Temas y formas líricas del Romanticismo CADA EPOCA LITERARIA

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Temas y formas líricas del Romanticismo CADA EPOCA LITERARIA
Temas y formas líricas del Romanticismo
CADA EPOCA LITERARIA impone unos determinados temas. Como en el romanticismo todo ha
de remitir al YO y al ámbito de sus sentimientos. La poesía va a tratar de modo preferente una amplia
gama temática del intimismo sentimental.
El yo íntimo es fuente primera de temas, pero no se agota ahí el abanico de las preferencias. Al
romántico le gusta romper límites en el espacio y el tiempo, y abrirse así a la evocación restauradora
de ámbitos remotos (medievalismo, ideales caballerescos y heroicos), o recrearse en mundos
exóticos (espacios, figuras, costumbres.), o perderse en lo legendario (fuerza de la fantasía el
misterio, etc.). También hay que subrayar la imagen rebelde del romántico, y cómo se enfrenta a la
sociedad, al mundo y se margina de ellos (no le gusta la realidad que tiene delante); por fin, es
necesario recordar que el romántico se asocia al acento revolucionario y a las ideologías
avanzadas, progresistas (y a veces muy extremas).
Lo íntimo
La esfera del intimismo sentimental ofrece en su manifestación diversidad de tonos y acentos, de
estados o vivencias. Esa constelación de motivos podríamos clasificarla en función de unos ejes
articuladores que nos diesen las claves de esa esfera de lo íntimo. Tendríamos así, en un primer
plano, el eje de un intimismo de la desolación.
Esta forma lírica de la canción en la que el yo manifiesta sus estados anímicos negativos
(proyectados, a veces, hacia un tú) puede dar paso a una importante variante del intimismo de la
desolación: es el lamento fúnebre y la correspondiente forma de elegía funeral, Como es propio de
la elegía funeral, la composición suele articularse en tres partes fundamentales. Una primera parte
suele ser de evocación reflexiva, mirada o consideración acerca de la vida y su fatal destino hacia la
muerte; la parte central corresponde luego al lamento de los sobrevivientes. En tercer lugar, la
alabanza, que comprende el elogio que se hace de la figura difunta y la consolación cristiana.
Frente a esta negatividad del intimismo de la desolación, hay un eje de la ilusión, patente sobre
todo en composiciones de los más jóvenes.
En los poetas de la última generación encontramos una tercera línea o eje, la del intimismo
trascendente o impulso de religiosa espiritualidad que les lleva a buscar los signos del amor divino.
Lo social
A menudo, en la poesía romántica el canto (o canción) se focaliza en unos determinados
protagonistas líricos o poemáticos (el contrabandista, el pirata, el verdugo, el reo de muerte)
En esta configuración de personajes poemáticos, podemos ver una doble intención o razón social.
En el caso del pirata, Espronceda simboliza en tal protagonista, representante de lo que se ha llamado
«titanismo anárquico», todo un ideal de libertad, de ruptura del orden social, de negación de cualquier
tipo de convencionalismos.
En cambio, los otros protagonistas corresponden ya a una línea de denuncia y de crítica social. Son
personajes de la marginación o de la degradación, personajes también, desde luego, no
convencionales, pues por una u otra razón están apartados o condenados por la sociedad; y con su
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imagen se quiere atacar, precisamente, lo que esa sociedad tiene de falso, de hipócrita, de falta de
principios morales y de solidaridad o hermandad humanas.
De este modo, el poeta romántico expresa en esos cantos de exaltación y denuncia su ansia de
libertad radical, evoca la figura del rebelde y, al tiempo, fustiga y ataca la miseria espiritual de su
época.
El paisaje
Con los románticos se puede decir que nace el paisaje, en el sentido de que la naturaleza se
convierte en espejo o correlato de los «estados del alma» del yo. Ahora bien, y según esa íntima
sintonía, la naturaleza hecha paisaje ha de concretarse en ámbitos que en sus líneas y formas los
sintamos acordes con el conflicto sentimental del yo desarmónico (tristeza, lamento, soledad, pena,
vacío, ansia de infinitud, etc.).
De este modo, aparece entre los románticos la predilección por una naturaleza abrupta de montes,
riscos y abismos; también la preferencia por los espacios abiertos, sin límites, perdidos hacia la línea
infinita del horizonte; luego, asimismo, el tan importante motivo de los nocturnos, que facilitan la
atmósfera de misterio y de fantasmalidad; o, ya en cuanto a tiempos, el recreo en el otoño y en el
invierno (a los que asociamos, naturalmente, tristeza, vacío, acabamiento). Hay que destacar,
además, el gusto por las ruinas (imagen siempre de la fragilidad de las obras del hombre, recuerdo
melancólico del pasado que se ha desvanecido) y por lo sepulcral (tan ajustado a la estética del
terror). Finalmente, y como signo escénico, el romántico busca las violencias cromáticas, las
tensiones de claroscuro, los contrastes de luces y sombras, pero a la vez gusta de la luminosidad fría
y desvanecida que todo lo envuelve y que desvanece fantasmalmente los perfiles de la realidad.
Estos motivos escénicos dictados por la naturaleza hecha paisaje cristalizan en unas concretas
formas líricas, se trata del cuadro y de la estampa. Las dos consisten en el apunte y dibujo de un
determinado espacio o ámbito: pintura de sus líneas y de su cromatismo, de sus rasgos y elementos,
tal como la pupila analítica y sensitivo-afectiva del descriptor lo ve.
Lo histórico-legendario
Es la tendencia del romanticismo conservador la que ha dado preferencia y relieve a los temas de
carácter histórico-legendario. El tratamiento de esa temática tiene varios sentidos:
1. Supone una valoración de lo tradicional y popular, de asuntos de nuestra historia política y
literaria.
2. Posibilita la proyección hacia tiempos y espacios remotos, buscando formas de vida, costumbres
y acontecimientos de especial atractivo por sus ideales, valores, creencias, comportamientos (lo
épico-heroico, lo caballeresco, el ideal amoroso).
3. Esa lejanía espacio-temporal permite, a la vez, que la reconstrucción o evocación quede tocada
de un halo de misterio, por conjunción de lo real e irreal, lo natural y sobrenatural, mundo y
trasmundo...
Todo resulta muy acorde con los postulados románticos: ansia de romper límites, búsqueda de
ideales, ruptura con el mundo o entorno, añoranza de otros signos de vida y otros valores perdidos,
etc.
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El cuadro temático de lo histórico-legendario tiene muy diversa procedencia y admite varias
clasificaciones:
Hay, por una parte, unos determinados motivos de cierto fondo histórico, localizados en la
Edad Media o en la época de los Austrias, su base documental suele estar en las crónicas, aunque el
relato a menudo es alterado con adornos de hechos o situaciones imaginarias; suelen tener como
protagonista una figura histórica.
Por otra parte, en segundo lugar, están los motivos de fondo tradicional, es decir, que tienen su
apoyo argumental en relatos de tipo popular y religioso, acaso con frecuencia historias o leyendas
locales.
Finalmente, y como último grupo, están las composiciones de fondo novelesco o fantástico; en
ellas cobran marcado relieve elementos muy propios de lo romántico: aventuras y luchas, amores,
muertes, ámbitos de misterio, etc.
Atendiendo a su forma lírica -su tipología poemática-, todos estos poemas de temática
histórico-legendaría pueden incluirse, con un sentido amplio, en la leyenda, que viene a ser,
entonces, el molde ideal para una poesía de razón narrativa, pero que sabe armonizar y fundir muy
bien elementos líricos y hasta dramáticos. En el esquema estructural de la leyenda cabe destacar los
formantes siguientes:
1. Importancia de los signos escénicos o ambientales, de las localizaciones espacio-temporales.
2. Caracterización compleja de los protagonistas poemáticos (rasgos de prosopografía y la
etopeya), convirtiéndolos a menudo en figuras arquetípicas o emblemáticas (del traidor, del
enarnorado infiel, del vengador, etc.).
3. Desarrollo del hilo argumental muy articulado, con frecuentes dilaciones y digresiones.
4. Fragmentos de acotación escénica, es decir, de dramatización dialogada entre los personajes.
5. Final que siempre suele ser sorprendente, a menudo con la intervención límite de una señal
maravillosa, sobrenatural, etc.
Lo patriótico-político
Hechos de la historia inmediata motivaron entre los románticos, tan defensores siempre de los ideales
de libertad, un cuadro temático de acento patriótico y civil o político
Ahora bien, interesa delimitar una primera línea de la exaltación, con poemas como los
esproncedianos en lo que tienen de grito revolucionario, de convocatoria popular, de entusiasmo por
un ideal de lucha, de apoyo a unas figuras.
Al lado de esta exaltación hay, asimismo, un acento de denuncia, de crítica, como aparece en A la
traslación de las cenizas de Napoleón, poema en el que se alude a la «miseria y avidez, dinero y
prosa» que dominan en el mundo, y al poeta que desea alzarse, redentor, con «la voz de los profetas»
para derrumbar «el regio torreón que el vicio esconde».
Conclusiones
En su conjunto, se puede resumir lo más esencial de los temas y formas líricas en la poesía romántica
en los siguientes puntos:
1. Amplia variedad de registros temáticos, y preciso ajuste de formas líricas peculiares.
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2. Énfasis de la esfera íntima, con diversos ejes -desolación, ilusión, lamento funeral. trascendencia- y
con la forma dorninante de la canción (con variedad de tonos).
3. Relieve de lo histórico-legendario, vinculado a la tendencia restauradora, y con la leyenda como
complejo molde de expresión.
4. Interés del acento patriótico y/o civil, político, signo sobre todo de la tendencia más exaltada o
progresista.
5. Importancia del «nacirniento» del paisaje -motivos de ruinas, nocturnos, lo sepulcral, espacios
abiertos, etc-, y de las formas escénicas del cuadro y la estampa.
6. originalidad de los poemas mayores: cada uno abre una peculiar línea de sentido y de visión dentro
de las claves del sistema romántico.
Lenguaje y composición
La poesía romántica no sólo se caracteriza por sus preferencias temáticas, sino también por un
lenguaje y unos moldes compositivos no menos peculiares.
Voz y tono
Siempre se ha dicho que el acento romántico es grandilocuente y gesticulante. Eso obedece,
fundamentalmente a su deseo de hacer directa rnanifestación de su yo íntimo desarmónico, con
toda la fuerza y violencia que sus convulsos sentimientos le dictan. Expresivamente, todas esas notas
de tensión grandilocuente se aprecian muy bien en el uso de la interrogación y de la
exclamación. A la vez, es también muy interesante el uso de las interjecciones, indicadores precisos
de la función emotivo-expresiva del lenguaje (manifestación del yo emisor).
. En la esfera afectiva, son muy usados aquellos sustantivos que expresan mayor grado de
convulsión íntima, de desgarrón: lamento, queja, dolor, tristeza, borror, miedo,gemido, pena,
congoja, pasión, despecho, desdén, etc; y lo mismo se observa en la serie de los adjetivos: mortal,
infeliz ,impío, horrendo, airado, fatal, desdeñoso, atroz, lastimoso, maléfico. Y hasta en los verbos,
siempre con notas de dolor o de privación y desposesión: así el uso abundante de llorar, sollozar,
arrebatar, abandonar, gritar. quejar(se), olvidar, desdeñar, etc.
A menudo, la dramatización viene especialmente dada por los contrastes, de ahí que sean también
muy importantes las series -sustantivos, adjetivos y verbos- de registro positivo. Por ejemplo:
1. Las vivencias de afirmación íntima (amor, afán, anhelo, dicha, felicidad, delirio, ternura,
dulzura, alegría).
2. Notas adjetivas o predicaciones que fuerzan esos tonos (dulce, suave, tierno, delicioso, grato,
puro, cándido, ameno, celestial, divino; o palpitar, querer, amar, soñar, consolar, dar, embriagar,
premiar).
3. Signos de luz (llama, fuego, arder, brillar, etc.) frente a la oscuridad (lo oscuro, nocturno,
tenebroso....)
La imagen
El romántico ha de buscar aquellas imágenes que sienta más adecuadas y capaces de dar formulación
exacta a su yo íntimo tan en lucha entre ideal buscado y desengaño.
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Muchas de estas imágenes las recoge y adapta, naturalmente, de la propia tradición literaria. Así, por
ejemplo, la metáfora (vida como nave llevada por el viento, la imagen del vivir como camino y la
vida como esfuerzo (andar) hacia un dramático límite (la muerte)).
Uso de imágenes que connotan intenso dinamismo -vientos huracanados, torbellinos, mar
tempestuoso-, para traducirnos la agitación íntima que sufre el yo (vivencias en conflicto); otras
imágenes centran la atención en lo frágil y delicado: flores (lo bello fugaz); ríos turbios o en
cascada, charcos o lodazales, el desierto, árboles rotos y bojas caídas (el vencimiento, el
desengaño de las ilusiones perdidas).
Por último, las imágenes que se aplican al retrato de la mujer. El dibujo positivo suele ser muy
tópico y se compone de notas bien conocidas: miembros bellos (el cristal), ojos (luceros o astro
nocturnal), boca (Perlas orientales), mano (ala relumbrante)
El retrato negativo por su parte, con su alusión al tópico del «ángel caído», presenta expresión más
concentrada y limitada; así, el mismo poeta verá luego a su amada, evocando la separación y el
abandono, como «torrente de calor sombrío», «estanque de aguas corrompidas», «caído astro de
la mañana luminoso» o «mujer nada más y lodo inmundo».
Formas compositivas
La libertad creadora es el principio fundamental para los románticos. De este modo, queda
olvidada la rígida normativa neoclásica, que afectaba a todos los estratos de la obra literaria y, en la
lírica, muy especialmente a las leyes de versificación y esquemas compositivos.
De ahí, pues, las variedades métrico-estróficas de que hacen uso y gala los románticos, Como
novedad relevante está muy en primer término, la revitalización del romance, que va unida a la
atención temática que se presta a lo histórico-legendario. El romance, entonces, va a ser el molde
ideal y predilecto de las leyendas. Precisamente en los modos de las leyendas se aprecia la rica
combinación de elementos descriptivos, narrativos y dramáticos.
Volviendo a la señalada variedad de convenciones versales y estróficas, la polimetría se hace pauta
general. La polimetría permite en la composición todo tipo de combinaciones, a la búsqueda
siempre del ritmo más idóneo al impulso sentimental de cada parte; llegan incluso a ser muy usuales
las llamadas escalas métricas, es decir, peculiares «adelgazamientos» de las sílabas versales, con el
fin de que el verso alcance un simbolismo gráfico.
Y es que el poeta romántico busca estructuras compositivas regidas por las modulaciones del
sentimiento, moldes polimórficos, libres, irregulares, en los que resultan posibles el comienzo in
medias res, alteraciones temporales (no se respeta la linealidad cronológica), transiciones abruptas,
etc
En resumen, fuerza de la inspiración, arrebato del sentimiento, irracionalismo con ausencia de leyes
estructurales y moldes compositivos (estróficos, partes, organización) regidos sólo por los impulsos
sentimentales de cada momento.
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