el criminal que se volvió leyenda

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el criminal que se volvió leyenda
Juan Moreira
El criminal que se volvió leyenda
La literatura y el cine lo convirtieron en un paradigma de las injusticias
cometidas contra el gaucho argentino. Pero la causa judicial que se siguió en
su contra y que se conserva en el Archivo Histórico de la Provincia revela que
fue asesino capaz de las más terribles crueldades. La historia del hombre
detrás del mito
Eran las 4 de la tarde del viernes 5 de agosto de 1869 cuando Juan Moreira atravesó las
puertas de la pulpería de Antonio Corbeto. La mayoría del pueblo de Navarro aún dormía la
siesta mientras Moreira. algo ebrio, empezaba a insultar a Ceferino Alvarez, Ruperto
Cabrera y el teniente alcalde Juan Córdoba, los tres parroquianos que estaban acodados
contra el enrejado del mostrador.
-Tengo ganas de peliar -dijo. en medio de los improperios.
Ante las señas del pulpero, que conocía la fama de Moreira. Alvarez y Cabrera se retiraron.
Pero Córdoba no tuvo tiempo El malevo se le acercó y le espetó:
-Tengo ganas de hacer una muerte
-¿Qué hace? -atinó a preguntar Córdoba, antes de que Moreira sacara un facón de su
cintura, y le propinara un hachazo en la cabeza y luego le cortara una mano casi por
completo.
Herido, Córdoba abandonó el local. Moreira le siguió los pasos y terminó su obra. Presa del
terror, el pulpero trancó la puerta a sus espaldas. "De adentro sentía las puñaladas que Juan
Moreira daba a Córdoba y los gritos que éste daba pidiendo que lo auxiliaran", contó en su
declaración
Así comenzaba la carrera fuera de la ley de Juan Moreira, carrera que habría de concluir en
Lobos el 30 de abril de 1874. El relato está desarrollado en las primeras de las 433 fojas de
la causa que sigue el recorrido de las andanzas del gaucho, hasta que fuera sorprendido y
muerto en el "Café de La Estrella", aunque el expediente penal se cerró recién el 11 de
agosto de 1879, ya que también se incluyen los sumarios levantados contra miembros de la
banda de Moreira.
Todo ese material está guardado en el .Archivo Histórico de la Provincia, y demuestra que
detrás del mito del paisano perseguido hubo un peligroso hombre de carne y hueso.
‘Moreira era un asesino", asegura Fernando Barba, miembro de la .Academia Nacional de
Historia y ex director del .Archivo. "La literatura, el teatro criollo y luego el cine lo
revistieron de un aura heroica, pero era un delincuente nato", afirma.
El recuerdo popular le atribuye al asesinato de Córdoba razones amorosas, y una
situación en la que Moreira tuvo que defender su vida. Pero, leyendo el informe del médico
que revisó el cadáver, asombra la saña que se descargó sobre él Un total de veintinueve
heridas: veinticuatro en la cavidad toráxica, algunas de las cuales habían atravesado por
completo sus dos paredes, anterior y posterior; cuatro en las extremidades superiores, una
de las cuales ha cortado casi por completo la mano por la región metacarpiana. y una en la
cabeza Todas estas heridas nos inducen a creer hayan sido producidas por arma blanca o
cuchillo", se lee en la causa.
Héroe de folletín
La vida de Moreira probablemente hubiese caído en el olvido si no fuera por Eduardo
Gutiérrez, que a partir de 1879 publicó, en forma de folletín por entregas para el periódico
La Patria Argentina, una novela inspirada en el gaucho recientemente muerto. Fue el
primero en idealizar la figura de Moreira y mostrarlo como víctima de un sistema injusto
que convertía al paisano en delincuente.
La novela adquirió mayor vuelo después de que fuera adaptada y llevada al teatro criollo
por los hermanos Podestá, lo cual contribuyó a la difusión masiva del personaje. y a su
transformación en leyenda. El mismo Pepe Podestá contaba que, en ocasión de una
representación en Chivilcoy, un gaucho se largó al picadero, cuchillo en mano, encarando
al sargento Chirino al grito de ".Cobarde! iAsí no se mata a un criollo!".
Varias adaptaciones cinematográficas posteriores (la primera en 1913 la última en 1973 con
Rodolfo Beban en el protagónico) contribuyeron a perpetuar el mito popular. Pero, ¿Quién
era en realidad el Moreira de carne y hueso? La orden de captura librada en su contra tras el
asesinato de Córdoba -que también consta en la causa- lo describe como un hombre de
entre 46 y 48 años, de contextura "regular, más bien alto y grueso", color de piel "blancocolorado", ojos pardos, pelo castaño, nariz regular, boca grande y "hoyoso de viruelas".
Viste chiripá, poncho, manta de paño y también de vicuña; calza botas de becerro, lleva
sombrero de felpa y "por hábitos un pañuelo de seda en el pescuezo". Como dato filiatorio
complementario, el informe señala que "monta un caballo colorado-malacara, de rienda y
estribo de plata".
Antes de ser un prófugo de la ley. Moreira había sido un matón de comité, un
guardaespaldas contratado para "convencer" a los votantes sobre la conveniencia de colocar
sus votos en el partido del caudillo, habida cuenta de que el sistema empleado en aquellos
años era el de "voto cantado". Ese servicio, además del de contener a punta de facón a
cualquier envalentonado que intentara agredir al caudillo, era lo que convertía a 'un hombre
de la causa" en una persona de confianza del líder político al que se servía. A Juan Moreira
le sobraron esas virtudes y las desempeñaba en Navarro.
Camino a la perdición
Su vida tomó un rumbo abiertamente delictivo a partir de una situación de manifiesta
rivalidad política -y tal vez por la competencia por una mujer, como afirma la novela de
Gutiérrez- con el teniente alcalde de la localidad. Juan Córdoba. En ese escenario y en esos
enconos estribarían los primeros pasos del Moreira asesino.
Tras el crimen en la pulpería de Corbeto, el gaucho se lanzó a una desenfrenada vida de
huidas, marginalidad y violencia. Se le atribuyen otras 15 muertes, 8 a punta de facón y las
restantes con armas de fuego.
Su serie de tropelías y asesinatos, y el abandono de su padrinazgo político, hicieron que
Moreira cayese en desgracia. La gota que rebasó el vaso y acabó con la paciencia de las
fuerzas policiales de la provincia fue un doble crimen cometido en complicidad con sus
amigos Julián Andrade y Simón Ardiles: los brutales asesinatos del pulpero Merquíades
Ramallo y de su peón, el Vasco Garroche.
La causa guardada en el Archivo Histórico contiene el informe de la autopsia, firmado por
el médico Lorenzo Barry: "Merquíades presenta cuatro heridas hechas por arma de fuego,
dos en la región estomacal y dos en la cabeza. Las heridas cortantes pueden llegar a seis o
siete: cuatro en el tórax, penetrando en los pulmones, y las otras en el cuello y la cara. El
otro cadáver presenta dos heridas de arma de fuego en la espalda: estas no han podido
causar una muerte rápida. Las heridas por instrumento cortante serán diez o doce; la más
importante dividió completamente la laringe y faringe"
El 29 de abril de 1874 fue destituido el Juez de Paz de Navarro, Don Manuel Marañón,
sospechado de proteger a Moreira, a la vez que arribaron al pueblo fuerzas policiales
combinadas -provinciales y nacionales- resueltas a terminar con las andanzas y los
reiterados papelones a los que el gaucho había sometido a la policía. En Navarro no
encontraron lo que buscaban, pero sí un dato: Moreira había huido hacia Lobos.
Al día siguiente, el matrero fue emboscado en el "Café de La Estrella", un prostíbulo donde
se hallaba junto a Julián .Andrade. Ampliamente superado en número, malherido, en un
último y desesperado intento por huir, Moreira trató de escalar un muro de ladrillos, con el
facón entre los dientes. Allí se produjo la famosa escena del bayonetazo del sargento
Chirino que lo remató por la espalda. La irracional valentía de un solo hombre enfrentando
a toda una partida policial fue el ingrediente que faltaba para que luego la literatura, el
teatro y el cine idealizaran su vida, su muerte, y lo transformaran en una leyenda.

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