Edición 44 - De La Urbe - Universidad de Antioquia

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Edición 44 - De La Urbe - Universidad de Antioquia
AÑO 9 • No. 44 • MEDELLÍN, AGOSTO DE 2009 • ISSN 1657-2556 • FACULTAD DE COMUNICACIONES • UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Para los productores de leche es
cada vez más difícil contrarrestar
los diversos problemas que
afectan a este sector.
P. 4 y 5
Autofinanciamiento, austeridad,
más servicios, menos gastos
y
racionalización:
panorama
financiero de la Universidad de
Antioquia.
P. 6 y 7
Pasadossietemesesdeldesmonte
de DMG,
en Putumayo aún
recuerdan como esta captadora
ilegal de dinero les devolvió la
esperanza de una vida mejor. P. 12 y 13
Después del lanzamiento del
libro Demasiados Héroes, De
La Urbe encontró el “episodio
oscuro” de Laura Restrepo.
P. 14 y 15
Adán en el Paraíso
Foto: Ronal Castañeda
Existe un Paraíso en Medellín donde se oyen los gemidos y los delirios del sexo, donde las
puertas permanecen cerradas y las luces tenues crean la penumbra. El olor a sexo es constante y se lee poesía en medio de la música tántrica. Para muchos es el Edén. Allí es indispensable estar desnudo y ser del mismo género de Adán.
EDITORIAL
En defensa de los periodistas
¿Y a los periodistas quién los defiende? Ciertamente, no
lo hacen los medios, por lo menos en lo que a sus condiciones laborales se refiere. Más bien, éstos últimos son cómplices de una situación que en Colombia, como en otras partes
del mundo, es cada vez más preocupante: despidos masivos,
exigencias de productividad relacionadas con el sincretismo
y la convergencia, nuevas formas de contratación a destajo,
la conversión de muchos profesionales en vendedores de publicidad. A todo ello, se agrega el bien conocido problema de
quienes son vigilados estrechamente por los organismos de
seguridad del Estado y son objeto de acusaciones temerarias
del mismo Primer Mandatario, algunos con nombre propio.
A esto se suma la degradación de los valores fundamentales del periodismo, en un país en donde la investigación que
justifica la libertad de prensa es hoy un recuerdo nostálgico
de algunos momentos lúcidamente quijotescos que tuvo en un
pasado ya lejano. Porque investigación, investigación de campo, no hay, excepto en algunos documentales de televisión.
Existe, especialmente en lo semanarios, un muy buen manejo
de fuentes que filtran grabaciones interceptadas, o documentos de reserva del sumario, o rumores que son tratados como
noticias, y sobre todo, una muy buena habilidad para reciclar
información ajena, con el objetivo de proveer el análisis e interpretación que piden los lectores.
Por lo demás, todo es registro, ese que se escuda en la neutralidad y la independencia para decir mucho sin decir nada,
para no tomar posiciones mientras se impulsa, desde las páginas editoriales, agendas abiertamente partidistas. Estos medios son, por lo general, los mismos que se benefician de la
generosa publicidad del Estado, una especie de aceite que lubrica las relaciones de complacencia entre una prensa prisionera de las fuentes oficiales, que convierten a los reporteros
en meros mensajeros de lo público, completamente proclive
a la institucionalidad. Si no fuera por los columnistas de opinión, la prensa colombiana sería un desierto irredimible.
Un ejemplo claro de la degradación de los valores noticiosos está en la forma como se borran las fronteras entre la
noticia y el entretenimiento. El programa de radio más popular de Colombia en las mañanas, por ejemplo, es una enorme vitrina en la que, entre noticia y noticia, se venden toda
clase de productos, sin que a su exitosa élite de formadores
de opinión, los vendedores, les tiemble la voz. En los noticieros cotidianos de la televisión oficialista, RCN y Caracol,
hay piernas parlantes que presentan como noticia las últimas
peripecias de los personajes de sus telenovelas. Algunas presentadoras ya podrían patentar sus propios segmentos en los
que los chismes adquieren el estatus de sucesos informativos,
esto en el tiempo que queda entre segmentos de publicidad
que, en ocasiones, sobrepasan los ocho minutos seguidos.
Corresponde, pues, a los periodistas defendernos a nosotros mismos. Algunas organizaciones profesionales independientes y ONG nacionales, como Medios Para la Paz, e
internacionales, ya han llamado la atención sobre el asunto.
Algunos medios valientes (ver la última edición de Arcadia)
editorializan al respecto. Y desde la academia ya se empiezan a elevar voces que claman por un tratamiento justo y
equitativo para los periodistas, ya de hecho acostumbrados a
trabajar largas horas sin horarios ni compensación extra, sin
estabilidad, bajo la amenaza del desempleo o de la estigmatización. Pero aún queda mucho por hacer para no evitar el
riesgo de que la prensa, supuestamente independiente, quede reducida a la irrelevancia, o peor, a resignarse a ser para
siempre corifeos incondicionales de los poderes políticos y
económicos de turno.
Un robo que “no fue posible”
Jorge Iván Posada
[email protected]
Universidad de Antioquia. En el día 6 de julio de este año,
después de terminar varios trabajos finales y avanzar en el
Trabajo de Grado, apagué el computador personal, cerré las
cortinas de la oficina 12-123 (donde hace 9 años funciona
ALTAIR) y apagué las luces. Era la una de la tarde. Salí de
la oficina, cerré con llave la puerta: para esa hora tenía las
únicas llaves en mi poder.
De regreso, después de almorzar, a la una y media de la
tarde le quité el seguro a la puerta y abrí la oficina. Prendí las luces, corrí las cortinas y, ¡oh, sorpresa! Encima de la
mesa no estaba mi computador personal ni su cargador, ni
nada. No estaba, si lo había dejado ahí. No estaba, si yo había cerrado con seguro la puerta. En ese momento, pensé
que quizá lo había puesto en otro lugar, que quizá estuviera
equivocado, que no lo recordaba bien; pero no, no estaba en
algún otro lugar de la oficina. ¿Cómo era posible que alguien
entrara si yo tenía las únicas llaves de este lugar?
Salí de allí, me dirigí a la Oficina de Medios de la Facultad
de Comunicaciones donde relaté lo sucedido. Su jefe, cual
personaje salido de un cuento de Herman Melville, sin mirarme, me dijo: “Eso no es posible. Tendrías que haber dejado la
puerta abierta. Eso no es posible, hay sólo una sola copia de esa
llave. Eso no es posible, llame a Vigilancia. Eso no es posible…”.
A renglón seguido, llamé a Vigilancia. Es ahí cuando aparece, sin desmedro de la dignidad de éste, cual personaje kafkiano, el vigilante quien me dice que: “Debía de haberle puesto
todas las llaves de seguridad antes de salir. Siendo precavido, y
sabiendo dónde estaba, no hubiera pasado eso”. Luego, aparece
el Coordinador encargado de la Vigilancia de la Universidad;
con su ironía demoledora me dice: “Aquí se roban entre 3 y 4
computadores personales, semanalmente en promedio, sin violencia. Es decir, de la misma manera como le robaron el suyo. ¿Quiere
que le diga una cosa, para hablar a calzón quita’o? Aquí no se
puede hacer gran cosa, aquí si ponen un cámara es un problema, la
gente se siente vigilada, nada de requisas”.
Éste, después de llenar el informe, alertó por su radioteléfono a todas las porterías sobre el robo del portátil. Lamentó
lo sucedido y me sugirió denunciar el caso ante la Fiscalía y
la Policía. Vinieron más quejas, reclamos, cambio de chapa;
pero, ¿cómo y porqué es tan fácil que alguien tenga una copia de esta llave y entre, silencioso, y lleve a cabo su cometido?, ¿para qué denunciar el robo de uno de los más de 200
computadores personales que al año son sustraídos dentro
de la Universidad?
Fui a la Estación de Policía de La Candelaria. El agente
que tomó la denuncia, para rematar, me dijo: “Hermano, usted
estudia en una universidad donde no se puede hacer nada, no se
puede requisar, no se puede vigilar, no se puede hacer nada”. Y sí,
ésto, al parecer, es lo que se puede hacer: nada más allá de
reportar el robo y cambiar de chapa.
A la Universidad, le debo mucho: su espacio académico, el
encuentro con el otro, con quienes se me parecen, también
con la alteridad. Gracias a la Universidad conocí y afiné los
métodos de investigación en las ciencias humanas. Con la
Universidad, estoy en deuda por la Poética de Aristóteles,
por Kant, Comte y Popper; por Weber, Malinowski, Marvin
Harris, Oscar Lewis. Por sus grandes docentes como Jaime
Alberto Vélez, Víctor Álvarez, Juan Carlos Orrego y Doris
Aguirre con quien conocí la literatura norteamericana de la
generación perdida, con quien leí a JD Salinger, a Truman
Capote, a Raymond Carver. Y tantos otros buenos y grandes
profesores de Periodismo, de Literatura, de Antropología.
A la Universidad, le debo las horas y horas de lecturas en
su calurosa biblioteca donde conocí a Geoffrey Chaucer, a
Shakespeare, a Cervantes y su Quijote; a Rimbaud, Baudelaire, Verlaine; a Alfred de Vigny, Fernando Pessoa, Natalia
Ginzburg; a Primo Levi, a Gustav Meyrink, Albet Camus; a
Jaime Jaramillo Escobar, Fernando Vallejo, Antonio Ungar,
Helí Ramírez, Pedro Arturo Estrada; a los escritores polacos
Joseph Conrad, Riszard Kapuscinski y Slawomir Mrozek; a
Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Juan Rulfo. Le debo su
prensa ajada, guardada celosamente como un tesoro. La literatura de la violencia. A la Universidad, le debo la disciplina y la rigurosidad académica. A la universidad, le debo
mis mejores amigos.
Pero ahora, en este momento, también he pagado el otro
precio de estar aquí, en eso que llaman universo, donde la
realidad no es un ente extraño que habita en el extramuro.
Y ubicándome en el puesto que me toca, asumiendo el papel que me corresponde, protesto por éste, al parecer, robo
‘normal’ del que fui objeto, frente al que no se puede hacer,
como han dicho, nada. Un robo que “no fue posible”, donde perdí mi trabajo de grado, textos personales y trabajos
finales.
Seguro que vendrán otros hurtos como éste, otro reporte en Vigilancia, otra denuncia, como también habrá otros
hechos que producirán rechazo. No bastará con que entre
la Fuerza Pública a la Universidad y vista de legalidad sus
irregularidades, que no son más que violaciones de derechos; ni alcanzará, con pregones y buenos gestos, buenas
intenciones. Esa es también la Universidad en manos, gran
parte, de la degradación que vivimos, que padecemos.
FACULTAD
DE COMUNICACIONES
Número 44
Agosto de 2009
Comité Editorial Sistema De La Urbe
Carlos Agudelo, Heiner Castañeda, Luis
Carlos Hincapié, Patricia Nieto, Elvia Acevedo,
Gonzalo Medina.
Coordinador Sistema De La Urbe
Carlos Agudelo
Dirección
Comité Editorial
Coordinación Editorial
Juan Camilo Rengifo
Diagramación
Javier Ignacio Tabares
Isabel Cristina Álvarez
Reporteros
Jessica Cano Sánchez, Edna Liliana Guerrero,
Jorge Adrián Atehortúa, José Andrés Ardila,
Ronal Castañeda, Andrés Felipe Maldonado,
Víctor Casas, Carolina Valle García, Yira Plaza
O’Byrne, Francisco Monsalve Franco, Jorge
Caraballo, Steven Granados Suárez, Maria
Clara Calle.
Infográfico
Javier Ignacio Tabares
Caricatura
Tomáz García
Ilustración
Javier Ignacio Tabares
Fotografía
Ronal Castañeda, Edna Liliana Guerrero,
Víctor Casas, Francisco Monsalve Franco, Jorge
Caraballo, Maria Clara Calle.
Imagen Portada
Ronal Castañeda
Correctora
Alba Rocío Rojas León
Colaboradores
Elkin Naranjo, Katerine Panesso
Impresión
La Patria - Manizales
UNIVERSIDAD
DE ANTIOQUIA
Rector
Alberto Uribe Correa
Facultad de Comunicaciones
Decano
Edison Darío Neira Palacio
Jefa Departamento
de Comunicación Social
Deisy Katherine García Franco
Ciudad Universitaria
Bloque 12, oficina 122
Teléfono 219 59 12
Fax 233 47 24
Las opiniones expresadas por los autores no
comprometen a la Universidad de Antioquia
CIRCULACIÓN
10.000 EJEMPLARES
OPINIÓN
A la bareta se le dice faso
Juan Diego Restrepo Toro
[email protected]
Ando en el rebusque. A cualquier cosa que haya para
hacer me apunto. Organicé un archivo periodístico de 10
de la noche a 4 de la mañana durante una semana y actué
en una obra de teatro en Recoleta: hice de malo. Ahora
escribo para una agencia de prensa. Corto pastos y doy
clases de salsa. Soy, como se dice, un colombiano trabajador, un paisa necesitado en Argentina.
Sábado 2 de mayo de 2009. Marcha Mundial por la legalización de la marihuana.
Por Facebook, me enteré de una posibilidad de negocio.
En Buenos Aires, se organizó una de las marchas que pidió
la legalización de la marihuana en todo el mundo. Seguro
que iba a ir mucha gente. ¿Qué les podría vender? Algo
que fuera rentable, fácil y legal.
“Vendamos empanadas”, dije, y así fue. Quise hacerlas
al estilo colombiano, pero no pude conseguir la masa de
maíz, de eso no se encuentra en La Plata. Así que vendí
empanadas argentinas. ¡Maldita sea!, quería vender empanadas colombianas y mostrarles ese saborcito especial con
el que se construyó una iglesia en cada barrio.
Las conseguí a buen precio, una pequeña canastita y
ya estuvo: cada una a tres pesos. ¡Listo! ¡Adonde los mariguaneros! Qué colombiano tan trabajador, tan ingenioso…
¿Único? ¡Mentiras! No saben ustedes la que me pasó.
A la marihuana se le dice faso en Argentina. La marcha
por la legalización salió desde el Planetario, en el exclusivo sector de Recoleta, y luego, en uno de los jardines, los
asistentes se sentaron a escuchar música y a fumarse un
porro.
- ¡Empanadas! ¡Empanadas!, ¿todo bien, parcero?
-Todo piola, ¡che!
La prohibición de la marihuana, hija del siglo XX, hace
parte del cuestionamiento global, y nada nuevo sobre el
consumo de drogas, en general, y su posible legalización;
con la salvedad de que la marihuana es una hierba que
se fuma y no pasa por procesos químicos, tiene efectos
medicinales y es necesario diferenciarla de las drogas en
general.
Uno de los argumentos es éste: si la gente puede tener
la planta que se va a fumar no hay necesidad de un tráfico.
La prohibición estimula el tráfico, como en el caso de la
prohibición del alcohol en Estados Unidos y Al Capone.
Precisamente, este país, que incitó la persecución de la
hierba hace cuarenta años, hoy ha dejado el tema atrás:
California es uno de los mayores productores del mundo:
hay cultivos con fines medicinales y plantas personales.
No hay fuga de capital.
En cuanto a las drogas en general, si se quiere disminuir
el consumo, la prohibición no funciona. Esa es una realidad y los países consumidores lo saben. A los narcotraficantes les conviene porque el precio sube y ellos controlan
el mercado. Las ganancias las invierten luego en armas y
en hombres. Construyen sus ejércitos, se apoderan de un
territorio; asesinan, secuestran, desplazan. Ya sabemos lo
que el narcotráfico le ha hecho a países como Colombia o
México.
Esta marcha era sólo sobre la marihuana, la legalización
y la despenalización. ¿Cómo debe actuar el Estado frente a
un consumidor? Llenar las cárceles es ineficaz e ingenuo. El
consumidor no es un delincuente. La decisión de consumo
es personal, así como lo es la decisión de dejarla. No quiere decir esto que el Estado no tenga responsabilidad en la
prevención y en la educación, pero está en la libertad de los
ciudadanos decidir lo que quieren hacer con su cuerpo: los
adictos al cigarrillo lo saben perfectamente.
En Colombia, el tema está sobre la mesa. El gobierno de
Álvaro Uribe Vélez es enemigo de la dosis personal y pretende penalizarla. El 2 de mayo también hubo una marcha
en Bogotá, en Pereira y en Medellín. A mí me llegó la invitación al Facebook, por la Comunidad Canábica Colombiana
que propone la promoción responsable de la cannabis sativa
como solución al tráfico ilegal. La invitación hablaba de “la
marcha más pacífica de la historia”, decía así: “Hoy es la
marcha, y el día está perfecto pa’ salir a caminar, prender
un porrito y disfrutar de nuestra libertad”.
En Buenos Aires, el día estaba perfecto para echarse en
el pasto y tomar el sol, para hacer malabares y armar un
festival; eso sí, el paisa a vender. Había gente tocando los
tambores y otros bailaban reggae con una banda local. En
una radio, sonaba Manu Chao: “Buena, barata, del campo”.
Vendí las empanadas en media hora: hojaldradas, grandes,
¡ojo! con relleno común: de pollo, de carne; fue un buen
negocio. De repente, inconfundible, una voz del Atanasio
Girardot:
–¡Cerveza, cerveza! ¡Coooca cola, coca cola, coca cola!
–decía un tipo con la camiseta roja y azul del Deportivo Independiente Medellín y con una nevera-heladera de icopor
en el hombro.
Un paisa vendiendo trago. ¿Cuánto se habrá hecho ese
hombre en ganancias? ¡Lástima! ¡Ese era el negocio!
Justo al frente de la tarima, entre la multitud, ondeaba
una bandera de Colombia. El tricolor nacional era sostenido por un caleño que vendía brownies y helados. Había fila
para comprar.
Pensé en esas historias fabulosas que dicen que hay un
colombiano vendiendo refrescos en las Pirámides de Gizeh
o en la Muralla China. Me molestaba, siempre creí que era
un folclor exagerado, que las cosas no eran tan así. Pero no.
Tres vendedores colombianos casi sin competencia frente a
una multitud relajada y hambrienta; había cinco toldos de
hippies y un niño vendiendo calcomanías.
Y entonces, para afirmarlo todo, los vi: una par de muchachos, de sombrero vueltiao, con una camiseta amarilla
como el oro, azul como el mar y roja como la sangre, y un
letrero: CAFÉ 100%, sobre la bandera de Colombia. El café
estaba delicioso, a dos pesos. Todo el mundo les compraba,
no pararon de vender. Una tonelada de folclor cayó sobre
mi cabeza en ese momento: limpiamos mangueras por dentro, preñamos locas, enderezamos torcidos, cobramos herencias… ese mito sobre los colombianos, ¡ese mito!
Si a la bareta se le dice faso, me resisto a creer que al
vendedor se le diga colombiano.
Ovación de pie
El equipo del Sistema Informativo De La Urbe agradece a la
profesora Patricia Nieto por su trabajo en el Sistema durante
los últimos dos años, tiempo en el cual estuvo al frente del
periódico y lideró diferentes proyectos de investigación con
los estudiantes, a quienes les enseñó que la escritura es más
que una “pirámide invertida”. También, queremos saludar a
los profesores Ramón Pineda y Raúl Osorio, quienes llegan a
aportar su experiencia en este proyecto De La Urbe. A ellos, una
cordial bienvenida, y a la profesora Nieto, esperamos tenerla de
regreso, muy pronto, en éste su periódico.
Los gestos hablan
El martes 28 de julio un grupo de encapuchados levantó un
andamio frente a la Biblioteca Central para alterar la campaña
“Un Alma con muchos rostros”. Utilizaron aerosol verde,
dibujaron capuchas sobre seis de los retratos que componen
la iniciativa, tacharon el texto de la valla que cita al filósofo
Emanuel Levinas (“El rostro habla”), y colgaron sobre ésta un
cartel con un mensaje que alude a la pluralidad que debe tener
la Universidad.
Violar las imágenes de los rostros universitarios, al pintarles
capuchas y destruir el discurso de las vallas -el discurso del
otro-, para levantar el de ellos, es un gesto que contradice
profundamente el espíritu universitario. Es desacertado colgar
un cartel que apela a la diversidad cuando ellos mismos, con sus
actos, la desconocen. Lo que sí queda claro es que la acción de
los encapuchados indica que la campaña ha logrado detonar
un debate que incluye a toda la comunidad universitaria.
AH1N1: verdad o paranoia mediática
Hace varios meses, los medios de comunicación nos alarmaron con el origen del virus AH1N1. Los noticieros gastaban
más de 30 minutos hablándonos de la gripa porcina; el tapabocas resultó ser más importante para los periodistas que el
propio micrófono y decenas de médicos tuvieron sus cinco
minutos de fama en la televisión. Todos presentíamos lo peor.
Y eso que, en ese entonces, el virus no había pisado suelo
colombiano. Pues bien, ahora que la gripita se convirtió en una
pandemia, en Colombia ya han muerto más de 15 personas y
hay más de 200 casos confirmados; los noticieros esquivamente dan a conocer las cifras. ¿Quién entiende a los medios?
Posdata: si algo bueno trajo este virus fue que aceleró el desalojo del Parque Tercer Milenio en Bogotá; por fin le pusieron
el ojo a estos desplazados que ya completaban más de cuatro
meses allí.
Pasos para una sana diversión
Primero: recuerde que hay que sacrificar la escasa
movilidad y el precario transporte público para que las ‘mulas’
que marchan ebrias sobre los equinos puedan regocijarse con
el alcohol y, de paso, dejar toneladas de basura y de estiércol
en la ciudad. Segundo: entienda que las ferias son necesarias,
sobre todo, en épocas de poco miedo y mucha esperanza; así
los muertos que resulten en las calles se justificarán con el
aguardiente y su ‘sana’ combinación con la gasolina. Tercero:
no haga preguntas; despilfarre, emborráchese y luzca a su bella
y postiza mujer. Pero, si no puede hacer algo de lo anterior,
tranquilo, simplemente aguántese los trancones. Disfrute del
bello espectáculo que ofrece Medellín cada agosto: silicona a
diestra y siniestra, sabor a trago, olor a plomo y, claro, la bella
sensación de que un cúmulo de mierda en la Avenida del Río
es más importante que los cadáveres que, día a día, brotan de
las laderas.
AA emergencia: ¿Solo es un mito?
Vía correo electrónico está circulando un mensaje que
titula: Mensaje de la Cruz Roja IMPORTANTE. Éste es una
recomendación para que. las personas que poseen teléfono
móvil, añadan a su agenda el número telefónico para contactar
en caso de una urgencia, bajo el epígrafe: AA, seguido del
nombre de la persona a contactar. Pues resulta que la Cruz
Roja Colombiana, la supuesta precursora de la campaña, no
tienen ni idea de ésto. Todo apunta a que, en días pasados,
un civil le propuso a la Cruz Roja esta idea; dicha entidad la
consideró incoherencia y decidieron pensarlo. Pero tal personaje
decidió emprender la iniciativa por internet, la cual tiene a los
portadores de celular con el AA en su agenda telefónica. ¿Será
que la Cruz Roja Colombiana todavía lo está pensando?
informe
Agosto de 2009
Crisis lechera
para Dummies
Steven Granados Suárez
[email protected]
Víctor Casas Mendoza
[email protected]
Foto: María Clara Calle Aguirre
En los últimos meses se han escuchado muchas noticias sobre la crisis que enfrenta el
sector lechero. Pues para quienes habitamos en las ciudades y lo único que sabemos de
este negocio es el valor de la bolsa de leche en la tienda de la esquina, De la Urbe presenta
un breve recuento de los sucesos que han llevado a esta crisis, y cómo ésta afecta a los
productores en el norte antioqueño.
“Nosotros no dependemos de Colombia. La leche, los lácteos sumaron millones de dólares en 2008. Compadre, Uribe, vete buscando ya para que te compren
los yanquis la leche”, fue el anuncio que hizo el pasado 5 de agosto el presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, y que agrava la difícil situación del gremio lechero.
La crisis lechera no es más que el resultado de una serie de factores de los que
depende la estabilidad de este negocio.
Un primer factor es que, en este momento, hay una enlechada, es decir, una
sobreproducción; y esa enlechada se traduce en una crisis. Ello debido a que las
condiciones climáticas, en el último año, han sido muy favorables para la producción, pues ni hay sequía ni hay invierno, sino lo que en el campo se conoce como
“veranillo”, el cual genera una buena producción de pastos.
Un segundo factor que afectó al gremio ha sido el problema de la leche contaminada con melanina en China, en el 2007. En ese año, la tonelada de leche en
polvo estaba a 5.700 dólares en el mercado internacional, pero con la sustancia
tóxica encontrada se bajó un 30 por ciento el consumo a nivel mundial y los costos se desplomaron hasta 1.800 dólares la tonelada.
Un tercer factor es el de que, hace pocos meses, el Gobierno anunció que pretendía implementar un impuesto para los campesinos, según el cual deberían pagar 25 pesos por cada litro de leche. Afortunadamente, la idea no prosperó pues
ya sería un segundo impuesto a los productores, teniendo en cuenta que al año,
por concepto de impuestos a la leche, ingresan más de 70 mil millones de pesos
al Fondo Nacional del Ganado, Fedegan.
Este impuesto es cuestionado por Héctor Pérez, gerente de la planta de Colanta en San Pedro de los Milagros, quien critica: “Toca pagarle a Fedegan, por
más pequeña que sea la quesera, un impuesto por cada litro de leche; pero ellos
nunca han invertido en el sector lechero, lo invierte en el sector cárnico. Nunca
han puesto con ese dinero una pulverizadora en la Sabana de Bogotá, o en Yarumal, o en Santa Rosa de Osos. ¿Que se invierta en el sector lechero? No, ellos
invierten en la carne.
Un cuarto factor que llevó a la crisis es el que resalta Julio Aldemar Yarce,
gerente de Prolacoop, otra cooperativa de productores y procesadores de leche,
con sede en Santa Rosa de Osos. Se refiere a unas importaciones que hizo el Gobierno desde Nueva Zelanda con, supuestamente, cero aranceles. “Reconvertir la
leche en polvo costaba 410 pesos, eso es la mitad de lo que cuesta comprarle al
productor a 800 pesos. Ésto se convirtió en un negocio de grandes empresas, y el
campesino nuestro ¡trabajando a perdida!”.
Un quinto factor está en los precios de los insumos que deben comprar los
productores para poder sostener sus fincas. Maria Eugenia Pérez, auxiliar del
Agropecuario Colanta en San Pedro, comenta cómo la gente se queja porque
algunos insumos están muy costosos en comparación con el precio de la leche.
“Los productores dicen que serviría una ayuda del Gobierno para que, como en
muchos países, les subsidien los insumos. La gente se restringe a llevar sólo lo
que necesita, y les ha tocado ayudarse de otras cosas para que no les salgan tan
costosos”.
Y un sexto factor es que ahora las posibilidades de permanecer en el negocio,
En la planta de Colanta de San Pedro de los Milagros, para hacer un kilo de leche en polvo, se necitan 9
litros de leche líquida. Foto: Víctor Casas
sin ser socio de alguna empresa o cooperativa, son casi nulas. Mauricio Molina Lince, funcionario de la Secretaría de Agricultura de la Gobernación de
Antioquia, explica que “para vender la leche cruda, el productor tiene que
tener un tanque y un centro de acopio que reciba y conserve esa leche fría,
donde tenga laboratorios que demuestren que cumple unos parámetros establecidos por las entidades de salud”.
PRODUCCIÓN DE LECHE POR DÍA
-EN LITROS Y POR SUBREGIÓN-
San Pedro en crisis
A Germán Múnera Lopera, comerciante del municipio de San Pedro, la
crisis también lo ha afectado: “La leche es la que mueve el comercio en el
pueblo y, prácticamente, al campesino productor no le está quedando con
qué salir a hacer sus compras”. Por su parte, Marta Acevedo, empleada del
Depósito de Materiales Hernando Acevedo, en el mismo municipio, afirma
que “San Pedro, en estos momentos, está demasiado mal porque todo se
basa en la producción de leche y, al bajarle los precios a los productores,
hay menos inversión”. Con ella está de acuerdo Absalón Avendaño, quien
trabaja en una miscelánea y afirma que: “A nosotros, los comerciantes, las
ventas se nos han visto mermadas en un 30 ó 40 por ciento; la leche es la
subsistencia de esta zona. Colanta, en este municipio, ha hecho y deshecho
como le ha dado la gana, con el campesino, con el productor y con los comerciantes”, sentencia Avendaño.
Y es que la planta Colanta en el municipio de San Pedro de los Milagros,
no sólo es el principal acopio de la empresa en el país, sino que, además, es
la planta más importante de producción de derivados lácteos de Colombia.
Allí llegan alrededor de un millón 350 mil litros de leche, de los dos millones
50 mil litros que recibe Colanta cada día.
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¿Qué hacer ante la crisis?
Héctor Pérez, gerente de la planta de Colanta, en San Pedro, explica que
los 650 mil litros de leche diarios que se destinan a la pulverización no están
teniendo un mercado debido a la crisis, “simplemente se pulverizan para
guardarlos, para no botar esa producción lechera que tiene inundado el país.
Ahora hay muchas reservas de leche en polvo: en el caso nuestro, tenemos
guardadas siete mil toneladas de leche.
Mauricio Molina Lince, funcionario de la Secretaría de Agricultura, afirma que “en muchos municipios están cambiando los productos pecuarios
por agrícolas como las hortalizas, el tomate de árbol, el aguacate, etc. Hay
que buscar que el campesino tenga varias alternativas de producción para
subsistir, más ante los cambios en el mercado”.
El reto, según Molina Lince, está en volverse más eficiente, no con vacas
de 40 ó 60 litros altamente productoras, pero dependientes de los concentrados, sino unas vacas más pequeñas que sean más forrajeras y más eficientes
con el pasto. Así organizaríamos más la producción lechera y serían menos
los costos.
Lo malo es que, mientras se buscan las alternativas y se vuelven las fincas
más eficientes, campesinos como Leonardo Betancourt, en el municipio de
San Pedro, lo único que pueden hacer es rebajar las compras en la casa, “si
uno se comía una libra de carne, ahora le toca comerse media”.
8
3
2
6
1 - Norte
2 - Oriente
3 - Valle de Aburrá
4 - Urabá
5 - Bajo Cauca
1.879.222
335.135
277.006
184.333
155.595
6 - Suroeste
7 - Occidente
8 - Magdalena Medio
9 - Nordeste
93.178
84.453
78.097
68.007
FUENTE: Inventario pecuario 2007. Secretaria de Agricultura de Anoquia.
La rutina lechera
María Clara Calle Aguirre
[email protected]
Con un tono de voz alto y una secuencia que es difícil seguir, Cristóbal y Valentín
van llamando a las vacas una a una. “¡Capuchina, Capuchina, Capuchina!”. Una vaca
comienza a acercarse y a corretear a las que se interponen en su camino. Cristóbal se
sienta en su butaca, unta las ubres de Capuchina con un procesante de color oscuro,
pone cada uno de los brazos de la pezonera en cada una de las ubres de la vaca y la
pezonera comienza a ordeñarla. La leche de Capuchina va conducida hacia el tanque
de almacenamiento, a través de un tubo transparente.
Una casa con la típica arquitectura antioqueña de las de antes. El entejado con
tejas de barro y de color rojo, más las columnas rectangulares de madera que ayudan
a sostener el techo y que se levantan del piso. Un corredor que bordea toda la casa
está demarcado por un muro que a la vez sirve de asiento. En una de las esquinas de
la casa, alrededor de la mesa están sentados Fernando Vélez y Martha Elena Zapata,
esposos que se dedican al campo desde hace muchos años, especialmente, a la crianza de vacas.
Con sus botas puestas, preparado para ir a ordeñar, Fernando me señala un vasto
campo. “Don Valentín Pérez es dueño de todos esos potreros que usted ve ahí, excepto uno, que pertenece a la Finca La Manuela; de resto, todos los alquiló él”. Toda la
tierra que señala Fernando queda en la vereda Catacorte, perteneciente a San Pedro
de los Milagros, pueblo del norte antioqueño.
En uno de los 28 potreros que señala Fernando, están las 100 vacas de raza Holstein, a las que van a ordeñar. “Valentín y Cristóbal, éste es quien le ayuda al patrón,
vienen en el carro todos los días desde el pueblo: a las tres de la mañana y a la una
de la tarde, que son las horas de ordeño. Yo ayudo echándole la comida a las vacas,
arrimándolas y montando todo”.
Esas 100 vacas de Valentín producen alrededor de 1900 litros diarios: cada vaca
produce 20 litros en promedio, y Colanta le compra a Valentín cada litro de leche por
$800.
Para la primera ordeñada del día, Fernando tiene que levantarse a las dos de la
mañana. “Yo salgo cuando mis dos hijas y mi esposa están dormidas. Martha Elena
se levanta muy tarde, como a las 7 de la mañana. Igual, no tiene nada especial por
hacer”.
Ya llegó la camioneta donde vienen Valentín y Cristóbal. Ahora, suben el tanque de
almacenamiento al jeep que hay en la casa de Martha Elena y Fernando, y todos los
hombres se montan al carro.
Cuando el jeep llega al potrero, las vacas se van acercando solas al lugar donde las
ordeñan: una estructura de madera que tiene un plástico por techo. Los tres hombres
se disponen a bajar el tanque de almacenamiento y los bultos de cuido del jeep, y a
preparar las pezoneras que son cuatro brazos metálicos que funcionan por conexión
eléctrica y que se ponen en cada ubre de la vaca para extraer la leche. “Eso con las
pezoneras no demora nada. En cuestión de 4 minutos, ya la vaca está ordeñada. Sólo
es untar el procesante antes y después de ordeñar, para evitar la mastitis, y poner la
pezonera: todo queda listo.
La leche llega al tanque de almacenamiento, en el cual se debe mantener a cierta
temperatura para que Colanta la reciba”, dice Valentín sentado en una butaca de madera, de no más de 30 centímetros de alto, mientras revisa que todo el proceso siga como
debe ser. “Uno tiene que ser muy organizado con esos tanques. Si hay uno mal lavado,
con jabón o con mugre, Colanta no recibe la leche”, dice Fernando mientras baja el
tanque de almacenamiento.
El proceso continúa y las 100 vacas se van acercando una a una a medida que las
llaman. “¡Manzanilla, Manzanilla, Manzanilla!”; “¡Pilsen, Pilsen, Pilsen!”; “¡Juana, Juana, Juana, Juana!”; “¡Ranchera, Ranchera, Ranchera!”. Mientras se va acercando a las
vacas, Fernando dice que el trabajo con ellas nunca para.
“Cuando llueve, nos vamos a ordeñar con impermeables. Las vacas no tienen festivos ni vacaciones. Esto es seguido: dos veces al día, todos los días del año. Además,
este negocio dizque no está dando, que sólo da para el cuido, el abono y todo para las
vacas. Por aquí, ya hay unas fincas que se están dedicando a sembrar aguacates porque
lo de la leche ya no es buen negocio. Yo sigo trabajando en ésto porque siempre me ha
gustado, desde niño quise hacerlo”.
Una a una, las 100 vacas fueron llamadas por sus nombres y fueron ordeñadas.
Valentín regresa al pueblo y Fernando, a su casa. Al día siguiente, tendrán que estar ordeñando las vacas a las tres de la mañana y esperar que Colanta recoja la leche, repetir
el proceso a la una de la tarde y seguir con la rutina todos los días siguientes.
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
informe
Agosto de 2009
Educación o
rentabilidad
Jessica Cano Sánchez
Edna Liliana Guerrero
Jorge Adrián Atehortúa
[email protected]
A pesar de que la Universidad de Antioquia es una entidad dependiente del Estado, actualmente autofinancia un 70% de sus recursos. La austeridad y la desproporción entre los aportes
estatales y las necesidades del Alma Máter, ponen en jaque su responsabilidad pública.
El malestar económico desencadenado desde mediados de 2008 ha traspasado todas las
geografías y los campos financieros del mundo. El nivel de austeridad es histórico y, según
los expertos, sólo comparable con la crisis bursátil mundial que se vivió antes de la Segunda
Guerra Mundial.
Aunque el año pasado el Gobierno Nacional aseguró que Colombia estaba blindada ante
la crisis, actualmente reconoce que no es así. Las cifras presentadas por el Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (Dane) lo demuestran. Mientras que en 2007 la economía colombiana creció en un 7.5 por ciento, en 2008 descendió a un 2.5 por ciento. Para
2009, el Ministerio de Hacienda redujo su meta de crecimiento de un 4 a un 3 por ciento. A
esto se le suma el aumento del desempleo, la caída de las exportaciones y una disminución
en la producción industrial, lo cual significa, también, menos ingresos tributarios para el
Estado.
La Universidad de Antioquia no es ajena a este panorama. Debido a su carácter público,
depende, en cierta medida, de las dinámicas económicas del Estado, situación que queda en
evidencia con las políticas sobre austeridad y eficiencia en el gasto público adoptadas a través de la Resolución Rectoral 25750 del 27 de marzo de 2008. A partir de este documento, se
implementa “una reglamentación interna que regule, de manera expresa, la racionalización
del gasto con cargo a recursos públicos”. Se busca regular los recursos destinados a la prestación de servicios personales y gastos generales como insumos de laboratorios, elementos
de docencia, servicios públicos y uso de vehículos de la Universidad.
¿Cómo se sostiene el Alma Máter?
Según cifras del Departamento de Costos de la Universidad de Antioquia, durante 2008
esta Institución, incluyendo todas sus sedes regionales, gastó 1.135’600.000 pesos diarios.
Estos costos son medidos por causación, es decir, los gastos se contabilizan desde el momento en que se conocen, independientemente de que se hayan pagado o no. Se dividen en
fijos, como el pago de servicios públicos, y variables, como el pago a profesores de cátedra.
“Los costos fijos son aquellos que son constantes en el funcionamiento de la Universidad
y los costos variables, aquellos que dependen de las necesidades que ésta tenga”, explica
Beatriz Betancur, Asistente Administradora de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.
El costo de los estudiantes matriculados en los diferentes pregrados que ofrece la Universidad es uno de los más relevantes. En su totalidad, esta institución cuenta, en la actualidad,
con 33.970 estudiantes matriculados en pregrado, cuyo costo en promedio por semestre
calendario es de 2’903.000 pesos por estudiante.
Los costos de un estudiante por semestre varían entre uno y otro pregrado. Sólo por
hacer una comparación, un estudiante de la Facultad de Medicina le cuesta a la Universidad 7’081.634 pesos; mientras que en la Facultad de Ciencias Económicas este costo es de
1’494.910 pesos.
Debido a su carácter público, la Universidad de Antioquia no cobra el total del costo del
semestre a personas pertenecientes a los estratos 1 y 2, quienes pagan mil pesos por semestre. Es por esto que las matrículas sólo representan el 3% de los ingresos a la Universidad y
ésta debe asumir el resto de los gastos.
A partir de estos costos y gastos, cada año en junio se calcula el presupuesto que necesitará la Universidad para su gestión, el cual luego de ser aprobado por el Consejo Superior,
comienza a regir durante el año siguiente. “El presupuesto es la columna vertebral de la
institución, ya que es muy importante saber si existe o no una disponibilidad presupuestaria
y una reserva para ver si los gastos se pueden ejecutar o no”, asegura Damaris Ferreira, Jefa
de Presupuesto de la Universidad de Antioquia.
Para la elaboración de este presupuesto, la Universidad posee con cuatro fondos de ingresos: Fondo de Bienestar Universitario (FBU), Fondos de Seguridad Social, Fondos Generales y Fondos Especiales. Los dos primeros son de destinación específica, es decir, generan
recursos por la actividad propia del Fondo y sus gastos son inherentes al desarrollo de los
mismos, o sea, Seguridad Social y Bienestar Universitario.
Por su parte, los Fondos Generales son el conjunto de ingresos provenientes de matrículas e inscripciones de pregrado y posgrado, aportes de la Nación, del Departamento de Antioquia y de los recursos de capital. Los recursos de estos Fondos atienden el funcionamiento básico de la institución como sueldos y salarios, prestaciones sociales, gastos generales,
atención al servicio de la deuda pública, transferencias e inversiones.
Por último, los Fondos Especiales tienen que ver con recursos propios obtenidos por
generación o por gestión, incluyen las matrículas e inscripciones de posgrado, cursos de
extensión, asesorías, consultorías, venta de bienes y servicios y devoluciones del IVA, entre
otros. Dichos recursos están destinados a atender los gastos de servicios personales, gastos
generales, transferencias y atención del servicio de la deuda pública.
El año pasado, el presupuesto consolidado, que abarca los cuatro Fondos, no presentó
déficit. Sin embargo, según el Acuerdo de Vigencia Superior 345 del 27 de noviembre
de 2007, Fondos Generales tuvo un desajuste de 632’337.941 pesos. La razón por la cual
el presupuesto consolidado no presentó déficit se justifica en el superávit de los demás
fondos que suman 112.033’587.868 pesos, según los Acuerdos de Vigencia 346, 347 y 348
del mismo año.
En el 2008, a la Universidad de Antioquia ingresaron 671.610’743.182 pesos de los
cuales 180.118’323.793 pesos fueron aportados por la Nación, es decir, la Nación aportó el 26% del total de los ingresos de la Universidad. Por su parte, el Departamento de
Antioquia aportó un 2.8%, lo cual significa que la Universidad se encargó de gestionar el
71.2 % de recursos para el funcionamiento de sus Fondos; a este proceso se le denomina
autofinanciación.
Extensión: ¿misión o centro de negocios?
La autofinanciación es un proceso que consiste en la generación de recursos propios,
por parte de la Universidad, a partir de la venta de servicios prestados por extensión, los
cuales generan recursos que van a los Fondos Especiales. La Vicerrectoría de Extensión,
se considera como máxima instancia de esta misión y cuenta con el apoyo de 31 centros
repartidos entre catorce facultades, cuatro escuelas, cuatro institutos y tres corporaciones
académicas; además de seis dependencias y programas adscritos. Su trabajo es proponer
políticas, orientar, coordinar, motivar y promocionar la extensión.
Según el Balance Social de 2008 presentado por la Vicerrectoría de Extensión, el ingreso
bruto total por la venta de servicios fue de 91.107’609.869 pesos, de los cuales el 53.04% lo
representan las asesorías y consultorías (ver Gráfico 1). De las contrataciones realizadas, el
90% se realiza con entidades públicas y el 10% restante, con empresas privadas.
En cuanto a la distribución de los ingresos que provienen de extensión, de cada cien
pesos que ingresan por proyecto, tres se destinan para investigación, dos para biblioteca y uno para extensión solidaria y otros servicios. Adicionalmente, a los productos con
más demanda, como las asesorías y consultorías, se les deducen 4 pesos más destinados
a fortalecer los Fondos Generales. El porcentaje restante que puede ser de 90 ó 94 por
ciento, según el proyecto, es para el desarrollo del objeto del contrato y lo maneja el centro
responsable de ejecutarlo.
Uno de los objetivos de Extensión fijado en el Plan de Acción Institucional, entre 2006 y
2016, es incrementar en un 15% anual el número de convenios y contratos con los sectores
públicos y privados; el año pasado se ejecutaron 450 contratos. Edilia Morales, Analista
de Información de la Vicerrectoría de Extensión, afirma que, hasta ahora, el crecimiento
ha sido satisfactorio respecto a las metas planteadas, “puede haber modificaciones para
replantear estas metas: como logramos más, aumentamos la meta un poquito más”.
Circunstancias como las anteriores han propiciado que la extensión, que es una de las
misiones de la Universidad, se haya estructurado en 1997, teniendo en cuenta las dinámicas del sector productivo como la globalización de la economía. Es por esto que la venta de
servicios se desarrolla con más fuerza en unos centros que en otros. Según el documento
del Sistema Universitario de Extensión, hace diez años primaba la demanda de los sectores relacionados con el avance industrial: las Facultades de Ingeniería, Ciencias Económicas y Salud Pública eran los que más contratos tenían. Actualmente, las dinámicas han
cambiado, “el área de Ciencias Sociales viene creciendo en demanda. Además, ésta es la
que más unidades académicas tiene”, afirma Edilia Morales. (ver Gráfico 2)
El auge que ha presentado Extensión dentro de la responsabilidad universitaria para
autofinanciarse es uno de los pilares de la estrategia Universidad-Empresa-Estado, un nuevo concepto sobre la Universidad relacionado con “la transferencia de los resultados de
investigación al entorno socioeconómico. La generación de conocimiento debe superar
la publicación, tiene que emprender la ruta hacia la apropiación social. Esa es la nueva
Universidad”, como explica Margarita Berrío de Ramos, Vicerrectora de Extensión hasta
mayo de 2009.
En río revuelto…
La austeridad y la autofinanciación no son temas nuevos en la Universidad de Antioquia; sin embargo, en los dos últimos años se han hecho notar con mayor fuerza. La
austeridad, puesta en evidencia con las medidas tomadas por parte de la administración,
el programado crecimiento de los proyectos de extensión y un déficit de los Fondos Generales, cuyos ingresos en su mayoría provienen del Estado, son hechos cuyas implicaciones
no son sólo económicas sino que involucran a todas las misiones universitarias.
El crecimiento en extensión, como puede verse en la gráfica 3, ha sido ascendente y en
constante aumento. Según el Plan Administrativo, entre 2006 y 2009, la meta es crecer el
Ilustración: Javier Ignacio Tabares
GRÁFICO 1
RECAUDOS EFECTIVOS 2008
Asesorías y consultorías 53 %
Educación no formal 19 %
Venta de servicios y pruebas de laboratorio 16 %
Arrendamiento 4 %
Productos alimenticios y agropecuarios 4 %
Investigación contratada 1 %
Práctica académica 1 %
Medicamentos y productos farmacéuticos 1 %
Trabajos clínicos y odontológicos 1 %
Fuente: Sistema Presupuestal y Financiero – SIFA
Propiedad intelectual: regalías 0 %
Presentaciones artísticas y deportivas 0 %
GRÁFICO 2
TENDENCIAS DE LAS UNIDADES CON MAYOR
INGRESO DE EXTENSIÓN EN EL 2008
MILLONES DE PESOS
20000
15000
10000
5000
0
2004
2005
2006
2008
2007
FACULTAD DE EDUCACIÓN
FACULTAD NACIONAL DE SALUD PÚBLICA
FACULTAD DE CIENCIAS AGRARIAS
VICERRECECTORÍA ADMINISTRATIVA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS
GRÁFICO 3
EVOLUCIÓN DE INGRESOS POR SERVICIOS 1995 – 2008
ASESORÍAS Y
CONSULTORÍAS
80000
70000
60000
50000
40000
30000
20000
2008
2007
2006
2005
2004
2003
2002
2001
2000
1999
1998
1997
0
1996
10000
1995
MILLONES DE PESOS
10%, año tras año. Hasta ahora, las cifras demuestran que el
crecimiento ha superado las expectativas al alcanzar el 11.5%
anual, a pesar de que el año pasado hubo un leve descenso en
la demanda de servicios, atribuido a la crisis económica.
Este fenómeno podría ser decisivo en los aportes que el
Estado debe garantizar a la Universidad. Según la Analista de
Vicerrectoría de Extensión, hay un riesgo de que los aumentos en gestión de recursos generen una disminución en aportes de la Nación. Sin embargo, esta funcionaria argumenta
que si las gestiones de Extensión no se hacen, la Universidad
dejaría de crecer como lo viene haciendo.
Por su parte, Gabriel Agudelo, Economista y Representante Profesoral ante el Consejo Académico asegura que “en
estos momento debemos proteger la docencia de pregrado,
porque si no se protege se ve un desmejoramiento en la calidad”. Al parecer, en la Universidad se ha dado lo contrario
puesto que según Jorge Aristizábal, Secretario de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia, la docencia universitaria viene de “capa caída”. Según Aristizábal, el
pregrado se descarga en profesores ocasionales y catedráticos, mientras que los profesores de planta no pasan de 800.
Si bien la Universidad ha sido escenario de una encrucijada económica entre la responsabilidad del Estado y la autofinanciación, la austeridad ha llegado a poner el dedo en la
llaga, agudizando la discusión entre el carácter público y el
privado. Por un lado, porque impulsa a la Universidad a que
busque sus propias salidas económicas a través de la Extensión y, por otro, porque al centrarse en este objetivo, afecta el
compromiso social, académico e intelectual. “Antes de la Ley
30, ninguna Universidad tenía más del 5% de recursos propios. Ahora, la que menos tiene es de 30 ó 40 por ciento. Las
Universidades de Antioquia y la Nacional están generando
entre 60 y 65 por ciento de sus recursos. La privatización ya
vino y la Universidad viene haciéndole eco a esa política de
Estado. Somos una Universidad que se autofinancia”, afirma
Aristizábal.
Aún así, María Elena Vivas, Vicerrectora de Extensión,
desde mediados de mayo de 2009, asegura que, según las
metas, “la misión es continuar con la proyección que se consolidó hace diez años”. Una misión que “en cuestión de emprendimiento es muy importante porque sabemos que hay
desempleo y estos programas pueden influir en ello”.
Para Vivas, Extensión no tiene una relación directa con el
presupuesto que suministra el Estado. “No podemos decir
que hay unos límites para su crecimiento porque la sociedad
nos está demandando. Estos servicios deben estar relacionados con Investigación y Docencia”.
Por otro lado, el concepto empresarial de la Vicerrectoría
de Extensión a partir del proyecto Universidad-Empresa-Estado, puede significar beneficios y desventajas para la extensión solidaria. Según cifras suministradas por el profesor David Hernández, Coordinador de Extensión de la Facultad de
Comunicaciones, el porcentaje de los proyectos de extensión,
entre el 2008 y lo que va corrido del 2009, es de 68 por ciento para proyectos de extensión por prestación de servicios y
consultorías y de 32 por ciento para proyectos de extensión
solidaria. Aunque Hernández también agrega que la Extensión ha representado una importante fuente de recursos para
las unidades académicas y que están ligados a la docencia y
a la investigación.
Además del compromiso social, también se discute sobre
la calidad en la Universidad ante la carencia de recursos. “La
Universidad pública va para atrás; yo creo que en esta encrucijada la educación pública es la que está perdiendo. El deterioro de la calidad viene por muchos lados: por las reformas
que hablan de educación por ciclos, de educación técnica y
tecnológica, de competencias laborales y del emprendimiento empresarial. ¿Es que nosotros en Colombia no necesitamos científicos? Sacrifican la calidad de la Universidad y nos
vuelven Sena o, ¿no es eso lo que estamos ofreciendo?”, agrega Aristizábal.
Aún así, el Gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos
Botero, durante la posesión del actual Rector, manifestó que
la Universidad debería incrementar su cobertura de 33 mil a
100 mil estudiantes. Frente a ésto, Gabriel Agudelo expresa
que “eso es algo que sólo le surge a él de palabra, pero nada
de hecho porque no aporta recursos frescos”, y argumenta
que en el escalafón mundial de universidades, la de Harvard
ocupa la primera posición: cuenta con 19 mil estudiantes y
con un presupuesto anual de 4 mil millones de dólares. Por
su parte, la Universidad de Antioquia, ubicada en la posición
851: dobla en número de estudiantes a dicha universidad estadounidense y el presupuesto sólo es el 2.1 por ciento del
presupuesto de ésta.
En un país donde se destina sólo 1.7 billones de pesos
del presupuesto nacional para la educación superior, repartidos entre 33 universidades, es difícil ofrecer garantías para la
educación. En la Universidad de Antioquia, donde también
convergen la austeridad y la autofinanciación con los proyectos de extensión, como una forma de buscar recursos, se
desestabilizan la calidad educativa y el carácter público del
Alma Máter. Frente a esta encrucijada surgen diferentes posiciones: los que creen que la autofinanciación no representa ningún peligro y los que opinan que ésta es una amenaza
para la calidad educativa. En cualquiera de estas miradas, los
deberes de la Universidad pública están debatiéndose entre
su sentido educativo, social y financiero.
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
“Manita,
manita...
Agosto de 2009
CRÓNICA
...despiértese,
manita”
Foto: Cortesía Álbum Familiar
José Andrés Ardila
[email protected]
Tengo cuatro recuerdos de un paramilitar: en el primero lo veo andando por
mi casa; en el segundo, es sólo una fotografía; en el tercero, él se baja de una
camioneta blanca; y, en el último, él era una pila de huesos en un ataúd.
De él tengo cuatro recuerdos.En el más antiguo, lo veo
andando la casa, mi casa. Y no tiene camisa. Y creo que
dice: “Libia, qué hay de comer”. Libia es mi mamá. Eso
fue hace muchos años y yo era niño. Siempre he tenido
mala memoria y es probable que las dos imágenes, la de
mi tío andando la casa sin camiseta y la otra en la que
dice: “Libia, qué hay de comer”, sean de recuerdos diferentes y que, con los años, haya acabado por fundirlos
en uno solo.
El segundo recuerdo es, en realidad, el de una foto.
Una foto ya perdida de mi tío en el Batallón Voltígeros, al
lado de su novia. Debía ser día de visita, o sea, domingo.
Dora, la novia de mi tío, tiene un yin entubado blanco
y una blusa de muchos colores. Él tiene su uniforme de
soldado y un corte de pelo extraño, mamá dice que por
una broma. Él abraza a Dora y se ve feliz.
En el tercer recuerdo, hay una camioneta blanca, el
laurel de la entrada de mi casa y, por supuesto, mi tío.
Él se baja de la camioneta, se recuesta en el laurel y se
ventea con el poncho. Mi tío ya era un hombre gordo.
Creo que llevaba mucho tiempo sin verlo y me sorprendió darme cuenta de cuanto había engordado. Estaba
rojo por el sofoco porque mi tío era un hombre blanco.
Mi casa no es de gente blanca. En general, Urabá no es
tierra de gente blanca. Al que nace blanco lo tuesta el sol.
Y, sin embargo, en mis recuerdos, ahí estaba mi tío con
su piel blanca, como un mojojoy gigante, paseándose sin
camiseta por los cuartos de la casa, mi casa. Y ahí estaba
también, al pie del laurel, ventilándose con el poncho,
rojo del calor, porque cuando hace mucho calor, la gente
blanca suele ponerse roja.
—Libia, traéte unos vasos—, dijo.
Y destapó, ahí mismo, al pie del laurel, la botella de
ron. —Métase pa’ la casa, pela’o—, dijo, así, con una voz
gorda, nervosa, como su cuerpo.
—Métase pa’ la casa, pela’o—, dijo.
Me entré enseguida.
En el cuarto recuerdo, mi tío era una pila de huesos
en un ataúd desecho. Cuatro años habían pasado desde
su muerte, en septiembre de 2000. Era el día de la exhumaxión de los restos. No fui al entierro; de manera
que, en mi mente, mi tío pasó de ser un hombre gordo
y blanco, recostado en el laurel de mi casa, a una pila de
huesos, un poco color de tierra, en un ataúd desecho. Fui
casi obligado. Ver a la gente muerta no es agradable. Suena obvio, claro, ¿a quién puede gustarle ver a los familiares muertos? Pero está la necesidad de despedirse. Y
cuando uno se despide de un cadáver, es lo que creo, es
como si el muerto se tragara los adioses para siempre. El
muerto no es sólo carne lista para los gusanos, cascarón
de alguien que fue, que habitó ese cuerpo. No. Con las
despedidas de los velorios y los funerales, el muerto se
convierte en una fosa de adioses sin retorno. En esos días
no pensaba así, claro, era un pela’o. Los pelao’s no piensan así. Pero creo que ya lo presentía. De alguna forma,
lo presentía. Porque no quería ir, de eso no hay duda.
Sin embargo, sabía que esta vez, de no ir, mi familia no
podría perdonarme.
Me encontraba, pues, en el cementerio de Apartadó.
Y entre mis tíos, mi abuela, mi mamá, los hijos de tío
Edison…, éramos más de diez.
—Denme un campito, por favor—, decía el sepulturero.
Y entonces nosotros empujábamos para todos los lados. Buscábamos abrir campo y, a la vez, queríamos seguir viendo a tío Edison, ese tío Edison que nos dejaba el
tiempo. Éramos tantos… y el cementerio de Apartadó era,
es, un amasijo de callejones estrechos. Evoca laberintos
míticos.
—Denme un campito, por favor.
Y esa convulsión inútil de la multitud. Funcionábamos
como un cuerpo torpe, caótico. Un cuerpo de un animal
extraño. A lo mejor, una criatura marítima, con tentáculos, a lo mejor…, pero una criatura marítima ciega que se
desplaza por la profundidades de puro milagro, a punta
de espasmos.
La abuela dijo:
—¿Me podés mostrar, por favor, el…—señaló al ataúd.
El sepulturero entendió. Tomó el cráneo y nos lo enseñó. En el recipiente craneano bailaba la bala. Todos
quisimos verla. Detallarla. Era tan pequeña… y pensar
que condesaba tantas tristezas. La abuela la guardó en
su cartera.
Unos minutos más tarde, en la Terminal de Apartadó,
tomamos un bus hacia Turbo. Tío Edison viajó, en una
bolsa de basura, junto a las piernas de la abuela.
En mi recuerdo de hace tiempo, el primer recuerdo, es
como si mi tío estuviera de visita. Pero un día, ya grande,
mamá me dijo:
—No, mijo, ¿no se acuerda? Su tío vivió con nosotros.
A mí eso me sorprendió mucho.
A principios de los noventa, el paramilitarismo era
un fenómeno más o menos reciente en la zona. Urabá
se encontraba en una época de transición. Vivíamos en
Chigorodó. Nuestra casa era pequeña, apenas con dos
habitaciones: una matrimonial y otra en la que dormíamos mis hermanos, mi tío y yo; ambas tenían ventana
a la calle. Sucedió en la madrugada. Mamá sintió una
vocecita que la iba sacando del sueño: “Manita, manita
—decía la voz—, despiértese, manita”-.
“Y yo que me despierto toda nerviosa —dice mamá—.
Jairo también se despertó. Cuando pudimos darnos cuenta, era Edison al pie de la cama”.
Tío Edison dijo:
—Manita, déjeme dormir con usted.
Y mamá, que cómo se le ocurría, que si era que se había embobado. “El asunto es que Edison —dice mamá—
no había podido dormir en toda la noche y se había pegado a ver para la calle por una rendija de la ventana.
Vio que dos hombres borrachos se sentaron en el andén
de la casa. En algún momento, un marrano pasó cerca
y uno de los hombres sacó un puñal y se lo clavó en un
costado. El otro le preguntó, toteado de la risa, que por
qué había hecho eso y el del puñal dijo que porque sí,
por callejero, que quién lo mandaba a estar a esas horas
andando la calle”.
—¿Y si te vio alguien? —, dijo el otro—. Y el del cuchillo
le respondió:
—Entonces tocará cargárselo también. Por sapo. —“Los
dos hombres se echaron a reír. Imaginate, y tu tío pegado
a la ventana”.
Luego, tío Edison se salió del colegio en Chigorodó
porque le daba mucha pereza estudiar. Volvió a vivir con
mi abuela en la finca de Turbo y, después, se las arregló para entrar al Ejército sin cumplir los 18 años porque
también le daba mucha pereza trabajar en la platanera
de la abuela. Mi tío era un hombre de muchas perezas,
según recuerdan en la familia.
Terminó el servicio militar y siguió como soldado profesional. Ahí acabó de pelea con un cabo. Mi tío también
era un hombre de peleas. Pero, en esos años eran peleas
tontas. Un día, en el monte, el cabo le dijo, no sé por qué:
“Peláez, le toca llevar las ollas”, y él dijo que “ni puta
mierda” el cabo que, “usted verá, Peláez. Si no las lleva,
le toca pagarlas”, y mi tío que, “ listo”, que prefería pagar
la hijueputas ollas a terciárselas todo el hijueputa camino. A los días, después de pagar un tiempo de calabozo,
se salió del Ejército porque él no iba a estar humillándosele a cualquier hijueputa. Así era mi tío.
No sé cuánto tiempo pasó. Es difícil decir “pasó tanto
tiempo” porque aún estaba muy niño y el tiempo de niño
suele pasar de una forma diferente y está también este
problema mío con la memoria… Sólo sé que un día le oí
decir a mamá que le decía a otra persona, creo que en la
sala, creo, que “Edison se volvió paraco”. Y mamá como
que lagrimeaba un poco. Mamá como que susurraba un
poco, “Edison se volvió paraco”, dijo. Eso lo recuerdo
bastante bien.
Ella se llama Cruz Alba Acevedo. Y es mi abuela.
Siembra plátano para vivir y siembra rosas “porque se
le da la gana”, dice ella.
Desde la carretera se ve su casa. Para llegar a la casa
basta cruzar un jardín gigante: hay rosas, por supuesto, y veraneras y albahacas y heliconias y limoncillo y
coles y mandarinos y naranjos. A veces, toca lidiar con
perros. A veces, por lo general, todo perro que vive en
casa de la abuela muere atropellado en la carretera.
La casa de mi abuela es chiquita y en ella se ha criado
una familia grande.
Mi abuela cuenta:
—Cuando tronaron los disparos, yo dije: “¡Ay, Dios
bendito!”
Mi abuela es una mujer con la fuerza de un bulteador.
De temperamento fuerte casi siempre, pero de lágrima
fácil. Echa cantaleta a los nietos y riega chismes de las
nueras. Mi abuela no es, lo que se dice, una mujer de
fácil trato.
—Los disparos habían sido cerca. Cuando eso, casi
todos los muchachos todavía vivían conmigo, no habían
cogido mujer. Entonces, yo dejé lo que estaba haciendo
en la cocina y salí a ver quién hacía falta en la casa. No
eran buenos tiempos.
Y, en efecto, no eran buenos tiempos. Era finales de
los noventa y los paramilitares andaban a la cacería de
sapos. La gente del campo solía convertirse en sapos sin
darse cuenta. Era una enfermedad rara esa de convertirse en sapo.
—Nadie de la casa faltaba. Después de un rato, todo
el mundo salió a la carretera a ver qué pasaba. Estábamos al pie de un naranjo, cuando vimos venir a un
vecino a la carrera. “Mataron a Chivirico. Ahí, junto
al cementerio”, dijo. Empezamos a comentar entonces
que los motivos, que si era que andaba en malos pasos.
Luego, el vecino dijo: “¿Y a que no adivinan quién lo
mató?”. Le vimos la respuesta en la cara. “¿Quién?”, le
pregunté de todos modos. Él respondió: “Pelos. Su hijo,
doña Alba”.
»Los muchachos le alegaron que Edison estaba trabajando en Apartadó. Que él no se iba a meter con gente de la vereda. El vecino dijo que varias personas lo
habían visto. La discusión no demoró mucho. Al poco
tiempo, vimos pasar una camioneta blanca hacia Apartadó. Edison estaba en la parte trasera, se tapaba el rostro con una gorra, pero todos pudimos reconocerlo.
»Yo me metí a la casa a llorar.
Un par de años después, en premio a su efectividad,
tío Edison sería reasignado en un puesto mejor. A finales de agosto de 2000, viajó a San Luis de Palenque, en
el Casanare. Tío Edison sería comandante.
Todo se supo por una llamada desde la cárcel de San
Luis de Palenque. Un amigo de Edison, también paramilitar, que viajó antes que él y que terminó en la cárcel
por portar documentos falsos, fue quien hizo la llamada. Él, a su vez, lo supo de oídas.
Ese día la abuela toma un bus hacia Chigorodó, le
haría la visita a mamá. Cinco minutos más tarde, tía
Nancy tomaría una buseta y luego un taxi en Aparta-
dó. Debía llegar primero que la abuela. Edison estaba
con dos paramilitares más. Tenían acorralado a un jefe
guerrillero.
Era sólo cuestión de disparar. El viaje en bus de la
vereda de Turbo a Chigorodó debería durar unos cincuenta minutos normalmente. Del paradero de buses
de Chigorodó a mi casa, unos diez minutos más. Casi
puedo verlo. Mi tío alista el arma, apunta y dispara. No
pasa nada. El guerrillero sigue en pie. La abuela se baja
en Chigorodó y camina lento. Los días en Urabá casi
siempre son soleados. Mi tío dispara de nuevo y no pasa
nada. El guerrillero sigue en pie. Dispara de nuevo y el
guerrillero en pie. Mi abuela llega al parque principal.
Dos cuadras y ahí está mi casa. “Este man está cerrado”,
dice uno de los compañeros de tío Edison. Quería decir
que al guerrillero lo habían rezado contra las balas.
Tío Edison da la espalda. Huye. Se oye un disparo.
Certero. A la cabeza. Tío Edison cae. El guerrillero se
ha cobrado uno antes de la muerte. Mi abuela se asoma
a la puerta de mi casa. En Urabá las puertas siempre
están abiertas. Y entonces, ve a mamá que llora. Ve a tía
Nancy que llora. Y a lo mejor me ve a mí, allá, en un rincón. Mamá y tía Nancy la miran. Y mi abuela dice qué
pasa. Y no es necesaria la respuesta porque se arrodilla
a llorar. Tío Edison muere en urgencias. El amigo de la
cárcel dice que por negligencia médica, pero era un tiro
en la cabeza. “¡Mataron a Edison!”, dice mamá. Esa era
su misión.
En casa de la abuela todos lo sabían antes de que la
abuela tomara el bus. Nadie se atrevió a decírselo. Creyeron que mamá era la más indicada. La abuela lloró y
oró a Dios. Yo lo vi todo y me sentí extraño. Tío Edison
había muerto y venía en camino en una caja. Habían
pasado veinte días desde que se fue de la región. Tenía
veinticinco años.
Algunos historiadores, como Andrés Fernando Suárez, señalan a 1988 como el año en que, por primera vez, un grupo
paramilitar organizado empezó a operar en la zona de Urabá.
Se trataba de paramilitares llegados de Puerto Boyacá, cuya
misión era devolver las tierras invadidas a los propietarios,
recuperar la soberanía y poner freno a la avanzada comunista, de gran apoyo popular, liderada por el Partido Comunista
Marxista Leninista (PC-ML), con su brazo armado el Ejército
Popular de Liberación (EPL), el Partido Comunista (PC) y su
brazo armado las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Estos paramilitares fueron relevados, a mediados de 1989,
por los de Fidel Castaño, provenientes de Córdoba: en enero de 1990 asesinaron 42 campesinos en la finca Las Tangas,
Turbo. Este sería el inicio de la lucha por la región entre las
Autodefensas y las FARC, principalmente. El EPL, después de
la desmovilización en 1991, se convertiría en el blanco de ambos bandos: la prensa registra masacres y asesinatos selectivos
durante toda la década de los noventa que la atestiguan. En
la región, mientras unos trabajan el campo o se dedican a sus
oficios de la mejor forma posible, entre los cuales muchos son
asesinados por haber sido señalados como auxiliares de cualquier grupo, otros eligen empuñar el fusil por motivaciones
ideológicas o porque representa una buena fuente de ingresos.
Esta es la historia de Edison Peláez, ‘Pelos’. Él eligió ser paramilitar.
Para octubre
DE LA URBE
te recomienda:
No salir de la ciudad
Evitar mirar la TV
No ir al cine
Cancelar las citas médicas
Alistar la cámara fotográfica
Leer mucho
No quedarse en casa
Dormir poco
Apreciar fotografías
Estar atento
Preguntar constantemente
Estar listo para la competencia
Ver documentales
Disponerse para el cambio
Conocer personas y cosas nuevas
Tener tiempo disponible
No preocuparte por cosas vanas
Divertirse en la fiesta
No celebrar el Halloween
A mi tío le dio pereza estudiar y trabajar. Se las arregló para entrar al Ejército sin cumplir los 18 años.
Foto: Cortesía Álbum Familiar
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
10
Ronal Castañeda
[email protected]
Agosto de 2009
CRÓNICA
Paraíso
Foto: Ronal Castañeda
Necesitaba escribir una crónica sobre el mundo del sexo en la ciudad y por esos días,
conocí un lugar insospechado para mi corta experiencia. En Paraíso, es necesario estar
desnudo. Allí está prohibido el porte de ropa. Es la ley del destape. Cuerpo y alma.
Por algunos comentarios sueltos, tenía la curiosidad de conocer el sitio, de saber qué se sente al mirar
y ser mirado, de conocer a esa gente que busca otras
experiencias, de saber lo emocionante del contacto
visual. En Paraíso, como se le conoce, no creía encontrar una jornada con tantas sorpresas.
La casa está ubicada en el centro de Medellín, contigua a un nuevo centro de culto cristiano, de los que
ahora pululan en la ciudad. Tiene un pequeño timbre
para que, cuando suene, se acerque un portero y abra
la puerta. Un joven se asoma por la mirilla y pregunta: “¿Sí?”, como queriendo decir: “¿Qué necesita?” Entonces, lo saludo con un: “Entonces, ¿qué?”, como si
fuéramos amigos de vieja data o un cliente habitual.
Pero, me mira de arriba abajo y, como no soy cara
conocida, me dice, dudoso: “¿Primera vez?”. “No”, le
respondo; pero la verdad era que sí. Entro y cuando
abre la puerta se abre un mundo.
El portero no tiene ninguna indumentaria. Es un
hombre joven, delgado… Es simpático saber lo difícil
que resulta describir a un hombre que no tiene ropa,
a un desnudo. Cuando se viste uno con la ropa, se
dice con facilidad: es un obrero de fábrica, viste camisa roja raída y sobre ella un desgastado y grasiento
overol, sin una sola lavada y con unas desgastadas
botas; luce una gorra roja (Terpel) con visera aplanada. Fácilmente esta sería la descripción de algún
mecánico. Pero describir a alguien sin ropa es mucho más complicado: este portero es un hombre delgado,
con pechos aplanados y sin mucho vello en el tórax. Sus
brazos y piernas son de niño en su textura, pero ambos
están poblados profusamente de una tierna vellosidad. Un
detalle olvidado hasta ahora, necesario para entrar a
Paraíso es: ser hombre. De ésto, es fácil darse cuenta:
basta echar un vistazo alrededor para advertirlo.
Me acerco a la barra y pido un trago de ron. Estoy
alerta; ojos atentos. Alguien me toca el hombro. Es
un joven de unos 25 años, de baja estatura. Yo le digo
con las cejas “qué hubo”. El me dice, sin palabras, con
un ademán de la cabeza, “¿entonces?”. Yo no le entiendo; le vuelvo a enarcar las cejas y ahora, también, con
la cabeza y con cierta vacilación “¿qué pasa?”. Él me
reitera con otro ademán como si lo hubiera dicho por
primera vez, “¿entonces, qué?” Sorprendido, le dije
que no.
Suena el timbre y alcanzo escuchar: “¿Primera
vez?”.
Hice mi recorrido por la casa. Está la sala principal,
un espacio amplio con varias sillas a su alrededor: el
lugar de eventos. Enseguida se encuentra el salón de
video. Entro y veo a cuatro hombres sentados en sillas Rimax, con pasión voyerista, viendo algo que no
alcancé a notar pero sí a oír: gemidos y delirios del
sexo. Cuando llego, me miran a la cara y yo los esquivo. Empiezo por sentirme incómodo, me doy vuelta y
busco salir, pero hay varios hombres que obstruyen
la salida. Salgo pidiendo permiso. “Bien pueda”, me
responden con cierto tono de ironía. Paso, entonces,
por un largo corredor: varios hombres están recostados en sus paredes, éste me lleva a la parte posterior
de la casa. A lado y lado del corredor, hay dos cuartos. En uno están colgadas dos hamacas para tirarse
‘a hacer nada’, y había dos tipos, efectivamente, haciendo nada: ninguno hablaba ni hacía algo.
La casa se mantiene en una penumbra que ambienta muy bien la noche. Un clarooscuro dominante envuelve los vasos, las caras, las paredes, el piso. Puertas cerradas y luces tenues dan una vaga sensación
de encierro. La música: electrónica, techno, sintetizador… 80’s.
A medida que avanzo hacia la parte posterior de la
casa, hay una degradación de los tonos, volviéndose
más oscuro el entorno y las caras, hasta dejar de percibir los detalles. He llegado al centro de la casa, que
tiene una cortina divisoria. Hacia allá, la oscuridad.
Entré y un vaho de calor me golpeó la cara. Pensé
que debía de estar en el ‘cuarto oscuro’, porque casi
no veía. Guiándome por lo escuchado, era el salón
más popular; sentía el rumor de mucha gente, que
conversaba, mascullaba y forcejeaban entre ellos. Era
un rumor sudoroso, pegajoso, con olor a sexo. Quise
entrar y conocer el sitio personalmente, pero varias
manos se me abalanzaron con cariños y coqueteos,
así que decidí salir y dejar las cosas así, pues al no ver
nada no podía describir correctamente las cosas. Mi
trabajo no podía ser tan riesgoso.
Juan Carlos y Paraíso
Paraíso es el primer video bar nudista de Medellín,
y Juan Carlos Rivillas es uno de sus dueños. Ya había
en Medellín algunos baños turcos y swingers, que promovían el nudismo como práctica. Pero Juan Carlos
trajo otro tipo de concepto del nudismo.
A él lo conocí por su profesión. Me habían comentado que había un tipo en un bar de Medellín que
hacía interpretaciones improvisadas de diferentes
mujeres. Una de ellas es la top model Chimpa Nocha,
otra es la travesti Victoria Regia, “La Machis”. El bar
era Paraíso y el tipo era Juan Carlos, graduado como
actor teatral de la EPA. Tiene un montaje teatral llamado De mujeres, monólogo de seis tipos de mujeres
distintas. Juan Carlos se coloca una peluca y es una
instructora de sexo llamada Penélope; se cambia de
peinado y, caminando paticoja y con una resaltada
joroba, es un ama de casa aporreada por la vida: ésta
es Rubi.
La interpretación que hace Juan Carlos en Paraíso,
sin guión preestablecido, se hace cada sábado y su
función no va más allá de ser un espectáculo que
deje a un lado lo pornográfico y erótico, para ser una
especie show de entretenimiento para sus clientes.
Suena el timbre que anuncia la llegada de otro parroquiano. Me siento en la sala principal, después
de conocer la casa, y escucho la música disco que el
barman goza. El volumen de la música aumenta y,
de pronto, sale un tipo con un vestido de seda, largo
y feo, con una máscara simiesca y una peluca rubia
que le llega al cinto. Es él. O ella. Ahí está: Chimpa
Nocha.
—Hola, mis amores. Soy yo, Chimpa Nocha. Aquí
me tienen de nuevo. ¡Ah!, ¡ah!—, gruñe, como imitando a un chimpancé.
Los hombres se aglutinan en la sala principal.
Hasta ahora no había visto la cantidad exacta de
gente en el lugar. Salieron al menos 20 personas de
los cuartos. Muchos con sus ‘estacas’ rebeldes y algo
11
afanados por lo que dejaron de hacer.
—Esta noche tenemos un invitado muy especial. Si
creen que tendrán sexo otra vez, pues se equivocan,
mis amores. Esta noche tenemos un poeta. ¡Ah!, ¡ah!
—vuelve con su gruñido grotesco, mientras camina
de un lado a otro como toda una reina de belleza
demostrando sus feos atributos.
Algunos vuelven a su cuarto al verse desilusionados con este acto tonto, comparado con lo que dejaron de hacer.
—Sí, sí, ya sé; pero no todo en la vida es sexo. Hoy
vamos a leer poesía. ¡Ah!, ¡ah! El invitado es un reconocido poeta nacional, que ya ha publicado varios
libros y que ganó hace poco un Premio Nacional de
Poesía. Su nombre es Verano, Verano Brisas. ¡Ah!,
¡ah! —gritaba el simio.
Disminuyen las luces y la música comienza a palidecer. Suena, de pronto, una especie de música
tántrica, con unas voces profundas en do de pecho.
Aparece el poeta, con una aureola celestial y hábito
franciscano, caminando lentamente. La escena era
todo un montaje teatral.
Suena el timbre. Vuelve a sonar, interrumpiendo
la escena.
—¡A ver!, pero quién abre la puerta. ¿Quién será?
—grita Chimpa—. Ve, Harry, mi amor, abrí la puerta
—entran algunos clientes— ¡Hola, mis amores! ¡Pasen, pasen! Pero, primero, quítense esa ropa; eh, no
sean groseros.
¡Ah!, ¡ah! Veranito, por qué no nos lees ese poema
que escribiste cuando trabajábamos en Escandinavia. Léeles a nuestros queridos espectadores esa belleza que escribiste —ahora La Chimpa abre su boca
como las fauces deseosas de un orangután.
Música tántrica y empieza el poeta:
Así es Escandinavia: patria de muchos besos,
lente de voyeristas, paraíso de los sádicos,
ilusión de los pedófilos, sueño de los impotentes,
bastión de los escabrosos, frustración de los pacatos,
esperanza de los tímidos, refugio de los solitarios,
desazón de los traidores, valentía de los cobardes,
hogar de los amigos, terror de los enemigos,
reposo de los guerreros, apoyo de los vencidos,
vergüenza de los cabrones, bazar de las fantasías,
cementerio de los hipócritas, abrigo de los poetas,
renacimiento de todo y, por sobre todo,
lugar humano y sonriente,
donde el placer y la inocencia
no han encontrado su límite.
Escandinavia…
Paraíso nace del video bar nudista Escandinavia,
creado en Bogotá en el año 1998, el primero de este
tipo en Colombia, ya que “por ese entonces en Bogotá se empezó a poner de moda el nudismo”, según
cuenta Rivillas. “Me parecía rico que hubiera sitios
donde yo pudiera estar desnudo… fui con mucho susto la primera vez, y me gustó tanto que seguí yendo
y frecuentando sitios que promovían el nudismo”.
También lo fundó Juan Carlos Rivillas con otros dos
compañeros y, además, con la colaboración de Verano; de allí viene esa amistad. Desde el principio,
había una especie de parentesco entre ellos mismos:
todos eran actores o escritores de teatro. Tenían un
colectivo teatral llamado 1+1 que, hasta hace muy
poco, tenía montajes en escena.
La empresa
De mujeres, monólogo de Juan Carlos Rivillas. Foto: Ronal Castañeda
A Juan Carlos no le fue tan bien en Escandinavia,
en parte porque era su primera experiencia administrando negocios: “Me sentía como criando muchachitos”, además porque seguía latente su verdadera
pasión: el teatro. Vendió Escandinavia y, sin embargo, al poco tiempo montó un negocio similar, diagonal a Escandinavia llamado La competencia. A pesar
de sus esfuerzos por continuar con el negocio, ganó
la pasión por el teatro y, entonces, volvió a vender.
Por varias circunstancias, llegaría a Medellín y daría
finalmente con Paraíso, el primer video bar nudista
de la ciudad.
Paraíso figura en la Cámara de Comercio como un
‘Club recreativo’. En palabras de Juan Carlos, la recreación es el buen uso del tiempo libre y “aquí la
gente viene a hacer buen uso de su tiempo libre”.
Está constituido, actualmente, como empresa bajo
“la filosofía naturista que, a nivel mundial, promueve el estar desnudo”. No están en el rango legal de
centros de satisfacción sexual porque no está entre
sus funciones prestar este servicio: “Por ley, no está
prohibido que la gente esté desnuda ni que tenga
sexo, cuando son mayores de edad y lo hacen de una
manera libre”. “Lo que a nosotros no nos interesa es promover la prostitución. Aquí no prestamos
servicios de los mal llamados ‘masajes’, sino que el
que quiso tener sexo lo tuvo, pero no hay intercambio
de dinero”.
Recientemente, Juan Carlos y Gabriel, quienes administran la empresa, tuvieron que trasladar el video a
unas cuantas cuadras porque ese sector estaba declarado como ‘zona estudiantil’. Se trasladaron a otra casona
del centro, aledaña a una iglesia cristiana. El contraste
es singular: en cada sitio se arrodillan con distintos fines.
Tanto Paraíso como Escandinavia son videos sólo para
hombres, en gran medida por una razón: “Por evitar
problemas”, según Verano. Cuando se mezclan los géneros abundan los pleitos entre las parejas. El horario
manejado en Paraíso también está en función de evitarse problemas: abren desde la 1 de la tarde y se cierra a
las 9 de la noche. “En la noche, la gente quiere salir a
beber, a bailar… y esa no es la función de Paraíso, que es
sólo un lugar para estar”. Aunque tienen servicios especiales para hacer amañar a sus clientes como la tarjeta
V.I.P. (Very Important Pecadoras).
Paraíso es el primer video bar nudista de Medellín, allí La Machis realiza
sus improvisadas interpretaciones.
Foto: Ronal Castañeda
Estar desnudo
A Juan Carlos le gusta mucho estar desnudo; le estorba la ropa. “Me encantaría estar desnudo siempre,
pero no puedo”. Tiene un oficio que se acomoda a su
filosofía de vida: “Si a uno le gustan esas cosas, entonces tiene que propiciarlas. Queremos profundizar
haciendo varios video bares del grupo LGBT, es decir,
para lesbianas, gays, bisexuales y trans. En Medellín,
éste es un terreno inexplorado y con un público escondido, pero presente”.
Al parecer, la gente goza del nudismo como práctica común: bailar, ir a moteles. Quieren ir a Paraíso
porque su único deseo es estar desnudos. Otros consiguen allí algo que en otro lugar les está vedado: ‘Las
Noches de Dárkulo’ y ‘Los jueves de Ver-ano’, ‘Las
Orgifiestas’; muchos van a buscar acción. Para muchos, es el Edén. Y ahora que lo pienso, no es gratuito
el nombre de este video bar.
Nuevamente, el timbre y el eco: “¿Primera vez?”
“Podemos hacer siempre el paraíso alrededor
nuestro / dondequiera que nos encontremos.
Para eso sólo se requiere estar desnudos”.
Jaime Jaramillo Escobar
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
12
Agosto de 2009
CRÓNICA
DMG, otra cara del rebusque
Foto: Edna Liliana Guerrero
La falta de oportunidades laborales, el abandono estatal, la presencia de grupos armados ilegales y el reemplazo de la coca por otros mercados, fueron el caldo de cultivo para el surgimiento de
empresas captadoras de dinero como DMG. La carpa desde la cual se paralizó el Oleoducto TraAndrés Felipe Maldonado Escobar sandino de Ecopetrol fue, para los oritenses, un lugar donde confluyeron sus historias y un acto de
[email protected]
protesta. Tras su desmonte, los intentos de diálogo directo con el Gobierno fracasaron.
Edna Liliana Guerrero Caicedo
[email protected]
La mujer, quien esa noche se había comprometido a preparar el café para mantenerlos despiertos, ya estaba sentada y dormida junto al fogón que aún humeaba, pero
sin fuego. Eran las dos y media de la madrugada y en la carpa había siete hombres que
jugaban cartas, tres niños que veían la televisión y otros que, vencidos por el sueño,
tendieron cartones y cobijas en el suelo húmedo dentro de la carpa o, como pudieron,
se acomodaron en hamacas.
Dos horas antes, una repentina lluvia había despertado a muchos, no por su fuerza,
sino por la cantidad de gotas de agua que se filtraban por algunos agujeros del plástico. Nadie sintió frío. La lluvia levantó el calor que reposaba en la tierra y sirvió para
que el sueño, en la intemperie, fuera más llevadero en un pueblo bochornoso como
Orito.
Ninguno de los que en ese momento estaba cobijado por aquel plástico negro habría imaginado que su diciembre transcurriría de esa manera. Mucho menos después
de haber concebido planes, unos tan comunes como asar un marrano para la cena de
Navidad y otros, tan ostentosos, que rayaban con la locura, como el de encargar la
cantidad suficiente de whisky para darse un baño colectivo. En vano, los almacenes
surtieron con juguetes costosos que nunca antes habían puesto en sus vitrinas; allí se
quedarían sin un comprador con suficiente dinero para complacer a sus hijos.
Quién podría creer que los mismos que reposaban tranquilos debajo de esa carpa,
cerca al Oleoducto Trasandino de Ecopetrol, eran los mismos que, el 26 de noviembre
de 2008, se volcaron furiosos a las calles a repudiar la decisión del Gobierno Nacional
de decretar Estado de Emergencia Social y de ordenar el desmonte de la empresa
DMG y de otras captadoras de dinero. Ese mismo día, en Putumayo, alrededor de
cinco mil manifestantes cerraron las vías y dejaron incomunicado al departamento.
Al mismo tiempo, en Mocoa, la multitud, al ver sus intereses económicos resquebrajados, reaccionó violentamente. Miles de personas quemaron cerca de 80 vehículos decomisados por la Fiscalía, entre carros, buses y camionetas. Tan fuerte fue
el impacto de la decisión tomada por el Presidente, que la huelga, armada de valor,
terminó rodeando y persiguiendo a los agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios
(ESMAD) destinados a restablecer la calma.
David Murcia Guzmán crea
DMG S.A. en el departamento
del Putumayo. Semana.
La Superfinanciera considera que DMG ejerce, de forma ilegal, una actividad financiera
con la venta de tarjetas prepago. Semana.
2007
2003
Noviembre 18/08
El congresista, Germán Navas Talero, asegura que la empresa TransVal, socia de DMG, habría transportado y custodiado gratuitamente las
firmas para el referendo reeleccionista. El Espectador.
Paralelo a esto, en el sur de Putumayo, la masa enardecida de oritenses consideró que
debía valerse de lo más representativo del pueblo: Ecopetrol. Se unieron y, apoyados por
los mismos sindicalistas de la empresa, pararon la producción del Oleoducto Trasandino
para generar presión al Gobierno. Los campesinos e indígenas de las veredas bajaron al
pueblo y, entre todos, armaron once carpas. Allí cocinaron y durmieron durante 48 días,
incluyendo las fiestas de Navidad y Año Nuevo, a la espera de una respuesta efectiva del
Gobierno sobre su situación y una atención más objetiva por parte de los medios de comunicación.
Cuando la fiebre de los primeros días pasó, ya no eran once el número de carpas sino
cuatro. Una, en la entrada del pueblo con personas listas para dejarlo incomunicado en
cualquier momento; otra, en el centro donde se hicieron las reuniones; otra, en la entrada
de la sede administrativa de Ecopetrol; y una última, frente al Oleoducto, desde la cual
fuimos testigos de casi todo lo ocurrido.
A las tres de la madrugada, algunos hombres de los que estaban jugando cartas se acercaron al fogón a remover la leña y avivaron fuego para calentar el café. La señora que dormía en la silla se despertó y los hombres no la dejaron ayudar para que pudiera descansar.
En seguida, se sentaron con nosotros y empezamos, ellos a contar sus historias y nosotros
a remover sus recuerdos.
“Los ricos también se la ganan fácil”
Antes se llamaba Sixto, pero años atrás prefirió cambiar ese nombre por uno que le pareció mejor: Durlandy Giovanni Acosta. Este hombre alto y delgado, con rasgos indígenas
y cabello tinturado, recuerda perfectamente cuando el caos se apoderó del pueblo y toda
la gente se desesperó. Pasaron cosas que él jamás, ni como peluquero ni como Concejal,
había visto ni imaginado. “Yo mismo conformé el Comité de Bulla para ir de negocio en
negocio, cerrándolo. Uno lo que hacía era pitar y, en par patadas, ya había unas cien motos
para ir al sitio que estaba abierto”. Al cerrar cada establecimiento, dejábamos un aviso que
decía: “Sellado por el pueblo”.
Eso pasó los primeros días porque después, a pesar de que Durlandy pitaba y pitaba
para cerrar negocios abiertos, sólo se reunían, como mucho, cinco o seis motos. Ahí se
DMG cambia su nombre a DMG Grupo
Holding S.A. y se establece como grupo
comercial con 30 empresas más. Dinero.
La DIAN efectúa un operativo Una empresa captadora de dinero dessorpresa en las instalaciones ata la crisis al negarse a entregar sus
dineros a los depositantes. Reuters.
de DMG. Dinero.
Agosto 18/08
2008
Noviembre 19/08
El fiscal general, Mario Iguarán, acusa a
DMG de operar con recursos ilícitos y ordena la captura sus directivas. El Espectador.
Noviembre 20/08
David Murcia Guzmán es
capturado en Panamá.
Reuters.
Noviembre 12/08
Noviembre 21/08
La Fiscalía revela el pago de 760 millones de pesos
que ordenó David Murcia para hacer “lobby” ante el
Congreso a cambio de beneficios. El Espectador.
13
acabó el Comité de Bulla y comenzaron los alegatos de
comerciantes y transportadores quienes, ante la difícil situación económica, querían trabajar; a diferencia de los
que promovían el paro cívico para llamar la atención del
Gobierno. Lo que a los comerciantes les parecía contradictorio era que los obligaban a cerrar y, al mismo tiempo, a aportar dinero o víveres para abastecer de comida
a los manifestantes de las carpas. Lo que no soportaban
los organizadores del paro era su falta de consideración
con una lucha que los beneficiaría a todos. Al final, los
comerciantes aportaron y los organizadores de la manifestación les permitieron abrir sus negocios que determinadas horas del día.
Durlandy siempre ha estado cercano al pueblo y conoce bastante bien su historia. Para él, DMG se posicionó
en el Putumayo como una empresa legal y esto motivó a
la población a dejar a un lado el negocio ilícito
de la coca. Cuenta él que la confianza de quienes empezaron a llevar su dinero, se consolidó, incluso cuando miembros de la fuerza pública, como policías e integrantes del Ejército,
depositaron dinero en esta empresa.
Entre exaltado y molesto, renegaba de la
forma como algunas personas decían que esa
plata se la habían ganado fácil, “pero los ricos
también se la ganan fácil”, decía Durlandy.
“A la gente le era más fácil cargar un bulto de
coca, en medio de la selva y su clima húmedo,
que un racimo de plátano. Era la necesidad. El
derroche no se hizo sólo en Orito; todos derrocharon: el Presidente derrocha en fuerzas
militares, el derroche se ve por todo lado”.
Este hombre es testigo de cómo siete años
atrás la gente vivía intranquila cultivando lo
ilícito o lo lícito. Cuando lo que movía al pueblo era el cultivo de la coca, hubo robos, atracos y muerte. “Para nadie es un secreto que
estas tierras se las han peleado la guerrilla y
los paramilitares; y en ese tire y jale del uno y
del otro, todos estábamos en medio pagando
impuestos, bien sea a los ‘guerros’ o bien sea
a los ‘paras’. Él cree que era mejor DMG que
la coca porque nadie se mataba.
arrobas, hay que ser un verraco. Lo normal eran seis o siete. Los dedos se partían y uno sentía mucho ardor”.
A Elías también le gustaba sembrar maíz, yuca y plátano, pero nunca le dio ganancias ya que para conseguir por
lo menos un millón de pesos le tocaba llevar un carro lleno
con su cosecha, mientras que con la coca bastaba un montoncito que bien cabía en la mano. “No hay comparación,
la coca da más pero tiene mucho trabajo:que sembrarla,
que cuidarla, que procesarla, que comprar guadañas, que
sulfúrico, que soda, que cemento. En cambio, el maíz no
tiene tanto trabajo; es legal pero vale menos”.
Más adelante, cuando la coca dejó de ser un buen negocio, Elías dejó el Caquetá y llegó a Putumayo para ganarse
la vida vendiendo puestos en las filas de las captadoras de
dinero. “Me levantaba a las tres de la mañana y, a veces,
La mujer que dormía se despertó y, al levantarse, se dirigió a un improvisado y apestoso baño, a unos 30 metros
del fogón. Construirlo no implicó mayor esfuerzo. Pusieron un piso alto de tabla, abrieron un hueco en el centro
y empotraron una taza de inodoro, de esas que no tienen
tanque. Para la privacidad del usuario, el rededor estaba
cubierto con un costal verde.
En ese momento, un joven lánguido y de tez blanca se
acercó al televisor para ver algo y consiguió cambiar el canal hundiendo una vara en el hueco donde antes estaba el
botón. Una película de vaqueros atrajo a los espectadores
y, poco a poco, los hombres que estaban por ahí desplazaron a los niños.
En Orito, la prensa llega cada ocho días a unas cuantas personas, en la radio tan sólo se escuchan vallenatos,
rancheras y reggaetón, y no es fácil acceder a Internet; la
televisión pasa a ser el medio más habitual para
el entretenimiento y la información. Sin embargo, bastó un día para que la credibilidad en este
medio quedara por el suelo, tras las noticias que
se presentaron sobre lo que allí estaba ocurriendo
y que, según sus protagonistas, no correspondía
a la realidad.
Cuando le llegó el turno de contar su historia,
Antonio Jajoy alegó que “la imagen que tenemos
de los medios es negativa, porque nosotros decíamos una cosa y ellos decían otra: ellos desinforman”. Este líder indígena recordó cuando el 26
de noviembre decidieron buscar a un periodista
de RCN quien, desde una cabina de Telecom en
Mocoa, informó a todo el país que los manifestantes de las marchas estaban en contra de DMG.
Cuando lo encontraron, una señora le dio una cachetada. Después lo pasearon por todo el pueblo
para mostrarle que una cosa eran las pirámides y
otra era DMG, su empresa; él nunca informó eso.
Otro periodista de Caracol terminó amenazado
por el mismo motivo. “Él decía que mandaba las
notas y allá cortaban y cambiaban las cosas”, contó Antonio, quien además cree que los periodistas
mezclan su profesión con la política y que, al no
ser veraces, “están untados de Estado”.
Todos los allí presentes rechazaron el abandono al que los ha sometido el Estado. Protestaban
“Es legal pero vale menos”
porque en Orito no se han hecho inversiones seEran casi las cuatro de la mañana y los nirias, porque dicen sólo haber recibido limosnas
ños frente a la televisión no se cansaban de
y que por eso han tenido que hacer una serie de
ver cómo se repetían una y otra vez los co“maromas” para poder sobrevivir. Entre esas “mamerciales de las telenovelas, sin que se preromas”, estubo, inicialmente, el cultivo de coca y,
sentara algún programa. No podían cambiar
entre las limosnas, el proyecto de guardabosques,
el canal porque el control no tenía pilas y el
con el que se prometió promover otros proyectos
botón del televisor estaba dañado. Entre tancon los campesinos pero, al final, se limitó a futo, Elías sonreía tímidamente mientras contamigaciones.
ba su historia. Antes de empezar dijo, en voz
En lo corrido del 2008, en Putumayo, la probaja, que no quería hablar sobre la guerrilla ni
ducción petrolera generó recursos por un valor
decir su apellido. Sus pequeños ojos brillaron
de 105.892’186.382 pesos de los cuales Orito, la
al recordar su infancia en la finca de su padre
capital petrolera, recibió 14.070’415.414. Sin emen Caquetá.
bargo, los oritenses protestan por la corrupción y
“Yo le corrí al estudio. El profesor me ensepor la exclusión laboral por parte de las empresas
ñaba y me enseñaba y no me entraba”. Elías
exploradoras de petróleo. “Cuando exigimos que
sólo estudió hasta segundo de primaria porque
contrataran gente del pueblo, los de la empresa
se cansó de hacer algo en lo que no le iba bien.
nos dijeron que nos iban a hacer unos exámenes;
Y cómo le iba a ir bien, si antes de ir al colegio,
cuando fuimos a presentarlos, estaban en inglés”.
sagradamente, tenía que ayudar a ordeñar doce
Cuando la noche se había esfumado, todos vimos
vacas y cuando volvía ni tocaba el cuaderno de Mientras que unos estuvieron en las carpas; otros optaron por las plegarias. Foto: Edna Guerrero
llegar a la mujer que cada mañana traía a la carpa
las tareas porque ayudaba en la molienda de caña. Cuanme ganaba 20 ó 30 mil pesos diarios, o 70 u 80 mil; la imagen de San Sebastián. En las tardes, le celebraban
do su padre vendió la finca y compró un carro, Elías se fue otras, no se hacía nada”. Elías estuvo a punto de invertir misas y le hacían promesas para mantener viva la esperanal pueblo con él a vender cachivaches. “A veces nos iba cien mil pesos, pero se arrepintió. Ahora que todo se ha za, sentimiento que se diluyó cuando la carpa fue desarmabien y a veces sólo alcanzaba para la gasolina”.
derrumbado, no sabe si volver a Caquetá o vivir en Mocoa. da, veintidós días después, para permitir el transporte de
El negocio se acabó cuando el carro empezó a fallar. Mientras tanto, esperaba en la carpa. Ya era de madrugada Petróleo y dar paso a una negociación con el Gobierno.
Elías, quien era ya un joven de 20 años, decidió irse a otro y los gallos empezaban a cantar.
Al final, cuando la gente quedó sin vivienda, sin tierra
pueblo, a la finca de su hermana. “En ese tiempo, uno no
y sin empleo se convenció más de su abandono. Las cuabuscaba trabajo, a uno lo buscaban. ¿Está desocupado?,
“Untados de Estado”
tro visitas del Ministro de Protección Social se justificaron
me decían, y yo de una me iba”.
En la carpa, algunos curiosos nos veían como seres ex- porque, según ellos, lo único que le dolía al Gobierno era
En la producción de la coca, él aprendió mirando. A ve- traños. Sabían que estábamos ahí por motivos diferentes a el paro en la producción de Ecopetrol. Los temores de que
ces le tocaba trabajarla en el laboratorio, o la limpiaba, eso los suyos. Días atrás nos habían preguntado sobre nuestra la situación se complicaría no fueron en vano. El pasado
sí, sin ir a dañarla. Otras, anotaba el nombre de los raspa- identidad para cerciorarse de que no fuéramos de la Sijín* 20 de mayo, en su propia casa, seis disparos acabaron con
chines y la cantidad de arrobas que cogían para poderles o de medios como RCN o Caracol. No dejaban tomar fotos la vida del contratista en Ecopetrol, Gentil Páez, quien
pagar. Pero lo que más le gustaba era ir a raspar porque porque temían a las amenazas. Después, nos recomenda- participó activamente de la protesta. Hasta ahora las autoganaba según lo que cogía y, de tanto hacerlo, sus dedos ron que fuéramos prudentes porque días atrás, entre to- ridades no han dado un parte oficial de las circunstancias
índices perdieron su forma natural, le quedaron curvos. dos, golpearon a un hombre que pasó tomando fotografías del homicidio.
“Cogía doce arrobas diarias y cualquiera no coge doce de la carpa con un celular.
*Dijín: Dirección de Policía Judicial e Inteligencia.
David Murcia afirma que el presidente Álvaro Uribe “es un mal presidente y un mal papá”, por no estar enterado de que entre los socios
de DMG estarían sus hijos Jerónimo y Tomás Uribe. Video YouTube.
Noviembre 14/08
Noviembre 26/08
Protestas en Mocoa por cierre de DMG dejan 14 heridos. Reuters.
Presidente Álvaro Uribe asegura no tener vínculos con empresas
captadoras ilegales de dinero. Reuters.
David Murcia advierte a los ahorradores de una presunta conspiración
del Grupo Aval que consistiría en crear pirámides y “generar pánico
colectivo del que pretenden responsabilizar a DMG”. Video YouTube.
Noviembre 16/08
Diciembre 21/08
Febrero 26/09
DMG es cerrada.
El Espectador.
Noviembre 17/08
Agosto 05/09
David Murcia es llamado Suspenden audiencia de David Murcia al David Murcia Guzmán fue declarado culpaa juicio por la Fiscalía. declararse en rebeldía por considerarse ble de los delitos: enriquecimiento ilícito y
Semana.
víctima de un juicio injusto. El Espectador. captación ilegal de dinero. El Espectador.
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
14
entrevista
Agosto de 2009
El nuevo “episodio oscuro” de
Laura Restrepo
Víctor Casas Mendoza
[email protected]
En su visita a Medellín Laura Restrepo habló con De la Urbe de su última
novela, de sus años de clandestinidad en Argentina, del poco agrado que
siente por el Presidente Uribe, y hasta de mariposas amarillas.
Hace cinco años, su nombre resonó en todas las latitudes cuando salió a la
venta Delirio, la obra que le valió el Premio Alfaguara. Si bien Laura Restrepo era
conocida por otras novelas y por ser, entre muchas otras actividades, Comisionada de Paz en la desmovilización del M-19, fue en el año 2004 cuando su carrera
alcanzó la cúspide. Ahora que la historia del caso de Agustina anda de mano
en mano en veinte idiomas distintos, Laura Restrepo regresa con un alucinante
diálogo entre una madre y su hijo adolescente. Es Demasiados héroes, el último
capítulo hasta ahora escrito en la vida de esta autora y periodista bogotana, la
oportunidad de redimir un pasado que decidió confrontar y presentar a sus lectores.
¿Por qué esperar tantos años después de Delirio para publicar Demasiados
Héroes?
Porque es una historia que no hubiera podido escribir antes. Es ficción pero
autobiográfica. Yo viví años de militancia clandestina en Argentina. Fue un periodo “sin palabras” porque los tiranos te las quitaban, y porque uno mismo se
imponía el silencio. Ponerle palabras a ese silencio requiere tiempo, es difícil
escribirlo inmediatamente. En el libro, la dictadura aparece como un telón de
fondo, pues me importaba más el eco que los hechos tienen en los personajes.
Por eso, la protagonista central no es Lorenza, que es la mujer que milita, sino
Mateo, a quien esos hechos han dejado sin padre como consecuencia de lo que
pasó, y que en la novela se plantea como un misterio que Mateo no conoce y que
llama el “episodio oscuro”. Me interesan las repercusiones en los personajes, lo
que queda en ellos, el fantasma que queda flotando, y eso, quizá, requiere dejar
pasar años; que los hechos no estén tan encima de ti, que no te abrumen, que se
decanten para poder tener una visión interior.
En ese sentido, ¿podemos ver a Laura Restrepo reflejada en Lorenza, quien
conoce la historia y la cuenta, o en Mateo, quien no sabe y se hace preguntas?
Uno está en todos sus personajes, pero si me ponen a escoger entre Lorenza y
Mateo, yo pienso que uno como escritor es más Mateo, que es el que pregunta.
Lorenza sería la historia contada en términos convencionales y Mateo le está diciendo: “Así no me la cuentes, no me cuentes una historia de héroes; cuéntamela
de tal manera que a mí me permita entender quién soy y quién fue ese hombre
que fue mi padre y, en últimas, quién eres tú”. Mateo siempre se lo está preguntando. El ausente es el padre, pero la que tiene una cortina de frialdad es ella.
Mateo dice: “Es muy difícil ser hijo de un robot como tú”, porque la mamá tiene
un problema: va, hace, soluciona, consigue la plata, milita; y el muchacho quiere,
más bien, que le pongan palabras a toda esa hiperactividad de la madre, así mismo, el escritor quiere ponerle palabras, como Mateo, a una cierta historia.
¿Tiene algo de especial para Laura Restrepo la época en la que transcurre la
historia de Demasiados Héroes?
Fue una época intensa, esa dictadura que comenzó en los 70 y terminó en los
80. El tipo de participación que yo hice fue una militancia no armada, fue resistencia pacífica contra la dictadura. Me interesaba dejar por escrito el testimonio
de lo que fue esa militancia invisible. En un momento se cuenta, por ejemplo,
cómo hacían un periodiquito clandestino. ¿Qué decía el periódico? La poca
información a la que tenías acceso, porque como era tan peligroso hablar, te llegaba a cuentagotas. Había mucha tensión porque estabas dentro de la boca del
lobo. Fue una época difícil, pero al mismo tiempo una época de juventud plena
y bien vivida.
¿Demasiados Héroes fue, entonces, la oportunidad de hacer catarsis sobre lo
que pasó con su vida durante esos años de militancia?
Yo pienso que sí. Mis editores destacaron una frase que yo misma había puesto un poco a la carrera y que la vi cuando enfatizaron en ella: “El pasado que no
se ha amansado con palabras, no es memoria, es asechanza”. Pienso que a todos
nos sucede, a los que escribimos o a los que somos sólo lectores: tener episodios
que mantenemos como fantasmas y nos asechan hasta tanto no les ponemos
palabras, bien a través de una conversación como la que tienen Mateo y Lorenza, o bien, a través de ese mecanismo que es la escritura; incluso muchas veces
leemos una historia ajena y esa historia le pone palabras a la nuestra.
¿En qué ha cambiado Laura Restrepo desde Historia de un Entusiasmo hasta
Demasiados Héroes?
Esta se llama Demasiados Héroes. ‘Demasiados’ tiene una connotación negativa. Mateo no quiere que le cuenten historias de héroes sino de gente de carne
y hueso. Historia de un entusiasmo tiene demasiados héroes por una razón: si
bien yo hice un testimonio honesto y presencial de los hechos, porque yo estuve
como Comisionada de Paz en todos y cada uno de esos episodios que narro, yo
me tragué los defectos del M-19, yo conocía las cosas buenas que tenían, pero
también les conocía las fallas. El hecho de que los estuvieran matando a todos,
mientras yo escribía, de golpe me obligó a una cierta solidaridad que me hizo no
contar los defectos. Hoy en día me arrepiento porque aun las figuras históricas
están hechas de virtudes y de defectos: si se los recortas, los conviertes en media
persona.
Yo tenía esa deuda pendiente. Soy una persona de izquierda, siempre lo he
sido. Considero como una obligación mía participar en política y pronunciarme,
de eso yo no reniego. Pero, sÍ quería contar una historia de militancia que llevo
hondamente grabada en el alma, contarla en términos humanos.
¿Es cierta la sospecha de algunos críticos que dicen que sus predecesores son
Gabriel García Márquez y José Saramago?
Uno tiene derecho a tener maestros. Yo cuando era estudiante en la universidad tuve una época muy privilegiada, en donde todos los días aparecía publicada una novela de los titanes. Nosotros íbamos de El Otoño del Patriarca
a Conversación en la catedral; después, salía otra de los fenómenos de Carlos
Fuentes, y Cortázar estaba produciendo sus cuentos prodigiosos; para nosotros
era una revelación. Uno siendo una persona joven, y desde ya con ganas de escribir, ¿cómo hacer para que eso no te imponga una impronta y te marque? Claro
15
que te marca. Yo creo que todo mundo tiene derecho a tener maestros; en ese
sentido, García Márquez y Saramago son maestros ¿Qué haya que repetir su
fórmula? No, sería absurdo tratar de escribir realismo mágico hoy en día, ya
ni ‘Gabo’ escribe realismo mágico. De alguna manera, esos maestros se convierten en el aire que respiras. Autores como Saramago marcaron a toda una
generación, es una manera de ver las cosas, de concebir al ser humano.
Ahora se habla de escritores universales para lectores universales. ¿Escribe usted para un público universal o es una escritora con una nacionalidad
que escribe para una población determinada?
Es el dilema que se le presenta hoy en día a todo escritor. Estás peleando
por un reconocimiento universal en el sentido de que no quieres que sigan
diciendo: “Ésta que escribe cuentos de colombianos”. Uno escribe cuentos de
seres humanos; sin embargo, por ejemplo, con Delirio, uno mira las reseñas y
entonces dicen: “Esta escritora que nos habla de la locura en Colombia”. ¿Por
qué la locura en Colombia? Es la locura, punto. Si alguien habla de Madame
Bovary no se le ocurre decir: “Vamos a hablar del adulterio en Francia”. ¡No!,
es el adulterio, punto. Pero si es una historia colombiana, ¡ah!, entonces es
colombiana, como si tuviéramos que tener folclore para poder existir.
Obras publicadas
• Historia de un entusiasmo (1986).
• La isla de la pasión (1989).
• Las vacas comen espaguetis (1989).
• En qué momento se jodió Medellín (1991).
• Leopardo al sol (1993).
• «Ensayo» en Otros niños (1993).
• Dulce compañía (1995).
• La novia oscura (1999).
• La multitud errante (2001).
• Olor a rosas invisibles (2002).
• Delirio (2004).
• Demasiados Héroes (2009).
Me llamaba la atención que en las ediciones de mis libros que publicaban
en Inglaterra y en otros países le ponían mariposas amarillas en la tapa, ¡no
había una puta mariposa amarilla en todo el libro! Y con mi agente decíamos:
“¡Miércoles!, otra vez mariposas en la tapa”. Seguro, porque al vender tu libro
o al colocarlo en el stand de una librería, querían que, inconscientemente,
el lector lo asociara con realismo mágico, y así te encajonan; entonces, el
mango, la palmera, la hamaca, es una marca de fábrica. Hoy en día, puedes
incorporar eso si quieres; pero no tienes que ponerte la marca folclore para
que te lean.
Somos seres humanos, habitamos el planeta. Lo que uno reivindica no es
no ser colombiano, es no ser folclórico. A mí que no me digan “la historia de
la locura en Colombia”, ¿por qué no puede ser loca una mujer en Australia de
la misma manera como es la Agustina de mi novela?
Usted, antes que escritora, fue periodista. ¿Cómo es esa relación entre
periodismo y literatura en la elaboración de sus novelas?
Una de las grandes ventajas del periodismo frente a la literatura es que
mientras el escritor tendría la obligación de saber, el periodista tiene el derecho a preguntar, y yo me inclino más por eso. La constante en mis novelas
es que están contadas por alguien que no sabe y que pregunta. En Delirio, a
Aguilar se le enloquece la mujer y está siempre tratando de averiguar qué fue
lo que le pasó; en La novia oscura, una reportera va y se mete en el mundo
de las prostitutas y pregunta; en Demasiados héroes, el personaje central es
Mateo, quien no sabe y necesita saber. A mí siempre me ha parecido más
atractivo preguntar que saber, y esa es una lección del periodismo que no
quiero abandonar.
Existe la creencia de que un autor después de su mayor obra lo que continúa haciendo son reproducciones de esa obra. ¿Fue Delirio la cúspide de su
escritura o estamos ante su mayor creación?
El lector puede decir ‘buena’ o ‘mala’. No soy partidaria de que quienes escribimos pensemos si es buena o mala; son adjetivos que no son pertinentes.
Delirio, sí, le fue bien, tuvo un premio muy bonito, pero eso fue hace mucho;
ya hay otros premios Alfaguara y esa corona ya me la quitaron; y la fama,
para colombianas famosas, Shakira.
En Demasiados Héroes se plantea aquella frase que reza: “Todo el mundo
tiene derecho a pensar que su padre es un buen tipo”, y por eso Lorenza le
construye a Mateo toda esa historia de un hombre maravilloso. ¿Podemos
hacer una analogía y decir que en Colombia los medios de comunicación son
como Lorenza, tratan de idealizar a ese papá, que es Uribe, ante el resto de
colombianos que jugaríamos el papel de Mateo?
No lo había pensado de esa manera, pero sí. De alguna manera Lorenza
es la versión oficial. Aquí los medios se han vuelto ridículos, una frivolidad
que te lleva a pensar que para poder fomentar la guerra necesitas de la frivolidad para embobar a la gente. Al mismo tiempo, una visión totalmente
unánime, que cierra filas, como si hablar mal de Uribe fuera una especie de
pecado mortal. No por nada, Dios es mencionado tantas veces por nuestro
Presidente, es decir, si uno está al lado de Dios; pues el que está en contra
de uno es un hereje, está cometiendo anatema y merece el infierno. ¡Y los
medios alineados con Dios! Pero, ¿cuándo el papel de los medios fue acatar
sin cuestionar? El primer deber de un periodista es cuestionar. Periodistas
chupamedias del poder, eso es una aberración.
En el mundo se están viendo cambios respecto al tipo de personas que nos
gobiernan, ¿qué cambios son necesarios para poner a Colombia en consonancia con las otras latitudes?
Los colombianos, ante un elemento que me desagrada profundamente que
son las Farc que se han echado encima a la sociedad, identifican en ellos la
amenaza y, entonces, auspician eso que llaman seguridad, la cual consiste
en tener una especie de papá que es Uribe dotado de súper poderes, el padre
protector en su caballo, con su gorro para que no se nos olvide que esto es
una finca y nosotros los peones y que él nos defiende. Yo creo que todo esto
tiene que cambiar, y me parece que está cambiando; no creo que vaya a ser
elegido por tercera vez, además, porque dos ya es una aberración, tres es
vicio. A mí me perdonan pero un presidente que va tres veces ya no es presidente, eso se llama otra cosa que empieza por d.
Para finalizar, ¿tiene Laura Restrepo un “episodio oscuro” del que jamás
haya hablado?
¡Quién no! Quién no tiene “episodios oscuros”. Todos tenemos y, de alguna manera, pienso que todo libro de todo escritor, de una manera u otra,
surge de un “episodio oscuro”, real o inventado. Echar luz sobre el “episodio
oscuro” sería una buena definición de lo que es la novela.
Foto: Víctor Casas
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
LETRAS URBANAS
Agosto de 2009
Ocho noctámbulos
Carolina Valle García
[email protected]
Hace seis años, ocho escritores paisas iniciaron juntos un recorrido que les permitiría
compartir el solitario espacio de las letras, cada uno desnuda su mundo para emprender
una tarea de aprendizaje mutuo.
La tertulia sabatina comienza siempre al irse el día, mientras Medellín entra en una
congestionada noche de fin de semana; y en algún lugar de ella, todo se encuentra
dispuesto para iniciar una calurosa sesión, una charla amena y particular, en la cual
fluyen las palabras poéticas y los pensamientos maduros, El encuentro que empieza a
desarrollarse a las 6 de la tarde, con la naturalidad de una actividad frecuente, espera
la novedad de ideas y aportes con las que ocho amantes de las letras recrearán una
escena de conversación ilustrada y espontánea que se repite desde principios del año
2003.
Seis años después, en la primera noche de reunión de 2009, ya está preparado el
octeto de asiduos conversadores, con el ambiente adecuado para departir y hablar de
historias, de personajes de carne y hueso, de cuentos, de realidades y evocaciones,
con la escritura como eje transversal. Ocupan los asientos dispuestos en la azotea
de la casa de un poeta y artista cirujano, la cual atesora volúmenes de libros y de
obras que ha esculpido, mostrando las imágenes propias de esa perspectiva de la vida
que no le permite escribir y crear arte sin elogiar y denunciar al tiempo. El grupo de
amigos, que albergará en su hogar hasta el amanecer, porta un apelativo nacido de
su propuesta, al ingresar como último integrante; desde ese día, los ocho literatos
tertulianos responden al nombre de Los Octámbulos.
Para comenzar, tras una rifa de turnos, María Elena entrega a sus contertulios copia
de un poema que decide compartir para que, pasando por la mirada de sus seis amigos presentes, sea observado con lupa literaria. La autora lee lo que ha creado mientras quienes la acompañan, resaltan con lápiz en mano lo que podrían, a su criterio,
modificar sin interferir el sentido de lo que ella desea expresar en su composición:
cierta aflicción por ese trasegar donde abruman los abismos entre dos realidades
inexorables, la vida y la muerte.
Los comentarios que surgen de la mayoría de los tertulianos hacen referencia a aspectos de forma y dejan en evidencia la percepción clara que manejan de la escritura
de la poetisa caldense. Todos escuchan atentamente, a medida que van señalando lo
que, a sus oídos, no suena coherente o agradable, y se lo dicen a modo de consejo que
ella, de forma apacible, acoge o deja.
María Elena, sicóloga oriunda de Caldas, es la única mujer que pertenece a este
grupo. Ha estado allí por cinco años viviendo una experiencia apasionante e interesante, puesto que junto a los siete escritores que se han convertido en compañía
continua, siente recuperado un espacio que existía cuando su padre, al darle claves
para escribir, le insistía que tal oficio estaba en función tanto de ejercitar la pluma
como de rasgar. Por medio del psicoanálisis y de la mano de la literatura, ha hecho
una introspección dentro de sí misma. Ella parte de la idea de que “en la producción
literaria fluye el inconsciente del escritor”, dos elementos que le han permitido descubrirse y mostrarse profundamente ante los otros. La conversación, en el momento, se
torna encasillada en lo que se encontró o no se pudo hallar dentro del poema de María
Elena, pero pronto se da paso a la siguiente lectura.
En esta reunión, una de las personas más críticas le reparte un cuento al resto del
grupo. Es Alonso Mejía, neirano experto en lenguas romances, escritor de varios libros de cuentos y poemas, y traductor de otros tantos, quien impregna su escritura
de los matices culturales aportados por su estancia en Estados Unidos durante tres
décadas. El relato describe las vivencias de un actor en un día ordinario y, en el
instante en que se presenta al público, hace una transposición de estos dos roles. La
conclusión sobre Veinticuatro horas en la vida de un actor genera una discusión entre los
presentes: no se aprecia muy clara; pero con la ayuda del autor se orienta hacia la idea
de que la realidad es una verdadera mentira y la actuación es el arte de decir mentiras
verdaderas.
Alonso Mejía es, sin duda, uno de los octámbulos más ilustrados. Se interesa por
abordar, con profundidad, los temas que generan distintos puntos de vista en la tertulia y se empeña en sostener siempre el suyo con la seguridad de un intelectual; es él
quien, en la mayoría de las ocasiones, comparte su opinión y cambia el rumbo de las
discusiones. Este hombre considera la lectura como herramienta fundamental para
configurar la percepción del mundo y enriquecerla. El relato de Alonso sigue alentando la conversación.
Rafael Aguirre, también precursor de la reunión desde sus inicios, no ha venido esta
noche a leerle una de sus historias a sus amigos, pero participa atentamente y hace sugerencias puntuales. El psicólogo medellinense, quien converge en el psicoanálisis con
la mitad de sus contertulios, ha escrito reportajes y perfiles, ha publicado dos libros de
cuentos en los que se acerca a las pulsiones humanas del amor y de la muerte. Las tentaciones de Tánatos y La bruja que me amó y otros cuentos de amor reflejan la inquietud
constante del escritor por desnudar las fuerzas de Eros y de Tánatos en personajes con
un retrato psicológico muy bien elaborado.
Pero antes que Rafael y Alonso, un hombre, que sienta tranquilo sus puntos de vista
y conserva su compostura en medio de los momentos acalorados de la tertulia, fue
quien, inicialmente, decidió materializar su deseo personal de crear un espacio para
compartir sus construcciones edificadas en el solitario hogar de las letras y comenzar
otras, del cual participa hoy. Gracias a su constancia, Rubén López Rodrigué ha estado presente desde la primera sesión; con este nombre se le reconoce en el ámbito literario y el segundo apellido se debe a la estima por el fallecido escritor y psicoanalista
argentino, Emilio Rodrigué.
El fundador de las tertulias, nacido en Santa Rosa de Cabal, hace lectura de Al
pueblo se lo comió el comején. El final del relato es comparado por algunos con el de
Macondo en Cien años de Soledad, obra con la que comparte la fusión de lugares reales
con ficticios. Rubén, fiel seguidor de la obra de García Márquez, no acepta la similitud
que se le hace. Al igual que Alonso Mejía, se ha convertido en lector empedernido y
cree, sobre todo, en los alcances de la disciplina, por lo que, día tras día, se ejercita en
pulir su escritura. La lista de literatos que ha explorado está engrosada con nombres
latinoamericanos, europeos y norteamericanos, aunque esta obra es sólo una fracción
de lo que ha llegado a las manos y ojos del escritor caldense. Un largo período de investigación del psicoanálisis le exigió conocer todas las producciones de Freud y lo acercó
al trabajo de varios expertos de esta disciplina, por lo cual es reconocido como teórico
en un campo en el que ha convergido con la mitad de Los Octámbulos.
Cuando la charla va empezando a tomar un color más vivo, entre discusiones enérgicas y con toda la atención de parte del anfitrión Alberto Botero, el octeto de literatos
es llamado a cenar y la mesa no escapa de la conversación en torno a temas polémicos
que terminan dividiendo a los tertulianos. Es allí cuando algunos de ellos, como Alberto, Rafael, María Elena o Luis Orlando Valencia, se quedan como espectadores y
disfrutan de una agradable cena.
Siendo las 10 de la noche, Los Octámbulos retornan al recinto de su reunión donde
se dispondrán a hacer los comentarios suscitados por la lectura de Rubén López. En
realidad, las críticas son pocas y uno de los presentes dice, con tono burlesco, que “uno
de los lugares comunes de Los Octámbulos es encontrar un lugar común”, entendiendo
por lugares comunes aquellas expresiones que en la literatura se convierten en clichés.
Luis Orlando Valencia, quien, por lo general, es risueño y hablador, hace esta acotación con la que se le toma del pelo; las risas vienen y van mientras se charla con él.
Este literato, oriundo de El Peñol, cierra el grupo de psicólogos y expertos en psicoanálisis, que es la mitad de los tertulianos. Fue atrapado, como María Elena, por las
teorías freudianas para adentrarse en sí mismo en juego con la literatura y la lectura
Foto: Carlos Puerta
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de escritores de diferente corte que lo nutren de conocimientos. Ello le permitió, a través de su novela Ante
el abismo de las horas, recrear sus recuerdos de infancia
y adolescencia en su tierra de origen, sumergida en las
aguas hace ya treinta años y convertida en central hidroeléctrica de las Empresas Públicas de Medellín. Otras de
sus obras, Girasoles al sexo, recrea vivencias cotidianas
en torno a ejes como el erotismo, con un estilo realista y
entretenido.
Antes de destapar la botella de brandy, dan por terminadas las lecturas de la noche. El último en llegar a la
reunión, encargado de administrar los recursos que por
unanimidad han acordado aportar para el Fondo Editorial Los Octámbulos, es Fabio Zuluaga Ángel. Realiza
su tarea de recolectar lo que en el momento va a ingresar
y, por un momento, da a conocer los comentarios sobre
algunas publicaciones del grupo, expresando su emoción
por la interpretación que algunas personas le manifestaron sobre su última novela.
Fabio, ingeniero químico de la Universidad de Antioquia, demuestra que se pueden combinar certezas matemáticas y científicas con la producción literaria. Su innovación, la “química literaria”, es una manera de escribir
que conjuga su explicación científica de la vida con su
construcción mental acerca de la naturaleza humana.
Este escritor es uno de los hombres a quien dentro de la
tertulia se le considera cálido y espontáneo, por lo que
tuvo la oportunidad de estrechar lazos con el Nobel de
Química, Roald Hoffman, visitante de Medellín a finales
de 2008. Compartir con este personaje dos facetas, para
muchos opuestas pero para él similares, le llenó aún más
de motivaciones para continuar con la originalidad literaria plasmada en su novela “El árbol de abuelitas” recientemente publicada.
La tertulia continúa ahora a un compás más suelto,
es la media noche, ya el vino y el brandy están servidos
y la órbita de la conversación se hace más flexible. Evocaciones, anécdotas, y opiniones sobre variados asuntos
están en el tapete. Alberto Botero, con posturas en torno
a nuestra realidad social muy conectadas a su sensibilidad, decide hacer por momentos un aporte, sin embargo,
cuando sea agita el debate prefiere manejar la calma. Su
último libro de poemas titulado Alba es una proyección
del buen complemento entre pasión y originalidad.
Algunos tertulianos optan por dormir un poco mientras que otros, como Raúl González, quien se considera un verdadero noctámbulo, permanecen despiertos y
enérgicos durante toda la velada. Al economista del grupo también lo atrapó la creación de cuento y poesía, es el
contacto con la naturaleza fundamental en este proceso.
La literatura emergió en su vida como un deleite que ha
tomado forma mayor desde que ingresó a la tertulia, la
cual se le ha presentado bastante enriquecedora y única
por su metodología y por la pasión literaria que une a
todos sus integrantes.
Llegadas las 4 de la mañana, se decide terminar la
tertulia, a diferencia de otras sesiones donde ven salir
el sol mientras continúan conversando. No obstante, las
reuniones itinerantes continuarán, como siempre, en los
hogares de los noctámbulos buenos anfitriones, porque
el conocimiento y la pasión por la escritura parecen no
agotarse en este octeto de literatos talentosos, compenetrados y comprometidos con un crecimiento que, desde
cada uno, da la mano a quienes se reconocen como escritores inacabados, y que buscan, mientras logran entretejer bellas historias, poemas y tertulias, más que la
publicación, el despliegue del ser humano a través de
la palabra escrita y la charla. Los Octámbulos son siete
caballeros y una dama que han reconocido la importancia del otro u otra en una construcción personal que se
enriquece mucho más cuando la literatura es abierta y
compartida.
FONDO EDITORIAL
Una de las metas más importantes y elogiables de Los Octámbulos es, gracias al aporte constante de cada uno, la creación
de su propio Fondo Editorial. Con éste se han publicado ya cinco libros, incluyen uno colectivo y otros cuatro, entre los que se
hallan dos poemarios y dos novelas. Los recientemente lanzados son El árbol de abuelitas, de Fabio Zuluaga, y Alba. Los
Las obras recientes publicadas por Los Octámbulos han sido en su orden:
Octámbulos. Libro colectivo.
Un rostro, un fantasma, un rostro. Alonso Mejía.
Lobos incendiarios. María Helena Giraldo.
Ante el abismo de las horas. Luis Orlando Valencia.
Alba. Alberto Botero Londoño. Editorial “La luna me mira”
El árbol de abuelitas. Fabio Zuluaga Ángel.
LAS RAÌCES DE UNA TERTULIA
Los Octámbulos son fieles a los objetivos de lo que históricamente ha consistido en tertulia: reunión para acrecentar colectivamente el saber. Nació, tal como lo resaltan en su primer libro colectivo, alrededor de la discusión sobre los escritos del
abogado y padre de la Iglesia Tertuliano.
Este espacio se transformaría en una cita para el debate sobre las artes y las ciencias en Madrid, a la cabeza de Juan
Manuel Fernández Pacheco, personaje que convocaba a sus amigos para espantar el aburrimiento y que más tarde, en 1714
con el aval de Felipe V, creó la Real Academia de la Lengua. El grupo ha encontrado en la literatura el eje de su amplia conversación. Así, a diferencia de los “tertulianos” del siglo XVII, quienes se dedicaban a estudiar la prolífica obra de Tertuliano, este
grupo de literatos paisas se ha abierto como en aquellos tiempos y con ingredientes, por supuesto contemporáneos, al diálogo
intelectual entretenido y auténtico.
En el proemio de su primer libro, se define la razón de ser que los ha mantenido unidos durante más de un lustro: “Es una
crítica mediada por consensos y disensos, sin saña, ajena a la malevolencia del envidioso, cuestionando el lenguaje de un
escrito sin despellejar a su autor, cuidando de no convertir tal apreciación en un ajuste de cuentas personalista”…”Depurar un
escrito, limpiarlo del ripio, de la pelusa, no es ninguna vergüenza por cuanto somos polvo de estrellas”.
DE LA
Imágenes, recuerdos, memorias. Envíanos tus fotos,
anécdotas y todo aquello que nos permita reconstruir
la historia de DE LA URBE
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FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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CRÓNICA
Foto: Yira Plaza O’Byrne
El corazón
de una
mina
saqueada
Agosto de 2009
Yira Plaza O’Byrne
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A la sombra de las grandes dragas mineras que extraen las riquezas de la tierra
chocoana, se encuentran las historias de las mujeres barequeras que sobreviven
sacando los restos de oro y de platino que han quedado en las minas.
En la mañana chocoana, húmeda y pegachenta, parece
que el aire sudara, y eso que el sol no se decide a salir
completamente. Rosa de 40 años, viste piyama, la blusa
blanca y mojada, se adhiere a su piel negra. Lava, restriega, camina hacia el pequeño solar que está al lado de su
casa de madera; allí extiende ropa: la suya, la de su marido y la de sus diez hijos. El lavadero, frente al río Tamaná, es prestado: consiste en un tubo blanco que aparenta
estar enterrado en el escueto patio de la vecina, el cual
conduce poca agua hasta una ponchera donde Rosa enjuaga la ropa. Contiguo a la ponchera, hay un recipiente
de menor tamaño, y al lado, un mohoso galón se utiliza
de guardarropa. Cuando no lava o cocina, Rosa Asprilla
se dedica a su oficio: la minería. Es barequera, como llaman en el Chocó al oficio de sacar minerales preciosos
de las tierras y quebradas, con una batea y una pala. La
escena es común en Nóvita, el pueblo donde vive Rosa:
levantarse a las 5:30 a.m., despachar los hijos, tomar una
canoa, irse río arriba al bareque: algunas veces sacar un
grano de oro o platino; otras, regresar a casa con las manos vacías.
Todos en Nóvita saben qué es un bareque: cerca del
ochenta por ciento de sus mujeres se dedica a barequear,
o al menos “cuando los dueños de las minas nos dejan
trabajar”, como dice Rosa. Junto a ella se embarcan más
de 40 mujeres con botas de caucho, pala y batea al hombro para excavar los restos que las dragas han dejado en
las minas. Por el pasaje de ida y vuelta, pagan cinco mil
pesos, que a veces pierden porque las minas están paradas.
La historia de este pueblo minero es un viaje a la época de la Colonia, donde ya se reconocía a Nóvita como
una tierra rica en oro, “El País del Oro” como lo llaman los
historiadores. No es gratuito que Alexander Von Humboldt escribiera, justo en la época en la que Nóvita fue capital
del Chocó, que los negros eran capaces de obtener, en un
mismo día, de diez a quince libras de oro. Era sencillo: el
agua de los ríos limpiaba por sí mismo el oro, de tal forma
que lo podían encontrar concentrado en un solo sitio.
En ese tiempo, los negros esclavizados compraban su
libertad con las minas que encontraban. Hoy, las minas
en el Chocó son explotadas por particulares, y la población de la zona es, muy rara vez, empleada directamente
por sus dueños. A los negros, a los del Chocó, le quedan
los bareques; a la tierra, el ‘obsequio’ de 400 hectáreas de
bosque taladas al año para el desarrollo de la minería ilegal y 3.7 toneladas de mercurio dispuestas en suelos y ríos
chocoanos, según lo afirma públicamente la viceministra
del Medio Ambiente.
La mina en la que trabaja Rosa, queda en el corregimiento El Tigre, a veinte minutos de Nóvita. El lugar del
bareque tiene un nombre que resulta confuso cuando se
escucha articulado con el cadencioso acento chocoano:
Aguaboba, que en el habla de la región se convierte en
Aguaboa’. Para describir su oficio, Rosa insiste en que su
labor se hace en las minas donde hay dragas, “máquinas
grandes, de esas que remueven la tierra”.
Son esas minas de aluvión las que se explotan en mayor proporción en el Chocó. Todo lo que estos ríos chocoanos arrastran, desde su nacimiento en las montañas:
el Tamaná, Iró, Quito, Neguá, Andágueda, Capá y otros
ha originado un suelo rico que es excavado sin reparo
por esas dragas.
Allí se producen extensos agujeros llenos de agua,
donde mujeres y hombres se ganan lo del sustento diario. El agua les llega hasta poco antes de las rodillas.
Con el torso flexionado hacia adelante, sumergen la batea en el agua, la sacan y, con movimientos circulares,
expulsan el agua, las piedras y la arena. En el fondo
quedan, si tienen suerte, el oro y el platino. Rosa logra
recoger, de vez en cuando, algunos granos de oro o de
platino. Algo tiene que obtener de la región que la parió, ese territorio lluvioso y repleto de ríos, que entre
otras cosas, es el segundo productor de platino en Latinoamérica.
Por el grano de platino, le pueden pagar hasta doce
mil pesos en alguna de esas tiendas del pueblo dedicadas al negocio de la compra de estos metales. De no ser
necesario para la comida del día, Rosa se abstiene de
vender el “orito” o el platino que recogió. Los guarda, de
pronto reúne hasta sumar “el castellano”: una medida
de doce granos, y por el que le puedan pagar más de
cien mil pesos.
El negocio de las grandes dragas mineras le ha robado la fertilidad al Chocó. El paisaje silvestre de sus
tierras dejó de ser continuo, para transformarse en una
exposición itinerante de tierras áridas, grises, vacías y
adustas.
En el camino de132 kilómetros que comunica a Quibdó, la capital chocoana, con Nóvita, ubicada al centro sur
de este departamento, se observa el desnudo artificial
de lo que antes era verde. El recorrido, lento porque la
mayoría de los trayectos no están pavimentados, permite
percibir la extensión del área talada.
Después de la draga y la tala, la tierra parece muerta,
pero todavía pasan por allí pequeñas quebradas, donde
es común ver mujeres, de la misma edad de Rosa, en
busca del oro, del platino, cualquier cosa que valga. Las
mujeres con sus pailas “exhuman el cadáver” de las minas: pueden pasar hasta nueve horas meneando la paila,
licuando el agua con los movimientos; lo único que logran son piedras, jagua, y arena. Después de todo, no
será el primer día en el que sus hijos las vean llegar con
las pailas vacías, como le ha pasado a Rosa en repetidas
ocasiones. El regreso de Rosa, finalizado el bareque, no
tiene hora fija; por lo general, a eso de las cuatro o cinco
de la tarde está de vuelta a Nóvita. Termina una jornada
más del oficio que su madre le enseño cuando todavía
era niña.
No todos los días la suerte acompaña a Rosa en el
bareque. Por eso se las ingenió para ganar algo de plata
en las noches y completar lo que necesita pa’ levanta’
a sus diez pela’os”. A eso de las 8:30 de la noche, inicia
la venta de alitas de pollo. Su casa de madera, que se
levanta sobre pilotes, huele a pollo frito y a tajadas de
plátano verde. A la entrada de la casa, hay una especie
de salón donde llegan los clientes a comer; en una de las
mesas, con una algarabía contagiarte, cinco de sus hijos
se inmiscuyen atentos en el dominó. La mayor, de quince años, fríe las alas, mientras que Rosa, sentada en un
banco del diminuto patio, lava los platos y los cubiertos
que los comensales usaron, lo cual disfruta: prefiere eso
a hacer otra clase de oficios. Mientras lava, está tranquila
y serena. Pero y sobre todo, dispuesta a conversar sobre
cuanta cosa se le venga a la cabeza. Sumerge los platos
en una especie de recipiente grande con agua que saca de
un tanque, juega con ellos, como si fuera la paila con que
barequea, los sumerge de nuevo y hace ese movimiento
circular indescriptible. Es un oficio de calma, se toma su
tiempo para enjuagar, secar y botar el agua sucia por un
pequeño hueco del piso de madera.Es tan lento el movimiento que Rosa parece flotando en la escena donde
previene que no se le escapen los granos de la paila.
El negocio le ayuda a sostener a sus hijos pues los platos de alitas de pollo con plátano son bastante apetecidos
en el pueblo. Los noviteños que van allí no escatiman,
en su saludo, la alegría propia de los chocoanos, así que
conocidos y extraños reciben las mismas dosis de amabilidad.
A este pueblo minero, que se abre en medio de la
selva chocoana, llegó Rosa hace menos de un año. Ahora, ella vuelve a someterse al azar de los bareques, con
su serenidad a cuestas; aunque a veces suelta una lágrima cuando recuerda su historia, esa que le susurra que
también es desplazada por la violencia, que tuvo que
salir corriendo de Zaragoza (Antioquia), a ver dónde se
ubicaba con sus pelao’s.
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LETRAS URBANAS
Los niños que se
hicieron libro andante
En los barrios populares de Medellín hay disparos y etcétera. También, hay quienes leen y
celebran fiestas: que quedé esto como constancia por si no aumentan las estadísticas de la
gente que celebra el Día del Libro o de la Vida. Que nadie diga, en adelante, que dejamos ir
estos días trágicos sin siquiera sacarles la lengua o hacerlos rabiar.
¡Qué dicha poder ser un libro en las manos de un
niño que te saca a pasear! Mejor aún, ser un grupo de
niños y niñas que sale a leer los libros de la biblioteca
por las calles del barrio. Son ratones de biblioteca, claro.
Antes de salir, se pintaron las espaldas y los brazos.
Una madre se pintó como lluvia fértil; otro, como planta
que crece desde las nalgas; y uno más, era, simplemente, paloma blanca.
No eran guerreros, aunque por esta vez tenían una
misión y un arma: contarles a sus vecinos que se puede
leer y ser feliz; leyendo, disparando poesía con un libro,
allí donde nadie lo esperaba. Decirles a sus padres y
hermanos que en una sola semana, y sin ser casual, se
celebra en el mundo el Día del Libro, el Día del Niño, el
Día de la Tierra y…, como toda fiesta, deben ser santificadas.
Todo gesto bienintencionado debería ser tan sencillo
como salir a la calle con tu libro favorito bajo el brazo. Y
es que cada acción que nos mueva a ser mejores hombres
debe celebrarse.
A estos gestos y acciones se los llama performance: una
acción mínima que derrumba estructuras prefabricadas,
que nos rompe, nos disloca; que nos hace pensar en lo
cotidiano, lo que de rutinario hacemos como autómatas.
Un amigo entró una vez al salón de clase dando vueltascanela: puso la maleta a un lado de la puerta y empezó
a rodar; luego, se levantó, tomó su maleta y se fue a sentar. Todos nos reímos de su original forma de cruzar una
puerta y, después, nos defraudamos de lo ordinario e
inconsciente como pasamos nosotros por un umbral.
En este caso, los ratones de biblioteca se metieron,
primero, a una taberna para decirle con su actuación, a
los apostadores y clientes que una silla sirve tanto para
echarle monedas a una máquina para que luego nos la
devuelva convertidas en buena suerte, como para sentarse de espaldas a la máquina y leer un buen libro. Eso sin
los pesares de gastar los pesos y que la suerte nos augure
un día muy malo con los bolsillos ya embargados, como
de martes trece.
Tiene su gracia. Lo sé por la cara de asombro de quienes los vieron pasar y hacer la primera estación al frente de la taberna. Alguien, a lo mejor uno que “tintiaba”,
debió de haber reparado en lo violento de esta metáfora
o, quizás, alguno sintió un poco de vergüenza al verse
implicado, con las orejas rojas por el jalonazo.
A la tabernera, no le gustó el barullo que armaron los
niños en la puerta de su negocio. Es más, le pareció un
despropósito que no ocuparan el entable para beber, sino
más bien para leer; ni siquiera para emborracharse, sino
para demostrar que el ocio es divertido, incluso sobrios.
A la tabernera, no le debió de haber gustado mucho
que profanaran su máquina tragamonedas, su pedestal
avaro; tampoco a sus clientes, por su cara de incomodidad. Con esto, los niños habían logrado su primer encargo. Por eso, se movieron unas cuadras y se fueron a leer
encima de un puente, y también debajo.
Miren esta otra imagen: un grupo de niños lee en las
aceras de un puente de transporte urbano que es también: basurero, elevadero de cometas, mirador alto de la
distancia, de la ciudad y de sus barrios. Al que le parezca
soso, que se cambie los ojos y mire renovado, para que
encuentre algún encanto.
En estos tiempos y adultos escasos de poesía, da gusto ver a un grupo de niños y de niñas obstaculizando el
paso mientras leen. Definitivamente, mejor a tener que
abrirse entre bolsas de basura que nunca ceden el camino y ensucian los zapatos.
No es lo mismo una acera atestada en el centro de Medellín, decembrino y tumultuoso, de regateos y compras,
al aparente obstáculo de unos que no venden nada. Niños y niñas que son ya libros y que estorban lo mismo:
libros de títulos muy atractivos para saltarlos y resignarse a no leerlos o leerlos de una sola sentada; pero nunca
para ignorarlos, no te dejan hacer, como si no estuvieran
ahí. No se puede dejar de mirar su lomo de piel, su edición estrenada y brillante como un niño o los grabados
coloridos, por ejemplo, ese de letras muy grandes en el
pecho: ¡Soy libre!, o los que adornan sus espaldas-contraportada.
Ahí van los niños que se hicieron libro en una tarde lluviosa. Aunque no es la lluvia, como a otros tantos niños
tristes, lo que los lleva a meterse debajo de un puente,
no fueron a escamparse. Es que el puente de La Salle, por
abajo también es teatro, al aire libre como sus aceras, pero
menos improvisado; con galerías y palcos donde siempre
hay un público que mira. Vecinos que se dan el lujo de
tener desde hace dos décadas, un teatro entre sus casas.
Desde sus casas han presenciado conjuntos de rap,
cantantes de baladas, recitadores, bailarines de tango…Por eso, salieron curiosos a los balcones y ventanas
para ver el siguiente espectáculo:
El escenario pasa sobre una cañada, botadero de
muertos, cuando los actores apenas venían naciendo.
Hoy, está cubierta en forma de media torta o algo muy
parecido al Coliseo Romano. El arquitecto, según contó
en la prensa, “al ver las casas en hileras paralelas a lado
y lado del puente, la penumbra, el techo de cemento; al
oír las voces resonando desde las casas” decidió que el
teatro casi estaba terminado. Solo faltaba una plazoleta, las escalinatas y los actores naturales e ingeniosos
como el teatro-quebrada.
Algo, claro y premeditado en ese edificio, parecía
anunciar con señales la llegada allí de estos lectores, un
miércoles 23 de abril en la tarde. Como si un dios –y no
una bibliotecaria inquieta que tramó todo esto-, hubiera
ya presentido sus pasos.
Al final, cuando a los mirones se les acabó la curiosidad, se entraron a sus cuartos, a su vida prefabricadas
de televisores; y los niños libros y guerreros volvieron a
casa, cansados y sin medallas, confiados, eso sí, en que
alguna madre esa noche pelando papas, tras meditar el
embrollo y comprender la nobleza de su mensaje, dio
gracias en voz baja.
Mañana será otro día con un nuevo y sencillo performance: ir a leer en la biblioteca que es también el teatro,
el tablado de algunas de las improvisaciones y sorpresas
en su vida cotidiana. Irán a leer a la Fundación Ratón
de Biblioteca, rareza en medio de barrios.
FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Fotos: Francisco Monsalve
Francisco Monsalve Franco
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De puertas
para afuera
Jorge Caraballo Cordovez
[email protected]
La vida en los inquilinatos desborda el interior de sus habitaciones. En los espacios comunes -baños, corredores, lavaderos, tendederos, patios-, es en donde aparecen las relaciones que sostienen
los inquilinos, con las particularidades que los diferencian de quienes habitan otras formas de vivienda.
El recorrido, en toalla, desde el baño hasta la pieza o el momento cuando se lava la ropa interior, ejemplos de actividades tan cotidianas en otros tipos de vivienda, adquieren nuevas connotaciones
en el interior de un inquilinato. El interés de estas fotografías es
mostrar algunas de esas formas de vida que se dan de puertas para
afuera.
En el Centro de Medellín funcionan 173 inquilinatos que congregan una población que supera las 2 mil personas, según un censo realizado por la Escuela del Hábitat de la Universidad Nacional,
seccional Medellín, en el 2006.
REPORTAJE GRÀFICO

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