el ejército romano

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el ejército romano
HISPANIA
ROMANA
LA ROMANIZACIÓN
¿Qué es la romanización?
Por romanización entendemos el proceso de conquista e imposición de los
principios de administración, cultura, organización social y autoridad militar a
los pueblos que habitaban la Península por parte de Roma.
Fue un proceso largo e implacable que comenzó cuando los romanos
derrotaron a los cartagineses (hacia el 206 a. C.), y que no terminará,
oficialmente, hasta el sometimiento de los pueblos cántabros y astures en el 19
a. C.
El proceso de integración en el mundo romano y la aceptación de sus formas
de vida es lo que llamamos "romanización". La de Hispania será bastante
completa, especialmente por el sur - la Bética - y en la zona de levante.
Los españoles adoptaron el latín como lengua general y, aunque perviven
algunas manifestaciones autóctonas, aceptaron las formas políticas, religiosas,
económicas, sociales, artísticas y culturales de los romanos.
En
Hispania,
profundamente
romanizada,
surgieron
destacadas
personalidades: escritores, como Séneca, Lucano, Marcial, Quintiliano o
Prudencio; emperadores, como Trajano, Adriano o Teodosio; eclesiásticos,
como el obispo Osio o el papa S. Dámaso; etc.
Como el resto de las provincias, Hispania aportó a Roma y al Imperio Romano
sus recursos humanos y materiales y se benefició de las ventajas que traía
consigo la comunicación fácil y constante con todas las tierras que rodean el
Mediterráneo.
Los aspectos humanos
A este proceso de romanización contribuyó la presencia en nuestra península
de soldados y comerciantes romanos y la participación de hispanos en el
ejército, que solía traer aparejada la concesión de ciudadanía romana al
concluir el servicio.
Importantes focos de romanización fueron, además de las ciudades hispanas
que se romanizaron intensamente, el establecimiento de numerosas colonias
romanas. Se podrían citar Tarraco, Itálica, Córduba, Emérita Augusta entre
otras muchas más.
Las vías de comunicación
Como en el resto del imperio, en Hispania se cuidó el sistema de
comunicaciones tanto por mar como por tierra.
Se construyeron numerosas calzadas que llegaban a todas las comarcas de la
Península. Por ellas y a través de los puertos se desarrollaba un comercio
intenso que alcanzaba los últimos confines del Imperio y que era especialmente
importante con la propia capital, Roma.
Las riquezas de Hispania
Como las principales riquezas españolas eran la ganadería, la pesca, la
agricultura (trigo, aceite, ...) y la minería (plata, oro, mercurio, hierro, ...) eran
estas cosas las que más se exportaban; en cambio se importaba cerámica,
vinos itálicos, objetos de arte y adorno y otros productos manufacturados.
La casa romana
La organización administrativa
Roma afirmaba su fuerza en el desarrollo urbano. La crisis del siglo III d. C.
trajo consigo la interrupción de las comunicaciones comerciales y con ello
comenzó el declive del Imperio Romano.
Hispania ya contaba con algunas ciudades indígenas o de los pueblos que
habían colonizado el territorio desde hacia siglos. Aquéllas que habían
establecido un pacto o foedus recibían un trato de favor, que normalmente
consistía en que no tenían que pagar tributo, aunque si tenían que cumplir las
obligaciones militares. En estas ciudades se mantuvo más vivo el pasado en
forma del trazado de las ciudades, clases sociales dominantes e incluso en la
pervivencia del culto a divinidades propias.
Pero la aportación más original fueron las colonias, que eran las que habían
sido fundadas ,desde sus inicios, por Roma. Tal será el caso de León (Legio
Séptima), Itálica (Santiponce, Sevilla), Emérita Augusta (Mérida, Badajoz), ...
con la finalidad de instalar a nuevos pobladores o de recompensar a veteranos
legionarios licenciados.
Estos núcleos urbanos copiaron los modelos urbanísticos de la urbs o capital
del Imperio, Roma. Anfiteatros, teatros, basílicas, foros, termas,... en mayores o
menores dimensiones, comenzaron a construirse y a extender un modelo de
ciudad que podía encontrarse en cualquier lugar de dominación romana.
Para afianzar su poder era necesaria una perfecta administración, y para ello
Hispania se dividió en provincias.
La organización administrativa que los romanos instauraron en Hispania
distribuía el territorio en provincias, cada una al cargo de un magistrado
romano.
A su vez la provincia estaba dividida en una especie de distritos judiciales,
llamados "conventus".
Los núcleos de población tenían estatutos diversos, según su relación con
Roma: ciudades estipendiarias, libres, federadas, etc.; además estaban las
colonias y municipios romanos o latinos.
Las calzadas
La dominación romana se apoyó en la creación de una amplia red de calzadas
y puertos que aseguraban la comunicación entre ciudades y núcleos
industriales y mineros.
Pero además era fundamental una comunicación perfecta que permitiera el
correcto abastecimiento de víveres, el desplazamiento de tropas o la rápida
circulación de noticias y personas. Y en ese sentido las vías o calzadas eran
vitales.
Al igual que ocurre en la actualidad podíamos observar vías secundarias y vías
principales. Todas se procuraban conservar en perfecto estado, manteniendo
una perfecta señalización a base de miliarios, que señalizaban cada milla
romana (1478 metros de longitud). También había equipos de mantenimiento
para que el pavimentum o capa superior no presentara desperfectos,
estaciones de descanso cada ciertas millas romanas.
¿Cómo se construye una calzada?
Conocemos la manera de construir gracias a Vitubio, ingeniero romano del que
se conserva su obra. Primero se hace un proyecto en el que se traza el
recorrido lo más recto posible. Después se cava una zanja profunda, en la que
se colocan varias capas de diferentes materiales que será la base del firme:
- Statumen: grandes bloques de piedra para facilitar el drenaje y crear una base
sólida a toda la estructura.
- Rudo: (Rudus) se colocaba sobre la anterior, y la forman capas de guijarros.
- Núcleo: está compuesta de arcilla y piedra machacada, es sólida, pero a la
vez algo flexible.
- Sumus Crustae: se asienta sobre el núcleo, es el pavimento o en osado
superior.
LO QUE NOS HA DEJADO ROMA
Aparte de nuestra lengua y de muchas raíces de nuestra cultura y formas de
vida, conservamos en nuestro país numerosos restos materiales romanos.
Podemos contemplarlos no sólo en museos y centros de cultura, sino incluso
sobre el terreno, repartidos por toda nuestra geografía. Son innumerables los
puentes romanos, alguno tan magnífico como el de Alcántara. Sus calzadas,
que recorrían la Península y son la base de bastantes carreteras actuales, aún
Se pueden reconocer en algunos lugares.
Numerosas ciudades conservan de época romana no sólo el nombre, sino
también restos de murallas, acueductos, templos y otras construcciones
públicas. En pleno campo puede uno verse sorprendido por restos romanos
que recuerdan un tiempo pasado.
Hay conjuntos monumentales de gran riqueza, como los de Itálica, Mérida o
Tarragona.
En la historia y en la realidad española no podemos prescindir de su pasado
romano, está en las raíces de nuestro pueblo.
LA CONQUISTA DE HISPANIA
218-211 a.C.: Desembarco y campañas de Gneo (218) y Publio (217) Escipión contra los
cartagineses. "Tarraco".
210-206: Llegada y campañas de Publio Cornelio Escipión. Toma de Cartagena (209).
Ocupación de Cádiz (206). Fundación de "Italica" (206).
206: Hispania, provincia romana.
197: División de Hispania en dos provincias: Citerior y Ulterior.
-Sublevación de varios pueblos.
195: Llegada de Marco Porcio Catón. Sometimiento de los hispanos. Fundación de
Cesarugusta en el Ebro.
180: Llegada de Ti. Sempronio Graco. Pacificación de Hispania (unos 25 años de paz). Roma
llega hasta Toletum en el Tajo.
155-138: La guerra lusitana. Viriato: táctica de guerrillas. Asesinato de Viriato (139).
-Décimo Junio Bruto (137-136) pacifica la Lusitania y somete a los galaicos.
153-133: Guerras celtibéricas. Numancia. Escipión Emiliano.
Conquista de las Baleares (123-121) por Q. Cecilio Metelo. Fundación de "Palma" (122) y
"Pollentia".
---Guerras civiles romanas en España:
-82-80-72: Sertorio: guerrilla, gobierno "popular" paralelo,
Pompeyo. Fundación de "Pompaelo" (74).
-49-45: Guerra civil César - Pompeyo: Campaña de Lérida (49). Batalla de Munda (45).
29-19 a.C.: Guerras cántabras. |
División en tres provincias: Tarraconense (ant. Citerior), Bética y Lusitania |.
Augusto. Fundación de "Emerita Augusta" (25).
Agripa. Con el sometimiento de cántabros y astures: Fin de la conquista de Hispania
RAZONES PARA LA CONQUISTA
Aunque los romanos llegan a Hispania con el objetivo de evitar que Aníbal
dispusiera de las bases de su retaguardia para abastecerse o recibir ayuda de
Cartago (que no disponía de una buena flota militar), terminaron quedándose
por muchas razones.
-
Los recursos minerales (minas de oro, plata, hierro, cobre, estaño)
Los recursos agrícolas (trigo, olivo, vid)
Pesquerías y salazones
Posibilidad de invertir en Hispania para el capital romano
Extracción de riquezas por medio de los impuestos.
Hombres para el ejército y esclavos tras las conquistas
CRONOLOGÍA DE LA EXPANSIÓN DE ROMA
¿QUÉ ES EL CURSUS HONORUM?
MAPA DE LOS PUEBLOS PREROMANOS
FASES DE LA CONQUISTA DE HISPANIA
1.- LAS GUERRAS PÚNICAS Y LOS ESCIPIONES
2.- CONSOLIDACIÓN DE LOS VALLES DEL TAJO Y EL EBRO
3.- VIRIATO Y NUMANCIA
4.- AUGUSTO Y AGRIPA
LAS GUERRAS PÚNICAS
Los cartagineses habían creado un
verdadero imperio comercial y
militar en el Mediterráneo. En la
Península
Ibérica
ya
habían
sometido a varios pueblos indígenas
(sobre todo en el Sur y Levante) y
habían desplazado a los griegos.
Incluso se apunta la posibilidad de
que
"Hispania"
proceda
del
cartaginés Ispani, que significa "la
tierra de los conejos". Otras
palabras cartaginesas que quedaron
en la geografía ibérica fueron:
Córdoba (Kart Iuba, o ciudad de
Iuba), Cartagena (Kart-Hadhtha),
etc.
Como era previsible pronto se
iniciará una lucha abierta contra la
otra gran potencia de la zona:
Roma.
Hispania
era
muy
importante para cartagineses y
romanos. Aparte de la importancia
estratégica la Península ofrecía
recursos casi ilimitados, que eran
muy apreciados por ambos bandos.
Las guerras entre cartagineses y
romanos recibirán el nombre de
Guerras Púnicas. La Segunda de
ellas se inició en la Península,
cuando una ciudad aliada de Roma,
Sagunto, fue atacada por los
cartagineses. Esta II Guerra Púnica
tuvo el protagonismo de Aníbal
Barca (o Bariq, en púnico), que a
punto estuvo de derrotar a los
romanos en su propio país.
Sin embargo, la división interna en
el Senado de Cartago, y el inmenso
poder militar romano acabaron por
vencerle. Cartago abandonará la
Península Ibérica en el año 206 a.
C. (tras la victoria de Escipión el
Áfricano en Ilipa). Más tarde sufrirá
la invasión de su propio territorio, en
el Norte de África, que será
prácticamente arrasado por Roma.
Su capital será destruida con tal
ensañamiento, que quedará como
ejemplo de castigo a los que se
oponían a Roma (Cartago delenda
est)
En las Guerras Púnicas el prestigio
personal alcanzado por el general
romano Escipión mantuvo la
influencia romana en España. Pero
poco después empezaron las
rebeliones de los pueblos de la
Bética y, especialmente, de los
celtíberos de la Meseta, que querían
preservar su independencia y modo
de vida más orientado a actividades
nómadas y ganaderas o, con
frecuencia, al pillaje.
LA OCUPACIÓN POR ROMA
En los confines de Occidente, la Península Ibérica fue desde la más remota
antigüedad cruce y encuentro de razas y pueblos diversos. A comienzos de la
Historia encontramos en ella iberos, celtas, celtíberos, tartesios y otras muchas
denominaciones de ámbito local, como lusitanos, vetones, galaicos, cántabros,
astures, ilergetas, edetanos, carpetanos, oretanos, etc.
Las riquezas de la Península atrajeron a los pueblos comerciantes del
Mediterráneo, que establecieron en ella sus colonias: los fenicios en el sur y los
griegos en las costas del levante. Más tarde Cartago, nueva metrópoli del
comercio fenicio, encontró en España las bases para resarcirse de la pérdida
de Sicilia, que le habían arrebatado los romanos.
Desde la Península Ibérica partió hacia Italia la expedición cartaginesa de
revancha, acaudillada por Aníbal, que daría comienzo a la segunda guerra
púnica. Es entonces, en el 218 a.C.,cuando llega a España la primera
expedición romana comandada por Publio y Cneo Cornelio Escipión que
desembarcan en Emporion (Ampurias).. Viene contra los cartagineses, a cortar
las bases de apoyo de Aníbal.
La muerte de ambos generales en el 211 conduce a un periodo de paralización
pero será Publio Cornelio Escipión, apodado posteriormente “Africano” por
vencer a Anibla, quien logre, unos años después, expulsar a los cartagineses
de la Península. En el 209 conquista CartagoNova (Cartagena) y en el 206
Gades (Cadiz), poniendo las bases de la integración de Hispania en Roma.
Con el territorio ocupado constituyeron una "provincia", Hispania, que luego
dividieron en dos, Citerior y Ulterior. El espíritu de independencia de los
indígenas del país hizo que los romanos se vieran embarcados en una lucha
continua que, hasta ver sometida por completo la Península Ibérica, les llevaría
unos doscientos años.
Es ésta una etapa de conflictos y rebeliones constantes de los naturales del
país contra el dominio de los romanos. Éstos desde las zonas del levante y del
sur se irán adentrando hacia el interior, ocupando la meseta, la Lusitania y la
Galecia. La lucha no terminará hasta el año 19 a.C., ya en época de Augusto,
con el sometimiento de los cántabros y astures
LA CONQUISTA TRAS LOS ESCIPIONES (197 A 133)
De todo este período cabe destacar
el nombre de algunos gobernadores
romanos que, frente a la rapacidad
que era habitual entre ellos, se
comportaron con mayor honradez.
Tal es el caso de Marco Porcio
Catón, a pesar de la dureza con que
trató a los hispanos, o de Tiberio
Sempronio Graco, que con su
mayor moderación logró unos años
de paz. El primero conquistó lo que
sería Cesaraugusta en el 197 adC y
el segundo la zona inferior al Tajo.
Durante la primera mitad del siglo II
a. C. el cónsul romano M. Porcio
Catón trató de atraerse a la
población
celtíbera
y,
posteriormente, T. Sempronio Graco
se dio cuenta de que la única
política
posible
era
la
de
asimilación. Esto es, que los
pueblos peninsulares se fueran
romanizando. Para ello fundó una
ciudad en el valle del Ebro. Además,
se procuró atender a sus quejas
sobre
algunos
gobernadores
codiciosos o crueles.
En cambio los abusos de otros
gobernadores romanos, junto con la
precariedad de su propia situación,
provocaron entre los lusitanos una
insurrección
general
que
se
extendió del 155 al 138.
Acaudillados por Viriato y mediante
la táctica de "guerrillas" lograron
mantenerse en pie hasta que la
traición puso fin a la vida de éste.
La insurrección lusitana se contagió
a la meseta y la llamada "guerra
celtibérica" se extendió del 153 al
133, tras la violación de los
acuerdos que impedían que los
hispanos fortificasen sus ciudades.
Los
romanos
hubieron
de
enfrentarse a una resistencia tenaz,
de la que es prototipo el caso de
Numancia, que durante varios años
soportó los ataque de fuerzas
superiores romanas. Tuvo que ser
Escipión Emiliano quien acabaría
por ahogarla con un asedio
implacable.
VIRIATO Y NUMANCIA
VIRIATO
El líder de los lusitanos (un pueblo celtíbero) que se enfrentaron a Roma fue
Viriato. El pretor romano Sulpicio Galba había engañado a este pueblo, a pesar
de la oposición de Catón, diciendo que iba a repartirles tierras. Cuando
acudieron desarmados los mató o vendió como esclavos.
Viriato consiguió durante años vengar esta afrenta. Este caudillo mantuvo en
jaque al poderoso ejército romano gracias a su astucia y a la guerra de
guerrillas, cuya invención se le atribuye. Finalmente fue asesinado por tres de
sus amigos a los que Roma había comprado.
NUMANCIA
El último episodio de esta guerra fue Numancia. Numancia era una ciudad
celtíbera que había desafiado durante años el poder de Roma.
Finalmente los romanos recurrieron a Escipión Emiliano (nieto del Africano por
adopción), que había destruido Cartago unos años antes. Escipión montó un
impresionante dispositivo para sitiar la ciudad y lo mantuvo durante meses.
Los numantinos sucumbieron a consecuencia del hambre y las epidemias. Los
dirigentes de la ciudad prefirieron el suicidio antes que la rendición. La
respuesta de Roma fue la que aplicaba a todos aquellos que no aceptaban su
dominio: la ciudad fue arrasada y los supervivientes vendidos como esclavos.
Numancia ha pasado a la Historia como uno de los mayores ejemplos de
resistencia al invasor.
Las guerras contra los lusitanos y los celtíberos habían durado muchos años,
pero ya a principios del siglo I a. C. la dominación romana era casi total. Solo
algunos núcleos del norte peninsular permanecían sin romanizar, pero eran
vigilados para evitar expediciones de saqueo de las tribus cántabras o
vasconas hacia los valles del interior. En el resto del territorio se intensifica el
proceso de romanización: la sociedad, la administración, la economía, la
religión, cultura, diversiones, la forma de vida en general adopta los modelos
que vienen de Roma.
LAS GUERRAS CIVILES ROMANAS EN HISPANIA
SERTORIO
Durante el siglo I a.C. la España casi sometida se vio implicada en las guerras
civiles romanas de finales de la República. Así, del año 80 al 72, una facción
del partido popular romano acaudillada por Sertorio, se enfrentó al gobierno
central de Roma, donde prevalecía el partido aristocrático.
Pero después de las guerras contra los pueblos indígenas, Roma traslada a
Hispania sus luchas políticas. Así Sertorio, un general romano, después de
derrotar a sus adversarios del partido aristocrático, llegó a convertirse en un
auténtico rey de Hispania durante siete años. Tan solo su asesinato, en el 72 a.
C. pudo devolver el control de la Península a Roma.
POMPEYO Y CÉSAR
El general Pompeyo pacificará Celtiberia poniendo fin a las "guerras
sertorianas" y, a su regreso, será aclamado como héroe y nombrado cónsul de
Roma. Aquí se convertirá en aliado de Julio César y, posteriormente, en su
gran rival. Este enfrentamiento también se trasladará a Hispania, que vivirá
más años de guerra civil, hasta la derrota de Pompeyo en el 48 a. C.
AUGUSTO Y LA CAMPAÑA DE AGRIPA
Tras la muerte de César, y tras
nuevas guerras en todo el
Mediterráneo contra su rival Marco
Antonio, el nuevo "príncipe" romano
será Octavio Augusto que, además
de
consolidar
un
gigantesco
Imperio, acabará de romanizar la
Península Ibérica tras la derrota de
Cántabros y Astures.
Muchos de los soldados romanos
que participaron en esta empresa se
establecerían en la colonia de
Emerita Augusta (Mérida) al final de
la guerra.
Será Augusto el que ponga fin a los
últimos reductos de resistencia en el
norte. La campaña final contra los
cántabros y astures, dirigida por
Agripa, concluyó el año 19 a.C. Ya
no volverán a darse conflictos de
importancia con los españoles.
Durante cuatro siglos más, hasta las
invasiones germánicas, Hispania va
a seguir una marcha paralela al
resto del Imperio Romano.
LA ORGANIZACIÓN DE HISPANIA
Después de las guerras civiles las "hispanias" tuvieron una vida relativamente tranquila hasta el
siglo IV d. C.. Durante este periodo se organiza la vida peninsular y se consolida la división
administrativa y el poder incuestionable del Imperio.En el siglo II a. C. la Península Ibérica
estaba dividida en dos zonas:
CITERIOR ( la de más acá, en relación a su cercanía de Roma)
ULTERIOR ( o de más allá). Separadas por el Saltus Castulonienses (Despeñaperros)
Más adelante se impuso una nueva reorganización en el siglo I a. C.: Hispania se dividirá en tres
provincias:
LUSITANIA
TARRACONENSE
BÉTICA
En el S III, en plena crisis del Imperio, se dividirá Hispania en
diócesis: surge la Carthaginensis y la Gallaecia, aumentándose el
área de influencia de la Bética también al norte de África.
Así, al final del Imperio, la división de Hispania quedaba así:
TARRACONENSIS: Se creó durante el Imperio, con capital en
Tarraco, y permaneció casi sin variación hasta el final de la
dominación romana.
CARTHAGINENSIS : Se creó durante el Imperio a partir de la
TARRACONENSIS. Su capital era Cartago Nova, la actual Cartagena.
BAETICA: Con capital en Corduba, la actual Córdoba, era una de las
provincias más ricas. Estaba habitada por los turdetanos.
LUSITANIA : Patria de Viriato. Su capital era Emerita Augusta, la
actual Mérida.
GALLAECIA: Fue creada a partir de la Tarraconensis y equivale
actualmente a Galicia
LA HISPANIA IMPERIAL
Hispania va a disfrutar de un gran
desarrollo y prosperidad durante el
siglo I y parte del II. En Roma el
influjo de los españoles llega ser tan
destacado que alguno de ellos
(Trajano, Adriano ) será nombrado
emperador. En el siglo IV volverá a
darse un período de cierto
desahogo. Otro español, Teodosio,
llegará a ser emperador.
Habrá una crisis importante en la
segunda mitad del siglo II, agravada
por unas incursiones de moros
(171-176) por la Bética. La crisis
general del Imperio en el siglo III
(anarquía militar) afectará también a
Hispania, que sufrirá además la
invasión de los francos y alamanes
(264-266).
Las invasiones traerán consigo la
decadencia de las ciudades y la
construcción de murallas alrededor
de las mismas para su defensa. Se
tenderá hacia una mayor
ruralización y latifundismo.
La crisis final del siglo V va a venir
marcada para Hispania por las
invasiones de suevos, vándalos y
alanos (409) y la llegada posterior
de los visigodos (415), que actúan
contra los anteriores en alianza con
los romanos. Pero esta conexión
con el Imperio es más nominal que
real. cuando en el año 476 caiga
Roma en poder de los bárbaros,
Hispania es ya un territorio ocupado
prácticamente por los visigodos y
con un enclave suevo en Galecia.
Estamos ya en la Edad Media.
ESQUEMA DE LA HISTORIA DE ROMA
LOS EMPERADORES HISPANOS
Trajano
Fue emperador romano entre el 98 y el 117 d.C. Nació en Itálica (cerca de
Sevilla) y destacó como general romano en diferentes campañas en la frontera
germana. Fue nombrado emperador tras la muerte de Nerva y, se cuenta, en
su primer discurso ante el Senado muchos rieron su acento peculiar,
claramente identificable con la zona de la que provenía, la Bética. Dedicó casi
todo su mandato a campañas militares que llevaron a que el Imperio Romano
conociese su máxima extensión.
Adriano
Sucedió a Trajano en el cargo de emperador hasta su muerte en el 138 d.C. No
se conoce bien el lugar de nacimiento de Adriano, pero parece ser que fue
Itálica. Aunque destacó como general, su política se orientó a la consolidación
de las conquistas de Trajano abandonando las provincias más alejadas. Se
dice de él que fue uno de los mejores administradores de la Historia de Roma,
además de un hombre muy culto, influido por la cultura griega.
Teodosio
Nació en Cauca, (Coca, Segovia). Hijo de Flavio Teodosio o Teodosio el Viejo
permaneció gran parte de su vida en Hispania. Fue nombrado por Flavio
Graciano como su sucesor y proclamado emperador en el 379. Vivió una época
de crisis política marcada por el enfrentamiento contra usurpadores y rivales.
En el 395 decidió dividir el Imperio en Oriente, para su hijo Arcadio, y
Occidente, para su otro hijo Honorio. Esta decisión permitió que el legado de
Roma permaneciera vivo en la zona oriental, conocida como Bizancio, hasta el
año 1453.
ESCRITORES HISPANOROMANOS
Marcial.
Poeta nacido en Bilbilis (Calatayud) alrededor del 40 d.C. Su obra más famosa
fueron los Epigramas, un conjunto de doce volúmenes que incluyen más de mil
quinientos poemas breves en los que nos ofrece una visión llena de colorido de
la vida de los romanos de su tiempo.Tras una estancia de más de treinta y
cinco años en Roma regresó a Hispania donde murió en el 104 d.C.
Quintiliano.
Nació en Calagurris hacia el 35 a.C . Su gran obra fue De Institutio Oratoria, en
doce volúmenes. Los dos primeros se dedican a la organización y tratamiento
de la educación en Roma. Los restantes a los fundamentos y técnicas de la
oratoria.
Lucio Anneo Séneca
Vivió de. 4 a.C al 65 d.C. Natural de Córdoba y se dedica a la erudición y la
filosofía.
Pasaría a la historia por su humanismo y su profundo análisis de la psicología
humana, desde la filosofía estoica. Además, su peso en la vida política del
Imperio fue notable.
Llegó a ser nombrado pretor y, desde aquí, pasó a ser tutor personal de
emperador Nerón, que sucedería a Claudio en el 54 d.C.. Séneca acabará
suicidándose, por orden imperial, tras descubrirse su participación en un
complot para acabar con la vida de Nerón.
Arte Romano. Un arte al
servicio de un imperio
El arte romano, al igual que su arquitectura e
ingeniería, se extendió, como su imperio, a lo
largo y ancho del perímetro del Mar
Mediterráneo, siendo uno de los principales
exponentes de la avanzada civilización
romana.
El arte romano hunde sus raices en diversas
influencias, especialmente del mundo etrusco
y del griego.
La fuerte organización y personalidad del
Imperio Romano exige un arte y una
arquitectura que aúne el carácter funcional
con el propagandístico. De esta forma nace
un arte muy centralizado y unitario que
abarca todo el imperio, no sólo Roma sino, en mayor o menor medida, a todas
su provincias.
No cabe duda que el arte romano es la manifestación artística más significativa
de la historia del mundo occidental, ya que su influencia nunca se ha dejado
percibir a lo largo de los muchos siglos desde su desaparición en toda Europa.
No ha habido momento histórico (quizás el gótico es el arte y arquitectura más
alejada del canon romano) que no haya sufrido en mayor o menor medida su
influencia.
Los romanos penetraron en la Península Ibérica en el 218 a.de C. y sobre todo,
a partir de la mitad del siglo II a. de C. empezaron a crearse asentamientos
estables. No tardó en generarse una pronta e intensa romanización que duró
más de cinco siglos y que he dejado en nuestro suelo restos arqueológicos de
primer orden.
El Arte Romano tiene su principal manifestación en la arquitectura, tanto
religiosa, como civil. pero otras manifestaciones
de primer orden son su magnífica escultura y en
menor medida la pintura.
El mosaico es otra de las artes más brillantes
del mundo romano. Las villas tardorromanas
tuvieron frecuentemente sus suelos cubiertos
por hermosos mosaicos con figuras
geométricas, escenas de caza, mitológicas, etc.
Arquitectura Romana
La característica esencial de la arquitectura romana
es, sobre todo, su racionalidad y funcionalidad. Sin
embargo, no debe olvidarse que su deliberada
grandiosidad monumental como expresión del poder y
superioridad de Roma frente a los pueblos
conquistados. La arquitectura romana es heredera de
la etrusca y en menor medida de la griega. Su
evolución y variedad regional fueron relativamente
pequeñas, presentando gran uniformidad debido al
apego a principios más o menos estables fijados por
el veronés Vitruvio en el siglo I d. de C.
A la arquitectura arquitrabada de los griegos, la
romana incorpora, de manera constante, el arco y la
bóveda de raigambre etrusca. Las bóvedas empleadas fueron principalmente la
cupuliforme, la de medio cañón, de horno y la de arista.
Los materiales empleados fueron básicamente la sillería pétrea, la
mampostería, el ladrillo, en combinación frecuente con argamasa de hormigón.
Aunque los romanos emplearon los clásicos órdenes arquitectónicos griegos,
los usaron con mayor libertad combinándolos entre sí en la misma fachada.
Arquitectura religiosa: el templo romano
El templo romano es de ascendente etrusco y griego. Del templo etrusco toma
su ubicación sobre un alto podio con un único acceso frontal. Del templo griego
toma la larga cella y la columnata perimetral, aunque salvo en el pórtico de
acceso, que son exentas, están adosadas al muro. Es precisamente en este
frontal donde su aspecto más se asemeja al del mundo griego.
En España se conservan restos de numerosos templos, aunque suelen ser
muy parciales.
Destaca el muy bien conservado pero pequeño templo de Vic (Barcelona) y los
restos de los templos de Diana y Marte de Mérida (Badajoz), Córdoba (VER
IMAGEN LATERAL) y Talavera la Vieja (Alcántara).
Entre los monumentos funerarios, destaca la Torre de los Escipiones de
Tarragona, el Dístilo de Zalamea de la Serena (Badajoz), el Mausoleo de Los
Atilios en Sádaba (Zaragoza). Mención especial merece el Mausoleo de la villa
de Centcelles (Tarragona) por ser el monumento paleocristiano más importante
de cuantos se conservan en España.
Construcciones civiles
Las ciudades fueron los grandes centros de la convivencia y en general de la
civilización romana. En España destacaron las ciudades de Tarragona,
Sagunto, Cartagena, Barcelona, Córdoba, Sevilla, Itálica, Mérida, Zaragoza,
Valencia, Toledo, Segóbriga, Lugo, Astorga, León, etc.
Estas ciudades romanas necesitaron amurallarse para defenderse de las
agresiones. Algunas de ellas lo hicieron al comienzo de la romanización,
cuando las guerras con los pueblos celtíberos eran una amenaza real
(Tarragona, Córdoba y Carmona). Las demás lo hicieron sobre todo en el siglo
III, con las primeras invasiones germánicas.
En estas ciudades se construían edificios públicos para diferentes servicios y
actividades (económicas, deportivas y de esparcimiento). Frecuentemente
estos edificios se situaban en el foro, verdadero centro neurálgico de la urbe
romana. Las termas eran grandes complejos arquitectónicos de esparcimiento
y salud pública, donde se establecían baños de diferentes temperaturas (fría,
templada, caliente, sauna) en salas distintas.
La basílica, edificio de tres naves separadas por columnas y con rematado en
ábside, era el lugar dedicado a las transacciones mercantiles y servía también
de juzgado. En la curia se celebraban reuniones políticas.
Algunos de los edificios más emblemáticos del mundo romano fueron los
dedicados a los espectáculos. Solían estar cerca de la ciudad, pero fuera de las
murallas.
El teatro romano, heredero del griego,
dedicado a la representación de obras de
dramaturgos clásicos, tenían forma
semicircular y se dividían en orchestra,
escenario y cavea o graderío. El anfiteatro,
espacio ovalado fruto de la unión de dos
teatros por la escena (de ahí su nombre) se
usaba como lugar para la contemplación de
luchas de animales, gladiadores, ejercicios
circenses, simulación de batallas navales,
etc. Por último, el circo, estaba destinado a
carreras de cuádriga y era un espacio muy
alargado en cuyo centro se colocaba la
espina con grandes estatuas.
De la Hispania romana, quedan
importantes restos arqueológicos de teatros
romanos, como el de Mérida, de gran
belleza e importancia, pero también citamos los de Tarragona, Sagunto,
Pollentia, Clunia, Osma, Toledo, Itálica, Regina, Málaga, Medellín, etc.
En cuanto a anfiteatros, en aceptable estado quedan el de Itálica (el cuarto en
tamaño de todos los romanos), Mérida, Tarragona y Segóbriga.
Circos, se han localizado los de Tarragona, Calahorra, Mérida y Toledo,
aunque dada su enorme extensión -el de Merída llegó a tener 435 metros de
longitud- no han sido demasiado respetados por el tiempo y las obras
acaecidas durante los muchos siglos posteriores. También, su material pétreo
ha sido utilizado como cantera popular para la construcción de otros edificios.
En el terreno de las construcciones conmemorativas, se levantaron grandes
columnas, pero sobresalen, por su belleza, los arcos de triunfo, edificios
levantados con arco sencillo o triple, en los accesos a las ciudades para
celebrar algún éxito militar o realzar la figura de algún político. En España
tenemos el arco de Medinaceli, el de Bará y Cabanes.
RECONSTRUCCIÓN DE TARRACO
ITÁLICA
Obras públicas
Las ciudades romanas, bien creadas sobre asentamientos indígenas o de
nueva creación, exigieron la construcción de grandes obras para salvar ríos,
abastecer de agua potable la urbe o facilitar viajes entre esas ciudades.
Por ello, algunas de las obras de arquitectura romana más interesantes son los
puentes, acueductos y calzadas.
En España, probablemente, los mejores puentes romanos que se conservan
son los de Alcántara y Mérida, de perfil horizontal. Sobre esto diremos que la
mayor parte de los puentes españoles anteriores al siglo XVII tuvieron base
romana, sobre la que se hicieron reformas en época bajomedieval, variando su
perfil convirtiéndolo en lomo de asno.
El puente de Alcántara, sobre el Tajo, es una magnífica obra de pericia
ingenieril. Los sillares se asientan sobre la roca -sin cimentación- a soga y
tizón. La longitud del puente es de 194 metros y la altura de la parte central, de
47 metros.
Todos sus arcos son de medio punto. Fue erigido en el año 106 por el
arquitecto Cayo Julio Lácer.
El larguísimo puente sobre el Río Guadiana de Mérida es obra del siglo I a. C.
Tiene una longitud de 792 ms. y 62 arcos y es una obra de máxima importancia
para la configuración urbana de Mérida. Aunque ha sufrido destrucciones
parciales y restauraciones, todavía conserva tramos de gran autenticidad
romana.
La arquitectura romana tuvo uno de sus más espectaculares exponentes en los
acueductos que transportaban agua a las ciudades desde manantiales o ríos.
Su construcción era muy compleja y en ocasiones se tenían que salvar grandes
desniveles por lo que en esas zonas su estructura era de arquerías
superpuestas.
El mejor acueducto que queda de Hispania y una de las obras de arte e
ingeniería más grandiosas del mundo romano es el acueducto de Segovia,
construido probablemente entre la segunda mitad del s. I y principios del II, en
tiempo de los emperadores Vespasiano y Trajano. Tiene una longitud de 728
metros y 28,29 de altura en su punto más alto. Su construcción es a base de
sillería sin argamasa de granito y consta de 167 arcos.
El Acueducto de Los Milagros de Mérida medía 830 metros, con una altura
de 25 y proporcionaba agua a la ciudad procedente del embalse de Proserpina.
Todavía subsisten algunos pilares y arcos de granito y ladrillo, que al
combinarse proporcionan una agradable y curiosa impresión cromática.
Tampoco les va a la zaga el extraordinario Acueducto de Ferreres que
transportaba agua hasta Tarraco (Tarragona) construido en el siglo II, en la
época de Trajano. Aunque tuvo una enorme longitud en su origen, actualmente,
conserva tan solo 164 metros y tiene una altura máxima de 26.
Una curiosa y transformada obra civil de arquitectura romana en terreno
español es el faro denominado "Torre de Hércules", aunque su aspecto
exterior es neoclásico por la transformación que sufrió en 1791.
LOS ACUEDUCTOS
Un acueducto es una obra de ingeniería que sirve para transportar y conducir
agua, desde un lugar elevado desde donde se recoge hasta su destino,
generalmente una población humana. Los romanos fueron grandes
constructores de acueductos, porque el Imperio se estructuraba con grandes
ciudades que necesitaban agua y además tenían mucha mano de obra
organizada y los conocimientos de arquitectura e ingeniería necesarios.
Recogían el agua en el nacimiento de la conducción y la dejaban reposar en
una especie de estanque. Luego, se conducían en pendiente hacia abajo por
estrechos canales hechos, generalmente, de piedra y cubiertos para que el
agua no se ensuciara. De tarde en tarde había más estanques para que el
agua se decantara, es decir, que se depositaran abajo las impurezas.
Cuando el canal llegaba a un gran desnivel lo cruzaban con un puente de arcos
o, si el desnivel no era muy grande, con túneles que lograban, por sifones, que
el agua se pusiera a nivel a ambos lados de la depresión. Cuando había una
montaña solían atravesarla por el interior. Al llegar el acueducto a la ciudad
recogían el agua en una gran cisterna central y desde ahí se conducía, por
canales o tuberías, a toda la ciudad.
El más famoso de los acueductos españoles se encuentra en la ciudad de
Segovia. No se sabe exactamente la fecha de construcción de esta obra, pero
se data aproximadamente de fines del siglo I o principios del II. Trae el agua
desde el manantial de la Fuenfría hasta la ciudad, con un recorrido de 17
kilómetros. La parte más impresionante del acueducto de Segovia es la doble
arquería situada en la llamada Plaza del Azogueo. Llega a medir 28 metros de
altura y 6 de cimientos en profundidad, y tiene 162 arcos de medio punto
sostenidos Sobre pilares, siendo el material granito sin argamasa.
HISPANOS EN EL EJÉRCITO
La inclusión de auxiliares hispanos como efectivos del ejército romano se llevó
a efecto a partir de la llegada de los Escipiones a Hispania en el contexto de la
II Guerra Púnica. Fue necesaria, por una parte, para incrementar sus efectivos
ante la superioridad de los cartagineses, los cuales contaban con importantes
contingentes de mercenarios reclutados entre las tribus indígenas hispánicas; y
por otra, para adaptar su fuerza de combate, muy diferente a la del enemigo,
recurriendo a las mismas fuentes que él. La diplomacia y la persuasión
romanas consiguieron atraerse a las poblaciones autóctonas descontentas con
el trato púnico, prometiendo una relación “igualitaria” en el reparto del botín
además de premios a sus aliados.
El concurso de tropas indígenas no cesó con la expulsión de los cartagineses
de la Península, sino que sirvieron para reforzar los ejércitos enviados por
Roma para la conquista total de Hispania, para lo cual se aprovechó de la
tradicional y endémica enemistad y aversión entre las distintas tribus hispanas.
Estas tropas auxiliares no se integraban en el cuadro de mando del ejército
romano, eran alertadas ocasionalmente, de forma temporal, para cada
campaña en particular entre las gentes de las regiones cercanas al escenario
bélico. Para ello, para su utilización, existían unos pactos que la regulaban, y
fue aumentando paulatinamente y paralelamente a la sumisión de estas
diferentes tribus a SPQR. Esta participación fue especialmente importante
durante el sitio de Numancia.
En el 91 a. C. se produjo la Guerra Social que enfrentó a Roma con sus aliados
itálicos, tras la cual Roma reconoció la ciudadanía de éstos y en consecuencia
el derecho y el deber regulados de servir como legionarios. A partir de
entonces los auxiliares regulares de los ejércitos romanos fueron
proporcionados por las provincias, entre ellas Hispania, y se destinaban a
cubrir los puestos dejados por los ítalos especialmente en la caballería. El
Bronce de Áscoli es un documento que prueba la existencia de un escuadrón
de caballería hispana originario del Alto Ebro, la Turma Sallvitana, que
combatió en el lado romano en el sitio de Áscoli durante este conflicto bélico, y
por su valor les fue reconocida a sus integrantes la ciudadanía romana. De este
modo los soldados hispanos obtuvieron las primeras promociones jurídicas.
Los soldados hispanos también fueron requeridos por ambos bandos en los
conflictos civiles de la República. Posteriormente la guerra civil entre Pompeyo
y César, que pondría fin a la Republica y que tendría la península Ibérica como
uno de sus más importantes teatros de operaciones, aumentaría la presencia
de hispanos en los ejércitos contendientes. Por primera vez se tienen noticias,
no sólo de legionarios, también de legiones completas formadas por indígenas
hispanos como la Legio Vernácula que procedía de las regiones más
romanizadas, las cuales ya se identificaban con las luchas políticas en el seno
de SPQR.
Augusto, al crear de forma permanente un ejército de ocupación en Hispania,
con motivo de las guerras cántabro-astures, y al realizar su reorganización
militar, estableció definitivamente el ejército profesional voluntario y
remunerado. Distinguió entre los hispanos a los más romanizados provistos de
ciudadanía que pasaron a engrosar las filas de las legiones (las mejor
pagadas), y de entre los recién sometidos se sacaron los contingentes de los
distintos cuerpos auxiliares (caballería e infantería), pero ahora el reclutamiento
ya no era transitorio, y de tener su propio armamento y táctica pasan a ser
profesionales recibiendo una organización homogénea.
Las tierras pobladas del norte peninsular, las más belicosas y menos
desarrolladas económicamente, será un buen centro de reclutamiento, sus
jóvenes encontraron en la milicia un modo de vida nada despreciable pues a su
licenciatura (tras veinticinco años de servicio) se encontraban beneficiados con
la ciudadanía, con el ahorro de su soldada y con sus premios ya fueran en
metálico o en especie, en reducción del servicio o en tierras de cultivo.
Los hispanos se agrupaban en unidades de caballería, alae, normalmente
integradas por quinientos soldados de a caballo y cohortes de infantes o
complementadas con otro escuadrón de caballería tan numeroso o más.
Alrededor de siete mil hispanos norteños fueron reclutados anualmente en
estas unidades en las que se alistaban generalmente agrupados por regiones o
etnias que darían su nombre a dichas unidades, en las que algunos de ellos
hicieron carrera. Se calcula por testimonios epigráficos que pudieron llegar a
cien el número de estas unidades; posiblemente unas veinticinco en tiempos de
Augusto y el resto a lo largo del siglo I con Vespasiano y sus hijos. También
Adriano y Trajano contaron con legiones de su mismo origen geográfico.
La Bética y el levante peninsular no proporcionaron contingentes de unidades
auxiliares al estar muy romanizadas, por tanto más desarrolladas
económicamente y en consecuencia la milicia no era la mejor salida para los
jóvenes, en todo caso preferían integrarse en las legiones en busca de una
carrera militar o política.
Sería a raíz de la revuelta que produjo la caída de Nerón cuando el ejército
demostró su poder a la hora de elegir emperadores, y las legiones hispanas
fueron decisivas en la lucha por el poder apoyando como candidatos a Sulpicio
Galba, gobernador de la Tarraconense, y a Otón de la Lusitania, que serían
emperadores de forma consecutiva a la muerte de Nerón. Poco más tarde, las
gestiones de Antonio Prinio lograrían el apoyo de las tres legiones hispanas, VI
Victrix, X Gémina y I Adiutrix, para Vespasiano frente al autoproclamado y
efímero emperador Vitelio. En agradecimiento, a la pronta adhesión de los
hombres y las tierras hispanas a su causa, Vespasiano otorgó el edicto de
ciudadanía a Hispania, que por otra parte le permitía retirar las legiones de un
suelo hispano pacificado (la I Adiutrix salió para Germania, la VI Victrix se
dirigió a Novaesium en la Galia belga, y la X Gémina partió para Arenacum en
el año 70 para vigilar a germanos y galos), además le permitió también
incrementar el reclutamiento militar en Hispania y así evitarlo, en lo posible, en
Italia la cual había demostrado excesiva capacidad de intriga y peso en las
decisiones de las legiones pretorianas a la hora de las sucesiones al trono
imperial. Se ha constatado, también por la epigrafía, la creación de unidades
auxiliares hispanas en tiempo de los Flavios para defender la romanidad de las
fronteras con los pueblos bárbaros de Europa y de África.
Trajano llevaría a cabo una política exterior agresiva de carácter imperialista
sobre la cuenca baja del Danubio y en las fronteras orientales que exigió un
extraordinario esfuerzo militar, que en buena parte recayó sobre las provincias
hispanas y que tuvo como consecuencia una importante despoblación en
Hispania durante el siglo II. Los hispanos, entonces con un alto nivel
económico, se quejaron y se resistieron a los excesivos reclutamientos. La
razón de estas quejas estriba en que normalmente el alto mando militar
solicitaba de las autoridades hispanas un número global de reclutas, pero a la
hora de la verdad este cupo de tropas debía cubrirse con alistamientos no
siempre voluntarios y libres. La resistencia al reclutamiento fue lo que
posiblemente llevó, más tarde, a Adriano a completar los efectivos legionarios y
auxiliares con hombres procedentes de la misma región de acuartelamiento de
las tropas y lo que convirtió a las fuerzas armadas de Imperio en un conjunto
de ejércitos regionales.
SENECA
ESCIPIÓN AFRICANO
ANÍBAL
NASICA NUMANTINO
VIRIATO
CATÓN
JULIO CÉSAR
POMPEYO MAGNO
TRAJANO
ADRIANO
EL ORIGEN DEL ESPAÑOL
Pueblos preceltas, íberos y tartesos
Los orígenes de nuestra lengua se remontan muchos siglos antes de nuestra
era. Se supone que los primeros habitantes de lo que hoy es la península
ibérica (España y Portugal), se establecieron a los lados de los Pirineos
(cadena montañosa entre Francia y España). Estos grupos humanos hablaron
una lengua que sobrevive en el idioma vasco.
En otra región geográfica -Costa de Levante- se establecieron los Iberos, de
cuyo nombre tomó el propio la península. Su cultura probablemente provenía
de las costas africanas.
Tartesios La civilización Tartesia - influida por comunidades étnicas venidas de
Orientes - se estableció en lo que actualmente es la región sur de Portugal y la
parte baja de Andalucía. Se sabe que tal cultura predominó durante muchos
siglos.
Fenicios y griegos
Los fenicios, venidos de Cartago, fundaron en el año 1110 A.C. la hoy ciudad
de Cádiz, al sur de la península, a la que llamaron Gadir, posteriormente los
romanos la llamaron Gades y los árabes, Qádis. La palabra gadir es de origen
púnico y quiere decir recinto amurallado. Otra ciudad importante nacida a
merced de los fenicios fue Málaga (Málaka: factoría, fábrica).
Los griegos, desterrados del sur por los fenicios, se establecieron en la región
de Levante. Ahí fundaron ciudades importantes como Lucentum, hoy Alicante,
y Emporion, Ampurias. Estas dos influencias: la fenicia y la griega, propiciaron
el desarrollo del arte ibérico, tanto en numismática como en escultura. La
famosa Dama de Elche ha quedado como muestra del aculturamiento griego
por parte de los iberos.
Celtas
Los celtas invadieron Hispania en el siglo VII A.C. procedentes del sur de
Alemania. Se establecieron en Galicia, sur de Portugal y en la región llamada
Sierra Morena. Más tarde se mezclaron con los iberos en el centro y Bajo
Aragón, y formaron una región llamada Celtiberia.
Los toponímicos de origen céltico son muchos. Casi todos ellos tienen nombres
guerreros. Entran como elementos informativos de las palabras, las voces:
"briga", que significa fortaleza, y "sego" o "segi" que indican victoria, por
ejemplo: "Conimbriga": Coimbra, "Lacobriga": Carrión, "Seguvia": Segovia.
La palabra "dunum", es sinónimo de "briga"; aquel elemento también entró en
la formación de toponimias. Dichos lugares se encuentran localizados tanto en
la región central como en la oriental de los Pirineos, por ejemplo: "Navardúm":
Zaragoza, "Salardú": Lérida.
Carencia de unidad lingüística prerromana.
No se puede hablar de una unidad lingüística en la península ibérica antes de
la llegada de los romanos. Los alfabetos ibéricos y taresio sirvieron cada uno
para diversas lenguas.
Los grupos colonizadores conservaron y extendieron cada uno su propia
lengua: griegos, fenicios, cartagineses, celtas, etc. Además de los idiomas
mencionados hay que agregar el vascuence.
La lengua vascuence
El vascuence, lengua que hasta la fecha se ha conservado, y que no tiene
relación lingüística con los demás que se hablaron y hablan en España, es un
idioma cuyo origen es muy discutido todavía.
Son de origen vasco numerosos toponímicos localizados principalmente a lo
largo de los Pirineos. Para la composición de muchas palabras entraron en
función los sufijos éuscaros (vascos): "berri": nuevo, "gorri": rojo,
"erri":quemado. Nombres de origen vasco son: Urquiza, Ezquerra, Iruecha,
Garray, etc.
El vascuence es la única lengua prerromana que tiene vigencia en la
actualidad. Se habla en las provincias españolas de Vizcaya y Guipúzcoa.
Los romanos
Los romanos emprenden la conquista de Hispania en el año 206 A.C. Antes, en
el 218 A.C., los Escipiones habían desembarcado en Ampurias. La pacificación
fue completa hasta el año 19 A.C., cuando Augusto sometió definitivamente a
los cántabros y astures.
Así, Roma, al conquistar nuevas tierras, acababa con las pugnas entre tribus,
pueblos y ciudades, imponiendo su cultura, que traía el concepto de la ley y la
ciudadanía. Los romanos eran maestros en administración y derecho.
Debemos recordar que el Derecho Romano sentó las bases de las
legislaciones occidentales. Tampoco debemos olvidar que construyeron
admirablemente calzadas, puertos, puentes y acueductos que aún están en
pie.
De hecho, los romanos transformaron completamente el modo de vida de los
habitantes de Hispania, llevando a dicho pueblo no sólo las formas de vida
latinas, sino la cultura griega, que ellos habían adquirido cuando conquistaron
la región helénica.
Muy pronto empezaron a levantar ciudades latinas en la península ibérica; en
206 A.C. fundaron Itálica. Se extendieron rápidamente por diversas regiones
del país colonizado. Ya en el año 90 A.C., nativos de Salduia (Zaragoza)
luchaban como hermanos al lado de los romanos en la guerra social de Italia.
El Latín
El latín lengua oficial de los romanos, se impuso rápidamente como
instrumento de comunicación en todo el Imperio Romano. Los toponímicos
indican que también hubo mezcla de elementos romanos con celtas y vascos.
Por ejemplo "Gracchurris" (Alfaro) se formó del nombre de sus fundador Tiberio
Sempronio Graco y de la palabra vasca "urris".
Elementos romanos y celtas se combinaron para formar: Caesarbriga
(Talavera) y Juliobriga (cerca de Reinosa) y Augustobriga (Ciudad Rodrigo).
El latín, idioma claro y preciso, enérgico, práctico y ordenador, adquirió gracia
cuando tuvo contacto con la lengua griega, Hispania fue testigo del
florecimiento de la literatura latina que imitó, haciéndolos suyos, los modelos de
los grandes maestros griegos. De esta manera, muchas palabras de origen
griego han pasado a nuestro idioma en este periodo por medio de la imposición
del latín. Por ejemplo: "philosophia" : filosofía, "poesis" : poesía, "mathematica"
: matemática…
Lenguas indoeuropeas
El latín pertenece a las llamadas lenguas itálicas que se hablaron antes de
Cristo en la península del mismo nombre.
A su vez, dichas lenguas itálicas pertenecían al indoeuropeo, originario de casi
todas las lenguas que se hablan en Europa.
Además de latín son indoeuropeas: las lenguas célticas (que se hablaron en
Hispania y hoy en Bretaña) y en la Gran Bretaña (irlandés, galés, escocés); las
lenguas germánicas (el desaparecido gótico, los modernos alemán, inglés,
holandés); las lenguas eslavas (ruso, polaco, checo, búlgaro y serbocroata), la
lenguas escandinavas y también el griego y el albanés.
Las lenguas que se hablan y hablaron en Europa que no pertenecen a la
familia indoeuropea, son: el etrusco (desaparecido), el finlandés, el lapón, el
estoniano, el húngaro y el vascuence, fuera de Europa, pertenecen al tronco
indoeuropeo el grupo de lenguas indias y el persa.
Forma de la lengua latina
Existieron dos clases de latín: el culto y el vulgar.
El primero era usado por los escritores y gente preparada; el vulgar era
hablado por el pueblo de Roma.
Este fue el que se impuso en todas las colonias. Dicho latín presentaba
diversas modalidades según la época de conquista del territorio, la procedencia
de distintas regiones de la península itálica, la cercanía o lejanía de
comunicación con la metrópoli, etc. De este modo, en cada territorio
conquistado, la lengua impuesta adquirió diversos matices de expresión.
Con el devenir del tiempo, la evolución del latín vulgar, al lado de la
conformación de las naciones, vino a dar lo que hoy llamamos lenguas
romances, románicas o neolatinas: español, francés, italiano, provenzal,
catalán, gallego-portugués, retrorrománico, rumano y sardo. En la actualidad el
latín convertido en lenguas romances, sobrevive con diversas modalidades en
España, Francia, Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, Rumania, Hispanoamérica, sur
de Estado Unidos, Filipinas y en otros muchos lugares del orbe, a donde fue
llevado por los conquistadores españoles, portugueses y franceses, así como
por los judíos sefardíes que fueron arrojados de España.
Fin de la dominación romana
La dominación romana terminó en el siglo V d.C., cuando desmembró el
imperio. En nuestros días lo que se conserva de las lenguas prerromanas son
unos cuantos sufijos: -arro, -orro, -urro: nuharro, machorro, baturro, -asco:
peñasco. Se presume que los sufijos -az, -ez, -oz, que abundan en la toponimia
peninsular española, también pertenecen al período estudiado. En el mismo
caso está la "-z" terminal de los apellidos.
El origen, en otras palabras
Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar, propagado en
España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas" y al
vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos autónomos
conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el latín asimiló, como:
cervesia > cerveza, braca > braga, camisia > camisa, lancea > lanza.
Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y
emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie de
cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del sistema
consonántico. Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego,
puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización
griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó
en el latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes momentos
históricos.
Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar
(verbos antiguos origen del moderno golpear), púrpura (que en castellano
antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los
topónimos Denia, Calpe. A partir del Renacimiento siempre que se ha
necesitado producir términos nuevos en español se ha empleado el inventario
de las raíces griegas para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de
reciente creación, o helicóptero.
Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a través
del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy romanizados entre los
siglos III y V.
Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa
(compárese con la raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo, que
significaba 'castillo' y después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en
los topónimos europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica
Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o
burgués y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente. Hay
además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de origen
germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso.
Poseían una declinación especial para los nombres de varón en -a, -anis, o -an,
de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán.
Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales
ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por dos
motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca,
entre Cantabria y el norte de León; junto a eso, las tierras que los castellanos
iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente,
llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en
la corte castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos
fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano.
La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro,
guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a
todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos
definidores del sistema fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar
vibrante múltiple de la (r).
La otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar
una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo
sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h
en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina > harina en
castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha
en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, y el
español es una de ellas, pues en la península se asienta durante ocho siglos la
dominación de este pueblo. Durante tan larga estancia hubo muchos
momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy
pronto que los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista
militar, sino también en cultura y refinamiento. De su organización social y
política se aceptaron la función y la denominación de atalayas, alcaldes, robdas
o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes.
No podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la cultura de la
península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.
EL EJÉRCITO ROMANO:
LOS CAMPAMENTOS ROMANOS
Para la construcción de estos campamentos se aplicaba la ciencia augural y
había muchas cosas comunes en todos: la elección del emplazamiento, la
distribución y organización, la forma de las defensas…
Servirá de lugar para instrucción de las tropas legion, repartir los trabajos de
atrincheramiento y dar las mejores condiciones posibles para el descanso de
los legionarios en la guerra o lugar de permanencia cuando los planes
cambiaban o se posponían.
Estaban también trazados que el legionario que tenía el recuerdo vivo de su
patria en la ciudad que vivían y conocía dentro del campamento todas sus
disposiciones y sus calles y como en su ciudad natal sabía en todo momento
en que vía estaba o en que tienda estaba para descansar y a que punto debía
acudir en caso de ataque, porque puerta marcharia al enemigo y no eran
posible ni errores ni desorden ni en un ataque.
Esta disposición regular del campamento romano fue respetada durante siglos
de forma escrupulosa y casi religiosa.
A los diversos jefes de las legiones romanas (Praetorium, Quaestorium,
Tribunos,… siempre se les dió el mismo emplazamiento con sus tiendas y se
ejecutaban los mismas atrincheramientos y se conservaban las mismas
denominaciones aunque la razón de ellas no existieran.
– Básicamente seguían un esquema rectangular, rodeados por un foso (<<fossa>>); con la
tierra extraida se levantaba un terraplén (<<agger>>), encima del cual se construía un muro
(<<vallum>>) de madera si el campamento era provisional o de piedra y madera si era de
larga duración.
Cada campamento se dividía mediante dos calles principales: la <<via principalis>> o
CARDO de norte a sur, y la <<via decumana>> de oeste a este.
Además habían cuatro puertas: <<decumana>>, <<praetoria>>, <<principalis dextra>>, y
<<principalis sinistra>>. Los campamentos podían ser de dos tipos: los utilizados para pasar
el invierno (<<castra hiberna>>) y los de carácter permanente (<<castra stativa>>); de estos
últimos acabaron evolucionando nucleos urbanos, debido a que en muchos casos se iban
instalando familiares de los legionarios y comerciantes, como ha ocurrido en el caso de la
ciudad de León.-
Después de buscar una llanura cerca del agua, un Centurión experto en
topografía(gromaticus) trazaba el rectángulo del campamento, con la ayuda de
la Groma, instrumento topográfico utilizado para observar y establecer líneas
directas y ángulos rectos.
Una vez marcado el rectángulo parte del ejército se situaba en posición de
batalla frente a la zona por donde podría aparecer el posible enemigo, mientras
la otra parte cavaba un foso (Fosa) de cuatro metros de ancho por tres de
profundidad, utilizando la tierra extraída para realizar el terraplén (Agger) de
protección donde se clavaban estacas, atadas entre sí para formar la
empalizada.
Al mismo tiempo que se levantaban las defensas, las diferentes unidades iban
entrando en el campamento para ir montando las tiendas, que ocupaban
siempre el mismo lugar.
Dependiendo de la vulnerabilidad de la zona se construían varios tipos de
campamentos.
Si se estaba en una zona segura, se construía un campamento con un
pequeño foso y terraplén. Si en cambio el campamento se construía cerca del
enemigo el foso y el terraplén se agrandaban. En caso de un campamento de
asedio prolongado se construían con murallas dobles rellenas de cascotes.
Campamentos permanentes:
Los campamentos permanentes hechos en piedra eran utilizados como
campamentos de invierno. En época de paz se convertían en pequeñas
ciudades con una extensión de unas veinte hectáreas para albergar una legión.
El diseño de los Campamentos era extremadamente simple, un muro
perimetral, rectangular casi cuadrado, con las esquinas redondeadas para
poder defenderse mejor que envolvía el recinto y que contaba con torres de
vigilancia y con puertas en el centro de cada uno de los lados. Estas muro
perimetral consistía en dos murallas paralelas de sillería rellenando el espacio
medio entre estas con piedras, mortero y hormigón romano. Las murallas
tenían una altura y tamaño variable dependiendo de la situación militar del
campamento.
EL EJÉRCITO ROMANO:
SU ORGANIZACIÓN E HISTORIA
INTRODUCCIÓN.
El ejército es el instrumento del que Roma se valió para conquistar
primero y mantener después un imperio que abarcaba toda la cuenca del
Mediterráneo. No siempre estuvo al mismo nivel ni dominó en todo momento la
técnica guerrera, prueba de ello es las diferentes derrotas que sufrió a lo largo
de su historia. Sin embargo, tuvo la gran virtud de no considerar nunca la
derrota en una batalla como la derrota total de la guerra y, además, supo
aprovechar la experiencia para mejorar las técnicas y conseguir ser el
poderoso ejército que mantendría unido durante varios siglos el Imperio.
De todo esto se desprende que es difícil hablar de manera uniforme del
ejército romano. Se podría hablar de tres ejércitos: el de la Monarquía, el de la
República y el del Imperio.
ORIGEN.
En los primeros tiempos de Roma el ejército en su conjunto recibe el
nombre de legio, del verbo legere (recoger > tropas reclutadas). En el primitivo
ejército hay un cuerpo de caballería, pero el peso principal recae sobre la
infantería.
EL EJÉRCITO DURANTE LA MONARQUÍA.
Primera época.
El reclutamiento de los soldados se hacía teniendo en cuenta la división
del pueblo romano en 30 curias y 3 tribus. Cada curia aportaba 100 soldados
de infantería (centuria) y 10 soldados de caballería (decuria). El ejército
estuvo compuesto, pues, de 3000 infantes (pedites) y 300 jinetes (equites). El
armamento lo aportaba el soldado, no la ciudad, de ahí que los infantes se
diferenciaran según su fortuna: los mejor equipados serían los ricos. Cada año
se procedía al licenciamiento y a la movilización ya que el ejército no fue
permanente, pues las guerras comenzaban en primavera y acababan
normalmente en otoño; terminada la campaña volvían a sus actividades
cotidianas.
·
Reforma de Servio Tulio.
Servio Tulio reorganizó el ejército tomando como base el patrimonio
económico de cada ciudadano, según una división de los ciudadanos en 5
clases. Su reforma consistió en dar entrada en el ejército a todos los
propietarios, ya fuesen patricios o plebeyos; solamente quedaban excluidos los
que no podían costearse el equipo militar. Para facilitar el reclutamiento dividió
la ciudad en cuatro tribus y los hombres en dos categorías: iuniores (de 15 a 45
años) empleados en el servicio activo y seniores (de 45 a 60 años) quienes
formaban el ejército de reserva.
La legión fue la unidad táctica militar y dentro de ella se distinguían: la
infantería pesada, la infantería ligera y la caballería. La legión se dividía en
centurias. Estuvo compuesta de 4200 soldados de infantería (al añadir a los
3000 de la época anterior 1200 soldados armados con palos y hondas, los
velites) y 300 de caballería. Servio Tulio agregó además 2 centurias de
obreros (fabri) con la misión de transportar las máquinas de guerra y 3
centurias
de
corneteros
y
trompeteros
(cornicines,
tubicines).
EL EJÉRCITO DURANTE LA REPÚBLICA.
·
Introducción del manípulo.
La legión continuó estando formada por 4200 soldados de infantería,
distribuidos en 60 centurias (de 60 o 30 hombres cada una, a los que se
añadían los velites) que agrupadas de dos en dos formaban el manípulo, que
pasó a ser la unidad táctica (hacia el siglo IV a.C.).
Los manípulos se colocaban en tres líneas. En la primera estaban los
más jóvenes, los hastati; la segunda estaba compuesta por principes,
soldados de más experiencia; en la tercera estaban los triarii, soldados de más
edad.
1ª LÍNEA
HASTATI
2ª LÍNEA
PRINCIPES
3ª LÍNEA
TRIARII
VELITES
10 manípulos x
120
10 manípulos x
120
10 manípulos x
60
20 soldados x
centuria
1200 soldados
1200 soldados
600 soldados
1200 soldados
Las dos primeras líneas iban armadas con el pilum o lanza arrojadiza;
los triarii con el hasta, lanza grande no arrojadiza. Asimismo las tres líneas
iban armadas con el gladius, espada corta con doble filo y punta, y como
armas defensivas llevaban el escudo y el casco. Los velites iban armados con
palos y hondas.
Además formaban parte de cada legión las siguientes tropas:
a)
Un cuerpo de caballería legionaria, dividido en 10 escuadrones
(turmae) de 3 decurias cada uno, totalizando 300 jinetes o equites.
b)
Los socii, tropas proporcionadas por los pueblos itálicos aliados o
sometidos. Su infantería en número igual al de la infantería legionaria
no forma parte de la legión y se encuadra en alae y se agrupa en
cohortes.
c)
Los auxilia, son tropas no itálicas que apoyan a la legión y suplen
el defecto de ésta en armas especiales, de las más conocidas son la
caballería númida, los honderos baleares y los arqueros cretenses.
Mantienen la estructura propia del país de origen y se agrupan en
cohortes. Son, en su mayoría, tropas de carácter mercenario, bien por
alistamiento individual o por medio de un príncipe o jefe de los lugares
de origen.
·
La reforma de Mario.
Mario, general romano (133 a.C.) , introdujo las siguientes reformas en el
ejército:
a)
Sustitución del manípulo, como unidad táctica fundamental, por la
cohorte (cohors), formada por tres manípulos: uno de hastati, otro de
principes y un tercero de triarii, dispuestos uno al lado del otro.
La triple línea (triplex acies), compuesta antes por manípulos, desde
Mario estuvo constituida por cohortes, formando un frente de 3 líneas:
4 cohortes en la primera, 3 en la segunda y 3 en la tercera. Para
entrar en combate, las cohortes se colocaban separadas entre sí, de
manera que, si las cohortes de la primera fila flaqueaban, podían
retirarse a retaguardia por los huecos que dejaban los de la segunda
y tercera línea.
b)
Modificación del sistema de reclutamiento: sustituyó el antiguo
alistamiento de ciudadanos por el reclutamiento voluntario. De esta
manera pudo reclutar a toda clase de personas, incluidos los
proletarios (los más pobres), y formó un ejército profesional y
mercenario (cobraban un sueldo) frente a los soldados-ciudadanos de
antes.
c)
Desaparición de los socii como fuerzas distintas para
integrarse en las legiones.
pasar a
d) Desaparición de los velites y de la caballería legionaria, que son
sustituidos por auxilia.
e) Adopción de enseñas y numeración para las legiones, que les dan
una identidad y una continuidad. Instituyó la insignia legionaria: un
águila de plata.
f) Reforma en el armamento y equipo del soldado. Generalizó el pilum,
scutum y galea.
Como consecuencia de la reforma de Mario el ejército llegará a
convertirse en una gran fuerza a disposición de generales ambiciosos.
La estructura de la legión quedó constituida así:
CENTURIA
MANIPULO
COHORTE
LEGIÓN
100 soldados
200 soldados
600 soldados
6000 soldados
2 centurias
3 manípulos
10 cohortes
·
Las guerras civiles.
En este período aparte de las legiones propiamente dichas y de la
caballería y los auxilia se conocen otras fuerzas especiales:
a) Los antesignani: iban delante de las enseñas. Era un cuerpo especial de
infantería ligera, aunque con un armamento más completo que el de los
velites.
b) Las cohortes praetoriae: eran fuerzas especiales al mando directo de
algunos jefes.
c) Los speculatores: eran exploradores encuadrados en cohortes, de forma
parecida a los auxilia.
EL EJÉRCITO DURANTE EL IMPERIO.
·
Alto Imperio.
Bajo el Principado el ejército queda dividido en dos:
1.
2.
El séquito del emperador: tiene sus cuarteles en Roma y además
de proteger al emperador protege a la ciudad. Estaba formado por:
¨
Las cohortes pretorianas: eran una especie de guardia personal
y constituían la principal defensa de la ciudad. Augusto creó 9.
Tenían 1000 hombres y estaban divididas en 3 manípulos y éstos a
su vez en 2 centurias. Tenían un acompañamiento permanente de
caballería, que se agrupaba en turmas.
¨
Las cohortes urbanas: encargadas de los servicios públicos. No
salen nunca a campaña. Al principio eran tres.
¨
Las cohortes de vigiles: eran las de menos prestigio, se
ocupaban de la vigilancia nocturna y de la extinción de incendios.
Estaban integradas por esclavos libertados, que después de unos
años de servicio adquirían la ciudadanía. Eran 7 cohortes.
El de campaña: dividido en legiones y auxilia.
La legión estaría formada por diez cohortes, de las cuales la
primera tendría 1.105 infantes y 132 jinetes. Las restantes cohortes,
divididas en 5 centurias cada una, tendrían 555 infantes más 66
jinetes. Acompañaba a esta legión la artillería, formada por un
carroballista por centuria, del que se hacía cargo un contubernium,
que era una escuadra de 10 hombres; además cada cohorte llevaba
un onager.
A partir de Augusto las legiones llevan, además de la numeración, un
nombre que hace alusión a diversas circunstancias, como el
emperador que la creó (Augusta), el ser doble o resultado de la fusión
de dos (Legio VII Gemina), etc.
Los auxilia continúan divididos en cohortes, de las que unas son
miliariae y otras quingenariae. También hay unidades mixtas de
caballería e infantería, las equitatae. Y, finalmente, están las
llamadas cohortes voluntariorum, integradas por esclavos cedidos
al emperador y luego liberados o bien por ciudadanos.
En el Imperio se crean, además, los numeri, que son tropas
auxiliares procedentes de los lugares menos romanizados.
·
Bajo Imperio.
Constantino introduce profundas reformas, divide el ejército en:
1.
Ejército de cobertura: sigue la organización de la época anterior,
pero se hace estático.
2.
Ejército de campaña: queda vinculado al emperador y a los jefes
militares; está formado por los palatini, especie de guardia personal
del emperador, aunque su escolta propiamente dicha son los
domestici y scholae.
Las legiones se convierten en batallones de infantería, con un
efectivo de unos 1000 hombres. La caballería adquiere mayor
importancia y se independiza de la legión. Las diferencias entre legiones
y auxilia se suprimen, como resultado de la extensión de la ciudadanía y
de la barbarización del ejército.
EL COMBATE.
El éxito en las guerras de la antigüedad dependía, fundamentalmente, del
orden presentado en el campo de batalla. Roma conoció varias disposiciones,
que empleó en distintos momentos, según con el enemigo al que se enfrentaba
y los territorios en los que debía librarse el combate.
Formación en falange.
Se cree que la formación esencial antes de la formación por manípulos fue la
formación en falange: era de orden cerrado, con frente muy amplio y poco
fondo. La falange estaba dividida en seis filas con un frente de 500 pedites; al
final o a los lados de la formación en falange se colocaban los 1200 velites. La
caballería -equitatus- también prestaba su apoyo; al salir a campaña cada
legión disponía de 300 equites.
Los defectos que presentaba esta formación eran la facilidad de desorden y la
poca capacidad de maniobra en terrenos accidentados.
Formación en manípulos.
Cada una de las legiones en orden de batalla -acies- se presentaba en tres
líneas, articuladas en manípulos. Los hastati se colocaban en primera línea.
Cada manípulo formaba un rectángulo de 120 soldados (con un frente de 20 y
un fondo de 6) y se escalonaba de tal modo que, entre dos manípulos
consecutivos, se dejaba un intervalo que estaba cubierto en segunda línea por
un manípulo de principes. Los manípulos de triarii (frente de 20 soldados y
fondo de tres) formaban la tercera línea y cubrían los intervalos que dejaban los
manípulos de los principes. Resultaba así una formación en tresbolillo o
quincunce.
Esta táctica tenía grandes ventajas: los hastati avanzaban los primeros
lanzaban sus dardos -pila- sobre el enemigo y empezaban a luchar cuerpo a
cuerpo. si tenían que ceder ante el enemigo, se retiraban detrás de los
principes, y si el enemigo derrotaba también a los principes, intervenían
entonces los triarii. De este hecho deriva la expresión “res ad triarios venit”,
usada para denotar que la situación había llegado a ser crítica.
La disposición del ejército en el combate también se hizo más racional: los
velites protegían desde el comienzo del combate las alas -cornua- y se
adelantaban para soliviantar e inquietar al enemigo; los aliados -socii- se
colocaban a ambos lados de las legiones y la caballería -equitatus- actuaba en
las dos alas -cornua-.
La táctica manipular estuvo en vigor hasta Mario; todavía Metelo, su antecesor
inmediato, venció con ella en la batalla de Mutul (año 108) durante la guerra
con Yugurta.
La principal ventaja de esta formación es su adaptabilidad al terreno y la
capacidad de maniobra, gracias a estar formada por unidades pequeñas. Su
principal defecto es la excesiva división de la legión ante enemigos como los
teutones y los cimbros.
Formación triple en línea de combate.
La triple línea de combate -triplex acies-, compuesta antes por manípulos,
desde Mario estuvo formada por cohortes formando un frente de tres líneas:
cuatro cohortes en la primera, tres en la segunda y las tres restantes en la
tercera. Las tropas auxiliares y la caballería se colocaban en las alas.
Para entrar en combate, las cohortes se colocaban separadas entre sí, de
manera que, si las cohortes de la primera línea flaqueaban, podían retirarse a
retaguardia por los huecos que dejaban los de la segunda y tercera línea.
Unidas las cuatro legiones de que se componía normalmente el ejército, la
acies prima quedaba compuesta de dieciséis cohortes, la acies secunda de
doce y de otras doce la acies tertia
Formación en cuña.
La táctica del ejército apenas varió durante toda la época imperial. Sin
embargo, con Diocleciano y Constantino, se adoptó la cuña trapezoidal.
EL EJÉRCITO EN MARCHA.
Generalmente el ejército, cuando efectuaba un movimiento lejos del enemigo,
marchaba en columna -agmen-.
El agmen pilatum.
En esta formación el ejército está dispuesto en columna. Marchan en primer
lugar los extraordinarii. Siguen a éstos el ala derecha de los socii y la
impedimenta de éstos, detrás. Luego, las dos legiones, cada una de las cuales
lleva detrás su impedimenta. a continuación, el ala izquierda de los socii, con
su impedimenta. Detrás las acémilas con el equipaje del ejército, protegidas por
una parte de la caballería, pues el resto marcha con las unidades de infantería,
a las que está unida. Las legiones y las alas de socii alternaban por días el
orden de marcha con el fin de lograr equilibrio en la llegada a los lugares de
abastecimiento del ejército.
El agmen quadratum.
Esta formación se utilizaba cuando había peligro de un ataque enemigo, ya
que, por su longitud, el agmen pilatum era muy vulnerable. Sin embargo no
está muy claro la disposición exacta de las unidades en este orden de marcha.
Parece ser que los manípulos iban unos junto a otros, de manera que, si eran
atacados por un flanco, fácilmente pudieran presentar un frente de batalla.
El agmen munitum.
Se caracteriza porque la impedimenta iría flanqueada por las legiones, y la
vanguardia y retaguardia estarían protegidas por los socii y auxilia y la
caballería.
El agmen expeditum.
No se refiere a una disposición especial, sino a que los soldados iban
preparados para luchar sobre la marcha y por tanto no llevaban equipaje, sino
sólo las armas.
El orbis.
A veces, cuando se esperaban ataques por múltiples frentes, se formaba el
orbis, una formación redonda con más o menos regularidad, dejando en el
interior las acémilas y bagajes.
LA MARCHA DEL LEGIONARIO
Se calcula que el legionario romano realizaba cada día una marcha de 20 a 25
kms. -iustum iter-, aunque en caso de premura, se iba a marchas forzadas magnis itineribus-, que podían llegar a los 50 kms. El soldado romano, aunque
a veces llevaba sólo las armas, por lo general llevaba con él sus efectos
personales. En total, y sin contar las armas, parece que el bagaje pasaba de
los 30 kilos. Normalmente las marchas no duraban muchos días, pero en caso
de que duraran varios días, cada cuatro o cinco había un descanso.
Dentro de las marchas, conviene destacar el paso de los ríos, por las
dificultades que presenta. Generalmente se hacía por vados. Cuando la
corriente era muy fuerte, se situaban un poco más arriba del paso acémilas o
jinetes para frenar un poco la fuerza. Igualmente, otro grupo más abajo para
recoger a los que cayeran.
Si esto no era posible, el paso se hacía por medio de puentes, generalmente
flotantes, de los que el más simple era el de barcas unidas por los lados. pero
presentaba dificultades para pasar las cargas y los animales, por lo que se
hacía un puente uniendo balsas, que tenían la desventaja de ser superficies
planas.
Generalmente estos puentes se colocaban en diagonal, para romper la fuerza
de la corriente. se sabe que, en ocasiones, se construyeron puentes fijos; pero
esto tenía el inconveniente de las dificultades técnicas y el coste de tiempo
POLIORCÉTICA.
Bajo este nombre se engloban todas las operaciones relacionadas con el
ataque y defensa de las plazas fuertes. En orden a la poliorcética, a la artillería
y a la guerra de posición, los romanos son tributarios y discípulos de los
griegos.
El asedio o acción llevada a cabo para apoderarse de cualquier recinto
fortificado -ciudad, campamento, etc.- pudo adoptar dos formas
Bloqueo: obsessio, obsidio.
El bloqueo no excluye, naturalmente, el uso de las armas, pero en él
predomina la técnica del cerco y las medidas de incomunicación. Entre los
romanos este procedimiento se empleó con frecuencia y con éxito. Se hacía
para impedir el abastecimiento de agua y alimentos a la ciudad y, así,
conseguir su rendición. Los más conocidos son los de Alesia y Numancia.
El bloqueo cuenta , como factor esencial, con el tiempo. Por ello no se aplica
sino cuando la expugnación no es urgente o cuando el asalto no es posible.
Tampoco es posible en todos los terrenos: a veces es imposible el cerco
completo, por tener la plaza salidas naturales que no se pueden cerrar.
Su medio principal es la circunvalación, sencilla o doble, con obras de
fortificación (fosos, parapetos o empalizadas, reductos o castella, unidos entre
sí por brachia o munitiones). El ejército sitiador se establece en campamentos
que procuran dominar los accesos principales. En los castella se sitúan
destacamentos. A veces se dispone una circunvalación dirigida hacia el exterior
(contravallatio), para hacer frente a la eventual llegada de un ejército de
socorro.
El ataque o asalto.
Existen dos tipos : el ataque rápido y el ataque prolongado.
El asalto sin preparación o previo asedio (oppugnatio repentina) es una
operación excepcional.
El método de acción más usado contra una plaza fuerte es el asedio
(oppugnatio longinqua), que se da ampliamente en todas las épocas.
MATERIAL DE ASEDIO
El material de asedio del que dispusieron los soldados romanos fue bastante
variado. Abatían las puertas o trataban de abrir una brecha en la murallas por
medio del ariete -aries-, un largo y pesado tronco rematado con un hierro en
forma de cabeza de carnero (de ahí su nombre).
Asimismo abrían brechas en las murallas con hoces -falces murales-, una
especie de ganchos enmangados en fuertes pértigas, y socavaban los
cimientos de las murallas enemigas por medio de galerías subterráneas cuniculi-.
Otro medio empleado consistió en la construcción de un terraplén -agger- al
que solían dar la misma altura del muro con el objeto de batir al enemigo con
mayor facilidad. En cada extremo del terraplén levantaban un andamiaje de
asalto -turris mobilis- montado sobre ruedas.
Estos torreones de asalto solían tener tres pisos: en el bajo se colocaban lo
soldados que manejaban el ariete; en el segundo había un puente levadizo
para apoyarlo sobre las murallas de la ciudad asaltada; y en el tercero iban
soldados con armamento ligero y armas arrojadizas para obligar al enemigo a
desalojar los muros.
Los asediados, por su parte, procuraban por todos los medios neutralizar los
trabajos de los sitiadores. Las medidas de defensa contra el asedio son de
varia índole:
a)
Medidas encaminadas a impedir o entorpecer el aprovechamiento y
utilización, por el sitiador, del terreno circundante (devastación, inundación, tala
de bosques).
b) Medidas que tienden a reforzar los medios defensivos de la plaza misma
(acopio de provisiones, refuerzo de las murallas y de las puertas, mayor
elevación de aquéllas, construcción de torres de observación, a veces en
oposición a las del sitiador, emplazamiento de artillería).
c) Uso de las armas contra las tropas sitiadoras o contra las obras de asedio.
El fuego tiene una extraordinaria importancia. El asalto a los muros se
rechazaba arrojando desde lo alto objetos pesados y derribando las escalas
con horquillas (furcae). Contra el ariete se usaban centones que atenuaban el
choque, o se trataba de volcarlo enganchando al propio ariete o la testudo que
lo protegía con cuerdas provistas de garfios (laquei, forfices, lupi) o de
aplastarlo con grandes masas lanzadas desde el adarve.
Un arma usada frecuentemente en la defensa desde los muros son los pila
muralia, grandes lanzas de madera, hasta de 2 metros de largo, sin moharra
metálica, sino con ambos extremos endurecidos a fuego.
Los asaltantes se protegían de los proyectiles lanzados desde lo alto de las
murallas con varios procedimientos. Entre éstos están:
a) El mantelete -vinea-. El mantelete era una máquina de guerra construida
con maderos y cubierta con pieles o sacos mojados debajo de la que los
soldados podían avanzar a cubierto de los proyectiles o del fuego lanzado por
el enemigo; se movía sobre ruedas. A veces se reunían varios manteletes
formando verdaderas galerías.
b) La testudo. La testudo era una vinea con un techo más fuerte, bajo el que
los asaltantes accionaban el ariete o bien minaban el muro. También era una
formación de asalto, en la que los soldados se apiñaban con los escudos
puestos sobre sus cabezas a modo de caparazón de tortuga.
c)
Una galería -musculus- cubierta y móvil bajo la que se protegían los
sitiadores.
d) El pluteus. Vegecio lo describe como un escudo de mimbre, cubierto de
pieles y movible sobre 3 ruedas o rodillos, uno en medio y otro en cada
extremo.
En la técnica romana de la guerra de sitio la artillería desempeñaba un papel
secundario, pues operaba principalmente para limpiar de defensores los muros
y para proteger las obras de aproximación y lo que pudiéramos llamar
ingeniería de asalto. La artillería era poco eficaz contra los muros y el medio
preferido de penetración era abrir brecha en las fortificaciones.
El recurso a máquinas de guerra -tormenta- no se hizo frecuente sino a partir
del siglo III a.C., fecha en la que la técnica del asedio estaba ya bastante
desarrollada. Las máquinas de artillería más importantes fueron:
a) La catapulta, con la que se disparaban proyectiles con pequeños ángulos
de tiro.
b) La balista -ballista-, con la que se lanzaban proyectiles con un ángulo de
45 grados; de este modo se podían franquear los obstáculos elevados.
c) El onagro -onager-, con el que se disparaban piedras y teas encendidas a
grandes distancias, pues disponía de una palanca que se podía tensar.
El principio de todas estas máquinas estaba en la tensión de un haz de fibras
que, al soltarse, impulsaba las piedras o proyectiles colocados en sus brazos.
La artillería romana no tuvo una organización autónoma; fue una artillería de
acompañamiento. No es exclusivamente una artillería de plaza o de sitio, sino
también una artillería de campaña.

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