Curiosidades felinas

Comentarios

Transcripción

Curiosidades felinas
Curiosidades felinas
Me resultan curiosas estas postales en las que los gatos aparecen vestidos. Suelen datar
de principio de siglo. Aquí tenéis una muestra
Derechos y deberes del gato
•
Deberes:
- Ronronear cuando le acaricias, aunque sólo te lo permita de vez en cuando.
- No arañar uno de tus muebles favoritos, el resto quedan contemplados en el apartado
Derechos.
- No destrozar una de tus plantas favoritas, el resto se contemplan en el apartado
Derechos.
- Hacer alguna payasada de vez en cuando para divertirte.
- Sacar el máximo jugo a todos los derechos.
•
Derechos:
- Dormir tantas horas como el cuerpo aguante en tu sillón favorito.
- No aceptar pastillas, jarabes, inyecciones, lociones, vendajes...
- No aceptar baños, duchas, mangueras...
- Poder cruzar todas las puertas en el momento deseado, igual para entrar que para salir.
- Emboscarse siempre que lo considere indicado, para, así, atacarte mejor.
- Aprovechar el menor descuido para colarse en el interior de los armarios.
- Tumbarse encima del periódico o libro que estás leyendo, cubriendo todo lo posible el
área de lectura.
- Esconder cualquier objeto apetecido, sea propio o ajeno.
- Saltar encima de ti, de modo ostensible, cuando ya te has acostado, para recordarte que
desde que él llegó tu cama no es tuya.
- Perseguir el cursor por la pantalla del ordenador cuando estás terminando un trabajo
urgente.
- Sentarse, o tumbarse, según apetencia, sobre el teclado del ordenador si tú estás
trabajando en él.
- Maullar, gemir, llorar, gritar, en cualquier momento sin motivo (es muy divertido ver
la desazón que te produce)
- Practicar el descendimiento en las cortinas, aún a riesgo de poder practicarlo sólo una
vez (suelen quedarse hechas jirones)
- Tener siempre la caja sanitaria limpia, y a punto para ser usada.
- Comidas sabrosas, apetitosas, variadas y frescas y agua limpia siempre dispuestas.
La imagen del gato en los grandes de la
moda
Tal vez por su elegancia, los gatos son a menudo complementos ideales para la Moda en
sus andaduras por el mundo de la fotografía. En esta fusión a menudo el gato adquiere
relevancia sobre el modelo y lo "viste" casi tanto como las prendas que se publicitan.
Dicha fusión se puede observar ya desde los primeros años de la fotografía de moda, en
trabajos de algunos fotógrafos como John Rawlings.
Uno de los grandes, Tim Walker, utiliza la imagen del persa para sus fotografías, de las
que cabe recordar la de gatos pintados de colores pastel, tan llamativa como bucólica; o
la editorial para Vogue de septiembre de 2005, en la que dispone un lecho plagado de
estos animales.
Otro ejemplo es el artículo que (también la revista Vogue) en agosto del 2008 dedicó a
Grace Goddington, directora creativa de Vogue. El fotógrafo fue Steven Meisel en esta
ocasión. Los bellos gatos persas de este reportaje pertenecen a Pam Rutan, y su gatería
Top Shelf Persians. En el caso de Siri Tollerod el colorido intenso se complementa con
la belleza de diversos felinos en su trabajo para Vogue Italia de mayo de 2008. A
continuación expongo una muestra de estos trabajos.
http://www.slide.com/r/pErC75s07z8JLc2FSw1XgD60tbFnjTNu?previous_view=mscd
_embedded_url&view=original
El gato: amo y señor
Acaso el siamés loco del cuento “El idioma de los gatos”, de Spencer Holst, no faltaba a
la verdad cuando le decía al caballero científico que miles de años atrás los gatos tenían
una gran civilización mundial, con naves espaciales, comunicación telepática y otras
maravillas. Todo tan complejo que un día, para disfrutar de la vida, decidieron que era
mejor simplificar las cosas y así fue que inventaron una raza de robots para que se
hiciera cargo del cuidado de los gatos. Naturalmente, dichos robots somos nosotros.
En ese momento, el caballero que llevaba un tiempo estudiando los maullidos de mil
gatos e incluso había aprendido a ronronear, entendió perfectamente por qué estos
felinos solían ser tan desdeñosos con los que se creían sus amos. El siamés, hay que
reconocerlo, estaba un poquito mambeado cuando le entregó al científico una lista de
deberes entre los cuales figuraba el de dar muerte a los perros... Sin embargo, su
fantástica historia vale para entender que, la humanidad, en vez de estar dividida entre
gatófilos y perrófilos –como habitualmente se suele afirmar–, lo está entre las personas
que los gatos aceptan y las que son rechazadas por ellos sin motivo aparente.
Porque estas bellas y cimbreantes bestias cuyo esqueleto de doscientos y pico de huesos
es sostenido por más de quinientos músculos, se toman la libertad de elegir incluso a
quienes merecen hacerles una caricia al pasar. Afortunadamente para los/as humanos/as
que se sienten irresistiblemente atraídos/as por los gatos, suele haber coincidencia,
amores correspondidos. Sobre todo, si los/as amantes de estos felinos tienen algo que
ver con las artes, en particular con la literatura: a los gatos les encantan los libros, los
papeles escritos o en blanco –quizás porque les traen halagüeñas remembranzas de
cuando eran idolatrados en el Antiguo Egipto–, el rasguido de la lapicera y hasta se
bancan con elegancia la pantalla encendida y el sonido de las teclas de la computadora.
Aunque nada les gusta más a algunos mininos –aparte de las aceitunas, la valeriana y el
caviar– que acomodarse sobre la mesa en que están esparcidas las hojas y apoyar una
patita o parte del cuerpo sobre la que ya tiene algo escrito. En cuyo caso –cualquier cosa
antes que contradecir a un gatito tan compañero– lo mejor será proceder como Céline
con Bébert: seguir escribiendo en el espacio que nuestro animal favorito de todos los
tiempos deja libre... En el siglo anterior al de Céline, Dickens le daba el gusto a su gata
Williemina, que lo escoltaba de noche mientras trabajaba: cuando ella apagaba la vela
con su pata porque seguramente percibía la fatiga del escritor, él acataba. Gatófila
absoluta, Colette reverenciaba el silencio, la fidelidad de esa “sombra de una sombra
azulada sobre el papel azul...”. Más cerca en el tiempo, Patricia Highsmith, otra que se
identificaba con los gatos, le dedicó una novela a su “querido Spider... que me
acompañó a lo largo de la mayoría de estas páginas”.
En esto de evitar importunar a los gatos hay que anotar al mismísimo Mahoma, quien se
rindió ante el sueño de su adorado gato Muezza, que se había quedado dormido en un
diván, sobre la amplia manga de la túnica de su (presunto) dueño. Mahoma, en un gran
gesto que lo honra, prefirió cortar la prenda y posteriormente le concedió al animal la
gracia de caer siempre parado, y un buen lugar en el Paraíso.
La invención de lo gatuno
Esas son, entonces, algunas de las cosas que hacen las personas, así sean profetas, por
los gatos, esos descendientes del Miacis, animalejo aparecido hace unos 40 millones de
años, que se desdobló en cuarenta variedades un millón de años atrás, entre las cuales el
Felis Libica y el Felis Silvestris habrían dado origen a nuestros venerados gatos
domésticos. A los que también se les pueden disculpar conindulgencia las cortinas
desgarradas y la tapicería en hilachas, desde luego menos importantes que sus uñas
afiladas.
Pero si prefieren la leyenda, siempre más divertida, tienen que saber que el gato, según
la mitología griega –de la que se apropiaron los romanos cambiando nombres–, fue una
creación de Artemisa. La diosa, vengativa como toda esta gente del Olimpo, quería
poner en ridículo al león que había inventado su hermanito Apolo. Según una fábula de
origen musulmán divulgada en Francia, el gato nació de los amores heterogéneos entre
un mono galante y una receptiva leona. En cambio, en otra narración, en este caso de
corte bíblico, el gato fue estornudado por el león cuando Noé, angustiado porque una
pareja de ratones, además de reproducirse a toda máquina, se comía las provisiones del
Arca, rogó al Señor un remedio urgente. Et voilà, obtuvo un lindo, ágil y hambriento
gatito, que además de cazar ratones tenía unos ojazos que podían funcionar como un
reloj: al ponerse el sol, sus pupilas se dilataban para aprovechar al máximo la luz
decreciente (es por eso que estos felinos distinguen las formas en penumbras), al
amanecer se estrechaban y al mediodía se convertían en una raya. Esos ojos, mezcla de
metal y de ágata, en los que Baudelaire, herido de amor, pedía permiso para
sumergirse... Ojos que iluminan la Constelación del Gato, descubierta por Joseph
Jerome de Lalande en una noche de primavera, hacia fines del siglo XVIII, desde el
Observatorio de París. Borges, dos siglos después, en Buenos Aires, en la calle Maipú,
entrevió a un gato y le escribió de esta guisa: “Más remoto que el Ganges y el poniente,/
tuya es la soledad, tuyo el secreto/ (...)/ En otro tiempo estás. Eres el dueño/ de un
ámbito cerrado como un sueño”.
Con ánimo de amar, porfiar, jugar
Además de inspirar a numerosos pintores, de Watteau a Picasso, de Rembrandt a
Foujita, de ser explotados por la publicidad y reproducidos infinitamente en objetos de
adorno o de uso práctico, los gatos son personajes esenciales, irreemplazables de la
historieta y el dibujo animado. Seguro que hasta muchos de los que padecen de
alurofobia –horrible palabra para designar a los que detestan a los gatos– alguna vez
disfrutaron con Félix, se compadecieron de Tom o Silvestre –respectivamente
martirizados por Jerry y Piolín (Tweety en el original)–, sonrieron con Garfield,
espiaron al lascivo Fritz o se quedaron pensando en alguna enigmática frase de Fellini,
el gato del argentino Liniers. En el cine de los años ‘10 del siglo pasado hubo pioneros
del dibujo animado que se anticiparon a Disney y a su straight Ratón Mickey con
felinos trotamundos como el de Las aventuras del gato negro, de John B. Gray o el
Krazy Kat, de Harrison y Gould, a los que siguió unos años después, en los ‘20, el
morrongo de la serie Alice, de Disney, con alguna semejanza al Félix de Pat Sullivan,
surgido en 1917 con éxito progresivo. Tanto que, además de seguir haciendo líos en la
pantalla, en 1923 pasó a la historieta, donde permaneció diez años en periódicos de gran
circulación. Felizmente, más gatos que perros dibujados habitaron los cuadritos de los
comics, las pantallas de cine y luego de la TV a lo largo del siglo XX. Entre otros, la
chispeante Princesa Gatito (The Pussycat Princess), cuento de hadas gatuno ideado en
1935 por Grace D. Drayton para el American Journal (luego continuado por Ruth
Carroll), los citados Tom de Hanna y Barbera, Silvestre, Los aristogatos de Disney, el
Garfield de Jim Davis, exitosa historieta recientemente convertida en tediosa película
(los dibujos de Tom, Silvestre y Garfield se pueden ver actualmente por Cartoon
Network, en tanto que el lunático Gato Félix vagabundea por Boomerang, de lunes a
viernes a las 13). A su vez, The Cat in the Hat, ambiguo icono norteamericano con
cierta impronta onírica de relatos en versos firmados rimados por Dr. Seuss, lo mismo
que las ilustraciones,pasó al cine el año pasado, protagonizado por Mike Myers, en una
producción exenta de moralina y adecuadamente caótica.
Probablemente, varios de estos felinos le deben algunos rasgos al legendario Micifuz, el
Gato con Botas inventado por Charles Perrault en 1697 (luego magníficamente ilustrado
por Gustavo Doré), audaz e imaginativo, capaz de crear toda una puesta en escena
verbal para lograr que su dueño, hijo de un modesto molinero, se case con la hija del rey
y resulta de este modo todo un ceniciento. Por supuesto, para esas fechas Lope de Vega
ya había escrito La gatomaquia y Francisco de Quevedo su Cabildo de los gatos. Pero
faltaba, entre otros felinos literarios, el extraño gato de Cheshire de Alicia en el País de
las Maravillas, de Lewis Carroll (publicado en 1865), que desaparece dejando su sonrisa
suspendida en el aire.
Pero si lo que quieren es a un hijo contracultural de los ‘60, no pueden soslayar a Fritz,
el escandaloso, anarco, sexualmente liberadísimo (hasta el incesto), fumador de lo que
venga. Fue engendrado en la historieta por Robert Crumb, quien, en un rapto alucinado,
vendió los derechos al productor Steve Krantz y nunca perdonó la película que realizó
Ralph Bakshi –que no estaba nada mal, por otra parte– basadas en su Fritz. Nombre que
llevaba el gatito de verdad de Abby, la acomplejada veterinaria de La verdad sobre
perros y gatos (1996, de Michael Lehmann). Aunque el mejor gato de carne, hueso y
pelo anaranjado que haya habido jamás en el cine fue el entrañable minino de Harry y
Tonto (1974), uno de los mejores y menos pretenciosos films de Paul Mazursky con el
gran Art Carney, quien se ganó un Oscar que compartió con su canchero coprotagonista.
Por supuesto, ningún/a gatófilo/a de ley soporta sin condolerse la visión del
semidocumental japonés Chatrán (1987) en cuyo rodaje fueron maltratados alrededor de
35 morrongos.
Cat People
Krazy Cat, sin ser transexual, era gato o gata según la ocasión; La gata sobre el tejado
de cinc caliente (1958), sobre Tennessee Williams, era toda una mujer: Liz Taylor,
ciertamente en celo (emulada pero no igualada por Jessica Lange en la versión de 1985).
En cambio, la que siempre tuvo doble personalidad fue Selina Kyle, alias Catwoman o
Gatúbela según la latitud, creada por Bob Kane en 1940, junto con Batman, aunque no
de su costilla. Justo dos años antes de que la inquietante mujer pantera de Simone
Simon, sugerentemente dirigida por Jacques Tourneur, emergiera en ese film negro de
terror implícito llamado Cat People (en video, La marca de la pantera). Título éste que
quería usar a toda costa el productor Val Lewton, por lo que incitó a De Witt Bodeen a
que escribiese una historia sobre felinos. Así surgió la diseñadora de modas perseguida
por la obsesión de haber sido, de ser una pantera, en una soñada conjunción de
feminidad y felinidad.
Estas chicas desdobladas en fieras salvajes y voluptuosas acaso guardan en algún
estante del inconsciente reflejos de los esplendores del Antiguo Egipto, un par de
milenios a.C., cuando reinaba la diosa Bast –Bastet–, con cabeza de gata –tirando a
siamesa– y esbelto cuerpo de mujer. Tanto apreciaban a los gatos los egipcios que
cuando uno de estos animales moría, además de embalsamarlo, guardaban duelo
pelándose las cejas. Conocida es la anécdota de Cambises, rey de Persia, que para
vencer fácilmente a los egipcios en el puerto de Pelusio, puso una primera fila de
guerreros con gatos en sus brazos. Los lugareños se rindieron con tal de no dañar a los
mininos, que siglos después serían objeto, durante la Edad Media, de la furia clerical
que los emparentó con el Diablo.
Gatúbela –homenajeada con mucha simpatía en la historieta Caty, de origen misterioso,
editada en España en los ‘70– siempre fue una hembra sexy, con su maillot adherente
como el de la Musidora en Les Vampires de Feuillade, guantes con uñas incorporadas y
botas, la máscara con orejitaspuntudas. En la serie de TV, encabezada por Adam West,
Gatúbela fue interpretada con méritos propios por Julie Newmar, Eartha Kitt y Lee Ann
Meriwether, quien también estuvo en el largo de 1966.
En el ‘92 llegó Tim Burton con la memorable Batman vuelve y puso de manifiesto toda
la morbidez de ese personaje que ambicionaban varias estrellas y que por suerte –vistos
los resultados– quedó en garras de Michelle Pfeiffer, en celo permanente con su body
negro lustroso tachonado de costurones, tacos aguja y poderoso látigo. Equipo ideal de
bondage que la discreta secretaria salvada por una pandilla de gatos se confecciona para
volverse una ondulante, fatal villana, atraída y repugnada por ese ratón con alas (o capa)
que viene a ser el Hombre Murciélago...
En estos días retorna Gatúbela como protagonista absoluta, en la piel de la morena Halle
Berry provista de un traje desgarrado de tosco diseño. Ahora la llaman Patiente Phillips,
es diseñadora gráfica y –entre un ciclón de efectos especiales– descubre el secreto de un
perverso producto antienvejecimiento que fabrica la imponente empresaria Sharon
Stone, cuyo marido y cómplice es el guapísimo francés Lambert Wilson.
Criaturas
salvajes
Altivo, garboso y limpísimo, aunque se trate de un ejemplar muy mezclado, gran
acompañador de los enfermos, contemplativo o en plena acción movido a veces por el
misterioso llamado de la selva, el gato no es especialmente querido por los ricachones ni
los poderosos que, en su mayoría, prefieren a los sumisos y un poco obsecuentes perros
para así verificar su poder. Pero hay alguna excepción digna de mención: Socks, el gato
blanquinegro de Clinton, que contestaba la correspondencia que recibía en la Casa
Blanca enviando una tarjeta con su efigie, una frase de agradecimiento por ser
considerado el Primer Gato, firmada con la huella de su patita.
A los gatos les gusta la gente creativa, no obstinada en relaciones de fuerza, de posesión
y que entonces puede aceptar sin sentirse frustrada que un gato les imponga su forma de
vivir. No hace falta que esta gente sea gato en el horóscopo chino para estos felinos la
adopten. Además de Borges, entre los escritores locales amantes de los gatos, imposible
no mencionar a Olga Orozco y a Osvaldo Soriano, quienes, cómo no, escribieron sobre
los que admitieron de buen grado convivir con ellos. Raymond Chandler sostenía, al
igual que la pintora Leonor Fini, que nunca le había gustado nadie que no gustara de los
gatos.
“Con el perro se busca fidelidad y un trato de respuesta inmediata”, dice el doctor Iael
Rudman, veterinario. “En el gato, lo que la gente admira es su independencia, se entabla
una relación más de igual a igual, más democrática. No es que el gato sea menos fiel,
pero da una compañía con carácter, con decisiones propias.” En otras palabras, como
escribió Chandler, “un gato no actúa nunca como si en un mundo muy nublado, uno
fuera el único rincón con sol. Ésta es sólo una manera de decir que el gato no es un
sentimental, lo que no significa que no sienta afecto”.
Según la experiencia de Eial Rudman, hay gatos que efectivamente se resisten a ciertas
personas y pueden crear un problema, ponerse muy agresivos: “Es que son un pedacito
de naturaleza que uno está metiendo en la casa, con su parte salvaje. Como un tigre o un
león pequeño, que puede ser muy sociable o una verdadera fiera. Pero, casi siempre, los
que aman los gatos reciben reciprocidad, y seguro que son más apasionados que los que
prefieren los perros. Pueden hacer un verdadero culto, cuentan con más mitología... No
es verdad que los gatos detesten a los más chicos: hay más casos de niños lastimados
por perros, que al ser más dependientes son mucho más celosos. Es que el gato
considera que tiene su lugar asegurado, y su autoestima es muy alta”.
Fuera de los gatos de raza incierta, entre los que se impone el europeo, atigrado o no, los
gatófilos locales prefieren a los siameses “aunqueahora se están difundiendo bastante
los persas y otros exóticos, de pelo largo y cara chata”, refiere Rudman. Y añade que el
gato es un paciente difícil, que no deja maniobrar ni ver signos de su afección: “No
demuestran el dolor como lo hace el perro, son reservados a este respecto.
Probablemente por tener menos domesticado el instinto salvaje, busca esconderse
cuando se siente mal. Su instinto le dice que es una forma de no exponerse a posibles
predadores”.
En opinión del especialista consultado, además de un ambiente confortable y correcta
alimentación, para estar felices los gatos necesitan auténtica comprensión, que las
personas que los quieren sepan ponerse en su lugar. En vez de manuales sobre gatos,
aunque alguno sobre comportamientos felinos puede venir bien, Iael Rudman
recomienda los poemas de T. S. Eliot que dieron origen a la exitosa comedia musical
Cats de Andrew Lloyd Weber, y que figuran en el Old Possum’s Book of Practical Cats.
Por ejemplo: “Lo que hay que saber de memoria es/ que un perro no es un gato”, puesto
que “un perro, resumiendo, es un alma simple”. Eliot no está de acuerdo con los que
dicen que no hay que hablarle a un gato hasta que te hable: hay que hacerlo “pero
siempre teniendo en cuenta/ Que él desconfía de la familiaridad./ Yo hago una
reverencia/ Y saco el sombrero/ Y me dirijo de esta forma: OH, GATO”. Antes de que
el gato condescienda a hacerse amigo, “será necesario hacerle unos cariños/ Que, por
ejemplo, pueden ser un plato de crema,/ También, de vez en cuando, es bueno regalarles
un poco de caviar...”. Respecto de la cuestión de “ponerle nombre a un gato es un
asunto difícil,/ No es sólo un juego de verano/ Ustedes pensarán que estoy loco como el
sombrerero/ Cuando le diga: un gato debe tener tres nombres distintos./ Primero está el
nombre que la familia usa a diario/ como Peter, Augustus, Alonzo o James/(...)/ Pero les
digo, un gato necesita un nombre que es particular/ Un nombre que sea peculiar y más
digno de él,/ ¿De qué otra manera podría mantener su cola perpendicular,/ O estirar sus
bigotes, o alimentar su orgullo?/ Nombres de este tipo puedo darles un grupo/ como
Munkustrap, Quaxo o Coripat / (...)/ Nombres que sólo pertenecen a un gato./ Pero por
sobre todos estos todavía queda un nombre/ (...)/ Un nombre que ninguna investigación
humana podrá descubrir,/ Pero que el gato mismo sabe, y nunca confesará...”
Revista Radar, por Moira Soto Domingo, 19 de septiembre de 2004
El Maneki-neko
El Zhaocai Mao (en China) o Maneki-neko (
, Maneki-neko) (en Japón), también
conocido como "gato de la suerte" o "gato de la fortuna", es una popular escultura
japonesa, la que se dice que trae buena suerte a su dueño. La escultura representa a un
gato saludando con una pata alzada.
Puede ser vista frecuentemente en tiendas, restaurantes y otros negocios. Suele ser una
gato que levanta su pata izquierda invitando a la gente a entrar en los negocios y en la
pata derecha una moneda antigua japonesa llamada Koban (
); tiene por lo
general un collar con una cascabel que se cree ahuyenta los malos espíritus, elaborada a
menudo en porcelana o cerámica, y también actualmente en plástico. En las versiones
originales de porcelana, la pata solía estar siempre levantada, aunque en las nuevas
versiones de plástico la pata suele moverse de arriba a abajo. También la altura a la que
la pata es alzada puede variar de una escultura a otra. Se dice que cuanto más alta sea
esta, la llamada del gato atraerá a los clientes desde mayor distancia.
Maneki (
) procede del verbo maneku (
) que en japonés significa "invitar a
pasar" o "saludar". Neko ( ) significa "gato". Juntos literalmente denotan "gato que
invita a entrar". Según la tradición japonesa el mensaje que transmite el gato con el
movimiento de su pata es el siguiente: "Entra, por favor. Eres bienvenido".
Hoy en día, existen miles de versiones del Maneki-Neko, desde gatos altos, gorditos, de
diversos colores, hasta alcancías o figurines de Hello Kitty.
Leyendas
Hay diversas versiones de la leyenda de este simbolismo. A continuación se muestran 3
de las más conocidas entre ellas:
1)Durante el siglo XVII, en la era Edo, en la época de los señores feudales, existía en
Tokio un templo que había conocido días mejores y que tenía serios problemas
económicos y estaba semi-destruido. El sacerdote del templo era muy pobre, pero aún
así, compartía la escasa comida que tenía con su gato, Tama. Un día, un señor feudal, un
hombre de gran fortuna e importancia llamado Naotaka II (
) fue sorprendido
por una tormenta mientras cazaba y se refugió bajo un gran árbol que se encontraba
cerca del templo. Mientras esperaba a que amainara la tormenta, el hombre vio que un
gato de color blanco, negro y marrón, le hacía señas para que se acercara a la puerta del
templo. Tal fue su asombro que dejó el refugio que le ofrecía el árbol y se acercó para
ver de cerca a tan singular gato. En ese momento, un rayo cayó sobre el árbol que le
había dado cobijo. A consecuencia de ello, el hombre rico se hizo amigo del pobre
sacerdote, financió las reparaciones del templo y éste prosperó, con lo que el sacerdote y
su gato nunca volvieron a pasar hambre. Tras su muerte, Tama recibió un solemne y
cariñoso entierro en el cementerio para gatos del Templo Goutokuji, y se creó el Maneki
Neko en su honor. Se dice que un Maneki Neko en el lugar de trabajo, el hogar o
incluso una página web atrae la buena suerte y los visitantes.
2)Una cortesana llamada Usugumo, que vivía en Yoshiwara (al este de Tokio) tenía un
gato al cual amaba y criaba con mucho cariño. Una noche, el gato empezó a jugar con
su kimono y se lo fue llevando a rastras. Daba igual lo que ella dijera, el gato seguía con
su juego. El propietario del burdel, al ver aparecer al gato con el kimono, y pensando
que el animal estaba embrujado, le cortó la cabeza. Ésta salió volando hasta el techo,
donde sin querer mató una serpiente, al parecer preparada para atacar en cualquier
momento. Usugumo quedó sumida en el dolor por la muerte de su mascota. Para hacerla
feliz, uno de sus clientes le hizo un retrato en madera de su gato, y se lo dio como
regalo. Ésta imagen del gato pasó a ser conocida como Maneki Neko.
3)Una señora mayor que vivía en Imado (este de Tokio) se vio forzada a vender su gato
debido a la extrema pobreza en la que vivía. Poco tiempo después, el gato se le apareció
en un sueño, y le dijo que hiciera su imagen en arcilla. La anciana se encargó de crear la
estatua tal y como le dijo el gato, y no tardó en venderla. Se dedicó a hacer más
estatuas, viendo que gustaban a la gente y las compraban encantados. Muy populares se
volvieron anciana y gato, y pronto la mujer se hizo próspera y rica.
Colores y significado
Dependiendo la pata que el Maneki-neko levante tiene distintos significados:
Si saluda con la pata derecha:se dice que trae prosperidad y dinero
Si saluda con la pata izquierda, atrae visitas, también se cree que mientras más alto
levante la pata, los atrae desde mayores distancias.
Si saluda con ambas patas, protege al hogar o establecimiento.
Dependiendo de su color también tiene distintos significados
Diferentes modelos de Maneki-neko
Tricolor (blanco, negro y naranja). Tradicionalmente es el gato que más suerte da, y se
dice que trae fortuna a los viajeros. Como curiosidad, ese tipo de tricolor se llama
Calico.
Verde: Atrae la salud y seguridad en el hogar y los buenos resultados en los estudios.
Blanco: Pureza, cosas buenas por venir.
Plata o dorado: Suerte en los negocios.
Azul: Cumplir los sueños.
Rojo: Éxito en el amor y/o ahuyenta lo malo.
Amarillo: Economía.
Negro: Evitar la mala suerte y aumentar la felicidad.
Rosa: Elegir a la persona con quien contraer matrimonio.
Violeta: Sirve para los estudiantes y recién graduados.
Más aquí
Gatos de ojos dispares
Tras este curioso nombre se encuentran aquellos gatos que presentan un ojo de cada
color, una característica distintiva de ciertos ejemplares, que llama la atención del que la
contempla. El color de ojos de estos gatos puede combinar un ojo azul y con otro verde,
amarillo o marrón. Esta heterocromía es algo bastante frecuente entre los felinos,
aunque no se trata de una condición exclusiva de ellos, puesto que ocurre también en
otros animales, e incluso en el ser humano. Los ojos dispares afectan más comúnmente
a los ejemplares de color blanco, pero se puede encontrar en un gato de cualquier otro
color, siempre se posea el gen de manchas blancas. Se da en ejemplares de distintas
razas (Persas, Angoras Turcos, Maine Coon, Bosques de Noruega, etc.) y también en
gatos comunes (no es extraño ver gatos mestizos con ojos dispares).
Esta curiosa combinación se produce cuando el gen dominante blanco (que enmascara
los genes de otro color y es el responsable de que el gato sea completamente blanco) o
el gen que produce las manchas blancas (que es el responsable del bicolor y el humo)
impide a la melanina pigmentar el ojo durante su desarrollo. A pesar de lo que muchos
piensan, los gatos con ojos dispares no son sordos, y menos aún sordos del oído del
mismo lado que el del ojo azul. La sordera es una tara genética que, cuando aparece,
está ligada al gen “W”, responsable del color blanco de los gatos. Es una leyenda
aquella que une la sordera con los ojos azules, ya que, en realidad, quien porta la
sordera es el gen del color blanco del pelo, no el que rige el color de los ojos. Por esa
razón, nos podremos encontrar gatos blancos sordos de ojos azules, verdes, amarillos o
dispares.
Los ojos dispares son buscados por los amantes de los felinos y tienen una
nomenclatura propia utilizada en las razas juzgadas en clases separadas acorde al color
de los ojos. Una cifra, el 63, es la que hace referencia a los ojos dispares, por lo que, por
ejemplo, un Maine Coon Blanco, con ojos dispares, se denominaría “MCO w 63”.
Los turcos describen a los gatos de ojos dispares como “regalos de Alá” o "tocados por
Alá". Quizá porque algunos gatitos blancos nacen con marcas de color en su cabeza, las
llamadas "marcas de Alá". O tal vez porque Muezza, la gata idolatrada por Mahoma, era
un ejemplar blanco de ojos dispares… Según una superstición del pueblo turco, su líder:
Mustafa Kemal Atarük (fundador de la república de Turquía), renacerá algún día
reencarnándose en un Angora Turco blanco de ojos dispares, uno verde y uno ámbar;
estos gatos son reverenciados en Turquía y se conocen con el nombre de Ankara Kedi.
Sin duda, una curiosidad felina que no pasa desapercibida.
El gato en el horóscopo chino
La Astrología china ha sido extensamente utilizada en el Oriente desde el siglo 40 A.C.
y especialmente desde los tiempos de los Emperadores chinos Fu Hsi (2953-2838 A.C.)
y Shen Nung (nacido en el 28 siglo A.C.). Una leyenda china atribuye la creación de los
12 símbolos de los animales al Emperador de Jade.
El Emperador organizó una carrera de animales para decidir cuales entrarían en el
zodiaco. Otorgaría el poder de reinar por una año a cada uno de los primeros 12
animales que llegasen a la meta. Se dice que alguna vez la rata y el gato fueron muy
buenos amigos. A pesar de todo, estos dos animales eran los peores nadadores en el
reino animal. Aunque mal nadadores, ambos eran muy inteligentes. Decidieron que la
mejor forma y la más rápida de cruzar el río era en la espalda de un buey. El buey,
siendo un animal bueno, estuvo de acuerdo en cargarlos. Sin embargo, al haber un
premio de por medio, la rata decidió que para ganar debía hacer algo, y entonces lanzó
al gato al agua. Es por eso que el gato se convirtió en el enemigo natural del del agua.
Tras esto, la rata llegó a la orilla y reclamó el primer lugar en la carrera y reinó la
primera de entre los animales. Más tarden llegaron el buey, tigre, conejo, dragón,
serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo. Tras su incidente, el gato terminó
demasiado tarde (el nº 13), por lo que no pudo ganar ningún puesto en el calendario,
convirtiéndose en enemigo de la rata para siempre.
El gato doméstico en la cultura del Antiguo Egipto era considerado un animal divino y
protector contra las energías negativas igual que la liebre en China. Con el paso de los
siglos, y al producrise una fuerte conexión comercial entre Occidente y Oriente desde
Vietnam, el Gato también obtuvo una consideración especial allí. El felino se incorpora
al calendario por el Emperador Haggis Kang. Por estos motivos el gato aparece a
menudo excluido de entre los animales del horóscopo; pero en otras versiones se asimila
a la figura de la liebre.
Para un occidental resulta muy extraño que el símbolo del gato pueda ser también
cubierto por una liebre o viceversa. El felino y el roedor no parecen poder estar al
servicio del mismo grupo; incluso se habla de una bipolaridad con el ejemplo de dar
gato por liebre, poniendo a la liebre en el cajón de lo bueno y al gato en la casilla de lo
malo, lo falso. Este refrán proviene precisamente de la mala fama de las posadas,
hosterías y fondas respecto de la calidad de sus comidas. Era tanto el descrédito de estos
lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo
a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban:
"Si eres cabrito, manténte frito; si eres gato, salta al plato". Por supuesto, este
"exorcismo" nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio
origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje
popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior
calidad, bajo la apariencia de legitimidad, dada el parecido de la contextura de estos dos
animalitos. Curiosamente, los occidentales damos buena cuenta de la liebre en nuestra
gastronomía, igual que los chinos lo hacen con los gatos.
Resuelta ya la mixtificación del signo del gato/liebre, pasaremos a definirles. A los
nativos de este signo se les atribuyen cualidades felinas: son discretos, prudentes,
honrados e inteligentes; algo susceptibles, amigos del silencio y la meditación. Tienen
que tener cuidado, porque estas mismas cualidades a los demás puede parecerles
egoísmo y faltas de solidaridad. Les cuesta aceptar a los demás, pero una vez hecho, son
los mejores amigos. Son grandes trabajadores y ahorradores prudentes, porque su
concepto de la previsión, está muy bien estructurado y saben dónde ha de ser situado el
tope que marca lo prudente y de la avaricia. Y sobre todo, les horroriza tener que
adscribirse forzosamente a una opción única e inflexible. Si la elección ya presupone
una situación extrema, en la que no cabe ni el más mínimo matiz, entonces el rechazo es
visceral. En el mundo del gato, lo imprevisto es un peligro que acecha su estabilidad,
correr una aventura pierde su sentido y la posible carga de emoción, para convertirse en
un riesgo que acecha detrás de una situación imprecisa. El azar no es un reparto
aleatorio de la suerte, es por sí mismo un elemento nefasto, porque todo lo que no sea
conocido, no se puede prever y eso es algo que desagrada profundamente a los
organizados y metódicos gatos. Las personas que han nacido en un año del Gato son
personas que hablan con suma elocuencia y son los que saben colocar siempre las
palabras justas para hacer que los demás se convenzan con exquisita facilidad, y todo
esto con fidelidad a su idea íntima de nunca jamás herir los sentimientos de nadie.
Nunca verás a un Gato que pierda el control de sí mismo, son personas cautas y
coherentes. Lo más habitual es que sean seres hogareños, refinados y siempre en
búsqueda del placer constante. Los Gato disfrutan mucho del trato humano, y cuantas
más personas hayan a su alrededor, más felices se sentirán, pero también se vuelven más
superficiales y egocéntricos, y son la típica persona que se suele engañar a sí misma
pensando que la persona que les gusta también se siente atraída por ellos con
argumentos banales como una mirada o un gesto. El objetivo vital de los Gato ó Conejo
es vivir lo mejor que puedan de la forma más tranquila, sin altibajos que les haga
adentrase en sus tristezas y depresiones, y así disfrutar de su cotidiana rutina. Quizás
por ello es tan difícil verles enfadados. Aunque a simple vista puedan parecer un signo
débil, saben sacarle partido sobretodo en la conquista del ser amado. Los Gato son
grandísimos negociadores, por lo que todo lo que tenga que ver con negocios, tratos y
ventas, es un campo ideal para las profesiones de los de este signo. Para finalizar, en la
cultura oriental, el gato, el conejo y la liebre son considerados manifestaciones de lo
sobrenatural, del hechizo y de la brujería.
El KattenKabinet
El KattenKabinet, "Gabinete de gato", es un museo de arte situado en Amsterdam y
dedicado a obras que representan a los gatos. La colección incluye pinturas, dibujos,
esculturas y otras obras de arte de artistas como Pablo Picasso, Rembrandt, Henri de
Toulouse-Lautrec, Corneille, Sal Meijer, Théophile Steinlen, y Jože Ciuha, entre otros.
El museo está ubicado en un edificio en Canalside Herengracht 497, en la gran Gouden
Bocht. Se compone por cinco espacios diferentes: la sala de baile, llena de vidrios y
apliques que datan aproximadamente del año 1750; la sala de música, con preciosas
pinturas en el techo datan aproximadamente de 1870; la sala Mechel, que data de 1886;
una biblioteca y la sala principal (o entrada).
El Gabinete del gato se fundó en conmemoración del gato John Pierpont Morgan (19661983), el compañero y amigo inseparable del fundador de este museo: Bob Meijer. Cada
cinco años su excéntrico dueño hacía un encargo especial en honor a su gato JP Morgan.
En su primer lustro, Ansel Sanberg pintó un retrato del minino. En su décimo
cumpleaños, su regalo fue una estatua de bronce. Lamentablemente, esta estatua fue
robada justo antes de que el Gabinete abriese sus puertas. Para conmemorar el 15
aniversario de Morgan, se elaboró el folleto "Hanige Kat uit Toulouse". Además, para
celebrar este 15 cumpleaños, el artista Aart Clerxkz diseñó un billete de un dólar con la
efigie de Morgan, impresión que fue editada. En él se sustituye la cara de Washington
por la del gato y las palabras "Confiamos en Dios" por "No confiamos en los perros".
El piano de gatos
En 1650 el jesuita alemán Athanasius Kircher recoge en su obra Musurgia Universalis
el invento del "piano de gatos". Dice así:
"Con objeto de subir el ánimo a un príncipe italiano agobiado por las preocupaciones
propias de su cargo, un músico creó para su deleite un piano de gatos. El inventor
seleccionó a mininos cuyas voces naturales eran de tonos diferentes y, ordenándolos
según esta característica, los dispuso en jaulas uno al lado del otro. Así, cuando una
tecla del piano era presionada, un endiablado mecanismo conducía hacia la cola del
gato. Al final del dispositivo se hallaba una afilada aguja. El resultado era una melodía
de maullidos que se volvía más vigorosa a medida que los gatos desesperaban. ¿A qué
ayudaría, sino a reír, una música semejante? De esta forma fue como el príncipe salió de
su melancolía".
En la Antología ilustrada de hechicería, magia y de alquimia de Givry Grillot aparece
una ilustración de las Brujas, que incluye este curioso piano de gatos. He aquí un
fragmento del libro:
"Los gatos tenían un lugar importante en la brujería, en particular los gatos negros, pues
se consideraban, y se siguen imaginando, como demonios encarnados o brujas
transformadas. ... De ello se deduce naturalmente que cada representación gráfica de un
episodio de brujería debe incluir un gato. Podemos destacar al respecto un extraño
grabado de Franz Van der Wyngaert. Aquí, el papel desempeñado por los gatos es muy
curioso. En primer plano aparecen varios animales que entonan canciones del Sabbath.
Una horrible bruja está tumbada en la cama, con un cuervo posado en su cabeza. Otra
mujer agachada ante de la chimenea está realizando la lectura de un pergamino. En el
centro de la imagen un brujo lisiado toca el instrumento diabólico: es una especie de
clavecín que consiste en ocho gatos - la octava - con sus cabezas y patas sobresaliendo,
al estilo de un teclado. Detrás de el instrumento, aparece otro hombre que tira de las
colas de los gatos, a fin de extraer de ellos un conjunto de diferentes sonidos. Todo esto
está bien calculado para producir una cacofonía horrible, el músico no es otro que un
demonio, que está claramente simbolizado por la presencia del búho posado sobre su
silla".
Debemos recordar que el amor a los gatos es algo relativamente nuevo en el tiempo, y la
crueldad hacia ellos no estaba mal vista en épocas anteriores. Aún así, el hecho de que
tal aparato se refleje en un libro de brujería no hace otra cosa que reforzar la idea de que
dicho artefacto nunca existió, y no es más que un invento curioso.
Gatos de Museo
El museo del Hermitage, en San Petersburgo, es conocido por albergar en sus galerías
una de las mayores colecciones de obras de arte del mundo. Sin embargo, poco se sabe
de lo que ocurre tras sus puertas cuando éstas cierran al público.
En ese momento, una de sus colecciones menos conocida, compuesta por alrededor de
50 guardianes implacables, se desliza sigilosamente sobre sus acolchadas patas,
paseando entre las estatuas y otras piezas de valor incalculable, dispuestos a detectar
cualquier anomalía que tenga lugar en el palacio, preservando los tesoros del museo de
la indeseable presencia de ratas y otros roedores. Es la guardia pretoriana del
Hermitage.
La presencia de este silencioso ejército en el Palacio de Invierno se remonta a 1745,
cuando la princesa Elizabeth Petrovna, hija de Pedro I el Grande, estampa su firma en
un decreto ordenando "localizar en Kazan (ciudad situada a 800 Km. al este de Moscú)
los mejores y más grandes gatos, y enviarlos a la Corte de Su Majestad, acompañados
de una persona encargada de velar por su cuidado y salud". Poco a poco, creció una
numerosa población de gatos que mantenía a raya a las ratas en el Palacio. Sin embargo,
vinieron tiempos difíciles. Si bien su presencia no se vio afectada en demasía por la
Revolución de 1917, estuvieron a punto de desaparecer durante el sitio de Leningrado,
anterior nombre de San Petersburgo, en la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de un
millón de personas murieron durante el sitio a la ciudad por parte de las tropas
alemanas, y los animales, incluídos gatos y perros, salvaron a muchos ciudadanos de
una muerte segura por inanición. La leyenda dice que, pasada la guerra, un tren especial
recorrió toda Rusia reclutando gatos para la conservación y mantenimiento de los
palacios.
Para el Hermitage, los gatos son como el resto de los empleados. "En los sótanos de
nuestro museo viven 50 gatos, para cuyo cuidado se ha creado un fondo especial de
amigos de los felinos del Hermitage", indica el director de la galería, Mijaíl Piotrovski.
Según sus palabras, "estos bigotudos guardianes están oficialmente al servicio del
museo, reciben sus raciones de comida y, en caso de necesidad, atención veterinaria".
Asimismo, señala que el número de gatos está rigurosamente limitado y "si se
reproducen en exceso, son trasladados a otro lugar dispuesto para ello por el fondo
especial". "El lugar en el que viven también esta controlado. No se pasean libremente,
viven en los sótanos y, cuando hace buen tiempo, toman el sol en los patios del museo,
donde se les puede ver".
Con motivo de la existencia de estos animales, el Museo tiene un día de fiesta al año
dedicado a sus gatos. La organiza el Club Internacional de Peterburgueses, y con motivo
de ella se abren al público los sótanos del Palacio de Invierno, donde los visitantes
pueden contemplar exposiciones temáticas dedicadas a los pequeños felinos del
Hermitage, y a los propios mininos.
Gatos alados
Los gatos alados son aquellos que presentan apéndices con forma de alas. Hay tres
causas diferentes para la existencia de estas falsas alas:
1- La más común, que se da en gatos de pelo largo. El propio pelo del gato puede
formar en el lomo y los flancos del animal enormes enredos si no está debidamente
cuidado. Con menor frecuencia, los enredos pueden aparecer también en gatos de pelo
corto. Dichos nudos se van uniendo unos a otros a lo largo del tiempo formando una
masa que da la impresión de ser alas. Los nudos pueden ser muy incómodos para el gato
y nocivos para su salud, pues albergan suciedad y parásitos.
2- La segunda explicación es una afección de la piel llamada astenia cutánea felina o
FCA ("piel débil"), que se relaciona con Síndrome de Ehlers-Danlos ("de la piel
elástica") en el ser humano. Es una deformidad de la piel caracterizada por anomalías en
la elasticidad. Esta enfermedad se debe a un defecto en el colágeno. El colágeno es la
proteína que hace que las células de la dermis permanezcan unidas. Un gen recesivo
forma la astenia y se ha identificado que en los gatos siameses y de angora es más
frecuente. En los gatos que padecen de FCA, los apéndices sólo aparecen en los
hombros, muslos o la espalda. La astenia hace que la piel crezca de forma descontrolada
y con el tiempo puede llegar a cicatrizar y crear extensiones rígidas a modo de un par de
alas abiertas. Los animales con FCA pueden mover sus alas en ocasiones, lo que sugiere
la presencia de tejido neuromuscular en las alas, pero en ningún caso la capacidad de
volar, ya que las protuberancias carecen por completo de huesos. La colgajos de piel
pueden desprenderse muy fácilmente por la falta de colágeno, a menudo sin causar
sangrado. Esto explica por qué los gatos con dicha condición "muden" sus alas.
3- La tercera explicación es que las pseudoalas son articulaciones o extremidades
supernumerarias. Éstas son no funcionales, se trata de extremidades adicionales que
surgen en partes inverosímiles del cuerpo y que se asemejan a las alas.
Hay más de 138 avistamientos de animales con este problema. De ellos, más de 30
casos están documentados con pruebas físicas y al menos existen 20 fotografías y un
vídeo. Además, existen casos de gatos alados disecados.
Por lo expuesto hasta ahora, esta criatura no entraría totalmente en la categoría de
Criptozoología -se podría considerar más bien una “criatura extraña”-, pero su leyenda y
su presencia entre nosotros es muy fuerte. Los gatos alados se documentan por primera
vez en la Edad Media; como era de esperar, de inmediato fueron tildados de ser
criaturas diabólicas y perseguidas, para después arrojarlos a la hoguera. Según cuenta la
leyenda, solo sobrevivieron gracias a que algunos especimenes fueron acogidos en un
convento cercano a Florencia, quedando al cuidado de piadosos monjes, pudiendo los
gatos volar seguros dentro de los muros del convento, lejos y a salvo de los
inquisidores. Ya a principios del siglo XIX, salieron a la luz textos iluminados
medievales y grabados que mostraban a estos felinos alados: entonces los estudiosos
pensaron en dichos grabados como muestras del bestiario imaginario de los
supersticiosos hombres del medioevo y nada más. La leyenda medieval daba como
hecho el que estos gatos podían volar. De hecho incluso hoy en día existen testimonios
de personas que aseguran haber visto a gatos alados volando, y muchos otros más, en
los que usan sus “alas” para planear. Existen varias posibles explicaciones para
considerar ese "vuelo" como el de que los colgajos se muevan al correr el animal, dando
la sensación óptica de alas batiéndose.
En el siglo XIX estos animales pasaron de ser atracciones de feria a curiosidades
científicas. Uno de los primeros animales de los que se informó su existencia apareció
en la India en 1868. Fue abatido por Alexander Gibson y la piel se expuso en una
reunión de la Sociedad Asiática de Bombay. Gibson afirmó que se trataba de un gato,
pero otros socios se decantaron por que se trataba de un zorro volador (un tipo de
murciélago). La primera evidencia fotográfica de "gatos alados" parece haber ocurrido
en 1890 en Manchester, Inglaterra y desde entonces ha habido muchos otros
testimonios, certificados por expertos fotógrafos y veterinarios. En agosto de 1894, un
gato con alas semejantes a las de un patito se exhibió por David Badcock en
Cambridgeshire, Inglaterra. En 1897 un gato con alas fue asesinado a tiros en Matlock,
Derbyshire; los testigos alegaron que el gato utilizaba las alas abiertas para ayudarse a
correr más rápido. En 1899, una revista londinense informaba de la existencia de un
gatito que pertenecía a una mujer en Wiveliscombe, Inglaterra.
Ya en los años 30 del siglo XX, fue encontrado en el interior del patio de una empresa
de construcción otro ejemplar en Trafford Park, Manchester. Tenía una cola ancha y
aplastada. En la prensa del momento se cuenta: "El gato tiene en su parte trasera dos
apéndices que recuerdan al observador a las alas de un pollo desplumado. Estos
apéndices son duros, de unas seis u ocho pulgadas de largo, y se sitúan en el lugar de las
de las aves". Lamentablemente alguien trató de cortar las alas con consecuencias fatales
para el gato. En 1933 un gato blanco y negro con alas fue avistado en Oxford,
Inglaterra, por Hughes Griffiths. Ella alegó que el animal utilizaba sus alas de 6
pulgadas para ayudarse en saltos de largas distancias. El animal fue capturado y
expuesto durante un tiempo en el Zoo de Oxford. En 1936, un gato alado fue encontrado
en una granja cerca de Portpatrick, Escocia. Se trataba de un gato blanco de pelo largo
con alas de15 cm de largo y 7,5 cm de ancho. En 1939, "Sally", un gato blanco y negro
con una envergadura de 24 pulgadas fue vendido a un museo de Blackpool.
En 1950, una gata tortuga llamada Sandy se expuso en un carnaval en Sutton,
Nottinghamshire. En 1959 Juan Priego informaba de una gata de angora gris madrileña
"Angolina", a la que le habían crecido un par de grandes y mullidas alas. En mayo de
1959, un gato persa con alas fue capturado cerca de Pinesville, Virginia Occidental. El
buscador, Douglas Shelton se encontró más tarde con que la Sra. Charles Hicks
reclamaba el gato, alegando que era suyo y lo había perdido. La custodia de Mitzi llegó
a los tribunales. Para cuando se celebró su juicio el gato había perdido las alas.
En 1966, un gato con alas de Alfred, Ontario, Canadá resultó muerto y fue examinado
por científicos de la Escuela Agrícola Kemptville. En 1967 el periódico "El Gato"
informaba de la existencia de un gato persa de cuya piel salían protuberancias que se
asemejan a alas. En 1970, JA Sandford de Wallingford, Connecticut, vio un gato con
alas en el jardín de un vecino, el gato, al igual que otro hallado en 1986 en Anglesey,
Reino Unido, mudaba las alas cada año.
Durante la década de los 1990 siguieron apareciendo casos de estos extraños animales,
cosa que continúa hasta nuestros días. Cabe destacar el trabajo del zoólogo británico Dr.
Karl Shuker se convirtió en la primera persona que vinculó las historias de gatos alados
aparecidos en los medios de comunicación y populares con los informes sobre astenia
cutánea de la literatura veterinaria . La publicación de sus conclusiones fueron una serie
de artículos aparecidos en varias revistas, incluyendo Fortean Times, Destiny, El Mundo
del Gato, y Todo sobre Gatos. En 2008, el Dr. Shuker publicó la más completa
documentación de gatos alados que existe en la actualidad, con casos inéditos y
fotografías.
El síndrome del "Gato Paracaidista"
Es bien conocido por los veterinarios que la caída de los gatos suele tener peores
consecuencias si se produce desde un primer piso que si es desde un 2º o un 3º (se
recomienda revisar el informe: Patrones radiográficos más frecuentes en gatos con
síndrome paracaidista: Estudio retrospectivo, Gutiérrez JA, Flores AJ, Luengo ME,
Moralobo MC.). Al contrario de lo que parece a simple vista, lo que el animal hace no
es darse vuelta sencillamente, el modo en que cae es mucho más complejo, y ésta es una
de las razones por la que no hay una relación directa entre la altura de la caída y el daño
sufrido tras ésta. El modo en que cae es tan complejo que el tema ha sido tratado por
veterinarios, fisiólogos y hasta físicos (existe un teorema del gato paracaidista basado en
la teoría de Gauge:http://count.ucsc.edu/~rmont/papers/cat.PDF).
La explicación es la siguiente: cuando el gato nota la aceleración de la caída, adopta una
postura encogido con las patas estiradas, que le permite, al llegar al suelo, amortiguar el
efecto del impacto. Además, momentos antes de tocar el suelo, el gato se estira para
aumentar al máximo su superficie y con ello el rozamiento con el aire (de forma similar
a un paracaidas), lo que frena poco a poco la caída.
El mecanismo exacto por el cual el gato conseguía salir ileso de este tipo de caídas era
desconocido hasta 1894. Según la obra de Reto U. Schneider, Das Buch der verrückten
Experimente:
(...) “En 1894, la Academia de Ciencia de Paris solicitó “una explicación física de cómo
el gato es capaz de aterrizar de pie después de caer de gran altura”. Para los que no era
científicos, la respuesta era fácil: Simplemente los gatos poseen una gran habilidad para
moverse ellos mismos en el aire que pueden situar las patas debajo para el aterrizaje.
Pero la gente más metida en materia sospechaba que debía haber alguna explicación
física compleja relacionada con ello. El problema consistía en que un gato que se está
cayendo no tiene nada desde donde empujarse. Cada vuelta que da con sus cuartos
delanteros provoca que los traseros giraran en la diracción contraria. Medio giro en el
sentido de las agujas del reloj por delante consistía en medio giro en contra del sentido
de las agujas del reloj por detrás. Teóricamente, el gato debería caer completamente
torcido y, obviamente, ese no es el caso. Al principio, los investigadores asumieron que
el gato utilizaba las manos de los investigadores para coger impulso y realizar el giro (el
experimento era cutre cutre y se hacía tirando a los gatos directamente con las manos).
Pero incluso atando las patas individualmente con cuerdas para evitar que fueran
empujados antes de caer no evitó que terminaran cayendo a cuatro patas. El misterio fue
resuelto finalmente por un médico francés: Étienne Jules Marey. Marey inventó gran
cantidad de dispositivos mecánicos, incluyendo una grabador cinematográfico (los
hermanos Lumiere lo inventaron poco antes) que podía captuar la imagen de un gato
cayendo a 60 imágenes por segundo. En la demostración de la película, algunos físicos
aún dudaban de que la rotación fuera posible sin que el gato se empujara a través de
algo. Pero un físico lo miró con más cuidado y se dió cuenta del truco del gato. El
movimiento ocurre en dos fases: Primero, el gato gira sus cuartos delanteros hacia el
suelo y entonces (en la misma dirección) los cuartos traseros. El cambio de posición de
las patas entre las dos fases permite a la zona delantera y trasera del gato repelerse la
una a la otra El gato usa el mismo principio que el de un patinador de hielo haciendo
una pirueta: Encogiendo los brazos para girar más rápido y extendiéndolos para girar
más lentamente. El gato hace ambos movimientos simultáneamente: Encoge los cuartos
delanteros y estira los cuartos traseros. De esta forma es capaz de dar rápidamente
medio giro de sus patas delanteras hacia el suelo, mientras que las traseras terminan
girándose sólo un poco en la dirección contraria debido a la resistencia creada por la
extensión de las patas traseras. Para situar adecuadamente estas patas traseras, el gato
invierte el procedimiento. Extendiendo las patas delanteras y encogiendo las traseras.
Pronto, las grabaciones de Marey marcaron un inicio en la filmación de animales
mientras caían. Se tiraban perros, conejos, monos y, en un estudio, un “pequeño
conejillo de indias gordo”, el cual, sorprendentemente, giraba su vientre 180 grados,
para asombro de los investigadores. En 1960, un investigador reunió 70 años de
investigación sobre los gatos paracaidistas: “Como se puede ver, la forma en la que los
gatos se dan la vuelta plantea muchos problemas interesantes, aunque la solución no sea
de gran importancia práctica (excepto para los gatos).”
La investigación sobre este fenómeno nos la explica con aún más detalle Bartolo Luque
en un pequeño artículo:
"En 1894 la Academia de Ciencia de París solicitó una explicación física para el
fenómeno del gato paracaidista: ¿cómo consiguen los gatos caer siempre de pie? El
problema es más peliagudo de lo que parece a simple vista. Piense que un gato en caída
no tiene puntos de apoyo y es capaz de rotar hasta 180º alrededor de su espina dorsal si
comienza su caída de espaldas. Recordemos que el momento angular se conserva en
ausencia de fuerzas externas. Es más, se conserva incluso con la presencia de fuerzas
externas, si éstas son fuerzas centrales, como la gravedad, la única fuerza externa que
actúa sobre el gato en caída libre si despreciamos el rozamiento del aire. Este principio
de conservación es el que hace increíble a los ojos de los físicos teóricos los
malabarismos imposibles de los gatos en vuelo. Por conservación del momento angular,
cada giro que intentara un gato con su parte delantera debería quedar compensado
exactamente con la parte trasera, que giraría en sentido contrario. Para un físico teórico
el gato debería aterrizar torcido. La solución al entuerto se desveló gracias a
cronofotografías, como la que ilustra el icono que nos trae, del fisiólogo francés Étienne
Jules
Marey
(1830-1904).
Recurramos a otro icono de la ciencia para explicarlo. Un patinador de hielo girando
sobre sí mismo consigue aumentar su velocidad angular al extender los brazos y lo
contrario al replegarlos. Al mover los brazos, el patinador consigue variar su momento
de inercia, automáticamente eso varía su velocidad angular para que se conserve su
momento angular. El gato hace algo semejante, pero en dos tiempos: primero, si
comienza cayendo de espaldas, gira su mitad delantera hacia el suelo. Para que el
momento angular se conserve, inevitablemente entonces la parte trasera girará en
dirección contraria, como bien sabe el físico teórico. Pero el gato realiza esta contorsión
encogiendo las patas delanteras al mismo tiempo que estira las traseras. De ese modo
gira muy rápido la parte delantera hacia el suelo, mientras la trasera sólo se gira un poco
en sentido contrario. Y segundo, para encarar de forma adecuada la parte trasera, el gato
invierte el sentido de los giros anteriores, la torsión, y al mismo tiempo estira las patas
delanteras y encoge las traseras.
La astucia felina me recuerda otro problema clásico. La teoría más aceptada que
describe el proceso de formación del Sistema Solar puede resumirse así: una inmensa
nube de materia interestelar de forma más o menos esférica comenzó su colapso. La
concentración de masa en el centro de la nube dio lugar al Sol. A medida que la zona
central de la nube se contraía, su velocidad de giro aumentaba, debido a la conservación
del momento angular. Alrededor del bulbo central, la nube fue aplanándose a causa de
la fuerza centrífuga, formando un disco protoplanetario de gas y polvo del que surgirían
los planetas. Lo sorprendente, y aquí está el problema, es que si bien el Sol detenta
actualmente el 99% de la masa del Sistema Solar, solo posee menos del 1% del
momento angular total. Con los planetas ocurre lo contrario. ¿Cómo es eso posible?
Consideremos dos fragmentos radialmente contiguos de gas de la nebulosa en órbita
circular. Los fragmentos se rozan transfiriéndose momento angular. La energía se
disipa, pero el movimiento angular se conserva. El resultado es que el elemento con
menor velocidad angular, gana momento angular, y por lo tanto debe moverse hacia
fuera, a expensas de aquél con mayor velocidad angular, que pierde momento angular, y
se mueve hacia dentro. ¿No les recuerda esto, en cierto modo, a la estrategia de nuestro
gato paracaidista?
Y ahora, una pizca de cuántica (y no será sobre el gato de Schrödinger). A mediados de
los años 80 del siglo XX, dos físicos de altas energías, Shapere y Wilczek, fueron los
primeros en darse cuenta que el gato volador se comporta como una partícula cargada
no abeliana, respecto al grupo no abeliano de rotaciones en el espacio, bajo la influencia
del campo gauge correspondiente a la condición momento angular igual a cero. Aunque
no haya entendido un carajo de lo anterior (cosa que no le desmerece, lector, porque es
imposible en dos líneas), quédese con que es sencillamente maravilloso que la teoría
gauge, que había dado tantos dividendos en el exótico mundo de las partículas
subatómicas, sea hoy el marco matemático natural para resolver el problema del gato
paracaidista y otros semejantes de reorientación.
Y ya que me he puesto muy serio, para contrarrestar, déjenme acabar con un chiste de
físicos. Según la ley de Murphy, si una tostada cae al suelo, seguro que aterriza por su
cara untada. Por otra parte, todo el mundo sabe que un gato siempre cae de pie. ¿Qué
ocurriría entonces si atáramos al lomo de un gato una tostada con su cara untada hacia
fuera y lo lanzáramos al aire? Por pura lógica el sistema compuesto quedaría flotando
gracias a una especie de antigravedad semejante a la que proporcionaba la cavorita de
H. G. Wells… Por cierto, la ley de Murphy para las tostadas ha sido estudiada
estadísticamente por el genial matemático Robert Matthews, pero eso es otra historia".
Nepeta cataria: el opio del gato
La Nepeta Cataria es una planta natural de Europa que crece en terrenos baldíos,
taludes, setos, terraplenes y en ruinas de casas viejas. También crece asilvestrada en
Asia occidental y Norteamérica. Su nombre Nepeta proviene del latín (nepa) que
significa "escorpión", dada la antigua creencia de que esta planta curaba la picadura de
los escorpiones. También se conoce por otros nombres, como albahaca de gatos, gatera,
gataria, hierba de los gatos, hierba gatera, menta de gato, menta gatuna, y nébeda.
Es una planta perenne con tallo grisáceo, velluda y ramificada que alcanza 20-60 cm de
altura. Tiene hojas opuestas, pecioladas, cordadas, con bordes dentados y peludas por el
envés. Las flores numerosas son de color amarillento-rosadas, manchados de púrpura,
agrupándose en una espiga laxa pedunculada. La planta desprende un fuerte olor a
menta que atrae a los gatos (de ahí su nombre común).
Los gatos del mundo entero son adictos a esta planta y su comportamiento es
imprevisible. Comen sus flores, olisquean, mastican y se frotan en sus hojas y vuelven
una y otra vez a por una dosis de su embriagadora esencia. Los aceites aromáticos de
esta planta hacen que los gatos que la ingieren se comporten en un principio de manera
muy juguetona, pero a medida que aumentan los efectos del aceite, su comportamiento
se convierte más extraño. Empiezan a rodar sobre si mismos como si estuvieran en
éxtasis, cazan ratones imaginarios, echan espuma por la boca, se orinan de gusto en ella
y los machos eyaculan su esperma. El ingrediente activo de la hierba gatera es la
"nepetalactona". Esta sustancia está químicamente relacionada con un compuesto
similar al encontrado en orina de gatas. Esta puede ser la causa porque los machos
tienen una atracción mayor por la Nepeta que las hembras y machos castrados.
No todos los gatos se estimulan en el mismo grado, y un tercio de los gatos no
responderá en absoluto. Esta diferencia de respuesta de un gato a otro se debe a factores
medioambientales, genéticos, y sobre todo, como hemos expuesto anteriormente, al
sexo del gato. Si un gato que normalmente reacciona, está en un ambiente extraño o está
ansioso, es probable que no le produzca ningún efecto. Los gatos de ciertas razas no
reaccionan a la hierba y los menores de tres meses de edad normalmente tampoco.
Todavía no se sabe el rasgo genético que produce esa atracción, pero puede obtenerse
una selección siguiendo una línea genética mediante el apareamiento de gatos que
tengan respuesta positiva a la Nepeta cateria.
Cuando la hierba lleva mas de una semana de cortada, los efectos disminuyen. A los
gatos les gusta verde y fresca. Hay que picarla un poco para estimular la emisión de la
sustancia en el caso de que se administre seca. La Nepeta seca toma el nombre
comercial de catnip y se utiliza escondida en juguetes para estimular la actividad del
gato.
Significado de los sueños con gatos
Soñar con gatos tiene mucho que ver con nuestra propia intuición, como ya sabemos el
gato es un animal que debido a una sensibilidad especial puede captar vibraciones que a
los humanos nos pasan desapercibidas. Cuando soñamos con gatos es posible que el
sueño represente un aviso del inconsciente para que nos percatemos de algo que está
sucediendo a nuestro alrededor y no nos damos cuenta. Los gatos tienen connotaciones
femeninas. En general soñar con un gato es signo de buena suerte, siempre y cuando no
se le atropelle o se le mate.
• Soñar con un gato negro significa traiciones, infidelidades o problemas amorosos, si
son varios gatos quiere decir que varias personas estarán involucradas en el conflicto.El
gato negro simboliza a una mujer que engaña y traiciona, si el que sueña es un hombre
debe tener cuidado con una mujer conocida que tratará de seducirlo por algún interés
oculto o con una pareja que le está siendo infiel. Si la que sueña con un gato negro es
mujer, esto es un aviso de que puede estar sucediendo una infidelidad o hay otra mujer
tratando de conquistar a tu pareja. Si en el sueño se ahuyenta al gato es una buena señal
e indica el triunfo sobre esa personas.
• Soñar con un gato blanco significa que alguien a quien consideras amigo o amiga es
una persona falsa y que de alguna forma te está traicionando o dando malos consejos
para perjudicarte.
• Los maullidos se interpretan como habladurías, falsos rumores o gente que está
hablando de un tema que puede perjudicar al durmiente.
• Si en el sueño se está acariciando a un gato puede ser un alerta de que estamos
escuchando y confiando en una persona que tiene malos propósitos hacia nosotros. Por
otra parte, este mismo simbolismo puede tener la explicación de amar profundamente a
alguien. Si una chica sueña que tiene un gato o un gatito en su regazo, significa que se
dejará influenciar para apoderarse de algo que no es suyo o para traicionar a otros.
• Si el gato ataca a la persona o la hiere de alguna manera significa perjuicios que
pueden ser económicos, sociales, laborales o sentimentales. Soñar que un gato nos
persigue augura que están por aparecer problemas. Si el gato nos araña, entonces indica
engaños e infidelidad. No tiene por qué significar en concreto eso, también puede hablar
de peleas en el matrimonio o en la pareja que pueden romper la relación. Si en el sueño
tenemos miedo a que nos arañe, esto indica que tenemos miedo a que se conozcan
algunos aspectos desconocidos de nuestra personalidad. Un gato que le ataca en el
sueño representa sus enemigos. Si logra ganar la lucha, superará en la vida real grandes
obstáculos y logrará fortuna y fama. Siempre que en el sueño se ahuyente al gato será
un buen augurio y una señal de triunfo.
• Soñar que se da comida un gato puede significar que hay o vendrán problemas en la
pareja por infidelidades, celos o terceras personas que perjudican la relación.
• Soñar con gatos feos, hambrientos, sucios, oscuros o desagradables augura
problemas a nivel familiar o alguna enfermedad. Soñar que se encuentra con un gato
famélico y sucio, significa que recibirá malas noticias de allegados suyos que viven
lejos. Algún amigo puede haber sufrido un accidente y estar a punto de morir; pero si
logra apartarlo de su vista, su amigo se recuperará tras una larga enfermedad.
• Cuando se sueña con un gato que quiere entrar a nuestra casa por la puerta o la
ventana significa que hay personas intentando hacer daño a la familia o a la pareja. Si se
encuentra al gato dentro de la casa quiere decir que el enemigo logró su objetivo.
Harrison Weir: el padre de las
exposiciones felinas
Harrison Weir, caballero y artista Inglés, nació en Lewes, Sussex, Inglaterra. Según su
obituario, comenzó sus pasos como aprendiz de un grabador cuando tenía 13 años, para
posteriormente estudiar en Camberwell College of Arts de Londres. En poco tiempo fue
expositor en la muestra de la Real Academia, con sólo 24 años.
Fue conocido en su día como pintor, ilustrador, diseñador, grabador, y también como
autor. Weir fue un artista muy prolífico y sus ilustraciones aparecieron en publicaciones
periódicas, libros infantiles, libros de historia natural, y libros sobre los animales
domésticos y aves de corral. En 1853 escribe y realiza algunas ilustraciones para la
Revista de John George Wood "Ilustración de Historia Natural".
Pero el trabajo por el que fué más conocido fue con el que hizo con el gato doméstico.
Organizó la primera muestra felina en Inglaterra, en el Crystal Palace de Londres, en
1871. Él y su hermano, John Jenner Weir, sirvieron como jueces en el show. También
diseñó el cartel para este espectáculo. Fundó el Club Nacional de gato en 1887, y fue su
primer Presidente y juez hasta su renuncia en 1890.
En 1889, Weir escribió "Nuestros gatos y todo sobre ellos" e ilustra la descripción de
variedades de árbol genealógico de la época. Este fue el primer libro de pedigrís de
gatos.

Documentos relacionados