APALOS

Transcripción

APALOS
Domingo 23
Agosto 2015
BUENOS AIRES
AÑO 6 - N°332
SUPLEMENTO JOVEN DE
TIEMPO ARGENTINO
A PALOS
Además: Noah Cicero | Augusto Costanzo y la historia del Sanjoburuz, la mascota del Athletic de Bilbao
| Daniel Melero | Daniel Durand | La caja negra de Zambayonny | PH15 | Gombrowicz | Estereotipos
año 6 | nº 332 | 23 de agosto de 2015
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Caja negra
El ascensor
Por Zambayonny
Ilustración: Daniel Caporaletti
Las únicas condiciones absolutamente obligatorias que me exigieron para darme el
trabajo fue que no utilizara el ascensor bajo
ninguna circunstancia y que no hablara con
nadie acerca de este requisito. En ese momento yo estaba tan ansioso por ser parte
de la empresa que no reparé en lo absurdo
de la cláusula y firmé el contrato de inmediato con la desbordante alegría que sentía
por volver al mercado laboral tras tantos
meses de recorrer infructuosamente los avisos clasificados, las colas de desempleados y
los cartelitos en las vidrieras de los locales
del centro. De todas maneras mi flamante
oficina se encontraba en el segundo piso por
lo tanto era más natural subir o bajar por
las escaleras que perder tiempo esperando
el ascensor y además me tomaba la prohibición como un ejercicio diario que al cabo
de un tiempo comencé a disfrutar por tener
más aire y más fortaleza en los músculos de
las piernas.
El movimiento habitual de los empleados
era absolutamente normal. Fichaban temprano, tomaban mate, encendían sus computadoras, archivaban papeles, atendían
el teléfono, se tomaban media hora para
almorzar, regresaban con algo que contar,
miraban el reloj, asistían a alguna reunión
con el encargado y a las cuatro de la tarde
volvían a fichar y se retiraban utilizando el
ascensor como todo el mundo.
Yo hacía exactamente las mismas cosas pero
por las escaleras.
Sinceramente no podía quejarme. Estaba en
blanco, tenía vacaciones, contaba con una
buena obra social, me pagaban el último
día hábil de cada mes sin excepción y hasta me suministraban unos vales para hacer
compras que eran como un regalo ya que no
los contaba como parte del sueldo. Es más,
al cabo del primer año empecé a pagar las
cuotas de un plan para adquirir el auto que
siempre había querido.
Estereotipos
El cuarentón que
se cree gigoló
Mandá tus ideas a [email protected]
niapalos.org o vía Twitter a
@niapalos así lo publicamos.
Mi vida se había ordenado de repente y por
primera vez en mucho tiempo era realmente feliz. Tal vez mi única cuenta pendiente
era que no utilizaba jamás el ascensor, sin
embargo ese estúpido detalle pasaba desapercibido para todo el mundo porque la mayoría de los empleados llevábamos constantemente expedientes al piso de abajo o al de
arriba y a nadie le sorprendía que cualquiera
abordase las escaleras sistemáticamente.
En algún momento de aburrimiento me
puse a pensar que tal vez a cada uno de mis
compañeros también les habían exigido
que cumplieran con alguna extravagante
exigencia como una forma de mantenernos
atentos o de demostrarnos que nos estaban
vigilando. Desde entonces me puse a pres-
tarle atención a las costumbres extrañas de
los demás y descubrí algunas cosas muy particulares. Por ejemplo: Domínguez jamás se
servía café de la cafetera que gratuitamente
se exponía en el pasillo, la señora Rodríguez
nunca bajaba las persianas de su oficina por
más que muchas veces el sol le daba de lleno
en el monitor, el doctor Moreira no tenía paraguas y cuando llovía aparecía siempre absolutamente empapado, el supervisor Ordoñez lloraba los lunes al llegar a su oficina y
el cadete Martínez no comía. Otros parecían
no ir nunca al baño, otros no hablaban de su
familia, otros faltaban los viernes, otros tarareaban solamente melodías desconocidas
y otros no colgaban sus abrigos en el perchero. De todas maneras como no podía distin-
guir si estas conductas obedecían a un mandato superior o simplemente se trataba de
cuestiones arbitrarias decidí poner a prueba
mi teoría. Lo esperé a Domínguez junto a la
cafetera y cuando pasó le extendí la mano
con un vasito de plástico lleno de café. El
hombre detuvo su paso veloz y me miró a
los ojos como si quisiera decirme muchas
verdades, aunque solo dijo: “No, gracias, me
provoca acidez” y siguió caminando.
A nadie parecía importarle las cláusulas prohibitivas de los demás, por lo tanto el pequeño ecosistema funcionaba perfectamente,
más o menos como en la vida real.
Un día de diciembre en el cual casi todos se
habían retirado temprano y nadie le prestaba demasiada atención a nadie, supe que
era mi oportunidad. Me acerqué lentamente a la puerta del ascensor y tras juguetear
unos segundos con el dedo alrededor del
botón como si estuviera distraído pensando en otra cosa, lo presioné. El ruido de su
motor al arrancar me pegó en el centro del
pecho como un llamado de libertad y al cabo
de unos pocos segundos lo tuve delante de
mí por primera vez. Giré la cabeza hacia los
costados para ver si alguien me observaba
y al darme cuenta de mi absoluta soledad,
abrí la puerta, me introduje dentro del habitáculo y apreté nervioso Planta Baja. El ascensor comenzó a descender como lo hacía
siempre sin importarle quién lo tripulara.
Fueron dos pisos interminables donde mi
rostro en el espejo se veía tenso y expectante pero con una sonrisa indisimulable.
Cuando llegué a destino salí despacio tratando de no hacer ruido al cerrar la puerta.
No había nadie esperando. Caminé algunos
pasos en silencio por el hall central con la
mayor naturalidad posible y me retiré del
edificio sin llamar la atención. Recién en
ese momento sentí por fin que tenía el control completo de mi vida.
A la mañana siguiente apenas llegué al trabajo la secretaria del encargado me entregó
el sobre con la cifra que me correspondía
por la indemnización del despido.x
•Es taxista.
•Leo Mattioli como referente de vida.
•Dice que usa “lo que le gusta a las guachas”.
•Ese uniforme consiste en camisa (preferentemente brillosa), con tres botones abrochados
y cadena de oro a la vista.
•Cuando va a un bar le dice “bebé”, “rica” o
“cachorra” a la moza.
•Como mínimo dos veces por semana es señalado como bufarra.
•Extraña al Facha Martel.
•Fue a Schwanek pero no pudo evitar la pileta
en la cabeza.
•Los jueves a la noche puede ir a La Madeleine
o el Club del Golf.
•Si va al Club del Golf a la salida consume travestis.
•Es de darse vuelta para mirar un culo y quedarse dos minutos plantado en la esquina
como buscando una explicación.
•No entiende que el aleteo de pollo nunca se
usó.
•Miente sobre haber ganado unas cervezas
gratis en La Negra al mejor baile stone de la
noche.
•Lo repitió tantas veces que cree que es verdad.
•Siente un orgullo malsano al contar en alguna reunión que iba a bailar a Margarita Rocknroll en Puente Saavedra.
•Es narigón.
•Pelo corto con un inexplicable flequillo diminuto sobre la frente.
•Se broncea en Parque Centenario.
•Cada tanto se clava un jugo de zanahoria
para mejorar la piel.
•No tiene un mango.
•Le cae bien Donato de Santis.
•Es el que va al chino y compra Criadores o
Fernet en esas mini botellitas.
•Invirtió más en los dientes que en el departamento.
•Cortinas y/o luces rojas en el monoambiente.
•Fuma Parissienes y le parece medio afeminado fumar rubios.
•Guarda un stock de Old Spice y Heno de Pravia desde la Hiper.
•Chupín de color a full.
•Exceso de Siamo Fuori.
•Experimentó claritos para parecerse al Pollo
Vignolo.
•Le quedó como a Beto Casella.
•A la mañana Radio 10, de tarde FM Latina.
•Fan de Coco Silly.
•“Todo viento”, “que me contursi”, “una manteca”, sus frases de cabecera.
•Usó hasta hace poco un grano de arroz con su
nombre grabado como colgante.
•Y anillos de coco.
•Siempre muy sudado.
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Ruido de fondo
Un poema para siempre
Por Alfredo Jaramillo
@hijoderecesion
La reedición del libro de poemas
El cielo de Boedo, de Daniel Durand
(Concordia, 1964) vuelve a poner
en los anaqueles un volumen
que en su primera aparición ya
anticipaba su destino de clásico.
Aquella primera edición realizada por Gog & Magog en 2004 se
convirtió rápidamente en un libro de lectura obligatoria, tanto
para sus contemporáneos de la
llamada “Poesía de los noventa”
como para una nueva camada de
jóvenes poetas que encontraría
en sus páginas una rica cantera
de la que extraer materiales para
sus propias creaciones.
La propuesta del libro se desnuda con sencillez desde el título:
El cielo de Boedo es un diario de
observación en el que el poeta
describe -día tras día, estación
tras estación- los datos que recogen sus sentidos a partir de ejercicios regulares: mirar el cielo,
escuchar los sonidos del barrio,
indagar en las propias emociones.
Cualquier poeta podría fijarse
un programa similar, pero no
cualquiera alcanza su objetivo
con la maestría de Durand. Resalta el preciosismo de los versos, que combinan de manera
natural y sintetizan, a un nuevo
nivel, lirismo y vulgaridad (“... la
casa entra silenciosa / en la oscuridad larga del bardo”). También
la ambición: el libro parece querer agotar el catálogo de descripciones posibles en torno a ciertas
experiencias o paisajes urbanos.
En ese sentido, el cielo de Boedo
es a Durand lo que el mirlo es a
Wallace Stevens.
“Un murciélago derrapa gira
baja sube y obtiene los primeros
datos de la noche fresca”, escribe en uno de los poemas; una
imagen que acerca la rutina del
quiróptero a la actitud observadora del poeta y que, puestos a
imaginar, convierte al escritor
en un hombre-murciélago que
en lugar de salir por la noche a
combatir criminales, sale a combatir la naturaleza objetiva de la
realidad. Las nubes son “grumosas”. La noche puede “atravesarle hierros a la flacidez de la tarde”. Y así.
El libro incluye, como en su edición original, la sección “Cuatro
Poemas de Tu Fu”, con traducciones libres del propio Durand
en las que logra asimilar su universo poético con el del poeta
chino, y viceversa. La presencia
de esos poemas no debería pasar
desapercibida: al sonar como escritos por Durand, los del poeta
nacido en Entre Ríos también
podrían haber sido escritos por
Tu Fu. Esa universalidad, construida adrede, acerca dos mundos lejanísimos y hace posible
que Boedo se convierta en un
suburbio de Chengdu.
También destaca el tramo final
del libro, “Guiones de poemas”,
donde Durand descompone en
categorías sus percepciones diarias: “música: nada / sonidos:
llanto intermitente, gotear de
un toldo rojo, martillazos en la
carne / sensaciones: el sujeto
está enamorado y sin dinero”.
Venerado por poetas de todas las
edades, pero sobre todo por jóvenes a quienes formó en talleres
y encuentros casuales, Durand
vuelve a los lectores con el libro
que lo hizo famoso, al cuidado
de dos editores (y poetas) que
nos advierten en la contratapa lo
que ya se sabe: “El cielo de Boedo
es un poema para siempre”. ×
El cielo de Boedo
Daniel Durand
Blatt & Ríos
2015
54 páginas
$110
Nuevas canciones viejas
Por Gonzalo Bustos
@gjbustos
La decisión de Daniel Melero de
poner en las teclas a Yul Acri es
el gesto definitorio de Piano Volumen 2. La mano del ex A-Tirador
Laser y Suavestar moldea la forma del disco y lo coloca a una
distancia notable de su predecesor Piano (1999), el primer ejerci-
cio de Melero por reinterpretar a
piano sus propias canciones (en
esa ocasión aparecieron “Trátame suavemente” y “Quiero estar
entre tus cosas”, entre otros hits
de la primera época). Si en aquella oportunidad Diego Vainer
configuró la obra en un estado
delicado, sutil y romántico, acá
Acri -un músico menos clásico,
mucho más experimental y per-
sonal- toca de un modo crudo,
dejando caer con peso cada nota
y sumándole al álbum pinceladas de modernidad.
“La reina del enigma” quizás sea
la canción que mejor condensa
el segundo disco del cantante en
este año (ya había editado Disco).
En esta pieza midtempo Acri se
despacha con todas las ganas. Va
y viene con intensidad en los cli-
mas, aunque siempre
conserva un ritmo de
fluidez eléctrica. Por
su lado, Melero abre el
abanico de su registro
jugando con la postura
de la voz y la interpretación. La combinación
de ambas partes, que
se ven intervenidas por
efectos y reverb, llega a
un gran resultado final.
En “Besar” hay golpes
al piano, silbidos y tarareos que funcionan
como arreglos rústicos
sobre un teclado que más que tocado parece golpeado con maestría. Otra pieza extraña es la del
cierre: “El ritmatista”. Las notas
se derrumban lentas primero
y luego veloces para terminar
hundiéndose y volver a resurgir desquiciadas en sintonía con
una letra largada como en un
rapto de euforia.
Piano Volumen 2 también guarda
momentos cancioneros poderosos. El comienzo con “Líneas”
es suave como una canción de
cuna con espacios sonoros que
Melero llena cantando como un
crooner nostálgico e inoxidable.
El “Reino de los sueños” carga
aires de bohemia tanguera. Y el
romanticismo tiene su espacio
Daniel Melero
Piano Volumen 2
Ultrapop
en “Melodías románticas”, de
identidad luminosa y rimbombante para dotar de color esas
canciones con el rostro de personas pasadas.
Daniel Melero ha vuelto a poner
sus maravillas frente al espejo;
como intentando descifrar su
forma real. Se alejó de ellas y
puso a Yul Acri en el medio. Éste
las exprimió al máximo, las aggiornó a su manera. Así, entre
ambos, obtuvieron un disco en
el que las canciones pasadas tomaron forma presente -actual-,
sonando como si se tratará de
composiciones nunca antes escuchadas. Nuevas. ×
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Nota
“Todo libro de música es, en alguna medida,
un libro de historia”
De Eduardo Mateo a Gustavo Cerati y Luca Prodan (pronto a salir). De Caetano Veloso a Jacinto Piedra y Atahualpa Yupanqui. Del jazz a la cumbia,
del tango al rock. Los libros de música de tradición popular llegaron en tropa para empezar a equilibrar la cantidad de trabajos que hay sobre la
música clásica y académica. La frase que titula esta nota es la primera línea de Composición libre. La creación musical argentina en democracia
(Edulp), un ensayo coral compilado por Sergio Pujol que acaba de publicarse y que desmenuza varias puntas de estos géneros. Del jazz a la
cumbia, y del rock y su relación con Malvinas al folklore y la autogestión, el libro aborda las formas en que la música popular se viene interrogando,
desde el final de la dictadura, por la sociedad en la que vivimos, pero también por la manera en que esa misma sociedad se interroga y aborda
su tradición musical. Nos contactamos con los críticos Pablo Semán, Gabriel Plaza y el propio Pujol para seguir insistiendo con la tradición y el
presente, y las formas de narrar la música.
Por Facundo Arroyo
@Faq_Arroyo
“Gente de mano caliente”, supo
decir Atahualpa Yupanqui en “Los
hermanos”. Verso que puede ilustrar, en un marco metafórico “alterlativo”, la fructífera producción
de libros de música de la última
década. Y uno que puede servir
como célula momentánea es el
que acaba de presentar la Editorial de la Universidad de La Plata:
Composición libre. La creación musical
argentina en democracia, compilado
por Sergio Pujol y escrito por distintos especialistas musicales, tanto académicos como periodísticos.
Allí, por ejemplo, se encuentra un
ensayo sobre Fito Paéz y su contexto popular firmado por Martín E.
Graziano, uno sobre Escalandrum
hecho por Berenice Corti u otro
sobre Gerardo Gandini escrito por
Pablo Gianera.
“La idea era armar un texto compartido, hablado. Un poco es la
iniciativa de géneros y estilos,
no pensar la música en singular.
Quizás se pueda pensar el cine o
la literatura, pero la música no.
Al pensarla plural, pensamos en
diversidad geográfica, cultural, de
clase (por eso la presencia de la
cumbia), no para responder qué es
la música argentina (eso lo intenté
hacer en Cien años de música argentina, Ed. Biblos), sino más bien para
ver en qué lugar quedó la música
después de la dictadura”, explica
Pujol.
***
“El nivel de composición y de ejecución de los americanos es un paradigma para Occidente”, dice Caetano Veloso en El mundo no es chato,
un libro publicado por primera
vez en Río de Janeiro en 2005 pero
que ahora, gracias a Marea Editorial, tiene edición en castellano.
Y si bien la proliferación de libros
de música se da a nivel internacional, los especialistas en este caso
se concentran -de manera parcial
(obviamente)- en la música de tradición popular de América Latina
y, sobre todo, en Argentina.
“En nuestro país hay varios problemas. Los musicólogos argentinos
le han dado la espalda a la música
popular durante décadas. Ricardo
Salton dice que cuando él se puso
a escribir sobre tango, sus maestros y profesores lo miraban como
si estuviera perdiendo el tiempo. Y
es una anécdota de los '80, no de
los años '30. Entonces hay un delay
importante por parte de la disciplina que supuestamente tendría que
hacerse cargo de un modo más
riguroso y sistemático de la mú-
sica popular”, desarrolla Pujol y
agrega: “La musicología se dedicó
a la música histórica (música académica) y a la etnomusicología. En
esas épocas se avanzó muchísimo
con Carlos Vega. Pero lo que Carlos
llamaba las Mesomúsicas (músicas
urbanas o de raíz popular) quedaron en un territorio industrial. Había un prejuicio antipopulista que
afectó los estudios de la música
popular”.
Gabriel Plaza, periodista especializado en folklore, escribió en
Composición libre sobre la autoges-
"Los musicólogos argentinos le han dado la espalda a la música
popular durante décadas”
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Composición libre. La creación musical argentina en democracia
Sergio Pujol (compilador)
Edulp
2015
103 páginas
tión del Dúo Coplanacu. Desde
allí explica: “Sobre la tradición
de la música de raíz, empezaron
a haber en los últimos años algunos trabajos. Quizás alrededor de
figuras específicas. Caso Yupanqui
o Mercedes Sosa, por ahí algunas
publicaciones menos conocidas
que hablan de Jacinto Piedra o
de contextos como el de Cosquín
(Había que cantar…, de Santiago
Giordano y Alejandro Mareco). Sin
embargo es un área donde todavía
no se ha desarrollado un nivel de
producción ni de trabajo. Quizás
no sea porque no interese sino
porque hay un prejuicio alrededor
de la materia prima de estudio del
folklore mismo”.
El doctor en Antropología Social,
Pablo Semán, por su parte, escribió sobre cumbia. Advierte que es
muy difícil enumerar las mejores
publicaciones de los últimos años
y menciona algunas de sus predilectas: “Para leer cómo entender
la música desde la perspectiva de
lo social, la distinción entre lo
que es "popular" y lo que no lo
es, no me sirve mucho. Por eso
aprendo con libros que atraviesan
esa distinción: el de María Julia
Carozzi sobre el tango, de Pablo
Alabarces o Claudio Díaz sobre
rock, de Gustavo Blázquez sobre
cuartetos, de Berenice Corti sobre
jazz. Me dejan magníficas enseñanzas los libros de Esteban Buch
sobre el Himno Nacional o sobre
Schönberg y el de Claudio Benzekry sobre los amantes de la ópera.
Hay textos interesantísimos de
Carolina Spataro sobre Arjona,
de Malvina Silba sobre cumbia, y
de Ornela Boix, Guadalupe Gallo
y Victoria Irisarri sobre el indie y
la electrónica. Me parece imprescindible leer la discusión sobre
los juicios de valor en relación a
la música popular que propone
Rubén López Cano. Y creo que la
conceptualización de la música
como fenómeno social es ciega
sin acudir a autores como Antoine Hennion”.
Pujol cierra el paneo de publicaciones musicales con dos apuntes
necesarios. Por un lado dice que
hay muy buenos críticos de música en Argentina que no llegan al
libro. Que no se interesan por el
libro. “Yo quisiera leer un material de Alfredo Rosso, de Federico
Monjeau, de Claudio Kleiman.
Ahora, por suerte, salió el magnífico libro de Norberto Cambiasso
sobre música progresiva (Vendiendo a Inglaterra por una libra)”. Y por
otro lado recuerda: “También hay
que destacar que en Argentina
hay una editorial de libros dirigida por el musicólogo Leandro
Donozo (Gourmet Musical). Es la
primera especializada en libros
de música. Tiene varios títulos y
es un editor con la cabeza muy
abierta. Publica un libro sobre
compositores judíos en la época
del nazismo, otro sobre el nuevo
cancionero del Río de La Plata y
uno sobre Cemento. Él es un maniático con esos índices onomásticos, pero con maniáticos se hacen
buenos libros”.
***
"La cumbia es como la zona
liberada de la crítica musical
argentina”
“La caracterización de música artística resulta clara para referirse,
también, a músicas de tradición
popular siempre y cuando su funcionalidad predominante -no excesiva, desde ya- sea la escucha.
Al respecto, debe señalarse que,
como sugiere Simon Frith, el baile es también una forma de escucha”, explica Diego Fischerman
en Efecto Beethoven (Paidós, 2004),
un libro elemental para trazar un
puente conceptual y genérico en
pos de un desarrollo manso de
la música de tradición popular.
Semán explica en Composición libre que la cumbia es un lenguaje
musical central en la sucesión de
géneros musicales en la Argentina. Define un patrón amplio, rico,
flexible de uso y reconocimiento
de un género y lo conceptualiza
más allá de características específicamente técnicas. “La cumbia
es una lengua franca en el campo
de la música popular. En ese sentido, implica una red de artistas,
técnicos, emprendedores capaces
de metabolizar influencias muy
variadas y, al mismo tiempo, de
proyectarse a los más amplios círculos musicales. Además sucede
que las ideologías que presiden el
gusto y la producción de música
orientan la pasión por lo otro”,
advierte Semán.
Y pensando en la cobertura especializada del género, Pujol afirma:
“Hay un déficit muy grande de la
musicología que no se ha sentado
a escuchar con atención la cumbia. Esto provoca un gesto paternalista. Es decir, la aceptamos
porque proviene de los sectores
populares pero la excluimos del
campo de la crítica. Todavía estamos a la pesca del crítico de cumbia. No saben desde dónde pararse
para hablar de este género. Fijate
que en los medios no hay presencia y sin embargo es una música
muy popular. La cumbia es como
la zona liberada de la crítica musical argentina. Además de tener
su propio programa de televisión
y su industria está la parte oscura
del narcotráfico y las mafias. Nadie se mete con eso”.
Gabriel Plaza continúa la línea
crítica de la cobertura especializada pero abocada al folklore:
“Siento que a los periodistas más
jóvenes hay que hacerles entender que nacieron acá y no en Manchester. Eso es una división muy
clara. Me puede gustar la música
de Manchester, la voy a entender,
la voy a analizar, pero nunca voy a
"Me parece necesario conocer qué es lo que pasó acá, quiénes
fueron aquellos que compusieron el cancionero argentino. No
podemos desconocer quién fue Ricardo Vilca, Cuchi Leguizamón o
Ramón Ayala. Esto debería ser parte de una matriz de alguien que
se dedica a escribir sobre música en Argentina”
llegar a sentir y a entender cuál es
esa idiosincrasia cultural. La va a
entender mejor el tipo que nació
ahí. Y la va a transmitir mejor el
tipo que escribe en The Guardian.
Me parece necesario conocer qué
es lo que pasó acá, quiénes fueron
aquellos que compusieron el cancionero argentino y después, bueno, aprendamos de todo lo que
hay porque somos parte de esa esponja. Pero no podemos desconocer quién fue Ricardo Vilca, Cuchi
Leguizamón o Ramón Ayala. Esto
debería ser parte de una matriz de
alguien que se dedica a escribir
sobre música en Argentina”.
***
Sergio Pujol advierte: “De la clasificación genérica no nos podemos
escapar. No podemos tomar a la
música como a una lengua franca por más que hagamos énfasis
en la fusión y todos coincidamos
que los géneros no son entidades
cerradas y que están en diálogo
con otras músicas y otras geografías. De cualquier manera sigue
teniendo un peso su clasificación.
Son puertos de partida. Después
los artistas harán sus caminos.
Aca Seca sale del folklore pero se
va hacia cualquier otro lado, Es-
calandrum sale del jazz pero se
mete con la música de Astor Piazzolla”.
Y esta es una historia que recién
empieza. La tropa es la primera
línea de una oleada de libros que
están por llegar a las bateas. Aunque Pujol advierta que el librero
todavía pone estos textos al lado
de los de cocina o jardinería. Bien
al fondo. Se acercan libros sobre
Cuchi Leguizamón, Mono Villegas, nueva guardia del tango, referentes malditos de la milonga;
sobre jazz, y claro, muchos sobre
rock. Pero aunque las biografías
ya tengan cierto lector formado
aún resta esperar, o directamente
formar, lectores para los libros de
música, más allá del melómano o
el especialista del mismo tema.
Hay épocas del siglo XX nulas de
análisis. Composición libre es apenas una primera muestra de lo
que se podría desarrollar en torno a temas y contextos particulares. Y aún es más utópico pensar
en este nuevo siglo que ya cuenta
con quince años de composición
y delirio musical. Hay en este presente, entonces, una clara lucha
también por despachar algunos
links cotidianos y comprar un par
de maderas para seguir agrandando las bibliotecas.X
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año 6 | nº 332 | 23 de agosto de 2015
Entrevista
Uno de los ejes de la novela es NEOTAP, una suerte de institución gubernamental de “reeducación” para
delincuentes donde el protagonista,
Michael Scipio, consigue un puesto.
Vos trabajaste en una cárcel hace
algunos años. ¿Te inspiraste de alguna forma en esa experiencia?
Noah Cicero
«No creo que la Gran Novela
Americana siga siendo posible»
Para la llamada Alt Lit, es decir ese movimiento de escritores estadounidenses nacidos a principios
de los 80, Internet no sólo definió un modo de escribir fragmentario, alimentado de entradas de blog,
tuits, chats y otras materialidades digitales, sino que también propuso una manera de visibilizar sus
producciones. Uno de los referentes de la camada, Noah Cicero (Youngstown, Ohio; 1980), licenciado
en Ciencia Política y trabajador de un supermercado, promueve una mirada reflexiva acerca de la
juventud en el vaivén capitalista. La aparición de Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá
la ley. Consumí (Metalúcida; traducción rioplatense de Mariana Alonso y Sandra Buenaventura),
segundo libro traducido al español, lo atestigua: Cicero narra la historia de Michael, un joven que
pone un paréntesis en su carrera académica y decide trabajar en el sistema penitenciario para quedar
atrapado en una suerte de neokafkiana maquinaria de control. La novela nos sirve como referencia
para charlar con él sobre diversas cuestiones, desde espionaje hasta literatura contemporánea, y
las transformaciones del imperio en el siglo XXI.
Por Mariano Vespa y
Diego Sánchez
@siskador | @diegoese
Trabajá... sugiere ideas sobre el
control gubernamental y la rebelión ciudadana que resulta imposible no cruzar con cuestiones como
el escándalo de espionaje masivo
por parte de la NSA o, más atrás,
las revueltas en los países árabes.
¿En qué influencias o aconteci-
mientos te apoyaste a la hora de
escribir la novela?
Me inspiré mucho en la Primavera Árabe y en las protestas
en Estados Unidos, los policías
tirándole gas pimienta en la
cara a los manifestantes pacíficos, no podía parar de ver esos
videos de jóvenes siendo atacados por nada. Es tan doloroso lo
que pasa en Estados Unidos últimamente, la gente sigue protestando y no pasa nada, cero.
Pero hay una diferencia entre la
Primavera Árabe y los Estados
Unidos, los países árabes pudieron cambiar porque Occidente y
los países ricos de Asia les dieron el ok, países más poderosos
le abrieron la puerta al cambio
a esos países. La revolución en
Libia fue apoyada por fuerzas
internacionales. Estados Unidos, en cambio, es el país más
poderoso del mundo, tratar de
cambiar algo acá es imposible.
No hay otros países en el mundo
que puedan decirle a mi país lo
que tiene que hacer u obligarlo
a hacer tal cosa, por lo que no
tiene ninguna razón para hacer
nada.
Trabajé en una cárcel durante cinco semanas hasta que me
echaron por ser demasiado amable y aprensivo. Trabajar en una
cárcel me inspiró un montón
a la hora de hacer el libro, pero
los personajes no son reales. Yo
NO soy Michael Scipio, mis padres son trabajadores fabriles y
carniceros, no me crié en la clase media. Trabajar en una cárcel
es absurdo, en Estados Unidos
encarcelan a gente que cometió
delitos menores, acuérdense de
que hay 2.2 millones de personas
en las cárceles de Estados Unidos,
muchos más que en cualquier
otro país. Y después los hacen ir
a cursos para ayudarlos a convertirse en mejores personas, pero
“mejor persona” significa saber
comportarse, no significa armar
un sindicato, reclamar mejores
sueldos o querer mejores escuelas. Sólo significa portarse bien, o
no incomodar a los ricos.
¿Desde tu punto de vista, esa idea
del gobierno como aparato de control, como gran enemigo de la libertad, es la misma estando Obama en
el gobierno o percibís ciertos cambios con administraciones anteriores? ¿Qué tensiones detectás frente
a un gobierno en el que conviven
la salida de Irak con los drones, o
el matrimonio gay con el espionaje
masivo?
No creo que haya posibilidad
para una rebelión en los Estados
Unidos, los militares y la policía
son muy fuertes. Los canales de
noticias están locos y no informan, sólo tiran mierda y la gente
les cree. Creo que si le das a una
persona media al menos un 80%
de la verdad, hasta la gente más
dormida va a elegir lo correcto.
Pero a los estadounidenses se les
da sólo un 40% de la verdad. No
quiero decir que haya una conspiración ahí, no me gustan los tipos que creen en conspiraciones.
Quiero decir, el estadounidense
medio ni siquiera sabe qué es la
provisión pública de salud, no
sabe que el gobierno solía cobrar
el 80% de los impuestos a los más
ricos hasta hace sólo 40 años,
"El estadounidense medio ni siquiera sabe qué es la provisión
pública de salud, no sabe que el gobierno solía cobrar el 80% de
los impuestos a los más ricos hasta hace sólo 40 años, piensa
que las cárceles privadas son legítimas, no tiene ni idea de que
en otros países hay universidades públicas. El estadounidense
medio vive en un túnel, lo mantienen atontado”
23 de agosto de 2015 | año 6 | nº 332
"Es tan raro estar vivo hoy en día, tenemos electricidad, wifi,
internet, teléfonos buenísimos, videojuegos, un montón de
tecnología increíble. ¿Pero ninguno de nosotros puede lograr lo
mismo que nuestros padres cuando ellos tuvieron una menor
educación que nosotros? Algo está mal”
piensa que las cárceles privadas
son legítimas, no tiene ni idea de
que en otros países hay universidades públicas. El estadounidense medio vive en un túnel, lo
mantienen atontado.
Yo no creo que Estados Unidos
sea un país autoritario, vos todavía podés filmarte cagando y
comiéndote la mierda, podés escribir canciones sobre lo mucho
que odiás al gobierno, y nadie te
lo va a prohibir. Pero no podés
protestar sin que te tiren gas pimienta en la cara, no podés hacer
nada para protestar porque los
republicanos quieren terminar
con Planned Parenthood (N.T.: el
mayor proveedor de servicios reproductivos del país, sostenido en gran parte
con financiación del gobierno, y recientemente atacado por los precandidatos
republicanos Donald Trump y Ted Cruz)
o con Medicare (N.T.: un programa público de cobertura médica), nadie puede hacer nada con
el presupuesto militar, que es de
610 mil millones, China tiene un
presupuesto de 131 mil millones,
los Estados Unidos están locos.
Mi país está muy demente, ¿para
qué necesita un ejército tan grande?
Además del gobierno, en Trabajá...
se desprende, de manera más global, una crítica al capitalismo que
de alguna forma integra cierta tradición literaria norteamericana.
Sin embargo la novela también da
cuenta de los cambios que se sucedieron en estos últimos años. En
un momento se habla de un grupo
de políticos y empresarios reunidos
por la CIA que deciden que Estados
Unidos debe tener alto desempleo,
ser “del Tercer Mundo”, para competir en una economía globalizada.
¿Qué cambios señalás en los Estados Unidos de estos años?
El objetivo actual de las elites más
poderosas de Estados Unidos es
transformar al 85% que está por debajo en campesinos, así todos trabajan por menos de 10 dólares la
hora. Las elites poderosas quieren
crear un mundo donde nadie tiene
cobertura médica, donde nadie tiene plata, si hasta quieren destruir
las escuelas públicas, se quieren
quedar con todo. El 0,5% que está
ahí en la cima no se ven a sí mismos como estadounidenses, sino
como elites internacionales que
ven al mundo como su patio de
juegos, no les interesa en absoluto qué pasa con nadie más que no
sean ellos mismos. Van por todo el
mundo buscando maneras de hacer plata y no les interesa a quién
lastiman en el camino. La productividad se duplicó en Estados Unidos
pero los sueldos permanecen estancados. Mi madre ganaba 24 dólares
la hora en una fábrica en 1989, solo
con un título secundario. Tengo
una amiga que es enfermera y gana
22 dólares la hora con un título de
grado y un título de enfermera en
2015. Otra amiga que es profesora
y tiene una maestría gana $60.000
al año, escribió cuatro libros y ganó
el Pen Award, entre otros premios
importantes, y no puede ser titular
en la universidad porque cuando
aplica tiene que competir con otros
600 concursantes. Es tan raro estar
vivo hoy en día, tenemos electricidad, wifi, internet, teléfonos buenísimos, videojuegos, un montón de
tecnología increíble. ¿Pero ninguno
de nosotros puede lograr lo mismo
que nuestros padres cuando ellos
tuvieron una menor educación que
nosotros? Algo está mal.
Sos reconocido como uno de los referentes principales de la Alt Lit. ¿Te
sentís representado por esa etiqueta? ¿Cómo la definirías?
Mi primer libro, The Human War,
salió en 2003, básicamente fui el
primero en publicar un libro que
tuviera esa mezcla de minimalismo y sinceridad. Para mí la Alt Lit
eran un montón de chicos de internet que usaban blogs, twitter, facebook, Live Journal, cualquier plataforma posible para postear su literatura, para hacer imágenes, y en
general para divertirse. En mi caso,
conocí un montón de cosas maravillosas a través de la escena literaria
de internet, conocí gente hace ocho
años con la cual sigo hablando hoy,
conocí a una mujer y salí con ella
durante cuatro años gracias a la
literatura de internet, terminé yendo a Corea del Sur y haciéndome
amigos gracias a internet, y puedo
dormir en cualquier ciudad de los
Estados Unidos gracias a la literatura de internet. Cuando la gente de
internet anda por Las Vegas, se puede quedar en mi casa gratis. Para mí
la Alt Lit tiene que ver con gente.
¿Es posible pensar todavía en esa
vieja idea de la “Gran Novela Americana”?
No creo que la Gran Novela Americana siga siendo posible, la Gran
Novela Americana son esas novelas
sobre hombres blancos haciendo lo
que quieren, y hoy Estados Unidos
es un lugar diverso, donde cada
7
vez nos estamos distanciando más
entre nosotros. La gente de Georgia
no vive nada parecido a lo que vive
la gente de Oregon, la gente de Florida no vive nada parecido a lo que
vive la gente de Maine. Nos estamos
enfocando en nuestras regiones o
en los diferentes grupos étnicos. Un
montón de libros están ambientados en Nueva York, pero más que
nada porque todo el mundo ama a
Nueva York, y no para vender. Justo
ahora estoy leyendo un libro de no
ficción llamado Blood Aces, un libro
sobre un tipo en Las Vegas. Enfocarse en una persona y en un lugar
específicos es lo que la gente está
haciendo hoy en Estados Unidos.
Trabajá. Cuidá a tus hijos.
Pagá tus cuentas. Acatá
la ley. Consumí
Noah Cicero
Metalúcida
240 pág.
$160
David Foster Wallace señalaba a
la televisión como una zona fundamental a partir de la cual su generación encontraba herramientas
para narrar y pensar su tiempo. ¿En
qué zonas te pensás vos y tu generación? ¿Internet ocupa ese lugar o
tiene otra dimensión?
Sí, todo eso de la tele ya fue para mi
generación, igual que para los escritores. No conozco ningún escritor
que mire televisión, los únicos programas que veo son Always in Philadephia, Archer y Portlandia, y no los
veo en la televisión sino en Netflix.
No creo que internet sea un tema
fuerte en la literatura, aparece en
libros y poemas, pero internet es
solo un montón de clicks, de cosas
que ves y después pasás a otra cosa.
Nadie tiene que mirar las mismas
cosas en internet, por lo que no
hay unidad. En cambio para DFW
y su generación todo el mundo tenía que criarse viendo los mismos
tres canales, hasta que les pusieron cable y tuvieron que ver los
mismos cincuenta canales. Todo
el mundo miraba los mismos programas así que había un momento
compartido, se creaba una mente
colmena. Con internet no hay una
mente colmena, todo el mundo
está viendo cosas diferentes, y a
medida que envejecés usás menos
internet. La novela más vendida
hoy en Estados Unidos es The Girl
from Krakow, que ocurre en la Polonia de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos vive en 1943,
de verdad. Pero por debajo de la
literatura masiva hay un montón
de literatura buena en internet,
un montón de revistas digitales
para leer, si no fuera por Amazon
yo no hubiese vendido ni un libro.
Creo que en quince años, luego
de que la generación más vieja se
retire, vamos a ver un montón de
cambios en Estados Unidos y en el
mundo en general.
El consumo y las nuevas tecnologías son piezas claves dentro de la
Alt Lit, y eso es algo que también
está presente en Trabajá...: Michael
y Monica, en cierta medida, tienen
a Netflix como un “refugio”, sus no-
"Creo que en quince años, luego de que la generación más vieja
se retire, vamos a ver un montón de cambios en Estados Unidos
y en el mundo en general”
ches viendo series y películas son
momentos personales y reales por
fuera del control y la paranoia de
NEOTAP. Y sin embargo Monica en
un momento de la novela tiene que
dejar de ser una “chica que ama
su pantalla plana” y salir a pelear.
¿Creés que internet, que la sociedad del entretenimiento, es parte
de esa maquinaria de control o se
pueden encontrar ahí herramientas de “liberación”, que rompan
esa estructura?
Cuando vivía en Corea del Sur era
obvio que los videojuegos eran
parte de la maquinaria de control. Hay 24 millones de personas
en Seúl, más de la mitad de la Argentina viviendo en una sola ciudad. Imaginen 400 personas en el
supermercado todo el día, acá en
Estados Unidos hay como mucho
50 personas al mismo tiempo en
un supermercado, pero allá estaban repletos. Las calles estaban
siempre repletas, se sentía como
un festival sin fin. En Seúl todo el
mundo vive en departamentos hacinados con sus padres, sus abuelos y hermanos, así que no les queda otra que irse a otro lado. Ellos
tienen los PC Rooms, que son unos
lugares donde los hombres pueden jugar videojuegos, y que están
siempre repletos, sirviendo ramen
y bebidas. Los hombres y algunas
mujeres se sentaban ahí todo el
día, hora tras hora, las mujeres
podían estar en casa viendo la televisión, y los chicos jugando videojuegos. En el subte y en los colectivos, que también estaban siempre
llenos, todo el mundo estaba con
sus celulares jugando o mirando
películas, todo el mundo estaba
ocupado con la tecnología. Pero
si lo ves de modo realista es cierto
que no podés tener 24 millones de
personas corriendo por todas partes y haciendo lo que quieran, los
tenés que tener ocupados.
Yo creo que la tecnología sí cambia
las cosas, pero tenemos que entender que “lento” significa “sin violencia”. Pasarse links entre amigos
y familiares cambia a las personas
lentamente, un familiar que quizás nunca reparó en los problemas
de la comunidad LGBTQ o de la
gente negra quizás llegue a leer un
artículo y empiece a ver al mundo
un poco diferente, y la próxima vez
que vote, vote de manera diferente.
Es lento, pero es no violento.X
año 6 | nº 332 | 23 de agosto de 2015
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La mala leche
La salidera
PH15
La loca historia del Sanjoburuz
Por Augusto Costanzo
En abril de 2012 me llegó un mail de Claudia Villapún, compañera periodista del
diario Olé:
-¿Esto es tuyo? Creo haber visto este dibujo publicado en el diario.
Se refería al enorme retrato de Marcelo
Bielsa, por entonces técnico del Athletic
de Bilbao, que se veía en la tribuna vasca.
Y sí, era parte de uno de los troquelados
que publicábamos en el diario todos los
martes. Un grupo de hinchas fanáticos del
Bilbao buscaron en internet imágenes de
Bielsa para poder hacer ese enorme cartel
y agradecerle al Loco el haber recuperado
el orgullo de pertenecer a un histórico
equipo de la liga española.
Al recibir aquella foto sacada del televisor, la curiosidad me llamó a googlear
durante días tratando de saber quién y
porqué pudo haber elegido mi dibujo.
Llegué a una foto con más detalle donde
figuraba un sitio web: www.koparenbila.
com Les mandé un mail agradeciéndoles
por haber elegido mi dibujo y, de paso,
contarles que yo también era fanático de
Bielsa. El Loco es una figura que me atrae
desde de su paso glorioso por Vélez, club
del que soy hincha, y por varios momentos en la Selección Argentina. Me pondría
a sus órdenes sin chistar si fuera jugador
de fútbol, empleado público o barrendero
municipal. Ese fanatismo por Bielsa fue
también lo que nos unió con estos fanáticos del Bilbao: Aitor, Santi, Abel y Akaitz.
Ellos me enviaron durante un tiempo fotos de casi todos los lugares que visitó la
careta: Manchester, Lisboa, Madrid.... ciudades que recorrieron por la Copa UEFA
y la Copa del Rey de 2012. El intercambio
con ellos es uno de esos placeres que cada
tanto nos permite internet.
En abril de este año, casi tres años después, me llega un mail de Aitor titulado
"Bielsistas del Bilbao" con un pedido tan
respetuoso como puntual: retratar a Mikel
San José, jugador símbolo y corazón de la
nueva plantilla del Bilbao que había llegado a la final de la Copa del Rey de España
para enfrentar ni mas ni menos al ahora
multicampeón de todo: el Barcelona de
Lio Messi. Mi respuesta fue un rotundo
SI. Un mes después el retrato de Mikel fue
enviado. Como todo vasco, tiene un rostro
duro pero aniñado, ideal para retratar. Lo
hice rápido.
Al día siguiente ya estaban llegando desde
Bilbao las fotos del modelo prolijamente
terminado. La cara gigante recorría rutas
y paradas rumbo a Barcelona, donde se
jugaría la final. La afición del Bilbao se sacaba fotos y vitoreaba el paso del dibujo,
bautizado "Sanjoburuz", que significa la
cruza entre el apellido del homenajeado
San José y el Buruz, que en euskera significa "de cabeza", por la cabeza dibujada en
cuestión y la costumbre del defensor de
marcar goles de cabeza.
La idea generaba el efecto buscado: celebrar y aunar a la afición vasca. ¡Estaban
como locos! Al retrato le hicieron hasta
una dirección de twitter, @SanjoBuruz,
donde contaban paso a paso su recorrido
hasta el día del partido, el 30 de mayo.
Hasta que empezaron los problemas. Por
razones de seguridad, les impidieron entrar con el Sanjoburuz al Nou Camp. Todo
mal. Protestas por todos los medios (hasta
en Twitter la gente pedía por favor que
entre). La novia de Mikel, al tanto de lo
que pasaba, trató de mediar avisándole al
vestuario del Bilbao. No pudo ser. La final
tampoco. Barcelona ganó otra vez la Copa
del Rey y el Sanjoburuz se quedó afuera.
Mikel y los suyos habían dejado todo frente a un Barca impresionante.
Pero la sorpresa llegó días después, cuando el mismísimo Mikel y su novia se ponen en contacto con estos cuatro hinchas
para agradecerles el esfuerzo y el aliento.
Se encontraron y firmaron camisetas y
Mikel me mandó una a mí! Uno de mis
mejores amigos estaba de vacaciones en
Madrid y me la trajo. Estaba dedicada. Fue
una linda emoción y la guardo para siempre entre mis recuerdos más queridos.
Pero la historia no terminó ahí. todavía
faltaba un capítulo más:
La Supercopa de España se disputa entre
el ganador de la Copa del Rey y el ganador
de la Liga. Como el Barca había ganado
ambas, la disputaría contra el segundo de
la Copa del Rey. Sí, el Athletic de Bilbao
tendría su revancha frente a los catalanes.
La ida se jugó en Bilbao y esta vez sí el SanjoBuruz entró por primera al coqueto San
Mamés. El resultado es conocido: tremenda paliza de 4 a 0 al Barcelona que ponía
al Atheltic en las puertas de la Copa. Pero
además de la goleada, el partido tuvo un
dato extra: la cuenta la abre Mikel con un
impresionante zapatazo desde la mitad de
cancha que deja perplejo al arquero Marc
ter Stegen. El debut del SanjoBuruz no
pudo ser mejor.
La vuelta a Barcelona tuvo otra vez la
gente, las calles y todo el recorrido de la
careta vitoreada por los hinchas vascos
y mirada con simpatía por los catalanes.
Además esta vez entró al Camp Nou. Empate en un gol y el Athletic gritó campeón
después de 31 años de frustraciones. El
SanjoBuruz tuvo sus quince minutos de
fama cuando llegó a las manos de Mikel
en el micro que paseaba a los campeones
en el centro de Bilbao. El destino una vez
más metió la cola: la calle en la que Mikel
agarra la careta gigante se llama... ¡Buenos
Aires! ¿Casualidad? Quién sabe... Lo cierto
es que es un lindo puente para cerrar una
historia que nació en mis manos y quedará para siempre en mi corazón.X
Eventos, lanzamientos, recomendaciones
“Desde el momento en que se reconocen como
artistas, como individuos, como ciudadanos, hacen
valer sus derechos de otra manera”, nos dijeron
en una vieja entrevista en este mismo suplemento
Miriam Priotti y Moira Rubio Brennan acerca de su
trabajo en PH15, una fundación que trabaja con
chicas y chicos en situación de vulnerabilidad. Allá
por el año 2000 Miriam y Moira transformaron un
taller de fotografía para niños y adolescentes en
Ciudad Oculta en un proyecto que logró ampliarse
a otras comunidades de la Argentina y del exterior,
y que ofrece, no solo un increíble
trabajo social, sino también un
archivo visual impecable donde
las villas y los barrios aparecen
retratados desde una mirada
única. PH15 cumple ahora
15 años y lo celebra con una
muestra en el Palais de Glace.
“PH15 - 15 años de historias
retratadas por sus propios
protagonistas” es el nombre de
la exposición que se inaugura
este martes 25 de agosto a las
19 hs. y que exhibirá hasta el 20
de septiembre todos los trabajos
que se realizaron a lo largo de
estos años, y donde se destaca la calidad y también
la novedad, la potencia de una mirada diferente. La
cita es en Posadas 1725, de martes a viernes de 12
a 20hs y sábados y domingos de 10 a 20 hs. Pero
además PH15 busca celebrar su aniversario con la
edición de un libro de fotografías sacadas por los
chicos de Ciudad Oculta entre 2000 y 2015, y para
lograrlo abrieron un proyecto en Idea.me. Queda
poco más de un mes para colaborar en www.idea.
me/ph15 y recibir el libro y otras recompensas. Para
saber más sobre PH15: www.ph15.org.ar
Gombrowicz en 1 minuto
Desde hace ya algunos años la obra de Witold
Gombrowicz recibió una merecida reivindicación
en nuestro país. La reedición de sus obras más
destacadas -como Ferdydurke, Cosmos o su Diario
Argentino- volvió a echar luz sobre este escritor polaco
que en la década del cuarenta vino de visita a la
Argentina y se terminó quedando durante más de
veinte años mientras su país natal era invadido por
la Alemania Nazi, primero, y reconvertida en nación
comunista bajo tutela soviética, después. Dueño de
una obra cargada de humor y extrañeza, esta semana
el Congreso Gombrowicz -que el año pasado celebró
un encuentro en la Biblioteca Nacional- organizará
Staff
Director
Federico Scigliano
Editor
Diego Sanchez
Redactores
Pablo Móbili
Martín Rodríguez
Emiliano Flores
Franco Dorio
Julián Eyzaguirre
Romina Sánchez
Arte
Diego Paladino
Fotografía
Patrick Haar
el ciclo “Gombrowicz en 1 minuto”, donde, como reza
su nombre, más de 30 personas estarán leyendo a
“Witoldo” en sesenta segundos. Entre los invitados
están confirmados Carlos Brück, Jorge Consiglio,
Esther Cross, Jorge Dubatti, Natalia Gauna, Laura
Isola, Martín Kohan, Patricia Kolesnikov, Gonzalo León,
María Pía López, Malena Rey, Alejandro Ricagno y
muchos más. Acompañará a las lecturas una muestra
de 40 ilustraciones sobre Gombrowicz, a cargo de 40
artistas argentinos, además de proyecciones, juegos y
sorpresas. La lectura será este jueves 27 de agosto a
las 20 hs. en El Bardo, bar cultural, Cochabamba 743,
San Telmo.
Redacción:
Amenabar 23
(C1426AYB)Ciudad
Autónoma de Buenos
Aires
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Departamento
comercial:
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