1º Domingo de Cuaresma. Ciclo B.

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1º Domingo de Cuaresma. Ciclo B.
1º Domingo de Cuaresma. Ciclo B. domingo 26 de febrero de 2012
Gn 9, 8-15
1º Pedro 3, 18-22
Mc 1, 12-15
“Alianza de Dios con Noé, liberado del diluvio”
“Cristo, murió una vez, por nuestros pecados”
“Jesús fue tentado por Satanás y los Ángeles le servían”
Evangelio
El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre
las fieras, y los ángeles lo servían.
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia
de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena
Noticia.»
Comentario
El desierto de la vida
Con la celebración del tiempo de cenizas, la Iglesia da comienzo al tiempo de cuaresma. Puestas en
nuestras cabezas, es un indicador del tono de estos días preparatorios para la pascua, como itinerario
penitencial. Este tiempo favorable, tiempo de salvación, es un llamado fuerte a la conversión. Podemos
graficar esta realidad y exigencia cristiana, con una comparación tomada del lenguaje militar o bélico.
Tenemos en nuestras manos tres armas y tres combates. Las tres armas espirituales son la limosna, la
oración y el ayuno. Los tres combates son con el demonio, el mundo y la carne. El Evangelio presenta
en este primer domingo de cuaresma la tentación de Jesús en el desierto y el anuncio de la conversión.
El Señor, teniendo treinta años, se presento en el río Jordán, para recibir el bautismo de manos de
Juan Bautista, inaugurando así el verdadero bautismo y dando comienzo a su ministerio público. Como
preparación anterior para su predicación y su misterio pascual, dice San Marcos, que El Espíritu llevo a Jesús
al desierto, durante cuarenta días y fue tentado por Satanás.
Los cuarenta días hacen referencia a un tiempo completo, que cierra una etapa para comenzar
otra nueva. Es un tiempo de prueba. El pueblo de Israel estuvo cuarenta años en el desierto, hasta llegar a
la tierra prometida. El diluvio, que habla la primera lectura, duró cuarenta días. Luego Dios hace una alianza
con Noé, dejando como signo de este pacto de reconciliación el arco iris, que une el cielo y la tierra,
presentando los siete colores, como símbolo de los sacramentos.
La cuaresma cristiana toma como modelo, los cuarenta días de Jesús en el desierto, donde ayunó y
oró. El desierto es el espacio de la lucha, la soledad y la tentación. Dice el Papa Benedicto XVI:
“En Tierra Santa, al oeste del río Jordán y del oasis de Jericó, se encuentra el desierto de Judea, que, por
valles pedregosos, superando un desnivel de cerca de mil metros, sube hasta Jerusalén. Jesús se adentró en
aquella soledad conducido por el mismo Espíritu Santo que se había posado sobre él consagrándolo y
revelándolo como Hijo de Dios”. (Ángelus. 1 de marzo de 2009)
El desierto es también un tiempo de retiro. Los monjes se retiraban al desierto o buscaban lugares
de silencio, escapando del ruido, para adentrarse en la profundidad de la oración y la penitencia. La
experiencia de retirarse a otro lugar para reflexionar, revisar la vida u oxigenar el alma, ayuda a fortalecer el
espíritu y preparar el corazón para los compromisos personales.
Hoy necesitamos, ante el stress y la aceleración de la vida este desierto interior. Dice el Padre
Rainiero Cantalamessa:
“La Cuaresma es una especie de cura de desintoxicación del alma. De hecho no existe sólo la
contaminación de óxido de carbono; existe también la contaminación acústica y luminosa. Todos estamos un
poco ebrios de jaleo y de exterioridad. El hombre envía sus sondas hasta la periferia del sistema solar, pero
ignora, la mayoría de las veces, lo que existe en su propio corazón. Evadirse, distraerse, divertirse: son
palabras que indican salir de sí mismo, sustraerse a la realidad. Hay espectáculos «de evasión» (la TV los
propina en avalancha), literatura «de evasión». Son llamados, significativamente, fiction, ficción. Preferimos
vivir en la ficción que en la realidad…Los jóvenes son los más expuestos a esta embriaguez de
estruendo…Los «faraones» de hoy dicen, de modo tácito pero no menos perentorio: «Que se aumente el
alboroto sobre estos jóvenes, que les aturda, para que no piensen, no decidan por su cuenta, sino que sigan
la moda, compren lo que queremos nosotros, consuman los productos que decimos nosotros».
Pero como no es fácil siempre tener unos días de retiro, si podemos tener más presencia de Dios, o
encontrar a Dios en nuestro propio corazón. Dice San Francisco de Asís:
“Tenemos una ermita siempre con nosotros; allí donde vayamos y cada vez que lo queramos podemos
encerrarnos en ella como ermitaños. ¡El eremitorio es nuestro cuerpo y el alma es la ermita que habita
dentro!”
No nos deje caer en la tentación
El demonio tentó a Jesús en medio de la soledad y el silencio, como a veces ocurre en nuestra vida.
Por eso el dicho popular: la soledad es mala consejera. El Señor permitió la asechanza del enemigo para
aleccionarnos a que El vino para derrotar al espíritu del mal, y ayudarnos a librarnos de sus tentaciones. Así
dirá a sus apóstoles cuando le enseñe el Padre Nuestro: “No nos dejes caer en la tentación”. El catecismo
hace una explicación muy certera de este tema:
Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la
tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos “deje caer” en ella…Dios ni es tentado por el mal ni tienta a
nadie” (St 1, 13), al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que
conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate “entre la carne y el Espíritu”. Esta petición
implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza. (C.I.C 2846)
El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior (cf Lc
8, 13-15; Hch 14, 22; 2 Tm 3, 12) en orden a una “virtud probada” (Rm 5, 3-5), y la tentación que conduce al
pecado y a la muerte (cf St 1, 14-15). También debemos distinguir entre “ser tentado” y “consentir” en la
tentación. Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es
“bueno, seductor a la vista, deseable” (Gn 3, 6), mientras que, en realidad, su fruto es la muerte…este
combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del
Tentador, desde el principio (cf Mt 4, 11) y en el último combate de su agonía (cf Mt 26, 36-44) (C.I.C
2847.2849)
La fuerza de la oración venció la tentación y el ayuno también aunque debilite el cuerpo. Por eso dice
el prefacio IV de cuaresma que el ayuno corporal refrena nuestras pasiones, eleva nuestro espíritu y nos da
fuerza y recompensa.
Es inevitable que aparezcan tentaciones. Lo importante es no pactar ni dialogar con ellas. Tenemos las
tres armas espirituales que se dijo al comienzo: la limosna, la oración y el ayuno para los tres combates,
contra el demonio, el pecado del mundo y la propia carne o sensualidad.
Sin encerrarnos en nosotros mismos el Señor anuncia lo propio de esta cuaresma: “Conviértanse y
crean en la buen Noticia”. Los dos aspectos se complementan: nosotros necesitamos convertirnos, cambiar,
mejorar, pulir muchas cosas, pero también afirmar la fe en la palabra de Dios. Por eso Jesús va a desarrollar
estos dos realidades en su predicación.
Un dicho popular tomado del lenguaje de las cartas del Tute, habla de “cantar las cuarenta”, que
traducimos en decirle todo a alguien. La Iglesia de alguna manera en esta cuaresma o cuarentena espiritual
nos quiere predicar las cuarenta, o decirnos cuarenta cosas para nuestra conversión. En esta cultura donde
se está perdiendo la línea divisoria entre lo bueno y lo malo, donde, por ejemplo, la moda juvenil de la
convivencia del noviazgo, se toma como normal, y no como pecado, la Iglesia en su predicación tiene que
volver a denunciar con caridad la verdad de Dios y el mal del pecado. Dice el Papa Benedicto en el mensaje
cuaresmal de este año, que tiene como lema un texto de la carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los
otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (He 10, 24)
“Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o
por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos
acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin
embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la
mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano”.
Que esta cuaresma, deje mella en el corazón, aprovechando este tiempo de gracia y conversión, de
apostolado intenso y lucha contra el pecado, venciendo con la gracia de Dios, la trampa de las tentaciones y
anunciando la palabra de Dios, como luz en nuestro camino y alimento cotidiano de estos días penitenciales
que nos preparan a la pascua. Porque cada día la cuaresma y la pascua están en nosotros.
Padre Luis Alberto Boccia. Cura Párroco. Parroquia Santa Rosa de Lima. Rosario
Lectura
del
libro
del
Génesis
9,
8-15
Dios
dijo
a
Noé
y
a
sus
hijos:
«Yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con
ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una
palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los
mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la
tierra.»
Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que
los acompañan, para todos los tiempos futuros: yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza
con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con
ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los
mortales.»
SALMO
Sal
24,
4-5b.
6.
7b-9
R. Tus senderos, Señor, son amor y fidelidad. Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame,
porque
Tú
eres
mi
Dios
y
mi
salvador.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mi
según
tu
fidelidad.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; Él guía a los humildes para que
obren rectamente y enseña su camino a los pobres.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
3, 18-22
Queridos hermanos:
Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustos- para llevarnos a Dios.
Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los
espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en
los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua.
Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión
de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de
Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las
Dominaciones y las Potestades.
Mt 4, 4b
El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

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