituya un estado de
anormalidad mental avanzada, predispone a la obsesión.
No es demás insistir en este punto: el lenguaje de los espíritus desencarnados, es el
pensamiento. Por el pensamiento, identifican ellos los sentimientos de las personas,
sus intenciones y tendencias, y de eso se prevalecen los obsesores para estimular, por
la intuición, los vicios y las debilidades humanas.
Por higiene mental, no se debe pensar en intrigantes, calumniadores, en los desafectos
y, en general, en las personas de malos sentimientos.
Pensar en tales seres es ligarse a su mala asistencia espiritual, recibir influencias
malignas y correr el riesgo de avasallamiento.
CAPITULO XIX
SINTESIS DE LOS PRINCIPIOS RACIONALES
Todo el Universo es regido por leyes comunes y naturales. Tales leyes, de las cuales
deriva el conocido axioma “conforme pensar el ser, así será,” son inmutables, y de
entre ellas se hace especial mención a la que regula la acción del pensamiento.
Una vez reconocida esa verdad, esto es, la importancia del pensamiento como
poderosa fuerza de atracción del bien y del mal, debe la persona, en su beneficio y en
el de aquellos con quienes convive, nortear a su vida de modo a poner en práctica los
conocimientos adquiridos.
Para eso, precisa adoptar, como reglas normativas de conducta, los principios
racionalistas cristianos que mejor se ajusten a las ocasiones, para obtener éxito en sus
emprendimientos y tener buena asistencia espiritual.
Algunos, de los más importantes, pueden ser así resumidos:
1) fortalecer la voluntad para la práctica del bien;
2) cultivar, pensamientos elevados, a favor del semejante;
3) extender, su auxilio a quien de él lo necesite, cuando los medios y la oportunidad
lo permitiren, péro, nunca contribuír para sostener la ociosidad y los vicios de
quien quiera que sea;
4) mantener el equilibrio de las emociones en el análisis de los hechos, para no
afectar la necesaria serenidad;
5) conducirse respetuosamente, en el lenguaje y en las actitudes;
6) tener consideración por el punto de vista ajeno, principalmente cuando
manifestado con sinceridad;
7) eliminar, del hábito común, la discusión acalorada;
8) no desear para los otros lo que no quiera para si;
9) combatir la maledicencia;
10) no ligarse, por el pensamiento, a personas maliciosas, perturbadas e
inconvenientes;
11) ejercer el poder de la voluntad contra la írritación;
12) adoptar, por norma disciplinaria, el hábito saludable de solamente tomar
decisiones que se inspiren en el firme propósito de hacer justicia, prodedendo,
para eso, con ponderación, serenidad y valor;
13) repeler los malos pensamientos;
14) usar de comedimiento en el hablar, vestir trabajar, dormir, alimentar;
15) no descuidarse con la pulidez y la puntualidad, por seren estas reflejos de la buena
educación;
16) imponer a las exigencias de la vida humana disciplina mental y física;
17) olvidarse de quien le haya practicado ofensas, traiciones e ingratitudes;
18) desviar, de su convivio social, aquellos que no posean envergadura moral;
19) reducir al mínimo tiempo posible, el contacto que intereses materiales lo obliguen
sostener con personas si idoneidad, olvidándolas en seguida;
20) cultivar, permanentemente, el buen humor, por medio del cual la células orgánicas
reciben influencias saludables;
21) promover, por todos los medios espirituales, la longevidad, atenta la persona al
concepto de que la salud del cuerpo depende del buen estado mental;
22) dedicarse, integralmente, a la seguridad y a la estabilidad del hogar;
23) conservar en plena forma la higiene mental y física;
24) no volver a tener entendimiento o reconciliación con seres comprobadamente
deshonestos, detractores y falsos, porque la naturaleza, no da saltos y las
modificaciones radicales no se operan en una sola encarnación;
25) purificar, al máximo, el sentimiento fraternal de la amistad para con las personas
de bien, con la finalidad de intensificar la corriente armónica en el planeta, en
beneficio de la colectividad.
Con la adopción de estos principios racionales, siempre avivados en el espíritu, no
hay quien no usufructúe un vivir relativamente ameno y rodeado de agradables
perspectivas.
Como dos son las corrientes que envuelven al planeta - una del bien y otra del mal - el
ser humano tendrá que vibrar en armonía con una o con la otra, no pudiendo quedar
neutro. Lógico es, pues, - y sensato que se muna de los preciosos requisitos que lo
mantengan ligado a la corriente del bien.
CONCLUSIÓN
Terminada la lectura de este libro, se impone una pregunta: Cómo se comportará el
lector delante de los esclarecimientos que recibió? Estará dispuesto a recapitular a sus
partes más importantes, por lo menos, para penetrar, para aprender, para sentir, aún
mejor, la vida y los principios, las leyes, los fundamentos por los cuales ella es
regida?
Habrá dado a esta obra la importancia, el valor, el aprecio que le son debidos ?
Pensará mantenerla en la mesa de cabecera, para consulta diaria, o la dejará, como
cualquier romance que haya leído, para pasar el tiempo, al olvido, en el fondo del
estante?
El mayor mal del mundo reside, precisamente, en la indiferiencia con que los
problemas serios de la vida son tratados. La mente, que tanto evoluciona con el
ejercicio constante del raciocinio, poco es solicitada por los seres humanos,
absorbidos por el hábito de aceptar, sin mayor examen, explicaciones que nada
explican a respecto de lo porqué de la vida, porque el obscurantismo religioso,
impotente para, prestar cualquier esclarecimiento serio, dicen a sus adeptos que son
MISTERIOSOS E IMPENETRABLES los decretos divinos que la regulan.
No hay en el Racionalismo Cristiano - es bueno insistir - intereses, de naturaleza
material, a proteger. Dirigentes y auxiliares de la Doctrina viven del producto de su
trabajo honrado. En ella aprenden a disciplinar la actividad material y espiritual, para
que una no vaya a colidir con la otra, y se sienten felices por poder prestar al
semejante una contribución que también recibiran, cuando tuvieran la felicidad de
entrar en contacto con el Racionalismo Cristiano.
Estarán los seres humanos en condiciones de asimilar los enseñamientos de esta
Doctrina, para ponerlos en práctica, en su vivir cotidiano? Claro que nó. La mayoría
aún no admite la vida sin protección. Un Universo regido por leyes naturales que a
nadie especialmente distinguen ni conceden privilegios o favores a quien quiera que
sea, es difícil de ser concebido por aquellos que traen grabada en la retina la imagen
mental de los dioses y santos que poblaron a su infancia, llevados por las manos de
los padres o preceptores.
Se dice que los tiempos son llegados para el despertar de la humanidad. Sin embargo
se observa una acentuada prevalencia de los valores materiales sobre los espirituales.
La juventud comienza a repeler - y con razón - la idea del cielo y del infierno, en un
Universo que la pesquisa científica se empeña en desvendar. Y al observar el logro
multisecular de que ha sido, víctima, con facilidad se deja influenciar por las
peligrosas seducciones del materialismo, corriendo el riesgo de substituír un mal
menor por uno mayor.
Podrá el lector imaginar lo que sería el mundo actual si los templos de todas las
religiones, en vez de enseñar a pedir, a rezar y adorar, suministraran a los seres
humanos los esclarecedores principios contenidos en esta obra, para una vida sana y
eficiente?
Será capaz de hacer idea de lo que significaría para la humanidad la transformación de
esos templos en escuelas de alto psiquismo?
Aprender el ser humano a confiar en si mismo, en la acción de la voluntad y en la
fuerza prodigiosa, inmensurable del pensamiento, he ahí el principal problema de la
vida!
Como se desarrollaría en él, la capacidad creadora!
Y con que espléndido material contaría para aprimoramiento de los atributos morales
y de una personalidad recta, consciente, indoblegable y viril!
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Los errores del sectarismo religioso, relacionados con la vida espiritual, tienen raíces
muy profundas, y no es fácil extirparlas.
Obsérvese para el hecho de haber ellos generado odios tan grandes entre los hombres,
que los han llevado a cometer, unos contra los otros, las más aterradoras violencias y
atrocidades.
Solamente el conocimiento de la vida espiritual y del origen común de todos los seres,
dará al hombre fuerzas para abrir nuevos horizontes en la Tierra, a través,de los cuales
la humanidad podrá encontrar los caminos que la conducirán a las soñadas paz.y
fraternidad y a la construcción de un solo mundo.
Es dirigido para el más alto interés humano, que el Racionalismo Cristiano trabaja.
Y esta obra fué escrita únicamente con ese objetivo. Ojalá estén los que la leyeren en
condiciones de absorber sus utilísimos enseñamientos.

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