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¡¡Gaviotas en Bolivia!!
Por Adalid Contreras Baspineiro
Sociólogo y comunicólogo boliviano, es Director General de la Comunidad Andina
Artículo publicado en los diarios La Razón de Bolivia (10.10.2007) El Universo de
Ecuador (11.10.2007)
Parecen más los años transcurridos y en realidad no ha pasado tanto tiempo, talvez
quince o a lo sumo veinte años. Solíamos refugiarnos en sus nieves eternas los días de
las clases de matemáticas, para en ausencia de esquís, deslizarnos en bateas de
hojalata por el tobogán de hielo que concluía en una caricia de nieve regalada por el
Chacaltaya, el nevado que hizo acuñar el concepto del andinismo.
Chacaltaya atraía turistas por el sólo desafío de posarse en la pista de esquí más alta
del mundo. Tenía un paisaje mágico que resumía la hermosa diversidad de la
naturaleza. Por el norte la cadena de nevados de la cordillera real de Los Andes; al
oeste, inagotable, el lago Titicaca; al este la entrada a la selva amazónica; y a los pies,
la ciudad de La Paz. Los cóndores cielo arriba y las gaviotas andinas sobrevolando el
techo urbano, completaban una vista de ensueño.
Hoy por hoy el Chacaltaya ya no es más la montaña de las nieves eternas. Por no
mirar más allá del horizonte de nuestros intereses, no nos dimos cuenta que los 223
Km2 que abarcaba la superficie del glacial en los años 70 se redujo a tan sólo 48 el
2001, y a menos del 25% de su superficie helada el 2005. Ahora son apenas pequeños
y dispersos los fragmentos de hielo que como espejos rotos anuncian que los cóndores
y las gaviotas andinas están migrando porque las nieves han abandonado su regazo, o
más bien, porque la codicia humana le ha quitado su manto blanco.
Este testimonio es apenas un lunar en un proceso que advierte que los desastres
ocasionados en la naturaleza no son casuales ni aislados. Pasa que los gases de efecto
invernadero, entre ellos principalmente el dióxido de carbono (CO2) que se origina en
el consumo de energía a base de combustibles fósiles y la destrucción de los bosques,
están concentrándose cada vez más en la atmósfera y con ello provocan que la
temperatura promedio de la Tierra se incremente peligrosamente. Tan delicada es la
situación, que en los últimos cien años el calentamiento ha aumentado en la misma
proporción que en los anteriores mil trescientos. ¡Una calamidad!
Sólo así uno se puede explicar que cada década que pasa los glaciares del Ártico se
reducen en un 2.7% desde 1970 y que los mares están creciendo progresivamente.
Con este ritmo, resulta que ahora la extensión de los glaciares equivale apenas a tres
tercios de lo que fueron, y por si fuera poco, ¡el calentamiento va en aumento!. ¿Sabía
usted que al ritmo que vamos las temperaturas promedio subirán de dos a seis grados
centígrados hasta fines de siglo, y se enteró que la última vez que la Tierra estuvo un
grado centígrado más alto que hoy el nivel de los mares subió en seis metros?
La Tierra se ha acomodado a este ritmo, o mejor dicho, la hemos obligado a reaccionar
así ante nuestra arremetida (in)humana a título primero de civilización, luego de
progreso y ahora de desarrollo como crecimiento económico.
¿Nos estaremos dando cuenta de nuestra parte de responsabilidad en este calamitoso
decurso de la vida en el planeta? , ¿estamos concientes que dado que la Tierra ya no
soporta la presión, son los mares en sus aguas más profundas los que están
soportando el calor?, ¿nos hemos puesto a pensar en qué es lo que va a pasar cuando
el exceso de calor ya no pueda ser absorbido por los mares?, ¿cuántos Chacaltayas
más vamos a seguir perdiendo y a dónde van a migrar las gaviotas?

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