Samantha James - Serie Travieso 01 - Venganza y Deseo

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Samantha James - Serie Travieso 01 - Venganza y Deseo
Samantha James - Serie Travieso 01 - Venganza y Deseo.doc
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TITULO: VENGANZA Y DESEO / MALVADO
TITULO ORGINAL His wicked ways
AUTORA: Samantha James
TRADUCIDO POR Grupo constanzaenglish
GENERO Romance Histórico
CONTEXTO: Escocia Medieval, 1200
PROTAGONISTAS: Meredith Munro - Cameron MacKay
UNA VENGANZA ES CONCRETADA EN UN SECUESTRO...
Poco antes de tomar sus votos como monja, Meredith Munro es
secuestrada del convento de Connyridge por un hombre que parece odiarla.
Cameron MacKay, el último de lo que alguna vez fue un poderoso clan, arde de
necesidad de concretar una venganza contra el clan Munro, a quienes culpa por el
asesinato de su padre y de sus seis hermanos.
Como hija única y heredera del pelirrojo Angus Munro, Meredith es la herramienta
perfecta para ejecutar la venganza.
“DAME UN HIJO Y TE LIBERARÉ”
Los MacKays necesitan un heredero para que el clan sobreviva... Y qué
mejor que el niño sea procreado por un MacKay y la hija de su enemigo
peor? Cameron desea que Meredith le devuelva algo de lo mucho que lo Munro le
sacaron.
Pero Cameron se ve sorprendido por la resistencia que encuentra en esta mujer
menuda, y reticentemente queda deslumbrado por su belleza y su valentía. El captor
pronto queda cautivado por su cautiva. Y juntos, Cameron y Meredith deberán curar
las heridas de dos clanes envueltos en una pelea sangrienta por siglos.
UN PACTO QUE PUEDE CAMBIAR LA VIDA DE TODOS...
Meredith y Cameron se atraen y se repelen continuamente. Cameron le propondrá un
pacto: si Meredith le da un hijo, él no tomará venganza contra el padre de Meredith y
ella obtendrá su libertad después de dar a luz. Un pacto tentador, que prevendría mas
derramamiento de sangre entre los dos clanes, pero podrá Meredith cumplir un pacto
en el lugar que mas teme en el mundo... la cama de un hombre...
Ambos protagonistas son complejos y guardan secretos que se van revelando a lo
largo de un argumento super entretenido y sensual.
JAMES SAMANTHA
HIS WICKED WAYS
VENGANZA Y DESEO
(Malvado)
Capítulo Uno
- 1200 - Escocia
“ No tengas miedo"
Las palabras entraron en sus oídos, de repente, frías como un lago en medio de un
congelamiento invernal.
Oyéndolas, Meredith Munro sintió un escalofrío que conmovió las profundidades de
su alma... un escalofrío que ella nunca había conocido antes.
Su rosario se resbaló hacia el piso. No tengas miedo, la voz había dicho.
¡Oh Dios, pero ella tenía miedo! De hecho, estaba aterrorizada, pues dentro de su
celda había tres hombres, dos figuras gigantescas las había visto de reojo
Y la mano del tercero ahora apretaba su boca.
Los hombres no tenían nada que hacer allí, en el Convento de Connyridge. El Padre
Marcus era el único hombre que venía allí, a dar misa y a oír las transgresiones de las
monjas y las novicias que residían dentro de esas antiguas paredes de piedra.
Su mente giró desorientada. ¡Ay Dios, estaba en siendo puesta de pie! Ella había
estado de rodillas rezando al lado de la cama! El que la levantaba... su mano era
inmensa. Le cubrió la nariz y mitad de la boca para que ella apenas pudiera respirar;
Todo lo que ella podría oír era el latido de su sangre en sus oídos.
El miedo se extendía con cada pulsación de su corazón, un miedo alimentado por la
certeza horrenda de que estos hombres tenían intención de dañarla. Una docena de
preguntas vinieron a su mente. ¿Dónde estaba la Madre Gwynn? ¿Y la hermana
Amelia? ¿Cómo era posible que hubieran invadido estas paredes sagradas? Había tres
de ellos... tres! Nadie había oído un sonido? Un pensamiento horrible se cruzó por su
mente. ¡Quizá los demás no habían oído nada, pues ya estaban muertos!
No. ¡No! ¡No podría pensar de esa manera, pues no podría soportarlo!
Como para recordarle lo que sucedía, el brazo rodeó su cintura y la apretó muy
ligeramente.
La respiración caliente se sentía en su oído. "Una palabra de advertencia," vino el
susurro masculino nuevamente. "No grites, y no te haremos mal, lo prometo.
¿Entiendes "?
Su tono casi era agradable, pero Meredith sintió que esa no era su intención.
Grita, ella pensó débilmente. La sacudida y el terror la mantuvieron inmóvil. Ser
agradable... ¡La idea fue ridícula! ¡Los músculos de su garganta estaban tan
contraídos, que ningún sonido podría haber salido aunque ella hiciera el intento!
"Sacude la cabeza si entiendes ""
De alguna manera ella logró levantar y bajar su mentón.
"Excelente," él murmuró. "Ahora, Meredith Munro, déjame darte un vistazo"
El mundo formó remolinos alrededor de ella. Él la conocía. ¡Él conocía su nombre!
¿Cómo podía ser eso?
Lentamente, el hombre que la sujetaba levantó su mano. Meredith sintió que él la
daba vuelta para que ella lo confrontara.
Como para beneficiarlo, la luz de una luna llena se filtraba a través de la ventana
estrecha en lo alto de la pared. Meredith sintió toda la fuerza de su mirada recorrerla.
Aunque ella todavía tenía puesta su gruesa túnica gris, ella se sonrojó, pues ella no
tenía ni toca ni velo para cubrir su cabello largo. Nadie la había visto así desde el día
que ella le había dicho adiós a su padre, muchos meses atrás.
él ya no la tocaba, aunque estaban a una breve distancia. Ella supo instintivamente
que ese hombre era el líder. Reuniendo coraje, Meredith subió poco a poco su
mirada f hacia su cara. En el caos frenético de su mente, él encarnaba todo tipo de
males. Sus rasgos eran borrosos en la oscuridad, pero ella nunca había visto ojos
tan intensos y brillantes. Sus entrañas empezaron a congelarse. ¿Era esta la cara de
la muerte?
Su mirada descendió hacia la espada a un costado. Del otro lado colgaba una daga que
lucía tan mortífera como la espada. Un estremecimiento la recorrió, pues
repentinamente estaba realmente estaba segura que...
Si hubiera sangre derramada esa noche, sería la de ella.
Uno de los otros hombres encendió una vela en la mesa de madera. ¿" Es ella "?
Él preguntó.
Esos ojos intensos nunca dejaron de mirarla. Ciertamente, ellos parecían atravesar
piel.
"Es ella," fue todo lo que el líder dijo.
"Sí," El hombre replicó. "Ella tiene la apariencia de los Munro""
Su boca había quedado seca, pero ella se forzó a hablar. ¿" Qué hace usted aquí? No
lo conozco, pero usted me conoce ""
Él no estuvo de acuerdo ni lo negó.
¿"Tiene la intención de matarme?
Él no lo negó. En lugar de eso, él preguntó, “ Mereces la muerte"?”
No, ella deseó gritar. En lugar de eso las puntas de sus dedos se deslizaron hasta el
pequeño crucifijo de plata colgaba de su garganta y que había sido un regalo de su
padre el día que la había traído aquí. Ella tocó la superficie, como para
obtener consuelo y fuerza de la cruz. Otra vez ella oyó las palabras de su
padre cuando partió:
“Recuerda, hija, Dios siempre estará con vos... como lo haré yo”.
Ella sacudió brevemente su cabeza. "No me corresponde a mí sentenciarme""
El respondió "Tal vez deba ser yo quien juzgue eso "
Meredith se quedó sin aliento. El hombre no respetó al Señor? Oh, qué pregunta
absurda,! una voz interior de ella la retó. Su misma presencia aquí era la respuesta
obvia.
“Ningún hombre debe juzgar, sólo Dios "" Ella trató duramente de librar el temblor
de su voz.
¿" Pero eso raramente es verdad, cierto? ¿Cuántos de criaturas de Dios mueren por
enfermedades "? Él no deliberaba, ni la buscaba una respuesta de ella. " Los niños y
los viejos, tal vez. Pero los hombres... ah, los hombres se matan el uno al otro... y
algunas veces las mujeres, también ""
Un escalofrío recorrió su espalda, y esta vez no había ningún equivoco en la amenaza
implícita en su tono. Meredith no lo pudo evita y se sintió empalidecer.
"Las demás"" Su voz tembló. " La Madre Gwynn. La hermana Amelia. Ellas están... "
" Están vivas y sanas, y abrigadas en sus camas""
Ella respiró profundamente. Lentamente dejó salir el aire, haciendo un intento
desesperado de no aterrorizarse. ¿Por qué él había venido por ella?
¡Seguramente no irla para llevarla con su padre! ¡Oh, debía escapar de ese demente,
pues solamente un demente se atrevería a meterse en ese lugar santo como él lo
había hecho! Escapar fue lo primero que vino a su mente. Y a su corazón
Y se escapó.
¡Oh, pero debería haberlo sabido! Rápida como ella huyó, él era más veloz en su
reacción. No se logró dar tres pasos y él ya estaba sobre ella. Fuertemente los
brazos la rodearon, calmando el frío.
Ella se sintió arrastrada hacia atrás, su cuerpo apoyado contra el del hombre como
si estuviera frente a una pared de piedra.
Su reacción era más instintiva que racional. Ella se resistió y se retorció, tratando
salvajemente de escapar del asimiento de sus brazos.
" Quédate quieta!" él susurró.
No. No podía. No lo haría. Ella renovó su lucha con vigor, sólo para oír una maldición
resonar en su oído.
¡"Por Dios! Basta"!
El antebrazo apretando su cintura, amenazaba con aplastarle las costillas y cortarle
la respiración. Ella podía sentir la fuerza de él, sentirla en cada músculo de su cuerpo.
Cuando empezó a jadear por respirar, se dio cuenta que él podía vencerla tan
completamente y tan fácilmente como quien corta la ramita de un árbol.
Su cuerpo perdió toda resistencia. Su cabeza cayó. Un sonido ahogado salió de su
garganta, un sonido desesperado. Odiaba la forma en que temblaba... y odiaba
saber que él seguramente debía sentir el temblor, también. Si debía morir,
entonces que los santos la perdonaran por ser tan cobarde! - ella pidió que la muerte
viniese rápidamente, una daga clavada en su corazón sería conveniente.
Pero no.
En un segundo, sintió sus pies dejar el piso frío de piedra. Quedó aturdida de
encontrarse depositada en el banco delante de la mesa.
"Ahora harás como yo diga""
Pero un pensamiento cruzó rápidamente por su mente, como un viento a través de
los árboles. Una vez antes ella había sido arrancada de su cama en medio de la noche.
El resultado sería el mismo? Dios Mío te pido que no!. Pues si lo fuera, e no lo podría
soportar... no otra vez.
Poco a poco ella levantó la cabeza. " Si tienes la intención..." Por Dios!, no podía
encontrar dentro de ella las palabras para decirlo!
“ No hay ninguna necesidad de....”
¿" Desvirgarte?”
Ella sintió un calor la inundarla de vergüenza. "Sí," ella murmuró.
Su risa fue triste... y despiadada. " Con lo creo, Meredith Munro. Si estuviera con
necesidad de una mujer, entonces esa no serías vos. Realmente, debo forzarme a
soportar tu presencia ""
Tal seguridad en sus palabras apenas le causó alivio. Ella oyó el chasquido de
sus dedos.
Uno de los otros se movió, sacando un pergamino, una pluma, y tinta. Esto fue
colocado sobre suelo delante de ella.
"Escribirás una nota para la Madre Gwynn, declarando que no puedes entregar tu vida
a Dios y que no puedes permanecer en este mundo porque estás profundamente
avergonzada por tu falta de fe y devoción. "
Meredith jadeó. ¡Dios del Cielo, él la haría tomar su propia vida!
¡" No, no puedo hacer eso! Tomar mi propia vida sería un pecado mortal ""
El desconocido moreno sólo tuvo que colocar su mano sobre su daga.
Ella negó con la cabeza. " No sé escribir," ella comenzó desesperadamente.
" Mientes. Llevas cuentas para la abadesa ""
¿Cómo él sabía eso? ¿Quién era él, que sabía todo sobre ella?
¡Nunca Meredith se había despreciado tanto como lo hizo en ese momento! Ella bajó
su mirada, para que él no vislumbrara su desesperación, luego trató de alcanzar la
pluma. Sus ojos empañados con lágrimas, y observó como las palabras tomaban
forma.
“Madre Gwynn, y mis muy estimadas hermanas en Cristo:
Aunque me atormenta profundamente, no tengo otra alternativa sobre este punto.
Temo que ya no puedo quedarme al servicio del Señor. Estoy profundamente
avergonzada por ser tan débil en mi devoción y en mi espíritu, y así que debo acabar
con todo. Perdón, hermanas, por lo que debo hacer, y deben orar por mí, para
que mi alma no sufra la condenación eterna. “
Tratando desesperadamente de aquietar el estremecimiento dentro
de ella, firmó con su nombre. Con un sentimiento opresivo en su pecho, ella miró
hacia arriba.
Él la miraba, una mirada y aguda como la punta de una lanza. Él recogió la carta y
rápidamente la escudriñó. “ Recen para mí”, él leyó en voz alta. “Ojalá alguien
lo haga"" Él bajó la carta, dejándola sobre la mesa en medio de la habitación.
"Arriba," él ordenó.
Se le Cruzó por la mente desafiarlo... pero sólo por un instante. En verdad ella estaba
tan aliviado por todavía estar viva que por un segundo temió que sus piernas no la
sostendrían.
"Las manos"
Silenciosamente ella obedeció. Con una sacudida de cabeza de él, uno de sus
hombres dio un paso al frente.
Sus manos fueron atadas con una larga cuerda. Cuando la tarea estuvo hecha, el
hombre abrió la puerta.
Sus ojos intensos buscaron de ella. "Vendrás," fue todo lo que él dijo.
Meredith instintivamente tiró hacia atrás, pero fue en vano. Sus dedos se apretaron
alrededor de su codo. Ella resistió su contacto lo mejor que podía. Pero no tenía
mas alternativa que seguirlo.
¿Quién era ese hombre? ¿Qué quería con ella? ¿Por qué no la había matado
violentamente? De hecho, por qué la querría ver muerta ¿Por qué la querría viva? ¿O
verdaderamente él quería que ella se suicidase?
Habían pasado por los aposentos de la Madre Gwynn. La mirada de Meredith fue
hacia mas adelante. Ella se mordió el labio, su pulso se aceleró. Se acercaban a la
puerta del dormitorio donde las monjas dormían. Si ella gritara y diera la alarma,
entonces una de las hermanas podría despertarse. De hecho, podía haber alguien ya
despierto, pues seguramente se acercaba la hora de la primer oración en la capilla.
Entonces los intrusos serían descubiertos
Él se sacudió con fuerza contra él. La idea desapareció en un segundo. Su respiración
quedó suspendida. Su corazón seguramente se detuvo, pues repentinamente estaban
pegados, pecho contra pecho, muslo contra muslo. Meredith se congeló, al mismo
tiempo que se le ocurrió que el pecho de él era como una pared inmensa de hierro.
El Pánico la invadió, pues él inclinó su cabeza hasta que sus labios rozaron los de ella.
Si él no la mantuviese agarrara, ella seguramente habría saltado de su propia piel.
Jesús!, seguramente él no tenía la intención de...
"No lo hagas," él la advirtió al oído, " pues sólo saldrían heridas si quieren
ayudarte. Esta es una pelea que no puedes ganar.... Estoy determinado ha hacer
esto y nada me detendrá... ni nadie "" El brazo alrededor de su espalda se apretó
ligeramente antes que él diese un paso atrás
Oh, sí, ciertamente una advertencia! ella decidió amargada.
Despreciando su propia debilidad, Meredith apretó sus manos atadas en puños. Para
hacer más profunda su humillación, que los labios duros de él se curvron en una
sonrisa apretada, haciendo que los de ella se apretaran en una línea.
Sus ojos se encontraron en las sombras. "Hay otras formas de pelear además de
usando espadas"" De Dónde habían salido sus palabras valientes, ella nunca lo
sabría.
Hubo una risa corta y ruda. "Sí, las hay ""
Con ese comentar, él apretó su brazo y la dirigió por el pasillo, y bajaron las escaleras
estrechas. Sus hombres iban detrás de ellos.
él parecía saber exactamente a dónde iban, conduciéndola por la nave central de
la capilla. Bordearon el altar y se apresuraron a través de un claustro, y dieron la
vuelta a la izquierda cerca del refectorio. Demasiado pronto salieron en la libertad
húmeda de la noche. Sus pasos determinados nunca vacilaron. Pasaron por la
carpintería, la tejeduría y a través de los huertos.
Pronto estaban fuera de la muralla alta de piedra que rodeaba al convento, y sólo
entonces se detuvieron.
Estaban pardos delante de la cruz de granito de St. Michael, una cruz que había estado
allí por siglos. El olor penetrante a mar era perceptible, pero Meredith apenas lo
notó, pues la asaltaron los recuerdos. Luchó contras las lágrimas repentinas. Sus
pulmones ardieron con un dolor tan intenso que casi la hizo caer de rodillas. Había
sido allí, en ese mismo lugar del Convento de Connyridge, que ella le había adiós a
su padre. Ella le había implorado que no que regresara, no a menos que ella se lo
pidiera; pues Meredith temió que si él volvía, podría estar tentada de irse con él, de
regresar a
Castillo Munro... a su hogar. Su corazón latió con fuerza, pues casi podía ver otra vez,
los ojos azules que tanto amaba llenarse con lágrimas. Su padre había llorado
abiertamente
Y ella también.
Parecía tanto tiempo atrás.... Ella recordaba vívidamente cómo se había odiado a sí
por haberlo decepcionado. Como su única hija, ella sabía que su padre deseaba sique
ella algún día se casara y le diera nietos.
Meredith sabía que ella nunca se casaría... nunca.
Ella no había dicho a su Padre sobre esa noche horrible. Nunca lo haría. ¡En
verdad, nunca se lo había contado a nadie en esta Tierra! Aunque la d...
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