Jesús llega a la comunidad - Recursos Escuela Sabática

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Jesús llega a la comunidad - Recursos Escuela Sabática
COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
III Trimestre de 2016
El papel de la iglesia en la comunidad
Lección 5
30 de julio de 2016
Jesús llega a la comunidad
Prof. Sikberto Renaldo Marks
Versículo para Memorizar: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo” (Mateo 4:23).
Introducción
En su poderoso Sermón del Monte, Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la
sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera, y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada
sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de
una caja, sino sobre el candelero, y así alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en el cielo” (Mateo 5:13-16).
Allí está la receta de cómo podemos transformar la sociedad, siendo la sal de la tierra y
la luz del mundo. Nótese que la sal debe abarcar toda la tierra, y la luz debe iluminar todo
el mundo. El territorio es el mismo: debemos llevar este evangelio a todo el mundo (Mateo 24:14).
Ayer a la noche decidí hacerme un emparedado de pan integran con manteca y tomate.
Encima del tomate acostumbre poner algo de sal. Cuando tomé el salero, sólo había un
poquito en el fondo. Salé el tomate y sobró. Para darle gusto a los alimentos sólo necesitamos muy poca sal.
Como soy ciclista, puedo dar testimonio del impacto del ejercicio sobre la salud. No hace
mucho de esto, pero se está transformando en una modalidad para la evangelización. El
ciclismo exige mucho de quien lo practica, y a veces aparecen calambres en las piernas.
Siempre llevamos consigo agua y carbohidratos, y también un recipiente con sales, o
isotónicos, que contienen un poco de sal. Eso resuelve el problema de los calambres. La
sal es algo especial, y que debe ser usado en pequeñísimas dosis. Sin ese mínimo de sal
el alimento queda sin sabor. Y sin un poco de sal, el cuerpo no funciona.
Con la luz sucede algo similar. Tengo a mi lado una pequeña linterna, que en realidad es
un llavero, con una minúscula pila y un led. A la noche genera una tenue luz, pero lo
suficientemente fuerte como para ver las cosas. Sólo a título de curiosidad, una vela
genera una luz de 14 lúmenes de intensidad. La linterna debe tener el doble de luminosiRecursos Escuela Sabática ©
dad, o más. Es pequeña, fácil de usar y de transportar. La uso cuando viajo, en lugares
extraños, a la noche. Y continuando con las curiosidades, el sol a pleno genera 100.000
lúmenes de intensidad. Lo que significa que esas linternas que venden en Internet, que
dicen tener 400.000 lúmenes, son pura mentira. Nosotros sazonamos el mundo e iluminamos toda la tierra.
Pues bien, lo que estamos queriendo decir es que un poco de sal marca la diferencia;
una pequeña luz hace la diferencia. Ante la sal, desaparece el gusto insípido; ante la luz,
huye la oscuridad. Lo más interesante es que no debemos ser demasiada sal, pero podemos aumentar la intensidad de nuestra luz. Las linternas modernas contienen dispositivos para regular la intensidad de la luz, para tener un mayor alcance, o tener mayor
foco. Así debemos ser los cristianos: iluminar con la intensidad correcta, según el momento, y dar saber al mensaje, conforme sea necesario.
La declaración de misión de Jesús
Todavía eran los inicios de la obra de Jesús. Juan ya lo había bautizado, y había regresado del desierto. A esta altura de los acontecimientos, mucha gente ya lo conocía, y se
había vuelto bastante famoso por los alrededores de Nazaret (Lucas 4:14). Aun antes de
ser bautizado, ya participaba activamente de los cultos en la sinagoga de Nazaret, pero
en esta ocasión todo fue muy diferente. Como de costumbre, se levantó para leer, y le
entregaron –providencialmente– el rollo del libro de Isaías. Entonces leyó Isaías 61, versículo 1 y versículo dos; devolvió el rollo (una pieza muy costosa, por lo que el rollo era
manejado con sumo cuidado), y se sentó para hablar (en aquél tiempo los oradores hablaban sentados, era considerado más solemne, aunque ahora se considera más solemne permanecer de pie, y también, porque es más práctico). El leyó hasta un cierto punto,
lo que está resaltado a continuación.
“El Espíritu de Dios, el Señor, está sobre mí; porque me ungió para predicar buenas
nuevas a los pobres. Me envió a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos, apertura de la cárcel. A proclamar el año de la buena
voluntad del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los enlutados” (Isaías 61:1, 2).
No leyó el resto, según lo que parece, para dejar bien en claro que había venido a salvar,
no para venganza. El día de la venganza de Jehová era el día de la expiación, cuando
debían morir todos los que no se hubieran arrepentido. Él estaba anunciando el año
aceptable del Señor, el año 50º, cuando se liberaban a los esclavos, se perdonaban las
deudas, se devolvían las tierras, cuando todo era restaurado al mejor punto posible.
Entonces no era posible, en el año aceptable del Señor, hacer todo ese bien, y –al mismo
tiempo– castigar y eliminar.
El año aceptable de Jehová era el año de la gracia de Dios, la gracia salvífica, la que se
había manifestado en la vida y el ministerio de Jesús. Él había venido a cumplir lo que se
había prometido que se haría ese año, cada medio siglo. A su vez, como contraste, el día
de la venganza era el fin del tiempo de esa gracia; en los días actuales, cuando llegarán
las plagas. Para los judíos de aquellos días, ese tiempo llegaría muy pronto; había una
profecía, la de Daniel, que había determinado para el pueblo de Israel cuatrocientos
ochenta años para arrepentirse de su reiterada rebeldía. El día de la venganza llegaría
sobre los judíos que habrían rechazado el mensaje de salvación de Jesús (Mateo 21:43,
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44; 23:36-38). Es una referencia a la destrucción de Jerusalén y del templo que allí estaba, algo que Jesús anunció en una de sus últimas declaraciones (Mateo 24).
Jesús había venido para predicar y enseñar a los mansos, restaurar a los que sufrían a
causa de los problemas de la vida, liberar a los cautivos del pecado, de las enfermedades y de la injusticia, abrir la prisión a los encarcelados, y –tal como Él finalizó haciendo–
pregonar el cumplimiento del año del jubileo. Jesús había venido para todo eso, y –de
hecho– lo hizo todo.
Pero había una promesa más en esa lectura. Jesús era el personaje al cual el texto,
proféticamente, hacía alusión. Cuando leyó la parte que seguía, se detuvo, y declaró
solemnemente: “Hoy se ha cumplido esta profecía”, u “Hoy se ha cumplido la Escritura
que acabáis de escuchar”.
A partir de ese momento, comenzó un murmullo, y luego, una confusión. “Pero cuando
Jesús anunció: ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos’, se sintieron inducidos repentinamente a pensar en sí mismos y en los asertos de quien les dirigía la palabra. Ellos, israelitas, hijos de Abrahán, habían sido representados como estando en servidumbre. Se les hablaba como a presos que debían ser librados del poder del mal; como
si habitasen en tinieblas, necesitados de la luz de la verdad. Su orgullo se ofendió, y sus
recelos se despertaron. Las palabras de Jesús indicaban que la obra que iba a hacer en
su favor era completamente diferente de lo que ellos deseaban. Tal vez iba a investigar
sus acciones con demasiado detenimiento. A pesar de su meticulosidad en las ceremonias externas, rehuían la inspección de aquellos ojos claros y escrutadores” [El Deseado
de todas las gentes, p. 204].
Posiblemente pensaron: “¿Quién se piensa que es?”. Lo conocían, era el hijo de María y
José, el carpintero. No recordaron que ese José era descendiente de David, el rey “según el corazón de Dios”. Ellos lo consideraban un carpintero, y de los buenos, no un
Mesías, ni como el que los había dirigido fuera de Egipto. ¿Cómo este carpintero, hijo de
otro carpintero (una profesión de poco prestigio) se estaba declarando igual al Mesías, el
Prometido? Por ese tiempo ya habían aparecido otros falsos mesías, y este, seguramente, era otro más, pensaron.
Pero este Hombre no era sólo un mesías más. Era el propio Dios, en forma humana. En
su bautismo, Dios había hecho una declaración que lo presentaba al mundo: “Este es mi
Hijo amado, en quien me complazco” (Mateo 3:17). Jamás se había escuchado una voz
celestial haciendo tamaña declaración acerca de un mesías falso.
Hubo una complicación más, para enfurecerlos más aún. Él quería liberarlos de sus pecados, y nada había dicho de liberarlos del yugo romano, cosa que deseaban. Ya habían
visto algunos de sus poderosos milagros, y esperaba que Él dijera algo así como: “He
venido para liberar a mi pueblo de los romanos”. Eso era lo que querían escuchar, y si
Jesús hubiera dicho algo así, en ese momento se hubiera iniciado una revuelta, no contra
Él, sino contra el imperio opresor. Se habría convertido en un líder, que los organizaría
para la lucha. Sería un poderoso guía, capaz de hacer milagros, un rey promisorio, políticamente hablando. Pero, ¿ser el Mesías que los liberara de sus pecados? En eso no
sería bienvenido.
Tal como en el pasado, debido a la dureza de sus corazones, Elías había sido enviado a
una mujer que no era judía, así como Naamán –el sirio– había sido sanado de su lepra y
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ningún judío, así, con sus duros corazones, estaban rechazando a Jesús. Lo condujeron
a la parte alta de un monte, donde había un precipicio, con la idea de arrojarlo hacia
abajo (no mucho tiempo atrás, satanás había intentado hacer lo mismo, desde el pináculo del templo). Pero Él los esquivó, pasando en medio de ellos, y se fue. Había sido rechazado por los ciudadanos de su ciudad. De hecho, tal como Él mismo lo había dicho,
ningún profeta es aceptado en su tierra. Una vez más, tal como sus antepasados, el
pueblo rechazaba a Aquél que había venido para liberarlos.
Ama a tu prójimo
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y
todo tu entendimiento, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27). Ese es el resumen
de la Ley. Por medio de Juan, Jesús fue todavía más a fondo, diciendo que amásemos a
nuestro prójimo como Él nos amó, y Él nos amó hasta el final (Juan 13:1). Hasta aquí es
fácil entender el mandamiento: hay que amar a nuestro prójimo.
Pero había una pregunta que debía ser respondida al doctor de la ley, a quien Jesús le
presentó la parábola del buen samaritano. Este le había preguntado: “¿Quién es mi prójimo?”. Y aquí surge el planteo fundamental de esta enseñanza, que todos debemos
aprender o profundizar.
¿Podría ser “prójimo” nuestro cónyuge? ¿Los hijos? ¿Tal vez los padres? ¿O, quizá, los
amigos? ¿O aquellos que nos pagan por nuestros favores? Sí, todos ellos son nuestro
prójimo, y siempre lo serán. Además, a ellos siempre le estamos, naturalmente, prestando favores, y ellos, por lo general, nos los devuelven. Por ejemplo, es común que los
amigos se inviten unos a otros a comer juntos. Son cercanos, y eso es bueno, y no debemos dejar de hacer esas cosas.
Pero hay otra cosa que no podemos dejar de hacer. Es atender las necesidades de
aquellos que no tienen a quién recurrir.
No estuve en el lugar, pero vi en la televisión, cómo ciertas personas fueron las primeras
en llegar al lugar donde se había accidentado un autobús con estudiantes, y en el que
fallecieron 18 personas. Muy atribuladas, querían hacer algo. Escuchaban heridos gimiendo, e hicieron lo que pudieron para ayudarlos y socorrerlos. Llamaron a la policía, al
sistema de defensa civil de la ciudad más cercana y pusieron sus manos para ayudar.
Eran horas de la madrugada, podrían simplemente haber pasado, para acostarse lo más
pronto posible, y no involucrarse con la desgracia ajena. Pero no, fueron personas de
bien, y ayudaron en lo que pudieron.
Otro ejemplo, pero en sentido contrario, el cual ya relaté en un estudio anterior. Una
familia quebró y perdió hasta su casa, que fue subastada, vendida a precio vil. Alguien la
compró, la reformó y la puso a la venta, por un precio bastante elevado. Y todavía no la
pudo vender. Eso es aprovecharse de la fragilidad de los demás para obtener ganancias.
Según el modo de pensar mío, y de mi esposa, no deberíamos comprar bienes en remates, en ciertos casos, especialmente cuando se desaloja a una familia de su caso. Quien
actúa de ese modo, aunque por las leyes de los hombres sea algo perfectamente legal,
está actuando de manera inmoral, y atenta contra el concepto divino de quién es el prójimo.
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Todos son nuestro prójimo, todas las personas. Podemos, a efectos de este estudio,
crear una clasificación de tres categorías de personas que constituyen nuestro prójimo:
Nuestros parientes y amigos, a los que siempre favorecemos, y de los cuales también
recibimos atenciones. Debemos actuar así. La segunda categoría son los desconocidos y
que no necesitan de nada. Ellos no necesitan de nuestros favores materiales, aunque tal
vez sí espirituales. Y la tercera categoría son los desconocidos que, de algún modo,
están pasando necesidades y a los cuales podemos ayudarlos. Estos representan el
prójimo al cual Jesús se refirió en la parábola del buen samaritano, que le contó al doctor
de la ley.
En esa parábola el sacerdote y el levita pasaron al lado del hombre judío que había sido
asaltado y herido, y nada hicieron. No era un pariente ni un conocido, aunque pertenecía
a su pueblo. Seguramente estaban apresurados, y el lugar era peligroso como para detenerse, y no querían contaminarse producto de la situación del herido, todavía tenían
que trabajar y hacer sus cosas.
El año pasado, mi esposa tenía que ser intervenida quirúrgicamente. Le extraerían el
riñón izquierdo, en el cual había un tumor, bastante grande, del tamaño de una naranja.
Sería una operación riesgosa. Ella le habló al pastor por teléfono, quería que él estuviera
en la habitación del hospital para orar e interceder por ella ante Dios. Y él le respondió:
“Nosotros ya estamos orando por ti”, y no vino. Luego fue, pero por insistencia de ella. Si
ese pastor no quiere visitar siquiera a los miembros, ¿con qué moral predica y enseña?
“Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, era la norma. Ese no es el concepto de
“prójimo”. Nuestra iglesia necesita más testimonio auténtico, y menos de artistas de púlpito, que no representan a Jesús. Necesitamos más acción, y menos formalidades inútiles.
Todos nosotros, como pueblo de Dios, debemos ser capaces de repetir, de modo eficaz,
las palabras de Jesús: “Amaos los unos a los otros así como yo os he amado” (Juan
13:34). Todos son nuestro prójimo, pero más aún aquellos de los que sabemos que están
en situación frágil.
“Dejar a un vecino sufriente sin atender a sus necesidades, equivale a abrir una brecha
en la ley de Dios... El que ama a Dios no solamente amará a sus semejantes, sino que
considerará con tierna compasión las criaturas que Dios ha hecho. Cuando el Espíritu de
Dios está en el hombre, induce a prestar alivio en lugar de producir sufrimiento... Debemos cuidar cada caso de sufrimiento, y considerarnos instrumentos de Dios para aliviar al
necesitado hasta donde nos lo permita nuestra habilidad. Debemos ser colaboradores de
Dios... Interroguémonos con corazón fervoroso: “¿Quién es mi prójimo?” Nuestro prójimo
no es meramente nuestro vecino o nuestro amigo particular; no son sencillamente los
que pertenecen a nuestra iglesia y piensan como nosotros. Nuestro prójimo es toda la
familia humana” [Manuscrito 33; citado en Hijos e hijas de Dios, p. 54].
La receta completa
El cuerpo humano no puede vivir sin sal. Actualmente, se consume demasiada sal, lo que
es perjudicial, pues genera el problema de la hipertensión arterial, lo que aumenta el
riesgo de la arterioesclerosis, de infartos cardíacos y de accidentes cerebro-vasculares
(ACV). El organismo necesita sodio para mantener el equilibrio del agua. Cuando la cantidad de sodio (sal) que ingerimos es mayor que la necesaria, el exceso producirá retención hídrica. El agua que normalmente sería eliminada, quedará retenida en el organismo, “acompañando” este sodio por el mecanismo de ósmosis, lo que genera un aumento
en el volumen de la sangre con el consiguiente acrecentamiento de la presión arterial.
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Las recomendaciones indican no exceder de los 2.4 mg de sodio por día, para un adulto
saludable. Esto es menos que una cucharadita de sal. Independientemente de este límite, cuanto menor sea la ingesta de sal, mayor será el efecto benéfico sobre la presión. El
alimento industrializado contiene mucho sodio porque la sal preserva el alimento, impidiendo el crecimiento de bacterias. Según la última investigación del Instituto Brasileño
de Geografía y Estadística, el ciudadano brasileño consume, en promedio, 12 gramos de
sodio por día, considerando la sal de mesa y el sodio obtenido de los alimentos. Este
índice es más del doble que los 5 gramos recomendados por la Organización Mundial de
la Salud (OMS), que ya es más del doble de la sal que, de hecho, necesitamos.
La iglesia de la Biblia representa alrededor del 0.26 por ciento de la población mundial,
más o menos la cantidad de sal que el alimento necesita para ser saludable. Una pequeñísima proporción de sal cambia el sabor y la calidad del alimento. Así también, un pequeñísimo grupo de personas debe cambiar la calidad de vida de las personas de este
mundo. Eso no significa que se deba aumentar la proporción de creyentes en el mundo,
sino que nuestra influencia debe ser tal como la proporción de sal en el alimento, o sea,
benéfica. No debe producir hipertensión, o sea, generar problemas como el fanatismo o
el énfasis en las reglas, tal como hicieron los antiguos judíos. Ser “sal” en exceso es
exigir más del mundo de lo que Dios exige; y ser poca “sal” es permitir que el mundo nos
influencie y nos corrompa.
Si la sal pierde su sabor original, ¿se vuelve insípida? La sal siempre será sal, y no será
afectada por el resto del alimento. Se sabe que la sal, químicamente, jamás es influenciada, siempre influirá en otros elementos. O sea, no hay ninguna sustancia que pueda
neutralizar el sabor de la sal (salinidad). Sin embargo, la sal puede ser mezclada con
sustancias que le quiten el sabor. Y hay una explicación para lo que Jesús quiso decir
sobre la sal insípida. La sal del Mar Muerto es diferente de la sal de otros mares. No es
pura, sino una mezcla con diversos minerales, convirtiéndola en una sal sin gusto, insípida. La función “sal” de un cristiano es proteger y preservar. Si perdiera de vista estos
objetivos, no sirve para nada: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su
sabor, ¿con qué será salada?” (Mateo 5:13).
“Los obreros del Señor nunca podrán ejercer demasiado cuidado para que sus acciones
no contradigan sus palabras, porque únicamente una vida consecuente puede suscitar el
respeto de los demás. Si nuestra práctica armoniza con nuestra enseñanza, nuestras
palabras ejercerán efecto; pero una piedad que no esté basada en principios concienzudos es como la sal que ha perdido su sabor. Hablar sin poner por obra lo que se dice, es
como metal que resuena y címbalo que retiñe. De nada vale que nos esforcemos por
inculcar principios que no practicamos concienzudamente” [Special Testimonies to Ministers and Workers, Nº 7, pp. 36-41 (1896); citado en Consejos sobre salud, p. 561].
El trabajo del agricultor
Dios nos dejó el método que debemos seguir en nuestra búsqueda de almas para salvar
para vida eterna. Es un método simple, como todo lo que proviene de Dios. Es simple y
lógico. En primer lugar, debemos buscar sabiduría de lo Alto, y conocimiento acerca de
nuestro Dios. Para lo cual debemos vivir en armonía con Él, tener experiencias de fe con
Él, y así crecer y ser transformados por Él.
Entonces, podemos salir y preparar el suelo, esto es, tener los primeros contactos con
los que están fuera de la iglesia. Esto se hace a través de acciones sociales: programas
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de salud, ayuda a los necesitados, y cosas afines. Después, se siembra la Palabra, es
decir, se procede a la distribución de folletos y otros materiales, se hacen series de conferencias, estudios bíblicos, junto a los programas sociales. Entonces se riega la tierra,
esto es, se continúan los estudios a fin de que las personas maduren y adquieran el
conocimiento suficiente como para ser ciudadanas del reino de Dios. Paralelamente a
esto, se debe orar, todo el tiempo, para que el Espíritu Santo nos capacite y nos califique
para que Él actúe junto a las personas a las que nos estamos acercando. La decisión de
esas personas jamás debe ser hecha bajo presión, sino por el ejercicio de su libre albedrío, cuando sientan el llamado de Dios. Generalmente se hacen fuertes, dramáticos y
largos llamados para que las personas se entreguen a Dios, pero Jesús jamás actuó de
ese modo.
Tal como la lección lo deja entrever, nuestra práctica siempre ha sido ir directo a la cosecha, o sea, apelar al bautismo. Hay casos en los que se han dado tres estudios, por lo
que la persona no conoce demasiado, y ya son bautizadas. Y esto se deriva de la obsesión por los blancos de bautismos. Sobre estos blancos, la sierva del Señor, inspirada
por Él, tiene algo para decir:
“Nuestros hermanos en el ministerio están fallando definidamente en hacer su obra según los métodos establecidos por el Señor. Fallan en presentar a cada hombre perfecto
en Cristo Jesús. No han obtenido experiencia espiritual mediante la comunión personal
con Dios, ni un verdadero conocimiento de lo que constituye el carácter cristiano; por lo
tanto muchas personas son bautizadas sin estar en condición de recibir este rito sagrado,
porque aún están unidas al yo y al mundo. No han visto a Cristo ni lo han recibido por fe”
[The Review and Herald, 4 de febrero de 1890, citado en El evangelismo, p. 234].
“Un punto débil de nuestra evangelización. La llegada de miembros que no han sido
renovados en su corazón y reformados en su vida, es una fuente de debilidad para la
iglesia. Este hecho se ignora a menudo. Algunos pastores e iglesias están tan deseosos
de obtener un aumento del número que no presentan un testimonio fiel contra los hábitos
y prácticas no cristianos. A los que aceptan la verdad no se les enseña que no pueden
ser mundanos en su conducta mientras son cristianos de nombre, y estar seguros. Hasta
aquí han sido súbditos de Satanás. De aquí en adelante han de ser súbditos de Cristo.
La vida debe dar testimonio de que han cambiado de guía.
“La opinión pública favorece una profesión del cristianismo. Se requiere poca abnegación
o sacrificio para adoptar una forma de piedad y para tener el nombre inscripto en el libro
de la iglesia. Por lo tanto, muchos se unen a la iglesia sin llegar a estar previamente
unidos con Cristo. En esto triunfa Satanás. Tales conversos son sus agentes más eficaces. Sirven como señuelo para otras almas. Son falsas luces, y tientan a los incautos
induciéndolos a la perdición. Es en vano que los hombres traten de hacer la senda del
cristiano amplia y agradable para los mundanos. Dios no ha alisado ni ensanchado el
camino angosto y escarpado. Si hemos de entrar en la vida, debemos seguir la misma
senda que Jesús y sus discípulos recorrieron: la senda de la humildad, de la abnegación
y del sacrificio” [Testimonies for the Church, tomo 5, p. 172 (1882); citado en El evangelismo, p. 235].
“Al Señor le agradaría más tener seis personas verdaderamente convertidas a la verdad
como resultado de sus labores, que tener sesenta que hacen una profesión nominal y
que sin embargo, no están cabalmente convertidas. Estos ministros deberían dedicar
menos tiempo a la predicación de sermones y deberían reservar una parte de sus enerRecursos Escuela Sabática ©
gías para visitar a las personas interesadas y orar con ellas, instruyéndolas en la piedad
‘a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre’ (Colosenses 1:28)” [Testimonies for the Church, tomo 4, p. 317 (1879); citado en El evangelismo, p. 235].
En cierta ocasión le dimos estudios bíblicos a una familia, y nada resulto de ello. Obviamente, mi esposa y yo quedamos algo desilusionados. Durante los estudios, una vecina
analfabeta presenció dos o tres de esos estudios, y después se mudó a otra ciudad.
Unos dos años después, supimos que esa vecina había sido bautizada. Le habían gustado los estudios, y en la otra ciudad buscó la iglesia para continuar estudiando. Unos
plantan, otros riegan, y otros cosechan. Lo que importa es que las personas sean “cosechadas” después de haber recibido en el corazón a Jesús, y ser transformadas por el
poder del Espíritu Santo.
Plantación de iglesias
“Sólo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía
a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: ‘Seguidme’” [El ministerio de curación, p. 102].
En una palabra, lo que la cita anterior dice es: “Interacción”. El secreto para conquistar es
interactuar con las personas, y esa interacción debe tener algo que ver con lo que ellas
necesiten. ¿Y qué es lo que las personas hoy más necesitan? Cosas tales como salud,
una familia bien constituida y feliz, paz interior, la sensación de un futuro promisorio, la
liberación de la angustia y el estrés, la comprensión de lo que sucede en el mundo, adelgazar, ser libre de vicios, tener buenos hábitos de vida, educación de los hijos, relación
buena con los compañeros de trabajo, triunfar en la vida profesional y privada (ser exitoso en la vida), y muchas otras cosas más. Quien ofrezca soluciones para los problemas
existentes en la sociedad, serán tenido en cuenta, y conquistará confiabilidad.
Una de las cosas más necesarias hoy es la de buenos hábitos de vida y de salud. “Ningún maestro de la verdad debería pensar que su educación está completa hasta tanto
haya estudiado los principios que rigen la salud y que haya aprendido la influencia de las
prácticas correctas sobre la vida espiritual. Debería estar calificado para hablar a la gente
con un buen conocimiento del tema acerca de estas cosas, y para dar un ejemplo que dé
fuerzas a sus palabras. La enseñanza de hábitos correctos forma parte de la obra del
ministro evangélico, y el ministro encontrará muchas oportunidades para instruir a las
personas con quienes se relaciona” [Carta 19, 1892, citada en El evangelismo, p. 322].
“He sido informada por parte de mi guía que aquellos que creen la verdad, no solamente
deben practicar la reforma pro salud, sino que deben enseñarla diligentemente a otros;
porque será un agente por cuyo intermedio la verdad puede ser presentada a la atención
de los no creyentes” [Carta 1, 1875; citada en El evangelismo, p. 375]. “En todas partes
hay enfermos, y los que van como obreros de Cristo debieran ser verdaderos reformadores en pro de la salud, y debieran estar preparados para administrar a los enfermos los
tratamientos sencillos que los aliviarán; después de esto pueden orar con ellos” [Medical
Ministry, p. 320 (1911); citado en El evangelismo, p. 376]. “El Señor ha ordenado que
juntamente con los que predican la Palabra estén asociados sus obreros misioneros
médicos—médicos y enfermeras cristianos, que han recibido adiestramiento especial en
la curación de las enfermedades y en la obra de ganar almas” [Consejos para los maestros, p. 453].
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“La reforma pro salud, según me fue mostrado, es una parte del mensaje del tercer ángel, y se halla tan estrechamente relacionada con él como el brazo y la mano lo están
con el cuerpo. Vi que como pueblo debemos hacer progresos en esta gran obra. Los
ministros y los miembros de la iglesia deben actuar de concierto. Los hijos de Dios no
están preparados para el fuerte clamor del tercer ángel. Tienen una obra que realizar en
favor de sí mismos que no pueden dejar que Dios haga en lugar de ellos. Él les ha dejado esta obra a ellos para que la hagan. Es una obra individual; una persona no puede
hacerla por otra” [Testimonies for the Church; tomo 1, p. 486 (1867); citado en Consejos
sobre el régimen alimenticio, p. 87].
Resumen y aplicación del estudio
I.
Síntesis de los principales puntos de la lección
1. Tema transversal (Enfoque principal, estableciendo –siempre que se pueda– un
vínculo con los temas diarios).
Cada estudioso de la lección podrá encontrar otro tema transversal. El tema que
sugiero es: Como la sal, que en pequeñas cantidades puede sazonar todo, debemos influenciar la sociedad global hacia los buenos principios de vida de la Biblia.
Nosotros debemos ser ejemplos de vida práctica para todo el mundo. Cada
miembro debe ser un buen ejemplo, de que a través de su vida cotidiana sigue
esos principios. Y como iglesia, como cuerpo, la receta es la misma.
2. Aplicación contextual y problematización (aplicaciones posibles hacia temas
cristianos actuales, e identificación de problemas que tenemos que enfrentar, así
como indicadores para su solución).
Como situaciones problemáticas a enfrentar, en esta semana veo dos cosas. En
primer lugar, ¿cómo penetrar en el ámbito espiritual sin ofender, disgustar, o apartar
a la gente cuyo modo de pensar es diferente del nuestro? Y, en segundo lugar,
¿cómo evitar la obsesión por los blancos de bautismo, sin dejar de preocuparse por
la salvación de las personas? A tal punto llega esta obsesión que los catecúmenos
ya ni siquiera son presentados ante la consideración de las juntas de las iglesias. Al
menos por lo que sé y veo, paralelamente, se da una considerable fuga de los recién bautizados. “Es la gracia de Cristo la que da vida al alma. Fuera de Cristo, el
bautismo, como cualquier otro rito, es una forma sin valor. ‘El que es incrédulo al Hijo, no verá la vida’ (Juan 3:36)” [El Deseado de todas las gentes, p. 15].
II. Informe profético vinculado con la Lección.
Las iglesias, afuera en el mundo, se están movilizando, y de manera organizada, a
través de la iniciativa del ecumenismo, y otras formas de unión de las iglesias, para
fortalecer el falso reavivamiento. Parece que estamos ingresando en una segunda fase del poder del demonio.
III. Comentario de Elena G. de White
“Hemos de advertir a los hombres y las mujeres en contra de la adoración de la bestia
y de su imagen, contra la adoración del ídolo dominical. Pero al hacer esta labor, no
debemos iniciar una guerra en contra de los incrédulos. Debemos presentar la PalaRecursos Escuela Sabática ©
bra del Señor, en toda su dignidad y pureza, ante las mentes de quienes o son ignorantes o indiferentes en relación a sus enseñanzas... No necesitamos decirles que
irán al infierno a menos que observen el sábado del cuarto mandamiento. La verdad,
acompañada por el poder del Espíritu Santo, convencerá y convertirá los corazones”
[Manuscrito 110, 1904; citado en Cristo triunfante, p. 180].
IV. Conclusión
Nuestra obra debe ser consciente con respecto al tipo de resultado que debemos alcanzar. Nuestro objetivo no es bautizar, sino salvar, que es algo que va mucho más
allá del bautismo. Aunque muchos no lo admitan, o se pongan nerviosos, cuando alguien toca este tema, el hecho es que las campañas apresuradas por bautismos resultan en decepción, tanto para los miembros como para los bautizados. Luego de
una campaña de éstas, de diez días de duración, en la que se bautizaron más de cien
personas, en unos meses ya ninguno asistía a la iglesia. Tenemos que debatir en la
iglesia esta clase de evangelismo. Pedro, cuando predicó su sermón luego de recibir
el don de lenguas, llevó a tres mil personas al bautismo. Pero allí había dos diferencias importantes con lo que ahora sucede: aquellas personas eran judías de la dispersión que habían venido a adorar en Jerusalén. Eran judíos que conocían todo,
menos a Jesús, y sólo les faltaba eso para aceptar al Salvador. Así ocurrió en el caso
del eunuco etíope que fue bautizado por Felipe, y que volvía de adorar en Jerusalén.
Es evidente que hay casos y casos, pero cada uno debe ser considerado debidamente, para no jugar con la salvación y la vida eterna.
Prof. Sikberto R. Marks
Traducción:
Rolando Chuquimia
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