Lectio Divina para el Domingo II de Tiempo

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Lectio Divina para el Domingo II de Tiempo
LECTIO DIVINA
PARA EL
DOMINGO II DE TIEMPO ORDINARIO
(CICLO B)
LECTURAS
1 Samuel 3, 3b-10. 19
El tema central es la vocación de Samuel. Dicha vocación puede considerarse como el
surgir del profetismo en Israel, una nueva manera de manifestar la experiencia del Señor a
través de la palabra. Samuel recibe la palabra de Yahvé por primera vez en una íntima
conexión con el Arca y el santuario de Siló, y en un momento en que no eran frecuentes las
revelaciones. En esta ocasión Dios llama a Samuel para ser su ministro; el Señor confirma
la consagración que su madre había hecho cuando él estaba todavía en su vientre y sus
actuaciones en el templo en presencia del sacerdote Elí.
Samuel inicia su actividad profética con una palabra de condenación y castigo contra
Elí y su familia. De esta manera, se puede comprender el liderazgo profético de Samuel en
la instauración de la monarquía y algo que sucederá después: el ocaso de los sacerdotes
descendientes de Abiatar, mientras asumen el liderazgo los descendientes de Sadoc.
Cuando comienza la narración de la vocación de Samuel, el autor hace notar que la
palabra de Yahvé era escasa y no eran frecuentes las visiones proféticas. Ahora, Samuel es
el medio para que la Palabra de Dios llegue a todo el pueblo. Samuel se convierte en el
centro del momento histórico, mientras que Elí y sus hijos pierden toda influencia.
1 Corintios 6, 13c-15a. 17-20
El texto consta de dos apartados: una confrontación y una exhortación. En el primer
apartado insiste en exhortar a los hombres a abandonar la práctica inmoral: su cuerpo
pertenece a Cristo y la relación sexual debe representar una unión permanente entre dos
personas. Por eso Pablo exhorta a los hombres a huir de prácticas que no demuestren estas
cualidades (v. 18a). En el segundo apartado, en una nueva exhortación, insiste en glorificar
a Dios con el cuerpo y se apoya en dos argumentos nuevos: el cuerpo del cristiano es
templo del Espíritu Santo; además, el cristiano no pertenece a sí mismo sino a Dios.
Pablo se enfrenta a la pretensión libertina no porque el cuerpo vaya a ser destruido por
Dios; Dios valora lo corporal del ser humano, vela por su bienestar y reivindicará en la
resurrección. Más tarde hará una aseveración insólita: “vuestros cuerpos son miembros de
Cristo”. De ahí que el creyente debe llevar la impronta de Jesucristo; ya no puede
relacionarse con otra persona en una forma que no manifieste el respeto y el amor servicial
que caracterizó al Señor en su vida corporal.
El segundo argumento profundiza en el ideal presentado en Gálatas 2, 24: la unión de
los cuerpos está destinada por Dios a crear y expresar una profunda unión existencial, de
pertenencia mutua y duradera. La conclusión lógica de este argumento se da en la
exhortación que termina este apartado: que los cristianos se aparten de toda inmoralidad
sexual.
DOMINGO II DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO B
Juan 1, 35-42
El comienzo de este texto señala la marca temporal. Jesús pasa ante Juan y los dos
discípulos. El Bautista presenta a Jesús de nuevo con la imagen del Cordero de Dios. Los
discípulos siguen a Jesús y éste se dirige a los discípulos que le siguen con esta pregunta:
“¿Qué buscáis?”. Es la primera palabra que pone el evangelista en los labios de Jesús. Es
una pregunta significativa y los discípulos responden con una nueva pregunta: “Maestro
¿dónde moras?”. La respuesta de Jesús es: “venid y lo veréis”. Los dos verbos “venir” y
“ver”, que se repetirán en este relato y en otros lugares del evangelio, tienen un profundo
sentido vocacional.
El evangelista nos da a continuación la identificación de uno de los discípulos que
siguieron a Jesús. Se trata de Andrés, que hace primero partícipe a su hermano Simón del
encuentro: “hemos encontrado al Mesías” y lo lleva a Jesús. ¨Este, al verlo, le dice: “Tú
eres Simón, el hijo de Juan: Tú te llamarás Cefas” (Pedro). Es sin duda importante este
cambio de nombre del que confesará a Cristo como el Santo de Dios, y de aquel al que
Cristo confiará el pastoreo de las ovejas. Hay una incógnita en este texto: ¿quién es el otro
discípulo de los dos que siguieron a Jesús? La tradición ha visto en él al autor del
evangelio, a Juan.
Lo que importa es la afirmación de los discípulos: “hemos encontrado al Mesías”.
MEDITACIÓN
En un mundo lleno de ruido es un milagro constante la llamada de Dios: misterio y
alegría; dos realidades que se juntan y constituyen una maravillosa unidad. La vocación de
Samuel nos lleva a una llamada que Dios hace a todos para construir la historia con Él. Por
nuestra parte necesitamos aprender a escuchar su palabra, que nos invita a transformar una
sociedad que ha perdido su rumbo y a comunicar esta palabra con la misión profética que
recibimos desde nuestro bautismo.
Dios es una presencia constante en la historia humana y a pesar de nuestra lejanía hace
que el hombre lo encuentre siempre. Dios vincula siempre al hombre en la salvación y
quiere que todos sintamos su amor infinito y que lo trasmitamos en el tiempo y en el
espacio. Y esa mirada de Dios se acentúa en una forma entrañable haciéndonos partícipes y
responsables en crear un reino de vida, de amor, de verdad y de justicia.
En nuestra pequeñez se unen dos realidades: Dios quiere entrar en la vida humana
encarnándose siempre y ahí nos da una prueba de su amor al contar con nosotros en el
anuncio del evangelio; además, nos invita a dar a nuestra existencia a vivir y a ser otros
cristos en la historia. Nuestra vida, pues, se convierte en misterio de Dios ya que en la
medida que vivamos configurados con Él, reflejaremos su rostro y su amor.
El Señor nos sigue llamando a seguirle, a hacerlo presente y real desde nuestra unión
con Él y seguros de que la gracia jamás se separa de nosotros.
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LECTIO DIVINA
ORACIÓN
En el comienzo de este domingo quiero agradecerte, Señor, de manera especial tu
acción misericordiosa con nosotros, Aún contando con nuestra falta de constancia y de
fidelidad, sigues despertándonos de nuestro sueño y nos abres cada día y cada noche para
escuchar lo que hace posible nuestra vida cristiana y nuestro testimonio. Sabes muy bien,
Señor, que esperamos grandes ruidos o casi milagros para que estemos atentos a tu
presencia y cómo jamás dejas de expresarnos tu amor.
Señor: hoy, a luz de tu Palabra, nos haces entrar en tu plan de salvación y exigirnos
con paciencia y ternura que sepamos y queramos ser fieles a tu llamada que no cesas de
hacernos para entrar en el grupo de tus discípulos. Tal vez, estamos muy acostumbrados a
maestros que con programas que pasan pronto y que por eso mismo no nos afectan. Ojala
fuéramos más conscientes en la fe y cayéramos en la cuenta de tu constante llamada para
acercarnos a ti, escucharte y salir presurosos al anuncio de tu Evangelio.
Hoy te damos gracias especialmente porque tu llamada la escuchamos y nos sentimos
también estimulados a invitar a muchos más a que nos integremos como discípulos tuyos y
comuniquemos al mundo que Tú eres el Hijo de Dios y el Salvador. Que tu llamada, Señor,
ahuyente nuestros miedos y como Andrés, Pedro, Juan y tanta multitud de hombres y
mujeres, nosotros te reconozcamos y te sigamos. Gracias, Señor, por tu llamada.
CONTEMPLACIÓN
Veamos lo siguiente: «He aquí el Cordero de Dios», dice Juan. «Al oírle hablar, los
dos discípulos siguieron a Jesús. Vuelto Jesús y observando que le seguían, les dijo: ¿qué
buscáis? Ellos respondieron: Rabí -que significa maestro-, ¿dónde vives?». Ellos no le
siguen como para unirse a Él, pues se sabe cuándo se le unieron: cuando los llamó
estando en la barca. Uno de los dos era Andrés, como acabáis de oír. Andrés era hermano
de Pedro, y sabemos por el evangelio que el Señor llamó a Pedro y a Andrés cuando
estaban en la barca, con estas palabras: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de
hombres». Desde aquel momento se unieron a Él, para no separarse ya. Ahora, pues, le
siguen estos dos, no con la intención de no separarse ya; simplemente querían ver dónde
vivía y cumplir lo que está escrito: «el dintel de tus puertas desgaste tus pies; levántate
para venir a él siempre e instrúyete en sus preceptos». Él les mostró dónde moraba; ellos
fueron y se quedaron con Él. ¡Qué día tan feliz y qué noche tan deliciosa pasaron! ¿Quién
podrá decirnos lo que oyeron de boca del Señor? Edifiquemos y levantemos también
nosotros una casa en nuestro corazón a donde venga Él a hablar con nosotros y a
enseñarnos (SAN AGUSTÍN, Comentario al ev. según san Juan 7, 8-10).
ACCIÓN
Vayamos ante el Sagrario y experimentemos el gozo del Maestro siempre presente.
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