buenos aires, planeamiento urbano y patrimonio cultural

Comentarios

Transcripción

buenos aires, planeamiento urbano y patrimonio cultural
Gestión del Patrimonio Cultural Integrado
al Planeamiento Urbano de América Latina
Programa ITUC/AL
BUENOS AIRES, PLANEAMIENTO URBANO
Y PATRIMONIO CULTURAL
UNA MIRADA RETROSPECTIVA
SOBRE LA GESTION DEL CENTRO HISTORICO
Autor: Marcelo L. Magadán
Enero de 2003
Monografía presentada como exigencia parcial para la obtención del diploma de
Especialista en Gestión del Patrimonio Cultural Integrado al Planeamiento Urbano de
América Latina, del Programa ITUC/AL, en Recife (PE), en enero de 2003, bajo la
orientación del Prof. Luis de la Mora.
A Álvaro, mi hijo tan querido.
Agradecimientos:
A la Fundación Antorchas, a la Fundación Bunge y Born, a la
Dirección Nacional de Política Cultural
y Cooperación Internacional de la Secretaría de Cultura de la
Presidencia de la Nación, a la Fundación Banco de la
Provincia de Buenos Aires y a la Fundación Ciudad por el
apoyo económico e institucional que me brindaron.
A los profesores Silvio Mendes Zancheti y Luis de la Mora, por
su orientación y su aporte intelectual.
Al cuerpo docente por su dedicación y sus conocimientos.
A Raquel Bertuzzi por su paciencia.
A los compañeros del curso por su afecto.
A la Arq. Nadina Reusmann por su ayuda con el material
gráfico de este documento.
SUMARIO
Abreviaturas utilizadas
Glosario
1. INTRODUCCIÓN
1.1.
1.2.
1.3.
1.4.
1.5.
1.6.
2.
Objetivo General
El Problema
Delimitación del problema
Objetivos específicos
Justificación
Metodología
p.
p.
p.
p.
p.
p.
1
1
1
2
2
2
DESARROLLO
2.1.
Descripción del objeto de estudio
2.1.1. La perspectiva histórico-geográfica del CHBA
2.1.2. Las primeras propuestas para el CHBA
2.1.3. La conservación del CHBA
2.1.4. Las APH
2.1.5. El rol de los actores sociales
2.1.6. Las formas de organización, las instituciones y los procedimientos
2.1.7. Los resultados
p. 4
p. 16
p. 18
p. 23
p. 26
p. 33
p. 36
2.2. La evolución de los mecanismos en el tiempo
2.3. Las causas del fenómeno estudiado
2.4. El estado actual del área
2.5. Otras consecuencias
p. 39
p. 41
p. 42
p. 54
3. Conclusiones
p. 58
Fuentes consultadas
p. 60
ABREVIATURAS UTILIZADAS
APH
BM
CHBA
CNM
CAAP
CPAH
CPAU
CPU
CTPAH
DGFOC
DGCH
DGP
DGPIU
GCBA
HCD
IAIHAI
ICOMOS
ICCROM
Km
MCBA
PNUD
SCA
UCEDE
Área de Protección Histórica
Boletín Municipal de la Ciudad de Buenos Aires
Centro Histórico de la Ciudad de Buenos Aires
Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos
Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales
Comisión de Preservación de Áreas Históricas
Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo
Consejo de Planeamiento Urbano, MCBA
Comisión Técnica para la Preservación de Áreas Históricas, MCBA
Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro, GCBA
Dirección General Casco Histórico, GCBA
Dirección General de Patrimonio, GCBA
Dirección General de Planeamiento e Interpretación Urbanística, GCBA
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires
Instituto Argentino de Investigaciones en Historia de la Arquitectura y el
Urbanismo
Consejo Mundial de Monumentos y Sitios
Centro Internacional para el Estudio de la Conservación y Restauración del
Patrimonio Cultural
Kilómetro
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires
Programa Naciones Unidas para el Desarrollo
Sociedad Central de Arquitectos
Unión de Centro Democrático
GLOSARIO
Baldío: Terreno o lote desocupado o vacante. Sin construcción.
Cochera: Edificio destinado a la guarda temporaria de automóviles.
Colonia: Período colonial. En Argentina se considera que la dependencia de la corona española
se extendió hasta el 25 de Mayo de 1810. La independencia definitiva del territorio se alcanzo el
9 de julio de 1816.
Conventillo: Casa de inquilinato. Vivienda compartida por un número variable de inquilinos.
Vivienda colectiva caracterizada por el hacinamiento y la baja calidad de servicios. En general
ocupan antiguas casas degradadas. Excepcionalmente se construyeron edificios para darles ese
uso. El conventillo como vivienda tuvo su apogeo a fines del siglo XIX, con la masiva
inmigración europea.
Cuadra: Cada uno de los lados de una manzana.
Depósito: Lugar destinado a la guarda de mercaderías o cosas.
Ejido: El sector de tierras que envolvían a la traza urbana propiamente dicha, que era de
propiedad y uso comunitario destinado a satisfacer ciertas necesidades de la ciudadanía.
Galería comercial: Edificio destinado a albergar locales de uso comercial.
Geriátrico: Lugar destinado a albergar personas de edad avanzada, en general con algún
impedimento físico o mental.
Intendencia: Forma que adquiría la administración política de la ciudad de Buenos Aires hasta la
declaración el año 1996 en que se decretó su autonomía. La intendencia era gobernada por el
Intendente.
Intendente: Máxima autoridad de la intendencia. Por ser Buenos Aires la Capital Federal de la
República Argentina, hasta que se decretó su autonomía era nombrado y removido por el
Presidente de la Nación.
Invadido: Usurpado. Ocupado irregularmente por personas que no son sus propietarios ni
inquilinos.
Línea Municipal: Línea imaginaria que determina la separación entre el espacio público (acera y
calle) del lote de terreno (espacio privado).
Lote: Parcela. Sector de tierra de propiedad privada. Varios lotes o parcelas conforman una
manzana.
Manzana: Porción de terreno urbano delimitado por calles.
Partido: Se usa en el sentido de parte o lugar. Se trata de cada uno de los sectores políticos y
administrativos en que se divide el territorio de la Provincia de Buenos Aires, que colinda con el
territorio de la Ciudad de Buenos Aires. Esta forma, junto a una serie de partidos
geográficamente próximos, lo que se denomina “el Conurbano”. La proximidad facilita el
desplazamiento habitual, fluido y de gran importancia entre bienes y personas de un lugar a otro.
Por ejemplo, son muchas las personas de los partidos ubicados hasta unos 50 km de la ciudad de
Buenos Aires llegan a diario a ella a trabajar.
Playa de estacionamiento: Espacio a cielo abierto destinado a la guarda temporaria de
automóviles. Se generan a partir de la demolición de las construcciones existentes en el lote.
Reparto: Se denomina así al modo en que Juan de Garay, segundo fundador de Buenos Aires,
distribuyó las tierras entre los primeros habitantes.
1.
INTRODUCCIÓN
1.1.
Objetivo General
El presente escrito analiza los mecanismos e instrumentos -básicamente de índole legalaplicados a la conservación del patrimonio arquitectónico y urbano del Centro Histórico de la
Ciudad de Buenos Aires (CHBA), Capital Federal de la República Argentina.
A la par, y dado que, como se verá en el desarrollo del escrito, se trata de una gestión basada
casi exclusivamente en los aspectos legales, plantea un avance en el análisis de la gestión misma.
1.2.
El Problema
El CHBA es el conjunto urbano con significación patrimonial que, en Argentina, ha tenido por
más tiempo en funcionamiento un sistema de preservación. Sin embargo, dicho sistema, no ha
logrado revertir de un modo eficaz y eficiente la degradación de los bienes que lo componen y,
consecuentemente, no ha alcanzado el desarrollo integrado y sostenible del área.
1.3.
Delimitación del problema
El problema de la conservación del CHBA puede tener dos delimitaciones posibles: una
geográfica y otra temporal.
Geográficamente es imprescindible hacer una diferencia entre lo que son los límites del área
protegida y los límites históricos –y actuales- de lo que podríamos denominar el CHBA.
Actualmente el sistema de manejo y conservación establece ciertos grados de protección para
edificios aislados que se encuentran dentro de un área delimitada por la calle Perú, la Av. San
Juan, la Av. Paseo Colón, la calle Rivadavia, la Av. Callao y, su continuación, la Av. Entre Ríos
y la calle Hipólito Irigoyen.
Los límites del área protegida han sufrido algunas variaciones en el tiempo en que llevan
establecidas las normativas de protección. Al respecto, es necesario advertir que el área citada
abarca solo una parte de lo que fue el casco histórico fundacional y otro tanto, si lo comparamos
con el conjunto monumental actual, temas sobre los que se abunda más adelante.
En términos temporales el escrito dará cuenta de lo ocurrido en el último cuarto de siglo, en que
comenzó a consolidarse, de una u otra forma, el proceso de conservación del conjunto urbano
que a los efectos de este escrito he denominado como CHBA. Dado que esta situación se
contrapone fuertemente a lo ocurrido en el cuarto de siglo que le antecedió -momento en que se
plantearon drásticos proyectos de renovación urbana para el área en
cuestión- el horizonte temporal habrá de extenderse hasta la década de 1950, exclusivamente en
lo que hace al tratamiento específico de este tema y como forma de dar un adecuado marco
referencial al fenómeno que está siendo estudiado.
1.4.
Objetivos específicos
Los objetivos específicos del presente escrito son los siguientes:
•
•
•
1.5.
Identificar las propuestas realizadas en el tiempo para el manejo y la conservación del
CHBA.
Identificar a los diversos actores involucrados en el proceso de gestión de las mismas.
Contrastar la pertinencia de las propuestas en relación a las demandas y los resultados.
Justificación
El CHBA ha sido territorio de variadas propuestas de intervención, que abarcaron desde la
completa renovación del área –por sustitución total de las construcciones- hasta las que
podríamos denominar como primeras preocupaciones sistemáticas por la conservación del
conjunto patrimonial. Esto último derivó en la propuesta de un sistema de control y manejo de la
problemática que se plasmó en la aparición de las primeras normas de conservación.
Se trata de una investigación novedosa en la medida en que no se registran, hasta el momento,
intentos similares de sistematización de la información disponible y de revisión de las acciones
realizadas en esta materia.
1.6.
Metodología
En primer lugar se presenta una breve caracterización genérica del universo de objetos culturales
que forman parte del patrimonio urbano del Centro Histórico de Buenos Aires.
Luego se revisan los mecanismos de acción (marco legal, administrativo, etc.) que se aplican en
la gestión de conservación. Esta revisión contempla la perspectiva histórica, ya que fue en la
década de 1950 cuando comenzaron las primeras propuestas de intervención para el área. Estos
mecanismos son analizados comparativamente contrastándolos entre sí y con algunos de los
resultados obtenidos. En este sentido, la referencia a la realidad –al área como hecho físico y
social- está permanentemente presente.
Se identifican también los diferentes actores que han tenido influencia en el proceso, intentando
avanzar sobre la explicación de los intereses en juego que, en el marco político de dictaduras y
democracia, llevaron a plantear muy distintos modos de intervenir en el área.
2.
DESARROLLO
2.1.
Descripción del objeto de estudio
2.1.1. La perspectiva histórico-geográfica del CHBA
Si ahondamos en la historia de la ciudad, los límites de lo que fue el casco fundacional
establecido en el reparto de tierras de su fundador, Juan de Garay, el 11 de junio de 1580
llegaban bastante más allá de los que han sabido tener las áreas de protección implementadas
hasta el momento para el CHBA [ver página 5, plano “Ciudad de Buenos Aires en 1750”].
Garay, en el reparto, estableció que la traza de la ciudad abarcaría desde las actuales 25 de
Mayo-Balcarce por el Este, hasta Libertad-Salta por el Oeste y desde Independencia al Sur, hasta
Viamonte al Norte. Más allá de estas tierras se extendía el ejido de la ciudad [ver página 25,
plano “Esquema comparativo de las áreas protegidas y del casco fundacional de Buenos Aires”].
Contrariamente, el área de protección se extiende hacia el Sur, abarcando al barrio de San Telmo
[también llamado el Alto de San Pedro] y al Parque Lezama con su entorno inmediato, que
corresponden a un sector de la ciudad desarrollado casi dos siglos más tarde, a medida que se fue
consolidando la ocupación del ejido. Éste era un sector de tierras comunes, cuya ocupación –
irregular- se vio intensificada en la primer mitad del siglo XVIII [cfr.: Gamondés y Magadán;
1997].
Para la primera mitad del XIX, la zona en cuestión era ocupada por familias acomodadas que
construían sus viviendas de una o dos plantas con fachadas neoclásicas, que respetaban ciertas
pautas de composición y proporciones, con sus basamentos, ventanas con molduras y
guardapolvos, balcones y cornisones con sus pretiles de remate, muchas de las cuales están
presentes aún en la zona y en algunos otros barrios próximos como Montserrat y Constitución
[ver fotos 9, 11, 12, 13, 15 y 16]. Para la segunda mitad del XIX la subdivisión de los lotes y la
aparición de los conventillos anunciaban el comienzo de la especulación inmobiliaria con la
tierra urbana [Gutiérrez; 1992:54].
El área sufrió un impacto urbano de importancia para la década de 1870.
“La alta densificación del barrio sur y las pésimas condiciones de habitabilidad
determinaron -con la epidemia de fiebre amarilla- la expansión residencial hacia el
norte de los sectores de mayores ingresos...” [Gutiérrez; 1992:82].
A partir de allí comenzó un proceso de sustitución poblacional y de usos -no suficientemente
estudiados- que llevó, en algunos sectores del área, a la decadencia económica, social y,
consecuentemente, física; mientras que otros, al margen de este proceso, mantuvieron vivos,
ciertos elementos conformadores de la vida barrial. El área protegida es rica en elementos
urbanos materiales y, en menor medida, inmateriales que poseen valor cultural.
Es posible estimar que cerca del 70 % de los edificios que la componen poseen valor cultural. El
otro 30 % del área está ocupada por algunos pocos terrenos baldíos -producto de la demolición
de construcciones pre-existentes donde funcionan playas para estacionamiento vehicular a cielo
abierto, por construcciones antiguas muy modificadas -al extremo de haber quedado
absolutamente descaracterizadas- u otras, de nueva planta y de dudoso valor arquitectónico. De
un modo u otro, todas ellas provocan un impacto negativo en el conjunto.
Esto no significa que el resto del área sea homogénea. Por el contrario posee ejemplos diversos,
obras -en mayor o menor medida- representativas de diferentes periodos históricos, estilísticos y
tecnológicos. Los más abundantes corresponden al siglo XIX y primeras décadas del XX.
Quedan partes de algunas construcciones que datan de los últimos años del período colonial.
Por su parte, debajo de “esta ciudad” están enterrados los restos de las construcciones que las
precedieron, únicos vestigios subsistentes de un periodo oscuro -en términos de conocimiento
histórico particularizado y concreto- de la arquitectura y de la vida cotidiana de Buenos Aires
[ver página 7, plano “Plano general de excavaciones del patio posterior de Defensa 751”].
En el área predominan las obras de carácter civil (viviendas, oficinas, mercado, comercios, etc.),
aunque hay algunos ejemplos importantes de la arquitectura religiosa (Convento de Santo
Domingo, Convento de San Francisco, Iglesia de San Pedro González Telmo, Iglesia
Dinamarquesa, Iglesia Ortodoxa Rusa, etc.) e institucional (la Escuela Rawson, el antiguo
Patronato de la Infancia, la ex-Cárcel de Mujeres, parcialmente convertida en Museo del Servicio
Penitenciario, que conserva en su interior la antigua capilla) [ver página 13, plano “Edificios de
interés en el área APH 1 y circuitos turísticos de uso preferencial” y fotos 5, 6 y 18].
Al margen de la importancia de ciertos objetos arquitectónicos y de los conjuntos que
conforman, es posible identificar, en general, una serie de los elementos materiales,
conformadores de la imagen urbana, que se han mantenido en el tiempo. Ellos son:
•
El trazado: Responde a la traza fundacional de Juan de Garay. Se trata del extremo
Sureste de lo que fuera el primitivo reparto de tierras urbanas.
•
La trama: Salvo unas pocas excepciones, entre las que se cuentan la iglesia de San Pedro
Telmo, la iglesia de San Francisco, la iglesia de Santo Domingo y la Escuela Rawson edificios que poseen un retiro a modo de atrio- el resto se asientan sobre línea municipal.
Aún es posible encontrar esquinas sin ochavas (Balcarce y Carlos Calvo) o con ochavas
pequeñas que corresponden a las más antiguas de la ciudad [ver foto ].
•
La distribución de la tierra: Se mantiene la misma forma de distribución básica de la
tierra (loteo) desde hace, al menos, ciento cincuenta años, período en el cual no ha habido
subdivisiones, ni englobamientos de importancia [ver página 8 “Foto aérea de un sector
de la Avenida de Mayo entre Avenida 9 de julio y Plaza de Mayo”].
•
El paisaje: Dentro del área es posible encontrar dos fenómenos que se yuxtaponen y
complementan.
Por una lado se identifican los pequeños conjuntos urbanos homogéneos [ver páginas 11,
55, 57; fotos 11, 22 y 31], resultado del agrupamiento de edificios erigidos en una misma
época y que responden al mismo estilo (hecho poco frecuente en Buenos Aires donde la
sustitución de su arquitectura es permanente). En estos pequeños conjuntos es posible
reconocer la ciudad italianizante, la ciudad neoclasicista, etc. El fenómeno que,
provisionalmente, denominé de yuxtaposición, está ligado a la identificación de ciertas
constantes que se extienden más allá de los edificios de un periodo o estilo, abarcándolos
y dando una segunda idea de homogeneidad integradora. Este segundo fenómeno está
caracterizado por factores tales como la silueta, las alineaciones, las alturas, las
continuidades (cornisas, basamentos, etc.) y las proporciones.
A esto se suman algunas características del espacio público, como la conservación de tipo
de solado (adoquinado) en las calles. No así en las veredas, en las que los materiales de
revestimiento se han cambiado en diversas oportunidades, incluyendo una reciente en la
que -contrariamente a lo que parece haber sido la tradición- los solados se unificaron
empleando baldosas calcáreas de color rojo con la inclusión de una banda de pórfido,
desechando los revestimientos más antiguos –de piedra- que aún se conservaban,
generando una uniformidad que nunca antes habría existido.
•
La topografía: Si bien en Buenos Aires, como en toda ciudad de llanura, el relieve no es
un elemento extremadamente significativo, este sector de la ciudad está caracterizado por
una lomada que se eleva sobre el entorno (lo que le ha dado el nombre de los Altos de
San Telmo). Contrariamente a lo ocurrido en la ciudad con algunos otros accidentes
geográficos y con la misma topografía, la citada elevación ha permanecido. Es
observable, además, la barranca del río, cuyo margen se situaba en coincidencia con el
borde Este del área. Cabe citar que la playa se encontraba en el sitio donde actualmente se
sitúa la Av. Paseo Colón [ver página 5; plano “Ciudad de Buenos Aires en 1750”].
•
Los edificios: En el desarrollo del escrito se ha ido anticipando las características edilicias
del área, en la que es posible reconocer no solo diversos periodos arquitectónicos
(italianizante, neo-colonial, racionalista, neo-clasicista, art-decó, etc.), sino también
diversas tipologías arquitectónicas y constructivas, materiales típicos (incluyendo colores
y texturas), proporciones, relación llenos-vacíos, etc. Estoy dejando de lado ex-profeso
las cuestiones simbólicas de los edificios, las que mencionaré como parte de los
elementos intangibles del área.
•
Otros espacios urbanos: La antigua plaza Dorrego [ver páginas 57 y 13; foto 33 y plano
“Edificios de interés en el área APH 1 y circuitos turísticos de uso preferencial”] y el
Parque Lezama. La primera, que conserva aún la idea de “hueco” propio de la ciudad
colonial, sigue siendo un elemento característico, tanto por su forma atípica (para el
contexto de Buenos Aires), como por la función de nodo, de polo de atracción.
Respecto a esto último hay que hacer la salvedad que durante estas últimas tres décadas,
los usos más domésticos y habituales de la plaza, como centro de reunión de los vecinos,
han sido desplazados por otros nuevos, estrechamente ligados a la explotación turística
del área.
El Parque Lezama, que para algunos historiadores puede haber sido el sitio elegido por
Pedro de Mendoza para dar asiento a la ciudad, en 1536, oportunidad de su primera
fundación, fue la residencia de la familia Lezama. La casa (ahora sede del Museo
Histórico Nacional) y el terreno que la rodeaba fueron adquiridos por la Municipalidad a
fines del siglo XIX. Este parque público, que mantiene buena parte de la vegetación y
contiene diversas obras artísticas y monumentos. Conserva además la barranca sobre el
bajo, que antiguamente marcaba el inicio de la playa del Río de la Plata.
Pasamos ahora a los elemento inmateriales, que tienen valor cultural. En el área lo simbólico
juega -tanto a nivel individual, como de conjunto- un factor importante como re-memoración y
re-creación del pasado en el imaginario de los habitantes, pero más aún de los visitantes.
Podemos arriesgar que, en el barrio perviven muchas menos cosas de las que convoca. Para el
turismo la imagen es de lugar tradicional, ligado al tango y al fenómeno social y cultural que éste
representó [ver página 57; foto 35].
Por su parte, las vidrieras y los interiores de los comercios de antigüedades, se han convertido en
una exposición aluvional que, a su modo, da cuenta de la vida de las clases más acomodadas de
la ciudad. En los objetos exhibidos para la venta se repite el fenómeno de la re-memoración. Es
inevitable la conexión con el pasado. Lo mismo ocurre con el dominical mercado de pulgas que
se instala en la Plaza Dorrego [ver página 57; foto 33].
También se dá un fenómeno de evocación en lo que respecta a los conjuntos urbanos, los
edificios, en incluso ciertas de sus partes o elementos. Es obvio el papel simbólico de las iglesias
y conventos, las antiguas escuelas, la ex-cárcel de mujeres. Pero esa función también existe en
otros ámbitos más domésticos, menos grandilocuentes, cercanos, como en el interior de las
viviendas individuales o colectivas. Allí ese fenómeno opera en los patios, en los zaguanes en
penumbra, en las rejas de las cancelas, en las galerías entreabiertas al cielo y en la sutiliza del
aire fresco, impregnado del aroma a jazmines que penetra a través de las celosías de madera, en
los cuartos a media luz, en las cálidas mañanas que marcan el inicio del verano. En la calle,
algún personaje mitológico que nos mira –tieso- desde una fachada, nos permiten transportarnos
a nuestra infancia e, incluso, imaginarnos las vivencias de los antiguos habitantes del barrio,
talvez comunes a las que tuvieron nuestros propios abuelos, en otros lugares de la ciudad.
Ligado a lo intangible están también las esquinas, los cafés, los comercios, el antiguo Mercado,
que más allá de sus funciones primarias de permitir la circulación, en un caso, y el
abastecimiento en los otros, cumplen con la función secundaria de servir de lugar de encuentro y
de intercambio de novedades, opiniones, ideas y de afecto.
En este marco, los valores más destacables que se encuentran presentes en la zona, relacionados
con los elementos urbanos descriptos, son los siguientes:
•
Valor artístico: Determinado por los estilos arquitectónicos y decorativos presentes, tanto
en el exterior de los edificios y conjuntos, como en el interior de los primeros, los que
han adquirido significación en el contexto espacio-temporal de la ciudad y del país.
•
Valor de antigüedad: Se trata de obras que muestran claramente las huellas del tiempo,
algunas como pátina, otras como clara indicación de las malas intervenciones.
•
Valor histórico: Son estructuras que dan cuenta de los modos de vida, de los avances
tecnológicos, de las relaciones sociales, de la cosmovisión de sus creadores y ocupantes a
lo largo del tiempo. Aunque de modo aluvional, representan claramente etapas
determinadas del desarrollo de la arquitectura y, consecuentemente, de la sociedad local.
•
Valor cognitivo: Como atractivo turístico, nacional e internacional, pero también local,
cumple con su papel de transmitir conocimiento (recuérdese lo dicho en relación al
carácter simbólico que adquieren no solo los edificios, sino también las antigüedades
expuestas en los locales y en el mercado dominical de pulgas).
•
Valor cultural: Son elementos que sirven a la conformación de las identidades sociales a
partir de la conciencia por el pasado. Están involucrados también los valores simbólicos
de los que ya se habló en el apartado precedente.
•
Valor económico: Se trata de una estructura física en uso, por lo tanto con una demanda
identificable y actividades concretas establecidas y funcionando, que puede ser
rehabilitada a un costo sensiblemente menor que lo que implicaría implementar cualquier
operación de renovación “ex-novo” de la zona.
•
Valor de opción: Basados en diferentes intereses, dependiendo de los sectores del área de
estudio de los que estemos hablando, se evidencia el valor de opción. De hecho, ha sido y sigue siendo- el motor de la transformación de parte del área, tanto en lo que hace al
alojamiento de nuevos servicios vinculados al turismo, como en las viviendas de nuevos
habitantes, con un nivel económico, social y/o cultural más alto.
•
Valor de existencia: Sin dudas hay ejemplos en los que se ponen de relevancia los
conceptos de singularidad, autenticidad e integridad; y que poseen significación más allá
de la forma en que estén siendo usados en este momento. Un caso es de la Ex-cárcel de
mujeres, un edificio sub-ocupado, mal intervenido y peor mantenido, que sin embargo es
uno de los ejemplos más antiguos del área que aún permanece en pie, con un potencial de
uso tal que, de mediar las decisiones políticas correspondientes,
podría ser auto-sostenible. Sin dudas, el conjunto urbano, posee también valor de
existencia.
•
Valor de uso: Estamos hablando de bienes que tienen una utilidad a futuro, pudiéndose
determinar, llegado el caso, cual ha de ser el flujo de utilidades que esos bienes podrían
producir.
Ahora bien, es necesario advertir que han quedado excluidos del área de protección muchos
ejemplos que poseen una significación histórica, arquitectónica y cultural similar –aislados o
agrupados en conjuntos homogéneos de regular extensión- situados, tanto en el mismo sector
Sur, en parte protegido, como en el Norte de lo que fuera la traza fundacional [ver plano
“Esquema comparativo de las áreas protegidas y del casco fundacional de Buenos Aires”].
Cuando hablamos de sector Norte, estamos tomando como referencia la primitiva Plaza Mayor
(ahora Plaza de Mayo). Se trata de un sector que se fue consolidando a partir de usos
administrativos y financieros que se asentaron en el lugar desde las primeras décadas del siglo
XIX, probablemente por la proximidad con el área portuaria, entonces en uso. Actualmente es
conocida como “La City” y está fuertemente dominada por la actividad bancaria y cambiaria. El
uso habitacional –al contrario de lo ocurre hacia el Sur- ha desaparecido casi por completo.
Ese sector Norte tiene buenos ejemplos arquitectónicos que, ha pesar de su heterogeneidad,
logran formar un conjunto con interés patrimonial. Lo integran ejemplos de la colonia, como el
Convento de San Ramón Nonato y la Basílica de Nuestra Señora de la Merced (parcialmente redecorada entre 1880 y 1920), hasta el primer ejemplo de la arquitectura brutalista moderna, el
Banco de Londres, construido en la década de 1960. Entre estos extremos, en la zona se erigieron
–en especial entre 1870 y 1930- obras de buena calidad y de diversos estilos arquitectónicos,
como la que fuera la sede del antiguo Banco Español, recientemente demolida. De los buenos
ejemplos que perviven, dentro del sector Norte de lo que fuera el casco fundacional, perviven,
entre muchos otros edificios, el Banco Francés (parcialmente remodelado), el antiguo Banco de
Italia (remodelado), el antiguo Banco Alemán, el Banco Roberts (desocupado y en venta), el
Edificio Bunge y Born (en rehabilitación), el Banco Central de la República Argentina (que
acaba de ampliar sus oficinas construyendo una torre anexa, que rompe con la escala del
conjunto), el Bank Boston (parcialmente remodelado), el Banco de la Provincia de Buenos Aires
(que hizo lo propio –años antes- solo que calle por medio), el ex-Banco Hipotecario Nacional, la
Galería Güemes, la ex-Tienda Gath & Chaves, el ex – Palacio San Miguel, la Iglesia de San
Miguel Arcángel y el edificio Mihanovich.
Es necesario hacer constar que este sector del casco fundacional está excluido hasta el momento
de todo mecanismo de protección.
2.1.2. Las primeras propuestas para el CHBA
Como se mencionó en un comienzo, un interés en cierta forma “sistemático” por la
conservación del CHBA surgió en el último cuarto de siglo. Pero para enmarcar históricamente
este fenómeno será necesario remontarnos hasta 1956.
En ese año, Antonio Bonet y Juan Kurchan fueron convocados por el gobierno militar de la
denominada “Revolución Libertadora”, que luego de derrocar al Presidente Juan D. Perón, había
decidido encarar el proyecto de remodelación del Barrio Sur [ver página 17; plano “Propuesta de
remodelación del Barrio Sur de Buenos Aires, de Antonio Bonet, Año 1956”], que comprendía
cerca de cien manzanas, entre las que se contaban parte de las que integran el área de protección
actual. El proyecto partía del supuesto de que todas las construcciones existentes serían
arrasadas, disponiendo del gran terreno que se requería para trazar las “super-manzanas” en las
que se proponía construir, mediante la intervención de la iniciativa privada, grandes
monobloques de vivienda de 2, 11 y 35 pisos de altura [Gutiérrez; 1992:217].
Esta propuesta, reconocía como antecedente al Plan de Le Corbusier para Buenos Aires. El
arquitecto francés había visitado la ciudad en 1929, oportunidad en la que había organizado un
taller del que participó el citado Kurchan. Durante la década siguiente, Le Corbusier elaboró
“...algunas líneas de acción...” que se concretaron en una propuesta del “Plan Director”...
publicado... en 1939” [Gutiérrez; 1992:200].
Aquel proyecto, casualmente, se basada en la construcción de grandes volúmenes de edificios
sobre un terreno libre, determinando –implícitamente- la demolición de todo lo existente, no solo
en el casco histórico, sino también en el resto de la ciudad.
En esta misma línea de pensamiento se contaron algunos otros proyectos de intervención en el
área que fueron desarrollados a partir de 1961 y que incluyeron uno realizado durante la
dictadura militar de Juan Carlos Onganía, que al igual que de 1956 tampoco se concretó. En ese
caso también se recurría a liberar la totalidad de las tierras demoliendo lo existente, aunque se
diferenciaba de las propuestas anteriores ya que planteaba la conservación de algunos
monumentos aislados, dejando su entorno despejado con el objetivo de valorizarlos [Gutiérrez;
1992:222]. Resulta llamativo que, dentro del área considerada, esos monumentos fueran
únicamente dos: la iglesia de San Telmo [ver foto 6] y el Convento de Santo Domingo [Hardoy y
Gutman; 1992:477]. El denominado Ente para la Renovación Urbana de la Zona Sur, que tuvo a
cargo ese plan trabajó durante 1971 y 72 y estaba –casualmente- a cargo del ya mencionado
Kurchan [Hardoy y Gutman; 1992:476].
Siguiendo con este tipo de proposiciones, en 1977, cuando se sancionó el Código de
Planeamiento Urbano, se previeron mecanismos que premiaban el englobamiento de parcelas,
incrementando la capacidad constructiva de los terrenos hasta en algo más de ocho veces. Dicho
englobamiento implicaba la demolición de las construcciones antiguas que estaban ubicadas
sobre los terrenos [Gutiérrez; 1992:267].
Como se pudo apreciar, las primeras preocupaciones por intervenir en el casco histórico de la
ciudad estuvieron ligadas a la renovación urbana del área, lo que implicaba la sustitución
completa, tanto de las construcciones como del trazado, operaciones inmobiliarias que habían
tenido cabida en momentos en que el país era gobernado por dictaduras militares.
2.1.3. La conservación del CHBA
Para la década de 1970 en Buenos Aires, paralelamente a los planes citados, comenzó un proceso
que sentaría las bases de un cambio de enfoque para con el patrimonio arquitectónico y urbano
de la ciudad.
En 1968, en el ámbito de la MCBA se creaba el Museo de la Ciudad que, a la sazón, se instaló en
la planta alta del centenario edificio de la Farmacia “La Estrella” ubicado dentro del CHBA, en
la esquina de Defensa y Alsina, apenas a una cuadra al Sur de la Plaza de Mayo.
Desde aquel momento y bajo la dirección del Arq. José María Peña [quien continúa en el cargo
hasta la fecha], además de la organización de las exposiciones y de la paulatina conformación de
sus colecciones, desarrolló diversas actividades que rescataban algunos aspectos de la historia y
de la cultura de la ciudad y de sus habitantes. Paralelamente el museo “...realizó desde el año
1972 trabajos tendientes a la concreción de un distrito de Preservación Histórica...” [Comisión
Técnica...; 1983:34].
Cuando poco más tarde las autoridades locales decidieron asumir por vez primera la idea de la
conservación de áreas históricas eligieron al Museo como sede y a parte de sus miembros,
incluyendo a su director, para conformar la denominada Comisión Técnica Permanente para la
Preservación de Zonas Históricas de la Ciudad, que hizo su aparición en 1979, en plena dictadura
militar [Decreto 1521 del 2/4/79; publicado en el BM N° 16.002 del 10/4/79]. Esta Comisión
sería la encargada de
“...discriminar y apreciar los distintos valores arquitectónicos histórico-culturales que
demuestran los procesos creativos desarrollados en las sucesivas épocas donde se
afirmen nuestras raíces nacionales, costumbres y modo de vida...” [Art. 1°]
Esta y otra referencia en la introducción de la norma a la “significación” del “pasado” y “las
tradiciones” “con respecto a la formación espiritual de las jóvenes generaciones” son
indicadores de algunas de las preocupaciones centrales del denominado “Proceso de
Reorganización Nacional”, que incluyó la sistemática eliminación de personas que pudieran
amenazar los valores con los que tal “proceso” se identificaba. En ese marco era obvio que se
evitara cualquier mención a la problemática económica y social del área.
La ordenanza hablaba de “...una zona que, por razones específicas, esté en condiciones de ser
representativa de la historia edilicia y testimonial de la ciudad...”, pero sin precisar los límites
de la misma.
En el Art. 2° completa la idea diciendo que la Comisión “...controlará y supervisará todo
proyecto de obras nuevas, de remodelación, pintura, publicidad, etc., que se desee implementar
en el barrio...”
Pensar que, en una ciudad como Buenos Aires que ocupa unas veinte mil manzanas, una zona
como esa podía ser la única representativa de su historia era una simplificación de los
funcionarios locales, alejados de la propia realidad y de las recomendaciones, discusiones y
documentos internacionales, que sobre el punto se sostenían en otros lugares del planeta [ver
plano “Ubicación relativa del área de protección histórica –APH 1- en la Ciudad de Buenos
Aires”].
Dos meses más tarde se dio a conocer la Ordenanza N° 34.956 del 30/5/79 [BM 16.045 del
14/6/79] por la que se incorporó al Código de Planeamiento Urbano el parágrafo 5.4.6.2.5, el que
sería publicado poco después. Dicha ordenanza hace mención a “...las áreas de nuestra ciudad
pobladas por los vecindarios de Catedral al Sur y San Telmo...”, conformando una zona de
protección que pasó a denominarse U-24, cuyos límites aún no estaban definidos.
La norma presenta algunas cuestiones llamativas.
En el Art. 8° se lee:
“Para el caso de restituciones autenticadas que se efectivicen en los edificios existentes...
la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires reducirá porcentualmente las
contribuciones que incidan sobre dichos inmuebles durante plazos razonables.” [El
subrayado es mío]
Y pasando al Art. 9° nos encontramos con lo siguiente:
“Establécese premio estímulo a la mejor restauración, restitución y puesta en valor de
edificios comprendidos en el área, así como a la mejor réplica ejecutada...” [El
subrayado es mío]
En el primer caso, “restituciones autenticadas” es usado con el mismo significado del término
restauración. Respecto del segundo párrafo, si bien era meritorio plantear un incentivo para las
intervenciones, no lo era premiar réplicas las que, por el contrario, deberían haber quedado
vedadas.
Como se anunció en el párrafo anterior, finalmente en el BM N° 16.072 del 25/7/79 se publicó
el Anexo I conteniendo las normas urbanísticas para la “Zona Histórica de la Ciudad”
denominada “U-24”. En esta norma, finalmente, se fijaban los límites geográficos de la misma,
los que abarcaban, además de los ya citados barrios de Catedral al Sur y San Telmo, parte de la
Concepción y la Av. de Mayo en toda su extensión [ver página 20; plano “U24 original (Año
1979)”]. Como se planteó anteriormente, el área protegida era exigua y dejaba afuera muchos
ejemplos significativos y todo el sector Norte de la que fuera la traza fundacional de la ciudad.
La ordenanza contenía una serie de indicaciones respecto al tratamiento de las construcciones, la
publicidad, las veredas, los usos, el entorno, etc. a las que habré de referirme más adelante [ver
página 39; Cuadro 1].
Poco después apareció una nueva norma que implicaba un avance en la gestión de la
recuperación física de algunos edificios. La Ordenanza 35.482 del 11/1/80 [BM 16.231 del
10/3/80] autorizó a la Comisión a solicitar excepciones a los Códigos de Planeamiento Urbano,
de la Edificación, de Habilitaciones y de cualquier ordenanza complementaria, con el objeto de
facilitar las tareas de conservación del área.
Sin embargo, la vigencia de esta normativa no duró demasiado, ya que un año más tarde –pocos
meses antes del regreso a la democracia- se publicó la Ordenanza 37.617 del 31/3/1982 [BM
16.764 del 26/4/82] que modificó el Distrito U-24, reduciendo la ya exigua extensión a la mitad
[ver página 22; plano “U24 modificada (Año 1982)”].
Cual fue la justificación? En los “Considerandos” de la medida, se decía que
“...en el tratamiento del área y de los nuevos análisis realizados.... surge, de acuerdo con
el objetivo perseguido en el dictado de las normas provisorias del mencionado Distrito,
el límite correcto del sector donde se encuentra ubicado un número considerable de
edificios que responden a técnicas correspondientes al pasado, y que por lo tanto
merecen ser preservados como patrimonio cultural de la Ciudad...”
Lo expresado es falso, ya que en el sector antes protegido –y ahora excluido- también se
encontraban –y aún hoy se encuentran- un número también considerable de edificios que
responden a técnicas del pasado y que merecen ser preservados.
Se trataba de una respuesta espasmódica del poder dictatorial, para entonces debilitado, ante las
presiones de los especuladores inmobiliarios que tenían fuertes intereses en el área. Como si
buscara dejarle en claro a esos personajes el porque del recorte, el redactor de la norma, recurre a
un viejo argumento diciendo:
“...el área a liberar debe afectársela a un destino tal como el residencial, que sirva de
apoyo al desarrollo del Área Central, en razón de su privilegiada ubicación
geográfica...” [El subrayado es mío]
Tenemos nuevamente un gobierno dictatorial que se preocupa del CHBA, aunque ahora con una
propuesta que se contrapone a las anteriores. Por qué? En este caso las normativas de protección
surgieron como un intento de mitigar las críticas que se alzaban contra el gobierno local por la
destrucción de buena parte de la ciudad realizada para permitir la construcción de la denominada
autopista Sur (actual 25 de Mayo), obra que afectó, entre otros barrios, al de San Telmo. La
licitación de esta autopista, que recorría la ciudad de Este a Oeste, bifurcándose a la altura del
Parque Avellaneda para conectar por un lado con el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y por
otro con los barrios de Floresta, Vélez Sarsfield, Mataderos y Liniers, se concretó en 1977.
El recorte del área sirvió para contentar a los capitales inmobiliarios con intereses en la zona. El
arquitecto Sergio Zicovich Wilson lo expresaba en estos términos:
“Cuando a nuestro anterior intendente [de la dictadura, Brigadier Cacciatore]... quema
las naves antes de la retirada y, negociando una de las únicas prendas que había dejado
como compensación por los otros desmanes cometidos, reduce drásticamente los límites
de la U-24, no lo hace porque lo hayan convencido de que era lo mejor para la ciudad,...
lo hace obedeciendo a intereses...” [Zicovich Wilson; s.f.:65]
A fines de ese mismo año de 1983, a través del Decreto N° 6842 [BM N° 17.153 del 9/11/83] se
derogó la Comisión Técnica para la Preservación de Áreas Históricas, mientras que mediante el
Expediente N° 90.315/83 [BM N° 17.291] se creaba la Comisión de Preservación de Áreas
Históricas. Entre las tareas de esta nueva Comisión estaban las de: realizar los estudios
arquitectónicos de los edificios del área, evaluar el estado de los mismos, elaborar las normas y
los proyectos de ordenanzas en lo atinente a la conservación de los inmuebles incluidos en el
perímetro protegido, brindar asesoramiento a los vecinos, organismos del estado e instituciones
en estos temas y supervisar las obras en ejecución.
A partir de entonces se dio cierta estabilidad formal a los mecanismos de gestión del CHBA, que
se vieron alterados a comienzo de la década siguiente cuando las nuevas autoridades locales,
presididas por el Intendente Carlos Grosso, desarrollaron una política de privatizaciones y
despojaron al estado de su rol de regulador de los procesos económicos y sociales. En el ámbito
de la conservación del patrimonio esto desencadenó en una fuerte lucha de intereses a la que se
hará referencia más adelante.
2.1.4. Las APH
El resultado de la disputa en cuestión, fue la promulgación de la Ordenanza 45.517/92, por la que
quedaron sin efecto el Distrito U-24 y la Comisión de Preservación que regía sus destinos.
Simultáneamente se crearon las Áreas de Preservación Histórica [APH] y un nuevo órgano de
aplicación en el ámbito de la Subsecretaria del Consejo de Planificación Urbana.
Esta nueva normativa, que partía de la protección del espacio público y las edificaciones,
creaba además la APH 1, cuyos límites eran los de la U-24 reducida a la que se le había sumado
el entorno de la Plaza Congreso.
La protección se estableció –siguiendo algunos criterios españoles- mediante un catálogo en el
que los edificios se clasifican de acuerdo a tres grados de importancia: Integral, Estructural y
Cautelar, los que se corresponden con los distintos niveles de intervención admitidos. En este
caso, hay algunos resguardos tan laxos que dependiendo de la zonificación, la tipología y el nivel
de protección pueden admitirse, no solo las modificaciones y ampliaciones internas (bajo parte
cubierta), sino también la ampliación del volumen construido.
protección de algún bien inmueble propio o de terceros, esto ocurre con poca frecuencia
[a/mbiente; 1982:57].
Los miembros de la CTPAH explicaban que la participación en la gestión se daba a través del
“...diálogo directo con el usuario y la continua vinculación con el sector por parte de este
Organismo...” [Comisión Técnica...; 1983:38].
Hasta donde sabemos, hubo alguna propuesta para establecer ciertos mecanismos de
participación. Los funcionarios de la CTPAH expresaban al respecto:
“...estamos tratando que se concreten las Comisiones de cuadra, que estarían formadas
por 5 ó 6 personas encargadas de detectar todo tipo de problema o alteración, ayudando
a la relación mutua de todos los vecinos.” [a/mbiente; 1982:57].
Pero ni esta, ni otras formas de participación se concretaron por entonces.
En la actualidad el esquema de trabajo de la DGPIU es similar al de aquellas comisiones. En
cuanto al ámbito oficial cabe recordar que también están actuando en el área la DGCH y la DGP.
Ahora bien, la segunda vertiente se ha caracterizado por una suerte de enfrentamiento entre
quienes estaban a favor de la conservación de la zona histórica y quienes se oponían a ella. Esa
disputa se extendió, desde finales de la década de 1970, por unos quince años.
Dentro de cada grupo los diversos actores que los conformaban se reunían compartiendo
circunstancialmente un interés común, sin que mediara estructura u organización. De esta forma,
las acciones se dieron alternativamente de formas convergente, complementaria o conjunta [de la
Mora: 2002:253]. Ambos grupos desarrollaron actividades similares, recurriendo a las asambleas
de vecinos, conferencias, pegatinas de carteles, distribución de planfetos y entrevistas con
funcionarios. Los dos buscaron, además, la difusión de sus actos e ideas en los medios de
comunicación, en especial en la prensa escrita. Cada uno de estos grupos apoyó y recibió el
apoyo de los funcionarios locales envueltos en las decisiones sobre el CHBA.
Revisemos algunos documentos que habrán de permitir la caracterización de las posiciones y a
los actores que las sustentaron.
En principio resulta obvio pensar que entre los defensores de la conservación estaban los propios
responsables de los diferentes órganos de aplicación: CPAH, CTPAH y DGPIU.
Esto fue así, salvo algunas excepciones.
Las dos comisiones citadas en primer lugar estaban integradas por el Secretario de Obras
Públicas de la MCBA, quien era además el encargado de presidirlas. El Ing. Jacobo Fiterman, en
momentos en que ocupaba ese cargo, expresaba: “Nuestra intención... es resguardar el
patrimonio urbano de la ciudad”, pero agregaba: “reciclar es caro. De lo
construido queda poco, apenas la estructura a la cual muchas veces hay que reforzar y
después hay que cambiar lo más caro: cañerías, instalaciones... Algunas veces se salvan las
paredes, que es lo más barato.” [Arcusín; 1987:29. Las negritas están en el original].
No se necesita demasiado análisis para notar que el máximo responsable por la Gestión de la
Conservación de la “Zona Histórica” presentaba un discurso, al menos, contradictorio.
Pasemos ahora al discurso de los grupos, comenzando por los actores que se oponían a la
conservación de la zona histórica.
Las campañas llevadas adelante por Rodolfo J. Vinelli, un inversor y agente inmobiliario que
tenía –y tiene- sus oficinas en la zona (casualmente en la parte que quedó excluida luego del
recorte al que se hizo mención en un comienzo), planteaba que la conservación implicaba un
avasallamiento a la propiedad privada. Surgieron también algunas instituciones “fantasma” como
la denominada “Comisión de Estudios sobre el Patrimonio Inmobiliario de la Capital Federal”
que ejercía presión para terminar con cualquier restricción al dominio. El objetivo era obtener la
libre disponibilidad de los terrenos –muchos de los cuales eran de su propiedad- para poner en
marcha el negocio de la demolición y construcción a nuevo.
Para ello se decía que la zona había sido congelada -lo que, en el discurso de los detractores,
equivalía a quedar apartada de toda posibilidad de “progreso”- cuando en el período 1980-1984
los permisos de obra presentados superaban al promedio del resto de Buenos Aires y el área
había “...mantenido el 4° lugar de preferencia dentro de la ciudad luego del Barrio Norte,
Palermo y Belgrano...” [Gutiérrez; 1992:268].
Vinelli aprovechaba su poder y presionaba al intendente de la dictadura publicando en
algunos diarios locales instrucciones como estas:
“Arrojar por la borda a los tecnócratas, burócratas y cuerpos de empleados dirigistas de
evidente connotación izquierdizante, cuyas ideas fijas son las de demoler la institución
del derecho de propiedad... y a los teóricos que quieren convertir parte de la ciudad en
un museo histórico de suciedad, desidia y ruinas y que con sus expresiones altisonantes
de reciclaje consiguen que se dicten ordenanzas que prohíben la demolición...” [Vinelli;
1981:s.p.]
Contrariamente la zona tomaba cierta vitalidad.
“Desde 1979 a febrero de 1982 se realizaron en el distrito U-24 140 obras de
restauración y obras nuevas y se instalaron 496 comercios minoristas, 47 mayoristas, 16
obras destinadas a uso cultural y esparcimiento, 10 a educación, 33 a talleres
artesanales y 517 a servicios, siendo, es cierto, reducido el uso residencial.” [Gutiérrez;
1992:268; cfr. Gutiérrez; 1982:112]
Los especuladores inmobiliarios contaban con el apoyo de los funcionarios del CPU.
Continuadores de las ideas de Kurchan, seguían entendiendo que la única renovación era la que
partía de demoler lo existente. Por ello les resultó fácil apoyar la reducción del área
protegida, acción para la cual los informes del citado consejo “...presidido por el arquitecto
Ballester Peña fueron decisivos...” [Gutiérrez; 1992:269]. Es más, ese mismo grupo de
profesionales planteaba una nueva reducción del área, proponiendo un esquema de protección
puntual de algunos elementos destacados y aislados [ver página 22; plano “U24 modificada (Año
1982)”].
La planificadora Odilia Suárez, representaba la opinión del CPU:
“...decidir que se debe conservar resulta una cuestión mucho más delicada,
especialmente cuando se trata no ya de conservar edificios aislados sino de sectores
urbanos completos.”
“El reconocimiento de las herencias del pasado no puede convertirse en lastres
inhibitorio para la evolución futura lo cual, en materia urbanística, requiere un
cuidadoso y sagaz discernimiento que concilie posibles antagonismos, especialmente
porque en el reducido espacio físico de una ciudad la localización de algunas funciones
urbanas no es fácilmente intercambiable. Es positivo conservar todo aquello que exhiba
valores de singular calidad y significación colectiva siempre que, al mismo tiempo, el
sector a preservar pueda ensamblarse en forma armónica en el proceso evolutivo de la
estructura urbana y adecuarse al rol funcional que debe cumplir.”
“La ubicación relativa del sector regulado por la U-24 torna a esa zona especialmente
apta para la expansión de las actividades concentradas en el área central de la ciudad y
esta situación pone de relieve el conflicto emergente entre una ambientación que no es
concordante con el rol funcional que el área debe cumplir en la estructura urbana
general.”[Suarez; 1983:45]
Se ponen en evidencia las ideas recurrentes de edificios “valiosos” (pero aislados), del
patrimonio como lastre para el progreso y del centro histórico como reserva de tierra urbana.
Para Suárez la salida era reconsiderar nuevamente los límites
“...en especial del sector comprendido entre las Avdas. Belgrano e Independencia con el
fin de otorgarle mayor “centralidad”... [y] mantener en todos sus términos la vigencia de
las disposiciones de la U-24 en el sector de San Telmo (al Sur de la Av.
Independencia)...” [Suarez; 1983:46]
De esta forma dejaría liberado el sector más próximo al área que, según el CPU, necesitaba
expandirse [ver página 22; plano“U24 modificada (Año 1982)”]. Por si quedaban dudas al
respecto termina diciendo que la conservación es una
“...experiencia valiosa...pero que debería ser revisada en sus alcances a la luz de un plan
coherente para mantener el equilibrio urbanístico del área central metropolitana.”
[Suarez; 1983:46]
La condena del Barrio Sur en aras de “...la expansión del área central...[era] para el determinismo
planificador algo “inevitable”.” [Gutiérrez, 1982:112]
El arquitecto Francisco Liernur, reflexionaba:
“Pero ¿porqué existe una presión especulativa sobre el área que la obliga como
reacción a “preservarse”? Porque se trata de una apetitosa área de expansión de la
City; una expansión que si se admitiera hacia el sur disminuiría la presión del terciario
sobre el norte, evitando el deterioro del área residencial más apreciada por los sectores
dirigentes.” [Liernur; 1983:44]
Ya en democracia, los administradores de turno, primero del partido Radical y luego del
Justicialismo, miraron la zona sin mayor convencimiento. Mientras tanto la derecha,
políticamente hablando, apoyaba los reclamos de los especuladores inmobiliarios.
Dos ejemplos que muestran como se movían algunos políticos. Alberto Sersósimo, a la sazón
Concejal [cargo equivalente a legislador] de la Ciudad por la UCEDE [El HCD era el órgano
legislativo de la ciudad], en septiembre de 1989 organizó una pegatina de carteles en las calles
del barrio en cuyo encabezado se leía:
“SALVEMOS SAN TELMO”. Continuaba diciendo: “DELINCUENCIA, SUCIEDAD,
DROGA, CASAS EN RUINAS, USURPACIONES, CIRUJEO. Esto es San Telmo.”
Abramos un paréntesis para aclarar que este diagnóstico era aplicable a muchos otros lugares de
la ciudad, no solo a la zona histórica.
Volviendo al texto, a renglón seguido pasaba a citar veintisiete proyectos de ordenanzas
municipales que había presentado en su carácter de concejal, para recuperar el área, entre los que
se contaban:
“Estimular la construcción en el barrio mediante la eximición por 20 años de las
contribuciones de Alumbrado, Barrido y Limpieza y pavimentación y Aceras a los
inmuebles en que se hagan obras nuevas totales o reciclaje en un 80 % como mínimo y
de Ingresos Brutos, Ganancias e IVA [Impuesto al Valor Agregado] a las empresas que
realicen esas obras...Desafectación de la zona histórica de la Avenida Paseo Colón, la
vereda oeste de la calle Perú y la sur de la Calle Hipólito Irigoyen...Permitir la
unificación parcelaria...Limitación de las atribuciones de la Comisión Técnica
Permanente de la zona histórica...”
El cartel, terminaba con el siguiente llamado:
“VECINO... Ha llegado la hora de que usted también actúe contra todos los males que
sufre San Telmo.”
También de la UCEDE era la Concejal Adelina Dalesio de Viola quien tuvo destacada
actuación en contra de la preservación de la zona. Por ejemplo, en 1986, apoyó el pedido de
demolición del propietario del inmueble de Perú 342/350, argumentando que el costo de
cualquier intervención “...superaría los beneficios que pudieran lograrse”. Por esta razón
elevó a tratamiento del Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza –que le fue remitido al
Presidente de la CPAH el 21/10/1986- para que el cuerpo legislativo ordenara al Ejecutivo
Municipal la autorización de la demolición en cuestión.
Los argumentos que utilizaron quienes se oponían a la conservación de la zona histórica fueron
tan falaces y simplistas que provocaron la reacción de muchas personas interesadas por el
patrimonio y la cultura, ayudando a formar un movimiento de opinión en defensa del zona
histórica. Ese movimiento fue creciendo durante los años siguientes de forma tal que salvó, en
alguna medida, lo que quedaba protegido de la voracidad de los inversores inmobiliarios y de la
endebles de ciertos funcionarios de la ciudad.
A favor de la conservación de la zona histórica se alzaron distintas voces. El urbanista Marcos
Winograd decía:
“El mérito de la ordenanza sobre la U-24 ...es el de ser la primera reivindicación sobre
un “pedazo de ciudad”. Frente a toda legislación pasada, y mucha de la presente, al
servicio de la simple especulación inmobiliaria, sustentada en la falaz noción de
progreso, esta afirmación cultural social de la ciudad respecto de sí misma no puede sino
concitar la adhesión de principio.” [Winograd; 1983:50]
Hablando de la pretendida destrucción del Sur para permitir la expansión del área central el
urbanista Daniel Pini, por entonces funcionario de la Subsecretaría de Medio Ambiente, decía
que había que estar atentos a la localización de actividades dentro de amplio y creciente territorio
del conurbano de Buenos Aires, las que se verían favorecidas por ciertos cambios tecnológicos.
Viéndolo en perspectiva no se equivocaba. Pini agregaba:
“Frente a la probabilidad de que esto pueda suceder, la demanda de preservación del
Barrio Sur adquiere una dimensión diferente. Sacrificarlo en aras de un mejoramiento
funcional que posiblemente se resuelva de mejor manera, puede resultar un costo
demasiado alto.” [Pini; 1982:58]
Ante las opciones en disputa concluía:
“¿No será más cuerdo replantear el problema considerando todo el conjunto urbano y
no sólo su porción central, teniendo en cuenta tanto los requerimientos del Área Central,
como la preservación de las áreas vecinas, al Norte y al Sur de Plaza de Mayo?” [Pini;
1982:58]
La SCA y el CPAU, las dos instituciones que representaban –y representan- a los profesionales
de la arquitectura y el urbanismo en Buenos Aires, siempre cercanas a las administraciones de
turno en la ciudad, guardaron distancia del asunto. La SCA envió una carta al Intendente
Guillermo Del Cioppo, también de la dictadura militar y que sucediera a Cacciatore en el cargo,
expresando su ambigüedad en estos términos:
“La iniciativa de conservar y preservar el patrimonio arquitectónico-urbanístico es un aporte
cultural valioso, aunque no puede desconocerse que la delimitación y la
regulación de tales distritos debe efectuarse con cuidada precaución, para no generar
conflictos adicionales a la necesaria evolución de la estructura urbana.” [La Nación,
Buenos Aires, 26 de junio de 1982]
Algunos arquitectos reaccionaban frente a estas actitudes, volcando su oposición en estos
términos:
“La Sociedad Central de Arquitectos convoca a reunión... Allí se mezclan buenos deseos,
tibiezas, terquedad y rabia impotente. El problema sigue en pie y se nos quiere privar de
los poco que queda del viejo Buenos Aires.”
“En esta época de sorpresas parece que va a deparársenos otra: la derogación de la ley
de protección. Si esto ocurre, quedarán sin resguardo los edificios de San Telmo, se
podrán hacer torres y grandes edificios con hermosas playas (para almacenar miles de
vehículos, los que nos alegrarán con su ronroneo y gases), se podrá demoler y destruir el
paisaje, la historia de la ciudad (¡albricias para los constructores de metros
cuadrados¡), y podremos con orgullo colocar en conejeras de dos a cuatrocientos mil
alienados más.” [Puppo; 1982:s.p.]
En esta discusión siempre estuvo ausente la delegación local de ICOMOS, única institución que
decía representar los intereses de los especialistas [Gutiérrez; 1982: 108].
Conforme pasaba el tiempo hubo algunos intentos de articulación de las acciones, como fue la
conformación de la “Multisectorial de San Telmo-Monserrat” que reunía a los grupos más
politizados que actuaban en la zona histórica. El 25 de julio de 1986 la Multisectorial presentó un
documento en el que requería medidas tendientes a:
“Evitar los desalojos de las familias carenciadas y la represión indiscriminada...[y] una
inmediata integración a planes de viviendas populares de las familias que habitan
inquilinatos, casas ruinosas, hoteles y pensiones incluyendo la afectación de casas
desocupadas por pura especulación garantizando así el fin social de la propiedad...”
Tres años más tarde continuaba reivindicando su postura y refería a la violencia, la drogadicción
y la marginalidad diciendo que “... solo se resolverán mejorando la calidad de vida de TODA la
comunidad”, proponiendo crear: “guarderías infantiles, centros de salud barrial, ...planes de
vivienda popular, espacios de recreación, bolsas de trabajo, cooperativas de consumo...”
además de “evitar los desalojos de los sectores carenciados”.
Junto a las reivindicaciones de los sectores marginales –a veces sumados- actuaban la clase
media, los intelectuales, artistas y gente de la cultura. Se generaron así distintos eventos.
Puedo citar, a modo de ejemplo, la reunión llevada a cabo el 12 de agosto de 1989 en el Salón de
Actos de la Parroquia San Pedro González Telmo. Concurrieron a ella diversas instituciones
representativas del barrio, entre las que se contaban la propia Parroquia, el Consejo Pastoral,
Jóvenes de Acción Católica, la Junta de Estudios Históricos de San Telmo, la Comisión Nacional
de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, el Rotary Club de San
Telmo, los Amigos y Vecinos de San Pedro Telmo, los Amigos y Vecinos de San Telmo y Zona
Histórica y la Asociación de Plásticos de San Telmo. Como resultado de la misma se “proclamó”
“La preservación del casco histórico de la ciudad de Buenos Aires en beneficio y mantenimiento
de la Historia de los Argentinos” y el apoyo a medidas consensuadas para mejorar el área.
El 28 de octubre de 1989, la Asociación Amigos y Vecinos del Casco Histórico, presidida
entonces por Iván Grondona, actor teatral y vecino de la zona, convocó a una reunión pública en
la que se lanzaba el relevamiento patrimonial del área. Se trataba de una tarea comunitaria
realizada por cincuenta profesionales voluntarios, bajo la coordinación de la CNM y de la CPAH
de la MCBA [Clarín, Buenos Aires, domingo 29 de octubre de 1989]. El objetivo era contribuir a
la conformación de un registro alternativo de edificios con valor patrimonial de modo de contar
con un documento que pudiera oponerse al inventario oficial que estaba desarrollando por
entonces personal del CPU.
Ese organismo estaba integrado ahora por un grupo de profesionales que propugnaba por una
flexibilización de las normas y por un cambio de mano en el control de la zona histórica. Sus
ideas y propuestas no eran compartidas por mucha de la gente que estaba vinculada a la
conservación de la zona, los que expusieron sus objeciones en oportunidad de las dos Asambleas
Públicas –en diciembre de 1989 y en el mismo mes de 1990- en que fue presentado el proyecto
de modificación. Las críticas vertidas en ambas ocasiones no fueron tenidas cuenta. Las
autoridades se excusaron en que el resultado de las mismas no era vinculante. Entonces quedó
claramente demostrado que la convocatoria a la participación era formal y solo perseguía la
búsqueda de consenso en torno a una propuesta oficial. El cambio de la normativa U-24 por la de
APH, se produjo igual a comienzos de 1992.
2.1.6. Las formas de organización, las instituciones y los procedimientos
La gestión de la conservación en el CHBA, siempre estuvo a cargo del gobierno local, teniendo
dos etapas marcadas. La primera corresponde al periodo 1979 a 1992 y el segundo desde ese
momento hasta la actualidad.
Cabe recordar que en 1979 se crea la CTPAH, la que en 1983 paso a denominarse CPAH.
Las dos comisiones citadas estaban integradas por el Secretario de Obras Públicas de la MCBA
[quien la presidía], por el Director del Museo de la Ciudad y por otros cinco miembros, de los
cuales cuatro eran arquitectos y el quinto tenía formación en la materia. Es obvio decir que la
comisión no estaba preparada para ocuparse de otros aspectos distintos a los que se ocupaba: los
físicos.
Hay que hacer notar también que, cuando la primer Comisión comenzó a funcionar, ninguno de
sus miembros tenía especialización en conservación. En 1983 una de las personas la integraban
asistió a un curso del ICCROM y en 1985, otra, hizo lo propio en la CNM, en un curso que contó
con la co-organización del IAIHAI y el apoyo financiero del PNUD.
La sede de ambas era el Museo de la Ciudad, ubicado dentro de la zona histórica. En un
comienzo no había un relevamiento particularizado del área razón por la cual la respuestas de los
funcionarios se daban a partir de la demanda de los vecinos. La atención al público en la sede se
hacía dos mañanas a la semana y se reservaba una tercer mañana para las visitas a las obras.
Los profesionales atendían las consultas que podía realizar cualquier interesado en intervenir u
ocupar un edificio dentro del área [siempre que se tratara de usos que requirieran de habilitación
previa].
Los trámites solían ser lentos, lo que solía generar reacciones por parte de los usuarios. La
Comisión contaba con muy poco personal y trabajaba prácticamente sin equipamiento. Por su
parte, la ausencia de normas claras de intervención de parte del órgano de control y de
profesionales especializados a cargo de los proyectos complicaba las cosas. Era frecuente que un
profesional presentara un proyecto inviable que debía ser modificado casi por completo, con el
agregado que ese proyecto ya había sido presentado al comitente, quien lo había aceptado. Se
generaban entonces situaciones enojosas que le daban mala prensa a la gestión.
Una vez que el trámite era aprobado por la Comisión era girado a la DGFOC para que
completara el resto del circuito administrativo, de forma similar a la que lo hacía cualquier obra
de construcción en el ámbito de la ciudad.
Por su parte, cuando algún profesional intentaba tramitar un permiso de obra para edificios
alcanzados por la U-24, estos eran remitidos a la Comisión para su tratamiento.
Lo bueno, es que las inspecciones eran ejercidas por los mismos miembros de la Comisión, lo
que les permitía tener un mejor y más rápido control de ciertas situaciones conflictivas, como las
alteraciones y/o demoliciones.
Para 1992 cuando se anuló el Distrito U-24, también se eliminó la Comisión. Entonces fueron
creadas las APH y se creó un nuevo órgano de aplicación en el ámbito de la Subsecretaria del
Consejo de Planificación Urbana, que actualmente se denomina DGPIU [ver página 22; planos
“U24 modificada (Año 1982)”, “APH 1: Distribución de las sub-áreas” y “Esquema comparativo
de las áreas protegidas y del casco fundacional de Buenos Aires”]
Se trata de un organismo que funciona en un edificio fuera de la zona histórica, que a diferencia
de las Comisiones anteriores tiene una estructura profesional y administrativa verticalista, que
responde a un Director General, cargo político designado por el Jefe de Gobierno. En algunos
temas actúa el CAAP, órgano colegiado, honorario, que actúa como consultor y está conformado
por representantes de diversos organismos e instituciones vinculados en algún sentido con el
patrimonio arquitectónico, entre los que se cuentan el Comité Argentino del ICOMOS, la
Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, la SCA, el CPAU y el Centro Internacional para
la Conservación, Sede Argentina. Hasta hace unos
meses formaba parte del CAAP la CNM, retirándose por desacuerdos respecto a las políticas que
aquel estaba llevando adelante.
Al igual que su antecesor actúa por demanda, los trámites le son presentados directamente o le
son girados por la DGFOC, según corresponda. Está claramente establecido que no puede
aprobarse obra alguna u otorgarse habilitación de uso de locales u edificios catalogados sin la
intervención de la DGPIU. Se incluye dentro de estas restricciones los edificios que están en
proceso de catalogación, aún cuando la incorporación al catálogo dentro de un área vigente o la
declaratoria de APH para las nuevas, no se haya producido.
Los trámites suelen demorarse varios meses, pero en esto también hay responsabilidad de parte
de los peticionantes que no suelen contratar los proyectos con profesionales especializados en
restauración y/o rehabilitación de edificios históricos.
Contrariamente a los que ocurría con las Comisiones, este órgano no tiene posibilidad de hacer
inspecciones de control por sí mismo, dependiendo para ello de la DGFOC, dirección que debe
diligenciar todas las denuncias de las veinte mil manzanas de la ciudad con solo cinco
inspectores. Como es de imaginarse evitar alteraciones y destrucciones de edificios catalogados
con estos recursos es una tarea imposible de cumplir.
La DGPIU tiene más personal y equipamiento que aquel del que disponían las Comisiones, pero
igual resulta altamente deficitario, ya que este órgano de aplicación tiene que atender un mayor
número de áreas de protección que se han ido incorporando a lo largo de los últimos años,
proceso que continúa actualmente.
Respecto del personal que lo integra, los técnicos son arquitectos, algunos con entrenamiento en
urbanismo. De ellos, la mayor parte de los que alcanzaron cierta formación en conservación lo
hicieron una vez que estaban trabajando en la DGPIU. La excepción la constituyen un pequeño
grupo de profesionales jóvenes, de más reciente incorporación que tenían ciertos conocimientos
anteriores y que están continuando con su especialización en este momento. Son también
aquellos que tienen una situación de mayor precariedad e inestabilidad dentro del grupo, ya que
están contratados.
El personal, además de la atención de los expedientes que ingresan para su tratamiento y
aprobación [también la Dirección atiende al público dos mañanas por semana], debe llevar
adelante los estudios tendientes a la identificación y catalogación de nuevas APH y dar inicio a
los trámites de declaratoria por convenio urbanístico a pedido de los vecinos. Además debe
intervenir en los pedidos de exención impositiva que hacen los vecinos cuyos edificios están
alcanzados por la normativa de protección.
Es interesante el mecanismo de incorporación a las APH a pedido del vecino interesado en que
su edificio se preserve. En este caso debe hacer una presentación ante la DGPIU incluyendo una
memoria arquitectónica, histórica y artística del bien, que justifiquen el pedido. Analizado el
caso, si los funcionarios entienden que la declaratoria puede corresponder, preparan el
expediente correspondiente que es elevado para su tratamiento por el CAAP y luego por las otras
instancias administrativas del gobierno local, hasta llegar al
mismo Jefe de Gobierno quien debe refrendar el convenio urbanístico por el cual se hace esa
incorporación.
Dicho convenio obliga al vecino a conservar el bien en buen estado y a no realizar
intervenciones no autorizadas por el órgano de aplicación. En compensación la administración
local le otorga las exenciones impositivas previstas como incentivos, las que perderá el bien, tan
pronto como los funcionarios constaten en hecho. El trámite pasa luego a la Legislatura local
[que después de la declaración de autonomía de la ciudad en 1996 reemplazó al HCD], donde es
tratado por los legisladores, teniendo que ser sometido además a una Audiencia Pública antes de
su aprobación definitiva. El primer caso de declaratoria de APH por convenio urbanístico a
pedido de un vecino fue para una casa de fines del Siglo XIX ubicada en la calle Carlos Calvo
1440. La promulgación de la ley que homologaba el convenio se dio en 2000, tres años después
de que fuera iniciado el trámite.
En 1999 se incorporan a las actuaciones sobre la zona dos nuevos actores: la DGP y la DGCH.
Ambas tienen su asiento en el ámbito de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural de la Secretaría
de Cultura del gobierno local.
Ambas tienen cierta superposición y duplicación de acciones, entre sí y con la DGPIU, lo que
lleva a la dispersión de energía por parte de la administración y provoca algunas confusiones en
el vecino. La DGCH por ejemplo brinda asesoramiento técnico gratuito para ciertas
intervenciones de elementos que hacen a la conformación del espacio público, como las
fachadas. Pero se trata de orientaciones de carácter general que no siempre resultan adecuadas al
caso específico a tratar. Eso se debe a que no cuentan con personal especializado en muchos de
los aspectos que abordan. Por su parte, esas intervenciones deben ser aprobadas posteriormente
por la DGPIU.
Además la DGCH y la DGP contratan intervenciones en espacios públicos o en edificios que son
propiedad del propio GCBA. Suelen ser intervenciones que, al no estar proyectadas por personal
calificado adolecen, de fallas en los enfoques teóricos o en las soluciones prácticas.
2.1.7. Los resultados
Al desprevenido lector puede llamarle la atención que el acento de lo tratado está puesto en lo
normativo y lo físico, exclusivamente. Pero es que la gestión de la conservación del CHBA ha
pasado a lo largo de todos estos años por un intento de regular las cuestiones físicas del área.
Es interesante en este sentido un párrafo escrito por los funcionarios de la Comisión de
Preservación, donde se muestra que su preocupación por la zona era normativa. El mismo dice:
“El objetivo técnico fundamental del plan es la conservación de la Zona Histórica y su
incorporación a la estructura de la ciudad como sector diferenciado y con carácter propio.
Hacia ese objetivo se encauzó la planificación prevista y que está
concretada en normas particularizadas incorporadas al Código de Planeamiento en su
capítulo llamado U-24, las cuales tienden a: ....c) restituir el área a su función primitiva
y esencial, es decir residencial...” [Comisión Técnica...; 1983:35. El subrayado es mío].
Esto se ratifica en las siguientes líneas:
“El perfil urbanístico esta constituido por una altura promedio [sic] baja mientras que el
planteo espacial-tomado de la arquitectura hispana- se mantiene intacto con sus patios,
los que por su significativo valor dentro de la actividad familiar fueron tomados en
cuenta para el proyecto de la zona Histórica....” [Comisión Técnica...; 1983:35].
Respecto de la primitiva U-24, la reducción del problema a sus aspectos físicos podía entenderse,
tratándose de una ordenanza promulgada por una dictadura militar. Dejando de lado algunas
diferencias con ciertos criterios adoptados, la normativa en sí, representaba un avance ya que se
dejaba de lado la preocupación por el monumento aislado y se lo extendía al conjunto,
atendiendo –tal vez sin proponérselo- a las recomendaciones de la Carta de Venecia [ICOMOS,
1964].
La falta de atención a lo aspectos sociales y económicos, en cambio, no se explica en los
funcionarios del CPU que, en democracia, impulsaron el cambio del marco legal sobre la base de
una propuesta intensamente criticada, que surgía en un momento en que se contaba con
suficiente experiencia internacional y con un razonable marco teórico que hubiera permitido, de
conocerlo, proponer un plan de gestión para la conservación y el manejo del centro histórico y no
solo una nueva legislación. En realidad, quienes tuvieron la posibilidad de estructurar el cambio
tampoco estaban formados en la materia.
Tal vez entre las consecuencias más importantes de estas normas es que aún tenemos edificios
valiosos dentro del área protegida. En los últimos años, la depresión económica en la que ha
estado sumido el país, contribuyó a que la especulación inmobiliaria haya disminuido,
mermando las demoliciones en el sector que formó parte de la primer U-24, como en muchos
otros lugares significativos de la ciudad, protegidos o nó [ver página 25; plano “Esquema
comparativo de las áreas protegidas y del casco fundacional de Buenos Aires”].
En este campo, ha sido muy llamativa la exclusión de la zona Norte de lo que fuera el casco
fundacional de la ciudad, de todo intento de protección, lo que permitió diversas modificaciones
en los edificios que los han descaracterizado. Se trata de intervenciones –algunas se mencionaron
en un comienzo- que todas ellas se llevaron a cabo en el último cuarto de siglo que, como vimos,
corresponde al período en que se establecieron normativas de protección para la parte Sur del
citado casco.
El caso del antiguo Banco Español ha sido paradigmático. Ubicado en la esquina Suroeste de las
calles Pte. Perón y Reconquista, era el único edificio de estilo neo-clásico construido para casa
bancaria por 1870 que se conservaba. Comprado por el Banco de Galicia, fue demolido
dos años atrás para dar paso a una torre de cien metros de altura con un impacto visual en el
entorno, altamente negativo [ver foto 21]. Los funcionarios que aprobaron el proyecto se basaron
en que el edificio estaba fuera del área protegida [cfr.: Magadán, 2000:s.p.].
La consecuencia de la exclusión a la que se hace referencia es que, de las 135 manzanas que
ocupó el área fundacional, solo están incluidas dentro del sector protegido 30, lo que equivale
apenas al 22 % de aquel total [ver página 25; plano “Esquema comparativo de las áreas
protegidas y del casco fundacional de Buenos Aires”]. Convengamos que, salvo contadísimos
casos, en el área no quedan edificios del período colonial que finalizó en mayo de 1810. Sin
embargo, hacia el Oeste hay buenos ejemplos de la arquitectura del S. XIX y hacia el Norte, en
especial en el sector delimitado por la calle Florida y las Av. Alem y Córdoba otros tantos que
corresponden a la segunda mitad del XIX y la primera del XX, que no están protegidos.
En otro sentido, también puede entenderse como un avance positivo que la conservación del
patrimonio no es hoy un tema que esté en discusión. Sin embargo, son discutibles los modos en
que se interviene, ya que muchas veces se produce la alteración o destrucción del bien por
desconocimiento de las técnicas o de los criterios más elementales [ver fotos 21, 22, 23, 24, 26,
29, 30, 31 y 32]. Y estos no son elementos que pueda salvar la legislación vigente. Por otro lado
es evidente la falta de participación de los vecinos y la ausencia de propuestas, en este sentido,
de parte de las autoridades.
Es necesario hacer notar que los movimientos que se dieron, en especial, a lo largo de la década
de 1980 en defensa del patrimonio se articularon frente a una amenaza grave, inminente y, en
cierta forma, obvia. Esos movimientos, se desarticularon tan pronto como las amenazas de
perder la zona histórica parecieron desaparecer. Sin embargo, ahora la zona se pierde de modos
más sutiles, por lo tanto menos perceptibles para el común de los vecinos, que ya no reaccionan.
Mientras tanto, el poder económico, que cuenta con las herramientas para atender a las sutilezas
del mercado, va encontrando nuevas formas de operar sobre el barrio, llevando de la mano al
poder político que, despojado de su función de estado regulador, se limita a acompañar, no a
restringir en la búsqueda del bien común. Incluso desatendiendo las recomendaciones de los
cuerpos técnicos. Un claro ejemplo es la reciente autorización de la ampliación de la obra de
Bolívar 120 [ver foto 29], un edificio catalogado, ubicado a treinta metros de la Plaza de Mayo.
Sobre una estructura original de dos plantas, de la que solo se conservó la fachada, se está
construyendo una torre de oficinas de 47 metros de altura. Esto gracias a la opción de enrase con
los linderos [siempre de mayor altura] que prevé la norma vigente y habiendo mediado la
opinión favorable del CAAP.
Por otro lado, si bien se han incorporado más áreas, los instrumentos de identificación y registro
siguen siendo endebles y no tienen fuerza legal para evitar las destrucciones. Las declaratorias de
protección se continúan haciendo para edificios aislados dentro de un área más general, pero sin
estudiar caso, por caso, lo que dificulta la mitigación del impacto de obras en linderos de
edificios catalogados.
Por su parte, aún quedan muchas áreas homogéneas por catalogar y el proceso de catalogación es
lento.
2.2. La evolución de los mecanismos en el tiempo
Partiendo de la base que la gestión de la conservación del patrimonio urbano del CHBA ha
estado basado en la normativa, la que sigue es una tabla comparativa entre los contenidos de las
tres ordenanzas que han regido hasta el momento:
CUADRO N° 1: COMPARATIVA DEL CONTENIDO DE LAS NORMAS
CONTENIDOS
U-24 (Ord. 34.956)
U-24 MODIF. (Ord. 37.617)
APH (Ord. 45.517)
Año de
promulgación
1979
1982
1992
Delimitación
del área de
protección
Superficie equivalente a 140
manzanas
Superficie equivalente a 70
manzanas
Superficie equivalente a 78
manzanas (U-24 modificada
+ Plaza Congreso)
Tipo de
protección
Por área, trabajando
posteriormente cada caso, en
función de las normas
generales
Por área, trabajando
posteriormente cada caso, en
función de las normas
generales
Edificios catalogados,
dentro de un área en la que
establecen ciertas formas
de control
Formas de
protección
No establecidas en la norma
No establecidas en la norma
Edilicia (según listado de
Bienes Catalogados)
Internamente la Comisión
manejaba criterios para
edificios y conjuntos
Internamente la Comisión
manejaba criterios para
edificios y conjuntos
No establecidos en la norma
No establecidos en la norma
Internamente la Comisión
manejaba 4 categorías de
conservación: integral,
parcial, de valorización y
demolición
Internamente la Comisión
manejaba 4 categorías de
conservación: integral,
parcial, de valorización y
demolición
No establecidos en la norma
No establecidos en la norma
Mantiene la estructura
catastral
Prohíbe subdivisiones y
englobamientos
No hace mención al asunto
Prohíbe la redistribución
parcelaria
Mantiene los anchos de
calles y veredas
Fachadas sobre línea
municipal
Mantiene los anchos de
calles y veredas
Fachadas sobre línea
municipal
Fachada de medianera a
medianera
Fachada de medianera a
medianera
Niveles de
protección
Grados de
intervención
Traza
Morfología
Ambiental (del espacio
público, incluyendo
fachadas y muros
exteriores)
Edilicia (para bienes
protegidos): 3 niveles
(Protección Integral,
Estructural y Cautelar)
Ambiental: 3 niveles
(Consolidado,
Preconsolidado y Potencial)
Edilicia: cuatro grados de
intervención (1 a 4)
En general, mantiene la
actual distribución parcelaria
Admite redistribuciones
parcelarias cuando “ayuden
al logro de los objetivos de
protección”
No lo regula
Fachadas sobre línea
municipal, aunque se
admiten casos de retiros
conformando un cerco
sobre la Línea Municipal
Fachada de medianera a
medianera
Altura
edificación
10 metros
10 metros
Integración
paisajística
Armonización plástica de
nuevas construcciones con
linderos
Obligación de informar para
su registro y catalogación
Las omisiones serán
sancionadas
Altura máxima 25 m
Enrase con linderos
Tiende a conservar fachadas,
patios y habitaciones
principales con auténtico
carácter de época
Armonización plástica de
nuevas construcciones con
linderos
Obligación de informar para
su registro y catalogación
Las omisiones serán
sancionadas
Altura máxima 25 m
Enrase con linderos
Tiende a conservar fachadas,
patios y habitaciones
principales con auténtico
carácter de época
Toldos
No permite construcciones
imitando estilos
Permite las réplicas
arquitectónicas
documentadas
Regula su colocación
No permite construcciones
imitando estilos
Permite las réplicas
arquitectónicas
documentadas
Regula su colocación
Regula su colocación
Publicidad
Regula su colocación
Regula su colocación
Regula su colocación
Marquesinas
No regula especialmente
No regula especialmente
Regula su colocación
Veredas
No regula
Empedrados
No regula
Establece los materiales a
emplear para conservación
y obra nueva
No regula
Entorno de
Monumentos
Históricos
Equipamiento
urbano
Varios
Regula las construcciones
Establece los materiales a
emplear para conservación y
obra nueva
Determina la conservación
de los empedrados
existentes en las calles de la
zona
Regula las construcciones
No regula
No regula
No regula
Da pautas generales
Túneles y
sótanos
Avenidas
Tratamiento
arquitectónico
constructivo
integral
Imitación de
estilos
Réplicas
arquitectónicas
Particularizada por zona,
admitiendo hasta 22 m de
altura + construcciones
complementarias (Zonas 5 y
6)
No lo regula
Obligación de informar para
su registro y catalogación
Las omisiones serán
sancionadas
Altura máxima 25 m
Enrase con linderos
Depende del grado de
protección.
Solo el “Integral” procura la
conservación de todas las
“características
arquitectónicas”
No lo regula
No lo regula
Hubo algunas modificaciones
de forma y se aumentaron
los usos permitidos respecto
de la norma anterior (U-24)
Con respecto a los grados de protección cabe citar que las Comisiones de Preservación preveían
cuatro grupos de edificios:
“Grupo A: Edificios a conservar íntegramente... Grupo B: Conservación parcial...
edificios en los que es necesario mantener todos los elementos externos (cáscara) o
internos que configuren su estructura tipológica y espacial...Grupo C: Edificios de
valorización dentro del conjunto...edificios cuyo único elemento a conservar es la
fachada... Grupo D: Demolición....” [Comisión Técnica...; 1983:35].
2.3. Las causas del fenómeno estudiado
Algunas de las que se convertirían en las razones que limitarían fuertemente el éxito de la
gestión de la conservación del CHBA, fueron tempranamente anunciadas. Básicamente estaban
ligadas a la falta de consideración de otros aspectos que no fueran los físicos que, como se dijo
anteriormente, eran los únicos sobre los que fijaban la mirada las normas vigentes.
Rodolfo Livingston, arquitecto, señalaba como problema la
“...falta estímulo oficial ...no basta con la reglamentación... habría que eximir de
impuestos o hacer algo equivalente para producir un estímulo efectivo, económico, que
aumente la corriente de inversión hacia algo tan positivo como es lo que se desea para la
U-24.” [Livinsgton; s.f.:70]
Y agregaba:
“El estímulo del gobierno municipal es necesario también para compensar las fuerzas de
la rutina que se oponen a la implementación de lo nuevo.” [Livinsgton; s.f.:70]
También el ya citado Winograd llamaba la atención sobre el asunto:
“La ordenanza define casi todo lo necesario para que la iniciativa privada pueda
encarar su inserción, pero no garantiza que el municipio juegue un papel coordinador,
promotor y, eventualmente, ejecutor de ciertas operaciones: mantenimiento de las áreas
públicas, calles, veredas, control del uso de los espacios libres no edificados incluyendo
la refuncionalización de ciertos edificios.” [Winograd; 1983:50]
Y concluía expresando:
“Una vez más es necesario insistir en que no hay transformación urbana de sentido
social integral sin la participación activa, consciente y “proyectual” de la comunidad
involucrada. La gestión respecto de la U-24 está llena de buenas intenciones... Sin
embargo, los significados reales, las intenciones fundamentales, no son conciencia de la
comunidad involucrada, ni de los sectores de escasos recursos, que ven en peligro su
permanencia por el inevitable cambio económico que significa la renovación urbana, ni
los sectores habientes a quienes la ordenanza no les permite extraer la máxima plusvalía
de sus propiedades.” [Winograd; 1983:50]
2.4. El estado actual del área
Dado que la gestión se ha centrado en los aspectos físicos, resulta básico contrastar el estado
actual de los edificios que en ella se encuentran. Aquí surge una nueva dificultad, ya que el
órgano de control no posee un registro sobre el punto. No existiendo dicha información y no
teniendo posibilidades de acceder al interior de las construcciones, se realizó un relevamiento de
fachadas por muestreo, entendiendo que existe una correlación entre su estado y el del resto del
edificio considerado. Las fachadas estudiadas corresponden a ocho cuadras (el 3 % del total de
269) que componen el área y que resultan representativas de las diversas características urbanas
y situaciones geográficas y de conservación de lo que se conoce como APH 1 [ver página 43;
plano “Estado de conservación fachadas. Ubicación de las cuadras relevadas”].
En las fichas se ha consignado el estado como: Muy malo, Malo, Regular, Bueno y Muy Bueno.
Por Regular se entienden los casos que presentan deterioros derivados de la falta de
mantenimiento y que no tienen un compromiso constructivo de importancia o que abarque más
del 20 % de la superficie de la fachada. Por Malo se consideran los casos en que existe un
deterioro evidente y un compromiso constructivo de hasta un 50 % de la superficie. Muy malo,
se ha denominado al estado de una fachada cuando el compromiso constructivo supera el 50 % y
hay un riesgo evidente para la seguridad. A los efectos de este estudio, se denomina compromiso
constructivo a los deterioros que afectan a la mampostería, revoques, o estructura de las
fachadas: fisuras, desprendimientos, mermas, corrosión, etc.
Ahora bien, como Bueno, se hace mención a una fachada correctamente conservada, que no
presenta alteraciones o deterioros que afecten su integridad, aún cuando presente falta de
mantenimiento. La referencia está hecha en relación al estado material de lo que existe, aún
cuando pueda tratarse de una intervención reciente, hecho que, eventualmente, se aclara en las
observaciones. Muy bueno se reservó para los casos en que, además de un buen estado general,
se verificara un correcto mantenimiento.
Las fichas de relevamiento [ver páginas 44 a 51, Fichas N° 1 a 8] incluyen algunos datos básicos,
como la ubicación del inmueble (calle y número), el ancho del lote sobre el que se asienta, la
cantidad de niveles y la altura de la edificación (tomada sobre la línea municipal) y la superficie
de fachada. A estos se agregaron dos datos complementarios que ayudan a caracterizar el
edificio: uso actual y la fecha estimada de construcción.
En relación al uso, con el objetivo de simplificar el llenado de la ficha se empleó el código a que
se hace referencia a continuación: C: Comercio; D: Depósito; E: Escuela; G: Geriátrico; H:
Hotel; M: Museo; O: Oficinas; VMF: Vivienda multifamiliar y VUF: Vivienda unifamiliar.
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Rivadavia
N°
Ficha N° 1
Entre: Lima y Salta
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
m²
•
260,0
1108/22
26,0
VMF+C
1870
2
10
260,0
1128
8,66
VMF+C
1930
8
30
259,8
1134/38
8,66
VMF
1910
3
15
129,9
1144
17,3
VMF
1910
3
17
294,1
Abandonado
1160
21,6
O
1910
3
20
432,0
Mal intervenido
1170
8,66
O
1990
3
15
129,9
1176
8,66
VMF+C
1910
3
15
129,9
1182
21,6
C
1920
2
10
216,0
Parcialmente abandonado
•
216,0
1194/96
8,66
C
1880
2
10
86,6
Parcialmente abandonado
•
86,6
4
692,5
TOTALES
Regular
N°
•
•
•
n°
m²
•
432,0
•
129,9
2
561,9
259,8
129,9
294,1
•
1
m²
Bueno
294,1
2
129,9
389,7
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Av. de Mayo
N°
Ficha N° 2
Entre: Bernardo de Irigoyen y Tacuarí
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
m²
Regular
n°
m²
•
865,0
902/24
34,6
H
1890
5
25
865,0
930
26,0
O+C
1890
5
25
650,0
950/52
17,30
O+C
1890
5
25
432,5
•
432,5
958/62
21,6
O+C
1890
5
25
540,0
•
540,0
982
17,3
O+C
1890
5
25
432,5
•
432,5
990
26,0
H
1890
4
20
520,0
•
520,0
5
2790,0
TOTALES
Mal intervenido y abandonado
Bueno
n°
m²
•
650,0
1
650,0
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Alsina
N°
Entre: Bolívar y Defensa
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
495
17,3
VMF+C
1970
16
52,8
913,4
477/87
17,3
O
1970
9
29,7
513,8
465
26,0
O
1960
9
29,7
772,2
453
17,3
VUF+C
1870
2
10,0
173,0
Abandonado
445/51
26,0
VUF+C
1890
2
10,0
260,0
Parcialmente abandonado
417
26,0
VUF+C
1860
2
10,0
260,0
411
17,3
VUF+C
1860
2
10,0
173,0
TOTALES
Ficha N° 3
Anexo Museo Ciudad
Abandonado
Anexo Museo Ciudad
Abandonado
•
m²
Malo
n°
m²
Regular
n°
m²
•
913,4
•
772,2
2
1685,6
Bueno
n°
m²
•
513,8
173,0
•
260,0
•
173,0
3
606,0
•
260,0
1
260,0
1
513,8
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Moreno
N°
Ficha N° 4
Entre: Defensa y Balcarce
Ancho
lote
(m)
Uso
Actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
Estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
M²
Regular
n°
M²
•
117,0
310
13,0
Co
1990
3
9
117,0
330
34,6
E
1880
2
14
484,4
350
21,6
M
1880
2
16
345,6
354/62
8,66
VMF+C
1910
1
6
51,9
•
51,9
364/76
17,30
C+O
1920
7
28
484,4
•
484,4
384
8,66
O
1930
3
11
95,2
•
95,2
s/n°
17,30
O
1980
2
12
207,6
TOTALES
Abandonado
•
484,4
•
345,6
Mal intervenido
2
830,0
4
748,5
Bueno
n°
m²
•
207,6
1
207,6
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Bolívar
N°
Ficha N° 5
Entre: México y Chile
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
m²
n°
m²
Bueno
n°
•
605
4,30
VUF+C
1960
2
7,0
30,1
611/15
17,3
VMF+C
1880
2
12,0
207,6
619/23
17,3
VMF+C
1970
10
33,0
570,9
627/41
17,3
VMF+C
1880
2
12,0
207,6
•
207,6
645/51
13,0
Baldío
1880
2
12,0
156,0
•
156,0
s/n°
8,66
VMF+C
-
1
2,5
21,6
•
21,6
663/67
13,0
VUF+C
1870
2
11,0
143,0
•
143,0
669/73
8,66
VUF+C
1910
2
12,0
103,9
•
103,9
681
6,9
D
1930
3
15,0
103,5
•
103,5
687/89
13,9
VMF+C
1920
1
6,0
83,4
•
83,4
691/93
8,66
VMF+C
1870
2
12,0
103,9
•
103,9
9
1130,5
TOTALES
Regular
•
Mal intervenido
30,1
207,6
•
Mal intervenido
m²
1
570,9
570,9
1
30,1
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Perú
N°
Ficha N° 6
Entre: Av. Independencia y Estados Unidos
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
Estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
m²
n°
m²
•
156,0
•
46,8
890/96
13,0
VMF+C
1890
2
12
156,0
886
5,2
VUF
1900
2
9
46,8
880
5,2
VUF
1870
1
6
31,2
•
31,2
874
5,2
VMF
1880
4
20
104,0
•
104,0
864/70
17,3
VMF
1880
3
15
259,5
856/60
13,0
VMF+C
1930
4
18
234,0
•
850
7,8
VUF
1903
1
6
46,80
•
846
7,8
VUF
1920
1
5
39,0
•
39,0
842
8,66
VUF
1920
1
5
43,3
•
43,3
828/840
21,6
VMF+C
1880
3
15
324,0
814/22
17,3
VMF+C
1890
2
11
190,3
s/n°
13,0
Baldío
(1980)
1
2
26,0
4
285,1
TOTALES
Mal intervenido
Regular
•
259,5
•
Mal intervenido
Mal intervenido
1
259,5
234,0
46,80
324,0
•
190,3
•
26,0
7
956,30
Bueno
n°
m²
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Defensa
N°
Ficha N° 7
Entre: Humberto I° y Carlos Calvo
Ancho
lote
(m)
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
m²
Malo
n°
m²
Regular
n°
m²
1092
13,0
VUF+C
1870
2
12
156,0
Recientemente intervenido
•
156,0
1088
5,2
VUF+C
1910
2
11
57,2
Mal intervenido
•
57,2
1082
5,2
VUF+C
1920
2
10
52,0
•
52,0
1072/80
26,0
C
1890
2
10
260,0
•
260,0
1052
17,3
Baldío
¿?
1
2
2,0
1026/34
17,3
VMF+C
1890
2
9
155,7
1016/22
21,6
C
1910
1
8
172,8
•
172,8
1008/12
13,0
VUF+C
1880
2
12
156,0
5
698,0
TOTALES
Galería comercial (reciclado)
Playa estacionamiento
•
2,0
•
155,7
Galería comercial (reciclado)
•
156,0
3
313,7
Bueno
n°
m²
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
Calle: Defensa
N°
Ancho
lote
(m)
Ficha N° 8
Entre: Caseros y Brasil
Uso
actual
Estado actual fachadas
Fecha
estimada
construcción
Niveles
(n°)
Altura
estimada
(m)
Superficie
estimada
(m²)
Observaciones
Muy malo
n°
1597
8,66
VMF
1890
2
10
86,6
Recientemente intervenido
1587
8,66
VUF
1920
1
5
43,3
Mal intervenido
1583/85
8,66
VMF+G
1890
2
10
86,6
1579/81
8,66
VMF
1880
2
10
86,6
1575
8,66
Sede social
1886
1
5
43,3
1569
17,30
VMF
1940
2
8
1561
8,66
VUF
1940
2
1547/51
8,66
VUF
1970
1539
8,66
VMF
1529
8,66
1519/21
m²
Malo
n°
m²
Regular
n°
m²
•
43,3
•
86,6
•
43,3
138,4
•
138,4
8
69,3
•
69,3
2
7
60,6
1890
2
10
86,6
•
86,6
VMF
1940
9
31,5
272,8
•
272,8
8,66
VMF
1890
3
15
129,9
•
129,9
1515
8,66
VMF
1970
11
33
285,8
s/n°
8,66
VMF + C
1950
12
42
363,7
TOTALES •
n°
m²
•
86,6
•
60,6
•
285,8
3
433
86,6
Mal intervenido
Esquina (acceso por Brasil)
1
Bueno
86,6
•
363,7
9
1233,9
Muy bueno
n°
m²
RELEVAMIENTO ESTADO DE CONDICION ACTUAL FACHADAS - APH 1
CUADRO RESUMEN
Estado actual fachadas
Cuadra
Muy malo
Malo
Regular
Bueno
Muy bueno
N°
Ubicación
n°
m²
n°
M²
n°
M²
n°
m²
1
Rivadavia 1100
1
294,1
4
692,5
2
389,7
2
516,9
2
Av. de Mayo 900
5
2790,0
1
650,0
3
Alsina 400
4
3
1
260,0
2
1685,6
1
513,8
Moreno 300
2
830,0
4
748,5
1
207,6
5
Bolívar 600
9
1130,5
1
570,9
1
30,1
6
Perú 800
7
956,30
4
285,1
7
Defensa 1000
3
313,7
5
698,0
8
Defensa 1500
1
86,6
9
1233,9
3
433,0
1
606,0
259,5
n°
m²
TOTALES ABSOLUTOS
5
1159,6
27
4269,6
32
8401,7
9
2351,4
0
0
TOTALES RELATIVOS
6,9 %
7,2 %
36,9 %
26,4 %
43,9 %
51,9 %
12,3 %
14,5 %
0%
0%
ESTADO CONSERVACION FACHADAS / NUMERO DE CASOS / PORCENTUAL
Muy bueno
0%
Bueno
12%
Muy malo
7%
Malo
37%
Regular
44%
ESTADO CONSERVACION FACHADAS / SUPERFICIE / PORCENTUAL
Muy bueno
0%
Bueno
15%
Muy malo
7%
Malo
26%
Regular
52%
ESTADO CONSERVACION FACHADAS / NUMERO DE CASOS / PORCENTUAL
Muy bueno
0%
Bueno
12%
Muy malo
7%
Malo
37%
Regular
44%
ESTADO CONSERVACION FACHADAS / SUPERFICIE / PORCENTUAL
Muy bueno
0%
Bueno
15%
Muy malo
7%
Malo
26%
Regular
52%
Revisando el “Cuadro Resumen” y los gráficos anexos [ver páginas 52 y 53] obtenemos algunas
conclusiones interesantes.
En el total de 8 cuadras de analizaron 73 casos, que corresponden a otros tantos lotes o parcelas.
La superficie total de fachadas relevadas alcanza a 16.182 m².
De los lotes o parcelas 3 (equivalentes al 4,1 % de este total) son baldíos, 2 sin están sin uso y
uno destinado a playa de estacionamiento.
Si analizamos el estado de conservación de las fachadas teniendo en cuenta el número de casos
analizados el resultado es el siguiente: Muy bueno: 0 %; Bueno: 12 %; Regular: 44 %; Malo 37
% y Muy malo 7 %.
Si lo hacemos considerando la superficie el resultado es: Muy bueno: 0 %; Bueno: 15 %;
Regular: 52 %; Malo 26 % y Muy malo 7 %.
Teniendo en cuenta estos indicadores podemos concluir que la diferencia entre el número de
casos y de superficie involucrada está dado por el hecho de que los edificios peor conservados
tienen menor superficie de fachada por unidad de desarrollo horizontal (sobre la línea
municipal). Esto indica que son los de menor altura, es decir los más antiguos y, en general, más
abandonados.
Concluyendo: La realidad muestra, de un modo contundente, que a pesar de que la gestión de la
conservación del CHBA, a lo largo de un cuarto de siglo, se centró en los aspectos físicos y
legales, el resultado ha sido muy magro.
2.5. Otras consecuencias
Atender parcialmente los aspectos físicos del problema llevó a que buena parte de los conjuntos
homogéneos del CHBA hayan quedado desprotegidos. Esto ha generado algunas situaciones
urbanas llamativas originadas en la demolición de los edificios contiguos a los límites del área de
protección [ver página 55; foto 24].
Los niveles de protección implementados en la actual ordenanza son endebles y tienen serias
dificultades de aplicación. Baste recordar que el órgano de aplicación [DGPIU] no cuenta con
posibilidades de paralizar una demolición o cualquier otra obra clandestina y que para ello
depende de otra dirección [DGFOC], que se ha caracterizado por tener escaso personal y menos
compromiso con el patrimonio de la ciudad.
A la fecha el área protegida [APH 1] continúa, en general, postergada. Hay alguna actividad de
“rehabilitación” en tres sectores particularizados. El que corresponde al entorno de la Plaza
Dorrego [ver páginas 9 y 57; fotos 2 y 33] y la calle Defensa desde la Av. San Juan hasta Chile,
un segundo sector – próximo a este extremo del anterior- que involucra la calle
Balcarce desde Independencia hasta la Av. Belgrano [ver página 55; foto 22] y un tercero que se
extiende desde esta avenida hasta la Plaza de Mayo. Los dos primeros sectores tienen directa
vinculación con el turismo [ver página 13; plano “Edificios de interés en el área APH 1 y
circuitos turísticos de uso preferencial”]. El tercero con usos terciarios, en especial
administración y complementarios: estacionamiento y gastronomía.
En sector de la Plaza Dorrego y la calle Defensa las actividades predominantes son la venta de
antigüedades y la gastronomía destinada básicamente al turismo local e internacional. Estos
comercios, que se han ido extendiendo linealmente de Sur a Norte, han ido remplazando a otros
de consumo cotidiano y alcance barrial. También se han modificado edificios para albergar la
venta de antigüedades.
El sector de la calle Chile ha sido ocupado paulatinamente por restaurantes, bares y salas de
espectáculos, dejando de lado las antiguas funciones de los edificios: vivienda, comercio local,
etc.
Fuera de estas zonas, donde las intervenciones son más evidentes, el resto de las construcciones
se mantienen con distinta suerte, dependiendo de la capacidad adquisitiva de sus moradores [ver
página 11; fotos 10, 11, 13 y 17]. Hay casonas y antiguos conventillos que han sido
rehabilitados y convertidos en pequeños departamentos, en estudios u oficinas. Otras fueron
compradas por personas de la clase media que, en parte, fue sustituyendo a la población original.
Se conservan un buen número de construcciones tugurizadas [algunas funcionando bajo la forma
de hoteles o pensiones] y otras abandonadas. Entre estas construcciones se instala el comercio
local que comparte sectores con los locales de ventas de herramientas y máquinarias, instalados
desde hace muchos años en la zona.
Una recorrida por el lugar nos muestra dos centros históricos: el turístico, escenográfico,
recargado; y el cotidiano, más humano.
Hardoy y Gutman resumen muy bien cuales eran –y son todavía- las consecuencias del modo en
que ha desarrollado la gestión de la conservación del CHBA con estas palabras:
“...a pesar de las normativas vigentes desde 1979, el barrio no ha conseguido revertir su
situación de estancamiento económico y deterioro edilicio y urbano. La legislación
mencionada evitó de manera eficaz la destrucción indiscriminada de edificios, pero no
avanzó más allá de una protección de tipo pasivo que, además, fue reduciendo su campo
de aplicación a raíz de una limitación de su área de incumbencia en 1982.” [Hardoy y
Gutman; 1992:475].
Pero a esto hay que sumarle la falta de acciones eficaces del gobierno local en cuanto al
desarrollo social y económico y la inclusión de los diferentes actores sociales en las decisiones.
Las distintas administraciones se limitaron a llevar adelante algunas acciones en el espacio
público, escasas, falta de coordinación y de pertinencia, si de conservar se trata.
Cito solo dos ejemplos. En el entorno de la Plaza Dorrego las antiguas veredas de todas las
manzanas fueron renovadas uniformándolas mediante la colocación de un tipo de piso que nunca
había existido en la zona. La calle Balcarce, que al llegar a Chile se ensanchaba
generando una suerte de gran explanada fue reducida, para ampliar exageradamente las veredas
a las que se les cambió el solado agregándoles adoquines [material propio de las calles, no de las
veredas], modificando así la traza urbana [ver página 55; foto 22].
El otro problema en la aplicación de una norma que atiende básicamente a los aspectos físicos de
la conservación está en relación a la carencia de profesionales especializados en intervenciones
edilicias dentro del órgano de aplicación. Esto da como resultado la aceptación de técnicas y
soluciones incorrectas, como el pintado de revoques símil-piedra y otros materiales aparentes
[ver página 11; foto 14] o el uso indiscriminado de cemento en las restauraciones [ver página 55;
foto 26].
2. Conclusiones
Como quedó dicho en su momento, la gestión de la conservación del CHBA ha pasado a lo largo
de todos estos años por un intento de regular lo físico.
Las propuestas e intervenciones no han estado exentas de fuertes contradicciones que indican la
falta de convencimiento político.
Los administradores locales –independientemente de su legitimidad y extracción políticasiempre respondieron a la presión de los intereses económicos reduciendo el alcance de la
normativa pre-establecida.
Es evidente una distancia notable entre los “planificadores” de la ciudad y los especialistas en
conservación del patrimonio arquitectónico que marca la ausencia de profesionales formados en
gestión de la conservación que sinteticen ambos conocimientos.
Faltan medidas complementarias como las políticas que procuren la rehabilitación social y
económica y los programas de mejoramiento de las habitaciones mediante rehabilitación asistida,
incluyendo la conformación de cooperativas de moradores.
Esto en parte puede lograrse creando un fondo de rehabilitación que puede concretarse con un
aporte porcentual de los impuestos que se recaudan en la zona por las actividades vinculadas al
turismo.
Hay que concretar el otorgamiento generalizado de las exenciones impositivas previstas en la
normativa, pero generando la obligatoriedad de que al menos una suma igual sea aplicada a la
conservación del bien eximido, estipulando las sanciones que correspondan si esto no se cumple.
En lo físico es necesario concretar un estudio particularizado por manzana, teniendo en cuenta el
impacto negativo de nuevas construcciones sobre el entorno construido, incluyendo
Cito solo dos ejemplos. En el entorno de la Plaza Dorrego las antiguas veredas de todas las
manzanas fueron renovadas uniformándolas mediante la colocación de un tipo de piso que nunca
había existido en la zona. La calle Balcarce, que al llegar a Chile se ensanchaba
generando una suerte de gran explanada fue reducida, para ampliar exageradamente las veredas
a las que se les cambió el solado agregándoles adoquines [material propio de las calles, no de las
veredas], modificando así la traza urbana [ver página 55; foto 22].
El otro problema en la aplicación de una norma que atiende básicamente a los aspectos físicos de
la conservación está en relación a la carencia de profesionales especializados en intervenciones
edilicias dentro del órgano de aplicación. Esto da como resultado la aceptación de técnicas y
soluciones incorrectas, como el pintado de revoques símil-piedra y otros materiales aparentes
[ver página 11; foto 14] o el uso indiscriminado de cemento en las restauraciones [ver página 55;
foto 26].
3. Conclusiones
Como quedó dicho en su momento, la gestión de la conservación del CHBA ha pasado a lo largo
de todos estos años por un intento de regular lo físico.
Las propuestas e intervenciones no han estado exentas de fuertes contradicciones que indican la
falta de convencimiento político.
Los administradores locales –independientemente de su legitimidad y extracción políticasiempre respondieron a la presión de los intereses económicos reduciendo el alcance de la
normativa pre-establecida.
Es evidente una distancia notable entre los “planificadores” de la ciudad y los especialistas en
conservación del patrimonio arquitectónico que marca la ausencia de profesionales formados en
gestión de la conservación que sinteticen ambos conocimientos.
Faltan medidas complementarias como las políticas que procuren la rehabilitación social y
económica y los programas de mejoramiento de las habitaciones mediante rehabilitación asistida,
incluyendo la conformación de cooperativas de moradores.
Esto en parte puede lograrse creando un fondo de rehabilitación que puede concretarse con un
aporte porcentual de los impuestos que se recaudan en la zona por las actividades vinculadas al
turismo.
Hay que concretar el otorgamiento generalizado de las exenciones impositivas previstas en la
normativa, pero generando la obligatoriedad de que al menos una suma igual sea aplicada a la
conservación del bien eximido, estipulando las sanciones que correspondan si esto no se cumple.
En lo físico es necesario concretar un estudio particularizado por manzana, teniendo en cuenta el
impacto negativo de nuevas construcciones sobre el entorno construido, incluyendo
FUENTES CONSULTADAS
Archivos:
•
•
•
•
•
Biblioteca y Archivo del Museo de la Ciudad, GCBA
Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos
Dirección General de Interpretación Urbanística, Secretaría de Planeamiento, GCBA
Dirección General Casco Histórico, Subsecretaría de Patrimonio Cultural, GCBA
Dirección General de Patrimonio Cultural, Subsecretaría de Patrimonio Cultural, GCBA
Referencias Bibliográficas:
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Arcusín, Pablo; “Buenos Aires no te rajes”; Clarín, Buenos Aires, sábado 5 de setiembre
de 1987, p. 29
a/mbiente; “Preservación de San Telmo”; a/mbiente; N° 33, Año II, CEPA Centro de
Estudios de Proyectación del Ambiente, La Plata, agosto de 1982, p. 50-57
Boletín Municipal de la Ciudad de Buenos Aires
Comisión Técnica Permanente para la Preservación de Zonas Históricas de la Ciudad de
Buenos Aires; “Zona U-24”, Nuestra Arquitectura, Año 52, N° 518, 6/1983, Buenos
Aires, p. 34-40
Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, promulgada el 1° de octubre de
1996.
De la Mora, Luis; “La institucionalización de los procesos de negociación para el
aseguramiento del carácter sostenible de los proyectos de conservación urbana
integrada”; en Jukka Jokilehto et.al., Gestión del Patrimonio Cultural Integrado,
UFPE/Centro de Conservación Integrada Urbana y Territorial, Recife 2002
Gamondés, María Rosa y Magadán, Marcelo L.; Materialización de un proceso de
expansión. La ocupación efectiva del ejido a través de los padrones de 1738 y 1744,
Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas. FADU-UBA (Cuadernos de
Crítica: 84)
Gutiérrez, Ramón; “Algo más sobre la U-24”, DANA Documentos de Arquitectura
Nacional y Americana, N° 14, Instituto Argentino de Investigaciones de la Arquitecura y
el Urbanismo, Resistencia, 1982, p. 112-113
Gutiérrez, Ramón; Buenos Aires. Evolución histórica; Fondo Editorial Escala Argentina;
Bogotá, 1992
Hardoy, Jorge E. y Margarita Gutman; Impacto de la urbanización en los centros
históricos de Iberoamérica; Ed. Mapfre, Madrid, 1992 (Colección Ciudades de
Iberoamérica)
Liernur, Pancho [Francisco]; en: “Cinco preguntas sobre la Zona U-24”; Nuestra
Arquitectura, Año 52, N° 518, 6/1983, Buenos Aires, p. 41-52
Livinsgton, Rodolfo; “En torno a la U-24”; Revista SCA; Sociedad Central de
Arquitectos, N° 126, Buenos Aires, s.f., p. 70
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Magadán, Marcelo L.; “Empresas, patrimonio cultural y responsabilidad social”, TEN.
Tendencias en Tecnología, Economía y Negocios, A° I, N° 7, Buenos Aires, marzo de
2000
Páez, Jorge; El conventillo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970, [La
historia Popular: 1]
Pini, Daniel; “Porqué Barrio Sur?”; a/mbiente; N° 33, Año II, CEPA Centro de Estudios
de Proyectación del Ambiente, La Plata, agosto de 1982, p. 57-58
Proyecto Regional de Patrimonio Cultural Andino UNESCO/PNUD; Coloquio sobre la
preservación de los Centros Históricos ante el crecimiento de las ciudades
contemporáneas, Dirección Nacional de Patrimonio Artístico, Casa de la Cultura
Ecuatoriana, Quito, 1977
Puppo, Ethel y Giancarlo; “La soberanía y las manzanas de la ciudad”, Clarín, Buenos
Aires, 14 de abril de 1982, s.p.
Secretaria de Cultura; Casa chorizo. Lineamientos para su preservación y puesta en valor,
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, julio de 2000 [Tipologías
Edilicias I].
Secretaria de Planemiento Urbano y Medio Ambiente; Plan Urbano Ambiental de la
Ciudad de Buenos Aires. Elementos de diagnóstico. Documento de trabajo, Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, octubre de 1998.
Schavelzon, Daniel; Arqueología Histórica de Buenos Aires. La cultura material porteña
de los Siglos XVIII y XIX, Corregidor, Buenos Aires, 1991.
Suarez, Odilia; en: “Cinco preguntas sobre la Zona U-24”; Nuestra Arquitectura, Año 52,
N° 518, 6/1983, Buenos Aires, p. 41-52
Winograd, Marcos; en: “Cinco preguntas sobre la Zona U-24”; Nuestra Arquitectura,
Año 52, N° 518, 6/1983, Buenos Aires, p. 41-52
Zicovich Wilson, Sergio; “Preservo, preservo, ¿qué preservas?”; Revista SCA; Sociedad
Central de Arquitectos, N° 126, Buenos Aires, s.f., p. 63-67
Entrevistas:
•
•
•
•
•
Técnicos de la Dirección General de Interpretación Urbanística, Secretaría de
Planeamiento, GCBA
Técnicos y funcionarios de la Dirección General Casco Histórico, Subsecretaría de
Patrimonio Cultural, GCBA
Funcionarios de la Dirección General de Infraestructura, Subsecretaría de Patrimonio
Cultural, GCBA
Ex-funcionarios de la Comisión Técnica Permanente de Áreas Históricas, GCBA
Ex-funcionarios de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares
Históricos

Documentos relacionados