El lugar para

Transcripción

El lugar para
Provincia de Buenos Aires
Dirección General de Cultura y Educación
Subsecretaría de Educación
Dirección Provincial de Educación de Gestión Estatal
Dirección de Educación General Básica
Gabinete Pedagógico Curricular - Lengua
La biblioteca
de aula
Junio 2001
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EL LUGAR PARA PERDER EL MIEDO...
 ¿Cómo un niño se hace lector?
 ¿En qué entorno un niño se hace lector?
¿UNA BIBLIOTECA DE LA INSTITUCIÓN?
¿UNA BIBLIOTECA EN EL AULA?
¿CÓMO ORGANIZARLA?
 Los primeros pasos…
 Las anticipaciones didácticas del docente.
 ¿Qué más tener en cuenta?
LA INAUGURACIÓN…
¿CÓMO SOSTENER SU USO DIARIO?




La literatura, la información, algunas sugerencias.
El fichaje y el reglamento ¿cuándo?
Y... ¿Si prestamos los libros?
Algunos testimonios
Para más información sobre la lectura
y las bibliotecas
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UNA BIBLIOTECA EN UN AULA...
EL LUGAR PARA PERDER EL MIEDO.
Lucho:
Maestro:
Lucho:
Maestro:
Lucho:
- Los libros me hacen pasar el miedo...
- ¿y si son de miedo?
- Igual
- ¿Cómo?
- si son de miedo igual me sirven para
cuando tengo miedo.
Maestro: - Cuando tenés miedo ¿de qué?
Lucho: - de cualquier cosa... en mi casa, en la
escuela, en cualquier lugar...
(Diálogo entre un niño y un maestro, frente a una
biblioteca de aula, en una escuela del conurbano
bonaerense)
Cuando este diálogo fue relatado surgió, inevitable, el pedido de interpretación de las palabras
de Lucho. Su maestro tratando de hacerlo dijo: para él - me parece- la lectura, la biblioteca lo
hace sentirse más seguro; los libros le abren, le muestran el mundo.
 ¿Cómo un niño se hace lector?
Compartiendo espacios donde se lea y leer sea
bien visto; espacios donde un adulto que valora la
lectura, valora que el niño lea.
El acceso de niños y jóvenes al libro se concibe, muchas veces, como un hecho
espontáneo casi natural, sin embargo la lectura es a veces inalcanzable. Esta afirmación no
está referida sólo a la falta de libros, ni a las dificultades que inicialmente pueden darse y
provocarse en el proceso de adquisición de la lectura; sino que está especialmente vinculada a
las relaciones que se establecen entre el entorno en que se desarrollan los niños y jóvenes y el
uso y valoración que en él se haga de la lectura. Existen situaciones cotidianas, que
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comparten distintos sectores sociales, plenas de impedimentos culturales para acceder a la
lectura y es posible que los que logran vencer los obstáculos corran el riesgo cierto de entrar
en conflicto con las costumbres y valores del ámbito social en el que viven. Cuando no se
pertenece a una comunidad lectora, leer puede considerarse una actividad un tanto inútil, una
pérdida del tiempo que se podría destinar a otras tareas o a divertirse, un permanecer inactivo
sin estar haciendo nada. Cuando se vive en una comunidad no lectora, ingresar a la lectura es
apartarse, separarse del grupo de pertenencia, diferenciándose. Si se tiene una mirada estrecha
para pensar la relación con el conocimiento, el introducir nuevas prácticas y valores puede ser
percibido como peligroso y transformase en un asiduo lector en algo extraño y atípico;
porque la lectura, que es una actividad aparentemente individual y aislada, se desarrolla en un
entorno social que la dota de sentido.
 ¿En qué entorno un niño se hace lector?
En el círculo de relaciones más primarias
y cercanas, dentro del cual está la familia y
donde puede existir un adulto o un par que
mediatice la relación con el mundo de los libros.
La mencionada es una buena posibilidad pero
no todos los niños la tienen, hay vastos sectores
sociales y no sólo los más desprotegidos que no
acceden plenamente a la lectura.
Pero sí todos los niños deben ir a la escuela y allí está disponible el adulto más
indicado para esa mediatización: el maestro y el entorno privilegiado para su formación como
lector: el salón de clase y una biblioteca.
La escritora María Elena Walsh lo expresa de esta forma:
“El lector nace, siempre que cuente al nacer con las hadas reglamentarias asomadas
a su cuna que le otorguen dos dones. Una familia natural o vicaria, en la que al
menos un adulto esté hechizado por un libro. Y un ámbito escolar donde se enseñe
humildemente a leer y escribir, porque a pesar de los vertiginosos cambios
impuestos por el negocio de la informática, durante bastante tiempo nos seguiremos
manejando con el alfabeto. El maestro puede reparar el escamoteo, siempre que
sortee la imposición prepotente de lo “instantaneodivertido” ayudando al niño a
amar, o por lo menos a no despreciar ese alimento primigenio”
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¿UNA BIBLIOTECA DE LA INSTITUCIÓN?
¿uNA BIBLIOTECA EN EL AULA?
Numerosas instituciones poseen una biblioteca y
también muchos docentes organizan bibliotecas de aula.
Esta circunstancia en ocasiones da lugar a un falso
conflicto, transformando un problema de “suma” en un
problema de “resta”, tornando opuesto lo complementario. Ambas instancias cumplen funciones diferentes y
la naturaleza de su uso también lo es.
La biblioteca institucional por ser UNA para toda
la escuela es el lugar donde se acude a buscar material de cierta especificidad, en la que hay
que considerar normas más precisas de funcionamiento y registro y a la que se le formulan
preguntas más complejas que se encuentran en textos, que por sus características, ameritan la
presencia de una bibliotecaria.
Las bibliotecas de aula son de consulta fluida, relacionadas intencionalmente con los
contenidos específicos del año, a mano para enfrentar la duda en el mismo momento que
surge, de uso más compartido, pregunta más espontánea y un recurso entretenido para los
tiempos libres que a veces deja la tarea escolar; casi de un uso similar a la biblioteca de los
hogares, en caso de poseerla.
La relación de ambas es necesariamente solidaria, pudiéndose planificar múltiples
acciones coordinadas que multipliquen los recursos materiales y humanos de que se disponen.
Para ello hay que haber aceptado que los libros son para leerlos, compartirlos y usarlos
cotidianamente.
Cuando la escuela no posee, lamentablemente, una biblioteca institucional es necesaria
y casi obligada la presencia de una biblioteca de aula...
De hecho su organización en los salones de clase es una práctica cada vez más
frecuente, muchos docentes saben que es un lugar determinante para la formación de lectores.
En algunas aulas suplanta la clásica organización basada en el pedido de un mismo libro igual
para todo el grupo clase, orientándose intencionalmente, hacia la conformación de un circuito
donde existan variados materiales. En estos casos se les propone a los alumnos y padres un
listado de textos para conformarla y es común que los libros, acrecentando su número,
acompañen al grupo a lo largo de varios años hasta el momento de optar por distribuirlos
equitativamente entre los usuarios o canjearlos con otros grupos de la escuela, que trabajen en
forma similar. En numerosas instituciones, donde las bibliotecas de aula son de uso
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generalizado, al comienzo de cada año se organiza una feria de trueque o venta de libros
usados que permite cambiar o adquirir variados materiales a bajo precio.
En otras aulas, aun solicitando un mismo libro o manual para toda la clase, se advierte
la importancia de incorporar otros textos que amplíen el universo literario e informativo de
los alumnos. En distintas experiencias escolares, esta circunstancia es el primer paso hacia el
trabajo exclusivo con la biblioteca en el salón de clase.
¿CÓMO ORGANIZARLA?
 Los primeros pasos...
La biblioteca de aula es una fuente de lectura que desestima la homogeneización de la
información y abre las puertas para que los textos que circulan en la sociedad entren a la
escuela. Esta circunstancia permite elegir, del caudal informativo y literario existente, lo más
adecuado para interactuar con los contenidos a desarrollar desde el inicio, a lo largo de todo
el año y partiendo de distintas perspectivas.
Los aspectos a tener en cuenta cuando se ha tomado la decisión de trabajar con una
biblioteca de aula son múltiples y los docentes consultados consideran que los primeros
pasos a compartir con los alumnos y sus familias son…
Comunicar la decisión de trabajar con una biblioteca, que
contenga variedad de textos, compartiendo con los padres
los criterios sustentados para que colaboren activamente en
su organización.
Relevar con los alumnos los contenidos
del área de Ciencias Sociales y Ciencias
Naturales a desarrollar en el año para
decidir cuáles son los temas sobre los
que no hay información o necesitan ser
complementados. Otro tanto puede realizarse con los textos literarios logrando
que familiares y amigos colaboren para
luego seleccionar lo que se considere
más apropiado.
La preparación del escenario es esencial. El espacio
de la biblioteca será objeto de acondicionamiento y
decoración, de forma tal que los libros se dispongan
en el mejor lugar posible. Maderas decoradas,
estantes forrados, carteles e inscripciones, algunos
almohadones son imprescindibles, como también lo
son la participación de alumnos y familias en este
proceso. Todos deben sentir que la biblioteca les
pertenece.
La aproximación al universo
bibliográfico explorando catálogos
de editoriales, que se obtienen
gratuitamente en las librerías, buscando el contacto con las opciones
posibles y sus costos.
La visita a la biblioteca comunitaria con el
propósito de seguir explorando sobre los
contenidos, conocer su organización y
condiciones de préstamo. Es posible también
concurrir a los comercios de ventas de libros
más próximos. La intención de estos
contactos es ampliar la elección del material
informativo y tomar conocimiento de libros
de cuentos y novelas que no se conocen,
comenzando a trazar el proyecto grupal de
lectura para el año en curso.
Publicitar la biblioteca en la comunidad.
En el transcurso de la recolección y
compra de libros y otros materiales
escritos, elaborar y distribuir por parte de
los alumnos volantes y afiches que, por
fuera de los muros de la escuela, inviten
a personas e instituciones a participar y
colaborar. Los alumnos, sus familias y
vecinos del barrio deben saber y tomar
parte de la llegada de los libros.
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 Las anticipaciones didácticas del docente
Seleccionar los textos y planificar la interacción con ellos es de competencia docente.
Los docentes consultados sugieren anticipar sus acciones diseñando las actividades de lectura
que se desarrollarían en el primer cuatrimestre de clase. De las propuestas previstas que
incluirían situaciones de lectura individual o grupal, por parte de los niños o por parte del
maestro o profesor, para buscar información, para leer cuentos, novelas, poesía, etc., surgen
los criterios didácticos a tener en cuenta para la formación de la biblioteca, algunos de ellos
se mencionan a continuación.
Para la ineludible presencia del texto literario es necesario prever:
- Textos que puedan leer los alumnos por sí solos y otros más extensos y
complejos cuya lectura estaría a cargo del docente, ya que todo lector se forma
leyendo pero también escuchando leer.
- Los intereses de los alumnos, un tema polémico. Los parámetros de la
controversia son: por un lado las preferencias de los niños y por el otro las
necesidades de enseñanza de los docentes. ¿Hasta dónde considerar unas y otras?
En el campo de la didáctica, la situación planteada está sujeta a continuas
negociaciones. Si bien es preciso partir de los intereses, en caso de no ampliar el
universo de opciones ¿pueden los alumnos elegir aquello que no conocen?
- La inclusión de textos de autores nacionales y extranjeros, tradicionales y contemporáneos, para comenzar a vislumbrar la vasta producción literaria existente.
- Libros de autores variados y libros de un mismo autor para seguir y comprender
su obra.
- La incorporación de distintos tipos de textos: poesías románticas, humorísticas,
prosa poética, canciones, coplas, rondas, nanas...
- Obras teatrales convencionales y obras de títeres para aproximarse al género
dramático.
- Cuentos y novelas de distinto tipo: de humor, aventura, suspenso, ficción,
maravillosos...
- Textos con ilustraciones de buena calidad que colaboren y completen el sentido
que capta el lector.
- La extensión a otros tipos de portadores como revistas especializadas, fascículos
de obras literarias, historietas, humor gráfico...
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Con relación a la incorporación de textos de función informativa es necesario:
- Con los clásicos manuales, organizados por áreas de conocimiento, verificar
los siguientes aspectos:
. Que el tratamiento de la información no favorezca la memorización
repetitiva sino la interpretación de lo leído.
. Que propicien la comparación de lo que se estudia con la realidad,
favoreciendo el análisis crítico;
. Que no reflejen ni insinúen valores y prejuicios que justifiquen o legitimen
las desigualdades sociales y la discriminación;
. Que posibiliten distintas interpretaciones sobre hechos y teorías, evitando
la presentación de los temas como acabados y carentes de dimensión
conflictiva;
- Frente a la adquisición de textos de referencia, prever que estén en concordancia con los contenidos relevados inicialmente. Los textos de referencia,
publicados por casi todas las editoriales y de un costo menor que los manuales,
son aquellos que están organizados alrededor de una determinada temática y
profundizan contenidos específicos como: las inmigraciones, las enfermedades
endémicas, los recursos naturales, etc. Su función principal es aportar
información que atraiga y supere la que poseen los alumnos y la escasa y
generalmente resumida de los manuales.
- En el caso del texto de referencia, considerar el tipo de situación didáctica
planificada, ya que la misma puede exigir la presencia de un solo volumen por
tema - por ejemplo si su desarrollo es individual - o varios volúmenes de un
mismo texto, si el trabajo está planteado grupalmente.
- Contemplar, para la biblioteca de aula, la incorporación de enciclopedias,
diccionarios, artículos de divulgación científica, revistas especializadas,
periódicos, atlas, planos de regiones geográficas y guías de ciudades, folletos,
cartillas, libros de arte, manualidades, deportes, cocina...
- Para el segundo y tercer ciclo tener en cuenta, además, la inclusión de textos
específicos donde consultar las dudas sobre el subsistema ortográfico y
gramatical.
 ¿Qué más tener en cuenta?
Además del material impreso pueden incorporarse a la biblioteca, como vías de acceso
al conocimiento, la TV, videos, diapositivas, cassettes y discos compactos. El sonido, la
imagen, la música, el movimiento se transforman en alternativas diferentes para leer e
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interpretar la realidad, por lo tanto es conveniente disponer para ellos de un espacio dentro
del salón de clase.
Estos bienes culturales tienen el valor agregado de ser elementos con los que niños y
jóvenes interactúan espontáneamente en la vida cotidiana. En consecuencia, su uso en la
escuela crea vínculos que, a modo de puente y en forma similar a los textos, posibilitan
vislumbrar universos distintos y acceder a experiencias culturales diversas.
Seguramente, la disponibilidad material de cada institución condicionará la inclusión
de los medios audiovisuales en los salones de clase. Pero también su incorporación está
relacionada con una polémica abierta y algunas posturas cerradas con relación al tema, que
interpretan estos medios como objetos antagónicos al uso de la lengua escrita, representación
que muchas veces obstaculiza la posibilidad de valorarlos como eficientes complementos de
su enseñanza.
Otro material escrito a ser tomado en cuenta son las producciones de alumnos, padres
y maestros, editadas en la escuela. Libros de anécdotas, recopilaciones de sueños, chistes,
adivinanzas y canciones de la época de los abuelos, antologías de cuentos, poemarios,
fascículos temáticos de ciencias sociales y naturales, curiosidades científicas… también
deben formar parte del acervo bibliográfico disponible.
LA INAUGURACIÓN...
Los docentes que trabajan con biblioteca de aula consideran su inauguración como un
momento de gran expectativa porque, a pesar de que los niños y sus familias compartieron su
organización, muchas incógnitas quedan pendientes. El festejo, generalmente, tiene una doble
instancia: la más íntima, que se produce entre docentes y alumnos y la pública, de la que
participan la escuela y la comunidad.
La celebración íntima en muchos salones de clase
se transforma en emocionada sorpresa cuando en el
día esperado, de una caja con moño o en una “mesa
servida” de libros en el centro del salón, los
alumnos ven por primera vez la totalidad de los
materiales que conforman la biblioteca del aula.
En esta oportunidad, luego de bucear en los textos y compartir lecturas y comentarios entre
compañeros, el maestro lee algún cuento escogido especialmente para la ocasión. Muchos
docentes invitan a hermanos de sus alumnos o cada uno de ellos puede convidar a su “más”
amigo de la escuela a compartir el momento.
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La inauguración pública, precedida de una intensa campaña publicitaria, se trata de
hacerla coincidir con alguna fecha patria para facilitar la concurrencia de los invitados. Se
transforma así en una verdadera “ceremonia de encuentro” entre libros, organizadores,
colaboradores y destinatarios. En algunas escuelas además de la esperada palabra del maestro
se invita a familiares y amigos a recordar y compartir recuerdos o anécdotas ligados a libros y
situaciones de lectura vividas, a narrar o leer algún relato que recuerden de su infancia... Por
último, los destinatarios del esfuerzo muestran a los invitados todo el material obtenido,
explicando sus posibles usos y aprovechamientos. Se genera, en estos casos, un significativo
rito de lectura colectiva pleno de comentarios, intercambios y placenteras sensaciones.
¿CÓMO SOSTENER SU USO DIARIO?
Sostener el uso diario de la biblioteca es un complejo desafío.
CUENTOS
REVISTAS
DEPORTIVAS
C. SOCIALES
C. NATURALES
NOVELAS
REVISTAS
HISTORIETAS
CARPETAS
DE RECORTES
DIARIOS
Supone aceptar que cada vez que los libros circulan dentro del salón de clase estamos en
clase de lectura, aunque la actitud sea hojear displicentemente - hasta encontrar algo que
atrapa -, comentar una ilustración o explorar rápidamente uno tras otro los libros para decidir
cuál leer.
Presupone, en muchos momentos, que con intencionalidad manifiesta se anticipen
actividades en espacios y tiempos didácticos que transgredan la periodicidad habitual y el
clásico contrato de “cada alumno con su libro y leyendo tal página”.
En otros momentos es aprovechar una espontánea y ocasional situación que, si bien se
desvía de lo planificado, instala en el salón de clase un modo de lectura habitual en la vida
cotidiana como es por ejemplo satisfacer un interrogante momentáneo o comenzar a leer
cuando en realidad se debería estar haciendo otra cosa. En otros términos, se trata de
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desplegar y promover frente a los alumnos objetos atractivos como los libros y situaciones
didácticas donde se considere que es necesario y tiene sentido “zambullirse” en ellos.
 Lo literario, lo informativo... algunas sugerencias
Algunas de las sugerencias que se ofrecen forman parte de las prácticas habituales de
muchos docentes, que sería deseable institucionalizar. Otras son el producto de experiencias
probadas que están en condiciones de ser generalizadas, por último, están aquellas que son
rescatadas porque se encuentran a mitad de camino entre las prácticas escolares frecuentes y
las distintas alternativas que expresan los procesos de aproximaciones sucesivas de los
docentes y sus alumnos para incorporar en sus clases la biblioteca de aula.
 Una de las prácticas más habituales, sobre todo en los primeros años de la escolaridad, es
la “hora del cuento” Estos momentos rápidamente comienzan a diluirse cuando, avanzando
sobre el itinerario escolar, surgen las presiones curriculares que desprecian la influencia
notable que tiene la lectura por parte del maestro sobre la formación de lectores y su
condición de espacio ganado al aprendizaje. Generalmente son situaciones permanentes de
lectura, que esperadas con gran expectativa, comienzan a desarrollarse en horas semanales
fijas.
Poco a poco muchos docentes modifican la configuración didáctica inicial, armada
sobre la base del maestro leyendo a todo el grupo clase, para conformar pequeñas
agrupaciones de niños y sobre todo para variar la figura del lector. Ceden, así, su lugar a los
alumnos de años superiores de la escuela para que oficien de lectores a los más pequeños.
Esta organización didáctica admite la posibilidad de diversificar lo que se lee, incluyendo, por
ejemplo, textos de historietas y humor gráfico difíciles de compartir con un grupo numeroso.
También facilita el paso de lo literario a lo informativo, poniendo a los más chicos en
situación de leer apoyados por los más grandes, enciclopedias, diarios y textos de referencia
ligados a sus intereses y necesidades de información.
En algunos salones de clase, el oficio de lector es dejado rotativamente en manos de
otros actores institucionales como directivos y porteros y también a padres, abuelos y amigos;
abandonar cada tanto el lugar del que lee le permite al maestro registrar con precisión avances
o dilaciones en el proceso lector de sus alumnos y dejar la función ejecutiva por la tan
redituable del observador participante.
Por último los alumnos, después de una intensa y prolongada experiencia de escuchar e
intentar leer por sí mismos, se transforman en activos lectores para otros siendo ellos los que
ahora son puestos en situación de provocar placer por medio de un buen relato, a un auditorio
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determinado. El producto obtenido en el desarrollo de esta actividad permanente, que va
modificando progresivamente su estructura didáctica, es la conformación paulatina de una
comunidad de lectores que comienza a construirse en el contexto escolar.
 El periódico, que no necesita ser del día, está demostrado que interesa a los alumnos.
Además de ser fuente de información para diversos contenidos puede ser aprovechado para
armar archivos temáticos donde figuren recortes de artículos e informaciones científicas
relacionadas con los contenidos relevados a principios del año.
En el caso de las revistas y los fascículos de algunos diarios, que no pierden tanta
vigencia en el tiempo, también concitan la presencia de numerosos lectores. Conseguir
revistas de historietas, deportes, actualidad o infantiles - de personas amigas o familiares de
alumnos que las donen después de haberlas leído- dejándolas a mano en un revistero invitan
a leer, incluso en los recreos.
 Las bibliotecas de aula resultan muy funcionales para el desarrollo de las temáticas
específicas que en distintos momentos del año ocupan a los alumnos y docentes. Cuando se
decide investigar sobre los animales o saber sobre la acción intrusiva del hombre sobre la
naturaleza, por ejemplo, es previsible que los niños y jóvenes busquen en textos de referencia
respuestas a los interrogantes que se han formulado. Los proyectos destinados a buscar
información para elaborar, por ejemplo, un fascículo de Ciencias Naturales para compartir
con los compañeros de otro año o la escritura de una monografía para ser leída en un
encuentro de Ciencias Sociales son oportunidades especiales para consultar los libros de
referencia y activar la circulación de textos de la biblioteca.
 La poesía es fuente inagotable de placer. Los niños y también los jóvenes, por distintos
motivos, suelen disfrutar de su encanto. Los más pequeños porque les fascina su ritmo y
musicalidad; los púberes y adolescentes porque son una verdadera explosión de emociones y
sentimientos e históricamente suelen usar este género como canal expresivo. La lectura e
intercambio de poesías de autores contemporáneos, el rescate de formas tradicionales, el
seguir una línea poética determinada o invitar a un poeta al salón de clase son situaciones
probadamente exitosas.
Con los más jóvenes, a veces, se da un período inicial más solitario e íntimo, que
precede el momento de compartir con otros la experiencia. En la medida que la biblioteca
ofrezca materiales, sin forzar la oportunidad, se irán generando encuentros personales que
cada vez con mayor autonomía permitan delinear el propio gusto y estilo de lectura.
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La lectura de poesías, su intercambio y recomendación suelen derivar en la
recopilación de las preferidas en un texto de edición escolar o la creación inspirada de
producciones de los propios alumnos; ambas circunstancias de alto y sensible valor
formativo.
 El fichaje y el reglamento ¿Cuándo?
El inventario y su respectivo fichaje, así como la elaboración del reglamento de uso
son, generalmente, las primeras acciones emprendidas.
Algunos docentes polemizan esta decisión expresando que es como “atar el carro
adelante del caballo”. Se preguntan: ¿es conveniente comenzar por el orden y las
restricciones, si la intención es conquistar lectores?
El laborioso fichaje ¿tiene significado para los usuarios de la biblioteca antes de haber
comprobado que es imprescindible, para encontrar lo que se busca, darse una forma de
organización?
En otros órdenes de la vida ¿cuándo se hace necesario un procedimiento?
Antes de que unos cuantos no devuelvan un libro y otros lo soliciten ¿tendrá sentido
para los alumnos pensar en un reglamento de préstamos?
Todos los interrogantes apuntan a precisar la idea de que el motor inicial del
aprendizaje es la presentación de un problema, que se percibe como tal, y por lo tanto exige
ser resuelto.
Todos los interrogantes apuntan a lograr un compromiso real con el funcionamiento de
la biblioteca, que casi siempre es consecuencia de la participación activa en el planteamiento
de los problemas que van surgiendo y del acuerdo alcanzado para ensayar distintas
soluciones. La organización de la biblioteca no es estática ni de “una vez para siempre”,
distintas necesidades plantean nuevos problemas que según el momento adoptan diferentes
resoluciones.
Es común, entre los alumnos más pequeños que intenten, inicialmente, una
organización de los textos por criterios que tienen que ver con lo perceptivo: los de colores
juntos, diferenciados los de tapas duras de los de tapa blanda, los “gordos” y los “flacos”...
Rápidamente descubren que esos criterios no son funcionales y comienzan a elaborar
otros que se relacionan progresivamente con el contenido de los textos. Más adelante son
capaces de organizar en estantes diferentes los cuentos y los libros “de estudiar”, en clara
referencia a los textos literarios y los de función informativa. Luego exploran la posibilidad
de agrupar la literatura por autores y la información por tema...
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Los más grandes también recorren un sinuoso camino hasta encontrar las formas
organizativas cada vez más prácticas; los criterios, también cambiantes, van explorando
agrupaciones por autores, por temas, por áreas del conocimiento...
Cuando se alcanzan normas de clasificación relativamente estables, comienza otra
etapa del proceso ¿Cómo registrar el criterio elegido? ¿Cuáles son los datos mínimos e
indispensables para definir un texto? Estos interrogantes abren un nuevo recorrido... la
catalogación de los libros.
La distribución en diferentes estantes con sus respectivos rótulos, la confección del
inventario, el armado de las fichas, la redacción del reglamento... son actividades que
involucran la lectura y la escritura con claros propósitos. Los alumnos vuelven a los textos
para extraer de ellos datos precisos, buscar información en los glosarios, inferir la función de
índices, títulos y gráficos, localizar a los autores, la editorial, el país de origen. Protagonizar
este proceso desarrolla, en paralelo, un vínculo muy estrecho con los libros que promueve su
valoración y cuidado.
 Y... ¿Si prestamos los libros?
Prestar libros no es algo fácil, sobre todo si se tienen pocos y costó mucho
conseguirlos... Si se prestan, no se dispone de ellos cuando se los necesita, se rompen, se
pierden... es un dilema.
Existen numerosas experiencias registradas en distintas escuelas, sobre el dificultoso
proceso de préstamo de libros, que pueden aportar al análisis de esta situación. Todos los
docentes consultados mencionan la disyuntiva y algunos, todavía, están intentando procesarla
con sus alumnos.
Muchos de ellos se han preguntado... ¿Puede quedar la lectura prisionera dentro del
salón? Aún cuando los libros de la biblioteca de aula circulen activamente cada día
¿Alcanzan las horas de clase para propiciar una comunidad de lectores?
Entre estos últimos, se encuentran los que elaboraron una respuesta de compromiso al
interrogante: deciden que algunos libros se prestan y otros no.
Los que ya acreditan un largo camino recorrido en tal sentido, reconocen haber pasado
por distintos momentos y afirman que “como para todo, depende de lo que se esté dispuesto a
arriesgar y a conseguir”. Aseguran que el mejor comienzo es un “préstamo controlado” - que
casi tiene las características de un trueque - entre bibliotecas de aula o con la biblioteca
institucional, con el conocimiento y acuerdo expreso de docentes y alumnos.
Otra práctica habitual, cuando las bibliotecas van pasando año tras año con el mismo
grupo, es que algunos libros adquieren la categoría de “para los más chicos” y, en
consecuencia, se logra el acuerdo de promocionarlos entre los más pequeños y proceder a su
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préstamo. Esta situación suele dar lugar a interesantes sesiones de recomendación oral o
escrita destinada a capturar lectores principiantes. La recomendación de libros, que es una
práctica común en la vida cotidiana, resulta sumamente conveniente para promover la lectura
en el ámbito escolar. Una cartilla mensual de recomendados, la cartelera en una galería o la
visita para ofrecer textos a los compañeros de otros años, suelen ser eficientes soportes de la
promoción.
Los proyectos compartidos entre dos años también ayudan a institucionalizar el
préstamo de los libros cuando, cada tanto y por la exigencia del trabajo común, se proponen
juntar los materiales utilizados para ampliar consultas e información.
En muchas escuelas se arman redes solidarias para la obtención de revistas y diarios
que se dejan sobre una mesa en el momento del recreo, sin ninguna exigencia de lectura.
Otras escuelas agregan libros de chistes, adivinanzas, colmos, etc. Está comprobado en estos
casos la paulatina y creciente concurrencia de alumnos a buscar material y el interés por
seguir, semana a semana y aunque a plazo un poco vencido, algunas noticias, historietas o
chismes de una revista de actualidad. También es frecuente observar a grupos que comentan
chistes.
Los docentes más arriesgados, organizan préstamos a domicilio. Las precauciones
iniciales son múltiples. Casi todas las experiencias admiten la existencia de pérdidas o
deterioro de algunos libros; pero todos coinciden en afirmar que a poco de vincularse con los
libros cotidianamente, encontrando un sentido recreativo o práctico en la lectura, estos
accidentes disminuyen hasta ser irrelevantes o un efecto normal del uso.
 Algunos testimonios...
Tomar la decisión de trabajar con una biblioteca en el aula es romper con algunos
hábitos pedagógicos muy arraigados. Quizás, los testimonios de algunos docentes que ya lo
decidieron, faciliten la tarea.
...igual les pedí a los chicos un libro de
lectura... pero a mitad de año con una
compañera armamos una biblioteca
para los dos grupos.
¡Nos sorprendimos! Los chicos se
entusiasmaron más con los libros de la
biblioteca que con los libros de lectura.
Sobre que teníamos pocos libros,
pensaba que los que les prestara...
no iban a volver. La verdad que
fueron muy pocos y al principio.
Ahora se acabó el problema.
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Yo nos le puedo decir el lío que fue.
Era un desorden ¡de aquellos!
Bueno... pero o yo me acostumbre o
ellos se ordenaron... ¡no sé!
Pero valió la pena
Los padres entendieron que era lo
que quería, al principio querían
saber qué pasaba con los libros a fin
de año. ¿Quién se los llevaba?
Cuando vieron el interés de los chicos
aceptaron sin problema que nadie se
llevara ninguno y que la biblioteca
los acompañara el próximo año.
Pensaba que lo más importante en
la escuela era que los chicos
escribieran. Que si sabían escribir lo
demás venía solo. Ahora me doy
cuenta que son cosas diferentes, la
lectura es tanto o más importante...
¿Por qué la lectura?
...porque dota de sentido lo desconocido
...porque moviliza nuestros temores, certezas y creencias
...porque configura y desfigura nuestra representación del mundo
...porque nos ayuda a construirnos como sujetos históricos
...porque en ese espacio de absoluta intimidad que se crea entre el lector
y lo escrito, se escapa a moldes... se pierde la condición de prisionero.
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Para más información sobre la lectura
y las bibliotecas
La información que brinda este listado de textos es variada. Nuestra recomendación
incluye cierto grado de disenso con algunas situaciones didácticas propuestas en alguno de
ellos. No obstante consideramos que son un valioso aporte para la comprensión del complejo
mundo de la lectura y la circulación de los libros.
 Antología: La biblioteca. Actividades de promoción del libro y extensión bibliotecaria y
cultural. 1º edición, Colección Nuevos Caminos, Ediciones Colihue, Bs. As., 1996.
 Chartier, A.M., Hébrard, J.: Discursos sobre la escritura (1880 - 1980). 1º edición, Colección
LEA, Editorial Gedisa, Barcelona, 1998.
 Chartier, Roger: Cultura escrita, literatura e historia. Conversacions con Roger Chartier. 1º
edición, Colección Espacios para la lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
 Chartier, Roger: Las revoluciones de la escritura. Diálogo e intervenciones. 1º edición,
Colección LEA, Editorial Gedisa, Barcelona, 2000.
 Dubois, Maria Eugenia: El proceso de lectura: de la teoría a la práctica. Aique Grupo
Editor, Bs. As., 1989.
 Ferreiro, Emilia: Cultura escrita y educación. Conversaciones con Emilia Ferreiro. 1º
edición, Colección Espacios para la lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
 Jolibert, Josette (coord.): Formar niños lectores de textos. 4º edición, Dolmen Ediciones,
Chile, 1994.
 Kaufman, Ana María (comp.): Letras y números. Alternativas didácticas para Jardín de
infantes y Primer Ciclo de la EGB. 1º edición, Colección Siglo XXI, Santillana, Bs.As. 2000.
 Lerner, Delia: Lectura y escritura: perspectiva curricular, aportes de investigación y
quehacer en el aula. 1º edición, Temas de Educación Nº 3, Facultad de Ciencias de la
Educación, Universidad Externado de Colombia, 1997.
 Montes, Graciela: La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio
poético. 1º edición, Colección Espacios para la lectura, Fondo de Cultura Económica,
México, 1999.
 Montes, Graciela: El corral de la infancia. Acerca de los grandes, los chicos y las palabras.
3º edición, Colección Apuntes, Libros del Quirquincho, Bs.As., 1993.
 Petit, Michèle: Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. 1º edición, Colección
Espacios para la lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
 Olson, David: El mundo sobre el papel. El impacto de la escritura y la lectura en la
estructura del conocimiento. 1º edición, Colección LEA, Editorial Gedisa, Barcelona, 1998.
 Penac, Daniel: Como una novela. Ediciones Norma. Santafé de Bogotá, Colombia, 1993.
 Agradecemos a los docentes que con sus opiniones y comentarios colaboraron con la redacción de
este documento.
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