Estado laico, Iglesia laica

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Estado laico, Iglesia laica
Estado laico, Iglesia laica
José Mª García Mauriño
Antonio Moreno de la Fuente
Estado laico, Iglesia laica
José Mª García Mauriño y Antonio Moreno de la Fuente
Editado por:
PUNTO ROJO LIBROS, S.L.
Cuesta del Rosario, 8
Sevilla 41004
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ISBN: 978-84-15679-13-4
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de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el
tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de esta edición mediante
alquiler o préstamos públicos.
A mis nietas Paula, Claudia y mi nieto David
con la esperanza de que ellos vivirán en un
Estado laico y también, si son cristianos, en
una Iglesia laica. Antonio
A mis compañeros y compañeras de la
Comisión de Laicidad de Iglesia de base de
Madrid, Adelaida Román, Ana Casasnovas,
Angel Villagrá, Lutgarda Reig, José María
Ramírez, Tomás Maza, con los que he
trabajado durante una larga temporada y
hemos colaborado en muy distintos temas
que aparecen en el libro. José María
Índice
Prólogo .............................................................................. 15 Introducción ...................................................................... 19 1ª PARTE ESTADO LAICO.............................................. 25 Capitulo 1: ¡Por un estado laico YA! ................................. 27 Capítulo 2: Los primeros pasos 2005:
planteamientoinicial de la Laicidad .................................... 31 Capítulo 3: Los procesos históricos de la laicidad .............. 43 3. 1. Sacralidad y laicidad en la
antigüedad y edad media........................................... 45 3.2. El trono y el altar: de la alianza a la ruptura........ 72 Capítulo 4: Retos de la laicidad a la ciudadanía............... 101 Capítulo 5: Por una escuela publica, laica y de calidad .... 113 Capítulo 6: Libertad religiosa, laicidad
y laicismo en EE.UU......................................................... 123 Capítulo 7: ¿Es España un estado laico o laicista? ........... 143 2ª PARTE IGLESIA LAICA ............................................. 155 Capítulo 1: Afirmando la laicidad. Apropósito
de las visitas del Papa ....................................................... 157 1.1. Tremendo engaño ............................................ 157 1.2. Carta al papa Benito XVI ................................ 159 Capítulo 2: Jesús profeta laico ......................................... 163 Capítulo 3: ¿Iglesia sacerdotal o Iglesia laica? ................. 171 Capítulo 4: Igualdad de derechos ..................................... 193 Capítulo 5: Mesa compartida, sí, ni sacrificio,
ni sacerdocio.....................................................................201 Capítulo 6: Retos de la laicidad a los
cristianos de base ..............................................................207 Capítulo 7: ¿Sacerdocio o ministerio de la
mujer en la Iglesia? ...........................................................215 Capítulo 8: ¿El fin de la parroquia? ..................................221 Capítulo 9: Financiación de la Iglesia católica ..................229 Capítulo 10: A favor de las procesiones
y procesión atea................................................................243 Capítulo 11: Los símbolos religiosos en
los espacios públicos.........................................................247 Conclusión: otra iglesia no es posible, por ahora..............255 Apéndice: Manifiesto de Redes Cristianas
por la Laicidad .................................................................259 Bibliografía .......................................................................262 Estado laico, Iglesia laica
Estado laico, Iglesia laica
Prólogo
Los autores de este libro me han invitado a prologarlo y he
aceptado, ya que valoro el trabajo y esfuerzo, que desde las
creencias cristianas, mujeres y hombres, son capaces, en su fe, de
“enfrentarse” a un modelo de iglesia, según ellos poco “cristiana”
y a una jerarquía religiosa dogmática y autocrática, que tratan de
esconder su boato, riquezas y miseria, con el manto de la
denominada “obra social de la iglesia”, de la que “ellos” (los
jerarcas) están muy alejados, ya que, independientemente del
origen y de los objetivos de esa obra social, los que la alimentan,
con su esfuerzo, son personas de buena fe, entre ellos muchos
cristianos de los denominados “de base”, alejados de toda
ostentación.
Trataré, en estas escuetas líneas, de explicar la posible
intención de los autores al dar a luz estas páginas, de desvelar
algunas de las virtudes de este documento y de ofrecer unas
pinceladas breves de apuntes muy personales.
Con el Vaticano II, parecía que la “Iglesia católica oficial” iba
recorrer, aunque fuera de forma tibia y lenta, su actualización. Sin
embargo, en este casi medio siglo, que ha pasado, se ha enrocado
aun más, en su boato y en la acumulación de riquezas, en sus
consignas autocráticas, en sus dogmas con tendencias a la
homofobia y la misoginia, en su hipocresía, en esconder a los
clérigos pederastas, en su apoyo a dictaduras, especialmente, en
América latina…, al mismo tiempo que expulsaba a millones de
cristianos de buena fe, y también, a los denominados como
“teólogos y teólogas de la liberación”. Por lo tanto, pienso que es
un buen momento, para un libro de esta naturaleza.
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Estado laico, Iglesia laica
El libro consiste en una recopilación de documentos
elaborados, de forma colectiva, en el seno de diversas comisiones
de cristianos por el socialismo, comunidades populares cristianas,
redes, etc. junto a artículos y reflexiones individuales de los
autores. En mi opinión, puede ser válido, tanto para creyentes de
las más diversas religiones, como para no creyentes. Sus propuestas
tratan de fomentar el espíritu crítico del lector… es un libro,
también, para “indignados” y menos indignados.
Lo han dividido en dos partes: “Estado Laico” e “Iglesia
laica”. Con la lectura de la primera parte me he sentido bastante
identificado, no tanto en algunas de las reflexiones ―algo
controvertidas― de la segunda parte: Esta percepción desigual
que he tenido, pienso que es una de las virtudes de este
documento.
Aun cuando disfrutan de enormes privilegios simbólicos,
jurídicos, económicos y en materia de enseñanza, los jerarcas de
“iglesia católica romana”, junto a grupos de seglares muy
integristas, se han propuesto “re-cristianizar España”. No lo van a
conseguir: Las “cruzadas” ya pasaron y ellos bastante tienen, con
sus miserias y contubernios, que agranda un galopante desprestigio
que acumulan en todo el mundo, más por sus deméritos, que por
supuestos “ataques anticlericales”, que ponen como excusa a ese
descredito creciente que sufren, sobre todo, entre los más jóvenes.
Frente a esta insana y torpe voluntad de la iglesia católica
oficial, anclada en el siglo XVIII, los autores, ya en la
introducción, expresan que “desean contribuir a crear una
conciencia colectiva propia de una sociedad que, poco a poco, va
superando la mentalidad tradicional, propia de años de
nacional―catolicismo” Y yo digo más, de una sociedad que se ha
secularizado tremendamente, donde cada vez hay menos
ceremonias por el rito católico, donde cada vez menos niños
asisten a religión en la escuela. Donde más de dos tercios de la
población española se pronuncian, claramente, por la separación
del Estado de la iglesia católica y del resto de las confesiones,
donde tan sólo un 9% de jóvenes menores, de entre 16 y 30 años,
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Estado laico, Iglesia laica
se declaraban “católicos practicantes” en 2006, mientras que se
acercaban al 50% los que se declaraban indiferentes, agnósticos y
ateos *(Encuesta de la Fundación Santa María),
sorprendentemente, frente a una inercia, todavía, “pro―católica”
de una mayoría política.
Suscribo el apartado que dedican a la “escuela pública y
laica”, en todas las propuestas y preguntas que se hacen: (Tema de
rotunda actualidad). En este sentido, hay que valorar la crítica que
desarrollan del principio neoliberal: “el derecho absoluto de los
padres a elegir centro educativo que más convenga a sus intereses”.
Que en mi opinión, además de lo que expresan los autores, rompe
los principios de igualdad y de justicia social, favorece los intereses
de la corporación religiosa católica y vulnera la Convención de los
Derechos de la Infancia.
Es muy interesante para la reflexión y la confrontación de
ideas, el capítulo 7. de la parte primera: “¿Es España un Estado
laico o laicista?”. Por supuesto, también, desarrollan evidencias
muy claras y actuales, en los dos apartados dedicados a los
“privilegios simbólicos y económicos”, de los que disfruta la
iglesia católica en España.
Por fin, resalto una reflexión que se hace en el capítulo 6 de la
parte segunda: “…el imperialismo religioso…impone a todos los
creyentes la única interpretación válida de la moral y de la doctrina
cristiana que es la del Magisterio de la Iglesia. Desde entonces no
se tiene otro punto de referencia que la autoridad de la jerarquía
católica. Desde entonces hemos andado con las muletas prestadas
por la religión. Nada de pluralismo, nada de igualdad, nada de
diálogo, nada de libertad; prevalece el sentido de sumisión y
obediencia debida, de abajo arriba”. (Esta reflexión, en mi
opinión, se puede decir ―prácticamente― de todas las
religiones)
Y continúa: “Paralelamente, sabemos que existen otras
formas de ver el mundo. Así, nos enriquecemos con lo que
significa la modernidad, el ateísmo, la sociedad civil, el pluralismo
religioso, moral y político. Y esto hace que vayamos entrando en
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Estado laico, Iglesia laica
la mayoría de edad del mundo, sin necesidad del apoyo de la
religión. Se trata de la lenta maduración de la historia de la
humanidad para ser más libre y feliz”.
Este libro, pretende ―en mi opinión― contribuir a
fomentar el ideal laico. Aunque, posiblemente, en la Conclusión,
cuyo título es: “Otra iglesia no es posible, por ahora”. hay una
parte de las respuestas a muchas preguntas, sin dejar de deslizar un
hilo de esperanza reivindicativa.
El ideal laico, nos indica el filósofo francés Henrí
Peña―Ruiz en su libro la “Emancipación laica”, “implica una
cultura de la autonomía de juicio, basada en el principio de la
razón. En un mundo desgarrado por las intolerancias religiosas,
por los dogmas excluyentes… el ideal laico abre camino hacia una
autentica concordia de alcance universal”.
Pues sí, amigos autores, en las máximas coincidencias y con
algunas discrepancias, trataremos de caminar juntos y lo
trasmitiremos a hijos, nietos y biznietos, para lograr el sueño
solidario de la emancipación del ser humano, que no es, sino la
emancipación laica, alejada de todo dogma religioso, económico,
político...
Albacete, junio de 2012
Francisco Delgado
Presidente de Europa Laica
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Estado laico, Iglesia laica
Introducción
El Papa Benedicto XVI, en el avión que le traía desde Roma
a Santiago de Compostela, durante su visita a España el 6―7 de
noviembre del año 2010, hizo esta sorprendente declaración: “En
España nació una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo
fuerte y agresivo en los años treinta. Esta disputa o desencuentro
entre fe y modernidad…se realiza hoy también de nuevo en
España” (1). Para el Papa, por tanto, en la España de hoy se da un
anticlericalismo y un laicismo tan agresivo como, a su juicio,
existió durante la II República de los años treinta. ¿Es esto verdad?
¿Es hoy España un Estado laicista y anticlerical? En esta dirección
van también las declaraciones de muchos obispos quejándose de
que, durante el gobierno del PSOE, muchas leyes tuvieron un
signo anticlerical manifiesto, como la del aborto, el matrimonio
entre personas del mismo sexo, la asignatura de Educación para la
ciudadanía etc. Por estas leyes aún vigentes la jerarquía católica
experimenta que la Iglesia está menospreciada y atacada por el
Estado, como lo fue durante la II República.
Por otra parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el congreso del
PSOE celebrado en Sevilla, el 4 de febrero del 2012, afirmó que si
ganase de nuevo las elecciones “se replanteará seriamente la
revisión de los Acuerdos con la Santa Sede”. ¿Qué tienen estos
Acuerdos? Los Acuerdos, firmados el 3 de Enero del 1979 entre
la Santa Sede y el Estado español, son los que rigen hoy las
relaciones del Estado español con la Iglesia católica y en los que se
reconoce a la Iglesia española un trato preferente y privilegiado,
Corriere della Sera, 06/112010. [En línea:
http://www.corriere.it/politica/10_novembre_06/papa-integralevecchi_80bfff00-e99f-11df-9dd3-00144f02aabc.shtml ].
1
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Estado laico, Iglesia laica
muy distinto del reconocido a las otras confesiones religiosas.
Baste citar la financiación de la Iglesia por el Estado y que el
PSOE modificó en el 2007, al elevar la asignación a la Iglesia
católica, en la casilla del IRPF, del 0,52 % al 0,7 %. Es cierto que
la Conferencia episcopal española (CEE) renunció a la exención
del IVA, pero no al Impuesto de bienes inmuebles (IBI) de todos
los edificios propiedad de la Iglesia. Otro de los privilegios es la
enseñanza de la religión en el currículo escolar y la libre elección
por los obispos de los profesores que la impartan, corriendo su
pago a cuenta del Estado; lo mismo que el pago de capellanes en el
Ejército, en las prisiones y hospitales, etc., etc. ¿En qué quedamos?
¿Existe en España un anticlericalismo y laicismo que menosprecia
y persigue a la Iglesia católica y demás religiones? o ¿sigue gozando
la Iglesia católica en nuestra patria de privilegios como en tiempos
pasados, siendo España un estado aconfesional como lo dice art.
16, parágrafo 3 de nuestra Constitución: “Ninguna confesión
tendrá carácter estatal”?
Esta cuestión, que parecía resuelta o dormida en nuestro país,
vuelve a tomar de nuevo, como se aprecia, máxima importancia y
relevancia, máxime ahora que, tras el triunfo electoral del Partido
Popular, muchas de las leyes aprobadas durante el mandato del
PSOE: ley del aborto, matrimonio de homosexuales, píldora del
día después, etc., serán revisadas o derogadas. De nuevo, pues,
cobran fuerza estos interrogantes: ¿Es España un Estado laico,
laicista o anticlerical? ¿Qué entendemos por Estado laico o laicista?
¿Cuáles deben ser las relaciones del Estado con la Iglesia católica y
con las otras confesiones y religiones?
El tema, sin embargo, de la laicidad o el laicismo no es
exclusivo de la Iglesia católica ni de España. Lleva casi dos siglos
de debate sobre todo en Occidente. Concretamente, en Europa la
mayoría de los Estados son confesionales, como Grecia, Noruega,
Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia. Hay otros Estados no
confesionales como Francia, Alemania, Italia, Suiza, España y en
menor grado Holanda y Bélgica. La laicidad que tratamos no es
antirreligiosa ni anticlerical, como pueden creer muchos españoles,
pero si decimos que es claramente anticonfesional. No vamos a
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Estado laico, Iglesia laica
tratar en profundidad las difíciles relaciones, jurídicas y políticas,
entre la Iglesia y la sociedad española. Sí aventuramos la opinión
de que la laicidad es una limitación del poder político y religioso.
Una nítida separación entre Iglesia y Estado. La palabra laicidad
no aparece en el Diccionario de la Real Academia y sí el término
laicismo que lo define como: “Doctrina que defiende la
independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente
del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. En este
sentido, nos pronunciamos por un laicismo nada beligerante y
siempre respetuoso con todas las creencias y convicciones. El
laicismo reivindica la existencia de las condiciones políticas,
jurídicas y sociales que permitan garantizar el derecho de las
personas al pleno ejercicio del derecho a la libertad de conciencia,
en cualquiera de sus manifestaciones y en un plano de igualdad.
Por supuesto, no defendemos un laicismo que intente expulsar a la
religión católica y a las otras confesiones de la vida pública, sino
que reivindicamos una religión pública no privada en la sociedad,
pero reivindicamos, al mismo tiempo, los mismos derechos para
los agnósticos y ateos.
Este libro quiere ser una sencilla aportación al tema de la
laicidad y del laicismo. Deseamos contribuir a crear una conciencia
colectiva, propia de una sociedad que poco a poco va superando la
mentalidad tradicional, propia de años de nacional―catolicismo.
Y nos empeñamos en actualizar, en la sociedad y en la Iglesia, la
vigencia jurídica de un Estado aconfesional que lentamente se va
abriendo paso en la historia de nuestro país. Esperamos que más
pronto que tarde sean anulados los Acuerdos entre la Santa Sede y
el Estado español de 1979 que privilegian a la religión católica en
detrimento de las demás confesiones religiosas y van en contra del
principio de Igualdad y de justicia. Muchos capítulos son textos
escritos y publicados con anterioridad, pero que hemos revisado y
puesto a punto en este año. Otros capítulos son textos preparados
para el presente libro.
En dos partes dividimos el contenido del libro. En la primera
parte, después de oír el grito que resonó en la manifestación de
Madrid, del día 23 de octubre del 2010: “¡Por un Estado laico
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Estado laico, Iglesia laica
YA!”, nos planteamos y analizamos qué es un Estado laico. Y
exponemos a continuación los primeros pasos o planteamiento
inicial de la laicidad y realizamos un análisis de los procesos
históricos de la misma que a través del tiempo se han dado en
Occidente. Se trata de ver el largo camino que el Estado occidental
ha recorrido para reconquistar su autonomía frente a la Religión y
la Iglesia o, lo que es lo mismo, para romper “la santa alianza” que
siempre existió entre el Altar y el Trono. Nos referimos también
al fenómeno de “salida o expulsión de las religiones” que se da
particularmente en la sociedad occidental de nuestro tiempo y nos
preguntamos si, de nuevo, retornará o no la Religión. No dejamos
de comprender que hay muchos interrogantes y tratamos de
proporcionar alguna luz, preguntándonos sobre los retos que
plantean esta laicidad o laicismo a los ciudadanos. Por ello nos
planteamos la pregunta y tratamos de responder sobre el
verdadero significado de las palabras laicidad y laicismo. A
continuación vemos qué significado tiene en España una sociedad
laica en un Estado laico y los problemas actuales que conlleva,
referidos sobre todo a una Escuela pública, laica y de calidad. En
otro capitulo exponemos la solución dada, por primera vez, en
Estados Unidos al problema de la libertad religiosa dentro de un
estado laico, cuestionándonos, finalmente, si es España
actualmente una estado laico o es un estado laicista como quiere el
Papa. Y constatamos que, a pesar del estado laico o aconfesional
que proclama el art.. 16, & 3 de la Constitución, se da en nuestro
país, en virtud de los Acuerdos firmados entre el Estado español y
el Vaticano, más que una colaboración, una subordinación del
Estado a la Iglesia católica. Por ello abogamos por su supresión
definitiva.
En la segunda parte, titulada Iglesia laica, pretendemos
analizar y presentar a la Iglesia católica desde el punto de vista de
una institución laica. A lo largo de estos últimos años ha habido
una serie de manifestaciones públicas, sociales y religiosas, que son
expresión de una sensibilidad muy cercana a las posturas del
Vaticano, pero que no se compaginan con los planteamientos
laicos propios de una sociedad cada vez más secularizada y de una
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Estado laico, Iglesia laica
modernidad que sigue avanzando. En su contraposición, creemos
que la Iglesia católica no es una Iglesia clerical, una Iglesia
dominada por la jerarquía, sino una Iglesia del pueblo cristiano,
laica, en donde él tiene también su voz. Partimos, ante todo, del
tremendo engaño que para nosotros han supuesto las visitas que
Benedicto XVI realizó a España en los años 2010 y 2011. Visitas
realizadas más como un jefe de Estado que busca el aplauso
mediático y no el cuidado pastoral de los que creemos en Jesús.
Por ello, contraponemos a continuación la figura de Jesús que
encontramos en los Evangelios y que se nos presenta no como un
sacerdote, ni un hombre de la religión de su tiempo, sino como un
profeta laico, que no quiso fundar una religión, ni tampoco una
Iglesia como la entendemos hoy. Por ello nos preguntamos a
continuación ¿qué clase de Iglesia aparece en el Nuevo
Testamento, una Iglesia sacerdotal o una Iglesia laica? Exponemos
qué significa, para nosotros, que la Iglesia es laica, cuestionando la
preeminencia durante siglos del clero y del sacerdocio en la Iglesia.
Exponemos que en esta Iglesia existe una igualdad de derechos
para todos, afirmando que la Eucaristía, particularmente, no es
patrimonio de los sacerdotes, sino que su celebración es un pan y
una mesa compartida entre todos. Sabemos, sin embargo, que el
proceso de la laicidad en la Iglesia española es un proceso largo y
por eso presentamos los obstáculos y los retos que habría que
superar para llevar a buen término esta laicidad. En los capítulos
siguientes tratamos de responder a ciertas cuestiones candentes,
tales como ¿puede ser la mujer ordenada de sacerdote en la Iglesia?
¿Estamos asistiendo al fin de la Parroquia como base organizativa
de la institución eclesial? ¿Tiene que financiar el Estado Español a
la Iglesia católica? Finalmente damos también nuestra opinión
sobre la presencia de símbolos religiosos, como crucifijos, biblias,
etc, en la sociedad, así como sobre las procesiones religiosas y,
particularmente, las manifestaciones ateas que últimamente se han
dado en muchas ciudades españolas. Y concluimos con el sueño
despierto de una Iglesia laica en un Estado laico.
Al impulsar entre nosotros un laicismo sano y positivo,
esperamos que la lectura del libro te sirva, amiga lectora o amigo
23
Estado laico, Iglesia laica
lector, para conjurar que no vuelva a darse, en nuestra España de
hoy, el desgarro de las “dos Españas de Machado”, e impulsar
entre nosotros un laicismo sano y positivo, plural, tolerante y
dialogante, tanto en un Estado laico como en una Iglesia laica.
Sevilla – Madrid, Marzo de 2012
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Estado laico, Iglesia laica
1ª Parte: Estado laico
“La legitimidad de este Estado no se funda ya sobre la
voluntad divina implícita en el principio monárquico, sino sobre el
conjunto de los individuos-ciudadanos formalmente libres e
iguales, sobre la soberanía popular y la responsabilidad laica del
Estado ante el pueblo”.
NICO POULANTZAS
Poder político y clases sociales en el
Estado capitalista, p.149
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Estado laico, Iglesia laica
Capitulo 1:
¡Por un estado laico YA!
José María García―Mauriño
Octubre 2010
El periodista JUAN G. BEDOYA expresaba así en su periódico
ELPAIS, del día 24 de octubre de 2010, el hecho de la expresión
pública de una petición también pública de la instauración de un
Estado verdaderamente laico, propio de una Constitución
aconfesional y por tanta laica. Un hecho hasta ahora inédito en
una democracia que es naturalmente laica. El título (de su nota de
prensa (1)) era este: “Un centenar de entidades reclaman el “estado
laico, ya”.
“Un centenar de organizaciones, convocadas por Europa
Laica y el Observatorio de la Laicidad, llamaron ayer en Madrid a
movilizarse "por un Estado laico, ya". Lo hicieron con ese lema en
el Parque de la Cornisa, en la zona donde el cardenal Antonio
María Rouco quiere construir una monumental Ciudad de la
Iglesia con el generoso beneplácito del Ayuntamiento local.
La concentración se produce dos semanas antes de la visita
del Benedicto XVI a Santiago y Barcelona, sobre la que se
exhibieron numerosas pancartas, como "Papa gorrón, contigo ni
Dios" y "Papa o califa paguen sus visitas". El presidente de
Europa Laica, Francisco Delgado, desvinculó el acto de ayer del
viaje del Pontífice romano, asegurando que cuando se convocó no
Véase:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/centenar/entidades/reclaman/Estado/laic
o/elpepisoc/20101024elpepisoc_3/Tes . Consulta 25/10/2010]
1
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Estado laico, Iglesia laica
conocían esta circunstancia. "El Papa puede venir a España
cuando quiera", dijo. Reprocha, sin embargo, que sea recibido con
honores de jefe de Estado y que la visita se financie con cuantiosos
fondos públicos.
En el "acto laicista" participó Cayo Lara, coordinador general
de Izquierda Unida, uno de los convocantes. "El Estado hoy no
solo está de rodillas ante el poder financiero, sino también ante el
Vaticano. Nunca hasta ahora se habían dado tantas ayudas
publicas a la Iglesia católica", dijo. Según los cálculos de Europa
Laica, son "unas cifras cercanas a los 10.000 millones de euros"
cada año.
La reivindicación del Estado laico también contó con el
apoyo de organizaciones católicas, como Redes Cristianas de Base
de Madrid y Cristianos por el Socialismo presentes en la
concentración junto a dirigentes vecinales, sindicales, ecologistas o
de partidos como Izquierda Republicana o Esquerra Republicana
de Cataluña.
La laicidad, según el manifiesto leído por la actriz Ruth
Gabriel y el cineasta Emilio Ruiz Barrachina, pasa por la
derogación de los Acuerdos de España con el Estado de la Santa
Sede, de 1979. También se reclama al Gobierno una ley de
libertad de conciencia que sitúe en pie de igualdad a todas las
creencias y convicciones, sean de origen religioso o no. La
concentración se desarrolló en un ambiente lúdico, con
actuaciones, entre otras, del italiano Leo Bassi”.
Y así lo contábamos nosotros: ‘Por un Estado Laico ¡Ya!’
El sábado, 23 de Octubre, tuvo lugar en Madrid un
importante Acto público, en defensa de un “ESTADO LAICO”.
Fue convocado por “Europa Laica” y suscrito por decenas de
organizaciones, asociaciones, redes sociales, etc. (entre ellas Redes
Cristianas, Iglesia de Base de Madrid y Cristianos por el
Socialismo). Varios cientos de personas coincidieron en dicho
Acto, el primero que se celebra en la calle desde 1939, para
reclamar públicamente un Estado verdaderamente laico que trate
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Estado laico, Iglesia laica
por igual y ofrezca las mismas oportunidades a todas las personas,
sea cual sea su credo, su ideología, etc., de modo que todas, sin
distinción, puedan ejercer libremente sus derechos, sin ningún tipo
de privilegios en razón de su credo religioso o sus convicciones
éticas o filosóficas.
La asistencia general fue muy digna y los pocos miembros de
comunidades cristianas que allí estuvimos vivimos una experiencia
no solo interesante, sino muy enriquecedora. Era la primera vez
que, de manera expresa uníamos nuestras voces desde convicciones
muy distintas, cristianos de base, asociaciones de ateos,
librepensadores, militantes de algún partido político, etc. para
reclamar unas reivindicaciones comunes: No a los privilegios de la
Iglesia Católica, ni de ninguna otra confesión religiosa; no a los
símbolos religiosos en los espacios públicos; no a la religión en las
escuelas financiadas con fondos públicos….etc.
Nuestra presencia no pasó desapercibida. Aprovechamos para
repartir unos trípticos y que explican la posición de la Iglesia de
Base de Madrid a favor de una sociedad laica. Algunos se
sorprendían por nuestra presencia y se interesaban en saber
nuestras motivaciones. Tuvimos, por tanto ocasión de explicar
nuestros planteamientos a algunos de los asistentes. Y pusimos en
práctica, modestamente, el principio de que vivir un Cristianismo
laico y defender el Estado laico no sólo no son elementos
contrapuestos sino que, para ser creíbles, se implican mutuamente.
En medio de esas vivencias positivas, una sombra velaba
nuestra satisfacción: ¿Dónde están nuestros hermanos de las
Comunidades de Base de Madrid? ¿Por qué no han venido? ¿No
les habrá llegado bien la convocatoria? ¿No estarán convencidos de
su valor u oportunidad? ¿Será que lo del ‘Estado laico’ genera
todavía temores o inseguridad? ¿Cómo no darse cuenta de que
solo en una sociedad laica el testimonio de Jesús de Nazaret puede
ser un mensaje de vida y liberación, y no de imposición, privilegios
o coacción de las conciencias?
Invitamos a todas las personas, cristianas y de cualquier
confesión religiosa, laicas, agnósticas y ateas a reflexionar sobre
29
Estado laico, Iglesia laica
estas o similares preguntas y abrir, si lo consideran oportuno, un
intercambio de puntos de vista en torno a la gran cuestión de la
Laicidad… del Estado, de la sociedad y del propio Cristianismo.
Los capítulos que siguen quieren ser una toma de postura de
los autores, miembros de Cristianos por el Socialismo y las
Comunidades Cristianas Populares de España, sobre estas
inquietantes y actuales cuestiones.
―――oOo―――
30
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 2:
Los primeros pasos 2005:
planteamientoinicial de la Laicidad
José María García―Mauriño
Diciembre 2005
El problema
Por qué tratamos el tema de la Laicidad. Porque a partir de
determinadas leyes promulgadas por el Estado (aborto, divorcio,
matrimonio homosexuales, células madre, educación, etc.) la
jerarquía de la Iglesia católica se ha sentido perseguida y se ha
creado un clima de tensión entre la Iglesia y el Estado. La sociedad
española ha sufrido muchos cambios y parece que no los acepta la
Jerarquía. Son otros tiempos. Es el tema de la autonomía del
poder temporal del Estado. La Jerarquía de la Iglesia Católica no
acaba de reconocer la independencia del poder político. El Estado
legisla para todos los ciudadanos, sean del credo que sean, sin
tener en cuenta las directrices de la Iglesia católica, aunque sean
mayoría sociológica en España.
Este tema nos afecta a todos por tres motivos que son
indiscutibles: En primer lugar, todos somos Seres Humanos (SH)
y no lo podemos evitar; en segundo lugar, somos Ciudadanos, y
nadie es libre de dejar de serlo. Y en tercer lugar, cada uno o una
opta libremente por una determinada creencia religiosa, ya sea
cristiana, judía, musulmana, protestante, etc. o por cualquier
adscripción política.
31
Estado laico, Iglesia laica
Hay, pues, cuatro elementos a tener en cuenta:
1.― Estado, poder político, aconfesional, laico. Relaciones
con la Iglesia.
2.― La Religión católica, (la Iglesia) exponente de “lo
sagrado”.
3.― Sociedad civil, proceso de profundos cambios que se va
haciendo plural.
4.― La ciudadanía: laica, plural, democratizadora.
1.― El Estado es aconfesional.
a) La Constitución de 1978
Establece el carácter a―confesional, es decir, laico, del
Estado en el artículo 16. En ese mismo artículo, en su párrafo
tercero, establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.
En ese sentido, y sólo en ese sentido, se puede y se debe decir que
la sociedad española es una sociedad laica. Es decir, es un Estado
constitucionalmente laico. Por eso nuestra Constitución, en su
artículo primero, no empieza nombrando la religión, sino la
soberanía del pueblo español. Por tanto, los poderes del Estado y
las normas de convivencia no tienen su origen ni su fundamento
en ninguna instancia trascendente, sobrenatural o religiosa.
b) El Tratado europeo.
De la misma manera, el Tratado Constitucional Europeo
(TC) establece que “toda persona tiene derecho a la libertad de
pensamiento, de conciencia y de religión”. Y añade: “Este derecho
implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así
como la libertad de manifestar su religión o sus convicciones
individual o colectivamente, en público o en privado, a través del
culto, la enseñanza, las prácticas y las observancias de los ritos”
(Parte II―artículo 70, párrafo 1). Este Tratado es el que se votó
32
Estado laico, Iglesia laica
en referéndum en distintos países en el 2003. En Francia y
Luxemburgo prevaleció el NO. En España triunfó el Sí. Más
tarde, en 2008 fue sustituido por el Tratado de Lisboa, aprobado
por todos los Parlamentos europeos. El contenido permanece el
mismo aunque con expresiones parecidas.
Una consecuencia: La laicidad.
De estos textos constitucionales se desprende la noción de
Laicidad. Existen diferencias entre el término laicismo y la
laicidad. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española no reconoce el término “laicidad”, solamente el término
laicismo, del que dice: “Doctrina que defiende la independencia
del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de
toda influencia eclesiástica o religiosa”.
Lo que ocurre es que, cuando hablamos de palabras, no es lo
mismo su significado que su uso. Y sabemos que el término
“laicismo” está asociado a la exclusión e incluso a la persecución
de las instituciones religiosas. Para muchos, en efecto, hablar de
“laicismo” es lo mismo que hablar de ataques a la religión, a los
creyentes y sobre todo a los dirigentes religiosos. Por eso, si se
utiliza el término “laicismo”, debe entenderse tal como lo presenta
el Diccionario de la Real Academia, es decir, como independencia
del Estado con respecto a la Religión, pero nunca como rechazo o
simple hostilidad hacia las ideas y las prácticas religiosas.
―Lo propio de la laicidad
La Laicidad es el carácter y comportamiento del Estado con
las confesiones religiosas; y se apoya en dos principios: a) tiene que
observar una estricta neutralidad e independencia en relación con
las distintas religiones y b) éstas no pueden ejercer su autoridad
sagrada sobre el poder político. Un Estado democrático es un
Estado laico.
Valores superiores: la Libertad, la Igualdad, la Justicia, el
Pluralismo político, son valores que se formulan en el Art. 1,1, de
la Constitución española. Lo primero y lo más fundamental que
afirma nuestra Constitución es esto: “todos los españoles son
33
Estado laico, Iglesia laica
iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna
por razón de... religión”. (Art. 14). Lo que tiene que prevalecer
siempre es el principio determinante de la sociedad laica: Ninguna
confesión religiosa goza de privilegios, tampoco la católica, porque
rompería el criterio de igualdad. (Art. 16,3).
El Estado tiene que organizar la convivencia de los
ciudadanos, no a partir de privilegios religiosos, que existieron en
otros tiempos pero que ya no existen Esto es ilegal y, en
consecuencia, los poderes públicos no pueden permitirlo. La
tienen que organizar no desde la confesionalidad de una
determinada creencia, sino desde la laicidad, es decir, la autonomía
de la sociedad civil de la esfera religiosa para que sea realmente
posible y efectiva la igualdad de todos ante la ley. Queda, pues,
una cosa clara. Son exigencias de la libertad religiosa: todo ser
humano debe verse libre de coacción en materia religiosa por parte
de cualquier poder humano. Si el Estado legisla sobre
matrimonios homosexuales, sobre el divorcio, sobre células madre,
sobre la enseñanza de la religión en las escuelas, debe ser
únicamente en función del bien común o del orden público, pero
no fundándose nunca en motivaciones religiosas.
En el Tratado de la Constitución de la Unión Europea:
“respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad”
(Art, 2 en el Tratado de Lisboa).En definitiva, se trata de
comprender que vivimos en una sociedad que ha elegido
libremente regirse, no por los tradicionales valores religiosos, que
emanan de tradiciones y creencias muy diversas y hasta opuestas,
sino de los valores cívicos, de los que dice con razón la
Constitución Europea: “Estos valores son comunes a los Estados
miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la
tolerancia, la justicia, la solidaridad y el principio de igualdad entre
mujeres y hombres y la no discriminación”
c) Las relaciones del Estado con la Iglesia:
El pensamiento fundamentalista no se cansa de repetir que sin
religión no hay ni puede haber verdadera libertad, ni orden, ni
educación sana, ni progreso verdadero. La sociedad civil no puede
34
Estado laico, Iglesia laica
vivir ni subsistir independientemente de la religión. Por tanto, la
potestad civil debe estar subordinada a la eclesiástica, como lo está
el cuerpo al alma, lo temporal a lo eterno.
El pensamiento laico defiende la separación de la Iglesia y el
Estado. Las relaciones de estas dos entidades son relaciones de
respeto e independencia mutuas. El Estado no tiene que estar
sometido a la Iglesia, como el cuerpo no está sometido al alma, ni
el cuerpo es la cárcel del alma, como quería Platón.
En la actualidad no hay Concordatos del Vaticano con el
Estado español. El último fue de 1953. Hoy están vigentes los
“Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español” de 3 de Enero
de 1979, sobre Asuntos Jurídicos, Educativos, Culturales y
Económicos. Estos Acuerdos ya están pasados de fecha. Después
de más de 25 años de vigencia han pasado muchas cosas, ha
habido profundos cambios, y es preciso reconducirlos a las
necesidades y retos actuales, sobre todo en lo relativo a la
Enseñanza.
Un pensar laico quiere tanto como decir un pensamiento
flexible, no rígido, ni dogmático, ni que tenga que ver con
fundamentalismos absolutistas. Los valores laicos van en la línea
de los valores humanos, derechos humanos, valores cívicos,
propios de una sociedad que apuesta por la igualdad, no por
valores “religiosos”. No se contraponen, lo que pasa es que no hay
valor cristiano que al mismo tiempo no sea un valor humano.
Derechos y deberes entre iguales, sin que en este tema prime lo
religioso―espiritual sobre lo laico―material. No es una
contradicción. Cada uno tiene su propio espacio.
2.― La Religión:
El Cristianismo es una religión y no es la única verdadera.
Existen otras muchas religiones en nuestro país tan verdaderas
como la católica: la religión musulmana, anglicana, protestante,
judía, luterana, etc. Pero ¿Es el Cristianismo una Religión laica?
Podemos afirmarlo en el sentido de que entre los primitivos
35
Estado laico, Iglesia laica
cristianos “lo sagrado” no se ponía ni en los templos, ni en los
ritos, ni el culto, sino en las personas, en su dignidad y felicidad,
en la Vida. En este sentido, en la Religión cristiana que se deduce
de los Evangelios no hay nada sagrado: ni personas sagradas
(sacerdotes, obispos, monjas, cardenales, papa) ni templos
sagrados (catedrales, iglesias, etc), ni cosas sagradas (libros, altares,
copones, vestiduras, fuego).
La palabra ekklesía, ecclesía, significa desde Herodoto
“asamblea del pueblo que tiene poder de decisión”, y que en
Atenas representaba el poder soberano del Estado. Los Obispos,
proviene de la palabra griega episcopoi, que eran inspectores
enviados por Atenas para salvaguardar el orden. La“liturgia” las
leitourgíai no tenían nada que ver con lo religioso o con lo
sagrado, sino que eran las obligaciones especiales impuestas a los
ciudadanos más ricos para utilidad de la población en general. La
palabra presbiteroi, presbíteros,se refiere no son los sacerdotes,
sino los ancianos.
Es decir, al igual que la Iglesia, también la Liturgia eran, en
los primeros tiempos del cristianismo, realidades “profanas” y, en
ese sentido, “laicas”. El “sumo Pontífice es uno de los títulos que
se dan al papa. Y está tomado de los emperadores romanos, el
“summus pontifex”, que tenía atribuciones de dios. Los cristianos
que no daban culto al emperador, eran tenidos por “ateos”.
Nada de esto se ve en el Evangelio. Todo es profano, secular,
laico, civil. Todas estas cosas las hemos “sacralizado”, les hemos
asignado un carácter sagrado a cosas profanas. Esta sacralización
proviene de categorías antiguas de la cultura griega. Lo sagrado es
lo específico de la Religión, es lo que está apartado, lo distinto, lo
que exige veneración, respeto y derechos. Las religiones reclaman
siempre lo sagrado y forman parte de la cultura de un pueblo.
Sagrado: Lo que está dedicado a Dios y al culto divino. Lo
perteneciente o relativo a la divinidad y a su culto. Lo que con
gran dificultad se puede alcanzar con medios humanos. Sitio que
se asegura de un peligro, ‘acogerse a sagrado’. Diccionario de la
Real Academia Española, II,1828.
36
Estado laico, Iglesia laica
Mientras que “lo sagrado” nos da seguridad, dignidad y
poder, la relación con “lo humano” es fuente de incesantes
problemas. La relación con Dios (religión, = re―ligación) no está
en la observancia de “lo sagrado”, sino en la relación con lo
humano, La religiosidad que arranca de Jesús no es ya la religión
de “lo sagrado”, sino la religión de lo humano, es decir, una
religión laica. Jesús fue un hombre laico, no fue sacerdote, no tuvo
privilegios. Fue condenado a muerte por motivos políticos y
religiosos. La religión que le agrada a Dios es la Religión laica. La
religión pura y no contaminada consiste en “mirar por los
huérfanos y las viudas en sus dificultades y en no dejarse
contaminar por el orden éste” (Sant.1, 27). En el Juicio definitivo
de las Naciones, nada se dice de relaciones religiosas, sino de
ayuda a las necesidades de la gente: enfermos, presos, inmigrantes,
hambre, sed, etc. (Mt. 25).
3.― La sociedad vive en un proceso de cambio:
Es un hecho que no tiene vuelta de hoja: la sociedad, el
mundo, vive un constante, rápido y profundo proceso de cambio.
Esto nos afecta a todos.
a) Cambio en el interior, en la vida privada.
Llegan hasta el corazón mismo de nuestra vida emocional.
Son otros los sentimientos que brotan de las entrañas, otra la
visión de la vida y de la muerte, de la familia, de las relaciones
humanas.
Un reciente estudio que ha coordinado el profesor de la
Universidad de Michigan, Ronald Inglehart 1. Teniendo en
cuenta que, de los 81 países que ha analizado el estudio de
R. Inglehart, Human Values and Social Change: Findings from the World
Values Suveys, Netherlands, E. J. Brill, 2003.
1
37
Estado laico, Iglesia laica
Inglehart, resulta que España es el país que está viviendo el cambio
social más rápido y más profundo en todo el mundo2.
Estos cambios se están produciendo en todo el mundo,
debido al fenómeno de la globalización, en los países ricos y en las
sociedades avanzadas tales cambios se producen con mucha mayor
rapidez y sobre todo alcanzan niveles de profundidad que
seguramente no imaginamos.
b) Cambios profundos:
Disturbios en París (Noviembre de 2005). No es la revuelta
de los estudiantes del Mayo del 68.Entonces, protestaban las
ideas, ahora es la revuelta de los inmigrantes y protestan las
necesidades. Ha comenzado la revolución del mundo pobre frente
al mundo rico. La protesta de los pobres tiene más fuerza que el
poder de los ricos. Una cosa es clara: los pobres ya no aguantan
más en su resignación por la supervivencia. Hasta hace pocos años,
los pobres no veían otra salida que aspirar a sobrevivir, resignados
a “ir tirando”. El hambre es muy mala. Tan mala, que llega el
momento en que la gente ya no aguanta más. Y ese momento ha
llegado. Y aquí es importante tener muy clara una cosa: esto no
hay quien lo detenga. No lo van a detener ni las murallas de Ceuta
o Melilla, ni los policías de los aeropuertos, ni los guardias civiles
que vigilan las costas y apresan a los que vienen en las pateras. Los
grandes movimientos migratorios, impulsados por el hambre y la
desesperación, no se detienen ni con leyes, ni con amenazas, ni con
policías. Sólo se detienen con la puesta en práctica de la justicia,
con el respeto a los derechos humanos.
Algunas reflexiones:
a) Resistencia al cambio en sectores de la población que se
sienten amenazados por las transformaciones que les rodean.
2
Cf. El País, 30 de junio de 2004, p. 30.
38
Estado laico, Iglesia laica
b) No es un fenómeno coyuntural. Cuando hablamos de
cambios en nuestra sociedad, no estamos ante un fenómeno
pasajero, de manera que pronto (como piensan algunos) las cosas
volverán a “su sitio”. No sólo no estamos en una época de
cambio, sino que vivimos ya en un cambio de época, de vida, de
Historia.
c) Nuevas culturas, nuevo modelo de Ser Humano. Está
emergiendo una nueva cultura y, con ella, un nuevo tipo de SH.
Con unas creencias y unos valores que, en cuestiones muy
fundamentales de la vida, son completamente distintos de las
creencias y valores que han dado sentido a la vida de las
generaciones pasadas e incluso de muchas gentes que todavía
viven.
d) Nuevas relaciones humanas, del Estado con la Iglesia, de la
Iglesia con la sociedad, y de los ciudadanos con cada una de estas
entidades. Es evidente, que el valor que hoy se da a la libertad, a
los derechos de las personas y a las relaciones humanas no se
parece casi en nada al valor que se les daba a esas cosas hace treinta
años.
Resumiendo: 1) Estamos asistiendo a un cambio muy
profundo que está afectando al mundo entero. 2) No tenemos
datos para concluir que se avecina un fin apocalíptico de la
humanidad. 3) Ya tenemos elementos de juicio suficientes para
pensar que el sistema económico y político vigente se tambalea y
que, por tanto, se nos avecina un orden mundial diferente.
e) La sociedad va siendo plural.
Uno de los cambios más significativos es la aparición de un
pluralismo moral que no admite imposiciones dogmáticas de
ningún tipo. Así, la religión católica que, durante muchos siglos,
fue en España la base de las convicciones morales de gran parte de
la población, ya no es en la actualidad el único referente ético para
una mayoría de los ciudadanos. El fenómeno del pluralismo moral
39
Estado laico, Iglesia laica
está unido en nuestro país al creciente peso de la moral laica y a la
aparición del pluralismo religioso, vinculado, en gran medida, al
creciente fenómeno de la inmigración.
Coexisten distintos pluralismos.
Pluralismo étnico: [comunidad humana definida por sus
afinidades raciales, lingüísticas, culturales] las diversas etnias de
origen Africano (subsaharianos, magrebíes, etc.) de la Europa del
Este (búlgaros, rumanos, checos, etc.) o de América Latina
(brasileños, ecuatorianos, bolivianos, mexicanos, etc,), de la única
Raza Humana que existe en el Planeta.
Pluralismo moral: existen diversas morales, la católica no es la
única.
Pluralismo religioso: hay distintas religiones en el país.
Pluralismo político: diversas concepciones de la política,
partidos, sindicatos.
Pluralismo cultural: distintas maneras de concebir la vida y la
muerte.
Todo esto desencadena una serie de problemas legales,
políticos, culturales, sociales y religiosos, que son de todos bien
conocidos. Y aquí es decisivo convencerse de que la sociedad no
va a retroceder para recomponer el “monolito cultural” de
tiempos pasados. Nuestra sociedad es y será cada día más plural y
diversificada en todos los órdenes de la convivencia humana. El
origen étnico, cultural o religioso, la identidad y la orientación
sexual de cada persona pueden y debe quedar integrado en el
derecho de ciudadanía.
4. La Ciudadanía:
a) El Estado democrático pretende organizar la convivencia
de todos los ciudadanos desde la Laicidad, sin tener en cuenta la
dimensión religiosa de ninguna Institución. El Estado gobierna
40
Estado laico, Iglesia laica
para todos, sean de la índole religiosa que sea, de la clase social, o
político, o económica que sea. Tiene que gobernar sólo desde su
independencia y neutralidad. “España se constituye en un Estado
social y democrático” (Const. Esp. 1, 1). Únicamente en un
Estado así constituido, es realmente posible la libertad, la justicia,
la igualdad y el pluralismo político. Porque la soberanía reside en
el pueblo y no en ningún monarca absoluto.
b) Retardar o acelerar este cambio que se está dando, depende
en gran medida de todos y cada uno de nosotros. Hay esperanzas
en las luchas que se mantienen. Pero hay que luchar, no nos
regalan nada. Las recientes revueltas en los barrios periféricos de
Paris así lo ponen de manifiesto. Como lo pone también en
evidencia la “mundialización de los movimientos de resistencia”
que, de año en año, va en aumento de un extremo al otro de la
Tierra 3.
c) La sociedad laica nos permite vivir juntos a pesar de las
diferencias de opinión, de moral y de creencias. Lo esencial de esta
sociedad radica en tres temas: Neutralidad del Estado, de la
escuela. Independencia del Estado frente a las Iglesias y viceversa.
Libertad de conciencia y de culto. Pero, la Iglesia católica no
puede dictar e imponer sus normas morales a toda la sociedad
civil. En todo caso solamente a los creyentes.
d) Desde un pensamiento laico, no fundamentalista., la
ciudadanía puede ayudar a la convivencia. El conjunto de la
sociedad tiene que integrar el origen étnico, cultural o religioso, la
identidad y la orientación sexual de cada persona. Y los
ciudadanos, que no podemos dejar de serlo porque necesariamente
pertenecemos a un país concreto (ciudadano/a español, francés,
búlgaro, etc), podemos ejercer una ciudadanía activa, sintiéndonos
ciudadanos de verdad, no súbditos ni vasallos. El activo es el que
Así lo explica cada año el anuario que publica el Centro Tricontinental de
Lovaina.Cf. Samir Amin y François Houtart, Globalización de las resistencias. El
estado de las luchas 2003, Barcelona, Icaria , 2002.
3
41
Estado laico, Iglesia laica
hace algo, el que se compromete a algo, no esperando que nos lo
den todo hecho. Es decir, respondemos activamente desde la
democracia haciendo posible la convivencia entre todos, desde la
libertad, la igualdad, la pluralidad.
e) El comportamiento debería ser cívico, basado en valores
cívicos, y derechos humanos que son universales o universalizables.
Una conducta basada en una moral cívica, laica, no religiosa. Es decir,
basada en valores democráticos de la Igualdad: todos somos iguales
ante la Ley, con iguales derechos y deberes, pero sin privilegios de
ningún tipo. No hay ciudadanos de primera, de segunda o de tercera.
Los ciudadanos pobres, parados, jubilados, pensionistas, campesinos,
marineros, albañiles, etc. son tan ciudadanos como los ricos y
potentados. Otra cosa es que la sociedad, reconozca de hecho esta
igualdad en la escala de lo social, de los derechos y de los deberes.
f) En resumen: Todo ciudadano y ciudadana no es neutral, no
puede menos de mantener cierto tipo de relaciones con la Religión,
con la Política, con la Sociedad. Cada cual según sus preferencias. Es
un ejercicio de la Libertad. Y en este ejercicio es como podemos
asumir la tarea de democratizar la democracia. Esto significa que
tenemos la obligación cívica de llevar los planteamientos de la
democracia hasta sus últimas consecuencias. Concretamente, sabemos
que no es lo mismo una democracia representativa que una
democracia participativa. En España, el sistema democrático es
meramente representativo. Porque son los partidos políticos los que
“representan” la voluntad de los ciudadanos. “La soberanía reside en
el pueblo”. Sin embargo, una gran mayoría de ciudadanos no se
sienten representados por los diputados del Congreso o del Senado.
Lo cual quiere decir que no son los ciudadanos quienes directamente
“participan” en la toma de decisiones. Mientras no se cuente con la
ciudadanía en la toma de decisiones, sobre todo en lo referente a lo
económico, no es verdadera democracia. Nuestra democracia o es
participativa o no será democracia.
12 de Diciembre de 2005
―――oOo―――
42
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 3:
Los procesos históricos de la laicidad
Antonio Moreno de la Fuente
Diciembre del 2011
Según Marx, la estructura económica condiciona la
superestructura, es decir, la economía condiciona a las
instituciones jurídico―políticas y las ideológicas (religiosa,
filosófica, moral, artística etc), pero no las determina, es decir, la
economía influye en todo, como hoy lo vemos con la crisis
financiera y económica que vive Europa, pero, a su vez, se deja
influir por las instituciones jurídico―políticas y la ideología, del
mismo modo que se influyen entre ellas. Los políticos Angela
Merkel y Nicolás Sarkozy son los que dirigen hoy la política
económica de la Unión Europea. Lo político influye también en
lo jurídico y ambos se relacionan con la cultura, la religión, la
moral, la filosofía, la estética etc., y éstas entre sí. La condena al
juez Baltasar Garzón por las escuchas telefónicas del caso Gürtel y
declararse competente en las causas de las víctimas de la represión
de la dictadura franquista, es una muestra clara de la influencia de
la política en el ámbito jurídico. Lo mismo ocurre con las mutuas
relaciones entre la Política y la Religión, tan patentes en nuestra
cultura occidental. Efectivamente, diversas, estrechas y azarosas
han sido las relaciones que ha habido en Occidente entre Mito y
Logos, entre Religión y Política, entre poder político y religioso.
Este es precisamente el objeto de este capítulo y del siguiente.
Veremos que el análisis de estas relaciones sentará las bases de los
procesos históricos tanto de la sacralidad del poder religioso y
43
Estado laico, Iglesia laica
civil, como también de su laicidad y laicismo. Siguiendo en parte a
Marcel Gauchet (1), tales relaciones, difíciles y con frecuencia
enfrentadas, podríamos reducirlas a tres. En la primera, la Religión
se identifica y absorbe al Estado, con lo que el poder religioso
prevalece sobre el civil, el sacerdote sobre el rey, lo que ocurre en
las teocracias. En la segunda, Estado y Religión, poder político y
religioso, se consideran campos diferentes y autónomos,
respetándose ambos y dando origen a la distinción y
diferenciación de los poderes civil y religioso, como ocurrió en el
mundo griego y en el cristianismo, aunque con las matizaciones
que expondremos. En la tercera el Estado es independiente y
autónomo de la Religión, el poder civil prevalece sobre el
religioso, como ocurre en Occidente, tras la Revolución francesa y,
a veces, lo anula y lo absorbe, como ocurrió en el nazismo y en la
antigua Unión Soviética que, al declararse estados ateos, la
Religión se consideraba actividad humana alienante, por lo que era
prohibida y perseguida. Las dos formas primeras están
representadas en el mundo greco―romano y en el mundo
cristiano primitivo y de la Edad Media, por ello las estudiamos en
este capítulo. En el segundo analizamos el desarrollo de la tercera
relación que se extiende desde el Renacimiento hasta nuestros días.
Presentado por Mardones, José Mª. “Democracia y religión en un mundo
laico”, en Mate, Reyes y Zamora, José Antonio (eds). Nuevas teologías políticas: Pablo
de Tarso en la construcción de Occidente. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2006,
pp.209―228.
1
44
Estado laico, Iglesia laica
3. 1. Sacralidad y laicidad en la antigüedad y
edad media
1.― Identificación entre lo religioso y lo político
En las sociedades primitivas sagrado y profano, religión y
organización socio―política se conciben de muy diversa forma a
como lo hacemos nosotros. Mircea Elíade es el autor que más ha
estudiado estos temas (2), afirmando que lo sagrado y lo profano
constituyen dos modalidades de estar en el mundo, dos situaciones
existenciales asumidas por el hombre a lo largo de su historia. Para
los antiguos lo sagrado pertenece a otro mundo, pero se manifiesta
en el nuestro a través de objetos naturales y profanos, como el sol,
las montañas, una roca, un árbol, una serpiente etc., que muestran
un algo “completamente diferente”, una realidad que no pertenece
a nuestro mundo, sino a la esfera de los dioses. Al ser tocados
estos objetos naturales y profanos por ese algo misterioso se
convierten en sagrados, en pertenecientes a la divinidad y así habrá
objetos sagrados, espacios, lugares y tiempos sagrados. La
naturaleza entera, el cosmos, son sagrados porque reflejan lo
divino. Ejemplos de ello son el escarabajo egipcio, los templos, los
santuarios en las cimas de los montes o montaña mágica. En el
Antiguo Testamento encontramos estos objetos sagrados en la
piedra sobre la que Jacob duerme y tiene la visión de la “escala de
Jacob” (Gen 28, 11―19), en el monte Horeb, llamado el monte
Especialmente en sus libros: Lo sagrado y lo profano. Trad. Luis Gil. 4ª ed. Madrid:
Guadarrama, 1981. [En línea:
http://libros.literaturalibre.com/wp―content/uploads/2008/11/lsylp―me―libr
osliteraturalibrecom.pdf. Consulta 10/09/2011].― Mito y realidad. Trad. de Luis Gil.
Barcelona: Labor, 1991.[En línea:
http://www.thule―italia.net/Sitospagnolo/Eliade/Eliade, Mircea ― Mito y
Realidad.pdf . Consulta 10/09/2011]
2
45
Estado laico, Iglesia laica
de Dios, en donde Moisés encuentra la zarza que ardía sin
consumirse (Ex. 3, 1―5) (3). En realidad, no es que el hombre
primitivo adore o venere a los árboles, montañas o al sol en
cuando tales, por sí mismos, sino por el hecho de que estos
objetos manifiestan o muestran algo que ya no es ni piedra ni
árbol, sino lo sagrado, lo “totalmente otro”, denominando Mircea
a este fenómeno como “hierofanía” o “teofanía”. Sagrado y
profano son ciertamente aspectos contrapuestos, pero están unidos
al mismo tiempo en los momentos en que esos objetos, lugares y
tiempos manifiestan a la divinidad, son sagrados. El hombre y la
mujer occidental, en cambio, experimentan cierto malestar ante
estas formas de manifestación de lo sagrado y les cuesta trabajo
aceptar que, para determinados seres humanos, lo sagrado pueda
manifestarse en las piedras o en los árboles o en otros seres. El
occidental solo percibe en las cosas u objetos de este mundo su ser
o su esencia común (4).
De esta visión o percepción sagrada del mundo procede la
religión del hombre primitivo, expresada en su “mitología” que
trata de sus dioses y héroes y de los cultos y prácticas rituales que
se les tributan para tenerlo a favor de los seres humanos. “Los
mitos, nos dice Mircea Elíade, relatan no sólo el origen del
Mundo, de los animales, de las plantas y del hombre, sino también
todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los
cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy, es decir, un ser
mortal, sexuado, organizado en sociedad, obligado a trabajar para
vivir y que trabaja según ciertas reglas” (5). Los mitos están
“vivos”, no sólo porque ofrecen una explicación del mundo y del
propio existir humano, sino, sobre todo, porque al rememorarlos y
reactualizarlos el ser humano es capaz de repetir lo que los dioses
o los antepasados hicieron. Conocer los mitos es saber cómo son
Sobre esto véase Escudero Freire, Carlos. El Evangelio es profano. Córdoba: El
Almendro, 2011,c.1, pp. 15―25.
4
Una visión de esta capacidad racional del homo occidental, puede verse en
Mate, Reyes. Tratado de la injusticia. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2011, pp. 42―76.
3
5
Mito y realidad., p. 8.
46
Estado laico, Iglesia laica
las cosas y también, mediante el rito, dónde encontrarlas y cómo
hacerlas reaparecer cuando desaparecen. Ahora bien, este
conocimiento y el poder de reactualizar los mitos estaban
ordinariamente reservados a los gurus, chamanes o sacerdotes, que,
a su vez, están subordinados al jefe tribal o al rey, coincidiendo, a
veces, sacerdote y rey en la misma persona. El rey―sacerdote sólo
debe cuidarse de tener a su favor a los dioses, mediante sacrificios
u otros ritos, para mantener la subsistencia de la tribu o vencer a
sus enemigos. En la antigüedad existe, por tanto, una integración
total de lo religiosos con lo político, entre la ley religiosa y la ley
política, permaneciendo subordinado lo político a lo religioso.
Esto es lo que ocurre ordinariamente en las teocracias, sean
politeístas como Roma o monoteístas, como la religión judía y la
islámica.
Roma que, en ciertos momentos de su historia hace diferencia
entro lo político y lo religioso, en otros lo identifica al declarar la
deificación del gobernante. Esta deificación tiene sus orígenes en
tiempos de Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, a quien se
atribuye que tuvo como consorte y consejera a la diosa romana de
las fuentes y los partos, Egeria (6). La deificación del gobernante se
afianza a la muerte de Julio Cesar y su sobrino Octavio, el primer
emperador romano, que toma el nombre de Cesar Augusto y
alcanza su cima en tiempos de Domiciano (81―96 de nuestra
era) quien se declaró a sí mismo dios mientras aún vivía (7), con lo
que, al establecerse formalmente en la religión romana el culto al
Emperador, éste entra en el Olimpo de los dioses. De hecho, Julio
Cesar se autoproclamó Pontifex Maximus, atribuyéndose así al
Emperador el cargo y funciones pertenecientes al sacerdote
Mitología romana.
[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Mitología_romana. Consulta
10/09/2011]
6
7
Culto imperial (antigua Roma).
[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Culto_imperial (Antigua Roma) .
Consulta 10/09/2011]
47
Estado laico, Iglesia laica
principal de la religión tradicional romana (8). La deificación del
Emperador y la asunción por su parte del nombre y función del
sacerdote principal o Pontífice máximo de la religión hacen
confluir en manos del Emperador romano tanto el poder civil
como el religioso. El Estado es reconocido por ser sujeto de la
sacralidad, como expresión de una voluntad sagrada o divina, no
humana. Sus leyes, por tanto, gozarán de esta prerrogativa de ser
expresión de una voluntad divina, serán sagradas. La Religión se
identifica con el Estado, se declara religión de estado y ella misma
es absorbida por el Emperador, dando origen a lo que podríamos
llamar una teocracia civil, muy diferente del pensamiento griego y
cristiano, como veremos (9).
2.― Diferenciación y relaciones entre lo religioso y lo
político.
2.1.― En Grecia, en un principio, la religión era como en la
mayoría de los pueblos primitivos, una proyección de las fuerzas
humanas expresada en su rica mitología. Pero los griegos
descubren pronto que entre Mito y Logos hay diferencia. Los
Mitos griegos siguen siendo relatos sobre la génesis del mundo, tal
como aparecen en las obras de Hesiodo: Teogonía y Los trabajos
y los días, para quien todos los seres provienen del Caos inicial o
del desmembramiento sacrificial de un ser divino. También en
Orfeo, aunque éste hace más hincapié en el movimiento de
retorno al origen, enseñando un repliegue a la interioridad, a la
mística de la unidad, por la influencia recibida del hinduismo.
“Fragmentación de la “divinidad” – nos dice Salvador Pániker (10)
― y “retorno al origen” son los dos momentos esenciales que,
más o menos vagamente, reproducen las distintas mitologías”.
Máximo Pontífice.
[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Máximo_Pontífice. Consulta
10/09/2011].
9
Ratzinger, Joseph. Iglesia, ecumenismo y política. Madrid: Biblioteca de autores
cristianos, 2005, pp. 178―179
10
Pániker, Salvador. Filosofía y mística: Una lectura de los griegos. 2ª ed.
Barcelona: Kairós, 2003, p. 31 y ss, a quien seguimos en esta exposición.
8
48
Estado laico, Iglesia laica
Sin embargo, con Tales de Mileto (c.624―546 a.C.) nacen
el Logos y la Ciencia al descubrir que la naturaleza sigue unos
principios consistentes que podrían ser descifrados, con lo que
empieza el largo proceso de reemplazar la noción del origen del
mundo en las acciones de los dioses por la de un universo regido
por leyes propias de la naturaleza (11). “A diferencia de las
sociedades orientales, nos dice Salvador Pániker, como
Mesopotamia y Egipto y en las que se expresaba la relación entre
el rey y el mundo, los griegos inventan la polis, un espacio social
centrado en el ágora donde se debaten los asuntos de interés
general, donde todos los ciudadanos participan igualmente en el
poder, donde la palabra deja de ser ritual y se convierte en logos”
(la cursiva es mía) (12). Esta nueva categoría de lo político,
inventada por los griegos, según la cual el destino de lo humano
está en las propias manos y no en la de los dioses, culmina en
Sócrates, Platón y Aristóteles, quien define al ser humano como
animal político, es decir, que vive en la ciudad (polis), siendo el
origen de la definición democrática del Estado, diferenciado y
diverso de la Religión dirigida por los sacerdotes. La actividad
política sería la principal, la religiosa, en cambio, sería una
actividad cívica más ejercida en la polis, orientada hacia la
realización humana y subordinada a la actividad política de la
misma polis o del Estado. La religión de los griegos, nos dice
Hawking, Stephen, Mlodinow, Leonard. El gran diseño. Tr. De David Lou i
Mirabent. Barcelona: Crítica, 2010, p.23, lo exponen también con estas palabras: “La
ignorancia de las formas de actuar de la naturaleza condujo a los antiguos a inventar
dioses que dominaban cada uno de los aspectos de la vida humana. Había dioses del
amor y de la guerra, del sol, la tierra y el cielo, de los ríos y los océanos, de la lluvia y los
truenos, e incluso de los terremotos y los volcanes…Pero con Tales (c.624―546 a.C.)
eso empezó a cambiar. Surgió la idea de que la naturaleza sigue unos principios
11
consistentes que podrían ser descifrados y así empezó el largo proceso de reemplazar la
noción del reinado de los dioses por la de un universo regido por leyes de la naturaleza
(la cursiva es mía) y creado conforme a un plan que algún día aprenderemos a leer”.
Esta crítica a la religión la veremos también en el tiempo de las revoluciones, que
exponemos en el capítulo siguiente
12
Ob.cit., p.46.
49
Estado laico, Iglesia laica
Salvador Pániker: “es una religión sin dios único, sin Iglesia, sin
clero, sin dogma, sin credo, sin promesa firme de
inmortalidad…su religión es, ante todo, una religión cívica,
orientada hacia la vida terrestre y la realización humana” (la
cursiva es mía) (13). Con ello, lo político es el ámbito o marco de
lo sagrado. Y la clave de la salvación, objeto de lo religioso, está en
el desciframiento de las leyes del cosmos y de la polis, lo que
constituye la sabiduría griega. El Logos envuelve y abraza al Mito,
éste queda subordinado a aquel, aunque ambos mantienen su
diferencia. Esta relación, diferenciadora pero subordinada, de la
Religión al Estado permanece durante el período helenístico o
alejandrino (14) posterior, a pesar de que el gobierno de la polis
adquiere diversas formas como la tiranía, el imperio bajo
Alejandro Magno y la monarquía en los reyes de las dinastías que
heredan el imperio de Alejandro. Pero siempre se mantiene la
división de funciones entre la actividad religiosa que dirigen los
sacerdotes y la actividad cívica o política propia de la polis.
2.2.― El cristianismo, que iba como religión oriental o
sapiencial basado en el judaísmo, se cruzó y se mezcló con la
sabiduría griega y romana. El Cristianismo toma su origen en el
judío Jesús de Nazaret, ajusticiado bajo el procurador romano
Poncio Pilato, hacia el año 30 de nuestra era, siendo, junto a la
cultura greco―romana, el fundamento de nuestra cultura
occidental (15). “Cristianos” se llaman, por vez primera, a los
13
14
Ibid., p.87.
Período helenístico [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Período_helenístico. Consulta 13/09/2011]
Benedicto XVI expresaba estos tres asientos en su discurso ante el Parlamento
alemán, el 22―09―2011, con estas palabras: “La cultura de Europa nació del
encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma – del encuentro entre la fe en el Dios de
Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple
encuentro configura la íntima identidad de Europa”, en Magíster, Sandro. Hay un juez
en Berlín. Y quiere de nuevo al Rey Salomón.
[En línea: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1349569?sp=y .
Consulta: 24―09―2011]
15
50
Estado laico, Iglesia laica
seguidores de Cristo (Hch.11, 26), en Antioquia, hacia el año 50,
durante el período helenístico de la cultura greco―romana, dando
origen a una nueva religión conocida como Cristianismo ¿Cuál es
lo específico de esta religión y en qué se distingue de la Religión
greco―romana del período helenístico? Y ¿qué relaciones
establece el Cristianismo entre Religión y Estado?
A. En la Antigüedad cristiana
A1. Lo específico de la Religión cristiana. San Pablo, el
primer teólogo cristiano, es quien mejor expresa lo específico de la
Religión cristiana y las diferencias tanto con la religión helenística
de su tiempo, como con el judaísmo, al decir en su primera carta a
los Corintios (1, 22―23): “los judíos piden señales (milagros) y
los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo
crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”.
La sabiduría que buscaban los greco―romanos estaba contenida,
según dijimos, en su filosofía y en la polis: en la cuestión del ser,
en el desciframiento de las leyes del origen y fin del cosmos, de las
cuestiones acerca del ser humano, su conocimiento, sus pasiones y
su lugar en la realidad y su actividad en la polis. La actividad cívica
de los griegos y romanos en la polis abarcaba también a su
religión, al considerarla como una actividad cívica más, orientada
hacia la realización humana. La dimensión fundamental del ser
humano –su sabiduría― se identificaría con la inteligencia del
cosmos y con su dimensión política en la ciudad, no con su
religión. En definitiva se identificaba el fin último de ser humano
con el fin de la polis y del cosmos.
El judío, en cambio, pedía signos, milagros, algo excepcional
como prueba de la existencia de un mas allá del cosmos natural, de
un Ser supremo o Dios único al que llamaban Yahvé. El “signo”
supremo de esta trascendencia sería para ellos la manifestación (la
hierofanía o teofanía a que nos referíamos al principio) de ese
Dios en el Mesías, Rey―Ungido, al que esperaban y mediante el
cual el pueblo judío revelaría a los demás que Yahvé es el único
Dios y ellos su pueblo elegido. Para relacionarse con Yahvé era
51
Estado laico, Iglesia laica
necesario hacerse judío, mediante el rito de la circuncisión y la
práctica de la Ley mosaica. Respecto al judaísmo, el cristianismo
primitivo aparece como un “cisma” o “herejía” de la religión judía,
al separarse de su concepción mesiánica. Mientras los judíos
seguían esperando ese Mesías triunfador, el cristianismo afirmaba
que ya había llegado en la persona de Jesús de Nazaret,
desprovisto de poder y grandeza y además crucificado por ellos
mismos. Los judíos no aceptan este Mesías humillado como signo
o manifestación de la divinidad, para ellos es un “escándalo”, un
motivo de indignación y desprecio.
Al proclamar Pablo a Jesús como Mesías anuncia frente al
judaísmo un “mesianismo antinómico”, en frase de Jacob Taubes
(16), porque ya no será necesario para la salvación la circuncisión y
la observancia de la Ley mosaica, sino sólo creer en Él, tomarlo
como modelo y seguirlo. Y respecto a los greco―romanos
proclama una “nueva sabiduría en figura humana”. Pablo es el
primer autor cristiano que reivindica, frente al orden profano
existente en su tiempo, un nuevo orden mesiánico, aportado por
las palabras y praxis del judío Jesús. ¿En qué consiste este nuevo
orden mesiánico? Ante todo, no se niega la polis o comunidad
política, pero se la relativiza, por el advenimiento del nuevo orden
mesiánico. Este nuevo orden es, ante todo, “fe en Cristo
(Ungido―Mesias) crucificado”. Creer en ese Jesús que, a pesar de
su kénosis, es decir, anonadamiento o vaciamiento de su condición
divina y toma de la condición humana de siervo, con su carga de
limitaciones, sufrimientos y muerte de cruz, Dios le dio la razón,
Citado por Gaeta, Giacarlo. “Jacob Taubes: mesianismo y fin de la historia”,
en Reyes Mate Ruipérez; José A.Zamora (eds). Nuevas teologías políticas: Pablo de
Tarso en la construcción de Occidente. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2006, pág.18.
Sin embargo, no faltan autores que, como Antoni Doménech, señalan a Pablo como el
apologeta de la dominación y sumisión a la autoridad, basado en Rom. 13, 1―7 .
Véase Doménech, Antoni. “Un poco de historia sacra y un poco de historia profana”,
en “Debate. Cristianismo y republicanismo”. Iglesia viva. Nº 208, 2001
(octubre―diciembre).. [En línea: http://www.iglesiaviva.org/n208―3.htm .Consulta
12/09/2011]
16
52
Estado laico, Iglesia laica
lo resucitó y lo ensalzó, como dice Pablo en Fil.2,7―9: “se
despojó de si mismo (de su condición divina), tomando condición
de siervo…Por lo cual también Dios lo ensalzó”. Para nosotros la
“fe en Jesucristo” es creer y estar íntimamente convencidos de que,
como le sucedió a El (aunque de ello nadie tiene una prueba
experimental), puede sucedernos también a nosotros. El
sufrimiento y despojamiento de uno mismo, las penalidades de la
vida no es lo definitivo, porque creemos y tenemos esperanza de la
exaltación, no solo futura sino ya aquí como les ocurría a los
enfermos que se acercaban a Jesús. “Tu fe te ha salvado” les decía.
No les pide que crean en verdades, sino que confíen en que su
situación puede cambiar o pueden curarse. La fe cristiana supone
ciertamente la aceptación de las desgracias y miserias del mundo,
la kénosis o anonadamiento que ellas implican en semejanza de
Jesús, pero cuestiona, ante todo que debamos quedarnos en solo
eso, en el vaciamiento interior (como pretenden las religiones
indo―místicas y las chino―sapienciales); cuestiona también que
las desgracias y miserias de este mundo sean una fatalidad,
producto de la naturaleza o enviadas por los dioses y que haya que
aceptarlas resignadamente o que sólo se puedan superar por la
participación en los ritos o práctica cultuales, como proponen las
religiones griega y romana. La nueva “fe en Jesucristo”, como dice
Pablo: “actúa por medio del amor” (Gal. 5,6), acepta el
“vaciamiento, despojamiento o anonadamiento” (17) de uno
mismo, en semejanza al Cristo crucificado, pero cree en la
esperanza de una vida nueva, de la exaltación, que será realidad en
el “amor al prójimo, como se ama uno a sí mismo” y que también
nosotros seremos prójimo del otro, como el Samaritano que
Anonadamiento que expondrían posteriormente los grandes místicos
cristianos, tanto medievales: Tauler, Suso, como los clásicos españoles: Teresa de Avila,
Juan de la Cruz, Francisco de Osuna etc. Creemos que este despojamiento de si mismo
es semejante a “disolver el ser” de la tradición budista―sintoísta, tal como lo expone
Kagefumi Ueno. Cultura y religiosidad en el Japón moderno, en Magíster, Sandro. Por
qué en Japón el cristianismo es extranjero. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1344428?sp=y. Consulta
12/09/2011].
17
53
Estado laico, Iglesia laica
socorrió al que fue víctima de los ladrones (Lc 10,36―37). La
misericordia o la acción amorosa, el ágape y la búsqueda de la
justicia serán la manifestación o hierofanía de la divinidad en
nuestro mundo, no los ritos ni el culto (18). Dios tiene necesidad
del ser humano para manifestarse, por ello se identifica con él,
como lo dice el Cristo en el juicio cósmico: “Cuanto hicisteis a
uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis”
(Mt. 25,40). Esta nueva sabiduría sería considerada por los
grecorromanos como necedad y “escándalo” o desprecio por los
judíos, pero Pablo les dirá: “Para los llamados, lo mismo judíos
que griegos, Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque
la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres y la
debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres” (I Cor
24―25).
A2. Religión y política en el cristianismo primitivo.― El
Cristianismo diferencia perfectamente el “orden profano”, la polis
y el poder político del “nuevo orden mesiánico” o religioso. No se
identifica ni se define a partir de un orden social existente, sea la
polis griega o la del imperio romano, ni tampoco con la teocracia
judía. Su Religión se diferencia tanto de la “cultual y cívica”
greco―romana, como de la judeo mosaica, porque, por lo dicho,
el Cristianismo, más que una religión cultual y de ritos, es una fe
que obra por el amor al prójimo. Esto supone crear una relación
dialéctica entre Religión y política. Habrá que reverenciar y dar
culto a Dios, pero como “a Dios nadie le ha visto nunca” (I Jn.
4,12), le conoceremos y haremos presente a Dios, si amamos y
reverenciamos al prójimo, ya que “quien no ama a su hermano, a
quien ve, no pude amar a Dios a quien no ve” (I Jn.4,20). Y ello
no sólo en el plano individual, sino también en el social, en la
polis, lo que se manifiesta en varios sentidos. Ante todo, prestando
obediencia a las autoridades civiles, aunque sean paganas, porque
18
Recomiendo la lectura del breve y precioso librito de Marina, José Antonio.
Por qué soy cristiano. Barcelona: Anagrama, 2005, que expone ampliamente estas
consideraciones.
54
Estado laico, Iglesia laica
la autoridad proviene de Dios y, por consiguiente, se debe
obediencia al poder estatal y se está obligado al pago de los
impuestos (Rom 13,1―7) o, como Marcos pone en boca de
Jesús: “Dad al César lo que es del César, pero a Dios lo que es
Dios” (Mc 12,17) (19). En segundo lugar, tratando de transformar
la “polis” o comunidad política en dos aspectos fundamentales: en
la base y en sus dirigentes. Primero en la base, porque en la
comunidad humana nadie debe pasar necesidad (Hc 4,34), ya que
los bienes son comunes a todos. Esta praxis básica del cristianismo
primitivo, que Rosa Luxemburgo llamó “socialismo de consumo”
(20), pretende establecer un “socialismo” o “comunismo” en la
nueva polis, llamada “reinado de Dios”, al declarar que los bienes
básicos son comunes a todos y no sólo de los privilegiados. Este
comunismo que transformó, en los primeros siglos, la sociedad de
su tiempo, sería el germen y semilla de la nueva humanidad, que
Obediencia a la autoridad mientras no vaya contra la conciencia cristiana en su
convicción o fe más íntima, como se verá posteriormente en la negativa cristiana de
rendir culto al emperador, de reconocerle divino. Este parece ser el sentido de las
expresiones paulinas de obediencia a la autoridad en Rom.13, y no el sentido que da
Antoni Doménech, citado anteriormente. Por otra parte, este cumplimiento de las
obligaciones civiles en la polis, que los primeros cristianos tenían tan claro, no ha calado
tanto en nuestro cristianismo de hoy, en el que se cree más importante realizar actos de
culto: misas, comuniones, bodas, entierros, procesiones, que cumplir con las
obligaciones civiles de pagar los impuestos del IRPF, por ej., o pagar salarios justos o
cotizar a la Seguridad social.
20
En El Socialismo y las Iglesias dice: “De modo que la consigna de propiedad
colectiva que levantaban los cristianos no se refería a los bienes de producción sino a los
de consumo. No exigían que la tierra, los talleres y las herramientas se convirtieran en
propiedad colectiva, sino simplemente que todo se dividiera entre ellos, casa, comida,
ropas y todos los productos elaborados necesarios para vivir. Los comunistas cristianos
se cuidaban bien de averiguar el origen de estas riquezas. El trabajo productivo recaía
siempre sobre los esclavos. Los cristianos sólo deseaban que los que poseían la riqueza
abrazaran el cristianismo y convirtieran sus riquezas en propiedad común para que
todos gozaran de estas cosas en igualdad y fraternidad. [En línea:
http://www.marxists.org/espanol/luxem/05Elsocialismoylasiglesias_0.pdf
,
Consulta 12/09/2011], pp.140―141.
19
55
Estado laico, Iglesia laica
esperamos sea total realidad en un futuro (21). En segundo lugar,
referente al sentido de la autoridad en la comunidad política. Esta
autoridad no será ya déspota o tiránica, sino que deberá ejercerla
en servicio a la misma comunidad. Así lo entiende la comunidad
cristiana que refleja Marcos 9,35―36: “Si uno quiere ser el
primero, sea el último de todos y servidor de todos. Y tomando a
un niño (‘pais’= niño, siervo, criado), lo puso en medio de ellos y
lo estrechó en sus brazos”. “Hacerse como un chiquillo o criadillo
significa –dice Evaristo Villar (22)― que estructuralmente toda la
articulación social o comunitaria se subvierte o se vuelve del
revés”. Por ello, los que gobiernan en la comunidad de Marcos no
deben parecerse a los jefes de las naciones, que los tiranizan, sino
que “entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser
servidor vuestro” (Mc 10,42―43). El poder político o religioso,
en el cristianismo, será preocupación, cuidado y servicio a los
demás, no dominio o coacción.
Muchos autores (23) afirman que el cristianismo primitivo es
quien primero asienta los valores republicanos clásicos: junto a la
laicidad o clara distinción entre lo temporal y lo religioso, el ideal
de libertad, entendido como ausencia de dominación y el de
Del aquí presente y futuro escatológico o parusía. Esta postura será retomada
por la Teología de la Liberación, que niega la distinción de los planos natural y
sobrenatural, aportado por Agustín y Sto Tomás, admitiendo que en lo natural está la
semilla de lo sagrado, por la creación, encarnación y resurrección, lo que, en parte, es
retornar a la concepción sagrada de los seres primitivos. Esta semilla divina, despojada y
anonada como Jesús, en lo humano, en la comunidad política, es lo que hay desvelar y
manifestar con la praxis política. Véase Gustavo Gutiérrez. Teología de la Liberación:
perspectivas.16 ed. Salamanca: Sígueme, 1999, sec.2ª y sec.4, c.9.
22
Villar, Evaristo. ¿Un reino de niños?, en Utopía: Revista de cristianos de base,
nº 78., Junio 2011, p.27.
23
Véase Velasco, Demetrio. “Republicanismo y cristianismo”, en “Debate.
Cristianismo y republicanismo”. Iglesia viva. Nº 208, 2001 (octubre―diciembre).. [En
línea: http://www.iglesiaviva.org/n208―3.htm . Consulta 12/09/2011] y Díaz
Salazar, Rafael. Democracia laica y Religión pública. Madrid: Taurus―Santillana,
2007
21
56
Estado laico, Iglesia laica
universalidad en la igualdad básica de todos y el de fraternidad. A
ellos hay que añadir otro valor que no aparece tan claro en el
republicanismo y sí en el socialismo: que en la comunidad humana
nadie debe pasar necesidad (Hc 4,34), ya que los bienes básicos
son comunes a todos. Como se ve Religión ética y praxis política
están íntimamente relacionadas en el Cristianismo. Relacionadas
pero no confundidas. En el mundo greco―latino la actividad
cívica de los griegos y romanos en la polis abarcaba también a su
religión. La religión estaba subordinada o englobada en lo político
en Grecia y en Roma, al considerarla como una actividad cívica
más, orientada hacia la realización humana o a la grandeza del
Emperador y del Imperio romano. La dimensión principal del ser
humano –su sabiduría― consistía en su dimensión política o en la
inteligencia del cosmos, la religión era una actividad más
encaminada a este mismo fin. En definitiva se identificaba el fin
último de ser humano con el fin de la polis y del cosmos. En el
cristianismo, en cambio, la actividad política no es lo principal,
sino que queda relativizada por el advenimiento del nuevo orden
mesiánico. La Fe en Jesús que obra por amor, la nueva sabiduría
que proclama Pablo, es el fin, lo principal y a él, al contrario que
en el mundo greco―romano, queda subordinada toda la actividad
humana y política. Subordinación no como instrumento del nuevo
orden mesiánico sino como “secundario o relativo” a él, pues el
cristianismo reconoce la propia entidad y autonomía de lo político
en la expresión “dad al César lo que es suyo”, estableciendo el
principio de laicidad o separación entre Iglesia y Estado. Lo
político y el Estado no se anulan, pero sí se relativizan, ya que
ningún orden político agota el nuevo orden mesiánico o Reinado
de Dios. Política y Religión se diferencian, no se identifican al
contrario del mundo greco―latino, pero lo político hay que
entenderlo como relativo, porque que no agota nunca la
consecución de lo religioso. Pero esto, por desgracia, se olvidó
pronto, porque esta subordinación pasó a entenderse como puro
instrumento de lo religioso y, sobre todo, a partir del siglo IV se
identificó lo religioso con lo político, la Religión con el Estado.
57
Estado laico, Iglesia laica
A3. El Cristianismo de religión perseguida a religión del
Estado y perseguidora. ― El Cristianismo, durante los siglos II y
III, se propagó por todo el imperio romano como una revolución
suave, en frase de Hans Küng (24), basada en la “nueva sabiduría”
de servicio y amor al prójimo, que llevaba aparejada un nuevo
orden social, en el que: “no había entre ellos ningún necesitado”
(Hch 4,34). Este ideal ético y la entereza moral manifestada en
sufrir persecución y muerte por negarse los cristianos a rendir
culto a los dioses del Estado y al Emperador (25), obligó al
Emperador Galerio a promulgar el Edicto de Tolerancia de
Nicomedia (26) el 30 de abril del 311, por el que: “pueden
nuevamente los cristianos reconstituirse así como sus lugares de
culto, siempre que no hagan nada en contra del orden público”.
De esta tolerancia se pasó a la libertad religiosa de todos los
cultos, incluso el cristiano, mediante el Edicto de Milán (27),
promulgado por el emperador Constantino en el 313, tras la
victoria sobre Majencio. Fue éste un paso importante en las
relaciones del Estado y la Religión, al reconocer que el Estado no
monopoliza la conciencia religiosa de sus ciudadanos, por ello
dejaba de existir la Religión oficial del Estado, como había
existido hasta ahora en el Imperio romano, ni tampoco se daba
Küng, Hans. El Cristianismo: esencia e historia. 3ª ed. Madrid: Trotta, 2004,
pp. 164―166.
25
El primer informe sobre los fundamentos jurídicos de derecho publico romano
en que se basaba el proceso de persecución a los cristianos, lo conocemos por la carta
que Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, dirige al emperador Trajano, hacia el año
112, consultándole sobre el modo de proceder contra los cristianos que se manifestaban
ateos de la religión oficial y se negaban a dar culto al emperador. Véase Küng, Hans.
Ob.cit. p. 147.
26
Edicto de tolerancia de Nicomedia. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Edicto_de_Tolerancia_de_Nicomedia . Consulta
13/09/2011]
27
Edicto de Galerio y Edicto de Milán. [En línea:
http://www.e―libertadreligiosa.net/index.php?option=com_content&view=ar
ticle&id=273:edictos―de―milan―311313&catid=53:documentos―historicos&Ite
mid=18 . Consulta 13/09/2011]
24
58
Estado laico, Iglesia laica
preeminencia a una sobre otra. No duraría mucho tiempo, sin
embargo, esta política del emperador Constantino. El estratega
político que era Constantino pronto utilizó a la nueva religión
cristiana como instrumento de su poder, favoreciendo a la religión
cristiana sobre las demás. Ocurre esto a partir de la convocatoria y
celebración del primer Concilio universal de la Iglesia, celebrado
en su aula palatina de Nicea, en el año 325. Constantino no sólo
convocó este Concilio, sino que también lo presidió, lo clausuró y,
sobre todo, estableció que las decisiones conciliares se convirtieran
en leyes del imperio (28), con lo que daba el primer paso para que
la religión cristiana, antes perseguida o tolerada, fuera asumida
como religión más favorecida y de religión ilícita o tolerada pasa a
ser principal u oficial del Estado ¿Cómo pudo ocurrir esto?
Tanto Leonardo Boff (29), como Hans Küng (30) opinan que,
durante los tres primeros siglos, la unidad y cohesión de la Iglesia,
estaba garantizada por el consenso en la fe e incluso por el valor
para el martirio en su proclamación y defensa y no tanto por las
estructuras institucionales. Sin embargo, desde el siglo II, la
comunidad de la Iglesia se defiende de la disidencia herética de
gnósticos, docetas etc., con tres normas reguladoras: la regla de fe,
el canon de los libros del Nuevo Testamento y la preeminencia,
sobre el resto de la comunidad, de los obispos, el consejo de
ancianos y los diáconos (31). A partir del s. III, disminuye la
influencia de los carismas en la comunidad cristiana primitiva,
siendo sustituido por estas tres instituciones, particularmente el
poder de los obispos, que serán las que en adelante den cohesión y
unidad a la Iglesia. En el período constantiniano la Iglesia así
institucionalizada participa de lleno del poder del Estado, pero no
Küng, Hans, Ob. cit., pp.194―195.
Boff, Leonardo. Iglesia: Carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante. 2ª
ed. Santander: Sal Terrae, 1984, pp. 96―98.
30
Ob. cit., pp.161―163.
31
Estos tres estamentos institucionales aparecen claramente diferenciados en la
Carta a los Magnesios (VI, 1), de S. Ignacio de Antioquia (s.II). Véase Daniel Ruiz
Bueno, Padres apostólicos y apologistas griegos (s.II). Madrid, BAC, 2002, p. 391.
28
29
59
Estado laico, Iglesia laica
trasformándolo en servicio, como decía Jesús y expuso Pablo, sino
adaptándose a él, con lo que se aleja y traiciona a su mentor o
fundador. Olvida el principio de la fuerza interior expresado en la
Fe o nueva sabiduría del vaciamiento, despojamiento y
anonadamiento y prefiere la fuerza exterior y coactiva del poder
estatal. La institución de la Iglesia al aliarse con el poder imperial
“no abolió el orden preexistente, sino que lo asumió y se adaptó a
él, ofreciendo al Imperio una ideología que apoyaba el orden
vigente y sacralizaba el cosmos pagano…, lo que se verificó fue
antes una paganización del cristianismo que una cristianización del
paganismo” (32). Hans Küng añade otro elemento negativo que
trajo consigo la participación en el poder: el desprestigio y
marginación de la mujer de la vida eclesial y civil (33).
Finalmente, fue el emperador español Teodosio el grande, en
el año 392, quien declaró al cristianismo como religión del
Estado, a la Iglesia cristiana como Iglesia estatal y a la herejía y a la
práctica del resto de las religiones como crimen de Estado, “al
dictar la prohibición general, irrevocable, de todos los cultos y
ritos sacrificiales paganos y situó a cuantos actuaran en contra bajo
la amenaza de castigo de lesa majestad” (34). El cristianismo pasa,
en el siglo IV, de religión fuera de la ley a religión tolerada y
favorecida, de religión de los pobres y marginados a religión
estatal y de religión perseguida a perseguidora de la antigua
religión greco―romana, de los judíos y de los mismos cristianos,
que fueran declarados herejes. Traición abismal de su especificidad
religiosa. Efectivamente, el emperador Honorio, sucesor de
Teodosio, es el primero en disponer que los herejes donatistas
fueran reconducidos por la fuerza a la Iglesia católica (35), con lo
que el enemigo de la Iglesia es declarado también enemigo del
Estado y castigado en consecuencia por éste. Así ocurre con el
obispo español Prisciliano, y seis correligionarios suyos, siendo los
Boff, Leonardo. Ob. cit., p. 97.
Ob. cit., pp.167―177
34
Ibid., p.197.
35
Ibid., p.302.
32
33
60
Estado laico, Iglesia laica
primeros cristianos en ser ejecutados por un gobernante cristiano
en Tréveris, en el año 385, por su rechazo a la unión de la Iglesia
con el Estado imperial, su rigorismo ascético y su denuncia de la
corrupción y enriquecimiento de la jerarquía eclesiástica (36). Con
todo esto, el cristianismo deja de ser religión universal dirigida a
todos, sea griego o judío y se hace religión particular del Estado
cristiano y religión exclusivista, de sólo los cristianos ortodoxos
que forman la Iglesia, excluyendo de esta Iglesia y Estado cristiano
a los herejes, a los judíos y a los paganos. Con lo que la
relativización o subordinación de lo político a lo religioso, tal
como lo entendía el cristianismo primitivo, se transforma en
identificación de lo político y religioso, de la Religión y el Estado.
Comienza aquí el principio de la sacralidad de lo humano y
político, olvidando la laicidad o separación de religión y política,
de Iglesia y Estado. Lo que se acentuará en la Cristiandad
medieval.
B. Religión y Estado en la Edad Media.―
El cristianismo como religión del Estado se perpetúa durante
la Edad Media de dos formas diferentes. En el imperio de oriente
seguirá siendo el Emperador quien detenta la autoridad máxima
del Cristianismo, práctica heredada del tiempo del emperador
Constantino, que se afianza gracias a las teorías del historiador
Eusebio de Cesarea, llegando a su esplendor con el emperador
Justiniano, en el siglo VI. En el Imperio occidental, en cambio,
dada la desaparición de tal Imperio por las invasiones de los
bárbaros, es la Iglesia representada por el obispo de Roma, el
Papa, quien posee no sólo el poder espiritual sino también el
poder temporal. Congar lo resume así: “En Oriente el cristianismo
Di Berardino, Angelo. “Prisciliano y los priscilianistas”, en Patrología, tomo 3,
3ª ed. Madrid: BAC, 1993, pp.159―165.
36
61
Estado laico, Iglesia laica
ha sido el fundamento del Estado, en Occidente, la Iglesia ha
dominado a los príncipes” (37).
El fundamento teológico del prestigio moral del catolicismo
romano lo puso Agustín (354―430), obispo de Hipona, en la
Argelia de hoy. Agustín ocupará en Occidente el sitio que ocupó
Eusebio de Cesarea en Oriente, siendo el padre de la teocracia
papal romana, expuesta en su famosa De civitate Dei. Agustín
analiza e interpreta el sentido de la historia humana como una
lucha y oposición entre la ciudad terrena (civitas terrena), el reino
de este mundo, la ciudadanía, el Estado civil y la ciudad de Dios
(civitas Dei), el reino de Dios, la ciudadanía espiritual, el Poder
espiritual, es decir, entre el orden natural y el sobrenatural. El
pecado original fue tan devastador que afectó y corrompió en lo
más profundo a la naturaleza humana. El ser humano no puede
jamás auto―regenerarse, si no recibe la salvación que le otorga
Jesucristo Redentor por medio de la Iglesia católica que le
representa. Si no pasa por la gracia, es decir, por la Iglesia, nada le
vale, porque no alcanza el nivel sobrenatural. “Cristo es el único
camino de salvación y la Iglesia es el peaje exclusivo. Nadie
recorrerá el camino sin antes pasar por ese peaje” según lo expone
el Card. Ratzinger en la declaración “Dominus Jesús” (38). Ahora
bien, al frente de la Iglesia católica estará no ya el Patriarca de
Jerusalén, Alejandría o Constantinopla, sino el obispo de Roma
(39). Agustín es reconocido, por ello, el padre de la doctrina
Congar, Yves M.J. Sainte Église: Études et approches ecclésiologiques. Paris:
Editions du Cerf, 1964, p. 394.
38
Boff, Leonardo., “Joseph Card. Ratzinger ¿exterminador del futuro? Sobre la
Dominus Jesus”, en Revista electrónica Latinoamericana de Teología (RELaT), nº
233. [En línea: http://www.servicioskoinonia.org/relat/233.htm . Consulta
10/10/2010], & 1.
39
En contraposición a lo promulgado en el Concilio de Nicea (325), en el que
todas esas sedes episcopales, incluida Roma, gozan de las mismas prerrogativas, sin que
ninguna tenga el primado sobre toda la Iglesia y en el de Constantinopla (381), en
donde en el famoso canon 28 se le reconoce a la nueva Roma, Constantinopla, la
misma primacía que a la antigua Roma. Véase Küng, Hans. Ob.cit.,p.328.
37
62
Estado laico, Iglesia laica
denominada “agustinismo teológico” (40) o “exclusivismo
católico” según la cual fuera de la Iglesia católica no hay salvación
(41). Agustinismo teológico que se acentuará posteriormente
durante toda la Edad Media en Occidente, dando origen a un
“agustinismo político”, en frase de Arquilliere (42), según el cual el
poder temporal de los reyes y emperadores esta al servicio del
poder espiritual, sentando las bases de la teocracia papal o régimen
de Cristiandad medieval, cuyo desarrollo sintetizamos en estos
puntos.
B1. Inicio de la teocracia papal. –El poder absoluto del Papa
en la Iglesia y en la Cristiandad la preconizan, 30 años después de
la muerte de Agustín, los Papas del s.V, León Magno
(440―461), quien se atribuye por vez primera el título de “Papa”
(abreviatura de “Pater Pauperum”) y la “plenitud del poder”
(plenitudo potestatis) o primado sobre todas las restantes Iglesias
(43) y el papa Gelasio I (492―496), quien identifica al mundo en
general con la sociedad cristiana del s.V, en la que existen dos
autoridades: la sagrada de los pontífices y la potestad real (44) que
Véase Boff, Leonardo. Encuentro con las Comunidades Cristianas Populares
de Sevilla (20/05/2007). Respuesta a la 1ª pregunta. [En línea:
http://www.ccp.org.es/node/109 . Consulta 10/10/2010].
41
Sobre este tema puede consultarse a José Mª Vigil. Teología del pluralismo
religioso: Curso sistemático de Teología Popular. Córdoba: El Almendro, 2005.
42
Arquillière, Henri Xavier. L’Augustinisme politique. Essais sur la formation
des théories politiques du Moyen Áge. Paris: De Vrin, 1943, Puede verse una edición
parcial de la obra [En línea:
http://books.google.es/books?id=YMJErjbAMEMC&pg=PA38&lpg=PA38
&dq=agustinismo+politico&source=bl&ots=2etQGDWD5K&sig=IviUgZAoO_C0
YaxksEqev2―8M0A&hl=es&ei=tOW_TZbMCoKv8QOs1r3QBQ&sa=X&oi=bo
ok_result&ct=result&resnum=4&ved=0CC0Q6AEwAw#v=onepage&q=agustinism
o%20politico&f=false. Consulta 10/10/2011].
43
Hans Küng. Ob.cit., pp.326―327.
44
El texto, famoso por ser citado por todos los teólogos y canonistas medievales,
se encuentra en la Carta VIII dirigida al Emperador de Constantinopla Anastasio y
dice: “"Dos son, ciertamente, augusto emperador, los poderes con los que
40
63
Estado laico, Iglesia laica
gobiernan esta misma sociedad. Este poder papal adquiere relieve
especial en la coronación en Roma de Carlomagno, como
emperador de Occidente, el 23 de diciembre del año 800, por el
papa Leon III. Con Carlomagno existen en la Cristiandad dos
emperadores cristianos. El griego―oriental que seguía las pautas
bizantinas y es visto, cada vez más, como ilegítimo y cismático y el
emperador del renacido Imperio de Occidente, como rey de los
reyes occidentales. La posición del Papa en este nuevo Imperio de
Occidente cobra importancia por ser él quien ostenta el privilegio
de la coronación del emperador, por las posesiones temporales que
recibe de los francos y la introducción de la estructura
romano―eclesiástica de la Iglesia, con la lengua latina, el
monacato y la liturgia romana, aceptada como medio de
unificación del reino franco (45). En este momento nace la
ideología fundamental de la Edad Media, es decir, que el mundo
al que se refería el papa Gelasio, en su carta al emperador
bizantino, se cumple ahora en la sociedad cristiana del emperador
franco de Occidente. Sociedad cristiana, conocida después como
Cristiandad, regida ahora por dos potestades, la autoridad sagrada
de los pontífices y la potestad real del emperador. En un principio
prevalecerá el emperador, en el período cesaropapista de los siglos
X―XI y posteriormente el papa, con el triunfo de la teocracia
papal en los siglos XII―XIII.
B 2.― Período cesaropapista de las investiduras.― Tras la
muerte de Carlomagno su imperio se desmorona y da origen a tres
países importantes para la Europa occidental posterior: Alemania,
Francia e Italia. En España brilla la cultura musulmana de
Al―andalus, bajo el Califato cordobés principalmente, en lucha
principalmente este mundo está gobernado: la autoridad (auctoritas) sagrada de los
pontífices y la potestad (potestas) real. En ellos, el peso de los sacerdotes es tanto más
grave cuanto, con respecto a los mismos reyes de los hombres, han de dar razón ante el
juicio divino”. Véase Congar, Yves M.J. Sainte Église: Etudes et approches
ecclésiologiques. Paris: Editions du Cerf, 1964, p. 394, que incluye el texto latino.
Sobre la importancia de Carlomagno como emperador
germánico―romano, véase Küng, Hans. Ob.cit., pp. 362―374.
45
64
Estado laico, Iglesia laica
con los intentos de creación de nuevos reinos cristianos, que
pugnan por su independencia. En su contraste, desde mediados
del siglo IX hasta mediados del XI, en el resto de Europa se
extiende el llamado por el Cardenal Baronio (1607) “siglo
oscuro” (46), en lo político, en lo cultural y en lo eclesiástico,
motivado por la investiduras. Obispos, abades y demás
eclesiásticos prestaban vasallaje a sus señores feudales por los
feudos que éstos les otorgaban y que conllevaban derechos y
beneficios civiles. Su concesión se realizaba mediante la
investidura, es decir, el eclesiástico recibía simultáneamente los
derechos y beneficios civiles junto con la consagración eclesiástica,
práctica en todo contraria al Derecho canónico vigente, por la que
un laico no podía consagrar a los clérigos, atribución que se tenía
reservada a la jerarquía eclesiástica y, en último término, al Papa
(47).
Los papas son también elegidos ordinariamente por las
familias romanas más poderosas, eligiendo a adolescentes como
Juan XII, en el 955 (48). Este papa es quien, ante las dificultades
para mantener los estados pontificios, llama en su auxilio al
emperador germánico Otón I (936―973) y le corona como
emperador en Roma, el año 962, con lo que se intenta restaurar el
imperio romano―germánico de Carlomagno. Durante este siglo
“las deposiciones y nombramientos de papas y antipapas, dice
Hans Küng (49), papas asesinos y asesinados, no fueron
infrecuentes”. Otón III, coronado en el 996 por el papa Gregorio
V, siguió con la política de las investiduras, entregando en feudo
condados enteros a los obispos de Bremen y Colonia. Lo mismo
Küng, Hans. Ibid., p.381.
Sobre las investiduras véase García Villoslada, Ricardo. Historia de la Iglesia
Católica. T.II, Edad Media: La cristiandad en el mundo europeo y feudal. Madrid:
B.A.C., p.354.
48
Juan XII. [En linea: http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_XII . Consulta
11/10/2011]
49
Ob. cit., p.382.
46
47
65
Estado laico, Iglesia laica
ocurría en Francia y en la España cristiana (50), en donde los reyes
nombraban a los obispos, dejando de intervenir el pueblo y el
clero, como en la antigüedad cristiana. Con el emperador Enrique
IV (51) es cuando mayor predominio e influencia ejerce el
emperador en la Iglesia, dando origen al llamado cesaropapismo,
imitando la teocracia imperial de Constantino, Teodosio y
Justiniano, poniendo y deponiendo a obispos, abades y al mismo
papa. Observamos que, en este período, el poder civil o laico
predomina sobre el eclesiástico, pero, a diferencia de la Iglesia
primitiva, no es el pueblo sino los laicos preeminentes, nobles y
reyes, los que ostentan tal poder.
B3.―Triunfo de la teocracia papal (siglos XII―XIII). Con
el papa Gregorio VII (1073―1085), en la denominada “querella
o luchas de las investiduras” (52), la balanza se inclina a favor del
papado. Gregorio VII vence, excomulga y humilla al emperador
alemán Enrique IV en Canosa, invirtiendo los términos de la
lucha, favorable hasta entonces a los reyes y emperadores,
derrotando al cesaropapismo pero inaugurando la teocracia papal.
En esta lucha la Iglesia, identificada con el papado, gana libertad,
pero al mismo tiempo se ponen los cimientos de la potestad
absoluta del papa en la Cristiandad, declarando en el n.18 de sus
Dictatus Papae (53): “Nadie debe reprobar la sentencia del Papa y
solo él puede reprobar las de todos”. El Papa es ahora el soberano
de la Cristiandad, doctrina que triunfará en plena Edad Media, en
La Historia Compostelana afirma claramente que “los obispos españoles
obtenían de los reyes regio poder”, citada por Barreiro Somoza, José. Ideología y
conflictos de clases. Siglos XI―XIII. Santiago de Compostela: Pico Sacro, 1977,
p.109. Este autor estudia ampliamente (en su segunda parte) las pretensiones
intervencionistas y de romanización de la Iglesia española por parte de los papas, desde
Gregorio VII especialmente.
51
Enrique IV del Sacro Imperio romano germánico. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_del_Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3
%A1nico . Consulta 12/10/2011]
52
Küng, Hans, Ob.cit., pp.380―399
53
García Villoslada, Ricardo. Ob.cit., 383.
50
66
Estado laico, Iglesia laica
las luchas de los papas Inocencio III (1198―1216) y sus
sucesores: Honorio III (1216―1227), Gregorio IX
(1228―1241) y Alejandro IV (1254―1261) contra los
emperadores germanos de la dinastía Hohenstaufen: Federico I,
Enrique VI y Federico II Barbarroja, a los que se impusieron.
Durante el pontificado del francés Clemente IV (1265―1268),
los Hohenstaufen alemanes pierden definitivamente sus dominios
en Sicilia y su influencia en Italia, siendo sustituidos por la casa
francesa de Carlos de Anjou. Este papa fue quien se opuso
también a las pretensiones del rey castellano Alfonso X el Sabio de
ser coronado emperador del Sacro Imperio romano―germánico,
por ser su madre Beatriz de Suabia prima carnal de Federico II
Barbarroja (54).
En este período se fundamenta teóricamente la ideología
política del régimen de Cristiandad, basándose en el principio
platónico―dionisiano de la unidad fuente de multiplicidad y
reducción de la multiplicidad a la unidad (55). Según este principio
la Iglesia se concibe como un todo que abarca y contiene a toda la
sociedad civil y cristiana de su tiempo, en contraposición al
principio griego de que la sociedad civil o política contenía a la
religión. Esta única realidad sociológica que el Papa Gelasio, en el
siglo V, llamaba mundo cristiano, Juan de Orleans, en el 825, la
llamará Iglesia Cuerpo de Cristo, en la que existen dos eximias
personas y potestades, la sacerdotal y la real, identificando a la
Iglesia, Cuerpo místico de Cristo y cuya significación es toda
espiritual, con la expresión Cuerpo de la Iglesia, entendida como
sociedad visible y jurídica de los fieles y cuya cabeza es el Papa. Y
siguiendo con la metáfora se compararán ambos poderes con el
alma y el cuerpo y se dirá que la Iglesia tiene las dos espadas, la
Ballesteros y Beretta, Antonio. Alfonso X el Sabio. Barcelona: Salvat, 1963,
pp.760―780.
55
Véase en nuestro estudio un desarrollo de este principio en la Edad Media:
Moreno de la Fuente, Antonio. “Potestad del Papa sobre lo temporal, según dos
cuestiones inéditas de Gerardo de Abbeville”, en Verdad y Vida 1969, v.27, pp.
514―515.
54
67
Estado laico, Iglesia laica
espiritual y la temporal, aludiendo al texto de Lucas 22,38 (56).
Finalmente, la expresión Cuerpo de la Iglesia, como unidad
aglutinante de ambos poderes, se llamará Christianitas,
Cristiandad o Republica cristiana (57). No es que la Edad Media,
dice Congar (58), confundiera lo que nosotros llamamos los “dos
poderes”, sino que considera a estos dos poderes como “de un
mismo cuerpo”, que tienen una única finalidad sobrenatural en
este mundo, por lo que no existe ya distinción neta entre Iglesia y
Mundo y al ser el poder espiritual superior al temporal, dentro de
la Cristiandad, éste está subordinado al poder espiritual o, lo que
es lo mismo, existe una absorción del Estado en y por la Iglesia.
En el período de tiempo que media entre Gregorio VII
(+1085) e Inocencio III (+1216) se afirmará claramente que el
Papa tiene una potestad directa sobre lo temporal. Esta expresión
manifiesta lo que Arquillière denominaba “agustinismo político: “el
poder secular no es otra cosa que una prolongación necesaria de la
autoridad eclesiástica. El sacerdocio tendrá por misión hacer
prevalecer en el mundo la justicia sobrenatural, condición de salud y
la realeza será su más vigorosa auxiliar en la represión del pecado”
(59). En cambio, durante el s. XIII otros teólogos y canonistas
afirman que el poder del Papa, como cabeza de la Iglesia, es
esencialmente espiritual, ejercido a través de su jurisdicción y
magisterio sobre los fieles cristianos. Excepcionalmente tendría un
poder indirecto en algunos asuntos temporales, como el de coronar
y deponer al emperador y los reyes, dispensar a los fieles del
juramento de fidelidad a los reyes y de legitimar un matrimonio,
todo ello, en razón de la censura espiritual que el Papa pudiera
imponer al emperador o al rey. (60).
56
Véase Congar, Y.J.M. “Le trop fameuse théorie des deux glaives”, en Sainte
Église: (Ob. cit. en nota 44),pp.411―416
Véanse los textos en Moreno de la Fuente, Ob.cit., p.516―517.
Congar, Yves M.J. “Église et État”, en Sainte Église p.396.
59
Arquillière, Henri Xavier. Ob.cit. (nota 38), p. 102.
60
Este poder indirecto sobre lo temporal: “en realidad es un poder directo, dice
Yves Congar, aunque fundado en el poder espiritual y limitado por los fines propios de
57
58
68
Estado laico, Iglesia laica
B4.― Decadencia de la teocracia papal (S. XIV).― El
clímax del apoteosis de la teocracia papal ocurre con el Papa
Bonifacio VIII (1294―1303) (61), en cuyo pontificado se
transforma el unitarismo medieval en un monismo papal,
mediante el cual el Papa se afirma como la suprema autoridad
temporal de la Humanidad, en su encíclica Unam sanctam (Una y
santa Iglesia), de 1302, en la cual se define “que someterse al
Romano Pontífice es de toda necesidad para la salvación de toda
humana criatura” (62). Sin embargo, su enfrentamiento con el
monarca francés Felipe IV el Hermoso (1286―1314) será el
comienzo de la decadencia de la monarquía absoluta papal. Este
rey, asesorado por su canciller Guillermo de Nogaret, el jurista
Marsilio de Padua y el filósofo Juan de Jandum, reaccionan contra
las pretensiones del Papa, proclamando que su autoridad regia
proviene también directamente de Dios (Rom. 13,1―2) y, por lo
tanto, no está sometida al Papa. Su autoridad abarca a todos sus
súbditos y, en particular, el rey tiene el deber de controlar el uso
que hacen los clérigos de los bienes puestos a su disposición (63).
El rey francés dio un paso más, inconcebible en su tiempo:
convoca primero a los estados de su reino: nobleza, clero y
representantes del “tercer estado” burgués para juzgar al papa y,
antes de que éste le lance la excomunión y desligue a sus súbditos
del juramento de fidelidad, el canciller francés Guillermo de
Nogaret le hace prisionero en su residencia papal del castillo de
éste…; se sitúa, por tanto, en el orden de los poderes sobre lo temporal, aunque es un
poder que posee el Papa en razón de su cargo espiritual”. “Église et État”, Op.cit., p.
399.
61
Bonifacio VIII. [En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Bonifacio_VIII.
Consulta 17/10/2011].
62
La bula Unam sanctam de Bonifacio VIII. [En línea:
http://webs.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/Bonifacio_VIII―Unam
_Sanctam.html . Consulta: 17/10/2011]. Un estudio amplio de los textos puede verse
en Congar. “Église et État”. Ob.cit., pp. 397―400, 403―410 y “Pouvoir spirituel et
pouvoir temporal”, Ibid., pp.672―688.
63
Rapp, Francis . La Iglesia y la vida religiosa en Occidente a fines de la Edad
Media. Tr. de José Montserrat Torrents. Barcelona: Labor, 1973, p. 19.
69
Estado laico, Iglesia laica
Anagni. Aunque es liberado por el pueblo de Anagni, Bonifacio
humillado, muere un mes después en Roma (64). La muerte de
Bonifacio VIII, permite posteriormente al rey francés elegir a
papas franceses (Benedicto XI en 1303 y Clemente V en 1305),
los cuales trasladarían posteriormente la sede pontificia de Roma a
Aviñón (1309), conocida como el destierro o cautiverio papal de
Aviñón, lo que se consideró como el gran triunfo del Rey francés
sobre el Papado y el nacimiento de los estados nacionales.
Más tarde, el rey Luis de Baviera, aconsejado por un teólogo
inglés, el franciscano Guillermo de Occam, se opuso también al
absolutismo papal. Occam y la corriente franciscana denominada
“espirituales” mantenían que por encima del papa estaba la Iglesia,
como multitud de creyentes y que nadie en ella era infalible, sino
que todo estaba sometido a las circunstancias empíricas. Junto a
ellos otros políticos italianos participaron también en esta
oposición al poder absoluto papal, como Cola de Rienzo, Sciarra
Colonna y poetas, como Dante Alighieri, quien coloca al papa
Bonifacio VIII en el Infierno. Esta tenaz resistencia al absolutismo
papal logró el fugaz triunfo político en la coronación imperial de
Luis de Baviera en Roma, en el año 1327. Fugaz pero definitivo
porque, años más tarde, Carlos IV, en la conocida Bula de Oro
(1356) declara que la soberanía del emperador y el juramento de
fidelidad de los súbditos provienen no de la investidura o
coronación papal sino del voto del cuerpo electoral. Con esto, el
poder imperial escapaba del control de lo sagrado y se daba una
interpretación especial a la sentencia paulina, pues sin negar el
origen divino del poder (Rom 13, 1―2), se admite de hecho que
su transmisión no es directa al emperador, sino que pasa por la
sociedad, en este caso por los electores palatinos. Con esto, cesan
de golpe y se desvanecen las luchas entre Papa y emperador. Y
desaparece en la realidad el predominio y la potestad del Papa
sobre reyes y emperadores cristianos, al desaparecer el objeto de su
enfrentamiento. Con este principio, dice Francis Rapp (65) que: “el
64
65
Küng, H. Ob.cit., pp. 468―469.
Ob.cit.,, p. 22.
70
Estado laico, Iglesia laica
duelo de las ‘dos mitades de Dios’ (la espada espiritual y temporal
dentro de la Cristiandad) se daba por terminado y, no a causa de
una espléndida victoria del Sacerdocio, sino simplemente porque
el emperador abandonaba la partida”.
Además de la oposición de los nuevos Estados nacionales, no
menos peligrosa para el papado fue la oposición organizada dentro
de la Iglesia por los nuevos movimientos religiosos de pobreza del
pueblo cristiano. Un cristianismo centralizado y anclado en el
derecho eclesiástico, con un clero alto que vive en el lujo, grandes y
ricos monasterios y un clero bajo sumido en la simonía, el concubinato
y otras irregularidades (66), que descuidaba sus obligaciones de practicar y
predicar la fe cristiana, suscitó siempre un rechazo en las clases populares,
dando origen a reformadores populares y predicadores ambulantes, que
propugnan tanto reivindicaciones sociales frente a las riquezas de los
nobles, como reforma del clero, de los monjes y, en general, una reforma
de la Iglesia y de sus estructuras. En el Concilio de Verona (1184), se
nombran y se condenan diversos movimientos, como a los cátaros,
patarinos, humillados, pobres de Lyon o valdenses, josefinos y
arnaldistas, a los que más tarde hay que añadir: los petrobusianos, los
pobres de Cristo de Esteban de Muret, los pobres católicos, fundados
por Durando de Huesca, los seguidores de Hugo Speroni, los
hermanos menores de Francisco de Asís y los hermanos predicadores
de Domingo de Guzmán (67).
Con la decadencia del papado, la afirmación del poder civil y
la contestación de los movimientos populares o laicos de pobreza
comienza a despuntar la laicidad frente a la sacralidad, lo que
veremos en el siguiente capítulo.
―――oOo―――
Los cánones de diversos Concilios que hacen referencia a estas irregularidades y
abusos del bajo clero, pueden verse en Moreno de la Fuente, Antonio.
“Espiritualidad―Perfección sacerdotal y religiosa, en la controversia medieval de la
Universidad de Paris (1252―1272)”, en Verdad y Vida 1965, v.23, pp. 87,
67
Sobre los movimientos religiosos populares de este tiempo, remito a mi estudio
citado en la nota anterior, pp. 86―89.
66
71
Estado laico, Iglesia laica
3.2. El trono y el altar: de la alianza a la ruptura
Antonio Moreno de la Fuente
Febrero del 2012
La visitas de Benedicto XVI a España, en el año 2010 y
agosto del 2011, muestran el poder que aún sigue teniendo el
Papa ante los Estados y su influencia mediática en la juventud y en
la sociedad. En el capítulo anterior vimos el principio, la
culminación del poder papal durante la Edad Media, el triunfo y
decadencia de la religión o de lo sagrado sobre lo político y lo
laico. En éste veremos el largo camino recorrido por la comunidad
política para reconquistar su autonomía e independencia frente a
la teocracia papal, lo que se conoce como ruptura entre la religión
y la política y, en ocasiones, salida y expulsión de la religión de la
sociedad civil durante la Modernidad. Tratamos estos tres puntos:
1º.- Autonomía e independencia de lo político sobre lo religioso
durante el Renacimiento y la Reforma protestante.- 2º.- La
ruptura en el período de las Revolución francesa e industrial.- 3º.Nuevas relaciones entre Religión y Política en nuestros días.
3.2.1.- Autonomía e independencia de lo político respecto a lo
religioso
La tercera relación de autonomía e independencia que podía
darse, según dijimos en el cap.anterior, entre Mito y Logos, entre
Religión y Política, entre Iglesia y Estado, comienza a partir del
Renacimiento y culmina en la Reforma luterana. Las corrientes
filosóficas, científicas, artísticas y poéticas, a que hicimos
referencia en el capitulo anterior, tienen su eclosión en el
Renacimiento y en la revolución científica-filosófica de los siglos
XVI y XVII. La ciencia y la cultura, que hasta ahora eran
patrimonio de la Iglesia y de sus monjes, se secularizan y se hacen
autónomas, con no pocas dificultades. Copernico (1473-1543),
Miguel Servet (1511-1553), Giordano Bruno (1548-1600),
Galileo (1564-1642), Robert Boyle (1627-1691) y, sobre todo,
72
Estado laico, Iglesia laica
Isaac Newton (1642-1727) son los grandes científicos que
introducen el cambio moderno de nuestra concepción del mundo.
Y los filósofos Francis Bacon (1561-1626), Descartes (15961650), John Locke (1632-1704), entre otros muchos, los que
implantan el nuevo paradigma de la razón frente a la autoridad, de
la naturaleza frente a la gracia, colocando al ser humano como
centro de sus preocupaciones, quitándole a Dios y a la religión ese
puesto.
Por otra parte, el papado se deteriora profundamente en el
conocido gran cisma de la Iglesia de Occidente, que se extiende
desde 1378 hasta 1415, coexistiendo en la Iglesia dos papas, uno
en Aviñón y otro en Roma. Tras la ruptura con la Iglesia de
Oriente, este Cisma consuma ahora otra división en la Iglesia de
Occidente: una parte presta obediencia al papa de Aviñón y otra al
de Roma, llegando el caso de existir un tercer Papa en Pisa
(Alejandro V). Este desorden interno ocasiona que el poder papal
se vaya eclipsando, no sólo frente a los estados nacionales, sino
también dentro de la misma Iglesia. Todo el mundo cristiano
clama por una reforma de la misma, en su cabeza y en sus
miembros, lo que se intentará en el Concilio ecuménico de
Constanza (1414-1418), que trata de superar esta tríada de papas
y restablecer la unidad de la Iglesia en Occidente (68). Este
concilio restablece la tradición veteroeclesial de que el Concilio
general, no el Papa, es por principio la autoridad suprema de la
Iglesia, es decir, afirma que el poder de Cristo en la Iglesia no lo
recibe directamente el Papa, sino la Iglesia misma, de la que el
papa no es amo sino servidor, por lo que al Concilio deben
obedecer todos, incluso el Papa, en las cuestiones de fe y reforma
de la Iglesia. Se vuelve a la concepción que sobre la Iglesia tenían
las primitivas comunidades cristianas, no como una monarquía
papal sino como una comunidad de fieles, que se representará en
el Concilio y cuya presidencia ostenta el Papa. En virtud de esta
Sobre la importancia de este concilio véase Küng, Hans. El cristianismo:
esencia e historia. Tr.de Víctor Abelardo Martínez. 3ª ed. Madrid: Trotta, 2004,
68
pp.472-479.
73
Estado laico, Iglesia laica
doctrina, denominada conciliarista, se exigió la dimisión de los tres
papas existentes, quienes renunciaron no con dificultades, como el
aragonés Luna y fue elegido Martín V, como nuevo Papa,
partiendo de él la legitimidad de todos los papas posteriores hasta
hoy. “Esto fue –según Hans K.-una derrota clara del sistema
romano curial que había llevado a la Iglesia católica de Occidente
al borde del abismo” (69).
La aceptación de la doctrina conciliarista de Constanza
suponía el fundamento de la reforma de toda la Iglesia, al sostener
que, si bien la autoridad procede de Dios según el dicho paulino,
ésta recae directamente sobre toda la Iglesia e indirectamente sobre
el Papa y la jerarquía. Y caminar sobre estos principios hubiera
supuesto para la Iglesia católica un nuevo rumbo en su historia.
Pero no fue así. La curia romana con el papa a la cabeza ofrecieron
serias resistencias en su admisión. De hecho Martín V, tras su
elección, olvida sus ideas conciliaristas y: “no confirma los textos
que reducían su poder, aunque tampoco los anuló” (70). Las
monarquías nacionales aceptan también con reticencias la doctrina
conciliarista, porque para ellas era más fácil negociar con el Papa
que no acudir a un problemático Concilio. Por otra parte, ambos
poderes tenían que enfrentarse al nuevo poder de la burguesía
urbana que tomaba cada vez más fuerza (71). Por otra parte, las
condenas de los predicadores y reformadores Wyclif y de Juan
Hus de Bohemia, iban en dirección opuesta a las reformas
manifestadas por los movimientos religiosos de pobreza
medievales, por lo que la doctrina conciliarista no llegó a
manifestarse en ninguna propuesta favorable al clero bajo ni al
laicado. Por todo ello, esta doctrina se abandonó totalmente al
69
70
Ibid., p.474, en donde puede verse una reproducción parcial del decreto.
Rapp, Francis. La Iglesia y la vida religiosa en Occidente a fines de la Edad
Media. Tr. de José Montserrat Torrents. Barcelona: Labor, 1973, p. 43.
71
Küng, Hans. Ob.cit., p. 478.
74
Estado laico, Iglesia laica
triunfar el Papa sobre el nuevo Concilio de Basilea (1438) (72),
con lo que la reforma de la Iglesia fracasó, tanto en su cabeza
como en sus miembros, en el clero como en el laicado y nos “llevó
al abuso del cargo del papado renacentista e indirectamente a la
Reforma protestante”, afirma Hans Küng (73)
La reforma protestante promovida por Martín Lutero (14831546) (74), cuya imagen religiosa y reformadora de la Iglesia se ve
hoy con mejores ojos, da nuevos pasos en la autonomía de lo
político sobre lo religioso o de lo laical frente a lo clerical y
sagrado. Ante todo, porque aplica al ámbito religioso el principio
subjetivista de la filosofía de su tiempo, proponiendo la sola fe en
Cristo como justificación del cristiano frente a las prácticas
externas y rituales del pueblo católico, como el exceso de misas de
difuntos, el culto a las imágenes, ayunos, fiestas, procesiones,
peregrinaciones, pago de diezmos, venta de indulgencias y reliquias
de santos, etc., consideradas como obras meritorias y de salvación.
Es un crítico feroz, también, del predominio sacerdotal y clerical
dentro de la Iglesia, sosteniendo la igualdad de todos los
bautizados dentro de la misma y la existencia de sólo dos
sacramentos instituidos por Jesucristo: el bautismo y la eucaristía,
siendo el resto usos piadosos de la Iglesia. Con esto hace
desaparecer uno de los pilares del catolicismo romano: el origen
divino y carácter sagrado de los sacerdotes y el celibato,
proclamando la igualdad de todos los fieles dentro de la Iglesia.
Por otra parte, propone una celebración eucarística comunitaria,
recobrando la primitiva tradición de la comunión bajo las dos
especies de pan y vino, oponiéndose a la práctica medieval de las
numerosas misas privadas pagadas (75). Estas reformas de Lutero,
Rapp, Francis. Ob.cit., pp.45 y ss. Véase también El Concilio frente al Papa.
[En línea: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/1281.htm . Consulta
16/11/2011].
73
Ob.cit., p.479.
74
Seguimos en su descripción a Hans Küng. Ob.cit., pp.531-556.
75
Nótese la semejanza con las tesis mantenidas por la primitiva comunidad
cristiana, expuestas en el capítulo anterior. La diferencia, a mi entender, estriba en que
72
75
Estado laico, Iglesia laica
en semejanza al Concilio de Constanza, suponen para todo fiel
cristiano la autonomía y separación de su praxis cristiana de la
tutela clerical y desembarazarse del sometimiento en que el laico se
situaba prácticamente respecto al sacerdote (76). Son una
propuesta de Iglesia laica frente a la Iglesia sacerdotal romana.
Pero Lutero quiso llevar esta separación también al plano
social, al criticar severamente el poder temporal del Papa, de los
obispos-electores de Alemania y del resto del clero, reclamando la
separación del poder espiritual del temporal de los reyes y
emperador. El poder temporal del Papa y de la jerarquía, con sus
riquezas, boato y corrupción es semejante para Lutero a la
Babilonia del Antiguo Testamento. Pero en esto fracasó al aceptar
Lutero, tras la fallida reconciliación de la Dieta de Augsburgo en
1530 propuesta por Carlos I rey de España y V de Alemania, la
protección de los príncipes coaligados en la Liga de Smalkalda y
que ya no obedecían al Emperador ni a Roma, con lo que los
príncipes vienen a sustituir a los obispos en las zonas liberadas por
los luteranos. “El príncipe regional –afirma Hans Küng- terminó
por convertirse en algo así como un papa en el territorio propio.
Sucedió en ese proceso no tanto que el príncipe se sacralizó, sino
que la religión fue domesticada mediante la política, incluso
en el cristianismo primitivo “la fe obra por el amor” y por ello trataron de que “nadie
padeciese necesidad, porque nadie retenía sus bienes como propios”. En el
protestantismo, en cambio, la sola fides es lo fundamental, es decir convierte la
religiosidad en la esencia interior del hombre. Respecto a los sacramentos, también los
católicos críticos admitimos hoy que, a lo sumo, son tres los sacramentos instituidos
por Jesús: el bautismo, la eucaristía y el perdón de los pecados, aunque no en la forma
de confesión particular. Véase 2ª parte, cap.4º, nota 33.
76
Tomo esta idea de Karl Marx en sus Manuscritos económicos filosóficos,
donde dice: “Por eso la autoenajenación religiosa se revela en la relación del lego con el
sacerdote…Lutero reconoció en la religión, en la fe, la esencia del mundo exterior,
enfrentándose así al paganismo católico y acabó con la religiosidad externa, al convertir
la religiosidad en la esencia interior del hombre”, en Karl Marx-Friedrich Engels: Sobre
la religión. I. Ed. Preparada por Hugo Assmann-Reyes Mate. 2ª ed. Salamanca:
Sígueme, 1979, pp 142-143.
76
Estado laico, Iglesia laica
secularizada de forma embrionaria” (la cursiva es mía) (77). Lo
que se materializa a partir de la paz de Augsburgo en 1555, entre
el emperador y la liga protestante de Smalkalda, en que se instaura
el principio: cuius regio, eius et religio, es decir, los ciudadanos
deben tener la religión de su región, de su rey o príncipe, con lo
que la Iglesia queda sometida y subordinada a la autoridad estatal,
a semejanza de lo practicado en la Iglesia de Oriente, en la que la
Iglesia estaba sometida al Emperador. La religión se seculariza
ciertamente, al separarse de la tutela del Papa y obispos, pero cae
bajo la tutela de los príncipes luteranos, con lo que la Reforma
que, en un principio, tenía al pueblo como protagonista, se pasó a
una Reforma en beneficio de los príncipes. Contra este carácter
aristocrático y burgués de la Reforma luterana se revela el párroco
de Swickau (Sajonia) Thomas Münzer, quien, en unión de los
anabaptistas y los campesinos, intenta establecer en Turingia una
republica democrática tomando como base al pueblo llano y
campesino, teniendo como ley al Sermón de la Montaña y la
comunidad de bienes de la primitiva Iglesia. Lutero ve que esta
revolución compromete su Reforma a los ojos de los gobernantes,
por ello insta a los príncipes a que aplasten sin miramientos la
rebelión campesina. Así sucedió en mayo del 1525, Thomas
Münzer y sus amigos son vencidos en la batalla de Frankenhausen,
condenados a muerte y ejecutados (78).
En el Concilio de Trento (1545-1563), el catolicismo
romano podría haber llegado a una vía media o intento de arreglo
con los reformadores luteranos, como, por otra parte, lo
intentaron los humanistas, Erasmo y sus dos discípulos españoles,
los conquenses Alfonso y Juan de Valdés (79), pero no fue así.
Küng, Hans. Ob.cit, pp.570-572.
Ibid., pp. 566-570. Véase también Engels, Friedrich. La guerra de los
campesinos en Alemania. [En línea: http://www.marxists.org/espanol/me/1850s/guerracamp/index.htm . Consulta 17/11/2011] y Bloch, Ernst. Thomas
Münzer, teólogo de la revolución. Madrid: Ciencia Nueva, 1968.
79
Bataillon, Marcel. Erasmo y España: Estudios sobre la historia espiritual del
siglo XVI. Madrid: Fondo de cultura económica, 1950, cc. 7-10.
77
78
77
Estado laico, Iglesia laica
“Trento es – nos dice Hans Küng- el Concilio de la
Contrarreforma: la reforma intracatólica es aquí no un medio de
reconciliación y reunificación, sino el programa de lucha contra la
Reforma” (80). Trento no da respuesta a las mínimas exigencias
de interiorización de la vida cristiana, de hacer una Iglesia más
laica y de iguales, abandonando el clericalismo. Todo lo contrario:
confirma el sistema de indulgencias, no promueve una liturgia en
lengua vernácula, sino que mantiene al latín y no devuelve el
sentido primitivo comunitario de la celebración de la Eucaristía,
sino que se sigue considerando como acción exclusiva clerical y
privada, sin participación efectiva de los laicos, prohibiéndose
también la comunión bajo las dos especies. Pero, sobre todo, se
sigue considerando al Orden sacerdotal como sacramento
instituido por Cristo, por lo que el Concilio le dedica importancia
especial al sacerdocio, a su formación en los Seminarios, al
celibato, a su función pastoral en la confesión privada y funciones
administrativas de la Parroquia etc. En Trento el catolicismo
romano sigue siendo clerical, el Papa señor monárquico y
temporal de los Estados pontificios y con potestad indirecta sobre
los asuntos temporales, según siguen defendiendo los teólogos
italianos y españoles (81) y lo practican los papas, sancionando la
línea de demarcación en la colonización americana entre Castilla y
Portugal, coronando al Emperador Carlos y bendiciendo la
cristianización de la conquista americana por España y Portugal
80
Ob.cit., p. 492.
Entre ellos Francisco de Vitoria, Belarmino, Cayetano. Véase Congar, Yves
M.J. Sainte Église: Études et approches ecclésiologiques. Paris: Les éditions du cerf,
1964, p. 400 y el pensamiento de estos autores en García Barriuso, Patrocinio. “Visión
histórica y actual del problema de la subordinación del Estado a la Iglesia”, en Verdad
y Vida, 1963, vol.21, pp.5-60, particularmente en las pp.16-31. El jesuita Francisco
Suárez defiende una atenuación de esta potestad indirecta, llamándola directiva. El Papa
la ejerce de dos formas: mediante su potestad de magisterio, enseñando a bautizados y
no bautizados las verdades reveladas, y por su potestad de jurisdicción podrá imponer
sanciones espirituales a sólo los bautizados, como la excomunión, si se desvían de la
doctrina eclesiástica en cuestiones como el aborto, divorcio etc. Sobre ello véase
Congar, Yves M.J. Ob.cit., 401-403 y García Barriuso, Patrocinio. Ob.cit., pp.21-31.
81
78
Estado laico, Iglesia laica
(82). Sin embargo, es el teólogo jesuita español Francisco Suárez
quien introduce una nueva terminología en esta cuestión. Defiende
que la Iglesia y el Papa no poseen potestad alguna, ni directa o
indirecta, sobre los asuntos temporales, sino que sólo poseen una
potestad directiva (83).
¿En qué consiste esta potestad directiva y en qué se
diferencia de la potestad indirecta? “La potestad de la Iglesia
denominada indirecta, nos dice García Barriuso (84), sobre las
cosas temporales viene a coincidir con la misma potestad de
jurisdicción eclesiástica, a cuyas normas preceptivas y de
magisterio subordina los asuntos civiles que interesan a lo
espiritual”. Entre estos asuntos civiles se encuentran, según aclara
este autor más abajo, “las cuestiones referentes al matrimonio, la
educación y otros asuntos de orden político, social y económico”.
Suárez afirma, en cambio, que la Iglesia y, en su nombre el Papa,
no tiene jurisdicción alguna sobre los asuntos temporales, sino que
sólo tiene un poder espiritual y potestad directiva sobre lo
temporal, que se ejerce de dos formas sobre todos, sean creyentes
o no. Por la primera, a la Iglesia sólo le cabe, en virtud de su
potestad de magisterio, poder opinar y enseñar a todos sobre las
verdades reveladas, pero nunca dar preceptos y sanciones
referentes a ellas. La segunda se refiere a sólo los bautizados, a los
que, por su poder jurisdiccional, podrá imponerles sanciones
espirituales, como la excomunión, si se desvían de la doctrina
eclesiástica en cuestiones como el aborto, divorcio etc. “La
potestad directiva de la Iglesia, dice García Barriuso, es el poder
de coordinar o subordinar a su propio fin la actividad de la
sociedad civil…respecto a las materias de directa incumbencia de
la Iglesia: culto, clero, matrimonio, educación cristiana... Potestad
que podrá ser ejercitada en vía de jurisdicción, cuando se pueda
hablar de Estado cristiano, en tanto que deberá limitarse al
82
Sobre la vocación misionera de la colonización americana véase Linch, John.
Monarquía e Imperio: El reinado de Carlos V. Madrid: El País, 2007, pp.409 y ss.
83
Congar. Ob.cit., pp.401-403. García Barriuso, Patrocinio. Ob.cit., pp.21-31.
84
García Barriuso, Patrocinio. Ob.cit., p.47.
79
Estado laico, Iglesia laica
ejercicio en vía de magisterio cuando el Estado no pueda
jurídicamente ser definido como cristiano. En ambos casos queda
siempre el poder de jurisdicción sobre cada uno de los bautizados
como personas singulares, también en materia referente a la vida
social” (85). Congar (86) dice con razón que “la potestad
directiva no es simplemente una autoridad moral de consejos; con
referencia a todos es un verdadero poder, una verdadera autoridad
profética, con relación a fieles una autoridad dotada de poder
coercitivo” (la cursiva es mía). A mi entender se llega a esta
doctrina a causa de la conquista de y la evangelización de América,
en virtud de la cual se desarrolla, por los teólogos españoles
Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas y Francisco de
Vitoria especialmente, el derecho de gentes (87)
3.2.2. Ruptura entre lo político y lo religioso
Durante el período conocido de las Revoluciones en
Occidente, siglos XIX-XX, se consuma la ruptura del poder
político y el religioso.
A. La revolución científica-filosófica de siglos pasados se
prolonga en el período de la Ilustración con Voltaire (16941778), Rousseau (1712-1778), Diderot (1713-1784),
D’Alambert (1717-1783), Emmanuel Kant (1724-1804), Hegel
(1770-1831) y, posteriormente, con los descubrimientos
científicos de la revolución industrial. La Iglesia romana reacciona
contra la revolución científico-filosófica, si no tan violentamente
como en el período anterior, sí condenando sus doctrinas, a pesar
de que algunos filósofos y científicos no se declaran ateos.
Voltaire, Diderot y D’Alambert, en su obra monumental de la
Ob.cit., p. 55.
Ob.cit., p.402.
87
Espeja, Jesús. Humanismo liberal y humanismo compasivo. P.24. [En línea:
85
86
http://www.profes.net/rep_documentos/Noticias/PLIEGOVN_bcasas.pdf .
Consulta 18/11/2011]
80
Estado laico, Iglesia laica
Ilustración, no se declaran ateos sino deístas, pues ellos creen en
un Creador o conductor del Universo. Kant, por su parte, no
niega la existencia de Dios, sino que afirma que no existen pruebas
racionales que prueben su existencia, es decir, “es imposible pasar
del concepto de Dios a la afirmación de su existencia” (88),
porque “nuestro conocimiento supone la aplicación de conceptos
a la experiencia” (89) y de Dios no tenemos experiencia alguna.
Hegel, en cambio, cree que “la dialéctica de la razón llega…a
consumarse en la idea absoluta…y ésta expresa la totalidad de lo
real, la verdad del mundo y al propio Dios” (90). La Iglesia
institucional no reconocerá el triunfo de la Ilustración, siendo el
papa Pio IX (1846-1878), tenido primero como liberal, quien
condene asustado la modernidad liberal en su Encíclica Quanta
cura y en el Syllabus (8 de diciembre de 1864).
B. La Revolución política.- De la revolución cultural de
la Ilustración se siguió la revolución política que es, por
antonomasia, la Revolución francesa, simbolizada y personificada
en el levantamiento popular y la toma de la Bastilla del 14 de julio
de 1789. El pueblo o tercer estado proclama la Asamblea
Nacional Constituyente, que instaura la Republica democrática
como nuevo orden político, desaparece el Antiguo Régimen, se
anulan todos los derechos y privilegios feudales de la nobleza y del
clero, se declara un nuevo orden social, bajo los principios de
libertad política, igualdad social, fraternidad humana y se redacta
una nueva Constitución, el 26 de agosto de 1789, según el
modelo norteamericano, cuyo preámbulo es la Declaración de los
derechos del hombre y del ciudadano (91). Su art. 3 proclama
Scruton, Roger. Historia de la filosofía moderna: de Descartes a Wittgenstein,
Traducción de Vicent Raga. Barcelona: Península, 2003, p. 228.
89
Ibid., p. 220.
90
Ibid., p. 276.
91
Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Declaracion_de_los_Derechos_del_Hombre_y_d
el_Ciudadano . Consulta 02/12/2011]. Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana
88
81
Estado laico, Iglesia laica
que: “La fuente de toda soberanía reside esencialmente en la
Nación (o pueblo); ningún individuo ni ninguna corporación
pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane
directamente de ella”. Este principio expresado en el Ágora
ateniense y que (según dijimos en el cap. anterior) tardó siglos en
ser admitido tímidamente por Carlos IV, en su Bula de Oro
(1356), según la cual la autoridad no va directamente al
emperador sino que pasa por el cuerpo de los electores, se recobra
y se proclama ahora plenamente: el pueblo es el sujeto de toda
autoridad. Nace la sociedad civil frente al Estado absolutista y
frente a la Iglesia institucional. En esta sociedad, uno de los
derechos fundamentales del ciudadano será la libertad de opinión
y de religión: “Ningún hombre debe ser molestado por razón de
sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas, siempre que al
manifestarlas no se causen trastornos del orden público
establecido por la ley” (92). Y consecuentemente se rechaza que la
Religión católica sea considerada religión del Estado, porque “(la
Asamblea) no tiene ni puede tener ningún poder sobre las
conciencias y sobre las opiniones religiosas” (93).
¿Cómo reaccionó la Iglesia frente a la Revolución francesa?
“La Iglesia se coloca desde el inicio del proceso revolucionario al
lado de la contrarrevolución (afirma el Profesor Montero
García)…El grado de identificación con la reacción
contrarrevolucionaria es tal que difícilmente se puede separar la
teología católica de la filosofía tradicionalista que sustenta todos
serán proclamados por Olympe de Gouges, en 1791, aunque no serán reconocidos
oficialmente. Véase Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.[En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Declaracion_de_los_Derechos_de_la_Mujer_y_la_Ciu
dadana. Consulta 02/12/2011]
92
Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano, art.10. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Declaracion_de_los_Derechos_del_Hombre_y_d
el_Ciudadano . Consulta 03/12/2011].
93
Melloc, Alec. Historia del anticlericalismo francés. S.l: Mensajero, s.a., p. 137.
82
Estado laico, Iglesia laica
los movimientos y comportamientos contrarrevolucionarios”(94).
Los tres principios revolucionarios eran algo inaudito en la
doctrina cristiana, sobre todo católica, tal como se entendía
entonces y según la cual la autoridad que viene de Dios, se
deposita primeramente, no en el pueblo sino en la jerarquía,
tampoco hay libertad religiosa, pues las creencias religiosas vienen
impuestas por la autoridad del Papa y los obispos y, en la Iglesia
reformada, aunque hay libertad de interpretación de la Biblia, esta
debe acomodarse al sentir de los príncipes y, finalmente, tanto
católicos como luteranos, rechazan la negación de una religión
estatal.
La secularización de lo religioso efectuada en la Revolución
francesa, llamada por unos “religión civil nacional” (95) y por
otros “anticlericalismo revolucionario” (96), supone la ruptura
entre lo político y lo religioso, entre el nuevo Estado, la sociedad
civil republicana y la Iglesia. A partir de entonces, la sociedad civil
y el Estado republicano son ya totalmente laicos y autónomos
respecto a la Iglesia cristiana, romana o reformada, rigiéndose por
sus propias decisiones y leyes. Esta autonomía supone la ruptura
del lazo común, llamado antiguamente “mundo cristiano” o
“christianitas” que unía al poder temporal y al espiritual. El Papa
no tiene ningún poder o autoridad sobre los asuntos propios de la
República, con lo que desaparecen las denominadas “materias
Montero García, Feliciano. “Las derechas y el catolicismo español: Del
integrismo al socialcristianismo”. En Historia y Política, 2007, nº.18, julio-diciembre,
p.103. [En línea:
http://dspace.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/8776/Derechas%20Ca
tolicismo.pdf?sequence=1. Consulta 05/12/2011]
95
Küng, Hans. Ob.cit., p. 732
96
Mellor, Alec. Ob.cit., pp. 152 y ss. Sin embargo, el proceso de secularización
hay que entenderlo“como un complejo fenómeno que se refiere a procesos sociales muy
diferentes y que no deben confundirse entre sí”, señala acertadamente Demetrio
Velasco, en “La construcción histórico-ideológica de la laicidad”. Iglesia Viva. Nº
º221, 2005 (enero-marzo), p.9. [En línea: http://www.iglesiaviva.org/221/221-11VELASCO.pdf . Consulta 05/12/2011]
94
83
Estado laico, Iglesia laica
mixtas” y se invalida absolutamente las teorías anteriores de la
potestad indirecta o directiva del Papa sobre las cuestiones
temporales. Esta plena autonomía del poder civil se concreta en
Francia, el 9 de diciembre del 1905, mediante la ley de separación
de las Iglesias y del Estado, obra de Emilio Combes, ministro del
Interior y Cultos, entre junio de 1902 a enero de 1905 (97). Esta
ley supone el triunfo del nuevo Estado sobre la teocracia papal, la
ruptura de la alianza entre el trono y el altar. Ruptura que tendrá
sus últimas consecuencias en la pérdida y desaparición de los
estados pontificios del Papa. En definitiva, la Modernidad es una
secularización del cristianismo, el momento de liberación o
desprendimiento de su pasado religioso, de la salida de la religión
de la sociedad civil, de una nueva definición del laicismo (98).
Secularización entendida como separación y ruptura entre lo
político y religioso, entre el Estado y las Iglesias que se acentúa
durante la revolución industrial del siglo XIX-XX, llegándose a
una expulsión de la religión, sobre todo, en las dictaduras
comunistas y nazis, como veremos.
C. La revolución industrial del XIX tiene su origen,
sobre todo, en la máquina de vapor de James Watt (99), pero se
fundamenta en los descubrimientos de los grandes científicos,
continuadores del período anterior, entre otros: Laplace (17491827); Darwin (1809-1882); Pasteur (1822-1895); Marie Curie
(1867-1934); Max Planck (1858-1947); Albert Einstein (1879Loi relative à la séparation des Églises et de l'État (9 décembre 1905). [En
línea:
http://www.assemblee-nationale.fr/histoire/eglise-etat/sommaire.asp#loi.
Consulta 05/12/2011].
98
Valladolid Bueno, Tomás. “La salida de la religión y la despolitización de la
democracia”, en Mate, Reyes, Zamora, José A. (eds). Nuevas teologías políticas: Pablo
de Tarso en la construcción de Occidente. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2006, pp.
234-239.
99
Máquina de vapor. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1quina_de_vapor.
[Consulta 07/12/2011]
97
84
Estado laico, Iglesia laica
1955); Niels Bohr (1885-1962); Heisenberg (1901-1976),
quienes aportan una nueva visión científico-técnica de nuestro
mundo. Visión o nuevo paradigma, en frase de Thomas Kuhn
(100), opuesto con frecuencia a la religión tanto en el plano
teórico o filosófico, como en el plano práctico de la política y de
la economía.
En el plano teórico o filosófico se concreta en la crítica
filosófica de la religión que desarrollarán los filósofos franceses,
ingleses y alemanes, particularmente los maestros de la sospecha:
Karl Marx (1818-1883), Friedrich W. Nietzsche (1844-1900) y
Sigmund Freud (1856-1936). La crítica de Marx es la más
conocida por el texto famoso de su Introducción a la
Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel: “El
fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión;
la religión no hace al hombre. En otras palabras, la religión es la
conciencia de sí mismo y el sentimiento de sí mismo del hombre
que aún no se ha encontrado o que ya ha vuelto a perderse…El
sufrimiento religioso es, por una parte, la expresión del
sufrimiento real y, por otra, la protesta contra el sufrimiento real.
La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un
mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación carente
de espíritu. Es el opio del pueblo. La abolición de la religión en
cuanto dicha ilusoria del pueblo es necesaria para su dicha real” La
religión es, por tanto, un producto de la ignorancia que genera en
el ser humano una vana ilusión o una alienación. Surge de la
impotencia del hombre primitivo frente a las fuerzas de la
naturaleza, que, al no poder dominarlas, las diviniza. Se inventa un
ser todopoderoso, extraño y fuera de sí, quien puede otorgarle, si
se lo pide, lo que él es incapaz de conseguir. La religión, pues, la
hacen los seres humanos asociados en el Estado y es, por tanto,
una ilusión, una inversión del ser humano real, al proyectar en ese
100
Puede verse una síntesis de su pensamiento en: La estructura de las
revoluciones científicas. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/La_Estructura_de_las_Revoluciones_Cient%C3
%ADficas. Consulta 07/12/2011]
85
Estado laico, Iglesia laica
ser todopoderoso su verdadero ser, produciendo una ruptura entre
su vida real y esa vida ideal o abstracta. Por ello, aunque en la
religión se expresan los sufrimientos humanos, donde la criatura
suspira y protesta por su opresión, al poner sus esperanzas en ese
mundo irreal y abstracto, la religión viene a ser una ilusión, una
alienación, una realización fantástica de la esencia humana, carente
de toda realidad. Esta crítica negativa de la religión, de base
científica, es hoy común entre los científicos, para los cuales “la
ciencia describe un universo en que no se encuentra ningún
fundamento empírico que permita establecer la hipótesis, al
menos, de que Dios sea real y existente” (101). Para explicar
nuestro mundo y otros mundos creados de la nada no se requiere
la hipótesis de Dios, nos dice Sthephen Hawking (102).
Pero Marx, para quien la praxis es la que verifica la teoría
(103), realiza también una crítica práctica de la religión en el
plano político y económico (104). La crítica política de la religión
la expone Marx, en pugna con su amigo Bruno Bauer, en su ensayo
sobre la Cuestión judía (105), en la que trata de la emancipación
política de los judíos y cristianos en el estado prusiano de su
tiempo, en el que la religión de estado es la cristiana luterana. Para
Monserrat, Javier. Ciencia, filosofía del proceso y Dios en Ian G. Barbour. [En
línea:
http://www.upcomillas.es/webcorporativo/Centros/catedras/ctr/Documentos/BA
RBOUR.pdf. Consulta 09/12/2011].
102
Hawking, Stephen, Mlodinow, Leonard. El gran diseño. Trad. de David Jou i
Mirabent. Barcelona: Crítica, 2010, en las pp.15-16, nos dicen: “Según las predicciones
de la teoría M, nuestro universo no es el único, sino que muchísimos otros universos
fueron creados de la nada. Su creación, sin embargo, no requiere la intervención de
ningún Dios o Ser Sobrenatural (la cursiva es mía), sino que dicha multitud de
universos surgen naturalmente de la ley física: son una predicción científica”.
103
Girardi, Giulio. Marxismo y cristianismo. Trad. de José Antonio Rico.2ª ed.
Madrid/Barcelona: Taurus-Laia, 1977, p.41 y ss.
104
En todo esto seguimos Assmann, Hugo, Mate, Reyes. “Introducción”, en
Ob.cit. (nota 9), pp.11-37.
105
Ibid., pp.107-137.
101
86
Estado laico, Iglesia laica
Marx, si “el estado profesa como su fundamento el cristianismo”
(106), la religión estaría dando el visto bueno al poder político y,
a semejanza del tiempo de la Cristiandad, el poder temporal
obtendría su justificación última del poder espiritual. De aquí, que
Marx reclame, ante todo, la emancipación política, es decir la
separación absoluta del Estado frente a la Religión. Y Marx lo
hace mostrando el ejemplo de Francia con su Declaración de los
derechos del Hombre y del ciudadano y de Norteamérica, en
donde no existe religión estatal, ni una es preferida a otra, sino que
todas gozan de la misma libertad. Sin embargo, Marx da un paso
más y reclama que el Estado se emancipará y se liberará
políticamente de la religión “cuando el estado como tal estado no
profese ninguna religión, cuando el estado se profesa más bien
como tal estado” (107), en definitiva, cuando en ese “estado ateo”
se efectúe el trasvase o salida de la religión del derecho público al
derecho privado o “sea desterrada de la comunidad como tal
comunidad” (108).
Para Marx, sin embargo, no basta la emancipación política de
la religión, ya que “la gran mayoría no dejará de ser religiosa por el
hecho de que la religiosidad sea algo puramente privado” (109),
es necesaria también la emancipación humana o económica, que se
realizará emancipándose de la civilización burguesa. En el estado
político de esta sociedad burguesa, hacia 1844 cuando Marx
Ibid., p. 112.
Ibid., p.113.
108
Ibid., p. 117. Para Marx el hombre razonable es el ateo. Es el primer autor
posmoderno que lo mantiene así, según Martínez Martínez, Julio Luis. Consenso
público y moral social: relaciones entre catolicismo y liberalismo en la obra de John
Courtney Murray. Madrid: Universidad pontificia de Comillas, 2002, p.373. . [En
106
107
línea;
http://books.google.es/books?id=mxD8Nd3yk6wC&pg=PA589&hl=es&source=g
bs_selected_pages&cad=3#v=onepage&q&f=false . Consulta 12/12/2011]
109
Ibid., p.114.
87
Estado laico, Iglesia laica
escribía su tratado Sobre la cuestión judía (110), era donde se
habían mercantilizado las relaciones sociales, donde todo o casi
todo se había convertido en tráfico mercantil y la única
nacionalidad que quedaba era la del dinero y del comerciante
(111). En esta sociedad burguesa, que no es expresión de la
voluntad general, sino expresión de los intereses de la minoría
burguesa o capitalista, el ciudadano normal esta escindido o
partido en dos: como ciudadano y como individuo o miembro de
esta sociedad burguesa. Como ciudadano se es libre, igual y
emancipado, pues todos poseen los derechos del Hombre y
ciudadano proclamados por la Revolución francesa, entre ellos el
de practicar libremente la religión que se desee, aunque
privadamente, no ya como religión del Estado. Como individuo
particular o miembro de la sociedad burguesa, en cambio no existe
tal emancipación. Pues si como ciudadano tiene derecho a un
trabajo digno, hay que preguntarse por qué esa sociedad no lo
garantiza o lo otorga a cada individuo o miembro de la sociedad.
Viendo cómo en la sociedad burguesa existen las diferencias
sociales y las desigualdades prácticas, Marx critica los derechos
humanos revolucionarios como formales y concluye que en la
sociedad burguesa el individuo particular no está emancipado, sino
que está enajenado por la ilusión que la burguesía le crea de estar
representado y realizado en un Estado que sólo es, de hecho,
expresión de los intereses de una minoría capitalista. Ahora bien,
Marx aquí da un paso más e identifica a la sociedad burguesa
como religiosa, al instaurar “el fetiche de la mercancía” como un
nuevo dios al que adorar. Por ello, a él no le basta la emancipación
política de la religión, sino que requiere también su emancipación
humana o económica. Emancipándose de esta sociedad burguesa
es como el ser humano alcanzará no sólo su emancipación política
o ciudadana, sino también su emancipación humana o económica,
como persona individual y social.
Y los Manuscritos económicos filosóficos. Véase Assmann, Hugo, Mate,
Reyes. Ob.cit. , p.139.
111
Marx expresa esta mercantilización de la sociedad burguesa en su expresión
favorita de “fetichismo de la mercancía”. Véase Ibid., pp.27-29.
110
88
Estado laico, Iglesia laica
Basándose en esto, Marx extiende su crítica de la sociedad
burguesa a la religión cristiana. Realiza una crítica económica de la
religión, denunciando, en primer lugar, su función alienante en la
alianza tradicional del cristianismo con la burguesía capitalista a
quien sirve de ideología y justifica su explotación del proletariado,
al predicarle su resignación aquí abajo, so pretexto de que es algo
natural (los pobres existirán siempre) y de que se hará justicia en el
otro mundo. Pero también de un modo más fundamental:
identificando a esta praxis o función histórica alienante del
cristianismo con la misma esencia religiosa del cristianismo. La
tesis de Marx es la siguiente: si el cristianismo tiene una función
alienante en su alianza actual con el capitalismo es porque el
cristianismo de por si, según se decía en la critica filosófica, es una
religión alienante e ilusoria, una inversión del ser humano real, al
proyectar en un ser todopoderoso su verdadero ser, produciendo
una ruptura entre su vida real y la vida ideal o abstracta. Con lo
que toda religión, particularmente el judaísmo y cristianismo, es
alienante en sí misma y en su defensa e identificación con la
civilización burguesa, que es también religión alienante que adora
“al fetiche de la mercancía”. Partiendo de estos textos de Marx, en
los que habla de “desterrar y derrocar a la religión”, en la antigua
URRS y en el resto de los estados europeos comunistas, la
religión cristiana y otras religiones fueron prohibidas y
perseguidas, porque eran una actividad alienante del ser humano y
no tenían ningún derecho público. Con ello se llega al extremo de
que el poder civil anula totalmente a la Religión, la expulsa y
destierra de la comunidad política. Pero con esto, aparece la
paradoja de que tales Estados, al absorber totalitariamente a la
sociedad y a la religión, se transforman ellos mismos en verdaderas
“religiones seculares” (112).
La Modernidad, pues, desde la Ilustración y las revoluciones
políticas, científicas e industriales de los siglos XIX y XX, ha
pretendido, en primer lugar, borrar la imagen infantil religiosa de
Mardones, José Mª. “Democracia y religión en un mundo laico”, en Mate,
Reyes, Zamora, José A. (eds). Ob.cit. (nota 98), pp, 215-216.
112
89
Estado laico, Iglesia laica
un Dios con poder absoluto, que todo lo puede, frente a un ser
humano desvalido y dependiente de él y, por otra, ha afirmado el
poder del ser humano, su autonomía, el poder de su razón y de su
ciencia, que se encarga de la gestión de este mundo y de la
sociedad. El ser humano y la sociedad que el se crea ha logrado
secularizarse, es decir, prescindir, sacar y expulsar a la religión de
su mundo (113) o reducirla a un asunto privado, al interior de su
conciencia. En ese supuesto, los únicos que tienen derechos
públicos en la sociedad serían los indiferentes, los agnósticos y los
ateos; los creyentes cristianos o de otras religiones solo tendrían
derechos privados. Sin embargo, esto nos lleva a la paradoja de
que, tanto los Estados totalitarios soviéticos, que absorbieron a la
sociedad civil y a las religiones, como la sociedad burguesa
capitalista y en particular el nazismo y los nacionalismo, que
sustituyen al dios cristiano por el fetiche de la mercancía, la etnia o
la raza, se transforman en verdaderas “religiones seculares”, con lo
que aunque haya desaparecido el contenido de las religiones como
tales, permanecen aún en nuestra sociedad los moldes religiosos
que las contenían. Esto nos da pie al siguiente punto.
3.2.3.- Relaciones entre política y religión hoy
Europa se afirmó en la Modernidad como centro de la
civilización occidental al ser la “cuna- en frase de Hobsbawm- de
las revoluciones científica, artística, política e industrial…y cuyos
principales estados constituían el sistema de la política mundial”
(114). Pero, continúa este autor, la primera guerra mundial de
1914 termina con la modernidad y marca “el derrumbe de esta
Marcel Gauchet es el autor que ha expuesto más claramente este aspecto de la
salida de la religión de la sociedad. Puede verse una síntesis de su pensamiento en
Crépu, Michel. “Marcel Gauchet. La religión de la salida de la religión”, en Iglesia viva.
nº 228. 2006, oct-dic., pp.73-84. [En línea: http://www.iglesiaviva.org/228/228-21CONVER.pdf . Consulta 12/12/2011]
114
Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX: 1914-1991.13 ed. Barcelona: Crítica,
2009. p. 16.
113
90
Estado laico, Iglesia laica
civilización (occidental) del siglo XIX” (115). A partir de esta
guerra y de la II Guerra mundial comienza una nueva época con
características propias, llamada posmoderna, posindustrial o
globalizada. Junto a este derrumbe de la civilización occidental hay
que constatar también la pérdida de credibilidad de la Iglesia
católica (116). En nuestro país, por ejemplo, es revelador el grado
mínimo de confianza de la juventud española en 2010 respecto a
la Iglesia católica. En una escala de 1(=ninguna confianza) a
4(=mucha confianza) le asignan el 1,87 (117). Estos jóvenes
declaran que el ser demasiado rica (76%) y el tener una postura
anticuada referente a la vida sexual de la gente (75%), son una de
las causas de esa pérdida de confianza en ella (118), a lo que se
podría añadir los casos recientes de pederastia (119) y el robo de
niños por religiosas (120). Todo ello explicaría la ola de
solicitudes de apostasía o abandono público de la fe cristiana
(121). A pesar de todo, nos dice Reyes Mate (122), durante esta
nueva época, “ni la religión ha sido reducida a asunto privado, ni
la razón se ha hecho con las riendas de este mundo”. ¿Cuál sería
entonces el lugar de la religión en nuestra sociedad post-moderna
115
Ibid.
La revista cristiana Éxodo, dedicó a este tema monográfico el nº 95, octubre
del 2008, con el título: Crisis de credibilidad de la Iglesia católica
117
Sáez de la Fuente, Izaskun. “Jóvenes españoles 2010: Testando valores y
percepciones”, en Iglesia viva, 2011, nº 248, p.92.
118
Ibid., p.98.
119
Bastante, Jesús. España esconde decenas de casos de pederastia. [En línea:
http://www.publico.es/espana/302483/espana-esconde-decenas-de-casos-depederastia . Consulta 12/12/2011]
120
Altozano, M. La investigación del robo de niños en España. [En linea:
http://elpais.com/diario/2010/12/22/sociedad/1292972405_850215.html
.
Consulta 22/12/2011]
121
Hernández Cabrera, Pepe. Situación de la apostasía en España. [En línea:
http://www.laicismo.org/detalle.php?pk=9864 . Consulta 12/12/2011]
122
Mate, Reyes. La herencia del olvido. 3ª ed. Madrid: Errata naturae, 2008,
p.177.
116
91
Estado laico, Iglesia laica
y globalizada? ¿Desaparecen
particularmente la cristiana?
o
retornan
las
religiones,
A. Expulsión y salida de la Religión. Es un hecho
innegable la indiferencia respecto a la religión en nuestro mundo
occidental. La modernidad la expulsó de la vida pública, de la
sociedad, sustituyéndolas por religiones seculares, pero las dos
guerras mundiales liquidaron a los totalitarismos nazi y soviético
y, en consecuencia, a las “religiones seculares” en que se habían
transformado. El hombre y la mujer occidental se han quedado
solos en la sociedad que alumbró la revolución francesa, con sus
derechos de hombre y ciudadano sí, pero solos frente a los estados
nacionales y el mercado globalizado. Individuos políticos o
ciudadanos ciertamente pero huérfanos, porque ni la Religión ni el
Estado nacional unifican o sustentan ya la sociedad en que viven.
Tampoco la unifica ni la sustenta el mercado globalizado
capitalista financiero, porque hasta ahora solo ha propuesto a los
individuos la realización de si mismo en la adquisición, goce y
satisfacción de las mercancías, en el consumismo compulsivo,
aunque hoy esto mismo lo va negando a las masas y restringiendo
a las clases pudientes, con los recortes del estado de bienestar, so
pretexto de no rebasar el déficit público marcado. Tampoco a
nivel colectivo, pues como decía Marx, el mercado y los Estados
que siguen sus pautas, son solo expresión de los intereses de la
minoría capitalista, no atienden al bien colectivo. El pueblo
percibe esto y por ello se explica su despolitización, la
desconfianza básica que hoy experimenta hacia los políticos y
hacia la economía capitalista. Ya no confía en ellos para la
solución de los problemas individuales o colectivos. Es esta una de
las peores crisis que están sufriendo nuestras democracias
representativas, en frase de M.Gauchet (123). Ante este vacío del
hombre y la mujer occidental las religiones “se levantan de sus
tumbas, dice Reyes Mate parafraseando a Weber, y vuelven para
123
Citado por Mardones, José Mª, en Mate, Reyes, Zamora, José A. (eds).
Ob.cit. (nota 98), p. 216.
92
Estado laico, Iglesia laica
sustituir a la razón ilustrada, es decir, para fijar subjetivamente los
fines y valores que la razón no puede ya objetivamente definir”
(124). ¿Retornan pues las religiones?
B. El retorno de las religiones. En nuestro mundo
occidental se constata este fenómeno contradictorio: por un
lado existe indiferencia, frialdad y olvido de lo religioso,
particularmente de la religión cristiana, pero, por otro lado, se
observa un despertar de lo sagrado, de lo espiritual y de lo
religioso, aunque desvinculado de las instituciones cristianas.
Parece que los dioses se levantan de sus tumbas reclamando sus
derechos, pero esperemos, como decía Weber, no sea para entablar
nuevas guerras de religión. A cuatro formas podríamos reducir el
retorno de las religiones.
a) Como producto de consumo. En nuestra sociedad nada
escapa a la ley de la oferta y demanda, todo puede comprarse,
todo puede consumirse. El “fetiche de la mercancía y del dinero”
que decía Marx, es el único dios de nuestra sociedad de consumo.
También se compran y se consumen formas y actitudes religiosas
a través del fomento de costumbres ancestrales y de los medios de
comunicación. Muchas confesiones cristianas protestantes se han
convertido en “Iglesias electrónicas”, siendo la TV el medio
fundamental de su proselitismo (125). También “el mundo de la
magia, nos dice Juan José Tamayo (126), tiene un fuerte arraigo,
no tanto en el terreno de las creencias religiosas tradicionales
como en el imaginario colectivo de las sociedades occidentales
laicas”. El retorno de los brujos podemos llamar a este mundo de
la magia. La cultura de los horóscopos en la consulta a los
videntes, cartomantes, magos, adivinos, gurús salvadores, magias
124
La herencia del olvido, p.110.
Vid. por ej., Fore, William F. Televisión y Religión. [En línea:
http://www.religion-online.org/showbook.asp?title=2236 . Consulta 12/12/2011]
126
Castillo, José Mª, Tamayo, Juan José. Iglesia y sociedad en España. Madrid:
Trotta, 2005, p.99.
125
93
Estado laico, Iglesia laica
negras, ritos satánicos etc., en búsqueda de mensajes optimistas
que alivien las tensiones y frustraciones de la vida, es algo que
vemos con harta frecuencia en nuestra sociedad. La institución de
la Iglesia católica fomenta también a su modo estas actitudes al
reconocer lugares de aparición de la Madre de Jesús y promover
las romerías y peregrinaciones a estos lugares pretendidamente
santos, para pedir curaciones y favores. La religión retorna de
nuevo como un producto más de consumo.
b) Como paganismo panteísta. Otros autores (127) hacen
hincapié en que el ser humano de las tecnópolis vuelve a sentir el
deseo del encuentro perdido con el misterio de la Naturaleza y
con el eterno retorno de sus ciclos. Se busca lo sagrado en la visión
del universo divino, espiritual, Uno y unificador de todo (sentido
holístico), como se manifiesta en el movimiento de la Nueva Era
(New Age). Muchos movimientos religiosos vuelven al
reencantamiento de la Naturaleza o a la sacralización pagana del
universo o madre Gaia y de sus energías renovadoras. En este
reencuentro con los orígenes de la vida, de la tierra y del cosmos,
todo se vuelve sagrado y transido de energía: los astros, las fuerzas
naturales, los solsticios del año, los montes, los ríos, el día, la
noche etc. Este paganismo panteísta trata de sustituir hoy a las
religiones tradicionales.
c) Como espiritualidad e interioridad. Lo cierto es que
nuestra época posmoderna, posindustrial, sociedad del simulacro o
realidad virtual, con demanda de información y transparencia sin
límites (Gran Hermano, almanaques de desnudos y desnudos
colectivos), sociedad sin límites ni fronteras de razas, de géneros,
de culturas, de clases sociales, de religiones, en la que se ha perdido
la unidad del Todo, en donde no hay pertenencia ni normas, ni
criterios, ni identidades, ni grandes relatos, ni utopías y sólo
quedan conjuntos de relatos fragmentados, de pluralismos
Por ej., Mardones, J.M. Las nuevas formas de la religión. Estella: Verbo
divino, 2000, citado por Vázquez, Antonio. “De las religiones a la espiritualidad”.
Iglesia viva, nº 222, 2005, (abril-junio), pp.7-40.
127
94
Estado laico, Iglesia laica
fraccionados, pues todos tienen algo de razón. Esta sociedad
vuelve de nuevo al deseo y anhelo de la interioridad, a una
búsqueda de la paz interior, frente al caos de la posmodernidad y a
la religión cristiana de ritos externos y de creencias impositivas.
Esto explica el auge en Occidente de las religiones sapienciales del
Oriente: budismo, shintoismo, brahmanismo etc., con sus técnicas
de meditación, yoga, taichi, autoestima. En definitiva, en nuestros
días la religión vuelve, pero como espiritualidad e interioridad sin
religión, sin creencias y sin dioses (128).
d) Búsqueda de sentido. Esta sería otra forma del retorno de
las religiones. Frente a la desprotección del Estado y del mercado
globalizado, cada persona trata de abrazarse y vincularse
libremente a la religión que le parece, con derecho a manifestarse y
exponerla en público. De este modo retomando subjetivamente de
la religión los fines y valores que la razón moderna no pudo
objetivamente definir, podrá volverse a unificar la sociedad de
nuevo, siendo los Estados los primeros interesados en fomentar las
religiones. Lejos ya de todo clericalismo, las religiones vuelven
para dar sentido a la vida de los ciudadanos, obteniendo, por
tanto, un reconocimiento público en cuanto opciones privadas.
Esta es la teoría expuesta por Gauchet y Mardones (129),
Ratzinger y Habermas (130) y Walter Benajamin (131). Sin
embargo, bien está que expongamos brevemente los matices que
aportan Ratzinger, Habermas y Walter Benjamin.
Remito a Nogués, Ramón Maria (coord.). La espiritualidad después de las
religiones. Argentona (Barcelona): La comarcal edicions, 2007 y Corbí, Marià. Hacia
una espiritualidad laica, sin creencias, sin religiones, sin dioses. Barcelona: Herder,
2007.
129
Véase notas 98, 112 y 113.
130
Véase Díaz-Salazar, Rafael. Democracia laica y Religión pública. Madrid:
Taurus-Santillana, 2007, pp.91-160.
131
Mate, Reyes. “La presencia pública de la religión en la sociedad
contemporánea”, en Ob. cit., (nota 56), pp.177- y ss.
128
95
Estado laico, Iglesia laica
El teólogo Ratzinger y el filósofo Jürgen Habermas se
preguntan por el fundamento de este Estado laico y sociedad
globalizada en donde coexisten pluralidad de religiones y normas y
en donde han saltado por los aires las certezas básicas éticas.
Ambos autores rechazan que su fundamento sea el positivismo
jurídico de cada Estado y coinciden en “la búsqueda de la
fundamentación racional de un derecho y de una moral que
puedan ser vinculantes para el ejercicio del poder y para el
comportamiento de las instituciones y de las personas,
independientemente de sus ideologías o religiones” (132). Para
Ratzinger el fundamento es el derecho natural, expresado en los
Derechos Humanos, reconocido por toda conciencia y anterior a
todo Estado, según lo expone la doctrina de la Iglesia católica.
Para él la laicidad se reduce a la libertad religiosa. El Estado es
neutral frente al sentido último de la realidad y no puede imponer
ninguna religión. Por lo que su función es permitir a las religiones
que sean factores en la construcción de la misma, en la búsqueda
de su sentido. La religión cristiana y católica es la que mejor
responde a esta exigencia. Dios y el cristianismo son la fuente de la
moral y del derecho del Estado laico. Los católicos, dentro de esta
“política de la Iglesia”, no tienen autonomía política, pues ésta
debe estar regulada por la obediencia a los planteamientos morales
de la jerarquía. De aquí las continúas orientaciones de la jerarquía,
como depositaria de la verdad, en la conducta y en el voto de los
católicos. Habermas, sin embargo, reconoce las raíces religiosas del
derecho racional, pero, al mismo tiempo, afirma que el Estado
constitucional democrático tiene sus propias fuentes para generar
sus presupuestos normativos, sin recurrir a fuerzas externas a él. El
proceso democrático es la fuente principal de esos presupuestos. Si
la autoridad procede del pueblo, éste es el creador del derecho
mediante sus virtudes cívicas de la solidaridad, la participación
activa en la política y la tolerancia de todas las cosmovisiones
religiosas o no. Las cosmovisiones laicas y las procedentes de las
religiones deben contribuir a crear los sistemas de motivaciones y
sentido humano, pero será la virtud de la tolerancia la que cree el
132
Díaz-Salazar, Rafael. Ob.cit. pp.93-94.
96
Estado laico, Iglesia laica
marco jurídico y cívico más adecuado para la resolución de los
conflictos normativos que se generan en nuestras sociedades
plurales (133).
Walter Benjamin parte de otros presupuestos. Reconoce que
la modernidad nos trajo grandes bienes: la autonomía del sujeto,
los derechos humanos, el desarrollo de la ciencia, con su progreso,
consumo y bienestar para muchos. Pero también nos legó grandes
desventuras: el comunismo estalinista y los fascismos, la 2ª guerra
mundial, el colonialismo europeo, la guerra fría, el capitalismo
neoliberal con la degradación de la naturaleza, el cambio climático,
las crisis mundiales, la pobreza etc. Sobre todo el hambre y la
pobreza. De todos, en efecto, son conocidas las estadísticas sobre
la pobreza mundial tras la crisis financiera que padecemos en
Occidente, causada por las hipotecas basura. El Programa de la
ONU sobre Desarrollo Humano de 2010 calcula que “alrededor
de 1.750 millones de personas en los 104 países que abarca el
Índice (un tercio de su población) viven en situación de pobreza
multidimensional. (134). Si la pobreza va creciendo cada año, esto
133
134
Ibid., pp. 130 y ss.
Índice de pobreza multidimensional. [En línea:
http://hdr.undp.org/es/estadisticas/ipm/. Consulta 12/12/2011]. Véanse
también los índices de pobreza en Europa, en el Informe sobre la plataforma europea
contra la pobreza y exclusión social (24 octubre 2011). [En línea:
http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?type=REPORT&reference=
A7-2011-0370&language=ES , Consulta 14/12/2011] y en España. El 21,5 % de los
hogares, bajo el umbral de la pobreza. [En línea:
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/20/espana/1319102550.html.
Consulta 14/12/2011]. Revisando este capítulo, leo en el diario Público, el
31/12/2012, que han aumentado los porcentajes: La pobreza amenaza ya a uno de
cada cuatro españoles y continua: “Las personas en riesgo de exclusión social y pobreza
han aumentado, precisamente, en más de un millón. Pasaron de 10.665.615 en 2009
(23,4%) a 11.666.827 en 2010 (25,5%), lo que significa que uno de cada cuatro
españoles está en riesgo de exclusión y pobreza. Ese dato, que corresponde al año 2010,
es el más alto desde 2004, el primer año en que hubo cifras de este indicador en
97
Estado laico, Iglesia laica
quiere decir que el progreso no es cosa de todos, sino que está
reservado sólo a unos pocos, como intuía y criticaba Marx. Y esta
es precisamente una de las característica del progreso de la
racionalidad moderna, el aceptar que las conquistas del progreso
tienen un costo humano y social inevitable, que es un precio que
algunos han de pagar para traer bienestar a otros. Bienestar y
felicidad que no es, pues, para todos, sino solo para la raza
superior, según el nazismo o para los mejores o los vencedores,
según el darwinismo racional del capitalismo. Los no arios, los
judíos, las víctimas, los vencidos, los expulsados del sistema, los
empobrecidos no son sujetos de derecho, sino piezas de una
maquinaria fatal, cuyo destino deben resignadamente admitir. Por
el contrario, el bienestar y la felicidad deben ses patrimonio de
todos, también de las víctimas. De aquí se deduce una
consecuencia que se había olvidado y nos la recuerda justamente el
judío Walter Benjamín (135): que la función de la política es
procurar la felicidad para todos, hacer justicia a todo el mundo,
sobre todo a las víctimas, reparando el daño que se les causó.
“Walter Benjamin lo expresa muy bien cuando dice que la política
moderna por supuesto que es secularización o emancipación de la
religión, pero añade algo definitivo: hay que devolver a la política
su rostro mesiánico y esto en interés de la política” (136).
Devolver a la política su rostro mesiánico significa volverle a dar
su inspiración religiosa, es decir, no el carácter de mito o rito
sacrificial, al modo de los misterios eleusinos griegos, sino el
sentido ético-religioso cristiano del amor al prójimo, de que la
felicidad propia se basa en la asunción de los sufrimientos de los
otros. En una palabra, que la política se preocupe de extender el
derecho de la felicidad a todos, pero sobre todo a las víctimas,
reparando el daño que se les causó. En este caso no vuelve la
religión como objeto de mito y consumo, ni sólo como sabiduría
Eurostat”. [En línea: http://www.publico.es/espana/419527/la-pobreza-amenaza-yaa-uno-de-cada-cuatro-espanoles . Consulta 31/12/2012].
135 Seguimos en esta exposición a Mate, Reyes. “La presencia pública de la
religión en la sociedad contemporánea”, en Ob. cit., (nota 122), pp.177- y ss.
136 Ibid., p.184.
98
Estado laico, Iglesia laica
interior y personal, sino que vuelve como sentido entendido como
fe ética o de servicio al prójimo. Entonces política y religión
pueden volver a relacionarse de nuevo, no ya como enemigas sino
como compañeras en servicio del único sujeto, el ser humano, al
que tratan de servir (137).
Como conclusión podemos decir, que la Revolución francesa
trajo a Occidente una sociedad civil o Estado republicano
totalmente laico, secularizado y autónomo respecto a la Iglesia
cristiana, romana o reformada. Esta autonomía supuso la ruptura
de los lazos vigentes entre el altar y el trono durante el régimen
político antiguo. Secularización y laicismo que se acentúa durante
la revolución industrial del siglo XIX-XX, llegándose a una
expulsión de la religión de la sociedad, sobre todo, en las
dictaduras comunistas y nazis. Tal expulsión supuso la
transformación de estos totalitarismos en verdaderas “religiones
seculares”, los que al desaparecer, tras las dos guerras mundiales, se
llevan consigo también a estas “religiones seculares”, aunque
permanecen los moldes religiosos que las contenían. El hombre y
la mujer occidental se quedan solos en la sociedad que alumbró la
revolución francesa, con sus derechos de hombre y ciudadano,
pero solos frente a los estados nacionales y el mercado
globalizado. Ya ni la Religión ni el Estado nacional, ni menos el
mercado capitalista unifican o sustentan la sociedad en que viven.
El hombre y la mujer occidental desconfían casi de modo absoluto
de su estado democrático otrora conquistado, porque sus
137 Así lo reconoce Lluis M. Puig en su informe a la Asamblea del Consejo de
Europa: “la democracia y la religión no son incompatibles; todo lo contrario, la
democracia proporciona el mejor marco a la libertad de conciencia, al ejercicio de la fe y
al pluralismo de las religiones. Por su parte, la religión, por su compromiso moral y
ético, por los valores que ella defiende, por su sentido crítico y por su expresión cultural
puede ser un complemento valioso de la sociedad democrática”, citado por Carlos
García de Andoaín. “El cristianismo en la reconstrucción de la ciudadanía
democrática”. Iglesia Viva, nº.213, 2003 (enero-marzo), p. 57. [En línea:
http://www.iglesiaviva.org/213/213-13-ANDOIN.pdf .
[Consulta 09/02/2012]
99
Estado laico, Iglesia laica
instituciones políticas, sociales y económicas no dan ya
satisfacción a sus anhelos y demandas. En esta situación angustiosa
sale de nuevo a su paso las religiones, ofreciéndole fines y valores,
en respuesta a sus eternas preguntas. Los Estados, entonces,
pueden ser los primeros interesados en otorgar un reconocimiento
público a estas religiones, en cuanto opciones privadas que dan
sentido a la vida en la sociedad. En las democracias laicas retorna
de nuevo la Religión pública. Sin embargo, las Religiones se
muestran con numerosas y variadas caras. ¿Cuál de ellas elegirán
los ciudadanos? Todo depende de las ofertas que reciba y de su
libre elección. Religión como superstición y mito pagano o como
sabiduría oriental, religión como fundamentalismo destructivo de
los demás o como ética religiosa, en la que el bienestar y la
felicidad es patrimonio de todos, también de las víctimas, a las que
hay que reparar el daño que se les causó. Sea su elección la que
fuere, hay que constatar que Religión y Política vuelven de nuevo,
en nuestro tiempo, a estar relacionadas y no enfrentadas y que tal
relación puede ser beneficiosa para ambas.
―――oOo―――
100
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 4:
Retos de la laicidad a la ciudadanía
José María García―Mauriño
Febrero de 2012
Vivimos en una sociedad bastante inmadura, bastante
infantilizada, y en el origen de esta infantilización está la continua
expansión del Estado, con su tutela hiperproteccionista. Todo
está en sus manos y de él dependemos tanto para lo bueno
como para lo malo. El Estado se ha convertido en un padre
omnipresente y omnímodo, y a nosotros se nos relega a la
condición de hijos menores, desamparados e inermes, dóciles y
dependientes, eternamente niños. Comprendo, además, la tentadora
comodidad del invento. Pero en el camino se esfuman dos valores
fundamentales: la independencia y la libertad. Queremos construir
una sociedad laica dentro de un estado laico. Esto supone una
oferta de mínimos que son exigibles a todo ciudadano o
ciudadana. Y decimos ciudadanos y no súbditos, que apenas este
concepto cabe ya en una sociedad secularizada. La sociedad civil
actual se caracteriza por ser Plural, Secularizada, Democrática,
Capitalista, Consumista, Interreligiosa, Planetaria, en Crisis
permanente. La sociedad civil postula una ética de mínimos: un
mínimo decente y razonable para poder vivir y convivir todos y
todas: son los Derechos Humanos, el Derecho Internacional, la
Carta de las Naciones Unidas.
Queremos hacer una constatación previa: que el tema de la
laicidad no es exclusivo de la Iglesia católica y de España. Lleva
101
Estado laico, Iglesia laica
casi dos siglos de debate sobre todo en Occidente. Se trata de una
situación en la que se ve implicada casi toda Europa: Existe una
mayoría de Estados confesionales, como son Grecia, Noruega,
Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia, aunque se reconozca la
libertad religiosa; otros, no son confesionales, con clara separación
de Iglesia―Estado como Alemania, Italia, Suiza, España y en
menos grado Holanda y Bélgica. Fuera del marco europeo, la
laicidad está siendo reivindicada con fuerza en Turquía y en diversos países de América Latina, entre los que destacan México,
Nicaragua, Cuba y Brasil. También es objeto de debate en Estados
Unidos, Israel, India y Tailandia. En Irán y en diversos países
árabes hay sectores sociales que aspiran a conquistar la laicidad. En
este artículo hablamos desde España.
1. Una plataforma básica: El reto de la identidad
Esta sociedad está formada por ciudadanos y ciudadanas,
como fundamento esencial, al margen de cualquier credo o
ideología o moral, sexo o etnia. El sujeto de esta sociedad es la
Persona, el Ser humano (SH). El centro no es dios, no es la
religión, no es el Estado, no es la economía, no es el partido no es
el sindicato. Es la Persona en su dimensión social y política, no
individualizada, sino formando parte de un todo. Nuestro DNI
está formado por una unidad indisoluble, porque al mismo
tiempo somos Seres Humanos, somos Personas, Somos
ciudadanos. Es imposible separar una cosa de la otra No se trata
sólo de lo que somos, sino que además tenemos conciencia de
serlo. La forma de estar en esta sociedad es siempre una presencia
activa, no pasiva, no dejándose llevar de lo que siempre se ha
hecho o pensado, por las tradiciones religiosas de siglos atrás.
Somos seres inteligentes, conscientes y libres. Nunca terminados
del todo, siempre en proceso de crecimiento, maduración, y en
definitiva de humanización. El tener esta identidad, este DNI
universal, nos hace iguales a todos. Lo laico nos mide a todos los
habitantes del Planeta Tierra por el mismo rasero. Lo laico nos
iguala, la religión nos divide y nos enfrenta.
102
Estado laico, Iglesia laica
Todo ser humano es por naturaleza un ser político. Es decir,
se trata de vivir y convivir con una serie de ciudadanos del propio
país y de todo el mundo, que se encuentran implicados en las
estructuras socio―políticas y económicas, e incluso religiosas
establecidas en esta sociedad. Todo SH es un ser de relaciones y lo
propio de su naturaleza no es vivir solo o aislado, sino vivir en un
conjunto de las relaciones humanas que llenan este espacio: desde
la familia, los amigos, la profesión, los vecinos, los grupos sociales,
la iglesia, las cooperativas, las instituciones, los partidos políticos,
los sindicatos, los movimientos sociales, etc.
2. Construir una sociedad laica en un Estado laico
Este es el reto en la actualidad. Proponemos esta reflexión
desde la ciudadanía. Buscamos la construcción de la laicidad en
España. Esto supone abordar el tema del modelo cultural y
político que puede hacer posible esa construcción de un modelo
de laicidad basado en el reconocimiento de la diversidad y la
atención a las razones de todos los sujetos públicos que
intervienen en la vida española. Es más, la laicidad la concebimos
como una cultura de la cooperación de sujetos e instituciones que
desde su identidad y diversidad se esfuerzan en aprender unos de
otros e intentan colaborar en acciones para el bien común del país.
Lo propio de un Estado laico:
El Estado tiene un fundamento jurídico: En nuestro país el
Estado es formalmente aconfesional y por tanto laico. Está
claramente expresado en el Art 16,3 de la Constitución de 1978:
“ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Un Estado laico,
claramente aconfesional, quiere decir que ni en sus instituciones, ni
en su legislación, ni en sus manifestaciones culturales y políticas, se
doblega ante credos o éticas exclusivamente religiosas.
Sin embargo, ese principio constitucional se viola
sistemáticamente porque mantiene unos privilegios con la Iglesia
católica claramente expresados en los Acuerdos de la Santa
103
Estado laico, Iglesia laica
Sede―Estado español de 1979, que son de dudosa validez jurídica,
por ser pre―constitucionales. Y además, según voces autorizadas,
la Santa Sede no era un sujeto adecuado para firmar un tratado
internacional como instrumento normativo para regular las
relaciones Iglesia―Estado. Estos acuerdos otorgan a la Iglesia
católica unos privilegios que no tienen ninguna otra religión. No
se puede decir, por tanto, que el Estado sea neutral, sino que
favorece colmadamente a la Iglesia católica, discriminando a las
demás. Es una incoherencia jurídica y política mantener estos
Acuerdos.
Son ya más que suficientes los 30 años de Constitución y de
los Acuerdos para empezar a revisarlos, modificarlos y liberarnos
de esa mentalidad propia del nacional―catolicismo de la que
están empapados esos Acuerdos. Este sistema político―religioso
fue el que marcó la vida de los españoles durante 40 años, y
todavía sigue vigente en amplios sectores de la sociedad civil.
Además, no sólo hablamos de neutralidad del Estado frente a
las religiones, sino también frente a las cosmovisiones de los no
creyentes, agnósticos y ateos que tienen planteamientos no
religiosos. Y aquí entra la laicidad o laicismo del Estado laico. El
Estado se ha traicionado a sí mismo, no se ha tomado en serio su
propia laicidad.
Creemos que es necesario que el Estado se de un Estatuto de
Laicidad con el que rija sus intervenciones públicas. El principio
de laicidad nos dice que no se puede financiar con dinero público
un bien religioso particular, privado, como si fuera un bien
público, propio del Estado. Somos adultos y la sociedad va
siendo, poco a poco, lo suficientemente adulta como para sacar las
consecuencias de esta laicidad del Estado.
Lo propio de una sociedad laica:
Nuestro país vive en una sociedad plural. España necesita una
cultura de la laicidad para mejorar la convivencia nacional.
Nuestra división ideológica, cultural y moral constituye un reto
104
Estado laico, Iglesia laica
para aprender a resolver ciertos problemas de forma civilizada En
ella conviven creyentes y no creyentes. Entre los primeros habrá
cristianos, católicos, musulmanes, budistas… entre los segundos
habrá ateos, agnósticos, indiferentes. Una sociedad laica se
caracteriza por la independencia y autonomía del Estado de
cualquier tutela religiosa. Es decir, construir la Historia sin acudir
a la religión. Queremos una sociedad que sea de verdad
independiente de toda tutela religiosa, pero no contraria a la
religión. La sociedad vive hoy cambios muy profundos y seguimos
viviendo un proceso de secularización que es imparable. El
progreso social y la conciencia colectiva avanzan lentamente y no a
golpe de ley.
Vamos caminando hacia una sociedad laica, de ninguna
manera en contra de cualquier religión, sino creando una sociedad
civil independiente y respetuosa con todo lo religioso. Pero,
también respetuosa con lo no religioso, con los ateos, agnósticos o
indiferentes. Caminar significa que la sociedad avanza, que no es
inmovilista, que no está atada a esquemas religiosos obsoletos. La
cultura de la laicidad crea las virtudes de tolerancia activa, libertad
de conciencia y diálogo intercultural e interreligioso, y, por eso,
debe extenderse con mayor fuerza entre nosotros. Pero el
aprendizaje de la laicidad no es fácil en un país que lleva siglos
enfeudado en dogmatismos e intolerancias de diverso signo.
Tenemos que aprender a ser laicos. Una sociedad que va
madurando en su convivencia, que para andar no necesita las
muletas de lo religioso, que va saliendo del infantilismo hacia una
madurez cívica. ¿O acaso no aceptamos todavía el espíritu de la
Ilustración? Kant (siglo XVIII) decía que esta etapa histórica
consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de
edad y llega a la mayoría de edad.
Lo propio de una sociedad laica viene dado por leyes propias
emanadas de un Estado laico, como son la promulgación de la Ley
de matrimonios homosexuales, la Ley de educación, la Ley de
reproducción asistida, la Ley de investigación biomédica, la nueva
asignatura de Educación para la Ciudadanía, la Ley de la Memoria
Histórica. Mientras grupos de la población española han acogido
105
Estado laico, Iglesia laica
con gozo estas iniciativas del gobierno apoyadas por la mayoría
del Parlamento, los obispos y una parte de la ciudadanía han
reaccionado con rotundidad hasta el punto de manifestarse en la
calle, realizar una crítica sistemática al gobierno, permitir que la
cadena de radio de propiedad episcopal se convierta en la principal
fuerza mediática de oposición al ejecutivo y, sobre todo, generar
un discurso que plantea cuestiones muy de fondo sobre las
relaciones entre democracia, derecho, moral y religión. Del mismo
modo que existe una oposición política, sindical o social a un
gobierno, parece haber surgido un nuevo tipo de oposición, lo que
podríamos denominar la oposición moral, formada por la
Conferencia Episcopal y las bases católicas y ciudadanas que se
identifican con ella. El enfrentamiento cultural y ético con claras
repercusiones políticas han sido la Conferencia Episcopal y el
sector católico que sigue sus recomendaciones. Sin embargo, no ha
logrado impedir que millones de católicos sepan distinguir entre el
seguimiento de Jesús de Nazaret y la obediencia a los obispos en
cuestiones discutidas que no pertenecen al núcleo de la fe cristiana.
Una sociedad en la que se pueda vivir de verdad como laicos,
asumiendo que somos ciudadanos y no súbditos, y por tanto, no
queremos volver a someternos a ese catolicismo en el que el
Estado vertebraba la sociedad con las normas impuestas y
emanadas de la Iglesia católica, ya sea en la escuela, en la
economía, o en las expresiones públicas de la fe católica. Y el laico
no se define por oposición a clérigo, es una distinción clerical. El
laico es el ciudadano de a pie. Y lo laico es aquello en lo que
coincidimos todos los Seres humanos, es lo más universal y propio
de cualquier sociedad, es lo común. El reconocimiento recíproco
significa que los ciudadanos religiosos y laicos están dispuestos a
escucharse mutuamente y a aprender unos de otros.
Queremos una Ley de libertad de conciencia (no una Ley de
Libertad religiosa) que sitúe en pie de igualdad a todas las
creencias y convicciones, sean de origen religioso o no, que
reconozca y respete la independencia y preeminencia del poder
político y por tanto de lo público, que es lo de todos, frente a lo
106
Estado laico, Iglesia laica
que debe ejercitarse en el ámbito privado y particular de un grupo,
que representan las religiones.
Una sociedad orientada por el laicismo. La libertad religiosa
no puede impedir el desarrollo de la libertad de conciencia de
quienes no son religiosos .Los ciudadanos no religiosos también
tienen que aprender a ser laicos. La proclamación de la identidad
laica no vacuna contra la intolerancia. El fundamentalismo laicista
es tan rechazable como el integrismo religioso. Pero lejos de sentir
el laicismo como ajeno, deseamos que los ciudadanos y ciudadanas
perciban que con su defensa lo que está en juego es la calidad de
nuestra convivencia democrática, el fomento del pluralismo
ideológico y nuestra propia condición de ciudadanas y ciudadanos
libres e iguales en derechos. El aprendizaje de la laicidad es
una de las asignaturas pendientes en nuestra democracia.
Una sociedad de verdad laica es la que camina hacia una
educación laica, es decir, exigir al Estado una Escuela pública laica
en la que no se enseñe ninguna Religión, ni haya profesores de
religión ni en escuelas públicas ni concertadas Exigir una sociedad
de verdad laica en la que no haya ningún símbolo religioso
(crucifijos, biblias) en edificios públicos: Congreso,
Ayuntamientos, Escuelas, Ministerios, Hospitales, Cárceles, etc.
Que no haya Funerales de Estado por los muertos en acto de
servicio de militares muertos en Afganistán o en otros países.
Que ninguna autoridad civil o militar esté presente en los
actos públicos religiosos: procesiones, funerales, bodas, etc.
Exigir un respeto para todo lo público. No admitir en la TV
pública las noticias referentes a procesiones católicas de Semana
Santa, los actos del Pontífice en Roma: Misas en el Vaticano,
Bendición Urbi et Orbi, etc.
Revisar el calendario de fiestas, en su mayoría de origen
religioso, pero con efectos civiles, de vacaciones, “puentes”, santos
patronos, “semana santa” (¿por qué santa?), ramadán, etc.
107
Estado laico, Iglesia laica
2.1. Principios básicos que pueden orientar la reflexión
Principio de Igualdad:
Todos somos iguales. Nadie es superior a nadie, nadie es
inferior a nadie. En una sociedad democrática no se puede admitir
ninguna discriminación por razón etnia, sexo, religión, ideología,
etc. Lo que nos iguala son los orígenes de nuestro ser –Somos
Seres Humanos, Personas, Ciudadanos (no súbditos)―, no otra
cosa. El hombre tiene los mismos derechos y obligaciones que la
mujer. Por ser laicos, no damos preferencia a ninguna religión
sobre otra. Nadie puede alzarse con el monopolio de la verdad
absoluta, ni hacer ostentación de ella en detrimento de otras
verdades. Ninguna religión tiene el monopolio de la verdad. Este
principio de igualdad es al mismo tiempo un principio de justicia.
El Estado no puede cometer la injusticia de privilegiar a una
religión sobre otra.
Principio de Laicidad:
No hay nada sagrado. No hay lugares sagrados, ni personas
sagradas, ni tiempos sagrados, ni objetos sagrados. En la sociedad
alternativa que se propone, todo es laico, no regido por
motivaciones religiosas. Todas las instituciones sociales o políticas
de un Estado no deben vertebrarse por una normativa religiosa,
sino regirse por una ética cívica. Lo cívico, los Derechos
Humanos, generan unas normas que son universales y
universalizables, que no tienen nada que ver con las normas
morales impuestas por la religión. Laicidad y democracia deben ir
siempre juntas. En una sociedad democrática ninguna persona es
más sagrada que otra. No hay personas sagradas ni consagradas.
La laicidad no es antirreligiosa, ni es contraria a la religión, sí es
anticonfesionalista. Lo laico es lo común lo que iguala a todos y a
todas por nuestros orígenes más radicales, no por lo sagrado de la
religión.
108
Estado laico, Iglesia laica
Principio de Tolerancia:
Este principio es esencial para la convivencia entre ciudadanos.
Porque todos y todas somos iguales, aunque tengamos distintas
creencias, convicciones, y comportamientos. La ciudadanía exige
una actitud de aceptarse y soportarse mutuamente en el espacio
público de la sociedad que es de todos. La laicidad va muy unida a
la tolerancia (que viene del verbo latino tollere que quiere decir
soportar, aceptar, tener paciencia).que significa liberar a la política y
a la moral de toda tutela religiosa, colocando en su lugar a la razón.
Cuando en una sociedad laica se admite el hecho de una
inmigración constante de muy distintos países y continentes, esto
implica la diversidad de religiones, credos y morales. Entonces, la
tolerancia es una llamada a la ciudadanía para llegar a convivir
pacíficamente y crecer personalmente. Los problemas vienen de la
convivencia ciudadana del día a día, con el otro que es distinto,
cuando surgen personas y grupos (los inmigrantes) que ponen en
cuestión unos valores y formas de vivir que se consideraban
inapelables.
2.2. La lucha por construir la laicidad en la realidad social y
política
A) El Llanero solitario:
En las películas del Oeste, el llanero solitario es el que no
tiene ley, ni vacas, ni tierra, ni parroquia, ni dios, ni familia y actúa
defendiendo al inocente de una paliza que le dan unas manos
agresivas. Un hombre libre de prejuicios. No se le ha perdido nada
en ese pueblo pero salva al inocente de una paliza, porque ve que
lo que está ocurriendo ahí es intolerable Y que si pasara de largo,
si mirara para otro lado, luego no podría mirarse al espejo sin que
se le cayera la cara de vergüenza. ¡Cualquiera habría hecho lo
mismo! Pero, nadie lo ha hecho más que él. Los demás se han
comportado como todo el mundo, porque lo que todo el mundo
ha hecho es no complicarse la vida y mirar para otro lado. Lo
habitual es que el ama de casa se comporte como ama de casa, el
109
Estado laico, Iglesia laica
profesor como profesor, el rico como rico, el tendero como
tendero, etc. Hacemos lo que “está mandado”. Cumplimos los
roles que nos marca la sociedad. No lo que se debe hacer.
B) ¿Qué es lo que habría que hacer?
Proponemos que tal vez lo que habría que hacer es ejercer de
ciudadanos libres, no sometidos a las imposiciones morales de la
jerarquía, ni de las ideologías de los partidos, ni de las tradiciones
religiosas. Hay que exigir que la Constitución se cumpla. Es la
tarea propia del ciudadano que es y actúa como tal. Ser ciudadano
laico es respetar la autonomía del Parlamento y desechar cualquier
intento de sacralizar la política y el ordenamiento jurídico,
tratando de imponer normas religiosas a las leyes. El hecho de
imponer normas religiosas a las leyes civiles es intolerable. El
respeto a la Ley de Leyes, la Constitución de 1978, exige no mirar
para otro lado, sin que se nos caiga la cara de vergüenza. Está
costando mucho esfuerzo construir el estado laico, como soporte
de un estado de derecho y democrático. Ser ciudadano es ser
coherente con ese principio de la Constitución que dice en el art
16,3 “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Es intolerable
que no se cumpla la Constitución por los mismos que tienen el
deber de cumplirla y hacerla cumplir. Hay muchos intereses en
juego para tratar de que el Estado no sea laico de verdad. Los
poderes públicos, tanto si son de derecha como de izquierda, no
les interesa estar a mal con la iglesia católica. También resulta
intolerable que permanezcamos impasibles ante este estado de
cosas.
Sin embargo 31 años después de aprobada la Constitución,
todavía hay signos y evidencias de que se puede considerar un
“estado confesional”, con la “coartada” de que pertenecemos a la
“santa tradición católica”. La imposición a la fuerza de la
“teocracia católica” en España durante 15 siglos, (desde el
Concilio de Toledo del año 589, hasta la dictadura
nacional―católica que impuso el general Franco, según él: ―“Se
es católico o no se es nada”) pesa mucho. Hay que exigir a los
110
Estado laico, Iglesia laica
“poderes públicos” que cumplan la Constitución. Esta dice en el
art. 9,2, “promover las condiciones y remover los obstáculos para
que se dé la total igualdad de trato y neutralidad y se adquiera la
condición de verdadera ciudadanía”.
Hay que luchar por conseguir una serie de cosas que están a
nuestro alcance:
1) Denunciar los Acuerdos Santa Sede―Estado de 1979 que
privilegian a la religión católica en detrimento de las demás
confesiones religiosas y van en contra del principio de Igualdad y
de justicia.
2) Promover una Ley, no de .Libertad religiosa, sino una Ley
de Libertad de conciencia y convicciones.
3) Exigir una sociedad de verdad laica en la que no haya
ningún símbolo religioso (crucifijos, biblias) en edificios públicos:
Congreso, Ayuntamientos, Escuelas, Ministerios, Hospitales,
Cárceles,
4) Que no haya Funerales de Estado por los muertos en acto
de servicio de militares muertos en Afganistán o en otros países.
5) Denunciar que ninguna autoridad civil o militar esté
presente en los actos públicos religiosos: procesiones, funerales,
bodas, etc.
6) Exigir un respeto para todo lo público. No admitir en la
TV pública las noticias referentes a procesiones católicas de
Semana Santa, los actos del Pontífice en Roma: Misas en el
Vaticano, Bendición Urbi et Orbi, etc.
7) Exigir una Escuela pública laica en la que no se enseñe
ninguna Religión, ni haya profesores de religión ni en escuelas
públicas ni concertadas
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Estado laico, Iglesia laica
8) Revisar el calendario de fiestas, en su mayoría de origen
religioso, pero con efectos civiles, de vacaciones, “puentes”, santos
patronos, “semana santa” (¿por qué santa?), ramadán, etc.
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112
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 5:
Por una escuela publica, laica y de calidad
José María García―Mauriño
Noviembre 2011
Introducción
La apuesta por una Escuela Pública, de calidad y Laica es
consustancial con la implantación de un Estado verdaderamente
aconfesional, y con la búsqueda de una sociedad plural y
democrática, compuesta por ciudadanos libres, responsables y
críticos, que conviven en armonía y en paz. Este fue, en síntesis, el
objetivo que los cristianos de base de Madrid nos marcamos en la
última Asamblea de 2009.
En estos momentos de profunda crisis económica, esa defensa
de la Escuela Pública, Laica y de Calidad está en la calle, debido a
los ataques de las políticas ultraliberales que imponen graves
recortes en los presupuestos educativos y a la defensa numantina
que la Iglesia Católica continua manteniendo respecto a sus
privilegios en materia educativa.
Convencidos de que la finalidad de la Escuela no es
solamente transmitir conocimientos, sino propiciar la formación
plena del alumno como individuo y como ciudadano, (desarrollo
de su personalidad, su moral y sus valores éticos), proponemos
una reflexión sobre cómo se puedan garantizar mejor esos
objetivos para todos los niños y jóvenes, sin excepción. Y lo
113
Estado laico, Iglesia laica
hacemos, recalcando la óptica que más nos corresponde, la de la
laicidad del Estado y de la Escuela. Pues sabemos que en nuestro
país, ni el Estado es todo lo aconfesional que debiera, ni la
educación en los centros públicos, todo lo laica que convendría.
Pensando en articular un texto que realmente sirva a todos
para reflexionar, hemos recurrido al ya habitual método de VER,
JUZGAR y ACTUAR, que tan buenos resultados ha dado a lo
largo de nuestra historia. Así pues, esa va a ser la estructura de este
documento:
VER
1.― El acceso a la educación es hoy un derecho básico de
todos los ciudadanos, consagrado en la Constitución de 1978
(art.27) y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos
(art. 26). Este derecho tiene que ser garantizado para todos los
niños y niñas por el Estado, a quien compete velar para que se
cumpla estrictamente.
Sin embargo, la situación que tenemos en nuestro país es bien
distinta: el Estado ha ido dejando buena parte de la educación en
manos privadas. Ha preferido hacer dejación de sus responsabilidades
y ceder estas a la iniciativa privada, especialmente a la Iglesia Católica
y sus congregaciones religiosas, propietarias de buena parte de los
colegios. Hoy se estima que el sector privado controla más de un
tercio de todos los centros educativos. Los sucesivos gobiernos de
PP y PSOE se han limitado a detraer sustanciales cantidades de
los presupuestos públicos para subvencionar estos colegios, sin
exigir con la firmeza necesaria que se cumplan los escasos
requisitos a que la ley obliga, mermando cada vez más, de esta
forma, los recursos destinados a la enseñanza pública.
2.― La privatización de la escuela tiene el respaldo político
de las mayorías parlamentarias del PSOE y PP. De ahí el dicho: ‘el
PP privatiza, el PSOE autoriza’. Y se apoya en un principio
ideológico neoliberal que reclama el “derecho absoluto de los
114
Estado laico, Iglesia laica
padres a elegir el centro educativo que más convenga a sus
intereses”.
Este planteamiento ha sido históricamente utilizado por la
Iglesia Católica que siempre ha disputado al Estado el
protagonismo en la Educación. Aunque viene de antiguo, fue
ratificado por el Vaticano II, al afirmar: “Es preciso que los padres
tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas. El poder
público…. debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma
que los padres puedan escoger según su conciencia las escuelas
para sus hijos” (Declaración Gravissimum Educationis
Momentum). Y, más recientemente enarbolado por Mons. Rouco
Varela: “El derecho a recibir formación religiosa en la escuela es
primario e intocable, es anterior al Estado. Y no se puede recortar
ni en la escuela pública ni en la concertada. La asignatura de
Religión sigue sin tener el estatuto que le corresponde conforme a
los acuerdos con la Santa Sede y el deseo de los padres.
Fruto de esa línea de presión y de los cuarenta años de
Nacionalcatolicismo, la Iglesia Católica consiguió en 1978
(aprobados a principios de 1979) arrancar unos Acuerdos con el
Estado que le otorgan privilegios tales que, a juicio de muchos
juristas, contradicen varios principios constitucionales y violan el
carácter aconfesional del Estado, también en materia educativa.
3.― Asociada a esa tendencia privatizadora, pueden
detectarse las siguientes situaciones:
A) Una doble red de Centros públicos y privados, con muy
diferentes políticas educativas: las estadísticas de escolarización
demuestran que los alumnos con necesidades especiales o hijos de
inmigrantes son asumidos por los centros públicos en un 90% de
los casos.
B) Gestión empresarial de los centros. Los centros privados
funcionan como empresas en el sentido de que los resultados
115
Estado laico, Iglesia laica
económicos se sitúan en un primer nivel de interés, en detrimento
del objetivo de la educación y el desarrollo de los alumnos
C) Qué y cómo se ha de enseñar viene determinado por
instancias externas a la comunidad educativa y supeditada a los
intereses de los sectores económicos y del mercado.
D) Se intensifica la degradación de la imagen del profesorado
y los centros públicos.
E) Desmantelamiento progresivo de la Formación Profesional
Pública.
F) La subcontratación―externalización de servicios. El
transporte escolar, la limpieza, las aulas matinales, los comedores
escolares, las actividades extraescolares, los servicios técnicos
informáticos, e incluso las horas de refuerzo en horario vespertino
se van cediendo sistemáticamente a empresas privadas externas.
G) La continúa política de las Administraciones Públicas de
ceder o regalar suelo y edificios públicos para que construyan sus
colegios empresas privadas.
4.― A la cabeza de la tendencia privatizadora, se encuentra la
Comunidad de Madrid con un 49% de Centros Privados (7
puntos más que en 2000), frente a un 51% de centros Públicos,
que han disminuido a lo largo de la década en la misma
proporción. Más de 2/3 de estos centros de titularidad privada
mantienen conciertos con el Estado. Si tenemos en cuenta que el
gasto público en Educación creció entre 2001 y 2011 algo más de
22 mil millones de Euros, es fácil deducir a qué manos han ido a
parar la mayor parte de esas inversiones públicas y cuál es el peso
del móvil económico entre los defensores de la privatización.
116
Estado laico, Iglesia laica
JUZGAR
A.― Al considerar la educación como un derecho
fundamental de todos los ciudadanos/as, procede afirmar que
únicamente el Estado puede garantizar de forma universal e
igualitaria el ejercicio efectivo de ese derecho, es decir, una Escuela
Pública de calidad para a todos. No es, por tanto, al sector
privado al que le corresponde la tarea de la enseñanza, a no ser de
forma subsidiaria. Y, por tanto, tampoco le corresponde a la
Iglesia Católica la posición dominante que hoy ocupa, menos aún
en una sociedad constitucionalmente laica, en la que las iglesias
deben tener el mismo rango que cualquier otra entidad asociativa
civil.
B.― Los rasgos que caracterizan a la Escuela en la que
creemos, deberían ser los siguientes: pública, laica y de calidad;
basada en el conocimiento científico y no en ideologías o creencias
religiosas, por tanto, crítica y no dogmática. A sus alumnos se les
ha de educar como a seres pensantes, es decir, buscando el por qué
y el para qué de las “cosas”. En la escuela laica no cabe ninguna
enseñanza de Religión ni del Hecho Religioso como asignatura
curricular, sino como contenido transversal, así como tampoco
cabe adoctrinamiento alguno y por lo tanto, no deberían exhibirse
símbolos de ideologías o creencias religiosas.
Esta forma de concebir la Escuela Pública, de Calidad y Laica
posee otros rasgos que consideramos esenciales. Debe ser
Gratuita: es decir, totalmente subvencionada por el Estado,
con profesorado seleccionado por un proceso abierto, público y
transparente, lo que garantiza su preparación.
Democrática: La Escuela laica es necesariamente democrática
y dialogante. El aula, un lugar de debate. Impartirá una pedagogía
participativa y respetuosa con la opinión de todos.
Participativa: La dinámica de la escuela y el reglamento
interior se establecerá entre toda la comunidad educativa:
117
Estado laico, Iglesia laica
docentes, no docentes, alumnos, madres y padres, representantes
de la Administración implicados en la Escuela como el
Ayuntamiento, instituciones del barrio, etc.
Integradora: La Escuela Pública, de Calidad y Laica es
integradora porque en ella caben y conviven niños y niñas
(coeducativa) con distinto nivel económico, con diferentes
capacidades intelectuales y motóricas, de distintas culturas y etnias.
Solo así llegaremos a una sociedad intercultural y fraterna donde
se asienten los primeros brotes de solidaridad.
Igualitaria: Para que la Escuela Pública y Laica sea
democrática ha de dar igualdad de oportunidades al alumnado
ofreciendo unos mismos contenidos en todos los grupos o
unidades por curso o nivel, e intentando reforzar desde abajo, por
medio de los desdoblamientos y demás recursos pedagógicos
necesarios, es decir, tendiendo la mano a los más débiles. Aquí
reside la calidad democrática de la enseñanza.
Creativa y crítica: La Escuela Pública y Laica debe huir de
modelos impuestos o preestablecidos, debe trabajar para
implementar metodologías innovadoras que favorezcan el
desarrollo integral del alumnado. Se debe partir de los verdaderos
intereses de los niños y niñas, de sus búsquedas, de sus
interrogantes.
Esta Escuela Pública, de Calidad y Laica fomenta la igualdad,
el respeto mutuo, los derechos de la infancia, la paridad entre los
géneros, la búsqueda de la verdad, la construcción de ideas en
diálogo con los otros, el respeto al diferente....Esta concepción de
la educación es un proceso formativo que no deberá terminar
nunca porque nunca muere la curiosidad.
C.― No es admisible el afán de lucro del sector privado, que
ve en la ampliación del negocio de la Enseñanza una buena tajada
con la que poder llenar aun más sus arcas. ¿Por qué, por ejemplo,
hay Escuelas Infantiles de la red pública de Madrid, que están
118
Estado laico, Iglesia laica
siendo gestionadas desde hace tiempo por empresas del grupo de
Florentino Pérez? Y si esto se puede hacer, ¿por qué no ampliar la
experiencia, gestionando las escuelas de Secundaria y las
Universidades?
La crisis actual esta siendo aprovechada para potenciar esa
lógica mercantilista. Si, con los recortes supuestamente “exigidos
por la crisis” se provoca un deterioro y desprestigio de los Centros
Públicos, las familias que puedan pagar llevarán a sus hijos a la
privada, concertada o no, llenando más y más los bolsillos del
negocio empresarial, y reduciendo progresivamente la Escuela
Pública a un servicio “para los más pobres”.
D.― En una sociedad democrática, tampoco son admisibles
las razones ideológicas que nos llevarían a una involución, política
y cultural. Por ese camino se avanza hacia una sociedad
confesional, culturalmente uniforme y, por tanto, totalitaria; es
decir, volveríamos a los tiempos dorados del Nacionalcatolicismo.
No olvidemos que la privada y la concertada están, en un
porcentaje altísimo en manos de congregaciones religiosas que
tienen un ideario de centro y para las que el objetivo fundamental
es formar “en la fe” de esa Iglesia tradicional, ampliar la capacidad
de influencia de la Iglesia Católica, etc., al tiempo que hacen su
negocio.
ACTUAR
Frente a esa ofensiva privatizadora y confesional, es preciso
afirmar con fuerza que hay alternativas, que es posible construir
un sistema educativo liberador, que dé oportunidades a todos.
Con ese horizonte de fondo, el movimiento popular por la
Escuela Pública ofrece un programa de reivindicaciones que
convocan al compromiso y a la acción. Entre otras,
1. Retirada de todas las medidas que recortan la Enseñanza
Pública. y aumento del porcentaje del PIB destinado a enseñanza.
2. La Escuela Pública y Laica, como eje fundamental del
sistema educativo. Eliminación de los Conciertos educativos con
119
Estado laico, Iglesia laica
centros privados. Posibilidad de incluir los concertados que lo
deseen en la red pública.
3. Eliminación de toda desgravación fiscal para los usuarios
de la enseñanza privada.
4. Reforma de las leyes educativas que limitan o condicionan
los principios de una enseñanza pública, gratuita, laica,
coeducativa y democrática, orientada a formar personas libres y
críticas.
5. Eliminación de los acuerdos Santa Sede-Estado Español
1979 la Religión fuera de la escuela.
6. Eliminación de la precariedad del profesorado y aumento
de plantillas de apoyo y atención a la diversidad.
7. Mejorar la ratio profesor/alumno.
8. Democratización de los centros y del sistema educativo, de
modo que se garantice la participación de toda la comunidad
educativa.
9. Gratuidad de libros de texto, comedores, actividades
extraescolares…. etc., que serán de gestión pública directa.
Eliminación de todo tipo de contratas privadas.
A trabajar por ese programa nos sentimos invitados los
Cristianos de base de Madrid, sabedores de que el reto pasa por
consolidar un amplio movimiento ciudadano, popular, junto a las
organizaciones políticas, sindicales y sociales que comparten
esencialmente este diagnóstico y estas propuestas.
INTERROGANTES PARA EL DEBATE
A pesar lo dicho, somos conscientes de que entre nosotros
hay pluralidad de puntos de vista, y que esa diversidad puede
ayudar sustancialmente a tomar conciencia colectiva de la
situación y a perfilar de modo más matizado algunas de las
cuestiones aquí presentadas. Por ello planteamos, de modo
120
Estado laico, Iglesia laica
expreso, algunos interrogantes para la reflexión en el seno de las
comunidades:
I.― ¿Estamos convencidos de que la Escuela Pública es la
única que puede garantizar la igualdad en el acceso a la educación
para todos los niños y niñas, independientemente de su
origen y situación socioeconómica, o sus capacidades, etc.?
II.― ¿Qué valor le damos al principio: Derecho absoluto de
los padres a elegir el centro educativo de su preferencia” y la
obligación de financiación pública de los mismos”. ¿Entendemos
que hay base teórica y jurídica suficiente para esta afirmación? Más
aún, ¿se puede hablar en democracia de ‘derechos individuales
absolutos’, más allá del derecho a la vida y a la propia integridad?
III― ¿Debe seguir impartiéndose en la Escuela Pública algún
tipo de formación religiosa, dentro del horario lectivo?
IV.― ¿Debemos ser respetuosos con la presencia de
imágenes religiosas en las Aulas u otras dependencias de los
centros educativos? ¿Y el vestuario de inequívoco carácter
religioso?
V.― ¿Es razonable que en determinados Centros educativos,
incluida la Universidad Pública, subsistan todavía hoy espacios
dedicados al culto (capillas, oratorios)?
VI.― ¿Compartimos la demanda cada vez más extendida de
pedir la derogación de los “Acuerdos con la Santa Sede de 1976 y
1979” y de la “Ley Orgánica de Libertad de Religiosa” de 1980,
textos jurídicos que sostienen el actual orden de confesionalidad
encubierta en España?
VII.― ¿Somos coherentes con nuestros postulados cuando,
compartiendo los objetivos de la Escuela Pública y Laica, llevamos
a nuestros hijos a Centros privados, concertados o no?
VIII― De no ser así, urge preguntarse también si
organizamos en el seno de nuestras comunidades las adecuadas
catequesis para ofrecer a nuestros hijos la formación en la fe que
no esperamos de la Escuela
121
Estado laico, Iglesia laica
IX.― Como entre nosotros pueden existir compañeros―as
que trabajan como profesores de religión, cabe plantear ¿cómo
viven y cómo compartimos con ellos la posible contradicción
entre su trabajo, como medio indispensable de subsistencia, y la
opción por una Escuela ideológicamente neutral?
Todos estos interrogantes se orientan a suscitar la reflexión
sobre un objetivo que la Comisión de Laicidad de IB―Madrid
considera en estos momentos de primordial importancia. Pues las
acometidas del neoliberalismo imperante y la tradicional
beligerancia de los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica,
hoy dominantes, empujan descaradamente hacia una sociedad cada
vez más desigual, más despiadada y más represora de la libertad de
conciencia. Y los cristianos no podemos olvidar que la igualdad
fraternal, la libertad y la solidaridad radical entre todos,
especialmente con quienes más sufren, son valores que pertenecen
a la esencia del evangelio de Jesús.
Para avanzar hacia esa igualdad y solidaridad social hoy es
precisa, entre otros compromisos, ser muy firmes en la defensa de
la Escuela Pública y Laica.
Madrid, Noviembre de 2011
―――oOo―――
122
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 6:
Libertad religiosa, laicidad y
laicismo en EE.UU.
Antonio Moreno de la Fuente
Diciembre del 2011
El intento de la quema de 200 copias del Corán por el pastor
Terry Jones en Florida y la oposición de algunos familiares de las
víctimas del 11―S y de políticos republicanos como Sarah Palin,
a la postura del Presidente Obama apoyando el derecho de los
musulmanes a la construcción de una mezquita cerca de la llamada
“Zona 0” (1), están poniendo a prueba el tradicional respeto de
EEUU por la libertad religiosa, de la que siempre fue abanderado,
según se desprende de la Primera Enmienda de la Carta de
Derechos a la Constitución federal (2). ¿Está cambiando en
EEUU el principio paradigmático de la libertad religiosa?
1
“Obama defiende la construcción de una mezquita en la zona 0”. Libertad
digital, 14/08/2010. [En línea:
http://www.libertaddigital.com/mundo/obama―dice―si―a―la―construcc
ion―de―una―mezquita―en―la―zona―cero―1276399549/ .
[Consulta: 30/08/2010].
2
La Carta de Derechos (en inglés, Bill of Rights) es el término por el que se
conocen las diez primeras enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos de
América. Estas enmiendas limitan el poder del gobierno federal y garantizan los
derechos y libertades de las personas. El texto de la 1ª dice así: “ El Congreso no
aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre
123
Estado laico, Iglesia laica
Estos hechos son, sin duda, signos inquietantes del
crecimiento de la intolerancia religiosa, sin embargo, para nosotros
son más preocupantes las declaraciones del arzobispo de Denver
(EEUU), Charles J. Chaput, criticando al Presidente Kennedy
porque, a su entender, éste propuso en su famoso discurso de
Houston, en 1960, una perniciosa separación entre Iglesia y
Estado, que trajo como consecuencia la oleada de “secularismo”
que invadió la cultura americana, y posteriormente la europea, en
los años 60 y 70 (3). Todo ello nos obliga a replantearnos de
nuevo el viejo problema de las relaciones entre el Estado, las
Iglesias o la Religión, en general, en nuestras sociedades
democráticas. Problema este que cobra también enorme interés
para nosotros los europeos, ante la nueva diversidad religiosa en
que nos encontramos. Para ello, exponemos primero la solución
dada en EEUU, dejando para el capítulo siguiente el examinar la
situación en España.
ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho
del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios”.
“Carta de Derechos de los Estados Unidos”. Wikipedia. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Carta_de_Derechos_de_los_Estados_Unidos
.
Consulta 01/07/2010]
CHAPUT J., Charles. “La vocación de los cristianos en la vida pública
americana”. Iglesia Viva, nº 242, (abril―junio), 2010, pp. 84―90. Este nº de la
revista dedica un amplio capítulo al tema de la libertad religiosa en las sociedades
democráticas. Una reseña completa del debate en EEUU se encuentra en el portal de
Sandro Magister. La dottrina del cattolico Kennedy? Da dimenticare. [en línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342344 y siguientes artículos:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342853
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342971 [consulta 01/07/2010].
Citamos el texto del arzobispo según la versión española de Sandro Magister en su
blog, por ser más asequible a todos. Los parágrafos corresponden a la división que él
mismo establece mediante asteriscos.
3
124
Estado laico, Iglesia laica
1.― El arzobispo católico de Denver, el religioso capuchino
de origen indio Charles J. Chaput (4), en un discurso tenido en la
Universidad bautista de Houston, acusa al Presidente John F.
Kennedy de haber establecido una separación perniciosa entre el
Estado y las iglesias. Hace cincuenta años –dice el arzobispo― en
septiembre del 1960, el senador John Kennedy en un famoso
discurso tenido en Houston, ante un auditorio de ministros
protestantes, trató de convencerles a ellos y a toda la nación de que
un católico podría ser Presidente del país. Su discurso convenció y
salió elegido, pero su discurso estaba equivocado, porque, a juicio
del arzobispo, cometió un doble error: un error político y un error
religioso (5).
Político, en primer lugar, porque “la separación absoluta entre
Iglesia y Estado” (6), establecida por el Presidente, es contraria a
los Padres fundadores y a la Constitución americana. “La
Constitución americana no dice eso. Los Padres fundadores no
creían en esto” (7). “Los fundadores de América –continúa el
arzobispo― alentaron el mutuo apoyo entre religión y gobierno.
Sus razones eran prácticas. En la visión de ellos, una república
como los Estados Unidos tiene necesidad de un pueblo virtuoso
para sobrevivir. La fe religiosa, correctamente vivida, forma un
pueblo virtuoso” (8). La separación absoluta entre Estado e iglesias
sólo se admitió, continúa, tras la sentencia de la corte suprema
Magister, Sandro. De qué modo los católicos deben hacer política. El
memorándum de Denver. [En línea:
4
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1337082?sp=y
.
Consulta
01/07/2010]
5
Chaput J., Charles. La vocación de los cristianos…. & 3, en Magíster, Sandro.
La dottrina del cattolico Kennedy? Da dimenticare. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342344. [consulta 01/07/2010].
6
Ibid. & 3.
7
Ibid. & 3.
8
Ibid.& 3.
125
Estado laico, Iglesia laica
Everson vs. Board of Education del juez Hugo Black, en 1947 (9).
Los obispos católicos americanos publicaron en 1948 una pastoral
en la que “rechazaban el rígido nuevo concepto del juez Black de
separación entre Iglesia y Estado como el distintivo del laicismo
doctrinario” (10) (la cursiva es de los obispos). Laicismo que el
arzobispo parece achacar a “los jefes revolucionarios de Europa”
(11), porque dicha separación empujaba “a las instituciones
públicas de la nación hacia una indiferencia hacia la religión y
hacia una exclusión de la cooperación entre religión y gobierno”
(12). El Presidente Kennedy aceptaría posteriormente la tesis del
juez Black.
Error religioso o teológico, en segundo lugar. Para el
arzobispo, Kennedy “dio inicio al proyecto de levantar un muro
entre la religión y el proceso de gobernar, en una forma nueva y
agresiva. Dividió las creencias privadas de las personas de sus
tareas públicas…y debió privatizar las creencias religiosas
Un estudio moderno sobre esta cuestión lo encontramos en Martínez Martínez,
Julio Luis. Consenso público y moral social: relaciones entre catolicismo y liberalismo
en la obra de John Courtney Murray. Madrid: Universidad pontificia de Comillas,
2002, p.371―80. . [En línea de forma
parcial:http://books.google.es/books?id=mxD8Nd3yk6wC&pg=PA589&hl=
es&source=gbs_selected_pages&cad=3#v=onepage&q&f=false . Consulta
12/12/2011]
10
Ibid.& 3.
11
Ibid. & 3. El Diccionario de la Real Academia define así este término:
“Laicismo (de laico). Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la
sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o
confesión religiosa”. Sin embargo, ordinariamente se entiende por Laicismo: “La
tolerancia de la religión por el Estado pero sólo en el ámbito privado y personal, no
reconociéndolas como entidades cívicas o como instituciones de derecho público”.
Estrada, Juan A. “Laicidad y religión en la sociedad española”. Éxodo. Laicidad y
Religión. Del conflicto a la convergencia, nº 80, (septiembre―octubre) 2005,p.12.
Este sentido es el que adoptaron los revolucionarios franceses y, posteriormente, los
marxistas. Consúltese lo que dijimos de la crítica marxiana a la Religión, en el cap. 3.2..
12
Ibid.& 3.
9
126
Estado laico, Iglesia laica
presidenciales –incluidas especialmente las propias― con el fin de
conquistar este cargo (la Presidencia)” (13). Kennedy, continúa el
arzobispo, citando al jesuita Mark Massa: “por el mismo hecho de
levantar la cuestión católica abrió decididamente el camino hacia
una secularización del espacio público americano, privatizando las
creencias personales” (la cursiva es mía) (14). Como se ve, para el
arzobispo de Denver la separación absoluta entre Estado e Iglesia,
aceptada y promovida por el Presidente Kennedy, se concreta en la
privatización de sus creencias católicas personales durante el
ejercicio de su gobierno y la exclusión de la cooperación entre
religión y gobierno, lo que supone una secularización del espacio
público americano. Y esto es lo que rechaza fundamentalmente el
arzobispo Charles J.Chaput, basándose en la visión agustiniana
sobre el cristianismo y la política, expuesta en el libro de un
coetáneo suyo, Robert Dodaro, a quien cita (15) y que veremos
más abajo.
¿Qué podemos pensar sobre esto? Para hacernos un juicio
recto sobre la cuestión, nos es necesario conocer primero el
pensamiento de los Padres fundadores de los EEUU y analizar,
después, el error religioso o teológico en que cayó el Presidente
Kennedy, a juicio del arzobispo de Denver.
2.― Pensamiento de los Fundadores de los EE.UU. Ya
hemos hecho alusión a la Carta de los Derechos de los EEUU
(16), con el texto de la Primera Enmienda a la Constitución, en
donde se prohíbe al Congreso promulgue leyes que “adopten una
religión como religión oficial del estado”, por ser de la mayoría,
con exclusión de otras. Sin embargo, conocemos el pensamiento
de los padres fundadores de los EEUU, plasmado tanto en la
Constitución federal como en las diversas Constituciones de los
estados miembros, gracias al estudio directo de la sociedad
Ibid.& 3.
Ibid.& 3.
15
Ibid.& 4
13
14
16
Véase Nota 2.
127
Estado laico, Iglesia laica
estadounidense que realizaron en el siglo XIX dos grandes
escritores franceses: Alexis de Tocqueville y Gustave Beaumont
(17)
Alexis de Tocqueville y Gustave de Beaumont fueron
enviados, en 1831, por el gobierno galo para analizar el sistema
penitenciario norteamericano. Viajaron a través del país,
observando no solamente las prisiones sino muchos otros aspectos
de la sociedad norteamericana. Tras su retorno a Francia, en
febrero de 1832, ambos redactan un Informe sobre el sistema
penitenciario norteamericano (18). Posteriormente, sin embargo,
cada uno publica por separado sus observaciones sobre la sociedad
de EEUU. Tocqueville escribe un análisis de la política
norteamericana, titulado La democracia en América, mientras que
Beaumont lo hace, en forma novelada, sobre las costumbres y en
concreto sobre la esclavitud, con el título: María o la esclavitud en
los Estados Unidos.
Alexis de Tocqueville (1805―1859) (19) publica su obra
Democracia en América originalmente en francés (20), en dos
volúmenes y cuatro tomos, el primero en 1835 y el segundo en
1840. La obra se tradujo inmediatamente al inglés con el título:
Dichos autores los cita Carlos Marx en su estudio Sobre la cuestión judía, que
trata precisamente de la libertad religiosa de los judíos dentro del estado cristiano
prusiano de su tiempo. Véase Karl MARX― Friedrich ENGELS. Sobre la religión.
Vol.I. 2ª ed. Edición preparada por Hugo Assmann y Reyes Mate. Salamanca:
Sígueme, 1979, pp.107―137.
18
Véase “La democracia en América”. Wikipedia. [En línea
http://es.wikipedia.org/wiki/La_democracia_en_América. Consulta
12/07/2010].
19
“Alexis de Tocqueville”. Wikipedia. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Alexis_de_Tocqueville.Consulta 12/07/2010 )
20
“De la Démocratie en Amérique/ par Alexis de Tocqueville”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/Search?adva=1&adv=1&tri=title_sort&t_relation=%22Notice+
d%27ensemble+%3A+http%3A%2F%2Fcatalogue.bnf.fr%2Fark%3A%2F12148%
2Fcb373100451%22&q=Alexis+de+Tocqueville&lang=es. Consulta 12/06/2010].
17
128
Estado laico, Iglesia laica
Democracy in America (21). El primer volumen versa sobre el
impulso que el movimiento democrático da en EEUU a la forma
de gobierno, a las leyes y a la vida política, es decir, a la democracia
como estructura política, analizando sus instituciones: la
Constitución federal, el poder legislativo, judicial y ejecutivo; la
libertad de prensa, asociaciones y a la Religión, como una de las
causas principales del mantenimiento de la Republica. El segundo
volumen trata de la influencia que la democracia ejerce sobre la
sociedad civil, es decir, sobre las costumbres, las ideas y la vida
intelectual: la religión, literatura, artes, poesía etc. El primer
volumen es más político y el segundo más sociológico (22).
Tocqueville, al tratar de la religión en EEUU, tanto de las
diversas confesiones cristianas como de la religión católica,
implantada por los irlandeses, resalta estos dos principios.
Primero, la religiosidad cristiana de todos los ciudadanos
americanos, “contribuye poderosamente –dice― a la creación de
una república y una democracia en los asuntos públicos; y desde el
principio, la política y la religión han contraído una alianza que
nunca se ha disuelto” (23 ). A pesar de esta alianza básica, se
reconoce, en segundo lugar, la separación entre la práctica política
Tocqueville, Alexis de. Democracy in America. [En línea:
http://www.tocqueville.org . Consulta 12/06/2010].
22
“La democracia en América”. Wikipedia. [En línea,
http://es.wikipedia.org/wiki/La_democracia_en_Am%C3%A9rica. Consulta
12/06/2010].
23
“Las plus grande partie de l’Amérique anglaise a été peuplée par des hommes
qui, après s’être soustraists a l’autorité du pape, né s’étaient sommis a aucue suprématie
religieuse, ils apportaien donc dans le Nouveau―Monde un christianisme qui je ne
saurais mieux peindre qu’en l’appelant démocratique et républicain; ceci favorisa
singulierément l’etablissement de la république et de la démocratie dans les affaires. Des
21
le principe, la politique et la religión se retrouvèrent d’accord et dépuis elles n’ont point
cessé de l’être( la cursiva es mia)” . La Démocratie en Amérique. Tomo 2, cap. 9, pag
199. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k370081.r=Alexis+de+Tocqueville.lang
ES.swf. Consulta 12/06/2010 ).
129
Estado laico, Iglesia laica
y la práctica religiosa, que constituyen dos esferas separadas. “En
América la religión pertenece a una esfera distinta, en la que el
sacerdote es soberano, pero de la que él se toma buen cuidado de
no salirse. Dentro de sus límites es dueño de la mente, más allá de
ellos se deja a los hombres a sí mismos y se rinde a la
independencia y a la inestabilidad que pertenecen a su naturaleza y
a su tiempo” (24).
Gustave de Beaumont publica su obra: Marie ou l’esclavage
aux Etats Unis: tableau des moeurs américaines en 1835 (25), poco
después de la obra de Alexis de Tocqueville. En el prólogo
Beaumont hace referencia a ella y expresa que como Tocqueville
ha centrado sus observaciones en las instituciones de los EEUU, él
trata de describir las costumbres de este país, sobre todo el hecho
de que, en un país de tanta libertad, existiera aún la esclavitud
humana en el Sur. Mostrar este hecho fundamental y señalar la
influencia y consecuencias que se derivan en toda la sociedad, es el
objeto de su libro, que es una mezcla de novela sobre la esclavitud
y reflexiones sobre la influencia de las costumbres y la religión en
Estados Unidos.
En la segunda parte de su libro Gustave de Beaumont ofrece
diversas consideraciones sobre el movimiento religioso en los
Estados Unidos y analiza las relaciones de los numerosos cultos o
sectas religiosas cristianas con el Estado. Beaumont admite, como
Tocqueville, que la religiosidad de los ciudadanos
norteamericanos ejerce una influencia poderosa en la vida pública
“En Amérique, la religion est un monde à part où le prêtre regne, mais don’t il
a soin de ne jaimais surtir; dans ses limites, il conduit l’intelligence; au dehors, il livre les
hommes à l’independance et à l’instabilité qui sont prepres à leur nature et au temps”.
Ibid. Tomo 3, c.5, p.49. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k37009c.r=Alexis+de+Tocqueville.lang
ES.swf . Consulta 12/06/2010]
25
Beaumont, Gustave de. Marie ou l’esclavage aux Etats Unis: tableau des moeurs
américaines, 4ª edición. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.r=Gustave+de+Beaumont.lang
ES . Consulta 14/06/2010].
24
130
Estado laico, Iglesia laica
de América del Norte, pues “un principio establecido por el
legislador de EEUU es que, para ser buen ciudadano es necesario
ser religioso” (26). Las leyes favorecen a la religión, pero no
recomiendan a ninguna en particular. Por ello, “En ninguna parte
–dice Beaumont― es más estable la separación de la Iglesia y el
Estado que en América del Norte. Jamás el Estado interviene en la
Iglesia, ni la Iglesia en el Estado” (27). “En los Estados Unidos –
continúa― no existe religión del estado, ni religión declarada
como la de la mayoría, ni preeminencia de un culto sobre otro. El
estado es ajeno a todos los cultos. Cada congregación religiosa se
gobierna como le place: nombra a sus ministros, impone tasas a
sus miembros, regula sus gastos, sin tener que rendir cuentas a la
autoridad política, que nunca se las pide” (28)
Existen, sin embargo, algunas excepciones. La Constitución
del Estado de Massachussets proclama la libertad de cultos, en el
sentido de que no se persigue a ninguno, sin embargo, sólo admite
en el Estado al cristianismo, discriminando a las otras religiones y,
entre los cristianos, sólo protege a los protestantes, discriminando
Ibid., p.289: “C’est un principie du legislateur des Etats―Unis que, pour être
bon citoyen, il faut être religieux”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.image.r=Gustave+de+Beaumo
nt.f293.langES . Consulta 14/06/2010].
27
Ibid. 2ª parte, & 2, p.285. “Nulle part la séparation de l’Église et de l’État n’est
mieux étable que dans l’Amérique du Nord. Jamais l’État n’intervient dans l’Église, ni
l’Église dans l’État”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.image.r=Gustave+de+Beaumo
nt.f289.langES. Consulta 16/06/2010].
28
Ibid. p. 286. “Ansi il n’existe aux États―Unis ni religión de l’État, ni religión
declarée celle de la majorité, ni préminance d’un culte sur un autre. L’État est étranger a
tous les cultes. Chaque congregation religieuse se governe comme il lui plait, nomme ses
ministres, leve des taxes parmi ses membres, régle ses depense, sans rendere aucun
compte à l’autorité politique, quei ne lui en demande poin”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.image.r=Gustave+de+Beaumo
nt.f290.langES . Consulta 16/06/2010]
26
131
Estado laico, Iglesia laica
a los católicos (29). Excepciones parecidas se incluyen en las
Constituciones de Maryland y Vermont. Algunas veces las
Constituciones americanas prestan a las confesiones religiosas una
asistencia indirecta. “Así, ―dice― que la Constitución de
Maryland exige el requisito de ser cristiano para ser admitido a las
funciones públicas. La de New Jersey requiere que se sea
protestante. Y la Constitución de Pennsylvania exige que se crea
en la existencia de Dios y en una vida futura de premios y castigos
(30). Estas excepciones son las únicas protecciones legales que
otorgan, en Estados Unidos, algunos Estados a una confesión
religiosa.
En EEUU existe, pues, una separación entre Estado e iglesias.
Separación real, diríamos, respecto a las confesiones religiosas,
pues el Estado es neutral frente a las diversas confesiones
religiosas. No existe religión de estado, ni religión declarada como
la de la mayoría, ni preeminencia de un culto sobre otro en la
inmensa mayoría de los Estados. El Estado es ajeno a todos los
cultos, no prefiere ni discrimina a ninguno. Sin embargo, esta
separación debe matizarse, pues el Estado debe favorecer y
fomentar la religión. Para ser buen ciudadano es necesario ser
religioso, dice Beaumont. El Estado observado, por tanto, en
Norteamérica por Tocqueville y Beaumont, en el siglo XIX, es un
Estado escrupulosamente neutral frente a las confesiones
Ibid. p. 286.” La Constitution de Massachussets proclame la liberté des cultes,
en ce sens qu’elle n’en veut persecuter aucun; mais elle ne reconnait dans l’État que des
chrétiens et ne protége que des protestants”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.image.r=Gustave+de+Beaumo
nt.f290.langES . Consulta 16/06/2010].
30
Ibid. p.287. “Quelquefois les constitutions americaines prétant aux cultes
religieux une assistance indirecte: c’est ainsi que la loi en Maryland declare que, pour
être admisible aux fontions publiques, il faut être chrétien. Dans le Nouveau―Jersey, il
faut être protestant. La constitución de Pennsylvanie exige q’on croie a l’existénce de
Dieu et a une vie future de chatiments ou de recompenses”. [En línea:
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k23579r.image.r=Gustave+de+Beaumo
nt.f291.langES . Consulta 16/06/2010].
29
132
Estado laico, Iglesia laica
religiosas, no existiendo confusión entre ambas instituciones, ni
por sus actividades, sus sujetos, ni por sus fines. Existe, pues, una
separación real entre Estado e iglesias. Pero tal separación, no es
absoluta sino relativa, porque existe una cooperación del Estado
con la Religión, fomentándola y apoyándola. En lenguaje
moderno diríamos que EEUU, por su Constitución federal, es un
estado aconfesional, donde se practica la laicidad del Estado, tal
como la define el profesor Llamazares (31). Ahora bien, ¿con quién
coincide esta interpretación de Tocqueville y Beaumont? ¿Con la
del juez Black y el Presidente Kennedy o con la reclamada por el
arzobispo Charles J. Chaput? Antes de responder, examinemos el
error religioso o teológico del Presidente, según el arzobispo.
3.― El error del presidente Kennedy.― Lo que el arzobispo
Charles J.Chaput reprocha fundamentalmente al Presidente
Kennedy es que, por acceder al cargo de Presidente, prefirió
ocultar o privatizar sus creencias católicas en el ejercicio de su
gobierno y excluyó la cooperación del Estado con la religión, lo
Laicidad es un término no admitido por el Diccionario de la Real Academia
Española, que sólo admite el término Laicismo, según dijimos en la nota 11. La laicidad
del Estado la definimos según el Prof. Dionisio Llamazares, para el que, siguiendo una
sentencia del Tribunal Constitucional español, comprende estas tres notas: 1)
Neutralidad religiosa, 2) Separación entre Estado e Iglesias o confesiones religiosas, de
manera que no haya confusión ni de sujetos, ni de actividades ni de fines y, finalmente,
3) Cooperación estatal con las confesiones, siempre “que sea necesaria para que la
igualdad y la libertad religiosa sean reales y efectivas” o para “remover los obstáculos
que impidan o dificulten su plenitud”. Vid. Llamazares Fernández, Dionisio . “Los
acuerdos del Estado español con la Santa Sede”. Osservatorio delle libertà ed istituzioni
religiose, Novembre 2005, p.5 [en línea
http://www.olir.it/areetematiche/103/documents/Llamazares_Fernandez_Ac
uerdos.pdf . Consulta 18/06/2010]. En cambio, el Prof. Luca Diotallevi: Una
alternativa alla laicità. Rubbettino, Soveria Mannelli, 2010, libro reseñado por Sandro
MAGISTER: Se possiamo non dirci laici. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342306.Consulta: 05/07/2010],
identifica laicidad―laïcité con nuestro término laicismo, reservando el concepto de
“religious freedom" para lo que el Prof. Llamazares entiende por laicidad.
31
133
Estado laico, Iglesia laica
que era establecer “un muro entre la religión y el proceso de
gobernar” (32) o, en la práctica, secularizar el espacio público
americano. El Presidente, en su discurso, no interpretó
“correctamente”, a juicio de Chaput, el pensamiento de los padres
fundadores de la nación norteamericana respecto a la separación
entre Estado―Iglesia, tal como lo habían expuesto los obispos en
su carta pastoral de 1948, en réplica al juez Black. “Por muy
astutas razones pragmáticas, John Kennedy hizo referencia
selectiva ― y también ignorancia selectiva ― del contenido de esa
carta pastoral en su discurso de 1960 en Houston” (33). La
interpretación “correcta” para el arzobispo, es la dada por los
obispos norteamericanos, según los cuales el gobernante católico,
en el ejercicio de su gobierno, “no debe ser indiferente hacia la
religión” y no debe “excluir una cooperación entre religión y
gobierno” (34). De lo que se trata, pues, es de negar la perniciosa
"doctrina Kennedy", es decir, “la doctrina de una rígida
separación entre Iglesia y Estado cuyo efecto es la privatización del
credo religioso en lo cerrado de las conciencias y su eliminación
del espacio público” (35). Postura que ya había defendido en una
obra suya anterior (36) y que amplía en una última conferencia
Chaput J. Charles,. La vocación de los cristianos… & 3. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342344?sp=y.Consulta 02/07/2010].
33
Chaput J., Charles. Una réplica al profesor Diotallevi. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342971?sp=y.Consulta 05/07/2010].
34
Chaput J., Charles. Ob.cit., & 3.
35
Magister, Sandro. ¿La doctrina del católico Kennedy? Mejor olvidarla. [En
línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342344?sp=y.Consulta
02/07/2010].
36
CHAPUT J., Charles. Render Unto Caesar. Serving the Nation by Living Our
Catholic Beliefs in Political Life. New York. Doubleday, 2008, 197. (En trad.
española: Es justo dar al César lo que él espera. Pero se sirve a la nación viviendo la
propia fe católica en la vida política). Véase su reseña en Sandro MAGISTER. De qué
modo los católicos deben hacer política. El memorando de Denver. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/206226?sp=y
.
Consulta
16/07/2010]
32
134
Estado laico, Iglesia laica
impartida en Eslovaquia en agosto pasado, invitado por una
Asociación de estudiosos de derecho canónico y de la conferencia
episcopal de ese país (37).
Esta doctrina, que el arzobispo Chaput mantiene en todas sus
obras, la fundamenta en la visión agustiniana sobre el cristianismo
y la política de un coetáneo suyo, Robert Dodaro, en su obra:
Cristo y la sociedad justa en el pensamiento de Agustín, que cita
ampliamente (38) y en otras obras recogidas en la nota 8 de su
misma conferencia (39). El pensamiento de este autor se funda
básicamente en la línea conocida como agustinismo político, que
el Papa actual defiende también con verdadero empeño (40).
Como es sabido (41), la teoría conocida como agustinismo
político, basada en S. Agustín, parte del dualismo de lo natural y
lo sobrenatural, de la oposición entre el reino de Dios y el reino
del mundo. El pecado original fue tan devastador que afectó
totalmente a la naturaleza humana. El ser humano no puede jamás
auto―regenerarse, si no pasa por Cristo Redentor y la Iglesia que
le representa y sustituye. Si no pasa por la gracia, es decir, por la
Chaput J., Charles. Vivir en la verdad. Libertad religiosa y misión católica en el
nuevo orden mundial. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1344457?sp=y.Consulta
27/08/2010].
38
Chaput J., Charles. La vocación de los cristianos… & 4.
39
Ibid. & 5.
40
Boff, Leonardo. Encuentro con las Comunidades Cristianas Populares de
Sevilla (20/05/2007). Respuesta a la 1ª pregunta. [En línea:
http://www.ccp.org.es/node/109 . Consulta 09/08/2010]. Boff alude en esta
conferencia a su art.: “Joseph Card. Ratzinger ¿exterminador del futuro? Sobre la
Dominus Jesus”. Revista electrónica Latinoamericana de Teología (RELaT), nº 233. [En
línea: http://www.servicioskoinonia.org/relat/233.htm . Consulta 09/08/2010].
41
Véase Boff, Leonardo. Joseph Card. Ratzinger… Y los estudios clásicos, aún hoy
vigentes, de Arquilliere X.H.,. L’Augustinisme politique. Essais sur la formation des
théories politiques du Moyen Áge. Paris: De Vrin, 1943, y “L’Augustinisme: Réflexions
sur l’lessence de l’augustinisme politique”, en Augustinus Magister. Vol II, 1956, pp.118
ss.
37
135
Estado laico, Iglesia laica
Iglesia nada vale, porque no alcanza el nivel sobrenatural. Boff lo
expresa así: “Cristo es el único camino de salvación y la Iglesia es
el peaje exclusivo. Nadie recorrerá el camino sin antes pasar por
ese peaje” (42). De aquí se deduce que la Iglesia institucional es la
única que posee la verdad revelada y todas las verdades deben
acomodarse a esta verdad. Y, en esta línea, el arzobispo concluye
que los gobernantes deben “conformar sus vidas y sus juicios al
contenido del Evangelio” (43), muy especialmente en “las
cuestiones urgentes que requieren nuestra atención como
creyentes: aborto, inmigración, nuestra obligación con los pobres,
viejos y discapacitados; los problemas de la guerra y de la paz;
nuestra confusión nacional sobre la identidad sexual y la
naturaleza humana y los ataques al matrimonio y a la familia que
derivan de esta confusión; la creciente separación de la ciencia y de
la tecnología respecto de la reflexión moral; la erosión de la
libertad de conciencia en nuestro debate sobre el sistema de salud
nacional; el contenido y calidad de las escuelas que forman a
nuestros niños” (44). Es decir, el ciudadano pero, sobre todo, el
gobernante católico deben ajustar su actuar a la doctrina de la
Iglesia institucionalizada, particularmente en las cuestiones
morales señaladas por él. No les cabe otra opción, so pena de
negar la comunión eucarística al gobernante o político que no lo
haga, como ocurrió recientemente en los Estados Unidos (45).
Boff, Leonardo. Joseph Card. Ratzinger… & 1.
Chaput J., Charles. La vocación de los cristianos… & 4.
44
Ibid. & 5. Véase también la última conferencia tenida en Eslovaquia por
Chaput J., Charles. Vivir en la verdad. Libertad religiosa y misión católica en el nuevo
orden mundial. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1344457?sp=y. Consulta
27/08/2010].
45
Magister, Sandro. Un caso americano: dar o no la comunión a los políticos
católicos pro aborto. [En línea:
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/200122?sp=y . Consulta
18/08/2010]. Es conocido que tal doctrina es la mantenida por la Congregación
para la Doctrina de la Fe en su Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas
42
43
136
Estado laico, Iglesia laica
Ahora bien, tras el Vaticano II, que reconoció “la propia
autonomía de la realidad terrena” (GS 36), no puede sostenerse
este Cristocentrismo y Eclesiocentrismo rígido, que nos retrotrae
al “totalitarismo romano” de que fuera de la Iglesia romana no
hay salvación. Así entendido, el “sistema salvífico traído por
Cristo y continuado por su Iglesia” es un sistema completo,
cerrado, siendo todo propiedad privada de la Iglesia
institucionalizada, de la jerarquía vaticana y donde no cabe diálogo
con el mundo, ni con las otras religiones, ni, incluso, con las otras
confesiones cristianas, ortodoxos y evangélicos, pues todos están
descarriados, si no pasan por el peaje de la Iglesia católica
institucional (46).
Si el mundo o las realidades terrenas poseen su propia
autonomía, hay valores y verdades que son anteriores o diferentes
de los cristianos y no necesitan ser cristianizados. Aquí radica la
autonomía y la libertad de la ciencia humana distinta y diferente
de la fe, expresada por la autoridad eclesial, y a la que le ha ganado
batallas tan sonadas como las de Copérnico, Galileo, Darwin etc.
Hoy, de nuevo, se está dando esta lucha inútil entre la sociedad
civil o la ciencia y la doctrina de la Iglesia católica institucional, en
materias de reproducción humana, sexualidad, enseñanza y otras,
como: células madre, aborto, anticonceptivos, matrimonio
homosexual, enseñanza de los derechos ciudadanos en las escuelas
etc., olvidando otras cuestiones, como las de justicia en la
producción y repartición de la riqueza, como reclama la Teología
de la Liberación. En definitiva, los ciudadanos y gobernantes
cristianos pueden mantener y defender valores y verdades humanas
al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política. [En
línea:http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_
cfaith_doc_20021124_politica_sp.html . Consulta 19/12/2011]
46
Boff, Leonardo. Joseph Card. Ratzinger… n.1, citado en nota 40. En la
Sacramentum caritatis (el Sacramento de la caridad) de Benedicto XVI, n.85 se da una
férrea unión entre la participación en la Eucaristía y la obediencia al magisterio
jerárquico de la Iglesia, en cuestiones ético―políticas, expresado en la doctrina social
de la Iglesia.
137
Estado laico, Iglesia laica
contrarias a la “doctrina social de la Iglesia”, porque son
patrimonio humano y no están bajo la autoridad de la Iglesia
institucional. Es hora, dice Leonardo Boff, de que los cristianos
afirmemos otro “modelo de Iglesia que se construye hacia fuera,
dialogando con el mundo, con la conciencia de que el Espíritu está
en la historia, suscitando valores de justicia y de verdad (la cursiva
es mía)… Como decía Pablo VI: “La Iglesia tiene que ser
evangelizada”. No sólo tiene misión de evangelizar al mundo, sino
también ella deber ser evangelizada ¿Y quién la evangeliza? El
mundo, con los valores que el Espíritu ha suscitado en él (47) .
4.― Casación de las opiniones expresadas. En las relaciones
entre Estado y Religión en EEUU, nos preguntábamos
anteriormente, ¿con quién coincide la interpretación de
Tocqueville y Beaumont, con la del juez Black y el Presidente
Kennedy o con la reclamada por el arzobispo Charles J. Chaput?
4.1.― La opinión mantenida por los padres fundadores de
los EEUU, según Tocqueville y Beaumont, expresada a su vez en
la Primera Enmienda a la Constitución norteamericana, se basa en
una separación real entre Estado y las iglesias o confesiones
religiosas en particular. El Estado es neutral frente a cualquier
confesión religiosa en particular, pero no lo es respecto a la
Religión en general. Por lo que esta separación no es absoluta sino
relativa, ya que el Estado debe fomentar y favorecer la religión,
pues se es buen ciudadano si se es religioso. Sostienen, pues, una
aconfesionalidad o laicidad de Estado, reconociendo la libertad
religiosa para todos, pero no la libertad de conciencia, pues si para
ser buen ciudadano es necesario ser religioso, se discrimina al ateo,
agnóstico o indiferente.
4.2. En un sentido opuesto, según hemos visto, tendríamos
las posturas del juez Black y del Presidente Kennedy, que abogan
Boff, Leonardo. Encuentro con las Comunidades Cristianas Populares de Sevilla,
& 2. Dos modelos de Iglesia. [En línea:
47
http://www.ccp.org.es/node/109 . Consulta 09/08/2010].
138
Estado laico, Iglesia laica
por una separación absoluta entre Estado y las confesiones
religiosas y con la Religión,
4.3.― La tercera postura es la del arzobispo de Denver,
Mons. Charles J. Chaput. A primera vista parece coincidir con la
expresada por los padres fundadores de EEUU quienes, según la
2ª Enmienda y la interpretación dada por Tocqueville y
Beaumont, mantienen una separación entre Estado e iglesias o
confesiones religiosas, pero separación relativa y no absoluta, pues
el Estado fomenta, coopera y apoya la práctica de la Religión. Sin
embargo, dada la interpretación agustiniana de la política por
parte del arzobispo, la ayuda y cooperación que el Estado debe
tener con la religión es tan estrecha que es más una subordinación
a ésta que una libre cooperación. Según Charles J. Chaput, ningún
Estado cristiano puede legislar nada que sea contrario a la doctrina
de la Iglesia romana, sobre todo en materia de reproducción,
sexualidad humana y enseñanza. Y, si lo hace, la Iglesia
institucional tiene potestad de declarar tales leyes contrarias al bien
espiritual de sus fieles, obligando a estos a que no las cumplan.
Esto, a nuestro entender, es seguir manteniendo hoy la antigua
doctrina católica de la “subordinación indirecta o directiva del
Estado a la Iglesia” (48).
Por subordinación indirecta del Estado a la Iglesia
entendemos, cuando ésta somete diversas cuestiones civiles,
propias del Estado, a su potestad de jurisdicción, en razón del
interés espiritual que tienen para el ejercicio de su misión
evangelizadora. Así lo expresa García Barriuso (49), “La potestad
de la Iglesia denominada indirecta sobre las cosas temporales viene
a coincidir con la misma potestad de jurisdicción eclesiástica, a
Sobre esta cuestión remitimos a García Barriuso, Patrocinio. “Visión histórica
y actual del problema de la subordinación del Estado a la Iglesia”. Verdad y Vida, vol.
21, 1963, pp.5―60. Moreno de la Fuente, Antonio. ” Potestad del Papa sobre lo
temporal, según dos cuestiones inéditas de Gerardo de Abbeville”. Verdad y Vida,
vol.27, 1969, pp. 497―543.Véase lo dicho arriba, pp.79-81
49
Ibid., p.47. Moreno de la Fuente, Antonio. Ibid., pp. 517―518.
48
139
Estado laico, Iglesia laica
cuyas normas preceptivas y de magisterio subordina los asuntos
civiles que interesan a lo espiritual”. Entre estos asuntos civiles se
encuentran, según aclara este autor más abajo, “las cuestiones
referentes al matrimonio, la educación y otros asuntos de orden
político, social y económico”. La subordinación directiva, en
cambio, se tendría en los mismos asuntos que en la anterior, pero
sólo en los estados cristianos; en aquellos que no lo son, sólo le
cabe a la Iglesia el poder opinar y enseñar sobre estas materias,
pero nunca dar preceptos y sanciones referente a ellas. “La
potestad directiva de la Iglesia ― dice el mismo autor (50)― es el
poder de coordinar o subordinar a su propio fin la actividad de la
sociedad civil…respecto a las materias de directa incumbencia de
la Iglesia: culto, clero, matrimonio, educación cristiana”... Potestad
que podrá ser ejercitada en vía de jurisdicción, cuando se pueda
hablar de Estado cristiano, en tanto que deberá limitarse al
ejercicio en vía de magisterio cuando el Estado no pueda
jurídicamente ser definido como cristiano. En ambos casos queda
siempre el poder de jurisdicción sobre cada uno de los bautizados
como personas singulares, también en materia referente a la vida
social” (51). Recordamos que ese poder de jurisdicción incluye el
poder de sancionar con penas su no cumplimiento, como en el
caso ocurrido en algunas diócesis de EEUU, en las que se
prohibió la recepción de la Eucaristía a los gobernantes y políticos
“pro―choice”, es decir, a los que no se oponen, sostienen o
defienden la ley civil del aborto (52). Y esta es la doctrina que
mantiene actualmente el papa Benedicto XVI manifestada, sobre
50
García Barriuso, Patrocinio. Ibid., p. 53.
51
Ibid., p. 55.
Así se conocen a los católicos que defienden o no se oponen a la ley de aborto
en EEUU, como Nancy Pelosi y los senadores John Kerry, Edward Kennedy,
Christopher Dodd y el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. Véase Magister,
Sandro. Un caso americano: dar o no la comunión a los políticos católicos pro aborto.
[En línea: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/200122?sp=y . Consulta
18/08/2010].
52
140
Estado laico, Iglesia laica
todo, con motivo de su debate con Jürgen Habermas, al que
siguen las Conferencias episcopales italianas y españolas (53)
Como conclusión podemos decir que son injustas las críticas
del obispo Charles J.Chaput a John F.Kennedy en cuanto a su
modo de entender la libertad religiosa en EEUU, ya que él opina,
siguiendo la doctrina sentada por el juez Black, que entre Estado y
Religión o Iglesias debe existir una separación absoluta y no solo
relativa, es decir, el Estado puede no colaborar con las Iglesias en
esos asuntos que se han denominado mixtos: enseñanza,
matrimonio y otros asuntos políticos o sociales. Esta postura es un
paso más de la establecida por los padres fundadores de EEUU.
Estos establecieron la libertad religiosa para todos, pero no
reconocieron la libertad de conciencia, pues si para ser buen
ciudadano es necesario ser religioso, se discrimina al ateo,
agnóstico o indiferente. John F.Kennedy, siguiendo al juez Black,
no solo reconoció la libertad religiosa, sino también la libertad de
conciencia para todos, fueran miembros de una confesión religiosa
o indiferentes, agnósticos o ateos.
Publicado el 18 de septiembre de 2010 en:
http://www.laicismo.org/detalle.php?pk=2165 .
Actualizado en diciembre del 2011.
Véase Díaz―Salazar, Rafael. Democracia laica y Religión pública. Madrid:
Taurus―Santillana, 2007, pp.109―115.
53
141
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 7:
¿Es España un estado laico o laicista?
Antonio Moreno de la Fuente
Marzo del 2012
Para Benedicto XVI existe en España un “laicismo
anticlerical”. Así lo manifestó a los periodistas en el avión que le
traía a Santiago de Compostela, el 6 de noviembre de 2010: “en
España ―dijo― nació una laicidad, un anticlericalismo, un
secularismo fuerte y agresivo en los años treinta, esta disputa, aún
más, este desencuentro entre fe y modernidad…se realiza hoy
también de nuevo en España”(1). Aunque el Papa utiliza los
términos de laicidad y anticlerical, sus palabras equivalen a la
expresión con que los cardenales Julián Herranz y Carlos Amigo
(ya jubilados) y otros obispos españoles habían acusado, en años
pasados, al gobierno español de fundamentalismo laicista”. La
pregunta nos surge de inmediato ¿Es España un estado laico o un
estado laicista? ¿Qué diferencia existe entre laico, laicidad y
laicismo? Nos parece de suma importancia aclarar estas cuestiones
que, aunque viejas, no parecen estar todavía resueltas.
1.― Estado laico. Desde Hegel y Marx se admite que la
función del Estado moderno y democrático consiste, ante todo, en
ordenar la vida de los ciudadanos frente a sus necesidades y
Corriere della Sera, 06/112010. [En línea:
http://www.corriere.it/politica/10_novembre_06/papa-integralevecchi_80bfff00-e99f-11df-9dd3-00144f02aabc.shtml,Consulta 08/11/2010].
1
143
Estado laico, Iglesia laica
dificultades materiales. El Estado es un “estado de necesidades” y
procurar satisfacerlas será su función primaria, es decir, que todos
los ciudadanos tengan acceso a unas mínimas condiciones básicas
de subsistencia: alimentación, vivienda, enseñanza, sanidad (2).
No entra, pues, dentro de la función del Estado el determinar el
sentido último o absoluto de la realidad y de la vida, lo que
reconocemos como “trascendente o sagrado” y que está vinculado
a una determinada cosmovisión o religión. Frente a este sentido
último de la realidad, frente al punto de vista de las cosmovisiones
o religiones de sus ciudadanos, el Estado moderno―democrático
debe ser neutral y pluralista, abierto a la configuración plural de la
sociedad civil. El primer sentido, por tanto, de un Estado laico es
ser neutral frente a las cosmovisiones y religiones de sus
ciudadanos, no preferir a ninguna y respetarlas a todas. Laico (del
griego laos = pueblo) lo tomamos aquí no opuesto a “clérigo o
religioso”, según el sentido católico del término (LG 31), sino
como profano, secular o civil, opuesto a lo “sagrado” (3). “En una
sociedad democrática ninguna persona es más sagrada que otra.
No hay personas sagradas ni consagradas… Lo laico es lo común,
lo que iguala a todos y a todas por nuestros orígenes más radicales,
no por lo sagrado de la religión”, explicaremos más adelante (4).
Esta neutralidad del Estado frente a las religiones incluye, por
tanto, la existencia de una sociedad organizada independiente,
separada y ajena a las confesiones religiosas, que se ocupan de lo
sagrado o trascendente y que es aconfesional es decir, que no
reconoce a ninguna religión como religión estatal, ni favorece a la
religión que profesa la mayoría de los ciudadanos. Esto es,
cabalmente, lo que declara nuestra Constitución en el art. 16,
2
En cuanto a la crítica a la Religión que estos autores realizan, véase arriba el cap.
3.2.
Secular o profano, según el Diccionario de la Real Academia
(http://buscon.rae.es/draeI/ ), significa: “Que no es sagrado ni sirve a usos sagrados,
sino puramente secular”. Es sabido que “fanum”, en la religión romana, era el “lugar
sagrado” del templo. “Pro―fano” era lo que estaba fuera del fanum, es decir, fuera o al
margen de lo sagrado.
4
Véase más abajo: 2ª parte capitulo 7.
3
144
Estado laico, Iglesia laica
parágrafo 3, que dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”
(5). Según esto, afirmamos que España es un Estado laico, es
decir neutral, aconfesional y separado de las Religiones o
confesiones religiosas.
2.― Laicidad del Estado. Laicidad es un término que se
utiliza hoy frecuentemente, pero no está aún admitido por la Real
Academia española. Sí lo está, en cambio, el termino laicismo, al
que nos referiremos en el punto siguiente. ¿Qué entendemos por
laicidad? El Prof. Dionisio Llamazares, apoyándose en una
sentencia del Tribunal Constitucional español en la que se utiliza
el término laicidad, la define con estas tres notas: Neutralidad
religiosa, Separación entre Estado e Iglesias o confesiones
religiosas y Cooperación estatal con ellas (6).
Las dos características primeras entran, según hemos visto, en
el concepto de Estado laico, pero ¿y la tercera característica, la
cooperación? ¿Debe el Estado cooperar con las confesiones
religiosas? En España, según el art. 16, parágrafo 3 de nuestra
Constitución, el Estado español tiene la obligación de cooperar
con las confesiones religiosas, particularmente con la Iglesia
católica, como consecuencia de tener en cuenta las creencias
religiosas de la sociedad española: Los poderes públicos ‒dice el
parágrafo― tendrán en cuenta las creencias religiosas de la
sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de
cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones (la
cursiva es mía). Ahora bien, el Prof. Llamazares señala
atinadamente que esta cooperación no debe entenderse, como lo
Constitución española. [En línea:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/enlaces/documentos/ConstitucionCAST
ELLANO.pdf . Consulta 18/06/2010]
6
Llamazares Fernández, Dionisio. “Los acuerdos del Estado español con la
Santa Sede”. Osservatorio delle libertà ed istituzioni religiose, Novembre 2005, p.5.
[En línea
http://www.olir.it/areetematiche/103/documents/Llamazares_Fernandez_Ac
uerdos.pdf . Consulta 18/06/2010].
5
145
Estado laico, Iglesia laica
interpretan diversos sectores católicos, en virtud del peso histórico
sociológico que cada religión tenga (en tal caso no sería neutral,
como dejamos dicho), sino de modo que “sea necesaria para que
la igualdad y la libertad religiosa sean reales y efectivas” según dice
el art. 9,2 de la misma Constitución. La cooperación está
destinada a facilitar el derecho de libertad religiosa y sin que
suponga “contradicción ni con la neutralidad ni con la separación”
(7). El Estado tiene que colaborar con cada una de las religiones
que existan en nuestra sociedad, independientemente del número
de seguidores que esta posea, porque el Estado debe hacer posible
el desarrollo personal del individuo y una de las maneras de
conseguirlo es facilitando a estas comunidades religiosas su
actuación y su acercamiento hacia aquel (8).
Es evidente que España es hoy una sociedad plurirreligiosa,
en la que coexisten las religiones del libro: judaísmo, cristianismo y
mahometismo, con otras muchas religiones como hinduistas,
budista, animistas, sintoístas, baha’i etc. ¿Qué clase de cooperación
debe tener el Estado español con las confesiones religiosas?
2.1. El Estado tiene firmados con la Iglesia católica cinco
acuerdos generosos que sustituyeron al Concordato de 1953. El
primero data del año 1976, en el que, la Iglesia católica renuncia al
privilegio del fuero y el Estado al privilegio de la presentación de
obispos, excepto al privilegio de presentación del obispo general
castrense. Los cuatro restantes fueron firmados el 3 de Enero del
1979, entre el Vaticano y el Gobierno de la UCD (9) y tratan: a)
7
Ibid.
Muñoz i Sala, Celeste. Análisis comparativo entre los acuerdos
Estado―Confesiones religiosas de 1979 y de 1992, desde la perspectiva de los
principios de la Constitución de 1978. Tesis doctoral. Madrid: Universidad
8
Complutense, 2004, p. 121. [En línea:
http://www.ucm.es/BUCM/tesis/cps/ucm―t27861.pdf.Consulta
06/11/2010].
Ratificación de los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede: a)
Asuntos jurídicos (BOE nº 300 de 15/12/1979, páginas 28781 a 28782). [En línea:
9
146
Estado laico, Iglesia laica
de la asistencia religiosa a las fuerzas armadas, b) sobre asuntos
jurídicos (personalidad jurídica civil de las entidades eclesiásticas y
efectos jurídicos civiles del matrimonio canónico), c) sobre
asuntos económicos (asignación tributaria a favor de la Iglesia
católica y régimen impositivo aplicable a ella), y d) sobre
educación y asuntos culturales (enseñanza de la religión católica en
el sistema educativo y régimen jurídico del patrimonio histórico en
manos de la Iglesia católica). Respecto al régimen tributario de la
Iglesia, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y el Vaticano
modificaron, en septiembre del 2006, dicho régimen, en virtud del
cual la Iglesia católica renuncia (por presiones de la UE) a la
exención del IVA y al complemento presupuestario a cambio del
incremento del porcentaje de asignación tributaria, que pasa del
0,52 al 0,7 % del IRPF.
2.2. El Estado español firmó también, el 10 de noviembre del
1992, otros Acuerdos con las confesiones religiosas minoritarias
siguientes: la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de
España (FEREDE), la Federación de Comunidades Israelitas de
España (FCI) y la Comisión Islámica de España (CIE) (10),
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE―A―19
79―29489 . Consulta 02/11/2010]. b) Asuntos económicos (BOE nº 300 de
15/12/1979, páginas 28782 a 28783). [En línea:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE―A―19
79―29490 . Consulta: 02/11/2010]. c) Asuntos culturales (BOE nº 300 de
15/12/1979, páginas 28784 a 28785). [En línea:
http://www.boe.es/boe/dias/1979/12/15/pdfs/A28784―28785.pdf
.
Consulta 02/11/2010], d) Asuntos de Asistencia religiosa a las fuerzas armadas y
servicio militar de clérigos y religiosos. [En línea:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE―A―19
79―29492 . Consulta 02/11/2010]. Pueden verse también en la pag.web del
Vaticano:
10
Muñoz i Sala, Celeste, ibid., p.180 ss. Texto del Acuerdo con la FEREDE:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=19
92/24853&codmap= y
147
Estado laico, Iglesia laica
inscribiéndolas en el Registro de Entidades religiosas por cumplir
con la condición de ser una confesión “con notorio arraigo en
España”.
El Acuerdo de cooperación del Estado con estas confesiones
se basa en el derecho de igualdad y libertad religiosa, pretendiendo
que su ejercicio esté plenamente garantizado con la mayor
amplitud posible, con el límite del mantenimiento del orden
público protegido por la ley y el respeto hacia los derechos
fundamentales de los demás. Para su ejercicio el Acuerdo abarca
los temas siguientes:
a) Se reconoce la inviolabilidad de los lugares de culto de
estas confesiones.
b) Sus ministros de culto son asimilados a trabajadores por
cuenta ajena, incluyéndolos en el Régimen General de la S.S.
c) Se reconocen los efectos civiles de los matrimonios
celebrados ante estos ministros de culto, una vez que se inscriban
en el Registro civil.
d) Se reconoce el derecho de asistencia religiosa en las fuerzas
armadas, así como recibir las honras fúnebres y enterramiento
según su rito.
e) Se reconoce el derecho a la enseñanza religiosa propia en
centros docentes públicos y privados concertados, en los niveles de
http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/l24―1992.html#anexo
[Consulta 02/11/2010].―Texto firmado con los judíos o israelitas:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&i
d=1992/24854
Texto firmado con los musulmanes:
http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&i
d=1992/24855. [Consulta 02/11/2010]
148
Estado laico, Iglesia laica
Educación infantil, primaria y secundaria. Los profesores, el
contenido de la enseñanza y los libros de texto, serán designados
por las respectivas confesiones.
f) El régimen de cooperación económica será indirecto,
basado en una serie de exenciones tributarias y de beneficios
fiscales.
g) Se reconoce el derecho al descanso semanal, según
manifiesta cada confesión. Pero se admite que las fiestas anuales
no coinciden con las cristianas.
Como se observa, hay notables diferencias entre el Acuerdo
firmado con la Iglesia católica y el firmado con las otras
confesiones del libro, sobre todo en el aspecto económico. Por
ello estas confesiones han reclamado su equiparación con la Iglesia
católica, pero sin lograrlo. De todas formas, ¿puede darse el paso
de la laicidad a un laicismo del Estado? ¿Es lo mismo laicidad que
laicismo?
3. Laicismo del Estado. Reconocemos que el significado del
término “laicismo” está muy contaminado por su carga peyorativa,
procedente de la Revolución francesa y comunista. En sentido
genérico, entendemos el laicismo como lo define el Diccionario de
la Real Academia: “Laicismo (de laico). Doctrina que defiende la
independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente
del Estado, respecto de cualquier organización o confesión
religiosa”. En este sentido genérico lo entienden también diversas
organizaciones que se declaran laicistas, como la Asociación
Europa laica la que, en su carta programática, dice: “entendemos
por laicismo el establecimiento de las condiciones jurídicas,
políticas y sociales idóneas para el desarrollo pleno de la libertad
de conciencia, base de los Derechos Humanos… marco jurídico
adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja frente a toda
interferencia de instituciones religiosas que implique ventajas o
149
Estado laico, Iglesia laica
privilegios” (11). Sin embargo, en ámbitos religiosos o
propiamente cristianos se entiende por Laicismo la exclusión de la
religión del espacio público y su circunscripción al ámbito privado
o personal. Así lo expresa un conocido teólogo: “Laicismo es la
tolerancia de la religión por el Estado pero sólo en el ámbito
privado y personal, no reconociéndolas como entidades cívicas o
como instituciones de derecho público” (12). Por lo que la
doctrina oficial de la Iglesia católica interpreta esta reclusión de la
religión, cristiana y católica particularmente, al ámbito privado, a
la conciencia o a las sacristías, como una expulsión o salida de la
religión de la sociedad. Expulsión como prohibición y persecución
del ejercicio o práctica pública de la religión, como ocurrió en las
Revolución francesa, en los países comunistas y en el nazismo
(13). En tal sentido lo entiende también Benedicto XVI, en su
viaje a Santiago de Compostela, refiriéndose al período de la 2ª
República española, como una época de anticlericalismo y de un
secularismo agresivo, tal vez por la separación absoluta de Estado
e Iglesia que se plasma en el art. 26 de su Constitución (14), con
la prohibición de cooperar económicamente con la Iglesia católica
y otras confesiones religiosas, la extinción del presupuesto del
clero, la disolución de algunas Órdenes religiosas etc.
Posiblemente también, por los excesos cometidos ciertamente
durante la 2ª República: quema de conventos y de Iglesias, sin
reparar en los enfrentamientos y desmanes llevados a cabo por la
11
Europa laica: quienes somos. [En línea
http://www.laicismo.org/europa_laica/europa_laica/quienes_somos/europa_l
aica.html#ppal . Consulta 21/09/2010]
12
Estrada, Juan A. “Laicidad y religión en la sociedad española”. Éxodo. Laicidad y
Religión. Del conflicto a la convergencia, nº 80, (septiembre―octubre) 2005, p.12.
13
Remitimos al cap. 3.2, donde hemos tratado ampliamente este tema.
14
Constitución de la República española (1931). [En línea:
http://www.icsi.berkeley.edu/~chema/republica/constitucion.html . Consulta
06/02/2012]
150
Estado laico, Iglesia laica
derecha, durante el bienio radical―cedista (15). Por todo ello, es
cierto que, en muchos casos, el término laicismo está cargado de
tintes peyorativos y que, sobre todo, en nuestro país se interpreta
como “anticlericalismo, persecución de la religión, quema de
Iglesias o come― curas”. Pero creemos que el término laicismo
puede tener un sentido positivo.
El sentido positivo del termino laicismo fue ratificado por el
juez Hugo Black, en EEUU en 1947, según vimos en el capítulo
anterior, en su famosa sentencia Everson versus Board of
Education, citada anteriormente. En ella el juez Black interpreta la
separación o neutralidad del Estado y las confesiones religiosas,
establecida en la Primera Enmienda a la Constitución de EEUU
(16), en un sentido estricto o absoluto, en clave de total
neutralidad del Gobierno con todo lo que se relacionase con la
religión, al igual que lo interpreta la Constitución republicana
española del 1931. Esta separación absoluta elimina, ante todo, la
cooperación con las confesiones religiosas, como pudiera ser “el
destinar –dice la sentencia– dinero del erario público, grande o
pequeño, a apoyar actividades o instituciones religiosas,
cualesquiera que ellas sean o cualquiera que sea la forma que
adopten para enseñar o practicar” (17), que era lo que el
ciudadano Everson había impugnado en el Estado de New Jersey,
porque este Estado pagaba con fondos públicos el transporte
escolar a colegios confesionales. Posteriormente John F. Kennedy
admitiría también esta tesis del juez Black, en su famoso discurso
Véase Tuñon de Lara, Manuel. La España del siglo XX. Tomo 2: De la
segunda República a la Guerra civil (1931―1936). Barcelona: Laia, 1974,
pp.256―262 y c.IX.
16
Véase cap. anterior nota 2.
17
Véase Martínez Martínez, Julio Luis . Consenso público y moral social:
relaciones entre catolicismo y liberalismo en la obra de John Courtney Murray. Madrid:
Universidad pontificia de Comillas, 2002, p.377. . [En línea de forma parcial:
http://books.google.es/books?id=mxD8Nd3yk6wC&pg=PA589&hl=es&sou
rce=gbs_selected_pages&cad=3#v=onepage&q&f=false . Consulta 06/02/2012]
15
151
Estado laico, Iglesia laica
de Houston, en 1960, antes de ser elegido Presidente (18). Esta
doctrina sienta las bases de un laicismo de Estado, diferente de su
laicidad, en el sentido de que el Estado, además de ser neutral
frente a las confesiones religiones y frente a la Religión en general,
excluye “cualquier cooperación” con ellas, que era la tercera
característica de la laicidad, requerida por el Prof. Llamazares. En
EE.UU esto suponía secularizar el espacio público
norteamericano, en el sentido de que el Estado excluye toda
relación o cooperación con las confesiones religiosas. Pero
siguiendo su modelo, en sentido general, el término laicismo lo
que quiere significar es lo que dice el Diccionario de la Real
Academia, que defiende la independencia del Estado de cualquier
Religión, pero independencia absoluta, sin que exista cooperación
con ellas, aunque si respeto absoluto. No se discrimina a ningún
ciudadano por su religión, pero tampoco a ningún agnóstico o
ateo, por lo que se reconocería tanto la libertad religiosa como la
libertad de conciencia de todo ciudadano, excluyendo cualquier
intolerancia o persecución.
Podríamos denominar a esta tesis como laicismo positivo del
Estado. Laicismo porque privatiza la manifestación religiosa del
gobernante (no de la religión en si) y excluye toda cooperación
estatal con la religión en general, pero positivo, porque admite una
Religión pública y, por tanto, la práctica pública y social de la
religión por estas instituciones y por los ciudadanos particulares,
del mismo modo que admite la manifestación de los que no son
creyentes o ateos. Laicismo, por tanto, distinto y diferente del
“laicismo negativo” de los revolucionarios europeos, tanto
franceses como marxistas y del manifestado en los excesos de la 2ª
República española, para quienes la religión, aunque respetada,
pertenece al ámbito privado o particular y se prohíbe su
manifestación pública, porque no tiene carta de derecho público.
En el capitulo anterior hemos expuesto ampliamente la opinión del obispo
católico de Denver, Charles J. Chapul respecto al Presidente Kennedy.
18
152
Estado laico, Iglesia laica
Las religiones, todas, pueden retornar y tener una función
dentro de la sociedad, tal como expresamos en el cap. 3.2., pero a
condición de que renuncien a su pretensión de monopolizar al
Estado, erigiéndose en su fundamento moral y que sus normas
morales o éticas se transformen en leyes civiles, como la ha
pretendido el Cristianismo, católico, evangélico y ortodoxo, en
otras épocas y lo mantiene aún el judaísmo―sionista y el
mahometismo radical. Y renunciando también los Estados, por su
parte, al control de las conciencias, a no respetar la libertad de
religión y de conciencia y a transformase en “religiones seculares”.
Para nosotros también, este laicismo positivo es el que debe
regular las relaciones entre el Estado laico y las confesiones
religiosas en España. A nuestro entender, debemos abandonar el
uso del término laicidad y abogar por que en nuestro país exista
un laicismo de Estado, en el sentido expuesto.
Como conclusión podríamos establecer estos puntos:
1.― El Estado moderno―democrático es un Estado laico,
es decir, profano, aconfesional y neutral, no sólo frente a las
religiones sino también frente a las cosmovisiones no religiosas,
agnósticas y ateas. El estado español es constitucionalmente un
estado laico, profano y neutral. Neutralidad que el estado laico
podrá expresar de dos formas: a) practicando una laicidad o b) ser
laicista.
2.― El Estado laico practicará una laicidad cuando, aún
siendo neutral frente a las confesiones religiosas, fomenta la
Religión en general y coopera con las confesiones religiosas en
particular. Esta separación relativa entre el Estado y las
confesiones religiosas es la establecida primeramente en los
EEUU, basada en la interpretación dada a la Primera Enmienda
de la Carta de Derechos y admitida posteriormente en diversos
Estados europeos, entre ellos el nuestro, por influencia de la
Revolución francesa. Estos Estados admiten una libertad de
religión, pero no una libertad de conciencia. En España, sin
153
Estado laico, Iglesia laica
embargo, esta cooperación se transforma en subordinación del
Estado a la Iglesia católica, según los Acuerdos de 1976 y 1979,
firmados por el Estado español y la Sta. Sede y es fuente de
conflictos entre los ciudadanos, por lo que abogamos por su
derogación.
3.― A partir de la Constitución republicana española del año
1931 y de la sentencia del juez Black: Everson versus Board of
Education, en 1947, se propone un laicismo positivo del Estado,
en clave de total neutralidad del Estado con todo lo que se
relacione con la religión. Este laicismo positivo establece una
separación absoluta y estricta entre el Estado y las confesiones
religiosas, excluyéndose toda cooperación pública con la Religión
y las confesiones religiosas en particular. Sin embargo, esto no
implica la prohibición de la práctica pública de la religión por
parte de los ciudadanos, ni tampoco de prácticas agnósticas y
ateas. Este laicismo positivo del Estado admite tanto una libertad
de religión como una libertad de conciencia. En tal sentido,
abogamos porque España sea un estado laicista, en sustitución de
la laicidad de estado, que actualmente existe en nuestra patria.
Publicado en una versión más resumida el 18/10/2010 en:
http://www.redescristianas.net/2010/10/18/estado―laic
o―laicidad―yo―laicismoantonio―moreno/
. Corregido
y ampliado en Marzo del 2012.
154
Estado laico, Iglesia laica
2ª Parte: Iglesia laica
Así es como te quiero. Así, Dios mio
Con el dogal de “Hombre” a la garganta
Hombre que parte el pan y suda y canta
Y va y viene a los álamos del rio
Hombre de carne y hueso para el frío
Guiñol que nos combate y nos quebranta
Arcilla de una vez para la planta
Y el látigo del viento y del rocío
Así, Señor así es como te espero
Vencido por el fuerte, acorralado
Cara al hombre y al mundo que te hiere
Carne para los perros del tempero
Piedra en la que tropezar, luz y pecado
Hombre qie solo nace y solo muere.
Julio mariscal (De su libro: “Aun es hoy”)
De modo general, cuando en los medios de comunicación se
habla de la Iglesia se entiende a la Iglesia jerárquica, la Iglesia
dirigida por el Papa, los obispos, los párrocos etc. Es decir, se
identifica a toda la Iglesia con la Iglesia clerical. Pero ¿es esto
correcto? Creemos que no. Creemos que la Iglesia ha de
entenderse ante todo como Iglesia laical, Iglesia de laicos no de
clérigos.
155
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 1:
Afirmando la laicidad:
A propósito de las visitas del Papa
La visita del Papa es un tremendo engaño por parte de la
Jerarquía católica y por parte del Gobierno.
José María García―Mauriño
Marzo 2011
1.1. Tremendo engaño
Por parte de la Jerarquía,
Porque el primer engaño es el título “Jornada mundial de la
juventud”. Escamotea la palabra católico para ocultar que es tan
sólo eso, una semana que concierne exclusivamente, en todo caso,
a jóvenes católicos. Por tanto, el carácter de universalidad que se
quiere dar al evento, por más que vengan jóvenes de distintos
continentes, es completamente fraudulento: no concierne a los
millones de jóvenes del mundo de distintas creencias o
convicciones distintas de las católicas.
Porque engaña a la ciudadanía presentando esta visita como
un evento público de interés general, cuando se trata de una
minoría católica privada. No tiene en cuenta la inmensa mayoría
de jóvenes y no tan jóvenes, a los no católicos, ni a los ateos,
agnósticos o indiferentes, ni a aquellos católicos críticos que no
157
Estado laico, Iglesia laica
pueden estar de acuerdo con la visita de un Jefe de Estado que es
Monarca absoluto en Europa y que además se dice Jefe espiritual
de la Iglesia Católica.
No es tanto un acontecimiento “religioso” de fe, cuanto un
culto a la personalidad del Papa y un adoctrinamiento ideológico
masivo. No estamos en tiempos de Cristiandad, eso es del siglo
pasado. Madrid no es la “capital del mundo joven”, ni puede
convertirse en el “centro de la Cristiandad” por mucho que se
empeñen el Cardenal Rouco y Esperanza Aguirre.
Por parte del Gobierno,
También engaña a los ciudadanos traicionando a la
Constitución por su situación de Estado Laico, que no denuncia
los Acuerdos Iglesia Estado de 1979 en los que concede
numerosos privilegios a la Iglesia católica.
Además, poniendo a disposición de las fuerzas católicas a 8
ministerios (Trabajo, Defensa, Interior, Exteriores, Cultura,
Fomento, Sanidad y Presidencia), muchísimo dinero, (en medio
de esta crisis con 5 millones de parados) y todo el aparato
mediático, para recibir a este Papa. Numerosos calles de Madrid
se convertirán en un gigantesco templo católico. Este Gobierno
acepta pasivamente la intromisión de la Jerarquía de toda una red
de alojamiento en centros públicos y polideportivos para acoger
gratuitamente a los jóvenes que vengan de fuera. ¿Dónde está la
neutralidad de los poderes públicos?
No queremos que el Rey y el Jefe de Gobierno reciban al Sr.
Ratzinger porque éste es solo el representante de una minoría
religiosa. Un Rey y un Jefe de Gobierno que son incapaces de
separar sus creencias particulares de su papel institucional como
autoridades políticas de un Estado no confesional, que gobiernan
a toda la ciudadanía española, no tienen legitimidad para actuar de
esta forma.
158
Estado laico, Iglesia laica
Que lo reciban los jefes religiosos propios de la religión
católica, como son el Cardenal Rouco, el Nuncio, los cardenales, y
todos los miembros de la Conferencia Episcopal Española.
1.2. Carta al papa Benito XVI
Estimado Benedicto XVI
Su reciente visita a Santiago de Compostela y a Barcelona nos
ha dejado un rastro de perplejidad. En realidad, el conjunto de su
visita ha rezumado demasiados aromas de poder
político―religioso. No sabemos dónde termina lo político y
dónde empieza lo religioso. Todo ha estado muy mezclado. Los
preparativos para acoger a un Jefe de un Estado tan especial por
ser al mismo tiempo Jefe espiritual de una Iglesia, fueron
especialmente llamativos. La situación llegó a un clima casi
apoteósico, cuando los bandos de ambos alcaldes los de Santiago y
Barcelona, llamaron a los vecinos a participar en los actos
religiosos y llegó al cenit cuando el mismo alcalde de Santiago
proclamó como “territorio Vaticano” las plazas y calles del
entorno de la catedral, con ocasión de su visita. Un despliegue
policial pocas veces visto, con las calles tomadas y el tráfico
detenido, para controlar a las masas de gente que querían ver y
saludar al Papa. Pero estas nunca llegaron. Al final, las calles
quedaron semivacías y su recorrido en papamóvil resultó
demasiado rápido para que se dejara ver por las pocas personas
que estaban en las aceras, al menos en Barcelona.
Las ceremonias religiosas en cada una de esas ciudades, han
sido, una vez más, una manifestación ostentosa de poder, propia
de un Jefe de Estado, pero no de un Jefe espiritual. La liturgia de
estos eventos son más propias de siglos pasados que de cercanía
humana y de fe en estos tiempos. Nos llama la atención la
exclusión de la mujer en todo este ceremonial, si se excluye la
operación de la limpieza del altar de unas impecables monjitas. Un
mundo solo de varones. Muchísimos obispos y sacerdotes, pero
159
Estado laico, Iglesia laica
ninguna mujer en el círculo que rodeaba al Papa en el altar. Y
sabemos todos que hace tiempo terminó la hora de las exclusiones.
Se impone la integración de todos y de todas en el pueblo de
Dios.
Sus discursos y sus declaraciones nos han dejado confusos,
especialmente en su condena del laicismo. No acertamos a
descubrir el significado de lo que Vd. llama “laicismo agresivo”.
¿Significa que Vd. acepta y respeta un laicismo que no sea
agresivo? ¿O es que acaso el laicismo por sí mismo ya es agresivo,
según su opinión? Nosotros nos preguntamos dónde está la
agresividad de ese laicismo que Vd. condena? Lo que Vd. parece
dar a entender es que no soporta la progresiva secularización de
Europa, no admite el secular conflicto entre fe y razón, no quiere
confrontación entre fe y laicismo; lo que propugna es una
presencia activa de la religión católica en la vida pública española,
de tal manera que sea la “católica España” la que inicie el proceso
de re―evangelización de toda Europa y a través de ella a todo
Occidente y al resto del mundo. Es decir, restaurar el viejo anhelo
de Cristiandad de siglos pasados, el imperialismo
religioso―católico que pretende imponer sus dogmas, su moral y
sus ritos a toda la Humanidad.
En sus declaraciones lamenta Vd. la falta de poder, de más
poder. Cosa difícil de entender cuando viene Vd. rodeado de
poder político y mediático como ningún príncipe o gobernante
hasta ahora lo había hecho y, de manera incomprensible, riñendo a
la sociedad española porque funciona ya con criterios de sociedad
laica, es decir adulta. Está Vd. convencido que la evangelización
debe hacerse en alianza con el poder político y económico. Pero
no fue ésta la actitud de Jesús que se enfrentó y denunció
duramente tanto al poder religioso como al político. Así que sus
propuestas nos parecen poco evangélicas. La gente ve a la Jerarquía
como cómplice de los poderosos. Y Vd. no quiere entender que
eso que Vd. llama laicismo es sencillamente la voluntad de una
mayoría de españoles que desea consolidar una “sociedad laica en
un Estado laico”. Lo que no significa ataque ninguno al
160
Estado laico, Iglesia laica
Cristianismo, ni expresa sentido alguno antirreligioso, sino respeto
a todas las religiones y creencias. Porque el laicismo tan sólo
defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más
particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o
confesión religiosa.
Nosotros mismos nos consideramos ciudadanos y no
súbditos, y por tanto, no queremos volver a someternos a aquél
Catolicismo en el que el Estado vertebraba la sociedad con normas
impuestas, emanadas de la Iglesia Católica, tanto en la escuela,
como en la economía, en las costumbres de las gentes, o en las
expresiones públicas de la fe católica.
Sr. Ratzinger, no queremos que en su próxima visita a
España, en Agosto de 2011, con motivo de la Jornada Mundial de
la Juventud, se vuelva a repetir toda esta liturgia de dichos y
hechos. No queremos que el Gobierno siga privilegiando a la
Iglesia Católica y discriminando a las demás religiones o creencias.
No queremos un espectáculo de masas de jóvenes traídas de todos
los lugares de España y del mundo bajo presión. Queremos que el
Vaticano minimice, e incluso abandone, ese poder político,
religioso, económico y mediático, y trate humildemente de
comunicar el Mensaje del Reino de Dios desde la sencillez, desde
la pobreza, desde una fe bien arraigada en el Jesús, campesino
pobre y profeta laico, itinerante por los pueblos de Galilea.
―――oOo―――
161
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 2:
Jesús profeta laico
José María García―Mauriño
Marzo, 2009
Introducción
Los cristianos no somos seguidores de un líder religioso, sino
que seguimos a un Profeta laico. Jesús fue un laico. Ni fue
sacerdote, ni funcionario de la religión, ni nada parecido. Es más,
Jesús vivió y habló de tal manera que pronto entró en conflicto
con los dirigentes de la religión de su tiempo, los sacerdotes y los
funcionarios del Templo, que eran los representantes oficiales de
“lo religioso” y “lo sagrado”.
1.―Jesus era un hombre creyente
Jesús era judío, practicó su religión judía, vivió y murió como
judío invocando a Dios con el salmo 22. Era un creyente que creía
en Dios, en el Dios de Israel. Para Jesús, Dios no es una teoría ni
una doctrina es una experiencia viva que lo transforma y le hace
vivir buscando una vida más digna y dichosa para todos. La
diferencia con los hombres de la religión de su tiempo está en que
los dirigentes religiosos de aquella sociedad asocian a Dios con su
sistema religioso y no con la vida y la felicidad de la gente La
postura de Jesús era todo lo contrario, el centro de su religiosidad
no era Dios sino la vida y la felicidad de la gente. Jesús era
163
Estado laico, Iglesia laica
profundamente religioso, pero su religiosidad no se acomodó al
modelo de religiosidad establecida y aceptada en aquella sociedad.
No observó muchas de las normas de la religión oficial: el
descanso del sábado, los ayunos, las purificaciones rituales, se hizo
amigos de publicanos y pecadores, samaritanos y mujeres de mala
fama. La fe de Jesús no se basaba en la Ley, sino en la experiencia
de Dios. Descubre el plan de Dios, el Proyecto divino: es decir,
que todos los seres humanos somos iguales, todos somos
hermanos e hijos de Dios, y podemos ser felices. Jesús cree de
verdad en ese Dios―Padre lleno de amor para todos los humanos
Rompió con las normas y prácticas religiosas, porque para él lo
importante no son los ritos sagrados que le relacionan con Dios,
sino la relación humana solidaria entre los hombres y mujeres en la
vida. Lo importante en cualquier religión, no es Dios, sino la
gente, las personas. Dios no necesita nuestra adoración, ni nuestra
alabanza ni nuestro servicio, ni nuestros ritos. En cambio, las
personas que nos rodean sí necesitan nuestra ayuda, nuestra
cercanía, nuestra comprensión. Fue un creyente laico que vivió su
fe en al horizonte de su libertad. Jesús fue condenado a muerte por
motivos políticos, no por motivos religiosos (por nuestros
pecados!). Y murió no entre dos ladrones, sino entre dos rebeldes
políticos (lestai, palabra griega, que significa subversivo).
2.― Jesús profeta
Insisto en que Jesús no es un líder religioso, al estilo de
Martín Lutero King, o Gandhi, o Dalai Lama. (Aunque sean
también profetas de nuestro tiempo).
El líder es una persona que es seguida por otros que se
someten a su autoridad. Suelen tener un indiscutible peso moral o
político o espiritual entre la gente. Jesús hablaba como quien tiene
autoridad y no como los escribas y fariseos. En su tiempo, las
masas le seguían. Hoy, Jesús, para nosotros no es un líder en el
sentido que he descrito. Eso está claro.
164
Estado laico, Iglesia laica
Jesús cita frecuentemente a los profetas de Israel y explica su
misión como cumplimiento de la profecía de Isaías: “El Espíritu
del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha
enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad
a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los
oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor”.
Un profeta no es el que adivina el porvenir, el profeta no es
un adivino. “Es un hombre llamado por Dios para trasmitir su
palabra, para orientar a sus contemporáneo el camino a seguir.”
Jesús es el último de los profetas de Israel. Es el que anuncia el
Reino de Dios, aunque no lo define, es el que anuncia la liberación
de los pobres.
Para ser profeta no hace falta pertenecer a estamentos de la
religión o del culto. Puede ser lo mismo hombre que mujer, ni
hace falta mucha cultura, ni ser de una clase social ni intelectual.
Es todo aquel que está despierto, con los ojos bien abiertos a la
realidad. La principal característica del profeta es su inserción en el
pueblo y su preocupación por la suerte de los más pobres y
excluidos.
Tres características esenciales de Jesús como profeta:
1) Jesús es un profeta itinerante: no es un hombre que se
queda en su casa de Nazaret, tampoco se instala en Cafarnaún,
sino que recorre las aldeas de Galilea donde está el pueblo más
pobre y desheredado de Israel. Al llegar a una aldea Jesús busca el
encuentro con los vecinos. Se acerca a las casas deseando paz a las
madres y a los niños. Recorrió casi todos los pueblos situados en
torno al lago. El profeta es un hombre público: su lugar es la calle,
la plaza pública, los senderos, el monte. Se halla en contacto
directo con su mundo, con los vecinos, con los campesinos
pobres. Va a la sinagoga donde los vecinos se reúnen los sábados.
Conoce el desencanto de la gente, la opresión de los políticos, el
lujo de los poderosos.
165
Estado laico, Iglesia laica
2) Es un profeta subversivo. Lo que la gente percibe es que
Jesús pone en cuestión la soberanía absoluta y exclusiva del
emperador romano. Pare entrar en el Reino hay que salirse del
imperio de Roma. No es posible servir a dos señores. No es
posible aceptar el Reino acogiendo a Dios Padre, defensor de los
pobres y seguir al mismo tiempo acumulando riquezas a costa de
ellos. Por eso, entrar en el Reino, aceptar los valores del Reino, es
salirse de ese imperio donde tratan de imponerse los jefes de las
naciones y los poderosos del dinero.
En el Evangelio de Lucas, cuando narra el interrogatorio ante
Pilatos, las masas le gritan tratando de acusarle: “Este subvierte
(solivianta) al pueblo enseñando por todo el país empezando en
Galilea” (Lc.23,5). Jesús está por el cambio, no puede dejar las
cosas como están, porque el mundo que él vivía era injusto: unos
vivían muy bien a costa de otros que lo estaban pasando mal. Lo
cómodo es seguir como siempre sin cambiar nada. Jesús no puede
quedarse impasible, mirando para otro lado, al ver las masas
arrastrándose por la pobreza y la miseria. “Se me conmueven las
entraña al ver a esta gente” (Mc. 8,2).Soliviantar significa mover el
ánimo de la gente para inducirle a adoptar una actitud rebelde u
hostil en orden a cambiar el orden público y moral, dice el
Diccionario de Lengua. La manera de soliviantar no es violenta, es
“enseñando”. La enseñanza es una forma de subvertir el orden
establecido: poner las cosas patas arriba.
3) Es un hombre amenazado: despojado de todo poder no
pertenece a ningún partido o secta. Es amenazado porque no
invita a la gente a la resignación, sino a la lucha esperanzada. La
actual situación tiene que cambiar. Lo que anuncia es el Reino que
tal y como él lo presentaba tenía que ser algo muy sencillo al
alcance de aquellas gentes. Lo primero de todo y lo más
importante es la Vida y la felicidad de la gente, luego vendrá la
religión. No quiere que se hagan falsas ilusiones, sino que
recuperen su dignidad. Jesús comunica su propia experiencia de
Dios, no las creencias que se venían repitiendo en todas partes de
modo convencional. Eso no satisface a nadie. El anuncio del
166
Estado laico, Iglesia laica
Reino es una denuncia de la injusticia y la opresión. Hoy el
anuncio del Reino es anunciar una sociedad alternativa, proclamar
que “otro mundo es posible”, otro mundo donde no reinen los
imperios, ni los césares, ni los falsos dioses como el Dinero y el
Mercado. Jesús anuncia la liberación de los pobres, una vida
humana digna para todos. Los poderes políticos y religiosos no
podían soportar semejante lenguaje y le perseguían y amenazaban
de muerte constantemente.
Jesús era un hombre indefenso. Ningún estamento sacerdotal
o comité del Templo le defendió, ante las acusaciones falsas de la
plebe y de los poderosos. Fue sentenciado y ejecutado por un
tribunal político―religioso sin que nadie le defendiera
La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste
en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con
Dios, distinta de lo sagrado. Es decir, el camino sencillo de la
relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética,
no religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el
sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a
través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al
combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes
tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra
parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder
político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por
el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley.
Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus.). Los
seguidores de Jesús tenemos el camino abierto de la relación con
Dios, por el compromiso con los pobres, y los excluidos de este
mundo.
3.― Jesús, profeta laico
Jesús no pertenecía a familia sacerdotal alguna, ni al
stablishment religioso. No fue funcionario del Templo ni tenía el
reconocimiento de intérprete de la Ley. No legitimó la alianza de
167
Estado laico, Iglesia laica
las autoridades religiosas del judaísmo con las autoridades
políticas del Imperio romano invasor.
― Adoptó una actitud crítica frente a los pilares en que
descansaba la religión; Ley; Templo; Sacerdocio; siguiendo la
tradición de los profetas de Israel y adelantándose en muchos
siglos a la crítica moderna de la religión.
Cuestionó en su raíz la configuración sagrada de la realidad:
los lugares sagrados (el Templo, lugar del culto, de la presencia de
Dios y de recaudación de impuesto: espacio de alianza con el
poder Imperial; absolutizado por sus correligionarios
fundamentalistas). Criticó los tiempos sagrados (el sábado, fiesta
judía por excelencia: “el sábado está hecho para el ser humano, y
no el ser humano para el sábado”); cuestionó las acciones sagradas
(el culto, que no va acompañado de la práctica de la justicia) y
propone como alternativa la misericordia, la compasión como
virtud radical, la solidaridad con las personas que sufren; cuestionó
las personas sagradas (crítica a los sacerdotes por su exceso de celo
en el culto y su insensibilidad hacia la injusticia, hacia el
sufrimiento ajeno), y pone como ejemplo a seguir a un samaritano,
considerado hereje, por su ayuda al prójimo malherido; también
cuestiona a las autoridades religiosas: que se presentaban como
representantes y portavoces de Dios y no predicaban con el
ejemplo; lo mismo hizo con la propia Ley, Torá, cuando cae en
legalismo, atreviéndose a corregirla, a incumplirla y justificando su
incumplimiento, y colocando al ser humano y sus necesidades por
delante de la ley.
La religión se siente más cómoda poniendo a Dios en las
ceremonias y en la observancia de los rituales sagrados que en la
relación con los seres humanos, en el respeto a todos, en el amor a
todos y en el compromiso de solidaridad con los pobres y, en
general, con los más débiles.
La actividad de Jesús fue ciertamente profética, pero no tuvo
nada de sagrada. El laicismo de Jesús fue escandaloso: su
independencia de la normativa religiosas y política vigente, era un
168
Estado laico, Iglesia laica
desafío constante a las autoridades religiosas. No fundó un
templo, ni celebró ceremonias religiosas en ningún lugar sagrado,
ni dictó normativa alguna relacionada con lo sagrado. La última
cena fue eso, una cena de despedida entre amigos antes de morir.
No era una “Misa”, Nada de culto eucarístico. Eso es anacrónico
completamente.
Se puede deducir que el Cristianismo es una religión laica.
Porque,
― La libertad y la dignidad de los seres humanos constituye
el centro del mensaje, de la vida de Jesús; y de la práctica de Jesús,
no los ritos y ceremonias religiosas.
― Para Jesús era más importante “lo humano” que “lo
religioso” y “lo sagrado”. Lo humano es “lo laico”, lo común a
todos los seres humanos. “Laico” viene del término griego “laos”,
es decir, el “pueblo”. Y está claro que Jesús antepuso lo laico a lo
religioso.
― Llama la atención el carácter tan poco “religioso”, en
términos de aquella época, que Jesús atribuye al Reino―Reinado
de Dios. No gira en torno al templo, ni se prescriben sacrificios o
actos de culto. Tampoco existen funciones sacerdotales ni
personas que actúen como intermediarias. Sin duda que Dios está
muy en el centro de este mensaje que lleva su nombre. Pero es un
Dios desplazado de los lugares sagrados. Ahora se encuentra en
plena vorágine de la vida, sobre todo de personas y colectivos
marginados: los chiquillos, los enfermos, los recaudadores, las
prostitutas, los pobres, lisiados, ciegos y cojos.... Y se identifica
con las tareas corrientes que hace la gente en su vida diaria: el
sembrador, el pastor, la pesca, la mujer que amasa la harina o que
limpia su casa... Esa identificación con el ser humano, con su
felicidad, con su sufrimiento y con su marginación, permite al
Reinado de Dios superar los límites culturales y religiosos en que
vivió el propio Jesús. Por eso, mantiene una universalidad, una
modernidad y una “laicidad” actual. Ser laico significa entre otras
169
Estado laico, Iglesia laica
cosas no achacar a Dios el Mal y los problemas del mundo. Jesús
no atribuía a Dios la causa de las enfermedades o la muerte.
Alguna conclusión:
Los cambios que se están produciendo en esta sociedad nos
llevan a la aceptación de un pluralismo religioso, a un laicismo
propio de un Estado democrático, laico, no confesional. La
convivencia pacífica ciudadana es posible en una sociedad que
admite la libertad religiosa y la libertad de conciencia. La religión
es un componente y una manifestación cultural, y como todo lo
cultural es un hecho social y público, y tiene sus expresiones
públicas Pero, ninguna religión debe tener privilegios, ni políticos,
ni sociales ni económicos. Hay diversidad de creencias y de no
creencias. En la sociedad caben lo mismo el grupo no confesional
de los agnósticos, ateos o indiferentes que cualquier otro grupo
que tenga su propio credo. Los creyentes haremos muy bien en
desmitificar la figura de Jesús y presentarla como hombre laico un
ciudadano de a pie, que no fundó una Iglesia, sino un movimiento
de fe al alcance de todos los seres humanos.
Madrid, 26 de Marzo de 2009Publicado en:
http://somac.galeon.com/enlaces1724660.html
170
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 3:
¿Iglesia sacerdotal o Iglesia laica?
Antonio Moreno de la Fuente
Febrero 2012
En el blog Metroscopia de El Pais, Joseph Lobera publicaba,
el 24 de diciembre del 2011, una encuesta sobre el sentido que
dan los jóvenes a las Navidades. “Para la gran mayoría de los
jóvenes (el 84%), dice, estos son días de diversión, cenas y
reuniones con amigos…Lo religioso queda en un alejado segundo
plano, si es que queda: apenas son un 15% los jóvenes que
asistirán a la tradicional misa del gallo”. Y concluye: “Si el futuro
es de los jóvenes, la Navidad será cada vez más una fiesta del
encuentro y menos una celebración religiosa” (la cursiva es mía)
(1). Esta consideración poco o nada religiosa de la Navidad está
en consonancia con la encuesta del CIS, del 2008, a la que
hacíamos referencia en el c.3º de la primera parte, según la cual
solo el 49,5% de los jóvenes entre 18 y 24 años se declara
católico, mientras que un 43 % se declara no creyente o ateo. Es
pues un fenómeno admitido por muchos sociólogos de que la
religión católica, tanto en España como en otros países de Europa,
está en decadencia o desapareciendo. Entre las múltiples causas de
este fenómeno yo me atrevo a indicar ésta: la errónea presentación
Lobera, Josep. “¿Qué le queda de religioso a la Navidad?”. El País, 24
diciembre 2011. [En línea:
http://blogs.elpais.com/metroscopia/2011/12/religiosidad―en―navidad.ht
ml. Consulta 19/12/2011]
1
171
Estado laico, Iglesia laica
del mensaje cristiano debido, sobre todo, a la jerarquía católica.
Del mismo modo que, como dijimos anteriormente, la jerarquía
eclesiástica transformó el mensaje cristiano de servicio en poder,
una vez que el cristianismo fue aceptado como religión oficial,
algo parecido ha ocurrido con el concepto de religión cristiana. El
mensaje cristiano se ha presentado, por intervención sobre todo de
la jerarquía, con influencias excesivas del sentido religioso judío
del Antiguo Testamento y del sentido pagano de lo religioso,
particularmente de las religiones mistéricas indo―grecorromanas,
lo que ha supuesto una contaminación del mensaje original
cristiano. Lo vamos a ver con más detalle, glosando el texto de
Pablo: “los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,
nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los
judíos, necedad para los gentiles” (I Cor. 1, 22―23).
1.― Misterios Eleusinos y cristianismo
Charlie, un comentarista del art. de Lobera, opina que: “la
Navidad cristiana es una sustitución, plagada de mitos y leyendas
sin fundamento histórico alguno (nacimiento en Belén, visita de
los Reyes de Oriente, matanza de inocentes el 28 de diciembre...)
de las antiguas fiestas paganas que celebraban el solsticio de
invierno y el nacimiento del Sol Invictus (típicas de las religiones
mitraicas)”. Y tiene razón. Lo mismo ocurre con la celebración
católica, particularmente española, de la Semana Santa, que está
profundamente influenciada por los misterios de Eleusis (2).
Eleusis era una pequeña ciudad cercana de Atenas, en la que
se celebraban diversos ritos míticos que giraban en torno a la diosa
Deméter, diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad y su hija
Perséfone, que es raptada por Hades, el dios de la muerte,
helándose la Tierra durante el invierno. Los misterios eleusinos
celebraban, en marzo y abril, el regreso de Perséfone, con el
sacrificio de un cerdo a Deméter y una procesión que comenzaba
Misterios eleusinos. [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Misterios_eleusinos .Consulta 19/12/2011]
2
172
Estado laico, Iglesia laica
en el Cerámico (el cementerio ateniense) dirigiéndose la multitud
hasta Eleusis, siguiendo la llamada «Vía Sagrada», balanceando
ramas llamadas “bakchoi” (col china) por el camino. Tras llegar a
Eleusis, había un día de ayuno en conmemoración al que guardó
Deméter mientras buscaba a Perséfone. El ayuno se rompía para
tomar una bebida especial de cebada y poleo llamada kykeon y los
iniciados ya podían entrar en la gran sala del Templo donde los
sacerdotes les mostraban las sagradas reliquias de Deméter.
Según los autores, este Mito simboliza la estación invernal, en
donde la tierra y la vida vegetal mueren en invierno para germinar
o resucitar después en la primavera. Al participar en los ritos
cúlticos mediante el sacrificio, la procesión, el ayuno y la bebida
mágica, los fieles iniciados reproducen el ciclo natural del solsticio
de invierno y primavera, identificándose con Deméter, la diosa de
la fertilidad y “reviviendo” el regreso de Perséfone, que es un
símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la
primavera y, por extensión, de toda la vida sobre la tierra.
No cabe duda de que estos elementos míticos están presentes
también en la Religión cristiana. Ésta y, más aún, la católica
rememorando la muerte y resurrección de Jesús el Cristo, celebra
también el renacimiento de la vida sobre la tierra, del triunfo de la
resurrección sobre la muerte Y los fieles re―actualizan esta
muerte y resurrección, primero mediante la celebración anual de
Navidad y Semana Santa que desemboca en un tiempo diferente,
es decir, en un “tiempo sagrado” propio de los “dioses” y, en
segundo lugar, mediante la celebración del rito sagrado del
sacrificio incruento de Jesús en la Misa, participan y “viven” de
nuevo la vida de Jesús muerto y resucitado. Jesús es la nueva
Deméter.
Sin negar estas claras influencias, el mensaje cristiano, sin
embargo, no se identifica totalmente con la mística de los ciclos
naturales del invierno y primavera o de la muerte y de la vida
natural que promueven los misterios eleusinos. En primer lugar,
por su origen. Los misterios eleusinos son narraciones mitológicas
y simbólicas, mientras que el acontecimiento básico del
173
Estado laico, Iglesia laica
cristianismo es histórico. Pero éste no se dio en la Navidad (3),
sino en la Pascua judía de aquel tiempo, en la que, tras el hecho
histórico de la condena y muerte en la cruz del judío Jesús, sus
seguidores creen firmemente que el Dios―Padre, del que él
hablaba en su vida, le ha dado la razón frente a sus enemigos
judíos y romanos (4). A la forma mitológica de decir eso se le
denominó exaltación de Jesús, que murió en la cruz, pero fue
exaltado por el Dios de Israel. El texto más primitivo que nos
refiere eso es el Himno de la carta a los Filipenses (2,7―9): «
reducido a la condición de hombre se humilló a sí mismo
haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual
también Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre
superior a todo nombre». Pablo utiliza también la palabra
resurrección (tal vez aludiendo a los misterios eleusinos), pero
para él la resurrección nunca fue un regreso a la vida aquí y ahora.
El mensaje de Pablo es que la Pascua (que significa paso, tránsito)
Por ello hoy se rechaza el nacimiento de Jesús de una mujer virgen, entendido
de una forma biológica literal y toda la imaginería del portal del Belén, la estrella, los
magos de Oriente etc., porque todos los eruditos de la Biblia, tanto católicos como
protestantes, admiten que ninguna de las dos narraciones de la infancia de Jesús,
contadas por Lucas y Mateo, son históricas .Véase Shelby Spong, John. Jesús hijo de
mujer, p. 36―40. [En línea:
http://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/biblica/SpongJesusHijoDeMujer.
pdf . Consulta 19/12/2011], a quien seguimos en esta exposición. Este autor narra
también que en muchas otras tradiciones religiosas del mundo era habitual el concepto
de un nacimiento de una mujer virgen para explicar el origen divino de figuras heroicas.
Así Horus, un dios de Egipto, nació de la virgen Isis hacia el 1550 a. de C. Eso se
cuenta también de Buda, en el 600 a.de C. De Atis en Frigia y de Perseo y Rómulo en
Grecia y Roma etc.
4
Todo esto aparece en los discursos teológicos de Pedro, el día de Pentecostés
(Hech. 2,14―36). “Vosotros lo clavasteis en la cruz, pero Dios lo resucitó” (Hech. 2,
23―24) y en Cesarea (Hech. 10, 34―48). “Dios estaba con él” (Hech. 10,38). Según
Ruiz de Galarreta, José Enrique. Las primeras Iglesias y nuestra Iglesia de hoy. Las
Rozas de Madrid: Fe adulta, 2011, p.16, los Hechos se escribieron alrededor del año 80
de nuestra era. Y los discursos de Pedro y de otros son piezas teológicas, no históricas
(p.26).
3
174
Estado laico, Iglesia laica
supone el momento en que Jesús fue designado Hijo de Dios y
eso no ocurrió en la concepción o nacimiento, sino en la Pascua,
ahora ya cristiana (Romanos 1, 4) (5).
En segundo lugar, la Pascua cristiana se diferencia de los
misterios eleusinos por sus destinatarios. En los misterios es la
diosa Fortuna quien reparte la suerte: a unos les tocará la
enfermedad, el dolor, la desgracia y la muerte, a otros la
prosperidad, el triunfo y la vida, pero ambos deben aceptarlo
fatalmente, porque así es ciclo natural, el hades. No obstante,
algunos privilegiados podrán, tal vez, cambiar esa fatalidad según
la sabiduría griega que decía Pablo (I Cor., 1, 22), es decir podrán
“salvarse” si acceden a la filosofía o si participan en la polis, pero
ello estará reservado a unos pocos privilegiados, el resto
“resucitará” simbólicamente en el culto de la diosa Deméter. En la
Pascua cristiana, en cambio, la “salvación” ofrecida por Jesús es
para todos, sean judíos, griegos o romanos, pobres o ricos,
enfermos o sanos. La nueva vida y los bienes de este mundo, la
exaltación que creemos se realizó primero en Jesús el Cristo, el
Mesías, no está destinada fatalmente para los triunfadores y los
vencedores, los sabios, los listos y los libertos, sino para todos.
También lo está para los desgraciados, los excluidos de la diosa
Fortuna, los “ilotas” (6) o los esclavos. Y hoy diríamos que la
salida de la crisis económica―financiera que padecemos (7), no
beneficiará únicamente a los bancos, a los financieros, a los sabios,
listos o listillos que se enriquecieron en los grandes negocios de la
Shelby Spong, John. Ob.cit., p., p.40.
Según el diccionario “Ilota” era el esclavo entre los lacedemonios, el que estaba
privado de sus derechos civiles, aunque viviera en la polis griega. Véase
http://es.thefreedictionary.com/ilotas.
7
Efectivamente, el mensaje cristiano hay que leerlo hoy en el contexto de la crisis
financiera, alimentaria, medioambiental, energética etc., que actualmente nos azota a
todos, particularmente al mundo occidental: EEUU y Europa. Dentro de la abundante
bibliografía existente sobre este tema, remitimos a Navarro, Vicenç, Torres López,
Juan, Garzón Espinosa, Alberto. Hay alternativas: Propuestas para crear empleo y
bienestar social en España. Madrid: Sequitur, 2011..
5
6
175
Estado laico, Iglesia laica
burbuja inmobiliaria, en las operaciones de la Bolsa o en las
transacciones financieras, sino también a los marginados y
humillados, a los parados y excluidos del sistema, a todas las
víctimas. La única condición es creerlo, tener la convicción que así
será, al igual que se realizó en el judío Jesús. Pero ¿cómo, cuándo y
dónde se realizará esto en nosotros?
En la respuesta a estas preguntas, en el contenido de esa Fe,
está la tercera diferencia de la Pascua cristiana con los misterios
eleusinos. Según ellos, la nueva vida se adquiría con la sola
participación en los ritos cúlticos y ceremonias del solsticio de
invierno y primavera. Bastaba realizar el rito ceremonial,
rememorar el mito primitivo (8), para que automáticamente
aconteciera la identificación con Deméter, la diosa de la fertilidad
y se “reviviera” el regreso de Perséfone, o, excepcionalmente, si se
accedía a la sabiduría de la filosofía y en la polis También lo ha
entendido así frecuentemente la Iglesia institucional. En el
cristianismo frecuentemente basta también la simple participación
en las celebraciones y procesiones de Semana santa y en las
numerosas romerías de la Virgen de la Cabeza o del Rocío, en la
asistencia a Misa y celebración de otros ritos: bautismo,
confirmación, 1ª Comunión, matrimonio y en la “comida del pan
y bebida del vino” de la Eucaristía, para adquirir la “salvación”.
Con mucha frecuencia se olvidó de lo que Pablo dice: “la fe actúa
por medio del amor” (Gal. 5,6). Es indispensable, ciertamente, la
fe o convicción interior (lo que se ha llamado la “fe en Jesucristo”
(Gal 2,16) de que la vida y los bienes de este mundo son para
todos; sin embargo, tal convicción y fuerza interior no debe
quedarse en eso (como pretenden las religiones indo―místicas y
las chino―sapienciales), ni tampoco cumplir la Ley judía, sino
que esa fe debe confesarse, proclamarse con la boca (Rom. 10,8) y
manifestarse en obras de “amor al prójimo, como se ama uno a sí
8
Reacuérdese lo que decíamos sobre el Mito, en el c. 3 de la primera parte.
176
Estado laico, Iglesia laica
mismo” (Rom. 13,8) (9). El compromiso social y político para
que todos tengan los bienes de este mundo y desaparezcan las
desigualdades entre los seres humanos, es el reconocimiento
cristiano de que la Fe obra por el amor al prójimo. Pero, con
frecuencia también, la Iglesia institucional ha reducido este “amor
o agápe” paulino a “caridad” o beneficencia individual, olvidando
que la Comunidad cristiana primitiva lo entendía no solo
individual sino también colectivamente o como estatus social:
“nadie llamaba suyos a sus bienes, es decir, no había entre ellos
ningún necesitado”, se dice en los Hechos (2, 42―47 y 4,
32―37) (10). Aunque, naturalmente esa concreción e
institucionalización humana del amor y servicio al prójimo no la
agotaron las primitivas comunidades cristianas (en realidad esa
forma de vida duró poco), como tampoco lo hizo “la Cristiandad
medieval”, ni la agotará cualquier otra forma de vida cristiana
expuesta por la doctrina social de la Iglesia, ni ninguna otra forma
política, por mucho que se llame Democracia cristiana (11). De
aquí el legítimo pluralismo socio―político de los cristianos. Pero
es cierto que, toda persona que proceda así, con esa Fe que habla y
obra con amor, haciendo el bien a cualquiera de los pequeños de
este mundo, será declarada bendita, porque “a Él se lo hicimos”
(Mt. 25,31―45). En cada época tendremos la obligación y la
libertad de revestir y moldear este “amor al prójimo” con nuestra
propia mitología, con nuestras propias imágenes y palabras.
En todo esto seguimos el excelente capítulo VIII: El amor como fuerza
universal, de Badiou, Alan. San Pablo: la fundación del universalismo. Trad. de Danielle
Reggiori. Rubí (Barcelona): Anthropos, 1999, pp. 93―99.
10
Sobre esto remitimos a Ruiz de Galarreta, José Enrique. Ob.cit., pp. 37―59
11
Para una consulta más amplia de este tema remito a Calleja, José Ignacio. “La
Iglesia Católica ante la crisis: del compromiso social al compromiso “espiritual”, en
Iglesia viva, nº 248, octubre―diciembre 2011, pp. 37―58.
9
177
Estado laico, Iglesia laica
2.― La Ley judía y el cristianismo
Junto al intento de recobrar el sentido verdadero del mensaje
cristiano, descontaminándolo del sentido mítico de lo religioso del
paganismo, existe también otro empeño mayor, el de hacer
desaparecer las excesivas influencias del sentido religioso
proveniente del mundo judío o del Antiguo Testamento.
Es de sobra conocida la controversia que, a los pocos años de
la muerte de Jesús, se origina en la Iglesia de Jerusalén entre los
grupos denominados judaizantes y lo helenistas. Para los
judaizantes, encabezados por Santiago, “el hermano del Señor”, la
fe en Jesús, completa la Ley judía, no la rescinde. Según él, es
necesario hacerse judío para ser cristiano. Para los helenistas, en
cambio, dirigidos por Pablo, la fe en Jesús hace indiferente, no
inútil, la pertenencia al pueblo judío (I Cor., 7,19). La discusión la
zanjaría el Concilio de Jerusalén (Hech. 15,6―31) estableciendo
que a los paganos que desean ser cristianos no se les podrá obligar
a pasar por el judaísmo y someterse a la circuncisión y a las
observancias de la ley mosaica. Para todos, judíos o paganos sólo
es necesaria la fe en Jesús que obra por el amor. No tener
necesidad de pertenecer al judaísmo y declarar provisional o
indiferente a la Ley mosaica suponía una gran novedad, porque era
desprenderse de toda la mentalidad judía respecto a las
prescripciones morales, de todo el culto sacrificial, de los
sacerdotes que lo mantenían, del Templo donde se ofrecía y hasta
de la misma imagen de Dios que recoge el Antiguo Testamento.
Pero ¿ocurrió realmente así? ¿Se desprendió totalmente el
cristianismo de esta camisa de fuerza del judaísmo? No
totalmente, de igual modo que quedaron en el cristianismo
influencias de la religión de los misterios paganos, también han
quedado adheridas en él hondas virtualidades de la religiosidad
judía, que contaminan y desvirtúan el mensaje cristiano.
La herencia judaica más perniciosa que permanece aún en el
cristianismo es la imagen de Dios heredada del Antiguo
Testamento: un Dios colérico que trata de castigar a sus criaturas
por sus pecados, a no ser que sea aplacado por sacrificios, unas
178
Estado laico, Iglesia laica
veces de animales y otras casi exigiendo sacrificios humanos
(Isaac), hasta que Dios envía a su propio Hijo, que muere en la
cruz, quedando satisfecha su justicia. Esta mitología
judeo―griega, del siervo de Yahvé o héroe mítico que mediante
su sacrificio restablece el orden divino es aplicada a Jesús de
Nazaret, reinterpretando el mensaje cristiano en clave de “religión
sacrificial”, con todas las consecuencias que se derivan de ello.
Dios no es ya el Padre que ama a sus hijos, sino el Dios colérico
que busca sacrificios. Jesús es al mismo tiempo Sacerdote supremo
y “víctima propiciatoria” y la celebración de la Cena o la
Eucaristía se le considera como “el santo sacrificio de la Misa”.
Para ello se tiene necesidad también de Templos, lugares y de
tiempos sagrados donde realizar este sacrificio y de unos
sacerdotes, ministros o mediadores entre ese Dios y los humanos.
Pero ¿es este el sentido de la religión cristiana? ¿La asumieron así
las primitivas comunidades cristianas? Veámoslo.
3.―La Iglesia de las primeras Comunidades cristianas
Volver a las raíces, medirse con los principios fundacionales
es una condición indispensable de todo movimiento y
organización, aunque esas raíces deben florecer en cada época de
modo diverso. También esto se cumple en el Cristianismo. El
tema fundamental, por tanto, es: ¿Qué pasó después de la muerte
de Jesús? ¿Cómo nació lo que llamamos “Iglesia”? ¿Cuáles eran sus
características? (12). Los textos en los que podemos fundarnos
para responder a estas preguntas son fundamentalmente, a juicio
En este punto, dentro de la enorme bibliografía existente, seguimos a Pagola,
José Antonio. Jesús, aproximación histórica. Madrid: PPC, 2007; Boff, Leonardo.
Iglesia: Carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante. 2ª ed. Santander: Sal tarrae,
1984: Küng, Hans, El Cristianismo: esencia e historia. 3ª ed. Madrid: Trotta,2004,
pp.81―94; Shelby Spong, John. Ob.cit. (nota 3); Ruiz de Galarreta, José Enrique.
Obr.cit. (nota 4); Badiou, Alan. Ob.cit. (nota 8); Mate, Reyes, Zamora, José Antonio,
(eds.) Nuevas teologías políticas: Pablo de Tarso en la construcción de Occidente.
Rubí (Barcelona): Anthropos, 2006.
12
179
Estado laico, Iglesia laica
de los estudiosos de la Biblia: Las cartas de Pablo (13) y los
Hechos de los Apóstoles (14). Siguiéndolos se pueden fijar las
siguientes características de las primitivas comunidades cristianas o
las Iglesias (15).
3.1. El núcleo principal del cristianismo, según dijimos, es la
Fe o convicción interior de que Jesús fue exaltado por el Dios de
Israel y que por ello, la exaltación, la nueva vida y los bienes de
este mundo (que creemos se realizó en Jesús el Cristo, el Mesías,
tras su muerte) están destinados a todos los seres humanos. Pero
esta Fe debe confesarse, proclamarse con la boca (Rom. 10,8) y
manifestarse en obras de “amor al prójimo” (Rom. 13,8), tanto
individual como colectivamente, es decir, estableciendo un estatus
social o una polis, donde todos gocen de esos bienes y nadie pase
necesidad (Hechos 2, 42―47 y 4, 32―37).
Hoy se admite que solo: Tesalonicenses I, Corintios I y II, Gálatas, Filipenses y
Romanos son las cartas auténticas de Pablo, escritas entre los años 50 al 58. Son los
primeros escritos cristianos. Véase Ruiz de Galarreta, José Enrique. Ob.cit., p.169.
Badiou, Alan. Ob.ct., p.19.
14
Puede consultarse el término Iglesia en Dufour, Xavier León (director).
Vocabulario de Teología bíblica. Barcelaona: Herder, 1967, útil todavía, aunque bajo
un prisma aún veterotestamentario. Sobre los Hechos de los Apóstoles, véase Ruiz de
Galarreta, José Enrique. Ob.cit., pp. 14―15, quien sostiene que el título propio sería
Hechos de Apóstoles, pues el libro no trata de los Doce, sino solo de Pedro, Juan y
Santiago y además entiende “Apóstol” en su sentido original de “enviado”, incluyendo
en esa acepción a Pablo, Bernabé y otros que no forman parte de los Doce, de todos los
cuales trata de “algunos hechos”. La fecha de composición del libro sería en torno de
los años 80.
15
La “Iglesia” o “comunidad de creyentes” o “los seguidores del Camino” (Hch
9,2) de una ciudad o núcleo poblacional, aparece por primera vez en I Tes. 1,1 (año
51): “a la Iglesia de los Tesalonicenses”. Pablo hablará más tarde de “las Iglesias de
Cristo que había en Judea” (en Gal .1, 22, carta escrita con seguridad en el año 56),
principalmente de la de Jerusalén, a la que había ido para visitar a Pedro y Santiago, el
hermano del Señor, trascurridos tres años desde su conversión (Gal. 1, 18―19). La
Iglesia de Jerusalén aparece también en Hch 2,42; 4,32; 8,1, 11,22 etc., junto a la Iglesia
de Antioquia (Hch. 11,26; 13,1; 15,3).
13
180
Estado laico, Iglesia laica
3.2. El cristianismo, pues, es más una fe que una religión. Si
se quiere, es una religión profético―práctica, no cúltica. Nadie se
“salva”, por así decirlo, practicando unas ceremonias, cultos o ritos
que nos identifiquen con la vida de los ciclos naturales, ni con la
vida de Jesús―Cristo ¿Qué decir entonces de la frecuencia del
Templo, en el Pórtico de Salomón (Hch.2, 46; 3, 11; 5,21) y de
la celebración de la Cena del Señor (I Cor. 10,16―17;
11,17―29; Hch 2, 42 y 46)? Respecto a la frecuencia del
Templo, la primitiva comunidad de Jerusalén, en la que aún no se
ha advertido ninguna fractura entre judaizantes y helenistas, sube a
él para orar y frecuentan el área del Pórtico de Salomón, como
Jesús, para predicar y curar a los enfermos. En ningún momento se
dice que hicieran sacrificios u ofrendas. Por otra parte, sí tenían
una asistencia asidua en las Sinagogas, pero éstas no eran lugares
de culto sino de oración y estudio. Existe, además, el pasaje
curioso del platero Demetrio, de Éfeso (Hch. 19,23―40), quien
capta perfectamente que la predicación de Pablo pone en peligro
su negocio ¿Por qué? Es un indicio claro de la acusación de
“ateos” o “no adoradores de los dioses” (como posteriormente les
acusarán los romanos), ni frecuentadores de los templos, por lo
que la difusión del cristianismo ponía en peligro el culto a Diana,
en su templo de Éfeso y todo el negocio que llevaba consigo (16).
Respecto a la fracción del pan (Hch 2,42;20,7), la Cena del Señor
(I Cor.11,20), llamada posteriormente Eucaristía, ésta se celebraba
en las casas particulares: “partían el pan en las casas” (Hch.2,46)
(17) o en los lugares donde celebraban las “asambleas” (I
Cor.11,17 y20), que curiosamente no eran lugares ni momentos
de culto, sino lugares de reunión para “cenar y comer” (I Cor
11,21―22) y, durante las cuales se tenía la “fracción del pan” y la
“bebida del cáliz”, en memoria de la última Cena de Jesús.
“Es notable el despego hacia lo cultual, hacia los templos, de las primeras
comunidades”, dice José Enrique Ruiz de Galarreta, Ob.cit., p.171.
17
En Jerusalén mismo existían diversas comunidades o “casas” de reunión, como
la de la madre de Marcos, lugar de oración (Hch 12,12) y la de “Santiago y los
hermanos” v. 17. Santiago, el hermano del Señor y jefe del grupo de los “hebreos
cristianos o judaizantes”
16
181
Estado laico, Iglesia laica
Aparece aquí lo que se diría más tarde: la Iglesia reunida en
Asamblea, no sólo sus jefes, hace la Eucaristía y ésta hace a la
Iglesia, porque la vincula a Jesús en su última cena (18). Asamblea
que se puede interrumpir si ocurre lo del muchacho de Tróade
(Hch.20,7―12), que vencido por el sueño y el largo discurso de
Pablo, se cae desde la ventana del tercer piso de la casa. Pablo,
abrazándolo, lo reanima y continúa posteriormente “la fracción
del pan” (v.11). “En esa reunión, dice José Enrique Galarreta
(19), no hay sacerdotes, ni aparece alguien que por oficio la
presida, ni aparece por ninguna parte que se ofrezca un sacrificio,
ni se nombre nunca la palabra altar”. Porque el Cristianismo es
una religión sin templo o lugares sagrados, ni tiempos sagrados,
sin culto ni sacrificios. Y ¿sin sacerdotes?
3.3. El cristianismo es una religión sin sacerdotes. Afirmar
esto parece contradecir totalmente hoy al cristianismo, sobre todo
católico―romano, por la importancia que se le atribuye al Papa, a
los obispos y sacerdotes consagrados (20). Pero es fundamental
afirmarlo al profundizar en las raíces del cristianismo. En las
primitivas comunidades cristianas no se encuentran ni aparecen los
sacerdotes, tal como hoy se entienden. En la misma obra de Xavier
Leon Dufour (citada anteriormente), a pesar de su mentalidad
18
Esta expresión la puso de manifiesto Henri de Lubac en sus famosas obras:
Corpus mysticum. L'Eucharistie et l'Eglise au Moyen Age, étude historique. Paris:
Aubier―Montaigne, 1944 y Meditación sobre la Iglesia. Madrid: Encuentro, 2008.
De Lubac ponía también de manifiesto que su celebración no era patrimonio exclusivo
del sacerdote, sino de toda la Iglesia.
19
Ob.cit., p.194.
20
Sobre la cuestión del ministerio u orden sacerdotal, remitimos a Ratzinger,
Joseph. Iglesia, ecumenismo y política.: Nuevos ensayos de eclesiología. 2ª ed. Madrid:
BAC, 2005, cap. 1, en donde expone que “la Iglesia se constituye por la unión a sus
pastores: obispos y orden sacerdotal”. En cambio, Dianich, S. “Ministerio pastoral”, en
Fiores, Stepaho de, Goffi, Tullo, Guerra, Augusto. Nuevo diccionario de
Espiritualidad. 4ª ed. Madrid: Paulinas, 1991, pp.1236―1253, expone ampliamente el
debate teológico sobre el sacerdocio católico. Véase más abajo el párrafo la Iglesia es
laica.
182
Estado laico, Iglesia laica
clásica, en el artículo dedicado al Sacerdocio se admite claramente:
“Jesús mismo no se atribuye ni una sola vez el título de
sacerdote…Tampoco el Apóstol (Pablo) da a Jesús el título de
sacerdote…Y como Jesús no se atribuye explícitamente a si
mismo el sacerdocio, tampoco se lo atribuye a su pueblo” (21).
Incluso la carta a los Hebreos, que no es de Pablo sino de algún
discípulo suyo, la más sacerdotal, dice (8,4): “Pues si estuviera en
la tierra (Jesús), ni siquiera sería sacerdote”. Sin embargo, hay que
admitir que estas comunidades de fieles creyentes, que formaban
las Iglesias, estaban dirigidas y presididas por personas.
Efectivamente, en la Iglesia de Jerusalén se nombra a los Doce
(Hch.1, 26), entre ellos particularmente a “Santiago (el hermano
del Señor), Cefas (Pedro) y Juan”, “los notables, que eran
reputados como columnas” (Gal 2, 6 y 9), a “los apóstoles y
presbíteros” (Hch 2,42―43; 4,33; 11,30; 15,2 y 4) (22). En la
Iglesia de Antioquia existen “profetas y maestros” (Hch 11,27;
13,1) y en las diversas ciudades evangelizadas por Pablo y Bernabé,
éstos designan “presbíteros en cada Iglesia” (Hch. 14,23) y, más
tarde, aparecen los “epíscopos” (Timoteo 1,5), es decir, vigilantes
o inspectores (23). Sin embargo, su función no es la de los
sacerdotes del Templo de Jerusalén, sino “la enseñanza” (Hch 2,
42), “la oración y el ministerio de la Palabra” (Hch 6,4), el
desempeñar alguna función concreta, , por ej., la del servicio a la
Comunidad que realizaban los “diáconos” de la Iglesia de los
helenistas (Hch 6,5), o como “Barsabás y Silas, que eran
dirigentes entre los hermanos (de Jerusalén)” (Hch 15,22) o los
21
Ob.cit. (en nota 13), p.726―727.
En I Tesal. cc.1―3, Pablo, Silvano y Timoteo se llaman “apóstoles,
anunciadores del evangelio” (1,5; 2,2) y a Timoteo le llama Pablo “ministro de Dios en
el evangelio de Jesucristo” (3,2) y esta “predicación” Pablo la ha recibido por “gracia
del Altísimo”, no tiene origen natural “por la carne ni la sangre”, ni tampoco la ha
recibido por encargo de “los apóstoles anteriores a él” o los Doce, ya que no subió a
Jerusalén, hasta pasado tres años de su conversión (Gal 1,15―17).
23
Didaché, XV, en Ruiz Bueno, Daniel (ed.). Padres Apostólicos y apologistas
griegos (s.II). Madrid: BAC, 2002, p.92.
22
183
Estado laico, Iglesia laica
“diáconos” de la Iglesia de los helenistas (Hch 6,5) o poseer otros
carismas de que se habla en I Cor 14, 6, 26.
Todo esto es cierto, pero no se ha de olvidar que sobre ellos
está siempre la Asamblea de los hermanos, la comunidad de los
creyentes, es decir la Iglesia como tal. Así, Matías es “agregado al
numero de los doce apóstoles” (Hch 1,26) por “los hermanos
reunidos en la estancia superior, con las mujeres, Maria la madre
de Jesús y sus hermanos. Unos ciento veinte” (Hch 1,14―15).
Esta Comunidad entera es la que recibe el Espíritu Santo (Hch
2,4) y no solo los doce. Los Doce no son los que deciden en la
queja de los helenistas respecto al cuidado de sus viudas, sino que
“convocan a la asamblea de los discípulos” (Hch 6,1―2) y esta
elige a “los diáconos” que son presentados a los “apóstoles” (Hch
6,6). Cuando Bernabé y Pablo (24) suben a Jerusalén, donde se
celebraría el Concilio, son recibidos “por la Iglesia, los apóstoles y
presbíteros” (Hch 15,4). Es la Asamblea del Concilio, no Pedro
ni Santiago, sino “el Espíritu Santo y nosotros” (Hch 15,28), la
que sanciona y decide la controversia sobre la circuncisión. Y estos
mismos: “los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la
Iglesia” (Hch 15,22―23) son los que envían a Pablo, Bernabé,
Barsabás y Silas, con “la carta” que contiene este acuerdo, a la
Iglesia de Antioquia, Siria y Cilicia. Está claro, dice José E. Ruiz
de Galarreta (25) “que el Espíritu Santo está en la asamblea, no en
la cabeza aislada…, las decisiones importantes se toman en la
asamblea, que aparece siempre como órgano supremo a la hora de
decidir, aún cuando estén presentes los apóstoles y el mismo
Pedro”. Concluimos, por tanto, que la Iglesia o las Iglesias
primitivas son asamblearias y en ellas no hay sacerdotes dirigentes,
en el sentido que hoy lo entendemos, sino que, aunque en ellas
ciertamente existían diversos dirigentes, nada tienen que ver con la
función sacerdotal que tenían en el A.T. y hoy se les atribuye. ¿Por
qué, entonces, el carácter jerárquico y monárquico de la Iglesia
Diecisiete años después de su conversión: 3 años después de la misma, sube por
primera vez (Gal 1,18), más 14 años después que sube nuevamente a Jerusalén (Gal 2,1)
25
Ob.cit., p.195
24
184
Estado laico, Iglesia laica
actual, basado en el Papa, los obispos y los sacerdotes (26),
habiendo quedado mudos el resto de los fieles creyentes? Lo
sabemos, estos presbíteros y obispos prevalecieron sobre los
“profetas y maestros itinerantes”, transformando “los carismas y
misión” de los miembros de la Iglesia en “poder”, sobre todo a
partir del siglo IV, como hemos visto en la primera parte. Es pues
una forma histórica que tomó la Iglesia, no pertenece a su núcleo
interno. Entonces ¿podrá cambiarse esta forma histórica,
transitoria y circunstancial de entender la Iglesia? Ciertamente,
como así ocurrió en el Concilio Vaticano II (1962―1965).
4.― Clérigos y laicos en la Iglesia
Según Hans Küng (27), el término laico (laikós) significa en
sentido griego la masa no instruida, mientras que en sentido judío,
es el que no es sacerdote ni levita (Núm 3,9―10). El término
laico no aparece en el NT, pues a la comunidad de los creyentes, a
los pertenecientes a las Iglesias, que son el nuevo pueblo de Dios:
“Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (2 Cor 6,16), no se les
denomina laicos, sino con otros muchos nombres: hermanos,
discípulos, servidores, santos, creyentes etc. (28). Clemente
Romano, en su 1ª Carta a los Corintios (29), es el primer autor
cristiano que utiliza la palabra “laico”, en el sentido judío,
designando al simple fiel en contraposición a los sacerdotes y
levitas. Este sentido se acentúa en Orígenes, quien utiliza el
término klerós (lote, porción, herencia) para designar a los jerarcas
Y “célibes” ¿De dónde sale el celibato sacerdotal obligatorio, cuando la
mayoría de los Doce eran casados o “acompañados por una mujer cristiana” (I Cor
9,5), lo mismo que los “diáconos” y se afirma en I Tim 3, 2―5 “que el epíscopo sea
casado de una sola vez”?
27
Ob. cit. (nota 12), p.224.
28
Véase un elenco de estos nombres, según las veces citadas en el NT, en
Bojorge, Horacio. Aspectos bíblicos de la teología del laicado, c.1, [En línea:
http://www.horaciobojorge.org/laicosuno.html . Consulta 27/12/2011]
29
Nº 40, 5. Año 95, en Ruiz Bueno, Daniel. Ob.cit., 199
26
185
Estado laico, Iglesia laica
en contraposición al pueblo (laikós). Posteriormente, en el siglo
III, al clericalizarse los ministerios de las comunidades primitivas,
“de la división bíblica entre “pueblo” (laós) y “no pueblo” (ou
laós) (2 Ped 2,10) se pasó cada vez más a la distinción entre
“pueblo” (laicos) y “sacerdotes” (clérigos)” (30).
A partir del siglo IV y, sobre todo, en la Edad Media la
Iglesia se identifica con la jerarquía compuesta por clérigos:
Papa―obispos―sacerdotes. La Iglesia es sacerdotal y monacal.
Los laicos, los no clérigos, eran como “los borregos de la
Candelaria” (31). Y el poder clerical, dentro de la Cristiandad
medieval, se transforma además en poder temporal, según vimos
en la primera parte (32).
La Reforma del Concilio de Trento será una ocasión perdida, al
consolidar aún más el poder clerical dentro de la Iglesia
católico―romana, en oposición a algunas justas reivindicaciones de
Lutero, particularmente el reconocimiento de la existencia de sólo
dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía, siendo el resto usos
piadosos de la Iglesia. Admitir esto, haría desaparecer uno de los
pilares del catolicismo romano: el origen divino y carácter sagrado de
los sacerdotes, afirmando que todos los fieles son iguales dentro de la
Iglesia, que toda la Iglesia sería laica no clerical. Y, sin embargo, hoy
es admitido por casi todos los teólogos católicos que sólo tres
sacramentos fueron instituidos por Jesucristo: el bautismo, la
Küng, Hans. Ob.cit., p.224.
“Los simples fieles no tienen más papel que el de borregos de la Candelaria: ¡les
echan la bendición y los esquilan!”, decía E.Le Roy, citado por Laurentin, René.
Balance general del Concilio. Madrid: Taurus, 1967, p 279.
32
Es ilustrativo este texto del franciscano brasileño Kloppenburg, B., del año
1970:. O cristâo secularizado. Petrópolis 1970, p.167: “Fijándose en el pasado de la
Iglesia, no cuesta demasiado verificar que la diakonía se transformó frecuentemente en
dominio y absolutismo; que el munus pastoral adoptó el aspecto autoritario e
impositivo; que el magisterio eclesiástico se convirtió en cuerpo teológico uniforme e
intangible; que la disciplina asumió formas de legalísimo rígido y estático; que la
continuidad de la Iglesia se metamorfoseó en tradición inmóvil y sagrada”. Citado por
Boff, L. Iglesia: Carisma y poder. Ob.cit., (nota 12), p.64.
30
31
186
Estado laico, Iglesia laica
eucaristía y el perdón de los pecados, aunque no en la forma de
confesión auricular (33). Por ello, el Concilio de Trento dedica
especial atención a la reforma del clero: nombramiento y obligaciones
de los obispos, de los cabildos catedralicios, de la formación
sacerdotal creando los seminarios, de la predicación, de la celebración
por solo el sacerdote de la Eucaristía, oponiéndose a una celebración
eucarística comunitaria y a la comunión bajo las dos especies, como
era práctica en las primeras comunidades cristianas (34). Habría que
esperar al Concilio Vaticano II para que, volviendo a las fuentes,
reconocer que la Iglesia es laica, no sacerdotal.
5.― La Iglesia es laica, según el Vaticano II.
El Vaticano II trata de la Iglesia laica en los cuatro primeros
capítulos de la Lumen Gentium (LG) (35). Estos capítulos se han
considerado como los fundamentos esenciales de la Constitución
sobre la Iglesia o como una vuelta a las raíces bíblicas, litúrgicas y
patrísticas de Oriente y de Occidente. En ellos el Concilio “ha
liquidado un vocabulario que tendía a reducir la Iglesia a la jerarquía
y la jerarquía al papado (la cursiva es mía)… y la propensión a
Así lo admite Rahner, Karl, La Iglesia y los Sacramentos. Barcelona: Herder, 1967,
p.45, cuando dice, sobre el: “matrimonio, orden, extremaunción y confirmación, no
poseemos ninguna palabra de Jesús. La autorización dada a los apóstoles para celebrar la
eucaristía no es la institución de un rito sacramental que trasmita poderes oficiales…Del
mandato de la anámnesis –o conmemoración de la cena― no se sigue, pues, la
sacramentalidad del orden. Así, hay cuatro sacramentos sobre los que no poseemos palabra
alguna de institución por Jesucristo”. Citado por Arana, Mª José. “Sacerdocio”, en Navarro,
Mercedes (dra). 2ª ed. 10 mujeres escriben teología. Estella (Navarra): Verbo divino, 1993,
p.325―326.
34
Véase Küng, Hans. Ob.cit., pp.490―491.
35
A estos textos hay que añadir todos aquellos que hablan de la teología y
espiritualidad de los laicos, como: los nn. 39―42, los nn. 38―43, 47―76 de la
Gaudium et Spes (los gozos y las esperanzas de los hombres) y el Decreto Apostolican
actuositatem (AA) (intensificar el dinamismo apostólico) sobre el apostolado de los
seglares.
33
187
Estado laico, Iglesia laica
valorar unilateralmente el papado en detrimento del episcopado y la
jerarquía, los religiosos, en detrimento del pueblo cristiano” (36). El
Vaticano II define a la Iglesia como nuevo pueblo (laos) de Dios
(LG 9), como comunidad de los creyentes en Cristo que son ahora el
pueblo de Dios. Y al definirla como pueblo (laós), la define por su
interioridad esencial, no por su estructura jurídica y externa. Este es el
giro copernicano del Concilio: entender a la Iglesia en la relación de
Cristo― creyentes en Él, no en la relación jerarquía―laico. De aquí
se deriva la plena igualdad de todas/os dentro de la Iglesia. No existe
vida cristiana diferente para los sacerdotes o los religiosos, por una
parte, y los simples fieles por otra, pues “todos los fieles cristianos, de
cualquier condición y estado…son llamados por el Señor, cada uno
por su camino, a la perfección” (LG11, 39―42). Todas/os
participan de las funciones o poderes de Cristo (LG 10―12) y de su
misión de anunciar la buena nueva (LG 17; AA 6). Es decir, toda la
Iglesia es la que recibe el Espíritu de Jesús y toda la Iglesia participa
de sus dones y misión. En este sentido decimos que toda la Iglesia es
laica, porque se da identificación entre cristiano y laico o
perteneciente al nuevo pueblo (laos) de Dios (37). Por ello se borran
y desaparecen las antiguas divisiones de Iglesia docente―discente,
sacerdocio común y ministerial, misión evangelizadora―misión de
construcción del mundo, en que la teología tridentina y la teología
anterior al Concilio adjudicaba separadamente a la jerarquía y a los
laicos (38).
Ahora bien, si toda la Iglesia es laica, si todos somos iguales
¿desaparece el dirigente, responsable o la jerarquía? ¿Desaparece lo
concreto, particular y específico de cada uno, del laico en particular?
No, entendemos Iglesia laica como perteneciente al pueblo de Dios.
La laicidad de la Iglesia sería la característica básica, general y
Laurentin, René. Ob.cit., p.20.
Así lo afirma también Berzosa Martínez, Raúl. Ser laico en la Iglesia y en el
mundo: claves teológico―espirituales a la luz del Vaticano II y Christifiles laici. Bilbao:
Desclée de Brouwer, 2000, pp. 64―65.
38
Véase Boff, Leonardo. Ob.cit. (nota 12), c.10. En todo esto seguimos sus
sabias orientaciones.
36
37
188
Estado laico, Iglesia laica
fundamental de la Iglesia, pero dentro de ella existen numerosos y
variados carismas diferentes y particulares: los responsables o la
jerarquía, las/os seguidoras/es de los consejos y los laicos específicos,
de los que el Concilio habla en los cc. 3º y 4º. Según Leonardo Boff
(39) “el carisma constituye la estructura estructurante de la
comunidad”. No existe ningún miembro de la Iglesia que no sea
carismático. El carisma sería la función concreta que cada uno tiene
dentro de la Iglesia en bien de todos. “Es una manifestación de la
presencia del Espíritu en los miembros de la comunidad, que hace
que todo lo que dichos miembros son y realizan sea realizado y
ordenando en beneficio de todos. El carisma “significa simplemente
la función concreta que cada cual desempeña dentro de la comunidad
en bien de todos” (40).
Uno de los carismas, entre tantos, será el de dar unidad o
cohesión interna al resto de los carismas, el laico―responsable de
la armonía entre los diversos y múltiples carismas, a los que
históricamente se le ha llamado “jerarquía”: obispos (entre ellos el
Papa)―presbíteros―diáconos. En el Nuevo Testamento, dice
Boff (41) no existen ministerios, sino ministros. Los dirigentes (la
jerarquía) son los laicos―ministros con el carisma de dirección,
presidencia, asistencia y gobierno, pero este carisma nada tiene que
ver con el sacramento o con el culto (42). “Al Obispo le compete
vigilar y controlar para que todo funcione satisfactoriamente. El
diacono es un servidor o asistente…Los presbíteros eran el grupo
de los más venerables y ancianos de la comunidad, que asumían la
función de asistencia y organización”. No existe, pues, el orden
sacerdotal o sacerdocio como hoy se entiende, sino laicos que son
ministros con carismas de dirección. Los obispos ― presbíteros
―diáconos son aquellos laicos que tienen el carisma de la
dirección, pero, repetimos con Boff, este carisma no proviene de
su ordenación sacerdotal y no está orientado al culto. Proviene del
Ob.cit., p.230.
Ibid., p.232.
41
Ibid., pp.260―262
39
40
42
Véase nota 33 anterior.
189
Estado laico, Iglesia laica
don genérico del Espíritu que se tiene por ser miembro de la
Iglesia y está ordenado al servicio del resto de la Iglesia. Y lo
tienen como otros tienen otros carismas. El carisma de dirección
será reconocido por la elección del resto de la Asamblea cristiana,
como era costumbre, durante largos períodos históricos, en la
elección de los obispos: Ambrosio etc.
Otro de los carismas, junto al de las/os religiosos/as, es el de
los laicos o fieles cristianos, que específicamente llamaríamos
redundantemente laicos (laicos―laicos). El carisma de los
laicos―laicos será “el de instaurar el orden temporal y el actuar
directamente y de forma concreta en dicho orden, dirigidos por la
luz del Evangelio” (AA 7). A ellos les corresponde, en frase de
Raúl Berzosa (43) el realizar de forma concreta la “laicidad o
secularidad de toda la Iglesia”. El carisma específico, por tanto, de
los laicos―laicos sería la secularidad, es decir, el descubrir en todo
lo humano, sobre todo en lo pequeño, en el necesitado, en lo
marginado y en la víctima, el rostro de Cristo (“a mi me lo
hicisteis”) y el rastro del Dios humillado. Podríamos, por tanto,
llamar seculares o seglares a estos laicos―laicos, como se les ha
llamado ordinariamente, pero recogiendo todo su significado de
descubrimiento, de revelación del rostro y rastro de Cristo en las
realidades humanas de cada tiempo (44).
Como conclusión, diríamos, que nuestra Iglesia católica debe
hoy volver a las raíces de las primitivas comunidades cristianas,
para poder desprenderse, no solo de la influencias de los misterios
paganos y del sentido religioso judío, sino para descubrir también
43
Ob.cit (nota 34), p.65.
Creo recordar que Lilí Alvarez
(http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=2&id=54 ), nuestra
primera campeona de tenis, en su libro Tierra extraña, denominaba, en 1956, al seglar
en la Iglesia como al “can perdiguero”, el que busca las presas para que el “sacerdote o
teólogo” las mate posteriormente o las defina teológicamente. Lógicamente hoy me
quedo con la imagen primera de “can perdiguero, olfateador y buscador” del “rostro y
rastro de Cristo” en lo humano, especialmente en las víctimas, pero olvidando la
función del sacerdote de definirlas teológicamente.
44
190
Estado laico, Iglesia laica
el sentido asambleario y carismático de las primitivas
comunidades. Esa vuelta a las raíces supone promocionar hoy lo
laical y lo común a todos dentro de la única Iglesia. Debemos
potenciar la Iglesia – comunidad de iguales, la Iglesia horizontal, la
Iglesia carismática en donde se reconozcan los dones y carismas de
cada uno, en donde todas y todos tengan voz y voto decisivo.
Deberá disminuir y desaparecer en ella, el peso pesado de la Iglesia
– jerárquica, sustentada en lo sagrado, en lo sacerdotal y clerical. Y
aligerar también las capas espesas de sus manifestaciones
históricas: el poder monárquico y absoluto del Papa y su estado
Vaticano, con todo lo que lleva consigo: curia romana, nuncios,
concordatos con los Estados, según exponemos en otros capítulos.
Deberá aligerarse también la división de la Iglesia en diócesis y
parroquias con sus obispos y sacerdotes, basados en el orden
sacerdotal y dedicado a la administración de los sacramentos.
También los templos con sus riquezas ocultas: custodias, cálices,
alhajas de las imágenes. Y el poder de la Iglesia en la sociedad
española manifestado en el trato especial que le otorgan los
Acuerdos firmados por el Estado español y el Vaticano el 3 de
Enero de 1979, en los Colegios católicos concertados, en la
enseñanza de la religión en la enseñanza pública, en las
subvenciones (0.7 del IRPF) y exenciones (IBI) del Estado
español en su favor etc., etc. Aligerada de esta enorme pesadez de
pacotilla, la nueva Iglesia levadura, grano de mostaza, comunidad
de comunidades pequeñas, Iglesia laica de base y popular,
caminará más ligera de equipaje y será mejor reconocida por el
mundo. Y en su caminata tratará de realizar su tarea histórica, la
de “representar el estado inmanente de la perfección como algo
absoluto (como la Revolución o el reino del Mesías) y hacerlo
visible y actuante en el presente”, en frase de Walter Benjamín
(45)
―――oOo―――
La vida de los estudiantes, citado en “Rememorar el pasado: una selección de
textos de W.Banjamin (Berlin 1892―Portbou 1940)”, en Iglesia Viva, nº 247,
julio―septiembre 2011, p.113.
45
191
Estado laico, Iglesia laica
192
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 4:
Igualdad de derechos
José María García-Mauriño
Mayo 2011
1. El problema:
En el artículo 1 de la Constitución española, entre los valores
superiores que deben regir la convivencia ciudadana, se establece
como uno de los más fundamentales el de la igualdad. Y el texto
constitucional afirma que esta igualdad tiene que realizarse en una
sociedad caracterizada por el pluralismo. Esto supuesto, una
pregunta fundamental, que los ciudadanos españoles nos hacemos,
es ésta: ¿En qué condiciones es posible llevar a la práctica el
derecho a la “igualdad” en una sociedad “caracterizada por el
pluralismo”? Esta pregunta equivale a la siguiente: ¿es posible
armonizar la igualdad de derechos de los ciudadanos con el
pluralismo de creencias, concretamente las creencias religiosas?
Como es lógico, esta pregunta se hace teniendo presente que el
pluralismo de creencias y de valores es un hecho sociológico, en
tanto que la igualdad es un derecho fundamental de los
ciudadanos1.
1
Muchas de estas ideas se las debo a José Maria Castillo
193
Estado laico, Iglesia laica
2. La tesis
Planteado el problema en estos términos, la única respuesta
que, en principio, parece razonable es la siguiente: la conditio sine
qua non para que la igualdad sea posible, en una sociedad plural,
es que los poderes constitutivos del Estado de Derecho no
privilegien a ninguna confesión religiosa sobre las demás. Porque
únicamente en una sociedad en la que nadie es privilegiado será
posible la “no discriminación”. Es evidente que, desde el
momento en que una confesión religiosa es privilegiada legalmente
(o se da pie para que lo sea), los adeptos a esa confesión gozan de
unos privilegios que rompen la igualdad de derechos con los
demás ciudadanos. Como es lógico, si se privilegia legalmente o
económicamente a la Iglesia católica, inevitablemente los no
católicos ateos, agnósticos, indiferentes, quedan en inferioridad de
condiciones. Es decir, se establece un principio de desigualdad que
es anticonstitucional. Esta tesis, por tanto, quiere decir que toda
ley o toda decisión económica que tenga como consecuencia
favorecer los intereses legales, económicos, docentes o de cualquier
clase de una determinada institución religiosa, anteponiendo esos
intereses a los de las demás confesiones religiosas, o convicciones
filosóficas, introduce en la convivencia de los ciudadanos un
principio de discriminación que rompe la igualdad de todos.
Pensemos que se obligase, por decreto ley, a las mujeres a vestirse
de una manera determinada; o que se prohibiera el trabajo los
sábados; o que se castigase legalmente a los homosexuales, en estos
y en tantos otros casos, en los que los criterios y normas religiosas
se convirtieran en normas civiles, es evidente que eso supondría un
principio de discriminación que haría extremadamente difícil la
convivencia ciudadana en esta sociedad plural. Esto es lo que está
pasando con los Acuerdos de Santa Sede―Estado español de
enero de 1979: la Iglesia católica sigue gozando de unos
privilegios que discriminan a las demás confesiones.
194
Estado laico, Iglesia laica
3. La dificultad:
A primera vista, este problema parece resuelto. Porque, como
sabemos, la Constitución Española establece con claridad y
firmeza la igualdad de derechos y, por tanto, es evidente que,
desde el punto de vista constitucional, no privilegia a ninguna
confesión religiosa sobre las demás confesiones y convicciones
que, de hecho, cuentan con seguidores en España. Pero esto es
verdad solamente si la situación se analiza a primera vista, es decir,
de manera superficial. Porque, como sabe todo el mundo, la
religión cristiana ha sido en España, durante siglos, no sólo la
religión privilegiada, sino sobre todo la religión única y, en gran
medida, se puede decir que ha sido también la religión oficial.
Esto es cierto hasta el punto de que el cristianismo ha sido uno de
los pilares constitutivos de la cultura occidental. Más aún, esta
religión única y, en buena medida, oficial, sigue teniendo su centro
organizativo y administrativo en Europa. Y desde Europa ha sido
exportada a otros continentes. Con un agravante: la vinculación
entre religión y política ha sido tan fuerte que las verdades
(llamadas “absolutas”) y los poderes (considerados como
“sobrenaturales”) de esta religión se han utilizado para justificar,
con argumentos presuntamente serios, el llamado “derecho
natural”. Con lo que se ha pretendido demostrar que todos los
pueblos y culturas, que no han coincidido o no se adecuan al
pensamiento y a las forma de conducta de los ciudadanos de
Europa, han vivido o viven de una manera anti―natural. O lo que
es lo mismo en estado de perversión, cosa que ha merecido,
durante siglos, y sigue mereciendo el rechazo y el desprecio. De
esta manera, la religión condena “a las tinieblas exteriores” a todos
los que no se ajustan a sus normas morales. Y el resultado es
inevitablemente la desigualdad. Tal es el caso, por ejemplo, de los
homosexuales, según la normativa de la Iglesia católica, o el caso
de las mujeres, que quedan relegadas a creyentes de segunda
categoría.
Pero hay más. Porque las verdades de la religión cristiana y
sus normas han sido utilizadas por españoles y europeos para
legitimar la colonización, la dominación y el imperialismo de las
195
Estado laico, Iglesia laica
potencias españolas y muchas europeas (de tiempos pasados) y de
la cultura occidental sobre el resto del mundo. Como es lógico,
una historia que ha estado marcada de manera tan profunda y con
consecuencias tan graves no se puede borrar por la fuerza de unas
normas constitucionales, por mucho consenso parlamentario que
obtengan en este momento. Porque, al hablar de todo este asunto,
estamos ante una cultura de siglos, asumida e integrada en la
sangre misma de las ideas más queridas por millones de
ciudadanos de toda Europa. En este sentido, parece lógico afirmar
que el Parlamento español debe vigilar cuidadosamente para que
las verdades y las normas religiosas, que vienen dictando la iglesia
católica desde hace siglos, y las que rigen ahora desde 1979, no
tengan ningún tratamiento de preferencia en nuestro país. Los
españoles y europeos no deberíamos olvidar nunca que tenemos
asimiladas las enseñanzas y las normas de nuestra vieja tradición
cristiana como algo enteramente lógico y natural, cosa que no es
así para los millones de personas que conviven en España y en
toda Europa y que proceden de tradiciones culturales y religiosas
que poco o nada tienen que ver con el cristianismo.
No olvidemos que, cuando se trata del catolicismo, la
pertenencia a una Iglesia multinacional obliga a los católicos a
profesar fe y obediencia a una instancia que se escapa al control de
los Estados. Porque, aparte de su carácter multinacional, cuando
hablamos de la Iglesia católica, estamos hablando, no sólo de una
religión, sino además de un Estado. Un Estado que tiene sus
embajadores (los Nuncios), sus relaciones diplomáticas
internacionales, y que tiene la ventaja de que puede jugar, en el
gran juego de la política, con dos barajas: la baraja que usa las
cartas marcadas por la ley (concordatos, acuerdos, pactos
internacionales...) Y la baraja que usa las cartas marcadas por la
conciencia, es decir, se sirve (como lo hacen otras religiones) de la
presión de los sentimientos de culpa sobre las conciencias de
muchos ciudadanos. Lo cual es “jugar con ventaja”. Porque,
cuando los obispos ven que les conviene, utilizan los
procedimientos propios de la diplomacia y los derechos que se
derivan de los acuerdos de Estado. Y cuando consideran que es
196
Estado laico, Iglesia laica
más eficaz actuar como pastores de almas, presionando a las
conciencias y sacando a relucir los argumentos y el lenguaje que se
deriva del Evangelio.
4. Pecados y delitos
Conviene resaltar la diferencia entre pecados y delitos. Es una
técnica muy antigua que entraña un peligro serio. El peligro que
consiste en la pretensión de convertir las convicciones religiosas de
un grupo católico en leyes civiles obligatorias para todos. Lo que
es lo mismo que utilizar las prohibiciones divinas, cuyas
violaciones se definen como pecados, para convertirlas en leyes
humanas, que cuando no se cumplen se consideran delitos.
Cuando se hace o se pretende esto, en realidad, lo que sucede es
que se produce un asombroso retroceso de más de quince siglos.
Porque volvemos a lo tiempos del papa Gelasio, que, el año 495,
escribía al emperador Anastasio: “Existen dos realidades mediante
las que principalmente se rige este mundo: la autoridad sagrada de
los pontífices y la potestad real”. Lo mismo que, con otras
palabras, se afirma con palabras de Justiniano: “Los dones
supremos de Dios, dados a los hombres por la suprema clemencia
son el Sacerdocio y el Imperio”. Y ambos proceden de un solo e
idéntico principio: Dios Resulta así evidente que la religión
cristiana, como las grandes tradiciones religiosas de la humanidad,
nacieron y se organizaron en culturas y sociedades que ya no
existen. El problema está en que no pocos hombres de Iglesia
producen la impresión, a veces, de que viven más en aquellas
culturas antiguas que en la cultura actual.
5. El peligro de los fundamentalismos religiosos
Esta pretensión, este deslizamiento, que quiere hacer de las
convicciones religiosas de un grupo las leyes que obligan a todos,
es una de las características más fuertes (y más peligrosas) de los
movimientos fundamentalistas de las últimas décadas. La
197
Estado laico, Iglesia laica
pretensión de convertir los “pecados” (que prohíbe la Religión) en
“delitos” (que sanciona el Estado). Cuestiones como el aborto y la
eutanasia, la investigación con embriones humanos, las leyes
relativas al matrimonio y la familia, las uniones homosexuales, la
adopción de niños por parejas del mismo sexo, todo eso, que es
interpretado con criterios sumamente restrictivos por parte de la
moral católica, pretende ser convertido, por las presiones de la
Conferencia Episcopal Española, en leyes civiles que obliguen a
todos los ciudadanos, sean de la confesión que sean o incluso si no
tienen confesión religiosa alguna.
Si hablamos de fundamentalismo, es un hecho que, en
determinados sectores del catolicismo, se tiene la impresión de que
la Iglesia se siente acorralada e incluso perseguida. Se dice, en estos
días, que la Iglesia católica atraviesa una fase que podría definirse a
la vez como victimista (reflejada en las frecuentes referencias a una
supuesta persecución laicista contra su fe) En este sentido se han
expresado recientemente, en los medios de comunicación, los
cardenales Julián Herránz, miembro del Opus Dei, presidente del
Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos
Legislativos, el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del
Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, y el cardenal Joseph
Ratzinger, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe
(cf. Enric González, España, frontera del laicismo: El País.
Domingo. 28. XI. 04).
6. La Iglesia, ¿”perseguida” o “privilegiada”?
La pura verdad es que, si la cosa se analiza despacio, es
patente que en España nadie persigue a la Iglesia. Ni los textos
legales vigentes ni la praxis de lo que hacen las autoridades civiles
o la gente en general tampoco nos indica que en ninguna parte del
país se persiga a la Iglesia o a los católicos. Entonces, ¿qué es lo
que está sucediendo? ¿Por qué las frecuentes quejas de clérigos y
grupos de católicos integristas en el sentido de que son víctimas de
un plan persecutorio premeditado por las autoridades laicistas?
198
Estado laico, Iglesia laica
El cambio de valores y la decadencia de las normas sexuales y
religiosas tradicionales se suelen producir al mismo tiempo,
porque ambos fenómenos comparten una causa común: el nivel de
seguridad existencial sin precedentes históricos alcanzado en las
sociedades industriales avanzadas y en el llamado estado del
bienestar. Aquí es importante recordar que una de las funciones
clave de la religión ha sido proporcionar un sentimiento de
seguridad en un entorno inseguro. No sólo la inseguridad
económica produce esta necesidad, el peligro psicológico también
genera la necesidad de creer en un poder superior.
Pues bien, estando así las cosas, se comprende que en la
Iglesia haya personas y grupos que experimentan la penosa
sensación de ser víctimas De ahí, la inevitable revitalización de
grupos fundamentalistas. Pero entonces es cuando se plantea el
verdadero problema para el legislador. Porque quien tiene que
legislar y gobernar en una sociedad así, tiene que ser legislador y
gobernador de todos. Y de todos por igual. Y eso lleva consigo la
penosa tarea de privar de sus privilegios a quienes han gozado de
ellos quizá durante siglos. Lo cual no es perseguir a nadie, sino
igualar a todos. Una cosa es quitar privilegios. Y otra cosa es
perseguir. En España nadie persigue a las religiones. Lo que se
pretende es igualar a todos los ciudadanos y ciudadanas y evitar así
las discriminaciones que desestabilizan la convivencia. Pero, como
es lógico, los que se ven despojados de sus privilegios ancestrales,
seguramente se sienten, por eso mismo, amenazados y quizá
perseguidos. Esto es lo que está ocurriendo en este momento en
nuestro país.
Por eso, se vuelve a replantear la pregunta del comienzo: ¿se dan
hoy en España las condiciones básicas elementales para que, en
esta sociedad cada día más plural, se pueda hacer realidad la
igualdad, no sólo legal (que ésa ya existe), sino además la igualdad
efectiva de todos los ciudadanos y ciudadanas que convivimos en
España?
―――oOo―――
199
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 5:
Mesa compartida, sí, ni sacrificio,
ni sacerdocio
José María García―Mauriño
Enero de 2010
Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución
tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses
imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas
que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de
castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al
pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades
son un “castigo” divino personal. Las tormentas, la sequía, son un
castigo colectivo Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada”
enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no
obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para
aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado
de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto
a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a
los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la
inmolación del cordero pascual. Se le da carácter divino, como
personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el
sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza
mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en
reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios
que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones,
animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.
201
Estado laico, Iglesia laica
Esta mentalidad ancestral es la que se ha trasladado al
cristianismo. El sacerdocio hace de mediación entre Dios y la
comunidad cristiana. El sacerdocio de Cristo es el único mediador
entre el Padre y los fieles. Esto es lo que dice la teología
tradicional. Los fieles han pecado, han desobedecido órdenes,
mandatos, (los 10 mandamientos), y necesitan una reparación para
no cargar con la ira de Dios (“ab ira tua, libera nos, Domine”, De
tu ira líbranos ¡Señor! ¿Recuerdan?) La muerte de Cristo, dicen
algunos teólogos, es una reparación sacrificial por nuestros
pecados. “Dios no perdona ni a su propio Hijo y lo entrega por
todos nosotros”. La idea de que Dios necesita del sacrificio, y
muerte para perdonar los pecados, es sencillamente repugnante.
¿Qué clase de Dios es éste? ¿Acaso la muerte de Cristo fue un
sacrificio sacerdotal?
Las primeras comunidades judeocristianas asocian la
celebración eucarística con los sacrificios del AT que están muy
presentes en su cultura religiosa. Eran práctica habitual en el
templo de Jerusalén. No podía ser de otro modo. Seguían lo ritos
propios de las religiones antiguas. Durante mucho tiempo se decía,
y todavía se sigue repitiendo, que Jesús es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo.
Todo esto se ha ido fraguando en el cristianismo, y surge la
imagen de la Eucaristía como sacrificio. Se repite el tema de las
religiones: la liberación del pecado por medio del rito de la
muerte. Se ha dicho con machacona insistencia por teólogos,
pastores y el pueblo cristiano que el culto al que hay que asistir los
domingos y fiestas de guardar, le llamen el “santo sacrifico de la
Misa”. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la
palabra sacrificio en los textos de la Misa.
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea
agradable a Dios, Padre Todopoderoso. El Señor reciba de tus
manos este sacrificio...
202
Estado laico, Iglesia laica
En la Plegaria Eucarística II, se dice textualmente:
Así, pues, Padre;
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.
De nuevo, el sacrificio. Pero continúa la Plegaria
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación
quisiste devolvernos tu amistad,...
Estas frases suenan a blasfemia: Dios nos devuelve su amistad
gracias a la inmolación de una víctima que es su Hijo... El Hijo es
sustituido por el Cordero. Y el cordero hay que inmolarlo en el
altar de los sacrificios para aplacar al Dios que está enojado con su
pueblo por sus pecados ¿Tan cruel es Dios? ¿Necesita la sangre y
la sangre de su Hijo, para recuperar la amistad con los seres
humanos? El Dios de Jesús no necesita sangre para perdonar los
pecados. Jesús fue asesinado, no “sacrificado”. Se ha sustituido el
altar por la mesa. El sacrificio, por el disfrute de la mesa
compartida, es decir, por la comensalía, en la que se comparte la
comida para todos, que nadie pase hambre en el mundo, se
comparte la vida, para todos los seres humanos, porque todos son
hijos de Dios.
El rito, el culto religioso, que se realiza es para establecer o
restablecer, la comunicación con Dios. Cristo estableció una
comunicación perfecta, directa y definitiva entre el hombre y Dios.
No necesita de mediaciones. Jesús, al morir como murió, no
ofreció a Dios, ni un rito religioso, ni una ceremonia sagrada, ni
un culto reparador, sino que se ofreció a sí mismo. No ofreció
sangre de animales, ni pan ni vino, sino que ofreció su vida, su
propia sangre. Su ofrenda consistió en ofrecer su propia
humanidad. Jesús rompió con las normas y prácticas religiosas,
203
Estado laico, Iglesia laica
porque para él lo importante no son los ritos sagrados que le
relacionan con Dios, sino la relación humana solidaria entre todos
los seres humanos en la realidad de la vida. Lo importante en
cualquier religión, no es Dios, sino la gente, las personas. Dios no
necesita nuestra adoración, ni nuestra alabanza ni nuestro servicio,
ni nuestros ritos. Para muchos jerarcas, sacerdotes y teólogos, el
culto es el centro de la religión. Es lo que pasa en muchas
religiones que el culto lo es todo. En la iglesia católica actual el
culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia.
La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste
en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con
Dios, distinta del culto, de lo sagrado, distinta de los ritos y
ceremonias religiosas. Es decir, el camino sencillo de la relación
con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética, no
religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el
sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a
través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al
combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes
tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra
parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder
político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por
el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley.
Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus) En
adelante ya no hay sacerdocio que valga. La comunicación con
Dios es una relación filial, de Padre a Hijos, no de mediación
sacerdotal. Ni el sacerdocio personal, ni el llamado sacerdocio de
los fieles.
Sacerdocio, propiamente tal, no existe ninguno en la Iglesia.
En todo el N.T. sólo se habla de sacerdocio cristiano aplicándolo
a Cristo, pero en el sentido de una transformación revolucionaria
en el concepto mismo de sacerdocio. Porque el sacerdocio de
Cristo no es un sacerdocio ritual, sino existencial. Es decir, se trata
del sacerdocio que se realiza y se vive en la existencia entera. No
limitado a los ritos y ceremonias del Templo y del culto sagrado.
204
Estado laico, Iglesia laica
En la Iglesia se empezó a hablar de sacerdocio en el s. III,
aplicado a los dirigentes (presbíteros) de las comunidades. Hay
una alusión en la 1 Carta de Pedro donde se habla de un "pueblo
sacerdotal", pero eso no pasa de ser una pura denominación. Y
además una usurpación que hizo la Iglesia de algo que
correspondía, más bien, al judaísmo.
El sacerdocio de los fieles, del pueblo de Dios, es una de
tantas interpretaciones, bonita, pero innecesaria. ¿Qué
intermediación o qué sacrificio ofrecen? La comunidad como tal
no es tampoco mediadora entre Dios―Padre y los creyentes. Son
los creyentes mismos los que se relacionan directamente con Dios.
La religión que Dios quiere, la comunicación con Dios que nos ha
dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario
de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva,
servicial y solidaria.
―――oOo―――
205
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 6:
Retos de la laicidad a los cristianos de base
DESDE UNA LAICIDAD PROCLAMADA
HACIA UNA LAICIDAD REALIZADA
José María García―Mauriño
Mayo 2010
1. El Problema
La comisión de Laicidad de la Iglesia de Base de Madrid ha
podido percibir en los sucesivos encuentros que hemos tenido, que
este tema de la Laicidad está poco asimilado. Una cosa es el
planteamiento teórico de lo que significa una sociedad laica, y otra
la convicción profunda de su realización en dicha sociedad. La
sociedad ha dado un paso positivo al proclamar un Estado
aconfesional y por tanto laico. Pero, esto es sólo el fundamento
jurídico propio de un Estado de derecho. Queda un largo camino,
un recorrido difícil desde un infantilismo religioso en una
sociedad infantilizada hacia la madurez cristiana en una sociedad
adulta. Se trata de que la ciudadanía vaya teniendo
comportamientos sociales, políticos, religiosos, económicos, que
sean coherentes con dicho fundamento. Nos preguntamos por las
dificultades en la comprensión de todo este tema: Por qué no es
fácil asimilar lo que supone la Laicidad del Estado, la
independencia social y personal de la confesión religiosa, o la
necesidad de una ley de libertad de conciencia. La personalidad
infantil se caracteriza, al menos, por estos ingredientes:
207
Estado laico, Iglesia laica
a) Tranquilidad de conciencia y psicológica, el que obedece
nunca se equivoca.
b) Seguridad: El que se somete a la autoridad está seguro, es
el camino recto para ir al cielo.
c) Comodidad: no hay que esforzarse, todo nos lo dan hecho,
pensado y decidido.
Trataremos de ofrecer alguna respuesta.
2. Dimensión cristiana
Vivimos en gran parte con los planteamientos del
nacionalcatolicismo de años atrás, demasiado dependientes de la
jerarquía católica. Y esto ha producido una ciudadanía
infantilizada, incapaz de pensar y decidir por sí misma, demasiado
dependiente del factor religioso. Por eso, proponemos los retos
propios de una sociedad laica. Estos retos son los que nos
impulsan a analizar las posibles causas de que nuestras
comunidades tengan tantas dificultades en ir superando una
mentalidad un tanto trasnochada.
Ofrecemos un análisis de aquellos temas que hacen casi
imposible la praxis de la Laicidad en el ámbito cristiano. La
mayoría hemos sido educados en una cultura religiosa y estamos
integrados en ella, pero desde la religión es muy difícil, por no
decir imposible, entender a un hombre laico que fue asesinado por
la religión. Porque creemos que sólo desde la Laicidad es posible
entender el mensaje de Jesús de Nazaret y seguirlo.
208
Estado laico, Iglesia laica
3. Los retos de la laicidad a los creyentes:
3.1. La sociedad laica nos invita y nos obliga a superar
definitivamente todas las formas de imperialismo tanto moral
como religioso1
Desde el siglo IV el Imperio romano asume la religión
católica como la religión oficial. Hasta nuestros días, pasando por
el siglo XVI con el concilio de Trento y el concilio Vaticano I,
(siglo XIX) domina el imperialismo religioso, es decir, imponen a
todos los creyentes la única interpretación válida de la moral y de
la doctrina cristiana que es la del Magisterio de la Iglesia. Desde
entonces no se tiene otro punto de referencia que la autoridad de
la jerarquía católica. Desde entonces hemos andado con las
muletas prestadas por la religión. Nada de pluralismo, nada de
igualdad, nada de diálogo, nada de libertad; prevalece el sentido de
sumisión y obediencia debida, de abajo arriba.
Paralelamente, sabemos que existen otras formas de ver el
mundo. Así, nos enriquecemos con lo que significa la modernidad,
el ateísmo, la sociedad civil, el pluralismo religioso, moral y
político. Y esto hace que vayamos entrando en la mayoría de edad
del mundo, sin necesidad del apoyo de la religión. Se trata de la
lenta maduración de la historia de la humanidad para ser más libre
y feliz.
3.2. La sociedad laica nos invita a superar nuestro narcisismo
religioso: no hay personas ni pueblos elegidos
1
Muchas de estas ideas se las debo a mi amigo Pope Godoy
209
Estado laico, Iglesia laica
No hay privilegios ni exclusiones. Se trata de hacer realidad la
igualdad de derechos que quedan perfectamente formulados en la
Declaración Universal de Derechos humanos.
Hay dos expresiones griegas que significan algo distinto:
Laos=pueblo, sociológicamente considerado, y Demos, pueblo,
democráticamente considerado. Laicus viene del latín en el siglo
I, pero la Iglesia lo clericaliza en el s. II distinguiendo entre
clérigos y laicos.
Hay varios tipos de sociedad: La sociedad confesional, es la
que admite una confesión religiosa como religión del Estado. Y el
Estado gobierna conforme a los principios morales de la Iglesia. Se
trata de una unión Iglesia―Estado, íntimamente unidos política y
sociológicamente por Concordatos (Italia – Mussolini; Alemania
– Hitler; España – Franco―), leyes, morales, etc. Se trata de una
sociedad confesional. La sociedad laica es la propia de la
Ilustración (siglo XVIII), separación de Iglesia y Estado, en el
sentido de independencia y autonomía de cualquier tutela
religiosa.
La Iglesia ha estado siempre al lado de la Burguesía. Ha
pretendido gobernar los Estados desde la superioridad que le daba
el ser una potencia espiritual. Lo espiritual está por encima de lo
material. La Iglesia por encima del Estado. La Iglesia tiene todos
los derechos, es la depositaria de la única religión verdadera. Tiene
la verdad suprema y la verdad tiene todos los derechos, el error no
tiene ninguno. Pero, todos sabemos que las verdades religiosas ni
son universales, ni son demostrables. Los derechos son de las
personas, no de las verdades abstractas La Iglesia pretende tener el
monopolio de la verdad (“fuera de la Iglesia no hay salvación”).
Los católicos, si no pueden ser los “únicos”, al menos serán los
elegidos.
El sentimiento de pueblo elegido forma parte de un estadio
infantil de la persona y de los colectivos humanos: sentirse único
o, al menos, el preferido. Más de uno recordará aquel himno al
Sagrado Corazón que era uno de los símbolos del
nacional―catolicismo: “Reinaré en España / y con más
210
Estado laico, Iglesia laica
veneración que en todo el resto del mundo”... ¡Pues no!
Apostamos por caminar hacia la adultez que significa conseguir la
convivencia en igualdad a todos los niveles.
Lo que nos iguala son las verdades contenidas en los
Derechos Humanos. Todos somos iguales, todos pertenecemos a
la misma raza humana. Todos tenemos el mismo rango de
personas. y por tanto, se trata de un código de ética universal. La
Iglesia pretende tener el monopolio de la moral y de la ética. Y
por eso, va en contra de la asignatura de “Educación para la
ciudadanía” es una ética que ella no controla.
3.3. Una monarquía absoluta es incompatible con una sociedad
laica
La Constitución del Estado Ciudad del Vaticano, que entró
en vigor el 22 de febrero de 2001, dice en su artículo primero: “El
Sumo Pontífice, Soberano de la Ciudad del Vaticano, posee la
plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”.
Al no existir la separación de poderes, no se puede hablar de
un Estado de derecho. Se trata de la última monarquía absoluta
que queda en Europa. En lugar de personas con derechos, sólo
existen súbditos. En el Código de Derecho Canónico aparece 34
veces la palabra “súbdito” y ni una sola vez la expresión “derechos
humanos”. En cambio, la palabra “superior”, entendida como
autoridad dentro de la estructura jerárquica, aparece, al menos,
203 veces. No existe ninguna justificación bíblica para mantener
un Estado político―religioso, ni la monarquía absoluta de ese
Estado.
3.4 La sociedad laica cuestiona y hasta desautoriza el dogmatismo
religioso
Las formulaciones dogmáticas, por ser formulaciones
humanas, son siempre provisionales e imperfectas. La
211
Estado laico, Iglesia laica
aproximación al misterio de la trascendencia se realiza desde la
perplejidad, el desconcierto, la fascinación y todo ese cúmulo de
sentimientos y experiencias que pueden calificarse en el más
estricto sentido como “ine―fables”. Es decir, imposibles de
formular ni de explicar. Por no hablar de los condicionantes
individuales, culturales y sociales que inevitablemente colorean
nuestras experiencias.
Tenemos muy presente que las religiones se degradan cuando
se hacen dogmáticas. La historia de nuestra tradición cristiana es
un estremecedor rosario de definiciones, de exclusiones y de
condenas que empezaron allá en el primer concilio ecuménico
(Nicea a. 325) hasta el Vaticano I, con la definición de la
infalibilidad papal (a. 1870). Solo se ha salvado de la quema el
esperanzador y más bien frustrado Vaticano II.
En una institución dogmática, lo que tiene valor absoluto es
la autoridad. En cambio, en una sociedad democrática, laica,
adulta, lo que valen son los argumentos, la razón (al menos, en
teoría...) El argumento de autoridad tiene un valor muy reducido.
En una institución dogmática, gana terreno la ideología
religiosa a costa de la experiencia religiosa. En lugar de la
catequesis como iniciación a la experiencia cristiana, hemos
favorecido la “doctrina cristiana”, el adoctrinamiento. El paso
desde el dogmatismo hacia el fanatismo es demasiado corto y se
ha realizado demasiadas veces en la historia.
Una institución dogmática necesita una clase dirigente que se
considera la garante de la doctrina oficial. La depositaria de unas
verdades y unos dogmas, pretendidamente revelados por Dios. En
consecuencia, está legitimada y hasta obligada a ejercer un control
ideológico sobre los miembros de la institución para asegurar a
todos los miembros la “recta doctrina”, la ortodoxia. Se trata de la
Inquisición o de la moderna Comisión para la Doctrina de la Fe.
La contrapartida de todo esto es una sociedad infantilizada.
Las personas quedan incapacitadas para pensar y para hacerse
preguntas, porque ya está todo dicho, pensado y decidido.
212
Estado laico, Iglesia laica
La respuesta cristiana es recuperar a Jesús de Nazaret. Jesús
no era dogmático. Hablaba de experiencias personales y
entrañables, muy sencillas de comprender y de asimilar: que Dios
es Padre de todos los seres humanos. Y que todas nosotras y
todos nosotros somos hermanos. Esa experiencia tan personal y
tan profunda fue el camino más sólido para llegar a aquella
adultez de Jesús que tanto nos llama la atención: ante las personas
concretas, ante las normas religiosas, ante los prejuicios tanto
religiosos como sociales.
Frente a este monumento al dogmatismo que ha perdurado
durante tantos siglos, es preciso proclamar que el Movimiento de
Jesús sólo tiene una orientación básica, fundamental, la del amor,
como patrón de conducta, como moral y como clave del sentido
de la existencia. Este valor ético del amor no es exclusivo del
cristianismo, es un valor universal de todos los seres humanos.
3.5. La “oferta de máximos”: los valores del Reino
Una sensibilidad laica nos hace ver que la formulación de
“reino―reinado de Dios” queda desfasada en nuestra cultura
presente,
porque
mantiene
el
esquema
de
superioridad―inferioridad. Además del carácter de monarquía
absoluta que ya está superado históricamente. Una formulación
laica muy precisa y muy respetuosa con el mensaje de Jesús es el de
“sociedad alternativa”; “otro mundo es posible”. Se puede
sustituir Reino de Dios por sociedad alternativa.
El propio Jesús, un laico, puso toda su vida al servicio del
reinado de Dios. El centro no era Jesús, no era Dios, sino el
reinado de Dios, la sociedad alternativa. También la religión
cristiana y todas las religiones son medios e instrumentos para
hacer realidad el reinado de Dios, aunque el contenido se formule
de muy diversas maneras. No son fines. La Iglesia no es un fin, es
un medio.
213
Estado laico, Iglesia laica
Por eso, para hacer creíble nuestra oferta, necesitamos
desvincular cada vez más a Jesús de Nazaret de una iglesia
concreta o de todas las iglesias. Jesús de Nazaret, como todas las
grandes personas que recorren la historia humana, es patrimonio
de toda la humanidad, no sólo del Cristianismo. Resulta muy
triste comprobar que la actual estructura eclesiástica es un
obstáculo para que se difunda el mensaje de Jesús, en lugar de ser,
como debería serlo, un poderoso altavoz...
Necesitamos subrayar el carácter “laico” de Jesús.
Jesús no fue sacerdote, no pertenece a ningún estamento
sacerdotal, tampoco fue funcionario del templo, ni ostentó cargo
alguno relacionado con la religión. No fue un “maestro de la ley”,
sino que, al contrario, se comportó con escandalosa libertad
respecto a las normas religiosas, y a todas las observancias de la
Ley.
Jesús fue un laico. Uno de tantos entre los demás. Esto quiere
decir que no admitió distinción alguna, ni privilegios de ninguna
clase, ni posiciones que lo pusieran aparte. Su insobornable
apuesta por una sociedad igualitaria le lleva a un conflicto extremo
con los poderes religiosos y políticos. Su experiencia de Dios
rompe todos los esquemas tradicionales del Dios Todopoderoso
para presentarnos al Dios débil, tierno, cercano a cada ser humano
y que tiene como principal característica la compasión.
Sabemos que este rasgo del Dios de Jesús no puede
encuadrarse en el contexto de los derechos humanos. Pero es muy
importante superar una imagen deformada de Dios que
condiciona todavía a muchas personas, tanto dentro como fuera
de la órbita religiosa.
―――oOo―――
214
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 7:
¿Sacerdocio o ministerio de la
mujer en la Iglesia?
Antonio Moreno de la Fuente
Enero 2012
Las últimas disposiciones del Arzobispo de Sevilla, Juan José
Asenjo, permitiendo a las mujeres ser Hermanas de las Cofradías y
participar en las procesiones de Semana santa, no cambia gran cosa el
“lugar de la mujer en la Iglesia institucional”. La mujer sigue siendo
la gran discriminada dentro de esta Iglesia católico―romana, que
sigue siendo patriarcal, monárquica y clerical. Este patriarcado, para
más señas, es parte esencial del sistema capitalista, en el que el varón
es el agente principal de los negocios en la vida pública, quedando
recluida la mujer a su función privada del cuidado de su casa, de los
hijos, de los mayores y “ser el reposo del guerrero”. La Iglesia
católica asumió estos valores del capitalismo, minusvalorando y
despreciando la función de la mujer en el ámbito social y eclesial. Así
lo constatan muchas teólogas, que tratan de reivindicar “su lugar”,
poniendo de manifiesto la importancia e influencia que las mujeres
han tenido en la historia de la Iglesia católica. El último libro de
Teresa Forcades i Vila, monja benedictina, médica y teóloga, es un
ejemplo de ello. Bajo el título: La teología feminista en la historia (1 )
trata de responder a la contradicción que toda mujer cristiana puede
plantearse, entre la experiencia liberadora a la que Jesús llamó a las
mujeres y el olvido y la exclusión posterior de las mismas en la
1
Trad. por Julia Argemi. Barcelona: Fragmenta, 2011
215
Estado laico, Iglesia laica
historia de la Iglesia y en la sociedad. “Todo ello, dice María José
Arana (2 ) ― forma parte de un cuadro antropológico, cultural,
religioso, social muy complejo, en el centro del cual, a mi entender,
está ubicada la cuestión del sacerdocio”. Y, efectivamente, el tema de
si la mujer puede ser o no sacerdote no podemos soslayarlo en esta
Iglesia laica que preconizamos y a la que aspiramos (3).
1.― Los carismas ministeriales en la Iglesia primitiva
A la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza (4) le cabe el mérito
de haber sido la primera en estudiar el material neotestamentario
desde una vertiente teológico―feminista. Efectivamente, en esa
comunidad de iguales que formaban las Iglesias paulinas y de los
Hechos, a que nos referíamos en capítulos anteriores, “las mujeres
habrían desempeñado un papel determinante en la extensión del
movimiento de Jesús a los gentiles” (5). Esto aparece, sobre todo,
en las cartas auténticas de Pablo (I Tesalonicenses, Corintios I y
II, Gálatas, Filipenses y Romanos, escritas entre los años 50 al 58)
y se fundamenta en el principio paulino de la igualdad, dicho a los
Gálatas (3,27): “Al bautizaros…ya no hay más judío ni griego,
esclavo ni libre, varón o hembra, pues vosotros hacéis todos uno,
mediante el Mesías Jesús”. Al final de la carta a los Romanos
(16,1―16) se nombran a 10 mujeres, entre el resto de personas
descollantes. En primer lugar aparece Febe “diaconisa de la Iglesia
de Cencreas”, después aparece Prisca, nombrada antes que su
marido Aquila, colaboradora de Pablo en fundar Iglesias. Se
nombran también a Maria, Trifena y Trifosa “que se han
fatigado” o trabajado duro en la predicación del evangelio, como
“Sacerdocio”, en Navarro, Mercedes (dra). 2ª ed. 10 mujeres escriben teología.
Estella (Navarra): Verbo divino, 1993, p.301.
3
Además de las obras a que nos referimos en las notas precedentes, remito a
AA.VV. La mujer en la Iglesia primitiva. Salamanca: Sígueme, 2007.
4
En memoria de ella. Bilbao: Descleé de Brouwer, 1989, citado por Küng, Hans.
El Cristianismo: Esencia e historia. 3ª ed. Madrid: Trotta, 2004, pp.95 y 137.
5
Ibid., pp.95―96.
2
216
Estado laico, Iglesia laica
Pablo. Especial importancia tiene Junia, a la que Pablo designa,
junto con Andrónico, en plan de igualdad “apóstoles insignes”. En
los Evangelios, aparece la novedad del trato de Jesús con las
mujeres, a quienes cura y se acerca a ellas (Mt 8, 14―15;
9,18―26; 15,21―28), admite en el círculo de sus seguidores (Lc
8, 2―3), están al pie de la cruz (Mc 15,40―41), van a
embalsamar su cuerpo y descubren el sepulcro vacío (Mc
16,1―8) y es a “Maria Magdalena, de la que “había echado siete
demonios” la primera a quien se aparece el resucitado (Mc
16,9―10). Sobre Maria, la madre de Jesús y otras mujeres
desciende el Espíritu en Pentecostés (Hch. 1,14), haciéndolas
hablar en otras lenguas (Hch. 2,4) o “profetizar”, como las hijas
del diácono Felipe (Hch. 21,8―9). Pablo conoce también a
“mujeres profetisas” en la Iglesia de Corinto (I Cor 11,5), a las
que aunque les imponga el velo en el culto, reconoce su derecho a
la libre expresión carismático―profética en la asamblea cristiana.
Por ello, dice Hans Küng, que es seguramente una interpolación
manipulada el precepto que aparece después en la misma Epístola,
en el c.14, vv. 34―35, de que: “la mujer debe guardar silencio en
la Iglesia”, pues anteriormente había admitido su derecho al
discurso profético. Todo esto prueba que, en la primitiva Iglesia
laica del nuevo pueblo del Mesías Jesús, todas/os son básicamente
iguales, aunque con diversos carismas, que pueden poseer, tanto si
son varones como mujeres, como el carisma de ser apóstoles,
profetas, presbíteras/os, organizadores y diaconisas o servidoras.
Pero estos carismas nada tienen que ver con el sacramento del
orden ni con el culto, según afirmábamos en el cap. 3º, siguiendo a
Boff y a Rahner. En la Iglesia primitiva, pues, no existe el orden
sacerdotal, sino personas cristianas (hombres o mujeres) que
poseen diversos carismas de apóstoles, presbíteras/os dirigentes,
diaconisas o diáconos servidores, profetas etc. Por tanto, la mujer
no necesita ser ordenada de sacerdote, pero si podrá poseer todos
los carismas que existían en la Iglesia primitiva, porque si el
sacerdocio, tal como hoy lo entendemos, no aparece en la
comunidad cristiana primitiva ¿por qué se ha de mantener hoy
algo que fue instituido posteriormente?
217
Estado laico, Iglesia laica
2.― Mujeres “presbíteras y diaconisas” en la antigüedad
La teóloga Maria José Arana, en su estudio sobre el Sacerdocio,
antes citado, nos muestra que esta tradición de la primitiva Iglesia, en
la que las mujeres son “apóstoles, presbíteras o diaconisas” se
mantuvo durante siglos, a pesar de la prohibición de los obispos. Así
aparece en un decreto del Papa Gelasio, del siglo V, en donde
denuncia con dureza la existencia, todavía en su tiempo, de
“presbíteras” en el sur de Italia (6). Lo reconoce también Atto de
Vercelli (7), obispo francés de la ciudad italiana de Vercelli, en el s.
X, para el que “no solo los varones, sino también las mujeres
presidían (estaban al frente) de las Iglesias” (8), aunque dice que el
Concilio de Laodicea, en la segunda mitad del siglo IV, supuso el
final de estas “presbíteras” (9). Y para esta autora, no sólo se
mantiene esta práctica en el sur de Italia, sino también en otros
lugares de la Cristiandad, como en el País Vasco en donde, ya
avanzado el siglo XVI, aparecen “seroras o freilas” que ejercen
funciones consideradas como restos de las antiguas diaconisas (10).
Todo ello pone de manifiesto, que la tradición de la Iglesia primitiva
de reconocer también a las mujeres los carismas de dirección
(sacerdotes―presbíteras) y servicio (diaconisas) se mantiene en
ciertos lugares, a pesar de los cánones dictados por los Concilios y la
prohibición de los obispos. Y la permanencia en el pueblo cristiano
de estas funciones enlaza con la práctica de las primitivas
comunidades de la Iglesia, anterior al siglo IV cuando, según es
admitido, a partir de este siglo es cuando se consolida el sacerdocio
jerárquico, patriarcal y clerical.
“Hemos sabido (dice el papa Gelasio) con impaciencia que es tal el desprecio
en que han caído las cosas divinas, que hasta se afirma que las mujeres ministran en los
6
sagrados altares y practican todas las cosas que fueron encargadas a los varones y que no
corresponden a su sexo (la cursiva es mía)”. Ob.cit. (nota 2), pp.315―317.
7
Ibid., 313―315. Véase también Atto di Vercelli [En línea:
http://es.wikipedia.org/wiki/Atto_de_Vercelli . Consulta 9/01/2012]
8
Ibid. (nota 2), p.314.
9
Ibid., p. 319.
10
Ibid., p. 318―320.
218
Estado laico, Iglesia laica
3.― La mujer en la Iglesia de hoy.
¿Cual será pues la función de la mujer en la Iglesia actual? Según
todo lo dicho, opinamos que la mujer en la Iglesia de nuestro tiempo
NO debe aspirar a ser sacerdote, ni necesita ser ordenada de
sacerdote, tal como se entiende hoy, porque sencillamente durante los
tres primeros siglos no existió este sacerdocio clerical, patriarcal o
varonil, sino que es creación posterior al siglo IV. Pero si podrá
reclamar y aspirar a practicar los carismas o ministerios de dirección
o servicio a la Comunidad cristiana, es decir los ministerios de
apóstol, de doctora, profeta o diaconisa en las Comunidades
eclesiales, en igualdad al varón, como lo fueron Febe, Prisca, Maria o
Junia y con toda seguridad María Magdalena e innumerables mujeres
más en las comunidades cristianas primitivas y en la antigüedad.
Ahora bien, el fomentar estas Comunidades eclesiales de base o
populares, en semejanza de las primitivas, tanto en las diócesis y
parroquias como fuera de ellas y en donde las mujeres puedan
practicar estos carismas, es el desafío fundamental de la Iglesia laica
de hoy. En estas Comunidades, tanto las mujeres, sin necesidad de ser
ordenadas de sacerdote, tendrán iguales derechos que los varones en
su dirección y organización, si así se lo encomienda la Comunidad,
dejando de estar sometidas al párroco varón. En ellas no habrá ya
distinción de varón o mujer, como decía Pablo, sino que a ambos se
les reconocerán los mismos derechos fundamentales de su ser
cristiano (según decíamos en capítulos anteriores) y se respetarán sus
propios carismas. En la Iglesia laica que propugnamos y, en parte,
está ya en marcha en las Comunidades Cristianas Populares y otros
movimientos eclesiales, es ésta una práctica general: tanto la mujer
como el varón presiden la Eucaristía, profetizan o participan
libremente en el comentario a la Palabra, hacen teología, son
responsables o dirigen las Comunidades etc., con los mismos
derechos que el varón. Este, creemos, es el “lugar” de la mujer en la
Iglesia de hoy
―――oOo―――
219
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 8:
¿El fin de la parroquia?
Reflexiones sobre el cierre de la Parroquia de S.Carlos Borromeo
de Madrid
Antonio Moreno de la Fuente
Febrero 2012
Nunca ha habido en una Parroquia tantas cámaras y
micrófonos, ni siquiera en una boda de renombre, como ocurrió el
Domingo de Resurrección del año 2007, en la Parroquia de S.
Carlos Borromeo de Entrevías, en Vallecas (Madrid). Ni
posiblemente una “noticia religiosa” tuvo tanta repercusión
mediática como “el cierre anunciado” de la misma por el Cardenal
Rouco, exceptuados lógicamente los acontecimientos mediáticos
de Juan Pablo II y Benedicto XV.
Junto a la mayoría de los medios nacionales, se han interesado
también por estos hechos The New York Times, The Times o Le
Figaro, los mexicanos Reforma y La Jornada y las televisiones
austriaca, portuguesa, la italiana RAI y la BBC, según publicó
Susana Hidalgo en El País, el pasado 6 de abril. E innumerables
también han sido los comunicados de apoyo – y de crítica― a la
Comunidad parroquial de S. Carlos que se han difundido por la
Red: en las página web de la propia parroquia, en Atrio, en
Comunidades cristianas populares, Ecclesalia, Periodista digital,
Redes cristianas etc. ¿Por qué este interés de tantos “medios”
nacionales y extranjeros? Para muchos el interés estaba en la
221
Estado laico, Iglesia laica
noticia del “enfrentamiento entre un obispo con sus sacerdotes”,
porque estas noticias “anormales” suscitan hoy gran interés
mediático, como la ordenación de las mujeres en las Iglesias
protestantes; la pederastia de obispos y sacerdotes, Gescartera, el
enfrentamiento del Estado e Iglesia en la enseñanza de la religión,
etc. Para otros, se trataba de un “show” mediático, como los que
se montan con “el polígrafo” en algunas cadenas de TV. Para
muchos de nosotros, sin embargo, estos acontecimientos nos
invitan a reflexionar sobre los aspectos eclesiales que los motivan.
Cabe preguntarse, por ej. ¿Qué mentalidad eclesial está en la base
del proceder de los sacerdotes de S.Carlos Borromeo? ¿Qué
sentido de parroquia es la que proponen? ¿Debemos hablar hoy
más de Comunidad cristiana que de Parroquia? ¿Puede existir una
comunidad cristiana sin relación con el obispo diocesano? O
¿supone todo esto el intento de crear una parroquia, una liturgia,
una iglesia a la medida? Merece la pena, sin duda, intentar
acercarse a estos y otros interrogantes.
1.- S. Carlos Borromeo: Parroquia comunidad de marginados.
Los periodistas que se sentaron en los bancos de la Iglesia el
Domingo de Resurrección y el resto de los días que fueron a
buscar información, lo hicieron junto a toxicómanos, expresos,
parados, inmigrantes sin papeles, madres que perdieron a sus hijos
“a pinchazo sucio”, como decía Periodista digital.. Nadie le
discute a Enrique de Castro y compañeros, dicen todos, su pasión
y amor a los pobres. Todos están de acuerdo en este dato básico,
de que la Parroquia de S.Carlos Borromeo de Entrevías es un
punto de reunión, de encuentro, de cobijo y acogida de los
marginados y excluidos de la sociedad. Lo reconocen y admiten
incluso aquellos que juzgan su proceder como “una herejía con
rosquillas” (José Francisco Serrano, en Periodista digital el
10―04―07). Pero este dato básico es revelador de algo más
fundamental. Significa que la Parroquia de S. Carlos no la
frecuentan sólo aquellas personas que han nacido o residen en su
territorio, ni la visitan sólo cuando van a Misa los domingos o a
222
Estado laico, Iglesia laica
apuntarse para el acto social del bautismo, la boda, el entierro.
Acuden a ella de todas partes, parroquianos o no, del mismo o de
cualquier barrio. Y lo hacen libremente ante la soledad que genera
la ciudad, por necesidad de afrontar los problemas comunes de la
droga, del paro o los contratos basura o porque es el primer cobijo
tras la cárcel o antes de “tener papeles”, aún siendo animista,
cristiano o musulmán. S. Carlos Borromeo ha pasado de ser
“oficina administrativa de ritos sociales” a casa común de intereses
y de problemas cuotidianos de la vida. La Parroquia de S. Carlos
Borromeo, como otras muchas, se ha transformado de Parroquia
en Comunidad: una Comunidad de necesitados, de marginados,
excluidos,
de
deshechos
de
la
sociedad…
Bien, puede decirse, que se le han caído los elementos del llamado
“Principio parroquial canónico”, es decir, el principio territorial y
el de feligreses propios. También puede decirse que no es una
Comunidad cristiana, porque lo que une a esas personas son
intereses y necesidades humanas, como a las Asociaciones de
vecinos, a las ONG, no la fe ni la inspiración cristiana. San Carlos
Borromeo es, ante todo, una comunidad de marginados y
excluidos de la sociedad.
2.- S. Carlos Borromeo: ¿Caritas, ONG o comunidad cristiana?
De entrada, la Comunidad de intereses, de debate de
problemas, de ayuda humanitaria, de vida en suma, que se da en S.
Carlos Borromeo, va mucho más allá de las funciones que realizan
las oficinas de Cáritas. Lo dice muy bien el comunicado de las
CCP andaluzas a Ms. Rouco, solidarizándose con la Parroquia de
Entrevías: “No se trata de hacer “caridad” con los marginados,
dándole sólo alimentos o mantas, (la Parroquia) tiene con ellos
una postura de cercanía personal, de compromiso diario con sus
problemas, de compartir con ellos la propia vida”. Y, pregunto
¿Porqué no podrá considerarse cristiana a una comunidad que
genere verdadero amor, donación y ayuda mutua? Ella realiza
valores cristianos, concretiza la causa de Jesús en la Historia. “La
lucha por la justicia –dicen ellos― y la proclamación de la fe son
223
Estado laico, Iglesia laica
indisolubles. Ir a la cárcel a recoger a un chaval es lo mismo que
celebrar la Eucaristía”. También lo dijo el Maestro: “Benditos sois
porque me disteis de comer…”, no porque fuisteis mucho al
Templo o asististeis a las procesiones de Semana Santa. En S.
Carlos Borromeo se anuncia la “buena nueva” (evangelio) a los
pobres de hoy, se celebra la libertad a los presos y cautivos, se da la
paz a los oprimidos, a los drogatas e inmigrantes y hacen presente
al Resucitado en “las tristezas y angustias de los hombres y
mujeres de nuestro tiempo”. Es decir, hacen Iglesia desde abajo,
como “pueblo” que camina por la historia. Se ha transformado de
Parroquia en Comunidad cristiana que, como otras de Madrid y
junto con ellas, sobrepasan con creces lo que es y hace Cáritas o
cualquier ONG. A mi entender, la Parroquia de Entrevías ha
desvelado el primitivo significado de parroikía: la comunidad en la
que los primeros cristianos tenían conciencia de hallarse en el
mundo como exiliados o peregrinos (Casiano Floristán). S. Carlos
Borromeo está ya en ello.
¿Por qué entonces la cierra el Sr. obispo? Según la nota del
Arzobispado,” porque los feligreses no eran atendidos
cristianamente”, por ello, “ya desde 1985 se eximió a esta
parroquia de sus responsabilidades pastorales y, de hecho, ya
venían siendo atendidos (sus feligreses) en las Parroquias
limítrofes, ahora quedan incorporados canónicamente a las
Parroquias de San Francisco de Paula y de Santa Eulalia de
Mérida”. “Los sacerdotes podrán continuar asumiendo las tareas
de acogida, educación y atención social que se vienen prestando
desde este lugar”. ¿Cómo es posible que una comunidad cristiana
no pueda tener responsabilidades pastorales y sí sólo caritativas?
¿Por qué esa disociación entre parroquia pastoral y centro
asistencial?
3. ¿Sólo la Parroquia canónica hace cristianos?
Está claro que aquí existen dos eclesiologías enfrentadas. La
del arzobispado es la eclesiología jerárquica, con la estructura
224
Estado laico, Iglesia laica
vertical de Papa―obispos―presbíteros―sacramentos. Según
ella, Cristo transmite su triple poder a los Apóstoles y estos a sus
sucesores los obispos, el Papa, por lo que son ellos únicamente
quienes representan a toda la Iglesia y a través de ellos se recibe la
gracia y la salvación. “Al principio Cristo fundó la jerarquía” decía
ya Möller. Esta Iglesia jerárquica sería el “sacramento universal de
salvación” de que habla el Vaticano II, que se concretaría en la
Iglesia particular, en la diócesis, según el texto del Decreto
Christus Dominus (11): “La diócesis es una porción del Pueblo
de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la
cooperación del presbiterio, de forma que unida a su pastor y
reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía,
constituye una Iglesia particular (la cursiva es mia), en la que
verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa,
Católica y Apostólica””. Por lo que el poder de representar a la
Iglesia universal y transmitir su gracia – la responsabilidad
pastoral― queda reservado a la diócesis y a las parroquias, como
porciones más pequeñas de aquella. Se es cristiano porque se
reciben los Sacramentos en la Parroquia y, a través de ella, se está
en la diócesis y en comunión con el Obispo. No hay comunidad
cristiana si no se está en relación con el obispo. Lo organizativo es
anterior a lo comunitario.
Sin embargo, si se parte de una eclesiología histórico ―
salvífica ― liberadora que, según L.Boff (1) se basa en el
Vaticano II pero la desarrolla, lo canónico y organizativo, las
mediaciones son posteriores a la comunidad. Esta eclesiología
considera que el poder del Cristo―Espíritu no está primeramente
Pablo VI, Decreto Christus Dominus. Sobre el Ministerio pastoral de los
obispos, (28 octubre 1965), n. 11 [En línea:
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/v
at-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html.
Consulta:: 04/02/2012]
1
Remitimos a Boff, Leonardo. Iglesia, carisma y poder: ensayos de eclesiología
militantes. 2ª ed. Santander: Sal Tarrae, 1984; Id. Eclesiogénes: Las comunidades de
base reinventan la Iglesia. 5ª ed. Santander: Sañ Tarrae, 1986.
225
Estado laico, Iglesia laica
en algunos miembros sino en la totalidad de la Iglesia. El mismo
Concilio admite que la Iglesia universal, la totalidad de la Iglesia,
no queda reservada únicamente a la diócesis (aunque si
preferentemente), sino que también está presente “en todas las
legítimas reuniones locales de los fieles que, unidas a sus pastores,
reciben en el Nuevo Testamento el nombre de iglesias” (LG 26).
Posteriormente Medellín denominaría a esas “legítimas reuniones
locales de los fieles” como “comunidad cristiana de base”,
concibiéndolas como “primer y fundamental núcleo eclesial”,
“cédula inicial de la estructuración eclesial”, “factor primordial de
promoción humana y desarrollo”. Pero lo que Medellín desarrolla
después del Vaticano II, según Boff, es afirmar que los pastores a
los que deben estar unidas las comunidades cristianas, no son sólo
los obispos, presbíteros, los ordenados, según decía Pablo VI y
piensa también Benedicto XVI (2), sino “que sus líderes o
dirigentes pueden ser sacerdotes, diáconos, religiosos o seglares”
(como decíamos en capítulos anteriores). Según, pues, esta
eclesiología la “comunidad cristiana de base, unida a sus líderes o
dirigentes” es Iglesia local que representa a la Iglesia total”, aunque
no sea toda la Iglesia (Boff). En ella está presente Cristo, transmite
la gracia. Por lo que “la comunidad cristiana” como la de S.
Carlos Borromeo, puede existir sin ser parroquia y sin vinculación
con el obispo. Aunque, no es que la comunidad cristiana de base
no tenga relación con el obispo, es que el obispo, el párroco, el
clero en general, nacen en la comunidad, con ellas se relacionan y a
ellas se ordenan. No es al revés. Y así ocurrió en la primitiva
iglesia, según dijimos, cuando los obispos eran elegidos por la
comunidad y lo pusieron después de manifiesto los movimientos
de pobreza de la Edad Media, particularmente los franciscanos y
dominicos, quienes sin ser clérigos predicaban el Evangelio sin
estar ligados a un obispo. De hecho, en las ciudades, junto a las
Parroquias, coexisten también templos no parroquiales de
religiosos, aunque ya clericalizados. Y hoy por doquier existen las
Así lo mantiene en su exhortación apostólica Sacramentum caritatis (22 de
febrero 2007), en cuyo nº 75 no admite a las pequeñas comunidades como Iglesia,
pues, al faltar el sacerdote no pueden celebrar la Eucaristía y, por ello, no son Iglesia.
2
226
Estado laico, Iglesia laica
Comunidades cristianas populares, que pueden o no albergar en su
seno a sacerdotes casados o no, religiosos/as y en donde se celebra
normalmente la Eucaristía, presidida por cualquiera de sus
miembros ya sean sacerdotes, religiosos/as, seglares, hombres o
mujeres. En estas comunidades es donde de nuevo pueden darse y
practicarse los carismas primitivos de apóstol, profeta,
presbítera/o, diácono o diaconisa, según decíamos en el capítulo
anterior, sin necesidad de estar ordenados de sacerdotes.
En definitiva, la Parroquia de S. Carlos Borromeo de
Entrevías es una comunidad cristiana legítima, que está en la acera
de esta eclesiología histórico―salvífica―liberadora y, a nuestro
juicio, esta reinventando a la Iglesia (3).
Como conclusión, creo que las Parroquias, como centros
administrativos de Sacramentos (o ritos eclesiales) están llamadas
a desaparecer, como dice Casiano Floristan. “Es evidente que la
parroquia urbana, tal como hoy existe, no es ni puede ser una
comunidad, porque su concepción territorial está
desfasada…Debe caminar hacia la comunidad cristiana de base”
(la cursiva es mía). Y así lo he oído infinidad de veces de boca de
Diamantino García, tal como él y sus compañeros lo practicaron
en la Sierra Sur de Sevilla: “hay que crear alternativas a las
parroquias. Hay que dedicarse a animar a grupos cristianos que
intentan vivir el Evangelio y son ejemplo de compromiso humano
y social”. El futuro de las parroquias está en estas Comunidades o
grupos cristianos, compuestos de pobres, marginados, deshechos
de la sociedad que, como en los primeros siglos, cada vez son más
numerosos en nuestra sociedad capitalista en crisis. Así lo esta
demandando la Iglesia laica y no sacerdotal que postulamos, con
su eclesiología histórico―liberadora o si se quiere, con su
ideología de que la felicidad de aquí, de este mundo es cosa de
todos, no solo de los vencedores, sino de todos, también de los
desheredados, de los marginados y de las víctimas que todavía
claman justicia. San Carlos Borromeo de Entrevías, las
3
Véase más arriba, el cap. 3º, en donde desarrollamos más ampliamente esta tesis.
227
Estado laico, Iglesia laica
Comunidades cristianas populares etc son la primera piedra de
esta nueva Iglesia laica.
Publicado el 24/04/2007 en:
http://ccp.org.es/index.php?q=node/102 y el 04/06/2007 en:
http://www.redescristianas.net/2007/06/04/%C2%BFel―fin―de
―la―parroquia/ . Reformado en febrero del 2012.
228
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 9:
Financiación de la Iglesia católica
José María García―Mauriño
Marzo 2012
0. Introducción
El tema de la financiación es muy antiguo. Recordemos eso
de “pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios”. Han sido
Constantino y Teodosio (siglo IV) los que establecen que la
religión cristiana sea la religión del Estado. Se trata de dos poderes
que rivalizan y se benefician mutuamente. Nada que ver con el
Mensaje de Jesús. 1
Es posible que el primer compromiso de la Iglesia con el
Estado en España sea entre el papa Martín V y el rey Alfonso V
de Aragón. En la misma época, se firmaron varios convenios con
los italianos, franceses y españoles. Se suele señalar que el primer
concordato que España firma es el derivado del Concilio de
Constanza en 1418, como fin del Cisma de Occidente. Pero, estas
Este capítulo es la exposición de un planteamiento global del tema. No
pretendemos profundizar en aspectos jurídicos. Remitimos al lector al estudio del
profesor Alejandro Torres, sobre “Financiación de las religiones en el espacio europeo.
Raíces públicas de la financiación de las confesiones religiosas en una Europa Laica”.
VII Jornada laicista anual de la Asociación Europa laica. Madrid, 5 de febrero de 2011.
[En línea:
http://www.laicismo.org/data/docs/archivo_234.pdf.Consulta: 02/03/2012]
1
229
Estado laico, Iglesia laica
relaciones no siempre fueron cordiales. Estaba de por medio el
tema del dinero, y pronto habría conflictos. Una de las opciones
para superar los conflictos sería llegar a una separación de Iglesia y
Estado.
La Separación Iglesia―Estado es el concepto legal y político
por el cual las instituciones del Estado y religiosas (Iglesias) se
mantienen separadas y la Iglesia no interviene en los asuntos
públicos; teniendo cada parte una autonomía para tratar los temas
relacionados con sus esferas de influencia. Es una de las medidas
por las cuales se busca el establecimiento de un Estado laico o
aconfesional, así como parte del proceso de secularización de una
sociedad. La separación Iglesia―Estado está relacionada con la
extensión de la libertad de culto a todos los ciudadanos. Ocurre
sobre todo en aquellos estados con religión de Estado u oficial que
favorecen legal y/o informalmente una religión en detrimento de
las demás por medio del patronato regio u otras acciones similares.
La separación entre Iglesia (sea esta anglicana, católica,
luterana, presbiteriana) y Estado es un fenómeno que surge a
partir del humanismo, durante el Renacimiento. Se consolida con
la Ilustración, por medio de la corriente filosófica racionalista,
llegando a ser una política oficial durante la Revolución francesa,
la Independencia estadounidense y las revoluciones burguesas que
deshacen la "alianza entre el trono y el altar".
¿Tiene el Estado que financiar a la Iglesia? La Historia
económica de la autofinanciación de la Iglesia ha sido resultado
del enfrentamiento Iglesia―Estado, que ha quedado plasmado en
los diferentes concordatos reguladores de las relaciones entre
ambos sujetos. En Europa, durante siglos la Iglesia no sólo se
autofinanció, sino que además financió al mismo Estado para sus
numerosas guerras. Pero el siglo XIX supuso una ruptura de este
tradicional modelo de relaciones Iglesia―Estado y el auge del
proceso desamortizador, que se inició a consecuencia de las
acuciantes necesidades del Estado español, dejó a la Iglesia católica
(IC) en una situación un tanto difícil y comprometida en el
230
Estado laico, Iglesia laica
aspecto económico. A partir de este momento se inició una fase en
la que el Estado sería el propio avalista de la Iglesia, intentando de
esta forma ejercer un control económico, político y moral sobre la
misma.
En España se establece el Concordato de 1753, entre el Papa
Benedicto XIV y el Rey Fernando VI. El primero en España de
tal nombre, ya que los acuerdos precedentes, parciales e
incompletos, solamente merecieron el nombre de «concordias».
Este primer Concordato fue completado con pequeños acuerdos
parciales por Carlos III y Carlos IV, y estaría vigente hasta el
reinado de Isabel II, en que fue sustituido por el Concordato de
1851.
1. Un poco de historia reciente
1812: España durante 15siglos y hasta la Constitución de
1978, con la excepción de la Constitución de la II República entre
1931―1939 y algún otro brevísimo período liberal en el siglo
XIX, ha sido considerada como una “nación católica”. Hay que
recordar, como dato histórico, en relación a las relaciones del
Estado con la Iglesia católica, que la Constitución considerada
como liberal de 1812, proclamaba que el catolicismo era la única
confesión religiosa permitida, el preámbulo se inicia así: “En el
nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo
autor y supremo legislador de la sociedad” y su artículo 12
expresaba “La religión de la Nación española es y será
perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La
Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de
cualquiera otra” 2..
1845. En el reinado de Isabel II, se aprobó la Ley de
Donación de Culto y Clero que restituía a la iglesia católica los
Constitución Política de la Monarquía Española, Promulgada en Cádiz el 19
de marzo de1812. Introducción, pág 2 y Artículo 12, pag 17. Edición facsimil, Ed
Maxtor, Valladolid 2001
2 2
231
Estado laico, Iglesia laica
bienes desamortizados (entre 1798 y 1924) y no vendidos y
aprobó el Concordato. Aprobó y firmó con el Papa Pío IX un
Concordato por el que el Estado reconocía a la Iglesia católica
como la única de la Nación Española y sus derechos a poseer
bienes, origen ideológico de los actuales “Acuerdos entre el Estado
español y la Santa Sede” de 1979…
1851. El Concordato de 1851 se expresaba de esta
manera“...La religión católica, apostólica, romana, que con
exclusión de cualquiera otro culto continúa siendo la única de la
nación española, se conservará siempre en los dominios de S. M.
Católica con todos los derechos y prerrogativas de que debe gozar
según la ley de Dios y lo dispuesto por los sagrados cánones. Y en
materia de enseñanza: “…En su consecuencia la instrucción en las
Universidades, Colegios, Seminarios y Escuelas públicas o
privadas de cualquiera clase, será en todo conforme a la doctrina
de la misma religión católica; y a este fin no se pondrá
impedimento alguno a los obispos y demás prelados diocesanos
encargados por su ministerio de velar sobre la pureza de la
doctrina de la fe y de las costumbres, y sobre la educación religiosa
de la juventud en el ejercicio de este cargo, aún en las escuelas
públicas...”
1953. Franco firmaría un nuevo Concordato en 1953, basado
en el de 1851, actualizando los enormes privilegios que ya
disfrutan la iglesia católica en todos los campos y, posteriormente,
fallecido el dictador, es Juan Carlos I, en julio de 1976, quien
ratifica unos Acuerdos, con el compromiso de revisar el
Concordato del 1953, con unos pequeños retoques sobre
nombramientos y relaciones con la jerarquía católica, en
consonancia con la nueva situación social y política que parecía
comenzar, pero se mantenía, casi íntegramente, el Concordato de
1953.
1978. Por fin, con gran retraso respecto a los países
democráticos de nuestro entorno, se firma la Constitución de 6 de
diciembre de ese mismo año. Y ahí, se proclama “que ninguna
confesión tendrá carácter estatal”.
232
Estado laico, Iglesia laica
1979. El 3 de Enero del 1979 se firman entre el Estado
español (gobernado por la UCD) y el Vaticano una serie de
Acuerdos con la Santa Sede, que sólo derogan de forma parcial el
Concordato de 1953 y que otorga a la Iglesia católica variados
beneficios: en materia de enseñanza y de patrimonio cultural,
fiscales, políticos, sociales, etc, según decíamos en el cap. 7 de la
primera parte.
2. La situación actual
2.1 La dimensión político jurídica
La insurrección militar que se levantó contra la II República,
se produce en 1936, siendo apoyada por el Vaticano y por la
iglesia católica española. En la etapa de la dictadura franquista
(1939―1976) el régimen considera a la “nación española” como
“nacional―católica”, en donde se anula, de forma tajante, la
libertad de conciencia que había establecido la II República.
De esta forma y en ese período, la jerarquía católica española
retoma la enorme influencia política de los regímenes absolutistas
del siglo XIX y es en esa etapa cuando la iglesia acumula una
enorme riqueza y poder, cedido por el Estado en todos los
terrenos, especialmente en lo referente a la enseñanza y a la
financiación.
Los acuerdos Santa Sede―Estado español de 1979 tienen
estas dificultades de tipo jurídico:
a) El carácter preconstitucional de los acuerdos
b) La regulación mediante acuerdos de las relaciones entre
Iglesia y Estado no tiene ninguna justificación. Las materias
tratadas (educación, asistencia religiosa a militares, exenciones
fiscales, etc.) no tienen por qué tener rango de tratado
internacional. Porque estos acuerdos están por encima de otras
normas y reglas nacionales.
233
Estado laico, Iglesia laica
c) Establecen un régimen de privilegio para la Iglesia católica,
en contra del pluralismo religioso y el principio de igualdad, y de
neutralidad del Estado aconfesional.
Estos Acuerdos van contra unos principios elementales:
A) Principio de ciudadanía: los católicos antes que creyentes
son ciudadanos.
B) Principio de igualdad democrática: todos los ciudadanos y
ciudadanas son iguales.
C) Principio de laicidad: el laicismo supone una
independencia y separación efectiva entre el Estado y las iglesias.
2.2. El aspecto económico
Una vez aprobada la Constitución de 1979, se firman una
serie de Acuerdos con la Santa Sede, (BOE 03.01.1979) que sólo
derogan de forma parcial el Concordato de 1953. Hoy, en 2012,
siguen vigentes los Acuerdos de 1979 con evidentes privilegios
para la IC, a pesar de que la Constitución proclama “que ninguna
confesión tendrá carácter estatal”.
En este tiempo, la financiación de la iglesia católica,
permanece como un verdadero “paraíso fiscal”, tal como está
establecido en la normativa tributaria estatal y municipal, de
obligado cumplimiento para el conjunto de la ciudadanía.3
La primera cuestión de ilegitimidad, es que las cuentas de la iglesia católica son opacas: De
la financiación, vía tributaria, conciertos, subvenciones y donaciones que el Estado asigna,
no tiene que rendir cuentas. Además de que es propietaria de un enorme patrimonio
cultural, artístico, edificios, suelo urbano y rural… acumulado por dádivas y enajenaciones
del estado y donaciones de particulares a lo largo de siglos. Muchos municipios siguen
poniendo a disposición de la IC enormes cantidades de suelo público para construir centros
de enseñanza, locales propios e iglesias, que, generalmente, la IC registra a su nombre,
aumentando así su ya sólido patrimonio y aminorando, por consiguiente, el patrimonio
público.
3
234
Estado laico, Iglesia laica
La IC se comprometió que en tres años, a partir de la firma
de los Acuerdos en 1979 a, autofinanciarse4: Han pasado 33 años,
la IC no ha cumplido su compromiso, por lo tanto el Estado está
obligado a revisar o a NO cumplir este Acuerdo.
2.3. Las cuentas de la Iglesia católica española
La asociación estatal “Europa Laica” ha elaborado un
informe que, en un cálculo a la baja, cifra en más de 10.000
millones de euros la financiación anual de la IC por parte de las
distintas Administraciones Públicas, de los cuales 320 pertenecen
ARTICULO II (De los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede , sobre asuntos
económicos)
4
1―“El
Estado se compromete a colaborar con la Iglesia Católica en la consecución de su
adecuado sostenimiento económico, con respeto absoluto del principio de libertad religiosa.
2―Transcurridos tres ejercicios completos desde la firma de este Acuerdo, el Estado podrá
asignar a la Iglesia Católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o
el patrimonio neto u otra de carácter personal, por el procedimiento técnicamente más
adecuado. Para ello, será preciso que cada contribuyente manifieste expresamente en la
declaración respectiva, su voluntad acerca del destino de la parte afectada. En ausencia de tal
declaración la cantidad correspondiente se destinará a otros fines.
3―Este sistema sustituirá a la dotación a que se refiere el apartado siguiente, de modo que
proporcione a la Iglesia Católica recursos de cuantía similar.
4―En tanto no se aplique el nuevo sistema, el Estado consignará en sus Presupuestos
Generales la adecuada dotación a la Iglesia Católica, con carácter global y único, que será
actualizada anualmente. Durante el proceso de sustitución, que se llevará a cabo en el plazo
de tres años, la dotación presupuestaria se minorará en cuantía igual a la asignación
tributaria recibida por la Iglesia Católica.
La Iglesia Católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos
suficientes para la atención de sus necesidades. Cuando fuera conseguido este
propósito, ambas partes se pondrán de acuerdo para sustituir los sistemas de
colaboración financiera expresada en los párrafos anteriores de este artículo, por otros
campos y formas de colaboración económica entre la Iglesia Católica y el Estado” (El
subrayado es nuestro). (BOE 03.01.979).
235
Estado laico, Iglesia laica
a la asignación tributaria del IRPF 5. Esta transferencia de fondos
públicos demuestra que España es un estado confesional
encubierto y que la separación Iglesia―Estado todavía es una
quimera.
En España, la IC es propietaria, a través de sus más de 40.000
instituciones (…diócesis, parroquias, órdenes y congregaciones
religiosas, asociaciones, fundaciones, etc.) de un enorme
patrimonio consistente en bienes mobiliarios, inmobiliarios,
suntuarios, culturales, capital de fundaciones… pues aunque cada
una de ellas tengan autonomía jurídica y administrativa, no dejan
de formar parte de la misma organización eclesial.
Claro está que de forma legítima recibe donaciones directas
de sus fieles y se nutre de los beneficios de sus innumerables
negocios en diversos ámbitos. Pero, además, de forma no tan
legítima recibe financiación directa e indirecta por parte del
Estado español.
3. No hay recortes para la Iglesia católica
“…recortes para todos menos para la iglesia católica…”. Es
lo que se publica en algunos diarios.
Ha habido recortes en estos tiempos de aguda crisis para
todos los estamentos, menos para la Iglesia Católica. El contraste
es escandaloso: mientras el Ministerio de Defensa recorta su
Presupuesto en un 8,8%, el Ministerio de Educación lo hace en
un 21,2% (830 millones € menos) y el de Sanidad se reduce en
un 13,7% (365 millones € menos). Y en contrapartida, se
establece una amnistía fiscal para los defraudadores, que puede
llegar a 60.000 millones €, y no se tocan los impuestos a las
Europa laica. Algunos datos sobre la financiación de la Iglesia católica en
España. Actualización, abril del 2011. [En línea:
5
http://www.laicismo.org/data/docs/archivo_287.pdf . Consulta
02/03/2012]
236
Estado laico, Iglesia laica
grandes fortunas ni a las grandes empresas. Apenas se hacen
recortes a la Casa real (un 2,01%) y nada a la Iglesia Católica
(0,0%).
Desde que se ha publicado el BOE nº 315 de 31/12/2011.
Sección I pág. 146.615, donde aparecen los ingresos a cuenta que
recibirá la IC por parte de las arcas públicas…que será (según el
BOE) algo más de trece millones de euros al mes… La noticia se
ha abierto paso en los medios de comunicación, se han hecho eco
de ello algunos políticos,…pero hay que matizar y aclarar:
Esta cantidad representa (sólo) un ingreso a cuenta de los
(más/menos) 249 millones de euros de recaudación que a través
del IRPF la IC recibe anualmente, de parte de todos los
contribuyentes (quieran o no, sean católicos o no, lo señalen o no
el impreso de la Declaración de la Renta). Cuando se haga la
liquidación final de 2012, correspondiente al IRPF de 2011, serán
más de veinte millones de euros al mes…Pues bien, eso
corresponde sólo a una “pequeña parte de lo que recibe la IC,
anualmente” si se compara con los más de diez mil millones de
euros que el Estado (central y periférico) entrega a la IC al año
(vía directa o con desgravaciones), a través de diversos conceptos y
ámbitos… y sólo se valúan los datos que se conocen, porque de
forma oculta la cifra podría ser más abultada y, sobre
todo, escandalosa…
FINANCIACION IGLESIA CATÓLICA 2011
Según la disposición adicional 29 de la ley de presupuestos
para este año 2011 la financiación de la Iglesia es como sigue:
“Vigésima novena. Financiación a la Iglesia Católica.
Durante el año 2011 el Estado entregará, mensualmente, a la Iglesia
católica 13.266.216,12 euros, a cuenta de la cantidad que daba asignar a la
Iglesia por aplicación de lo dispuesto en los apartados Uno y Dos de la
disposición adicional Decimoctava de la Ley 42/2006, de 28 de diciembre, de
presupuestos generales del Estado para el año 2007. Antes del 30 de
noviembre de 2012 se efectuará una liquidación provisional de la asignación
correspondiente a 2011, practicándose la liquidación definitiva antes del 30 de
237
Estado laico, Iglesia laica
abril de 2012. En ambas liquidaciones, una vez efectuadas, se procederá por las
dos partes a regularizar, en un sentido o en otro, el saldo existente”.
Esto hace un total de 159.194.593,44€, casi 19 veces más
que el presupuesto de la casa de su majestad.
Con el fin de recordar las cifras que Europa Laica viene
publicando cada año… valga este breve resumen…publicado en
abril y septiembre de 2011 (según cita anterior)
En la actualidad este paraíso fiscal de la IC disfruta de más de
10.000 millones de euros anuales del Estado, libres de impuestos.
En una época, como la que atravesamos, de profunda crisis
económica la IC española, en 2012, va a seguir recibiendo del
Estado más de 11.000 millones de Euros, equivalente al 1% del
Producto interior Bruto de España
Por asignación vía IRPF―2010 (para financiación del culto
y el clero) 248,3 M€ (*)
―Por asignación IRPF―fines sociales –aproximado― 110 M€
―Por exenciones y bonificaciones tributarias: IBI, y otros 2.500 M€
―Por Enseñanza: Personas que imparte religión católica: 500 M€
―Por Financiación de centros de ideario católico: 3.900 M€
―Por asistencia sanitaria y para la obra social: 1.800 M€
―Por Asistencia hospitalaria directa (CCAA) 900 M€
―A Funcionarios capellanes (ejército, cuarteles, hospitales…) 25
M€
―Por Mantenimiento del patrimonio Artístico religioso 700 M€
―Por Subvenciones y gastos eventos religiosos, 400 M€
(*) 1.162.000 euros menos que del IRPF de 2009
Después de más de treinta años de democracia y de vigencia
de una Constitución que establece “que ninguna confesión tendrá
carácter estatal”, las relaciones entre la IC y el estado español se
238
Estado laico, Iglesia laica
han ido “aumentando”, año tras año, El incremento de la
financiación de la IC por parte del Estado (con Gobiernos del
PSOE y del PP y de otros grupos políticos a niveles más
territoriales y locales) y los privilegios económicos, fiscales,
simbólicos, jurídicos y políticos, de los que disfruta la IC,
demuestra que estamos (en la práctica) en un Estado
confesional, como consecuencia de unas mayorías políticas que
apoyan el catolicismo del Estado español, abiertamente... La lucha
por un Estado laico es más necesaria que nunca.
4. La cruz en la casilla del IRPF 6
La asociación estatal Europa Laica ha presentado (13 de
Abril 2010) en una rueda de prensa en Madrid, la campaña “En el
IRPF, ninguna cruz”, con la que pide a los contribuyentes que no
marquen la casilla de asignación tributaria a la IC ni la de fines
sociales en la declaración de la renta y reclama al Estado la
eliminación de ambas. Esta asociación estatal impulsa esta
iniciativa tras el inicio, por parte de la Agencia Tributaria, del
proceso de declaración de la renta correspondiente al año 2009.
Consideramos que el actual sistema impositivo supone una
discriminación para los contribuyentes que no señalan ni la casilla
de asignación tributaria para la Iglesia católica ni la de fines
sociales, pues quienes marcan una o ambas casillas reducen su
aportación al Estado en un 0,7% (o un 1,4% si marcan ambas).
Con este sistema el Estado conculca el artículo 31 de la
Constitución que indica que ‘’todos los ciudadanos deben
contribuir al sostenimiento de los gastos públicos en condiciones
de igualdad’’.
Rechazamos la casilla de asignación tributaria para la IC
porque consideramos que el Estado fija para unos el privilegio de
decidir a qué dedican el 0,7% de sus impuestos, mientras que
6
Hacemos nuestro el planteamiento de Europa Laica.
239
Estado laico, Iglesia laica
otros no pueden decidir a qué entidad lo destinan. La propia
existencia de esta casilla refleja el apoyo del Estado a la religión
católica y la discriminación para ateos, agnósticos, indiferentes y
creyentes de otras religiones. El Estado vulnera así el artículo 14
de la Constitución, que establece que “todos los españoles son
iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna”.
Rechazamos también la casilla de asignación tributaria a fines
sociales porque aproximadamente un 40% de lo que se recauda
por este concepto se entrega a organizaciones y fundaciones
católicas; de ahí que la jerarquía católica anime a marcar ambas
casillas.
Estimamos que los fines sociales que puedan cubrir las ONG
son de tal importancia que deben ser financiados directamente por
el Estado, sujetos a control del Parlamento y sin depender de los
vaivenes recaudatorios.
Tanto la jerarquía de la IC, que gestiona directamente el
0,7% (249 mill. € en 2011), como las organizaciones católicas
financiadas con la casilla de 0,7% a fines sociales (80 mill. €),
Dedican parte de sus recursos a sufragar costosas campañas para
promover la represión sexual, la discriminación por razón de
género u orientación sexual, contra la libertad de la mujer para
decidir sobre su maternidad, contra los avances científicos para
mejorar las condiciones de vida y de salud, o contra la eutanasia y
la muerte digna, muchas veces con agresivas acciones para
deslegitimar leyes aprobadas por el Parlamento.
Proponemos que los fieles financien de forma directa el culto
y el clero de sus confesiones religiosas. Por ello, rechazamos
incorporar cualquier nueva casilla para otras confesiones religiosas,
pues el Estado no se debe convertir en recaudador, y menos aun
detrayendo fondos de la “caja común” del Estado.
Según datos de la Agencia Estatal de Administración
Tributaria en 2011, el 66% de los contribuyentes, es decir es decir
una mayoría muy significativa, no marcaron la casilla de la I C.
Una gran parte de la cantidad recaudada para fines sociales (80%)
240
Estado laico, Iglesia laica
revierte en organizaciones religiosas como Cáritas, Manos
Unidas,…etc.
Por otro lado, con información recopilada de distintas
Administraciones Públicas, Europa Laica ha presentado un
informe en abril de 2012 en el que cifra en más de 11.000
millones de euros la financiación pública anual de la IC,
correspondiendo a cada ciudadano y ciudadana, sea o no creyente,
sea o no católico, una dádiva o “cuota” anual a la IC de 260 euros.
Las cifras desglosadas aproximadas ya han sido citadas
anteriormente:
A ello hay que sumar el enorme costo para las arcas de la
Administración pública (central, autonómico y local) que suponen
las cantidades que no se ingresan en concepto de IBI, licencias de
obras, etc.
En conclusión, por todo lo dicho, abogamos por la supresión
de estos Acuerdos que el Estado español tiene firmados con la IC
y con otras confesiones religiosas, de modo que todas ellas se
financien con las aportaciones de sus fieles. En este año, el Estado
español se ahorraría los más de 10.000 millones de €. con que
deberá subvencionar a la IC (y al resto de confesiones religiosas) y
darlo a las Comunidades Autónomas, con lo que éstas rebajarían
la cifra de 16.000 millones que deben recortar este año, en sus
gastos de sanidad, enseñanza y servicios sociales, para cumplir con
el déficit presupuestario 7.
―――oOo―――
7
“Las Comunidades deben recortar casi 16.000 millones para cumplir”. El País
11 de marzo de 2012. [En línea:
http://politica.elpais.com/politica/2012/03/10/actualidad/1331414666_28
8717.html . Consulta 12/03/2012]
241
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 10:
A favor de las procesiones
y procesión atea
José María García―Mauriño
Enero de 2012
Estimamos que una forma correcta de entender la laicidad es
el respeto por toda clase de religiones, creencias y convicciones.
Según el art. 18 de Derechos Humanos: “Toda persona tiene
derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión;
este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de
creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su
creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en
privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”. Es
decir, toda persona, o colectivo, tiene derecho a la expresión
pública de su fe. También está recogido en el art. 16 de la
Constitución española de 1978: “Se garantiza la libertad
ideológica, religiosa y de culto de los individuos y la
comunidades…” Es decir, que puede manifestar en actos
públicos, en la calle, en foros abiertos a toda clase de ciudadanos,
el sentir de sus creencias, religión, o convicciones, sean de la
ideología que sean. Se trata de la aceptación del pluralismo
religioso, propio de una sociedad moderna, democrática. La
laicidad es inclusiva, no es exclusiva, no es anticlerical, ni
antirreligiosa. No pretende apartar a nadie de su ámbito. Una
forma de esa expresión pública de su fe son las procesiones
religiosas.
243
Estado laico, Iglesia laica
Nos referimos concretamente, y en primer lugar, a las
procesiones que tienen lugar en la llamada “semana santa”, en la
mayoría de los pueblos y ciudades de España. Aceptando de
antemano en lo que tienen de floklore turístico―religioso, son sin
duda una expresión de fervor religioso, de un indudable valor
artístico, y es una clara manifestación de la fe popular. Pertenecen
a una tradición cristiana de muchísimos años. Lo importante en
esta serie de eventos, es tener claro de que se trata de una cuestión
puramente religiosa, y por tanto, ajena completamente de todo
privilegio católico, es decir, que en esas procesiones, la política no
tenga ninguna participación, como sería el caso de que la
presidiera alguna autoridad, ya sea el gobernador civil, o el alcalde
de la ciudad. Y menos aún, que acompañaran al “paso”, el aparato
militar (ejército o guardia civil). Harían muy bien en avisar a las
autoridades del recorrido de la procesión para que se pudiera
organizar el tráfico de manera que molestara lo menos posible a la
ciudadanía que no tiene nada que ver con estos eventos religiosos.
Todos los asistentes, serían las gentes, el pueblo, sean de la religión
o creencias o convicciones que sean. Da lo mismo que asistan o
participen los católicos, que los musulmanes, o protestantes, o
ateos o agnósticos. Se trata del ejercicio de la tolerancia que
admite de hecho el pluralismo de la sociedad moderna.
Lo mismo ocurre en las procesiones del “Corpus” en Toledo,
en cuyas festividades se privilegia el carácter político, al estar
presididas por la presidenta de la Comunidad de Castilla―La
Mancha, y acompañada durante todo el trayecto por efectivos del
ejército y guardia civil. Lo mismo ocurre en Granada, al coincidir
la festividad del Corpus de signo fundamentalmente religioso, con
los festejos populares. Creemos que es el reflejo de una mezcla
difícil de separar, lo religioso de lo folklórico. Pero, deseamos que
no se mantenga la tradición de estar presidida por los autoridades
civiles y acompañada del aparato militar. Se podría decir otro
tanto, de aquellas expresiones públicas de otras creencias como el
Hare Kirsnha, o la que pudieran tener los ateos, agnósticos o
librepensadores.
244
Estado laico, Iglesia laica
De igual modo cabría decir, en segundo lugar, de aquellas
otras procesiones que se dan en muchos pueblos pequeños de
honrar al patrono de la localidad, o al santo o santa, de cualquier
ermita. Sacarla a hombros, o en carroza, en procesión, sin que sea
el alcalde el que la presida, sino que participe como cualquier
ciudadano, y disfrutando todo el pueblo con cantos, cohetes,
bailes, etc.
De todas formas, estimamos que ya es hora de derogar por
anacrónico el Concordato de 1953, así como los Acuerdos de
1979 y la Ley de Libertad religiosa de 1980, y que diera lugar a
una Ley Orgánica de libertad de conciencia y convicciones.
PROCESION ATEA
Convocada por la Asociación “La Playa” de Lavapiés, para la
tarde del jueves, aproximadamente en el mismo horario que las
procesiones de Semana Santa. Abril de 2011. Fue prohibida por la
Delegada del gobierno. Los argumentos que da merecen una
reflexión. Dice que es un “castigo a la conciencia católica”. Teme
que el acto ateo sea "una ofensa a los sentimientos religiosos" y
pueda dar lugar a confrontaciones y altercados. Pensamos que este
grupo de ateos tiene derecho a reunirse y proclamar públicamente
sus creencias. La presunción de un "castigo a la conciencia
católica" es un juicio de intenciones, irrelevante en términos
jurídicos, que muestra una percepción de la Delegada contraria a la
aconfesionalidad del Estado.
Si es difícil demostrar la intención de ofender, más difícil
resulta argumentar la "coacción o intimidación" a la confesión
católica que se imputa a los convocantes. La exhibición de ideas
contrarias a la existencia de Dios en nada coacciona la fe religiosa
de los católicos, igual que las procesiones de Semana Santa no
deben interpretarse como una intimidación a los librepensadores.
La procesión atea no da lugar a enfrentamientos si se señalan otros
itinerarios. Tampoco ofende para nada a otras creencias.
Lo que sí se pone de manifiesto es la práctica confesionalidad
católica de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, hostiles
245
Estado laico, Iglesia laica
desde el primer momento a la manifestación atea y que la religión
católica tiene firmemente ocupados los lugares y los tiempos de las
ciudades españolas. Una decisión inexplicable en un Estado
aconfesional,
―――oOo―――
246
Estado laico, Iglesia laica
Capítulo 11:
Los símbolos religiosos en
los espacios públicos
José María García―Mauriño
Octubre 2011
Este breve documento intenta resumir los debates de la
Comisión de Laicidad de los Cristianos de Base de Madrid, en
torno a los símbolos de diferentes creencias, ideologías, etc. y su
uso en los espacios públicos, con especial referencia a los símbolos
propios de la religión católica, dominante “oficialmente” en
nuestro país. Se estructura en tres apartados:
1―Los símbolos religiosos y de otras corrientes ideológicas
y/o políticas y su uso en los espacios públicos.
2―Razones que avalan nuestra denuncia y juicio que nos
merece la situación actual en relación con el uso y abuso de los
mismos
3―Tareas de los cristianos de base hoy
1. Los símbolos religiosos y de otras corrientes ideológicas y/o
políticas y su uso en los espacios públicos
Entendemos por Símbolo “la representación sensorial
perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con
ella por una convención socialmente aceptada”. (Diccionario de la
Real Academia Española). Dicho con otras palabras, son símbolos
247
Estado laico, Iglesia laica
aquellos objetos o imágenes que remiten de manera automática e
indiscutible a otras realidades por ellos representadas, que nos
trasladan a significados que todo el mundo entiende e interpreta
de la misma manera. Por ejemplo;todos hemos convenido en que
la bandera es el símbolo de la nación
El Símbolo es, desde siempre, parte importante en la
comunicación humana. El lenguaje cotidiano está lleno de
símbolos y signos, que enriquecen la comunicación y el lenguaje. A
menudo los vemos en nuestras calles, en nuestros edificios, y nos
ayudan a estar informados y a saber cómo conducirnos: Cuando
en el bosque vemos una placa con una hoguera tachada por un
aspa, interpretamos enseguida que está prohibido hacer fuego,
porque hay peligro de incendio. Podrían ponerse miles de
ejemplos en este y otros sentidos.
Pero nos interesa referirnos a los símbolos religiosos, aquellos
que identifican o representan creencias religiosas con las que no se
identifican toda la población, sino solo algunos grupos de
personas, sean estos más o menos numerosos. Son símbolos que,
en una sociedad plural como la muestra, no constituyen elementos
esenciales para la convivencia ciudadana, como pueden ser, por ej.,
las señales que ordenan el tráfico.
Los ejemplos de este tipo de símbolos son numerosos: entre
los símbolos religiosos, por ejemplo, el crucifijo o la biblia,
remiten a Cristo y los cristianos; el muecín, al Islam; la estrella de
David, a los Judíos y a Israel; Las imágenes escultóricas, pictóricas,
dibujadas, grabadas, fotografiadas, de personajes públicos de
notoria significación religiosa o ideológico―política, como por
ejemplo: vírgenes, santos, líderes religiosos como los papas, los
imanes, Mahoma, etc. son igualmente símbolos que representan
diferentes opciones religiosas o ideológicas.
A los efectos de nuestra reflexión, el problema no son los
símbolos sino el uso que se hace de aquellos símbolos que no son
universales, que no representan lo mismo para todos los
ciudadanos y que por tanto no son fáciles de compartir en
248
Estado laico, Iglesia laica
espacios públicos que sí comparten todo tipo de ciudadanos y
ciudadanas, tengan las creencias que tengan.
Cuando, por ejemplo en la Escuela Pública a la que acuden
todos los niños y niñas de un pueblo o un barrio cuyas familias
pertenecen a diferentes culturas y religiones, aparecen tantos
Crucifijos en las aulas, en los pasillos, en las salas de
reunión,…etc. se está imponiendo un mundo de significados que
algunos ciudadanos legítimamente no comparten, se está
vulnerando la igualdad de trato a todos los alumnos,
independientemente de sus credos, se está rompiendo la
neutralidad del Estado ante el hecho religioso, se puede estar
ofendiendo la sensibilidad de algunos o de muchos de esos
ciudadanos. Para cumplir la finalidad educadora a la que está
destinada constitucionalmente, la Escuela Pública ha de ser un
espacio libre de este tipo de símbolos, que no son compartidos
por todos.
Espacios públicos en los que sería exigible la neutralidad y
ausencia de símbolos representativos de religiones, credos o
concepciones filosóficas; serían todos estos:
―Escuelas, centros de enseñanza profesional, Institutos o
centros de Enseñanza secundaria, sean todos ellos públicos o
concertados
―Universidades públicas o financiadas en parte con fondos
públicos
―Ministerios y sus dependencias, a todos los niveles, y
Organismos dependientes de las Administraciones Públicas:
Central, Autonómica y Local.
―Instituciones políticas representativas: Congreso de los
Diputados, Senado, Asambleas autonómicas, Plenos de los
Ayuntamientos, etc.
―Sedes diplomáticas y legaciones, Oficinas consulares…, de
España en el extranjero
249
Estado laico, Iglesia laica
―Hospitales, ambulatorios, consultorios y centros del
Sistema Público de Salud o cualesquiera privados con los que el
sistema público de salud se concierte para la prestación de
servicios sanitarios
―Centros penitenciarios
―Cuarteles del Ejército o de las fuerzas de seguridad del
Estado y cualesquiera otros establecimientos militares, comisarías,
etc.
―Órganos del poder judicial, judicaturas, tribunales de
Justicia, Salas de juicios, etc. Oficinas de los juzgados, despachos
de jueces y procuradores de los tribunales…
2. Razones que avalan nuestra denuncia y juicio que nos merece la
situación actual en relación con el uso y abuso de los símbolos
Los símbolos religiosos y otros símbolos de corrientes no
religiosas, pueden usarse más allá de su función evocadora o
comunicativa, para manipular conciencias, para perseguir la
supuesta heterodoxia y el libre pensamiento y como instrumento
político de dominación al servicio de los gobiernos de turno.
Analicemos dos ejemplos de símbolos en el contexto actual:
a) La Cruz o el Crucifijo. Es el símbolo que evoca al
Cristianismo y a la Iglesia Católica; Esa es su fuerza de símbolo,
evoca en todos cuantos lo ven, Para unos solo para otros la gran
mayoría de ‘’católicos’’, representa al Hijo de Dios que murió para
salvar a la humanidad; para los menos, a un profeta que, en su
lucha por una sociedad más justa, se enfrentó a los poderes de su
tiempo, Roma y el Templo, y por eso lo persiguieron y lo
ajusticiaron.
Las corrientes dominantes, la Iglesia Oficial al frente, tienen
mucho cuidado en ocultar la última de las significaciones. Cada
cual argumenta según sus intereses.
250
Estado laico, Iglesia laica
b) La Biblia. Es el libro sagrado que contiene la “palabra de
Dios” para los cristianos y en el que se plasma lo que la teología
ha denominado “la historia de la salvación”.
Pero su interpretación es privativa del Magisterio de la Iglesia.
Ninguna interpretación es válida, fuera de ese magisterio. Todos
los exegetas que practican la libre interpretación, todas las
investigaciones arqueológicas, lingüísticas, etc. de los biblistas no
valen nada si no ratifican la interpretación oficial, canónica. Esto
hace de la Biblia también un instrumento de manipulación, de
opresión, de persecución, en manos de la Iglesia Católica.
Además, la Biblia se viene utilizando desde tiempo
inmemorial en tomas de posesión de cargos públicos: Juran sobre
ella y por ella que van a Cumplir con sus obligaciones.
Son ejemplos concretos de cómo los símbolos religiosos,
sacados de su contexto original, son recursos útiles para imponer
mentalidades, suscitar sumisiones, reprimir libertades…etc. Lo
que, en cualquier sociedad que aspire a consolidar un modelo
democrático de convivencia, exige consensuar un sistema de
símbolos que representen valores comúnmente compartidos por
todos los ciudadanos y debidamente actualizados.
Es ésta nuestra situación? Nuestra respuesta sólo puede ser
negativa. La profusión con que, todavía hoy se usa y se abusa de la
simbología religiosa católica en los espacios públicos de nuestro
país nos hace constatar que continuamos manteniendo prácticas,
símbolos y costumbres propias de un Nacionalcatolicismo
pre―democrático. ¿Cómo entender, por ej., que ministros, jueces
y parlamentarios sigan poniendo a Dios por testigo, ante el
Crucifijo, de su hipotética fidelidad a la nación, cuando muchos
de ellos son personas no creyentes? ¿Cómo justificar la celebración
de la Eucaristía cristiana para rendir honores de Estado en los
funerales de soldados pertenecientes a otras religiones y culturas?
¿Con qué argumentos se puede justificar que las aulas de miles de
Colegios públicos sigan ‘presididas’ por el crucifijo o imágenes de
la virgen, en un estado que se proclama constitucionalmente
aconfesional? ¿Cómo admitir pasivamente que esos mismos
251
Estado laico, Iglesia laica
símbolos cristianos presidan ostentosamente las Salas de Plenos de
tantos Ayuntamientos como si viviéramos bajo el franquismo
victorioso de la ‘cruzada nacional’?.
Estos son algunos ejemplos del ingente imaginario
católico―doctrinario que reina todavía en nuestro país, a pesar de
que la Constitución y otras leyes proclamen el respeto por la
libertad religiosa y la naturaleza democrática de un Estado que se
declara aconfesional, pero que no actúa como tal, presionado por
la Iglesia Católica oficial. No en vano Benedicto XVI lo
denunciaba así cuando en el reciente viaje a España arremetía
contra las actitudes laicistas y se quejaba de lo que él considera
“marginación de la religión y en particular del Cristianismo, ante
los intentos de suprimir de la vida pública fiestas y símbolos
cristianos en nombre del respeto de quienes pertenecen a otras
religiones o, simplemente no creen en Dios”.
En una sociedad tan plural como la nuestra, en la que, las
cifras son cada vez más elocuentes de las tendencias
secularizadoras, con sólo el 9% de los jóvenes que se declaran
católicos, un descenso claro en el número de bautizos (165.000 en
toda España en 2010), con un porcentaje de alumnos de
bachillerato apuntados a las clases de religión católica que no llega
al 45%, y sólo un 32% de contribuyentes partidarios de la x en la
casilla de la Iglesia C., sumado todo ello al porcentaje creciente de
población emigrante de otras culturas y de otras religiones, no
cabe ya apelar al argumento de que los católicos somos mayoría
para mantener la presencia de símbolos religiosos en el espacio
público. . Incluso en términos estadísticos, tal vez los menos
importantes, la tradicional hegemonía de lo católico en nuestro
país ha perdido legitimidad y supone un trato discriminatorio a
una mayoría de ciudadanos, que los poderes públicos toleran en
nombre de una falsa uniformidad religiosa española.
Diferente valoración merecen los símbolos religiosos de uso
personal, por entender que el derecho fundamental a la libertad de
conciencia de cada persona incluye la libre expresión de su fe
religiosa, siempre que no colisione con principios básicos de la
252
Estado laico, Iglesia laica
Ética social basada en los Derechos Humanos y los principios
constitucionales del país.
Un cristianismo coherente no puede ser condescendiente con
la falta de respeto a la diversidad de creencias y culturas que en
una sociedad multicultural, como ya lo es la española, coexisten, ni
puede ser insensible al profundo proceso de secularización que ha
arraigado ya en nuestro país. Desde la propia fe cristiana no podemos
compartir los intentos de coacción moral y adoctrinamiento católico
integrista que determinados sectores protagonizan antidemocráticamente.
En conclusión, denunciamos la presencia ostentosa de
símbolos religiosos en el espacio público por entender que
representan una falta de respeto y un trato discriminatorio a
muchos ciudadanos y solicitamos un debate público en torno a los
nuevos símbolos que los valores democráticos requieren.
3. Tareas de los cristianos de base hoy
Si queremos contribuir a una sociedad más pacífica y justa,
habremos de defender que los símbolos que dominen el espacio
público representen a toda la ciudadanía y a los valores
democráticos que cohesionan a la sociedad entera, no mostrar
únicamente las creencias y sensibilidades de una parte de esa
sociedad. Y sólo con un Estado laico es posible avanzar
seriamente en esa dirección.
Para avanzar hacia ese Estado laico, respetuoso e igualitario,
los cristianos hemos de actuar, tanto con nuestros votos como con
la praxis cotidiana. En estos momentos señalamos, dos áreas
estratégicas en las que incidir a corto plazo:
1- La ley de libertad de conciencia, cuyo proyecto ha sido
retirado tristemente de la agenda política del Gobierno, a pesar de
que formaba parte de su programa electoral. Denunciamos esa
claudicación del Gobierno ante los poderes fácticos más
retrógrados e interesados y rechazamos el argumento de que ‘no
existe suficiente consenso social’ para sacar adelante esta ley. Pues
253
Estado laico, Iglesia laica
eso no puede saberse mientras no se plantee la discusión. Nunca
habrá consenso si se elimina el debate.
2- Seguir avanzando en la retirada de símbolos religiosos de
la Escuela.
Las Aulas de los Centros públicos y concertados no pueden
ser lugares de adoctrinamiento religioso, sino espacios de
educación en valores democráticos, de fomento en los alumnos de
un espíritu crítico y de iniciación al conocimiento científico. Es
ésta una materia que viene exigida por nuestros fundamentos
constitucionales, y ratificada por diversas sentencias de los
tribunales españoles y tomas de posición del propio Parlamento
Europeo.
Consideramos que la retirada de los símbolos religiosos de
todos los centros docentes, públicos y concertados, sería un
importante paso adelante en el tratamiento igualitario de todas las
confesiones religiosas, tanto en los espacios públicos, como en el
ámbito de la política, que debería tener su correlato en la esfera
jurídica y que debería ser regulado con rango de Ley en el futuro
texto de Ley de libertad religiosa y Libertad de conciencia.
―――oOo―――
254
Estado laico, Iglesia laica
Conclusión: Otra Iglesia no es
posible, por ahora
Mayo 2012
En una Iglesia jerarquizada; mientras siga mandando y
gobernando la Curia Romana, otra Iglesia es imposible. Mientras
siga vigente el actual Código de Derecho Canónico que entroniza
al Papa como un Rey Absoluto, otra Iglesia es imposible.
Mientras esta institución eclesiástica siga atada y bien atada a este
Capitalismo perverso, otra Iglesia es imposible. Mientras siga
formando parte de las estructuras de esta Globalización financiera
y especulativa, esta Iglesia no puede abrir la boca para pronunciar
el Mensaje de Jesús de Nazaret. Mientras no sea capaz de
reconocer los Derechos humanos dentro y los exija hipócritamente
fuera, otra Iglesia es imposible. Mientras continúe en el entramado
político, económico, jurídico y social del mundo de los ricos, es
imposible que pueda decir una palabra al mundo de los
empobrecidos. Se encuentra situada en la línea del Sistema que
hace cada vez más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Ha
olvidado completamente la sentencia de Jesús que dice que “no se
puede servir a dos señores, no podéis servir a Dios y al Capital”.
Por ello, hasta comprendemos que el grupo joven de Anonymus
haya bloqueado la pagina web del Vaticano, intentando acallar su
voz (1).
1
“Anonymus reivindica el segundo ataque en 5 días contra la web del Vaticano”.
ABC 12/03/2012. [En línea:
255
Estado laico, Iglesia laica
Pero, a pesar de todo, seguimos soñando que “otra Iglesia
puede que sea posible en un futuro”, bastante lejano.
Soñamos una Iglesia que promueva un cristianismo NO
como una Religión de práctica de ritos: bautizarse, casarse y
enterrarse por la Iglesia institucional, ir a misa o realizar otros
actos de culto, novenas, triduos, procesiones, aunque sean las de
Semana santa, romerías, sino como una FE. La Iglesia la
formamos los que creemos en Jesús. Los que tenemos la
convicción o experiencia personal de que lo que le ocurrió a Jesús
nos puede pasar a nosotros. Que por más desgracias,
enfermedades, crisis, marginación que suframos en nuestra vida, si
confiamos en las palabras de Jesús, seremos amados y exaltados
por el Padre, como le sucedió a El.
Soñamos una Iglesia, en la que la “fe en Jesucristo actúe por
medio del amor” (Gal. 5,6). El amor cristiano, el ágape, no es
puro sentimiento sino sentimiento―acción, que busca practicar la
misericordia con los más necesitados, porque a Él se lo hacemos
(Mt, 25,40), que se hace “prójimo” o practica la misericordia con
el despojado por los ladrones (Lc 10,36) y realiza la justicia, para
que “nadie pase necesidad” (Hc, 4,34), porque los bienes básicos
de este mundo son comunes a todos, no propiedad de los ricos.
Soñamos una Iglesia de iguales, porque la Iglesia católica no
la constituye solo la jerarquía, ni el clero ni los religiosos, las
religiosas ni los de Acción católica. La Iglesia es, ante todo, laica
NO clerical, porque la integra el pueblo cristiano, nosotros los de
a pie. Y en la que sus dirigentes, elegidos entre todos, no ejercen
su autoridad de modo déspota, con soberbia y creídos de que ellos
poseen toda la verdad, sino como cuidado, en servicio cariñoso de
orientadores (Mc 10,42) y con oído atento a lo que decimos en la
base. La jerarquía no debe estar siempre dirigiendo, ordenando,
mandando y menos condenando a los fieles que no piensan como
http://www.abc.es/20120312/medios―redes/abci―anonymous―vaticano
―ataque―201203121643.html ]
256
Estado laico, Iglesia laica
ellos, como el Papa y los obispos han procedido con tantos
teólogos y con tantos pensadores y científicos.
Soñamos con una Iglesia que reconozca la libertad de
conciencia para todos. Que admita que todos los seres humanos
pueden realizar la opción religiosa personal que deseen, sean
musulmanes, judíos, hindúes, budistas etc., porque todas las
religiones son caminos de salvación, también la nuestra, la
cristiana. Que respete, de igual modo, cualquier cosmovisión no
religiosa del mundo, como la de los agnósticos o ateos, porque
también esas cosmovisiones son caminos de iluminación y
salvación y porque todos los seres humanos tienen derecho a la
libertad de conciencia, con mutuo respeto y en diálogo.
Soñamos, finalmente, a nuestra Iglesia católica como
institución de servicio al mundo y no de poder paralelo al Estado.
Abogamos, por tanto, por una Iglesia que renuncie al Estado
Vaticano, a los Nuncios y a los Concordatos con el resto de
Estados. Que ceda a los Estados sus grandes edificios
patrimoniales: Catedrales, santuarios, bibliotecas, museos etc., para
que sirvan a todos como bienes culturales.
En particular, nos pronunciamos por la abolición de los
Acuerdos Sata Sede―Estado español de 1979, que privilegian a la
religión católica en detrimento de las demás confesiones religiosas
y van en contra del principio de igualdad y de justicia, con todo lo
que en ellos se refiere a la financiación de la Iglesia, enseñanza de
la religión, matrimonio católico, obispos castrenses, capellanes
militares, de hospitales, de cárceles etc.
Exigimos la promulgación de una Ley no de Libertad
religiosa, sino de Libertad de conciencia y convicciones.
Abogamos porque desaparezcan los símbolos religiosos
(crucifijos, biblias) en edificios públicos: Congreso y Senado,
Ministerios, Consejerías, Ayuntamientos, Escuelas, Hospitales,
Juzgados, Comisarías, Cárceles, etc. Respetamos, no obstante, el
uso del velo islámico, tocas de las monjas o cruces en el pecho,
como manifestación privada de su religión, porque toda persona
257
Estado laico, Iglesia laica
tiene derecho a manifestar su religión y sus creencias, siempre que
no perturbe el orden público, cuya regulación le corresponde al
Estado.
Nos pronunciamos porque las autoridades civiles y políticas
no juren ante la Biblia o el crucifijo en la toma de posesión de sus
cargos y que ninguna autoridad civil o militar esté presente en los
actos públicos religiosos: procesiones, funerales, bodas, etc., Que
no haya Funerales públicos de Estado por los muertos en acto de
servicio de militares en Afganistán o en cualquiera otros países,
sino actos civiles.
Que se eliminen en la TV pública las noticias referentes a
procesiones católicas de Semana Santa, los actos del Pontífice en
Roma: Misas en el Vaticano, Bendición Urbi et Orbi, etc.
Que desaparezcan las fiestas religiosas del calendario, en su
mayoría de origen religioso pero con efectos civiles de vacaciones,
“puentes”, santos patronos, “semana santa” (¿por qué santa?),
ramadán, etc
Finalmente, exigimos una Escuela pública laica, en la que no
se enseñe ninguna Religión, ni haya profesores de religión en
escuelas públicas o concertadas. Y que vayan desapareciendo los
conciertos del Estado con Colegios católicos o de otra religión,
cuyo ideario no es laico sino religioso.
Soñamos con una Iglesia laica en un Estado laico…. ¿es
mucho soñar?
―――oOo―――
258
Estado laico, Iglesia laica
Apéndice: Manifiesto de Redes
Cristianas por la Laicidad
Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad
cristiano-católica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por
la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y
aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo
encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no
sometida a ningún tutelaje del Estado.
Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado
en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido el
principal obstáculo a la separación entre ambos y que actualmente
están generando un gran malestar en amplios sectores sean
católicos o no, Redes Cristianas manifiesta claramente su postura
e invita a sumarse a cuantas instituciones o personas quieran
hacerlo.
El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado
como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la humanidad
hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia, es
avanzar hacia la creación de aquellos espacios de libertad que
hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o
religiosas, creyentes o no.
Y, puesto que el único garante de este espacio público es el
Estado, laicidad significa la autonomía del Estado respecto de
cualquier magisterio religioso o cosmovisión filosófica que
pretenda imponerse como la única verdadera.
Desde esta postura:
1. Denunciamos los Acuerdos de 1979 del Estado español
con la Santa Sede ―en vigor desde hace casi 30 años― y no
259
Estado laico, Iglesia laica
proponemos su renovación porque, nacidos en situación de
privilegio confesional católico, están afectando hoy día a una
sociedad religiosamente plural y ampliamente secularizada y son
causa de muchos de los conflictos que afectan a la convivencia
ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que las entidades
dependientes de la Iglesia y demás confesiones religiosas se acojan
al derecho civil que regula la vida asociativa en el Estado.
2. Apostamos por una laicidad plena que reconozca la
autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso y camine
hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado,
reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios ni
ventajas eclesiásticas y garantizando el ejercicio de las libertades
fundamentales para todos y todas. La Iglesia será libre sólo cuando
esté clara y definitivamente desligada del Estado y se ponga
decididamente al servicio de los pobres y excluidos de este mundo.
3. Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre
confesiones religiosas y el Estado, que de lugar a un “estatuto de
laicidad” que regule la presencia y las actuaciones de los poderes
políticos en las ceremonias religiosas y de las jerarquías religiosas
en los actos políticos, suprimiendo los símbolos religiosos en el
espacio público civil.
4. Exigimos que el funcionamiento democrático interno, la
participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener
en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de
colaboración con las entidades sociales. Consecuentemente,
denunciamos el clericalismo y la discriminación por razones de
género y orientación sexual, aún presentes en la Iglesia católica y
otras confesiones.
5. Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite la
formación integral de la persona, el aprendizaje, la socialización y
la enculturación sin proselitismos ni adoctrinamientos, y que
responda a principios de igualdad, libertad y formación crítica
para todas las personas. Reconocemos el pluralismo religioso y
cultural existente, y, en consecuencia, denunciamos la actual
presencia de la religión confesional católica en el sistema educativo
y en la escuela pública y concertada.
260
Estado laico, Iglesia laica
6. Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista,
organizada democráticamente desde la aconfesionalidad y sin
permitir interferencias confesionales en el espacio político, ni
privilegios que, desde los principios de justicia y equidad, causan
agravios comparativos con el resto de las instituciones. Desde aquí
denunciamos el actual sistema de financiación de la Iglesia católica
por el Estado español.
7. Abogamos por mantener la autonomía de la ética en una
sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad
secular (en el tejido social, político, productivo, cultural,
científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas
para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos las presiones de
la jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública.
8. Defendemos la presencia de las confesiones religiosas en
los medios de comunicación. Pero denunciamos a la Conferencia
Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho de la
Libertad de Expresión que está haciendo la Cope. Exigimos a la
Conferencia Episcopal Española el cambio radical en su línea
editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía del respeto a
los derechos de los ciudadanos.
Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como
detentor y representante de la soberanía popular y a las jerarquías
de las confesiones religiosas, especialmente a la de la Iglesia
Católica, que asuman responsablemente el espíritu de la
Constitución, la cual, en el Art. 16 párrafo 3, al afirmar que
“ninguna confesión tendrá carácter estatal”, aboga por el
establecimiento de aquel espacio laico y de diálogo al que hacemos
referencia.
Redes Cristianas
Publicado el 6 de septiembre del 2008:
http://www.redescristianas.net/2008/09/06/manifiesto―
por―la―laicidad―redes―cristianas/
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Estado laico, Iglesia laica
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