8 Ponencia Dr Pablo Andrés Salazar

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8 Ponencia Dr Pablo Andrés Salazar
DOCUMENTO 8
CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA
XCVIII ASAMBLEA PLENARIA
Medellín, 3 al 7 de febrero de 2015
LA FAMILIA COLOMBIANA
ANTE LOS RETOS DEMOGRÁFICOS DEL SIGLO XXI
Doctor Pablo Andrés Salazar-Arango1
Colombia: una población que desacelera y entra en proceso de envejecimiento
La fecundidad es el hecho de dar a luz un hijo vivo. En el mundo la
fecundidad ha descendido desde finales del siglo XIX, cuando se observó que
en países como Francia y Alemania las mujeres comenzaron a tener menos
hijos. Y no fue por la anticoncepción masiva como la que ahora presenciamos.
Fue un fenómeno demográfico que luego se extendió a los demás países del
mundo de modo casi generalizado, llamado por los demógrafos la Transición
Demográfica. Desde la antigüedad la fecundidad, los hijos vivos que tenían las
mujeres, presentaba niveles altos, entre 7 y 10 hijos por mujer. Sin embargo la
población crecía muy despacio porque muchos niños no alcanzaban la edad
adulta debido a la alta mortalidad infantil. La Revolución Industrial trajo
mejoras en sanidad, urbanización y calidad de vida que permitieron la
supervivencia de más niños. La población durante esas décadas creció
bastante. Entonces muchas familias disminuyeron el número de hijos porque
se dieron cuenta que casi todos ellos sobrevivían. Estos hechos explican a
grandes rasgos el comienzo del descenso generalizado de la fecundidad a nivel
mundial.
Hoy el continente con mayor número de hijos por mujer es África, donde las
mujeres tendrán a lo largo de sus vidas entre 4 y 6 hijos (Child Trends 2014).
Oriente Medio tiene una fecundidad relativamente alta, alrededor de 2,5 hijos
por mujer. Sigue América Central y del Sur donde las mujeres tendrán entre 2
1
Profesor Investigador del Instituto de La Familia de la Universidad de La Sabana.
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y 3 hijos, a excepción de Bolivia donde tienen 3,3. En Asia, a excepción de
India (2,6), Malasia (2,6) y Filipinas (3,1), los demás países están por debajo
de 2 hijos por mujer. América del Norte también presenta bajas fecundidades
con 1,9 de Estados Unidos y 1,7 de Canadá, mientras México tiene 2,3.
Europa, tanto Oriental como Occidental, tiene fecundidades muy bajas, donde
todos los países ya están debajo del necesario para reemplazar las
generaciones. En Oceanía, Nueva Zelanda tiene 2,2 mientras Australia está en
el límite con 2,0 hijos por mujer.
Colombia también tenía altas tasas de fecundidad hasta 1960, alrededor de 7
hijos por mujer. Estas altas tasas con una mortalidad en descenso explican el
importante crecimiento de la población colombiana en el siglo XX registrado
en los censos nacionales. A comienzos de siglo había unos 4 millones de
habitantes, en 1951 ya eran casi 13 millones, en 1964 la cifra de población
alcanzó los 18 millones, a los 24 millones se llegó en 1973, la población siguió
creciendo a gran ritmo hasta los 31 millones en 1985, el censo de 1993 arrojó
los 37 millones y hacia 2005 había 43 millones de colombianos. Como se
aprecia el mayor crecimiento fue en la década de los 70, y luego la velocidad
del crecimiento ha disminuido debido a la baja en fecundidad hasta lograr los
47,9 millones actuales2.
En las décadas de los 60 y 70 la incorporación de la mujer al mundo del
trabajo, la difusión de la anticoncepción, y la migración rural a la ciudad
fueron algunos de los factores principales que ayudaron al descenso de la
fecundidad. Para los años 90 la fecundidad ya estaba en 3,5 hijos por mujer y
continuaba en descenso. En 2005 descendió a 2,8 hijos por mujer, y en 2010 la
Encuesta Nacional de Demografía y Salud reportó una tasa de 2,1 hijos por
mujer, es decir, 21 hijos por cada 10 mujeres. Tasa que equivale al número de
hijos necesario para que la presente generación sea reemplazada por la
siguiente, pues deben nacer 21 hijos para reemplazar a 20 progenitores (10
madres y 10 padres), previendo que alguno de los hijos morirá antes de
reproducirse. Es muy previsible que la fecundidad colombiana continúe
descendiendo porque las tendencias demográficas son de largo aliento, y
además no hay intereses estatales en reversar las tendencias, más bien hay
complacencia en que permanezcan bajas.
2 DANE, http://www.dane.gov.co/reloj/reloj_animado.php consultado 16 de enero de 2015.
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La anticoncepción en Colombia ha seguido patrones parecidos a otros países,
en el sentido que se ha difundido de modo generalizado en las mujeres tanto en
unión como fuera de ella, y de modo intensivo dentro de las personas unidas en
matrimonio civil o religioso, o en uniones de cohabitación. A continuación se
resaltan algunos datos (ENDS, 2010).
En el período 1965 a 2010 se aprecia como la anticoncepción se adoptó por las
mujeres en edad de tener hijos (15-49 años) tanto unidas como casadas, pues
en 1965 el 20% de ellas utilizaba métodos modernos, cifra que aumentó
progresivamente a 79% en 2010. Cabe resaltar que la esterilización femenina
continúa su proceso de consolidación entre las mujeres, como primer método
de planificación familiar (aumenta de 33% en 1990 a 48% de las unidas, en
2010). La inyección pasó a segundo lugar en ese mismo período (9% de ellas),
desplazando tanto a la píldora como al DIU.
Entre las mujeres no unidas y sexualmente activas, un 12% del total de mujeres
aproximadamente, el uso de anticonceptivos es 81,6%, un poco más alto que
en las unidas.
El 55.1% de mujeres de 15 a 19 años unidas utiliza anticonceptivos modernos;
el 1.5% ha sido esterilizada, 23.5% utiliza inyección, el 10% utiliza la píldora,
7.8% el preservativo, 7.5% implantes y 4.2% el DIU.
Las propuestas en materia demográfica de los gobiernos pueden verse
reflejadas en el documento Visión Colombia 2019 (Departamento de
Planeación Nacional, 2005) donde se acepta acríticamente, más bien de modo
complaciente, un continuado descenso en las tasas de fecundidad colombianas.
Esto quiere decir que cada mujer colombiana en promedio tendrá dos hijos a lo
largo de su vida. Las metas del gobierno en esta materia proponen bajar
todavía más las tasas de fecundidad hasta alcanzar 1,9 hijos por mujer en
promedio. Es decir, familias de máximo dos hijos. Con esta política de dos
hijos a lo sumo el reemplazo de las generaciones no estaría garantizado y
supondría una población que pierde habitantes.
Además hay un clima de interés mundial y nacional de que grupos
poblacionales con mayor fecundidad la reduzcan, como es el grupo de mujeres
adolescentes. Es cierto que la fecundidad temprana y precoz y en adolescentes
no unidas puede conllevar problemas de salud y socioeconómicos, pero otra
cosa diferente es que se acepten las políticas de Naciones Unidas propuestas en
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la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo del Cairo (1994) y
posteriores acuerdos de evitar cualquier nacimiento antes de los 20 años. Pues
no parece nada razonable hacer una movilización mundial para proponer a
mujeres de 18 y 19 años en uniones estables evitar ser madres, a no ser que
haya intereses de reducción de la fecundidad. Y son estas mujeres de 18 y 19
años el grupo de edad de la población que no ha descendido en tasas de
fecundidad, en muchos países, incluido Colombia.
Parte de la argumentación a favor de las bajas tasas de fecundidad se apoya en
teorías neomalthusianas que proponen que el crecimiento de la población frena
el desarrollo (Salazar-Arango, 2005). Debate que se generó en los años 60 y
continúa, decantado más hacia una ausencia de relación clara entre crecimiento
de la población y el desarrollo; mientras se observa más bien un creciente
número de problemas debidos al envejecimiento poblacional generado por esas
políticas restrictivas de la natalidad fomentadas a partir de los años 60 por
agencias norteamericanas de desarrollo.
Las principales corrientes de pensamiento económico sostuvieron la necesidad
de frenar el crecimiento de la población (Simon, 1996) para lograr un
crecimiento económico en los países en vías de desarrollo3.
Hoy en día hay bastante acuerdo, fundamentado en la experiencia de estas
décadas y no en teorías, de que no existe relación ni correlación significativa
entre el crecimiento de la población y el crecimiento económico durante todo
el siglo XX, incluso en análisis transversales recientes, ni para países
desarrollados ni en desarrollo. Los datos sí muestran que hay más evidencia de
cómo mayores densidades de población están asociadas a mayor crecimiento
económico (caso Hong Kong, Singapur, Japón, etc.).
En los países
3 El sustento teórico utilizado fue principalmente el modelo macroeconómico estadounidense CoaleHoover y sus conclusiones sobre el caso India. Este modelo tenía como principal supuesto que el
Producto Interno Bruto (PIB) crecería de igual modo ante diversos escenarios del crecimiento de la
población. Por tanto el mejor escenario sería el de menor crecimiento de la población, que llevaría
al mayor PIB per cápita como capacidad de consumo e indicador frecuente para medir el
desarrollo. Por tanto una población mayor retardaría la productividad por trabajador. Dos
elementos de este modelo son los rendimientos decrecientes, propuestos por Malthus y el efecto de
dependencia. Los rendimientos decrecientes operan con el supuesto de que el stock de capital
(incluyendo el factor Tierra) no aumenta en la misma proporción que el trabajo (población); el
efecto de dependencia supone que el ahorro es más difícil en los hogares donde hay mayor número
de hijos y que la mayor fecundidad conlleva destinar fondos a la inversión social que de otro modo
se invertirían en la producción industrial.
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desarrollados se puede explicar la discrepancia entre teoría y hechos por las
economías de escala, la creación y adaptación de nuevas tecnologías debido a
números adicionales de personas, y la creación de nuevas fuentes de recursos a
través del conocimiento. En los países en desarrollo la explicación económica
tiene otros matices: cada nuevo niño induce que en promedio un trabajador
labore jornadas más largas e invierta más, y que se realicen mejoras en la
infraestructura social (mejores caminos y sistemas de comunicación,
acueductos, etc.).
El resultado es que niños adicionales traen como
consecuencia un costo adicional en el corto plazo para luego beneficiar a la
sociedad en el mediano y largo plazo. Por tanto un crecimiento moderado de
población en los países en desarrollo traerá un mejor nivel de vida que un
crecimiento cero o un crecimiento muy elevado. También hay evidencias de
estudios, más de veinte estudios, que “un crecimiento más rápido de la
población no está asociado con un menor desarrollo económico” (Orrego,
1989).
Toda actividad de producción requiere una inversión inicial de capital y un
tiempo de espera antes de percibir utilidades. El caso de un nuevo nacimiento
tiene estas mismas características para la economía de un país (Simon, 1992).
Se debe invertir dinero en los años iniciales -años que son cada vez más largos
en nuestra sociedad del conocimiento-, desviar recursos al consumo para
invertir en la educación y preparación profesional, dedicar tiempo y cuidado.
Los beneficios de esta inversión sólo se percibirán cuando esa persona pueda
comenzar a ser productiva para la sociedad. Normalmente los propios padres
son los que realizan las inversiones más fuertes en el proceso de crecimiento
del nuevo ciudadano, al menos suelen ser mayores que los del Estado. Una
vez la persona comienza a producir económicamente las ventajas fluyen en
mayor proporción hacia el Estado en forma de impuestos, y en una menor
proporción hacia los progenitores.
Los dineros procedentes de las remesas que envían los colombianos en el
exterior confirman estos flujos hacia los progenitores y la importancia de cada
uno de estos ciudadanos emigrantes para la economía colombiana. A la vez
dan una idea de cómo son necesarios sus servicios en las economías de los
países receptores de inmigración. La globalización puede estar presenciando la
constitución de una nueva forma de servicios de exportación: los migrantes.
Ceteris paribus un país con abundancia y excedentes de población puede
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obtener amplios beneficios económicos de la emigración de sus ciudadanos.
Sin embargo se pueden generar situaciones de inequidad en los niños ante la
ausencia de progenitores en los países exportadores de trabajadores migrantes.
Hoy, medio siglo después del inicio de las políticas de desarrollo económico,
impulsadas por Naciones Unidas y el Banco Mundial, se puede observar que
aquellos países que tienen grandes números de población en el mundo del
desarrollo tienen mayores perspectivas de jugar un papel importante en la
economía mundial del siglo XXI: China, India, Brasil, entre otros. En
Latinoamérica, no cabe duda que Brasil tiene mejores perspectivas de
desarrollo en buena parte por su población.
El efecto del descenso de fecundidad en la carga prestacional colombiana,
debido a la disminución proporcional de personas en edad de trabajar sobre los
jubilados, no se verá sino hasta el 2050, cuando habrá cuatro trabajadores por
cada jubilado (Ver Tabla). Efecto que se intenta remediar con un aumento en la
edad de jubilación y la descarga del Estado del peso pensional en los fondos
privados, con el consiguiente traslado de riesgo a las poblaciones más
vulnerables: los jubilados.
A pesar de las limitaciones que tienen las proyecciones de población, es útil
mirar lo que sería el crecimiento según la situación actual de fecundidad y
mortalidad. Los índices de dependencia y la prospectiva de población en
Colombia según la Population Reference Bureau (PRB), muestran una
reducción en población joven de 40% en 1905 hasta 19% en 2050; el aumento
de la población en edad de jubilación de 3% a 15% en el mismo período; y la
carga prestacional de la población joven más la jubilada sobre la población en
edad de trabajar. El índice de dependencia, que se calcula con la población
joven y jubilada sobre la que trabaja, desciende de 0,78 en 1905 a 0,54 en
2050; es decir, por cada 100 trabajadores en 1905 había 78 personas
dependientes, y habrá 54 dependientes por cada 100 trabajadores en el 2050.
Esto a primera vista parece positivo, pero no lo es tanto si se relaciona con el
índice de envejecimiento que indica que de ellos el 82% son jubilados; y como
es sabido una persona jubilada cuesta al Estado mucho más que un niño.
Además la tendencia de envejecimiento es creciente, lo que supone que el
problema se acentuará hacia el 2050 y siguientes cuando una de cada cuatro
personas será mayor de 60 años. Ver Tabla 1.
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Tabla 1. Dependencia de la población mayor de 60 años, Colombia4.
Año
Población total
Población
mayor de 60
2000
2025
2050
39.910.000
54.693.000
71.762.000
2.762.000
8.204.000
16.675.000
Porcentaje
en la
población
7%
15%
27%
Trabajadores
población
mayor 60 años
13,2
7,4
3,9
La población constituye demanda de bienes, y hoy en día la demanda juega un
papel importante en las economías, tanto la demanda interna como externa.
Una población en estancamiento, como la que se propone para Colombia en
2019, es un contrasentido para la demanda interna de bienes y servicios. Y
más aún cuando la alternativa económica a la inversión en capital humano e
intelectual consiste en consumir bienes y servicios producto de la
globalización.
El estancamiento poblacional de Europa, con el envejecimiento que conlleva,
está poniendo en serios aprietos el sistema pensional de los países europeos y
antigua Unión Soviética. En una sociedad donde el número de personas
dependientes económicamente aumenta debido al creciente número de
jubilados y ancianos y a la disminución de niños, la carga prestacional para la
población trabajadora es y será cada vez más gravosa.
Ante este panorama europeo resulta evidente el interés que se ha puesto en
promover sistemas de pensión privada donde los beneficios para los
ahorradores están asegurados pero la dimensión de solidaridad del sistema
queda en incertidumbre para aquella vasta población no amparada por el
sistema o incapaz de procurarse unos ahorros para el mañana.
Una mayoría de demógrafos y economistas europeos considera la inmigración
como solución a estos problemas demográficos. Sin embargo la inmigración
trae consigo otros problemas y retos para la sociedad europea: el
multiculturalismo y diversidad étnica. Por otro lado los esfuerzos económicos
4 Elaborado a partir de datos obtenidos el 16 de enero de 2015
http://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Colombia#Siglos_XX_y_XXI
y
Naciones Unidas,
http://www.un.org/esa/population/publications/worldageing19502050/pdf/068colom.pdf.
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de
de
en fomentar el nacimiento de niños autóctonos ha tenido apenas tímidos
resultados, pues la cultura del individualismo, emancipación de la mujer y
consumo tiene mayor arraigo que la de la maternidad.
La propuesta de Colombia 2019 proyecta un modelo socioeconómico
fundamentado en propuestas y modelos llamados hoy en día a revisión por el
Banco Mundial, por demógrafos contemporáneos y políticos que en un pasado
estuvieron a favor del control demográfico y hoy lamentan sus consecuencias
para el desarrollo y bienestar de la sociedad, o al menos han visto las
evidencias negativas de tales medidas como propone Cecilia López Montaño
(2014):
Por ignorar la demografía hemos perdido parte del bono demográfico: período
en el cual la fuerza de trabajo crece más rápidamente que los dependientes,
menores y ancianos y ahora, al paso que vamos, nos sobrarán escuelas y nos
faltarán guarderías para ancianos. Como las mujeres viven más que los
hombres, pronto estaremos llenos de ancianas indigentes, sin pensión, sin
cuidado, porque además morirán cada vez más a los 90 años.
Las consecuencias del descenso en la fecundidad son claras en la composición
de los hogares. Hoy los hogares colombianos tienen uno y dos hijos en
promedio. Hecho que tiene consecuencias importantes para la familia
colombiana.
Una primera consecuencia es la ausencia de hermanos y primos.
Frecuentemente ocurre que mi único hermano o hermana es mi favorito,
sencillamente porque no hay otro; y de modo similar mi único tío o tía, mi
favorito. Hecho que desequilibrará la equidad intergeneracional, que es el
legado material e inmaterial que una generación entrega a la siguiente. Cada
vez será más difícil el sostenimiento de los adultos mayores (ancianos) por
parte de los hijos, pues habrá menos hijos, si es que los hay. Llegaremos a
situaciones similares a las de sociedades envejecidas en las cuales dos personas
unidas o convivientes mantienen a sus cuatro padres y a sus ocho abuelos,
como sucede en China debido a las décadas de implementación de la política
del hijo único. Entonces se multiplicarán las personas que requieren asistencia
del Estado o de instituciones de caridad o filantropía como la Iglesia para su
manutención y cuidado, pues no tienen hijos que los sostengan, o los hijos han
migrado y se desentienden de ellos.
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Situación que también empobrece a la persona humana, pues el ser humano se
descubre a sí mismo y se desarrolla en el diálogo e interacción con sus
semejantes, socialización que ocurre normalmente en la familia. No es lejano
al descenso de la fecundidad la tendencia al aumento en rasgos de la
personalidad más individualistas y con menos competencias de socialización
que caracterizan a los hijos únicos, que luego hacen más difícil la convivencia
matrimonial y social.
Hecho que también afecta sensiblemente la
disponibilidad de candidatos a vocaciones de servicio ante la necesidad de ser
la única persona que continúe las actividades familiares.
Retroceso del matrimonio y otros indicadores de la Segunda Transición
Demográfica5.
Colombia viene experimentando un retroceso en la proporción de personas que
contraen matrimonio desde mediados del siglo XX. Esta tendencia es similar a
la de otros países de la región de Latinoamérica y el Caribe, y en bastantes
países del mundo (Scott, DeRose, Lippman & Cook, 2013). Tendencia que ha
sido descrita por los demógrafos como uno de los rasgos de la Segunda
Transición Demográfica, experimentada por muchos países en la segunda
mitad del siglo XX. Los principales rasgos que definen a la Segunda
Transición Demográfica son:
1. Desinstitucionalización de las relaciones familiares.
2. Declive en la nupcialidad (el 60% de las mujeres colombianas estaba
casada en 1964, cifra que desciende a 20% en 2010).
3. Aumento en la edad de contraer matrimonio (en Colombia no ha variado,
permaneciendo alrededor de los 21,5 años desde 1990, ENDS 2010).
4. Aumento en la proporción de solteros viviendo solos.
5. Se prefiere la unión libre (cohabitación) al matrimonio (aumento constante
desde 12% en 1964 a 35% en 2010; Colombia tiene la segunda tasa más
alta del mundo de cohabitación después de Perú que tiene un 38%).
5 Los niveles y tendencias expuestos en esta sección para Colombia se obtuvieron de Florez &
Sánchez, 2014.
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6. Aumento de hijos fuera de unión matrimonial (más de la mitad en algunos
países; Colombia, con 84%, es el país con más hijos nacidos fuera del
matrimonio).
7. Aumento en el número de divorcios y uniones posteriores (rematrimonios),
bajo una legislación permisiva. Los divorcios aumentaron en Colombia de
13 a 19% entre 1964 y 2010. La proporción de mujeres de 30-44 años
alguna vez unidas y vueltas a unir asciende de 15% en 1990 a 24.9% en
2010.
8. Valores culturales postmodernos que dan prioridad al individuo y al
igualitarismo en la relación de pareja, con énfasis en la autorrealización de
los adultos sobre la relación de pareja y sobre los niños.
El aumento en parejas que cohabitan y uniones más inestables, evidenciado en
divorcios y separaciones, son dos características importantes de los hogares
colombianos en los últimos treinta años (Florez & Sánchez, 2014). La
proporción de uniones consensuales colombiana es la mayor del mundo (Child
Trends y Social Trends Institute, 2014).
El número de niños que viven sin su padre biológico aumenta de 10 a 20%
entre 1990 y 2010, tanto los que viven sólo con la mamá, como los que viven
con la mamá y padrastro (Florez & Sánchez, 2014). Los niños que viven sin
ninguno de sus padres biológicos asciende a 11%, la mayor cifra de
Latinoamércia y el Caribe; y la proporción de niños que nace fuera del
matrimonio asciende a 84, la mayor cifra del mundo (Child Trends y Social
Trends Institute, 2014).
Estas tendencias conllevan cambios en la composición de los hogares. Un
10% de los hogares encuestados en 2010 reportaron ser unipersonales, el 35%
hogares nucleares completos, el 12% nucleares incompletos, el 24% familias
extensas, el 8% conformados por parejas sin hijos y el 4% familias compuestas
(las que incluyen a un no pariente) (ENDS 2010). Cabe resaltar que disminuye
el tamaño medio de los hogares, siendo lo más frecuente 3 ó 4 personas por
hogar. Hecho que se explica en buena parte por un cambio de mentalidad
sobre los hijos, se propone calidad sobre cantidad de hijos.
Estas familias y hogares conformadas anteriormente por ambos padres
biológicos, ahora son cada vez más familias y hogares reconstituidos o
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monoparentales, debido a un aumento en separaciones y divorcios. Se estima
que las mujeres separadas y divorciadas aumentan de 13 a 19% entre 1964 y
2010. Así mismo, la proporción de mujeres de 30-44 años alguna vez unidas y
vueltas a unir asciende de 15% en 1990 a 24.9% en 2010. El número de niños
que viven sin su padre biológico aumenta de 10 a 20% entre 1990 y 2010,
tanto los que viven sólo con la mamá, como los que viven con la mamá y
padrastro.
La regla de oro según las ciencias sociales.
La preocupación por esta situación se hace más urgente ante los hallazgos de
las ciencias sociales que cada vez confirman más la importancia de la familia
fundada en el matrimonio heterosexual como la regla de oro del nicho
ecológico del desarrollo de los niños.
La estructura familiar moldea el carácter y el contexto de la vida infantil, así
como los recursos humanos disponibles para los niños (Huarcaya et al., 2013;
Park, 2007). A lo largo del tiempo en la mayoría de sociedades y culturas el
matrimonio ha sido una institución importante para estructurar las relaciones
íntimas entre adultos y para conectar a los padres entre ellos y con los hijos que
han engendrado (Chapais, 2008; Davis, 1985; Goode, 1963). En muchos
países el matrimonio ha cumplido un papel importante en proveer un contexto
estable para concebir y criar hijos, y para integrar a los padres en la vida de sus
hijos (Chapais, 2008; Heuvelin et al, 2003). Las modalidades de convivencia
familiar (número de padres y otros adultos presentes en el hogar) moldean el
carácter y el contexto de la vida infantil (Clark y Hamplová, 2013;
McLanahan, 2012; Schmeer, 2013). El tamaño de la familia influye en el
bienestar infantil, en parte porque los niños en familias grandes tienden a
recibir menos inversiones financieras y de cuidado parental que los niños de
familias pequeñas (Downey, 1995). Sin embargo, otras investigaciones
sugieren que los niños que crecen sin hermanos pierden experiencias de
socialización (Downey & Condron, 2004). Interesa también estudiar la
maternidad extramarital porque en muchas sociedades los niños que nacen
fuera del matrimonio tienen menos posibilidades de disfrutar de una vida
familiar estable que los niños con padres casados (Brown, 2010).
Adicionalmente, los niños cuyos padres no están casados también tienen una
menor probabilidad de tener resultados positivos en muchos aspectos de su
vida, desde el comportamiento social hasta el rendimiento académico (Castro
Martin, 2002; Park, 2007; Wilcox, 2010).
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Hay abundante evidencia en la literatura científica que tanto a corto como a
largo plazo es beneficioso para los niños ser criados por dos padres biológicos
o adoptivos casados, comparado con otros tipos de arreglo familiar, en los
cuales se enfrentan a un mayor riesgo de problemas socioemocionales y de
comportamiento, de más bajo rendimiento académico, peor salud y más
probabilidades de lesiones personales no intencionadas (Albrecht & Teachman,
2003; Anderson, Greene, Hetherington & Clingempeel, 1999; DeLeire & Kalil,
2002; Demo & Acock,1988; Fagot et al., 1998; Forehand, Long & Brody,1988;
Goldscheider & Goldscheider, 1998; Martinez & Forgatch, 2002; Moore,
Morrison & Glei, 1995).
La investigación reciente muestra que los padres que están en unión libre o
consensual presentan desventajas en cuanto a tres factores: la estabilidad de la
relación, menor estabilidad económica y procesos famiiares de menor calidad parentalidad y calidad de la relación marital-, que los padres unidos en
matrimonio (Amato, 2000; Brown & Booth, 1996; Carlson, 2007; Kamp Dush,
Cohan & Amato, 2003; Manning, Smock & Majudmar, 2004; Sandberg &
Hofferth, 2001; Thomson, Hanson & McLanahan, 1994). Por tanto parece que
estos tres factores pueden explicar por qué la estructura familiar y sus cambios
media en el bienestar de los niños a lo largo de sus vidas (Brooks-Gunn, Han &
Waldfogel, 2002; Harold & Conger, 1997; Harper & Fine, 2006; McLanahan,
Astone & Marks, 1991).
El bienestar de los niños observado en estructuras familares fundadas en el
matrimonio no proviene del hecho de vivir con dos padres, pues hay evidencia
de que los niños cuyos padres viven en unión libre presentan más resultados
adversos que aquellos de padres casados. Los hijos de padres en uniones
consensuales presentan mayores probabilidades de problemas emocionales y
de comportamiento, de estar en pobreza, y de tener menor rendimiento
académico (Acs & Nelson, 2002; Cavanagh & Huston, 2006; DeLeire & Kalil,
2002; Ducharme, Doyle & Markiewicz, 2002; Dunifon, & Kowaleski-Jones,
2002; Kalil, A., DeLeire & Jayakody, 2001; Manning, 2002; Osborne, 2003).
Sin embargo, los niños de padres en uniones consensuals evidencian ventajas
sobre aquellos de madres solteras que no están en unión consensual, pues
tienen en sus hogares la presencia de dos adultos con relaciones románticas
entre ellos que ordinariamente aportan dos ingresos (Acs & Nelson, 2002).
Algunos autores argumentan que la estabilidad, es decir, el número de
transiciones en la estructura familiar, influye más en el bienestar de los niños
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que el tipo de estructura familiar (Hao, & Xie, 2002). La presencia de otros
adultos también puede atenuar los cambios en la estructura familar,
principalmente la presencia de abuelos y otros familiares adultos (Cherlin &
Furstenberg, 1986; Hill, 1999).
Luces y sombras de la familia en Colombia
Los datos demográficos presentan un panorama ciertamente sombrío de la
familia colombiana. Pero el cuadro sería incompleto sin otras dimensiones
esclarecedoras. Resulta de gran interés señalar los hallazgos sobre la
percepción que tiene la sociedad colombiana de la familia, resultado de la
investigación realizada sobre la sostenibilidad de la familia en Colombia, en
búsqueda de una definición de familia sostenible (Salazar et al. 2013).
La sociedad colombiana reconoce el valor público de la familia y a la familia
nuclear completa como el mejor lugar para la crianza, formación, educación y
desarrollo de los niños y jóvenes, valoración respaldada por el hecho
sociodemográfico de una mayoría de niños viviendo con ambos padres
biológicos (62% según Child Trends 2014). Entre los retos que amenazan la
sostenibilidad de la familia en la dinámica interna se encuentran unas
relaciones humanas caracterizadas cada vez más por la inestabilidad,
superficialidad y poco compromiso, dentro de una fuerte presión de la cultura
del consumo en todos los estamentos sociales, y por niveles de violencia
intrafamiliar que requieren atención. La familia colombiana está amparada por
una legislación que cada vez le brinda mayor protección. Pero que presenta
falencias al no fundamentar la familia en el matrimonio estable y duradero, y
que paulatinamente abre las puertas a la equiparación de las uniones
homosexuales al matrimonio. Algunas familias se deslizan hacia realidades
fragmentadas de personas aisladas, alejándose de la familia que mejor cumple
con las funciones de la familia, aquella fundada en el matrimonio estable entre
un hombre y una mujer con intención de procrear un número suficiente de
hijos que permita el reemplazo generacional y educar a los hijos en el mejor
nicho ecológico de la transmisión cultural.
En cuanto al sector educativo, tanto la educación oficial como privada
reconocen a la familia como actor clave en el binomio familia-escuela. Se
evidenciaron algunos procesos adversos a la sostenibilidad de la familia como
la falta de cupos escolares y deserción escolar de los niños motivada por
ruptura familiar y carencias en los niños y adolescentes por ausencia de ambos
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padres, en gran parte motivada por jornadas laborales muy extensas y en parte
aliviadas por la presencia de otros adultos como abuelos o tíos. Así mismo se
constataron dificultades en el ejercicio de la autoridad por el discurso de los
nuevos derechos de niños y jóvenes. La iniciativa estatal colombiana de
Escuela de Padres favorece la sostenibilidad de la misma y es altamente
apreciada. Los padres tienen gran necesidad de servicios de guardería, y
proponen la extensión de las jornadas escolares para que sus hijos estén
cuidados mientras ellos regresan a la casa del trabajo.
Desde la perspectiva de la salud familiar se evidencia la disfunción familiar
como el principal riesgo a la sostenibilidad de la familia desde el sector salud.
La familia comienza a ser potenciada en su sostenibilidad mediante acciones
de puesta en práctica de la perspectiva de salud familiar y la correspondiente
atención al grupo familiar por expertos en medicina familiar. Desde hace
algún tiempo también viene apoyada por el aseguramiento del grupo familiar
mediante la vinculación laboral de uno de sus miembros.
En el sector trabajo y empresa la sostenibilidad de la familia se encuentra
amenazada por el desempleo y por la informalidad laboral, la ausencia de
trabajo que permita ingresos al hogar, la migración internacional de madres y
padres en busca de trabajo, la sobrecarga de roles, el desbordamiento de
afectos y problemas del trabajo llevados a la familia o viceversa, el estrés, las
situaciones de trabajo que no permiten una fecundidad deseada y necesaria
para el reemplazo generacional y que dificultan la equidad generacional o el
cuidado de los discapacitados y enfermos crónicos.
La legislación colombiana viene realizando esfuerzos en la protección a la
mujer en situación de cabeza de hogar, concede licencia de maternidad, etc.,
sin embargo hay carencias de políticas integrales de protección de la familia
como unidad social. La iniciativa de Empresa Familiarmente Responsable,
apenas incipiente, surge como actor importante de fomento de la sostenibilidad
de la familia.
Similar al efecto de un filtro respecto al agua contaminada y agente
regenerador de tejido es el papel que juega la Iglesia en cuanto a las relaciones
entre los miembros de la familia, facilitando su sostenibilidad.
La creciente alfabetización en medios (TICs) por parte del Estado y el sector
privado han ayudado al control de contenidos y a la protección de los niños de
Documento 8 – Pág. 56
riesgos que amenazan la sostenibilidad de la familia como la pornografía
infantil y la trata de personas.
La visión de familia promovida por Naciones Unidas presenta retos serios a la
sostenibilidad de la familia en cuanto a su esencia, unidad y equidad
intergeneracional. Pues plantea modelos de familia divergentes de la familia
heterosexual fundada en una unión estable de por vida.
Según el recorrido realizado, una más completa definición de familia
sostenible sería aquella que fundamentada en el matrimonio heterosexual
estable y duradero promueve y protege el potencial de sus miembros sin
comprometer el de sus descendientes (esto es, su integridad humana,
biológica-genética, psicológica, intelectual, espiritual y su hábitat), generando
a su vez capital humano y social, con la participación concertada del Estado y
de la sociedad civil6.
Algunas propuestas
1. Dar a conocer de modo entusiasmante a las jóvenes generaciones la
grandeza del matrimonio. No cabe duda que la educación en el amor y
para el amor sólido constituye una imperiosa necesidad de la sociedad
colombiana actual. El matrimonio propuesto como la respuesta más
ecológica a la realidad del enamoramiento y el amor humano, como marco
donde se propone, cuida, protege y perpetúa el "sólo contigo y siempre
contigo". El matrimonio como la propuesta de vida que más beneficia a
los hijos, tanto en su socialización, educación y desarrollo. Los niños
prosperan, progresan y se desarrollan del mejor modo en la familia unida
en matrimonio, según los hallazgos de las ciencias sociales (Child Trends y
Social Trends Institute, 2014; VV.AA. 2007).
Salta a la vista la necesidad de repensar la preparación matrimonial, la
posibilidad y necesidad de incorporar estrategias curriculares tanto a nivel
medio como superior, como el apoyo de instituciones de iniciativa privada
que trabajan en favor de la juventud. Pues una de las causas del aumento
en separaciones y divorcios lo constituye la ignorancia práctica y carencia
de competencias y habilidades de la vida diaria para asumir los
6
Documento de trabajo sin publicar del Instituto de la Familia, Universidad de La Sabana, Chía,
Colombia (2011).
Documento 8 – Pág. 57
compromisos de un matrimonio, en una sociedad cada vez más
individualista y volcada hacia el éxito laboral.
2. Valorar y proponer la grandeza de las familias numerosas. Al tiempo que
se requiere estar más preparados para acompañar y consolar a los padres
que pierden a su hijo único.
3. Oportunidades para la acción: habrá creciente necesidad de instituciones
para la atención y cuidado del adulto mayor, que con la experiencia
multisecular y el saber hacer de las personas de fe aportarán las mejores
condiciones a este grupo poblacional vulnerable en aumento.
4. Realizar estudios de prospección de la oferta de niños que podrán asistir a
las entidades educativas, pues el número de estudiantes descenderá cada
vez más. En otros países se han cerrado muchos colegios.
5. Reflexionar y encontrar propuestas que ayuden a las familias a realizar el
número de hijos sin necesidad de acudir a la anticoncepción, dentro de una
mentalidad de apertura al don de la vida.
Documento 8 – Pág. 58
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