55 - El secretario

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55 - El secretario
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55 - El secretario
Lunes, 20 de febrero. Había vuelto el día anterior a Madrid del retiro de Granada. Y
ese mismo lunes me volvía a Munich. Como viene siendo ya habitual en mis
escapadas a Madrid, el lunes me levanté a las 6 y cuarto de la mañana, me duché y
vestí en un pis-pás y en menos de una hora con el metro me planté en Barajas e
hice el checking a tiempo para coger el avión de las 9:00 rumbo a Munich. El avión
aterrizó en Munich también perfectamente en hora; cogí el metro y a las 13:00, tal
como había avisado, me incorporaba a mi puesto de trabajo, la oficina 6417 de la
Oficina Europea de Patentes de Munich. Lo primero que hice, mientras se ponía en
marcha el ordenador, para animarme, fue mirar al calendario para mirar donde había
más fiestas o vacaciones. Entonces saqué la chuletita donde me había anotado el
día anterior los retiros de Chus.
Y es que el día anterior, de vuelta del retiro de Granada, nos paramos en Ocaña
para cenar. Ocaña es donde Chus estuvo uno o dos años de novicio. Es un pueblo
muy bonito, que yo descubría ese día. Después de andar un poco y comprobar que
el restaurante donde quería ir Chus cerraba el domingo por la tarde nos fuimos a la
búsqueda de otro que estuviera abierto y acabamos en uno que se llamaba El
Comendador de no sé qué. Y mientras comíamos y bebíamos lo propio, en algún
momento le dijimos a Chus - “Chus, anda, saca tu agenda a ver qué retiros tienes a
los que nos podamos apuntar este año”.
Y entonces, como digo, ya en mi oficina, saqué la chuletita y empecé a marcar las
fechas en el calendario grandote que tengo colgado en la pared, empezando por el
retiro aquel que estaban organizando para la Pascua en Cercedilla. Y luego según
iba marcando otros... ¡Genial!, no me coincidía con ningún compromiso. (Y mira que
había cruces por todas partes en el calendario). Tampoco lo de Viena. Parecía que
en el calendario hubieran estado reservados esos huecos. “Quizás estas fechas ya
las tuviera marcadas el Señor en su calendario para mí desde hace mucho tiempo”.
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Antes de convertirme yo tenía un deseo que consideraba absolutamente utópico,
pero no por ello dejaba yo de soñarlo. El deseo era el de tener una especie de
secretario de absoluta confianza al que pudiera confiar toda clase de tareas. Desde
organizarme las vacaciones a hacerme las llamadas telefónicas, arreglarme citas, los
médicos, las cuentas,... Pero también que supiera aconsejarme sabiamente en todo
momento, con perfecto conocimiento de lo que fuera mejor para mí. En fin, que me
organizara la vida. Y, puestos a pedir, que me tratara con cariño y que fuera un buen
amigo y no me fallara nunca. Vamos, un secretario de absoluta confianza. Y
entonces, de repente, delante del calendario... me sentí invadida por una inmensa
alegría.
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56 – En el grupo
Y con las pilas recargadas en el retiro de Granada me disponía a afrontar la última
etapa de la Cuaresma. Este año la Semana Santa caía pronto, era la semana del 20
al 27 de marzo, o sea, que quedaba sólo un poquito más de un mes.
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Nancy, la gran “veterana” del grupo junto conmigo, nos ha abandonado. Se ha vuelto
a Bolivia. También Angélica, ella relativamente nueva en el grupo, se ha vuelto a su
país, a Méjico. Con lo que el grupo ha pegado un ligero bajoncillo en número. Pero el
Espíritu sigue creciendo en los que quedamos.
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Poco a poco vamos ampliando nuestro repertorio de canciones con ayuda de los
cancioneros y los CDs que me voy trayendo de Madrid. Pero nos empezamos a dar
cuenta del bien que nos haría una guitarra. Juan, el chico que vino antes de Navidad
con la guitarra un par de veces, no ha vuelto a aparecer. El caso es que Marta y
alguna otra dicen que podrían aprender a tocar. Quizás tengan alguna guitarra en la
Parroquia que pudiéramos utilizar.
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Hoy domingo 6 de marzo, después de misa, he comentado a la hermana Vicenta lo
de la guitarra. Dice que posiblemente haya una o dos por ahí perdidas por la
Parroquia, que las buscará.
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El Señor dirige este grupo con mano firme y no duda en destrozarnos cualquier tipo
de plan que no sea el suyo. Resulta que mi madre me había pasado un cuadernillo
con el que se podía hacer una sanación interior en grupo: “Sanación interior por
medio del vía crucis”, se llamaba el cuadernillo. Parece que lo han hecho alguna vez
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en el grupo de mi madre y les ha hecho mucho bien. Así que lo propuse en el grupo,
aquí en Munich, y para asegurarme de que asistieran los más posibles marcamos
una fecha: el 7 de marzo.
Pues bien, ese día, después de haber estado preparando antes fotocopias,
buscando las citas bíblicas y demás, resulta que van y aparecen por el grupo sólo
dos: Miriam y Mirna. “¡Qué extraño! Y qué raro que no venga Marta. ¡Con la ilusión
que tenía por hacer lo del vía crucis! ¿Le habrá pasado algo?”.
Pero es que el Señor tenía otros planes para ese día. Sí, al poquito Mirna, a la que
yo todavía no conocía mucho (todo lo que sabía era que era sobrina de Nancy y que
había llegado hacía poco a Munich), pues animada por aquella inesperada intimidad
en el grupo se arrancó a hablar. Mirna aquel día tenía mucha necesidad de que la
escucharan. Así que yo, viendo el nuevo rumbo que tomaban las circunstancias “Raquel olvídate del via crucis por hoy y sigue escuchando. Ya haréis el via crucis
otro día que haya más gente”. Y seguimos con el rollo. Eso sí, al final estuvimos
orando las tres, claro.
Al día siguiente quedé con Mirna para ayudarla con unas cosillas. Y al final
estuvimos tomando algo en casa y... Entonces sí que sí se desahogó. ¡Puah! me
contó toda su vida. Y lloraba y lloraba. Me recordaba cuando fui yo por primera vez a
casa de Chus.
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Un día se me ocurrió que ya que no teníamos predicador en el grupo, pues quizás
podría descargar algunas charlas de Chus de la página de frayescoba, y grabarlas
en CDs que pudieran ir rotando cada semana en el grupo para que las oyeran en
casa. Pero - “¡Qué dilema! Calculo que en la página debe haber aproximadamente
doscientas charlas colgadas. ¿Cuáles descargo?”. El discernimiento al final fue así.
Entré en la página y en seguida me vi atraída por las charlas sobre los dones del
Espíritu: El don de ciencia, El don de sabiduría, etc. Empecé a descargarlas pero no
sé por qué razón no podía grabarlas en CDs audio. Después de un par de intentos
con el mismo resultado decidí olvidarme de aquellas charlas. Y me fui a por las
charlas sobre el Evangelio de San Mateo (creo). Pero no sé por qué razón tampoco
podía grabarlas – “Fehler“ (Error) – me decía el ordenador. Entonces probé con la
serie sobre las cartas de San Pablo a los gálatas. Y éstas sí que podía grabarlas. Ya
sé que alguno se estará diciendo, “¡Anda qué menudo equipo de discernimiento que
tiene la comunidad de Munich!”. Pues sí, reconozco que yo también pienso a veces
lo mismo... En cualquier caso, tengo mucha curiosidad por ver cómo cae la
predicación gratuita de Chus en el grupo.
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57 - Señor, ¿qué pasa por fin con lo de mis quistes?
En mi interior entretanto estaban pasando muchas cosas...
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No dejo de pensar en los “quistes” aquellos que me ha estado revelando el Señor en
los últimos meses. Y, me siento, no sé, como insegura. Como si me estuvieran
quitando vendas y dejando las heridas al descubierto. Y como que me siento tímida y
temerosa en mi trato con los demás. A la defensiva. Me pregunto qué ha pasado con
los quistes aquellos que al Señor le molestaban tanto. Sí, ahí está toel meollo de lo
que me pasa. No me cabe duda.
Cuando me pongo a escribir sorprendentemente me salen muchas cosas de la
infancia. Y me vienen a la memoria muchísimos recuerdos del colegio, de mis
miedos, y de las experiencias que más me marcaron. Sí, me siento a escribir y es
como si el Señor me fuera desvelando todas esas heridas, y así se me pasan dos o
tres horas tecleando el ordenador sin que me dé cuenta...
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Yo tenía esperanzas de que me hubiera curado aquellos quistes tan dolorosos en el
Retiro de Granada. Pero creo que no ha sido así. Me acordaba de aquella profecía
que nos había dado el Señor por boca de Chus. El Señor nos dijo algo así “... yo
quiero entrar en vuestro corazón y curaros las heridas, los complejos y los
traumas...”. Y luego dijo algo así: “... no os preocupéis, volved a vuestros sitios de
origen y no os preocupéis por los resultados...”. Sí, algo así fue lo que dijo. Pero no
dijo nada de “Tus complejos y tus miedos ya están curados. Eres libre, levántate y
anda”. No. No dijo nada parecido.
Vamos que me da que todavía no están curados. “Dios mío, ¿qué querrás hacer con
estos quistes? Supongo que los quieres curar, pero ¿cómo? ¿Qué estás tramando?”.
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Entre tanto la Cuaresma seguía y yo iba poniendo mis esperanzas en que la
curación/liberación tuviera lugar en la Semana Santa. Sí, una muerte y resurrección
es lo que yo necesitaba. Por aquellos entonces ya había decidido que pasaría la
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Semana Santa en Madrid y me había apuntado al Retiro que estaban organizando
en Cercedilla. Mi madre se venía también.
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A mi sobrino Jorgito, cuándo tenía todavía menos de un año, tocó incorporarle la
verdura en la alimentación. Sí, le empezaron a dar los potitos de verdura, pero a él
no le gustaban nada. No había quien se lo hiciera tragar. Y aprendió a reconocer los
biberones y papillas de verdura por el color. En cuanto veía que se acercaban
Nieves o mi hermano con un tarrito de color verde se ponía a llorar y patalear
desesperadamente. Y ¡puah!, menuda la que se organizaba para que se lo comiera.
Tres o cuatro personas haciendo el ganso alrededor, moviendo 10 muñecos y
vehículos por el aire para despistarle, cantando todo lo que se sabían y qué se yo
cuantas cosas más. Se trataba de distraerle, con lo que fuera. Y entonces, a veces,
no se daba cuenta y ...PAF, entraba la cuchara en la boca.
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58 – Una relación parasitaria
Tengo una amiga a la que ya he mencionado alguna vez en los testimonios, como B
creo. Es una chica muy cariñosa y en su día, antes de mi conversión, su amistad y
consejos me ayudaron bastante en momentos de crisis. Yo la tengo mucho cariño.
Además algo que creo que compartimos desde que nos conocimos, aquí en Munich,
era que las dos éramos, como yo solía expresar, “de alma inquieta”. Sí, con esto me
refería a que éramos personas que buscan. Algo, aunque no sepan qué.
El caso es que cuando yo me convertí, pues al volver a Munich le hablé un poco de
lo que me había ocurrido. Pero nuestros caminos parecían con el tiempo alejarse
más y más. Ella estaba pasando una mala época, tras decidirse a romper con su
novio después de mil intentos tortuosos por sacar la relación adelante. Y claro, la
pobre en seguida se vio con la necesidad de llenar ese vacío que había en su vida
pues con otras cosas, otro novio, otra relación, otro hobby,.. exactamente como me
ha pasado a mí toda la vida antes de que el Señor viniera a sacarme de ese
laberinto. ¡Pobrecita! Y yo cuando podía, le hablaba un poquito del amor de Dios y
tal, y parece que algo le entraba... Pero no, la volvía a ver algún otro día, y nada,
seguía tan vacía como siempre o más. Lo que por un oído le había entrado parecía
haber salido por el otro... ¡Qué impotencia!
Y yo recuerdo haber intercedido y orado por ella como creo que no lo he hecho por
nadie.
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El caso es que para mí quedar con ella se empezó a convertir en un suplicio horrible.
Me encontraba fatal con ella. Empecé a perder confianza. No me apetecía hablarle
de nada de mis cosas, y las suyas, bueno, es que no me interesaban en absoluto, e
incluso prefería no oírlas. Me dolía oírlo. Sobre todo porque tenía la sensación de
que no me hablaba a corazón abierto, como en el pasado. No, sólo en muy raras
ocasiones dejaba su teatro y me hablaba desde el corazón. Últimamente casi
siempre venía con su “máscara”.
Y mi rechazo hacia ella aumentaba más y más. Me llamaba por teléfono o me la
encontraba y notaba como en casi un minuto yo me desinflaba, como cuando se
pincha una rueda – “... porque ahora como he adelgazado tanto bla, bla,..., pero,
maja, con Fulanito, más bien. Esta mañana cuando nos hemos despertado, ha
empezado a bla, bla,... Por cierto que tengo una falda que me compré que a mí ya
no me sirve porque como ahora estoy tan delgada, bla, bla,... y quizás a ti si te venga
bien,...” - Y cuando acababa notaba como si me encontrara a cero de energía. Me la
había chupado toda. “Dios mío, va a acabar conmigo”.
Y el caso es que yo aguantaba y aguantaba, porque pensaba que yo podría ser ella,
que pobrecilla... Y últimamente parecía que empezaba a salir a flote. Recientemente,
después de 6 meses de desintoxicación del desgraciado de su último novio, el
Fulanito aquel, me dijo un día mientras comíamos juntas - “Raquel, me he dado
cuenta de que en realidad Fulanito, del que yo creía estar enamorada, no existe, era
un montaje fantástico de mi cabeza. Era mentira”. Y yo pensaba –“¡Alabado sea el
Señor!, por fin un poco de luz en tanta oscuridad”.
Y entonces recuerdo muy bien que ese mismo día le dije que pasara lo que pasara
en su vida, yo sabía que... “Dios tiene un plan para ti, un plan maravilloso que tú
podrías aceptar. Pero Él no va a entrar en tu vida si tú en tu corazón no le das
permiso y se lo pides. Acuérdate, si algún día sientes que te hundes y tocas fondo,
de que esta alternativa existe y que Él está deseando salvarte”.
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Al día siguiente me puso un e-mail cortito en el que me decía algo así: “Ra, no sé si
ayer estuviste orando por mí. El caso es que no necesité tomarme nada para
dormirme. Me dormí inmediatamente y de un tirón. No me he despertado hasta que
esta mañana ha sonado el despertador... ¡Hacía años que no sucedía!”.
Yo me alegré muchísimo, sobre todo porque... yo no había orado por ella la noche
anterior. Quizás era ella la que había “aprendido a orar”. “¡Qué bien!, luego yo ya no
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soy necesaria en esta historia” (suponiendo que alguna vez lo haya sido). “En
cualquier caso - me dije- el Señor está actuando ya en su vida, lo sé”.
Pero sólo le respondí con otro e-mail cortito diciéndole que “¡qué bien!, me alegro un
montón”. No le dije que yo no había orado.
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Bueno, pues resulta que aproximadamente un mes después de aquello, así como a
principios de febrero, me la encuentro un día y me suelta que una “amiga” suya
brasileña había preparado el día anterior un encuentro en su casa por sorpresa con
el Fulanito en cuestión (el último exnovio). Y que ella sin saber nada había sido
invitada a su casa y que entonces allí se había encontrado con Fulanito (al que hacía
6 meses que no veía) y que, “¡Qué romántico!, a los 15 minutos ya estábamos
enrollados, y ¡con una pasión!”. Y parece ser que al día siguiente se habían ido
juntos a la agencia de viajes y se habían comprado unos billetes para irse juntos de
vacaciones a bla, bla,... Se iban a las dos o tres semanas.
Yo sentí un dolor. Como si me clavaran un puñal. Y no sé cómo conseguí disimular.
Además me entró una ira. La hubiera abofeteado allí mismo. “¿Cómo puede ser que
se deje manipular y engañar así? En tan sólo 5 minutos, gracias a su “amiga”, la
brasileña...”. Pero de alguna forma conseguí disimular durante dos o tres minutos y
luego ya puse alguna excusa y me largué. “Nunca más – pensé - Señor, no puedo
más. Ahora sí que la voy a dejar en tus manos. Enterita para ti. Yo no puedo más”.
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Unos días más tarde me llama por teléfono a la oficina. Me pilló por sorpresa - “...
este fin de semana voy a ir a esquiar con Fulanito. Estamos tan bien ahora. Y he
pensado que si tú no vas a esquiar, quizás me podrías dejar tu pantalón de esquiar.
¿Cómo es? ¿de peto?, ¡qué chulo! Aunque, bueno, como yo ahora me he quedado
tan tan delgada pues lo mismo me viene grande... porque claro, yo ahora estoy
mucho más delgada que tú, ... maja, menos de 45 kilos pesaba esta mañana. Ay,
pero qué bien ahora con Fulanito, aunque como él es tan alto, me dice que bla,
bla,...” - Cuando colgué el teléfono estaba de nuevo a cero de energía. Me la había
vuelto a chupar toda. “Dios mío, va a acabar conmigo. No lo soporto más. Por favor
haz algo”.
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Como si ella pudiera oler que yo ya sólo pensaba en quitármela de encima... Un día
vuelvo a casa por la noche y me topo con un mensaje que me había dejado en el
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contestador. “Raquel, me siento inundada de amor. He estado hablando con mi
madre. Por cierto, Raquel, que he pensado que si te parece le voy a dar a mi madre
el teléfono de la tuya porque como mi madre no tiene con quien hablar de las cosas
de Dios pues... seguro que se hacen muy buenas amigas y bla, bla,... “. Menos mal
que el contestador tiene un tiempo limitado de grabación y la cortó en medio de toel
rollo... Pero lo grabado ya había conseguido hacerme hervir la sangre. Y es que, sí,
de repente lo veía claro. Esta chica no tiene vida propia, está como vacía y vive de la
energía que chupa a los demás, entre otras yo. Y tiene un punto de anclaje y en
cuanto intuye que quieres quitártela de encima te intentar engañar con alguna nueva
artimaña para fijar otro punto anclaje. Y ¡qué astuta! esta vez me ponía de cebo las
de Dios, y mi madre (!!!), seguro que pensando que eso sería para mí un cebo
infalible. Sí, ella no se da cuenta pero es así como funciona.
***************
Un día de febrero, unos días antes de irme al retiro de Granada me desperté
preocupada e inquieta, por el hecho de que esta amiga tenía una copia de la llave de
mi casa. Como vivíamos cerca decidimos en su día intercambiarnos una llave de las
casas respectivas por si acaso. Y yo ahora sentía la necesidad de recuperar mi llave.
De repente se me enciende una lucecita - “Anda, según mis cálculos ella debe estar
ahora con el desgraciado de su novio de vacaciones en la Conchinchina... ¿por qué
no voy a su casa, abro con la llave que yo tengo de su casa y recupero la mía?”. “No,
hombre, Raquel ¿cómo vas a hacer eso?”. Pero aquella luz brillaba con más y más
fuerza... “Bueno, ¿por qué no? Al fin y al cabo ella tiene mi llave por si yo la necesito
en un caso de urgencia. Y ese caso ha llegado, necesito recuperar mi llave...
Además a ella no le ha importado nunca que yo entrara en su casa, (por ejemplo
cuando se iba de vacaciones y me pedía que le regara sus 250 plantas). En
cualquier caso, es verdad, para ella que yo entre en su casa no es una invasión a su
intimidad como lo sería para mí,...”.
Dicho y hecho, cuando llegó la noche (¿para darle más emoción?) agarré la llave de
su casa y me fui para allá. Abrí la puerta, entré sólo hasta el sitio donde está colgado
el llavero. Allí no tuve dificultad en reconocer mi llave. La cogí y me la guardé en el
bolso. Del bolso saqué un libro que quería devolverle y una carta donde le decía que
había entrado porque necesitaba mi llave y que le devolvía el libro. “... Muchos
besos. Raquel”.
Por el camino me sentía super contenta y aliviada. Empezaba ya a saborear la
libertad. Ya sólo faltaba el tirón final.
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Una o dos semanas más tarde sucedió que... era lunes. A mí me había llamado unos
días antes uno de estos poquísimos “amigos” de antes de mi conversión que me
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quedan en la Oficina de Patentes y me había propuesto comer juntos ese lunes,
aunque se había quedado la cosa un poco en el aire. “Nos llamamos el lunes por la
mañana para confirmar”. A mí no me apetecía mucho, o mejor dicho, no me apetecía
nada de nada. Y además sentía que a él tampoco. Que para él era también un
compromiso. “Déjalo en Sus manos; si no tienes que ir a comer con él sucederá algo
para que no vayas”. Eran como las 10 y media y empezaba a inquietarme - ”Bueno,
y éste que todavía no llama, ¿qué hago? ¿le llamo yo?”. “No, espera un poco,
Raquel”. Y al poco suena el teléfono. Lo cojo. Era mi amiga, que había vuelto ya de
vacaciones de la Conchinchina - “Ya he visto que entraste a por la llave. Quería
saber si quieres que comamos juntas, hace sol y podríamos salir fuera y tengo tantas
tantas cosas que contarte...”. Y yo -“Pues no sé, porque en principio he quedado con
bla, bla,..”. Ella – “Bueno, si al final no vas con él, me puedes mandar un e-mail”.
Nada más colgar me llama el otro, qué resulta que venía un técnico a su casa y que
tenía que ir para allá al mediodía. “Nada, nada, no te preocupes, otro día será” – le
dije yo. Yo, a esas alturas, y tal como se estaban desarrollando las cosas me olía
que la mano del Señor estaba detrás de todo esto. Como que el Señor me estaba
brindando la ocasión en bandeja... Le puse un e-mail a la amiga diciéndole que por
fin no iba a comer con el otro y que podíamos quedar. “Yo también tengo cosas
importantes que contarte”- le dije. Afortunadamente, como todo había sido tan
espontáneo no había tenido tiempo ni de preocuparme ni de pensar en nada de lo
que iba a decir o hacer. “Raquel, antes de lanzarte a decir nada, observa y escucha,
dale una oportunidad, no sea que venga sin máscara. Pero no dejes que te
envuelva, si viene con máscara antes de que te envuelva en su teatro hablas tú”.
Antes de salir de la oficina invoqué al Señor para que viniera conmigo y...
Me encontré con ella. Estaba muy morena claro, y bla, bla, durante los tres primeros
minutos escuché – “... en realidad volvimos ya la semana pasada pero es que el fin
de semana estuvimos de nuevo esquiando, bla, bla,... maja, si vieras cómo me
agarraba por la cintura por detrás mientras juntos bajábamos por la cuesta, ¡tan
romántico!...”. Y yo notaba como se me empezaba a calentar la sangre... “Si espero
un minuto más tendré ya la sangre hirviendo y ya sólo podré mandarle a tomar por
culo sin más”. Entonces,... -“Un momento, antes de que sigas, mira es que yo tengo
una cosa muy importante que decirte. Además es una cosa que nos concierne a las
dos, a ti y a mí, así que te pido por favor que me escuches. Lo siento, yo no lo
soporto más...”. Y empecé a despotricar lo mío, seguramente sin mucho tacto, pero
es que yo a esas alturas, no podía más... Por otra parte, mis esperanzas de poderme
sentir entendida por esta chica eran ya nulas. Y yo según le hablaba sentía como si
me estuviera arrancando una sanguijuela que hubiera estado chupándome la
sangre. Y de repente el bicho empezó a debatirse, y retorcerse. Y atacaba, y ciego
de dolor buscaba rápidamente cómo anclarse de nuevo... “Porque tú cuando te
separaste de Christian (¿a qué viene esto ahora?)... y porque tú tienes que
respetarme,...y el amor de una madre no juzga (¿pero qué coño tendrá que ver eso
conmigo, si yo no soy su madre?),...- y seguía el bicho lanzando las últimas
cornadas al aire, ya casi a la desesperada y yo aguantando el tirón – “...porque
cuando tú te enamoraste de Menganito, bla, bla, (Dios mío, ¿qué tiene que ver esta
historia ahora?) ... porque tienes que aceptar que lo de tu grupo no es mi camino
(¿qué tendrá que ver ahora mi grupo? ¿Y cómo sabe que no es su camino si nunca
ha venido a mi grupo?),... porque cuando yo te propuse lo de la meditación (Esto sí
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que es fuerte, ¡compararme al mequetrefe ese de su meditación con mi Dios!)....
Pero yo con una fuerza que ciertamente no provenía de mí, pegué el último tirón y
me arranqué el parásito, que se quedó allí retorciéndose de dolor. “No importa,
Raquel. En seguida encontrará otra fuente. No te preocupes. Tú, vete”.
Pero me fui temblando de allí. La lucha me había dejado agotada. Necesité un buen
rato hasta calmarme. Entre tanto andando había llegado hasta mi casa. Subí, cogí la
llave de su casa, me acerqué hasta allí, y se la eché al buzón.
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El resto de la semana todavía estuve bastante afectada. Y temblaba cuando
presentía que me la podía encontrar, en la academia de baile o por el trabajo. A
pesar de todo daba ya gracias a Dios y me sentía,... liberada. Sí, esa es la palabra.
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Entretanto se acercaban las vacaciones de Semana Santa, que yo pasaría en
Madrid. El viernes, día 18 de marzo, justo antes de salir para el aeropuerto me
acordé de mi amiga y me dio como una puñalada de dolor. Y lloré - “Señor,
pobrecita, ¿en qué manos caerá? Cuídamela, por favor”.
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59 - El final de la Cuaresma
Ya en Madrid, el sábado, después de ducharme, desayunar, vestirme etc., todo muy
tranquilamente, llamé a mi hermano Javi. Se puso Nieves, su mujer. Javi no estaba,
se había ido con Jorgito a ver a mi padre (era el día del Padre). Pero parece que
luego irían a misa a la Saleta así que decidí ir yo también a misa allí. Efectivamente,
allí me encontré primero con Nieves y luego pillé por sorpresa a Javi y Jorgito. La
misa la dijo Antonio. Nos habló de San José y la verdad es que me encantó. Antonio
tenía un brillo en los ojos cuando hablaba que sólo puede venir de una fuente. Allí
estaban también Cristóbal y Cristina con el coro, y después de la misa le dijo
Cristóbal a mi hermano que me invitara a venir al grupo, que era precisamente los
sábados. A las 5 de la tarde se reunían. Yo acepté inmediatamente. La verdad es
que me parecía increíble que la conversación por teléfono aquella con mi hermano
hubiera tenido lugar hacía tan sólo dos o tres meses... Y el nuevo grupo carismático
en la Saleta era YA un hecho. Así que mi siesta de ese día fue algo corta y a las 5 de
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la tarde allí estaba yo con ellos dando gracias al Señor por aquel grupo. Mi corazón
pidió en la oración también que en aquella Pascua pudiéramos entregarle al Señor
las parcelas de nuestra vida que todavía no hubiéramos sabido/podido entregarle...
“Señor, si yo no soy capaz de entregártela, por favor, entra tú como sea. Derriba la
puerta. Te doy permiso para que lo hagas”.
***********
Por la tarde quedé con Esther, que apareció con la Flaca (¡qué sorpresa!) y nos
reunimos con Chus y los otros en el Boss. Ellos venían de ver a Trini y a las monjitas
de Lerma. Por la cabeza de Chus parece que se está cociendo un escrito en relación
con el sacramento de la Eucaristía, sobre la importancia de las comidas en las
Comunidades Carismáticas. “Porque lo de ir a La Joyita los miércoles después de
Maranatha no es porque sí...”- nos decía mientras comíamos. Y nombraba ya una
palabra muy rara: “Agalitosis”, o algo así.
Al salir del Boss saca Chus su cámara de fotos – “Julio, ponte ahí con Raquel que os
voy a sacar una foto”. Me abracé a Julio como un niño a su osito de peluche favorito
y ...Flashhhh!
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60 – Empieza la Pascua
El 20 de marzo, domingo de Ramos, decidí ir a misa a Móstoles, a San Martín de
Porres. Según llegué había bastante gente por la iglesia y algo de confusión. Parece
que Piti, que era el que tenía que dar la misa, no había llegado todavía. Y entretanto
se acerca Pepi, y me dice que no tenían lector para la segunda lectura y que si la
quería leer yo. Yo – “Bueno, vale”. Y pensaba – “Vaya, Señor, espero no ponerme
nerviosa, ya sabes que conmigo nunca se sabe”.
Entretanto ya había aparecido Piti, y la misa comenzó fuera con el relato de la
entrada de Jesús en Jerusalén. Luego ya entramos con nuestros ramos a la iglesia y
siguió la misa. Yo estaba al lado de Esther y Pepi. Cómo sabía que tenía que salir a
leer estaba ya un poco nerviosa durante la primera lectura y el salmo. Pero no pasó
de eso, un poco de nervios. Era una lectura de San Pablo, muy bonita.
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El lunes por la tarde fui a visitar a la Madrina (mi abuela). Vino también mi madre y
sucedió que... No sé, yo no tenía muchas ganas de hablar. La madrina me preguntó
algo sobre Munich y yo voy y respondo. “Mira Madrina, yo en Munich agarro la bici, y
cuando puedo, suelto el manillar, y voy alabando al Señor con todas mis fuerzas, así:
HE-ME AQUÍÍÍ, SEE-ÑOOOR, COO-MO UN NIÑO HEEE-ME AQUÍÍÍ”. Y de repente,
la madrina y mi madre, atraídas por tan espontáneo arrebato se unieron a la
alabanza. Y luego empezamos a cantar otra canción, y otra y otra, y la Madrina
acabo sacando su cancionero (algo amarillento ya)... Y yo en algún momento- “Pero,
¿qué ha pasado? ¿cómo ha surgido está alabanza, así?”. Y entonces me vino a la
cabeza que era lunes y que en mi grupo en Munich estarían orando en ese
momento.
Así que, ese día, ocupadas como estábamos con la alabanza, no tuvimos tiempo de
discutir de nada. La Madrina me dio también un folletito que hablaba del Rosario
Eucarístico, que le había sido revelado a un tal Alan Ames. “Alan Ames, me suena,
¿no fue este al que oyó Javi un día en el Templo?”. Y la Madrina y mi madre me
explicaban un poco cómo se reza el rosario y yo escuchaba un poco -“Bueno
Madrina, de todas formas, es que a mí todavía no me ha dado por ahí”.
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El martes por la tarde estuve con mi querido grupo de frayescoba. Durante la oración
mi corazón volvió a pedir lo mismo. “Señor, deseo con todas mis fuerzas que en esta
Pascua mueran mis quistes contigo. Señor, si yo no soy capaz de entregarte esta
parcela de mi vida, entra tú como sea. Libérame”.
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El miércoles estuve con Isabel Warleta. Estuvimos juntas en misa, en la Inmaculada,
aquí al lado de mi casa en Alcorcón, y luego rajamos y rajamos sobre el Señor
mientras comíamos y bebíamos por los bares. Isabel me ha pasado un libro que se
llama “El coraje de tener miedo”. Dicen que era uno de los libros favoritos de Pedro
Reyero.
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61 – De viaje a Cercedilla
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El jueves, día 24 de marzo, jueves Santo, era el día en que empezaba nuestro
Pascua en Cercedilla. Yo me levanté por la mañana y preparé todo tranquilamente.
Hasta las tres de la tarde no nos esperaban en la residencia. Clara ya me había
dicho el día anterior, que de las aproximadamente 90 personas que iban al Retiro,
así como un 80 % eran del grupo de Maranatha. Y como este grupo es tan grande, y
famoso yo estaba algo preocupada - “Ay madre, a ver si acostumbrada yo a mi
diminuto grupo no me voy a sentir a gusto con toda esta gente... ”. Y es que yo algún
prejuicio contra los Maranathianos me llevaba.
Y Clara nos había aconsejado también ir a Cercedilla en RENFE puesto que se
preveían fuertes atascos para ese día. Así que miré por Internet los horarios de los
trenes de cercanías y, después de comprobarlo por teléfono, por si las moscas,
decidimos coger un tren que salía a las 13:00 y llegaba a las 14:20 a Cercedilla. Muy
bien, pero con el pequeño detalle de que yo no iba sola, iba con mi madre. Y mi
madre, aunque haya estado mentalizándose y preparando el equipaje durante días
pues no puede evitar el dudar siempre en los últimos momentos - “Ay, Raquel, ¿tú
crees que me debería llevar este jersey de cuello vuelto o mejor la rebequita esta?” Y
yo - ”La rebequita, la rebequita”. “Ay Raquel, es que no voy a saber que ponerme
allí”. Yo - “No te preocupes que el Señor te lo dirá cada mañana o, incluso, te vestirá
él mismo”. Pero, en el momento en que teníamos pensado salir, me di cuenta de que
llevábamos una bolsa de deporte cada una, además de los bolsos normales. Y como
mi madre está muy mal de la espalda y tengo que llevarlo yo todo, me vino a la
cabeza una escena en la que yo, cargada como un burro con alforjas y voluminosos
fardos, intentaba hacerme paso entre la gente por el tren. “Mamá, cambio de planes,
voy a coger tu ropa y la mía y la voy a meter junta en la maleta de ruedas”. Mi madre
me mira como si hubiera visto un fantasma y empieza a protestar. Pero yo salí al
encuentro con un argumento absolutamente fulminante -“Mamá yo llevo el equipaje
luego yo decido. Además, no querrás que me parta la columna cargando con todas
estas bolsas por los trenes y estaciones, ¿no?”. El argumento funcionó a la
perfección, y mi madre tuvo que acceder a que todos sus enseres fueran violados y
trasladados a la maleta de ruedas mezclados con los míos. En exactamente dos
minutos (menuda soy yo haciendo y deshaciendo equipajes, más rápida que el rayo),
estaba el equipaje reorganizado. Pero mi madre todavía no estaba lista, andaba por
la casa buscando un rodillera y no acababa de ponerse los pantalones. Yo -“Mamá,
haz el favor de ponerte los pantalones DE UNA VEZ, porque al final vamos a perder
el tren”. Mi hermano Dani se había ofrecido a llevarnos en coche hasta la RENFE de
Alcorcón y, desde allí, iríamos en RENFE hasta la estación de Atocha para coger el
tren de las 13:00. Sí, ese era el plan. Pero cuando ya mi madre, por fin, había
renunciado a encontrar su rodillera y accedido a ponerse finalmente los pantalones
ya se nos había hecho bastante tarde. Y todavía quedaban los zapatos. Mi hermano
Dani - “Bueno, venga, no os preocupéis que yo os llevo en coche hasta Atocha”.
Pero antes había que pasar a poner gasolina... Y entretanto cambiamos de planes
así como cinco o seis veces. “Pues que nos lleve a Cercedilla en coche/ lo mejor es
que nos bajemos en la RENFE de Alcorcón como pensábamos/ pero si seguro que
ya no hay atascos/ y si nos tranquilizamos y renunciamos al tren de las 13:00 y
cogemos el que sale una hora más tarde,...”. Al final sube mi hermano al coche
después de pagar la gasolina y decide él: “Os llevo hasta Cercedilla en coche”. Y mi
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madre - “Pues entonces, para al final ir en coche no sé porque hemos tenido que
cambiar toda la ropa de sitio”.
Le pongo una mano a mi hermano en la cocorota, como me hacían a mí Angel y
Julio en Munich, y pido al Señor que le guíe. Ya en marcha sale mi hermano en
seguida a través de la M30, o la M40 o la que fuera, a la carretera de Galicia. El
ambiente en el coche era ya más distendido. Ya íbamos haciendo bromas y
riéndonos, de la rodillera, de la maleta de ruedecitas y de todo. De repente, ya en la
autopista, pasamos por una señal luminosa de carretera en la se anuncian atascos
de hasta 20-30 kilómetros. Efectivamente, después de un minuto, IIIIIIIIHHH!!!!
(frenazo) allí estaba ya el atasco. Mi madre: “Si ya decía yo que teníamos que
habernos ido en la RENFE”. Resoplidos por mi parte. Entonces dice Dani - “Ya sé,
como la línea de RENFE también va por aquí seguro que si me salgo de la autopista
por la próxima salida encontramos alguna estación de RENFE dónde podéis
interceptar el tren que sale de Atocha a las 13:00”. Yo -“¡Qué buena idea!. Todavía
tenemos bastante tiempo”. Al poco se anuncia una salida de la autopista y en el
cartel aparecía también el símbolo de la estación de RENFE. “Buah, ¡qué suerte!”.
Se sale mi hermano de la autopista y así fue cómo llegamos a la estación de RENFE
Las Matas. “Uffff, ¡qué alivio! Gracias, Señor, por habernos guiado” (un itinerario tan
original y creativo sólo podía venir de Él). Después de asegurarnos de que el tren
que iba a Cercedilla pasaba efectivamente por allí, compramos los tickets en la
máquina y todavía tuvimos tiempo de sobra para ir a los servicios, sentarnos fuera,
reírnos de todo... A las 13:45 apareció el famoso tren. Nos despedimos de Dani y
subimos. Yo - “Dios mío, menos mal que cambié los equipajes a la maleta de ruedas,
con lo bien que se lleva”.
En el tren, para amenizar el viaje, sacamos los bocatas que había hecho mi madre y
nos los comimos mientras disfrutábamos del paisaje. A las 14:20 llegamos a
Cercedilla, y, ¡anda! Clara nos estaba esperando. “¡Claritaaa! Pero bueno ¡Qué
sorpresa! Bla, bla,...”
§§§§§§§§§§
62 – Se reúne la Comunidad
Fuimos de las primeras en llegar a la residencia. Era super bonita. Yo me había
imaginado un caserón más bien rústico y resulta que aquella residencia había sido el
antiguo Hotel de Cercedilla, que había sido renovado y ampliado de forma exquisita.
Y estaba rodeado de una jardín precioso con banquitos y mesitas por todas partes a
modo de balneario. Y ahora era una especie de centro espiritual. En frente de la
recepción conocí a Canisfidel (el del Tablero de Mensajes de frayescoba), y luego a
Sor Simona, de la que ya me había hablado Clara. Sor Simona es la jefa de las
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monjitas que viven allí, que no son más que cinco. Es originaria de Navarra y tiene
un aire decidido y dinámico, y al mismo tiempo transmite infinita ternura. La gente
empezó a llegar poco a poco a la residencia. Y todo el mundo se quedaba en frente
de la recepción esperando a recibir las llaves. Y todos preguntaban por Clara “¿Habéis visto a Clara?”. Y a Clara se la veía pasar de vez en cuando por allí con
toda tranquilidad, sin dejarse arrastrar por ningún tipo de ansiedad. De repente oigo
“Pero Raquel, ¡si estás aquí!” Miro para atrás y ¡anda! pero si estaba allí aquella
mujer tan simpática que había conocido en el retiro de Granada - “Hola, ¡qué
sorpresa! tú también has venido al retiro ¡Qué bien!”. Y no le importó que no me
acordará de su nombre. “Chea, Mercedes” – me dijo. “Ah, sí, es verdad, claro, como
mi madre. Mira, mi madre también ha venido”. Y seguía viniendo gente y
amontonándose por la recepción.
“Pero, ¿dónde se ha metido Clara?”. Y entre tanto yo ya había conocido a Milagros
(que era dominica) y a algunos de Maranatha - “¿No serás tú Raquel la de los
testimonios de la web?”. Y es que bastantes personas me conocían por haberlos
leído (y yo, cuando me lo decían, me inflaba un poquito, lo reconozco). Y también
había venido gente de Jaén. Allí estaba Tomasa, (¡qué maja esta mujer! también la
había conocido en el retiro de Granada). Y viendo que en la recepción cada vez se
amontonaba más gente me salí con mi madre fuera a tomar el aire. Y, estando allí
sentadas, fue cuando se acercó Milagros y me dijo que quizás pudiera leer yo la
segunda lectura en la misa de la tarde (jueves Santo). Y yo pensaba -“Ya
empezamos, yo que quería estar tranquila, pero ¿por qué siempre me lo pedirán a
mí?. Espero no ponerme nerviosa, conmigo nunca se sabe”. Pero me tranquilicé
pensando que el domingo pasado (de Ramos) había leído en Móstoles y había
estado más o menos tranquila. Así que acepté, claro, y Milagros me dio ya una copia
de la lectura. Era también de San Pablo.
Y luego desfilaron por allí Lourdes y Mari Ángeles y otra chica que también me
sonaba, todas cargadas con guitarras. Y aquello era un festín de saludos y abrazos.
Por fin se decidieron en la recepción a empezar con la distribución de las llaves en
medio de aquel jaleo. Al mismo tiempo nos daban un parche identificador: Raquel,
MUNICH, ponía en el mío. “Mira Raquel, en el mío se han equivocado y me han
puesto también que soy de Munich”. Era verdad: Mercedes, MUNICH, ponía en el
parche de mi mamá. Y, cuando nos dirigimos al ascensor para buscar nuestra
habitación, distinguí entre la multitud de cabezas, maletas, y bolsas la cara de Chus.
“Anda, ya han llegado”. Y, al poco, vi a Fernando - “¡Eh! Fernando, hola, pero sí
también estas aquí, ¡qué alegría!”. Y nos pegamos una gran abrazo (a Fernando
Escardó también le había conocido en el retiro de Granada y nos teníamos ya mucho
cariño). Mi mamá y yo tuvimos que recorrer pa arriba y pa abajo y a un lado y otro
todo el edificio hasta descubrir que nuestra habitación estaba en el pabellón lateral.
Eso sí, era una pocholada de habitación, con un tragaluz en el techo y todo. La
habitación de Chus estaba también por allí cerca, que siempre reconforta. Mi madre
–“¡Qué barbaridad, Raquel! La de gente que te conoce por los testimonios. A mí ya
me llaman la madre de Raquel”.
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63 – En Getsemaní
Poco tiempo tuvimos de estar en las habitaciones porque a las 18:00 empezaba la
misa. Era en la cripta. Había que salir del edificio y por un caminito que cruzaba el
jardín se llegaba hasta allí.
Yo, ya desde el comienzo de la misa, empecé a sentir desasosiego. Que se fue
convirtiendo en nervios. Sí, pensando que tenía que salir a leer la segunda lectura.
“Vamos, Raquel, es ridículo. El otro día estuviste leyendo en Móstoles y no pasó
nada... Además, estos son tus hermanos”. Pero la misa avanzaba y yo en lugar de
tranquilizarme me ponía más y más nerviosa. Y notaba que el corazón se me
aceleraba al tiempo que se me contraían los músculos de la cara y del cuerpo.
“Señor, ¿qué me está pasando?”. Así como a la altura de la primera lectura, me
daba cuenta de que estaba al borde de un ataque de pánico. Mi madre estaba a mi
izquierda – “Oye, mamá, porque no sales tú a leer, es que estoy muy nerviosa. Anda,
por favor”. Pero mi madre, sin poder imaginar mi sufrimiento – “No, Raquel, ya sabes
que a mí me gusta prepararla y leerla con antelación”. Yo - “Glups, ya no hay
remedio”. Para colmo, miro para adelante y veo que Pepi había sacado la cámara de
vídeo y estaba filmando la misa. O sea ¡qué me filmaría también a mí!. Y empezaba
a notar un sudor frío por todo el cuerpo. – “Señor, ¿por qué me pasa ahora esto? No
entiendo nada”. Y acabaron los de la música con el Salmo y como no había ningún
agujero en el suelo para salir huyendo pues salí a leer. “Raquel muévete lo menos
posible porque estas temblando y Pepi te está grabando”. Y entonces empecé a leer.
”Dios mío, qué lectura tan bonita y yo aquí temblando de miedo”. Y acabé, hice una
reverencia un poco churra, y me dirigí a mi asiento de vuelta. Por el camino me
saludó Reme que estaba sentada por los primeros asientos, pero yo no pude ni
sonreírla de lo contraída que tenía la cara.
Para colmo al volver a mi asiento no se me pasó la historia. Al revés, empeoró
“Señor, ¿qué me está pasando? ¿Qué quieres de mí?”. Y después del Evangelio
Chus empezó con la Homilía... “...Y porque Jesús en Getsemaní, humano como
cualquiera de nosotros, muerto de miedo hasta el punto de sudar gotas de sangre...”
Y yo allí temblando de arriba a abajo. Y sudaba un sudor frío y me notaba las manos
congeladas, como si no me regara la sangre. “Raquel, ha llegado el momento. Es
aquí y ahora cuando me tienes que entregar lo que tú sabes. Tienes que contarlo”.
“Jesús es que tengo mucho miedo, yo no he conseguido hablar o sólo muy
parcialmente con nadie hasta ahora de eso”. “Ya lo sé, te aseguro que te entiendo,
yo sé lo que es el miedo. Y yo entonces estaba sólo. Pero tú ya no tienes que temer
porque yo voy a estar todo el rato contigo. Tú no vas a estar sola”.
¿Y a quién se lo cuento? Miré a mi izquierda. Pobrecita, mi mamá. Si se lo cuento a
ella se va a asustar mucho. Miré a la derecha. Allí estaba el bueno de Fernando
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mirando hacia el altar, también ignorante por completo de que a su lado yo estaba
librando la batalla de mi vida. Yo ya sentía lagrimas por la cara. Y mis tripas y todo
mi ser se debatía en aquella lucha. Cuando el Padre Nuestro les di la mano a mi
madre y Fernando. Mi madre – “¿Qué te pasa Raquel? Estás congelada de frío”.
Entre tanto se acercaba el momento de la Comunión. Y yo estaba tan aterrorizada y
angustiada que pensaba que ni siquiera podría llegar a comulgar. Estaba temblando
de pies a cabeza y se me caería la Comunión de las manos. “¿Y si no comulgo?.
Bien, podría no comulgar... pero eso sería dar la victoria a mis miedos y dar la
espalda a Jesús.”
**************
“No lo cuentes, Raquel. Si cuentas lo de tus ataques de pánico todo el mundo lo va a
utilizar contra ti y ya no podrás volver a los Retiros ni ver a Chus ni a nadie nunca
más. No lo cuentes. Además, seguro que aunque lo cuentes, tu Señor no te lo va a
curar. No va a servir para nada. Mira, al propio San Pablo nunca le llegó a quitar su
aguijón. A ti tampoco te quitará nunca el tuyo. Así que mejor que no te arriesgues a
contarlo...”
**************
“No, no es verdad. Esto que me está pasando no puede ser casualidad. Fe. Fe, fe,
fe... El Señor me quiere curar. Señor, quiero entregártelo, quiero contarlo. También
quiero comulgar. Pero mira en que estado me encuentro... Lo vas a tener que hacer
tú todo... Por favor, guíame”.
De alguna manera conseguí ponerme a la fila, llegar hasta Canisfidel que estaba al
final de la fila repartiendo la Comunión, y... aunque temblando conseguí meterme la
Comunión en la boca.
***************
La misa ya había acabado. Mucha gente había salido fuera. Mi madre y Fernando
también se habían ido. Y yo estaba todavía allí, clavada en mi silla. Muda. Inmóvil.
Estaba ya un poco más calmada, pero sabía que tenía que reunir la valentía y dar
una señal de alarma a alguien, decir a alguien que tenía algo muy importante que
contar. Ese era el primer paso. “Señor, guíame, tú”. Miré para atrás y vi que Chus
estaba sentado atrás del todo. Respiré hondo y fui hacia allá – “Chus, me está
pasando una cosa muy rara. Tengo la necesidad de hablar con alguien, de soltar
algo que no había soltado hasta ahora. ¿Podría hablar contigo en algún momento?”.
El pobre Chus me miró – “A ver, ahora tengo que dar una charlita y a las 9 cenamos
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y luego tenemos Vigilia. Quizás justo después de la cena. Lo mejor sería que
esperáramos a mañana”. Pero yo tenía miedo de que volviera el Chungo y que me
hiciera arrepentirme y quería asegurarme de que lo soltaba de una vez -“No sé Chus
si podré aguantar hasta mañana. Casi mejor después de la cena”. Y Chus – “Bueno,
si quieres, ahora todavía tenemos unos minutos, podemos salir fuera”. Yo – “No, no,
casi mejor después de la cena porque puede durar un ratito”. Y así quedamos.
Yo volví a mi asiento y en seguida noté que empezaba a tranquilizarme. “Ya está
Raquel, ya está el primer paso dado y alguien advertido”. Y el 4 patas no volvió. La
gente volvió a entrar a la cripta y Chus salió delante a dar la charla. Lo primero que
hizo fue advertir que muchas veces llegamos a un retiro con una idea determinada,
por ejemplo que vamos a descansar, o a pasarlo bien - “...y el Señor luego te juega
una pasada y te desbarata los planes. De forma que es Él el que pone el tema”. Yo
empecé a sentir mucho alivio al oír esto. Lo que me acababa de ocurrir venía
ciertamente del Señor. Y Chus entonces advirtió que al día siguiente se organizarían
confesiones y grupos de intercesión para los que lo necesitaran. Y yo sentí más
alivio todavía. Quizás entonces no fuera necesario hablar después de la cena con
Chus. Pobrecito, con lo ocupado que está. Sí, lo importante es que yo ya había
apretado el botón de alarma, y el Chungo se había largado... y ahora tenía la firme
certeza de que el Señor estaría conmigo y me protegería hasta el día siguiente en
que yo pudiera soltar mi lastre, probablemente mejor en el grupo de intercesión. Y yo
pude hasta disfrutar un poquito de la charla de Chus, que se centro en la palabra
aquella,... agalitosis, no, cómo era... agalíasis. Eso es, AGALÍASIS.
Después de la charla me cruce con Chus, y le dije que podría esperar hasta el día
siguiente. “Muchas gracias, Chus”.
****************
Para cenar, como todos no cabíamos en el comedor grande, un grupito pequeño se
tenía que ir al comedor pequeñito dónde comen las propias monjitas. Sí,
excepcionalmente para aquel retiro las monjitas ponían a nuestra disposición su
comedor. Yo, como éste estaba en zona de clausura pensé que estaría más
protegida allí. Y allí me fui. Y conmigo en la mesa estaban Mari Angeles, Vicky de
Barcelona, el técnico de sonido; y enfrente un matrimonio de Barcelona que no
conocía. Yo estuve bastante callada durante la cena. Hice algún esfuerzo por decir
algo pero estaba como sonada por lo que me había y estaba sucediendo.
Después de la cena me sentía mucho más tranquila y serena (empezaba a creerme
que por fin sería capaz de soltar mi lastre y hasta deseaba que llegara el día
siguiente para hacerlo de una vez). La Vigilia fue impresionante. Era la primera
oración así a la carismática del retiro y el Señor se manifestó de una manera... Hubo
profecías, alguna persona que soltó públicamente su lastre, un chico por detrás que
soltó varias palabras “de conocimiento” (bueno que se llamaba “palabra de
conocimiento” lo supe después porque yo nunca había vivido algo así). Y cuando dijo
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una de ellas, sobre una curación en la parte izquierda de la boca, como por la
mandíbula de arriba, a mí se me aceleró un poquito el corazón...
Luego ya, (yo, absolutamente derrotada) nos subimos a las habitaciones: Algo le
conté a mi madre de lo que me había sucedido. Sí, le dije que el Señor me estaba
pidiendo que contara una cosa que no había contado hasta ahora nunca. Que ya se
lo contaría con más detalle al día siguiente. Y entonces mi madre, sentada en la
cama, en un arrebato de sinceridad y con tristeza en la cara – “Raquel, yo hay una
cosa que tampoco fui capaz de contar nunca. Es que bla, bla,...”. Y luego ya caímos
en seguida en un sueño profundo. Y dormí relativamente bien. Pero recuerdo que
tuve una semipesadilla. Yo estaba en un colegio o algo así, y me esforzaba todo el
rato por hacer una cosa bien, pero el profesor y el resto de los alumnos se
empeñaban en desmoralizarme y echar a perder una y otra vez el resultado de lo
que había hecho. Y se reían y complacían desmoralizándome. Y yo me moría de
impotencia. Y me desperté en medio de la noche llorando. Pero luego me calmé y
me dormí otra vez.
§§§§§§§§§§§§§§§§
63 – La intercesión
Al día siguiente, viernes Santo, acudimos al desayuno entre las 9 y las 10. Yo estaba
ya “alerta” sabiendo que aquel día sería decisivo en mi vida. Después de ayudar a
Pepi, junto con otros, a preparar las mesas para el mediodía, me fui directamente a
la cripta para los Laudes, que fueron preciosos. Después llegó la charla de Chus, en
la que yo oí más palabras sobre entrega de parcelas. Pero también se mencionó de
nuevo el puñetero aguijón de San Pablo. “Ay madre, mira que si a mí tampoco me lo
quiere quitar”. Pero no, no. Chus al final dijo algo que yo sentí muy profundamente.
Algo así -“No tengáis miedo y atreveos a entregarle al Señor eso de lo que pensáis Señor, si tú consiguieses sanarme de esto que tanto me esclaviza yo sería tan
inmensamente libre y feliz... Atreveos”. Sí, no había ninguna duda de que el Señor
quería que se lo entregara.
Después hubo una pausa en la que yo conocí al chico aquel que había dicho las
palabras de conocimiento. Se llamaba José y estaba casado con Cris (era la pareja
de Barcelona que había estado en mi mesa durante la cena el día anterior). Además,
los padres de José también estaban allí en el retiro. Estuvimos hablando de los
carismas y de como el Señor consigue “sujetar” a las personas para que no se
apropien la gloria y demás. A mí me inspiraron seguridad y confianza.
**************
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Cuando volvimos a la sala Chus anunció los grupos de Intercesión que se habían
discernido. El número 2 estaba compuesto por Tomasa (aquella señora tan tan
cariñosa de Jaén), José y Cris Zaidín y otra señora. “¡Ah! Cris y José son los que
acabo de conocer,...mmm, Zaidín, este apellido me suena de algo”. Y mi corazón me
dijo –“Acude al grupo de Intercesión número 2”. Y eché a correr hacía allá para
asegurarme un turno. Cuando llegué ya había entrado una persona dentro (estaban
dentro de una capillita). Entonces yo sería la segunda. Llegó otra gente y yo defendí
mi turno todo el rato. Mientras esperaba, paseaba como un tigre en la jaula de un
zoo de un lado para otro. Llegaba el momento que el Señor me había estado
reservando durante tanto tiempo. Sabía que en cuanto entrara empezaría a llorar.
Efectivamente, cuando se abrió la puerta de la capilla y salió no sé si una chica, un
chico, una rana o un elefante, entré, me senté y casi de inmediato me puse a llorar.
Ellos en seguida me explicaron que si no quería explicar con detalles lo que me
ocurría podían también interceder sin que yo lo contara. Aquello fue una tentación
muy gorda. “No, no, siento que el Señor me pide que lo cuente, y sé que al menos yo
tengo que contarlo”. Y tras la primera catarata de lloros empecé a alternar las
lágrimas con palabras, y a explicar poco a poco lo que me pasaba “... porque yo
cuando era niña en el colegio era tan tímida e introvertida, y... buaaahh, me daba
vergüenza bla, bla y luego de joven también sufría porque bla, bla...y cuando me
preguntaban en clase, y... buahhh, buahhh,... y si tenía que hablar en público,
buahhhhh y en el instituto,... era una pesadilla, bla, bla,... y,... y creo que la cosa
derivó y a veces me daban ataques de pánico, y yo lo pasaba fatal, buahhh,... me
quedaba paralizada de miedo, y lo pero es que no podía contárselo a nadie y
buahhhh, ayer durante la misa fue horrible porque me sucedió que...”. Sí, lo vomité
todo. Sabía que cuento más vomitara mayor sería la limpieza -“... y quizás soy una
enferma, y estoy loca y necesito ir a un psicólogo...”.
La primera del grupo en intervenir fue Tomasa. “Nada de psicólogos, el Señor es el
mejor y único verdadero psicólogo”. Y empezó a hablarme de todo lo que Dios me
quería y yo, “buaaahhhhh”, venga llorar y llorar sin parar. Y entre tanto me imponían
las manos e intercedían por mí. El siguiente en hablarme fue José Zaidín. Y me tocó
profundamente lo que me dijo. Me dijo que el Señor estaba enamorado de mí y
fascinado por la mezcla de fragilidad y fortaleza que tenía. Y luego me dijo algo que
yo ya intuía y que él en ese momento me confirmó: que aquellos traumas y
complejos de mi infancia y que había arrastrado durante mi juventud y hasta hoy
habían sido el canal por el que el Señor había conseguido acceder hasta mí. “...Sí tú
no hubieras tenido esos complejos y miedos tú no habrías necesitado a Dios para
nada. Pero esos complejos y miedos han cumplido ya su función y el Señor te los
quiere sanar. Estoy viendo ahora mismo como te quitan un puñal del corazón”. Y yo
escuchaba sin dejar de llorar. Y ellos seguían orando por mí. Entonces le tocó el
turno a Cris que ella, algo más práctica que los otros, al principio me hizo alguna
pregunta. Yo -“No, a mí me da igual, yo no tengo ningún interés especial en hablar
en público... pero creo que es al Señor al que ya le empieza a molestar este rechazo
mío... Quizás si quiera Él hablar por mí”. Y entonces Cris me dio un consejo
absolutamente efectivo - “Si te vuelve a pasar, si vuelves a notar que te da un ataque
de pánico díselo a alguna persona de confianza que tengas cerca”. Era verdad,
ahora que ya había conseguido contarlo sabía que, claro... yo ya podría reconocer
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abiertamente aquello que me pasaba, y el hecho de ser capaz de decirlo y no tener
que disimular, desactivaría todo el miedo, el pánico y lo que fuese. Era el “disimular”
lo que me mataba. La última en intervenir en aquel grupo de Intercesión que el Señor
había escogido con tanto mimo para mí fue la señora que yo todavía no conocía. Se
llamaba Encarna, y me reconoció que algunas de las cosas que yo había contado
sobre la timidez, vergüenza y demás también le habían pasado a ella – “Pero, el
Señor me ha curado de todo eso. Y te va a curar a ti también. No te preocupes”. Y
siguieron orando un poquito más por mí.
**************
Cuando salí de la intercesión, en la que calculo había perdido un litro de agua por los
ojos, me fui a una capillita y seguí llorando otro rato más. Estando allí pensé en que
debía confesarme también. Con todas aquellas heridas y miedos ciertamente yo no
había sido libre y no había podido amar y tratar a las personas de forma sana. Así
que me dirigí hacia la cripta, dónde estaban teniendo lugar las confesiones y me
senté a esperar turno. Y mientras tanto seguía llorando, todo el rato. Una señora
(creo que se llamaba Marisol) se sentó a mi lado, y me pasó unos clínex. Y me
hablaba y acariciaba a veces con inmensa ternura mientras yo lloraba. ¡Cuánto
cariño me estaba dando el Señor a través de aquella comunidad!. Al final paré de
llorar, me llegó el turno y le solté mi confesión al padre Chus Villarroel.
***********
Después vino la hora de la comida. Yo me encontraba como en una nube. Aquella
intercesión había removido lo más profundo de mi ser. Sí, acababa de desnudar mi
alma por completo. Me sentía necesitada de protección. Así que en cuanto vi un sitio
libre al lado de Reme allí me senté. La comida estuvo muy muy rica: judías pintas y,
de segundo, pescado rebozado.
Después de ayudar a recoger las mesas, limpiarlas y prepararlas para la cena subí a
la habitación y al poco decidí bajar con mi madre a dar una vueltecita (había salido el
sol). Y durante aquel paseo le conté también un poco a mi madre que era aquello
que me había atenazado toda la vida. Y ella también se arrancó y me siguió
contando cosas que no había contado nunca hasta ahora. ¡Pobrecita! A ella no le
había llegado el turno de la intercesión. Pero habían planeado continuar al día
siguiente.
Yo estaba perpleja. No daba crédito a lo que estaba sucediendo. ¡Que poder el del
Señor que es capaz de penetrar hasta lo más profundo de los corazones y arrancar
lo que sea!
Después tuve tiempo todavía de subir y echarme un ratito.
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64 – La película
Creo que a las seis o siete volvimos a nuestra cripta. Para aquella tarde de viernes
Santo habían programado la proyección de una película de título “Jesús”. Y aunque
el título no era nada original la película, tal como nos había advertido Chus, resultó
serlo y en extremo. Era una película basada lógicamente en la vida de Jesús pero
que transmitía la humanidad de Jesús de una forma que te hacía que pudieras
identificarte con él. En aquella peli, Jesús era de carne y hueso, tenía su grupo de
amigos como cualquiera, le gustaban las bromas... sólo que a raíz de su “activación”
el día en que fue bautizado en agua y Espíritu en el Jordán, pasó a estar guiado por
un motor que le dirigía en todo momento hacía el destino como Salvador que el
Padre había planeado para él. Y la peli me daba la impresión de que Jesús iba
descubriendo ese plan poco a poco. No nació sabiéndolo todo. A mí sobretodo
aquella primera parte de la peli me impresionó mucho. Y ¿sabéis por qué? Porque
aquello de alguna manera me había pasado también a mí. Sí, mi vida había
transcurrido “normalmente”... hasta que de repente un día fui “activada” para cumplir
un plan. Un plan que de momento sólo Dios sabe (¡Aj!, Dios mío, y de momento
prefiero no saberlo). Sí, en lo referente a lo humano, aquello que le había ocurrido a
Jesús me estaba sucediendo a mí y a, supongo, que a muchos o todos de los que
estábamos en aquella sala... Y todos íbamos descubriendo ese plan (fuera cual
fuera, cada uno el suyo) día a día, como decía aquella carta de mi madre... PUAH
¡Menudo vértigo!. Y las escenas de las tentaciones en el desierto...
Gracias a Dios y como la peli era tan larga la interrumpieron a la hora de la cena. Yo
me colé a cenar con los de los regímenes a los que ya definitivamente se les había
asignado el comedor pequeño dentro de la clausura. Como era viernes no hubo
carne. Nos dieron un puré de verduras delicioso, y luego una tortilla de patatas
riquísima. Yo repetí de todo y estuve bastante parlanchina durante toda la cena.
Después de la cena proseguimos con la peli. Y gracias a Dios no me metí tanto tanto
en la peli como en la primera parte. Porque la escena de las tentaciones en
Getsemaní era ciertamente también muy impresionante... Y yo me encontraba muy
tocada por lo que me había ocurrido durante la misa el día anterior. “Mira, Jesús de
Nazaret, mejor que no lo hagas porque no servirá para nada –le decía el Chungo
mientras le mostraba las escenas más cruentas de guerras y catástrofes que habrían
de suceder en la historia - tu sacrificio no valdrá para nada y todo seguirá igual...”.
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65 – Siguen muriendo parcelas
Para la oración del día siguiente (sábado Santo) por la mañana me quedo sin
adjetivos. No tengo manera de describirlo. Sólo se me ocurre decir que el Señor se
manifestó de forma tan fuerte que sólo nos faltó tocarlo. Durante los Laudes empezó
a surgir en las oraciones lo de “Señor, baja a nuestros infiernos” y salieron más
profecías y era evidente que el Señor seguía esperando a que se le entregaran más
y más parcelas que él quería que fueran crucificadas y resucitadas con él.
Una de las cosas más lindas que recuerdo es que oí una profecía en lenguas, a
través de una mujer situada por delante. Yo no entendí la profecía pero sí sé que
jamás había oído sonidos tan dulces y llenos de ternura como aquellos. No los
puedo ni por asomo describir pero, cuando los recuerdo, sigo llorando de la emoción.
La charla de Chus de la mañana se basó en tres temas: el descanso del alma, la
bajada a los infiernos que recita el credo y la canción de Juan Luis Guerra “Tan sólo
he venido”. No puedo hacer otra cosa que recomendaros que la escuchéis (está
colgada en la página). Fue absolutamente preciosa. Fernando diría después –
“Jamás había oído, ni siquiera de Chus, una charla así”. Cierto que lo mismo le oí a
Fernando en Granada, pero no por ello dejaría ahora de ser verdad. Y entonces
Chus luego anunció que el tiempo (estaba nublado y algo lluvioso) había trastocado
los planes de jugar al camino de Emaús y que el Señor le había puesto en el corazón
que hiciésemos una oración de sanción en común y después una efusión del espíritu
en dos tandas. Y así fue como se hizo.
**************
En la comida (macarrones con tomate, y pollo en salsa con patatas, riquísimo
también) yo me senté al lado de Mavel (creo que se llamaba), y la señora aquella tan
simpática de Maranatha que estudiaba alemán porque su hija se casaba en breve
con un teutón. Después de la comida, como ya venía siendo habitual, recogí junto
con Jose María, Pepi y otros las mesas y las preparamos para la cena. Acabada la
tarea me fui a dar una vueltecita con mi mamá (“A respirar un poco”, como suele
decir mi madre). Y yo después me subí para arriba a echarme un rato mientras mi
madre se quedaba en el jardín tomando el sol (cuando no lo tapaban las nubes
porque el tiempo estaba muy cambiante). Estando ya despierta de mi siesta aparece
mi madre por la habitación. - “Raquel, ¿a qué no sabes lo que ha pasado? Pues que
estando tomando el sol se me acercó una señora y me dijo – Anda ¿tú no estabas
esperando ayer para el grupo de intercesión 2? Pues están allí otra vez”. Así que mi
madre se fue corriendo para allá y parece que acabó entrando y soltando el lastre
que tanto le pesaba. Además con las misma personas que yo, Tomasa, Cris, José y
Encarna. Y que la habían tratado con tanto cariño... Curiosamente te das cuenta de
que al mostrar con sinceridad tus debilidades y heridas a las personas, las personas
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en lugar de rechazarte o utilizarlas contra ti (como te insinúa la razón) pues no, te
muestran verdadera compasión y cariño. Pero claro, todo esto,... No, esta forma de
operar solo puede hacerla el Señor en sus comunidades, a base de empaparlas en
amor.
El caso es que mi madre estaba radiante de haberlo soltado y dijo que también había
llorado mucho. Yo me alegré mucho por ella.
§§§§§§§§§
66 – “Y al tercer día resucitó”
Cuando bajábamos para la cripta estaba Chus firmando libros en la recepción.
Entonces, como yo ya sabía que Chus tenía pensado hacer una ronda de
Testimonios, así como de paso le dije a Chus -“Chus, si hay testimonios por favor a
mí no me saques” (“Muy bien Raquel, mejor que no te fuerces ni a dar testimonio ni a
nada. Tienes que aceptar que hasta que el Señor no demuestre lo contrario tú eres
una enferma. Aunque se tenga que enterar Chus y quien haga falta”). Entonces
Chus, que estaba en ese momento plenamente concentrado en una dedicatoria
levantó la vista y me miró como si le hubiera hablado un marciano, y luego bajó la
vista, movió la cabeza para los lados, y con una mueca siguió con su dedicatoria
como si hubiera oído llover.
Llegamos a la sala, se sienta Chus y dice “Bueno pues había pensado que
dedicáramos esta tarde a testimonios. A mí me gustaría que salieran precisamente
las personas que me han dicho que no quieren dar testimonio y bla,... bla...”. Y lo dijo
de una manera tan simpática que me tuve que reír y cuando ya por fin dijo “Anda
Raquel, déjate de tonterías y ven aquí a contarnos tu testimonio”. Pues yo me
levanté llena de alegría y allí que fui y atención... ¡¡¡no me encontraba nerviosa!!!
Bueno, quizás un poquititín, pero... nada que me impidiera disfrutar de lo que
considero uno de los más altos privilegios en este mundo: poder dar testimonio de la
obra de Dios. Y lo mejor es que, como había salido la primera, pues ya no había por
qué ponerse nerviosa y disfruté de lo lindo de los testimonios que llegaron después.
Después de mí salió Chea que nos contó el precioso testimonio en relación con su
hija Eva. Y luego salieron también Ignacio Canisfidel, y Tomasa (¡qué risa!). Y luego
decían -“Qué salga Sofía, que salga Sofía” Pero yo oía por detrás a una señora que
decía -“Uy, Sofía, con lo tímida y reservada que es. Sofía no saldría nunca a dar
testimonio”. No acabo de oír esto y se levanta entre la gente una señora rubia -“Bien,
Sofía, bien” - decían algunos. Y Sofía nos conmovió con el Testimonio de su hijo. Y
creo que fue al acabar Sofía cuando salió un hombre bastante alto y guapetón y que
luego me di cuenta de que debía ser cura porque llevaba alzacuellos. “Pero si es
Carlos Bordallo” - dijo mi madre a mi lado. Carlos Bordallo. A mi este nombre me
sonaba mucho de habérselo oído a mi madre. Y entonces Carlos Bordallo nos
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deleitó con el espectacular testimonio del niño Lama. Que vino seguido de un
testimonio divertidísimo de la chica aquella tan simpática de Castellón (¿Yolanda, se
llama?). Y también salió Vicky, la chica de Barcelona, que a raíz del testimonio
multiplicó por 10 el cariño que ya me inspiraba. Y también salió Rosario y no sé si se
me he dejado alguno. El caso es que todos aquellos testimonios eran de una riqueza
tal, y tan apasionantes, divertidos y de todo que pasamos más de tres horas tan
ricamente. Y si no llega a ser porque el estómago nos recordó la hora de la cena
todavía seguimos con el festival.
*********
Durante la cena,... ¡aj! ya no sé ni qué comimos porque yo ya estaba borracha de la
aligatosis aquella. Y en el medio de la comida se levantó una de las señoras de Jaén
y se arrancó así, espontáneamente, con unas tonadillas Con una grasia. ¡Qué risa!.
Sí, aquello desbordaba ya agalitosis.
***********
Después de la cena volvimos a la cripta para celebrar la resurrección de nuestro
Señor. La ceremonia fue muy bonita, toda salpicada de cánticos de Gloria, Aleluya y
Resurrección. Y volvimos a participar de la Eucaristía. Reconozco que yo estaba un
poco tensa y nerviosa. Y es que creo que mi cuerpo todavía tenía grabado el
sufrimiento que había padecido en la última misa, la del Jueves Santo. Y tenía miedo
de que sucediera se reprodujera lo mismo (Quizás necesitara un tiempo de
recuperación, la operación había sido muy violenta).
Después de la misa había sorpresita. Nos hicieron salir brevemente de la sala y
cuando volvimos a entrar resulta que nuestra querida y alegre Lourdes Martín White
había organizado un tinglao de bebidas y gusanitos y patatas y demás cosas que se
ponen en los cumpleaños de los niños, para festejar. Y había sidra para brindar y
muchas cosas más. Y en seguida plantaron un micrófono en el centro y la gente
salió a cantar. Por cierto que una de las primeras que se arrancó a cantar, y de
forma absolutamente voluntaria fue la tal Sofía. Yo – “Jo con Sofia, esta es tan tímida
como yo”. Sí, y cantó una canción, y luego otra y otra más. No parecía querer
alejarse del micrófono.
Y luego salieron algunos a contar unos chistes. Y en algún momento va José Zaidín
y se marcha a buscar una guitarra. Parece que iba a cantar junto con Cris. Yo, que
precisamente tenía a Cris al lado - “¿No me digas que también sabéis cantar?”. Y
Cris –“Bueno sí, un poquito”. Y entonces por la introducción que hizo José al
micrófono de lo que iban a cantar... Entonces, se me encendió una lucecita. Anda,
pero si... Y le pregunté a no sé quien que confirmó al momento mis sospechas
¡Claro! Por eso me sonaba a mí el nombre Zaidín. Y es que ellos pertenecían al
grupo de Betania, el grupo que había grabado los CDs que he exportado hasta el
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grupo de Munich y cuyas canciones no nos cansamos de cantar. O sea que yo había
desnudado mi alma ante dos de los de “Ven y descánsate”. “Señor, qué nudos tan
raros haces con nuestras vidas, qué creatividad la tuya”. Y José y Cris nos cantaron
dos canciones del último disco, una de ellas muy bonita, “Como la luna”.
Y luego salieron Mari Ángeles y otros a contar más chistes - “Pues estaba Jesucristo
en una bar cuando bla, bla,... /... y entonces cogió el Papa y se puso al volante del
coche y apretó el acelerador y bla, bla,.../y entonces dijo el Espíritu Santo -¿por qué
no vamos a Roma de vacaciones que nunca he estado allí?”. Y, ja, ja, ¡qué risa!.
Hasta Sor Simona que estaba sentada en una silla atrás del todo se partía de la risa.
¡Aj! cuánto cariño y aliagalitosis había ya en aquella Comunidad.
§§§§§§§§§§
67 – La despedida
Al día siguiente los Laudes fueron preciosos. Chus nos habló en la última charla de
cómo se había sentido salvado durante aquel retiro por medio de la Comunidad. Y
todavía hubo algún testimonio más, de Pilar, que nos contó aquella hermosa teoría
sobre lo infinito de la gracia de Dios. También salió nuestro querido Fernando a
hacer un comentario sobre la humanidad de Chus Villarroel. ¡Qué gracia! se
equivocó y en lugar de decir el equipo de discernimiento de Maranatha dijo el equipo
de discriminación... “Ji, ji, esto sí que se podría aplicar al grupo de Munich” – pensé
yo. Y acabó nuestra última oración con todos en pie, clínex en mano, cantando la
canción de Juan Luis Guerra “Tan sólo he venido”.
Durante nuestra última comida del retiro (aunque faltaba ya mucha gente que se
había marchado por la mañana) yo estaba sentada en una mesa al lado de Ana, que
si no recuerdo mal es originaria de México. El caso es que comentaba con ella lo de
la profecía en lenguas aquella del viernes por la mañana - “Sí, yo también sentí que
jamás había oído sonidos tan bonitos”. Y fue como nos enteramos de que tan linda
profecía había salido de boca de Pilar Vaquero, que estaba sentada escuchándonos
precisamente a nuestro lado en la mesa - “¿De verdad?”. Y nos quedamos las dos
boquiabiertas mirándola como si se nos acabara de aparecer un ángel del cielo. El
caso es que la cara de Pilar, tan dulce, me cuadraba perfectamente con aquellos
sonidos. Y seguimos con la comida y bla, bla, y aliogiosis por todas partes. Y poco a
poco la gente ya se empezaba a levantar y a despedir.
Bueno, yo calculo que antes de que me subiera al tren con mi madre intercambiaría
con aquella Comunidad unos 300 besos y 100 abrazos (como éramos tantos, 92,
pues se nos olvidaba ya de quien nos habíamos despedido y con algunos repetía por
si acaso. Y, al final, mi madre, que durante aquel retiro se había llamado “la madre
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de Raquel”, despidiéndose de Chus - “Ay, Chus, yo creo que no serviría para madre
de una artista,...” Y Chus se dio la vuelta y se fue riéndose.
*************
Luego más tarde me vendría a la cabeza que había una persona de la que no me
había despedido – “Jo, precisamente Reme, con el cariño que la tengo...”.
§§§§§§§§§
68 – El último desarme
Lunes, 28 de marzo. La chica aquella colombiana del retiro (no me acuerdo cómo se
llamaba) me había dicho el domingo antes de salir de Cercedilla que había soñado
conmigo, que perdía al día siguiente el avión o estaba a punto de perderlo. Así que
aquel lunes me puse dos despertadores a las 6 y cuarto, por seguridad. Y, por lo
demás, la operación de costumbre para volverme a Munich. Pero esta vez hubo una
variante...
Yo tengo desde hace años una de esas navajitas suizas multifunción. Es
superpráctica, con sus pincitas y todo, y la llevo siempre en el bolso. Pero, claro, a
raíz de lo de los atentados terroristas prohibieron este tipo de objetos en los
equipajes de mano. Y entonces para viajar en avión la tenía que meter siempre
dentro de la maleta. Pero aquel día, tras pasar mi bolso por el control, me dice el poli
que vigilaba por la tele esa – “Llevas una navaja en el bolso. No puedes viajar con
ella. La tienes que dejar”. Yo - “Mier..., la navaja, se me olvidó”. Claro, yo ya había
facturado y no podía meterla ya en la maleta ni me daba tiempo a idear nada para
conservarla (iba con el tiempo justo). “Pero antes de que me la confisquen estos...” –
pensaba yo. “Bueno, salgo un momentito y ahora vuelvo” - le dije al policía. Entonces
salí fuera de los controles, y vi a un señor y una señora que se estaban despidiendo
de alguien antes de que entrara al control. Yo me despedí de mi navaja y se la
regalé a ellos.
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