27 Griffa, M[1].Eugenia - literatura

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27 Griffa, M[1].Eugenia - literatura
Repensando el rol humano en la destrucción del mundo no humano: la batalla
entre el individuo y los constructos sociales
Griffa María Eugenia
Facultad de Lenguas- UNC.
RESUMEN
En el marco del activismo característico de la contracultura estadounidense y en la tradición de
Whitman, Thoreau y Emerson, The Monkey Wrench Gang de Edward Abbey nos enfrenta como
lectores a un mundo en el que no se admiten claudicaciones a la hora de defender el medio
ambiente. Esta ponencia pretende mostrar las tensiones entre un gobierno (constructo humano
incontrolable en su obsesión por controlar) y el ciudadano / individuo que lucha por la
valorización de sus ideales de libertad y autodeterminación. La denuncia sobre la destrucción de
los espacios naturales y el llamado a la acción colectiva para la preservación de lo no humano
como elemento insustituible del orden cósmico son valores que Abbey nos urge no sólo a no
olvidar sino también a repensar si deseamos como seres humanos un mundo más inclusivo y
pleno.
“Resistir mucho, obedecer poco”
Walt Whitman
Introducción
Walt Whitman, el poeta norteamericano que por excelencia exalta e inspira al
individualismo parece haber sido una de las fuentes de inspiración para que el escritor-ensayista
estadounidense Edward Abbey fundara no sólo su producción artística sino también su ecovisión de la vida. Obedecer a los dictados de nuestro espíritu y reaccionar ante los designios del
Estado deben ser, para el individuo de conciencia, una forma de vida. Hay que evitar la parálisis
que producen la indolencia y el desinterés para tomar las riendas en un ambiente impregnado de
intereses que atentan contra los derechos individuales. Estas ideas nos expresa Abbey en su
clásica novela The Monkey Wrench Gang, publicada por primera vez en 1975 y considerada,
tanto en aquella época como en nuestros días como una invitación a un rol activo de
participación del individuo en la sociedad.
La generación de una conciencia social con principios éticos de conservación de la tierra
tomó durante la década del setenta la forma de ataque contra lo que se consideraba “enemigo”:
las esferas de lo militar, lo político y lo tecnológico. Una “ética de la tierra” con características
de compromiso ante las decisiones que afectarían a la misma y sus pobladores se construía en
esos años con ayuda de la pasión de los defensores del medio ambiente. Parecía que los
constructos culturales humanos se abalanzaban sobre lo natural para irremediablemente
modificarlo o destruirlo. Las fuerzas de la tecnología, a través de sus brazos políticos y militares,
iban ganando terreno en la destrucción de lo no humano y fue a través de textos como el que se
analizará en este trabajo que se intentó la creación de una nueva forma de considerar el papel
humano en esta desigual lucha por la supervivencia de la naturaleza y todo lo que ésta implica.
Ecovisiones
1
Edward Abbey entendía el rol de escritor como el de crítico de la sociedad y su cultura,
como crítico del estado y de la creciente industrialización moderna. Consideraba su obligación
moral la de dar voz a los que no la tienen. Su intención era ir más allá de la descripción y la
clasificación de lo natural. Decía Abbey en su famosa obra Desert Solitaire, publicada en 1968:
“No es suficiente con entender a la naturaleza, lo que hay que hacer es salvarla.”(12). Este
personaje radical argumentó a favor de la preservación de lo natural a través de la utilización de
una retórica de furia, con la que pretendía promover un activismo político caracterizado por la
encendida defensa de la naturaleza y del mundo no humano en el aparentemente adormecido
pueblo norteamericano. Entre la ironía y la intención de vocear sus ideales decía Abbey también
en el libro anteriormente citado: “Nos vemos obligados, por lo tanto, a propagar la noticia, por
más dolorosa y amarga que les parezca a algunos, que todos los seres vivos en el planeta están
emparentados” (21). Quería la concientización que permitiera la preservación de la tierra y el
equilibrio de las relaciones naturales dentro del medio ambiente y sabía de la necesidad de la
lucha en la puja de intereses que esto traería aparejado.
En consonancia con el concepto que define a lo cultural como la raíz de la crisis ecológica,
el escritor estadounidense nos cuenta, con su ruda e iconoclasta voz narrativa, que la “máquina
en el jardín” – representación de la unión entre la tecnología moderna, el estado y la ambición
monetaria desmedida, obstinados en destruir el medio ambiente – lo hace presagiar un mundo
futuro distópico donde lo natural ha desaparecido y el ser humano está perdido y en constante
amenaza de destrucción (Scheese, 315 – 311). Así lo expresa más que claramente en Desert
Solitaire:
Hay en la conjunción de los grandes negocios, lo militar y la tecnología de avanzada
algo que incita a mis más paranoicas pesadillas, visiones de un superestado
tecnológico,…, las cámaras de tortura de los laboratorios de IBM, la absoluta tiranía
global computarizada del siglo veintiuno. (181)
Edward Abbey confiesa en una introducción a una edición de Walden de Henry David
Thoreau que las ideas de este escritor lo han perseguido casi toda su vida. Como éste lo hiciera
en su famoso ensayo “Desobediencia Civil”, Abbey convoca al ciudadano a pelear contra el
estado haciendo de su vida “una fuerza de fricción que vaya en contra de la máquina” para
evitar que el mismo tome total control de uno de los derechos individuales más básicos del ser
humano: vivir en armonía con el mundo natural del cual forma parte.
Como Ralph Waldo Emerson lo expresara en su ensayo Nature, hay una relación entre el
ser humano y lo vegetal que proviene de un mismo origen, que hace que las expresiones de la
naturaleza le sean conocidas y las sienta parte de él, y que sienta que la naturaleza podrá
solucionar todo lo desgraciado que le suceda en la vida. Es la unión entre lo humano y lo no
humano en un mismo todo desde el tiempo inmemorial de lo que se está hablando. Y es esto
precisamente lo que a los ojos de Edward Abbey está siendo sistemáticamente aniquilado en su
amada tierra, más precisamente en su adorado Sudoeste norteamericano. Por eso propone,
siguiendo las enseñanzas de su admirado Thoreau, el activismo de resistencia. Los textos de
Abbey son revolucionarios y subversivos, buscan la rebelión e incitan a cometer actos ilegales
contra el estado: estas características de su narrativa la hacen única en su género. Como lo
expresara Thoreau en “Desobediencia Civil”: “Es mejor cultivar el respeto al derecho que el
respeto a la ley,… todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, a la resistencia a un
gobierno cuando su tiranía o ineficiencia son…insoportables.”
2
Denuncia y acción
“Los sentimientos que no conducen a la acción son la ruina del alma” decía Edward
Abbey. Y la novela The Monkey Wrench Gang parece ser un ejemplo de su coherencia. En ella
el autor nos muestra qué puede suceder cuando los individuos deciden accionar para protestar
contra lo que consideran injusto, cuando abandonan la complaciente queja y hacen algo al
respecto: pasan de los sentimientos a la acción para lograr sus objetivos. Un clásico de culto, esta
obra conjuga humor negro y ácido con momentos francamente hilarantes, un relato basado en
hechos reales con una potente caracterización de personajes. Inspirado en gente que él conocía
personalmente y con la intención de exponer la destrucción desvergonzada de las tierras en los
estados de Utah, Arizona, Colorado y Nuevo Méjico, el texto grita su ira ante el lector y lo invita
a defender lo que es suyo por derecho propio.
Un grupo de antihéroes pueblan la novela: George Washington Hayduke, el veterano de
Vietnam con pasión por el aire libre, la bebida, las bombas y un furioso odio hacia los
desarrollistas; Seldom Seen Smith, el guía mormón que vive en una hacienda y tiene tres
esposas; Bonnie Abbzug, la atractiva judía del Bronx y Doc Sarvis, el médico de Albuquerque
que se dedica a quemar carteles publicitarios en las rutas en su tiempo libre. Esta pandilla de
ecodefensores y anarquistas - “La Banda de la Llave Inglesa” - viven divertidas y peligrosas
aventuras mientras acosan a conglomerados madereros y a plantas eléctricas. Alternando con sus
actividades diarias, como la práctica de la medicina o las visitas guiadas, este grupo de
saboteadores vierten jarabe de glucosa dentro de los tanques de nafta de las topadoras, cortan
alambrados de púa que cercan espacios naturales prontos a desaparecer y tratan de volar un tren
de transporte de carbón: hacen del sabotaje su particular forma de protesta. La narración de sus
intentos, éxitos y fracasos, y de las persecuciones de las que son objeto compone la trama de la
obra. Al grito de “mantengamos todo como era”, estos personajes y sus idas y venidas son los
instrumentos del autor para descargar su enojo ante un estado que él siente traiciona a sus
habitantes, robándoles sus derechos más inalienables en pos de negociados entre grandes
poderes.
Al principio de la novela asistimos a las consecuencias de la construcción de un puente
sobre Glen Canyon en Utah-Arizona. Todo está listo para la ceremonia inaugural: los discursos
oficiales, el puente decorado con banderines, largas filas de automóviles donde la gente
acalorada y aburrida espera que se corte la cinta para oficialmente recorrer el puente que ya hace
seis meses todo el mundo usa. Sofocado por esta atmósfera en la que sólo los humanos parecen
prosperar, Abbey nos describe al río que una vez fue poderoso como ahogado por las
construcciones humanas y por el irrefrenable deseo humano de invasión destructiva:
…en el fondo del cañón está el manso y domesticado Río Colorado, …antiguamente
de un color rojo-dorado, como lo dice su nombre, el río en la actualidad corre frío,
claro y verde, del color del agua del glaciar.
…………………………………………………………………
Lo que una vez fue un imponente río. Ahora un fantasma. (2)
El río es ahora un pálido reflejo de lo que antes fue; los espíritus de las garzas y los
castores merodean el lugar y en el seco delta se puede percibir el aleteo de los pelícanos y las
gaviotas que otrora moraban allí. El retrato de una muerte.
3
A la imagen de este río derrotado el escritor contrapone la del masivo dique, el Dique de
Glen Canyon. Paredes de concreto, mudas e implacables; asfalto, rejas y luces de seguridad
completan la foto de este monumento a la tecnología humana que insiste en cambiar la cara del
paisaje. Construido en 1962, a sesenta millas del Gran Cañón, este dique fue construido para
proveer a las ciudades de Los Angeles, Las Vegas y Phoenix con electricidad a bajo costo. Su
construcción destruyó un ecosistema en su totalidad: desaparecieron bosques y matorrales,
guaridas y nidos, antiguos emplazamientos arqueológicos. El texto nos informa:
El dique llamaba la atención. Era una magnífica masa de cemento. Estadísticas: 792
mil toneladas de concreto, un costo de 750 millones de dólares y las vidas de dieciséis
trabajadores. Cuatro años de construcción, contratista principal Morrison-Knudsen,
patrocinado por el Departamento de Reclamos estadounidense, cortesía de los
contribuyentes de los Estados Unidos. (32)
Los terroríficos planes del gobierno son develados por Doc Sarvis cuando le cuenta a su
amiga Bonnie cómo son las cosas realmente, en un intento por desenmascarar lo que le está
pasando a los espacios naturales de su país y nadie parece molestarse en notar:
¿Sabías que un consorcio de compañías productoras de electricidad y agencias del
gobierno están conspirando para abrir más minas y construir aún más usinas eléctricas
en la misma área desde donde viene toda esa mugre? ¿Junto a más rutas, líneas férreas,
líneas de cables de alta tensión y ductos? Todo esto en lo que fue alguna vez un área
semi-virgen y es aún el paisaje más espectacular en todos los malditos estados
contiguos? ¿Sabías eso?
¿Sabías que otras compañías y las mismas agencias federales están planeando cosas
aún más grandes para el área de Wyoming –Montana? ¿Minas aún más inmensas que
las que devastaron la región de los Apalaches? ¿Has pensado en las armas nucleares?
¿En los reactores? ¿En el estroncio o el plutonio?… ¿Eres consciente de lo que las
grandes industrias madereras le están haciendo a nuestros bosques nacionales? ¿Los
guardaparques a nuestra vida salvaje? ¿Te das cuenta de lo que los desarrollistas están
haciendo en lo que queda de nuestros espacios abiertos? (51-52)
Esta severa denuncia en las palabras de Doc es además un reproche a la pasividad del
individuo que permite que un bien común sea utilizado para obtener ganancias sin tener en
cuenta las consecuencias. Se enfatiza la idea de que lo natural que se está destruyendo es
propiedad de todos y no se está haciendo nada para defenderlo. Es aún más irónico si se va más
allá y se entiende que el destino de muerte y devastación que ahora enfrenta lo natural tiene
exactamente las mismas características de un no tan lejano idéntico destino para la especie
humana. El frenético y desesperado intento del doctor para que Bonnie tome conciencia de esta
situación se extiende a un intento de lograr lo mismo en el lector. Es un llamado a la acción.
Todos somos Bonnie, escuchando a Doc contarnos lo que ya sabemos y tratamos de olvidar.
No sólo Doc Sarvis es pasional cuando se trata de hacer algo para cambiar la situación.
En una de las más sarcásticas y conmovedoras escenas de la novela, el religioso Seldom Seen
Smith visita el Parque Nacional donde está el dique de Glen Canyon y allí, rodeado de turistas
que toman fotos y estrechamente vigilado por la guardaparque, decide rezar para pedirle a Dios
una pequeña ayuda para lograr que el lugar vuelva a ser lo que antes era. Después de recordarle a
Dios el color de las correntadas del río; los ciervos, las garzas y las cataratas que solían
embellecer el lugar, le pide en una plegaria que provoque justo en ese momento un pequeño
terremoto que ayude a que toda esa infernal paranoia humana desaparezca. No logra su
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cometido, por supuesto, pero se aleja pensando que en algún momento Dios lo escuchará. El
hombre común estadounidense de rodillas pidiéndole al Ser Supremo ayuda para dar batalla al
estado es una imagen difícil de olvidar.
En el capítulo titulado “La Conspiración de Wooden Shoe”, escuchamos a los personajes
planear sus actividades de sabotaje y nos enteramos de que es este dique el objetivo final de este
grupo de activistas que personifican la voz de Edward Abbey diciéndoles a sus compatriotas que
es hora de hacer algo más que escribir panfletos o mirar para otro lado:
“Ustedes saben lo que deberíamos hacer”, dijo el doctor. “Deberíamos volar ese dique
en pedazos”.
“Eso no es legal”, Smith dijo.
…
“Tú rezaste con malas intenciones.”
…
“Con intenciones de hacer daño y destruir propiedad del gobierno.”
“Es verdad, Doc.”
“Eso es un delito grave.”
“¿No es sólo un delito menor?”
…
“¿Cómo volamos el dique?”, dijo Hayduke.
“¿Cuál dique?”
“Cualquiera.”
“Ahora sí nos entendemos”, Smith dijo. “Pero primero el dique de Glen Canyon. Exijo
que ése sea el primero.”
“Puedo hacer desaparecer un puente por ustedes” Hayduke dijo, “si me consiguen
dinamita suficiente. Pero no estoy seguro de qué hacer con el dique. Necesitaríamos
una bomba atómica”
…
“Esperen!”, dijo Doc… “Quién sabe qué oídos hay en estas sombras.”
…
“Quién puede estar seguro? El Estado puede tener sus sensores por todas partes”
“No”, dijo Hayduke. “Ellos todavía no están poniendo micrófonos por aquí. No
todavía, por lo menos.” (66-67-68)
El mensaje
Abbey defiende al medio ambiente a través de un texto incendiario que incita a detener el
avance de la tecnología en desmedro de lo natural. La destrucción de maquinaria, el sabotaje a
las grandes corporaciones constructoras, la eterna desconfianza de los medios de control del
estado, así como la dinamita que hace volar un tren de carga y un puente son todos intentos por
acentuar no sólo el descontento sino también el grado de furia al que se expone el individuo que
pelea contra fuerzas demasiado poderosas para él. Adoptada por movimientos ecologistas
radicales como texto inspirador la novela es irreverente, incendiaria y provocadora. Nos recuerda
que hay asuntos que no pueden esperar, que deben ser defendidos con uñas y dientes si tenemos
pretensiones de cambio. Las fuerzas del “progreso” no se detienen ante nada y sus legiones
destructoras arrasan con lo que haya a su paso. Es imperioso recordar que los seres humanos
somos parte de este mundo natural que nos rodea y evitar caer en el engaño que nos confunde
con utopías de dominación y supremacía. Lo natural somos nosotros y nosotros somos lo natural:
la aniquilación de uno de los elementos trae la muerte del otro. Es una relación simbiótica. No
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hay manera de simular desentendimiento o desinterés. The Monkey Wrench Gang es un texto que
urge al cambio, a la rebelión y nos recuerda que esta tierra y todo lo que hay en ella es nuestra
también. Por ello debemos reclamar lo que es nuestro, lo que es parte de nosotros. Quiero unir
mi voz a las palabras de Woody Guthrie, cantautor folk estadounidense admirado por Abbey,
que por la década del treinta ya cantaba así:
Esta tierra es tu tierra
Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
Desde California hasta la isla de Nueva York;
Desde los rojos bosques hasta las aguas del Golfo
Esta tierra fue hecha para ti y para mí.
Nadie con vida podrá detenerme,
Mientras camino por la autopista de la libertad;
Nadie con vida podrá hacer que me arrepienta
Esta tierra fue hecha para ti y para mí.
El mensaje es claro. Es hora de actuar.
Bibliografía
Abbey, Edward. Desert Solitaire: A Season in the Wilderness. New York: Simon and Schuster,
1968.
--------- The Monkey Wrench Gang. New York: Perennial Classics. An imprint
of HarperCollins Publishers, 2000.
Emerson, Ralph Waldo. “Nature”
http://www.vcu.edu/engweb/transcendentalism/authors/emerson/nature.html
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Glotfelty Cheryll and Harold Fromm. The Ecocriticism Reader. Landmarks in Literary Ecology.
Athens, Georgia: University of Georgia Press, 1996.
Guthrie, Woody. “This Land is Your Land.”
http://woodyguthrie.org/Lyrics/This_Land.htm
22-7-08 (online)
Scheese, Don. “Desert Solitaire. Counter- friction to the Machine in the Garden.”Glotfelty
Cheryll and Harold Fromm (ed) The Ecocriticism Reader. Landmarks in Literary Ecology.
Athens, Georgia: University of Georgia Press, 1996.
Thoreau, Henry David. “Civil Disobedience”
http://sunsite.berkeley.edu/Literature/Thoreau/CivilDisobedience.html
22-7-08 (online)
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