Valencia y (p)resentimiento

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Valencia y (p)resentimiento
REVISTA DE ARTE Y PENSAMIENTO
Año 4
Nº 8
www.revistabostezo.com
México 80 Pesos | UE 7 € | GB 6.5 ₤ |
Argentina 30 Pesos | Guatemala 60 Qtz |
Perú 30 N Soles | Brasil 25 Reais | USA 7.5
$ | Tinduf 150 Drs | Uruguay 200 Pesos |
Cuba 4 CUC | Colombia 12.000 Pesos
2o TRIMESTRE
Dossier
Valencia y (p)resentimiento
holocausto bakala / EL DESPILFARRO Y OTRAS RUTAS / fallas
joan fRANCESC mira Y alicia de miguel / VALENCIA, SICILIA, TEXAS
6.00 €
Editorial
DEBAJO DEL HORMIGÓN
Director: Walter Buscarini
Editor: Paco Inclán ([email protected])
Directores de arte: Sergi Inclán y Montse de Mateo (www.artefagia.com)
E
Diseñador: Andrés García (www.setembre.es)
Redactor-Jefe: David Barberá
Diseño web: Sergi Inclán
Editor literario: Héctor Arnau
Mesa de redacción: Laura Domingo, Albeliz Córdoba, Sonia
García, Quique Falcón, Olga Esther, Ausiàs Navarro, Itziar
Castelló, Kike Ferrando, Jesús González, David Estal, Marc
Sempere, Javi Llorens, Carlos Madrid, David Moya, Alejandro
Morales, Alfonso Moreira, Nacho Moreno, Inés Plasencia y
Paqui Santos
Fotografía: Eva Máñez, Joan Navarro, José Bravo, Jordi Coll,
Nacho Messeguer y Roc Herms
Artistas colaboradores: Po Poy, Dani Sanchis, Irene Fenollar,
Riccardo Maniscalchi, Miguel Brieva, Johanna Guayambuco,
Eduardo Romaguera, Gloria Vilches, Andrea Blum,
Ismael Rumbeu, Marta Pina, Javier Jubera, Don Rogelio J.,
Hermatocrítico, Aitana Carrasco y Lalo Kubala
Psicóloga: Eva Vives
Correctora: Sonia Vives
Departamento de souvenirs: María Ferrando
Colaboraciones: Poncho Martínez, Silvia Nanclares, Fermín
Alegre, Pilar Pedraza, Arturo Castelló, Vicente Chambó,
Raquel García Sáez, Nacho Messeguer, Miguel Morata,
Eloy Fernández Porta, Santiago Alba Rico, MacDiego, Kiko
Amat, Pau Rausell, Ester Giménez, Nacho Moreno, Javier
Reguera, Epo, Nacho Fernández, Víktor Gómez, Guillermo
López, Alicia Martínez, Paco Arroyo, Erika Jordán, David
Moreno, Abelardo Muñoz, Laura Navarro, Jaime Ortega,
ste dossier nace de un
error: el de considerar que
Valencia —el imaginario,
el territorio, la ciudad, la
región— estaba presta a iniciar
un renacimiento, un fin de época,
una necesaria reconversión. En
definitiva, de dejar atrás la decadencia, la mediocridad y la bajeza
moral a las que la sociedad valenciana se ha visto arrastrada en
los últimos años. En las primeras
reuniones, acontecidas en el Café
Museu, donde se gestó la idea de
este monográfico conversando
con el cineasta Marc Sempere y el
arquitecto David Estal, soñamos
con un número optimista y proactivo que supusiese el resurgir de
nuestras propias cenizas. En un
principio lo llamamos Valencia y
presentimiento. Algo bueno iba a
pasar, tenía que pasar; tocar más
fondo nos resultaba complicado
imaginarlo. Además Valencia es
fácil de odiar, sale casi sin pensar
y a nosotros nos gusta darle al coco. Y, oye, aquí no se está tan mal,
al fin de al cabo, eso sí,…el clima es
inmejorable.
Fotografía de Eva Máñez (Desayuno con Viandantes)
Eugeni Machancoses, J. J. Pérez Benlloch, Vicente Ponce,
Ángela Sánchez de Vera, Dildo de Congost, Rogelio
Villarreal, Óscar Gual, Epo, Joan F. Toledo, Mª José Vizcarro
Consejo editorial: Suscriptores y suscriptoras de Bostezo
Edita: Asociación Cultural Bostezo
Suscripción: [email protected]
.
Publicidad: [email protected]
Teléfono: 628 135 042
Impresión: La Gráfica (www.lagraficaisg.com)
.
Distribución: www.revistabostezo.com (números atrasados),
Sendra Marco y Traficantes de Sueños
Identificación: La revista Bostezo no comparte necesariamente (pero a lo mejor sí) el contenido de los textos
publicados en este número. Bostezo se responsabiliza solo
del contenido del editorial.
© TODAS las obras publicadas pertenecen a sus autores.
Año: 2013
ISSN: 1889-0717
Depósito legal: V-4401-2008
fuera de foco
Pero el buen clima no garantiza el buen ambiente. Como dice Llorenç Barber “en Valencia se puede vivir si vives cerca de un aeropuerto y puedes desintoxicarte periódicamente”. Conforme vimos cómo se iba desarrollando el dossier no pudimos más que
darle la razón: una parte importante de Valencia es francamente tóxica. Nuestro presentimiento se iba tornando en una desazón rara, incluso en ocasiones un pelín iracunda, algo no demasiado usual en el temperamento bostezante. Así que añadimos el
paréntesis: (p)resentimiento; imposible esconder la parte resentida que se nos escapaba por los márgenes de la revista. Porque aquí (como damos cuenta en estas páginas)
los gobernantes hace tiempo que andan más preocupados en solventar sus pleitos,
salvar su honorabilitat mancillada, reivindicar la presunción de inocencia sobre culpas
irrefutables y pagar con dinero ajeno las deudas de sus (ne)fastos. La Administración
—inoperante e insensible— no es hoy un interlocutor válido. No hay apoyos, por ejemplo, para el desarrollo de un cine, de un teatro, de un deporte —más allá de los clubes
de fútbol profesional—, de una investigación científica de carácter social y valenciano;
el nepotismo y el autoritarismo están a la orden del día y los recortes afectan a los
más débiles. Somos comunidad líder en porcentaje de deuda pública, niños estudiando
en barracones y número de desahucios, entre otros despropósitos. Por quedarnos, nos
hemos quedado hasta sin bancos.
Valencia está que arde. Y el incendio se propaga por toda la península.
Nos hemos visto acuciados por la urgencia histórica del aquí y ahora. Permítannos
pues que este editorial sirva para narrar otras valencias que no hemos podido contarles en el dossier como nos hubiese gustado. Todas esas (re)acciones contestatarias
dad, vivienda, servicios sociales, cultu—también esta revista— revestidas
ra...— es necesario para que nos declade una naturaleza atolondrada, poremos oficialmente hasta los huevos en
bre, diríamos quijotesca. Porque debloque y sin fisuras.
bajo del hormigón —y aquí hormigón
No, este no es el dossier que habíano es metafórico— surge una (in)
mos pensado, sino el que nos ha salido.
cierta sociedad civil de movimienHemos tenido que aceptar que todavía
tos desmembrados y muchas veces
es pronto para hablar de un renacer vaespasmódicos, sin más voluntades
lenciano, aunque no hemos descartado
que una épica a la astérix y el pensat
reflejar sus destellos, pero sin querer
i fet valenciano. Hoy la cultura y el
pecar de ingenuos. Aún hay que hacer
movimiento social en Valencia pasa
balance de los daños, superar el ocaso y
por los bares, los solares, los huermucha gente sufriendo las consecuentos urbanos (contra la dictadura de
cias para que viniéramos nosotros a haMonsanto), las bicicletas, las asociablarles de renacimiento. Esperamos que
ciones de vecinos, las fallas sin caeste dossier (y su ramificación en Bostesal, los colectivos de afectados (del
zo Digital) contribuya a la regeneración
accidente de metro, de Canal 9, de la
que, tarde o temprano, debe darse en
sanidad pública, de los desahucios),
la sociedad valenciana, que durante el
los fanzines autoeditados, por una
siglo xx fue origen de movimientos tan
simbiosis entre psicología colectiva,
arquitectura y gastronomía, por aninteresantes como el esperantismo, el
tiguos mataderos reconvertidos en
anarquismo o la objeción de conciencia.
librerías, residencias de músicos y
Última capital de la II República, pioneros
espacios inestables, un barrio maride la imprenta y vanguardia de diseño y
nero que se cae a pedazos, poetas
tipografía. También en psiquiatría (esto
dispuestos a donar sus versos a
quizás no hable tan bien de nosotros).
cualquier revolución, octavillas foY contamos con la institución jurídica
tocopiadas a correcuita, vestigios
más antigua de Europa, el Tribunal de
okupas... Y muchos son los que, has- Equilibrismos, de Gloria Vilches
las Aguas, cuyas leyes se transmiten —y
tiados del páramo sociocultural vase acatan— de manera oral desde hace
lenciano, optan por formar parte de
diez siglos, lo cual no deja de ser una pauna silenciosa diáspora autóctona. Valencia (lo que sea) es hoy un
radoja frente al choteo mayúsculo con el que determinados persoterritorio desarticulado que, después de treinta años de Estatuto
najes —llamarles políticos sería otorgarles demasiado estatus— se
de Autonomía, ni siquiera tiene claras sus señas de identidad: conburlan de la justicia.
flictos de vexilología (la senyera, la cuatribarrada o terceras vías),
Y Josep Renau nació en Valencia. Y Estellés, en Burjassot.
lingüísticos (valenciano, catalán o “hablamos el idioma catalán que
Pero hoy, desafortunadamente, somos conocidos por aspectos
aquí llamamos valenciano”) o el tan mal resuelto nombre de la recomo un aeropuerto sin aviones, por ser epicentro expansivo de tragión (Comunidad Valenciana, Reino de Valencia, País Valenciano...)
mas y corruptelas, por un arquitecto que ha levantado su fortuna
que provoca la desafección de alicantinos, castellonenses y de todo
con edificios 'emblemáticos' en desuso (o, es más, que no se llegaaquel que no se identifique con la ciudad de Valencia. Este problema
ron a construir) o por una deuda monumental que parece imposible
identitario, esta falta de cohesión social, ha sido aprovechada en los
de saldar. Llegado el momento del sublime gatillazo, ¿quién paga la
últimos veinte años por un poder hegemónico para definir, a su imacuenta?
gen y semejanza, qué era el ser valenciano: ser votante del partido
En definitiva, este número de la revista nos ha interpelado
del poder (mejor con carne), reírle las gracias a los faraones a costa
con una intensidad mayor que cuando hemos tratado otras cuesdel erario público, ser del Valencia C. F., mostrar altas dosis de ‘catationes de índole llamémosle más intelectual, como la economía, la
lanofobia’ y creerse a pies juntillas los informativos de Canal 9 (ese
psicogeografía o incluso los genitales. Bostezo siempre ha hecho
gala de ser una publicación valenciana de pensamiento —bendito
nodo contemporáneo). Pero los otros valencianos, incluyendo esa
oxímoron— gestada desde un pueblo sin librerías llamado Godella,
masa amorfa que calla y otorga, somos muchos más. Deberíamos
para más señas. Una revista pretendidamente periférica como conunificar nuestras luchas y anhelos para que no se cumpla la primera
trapeso a las fuerzas culturales centrípetas que aseguran que nos
profecía: “ahora vienen a por nosotros, pero ya es demasiado tarde”.
iría mejor si la editásemos en Madrid o Barcelona o, mejor aún, en
Aunque igual ya lo es.
París o Nueva York.
Concluimos con un presentimiento, esta vez sin paréntesis: si
desde la trinchera
fuimos los primeros en caer, también podemos ser pioneros en alY es que tenemos tantas ganas desde hace años de que algo camzarnos. Pero habrá que crear otro modelo de crecimiento: más ‘larbie que somos capaces de bautizar como 'Primavera Valenciana' (en
goplazista’, más inteligente, más sostenible, más solidario... o dejar
exagerada alusión a la árabe) al hecho de que unos antidisturbios se
de pensar en el crecimiento atolondrado como desarrollo de nuesdediquen a golpear vilmente a un puñado de adolescentes. Sí, claro,
tro porvenir. Sea como sea, tenemos que evitar que se cumpla la
existen conatos aislados de resistencia cultural y social, la mayoría
segunda profecía: tocaron fondo, pero siguieron cavando. Entonces
de ellos desconectados (cuando no desconfiados o enemistados)
sí, apagamos y nos vamos.
entre sí, lo cual provoca una frustrante sensación generalizada de
que cada cual hace la guerra por su cuenta desde su trinchera. A
veces se tiene la sensación de que vivimos en una burbuja ajena al
Una ciudad por construir, de David Estal mundo exterior. La pregunta que nos ronda es qué porcentaje de
en revistabostezo.com
perjudicados por las políticas deshumanizadas —educación, sani-
☞
Sumario
Fotografía de portada: Guillem Molina Vacas | Fotografía de contraportada: Sergi Inclán
RETROVISOR
04. 06. 08. 10. 12. 14. 16. 18. 19. 20. 22. 26. Valencia, corazón hipster, Andrea Blum
¿Cuándo escampará la tormenta?, Daniel Mochuelo
Elogio de la pobreza, Dildo de Congost
El primer cómic digital, Breixo Harguindey
De realidades y compromisos, Manuel Garrido
La batalla contra el mercado será capital, Salvador Salgueiro
Como si viviéramos en el mundo, Marc Sempere
Inquietud, Nacho Fernández
El fin del mundo empieza aquí, Nacho Moreno
La mejor telebasura, Epo
Lecturas para bostezar, Daría Barbate
El Bostezo del futuro, Noel Viñales
BOSTEZO VISUAL
44. La sombra de las letras, Tomás Gorria
CONCURSO
24. Valencia necesita una canción, Malatesta Records y revista Bostezo
platicando
52. 76. Joan Francesc Mira, Joan F. Toledo y revista Bostezo
Alicia de Miguel, revista Bostezo
BATISCAFO
81. Suplemento literario, número 8
DOSSIER: VALENCIA Y (P)RESENTIMIENTO
30. 32. 35. 38. 42. 46. 49. 56. 58. 60. 64. 68. 70. 72. Re-mediterraneizar el mundo, Santiago Alba Rico
Gora Bankia askatuta, Danilo Barbosa
45.000 jugadores de golf, Nacho Moreno
Valencia en sus revistas, revista Bostezo
Holocausto Bakala, Dildo de Congost
Diálogo del diablo adolescente con un antiguo militante anarquista, Héctor Arnau
Valencia, espacio disponible, Inés Plasencia
¿Dónde están los datos?, Víctor Samsa
En busca de la milla de oro, Nacho Messeguer
La isla del Dr. Moreu, Óscar Gual
Ajoblanco 76, Pau Rausell
La rebelión de las tostadas, Eva Máñez (fotografías)
El juicio a Camps, Sergi Tarín
Vámonos de rutas, Walter Buscarini
PRÓXIMO NÚMERO:
EL FRACASO NOS
HIZO INDEPENDIENTES
Para la impresión de este número,
la Asociación Cultural Bostezo ha
recibido ayuda económica de la
Concejalía de Participación
Ciudadana del Ayuntamiento
de Godella, a través de la
convocatoria de subvenciones a
asociaciones locales.
letras Una reseña ‘jonda’ de Historia social del flamenco, de Alfredo Grimaldos. Ediciones Península, 2010.
ELOGIO DE LA POBREZA
“Voy a cantar con los pobres, allá lejos, a la orilla del río,
donde no nos oigan los ricos, porque si nos oyen querrán
comprar nuestro canto / para después vendérnoslo a
nosotros mismos / y hacer el negocio del siglo”.
Dildo de Congost
Ilustraciones de Javier Jubera
S
obre el valor de la pobreza, el dolor,
la rabia y la tradición, tiene mucho que decir el cantaor chiclanita
Rancapino. Con cierta sorna, suele achacar su proverbial ronquera a haber
pasado media vida descalzo y, como buen
maestro, supo exprimir sus penurias hasta hacer estallar el ‘quejío’, ese grito desgarrado y primordial que rompe la barrera
del tiempo. Esa misma barrera que Alfredo
Grimaldos atraviesa al galope en Historia
social del flamenco: arranca en el siglo xv,
con la llegada de los gitanos a Andalucía,
y termina en el siglo xxi, con las edulcoradas pachanguitas de José Mercé y demás
flamencoides degenerados. Entremedias,
el autor desgrana las mil y una noches de
patriarcas gitanos y flamencos con solera.
Grandezas y, sobre todo, miserias protagonizadas por titanes como Miguel Molina,
Tío Luis de la Juliana, Corruco de Algeciras
o El Chato de las Ventas.
Si algo queda claro en estas trescientas veinte páginas es que el flamenco es
una secuela lírica del hambre. Y que, como
dice el escritor Paco Espínola, “en Andalucía confluyen la desesperación filosófica
del islam, la desesperación religiosa del
hebreo y la desesperación social del gitano”. A menudo, este último era víctima de
la más flagrante injusticia social, denunciada sin tapujos por fandangueros como
el vagabundo Bizco Amate: “me lo cogen y
me lo prenden al que roba ‘pa’ sus niños. Y
al que roba muchos miles no lo encuentran
ni los duendes ni tampoco los civiles”.
Los gitanos podían estar en la trena o
en la mina, pero llevaban la libertad en las
venas. Y sus gargantas rompían cadenas
con canciones forjadas y transmitidas por
‘agüelos’, ‘pares’ y tíos. O por payos cabales
como Caballero Bonald. Suya es una ‘soleá’
de alto voltaje lírico escupida por Manuel
Soto Sordera que dice: “qué pobre es la
casa ‘aonde’ vivo yo, el suelo es de tierra
y un montón de paja y dormimos ‘tos’”. Así
8 | retrovisor |
Jaime Jaramillo Escobar
| retrovisor | 7
Ilustración de Marta Pina, El alma se serena. Editorial Media Vaca (2012)
televisión Gandía Shore.
La mejor telebasura
Epo
Ilustraciones de Don Rogelio J.
G
andía Shore es el mejor programa de telebasura de los últimos años. Solamente he disfrutado tanto con la primera
edición de Gran Hermano (“¿Quién me
pone la pierna encima?”) y con la primera (y
única) de Confianza ciega (“¡Jo, tía!”).
La mecánica del programa es bien simple:
juntar a un puñado de jovencitos de ambos
sexos con ganas de marcha en un chalet
durante un mes de verano para que beban
y follen todo lo que puedan. Al contrario
que en Gran Hermano, aquí no hay eliminatorias ni premios. No es un concurso.
Además, los participantes pueden y deben salir de la casa: hay un simulacro
de trabajo (a media jornada y en días
alternos, no se vayan a herniar) y salidas a bares, discotecas, gimnasios,
peluquerías y otros templos culturales
como Terra Mítica. Con el material grabado y convenientemente guionizado
y editado se prepara una serie de episodios a emitir al cabo de unos meses.
No se busca la ilusión del tiempo real.
Hay tiempo de sobra para construir un
relato dramatizado y promocionarlo convenientemente.
mtv, la antigua cadena de vídeos musicales reconvertida en
contenedora de realities bizarros, necesitaba una localización que
cumpliera una serie de requisitos: tenía que ser un sitio playero
de veraneo, con abundancia de discotecas, chiringuitos y otros
dispensadores de diversión low cost. La feliz elección recayó en
Gandía. ¿Casualidad? Gandía es desde hace décadas el destino
veraniego de miles de familias madrileñas. Representa a la perfección el mito español del Levante feliz: sol y playa a precios más
o menos asequibles, y lugareños simpáticos y serviciales. Ni tan
‘guiri’ como Ibiza, ni tan borbónica y teutónica como Mallorca. Producto 100% español.
mayoría valenciana
Y aquí viene otro aspecto decisivo que hace saltar todas las alarmas de la idiosincrasia valenciana: el casting. De los ocho participantes, cinco son valencianos (tres chicos y dos chicas). De los
otros tres, hay una catalana (oportuna maniobra antiseparatista),
y un chico y una chica madrileños —es imposible hacer un programa de difusión estatal sin madrileños de por medio. Nada de andaluces, vascos, gallegos... No hay intención de representatividad
autonómica. Se trata de buscar gente festera, exhibicionista y
dispuesta a liarla.
20 | retrovisor |
Menos política y más fiesta.
En lugar de aplecs, baile en
los parkings. Se consolida
el tópico del valenciano
como tipo marchoso y
políticamente manso
Aquellos que dicen que los participantes de Gandía Shore no representan a la juventud valenciana solo
tienen parte de razón. Cierto que
no toda la juventud valenciana es
así, pero hay que asumir que los
responsables del programa no tuvieron la más mínima dificultad en
encontrar suficientes candidatos
para esta parada de los monstruos. Tipos ciclados y tatuados, narcisistamente
enamorados de sus abdominales. Tipas chonis y garrulas, con el cerebro tan frito como sus
extensiones. Todos borrachos y pendencieros,
energúmenos y malhablados, pero con poca combatividad a largo
plazo. Se les va la fuerza por la boca, y la resaca viene acompañada
de amnesia. Ese es uno de los rasgos distintivos de la sociedad
valenciana: mucho ruido, pero poca onda expansiva. Igual que una
mascletà.
APOLOGÍA DEL DESMADRE
Desde que empezaron a filtrarse detalles del proyecto, portavoces políticos de todo signo se rasgaron las vestiduras. ¿Qué imagen se iba a proyectar de la Comunidad Valenciana? A los pocos
días de iniciarse la grabación, un participante fue denunciado por
orinar en la vía pública, y una de las chicas se vio envuelta en una
trifulca en la que agredió a otra con sus tacones. El alcalde ‘pepero’ se apresuró a manifestar que aquello no era de su agrado,
pero es difícil imaginar que se pueda convertir un chalet en plató
televisivo y que un equipo grabe de día y de noche en la vía pública, durante semanas, sin que el consistorio dé su beneplácito.
Las malas lenguas llegan incluso más allá, al sugerir que algún
concejal tiene relación con los locales elegidos para las salidas
nocturnas del grupo. Los índices de audiencia han sido más que
satisfactorios, y los avispados empresarios de hostelería implicados han organizado una ruta temática para que los fans del reality
lecturas para bostezar
Ilustración de Zinmermancaricatures.com
M
Gran Vilas, Manuel Vilas.
Visor Libros, 2012.
anuel Vilas ha escrito el mejor libro de poesía en castellano en lo que llevamos de
siglo empleando el viejo truco de dedicar
todos sus poemas a celebrar la epopeya
de un poeta-más-grande-que-la-vida, que resulta ser
el propio Manuel Vilas. El truco es viejísimo porque se lo
inventó Walt Whitman en el Canto a mí mismo, hacia 1850.
Pero existen escasos precedentes en castellano, algo de
César Vallejo, o aquel verso de Carlos Edmundo d’Ory: “Si
me hundo me Carlos Edmundo”. No mucho. Además, los
poemas de Manuel Vilas sobre el poeta Manuel Vilas son
mucho mejores. “Vilas se vio casado con seiscientas mujeres / Hermosas y decisivas en el radiante rumbo de la
historia / Y se vio padre de seis mil hijos, / Padre alado de
los pájaros / Abuelo líquido de las ballenas”.
Es sabido que la poesía contemporánea es un residuo
cultural inútil (lo que no tiene por qué ser necesariamente
malo) y frustrante para el lector (lo que es definitivamente muy malo). Tras el largo proceso de abolición del metro
y la rima que culmina a finales del siglo xix -una vez que
el ámbito tradicional de la poesía fue definitivamente
conquistado por la novela y los reproductores electromecánicos de canciones populares-, el único nicho cultural al
que todavía podían optar los poetas era el de administradores de la revelación, guardianes del secreto, custodios
de lo sagrado (como advertía el propio Whitman, los poemas “si no son el enigma y la solución del enigma, son
nada”). Esta circunstancia ha convertido la lectura de poesía en una actividad especialmente frustrante, porque
cuando el lector se dispone a aproximarse devotamente
a la revelación versificada, lo que encuentra suele ser una
bobada amable o una críptica tomadura de pelo, muy lejos
de las expectativas que levanta el aura cuasireligiosa del
género poético. Manuel Vilas ha comprendido que la única
escapatoria posible es señalar repetidamente al portador
de la revelación, sin mencionar el contenido de la misma. La
estratagema consiste en inducir en el lector la sobrecogedora
sensación de proximidad a una epifanía inminente, mediante la
continua descripción del poeta en el acto de poseer el secreto último de la existencia. Por ejemplo, en este libro: “Vilas, eres perfecto.
El Ser, eso eres tú, y no la Nada, Gran Vilas”.
Y bien, existen dos pruebas adicionales que confirman que este
es el mejor libro de poesía en lo que llevamos de siglo. La primera es que puede perfectamente leerse mientras se hace
uso del transporte público, a diferencia de la inmensa
mayoría de libros de poesía, que solo pueden leerse en
las últimas y menos dolientes horas de la resaca. La
segunda, que el ritmo de los poemas de Vilas es tan
molón que inmediatamente uno se pone a componer versos mentales celebrándose a sí mismo como
custodio de la revelación, mientras viaja en tranvía de
casa al trabajo y del trabajo a casa. Toda una experiencia, sin duda.
| retrovisor | 23
El Bostezo
“La historia no los
absolverá”
(Walter Buscarini)
del futuro
Número 1 Imágenes comentadas por www.hematocritico.tumblr.com
El hospital de Llíria abre
por fin sus puertas
Rita Barberá
arrasa post
mórtem en las
elecciones
“Ya era hora”, exclaman unos obreros ecuatorianos que
permanecían en el interior del edificio desde el año 2010
La alcaldesa de Valencia
consigue una nueva
reelección con el 85% de
los votos
D
espués de casi veinte
años de ser inaugurado y tapiado, el
hospital de Camp
del Túria pudo abrir sus puertas
ante la sorpresa de los vecinos
del municipio. Las obras del
hospital finalizaron en el año
2010, con un gasto estimado en
veinticinco millones de euros,
sin que sus gestores previeran
que, una vez finalizado, había
que dotarlo de material médico y recursos humanos. “En
esa época eso era lo de menos,
lo importante era construir sin
pararse a pensar qué uso le daríamos después a los edificios
y si habría presupuesto para
hacerlo”, nos cuenta el historiador Antón Giménez. Durante el
acto de destapiado del centro,
los presentes quedaron conmocionados con el hallazgo de tres
obreros ecuatorianos que habían permanecido encerrados
en el hospital durante el largo
tiempo en que su estructura
Diciembre 2042
Que levante la mano el que tenga más
prisa para entrar en urgencias (Il hospitali religiosi). Original: San Pedro
Mártir, san Nicolás de Bari, san Benito
y un ángel músico (Cima da Conegliano, 1504)
Seguridad Social, 2015 (La profeccia dil
stato della sanidade publica spagnolla).
Original: Extracción de la piedra de la
locura (El Bosco, 1490)
permaneció tapiada. “Estábamos trabajando y apenas nos
dimos cuenta cuando empezaron a sellar con hormigón los
accesos de entrada y salida del
hospital”, declaró Fabián Jorge Bonilla, uno de los obreros
afectados.
Rita Barberá falleció hace seis
meses, no sin antes aprobar un
decreto, conocido como ‘Cid
Campeador’, donde se otorgaba a sí misma la potestad
de seguir gobernando una vez
fallecida. Los conspiranoicos
del chemtrail han denunciado
que, durante la jornada electoral, varios aviones estuvieron
dejando rastro de gases con
la intención de manipular la
orientación de voto de la ciudadanía.
Dirigentes de su partido
afirman que será la propia
Barberá quien designe la persona que regentará su cargo.
“A través de sesiones de güija nuestra alcaldesa seguirá
cumpliendo los designios de
los valencianos”, afirmó Mónica Oltra, fallera mayor en el
año 2027, que se perfila como
regente de Barberá, alcaldesa
eterna de la ciudad.
Entrevista a Pepe Bernabé, el último espectador de Canal 9
“Pues a mí me entretiene, sobre todo los informativos”, afirma con franqueza. Desde
hace cinco años Pepe Bernabé es considerado como el último espectador de Canal
9. Fuentes gubernamentales justifican de
esta forma el costoso mantenimiento de la
cadena: “Mientras quede alguien que sin26 | conversatorio |
tonice Canal 9, nosotros tenemos el deber y
la obligación de seguir emitiendo”, declaró
Pepe Bernabé, asesor de dirección de la cadena autonómica, cuyo gasto anual asciende
a más de quinientos millones de euros para
una plantilla que ha quedado reducida a
quinientos asesores. “Asesoramos a la direc-
ción que, para reducir costes, lo más adecuado era prescindir de toda la plantilla y que
quedáramos solo los asesores. Afortunadamente, nos hicieron caso”, afirma Bernabé.
El líder opositor Pepe Bernabé se ha quejado
del escaso espacio que dispone su partido en
la cadena. Le han ofrecido un puesto.
fotografía de eva máñez
dossier
dossier: VALENCIA Y (P)RESENTIMIENTO
| retrovisor | 29
coordinación: david estal, inés plasencia y revista bostezo
Diálogo del diablo adolescente
con un antiguo militante anarquista
Valencia, de cuna subversiva a la capital fascista
de los grandes acontecimientos
❧ Por héctor arnau ❧
IlustraciONES DE PO POY
“Quien desea sin actuar engendra pestilencia”
William Blake
LA MENTIRA DEL PRESENTE, LOS NOVENTA
Había que ir a por droga. Eso estaba claro. Ese era, por qué no
decirlo, el único imperativo moral. Todo el mundo lo hacía, según en qué grado, dependiendo de la zona geográfica, a según
qué escala, qué cantidad, cuánta gente, qué sustancia. Pero todos
queríamos eso. Y hacia allí íbamos, con el Beto, con su
vespino escuálida enfilando la humedad de la noche,
cruzando puentes, a no sé qué barrio, que su hermano, que entonces era lo que se denominaba ‘un
pureta’ (que aún hoy no tengo claro qué mierdas
es) conocía a no sé qué macaco que pasaba una
coca de puta madre (aún no se hablaba de farlopa,
me temo). Él era un experto y no nos pasaría la
mierda esa que tomaban los pijos por las diez mil
pesetas de entonces y de ahora y de siempre. La
coca era lo más refinado, pero creo que nos daba
a todos un poco igual lo que fuera, el objetivo
común estaba bastante claro: meterse, liarla. Y toda aquella gente, nuestros inmediatos precursores, los hermanos mayores, los
que nos enlazaban con otras épocas, no sé
si mejores pero seguro que sí más salvajes,
eran –creíamos– la gente a la que imitábamos y admirábamos, los modelos de conducta –que dicen los psicólogos–, los jefes,
los amos. Eran roqueros, pistoleros, poetas,
drogotas, sucios, avejentados, bohemios,
tíos duros, viajeros infatigables a cualquier
país del peligro, los que se metían de todo
sin pestañear; en su época estaba de moda
pincharse en el baño, nos contaban, como si
nada, se comían unos ‘tripis’ y duraban días
alucinando, bebían whisky a palo seco sin parar de jugar a las cartas, e iban con mujeres
igualmente adictas y festivas, y habían visto a muchos de los suyos morir de sida o
enganchados a la heroína o en un atraco.
Esa era la épica: eran nuestros héroes, y es
ahora que lo entiendo. Ahora que tanto se
debate sobre el comportamiento tribal o
gregario y se niega la excepcionalidad de
las personas o del ser humano.
46 | Valencia y (p)resentimiento |
Valencia, espacio disponible
Fogonazos de arte y acción en la Ciudad de la Luz
❧ POR INÉS PLASENCIA ❧
FOTOGRAFÍAS DE ARTEFAGIA
ecía Bill Bryson en Una breve historia de casi todo que
si en la Vía Láctea existieran otras civilizaciones,
estas estarían como mínimo a doscientos años luz
de nosotros, lo que significaría que, si nos miraran
con un telescopio, nunca podrían vernos hoy. Lo que verían
sería “la luz que abandonó la Tierra hace doscientos años”, es
decir, más o menos la Revolución francesa (el eurocentrismo
es de Bryson). Pero, además, esto también querría decir que
las civilizaciones existentes en la galaxia nunca podrían llegar a conocerse en un mismo presente compartido.
Esta idea de destello del pasado ante la mirada proyectada hacia lo que ocurre hoy, nuestro hoy, puede ser bastante
iluminadora para hablar del reto de escribir historia, pero
sobre todo del de realizar un análisis crítico de lo que ocurre ante nuestros ojos, incluyendo por supuesto las prácticas
artísticas. La luz que vemos hoy es tal vez la luz que emanaron otros, aunque seguramente no tan lejanos como la
D
Revolución francesa. En definitiva, si miramos el presente,
tal vez se revelen con claridad algunas de las cosas que ya
han pasado, y que siguen manifestándose una y otra vez.
De ahí la importancia de pensar en las genealogías y en los
sustratos sobre los que se construye una historia que no por
inmediata se ve con claridad.
De las salvajes políticas urbanísticas que ha sufrido la
ciudad de Valencia en las últimas décadas quedan no solo
huellas en pie, sino todo un paisaje de solares, edificios a
medio construir y nuevos barrios que tanto prometían y
en el que hoy siguen amarilleando grandes carteles con el
lema ‘espacio disponible’. Estas políticas urbanísticas no han
operado solas en el intento de imponer una ciudad-escenario sobre lo que es en realidad una ciudad con memoria y
con marcadas identidades barriales. No hay barrio histórico o huerta en Valencia que no se haya visto en un serio
peligro de destrucción y de ‘gentrificación’, proceso que ha
| Valencia y (p)resentimiento | 49
Castellón
Joan Francesc Mira
Escritor, antropólogo y helenista
“Los valencianos somos
pobres que nos hemos
hecho pasar por ricos”
52 | Valencia y (p)resentimiento |
❧ Por Joan F. Toledo y revista Bostezo ❧
FOTOGRAFÍAS DE NACHO MESSEGUER
a figura del escritor, antropólogo y helenista Joan
Francesc Mira es, en cierto modo, una de las más
claras evidencias de los singulares problemas de la
cultura y la política valencianas. Nacido en Valencia
en 1939, tras estudiar y trabajar en Italia, Francia y Estados
Unidos, vuelve a Valencia en 1980. Es uno de los autores más
respetados en Cataluña (forma parte del selecto grupo de
valencianos que ha recibido el Premi d’Honor de les Lletres
Catalanes junto a Manuel Sanchis Guarner, Joan Fuster,
Vicent Andrés Estellés y Enric Valor) pero no en la cultura
oficial valenciana, donde padece el veto de las instituciones
desde hace décadas. “Como eso ha pasado siempre, estoy
bastante acostumbrado. Ha pasado con el franquismo,
con los gobiernos autonómicos del psoe y ahora pasa con
el pp. Y ha sido básicamente por una cuestión ideológica.
Como no soy de derechas y como no perteneceré nunca a
una estructura política que tenga su centro en Madrid, soy
incómodo para toda esta gente”. Hablamos con él en su
actual residencia en Castellón de la Plana.
L
—¿Cuáles podrían ser las posibles consecuencias para
los valencianos de una hipotética independencia de
Cataluña?
—Para los grandes partidos valencianos, para el pp y el psoe,
no tendría ninguna repercusión: continuarían completamente igual. Los partidos más implicados en esta cuestión,
tipo Compromís, están un poco a la expectativa: al menos,
el tema sí que les importa. Pero ahora mismo pensar en esto
es especular en el vacío. Lo que sí puedo asegurar es que los
partidos políticos catalanes no se preocupan de la cuestión
valenciana en absoluto, excepto en alguna proclama retórica sin efecto apreciable.
—De hecho, la idea de nación ha sido una de tus preocupaciones. Dentro de tu producción de no ficción, uno de
los libros que más valoras es Crítica de la nació pura (1985).
—Es un libro que creo valioso porque cuando lo escribí
toda la bibliografía sobre este tema en Europa (y no digamos aquí) estaba llena de lugares comunes y prejuicios. Por
entonces trabajaba en la Universidad de Princeton, y tenía
acceso a una biblioteca de cinco millones de ejemplares. Estudié la evolución de la cuestión nacional en Europa, qué
pasó con los pueblos eslavos, con los checos o los croatas,
con los países Bálticos, con las ideas que provenían de la
Francia absolutista y luego de la Francia de la revolución, y
con los grandes imperios centrales, el Imperio ruso, turco o
austro-húngaro. Intentaba evitar las tesis marxistas o economicistas, demasiado mecánicas. Por ejemplo, la tesis de
que los movimientos nacionalistas nacen porque la burguesía busca crear su propio mercado. Pero la burguesía checa,
en realidad, estaba muy contenta con tener todo el mercado del Imperio austro-húngaro a su disposición. Todas esas
cosas se dicen a priori, sin preocuparse por observar la realidad.
—Has contado a veces que tu interés por la antropología
te ha permitido descartar esas ideas a priori desconectadas con la realidad. De hecho, tu trayectoria tiene al
menos dos facetas claramente diferenciadas. Hasta los
cuarenta años aproximadamente desarrollaste una brillante carrera académica como antropólogo social, pero
desde entonces te has dedicado con más intensidad al
ensayo, la novela o la traducción.
| platicando... | 53
La isla del Dr. Moreu
❧
❧
POR óscar gual
ilustraciones de @guayambuco
es contaré una historia. No espero con ello satisfacer cada
una de sus dudas ni calmar
cada una de sus sospechas.
Tampoco pretendo engañarles ni exculparme. Me limitaré a narrar mi
experiencia, o al menos mis recuerdos, desde que el Virgen de Montserrat
II naufragó no sé cuánto tiempo atrás.
Lo que han encontrado al llegar aquí,
todo aquello que ven y no son capaces de comprender, tiene un origen y
una explicación, y solo a ustedes les
corresponderá juzgar los actos de un
hombre en ruinas, de una criatura
abandonada por Dios. No me opondré.
Pasé mis primeros días en la isla
recuperándome de la hipotermia y
rezándole a Dios, agradeciéndole que
me salvase la vida. Inconsciente y a la
deriva, mi cuerpo le había sido entregado a este pedazo flotante de tierra
por la caprichosa marea, en un abrupto acantilado a los pies del volcán, allí
donde dijo el doctor Moreu que uno
de sus ayudantes me encontró. Pero a
medida que fui recobrando la lucidez
y moviéndome a mi antojo por la isla
y estableciendo contacto con sus peculiares habitantes, un punzante desasosiego empezó a germinar en mis
entrañas. Había algo desconcertante
en aquellos seres humanos, cierta
cualidad que no acertaba a concretar,
y esa indefinición me perturbaba todavía más. No parecía estar relacionado con su aspecto sino con su comportamiento, con la lógica de sus acciones
y reacciones, como si estas estuviesen,
de alguna bizarra manera, teñidas de
un cierto grado de animalidad. También su forma de hablar resultaba
rara, incluso repulsiva. Hablaban mi
misma lengua pero la mancillaban
con esos constantes clics y chasquidos
que emitían sus bocas amarillentas,
igual que si de una lengua joisiana del
África austral se tratase. Aunque podíamos comunicarnos perfectamente, el mero hecho de intercambiar
fonemas con ellos bastaba para helarme la sangre. Tampoco descarté que
sufriesen alguna clase de deficiencia
L
60 | Valencia y (p)resentimiento |
mental, un problema congénito que
se hubiese agudizado por la endogamia, mal extendido en bastantes islas.
La verdad es que no lograba recordar
nada de lo ocurrido desde que el Virgen de Montserrat II zarpase semanas
atrás, por lo que desconocía dónde estaba este lugar en que el destino había
querido depositarme. Tampoco tenía
referencias de ninguna isla volcánica
en el itinerario. Y cada vez que le preguntaba al doctor por aquella gente
que parecía estar a su servicio, de su
rostro albino y seboso asomaba una
disimulada sonrisa antes de responderme con evasivas.
–Descansa, hijo, más adelante sabrás.
Y de este modo, en parte por no
ofender al carácter tan reservado
como obsequioso del doctor y en parte por mi propia inseguridad, no le
concedí más importancia al asunto;
ni siquiera me preguntaba qué ocurría tras aquellos enormes portones
que parecían dividir la isla en distintas parcelas a las que yo no tenía acceso. Lo cierto es que aquella gente me
cuidaba y yo estaba conmovido por
seguir vivo. Me fui integrando en la
comunidad y los días se fueron sucediendo en medio de una paradisiaca
calma. Pero ocurrió que, cuando ya
me había acostumbrado a convivir
con los habitantes de la isla y hallado
una forma de ignorar el inexplicable
rechazo que me causaban, presencié
una escena terrorífica. Había cuatro
de aquellos seres sentados en una
mesa del comedor comunal. Estaban
terminando de cenar. Yo les observaba desde un rincón, enfrascado en
mis propios pensamientos, saboreando una amarga achicoria con aguardiente y tratando de extraer algo en
claro de mi fragmentada memoria.
Jugueteaba con los ocho pucholes que
aún me quedaban: piedras achatadas
y grabadas que hacían la función de
monedas en la microsociedad de la
isla y que me había ganado en un par
de tardes transportando cereales al
campamento principal. Estaba a pun-
to de pedir otra ronda y zambullirme
en mi charca de alcohólica nostalgia,
cuando de repente uno de ellos se levantó de la mesa y se dirigió a la barra
en la que se abonaba lo consumido en
el comedor, donde vació una bolsa llena de pucholes. Parecía querer pagar
la cuenta de todos sus compañeros.
No supe cómo reaccionar y guardé
silencio en mi rincón, quizás estuviesen actuando así porque no se habían
percatado de mí. Aquella situación
me repugnaba, pero una desconocida e indigna curiosidad chispeó en
sión, un miedo cerval hacia la fusta.
Musitaron entre dientes y se largaron
de allí cabizbajos, no sin antes pagar
cada uno exactamente lo suyo. Traté
de cruzar mi mirada con la del doctor.
Me acerqué y le exigí una explicación.
Pero, tras observarme de arriba abajo
con displicencia, recompuso el gesto
y me repitió lo que tantas otras veces.
–Más adelante, hijo, en su debido
momento sabrás.
en la playa
mis ojos y no pude dejar de mirar.
Entonces otro de los comensales se
levantó tranquilamente y fue donde
el primero, recogió todos los pucholes
esparcidos, se los devolvió a este y vació su propia bolsa, para a continuación decirle al encargado de cobrar
que eso lo pagaba él. Se enzarzaron
en una agria, e incomprensible a mis
aterrados ojos, discusión para ver cuál
de los dos se hacía cargo. ¡Y era una
cuenta de cuarenta y dos pucholes! No
sabían cuidar de sus dineros y, por si
fuera poco, la otra pareja de comen-
sales había empezado a hacer lo propio, llenando la barra de pucholes sin
dueño y el ambiente de ignominiosos montantes no divididos a partes
iguales. Jamás había contemplado un
comportamiento de tan baja catadura
moral. En mitad del oprobioso altercado, irrumpió en el comedor la oronda
silueta de un enrabietado doctor Moreu para ponerles firmes con su reluciente fusta de avellano. El sudor hacía brillar su piel mantecosa. Tras un
par de silbantes latigazos, sus rostros
compusieron un gesto de total sumi-
Fue a partir de entonces cuando empecé realmente a inquietarme. Me
mantenía constantemente en estado
de alerta, desconfiaba de lo que decía el doctor, me fijaba en cualquier
detalle insignificante y trataba de escuchar conversaciones ajenas. Hasta
que un día, dando un paseo y sumido
en mis propias cavilaciones, me alejé
descuidadamente del campamento
principal y me extravié. No encontraba el camino de vuelta. Grité en busca
de auxilio pero nadie acudió. Entonces escuché el sonido de una leve letanía a lo lejos. Caminé hacia donde
mi oído me dirigió y al cabo del rato
me pareció ver unas chispeantes luces
de colores detrás de unas palmeras,
como fuegos artificiales, a la vez que
la letanía aumentaba de volumen y se
mezclaba con el rumor de las olas. Había llegado a la costa. Me asomé por
detrás de un tronco y lo que iba a ver
en aquella playa, aunque entonces no
fui consciente, acabaría arruinando
mi vida y, lo que es peor aún, mi sagrada alma.
Era una celebración terrible, una
especie de aquelarre. En realidad se
trataba de una excursión a la que el
doctor Moreu había enviado para recoger bolets. Pero, según pude apreciar
con espanto, en cuanto los excursionistas se habían apartado lo suficiente del campamento y reconocido
que nadie les vigilaba, que no había
control alguno, arrojaron las cestas al
suelo y en su lugar empezaron a buscar setas alucinógenas. Las arrancaban con las manos y se las zampaban,
se abrazaban y se pasaban trozos de
seta con la boca de unos a otros mientras chafaban los delicados bolets sin
remordimientos. Entre ellos hablaban
tan deprisa que yo no entendía nada.
Parecían animalillos sin capacidad de
razonamiento, dejándose llevar por
su instinto. Hasta que, de pronto, uno
me divisó entre las ramas. Me señaló
y se puso a repetir a gritos “se lo dirá
a Moreu”. El resto acudió a su llamada
| Valencia y (p)resentimiento | 61
Ajoblanco 76
❧ Por Pau Rausell ❧
No, lo de Paquirri era Pozoblanco y sucedió en 1984. Probablemente, si ha cogido
esta revista de la mesa, lo más seguro es que no esté, como pretendía, en la consulta
del callista. Como mucho, estará en la sala de espera de un psicólogo, que es a lo más
que puede aspirar a ocupar Bostezo en el campo de las consultas médicas.
joblanco, una revista contracultural, jeje, de Barcelona, decidió en 1976
publicar un dossier especial sobre las Fallas en
el que periodistas valencianos montaron un supuestamente provocador
documento con falleras travestis que
–“oye, ¿eso no lo hizo Monleón en
Canal 9?”– reivindicaba, en clave de
la escuela francesa de sociología representada por Bataille y Calloise, la
fiesta entendida como exceso y transgresión, la economía del derroche y
la orgía contrapuesta a la economía
de la producción y la moral cotidiana (Ariño dixit en su Ciudad ritual). La
ofensa al mundo fallero fue tal que
se sucedieron amenazas de muerte,
autobuses alquilados para ir a dar palizas a los autores, campañas de desagravio en la prensa regional y suspensión de la publicación por cuatro
meses y doscientas cincuenta mil pesetas de multa, impuesta directamente por el Consejo de Ministros… Una
vez regresadas las aguas a su cauce,
Ajoblanco pasó en menos de un año de
diez mil ejemplares a vender ciento
veinte mil.
A
Fotografía de José Juan Martínez
Los de Bostezo, que son, como el
toro de Paquirri y la bbc, unos avispados, se apuntan a mentar el nombre de
Valencia y sus Fallas para mejorar sus
cuentas de resultados. Esperemos que
nuestros patricios encuentren algún
rato, entre declaración a un tribunal y
a otro, para reaccionar, y que la sensibilidad a la injuria y a la ofensa se mantenga tan alta como la prima de riesgo.
➤➤ despiece Extracto del artículo publicado en el número 10 de la revista Ajoblanco (1976)
PRESENTACIÓ DE LA FALLA
Por Visanteta La Traca
El que avisa no es traidor: no vamos a desmitificar nada. Despojar a la fiesta fallera de sus mitos pasados y futuros sería una burda
operación depredadora. Estamos contra cualquier análisis, contra la óptica boba del sociólogo. Ya saben: “las Fallas, fenómeno de
masas, bla, bla, bla”. Estamos contra el cálculo economista: Déficit y superávit de las Fallas en el ejercicio 74-75. Nosotros queremos
cargar, recargar, las baterías vacías de la fiesta. No le vamos a quitar ninguna prenda. Hace unos años, cuando el realismo socialista
[bostezo bis] ‘privaba’ en las capillas ‘izquierdonas’ de la ciudad, los sectores socioeconómicos intentaban despacharse la fiesta
con cuatro cifras y dos conclusiones. Mientras la derecha aborregaba a los falleros, la izquierda practicaba aquello tan suyo de la
64 | Valencia y (p)resentimiento |
Valencia, desde que arregló lo del
río, no ha tenido grandes problemas,
ni de espacio –con recursos de suelo
bastante amplios–, ni de especialización –suficientemente diversificada–,
ni de ubicación –equidistante a las
dos o tres principales metrópolis del
Estado español y en una posición privilegiada en el arco mediterráneo–, ni
de crecimiento, ni de competencia, ni
de tamaño o congestión, ni ambientales, ni sociales –aunque todos los territorios lo son en algún grado, Valencia
no es una ciudad especialmente dual.
El principal problema es que como
no tiene problemas físicos se los agencia en el campo de los mentales. La enfermedad de Valencia es su carencia
emocional para conciliar la memoria
y la innovación, las manifestaciones
populares y la modernidad exquisita,
lo civilizado de la música y lo atávico
del ruido, la transgresión ácrata y el
servilismo cortesano, la cortedad segura del minifundio y la amplitud riesgosa del Mediterráneo, el orden de la
huerta y el caos de la urbe. Y así bandeamos entre modernidad impostada
y reacción fingida en un juego repetido. Y las Fallas son una cíclica sublimación de estas tensiones no resueltas.
Pero ¿hay algo útil en las Fallas, ya
sea de facto o como metáfora? Lo cierto es que en su momento estas fiestas
encajaron perfectamente en eso que
en Valencia se llama comboi, un término que alude –además de a un grupo
de vehículos– a cierta sensación de
entusiasmo colectivo. Las Fallas son
una buena muestra de la ‘economía
del comboi’, un estilo de acción muy valenciano. Un Tap and chip economy, que
dirían los anglosajones, que viene a significar una especial función de producción en el que el capital humano creativo se estructura de manera colaborativa bajo cierta filosofía de que cada cual
participa según sus capacidades, en un
Portada del 1 de septiembre de 1936 del diario ABC. Publicación autorizada por ABC
denuncia tontorrona y de la puñetita ingenua. Mejor hubiera sido lanzarse a la calle con panderetas y pestañas postizas, desterrar
las manipulaciones fascistoides desde dentro, dinamitar la alegría hasta convertirla en subversión, hacer sibilinamente de cada
fallero un guerrillero. Y es que la izquierda valenciana será fallera o no será. Hasta que los junteros no se pongan la peineta allá
donde buenamente les quepa, hasta que los convergentes no entonen El fallero la noche de san José, y encuentren el placer de
esta música sublime del maestro Serrano, esta ciudad vivirá sin norte ni rumbo. [...] La fiesta volverá a ser. A la fuerza. Las Fallas
perderán los buenos modales que ni siquiera llegan a burgueses y que la junta (central y fallera) ha fomentado a través de años y
años de escolarización fatídica. Las Fallas volverán a ser la fiesta crítica, caótica, cínica, satírica, ‘genialítica’, ‘divinítica’, que marca su
futuro. Un carnaval con fuego, una invitación a la calle, una semana de desinhibición y desguace para los marginados, la gente de
la huerta, los obreros portuarios, las mariquitas impenitentes, las putas sin arrepentimiento, los intelectuales a la lila, las tías marías
que harán un alto en el camino para oír el serial de las cuatro, las izquierdas que se aburren pensando lo aburrido que será mandar
cuando ellas manden, los niños que no entienden los letreritos porque están en mozárabe, las derechas que volverán por unos días
del carajo (donde se habían ido) para certificar su derrota.
| Valencia y (p)resentimiento | 65
La rebelión de las
tostadas
37º Desayuno con viandantes en la imprenta Vila
❧ Fotografías de Eva Máñez ❧
www.evamanez.com
n punto de encuentro con cruasán y café como intermediarios. Cada mes, un espacio diferente. Saludar a viejos conocidos de nombres olvidados y, de
paso, conocer algún recoveco amagado de la ciudad,
de esos en los que cuesta fijarse debido al estrés cotidiano,
como esta imprenta –hoy cerrada– de principios del siglo xx.
Son los Desayunos con Viandantes, urbanismo gastronómico.
Los organizadores se encargan de la convocatoria y de poner
unas mesas con manteles. El resto corre a cuenta de la masa
de participantes en un potlatch de pastelitos de chocolate, zu-
U
68 | Valencia y (p)resentimiento |
mos y galletitas de la abuela. Si les preguntas por el discurso
que hay detrás, responden: “primero, pasar un buen rato”. Sin
eslóganes, sin enrevesadas justificaciones. Inocencia tan aparente esconde una subversión del orden social: es la rebelión
de las tostadas. Y cada vez son más. A este paso serán acusados
de filoterrorismo. www.desayunoconviandantes.com. Cuando comer es un lugar, de Mariví Martín ☞
en revistabostezo.com
45.000 jugadores de golf
❧
❧
POR nacho moreno
Artículo publicado en el número 12 de la revista eines
e llegado a la conclusión de que, con los grandes
eventos, los valencianos tenemos el mismo tipo
de relación que tenemos con la paella, que no es
una cuestión de que en otro sitio no la conozcan
o no tengan sus arroces locales, pero comparado con la
gran P(aella), sinceramente, el resto es ‘arroz con cosas’.
Lo mismo pasa con los grandes eventos, que no los hemos
inventado o no somos muy originales en su planteamiento, desarrollo y desenlace (vía tribunal), pero, desde luego,
hemos logrado que aquí, en Valencia, alcancen su forma
más pura. Por ello, es nuestro deber intentar explicar a
esos pueblos más salvajes en cuanto a fastos globalizados
aquellos aspectos básicos de los grandes eventos, y nunca mejor si los que nos guían en este viaje son aquellas
(grandes) mentes que los han ideado maquiavélicamente,
es decir, los responsables de turismo. En definitiva, ¿cómo
averiguar que en su ciudad está ocurriendo, ahora, un
gran evento?
H
CUANDO APARECE ANUNCIADO EN LOS CARTELES DE SU CIUDAD UN MENSAJE EN INGLÉS ASOCIADO A UNA FAMOSA MARCA
Los grandes eventos, como si fueran hijos meritísimos
declarados por los alcaldes, tienen nombres y apellidos. El
nombre siempre está en inglés y hace referencia a la loable
voluntad de traspasar fronteras y hacer más entendible para
los extranjeros una cosa que, aquí, como que no se entiende.
El apellido pertenece a un emporio de artículos de lujo para
millonarios. Un ejemplo, la Volvo Ocean Race; otro ejemplo, la
Louis Vuitton Cup dentro de la America´s Cup; otro ejemplo,
en castellano llano para que todos lo entendamos, el Gran
Premio de Telefónica de Europa de Fórmula Uno. A mí esos
nombres me parecen preciosos, visten mucho y, desde luego,
engalanan la ciudad con su cuño de exclusivismo. Además, no
engañan a nadie en su intención de dejar claro que no están
pensados ni para usted ni para mí. Es más, me gustan
tanto que creo que nuestras más férreas tradiciones están
perdiendo parte de su proyección internacional debido a eso,
| Valencia y (p)resentimiento | 35
Vámonos de rutas
❧ Por Walter Buscarini ❧
Fotografías de Sergi Inclán
o sé si el origen está en la
Ruta del Bakalao, puede que
la génesis sea incluso anterior. Lo cierto es que aquí
somos mucho de irnos de rutas. Nos
organizamos grupalmente para las procesiones a los santos, la Semana Santa
marinera, les nits d´albaes, la ofrenda fallera, las rutas del tapeo, senderismo,
les voltes a peu, las charangas, los moros
y cristianos, ir a recoger bolets o para
buscar un after en colla con desconocidos después de las cinco de la madrugada... Asociada a esta idiosincrasia
andariega, en los últimos tiempos ha
calado una modalidad de denuncia ciudadana y activismo crítico en forma de
paseos programados para mostrar los
desaguisados acontecidos en la ciudad
en estos años. Un turismo de la decadencia, Valencia convertida en parque
temático de desmanes privados –a
costa del erario público– y corruptelas
urbanas. Una idea que el bufón Leo
Bassi también puso en práctica con el
Bassibus, que recorrió varias ciudades
españolas narrando con vis cómica y
corrosiva el espectáculo de contemplar como un país comenzaba a irse al
carajo. La ruta del acabose también es
la del morbo. La ciudad de las (malas)
artes y (escasas) ciencias se desmorona
bajo nuestros pies y nosotros estamos
ahí para contemplarlo. Y, a veces, hasta
pagamos por ello.
N
TODO EMPEZÓ EN UN TAXI
a) La obra de teatro Taxis tenía el encanto de lo efímero y casual, concebida
como una función irrepetible, para nacer y morir al mismo tiempo. Una obra
donde el escenario eran, efectivamente, unos taxis y los actores, sus taxistas.
Una obra para un público dividido en
grupos de cuatro personas (el escenario
no daba para más) que, en un principio, creían que el taxi les transportaría
al lugar donde tendría lugar el espectáculo. Pero la función había comenzado al subirnos al vehículo; esa taxista
malhablada y ‘poligonera’ era la actriz
protagonista del cuento y nosotros,
además de su público, sus actores secundarios. Una ruta teatralizada donde
unos actores-taxistas iban narrando los
72 | Valencia y (p)resentimiento |
despojos urbanos entroncados con los
de sus propias biografías. Yo, que creía
estar yendo en taxi a un teatro, me encontré sumido en una ruta, la primera
de tantas. Aterrador resultaba el paseo
por Nuevo Nazaret, una mezcla de opulencia urbanística y solares baldíos. Era
a principios de 2011 y comenzaba a vislumbrarse la sensación de que Valencia
no crecería más de esta forma, de que
el modelo visionario de los grandes fastos nos dejaría a oscuras por no poder
pagar la factura de la luz. Que pronto
llegaría el game over o, como dijeron
otros, que la fiesta se habría terminado.
b) Xarxa Urbana, un colectivo de
periodistas, sublima la idea de la ruta
crítica con esmorçaret, la del turisteo
con conciencia (entre enrabietada y
relajada), como método de periodismo
ciudadano. Ante la carencia de medios
de comunicación donde poder expresar ciertos posicionamientos políticos,
ellos proponen, altavoz en una mano
y pancarta en la otra: “venid y os lo
contamos”. Citan los sábados por la
mañana a sus potenciales oyentes o
lectores en algún punto de la ciudad
y les proponen paseos documentados,
rutas especializadas: la del despilfarro,
la del patrimonio oculto, la del despilfarro, la de la educación, etc.
En estas rutas, el turista interior
se pasea por su hábitat y contempla
lo que ha quedado después del apocalipsis que está viviendo una ciudad
que aspiraba a situarse en el mapa a
la altura de las principales urbes del
planeta y que ahora, pinchada la burbuja, observa los restos que dejaron
aquellos kamikazes vuelos. El rutero
va digiriendo los desmanes de la clase dirigente a la vez que disfruta de
rincones de su ciudad en los que jamás se había percatado: una lápida
romana (con una declaración de amor
homosexual entre libertos) del siglo
ii a. C. enclavada –e ignorada– en
la esquina de una finca; restos de la
muralla árabe que hoy se cuelan por
hoteles y restaurantes de alto standing;
la fisionomía invisible del circo romano; un retablo de 1209 en el interior
de la iglesia de San Juan del Hospital.
Uno va dando cuenta del proceso de
transformación de la trama urbana:
baños mudéjares de 1313 reconvertidos en gimnasio y, posteriormente,
en museo (hoy el edificio permanece
cerrado); un refugio republicano de
| Valencia y (p)resentimiento | 73

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