LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y LOS DISTINTOS DICCIONARIOS

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LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y LOS DISTINTOS DICCIONARIOS
LINGUA SPAGNOLA I (LINFO)
María Lozano Zahonero
LOS DICCIONARIOS DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA LENGUA 1
La Real Academia Española
La fundación de la Real Academia Española fue iniciativa de D. Juan Manuel Fernández
Pacheco, Marqués de Villena, director electo a partir del 6 de julio de 1713, quien fue
promovido a director en propiedad (y además perpetuo) por Real Cédula de 3 de octubre de
1714. Con esta Real Cédula de Fundación el Rey Felipe V autorizaba a la Academia para
formar sus Estatutos.
El 29 de diciembre de 1723 se dio lectura a un decreto de Felipe V, por el cual se concedían
a la Academia sesenta mil reales de vellón, “para dar principio a la impresión del
Diccionario”. Los 24 académicos dejaron entonces lo que llamaban “asuntos” (lecturas
literarias y otras cuestiones de escaso mérito) y se aplicaron a lo que debía ser su tarea
principal: “normalizar” la lengua española o castellana dando un modelo de buen uso.
Son anteriores a nuestra Academia, que siguió lo trazado por sus antecesoras, la italiana
“della Crusca” (Florencia, 1582) y la francesa, que fundó el Cardenal Richelieu en París en
1635. La Real Academia Española, al contrario de la francesa, en la que se había inspirado,
fue propugnada por el marqués de Villena para salvaguardar la lengua literaria pero también
la usual. Su propósito fue el de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su
mayor propiedad, elegancia y pureza». Se representó tal finalidad con un emblema formado
por un crisol en el fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor. Su propósito era, pues, el
de combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de
plenitud alcanzado en el siglo XVI.
Los Estatutos de la Real Academia Española fueron aprobados formalmente en 1775. En ellos
se fijaba en 24 el número de académicos. Sendos Reales Decretos modificaron los primeros
Estatutos en 1848 y en 1859. A partir de esta última fecha se fijó el número de académicos
en 36. Estos Estatutos han estado vigentes hasta 1978, en que se aumentó en diez plazas
más el número de académicos y se ordenaron normas nuevas para el gobierno interior de la
Corporación.
La institución ha ido adaptando sus funciones a los tiempos que le ha tocado vivir.
Actualmente, y según lo establecido por el artículo primero de sus Estatutos, la Academia
“tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española
en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial
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N.B. En las páginas que siguen pueden encontrarse, marcadas en negrita, referencias a distintos enlaces
web que es aconsejable consultar para profundizar y ampliar el tema. El programa prevé un conocimiento
detallado del sitio de la Real Academia Española: www. rae.es
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unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. [Para mayor información, consulta el
enlace “Información institucional” en el sitio de la RAE: www.rae.es].
Ha atravesado la Academia a lo largo de su historia dos grandes crisis. Una la provocada por
la invasión napoleónica y sus trágicas consecuencias. Durante más de dos años sus
miembros no se reunieron. Algunos académicos reconocen al rey francés, otros no. Las
persecuciones abundan y algunos no vuelven. Al regreso de Fernando VII, la represión hace
que la vida de la Academia languidezca y varios académicos mueren en el destierro, como es
el caso de Juan Menéndez Valdés.
Otra importante crisis fue la causada por la guerra civil de 1936-39 y la inmediata posguerra.
Es muy importante señalar, sin embargo, la actitud que la Real Academia Española adoptó
frente a las medidas represivas: ni una sola de las plazas de académicos exiliados fue
cubierta, ni ninguno de sus miembros eliminado de las listas de académicos del Anuario. El
talante de la corporación fue ejemplar al respecto, y académicos como Blas Cabrera, Ignacio
Bolívar, Alcalá Zamora y Tomás Navarro, entre otros, siguieron siendo considerados como
tales por sus colegas.
Por otra parte hay que decir que hoy día la Real Academia Española, de un lado está
integrada en el llamado Instituto de España, que agrupa varias Reales Academias. Hay
también Academias regionales diversas. Pero además la Española es una más de las
veintidós Academias de la Lengua Española que existen en el mundo y que integran la
Asociación de Academias de la Lengua Española. Dicha Asociación fue creada en 1951 y “su
fin primordial es trabajar asiduamente en la defensa, unidad e integridad del idioma común,
y velar porque su natural crecimiento sea conforme a la tradición y naturaleza íntima del
español”. Celebra periódicamente Congresos, con sede que turna entre las ciudades capitales
del
mundo
hispánico.
[Puedes
encontrar
más
información
en
las
páginas
http://www.asale.org/ASALE/ConAALEBD?IDDOC=1&menu=1
http://www.rae.es/rae/Noticias.nsf/Portada3?ReadForm&menu=3]
La normalización de la lengua y los diccionarios de la RAE
La primera tarea de la RAE fue compilar las palabras usadas en ella, de acuerdo con el
significado que los escritores les habían dado, a lo largo de siglos. Cada palabra llevaba,
pues, una cita del autor o autores que la habían empleado y de la obra u obras en donde
aparecía. De ahí el título de este primer diccionario, llamado de “autoridades”. El Diccionario
de Autoridades fue publicado entre 1726 y 1739 en seis tomos y hubo una segunda
reimpresión sólo del primer tomo en 1770.
En 1780 empieza a publicarse “reducido a un tomo para su más fácil uso”. Se llamará
Diccionario de la lengua castellana hasta 1925 edición en que se empezará a denominar ya
Diccionario de la lengua española. Es éste el diccionario que conocemos como Diccionario de
la Academia, DRAE o Diccionario usual. La última edición, la vigésima segunda, es del año
2001 y puede consultarse gratuitamente en línea en el sitio http://buscon.rae.es/draeI/.
El Diccionario de Autoridades no se concibió en absoluto como una herramienta útil, sino
como una muestra de la grandeza de la lengua española, como un objeto simbólico que
pretendía alcanzar la legitimación de un estado a través de un elemento valioso, en este
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caso la lengua. Sin embargo, conforme iba avanzando el siglo XVIII, y desde luego con la
llegada del XIX, el DRAE fue adquiriendo el carácter, primero, de repertorio del caudal léxico
del español y, en segundo lugar, consecuencia de lo anterior, la consideración de libro útil
que atesoraba conocimientos, no sólo sobre la lengua, sino también sobre la realidad. Con el
tiempo, el DRAE ha pasado de ser un diccionario normativo en el sentido de “diccionario del
buen uso” (norma=correcto), a ser un diccionario normativo en el sentido de “diccionario de
uso consolidado” (norma=usos habituales en una determinada comunidad lingüística). Antes
la unidad se basaba en la uniformidad y en la adecuación a un estándar prestigioso; ahora la
unidad se basa en la aceptación de la variación, característica de la vida de las lenguas.
Sin embargo, los académicos conscientes de que no todo el caudal léxico de la lengua puede
entrar en un diccionario elaborado con criterios normativos, deciden la publicación de un
Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, cuya primera edición (con numerosas
reimpresiones posteriores) vio la luz en 1927. De él han salido hasta ahora cuatro ediciones.
1950, 1983-1985 y 1989.
El Diccionario manual pretende acercarse a un público más amplio, suprime gran parte de las
voces anticuadas o existentes ya solamente en textos poco usuales del pasado, abrevia
muchas definiciones o acepciones, pero en cambio incluye tecnicismos, voces nuevas, a
veces de uso restringido, y acepciones modernas que van marcadas mediante corchetes. El
Diccionario manual es muchas veces la antesala del usual. Todas las ediciones del diccionario
manual y de las antiguas ediciones del DRAE hasta 1992 pueden consultarse gratuitamente
en línea en la página http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle
La Real Academia Española desarrolla otros proyectos académicos lexicográficos y no
lexicográficos. Puedes obtener información sobre los mismos en la página:
http://www.rae.es/rae/Noticias.nsf/Portada2?ReadForm&menu=2
El método de trabajo de la RAE
Tradicionalmente, uno de los académicos presentaba sus propuestas de admisión de un
nuevo vocablo en la reunión semanal de la corporación y esta decidía si se introducía o no la
voz en cuestión en el léxico oficial. A veces las discusiones se prolongaban, se instaba a que
se revisase la propuesta, o se acordaba que fuese desestimada, con lo que en las listas de
adiciones y enmiendas al diccionario que publicaba trimestralmente la Academia en su
Boletín rara vez había más de unas docenas de vocablos.
La mayor parte de las propuestas que llegaban al Pleno de la corporación eran de adición,
rara vez de corrección. Cuando se intentaba modificar una entrada ya existente era, sobre
todo, para corregir errores manifiestos, no para corregir “detalles” como las definiciones
arcaicas o poco claras, las marcas, el orden de las acepciones, etc.
Esta forma de trabajo hizo que fueran entrando lemas nuevos sin que se eliminaran voces o
acepciones anticuadas ni se corrigieran defectos.
Hoy el método de revisión del diccionario ha cambiado. Aunque el Pleno de los académicos
sigue siendo el “órgano encargado de tomar las decisiones que afectan a la modificación del
Diccionario”, lo hace sobre la base del material y las propuestas que presentan diversas
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comisiones especializadas. Cuentan también con la ayuda del Instituto de Lexicografía, que
es el encargado sobre todo de proporcionar referencias, documentación, muestras de uso y
cualquier tipo de información sobre los puntos que se lleven al pleno.
Como es sabido, la RAE, una vez ha llegado a un acuerdo, envía su propuesta a las
correspondientes Academias americanas y a la filipina, para que ofrezcan su parecer. Solo
después de este último paso la modificación en cuestión pasa al diccionario.
Es fundamental recordar que, aunque la Academia había contado con lexicógrafos auxiliares
desde hacía décadas, sólo a partir de los noventa trabajará con un equipo de lexicógrafos
bien formado dedicado al diccionario. Además este equipo ha contado con herramientas
informáticas sin las que el trabajo hubiera sido casi imposible, o por lo menos muchísimo
más lento y menos preciso.
A este respecto, cabe destacar que el equipo de lexicógrafos de la Academia cuenta
actualmente para la elaboración de los distintos diccionarios académicos con una importante
fuente: el banco de datos de la RAE. Dicho banco de datos cuenta con dos corpus: el Corpus
de Referencia del Español Actual (CREA), un conjunto de textos de unos 150 millones de
formas que trata de ser representativo del español de los últimos 25 años, y el Corpus
Diacrónico del Español (CORDE), con unos 250 millones de formas, que cubre desde la Edad
Media hasta 1975. Los corpus, convertidos en bases de datos, permiten examinar el uso de
las voces, sus contextos, las construcciones en que se insertan, los lugares y tipos de obras
en que aparecen, de manera que la redacción o corrección de las acepciones se puede
realizar sobre una sólida base documental y no basándose sólo en la intuición del lexicógrafo
y en anteriores ediciones del diccionario. [Para mayor información, consulta el enlace “Banco
de datos” en http://www.rae.es/rae/Noticias.nsf/Portada3?ReadForm&menu=3].
El DRAE se publica actualmente, además de en versión impresa, en edición electrónica con
formato cd-rom. Una versión electrónica de un diccionario, especialmente si está tan bien
preparada como la del diccionario académico de 1992, permite descubrir fácilmente la falta
de uniformidad de muchos aspectos de la obra (por ejemplo: ¿se definen de igual modo
palabras similares, como las que designan colores, las series, etc?; ¿son coherentes y
sistemáticas las marcas?). La edición electrónica permite también extraer todos los artículos
o acepciones que tengan algo en común (la procedencia de una determinada lengua, el uso
en una determinada área de conocimiento, la limitación del registro a una cierta localización
geográfica, etc.). No menos importante es la posibilidad de encontrar círculos viciosos o
palabras «sospechosas» (hombre, por ejemplo, en lugares donde debería aparecer persona).
Mediante la versión electrónica, por tanto, el usuario puede realizar consultas avanzadas y el
lexicógrafo puede actualizar y revisar de manera sistemática las entradas, actualizando su
contenido.
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