La costumbre perversa

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La costumbre perversa
María Jimena Duzán en ISAGEN
La costumbre perversa
Ética, educación y ciudadanía para salir del letargo
Los colombianos nos hemos acostumbrado a malvivir, a lo
anormal, a perpetuar la corrupción, a atropellar la democracia y de esta manera, a vulnerar los derechos humanos. Es
una de las principales conclusiones que dejó María Jimena
Duzán en la audiencia que la escuchó en el auditorio de
nuestro edificio administrativo, en una conferencia para los
trabajadores convocada con motivo de la celebración del Día
de los Derechos Humanos en Colombia.
Esta periodista, acostumbrada a denunciar la corrupción
desde los medios de comunicación, inició su conferencia
relatando su experiencia con los vicios del poder desde su
desempeño como funcionaria pública en el Consulado de
Barcelona, hace ya más de una década. Entre las inquietudes de la audiencia y su visión desde estos dos roles, María
Jimena compartió ideas, casos y reflexiones que tienen que ver con el ejercicio ciudadano, el poder y la dignidad
humana en la historia, y la situación actual del país.
La democracia proporciona el medio natural para la protección y la realización efectiva de los Derechos Humanos. La
Declaración Universal y los Pactos posteriores de Derechos Humanos que se han desarrollado consagran una multitud
de derechos políticos y libertades civiles en que se basan las democracias significativas. Y fue así como partiendo del
compromiso con la democracia que tienen los servidores públicos y los periodistas, que María Jimena convocó igualmente a asumir los deberes y derechos que tenemos todos como ciudadanos. “Nosotros tenemos otros derechos que
no son únicamente a sobrevivir o a que no haya atropellos, también tenemos el derecho a que haya una democracia
representativa digna y que encarne realmente los intereses colombianos”.
Según María Jimena, ser hijos de un conflicto que ya lleva tres generaciones es lo que hace que nos olvidemos de ese
derecho, y que aceptemos abusos y situaciones anormales que nos vulneran. “Lo peor que nos ha pasado a los colombianos es esa degradación de la condición humana que ha producido el conflicto. Somos incapaces de reconocer que
hay otra forma de vivir, que podemos construir un país democrático que no es el que tenemos”.
Para esta mujer, nacida en las épocas del Frente Nacional, se ha creado una relación interdependiente entre unas
élites amañadas en poderes políticos, mediáticos y económicos y una sociedad que a causa de años de conflicto terminó extendiendo las fronteras de sus valores éticos. “La concentración de nosotros en las mismas élites, en las mismas
personas, en los mismos políticos, la concentración mediática, de la tierra, de la riqueza, todo ha sido anormal y nos
hemos acostumbrado a que así, más o menos, malvivimos”.
Hablar de que Colombia ha sido la democracia más estable de Latinoamérica, más que algo positivo es para María Jimena una muestra de la
concentración de estos poderes, del mutismo de los ciudadanos y de la
corrupción que han alcanzado. “Una democracia sana tiene unos partidos serios y que son realmente el vehículo de la transmisión de esos
intereses de las colectividades. Los partidos en Colombia se convirtieron en unos entes clientelistas y abandonaron sus objetivos ideológicos”.
En palabras de esta cundiboyacense “estamos taimados”, lo que para
los del altiplano significa algo así como que estamos pasmados mientras la corrupción le ha ganado terreno a la democracia. Para recuperar
lo perdido y revertir esta tendencia perversa, la base es la educación
superior. “Hay mecanismos constitucionales para poder cambiar las
cosas, pero para llegar a ellos y romper hay que tener educación. La
gente que no tiene educación no sabe qué hay que cambiar ni siente
que se debe cambiar”.
¿Y qué hay que cambiar? Con ejemplos de jóvenes activistas que han empezado a esforzarse por virar el rumbo y con
ideas claras de lo que debemos hacer como ciudadanos, María Jimena dio luces para avanzar hacia el bienestar social:
dar espacio a nuevas voces, tolerar y enriquecerse de la variedad ideológica, actuar como ciudadano y como persona
desde esquemas éticos claros que permitan pisar más firme en la búsqueda de la democracia.
“La invitación que les hago realmente es a que fomentemos un país en el que la opinión del otro sea respetable, así
sea distinta; a tener las condiciones éticas muy claras porque el éxito pasa por una cantidad de cosas que realmente
le quitan a uno las fronteras éticas por dónde ir caminando; y a votar bien y exigir, a no tener la cabeza gacha ante los
poderes políticos”, expresó María Jimena haciendo hincapié en la importancia de sufragar como deber y derecho
ciudadano.

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