economía política marxista

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economía política marxista
ECONOMÍA POLÍTICA MARXISTA
INTRODUCCIÓN
Una vez que hemos estudiado la Teoría del Materialismo Histórico, nos damos
cuenta de la importancia que tiene la Economía política, ya que determinará
fundamentalmente cómo será la sociedad de cada tiempo.
Por eso, debemos estudiar cómo se da la Economía política en las distintas
sociedades históricas y, especialmente, en la actualidad. Nos dedicaremos en este
momento al estudio del modo de producción capitalista.
LA MERCANCÍA
Si hacemos nuestro estudio partiendo desde lo más simple a lo más complejo,
debemos estudiar el germen de la economía capitalista: la mercancía. Pero ¿qué es una
mercancía? La mercancía es un objeto externo apto para satisfacer necesidades humanas
de cualquier clase (bien de forma directa, como medio de vida; bien indirectamente
como medio de producción). Y ya que sabemos que toda mercancía ha de poseer alguna
utilidad, podemos decir que en la materialidad de toda mercancía reside un valor de uso
(jamás encontraremos una mercancía que no posea una utilidad, un valor de uso, ya que
si no sería absurdo el que alguien la desease adquirir).
Pero, además, las mercancías tienen una función: ser intercambiadas. Poseen por
tanto un valor de cambio. Pero ¿Cuál es el criterio que se sigue para determinar el valor
de las mercancías? Es decir: si tenemos peras y queremos cambiarlas por plátanos
¿cómo decidiremos cuantas peras y plátanos debemos aportar cada parte para que se
trate de un cambio justo?.
Habrá quien responda a esta pregunta diciendo que el valor de cambio lo
determina la utilidad de la cosa, pero este criterio no nos parece válido. Veamos un
ejemplo en que carece de precisión este criterio. Imaginemos dos hombres cargados de
monedas de oro. Si uno está a punto de morir de hambre ¿deberá dar más monedas por
un plátano que el hombre que no tiene hambre? Vemos como la utilidad no determina el
valor que tiene una cosa a la hora de ser intercambiada.
Otros dirán que es la relación entre oferta y demanda la que determina el valor
de cambio de las cosas. Imaginemos que hay 100 personas dispuestas a comprar un
único coche de lujo, y 100 personas dispuestas a comprar un único plátano ¿Tendrían el
mismo valor el plátano y el coche de lujo? Podemos decir entonces que, aunque la
relación entre oferta y demanda pueda llegar a alterar el valor real de las cosas
(aumentar, por ejemplo, el número de monedas necesarias para comprar un bien escaso)
no es el factor determinante de su valor de cambio.
Observemos un tercer criterio. Sabemos que todas las mercancías son fruto del
trabajo. Algo que no requiera de trabajo para su producción no tendrá valor. Por
ejemplo, el agua de lluvia carece de valor, pero si almacenamos ese agua y la
embotellamos, tendremos una mercancía (una botella de agua). Otro ejemplo sería
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cualquier fruta que nazca silvestre, y que no adquiere valor hasta que alguien la arranca
de su seto (le aplica trabajo). Podemos usar el trabajo, que es algo común a toda
mercancía, como criterio para establecer su igualdad con otras mercancías en su
intercambio (es decir, su valor de cambio).
Veamos si el criterio es válido. Imaginemos que queremos cambiar peras por
plátanos. Si sabemos que en una hora de trabajo se producen 3 peras, y en una hora de
trabajo se producen 2 plátanos, sabremos que para hacer un intercambio justo debemos
seguir esta proporción (por cada 3 peras que cambiemos deberán darnos 2 plátanos, para
que sea justo el cambio). Podemos decir, por tanto, que el valor de cambio de las
mercancías lo determina el tiempo de trabajo medio (o tiempo de trabajo socialmente
requerido) empleado en ellas para producirlas.
LA “MERCANCÍA DINERO”
Ya sabemos que el valor de cambio de una mercancía lo determina el tiempo de
trabajo socialmente requerido para crearla. Pero surge el problema de que yo puedo
producir plátanos y desear cambiarlos por peras; pero que el que produce las peras no
desee plátanos, sino tomates ¿cómo podemos solventar el problema y quedar todos
satisfechos? Podríamos cambiar nuestros plátanos por una mercancía muy deseada, y
que todo el mundo utilice. Además, esa mercancía ha de ser fácilmente transportable
para mayor comodidad, por lo que debe tener un alto valor de cambio en proporción con
su tamaño, o lo que es lo mismo, que requiera de una gran cantidad de tiempo de trabajo
para producirla. También ha de ser inconsumible, ya que así se facilitan intercambios a
largo plazo (o al menos en un plazo mayor). A estas mercancías se les denomina
“dinero”. Serán dinero, por tanto, el oro, la plata….
Así, siguiendo el ejemplo, yo cambiaré mis plátanos por oro (por la cantidad que
se produzca de cada uno en el mismo tiempo de trabajo) y el oro por peras. Tengo ahora
peras con el mismo valor de cambio que antes tenía de plátanos. Al tener el mismo valor
de cambio las tres mercancías, no he hecho más que cumplir con una ecuación perfecta:
x cantidad de plátanos = x cantidad de oro = x cantidad de peras
O lo que es lo mismo:
x Mercancías = x Dinero = x Mercancías
Tengo siempre mercancías con el mismo valor de cambio, pero con distinta
utilidad (distinto valor de uso). Este proceso de cambios nos ha servido para facilitar el
cambio ente las mercancías que poseemos y las que deseamos.
EL CAPITAL
Acabamos de ver cómo se produce una equivalencia útil en el proceso anterior
(M – D – M). Hacemos este cambio porque nos facilita el cambio en un mercado. Sin
embargo resultaría absurdo e inútil hacer el cambio D – M – D, porque no he obtenido
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ningún beneficio, ya que teníamos dinero y ahora tenemos la misma cantidad de dinero,
con el mismo valor de cambio y de uso que antes.
Pero en el sistema capitalista se produce un cambio extraño: D – M – D’
(tomando en cuenta que D’ = D + ΔD, donde D es la suma de dinero primeramente
desembolsada y ΔD es el incremento del dinero). A ese aumento del dinero inicial (ΔD)
es a lo que Marx llama plusvalía. Vemos como teniendo una cantidad de dinero y
cambiándola por mercancías hemos obtenido más dinero. Al dinero inicial más la
plusvalía, o lo que es lo mismo, al dinero final, es a lo que llamamos capital.
Pero ¿de donde ha surgido ese aumento en el valor de cambio? (recordemos que
estamos haciendo cambios entre equivalentes). Sin duda, en el dinero final no, ya que el
dinero no es más que un medio de comprar y vender mercancías, no genera valor de por
sí. Sabemos por tanto que el cambio se opera en el proceso D – M.
Pero ¿Cómo aumenta el valor de cambio? Para eso debería intervenir una
mercancía con la peculiaridad de que sea capaz de generar valor. Y, efectivamente, el
poseedor del dinero encuentra esta mercancía: la fuerza de trabajo.
FUERZA DE TRABAJO
Pero la fuerza de trabajo, para poder ser encontrada en el mercado como una
mercancía más ha de poseer unas características. La primera sería que, para poder
vender la fuerza de trabajo, su dueño ha de tener libertad para venderla (así el
comprador y el vendedor de la fuerza de trabajo deben encontrarse en condiciones de
igual a igual, como poseedores de mercancías; ambos deben ser por tanto jurídicamente
iguales).
El segundo requisito para que el poseedor del dinero pueda comprar la fuerza de
trabajo como una mercancía es que su vendedor no posea otras mercancías en que su
fuerza de trabajo se materialice, viéndose obligado, por consiguiente, a vender su fuerza
de trabajo como única forma de sustento.
Y ¿cómo se determina el valor de cambio de la fuerza de trabajo? Pues del
mismo modo que cualquier otra mercancía. El valor de cambio de la fuerza de trabajo
viene determinado por el tiempo de trabajo socialmente requerido para su producción; o
lo que es lo mismo, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida. En
un ejemplo, si realizo un trabajo de una hora se me deberá pagar con algo que haya
costado realizarlo una hora (ya sean 3 peras, 2 plátanos o x monedas).
EJEMPLO DE PROCESO DE VALORIZACIÓN
Veamos lo que sabemos hasta ahora en un ejemplo práctico. Para hacer más fácil
el ejemplo, imaginemos que cuesta 1 hora de trabajo hacer 1 moneda. Imaginemos que
un señor decide producir una camiseta. Para producir la camiseta necesitaremos de
varias mercancías (una máquina de coser, algodón, fuerza de trabajo,...). Ya sabemos
que el valor de las mercancías viene determinado por el tiempo de trabajo medio
acumulado en ellas para producirlas. Por eso, al comprar la máquina de coser, el
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algodón y demás mercancías nos cobran el tiempo de trabajo necesario para producir
hasta el último tornillo. Y sabemos también que para que se produzca un intercambio
justo, la fuerza de trabajo ha de ser pagada con un valor equivalente al que produce la
fuerza de trabajo. Imaginemos los siguientes precios (de media para producir cada
camiseta):
Mercancía:
Monedas que paga:
Máquina de coser
Algodón
Otros utensilios,
electricidad....
Fuerza de trabajo
1
Total
5 monedas
4 monedas
3 monedas
8 monedas
20 monedas
Si se ha hecho un intercambio justo, el producto final deberá venderse por 20
monedas en el mercado. Esto supondría que el capitalista tuviese 20 monedas antes y 20
monedas ahora (D – M – D). Pero si es así ¿de donde obtiene el beneficio el
empresario?. Sabemos que no puede extraerlo de la máquina de coser, el algodón y
demás medios de producción. Sería absurdo que el señor que ha vendido el algodón al
capitalista se la venda por menos de lo que le ha costado a él producirlo, y lo mismo
ocurre con los demás medios de producción.
Sin embargo, sabemos que para que alguien venda su fuerza de trabajo ha de
encontrarse en una posición particular: no poseer sus propios medios de producción.
Entonces, puede ocurrir que en vez de hacer un reparto proporcional con el trabajador,
el poseedor de los medios de producción le compre al trabajador su fuerza de trabajo
por menos valor del que genera. No es difícil de imaginar (y de echo ocurre millones de
veces al día): el trabajador que no tiene nada más que su fuerza de trabajo no tiene
inconveniente en vender su fuerza de trabajo por algunas monedas para poder llegar a
fin de mes, sin pararse a pensar si el intercambio que está haciendo es justo.
Repitamos el supuesto desde otro punto de vista:
Mercancía:
Monedas que paga:
Máquina de coser1
Algodón
Otros utensilios,
electricidad...
Salario
Total
5 monedas
4 monedas
3 monedas
4 monedas
16 monedas
Si la camiseta ha costado 8 horas producirla, y supusimos que por cada hora (en
un intercambio justo) correspondería al trabajador 1 moneda, es decir, que por 8 horas
corresponden 8 monedas. Pero al pagar 4 monedas por 8 horas, el empresario ha ganado
4 monedas. A estas 4 horas de tiempo de trabajo realizado pero no pagado es a lo que
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Se entiende que hablamos del desgaste medio de la máquina. Por ejemplo, si la máquina nos ha costado
50 monedas y nos sirve para hacer 10 camisetas antes de romperse, sabemos que por cada camiseta la
máquina nos ha costado 5 monedas.
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Marx llama plusvalía. Ahora sí nos cuadran las cuentas. El empresario ha hecho lo
siguiente:
16 monedas – 20 horas acumuladas de trabajo – 20 monedas
D – M – D’
(donde D’ = D + ΔD, siendo ΔD la plusvalía)
Como vemos, ya no se produce la equivalencia. El dinero ha pasado a
convertirse en capital.
GRADO DE EXPLOTACIÓN:
Como se ha visto, la parte de capital que se invierte en medios de producción
(materias primas, materias auxiliares y herramientas de trabajo) no cambia de valor en
el proceso de producción. Por eso, a éstos Marx los llama parte constante del capital o
capital constante.
Sin embargo, a la parte de capital que se invierte en fuerza de trabajo cambia de
valor en el proceso de producción. Además de reproducir la equivalencia de lo que se le
paga, genera un remanente: la plusvalía. Por eso Marx le llama parte variable del
capital o capital variable.
Así, si dividimos la plusvalía obtenida entre el capital variable (p/v)
obtendremos la tasa de plusvalía, que nos servirá para saber en que porcentaje hemos
obtenido plusvalía con relación a lo que hemos pagado a la fuerza de trabajo.
Así, el obrero dedica un tiempo de trabajo para obtener lo que se le paga (en el
ejemplo anterior serían 4 horas). Este tiempo dedicado a conseguir el salario (los medios
necesarios para la subsistencia, lo que le hace volver al día siguiente a trabajar) es a lo
que Marx llama tiempo de trabajo necesario, y al trabajo desempeñado en él trabajo
necesario.
Una vez que el trabajador ha rebasado ese tiempo, está haciendo un trabajo que
no repercute en él, sino que tras el tiempo necesario se dedica a trabajar para producir la
plusvalía de que se apropia el capitalista (serían las 8 horas que no se pagan en el
ejemplo anterior). A este tiempo dedicado a la plusvalía es a lo que Marx llama tiempo
de trabajo excedente, y trabajo excedente al desempeñado en ese tiempo.
Como la plusvalía guarda con el capital variable la misma relación que el tiempo
excedente con el tiempo necesario, la cuota de plusvalía es la expresión exacta del
grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalista.
Así en nuestro ejemplo se daba una proporción de 8/4. Si tomásemos como
ejemplo el niño que cose zapatillas en países del Tercer Mundo, seguro que la
proporción es mucho mayor. Se dará un mayor grado de explotación.
Como el capitalista obtiene su beneficio del tiempo de trabajo excedente,
intentará que el obrero trabaje lo más posible por la menos cantidad de salario posible.
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Del mismo modo, el obrero tratará de trabajar el menos tiempo posible por la mayor
salario posible. Por eso, a nivel universal se libra una lucha entre la clase obrera y la
clase capitalista. Dependiendo de la situación de esta correlación de fuerzas obtendrá
más o menos beneficios cada clase. Eso explica que en España la tasa de explotación
sea menor que en los países del Tercer Mundo.
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