Primer capítulo - Editorial Sirio

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Primer capítulo - Editorial Sirio
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"Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser
realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Si necesita fotocopiar o escanear
algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro
Español de Derechos Reprográficos http://www.cedro.org)"
Título original: SECRETS IN THE FIELDS
Traducido del inglés por Miguel Iribarren Berrade
©
©
de la edición original
2002 Freddy Silva
Publicado según acuerdo con Writers House LLC y Hampton Roads Publishing
Company, Inc. de Charlottesville, Virginia, USA.
de la presente edición
EDITORIAL SIRIO, S.A.
EDITORIAL SIRIO
ED. SIRIO ARGENTINA
C/ Panaderos, 14
29005-Málaga
España
Nirvana Libros S.A. de C.V.
3ª Cerrada de Minas, 501
Bodega nº 8 , Col. Arvide
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México D.F., 01280
C/ Paracas 59
1275- Capital Federal
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Impreso en los talleres gráficos de Romanya/Valls
Verdaguer 1, 08786-Capellades (Barcelona)
Printed in Spain
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Para aquellos que han perseverado para
traernos la verdad y la Luz.
Para aquellos que se han esforzado por
compartir la verdad y la Luz.
Y para aquellos que aún tienen que ver la
verdad y la Luz.
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Agradecimientos
Quiero dar las gracias sinceramente a todos
aquellos que, a su modo, han contribuido al nacimiento de esta obra. Son, en orden alfabético:
Steve Alexander, Marcus Allen, Paul Anderson, Colin y Synthia Andrews, el difunto Richard
Andrews, George Bishop, Kerry Blower, Gregg Braden, la clínica Bretforton, Paul Broadhurst, Polly
Carson, Barbara Hand Clow, Bruce Copen Laboratories, Chad Deetkin, Pat Delgado, Paul Devereux,
Collette Dowell, Virginia Essene, Randall y Elizabeth Farrell, Robert Miller Foulkrod, Gerald y Julia
Hawkins, Barbara Hero, Michael Hubbard, Frances
Hunter, Shelly Keel, Andrew King, Isabelle Kingston, Frank Laumen, Jim Lyons, John Martineau, John
Michell, Hamish Miller, Andreas Muller, Ina Nyko,
Sharon Pacione, Marigold Pearce, Nick Pope, Lucy
Pringle, Jane Ross, John Sayer, Sue Shepherd-Cross,
Graham Slater, Ken Spelman, Russell Stannard, Busty Taylor, Reuben Uriarte, Paul Vigay, Dennis Wheatley, George Wingfield y Richard Wintle.
También quiero dar las gracias a:
Muchos cientos de desconocidos por sus numerosos correos electrónicos de ánimo. A veces
vuestras palabras han sido lo único que me ha hecho seguir adelante. Benditos seáis.
Los bibliotecarios de Portsmouth, New Hampshire; Marlborough, Wiltshire, y la Biblioteca Británica, Londres.
A todas esas almas trabajadoras de Hampton
Roads Publishing, especialmente a mi editor Richard
Leviton, que reconoció mi visión.
A la música que me inspiró cuando la vela ardía de noche: W. A. Mozart y Jonn Serrie.
A esas almas invisibles que, más allá de los velos, nos susurran las líneas cuando pensamos que
somos nosotros los que pensamos todo; Michael,
por la espada en Stonehenge, ¡mira en lo que aquello me ha metido!
A mis padres, que aún no saben por qué su
hijo les ha salido así.
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Señales de vida:
una introducción
A los átomos se los llama vibraciones en ocultismo.
—H. P. Blavatsky
A trescientos metros por encima de los ondulantes campos de Wiltshire, al sur de Inglaterra,
el piloto Graham Taylor y su pasajero miran los
monumentos prehistóricos que salpican el paisaje
que se extiende debajo. Exactamente a las 5:30 de
esta sorprendente tarde del mes de julio, el avión
monomotor y sus ocupantes se deslizan hacia el
este sobre los bloques y piedras azules de Stonehenge, una de las obras de ingeniería más notables del mundo antiguo.
Debajo, la combinación de un día soleado,
veraniego y domingo ha hecho que se congreguen
cientos de turistas. Se arremolinan en torno al
monumento, rodeado por una valla de amplio perímetro y varios guardias de seguridad. Algunos de
los guardias impiden que los sorprendidos visitantes se desvíen del camino transitado; otros examinan los campos colindantes desde puntos de vista
elevados en busca de esos asistentes más decididos
que no se molestan en pasar por caja. Es el típico
día turístico, y tanto el piloto como el pasajero del
avión absorben el espectáculo a vista de pájaro.
A los pocos minutos, después de un aterrizaje impecable en un campo cercano, ambos hombres se separan. El pasajero, un médico, se monta
en su coche y se encamina hacia su casa. Casualmente, tiene que volver a pasar por Stonehenge,
aunque esta vez por el suelo. Pero hoy es un día en
que esto requiere su tiempo: la carretera A303 de
Londres a Exeter está completamente abarrotada.
Además, muchos conductores han abandonado sus
vehículos y se alinean a lo largo de los límites de un
campo que bordea la carretera. ¿Un accidente? La
gente señala algo dentro del campo, y algunos están tomando fotos.
Ahora son las 6:15 de la tarde. En el transcurso de cuarenta y cinco minutos ha ocurrido un
fenómeno que está creando un caos en la zona. Ha
llegado algo que claramente no estaba allí cuando
los dos hombres sobrevolaron ese enclave.
Cuando las fotos aéreas del lugar llegan a los
periódicos vespertinos, hipnotizan al mundo: impreso en un prístino mar de trigo puede verse un dibujo de 149 círculos con diámetros de entre unos 30
centímetros y 15 metros (véase la figura 0.1 en la
página I, en la sección a color). La precisa, simétrica y sinuosa columna vertebral del dibujo mide 300
metros de largo por más de 150 de ancho.
Y lo más sorprendente de todo es que el trigo
está arremolinado y aplanado, pero los tallos de las
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plantas están doblados en horizontal a unos dos
centímetros del suelo, y no están dañados.
Los espectadores contemplan un círculo de
las cosechas. En este caso, una representación estilizada de un diseño fractal obtenido en ordenador y
llamado «Julia Set».
Todo esto ha ocurrido a plena luz del día, a
tan sólo doscientos metros de una atracción turística bien protegida, y sin embargo no se ha visto a
nadie crear esta obra de arte cósmica. Las investigaciones siguientes conducen a la conclusión de
que el tiempo empleado en su creación se reduce a
unos pocos minutos, puesto que uno de los guardias de Stonehenge corrobora que se ha hecho
entre dos rondas consecutivas de quince minutos;
un piloto que sobrevoló el lugar un cuarto de hora
después de Taylor aporta el mismo testimonio. El
guardia del coto de caza local también había inspeccionado la zona por la mañana sin encontrar nada
raro. ¿Es posible que un grupo de humanos, avezados tanto en matemáticas avanzadas como en arte
medioambiental, dominadores del principio de invisibilidad y desafiando la ley de la gravedad, hayan
levitado sobre el trigo intacto para crear esta obra
maestra?
Si las piedras de Stonehenge hablaran...
Y, evidentemente, si los miles de otros antiguos espacios sagrados de todas las islas británicas
hablaran, puesto que han sido testigos silenciosos
de otros miles de círculos de las cosechas que se manifiestan incesantemente en sus proximidades... ¿Qué
extraña conexión existe entre estos símbolos grabados sobre un lienzo de plantas y los círculos de
tierra y piedra, muchos de los cuales se erigieron
hace ocho mil años bajo la guía de «dioses» neolíticos olvidados?
Sea cual sea la conexión, en sus comienzos,
la Iglesia católica reconoció la importancia de estos
lugares de veneración hasta el punto de emitir órdenes que prohibían su uso, para construir posteriormente sus propios templos sagrados sobre ellos.
Estos templos paganos megalíticos no están localizados sobre el paisaje al azar, sino estratégicamente, en los puntos de cruce de una trama electromagnética invisible pero mensurable que rodea la Tierra,
donde estos «puntos de presión» permiten acceder
al «almacén de datos» del planeta, e incluso pueden
influenciarlo.
En estos puntos terrenales, el velo entre los
mundos es fino, y la concentración de energías es
tal que influye en los ritmos del cuerpo humano,
llegando incluso a alterar el estado de conciencia.
Consecuentemente, durante muchos milenios, tanto los enfermos como los curanderos han interactuado con estas energías, cuyas propiedades han
sido reconocidas recientemente por la ciencia.
Sin embargo, hace unos mil seiscientos años,
este contacto con el mundo natural empezó a dibujar una larga curva. Tras las evaluaciones de la Inquisición, del racionalismo del siglo XVII y, finalmente, del materialismo, el propósito trascendental de
los lugares sagrados se difuminó. Cayeron en desuso, los rodeó la superstición, y, como baterías descargadas, fueron clausurados.
Posteriormente, a finales del siglo XX, los misteriosos círculos de las cosechas empezaron a materializarse con creciente frecuencia junto a estos
antiguos emblemas, como firmas de los «dioses»,
volviendo a despertar en el momento previsto una
trama dormida de proporciones gigantescas. Se ha
mostrado que los círculos de las cosechas poseen
propiedades energéticas que no sólo interactúan con
los lugares sagrados, sino que, según se informa,
curan a la gente que recorre sus espacios y provocan estados de conciencia alterada.
Y ¿qué curiosa invitación extienden estos curiosos círculos de cosechas? Desde que los primeros
seres humanos caminaron sobre la Tierra, el círculo
ha sido el símbolo del lugar de encuentro, el templo de reunión y discurso, y, como ovejas buscando
guía en un universo turbulento, cientos de personas de las «tribus» del mundo se han visto atraídas
irresistiblemente hacia estos misteriosos diseños.
Dentro de estos templos la gente siente que
le sobreviene una exuberancia y maravillamiento
infantil al deambular por los laberintos más recientes, y cada uno de estos caminos curvos la pone
frente a los gráciles e inesperados dibujos que forman la frontera entre lo visto y lo no visto. Dentro
de cada uno de estos nuevos espacios sagrados se
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estos dibujos misteriosos con
las ciencias sutiles del sonido y el electromagnetismo
(que, según se ha descubierto, fueron utilizadas en la
construcción de cámaras de
piedra, pirámides y catedrales góticas). Estos nuevos
ámbitos de conocimiento
también explican cómo estas
frecuencias afectan a las
ondas cerebrales de las personas y a la conducta de los
animales; cómo dejan improntas en el agua que bebemos, y posiblemente codifican nuevos sistemas de
información en nuestro ADN;
y grandes volúmenes de información extraordinaria está
codificada en cada glifo, incluyendo información sobre
nuevas formas de tecnología.
Los diseños de los círculos de piedra rebosan el lenguaje universal de la geometría, un lenguaje reconocido
por las células vivas del cuerpo humano que facilita un
Figura 0.2
diálogo más claro entre el
Arriba: el corazón del misterio. Las plantas de los auténticos círculos de las cosechas están arreCielo y la Tierra, y regenera
molinadas como la espiral de una galaxia y dobladas justo por encima del suelo sin ningún daño.
Abajo: en comparación, los círculos de las cosechas creados por el hombre generalmente plasman
la naturaleza trascendental
una confusión.
latente en cada ser humano. ¿Podrían estos mandarealizan muchas celebraciones, oraciones, contem- las del siglo XXI estar realizando un cambio sutil en
plación y estudio. Cuando los peregrinos se van, la conciencia de la humanidad?
desembarcan en un mundo que, de repente, les reHabitualmente, los círculos de las cosechas
sulta extrañamente diferente, porque cada uno de comienzan a aparecer a principios de abril y contilos visitantes se siente portador de una pequeña núan hasta la época de la cosecha, en septiembre.
semilla que resulta al mismo tiempo vigorizante, La complejidad de los diseños aumenta a lo largo de
curativa e iluminadora.
la estación, complicándose más cada año, y, con el
Y también transformadora.
transcurso de las décadas el «círculo de la cosecha»
Cada «semilla» abre una puerta a interminables original ha llegado a convertirse en una serie de
ámbitos de conocimiento que explican la conexión de complejas formas geométricas. Las plantas que
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quedan aplanadas no sufren daño y pueden ser
cosechadas.
Teniendo en cuenta la enigmática naturaleza
de este fenómeno, por no hablar de las sorprendentes pruebas de campo, uno pensaría que el tema de los
círculos de las cosechas estaría en portada de los medios de comunicación, e incluso suscitaría el interés de los científicos. Sin embargo, hasta el día de
hoy, se ha extendido el mito de que todo este fenómeno no es más que una jugarreta humana.
Pero a esta teoría de la falsificación le esperan
malas noticias, la menor de las cuales es la pretensión de los falsificadores de haber iniciado sus actividades en 1978 en el condado de Hampshire, Inglaterra. Los datos publicados recientemente confirman que los círculos de las cosechas se han venido
manifestando desde el siglo XVII, y en la última
parte del siglo XX se ha informado de la existencia
de 10 000 de ellos en 26 países, aunque el 90% ha
aparecido en el sur de Inglaterra.
Aparentemente, la teoría de la falsificación
no se toma en serio en el seno del gobierno británico, dato confirmado por Nick Pope (antiguo
encargado del seguimiento de fenómenos ovni en el
Ministerio británico de Defensa), entre cuyas tareas
se incluye la investigación de los informes ovni así
como otros fenómenos anómalos y paranormales.
Pope, que tiene acceso a un sustancial volumen de
información, concluye que, a pesar de la existencia
de ciertos fraudes, existe una serie de círculos de las
cosechas auténticos, formados de un modo que los
científicos todavía no entienden. ¿Explicaría esto la
sorpresa del oficial del ejército destinado en los
campos de entrenamiento de la llanura de Salisbury
cuando, mientras cruzaba un campo de minas activo, se encontró con un círculo de las cosechas? No
es el típico lugar que los falsificadores escogerían.
Ciertamente da la sensación de que el ejército
británico ha intentado estar al tanto de las novedades
sobre el tema. Unos treinta kilómetros al norte de
Stonehenge, en los ondulantes campos de Alton
Barnes, Wiltshire, se encontró otra formación,1 que
esta vez guardaba parecido con la doble hélice espiral del ADN. Con la espalda vuelta hacia la colina
que rodea el campo, un pequeño grupo de avistadores situados a lo largo de la carretera miraban
mientras un helicóptero militar se cernía sobre el
dibujo. Sin previo aviso, un segundo helicóptero (que
portaba la insignia de un águila) se elevó sobre la
pendiente y voló hacia ellos, manteniéndose suspendido durante un minuto sobre el grupo, con sus
hélices rotando amenazadoramente a la altura de
sus cabezas.
A medida que las hojas de las hélices se acercaban, Kerry Blower soltó su cámara de vídeo y se
retiró para evitar una decapitación potencial. El
ruido era ensordecedor. Como la cámara, dejada encima del coche de Kerry, había grabado el acoso, el
resto del grupo, ahora comprensiblemente conmocionado, la recuperó apresuradamente, buscó la
seguridad de los automóviles y se alejó con el helicóptero persiguiéndolo.
Cuando Kerry regresó a la seguridad de su
hogar, sonó el teléfono. Un alto oficial del ejército
había conseguido localizarla y le pidió que le facilitara la grabación, a pesar de que todo el incidente
había ocurrido en un lugar público.
¿Por qué tienen las autoridades miedo de los
círculos de las cosechas? ¿Qué están protegiendo?
Es posible que, como en mi caso, sientan
curiosidad por el fenómeno. A todo un mundo de
distancia de Wiltshire, en las interminables llanuras
de las praderas de Saskatchewan, un granjero canadiense que comprobaba el progreso de sus campos
de trigo se tropezó con una curiosidad: una impronta elíptica en su cosecha madura. Aunque en
un principio creyó que era un daño causado por el
viento, se dio cuenta de que los tallos estaban
curiosamente dispuestos de manera concéntrica.
Desde el perímetro, una avenida de espinas oscuras
seguían el camino espiral de las plantas aplanadas
hacia el centro del diseño. En su extremo había un
1. Los círculos de las cosechas se describen de diversas maneras en este libro. Por claridad, me refiero a los «círculos de las cosechas» como término general, o para describir casos compuestos por círculos simples o conjuntos de ellos, y hago mención a «formaciones de las cosechas» o «patrones» cuando describo formas que incorporan varios elementos, y a «glifos de las cosechas»
cuando se crean diseños complejos.
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puercoespín perfectamente aplanado y momificado,
aparentemente absorbido o arrastrado a la melé. Lo
que causó el círculo de la cosecha atrajo a este desafortunado espectador como un imán a un alfiler.
Esto es cada vez más curioso.
Precisamente este pensamiento ocupaba mi
mente un luminoso día de verano cuando me hallaba dentro de un complejo círculo de siete lados
cuyo diseño recordaba el pañuelo bordado de una
abuela. Tenía en la mano una fotografía tomada dos
tardes antes, que mostraba dos rayos de luz brillando perpendicularmente sobre el lugar exacto
donde ahora estaba.
Justo en el momento en que me estaba preguntando si mi cámara había captado inadvertidamente la formación de un círculo de las cosechas,
una serie de notas musicales se repitieron a mi alrededor. «Graba esto. Lo necesitarás más adelante»,
dijo mi colega, pasándome la pequeña grabadora.
Por más que miré, la fuente física de la música se
mantuvo oculta.
Aquellos sonidos y aquellos dos rayos de luz
representaban el derrumbamiento de la barrera que
para mí había existido entre la ciencia y el misticismo, y me han llevado a realizar el viaje que ha dado
como resultado este libro, una obra que contiene
respuestas a las preguntas que ellos plantearon, respuestas que podrían exigirnos cuestionar nuestra
percepción de lo que habitualmente llamamos la
«realidad».
Dejadme que lo diga así: si te redujeran mágicamente al tamaño de un grano de sal, podrías jugar con un átomo como si fuera un balón de fútbol
y darle patadas toda la tarde. Pero lo cierto es que
no podrías, puesto que los átomos —y en realidad
todas las cosas del mundo que nos parecen físicas— no son sólidos. La ciencia ha establecido
ahora, para su propia satisfacción, un hecho reconocido por la física y por nuestros antepasados: los
átomos de las plantas, de los cristales y del cuerpo
humano son pequeños resonadores armónicos en
constante estado de vibración. De hecho, están gobernados por los mismos principios que la música:
«Cada partícula del universo físico deriva sus características del tono, la pauta y los sobretonos de sus
15
frecuencias particulares, de su canto», dice el autor
George Leonard (1978).
Los átomos, según parece, son notas musicales microscópicas.
Tal como esta barrera entre la ciencia y el misticismo se está derrumbando en nuestros laboratorios, cuando los informes sobre el fenómeno de los
círculos de las cosechas impresos en nuestros paisajes empiecen a transformar los cimientos de lo
que nos habían enseñado, nuestra visión del universo temblará.
Quizá, como en mi caso, te cambie la vida.
Como ciudadano británico de padres portugueses, casado con una canadiense y trabajando en
Chicago, la vida para mí ya era cualquier cosa menos simple. Sin embargo, era una persona equilibrada, a pesar de trabajar en el complicado, bien
remunerado y «cafeinado» mundo de la publicidad.
Mi primer encuentro con un círculo de las
cosechas se produjo en el verano de 1990, cortesía
de un telediario nocturno de Chicago que describía
un sensacional suceso ocurrido a miles de kilómetros, en Inglaterra, en el Campo Este de Alton Barnes. La imagen televisiva me embelesó, y me olvidé
completamente de la voz del presentador y de todo
lo que me rodeaba. De hecho, no puedo recordar la
hora, el día, el lugar, el canal de televisión, quién
estaba en la habitación, qué llevaba puesto o si una
manada de bisontes estaba atravesando la casa. Esa
imagen quedó grabada en mi memoria para siempre.
¿Por qué esta imagen de un círculo de las
cosechas tuvo tal efecto, haciéndome traspasar mi
sentido habitual del tiempo y del espacio?
En mi puesto de director artístico, esta tendencia a olvidar no era habitual en mí. Mi cerebro analítico, permanentemente activo en modalidad «esponja», absorbía grandes cantidades de información
cada día, incluso detalles triviales como el tipo de
letra con el que está escrito el menú del restaurante, para disgusto de mis compañeros de mesa. En
mis días de estudiante de arte me había familiarizado con el arte medioambiental, en el que artistas armados con cosechadoras recorrían selectivamente
acres de praderas norteamericanas creando formas
geométricas que se apreciaban mejor desde el aire.
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El «arte» representado en este campo de trigo
inglés podría muy bien haber sido obra suya; sin
embargo, nada de esto pasó por mi mente mientras
veía el pictograma de Alton Barnes por televisión.
Ni tampoco pensé en la otra opción extrema:
ovnis y hombrecillos verdes.
No, lo que estaba viendo era un símbolo
sugerente, y me sentí trasfigurado por él mientras
se paseaba por mi intuitivo cerebro derecho, dejando de lado el racional hemisferio izquierdo, como si
un pase magnético de la mano de un maestro hipnotizador me hubiera inducido un trance. El símbolo tenía mucho sentido para mí. Me era familiar, como un mensaje que me hubiera enviado a mí mismo
hace mucho tiempo. Tal como durante la hipnosis
la persona puede regresar a una etapa anterior,
sentí que aquel círculo inducía en mí un recuerdo,
un despertar de memorias subconscientes, y aquel
día empecé a rememorar.
Fácilmente podría haber corrido al hospital
psiquiátrico más cercano, pero el efecto que el pictograma tuvo en mí parecía muy natural. Posteriormente escuché que otros habían tenido la misma experiencia, aunque con otros círculos diferentes.
Estaba enganchado, y mi curiosidad me impulsaba
a seguir investigando. Busqué libros, exploré imágenes, adquirí conocimiento. Por último, empecé a
pasar la mayoría de los veranos en el sur de Inglaterra, dispuesto a visitar cada círculo de las cosechas. Estaba consumido, y, a su vez, la búsqueda
consumió un matrimonio de catorce años de duración con mi mejor amiga, por lo que acabé perdiendo ambos. Desaparecidas mi hermosa casa, mi hermosa vida y mis abundantes recursos económicos,
volví a Inglaterra para completar mis «estudios».
Ahora te oigo decir: «Este hombre está loco;
tiró por la borda su perfecta vida por unos pocos
acres de trigo pisoteado.» Sin embargo, los incidentes que acabo de describir indican el sabor de algunas de las cosas que he aprendido. A partir del capítulo 1 te mostraré el fenómeno, incluyendo los
fraudes y las informaciones erróneas, e indicando
también los aspectos científicos que forman el
núcleo del misterio de los círculos de las cosechas.
La ciencia involucrada es tan sutil, tan sabia y tan
imponente que te hará sentirte humilde y despertar
a una realidad mayor.
Al articular este trabajo me he basado en mis
experiencias personales y en las de cientos de individuos que, como yo, han dedicado su tiempo a
investigar la naturaleza de este enigma, a menudo
pagando un alto precio personal, económico y marital. No obstante, las palabras que aparecen en
este libro no son la «verdad»; si fueran la verdad no
te serían útiles, porque las verdades personales
pueden usarse para crear ídolos, creencias ortodoxas, instituciones, poder y, en último término, control. Más bien lo que muestro aquí son hechos.
Es posible que estos hechos no sean bien
recibidos porque pueden inquietar. Pero, si estás
abierto a ellos te animarán a buscar y descubrir la
sabiduría universal que, en último término y paradójicamente, ya reside dentro de ti.
En la década de los noventa entré en este
proyecto con una mente abierta, objetiva y atea,
para emerger once años después mucho más
humilde, con una nueva fe, y un gran respeto por la
vida y su Creador. Posiblemente el dato más importante es que a lo largo de todo este tiempo he tratado de mantener los pies en el suelo. Créeme, en
medio de los egos y la desinformación, es indispensable mostrar una actitud centrada, y el sentido de
humor no viene mal.
A medida que nos adentremos en el núcleo
del misterio de los círculos, quedará claro que tienen mucho conocimiento que ofrecer, y que aparecen en este momento crítico de nuestra historia
para recordarnos una conexión evolutiva que nos
interesa mucho reactivar, y cuanto antes mejor.
En este libro comprobaremos que la aparición
de los círculos de las cosechas coincide con antiguas predicciones halladas en textos egipcios y en
el Apocalipsis bíblico. Veremos que los círculos de
las cosechas contienen un manual que brinda a todos los ciudadanos de esta preciosa joya de planeta
una oportunidad única de redescubrir su potencial
durante estos críticos días de cambios. Nos ofrecen
espejos en los que vemos reflejada la dirección que
estamos siguiendo actualmente, y nos permiten
reflexionar sobre ella y sobre las claves de nuestra
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INTRODUCCIÓN
evolución: un recordatorio del lugar de donde venimos y una señal indicadora de hacia dónde vamos.
En la primera parte examinaremos la historia
de este fenómeno, construyendo una imagen de su
modus operandi, de su interacción con la gente, de
sus efectos en nuestra actual visión del mundo y de sus
probables implicaciones.
En la segunda parte estudiaremos las pruebas
detalladamente, pasando del cerebro izquierdo de la
ciencia al cerebro derecho de la metafísica. Éstos son
algunos de los temas analizados: el papel del electromagnetismo y su efecto sobre las plantas, las
personas y nuestro concepto de la materia; las «bolas de luz» o fenómenos ovni, su relación con la
naturaleza del universo y la conexión de todo esto
con los círculos de las cosechas; el lenguaje de los
símbolos, y su capacidad de impartir información
consciente y subconscientemente; el hilo que conecta la geometría sagrada, los templos, la conciencia y los círculos de las cosechas; el papel que
desempeña el sonido en la creación del universo y
en el proceso de construcción de los círculos de las
cosechas; la ubicación estratégica de los enclaves
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sagrados, sus propiedades energéticas y sus efectos
sobre los seres vivos; la energía terrenal y la influencia que ejercen los círculos de las cosechas en la
«trama» de la Tierra; la memoria del agua y su relación con la curación y con los círculos de las cosechas, y por último las pruebas que apoyan la existencia de las capacidades psíquicas y la relación
entre los distintos niveles de realidad del universo.
A medida que leas los capítulos, tal vez notes que mi cadena de pensamientos pasa de la lógica lineal al pensamiento «circular». Lo que al principio puede parecer una colección de datos se integrará finalmente en una totalidad coherente, y emergerá de manera gradual una imagen global. Algunos
de estos datos son detonadores que nos permiten
reexaminar nuestras ideas preconcebidas. Las notas
a pie de página y la amplia bibliografía también apoyan estos objetivos. Te animo a explorar los puntos
que presento y a llevarlos a un nuevo nivel de entendimiento personal.

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