Los lazos de la cultura. El Centro de Estudios - JAE

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Los lazos de la cultura. El Centro de Estudios - JAE
LOS LAZOS DE LA CULTURA
EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID
Y LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO, 1916-1939
COLECCIÓN
TIERRA NUEVA E CIELO NUEVO
NÚMERO 46
Comité Editorial
DR. JESÚS Mª GARCÍA AÑOVEROS
DRA. CONSUELO NARANJO OROVIO
DRA. MÓNICA QUIJADA MAURIÑO
CONSUELO NARANJO, MARÍA DOLORES LUQUE Y
MIGUEL ÁNGEL PUIG-SAMPER (Editores)
LOS LAZOS DE LA CULTURA
EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID
Y LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO, 1916-1939
CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS
DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO, RÍO PIEDRAS
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
INSTITUTO DE HISTORIA
Departamento de Historia de América
MADRID, 2002
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo
las sanciones establecidas en las leyes, la
reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y su distribución.
© CSIC
© Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico, Ríos Piedras
© Consuelo Naranjo, María Dolores Luque y Miguel Ángel Puig-Samper (eds.)
NIPO: 403-02-134-7
ISBN: 84-00-08107-2
Depósito legal: M-12713-2003
Impreso en España. Printed in Spain
R.B. Servicios Editoriales, S.A.
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
11
PRÓLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
13
I.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938 . . . . . . . . .
María de los Ángeles Castro Arroyo
17
II.
EL
PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS
RELACIONES CULTURALES ENTRE
ESPAÑA Y PUERTO RICO, 1898-1929
49
Jaime Pérez Rivera
III.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
Libia González
IV.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA,
ESTADOS UNIDOS Y PUERTO RICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Miguel Ángel Puig-Samper, Consuelo Naranjo y Mª Dolores Luque
121
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRIMADRID Y LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO . . . . . . . . . . . .
Consuelo Naranjo y Miguel Ángel Puig-Samper
153
V.
COS DE
VI. LAS
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISUNIVERSIDAD DE PUERTO RICO: ENSAYO DE HISTORIA
INTELECTUAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Laura Rivera y Juan G. Gelpí
93
PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL
PÁNICOS DE LA
VII. FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS (1920-1940)
Matilde Albert Robatto
VIII. NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN LOS «TÓNICOS DE LA VOLUNTAD» . . . . . . . . . . . . . . . . . .
María Vaquero
191
237
267
8
LOS LAZOS DE LA CULTURA
IX. LOS LAZOS DE LA CULTURA SE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIDARIDAD: LOS INICIOS DEL EXILIO ESPAÑOL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Consuelo Naranjo y Miguel Ángel Puig-Samper
307
APÉNDICE 1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
321
APÉNDICE 2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
367
BIBLIOGRAFÍA GENERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
387
SIGLAS UTILIZADAS:
— ACUPR: Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras).
— AFO: Archivo Federico de Onís (Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico -UPR- Río Piedras).
— AGAAH: Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares (Alcalá
de Henares, Madrid).
— AGPR: Archivo General de Puerto Rico (San Juan).
— AJAE: Archivo de la Junta para Ampliación de Estudios de la Residencia de Estudiantes (Madrid).
— ALPI: Atlas Lingüístico de la Península Ibérica
— AMAE: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid).
— BNJM: Biblioteca Nacional José Martí (La Habana). Fondo: Correspondencia
de Fernando Ortiz.
— CSIC: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España).
— HS: The Hispanic Society of America (Nueva York).
— ICCC: Instituto Caro y Cuervo de Colombia (Bogotá).
— ICI: Instituto de Cooperación Iberoamericana (Madrid).
— JAE: Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid.
— PRI: Puerto Rico Ilustrado (San Juan).
— PUCMM: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Santiago de los
Caballeros, República Dominicana).
— RFE: Revista de Filología Española (Madrid).
— UPR: Universidad de Puerto Rico (Río Piedras)
AGRADECIMIENTOS
Agradecemos la colaboración que desde un principio nos brindaron los directores de diversos centros de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, para llevar a cabo esta investigación: el Dr. Rafael Bernabe, del Seminario
Federico de Onís, la Dra. Matilde Albert, exdirectora del Seminario Federico de
Onís, y Marilia Hernández, del Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico,
así como la ayuda de las personas que trabajan en ambas instituciones; en el Centro de Investigaciones Históricas de la UPR, Margarita Flores, José Cruz Arrigoitia, y Magalis Cintrón Butler, y en la Biblioteca General «José M. Lázaro», de la
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, a Marisa Ordoñez, directora
de la Colección Puertorriqueña, y Elsa Rodríguez, directora de la Sala ZenobiaJuan Ramón Jiménez. En Puerto Rico el trabajo de la Dra. Libia González, quien
se encargó de la reproducción fotográfica, ha sido también de gran ayuda para la
elaboración final del libro.
Nuestra gratitud se extiende en la vecina Cuba, en especial a Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, y al director de la Biblioteca Nacional «José Martí», Elíades Acosta; y en España al Dr. Antonio Quilis, catedrático de la UNED, a Alfredo Valverde del Archivo de la Junta para Ampliación de
Estudios de la Residencia de Estudiantes de Madrid, a la Dra. Mª José Albalá, del
Instituto de Lengua Española del CSIC, y a Carmen Hernández-Pinzón Moreno
por autorizarnos a reproducir las fotografías de Juan Ramón Jiménez.
PRÓLOGO:
HISTORIA DE UN TRIÁNGULO ESCALENO
Este libro es el recuento de un apasionante episodio de historia cultural de alcance transatlántico. Los hechos transcurren entre 1916 –cuando un joven profesor
español de nombre Federico de Onís se traslada a Nueva York, por encomienda de
la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid– y
1939 –año que marca el inicio del franquismo en España y la muerte prematura de
Antonio S. Pedreira, discípulo puertorriqueño de Onís. (El preámbulo de los acontecimientos, sin embargo, se remonta, para la mejor comprensión de los mismos, a
las décadas finales del siglo XIX; y su epílogo se extiende hasta el primer lustro de
la postguerra española). Además de Onís y Pedreira, los personajes principales de
esta historia son, en primer plano, una enigmática profesora norteamericana de la
Universidad de Puerto Rico, de nombre Josephine Holt, un rector coyuntural y emprendedor, Thomas Benner y el lingüista y filólogo español Tomás Navarro Tomás. En segundo plano, y en grados de diversa pertinencia, aparecen, entre otros,
los nombres de Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, José Padín, Rafael W.
Ramírez, Concha Meléndez y Margot Arce.
Los espacios emblemáticos de la historia son el Centro de Estudios Históricos de
Madrid, la Universidad de Columbia, en Nueva York y la Universidad de Puerto Rico.
Las fuerzas magnéticas de dos políticas culturales, antagónicas y complementarias a
la vez, animan el flujo de la compleja red de relaciones y transacciones asimétricas
que dibujan los hilos de la trama: el panamericanismo, de inspiración norteamericana
y el panhispanismo, fruto tardío del regeneracionismo español. Ambas corrientes de
pensamiento consideraron a Hispanoamérica como el objeto estratégico de su acción
exterior: Cuba, Puerto Rico, México y Argentina fueron, por razones de geopolítica
cultural, los espacios privilegiados de los acontecimientos. La fundación del Departamento de Estudios Hispánicos, en la Universidad de Puerto Rico, constituye una de
las secuencias centrales de la historia.
Diez investigadores autorizan los nueve acercamientos de este libro a los asuntos precedentes: dos adscritos al Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel
14
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Puig-Samper); siete a diversas dependencias de la Facultad de Humanidades de la
Universidad de Puerto Rico, particularmente, el Centro de Investigaciones Históricas, el Departamento de Historia, el Departamento de Estudios Hispánicos y el Seminario Federico de Onís (María de los Ángeles Castro Arroyo, María Dolores
Luque, Laura Rivera, Juan Gelpí, María Vaquero y Matilde Albert Robatto); y
otros dos al Departamento de Humanidades de la Facultad de Estudios Generales
de la misma universidad (Jaime Pérez Rivera y Libia González). La pluralidad de
narradores y la diversidad de sus adscripciones, promociones y especialidades no
impide, en lo fundamental, la coherencia del relato que este libro ofrece, que bien
podría resumirse en el siguiente párrafo:
El envío de Federico de Onís por la JAE a Nueva York en 1916 fue el inicio de un intercambio cultural y científico, sólido y duradero, entre España-Estados Unidos y Puerto
Rico. Dicho intercambio fue posible gracias a la red de relaciones institucionales y personales que Onís supo tejer entre los tres países y sus centros académicos, la JAE, el
Centro de Estudios Históricos de Madrid, del que él siempre fue colaborador… La Universidad de Columbia y el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de
Puerto Rico (Recinto de Río Piedras).1
Sin embargo el tono, los enfoques, las interpretaciones, las convenciones lingüísticas, las entrelíneas, las matizaciones de las notas al calce y hasta los silencios
de estos trabajos constituyen una rica fuente de diversidad e interés, y encubren
más de un debate. El lector podrá constatar cómo se acercan o se alejan los autores
a algunos de los tropos del discurso crítico puertorriqueño más reciente: nacionalismo cultural vs. soberanía política, hispanofilia vs. hispanofobia, cultura patriarcal vs. cultura popular. Mucho aportan también al entramado de este volumen los
perfiles psicológicos de los sujetos históricos, según se revelan en el apéndice
epistolar que complementa los nueve ensayos del libro. La procuración del poder
cultural, los dones de la amistad, la pasión por el trabajo, el cultivo de la ocasión,
las estrategias de la necesidad, el desamparo del exilio, los nudos de la solidaridad
forman parte de la urdimbre del capítulo de historia cultural que aquí se recrea.
María de los Ángeles Castro Arroyo propone, como telón de fondo del volumen, el ensayo titulado Política y nación cultural: Puerto Rico 1898-1938. En sus
páginas explora las circunstancias históricas que determinaron la emergencia de un
discurso autonomista puertorriqueño propulsor de una identidad nacional fundamentada en los valores culturales, al margen de la soberanía política. Jaime Moisés
Pérez Rivera, por su parte, se acerca a un tema poco estudiado: el papel que desempeñaron las asociaciones cívico-culturales españolas y la prensa periódica, en manos de periodistas peninsulares, en el fomento de las relaciones entre España y
Puerto Rico en las tres décadas posteriores al 1898. En Memoria y representación:
España en Puerto Rico 1900-1930, Libia M. González apunta a las complejidades
1 Véase el capítulo V de este libro: Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper, «Relaciones culturales entre el Centro de Estudios Históricos de Madrid y la Universidad de Puerto Rico», p.
57.
PRÓLOGO
15
y las contradicciones de las que habría que dar más rendida cuenta en un estudio a
fondo de la hispanofilia en la sociedad puertorriqueña de aquel momento.
Quizás el núcleo de este volumen lo conforman los cinco ensayos siguientes
dedicados a explorar, desde diversas perspectivas, la relación triangular entre España, Estados Unidos e Hispanoamérica, y la hábil articulación de los intereses del
hispanismo y del panamericanismo que dio pie, entre otras cosas, a la fundación
del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. El binomio ensayístico constituido por los textos Hacia una amistad triangular: las relaciones entre España, Estados Unidos y Puerto Rico, firmado por Miguel Ángel
Puig-Samper, Consuelo Naranjo Orovio y María Dolores Luque, y Relaciones culturales entre el Centro de Estudios Históricos de Madrid y la Universidad de
Puerto Rico, de Puig-Samper y C. Naranjo, recapitula, con amplia visión, los fenómenos culturales aludidos. Por su parte, Laura Rivera y Juan Gelpí reconstruyen, de forma minuciosa, el origen de los estudios hispánicos en Puerto Rico, en el
trabajo titulado Las primeras dos décadas del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico: ensayo de historia intelectual. El ensayo de
Matilde Albert Robatto, Federico de Onís entre España y Estados Unidos (19201940) y el de María Vaquero, Navarro Tomás en Puerto Rico: capítulo de una relación articulada en los «tónicos de la voluntad», destacan, por separado, las vidas paralelas de ambos intelectuales españoles –Onís y Navarro Tomás– y sus
respectivas aportaciones a los estudios lingüísticos y literarios en Puerto Rico.
En el ensayo final, Los lazos de la cultura se convierten en lazos de solidaridad: los inicios del exilio español, Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel
Puig-Samper, casi a manera de epílogo, se asoman a las peripecias de vida y a la
aventura intelectual de algunos de los miembros del Centro de Estudios Históricos
de Madrid después del comienzo de la Guerra Civil, en 1936. Una vez más, se resalta la labor de Federico de Onís como aduanero de los hispanistas en América,
procurando acomodo para sus atribulados colegas en universidades de Estados
Unidos, Puerto Rico e Hispanoamérica. Estas gestiones de solidaridad y diplomacia cultural se constatan en los apéndices de las cartas que complementan esta publicación, el primero, Correspondencia de Federico de Onís con intelectuales españoles, y el segundo, Cartas durante la Guerra Civil española (1936-1939). Esta
correspondencia forma parte del acervo documental depositado en el Seminario
Federico de Onís del Departamento Estudios Hispánicos de la Universidad de
Puerto Rico.
El objeto de este libro alcanza en esta hora un inusitado interés en el contexto
de los llamados estudios transatlánticos interesados en las interacciones culturales
entre España, Estados Unidos y América Latina. Las nuevas interacciones procuran constituirse al margen de las tradiciones del hispanismo y del panamericanismo, y de otras teorías dominantes; pero siempre aparecen proclives a las ocasiones
dispuestas por las agresivas políticas culturales del Estado español contemporáneo
o por las poderosas estrategias de apoyo auspiciadas por las universidades y las
fundaciones norteamericanas. Por otro lado, la debilidad y la dependencia crónicas
de las economías latinoamericanas determina la base del triángulo, siempre escaleno, de las relaciones culturales entre las partes. En estas circunstancias, complejas
y contradictorias, emergen nuevas inquietudes sobre, por ejemplo, las prácticas
16
LOS LAZOS DE LA CULTURA
culturales de los hispanos en los Estados Unidos, las transacciones de las identidades en los grandes centros urbanos multiculturales, las convergencias y los lugares del bilingüismo, la hibridez de los modelos estéticos, los controles del tráfico
electrónico de la comunicación, el poder de los mercados culturales, entre otras
que encabezan la nómina de las recientes predicaciones de los estudios sobre la
cultura. Más que antes, la relación triangular de la que trata este libro, es decir, la
ruta transatlántica de ida y vuelta de las ideas y los productos culturales entre España, Hispanoamérica y Estados Unidos, se complica en una difícil cartografía.
Una visita a los fundamentos nunca está demás. Repasar la ruta transatlántica de
Federico de Onís, por ejemplo, y los motivos de su viaje, podría ayudarnos a esclarecer nuestro rumbo, a acendrar nuestros propios motivos y a escoger a nuestros
compañeros de viaje.
El Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de
Madrid, y el Centro de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades
del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico han querido, con esta
publicación, sumarse a la celebración del primer Centenario de la Universidad de
Puerto Rico, fundada en 1903. La revisita de los asuntos aquí tratados conjura aspectos sustanciales de la memoria de las primeras décadas de la Universidad de
Puerto Rico, y el lugar y las razones del hispanismo en ella. Buen auspicio, además, para el inicio de la segunda centuria de nuestra Universidad, este esfuerzo
conjunto de investigadores de España y Puerto Rico por iluminar los lugares de
convergencia de la historia cultural de ambos países.
José Luis Vega
Decano de la Facultad de Humanidades
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
I
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
María de los Ángeles Castro Arroyo
Departamento de Historia, Facultad de Humanidades
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Las islas en las grandes crisis de las guerras y cuando llega la hora
de pagar indemnizaciones... son el menudo, los nickels que llevan
las grandes naciones en los bolsillos.
(Ángel Rivero Méndez, 1924)1
Ante la invasión norteamericana de 1898, la mayoría de los puertorriqueños se
mantuvo al margen del conflicto bélico, unos por voluntad propia –bien fuera porque sentían ajeno el conflicto o porque no quisieron defender una metrópoli contra
la que tenían inagotables quejas– y otros porque fueron orillados por las arbitrarias
decisiones de la camarilla militar que gobernaba la colonia. Del mismo modo, a
espaldas del país, España y Estados Unidos zanjaron en el Tratado de París (10 de
diciembre de 1898) el traspaso de la Isla al coloso norteño.2 De inmediato, la clase
dirigente puertorriqueña reclamó el derecho al autogobierno dentro del marco de
un protectorado ante una metrópoli renuente a conceder derechos políticos y, encima, empeñada en imponer su cultura.
En este ensayo exploro un período específico del tortuoso camino recorrido
por los puertorriqueños para definir y afirmar la nación, mientras negociaban, en
condiciones desiguales, un pacto político justo con la nueva metrópoli. Los desalentadores debates políticos con Washington y las mezquinas imposiciones del gobierno estadounidense durante las primeras décadas del siglo 20, provocaron que
1 Ángel Rivero Méndez, «En la línea de fuego. La autonomía como única solución», El Imparcial,
24 de noviembre de 1924.
2 Ángel Rivero Méndez, Crónica de la guerra hispanoamericana en Puerto Rico, 2da ed., San
Juan de Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1972, p. 361; María de los Ángeles Castro
Arroyo, «El 98 en dos tiempos: de Los sepultureros de España a la Crónica de la guerra....», Cortés
Zavala, María Teresa, Naranjo, Consuelo y Uribe, Alfredo (eds.), El Caribe y América Latina. El 98 en
la coyuntura imperial, 2 vols., Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-Universidad de Puerto Rico-CSIC, 1998, vol. 2, pp. 225-246; de la misma autora, «‘¿A qué pelear si los de Madrid no quieren?’. Una versión criolla de la guerra del 98 en Puerto Rico», Revista de Indias, vol. LVII,
núm. 211, Madrid, septiembre-diciembre 1997, pp. 657-694.
20
LOS LAZOS DE LA CULTURA
los puertorriqueños buscaran afanosamente solucionar su encrucijada política y
afianzar su identidad particular frente a los rasgos culturales que pretendían imponerle. La dependencia económica y el convencimiento de que Estados Unidos no
concedería, por lo menos a corto ni mediano plazo, la estadidad o la independencia, potenciaron el discurso autonomista y propiciaron una definición nacional alterna, centrada en valores culturales e independiente del ejercicio de la soberanía
política. Los difíciles períodos de la Primera Guerra Mundial (1914-19) y de la
posguerra crearon coyunturas favorables para nuevas estrategias de lucha en las
que se mezclaron componendas políticas, proyecciones económicas, imaginarios
culturales y expresiones nacionalistas que alcanzaron su cenit en la década de
1930 y desembocaron en el proyecto populista que cristalizó en el Estado Libre
Asociado de 1952.
CIUDADANÍA SIN SOBERANÍA
La legislación viola todo principio de justicia, buena fe y honradez común.
(Senador Joseph Simon, de Oregón, al aprobarse la Ley Foraker en 1900)3
Ante el hecho consumado del traspaso territorial, el liderato puertorriqueño, esperanzado de que la pujante nación norteña, demócrata y progresista, provocaría la
modernización política y económica del país, pidió de inmediato la anexión como
estado federado. Tal conducta era consecuente con el pensamiento autonomista más
radical del último tercio del siglo 19 que veía en la autonomía federada la más amplia expresión de dicha doctrina. Con ese espíritu, se mostraron dispuestos a
acatar las justas disposiciones de la Nación Americana, pero sin reconocerla como dominadora de nuestro país, sino como amparadora de nuestros derechos autonómicos,
derechos que, en lo futuro, deseamos ver ampliados en el sentido de obtener la más
completa independencia en nuestro régimen interior; deseamos respeto absoluto a nuestro idioma, a nuestras costumbres y a todo lo que aquí constituye nuestros carísimos
afectos.4
Sin embargo, las ilusiones iniciales fueron flor de un día. Muchos de los viejos
problemas con España continuaron, a los que se sumaron otros de nuevo cuño. En
materia de derechos políticos la situación retrocedió un siglo. El Congreso norteamericano, reacio a respetar la autonomía de su recién adquirida posesión, impuso
de inmediato un gobierno militar regido por órdenes generales. Poco después, en
1900, lo sustituyó unilateralmente por uno civil, casi tan autoritario como el anterior, supeditado primero al Congreso y desde 1909 al Negociado de Asuntos Insulares, dependencia del Departamento de la Guerra, al cual la Isla estuvo adscrita
hasta 1934 cuando pasó a la División de Territorios y Posesiones Insulares bajo la
3 Ronald Fernández, La isla desencantada. Puerto Rico y los Estados Unidos en el siglo veinte,
Trad. Daniel Rey Díaz, San Juan de Puerto Rico, Editorial Cultural, 1996, p.49.
4 Discurso de Antonio R. Barceló, juez municipal de Fajardo, ante los militares norteamericanos
que ocuparon el pueblo. Citado por Ángel Rivero Méndez, Crónica..., Opus cit., p. 361.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
21
jurisdicción del Departamento del Interior.5 El Acta Foraker ratificó el dominio absoluto del Congreso sobre la colonia, aun a costa de contravenir la propia constitución estadounidense al vincular, mediante el Consejo Ejecutivo, las ramas ejecutiva y legislativa. Este organismo era una especie de cámara alta compuesta por
once miembros nombrados por el presidente de Estados Unidos por términos de
cuatro años. Cinco de ellos tenían que ser puertorriqueños, pero la mayoría la
constituían los seis jefes de Departamento que formaban el gabinete del gobernador, a quien también nombraba el presidente. El cuerpo verdaderamente representativo era la Cámara de Delegados, compuesta por 35 miembros, cinco por cada
uno de los siete distritos territoriales, elegidos cada dos años. Su poder legislativo
quedaba subordinado al Consejo Ejecutivo, al gobernador y al Congreso. La Ley
proveía además para la elección local de un Comisionado Residente en Washington, sin voz ni voto en el Congreso.6
Además, para hacer énfasis en que no se vislumbraba la incorporación federada de Puerto Rico, la Ley Foraker lo reconoció como una entidad política y social
distinta de la de Estados Unidos con ciudadanía propia (la puertorriqueña), sólo
que al privársele de soberanía independiente, dejó a los naturales de la Isla en un
limbo jurídico para fines internacionales.7 Es decir, a los puertorriqueños no se les
admitió como ciudadanos norteamericanos, pero tampoco se les permitió crear un
estado soberano que respaldara su propia ciudadanía.
En otra acción contradictoria con sus principios democráticos, el Congreso incluyó a Puerto Rico en las leyes federales de cabotaje (obligándolo a usar barcos
norteamericanos en el comercio con Estados Unidos), pero contravino el principio
constitucional de uniformidad arancelaria entre los estados y territorios de la
Unión al imponer una tarifa temporera del 15% a los productos comerciados entre
la Isla y los puertos continentales, lo que con el tiempo ayudó a fortalecer el argumento que definió la Isla como territorio organizado no-incorporado, marginado
de las garantías constitucionales.8 El norteamericano William Willoughby, Tesorero de Puerto Rico (1901-1907) y Presidente del Consejo Ejecutivo (1907-1909), lo
tildó de gobierno autocrático, toda vez que los poderes administrativos quedaban
en manos de siete funcionarios (el gobernador y los seis jefes de Departamento)
5 Jorge Rodríguez Beruff, Política militar y dominación. Puerto Rico en el contexto latinoamericano, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1988, p.151; José Trías Monge, Las penas de la colonia más antigua del mundo, Trad. de Ángel Casares, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1999,
pp. 83-112.
6 Para un amplio análisis de la Ley Foraker, cf. José Trías Monge, Historia constitucional de Puerto Rico, 4 vols., Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1981, vol. 1, capítulos XIXIII; María Dolores Luque de Sánchez, La ocupación norteamericana y la Ley Foraker (la opinión pública puertorriqueña) 1898-1904, Río Piedras, Editorial Universitaria, 1980. Sobre sus orígenes cf.
Lyman J. Gould, La Ley Foraker: raíces de la política colonial de los Estados Unidos, Río Piedras,
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1969; Carmen I. Raffucci, El gobierno civil y la Ley Foraker, Río Piedras, Editorial Universitaria, 1981.
7 Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años de lucha política, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1979, 5 vols., I-1, docs. 53 y 54, pp. 301-303.
8 Rafael Bernabe, Respuestas al colonialismo en la política puertorriqueña 1899-1929, Río Piedras, Ediciones Huracán, Decanato de Estudios Graduados e Investigación de la Universidad de Puerto
Rico, 1996, pp. 21 y 25. Según Bernabe, «Para abrir espacio al colonialismo dentro del régimen constitucional norteamericano se formuló la hasta entonces desconocida distinción entre territorios incorporados y territorios no incorporados». El libre comercio se estableció en 1901.
22
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Plaza de Armas de San Juan en 1915-16.
(Colección Ciudad de San Juan. Puerto Rico. Centro de Investigaciones Históricas, UPR)
nombrados por el presidente de Estados Unidos.9 Es decir, se creó un nuevo tipo
de relación conveniente a los intereses norteamericanos y, a la larga, favorable a la
fórmula autonomista.
Los inaceptables términos de la Ley Foraker provocaron las impugnaciones de
rigor. Los líderes puertorriqueños reanudaron sus reclamos al Congreso para que
se concediera la ciudadanía norteamericana, se separaran las ramas ejecutiva y legislativa, se creara un senado electivo y se permitieran municipios autónomos. Es
decir, pedían reformas mientras negociaban esperanzados una definición definitiva
del estatus político. Tales medidas tardaron casi dos décadas en llegar y se necesitó una conjunción de factores internos y externos para que la metrópoli se decidiera a reformar la opresiva Ley.
En los primeros años de la dominación norteamericana las dos agrupaciones
autonomistas rivales de la política finisecular se transformaron en nuevos partidos
que pidieron la anexión a los Estados Unidos. Mientras el Republicano mantuvo
inalterable sus convicciones estadistas, el Federal se transformó, en 1904, en el
Partido Unión de Puerto Rico, primer intento de conciliar opiniones divergentes
respecto al estatus para presentar un frente unido ante el Congreso norteamerica-
9 Ronald Fernández, La isla…, Opus cit., p. 57. Algunos congresistas opuestos a la aprobación de
la Ley también se expresaron duramente contra la estructura gubernamental creada para la Isla. Carmen
I. Raffucci, «El Senado de Puerto Rico: la lucha por un espacio político puertorriqueño 1900-1917»,
Carmen I. Raffucci, et al (eds.), Senado de Puerto Rico 1917-1922. Ensayos de historia institucional,
San Juan, Senado de Puerto Rico, 1992, pp. 28-29.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
23
no. De ahí que incluyera en su programa las dos fórmulas permanentes de independencia o estadidad y la autonomía (self-government) como medida transitoria
hacia una decisión definitiva. Esta última era la preferida de su líder principal,
Luis Muñoz Rivera, y la de la amplia mayoría de sus seguidores.10 El Partido ganó
todas las elecciones que se celebraron entre 1904 y 1920 a pesar de las discrepancias internas que afloraban continuamente.
El Congreso, fuertemente influenciado por el Departamento de la Guerra, se
mostraba renuente a conceder la estadidad o mayor autonomía. Se fundamentaba,
sobre todo, en prejuicios étnicos (raciales y culturales) y en la arrogancia del imperialismo del «Destino Manifiesto» que consideraba ignorantes e inferiores a los
pueblos de culturas y tradiciones políticas diferentes a la anglosajona y, por lo tanto, necesitados de un período de aprendizaje y tutelaje antes de que pudieran gobernarse a sí mismos. Otros argumentos denotaban el temor al desarrollo de oligarquías locales fuertes capaces de alentar la causa independentista, opción que no
estaba dispuesto a considerar por preocupaciones geopolíticas y por otros móviles
ligados al capitalismo expansivo en el que estaban inmersas, en fuerte competencia, las naciones industrializadas. En los debates que se dieron entre grupos anexionistas y antianexionistas en Estados Unidos pesaban también las repercusiones
que pudieran tener las decisiones que se tomaran para Puerto Rico sobre la situación de las Filipinas. Poco o nada representaban para los congresistas y grupos de
presión norteamericanos los deseos y los alegatos expresados de forma incesante
por los puertorriqueños, fueran republicanos, unionistas o miembros de la Federación Libre de Trabajadores, fundadores del Partido Socialista en 1915.
Desairado, un sector del liderato boricua empezó a plantearse la independencia
más allá de un desideratum nebuloso y lejano. La alternativa separatista la había
defendido siempre una fracción minoritaria, aunque importante, del Partido
Unión, pero éste, en su afán de mantener unidas facciones ideológicas discrepantes, aceptaba cualquiera de las tres opciones de estatus, con lo que enviaba mensajes contradictorios al Congreso. En 1912, poco después de una sonada crisis provocada por uno de los frecuentes enfrentamientos entre el gobernador
norteamericano y la Cámara de Delegados, un grupo de disidentes unionistas fundó el Partido de la Independencia y pidió al Congreso aplazar toda consideración
referente al estatus hasta tanto se consultara al pueblo puertorriqueño mediante un
plebiscito.11 Apenas unos meses más tarde, en diciembre del mismo año, nació
otra organización con fines muy parecidos, la Asociación Cívica Puertorriqueña,
10 En un artículo publicado en La Democracia, 22 de febrero de 1904, Muñoz Rivera aclaró que la
independencia se había incluido como algo factible, pero que el verdadero credo del partido era el self
government. La independencia sería el último recurso en caso de que Estados Unidos persistiese en sus
arbitrariedades e injusticias. Bolívar Pagán, Historia de los partidos políticos puertorriqueños. 18981956, 2 vols., San Juan de Puerto Rico, s.e., 1972, vol. 1, p. 115.
11 En 1909 la Cámara, molesta por el veto del gobernador Regis Post a varios proyectos de ley, dejó expirar el término legislativo sin aprobar el presupuesto insular. Post respondió elevando el asunto al
Presidente, quien consiguió que el Congreso legislara para que en caso de repetirse la situación, rigiera
el mismo presupuesto del año anterior. La acción congresional se convirtió en ley como la Enmienda
Olmsted (1909). El Partido de la Independencia se fundó el 8 de febrero de 1912. Reece B. Bothwell,
Puerto Rico: cien años..., Opus cit., I-1, docs. 53-55, pp.301-303; Rafael Bernabe, Respuestas..., Opus
cit., pp. 172-179.
24
LOS LAZOS DE LA CULTURA
que se proponía educar al país para que, en el plazo más breve posible y también
previa consulta plebiscitaria, obtuviera la independencia, con o sin protectorado de
Estados Unidos.12 A pesar de que ninguno de los dos cuerpos prosperó, la mera intención alertó al Congreso. Mientras tanto, el Partido Unión, convencido de que
Washington no concedería la estadidad, la eliminó de su programa de gobierno en
la asamblea celebrada en Mayagüez en septiembre de ese mismo año.13
La amenaza independentista se fortaleció, en parte, como consecuencia de un
proyecto de ley del Congreso norteamericano dirigido a abolir, a partir de 1916,
las tarifas proteccionistas impuestas a los azúcares extranjeros. Tal medida fue
aprobada en octubre de 1913, cuando la incertidumbre dominaba a productores y
comerciantes ante la caída de los precios del azúcar, base de la economía insular.
El espectro del arancel, en medio de la crisis, acentuó la amenaza que se cernía sobre la industria puertorriqueña frente a competidores más fuertes, entre ellos Cuba.
Ante esta amenaza, el Partido Unionista, cuya base social comprendía importantes
representantes del sector cañero, mantuvo la estadidad fuera de su plataforma, se
afianzó en la ciudadanía puertorriqueña y adoptó la independencia, con o sin protectorado norteamericano, aunque aceptaba un régimen autonómico transitorio.14
Estos cambios los incorporó el programa que se presentó y aprobó el 22 de noviembre de 1913 en el que se definieron las características del gobierno autonómico contemplado. Llama la atención que se aceptara un gobernador nombrado por
el presidente con la aprobación del Senado norteamericano, prueba del tímido alcance de sus vuelos autonomistas. El acuerdo de luchar sólo por la autonomía como estatus transitorio se ratificó en las Reglas de Miramar de 5 de septiembre de
1914.15 El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó que la controvertible
Ley Underwood quedara sin efecto antes de entrar en vigor, pero ya el partido, que
dominaba la Cámara de Delegados y la mayoría de los municipios desde 1904, había renunciado a pedir la anexión federada a la metrópoli.
Por su parte, el Partido Republicano Puertorriqueño, en cuyas filas también militaban importantes barones del azúcar, se unió a la lluvia de impugnaciones al régimen colonial. En 1913 se desafilió del Partido Republicano Nacional ante la negativa de este último de apoyar la concesión de la estadidad. A partir de ese
momento, los que hasta entonces habían sido colaboradores incondicionales de las
autoridades norteamericanas, asumieron una actitud más crítica ante la situación
política y económica del país.16
12 No se organizó como colectividad política con fines electorales, sino como una organización de
acción social. Reece B. Bothwell, Cien años…, Opus cit., I-1, doc. 58, p.339; Rafael Bernabe, Respuestas..., Opus cit., p.245. Publicó la revista quincenal La Independencia, de tan corta duración como la
organización.
13 Reece B. Bothwell, Cien años…, Opus cit., I-1, doc. 56, pp. 334-336; Rafael Bernabe, Respuestas..., Opus cit., pp.49-50.
14 Arturo Morales Carrión, «La crisis económica de 1913 y sus consecuencias ideológicas»,
Op.Cit., Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 5, Universidad de Puerto Rico, Recinto
de Río Piedras, 1990, pp. 153-178.
15 Reece B.Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus.cit., I-1, doc. 59, pp. 340-342, doc. 62, pp.
348 y doc. 63, pp. 49-351.
16 Ibidem, I-1, doc. 57, pp. 337-338; Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista en Puerto Rico,
Río Piedras, Editorial Universidad de Puerto Rico, 1993, pp. 59-60.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
25
A sabiendas de que Estados Unidos tampoco concedería la independencia, sobre todo en momentos en que soplaban vientos de guerra, los unionistas también la
retiraron de su plataforma en 1915 y se ciñeron a pedir la autonomía, temerosos de
que mantener la opción emancipadora, aunque fuera a largo plazo, pudiera afectar
negativamente las reformas a la Ley Foraker que el Congreso consideraba por esas
fechas.17 Además, la subida de los precios del azúcar en el mercado mundial enfrió
la militancia soberanista de los azucareros que no querían perder el derecho de entrada al mercado norteamericano. No obstante, el Comisionado Residente en Washington, Luis Muñoz Rivera, le dejó saber al presidente Woodrow Wilson que la
amenaza secesionista se mantenía latente y resurgiría de no concederse las ansiadas reformas:
... an Unionist Convention at San Juan [24 de octubre de 1915] resolved to postpone all
action looking towards Insular independence and to devote the present activities of the
party solely to the self-government propaganda. Such a resolution cannot fail to create a
better understanding between the natives and the Americans residing there. In my judgement it depends much upon you and your powerful influence to give that movement a
successful development. I fear that unless a desirable change is accomplished by the
present democratic administration, our initial efforts towards a betterment of the political relations of a national character with the Island will prove a complete failure.18
En otras palabras, la opción independentista volvía a ser, como lo fue bajo España, una ficha de tranque para forzar la renegociación del pacto colonial, pero no
una meta firme.
A la par que se ventilaban tales argumentos en las esferas gubernamentales de
Puerto Rico y Washington, en el horizonte insular los trabajadores mantenían una
agitación constante. Entre 1911 y 1913 los tabaqueros efectuaron alrededor de diecisiete paros y en 1914 desataron una gran huelga que perjudicó las instalaciones
de la American Tobacco Co. La huelga duró cuatro meses y paralizó más de la mitad de los trabajadores diestros empleados en la manufactura del tabaco. Entre
1915 y 1916 se registraron otras seis huelgas en la manufactura tabacalera que se
extendieron a los muelles y a otros importantes oficios e industrias, entre éstas la
azucarera, la principal del país. La huelga de 1915 duró más de dos meses e involucró a unos 17,625 trabajadores de veinticuatro centrales, cerca de la mitad de las
existentes. Un año después, el conflicto escaló y en la huelga de 1916 participaron
40,000 trabajadores, afectándose 35 municipios cuya producción azucarera se paralizó durante cinco meses y medio. La fuerte actividad sindical de ese lustro culminó con la creación, en marzo de 1915, del Partido Socialista, brazo político de la
Federación Libre de Trabajadores.19 Este convulso ambiente laboral, y la organización de los trabajadores en un partido que participaría en la contienda electoral,
17 Cf. «Resolución y programa de la Unión de Puerto Rico», 6 de mayo de 1917, Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., I-1, doc. 65, pp. 357-361.
18 Citado por Bolívar Pagán, Historia ..., Opus cit., II, pp. 172-173.
19 Gervasio L. García y Ángel Quintero Rivera, Desafío y solidaridad. Breve historia del movimiento obrero puertorriqueño, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1982, pp. 59-64.
26
LOS LAZOS DE LA CULTURA
amedrentaba al Partido Unionista que veía peligrar su hegemonía. Muñoz Rivera
no le ocultó su preocupación a Antonio R. Barceló:
En la cuestión de los obreros pienso mucho. El peligro es inmediato. En las elecciones
de 1916, es posible que no llevemos la mayoría a la Cámara y es posible también que
nos derroten el Resident Commisioner. La culpa corresponderá a los propietarios que
abusan de los trabajadores y a la Unión que no interviene a tiempo, sinceramente y con
energía...20
Además de los conflictos y recelos de clase envueltos, los unionistas tenían
otras razones para intranquilizarse con los acontecimientos. El Partido Socialista
se afilió al Partido Socialista Nacional de Estados Unidos y, aunque esta filiación
fue casi académica y terminó entre 1920 y 1924, el discurso del liderato, favorecedor de la «americanización» y de la unión permanente con Estados Unidos, reforzaba las aspiraciones estadistas del Partido Republicano, rival tradicional de los
unionistas.21 El momento era oportuno para que la mayoría autonomista dentro el
Partido Unión acallara a la fracción independentista, pero siempre era «conveniente» mantener la opción en la trastienda por si el Congreso se trancaba en la consideración de las reformas autonómicas que se pedían una y otra vez.
La militancia independentista y la intranquilidad obrera en momentos en que
se fortalecía el valor militar de Puerto Rico probablemente ayudaron a precipitar
decisiones a las que el Congreso había dado largas.22 Después de un viaje para
evaluar las condiciones estratégicas de la zona, hecho en 1911, el Secretario de la
Guerra, Henry L. Stimson, recomendó que se redefiniesen las relaciones con Puerto Rico a fin de asegurar el dominio sobre la Isla por el papel vital que ésta desempeñaba para la defensa del Canal de Panamá. Durante el resto de la década de
1910, Estados Unidos consolidó su hegemonía en la región del Caribe mediante
intervenciones en Nicaragua (1912-1925), Veracruz (1914), Cuba (1917-1923),
Haití (1914-1934), República Dominicana (1916-1924) y la inauguración del Canal de Panamá en 1914 (Protectorado, 1903-1936). La Guerra Mundial también
empujó en esa dirección. El 4 de agosto de 1916, Estados Unidos, temeroso de que
los alemanes pudieran establecer bases en el Caribe, compró las Islas Vírgenes a
los daneses, quienes exigieron para los naturales la ciudadanía norteamericana.
Concedida a éstos, ¿cómo justificar continuar negándola a los puertorriqueños? La
muerte de Muñoz Rivera, acaecida poco después, el 15 de noviembre de 1916, dio
el puntillazo final, pues desaparecido el principal elemento moderador dentro de
las filas unionistas, cabía esperarse una mayor agitación del bando independentista.23 La ciudadanía podía ser el antídoto para el reclamo de la independencia, a la
par que afianzaba el poder norteamericano sobre la Isla.24
20 Carta de Luis Muñoz Rivera a Antonio R. Barceló, 28 de junio de 1915, citada por Bolívar Pagán, Historia..., Opus cit., p.71.
21 Ibidem, pp. 70-71.
22 Arturo Morales Carrión, Puerto Rico, A Political and Cultural History, New York, Norton & Co.
Inc., 1983, pp. 197-198; Ronald Fernández, La isla..., Opus cit., p. 68.
23 Ronald Fernández, La isla..., Opus cit., p. 122.
24 Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista…, Opus cit., p.41.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
27
CIUDADANOS SIN DERECHOS
The performance of Haiti and Santo Domingo have convinced the
people of the States that American control of Porto Rico is the best
thing for the island and its people, as preventing revolutions and
counter-revolutions, insurrections and rebellions and exploiting of
people by self-appointed ‘rulers’ for their own selfish ends.
(Porto Rico Progress, 26 de mayo de 1916)
La Ley Jones, de 2 de marzo de 1917, sustituyó la Ley Foraker e impuso la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños cuando un sector unionista había dejado de pedirla y sin que estuviera acompañada de unas verdaderas reformas autonómicas. No obstante, en una población de 1.2 millones de habitantes, sólo 288
puertorriqueños la rechazaron.25 En realidad, la decisión resolvía el problema internacional que planteaba la ciudadanía de un país sin soberanía propia. Por otro
lado, renunciar a ella significaba estar desterrado en su propio país. ¿Qué opción
real había? En lo referente al gobierno propio, era poco lo que adelantaba la nueva
carta orgánica: creaba un senado electivo, limitaba los poderes de la asamblea legislativa frente al ejecutivo y aumentaba el control desde Washington al establecer
el doble veto (el del gobernador y el presidente). El gobernador continuaría siendo
nombrado por el presidente de Estados Unidos, pero se le permitía nominar, con el
consentimiento del Senado insular, al Tesorero y a los Comisionados de Salud,
Agricultura y Trabajo, e Interior. El presidente retuvo la potestad para designar,
con la aprobación del Senado norteamericano, al Procurador General y al Comisionado de Instrucción, dos puestos claves de la administración insular. Los seis
jefes de Departamento constituirían el Consejo Ejecutivo, ahora circunscrito a
«junta consultiva del gobernador».26
Un joven Luis Muñoz Marín, quien dominó el escenario político puertorriqueño entre 1938 y 1968, resumió así el sentir unionista ante la Ley Jones:
La Unión de Puerto Rico acepta sin reservas la ciudadanía americana porque ella define, hoy por hoy, la personalidad política de este pueblo ante el mundo, porque nos redime de nuestra inferioridad de colonos,... y porque nos pone en mejores condiciones de
seguir laborando por nuestra plena soberanía, de modo que podamos conseguirla por la
decisión del gobierno americano y ejercitarla sin zozobras ni quebrantos bajo la protección del gran pueblo que cobija con su bandera.27
Aunque lo que se concedía era limitado, las autoridades norteamericanas estaban convencidas de que con el Acta Jones el Congreso había demostrado amplia
generosidad. Sostenían que a pesar de que el Tratado de París no contenía ninguna
25 Ronald Fernández, La isla..., Opus cit., p. 127, Efrén Rivera Ramos, The Legal Construction of
Identity. The Judicial and Social Legacy of American Colonialism in Puerto Rico, Washington, American Psychological Association, 2001, p. 153.
26 José Trías Monge, Historia constitucional..., Opus cit., II, pp. 93 y 107.
27 «Notas editoriales / Atavismo colonial», La Democracia, 2 de marzo de 1917.
28
LOS LAZOS DE LA CULTURA
promesa específica para el pueblo de Puerto Rico, éste se había beneficiado de su
relación con Estados Unidos y disfrutaba del estatus más liberal que había conocido en toda su historia. Incluso alegaban que la carta orgánica permitía a la Isla mayor «soberanía» en sus asuntos internos que la que disfrutaban los estados o territorios de la Unión.28 Como antes la Foraker, el Acta Jones evitaba cualquier
cláusula que pudiera interpretarse como un paso hacia la estadidad o la independencia, contrario a lo que había sucedido con los casos de Hawaii (declarado territorio incorporado) y Filipinas (que recibió promesa de independencia). Puesto que
la situación varió poco, las argumentaciones respecto a mayores poderes autonómicos y la definición del estatus continuaron en la Isla y en la metrópoli. En esos
vaivenes llegó la década de 1920, cuando los puertorriqueños, en el contexto de la
posguerra, exploraron otras estrategias políticas.
Mientras ocurrían los estériles debates en torno al estatus, la Isla se había convertido en una inmensa plantación cañera, movida por grandes corporaciones norteamericanas, otros capitales foráneos y centralistas y colonos puertorriqueños.29
Aunque había diversas industrias importantes, como la del tabaco, la aguja, el café
y los frutos menores, el azúcar constituía la espina dorsal de la economía insular.
Cualquier disloque en la industria acarreaba serias repercusiones para el país, como sucedió después de la Primera Guerra Mundial. Recién finalizado el conflicto
bélico, la demanda por el producto provocó que la década de 1920 abriera con precios altos en el mercado internacional. Mas la bonanza dio paso, casi enseguida, a
una profunda crisis deflacionaria, resultado de la sobreproducción. El precio del
azúcar bajó de doce centavos la libra en 1920 a cuatro centavos en 1929, los productos de consumo importados registraron una considerable alza en los precios
mientras aumentó el desempleo y se congelaron los salarios, lo que agravó la situación de las clases trabajadoras. En cambio, el panorama fue muy diferente para
las grandes corporaciones que, protegidas por el arancel impuesto sobre el azúcar
extranjero, lograron mantener sus ganancias aumentando la producción. Aunque la
recuperación fue lenta, las inversiones de las compañías norteamericanas y la expansión del latifundio azucarero avanzaron a costa de la mediana y pequeña propiedad de los criollos –víctimas de quiebras, endeudamientos y ejecuciones– y la
pauperización del trabajador agrícola.30
28 «Carta del presidente Calvin Coolidge en contestación al mensaje que la legislatura dirigiera al
pueblo de los Estados Unidos y al mensaje que le dirigieran los señores Barceló y Tous Soto a la Conferencia Panamericana celebrada en La Habana, 28 de febrero de 1928», Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años…, Opus cit., II, doc. 121, pp. 375-382.
29 Cf. Juan Giusti Cordero, «En búsqueda de la nación concreta: el ‘grupo español’ en la industria
azucarera de Puerto Rico, 1890-1920», Naranjo, Consuelo, Puig-Samper, Miguel Angel y García Mora,
Luis M. (eds.), La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Madrid, Ediciones Doce
Calles, 1996, pp. 211-224, y «Hacia otro 98: el ‘grupo español’ en Puerto Rico, 1890-1930 (azúcar,
banca y política)», Op. Cit. Revista del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 10, Universidad de
Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1998, pp. 75-123.
30 Emilio Pantojas, «Desarrollismo y lucha de clases: los límites del proyecto populista en Puerto
Rico durante la década del cuarenta», Revista de Ciencias Sociales, vol.XXIV, Universidad de Puerto
Rico, Recinto de Río Piedras, julio-diciembre de 1985, p.357; Silvia Álvarez Curbelo, «Un discurso
ideológico olvidado: los agricultores puertorriqueños (1924-1928)», Op.Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm.2, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1986-1987,
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
29
La crisis económica y la tarifa proteccionista fortalecieron aún más la dependencia económica de los Estados Unidos. A su vez, la amenaza alemana durante la
Gran Guerra reconfirmó a la metrópoli la utilidad de su colonia caribeña para fines
de estrategia geopolítica y militar y la conveniencia de retenerla. Por ello, condicionaba cualquier consideración de reforma al régimen a que se mantuviera la paz
interna; es decir, silenciando a los independentistas y calmando a los trabajadores.
El poder metropolitano también tenía su ficha de regateo.
En 1921, Horace M. Towner, a la sazón presidente del Comité de Asuntos Insulares de la Cámara de Representantes, le había hecho saber a los presidentes
unionistas de las cámaras legislativas que las probabilidades de obtener una forma
más amplia de gobierno propio, incluso con nombramiento de puertorriqueños para cargos elevados, se «había alejado mucho en virtud de la activa propaganda
independentista». Les indicó con toda claridad que en Washington no existía «apoyo posible para la independencia».31 Ahora bien, ¿existía en Puerto Rico una efervescencia independentista de tal magnitud que justificara la preocupación del Congreso? En verdad, los sectores independentistas dentro del Partido Unión
constituían un bloque minoritario, pero adquirieron mayor notoriedad por los conflictos continuos que tuvieron los unionistas con el gobernador E. Montgomery
Reilly, –rebautizado Moncho Reyes por los puertorriqueños– empeñado en ver
independentistas detrás de cada autonomista que evidenciara apego a su identidad
cultural. No obstante, buscando ganar adeptos en el Congreso y controlar el gobierno local, el Partido Unión ratificó en 1922 el retiro de la opción independentista de su programa de gobierno. Apenas un mes antes de celebrarse la asamblea,
Luis Muñoz Marín, en un artículo escrito en la revista New Republic sobre el gobernador Reilly, anticipó la «verdadera» razón de esta decisión:
Los líderes unionistas nunca esperaron que se les tomara en serio... utilizaban la independencia como carnada para capturar los votos de la vasta mayoría quienes tienen un
natural y vago prejuicio a favor de la tierra donde nacieron y por la cual pagan alquiler...32
A partir de ese momento, los unionistas sólo defendieron la asociación «permanente e indestructible con Estados Unidos» mediante el Estado Libre Asociado,
fórmula inspirada en la del Estado Libre de Irlanda, establecido en 1921.33 Otro
modelo estudiado por los sectores unionistas más progresistas fueron los casos de
pp. 145-146 y n.6; de la misma autora, «La conflictividad en el discurso político de Luis Muñoz Marín:
1926-1936», Silvia Álvarez-Curbelo y María Elena Rodríguez Castro (eds.), Del nacionalismo al populismo: cultura y política en Puerto Rico, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1993, pp.19-21.
31 Reece B. Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 110, p. 343. Towner fue luego gobernador
de Puerto Rico desde el 3 de mayo de 1923 hasta el 26 de septiembre de 1929. Tomás Sarramía, Los
gobernadores de Puerto Rico, San Juan de Puerto Rico, Publicaciones Puertorriqueñas, 1993, p. 230.
32 Citado por Ronald Fernández, La isla..., Opus cit., p.147.
33 Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años…, Opus cit., II, doc. 110, p. 342. De acuerdo con
Epifanio Fernández Vanga, líder unionista, la expresión «Estado Libre» se tomó ‘prestada’ al patriota
irlandés Eamon de Valera (1882-1975). El participio asociado se lo añadió Juan B. Soto en el curso de
los debates congresionales del proyecto Campbell.
30
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Canadá, Australia y Nueva Zelanda.34 El significado del nuevo concepto lo explicó
el presidente del Partido, Antonio R. Barceló, en carta a Towner:
[...] La Asociación que deseamos formar con Estados Unidos, para que sea una que nos
permita conservar nuestras características y nuestra personalidad, no puede ser una semejante a las que han formado hasta ahora los varios territorios, (tomando esta palabra
en su sentido geográfico) que al cabo de algún tiempo se han convertido en Territorio
(tomando esta palabra en su sentido político) y finalmente en Estados de la Confederación, con la Estadidad del tipo clásico. No puede ser una semejante a esa, porque a ella
se oponen las diferencias étnicas, lingüísticas e históricas que distinguen al pueblo de
Puerto Rico del pueblo americano y las cuales usted conoce.
Tenía que ser otra clase de Estadidad apropiada para Puerto Rico. ¿Y qué mejor nombre
habíamos de darle a esa clase de estadidad que el de LIBRE? [...] De ahí el que nosotros
hayamos pensado que una clase de estadidad en la cual fuéramos LIBRES y por virtud
de la cual estuviéramos ASOCIADOS de manera noble a los Estados Unidos era y debía de ser nuestra aspiración definitiva.
[...] al Estado del tipo clásico sólo podemos llegar a través de un largo y penoso proceso
en el cual perderíamos los puertorriqueños la identidad de nuestra personalidad y nuestras características de pueblo formado ya y a esas pérdidas el Partido Unionista humildemente pero decididamente se opone. [...]
[...] El Partido Unionista a lo que se opuso y se opone [...] es a que la vida, la libertad y
el derecho de Puerto Rico estén siempre a merced de las autoridades de Washington.
[...] El Partido Unionista quiere que nuestra presente situación de inferioridad termine
por virtud de llegar a ser nosotros asociados de ustedes en una noble ASOCIACIÓN de
carácter permanente.[...]35
Lo que se proponía era una estadidad de hechura tropical, a la medida de las aspiraciones boricuas: libre, pero asociada. Tal acción provocó el desgajamiento de un
sector independentista y la formación, ese mismo año, del Partido Nacionalista.
Para garantizar el vínculo de permanencia, el proyecto sugería que Estados
Unidos tuviera un Comisionado Residente en Puerto Rico con amplios poderes de
supervisión sobre las tres ramas de gobierno y que el Congreso retuviera el poder
para anular o modificar cualquier ley aprobada por la asamblea legislativa insular.
La propuesta, presentada como el Proyecto Campbell, no prosperó en Washington.
Poco tiempo después, también fue desoída una nueva solicitud para elegir al gobernador en las elecciones de 1928 y que éste pudiera designar los miembros de su
gabinete.36 Peticiones similares se habían hecho antes, en 1923, 1924 y 1925.37
34 Rafael Bernabe, Respuestas al colonialismo..., Opus cit., pp. 265 y ss; «Entrevista de los Sres.
Roberto H.Todd, y Ángel Rivero con el Hon. Tomás Lamont, ex–alcalde de Devenport, Nueva Zelandia», El Mundo, 27 de agosto de 1927; «Un comentario del Lcdo. Quiñones a la entrevista que hicieran
los Sres. Todd y Rivero al ex-alcalde de Devenport», El Mundo, 30 de agosto de 1927. Sobre el debate
que suscitó el modelo de autonomía a la inglesa cf. también El Mundo, 17 y 25 de septiembre de 1927.
35 Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 110, pp. 346-347.
36 El 5 de marzo de 1924, ibidem, II, doc. 114, pp. 360-361.
37 Cabe señalar que los territorios incorporados eligieron sus gobernadores sólo después de ser admitidos como estados federados. El primer territorio no-incorporado en elegir su propio gobernador fue
Puerto Rico, en 1948.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
31
ALIANZAS ¿EXTRAÑAS?
Creo que no será difícil que en las próximas elecciones [1924] formen un bloc los republicanos, los socialistas y los pro-americanos
en general. El Partido Unionista es un obstáculo en la marcha del
país. El Congreso podría disolver cualquier nebulosa en cuanto a
‘status’. Si el Congreso cree en la deslealtad de nuestra ciudadanía,
aceptada con reservas mentales... nos dejará como estamos. Si cree
en nuestro americanismo, no hallará dificultad alguna para hacer
extensiva a nosotros la constitución y ampliar la ley orgánica. [ ...]
(José Tous Soto, abril de 1923)38
La crisis económica, exacerbada por la pobreza y las desigualdades sociales, y
el convencimiento de que Estados Unidos no solucionaría a corto plazo el problema del estatus, trazaron caminos irregulares en la lucha política de la década de
1920, acercando rivales tradicionales. Bien temprano en el siglo algunos puertorriqueños se percataron de que para lograr avances en las incesantes negociaciones
con Washington era preciso aunar esfuerzos para presentar un frente común, claramente mayoritario. De esa voluntad nació el Partido Unión, pero su trayectoria demostró, a contrapelo de los sucesivos triunfos electorales, cuán difícil resultaba
conciliar intereses de clase e ideologías políticas discrepantes, a veces situadas en
polos extremos. En 1914 los unionistas intentaron brevemente un acercamiento
con el Partido Republicano, su antagonista principal, para abogar por mayores poderes autonómicos. Otro intento en 1920 también fracasó. Los mantenían apartados las posiciones asumidas por cada uno en torno a la ciudadanía de los puertorriqueños y la opción independentista, que aparecía y desaparecía de la plataforma
unionista.39
En cambio, los republicanos buscaron un acercamiento con los socialistas. A
pesar de que los distanciaban las diferencias de clase en la base social de sus partidos, compartían la preferencia por el estatus político –la estadidad federada– y el
deseo de vencer a los unionistas. Los acercaron, además, las plataformas del Partido Republicano de 1917 y 1920, que incorporaron importantes medidas dirigidas a
la clase obrera,40 y la naturaleza del Partido Socialista, pues aunque temido en el
país por las clases propietarias era bastante conservador, algo que señaló abiertamente Luis Muñoz Marín en 1923 con las siguientes palabras: «En el programa
socialista no hay nada que pueda espantar a una mosca regularmente avanzada en
Reece B. Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 111, pp. 349-350.
Los republicanos pedían la concesión colectiva de la ciudadanía norteamericana, mientras que
los unionistas favorecían el desarrollo de la puertorriqueña, aunque se mostraron receptivos a la concesión individual de la estadounidense al puertorriqueño que lo solicitara de modo particular. Reece B
Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., I-1, docs. 60-61, pp. 343-345.
40 Entre ellas: ley para regular contratos, ocho horas de trabajo, cumplir con la ley de accidentes de
trabajo, implantar un organismo para arbitrar conflictos obrero-patronales, salario mínimo, pensiones
para ancianos, enfermos e impedidos, centro de cuido para hijos de madres trabajadoras, modificar un
fondo del seguro del estado, pensiones para viudas pobres con hijos menores, protección maternal y de
niños, y construcción de viviendas para obreros. Gonzalo F. Córdova, Luis Sánchez Morales, servidor
ejemplar, San Juan de Puerto Rico, Editorial Académica, 1991, p. 102.
38
39
32
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ideas económicas.»41 Otro factor precipitante fue el debilitamiento de la lucha sindical, amenazada por el alto índice de desempleo que creaba una amplia reserva de
trabajadores. 42 Asimismo, estaba claro que sólo un pacto electoral entre los partidos opositores podría derrocar a los unionistas, invictos desde 1904.
Los intentos coalicionistas de 1920 y 1923 entre republicanos y socialistas
naufragaron, pero las conversaciones intranquilizaron a los unionistas.43 Una
muestra de lo que podría ocurrir la tuvieron en Ponce durante las elecciones de
1920, cuando se fusionaron exitosamente republicanos y socialistas en un partido
que se conoció popularmente como El Ligao. Éste ganó la contienda municipal,
eligió al alcalde y envió dos representantes a la Cámara.44 En las elecciones generales, el Partido Socialista obtuvo un 23.7% del total de los votos emitidos y el Republicano el 25.6%. El Partido Unión ganó con el 50.7%, pero la diferencia en votos combinados de las fuerzas de oposición republicanas y socialistas fue de
apenas cuatro mil votos, (0.7%). Por sí mismo, el Partido Socialista no tenía muchas probabilidades de alcanzar el poder, mas un entendido con alguno de los partidos mayoritarios le permitiría una participación efectiva en el gobierno para promover medidas favorables a las clases trabajadoras.
En mayo de 1924 el Partido Unión logró concertar finalmente la Alianza Puertorriqueña con el sector burgués del Partido Republicano, aprensivo de los efectos que
pudiera traer un pacto con los socialistas. Como éstos no eran bien vistos en Washington, se temía que un triunfo electoral en asociación con ellos pudiera no ser reconocido por las autoridades metropolitanas, «exponiendo al país a serias medidas
por parte de los administradores nacionales, que considerarían ese hecho como una
amenaza para sus intereses aquí».45 La estrategia aliancista iba dirigida a presentar
un frente amplio, tanto ante el Congreso como ante las fuerzas socialistas. El pacto,
de corte pragmático, unía aliados de clase vinculados con la industria azucarera y
aplazaba el problema del estatus para coincidir en el reclamo de la plena autonomía.
Para los unionistas, que ya habían eliminado la independencia de su plataforma, el
autogobierno podía ser considerado por el Congreso como una medida preparatoria,
transitoria a largo plazo hacia cualquiera de los estatus finales que habían defendido
tradicionalmente. Para los estadistas era parte de un proceso de integración gradual.
Así, la Alianza, impulsada por los grandes intereses agrarios (insulares y norteamericanos), se acoplaba a la política colonial evolucionista de Estados Unidos.46 Sus disReece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc.112, p. 354.
Ángel Quintero Rivera, «La base social de la transformación ideológica del partido Popular en la
década del 40», Gerardo Navas Dávila (ed.), Cambio y desarrollo en Puerto Rico: la transformación
ideológica del Partido Popular Democrático, Río Pierdas, Editorial de la Universidad de Puerto Rico,
Recinto de Río Piedras,1980, p.77.
43 Reece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., I-1, doc.78, p. 435 y II, doc. 111, pp.
349-352.
44 Federico Ribes Tovar, Historia cronológica de Puerto Rico. Desde el nacimiento de la isla hasta
el año 1973, Nueva York, Plus Ultra, 1973, pp. 445-446.
45 Reece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 115, p. 363. El pacto lo acordaron en marzo de 1924 los presidentes de ambas colectividades, José Tous Soto, republicano, y Antonio
R. Barceló, unionista, en el barco en que regresaban de Washington donde habían formado parte de una
comisión legislativa ante el Congreso.
46 Aarón Gamaliel Ramos (ed.), Las ideas anexionistas en Puerto Rico bajo la dominación norteamericana, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1987, pp. 19, 30-34.
41
42
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
33
cursos giraron en torno a propuestas de modernización y desarrollo del país, pero
sin atentar contra la estructura económica basada en el latifundismo y el ausentismo, ni contra las esferas tradicionales de poder.47 Dicho de otra manera, se buscaba una modernización entendida como crecimiento económico y progreso material
sin alterar los fundamentos tradicionales de la construcción social.
El sector disidente del Partido Republicano, constituido mayormente por profesionales, se separó, fundó el Partido Republicano Puro (o Constitucional Histórico) y pactó un arreglo electoral con los socialistas, conocido como la Coalición. 48
En buena medida, este entendido fue para muchos socialistas una movida defensiva ante el bloque burgués anti-socialista de la Alianza. El líder del Partido Socialista, Santiago Iglesias Pantín, explicó sus razones en estos términos: «Hoy los pequeños, cuando se rebelan, pierden y quedan mal parados. Con las fuerzas mejor
repartidas los pequeños tendrán más poder y más valor moral». Es decir, el pacto
les permitiría el acceso al poder legislativo. Declaró, asimismo, que no solicitaría
ninguna solución al problema del estatus político por considerar que la Ley Jones
concedía a la legislatura insular los poderes que necesitaba para promover las reformas sociales que requerían los trabajadores.49
En términos electorales, la Alianza triunfó ampliamente en las elecciones de
1924 al obtener el 64% de los votos y dominar las cámaras legislativas. Sin embargo, en las del 1928, para las que se repitieron los pactos electorales, tuvo una débil
victoria de apenas 5.6 % y leve mayoría en las cámaras, lo que precipitó su crisis y
disolución en 1929.50 Al desaparecer la Alianza, los antiguos unionistas, reforzados
por un grupo de líderes jóvenes, entre los que figuraba Luis Muñoz Marín, fundaron el Partido Liberal (1932) y retomaron la demanda por la independencia política
y económica. Pero mientras en la trastienda del nuevo-viejo Partido persistían las
antiguas discrepancias internas respecto al estatus, el Partido Nacionalista, integrado en su mayoría por profesionales e intelectuales, asumió en esa década, con unidad de propósitos y un vigor inusitado en la colonia, el reclamo soberanista.
PUERTORRIQUEÑOS AMERICANOS
Lo que el pueblo puertorriqueño quiere es un status obtenido por la
autoridad y con la voluntad del pueblo americano, que le permita
conservar sus características y sus idiosincrasias de pueblo formado
ya y que le permita a la vez desarrollar y mejorar, dentro de una natural evolución, esas características e idiosincrasias siempre en armonía, con el pueblo americano y siempre tendiendo hacia un mayor progreso y hacia una más alta civilización. ¿Será posible crear,
enmendando la Constitución, alguna nueva forma de Estadidad dentro de la cual podamos gozar de tal status? Si ello es posible y se
Silvia Álvarez Curbelo, «La conflictividad…», Opus cit., pp. 21-23.
Reece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 116, pp. 366-368.
49 Ibidem, II, doc. 113, pp. 356-359.
50 Los resultados electorales de 1924 y 1928 pueden consultarse en Fernando Bayrón Toro, Elecciones y partidos políticos de Puerto Rico (1809-1976), Mayagüez, Editorial Isla, Inc., 1977, pp. 159172.
47
48
34
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nos permite a nosotros conservar y desarrollar nuestras características y velar por nuestros intereses, no creo que tendremos ninguna
objeción que hacer a tal estadidad. También se me ocurre preguntar:
¿Sería necesario enmendar la Constitución americana para que nosotros gocemos una clase de vida como la apuntada?
(Antonio R. Barceló, febrero de 1922)51
Los resultados electorales entre 1904 y 1928 evidencian el respaldo de la mayoría del país a la propuesta autonomista, vislumbrada durante esos años como un
estatus transitorio en lo que se creaban en la Isla condiciones apropiadas para pasar a ser país soberano, estado federado o estado criollo, como lo describe la cita
del epígrafe. Por su parte, Estados Unidos, a pesar de su resistencia para ampliar
los límites del gobierno propio, no estaba dispuesto a conceder ni la independencia
ni la estadidad federada, por las razones ya expuestas. Esta preferencia de ambas
partes por la ambigüedad no puede comprenderse fuera del marco colonial y de lo
que representaban colonia y metrópoli, la una para la otra.
Un elemento clave que apoyó la inmovilidad política nació del problema que
crearon las idiosincrasias diferentes de uno y otro país. Si la dependencia económica fue fomentada por la voluntad metropolitana y asimilada por los puertorriqueños, y en materia de gobierno, éstos estuvieron dispuestos a reproducir el modelo admirado de las instituciones y las prácticas democráticas norteamericanas,
los intentos de «americanizar» culturalmente la Isla, provocaron reacciones muy
opuestas a las anteriores. Puerto Rico, cuyas primeras fundaciones poblacionales
antecedieron por un siglo a las de la América anglosajona, defendía una identidad
propia, forjada en un proceso de siglos, que no estaba dispuesto a rendir. Las palabras que Antonio R. Barceló pronunció en 1898 ante los marinos que ocuparon el
pueblo de Fajardo, resumieron las expectativas tras la recepción dada a los norteamericanos, a la vez que anticiparon, quizás sin él imaginarlo, lo que sería la lucha
más consecuente de los puertorriqueños a lo largo del siglo veinte: lograr el «respeto absoluto a nuestro idioma, a nuestras costumbres y a todo lo que aquí constituye nuestras más caras afecciones».52
Mediante insensibles acciones imperialistas, opuestas a los principios que regían su nación, Estados Unidos impuso un burdo régimen colonial de gobierno sin el
consentimiento de los gobernados. Renuente a conceder la independencia, tampoco creó las condiciones para incorporar gradualmente la Isla a la federación norteamericana. Por el contrario, comenzó de inmediato un proceso de militarización
del país, que ha continuado hasta hoy, y forzó a los puertorriqueños al regateo
constante para arrancar gradualmente medidas autonómicas que se fueron concediendo en coyunturas siempre favorables a los intereses estadounidenses. En clara
contradicción con su resistencia a aceptar la Isla como estado clásico, la metrópoli
trató de imponerle su lengua y sus patrones culturales.
Es cierto que durante las décadas de 1900 a 1930 líderes políticos de los diferentes partidos y otros sectores de opinión en Puerto Rico, aludieron constante51
52
Reece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc. 110, p. 345.
Supra nota 4.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
35
mente a la necesidad de «americanizar» el país. El concepto «americanización» tuvo para la mayoría de los puertorriqueños connotaciones bastante precisas. La
acepción más divulgada fue equivalente a modernización, democratización y progreso, algo que se esperaba alcanzar bajo el protectorado de la nueva metrópoli.
Así, el deseo de «americanizarse» nacía de la admiración que sentían por ella, por
sus instituciones democráticas, por su pujanza económica y el desarrollo de sus
ciudades e industrias. Recién llegado de un viaje que realizó a Washington en
1899, Muñoz Rivera lo resumió de esta manera: «Yo sentí estímulo de llegar a esa
altura por las artes del trabajo y por los empeños del mismo. Es preciso ir con rapidez a la identidad’.53 Claro está, identidad con los valores señalados. Rosendo Matienzo Cintrón, uno de los líderes más radicales entre los fundadores del Partido
Unión, lo resumió en 1902 en términos muy parecidos: «aceptar la americanización es aceptar la civilización».54
En términos muy parecidos opinaba Eugenio María de Hostos. Para él, americanizarse conllevaba:
Modificar la organización social, cambiar el régimen económico; sustituir uno por uno
los principios de organización política a la española con la organización completa del
sistema americano de gobierno. Simplificar toda la administración pública, empezando
por la justicia y acabando por la tributación. Reformar la instrucción y transformar la
educación pública. Modificar las costumbres sociales y políticas; llenar de instituciones
jurídicas y culturales al país.55
Por otro lado, entre los sectores estadistas más recalcitrantes –los que favorecían la asimilación completa– el término se extendió a lo cultural, y fueron los republicanos, cuando dominaban la asamblea legislativa en 1902, los que aprobaron
la ley de idiomas oficiales que ordenaba el uso indistinto del inglés y el español en
el gobierno de Puerto Rico y consintieron que el vehículo de enseñanza en el país
fuera el inglés, con el argumento de que «Calderón y Shakespeare pueden coexistir, sin estorbarse mutuamente, en el cerebro puertorriqueño».56 Para los republicanos, en general, la americanización equivalía a «la transformación total de la sociedad puertorriqueña» mediante «la absorción de las formas económicas,
sociales, políticas y culturales de los Estados Unidos». La americanización plena
era crucial para su programa político ante la negativa del Congreso de admitir en
su federación culturas y razas diferentes a la anglosajona.57 Pero, si bien no puede
negarse que existieron dichos sectores de opinión dispuestos a hacer concesiones
para acortar las distancias camino de la estadidad, es preciso reconocer que la asi-
Citado por María Dolores Luque de Sánchez, La ocupación norteamericana..., Opus cit., p 79.
Citado por Rafael Bernabe, Respuestas al colonialismo..., Opus cit., p.34.
55 Citado por María Dolores Luque de Sánchez, «El 98 en el imaginario de los profesionales puertorriqueños», Consuelo Naranjo Orovio y Carlos Serrano (eds.), Imágenes e imaginarios nacionales en
el Ultramar español, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas -Casa de Velázquez,
1999, p. 349.
56 José Celso Barbosa, Orientando al pueblo 1900-1921, Documentos para la historia, Seleccionados y recopilados por Pilar Barbosa de Rosario, San Juan de Puerto Rico, 1939, p. 33.
57 Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista..., Opus cit., p. 51.
53
54
36
LOS LAZOS DE LA CULTURA
milación cultural no fue la connotación generalizada del término americanización,
ni siquiera entre la mayoría de los estadistas, que solía favorecer la incorporación
con respeto a la cultura puertorriqueña.58 En 1923, José Tous Soto, presidente del
Partido Republicano que concertó la Alianza, explicó lo que entendía por tal:
Adaptar nuestro medio político y social a las instituciones fundamentales de la democracia americana: respeto a la ley, a los derechos de los demás, la libertad de opinión en
todo, la práctica de la justicia popular, la conciencia de parte de los funcionarios de que
son servidores del pueblo.
[...] la americanización no nos llevaría a la pérdida de nuestro idioma; nos daría progreso material y un sentido de la vida diferente del que tenemos.59
Su idea de la americanización «jíbara» cae dentro del concepto de la ‘patria regional’, presentado por Federico Degetau en la primera asamblea del Partido Republicano en 1899 y defendida por José Celso Barbosa en distintos escritos. Descansaba en la creencia de que la federación norteamericana permitía la
independencia o la completa autonomía en los asuntos locales. De ahí que no anticiparan conflictos entre el sentimiento regional y el nacional. Por el contrario, «la
patria regional garantizaría la preservación de la personalidad puertorriqueña dentro de la estructura estadounidense».60
En cambio, los norteamericanos dieron un significado muy distinto al concepto
de marras. Partían de la presunción de que la cultura angloamericana era diferente
y superior a la hispana, máxime cuando ésta era en Puerto Rico un «híbrido», resultante del mestizaje con etnias aborígenes y africanas. Por consiguiente veían
«natural» y deseable la absorción cultural y muchas veces subordinaron a ella, como ya vimos, el otorgamiento de derechos políticos.61 Convencidos de que había
que «civilizar» y rescatar a los puertorriqueños de su estado «primitivo», Estados
Unidos acometió la tarea de convertirlos en «buenos» puertorriqueños americanos.
Para lograrlo lo intentó todo. Mediante el control del sistema educativo impuso el
inglés como lengua oficial de enseñanza (lo que prevaleció hasta 1949) y, para mayor escarnio, cambió el nombre oficial de la Isla por el de Porto Rico hasta que la
asamblea legislativa insular, en 1930, pidió al Congreso la restitución de su nombre verdadero, obteniéndola tres años más tarde, en 1933.62 Estimuló la presencia
de misioneros que promulgaban creencias religiosas no-católicas y otros valores
culturales de la sociedad norteamericana. Empezaron a celebrarse festividades
vinculadas a las tradiciones norteñas, como la fecha de la independencia norte-
Rafael Bernabe, Respuestas al colonialismo..., Opus cit., pp. 57-58.
Reece B Bothwell, Puerto Rico: cien años..., Opus cit., II, doc.111, p. 351-352.
60 Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista..., Opus cit., p. 57.
61 Sobre este tema cf. Lanny Thompson, Nuestra isla y su gente. La construcción del «otro»puertorriqueño en Our Islands and their People, Río Piedras, Centro de Investigaciones Sociales y Departamento de Historia, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras,1995.
62 Cf. Carmelo Delgado Cintrón, «La lucha por el idioma», El español: el dilema del idioma y la
nación, Santurce, Centro de Investigaciones Académicas, Universidad del Sagrado Corazón, 1993, pp.
25-39; Gervasio Luis García «El otro es uno: Puerto Rico en la mirada norteamericana de 1898», Revista de Indias, vol. LVII, núm. 11, Madrid, septiembre-diciembre, 1997, pp. 737-740 y n. 29.
58
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POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
37
americana, el 4 de julio, y a transmutarse los valores simbólicos de festejos tradicionales, como los del 25 de julio,63 mientras los niños puertorriqueños conocían
hechos y próceres de la historia norteamericana antes que los propios.
Los símbolos nacionales, himno y bandera, estaban proscritos o eran mal vistos y el texto de historia de Puerto Rico que se usó en las escuelas a partir de 1922
fue escrito por Paul G. Miller, un norteamericano que llegó con las tropas de ocupación y con el tiempo llegó a ocupar el cargo de Comisionado de Educación
(1915-1921).64 Dicho texto sustituyó nada menos que a la Historia de Puerto Rico
de Salvador Brau, usada desde 1904.65 Junto a las imposiciones más evidentes el
proceso también se colaba en las prácticas de la cotidianidad según se iban incorporando leyes y premisas que ajustaban el ritmo de vida a los cánones metropolitanos. De manera que para los norteamericanos el concepto «americanización» tenía
un significado mucho más amplio que para los puertorriqueños, pero nunca tan
amplio como para llegar a establecer la identidad de derechos entre puertorriqueños y norteamericanos.
Un contrasentido grande en el escenario descrito era que el propio Congreso
norteamericano estableció en un principio la ciudadanía puertorriqueña (19001917), reconociendo y aceptando con ella, hasta cierto punto, la identidad particular de los isleños. Si el Congreso no estaba dispuesto a admitir a Puerto Rico como
estado federado, ¿cuál era el propósito de asimilarlo culturalmente? Aparte de las
pretensiones mesiánicas, civilizadoras, del imperio, era importante mantener la fidelidad de la colonia para propósitos geopolíticos y militares, e incluso para fines
del capitalismo expansivo,66 todo lo cual se facilitaría si los naturales asimilaban
los rasgos y valores culturales de la metrópoli. Esta hipótesis adquiere mayor peso
si recordamos que en 1917, por decisión del Congreso norteamericano, los puertorriqueños perdieron su propia ciudadanía y recibieron la norteamericana sin que se
hubieran alterado al unísono las actitudes del Congreso respecto a la estadidad.
AMERICANOS PUERTORRIQUEÑOS
Seamos, pues americanos, ya que así lo decretan las autoridades del
Norte: pero seamos americanos portorriqueños, como son los de
Kentucky americanos kentuckienses; como son los de California y
Hawaii, americanos californianos y hawaianos, respectivamente.
63 María M. Flores, «Invención y reinvención de tradiciones: el 4 y el 25 de julio ante el 1898»,
Mario Cancel (ed.), Ponce, 1898: Panoramas, Ponce, Fundación Puertorriqueña de las Humanidades,
2000, pp. 17-43.
64 Rumores orales no confirmados adjudican la autoría fantasma de este libro a Beatriz Lassalle.
Ésta fue una distinguida educadora, líder cívica y trabajadora social, autora de Cuentos mitológicos
(1926), libro dedicado a la niñez.
65 Loida Figueroa, Historiografía de Puerto Rico, Madrid, s.e., 1975, pp. 39-40.
66 A principios de la década de 1920 Puerto Rico era el noveno comprador de productos alimenticios de Estados Unidos, escalafón que seguiría subiendo. Quintero Rivera, «La base social...», Opus
cit., p. 43. En el año 2001 Puerto Rico ocupa el 7mo. lugar entre los socios comerciales de Estados Unidos en los renglones combinados de exportación e importación. Agradezco este último dato al Dr. Juan
Lara.
38
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Que no se olviden nuestros campesinos cómo se pulsan las cuerdas
de un tiple, ni cómo se rasca un güícharo, ni lo que es una fiesta de
reyes, ni lo que es un aguinaldo; que no olviden nuestras mujeres
cómo se baila la danza; que no olviden nuestros poetas cómo se
canta al Terruño. Conservemos nuestra personalidad netamente borinqueña. Seamos ante todo, criollos. Seamos jíbaros.
(Luis Muñoz Marín, 1917)67
¿Qué significó la ciudadanía norteamericana para los puertorriqueños? A corto
plazo, nada, salvo facilitar su participación en las fuerzas armadas norteamericanas, pues a tres meses plazo de habérseles impuesto, el presidente Wilson ordenó
el registro y reclutamiento de los varones entre 21 y 31 años, hubieran o no aceptado la ciudadanía.68 Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Ese mismo
año se aprobó también la creación de la Guardia Nacional.69 En cambio, ostentar
la ciudadanía no se tradujo en derechos garantizados a los conciudadanos del Norte, no produjo cambios en las condiciones socio-económicas existentes, ni suscitó
problemas de identidad que no se hubieran planteado antes. Sin embargo, fue importante en lo que respecta al discurso que fueron desarrollando los autonomistas
para definir y defender una nación cultural independiente de la soberanía política.
Es decir, ostentar la ciudadanía norteamericana sin que se hubiera consumado la
asimilación cultural, potenció el credo autonomista, sobre todo frente a sus rivales
políticos. Asegurado el vínculo «permanente» mediante la ciudadanía común, los
autonomistas se sintieron más cómodos, más seguros, para construir la patria cultural al margen de la soberanía política. En cierto modo, la situación adelantaba la
meta que Luis Muñoz Rivera se había trazado para Puerto Rico desde 1900: el disfrute del ‘pleno derecho..., la plena constitución..., la plena nacionalidad americana y la plena personalidad puertorriqueña’.70
Norteamericanos y puertorriqueños coincidían en un punto: el escollo mayor, o
al menos uno de gran peso, para la incorporación de Puerto Rico como territorio
de la Unión estaba en las idiosincrasias respectivas. Por ello, el discurso en torno a
67 Citado por Luis Agrait Betancourt, «La idea independentista de Luis Muñoz Marín (19131931)», Picó, Fernando (ed.), Luis Muñoz Marín: ensayos del centenario, [Trujillo Alto], Fundación
Luis Muñoz Marín, 1999, pp. 1-13. Es curiosa la cercanía con lo expresado por José Celso Barbosa, líder máximo del Partido Republicano, en 1907: «La americanización no es incompatible con el patriotismo puertorriqueño... Una de las muchas cosas buena que contiene la plataforma republicana, es... la
de no hacer incompatibles el patriotismo de un puertorriqueño con el patriotismo de un americano del
continente... ni el Neoyorquino, ni el Marilandés, ni el Texano, tienen que sacrificar un ápice de su patriotismo local por el hecho de formar parte de la nación americana, y de sentir y pensar a la americana
en lo que es común a la nación, sin perjuicio de pensar y de sentir como neoyorquinos, marilandeses y
texanos en lo que a New York, Maryland y Texas interesa». Barbosa, Orientando al pueblo..., Opus cit.,
pp. 35 y 37. Parcialmente citado por Meléndez, Movimiento anexionista...., Opus cit., p. 57.
68 Cf. El Army Appropiation Act, de 2 de marzo de 1903, decretó que los puertorriqueños eran elegibles para ser reclutados por el ejército estadounidense. La ciudadanía norteamericana no era un requisito para el reclutamiento. Lo que es irrefutable es que la extensión de la ciudadanía obedeció a la
voluntad de Estados Unidos de retener a Puerto Rico como una posesión permanente. Efrén Rivera Ramos, The Legal Construction…, Opus cit., pp. 147-148.
69 Federico Ribes Tovar, Historia cronológica..., Opus cit., pp. 439-440 y 444.
70 Citado por María M. Flores, «Invención y reinvención...», Opus cit., p. 18.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
39
la «identidad» o la «personalidad» colectiva puertorriqueña nutrió muchos debates
de los partidos locales entre sí y de los partidos frente al Congreso, pero adquirió
proporciones mayores cuando los autonomistas buscaron distanciarse de los estadistas, sus adversarios más poderosos, a través de las propuestas culturales. Por su
parte, los independentistas también repelían cualquier intento de asimilación y sus
argumentos se reforzaban con las manifestaciones literarias de los poetas, ensayistas e intelectuales que, desde movimientos como el modernismo, el criollismo, el
vanguardismo y el atalayismo, levantaban, con sus alabanzas y denuncias, una barrera frente a la asimilación.71 Para diferenciarse del independentismo, a fin de evitar problemas con Washington que pudieran afectar las siempre vivas negociaciones para adelantar el gobierno propio, los autonomistas empezaron a restar
importancia al nacionalismo político que por esos años predicaba la independencia
inmediata y sin titubeos. Luis Muñoz Marín lo sugirió, por lo menos, desde 1926:
más falta que el nacionalismo político, nos hace falta el nacionalismo cultural: una literatura que arranque de nuestras raíces; una mayor confianza en la validez de nuestra
personalidad psicológica; menos imitación servil de los Estados Unidos.72
La propuesta de Muñoz Marín, en momentos triunfantes de la Alianza y del
despuntar del Partido Nacionalista, no debe pasar desapercibida. Planteada cuando
Muñoz apenas se iniciaba en los avatares políticos del país y se cantaba independentista, se convirtió luego en una de las estrategias más exitosas para consolidar
la doctrina autonomista bajo su égida. Muchos años después, al redactar sus memorias, expresó lo que sentía como americano puertorriqueño con un juego de palabras que revivía sus años de poeta:
[...] No me sentí distinto al día siguiente de aprobada el Acta Jones con ciudadanía y todo. [...] No me siento distinto hoy, más de medio siglo después. Si me preguntan de qué
país soy, respondo que de Puerto Rico; si me preguntan qué ciudadanía tengo, digo que
la de Puerto Rico y la de los Estados Unidos. Si se inquiere si estoy dispuesto a cumplir
con los deberes de la ciudadanía de Puerto Rico y la de los Estados Unidos, contestaré
en la afirmativa en ambos casos –con los de la de Puerto Rico porque de aquí soy y eso
soy; con los de la de los Estados Unidos porque la he aceptado de buena fe. [...] El detector de mentiras me corroboraría en mi afirmación de buena fe hacia la ciudadanía de
los Estados Unidos. No así si dijera ‘soy un americano’. Esto mismo creo le ocurriría a
una gran mayoría de los puertorriqueños. [...]
[...] Muchos años después percibiría que para el puertorriqueño existe una gran diferencia entre sentirse ciudadanos de los Estados Unidos y sentirse americano. [...]73
71 Sobre este tema puede consultarse el libro de Roberto Fernández Valledor, Identidad nacional y
sociedad en la ensayística cubana y puertorriqueña. 1920-1940 (Mañach, Marinello, Pedreira y Blanco), San Juan, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1993, pp. 146-158.
72 Citado por Luis Agraít, «La idea...», Opus cit., p. 6.
73 Luis Muñoz Marín, Memorias: autobiografía pública, 1940-1952, San Germán, Universidad Interamericana de Puerto Rico, 1982, pp. 18-19.
40
LOS LAZOS DE LA CULTURA
La contradicción que entraña ser ciudadano americano y no sentirse americano
la resuelve distanciando el hecho jurídico de la realidad cultural. Por eso, cuando
se refiere a la ciudadanía puertorriqueña alude, en sentido figurado, a la identidad
cultural, porque en términos jurídicos sólo tiene validez la ciudadanía norteamericana. Americano y puertorriqueño se convierten en dos partes de un todo, con lo
que se obvia la paradoja que entraña ser cosas distintas a la vez.
LA NACIÓN ES LA CULTURA
En una sociedad colonial, como la puertorriqueña, el canon literario
compensa a menudo la inexistencia del Estado independiente; la literatura tiene aún una función política.
(Juan G. Gelpí)74
Muñoz Marín no predicaba en el vacío cuando abogó por el nacionalismo cultural. La defensa de una cultura propia y la definición de una identidad nacional
fueron las armas más poderosas de la elite social y política puertorriqueña para
contrarrestar el fuerte intento de asimilación a que fue sometido el país desde 1898
y para fortalecer el proyecto autonomista. ¿Cuál era el contexto?
A pesar de los deseos de modernización a la americana, la mayoría de la intelectualidad puertorriqueña rehusó renunciar a los fundamentos culturales construidos bajo el viejo régimen español. La resistencia a las imposiciones norteamericanas, sobre todo la del idioma inglés, adoptó diferentes formas y se manifestó por
distintos medios. Un sector clave del movimiento hispanófilo fueron los españoles
que permanecieron en el país y los que llegaron después. No se trataba de una colonia muy numerosa, pero sí era importante por su poder económico, su influencia
política y liderato social. Mediante organizaciones propias, como la del Casino Español, empresas periodísticas (El Heraldo Español, el Boletín Mercantil, Puerto
Rico Ilustrado, El Imparcial) e instituciones cívicas (Sociedad Española de Auxilio Mutuo, Sociedad Cultural Española) mantuvieron vivo el recuerdo de España y
su labor civilizadora en América. Conmemoraban centenarios significativos como
el de la publicación del Quijote (1905), la civilización cristiana (conquista) de
Puerto Rico (1908), el de las Cortes y Constitución de Cádiz (1912) y el establecimiento de la diócesis de Puerto Rico (1913); festejaban días feriados, hacían romerías y celebraban otras actividades que promovían el sentido de pertenencia a una
comunidad hispánica. Constituyeron un importante apoyo para sectores dirigentes
puertorriqueños que se unían a ellos en las celebraciones y en el deseo de conservar esa herencia.75
De todos los medios que contribuyeron a la construcción de la nación cultural,
quizás los más significativos fueron la literatura y el arte. Desde principios del si74 Juan G. Gelpí, Literatura y paternalismo en Puerto Rico, San Juan, Editorial de la Universidad
de Puerto Rico, 1993, p.101.
75 Sobre este tema cf. Jaime Pérez Rivera, «Asociacionismo, prensa y cultura entre los inmigrantes
españoles de San Juan, 1871-1913», Tesis doctoral, Departamento de Historia, Universidad de Puerto
Rico, Recinto de Río Piedras, 2002 (inédita); Juan Giusti Cordero, «Hacia otro 98...,» Opus cit., pp. 75123.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
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Plaza Ponce de León, en San Juan,
(Colección Ciudad de San Juan. Puerto Rico. Centro de Investigaciones Históricas, UPR)
glo 20, intelectuales y políticos puertorriqueños manifestaron su apego a la lengua
española, convertida en el eje del debate cultural. José de Diego (1867-1918), poeta,
prosista, legislador y uno de los más ardientes defensores del hispanismo, enfrentó
las decisiones del Comité Ejecutivo en torno a la implantación del inglés como vehículo de enseñanza, proponiendo en 1915 el primer proyecto de ley para regular el
uso de ambas lenguas en Puerto Rico. Declaraba «el español como idioma oficial del
pueblo de Puerto Rico... [mientras que] el inglés sería el idioma oficial para las relaciones entre el gobierno de Puerto Rico y el de Estados Unidos y para todos los funcionarios del gobierno de Puerto Rico que fuesen norteamericanos con la excepción
de los de las cortes de justicia para quienes el español sería obligatorio en todos los
procesos judiciales.» Aunque el proyecto fue aprobado en la Cámara de Delegados,
el Consejo Ejecutivo pospuso el asunto indefinidamente.76 De Diego, además, escribió ensayos y poemarios contestatarios (Cantos de rebeldía y Cantos de pitirre)
en los que denunció el colonialismo y reafirmó su compromiso con el proyecto de la
unión antillana y la concordia latinoamericana.77 Acorde con este cometido fundó
la Academia Antillana de la Lengua en 1916.78
76 Delma S. Arrigoitia, José de Diego, el legislador: su visión de Puerto Rico en la historia (19031918), San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1991, pp. 296, 307-308.
77 Josefina Rivera de Álvarez, Diccionario de literatura puertorriqueña, 2 tomos, 2da. ed., San
Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974, II, vol.1, pp. 507-512.
78 Malena Rodríguez Castro, «Asedios centenarios: la hispanofilia en la cultura puertorriqueña»,
Enrique Vivoni Farage y Silvia Álvarez Curbelo (eds.), Hispanofilia: arquitectura y vida en Puerto Rico, 1900-1950, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998, pp. 277-230.
42
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Durante la década de 1910 y, sobre todo en la de 1920, el discurso cultural empezó a dibujar los contornos que la Generación del 30 fijó como el canon de la
identidad puertorriqueña. Versos y escritos de hombres de letras e intelectuales importantes, con sus cantos a la raza, la lengua y la heroicidad hispánica, marcaron la
ruta. Sobre todos destacó Luis Llorens Torres (1876-1944), aclamado en su época
como el ‘poeta nacional’. En su obra, Llorens rescató e inventó tradiciones y recreó una historia mítica, útil a su proyecto político (fue unionista) y al desarrollo
de una conciencia nacional e hispanoamericana. Su versión idealizada del pasado
colocó al campesino –el jíbaro– en el centro de la identidad puertorriqueña y de la
resistencia a las imposiciones culturales y políticas. Las imágenes de una vida
campesina paradisíaca, sin distinciones sociales, añorada por el poeta, fueron hilvanando un pasado quimérico, libre de conflictos, que nutrió los discursos políticos, sobre todo de independentistas y autonomistas. 79 Las imágenes de Llorens,
junto con las de otros escritores, se divulgaron originalmente en revistas, periódicos y libros y en la bohemia y las tertulias de los cafés, desde donde pasaron gradualmente a la academia y a otros foros importantes, como el Ateneo y la Universidad de Puerto Rico, a pesar de los debates internos que se suscitaron.80
El primer centro docente del país se fundó en 1903 bajo el signo del panamericanismo. Este movimiento, articulado durante el Primer Congreso Panamericanista, celebrado en Washington en 1889, fue reconocido por los sectores intelectuales
de los países latinoamericanos como un subterfugio norteamericano para disfrazar
sus intenciones imperialistas en la región. Giraba en torno a catorce puntos «cuya
finalidad era la fusión de razas en una nueva alianza». Sus costuras políticas eran
visibles, pero el liderato puertorriqueño se dividió ideológicamente para defenderlo o rechazarlo.81 Aunque algunos sectores lo repudiaron, otros, entre los cuales
hubo algunos Comisionados de Educación (por ejemplo, Martín G. Brumbaugh,
Samuel M. Lindsay y Edwin Dexter), siguieron la línea metropolitana y pensaron
que era la oportunidad para convertir el país en punto de enlace entre el mundo anglosajón y el hispanohablante. El momento para intentarlo llegó con el nombramiento de Thomas E. Benner a la rectoría de la Universidad (1924-1929).82
Benner, descrito por Jaime Benítez como un «campeón de la cultura española y
un defensor del español como vehículo de instrucción en las escuelas del país», se
propuso convertir la Universidad en un gran centro interamericano, lo que validó
79 Arcadio Díaz Quiñones, El almuerzo en la hierba (Llorens Torres, Palés Matos, René Marqués),
Río Piedras, Ediciones Huracán, 1982, pp. 19-70. Sobre el tema del jíbaro y la identidad puertorriqueña se ha escrito mucho. Entre los textos más recientes cf. Juan Otero Garabís, « ‘Nuestro lujo campesino’: el jíbaro en Llorens Torres», Revista de Estudios Hispánicos, año XXVII, núm. 2, Universidad de
Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 2000, pp. 25-37.
80 María Elena Rodríguez Castro, «Tradición y modernidad: el intelectual puertorriqueño ante la
década del treinta», Op.Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 3, Universidad de
Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1987-88, p. 47.
81 Malena Rodríguez Castro, «Asedios centenarios...», Opus cit., p. 307.
82 Thomas E. Benner, Five Years of Foundation Building. The University of Puerto Rico 19241929, Prefaced by Jaime Benítez, Río Piedras, University of Puerto Rico, 1965, p. 58; María Luisa Moreno, «El campus de la Universidad de Puerto Rico: apropiación y amalgama formal en su arquitectura
(1903-1940)», Enrique Vivoni Farage y Silvia Álvarez Curbelo (eds.), Hispanofilia..., Opus cit.,
pp.180-181, 187-189.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
43
la Ley Universitaria de 1925.83 En ese cometido contó con el respaldo decisivo de
la Universidad de Columbia, en Nueva York, una de las entidades que dio sostén
ideológico al panamericanismo, y del Centro de Estudios Históricos de Madrid,
soporte medular para la difusión de la cultura y la lengua hispánicas.84 Por sus aulas pasaron, entre 1925 y 1929, intelectuales distinguidos vinculados a estas dos
instituciones tales como Federico de Onís, Tomás Navarro Tomás, Samuel Gili
Gaya, Amado Alonso, Américo Castro, Fernando de los Ríos y Ángel Valbuena
Prat. Sobre ese fundamento se organizó en 1927 el Departamento de Estudios Hispánicos y se facilitó a jóvenes profesores, como Antonio S. Pedreira y Concha Meléndez, que continuaran estudios posgraduados en la Universidad de Columbia bajo la mentoría de Federico de Onís.85
Por su parte, España, desde el último tercio del siglo 19, había iniciado el reencuentro con los países de su antiguo imperio mediante el vínculo cultural. Con este propósito creó en 1885 la Unión Ibero-Americana e impulsó, entre otras iniciativas que tuvieron trascendencia, los grandes festejos con motivo del Cuarto
Centenario del Descubrimiento de América. La pertenencia a un conglomerado de
naciones unidas por la cultura compartida (con énfasis en la lengua y la raza) sería
el dispositivo para hacer frente a la amenaza política, económica y cultural estadounidense.86 Aunque pudieran diferir en sus propósitos últimos y variaran las justificaciones, el panamericanismo y el panhispanismo se aprovecharon mutuamente. En el caso de Puerto Rico esta situación puede ilustrarla el estilo revival
español dominante en la arquitectura pública y privada entre 1920 y 1935. A pesar
de considerársele «un mecanismo de norteamericanización cónsono con el... proyecto panamericano»,87 no es menos cierto que los diseños de reminiscencias hispánicas coincidieron con las imágenes del pasado español avivadas por la literatura. Hasta cierto punto, la arquitectura traducía en mampostería y barro la memoria
que los géneros literarios recreaban. Ambas, literatura y arquitectura, contribuyeron significativamente a definir una cierta identidad puertorriqueña que institucionalizó la Generación del 30.88 Si por un lado el estilo revival fue un instrumento al
servicio del panamericanismo y de la penetración de la cultura norteamericana,
también ayudó a pensar los modos de definir la identidad puertorriqueña en la medida en que recordaba elementos de la hispanidad.
83 Thomas E. Benner, Five Years…, Opus cit., Preface y pp.12-13. Sobre este tema cf. también a
Carlos Rodríguez Fraticelli, «Colonial Politics and Education: The Pan- Americanization of the University of Puerto Rico, 1923-29», Historia y Sociedad, año IV, Universidad de Puerto Rico, Recinto de
Río Piedras, 1991, pp. 138-164 y Jorge Rodríguez Beruff, «Antonio S. Pedreira, la Universidad y el
proyecto populista», Revista de Estudios Hispánicos, año XIII, 1986, pp.79-90.
84 Sobre este aspecto véanse los estudios incluidos en este libro de Consuelo Naranjo y Miguel
Ángel Puig-Samper.
85 Thomas E. Benner, Five Years…, Opus cit. pp. 28-29, 86-89, 93.
86 Luis Agrait, «Puerto Rico del 98 al 98: frontera de culturas/cultura de frontera» en Consuelo Naranjo Orovio y Carlos Serrano, (eds.), Imágenes e imaginarios nacionales en el Ultramar español, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Casa de Velázquez, 1999, p. 273.
87 Enrique Vivoni Farage, «La arquitectura de la identidad puertorriqueña», Enrique Vivoni Farage
y Silvia Álvarez Curbelo, Hispanofilia..., Opus cit., pp. 122-123, 127-128,130-135.
88 Juan G. Gelpí, Literatura..., Opus cit., pp.1, 8.
44
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Antes de que los intelectuales de la revista Índice (1929-1931) iniciaran su conocida búsqueda del qué y el cómo somos, se habían suscitado otros debates en
torno a la definición de la identidad puertorriqueña en relación con «el otro» norteamericano. Uno de los menos recordados es el que libró en la prensa Ángel Rivero
Méndez con el Comisionado de Educación, Juan B. Huyke en 1924; autonomista
no afiliado el primero y republicano aliancista el segundo. El debate resumió las líneas argumentativas de las ideologías estadista y autonomista. Encendió la chispa
el discurso pronunciado por Rivero en el Ateneo durante el cual hizo una llamada a
los puertorriqueños para mantener hacia Estados Unidos «la lealtad más acrisolada
y a ofrecerle el esfuerzo de vuestros brazos, los fulgores de vuestra inteligencia y
todas las potencias de vuestra alma ... menos el alma colectiva de nuestra Patria,
porque ella es nuestro honor...» Describe el alma colectiva en términos hispánicos:
la misma lengua, religión, costumbres y tradiciones.89
Huyke, defensor de la creencia anexionista de que dentro de la unión norteamericana, «que agrupa a tantos estados diferentes», sería posible conservar la
identidad particular «tal cual éramos, tal cual somos», insistió en que los puertorriqueños deberían entregar también el alma, sin que esto significara variar su esencia. Cifraba su ideal de estadidad en la igualdad, pero «sin que para ello tengamos
que sacrificar nada de lo que constituye nuestro espíritu». El meollo del debate giró en torno a si para ser buenos ciudadanos se debía entregar también el «alma» y
lo que constituía el alma colectiva; los razonamientos de ambos no eran muy novedosos y coincidían, en líneas ideológicas, con otros de la época.
No corresponde al propósito de este ensayo analizar cómo los sectores dominantes de la sociedad puertorriqueña de las décadas aquí estudiadas definieron la
identidad puertorriqueña, con sus aciertos, omisiones y contradicciones. Es obvio
que las propuestas oscilaron entre la defensa del hispanismo a ultranza, los acomodos para incorporar elementos de la cultura norteamericana y las impugnaciones a
las versiones de identidad que se iban perfilando. Sobre el tema se ha escrito bastante y amerita de por sí un análisis independiente. Tampoco entraré en el debate
de si existía o no una personalidad nacional cuajada en el momento de la invasión,
algo que algunos cuestionaron temprano en el siglo.90 Lo expuesto hasta aquí basta para recalcar que el discurso de la identidad cultural propia, con fuerte acento
hispanista, ayudó a contrarrestar el agresivo intento de americanización. Pero, sobre todo, sirvió propósitos políticos de los autonomistas que lo usaron frente a los
estadistas para demostrar que se podía tener la ciudadanía –y el apoyo– norteamericanos y, a la vez, preservar las culturas madres. También fue útil para combatir la
independencia al crear la ilusión de una patria cultural sin estado soberano. Nacionalismo cultural y proyecto autonomista se nutrieron uno del otro a pesar de las
contradicciones intrínsecas. A largo plazo, la metrópoli entendió los beneficios de
esta ecuación para mantener la indefinición política. Varios autores lo han señala-
89 Cf. El Imparcial, 12, 17, 20 y 25 de noviembre de 1924. A este debate parece haberle precedido
otro, más o menos similar, entre Huyke y Epifanio Fernández Vanga, cuyo origen, aparentemente, fueron las ideas expuestas por el primero en su libro Combatiendo. Colección de artículos políticos, San
Juan, Imp. La Primavera, 1922.
90 Cf. Roberto Fernández Valledor, Identidad nacional..., Opus cit., pp. 146-158.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
45
do antes, entre ellos Rafael Bernabe, quien lo expresa en los siguientes términos.
«Afirmar la puertorriqueñidad y contribuir a la reproducción del régimen colonial
no han sido prácticas irreconciliables: reconciliarlas, en el contexto de la relación
de no incorporación, ha sido precisamente la mayor contribución del autonomismo
a la reproducción de la relación colonial».91
Los procesos políticos y culturales que empezaron a definirse de manera algo
más precisa en la década de 1920, recibieron impulsos decisivos en los años treinta, cuando factores coyunturales, internos y externos, sentaron las bases para las
grandes transformaciones que se sucedieron rápidamente a partir de 1948, año en
el que el Congreso aprobó la ley del gobernador electivo para Puerto Rico.
TIEMPOS DE LUCHAS
La década de 1930 fue tremenda. El país, devastado por el paso de dos poderosos huracanes, San Felipe, en 1928, y San Ciprián, en 1932, sobrevivía en la miseria, recrudecida por los efectos de la Gran Depresión. Los reclamos de los trabajadores ante la desesperada situación (desempleo crónico, salarios miserables,
deplorables condiciones de trabajo, inflación de precios, distribución desigual de
la riqueza que se producía) desembocaron en paros masivos y violentos. Entre
1931 y 1937 hubo alrededor de 85 huelgas que afectaron las industrias del azúcar,
el tabaco y la aguja y los servicios de los muelles, ferrocarriles y choferes de carros públicos. De la penosa situación de la agricultura, sólo el azúcar continuó rindiendo dividendos favorables a las grandes corporaciones debido a la tarifa proteccionista que Estados Unidos impuso a los azúcares extranjeros (Ley Costigan
Jones, 1934). Aún así, la industria empezó a dar señales de estancamiento debido,
en buena medida, a la renuencia de las corporaciones ausentistas para reinvertir en
la Isla.92
En la arena política las cosas no marcharon mejor. Las elecciones de 1932, en
las que las mujeres alfabetizadas votaron por primera vez, llevaron al poder local a
la Coalición republicana-socialista, favorecedora de la anexión federada, frente a
los partidos propulsores de la independencia, el Liberal y el Nacionalista.93 La Coalición dominó la legislatura entre 1933 y 1940, pero los conflictos de clase y las
pugnas internas afloraron de inmediato, afectando su capacidad de acción y terminando por deshacerla.94
Pedro Albizu Campos, líder máximo del nacionalismo, decepcionado por la
aplastante derrota en las urnas (1932) y aguijoneado por la desesperante situación
económica del país y la falta de poderes políticos para implantar soluciones propias, radicalizó su discurso abogando abiertamente por la independencia inmediata, incluso por la vía revolucionaria si fuese necesario. Los temores de las autori91 Rafael Bernabe, Respuestas..., Opus cit., p.134. También Juan G. Gelpí, Literatura..., Opus cit.,
pp. 15, 50, 101.
92 Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista... , Opus cit., pp, 72-73.
93El Partido Nacionalista, en su primera y única participación electoral, apenas obtuvo unos 5,257
votos de un total de 450,000 depositados, menos del 2%. Ronald Fernández, La isla…, p.183; José Trías Monge, Las penas..., p. 117.
94 Edgardo Meléndez, Movimiento anexionista..., Opus cit., pp. 74, 79-80.
46
LOS LAZOS DE LA CULTURA
dades norteamericanas en Puerto Rico y Washington ante la agitación política y laboral, en un momento en que empezaban a soplar vientos de guerra en Europa, les
hizo apretar la mano. La represión engendró la violencia política que culminó con
la condena de Albizu Campos y otros seis nacionalistas (acusados en 1936 por
conspiración para derrocar el gobierno de Estados Unidos y enviados a Atlanta con
una pena de quince años)y la Masacre de Ponce (1937), incidente en el cual la policía abrió fuego contra miembros del Partido Nacionalista que, desarmados, se
aprestaban a iniciar un desfile. Esta vez, murieron 19 personas y más de 100 resultaron heridas, pero el saldo de muertes en diferentes hechos ocurridos entre 1935 y
1937 fue mayor.95
Ante la violencia que se había desatado en Puerto Rico, un encolerizado senador,
Millard Tydings,96 con la anuencia de principales autoridades norteamericanas,97 presentó un controvertible proyecto, de matiz punitivo, para conceder la independencia
mediatizada (Estados Unidos retendría la supervisión sobre las relaciones exteriores
de Puerto Rico, como había hecho antes para Cuba con la Enmienda Platt) y bajo
condiciones económicas onerosas. El proyecto provocó intensos debates en Puerto
Rico que llevaron a la división del Partido Liberal, pero nunca fue considerado seriamente por el Congreso norteamericano. Es evidente que ni la metrópoli ni la colonia
estaban preparadas en ese momento para una decisión definitiva, mucho menos en los
términos propuestos por Tydings. Es posible que su intención fuera la de amedrentar
y escarmentar a los puertorriqueños en un momento de crisis económica. Sin embargo, era difícil que su propuesta prosperara en momentos en que el valor militar de la
isla aumentaba con las posibilidades de una nueva guerra europea.
Los puertorriqueños, por su parte, quedaron atrapados entre la miseria y la dependencia de las ayudas federales. La búsqueda de solidaridad hemisférica plasmada en
la «Política del Buen Vecino» de la administración Franklin D. Roosevelt (19331945) y las relaciones de Luis Muñoz Marín con influyentes funcionarios en Washington, entre otros factores, abrieron la brecha reformista que se inició con la extensión a la isla de los programas del Nuevo Trato. Pero acaso, lo más significativo para
el futuro político y económico del país fue un proyecto concebido por un grupo de
puertorriqueños para la rehabilitación económica de Puerto Rico. Conocido como el
Plan Chardón –por el apellido de su gestor principal, el agrónomo y Canciller de la
Universidad de Puerto Rico entre 1931-1936, Carlos Chardón–, la propuesta fue una
impugnación al orden colonial prevaleciente. Replanteó los fundamentos agrarios de
la economía y la sociedad insular y trazó las líneas de la modernización industrial del
país, bases del proyecto socio-económico y político del populismo muñocista. Éste
triunfó a partir de 1938 y arrancó con fuerza en la década de 1940, en el contexto de la
Segunda Guerra Mundial y el período descolonizador de la posguerra.
95 José Trías Monge, Las penas..., pp. 118-119. Sobre el tema de la Masacre de Ponce, uno de los
trabajos más recientes es el de Manuel E. Moraza Ortiz, La Masacre de Ponce, San Juan, Publicaciones
Puertorriqueñas, 2001.
96 Era íntimo amigo de Elisha Riggs, coronel de la policía insular asesinado en 1935 por dos jóvenes nacionalistas.
97 Lo aprobaron el presidente Roosevelt, Ernest Gruening, Director de la División de Territorios y
Posesiones Insulares, y Harold Ickes, Director del Departamento de lo Interior; Ronald Fernández, La
isla..., Opus cit., pp. 200-201.
POLÍTICA Y NACIÓN CULTURAL: PUERTO RICO 1898-1938
47
En la esfera cultural, la actividad fue de igual trascendencia. Si en la arena política el nacionalismo, como solución al problema del estatus, no logró arraigar
con fuerza entre los puertorriqueños, en el ámbito cultural tuvo un destino muy diferente. La crisis generalizada intensificó las refutaciones al régimen y la necesidad de definir una identidad frente a los conciudadanos del Norte. En este proceso,
la literatura jugó el papel rector, no sólo con sus planteamientos anticoloniales, sino porque logró articular un proyecto aglutinador que anticipó y fundamentó el
populismo triunfante de las décadas de 1940 y 1950.98 El texto canónico fue Insularismo (1934), de Antonio S. Pedreira, «libro que anuncia o prefigura el populismo... [y que] además, les pudo ser útil a los políticos populistas ya que la infantilización que en él recurre recuerda la condición infantilizada de las masa o ‘pueblo’
bajo el populismo».99 Aun las respuestas antagónicas que suscitaron las propuestas
de Pedreira, entre ellas las de Tomás Blanco, con su Prontuario histórico de Puerto Rico (1935) y la poesía afroantillana de Luis Palés Matos, coincidieron en la opción política del populismo autonomista.
EPÍLOGO
Bajo bandera norteamericana, la doctrina autonomista comenzó a redefinirse y
afianzarse en la década de 1920. En los años bajo estudio fue la alternativa viable,
toda vez que Estados Unidos cerró las puertas a la estadidad y a la independencia.
Ante esa cruda realidad, el liderato político puertorriqueño reanudó las luchas por
medidas autonómicas que, inicialmente, se presumieron como etapas de un proceso preparatorio hasta que llegara el momento de la resolución final, en un futuro
previsto más o menos lejano. Mientras tanto, la dependencia económica, cada vez
más fuerte, fue reforzando esta fórmula de gobierno frente a la independencia y el
discurso de la identidad cultural hizo lo propio frente a los estadistas. El nacionalismo cultural creó la ilusión de una patria soberana y maquilló las contradicciones
que afloraban una y otra vez.
Un promotor de la autonomía «a la inglesa», Ángel Rivero Méndez, en un debate sobre el tema con un joven independentista, en 1924, la defendió con los argumentos siguientes:
Cuba no es libre, la enmienda Platt lo afirma; Santo Domingo no es libre, la reciente intervención lo recuerda; Japón no es libre, Inglaterra lo ata para que no se apodere de
China; España no es libre porque Londres no le deja fortificar a la sierra Carbonera que
98 Sobre este tema son fuente obligada los trabajos de Arcadio Díaz Quiñones, entre ellos, «Recordando el futuro imaginario: la escritura histórica en la década del treinta», Sin Nombre, vol. XIV, núm.
3, San Juan de Puerto Rico, abril-junio 1984, pp. 16-35; «Tomás Blanco: la reinvención de la tradición», Op.Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 4, Universidad de Puerto Rico,
Recinto de Río Piedras, 1988-89, pp. 147-183; «Tomás Blanco: racismo, historia, esclavitud», estudio
preliminar al libro de Tomás Blanco, El prejuicio racial en Puerto Rico, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1985, pp. 15-83; «El enemigo íntimo: cultura nacional y autoridad en Ramiro Guerra y Sánchez y
Antonio S. Pedreira», Op. Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 7, Universidad
de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1992, pp. 9-68; La memoria rota, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1993.
99 Juan G. Gelpí, Literatura..., Opus cit., p. 49.
48
LOS LAZOS DE LA CULTURA
anula a Gibraltar; Francia no es libre porque no pudo dejar al capitán Marchand en Fashoda ...¿quién es libre?
[...] No he dicho que autonomía sea fórmula de libertad absoluta. Sostengo que es fórmula amplia, perfectible de libertad; que no es estatus definitivo que cierre a los futuros
portorriqueños el camino a más amplios horizontes. He dicho que no es cadena, como
el Estado, sino lazo, que como todo lazo, puede aflojarse y quitarse... Autonomía es un
valor inconmensurable que no puede traducirse en un número; es algo que crece y que
puede, avanzando hacia su límite [...] del cual puede separarlo una distancia menor que
otra cualquiera por pequeña que ésta sea.100
No hay duda de que la dependencia económica es fundamental para explicar la
adhesión a la metrópoli. Y de que los intereses militares convierten a Puerto Rico,
en lo que probablemente sea para Estados Unidos un mal necesario. Pero, quizás
sea esa indefinición permanente, con una difusa promesa de independencia o estadidad siempre lejana, lo que explique el apego a la autonomía, tanto para la metrópoli como para la colonia.
100 Ángel Rivero Méndez, «En la línea de fuego. Autonomía como única solución. Contestando»,
El Imparcial, 28 de noviembre de 1924.
II
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO
DE LAS RELACIONES CULTURALES ENTRE ESPAÑA
Y PUERTO RICO, 1898-1929
Jaime Moisés Pérez Rivera
Departamento de Humanidades, Facultad de Estudios Generales
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
El estudio del papel de las asociaciones españolas es un aspecto crucial e importante para entender las relaciones culturales entre España y Puerto Rico en el
siglo XX. El fin de la presencia política española en la Isla conllevó una reorganización de la colonia española cuyas asociaciones mantuvieron la representación de
España en Puerto Rico.
El presente trabajo pretende examinar este importante tema enfatizando en varios aspectos tales como: ¿Cuál fue el papel que desempeñaron estas asociaciones
en el fomento de las relaciones? ¿Cuáles fueron los antecedentes? ¿Qué impacto
tuvieron en la sociedad puertorriqueña de la época? ¿Qué visión cultural y/o política desarrollaron? El trabajo se ha organizado de la siguiente manera: en primer lugar, se presentan los antecedentes en el contexto del último tercio del siglo XIX
para entender que el origen y primera etapa de estas asociaciones estaba estrechamente relacionado con la justificación política y cultural de la situación colonial
de Puerto Rico con España; en segundo lugar, el proceso por el cual estas asociaciones se reorganizaron en los primeros años de la ocupación estadounidense
para representar un proceso de continuidad y ruptura de las relaciones entre la antigua metrópoli y la Isla; en tercer lugar, el impacto que tuvo el surgimiento de
nuevas asociaciones como el proyecto de la Casa de España en Puerto Rico y la
Institución Cultural Española de Puerto Rico en el fomento de las relaciones culturales entre España y Puerto Rico.1
1 Este trabajo es un breve resumen de algunos aspectos, especialmente relacionados con el tema de
las relaciones culturales entre España y Puerto Rico, discutidos en mi tesis doctoral. Ver Jaime Moisés
Pérez Rivera, Asociacionismo, prensa y cultura entre los inmigrantes españoles de San Juan, 18711913, Tesis doctoral, Departamento de Historia, Facultad de Historia, Universidad de Puerto Rico, Río
Piedras, 2002 (inédita).
52
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ANTECEDENTES, 1871-1898
El asociacionismo en Puerto Rico fue un fenómeno que se masificó principalmente en el último tercio del siglo XIX como parte de los procesos sociopolíticos
y culturales de la Restauración.2 Este asociacionismo de finales del siglo XIX representó una nueva manera de fomentar el nacionalismo, la religión, la modernidad y el progreso. Al promover nuevas actitudes hacia los asuntos políticos y culturales, estos grupos voluntarios alcanzaron un papel primordial en la sociedad
puertorriqueña. Además, estas asociaciones fomentaron de diferentes formas las
relaciones culturales entre España y Puerto Rico. Ejemplo de esto es el Casino Español de San Juan (1871)3, el Centro Hispano-Ultramarino de San Juan (1871)4, la
Asociación de Católicos (1873)5, el Ateneo Puertorriqueño (1876)6, la Sociedad
2 Antes de la Restauración existieron diferentes tipos de asociaciones como fueron las cofradías,
los gremios y las logias masónicas. Se puede decir que estas últimas junto a la Real Sociedad Económica Amigos del País (1814) y la Academia de Buenas Letras (1850) representaron nuevos espacios públicos de discusión que fomentaron cambios políticos, culturales y sociales.
3 Los casinos fueron una de las principales formas asociativas desarrolladas en el siglo XIX tanto
en España, Cuba y en Puerto Rico. Fueron asociaciones de recreo pero con funciones políticas, culturales y sociales. En el caso de Puerto Rico, tres principales tipos de casinos surgieron: puertorriqueños,
de artesanos y españoles. Los primeros fueron fundados por los sectores medios y altos en varios pueblos de la Isla como por ejemplo en San Juan, Ponce, Manatí, Santurce, Hato Grande, Cabo Rojo y
Arecibo. Los segundos, tienen como socios principales a sectores medios y bajos, como fue el Casino
de Artesanos fundado en San Juan en 1874. El tercer tipo de casinos fue desarrollado principalmente
por inmigrantes españoles aunque con la cooperación de algunos puertorriqueños. Éstos comenzaron a
formarse tras ocurrir los acontecimientos relacionados con la Revolución Gloriosa en España como
medios culturales de los sectores políticos más conservadores. Aunque no fueron numerosos constituyeron el principal baluarte cultural de los inmigrantes españoles y además, tuvieron un gran peso en la
vida cultural de los pueblos donde se fundaron. Algunos ejemplos de éstos fueron los siguientes: Casino Español de San Juan (1871), Casino Español de Arecibo (1875), Casino Español de Mayagüez
(1880?) y Casino Español de Cayey (1887).
4 Los centros hispano-ultramarinos estaban estrechamente relacionados con los conflictos políticos
ocurridos en el proceso de formación del régimen de la Restauración. En España, en donde se originaron, para ser miembros de éstos tenían que haber residido en Las Antillas. En Puerto Rico existieron
centros en Agüadilla, Arecibo, Guayama, Humacao, Mayagüez, Ponce y San Juan. Estos organismos
fueron utilizados por sectores liberales-conservadores relacionados con los intereses políticos y económicos en Las Antillas Españolas. Sobre estas asociaciones en el contexto cubano ver Tomás de Jústiz y
del Valle, Los centros hispano-ultramarinos, La Habana, Imprenta «El siglo XX», 1943.
5 Probablemente esta asociación surgió como una reacción conservadora al desarrollo de corrientes
liberales identificadas con el anticlericalismo, la masonería y el espiritismo que se estaba desarrollando
tanto en España como en Puerto Rico. Sobre el asociacionismo católico en Puerto Rico ver Jaime Moisés Pérez Rivera, «La Asociación de Católicos de Ponce (1899-1915): Una reacción al proceso de americanización», Historia y Sociedad, año X, Río Piedras, 1998, pp. 49-70.
6 El Ateneo Puertorriqueño, fundado en 1876, fue uno de los centros culturales más importantes
desarrollados en la Isla en el siglo XIX. El Ateneo fomentó actividades como los juegos florales. Estas
actividades ayudaron al fortalecimiento de las tradiciones literarias en la Isla como también al desarrollo de un nacionalismo cultural en el sentido de fomentar la producción local de las letras. Además de
estas actividades, el Ateneo colaboró en conmemoraciones como la del Centenario de Calderón de la
Barca (1881), el homenaje póstumo a Rafael Cordero (1891), el Cuarto Centenario del Descubrimiento
de América (1892), en la organización de la Junta Central de la Exposición de Chicago (1892), la Conmemoración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de Puerto Rico (1893) y la Conmemoración del
Centenario del Ataque Inglés de 1797 (1897). Estas actividades sirvieron tanto para fomentar un sentimiento regional puertorriqueño como también una identidad hispánica.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
53
Española de Auxilio Mutuo y Beneficiencia (1882)7, el Centro Asturiano (1887) y
el Centro Gallego (1890).8 En cierta manera estas asociaciones eran la contrapartida de las asociaciones ilegales independentistas que luchaban en contra de España.
En este período, fueron las asociaciones españolas las que fomentaron más directamente la integración de las relaciones entre España y Puerto Rico. La gran
mayoría de estas organizaciones utilizó el adjetivo español como una manera directa para identificarse con la nacionalidad española.9 Un buen ejemplo de esto sería la fundación del Casino Español de San Juan y de varios centros españoles.
Además, estas asociaciones españolas utilizaron actividades como conciertos, bailes, recepciones, banquetes y conferencias para identificarse con el proyecto nacional español de la Restauración. Por último, integraron a los inmigrantes españoles a la lucha política para la justificación del sistema colonial imperante en la
Isla. Muchos de los inmigrantes españoles, en el caso de San Juan, eran a la misma
vez comerciantes o dependientes de comercio, socios del Casino Español de San
Juan, miembros del Cuerpo de Voluntarios e identificados con el Partido Incondicional Español.
El asociacionismo también estuvo estrechamente relacionado con la prensa en
el proceso de formación de las relaciones políticas y culturales entre España y
Puerto Rico. Un sector de la prensa utilizó sus páginas para divulgar un sentimiento de identidad nacional española que justificara la integridad nacional, pero a la
misma vez fomentara el culto a la modernidad y al progreso. Como señala Alvarez
Junco para el caso de España, la prensa fue utilizada por los intelectuales para fomentar en las masas «un sentido político nacional».10 En el caso de Puerto Rico, el
papel de la prensa como medio para la discusión y divulgación de nuevas ideas entre los sectores medios y altos de la sociedad fue determinante.
Por ejemplo, el periódico El Boletín Mercantil fue la principal voz de los liberales-conservadores en el último tercio del siglo XIX tras la compra del periódico
por el comerciante vasco Pablo Ubarri en 1871 y la dirección del periodista asturiano José Pérez Moris. Desde este momento, era el órgano oficial de los liberales-
7 Una de las sociedades españolas que más impacto tuvo en la colonia española fue la Sociedad
Española de Auxilio Mutuo y Beneficencia (1882). Esta sociedad colaboró estrechamente con el Casino Español de San Juan tanto en el siglo XIX como en el siglo XX. Sobre el particular ver José María
García Rodríguez, Sociedad Española de Auxilio Mutuo. Los años fundacionales, San Juan, Ramallo
Bros. Printing, 1983.
8 Hacia finales del siglo XIX, influenciados por los nuevos debates regionalistas en España como
en América, se fundaron estos centros regionales. Aunque su desarrollo fue limitado si se compara con
el caso cubano, en el cual el surgimiento de asociaciones españolas regionalistas alcanzó un desarrollo
impresionante, tuvo su impacto en la sociedad sanjuanera y en la colonia española en general.
El liderazgo de estos centros participó activamente en los debates políticos y culturales de la época
a través del fomento de conmemoraciones regionales como fueron las fiestas a la Virgen de la Covadonga y a Santiago Apóstol. Además, este imaginario tuvo una gran importancia para justificar el sistema político de la Restauración y el régimen colonial.
9 Ser español en la sociedad decimonónica era una categoría política y cultural. Para un sector de
la sociedad de la Isla, especialmente los más conservadores, ser puertorriqueño no estaba en oposición
al ser español. Para el liderazgo intelectual de la época ser puertorriqueño era como ser gallego, asturiano o castellano en la visión que tenían de España.
10 José Alvarez Junco, «Los intelectuales: anticlericalismo y republicanismo», Manuel Tuñón de
Lara (dir.), Los orígenes culturales de la II República, Madrid, Siglo XXI Editores, 1993, p. 109.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
conservadores de la Isla aunque sin perder la importancia cultural como medio de
expresiones literarias y culturales.11
Además de la experiencia de este importante periódico, apareció una prensa
identificada abiertamente con los proyectos nacionales de los políticos de la Restauración. Los nombres de estas publicaciones reflejaban el culto a la nacionalidad
española.12 La gran mayoría de estos periódicos fueron editados por inmigrantes
españoles o por sus hijos. Periodistas como Casiano Balbás, Vicente Balbás Capó,
Felipe Coll Cuchí, Emilio de Castaños, Arturo Guasp, Ignacio Guasp, Rafael López Landrón y Angel Rivero, entre otros, tuvieron un papel destacado. En cierta
manera esta prensa periódica fue el órgano de divulgación de la España centralista
soñada por Cánovas del Castillo.13
El asociacionismo, y en gran medida la prensa, fueron utilizados como espacios interdependientes para expresar posiciones políticas, económicas y culturales.
Un sector de los inmigrantes españoles supieron utilizarlas para aglutinar, influenciar y contrarrestar a otros sectores. Éstos fueron los medios ideológicos por excelencia de los intelectuales españoles de aquella época. Para el gobierno español sus
mejores aliados se encontraban principalmente entre los sectores medios y altos de
la colonia española. Si San Juan era la principal ciudad receptora de los inmigrantes españoles en la Isla y a la misma vez sede del gobierno y las milicias no debe
sorprender que fuera el principal baluarte español en Puerto Rico.
EL CASINO ESPAÑOL DE SAN JUAN, PRINCIPAL BALUARTE DEL FOMENTO DE LAS
RELACIONES CULTURALES Y POLÍTICAS ENTRE ESPAÑA Y PUERTO RICO A FINALES DEL
SIGLO XIX.
El Casino Español de San Juan se funda en 1871 como una iniciativa de un
grupo de españoles y puertorriqueños identificados principalmente con el sector
entonces autodenominado liberal-conservador de la política puertorriqueña.14 Esta
primera Junta Directiva estaba compuesta básicamente por miembros del Partido
11 El Boletín Mercantil se publicó hasta el año 1918 y por sus imprentas pasaron editores españoles
y puertorriqueños como Ignacio Díaz Caneja, Nemesio Pérez-Moris y José Pérez Losada.
12Algunos ejemplos de esta prensa periódica son los siguientes: La Voz de España (1862), El Pueblo Español (1870), La Representación Nacional (San Juan-1870), El Español (San Juan-1871), El
Centinela Español (Mayagüez-1871), La España Radical (San Juan-1872), Las Noticias de España
(San Juan-1878), Heraldo Español (Cabo Rojo-1879), La Nación (Mayagüez-1880), La Nación Española (San Juan-1882), El Pabellón Español (Mayagüez-1883), La América Española (San Juan-1885),
La Integridad Nacional (San Juan-1885), El Criterio Español (Mayagüez-1886), El Pabellón Español
(Ponce-1886), El Español (Ponce-1887), La Unidad Nacional (Mayagüez-1887), La Nación (San
Juan-1890) y La Bandera Española (San Juan-1891).
13 Juan Pablo Fusi, España. La evolución de la identidad nacional, Madrid, Ediciones Temas de
Hoy, 2000, p. 183.
14 Esta asociación fue parte de una movilización política y social ante los sucesos ocurridos tras el
Grito de Lares y la Guerra de los Diez Años en Cuba. En un artículo en el Boletín Mercantil sobre la
fundación de los Centros Hispano-Ultramarinos se señalaba que «...en la asociación hallaron nuestros
enemigos los medios de hacer la guerra á España y en la asociación deben los leales buscar los medios
de arrancar de raíz la venenosa planta de traicion abundantemente sembrada en las sociedades secretas
que funcionaban en Cuba y en Puerto Rico ántes de lo de Yara y de Lares y que funcionan ahora hasta
en la misma Península». El Boletín Mercantil, 31 de diciembre de 1871, p. 1.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
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Casino Español de San Juan, 1924
(Puerto Rico Ilustrado, San Juan, 25/10/24)
Liberal-Conservador, muchos de los cuales habían ocupado puestos directivos en
esta institución política como por ejemplo el Marqués de la Esperanza, quien fue a
la vez presidente del Partido Liberal Conservador y del Casino Español de San
Juan, institución que estaba regentada por importantes comerciantes y propietarios
de San Juan; aunque el presidente del Casino Español era puertorriqueño naturalmente la gran mayoría de los socios eran inmigrantes españoles.
En esta etapa el elemento político fue el factor aglutinante, dominante y característico de esta asociación.15 El origen del Casino Español de San Juan coincide
con la fundación y reorganización de una serie de instituciones políticas, culturales
y militares en Puerto Rico que estaban identificadas con el sistema sociopolítico
imperante de la época entre los años 1869 y 1872. Todo este panorama se explica
muy bien por la situación politizada y polarizada en que se encontraba la sociedad
puertorriqueña.16 Gracias a estas iniciativas, este sector estuvo mucho más activo
en la vida pública y política del Puerto Rico del último tercio del siglo XIX. Como
fue señalado, en el Programa del Partido Liberal-Conservador del 1871, éstos eran
15 En Cuba era la misma situación. Manuel Moreno Fraginals, Cuba/España España/Cuba, Barcelona, Editorial Crítica, 1995, p. 262.
16 Para esos años fueron fundadas o reorganizadas las siguientes instituciones en Puerto Rico: el
establecimiento de la Guardia Civil (1869), la reorganización del Cuerpo de Voluntarios (1869), la fundación del Partico Liberal Conservador (1871), la compra de El Boletín Mercantil por el sector conservador (1871) y la fundación de los Centros Hispano-Ultramarinos (1871 en adelante). El liderazgo liberal-conservador visualizaba la fundación del Casino Español de San Juan como una muralla ante la
influencia de la masonería y los sentimientos anti-españoles.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
liberales pero conservadores «...de nuestra gloriosa nacionalidad, de nuestras sabias leyes, de nuestro rico idioma y de nuestros usos y costumbres.»17
Por otro lado, a pesar de su origen vinculado a una postura política, sus funciones rebasaron su ámbito partidista para convertirse en un centro cultural de metas
más amplias. Con este paso, esta agrupación comenzó a transformarse de un mero
aparato ideológico-político del sector liberal-conservador en un casino de recreo
símbolo de progreso, nacionalidad y sociabilidad formal. La localización, la fachada exterior y los espacios internos estaban llenos de significados de poder, nacionalismo y prestigio que hizo que se convirtiera en un importante centro cultural
de la sociedad sanjuanera de la época. En cierta manera, el Casino Español de San
Juan fue convertido en un centro de creación de opinión pública, aunque favorecedora del régimen de la Restauración. Institucionalizaron una política cultural que
glorificaba la Restauración y el sistema colonial imperante en la Isla.
Esta política cultural aparece entre bailes en honor al gobernador, al Rey y al
ejército, recepciones en honor a invitados y utilización del local para reuniones políticas. Por ejemplo, los directores del Casino Español buscaron la manera de estrechar las relaciones con los gobernadores de la Isla. Uno de los gobernadores con
quien tuvo excelentes relaciones fue José Laureano Sanz.18 Además, la identificación no fue meramente con la representación del gobierno español en Puerto Rico
sino que fomentó una serie de actividades en donde exaltaban la figura del rey. Los
bailes organizados en su honor sirvieron como medios de difusión de sentimientos
nacionalistas y de apego al régimen de la Restauración. Uno de los días predilectos
que se utilizaron para esto fue el día del santo del Rey. Celebraban bailes para reafirmar la identificación con el Rey, símbolo y representación de la nacionalidad española. Entre música y bailes se manifestaran gritos de ¡Viva el Rey! y ¡Viva España! Los banquetes y los bailes en honor al monarca fueron bastante frecuentes e
importantes y sobrevivieron a los acontecimientos del 1898. Otras fechas destacadas para la reafirmación de la nacionalidad fueron el 25 de julio, día de Santiago
Apóstol, el 8 de septiembre, día de la Virgen de la Covadonga y el 8 de diciembre,
día de la Inmaculada Concepción. Conmemorar estos días con actividades privadas y públicas fue una oportunidad para reafirmar las ideas políticas y culturales
que integraban la nacionalidad española. Así por ejemplo, al conmemorar la Virgen de la Covadonga, y su relación con Don Pelayo, el héroe épico asturiano, se
vinculaba la Reconquista y con la nacionalidad hispana.
El liderazgo del Casino Español de San Juan estuvo muy involucrado en los
asuntos políticos y culturales que se estaban debatiendo tanto en Puerto Rico como
en España. Es por eso que hay que entender esta institución como un lugar en el
17 Lidio Cruz Monclova, Historia de Puerto Rico (Siglo XIX). Tomo II. Primera Parte (1868-1874),
Río Piedras, Editorial Universitaria, 1979, p. 145.
18 Además de sus dos períodos como gobernador, (1868-70) (1874-75), éste fue también representante a las Cortes por San Juan (1871-72). Tras la llegada nuevamente como gobernador de la Isla en
febrero de 1874 organizaron una baile de etiqueta en honor a Sanz. Más adelante ofrecieron otro baile
en honor del mismo gobernador que sirvió como pretexto para presentar un óleo de éste adquirido por
el Casino Español de San Juan que sería expuesto en la sede del Casino. De esta manera el directorio
del Casino Español de San Juan participó de una forma muy activa en el proceso de exaltación de esta
figura tan polémica de la historia de Puerto Rico.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
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que la historia y la memoria se utilizaron para dicho fin. En su estructura organizativa y en la disposición de los usos de la sede para actividades culturales se pueden
entender las funciones culturales y sociales de esta institución en relación con lo
señalado. El Casino Español se convirtió en un centro de la sociabilidad sanjuanera en donde a través de bailes, conciertos, recitales, conmemoraciones y homenajes manifestaron la identificación con la nacionalidad y la sociedad de la época. Se
puede decir que en esta institución surgieron o se desarrollaron muchas de las visiones hispanófilas que se fueron utilizando en los últimos años del siglo XIX y en
las primeras décadas del siglo XX en Puerto Rico.
EL IBEROAMERICANISMO EN EL PUERTO RICO DE FINALES DEL SIGLO XIX
Una de las manifestaciones patrióticas que estaba tomando impulso era el iberoamericanismo que fue formándose gradualmente en España en las últimas décadas
del siglo XIX.19 Lengua, religión y civilización se convirtieron en las tres principales
columnas en las que descansó esta nueva forma de establecer relaciones culturales
entre España con sus antiguas colonias americanas. Pero, esta justificación cultural
era una nueva política exterior con connotaciones económicas que gradualmente fue
aceptándose en las altas esferas de poder del mundo madrileño. Tres de los grandes
defensores de esta tendencia fueron los políticos españoles Emilio Castelar, Cánovas
del Castillo y Rafael María de Labra. Según Carlos Rama este pan-hispanismo fomentó la solidaridad de los países hispanoparlantes, la unidad racial, las relaciones
comerciales y el sentimiento anti-estadounidense.20 La puesta en práctica de esta
nueva política cultural fue fomentada, aunque con grandes limitaciones, por una
nueva asociación: la Unión Iberoamericana.21 Esta fue «...lanzada oficialmente en
1884 en la Universidad de Madrid, crea comités patrocinadores en diversas capitales
y ciudades latinoamericanas,...»22 Esta mentalidad hispanófila tuvo fuertes repercusiones en diferentes partes de la América hispana gracias al papel de algunos inmigrantes españoles. El liderazgo incondicional de Puerto Rico no era la excepción a la
regla, donde la colectividad española veía con buenos ojos estas manifestaciones; de
hecho, cuando algunos de estos defensores de España residentes en las repúblicas
hispanoamericanas visitaban la Isla, les ofrecían un homenaje.23 Recordemos la llegada de Ramón Elices Montes, fundador y director del periódico El Pabellón Español de la Ciudad de México, a mediados del mes de noviembre de 1884, para quien
la directiva del Casino organizó un banquete en su honor. En esta comida los íconos
patrióticos fueron la orden del día. En primer lugar, pusieron en un dosel los colores
19 Ver María Teresa Martínez Blanco, Identidad cultural de Hispanoamérica. Europeísmo y originalidad americana, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1988, pp. 75 - 78.
20 Carlos M. Rama, Historia de las relaciones culturales entre España y la América Latina. Siglo
XIX , México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp. 174-175.
21 La inaguración de la sede de la Unión Iberoamericana en 1885 fue aplaudida por los redactores
del Boletín Mercantil. El Boletín Mercantil, 26 de abril de 1885, p. 2.
22 Carlos M. Rama, Historia... , Opus cit., p. 180.
23 Los editores del El Boletín Mercantil fueron fieles defensores del iberoamericanismo publicando
editoriales a favor y noticias de la fundación de los diferentes capítulos de la Unión Iberoamericana en
la América Hispana.
58
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nacionales españoles, un retrato del Rey y otro del invitado. En cierta manera, los
tres elementos se integraron en una manifestación del nuevo nacionalismo. Además,
ofrecieron discursos patrióticos como el de Ignacio Díaz Caneja, representante del
periódico El Boletín Mercantil. 24
También el iberoamericanismo se manifestó mediante la organización de conmemoraciones en honor al Descubrimiento de América y de Puerto Rico. La figura de
Cristobal Colón y el descubrimiento de América y de Puerto Rico fueron elaborándose como símbolos de identidad en el mundo hispano de una forma gradual. En
1883 la Revista Dos Mundos de Madrid invitaba a los hispanoamericanos a celebrar
el 12 de octubre ya que «Es un día de verdadera fiesta; celebrémosle con júbilo, y
desde ahora en adelante hagamos los años sucesivos, en igual época, un paréntesis á
la vida ordinaria, para conmemorar tan grandioso suceso.»25 Años más tarde cuando
el gobierno español comenzó los preparativos de la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, recibió una buena acogida en la Isla tanto por
los inmigrantes españoles como por los puertorriqueños. Por ejemplo, en 1889 los
socios puertorriqueños y españoles del Casino Español de San Juan organizaron una
gran festividad conmemorando el descubrimiento de América en donde dominaron
símbolos nacionales-regionales-españoles, puertorriqueños, colombinos y modernos. Probablemente esta actividad fue una de las primeras ocasiones en que celebraron el descubrimiento de América en Puerto Rico, que junto a las celebraciones desarrolladas en España y en Las Antillas en 1892, fueron el origen de la
institucionalización de las conmemoraciones colombinas. Como diría Carlos Serrano «Las festividades del 1892 fueron, en cierto modo, la prefiguración de lo que acabaría institucionalizándose un cuarto de siglo más tarde.»26
En el contexto puertorriqueño el fomento de las relaciones culturales entre
Puerto Rico y España tuvo su etapa de formación en el último tercio del siglo XIX.
En este período, el papel de los inmigrantes españoles y sus asociaciones y periódicos fueron determinantes en la creación de una identificación con España. Es por
eso que los sucesos ocurridos en el 1898 no se pueden analizar como una mera
ruptura sino que se dieron unas continuidades que son determinantes para entender
los debates culturales de las primeras décadas del siglo XX.27
LA PRESENCIA CULTURAL DE LOS INMIGRANTES ESPAÑOLES BAJO EL DOMINIO
ESTADOUNIDENSE, 1898-1929
Los acontecimientos ocurridos en el 1898 representaron para la sociedad puertorriqueña procesos de continuidad y ruptura. Por un lado, la ruptura se expresó
principalmente por el cambio de metrópoli y el nuevo sistema de vida. Por otro laEl Boletín Mercantil, 19 de noviembre de 1884, p. 2.
El Boletín Mercantil, 12 de octubre de 1883, p. 2.
26 Carlos Serrano, El nacimiento de Carmen. Símbolos, mitos y nación , Madrid, Taurus, 1999, p.
318. Salvador Bernabéu Albert, 1892: El Cuarto Centenario del descubrimiento de América en España: coyuntura y celebraciones, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1987.
27 Para el caso de Cuba véase Consuelo Naranjo Orovio, «Cuba, 1898: Reflexiones en torno a la
continuidad y a los imaginarios nacionales», Cuadernos de Historia Contemporánea (Dossier: 1898:
España fin de siglo), núm. 20, 1998, pp. 221-234.
24
25
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
59
do, la continuidad se manifestó a través de la cultura y la sociedad. Partiendo de
esta perspectiva, las asociaciones voluntarias y semiestatales estaban revaluando
las relaciones entre España y sus antiguas colonias, entre ellas la Unión Iberoamericana, el Ateneo de Madrid y más tarde la Casa de América en Barcelona y la Institución Cultural Española en Puerto Rico. Según Juan Carlos Pereira y Angel Cervantes, la Unión Iberoamericana inició el fomento de las relaciones culturales
entre España y sus antiguas colonias desde sus orígenes en 1885.28 El iberoamericanismo, nacido a finales del siglo XIX, tomaba un nuevo impulso como una expresión moderna de afincar las relaciones políticas, económicas y culturales entre
España e Hispanoamérica. Este iberoamericanismo se transformó en lo que la generación de Rafael Altamira llamó americanismo.
Pero, la política exterior de España hacia Hispanoamérica no había estado sistemáticamente desarrollada antes del período entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Aunque España había reconocido gradualmente la independencia de las naciones hispanoamericanas, todavía no estaba clara la importancia
política, económica y cultural de la región. Rafael María de Labra fue uno de los
pocos líderes españoles que entendieron la importancia de estas relaciones, a favor
de las cuales desarrolló una gran actividad.29
Además, también en el lado americano escritores y organizaciones evaluaban
este sentir y lo expresaban en obras como Ariel, de José Enrique Rodó. Esta obra,
publicada en 1901, «...fue el inspirador de toda esa literatura que habrá de ocupar
un lugar privilegiado en el encuentro del alma hispanoamericana consigo
misma.»30 Este hispanoamericanismo fue la versión regeneracionista en el lado
americano.31 Todo este panorama hay que contextualizarlo en el ambiente político
de la época en el cual el imperialismo europeo estaba en una nueva fase expansionista y el estadounidense en condición de rebasar el territorio contiguo. El anglosajonismo era el paradigma inspirador para algunas de estas fuerzas políticas en
América del Norte e Inglaterra. No fue casualidad tampoco que en la sociedad estadounidense inventaran el panamericanismo para contrarrestar el iberoamericanismo y el latinoamericanismo.32
Los acontecimientos ocurridos en las primeras tres décadas del siglo XX fueron determinantes en la formación de una nueva nacionalidad puertorriqueña que
28 Juan Carlos Pereira Castañares, Angel Cervantes Conejo, Las relaciones diplomáticas entre España y América , Madrid, Editorial MAPFRE, 1992, pp. 183-184.
29 Por ejemplo ver Rafael M. de Labra, Orientación americana de España, Madrid, Tipografía de
Alfredo Alonso, 1909.
30 José Luis Abellán, «España e Hispanoamérica», Pedro Lain Entralgo (coord.), Historia de España. Ramón Menéndez Pidal. XXXIX. La edad de plata de la cultura española (1898-1936). Volumen I.
Identidad, pensamiento y vida, hispanidad, Madrid, Espasa Calpe, 1996, p. 729.
31 Antonio Niño Rodríguez, «Hispanoamericanismo, regeneración y defensa del prestigio nacional
(1898-1931)», Pedro Pérez Herrero y Nuria Tabanera (coordinadores), España / América Latina: un siglo de políticas culturales, Madrid, AIETI/SINTESIS - OEI, 1993, p. 15.
32 A mi entender existe una continuidad entre el Destino Manifesto y la política panamericanista
desarrollada por el gobierno estadounidense. Sobre el debate historiográfico sobre la política exterior
de EEUU ver Bárbara Southard, «¿Ruptura o continuidad?: debates historiográficos sobre la política
exterior de Estados Unidos en la Guerra de 1898», Op. Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, número 11, Río Piedras, 1999, pp. 11-31.
60
LOS LAZOS DE LA CULTURA
revaluó, tanto positivamente como negativamente, las relaciones culturales con España. En ese proceso el papel de los inmigrantes españoles y sus asociaciones fue
importante en la formación de un nuevo hispanismo, aunque acompañado con ambigüedades en el campo político. Para entender los acontecimientos ocurridos en
la década de 1930 es importante analizar esta época.
CONTINUIDAD DE LA PRESENCIA DE LOS INMIGRANTES ESPAÑOLES EN PUERTO RICO
1898 no representó el fin de los inmigrantes españoles en la Isla. Aunque algunos se fueron la gran mayoría decidió quedarse. Según Birgit Sonesson esta presencia fue significativa aunque poco a poco fue disminuyendo en los siguientes
años de la ocupación estadounidense. Para 1897 había alrededor de 19,686 españoles, cifra que ya en 1899 había disminuído a 7,690. Esta tendencia continuó en
las décadas siguientes, aunque no con la misma intensidad. Por ejemplo, en 1910
la estimaron en 6,630 y en el próximo censo en 4,975.33 Aunque la llegada de inmigrantes continuó, hay que señalar que el volumen fue muy bajo como consecuencia de las nuevas leyes inmigratorias implantadas por el gobierno estadounidense en Puerto Rico, y el cambio de la corriente migratoria hacia otros países
como Argentina, Brasil, Cuba y México que ofrecían mayores oportunidades. La
importancia de esta presencia fue más bien cualitativa que cuantitativa. La gran
mayoría de éstos vivían en San Juan y es por eso que se puede decir que la ciudad
capital seguía siendo el baluarte de la colonia española en la Isla.34
Uno de los aspectos más delicados de la transición del 1898 fue el asunto de la
ciudadanía. El Tratado de París del 1898 estipuló que los inmigrantes españoles
que decidieran residir en Puerto Rico podían conservar la nacionalidad española.35
Alrededor de 4,890 españoles decidieron conservar la nacionalidad.36 Solamente
un grupo reducido, unos 1,107, juraron fidelidad a la nueva metrópoli.37 Este comportamiento se debió probablemente a varios factores. Si por una parte, fueron momentos en los que el nacionalismo se acrecentó y la conservación de la ciudadanía
les permitía conservar ciertos derechos como la pensión, por otra, hubo un grupo
que, ilusionado por un futuro mejor, creyó que la mejor manera de integrarse en la
nueva coyuntura era renunciar a la nacionalidad española. En ello también pudo
33 Birgit Sonesson, «La emigración española a Puerto Rico. ¿Continuidad o irrupción bajo nueva
soberanía?», Nicolás Sanchez-Albornoz (compilador), Españoles hacia América. La emigración en
masa, 1880-1930, Madrid, Alianza Editorial, 1995 , p. 305.
34 La repatriación de españoles y de puertorriqueños fue una realidad que no se puede negar y que
definitivamente resultó en su disminución. La repatriación no fue solamente de soldados, sino que un
gran número de personas regresó a España o migró a otras tierras como Cuba, Argentina, Santo Domingo y hasta Africa. Además, en este grupo hay que incluir a varios puertorriqueños, que todavía
identificados como españoles, decidieron irse para España en el transcurso de los próximos años. Consuelo Naranjo Orovio, «La emigración española a Iberoamérica: análisis cuantitativo», Historia de la
emigración española a Iberoamérica, 2 vols., Madrid, Historia 16, 1992, vol.1, pp. 177-200.
35 Libro Rojo, Tratado de París. Documentos presentados a las Cortes en la legislatura de 1898
por el Ministro de Estado , Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1988, p. 311.
36 Birgit Sonesson, «La emigración española a Puerto Rico...», Opus cit., p. 297.
37AGPR, Justicia, «Aliens who have sworn allegiance to the government of the United States in
compliance will general order of Oct. 12 1899, Section VIII.»
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
61
pesar el hecho de que pensaran que con esta decisión se liberaban del servicio militar.38 Con el paso de los años la conservación de la nacionalidad española fue
perdiendo su importancia para varios españoles que decidieron obtener la ciudadanía de la nueva metrópoli.
PAPEL DEL CONSULADO GENERAL DE ESPAÑA EN PUERTO RICO
Otra forma en que España ejerció acto de presencia en Puerto Rico fue a través
de su Consulado General. El Consulado General de España en San Juan tuvo cierta importancia para España ya que no dependía totalmente de la Embajada en Washington sino que existía comunicación directa entre Madrid y San Juan. En términos administrativos, las principales funciones que ejerció el Consulado fueron las
siguientes: procesar asuntos administrativos relacionados con el antiguo gobierno
colonial en la Isla; circular comunicaciones, órdenes, permisos y decisiones del
Gobierno Español que competen a individuos residentes en Puerto Rico y procesar
solicitudes de información por parte del Ministerio de Estado.
El Consulado no solamente sirvió para proteger los intereses particulares de los
inmigrantes españoles, sino que estuvo muy activo en las luchas y conflictos que
fueron ocurriendo en la colonia española como también entre ésta y los puertorriqueños. En este último aspecto intentó vigilar y controlar las acciones particulares
de los españoles y algunos puertorriqueños ya que varios cónsules entendieron que
era más ventajoso lograr un ambiente pacífico para asegurar los intereses económicos de las elites españolas. Como ejemplo, insistieron en prohibir la entrada de
puertorriqueños a las Juntas Directivas de los casinos o centros españoles para impedir el desarrollo de lazos de solidaridad entre españoles y puertorriqueños, evitando así alianzas políticas comprometedoras para el Consulado.39
Como señala Luis Lugo Amador, las funciones políticas del Consulado de España en Puerto Rico y en Cuba fueron básicamente resolver los problemas de repatriación, los conflictos de la colonia española, la participación política de los españoles y las relaciones con el gobierno estadounidense.40 Sin embargo, en el caso
de Puerto Rico, la mala gestión del Consulado en resolver el problema de los repatriados motivó que el Casino Español de San Juan interviniera en el asunto.
LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS BAJO EL DOMINIO ESTADOUNIDENSE:
RUPTURAS Y CONTINUIDADES
Como señalé anteriormente, la formación de asociaciones españolas comenzó
en el último tercio del siglo XIX. El asociacionismo español no desapareció con el
38 Luis Alberto Lugo Amador, «El 98 de los españoles residentes en Las Antillas: la percepción de
los cónsules de España en La Habana y en San Juan de Puerto Rico», Historia y Sociedad , Año XI,
1999, pp. 95-96.
39 «Consulta acerca de la dificil situación creada por el deseo mas ó menos explícito de algunos
compatriotas de intervenir en la política del pais.» , 24 de enero de 1902, Archivo del Ministerio de
Asuntos Exteriores (Madrid), Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899 - 1929.
40 Luis Alberto Lugo Amador, «El 98 de los españoles...», Opus cit. , p. 92.
62
LOS LAZOS DE LA CULTURA
cambio de soberanía sino que entró en una nueva etapa de reorganización y desarrollo ante el panorama general en que se encontraba la Isla.41
En el período colonial estadounidense, el término «español» perdió parcialmente el
significado político que lo relacionaba con el régimen de la Restauración, para representar, principalmente, una identidad étnica que incluía a los inmigrantes españoles y,
en algunas ocasiones, a los puertorriqueños hijos o nietos de éstos.42 Es interesante
destacar que el asociacionismo regionalista, representado en el Centro Gallego y el
Centro Asturiano, desapareció aunque algunas manifestaciones culturales, especialmente religiosas, sobrevivieron pero sin el mismo ímpetu que en el pasado. Una de las
formas en que la identidad regional se mantuvo fue en los nombres de los negocios,
que, aunque, fue una forma simple, fue representativo de identidad regional o local.43
Los casinos y círculos españoles fueron el principal tipo de asociación que se
fomentó bajo el nuevo régimen político. La gran mayoría de éstos fueron fundados
o reorganizados en los primeros años de la ocupación. El Casino Español de San
Juan y el Centro Español de Mayagüez ya se habían reorganizado para el año
1899. Pero, a partir del 1900 comienza un auge de fundaciones y organizaciones
de varias de estas asociaciones. Por ejemplo, en el año 1900 ya existían alrededor
de siete casinos, círculos o colonias organizadas en los pueblos de Arecibo, Bayamón, Caguas, Guayama, Lares, Río Piedras y San Juan. En los próximos años se
fundaron otras en pueblos como Carolina (1901), Manatí (1902), Utuado (1902),
Maricao (1904), Ponce (1906), Humacao (1907) y Yauco (1912).44 Como se puede
41 En términos generales, el asociacionismo en Puerto Rico entró en un proceso de cambios. Por un
lado, algunas de estas asociaciones se formaron en el último tercio del siglo XIX. Por otro, la gran mayoría se transformó ante la nueva situación. Por ejemplo, el caso del Ateneo Puertorriqueño. Esta asociación se convirtió en el principal medio para fomentar un interés hacia la cultura e historia de Puerto
Rico que dejó profundas huellas entre el sector intelectual y político. También en este período surgieron nuevos casinos, círculos y centros de recreo los cuales algunos fueron de corta duración. Por ejemplo, surgieron la Asociación de Católicos de Ponce (1899), el Casino Puertorriqueño (1901-02), Yatch
Club (1902), San Juan Fraternity (1902), Libertad Borinqueña (1904), la Asociación de Dependientes
(1905), Union Club (1905), el Casino de Puerto Rico (1910), Cercle Francais (1910), City Club (1910).
42 Por otro lado, estoy consciente de lo complejo que es poder definir y diferenciar lo «español» de
lo «puertorriqueño» en el contexto de la sociedad puertorriqueña del siglo XX. Ser «español» implicó
identidad étnica pero a la misma vez significó identidad política y cultural para muchos puertorriqueños como fue el caso de Vicente Balbás Capó. Sobre la complejidad de la problemática ver Juan Giusti,
«En búsqueda de la nación concreta: el ‘grupo español’ en la industria azucarera de Puerto Rico, 18901920», Consuelo Naranjo, Miguel Angel Puig-Samper y Luis M. García Mora (eds.), La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Madrid, Ediciones Doce Calles, 1996, pp. 211-224; «Hacia otro 98: el «grupo español» en Puerto Rico, 1890-1930 (azúcar, banca y política)», Op. Cit. Revista
del Centro de Investigaciones Históricas, , número 10, 1998, pp. 86-95.
43 Algunos de los ejemplos en San Juan a principio del siglo XX fueron: «La Gran Canaria» (ferreteria), «Las Baleares» (hotel), «Las Antiguas Baleares» (fonda y posada); «La Mallorquina» (café, restaurant, fábrica de chocolates y dulcería), «La Euskalduna» (fábrica de pastas), «La Capital de Vizcaya» (tejidos), «La Villa del Bilbao» (tejidos), «La Vizcaína» (tejidos), «La Flor de Asturias» (cafetín),
«La Allandesa» (fábrica de tabacos), «La Segoviana» (fonda y venta de tabacos) y «La Catalana» (restaurant, fonda y posada). José R. Díaz Valdepares, Indicador general de la ciudad de San Juan de Puerto Rico, San Juan, Valdepares Imprenta y Litografía, 1902-03.
44 Después del Casino Español de San Juan, el Casino Español de Manatí fue sin duda el segundo
casino o centro español en importancia. Este Casino tuvo un papel importante tanto en la vida cultural
de Manatí como de Puerto Rico. Sobre el particular ver Luis de Arrigoitía, Manatí y Enrique Zorrilla
1880-1928 , Río Piedras, Editorial Edil, 1997, p. 104.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
63
Destacados miembros de la colonia española en Puerto Rico, con el puertorriqueño Ángel
Rivero, a principios del siglo XX. De izquierda a derecha: José Pérez Losada, Manuel González, Ernesto Freire, Manuel Fernández Juncos.
apreciar, el asociacionismo español estuvo representado en diferentes regiones de
Puerto Rico y no se limitó a la ciudad capital.
El Consulado entendía que este tipo de asociacionismo era la principal forma
que utilizaba la colonia española para participar en la vida pública de la Isla. Decía
el cónsul español en 1902 que «...la creación de Colonias y Casinos Españoles en
varios puntos de la Ysla y la tendencia á favorecer gestiones cerca del Gobierno
contra Autoridades locales son hasta el presente las formas en que tales intromisiones ó simpatias muy marcadas se han exteriorizado.»45 Los casinos o centros españoles fueron uno de los principales medios utilizados por los inmigrantes españoles como medio de sociabilidad formal para aglutinarse, fomentar sus intereses
sociales, culturales y políticos y mantenerse entre los sectores dominantes.
Pero también existieron otras formas de sociabilidad formal. Hubo además tres
sociedades de beneficencia: la Sociedad Española de Auxilio y Beneficencia de
San Juan, la Real Clínica Española del Dr. Ordoñez y la Unión Española de Mayagüez. La primera ya estaba reorganizada para el 1899 y la tercera para el año 1900.
En Puerto Rico fueron de índole nacional y no regional como ocurrió en Cuba.46
45«Consulta acerca de la dificil situación creada...» , 24 de enero de 1902, Archivo del Ministerio
de Asuntos Exteriores (Madrid), Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899-1929.
46 Moisés Llordén Miñambres, «Las asociaciones españolas de emigrantes», María Cruz Morales
Saro y Moisés Llordén Miñambres (eds.), Arte, cultura y sociedad en la emigración española a América, Oviedo, Universidad de Oviedo, 1992, p. 20. Consuelo Naranjo Orovio, Del campo a la bodega.
Recuerdos de gallegos en Cuba (siglo XX), A Coruña, Ediciós do Castro, 1988.
64
LOS LAZOS DE LA CULTURA
La Sociedad Española de Auxilio Mutuo y Beneficencia fue una de las principales asociaciones fundadas por los españoles. Esta sociedad de beneficencia entró
inmediatamente en un proceso de reorganización tras los acontecimientos del
1898. Una de las primeras acciones realizadas fue añadir en el título de la sociedad
el término «español» confirmando lo expuesto anteriormente sobre el sentido nacional. «La Institución pasó a llamarse «Española», [porque ahora], más que nunca, tenía que ser obra de España y recuerdo de la obra de España para todos los
puertorriqueños.»47 En los próximos años planificaron la construcción de un nuevo
edificio. Para el año 1907, el arquitecto e ingeniero Rafael del Valle Zeno diseñó el
edificio con estilo francés, al igual que el Hospital de Medicina de Santurce y el
Colegio del Sagrado Corazón.48 Finalmente el edificio de Hato Rey fue inaugurado en 1912 en una gran fiesta española que fue reseñada por la prensa del país. El
vice-cónsul español señalaba que la fiesta de inauguración fue toda una demostración de españolismo. «En aquel lugar por donde desfilaron unas cuatro mil personas aquel dia, todos se sentian españoles, la efervecencia de la fiesta producía también su efecto en los puertorriqueños;...».49
Las logias masónicas también fueron espacios de asociación de inmigrantes españoles. El Gran Oriente Español continuó ejerciendo influencia en Puerto Rico
bajo el dominio estadounidense. Este logró obtener «...la adhesión y lealtad de un
nutrido grupo de españoles y puertorriqueños de la isla durante exactamente un
cuarto de siglo más.»50 Su situación nunca fue lo suficientemente dominante para
convertirse en la principal organización masónica en la Isla. Probablemente la situación conflictiva que sostuvo con la Gran Logia Soberana la debilitó. De todas
maneras, sobrevivió por lo menos las primeras décadas del siglo veinte. San Juan
era el baluarte del Gran Oriente Español y no es casualidad que los inmigrantes españoles dominaran estas logias por lo menos hasta la década del 1910. Por ejemplo, señala Antonio Ayala que la Logia Palafux fue una de las más importante y
con mayor prestigio.
El otro tipo de asociación española fue de índole política. El mejor ejemplo fue la
Liga de Republicanos Españoles fundada en el año 1904 como fenómeno asociativo
que nació entre los inmigrantes españoles de la América Hispana. Probablemente su
fundación responde a una reacción de los inmigrantes españoles de Hispanoaméricana al regeneracionismo español ofreciendo una alternativa para el futuro de España.
El primer capítulo fue fundado en Buenos Aires en 1903. Para Angel Duarte ese paso
representó una nueva fase del asociacionismo español en la Argentina al volverse más
47 José Ma. García Rodríguez, Sociedad Española de Auxilio Mutuo. Los años fundacionales, San
Juan, Ramallo Bros. Printing, 1983, p. 221.
48 Enrique Vivoni Farage, «Lo francés en nuestra arquitectura: legitimidad y dignidad profesional
en Puerto Rico (1900 - 1918)», Enrique Vivoni Farage y Silvia Alvarez Curbelo (editores), Ilusión de
Francia: arquitectura y afrancesamiento en Puerto Rico , San Juan, Archivo de Arquitectura y Construcción de la Universidad de Puerto Rico, 1997, pp. 54 - 56.
49 «El Vice consul de España, Cónsul interino da cuenta de la fiesta española celebrada el 1o del
corriente con motivo de la inauguracion del edificio Sanatorio de la “Sociedad Española de Auxilio
Mutuo...”», Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid), Correspondencia, Consulado,
Puerto Rico, H2025, 189-1929.
50 José Antonio Ayala, La masonería de obediencia española en Puerto Rico en el siglo XX, Murcia, Universidad de Murcia, 1993, p. 13.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
65
activos en los asuntos políticos de España. «La creación de un organismo republicano
fue el corolario lógico de los cambios apuntados tanto en la colectividad española de
la Argentina como en el propio republicanismo español.»51
En ese mismo año la noticia llegó a Puerto Rico y recibió el apoyo entusiasta
del mallorquín y periodista Sebastián Dalmau Canet.52 Todas estas iniciativas culminaron con la fundación, en el mes de octubre, de un capítulo de la Liga en San
Juan.53 A través de la prensa del país comenzaron a divulgar sus principales objetivos. En un manifiesto publicado en la prensa señalaban que éste era un movimiento de «renacimiento español» fundado en diferentes partes de América e identificado con la causa del Partido Republicano de España. Aclaraban en el manifiesto
que no iban a atacar a la religión ni a participar en las luchas políticas de Puerto
Rico.54 Hay que recordar que Puerto Rico era un lugar adecuado para desarrollar el
republicanismo en el exilio ya que había una tradición republicana encabezada por
el asturiano Manuel Fernández Juncos y una persecución en España. Este movimiento político tuvo mucha importancia ya que representó una alternativa política
regeneracionista más liberal en comparación a la Unión Iberoamericana, con un
programa más conservador.
Un segundo paso organizativo fue la fundación de un medio periodístico. Para
el próximo año lograron fundar un órgano de la Liga para que sirviera como medio
para divulgar y defender los ideales republicanos en Puerto Rico. Este fue nombrado La República Española y fue publicado durante cinco años. En su consejo directivo estuvieron Manuel Fernández Juncos, Sebastián Dalmau Canet, Víctor
García Bermejo, José Pérez Losada y Manuel Vicente. Romualdo Real fue su director hasta su renuncia en 1910.55
Todos estos pasos culminaron con una asamblea general en el Teatro Municipal
que sirvió para aprobar el reglamento, una nueva directiva y un momento oportuno
para expresar a los afiliados los sentimientos del republicanismo. En esta actividad
ofrecieron discursos los periodistas Manuel Fernández Juncos, José Pérez Losada y
Romualdo Real y el Dr. Ordoñez. Este último dió un discurso en defensa del republicanismo en el que atacó al régimen monárquico por la persecución de la que eran objeto en España los republicanos.56 Lo que quizá no sabía él era que en esta actividad
estaban vigilados también por representantes del Consulado de España en Puerto Rico, como lo revela que tras esta reunión el cónsul, Enrique de Verdía, envió un comunicado al ministro de Estado de España informando de las actividades desarrolladas
ese día y una copia no íntegra del discurso del médico español.57
51 Angel Duarte, La república del emigrante. La cultura política de los españoles en Argentina
(1875-1910), Lleida, Editorial Milenio, 1998, p. 77.
52 El Boletín Mercantil, 17 de diciembre de 1903, p. 2.
53 Entre los miembros de su directiva se encontraban: Manuel Fernández Juncos (presidente), José
Pérez Losada (vice-presidente) y Sebastián Dalmau Canet (vocal). El Boletín Mercantil, 3 de octubre
de 1904, p. 2.
54 El Boletín Mercanti , 26 de octubre de 1904, pp. 3 y 27 de octubre de 1904, p. 2.
55 Antonio S. Pedreira, El periodismo en Puerto Rico, Río Piedras, Editorial Edil, 1982, pp. 527-528.
56 El Boletín Mercantil , 24 de junio de 1905, p. 1.
57 «El cónsul de España. Dá cuenta de haberse reunido en el teatro de esta Capital los elementos que
forman la «liga de Republicanos Españoles, y acompaña copia del discurso leido por uno de los Sres. Presidentes de la misma.», AMAE, Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899-1929.
66
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Una de las principales actividades organizada por esta Liga fue la conmemoración de la declaración de la República Española el 11 de febrero de 1873, que era
la contrapartida de los banquetes organizados por los monárquicos en honor al
Santo del Rey. Para la actividad adornaban el lugar con símbolos y banderas republicanas y ofrecían discursos republicanos con oradores españoles, como fueron
Manuel Fernández Juncos, José Pérez Losada y Romualdo Real. También algunos
políticos puertorriqueños participaron esporádicamente en algunas de las conmemoraciones como por ejemplo: José de Diego, Federico Degetau, y Rosendo Matienzo Cintrón. Para el 1907 dedicaron una edición especial de La República Española en el que un gran número de escritores españoles y puertorriqueños
expresaron palabras de admiración al gesto del 1873. Junto a este tipo de actividad, varios intelectuales españoles dedicaron artículos y libros al ideal de la República Española. En 1907 Sebastián Dalmau Canet publicó un libro titulado La República en España-Castelar en donde idealiza la labor de Emilio Castelar en este
movimiento político.58
Pero no todo fueron discursos y sentimientos de solidaridad. También hubo polémicas con monárquicos españoles y entre facciones dentro del republicanismo
español en la Isla. Parece que periódicamente aparecían algunos artículos de parte
de los sectores monárquicos criticando el republicanismo español.59 1909 fue el
año en el que la polémica interna cobró mayor fuerza, lo que hizo que el movimiento se dividiera y no siguiera su desarrollo.
Ese año ocurrieron dos acontecimientos importantes para la España de principios del siglo XX: un conflicto obrero en Barcelona y el estallido de la la Guerra
de Marruecos. Estos conflictos generaron una gran discusión entre la colonia española de la Isla y hasta entre los mismos puertorriqueños, que dieron lugar a la publicación de artículos en La República Española atacando los atropellos ocurridos
en Barcelona y criticando la política expansionista en Africa,60 y su respuesta, en
la pluma de José Pérez Losada, quien había renunciado al consejo del periódico
republicano el año anterior. Los artículos del editor de El Boletín Mercantil fueron
apoyados por un gran número de españoles como, por ejemplo, Sebastian Dalmau
y Elpidio de Mier.61 Aunque más adelante parece que hubo un cambio en los editores de La República Española, todo indica que el ambiente entre los republicanos
nunca fue lo mismo. Un grupo disidente exigió una reunión extraordinaria para solicitar un voto de censura a la directiva y pedir la renuncia a los líderes.62 Parece
que finalmente la disidencia se fue alejando de la organización, aunque este hecho
no está totalmente claro.
El Boletín Mercantil, 19 de septiembre de 1907, p. 1.
El Boletín Mercantil, 12 de junio de 1906, p. 1.
60 «Copia de la República Española. Organo de la Liga de Republicanos Españoles en Puerto Rico.
Sábado 31 de julio de 1909.» Anexo de «El Cónsul de España da traslado de una comunicación enviada a nuestra Legación en Washington sobre trabajos del partido republicano español de esta isla.»,
AMAE, Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899 - 1925.
61 El Boletín Mercantil, 5 de agosto de 1909, p. 2; 9 de agosto de 1909, p. 2; 20 de agosto de 1909,
p. 2.
62El Boletín Mercantil, 30 de agosto de 1909, p. 2.
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EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
67
Fuera de la Liga Republicana, las acciones de las asociaciones españolas como
el Casino Español de San Juan actuaron de manera diferente al calor del sentimiento nacional que contagió a los socios y a sus directores de una forma inmediata. Los directores del Casino Español enviaron un despacho telegráfico al gobierno
de Maura apoyando totalmente al gobierno de España ante la situación de Marruecos.63 La directiva del Casino Español de San Juan logró apoyo de la Compañía de
Zarzuela de Miguel Gutiérrez para ofrecer una función a beneficio de los heridos
de la Guerra de Marruecos y sus familiares como parte de una suscripción nacional organizada por la Reina Victoria y la Marquesa de Esquilache en España.
Para esta actividad lograron que el comercio de San Juan cerrara por la tarde y los
dependientes pudieran participar de la función.64
Pero las actividades a favor de los heridos de la Guerra de Marruecos continuaron organizándose. Antonio Alvarez Nava, presidente del Casino Español de San
Juan, pidió a través de una carta publicada en la prensa apoyo a la suscripción general que habían organizado en España. El total recaudado fue de más de $5000 dólares.65 El llamamiento de Antonio Alvarez motivó la organización de varias actividades a favor de los heridos de Marruecos como fueron las carreras de caballo en el
Hipódromo. Allí, entre banderas de España y Puerto Rico, el circo Tartalín ofreció
un espectáculo estilo «Feria de Sevilla».66 El apoyo se extendió entre muchos puertorriqueños que, a través del apoyo de organizaciones como el Club de Damas y la
Cruz Roja, brindaron su solidaridad; ayuda que creció tras la muerte del puertorriqueño, primer teniente de infantería, José Cerra Andino. La colonia española, como
un sector de la sociedad puertorriqueña, se unió al dolor de la familia celebrando
honras fúnebres en la parroquia de Santurce.67
Por el otro lado, la cuestión de Marruecos también fomentó sentimientos antiespañoles en la sociedad puertorriqueña en particular entre el liderazgo del movimiento obrero. Hay que recordar que en la misma España las fuerzas más liberales, identificadas muchas de ellas con el republicanismo más radical y con el
movimiento obrero internacional, habían cuestionado los acontecimientos de Barcelona y los sucesos de Marruecos. El movimiento obrero puertorriqueño, en particular la Federación Libre de Trabajadores, se sumó a las protestas organizando
manifestaciones frente a la sede del Casino Español de San Juan.68
Esta fase del asociacionismo español culminó con el nacimiento del proyecto
de la Casa de España en 1913. Fue el sueño de muchos españoles residentes en
Puerto Rico, en particular de San Juan, de fundar un organismo que uniera a la colonia española en Puerto Rico. El primer intento de unir a los inmigrantes españoles tras la ocupación estadounidense ocurrió entre 1899 y 1900, pero fue todo un
El Boletín Mercantil, 9 de agosto de 1909, p. 2.
El Boletín Mercantil, 21 de agosto de 1909, p. 2; 24 de agosto de 1909, p. 2?; 25 de agosto de
1909, p. 2; 26 de agosto de 1909, p. 2; 27 de agosto de 1909, p. 2.
65 El Boletín Mercantil, 15 de septiembre de 1909, p. 2 ; 21 de septiembre de 1909, p. 2 ; 22 de diciembre de 1909, p. 2. Todavía para 1912 se estaba recorriendo dinero para la causa de la Guerra de
Marruecos. El Boletín Mercantil , 4 de junio de 1912, p. 1.
66 El Boletín Mercantil, 27 de septiembre de 1909, p. 2; 28 de septiembre de 1909, p. 2.
67 El Boletín Mercantil, 26 de octubre de 1909, p. 2.
68 El Boletín Mercanti , 26 de octubre de 1909, p. 2.
63
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
fracaso. Más adelante, en el año 1910, vuelve a surgir un interés de un grupo de
socios del Casino Español de San Juan de fundar una nueva Colonia Española utilizando como modelos las creadas en Buenos Aires, La Habana y México.69 Pero
aunque fue una idea que recibió apoyo por parte de varios españoles, no prosperó.
Al siguiente año, la idea fue discutida en el seno del Casino Español y recomendaron crear una comisión compuesta por Vicente Balbás Capó, Abelardo de la Haba,
José Pérez Losada y Antonio Sarmiento.70 La presidencia de la comisión fue ofrecida a Vicente Balbás Capó, quien no aceptó por ser puertorriqueño. La nacionalidad española de Balbás Capó fue reconocida por el gobierno español aunque todavía la situación no estaba totalmente clara. Los comisionados añadieron que le
ofrecieron la presidencia a Balbás como un deseo de que «...la semilla de la Colonia Española en Puerto Rico sea echada en esta generosa y próvida tierra por la
mano española de un puertorriqueño.»71 Para el mes de noviembre ya la comisión
había terminado sus labores y entregado sus recomendaciones a la directiva del
Casino Español de San Juan. Estos aprobraron los informes y enviaron un comunicado sobre los estatutos, reglamentos y recomendaciones a los centros españoles
de la Isla. Por alguna razón que no está totalmente clara esta asamblea general
nunca se pudo lograr.
No fue hasta el 1913 en un banquete en honor al vice-Cónsul español en la Isla
que volvió a discutirse la posibilidad de fundar una organización que uniera a todos los españoles, que llamaron «Casa de España»,72 cuyo edificio se construyó en
la década del 1930.73
LA NUEVA ETAPA DEL CASINO ESPAÑOL DE SAN JUAN DE PUERTO RICO:
¿CONTINUIDAD O RUPTURA? 1898-1929.
Nuevamente fue el Casino Español de San Juan la principal asociación española en Puerto Rico que promovió con más fuerza las relaciones culturales entre
Puerto Rico y España. Tras el 1898, la Junta Directiva del Casino Español de San
Juan guardó silencio ante los acontecimientos ocurridos en Puerto Rico tras la invasión estadounidense. Pero del silencio pasaron a la reacción. Ricardo Alonso
Baquero, presidente del Casino Español, manifestó en una memoria presentada
ante la Junta General de socios del 15 de enero de 1899, su posición ante los hechos acontecidos en la Isla.74 El liderazgo del Casino Español, como el ave fénix,
decidió resucitar de las cenizas de la guerra con una posición nacionalista y regeneracionista.
El Boletín Mercantil , 23 de abril de 1910, p. 1.
El Boletín Mercantil, 20 de marzo de 1911, p. 1.
71 El Boletín Mercantil, 13 de abril de 1911, p. 2.
72 Los directores del Casino Español de Filipinas utilizaron el mismo nombre para el proyecto de
construcción de un nuevo edificio en 1915. Moisés Llordén Miñambres, «Notas acerca del asociacionismo español en Filipinas», Consuelo Naranjo, Miguel A. Puig-Samper y Luis Miguel García Mora
(eds.), La nación soñada..., Opus cit., p. 527.
73Puerto Rico Ilustrado, 12 de abril de 1913, s/p. y El Boletín Mercantil , 29 de marzo de 1913, p.
2 y 2 de abril de 1913, p. 1.
74 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
las Juntas Generales, acta del 15 de enero de 1899.
69
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EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
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En la etapa estudiada la asociación tuvo tres presidentes: el gallego Manuel
Lomba Peña (1901-05) y los asturianos Lcdo. Antonio Alvarez Nava (1905-15) y
el comerciante Rafael Fabián Fabián (1916-29). Bajo el liderazgo de Alvarez Nava
y de Rafael Fabián el Casino logró transformarse en una asociación con mayor impacto en la sociedad de la época.
Los directores del Casino Español de San Juan expresaron en varias ocasiones su interés de convertirse en la principal asociación española de la Isla, e incluso en la representación oficial de España en Puerto Rico, con un papel mayor
que el propio Consulado. En 1899, tanto el presidente saliente como el nuevo,
Ricardo Alonso, expresaban la idea de visualizar el Casino Español de San Juan
como la «casa de los Españoles...».75 Algo parecido sucedió en el Casino Español de La Habana.76
En cierta manera el Casino Español de San Juan se convirtió en la representación oficial de la colonia española en la Isla, posición que lo llevó a enfrentarse, en
algunas ocasiones, con la representación diplomática de España, convirtiéndose
también en el defensor de la colonia ante los ataques recibidos desde la prensa
puertorriqueña como estadounidense.
La repatriación fue uno de los primeros problemas que tuvo que enfrentar la
colonia española de la Isla y en particular el Casino Español de San Juan y el Consulado de España en Puerto Rico. Las iniciativas realizadas por el Casino Español
de San Juan fueron más efectivas que las llevada a cabo por la representación diplomática. La política pública de repatriación del Casino Español de San Juan fue
uno de los principales logros obtenidos por la asociación. Además del apoyo a los
repatriados, el Casino Español de San Juan inició también un fondo de beneficencia para ayudar a los sectores más marginados de la colonia española. Por ejemplo,
comenzaron ayudar con gastos para cubrir enfermedades, entierros y transportación. En 1900 acordaron, la directiva del Casino Español de San Juan y el Auxilio
Mutuo, pagar cada uno la mitad de los gastos de los enfermos indigentes que estaban en la sede de la segunda,77 programa que tuvieron que suspender a principios
del 1901 por problemas económicos.
Una de las grandes preocupaciones del Casino Español de San Juan fue defender los símbolos nacionales españoles ante la nueva realidad política. Uno
de los primeros proyectos tras el 1898 fue adquirir un importante símbolo que
los identificara como españoles. Por ejemplo, en 1899 lograron colocar un viejo Escudo Español de mármol frente a la Plaza de Armas.78 Otro símbolo que
quisieron adquirir los directivos del Casino Español de San Juan fue un pabellón nacional que fuera utilizado en los actos más importantes de la institu-
75 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 16 de enero de 1899.
76 Aurea Matilde Fernández Muñiz, «La presencia española en Cuba después de 1898. Su reflejo
en el Diario de La Marina», Consuelo Naranjo, Miguel A. Puig-Samper y Luis Miguel García Mora
(eds.), La nación noñada..., Opus cit., pp. 513.
77Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 9 de marzo de 1900.
78 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, actas del 6 de febrero y del 8 de julio de 1899.
70
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ción.79 El arte fue otra manera de representar los símbolos nacionales españoles. El arte, como anteriormente ocurrió, fue parte del uso del espacio en la sede de la institución. Las diferentes directivas fueron adquiriendo cuadros que
identificaban antiguos líderes del Casino como autoridades y héroes españoles.80
Aunque en muchas ocasiones los directores tomaron posiciones acomodaticias
con el régimen estadounidense esto no significó un alejamiento de las raíces hispanas. Los símbolos representados en banderas, pabellones y cuadros simbolizaron
la reafirmación de los sentimientos hispanófilos de las Juntas Directivas del Casino Español de San Juan. El cambio de soberanía no representó un cambio de actitud más bien pasiva, sino todo lo contrario, como he señalado anteriormente.
Otra manera de fomentar la identificación con España fueron los símbolos religiosos. Las fiestas religiosas como Santiago Apóstol y la Virgen de la Covadonga
tuvieron un papel destacado como fiestas populares en los últimos años del régimen colonial español. Es interesante destacar que la nueva situación política de la
Isla fue marcada definitivamente con una fecha muy significativa para los españoles de Puerto Rico, el 25 de julio.
El día de Santiago Apóstol, patrón del ejército español y de España, los españoles habían sido vencidos militarmente por los estadounidenses en 1898. Esta situación tiene que haber sido muy dolorosa para muchos españoles de la época. Pero, quizás de una manera sorpresiva, la colonia española decidió en los primeros
años de la ocupación estadounidense seguir celebrando la fecha del santo patrón.
En 1900 varias colonias españolas celebraron por todo lo alto el 25 de julio. Las
colonias españolas de pueblos como Cagüas, Guayama, Lares, Mayagüez, Río
Piedras, San Juan y Santa Isabel organizaron fiestas públicas y privadas para recordar el santo.81
Una de la más importantes fue la organizada por el Casino Español de San
Juan para ese año. Durante tres días se sucedieron actividades públicas y privadas
en distintos sitios: la Plaza de Armas y en la Plaza Colón con alborada, reparto de
limosnas, retretas, fuegos artificiales, y en la sede del Casino Español de San Juan
donde se celebró una velada lírico-literaria y un baile de sociedad.82 Era todo un
espectáculo hispanófilo a dos años de los sucesos de la Guerra del 1898. En la velada Herminio Díaz Navarro señalaba «Una firma puesta en un Tratado no puede
borrar las afinidades que existen entre los individuos de una misma raza, ni la gestación del tiempo en cuatrocientos años.»83
79 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 28 de enero de 1899.
80 Algunos fueron los siguientes: retrato de Alfonso XIII (1900), retrato de Alfonso XII (1902),
cuadro al óleo del Marqués de la Esperanza (?), cuadro al óleo de Isabel II - varios (?), cuadro al óleo
de Juan Ponce de León (?), cuadro al óleo Escena del Quijote (?), cuadro al óleo del General Sanz (?),
óleo de Pablo Ubarri por Sr. Gómez (1899) Casa de España en Puerto Rico, «Escritura de Acta Notarial
otorgada por Rafael Martínez Domínguez, en su carácter de Presidente de la «Casa de España en Puerto Rico» en 14 de marzo de 1943. San Juan, Puerto Rico.»
81 El Boletín Mercantil, 5 de julio de 1900, p. 2; 6 de julio de 1902, p. 2 ; 21 de julio de 1900, p. 2; 22
de julio de 1900, p. 2; 24 de julio de 1900, p. 2; 26 de julio de 1900, pp. 1 - 2; 30 de julio de 1900, p. 2.
82El Boletín Mercantil, 21 de julio de 1900, p. 2; 24 de julio de 1900, p. 2; 26 de julio de 1900, pp. 1-2.
83 Idem.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
71
Las fiestas tuvieron tanto impacto en la vida pública que la prensa estadounidense las criticó, y algunos españoles cautelosos recomendaron suspenderlas. Por
ejemplo, The World criticaba que el gobierno estadounidenses hubiera permitido el
uso de banderas españolas y cubanas en el día de Santiago celebrado en Puerto Rico y Cuba.84 Por otro lado, un español de Mayagüez señalaba que el 25 de julio no
era una fecha para celebrar sino para llorar por la derrota sufrida en Guánica. Pero
El Boletín Mercantil le ripostó señalando que el día de Santiago era una celebración religiosa y patriótica.85
Parece que esta polémica repercutió de forma negativa en la celebraciones del
día de Santiago en el siguiente año. Además, decidieron suspenderlas en 1901 por
coincidir con «...el acuerdo de la Cámara de Delegados en celebrar la entrada de
los americanos en esta Ysla;...».86 Pero, aunque fueron disminuyendo las celebraciones al pasar los años, no desaparecieron totalmente de algunas sedes de los centros españoles de Bayamón, Cagüas, Carolina y Mayagüez. Ya para el 1903 los
editores de El Boletín Mercantil recomendaban suspenderlas.87 Tampoco esto significó el fin de las celebraciones religiosas españolas, más bien enfatizaron en
otras fechas que no fueran tan polémicas, como las celebraciones de la Virgen de
la Covadonga y la Inmaculada Concepción.
Las fiestas populares en honor a la Virgen de la Covadonga sobrevivieron a los
acontecimientos relacionados con 1898 aunque no con el mismo fervor asturiano
de la época del régimen colonial español. Básicamente fueron celebradas en los
primeros quince años del régimen colonial estadounidense. La gran mayoría de las
veces dominaron ceremonias religiosas celebradas en Puerta de Tierra aunque en
algunos años celebraron bailes de sociedad en la sede del Casino Español de San
Juan o fiestas públicas en San Juan y en Puerta de Tierra. Por ejemplo, tanto en
1906 como en 1907, las fiestas públicas de Puerta de Tierra recordaron parcialmente los mejores momentos de estas festividades.88
Sin embargo, fueron las fiestas religiosas de la Inmaculada Concepción las que tuvieron mayor divulgación entre la colonia española de Puerto Rico. Estas organizaron
diferentes tipos de actividades como fueron ceremonias religiosas, bailes, etc. en pueblos como Agüadilla, Arecibo, Bayamón, Cagüas, Carolina, Ciales, Guayama, Humacao, Maricao, Mayagüez, Ponce, San Juan, Utuado, Vega Baja y Vieques. Es interesante destacar que empezaron a tener mayor divulgación pública tras la polémica del
día de Santiago en 1900. Por ejemplo, en 1901 el Casino Español de San Juan colaboró con la Congregación de la Purísima de San Juan para organizar unas fiestas públicas y religiosas. Ese año ofrecieron actividades religiosas y públicas tales como dianas, fuegos artificiales, música y verbena. Además, en la sede del Casino Español de
San Juan dieron un baile infantil y un baile de sociedad.89
El Boletín Mercantil, 4 de agosto de 1900, p. 1.
El Boletín Mercantil, 13 de julio de 1900, p. 1.
86 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 8 de julio de 1901.
87 El Boletín Mercantil, 24 de julio de 1903, p. 2.
88 El Boletín Mercantil, 8 de septiembre de 1906, p. 1; 5 de septiembre de 1907, p. 2; 7 de septiembre de 1907, p. 4.
89 El Boletín Mercantil, 7 de diciembre de 1901, p. 1.
84
85
72
LOS LAZOS DE LA CULTURA
En algunas ocasiones la celebración de estas fiestas religiosas originó alguna
polémica, como la ocurrida en 1909 entre el periódico El Aguila de Puerto Rico y
El Boletín Mercantil. Los editores del Boletín la defendieron indicando que «...la
festividad de la Purísima, no es una fiesta española, es una fiesta PuertoRiqueña.»90
El aspecto instructivo de la asociación fue uno de los elementos que trataron de
desarrollar en esta nueva fase. Por ejemplo, trataron de ofrecer clases de español,
inglés y música. Pero además de las clases, el liderato español pensó en proyectos
más ambiciosos. Para finales del 1899 surgió una nueva iniciativa originada por de
La Torriente. La idea era fundar en la Isla un Instituto de Segunda Enseñanza o
Centro Docente Español. La iniciativa tuvo buena acogida y para ello se creó una
comisión para que la estudiara, que estuvo integrada por Ricardo Alonso, Antonio
Alvarez Nava, Carlos Conde, Delgado, Manuel Fernández Juncos, Lomba, Antonio Rosell, Antonio Sarmiento y La Torriente.91 Parece que el proyecto tropezó
con varios problemas y en particular los relacionados con la fundación de la Colonia Española de Puerto Rico en 1900. Pero la idea no murió. Siete años después
Antonio Alvarez Nava, presidente del Casino Español de San Juan, recomendó en
una reunión elaborar un plan de enseñanza que tuviera validez en España92: «...la
forma de crear escuelas y centros de enseñanza a los cuales pudieran concurrir no
solo los elementos españoles sino aquellos puertorriqueños ... compenetrados de la
bondad de nuestros sistemas de enseñanza...».93 A pesar de sus esfuerzos, este proyecto no logró materializarse.
Una actividad cultural y educativa que tuvo un gran impacto en la sociedad
puertorriqueña de la época fue la celebración de un Certamen Literario y Científico, el 12 de agosto de 1909, como parte de las celebraciones en torno al cuarto
centenario de la colonización de la Isla que celebraron desde el año anterior. Para
ello se creó una comisión encargada de la organización, la cual preparó un anuncio
de dos mil ejemplares en donde explicaban con un tono hispanófilo, pero sin entrar
en conflicto con la nueva metrópoli, la necesidad de fomentar este certamen. Entre
los temas estuvieron los siguientes: España, Puerto Rico, Abraham Lincoln, Salvador Brau y la Educación en Puerto Rico.94
Por último, el día del santo del Rey fue utilizado principalmente para ofrecer
banquetes donde afirmaban sentimientos nacionales españoles. El Casino Español
cooperó junto al Consulado Español y el Auxilio Mutuo en las organización de estas actividades.
Si comparamos las actividades del Casino Español de San Juan entre el período colonial español y el estadounidense podemos encontrar que en la segunda eta-
El Boletín Mercantil, 11 de diciembre de 1909, p. 2.
Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, actas del 6 de febrero y del 6 de diciembre de 1899.
92 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 29 de enero de 1907.
93 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 29 de diciembre de 1907.
94 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 18 de mayo de 1909.
90
91
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
73
pa la directiva del Casino estuvo mucho más activa cooperando con otras organizaciones en el desarrollo de actividades culturales de índole principalmente iberoamericanista. Por ejemplo, una importante actividad que fomentó la cooperación
entre diferentes asociaciones fue la celebración del tercer centenario de la publicación de El Quijote, organizada por el Ateneo Puertorriqueño en 1905. Dos años antes, en una junta general, el liderato afirmaba la importancia de la cooperación con
esta institución puertorriqueña al afirmar que «...estamos y debemos estar sinceramente unidos al Ateneo Puerto-rriqueño, centro literario, conservador de la cultura
de nuestra raza y propagador de la cultura universal y de nuestro idioma.»95 Para
esta actividad la directiva del Casino Español de San Juan encargó la preparación
de un busto de Cervantes y una edición artística del Quijote para obsequiarlo al
Ateneo.96 También el Casino Español apoyó otras actividades del Ateneo como
fueron el Certamen Literario, de 1905, el homenaje a Manuel Fernández Juncos,
en 1907 y el Certamen de Literatura y Bellas Artes, en 1911.
Para terminar esta sección debo señalar la importancia que tuvieron las actividades organizadas a partir del 1907 en torno a la conmemoración de fechas relacionadas con la conquista y colonización de Puerto Rico por España, apoyadas con
gran entusiasmo por el Casino: el de traslado de los restos de Juan Ponce de León
de la Iglesia San José a la Catedral, la conmemoración del cuarto centenario de la
colonización de Puerto Rico, y la conmemoración del cuarto centenario de la diócesis de Puerto Rico. Por último, el Casino Español de San Juan también colaboró
económicamente en la publicación del libro La colonización de Puerto Rico de
Salvador Brau.97 En cierta manera la publicación de este libro sirvió como medio
para fomentar el culto a la herencia española.
Como mencioné anteriormente, la colonia española participó activamente en el
apoyo de construcción de monumentos. La directiva del Casino Español de San
Juan apoyó varios monumentos, entre ellos el de Alfonso XII (1901), Fernando Villamil (1901), Práxedes Mateo Sagasta en Madrid (1903), el dedicado a los soldados y marinos muertos en las guerras de Cuba y Filipinas (1903), General Martínez Campos en Madrid (1905), el de los soldados españoles muertos en la Guerra
de 1898 en Coamo (1905-07), el monumento al músico Casimiro Duchesne en
San Juan (1907), Pi y Margall en Barcelona (1908) y una placa conmemorando el
centenario de las Cortes de Cádiz (1912).
La participación activa del Casino Español de San Juan en el desarrollo de una
serie de actividades culturales de índole iberoamericanista revela el papel desempeñado por los intelectuales españoles residentes en la Isla en el proceso de «inventar tradiciones», las cuales reforzaron los sentimientos hispanófilos de un sector de la sociedad puertorriqueña, e influyeron de manera notable en las siguientes
generaciones de escritores y artistas en Puerto Rico.
95 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
las Juntas Generales, acta del 27 de diciembre de 1903.
96 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Memoria de la Junta General del 1913.
97 Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San Juan de Puerto Rico, Libros de actas de
la Junta Directiva, acta del 31 de julio de 1907.
74
LOS LAZOS DE LA CULTURA
PRENSA PERIÓDICA ESPAÑOLA, LITERATURA Y DEFENSA DEL IDIOMA ESPAÑOL
La presencia de los inmigrantes españoles en la prensa periódica fue significativa. Este sector estuvo participando en distintos trabajos, desde periodistas, hasta
editores, directores o propietarios. Los españoles utilizaron estos medios para divulgar sus intereses, preocupaciones e ideales en distintos temas políticos, económicos, sociales y culturales. Asimismo, las asociaciones voluntarias utilizaron la
prensa como principal medio de divulgación para enterar al público en general de
sus principales actividades.
El Boletín Mercantil, antiguo órgano de los incondicionales en el siglo XIX, se
convirtió en el principal periódico de la colonia española, lo mismo que El Diario
de La Marina en Cuba.98 Los directores del periódico fueron prominentes líderes
españoles que participaron activamente en la vida social y cultural de la Isla. Los
directores bajo la ocupación estadounidenses fueron los siguientes: Nemesio Pérez
Moris (1898-1900), Cristóbal Real (1900-1902) y José Pérez Losada (1902-1916).
Este periódico fue el principal defensor de la colonia española en la Isla, del
antiguo colonialismo español y de la herencia cultural española. Fue de los periódicos más hispanófilos de la época. La defensa del uso del idioma castellano en
Puerto Rico fue uno de los aspectos que más fomentaron en sus páginas. Irónicamente, al principio de la ocupación estadounidense este periódico fue bilingüe pero la sección en inglés fue eliminada en 1902 aunque aclaraba que saldrían algunos artículos en ese idioma. Esta nueva política era parte de una reforma que
llevaron a cabo en la estructura del periódico,99 que reflejaba la preocupación
que tenían los editores por la supervivencia del idioma español.
Otro tema que fomentó calurosas polémicas fue la herencia española. Ante los
ataques de otros periódicos, especialmente los identificados con el republicanismo
puertorriqueño, los editores de El Boletín Mercantil defendieron el papel que desempeñó España en la historia de Puerto Rico. Esta defensa se caracterizó por
idealizar el período colonial español realzando varios acontecimientos como fueron la colonización, las Cortes de Cádiz, la abolición de la esclavitud, la Carta Autonómica del 1897 o las manifestaciones culturales como las fiestas de San Juan y
el escudo de Puerto Rico. Pero lo importante de esta posición ideológica es que estuvo acompañada de la toma de una posición política sobre el futuro de Puerto Rico. En el período cuando José Pérez Losada era director del periódico, favoreció
un régimen autonómico para la Isla.100 La cuestión política de Puerto Rico generó
un fuerte debate entre los inmigrantes españoles en las primeras décadas. Aunque
en los primeros momentos de la ocupación estadounidense hubo españoles que
simpatizaron con los sectores favorables a la anexión a Estados Unidos, los intelectuales, editores de periódicos y líderes de asociaciones estaban más identificados con el autonomismo o la independencia que con la estadidad para el país.
98 Aurea
Matilde Fernández Muñiz, «La presencia española...», Opus. cit., p. 514.
El Boletín Mercantil, 17 de octubre de 1902, p. 1.
100 La relación entre el «grupo español» y el Partido Unión es señalado por Juan Giusti. Ver Juan
Giusti, «En búsqueda de la nación concreta: “el grupo español” en la industria azucarera de Puerto Rico, 1890 - 1920», Consuelo Naranjo, Miguel A. Puig-Samper y Luis Miguel García Mora (eds.), La nación soñada..., Opus. cit., Madrid, Doce Calles, 1996, p. 219.
99
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
75
El segundo periódico en importancia fue El Heraldo Español, originado en
Santo Domingo. Aunque existió un Heraldo Español en Mayagüez a finales del siglo XIX no tuvieron relación. El Heraldo Español de Santo Domingo «...representó los intereses españoles...» y fue «...acérrimo defensor de cuanto significase política española en ambas islas, y del prestigio de la bandera en la República
dominicana, y aun intransigente y duro, al par que festivamente mordaz.»101 Por
alguna razón que todavía no está clara el periódico comenzó una segunda época en
San Juan tras la ocupación estadounidense. Este periódico fue fundado por José R.
Díaz Valdepares y Antonio Sarmiento en enero del 1900. Para 1903 aparece Cristóbal Real como director y administrador, pero no es hasta el año 1907 cuando comenzaron los cambios más significativos e importantes de este diario. Para ese año
quedó disuelta la antigua sociedad que comprendía a Rafael Fabián, Antonio Sarmiento, Juan Saavedra y Cristóbal Real y en la nueva estarían solamente Fabián,
Real y Vicente Balbás Capó. Este último fue además gerente y director.102 Bajo su
dirección, El Heraldo Español se convirtió en una voz periodística crítica del régimen colonial estadounidense. Para Balbás Capó «lo español» significaba un sentimiento y un símbolo «...consagrado al culto ... lengua, historia y raza españolas,...».103
Este periódico, junto a El Boletín Mercantil, fueron los grandes defensores de
España y los españoles en los primeros años de la ocupación estadounidense. Por
ejemplo, en el primer número de la segunda época del periódico señalaba que estaba consagrado a la «...defensa de los intereses españoles en América.» Además
añadía que el interés era «...estrechar los vínculos de fraternidad que nos unen, por
la comunidad de intereses, por identidad de costumbres, de lengua y de raza con
este pueblo hermano, en bien de los intereses de todos y de la dignidad de la vieja
madre España.»104 Esta defensa de España se fue transformando en un iberoamericanismo. Por ejemplo, en 1902, aparecía en la primera página del periódico
«...diario dedicado a la defensa de España y de los pueblos iberoamericanos.»105
Según el Consulado de España en Puerto Rico era el periódico español más activo
en la vida política del país.106
El Puerto Rico Ilustrado fue otro ejemplo de prensa periódica española aunque
también lo podrían clasificar como puertorriqueña con elementos hispanistas. Este
fue fundado por españoles y puertorriqueños y su principal figura era el periodista
e intelectual español Romualdo Real.107
Al desaparecer los periódicos El Boletín Mercantil y El Heraldo Español, en la
segunda década del siglo XX, aparecen dos importantes periódicos fundados por
periodistas españoles. El primero fue El Imparcial (1918), bajo la dirección del pe-
Unión Ibero-Americana , 15 de enero de 1901, p. 2.
El Boletín Mercantil , 5 de marzo de 1907, p. 2.
103 Vicente Balbás Capó, Puerto Rico a los diez años de americanización, San Juan, Tip. del Heraldo Español, 1909, p. 7.
104 El Heraldo Español, 30 de enero de 1900, p. 1.
105 El Heraldo Español, 30 de julio de 1902, p. 1.
106 «Consulta acerca de la dificil situación creada...», 24 de enero de 1902, AMAE, Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899 - 1929.
107 Puerto Rico Ilustrado, 6 de marzo de 1910, p. 1.
101
102
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
riodista español José Pérez Losada, antiguo editor del periódico El Boletín Mercantil, e importante figura que se destacó en las diferentes asociaciones españolas
en la Isla como en el exterior.108 El segundo fue El Mundo (1919), dirigido en sus
primeros años por los hermanos canarios Romualdo y Cristóbal Real.
Existieron otros ejemplos de prensa periódica que podrían clasificarse como
españoles pero fueron de corta duración. Entre ellos podemos mencionar El Español (1899), Borinquen Ibero (1904), Cervantes (1905-10?), La República Española (1905-10) y La Vanguardia Española (1908).
Otro aspecto importante en donde se destacaron algunos intelectuales españoles residentes en la Isla fue en la defensa del español. La defensa del idioma estuvo
muy ligada a la prensa periódica española. Ésta tomó impulso un año antes de la
celebración de unos Juegos Florales en San Juan en 1903. En un artículo publicado
varios días después volvían a defender el uso del idioma español, criticaban el intento de sustituir al español por el inglés y comparaban la situación de Puerto Rico
con otras partes del mundo como Alsacia, Lorena y Lousiana donde habían problemas similares. Señalaban que «el idioma español vivirá siempre en Puerto Rico.»109 La defensa del español en esos primeros años culminó con la celebración
del tercer centenario de la publicación de El Quijote que por iniciativa de los editores del periódico El Boletín Mercantil fue celebrada en 1905 por el Casino Español
de San Juan y el Ateneo Puertorriqueño. En la reivindicación del español se utilizaron otras conmemoraciones como el tercer centenario de la muerte de Cervantes, en 1916.110 En las próximas dos décadas (1910-20) el debate del idioma tomará mayor fuerza gracias al papel de puertorriqueños y de varios españoles que
entendieron la necesidad de defenderlo, creando el Instituto José de Diego, en
1915, como una alternativa educativa «iberoamericanista», y la Academia Antillana de la Lengua, en 1916.
Por otro lado, otra forma que utilizó la colonia española de expresar su defensa del uso del español fue la publicación de obras literarias: prosa y poesía.
Los escritores más activos fueron el canario Cristóbal Real, el gallego José María Lomba y el andaluz-gallego José Pérez Losada. El primero escribió las obras
Palmas (1903) y Floralia (1907), el segundo Hojarasca (1905) y el tercero La
Patulea (1907). De esta época también son los trabajos de Pedro de Angelis Españoles útiles a Puerto Rico (1902), Puerto Rico en España (1904) y Españoles
en Puerto Rico (1911), el libro de Cristobal Real La Ominosa España (1904) y
el trabajo del puertorriqueño-español Vicente Balbás Capó, titulado Diez años
de americanización (1907), en los que defendió la presencia española en la cultura e historia de Puerto Rico.
108 Este periodista andaluz aunque de antepasados gallegos se destacó en la vida intelectual de
Puerto Rico. Escribió en varios periódicos en la Isla y colaboró con la prensa española como por ejemplo A.B.C. y Vida Gallega. Políticamente hablando se identificó con varias corrientes políticas: desde el
republicanismo de principio del siglo XX hasta el franquismo.
109 El Boletín Mercantil, 26 de marzo de 1901, p. 1.
110 El Boletín Mercantil, 24 de abril de 1916, p. 1.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
77
EL IBEROAMERICANISMO, VIDA CULTURAL Y LA REINVENCIÓN DE TRADICIONES
La elite intelectual española en San Juan tomó la iniciativa de convertirse en la
voz pública de la colonia española a través de sus principales asociaciones y de la
prensa periódica. Tras los acontecimientos de 1898, estuvo tanto a la defensiva como a la ofensiva ante la nueva situación política, económica y cultural. Por un lado, la defensa de la herencia española fue uno de los aspectos más controversiales
discutidos públicamente. Ante los duros ataques de periódicos como The Sun, San
Juan News, El Aguila de Puerto Rico, El Tiempo, La Bandera Americana, principalmente identificados con el Partido Republicano Puertorriqueño, tuvieron que
ponerse a la defensiva, actitud que caía en la idealización del pasado o en la invención de tradiciones. Por ejemplo, en 1901 la prensa republicana criticaba al gobierno español por no haber ayudado a los sectores pobres de la población. Ante este
comentario, los editores de El Boletín Mercantil publicaron el artículo titulado «La
generosidad de España y la ingratitud de unos cuantos.»111 En 1910 y 1911 las críticas procedían del movimiento obrero por los acontecimientos ocurridos en Barcelona y Marruecos. Los sentimientos anti-españoles fueron expresados con tanta
frecuencia en las primeras décadas de la ocupación estadounidense que hizo que el
liderazgo de la colonia española, especialmente la de San Juan, estuviera muy
atenta y vigilante. Era de esperarse que este sector fomentara tanto el iberoamericanismo como las relaciones culturales entre España y Puerto Rico.
Una de las maneras utilizadas fue la participación en congresos iberoamericanos. La colonia española participó en los congresos para fomentar redes de apoyo
y solidaridad con otras asociaciones. Una de las primeras actividades en la cual estuvo involucrada fue el Congreso Iberoamericano del 1900 organizado por la
Unión Iberoamericana de Madrid. Esta actividad fue apoyada por los editores de
El Boletín Mercantil, los cuales estuvieron representados por Alejandro Infiesta.112
Es interesante destacar que en un despacho consular, salido de Puerto Rico a principios del 1902, se indicaba que algunos españoles desarrollaron más interés en
participar en la discusión pública y política tras la celebración de este congreso.113
Otro congreso importante fue el Primer Congreso del Comercio Español en Ultramar celebrado en 1923 en España. Las asociaciones españolas de Puerto Rico como el Casino Español de San Juan, la Casa de España, la Sociedad Española Auxilio Mutuo fueron oficialmente invitadas para esta actividad las cuáles organizaron
una comisión.114 El intelectual y periodista José Pérez Losada fue uno de los que
viajaron a este congreso. Aunque fue una actividad de índole económica, hay que
destacar que uno de los acuerdos tomados fue apoyar la enseñanza del español en
la Isla.115
Otra forma de auspiciar estas relaciones fueron las visitas de intelectuales españoles e hispanoamericanos. Uno de ellos fue el poeta español Salvador Rueda, que
El Boletín Mercantil, 25 de abril de 1901, p. 1.
El Boletín Mercantil, 25 de septiembre de 1900, p. 1; 28 de septiembre de 1900, p. 1.
113 «Consulta...», AMAE , Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899 - 1929.
114 Memoria de la Casa de España de 1923, San Juan, Tip. Cantero Fdez. y Co., 1924.
115 Unión Iberoamericana, mayo-junio 1923, pp. 47-60.
111
112
78
LOS LAZOS DE LA CULTURA
realizó un viaje a Cuba que incluyó una breve estadía a Puerto Rico en 1910. El Casino Español de San Juan organizó un «lunch» en la sede de la institución en donde
participó la intelectualidad española como Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás
Capó, Manuel Fernández Juncos y José Pérez Losada. Éste también fue homenajeado en el Ateneo Puertorriqueño y en un banquete ofrecido en el Hotel Inglaterra. Por
último, visitó a Salvador Brau en su lecho de enfermo.116 Este viaje por América dejó una gran influencia en el poeta como señala Manuel Alvar.117 También en ese año
los intelectuales españoles intentaron traer a Puerto Rico al famoso pensador e historiador español Rafael Altamira que estaba en Cuba como delegado de la Universidad
de Oviedo en su viaje por Hispanoamérica. Pero, la visita de Rafael Altamira no se
logró (por razones confusas) apesar de los intentos de Manuel Fernández Juncos y
Antonio Alvarez Nava.118 Las visitas de intelectuales españoles a Puerto Rico tomará un nuevo impulso a finales de la década del 1920 con las acciones de la JAE y la
Institución Cultural Española como más adelante se analizará.
La Isla también fue visitada por marineros españoles e hispanoamericanos, lo
cual fue aprovechado por la colonia española para alentar los sentimientos iberoamericanistas. Por ejemplo, cuando en 1903 visitó la Isla la fragata argentina «Sarmiento» la colonia española organizó una serie de actividades para saludar a los oficiales
de esta nave. El Boletín Mercantil aprovechó está visita para expresar sentimientos
iberoamericanistas, una comisión de españoles visitó la embarcación y el Casino Español de San Juan realizó una fiesta en honor de los oficiales de la fragata en donde
dominaron los símbolos argentinos y españoles.119 Para 1920 organizaron un gran
recibimiento con la llegada al puerto de San Juan del acorazado español «Alfonso
XIII».120 Estas visitas de marineros españoles e hispanoamericanos fueron utilizadas
por los sectores más hispanófilos de la sociedad puertorriqueña para manifestar sentimientos de identidad con el mundo iberoamericano.121
Además de estas iniciativas, existieron tres asociaciones, originadas las dos
primeras en España y la tercera en Argentina, que fomentaron el iberoamericanismo en Puerto Rico: la Unión Iberoamericana, la Casa de América en Barcelona y
la Institución Cultural Española en Puerto Rico. La Unión Iberoamericana nació
en Madrid a finales del siglo XIX. El fin principal era el fomento de las relaciones
culturales entre España y sus antiguas colonias americanas. Cuando ocurrió el
116 «El Cónsul de España da cuenta del recibimiento hecho en esta ciudad al ilustre poeta Salvador
Rueda.», AMAE, Correspondencia, Consulado, Puerto Rico, H2025, 1899 – 1925, y El Boletín Mercantil, 29 de enero de 1910, p. 1; 31 de enero de 1910, pp. 1-2; 2 de febrero de 1910, pp. 2 y 7 de marzo de 1910, p. 4 ; 6 de octubre de 1910, p. 1.
117 Manuel Alvar, «Del modernismo a la generación del 98», Pedro Laín Entralgo (coordinación),
Historia de España. Ramón Menéndez Pinal. XXXIX. La edad de plata de la cultura española (1898 1936). Volumen II. Letras, ciencia, arte, sociedad y culuras, Madrid, Espasa Calpe, 1996, p. 68.
118 Puerto Rico Ilustrado, 6 de marzo de 1910, s/p y 13 de marzo de 1910, s/p.
119 El Boletín Mercantil, 15 de mayo de 1903, p. 1; 16 de mayo de 1905, p. 2 y 18 de mayo de
1903, p. 2.
120 Unión Iberoamericana, agosto 1920, pp. 24-29.
121 Es interesante destacar que parece que desde los primeros años del siglo XX las Siervas de María
acostumbraban saludar la llegada de cualquier embarcación española con la bandera española que sacaban
desde los balcones de su sede en el Viejo San Juan. Esta tradición todavía persiste en el día de hoy. Sobre el
particular ver Unión Iberoamericana, 31 de octubre de 1911, pp. 10-11 y 30 de junio de 1913, pp. 17-18.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
79
Manuel Fernández
Juncos.
(Revista de Antillas,
1913)
conflicto del 1898 esta institución desarrolló una política favorable hacia el gobierno español y buscó apoyo de los países hispanoamericanos a través de los capítulos fundados en las diferentes capitales.
Aunque en Puerto Rico no existía un capítulo en el período colonial español, varios residentes eran socios de ésta. Al ocurrir la invasión estadounidense, varios españoles y residentes de la Isla intentaron fundar un capítulo. Para mayo de ese año se
reunió un grupo de españoles y puertorriqueños en las oficinas del Dr. Ordoñez para
fundar un centro de instrucción. Fue elegido como presidente el propio Ordoñez, el
puertorriqueño-español Vicente Balbás Capó salió como vice-presidente y Félix de la
Torriente como secretario.122 El Reglamento de la organización presentó un proyecto
ambicioso de educación alternativa al proceso de americanización. Propusieron incluso fundar una universidad. Uno de sus objetivos principales fue la defensa del idioma
español mediante certámenes literarios y la fundación de escuelas a lo largo de todo el
122
El Boletín Mercantil , 13 de mayo de 1901, p. 3.
80
LOS LAZOS DE LA CULTURA
país. En el Reglamento señalaban claramente estos propósitos.123 El proyecto comenzó bien ya que ese mismo año fundaron un colegio de la Unión Iberoamericana en
San Juan. El Colegio ofrecía educación a alumnos de Puerto Rico y de Santo Domingo; además de dar cursos de español también impartía otros de inglés, francés, piano
y religión. Parece que el proyecto tuvo posteriormente una serie de contratiempos que
hicieron que entrara en decadencia.
Probablemente la decadencia de la Unión Iberoamericana en Puerto Rico tuvo
que ver algo con el desarrollo de la Liga de Republicanos Españoles, ya que ésta
era de tendencias más liberales y representaba una alternativa regeneracionista en
la búsqueda de una nueva España. La presencia de la Unión Iberoamericana en la
isla estará latente en los próximos años ya que esta asociación tendrá representantes tales como F. Ramirez de Arellano, que los pondrá en contacto con los acontecimientos políticos de la Isla. Es interesante destacar que la Unión Iberoamericana
en Madrid se fue identificando en los próximos años con la independencia de
Puerto Rico.124
La Casa de América en Barcelona fue otra asociación que tuvo una inluencia
destacada. En 1910 existía en Barcelona la Sociedad Libre de Estudios Americanistas, cuyo origen está vinculado al parecer con el viaje de Altamira a la América
Hispana. Señala Santiago Melón Fernández que para esa época se fundaron varias
sociedades como el Instituto Iberoamericano de Derecho, la Biblioteca América de
la Universidad de Santiago de Compostela, Real Academia Hispanoamericana
de Ciencias y Artes, Centro y Seminario de Estudios Hispanoamericanos de la
Universidad Central que fueron fomentados por los viajes de Altamira y las iniciativas de la Universidad de Oviedo. Añade Melón Fernández «...es fácilmente comprensible que la obra de Altamira estimulara la creación de diversas sociedades
culturales orientadas hacia el horizonte americano...».125 No era extraño a los objetivos de la Casa de América en Barcelona «...divulgar en España el conocimiento
de los pueblos de la América latina y se propone realizarlo por medio de estudios,
conferencias, museos, bibliotecas y exposiciones especiales,...».126 Esta sociedad
catalana auspició varios viajes por América, igual lo hizo la Universidad de Oviedo, en donde escogieron al puertorriqueño José G. del Valle como su representante
en Puerto Rico ya que se quería constituir en esta isla y en Cuba una comisión o
delegación de ésta.127
123 «Reglamento de la Unión Iberoamericana. (Sociedad de Instrucción). Puerto Rico, Tipografía
del Heraldo Español, 1901». AGPR, Departamento de Estado, Corporaciones sin fines lucrativos, caja
19, expediente 368.
124 En la revista Unión Ibero-americana, órgano oficial de la asociación en Madrid, publicaron varios artículos críticos hacia el colonialismo estadounidense y a favor de la independencia. Ver por ejemplos Unión Ibero-americana, 30 de junio 1909, pp. 2-3; 30 de noviembre de 1911, pp. 17-18; marzo
1913, pp. 21-26; julio 1919, pp. 1-8; diciembre 1925, pp. 61-66. Además, para la década del 1920 comienzan a publicar artículos sobre el nuevo movimiento nacionalista en la Isla como por ejemplo
Unión Iberoamericana, marzo-abril 1924, pp. 20-24 y 51 y diciembre 1925, pp. 61-66.
125 Santiago Melón Fernández, El viaje a América del profesor Altamira, Oviedo, Universidad de
Oviedo, 1987, pp. 84 - 85.
126 El Boletín Mercantil, 15 de septiembre de 1910, p. 2.
127 Idem.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
81
Esta sociedad se transformó en lo que se comenzó a llamar la Casa de América
en Barcelona. La idea de la Casa de América fue crear una sede en donde estudiaran
a las naciones hispanoamericanas, la política exterior estadounidense y las relaciones económicas. Además, fundarían una biblioteca americana, un museo cultural, un
museo de productos, una sala de exposiciones y una sala de domicilio.128 Los directores de esta institución eran destacadas personalidades de la vida política, cultural y
económica de España tales como: Rafael Altamira, Barón de Bonet, Enrique Deschamps, Federico Rahola, José María de Labra, Luis Riera Soler, Antonio Rubio
Lluch, Rafael Vehils y José Zulueta. Contaban con un comité de divulgación con representantes de Argentina, Brasil y Cuba, y poseían un Club Americano en Barcelona, fundado por iniciativa del puertorriqueño José G. del Valle, encargado de fomentar las relaciones culturales y económicas entre americanos y españoles a través de
conferencias, clases gratuitas, veladas y conciertos. La sede del Club tenía distintas
salas para reuniones, conversación, lectura y biblioteca.129
En la inauguración de la Casa de América en Barcelona, en abril de 1911, participaron los cónsules americanos en la ciudad condal, incluyendo el de Estados
Unidos. En este acto se presentó a la Junta Directiva y se informó sobre los delegados de esta organización en América. Luis Muñoz Rivera sería el representante en
Washington, D.C. y Manuel Zeno Gandía en Puerto Rico.130
El representante de Puerto Rico, José G. del Valle, viajó a la Isla en 1912 para
informar sobre el proyecto iberoamericanista de la Casa de América de Barcelona.
Para ello se organizaron dos actividades, una auspiciada por la Cámara de Delegados y la otra por el Casino Español de San Juan. En la velada auspiciada por la Cámara de Delegados participaron, entre otros, el presidente del Casino Español de
San Juan Antonio Alvarez Nava, el periodista Vicente Balbás Capó, el abogado
Juan Hernández López, el cónsul español José Martínez de Pons, el comisionado
en Washington Luis Muñoz Rivera, y el delegado republicano Luis Sánchez Morales. Manuel Zeno Gandía no pudo estar por encontrarse enfermo. Varios de los
presentes ofrecieron discursos, como por ejemplo José G. del Valle, quien habló
sobre el proyecto de la Casa de América en Barcelona. La última actividad del visitante fue en la sede del Casino Español de San Juan. En esta actividad participaron Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás Capó, Juan Hernández López, Ramón
Negrón Flores y Manuel Zeno Gandía. Este último aprovechó la velada para criticar el panamericanismo y alabar el iberoamericanismo.131 Tras su visita se creó
una comisión de la Casa de América en Puerto Rico, que estaba compuesta por los
españoles Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás Capó, Manuel Fernández Juncos
y José Martínez de Pons, y por los puertorriqueños Juan Hernández López y Manuel Zeno Gandía.132 La Casa de América en Barcelona fue una institución, junto a
la Unión Iberoamericana, que impactó sobremanera la vida cultural y social de
El Boletín Mercantil, 17 de septiembre de 1910, p. 1.
El Boletín Mercantil, 3 de mayo de 1911, p. 2.
130 El Boletín Mercantil, 3 de junio de 1911, p. 1.
131 El Boletín Mercantil, 17 de octubre de 1910, pp. 1 y 8.
132 El Boletín Mercantil, 27 de septiembre de 1912, p. 8; 2 de octubre de 1912, p. 1 y 9 de octubre
de 1912, p. 1.
128
129
82
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Puerto Rico. Políticos como Coll Cuchí y José de Diego ofrecieran discursos en la
sede de la institución dándole un matiz puertorriqueñista.133
La tercera nueva asociación que impactó la vida cultural en Puerto Rico y fomentó el iberoamericanismo y las relaciones culturales con España fue la Institución Cultural Española en Puerto Rico. La idea de la creación de este tipo de asociación surgió en Buenos Aires, Argentina en el año 1912.134 Esta Institución tuvo
un gran impacto en Argentina a través de la organización de actividades culturales,
visitas de profesores españoles, conferencias y conmemoraciones.135 En los próximos años se fundaron capítulos de esta institución en diferentes ciudades hispanoamericanas incluyendo a Puerto Rico. En 1926 el comerciante asturiano Rafael
Fabián Fabián recibió una invitación del Duque de Alba de la Asociación Hispanoamericana para que fundara una Institución Cultural Española en la Isla. En 1928
el proyecto ya era realidad.136 El objetivo de la asociación fue «...dar a conocer y
difundir en Puerto Rico los estudios e investigaciones sobre lengua, literatura
y cualquier otro aspecto científico o artístico de la civilización española».137 Varios
de los aspectos más importantes que fomentó esta institución fue el auspicio de
conferencias de pensadores españoles en Puerto Rico como fueron A. Castro, Ramón Lavandero, Federico de Onís, Pérez Grande, Fernando de los Ríos, Angel
Valbuena Prat; el apoyo al Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico y la financiación de becas de estudios en España para estudiantes puertorriqueños como fueron Margot Arce y Rubén del Rosario.138 Parece que
esta institución entró en decadencia con la muerte de su presidente Rafael Fabián
Fabián en 1930.
LAS CONMEMORACIONES
Conmemorar fue un acto público para recordar fechas y nombres. La colonia
española de San Juan estuvo muy activa en este proceso de conmemorar a través
de sus asociaciones y su prensa. En algunas ocasiones fueron iniciativas de esta
colonia, pero en otras fueron más bien de los puertorriqueños. Una de las formas
de conmemorar fue recordando acontecimientos ocurridos en el período colonial
español en Puerto Rico. Este período lo convirtieron en una «época dorada».139 Al133
José De Diego, Casa de América. Conferencia de D. José de Diego, San Juan, Tip. C. Pujals,
1917.
134 Sobre el particular ver Compendio Historial de la Institución Cultural Española (1912-1947) y
Orientación Futura, Buenos Aires, 1947.
135 Antonio Niño Rodríguez, «Hispanoamericanismo, regeneración y defensa del prestigio nacional (1898-1931)», Pedro Pérez Herrero y Nuria Tabanera (coord.), España / América Latina. Un siglo de políticas culturales, Madrid, AIETSI /SINTESIS-OEL, 1993, pp. 34-38.
136 Antonio Blanco Fernández, España y Puerto Rico 1820-1930, Puerto Rico, Tip. Cantero Fdez.
Co., 1930, pp. 96-97.
137 AGPR, Departamento de Estado, Corporaciones sin fines lucrativos, caja 31A, expediente 474,
«Institución Cultural Española de Puerto Rico».
138 Antonio Blanco Fernández, España y Puerto Rico 1820-1930, Puerto Rico, Tip. Cantero Fdez.
Co., 1930, pp. 97-98. Véase el artículo de Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper sobre las relaciones entre el Centro de Estudios Históricos de Madrid y la Universidad de Puerto Rico, incluido en este libro (capítulo V).
139 Véase el artículo de Libia González sobre memoria y representación incluido en este libro (cap. III).
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
83
go parecido a lo que señalan otros estudios sobre movimientos nacionales o regionales en otros países en donde idealizan épocas pasadas.
La colonia española participó muy activamente en cuatro grandes conmemoraciones relacionadas con ese pasado colonial: Cuarto Centenario de la Conquista y
colonización de Puerto Rico (1908), el Centenario de las Cortes de Cádiz celebrado en España (1912), el Cuarto Centenario de la fundación de la Diócesis de Puerto Rico (1913) y el Día de la Raza. Estas cuatros conmemoraciones representaron
las actividades más importantes celebradas públicamente que sirvieron para fomentar el iberoamericanismo, aunque irónicamente fueron también auspiciadas
por los representantes coloniales estadounidenses.
Conmemorar un nuevo centenario de la conquista y colonización de Puerto Rico fue una iniciativa de los puertorriqueños y en particular de Cayetano Coll y Toste. Éste envió una carta a José de Diego para que la Presidencia de la Cámara de
Delegados auspiciara esta actividad.140 Aunque fue aprobado, el proyecto de ley en
la Cámara de Delegados, suscitó un caluroso debate, que continuó tras publicarse
su aprobación en inglés. Para poner en marcha las actividades, La Fortaleza creó
un comité organizativo de los festejos, integrado por Cayetano Coll y Toste, José
de Diego, Antonio Alvarez Nava representando el Casino Español de San Juan,
Ferdinand R. Cestero por el Ateneo y Rafael del Valle por el Consejo Ejecutivo.141
Es importante destacar la participación de Alvarez Nava y Cestero, ya que representaban las dos principales asociaciones de la Isla.
Las actividades conmemorativas se llevaron a cabo por El Ateneo Puertorriqueño, que organizó un certamen literario y por el Casino Español de San Juan,
que realizó una exhibición histórica en su sede. Las actividades públicas duraron
cuatro días y se ofrecieron en el teatro, en las ruinas de Caparra, en la Plaza Colón,
en el Casino Español de San Juan, en la Catedral, en el Hipódromo y finalmente en
La Fortaleza. Todos estos festejos fueron recogidos por la prensa, así, por ejemplo,
El Heraldo Español comenzó a publicar periódicamente La Elegia de Juan de
Castellanos sobre Juan Ponce de León.142 En esta actividad pública, en donde participaron estadounidenses, puertorriqueños y españoles, el sentimiento hispanista
fue el dominante. Pero, veamos la participación de los españoles.
En primer lugar, el certamen organizado por el Ateneo Puertorriqueño inauguró la conmemoración. Los asturianos Manuel Fernández Juncos y Antonio
Alvarez Nava tuvieron un papel destacado entre los principales dignatarios.
Además de puertorriqueños y estadounidenses varios españoles recibieron premios en el certamen: Rafael Colorado, Antonio Fernández Blanco, Manuel Fernández Juncos, Cristóbal Real, Romualdo Real y José Pérez Losada. Además,
el puertorriqueño-español Vicente Balbás Capó recibió tres medallas de oro por
sus colecciones arqueológicas, prehistóricas y de armas antiguas.143 En esta ac-
140 Adolfo De Hostos, Tesauro de datos históricos de Puerto Rico. Tomo I, Río Piedras, Editorial de
la Universidad de Puerto Rico, 1990, p. 442.
141 La crítica a la proclama en inglés apareció en El Boletín Mercantil, 27 de abril de 1908, p. 2 y
29 de abril de 1908, p. 2.
142 El Heraldo Español, 30 de abril de 1908, p. 1.
143 El Boletín Mercantil, 10 de agosto de 1808, p. 2.
84
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Ateneo Puertorriqueño en San Juan, 1910.
tividad encontramos la participación de una representación de la intelectualidad
española de Puerto Rico tanto en el comité organizador, como entre los premiados. Lo significativo de esta actividad fue la oportunidad que la elite intelectual
y política del país tuvo de presentar al dominador norteamericano la idea de la
existencia de una civilización, producto de la conquista y de la colonización española.
Otra de las actividades importantes fue la expedición a Pueblo Viejo, a las ruinas de Caparra, para inaugurar un obelisco conmemorativo de mármol. Fue una
actividad cargada de simbolismo ya que el propósito era buscar e identificar lo que
llamarían el origen de la civilización puertorriqueña. Los editores de El Heraldo
Español llamaron a Ponce de León el «...fundador de la sociedad puertorriqueña.»144
Una tercera actividad que queremos resaltar fue la exhibición histórica organizada por el Casino Español de San Juan en su sede. En esta dominaron los objetos
y no tanto las palabras: piezas arqueológicas, antigüedades, monedas, medallas,
condecoraciones, autógrafos, libros, armas de fuego, obras de arte, arte de la aguja
y hasta la pluma con la que se firmó la autonomía para Puerto Rico.145 Con ello se
intentaba presentar los objetos que evidenciaban que en Puerto Rico existía una ci144
145
El Heraldo Español, 30 de abril de 1908, p. 1.
El Boletín Mercantil, 6 de agosto de 1908, p. 2.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
85
Caricatura de José
Pérez Losada
(Revista Índice, año 11,
núm. 19, San Juan,
octubre, 1930).
vilización y una cultura, frente a la visión fomentaban los grupos de poder estadounidenses sobre la Isla.146
La principal actividad de esta conmemoración fue el traslado de los restos de
Juan Ponce de León de la Iglesia de San José a la Catedral de San Juan. Juan Ponce de León fue transformado en el nuevo héroe mitológico que fundó la «civilización puertorriqueña», uniendo origen y héroe para inventar un Cid o un Don Pelayo puertorriqueño. Esta iniciativa la propusieron sobre todo los directores del
Casino Español de San Juan. La procesión cívica estuvo acompañada por la música de bandas militares tanto del batallón de Puerto Rico como del destacamiento
de la Estación Naval de San Juan y la banda musical de la policía insular. Por otro
lado, guerreros a caballos, maceros y Antonio Sarmiento, llevando la antigua ban146 Hay que recordar que los periodistas y fotógrafos estadounidenses lo que enfatizaban del otro
puertorriqueño eran lugares exóticos y evidencia fotográfica de la pobreza. Ver Lanny Thompson,
Nuestra isla y su gente. La construcción del «otro» puertorriqueño en Our Islands and Their People,
Río Piedras, Centro de Investigaciones Sociales y Departamento de Historia de la Universidad de Puerto Rico, 1995.
86
LOS LAZOS DE LA CULTURA
dera de España, acompañaban a jóvenes que llevaban en una urna los restos del
conquistador. A continuación desfilaba la comisión presidencial en la que entre
otros se encontraban el presidente del Casino Español de San Juan Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás Capó, Ferdinand R. Cestero, Cayetano Coll y Toste, Manuel Fernández Juncos, el cónsul dominicano Juan E. Medina, Manuel Paniagua y
el alcalde de San Juan Francisco del Valle Atiles. Terminaba la marcha un grupo de
niños del asilo de huérfanos de Santurce. La procesión recorrió la Plaza de Armas,
la calle de San Francisco, la Plaza Colón, la calle Fortaleza y la calle del Cristo para terminar en la Catedral. La actividad finalizó con una misa en donde participó el
gobernador estadounidense Post.147
Varios aspectos se pueden analizar de esta actividad. En primer lugar militares
estadounidenses y puertorriqueños, con bandas musicales, rindieron respeto a un
conquistador español. El dominador rinde culto a un personaje de la historia de los
nativos. En segundo lugar, los jóvenes y los niños participaron activamente en la actividad como si representaran la nueva generación puertorriqueña que se identificaba
con un héroe del pasado, del período colonial español. Tercero, la participación de la
intelectualidad española y puertorriqueña en la comitiva reivindicó el papel hegemónico que éstos tenían en la sociedad puertorriqueña; fue una manifestación de la importancia que aún tenía la colonia española en la sociedad puertorriqueña.
Para el recuerdo quedó el musoleo, contruido por el Casino Español, en honor
a Juan Ponce de León en el lugar donde descansan sus restos. El escultor Miguel
Blay de Madrid fue el encargado de crear esta obra artística.148 Además, el Casino
Español de San Juan autorizó que la joyería A. Saavedra pusiera a la venta una serie de recuerdos en honor a Juan Ponce de León como alfileres de corbata, dijes,
pulseras, dormilonas, imperdibles y pendientes. Estos pendientes tenían representada una moneda conmemorativa de medio peso y dos peso oro en donde por un
lado tenían el busto de Ponce de León y por el otro lado una inscripción conmemorativa.149 También editaron un libro titulado Cuarto Centenario de la Colonización Cristiana de Puerto Rico, que publicado por El Boletín Mercantil.150 Estos
tres aspectos son representativos de cómo esta actividad sirvió como excusa para
crear objetos públicos, mausoleo y moneda conmemorativa, que hicieran recordar
un héroe mitológico y una época dorada como recreación hispanófila de los «orígenes» de la historia de Puerto Rico.
La otra gran actividad fue la celebración del Centenario de las Cortes de Cádiz
en España en 1912. En esta ocasión fue una iniciativa de los españoles y en particular de los editores de El Boletín Mercantil, quienes acudieron a la invitación que
la Junta de Festejos en Cádiz, creada en 1909, hizo a las repúblicas hispanoamericanas. Inmediatamente los editores de El Boletín Mercantil recomendaron que por
la situación colonial de la Isla, Puerto Rico participara en estas actividades a través
de la Cámara de Delegados. Parece que en ese primer momento la iniciativa no tuvo mucho efecto en la opinión pública con excepción de algún apoyo de la prenEl Boletín Mercantil, 13 de agosto de 1908, p. 2.
El Boletín Mercantil, 26 de febrero de 1909, p. 2.
149 El Boletín Mercantil, 30 de agosto de 1909, p. 2 y 10 de septiembre de 1909, p. 2.
150 El Boletín Mercantil, 27 de abril de 1910, p. 2.
147
148
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
87
sa.151 Dos años después, los editores de El Boletín Mercantil volvieron a recordar
la idea del centenario y en esta ocasión tuvieron el apoyo y respaldo de José de
Diego desde la Cámara de Delegados, quien apoyó la idea de enviar representantes
de Puerto Rico a la actividad.152
En España, la Sociedad Unión Ibero Americana tuvo un importante papel para lograr que Puerto Rico participara oficialmente en las actividades. Solicitó, por pedido
de los puertorriqueños, al Conde de Romanones que la Isla fuera oficialmente invitada a las actividades, quien accedió a ello.153 Además, Salvador Canals, puertorriqueño
diputado a Cortes por Alicante, logró que enviaran invitación oficial a la Cámara de
Delegados de Puerto Rico.154 Finalmente, Rafael María de Labra envió cartas a Manuel Fernández Juncos y José de Diego para que Puerto Rico participara.155
A principios del año de 1912 comenzaron los preparativos. En primer lugar, la
nueva directiva del Casino Español de San Juan nombró una comisión para reunirse con representantes de la Cámara de Delegados y el Ateneo Puertorriqueño. Esta
comisión estuvo compuesta por Antonio Avarez Nava, Vicente Balbás Capó y Antonio Sarmiento, logrando que estuvieran integradas las tres instituciones.156 También se unieron en la colaboración para la actividad la Sociedad de Historia y el
Alcalde San Juan.157 La aprobación de una ley, con el visto bueno del gobernador
Colton, permitió enviar una comisión que representara a Puerto Rico en los actos
oficiales en Cádiz.158 Por inciativa de los directores del Casino Español de San
Juan mandaron preparar una lápida conmemorativa al escultor español Miguel
Blay en honor a Ramón Power, que se colocó en la Iglesia de San Felipe de Cádiz.
José de Diego, a nombre de la Cámara de Delegados, también donó dinero para la
lápida.159 Esta lápida decía «Homenaje del Casino Español de Puerto Rico de 1912
a la memoria de Ramón Power, primer Vicepresidente de las Cortes de Cádiz y Diputado de Puerto Rico en 1810.»160 Quizás este acto sea irónico en cuanto a que
una institución cultural fundada por sectores conservadores en 1871 le rindiera un
homenaje a un recuerdo del liberalismo español.
Las actividades oficiales celebradas en Cádiz fueron toda una manifestación
pública nacionalista e iberoamericanista. Para los editores de la Unión Iberoamericana de Madrid fue todo un éxito: «Para los que comulgamos en el ideal de la
unión de la raza ibero-americana la conmemoración del Centenario de las Cortes
del 12 fue un éxito de lo más completo.»161 Las actividades fueron variadas: recepción oficial en la Diputación Provincial, banquete en el Ayuntamiento, parada militar, una procesión cívica y discursos por representantes de Colombia, México,
El Boletín Mercanti , 10 de octubre de 1909, p. 2 y 13 de diciembre de 1909, p. 2.
El Boletín Mercantil, 30 de octubre de 1911, p. 1 y 11 de noviembre de 1911, p. 2.
153 Unión Ibero-Americana, 31 de enero de 1912, p. 14.
154 El Boletín Mercantil, 23 de diciembre de 1911, p. 1.
155 Puerto Rico Ilustrado, 20 de enero de 1912, s/f.
156 El Boletín Mercantil, 9 de enero de 1912, p. 6 y 17 de enero de 1912, p. 2.
157 El Boletín Mercantil, 3 de febrero de 1912, p. 6.
158 El Boletín Mercantil, 19 de marzo de 1912, p. 1.
159 El Boletín Mercantil, 28 de agosto de 1912, p. 1, 5 de septiembre de 1912, p. 1 y 16 de septiembre de 1912, p. 2.
160 El Boletín Mercantil, 30 de octubre de 1912, p. 2.
161 Unión Iberoamericana, diciembre de 1912, pp. 2.
151
152
88
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Puerto Rico, Uruguay, Ecuador, y políticos españoles como Segismundo Moret,
Rafael María de Labra, el Alcalde de Cádiz, el presidente del Casino Gaditano y
otros. La procesión terminó en la Iglesia. Posteriormente ofrecieron también un
banquete militar, una actividad social en el Casino Gaditano y un certamen escolar
en el teatro de la ciudad.162
Por último, Coll y Cuchí, jefe de la misión diplomática de Puerto Rico y futuro
fundador del Partido Nacionalista fue el que ofreció el discurso de la delegación
abogando por la independencia de Puerto Rico. Éste pidió «..al sentimiento hispano americano, para que preste a Puerto Rico, no el concurso de las fuerzas armadas, sino la labor de la diplomacia, para que el pueblo puertorriqueño alcalce su
anclada declaración de pueblo libre e independiente; mientras Puerto Rico no sea
independiente la raza latina no lo será tampoco. No queremos ser sajones, queremos –dijo– ser hispanoamericanos...».163 Parece que Coll y Cuchí sustituyó a José
de Diego ya que este último fue criticado por la prensa y por J. Ramírez de Arellano, presidente de la Sociedad de la Historia de Puerto Rico, por ofrecer un discurso panamericanista y no iberoamericanista en Puerto Rico.164 Es interesante destacar que Coll y Cuchí ofreció un discurso parecido en la sede de la Casa de América
de Barcelona.165
Esta actividad conmemorativa tiene varios significados. Fomentó el iberoamericanismo entre la colonia española y puertorriqueña nuevamente. Nos encontramos ante la reinvención de un segundo héroe mitológico, Ramón Power Giralt que
tendrá un papel significativo en las próximas décadas como héroe de las luchas nacionales.166 Es significativo que la colonia española le haya rendido un homenaje
con una lápida en la Iglesia de Cádiz. Por último, fue la contestación simbólica de
la sociedad puertorriqueña ante la nueva situación colonial de la Isla. Como diría
Ramírez de Arellano en cuanto a la publicación un texto en español y en inglés sobre las Cortes de Cádiz para «...que sepa el pueblo invasor que hace un siglo Puerto Rico formaba parte de la Monarquía española é intervenía en su gobierno de
una manera efectiva.»167 Es nuevamente la creación de una edad dorada para olvidar cuatro siglos de colonialismo e injusticia hacia la Isla.
La tercera gran conmemoración fue la celebración en la Isla del Cuarto Centenario de la fundación de la diócesis de Puerto Rico. La organización comenzó a
principios del 1910. Se creó una Junta Directiva que estaba compuesta por Juan
162 Unión Iberoamericana, diciembre de 1912, pp. 2, 8-9; M.S.B.; El Centenario de las Cortes de
Cádiz. Las Fiestas de las Lápidas conmemorativas y decorativas de San Felipe de Neri. Madrid, Imprenta “Sindicato de Publicidad”, 1912; El Boletín Mercantil, 16 de octubre de 1912, p. 2; 18 de octubre de 1912, p. 1; 19 de octubre de 1912, p. 2; 22 de octubre de 1912, p. 2; 23 de octubre de 1912, p. 2;
25 de octubre de 1912, pp. 1-2; 28 de octubre de 1912, pp. 2-3, 7; 29 de octubre de 1912, pp. 1-2 y 30
de octubre de 1912, p. 2.
163 El Heraldo Español, 21 de octubre de 1912, s/p.
164 J. Ramírez De Arellano, «La Sociedad de la Historia de Puerto Rico y las Cortes de Cádiz»,
Unión Ibero-Americana, 30 de abril de 1912, pp. 11 - 12; Heraldo Español, 19 de julio de 1912, s/p.
165 El Boletín Mercantil, 25 de noviembre de 1912, p. 5.
166 Ramón Power Giralt y el obispo Alejo Arizmendi se convertirán en las próximas décadas en los
héroes originales de la nacionalidad puertorriqueña patrocinada por intelectuales y políticos puertorriqueños.
167 Unión Ibero-Americana, 30 de abril de 1912, p. 11.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
89
Hernández López, uno de los principales abogados de la Iglesia Católica, Vicente
Balbás Capó, director del Heraldo Español, Antonio Caubet, Luis Sánchez Morales y Eduardo J. González.168 Las actividades, organizadas en 1913, fueron otro
ejemplo de manifestaciones hispanófilas en donde la presencia de los inmigrantes
españoles fue determinante. No fue coincidencia que ese mismo año organizaran
también actividades públicas el 12 de octubre, «Fiesta de la raza en América», por
el Gobierno de la Isla y los Caballeros de Colón.169
Por último, el Día de la Raza como fecha conmemorativa fue una de los
principales actividades que más fomentaron los líderes de la Unión Iberoamericana.170 Parece que a partir de la segunda década del siglo XX el liderazgo de
este organismo español constantemente enviaba correspondencia a los países
hispanoamericanos, incluyendo a Puerto Rico, para que celebraran por todo lo
alto esta fecha.171 En Puerto Rico el Día de la Raza se institucionalizó en 1913
por inciativa del puertorriqueño José de Diego, presidente de la Cámara de Representantes. Ramón Pérez Moris, editor de El Boletín Mercantil , apoyó la iniciativa y llamó también este día «...el día de España.»172 Ese año se celebraron
algunas actividades como la celebrada por la asociación católica los Caballeros
de Colón en la Catedral de San Juan y la presentación de banderas americanas y
colgaduras con los colores de España en la Mansión Ejecutiva.173 En los próximos años, asociaciones como el Ateneo Puertorriqueño, los Caballeros de Colón, la Casa de España en Puerto Rico, el Casino Español de San Juan, el Club
Literario Ariel de Agüadilla y el Instituto José de Diego celebraron diferentes
tipos de actividades para recordar esta fecha. Por ejemplo, en 1916 el Casino
Español de San Juan organizó un Certamen Literario y Científico con el auspicio de la Casa de España y el Auxilio Mutuo.174
Como último aspecto hay que señalar que los monumentos como obra artística
pública fue otra de las formas elegidas por la colonia española para expresar su
iberoamericanismo e hispanofilia. En primer lugar, apoyaron varias inciativas para
construir monumentos en España organizando suscripciones para obtener los recursos económicos. Algunos monumentos se destinaron a héroes nacionales,
mientras que otros eran para héroes regionales. En cuanto a los héroes nacionales
enviaron suscripciones a favor de los monumentos a Alfonso XII (1901), Cervantes en París (1903), los militares muertos en la guerra (1903), Pi y Margall (1908)
y otra, en Madrid, a Cervantes (1913). Estas iniciativas sugieren cómo los inmi-
El Boletín Mercantil, 30 de marzo de 1910, p. 2.
Unión Iberoamericana, 30 de noviembre de 1913, pp. 7 y 36-37.
170 Hay que recordar que, como se indicó anteriormente, la conmemoración del 12 de octubre comenzó a tomar fuerza desde finales del siglo XIX y que culminó con la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América en 1892.
171 Por ejemplo, en 1914 la Junta Directiva del Casino Español de San Juan recibió correspondencia del liderazgo de la Unión Iberoamericana. Casa de España en Puerto Rico, Casino Español de San
Juan, Libros de actas de la Junta Directiva, acta del 20 de octubre de 1914.
172 El Boletín Mercantil, 8 de agosto de 1913, p. 1.
173 Unión Iberoamericana, 30 de noviembre de 1913, pp. 7 y 36.
174 El Boletín Mercantil, 3 de agosto de 1916, p. 2 y Casino Español de San Juan, Memoria en que
la Junta Directiva, al cesar en sus funciones da cuenta de sus actos a la Junta General de Socios propietarios celebrada el 17 de diciembre de 1916, San Juan, Tip. Cantero, Fdez. y Co., 1917.
168
169
90
LOS LAZOS DE LA CULTURA
grantes españoles residentes en Puerto Rico mantuvieron un contacto continuo con
España, atentos a los acontecimientos que allí estaban ocurriendo. En cierta manera, con la participación en suscripciones a favor de monumentos nacionales, ellos
sentían que eran parte de su patria.175
Además de este fervor nacional, la colonia española también representaba su
identificación con las regiones en donde habían nacido. Estos apoyaron la construcción de varios monumentos a héroes regionales-nacionales como por ejemplo
fueron los asturianos Ramón Campoamor y Fernando Villamil. Rafael Calzada representó al Casino Español de San Juan en el entierro del poeta Campoamor, en
1901, en Navia, Asturias. En un telegrama informaba a los directivos del Casino
que se había iniciado una suscripción para construir un monumento en su pueblo
natal.176 Por otro lado, ese mismo año, también, se había comenzado una suscripción para la construcción de un monumento en la Villa de Castropol, Asturias, en
honor al marino asturiano Fernando Villamil. De forma paralela, los editores de El
Boletín Mercantil decidieron preparar un número extraordinario en honor de Villamil para ayudar en la suscripción que se estaba realizando.177 Con el apoyo a estos
monumentos, en el que se entremezclaban sentimientos nacionalistas y regionalistas, la colectividad logró reforzar los sentimientos hacia el Estado Español.
Las conmemoraciones tuvieron la función de aglutinar a un sector de españoles
y puertorriqueños en demostraciones públicas de hispanidad. Figuras como Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás Capó, Cayetano Coll Toste, Coll y Cuchí, José
de Diego, Manuel Fernández Juncos, Antonio Sarmiento, Rafael del Valle y otros
participaron para valorizar la herencia cultural hispana en tierra puertorriqueña a
través de personajes como Ponce de León o acontecimientos como lo fueron la colonización, la evangelización y la participación puertorriqueña en las cortes «liberales» de Cádiz. Fue una reacción «conservadora» a la imagen del otro creada por
los estadounidenses a través de la prensa y los libros de viaje. Señala Lanny
Thompson sobre las descripciones en Our Islands and Their People, en donde
Juan Ponce de León se presenta como un «monstruo humano» y la presencia española en la Isla a través de fotos en donde «...asocian la colonización y dominación
española con la pobreza humana y con costumbres crueles o bárbaras...».178 En
otras palabras, lo que hizo este grupo de españoles y puertorriqueños de la elite fue
un contrapunteo «cultural» con los estadounidenses.
CONCLUSIÓN
La intención de este trabajo ha sido presentar de una forma breve un panorama
general del asociacionismo español en Puerto Rico enfatizando el papel que tuvie175 Se debe mencionar que los españoles también colaboraron con los puertorriqueños en la creación de monumentos a españoles en Puerto Rico como fueron los casos de la escuela en honor a Rafael
María de Labra en Santurce (1916-17) y el monumento a Emilio Castelar en Río Piedras (1917). Sobre
el particular ver El Boletín Mercantil, 3 de enero de 1917, p. 2; Puerto Rico Ilustrado, 4 de agosto de
1917, s/p y El Boletín Mercantil, 21 de enero de 1918, p. 1.
176 El Boletín Mercantil, 8 de marzo de 1901, p. 1.
177 El Boletín Mercantil, 13 de noviembre de 1901, p. 1.
178 Lanny Thompson, Nuestra isla y su gente... Opus. Cit. , p. 19.
EL PAPEL DE LAS ASOCIACIONES ESPAÑOLAS EN EL FOMENTO DE LAS RELACIONES…
91
ron el liderazgo de estas agrupaciones en el fomento del iberoamericanismo y la
hispanofilia. Las asociaciones españolas en Puerto Rico fomentaron desde el siglo
XIX las relaciones culturales y políticas entre España y Puerto Rico. Estas asociaciones, principalmente por vías de la prensa periódica, fueron los centros aglutinadores de los inmigrantes españoles especialmente tras los acontecimientos de
1898 y los medios utilizados por los españoles residentes en Puerto Rico para participar en los debates. Al principio justificaron la Restauración y el colonialismo
español, y tras los sucesos de 1898 levantaron la antorcha del iberoamericanismo
para alentar ideas alternas a la americanización, que fueron tanto acomodaticias
como conflictivas al régimen. La organización de congresos, banquetes, fiestas y
conmemoraciones fueron parte de este proceso.
Estos espacios no fueron totalmente cerrados y aislados del resto de la sociedad sino todo lo contrario; fueron parte integral de los procesos históricos ocurridos en la sociedad puertorriqueña de entre siglos. El Casino Español de San Juan,
la Liga de Republicanos Españoles, El Boletín Mercantil y El Heraldo Español,
entre otros, fueron parte de la realidad histórica y social del Puerto Rico estudiado.
Un ejemplo es la reinvención de Juan Ponce de León como héroe y la idealización
de la conquista y colonización de Puerto Rico que logró institucionalizarse por varias décadas en Puerto Rico. El liderato español o los intelectuales españoles, con
el visto bueno de algunos sectores puertorriqueños, fueron responsables de estos
aspectos y por eso hay que considerarlos como un sector dinámico de los inmigrantes. Individuos como Antonio Alvarez Nava, Vicente Balbás Capó, Rafael Fabián Fabián, José Pérez Moris y Nemesio Pérez Moris entre otros fueron miembros activos del panorama de la vida literaria, cultural y económica de la sociedad
puertorriqueña.
Para terminar, hay que señalar que el papel que desempeñó este sector fue parte importante de los debates culturales que fueron desarrollándose entre finales del
siglo XIX y principio del siglo XX, lo cual ayuda a entender los procesos ocurridos en la década del 1930. A mi entender el iberoamericanismo elaborado por españoles y puertorriqueños en las primeras dos décadas del siglo XX fue la fuente
de referencia que utilizaron los intelectuales de la década del 1930 para crear su
«hispanidad rebelde». Los procesos ocurridos en la década del 1930 no fueron una
ruptura sino una continuidad de unos procesos y unas discusiones que se fueron
desarrollando gradualmente desde finales del siglo XIX.
III
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN:
ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
Libia M. González
Departamento de Humanidades, Facultad de Estudios Generales
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Nostalgia, lírica y panteonización de muertos ilustres acapararon la literatura,
el periodismo y la historia escrita en Puerto Rico entre 1900 y 1930. Tanto en los
certámenes y veladas del Ateneo Puertorriqueño como en las revistas y los almanaques impresos se fue creando y divulgando la memoria heroica e hispánica de
los puertorriqueños. Pero si un importante grupo de la elite culta de San Juan se
ocupó de recopilar los símbolos, los proyectos y las glorias pasadas, otro sector no
menos significativo abrazó el porvenir con esperanzas de libertad y condenó los
vestigios del pasado que le parecían nefastos, entre ellos, algunos símbolos de la
hispanidad. El escritor Miguel Meléndez Muñoz admitía que al mismo tiempo en
que se daban cita en el Ateneo los centinelas del patrimonio, para «los escépticos…» o «para la mayoría del pueblo», el Ateneo, era:
un cenotafio en que yacen los restos de una cultura apolillada, representada por una serie de retratos de un procerato en olvido, una biblioteca de libros viejos y pasados de
moda y algunas colecciones de antiguallas. Sitio donde se reúne un grupo de intelectuales para saturarse de esa atmósfera de moho, de ese ambiente sepulcral, enrarecido
por la descomposición del pasado, con la fútil esperanza de que los cuelguen allí en estampa post-mortem.1
Para otro sector integrado por los escritores más jóvenes de los años veinte, mirar al pasado resultaba estéril si no se atendían las urgencias que presentaba el país
de los años veinte y treinta. Por ejemplo, en ocasión de la efeméride del 12 de octubre de 1929, la revista Índice en cuya junta editora se hallaban los protagonistas
de la llamada Generación Literaria de 1930, expresaba que el 12 de octubre, cuando se recordaba el Descubrimiento, Colón, España y América era una «ocasión de
reverencias estériles»si los puertorriqueños no llegaban a escudriñar su propia
1 Miguel Meléndez Muñoz, «El Ateneo y el pueblo puertorriqueño», Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, oct.-dic. 1966, p. 43.
96
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Escudo de Puerto Rico.
esencia. Para éstos, defensores también de la cultura hispánica, el país debía pensar su presente, elaborar su futuro «y en vez de celebrar superficialmente con poemas gelatinosos y editoriales de casabe la aparición de América, hacer que el día
de la raza [fuese] el recuento de nuestras capitulaciones éticas...».2
Celebramos el descubrimiento de América en un país inédito, carente de estudios potenciados que nos guíen para descubrir su esencia. Navegamos al garete, sueltas las velas
de la inconsciencia a los volubles vientos norteños, sin rumbo fijo, por el proceloso mar
de nuestros problemas, y a bordo de esa nave a la aventura año tras año entonamos un
hosanna a la raza que obró el milagro de convertirnos en punto físico en el mapa geográfico de América.3
La memoria elaborada, los sitios del recuerdo, algunas costumbres y los símbolos compartidos entre españoles y puertorriqueños durante la época señalada
son los temas que exploramos a continuación. En el examen de estos temas procuramos identificar las diversas perspectivas, los sectores en pugna, las solidaridades
y las confraternidades entre la elite culta y el sector local más vinculado al mundo
de los negocios. Quisiéramos destacar que el hispanismo afloró en el país mucho
antes de la década del 1930 entre un pequeño pero importante grupo de intelec2 Antonio S. Pedreira, Samuel R. Quiñones, Vicente Géigel Polanco, A. Collado Martell (eds.),
«Aterrizajes», Índice, Mensuario de Historia Literatura y Ciencia, 13 de octubre de 1929, año I, núm.
7, p.1.
3 Ibidem.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
97
tuales vinculados afectuosamente a un poderoso sector de comerciantes españoles
de San Juan, y que este sentimiento no parecía ser compartido por otros sectores
del pueblo puertorriqueño integrado mayormente por campesinos, artesanos, obreros y un nutrido grupo de profesionales liberales.
EL HISPANISMO EN AMÉRICA 1900-1920
Recordar a España, exaltar su obra colonizadora y los valores de la hispanidad
en América no sólo fue misión de algunos españoles o puertorriqueños cultos tras
la Guerra Hispanoamericana. Durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente tras la intervención de los Estados Unidos en los diferentes países de América Latina, se produjo una afirmación de la herencia hispánica, envuelta en un ambiente de nostalgia por ese pasado. Por ejemplo, en ocasión del primer centenario
de la independencia de Ecuador, un periodista describía con gran emoción la escena en que a su juicio, auguraba «la unión definitiva de la raza latina»:
Hace más de un siglo no más que las diferencias políticas vinieron a turbar la paz de la familia ibero-americana, introduciendo la discordia entre los hermanos... Mas aquellas disenciones no podían ser tan hondas que resistieran a la acción moderadora de los tiempos,
y cien años han bastado para que torne a iniciarse la armonía entre los corazones.
No ha muchos días, al celebrarse la apertura solemne de la Exposición con que Ecuador
conmemora el primer grito de independencia, un General ecuatoriano dio la nota más
alta de hidalguía y gentileza cuando se dirige en elocuente apóstrofe al Encargado de
Negocios de España, y con palabras de amor entrañable para la madre patria, hácese intérprete del común sentir de los ecuatorianos que blasonan el linaje hispano... En aquel
momento solemne, en presencia de los representantes extranjeros y de multitud de ciudadanos que aplaudían sin cesar, el primer Magistrado de la República, con insignias
sagradas de su alta investidura, se confunde solemnemente con el representante de la
nación española en un significativo y prolongado abrazo ¿Qué es esto? ¿qué nos dice en
su simbólico lenguaje?...Cedamos a las leyes de la naturaleza y Dios bendiga a la raza
iberoamericana unida con vínculos de solidaridad.4
El discurso del escritor argentino Manuel Ugarte en la Universidad de Columbia en 1912 muestra su denuncia contra la política imperialista de Estados Unidos
y su convocatoria a la unión de la América hispánica, en un tejido historicista revelador de tiempos contradictorios:
Desde hace seis meses recorro las repúblicas latinas sin mandato de ningún gobierno...;
y este viaje que empezó siendo viaje de estudio, va resultando como una emancipación
de la conciencia colectiva, porque traduce y concreta en un gesto de vigilancia y de protesta, la sorda inquietud que nos conmueve a todos, desde la frontera norte de México,
hasta el estrecho de Magallanes....El movimiento ha tomado proporciones especiales .
4 León Camarero, «Nuestros ideales en América», Unión Ibero-Americana, 31 de diciembre de
1909, pp. 1-2.
98
LOS LAZOS DE LA CULTURA
En cada capital ha quedado uno o varios centros de defensa latinoamericana que están
relacionados entre sí, y en muchos de ellos se han celebrado después de mi partida mítines de protesta contra los atropellos de que son víctimas ciertos grupos de América. Es
un clamor colectivo que se levanta de norte a sur de las tierras de origen hispano....
Fue en esas épocas de austeridad y de lógica, cuando aprendimos los hispanoamericanos a admirar a Norteamérica. Cuando los Estados Unidos obtuvieron de España la
venta de Florida y de Francia la cesión de Luisiana no vimos en este engrandecimiento
formidable más que el justo deseo de borrar los vestigios de la dominación de Europa.
Nos inclinábamos ante el hermano mayor y nos enorgullecíamos de sus triunfos. Pero
las víctimas de ayer tienen a menudo la tendencia a transformarse en verdugos... La
anexión de los territorios mexicanos en 1845 y 1848 fue la revelación de una política
que debía extenderse después de una manera lamentable. Sin embargo, como una novia
fiel que trata de excusar y de disimular con laboriosos silogismos las consecuencias y
las faltas que su prometido comete contra ella misma, la América latina hubiera seguido
enamorada de los Estados Unidos si lo que juzgó excepción no se hubiera transformado
en sistema. Pero las heridas y las injurias se multiplicaron. Un espectro de dominación
y de despojo empezó a flotar sobre los países indefensos... Y la injusticia se ha acentuado de tal suerte, en los últimos tiempos, que rotos ya los vínculos de antes, nos volvemos hoy hacia los Estados Unidos para gritarles: Las mismas injusticias que la metrópoli cometió con nosotros, las estáis cometiendo ahora con nosotros...5
El intelectual mexicano José Vasconcelos en su célebre libro La raza cósmica(1925) hacía también un reclamo similar al de Ugarte, aunque admitía que parte
del problema de América Latina era «la anarquía de los escudos iberoamericanos»
y su falta de sentido fraternal. Su discurso además colocaba la situación en una
perspectiva racial donde contraponía los conflictos de la latinidad y las cualidades
del sajonismo:
Atravesamos épocas de desaliento, seguimos perdiendo no solo en soberanía geográfica, sino también en poderío moral... Despojados de la antigua grandeza, nos ufanamos
de un patriotismo exclusivamente nacional, y ni siquiera advertimos los peligros que
amenazan a nuestra raza en conjunto. Nos negamos los unos a los otros. La derrota nos
ha envilecido a tal punto que, sin darnos cuenta, servimos los fines de la política enemiga de batirnos en detalle, de ofrecer ventajas particulares a cada uno de nuestros hermanos, mientras al otro se le sacrifica en intereses vitales. No solo nos derrotaron en el
combate; ideológicamente también nos siguen venciendo. Se perdió la mayor de las batallas el día en que cada una de las repúblicas ibéricas se lanzó a hacer la vida propia,
vida desligada de sus hermanos concertando tratados y recibiendo beneficios falsos, sin
atender a los intereses comunes de la raza. Los creadores de nuestro nacionalismo fueron, sin saberlo, los mejores aliados del sajón, nuestro rival en la posesión del continente. El despliegue de nuestras veinte banderas en la Unión Iberoamericana de Washington deberíamos verlo como una burla de enemigos hábiles.
5 Manuel Ugarte, «Los pueblos del sur ante el imperialismo norteamericano», Nieves Pinillos Iglesias (ed.), Manuel Ugarte, Antología del pensamiento político, social y económico de América Latina,
Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1989, pp. 62-63.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
99
Una carencia de pensamiento creador...nos lleva discusiones estériles..., pero no advertimos que a la hora de obrar, y pese a todas las dudas de los sabios ingleses, el inglés
busca la alianza de sus hermanos de América y de Australia, y entonces el yanqui se
siente tan inglés como el inglés de Inglaterra. Nosotros no seremos grandes mientras el
español de la América no se sienta tan español como los hijos de España.6
Nada de recriminaciones contra España –decía Ugarte–. «Los sudamericanos
que reniegan de su origen son suicidas morales y parricidas a medias. España fue
la cuna y el brazo de la nacionalidad».7
El hispanismo de Gabriela Mistral era cónsono al de los intelectuales antes citados pero todavía más romántico. Luego de su viaje a España en 1925 declaraba:
En su aspecto sentimental la Madre patria colma todas mis ambiciones. Y dentro de mí
he hecho ya una reivindicación total de ese país. La calidad moral del pueblo ibérico es
superior a todo elogio, especialmente en el campesino, cuya pobreza es heroica, muy
grande su sobriedad y admirable la limpieza de sus costumbres...8
No obstante, estas ideas que convocaba en América a la unión fraternal de la
raza hispánica presentaban diversos matices. Su lugar común era la convicción de
la existencia de un parentesco espiritual entre todos los pueblos nacidos de la colonización española. En Puerto Rico, entre 1900 y 1930, esta hispanofilia se advierte
en los escritos de destacados publicistas y políticos cultos, entre ellos, algunos líderes nacionalistas quienes evocaban en sus discursos y publicaciones la vinculación del puertorriqueño con los países de origen hispánico como un remedio para
detener la americanización en el país. Reunidos en círculos culturales los nacionalistas de los años 20 procuraron defender la tradición hispánica y el idioma español en el país.9
PUERTO RICO DESPUÉS DEL 1898: DILEMAS ECONÓMICOS PARA EL COMERCIO Y LA
PRODUCCIÓN LOCAL
Si el tema de la cultura y la espiritualidad de los pueblos puertorriqueño e hispanoamericano ocupó las mentes de la elite intelectual local también fue importante en la escritura de la época, la incertidumbre que los cambios a raíz de 1898
añadieron a la devastada economía insular.
El sistema de «haciendas» monoproductivas de café y azúcar imperante en el
siglo anterior, tuvo que enfrentar nuevas reglamentaciones y la competencia de las
José Vasconcelos, La raza cósmica, México, Aguilar editor, 1977, pp..25-26
Manuel Ugarte, El porvenir de la América Española, Valencia, Prometeo, 1910, p. 101, citado en
Antología..., Opus cit., p. 135.
8 Editorial, «Como juzgan a España los Hispanoamericanos», Vida Española, año 1, núm. 20, 30
de octubre de 1925, p.3
9 Ver Luis A. Ferrao Delgado, Pedro Albizu Campos y el nacionalismo puertorriqueño, San Juan,
Editorial Cultural, 1990, pp. 40-41 y de este mismo autor, «Nacionalismo, hispanismo y elite intelectual en el Puerto Rico de los años treinta», Silvia Álvarez Curbelo y María Elena Rodríguez Castro
(eds.), Del nacionalismo al populismo: Cultura y política en Puerto Rico, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1993, pp. 37-60.
6
7
100
LOS LAZOS DE LA CULTURA
grandes firmas de inversionistas ausentistas, con su moderna tecnología y sus vastos capitales especialmente para la producción azucarera. La política de acaparamiento de tierras para el cultivo trastocó el paisaje agrario y muchos antiguos propietarios descendieron a otros estratos debido al endeudamiento o por la venta de
sus tierras.10 Los que intentaron competir tuvieron que enfrentar los infortunios
que le acarrearon los años de la depresión, la cual fue desfavorable para el mercado internacional del azúcar.11 Para la época de 1929 solo quedaban 42 de las 133
centrales azucareras que figuraban activas en 1907.12
Por otro lado, el nuevo gobierno creó barreras aduaneras que llevaron al comerciante y al consumidor a depender casi exclusivamente de las importaciones
norteamericanas. El libre cambio entre Puerto Rico y los Estados Unidos, y los
impuestos sobre las mercancías extranjeras dio paso a que el 90% del comercio
exterior se realizara con los Estados Unidos. Esta dependencia se intensificó
con otra medida que limitaba también el desarrollo de los comerciantes del
país. Se trataba de las leyes sobre el cabotaje. De acuerdo a éstas, las mercancías que se transportaban de un puerto a otro de la Isla y de Estados Unidos debían conducirse en barcos de matrícula norteamericana; así las exportaciones
de Puerto Rico a Europa al tener que pasar obligatoriamente por Nueva York
debían someterse al monopolio de la marina mercante de los Estados Unidos.13
Dichas regulaciones limitaban considerablemente el comercio de productos como el café, uno de los principales productos que desde el siglo XIX se exportaban a Europa.
En la esfera de la cotidianidad y el desarrollo de la sociedad, las iglesias
protestantes proliferaban y en las escuelas se enseñaba el inglés y los símbolos nacionales de la nación norteamericana. En 1917, tras una intensa discusión en el
Congreso se aprobó la Ley Jones mediante la cual los Estados Unidos le otorgaron
la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños, y reajustaron los cuerpos legislativos en el país, aunque el gobernador seguía siendo nombrado directamente
por el presidente. Esta ley rigió la relación de Puerto Rico con Estados Unidos hasta 1952 cuando se firmó la Constitución del Estado Libre Asociado.
En la historiografía los análisis sobre las crisis y transformaciones económicas
a raíz de 1898 son numerosos. Sobre todo los trabajos de Ángel Quintero Rivera
indican que la debacle de la economía imperante en el XIX se produjo debido entre otros asuntos a factores políticos y culturales que «debilitaron a la clase dirigente que antes dominaba los medios de producción».14 Ciertamente merece mencionarse que las transformaciones económicas y culturales impactaron a los
10 Ver Humberto García Muñiz, The South Porto Rico Sugar Company: The History of a U.S. Multinational Corporation in Puerto Rico and the Dominican Republic 1900-1921, Ph.D dissertation, Columbia University, 1997
11 Sobre la crisis azucarera en la zona del Caribe ver B. Álvarez, «La crise des années 30 à Cuba et
les alternatives proposés par le divers secteurs politiques», A. Melón, C. Serrano y P. Estrade (eds.), Les
années 30 à Cuba, Paris, L’Harmattan, 1982, pp. 9-37.
12 Exporter and Importers Pictorial Guide and Business Directory, 1907, pp. 193-194
13 Ver Vicente Géigel Polanco, «El arancel de aduana: factor de pobreza en Puerto Rico», Índice,
núm. 23, ., febrero de 1931, pp. 367-369.
14 Ángel Quintero Rivera, Patricios y plebeyos: burgueses, hacendados, artesanos y obreros, las
relaciones de clase en el Puerto Rico de cambio de siglo, San Juan, Huracán, 1988, pp. 317-318.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
101
sectores dominantes de la economía decimonónica integrados por comerciantes y
productores de café y azúcar para la exportación. No obstante, creemos que las
afirmaciones hispánicas de españoles y puertorriqueños en los años 1900-1930 no
respondían a que, como ha expresado Quintero, las elites cultas descendieran de
sectores de hacendados o de un medio señorial venido a menos.15 Es constatable
que en la Isla se forjó una elite criolla letrada desde el siglo XIX que también manifestó en sus escritos gran apego a la tradición hispánica.16
Por otro lado, hay que destacar que para la mayoría de los puertorriqueños el
nuevo modelo de desarrollo económico basado en entidades financieras e inversiones en el azúcar, no alteró substancialmente su papel en la sociedad. Su preeminencia no era como empresario ni como mayorista sino que se les encontraba entre
profesionales, políticos y agricultores o como integrantes de la gran masa de obreros y campesinos. Para la mayoría, el campo y la agricultura siguió siendo su actividad principal, y el viejo esquema de dependencia con los hacendados y comerciantes españoles su cotidianidad. Por ello, en este escenario prevalecieron las
diferencias y los antagonismos sociales.
La dirección hacia una sociedad más compleja donde además se multiplicaban los medios de expresión y se ampliaba la posibilidad de debatir públicamente propició una mayor definición y difusión de las opiniones mayormente entre
viejos sectores encontrados. La prensa durante estas dos décadas fue vocero de
no pocos puertorriqueños que lanzaron su añejada ira contra los españoles y éstos sus temores contra los símbolos americanizantes que encantaban a muchos.
La hispanofobia se dejó sentir no sólo entre el liderato anexionista sino entre
puertorriqueños que celebraron el posible fin de la inmigración española, esperanzados en las estrictas leyes al respecto impuestas por el gobierno norteamericano. Su deseo era acabar con el predominio que este sector todavía ejercía en el
comercio local.
CRIOLLISMO E HISPANOFOBIA EN PUERTO RICO 1900-1920
Como veremos, el proyecto patriótico no siempre integró símbolos hispanistas,
ni abrigó incluir en su programa un rescate de la cultura y la herencia hispanas.
Después del 1898 en marcados sectores de la población puertorriqueña, se levantaron querellas contra la presencia española en la Isla y contra algunos de sus símbolos más arraigados como era el catolicismo. Periodistas y escritores librepensadores o anexionistas aprovecharon la libertad de prensa para destacar las ventajas
de la libertad de cultos y de expresión y utilizaron sus editoriales para denunciar el
proyecto de hispanización de la elite culta y de sus amigos los comerciantes y periodistas españoles. Los editoriales del semanario La Conciencia Libre donde pu15 Sobre el tema de la elite culta y profesional del país ver Libia M. González, L’Elite cultivée à
Porto Rico et la construction de l’identité «Nationale» (1860-1930), Tesis de doctorado, Université de
Paris I, 2000.
16 Ibidem y Libia M. González, «Entre el tiempo y la memoria: Los intelectuales y la construcción
del imaginario nacional en Puerto Rico, 1860-1898», Consuelo Naranjo Orovio y Carlos Serrano
(eds.), Imágenes e imaginarios nacionales en el Ultramar español, Madrid, CSIC-Casa de Velázquez,
1999, pp. 281-296.
102
LOS LAZOS DE LA CULTURA
blicaban intelectuales como Mariano Abril y Rosendo Matienzo Cintrón, fue uno
de estos bastiones antiespañoles. De sus páginas salieron importantes denuncias
sobre el hispanismo, la espiritualidad y la personalidad del puertorriqueño. Un
interesante editorial titulado El Rábano por la hojas publicado en 1918 expresa dicho debate.
No somos antiespañoles, si por antiespañol se entiende aquel que por sistema condena,
reniega y censura todo aquello que sea de procedencia hispana…El Tiempo [otro periódico]colabora con la colonia que ayuda a sostener su empresa…la pretención de españoles e hispanizantes atacados de hispanofilia de perpetuar en nuestro país la influencia
espiritual española en sus diversos aspectos económico social-religioso y político …
Saben que hay una preconcebida determinación de españoles e hispanizantes para mantener y alimentar en nuestro pueblo, un estado de alma hispana, con la excusa de conservar nuestra personalidad como pueblo. Y esta afirmación la deducimos de la labor
pro-hispania llevada a cabo por la Universidad de Oviedo y por un gran número de hispanófilos…
Para conservar nuestra personalidad, no es preciso se derive exclusivamente de la fuente matriz, pues en verdad la personalidad puertorriqueña no existe, hay que crearla y por
lo tanto, preferible sería formarla tomando como modelo matrices jóvenes y saludables
en vez de moldes decrépitos y en estado de descomposición.17
Otras publicaciones denunciaban lo perjudicial que resultaba al país el comercio español y la importación de mano de obra española. Un manifiesto publicado
por el doctor Germánico S. Belaval, residente en la ciudad de Ponce, en abierto
ataque contra la hispanofilia, señalaba cómo los españoles burlaban a las autoridades con la excusa de traer familiares para que se educaran y, en realidad, lo que intentaban era emplearlos en sus negocios. En 1920, Belaval escribía:
Los españoles que se amoldan a nuestro modo de vivir, a nuestras costumbres y necesidades que se confunden con nosotros, que realmente forman una familia puertorriqueña, que sinceramente se conducen como puertorriqueños, sin pretender, por exclusivismos injustos, acaparar los negocios todos como fuentes de explotación para los
españoles exclusivamente: esos españoles no son un estorbo para nosotros los puertorriqueños. Pero los españoles que viven en nuestro país, que han hecho de nuestro suelo y
de nuestro pueblo un instrumento para enriquecerse, sin dejar beneficio alguno, puesto
que todo lo que ganan es para ellos y entre ellos lo gastan y se lo gozan; los españoles
que pretenden imponernos un estado de alma española para fines especulativos...; los
españoles que por combinaciones de negocio excluyen a los puertorriqueños de esos negocios porque no quieren perder el control de la fuerza del capital y privan al nativo de
compartir los beneficios de esos negocios: esos españoles son más que un estorbo, son
una calamidad pública, una epidemia que tenemos que combatir...
Tenemos que gritar a voz en cuello que la tolerancia de la inmigración a nuestro país de
extranjeros que vienen a trabajar es un verdadero crimen de lesa patria; es una traición
17
Germánico S. Belaval, «El Rábano por las hojas», La Conciencia Libre, 24 de marzo de 1918, p. 1.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
103
para con el trabajador pueblo a quien le introducimos un competidor para luego decirle
que emigre porque estamos demasiado poblados.18
Belaval combatía especialmente la inmigración de jóvenes españoles y se preguntaba: «¿qué beneficios podía reportarnos esos inmigrantes a quienes tenemos
que educar en nuestras escuelas porque no saben leer ni escribir?». A su modo de
ver, éstos eran «unos analfabetas de un pueblo que avergüenza la civilización con
un abrumador porcentaje de seres que ni siquiera conocen el alfabeto».19
HISPANISMO, LIRISMO Y HERMANDAD CONTINENTAL:
JOSÉ DE DIEGO O «EL CABALLERO DE LA RAZA»
Como en España e Hispanoamérica, la defensa de la tradición hispánica comenzó a gestarse en Puerto Rico desde principios del siglo XX a través de las
obras de intelectuales como José de Diego (1867-1918), Rafael Hernández Usera
(1888-1946)20, Luis Llorens Torres (1878-1944)21 y Cayetano Coll y Toste, entre
otros.
Con todo, tal parece que el más fervoroso paladín de la herencia española y el
que mayor influencia ejerció en la juventud culta de la década de 1930 fue José de
Diego, hijo de inmigrantes asturianos y conocido entre los intelectuales españoles
y puertorriqueños como el «Caballero de la Raza». De Diego, a pesar de haber realizado sus estudios en derecho, se distinguió como poeta y periodista y su obra de
corte modernista fue divulgada en los principales rotativos y revistas literarias del
país así como en algunos círculos intelectuales en Madrid, Barcelona y Cuba. Realizó su carrera universitaria en Barcelona y en La Habana entre 1890 y 1897, donde aparentemente entró en contacto con las ideas republicanas e independentistas
que inspiraron buena parte de su obra.
En el campo de la política puertorriqueña, había figurado en el gabinete del efímero gobierno autonomista (1897) y luego del cambio de soberanía, en el liderato
del Partido Unión, en cuyas filas se distinguió como el principal ideólogo de la
independencia de la Isla, causa que defendió hasta su muerte en 1918. Su hispanismo más que intentar una definición sobre lo puertorriqueño, era un intento por vincular a Puerto Rico al mundo cultural iberoamericano y un arma de combate de su
independentismo para distanciar al país de las influencias norteamericanas.
18 Germánico S. Belaval, Sobre la influencia española en América, por qué hay que combatirla,
Ponce, The Ponce Printing Company, 1920, p. 4.
19 Ibidem, pp. 5-6.
20 Este escritor que en Puerto Rico no ha sido muy estudiado se destacó en el mundo de las letras
españolas entre 1922 y 1926, período en que residió en Madrid y publicó en De América y de España,
una serie de ensayos periodísticos prologado por el Conde de Romanones donde exaltaba los valores de
la cultura hispánica. Este libro fue celebrado en el medio intelectual madrileño y citado por los principales ideólogos del iberoamericanismo en España. Sobre el impacto de su obra ver Constantino Suárez,
La verdad desnuda sobre las relaciones entre España y América, Madrid, 1924, p. 181. Sobre el autor
ver Josefina Rivera de Álvarez, Diccionario de la Literatura Puertorriqueña, 2 vols., San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974, vol. 2, pp. 739-741.
21 Sobre este autor y su obra ver el estudio de Arcadio Díaz Quiñones, El almuerzo sobre la hierba,
Río Piedras, Ediciones Huracán, 1982.
104
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Retrato de José de
Diego, por el pintor
español Fernando Díaz
Mac Kenna.
(Catálogo de las obras
de arte de la colección
del Ateneo
Puertorriqueño, 1976).
Para él la personalidad más concreta y trascendente de los pueblos latinos era la
hispana y Puerto Rico como «rama, flor y fruto» del tronco ibérico debía independizarse de una nación sajona y en unión a todos los pueblos hispánicos equilibrar el
progreso del mundo.22 De este modo la emancipación de Puerto Rico era a su modo
de ver «un desgarrado grito por el honor de la raza española».23 Su visión sobre lo
puertorriqueño era continentalista y universalista: los puertorriqueños estaban vinculados al universo de la cultura hispánica y por lo mismo la liberación política de
la Isla era una causa concerniente a todos los pueblos de la raza hispana.
Digámoslo franca y resueltamente: [escribía De Diego], la causa de los puertorriqueños
es la causa ibera, la causa iberoamericana, la causa de todos los españoles en Oriente y
Occidente, en Europa y América y en toda la redondez del globo...¡y, si somos absorbidos, si desaparecemos, si nuestra vitalidad se consume y nuestra personalidad se extingue, quedará patente, como un túmulo, en las últimas soledades de nuestra historia, que
la raza ibérica ha perdido la aptitud para la supervivencia y el genio con que ensanchó
sus límites, multiplicó los pueblos y glorificó los gastos del planeta!.24
José de Diego, Nuevas Campañas, Barcelona, 1916, p. 362.
Idem.
24 Ibidem, p. 358.
22
23
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
105
Su hispanismo, por otro lado, proponía a los puertorriqueños borrar el obscuro
pasado colonial español. Eran tiempos de amor a España, como lo expresa el siguiente párrafo tomado de su ensayo «De mi patria y de mi raza». 25
No es tiempo ya de hablar del yugo, sino del amor de España. Yo fui partidario siempre de
la independencia de mi tierra; pero debo reconocer que España fue la única nación que pudo ostentar sobre mi patria un derecho legítimo de soberanía. No somos ya españoles, y no
podemos ser pertenencia de otra nación, sino pura e inquebrantablemente portorriqueños.
La glorificación de España en la obra de De Diego, como madre de la raza
puertorriqueña y fuente de la civilización en América, fue como en el resto de la
América Latina un discurso esencialmente intelectual y poético. Su libro de poemas Cantos de Rebeldía (1916) reune su propaganda hispánica en versos. En ellos
proyecta su amor a España, su afán en favor de la independencia de Puerto Rico,
su patriotismo teológico, su antimperialismo y su ilusión sobre la unión antillana.
Su poema A España expresa la nostalgia:
A través del Atlántico desierto,
veo tu imagen, que la niebla esfuma,
rígida hundirse entre la blanca espuma
Cristo yacente en el sepulcro abierto...
¿Quién celebra en América tu muerte?
¿Quién maldice el altar de tu memoria?
¿Cuál de tus hijos te injurió con saña?
¡Ah, miserable ciego, que no advierte,
como río de luz sobre la historia
la mirada de Dios guiando a España!...
¡Oh madre de naciones! Llega el día
de tu imperio feliz: de tu alma oriundos,
cien pueblos glorifican tu destino...
¡Y, centro de la luz y la armonía,
gira hacia ti, como hacia el Sol los mundos,
el Universo de tu sol latino!26
Del mismo modo describe el duelo de la España vencida frente a Norteamérica
en su poema Hispánica:
Roja y amarilla
la hispana bandera,
25
26
Ibidem, p. 336.
José de Diego, Cantos de rebeldía, San Juan, Editorial Cordillera Inc., 1971, pp. 33-34.
106
LOS LAZOS DE LA CULTURA
parece una hoguera
que cambia y que brilla.
¿Por qué maravilla,
si se hunde guerrera,
nace otra altanera
donde ella se humilla?
Sublime es su duelo
Que deja en la historia
con nuevos pendones,
¡azules de cielo,
estrellas de gloria,
sangre de Naciones!27
Su exaltación de la civilización hispánica y de los emblemas hispánicos heredados del pasado español se revelan igualmente en su encarnizada metáfora del
cordero y el águila trabajada en el poema La epopeya del cordero aparentemente
inspirado en La epopeya del cóndor, del colombiano Aurelio Martínez Mutis,. Se
refiere De Diego al escudo de armas otorgado a Puerto Rico por España desde
1511 que hace alusión a la estampa bíblica del cordero de San Juan Bautista descansando sobre un libro rojo que representa el Nuevo Testamento. Este escudo que
por cuatro siglos fue la enseña más emblemática de la colonización española en la
Isla fue sustituido en 1905 por otro que eliminaba símbolos como el cordero, el
banderín que llevaba las letras F e I de Fernando e Isabel, los castillos, leones, banderas y cruces de Jerusalén que recordaban la evangelización. La nueva orla en cuyo fondo se destacaban las franjas de la bandera norteamericana, resaltaba el potencial agrícola del país y una luz en el horizonte acompañada de una inscripción
que convocaba al progreso. De Diego y otros miembros de la Cámara de Delegados combatieron desde este consejo y la prensa el cambio de la susodicha enseña
hasta lograr que permaneciera el blasón hispánico, el cual aún prevalece como uno
de los emblemas principales del gobierno local28.
Al igual que el asunto del blasón, desde su silla legislativa De Diego planificó
otros lugares de la memoria. Trabajó afanosamente para que la lengua española
prevaleciera como lengua vernácula, legisló en 1913 para que el día 12 de octubre
fuese declarado día de la recordación puertorriqueña, le dio el nombre de Ponce de
León a una de las principales avenidas de San Juan y logró colocar en el calendario
de fiestas el día de los Reyes Magos.29
Su memoria y su obra legislativa, sin embargo, para muchos puertorriqueños
no correspondía a la memoria colectiva de la mayoría. Sobre todo porque no pocos
Ibidem, p.118.
Ver la polémica en Delma S. Arrigotía, José de Diego, el legislador: su visión de Puerto Rico en
la historia (1903-1918), San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1991, pp. 290-291.
29 Ibidem, p. 312.
27
28
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
107
pensaban que el régimen español, al menos durante el siglo XIX, significaba el
atraso y el atropello. Sobre este asunto llama la atención que mientras en América
Latina a raíz de los sucesos de 1898, la opinión pública se adhería a la causa española, en la Isla los puertorriqueños daban vítores al nuevo soberano y, en el mundo
rural, los campesinos desencadenaban su encono incendiando y saqueando las propiedades de los españoles.30 En 1899, por ejemplo, un numeroso grupo de españoles enviaron en octubre de 1899 una carta a la reina regente para solicitarle su defensa de los intereses de los españoles en Puerto Rico «que son amenazados por
los incendios y atropellos a los negocios, fincas y propiedades de españoles y porque las autoridades americanas son indiferentes a lo que ocurre».31
Este hecho, sin embargo, fue minimizado en el discurso histórico de algunos
intelectuales que como De Diego, se desbordaron en alabanzas y simpatías por el
pasado español. Ricardo Campos y Juan Flores en su ensayo Migración y cultura
nacional puertorriqueñas: perspectivas proletarias (1981), indican que el ideal y
la exaltación de la integridad étnico-cultural de José de Diego era «irremediablemente místico» ya que para la masa trabajadora molesta con la política centralista, la retórica hispánica carecía de sentido y de proyección social.32
Empero, las expresiones de afirmación hispánica de De Diego, algunas inspiradas en el discurso iberoamericanista de su maestro José Santos Chocano,33 fueron retomadas por algunos miembros de la generación de las décadas del 1930 al 1950, para quienes el poeta-político fue apóstol y maestro y sus obras fuentes de inspiración.
ESPAÑOLES Y PUERTORRIQUEÑOS EN LOS ESPACIOS DE LA CULTURA:
PERIODISMO, TALLERES TIPOGRÁFICOS Y CONVERGENCIAS ATENEISTAS
Después de 1898 la población española en Puerto Rico se fue reduciendo debido en gran medida al retorno, a la muerte de la población más anciana y al insignificante número de nuevos inmigrantes para quienes las leyes sobre inmigración y ciudadanía impuestas por los Estados Unidos dificultaban su
establecimiento en el país. De modo que para los años 1930 la población española radicada en Puerto Rico, salvo en algunos casos, llevaba varios años residiendo en la isla y en su mayoría ya tenía algún vínculo familiar o de parentesco
con la población nativa o con los inmigrantes del siglo anterior. Por otro lado, la
cuantificación de la población española se hizo más dificil ya que una buena parte de esta población, para proteger sus intereses comerciales y financieros, renunció a su nacionalidad para adoptar la ciudadanía norteamericana. Los que op30
Ver Fernando Picó, 1898: La guerra después de la guerra, Río Piedras, Ediciones Huracán,
1988.
31 Carta dirigida al ministro de Estado en Madrid por el cónsul español en Puerto Rico en representación de los ciudadanos españoles que se hallaban indefensos ante los «incendios y muertes» causadas
por los hijos del país a la colonia española, en Madrid, AMAE, legajo 2025, carta del 28 de agosto de
1899.
32 Ángel Quintero Rivera et al., Puerto Rico: identidad nacional y clases sociales, Río Piedras,
Ediciones Huracán, 1981, pp. 88-89.
33 José Santos Chocano visitó la Isla en 1913 y en una velada realizada en su honor leyó el poema
de De Diego, La epopeya del Cordero que citamos más adelante. Ver José de Diego, Cantos de..., Opus
cit., p. 355.
108
LOS LAZOS DE LA CULTURA
taron por seguir siendo ciudadanos españoles representaban en 1935 unas 2,564
personas, cifra insignificante si se compara con la población española en Cuba o
en México para la misma fecha. En la ciudad de México, por ejemplo, para 1930
la colectividad española ascendía a unos 50,000, cifra que en el total de la población extranjera representaban un 32%.34
Las regulaciones del gobierno norteamericano al comercio europeo no impidió
a un nutrido y sólido grupo de la comunidad española permanecer en Puerto Rico
y figurar para mediados de la década del 30 entre los nombres de los comerciantes,
banqueros y dueños de centrales azucareras más poderosos del país. En San Juan,
por ejemplo, buena parte del comercio de víveres, textiles, zapatos, artículos de lujo y libros, así como las grandes empresas fundidoras de acero, importantes compañías aseguradoras y las principales líneas de transporte marítimo pertenecían a
españoles mayormente asturianos, catalanes, vascos y mallorquines35.
El periodista José Pérez Lozada, gaditano establecido en la Isla desde 1900, afirmaba en 1930 que la pequeña colonia española en Puerto Rico valía noventa millones de dólares si se tomaban en cuenta sus propiedades y el capital que poseía. Pérez
Lozada, orgulloso de su estirpe afirmaba además que progresos como la introducción del tranvía en el siglo XIX y la construcción de la infraestructura de los grandes
comercios en las principales ciudades del país aún bajo la dominación norteamericana, eran autoría de los miembros de esta colonia. Estos «hombres laboriosos, emprendedores, llenos de iniciativas y de nobles ambiciones», estaban, según Pérez,
vinculados a la vida del país en tal manera «que constituyen una fuerza de incalculable resistencia» para que el país conservara su fisionomía hispánica.36
A la par con sus actividades financieras este grupo se destacó en el país por sus
obras filantrópicas y por su apoyo al estudio y divulgación de los valores hispánicos. Así en sus tertulias en la Casa de España o en sus casinos localizados en las
principales ciudades de la Isla, éstos actuaron como emisarios y custodios de la
tradición hispana. En el mundo de las letras y las artes, su aportación fue determinante sobre todo por su colaboración con el Departamento de Estudios Hispánicos
de la Universidad de Puerto Rico y por auspiciar actividades culturales en las cuales figuraban personalidades reconocidas del mundo del arte y de la literatura española. En 1928, por ejemplo, miembros de esta comunidad integrados por Segundo Cadierno, José Pérez Lozada, Miguel Such y el Cónsul Luis Villas y Villareal
formaron junto a algunos puertorriqueños y con el consentimiento del gobierno de
Horace M. Towner, un comité para representar a Puerto Rico en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Esta actividad, también conocida como el «torneo internacional de los pueblos de la misma raza», fue organizada en España por los miembros de la Unión Iberoamericana entre los que figuraban Ramón Menéndez Pidal,
Américo Castro, Ramiro de Maetzu, Tomás Navarro Tomás, Eugenio D’Ors y el
español residente en Puerto Rico, Rafael Fabián, entre otros. La exposición busca34 T.G. Powell, Mexico and the Spanish Civil War, University of New Mexico Press, Albuquerque,
1981, p. 26.
35 Ver Antonio Blanco Fernández, España y Puerto Rico 1820-1930, Puerto Rico, Tipografía Cantero Fernández y Co, 1930.
36 «Lo que es, lo que vale y lo que representa la colonia española en Puerto Rico», Boletín Informativo de la Cámara Oficial..., Opus cit., 1930, p. 9.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
109
ba perpetuar la solidaridad afectiva entre los pueblos de estirpe hispana, «mediante la conservación en la mayor pureza posible de los vínculos tradicionales e históricos y propugnar el establecimiento de nuevos lazos a tono con la evolución de
los tiempos».37
Dentro de la comunidad española un sector bastante ligado tanto a la elite culta
criolla como a toda la población lectora fue el vinculado a la prensa. No exageramos si afirmamos que para principios de la década de los 30 buena parte de las imprentas, tipografías y librerías existentes en la Isla pertenecían a españoles. Estas
eran las principales distribuidoras de las revistas y períodicos que se publicaban en
España y en Puerto Rico, permitiendo de este modo a la comunidad española estar
al tanto de lo que ocurría en su país y a la población lectora de la Isla conocer los
últimos aconteceres políticos y literarios en ambos mundos.
Los libros, revistas y periódicos españoles que circulaban en la Isla se adquirían en las librerías Campos y Santa María en San Juan. En esta última se compraban los periódicos ABC, el Diario de Sevilla, el Semanario Gráfico de San Sebastián y materiales relacionados con la geografía española tales como mapas y
fotografías.38 La Librería Campos, por su parte, propiedad del español republicano
Felipe Campos, además de ser la principal distribuidora de libros españoles en la
isla fue la primera en editar las obras de los escritores puertorriqueños a partir de
1929 y en iniciar la reedición de las obras de los autores más relevantes del siglo
XIX del país. Estas publicaciones que circulaban bajo la firma de «Ediciones
Puertorriqueñas» intentaban difundir «la cultura del país» en Europa y en América, y de esta manera contribuir al proyecto de rescate y elaboración del patrimonio
cultural isleño que para entonces se hallaba disperso y desconocido para la mayoría de los puertorriqueños.39 Más tarde, con el advenimiento del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en 1952, muchas de estas obras fueron reeditadas y convertidas en libros de texto por la Editorial del Departamento de Instrucción Pública
para ser utilizadas como parte de los programas de Español y Estudios Sociales.
Igualmente en el periodismo entre 1900 y 1940 se destacaron algunos miembros de la comunidad española. Aunque para principios de siglo ya existía en Puerto Rico una tradición periodística, se trataba en la mayoría de los casos de rotativos comprometidos políticamente y en gran medida limitados a tratar los asuntos
concernientes al país.
Asimismo, antes de 1917 entre los españoles circulaban algunas publicaciones
pequeñas que atañían casi exclusivamente a los intereses de su comunidad. Entre
éstas cabe mencionar los periódicos como La República Española, órgano de la
Liga de Republicanos Españoles en la Isla publicado entre 1905 y 1910, y la revista antimonárquica Los Quijotes, publicada en los años 20.
La circulación en 1910 de la revista gráfica Puerto Rico Ilustrado fue, sin embargo, el primer vehículo publicitario que logró integrar a la población culta de la
Isla con la comunidad española ya que ésta no se circunscribía a ningún círculo ét37 Ver El Libro de oro iberoamericano, catálogo oficial y monumental de la exposición de Sevilla
1929-1930, editado por la Unión Iberoamericana, Madrid, 1930, p . XXI.
38 Ver anuncio de esta librería en la revista Avance, año III, núm. 2, San Juan, febrero de 1939, p. 24.
39 Ver la revista Índice, p. 303.
110
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nico o político, sino que a tono con los estilos modernos y a guisa de crónica social
retrataba al mundo culto y refinado de toda la Isla. La misma fue creada por el español de origen canario, Romualdo Real, quien había llegado a Puerto Rico en
1902 y, que junto a sus hermanos Cristóbal y Matías, se había dedicado al negocio
de la imprenta y del periodismo siguiendo la tradición de su familia en Canarias
desde el siglo anterior. Esta revista se convirtió desde sus comienzos en taller y
principal vehículo de expresión de la intelectualidad puertorriqueña, sobre todo en
lo que concernía a su producción literaria.
Tras la Primera Guerra Mundial, el periodismo cambió en el país, debido en
parte a la necesidad de los lectores de seguir los eventos del conflicto. Esto dio lugar al surgimiento de una nueva prensa noticiosa con información local e internacional. Los pioneros de este periodismo fueron los españoles José Pérez Lozada y
Romualdo Real quienes, respectivamente, fundaron en medio del fragor de la guerra los periódicos El Imparcial (1918) y El Mundo (1919).
Con todo, El Imparcial se convirtió también en el principal órgano de propaganda hispánica y en sus páginas no faltaban temas sobre la actualidad española
así como toda clase de reflexiones destinadas a resaltar los valores heredados de
España en Puerto Rico. La cita siguiente, publicada durante todo el mes de noviembre de 1930, demuestra el esfuerzo de la dirección del periódico por afianzar
los vínculos afectuosos y turísticos entre la exmetrópoli y la antilla: ¡Puertorriqueños: ningún país como España es una síntesis gloriosa de cuanto hay amable en el
mundo. Una visita a España es un acto de afirmación racial!40
Estos medios y la revista Puerto Rico Ilustrado fueron espacios fecundos en la
formación y desarrollo intelectual de los jóvenes escritores puertorriqueños. A través de ellos pudieron no sólo iniciarse en el mundo de la creación literaria sino
cultivar el español y comunicarlo a la mayoría de la población lectora en una época en que la imposición del inglés representaba un rudo golpe a la lengua materna.
«Eran tiempos borrascosos» –como lo expresaba el propio Pérez Lozada–, «o el
pueblo se dejaba fascinar por el espectáculo grandioso del formidable país que venía en su conquista, o se reconcentraba en sí mismo y afirmaba su personalidad
con heroica resistencia».41
Ciertamente para la juventud culta puertorriqueña de las décadas de 1920 a
1930 los españoles vinculados al periodismo como Manuel Fernández Juncos, José Pérez Lozada, Sebastián Dalmau Canet y los hermanos Cristóbal y Romualdo
Real eran entre otros, algunos de sus más «conspicuos mentores».42 El siguiente
testimonio del cuentista Antonio Oliver Frau, titulado «Don José Pérez Lozada y
nuestra generación literaria», es una manifestación fehaciente de la admiración
que su generación profesaba al «maestro»:
Conocí personalmente a don José Pérez Lozada, una tarde lejana y emotiva del otoño
del año de 1920...
El Imparcial, San Juan, nov. de 1930.
Isabel Cuchi Coll, «Un español nuestro: José Pérez Lozada», Puerto Rico Ilustrado, 16 de octubre de 1937, pp. 20.
42 Avance, año I, núm. 17, 15 de octubre de 1937, pp. 7-8.
40
41
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
111
Me tentaba el veneno de la literatura, y lo devoraba en versos y prosas, a copas llenas,
metido en las montañas de Lares43...
Me recibió como a un padre a su chico, que regresa de recorrer mundo...
Con un elogio tan fervoroso, tan pleno y abundante, para mi obra incipiente, que mi corazón de rapacillo aventurero, se abrió en flores de agradecimiento...
Yo casi me creí en aquella jornada, que no existían otros escritores noveles,...¡Pero los
había y buenos!...Samuel R. Quiñones...Vicente Géigel Polanco, Emilio S. Belaval,... A
todos nos conocía...Nos fue catalogando; abriendo los caminos del ensueño; trazando
los rumbos certeros...Y en esa labor fue padre espiritual y orientador de toda nuestra generación...Fue el último Gran Capitán de las Letras Españolas, que quedó de Centinela,
como custodio de todos los tesoros de centurias y milenios de cultura, que España legara a nuestra tierra.44
Como Oliver Frau, José Dávila Ricci, médico de profesión, poeta y periodista,
en un emotivo duelo por la muerte de José Pérez Lozada, escribía:
Yo he venido modestamente a expresar al que ya no existe, la enorme deuda de nuestro
reconocimiento: lo mismo que vosotros, poetas y escritores y periodistas puertorriqueños, compañeros y contemporáneos míos y de los hombres de nuestra Casa(Ateneo), de
quien fue Pérez Lozada inspirador modelo con su cátedra de periodismo y honesto ejercicio de la profesión literaria, a quienes él hizo entrever un nuevo horizonte, poblado de
ensueños...
Puerto Rico entero llora al inolvidable creador de páginas patrióticas, la literatura puertorriqueña al Maestro, la sociedad de periodistas al padre...45
EL ATENEO PUERTORRIQUEÑO: EL ARCHIVO DE LA MEMORIA
En el Ateneo considerado por algunos como la primera universidad puertorriqueña, también convergieron españoles y puertorriqueños. Si bien merece señalarse que la mayor parte de sus miembros fueron profesionales e intelectuales puertorriqueños, entre ellos se destacaron españoles vinculados a las letras y al
periodismo que llegaron a ocupar importantes puestos en la Junta de directores y
que colaboraron en los diversos programas de divulgación cultural de la institución, como el periodista y escritor de origen asturiano Manuel Fernández Juncos,
presidente en1903, Ángel Rivero, secretario de la Junta en 190446 y José Pérez Lozada, vocal de la Junta en 1905. Otros españoles, como los publicistas Romualdo
Real (canario) y los mallorquines Ignacio Guasp y Sebastián Dalmau y Canet, fue-
Lares es un pueblo del centro montañoso de Puerto Rico.
Antonio Oliver Frau, «Don José Pérez Lozada y nuestra generación literaria», Puerto Rico Ilustrado, 16 de octubre de 1937, p. 22.
45 Revista Avance, año I, núm. 17, 15 de octubre de 1937, p. 8A.
46 Memoria de los trabajos realizados en el Ateneo Puertorriqueño durante los años 1904 y 1905
presentada a la Directiva del Ateneo y a la Junta General de Socios.
43
44
112
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Retrato de Eugenio
María de Hostos, por el
pintor español
Fernando Díaz
MacKenna.
(Catálogo de las obras
de arte de la colección
del Ateneo
Puertorriqueño, 1976).
ron colaboradores y benefactores de la institución .47 A éstos se le unió más tarde
el pintor Fernando Díaz Mackenna.
Las obras de Fernández Juncos y las de Díaz Mackenna fueron muy significativas para el proyecto cultural de la elite culta local. Fernández Juncos, además de
ser uno de los periodistas más prolíficos del país, fue fundador de la Biblioteca Insular de Puerto Rico y autor de una serie de libros claves para que los niños del
país continuaran estudiando la lengua española después de 1898. En esta línea publicó Los primeros pasos en castellano, texto que por décadas se utilizó en Puerto
Rico en la enseñanza del español elemental. Además, entre sus trabajos se halla el
primer cancionero ilustrado dirigido especialmente a los niños en edades escolares
de la América Meridional con temas sobre la tierra natal, la patria y España. En el
mismo, todas las canciones son en español salvo el Himno Nacional de Estados
Unidos y una canción folklórica norteamericana. Este cancionero, realizado junto
al músico y compositor puertorriqueño Braulio Dueño Colón, circuló en la Isla para 1901.
Díaz Mackenna, por su parte, formó parte junto a artistas locales de los pintores que plasmaron en el lienzo los rostros de importantes figuras del panteón na47 Arturo Gómez Costa, «Los Lunes del Ateneo y el Modernismo en Puerto Rico», Boletín de la
Sociedad de Autores Puertorriqueños, enero-diciembre 1976, p. 7.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
113
Retrato de Luis Muñoz
Rivera, por el pintor
español Fernando Díaz
MacKenna.
(Catálogo de las obras
de arte de la colección
del Ateneo
Puertorriqueño, 1976).
cional que se exhiben en la Galería de los Próceres del Ateneo. Entre ellos algunos
hombres y mujeres que integraron la elite culta criolla del siglo XIX. La mayor
parte de su obra fue realizada entre las décadas de 1910 y 1920 y entre sus cuadros
figuran los retratos del historiador Salvador Brau, del poeta José de Diego, del polígrafo Federico Degetau, del ensayista Rafael del Valle, del educador y político
Eugenio María de Hostos, del autonomista Luis Muñoz Rivera, de la poetisa Lola
Rodríguez de Tió y del compositor Manuel Gregorio Tavárez.48
En el Ateneo, los lazos de hermandad entre españoles y puertorriqueños que
componían una minoría culta en algunos círculos de San Juan fueron cultivados
desde principios del siglo XX. Para ellos la construcción de la memoria histórica
del país echaba al olvido las brechas decimonónicas entre peninsulares y criollos,
las mismas que provocaron candentes debates, persecución política, duelos, encarcelamiento e incluso la tortura física de muchos puertorriqueños. Esta fraternidad
–poco observable en el siglo XIX– era la misma que dio lugar a que, por ejemplo,
en 1908, el historiador puertorriqueño Cayetano Coll y Toste fuera nombrado socio de mérito por el Casino Español de San Juan49 y la misma que motivó al ma48 Ver «Inventario de las obras pictóricas más importantes que se conservan en edificios públicos
de San Juan de Puerto Rico», Boletín de la Academia de las Artes y las Ciencias de Puerto Rico, vol. V,
año de 1969, pp. 191-197.
49 Revista Cervantes, 30 sept. 1908, p. 6.
114
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Retrato de Lola
Rodríguez de Tío, por
el pintor español
Fernando Díaz
MacKenna.
(Catálogo de las obras
de arte de la colección
del Ateneo
Puertorriqueño, 1976).
llorquín Sebastián Dalmau Canet a publicar su obra Próceres en donde rendía tributo a algunos de los autonomistas criollos más destacados del siglo XIX.
PUERTORRIQUEÑOS Y ESPAÑOLES: PATRIOTISMO Y CONFRATERNIDAD 1930
En la década de los 30, las aversiones que pudieran existir entre algunos puertorriqueños como Germánico S. Belaval contra la minoría pero poderosa comunidad de españoles en el país parecen suavizarse. La depresión económica luego de
la Primera Guerra Mundial y en el mundo local la desesperanza en que dejaron al
país los huracanes San Felipe (1928) y San Ciprián (1932), así como los acontecimientos políticos españoles (la Guerra Civil española) fueron factores que contribuyeron en cierto modo a la conciliación de algunos sectores en otro tiempo antagónicos. Los lazos, sin embargo, se estrecharon aún más principalmente entre
españoles y puertorriqueños cultos quienes añadieron a la lírica y a la nostalgia
que les caracterizó en las décadas de 1900 a 1920 un tono denunciatorio. A ambos
les unía una especial añoranza sobre el campo sobre todo tras las crisis de bajos
precios y de financiamiento en el azúcar y el tabaco y por las pérdidas del café.
Los intelectuales divulgaron en sus escritos la crisis del país y expresaron en
buena medida las mismas quejas y demandas del sector industrial español más
afectado por la incertidumbre de los mercados. En una época en que resultaba muy
complejo descifrar qué era lo puertorriqueño y qué era lo español, los reclamos so-
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
115
bre lo propio cobraban matices diversos. El acento de la elite culta se colocó en denuncias sobre las condiciones de vida del trabajador, la pérdida de la tierra por la
deuda de contribuciones, en el monopolio ausentista de los inversionistas y en la
urgencia de rescatar viejos mercados. Sobre estos temas escribieron intelectuales
como Vicente Géigel Polanco, Vicente Paniagua Picazo y Miguel Meléndez Muñoz en la revista Índice, en reclamo de autonomía para decidir tratados de comercio con naciones extranjeras. Géigel, quien también señalaba la desorientación política del país por sus fragmentaciones ideológicas-partidistas, comentaba en un
discurso similar al de los principales comerciantes españoles en la Isla, que el
principal factor de la pobreza en el país era el arancel de aduanas50, el cual –decía–
«obstaculiza toda iniciativa industrial por la fiera competencia del productor yanqui».51 El problema que también denunciaba Dionisio Trigo, presidente de la Cámara Oficial Española de Comercio en Puerto Rico, era que el mercado de Puerto
Rico se estaba perdiendo para las importaciones españolas y extranjeras y que el
90 por ciento de la exportaciones insulares iban a parar a los Estados Unidos. Géigel lo explica de la siguiente manera:
En las relaciones comerciales entre Puerto Rico y Estados Unidos no rige el arancel.
Prevalece el libre cambio. La tarifa sólo tiene aplicación en nuestras relaciones con los
demás países...son altos los tributos aduaneros impuestos sobre los artículos de consumo diario en Puerto Rico, que levantan una barrera infranqueable en nuestro intercambio comercial con las demás naciones, de tal suerte que más que una reglamentación, el
arancel tiene el alcance de una disposición prohibitiva en lo que concierne a nuestro comercio extranjero.52
Del mismo modo señalaba cómo los productos de mayor consumo general en el
país –de tradición hispánica– como el arroz, las papas, el bacalao, las habichuelas, el
aceite de oliva, los tejidos de algodón debido a la encarecida protección arancelaria,
se hacían excesivamente costosos para los consumidores locales. Apuntaba también
que la Isla se había convertido en factoría azucarera en detrimento de otros cultivos y
que la falta de protección para los cultivos «genuinamente puertorriqueños», el latifundio y la refacción, llevaron a muchos propietarios a convertirse en jornaleros, lo
que, a su juicio, era la tragedia del pueblo que «de señor que era de sus tierras, ha pasado a la categoría de jornalero de su propia heredad».53
El lamento de Géigel Polanco –destacado en los 1930 por sus posturas de reivindicación social de la masa puertorriqueña54– expresaba en buena medida los
mismos infortunios que alegaban algunos comerciantes y propietarios españoles a
quienes la política norteamericana perjudicaba sus intereses comerciales y encarecía sus importaciones y exportaciones entre Europa y Puerto Rico. También repre50 Apartemente el arancel al que se referían Géigel y Trigo era el impuesto por los Estados Unidos
a los productos de importación en la década de los veinte. Aunque no lo expresan este arancel pudo ser
el Fordney-McCumber Tariff (1922) o el Smoot-Hawley Tariff (1930).
51 Vicente Géigel Polanco, «El arancel de aduana: factor de la pobreza en Puerto Rico», Índice, San
Juan, febrero de 1931, p. 367.
52 Idem.
53 Ibidem, p. 369.
116
LOS LAZOS DE LA CULTURA
sentaba en cierto modo el sentir del agricultor nativo que ya desde la década de
1920 mostraba desconfianza en las promesas e ilusiones de los políticos liberales
locales55. Dionisio Trigo en una comunicación al Ministro de Comercio e Industria
de España sugería la negociación de un Tratado comercial especial que fijara tarifas arancelarias más bajas para los productos españoles:
Es una realidad que hay que afrontar, mirando el peligro cara a cara y buscándole un enérgico remedio. Es preciso, ya que no recuperar la parte que hemos perdido, de aquel mercado, por lo menos conservar la parte nuestra, la que hemos de considerar indefectiblemente española, porque corresponde a una marcada deferencia del público consumidor
por los productos de nuestra agricultura y de nuestra industria.
No puede achacarse todo el daño, a maniobras de países competidores para desplazar
nuestros artículos, sino que tiene también como causa inmediata la prolongada crisis que
sufre la Isla y que disminuye sensiblemente su capacidad adquisitiva, obligando a buscar
artículos de menor precio. Esto impone el sacrificio de sus preferencias por los productos
españoles, ya que éstos tienen que luchar contra el muro del Arancel Norteamericano.56
Trigo en este documento enumeró igual que Géigel los artículos de preferencia
de los consumidores puertorriqueños. Entre ellos figuraban productos españoles
para la dieta, la belleza y el aseo que por tradición se empleaban en la cotidianidad
y hasta la religiosidad de la gente y que se hacían cada vez más inaccesibles debido a sus altos costos.
Los artículos españoles de mayor consumo en Puerto Rico, – indicaba– son: garbanzos,
arroz brillado de Valencia, pimientos morrones en conservas, patatas, salsa de tomate,
cebollas, aceite de oliva, turrones, confituras, uvas, papel de cigarrillos, pasas, jabón de
Castilla, vinagre, chorizos, agua de azahar, abanicos, barajas, perfumería, mantillas, alcaparras, brandy, vinos y licores en general.57
Para la década de 1930 España figuraba entre los principales países importadores de mercancías de Puerto Rico pero su mercado era inferior al de otros países
54 Algunos de sus trabajos para la época fueron Apuntes acerca de la legislación social de Puerto
Rico, San Juan, Negociado de Materiales, Imprenta y Transporte, 1936 y Legislación social de Puerto
Rico, San Juan, Negociado de Materiales, Imprenta y Trasporte, 1936. Su fe en las masas se recoge en
el siguiente fragmento: «A estas horas de la civilización no bastan las minorías ilustradas, que siempre
terminan por erigirse en usurpadoras de todos los derechos. Hemos menester de masas cultas, de muchedumbres conscientes de su civilidad...», «La integración nacional», El despertar de un pueblo, San
Juan, Biblioteca de Autores Puertorriqueños, 1940, p. 57.
55 Silvia Álvarez Curbelo en su artículo «Un discurso ideológico olvidado: Los agricultores puertorriqueños (1924-1928)», Op. Cit. Boletín del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 2, Río Piedras, 1986-87, pp. 143-160, plantea cómo los agricultores puertorriqueños del azúcar y el tabaco se
fueron organizando en torno a la Asociación de Agricultores de Puerto Rico para defender su grupo y
llevar sus reclamos directamente a Washington en declarada desconfianza a los líderes, muchos de ellos
abogados, que encabezaban el partido liberal aliancista, tradicionalmente autodenominado portavoz de
los intereses de los puertorriqueños.
56 «Sugerencias para la negociación de un Tratado», Boletín Informativo de la Cámara Oficial Española del Comercio en Puerto Rico, núm. 6, San Juan, junio-julio-agosto 1935, p. 5.
57 Idem.
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
117
europeos y sobre todo al americano. El comercio insular con España, a pesar de la
actividad de los españoles era poco significativo, aún en la exportación de café cuyos principales compradores eran Alemania, Italia y Bélgica.58 Al respecto merece
recordarse que entre las trabas a este comercio se hallaban los aranceles de aduana
que pesaban también sobre los productos de Puerto Rico y Cuba en España.59 Con
todo, en los años treinta las inversiones centralistas de los españoles y puertorriqueños se quebraron con la debacle de los precios y porque entre 1925 y 1926 los
azucareros españoles se vieron obligados a vender a corporaciones norteamericanas al menos cinco de sus centrales principales.60 Esta crisis aparentemente contribuyó a que los lazos entre españoles y puertorriqueños con intereses en el azúcar
se alinearan contra los inversionistas norteamericanos.
Si la situación azucarera de los treinta animó los recuerdos de épocas mejores,
también las agonías, desilusiones y pérdida de estatus de los antiguos productores,
consumidores y comerciantes del café, contribuyeron a la evocación de un pasado
en el que lo hispano cobró un papel destacado. El comerciante asturiano Enrique
Blanco Fernández escribía en plena época de morriñas sobre el pasado, un emotivo artículo titulado, La tierra del café, ¡Cuando éramos ricos!:
Eramos ricos, por la opulenta validez y el prestigio mundial de este producto incomparable... No hacían falta los Bancos, porque en cada una de las poblaciones depositarias
del rico grano de oro, existían varias instituciones mercantiles de mayor prestigio y solidez que algunas de aquellas funestas sucursales de Bancos transhumantes, a las que el
sufrido acreedor señaló con el índice amenazador, como causantes de la inolvidable catástrofe que todavía estamos sufriendo y lamentando.
Puerto Rico gozaba hace más de treinta y cinco años, en los famosos mercados de Europa de ilimitado crédito...
Era el crédito del café; era el crédito del azúcar, era el prestigio también de nuestra ya
entonces afamada industria tabaquera...61
La evocación de Blanco a viejos tiempos de bonanza, armonizaba con la lírica de algunos intelectuales puertorriqueños como Luis LLorens Torres, abogado
y heredero de una hacienda cafetalera de 562 cuerdas en el pueblo de Juana
Díaz62, que desde la ciudad construía sueños sobre el campo, denunciaba la po-
58 Annual Book of Statistics 1934-35, Government of Puerto Rico, Department of Agriculture and
Commerce, 1935, p. 153.
59 Este era uno de los principales reclamos de los comerciantes mallorquines después de la Guerra
Hispanoamericana. En el 1899, Alberto Rusiñol llamaba la atención a la Junta de Comercio de Exportación de Madrid sobre los altos costos de los productos de las antiguas colonias con los que no existían tratados de comercio. Por ejemplo el café de Venezuela pagaba una tarifa inferior al de Puerto Rico
después de 1898. Ver Boletín de la Cámara de Comercio de Palma de Mallorca, 1899, p.132.
60 Juan A. Giusti Cordero, «En búsqueda de la nación concreta: el ‘grupo español’ en la industria
azucarera de Puerto Rico, 1890-1920», Consuelo Naranjo, Miguel Ángel Puig-Samper y Luis M. García Mora (eds.), La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Madrid, Ediciones Doce
Calles, 1996, pp. 211-224.
61 Ver Boletín Informativo de la Cámara Oficial Española de Comercio en Puerto Rico..., Opus
cit., p. 12.
62 AGPR, Libros de Hacienda, Juana Díaz, 1905-1906, Inscripción 715.
118
LOS LAZOS DE LA CULTURA
breza y cantaba al cafetal. Tres estrofas de su poema Cogedoras de café expresan este idilio:
Hora de mariposas en el rosal.
Ripian las cogedoras el cafetal.
Todas llevan al cinto la canastilla
en que rompe y desgrana cada varilla
su rosario de cápsulas de coral...
Trova una anciana:-El ave del alma mía
va y viene con la misma melancolía;
y el aroma del grano de la montaña,
a la montaña vuelve, al rayar el día,
con el humo que sale de la cabaña.
Así, horas. Los arbustos rinden sus granos.
Los rosales silvestres rinden sus rosas.
Y la tarde se engulle de empeños vanos:
buscan que buscan rosas las mariposas;
buscan que buscan granos las ebrias manos.63
De esta manera el poeta retrató escenas de una cotidianidad donde el café, producto que en antaño pertenecía al mercado ahora escaso, era fruto del recogido artesanal que con «ebrias manos» buscaban y buscaban granos para el consumo diario.64
Esta expresión que evoca al mundo cafetalero y al paisaje tierra adentro motivó
los más sonoros lamentos en la música, la pintura, la poesía y en casi todas las manifestaciones del mundo intelectual que con gran nostalgia señalaba las pobres
condiciones de vida del jíbaro en contraste con la belleza de los campos. La pintura de Ramón Frade León y su cuadro El pan nuestro (1904) es quizás la manifestación pictórica más afin a esta corriente que se observa en las diferentes expresiones de la creación por lo menos hasta la década de 1950.
El espíritu crítico y cambiante de la sociedad que captó el intelectual de los
treinta y el empalme de valores hispánico-puertorriqueños frente a la política económica generada por los Estados Unidos en Puerto Rico lo expresa abiertamente
el siguiente artículo de Antonio Paniagua Picazo publicado en Índice en 1931:
Al finalizar la centuria pasada la isla de Puerto Rico por su estructura social y económica era una nacionalidad. Nuestro mestizaje racial había llegado a un punto de saturación
y la economía isleña pequeña en lo atinente al numerario, tenía una segura y honda raíz.
La ausencia de grandes entidades bancarias era notoria, y no había la extensión del crédito que hizo la estructura económica actual, aparatosa e inadecuada para nuestros modestos menesteres de pueblo pequeño.
Luis LLorens Torres, Alturas de América, San Juan, Editorial Cordillera, 1970, p. 118.
Para un estudio sobre la obra de corte modernista de LLorens ver Arcadio Díaz Quiñónes, El almuerzo..., Opus cit
63
64
MEMORIA Y REPRESENTACIÓN: ESPAÑA EN PUERTO RICO 1900-1930
119
El año de 1899 se hunde como una saeta envenenada en la economía puertorriqueña. La
capacidad adquisitiva del propietario desaparece y su menudo ingreso en calidad de jornalero lo invierte en la tienda o central. El comercio del pueblo o villorio perece por inanición. La riqueza se agrupa en un sólo núcleo productor que desplaza al pequeño propietario y aísla al profesional. El organismo preponderante es el latifundio. El tiene sus
profesionales. Los profesionales que no ha menester la corporación se trasladan a la capital de la isla donde encuentran mayor actividad. El comerciante ve la quiebra y de este
modo se limitan las posibilidades de una legión de hombres cuyas funciones estaban ya
debidamente circunscritas. El proceso centralizador de la riqueza conducen a toda una comunidad que tenía bien definida su personalidad hacia un estado social de servidumbre.65
Las afirmaciones de Paniagua sobre la definición de la personalidad social de
Puerto Rico en el siglo XIX, correspondían a una sociedad donde el comerciante del
pueblo, generalmente peninsular o extranjero, controlaba el crédito y las cosechas a
través de la refacción y la hipoteca debido a la ausencia de entidades bancarias. Los
trabajos de Fernando Picó Libertad y servidumbre y Amargo Café, prueban cómo el
hacendado y el comerciante del siglo XIX a través del empréstito se hacía llegar el
producto o mano de obra atando tanto a pequeños propietarios como a jornaleros en
una relación de servidumbre disfrazada de compadrazgo. Este sector privilegiado del
XIX, fue por lo tanto, uno de los más afectados por la llegada de bancos a la Isla y por
el sistema capitalista de la gran empresa que debía al menos cumplir con unos salarios
y derechos de los trabajadores. La centralización del comercio sobre todo en las ciudades y zonas portuarias atentó contra la cultura del hacendado, su dominio local y
sus relaciones patriarcales y especulativas. Por ello, en la época de mayor crisis como
en la de los treinta, son éstos, antiguos comerciantes y hacendados muchos de ellos
peninsulares o de origen peninsular, los que juntos a los puertorriqueños defienden el
alma hispánica y pretenden recuperar el pasado.
Los treinta, años de crisis y desalojos, fueron, por otro lado, tiempos de la hermandad y de la conciliación. José Coll Cuchí, abogado, escritor y uno de los fundadores del Partido Nacionalista, lo expresaba en su mensaje en ocasión de la
inauguración de la Casa de España en Puerto Rico:
Después de cuatro siglos de vaivenes de la Historia, es español este pueblo por su habla,
por su sangre y por su tradicional civilización, siendo el idioma el que da vida real al
pensamiento... Nuestros abuelos unieron con el hilo de su existencia la península ibérica, en donde se meció su cuna, y esta isla del Caribe, en donde se abrió su tumba. Ese
enlace de ambos mundos echó los cimientos del pueblo puertorriqueño... La obra del
pasado, cimentada por el sacrificio de nuestros abuelos, está engrandecida por los que
vivimos aquende el Atlántico, para honra y gloria de las Españas de ambos mundos... Al
hablar de España, mi mente concibe los conceptos superiores de raza y de civilización,
que unen los pueblos separados por el solar de nacimiento. Puedo yo estar tan orgullosos de mi sangre como de mi patria: tan mía es la una como la otra.66
Índice, año II, núm. 24, marzo de 1931, p. 386.
José Coll Cuchí, Discurso con motivo de la inauguración de la Casa de España en Puerto Rico,
San Juan, 1935.
65
66
120
LOS LAZOS DE LA CULTURA
CONCLUSIÓN
Aunque para el período estudiado las fraternidades entre españoles y puertorriqueños contribuyeron a alimentar los lazos fraternos que la lírica hispanoamericana exaltaba, hay que tener en cuenta que en estos años la hispanofilia fue retomada
como parte del proyecto cultural. La puertorriqueñidad rescató parte de la herencia
hispana al mismo tiempo que se presentaba como un elemento propio. El proyecto
de rescate del pasado, si bien rememoró los valores traídos de la colonización también redundó en el olvido de los malos tiempos, a la vez que le aseguró un espacio
en la historia del país a la elite criolla liberal y culta del siglo XIX. En este sentido
la prensa española fue copartícipe del proyecto de memoria local. La hermandad
entre españoles y puertorriqueños, sin embargo, parecía darse sobre todo en la ciudad y entre los que compartían los círculos de la sociedad culta y refinada del país.
En los campos y en los pueblos del interior todavía persistían rasgos del viejo régimen de haciendas y comercio como las relaciones de dependencia entre el agregado y el gran propietario español. En el pueblo cafetalero de Ciales, por ejemplo,
para los años treinta la principal casa comercial de la Sucesión Fernando Pintueles
mantenía en sus libros viejas deudas sin saldar y todavía cobraba con frutos y pequeños predios de tierra.67 En la misma localidad, el hacendado mallorquín José
Colom Joy aunque insistía en la producción de café, intentaba diversificar los productos de sus fincas empleando principalmente parientes de Mallorca salvando las
distancias étnicas y sociales de antaño con los campesinos y peones locales. Para
1939 el padre de Colom Joy le aconsejaba emplear personal de su confianza en las
fincas: «si puede ser mallorquín, mejor..».68
En el ámbito político, no obstante, el despertar hacia lo español y las afirmaciones de puertorriqueñidad ya se expresaban desde principios del siglo XX a través de los manifiestos del liderato de los partidos políticos de la Unión y el Nacionalista, donde se encontraban los herederos de la tradición liberal y
autonomista del siglo XIX. Pero en los años treinta, las alusiones patrióticas, históricas e hispanófilas serían más acentuadas entre los nacionalistas para quienes
las repúblicas ibero-americanas eran paradigmas y estaban «unidas a nosotros por
lazos indestructibles de sangre y lengua».69
Para la elite intelectual de los treinta, la lírica hispanista fue un elemento más
dentro del proyecto intelectual de construcción de la nacionalidad puertorriqueña,
aunque en el mismo la «raza», España y las efemérides del pasado español integraban junto a otros símbolos las representaciones de la puertorriqueñidad.
67 Libia M. González, «Pintueles y Co.: Una casa asturiana en el comercio del café en Puerto Rico», La Revista del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, núm. 12, enero-junio
1991, pp. 96-107.
68 Carta de Antonio Colom Casasnovas del de 1939, Colección José Colom Joy, CIH, UPR.
69 «Declaración de Principios del Partido Nacionalista, 1922», Bolívar Pagán, Historia de los pertidos politicos puertorriqueños 1898-1956, 2 vols., San Juan, 1972, vol. 1, p. 214, y el trabajo de Luis
A. Ferrao, Albizu Campos..., Opus cit., 1990.
IV
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR:
LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA, ESTADOS UNIDOS
Y PUERTO RICO1
Miguel Ángel Puig-Samper*, Consuelo Naranjo* y María Dolores Luque**
*Instituto de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid
**Centro de Investigaciones Históricas, Universidad de Puerto Rico, Recinto de
Río Piedras
1 Queremos agradecer la ayuda prestada a lo largo del proyecto de investigación a diferentes personas que desde las instituciones han contribuido a su realización, así como a Nieves Gómez, del Departamento de Historia de América del Instituto de Historia del CSIC y a Isabelle Bancheraud por su ayuda en los trabajos de trascripción y búsqueda bibliográfica. Asimismo, el apoyo en Puerto Rico de
Gervasio García, Mª de los Ángeles Castro, Luis Sánchez Raffucci, Libia González, Luis Ferrao, y en
España de Loles González-Ripoll y Salvador Bernabéu ha sido, como siempre son los amigos, una gran
ayuda durante la realización de este estudio. A Inés y Gonzalo por las horas de juego robadas.
LAS RAÍCES REMOTAS DE UN PROYECTO CULTURAL:
LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
La búsqueda del nacimiento de una idea o de un proyecto cultural como el de
la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) podría
llevarnos hasta los procesos más renovadores desde el punto de vista intelectual
que se dieron en el Renacimiento español y más tarde en la Ilustración, siempre
que nos situemos en la obsesiva y recurrente preocupación de la inteligencia española por acercarnos a la modernidad europea y distanciarnos de los fenómenos de
aislamiento tan queridos por algunos gobernantes españoles, desde Felipe II hasta
Fernando VII.
Sin alejarnos tanto en el tiempo y diez años después de la muerte del último
monarca mencionado, en 1843, se produjo un hecho aislado pero de suma importancia en el panorama intelectual español como fue el viaje de Julián Sanz del Río,
pensionado a Alemania para hacerse cargo de una cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad Central de Madrid. Sanz del Río importó para España la filosofía idealista de Krause, aunque adaptada a la idiosincrasia hispánica, de tal modo que esta nueva ideología penetró profundamente el alma de nuestra universidad
y la de muchos intelectuales, como ya indicaron en su momento Elías Díaz y López Morillas, entre otros.2
F.J. Laporta ya avanzó cómo en la búsqueda de los orígenes culturales de la
JAE había que llegar hasta Sanz del Río y sus discípulos, como Fernando de Castro y especialmente Francisco Giner de los Ríos, quienes en su enseñanza universi-
2 Sobre el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza véanse los estudios de Juan López Morillas, El krausismo español, México, Fondo de Cultura Económica, 1980; Elías Díaz, La filosofía social
del krausismo español, Madrid, Edicusa, 1973; Juan José Gil Cremades, Krausistas y liberales, Madrid, Seminarios y Ediciones, S.A., 1975; Antonio Jiménez-Landi, La Institución Libre de Enseñanza,
Madrid, Taurus, 1973; Vicente Cacho Viu, La Institución Libre de Enseñanza, Madrid, Rialp, 1962.
124
LOS LAZOS DE LA CULTURA
taria y en su creación institucional –la Institución Libre de Enseñanza-, impusieron la impronta de un nuevo estilo ético antidogmático, tolerante en el terreno
ideológico y religioso, aunque claramente marcados sus objetivos por la idea de
que una educación integral lograría el cambio deseado en la sociedad española, para lo que evidentemente había que empezar por formar buenos profesores, una
idea que conectaría a la perfección con la del envío de pensionados al extranjero
de la JAE, preocupada además por la europeización de España y la importación de
saberes científicos.3 Podría parecer además que poco tendrían en común aquella
legión de metafísicos idealistas que participaron en la revolución de 1868 con los
serios científicos que se agruparon en la JAE buscando la regeneración de España
tras el desastre colonial y la recuperación del prestigio cultural perdido, pero la conexión es evidente. Los nuevos institucionistas formaban parte de una segunda y
tercera generación postgineriana, más cientifista y ciertamente apegada a una nueva filosofía cercana al positivismo –lo que Diego Núñez llama krausopositivismo–4, menos revolucionaria en el sentido político y más reformista, ligada a los
movimientos liberal-progresistas, pero siempre marcados por la figura emblemática del abuelo (Francisco Giner de los Ríos) y la rígida ética institucionista, muy
bien representada en la JAE por la figura de su secretario, José Castillejo.
Junto a esta línea institucionista hay que destacar también que el llamado movimiento regeneracionista, en el que figuraron Joaquín Costa, Ricardo Macías Picavea, Lucas Mallada, etc., como portavoces más autorizados, junto a literatos como Azorín, Baroja, Valle-Inclán, o científicos como Santiago Ramón y Cajal –el
futuro presidente de la JAE– o José Rodríguez Carracido, convergió en su preocupación por la educación y el europeismo, algo que sin duda facilitó la futura creación de la JAE, llamada por Cacho Viu el «logro tardío de la Institución Libre de
Enseñanza», una afirmación que parece cierta cuando revisamos la correspondencia entre Giner, Castillejo, Moret, Cossío, entre otros intelectuales, donde parece
estar tejida claramente la futura institución.5
De hecho José Castillejo ya ocupaba un puesto relacionado con las pensiones
al extranjero en el nuevo Ministerio de Instrucción Pública (creado en 1900), cuando el 11 de enero de 1907 se decretó la creación de la JAE por el ministro Amalio
Gimeno. José Subirá destacaba en 1924 cómo en los párrafos previos del real decreto se insistía en la importancia de terminar con el aislamiento para enlazar con
la ciencia europea, además de preparar al personal encargado de las reformas
con el contacto exterior, la difusión de su obra en América –algo que no era tan
3 Francisco J. Laporta, Alfonso Ruiz Miguel, Virgilio Zapatero y Javier Solana, «Los orígenes culturales de la Junta para Ampliación de Estudios», Arbor, CXXVI, nº 493, enero, 1987, pp. 17-87. La
bibliografía más relevante sobre la JAE puede verse en el mismo número de Arbor en un artículo de Teresa Rodríguez de Lecea, «Nota bibliográfica sobre la J.A.E.», pp. 89-97. Habría que añadir la importante obra de José Manuel Sánchez Ron (coord.), 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas, 2 vols., Madrid, CSIC, 1988. Sobre la labor desarrollada por la JAE en materia de relaciones culturales con el extranjero véase el libro de Justo Formentín Ibáñez y Mª José Villegas Sanz, Relaciones Culturales entre España y América: la Junta para la Ampliación de Estudios,
Madrid, Mapfre, 1992.
4 Diego Núñez, La mentalidad positiva en España: desarrollo y crisis, Madrid, Túcar, 1975.
5 David Castillejo (comp.), Epistolario de José Castillejo. Vol. I, Un puente hacia Europa (18961909), 3 vols., Madrid, Editorial Castalia, 1997, pp. 307-409.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
125
claro en los primeros momentos– y sobre todo en considerar el esfuerzo de las reformas como una empresa nacional, independiente por tanto de los vaivenes políticos y necesitada del concurso de intelectuales de diferente ideología.6
El día 15 del mismo mes se constituyó la JAE bajo la presidencia del ministro
de Instrucción Pública y Bellas Artes, Amalio Gimeno, con presencia de Santiago
Ramón y Cajal, que inmediatamente sería nombrado presidente de la JAE, Joaquín
Sorolla, Vicente Santa María de Paredes, Alejandro San Martín, Julián Calleja,
Eduardo Vincenti, Luis Simarro, Ignacio Bolívar, Ramón Menéndez Pidal, José
Casares, Adolfo Álvarez Buylla, José Rodríguez Carracido, Julián Ribera Tarragó,
Leonardo Torres Quevedo, Victoriano Fernández Ascarza y José Castillejo, este último como secretario de la JAE, con ausencia de José Echegaray, Gumersindo de
Azcárate, Marcelino Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, José Marvá y José Fernández Jiménez.
Las funciones que se encomendaban a la JAE, por un decreto del 22 de enero,
eran las siguientes: El servicio de ampliación de estudios dentro y fuera de España, las delegaciones en Congresos Científicos, el servicio de información extranjera y las relaciones internacionales en materia de enseñanza, el fomento de los trabajos de investigación científica y la protección de las instituciones educativas en
la enseñanza secundaria y superior. Uno de los pilares básicos de la JAE fue su política de pensiones, esenciales para el desarrollo cultural y científico de España, de
la que se beneficiaron –según Sánchez Ron– unas dos mil personas, que fueron
pensionadas para trabajar en el interior, en Europa y en América, con dotaciones
que oscilaban entre las 350 y las 650 pesetas mensuales.
Tres días después se producía un cambio de gobierno, con la presidencia del
conservador Maura, quien nombraba para el Ministerio de Instrucción Pública a
Faustino Rodríguez San Pedro, cuya misión respecto a la JAE fue siempre el intento de recortar su posible autonomía. Además, para muchos conservadores la conexión de la JAE con la antigua Institución Libre de Enseñanza era evidente y sospechosa; la mano del abuelo Giner en la creación de instituciones como el Museo
Pedagógico, la JAE, la Estación de Biología Marina de Santander, etc.. preocupaba a los grupos más reaccionarios, quienes además intentaron enfrentar a algunos
sectores universitarios con la JAE.7
Junto a las instituciones y entidades que fueron creándose, hay que destacar la
actividad académica e intelectual surgida en el seno de la Universidad de Oviedo,
donde un grupo de profesores puso en marcha un programa americanista como
«una empresa de cultura y difusión del pensamiento español en América». Dicha
empresa fue anunciada por el Rector de la Universidad, Dr. Canella, en las cartas
que en 1908 envió a las autoridades académicas. Rafael Altamira es el hombre que
llevó a cabo con mayor intensidad este programa, un programa en el que la educación y la cultura eran las piezas claves para la transformación de la sociedad y el
acercamiento de los pueblos. Su formación krausista y positivista marcó toda su
6 José Subirá, Una gran obra de cultura patria. La Junta para Ampliación de Estudios, Madrid,
Imp. de «Alrededor del Mundo», 1924.
7 José Manuel Sánchez Ron, Cincel, martillo y piedra. Historia de la ciencia en España (siglos
XIX y XX), Madrid, Taurus, 1999, especialmente pp. 171-211.
126
LOS LAZOS DE LA CULTURA
obra y su concepción de la educación y la historia. A pesar de que en muchos aspectos sus postulados eran similares a los de otros intelectuales de la JAE, en estos
primeros años, cuando Altamira realiza su viaje por América y visita Cuba en
1910 resalta el carácter académico de su estancia y del programa americanista, por
el que se pretendía establecer un intercambio de doble dirección, indicando que no
contemplaba la españolización intelectual de América. Evocaba una «patria hispana común» sustentada en el espíritu común de ambos pueblos, que con un idioma
compartido debía de fomentar la unión y no el distanciamiento:
Hablamos en nombre de la España que quiere ser así, y que si no fuera así, preferiría dejar de ser, y que apetece lavar sus culpas de imperialismos pasados y quiere ser ahora el
porta-estandarte de la fraternidad entre las naciones, el mantenedor de los derechos nacionales y del respeto á todas la independencias.8
LA CREACIÓN DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS
El 18 de marzo de 1910 se creaba en el seno de la JAE el Centro de Estudios
Históricos, dirigido por Ramón Menéndez Pidal, como uno de los pilares de la institución en tanto se fueron creando el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, presidido por Cajal con la asistencia de Blas Cabrera, y la Residencia de Estudiantes. Las funciones atribuidas al nuevo Centro de Estudios Históricos, situado
en Madrid, fueron las siguientes:
• Investigar las fuentes, preparación de ediciones críticas de documentos inéditos, glosarios, monografías, obras filosóficas, históricas, literarias, filológicas, artísticas o arqueológicas.
• Organización de misiones científicas, excavaciones y exploraciones para el
estudio de monumentos, documentos, dialectos, folklore, instituciones sociales y cualquier tema fuente de conocimiento histórico.
• Organización de trabajos especiales de laboratorio en los que se iniciaría en
los métodos de investigación a un corto número de alumnos.
• Labores de apoyo a los pensionados dentro y fuera de España, con el objetivo
de que pudieran seguir trabajando a su regreso.
• Formación de una biblioteca para estudios históricos y establecimiento de relaciones y cambio con centros científicos análogos en el extranjero.
El Centro de Estudios Históricos (CEH) se instaló en el Palacio de Bibliotecas
y Museos, utilizando parte del local que ocupó el Museo de Ciencias Naturales,
comunicando con la Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico, hasta su traslado
a un pequeño hotel de la calle Almagro núm. 26, y el posterior de la calle Duque
de Medinaceli, 4. En la Memoria de la JAE correspondiente a los años 1910-1911,
aparecen como Secciones del CEH las siguientes:
• Instituciones sociales y políticas de León y Castilla, bajo la dirección de
Eduardo de Hinojosa.
8 Rafael Altamira y Crevea, Mi viaje a América, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez,
1911, p. 433. Durante este viaje visitó 6 repúblicas: Uruguay, Argentina, Chile, Perú, México y Cuba;
Rafael Altamira y Crevea, La huella de España en América, Madrid, Editorial Reus, 1924.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
127
• Trabajos sobre arte medieval español, bajo la tutela de Manuel Gómez Moreno.
• Orígenes de la lengua española, bajo la dirección de Ramón Menéndez Pidal. Aparecen entre sus colaboradores Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, Onís, Julián Paz, Solalinde, Gómez Ocerín, etc.
• Metodología de la Historia; trabajos de Seminario bajo la dirección de Rafael
Altamira.
• Investigaciones de las fuentes para la historia de la Filosofía árabe española,
dirigidas por Miguel Asín Palacios.
• Investigación de las fuentes para el estudio de las Instituciones sociales de la
España musulmana, bajo la dirección de Julián Ribera
• Los problemas del Derecho Civil en los principales países en el siglo XIX, dirigido por Felipe Clemente de Diego.
A estas secciones se añadirían más tarde otras dedicadas a la historia del arte,
bajo la dirección de Elías Tormo, a los estudios de filosofía contemporánea, dirigida por José Ortega y Gasset y a los estudios de filosofía semítica, bajo la responsabilidad de Abraham S. Yahuda.
Aparentemente el nuevo Centro de Estudios Históricos se volcaba especialmente en las investigaciones históricas y filológicas propiamente españolas con un
objetivo claro: la búsqueda de la identidad española, que poco después se plasmaría en los importantes trabajos de Menéndez Pidal y sus discípulos, así como en la
creación del Laboratorio de Fonética en 1911, por Ramón Menéndez Pidal, la Revista de Filología Española, en 1914, la sección de Folklore dirigida por Tomás
Navarro Tomás, en 1916, y Archivo de la Palabra y las Canciones Populares en
1930, bajo la dirección de Tomás Navarro, con la colaboración de Eduardo Martínez Torner.9 El Archivo de la Palabra fue un proyecto bastante ambicioso e innovador con el cual se recogió y rescató un legado importante de la cultura española
desde el punto de vista lingüístico, fonético y folklórico (romances y música popular); a ello hay se suma un valor añadido ya que en él se grabaron las voces de muchos de los intelectuales que son objeto ahora de nuestro estudio: Azorín, Juan Ra-
9 José-Carlos Mainer, La Edad de Plata (1902-1939). Ensayo de interpretación de un proceso cultural, Madrid, Cátedra, 1983; Javier Varela, La novela de España, Los intelectuales y el problema español, Madrid, Taurus, 1999; José Portolés, Medio siglo de filología española (1896-1952). Positivismo e idealismo, Madrid, Cátedra, 1986.
Entre la abundante bibliografía sobre Menéndez Pidal y sus discípulos pueden consultarse los trabajos de José Antonio Maravall, Menéndez Pidal y la historia del pensamiento, Madrid, Arial, 1960;
Marcel Bataillon, «Don Ramón Menéndez Pidal (1869-1968)», Bulletin Hispanique, t. 71, 1969, pp.
441-451; José Luis Gómez-Martínez, Américo Castro y el origen de los españoles: historia de una polémica, Madrid, Gredos, 1975; Tomás Navarro Tomás, «Don Ramón Menéndez Pidal en el Centro de
Estudios Históricos», Anuario de Letras, vol. II, México, 1968-1969, pp.9-24; Rafael Lapesa, «Menéndez Pidal, creador de escuela: el Centro de Estudios Históricos», VV.AA, ¡Alça la voz pregonero!. Homenaje a Don Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Cátedra-Seminario Menéndez Pidal, 1979, pp. 43-79;
Guillermo Araya, El pensamiento de Américo Castro. Estructura intercastiza de la historia de España,
Madrid, Alianza, 1983; y el Catálogo de la Exposición coordinada por Rafael Asín Vergara y María
García Alonso, Rafael Altamira. Biografía de un intelectual (1866-1951), Madrid, Fundación Francisco Giner de los Ríos-Residencia de Estudiantes, 2001.
Ver también las Memorias de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas; y Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas Centro de Estudios Históricos, Archivo de la Palabra, Madrid, 1932.
128
LOS LAZOS DE LA CULTURA
món Jiménez, Santiago Ramón y Cajal, Miguel de Unamuno, Concha Espina, José
Ortega y Gasset, Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, Ignacio Bolívar, Pío Baroja,
Jacinto Benavente, Federico de Onís, etc.10
Durante su estancia en Madrid Onís se integró en las investigaciones del Centro, y bajo la dirección de Menéndez Pidal emprendió trabajos de filología, centrados en el estudio geográfico de los dialectos españoles, junto a su amigo Tomás
Navarro Tomás. En la documentación depositada en el Archivo de la Junta de Ampliación de Estudios de la Residencia de Estudiantes, de Madrid, se encuentran expedientes relacionados con el trabajo de estos investigadores; de ellos reproducimos uno referente a los estudios de Onís como pensionado de la JAE en el Centro,
investigaciones que proseguirá en estados Unidos y Puerto Rico, lugares en los
que su obra es bien conocida:
Federico de Onís. Pensión para estudiar las variedades dialectológicas que ofrece el habla popular en ciertos puntos del antiguo reino de León.
Pueblos recorridos: 1º itinerario: Ciudad Rodrigo, Fresno, El Bordón, Robleda, Peñaparda, Villarrubias, Payo, San Martín de Orevejo, Elja, Valverde, Villamiel, Navasfrías,
Albergueria de Argañan Fuenteguinaldo, Alanedilla y otros intermedios de menor importancia.
2º itinerario: Ciudad Rodrigo, Zamarra, Jaradilla del Arroyo, Monsagro, Peña de Francia, Cereceda, Nava de Francias, Silleros, Tamames, Luiares, San Esteban de la Sierra,
Valdelacasa, Fuente de Bejar, Bejar, Navacarros, y otros.
3º Itinerario: Ledesma, Vitigudino, Encina Sola de los Comenderos, Villabuena, Barruecopardo, Bameropardo, Cerezal de Peñahorcada, la Zaza de Pumareda, Vilvestre,
Aldeadibile de la Muera, Conparario, Mascreco, Valsalabroso y otros.
Empleé en el recorrido de estos pueblos tres meses, deteniéndome más o menos según
el interés que ofrecían.
Resultados obtenidos: Quedan determinados los límites geográficos de cada fenómeno
dialectal. Queda terminado el límite geográfico entre el portugués y el leonés por el occidente y entre éste y el castellano por el oriente en todo lo que es hoy la provincia de
Salamanca y en el norte de la de Cáceres. Quedan determinados los límites específicos
de los varios fenómenos dialectales que ofrece dicha región. He recogido cuantos datos
encontré de fonética y vocabulario, dejando estudiados en conjunto algunos pueblos
que ofrecen un dialecto particular, por ejemplo: San Martín de Erevejo, Elja y Valverde
y El Payo.
En Ledesma he encontrado de la Edad Media, en el Archivo Municipal y en el de la
Iglesia de Stª María, entre ellos un Fuero del Siglo XIII, varios privilegios reales y algunos documentos particulares. Copié íntegros algunos, de otros obtuve fotografías y de
otros tomé notas suficientes.
10 En el Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes de Madrid se encuentra el Archivo de la Palabra y las canciones populares, que contienen más de mil discos conservados, regrabados en 1988, y algunos de ellos reeditados por la Residencia de Estudiantes. Alfredo Valverde, «El Archivo de la Palabra y las canciones populares», Boletín de la Residencia de Estudiantes, núm 6,
Madrid, julio-agosto, 1998, pp. 6-7.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
129
Los resultados de esta pensión, se publicarán bajo la dirección de D. Ramón Menéndez
Pidal, en el Centro de Estudios Históricos.11
EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS Y LA CONCIENCIA AMERICANISTA
El objetivo americanista del Centro de Estudios Históricos no aparece tan claro
a primera vista, pero la inclusión de Rafael Altamira como encargado de una de las
secciones podría indicar lo contrario. En el momento de la creación oficial del
CEH, Altamira estaba regresando de su periplo americano del que volvía como el
gran apóstol del hispanoamericanismo y pocos días después (14 de abril), en una
conferencia pronunciada en la Unión Ibero-Americana, sugería:
Pues bien; sabido es que hace poco se ha creado en España un Centro de estudios históricos, que va a ser a manera de una Escuela de altos estudios. Ese Centro, creado para organizar y perfeccionar aquel género de investigaciones, podría ser un organismo oficial
de comunicación. Puesto que la Historia es un campo común, en gran parte, a los americanos y los españoles, cabría aquí, bajo la dirección de profesores nuestros y con la colaboración de otros hispano-americanos, concentrar una parte de la juventud estudiosa que
quisiera saber y escribir la historia de su país, la cual vendría a realizar esa labor en nuestro territorio, en conjunción con los estudiantes españoles. Relacionado ese Centro, más
o menos íntimamente, con los citados Institutos históricos americanos, ofrecería doble
base de relación entre los trabajadores intelectuales de América y España.
AJAE, 107/60, doc.13.
Sobre el Centro de Estudios Históricos puede además consultarse el artículo de Leoncio LópezOcón, «El Centro de Estudios Históricos: un lugar de la memoria», Boletín de la Institución Libre de
Enseñanza, núms. 34-35, mayo de 1999, pp. 27-48. En este trabajo puede verse cómo se gestó la Escuela Española de Filología, no tanto los trabajos de carácter histórico del CEH, y la formación de redes científicas por parte de los componentes del CEH. Hay también un intento de análisis de las rupturas y pervivencias de la institución a nuestro juicio fallido, entre otros motivos por una confusión en la
observación de las diferentes generaciones y en la reflexión sobre las continuidades y discontinuidades.
Es evidente que la Guerra Civil produjo una sobrecogedora ruptura en el trabajo de la institución por la
salida al exilio de muchos de sus componentes –cuya memoria intentamos rescatar– y quizá la recuperación del nombre de Centro de Estudios Históricos en 1985 fuera algo simbólica, pero es indicativa de
que un nuevo espíritu caminaba por los pasillos de Menidaceli, tras los oscuros años del franquismo
más gris. No puede decirse sin más, como hace López-Ocón al referirse al americanismo del CEH, que
la sobrecarga ideológica de los tiempos fundacionales del Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo se
convirtió en «una especie de fardo o carga demasiado pesada» que lastró a las siguientes generaciones
formadas bajo el franquismo, a las que acusa de falta de reflexión metodológica y de incapacidad para
mantener a los «talentos más prometedores». Quizá para la primera generación de postguerra puede
que tenga algo de razón, pero desde luego es del todo injusta con los historiadores y americanistas que
se han integrado al trabajo científico después de la transición democrática, tanto por su bagaje científico –muchas veces traído de los mejores centros científicos del exterior– como en algunas ocasiones por
su compromiso político antifranquista, que les conecta incluso mucho más con la generación republicana del CEH y por eso mismo reclaman su herencia intelectual. En este sentido el ejemplo aducido por
López-Ocón sobre la falta de un homenaje a Ramón Iglesia es puramente anecdóctico, aunque por supuesto hubiera sido merecido y justo, y desde luego el interés de los editores de este libro es justamente reivindicar la obra de los antiguos investigadores del CEH y de la propia institución como un ejemplo intelectual a seguir, aunque evidentemente los tiempos han cambiado y nuestra labor tendrá
necesariamente que seguir por otros derroteros.
11
130
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Coincidiendo con esta propuesta y con los preparativos del viaje de Adolfo Posada a la Universidad de La Plata, siguiendo la estela de Altamira en el programa
diseñado por los institucionistas de la Universidad de Oviedo, se publicó la real orden de 16 de abril de 1910 encomendando a la JAE la responsabilidad de las relaciones culturales y científicas con los países hispanoamericanos. Se ordenaba que
se reservase cierto número de plazas a los estudiantes americanos en los centros de
estudios e investigación de la JAE, dar todo tipo de facilidades a los mismos, enviar pensionados a América y delegados con funciones de propaganda e información, establecer el intercambio de profesores y alumnos, favorecer en España la
publicación de obras científicas sobre América, fomentar el intercambio de publicaciones de la JAE con las de otras entidades científicas americanas y hacer obras
de difusión. La real orden advertía también que las acciones a emprenderse debían
iniciarse con prudencia, tanto por la confluencia con otros organismos que ya actuaban en el mismo sentido de la cooperación con el mundo hispanoamericano como por la necesidad de que los encargados de las diferentes misiones tuvieran la
preparación adecuada.12
Respecto al primer asunto hay que decir que la institución más antigua era la
Unión Iberoamericana, fundada en 1884 con apoyo del ministro Moret y que solía
actuar como un organismo semioficial. Según la propia Unión, ésta se había creado «con el fin de propugnar el desarrollo de relaciones, del orden moral, como del
de los intereses materiales, entre España, Portugal y las naciones transatlánticas de
origen hispano». Publicó una revista de igual nombre, que en su segunda etapa se
llamó Revista de las Españas, muy distribuida en América –con una tirada de varios millares de ejemplares– y se mostraba orgullosa de haber sido la organizadora
del IV Centenario del Descubrimiento de América, el Congreso Social y Económico de Madrid en 1900 y la Fiesta de la Raza, creada por iniciativa de la Unión a
partir de 1912, además de ser la editora del libro Andrés Bello dedicado a las repúblicas iberoamericanas al celebrar el centenario de su independencia, la Guía Escolar de España y la Cartilla del Emigrante.
La Unión Iberoamericana fue sin duda una de las entidades que siguió colaborando con la JAE en su misión hispanoamericanista; su propia propaganda destacaba la especial atención prestada a las Instituciones Culturales Españolas que
funcionaban en varias repúblicas americanas con el expreso apoyo de las colonias
de españoles residentes en América y que en la práctica eran las interlocutoras de
la JAE. Además, la doble pertenencia a la JAE y la Unión Iberoamericana era bastante evidente; en un folleto de propaganda de 1927 aparecían en la vicepresidencia de la Unión – que presidía el duque de Alba– personajes como Ramón Menéndez Pidal, Blas Cabrera y José Casares, y como vocales, entre otros, Rafael
Altamira, Américo Castro o Tomás Navarro Tomás, algunos de los cuales figurarían en 1929 en la Comisión de Relaciones Culturales con Hispanoamérica creada
por la JAE.13
12 Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Memoria correspondiente a los
años 1910 y 1911, Madrid, 1912, pp. 117-119.
13 BNJM, C.M. Ortiz, nº 333, Correspondencia-U, HCC-Varios, «Unión IberoAmericana».
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
131
Incluso uno de ellos –Américo Castro– sería el impulsor de la oficial Oficina
de Relaciones Culturales en el seno del Ministerio de Estado, creada en 1921 y
sustituida en 1926 por la Junta de Relaciones Culturales, iniciada por la Dictadura
y reformada en tiempos de la República, casi siempre con el concurso de miembros destacados de la JAE, llegando a estar en esta última época presidida por Menéndez Pidal con las vicepresidencias de Blas Cabrera y Gregorio Marañón, y la
presencia como vocales de personajes como Gustavo Pittaluga, José Castillejo,
Luis de Zulueta, Alberto Jiménez Fraud, Gonzalo R. Lafora, Pío del Río Hortega,
Azorín, Julio Casares, Américo Castro, Miguel Asín, Salvador de Madariaga, entre
otros.14
Fruto de la segunda preocupación, la de enviar personas a América con suficiente preparación, fue el viaje de Adolfo G. Posada, catedrático como Altamira de
la Universidad de Oviedo y que había recibido una invitación previa de la Universidad de La Plata, una de las más renovadoras de Argentina. La JAE le nombró delegado en el viaje que emprendía a tierras americanas y el fruto de sus impresiones
de viaje fue publicado por la propia Junta en 1911. Posada alababa la creación del
CEH como posible centro de investigación de la común historia de España y los
países hispanoamericanos, y en el terreno de esta investigación de carácter histórico comentaba:
La acción reflexiva, esa acción que tan de menos se echa en el campo de una posible y
deseable cultura hispanoamericana, tendrá mucho que hacer para precipitar el influjo
unificador de la historia ciencia. De una parte urge fomentar el estudio en común de esta historia común: la historia de España en América, y de América en relación con España en el período colonial y en los momentos determinantes de la revolución y de la
independencia, hasta conseguir la plena y justa incorporación de la historia de la España
precolonial, y del período colonial a las historias nacionales americanas,...15
En un terreno más político y de reflexión general sobre las relaciones de España con los países americanos, sobre todo ante las críticas recibidas por Altamira
por algunos intelectuales cubanos como Fernando Ortiz en su Reconquista de
América, quien veía en este hispanoamericanismo, basado en la raza y en la lengua, un nuevo intento de dominar América, sin intentar comprender ni mucho menos respetar las identidades y las culturas de los países americanos, Posada se
mostraba más humilde respecto a la posición cultural de España y recomendaba en
primer lugar –como lo habían hecho los institucionistas más clásicos– salir del estado de somnolencia, oxigenar la atmósfera de vulgaridad y ramplonería, colocar
14 Las políticas culturales desarrolladas en España por los diferentes gobiernos han sido analizadas
por Antonio Niño, Eduardo González Calleja y Lorenzo Delgado en Denis Rolland, Lorenzo Delgado,
Eduardo González, Antonio Niño y Miguel Rodríguez, L’Espagne, La France et L’Amerique Latine.
Politiques culturelles, propagandes et relations internationales, XXe siècle. España, Francia y América
Latina. Políticas culturales, propagandas y relaciones internacionales, siglo XX, Paris, L’Harmattan,
2001. Véase también el libro de Isidro Sepúlveda, Comunidad cultural e hispano-americanismo: 18851936, Madird, UNED, 1994.
15 Adolfo Posada, «Relaciones científicas con América (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay)»,
Anales de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Tomo III, Memoria 5ª,
1911, p. 240.
132
LOS LAZOS DE LA CULTURA
en la raíz de nuestra conducta exigencias éticas de severidad, sinceridad y trabajo
desinteresado, para ofrecernos después a América como amigos y colaboradores,
desechando la imposición de una reconquista espiritual.
Respecto a las labores concretas de la JAE en España, Posada aconsejaba una
inteligente distribución de las publicaciones, tanto en lo referente a intercambio científico como de propaganda, el ofrecimiento de los servicios organizados por la JAE,
destacando especialmente al Centro de Estudios Históricos y la Residencia de Estudiantes, fomentando además las relaciones con los americanos que llegaban a Madrid. En lo concerniente al papel de la JAE en América, Adolfo Posada destacaba el
intercambio científico, con el envío de personas de notoria competencia científica y
la venida a España de los especialistas americanos, sin interferir en los intercambios
entre universidades que ya había propuesto Rafael Altamira.
Asimismo proponía el envío de misiones, delegados y pensionados, con objeto de estudiar las «condiciones naturales, sociales y económicas de aquellos
países», así como «el proceso histórico de la formación de aquellas jóvenes nacionalidades», siempre con un cuidado exquisito para no crear la idea de reconquista, aun cuando Posada reconocía que era legítimo preocuparse por los intereses materiales de España, como de hecho lo hacían otras potencias europeas,
sobre todo teniendo en cuenta el importante número de residentes españoles en
territorio americano. La importancia de estas colectividades era tal que Posada
recomendaba a la JAE la creación de Comités que representaran los intereses de
la Junta en América para todo tipo de gestiones ante los centros científicos y
docentes, tanto oficiales como privados, autoridades y particulares, que se ocupasen de las tareas de intercambio de publicaciones, se encargasen de la propaganda, se erigieran como centros de comunicación e información, gestionasen
todo lo referente a misiones, representaciones y delegados de la Junta y les auxiliasen en todo lo necesario, algo ya manifestado en su correspondencia con
Cajal desde Buenos Aires con el apoyo de Torres Quevedo que también se encontraba en Argentina.16
Precisamente en esta dirección se movió la colectividad española de Buenos
Aires, cuando en 1912 –tras el fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo– ideó
la creación de una cátedra de cultura española en la universidad argentina y dos
años más tarde creaba la Institución Cultural Española, bajo la presidencia del Dr.
Avelino Gutiérrez, con el propósito de mantener la primera y hacerse cargo de las
actividades de intercambio intelectual en combinación con la JAE.17 De forma similar se creaba en 1918 la Institución Cultural Española del Uruguay, con una cátedra que acogería la Universidad de Montevideo, presidida por el español Manuel
Serra y también con el objetivo de combinar sus intereses con los de la JAE y la
Institución de Buenos Aires. Ya habían pasado por Buenos Aires y Montevideo José Ortega y Gasset y Julio Rey Pastor en 1916 y 1917, respectivamente, –precedi-
16 David Castillejo (comp.), Epistolario de José Castillejo y de Manuel Gómez-Moreno. Vol.II, El
Espíritu de una época, 1910-1912, 3 vols., Madrid, Editorial Castalia, 1998, pp. 136-138.
17 Eduardo L. Ortiz, «Las relaciones científicas entre Argentina y España a principios de este siglo.
La JAE y la Institución Cultural Española», José Manuel Sánchez Ron (coord.), 1907-1987. La Junta
para Ampliación de Estudios..., Opus cit., vol. II, pp.119-158
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
133
dos por Menéndez Pidal quien sólo había estado en Buenos Aires en 1914– y a
partir de la creación de la Institución de Uruguay desfilaron por las cátedras de
Buenos Aires y Montevideo hasta 1935 personajes como Augusto Pi-Suñer, Blas
Cabrera, Adolfo G. Posada, Manuel Gómez Moreno, Gonzalo R. Lafora, José Casares, Pío del Río Hortega, María de Maeztu. Esteban Terradas, Enrique Moles,
Eduardo García del Real, Roberto Novoa, Claudio Sánchez Albornoz, Manuel
García Morente, José Mª Ots Capdequí y Gustavo Pittaluga.
La misma corriente cultural se dejó sentir en otras partes de América. El 11 de
noviembre de 1925 se creaba en México el Instituto Hispano Mexicano de Intercambio Universitario, bajo la dirección del rector de la Universidad Nacional Alfonso Pruneda, con una secretaría a cargo del Dr. Tomás Perrín, antiguo alumno de
Ramón y Cajal, y con el apoyo de Avelino Gutiérrez. La JAE volvía a ser el interlocutor para esta asociación, que entre 1926 y 1930 contó con la presencia como
conferenciantes de Fernando de los Ríos, Blas Cabrera, Luis de Zulueta, Américo
Castro, María de Maeztu, Jorge Francisco Tello y Pío del Río Ortega, algunos de
los cuales pasaron también por la Institución Hispano-Cubana de Cultura, creada
en 1926 por Fernando Ortiz, quien también tuvo una relación privilegiada con la
JAE.18 A comienzos de 1927 se creaba el Departamento de Estudios Hispánicos en
la Universidad de San Juan de Puerto Rico, dirigido por Federico de Onís, y un
año más tarde se fundaba la Institución Cultural Española de Puerto Rico, dirigida
por Rafael Fabián.
La labor iniciada en estos años se fue consolidando en los siguientes, en los
que gran parte del trabajo recayó en los miembros del Centro de Estudios Históricos. De ello daba cuenta Américo Castro a Federico de Onís en las numerosas cartas que los amigos y compañeros se cruzaron entre Madrid y Nueva York
primero y, luego, entre Buenos Aires y Nueva York, durante la estancia de Castro en Argentina. El interés por la cultura española y el impulso oficial que ésta
recibió dio como resultado, además de los cursos y conferencias en el extranjero, la creación de Institutos de español y de Cátedras o Institutos de Filología
española en distintos países como Italia (Florencia) y Argentina (Buenos Aires
y La Plata). La actividad desplegada dentro y fuera de España llegó a ser en algunos momentos, sobre todo en la década de 1920, bastante grande, lo cual llegó a causar cansancio a los pocos investigadores del Centro de Estudios Históricos, que se quejaban del inmenso trabajo y la falta de personal con que
contaban. En una de las cartas que Américo Castro escribía a Onís el 2 de noviembre de 1922 le transmitía su sentir:
18 Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper, «Fernando Ortiz y las relaciones científicas hispano-cubanas, 1900-1940», Revista de Indias, núm. 219, Madrid, 2000, pp. 477-503; «Ciencia
y pensamiento: La Institución Hispana-Cubana de Cultura y su relación con los intelectuales españoles», Cuban Counterpoints: The Legacy of Fernando Ortiz, Florida University Press, 2003 (en prensa);
Miguel Ángel Puig-Samper y Consuelo Naranjo, «La acogida del exilio español en Cuba: Fernando
Ortiz y la Institución Hispanocubana de Cultura», El Caribe Hispano. Sujeto y objeto de la política internacional. Suplementum de Ibero-Americana Pragensia, núm. 9, 2002, pp. 199-213; y «La formación intelectual de Fernando Ortiz en España», Cuban Counterpoints: The Legacy of Fernando Ortiz,
Florida University Press, 2003 (en prensa).
134
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Nuestras cosas se ahogan cada vez más en este ambiente de pequeñez, y por el roce entre las mismas pocas personas. La carga del Centro nos agota a Navarro y a mí. Todo el
personal apto se fue: desde ti hasta Solal [Solalinde]. Nada tendría de extraño que por
mi parte cortara toda relación con el exterior, absolutamente para todo, y me recluyera
en una buhardilla del último piso, y me dedicara a acabar los libros, y a hacer cosas por
el estilo.19
A pesar de sus quejas, Castro tuvo que viajar a Buenos Aires en mayo de 1923 para hacerse cargo de la dirección del Instituto de Filología Española –presidido de forma honoraria por Ramón Menéndez Pidal– presionado por lo que él mismo llamó en
varias ocasiones «la ola del hispanoamericanismo», y consciente de que la oportunidad que se les presentaba, de no ser aprovechada por ellos lo sería por otra nación:
«Lo de EE.UU es una tontería al lado de lo que significa nuestra acción en América
española. Ahí es una gota perdida en un mar infinito; aquí hasta los golfos saben en la
Universidad de La Plata que el «filólogo» español va a dar clase tal día».20
El trabajo y tesón de estos intelectuales llegó a cuajar en un corto espacio de
tiempo. Las estancias de los profesores españoles en distintas universidades de
América Latina y Estados Unidos dan fe de los resultados positivos del proyecto.
En dicho plan, sobre todo Onís, aconsejaba que en el mismo viaje los profesores
visitaran diferentes países –Puerto Rico, Cuba, México y Estados Unidos, fundamentalmente–. En la correspondencia cruzada de estos intelectuales encontramos
cartas en las que Onís insistía en la conveniencia de hacerlo así ya que suponía un
«ahorro de fuerzas, tiempo y dinero». Sobre este asunto Federico de Onís le anticipaba a Castro, en octubre de 1927, la necesidad de programar con tiempo su próximo viaje a América en el verano de 1928:
Decidida ya tu venida a P.R. en el próximo verano, creo que lo mejor es que desde allí vayas a Cuba. No sé exactamente cuando puedes empezar en Cuba, pero estoy seguro de que
puedes empezar antes que aquí. Aquí sería inútil venir antes del 15 de octubre. (Lo que
quiero salvar es el período muerto que hay desde el fin de curso de P.R. hacia el 20 de agosto hasta el principio del curso aquí o en Cuba.) Creo que podías llenarlo yendo de Cuba a
Santo Domingo o quizá a Venezuela y Panamá... Podrías llegar a Cuba en septiembre... Lo
más pronto que pudieras en octubre saldrías para Méjico donde, si como supongo tú quieres no prolongar mas de lo preciso tu ausencia de España, puedes estar un mes y medio. De
modo que llegaría aquí a finales de noviembre... Podrías desde Méjico entrar en los Estados
Unidos por el Sur y el Oeste y seguir por el Middle West hasta el Este donde embarcarías
de regreso a España. Creo que terminarías a finales de enero.21
Los planes parecían ya concretados en abril de 1928, cuando Américo Castro
confirmaba a Onís su estancia en Puerto Rico del 2 de julio al 15 de agosto, en
19 AFO,
Serie Correspondencia O-MS/C-44.13
Carta de Américo Castro a Onís desde Buenos Aires, el 11 de junio de 1923. AFO, Serie Correspondencia O-MS/C-44.18; AFO, Serie Correspondencia O-MS/C-44.19.
21 Carta de Federico de Onís a Américo Castro, el 8 de octubre de 1927. AFO, Serie Correspondencia O.M.S/C-44.22.
20
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
135
México durante septiembre y octubre, y en Cuba en noviembre y primeros de diciembre, sin asegurarle su paso por Estados Unidos al final de su viaje.22
Otras veces era desde Madrid desde donde se solicitaba que se arreglasen las
visitas de los profesores españoles en su gira americana. En una de las cartas de
Castro a Onís, a Navarro y a Solalinde, los tres en Nueva York, en octubre de 1927,
les comentaba la posibilidad de que Enrique Díez Canedo, que se encontraba en
Santiago de Chile y que viajaría a Cuba en enero de 1928, pudiera también impartir conferencias en Puerto Rico y en Estados Unidos, o que fuera Pérez de Ayala a
Estados Unidos.23
LA IDEA DE HISTORIA Y CULTURA EN FEDERICO DE ONÍS
Para comprender la obra de Federico de Onís, el sentido que para él tenía la
cultura, la historia y la lengua, es necesario situarle en el ambiente intelectual en
que se formó. Los círculos intelectuales frecuentados por él desde su juventud
ejercieron una notable influencia en su formación y concepción de la proyección
de la cultura y la lengua españolas dentro y fuera de España. Su relación con Ramón Menéndez Pidal se remonta a 1905 cuando viaja a Madrid a realizar sus estudios doctorales avalado por su maestro Miguel de Unamuno. Las cartas de recomendación que Unamuno remitió a Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón
Menéndez Pidal, Francisco Giner, Pérez Triana, Candamo y Pedro González Bueno abrieron las puertas de la intelectualidad madrileña a Federico de Onís. Siguiendo los consejos de Unamuno, Onís frecuentó los círculos del Ateneo de Madrid, comenzó a trabajar al lado de los profesores recomendados por su viejo
maestro, y entabló amistad con Marquina, Azorín, Luis de Zulueta, Fernando de
los Ríos, etc.
En la carta a Menéndez Pelayo, el 16 de octubre de 1905, Unamuno le presentaba de la manera siguiente:
Sr. D. Marcelino Menéndez Pelayo
Mi querido maestro y amigo: Mi mejor discípulo, Federico de Onís, que le presenta esta desea conocerlo.
Va a esa a hacer su doctorado y después hará, como becario, su viaje al extranjero.
Tiene afición a los estudios lingüísticos y literarios y yo espero de él mucho.
Cuanto usted le ayude con sus valiosos consejos se lo agradecerá su afmo. Amigo y
comp.24
La relación entre profesor y alumno se mantuvo a lo largo de los años en los
que Unamuno no dejó de aconsejar a Onís sobre su carrera, así como de dibujar
semblanzas caricaturescas, a veces muy acertadas, sobre muchos de los personajes
22 Carta de Américo Castro a Federico de Onís, 26 de abril de 1928. AFO, Serie Correspondencia
O.M.S/C-44.32; AFO, Serie Noticias y Actividades O-NA/C-44.31
23 Carta de Américo Castro a Federico de Onís, Tomás Navarro Tomás y Solalinde, el 13 de octubre de 1927. AFO, Serie Correspondencia O.M.S/C-44.28.
24 AFO, Serie Correspondencia, O.MS/C-156.27.
136
LOS LAZOS DE LA CULTURA
con los que Onís se codeó. Cuando en 1909 pasa a ser profesor de Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Oviedo, Unamuno le comenta a propósito
del círculo ovetense, cuyo programa americanista, como ya comentamos, es uno
de los primeros en despuntar en la joven España:
De ese Oviedo, de sus profesores –o digo hombres– y de sus cosas me habló algo María
de Maeztu cuando estuvo hace poco aquí. Yo cada vez le guardo más recelo, y me lo ha
acrecentado la manera hipócritamente espectaculosa como se ha hecho el viaje de Altamira. A éste, a Altamira, porqué no he de decírtelo a ti? No lo resisto; su modestia es
mentira y su corrección una máscara, Le creo hombre de mezquinas pasioncillas mal
encubiertas. Tan mal que yo he podido verlas...25
En 1915 participó en una nueva empresa cultural dirigida por José Ortega y
Gasset como fue la publicación de la revista España. Un nutrido grupo de intelectuales figuraban al frente de la redacción: Ramón Pérez de Ayala, Luis de Zulueta,
Eugenio D’Ors, Ramiro de Maeztu, Gregorio Martínez Sierra, y Juan Dixé. Federico de Onís colaboró durante ese primer año de la revista junto a figuras como
Fernando de los Ríos, Antonio Machado, Luis Araquistain; Adolfo Posada, Miguel
de Unamuno, Ramón de Valle-Inclán, Gustavo Pittaluga, Manuel B. Cossio..., muchos de ellos comprometidos con el nuevo proyecto cultural de España, partidarios
de los aliados durante la Primera Guerra Mundial, y todos ellos preocupados por el
problema de la nación.26
Sin dejar de ser colaborador del Centro de Estudios Históricos de Madrid, con el
que mantuvo una estrecha vinculación a lo largo de toda su vida, en 1915 Onís sustituyó a Ramón Menéndez Pidal en la dirección de la sección de Filología del Centro,
con motivo del viaje de Don Ramón a América; ese mismo año Onís pasó a ocupar
la cátedra en la Universidad de Salamanca hasta 1916, cuando viajó a New York enviado por el Ministerio de Instrucción Pública, como pensionado de la JAE, tras ser
invitado por la Columbia University como catedrático de literatura española y para
dirigir y organizar los estudios de lengua, literatura y civilización españolas.27
En la carta que dirigió a Santiago Ramón y Cajal, presidente de la JAE, el 31
de mayo de 1916, Onís le solicitaba que durante su estancia en la Columbia University, durante el curso académico 1916-17, fuera considerado pensionado de la
JAE. Tal designación implicaba que Onís también se hiciera cargo de estudiar el
estado en que se encontraban las relaciones intelectuales entre España y Estados
Unidos, y, especialmente, los aspectos relacionados con la difusión y la enseñanza
del español.28 Finalizado el curso, Onís solicitó a la Junta para Ampliación de Es25 Carta de Miguel de Unamuno a Federico de Onís, el 18 de junio de 1909. AFO, Serie Correspondencia, O.MS/C-156.27.
26 Manuel Tuñón de Lara, Medio siglo de cultura española (1885-1936), Madrid, Editorial Tecnos,
1977, pp. 152-153.
27 Federico de Onís, Ensayo sobre el sentido de la cultura española, Madrid, Publicaciones de la
Residencia de Estudiantes, 1932; y España en América. Estudios ensayos y discursos sobre temas españoles e hispanoamericanos,Río Piedras, Editorial Universitaria, 1968, pp. 7-9. Ver Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Memoria correspondiente al curso 1916-17, Madrid, 1918.
28 AJAE, 170/60/7.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
137
tudios una prórroga como pensionado en New York, la cual le fue concedida por
real orden de 5 de julio de 1917:
Excmo. Sr.
El profesor de la Universidad de Salamanca, D. Federico de Onís, obtuvo el año anterior por Real orden del 16 de Agosto, y a propuesta de esta Junta la consideración de
pensionado para estudiar en los Estados Unidos el cultivo de la lengua y literatura españolas y organizar trabajos acerca de ellas en la Universidad de Columbia de Nueva
York, respondiendo éste a la invitación que había recibido de esta Universidad para encargarse de dirigir en ella los estudios de lengua y literatura españolas.
El Sr. Onís ha comunicado a la Junta el deseo expresado por aquella Universidad Americana de que continúe su labor durante el curso próximo, para no interrumpir los resultados que ha obtenido en el pasado curso.
El movimiento de interés hacia los estudios españoles crece rápidamente en Norteamérica y España no puede sustraerse, sin grave daño para su futura situación en el concierto internacional, a los requerimientos que continuamente se le hacen para que sea ella
quien se haga cargo de encauzar y dirigir la corriente hispanista, con más títulos que los
pueblos hermanos del continente americano. Los Estados Unidos, dando muestras de
esta preferencia han pedido a la Junta recientemente profesores que ya ocupan las cátedras de algunas Universidades (Baltimore, Chicago, San Francisco).
La reputación del Sr. Onís hizo que obtuviera un llamamiento de la Universidad de Columbia de Nueva York, la cual intentó ponerse a la cabeza de los estudios hispánicos en
América. Su obra repercutirá en las escuelas del país y el nuestro puede felicitarse de
que tan importante misión haya recaído en un profesor que pertenece a la Universidad y
la enseñanza española.
Esta Junta ha apreciado por su parte, el inmenso servicio que le ha prestado D. Federico
de Onís desde su alto puesto de profesor de la Columbia, favoreciendo eficazmente la
expansión de nuestro idioma en los Estados Unidos para lo que ha estado en continua
comunicación con la Junta. En vista de todo lo cual esta Junta, considerando suficientemente justificadas las razones aludidas, ha acordado en sesión del día 5 del corriente,
proponer a V.E. se prorrogue a D. Federico de Onís, Catedrático de la Universidad de
Salamanca, la consideración de pensionado para que durante el próximo curso siga estudiando en los Estados Unidos el cultivo de nuestra lengua y literatura, y fomente con
su labor la organización de la enseñanza del español desde la Universidad de Columbia
de Nueva York.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Madrid, 9 de junio de 1917
El Presidente 29
29
AJAE, 107/60 doc. 10.
138
LOS LAZOS DE LA CULTURA
A continuación reproducimos algunas de las cartas que Federico de Onís escribió antes de salir para su nuevo destino, relacionadas con su viaje:
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
Archivo JAE (Madrid) 107/60. Docs. 7-9.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
Desde su llegada, Onís comenta que, como enviado del Ministerio de Instrucción Pública de España, se había visto obligado a intervenir en las relaciones culturales entre España y Estados Unidos, siendo uno de los aspectos más desatendidos hasta entonces el dar a conocer los autores españoles contemporáneos. En
función de ello, en su primer año en la Columbia Onís impartió un curso sobre literatura española contemporánea, a la vez que preparaba un libro sobre dicho tema, que se publicaría en ambos países en español e inglés.30
Su proyecto fue similar al desarrollado desde la Universidad de Oviedo y la
JAE por Rafael Altamira, Adolfo Posada, Ramón Menéndez Pidal, José Castillejo,
etc.; todos parten de una concepción similar de la historia de España y de las relaciones que la España moderna tenía que establecer con otros países, y, fundamentalmente, con Hispanoamérica. La búsqueda de la nacionalidad y la defensa de la
cultura española, común a todo este grupo regeneracionista, se tiene que entender
a la luz del proyecto liberal que pretendía articular un nacionalismo español por
encima de los regionalismos y frente al renacimiento cultural de los mismos.31
El proyecto de estos intelectuales, al emanar del liberalismo nacionalista
–que también alimentó al discurso fascista de los años treinta y cuarenta fundamentalmente– puede confundirse en ocasiones con el hispanismo desplegado
por el régimen de Franco, en el que la hispanidad se utilizó como instrumento de
propaganda, por lo que es conveniente señalar las diferencias entre ambos proyectos culturales que partieron de políticas culturales distintas y de ideologías
opuestas.32
El programa de renovación cultural y científica de la JAE tuvo una proyección
exterior extraordinaria. Para salir del aislamiento no sólo se buscaron las conexiones con Europa y América en el pensamiento, la historia o la ciencia, sino que se
desarrolló un importante programa de becas para enviar al extranjero a estudiantes
y profesores, y traer a las aulas y centros de investigación de España docentes de
otros países. Como dijera Onís «... he de pensar que todo lo que contribuya a relacionarse con otros pueblos será fuente de bien y de vida, y que todos los males que
30 AFO,
Serie Correspondencia, O.MS/C-28.1
José-Carlos Mainer, La Edad de Plata (1902-1939), Opus cit., pp. 264-267. El sentimiento patriótico y la defensa de la misión educativa de la historia que inspiró la obra de muchos de estos intelectuales, como Rafael Altamira, marcados por el sentimiento de desastre del 98, aparecen analizados
en el estudio de Carmen Ortiz, «Ideas sobre el pueblo en el imaginario nacional español del 98», Consuelo Naranjo Orovio y Carlos Serrano (eds.), Imágenes e imaginarios nacionales en el Ultramar español, Madrid, CSIC-Casa de Velázquez, 1999, pp. 19-45. En la defensa que Altamira hace de España como Estado-nación, el español es el vehículo de cohesión interna que además servía de unión con
Hispanoamérica.
32 Ver los libros de Denis Rolland, Lorenzo Delgado, Eduardo González, Antonio Niño y Miguel
Rodríguez, L’Espagne, La France et L’Amerique Latine.., Opus cit., y de Isidro Sepúlveda, Comunidad
cultural…, Opus cit. Otras obras de interés son: Eduardo González Calleja, La hispanidad como instrumento de combate. Raza e imperio en la prensa franquista durante la Guerra Civil española, Madrid,
CSIC, 1988; Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, Diplomacia franquista y política cultural hacia
Iberoamérica, 1939-1953, Madrid, CSIC, 1988, y El imperio de papel: acción cultural y política exterior durante el primer franquismo, Madrid, CSIC, 1992; Antonio Niño, «L’expansion culturelle espagnole en Amérique hispanique (1898-1936)», Relations Internationales, 50, 1987, pp. 201-208, e «Hispanoamericanismo, regeneración y defensa del prestigio nacional», Pedro Pérez y Nuria Tabanera
(eds.), La formación de la imagen de América Latina en España, 1898-1989, Madrid, OEI, 1992,
pp. 23-42.
31
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
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esa relación nos pudiera traer no serían nunca tan malos como el mal del aislamiento».33
Respecto a Hispanoamérica este proyecto liberal y posteriormente republicano, hispanoamericanista, que en un primer momento surgió de la necesidad de
conciliar intereses a ambos lados del Atlántico, y que posteriormente se reforzó en
el ambiente regeneracionista que envolvió la España de principios del siglo XX,
cargado de un fuerte componente de espiritualidad, como ya señalamos, nada tenía
que ver con el concepto de hispanidad defendido por el franquismo, que hizo de
ésta el instrumento de expansión en América Latina. La hispanidad se convirtió en
la ideología e instrumento que sirvió al régimen de Franco para exaltar el pasado
hispano y legitimar los «derechos» de España sobre el continente americano, en
virtud de la unidad racial y cultural de los pueblos hispanos, sin tener en cuenta las
diferencias étnicas y culturales de cada pueblo.34
El interés de Federico de Onís por conocer la esencia de lo español, el origen
de la nacionalidad española, de penetrar en la historia de España, se enriquece en
tierras americanas con su afán por defender la permanencia de la cultura española
en América, visible en las manifestaciones artísticas, en la cultura material y espiritual americanas. En su interpretación la herencia hispana se encontraba en la cultura americana, iberoamericana, era la cultura española transformada en propia y,
por tanto, diferente. Su concepción de la historia de España como una historia
marcada continuamente por la conquista y la frontera hace que la historia de España se traslade al Nuevo Mundo, ampliándose, enriqueciéndose y diferenciándose,
siendo, en palabras de Onís, la frontera o las fronteras los lugares donde mayor vitalidad tenía dicha cultura. Para él, la cultura española o hispana en su concepción
más amplia sólo podía comprenderse a través de la búsqueda de la continuidad, las
rupturas, los encuentros, los desencuentros, las desigualdades y las armonías en la
historia; una historia que como para el resto de sus compañeros del Centro de Estudios Históricos, enfrascados en su proyecto nacionalista, tenía sus orígenes y su
esencia en Castilla, y en el idioma español35. En la historia de Castilla estos historiadores y filólogos encontraban los rasgos y la permanencia de lo que ellos denominaban el «alma española»; Castilla era el lugar de integración de otros pueblos,
proceso en el cual las culturas y tradiciones se habían enriquecido mutuamente.
Todo ello le confería un lugar destacado respecto a la totalidad española.36
33 Federico de Onís, El español en los Estados Unidos, Salamanca, Imp. y Lib. de Francisco Núñez
Izquierdo, 1920, p. 30.
34 Eduardo González Calleja, La hispanidad como instrumento..., Opus cit.
35 El 98 motivó una crisis en la conciencia nacional que derivó en que se repensara España como
problema y como nación. En ese proceso Castilla fue elegida por muchos intelectuales como el alma
que encarnaba la nacionalidad de España: Castilla austera, guerrera, idealizante, quijotesca, sobria, serena como la define Menéndez Pidal en sus trabajos, y poetas y novelistas como Azorín o Machado.
Una Castilla cuna del idioma y de la cultura española como interpretan y defienden los alumnos de Menéndez Pidal, entre ellos Federico de Onís. Sobre estos aspectos pueden consultarse los libros de Juan
Pablo Fusi, España. La evolución de la identidad nacional, Temas de Hoy. Historia, Madrid, 2000;
Juan Sisinio Pérez Garzón, La gestión de la memoria. La historia de España al servicio del poder, Barcelona, Crítica, 2000; José Álvarez Junco, Mater Dolorosa: la idea de España en el siglo XIX, Madrid,
Grupo Santillana de Ediciones, 2001.
36 Centenario de Federico de Onís (1885-1966), Río Piedras, Oficina de Publicaciones e Investigaciones, Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico, 1985. Entre los múltiples discursos y
146
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Es importante comprender su idea de España, de la cultura, y de América para
poder entender la labor que desplegó Onís en Estados Unidos y en Puerto Rico a
partir de 1916, cuando siendo catedrático de la Universidad de Salamanca, se trasladó a Estados Unidos tras la petición que realizara la Columbia University de
New York al Centro de Estudios Históricos de la JAE del envío de un profesor
de español, para que organizase la enseñanza de la lengua, la literatura y la civilización españolas como catedrático en el Departamento de Lenguas Romances de
dicha Universidad. Su viaje que en principio se programó para un año, se convirtió
en un largo destino. Tras solicitar sucesivos permisos en la universidad salmantina,
en 1921 pidió la excedencia como catedrático. Desde entonces Federico de Onís
actuó en todo momento como delegado de la JAE y de la Junta de Relaciones Culturales en Estados Unidos.
EL INTERÉS DE LOS ESTADOS UNIDOS POR LA CULTURA HISPANA
Lengua española. Préstale mucha atención y procura conocerla en detalle. Por nuestras
relaciones venideras con España y la América Hispánica esa lengua llegará a ser una adquisición de mucho provecho. La historia antigua de gran parte de América se ha escrito en aquel idioma: te envío un diccionario.
(Carta de Thomas Jefferson a un sobrino, 1787) 37
Con estas palabras del último tercio del siglo XVIII se comenzaba a percibir en
Estados Unidos la importancia de la lengua española. A partir del segundo cuarto
del siglo XIX, estas primeras semillas del hispanismo en Estados Unidos, vinculadas en sus inicios a intereses económicos –particularmente la penetración comercial en el área antillana– empezaron a imponerse también en los círculos intelectuales de la joven nación. Las obras de distinguidos escritores, como Washington
Irving, Henry Wadsworth Longfellow, George Tickner y el historiador William H.
Prescott son testimonio de ello.38 Asimismo, durante esa época se pusieron en boga los viajes de la elite culta a la Península Ibérica, atraida de forma particular por
el exotismo de la región que representaba una mezcla de las culturas árabes y europeas. Estadistas de la talla de John Adams y James Monroe se unieron al grupo
de viajeros distinguidos. Sin lugar a dudas, esta actividad influyó notablemente en
el quehacer literario del período:
...los primeros novelistas norteamericanos encontraron en el mundo español inspiración
para escenas, argumentos y personajes. Mientras que los poetas y dramaturgos preferían
conferencias en los que Onís comenta su idea de la historia de España y de América, como prolongación del ser de España pueden verse los aparecidos en La Prensa, New York, 25 de enero de 1921; 15
de noviembre de 1937; 16 de octubre de 1940. Muchos de estos artículos se encuentran en el AFO, Serie Noticias y Actividades O-NA. Como muchos intelectuales españoles y latinoamericanos, Federico
de Onís consideraba que las sociedades cultas tenían una «misión hegemónica y civilizadora». Pensaba
que la cultura española podía ejercer la función unificadora de las distintas tradiciones americanas. Ver
Pedro Laín Entralgo, Menéndez Pelayo: Historia de sus problemas intelectuales, Buenos Aires, Editorial Juventud Argentina, 1945.
37 Citado en Frederick S. Stimson, «Pioneros del hispanismo en los Estados Unidos», Arbor, número
extraordinario decdicado a «El hispanismo en Estados Unidos», tomo 116, Madrid, CSIC, 1983, p. 7.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
147
el México y el Perú de la época de la Conquista, probablemente a causa del elemento
épico inherente en la majestuosa historia del nacimiento y caída de las civilizaciones
aborígenes, los escritores que cultivaban el género novelesco escogieron la España de la
época, México y las Indias Occidentales.39
Aparte de la labor literaria comenzaron a establecerse cátedras de español en
diversas universidades norteamericanas Por ejemplo, en 1830, se fundó una en la
Universidad de Columbia, institución que en el futuro jugaría un papel importante
en la difusión de los estudios hispánicos en el continente americano. Ya en la segunda mitad del siglo XlX, alrededor de 41 universidades norteamericanas tenían
cátedras en español.
Al interés por la literatura, se unió el de la historia del imperio español y las
causas de su decadencia, que se manifestó a partir de la Guerra Hispanoamericana
en 1898, con la creación de la primera cátedra sobre el tema a cargo de Roger Bigelow Merriman en la Universidad de Harvard:
...desde 1898 en adelante los Estados Unidos empezaron a desempeñar un papel internacional a gran escala. Tal acontecimiento exigía intelectualmente una necesidad para entender a fondo el desenvolvimiento de uno de los mayores imperios del mundo moderno con
todas sus grandezas y sus fracasos. Aún más precisa fue la urgencia para analizar la herencia político-cultural española en la América Central y del Sur, la región donde se había expansionado el poder norteamericano a raíz de la desbandada española.40
Así, pues, desde un punto de vista cultural se va a establecer un vínculo vital
entre las universidades, la sociedad y la política internacional norteamericana en
relación con Hispanoamérica.
EL PANAMERICANISMO
Durante el siglo XlX Hispanoamérica se convirtió en una pieza de incalculable
valor tanto para las naciones europeas como para los Estados Unidos ya que representaba un campo fértil para la exportación de mercancías y de capitales bajo formas de
inversiones y créditos. La década de 1880 marcó el auge del imperialismo en la región basado en el monopolismo, el dominio del sector financiero sobre los demás sectores y la rivalidad entre las naciones interventoras por la captación de mercados de
capital y fuentes de materias primas. Además, los Estados Unidos comenzaron a desplazar y a sustituir la influencia de Inglaterra y Francia, que hasta esa fecha se habían
destacado por ser las potencias dominantes, hasta lograr establecer su hegemonía en
las primeras décadas del siglo XX, particularmente después de la Primera Guerra
Mundial. La adquisición de Puerto Rico, en 1898, y cinco años más tarde la aprobación de la Enmienda Platt en el Congreso, estableciendo un protectorado sobre Cuba,
Ibidem, p. 8.
Ibidem, p. 10.
40 Joan Connelly de Ulman, «Los estudios históricos sobre España en los Estados Unidos en el siglo XX», Arbor, número extraordinario decdicado a «El hispanismo en Estados Unidos», tomo 116,
Madrid, CSIC, 1983, p. 141.
38
39
148
LOS LAZOS DE LA CULTURA
seguido por la ocupación militar de Nicaragua (1912-1925 y 1926-1933), Haití
(1915-1934), República Dominicana (1916-1924) y Cuba (1898-1902, 1906-1908,
1917-1922), le aseguraron el control de la política interna de estos países.41
A pesar de las tensiones que estos hechos provocaron entre la nación del Norte y
los países hispanoamericanos hubo aspectos en que ambos coincidieron, como fue,
por ejemplo, la importancia que atribuyeron a los procesos de modernización e industrialización. Estuvieron de acuerdo en que el aumento del comercio no sólo promovía la prosperidad económica sino que también favorecía la armonía y el entendimiento entre las naciones que integraban el hemisferio occidental. A tales efectos,
los gobiernos de la región reconocieron la necesidad de llegar a acuerdos que promoviesen los intercambios comerciales, la industria y la diplomacia en el área. En 1889,
se llevó a cabo una histórica conferencia en Washington con el propósito de discutir
los problemas y las oportunidades hemisféricas. Esta fue la Primera Conferencia
Panamericana, propulsada por James G. Blaine, secretario de Estado de los Estados
Unidos a quien se le considera el ideólogo del panamericanismo.
Desde la perspectiva norteamericana, el concepto de una organización multilateral de Estados americanos representaba la oportunidad de que los Estados Unidos pudiesen ejercer un papel tutelar sobre los países hispanoamericanos. Se aspiraba, pues, a alcanzar dos objetivos fundamentales de índole económica uno, y
política el otro. En el aspecto económico Estados Unidos intentaba la creación de
una unión aduanera americana que excluyese a los países europeos y en el plano
político se arrogaba el derecho a actuar como árbitro en los conflictos que surgiesen entre los países hispanoamericanos.
Por su parte, los países hispanoamericanos buscaban con este acercamiento un
vehículo para promover la igualdad entre los países, respeto por las leyes internacionales y la adhesión a los principios de soberanía y no intervención por parte de
potencias extranjeras en la comunidad hemisférica. No es de extrañar que estos
puntos de vistas divergentes frustraran la firma de acuerdos concretos. El único resultado de la reunión de 1889 fue la creación de una oficina de información comercial en Washington, que fue la semilla de la futura Unión Panamericana y más
tarde de la Organización de los Estados Americanos. A pesar de estas dificultades,
el panamericanismo permaneció como un concepto fundamentado en que a pesar
de las diversidades culturales que caracterizaban a las naciones del hemisferio, éstas compartían ideales políticos, intereses económicos, la unidad geográfica y las
principales corrientes culturales de la civilización occidental.42
El panamericanismo fue la punta de lanza para la penetración cultural de los
Estados Unidos en Hispanoamérica. En las primeras décadas del siglo XX se suceden los viajes a América del Sur por profesores de las universidades norteamerica41 Demetrio Boersner, Relaciones internacionales de América Latina. Breve historia, 5ta. Edición,
Caracas, Nueva Sociedad, 1996, p. 137; Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, Traducción castellana de Carmen Martínez Gimeno, Barcelona, Crítica, 1996,
p.387.
42 Lawrence A. Clayton y Michael L. Conniff, A History of Modern Latin America, Forth Worth,
Texas, Harcourt Brace College Publishers, 1999, pp. 230-234; véase también Peter H. Smith, Talons of
the Eagle. Dynamics of U.S.-Latin American Relations, New York, Oxford, Oxford University Press,
2000, pp. 93-94.
HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
149
nas, como por ejemplo, el que hizo William R. Shepherd, reconocido catedrático
de historia de la Universidad de Columbia, bajo los auspicios del Departamento de
Estado de los Estados Unidos y el «Bureau of American Republics». Según lo definía esta última entidad el propósito del mismo era:
...cultivar las relaciones personales con los estadistas, literatos y hombres denegocios
del Sur de América, y darles a conocer los recursos y condiciones de los colegios y Universidades americanos, con el propósito de conseguir una más estrecha relación entre
las Repúblicas latinoamericanas y los Estados Unidos...43
Uno de los principales exponentes de estas relaciones culturales fue el Dr. Leo
S. Rowe, catedrático de derecho y ciencias políticas de la Universidad de Pennsylvania, y presidente de la «American Academy of Political Science» (más tarde
ejercería el cargo de Director General de a Unión Panamericana). En la novena
conferencia anual de la Asociación de las Universidades Americanas, que se llevó
a cabo en enero de 1908 en Ann Arbor, Michigan, Rowe resaltaba la dependencia
intelectual de las universidades hispanoamericanas respecto a Europa. Señaló que
las repúblicas hispanoamericanas, debido a las peculiares condiciones económicas
y políticas en que se habían desarrollado, presentaban problemas diferentes a los
del continente europeo. Por consiguiente, existía interés por parte de los educadores de Hispanoamérica en establecer contactos con las universidades norteamericanas, oportunidad que no debía desaprovechar Estados Unidos. De manera que
recomendaba, entre otras cosas, que se establecieran estrechas relaciones entre las
Universidades del Norte y de Sur América y entre los investigadores individuales
de las diversas ramas científicas. Además, que se propiciara un intercambio de las
publicaciones universitarias, la organización de trabajos científicos internacionales
y la inclusión de lecciones sobre el desarrollo de las instituciones políticas americanas en las cátedras de Historia de América, Derecho constitucional, Derecho administrativo, Economía, Sociología y Legislación comparada. Por último, aconsejaba que se favoreciese el intercambio de profesores y de estudiantes tanto de las
Escuelas Normales como de las universidades.44 Como podemos observar, estas
recomendaciones se asemejaban a algunas de las propuestas hispanoamericanistas
impulsadas desde España por la JAE y la Universidad de Oviedo. De hecho, Estados Unidos también estableció acuerdos con las universidades de La Plata, Chile y
San Marcos de Lima. Rowe, aparte de diseñar este proyecto cultural, articuló las
ventajas políticas del mismo:
No está lejano el momento en que las Repúblicas latinoamericnas, ó á lo menos las más
importantes de ellas, serán potencias de real importancia, cuya ayuda habrán de requerir
los Estados Unidos para la realización de los ideales de justicia internacional por que
vienen luchando desde hace tanto tiempo nuestros gobiernos. No podemos esperar ese
43 Citado en Rafael Altamira, España en América, Valencia, F. Sempere y Compañía, Editores,
1908, p. 56.
44 Ibidem, pp. 57-60 (las cursivas aparecen en el texto).
150
LOS LAZOS DE LA CULTURA
apoyo sin que hayamos establecido previamente estrechos lazos intelectuales y morales
entre ellos y los Estados Unidos…el espíritu de unidad continental que debemos tratar
de establecer, no implica el menor antagonismo hacia Europa ni las instituciones europeas. Es el simple reconocimiento del hecho elemental de que América podrá contribuir
de mejor modo al progreso del mundo, dedicándose ella misma en primer término, y
con unidad de propósito, a los problemas nacionales e internacionales que son peculiarísimos de este continente, ó para cuya solución son especialmente favorables nuestras
condiciones.45
El panamericanismo contribuyó a acrecentar en los Estados Unidos un interés
por la lengua y la civilización españolas. La corriente popular que buscaba el idioma español como un instrumento de comercio y enriquecimiento se unió a aquella
otra corriente elitista, que mencionamos en páginas anteriores, formada por escritores, artistas y estudiosos del alma española. 46
Mientras tanto, en Hispanoamérica, ciertos círculos intelectuales rechazaron
vehementemente las implicaciones del panamericanismo. Escritores prominentes
como, por ejemplo, José Enrique Rodó, Manuel Ugarte y Rubén Darío denunciaron la hegemonía norteamericana y sus devastadoras consecuencias. Rodó, en su
conocido ensayo Ariel, advertía algunos de estos peligros:
La poderosa federación [Estados Unidos] va realizando entre nosotros una suerte de
conquista moral. La admiración por su grandeza y por su fuerza es un sentimiento que
avanza a grandes pasos en el espíritu de nuestros hombres dirigentes, y aún más, quizás,
en el de las muchedumbres, fascinables por la impresión de la victoria. Y de admirarla
se pasa por una transición facilísima a imitarla….Se imita a aquel en cuya superioridad
o cuyo prestigio se cree. Es así como la visión de una América «deslatinizada» por propia voluntad, sin la extorsión de la conquista, y regenerada luego a imagen y semejanza
del arquetipo del Norte, flota ya sobre los sueños de muchos sinceros interesados por
nuesstro porvenir, inspira la fruición con que ellos formulan a cada paso los más sugestivos paralelos, y se manifiiesta por constantes propósitos de innovación y de reforma.
Tenemos nuestra «nordomanía». Es necesario ponerle los límites que la razón y el sentimiento señalan de consuno.47
Estas expresiones apuntan a una realidad innegable en Hispanoamérica. Si bien
un nutrido grupo de intelectuales rechazaba la influencia norteamericana, otros
sectores como el de los políticos y las elites socio-económicas, entendían que no
era prudente ni necesario aislarse de los Estados Unidos. Por ejemplo, el presidente de Uruguay, Baltasar Brum, señalaba que los ideales de justicia y democracia
eran factores poderosos que fomentaban los lazos de solidaridad con América del
Norte. Añadía que las diferencias de los lenguajes no constituían un obstáculo para establecer estrechos vínculos entre los pueblos y a manera de ejemplo mencio-
Ibidem, pp. 60-61.
Federico de Onís, «El español en los Estados Unidos», España en América..., Opus cit., p. 690.
47 José Enrique Rodó, Ariel, México, SEP/UNAM, 1982, pp.49-50.
45
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HACIA UNA AMISTAD TRIANGULAR: LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA…
151
naba a Europa donde países de diversas lenguas se asociaban para propósitos de la
defensa común. Brum insistía en defender el panamericanismo como un elemento
necesario para la armonía internacional. 48 Por otra parte, no se puede olvidar que
el progreso material, el capital y la tecnología de los Estados Unidos ejercían una
poderosa atracción en Hispanoamérica, particularmente sobre los profesionales y
las capas medias.
Es decir, que la idea del panamericanismo fue acogida con profunda ambivalencia por los sectores hispanoamericanos. De igual manera, el hispanismo propulsado desde España se miró con recelo en algunos países y por determinados intelectuales. Sin embargo, señala Frederick Pike que la América hispana combinó
con sagacidad las dos fuerzas: la española, de carácter esencialmente espiritual, y
la norteamericana, básicamente materialista. Al efecto, comenta:
Latin American appreciation of the value of the two forces in defending the status quo
accounts in part for the endurance and occasional flowering of Pan-Americanism and
hispanismo. Situated at «the crossroads between two worlds», Latin Americans ingeniously managed the best of the situation and to utilize both worlds.49
Mientras tanto, en los Estados Unidos se crearon varias instituciones y bibliotecas50 que apoyaron los estudios hispanistas, «pasando así el panamericanismo» –según observaba Federico de Onís– «del terreno de la aspiración teórica o la política
práctica al de las fuerzas hondas nacionales que mueven en una dirección a todo un
pueblo.»51 Más aún, argumentaba Onís, para establecer relaciones comerciales fructíferas con los pueblos hispanoamericanos no sólo había que conocer el español sino
también su historia, su geografía, su literatura, su arte, su psicología, sus costumbres.
Y si los pueblos hispanoamericanos eran hijos de España había pues que «ir a la fuente y conocer a España.»52. «De todo este rodeo» –añadía– «es capaz la mente norteamericana cuando quiere orientarse seriamente para la acción, y ésta es la razón de su
éxito y su eficacia».53 Onís defendió y apoyó desde su puesto en la Universidad de
Columbia la interrelación de los Estados Unidos con Hispanoamérica:
La unidad de América hay que hacerla con el espíritu del más amplio americanismo; hay
que realizarla y establecerla sobre la base segura de los puntos de coincidencia entre las dos
culturas que se dividen el continente. Las diferencias entre estas dos culturas son reales y
hondas sin duda; pero es más honda y real todavía la unidad básica que hace americanos a
todos los hombres que pueblan este hemisferio.54
48 Fredrick B. Pike, Hispanismo, 1898-1936. Spanish Conservatives and Liberals and their Relations
with Spanish America, Notre Dame, Indiana-London, University of Notre Dame Press, 1971, p. 321.
49 Ibidem, p. 323.
50 Para una relación detallada véase Ronald Hilton, Los estudios hispánicos en los Estados Unidos,
Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1957.
51 Federico de Onís, «El español….», España en América..., Opus cit., p. 689.
52 Ibidem, p. 690.
53 Idem.
54 Federico de Onís, «España y el Sudoeste de Estados Unidos», España… Opus cit., p. 30. Véanse
los ensayos incluidos en este libro de Consuelo Naranjo y Miguel Ángel Puig-Samper (capítulo V), y el
de Matilde Albert (capítulo VII).
152
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico, 1931.
(Revista Athenea).
No debe sorprender que a la larga se estableciera una estrecha cooperación entre los intelectuales españoles de la JAE, particularmente del Centro de Estudios
Históricos de Madrid, y las instituciones norteamericanas, en un intento por conciliar los intereses que ambas partes tenían respecto a la América Hispana. Puerto
Rico fue el ejemplo más significativo de esta alianza, como veremos en los ensayos próximos. De ahí que en un importante artículo, escrito por William Shepherd,
para el primer número de la Revista de Estudios Hispánicos, del Departamento de
Estudios Hispánicos de la Univerisdad de Puerto Rico, denominase a esta alianza
«la amistad triangular»:
Las relaciones entre los españoles, los hispanoamericanos y los norteamericanos hacen
imperiosa la necesidad de que nuestra juventud, que es la llamada a modelar nuestros
futuros programas nacionales, conozca y aprecie mutuamente características que nos
distinguen..Nuestra juventud española, hispanoamericana y norteamericana, debería
aprender los idiomas, la historia, las tradiciones, las costumbres, las ideas y la cultura
en general de las dos Américas, uniendo así sus conceptos, a fin de poder comprendernos los unos a los otros, empeñándonos e interesándonos por el desarrollo espiritual, intelectual y material, contribuyendo en cuanto sea posible a solidificar y engrandecer
nuestra amistad triangular.55
55 William R. Shepherd, «Hacia la amistad triangular», Revista de Estudios Hispánicos, tomo 1,
núm. 1, enero-marzo, 1928, p. 11-12. Para un análisis del artículo véase el ensayo de Laura Rivera y
Juan G. Gelpí incluido en este libro (capítulo VI).
V
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS
HISTÓRICOS DE MADRID Y LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO
Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper
Instituto de Historia, CSIC
FEDERICO DE ONÍS Y LA ARTICULACIÓN DE LAS RELACIONES CULTURALES ENTRE
COLUMBIA UNIVERSITY Y LA JUNTA PARA LA AMPLIACIÓN
DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
LA
El envío de Federico de Onís por la JAE a Nueva York en 1916 fue el inicio de
un intercambio cultural y científico, sólido y duradero, entre España, Estados Unidos y Puerto Rico. Dicho intercambio fue posible gracias a la red de relaciones
institucionales y personales que Onís supo tejer entre los tres países y sus centros
académicos, la JAE, el Centro de Estudios Históricos de Madrid, del que él siempre fue colaborador, y figuró como tal en las Memorias del Centro, la Universidad
de Columbia y el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de
Puerto Rico (Recinto de Río Piedras).
Su habilidad e interés por la cultura y por su difusión logró vencer cualquier recelo que se mostrara en el establecimiento de los lazos culturales entre los tres países. Más aún cuando dichos lazos estaban basados en la defensa y difusión de la
lengua española. En su tarea Federico de Onís encontró un ambiente propicio tanto en Estados Unidos como en la Universidad de Puerto Rico y en la sociedad boricua. En todo momento Onís resaltó la importancia de que en dicha empresa estuvieran involucrados estrechamente la academia y los hispanistas americanos.1
1 El proyecto cultural español desarrollado por la JAE y por Onís en Estados Unidos y Puerto Rico
recibió algunas críticas por aquellos que consideraban que España no había alcanzado un desarrollo
cultural ni científico que justificase su empresa cultural. Véase por ejemplo el artículo de Tomás Navarro Tomas, «Las relaciones entre España y América», Summer School News, Year III, nº 2, july 13-18,
1925, pp. 1-2, que es una respuesta al ataque que otro articulista hacía a este proyecto cultural publicado también en Summer School News, Year III, nº 1, july 6-11, 1925, pp. 4-6, titulado «La Doctrina
Monroe y el Pan Americanismo» por Collado Martell.
Estas y otras manifestaciones en contra de España y del hispanoamericanismo provocaron que
Onís en todo momento manifestara su interés en involucrar a los académicos hispanistas norteamericanos. Ello queda evidenciado en la correspondencia que, previamente al establecimiento del Departamento de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, mantuvo con el rector de dicha Universidad, Thomas Benner. AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-115.
156
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Asimismo, el mantenimiento de una colaboración académica estrecha entre Federico de Onís y sus compañeros del Centro de Estudios Históricos, Ramón Menéndez Pidal, Tomás Navarro Tomás, Samuel Gili Gaya, Dámaso Alonso, Amado
Alonso, entre otros, hizo posible la creación en 1926 en la Universidad de Puerto
Rico del Departamento de Estudios Hispánicos.
El interés creciente en Estados Unidos por España y su cultura desembocó en
la creación en Nueva York de la Hispanic Society of America, en 1904 bajo el mecenazgo de Archer M. Huntington, y del Instituto de las Españas, fundado en 1920
por la Columbia University. Onís mantuvo una relación personal desde su llegada
a Nueva York con Archer M. Huntington, en virtud de la colaboración de Onís en
la Hispanic Society –de la que fue nombrado miembro en 1917– como el envío de
libros y revistas españolas, además de ser la persona que en muchos casos intervino en la invitación que la Hispanic Society cursó a intelectuales españoles. Ambas
instituciones fueron centros de difusión de la cultura de España, y junto a las espléndidas colecciones de literatura y arte españoles, depositadas en la Hispanic
Society, se auspiciaron conferencias de los intelectuales españoles más prestigiosos del momento como María Maeztu, Blasco Ibáñez, Ramón Menéndez Pidal,
Ramón Pérez de Ayala, Fernando de los Ríos, entre otros.2
Las relaciones culturales de España con Estados Unidos fueron en todo momento atendidas por la JAE, que nombró como delegado a Federico de Onís; intelectual comprometido en cuyos escritos y conferencias siempre intentó, por una
parte, demostrar el valor de la cultura española y el derecho que tenía su lengua, literatura e historia a ser estudiadas y difundidas, y por otra, resaltar el significado
de España en Hispanoamérica como ente moral, y no como Estado. Como ente
moral entendía «las manifestaciones del genio colectivo en los dominios de la lengua, la ciencia y el arte que tienen una tradición multisecular que le dan esa energía y espontaneidad...., el alma de España».3
Insistía, como lo hacían desde España otras voces hispanoamericanistas, en la
comunión de intereses espirituales que unían a todos los pueblos hispanos, y en el
derecho moral que España tenía en América. Este derecho del que habla Onís nunca tuvo un matiz político, como tampoco tuvo un significado excluyente de las culturas americanas ya que en todo momento reconoció la variedad de culturas en la
América hispana, y la novedad cultural que representaba Hispanoamérica respecto
a España.4
Colaboró de manera continua y desinteresada en difundir los cursos de verano
para extranjeros que comenzó a organizar la JAE en 1912, con los que se pretendía
completar la formación de los universitarios norteamericanos en la cultura y el
idioma español. Dichos cursos pasaron a ser organizados a partir de 1920 por
el Centro de Estudios Históricos de Madrid, en su nueva sede de la Calle Duque de
Medinaceli, hasta entonces, Palacio del Hielo. Desde mediados de julio a mediados de agosto, entre 1912 y 1936, con excepción de 1917 y la suspensión provocada por la Guerra Civil en 1936, la Residencia de Estudiantes y posteriormente el
2 AFO,
Sección Correspondencia O-MS/C-79.1 - 79.26.
Sección Noticias y Actividades O-NA-3A.2.
4 La Prensa, New York, 16 de octubre de 1940.
3 AFO,
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
157
Federico de Onís.
(Seminario de Federico de Onís, Departamento de Estudios Hispánicos, UPR).
Centro de Estudios Históricos recibía un grupo de estudiantes y profesores extranjeros, entre ellos una buena proporción de norteamericanos, a los que se les alojaba en la Residencia de Estudiantes y en el Instituto Internacional de Señoritas. Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro Quesada, Pedro Salinas, Dámaso Alonso y
Manuel Gili Gaya se encargaron de estos cursos, en los que se combinaban las clases de cultura, arte, folklore, música, lengua y literatura españolas con visitas culturales y excursiones a distintas ciudades. Al finalizar los cursos, los alumnos recibían distintos diplomas en función del grado de aprovechamiento que hubiera
demostrado el alumno.5
Desde 1919, a través del sistema de becas, la JAE envió pensionados de distintas especialidades a diferentes universidades norteamericanas, aunque en número
inferior al enviado a Europa. También en calidad de becarios fueron enviados los
lectores y profesores de español, como el propio Onís fue en 1916. Columbia,
Harvard, John Hopkins, Michigan, Berkeley, Pennsylvania, Rockefeller Institute
for Medical Research, fueron algunos de los centros donde se especializaron los
becarios españoles. Según algunos autores, el total ascendió a 55, de los cuales una
elevada proporción correspondía a médicos, biólogos y químicos; algunos de ellos
fueron Manuel Dalmau y Matas, Francisco Durán i Reinals, Juan López Suárez,
Ramón San Ricart, Mario García Banús, Santos Rubiano y Herrera, Carlos Fer5 Las actividades académicas desarrolladas por la JAE y el Centro de Estudios Históricos, la dotación de becas para estudiar en el extranjero, el intercambio con otros países, etc., fueron recogidos a
partir de 1910 en las Memorias de la JAE.
158
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nández Arroyo y Navarro Rodrigo, José Fernández-Nonídez y López-Calvo, Cruz
Gallastegui, Rosendo Carrasco Formiguera, Loreto Tapia Robson, Mª Nieves González Barrio, Ciriaco Mañes Retama, Francisco Poyanes y Fresno, Emilio Jimeno
Gil, María Luisa Cañomeras, Concepción Lazárraga, Jorge Folch Pi, etc.. Entre los
hombres y mujeres de letras que fueron profesores o conferenciantes en estos años
en las universidades americanas podemos mencionar entre otros a Federico de
Onís, María de Maeztu, Juana Moreno de Sosa, Carmen Castilla Polo, Luis García
Guijaro, Antonio Llorens Clariana, Cándida Cadenas Campo, Joaquín Ortega Durán, Fernando Cadalso y Manzano, Ángel Apraiz Buesa, Federico Blanco Trías,
César Barja Carral, etc.6
Por otra parte, fue habitual que las universidades americanas además de invitar
a lectores españoles para la enseñanza de su idioma, recibieran las visitas de especialistas en cultura, literatura o filología española. Como fuera invitado Onís en
1916, también lo fueron María de Maeztu (1919), Tomás Navarro Tomás (19271928), Américo Castro (1924 y 1928), Antonio García Solalinde (1922-23, 1925,
1927-28, y 1937), Samuel Gili Gaya (1930-32), etc. Al no cubrir la invitación los
gastos del viaje, la JAE acordó en 1916 ayudar a los profesores con una cantidad
que cubría parcial o totalmente los gastos, por lo que en ocasiones se les consideró
pensionados.7
El intercambio oficial de becas entre ambos gobiernos se inició en 1919 tras el
viaje de José Castillejo, secretario de la JAE, a Estados Unidos, donde consiguió
apoyo del Rockefeller Institute.8 De esta visita Castillejo nos comenta algunas de
sus impresiones:
Por la tarde en Columbia University. Mi primera visita a aquel reino. Creo que realmente ha conseguido encarnar el espíritu norteamericano de Nueva York. La instalación en
estos enormes pabellones aislados bordeados de praderas que aunque estrechas parecen
una tendencia al aislamiento y a la lejanía, es lo único compatible con una gran ciudad.
Los edificios en el tipo anglo-americano de solidez y comodidad.
Hay, como en todas partes, una mezcla casi siempre afortunada, de eficacia alemana y
buen gusto inglés....
Veo a Onís y asisto a una de sus clases, llena de gente. Habla de Pío Baroja....9
En otras de las cartas, del 1 de junio de 1919, resumía su estancia en Estados
Unidos comentando su grata visita a las universidades de Harvard, John Hopkins,
Filadelfia, Yale, Princeton, Vassar College, Smith College, Fundación Rockefeller
6 El envío de los pensionados de la JAE aparece recogido en las Memorias que publicaba esta institución desde 1910, y en las Actas de la JAE. Ver la obra de Justo Formentín Ibáñez y Mª José Villegas
Sanz, Relaciones Culturales entre España y América..., Opus cit., p. 322. Véase también Justo Formentín Ibáñez y Esther Rodríguez Fraile, La Fundación Nacional para Investigaciones Científicas (19311939). Actas del Consejo de Administración y Estudio Preliminar, Madrid, CSIC, 2001.
7 Ibidem, pp. 201-331.
8 Los objetivos del viaje de Castillejo a Estados Unidos aparecen en: Junta para la Ampliación de
Estudios e Investigaciones Científicas, Memoria correspondiente al curso 1918-19, Madrid, 1920.
9 Carta fechada el 13 de mayo de 1919. David Castillejo (comp.), Epistolario de José Castillejo.
Vol. III, Fatalidad y porvenir 1913-1937, 3 vols., Madrid, Editorial Castalia, 1999, pp. 411-433.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
159
en Nueva York, Fundación Carnegie, Mith de Cambridge, así como su entrevista
con Archer Huntington:
Esta universidad (Princeton) es una maravilla y recogimiento en la lejanía de un pueblecito, instalada en varios kilómetros de parque, con arbolado abundante y pradera fresca
¡Y qué edificios y qué Clubs de estudiantes, y qué Biblioteca y laboratorios y estadios
para juegos! Cada una que veo me parece mejor. Esta es la del recogimiento y pulcritud.10
La JAE y la Junta de Relaciones Culturales por parte española, y en Norteamérica, el Instituto de las Españas, el Institute of International Education y el American Council on Education fueron los principales gestores de dicho programa. En
concreto, el Institute of International Education fue la institución que se encargaba
de organizar las conferencias de los invitados españoles, en primavera y en otoño.
Las instituciones americanas mantuvieron una estrecha relación con la JAE
proporcionando además de becas, información sobre becas e intercambios que
ofrecían distintas universidades de allí. En este programa de intercambio participaron 47 becarios, 31 españoles y 16 norteamericanos. En 1925 el American Council
on Education envió los primeros becarios a España bajo la tutela de la JAE. Unos
años después, en 1929, el Institute of International Education propuso de manera
oficial a la JAE que se encargase del servicio de intercambio de becas con Estados
Unidos. Tras la reorganización del intercambio, la Junta de Relaciones Culturales
del Ministerio de Estado se hizo cargo de la parte administrativa y económica, correspondiéndole a la JAE la gestión académica. Algunos de los estudiantes españoles que participaron en este intercambio de becas, que comenzó a funcionar desde
1930, fueron también pensionados de la JAE, lo cual les aseguraba un ingreso extraordinario con el que cubrir todos los gastos.11
Asimismo, diferentes colleges de Estados Unidos mantuvieron un intercambio
intenso con centros de la JAE, como el Smith College y el Bryn Mawr College con
la Residencia de Señoritas de Madrid –dirigida por María de Maeztu, cuya relación se estableció a raíz del viaje de ésta a Estados Unidos tras ser invitada por la
Columbia University en 1919–, y otros colleges femeninos que establecieron un
programa de becas para universitarias de ambos países. Además del convenio de
cooperación entre la JAE y el International Institute for Girls in Spain, gestionado
por Maeztu, en 1920 se constituyó un Comité para la concesión de becas a mujeres
españolas, integrado por María Goyri de Menéndez Pidal, presidenta, Zenobia
Camprubí de Jiménez, secretaria, María de Maeztu, Trinidad Arroyo de Márquez,
y José Castillejo como vocales; a partir de 1923 fue la propia Residencia de Señoritas la que proponía a las candidatas.
Un impulso en las relaciones hispano-norteamericanas fue la creación del Instituto de las Españas, en cuya fundación colaboraron junto a la Columbia UniverIbidem, p. 420.
Como apuntan algunos autores la vida de ese Comité fue muy corta. En 1923 parece ser que ya
no funcionada. Ver Justo Formentín Ibáñez y Mª José Villegas Sanz, Relaciones Culturales entre España y América..., Opus cit., pp. 266-271.
10
11
160
LOS LAZOS DE LA CULTURA
sity otras instituciones americanas, españolas e hispanoamericanas, con el fin de
difundir en Estados Unidos la cultura hispánica y que fuera el centro común para
el desarrollo de los intereses hispánicos en que todos ellos coincidían. De nuevo la
figura de Onís fue fundamental en el mantenimiento de las relaciones, siendo
nombrado delegado por la JAE en 1920 tras crearse en el Instituto de las Españas
una delegación permanente de la Junta española.
Sus cuatro secciones –estudios españoles, estudios portugueses, estudios hispanoamericanos y estudios sefarditas– atendían a los fines para los que fue creado,
como la celebración de reuniones semanales, conferencias, conciertos, cursos de
lengua y cultura españolas, viajes de estudios a España y a México, y exposiciones; además de contar con una biblioteca que reunía una nutrida Bibliografía Hispánica. Entre las actividades principales del centro hay que mencionar la edición
de la Revista Hispánica Moderna y la publicación de libros. En este ambicioso
proyecto cultural hay que destacar la importancia que se le concedió dentro del
Instituto de las Españas a la Sección de Estudios Sefarditas a través de la cual se
atrajeron a la importante comunidad de judíos sefardíes de Nueva York, que ascendía a unos 30.000 individuos. Esta sección además de celebrar fiestas y conmemoraciones sefarditas contó con publicaciones de libros y de una revista. A partir de
enero de 1928, la Revista de Estudios Hispánicos, fundada en el Departamento de
Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en colaboración con la Columbia y el Centro de Estudios Históricos de Madrid, fue el órgano oficial del Instituto de las Españas.
Desde 1930 la sede del Instituto pasó al edificio de La Casa de las Españas, recayendo en Federico de Onís la dirección del mismo. La Universidad costeaba todos los gastos que ocasionaban el mantenimiento de la Casa de las Españas, las actividades del Instituto y las investigaciones y estudios que en él se realizaban. Este
Instituto también intervino en la organización de los viajes que profesores y alumnos realizaban a España en los meses del estío, y concedía una beca para uno de
los asistentes.12
A pesar de no existir convenio alguno, el Instituto de las Españas mantuvo un
contacto estrecho con las instituciones españolas encargadas de la difusión cultural, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y la Junta
de Relaciones Culturales, que a partir de 1934 destinó al Instituto la cantidad anual
de 2.000 dólares. El carácter semi-oficial que los representantes diplomáticos españoles en Estados Unidos dieron a este Instituto estuvo respaldado por las autoridades académicas norteamericanas que siempre designaron al embajador de España en Washington Presidente Honorario, y al cónsul español en Nueva York
miembro del Consejo Directivo.13
Para cada curso académico el Instituto de las Españas contó con un conferenciante oficial, puesto que ocupó Tomás Navarro Tomás en el curso de 1927-1928;
12 AFO,
Sección Correspondencia O-MS/C-132.49.
Idem. En una carta de Federico de Onís a Fernando de los Ríos, embajador de España en Washington, se lamentaba de las dificultades administrativas aducidas por la Junta de Relaciones Culturales
para firmar un convenio con la Columbia University, el cual hubiera posibilitado una mayor participación del gobierno español en el Instituto de las Españas.
13
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
161
además del cursillo de cinco conferencias sobre aspectos fundamentales de la Fonética española que impartió en la Columbia University, dictó otras conferencias
en quince universidades norteamericanas.
La colaboración entre los dos países fue a menudo motivo de elogio por parte
de las autoridades académicas norteamericanas y españolas. Las palabras de Ramón Menéndez Pidal dan prueba de ello:
El Instituto de las Españas en los Estados Unidos está realizando una labor espiritual
del más alto valor, ya que no sólo trabaja en pro de la cultura, sino también a favor de la
aproximación y conocimiento mutuo de los pueblos de habla española, portuguesa e inglesa. Me complazco, pues, en alentar con mayor entusiasmo esa obra patriótica, altruista y de tan elevada idealidad.14
Federico de Onís, un gran embajador del hispanoamericanismo, resaltaba la labor de España y del Instituto de las Españas en el continente americano, insistiendo en la convivencia entre los hispanos que se había logrado a través del Instituto y
resaltando la existencia de una comunidad de intereses espirituales, basada en una
misma lengua y cultura. Su idea y proyecto hispanoamericanista, que gira en todo
momento alrededor de la fuerza espiritual que España tenía en América no tanto
por haber sido la conquistadora de pueblos, sino por los valores universales y humanos de su cultura, lo defiende contra los que niegan cualquier valor cultural en
la herencia española y en su literatura, y lo contrasta y enfrenta contra el proyecto
panamericanista:
Desde el punto de vista español, creo que es de primera importancia y en cierto modo la
única labor que el Instituto ha venido realizando para lograr el acercamiento y conocimiento místico de los diversos países hispánicos, que tienen a España como lazo y origen común. En toda Hispanoamérica se mira al Instituto como el organismo defensor y
difusor de la cultura, une con la de España, frente a la concepción panamericanista que
niega y excluye a España.15
Como consecuencia del estallido de la Guerra Civil española, en febrero de 1937
el gobierno republicano solicitó al embajador de España en Estados Unidos, Fernando de los Ríos, un informe sobre las actividades del Instituto de las Españas «indicando si hace labor españolista republicana» para estudiar el mantenimiento de la
subvención que el gobierno español destinaba a dicha entidad. En la carta remitida
por Fernando de los Ríos, éste recordaba al ministro de Estado español que el Instituto formaba parte de la Universidad de Columbia, y que siempre había funcionado
sin ayuda alguna de España hasta 1934, cuando la Junta de Relaciones Culturales
14 Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid, Memoria correspondiente a los cursos 1926-27 y 1927-28, Madrid, 1929, p. 117.
15 AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-132.49. Uno de los textos en los que Onís comenta los
ataques lanzados por una parte de la intelectualidad norteamericana contra la cultura española, negando
la existencia de una «literatura digna de tal nombre», o el valor del español como instrumento educativo es el discurso de apertura del curso académico 1920-21 de la Universidad de Salamanca: Federico
de Onís, El español en los Estados Unidos...Opus. cit.
162
LOS LAZOS DE LA CULTURA
acordó concederle una subvención mencionada de 2.000 dólares, renovada en 1935
y 1936. Asimismo, le comentaba la negativa que el gobierno español dio a Federico
de Onís para que se firmara un convenio que canalizara oficialmente las relaciones y
diera a España el derecho a intervenir en el Instituto de las Españas.
Para Fernando de los Ríos la importancia del Instituto radicaba en el acercamiento que había venido realizando entre los pueblos de habla hispana, que tenían
a España como lazo y origen común, y comentaba que en toda Hispanoamérica el
Instituto era el organismo difusor de cultura, además de ser el instrumento que frenaba el panamericanismo. El peso de España en la vida del Instituto se debía, según el embajador, a la excepcional eficiencia con que había llevado la dirección
del Instituto Federico de Onís. La universalidad de su concepción, similar a la del
Centro de Estudios Históricos de Madrid, hacían de él, según Fernando de los
Ríos, «un exponente de lo mejor de la España del pasado y de la del porvenir», que
no permitía encuadrarlo en el campo de las actividades políticas.16
Tras ese informe el gobierno republicano envió al embajador Fernando de los
Ríos un cheque por valor de 1.626’74$ correspondiente a la subvención del primer
semestre de 1937, que fue transferido a Federico de Onís y comunicado al presidente de la Universidad de Columbia, Nicholas Murray Butler.17
Otros focos de difusión de la cultura española en New York fueron la American
Association of Teachers of Spanish, presidida por L.A. Wilkins, que publicó la revista Hispania, dirigida por Aurelio M. Espinosa; El Club Miguel de Unamuno; la
Residencia Española de la Columbia University; el Club Centro Español; el Institute of International Education, creado en 1919 por Stephen P. Duggan, también
director del Instituto de las Españas, y subvencionado por la fundación Carnegie, y
la Institución Cultural Española de Estados Unidos, fundada por la JAE en Nueva
York en mayo de 1927, bajo la presidencia de Susana Huntington Venon y la secretaría de José Padín. En el acto de inauguración de esta institución participaron
Federico de Onís, María de Maeztu y Tomás Navarro Tomás. Como las otras instituciones culturales españolas creadas en América, la de Estados Unidos se puso
bajo los auspicios de la JAE, brindando su apoyo para llevar profesores españoles
a Norteamérica. El Instituto Internacional Americano de Madrid estrechó los lazos
entre estos países.18
FEDERICO DE ONÍS, DIFUSOR DE LA CULTURA Y LA LITERATURA ESPAÑOLA
ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA
EN
En Estados Unidos Onís fue el embajador de la cultura y de los intelectuales
españoles. La nutrida correspondencia que mantuvo con la mayoría de los hombres de la cultura española da prueba de ello. Desde su papel de intermediario,
gestor, y amigo de muchos intelectuales, Onís fue impulsor de la cultura y de la
lengua española que se tradujo en la invitación a dictar conferencias en universidades norteamericanas y en centros de varios países de América Latina a sus
16 AFO,
Fondo Correspondencia O.M.S/C 132.31.
Fondo Correspondencia O.M.S/C 132.32 y 33.
18 José Subirá, Una gran obra de cultura..., Opus cit., pp. 20-22.
17 AFO,
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
163
compañeros y amigos del Centro de Estudios Históricos y de universidades españolas, además de actuar en ocasiones como representante de escritores españoles, aspecto también analizado en esta obra por Matilde Albert. En los primeros años algunos de los profesores invitados a Estados Unidos fueron Vicente
Blasco Ibáñez, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, y Ramón del Valle-Inclán.
Estas visitas, los trabajos conjuntos, y el proyecto cultural común hicieron que
Onís en todo momento mantuviera una relación viva y fluida con los nombres más
destacados de la cultura española, actuando desde 1917 en muchas ocasiones como su representante en Estados Unidos: Pío Baroja, Jacinto Benavente, Federico
García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Tomás Navarro Tomás, Menéndez Pidal, Valle-Inclán, Unamuno, Azorín, Amado Alonso, Ramón Gómez de la Serna, entre otros.
Uno de los invitados de Onís a Nueva York fue su antiguo compañero Américo Castro, quien, en la primera ocasión, en 1919, tuvo que declinar el ofrecimiento por haberse comprometido con Menéndez Pidal en una ardua y lenta labor, como era la elaboración de un diccionario. Las cartas entre ambos amigos y
Retrato de Juan Ramón
Jiménez.
(Seminario Federico de
Onís, Departamento de
Estudios Hispánicos,
UPR).
164
LOS LAZOS DE LA CULTURA
colegas son frecuentes, durante años casi mensuales, sobre todo de Castro a
Onís; a través de ellas Onís tuvo conocimiento preciso del ambiente cultural y
académico español, de los progresos, publicaciones, rencillas y peleas. Este contacto aseguró la continuidad y el éxito en las relaciones culturales entre España y
algunos países americanos que, en gran parte, descansaron en el trabajo diario de
algunos hombres.
La relación de trabajo y de amistad que ambos mantuvieron, y que rescatamos
a través de sus cartas, nos dan testimonio de la vinculación que Federico de Onís
mantuvo con España de manera constante. Una vinculación afectiva, con sus amigos, con su familia y con su tierra a la que visitaba cada verano, y una relación
profesional. Esta última se vio reforzada y ampliada a otros colegas en la medida
que se fueron afianzando las relaciones entre ambos países, España y Estados Unidos, en un principio mediante los viajes de profesores españoles a Norteamérica y
las estancias de profesores y estudiantes americanos en España, y en concreto en el
Centro de Estudios Históricos.
En una carta, enviada desde Madrid el 19 de agosto de 1920, Américo Castro le
ponía al corriente de los proyectos que albergaba para la renovación de la docencia
en la universidad española, a la vez que se lamentaba de no poder contar con Onís
para llevarlos a cabo. A partir del modelo europeo, en su afán de «introducir las
corrientes nuevas en los organismos viejos», Américo Castro propuso al Ministerio crear una Licenciatura en Lengua Francesa; si dicho proyecto cuajaba, su idea
era poner en marcha una Licenciatura de Letras «de tipo un poco menos absurdo
que la existente», le comentaba a Onís. A su amigo en New York también le transmitía su sentir sobre el estado de la Universidad, y el de otros centros dedicados a
la investigación pero con escasos recursos:
Es inútil pensar que la Universidad y el Ministerio van a transformarse por el mero hecho
de existir instituciones modernas como la Junta. Cualquier cosa que logremos llevar a la
Universidad tendrá la enorme ventaja de la oficialidad, de proporcionar salidas seguras y
claras a la juventud: la falta de esto es lo que vicia nuestra existencia en el Centro.19
Américo Castro siempre contó con Onís en sus proyectos académicos, compartiendo con él el entusiasmo por seguir investigando y publicando estudios de lengua y literatura, así como por difundir la cultura y literatura española como, por
ejemplo, cuando le comenta a Onís en repetidas ocasiones, 1926, 1927, los planes
sobre la publicación de la Historia de la Literatura, que sería un reflejo de la generación de ellos, en la que participarían Menéndez Pidal, Castro, Navarro, Solalinde, Buceta, Jorge Guillén, Salinas, Alarcos, Sánchez Albornoz, Pedro Sáinz, Millares, Ángel Valbuena, Alonso, entre otros, y en cuya obra esperaban que Onís
participara en capítulos temas relacionados con el siglo XVI como La Celestina,
Fray Luis de León, Cervantes, los primitivos dramaturgos, y la literatura humanística en lengua vulgar; además de mantenerle al corriente y contar con su colabora-
19 AFO,
Sección Correspondencia O.M.S/C-44.2.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
165
Jorge Guillén, Juan
Ramón Jiménez y Pedro
Salinas en la
Universidad de Puerto
Rico. De izquierda a
derecha. (Sala
Zenobia-Juan Ramón
Jiménez, Biblioteca
General, UPR).
ción en la Revista de Estudios Hispánicos20. La correspondencia con Menéndez
Pidal muestra esta colaboración:
Madrid 29 de Enero del 1930
Sr. Don Federico de Onís.
Muy distinguido amigo:
Adjunto tengo el gusto de enviarle las normas para la «Historia de la Literatura Española» y la lista de abreviaturas de colecciones y Revistas de uso más frecuente. Mucho
le agradeceré que al acusarme recibo de ellas, tenga la bondad de indicarme si lleva
muy adelantada la preparación de su trabajo de colaboración en nuestra Historia y que
me diga asimismo la fecha aproximada en que según sus cálculos podremos contar con
20 En la carta Castro se lamentaba que Onís no estuviese en Madrid para apoyarle y llevar adelante
esta Historia de la Literatura, ya que era una obra que debían hacer, a la que estaban obligados, a pesar
de estar «escamado de obras enormes que se quedan en los cimientos». AFO, Sección Correspondencia
O.M.S/C-44.25.
166
LOS LAZOS DE LA CULTURA
su original. Este dato es para nosotros de suma importancia para poder proceder al acoplamiento de trabajo en cada tomo. Me interesa pues sumamente no deje de enviármelo.
En espera de sus noticias se repite de Vd. Su affmo.amigo.
R Menéndez Pidal 21
En todo momento Menéndez Pidal y Américo Castro contaron con Onís. Así,
en 1921, a raíz de la visita del profesor argentino Guaglianone, delegado por su
gobierno para contratar profesores españoles para diferentes universidades de Argentina, Américo Castro le decía: «Lástima que no haya una legión de gente preparada; viene la ola hispanófila, pero nos sorprende sin fuerzas». El plan previsto
por Guaglianone era que Américo Castro viajara el primer año, en 1922, seguido
por Federico de Onís en 1923, y por Tomás Navarro Tomás en el año siguiente.
Por otra parte, a menudo se lamentaba que Onís no estuviera en el Centro de
Estudios Históricos ya que le consideraba una pieza clave en el trabajo de la institución. Once años después de la marcha de Onís, en 1927, Castro le escribía las siguientes palabras: «[Querido Onís] Siempre sales a relucir en nuestras conversaciones, en nuestros proyectos, como si estuvieras en el Centro. Pero la maldita
distancia hace imposible que te tengamos al corriente cada día de lo que va pasando».22
Asimismo, Castro, al menos en un principio, mantuvo vivo el deseo de que
Onís regresara a España. Así se lo manifestó tras la muerte de Pardo Bazán, al
ofrecerle su cátedra vacante «Literatura contemporánea de las lenguas neolatinas»,
en cuyo plan estuvieron implicados otros intelectuales como José Castillejo y
Elías Tormo. En la misma carta Castro se lamentaba de que no haber obtenido respuesta a los telegramas que le había enviado para conocer si Onís aceptaba la propuesta.23 Unos días después, el 9 de junio de 1921, la respuesta negativa de Onís
causaba gran pesimismo en Américo Castro, quien se mostraba preocupado por la
imposibilidad de enviar más discípulos del Centro de Estudios Históricos al extranjero, y se lamentaba de la ausencia en el Centro de algunos de sus compañeros
como el propio Onís y Alfonso Reyes.24
Después de varias gestiones, a comienzos de 1924, Américo Castro viajó desde
Buenos Aires –en donde estaba desde mediados del año anterior como director del
Instituto de Filología de Buenos Aires– a Nueva York; allí sustituyó a Onís, quien
se encontraba de año sabático, en su cátedra de la Columbia University desde febrero a mayo. En 1928 de nuevo emprendió una gira americana, visitando Cuba,
México, Puerto Rico y Estados Unidos, aunque allí sólo estuvo de paso.
De la colaboración continua entre Onís y los colegas y literatos españoles nos
hablan las numerosas cartas que se cruzaron a lo largo de estos años. Una selección de esta correspondencia la reproducimos en el Apéndice 1.
21 AFO,
Sección Correspondencia O-MS/C-103.5.
Madrid, 14 de marzo de 1927. AFO, Sección Correspondencia O.M.S/C-44.25.
23 Carta de Américo Castro a Onís, el 3 de junio de 1921. AFO, Sección Correspondencia
O.M.S/C-44.4.
24 Carta de Américo Castro a Onís, el 9 de junio de 1921. AFO, Sección Correspondencia
O.M.S/C-44.6.
22
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
167
Uno de los casos en los que Onís actuó como mediador de escritores españoles
con universidades o instituciones norteamericanas fue el que comentamos a continuación referente a Vicente Blasco Ibáñez.25
En octubre de 1918, Onís escribió a Blasco Ibáñez para solicitarle autorización
pertinente para publicar La Barraca y/o Los cuatro jinetes del Apocalipsis en la
editorial D.C. Heath and Company, una de las mejores editoriales de textos escolares del país, dentro de la serie Contemporary Spanish Texts, que Onís dirigía. En
diciembre de ese año, Blasco Ibáñez le envió su autorización para que le representase ante la editorial. La colaboración se mantuvo y en enero de 1919 Onís comenzó los preparativos para la gira de Vicente Blasco Ibáñez por Estados Unidos contando con la colaboración de Huntington y la Hispanic Society.26
De forma entusiasta y rápida Blasco Ibáñez le contestó afirmativamente desde
Montecarlo, el 18 de febrero de 1919. En su carta le comunicaba que podría viajar
a Estados Unidos en el otoño, ofreciendo una estancia de hasta 6 meses para visitar la mayor parte del país, aunque tuviera que dejar a un lado sus quehaceres literarios. Al hilo de esto comenta su espíritu aventurero y su experiencia del viaje que
hizo a América del Sur, donde participó en una campaña de propaganda de la cultura española, en donde impartió 120 conferencias en 6 ó 7 meses en Argentina,
Paraguay, Uruguay y Chile. Aunque su plan era continuar dando conferencias por
todas las repúblicas americanas, en donde ya había contraído compromisos, sin
embargo Blasco Ibáñez optó por quedarse en Argentina como colonizador con lo
cual, dice, «perdí la salud momentáneamente, perdí seis años de mi vida, y perdí
todo lo que había ganado, y además parte de los que tenía en España. Volví de esta
aventura arruinado».
Le confiesa a Onís que desde entonces mantuvo como proyecto hacer un viaje
por toda la América española, y su sintonía con el pragmatismo americano, insistiéndole en el buen papel que podría hacer en Estados Unidos a pesar de no saber
inglés. Le dice que podría dar una serie de conferencias en universidades, centros
científicos, y sociedades españolas e hispanoamericanas, en las que pasarán «un
rato agradable y aún muchos habrán aprendido algo», aunque él prefería dirigirse a
norteamericanos y angloparlantes. Para salvar el «problema del idioma» comentaba su experiencia en Brasil y en París, en donde la puesta en escena era el factor
principal para alcanzar el éxito entre la audiencia. En estos países un lector leía la
conferencia traducida que él había escrito, haciendo una presentación previa del
propio Blasco Ibáñez, que se situaba a su lado y se disculpaba ante el público por
no poder hablar directamente. Pensaba que ésta era la forma más amena y artística
para el público norteamericano, que escucharía sus conferencias en la voz de algún
actor conocido.
Asimismo, comentaba que el éxito de su estancia también residía en la publicidad que se diese de antemano sobre su persona y obra, y se anunciasen las conferencias con el debido tiempo.
25 Sobre Blasco Ibáñez veáse el capítulo dedicado a él de Ramiro Reig en el libro de Isabel Burdiel/Manuel Pérez Ledesma (coords.), Liberales, Agitadores y Conspiradores. Biografías heterodoxas
del siglo XIX, Madrid, Editorial Espasa Calpe, 2000, pp 331-359.
26 AFO, Fondo Correspondencia O.M.S/C-32.1, 32.2, 32.4.
168
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Para estas posibles conferencias que Blasco Ibáñez pensaba impartir en varias
ciudades norteamericanas, señalaba algunos títulos: «Cómo se ha visto desde Europa la intervención de los Estados Unidos»; «Don Quijote y el Tío Sam»; «Los
descubridores y conquistadores españoles»; «La falsa leyenda negra de España»; y
«Cómo se hace una novela». A estas conferencias añade otras más dirigidas al público femenino, según él muy influyente en Estados Unidos, como: «Juana la Loca»; «Isabel la Católica» y «Lucrecia Borgia».
Blasco Ibáñez se ofrecía a Onís además como mediador cultural entre las repúblicas americanas y los Estados Unidos ya que según él la preocupación y desconfianza ante la política norteamericana en América Latina impedía la cooperación
cultural y el conocimiento mutuo.27
El viaje de Blasco Ibáñez se realizó de acuerdo a lo previsto por él, en el otoño
de 1919 bajo el patrocinio de la Hispanic Society of America.
La otra faceta de Onís como difusor de la cultura y la literatura española fue su
actuación como intermediario o representante ante editoriales norteamericanas de
destacados escritores españoles como el ya señalado Vicente Blasco Ibáñez, Ramón del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Benavente, Martínez Sierra o los hermanos Álvarez Quintero, muchos de ellos amigos personales de Onís. De todos
ellos actuó como representante en Estados Unidos, lo cual en ocasiones le trajo algunas complicaciones provocadas por malentendidos, que sin duda se agravaban
con la distancia. A pesar de ello, el reconocimiento a su trabajo y gestiones fue
bastante general. En 1918, Juan Ramón Jiménez le contestaba a Onís, sumamente
agradecido, por la propuesta que le envió a finales de 1917 para reproducir parcial
o totalmente sus textos.
¡Qué alegría me da verle trabajando en todo eso! Creo que la obra que va usted a emprender es magnífica, y no tendremos los beneficiados agradecimiento bastante con que
pagarle a usted...28
En el caso de Valle-Inclán, en 1919, Onís actuó como su representante ante
Harcourt, Brace and Howe Publishers tras la propuesta de la edición en inglés de
las Sonatas de Valle-Inclán en la nueva colección titulada European Library. En su
carta Onís le recomendaba a Valle-Inclán que cediese los derechos de traducción y
aceptase la oferta en los términos en los que se le había hecho (un 10% en los
10.000 primeros ejemplares, que disminuiría en función de los ejemplares que sobrepasasen de esa cifra).
Por otra parte, Onís le comentaba el proyecto que le había encargado la editorial D.C. Heath and Company, referente a la serie Contemporary Spanish Texts, y
sus deseos de incluir La cabeza del Dragón de Vallé-Inclán, por ser la más apropiada para niños.
27 Carta de Vicente Blasco Ibáñez a Federico de Onís, Montercarlo, 18 de febrero de 1919. AFO,
Fondo Correspondencia O.M.S/C-32.5.
28 Carta de Juan Ramón Jiménez a Federico de Onís, Madrid, 25 de enero de 1918. AFO, Sección
Correspondencia O-MS/C-81.6.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
169
La visión de Onís sobre las posibilidades del mercado norteamericano y las
formas de introducirse en él se las comentaba a Valle-Inclán con gran claridad
al decirle que, a pesar de que él no recibiría remuneración alguna por ceder sus
derechos de autor, la publicación de su texto, que iría acompañado de una introducción sobre el escritor español, era uno de los caminos para darse a conocer
en Estados Unidos. La tercera propuesta de Onís a Valle-Inclán procedía de la
organización The Foreing Press Service, encargada de surtir a los medios de comunicación norteamericanos de cuentos y otros escritos de autores extranjeros;
con este fin le encargaron a Federico de Onís mediara ante Valle-Inclán para
que enviara algunos cuentos, a cambio de los cuales recibiría una cantidad que
oscilaba entre 150 y 5000 pesetas. Conocedor de la sociedad y la mentalidad
norteamericana, Onís le recomendó a Valle-Inclán que enviara cuentos con argumentos excitantes, siempre que no hiriesen los convencionalismos sexuales y
religiosos americanos.
A fin de ganar tiempo, Onís finalizaba su carta indicándole que lo más operativo sería que, como con otros autores había hecho, Valle-Inclán le enviara una carta
autorizándole a contratar en su nombre todos los asuntos relacionados con la traducción y publicación de sus obras. El 18 de marzo de 1920 Valle-Inclán le remitió
la autorización solicitada.29
Un año después Valle-Inclán, finalizando su estancia en Nueva York, se despedía de Federico de Onís agradeciéndole las atenciones que había tenido con él durante su estancia en la ciudad, así como él que fuera su representante con plenos
poderes para decidir sobre sus libros, otorgándole, dice Valle-Inclán, «toda mi representación para atar y desatar»:
..Aun cuando espero verle, no quiero dejar de agradecerle una vez más todas sus atenciones, y el interés y la amistad tan grande que durante estos días acibarados me mostró.
Cuando se llega a viejo no hay cosa mejor que tener un amigo y saludarlo...30
Además de dar todos sus poderes a Onís, el escritor español también se los dio
en lo referente a la traducción de sus obras a Miss Haniet Wishnieff, quien se encargó de verter al inglés parte de las obras de Valle-Inclán, como la titulada «Mi
hermana Antonia».
Onís mantuvo vivo el contacto con la realidad española, con la política, la cultura, y la gente no sólo a través del Centro de Estudios Históricos, como miembro
de él, y como amigo de sus investigadores, sino a través de los escritores que él representaba en Estados Unidos y con los que estableció una sólida amistad. Sus
viajes a España, y la correspondencia que mantuvo con éstos le sirvió para mantenerse al tanto de los acontecimientos de España, y del sentir de la opinión pública.
En una de las cartas que Ramón del Valle-Inclán le escribe, el 1 de agosto de 1922,
29 Carta de Federico de Onís a Ramón del Valle-Inclán fechada el 20 de noviembre de 1919. AFO,
Fondo Correspondencia O.M.S/C-160.2.
Carta de Ramón del Valle-Inclán a Onís fechada el 18 de marzo de 1920. AFO, Fondo Correspondencia O.M.S/C-160.3.
30 Nueva York, 19 de diciembre de 1921. AFO, Fondo Correspondencia O.M.S/C-160.4.
170
LOS LAZOS DE LA CULTURA
le pone al tanto de los últimos hechos ocurridos, del malestar político y de la Guerra de Marruecos, veámoslo:
Sr: D: Federico de Onís
Mi querido amigo Onís:
En Galicia y con el pie en el estribo, recibí su carta y el contrato, las guardé con otros
papeles en mi maletín, y en el camino para Madrid perdí el maletín. Después de mil
gestiones el maletín aparece. Esta es la causa de mi retraso en contestarle, agradeciéndole todo lo que hace a favor de mis traducciones.
Por esta tierra estamos esperando la del Cielo. Si usted lee la prensa española habrá visto el horror de Marruecos. Es una merienda de negros. En vez de hacer la guerra se
compran periódicos, y los corresponsales que van a Melilla se hacen ricos. Todos esperamos algo que no llega. El Rey en estos últimos tiempos ha dado con la flor de emborracharse, y cuentan que se levanta de la mesa hecho un templario. Así explican sus discursos absurdos en Córdoba y en Barcelona. Todos los días ocurre un conflicto. El alma
se cubre de dolor viendo la catástrofe que se avecina, y que con ánimo honrado podría
evitarse. Pero aquí todos son un poco como el Burlador– ¡Qué largo me lo fiáis! Rusia
no les sirve de ejemplo. Tiempo y espacio para estos gitanos de la política son una misma cosa.
Le abraza su amigo
Valle-Inclán31
El agradecimiento de los intelectuales españoles por la labor que Onís estaba
desarrollando se trasluce en las numerosas cartas que le enviaron. Un ejemplo de
ello es la carta que Ramiro de Maeztu le mandó el 13 de junio de 1925 en respuesta a las gestiones de Onís para su preparar su viaje a Estados Unidos:
Serrano 112, Madrid
Madrid, 13 de junio de 1925
Sr. D. Federico de Onís
Sé por mi hermana María el interés que ha mostrado usted por mi viaje a América y
quiero expresarle mi gratitud por el trabajo que se ha tomado buscándome algunas conferencias en las Universidades de ese país.
Mi propósito al ir a Estados Unidos no es solo el de colaborar con ustedes a la expansión de nuestra lengua y literatura, sino el de conocer la vida de ese país especialmente
en su aspecto político y educativo; estudio que luego a de servirme en mis futuros trabajos literarios.
Llevo como temas principales para mis conferencias las de tres grandes figuras literarias españolas: La Celestina, el Quijote y D. Juan. Sobre estos tres motivos a cabo de escribir un libro y ello quiere decir que son temas en los que he meditado mucho y espero
presentarlos en mis conferencias en una forma nueva. Además podría dar también otra
conferencia que creo que ahí representaría mucho sobre «Por qué puede interesar a un
estudiante americano la cultura española».
31 AFO,
Fondo Correspondencia O.M.S/C-160.7.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
171
Embarcaré en el Havre el día 22 de junio en el «Degrasse» que llegará a Nueva York el
dos o tres de Julio. Siento mucho no ver a usted al desembarcar pues bien sé que usted
es la persona que mejor podría orientarme en los problemas de ese país que a mi me interesan más. Pero le ruego me escriba a Middlebury College diciéndome la fecha más
oportuna para mi conferencia en Columbia, conferencia que daré con mucho gusto sobre los temas indicados que usted prefiera.
Si me invitan a dar un número suficiente de conferencias para que mi estancia en América no sea gravosa, me quedaré ahí los meses de Octubre y Noviembre, pues ya sé que
en verano será difícil conciliar mi trabajo del curso con conferencias en otras Universidades.
Repitiéndole las gracias por cuanto hace usted por mi queda suyo buen amigo
Ramiro de Maeztu32
Al frente del Departamento de Lenguas Romances de la Columbia, Federico
de Onís extendió sus redes a Puerto Rico a través del programa de enseñanza que
tenía esta universidad en la isla, y en cuyo comité organizador estaba Federico de
Onís. Dentro de este programa hay que destacar las actividades de la Escuela de
Verano de Español (Summer School of Spanish), fundada en Puerto Rico en 1922.
Esta Escuela contó con la revista Summer School News, e inició su relación con
España con la visita de Tomás Navarro Tomás (investigador del Centro de Estudios Históricos y director del Laboratorio de Fonética de dicho Centro) enviado a
Puerto Rico por la JAE tras la petición que le cursara el director de la Escuela de
Verano de Español y el rector de la Universidad a finales de 1924. Un año antes
había sido invitado Américo Castro quien a pesar de figurar en el programa del
curso de julio a agosto de 1924, no pudo asistir33.
El proyecto de Federico Onís en Puerto Rico era aplaudido desde Madrid por
su fiel amigo Américo Castro, quien en una carta del 2 de noviembre de 1925 le
transmitía su satisfacción por dicho proyecto: «Me alegro mucho –escribía Américo Castro– que te decidas a ir a Puerto Rico porque eso fortalecerá nuestra intervención en el español de esa isla. Por lo visto aquello tiene cada vez mayor importancia. Creo que el verano que viene no irá Navarro, sino Amado Alonso».34
En la Escuela de Verano se impartían cursos de diferentes niveles a alumnos y
maestros norteamericanos y a maestros puertorriqueños, de lengua y literatura españolas, de folklore y música, así como de historia y civilización de España y de
Hispanoamérica. El nivel alcanzado en los cursos de verano al contar con prestigiosos académicos norteamericanos, puertorriqueños y españoles, recordemos a
Tomás Navarro Tomás en 1925, y en 1926 a Federico de Onís, Josephine Holt, de
la Universidad de Richmond, y José Robles Pazos, catedrático de español en la
John Hopkins University, motivó que Thomas E. Benner, rector de la joven UniAFO, Sección Correspondencia O.M.S/C-93.1.
La obra de Tomás Navarro Tomás y su estancia en Puerto Rico ha sido trabajada por María Vaquero de Ramírez. Ver su estudio preliminar titulado «Navarro Tomás y el español de Puerto Rico. Estudio preliminar» al libro Tomás Navarro Tomás, El español en Puerto Rico. Contribución a la geografía lingüística hispanoamericana, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998, pp.
xiii-lix.
34 AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-44.22.
32
33
172
LOS LAZOS DE LA CULTURA
versidad, nacida en 1903, apoyase la propuesta que Federico de Onís le presentó
en 1926 para reorganizar el Departamento de Español y transformarlo en el Departamento de Estudios Hispánicos.35
EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID Y EL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS
HISPÁNICOS DE UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO
Desde New York Federico de Onís sirvió de puente y conexión entre España,
Estados Unidos y Puerto Rico; él fue el engranaje del intercambio y de las relaciones que en Puerto Rico comienzan el verano de 1925 en la Escuela de Verano de
Español con la visita del filólogo, amigo y compañero de Onís, el profesor del
Centro de Estudios Históricos, Tomás Navarro Tomás. El interés que su estancia
suscitó en las autoridades de la Universidad de Río Piedras, sobre todo en el rector
derivó en la creación del Departamento de Estudios Hispánicos en dicha Universidad ligado desde el principio con el Centro de Estudios Históricos de Madrid y la
Columbia University. La idea de Federico de Onís consistía en hacer de la Universidad de Puerto Rico, a través de sus Cursos de Verano y ahora del Departamento
de Estudios Hispánicos, el lugar de encuentro de estudiantes de los tres países, el
lugar de fusión de las dos América y España, consolidando de esta manera lo que
él llamo la «triple alianza».36
Las cartas de Federico de Onís a Tomás Navarro Tomás dejan constancia del
gran interés del rector de la Universidad por potenciar los estudios de español y
por vincularlos al Centro de Estudios Históricos de Madrid y a la Columbia. Sin
duda en la actitud del rector influyó poderosamente Onís, quien en todo momento
manifestó la necesidad imperiosa de que el Centro de Estudios Históricos de Madrid fuese la contraparte española, y no se dejase la enseñanza de la literatura y
cultura de España e Hispanoamérica a cualquiera de los profesores españoles que
daban clase en Estados Unidos.37
Los planes que Onís y Benner habían estado articulando en el verano de 1926
rápidamente se los hizo saber a Menéndez Pidal por la carta que le envía desde Columbia University, el 12 de septiembre. En ella Onís le ponía al tanto de la elección de la Universidad de Puerto Rico como el mejor lugar para crear una escuela
americana de estudios españoles, y sus deseos de que se estableciera una vinculación oficial con el Centro de Estudios Históricos de Madrid:
Querido Don Ramón
Por encargo del Dr. Benner le escribo al regresar de Puerto Rico –donde he pasado dos
meses muy felices– para darle cuenta de los planes que los dos hemos tratado acerca de
la organización de los estudios españoles en la Universidad de Puerto Rico. Desea el Dr.
Benner que la colaboración del Centro, empezado de manera tan seria y eficaz por Navarro y continuada por mí este verano, se establezca de manera oficial y permanente co-
35 ACUPR,
Fondo Organización y sus Funciones. F.D.O. E-3.
Sección Noticias y Actividades. O-NA-9A.9.
37 Véase la carta enviada por Onís a Navarro Tomás el 7 de septiembre de 1926. AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-109.1.
36 AFO,
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
173
locando el Departamento de Español bajo la dirección técnica del Centro de estudios
históricos.
En esta forma pueden llevarse a rápida realización los principios que guían a los directores de la enseñanza portorriqueña, y muy especialmente al Dr. Benner, quienes aspiran a que la Universidad de Puerto Rico sea un gran centro de enseñanza donde se hermane y armonice lo mejor de los ideales americanos y españoles, prestando atención
especial a los problemas científicos que plantea el entrecruzamiento creciente de las dos
Américas. Así se ha establecido con la colaboración de Columbia University una Escuela de Medicina Tropical, y con la colaboración de la Universidad de Boston una Escuela
de Comercio. Y por esta misma razón, siendo Puerto Rico un país de tradición y cultura
española, y al mismo tiempo una parte de los Estados Unidos, es el sitio indicado para
crear una escuela americana de estudios españoles, que sirva para dar a conocer a los
estudiantes portorriqueños su propio espíritu y personalidad y a los norteamericanos anglo-sajones la lengua y la civilización españolas en circunstancias muy ventajosas sobre
las demás universidades americanas. Puede atraer también esta universidad a estudiantes de países hispanoamericanos y en todo caso puede servir de ejemplo a estos países
para que ellos desarrollen su propio sistema de enseñanza.
Para esta labor desea el Dr. Benner la colaboración del Centro de estudios históricos haciéndolo constar así oficialmente y solicitando que Vd. y Navarro aparezcan como Directores honorarios del Departamento de estudios españoles y mantengan en la forma que les
parezca más conveniente las relaciones entre el Centro y la Universidad mediante el envío
de profesores visitantes invitados por la Universidad o por la Sociedad Cultural española
(que pronto será un hecho) que contribuyan con su estancia temporal a crear y mantener vivo el espíritu científico del Centro en la Universidad de Puerto Rico. Al mismo tiempo desea el Dr. Benner que yo acepte el cargo de director efectivo del Departamento ya que la
proximidad de Nueva York permitiría comunicación rápida y que yo vaya a Puerto Rico
siempre que sea necesario. Mi doble calidad de miembro del Centro y de profesor de Columbia hará que la Universidad de Puerto Rico pueda mantener sus relaciones con la Universidad de Columbia y en general con la enseñanza norteamericana (cosa muy importante
para ella y de perfecto acuerdo con la situación del Centro). Uno de los profesores permanentes de Puerto Rico actuará como jefe administrativo del Departamento.
Con motivo de la venida de Navarro en 1927-28 deseamos dar un impulso definitivo a
la organización del Departamento. La Universidad tiene preparado un folleto anunciando el curso de verano próximo en que vendrá Alonso y el curso regular siguiente en que
vendrá Navarro. Adjunto le envío un esquema de la organización propuesta, que no necesita para hacerse efectiva más que su autorización. Como el programa deberá estar
impreso cuanto antes, le ruego me conteste por cable dirigido a mí a Columbia University, diciendo solamente: yes, si es que nuestro plan le parece bien en todos sus puntos,
y si tiene alguna observación que hacer, le ruego la haga también por cable en tal forma
que no haya que retrasar la publicación del programa.
Con el cariño y respeto de siempre le saluda
F.O. 38
38 AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-103.3 Efectivamente, aparece en la correspondencia un
telegrama de la Wester Union Cablegram en el que Menéndez Pidal comunicaba a Onís su aceptación
con un lacónico «YES» Sección Correspondencia O-MS/C-103.2.
174
LOS LAZOS DE LA CULTURA
A fin de evitar complicaciones, se acordó que la colaboración formal entre estas dos instituciones se realizara a través de Onís por su condición de profesor de
la Columbia y colaborador del Centro madrileño. En esta carta que le remitió el 26
de septiembre de 1926 Onís le comentaba la necesidad de que el Centro de Estudios Históricos diera su conformidad al proyecto, y autoriza que su nombre fuera
usado en las universidades de Puerto Rico y Estados Unidos:
Yo no veo –escribía Onís a Navarro Tomás– ningún inconveniente en la aceptación de este plan por el Centro; veo por el contrario grandes ventajas. Quedará en nuestras manos la
dirección completa de los estudios de español en Puerto Rico. Vosotros tendréis que hacer
todo lo que se puede hacer desde España, principalmente la selección de personas que hayan de venir cada año... Sin una continuidad en nuestra intervención tal como la que hace
posible mi proximidad a P.R., quedaría desecha muy pronto la obra que pudiéramos hacer
en nuestra estancia temporal. Yo creo que mi conocimiento de la enseñanza norteamericana me permitirá organizar el departamento (como he hecho en Columbia) en tal forma que
sirviendo a todos nuestros intereses españoles satisfaga a los americanos. Mis servicios a
la Universidad de P.R., salvo cuando vaya allí, serán gratuitos.39
Tras estos primeros contactos, a comienzos de octubre Benner escribía a Ramón Menéndez Pidal manifestándole su admiración y el deseo de que se consiguiera la cooperación que Onís había propuesto:
Octubre 5 de 1926
Dr. Don Ramón Menéndez Pidal
Centro de Estudios Históricos
Almagro 26,
Madrid, España
Muy distinguido Dr. Menéndez Pidal:
Por primera vez tengo el honor de dirigirme al que tiene profundo respecto y afecto de
todos nosotros en la Universidad de Puerto Rico. Deseo aprovechar esta oportunidad
para extenderle nuestra expresión de admiración y decirle cuánto nos alegramos por haber sido representados en la persona del profesor Rafael W. Ramírez e1 día del homenaje en honor de Ud. el año pasado.
Le remito con ésta una carta del Dr. Federico de Onís, quien formó parte de nuestra facultad en el verano de 1926. Espero que esta carta exprese claramente nuestro deseo de
que pueda desarrollarse alguna forma íntima de cooperación entre el Centro y la Universidad que nos dé el beneficio de sus experiencias y conocimientos en nuestro futuro
desarrollo. Esperamos con ardiente interés su opinión sobro este plan.
Permítame también darle las gracias por su especial consideración al autorizar la visita
del Profesor Amado Alonso, para el verano de 1927, y la del Dr. Navarro Tomás en el siguiente curso universitario. Esperamos que sea posible conseguir al Dr. Américo Castro
para el verano de 1928. Se me informa que él tiene la impresión de que el clima de
Puerto Rico es muy caluroso y por esa razón teme venir. Quizá el Dr. Navarro y el Dr.
39 AFO,
Sección Correspondencia O-MS/C-109.1.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
175
Onís podrán ayudarnos a persuadirle que esto no es cierto. ¿Podría Ud. discutir con él
este asunto con el fin de interesarle para que nos visite en el 1928 y fije las condiciones
en que vendría a Puerto Rico?
Envío con esta carta el saludo de la facultad tanto a Ud. como a los miembros del Centro, a los que uno el saludo especial del Sr. Ramírez y el mío
Con toda mi consideración,
Thomas E. Benner
Canciller40
El acuerdo con todas las partes se consiguió al poco tiempo; en noviembre de
1926 la colaboración entre las tres instituciones era ya un hecho. En enero de 1927
se fundó el Departamento de Estudios Hispánicos –tema estudiado en este libro
por Laura Rivera y Juan Gelpí– en cuya plantilla figuraban Onís como director,
Ramón Menéndez Pidal y Tomás Navarro Tomás, director y secretario del Centro
de Estudios Históricos, y John Gerig, catedrático y director del Departamento de
Lenguas Romances de la Columbia, como directores honorarios; integraban el
Consejo Ejecutivo profesores de diferentes centros académicos norteamericanos,
Susan Huntington Vernon, presidenta de la Institución Cultural Española de Estados Unidos; John D. Fitzerald, profesor de la Universidad de Indiana; Dr. Stephen;
Elijah C. Hills, de la Universidad de California; D. M. Ford, profesor de Harvard;
Lawrence A. Walkins, director del Programa de Lenguas Modernas de las Escuelas Superiores de New York; así como por miembros de la Unión Panamericana de
Washington, D.C. (Lee S. Rowe, director de ésta) y del director del Instituto de las
Españas, Stephen P. Duggan.41
En la articulación de esta relación triangular además de Federico de Onís, vértice de esta relación en calidad de colaborador del Centro de Estudios Históricos,
catedrático de la Columbia University, y fundador del Departamento de Estudios
Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, participaron otros actores desde España como Santiago Ramón y Cajal y José Castillejo, presidente y secretario de La
Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas; Ramón Menéndez Pidal, director del Centro de Estudios Históricos de la JAE; en Puerto Rico, además de Onís y Thomas E. Benner, la Institución Cultural Española, fundada
en 1928; y desde Cuba Fernando Ortiz, presidente de la Institución Hispanocubana
de Cultura, institución que desde su creación, en diciembre de 1926 en La Habana,
estableció una correspondencia e intercambio activo con la JAE, a la que nombró
su representante en España a comienzos de 1927.42
AFO, Sección Correspondencia, O.MS/C.104.4.
AFO, Sección Noticias y Actividades, O-NA-9A.6 y 9A.8.
Los años 1926-1927, en los que se fundó y puso en marcha el Departamento de Estudios Hispánicos, son considerados por el rector de la joven Universidad, creada en 1903, los momentos de emergencia de ésta. En su libro, Benner menciona la presencia en la universidad de destacados profesores españoles, Federico de Onís, Tomás Navarro, Amado Alonso, Américo Castro, Fernando de los Ríos, y
Ángel Valbuena Prat. Ver Thomas E. Benner, Five Years of Foundation Building. The University of
Puerto Rico 1924-1929, Río Piedras, University of Puerto Rico, 1965, pp. 67-111.
42Véanse los artículos ya citados sobre la Institución Hispanocubana de Cultura de Consuelo Naranjo y Miguel Ángel Puig-Samper.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
Federico de Onís (a a izquierda) a su llegada a San Juan en julio de 1926, acompañado del
rector Thomas Benner, el profesor Rafael Ramírez, el periodista Samuel R. Quiñónes y José
Robles, profesor español visitante en la Isla.
Tejida la red, la coordinación entre estos intelectuales hizo posible que la colaboración académica y las relaciones culturales científicas prosperasen y fueran
más fluidas, salvando en ocasiones obstáculos económicos e incluso políticos que
podrían haber dificultado el intercambio. En estos intercambios participaron gran
parte de la intelectualidad y algunos científicos españoles. Un ejemplo de ello es el
viaje a distintos países de América que Salvador de Madariaga comenzó a preparar
con Onís y Ortiz a mediados de 1928, con vista a realizarse en 1931. La propuesta
inicial de Onís abarcaba la visita de Madariaga a distintas Instituciones Culturales
Españolas en México, Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, y una estancia más
prolongada en la Universidad de Nueva York. Madariaga aceptó el plan propuesto
excepto el punto referente a su estancia como profesor en la universidad neoyorquina, ciudad en la que dictó diversas conferencias en centros como el Instituto de
las Españas.43
La relativa independencia política de la JAE y la financiación de algunas de las
actividades por las Instituciones Culturales Españolas de Puerto Rico y Estados
Unidos, la Institución Hispanocubana de Cultura, la Hispanic Society, o el Instituto de las Españas contribuyeron al mantenimiento y pujanza de las relaciones culturales.
Por otra parte, el contacto continuo entre Ortiz, Onís y Castillejo fue esencial
para garantizar que las redes y las relaciones fluyeran. Sus vínculos con las Institu43 AFO,
Sección Correspondencia, O-MS/C-92.1-8.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
177
ciones Culturales Españolas, tanto la de Puerto Rico como la de México, también
ayudaron a que los científicos e intelectuales españoles recorrieran diversos centros de Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, y en ocasiones México, en un único
viaje.
En una carta de Fernando Ortiz a José Castillejo, del 21 de febrero de 1928, le
comenta la importancia de haberse establecido una amistad triangular entre España, Estados Unidos y la América ibérica, y le manifiesta su interés en continuar fomentando dicha amistad. Asimismo, le anota que esta opinión ya la había hecho
pública en la presentación que le hizo al profesor James Brown Scott, invitado por
la Institución Hispanocubana de Cultura.44 En 1927 el boletín del Departamento
de Estudios Hispánicos anuncia el inicio de las relaciones entre las universidades
norteamericanas y puertorriqueñas, el Centro de Estudios Históricos y la Institución Cultural Española de San Juan.45
En Puerto Rico, los lazos entre estos países se estrecharon con la fundación
dentro del Departamento de Estudios Hispánicos, en 1927, de la Revista de Estudios Hispánicos46 (1927-1929) publicación cuatrimestral que aparecía con objetivos similares a los que tenía la revista de filología que funcionaba en el Centro de
Estudios Históricos de Madrid regentado por Ramón Menéndez Pidal. Con su
creación Onís perseguía que Puerto Rico, España y Estados Unidos tuvieran una
empresa común, en la que intelectuales de los tres países se vieran implicados. A
través de ella se perseguía también, como se lo confesaba Américo Castro a Federico de Onís, en mayo de 1928, mantener la presencia de España en el continente
americano y contrarrestar el avance norteamericano:
Hay que hacer en cada sitio una cosa distinta: unas cosas en España, otras en Hispanoamérica, y otras en los Estados Unidos. Este último es un campo que sería suicida abandonar. ¿Es que alguien cree que si nosotros no colaboramos con los norteamericanos,
éstos van a quedarse quietos? Seguirían haciendo lo suyo sin contar con nosotros, como
ya hacen, y la influencia que hemos logrado ejercer para encauzar las actividades hispánicas-norteamericanas en un sentido favorable a nuestros intereses, será siempre una
gran ventaja para nosotros. Si los franceses, italianos, ingleses o alemanes lograsen lo
que nosotros hemos logrado hacer en la nueva revista, tener una intervención directiva
en una obra hecha con medios norteamericanos, se considerarían muy felices; porque
no escatiman sus propios medios para propagar su cultura en los Estados Unidos.47
Los objetivos científicos que animaron a Onís y a la redacción de la Revista a
llevar a cabo su edición aparecen en el primer número de la Revista de Estudios
Hispánicos (enero-marzo de 1928), que además contiene un primer artículo –que
BNJM, CM. Ortiz Nº 261.
ACUPR, Fondo Facultad de Humanidades. Departamento de Estudios Hispánicos.
46 Dirigida por Onís, tuvo como Secretario de Redacción a Robert H. Williams (New York), y contó con redactores en Madrid – Tomás Navarro Tomás, Enrique Díaz Canedo y Fernando de los Ríos-,
en Puerto Rico –Ramón Lavandero, Antonio S. Pedreira, Concha Menéndez y Rafael W. Ramírez– y en
Nueva York –José Padín, E. Herman Hespelt y D. Ratdiff–. Ver AFO, Sección Noticias y Actividades.
O-NA-9A.18
47 AFO, Sección Noticias y Actividades. O-NA/C-44.33.
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178
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Federico de Onís, Fernando de los Ríos, T. Benner y Ramón Lavandero en la Universidad
de Puerto Rico. De izquierda a derecha. (Seminario Federico de Onís, Departamento de
Estudios Hispánicos, UPR).
viene a ser una declaración de intenciones de lo que se pretendía con la creación
del Departamento de Estudios Hispánicos y de la Revista– sobre las relaciones que
deberían prevalecer entre España, Hispanoamérica y Estados Unidos. Bajo el título «Hacia la amistad triangular», William R. Shepherd, catedrático de Historia de
la Columbia University, alababa la nueva disposición de España, de una España
abierta y modernizadora, a encontrarse y vincularse con las dos Américas, trataba
de ahuyentar los temores que suscitaba en América hispana la penetración económica y comercial norteamericana, que según él, se limitaba a esas esferas, y animaba a participar en la nueva empresa cultural y espiritual a los pueblos norteamericano, hispanoamericanos y español, señalando que la difusión de la cultura era el
único medio para llegar al conocimiento y acercamiento entre los pueblos.48
48 William R. Shepherd, «Hacia la amistad triangular», Revista de Estudios Hispánicos, t. I, núm.,
1, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, enero-marzo de 1928, pp. 1-17. El autor resumía en catorce puntos la esencia del acercamiento cultural entre España, la América hispana y los Estados Unidos: instrucción adecuada para el servicio público y privado en nuestras respectivas patrias; impulsar en Estados Unidos la enseñanza del castellano; fomentar en los países de habla castellana la
enseñanza del inglés; recíproco estudio sistemático de la geografía, historia e instituciones hispanas y
norteamericanas; promoción de intercambio de maestros y estudiantes; estimulación del interés norteamericano en España e Hispanoamérica y viceversa, por medio de campañas de publicidad a través de la
prensa; hacer desaparecer de los Estados Unidos todo concepto erróneo sobre los países latinos; hacer
que en éstos desaparezca la desconfianza hacia los Estados Unidos; reconocimiento por los norteamericanos de las ventajas que obtienen de los pueblos hispanos; que éstos comprendan el aspecto beneficioso de la influencia norteamericana; reconocimiento por los norteamericanos de la individualidad de los
países hispanos; desarrollo de un espíritu de aproximación amistosa, más que el deseo de hacer negocio
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
179
En 1927 el Departamento de Estudios Hispánicos comenzó a recibir a los profesores españoles del Centro de Estudios Históricos; filólogos, historiadores y
poetas españoles empezaron a frecuentar como profesores visitantes las aulas universitarias y el Ateneo Puertorriqueño, las mismas instituciones y centros que años
después, terminada la Guerra Civil española, les acogiera a muchos de ellos de
forma definitiva. En 1928, a tan sólo un año de haberse creado el Departamento de
Estudios Hispánicos, las relaciones entre Puerto Rico y España se habían consolidado. En una carta de Thomas E. Benner al presidente de la Junta de Relaciones
Culturales del Ministerio de Estado español, del 5 de septiembre de 1928, el rector
le agradecía las visitas de los espléndidos profesores españoles, Federico de Onís,
Tomás Navarro Tomás, Fernando de los Ríos y Américo Castro, auspiciados por la
Institución Cultural Española de Puerto Rico, fundada en mayo de 1928,49 y que
albergaba los mismos fines que las otras instituciones culturales existentes en otros
países americanos.
En ese mismo año, la ayuda de España tras el paso del huracán San Felipe se
materializó en el envío de Ramón Menéndez Pidal al Departamento de Estudios
Hispánicos de una importante colección de publicaciones que contenían alrededor
de 100 libros de estudios contemporáneos sobre el idioma español en España e
Hispanoamérica, y en la dotación de dos becas a estudiantes para que viajaran a
España. La colaboración entre el Centro español y el Departamento de Estudios
Hispánicos se completaba con el intercambio bibliográfico y el envío de otros materiales de trabajo como eran las colecciones de discos elaborados por Tomás Navarro Tomás en el Archivo de la Palabra del CEH, en los que se recogieron todas
las variaciones del español en España.
Onís puso al servicio del Departamento de Estudios Hispánicos la experiencia
que había adquirido en la Institución Cultural Española de Estados Unidos en la
organización de cursos con el Centro de Estudios Históricos. Intervino en todo el
proceso a fin de lograr el buen funcionamiento de las relaciones y los cursos, desde el salario que debían recibir los profesores, la revisión y corrección meticulosa
del programa, hasta su envío a los medios de difusión y centros académicos puertorriqueños y norteamericanos, con suficiente antelación.50
Los esfuerzos académicos e institucionales recibieron un fuerte respaldo de la
colectividad española mediante la creación en San Juan de Puerto Rico de la Institución Cultural Española, bajo el auspicio de miembros de las colectividades españolas asentadas en esos países como fueron los casos de las Instituciones Culturales de Argentina, Uruguay, Chile y México. El financiamiento de los viajes y
estancias de los profesores hizo posible que su magisterio se duplicara, y en oca-
plenamente; cultivo de relaciones personales entre los pueblos hispanos y el pueblo norteamericano; y
apreciación mutua de nuestra respectiva cultura e ideales.
49 En una carta del 12 de noviembre de ese año el presidente de la Junta de Relaciones Culturales
agradeció las palabras del rector de la Universidad de Puerto Rico. AGAAH, Asuntos Exteriores, Sección VIII-Relaciones Culturales, Caja 1282.
50 El salario para los profesores universitarios que impartían cursos de verano era de unos 2.500$; a
los más jóvenes que aún no eran profesores se les pagaba unos 2.000 dólares. Véase la correspondencia
que Onís mantuvo con el rector de la Universidad de Puerto Rico en el último trimestre de 1926. AFO,
Sección Correspondencia O-MS/C-115.
180
LOS LAZOS DE LA CULTURA
siones la visita del doctor invitado por la Universidad coincidió con la del invitado
por la Institución.
El proyecto de su fundación arranca de 1925 tras una visita a Madrid de Rafael
Fabián –uno de los miembros más destacados de la colectividad española de Puerto Rico, aspesto estudiado en esta obra por Jaime Pérez–, en la que se entrevistó
con un grupo de intelectuales españoles, como se desprende de la correspondencia
mantenida entre Onís y Tomás Navarro.51
El carácter exclusivamente cultural de estas instituciones aparece en sus estatutos: conocer y difundir en Puerto Rico los estudios e investigaciones sobre lengua,
literatura y cualquier otro aspecto científico y artístico de la civilización española.
Para ello, financiaron las cátedras que fueron desempeñadas por profesores españoles, organizaron conferencias, y dieron becas a los universitarios puertorriqueños para que fueran a España a cursar estudios sobre cultura española.52 Bajo la
presidencia de Rafael Fabián, esta Institución coordinó sus actividades con la JAE,
con el Departamento de Estudios Hispánicos y con el Instituto de las Españas.53
En su inauguración, el 27 de abril de 1928 en el Ateneo Puertorriqueño, Tomás
Navarro Tomás destacó el carácter cultural y abierto de las Instituciones Culturales
de América que tenían que servir para fortalecer las relaciones culturales de España con Hispanoamérica y que debían de hacerse a partir de la cultura y de la ciencia y no «con exaltaciones sentimentales»:
Las Culturales Españolas de América y los Centros Hispanoamericanos de España (se
dan cuenta) de que si hay pueblos que deben vivir unidos por lazos de mutua comprensión son sobre todo éstos a quienes la historia ha dado una misma tradición y un mismo
idioma.
La experiencia ha demostrado que es inútil querer mantener relaciones de este género
con exaltaciones sentimentales. Las Culturales Españolas sólo han podido empezar a
existir cuando el renacimiento científico de España, basado en rigurosos estudios técnicos y en arduos trabajos de investigación, ha llegado a resultar digno de estimación general.54
Muy distinta era la impresión que Américo Castro, durante su estancia en Puerto Rico en el verano de 1928, le transmitía a Federico de Onís sobre la actitud de
las sociedades españolas en la isla, que enfrentadas entre sí, en nada beneficiaban
la labor de difusión de los intelectuales españoles, o sobre la escasa retribución
que recibían por sus conferencias:
51 AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-109.1. Un primer intento por parte de la colonia española y de Coll y Cuchi de llevar profesores españoles a Puerto Rico fue a comienzos de 1922, cuando
se le cursó una invitación a Américo Castro, la cual finalmente tuvo que declinar debido a la situación
económica y política de la isla. AFO, Sección Correspondencia O-MS/C-44.10.
52 Agradecemos la información facilitada al profesor Jaime Pérez Rivera. AGPR. Fondo Departamento de Estado, Sección Corporaciones sin fines lucrativos, exp. 474, caja 31A.
53 AFO, Sección Noticias y Actividades O-NA-11.7 Ver también el artículo publicado en El Imparcial, San Juan, 8 de mayo de 1928, y La Democracia, San Juan, 9 de mayo de 1928.
54 Tomás Navarro Tomás, «Impresiones sobre el estado lingüístico de Puerto Rico», Summer School News, Year VI, July 2-6, nº 1, Río Piedras, 1928, pp. 9-10.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
181
Creo que ha sido prematura la creación de la Cultural. Las sociedades españolas, rivales
de Fabián, se inhiben de toda colaboración, indicando, con cierta tácita sorna, que ahí
está la flamante sociedad presidida por Fabián para hacer frente a todas las eventualidades que planteen los españoles conferenciantes...
Unos y otros se creían obligados a hacer algo por la cultura española en la Isla. Ahora
ese honor y esa responsabilidad caen de hecho sobre Fabián y el círculo estricto de sus
amistades.55
VISITAS DE PROFESORES ESPAÑOLES A PUERTO RICO Y SU ACOGIDA EN LA SOCIEDAD
BORICUA
Bajo la atenta mirada de Federico de Onís, el Departamento de Estudios Hispánicos recibió de forma ininterrumpida a muchos de sus antiguos compañeros del
Centro de Estudios Históricos, alumnos todos de Ramón Menéndez Pidal, que este
profesor y Tomás Navarro Tomás seleccionaban. En el curso de verano de 1926
Federico de Onís impartió dos cursos titulados «Características del espíritu español a través de su literatura» y «Don Quijote de la Mancha»; en agosto, José Robles ofreció otros cursos sobre fonética y lengua españolas. En el verano siguiente
Amado Alonso (investigador colaborador del Centro de Estudios Históricos) dictó
cursos sobre fonética y filología española; a él le sucedió Tomás Navarro Tomás
cuya estancia en el primer semestre del curso académico de 1927-1928 la dedicó a
hacer un estudio del lenguaje en la isla para incorporarlo a su Atlas Lingüístico del
Español. El segundo semestre impartió los cursos el propio Onís.
Los españoles fueron docentes tanto en los cursos regulares como en los de verano, correspondiéndole a Américo Castro Quesada (catedrático de la Universidad
Central de Madrid y colaborador del Centro de Estudios Históricos) las clases del
verano de 1928, a Ángel Valbuena Prat (catedrático de literatura de la Universidades de La Laguna y de Barcelona, y profesor en diferentes universidades inglesas)
el curso de 1928-1929, a Fernando de los Ríos (catedrático de derecho en la Universidad de Granada) el curso del verano de 1929, y a Samuel Gili Gaya (catedrático del Instituto Escuela y colaborador de la Sección de Filología del Centro de
Estudios Históricos) el año académico 1929-1930.
Tras suspenderse las invitaciones en el verano de 1930, el siguiente profesor
español en la universidad puertorriqueña fue Manuel García Blanco (profesor auxiliar de la Universidad de Salamanca, colaborador del Centro de Estudios Históricos, y catedrático de la Universidad de Salamanca desde 1934), durante los meses
de julio y agosto de 1931, quien prolongó su estancia durante el primer semestre
del curso siguiente 1932; a él lo sucedieron Gabriela Mistral, docente durante el
segundo semestre de 1932-1933, y José A. Balseiro (profesor en la Universidad de
Illinois) que en una dilata estancia, que abarcó los cursos de 1933 a 1936, dictó
conferencias, e impartió clases y seminarios sobre temas referentes a la novela y al
teatro español en los siglos XIX y XX. Según consta en su expediente, el salario
que Balseiro recibió como catedrático visitante de Estudios Hispánicos por el cur55
AFO, Sección Noticias y Actividades O-NA/C-44.36.
182
LOS LAZOS DE LA CULTURA
so de verano de 1935 fue de 583.3$; en 1936, en su nombramiento como catedrático permanente de español en la Universidad de Puerto Rico, figura la cantidad de
3.600$ anuales. Tras la aceptación del nombramiento, el 11 de agosto de 1936,
Balseiro solicitó un año de licencia sin sueldo para enseñar en su antigua Universidad de Illinois.56
La acogida que, tanto los cursos sobre español y como los profesores, tuvieron
en la sociedad y en el alumnado de Puerto Rico aparece en algunas cartas y artículos de periódicos. Una muestra de simpatía hacia el profesor José A. Balseiro es la
carta que los alumnos escribieron a la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico el 12 de agosto de 1936, en la que dicen:
Honorable Junta de Síndicos
Universidad de Puerto Rico
Río Piedras, P.R.
Señores:
Si para ser maestro es factor primordial la comprensión del alma juvenil, no sólo en lo
intelectual, sino más en función de la simpatía, un gran maestro es José A. Balseiro. En
sus clases hemos experimentado la emoción y el entusiasmo saludable que sólo despiertan los maestros provocadores de cordiales y fecundas inquietudes. En este momento en
el que se sugiere reconocer su mérito honorable por la Cancillería de nuestra Universidad, aplaudimos el justo intento y lo hacemos nuestro; porque sabemos que sólo inspira
el afán de superación y grandeza de espíritu el que ha llevado siempre en sí mismo ese
honrado anhelo y esa noble ambición. Y porque eso deseamos para nuestra universidad
y nuestros universitarios, rogamos respetuosamente a la honrosa Junta de Síndicos se
digne elevar a la cancillería a quien a su vez honrará ese puesto, al maestro que lo es no
por la vasta cultura que posee, sino porque primero y después sabe ser fraterno amigo,
al maestro JOSÉ AGUSTÍN BALSEIRO.57
Junto a los trabajos docentes en el Departamento de Estudios Hispánicos, los
profesores españoles impartieron conferencias en diferentes ciudades y pueblos de
la isla dentro del programa desarrollado por este departamento denominado Misiones Culturales. Estas actividades así como las conferencias dictadas en el Ateneo
Puertorriqueño, sociedades españolas, Rotary Club, y en otros centros académicos, como la Biblioteca Carnegie, fueron recogidas y reproducidas en varias revistas y periódicos de la isla, Summer School News, Puerto Rico Ilustrado, La Correspondencia de Puerto Rico, El Mundo, y La Prensa en Estados Unidos.
En sus estancias en la isla muchos de ellos ocuparon la cátedra instaurada en la
Institución Cultural Española como Tomás Navarro Tomás en 1928; Ángel Valbuena Prat en 1928-1929; y Samuel Gili Gaya en 1929-1930.
56 AFO, Sección Noticias y Actividades. O-NA-9A.6, y Sección Correspondencia, O-MS/C-5.1, y
la correspondencia continua entre Onís y Benner en la que se planificaba el viaje y la estancia de los
académicos españoles: AFO, Sección Correspondencia, O-MS/C-115.46,47, 50 y 51. Ver también
ACUPR, Fondo Facultad de Humanidades, Departamento de Estudios Hispánicos. H106, Fondo Informes Anuales H11, y Fondo Expedientes Personales Pasivos.
57 AFO, Fondo Informes Anuales H11, y Fondo Expedientes Personales Pasivos.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
183
En contraste con las conferencias y artículos escritos por estos intelectuales, la
visita de Luis Araquistain, en el último trimestre de 1926, estuvo rodeada de polémica. Como en Cuba y Santo Domingo, las declaraciones y valoraciones de Araquistain sobre la sociedad, la cultura y la política de estos países causó un hondo
malestar. Su postura crítica contra Estados Unidos, sus juicios sobre la escasa libertad en diferentes esferas de la vida que gozaban estos países, sus opiniones sobre el mestizaje y el futuro de la población, así como sobre el estado de decadencia
de los pueblos sobre todo en el caso de Cuba, fue duramente criticado en varias
publicaciones de los países visitados por Araquistain.58 Las conferencias y artículos del intelectual publicados en diciembre de 1926 en la isla, algunos de los cuales fueron reproducidos en el periódico madrileño el Sol, en torno al idioma, la
americanización de la enseñanza y de la cultura en Puerto Rico, la falta de independencia y, en general, la política de Estados Unidos contra cualquier vestigio de
cultura y presencia de España, provocó una fuerte respuesta en algunos periódicos
y revistas en los que se le tachó de «embajador de la raza» y de «Sancho Panza
ibérico».
Uno de estos artículos escritos a raíz de los comentarios de Araquistain es el de
Luis Data, aparecido en diciembre en Los Quijotes, en el que denuncia la utilización de la «raza» como uno de los fundamentos principales de la política pan-ibero-americanista, y el envío de determinados intelectuales, como Araquistain y Altamira, que, en su intento de hispanizar a América, menospreciaban las identidades
de los pueblos hispanoamericanos. En su denuncia el autor distinguía entre estos
«embajadores de la raza» y los otros intelectuales españoles que establecían las relaciones a partir de nuevos conceptos de la cultura y la ciencia.59
La difusión de la cultura y la lengua española, y la defensa del español y de las
raíces hispanas de los pueblos de Hispanoamérica fue posible tanto por la colaboración estrecha mantenida a lo largo de estos años entre Onís, Benner, Menéndez
Pidal y Navarro Tomás, y sus instituciones, como por el cambio de mentalidad y la
necesidad política que en las décadas de los veinte y treinta vivió Puerto Rico. La
lucha por el mantenimiento de su identidad dio lugar a la búsqueda de sus raíces
culturales y a la reivindicación de la cultura española como una de las principales
bases de dicha identidad. Los escritores de la Generación del Treinta fueron los
protagonistas de esta nueva visión de la historia y del pueblo puertorriqueño.
La defensa de la cultura española y del intercambio cultural con España se intensificó en estos años, en los que se publicaron en diferentes periódicos y revistas
artículos laudatorios sobre los progresos intelectuales y científicos que en España
se estaban consiguiendo, y la necesidad de mantener la presencia española en la
universidad puertorriqueña. En el nuevo contexto cultural y económico de la isla,
para algunos pensadores España pasa a ejercer un nuevo papel, el de puente con
Europa, y vínculo con la civilización occidental frente a la temida absorción por
Norteamérica. El conocimiento y la aproximación a España no sólo les proporcio58 Luis Araquistain, La agonía antillana. El imperialismo yanqui en el mar Caribe, La Habana,
Editorial Lex, 1961.
59 Luis Data, «Las embajadas de la raza», Los Quijotes, año II, núm. 46, San Juan, 18 de diciembre
de 1926.
184
LOS LAZOS DE LA CULTURA
naría un conocimiento de ellos mismos –«conocer a España es como conocernos a
nosotros mismos», escribían a la altura de 1930–, era también el mejor medio intelectual de penetrar y conocer el alma europea: «...Por España nos bañamos en plena civilización occidental, y con ella y por nosotros habemos de salvar y conservar
nuestra civilización, lengua, cultura y buen gusto».60
LA DEFENSA DE LA IDENTIDAD NACIONAL A PARTIR DE LA DEFENSA DE LA LENGUA
Y LA CULTURA ESPAÑOLAS
A este interés por la cultura española y por España contribuyeron en gran medida los intelectuales puertorriqueños, sobre todo la llamada Generación del Treinta, cuyo afán por sentar las bases y definir la identidad boricua, en afirmarse como
nación y reivindicar su cultura hispana frente a la anglosajona, les hizo volver sus
ojos a España. Este nacionalismo cultural será utilizado posteriormente como instrumento del nacionalismo político. En este proceso, la cultura hispana se erigió en
símbolo de identidad nacional.
La Generación del Treinta reflejó en la literatura, la historia y la política sus
anhelos y temores. La debilitación de la identidad nacional, el peligro de la desintegración de Puerto Rico como nación, la lucha por la soberanía nacional, la defensa del campesino desplazado de sus tierras fueron factores que convergieron en
medio de una aguda crisis económica y que mostraron la necesidad de crear y consolidar un proyecto cultural articulado en torno a la identidad puertorriqueña. Dicho proyecto tendría 3 fases: definición y refuerzo de la identidad cultural; robustecimiento de la identidad nacional; y fortalecimiento de la conciencia nacional, de
la nación.
Los intelectuales puertorriqueños de esta generación reconstruyen un pasado
limitado al siglo XIX, al ser éste el período en el que enmarcan el afianzamiento
de la cultura nacional en manos de una elite culta, en su mayoría hacendados, y
con posiciones autonomistas. Dicha reconstrucción le sirve a Antonio Pedreira,
uno de los mayores exponentes de esta generación, para establecer el proceso de
formación y diferenciación de la cultura nacional de la cultura española, y para
marcar las consecuencias de 1898 sobre la identidad y la conciencia nacional. A
pesar de que la invasión norteamericana es considerada como un momento de ruptura en la continuidad de esa identidad, Pedreira reivindica el mantenimiento de la
misma dentro del proceso evolutivo de la formación del pueblo puertorriqueño; un
proceso continuo que, como la evolución, siguió, aunque a diferentes ritmos. Para
Pedreira, como para otros intelectuales de su generación, el fortalecimiento de la
identidad tenía que hacerse a través de un proyecto cultural; éste fue el imperativo
de este grupo, que a diferencia de otros anteriores jugó un papel decisivo en el debate en torno a la nación, combinándose el proyecto político-nacional con el proyecto cultural, al aunar la nación con la cultura como rasgo de identidad.
Antonio Pedreira conocía perfectamente el ambiente cultural español, no sólo
por el magisterio de los profesores españoles en Río Piedras, sino también por sus
60 Filiberto Vázquez, «La necesidad de maestros españoles en nuestra Universidad», ABC Universitario, vol. 1, núm. 8, Río Piedras, abril de 1930, pp. 5 y 8.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
185
estudios en España donde realizó el doctorado, en el Centro de Estudios Históricos
de Madrid. Desde allí, el 2 de mayo de 1932, escribía a Julio García Díaz, decano
de la Universidad de Puerto Rico de Río Piedras, comunicándole que se había doctorado en la Universidad Central de Madrid, el 29 de abril de 1932, con sobresaliente, y solicitarle un aumento de salario en condición de profesor y director del
Departamento de Estudios Hispánicos de dicha universidad.61
A finales de julio de 1932 le remitía otra carta al presidente de la Universidad
en la que daba cuenta de sus investigaciones en Madrid sobre Hostos, que dieron
lugar a la publicación en esta ciudad de Hostos, ciudadano de América, su colaboración en la edición completa de la Bibliografía Puertorriqueña, la publicación de
varios artículos en la prensa sobre Puerto Rico y América, y de otros estudios en la
Revista de Filología Española, así como de sus contactos con la intelectualidad española (Menéndez Pidal, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Antonio Ballesteros, Ángel Valbuena, Samuel Gili Gaya, Homero Seris...) tanto Madrid, en el
Centro de Estudios Históricos, Ateneo, Unión Ibero Americana, Academia Española, Academia de la Historia, Biblioteca Nacional, y Biblioteca de San Isidro, como en el Institut d’Estudis Catalans de Barcelona, y en el Archivo de Indias de Sevilla:
...Para tener mejor conocimiento de España que ayudara a la eficacia de mis cursos en
esta Universidad, hice frecuentes viajes al norte, al centro, al sur, recorriendo las provincias, capitales, pueblos y aldeas que de alguna manera han ayudado a la evolución de
la historia y la cultura españolas.
....logré comunicarme con muy conspicuas personalidades españolas y entablar relaciones que ayudarán al desarrollo del Departamento de Estudios Hispánicos que en esa
Universidad dirijo. Estas relaciones empezaron a dar frutos palpables, en una serie de
folletos, cuadros y diapositivas que el Patronato Nacional del Turismo me entregó para
el Departamento, y en la magnífica colección de discos fonográficos que el Archivo de
la Palabra, presenta a la Universidad de Puerto Rico por mediación del que suscribe. Me
enteré del funcionamiento del Centro de Estudios Históricos con el cual trabajamos en
colaboración y de otras instituciones análogas como los Institutos, las Academias, las
Universidades.62
La intensa relación que mantuvo con los miembros del Centro de Estudios
Históricos la destaca en otra de sus obras, Aristas-Ensayos, escrita en 1930.63 A
todos ellos Pedreira los califica como hombres integrantes de la España Nueva.
Este reconocimiento de la historia y de la cultura española, de sus aspectos positivos y renovadores está presente en toda la obra del intelectual puertorriqueño, escrita con una intencionalidad nacionalista y política muy concreta. Ello condicionó su análisis del sistema colonial hispano, pese a que reconocía que uno de los
males de la cultura puertorriqueña era el estado de coloniaje continuo en el que
siempre estuvo.
ACUPR, Fondo, Organización y sus Funciones. F.D.O. E-3.
ACUPR, Fondo, Facultad de Humanidades, Departamento de Estudios Hispánicos.
63 Antonio S. Pedreira, Aristas. Ensayos, Madrid, 1930.
61
62
186
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Desde la literatura y la historia se reivindican el idioma y la «raza» como las
señas de identidad, mantenidas por el campesino, el jíbaro. De ahí la defensa que
hacen de estos elementos, sobre todo del jíbaro, de forma dramática algunos escritores como por ejemplo, Enrique Laguerre en obras como La llamarada; Solar
Montoya, de 1941, o La resaca, de 1949. En ellas se combinan las denuncias por
la expropiación de las tierras en manos de compañías norteamericanas, la desaparición del pequeño agricultor y la expansión del latifundio azucarero, con las representaciones de lo autóctono, que se convierte en sinónimo de la puertorriqueñidad64.
La inmediatez en los objetivos que tuvieron los intelectuales que desarrollaron
su obra en los años 20 y 30, su profundo sentimiento nacionalista, su preocupación
por el Estado, por la permanencia de la identidad, y, algunos, por alcanzar la soberanía del pueblo puertorriqueño, les empujaron a afianzar su cultura como símbolo
de su nacionalidad. El pasado les sirvió para elaborar su proyecto nacional, aunque
a veces se apeló a un pasado idealizado; asimismo, a menudo se elaboran imaginarios excluyentes como base para redescubrir y afianzar sus identidades sometidas a
cambios. Los intelectuales puertorriqueños, con gran pragmatismo, eran conscientes que sólo podían hacer frente a dichos cambios con una base cultural sólida desde la cual los irían incorporando, algunos de ellos incluso creyeron que la cultura
les conduciría a todas las formas de independencia. Apelaron a la historia como la
fuente donde se encontraban los fundamentos de sus culturas con el fin, nos dice
Antonio S. Pedreira (sucesor de Onís en la dirección del Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR), de dar «al porvenir un sentido netamente puertorriqueño». 65
Órganos de expresión de la Generación del 30 fueron las revistas aparecidas en
estos años como Índice (1929-1931), Brújula (1934-1937), Ámbito (1934-1937), y
Ateneo Puertorriqueño (1935-1940), cuyos objetivos aparecen en la revista Índice:
Vamos a definir concretamente nuestra situación, a orientar nuestra vida... que nos permita conservar lo que tenemos y recuperar lo que perdimos.
En este ambiente hispanófilo la colectividad española participó de forma activa
no sólo a través del financiamiento de la Institución Cultural Española, sino también colaborando en otras empresas mediante las cuales veía una manera de invo-
64 Sobre la idea de nación e identidad en Puerto Rico en el siglo XIX véase el libro de Lillian Guerra, Popular Expression and National Identity in Puerto Rico. The Struggle for Self, Community, and
Nation, Gainsville, University Press of Florida, 1998.
65 Sobre la búsqueda de la identidad puertorriqueña y la generación de los treinta pueden consultarse algunas de las obras de Antonio S. Pedreira, La actualidad del jíbaro, 1935, e Insularismo: Ensayos de interpretación puertorriqueña, San Juan, 1942 (en 1943 se publicó en Madrid); así como las
de Arcadio Díaz Quiñones, «El enemigo íntimo: cultura nacional y autoridad en Ramiro Guerra y
Sánchez y Antonio S. Pedreira», Op. cit. Revista del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 7,
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1992, pp. 9-68; Juan G. Gelpí, Literatura y paternalismo en Puerto Rico, San Juan, EDUPR-ICP, 1993; Pedro Álvarez Ramos, «Reflejos en torno al
discurso histórico ‘trentista’. El siglo XIX puertorriqueño en el Insularismo de Antonio S. Pedreira»,
Revista de Estudios Hispánicos, año II, núm. 15, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras,
1995, pp. 237-251.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
187
lucrase en los asuntos relacionados con España y su cultura.66 Este interés se hizo
manifiesto tras las conferencias pronunciadas en octubre de 1926 por Luis Araquistain y Cayetano Coll y Cuchi sobre «La España Moderna», en las que se mencionaba la labor cultural que desde 1910 venía desarrollando en España el Centro
de Estudios Históricos. Este impulso dado a la cultura por la nueva España derivó
en la organización en San Juan de un Comité Pro-Centro de Estudios Históricos
con el fin de recaudar fondos para dotar a dicho Centro de un edificio propio. Este
Comité, presidido por el español Manuel Cambor e integrado por 6 españoles y 3
puertorriqueños, pretendía involucrar a otros españoles residentes en Cuba y en
Santo Domingo. En el telegrama que envía Miguel Cambor a Ramón Menéndez
Pidal le mostraba «su orgullo de pertenecer a una familia de pueblos que está dando tan poderosas muestras de vitalidad extraordinaria en todos los órdenes de la
actividad y de un modo especificado en las aquilataciones de la cultura de que es
promotor el insigne nuestro Centro de Estudios Históricos de Madrid»67.
Fue en estos años cuando se sucedieron los viajes de estudiantes y profesores isleños a estudiar o conocer a España, como el ya comentado de Antonio S. Pedreira,
Margot Arce también en el Centro de Estudios Históricos, Evaristo Ribera Chevremont, Bernal Díaz Caney, etc., y cuando se editaron en Madrid por el Centro de Estudios Históricos algunas investigaciones de puertorriqueños, como por ejemplo Folklore Puertorriqueño de Rafael W. Ramírez en 1928, surgieron algunas publicaciones en
las que se abogaba por la unión de los pueblos de habla hispana, y se reivindicaba el
papel de España en la difusión de su cultura, de la otra España surgida a raíz del movimiento intelectual que allí se estaba produciendo en los últimos años. Los Quijotes,
fundada en San Juan en enero de 1925, recoge estas inquietudes:
Con preferencia esta revista se ocupará de los altos problemas de la raza: La unidad de
los pueblos de habla española, la unidad que haga del conglomerado hispanoamericano
66 Diferentes valoraciones de la hispanofilia aparecen recogidas en el libro editado por Enrique Vivone Farage y Silvia Álvarez Curbelo (eds.), Hispanofilia: arquitectura y vida en Puerto en Rico,
1898-1950, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998; las Tesis Doctorales de Jaime
Pérez, Asociacionismo, prensa y cultura entre los inmigrantes españoles de San Juan, 1871-1913, Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 2002 (inédita), y la de Libia González, L’Elite cultivée à Porto Rico et la construction de l’identité «Nationale» (1860-1930), Paris, Université Paris I, 2000 (inédita).
67 Tras agradecer el gesto y las palabras del Presidente del Comité Pro-Centro de Estudios Históricos, Menéndez Pidal remitió el escrito al Secretario del Ministerio de Estado. AGAAH, Asuntos Exteriores, Sección VIII- Relaciones Culturales, caja 1267. Esta noticia apareció en varios periódicos entre
ello en El Imparcial, San Juan, 21 de noviembre de 1926.
Las actividades del Centro de Estudios Históricos pueden rastrearse en algunas revistas de Puerto
Rico como Alma Latina, véase el artículo «Trabajos bibliográficos del Centro de Estudios Históricos
de Madrid», núm. 34, San Juan, 1933, pp.4-7. La actitud de la colectividad española y la ayuda reclamada por Araquistain y Coll y Cuchí para recaudar fondos a favor del Centro de Estudios Históricos
fue atacada duramente en algunos periódicos locales en los que se acusaba a los conferenciantes de
practicar una «mendicidad patriótica».
En la editorial publicada por Los Quijotes, el 20 de noviembre de 1926, -en el mismo periódico
que unos días antes se aplaudía esta iniciativa- se comentaba la incongruencia que suponía el que España y sus intelectuales propagasen el desarrollo que en los últimos años había tenido la cultura y la ciencia en el país, y a la vez pidieran fondos para construir un edificio destinado al CEH. Véanse los editoriales de la revista Los Quijotes, año II, núm. 40, San Juan 30, de octubre de 1926, y núm. 42, San Juan,
20 de noviembre de 1926.
188
LOS LAZOS DE LA CULTURA
un bloque resistente en todos los órdenes, contra la feroz acometida de los despojadores
del tesoro sagrado del idioma, costumbres, espíritu... Tendrá un profundo reconocimiento para España, la España madre, la España creadora... Tendrá un amor profundo
para Puerto Rico... Un Puerto Rico que no sea nada más que Puerto Rico, con psiquis y
cuerpo puertorriqueños.68
Este discurso nacionalista, manejado por varios intelectuales de distintas ideologías, contenía en ocasiones la exaltación de la «raza», de la denominada «raza
hispana», como un baluarte de diferenciación y de identidad frente a los anglosajones. Recuérdese que en España, Cuba y Puerto Rico, desde 1898, en el proceso de
la creación de la memoria histórica, a través de la elaboración de las historias nacionales en las que se fijaban además de los referentes de identidad de cada pueblo, los hechos y figuras sobre los que descansaba la historia nacional, la «raza»
ocupó un lugar principal. En estos países la mayoría de los intelectuales recurrieron de forma continua a la «raza» como un elemento explicativo de fenómenos sociales, culturales y políticos, actuando, a menudo, como eje de las relaciones políticas, sociales y culturales, y como factor esencial en el diseño y constitución de la
sociedad y de la nación, de tal manera que la gran mayoría de los autores, al menos
durante las dos primeras décadas del siglo XX, equipararon nación y cultura a «raza», reduciendo la nación a la existencia de una «raza».
Para estos intelectuales que se vieron conminados a sentar los rasgos definitorios de las identidades nacionales, la homogeneidad racial era la condición primordial para que existiera una nación, el sinónimo de ésta, de ahí los intentos por demostrar la existencia de una «raza» común, que en la mayoría de los casos partían
de concepciones exclusivistas y algunos trataron de probar que era únicamente
hispana. En este proceso, también pesaron las concepciones heredadas del siglo
anterior que clasificaban a los pueblos, a las llamadas «razas», en distintas categorías, en función de su mayor o menor proximidad al hombre civilizado, es decir al
hombre blanco. De ahí que muchos de estos intelectuales también equipararon
«raza» con cultura, como lo habían hecho en el siglo XIX69.
REFLEXIONES FINALES
A pesar de que el discurso racial fue común a muchos pueblos, y en concreto a
españoles y puertorriqueños, y encontró un ambiente propicio desde el noventa y
ocho hasta entrada la década de 1930, y a pesar de que algunos conferenciantes españoles en la isla aludieron a la «raza» como elemento vertebrador de los pueblos
y sus culturas, el programa desarrollado por Federico de Onís para hacer fructíferas y continuas las relaciones entre España y América se basaron más en conteni-
68 «Nuevo programa», Los Quijotes, año II, núm. 37, San Juan, 1 de octubre de 1926. Ver también
el artículo de Gregorio Marañón, «Revolución y hombres nuevos», Puerto Rico Ilustrado, año XXIII,
núm. 1189, 17 de diciembre de 1922, pp. 57,58 y 60.
69 Consuelo Naranjo Orovio, «Cuba 1898: Reflexiones en torno a la continuidad…», Cuadernos de
Historia contemporánea, Opus cit.
RELACIONES CULTURALES ENTRE EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID…
189
dos culturales que en contenidos raciales, así como en el respeto y aceptación de
otras culturas.
El programa científico y cultural desarrollado por la Junta para Ampliación de
Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid no sólo representó el proyecto
más innovador para España desde 1907 a 1938 –año en que fue suprimida por un
decreto suscrito por Pedro Sáinz Rodríguez; quien estaba al frente de nuevo Ministerio de Educación Nacional creado en la «zona nacional»–, con la creación de laboratorios, centros de investigación, dotación de becas para estudiar en el extranjero, etc., sino que puso en contacto a los principales pensadores y científicos de
España con los de otros países y continentes, posibilitando el acercamiento de los
pueblos a través de la cultura y de la ciencia, y no de la «raza», tan aplaudida por
los defensores de los «panismos».
Para Onís, como para otros intelectuales, la cultura tenía que ser el nuevo nexo
entre los pueblos. Como escribiera Onís:
Mi españolismo ha aprendido precisamente a afirmarse sin negar, a mirar cara a cara a
otras formas de cultura. Siempre me ha parecido vacía de sentido la actitud de los negadores de una cultura nacional sin negar la cultura misma. Cada una de ellas es única e
insustituible, y ni siquiera la creencia en la superioridad de alguna justificaría el desdén
por cualquiera de las demás. El intento de destrucción de la más insignificante de ellas
sería un atentado imperdonable contra la civilización.70
70
Federico de Onís, El sentido de la cultura española..., Opus cit., pp. 127-128.
VI
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE
ESTUDIOS HISPÁNICOS DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO:
ENSAYO DE HISTORIA INTELECTUAL*
Laura Rivera Díaz y Juan G. Gelpí
Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad de Humanidades
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
* Agradecemos la valiosa labor de Shayra Burgos García, nuestra ayudante de investigación, así
como la colaboración de varios estudiantes adscritos al Seminario de Estudios Hispánicos Federico de
Onís.
GESTACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS:
«LO QUE ESTÁ DEBAJO»1: BUSCANDO MARCAS
Acogemos en el subtítulo, como guía para repensar la Universidad desde la
creación del Departamento de Estudios Hispánicos, la polémica frase del historiador español y uno de los padres del panhispanismo, Rafael Altamira Crevea, pronunciada en la conferencia inicial de la primera visita a la Universidad de La Habana en 19102. Y repensar la Universidad es viajar de un continente a otro e irritar
la memoria de aproximadamente un siglo. Este año se celebra el aniversario número setenta y cinco, de la creación de uno de los departamentos más antiguos y prestigiosos de la Universidad de Puerto Rico: el Departamento de Estudios Hispánicos. Y si las celebraciones son ocasiones especiales para pasar juicio sobre la
memoria histórica de una gesta dada, no podemos perder esta oportunidad para indagar y descubrir cuáles fueron, en palabras de Pierre Bourdieu,3 los campos intelectuales y culturales que lograron establecerse como instancias legitimadoras y
cómo se fueron formando otros, que a su vez, se convertirían en nuevos legitimadores.
El anuncio oficial de la creación del Departamento de Estudios Hispánicos, como una entidad con personalidad propia, se hace en enero de 1927.4 Esta puesta en
1 Frase dicha (¿equívocamente?) por Rafael Altamira Crevea al finalizar una «oración salutatoria»
en la Universidad de La Habana en 1910 y que suscitó una polémica entre él y Fernando Ortiz. Citado
por Fernando Ortiz, « Lo que está debajo», La reconquista de América. Reflexiones sobre el panhispanismo, París, Librería Paul Ollendorf, 1910, pp. 64-67.
2Vicente Ramos, Rafael Altamira. Prólogo del Excmo. Sr.D. Julio F. Guillén Tato, Madrid-Barcelona, Alfaguara, 1968, p. 135.
3 Pierre Bourdieu, «Campo intelectual y proyecto creador», Marc Barbut et al, Problemas del estructuralismo, traducción de Julieta Campos, Gustavo Esteva y Alberto Escurrida, México, Siglo XXI
Editores, 1967, pp. 135-182.
4 Thomas Benner, Five Years of Foundation Building, Río Piedras, University of Puerto Rico, 1965,
p. 82.
194
LOS LAZOS DE LA CULTURA
escena la proclama el impecable boletín impreso del Anuncio de cursos del Departamento, que circuló en los primeros meses de ese año y cuya calidad artística fue
motivo de elogio por parte de varios intelectuales del patio y del extranjero, incluyendo al rector Thomas Benner,5 quien felicitó a José Padín por el diseño y la impresión del folleto. También se destaca un comentario de Tomás Navarro Tomás,
en una carta enviada a Benner y que dice así:
El folleto relativo al Departamento de español de esa Universidad nos sorprendió con
excelente impresión, por su organización y por la admirable forma tipográfica. Está
muy bien hecha y con un buen gusto digno de todo aplauso.6
Lo primero que llama la atención en este folleto7 es el hecho de estar escrito en
inglés y, lo segundo es la cantidad y variedad de instituciones que se adjudican un
lugar en esta empresa académica. Aunque en la portada del programa aparece el
Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico como la
única instancia que legitima el anuncio, cuando pasamos a las páginas de las autoridades oficiales, nos sorprende encontrar toda una serie de otras instancias legitimadoras y un consejo asesor, en el cual se encuentra el nombre de Leo S. Rowe,
Director de la Unión Pan-Americana, institución política con sede en Washington.
En esta misma página se destaca el nombre del Departamento con una letra
más grande, quizás de un punto más, que los nombres de las otras dos entidades
que aparecen como colaboradoras: el Centro de Estudios Históricos de Madrid y la
Universidad de Columbia de Nueva York. También aparecen tres directores honorarios: Ramón Menéndez Pidal y Tomás Navarro Tomás, director y profesor, respectivamente, del Centro de Estudios Históricos y John L. Gerig, Director del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Columbia. Nos parece
raro que no haya ningún director honorario de Puerto Rico y que sea en la siguiente página que aparece el nombre del rector y el de Antonio S. Pedreira, a quien
identifican como «Acting Faculty Chairman».8
Desde este espacio tan emblemático, nos percatamos que la tríada fue un elemento esencial en la gestación y la fundación del Departamento de Estudios Hispánicos y, quizás, de otras instancias de la Universidad de Puerto Rico. Las marcas
que aquí encontramos nos llevan a formular unas cuantas preguntas obligadas:
¿Por qué se llamó Departamento de Estudios Hispánicos? ¿A quién va dirigido ese
anuncio? ¿Cuáles son todas estas instituciones y personalidades? ¿Por qué esa
(¿feliz?) coincidencia, de que colaboren juntos intelectuales españoles y norteame-
5 Thomas Benner, «Carta a José Padín», 19 de diciembre de 1926, Correspondencia Thomas Benner 1926-27, Caja B-III, ACUPR.
6 Tomás Navarro Tomás, «Carta a Dr. Thomas E. Benner», 17 de marzo de 1927, Correspondencia
de Rectoría, Correspondencia general 1926-27, Caja B-IV, ACUPR.
7 Véase: Folleto informativo que circuló el Departamento de Estudios Hispánicos con el anuncio
de los cursos para el verano de 1927 y el año escolar 1927-28, Cartapacio O-NA/C-9A, AFO.
8 Sobre la vinculación de Pedreira con la Universidad de Puerto Rico, desde su ingreso como estudiante hasta su muerte en 1939, véase Jorge Rodríguez Beruff, «Antonio S. Pedreira, la Universidad y
el proyecto populista», Revista de Estudios Hispánicos XIII, Río Piedras, 1986, pp. 79-90. Rodríguez
Beruff señala en Pedreira la presencia de un proyecto nacional reformista.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
195
W. Ramírez de Arellano, Thomas Benner, Antonio S. Pedreira (arriba), junto a Federico de
Onís, Josephine Holt y José Robles en la Universidad de Puerto Rico. De izquierda a derecha. (Seminario Federico de Onís, Departamento de Estudios Hispánicos, UPR).
ricanos en la creación de un departamento de español en la Universidad de Puerto
Rico? ¿Por qué solamente hay un puertorriqueño en el grupo directivo y éste representa una institución hispanoamericana en Estados Unidos? ¿Quiénes, pues,
gestaron este proyecto y para quién? ¿Cómo se relacionaron las diferentes instancias legitimadoras? ¿Pudo alguna instancia imponerse sobre las otras? Estas preguntas guiarán nuestro trabajo y, en la medida que encontremos respuestas a algunas de ellas, estamos seguros que aparecerán nuevas interrogantes.
AL CALOR DEL VERANO
Uno de los cimientos principales del Departamento de Estudios Hispánicos fue
la escuela de verano, que se había iniciado en el 19219 y que continuaba ofreciendo servicios con el propósito de acelerar la preparación de nuevos maestros y reforzar la de los que ya ejercían. Pero es a partir del verano de 1922 que se inicia
una nueva etapa en los ofrecimientos académicos, al incorporar cursos de español
para continentales. Ese año da comienzo la escuela de verano de Español para norteamericanos, cuya planificación e implantación estuvo a cargo de Josephine Holt,
profesora adscrita al Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad de
Virginia.
9
Véanse: Informes Anuales 1920-21, El Gobernador de Puerto Rico, p.10. ACUPR.
196
LOS LAZOS DE LA CULTURA
En el primer semestre del curso escolar de 1921-192210 la profesora Holt había
sometido a la Oficina de Asuntos del Interior («Bureau Of Insular Affairs») una
propuesta para pedir que la Universidad de Puerto Rico organizara cursos de verano de español para cincuenta profesores norteamericanos. Esta iniciativa fue acogida con entusiasmo por las autoridades pertinentes y, de inmediato, el doctor
Charles W. St. John, decano-rector de la Universidad, hizo llegar la noticia de la
aceptación de su propuesta a la profesora Holt.
Desde el primer momento la profesora Holt tenía un fuerte compromiso con
este programa, pues para ella representaba, mucho más que la enseñanza de cursos
de español para continentales. Así lo había expresado en la respuesta que le envió
al decano- rector Charles W. St. John, en enero de 1922.
The big important thing which we must keep steadily before us is to make a success of
this summer’s work. If we can induce large numbers of teachers from the states to go to
Puerto Rico it will certainly result in a better understanding of Spanish American character and that is something that can not be gotten in Spain and a thing far more important to us of this country as well as the people of Spanish America.11
La profesora Holt viaja a Puerto Rico a finales de enero de 1922 para ejercer
como profesora asistente de francés y, a la vez, se desempeña como directora de la
escuela de verano de ese año. El éxito de su iniciativa se debió, en parte, a la eficaz
campaña publicitaria que preparó para promover los cursos de español en los Estados Unidos. Esta incluía la publicación académica The Modern Language Journal
de Chicago, Hispania, la revista de la Asociación de Maestros de Español, y el periódico La Prensa, de Nueva York.12
El Departamento de Educación administraba la escuela de verano, como uno
de los medios de acelerar la preparación de maestros, pero fueron las autoridades
universitarias, las que le asignaron un lugar destacado a este programa. No solamente contaban con un programa académico variado y competente, sino que se
ofrecían actividades sociales y recreativas que complementaban y hacían más
atractiva la oferta del programa. Llama la atención, de manera particular, la publicación de un boletín semanal destinado exclusivamente a las noticias de la escuela
de verano y que lleva el nombre de Summer School News.
Aunque este boletín se empezó a publicar en 1923,13 los números a los que hemos tenido acceso comienzan en 1924. En ellos observamos, con cierto asombro,
el destaque que le prestaban a todo lo relacionado con los cursos de español para
continentales, incluyendo al profesorado. En el segundo número del volumen dos,
10 No tenemos evidencia de la fecha exacta de esta comunicación, sin embargo, por la fecha de la
carta de Charles W. St John a J. Holt, en enero de 1922, podemos inferir que su propuesta fue enviada
en el primer semestre de 1921. Véase Carta de W. St. John a Josephine Holt, 10 de enero de 1922,
ACUPR, Correspondencia Dean Charles W. St. John, p.1.
11 Ibidem, p. 2
12 Ibidem, p. 1.
13 Entendemos que su inicio se inscribe en el verano de 1923, ya que los números de 1924 dan la
información para inferir la fecha de publicación del primer boletín. Véanse en Colección Puertorriqueña de la Biblioteca General «José M. Lázaro», UPR, Recinto de Río Piedras.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
197
correspondiente a ese año de 1924, se publica el artículo «El Curso para Continentales» [sic], en el que se hace mención del programa de español para norteamericanos como «la primera base de la Universidad Pan americana, que ha de funcionar en Puerto Rico».14 A pesar de que no aparece el nombre de quien escribe el
artículo, presumimos que, por el tipo de información y por la autoridad con que se
expresa, el autor debe ser el doctor Juan José Osuna, director de la escuela de verano, quien afirma:
En estos tiempos en que tanto se habla del panamericanismo y en que se persigue el
más cordial acercamiento de todas las Américas; en estos tiempos en que todos los países del nuevo mundo [sic] abogan por unas relaciones más íntimas y fraternales y se trabaja ardorosamente por hacer indestructibles los lazos de harmonía que deben apretar
en un poderoso núcleo de naciones a todos los pueblos del nuevo mundo, estos cursos
de español para maestros continentales que ofrece la Universidad de Puerto Rico vienen
a resultar una verdadera inspiración para el triunfo definitivo de esa idea de acercamiento amistoso que vibra en el ambiente de todas las Américas.15
Este discurso revela ya un claro compromiso de este programa con el panamericanismo, instancia que volverá a abordarse en otros números. La mención del
ideal panamericanista que se hace, desde ese espacio, se da en un momento en el
que en la Universidad empiezan a efectuarse una serie de cambios que fueron fundamentales en su desarrollo posterior, especialmente, en el progreso de los próximos seis años.16
Varios eventos importantes marcaron el paso del verano de 1924. A raíz de las
enmiendas aprobadas a la Ley de la Universidad en 1923 y 1924, la selección del
rector estaba en la etapa final y la secuela de una huelga de estudiantes tuvo efectos adversos en la posible consideración y selección del doctor Juan José Osuna
como rector, único profesor puertorriqueño que poseía un doctorado17. En medio
de esa controversia se hizo la selección del doctor Thomas E. Benner como Rector
de la Universidad.
AL CALOR DEL NUEVO RECTOR
El inicio del curso escolar de 1924-1925 se estrena con un nuevo rector, quien
toma posesión oficial el 12 de marzo de 1925, pero que inició sus labores en agosto de 1924. Los cambios, tanto en el personal administrativo, como docente y en
los programas académicos, no se realizaron de inmediato. Sin embargo, el rector
«El curso para Continentales» Summer School News, vol. II, no. 1, Puerto Rico, 1924, p. 9.
Ibidem, pp. 8-9.
16 Véase: Thomas Benner, Five Years..., Opus cit. Para más información sobre la creación y desarrollo de la Universidad, véase también, a Nelson González, «La historia de la Universidad de Puerto
Rico (1903-1930)», Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, UPR, Río Piedras, Tesis de
Maestría, 1982.
17 Thomas Benner, Five Years..., Opus cit., p. 9.
14
15
198
LOS LAZOS DE LA CULTURA
aprovecha la oportunidad para evaluar la situación general de la Universidad y empezar a promover su gran proyecto panamericanista.18
Mientras tanto, la profesora Holt continuaba renovando el programa de español
para continentales y había invitado al filólogo español Américo Castro, miembro
del Centro de Estudios Históricos de Madrid, institución de prestigio internacional, a enseñar durante el verano del 192419, pero no pudo aceptar la invitación,
ya que tenía compromisos previos con el Instituto de Filología de la Universidad
de Buenos Aires, en cuya fundación había colaborado el Centro. Dos años antes, el
doctor Castro había recibido una invitación, de parte del presidente de la Cámara
de Representantes de Puerto Rico, el licenciado Cayetano Coll y Cuchí, para que
pronunciara unas conferencias y conociera la situación por la que atravesaba la enseñanza del español en la Isla. Esta invitación la había avalado también la Universidad, pero tampoco pudo asistir en aquella ocasión.20
La profesora Holt no cesa en su afán por fortalecer este programa y convoca a intelectuales de prestigio a dictar cursos en la Institución. Es así como le extiende una
invitación para enseñar, en el verano de 1925, a otro de los miembros del Centro de
Estudios Históricos, el renombrado filólogo Tomás Navarro Tomás, quien acepta
gustosamente, e inicia en Puerto Rico una nueva etapa en los estudios lingüísticos.21
El doctor Benner aprovecha la estadía de este profesor en la Universidad y empieza a
preparar el plan para la transformación del Departamento de Español.
No hay que olvidar que el día 12 de marzo de 1925 fue la toma de posesión oficial del nuevo rector. Dicha fecha coincidió con la festividad del vigésimo segundo
aniversario de la creación de la Universidad, celebración que propició una serie de
discursos a favor del sistema panamericanista. Los oradores principales fueron
Horace Towner, gobernador de Puerto Rico, Antonio R. Barceló, presidente del
Senado, y William F. Russell, director auxiliar del Instituto Internacional de Educación del Teachers College de la Universidad de Columbia. Los tres discursos
pronunciados hicieron énfasis en la transformación de la Universidad en una institución panamericana.22 Así también lo proclamó el nuevo rector, quien se compro-
18 Información más detallada sobre el proceso de la panamericanización imperialista de la Universidad se puede encontrar en: Carlos Rodríguez Fraticelli, «Colonial Politics and Education: The PanAmericanization of the University of Puerto Rico 1923-1929», Historia y Sociedad, Año IV, Río Piedras, Puerto Rico, 1991, pp. 138-164 y, para ver el tema del control político, véase: Pablo Navarro
Rivera, Universidad de Puerto Rico: Del control político a la crisis permanente 1903-1952, Río Piedras, Ediciones Huracán, 2000.
19 Thomas Benner, FiveYears ..., Opus cit, p. 89.
20 Américo Castro, « Carta a Federico de Onís», 2 de enero de 1922, Cartapacio O-MS/C-144.10,
AFO.
21La doctora María T. Vaquero recoge la aportación de este lingüista a los estudios del español
puertorriqueño en «Navarro Tomás y el español de Puerto Rico. Estudio preliminar», Tomás Navarro
Tomás, El español en Puerto Rico. Contribución a la geografía lingüística hispanoamericana, (Edición conmemorativa al cumplirse cincuenta años de su publicación 1948-1998), San Juan, Editorial de
la Universidad de Puerto Rico, 1998, pp. xiii-lviii.
22 La idea de la Universidad Panamericana la había propuesto Federico Degetau ante el Congreso
Pedagógico Internacional, reunido en Madrid en 1883 con motivo de las celebraciones del Cuarto Centenario. Pero esta no fue su única gestión a favor de la Universidad Panamericana, sino que su lucha
continuó hasta poco antes de su muerte en 1914. Véase: Angel Mergal, Federico Degetau: Un orientador del pueblo, Nueva York, Hispanic Institute, 1944, pp. 126-130.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
199
Campus de la Universidad de Puerto Rico.
(Revista Athenea, 1930).
metió a cumplir varias metas, tales como, fortalecer el cuerpo de profesores, mejorar las condiciones de trabajo, reorganizar los ofrecimientos académicos y promover una universidad que «aumentara el entendimiento panamericano» y «uniera las
culturas anglosajona y española seleccionando e interrelacionando lo mejor de las
dos».23
Ante este ambiente cargado de panamericanismo, el primer número del boletín
Summer School News del verano de 1925 publica un artículo de Alfredo Collado
Martell en el cual se defiende la doctrina Monroe y el panamericanismo frente a la
política neocolonizadora de España.24 Este escrito provocó una reacción del doctor
Navarro Tomás, quien le responde rebatiendo su tesis, en el siguiente número del
boletín, con el artículo, «Las relaciones entre España y América», publicado en la
primera página del boletín. 25 Esta polémica pone de manifiesto la lucha entre dos
campos político-culturales, que venía dándose entre Estados Unidos y España desde el siglo XIX: el panamericanismo imperialista26 y el panhispanismo de la recon-
Thomas Benner, Fives Years ... ,Opus cit,. pp. 12-13. (Traducción de los autores).
Alfredo Collado Martell, «La Doctrina Monroe y el Panamericanismo [sic]», Summer School
News, vol. III, no. 1, Puerto Rico, 1925, pp.4-5, 9.
25 Tomás Navarro Tomás, «Las relaciones entre España y América», Summer School News, vol. III,
no. 2, Puerto Rico, 1925, pp. 1-2.
26Alonso Aguilar, Pan-Americanism from Monroe to the Present. A View from the Other Side, Trad.
Asa Zats, Nueva York y Londres, MR Press 1968, pp. 36-42.
23
24
200
LOS LAZOS DE LA CULTURA
quista;27 instancias que marcarían, de manera definitiva, la gestación y el desarrollo del Departamento de Estudios Hispánicos.
Es, precisamente, en la búsqueda de un nuevo espacio legitimador panamericanista para la Universidad de Puerto Rico, que entra en escena el Centro de
Estudios Históricos de Madrid; instancia que, en cierta medida, negocia un espacio, aparentemente subalterno, pero con poder de convocatoria para la difusión de un hispanismo que pretendía contrarrestar, de algún modo, la norteamericanización del sistema educativo de Puerto Rico. Así, la estadía de Navarro
Tomás en Puerto Rico, en el verano de 1925, representa para Benner una magnífica oportunidad para gestar la reorganización del Departamento de Español,
con miras a convertirlo «en el departamento de español y de cultura española
más brillante de las Américas»,28 y que éste formara parte de la Universidad
que él quería que fuera:
...una institución de tal fuerza cultural, que una eficazmente los estudios más elevados
sobre el idioma y la cultura españoles [sic] con las facultades de ciencia, artes, comercio, leyes, medicina, etc., y con el estudio del idioma inglés y de la cultura americana, a
fin de atraer a los estudiantes de la América del Norte y del Sur, quienes encontrar[i]án
aquí el idioma y las costumbres con que ya están familiarizados y la oportunidad del estudio y la especialización en el campo de mayor interés, bajo la guía de catedráticos
competentes y en una atmósfera cosmopolita..29
Vemos en las palabras del rector cómo la gran meta del ideal panamericanista
se puede hacer realidad en esta institución que está desarrollando su propia personalidad y necesita la ayuda de otras instituciones que puedan potenciar la legitimación de los diferentes campos intelectuales que se estaban desarrollando.
El empeño de Benner en convertir la Universidad en un centro de investigación
científica y en uno de los instrumentos principales de la difusión panamericanista
en Latinoamérica tiene un trasfondo amplio que se remonta, especialmente, a la
primera mitad del siglo XIX e involucra los intereses europeos y norteamericanos.30 Este contexto histórico lo abordaremos muy brevemente en la siguiente sección.
CONTRAPUNTEO NORTEAMERICANO-ESPAÑOL: UN POCO DE HISTORIA
DOCTRINA MONROE AL PANAMERICANISMO
DE LA
Ante la liberación de la gran mayoría de los países latinoamericanos de España
y el posible peligro que representaba para los intereses norteamericanos la actitud
27 Fenando Ortiz, La reconquista de América..., Opus cit. Para una noción más amplia de la participación de Fernando Ortiz en esta polémica véase: «Presencia de Fernando Ortiz en la polémica panhispanismo-panamericanismo», Islas, vol. 44, núm. 132, Santa Clara, Cuba, abril-junio 2002, pp.48-56.
28 Thomas Benner, «Carta a R. Menéndez Pidal», 23 de enero de 1926. En R-8 Rectoría, Correspondencia General- Dean St. John y Thomas Benner, Caja núm. 8, años 1924, 25 y 26, ACUPR.
29 Thomas Benner, «Carta a R. Menéndez Pidal», 10 de agosto de 1925. Caja núm. 8, años 1924,
25 y 26, ACUPR.
30 Alonso Aguilar, Pan-Americanism..., Opus cit.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
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de Inglaterra de establecer relaciones comerciales con las nuevas repúblicas, además del inicio expansivo de Francia en América Latina, el presidente James Monroe anuncia, en 1823, la política de que las naciones europeas, exceptuando España, no debían interferir en los asuntos de las Américas y proclama que «América
era para los americanos», pero entendiéndose por americanos, a los del norte. De
aquí surge la llamada Doctrina Monroe, «base ideológica del panamericanismo»,31
que, junto a la noción del Destino Manifiesto de décadas posteriores, tuvieron un
efecto considerable para Hispanoamérica. Los Estados Unidos proclamaban la separación, del denominado sistema americano del europeo no para el desarrollo de
mejores y más cercanas relaciones con las naciones del continente, sino para sus
propios beneficios.
Indiscutible es el hecho que la estructura política del mundo estaba cambiando
y que los Estados Unidos se habían estado moviendo demasiado rápido para acercarse a las nuevas naciones hispanoamericanas. Luego de la expansión territorial
al sur y al oeste y, ante una nueva fase de crecimiento de su capitalismo, los Estados Unidos se dirigen hacia la búsqueda de nuevos mercados para sus productos.
Este proyecto los llevaría a diseñar estrategias defensivas e imperialistas de todo
tipo, siendo las últimas dos décadas del siglo XIX el espacio adecuado para su formulación y avance en la ejecución. El desarrollo de la fuerza naval fue fundamental para consolidarse como una potencia imperial. Ya en 1891 Hawai, Cuba y Puerto Rico formaban parte de su plan estratégico imperialista y se hablaba claramente
de la necesidad de su anexión a los Estados Unidos. Así lo afirmaba el Secretario
de Estado, James Blaine, en una carta enviada ese mismo año al Presidente Harrison: «I think there are only three places that are of value enough to be taken, that
are not continental. One is Hawaii and the others are Cuba and Porto Rico».32
La propagación del sistema americano debía darse en diferentes frentes y la urgencia en su implantación, como consecuencia de la transformación económica
que se estaba dando, propicia el hecho que Blaine proponga la celebración de una
conferencia Pan-americana en 1881. A pesar de que la misma no se materializa
hasta el 1889, cuando se celebra, en la emblemática ciudad de Washington, su trascendencia es evidente. En ella se da la formulación del sistema Panamericanista;33
sistema que recoge los postulados de la Doctrina Monroe y que marcaría la trayectoria imperialista de Estados Unidos hacia Latinoamérica durante el siglo XX.
DE LA UNIÓN IBERO-AMERICANA A LA JUNTA PARA LA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS
Mientras en los Estados Unidos se estaban desarrollando todas estas estrategias
expansionistas, España, que vivía una inestabilidad política desde principios de siglo, buscaba la manera de reafirmar su presencia en Hispanoamérica, pero esta vez
se proponía hacerlo de una manera diferente, ya que quería borrar la leyenda negra
31Gordon
Connell-Smith, The Inter-American System, Londres, Nueva York y Toronto, 1966, p. 7.
por Walter Lafaber, The New Empire. An Interpretation of American Expansion. 18601898, Ithaca y Londres, Cornell University Press, 1975, p. 110. Este libro ofrece un panorama amplio
de la formulación de la política expansionista norteamericana de finales del siglo XIX.
33Alonso Aguilar, Pan-Americanism..., Opus cit., pp. 39-40.
32Citado
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
del imaginario americano. No cabe duda que la preocupación fundamental de esta
nueva actitud se debe a los avances panamericanistas de los norteamericanos y, en
1885, los españoles fundan la Unión Ibero-Americana con el propósito de restablecer relaciones con Hispanoamérica, dándole un lugar prominente al concepto
de raza como eje vertebrador de esta nueva empresa.34
La creación de la Unión Ibero-Americana evidencia que la década de los ochenta
fue uno de los periodos más significativos para el acercamiento de España a las repúblicas hispanoamericanas, que culmina con la celebración del Cuarto Centenario del
Descubrimiento del Nuevo Mundo. Este evento sirvió para avivar el nacionalismo español y marcar, de manera definitoria, el día 12 de octubre como fiesta nacional y
exaltarlo a Día de la Raza;35 hecho que tiene repercusiones en Hispanoamérica y que
parece complacer demasiado a muchos españoles, especialmente al Duque de Alba,
quien fue presidente de la Unión y afirmaba lo siguiente en la década del veinte:
Acierto singular de la Unión Ibero-Americana fue la fiesta de la raza, meritorio el tesón
con que abogó por difundirla y timbre quizá [sic] preclaro y perdurable de su altruísta
[sic] gestión, de cerca de medio siglo, haber conseguido de los Gobiernos hispanoamericanos consagraran fiesta nacional cívica el 12 de octubre, con el natural resultado de
que el Gobierno español la decretara en el momento oportuno... La Fiesta de la Raza es
el símbolo más fiel de la aspiración internacional de los pueblos de habla española.36
Luego de esta década en la cual se mejoraron las relaciones con las repúblicas
latinoamericanas vino la época de la desilusión. Al perder las últimas colonias ultramarinas, España entra en un periodo de desencanto y marasmo. Sin embargo,
ante esa apatía surgen voces que se reactivaron y diseñaron la política de la «reconquista» de América desde una perspectiva cultural o «civilizada», privilegiando
la raza y la lengua en un afán de restablecer el diálogo con los hispanoamericanos.
Una de las instituciones que tuvo una participación destacada en este nuevo proyecto fue la Universidad de Oviedo, donde se encontraba Rafael Altamira Crevea,
quien fue uno de los primeros que inscribió el discurso hispanista para Hispanoamérica porque entendía que:
el porvenir de España está en América, con la ventaja de que no es ni será nunca un porvenir imperialista, sino un porvenir de honda cordialidad, de alto respeto para todos, de
solidaridad en la parte de obra que toca cumplir a los pueblos hispanos en la empresa
mundial de la civilización.37
34 Consuelo Naranjo y Miguel Ángel Puig-Samper Mulero, «Fernando Ortiz y las relaciones científicas hispano-cubanas», Revista de Indias, vol. LX, núm. 219, Madrid, 2000, pp. 477-503, p. 481.
35 Salvador Bernabéu Albert, «El IV Centenario del Descubrimiento de América en la coyuntura finisecular (1880-1893)», Revista de Indias, Madrid, vol. XLV núm. 174, 1984, pp. 345-366, p. 347. Un
estudio más amplio sobre esta celebración se encuentra en el libro del mismo autor: 1892: El Cuarto
Centenario del descubrimiento de América en España: coyuntura y celebraciones, Madrid, Consejo
Superior de Investigaciones Científicas, 1987.
36Duque de Alba, «La Unión Ibero-Americana», Libro de Oro Iberoamericano, catálogo oficial y
monumental de la Exposición de Sevilla, Santander, Editado por la Unión Ibero-Americana, Talleres
Aldus, sf, p. ix.
37 Rafael Altamira, España en América, Valencia, F. Semprere y Compañía, 1908, pp. 24-25.
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Entre los proyectos más importantes propuestos por Altamira entre 1904-1905
se encontraba la fundación de una Universidad Hispanoamericana en Salamanca
para los estudiantes de Hispano América que se marchaban a estudiar a las universidades alemanas o francesas. Esta iniciativa no tuvo éxito, pero Altamira siguió
adelante, ya que estaba convencido que «los norteamericanos sustancialmente
prácticos, en toda conducta preparaban un sistema de dominación intelectual en la
América»,38 amenaza que él se proponía contrarrestar. La política para contener
este peligro, la llevaría a cabo a través de cuatro puntos básicos: «la población española residente en el Nuevo Mundo, la inconmensurable fuerza del idioma común, la capacidad de los intelectuales emigrados y la que supone una buena difusión de nuestra literatura».39
Estos cuatro puntos estaban dirigidos a realizar la «misión tutelar sobre los
pueblos americanos de ella nacidos»40 o, como la llama Fernando Ortiz, la política
panhispanista que se articula en la Universidad de Oviedo y sirve de punta de lanza para iniciar su viaje americano.41 La creación del Centro de Estudios Históricos, dentro de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, como se ha estudiado por Miguel Angel Puig-Samper y Consuelo Naranjo en
este libro, potenció el programa americanista entre los intelectuales españoles.42
¿QUIÉN ENTRA?
CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE MADRID
La inclusión del Centro de Estudios Históricos de Madrid, en la reorganización
del Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico, no aparenta ser
una casualidad. Parece, más bien, una estrategia pensada y articulada por el Rector
Benner, para potenciar varios campos intelectuales y el Centro le ofrecía la legitimación que él buscaba; sobre todo, la Escuela de Filología, instancia que gozaba
de mucho prestigio en el mundo académico americano y que, entre las muchas
gestiones realizadas, había ayudado a fundar, en 1922, el Instituto de Filología de
la Universidad de Buenos Aires, a petición de Ricardo Rojas, Decano de la Facultad de Filosofía y Letras.43
El Centro de Estudios Históricos se funda en 1910 como uno de los institutos
de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Pretendía
«unir la investigación sistemática de la historia patria con la formación, mediante
trabajos de seminario, de jóvenes que se prepararan para el profesorado y para la
Ibidem, p. 54.
Vicente Ramos, Rafael Altamira, Opus cit., p. 121
40 Frase dicha por catedráticos de la Universidad de Oviedo en el Congreso Hispano Americano
(1900) y citada por Fernando Ortiz, La reconquista..., Opus cit., p. 8. Véase Rafael Altamira, España en
América..., Opus cit., pp. 30-31.
41 Altamira viaja a América de junio de 1909 a marzo de 1910. Visitó Argentina, Uruguay, Chile,
Perú, Cuba y Estados Unidos, e inicia la gran campaña de hispanización en la América. Vicente Ramos,
Rafael Altamira..., Opus cit., pp. 121-138.
42 Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper Mulero, «Fernando Ortiz y las relaciones científicas hispano-cubanas...», Opus cit., p. 481.
43 Pablo Buchbinder, Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires,
Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997, pp. 135-136.
38
39
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producción científica».44 Las primeras secciones del Centro fueron la de Filología,
la de Instituciones de la Edad Media, la de Arqueología y de Arte, la de Historia, la
de Filosofía e Instituciones Árabes, y la de Filosofía Contemporánea, dirigida por
el joven Ortega y Gasset.45
La Sección de Filología estaba dirigida por Ramón Menéndez Pidal y fue
una de las más conocidas y productivas de ese Centro. Esta escuela la formaban
los discípulos de Menéndez Pidal, entre los que se encontraban: Américo Castro, Antonio García Solalinde, Federico de Onís, Tomás Navarro Tomás, Dámaso y Amado Alonso, Samuel Gil y Gaya, entre otros. Su producción investigativa era variada y monumental; pasaban de obras individuales a empresas
colectivas, y a consultas varias. En la medida en que se difundían sus investigaciones, se potenciaba su prestigio, y esto hacía que su trabajo fuera cada día
mayor. Dámaso Alonso al describir posteriormente esta gestión afirma lo siguiente: «fue la única escuela española de investigación que ha obtenido respeto universal, la única cuyos trabajos constantemente los encontramos publicados o citados como punto de apoyo o discutidos, en las revistas filológicas de
materia románica de todo el mundo».46
Este difundido prestigio legitimaba la estadía de Navarro Tomás en la Universidad en el verano de 1925, fama que él testimoniaba a través de su excelente y entusiasta labor académica; gestión que aprovecha Benner para iniciar la reorganización del Departamento de Español. Tan pronto termina el verano, el doctor Benner
solicita al director del Centro de Estudios Históricos, Ramón Menéndez Pidal, la
presencia de Navarro Tomás para el curso escolar de 1926-1927 y le pide la colaboración del Centro en la reorganización del Departamento.47 Menéndez Pidal
acoge con beneplácito el pedido y le expresa simpatía por la «reorganización y renacimiento de la Universidad», pero aplaza el viaje de Navarro para el año escolar
1927-28, debido a los trabajos que Navarro tenía en proceso.48
UNIVERSIDAD DE COLUMBIA: FEDERICO DE ONÍS.
EL CENTRO SE BIFURCA
La búsqueda de profesores prestigiosos que enseñaran los cursos de español
para Continentales de la escuela de verano de 1926 lleva a la profesora Holt, directora del programa, a reclutar a uno de los profesores más reconocidos en el mundo
académico de la cultura hispánica, el doctor Federico de Onís. La aceptación de
44 José Castillejo, «La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas», Libro
de Oro Iberoamericano. Catálogo oficial y monumental de la Exposición de Sevilla, Editado por la
Unión Ibero-Americana, Santander, Talleres Aldus, sf, p. 69.
45 Memoria correspondiente a los años 1914 y 1915 de la Junta, Madrid, 1916, p. 9. Citado por
Francisco Abad, «La obra filológica del Centro de Estudios Históricos», José Manuel Sánchez Ron
(coord.), 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ochenta
años después, II Vols., Madrid, CSIC, 1988, vol. II, pp. 503-517, p. 504.
46Dámaso Alonso, «Menéndez Pidal», O.C. IV, Madrid, 1975, pp. 83-170, p. 128. Citado por Francisco Abab, Ibidem, p. 506.
47 Idem.
48Ramón Menéndez Pidal, «Carta a Thomas Benner» 12 de diciembre de 1925, Caja núm. R-8, Correspondencia General –Rectoría– Dean St. John y Dr. T. Benner, Años 24-25-26, ACUPR.
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Federico de Onís
(Seminario de Estudios
Hispánicos Federico de
Onís, UPR).
Onís a la invitación de Holt es, quizás, el acontecimiento de mayor trascendencia
en el proceso de la reorganización del Departamento y, quién sabe, si en otras instancias de la Universidad. Si la estadía de Navarro Tomás representó para Benner
la gran oportunidad para iniciar la reestructuración de los estudios de Español, la
visita de Onís significó la puesta en escena del debate de varias instancias legitimadoras, que buscaban delimitar el espacio que les correspondía en esta determinada estructura de poder.
Y si el «poder está en saber» no cabe duda de que Federico de Onís era la persona que más poder tenía en este campo intelectual porque su autoridad estaba legitimada por diferentes instancias académicas y culturales y ante este proceso se
había dado en forma ascendente. No podemos olvidar que Federico de Onís estudió en la paradigmática Universidad de Salamanca y fue discípulo amado de Miguel de Unamuno, con quien tuvo una relación muy cercana, desde los seis años.
Tuvo amistad con Menéndez Pidal, quien fue su maestro y al que conocía desde
1905; vínculo de amistad que continuó con la fundación del Centro de Estudios
Históricos. Hace, en 1907, oposiciones al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y
Arqueólogos y se traslada a Oviedo. En 1911 lo nombran Catedrático de Lengua
y Literatura Españolas de la Universidad de Oviedo, a la vez que era agregado del
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
Centro de Estudios Históricos. En 1915, se traslada como catedrático a Salamanca
y finalmente pasa a la Universidad de Columbia donde su prestigio y autoridad se
potencian.49
Desde su llegada a Nueva York, el profesor Onís demostró una enorme capacidad
de trabajo, ya fuera en la promoción de la cultura española, en la enseñanza y creación de nuevos cursos de literatura, en la presentación de textos, así como en la coordinación de la traducción de otros textos, en la creación de nuevas instancias culturales, tales como la Casa Española, y la Fiesta de la Lengua, ambas fundadas en 1920,
o como colaborador de diversas asociaciones profesionales y culturales.
El contacto con estas instancias académicas, de por sí, le imprime supremacía a
sus intervenciones, como intelectual, pero tres de éstas son fundamentales en las
relaciones culturales de España y América: la Universidad de Oviedo, cuna y centro de difusión hispanista y de intercambio, además de ser la entidad docente en la
cual se formó como profesor; el Centro de Estudios Históricos, y su Escuela de
Filología, de la cual él formaba parte, y la Universidad de Columbia, institución
comprometida con el sistema panamericanista. Ahora bien, ¿cómo puede Onís ser
parte de una y otra institución y promover dos programas político-culturales que
son aparentemente contradictorios? ¿Qué papel jugaba entonces la creación del
Departamento en este debate? ¿Quién y desde dónde se ejercía el poder?
GESTACIÓN A SOTTOVOCE
Los meses del verano de 1926 en la Universidad de Puerto Rico se distinguieron por tener una actividad académica y cultural muy dinámica que comienza con
la visita, en mayo, del afamado filósofo, educador e intelectual mexicano José Vasconcelos y termina con la presencia del doctor Federico de Onís, como profesor
visitante en la Escuela de Verano. Tanto la visita de Vasconcelos, quien había venido invitado por la Universidad a ofrecer unas conferencias sobre fundamentos de
la cultura y la civilización iberoamericana50, como la estadía de Federico de Onís
eran parte del plan general del rector para trasformar la Universidad de Puerto Rico en una institución panamericana y para ello quería invitar a intelectuales de
prestigio internacional.
Todo parece indicar que no existió, anterior al 1925, pues no hemos encontrado datos que contradigan esta percepción, una relación cercana entre Federico de Onís y alguno de los profesores o intelectuales puertorriqueños51. El co49 Federico de Onís, «Prefacio», España en América. Estudios, ensayos y discursos sobre temas españoles e hispanoamericanos, Río Piedras, Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, 1955, pp. 710. Es curioso notar que el título de este libro es igual al de Rafael Altamira Crevea, que se publicó en
1910.
50 Los detalles de la polémica que provocó esta serie de conferencias con los líderes nacionalistas,
se pueden encontrar en: Carlos Rodríguez Fraticelli, «José Vasconcelos, el nacionalismo puertorriqueño y la independencia de Puerto Rico (1926-27)», María Teresa Cortés (ed.), Alborada Latinoamericana. Albizu Campos y la nación puertorriqueña, Morelia, Michoacán, Universidad de Michoacán, 1992,
pp. 50-73.
51 A pesar que Onís afirma en el prefacio de su libro España en América..., p. 9, que desde que llegó a la Universidad de Columbia «había tenido estrechas relaciones con la Isla», no hemos encontrado
esa evidencia, que confirme esa afirmación, pues los datos encontrados, sitúan esa relación a partir de
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
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nocimiento que tenía Onís de la Universidad y de la situación del español en
Puerto Rico era general y aunque siempre lo mencionaba como uno de los lugares para que alguno de los miembros del Centro de Estudios Históricos lo visitara, parece no haber estado dentro de sus prioridades. Sabemos que varios intelectuales españoles52 conocían y les preocupaba la situación del español en
Puerto Rico, entre ellos, Américo Castro, quien varias veces se lo comunicó al
profesor Onís. En carta del 21 de marzo de 1922 le expresa su deseo de «crear
una acción cultural hispánica en el sur de los Estados Unidos, eso podría constituir un punto de partida para trabajar en Puerto Rico y en otros lugares de
América donde el español está en peligro o no se difunde lo bastante»53. Tampoco hay evidencia de que conociera a Antonio S. Pedreira, quien fue a estudiar
a la Universidad de Columbia en 1925 y a insistencias del director del Departamento de Lenguas Romances, el doctor John L. Gerig, fue a visitar a Onís y, como no pudo entrevistarse con él, le dejó una carta de presentación.54 Luego fue
su estudiante y se estableció entre ellos una relación de mucha afinidad y respeto intelectual. También Concha Meléndez fue ese mismo año discípula de Onís
y desarrolló una gran admiración por su maestro, a quien, entre otras cosas, dedicó una página en el Puerto Rico Ilustrado55 con el propósito de resaltar su labor como profesor.
No cabe duda que la estadía de Onís en Puerto Rico causó mucho revuelo y llenó de entusiasmo a la elite cultural e intelectual del país, ya que sus presentaciones
y conferencias en la Biblioteca Carnegie y el Ateneo fueron dignas de calurosos
aplausos y comentados elogios. De más está decir que la opinión pública dio un
gran despliegue a estas actividades y las reseñas de las diferentes conferencias gozaron de múltiples alabanzas.56 Sin embargo, las actividades que realizaron Benner y Onís, como parte de la formulación del plan para la reorganización del Departamento de Español parecen haberse dado en una atmósfera de gran secretismo,
ya que no hemos encontrado documentos públicos que nos muestren la participación en este proceso de algún otro miembro del profesorado, o de otra entidad.
Llama, también, la atención, la ausencia de una crónica más detallada en el libro
de Benner sobre las gestiones realizadas por Onís en el verano de 1926,57 acción
1925, con Concha Meléndez, Antonio S. Pedreira y José Padín. También de 1925, es el hecho que su
nombre aparece, como miembro del Consejo Asesor, junto a varios intelectuales norteamericanos, en el
folleto del Programa de verano de ese año, véase: Folleto Summer School of Spanish, The University of
Porto Rico, Río Piedras, July 2-August 19, 1925, Caja núm. R-8. Correspondencia General -RectoríaDean St. John y Dr. T. Benner, Años 24-25-26, ACUPR.
52 Rafael Altamira elogia y aplaude la labor realizada a principios de siglo por Manuel Fernández
Juncos en la creación de una serie textos de lectura en español, como una manera de contrarrestar la enseñanza en inglés que se había iniciado en Puerto Rico. España en América..., Opus cit., pp. 94-97.
53Américo Castro, «Carta a Federico de Onís», 21 de marzo 1922, Cartapacio, O-MS/C-44.12,
AFO. Véase, en el mismo cartapacio, la carta de Castro a Onís con fecha del 2 de enero de 1922.
54Antonio S. Pedreira, «Carta a Federico de Onís», 23 de septiembre de 1925, Cartapacio O-MS/C119.1, AFO.
55 Concha Meléndez, «El Dr. Federico de Onís», Puerto Rico Ilustrado, Puerto Rico, 20 de febrero
de 1926, p. 17.
56 Véase también: Cartapacio 7A Noticias y actividades 1925-26, AFO.
57 Thomas Benner, Five Years..., Opus cit., p. 92.
208
LOS LAZOS DE LA CULTURA
que contrasta con la mención de detalles y el entusiasmo demostrado al describir
el trabajo realizado por Navarro Tomás en el verano anterior.58
MEMORIA DE PODER.
CREANDO UN ESPACIO DUAL
Es por ello que nos hemos propuesto reconstruir una crónica de este momento
que nos ayude a entender el proceso de la gestación del Departamento, desde las
diferentes geografías de acción y desde los diversos espacios de debate. La reconstrucción que presentamos de la memoria del diseño y la puesta en marcha de lo
que sería el Departamento de Estudios Hispánicos; gestión realizada por Benner y
Onís en el periodo que va del verano de 1926 hasta el verano del 1927, la extraemos, principalmente, de la correspondencia cursada entre las diferentes autoridades que tomaron parte en este proyecto, cuyo centro de autorización recae en la figura de Federico de Onís. Lo primero que notamos es el desplazamiento del poder
que se da desde el principio en este proyecto, ya que Benner nombra a Onís director del Departamento y delega en él, desde el diseño del programa hasta la selección de las diversas instancias legitimadoras.
El desplazamiento del poder nominador a la Universidad de Columbia, hace
que se complete la tríada geográfica de este proyecto, que nos lleva a pensar en lo
polémico del título de la conferencia «La amistad triangular», que pronunció otro
intelectual de la Universidad de Columbia, William Shepherd, en la celebración
del vigésimo quinto aniversario de la Universidad de Puerto Rico y que fue publicada como pórtico en el primer número de la Revista de Estudios Hispánicos, en
1928,59 y al cual se hará un acercamiento crítico en la segunda parte de este trabajo. Sobre el proyecto triangular60 se había expresado Onís anteriormente, ya que
parece que la idea de unir tres espacios (el español, el norteamericano y el hispanoamericano) lo obsesionaba sobremanera. En carta que envía en 1921 a Pedro
Henríquez Ureña a México, con motivo de la implantación de una escuela de verano para norteamericanos, Onís afirmaba lo siguiente:
Lo creo de gran importancia para los Estados Unidos, para México y para España. Bien
organizado y bien anunciado ese curso tendrá centenares de alumnos; su efecto se notará bien pronto en que se elevará el nivel de la enseñanza del español en los Estados Unidos. Además haremos un primer ensayo de colaboración de españoles e hispanoamericanos.61
58 Ibidem, pp .89-91.Véanse, también, varias cartas entre Thomas Benner y Tomás Navarro Tomás
del año 1926-27, Caja núm. B-IV, Correspondencia General, Año 1926-27, ACUPR.
59 William Shepherd, «La amistad triangular», Revista de Estudios Hispánicos, Tomo I, núm. 1,
Puerto Rico, 1928, pp. 1-17.
60 En el Prefacio del libro España en América.., Opus cit., de 1955, Onís hace referencia a esta frase: «En los Estados Unidos fundé con otros en 1920 el Instituto de las Españas para encauzar las relaciones triangulares entre España, Hispanoamérica y Estados Unidos», p. 9.
61 Federico de Onís, «Carta a Pedro Henríquez Ureña», 19 de julio de 1921,Cartapacio O-N/C78.2, AFO.
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Así, el ensayo de colaboración entre españoles e hispanoamericanos, del que
hablaba en 1921, con beneficio particular para los norteamericanos, se hace realidad con el proyecto de Puerto Rico. Por esa razón acoge con presteza y diligencia
el cargo que le asignan y empieza a coordinar los diferentes aspectos del programa. Tan pronto llega a Nueva York, le escribe a Navarro Tomás para informarle los
pormenores de su estadía en Puerto Rico. Nos da la impresión que, de cierta manera, Onís se apropia del proyecto iniciado por Navarro Tomás el verano anterior y a
eso se debe, quizás, la ambigüedad reflejada en el tono de la carta al explicar a Navarro los acuerdos hechos con Benner respecto al desarrollo del Departamento.
Por un lado, parece decirle que puede contar con su ayuda para el proyecto de
Puerto Rico, ya que él no ha podido ayudarlos en el de Buenos Aires,62 y, por otro,
parece informarle de decisiones tomadas, en las cuales él tuvo una ingerencia destacada, tales como las de incorporar al Centro de Estudios Históricos, como una
entidad colaboradora, en vez de ser, como bien lo quería Benner, la instancia principal bajo la cual estuviera adscrito el Departamento.63 De esta manera, neutraliza
la pugna por la hegemonía del poder, al asignar a la Universidad de Columbia el
mismo nivel que al Centro de Estudios Históricos.
El equilibrio de poder entre el Centro y la Universidad de Columbia, que Onís
logra, eleva su autoridad a la tercera potencia, y privilegia a la Universidad de Columbia,64 como espacio representativo norteamericano, entidad comprometida con
la enseñanza del español que servía muy bien a los propósitos del sistema panamericanista. Ejemplo del compromiso de Onís con los dos campos político-culturales
lo vemos, tan pronto como en la carta del 7 de septiembre de 1926, en la cual presenta su validación para ejercer su doble rol en la ejecución de este apetecido proyecto. Por eso se describe a sí mismo como la persona ideal para organizar el Departamento y cito:
Sin una continuidad en nuestra intervención, tal como la que hace posible mi proximidad a P.R, quedaría deshecha muy pronto la obra que pudiéramos hacer en nuestra estancia temporal Yo creo que mi conocimiento de la enseñanza norteamericana me permitiría organizar el departamento (como he hecho en Columbia) en tal forma que
sirviendo a todos nuestros intereses españoles satisfaga a los americanos.65
También nos causa asombro lo expresado en el segundo párrafo de la comunicación enviada a Ramón Menéndez Pidal, el 12 de septiembre de ese año, en la
que anuncia el proyecto del Departamento. En esta carta notamos, un cambio de
62 Federico de Onís, «Carta a Tomás Navarro Tomás», 7 de septiembre de 1926, Cartapacio,
OMS/C-109.1, AFO.
63 Idem.
64 Es pertinente recordar que el Presidente de la Universidad de Columbia, Nicholas Murray Butler, a quien el Presidente de Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, llamaba Nicholas (Miraculous) Butler, además de ser un renombrado educador, también fue un político influyente. Fue candidato a vicepresidente y a presidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano y estuvo involucrado con la
toma de decisiones políticas de gran importancia y comprometido con la política panamericanista. Véase: Albert Marrim, Nicholas Murray Butler, Boston, Twayne, 1976.
65 Federico de Onís, «Carta a Tomás Navarro Tomás», 7 de septiembre de 1926, Cartapacio
OMS/C-109.1, AFO.
210
LOS LAZOS DE LA CULTURA
tono respecto a la comunicación con Navarro y de ella se desprende su sólido compromiso con el rector de la Universidad, que a la vez es un compromiso con el panamericanismo:
En esta forma pueden llevarse a rapida [sic] realizacion [sic] los principios que guian
[sic] a los directores de la enseñanza portorriqueña, y muy especialmente al Dr. Benner,
quienes aspiran a que la Universidad de Puerto Rico sea un gran centro de enseñanza
donde se hermane y armonice lo mejor de los ideales americanos y españoles, prestando
atención [sic] especial a los problemas científicos [sic] que plantea el entrecrucmiento
[sic] de las dos Americas [sic]. Asi [sic] se ha establecido con la colaboración [sic] de
Columbia University una Escuela de Medicina Tropical, y con la colaboración [sic]
de la Universidad de Boston una Escuela de Comercio. Y por esta misma razon [sic],
siendo Puerto Rico un pais [sic] de tradicion [sic] y cultura española, y al mismo tiempo
una parte de los Estados Unidos, es el sitio indicado para crear una escuela americana
de estudios españoles, que sirva para dar a conocer a los estudiantes portorriqueños su
propio espiritu [sic] y personalidad y a los norteamericanos anglo-sajones la lengua y la
civilizacion [sic] españolas en circunstancias muy ventajosas sobre las demas [sic] universidades americanas. Puede atraer tambien [sic] esta universidad a estudiantes de paises [sic] hispanoamericanos y en todo caso puede servir de ejemplo a estos paises [sic]
para que ellos desarrollen su propio sistema de enseñanza.66
Como puede verse, la ambigüedad no se manifiesta solamente en ese movimiento pendular entre lo español y lo norteamericano, sino que también se da en
la forma de abordar a las diferentes autoridades. Onís aparenta hablar como subalterno, pero sabe colocarse muy bien como sujeto con autoridad cuando lo requiere la situación. Mientras que a Navarro le informa que el Departamento se
establecería en colaboración con el Centro, en vez de estar bajo su dirección, a
Menéndez Pidal le comunica que Benner deseaba que se estableciera «de manera oficial y permanente la colocación del Departamento bajo la dirección técnica
del Centro de Estudios Históricos».67 Además, le explica la pertinencia de la colaboración, que podía darse mediante el envío de profesores visitantes invitados
por la Universidad de Puerto Rico por la Sociedad Cultural Española 68 para
mantener vivo el espíritu científico del Centro de Estudios Históricos en la Universidad. Por otro lado, Federico quería dejarle claro a Menéndez Pidal su posición respecto a su fidelidad con la enseñanza norteamericana,69 sentir que recoge
en las siguientes palabras:
66 Federico de Onís, «Carta a Ramón Menéndez Pidal», 12 de septiembre de 1927, Cartapacio OMS/C-104.4, AFO.
67 Idem.
68 La fecha oficial de la inauguración de la Institución Cultural Española fue el 27 de abril de 1928.
Sin embargo, según afirma Tomás Navarro Tomás en el artículo «Impresiones sobre el estudio lingüístico de Puerto Rico» publicado en la Revista de Estudios Hispánicos, tomo I núm. 2, abril-junio 1929,
p. 127, la misma venía «existiendo y actuando» desde 1925, cuando don Rafael Fabián anunció su intención de extender a Puerto Rico esta Institución.
69 Este aspecto se ve claramente expresado en el ensayo «El estudio del español en los Estados
Unidos» Federico de Onís, España en América..., Opus cit., pp. 679-702. Este ensayo se lo envió Onís
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
211
Mi doble calidad de miembro del Centro y de profesor de Columbia hara [sic] que la
Universidad de Puerto Rico pueda mantener sus relaciones con la Universidad de Columbia y en general con la enseñanza norteamericana (cosa muy importante para ella y
de perfecto acuerdo con la actuacion [sic] del Centro).70
INSCRIBIENDO LA AUTORIDAD
La constante validación de Onís como un «intelectual legitimador» lo lleva a
actuar con un sentido de urgencia en la preparación de todo lo relacionado con la
puesta en marcha del proyecto, especialmente, con la publicidad de los cursos del
verano próximo. Tan temprano como en septiembre de 1926, solicita a Menéndez
Pidal que le indique, con solamente un Yes, la aprobación de la participación del
Centro en el proyecto, de manera que pudiera seguir adelante con los planes.71 Una
de las primeras tareas que realizó fue diseñar el folleto del programa; catálogo que
anunciaría el inicio del Departamento de Estudios Hispánicos. Dentro de sus mayores preocupaciones estaban la calidad artística del opúsculo y la distribución del
mismo, ya que él aspiraba a que el programa causara una buena impresión en las
universidades norteamericanas.
La aprobación oficial como director del nuevo departamento de español de la
Universidad de Puerto Rico, por parte de las autoridades de la Universidad de Columbia, recibida en octubre72, potencia la autoridad del profesor Onís, quien prácticamente, toma el poder de la creación de esta nueva instancia. En la carta del 2 de
noviembre de 1926 le somete a Benner una serie de aspectos que debe considerar
en la implantación del proyecto, como era hacer una cuidadosa selección del personal docente, tener un buen plan de estudios, desarrollar una biblioteca y realizar
una intensa y eficiente propaganda.73 Es curioso notar cómo Onís, a través de esta
extensa carta, le señala a Benner todos los pormenores referentes a los puntos señalados en el plan y sugiere, desde la selección de los profesores visitantes y el
sueldo que deben cobrar, hasta quién se encarga de la propaganda y cuándo debe
estar lista.
Notamos que los profesores que autoriza para enseñar los cursos avanzados
son españoles y casi todos pertenecen al Centro de Estudios Históricos, que es una
de las instancias, a la cual él le confiere legitimidad. Onís puede hacer alguna que
otra concesión al dejar entrar a este espacio a uno o dos hispanoamericanos, como
es el caso de Arturo Torres-Ríoseco, a quien recomienda porque, a pesar que des-
a Thomas Benner y éste lo consideró como «magnífico»; comentario que escribe en su letra como post
data a una carta. Véase: Thomas Benner, «Carta a Federico de Onís», October 21, 1926. Cartapacio OMS/C-115.53, AFO.
70 Federico de Onís, «Carta a Menéndez Pidal», 12 de septiembre de 1927, Cartapacio O-MS/C115.53, AFO,
71 Idem.
72 Frederick Woodbridge, «Carta a Thomas Benner», 12 de octubre de 1926, Cartapacio O-NA/C7B.17.A, AFO.
73 Federico de Onís, «Carta a Thomas Benner» (Traducción de los autores), 2 de noviembre de
1926, Cartapacio O-NA/C-7B-18A, AFO.
212
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Profesores de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Puerto Rico.
(Revista Athenea, 1931).
conocía sus ejecutorias como maestro, era un chileno que había ganado cierto
prestigio como poeta y crítico y enseñaba en los Estados Unidos. Además, entendía que sería bueno tenerlo porque, de acuerdo con la política del Departamento,
era conveniente establecer relaciones con hispanoamericanos y el contratar los servicios del profesor Torres-Ríoseco sería una muestra de dicho cumplimiento.74 De
los puertorriqueños, él distingue a la profesora Concha Meléndez y al profesor Antonio S. Pedreira, quienes habían estudiado en la Universidad de Columbia y al
profesor de historia, Rafael Ramírez, quien venía validado por el Centro de Estudios Históricos, donde había realizado estudios.75
El nombre con el que designaría al nuevo Departamento era otra de las preocupaciones de Onís. Y, una vez más, trae como modelo lo que se hacía en la Universidad de Columbia76 y propone darle el nombre general, que incluya todo lo referente a la Península Ibérica, como bien lo aclara en su artículo «Historia de los
estudios hispánicos en la Universidad de Columbia».77 En vez de Departamento de
Español sugiere llamarlo Departamento de Estudios Hispánicos. Así se lo explica
a Benner en una carta que le envía: «The first title conveys much better to the Spa74 Federico de Onís, « Carta a Thomas Benner», 23 de noviembre de 1926, Cartapacio O-NA/C7B-26 A, AFO.
75 Federico de Onís, «Carta a Thomas Benner» [Traducción nuestra], 2 de noviembre de 1926, Cartapacio O-NA/C-7B-18A. AFO.
76 Federico de Onís, «Historia de los Estudios Hispánicos en la Universidad de Columbia», España
en América..., Opus cit., pp. 679-702.
77 Ibidem, P. 725.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
213
nish -Speaking people the idea of what the department really aims to be, and I can
see no disadvantage in the name of the English Speaking -people».78 No hay duda
que entre más cercano esté el diseño puertorriqueño al modelo de Columbia, más
satisfecho estaría el director de esta nueva instancia.
PROPAGANDA A LA VISTA
En cuanto a la propaganda de los cursos, como ya se comentó, Onís recomienda
que el folleto de promoción debía tener un formato atractivo y para que su divulgación fuera efectiva debía estar listo para diciembre de 1926. Asigna a la Universidad
de Puerto Rico la promoción del programa y, recomienda a José Padín,79 quien en
ese momento fungía como editor de la sección de literatura hispanoamericana, de
D. C. Heath, Co.,80 para que realizara esta función en Nueva York. Es así como se incorpora el primer puertorriqueño al equipo gestor del proyecto y, aunque sus funciones no estaban lo suficientemente definidas, Padín comenzó a colaborar con entusiasmo y dedicación. Sin embargo, no estaba satisfecho con la ambigüedad de esta
situación y le pide a Benner una descripción clara de sus funciones, asunto que Benner81 le remite a Onís ya que tampoco él lo tenía claro y le dice:
I do not quite know what to say in answer to his request. Would it be posible for you, as
our authorized spokesman on the occasion of your next conference with him , to outline
any services which in your opinion you feel he would be ready to perform and which
without imposing excessively we may ask him?.82
Onís resuelve esta situación al crear ,en el Instituto de las Españas, una División de Estudios Hispanoamericanos; plataforma desde la cual se lanzaría la propaganda del programa. Asimismo comunica a Benner que Padín debía aparecer en
el programa como miembro del Comité Asesor, en representación de la División
Hispanoamericana del Instituto.83
Además del folleto sobre los cursos del verano del 27 y del año escolar 192728, que estaba en preparación, Onís escribió un artículo informativo84 para publi78 Federico de Onís, «Carta a Thomas Benner», 2 de noviembre de 1926, Cartapacio O-NA/C-7B18A, AFO.
79 Idem.
80 Véase el membrete de la carta de José Padín a Federico de Onís, 7 de enero de 1927, Cartapacio
O-NA/C-9B.1, AFO.
81 Thomas Benner, «Carta a Federico de Onís», 26 de noviembre de 1926. Cartapacio O-MS/C115.64, AFO.
82 Idem.
83 Federico de Onís, «Carta a Thomas Benner», 10 de diciembre de 1926, Cartapacio O-NA/C7B.44, AFO.
84 [Federico de Onís], «Spanish Studies in the University of Porto Rico». Usamos una copia mecanográfica del Archivo Federico de Onís, que tiene en su letra, la anotación de la publicación del mismo
en The Romanic Review, XVIII, No.1, Nueva York, 1927. Entendemos que esta anotación la hizo después de publicarse el artículo. Hemos concluido, por el contenido del mismo, que el artículo lo escribió
Onís. También usamos la correspondencia de Onís con Thomas Benner, en la que se cita el documento.
Véase carta de Thomas Benner a Federico de Onís del 17 de noviembre de 1926, Cartapacio O-MS/C115.60, AFO.
214
LOS LAZOS DE LA CULTURA
carse en el número 1, volumen XVIII, correspondiente al año 1927 de la revista
Romanic Review, a la cual estaba vinculado, ya que era miembro del consejo editorial. Esta información se la envía a Benner para su conocimiento y aprobación;
documento que fue fundamental en la publicidad de la apertura del Departamento
y sobre el cual se volverá más tarde.
¿UN NUEVO CONSEJO ASESOR?
Terminado el diseño del plan de divulgación, Onís entra en la etapa final del
programa que correspondía a la selección de los miembros de Consejo Asesor
del nuevo Departamento, etapa que se inicia con el envío de las cartas de invitación. Es curioso notar que la selección de los miembros del Comité Asesor del Departamento recayó en el mismo grupo de intelectuales norteamericanos que representaban instituciones de mucho prestigio académico y político y habían sido
miembros del Comité Asesor del programa de la Escuela de Verano de 1925, en el
que también aparecía el nombre de Onís85. Se añadió a esta lista el nombre de José
Padín, quien, en cuanto a nacionalidad, viene a ser la excepción, ya que era puertorriqueño, pero representaba una institución norteamericana, pues el Instituto de las
Españas pertenecía a la Universidad de Columbia. Tampoco había españoles en el
Consejo Asesor, aunque dos de los directores honorarios pertenecían al Centro de
Estudios Históricos. La ausencia de representantes españoles y puertorriqueños
evidencia la hegemonía norteamericana, incluyendo a Federico de Onís, cuya lealtad primera era con la Universidad de Columbia.
Se cursaron invitaciones a Stephen P. Duggan, Director del Instituto de las Españas, Lawrence A. Wilkins, Director de Lenguas Modernas de la Junta de Educación de la Ciudad de Nueva York, Charles C. Marden, de la Universidad de Princeton, quien declinó la invitación por la falta de conocimiento de las condiciones
educativas de Puerto Rico y del español86, Elijan C. Hills , profesor de Filología
Romana 87de la Universidad de California, John D. Fitzgerald, de la Universidad
de Indiana, y Leo S. Rowe, Director General de la Unión Pan-Americana. Las cartas las firmaba Benner,88 aunque no dudamos que las recomendaciones de Onís
fueron bien acogidas. La invitación a Susan Huntington Vernon89 fue responsabilidad única de Onís. Ella había sido Decana de Educación de la Universidad de
Puerto Rico y en ese momento pertenecía a la Junta del Instituto Internacional
de Niñas, institución norteamericana establecida en Madrid.
85 Véase el folleto «Summer School of Spanish», The University of Porto Rico, Río Piedras, July
2-August 19, 1925, Caja núm. 8, Correspondencia General, Decano C. St. John y Thomas Benner.
Años 1924-25-26, ACUPR. Pudimos notar que ninguno de los demás folletos de verano (1922,1923,
1924, 1926) tiene consejo asesor.
86 Charles C. Marden, «Carta a Thomas Benner», 8 de diciembre de 1926, Cartapacio O-N/AC7B.42A, AFO. No comprendemos la razón que expone Marden, en este momento, porque su nombre
había aparecido en el programa de la escuela de verano del 1925.
87 E. C. Hills, «Carta a Thomas Benner», 13 de diciembre de 1926, Cartapacio O-N/AC-7B.45A,
AFO.
88 Véase cartas en el Cartapacio O-N/AC- 7B-30-A, 31A, 32A, 33A y 35A, AFO.
89 Federico de Onís, «Carta a Benner», 10 de diciembre de 1926,O-N/AC- 7B.44A, AFO.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
215
De esta manera concluye el proceso de reclutar a las diversas personalidades
que formarían el cuerpo rector de este proyecto y de los profesores que dictarían
los cursos. Una de las grandes ausentes es la profesora Josephine Holt, quien fue
una de las intelectuales que más contribuyó a potenciar el prestigio de la Escuela
de Verano para Continentales. A pesar de que Onís le pregunta a Benner si iba a reclutar a Holt90 para la propaganda, no hay respuesta de parte de éste y tampoco se
hace más alusión a ella durante este proceso. Otro aspecto que hay que mencionar
es el nombramiento, quizás con un poco de retraso, si lo comparamos con la prontitud del nombramiento de Onís, que le extiende Benner a Pedreira, para ejercer
como «Acting Chairman» del Departmento, función que comenzaría con el inicio
del verano del 1927.
Finalmente, se cierra el mes de diciembre con la llegada del folleto que anunciaba la apertura de un Departamento de Estudios Hispánicos en la Universidad de
Puerto Rico, pero tampoco éste escapa a las ambigüedades y contradicciones que
exhibieron sus gestores en todo este proceso. En una página se anuncia que es un
Departamento en colaboración con varias instituciones (cursiva de los autores) y
en otra, se habla de un programa de colaboración entre varias instituciones, (cursiva de los autores), lo que hace pensar que el poder no recae en la Universidad, sino en las diversas instancias que se nombran, incluyendo a la Sociedad Cultural
Española;91 entidad que todavía no tenía carácter oficial, ya que la fecha de inauguración fue el 27 de abril de 1928. Tampoco nos explicamos por qué está escrito
en inglés, si Onís, en un caso similar, con una escuela de verano de México le había pedido a Henríquez Ureña92 que se redactara en español.
DELIMITANDO MARCAS
Iniciamos nuestro trabajo buscando las marcas que posibilitarían ver «lo que
estaba debajo» de la gestación y creación del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. No cabe duda que la política panamericanista y el panhispanismo fueron las instancias que se pelearon nuestro espacio cultural y que fueron dos instituciones académicas, las que establecieron alianzas con el
fin de lograr cada una su propósito.
Si bien es cierto que el Centro de Estudios Históricos de Madrid tuvo una ingerencia fundamental en este plan, la entidad que más repercusión tuvo fue la Universidad de Columbia. El doble rol del profesor e intelectual español Federico de
Onís, como miembro del Centro y Director de la División de Estudios Hispánicos
del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Columbia, logró
darle un rol protagónico a la universidad norteamericana, en esta gestión, aunque
no podemos dudar, que su labor cumplió con los dos propósitos.
90 Federico de Onís, «Carta a Thomas Benner», 10 de diciembre de 1926, Cartapacio O-MS/C115.73, AFO. Véase en esta carta la alusión que hace Federico de Onís a ella, pero no tuvo ninguna
trascendencia.
91 Véase: Folleto informativo que circuló el Departamento de Estudios Hispánicos con el anuncio
de los cursos para el verano de 1927 y el año escolar 1927-28, Cartapacio O-NA/C- 9A, AFO
92 Pedro Henríquez Ureña, «Carta a Federico de Onís», 19 de julio de 1921, Cartapacio O-N/A78.2, AFO.
216
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Sin embargo, nos parece que el Centro negoció un espacio y logró difundir un
hispanismo que, eventualmente, en mayor o menor grado, ha marcado casi todas
las manifestaciones de la cultura puertorriqueña; tema que trata, en un extenso artículo, Malena Rodríguez Castro93 y que Libia González lo estudia dentro de la
Generación del Treinta puertorriqueña.94
El hallazgo más revelador de esta investigación es el que nos lleva a concluir
que la gestación y creación del Departamento de Estudios Hispánicos, tal como se
concibió en los años 1926 y 1927, la realizaron intelectuales norteamericanos y españoles. En este proceso no hubo voces protagónicas puertorriqueñas, y, si hubo
algunas, las mismas tenían funciones que poco tenían que ver con la toma de decisiones. Sin embargo, entendemos que esta ausencia de intelectuales puertorriqueños en la etapa de la gestación del Departamento, no evitó que, eventualmente, se
creara un nuevo espacio para el desarrollo de un Departamento de Estudios Hispánicos puertorriqueño.
FUNDACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS
DIRECCIÓN Y CUERPO DE PROFESORES
Volver sobre la historia del Departamento de Estudios Hispánicos supone familiarizarse con los primeros momentos de la carrera de letras en Puerto Rico. Como ya se vio en la primera parte de este ensayo, una lectura del primer catálogo
del Departamento de Estudios Hispánicos revela la organización jerárquica de esa
unidad académica en sus etapas iniciales. Se trata, en ese momento, de un Departamento cuyos puestos directivos se reparten entre españoles y norteamericanos. Pedreira es el único puertorriqueño cuyo nombre figura, curiosamente en el último
lugar, en la lista de oficiales que encabeza el Rector Benner y en la cual se incluye
a tres directores honorarios; dos españoles (Ramón Menéndez Pidal y Tomás Navarro Tomás) y un norteamericano (John Lawrence Gerig, Catedrático de Lenguas
Románicas de la Universidad de Columbia). En este catálogo se caracteriza a Federico de Onís como una figura dual que se sabe manejar tanto en el mundo académico español como en el norteamericano: «His familiarity with both American
and Spanish universities will contribute greatly to the succesful cooperation of the
various elements in this undertaking».95 Volveremos más adelante sobre este carácter polifacético de Onís como intelectual. La tríada o triángulo que se advierte
en esta distribución apunta, sin embargo, a un predominio de los dos ángulos más
poderosos: el Rector y el Decano de Administración norteamericanos y un director
español que obrará en ausencia. A pesar de encontrarse ausente, su huella y poder
de decisión se manifestarán sobre todo a partir de principios de 1928, momento en
que se publica el primer número de la Revista de Estudios Hispánicos, órgano del
93 Malena Rodríguez Castro, «Asedios centenarios. La hispanofilia en la cultura puertorriqueña»,
Enrique Vivoni Farage y Silvia Alvarez Curbelo, (eds.), Hispanofilia: arquitectura y vida en Puerto Rico. 1900-1950, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998, pp. 277-327.
94 Libia González, «El hispanismo: paradigma de una generación», Revista de Estudios Generales,
año 12, núm. 12, Río Piedras, Puerto Rico, junio a julio 1998, pp. 213-227.
95 Department of Spanish Studies of the University of Porto Rico, Announcement Summer Session
1927-July 5 to August 17. University Year 1927-28-August 18 to May 26, p. 8.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
217
Profesores del
Departamento de
Estudios Hispánicos de
la Universidad de
Puerto Rico, en 1931:
Concha Meléndez, A.S.
Pedreira, Manuel
García Díaz y Margot
Arce.
(Revista Athenea, 1931).
Departamento y publicación que la Universidad de Puerto Rico financió casi en su
totalidad.
El cuerpo de profesores incluye un profesor emérito, Felipe Janer y Soler, así
como tres profesores visitantes españoles (Navarro Tomás, Onís y Amado Alonso)
a quienes se esperaba recibir. A continuación figuran los cinco profesores puertorriqueños con los cuales arranca el Departamento: Pedreira, Concepción –más tarde Concha– Meléndez, Luis Herrera y dos historiadores: Rafael W. Ramírez y Pilar Barbosa. Como conferenciantes ocasionales se incluyen, entre otros, a
Cayetano Coll y Toste, Miguel Guerra Mondragón, Luis Lloréns Torres y Luis
Muñoz Marín.
En lo que se refiere a la oferta inicial de cursos del año académico 1927-1928,
se establece una clara distinción entre cursos generales y especializados. Hay tres
cursos generales sobre literatura española, uno sobre literatura hispanoamericana,
dos sobre lingüística y lengua española y un curso sobre la literatura contemporánea en cuya descripción no se aclara si se trata de literatura española o hispanoamericana. En cuanto a los cursos especializados, predominan, de igual modo, los
de literatura española: la épica, a cargo de Navarro Tomás; literatura del Renacimiento, dictado por Onís; y un curso monográfico sobre el Don Juan de Tirso de
Molina que ofrece Pedreira. Se añaden dos cursos de investigación: uno sobre problemas de la lengua en Puerto Rico, a cargo de Navarro Tomás, y otro sobre méto-
218
LOS LAZOS DE LA CULTURA
dos de investigación que impartió Onís. No hay, en esta oferta inicial, curso alguno
sobre literatura puertorriqueña. Esta ausencia se corresponde, al menos en este primer año, con el lugar claramente secundario que ocupan los puertorriqueños en este proyecto académico norteamericano-español. Al leer la correspondencia de Pedreira y Onís, como se verá, queda muy claro el poco poder decisional que tuvo
Pedreira en estos dos o tres años iniciales.
UNA RED INTERNACIONAL DE INTELECTUALES ESPAÑOLES
Ya que este ensayo se propone explorar las relaciones entre intelectuales españoles y puertorriqueños, conviene regresar brevemente a un momento anterior a la
creación del Departamento de Estudios Hispánicos para recordar la labor que llevaron a cabo una serie de intelectuales españoles en el ámbito internacional, a
principios de la década del veinte. En un plano internacional, existía ya una red de
intelectuales españoles, la mayoría de los cuales se desempeñaba en la cátedra universitaria. El grupo pequeño–pero no por ello menos influyente–que nos interesa
destacar aquí estaba vinculado por esas fechas con el Centro de Estudios Históricos de Madrid, así como con la Universidad de Columbia. Una vez más, las cartas
del Archivo Federico de Onís, que se encuentra en el Seminario de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, ayudan a recrear esa red intelectual, en
la cual se destacaron, entre otros, el propio Onís, Américo Castro y Tomás Navarro
Tomás. Se pueden rastrear en las cartas los proyectos, así como la pasión de dirigir–en el ámbito cultural–que movieron a algunos de estos intelectuales. La carta,
ese documento aparentemente privado, se convirtió en muchos casos en espacio de
fundación de proyectos intelectuales, así como de diálogos y polémicas. Por sus
continuas remisiones a los procesos de constitución de los campos intelectuales,
estas cartas entre intelectuales pierden su carácter meramente privado. Del epistolario se desprende que estos intelectuales no trabajaban de manera aislada; había
un proyecto común que los aglutinaba y que consistía en construir lo que Américo
Castro denominó «una acción cultural hispánica». (Como se recordará, ese proyecto se inicia en la Universidad de Oviedo y luego pasa al Centro de Estudios
Históricos de Madrid). En una carta fechada en 1922 que le dirige Castro a Onís,
desde la Junta para Ampliación de Estudios, se alude a un proyecto de plantear la
cuestión del español en Nuevo México.
Nuestro punto de vista ya sabes cual [sic] es: provocar una inteligencia a base del Instituto de las Españas entre el Estado de Nuevo Méjico, el gobierno mejicano y la oficina
para ver la manera de empezar una acción en ciudades importantes como Santa Fé, Las
Vegas y Albuquerque, a fin de que aquellas gentes vean que el español es algo más que
la lengua de los peones. 96
96
AFO.
Américo Castro, «Carta a Federico de Onís», 21 de marzo de 1922, Cartapacio O-MS/C-44.12,
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
219
Para Castro, el caso de Nuevo México es significativo pues puede remitir también a otras geografías por las cuales se podría esparcir el proyecto intelectual que
los une:
Le concedo una enorme importancia a este asunto, no por la magnitud que en sí tenga, sino por el carácter ejemplar de esta pequeña colaboración para cosas concretas y efectivas
entre la América española, el Gobierno español y tu Instituto. Si obtuviésemos esto y lográsemos sin recelo de nadie crear una acción cultural hispánica en el Sur de los Estados
Unidos, eso podría constituir un punto de partida para trabajar en Puerto Rico y en otros
lugares de América, donde el español está en peligro o no se difunde lo bastante. 97
Un año más tarde, Castro se encuentra en la capital argentina donde se le ha
asignado la dirección del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires.
Este Instituto se crea en junio de 1922, por voluntad de Ricardo Rojas, historiador
literario que se desempeñaba como Decano de la Facultad de Filosofía y Letras.98
En otra misiva que le dirige a Onís desde esta ciudad se transparenta de nuevo la
concepción de una red que iban armando estos intelectuales y a la cual Castro le ve
una dimensión continental.
Veo mas [sic] claro que la luz que nuestro porvenir como pais [sic] es America [sic], y
que se nos pone en la mano, nada menos que el problema de la lengua nacional. Tenemos que fabricar discipulos [sic] para dar el tono a la enseñanza de la lengua y lit. [sic]
esp. [sic] no solo aqui [sic] sino en otras partes que no han de tardra [sic] en seguir el
ejemplo de Bs. [sic] Aires.99
Uno de esos discípulos, en el caso puertorriqueño, fue Antonio S. Pedreira,
quien, como se recordará, llega a la ciudad de Nueva York a realizar estudios de
maestría en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Columbia en el mes de septiembre de 1925. En una misiva escrita en papel timbrado de la residencia estudiantil «International House» de dicha institución, Pedreira inicia lo que sería un largo y profundo intercambio con su maestro
Federico de Onís. El joven intelectual puertorriqueño, que llega a Nueva York
con una carta de presentación de Navarro Tomás, le solicita una entrevista al
maestro antes de que cierre el proceso de matrícula, y le expresa interés en especializarse en literatura española. La relación claramente asimétrica que existía entre el maestro y el futuro alumno se advierte ya en esta carta: «Si ud. me
fija un sitio y la hora que ud. guste yo iré en el acto, asegurándole de antemano
que le he de molestar lo menos posible»100. Se inicia en ese momento un vínculo duradero que llevaría a Pedreira a constituirse en alumno predilecto y, dos
Ibidem [cursiva de los autores].
Buchbinder, Historia de la Facultad..., Opus cit., pp. 135-137.
99 Américo Castro, «Carta a Federico de Onís», 18 de julio de 1923, Cartapacio O-MS/C.44.19,
AFO, p. 1.
100 Antonio S. Pedreira, «Carta a Federico de Onís», 23 de septiembre de 1925, Cartapacio OMS/C.119.1, AFO.
97
98
220
LOS LAZOS DE LA CULTURA
años más tarde, en Director Interino del Profesorado del Departamento de Estudios Hispánicos.
Como ya se ha afirmado, la estadía de Onís en Puerto Rico durante el verano
de 1926 es crucial en la historia del Departamento de Estudios Hispánicos. A su
regreso a la Universidad de Columbia, le dirige una carta a Navarro Tomás en la
cual le participa los planes del Rector Benner de desarrollar un departamento de
estudios españoles. Emerge una vez más la idea de una red intelectual española en
un pasaje clave de la carta: «He afirmado todo lo que tu [sic] dejaste empezado;
por todas partes encontre [sic] la huella de tu paso y me fue muy facil [sic] orientarme siguiendo sencillamente tu labor».101
LA REVISTA DE ESTUDIOS HISPÁNICOS: UN ÓRGANO DUAL
A los pocos meses del nacimiento del Departamento surge la Revista de Estudios Hispánicos. Poco antes del verano de 1927 en que se inicia el Departamento,
concibe Onís esta publicación académica. En Puerto Rico, este proyecto tuvo en
Antonio S. Pedreira a su gran animador y organizador, aunque queda claro que,
en estas primeras etapas, el poder de decisión acerca de lo que se publica en la revista lo tiene Onís. Las metas de la revista en sus etapas iniciales se caracterizan
por una curiosa dualidad: por un lado, están ligadas al proyecto de la red de intelectuales españoles en la cual Onís ocupa un lugar protagónico y, por el otro, viene
a ser una manifestación muy concreta, en el campo de las letras, del proyecto panamericanista que apoyaba y animaba el Rector Benner.
La Revista tendra [sic] un objeto bastante especial tanto por el publico [sic] a que va dirigida como por el asunto. Sera [sic] una revista para los Estados Unidos principalmente y tratara [sic] de literatura hispanoamericana y de la española moderna. Mi intencion
[sic] es que complemente asi [sic] en este aspecto especial y para este publico [sic] la
Revista de Filología y que nos puede servir de organo [sic] para toda la obra que hacemos aqui. [sic] … Pero mi deseo es que aunque la revista se escribe solo para el publico
[sic] norteamericano, la escriban principalmente españoles e hispanoamericanos, que
podran [sic] dar asi [sic] a este publico [sic] su propia interpretacion [sic] de sus paises
[sic] .Como la revista es el organo del Departamento de estudios [sic] Hispánicos de
Puerto Rico lleva implicita [sic] la intervencion [sic] en ella del Centro [de Estudios
Históricos] y de Columbia University…Y hemos creido [sic] que para expresar bien el
caracter [sic] de la Revista y para llevar a cabo hasta donde sea posible esta colaboracion [sic], debe haber redactores españoles, portorriqueños y norteamericanos.102
Es significativa la doble inscripción que se obra del término «órgano» en esta carta: la Revista de Estudios Hispánicos era a la vez órgano del departamento
y de la red de intelectuales españoles que se ubica, de manera dispersa, en las
101 Federico de Onís «Carta a Tomás Navarro Tomás», 7 de septiembre de 1926, Cartapacio OMS/C.109.1, AFO.
102 Federico de Onís, «Carta a Américo Castro», 8 de octubre de 1927, Cartapacio O-MS/C.44.27,
AFO.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
221
Américas y España. Queda claro en esta carta que la triangulación constitutiva
de este proyecto –«españoles, portorriqueños y norteamericanos»– resulta fundamental en la medida en que compendia el espíritu ideológicamente armonizador del discurso panamericanista que, a su vez, anima toda esta empresa intelectual. Unos pocos meses antes, desde el Philosophy Hall de la Universidad de
Columbia, le escribe Onís a Pedreira: «La revista estará pues, sostenida sobre un
trípode y se caería si le faltase cualquiera de las tres patas».103 La triangulación
constitutiva de este proyecto es un elemento que emerge en distintos momentos
en el epistolario de Onís.
UNA UTOPÍA PANAMERICANISTA
A pesar de que su director la anuncia como una revista que tratará sobre literatura hispanoamericana y española moderna en la carta a Américo Castro que ya se
citó, el texto con el cual se abre la Revista de Estudios Hispánicos es un ensayo
que parecería ir por otro rumbo: el ensayo «Hacia la amistad triangular», del historiador norteamericano William Shepherd, Catedrático de Historia de Hispanoamérica de la Universidad de Columbia.104 En él se reproduce, esta vez en un documento público, la triangulación en la cual insiste en varias cartas. Más que el
estudio de un historiador basado en una investigación rigurosa de fuentes primarias y secundarias, el texto de Shepherd se acerca a un ensayo libre en el cual figura una aproximación conciliadora de lo que deberían ser las relaciones entre España, los países hispanoamericanos y los Estados Unidos. En esta recreación utópica,
Shepherd le asigna a la Universidad de Puerto Rico la tarea de convertirse en un
«verdadero eslabón espiritual que enlaza en dichosos vínculos de amistad a los intelectuales de las tres regiones de nuestro interés común…».105 La amistad obra
aquí como una estrategia conciliadora, desde el ámbito intelectual, de los antagonismos y las diferencias del pasado y el presente, lo cual convierte este ensayo en
texto ejemplar y programático de todo el discurso panamericanista bajo cuyos auspicios se funda el Departamento de Estudios Hispánicos. En su afán por borrar o
estucar los antagonismos que forman parte de las relaciones históricas entre estos
tres sectores, el texto de Shepherd recuerda la metáfora del trípode que emplea
Onís en su carta a Pedreira. Para Shepherd las contrariedades que ha habido –una
historia de colonialismo y el ya incipiente imperialismo norteamericano– se pueden superar en una «verdadera simpatía»106 que debe existir entre estos pueblos. El
ensayo se encarga de minimizar el colonialismo español en Hispanoamérica, al
igual que niega la dimensión claramente imperial de las relaciones entre Estados
Unidos e Hispanoamérica. En varios pasajes del ensayo se produce una alusión al
aspecto financiero, mercantil o comercial que ha marcado las relaciones entre Estados Unidos e Hispanoamérica, no para plantear la relación asimétrica que las ha
103 Federico de Onís, «Carta a Antonio S. Pedreira», 30 de julio de 1927, Cartapacio OMS/C.119.3, AFO.
104 Shepherd, «La amistad ...», Opus cit., pp. 1-17.
105 Ibidem, p. 1.
106 Idem.
222
LOS LAZOS DE LA CULTURA
teñido, sino para inscribir una utopía intelectual que, curiosamente, abarca también un componente mercantil y económico.
Por mi parte creo, y me consta que así cree también la gran mayoría de mis compatriotas, que la salvación de todos nuestros intereses estriba en que seamos capaces, los del
Norte y los del Sur, de aquilatar las profundas diferencias psicológico-sociales que nos
dividen, respetar esas diferencias al margen de nuestras relaciones, robustecer nuestro
espíritu de tolerancia mutua, fomentar nuestras comunicaciones intelectuales y mercantiles, y no oír la concitación de la intriga que ha estado por tan largo tiempo provocándonos a todos a luchas sin gloria.107
Shepherd cierra su ensayo planteando «catorce puntos de la amistad triangular», no sin antes exhortar a los periodistas de todos estos países a colaborar en la
forja de un entendimiento general.
«No oír la concitación» equivale aquí a no ver ni recordar un texto frente al
cual, consciente o inconscientemente, se coloca el ensayo de Shepherd para refutarlo de manera sistemática. Me refiero al texto fundador de toda una línea del ensayo cultural en Hispanoamérica: «Nuestra América» de José Martí. (Esta reticencia eficaz la practicó, por cierto, Martí, en cuyo ensayo se obra una refutación
demoledora del proyecto liberal europeizante de Domingo Faustino Sarmiento sin
mencionar en ningún momento al escritor y político argentino). La alusión pesa en
este tipo de texto mucho más que la mención explícita. Se sabe que Martí escribe
este ensayo como reacción al expansionismo norteamericano, después de celebrarse varias conferencias de orientación panamericanista en Estados Unidos.108 Poco
después de la publicación inicial de «Nuestra América», Martí asiste a la Conferencia Monetaria Internacional Americana de 1891. El texto de Martí, no hay que
olvidarlo, antes de leerse como ensayo, constituyó una crónica periodística que se
publicó en la prensa mexicana; concretamente, en El Partido Liberal, en enero de
1891.
«Hacia una amistad triangular» se constituye invirtiendo dos elementos fundamentales de Nuestra América: las relaciones entre los países de América y la retórica de las relaciones familiares que atraviesa el texto de Martí. Como se sabe,
Martí representa a América como una madre enferma cuyos hijos se dividen en
dos grandes grupos: los sietemesinos europeizantes y los otros que integran una
hermandad de criollos, indios, negros y campesinos; dirigidos, claro está, por el
sector de los criollos. Frente a esa configuración familiar, en Nuestra América se
inscribe los Estados Unidos: un «vecino formidable».109 Esa contigüidad o vecindad supone una distancia, fomentada, según Martí, por el desdén amenazante de
ese vecino hacia el resto de los países americanos. La propuesta de Shepherd
Ibidem, p. 8. Cursiva de los autores.
Dos crónicas de Martí de 1889 y 1891, reeditadas recientemente por una conocida revista cultural cubana, son fundamentales para entender su visión crítica del panamericanismo: «Congreso Internacional de Wáshington. Su historia, sus elementos y sus tendencias», Casa de las Américas, vol. XLI,
núm. 223, La Habana, 2001, [1889], pp. 5-15 y «La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América», Casa de las Américas, vol. XLI, núm. 223, La Habana, 2001, [1891], pp. 16-22.
109 José Martí, Nuestra América, Caracas, Fundación Ayacucho, 1977, p. 32.
107
108
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
223
deshace la línea divisoria que supone la noción de vecindad: esa cercanía en la
cual, a la vez, hay distancia y cautela.
Shepherd reconfigura la familia intersubjetiva de Martí. «Hacia la amistad
triangular» desplaza la maternidad a España y la hermandad, a las relaciones entre
España e Hispanoamérica: «Hay que revelar más y más la visión amplísima de un
conjunto de veinte pueblos, madre e hijas, asociados en la más numerosa e íntima
hermandad que jamás se ha conocido….110. En cuanto a las relaciones con Estados
Unidos, se plantea que deben trascender la mera vecindad para convertirse en
amistad: «Son vecinas por razones geográficas e históricas; deberían ser amigas
por el carácter de sus intereses comunes».111 De manera sistemática, se borra aquí
la cautela martiana ante el panamericanismo. Además, se niega explícitamente la
posibilidad de que Estados Unidos sea una potencia imperial: «El pueblo norteamericano no es ni puede ser imperialista».112 Fiel al impulso utópico, la penetración económica se transforma aquí en fuerza constructiva: «El movimiento financiero y comercial, la expansión de fuerza constructiva que los Estados Unidos han
desplegado en la América española, no representan, repito, un imperialismo».113
Hacia el final de su ensayo, Shepherd presenta «Catorce puntos de la amistad
triangular» y recalca que los periodistas –como lo fue en un momento anterior, como se sabe, Martí– deben fomentar el entendimiento mutuo que anima esta triangulación amistosa.
La utopía que se propone en el ensayo de este historiador tuvo una manifestación muy concreta en la Revista de Estudios Hispánicos: «El hispanismo en América», una de sus secciones recurrentes de noticias en la cual se daba cuenta de la
actividad intelectual relacionada con la temática hispana en Puerto Rico, Estados
Unidos y los países hispanoamericanos. Su lectura permite tener una idea de los
cursos que dictaban o las universidades en las cuales enseñaban o acudían a dictar
conferencias los intelectuales españoles o norteamericanos afiliados al hispanismo. El orden en que se presentan los datos es sugerente: en primer lugar se refería
el acontecer académico e intelectual del Departamento de Estudios Hispánicos,
para darles paso, a continuación y en orden alfabético, a los países hispanoamericanos. Finalmente se incluía una sección igualmente pormenorizada acerca de los
Estados Unidos. Esta última sección se iniciaba con el Instituto de las Españas de
la Universidad de Columbia. Atraviesa esta sección todo tipo de logros académicos e intelectuales del hispanismo. Encarna de ese modo el carácter intelectual de
la utopía por la cual abogaba Shepherd en su ensayo. Ausentes están aquí otros aspectos de la lucha diaria de las instituciones académicas; concretamente, se omiten
las carencias, necesidades o conflictos que se pueden identificar en esos otros documentos supuestamente privados que son las cartas entre intelectuales.
Shepherd, «La amistad...», Opus cit., p. 5.
Idem.
112 Ibidem, p. 8.
113 Ibidem, p. 9.
110
111
224
LOS LAZOS DE LA CULTURA
GRIETAS DE LA UTOPÍA: ENTRE EL SILENCIAMIENTO Y LAS CARENCIAS
A pesar de que se presenta como un discurso armonizador, el panamericanismo
que organiza la gestación y los primeros años del Departamento de Estudios Hispánicos suponía, en algunos casos, la borradura o el silenciamiento de desacuerdos
patentes entre intelectuales. Esas diferencias, así como las luchas de poder que suponían, se leen en varias cartas. El Rector Benner le dirige a Onís una carta el 17
de noviembre del 1926 en la cual reacciona a un borrador de un artículo publicitario sobre el Departamento que Onís le había sometido.114 Hay una oración que
Benner considera problemática por lo cual le pide una matización a Onís.
For many years the energies of the university as well as of the general educational system were given over to the diffusion of the English language and North American culture, nothing worth mentioning being done toward cultivating the Spanish language and
civilization.115
Benner le pide una matización al intelectual español que permita atenuar el
contenido de lo expuesto. Curiosamente, Onís incorpora parte de la matización,
pero suprime la oración polémica. Así se puede ver en una traducción publicada en
el diario La Prensa de Nueva York del 5 de abril de 1927. El proyecto panamericanista colindó con todo un proceso (colonial) de norteamericanización cultural que
se implantó a través de la educación en Puerto Rico. En ese sentido, es obvio
que la fundación de la carrera de letras en Puerto Rico, hecho que se produce veinticuatro años después de fundarse la universidad, difiere, en sus etapas iniciales, del
establecimiento de los programas de estudio de otras universidades latinoamericanas, en las cuales había una orientación hacia los asuntos nacionales. Es el caso, por
ejemplo, de la Universidad de Chile, en cuyo momento fundacional, en el siglo
XIX, destaca Andrés Bello la clara dimensión nacional de ese centro docente.
La Universidad examinará los resultados de la estadística chilena, contribuirá a formarla, y leerá en sus guarismos la expresión de nuestros intereses materiales. Porque en éste, como en los otros ramos, el programa de la Universidad es enteramente chileno: si
toma prestadas a la Europa las deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile.116
Como espacio en el cual se desarrolla inicialmente la carrera de letras en Puerto Rico, el Departamento de Estudios Hispánicos desde muy temprano se dio a la
tarea de fortalecer los recursos bibliográficos existentes en la institución universitaria en la cual se creó. Incluso, antes de crearse el Departamento, Navarro Tomás,
en una carta de 1926, le solicita al Rector Benner que, a manera de preparativo pa114 Thomas Benner, «Carta a Federico de Onís», 17 de noviembre de 1926, Cartapacio OMS/C115.60, AFO.
115 Federico de Onís, borrador titulado «Spanish Studies in the University of Porto Rico», AFO. En
el margen derecho superior, escribe Onís a mano la fecha en que escribe o le envía a Benner este borrador –«Nov. 8, 1926»– así como el hecho de que se publicó en el Romanic Review, volumen XVIII, número 1, 1927.
116 Andrés Bello, «Discurso en la instalación de la Universidad de Chile. 17 de septiembre de
1843», La Universidad de Chile. 1842-1992. Cuatro textos de su historia, Santiago de Chile, Editorial
Universitaria, 1993, p. 23.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
225
ra su visita del año académico de 1927-1928, se adquieran una serie de libros que
puedan complementar el trabajo de las clases. Le pide, de igual modo, que se forme lo más pronto posible una bibliografía puertorriqueña: «Se trata de reunir una
información metódica y sistemática de todo lo que se haya publicado sobre cualquier aspecto relativo a Puerto Rico».117 En este gesto claramente científico –el recopilar de manera metódica y sistemática una serie de datos y textos– late el proyecto filológico que animó la obra de Navarro Tomás y la gestión del Centro de
Estudios Históricos; institución en la cual se produjo un incremento gradual en el
número de filólogos a lo largo de la década del veinte hasta convertirse la Sección
de Filología, durante la próxima década, en la más numerosa de dicho Centro.118
Pocos años después, en un artículo que figura en la Revista de Estudios Hispánicos, menciona Navarro Tomás la valiosa labor de un grupo de estudiantes de la
Universidad de Puerto Rico que han armado una bibliografía sobre temas puertorriqueños, así como una bibliografía sobre lengua y literatura española que le donó
el Centro de Estudios Históricos a la Universidad de Puerto Rico.119 De la bibliografía sobre Puerto Rico se encargará inicialmente el profesor de Historia Rafael
W. Ramírez, y, más tarde, el propio Pedreira. Ya en diciembre de 1928, Pedreira
publica una carta-anuncio en el Puerto Rico Ilustrado mediante la cual se invita a
los escritores y a los familiares de escritores fallecidos a enviar datos bibliográficos para este proyecto. Este proyecto bibliográfico se desarrolló en un curso de investigación que impartía Pedreira.
Por cierto, el acervo bibliográfico del Departamento y sus carencias en esta
etapa incipiente constituyen una preocupación recurrente en las cartas que le dirigió Pedreira a Onís en los momentos iniciales del Departamento. El poder decisional de Onís en estos asuntos queda claro en una carta de Pedreira: «Han llegado algunos libros de referencia para la Biblioteca pero son pocos para empezar el
trabajo graduado. No estaría demás que ud. insistiese sobre este asunto». 120 En la
postdata de una carta de septiembre de 1927, se reitera esta petición.
Siempre que escriba o vea ud. a las autoridades de esta universidad recuérdeles mi petición verbal sobre la Biblioteca de español. Es una lástima la que tenemos; pobrísima;
realmente una broma de Biblioteca. Sus recomendaciones tienen más fuerza que las
nuestras, y espero que insista ud. sobre el asunto.121
117 Aclara el filólogo español cómo debe concebirse el proyecto: «…un repertorio bibliográfico,
debidamente clasificado por materias, en que se halle técnicamente reunido todo lo que pueda encontrarse en libros y revistas sobre cualquier aspecto del país, habitantes, hechos históricos, costumbres,
lenguaje, actividades agrícolas e industriales, instrucción, etc». Véase Tomás Navarro Tomás, «Carta a
Thomas E. Benner», 4 de septiembre de 1926, Caja núm. B-IV, Rectoría, Correspondencia general,
años 1926-1927, ACUPR.
118 Sobre la importania de la Sección de Filología, véase Leoncio López-Ocón, «El Centro de Estudios Históricos: un lugar de la memoria», Boletín Institución Libre de Enseñanza, IInda Época, núms.
34-35, 1999, pp. 33-37.
119 Tomás Navarro Tomás, «Impresiones sobre el estudio lingüístico de Puerto Rico», Revista de
Estudios Hispánicos, vol. II, núm. 2, Río Piedras, 1929, p. 131.
120 Antonio S. Pedreira, «Carta a Federico de Onís», 1 de julio de 1927, subrayado en el original,
Cartapacio O-MC/C 119.2, AFO.
121 Antonio S. Pedreira, «Carta a Federico de Onís», 28 de septiembre de 1927, subrayado en el
original, Cartapacio OM-S / C-119.5, AFO.
226
LOS LAZOS DE LA CULTURA
En relación con las carencias bibliográficas, le comentará Pedreira a Onís en
una carta posterior: «Como ‘acting chairman’ tengo muchos deberes y pocos derechos»122. Claramente, los intereses de Pedreira como director interino del profesorado estaban ligados a la existencia de unos recursos bibliográficos que permitieran desarrollar y llevar a cabo la docencia de manera satisfactoria. Esta escasez de
recursos bibliográficos pasará unos años más tarde a formar parte de «Alarde y expresión», ensayo clave en Insularismo de Pedreira: en él leemos hoy una de las
primeras conceptualizaciones teóricas acerca de la literatura nacional puertorriqueña.
INTERCAMBIOS: PROFESORES VISITANTES, VIAJES DE ESTUDIO
En estos años iniciales en los cuales Onís se desempeña como director, hasta el
verano de 1929, se reciben, en calidad de profesores visitantes, a un grupo de destacados intelectuales españoles. En el verano de 1927, llega Amado Alonso. Tomás
Navarro Tomás, que había venido inicialmente durante el verano de 1925, vuelve
para el año académico de 1927-1928. En el verano de 1928 se produce la visita de
Américo Castro, quien dictó dos cursos en el Departamento y una serie de conferencias, en el Ateneo Puertorriqueño, la Biblioteca Carnegie y la Escuela Superior
de San Juan. Estas conferencias las auspició la Institución Cultural Española que
presidía Rafael Fabián, un comerciante español radicado en Puerto Rico. A lo largo del año de 1928-1929, el Departamento contó con la visita de Ángel Valbuena
Prat, mientras que en la sesión de verano de 1929 se recibió a Fernando de los
Ríos. Samuel Gili Gaya se desempeñó como profesor visitante durante el año académico de 1929-1930. La presencia de estos profesores visitantes se corresponde
con los viajes de estudios que hacen varios estudiantes y profesores jóvenes a España. Como señala Libia M. González, entre los jóvenes que se trasladaron a hacer
estudios de doctorado en el Centro de Estudios Históricos se encuentran Margot
Arce (1929-1930), Rubén del Rosario (1929-1931), Antonia Sáez (1930-1931),
Antonio S. Pedreira (1931-1932), Francisco Manrique Cabrera (1932-1934) y Jorge Luis Porras Cruz (1934-1936).123
Junto a estos profesores visitantes, el cuerpo de docentes del Departamento impartió cursos generales de literatura y otros más específicos de literatura española
e hispanoamericana. En el Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico no
existen informes del Departamento que abarquen la labor docente de los años iniciales. El primer informe que se encuentra en el archivo corresponde al año académico de 1930-1931. Sin embargo, se puede reconstruir parcialmente la oferta de
cursos de los primeros años consultando las noticias de hispanismo que se publicaban en la Revista de Estudios Hispánicos. Pedreira impartió más bien cursos de li-
122 Antonio S. Pedreira, «Carta a Federico de Onís», 18 de octubre de 1927, Cartapacio OMS/ C
119.6, AFO. En esta misma carta, se transparentan las grietas de la utopía panamericanista en un pasaje en el cual Pedreira le participa a Onís su descontento: «Confidencialmente y como director que es
ud. de este Departamento, le diré que hay muchas cosas fuera de su órbita, aunque teórica y aparentemente todo marche a las mil maravillas».
123 Libia M. González, «El hispanismo: paradigma...», Opus cit., pp. 221-222.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
227
teratura española (literatura del Siglo de Oro, la novela picaresca, Don Juan y teatro español contemporáneo), mientras que Concha Meléndez dictaba cursos sobre
Introducción a la literatura hispanoamericana, Rubén Darío y los místicos españoles. Margot Arce asistió como alumna a los cursos de Américo Castro. Por recomendación de Castro, decide trasladarse a España a hacer estudios doctorales en el
Centro de Estudios Históricos y la Universidad Central de Madrid.124 En la sesión
de verano de 1929, Arce dictó cursos de lengua y literatura, así como durante el
año de 1929.
1929: OTRO VERANO MEMORABLE
El verano de 1929 marca un giro importante en la historia del Departamento de
Estudios Hispánicos. La Junta de Síndicos le pide la renuncia al Rector Benner y
Onís, en apoyo a Benner, presenta su renuncia en junio de 1929 a Gildo Massó,
quien se desempeñaba como Rector Interino. Termina en ese momento el vínculo
que unió inicialmente al Departamento de Estudios Hispánicos con la Universidad
de Columbia y el Centro de Estudios Históricos. Finaliza, de igual modo, la primera época de la Revista de Estudios Hispánicos, ya que el financiamiento de esta
publicación lo costeaba casi en su totalidad la Universidad de Puerto Rico:
$4,000.00 dólares anuales le tocaban a la Universidad de Puerto Rico y $1,000, a
la Universidad de Columbia. En una carta a Fernando de los Ríos fechada pocos
días antes de su dimisión, Onís menciona unos planes que se concretaron unos cinco años más tarde: continuar con la revista «…suprimiendo enteramente a la Universidad de Puerto Rico…»125 y cambiándole el nombre. En octubre de 1934 sale
el primer número de la Revista Hispánica Moderna, Boletín del Instituto de las Españas y actual publicación del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Columbia. Esta nueva revista, dirigida por Onís, se abre igualmente
con el ensayo «Hacia una amistad triangular» de William Shepherd. Esta segunda
vez, sin embargo, se suprime la última oración del primer párrafo en la cual el historiador norteamericano felicitaba a la Universidad de Puerto Rico por haberse
constituido en un eslabón de los intelectuales de España, Hispanoamérica y Estados Unidos.126
Para el Departamento de Estudios Hispánicos estos cambios representaron la
posibilidad de comenzar a desarrollarse por cuenta propia. Se nombra entonces a
Pedreira Director del Departamento, puesto que ocupó hasta su muerte en 1939,
con una interrupción de un año académico (1931-1932) durante el cual se trasladó
a Madrid para terminar su doctorado. Hasta ahora se ha hecho énfasis en el poco
poder de decisión que tuvieron los intelectuales puertorriqueños en la creación y
los años iniciales del Departamento en aquella universidad panamericanista del
Rector Benner a la cual, sin duda, contribuyó mucho Onís. Incluso, las cartas de
124 Véase una evocación de esta época en Margot Arce de Vázquez, «Américo Castro, maestro»,
Sin Nombre, vol. III, núm. 3, San Juan, 1973, pp. 5-7.
125 Federico de Onís, «Carta a Fernando de los Ríos», 30 de mayo de 1929, Cartapacio O-MS/C132.20. AFO.
126 Ver Revista Hispánica Moderna, Año I, núm. 1, Nueva York, 1934, p1.
228
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Pedreira a Onís revelan momentos en que el maestro altera los escritos de su alumno y colega si se van a publicar en la Revista de Estudios Hispánicos. Onís le había
pedido a Pedreira que escribiera el artículo «De los nombres de Puerto Rico». El
texto se publicó en el primer número de la revista, no sin antes hacer que se transformaran unos pasajes que, en opinión de Onís, tenían un contenido político polémico. Le escribe Pedreira a su maestro:
Recibí su carta ayer tarde y le contesto hoy sin pérdida de tiempo, para autorizarle a
cambiar en la segunda parte de mi artículo las palabras y frases que pudieran dar lugar a
discusiones políticas. Cuando lo escribí, estaba lejos de suponer que pudiera provocar
polémicas de esa índole, ya que personalmente la política no me interesa. De acuerdo
con ud. en mantener el carácter científico de la Revista, le ruego se sirva modificar dicho artículo…127
RESPUESTAS/DESACATOS INICIALES AL PANAMERICANISMO
Este trabajo de archivo, con cartas e informes anuales, permite no sólo dilucidar
las relaciones asimétricas que existían en el campo intelectual, sino también leer de
otro modo las producciones culturales que se estaban dando en esos años de 1927 a
1929, en los cuales el discurso panamericanista atraviesa y domina en el ámbito universitario. La revista Índice–mensuario cultural extrauniversitario en cuya junta editora se destacaban Pedreira y más tarde Margot Arce, y en cuyas páginas colaboró
Concha Meléndez–puede leerse ahora como el espacio en el que los intelectuales
puertorriqueños exploraron vías alternas al discurso panamericanista universitario.
En esta revista, que se publica por primera vez en abril de 1929 y hasta 1931, desde
su segundo número se produce una encuesta acerca de la cultura puertorriqueña que
supone una introspección. Es decir, se trata de un autoexamen que poco tiene que ver
con el convertirse en vínculo o eslabón entre las Américas y España que predicaba la
doctrina panamericanista. Un año después del despido de Benner y la renuncia de
Onís, ocurridos ambos en 1929, uno de los «Aterrizajes» de Índice, escritos en gran
medida por Pedreira, difiere del discurso panamericanista.
La última moda (que aprovecha la posición geográfica y el injerto anglohispano) es predicar nuestra misión de intérpretes de las dos culturas: labor de medianero que nos coloca como árbritos diplomáticos –amicus curiae– en el acre debate intercontinental. La
misión es altruista siempre que no corramos el peligro de convertirnos en puente para
que todo el mundo nos pase por encima.128
Pocos años después este pasaje formará parte del ensayo «Nos coge el Holandés» que figura en Insularismo de Pedreira: la colección de ensayos de mayor peso y repercusión que se escribe en Puerto Rico en la primera mitad del siglo XX.
Índice, entonces, constituye no sólo un espacio de reflexión acerca de la cultura
127 Antonio S. Pedreira «Carta a Federico de Onís», 18 de octubre de 1927, Cartapacio O-MS/C
119.6, AFO.
128 Índice, marzo de 1930, p. 2.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
229
puertorriqueña; es también un espacio desde el cual los intelectuales puertorriqueños marcaron distancia frente al discurso panamericanista.
POR EL CAMINO DE LA PARADOJA: DOCENCIA Y RESISTENCIA
Sin embargo, las herramientas que emplearon los ensayistas puertorriqueños
como Pedreira para enfrentarse al discurso panamericanista las obtuvieron, en
buena medida, en la lectura de autores y ensayistas españoles. A partir de un estudio de Juan Flores de 1979, se viene estudiando el vínculo entre la ensayística de
José Ortega y Gasset, cuya Revista de Occidente fue lectura fundamental de los intelectuales de Índice, y la ensayística de Pedreira.129 En Ortega encuentra Pedreira
un modelo de la figura del intelectual a partir de la cual va a construir una buena
parte de su ensayística; en particular Insularismo. Ensayos de interpretación puertorriqueña (1934). Se sabe igualmente que la ensayística de Ortega ya había sido
objeto de estudio en conferencias durante los primeros años del Departamento de
Estudios Hispánicos: en 1928, Fernando de los Ríos, invitado por la Institución
Cultural Española, dictó una conferencia titulada «Tres propulsores del pensamiento español contemporáneo: Giner de los Ríos, Unamuno y Ortega».130 Era
asimismo lectura obligatoria en varios cursos universitarios de sociología y literatura a partir de la década del treinta.131 Con todo, Pedreira entabló otro tipo de intercambio con un ensayista español que los estudiosos de la obra del ensayista
puertorriqueño no han explorado.
En esta investigación hemos planteado que Pedreira tiende a establecer una
aparente escisión entre la práctica ensayística –dedicada casi en su totalidad a
Puerto Rico, su historia y su cultura– y la práctica docente, en la cual se centró en
el estudio de la literatura española. A diferencia de tantos profesores universitarios
que suelen presentar de manera preliminar los atisbos y las observaciones críticas
en sus cursos para luego publicarlos en libros y artículos en revistas profesionales,
Pedreira parecería incurrir en una contradicción al dedicarse en su docencia al estudio de unos temas aparentemente ajenos a aquellos sobre los cuales más tarde
escribe sus ensayos. Una vez más, las fuentes primarias nos ayudan a aclarar esta
aparente contradicción. En el Seminario de Estudios Hispánicos Federio de Onís
se conserva un cuaderno de curso escrito en puño y letra por Pedreira y en el cual
se presenta lo que fue la preparación de un curso monográfico que él dictó sobre
Miguel de Unamuno durante el año académico de 1930-1931. Se trata de un curso
en el cual Pedreira aborda la obra del maestro de su maestro Federico de Onís. En
este cuaderno, escrito con letra bastante clara y a partir de temas o problemas de la
obra ensayística, novelística y poética de Unamuno, Pedreira sigue la organización
129 Juan Flores, Insularismo e ideología burguesa. Nueva lectura de A. S. Pedreira, Trad. Alberto
Nicolás, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1979. Flores explora igualmente la relación de este clásico de
la ensayística cultural puertorriqueña con el pensamiento de Oswald Spengler.
130 Véase la sección «El hispanismo en América», Revista de Estudios Hispánicos, vol. I, núm. 3,
Río Piedras, 1928, p. 308.
131 Véase las páginas introductorias de Jaime Benítez al número de La Torre. Revista general de la
Universidad de Puerto Rico que constituye un homenaje a José Ortega y Gasset, vol. IV, núms. 15-16,
Río Piedras, 1956, pp. 11-12.
230
LOS LAZOS DE LA CULTURA
de un plan de trabajo o esquema, «I. A. B. C. 1. a. b. c. etc.», y privilegia claramente el género del ensayo. Añade en el cuaderno una sección de apuntes acerca
de los pensadores o ensayistas de la España de las primeras décadas del siglo XX:
Angel Ganivet, Ortega y Gasset y Fernando de los Ríos, entre otros. Si bien Pedreira no se dedicó a publicar ensayos críticos sobre la ensayística española coetánea, cabría pensar que se familiarizó con una serie de estrategias y rasgos fundamentales de ese género en la obra de varios ensayistas españoles, en particular en
la de Unamuno.
Antes de adentrarse en la ensayística unamuniana, Pedreira valora en el ensayo
el hecho de ser un género que no hace o configura un sistema y el ser afín a un espíritu inquieto. Del Unamuno ensayista, destaca Pedreira su enfrentamiento a la
razón filosófica, la lógica y a los sistemas científicos. Según el ensayista puertorriqueño, esto genera en el escritor español una «ideofobia» que se traduce en un rechazo del método claro de los investigadores y en una práctica de la contradicción.
A la hora de identificar las «cuatro ideas cardinales y profundas en torno de las
cuales hace girar toda la validez de su obra», Pedreira encabeza la lista con «el tema de España»,132 el mismo que, en otra hoja, denomina «El Problema de España». Como parte del carácter «idéofobo» de la ensayística de Unamuno, Pedreira
marca igualmente el tono y método conversacional de sus textos. En lo que se refiere al estilo, el autor de Insularismo se detiene en el uso frecuente de la paradoja
como otra forma de oposición a la razón lógica. En un momento dado, Pedreira
define la paradoja planteando que «A veces es verdad entera, pero nueva, vista con
nuevos ojos». La paradoja, en último término, advierte Pedreira, es una forma de
antidogmatismo, así como un modo de enfrentarse a la doxa establecida que se ha
convertido en dogma. Toda la parte inicial que le dedica Pedreira al estudio de la
ensayística de Unamuno resulta la más amplia y acaso la más sugerente de este
cuaderno.
En la obra de Ortega y Gasset, Pedreira se da con un modelo de subjetividad textual que le permite construirse como intelectual moderno. En cambio,
en el contacto íntimo y a la vez riguroso que supone la enseñanza de la ensayística de Unamuno, el intelectual puertorriqueño muy probablemente adquirió o afianzó un conocimiento acerca de las múltiples posibilidades del ensayo
como espacio desde el cual se puede, por un lado, tratar el problemático tema
de la nación sin pretender agotarlo, y, por el otro, desarrollar una reflexión sobre éste y otros temas que no pase por el dogmatismo o por los discursos dominantes. En el caso del ámbito universitario puertorriqueño de esos años,
esos discursos dominantes remitían, en gran medida, al panamericanismo. Se
sabe que, desde sus inicios con Miguel de Montaigne, el género del ensayo ha
estado animado por un antidogmatismo fundamental. En sus Essais, como bien
apunta Claire de Obaldia, Montaigne desarrolla un claro cuestionamiento de la
doxa renacentista.133
132 Antonio S. Pedreira, Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto Rico. Río
Piedras, Puerto Rico, «Miguel de Unamuno», 1930-1931. El cuaderno no tiene números de página. Estas observaciones se encuentran en lo que sería aproximadamente la página 32.
133 Claire de Obaldia, The Essayistic Spirit. Literature, Modern Criticism and the Essay, Oxford,
Clarendon Press, 1995, pp. 66-67.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
231
Caricatura de Concha
Espina, profesora
visitante en la
Universidad de Puerto
Rico, en 1930.
(Revista Athenea, 1930).
TRANSFORMACIONES: 1929-1940
Son varios los cambios que se producen en el Departamento de Estudios Hispánicos desde 1929 hasta el 1940. Crece el cuerpo de profesores al ingresar al Departamento Gustavo Agrait, Lidio Cruz Monclova y Cesáreo Rosa Nieves, entre
otros. La oferta de cursos se transforma al comenzar a enseñarse, en el año académico de 1933-1934, una clase de literatura puertorriqueña que tuvo a su cargo un
profesor de nuevo ingreso: el historiador Lidio Cruz Monclova. A diferencia de lo
que había sucedido en los años iniciales, se produce una merma en los profesores
visitantes. Una excepción notable es la de Gabriela Mistral, quien enseña durante
el año académico de 1932-1933.
Esta es la década en la cual los profesores del Departamento publican sus tesis
doctorales o libros de importancia, dándole así a esta unidad un prestigio que no
depende ya del renombre de los profesores visitantes. Es también la década en que
se doctoran las tres figuras que tuvieron una producción más destacada en el Departamento: Margot Arce, Concha Meléndez y Antonio S. Pedreira. Durante esos
232
LOS LAZOS DE LA CULTURA
años Arce publica en España su tesis sobre Garcilaso de la Vega (1930) y lleva a
cabo investigaciones sobre una variedad de temas: la influencia del inglés en el español de Puerto Rico, Herrera como precursor de Góngora, las metáforas de Federico García Lorca, la poesía de Antonio Machado y la poesía de Camõens.134 Enseña de igual modo cursos sobre prosa y poesía medieval, Góngora y Antonio
Machado. Comienza a dar conferencias y a publicar ensayos críticos sobre la poesía de Luis Palés Matos desde 1933. Concha Meléndez, egresada de la Universidad Nacional de México y más orientada al estudio de las letras hispanoamericanas, publica La novela indianista en Hispanoamérica (1934) y Signos de
Iberoamérica (1936) e investiga sobre el romanticismo hispanoamericano, las artes en el virreinato mexicano y la poesía de César Vallejo. Inicia la enseñanza de
cursos monográficos sobre El Inca Garcilaso de la Vega, literatura mexicana y literatura chilena moderna. Por su parte, Pedreira da a la luz varios libros importantes en esta década: Aristas. Ensayos (1930), la Bibliografía Puertorriqueña
(1932), Hostos, ciudadano de América (1932) e Insularismo (1934). Como se vio,
si bien sus investigaciones y publicaciones principales tienen que ver con Puerto
Rico, Pedreira imparte cursos sobre literatura española que abarcan una variedad
de temas: el Siglo de Oro, Miguel de Unamuno, Azorín y El Quijote.
Cabe destacar de igual modo que los años treinta vieron surgir una serie de estructuras arquitectónicas fundamentales en el Recinto de Río Piedras. Como advierte María Luisa Moreno en un lúcido libro de reciente publicación, en esa década se erigen el Cuadrángulo (entre 1935 y 1939), la Biblioteca (construida en 1935
y 1936, inaugurada en 1937), la Torre (construida entre 1937 y 1939) y el Teatro
(inaugurado oficialmente en 1939).135 Surgen, por un lado, las estructuras de aspecto monumental y de riqueza ornamental, como la Torre, y, por el otro, se crea
ese espacio de la Biblioteca, como se vio muy anhelado por Pedreira mientras se
desempeñaba como Director Interino del Profesorado y muy necesario para el fortalecimiento de los recursos bibliográficos e investigativos que resultan imprescindibles para el buen funcionamiento de una carrera de letras.
Otro cambio significativo que se observa en el Departamento es una voluntad
de salir del aula y difundir la cultura letrada a las escuelas de los pueblos del país.
A partir del año académico de 1932-1933, el Departamento inicia las Misiones
134 El título de la tesis doctoral de Arce, tal como se publicó en la primera edición española, es
Garcilaso de la Vega. Contribución al estudio de la lírica española del siglo XVI, Madrid, Imprenta de
la Librería y Casa Editorial Hernando, 1930.(El estudio constituye el Anejo XIII de la Revista de Filología Española, órgano del Centro de Estudios Históricos). Luce López-Baralt estudia detenidamente
la contribución de Arce al estudio de la poesía de Garcilaso de la Vega en «Margot Arce, maestra de
garcilasistas: haciendo patria más allá de las fronteras puertorriqueñas», Matilde Albert Robatto y Edith
Faría Cancel (eds.), Margot Arce de Vázquez: Obras completas. Literatura española y literatura hispanoamericana, vol. IV, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2001, pp. 44-77.
135 María Luisa Moreno, La arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2000. Véase, en particular el capítulo III, titulado «El Cuadrángulo y la euforia de renovación española, 1936-1944», pp. 67-106. Sobre el tema de
la arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, véase también Eliseo R. Colón, «…pared blanca, teja
antañona, ladrillo rojo, persiana verde…: Ciudad Universitaria de Río Piedras- Espacio, Espectáculo,
Utopía», Postdata 16, San Juan, 2001, pp. 4-17.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
233
Torre Roosevelt de la
Universidad de Puerto
Rico, 1937/39.
(Colección Ciudad de
San Juan. Puerto Rico.
Centro de
Investigaciones
Históricas, UPR).
Culturales: un programa de conferencias «…en los pueblos de la isla que así lo soliciten». 136 Estas misiones son un claro eco de las Misiones Culturales que instituyó José Vasconcelos en 1923, mientras dirigía la Secretaría de Educación Pública
de México y que representaron «…un esfuerzo sin precedentes por llevar la alfabetización, el conocimiento elemental y la instrucción básica sobre las ciencias,
las artes y los oficios a las más apartadas comunidades del país y a los mexicanos
con menores posibilidades de alcanzar los beneficios de la educación».137 En el caso del Departamento de Estudios Hispánicos, mediante estas conferencias no se
pretendía alfabetizar, sino difundir a sectores amplios, principalmente a las escuelas de los pueblos, el conocimiento y las investigaciones que también se daban a
conocer en las aulas universitarias. Estas misiones llevaron a Margot Arce, por
136 Informe Anual del Departamento de Estudios Hispánicos, Curso 1933-1934, Informes Anuales,
Caja H 11, 30 de mayo de 1934, p. 3, ACUPR.
137 «Presentación» de Rafael Tovar, Misiones culturales: los años utópicos 1920-1938, México,
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Bellas Artes y Museo Casa Estudio
Diego Rivera y Frida Kahlo, 1999, p. 7.
234
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ejemplo, a dictar una conferencia sobre la poesía de Lope de Vega para la Fiesta de
la Lengua Española en la Escuela Superior de Isabela en abril de 1935. En diciembre de 1933, y en menos de tres días, Pedreira presenta una conferencia titulada
«La España Actual» en Mayagüez, Yauco y San Germán. En su Informe Anual como director, comenta Pedreira sobre estas misiones: «De esta manera el Departamento de Estudios Hispánicos coopera para vincular en la medida de sus fuerzas, a
la Universidad de Puerto Rico con el resto de la isla».138
El Departamento de Estudios Hispánicos unió esfuerzos con el Departamento de
Instrucción al aportar conferencias que se difundían por radio en el programa La Escuela del Aire, cuyas transmisiones se inician en 1935 y se extienden hasta 1949. En
este caso, se usaba la radio como un claro instrumento educativo.139 Los programas se
transmitían en emisiones diurnas o nocturnas de una o dos horas diarias y a través de
emisoras comerciales en las tres ciudades principales del país: San Juan, Ponce y Mayagüez.140 En esta escuela radial, en la cual se empleaban la charla o conferencia y la
dramatización como recursos didácticos, dictó Concha Meléndez una conferencia titulada «Jorge Mañach y la inquietud cubana» en 1935. Cesáreo Rosa Nieves disertó
sobre la copla y la bomba de Puerto Rico en marzo de 1937, mientras que Gustavo
Agrait estudió un poema de Rubén Darío en abril del mismo año.
A MANERA DE EPÍLOGO
Cerca del final de la década, en 1939, se produce la muerte prematura de Pedreira. Esta pérdida contrasta claramente con los múltiples logros que había alcanzado
esta unidad académica entre los cuales se encontraba el establecer, por cuenta propia
y en poco más de una década, una carrera de letras bien articulada con un personal
docente entre los cuales se encontraban los intelectuales más polémicos y productivos del Puerto Rico de los años treinta. Sin embargo, como se sabe, no se puede entender esa nueva situación de mayor autonomía como una distancia total de la intelectualidad española. En esa Universidad de Puerto Rico de la década del treinta los
puertorriqueños ocupan puestos directivos, pero siguen leyendo a los intelectuales
españoles. Al igual que sucedió en otros países de Latinoamérica, uno de ellos, José
Ortega y Gasset, dejaría su huella en la universidad a lo largo de varias décadas.
Concretamente, la creación de la Facultad de Estudios Generales, cuyo programa de
estudios ha girado en torno al fortalecimiento y desarrollo de la educación general,
es un fenómeno que se produjo en el primer lustro de la década del cuarenta y que,
como planteó Jaime Benítez recordando un ensayo de Domingo Marrero, se encuentra íntimamente ligada a la Misión de la Universidad de Ortega y Gasset.141
138 Informe Anual del Departamento de Estudios Hispánicos, Curso 1933-1934, Informes Anuales,
caja H 11, 30 de mayo de 1934, p. 4, ACUPR.
139 Véase José Luis Torregrosa, Historia de la radio en Puerto Rico, Puerto Rico, Comisión Puertorriqueña para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Asociación de
Radiodifusores de Puerto Rico, 1991.
140 Véase Betzaida Ramírez Alers, «La radio educativa en Puerto Rico», Tesis de maestría, Escuela
de Comunicación Pública, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1997, pp. 12, 14-15
(inédita).
141 Véase Benítez, La Torre. Revista, Opus cit., p. 11.
LAS PRIMERAS DOS DÉCADAS DEL DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS…
235
Miembros del Círculo Cervantes organizado por el Departamento de Estudios Hispánicos
de la Universidad de Puerto Rico.
(Revista Athenea, 1935).
Desde la filología de orientación científica hasta la ensayística de las primeras
décadas del siglo XX, se establece, en el Departamento de Estudios Hispánicos de
la Universidad de Puerto Rico, un intercambio rico y complejo con la intelectualidad española y sus centros de divulgación y legitimación. Más allá de la polaridad
que podrían articular la hispanofilia y la hispanofobia, proponemos que el gestar,
fundar y consolidar la carrera de letras en Puerto Rico fue una empresa compleja
en la cual se produjeron relaciones de diversa índole que pasan por la alianza con
los discursos dominantes, la desigualdad, la resistencia y la búsqueda de una expresión cultural propia. Se trata de un caso más del diálogo cultural que se produjo
entre Puerto Rico y España a lo largo del siglo XX, en el cual la creación y el desarrollo del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico sin duda ocupa un lugar destacado.
VII
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS
(1920-1940)
Matilde Albert Robatto
Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad de Humanidades
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
La misión de Federico de Onís a lo largo de su vida fue difundir los valores de la
cultura hispánica en donde quiera que se encontrara. En España, ya fuera en la Universidad, ya en el Centro de Estudios Históricos o en otros centros afines, este incansable hombre de letras dedicaba sus horas a la investigación y posterior escritura de
sus estudios filológicos, literarios, ensayos humanísticos y artículos diversos. Para
1916 había desarrollado una brillante trayectoria académica: catedrático de la Universidad de Salamanca, investigador y autor de uno de los libros más emblemáticos de su
obra y de su momento histórico Disciplina y Rebeldía, además de editar las obras y
escribir unas eruditas introducciones a Vida, de Diego de Torres Villarroel y De los
nombres de Cristo, de Fray Luis de León, ediciones ya clásicas por su información y
cuidado; y en 1932 publicará otro importante libro Ensayos sobre el sentido de la cultura española.1 También formaba parte del equipo de trabajo del Centro de Estudios
Históricos y figuraba como tutor de la Residencia de Estudiantes. En fin, una relevante figura, con méritos propios, muy respetada en el mundo intelectual español.
Ahora bien, ¿ por qué este reconocido catedrático, si en España tenía su centro
intelectual, en 1921 solicita la excedencia como catedrático en la Universidad de
Salamanca y ya para 1924 decide fijar su residencia en los Estados Unidos, continuar su vida académica en Columbia University y dedicar todos sus esfuerzos a la
difusión de la cultura hispánica en el mundo anglosajón, en el cual en términos ge-
1 Federico de Onís, Disciplina y Rebeldía, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes,
1915, 51 p.; 4ª ed., Nueva York, Instituto de las Españas, 1929, 51 p. Federico de Onís, Ensayos sobre
el sentido de la cultura española, serie II, vol. 18, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 1932.
Diego de Torres Villarroel, Vida, Ed. introd. y notas de Federico de Onís, Madrid, Editorial La Lectura, 1912 (Editorial Espasa-Calpe, Clásicos Castellanos, 1954, pp. VII-XXVI); Federido de Onís, «Torres Villarroel», España en América, Río Piedras, Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico,
1955, pp. 342-352.
Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, Ed., introd. y notas de Federico de Onís, 3 vols., Madrid, Editorial La Lectura, 1914, 1917, 1922; «Luis de León», España ..., Opus cit., pp. 296-312.
240
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nerales, además de los prejuicios existentes, había un gran desconocimiento de lo
que culturalmente se relacionara con el mundo hispánico? A lo largo de este ensayo intentaremos contestar esta pregunta –para nosotros esencial en la evolución de
la vida personal y profesional de Federico de Onís– aunque siempre quede un margen de duda, el cual sólo podría despejar la persona misma.
Todo parece indicar que el presidente de Columbia University, Nicholas Murray Butler, quería reestructurar los estudios hispánicos, debido al incremento en el
estudio del español durante y después de la Primera Guerra Mundial, de acuerdo
con lo que el propio Onís relata en «Historia de los Estudios Hispánicos en la Universidad de Columbia»:
Esta situación cambió radicalmente, no en 1929, cuando los estudios hispánicos adquirieron vida independiente al dividirse el Departamento de Lenguas Romances, sino en 1916,
cuando Nicholas Murray Butler, presidente de la Universidad, decidió traer de España un
profesor para organizar los estudios hispánicos sobre nueva base. Mr. Archer M. Huntington, presidente de la Sociedad Hispánica de América, a petición de Butler, se encargó de
buscar el profesor y su elección cayó sobre Federico de Onís, profesor de Lengua y Literatura españolas de la Universidad de Salamanca y del Centro de Estudios Históricos, de
Madrid, quien fue invitado para ocupar la nueva cátedra. Desde su llegada, en septiembre
de 1916, el profesor Onís tuvo a su cargo los estudios hispánicos en el Departamento de
Lenguas Romances, y desde 1929 fue jefe del Departamento Hispánico independiente.2
Esta selección –que recae en uno de los más destacados colaboradores de Menéndez Pidal y del Centro de Estudios Históricos– si bien significaba una distinción, también debió de suponer una decisión nada fácil para Federico de Onís,
quien desde un principio accede, pero por un período limitado de tiempo. Dejar su
2 Federico de Onís, «Historia de los estudios hispánicos en la Universidad de Columbia», España..., Opus cit., pp. 725-734
Archer M. Huntington (1870-1955 ) fue el presidente y fundador de «The Hispanic Society of
America» en 1904. Este distinguido hispanista era un admirador de la cultura española. La Sociedad
Hispánica, en Nueva York, ha sido un centro de estudio e investigación de la cultura hispánica, en su biblioteca y archivos se encuentran importantes manuscritos, incunables y libros antiguos de gran valor.
En la actualidad esta Institución, su biblioteca y archivos, por la importante documentación que allí se
encuentra y el buen estado en que se mantiene, es una fuente de referencia obligada para estudiosos e
investigadores.
Federico de Onís fue miembro de «The Hispanic Society of America» y obtuvo la Medalla de Plata, según consta en el documento del 22 de junio de 1917, depositado en el cartapacio correspondiente
a cartas y documentos de Federico de Onís –Members File– en los archivos de esta Institución en New
York; así como también se guardan en dicho cartapacio, además de cartas entre Onís y Huntington, una
tarjeta de presentación de Ramón Menéndez Pidal en la cual saluda a Mr. Huntington y: «tiene el honor
de recomendar a su amistad al profesor Federico de Onís», HS, Department of Manuscripts and Rare
Book, New York La relación de Onís con esta Institución y con su presidente fue extensa y enriquecedora. En la sección de «Correspondencia» del AFO hay varias cartas entre ambos hispanistas, que ponen de manifiesto su gran amistad y relación profesional. Onís en 1920 hace una mención especial y da
el debido reconocimiento a Huntington y The Hispanic Society of América en «El español en los Estados Unidos», España ..., Opus cit., pp. 685-687. Con motivo del homenaje que la Organización de Estados Americanos y la Biblioteca del Congreso dedicaron a la memoria de este distinguido bibliófilo,
erudito y humanista, Federico de Onís escribió un elogioso artículo sobre la figura y obra de este mecenas de la cultura hispánica, «Huntington y la cultura hispánica», Huntington, (1870-1955), Washington, D.C., Pan American Union, 1957, pp. 18-34.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
241
país, su familia y su brillante carrera como catedrático tuvo que representar para el
elegido un cambio cualitativo en su estilo de vida, aunque acepta su nueva misión
y lo hace con entusiasmo a la luz de cómo se desempeña en su nuevo trabajo.
En Nueva York, además de sus colegas claustrales y de sus alumnos, con quienes
supo mantener a lo largo de su vida una gran cordialidad y respeto hacia su obra, valga mencionar a: Germán Arciniegas, Tomás Navarro, María Teresa Babín, Lawrence
A. Wilkins, Emilio González López, Eugenio Fernández Granell, Uslar Pietri, Fernando de los Ríos, Gabriela Mistral, Francisco García Lorca, Jorge Mañach, Luis
Alberto Sánchez, Concha Meléndez, Mariano Picón Salas, Antonio S. Pedreira, Andrés Iduarte, entre otros; estableció también estrechos lazos cordiales con otras personas fuera de las aulas académicas, como José Camprubí –hermano de Zenobia
Camprubí de Jiménez y propietario de La Prensa, el más importante periódico en español en los Estados Unidos– con quien colaboró en actos culturales y con artículos
para el periódico; de hecho, La Prensa siempre estaba al tanto de las noticias que podían referirse a Onís directamente o a otras actividades relacionadas con los medios
académicos del mundo hispánico. Mención especial merece la amistad y entendimiento intelectual con Archer M. Huntigton, persona con autoridad, de gran influencia en los medios académicos y culturales neoyorkinos por su posición y prestigio en
The Hispanic Society y, a juzgar por la correspondencia que hemos podido ver, existió entre ambos una comunicación muy fluida, Onís le consultaba, estimaba en mucho su opinión; veamos como ejemplo esta larga carta del 28 de marzo de 1920 en la
ciudad de Nueva York donde ambos vivían y se veían en diversos actos culturales,
la misma es una respuesta de Onís a las recomendaciones que le hiciera Huntington:
...Debe usted comprender que si yo no tomo la alternativa de verlo es porque temo distraerle e interrumpirle teniendo como tiene usted tantas y tan importantes ocupaciones.
Pero creo que le he dado pruebas suficientes de adhesión incondicional a su persona y a
su obra para que usted pueda disponer de mí y de mi tiempo en la forma que le parezca
más conveniente. Al mimo tiempo ( como le he dicho en una de mis cartas anteriores)
por respeto y por agradecimiento a usted me creo obligado a darle cuenta periodicamente de todas mis actividades, buscando su aprobación y su consejo que hasta ahora nunca
me han faltado. No le extrañe, pues, que reclame ahora su atención sobre esta larga carta, en la que quiero explicarle mis trabajos y proyectos actuales, muchos de ellos derivados de nuestra última conversación. En lo que le voy a decir encontrará usted la prueba
de lo que pesan y significan para mí sus consejos e indicaciones. Le escribo con completa sinceridad y confianza: alguna vez me ha dicho usted que me hablaba como un padre; ahora que he perdido el mío para siempre comprendo lo que significa el privilegio
de poder acudir a otro hombre confiadamente en demanda de consejo.
En nuesta última conversación me aconsejó usted apartarme de toda actividad que no
fuera la estrictamente literaria y científica. Mi decisión en este sentido ha sido radical.
Mi deseo de ayudar en lo posible todo lo que tendiese a dar a conocer a España en este
país me había llevado a sumarme con diversos elementos y a emprender distintas actividades, de todos los cuales me he apartado ahora radicalmente…3
3 HS, cartapacio Federico de Onís; copia en cartapacio de Archer M. Huntington, Correspondencia, AFO.
242
LOS LAZOS DE LA CULTURA
A continuación le detalla que minimizará su participación en la Unión Benéfica Española, el Foreing Press Services, la Junta para la Ampliación de Estudios,
los literatos españoles; y le menciona los libros o proyectos en los que está trabajando: la edición de De los nombres de Cristo, de Fray Luis de León, El dialecto
leonés, La universidad española, Manual bibliográfico de la literatura española,
entre otros. Ante estos planteamientos, Huntington le contesta con rapidez en la
carta del 3 de abril del mismo año:
Dear Professor Onís:
Your letter is very welcome and I hasten to write in reply to tell you how pleased I am
at what you have decide to do in the various matters you have discussed. I sincerily trust
that nothing may occur to change excellent and admirable plan. Yo are a scholar and all
this other, outside work has done little to aid in what you can produce. It never will.
I completed the reading of the list of proposed publications with real pleasure and congratulated you upon it. It is, and will be, my great hope that nothing may arise to divert
you. If I can at any time be of aid, do not hesitate to come and talk with me. I am, as you
know, perhaps more than any other person, most keenly alive to the value of you work,
and anxious that nothing should interfere with it.
Always faithfully yours,
Archer M. Huntington [Firma] 4
En tierras americanas se dedicó a dar a conocer los valores de la literatura española y de la literatura hispanoamericana por medio de conferencias, coloquios, artículos periodísticos, ensayos y, sobre todo, a través de sus cursos y seminarios en la
Universidad de Columbia y en otros centros universitarios del nuevo continente, tanto en el norte como en el sur. Desde que llegó a los Estados Unidos en 1916, mantuvo correspondencia con reconocidos escritores, aunque ya con algunos la había iniciado con anterioridad, entre estos: Antonio Machado, Fernando de los Ríos,
Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Ciro Alegría, Amado
Alonso, Pío Baroja, Claudio Sánchez Albornoz, Tomás Blanco, Américo Castro, José Martínez Ruiz «Azorín», Vicente Blasco Ibañez, Carolina Michaelis de Vaconcelos, Ramón Menéndez Pidal, Pablo Neruda, Tomás Navarro, Antonio S. Pedreira,
Arturo Torres-Rioseco, Evaristo Ribera Chevremont, Ramón Gómez de la Serna,
Enrique Díez Canedo, Salvador de Madariaga, Gabriela Mistral, José de Diego, Ramón María del Valle-Inclán, José Vasconcelos, María Zambrano, entre otros. Ya que
la difusión de la literatura española e hispanoamericana contemporánea fue, desde
un principio, uno de sus objetivos prioritarios, la relación epistolar con sus colegas y
amigos, además de mantener los lazos afectivos, facilitaba el proceso de las invitaciones a dar conferencias así como el de las ediciones y traduciones de las obras de
algunos de estos escritores y sus correspondientes permisos. 5
4 AFO, Sección Correspondencia, Cartapacio de Archer Huntington. Existen otras cartas en el Archivo de Huntington a Onís en que le muestra una gran deferencia: «... the most distinguished Spaniard
in America...», 13 de noviembre de 1922.
5 Numerosa correspondencia de estos y otros autores con Onís se encuentra en AFO, Sección Correspondencia.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
243
Federico de Onís y su
esposa en Puerto Rico,
1928.
(Seminario Federico de
Onís, Departamento de
Estudios Hispánicos,
UPR).
Si bien Onís se dedicó todo su esfuerzo a la renovación de los estudios hispánicos en Columbia University, como profesor del programa graduado y director del
Departamento Hispánico (Hispanic Department), es conveniente recalcar que
mantuvo un vínculo permanente con España; de hecho, era el representante en Estados Unidos de la Junta para la Ampliación de Estudios, que era el organismo de
mayor autoridad en España en todo lo relacionado con la ciencia y la enseñanza.
Su colaboración con el Centro de Estudios Históricos continuó, aunque debido a
las circunstancias hubo de modificarse; trabajó en los proyectos que eran factibles,
colectivos unos individuales otros. Uno de estos proyectos, quizá el más importante en su momento y fundamental en el conjunto de su obra, es la Antología de la
poesía española e hispanoamericana, publicada por el Centro de Estudios Históricos en 1934, después de solucionar algunas discrepancias relativas a la extensión y
diseño de la misma. En carta del 12 de diciembre de 1933, Menéndez Pidal –luego
de previa consulta con Américo Castro y Tomás Navarro– le explica a Onís los
problemas que plantea la publicación de esta Antología: dificultades con la imprenta, extensión y costo de la obra, retraso en el envío de las partes restantes del
texto; ante tal situación, le sugiere este cambio:
244
LOS LAZOS DE LA CULTURA
... Creemos, por consiguiente, que lo mejor sería terminar el volumen con lo que ya hay
compuesto, dejando fuera la parte correspondiente al postmodernismo, que aún está sin
componer. Para esto sería necesario que usted enviase, en el plazo más breve posible,
las introducciones que faltan para los textos compuestos y aún sin ajustar. ...
La sección postmodernista puede constituir obra aparte, perfectamente independiente, y
ganará con un pequeño retraso, pues se trata de autores cuya personalidad está sin definir completamente por no haber dado aún sus frutos principales.
Con saludos de Castro y Navarro, sabe es suyo buen amigo
R. Menédez Pidal [sic, firma ]6
La respuesta por parte de Federico de Onís fue contundente pues defendía uno
de sus más queridos proyectos. La Antología de la poesía española e hispanoamericana –dedicada a Antonio Machado– era un libro pensado y compuesto mayormente en América y no sólo la respaldaba la sensibilidad del antólogo hacia el género, el estudio extenso de unas épocas y de determinados autores españoles, sino
que ahora contaba también con una experiencia más directa: la proximidad y el entorno de los poetas hispanoamericanos, que si bien ya conocía la poesía de algunos, quizá no conociera tan de cerca la de otros, como bien pudo ser el caso del
puertorriqueño Luis Palés Matos; veamos su decisiva defensa, en la extensa carta
del 14 de marzo de 1934, año en que se publica la Antología:
Querido Don Ramón:
Recibí su carta del 12 de diciembre y me propuse contestarla en un breve plazo de la
única manera completamente satisfactoria para Vd. y para mí, es decir, enviando con mi
contestación el resto de la Antología terminado. Pero las circunstancias me han sido adversas y no puedo retrasar el escribirle aunque no pueda enviar mas que la parte que
hasta ahora tengo dispuesta para la imprenta. Enfermedades y cambios en el personal
que me ayuda aquí en el trabajo del Instituto [Hispánico] y la Universidad, [de Columbia] han sido causa de un gran trastorno... Esto no es una excusa, es una desgracia que
sólo puede apreciarse conociendo mis obligaciones y las circunstancias todas de mi trabajo aquí.
Por desgracia también tengo que estar separado de Vd. y del Centro, y lo mismo que
mis dificultades tampoco puede interpretarse bien la naturaleza de los trabajos que para
el Centro estoy haciendo. Si hubiera sido posible, como yo me proponía, pasar en España una buena parte de cada año, el contacto constante le hubiera mantenido informado
de mis ideas acerca de mis trabajos y creo que tendría Vd. confianza en su necesidad y
en su seriedad científica. Digo esto porque, aparte de las molestias que contra toda mi
voluntad he causado con motivo de la impresión de la Antología, me ha parecido notar
desde el principio una reserva o indiferencia hacia este ensayo mío de estudio hispanoamericano, que creo está hecho con máxima seriedad y precaución científicas. Creo, además, que es muy propio del Centro y de los tiempos nuevos que el Centro abra el camino del estudio de la literatura hispanoamericana, y creo también que mis puntos de vista
hacen resaltar la unidad hispánica frente a tanto error parcial, negativo y separatista como hay en América y España.
6 AFO,
Sección Correspondencia, Cartapacio de Ramón Menéndez Pidal.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
245
Si yo pudiera explicarle la estructura de la Antología, a la que he llegado con gran esfuerzo y cuidado de todos los detalles, vería que la obra es una unidad indivisible y que la
división de ella en dos obras distintas es imposible sin destruir el valor de cada una de ellas.
Las divisiones cronológicas que hay en ella no se refieren a los autores ni a las obras, sino
al momento de predominio de una cierta tendencia o movimiento literario; los autores incluidos en cada sección pueden ser anteriores o posteriores a los límites cronológicos [de]
la sección. En un periodo de cincuenta años, que es todo lo que abarca la antología, todos
los autores son más o menos contemporáneos y muchos han pasado por las diversas fases
representadas en las diversas secciones: cada autor se pone en la sección a la que pertenece
su obra mejor o más característica. Todo esto se explica en la introducción general y en la
particular de cada autor. El carácter común de esta época está en esa misma variedad y lucha de tendencias. Las dos secciones últimas llamadas postmodernismo y ultramodernismo
son, mas que dos épocas sucesivas, dos modos paralelos y contradictorios de terminación
del modernismo: uno reaccionando contra él, otro llevándolo más allá hasta sus últimas
consecuencias. Hay en la última sección poetas desaparecidos y en las anteriores poetas
muy jóvenes. No está formada la sección ultramodernista, como Vd. piensa, por autores
cuya personalidad está sin definir por no haber dado aún sus frutos principales. Los autores
jóvenes que se encuentran en esta última categoría han sido totalmente excluidos de la Antología. Al final, en la última subsección se da una representación de la nueva literatura de
hoy, reducida a cinco españoles y a siete americanos que entre los centenares que escriben
poesía hoy son los que quedarían aunque no escribieran más.
Esta es la concepción que yo tengo de esta época y conforme a ella está hecha la obra.
Para mí quedaría ésta destruida si se rompe su estructura y unidad. No veo, por lo tanto,
más que dos cuestiones por resolver: 1) la pronta terminación de la obra por mi parte; 2) la
manera de publicación de la obra íntegra.
Respecto a la segunda cuestión, sigo creyendo que la obra debería aparecer en un tomo.
Según mis cálculos, que son los mismos que hice al planear la obra, esta tendrá unas 1300
páginas. ...
Al revisar el texto de la sección de Ultramodernismo creo que podré reducir el texto procurando que el total de páginas se acerque lo más posible a 1200. No me parece que ese número de páginas sea excesivo para un libro de esta naturaleza, ni creo que el tamaño y el
precio consiguiente dificulten la venta de quien quiera poseerlo, siendo como es un libro
que no puede sustituirse con otro y de materia moderna que interesa a un público extenso.
La pérdida económica que pudiera haber en este libro, si para su difusión conviniera fijar
un precio menor que el de coste, no creo que pueda ser mayor que la de muchas otras publicaciones del Centro. Si por la apariencia se creyera más conveniente publicar la obra en
dos tomos, podían éstos dividirse por el número de páginas; pero en todo caso los dos tomos deberían aparecer al mismo tiempo, para que pudiera compararse y juzgarse la obra
completa.
En resumen, que yo creo que no hay más cuestión que la primera, o sea, que yo termine
el libro cuanto antes, que es lo que me propongo hacer en la confianza de que Vd. tendrá en
consideración mis razones y sabrá perdonar mis faltas « y volverme a la estimación que de
mí se tenía»…7
7 Ibidem; Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1923), Edición, introducción general e introducciones particulares de Federico de Onís, Madrid, Centro de Estudios Históricos,
246
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Federico de Onís y
Juan de Onís.
(Seminario Federico de
Onís, Departamento de
Estudios Hispánicos,
UPR).
Salta a primera vista un primer planteamiento y es que en 1934 todavía Onís
siente un cierto extrañamiento que causa la distancia, y no quiere que lo aparten,
que lo vean extraño a ellos, a su grupo de trabajo del Centro de Estudios Históricos
–Américo Castro, Antonio G. Solalinde, Tomás Navarro bajo la dirección de Ramón Menéndez Pidal– , puesto que desde Nueva York, con todas las obligaciones
contraídas con la Universidad y con ser él entonces en el ámbito cultural el español
de mayor renombre en los Estados Unidos, continúa su colaboración con el Centro, la Antología misma es un ejemplo de ello. Este alejamiento le había impedido
exponer un plan detallado de su proyecto, el cual intenta hacer en la carta; en la
despedida pide que se tengan en cuenta las razones de su atraso en la entrega de
originales y se le restituya la confianza: «volverme a la estimación que de mí se te1934 (New York, Las Américas Publishing Co., 1961); «Historia de la poesía modernista» (18821923), España ..., Opus cit., pp. 182-279. En los viajes de Don Federico a España, en 1931 y 1934,
consultó a Juan Ramón Jiménez sobre algunos aspectos de Antología de la poesía hispanoamericana,
cuya revisión estuvo a cargo de Juan Guerrero, por petición expresa del autor; Guerrero era gran amigo
de Juan Ramón y conocedor de su obra, véase, Juan Guerrero, Juan Ramón de viva voz, prólogo de Ricardo Gullón, Madrid, Editorial Insula, 1961, pp. 137-138, 141,143,-145, 147, entre otras.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
247
nía». No dudamos que tanto don Ramón como sus otros compañeros valoraron los
méritos de su propuesta y confiaron en su capacidad y experiencia para llevarla a
cabo; sin embargo, el distanciamiento trajo consigo la falta de comunicación, un
diálogo de preguntas y respuestas, de dudas, objeciones y defensas que se requiere
en este tipo de empresa; diríamos que se dio una situación difícil para ambas partes debido a una circunstancia inevitable: la distancia.
El segundo planteamiento de la carta –la razón de la misma– es la defensa del
concepto y diseño de la Antología. Es importante notar cómo aquí aflora ya la posición americanista de Onís tantas veces expuesta en su obra y defendida ahora: «
... Creo, ... que el Centro abra el camino del estudio de la literatura hispanoamericana, y creo también que mis puntos de vista hacen resaltar la unidad hispánica
frente a tanto error parcial, negativo y separatista como hay en América y España».
Su decidido americanismo no deja dudas sobre la firme defensa de sus ideas, su
conocimiento del tema, ampliado ahora con una experiencia de primera mano. En
la Introducción de la obra reconoce las profundas diferencias entre las literaturas
americanas y la literatura española; no obstante, defiende la conveniencia de una
lectura conjunta: « De esta manera no solo resaltará la unidad, sino la variedad de
la literatura de nuestra lengua común. ...».8
No le inquietaban a Onís estas diferencias entre lo español y lo americano, más
bien las veía como la consecuencia lógica de una independencia política y cultural: «...Y será más patente y valiosa la tradición española de América si la encontramos en las creaciones americanas que más se diferencian de las españolas.9 Esta Antología, por fuerza, era producto de su nuevo entorno político y cultural, y de
ello se benefició con creces. Ya en un ensayo anterior confirmé esta posición americanista de Don Federico: «Defendió como pocos europeos lo hayan hecho antes,
la originalidad de la cultura americana ...».10
Con gran lucidez explica en la carta a Menéndez Pidal y apunta en la Antología
que en un periodo de tan sólo cincuenta años la obra de los autores seleccionados
muy bien puede haber pasado por diversos momentos literarios, y esto sí es decisivo,
y no el criterio cronológico de autores y obras; por lo cual la división cronológica está en función de las «tendencias literarias», así lo especifica en la Introducción:
Quizá sea necesario advertir, como observación general, que las unidades cronológicas
correspondientes a las secciones en que está dividida esta antología representan las va-
Onís, Antología ..., Opus cit., Introducción p. XXIII
Federico de Onís, «La eternidad de España en América», España ..., Opus cit., p. 15
10 Matilde Albert Robatto, «La querencia americana de Federico de Onís», El reino de la memoria,
San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997, pp.86-117. Entre los diversos artículos sobre el americanismo de Federico de Onís, véanse los siguientes: Germán Arciniegas, «Onís el hombre.
Madurez»; Luis Alberto Sánchez, «El hispanismo de don Federico», La Torre, Homenaje a Federico de
Onís, Universidad de Puerto Rico, núms. 127, 128, 129, 130, Río Piedras, 1985, XXXIII, pp.37- 45 pp.
325-329; María Teresa Babín, «Don Federico en mi recuerdo»; Andrés Iduarte, « Don Federico de Onís
en vida y en muerte»; Enrique Laguerre, «La España de don Federico de Onís»; Concha Mélendez,
«Federico de Onís y la América Hispánica»; Hugo Rodríguez Alcalá, «Sobre el americanismo de Federico de Onís»; Luis Alberto Sánchez, «Don Federico (Recuerdo)», Revista Hispánica Moderna, Homenaje a Federico de Onís, Hispanic Institute, Columbia University, vol. I, núms. 1-2, New York, 1968,
XXXIV, pp. 11-12; 20-24; 25-30; 31-36; 71-84; 85-87.
8
9
248
LOS LAZOS DE LA CULTURA
rias fases por que ha pasado la poesía de esta época en su evolución y desarrollo, como
hemos tratado de explicar, sin que esto signifique que los autores incluidos en dichas
secciones correspondan a ellas en la totalidad de su vida y su producción…11
Defiende con autoridad y gran intuición crítica la obra de unos autores que, de
acuerdo con su criterio, los cinco españoles y los siete americanos incluidos, de todos los poetas jóvenes de entonces: «... son los que quedarían aunque no escribieran más». El tiempo ha confirmado su apreciación y la muestra poética incluida en
la Antología anticipaba ya lo que sería con el correr de los años la poesía de: Pedro
Salinas, Jorge Guillén, Gerardo de Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti,
Vicente Huidobro, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Jorge Carrera
Andrade, entre otros, además de los nombres incluidos en las extensas secciones
de «Postmodernismo»y «Ultramodernismo». Si bien es cierto que la nómina de
poetas con sus selecciones resulta bastante extensa; también hay que reconocer
que una obra de esta naturaleza, por su misma conceptualización, tiene que ser
amplia para recoger toda la gama posible de variaciones líricas dentro de un período relativamente corto sí, pero en un espacio extenso y variado como lo es el mundo hispánico. A Don Federico, en esta defensa, le asistía un gran conocimiento de
la materia, además de la proximidad geográfica, en unos casos, y del contacto directo o epistolar en otros.
Resulta también innovadora la visión del postmodernismo y el ultramodernismo:
«... dos modos paralelos y contradictorios de terminación del modernismo: uno reaccionando contra él, otro llevándolo más allá hasta sus últimas consecuencias…», según expone en su carta, tesis que amplía en la Introdución donde califica de «conservador» al postmodernismo y de «audaz y original» al ultramodernismo.12 La posición
crítica de Onís con respecto del modernismo y las reacciones a éste, han influido en
otras lecturas posteriores sobre este período literario; tanto en estudios panorámicos
como especializados se puede notar la huella de su pensamiento.
La Antología tuvo una gran acogida por parte de la crítica, tanto de España como
de América; para el Centro de Estudios Históricos su publicación fue todo un éxito,
valió la pena para ambas partes solucionar las diferencias expuestas en las respectivas
cartas; desde Nueva York, no olvidaba Onís su estrecho vínculo de colaboración intelectual con el Centro. A nuestro juicio, bien puede ser esta obra un ejemplo de trabajo
compartido entre dos mundos, la síntesis de un proceso de reflexión, estudio y experiencia; sobre todo, sorprende el conocimiento, el acierto y la sensibilidad lírica en las
selecciones poéticas. Lo cual nos hace pensar que el autor de esta Antología podía armonizar con plena comodidad el estudio de poéticas distintas y también distantes; ya
la Antología misma era una muestra de la unidad en la pluralidad y riqueza de la cultura hispánica, tema sobre el que escribió páginas fundacionales.13 En el Archivo FeFederico de Onís, Antología ..., Opus cit., Introducción, pp. XXI-XXII.
Ibidem, pp. XVIII-XIX.
13 Onís escribió artículos, ensayos y dictó conferencias, habló en entrevistas sobre el tema, en él recurrente, de España y América; parte de esta obra no está recogida como libro, pero se encuentra en
«Onís: Obra y crítica» - la parte de Obra- AFO. Véanse también los siguientes artículos y ensayos: «La
eternidad de España en América», «Unidad y variedad hispánicas», «La originalidad de la literatura
hispanoamericana», «América Hispana y la Ilustración», «Españoles en la Nueva España», «Cultismo
11
12
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
249
Federico de Onís.
(Seminario Federico de
Onís, Departamento de
Estudios Hispánicos,
UPR).
derico de Onís se encuentran numerosas reseñas y artículos muy favorables a esta
obra.14
En realidad, Onís siempre mantuvo un contacto directo con el Centro de Estudios Históricos, tanto en lo que se refiere a proyectos académicos y de investigación como a la amistad, en el Archivo Federico de Onís se guarda la correspondencia entre sus colegas y también amigos, como lo fueron Tomás Navarro
y Américo Castro, las cartas muestran los planes personales y conjuntos que los
unían, la colaboración entre ellos. Tomás Navarro enseñó cursos de lingüística
en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico
durante el verano de 1925 y el curso académico 1927-28, desde 1939 fue profesor de la Universidad de Columbia. Por su parte, Américo Castro fue profesor
y popularismo en México», «Lo mero principal», «Sarmiento y los Estados Unidos»: Federico de Onís,
España ..., Opus cit., pp. 13-19,20-24, 115-128,129-131, 132-134, 135-137, 138-139, 140-150.
14 Véase, Guillermo de Torre, «Una gran antología poética», Revista de Occidente, Madrid, 1935,
XLVII, pp. 222-232; «Onís: Obra y crítica», AFO.
250
LOS LAZOS DE LA CULTURA
de literatura española en el Department of Romance Languages de la Universidad de Columbia durante la sesión académica de febrero a mayo de 1924 y en
el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en el
curso de verano de 1928; además de dar ambos conferencias en otros centros
docentes de Puerto Rico o Estados Unidos. Ramón Menéndez Pidal también
dictó cursos y dio conferencias en la Universidad de Columbia; de hecho de
1937 a 1938 se encontraba en esta Universidad como profesor. Como se puede
inferir, el interés de Federico de Onís por ayudar a sus amigos para que pudieran visitar otras universidades y, a su vez, éstas se beneficiaran de tener en sus
aulas a catedráticos de gran conocimiento y prestigio, era manifiesto. Sin embargo, Américo Castro, con quien sostuvo Onís una extensa correspondencia, se
solía quejar en sus cartas de la tardanza de éste en contestarlas; en una del 2 de
marzo de 1922, Onís responde a los amistosos reproches:
Tengo poco tiempo y no debo perderlo en comunicaros todo lo que hago. Debéis estar
seguros de que no dejo de hacer todo lo que os importe. ... Te he contestado siempre
ampliamente cuando me has consultado cualquier cosa. A veces lo que me dices en cartas posteriores estaba ya contestado en otras anteriores ...
No debéis de dudar de mi interés por todo y cada uno de vosotros por una carta más o menos (cuando la carta además no es necesaria). ¿Qué he dejado de hacer cuando ha llegado
la ocasión? Los hechos valen más que las palabras que podría escribir. Te abraza.15
En verdad no era ésta una mera disculpa para quedar bien ante sus amigos.
Cuando se ha tenido la oportunidad –como es mi caso– de organizar el Archivo
Federico de Onís, leer sus cartas, artículos, ensayos, libros, proyectos, investigaciones; examinar la parte correspondiente a «Noticias y actividades» del Archivo,
comprobar la comunicación frecuente con algunos escritores, quienes le pedían
opinión sobre sus obras o sencillamente le enviaban una copia de alguna en específico para que emitiera un juicio, no dejamos de asombrarnos de su extraordinaria
capacidad de trabajo; sumado a todo esto el que realizaba en la Universidad de Columbia como director del Departamento Hispánico y como director del Instituto de
las Españas.
Pues bien, entre sus numerosas actividades fuera del campus universitario, cabe mencionar la que llevó a cabo con la editorial norteamericana Heat & Company; desde 1920 Federico de Onís será el editor «General Editor» de la serie Spanish Contemporary Texts. Para esta época se publicaron obras de Jacinto
Benavente, Pío Baroja, Azorín, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Vicente Blasco Ibáñez, Manuel Linares Rivas, Gregorio Martínez Sierra, Eduardo Marquina,
una Antología de cuentos españoles, una Antología de cuentos americanos, entre
otros. A Onís le correspondía solicitar el permiso de los autores para publicar su
obra o fragmentos de la misma en esta serie, así como revisar el trabajo de los
15 La correspondencia de Federico de Onís con Américo Castro, Ramón Menéndez Pidal y Tomás
Navarro, se encuentra en los correspondientes cartapacios de la sección de Correspondencia de AFO.
En la próxima publicación de mi libro Federico de Onís: cartas con el exilio, A Coruña, Ediciós do
Castro, he dedicado una parte a la correspondencia entre Américo Castro y Federico de Onís.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
251
otros editores; como era de esperar, en ocasiones se tuvo que enfrentar a las dificultades inherentes a este tipo de trabajo.16
Una de las gestiones culturales de mayor relieve realizadas por Federico de
Onís en aquel momento fue la venida de Federico García Lorca a Nueva York,
desde el verano de 1929 hasta la primavera de 1930. De acuerdo con María Teresa Babín –profesora y escritora puertorriqueña especializada en la obra lorquiana– la presencia de Onís en la gran urbe resultó ser determinante en este
viaje:
... Don Federico fue el imán que atrajo al joven granadino a los predios neoyorkinos
del Instituto de las Españas, donde se instaló con todos los requisitos de matrícula y de
residencia, conviviendo con profesores, artistas, escritores y estudiantes españoles, hispanoamericanos y norteamericanos que ensancharon su círculo de amigos y en quienes
Lorca dejó la huella de su recuerdo y de su presencia... 17
García Lorca tuvo una importante participación en la vida cultural de la
Universidad de Columbia; dio conferencias, recitales poéticos y musicales en el
Instituto de las Españas, además de compartir sus horas de descanso con la familia Onís en la residencia de éstos en Claremont Av. y en el «farm» de Newburgh. Es importante anotar que ante el Servicio de Immigración de los Estados
Unidos (U. S. Department of Labor, Immigration Service ) Onís era la persona
que representaba y respondía por García Lorca en territorio norteamericano, la
dirección oficial de Lorca era la de Don Federico, según consta en la documentación existente en el Achivo Federico de Onís. Por ello a Onís se dirige el Departamento de Immigración, en carta del 30 de julio de 1930, en la cual le pregunta sobre el paradero del poeta granadino; carta que contesta de inmediato
–el 31 de julio de 1930– en la que informa sobre el viaje de Lorca en marzo a
Cuba para dar unas conferencias, y aclara que ya había partido en junio para
España por barco vía Nueva York, pero que no se le permitió desembarcar; dato
confirmado en el telegrama siguiente: «Professor Onís = Phisosophy Hall Columbia University New York NY= Estoy Manuelarnus [Manuel Arnús] muelle
transatlántica. Imposible desembarcar avise Rubio. Vengan a verme Abrazos =
Federico».18 La relación amistosa y profesional entre Lorca y Onís habrá de
continuar, así se refleja en esta carta:
16 Ibidem. En este libro hago una extensa referencia sobre el trabajo realizado por Federico de
Onís, como «General Editor» en la serie Spanish Contemporary Texts en la nota 2; sobre la edición de
Platero y yo en esta serie, véanse las cartas de Onís a Zenobia, 27 de agosto de 1921; de Zenobia a Federico de Onís, 12 de septiembre de 1921; de Onís a Zenobia, 3 de enero de 1923; de Zenobia a Onís, 2
de febrero de 1923; además de las correspondientes notas 27, 28, 29, 30, 33, 35, 47.
17 María Teresa Babín, «Federico García Lorca», La Torre, Homenaje a Federico de Onís, núms.
127, 128, 129, 130, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1985, XXXIII, p. 199.
18 AFO, Sección Correspondencia. Las cartas citadas, el telegrama y otros documentos relacionados se encuentran en el cartapacio de Federico García Lorca. Para mayor información sobre la visita de
García Lorca a Nueva York, véase Matilde Albert Robatto, «Federico de Onís, compañero de exilio»,
Xosé Luis Axeitos y Charo Portela Yánez (eds.), Sesenta años después. Os Escritores do Exilio Republicano, Sada, A Coruña, Ediciós do Castro, 1999, pp. 239-240, notas 7, 8.
252
LOS LAZOS DE LA CULTURA
¿1933?] [sic]
Sr. D. Federico de Onís.
Queridísimo Onís: Al empezar el año tengo gran alegría en desearle felicidad en
compañía de los suyos y muy especialmente de mi ahijado Juan (ahí está papá).
... Ahora trabajo mucho. Estamos creando el Teatro Universitario, donde pienso montar gran número de obras clásicas y preparo algunos libros, que ya le mandaré, y algunos estrenos.
Deseo muy pronto darle un abrazo.
Adios. Recuerdos cariñosos a su mujer y besos a mi ahijado.
Un saludo cordial de su siempre,
Federico García Lorca19
En Nueva York, durante esta época que ahora estudiamos –de 1920 a 1940– Federico de Onís participó en numerosos actos académicos y culturales de diversa naturaleza: conferencias, charlas, discursos, artículos en la prensa; fue el invitado de
honor o el conferenciante de distintas asociaciones y universidades como: la Sociedad Americana de Maestros de Español, la Sociedad Española de Beneficencia, el
Ateneo Hispano de Nueva York, el Instituto de las Españas, Columbia University,
The Hispanic Society of America, New York University, New York School for Social
Research y otras. Entre los temas que este ilustre intelectual desarrolló figuran: la solidaridad con la República española, la unidad y variedad hispánicas, la nueva significación de Hispanoamérica, Lope de Vega y el teatro español, Miguel de Unamuno,
Ramón del Valle Inclán, Rubén Darío, Antonio Machado, Pío Baroja, Juan Ramón
Jiménez, el día de Cervantes –la Fiesta de la Lengua–, la vitalidad y grandeza de la
lengua española, el folklore hispano, las escuelas literarias, etc. Por lo general, los
periódicos neoyorkinos y algunos españoles, puertorriqueños, cubanos y de otros países hispanoamericanos, recogían en sus páginas toda o parte de la información ofrecida en estos actos; La Prensa, La Tribuna, Plus Ultra, España Republicana y España Libre, casi siempre informaron sobre ellos; también se encuentran algunas
noticias sobre Onís en: New York Evening Post, The New York Times, Wellesley College News, Barnard Bulletin, New York Herald Tribune, La Voz, Diario de la Marina, Repertorio Americano, La Opinión, El Mundo, El Imparcial, Summer School
News, La Democracia, La Correspondencia, La voz de Cantabria, El Sol; incluso El
Adelanto, de Salamanca, se hacía eco con natural orgullo de la labor que realizaba en
los Estados Unidos este ilustre profesor, ahora de la Universidad de Columbia y antes catedrático de la Universidad de Salamanca, y le llamaba «Adelantado Mayor de
la cultura hispánica en Norteamérica».20 Con motivo de la publicación de Ensayos
sobre el sentido de la cultura española, Azorín le da una buena acogida al libro y dice de su autor: «Federico de Onís es una de las más simpáticas y cultas personalidades españolas. Vive en el extranjero desde hace muchos años; en el extranjero, Esta-
19 Federico García Lorca, «A Federico de Onís», «Cartas de Federico García Lorca», Obras Completas, 16 ed., Recopilación y notas de Arturo del Hoyo, Prólogo de Jorge Guillén, Epílogo de Vicente
Aleixandre, Madrid, Editorial Aguilar, 1971 pp. 1669-1670.
20 R. Aguirre, El Adelanto, Salamanca 8 de junio, 1934; todos los artículos publicados en los periódicos citados de esta época, se encuentran en la Sección Noticias y Actividades, AFO.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
253
dos Unidos, explica literatura y lengua españolas; su profesorado es fecundo en resultados positivos para el buen nombre de España. ...»21 Su amigo, José Moreno Villa, afirma: « ... Todos sabemos que viene a ser nuestro verdadero adelantado, nuestro ministro permanente en Columbia University».22 Juan Ramón Jiménez, en 1935,
hace en pocas palabras un penetrante retrato del joven salmantino: « ... Siempre es
Onís igual al sí de ayer y al de hace un año, igual por fuera y por dentro; y creo que
seguirá siendo igual hasta su fin español o americano. ...».23
Por su parte, Don Federico enviaba con cierta regularidad sus colaboraciones a
periódicos como El Sol, El Adelanto, La Tribuna, La Prensa, en las cuales informaba sobre algunas actividades, expresaba sus opiniones en torno a temas de literatura y cultura española e hispanoamericana o sobre el estilo de vida norteamericana. Vale la pena detenernos aquí en esa visión el hombre europeo e hispano
ante una sociedad poderosa, rica y de indiscutible influencia mundial; una sociedad que admiraba en algunos aspectos, no en otros, pero que con el tiempo pudo
comprenderla; una sociedad, además, en la que tuvo que luchar para lograr el reco21 Azorín, José Martínez Ruiz, «El parecer de Azorín», Repertorio Americano, San José de Costa
Rica, 14 de enero, 1933.
22 José Moreno Villa, «Federico de Onís o el fronterizo de la cultura», Residencia, núm. 3, Madrid,
1931, II, p.174, en el Archivo José Moreno Villa, Residencia de Estudiantes, Madrid.
23 Juan Ramón Jiménez, «Federico de Onís», El Sol, Madrid, 15 de diciembre, 1935, véase también el elogioso artículo del profesor y crítico Angel Flores, «Spain’s Envoy of Good Will: Federico de
Onís, New York Herald Tribune, 20 de agosto, 1933; traducido y reproducido en El Adelanto, Salamanca, 24 de marzo 1934.
Desde luego de esta labor suya, como hemos podido ver, se tenía entonces noticia en España; por
el contrario, pienso que ahora éste no es el caso, pues, dentro del mundo académico y cultural español
de hoy día - la que esto escribe lo ha podido comprobar - es Federico de Onís el gran desconocido para
las generaciones más jóvenes y hasta no tan jóvenes. Como también pude constatar en mi reciente visita - 23 de mayo de 2002 - a Columbia University, en particular al Hispanic Department y al Hispanic
Institute, el olvido de su obra y la decadencia en que se encontraban ambas dependencias, que él fundó
y a las que dedicó todo su entusiasmo: los muebles antiguos llenos de polvo, la famosa Dama de Elche
en un rincón, el estado de deterioro de los archivos - en un sótano cerca del río - el lector podrá suponer
el grado de humedad que se sentía en el ambiente, el hongo había invadido ya algunos documentos valiosos, como me ocurrió al no poder revisar el cartapacio de Méndez Pidal, cubierto de limo y hongo;
por no mencionar la precaria organización de los mismos archivos; gracias a la ayuda de un amable estudiante graduado, Christian Rivera, pude ver los referidos archivos. Es lamentable que se pierda la labor y el legado de toda una vida dedicada a dar a conocer los valores de la cultura hispánica en los Estados Unidos; que en la propia España y en Hispanoamérica haya universitarios, profesores, gente
relacionada con los departamentos de literatura española que ignoran que fue Federico de Onís quien,
en los Estados Unidos, rompió barreras para que se reconociera y se le diera el lugar que le corresponde a la lengua española y su literatura, así como también la literatura hispanoamericana. No tuve la
oportunidad de ver - debido a diferencias cronológicas - lo que fue el Hispanic Institute ya con su sede
física en el Instituto o la Casa de las Españas en su momento de esplendor, cuando se daban actos culturales todos los lunes y cuando este lugar era el punto de encuentro de lo más granado de la cultura
hispánica en los Estados Unidos; allí dieron sus conferencias, leyeron y hablaron de su poesía, reflexionaron sobre temas culturales y políticos figuras de la talla de: Fernando de los Ríos, Américo Castro,
Lawrence Wilkins, Federico García Lorca, Angel del Río, Frank Callcott, Archer M. Huntington, Claudio Sánchez Albornoz, Juan Ramón Jiménez, Concha Meléndez, Eduardo Mallea, Enrique Laguerre,
Luis Alberto Sánchez, Tomás Navarro, Angel Flores, Gilberto Freyre, Arturo Uslar Pietri, Germán Arciniegas, Gabriela Mistral, Pedro Salinas, Jorge Guillén, entre otros. Don Federico confió a Zenobia
Camprubí de Jiménez toda la decoración y arreglos de la Casa de las Españas; ella era también la representante oficial de esta entidad ante la Junta para la Ampliación de Estudios; sobre este tema en específico, véanse el artículo de Matilde Albert Robatto, «La querencia americana...», Opus cit., y la próxima publicación del libro Federico de Onís: cartas..., Opus cit.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
nocimiento de los valores de su propia cultura, que él con tanto orgullo representaba. Ya en el «Discurso» de apertura del curso de la Universidad de Salamanca,
Onís ve en la sociedad norteamericana una necesidad de cambio, de apertura, que
se hizo inevitable a partir de la primera Guerra Mundial; desde el punto de vista
político y comercial también los Estados Unidos necesitaban esa expansión, aunque algunos sectores de esta sociedad se mostraran renuentes al cambio; pero el
nuevo orden mundial lo imponía; el «panamericanismo» se había iniciado en su
fase preliminar, y así lo confirmaba Onís:
... La posición tomada se ha traducido en dos órdenes de hechos: una política general de
estrechamiento de los lazos económicos y morales entre los pueblos todos de América
para ayudarse a realizar sus fines comunes, es decir, la política llamada panamericanismo, y la intervención concreta de los Estados Unidos, en diversos momentos y con motivos y fines de muy diferente carácter, en la vida interior de ciertos pueblos hispanoamericanos, como, por ejemplo, Cuba, Puerto Rico, Méjico, los países centroamericanos, Panamá y Santo Domingo. La primera tendencia, o sea el panamericanismo, puede
considerarse como un movimiento nacional que va definiéndose e identificándose de
día en día y que encuentra acogida y aplauso en todos los corazones norteamericanos;
los hechos de la segunda clase, como son muy distintos entre sí, son juzgados de muy
diferente manera por los ciudadanos de este pueblo y algunos de ellos están en franca
contradicción con los sentimientos dominantes en la mayoría de los norteamericanos.
Pero yo no voy a hablaros ahora de la política de los Estados Unidos, que, para ser entendida, necesitaría ser estudiada extensa y cuidadosamente; yo quiero simplemente
mostraros las consecuencias que esa política haya podido tener para desarrollar en este
país el estudio y difusión de nuestra lengua y nuestra cultura.
La tendencia de acercamiento a los pueblos hispanoamericanos y las relaciones comerciales cada día crecientes con ellos, han contribuido a crear un interés, cada día creciente también, por la lengua y civilización españolas....Los Estados Unidos, quiéranlo o no,
han entrado en una nueva fase de su historia, francamente expansiva e internacional; ya
no pueden vivir dentro de sus fronteras ni sentirse ajenos a nada que en el mundo ocurra; el papel directivo que, por la fuerza de los hechos, han asumido desde los días de la
guerra, les obliga, si han de vivir, a contar con todo el mundo como todo el mundo
cuenta con ellos, y a desarrollar, como lo vienen haciendo, no sólo una política internacional hispanoamericana, sino una política europea y una política asiática...
Entonces empezó a desarrollarse, como una fiebre colectiva, el ansia de conocer el español y todo lo referente a los pueblos donde el español se habla. El español era el instrumento para entenderse con ellos y con ellos comerciar. Pero comerciar, si ha de hacerse bien, es una actividad difícil: no basta con conocer la lengua; hay que conocer a
los hombres que la hablan, sus gustos, su carácter, sus costumbres, su psicología, sus
ideales; para lograrlo hay que conocer su historia, su geografía, su literatura, su arte.24
24 Federico de Onís, «El español en los Estados Unidos», Discurso escrito para la apertura del curso de la Universidad de Salmanca, 1 de octubre de 1920; publicado sin permiso del autor - según lo hace constar de su puño y letra - en el ejemplar del periódico La Tribuna, 18 de diciembre, 1920; Ensayos
..., Opus cit., y España ..., Opus cit., pp. 679-702; relacionado con el «panamericanismo», véase, William R. Shepherd, «Hacia la amistad triangular», Revista Hispánica Moderna, Boletín del Instituto de
Las Españas, núm. I, Nueva York, 1934, I, pp.1-10.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
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Es interesante notar como Don Federico percibe unos cambios en la sociedad
norteamericana, se esfuerza en interpretarlos, pero, sobre todo, toma una posición
diplomática al referirse a la inevitable convivencia –impuesta por razones geográficas e históricas– de ambas culturas: la norteamericana y la hispánica, a sabiendas
de las diferencias políticas, sociales y culturales entre ellas; aunque recordemos
que de él son estas palabras: «... No nos entendemos los hombres de los distintos
pueblos por aquello que hay de igual entre nosotros, sino por lo que más genuinamente nos diferencia y separa. ...».25
Mas en esta referencia a la cultura hispánica, le duele el menosprecio que se
hace del español al considerarlo solamente como una lengua de interés comercial, para negocios, con un precario fin utilitario; esta actitud hacia un idioma es
per se minusvalorativa, ignora la riqueza que entraña la relación lengua-cultura.
No es raro escuchar opiniones similares entre personas dedicadas al comercio o
a profesiones con fines meramente prácticos, sin embargo, resulta inexplicable
oírlas de personas relacionadas con la enseñanza de idiomas; y así le ocurría a
Don Federico cuando se refiere a todas estas gentes como enemigos del español.
Contra ellos lucha con todas sus fuerzas, recomienda en la Universidad de Columbia –en el Departamento Hispánico– una mayor variedad de cursos de lengua y de las literaturas española, hispanoamericana, portuguesa y brasileña.26
Federico de Onís, que no sólo conocía muy bien, sino que explicaba de forma
única Don Quijote de la Mancha, tenía él también mucho de «Quijote», y claro
está, es de suponer, con bastante probabilidad de acierto, que tuviera que deshacer entuertos y pelear con gigantes o molinos; porque entre sus propios colegas
existían ciertos prejuicios hacia la lengua española y también hacia la misma literatura hispanoamericana; prejuicios que habría de desenmascarar, de su propia
palabra los conocemos:
... Las palabras que yo empleo son suaves, puesto que, no gente de la calle, sino profesores de lenguas romances, que deben saber algo de España, se han expresado publicamente en formas mucho más violentas, y se han atrevido a presentar a discusión en reuniones de sociedades sabias la tesis de que la lengua española no tiene literatura digna
de tal nombre. Y estos hombres honestos se han preguntado publicamente: entonces
¿para qué estudiarla? Claro está que los norteamericanos amigos y conocedores de la
cultura española no han dejado sin contestación esa pregunta airada, y han tenido que
recordar que Cervantes sólo con Shakespeare puede emparejarse en la historia de la literatura universal; que nuestro Romancero es el monumento de poesía popular más
grande y más vivo que ofrece ningún pueblo; que nuestra novela clásica creó para el
mundo los diversos tipos de la novela moderna; que nuestra literatura mística es única;
que nuestra comedia clásica es el primer teatro popular y romántico de Europa; ... que
Velázquez y Goya, siendo tan grandes como los más grandes pintores del mundo, son
los padres de la pintura moderna; ... que hoy mismo, el todo inseparable que forman los
Ibidem, p. 681.
Sobre la historia y renovación de los estudios hispánicos en la Universidad de Columbia, véase,
Federico de Onís, «Historia de los estudios Hispánicos en la Universidad de Columbia», España...,
Opus cit., pp. 725-734.
25
26
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
pueblos que hablan español ofrece al mundo manifestaciones de vitalidad cuyo valor no
es menor que el de ninguno de los pueblos que se consideran directores de la civilización.27
A esta altura del ensayo podemos preguntarnos si Federico de Onís siguió de
cerca el consejo de su amigo Archer M. Huntington –como hemos visto en páginas
anteriores– cuando le recomendaba abandonar todas las actividades que no fueran
las académicas y de investigación pues él era un scholar; sin duda que lo era, pero
también es verdad que al lado del scholar estaba el hombre de acción que le impulsaba a llevar a cabo otras tareas como diseñar, organizar, dirigir; funciones que
llevó a cabo con todo éxito, pues estamos ante una personalidad con un gran liderato, lo que era muy importante para poder ejercer con efectividad en un puesto y
también a la hora de tomar decisiones. Después de haber leído y repensado su obra
escrita, de reconocer su valor de pionero en lo que se refiere al estudio de las literaturas hispánicas, hay que admitir que, gracias al hombre de acción, se pudieron
realizar tan importantes proyectos como los que mencionaremos a continuación.
En 1920 las autoridades de Columbia lo nombran director del Instituto Hispánico, Hispanic Institute o Instituto de las Españas; si bien la fundación del Instituto es obra del esfuerzo colectivo de unos hispanistas, la presencia de Federico de
Onís fue determinante para el éxito de esta Institución, la cual contaba no sólo con
el auspicio de la Universidad de Columbia, sino también con el respaldo de la Junta para la Ampliación de Estudios, la Junta de Relaciones Culturales, el Centro de
Estudios Históricos, en España, y con el Instituto de Educación Internacional de
Nueva York, la Asociación de Maestros de Español y Portugués de los Estados
Unidos y la Cámara de Comercio Española de Nueva York, además de otras universidades. Esta entidad tenía como fin dar actividades relacionadas con el Departamento Hispánico de la Universidad y también servir de enlace cultural entre España, Hispanoamérica y los Estados Unidos. En 1930 el Dr. Butler, presidente de
Columbia University, le comunica al director, Dr. Onís, la necesidad de tener un lugar para las actividades del Instituto Hispánico, que hasta entonces se celebraban en
el campus universitario; de esta manera nace lo que fue la La Casa de las Españas,
esto es, la sede física del Instituto, que desde el principio tuvo el apoyo económico
de la Universidad de Columbia, y en 1934, 1935 y 1936 la Junta de Relaciones Culturales le concedió al Instituto la subvención de dos mil dólares. Don Federico confió en el buen gusto de Zenobia Camprubí de Jiménez para la decoración y arreglo
de La Casa de las Españas; el esplendor de esta Institución se recuerda con gran admiración y cierta nostalgia por los que conocieron aquella época.
El Instituto de las Españas hacía también una labor editorial en español y en inglés; se publicaban tesis doctorales, conferencias y otros textos de interés para estudiosos de las literaturas hispánicas; se llegaron a publicar alrededor de cien libros. Ligada estrechamente al Instituto Hispánico y a la Universidad de Columbia
está la Revista Hispánica Moderna, voz representativa de ambas instituciones.
Onís fue su fundador y director desde 1934 hasta 1954; el prestigio de la misma,
27
Federico de Onís, «El español en los Estados Unidos», España ..., Opus cit., p. 694.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
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desde sus inicios, lo ha confirmado la calidad de sus publicaciones, así como el
propio diseño de la revista.28
Puerto Rico ha sido un país de gran significado en la vida de Onís, aunque también se podría decir que esto ha sido recíproco. En 1925 Don Federico recibe una
invitación del presidente, Dr. Thomas E. Benner, para enseñar en la Universidad de
Puerto Rico durante la sesión de verano de 1926; después se le encomendará la
fundación del Departamento de Estudios Hispánicos.29 Desde sus inicios, el Departamento contó con el apoyo de la Universidad de Columbia y con el Centro de
Estudios Históricos de Madrid; era un buen comienzo para crear un joven departamento que, andando el tiempo, llegaría a ser uno de los mejores departamentos de
estudios hispánicos en los Estados Unidos. La Universidad de Columbia autoriza
al profesor Federico de Onís, para que lleve a cabo las funciones de director del
Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico; valga la
pena aclarar que dichas funciones las realiza el director de forma gratuita; ante
ciertas observaciones, el propio Dr. Benner puntualizó:
... parece que hay muchos que equivocadamente creen que esta cooperación es costosa a
la Universidad de Puerto Rico. No nos cuesta un centavo y en muchos casos nos ha ahorrado grandes sumas de dinero. Don Ramón Menéndez Pidal y don Tomás Navarro Tomás del Centro de Estudios Históricos, por ejemplo, al servir sin sueldo como directores de nuestro Departamento de Estudios Hispánicos, han puesto a nuestra
disposición sin costo alguno la sabiduría y la experiencia que todo el mundo reconoce
en ellos. Igualmente , Don Federico de Onís de la Universidad de Columbia, nos presta
sus brillantes servicios como director de este departamento sin sueldo u otra recompensa que la que vendrá del reconocimiento público de la parte que él tome en las labores
que muy propiamente podemos esperar. ¿Qué nos costaría emplear hombres como estos? Más, ciertamente, que lo que la Universidad puede pagar».30
El Centro de Estudios Históricos envía al nuevo Departamento profesores españoles de prestigio por las investigaciones y publicaciones en su especialidad,
28 Para mayor información sobre este tema, véanse Fernando de los Ríos, «Sobre actividades del
Instituto de las Españas», descripción del embajador de España en Washington al ministro de Estado en
Valencia, el 11 de febrero de 1937, cartapacio de Fernando de los Ríos, Sección Correspondencia,
AFO; Federico de Onís, «Historia de los Estudios Hispánicos en la Universidad de Columbia», « La
Casa de las Españas», España ..., Opus cit., pp. 724-734, 735-736; Federico de Onís, «Memoria del
Curso 1920-1921 presentada al Consejo General Ejecutivo, Junta para la Ampliación de Estudios, Instituto de las Españas en los Estados Unidos, Madrid- Nueva York, 1921, «Onís: Obra y crítica», AFO;
La Prensa, Nueva York, 12 de octubre, 1931; Yvonne Barret, « La Casa de las Españas en los Estados
Unidos», La Torre, Homenaje a Federico de Onís, Revista de la Universidad de Puerto Rico, núms.
127, 128, 129, 130, Río Piedras, 1985, XXXIII, pp. 307-317; Matilde Albert Robatto, «La querencia
americana...», Opus cit., pp. 86-117, y Federico de Onís ... Opus cit., la cita 23 de este ensayo.
29 Carta del 12 de noviembre de 1925, cartapacio núm. 7 B, cartas administrativas, Sección Noticias y Actividades, AFO.
30 «Federico de Onís nos presta sus servicios sin sueldo ni otra recompensa» La Democracia, 10 de
mayo, 1927, «Onís: crítica», AFO; para más información sobre la creación del Departamento de Estudios Hispánicos, véase los siguientes cartapacios núm. 7A y 7B, 1925-1926; núm. 8, 1926, núm. 9A y
9B, 1927; núm. 10A y 10B, 1928; núm. 11, 1928-PR; núm. 12A y 12B, 1929-1930, Sección Noticias y
Actividades, AFO; cartapacio de Antonio S. Pedreira, Sección Correspondencia, AFO.
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Tomás Navarro, Amado Alonso, Américo Castro, Fernando de los Ríos, entre
otros, y el propio Onís; ellos habrán de ser los que ayuden a formar a la generación
joven de profesores puertorriqueños que unos años más tarde –así lo pensaba
Onís– tomarían las riendas del Departamento, como: Antonio S. Pedreira, Concha
Mélendez, Enrique Laguerre –alumnos de Onís en Columbia– , Margot Arce, cuya
tesis doctoral sobre Garcilaso de la Vega la publicó el Centro de Estudios Históricos en 1930, Jorge Luis Porras Cruz, Manuel García Díaz, Pablo García Díaz, entre otros
En 1928 Onís funda la Revista de Estudios Hispánicos, organo oficial del Departamento; la misma cuenta también con el apoyo del Centro de Estudios Históricos, con la ayuda económica de la Universidad de Puerto Rico y la Universidad de
Columbia y la cooperación de la oficina del Instituto de las Españas. Los editores
y colaboradores de la revista son personas de reconocidos méritos: Robert H. Williams, Tomás Navarro, José Padín, Ricardo Rojas, Pedro Henríquez Ureña, José
Vasconcelos, William R. Shepherd, Antonio S. Pedreira, Ramón Lavandero, Rafael W. Ramírez, Concha Meléndez, Fernando de los Ríos, Gabriela Mistral, Miguel
de Unamuno, E. C. Hills, Fidelino de Figueirido, Antonio G. Solalinde, Américo
Castro, José María Chacón y Calvo, Alfonso Reyes, Arturo Torres Rioseco, Salvador de Madariaga, María de Maeztu, Ramiro de Maeztu, John G. Underhill, entre
otros. La Revista fue muy bien recibida en los círculos intelectuales dentro y fuera
del país; Don Federico estaba orgulloso de la misma, así se lo manifiesta a Américo Castro en una carta del 17 de mayo de 1928: «... Me alegra saber que la Revista
de Estudios Hispánicos te parece bien, que estás deseoso de colaborar activamente
en ella y que condenas la actitud de Olariaga. ...Por lo demás la revista marcha
muy bien, encontrando calurosa aprobación en todas partes, especialmente en Hispanoamérica. ...».31
Para 1929 Federico de Onís renuncia a la dirección del Departamento de Estudios Hispánicos y de la Revista. Los motivos, como he podido comprobar a la luz de
los documentos leídos al respecto, no están del todo claros pues la renuncia de Onís,
al parecer, es una respuesta a la destitución del Dr. Benner por parte de la Junta de
Síndicos de la Universidad, aunque podrían existir otras razones que se dejan leer
entre líneas; la prensa del país pide una explicación. Onís, por su parte, en ese mismo
año de 1929 asumirá la dirección del Departamento Hispánico de Columbia University, pero no se desligará de la Universidad de Puerto Rico ni de sus estudiantes; así
lo asegura en carta al Sr. Gildo Massó, Presidente Interino, después de señalarle las
dificultades enfrentadas por el cambio de actitud de las autoridades universitarias y
de aclararle que, con su renuncia, terminaba la colaboración de Columbia University
31 Cartapacio de Américo Castro, Sección Correspondencia, AFO; Luis Olariaga escribió un breve
artículo «La propaganda española en América» en El Sol, Madrid, 12-IV-1928, sobre la nueva Revista
de Estudios Hispánicos, en términos generales de una manera positiva, aunque le señala lo que, a su
juicio, podría suponer algún riesgo para la Revista, sobre esto Onís le escribe a Castro en la citada carta: « ... Somos como niños mal educados y obramos con una ligereza inconcebible ante la gravedad de
este problema de América, que habría que tratar con tanto cuidado. ... Hay que hacer en cada sitio una
cosa distinta: unas cosas en España, otras en Hispanoamérica y otras en los Estados Unidos.» Para mayor información sobre la Revista de Estudios Hispánicos, se pueden revisar las fuentes mencionadas en
la nota 30.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
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y del Centro de Estudios Históricos con la Universidad de Puerto Rico: « Siento mucho verme en la imposibilidad de continuar una labor en la que he puesto todo el entusiasmo y la fe que logró despertar en mí la juventud puertorriqueña, a la cual continuaré sirviendo desde aquí [Columbia University] en la forma que pueda»32. No
debe pasar inadvertida la negativa por parte de las autoridades de la Universidad, antes de 1926, a invitar al entonces catedrático de la Universidad de Granada, Fernando
de los Ríos, por pertenecer éste al Partido Socialista. Onís, en una carta del 11 de
septiembre de 1926, al presidente de la Universidad Dr. Benner, le solicita su ayuda
para volver a gestionar esta invitación:
Dr. Fernando de los Ríos, professor of University of Granada, has just come to this
country as a delegate to the Congress of Philosophy to be held in Boston next week.
He will give lectures at several American universities, and in November will leave for
Mexico, where he is to inaugurate the Sociedad Cultural Española ... It has, however,
seemed to me that perhaps the University of Porto Rico could take advantage of the
proximity of Dr. de los Ríos to invite him there for the second semester. If this could
be arranged it would mean a great deal to the University. Fernando de los Ríos
possesses in an unusual degreee the best qualities of the Spanish gentleman, and he
would make an excellent impression on everybody. Although his chair if of Political
Science, he has specialized in the political history of Spain and Spanish-America, and
nobody could give a better course than he in the history of Spanish civilization. Like
his distinguished uncle, D. Francisco Giner de los Ríos, he has always been keenly
interested in pedagogical questions, and he has made especial studies of tem in England and Germany.
Several years ago the Centro and I recommended Dr. de los Ríos for Porto Rico, and it
seems that his name was rejected on the ground that he was a Socialist congressman.
This was a mistake in judgement: for a Socialist in Spain is very different from being
one in the United States, and besides Dr. de los Ríos is a gentleman of such tact and
mental superiority that it is out of the question to think that his work in Porto Rico could
take on the slightest political tinge.33
AFO, Sección Noticias y Actividades, cartapacio núm. 12B, 1929-1930.
Sobre este asunto véase también la carta de Onís a Benner del 11 de septiembre, 1926, cartapacio núm. 7B, Sección Noticias y Actividades, AFO. Fernando de los Ríos fue invitado por la Universidad en 1928, 1929, 1939 y 1942.
Hay que recordar que en Estados Unidos, en aquella y otras épocas ha existido cierta desconfianza
hacia quienes, de alguna forma, se han identificado con el socialismo en sus diversas interpretaciones.
Federico de Onís era un hombre liberal y simpatizante de la República; los profesores españoles invitados a Puerto Rico y los Estados Unidos –personas con excelentes credenciales académicas– también
estaban del lado republicano, y entonces la política isleña seguía las pautas de la metrópoli. Me inclino
a pensar que la invitación a Salvador de Madariaga –véase cartapacio núm. 12B, ya citado– debió de
ser objeto de censura por parte de la administración universitaria puertorriqueña; habría que esperar
otro tiempo para que en los Estados Unidos se entendiera en toda su amplitud lo que era el socialismo,
el republicanismo e incluso el liberalismo de posguerra española. Años más tarde La Universidad de
Puerto Rico y su entonces rector, Lcdo. Jaime Benítez, abriría sus puertas al exilio español, como bien
se pudo constatar en el Congreso «Cincuenta años del exilio español en Puerto Rico y el Caribe 19391989», celebrado en la Universidad, Recinto de Río Piedras, sobre esto véase Cincuenta años de exilio
español en Puerto Rico y el Caribe 1939-1989, editora Charo Portela Yáñez, Sada, A Coruña, Ediciós
do Castro, 1991.
32
33
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Federico de Onís y Jorge Guillén en el Seminario Federico de Onís.
(Seminario Federico de Onís, Departamento de Estudios Hispánicos, UPR).
A nuestro modo ver, todo parece indicar que se dieron unos cambios inesperados por parte de la administración universitaria, de naturaleza política y académica; se percibe en algunas cartas ciertos desacuerdos y oposición hacia la labor que
llevaba a cabo Onís, quien, hay que recordar, fue el fundador del Departamento y
de la Revista; todo esto debió de ofender la sensibilidad de Don Federico, pero, sobre todo, estaba en conflicto con la visión que él tenía de lo debería llegar a ser el
Departamento de Estudios Hispánicos y la Revista; y también con su firme defensa del respeto y la tolerancia ante la diferencia de ideas que debe prevalecer en toda universidad. Nos apoyamos para esto en la carta del 30 de mayo de 1929 de Federico de Onís a Fernando de los Ríos, en la cual le informa sobre unos hechos
irregulares llevados a cabo por la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto
Rico, que dice así:
Mi propuesta de Salvador de Madariaga como profesor visitante ha sido rechazada y se
que en la Junta de Síndicos donde se tomó ese acuerdo se hizo a propuesta de [Juan B.
Huyke, comisionado de Instrucción] Huyke quien dijo que habían hecho hasta ahora
demasiado por el español y que de ahora en adelante they ought to stress the English.
Ante estas cosas yo me he confirmado en la idea que hace tiempo tenía y voy a romper
toda conexión con la Universidad de Puerto Rico. Desde luego Columbia University
termina también su colaboración en el Departamento de Estudios Hispánicos....34
34
Cartapacio Fernando de los Ríos, Sección Correspondencia, AFO.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
261
Durante sus periódicas visitas a la Isla, Onís dio conferencias en la Universidad
y en otros centros culturales como el Ateneo Puertorriqueño y la Biblioteca Carnegie, donde disertó sobre temas de literatura española, hispanoamericana y puertorriqueña; siempre insistiendo en la importancia de las diferencias entre estas literaturas, en cómo Hispanoamérica debía crear obras diferentes que respondieran a la
originalidad de su cultura. Los periódicos del país, El Mundo, La Correspondencia, El Imparcial, La Democracia, informaron sobre estos actos.35 Es también
Onís, con la ayuda de otros profesores y destacadas figuras en el mundo cultural
español y puertorriqueño, el iniciador del proyecto «La Institución Cultural Española» en Puerto Rico, entidad que tendría entre sus objetivos la difusión de la cultura hispánica así como mantener lazos de confraternidad entre los países americanos; instituciones similares se crearon en otros países hispanoamericanos.
En honor a la verdad, hay que consignar que Don Federico tuvo en Columbia
tres alumnos puertorriqueños de excepción, me refiero a Antonio S. Pedreira, Concha Meléndez y Enrique Laguerre; estos distinguidos alumnos, luego colegas y
amigos, se referían a don Federico con gran admiración y cariño: Antonio S. Pedreira lo calificaba como «un admirable sembrador de ideas»;36 Concha Meléndez
afirmaba: «En su cátedra, sus palabras geniales llevan a los alumnos por caminos a
veces imprevistos de arte y de ideal. ... El Dr. de Onís es más que todo esto, el comentador más emocionante que he conocido de la belleza literaria que España ha
dado al mundo. ...» ;37 Enrique Laguerre, en su programa radial «Puntos de partida», describe así el trato de Don Federico con sus alumnos: « Mientras estuve en la
Universidad de Columbia, el estudiante puertorriqueño encontró en don Federico a
un amigo y a un maestro cordial. Esa fue mi experiencia personal mientras estuve
allí». Pregunta el entrevistador al entrevistado cómo logró identificarse con la vida
americana, su interés y afecto por la cultura hispanoamericana; Don Federico, luego de dar una extensa explicación en la que alude a su inicial curiosidad por el
mundo americano y a la influencia que en esto tuvo su maestro Miguel de Unamuno, quien lo inició en el conocimiento de la lengua y literatura inglesa y también
de la norteamericana, especifica lo siguiente:
... Cuando vine a Columbia University en 1916 para organizar en ella los estudios españoles, la razón principal de que me quedase allí definitivamente fue mi interés en la otra
América, la española, y el Brasil. Nueva York era el mejor observatorio para conocerla
en su integridad y el centro de comunicación con todos sus países. En Nueva York convivíamos todos los hispanos como si fuésemos unos: ante otra cultura adquiríamos
conciencia de la unidad profunda de la nuestra.
35 Para mayor información sobre los artículos periodísticos, véanse los cartapacios: núm. 7A,
1925-1926; núm. 8, 1926; núm. 9A, 1927; núm.10A, 1928; núm. 11, 1928-PR; núm.12A, 1929-1930,
Sección Noticias y Actividades, AFO.
36 Antonio S. Pedreira, «De Salamanca a Columbia», El Mundo, Puerto Rico, 20 de diciembre,
1925, p. 3.
37 Concha Meléndez, «El Dr. Federico de Onís», Puerto Rico Ilustrado, San Juan, septiembre,
1926, p. 17.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
Además he visitado casi todos los países hispanoamericanos y en cada uno de ellos se
ha confirmado mi convicción de la amplitud y riqueza de nuestra cultura, a la vez una y
diferente. Así he aprendido a entender y amar a América y a España. ...38
En otro programa radial realizado en 1957, Enrique Laguerre habla del maestro y recuerda sus palabras: « ... Cuando el otro día, en justo reconocimiento,
le recordaba mis agradables experiencias estudiantiles en Columbia, sin ningún
empaque me dijo: La responsabilidad del maestro es ayudar a su discípulo. ...»
Y así lo retrata Laguerre: « Diría que don Federico es de los que saben observar, escuchar, comprender. ...». El reconocido novelista puertorriqueño, que
siempre recibió el apoyo caluroso del maestro cuando se publicaban sus novelas, conocedor también de su profundo americanismo, así nos lo confirma: «
Con esa disposición suya para comprender lo americano ha servido don Federico la mejor causa española. No es extraño, pues, que lo sintamos nuestro sin
que haya sido desleal a España; al contrario, su lealtad a España se manifiesta
vivamente en su amor por América».39
Sin duda que Puerto Rico ocupó para Don Federico un lugar de privilegio en
el mundo de sus afectos. Cuando en 1954 se acoge a la jubilación en Columbia
University, el rector de la Universidad de Puerto Rico, Lcdo. Jaime Benítez, le
cursa una invitación para que se incorpore a la Academia en calidad de director
del Departamento de Estudios Hispánicos, que él mismo había fundado años
atrás; invitación que acepta; desde esa fecha fija su residencia en la Isla con carácter permanente. Se quedará como director del Departamento hasta 1957; en
1958 crea y dirige el Seminario de Investigación del Departamento, que hoy lleva su nombre. A la Universidad de Puerto Rico le hace donación de su Biblioteca y Archivo, legado importantísimo por la diversidad de libros y el valor de algunas ediciones que se catalogan como «libros raros», además de los libros
antiguos, entre los que se encuentran dos del siglo XVI y otros de los siglos
XVII, XVIII y XIX; en la «Bibliografía de libros antiguos», proyecto que llevé
a cabo con la colaboración de unos estudiantes graduados del Departamento, se
recogen todos los títulos de estos valiosísimos ejemplares, en su mayoría procedentes de la Biblioteca de Don Federico.40 Hoy día el Archivo Onís es una valiosa fuente documental sobre literatura española, hispanoamericana y puertorriqueña; a modo de ejemplo podemos informar que, en la sección de «Noticias
38 Enrique Laguerre, «Puntos de partida», «Entrevista con el Dr. Federico de Onís», Programa radial, WIPR-Radio, estación del Gobierno, San Juan, Puerto Rico, 3 de octubre, 1954.
39 Enrique Laguerre, «Puntos de partida», «El profesor Federico de Onís», Programa radial, WIPRRadio, estación del Gobierno, San Juan, Puerto Rico, 19 de mayo, 1957.
40 Matilde Albert Robatto, «Bibliografía de Libros Antiguos: S.XVI, XVII, XVIII, XIX del Seminario Federico de Onís», Revista de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras,
núm. 2, 1997, XXIV, pp. 197-208; trabajé en este proyecto en el curso académico 1995-1996, cuando
era directora del Seminario Federico de Onís; también como directora de este proyecto, tuve a mi cargo
la orientación y entrenamiento primero y luego la valiosa colaboración de los siguientes ayudantes de
investigación, pertenecientes al Programa Graduado de Estudios Hispánicos: Aura Colón, Angela González, Gladis Ortiz de Jesús, Reginald Pierce y Jorge Jiménez Emanuelli. Separatas de esta publicación
se encuentran en la Biblioteca del Congreso y en The Hispanic Society of America.
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
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y Actividades», se se han registrado más de seiscientas (600) entradas –que
comprenden desde 1915 hasta 1963– y corresponden a la actividad cultural desarrollada por Onís; asimismo, la correspondencia sostenida con numerosos escritores, críticos profesores, amigos y otras cartas administrativas asciende a
más de mil quinientas cartas (1,500).41
Siempre me ha sorprendido la lectura del artículo «Los ojos puertorriqueños»,42 escrito por Don Federico en 1926; esto es, en los inicios de su encuentro
con Puerto Rico y, en especial, con sus estudiantes. Lo he leído en varias ocasiones, siempre me sorprende el tono personal y afectivo, que no es tan común en sus
escritos; como ya señalé anteriormente: «... está escrito con el corazón más que
con la razón, ...».43 El mismo recuerda su conferencia en la Residencia de Estudiantes cuando afirmaba: «... sólo es digno de llamarse maestro quien sea capaz de
dar a sus discípulos, una vez siquiera, una lección de amor y de intimidad sentimental. Por eso ahora, al escribir estas líneas para mis estudiantes puertorriqueños,
no me importa hablarles en tono tan sincero y personal. Y sólo a ellos he de decirles lo que íntimamente siento acerca de su país ».44 Es curioso por demás que no le
escribió un artículo de esta naturaleza a sus estudiantes de Columbia, sin que esta
reflexión menoscabe el afecto del maestro por sus alumnos. Quiere decir –y es mi
interpretación– que se produjo una buena sintonía desde el comienzo y así lo consignó en este pequeño pero importante ensayo, en el cual afirma el conocimiento
por vía de la intuición y del sentimiento que percibe en los ojos puertorriqueños.
El maestro sabe que las vivencias profundas, las que tocan el centro del alma del
hombre, se expresan mejor en los registros líricos correspondientes. A Don Federico le intriga la adaptación instantánea, sobre todo al pensar en las diferencias entre
Puerto Rio y España, pese a esto afirma:
... hace más difícil de explicar mi adaptación instantánea al ambiente puertorriqueño de
tal manera que me parece que al llegar a él he vuelto a mi país. ...
Es en los ojos –que nada ni nadie puede cambiar– donde leemos el fondo del alma humana. Y yo, desde que llegué a Puerto Rico, veo por todas partes, en la calle, en mis clases, unos ojos negros, castaños o garzos, alegres o tristes, a través de los cuales yo veo
un alma que no tiene secretos para mí. Hay en ellos una mirada familiar y conocida, la
misma con que se encontraron mis ojos cuando empezaron a ver. 45
41 Todos los documentos del Archivo Onís se encuentran guardados en el Seminario, en las mejores
condiciones posibles. Cuando en 1995 me inicié como directora del Seminario Federico de Onís, una
de mis prioridades fue la reorganización del Archivo; para poder realizar esto de la mejor manera posible, me orienté con especialistas en este campo en la Universidad de Puerto Rico y también visité la
Oficina de Conservación de la Biblioteca del Congreso, con el propósito de tener el conocimiento adecuado. En este trabajo de lectura, organización, catalogación y automatización del Archivo conté con la
gran ayuda de mis ayudantes de investigación: Lilliam Alicea, Profa. Elba Figueroa, Angela González,
Mariaurely Rivera, mención especial merece la destacada colaboración de la ayudante de investigación
Profa. Aura Colón.
42 Federico de Onís, «Los ojos puertorriqueños», Summer School News, Río Piedras, Universidad
de Puerto Rico, july, 1926; España ..., Opus cit., pp. 36-38.
43 Matilde Albert, «La querencia americana...», Opus cit., p. 100.
44 Federico de Onís, «Los ojos puertorriqueños», España ... Opus cit., p. 36.
45 Ibidem, pp. 37-38.
264
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Busto de Federico de Onís, obra del escultor exiliado español en Puerto Rico, Francisco
Vázquez, «Compostela».
(Seminario Federico de Onís, Departamento de Estudios Hispánicos, UPR).
Juzgue el lector por sí mismo el grado de intimidad, empatía y cariño que contienen estas líneas. No creo que fuera la invitación del rector Benítez la razón principal que movió a Don Federico a tomar la decisión de pasar en Puerto Rico el último tramo de su viaje –tiempo tan importante en la vida del ser humano– pienso
que ésa fue una gran motivación, pero quizá esa decisión ya la había tomado mucho antes.
Como hemos podido ver, estos años de Federico de Onís fueron muy productivos en su vida profesional pues, aparte de toda la actividad aquí registrada, también tuvo tiempo para hacer algunos viajes personales o de trabajo, a España en
varias ocasiones, uno a México y otro a Oxford. Además, a partir de 1936, dedicará parte de su ocupado tiempo en atender las demandas de ayuda por parte de los
exiliados españoles. El distinguido profesor de Columbia fue un exiliado voluntario, las manifestaciones verbales y escritas de su lealtad a la República así lo confirman. En Nueva York asistía a los actos en apoyo al gobierno y, sobre todo, se solidarizaba con el pueblo español que luchaba en el campo de batalla o que partía
para el exilio. Secundó la iniciativa de Juan Ramón Jiménez para solicitar ayuda a
favor de los intelectuales españoles en los campos de concentración de Francia; hizo programas de radio y escribió en los periódicos para crear conciencia del drama
de España. Desde su prestigiosa posición académica pudo dar su apoyo o resolver
los problemas urgentes de quienes en situaciones penosas tocaban a su puerta; personalidades como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Claudio Sánchez Albornoz, Fernando de los Ríos, Joaquín Machado, Cipriano Rivas Cherif, Eugenio Fernández
Granell, Américo Castro, entre otros, tuvieron para él palabras de gratitud. A Luis
FEDERICO DE ONÍS ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNICOS (1920-1940)
265
Alberto Sánchez le expresaba así su abierta solidaridad con la República: «... Yo
no soy político, ... pero tengo conciencia de mis propias ideas. No puedo ser monárquico, porque soy hombre de pueblo... no puedo estar con una dictadura castrense por las mismas razones por las que no soy monárquico... por tanto estoy con
la República, sin necesidad de pegar gritos».46
Ya al término de este trabajo volvemos a preguntarnos ¿ por qué Federico de
Onís desde 1916 viene a Estados Unidos, conoce Hispanoamérica y, desde su último viaje a España en 1935, pasará el resto de su vida en tierras americanas? Américo Castro, en una carta del 9 de junio de 1921, hace referencia a otra suya anterior del 3 de junio de 1921, en la cual comunicaba a Onís que, con el fallecimiento
de Emilia Pardo Bazán, quedaba libre la cátedra en la Universidad, y animaba a su
colega para que hiciera la gestión oportuna; sin embargo recibirá una contestación
no deseada: « ... Ayer llegó tu respuesta que nos ha producido tristeza; ya está visto que no volverás más por aquí, pues será difícil que se presente una oportunidad
mejor que ésta: una vacante en el doctorado. Me doy clara cuenta, sin embargo, de
los motivos de tu decisión, de índole absolutamente objetiva, tan independiente de
tu voluntad como de la nuestra».47 En 1925 su amigo y colega Antonio S. Pedreira,
en una entrevista que le hace para el periódico puertorriqueño El Mundo, al reponderle Onís a su pregunta sobre su permanencia en Estados Unidos, señalando lo siguiente: « ... Aquí nuestra lengua, nuestra literatura, nuestro arte, nuestros valores
intelectuales necesitaban de gente preparada para su propagación, y era un deber
patriótico de todo buen español cooperar en tan magna empresa». Pedreira, por su
parte, hace esta perceptiva reflexión:
El señor Onís está muy contento con su decisión. Pero el señor Onís está muy equivocado. No fue él quien quiso quedarse: fue la Universidad de Columbia, hoy la más grande
del mundo, la que se quedó con él. Conoció bien al notable catedrático, comprobó su indiscutible preparación y prestigio, y decidió por todos los medios a su alcance retener
para siempre al seño Onís. Me atrevo a asegurar, sin miedo a equivocarme, que jamás
volverá a Salamanca.48
La lectura de este ensayo creo que ha dado varias pistas sobre la pregunta inicial que pueden ser ciertas. Por mi parte, me atrevo a aventurar que se dieron una
serie de circunstancias que propiciaron una decisión equilibrada. El indiscutible
apoyo de la Universidad de Columbia a sus iniciativas académicas, así como el reconocimiento generoso de su excelente labor en el Departamento Hispánico y el
Instituto de las Españas, su prestigio intelectual, su obra publicada, lo hacían una
persona muy respetada en los círculos universitarios; la Universidad necesitaba al
profesor Federico de Onís y, por su parte, el profesor conocía bien ese sistema universitario, allí podía trabajar con la debida libertad y la tranquilidad necesaria; todo esto, por supuesto, debió de ser determinante a la hora de tomar una decisión.
Poderosas razones de índole familiar en España, pudieron inclinarlo a distanciarse,
Luis Alberto Sánchez, «El hispanismo de...», La Torre, Opus cit., p. 325.
Cartapacio de Américo Castro, Sección Correspondencia, AFO.
48 Pedreira, «De Salamanca a...», Opus cit.
46
47
266
LOS LAZOS DE LA CULTURA
aunque en un principio fuera temporalmente; su posterior matrimonio en 1924 con
Harriet haría mucho más fácil su integración en tierra americana, adaptación que
en realidad ya se había empezado a dar de una manera paulatina. Luego habría que
tomar en consideración los lazos de amistad hechos en los Estados Unidos y en
Hispanoamérica, y ya más adelante –cómo no pensarlo también– Onís había manifestado en diversas ocasiones a sus amigos y en entrevistas que no regresaría a España mientras estuviera en el poder la dictadura militar; además, ya para 1940,
gran parte de sus colegas y amigos exiliados estaban en América.
«Don Federico de Onís o el conquistador conquistado», como lo describía Germán Arciniegas,49 permaneció en la tierra elegida por él; en Nueva York realizó
una obra grande, fue como una misión; así también lo entendió su amigo José Moreno Villa:
... Hemos creído siempre que hacía falta en España y que sobre su solar daría sus mejores frutos. Pero él parece convencido de que es allí, en aquel punto del globo donde el
destino le llama y donde puede hacer algo verdaderamente eficaz y sin ostentación. ... Y,
en efecto, con tenacidad y tacto va Onís sumando voluntades, afinando los propósitos
de unos y otros, engarzando el esfuerzo cultural, múltiple y disgregado de las Repúblicas sudamericanas con Norteamérica y España... 509
49 Germán Arciniegas, «Don Federico, o el conquistador conquistado», La Torre, Homenaje a Federico de Onís, Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, núm. 59, 1968, XVI, pp.37-44.
50 José Moreno Villa, «Federico de Onís...», Opus. cit.
VIII
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO:
CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA
EN LOS «TÓNICOS DE LA VOLUNTAD»1
María Vaquero
Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad de Humanidades
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
1 Expresión tomada de Santiago Ramón y Cajal, Los tónicos de la voluntad (Discurso de ingreso
en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, sesión del 5 de diciembre de
1897), Madrid, CSIC [1898], 1982. Puede decirse que este libro es la más crítica y honesta reflexión
sobre el panorama científico en la España de la época, sobre el oficio de la investigación responsable y
sobre el papel decisivo de la elevación cultural colectiva como motora del progreso social.
INTRODUCCIÓN
La presencia de Navarro Tomás en Puerto Rico, si consideramos la acogida que
su persona y su obra recibieron en el país, no sólo orientó las preocupaciones sobre el idioma por caminos científicos, sino que validó la cuestión lingüística como
uno de los elementos significativos de la identidad puertorriqueña, identidad polémica en el debate sobre la existencia de continuidades en el sincretismo de lo heterogéneo.
La coyuntura histórica que permitíría este encuentro fue capaz de articular dos
voluntades en un proyecto de relación cultural, nunca hasta entonces llevado a cabo entre España y Puerto Rico: por un lado, la voluntad académica de acercarse a
España como aliada, en el proyecto de organizar lo que iniciaría, en la Isla, los estudios humanísticos de su joven Universidad; en España, por su parte, y a raíz de
sus desastres, había ido madurando la voluntad de acercarse al mundo hispanoamericano para interesarlo en los planes de renovación científica interna que algunos de sus intelectuales proponían como necesarios, después de haber reconocido
la abulia y el retraso nacionales. En las especiales circunstancias puertorriqueñas
de los años veinte, este acercamiento cultural, de inmediatos resultados, prepararía, también, importantes contactos personales del futuro, sobre todo después de la
Guerra Civil española.2
2 Estas especiales circunstancias explican, en parte, la participación activa, en los orígenes de este
encuentro cultural, de organismos norteamericanos, como la Universidad de Columbia, que, al apoyarlo, lo favorecieron, en beneficio de Puerto Rico, por más que estos organismos estuvieran comprometidos con políticas expansionistas de otro alcance. A D. Federico de Onís se debe gran parte de la delicada labor negociadora entre instituciones de tan diferente talante a uno y otro lado del mar, con el
propósito de lograr la creación de los estudios hispánicos en la Isla. Esta difícil y diplomática gestión
de D. Federico, comprometida, a mi modo de interpretar la documentación disponible, con propósitos
estrictamente académicos, nada tiene que ver con la actitud ambigua que se ha querido descubrir en lo
que, sin duda, puede interpretarse como estrategia en beneficio de los puertorriqueños y de la cultura
270
LOS LAZOS DE LA CULTURA
El propósito de este trabajo es colocar la obra de Navarro Tomás en Puerto Rico como resultado de la coyuntura histórica aludida, en la cual se dan la mano una
serie de proyectos que facilitaron la importante relación cultural entre Puerto Rico
y España. Considerando, por otro lado, que el idioma y la «cuestión del idioma»,
con sus variantes temporales, puede verse como una constante histórica de Puerto
Rico, la presencia de nuestro autor, efectivamente, marcó un «después» en esta
continuidad, con los modos de acercarse, en Puero Rico, al idioma de Puerto Rico.
Al margen, sin embargo, de la importancia indiscutible de sus investigaciones, los
resultados obtenidos adquieren, además del científico, otro significado que, proyectado en el ámbito de las continuidades, trasciende teorías y métodos estrictamente lingüísticos y se proyecta en el ámbito de la historia cultural. Acercarse a
esta otra significación, más abarcadora y no identificada hasta ahora, puede ser
otro de los propósitos de este trabajo.
El texto consta de tres partes: en la primera se hace una síntesis de las actitudes
ante el idioma en el siglo XIX, enraizadas en la compleja trayectoria que el español había seguido en Puerto Rico: muestra, a grandes rasgos, el ideario lingüístico
que encuentra Navarro en el país, ideario construido desde complejas actitudes,
más o menos documentadas. La segunda parte colocará la obra de nuestro autor en
la coyuntura histórica a que se ha hecho referencia más arriba. La tercera se detendrá a considerar el proyecto lingüístico de Navarro Tomás en Puerto Rico y la significación científica y sociocultural de los resultados obtenidos.
APUNTES SOBRE EL IDEARIO LINGÜÍSTICO PUERTORRIQUEÑO EN EL SIGLO XIX
Si consideramos la enseñanza como una ventana abierta hacia las actitudes lingüísticas oficiales, podemos aceptar que la política educativa revela de alguna manera el ideario lingüístico, motivador, en un momento dado, de los criterios pedagógicos. La enseñanza de la lengua en el siglo XIX puertorriqueño, a partir de los
informes y datos disponibles,3 se apoyó exclusivamente en la gramática y sus criterios, siguiendo fielmente los principios peninsulares y los modelos históricamente prestigiados del castellano central. Así lo demuestra Manuel Álvarez Nazario4 al
hacer referencia a una serie considerable de libros de texto decimonónicos, cuya
filiación castellanizante se hace evidente en los títulos mismos, sin que los conte-
hispánica, cultura que él defendió desde su primera juventud. Para no caer en valoraciones injustas, tal
vez sea oportuno sopesar las aparentes ambigüedades que se le han atribuido a D. Federico, no sólo a la
luz de las circunstancias en que, irremediablemente se insertan, sino en lo que es evidente, por documentado: sus mismos resultados, a corto y largo plazo. Para los esfuerzos de D. Federico de Onís a favor de la formación científica de los primeros puertorriqueños que pudieran tomar (como así fue) el relevo inmediato de la dirección extranjera en el Departamento de Estudios Hispánicos, véase la nota 73
de este trabajo.
3 José Osuna, A History of Education in Puerto Rico, Río Piedras, Editorial de la Universidad de
Puerto Rico, 1949, pp. 75-102.
4 Manuel Álvarez Nazario, «Visión en el tiempo de los trabajos de enseñanza e investigación del
español en Puerto Rico», La Torre, vol. XXIV, núms. 93-94, Universidad de Puerto Rico, 1976, pp. 3965. Para la importante contribución de este autor a los estudios lingüísticos: María Vaquero, «Manuel
Álvarez Nazario y la lingüística puertorriqueña», Actas del Homenaje a Manuel Álvarez Nazario, Universidad de Mayagüez, abril de 2002 (en prensa).
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
271
Tomás Navarro Tomás.
nidos hagan concesiones de ningún tipo a los usos locales. No es difícil suponer
las confusiones en la enseñanza puertorriqueña de una lengua reglamentada, sin
matizaciones, a partir de los usos castellanos, pero los criterios didácticos eran los
castizos, explícitamente adoptados: todavía en 1919 aparecerá en Puerto Rico un
libro de texto5 cuyo tercer ejercicio propone que los niños practiquen la distinción
fonética entre las parejas de palabras que se escriben abrazar/abrasar,
acecinar/asesinar, cien/sien, gayo/gallo, poyo/pollo o varón /barón.6 Y no es el
único ejemplo. Ante la proliferación y uso de textos con estos mismos principios,
sin olvidar el conjunto de opiniones vertidas en la prensa, no hay duda de que los
sectores beneficiados con la enseñanza, capitalinos o no, aceptarían estas prácticas
docentes como garantía de buen hablar. También parece razonablemente cierto que
la docencia del idioma, al respaldar las formas castizas de la lengua, ponía en primer plano lo español-peninsular como rasgo de cultura y aseguraba el prestigio de
la norma castellana, por muy ajena que fuese. Al mismo tiempo, y por otra parte,
5
6
Isaías Rodríguez, Tratado de Ortofonía Española, Ponce, Puerto Rico, Imprenta «El Día», 1919.
Ibidem, p. 13.
272
LOS LAZOS DE LA CULTURA
fomentaba la actitud purista ante el lenguaje, con las inseguridades expresivas que
el purismo implica. Todas estas consideraciones merecen una breve digresión.
La existencia de un reducido sector beneficiado por la enseñanza pública era, en el
siglo XIX, el resultado de una trayectoria histórica, aunque no exclusiva de un determinado país ni del mundo hispánico, incluida la metrópoli, donde los índices de analfabetismo eran tan altos, o más, que en sus colonias. A pesar de varios planes y proyectos oficiales de extender la educación (para cuyo éxito habría hecho falta un
cambio de plataforma en la política educativa, impensable en las circunstancias), y sin
que pueda negarse la labor ejemplar y constante de la instrucción particular y privada,
parece claro que a la enseñanza pública, en el siglo XIX, seguían teniendo acceso
efectivo determinados grupos de la sociedad,7 capitalinos sobre todo.8 Este contexto
sin duda pudo favorecer en Puerto Rico, a su manera, el desarrollo de lo que Carlos
Rama identificó en Hispanoamérica como «la ciudad letrada»,9 poblada por gentes
cultas, viajeras e influyentes, que compartían el espacio con amplias mayorías analfabetas. Silvia Álvarez Curbelo ha trazado el perfil de esta ciudad letrada de Puerto Rico,10 cuya presencia destacada en el país durante los «interludios de 1809-1814 y
1820-1823», favoreció la fundación de instituciones importantes, como la «Sociedad
Económica de Amigos del País», además de los primeros periódicos y las cátedras
protouniversitarias. Si traigo esto a colación, de forma apresurada, para cuyos detalles
remito a la estudiosa citada, es sólo en un intento de articular los criterios docentes de
la lengua, presentes en los textos academicistas a ultranza, dentro del ideario de un
determinado sector culto, constituyente decisivo de la imagen cultural del país dentro
de su evidente complejidad social. Como elementos de esta complejidad, mucho más
opaca que la vertida en una oposición binaria, tienen sentido, incluso, las voces disidentes, incluidas en el mismo sector letrado al cual ambas pertenecen, de Santiago Vidarte o de Manuel Alonso, éste último con su velada crítica, amparada en el costumbrismo, al «sistema educativo vigente en la colonia».11 Las disidencias estaban ahí,
7 La documentación más temprana ya ofrece noticias sobre las instrucciones dadas por la Corona
a los gobernadores antillanos para asegurar la educación de «todos lo niños», [según un documento fechado en Alcalá de Henares el 20 de marzo de 1503], y hay referencias concretas a los centros antiguos
de enseñanza en la Memoria de Melgarejo (1582, Caps. 35 y 37), además de contar con muchas alusiones documentales a la labor de los dominicos. A las medidas tomadas por Carlos V para generalizar la
enseñanza, abriendo los «estudios secundarios» al pueblo, se debió precisamente la orientación popular
que los dominicos dieron a la llamada «Casa del Noviciado» de San Juan; sin embargo, la enseñanza
del pueblo seguiría durante mucho tiempo en manos de las parroquias y de particulares. Por su parte, la
Ley XVI de Burgos, de 1512, especifica que se enseñe a «los hijos de los caciques». Para detalles: Francisco de Solano, Documentos sobre la política lingüística en Hispanoamérica 1492-1800, Madrid,
CSIC, 1992, pp. 6-8. Para la labor didáctica de los dominicos en el siglo XVI: Luis Padilla d’Onís, «La
primera universidad de América», Boletín de la Academia de la Historia, vol. 6, San Juan, Puerto Rico,
1972, pp. 13-77.
8 Jaime R. Colón, «La campaña de escolarización de los sectores populares en el Puerto Rico del
último tercio del siglo XIX», OP. CIT, Revista del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 11, Universidad de Puerto Rico, 1999, pp. 191-218.
9 Carlos Rama, La ciudad letrada, Hannover, Ediciones del Norte, 1984.
10 Silvia Álvarez Curbelo, Un país del porvenir. El afán de modernidad en Puerto Rico (siglo XIX),
San Juan, Ediciones Callejón, 2001, pp. 222 y ss.
11 Ibidem, p. 226. Esta misma estudiosa, al dejar constancia de la sociedad «desordenada, mestiza,
heterogénea», paralela de la sociedad oficial o letrada, explica los rasgos normativos que defiende la segunda como resultado de una actitud defensiva y de control, desarrollada en su propia defensa.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
273
aunque el distanciamiento entre realidad social y criterios oficiales educativos, por
las razones que fueran, se neutralizasen, o pasasen inadvertidas, por la relevancia
visible del sector culto a ultranza, complejo también en sí mismo y de ninguna manera uniforme. Ahora bien, que el relieve de este sector, como grupo más o menos
destacado según las épocas, pueda ser una de las continuidades reconocibles de la
historia cultural, no quiere decir que dicha relevancia signifique existencia en solitario (sociedad monolítica), o antagonismo lingüístico-cultural frente a otros sectores totalmente ajenos (sociedad bipartita);12 podría explicarse, tal vez, como la
manifestación de «lo prestigiado» en un conjunto de formas variables en convivencia no bien delimitadas, esto es, como parte de un todo en el cual ningún componente opera de forma aislada o autónoma. La secular incultura masiva,13 como en
todas partes, había ido generando y extendiendo, dentro de la lengua común, una
expresión oral paralela a los usos coloquiales de todos los territorios hispánicos,
usos populares especialmente favorecidos en territorios de variadas convivencias
lingüístico-culturales; muchos de ellos, perpetuados en las hablas rústicas, han
continuado hasta nuestros días. Siglos de ajustes, discrepancias e integraciones
mutuas, nunca detenidas, madurarán por fin, en el Caribe insular hispánico, en una
oralidad integradora de tendencias y adaptada al medio, desarrollada en el contacto entre los distintos grupos sociales. Cuando Manuel Álvarez Nazario asegura
que el español de Puerto Rico, a fines del siglo XIX, ya es una modalidad acriollada de la lengua española,14 se refiere a que, en este momento, el español isleño ha
logrado su madurez en la total adaptación al medio (geografía y población), como
resultado de un lento proceso en el que había servido de enlace secular entre los
individuos y las instituciones reguladoras de la vida comunitaria: las corporaciones municipales, los patrones de organización familiar y jurídica, las relaciones
12 La sociedad bipartita, claramente presente en otros contextos caribeños, habría desarrollado en
el Caribe hispánico, sin duda, una nueva lengua, un créole de base hispánica (como el haitiano lo es
respecto al francés). El español del Caribe no es un créole, en ninguno de sus territorios, sino un conjunto de variedades del mismo idioma histórico, productos de la adaptación secular, con poquísimos fenómenos exclusivos de la zona, puesto que sus rasgos –hoy lo sabemos por la investigación actual- están presentes en la mayoría de los territorios atlánticos. El español del Caribe es una variedad
«acriollada» del español moderno, en el sentido de ‘adaptada’ al medio, igual que el español del resto
de todos los países hispanohablantes, cada uno con sus características propias (el andaluz es el español
adaptado al sur peninsular, etc.), pero esto no quiere decir que sea, en ningún territorio, una lengua
«criolla», o créole. Que en los primeros siglos coloniales, y hasta después, existieran en el Caribe comunidades con formas de hablar cercanas a un créole (el habla de los bozales, por ejemplo) es una realidad sociolingüística que hay que incluir en la complejidad social de la colonia española. Estas formas,
por variados factores, ni se desarrollaron ni se propagaron, sino que fueron perdiéndose en las generaciones siguientes de las mismas comunidades, en la medida que sus descendientes adquirían el idioma
general (No fue éste el caso de los bozales de Haití, por ejemplo, que desarrollaron la lengua nueva,
junto al francés estándar). La persistencia artística o folklórica de estas formas es otro capítulo de la
cultura, importante en sí mismo.
13 Es verdad que el analfabetismo llegaba en Puerto Rico al 79%, según el censo de 1899, pero este índice, que concuerda con los de otros países en esta época, incluida España, no significa nada a la
hora de identificar el grado de cohesión lingüística de una determinada comunidad de habla: con altos
porcentajes de analfabetos que comparten el mismo sistema de comunicación, por muy variable que
sea socialmente, una comunidad puede ser lingüísticamente homogénea, con las variedades socioculturales que toda homogeneidad lingüística implica.
14 Manuel Álvarez Nazario, «El estado lingüístico de Puerto Rico al comenzar el siglo XX», La Torre, vol. XXI, núm. 121, Universidad de Puerto Rico, 1983, pp. 11-27.
274
LOS LAZOS DE LA CULTURA
eclesiásticas, o la escolaridad y sus patrones.15 En síntesis: más que el desarrollo
de una sociedad de evolución lineal y monolítica, ajena a los vaivenes de la marea
social, y frente a la hipótesis de una sociedad escindida en dos mundos ajenos, las
consideraciones lingüísticas proyectadas en el tiempo nos confirman, en los resultados que se han obtenido hasta ahora, la convivencia efectiva, con sus luces y sus
sombras, de conjuntos de individuos e intereses inter- e intrarrelacionados. Esto no
significa ignorar acusadas preeminencias, y hasta imposiciones, de ciertos grupos
en determinadas sincronías, o las resistencias lógicas de quienes se enfrentaron a
la necesidad de adoptar los patrones de los demás, por ser más generales. Distintos
factores extralingüísticos irán condicionando, en este contexto nada simplificado o
transparente, el desarrollo de la convergencia cultural, integradora de factores diversos y base de la modalidad que hoy llamamos español puertorriqueño.16
Desde la hipótesis de la convergencia, lejos de las simplicidades lineales y de
las rupturas discutibles, pienso que al «país de cuatro pisos» se le podría imaginar,
al menos, una escalera interior como respiradero obligado del edificio.17 Ángel
Quintero Rivera, al volver no hace mucho sobre el debatido problema de la identidad cultural,18 transita, si lo entiendo bien, por esta escalera imaginada cuando
propone para Puerto Rico una «hispanidad paradójica» como resultado de la fusión progresiva de elementos diversos. Este proceso de trasvase interrupto vertical
(que yo extendería al nivel horizontal entre los variados compartimientos de cada
«piso»), es paralelo a la adaptación o acriollamiento incesante de la lengua peninsular, activos, uno y otra, al margen de evidencias explícitas. La «hispanidad paradójica» de Quintero, a mi modo de ver, apunta a la propia identidad puertorriqueña, templada en la búsqueda secular de su propio carácter. Por su parte, y con
referencia directa a la lengua española como a «uno de los elementos constitutivos» de las «complejas construcciones de identidades» de América, el Caribe y
Puerto Rico, Arcadio Díaz Quiñones ya había señalado que «cualquier intento reduccionista empobrecería esa riqueza [la obtenida en el concurso de variadas presencias culturales], y sería, en consecuencia, inadmisible».19 Cuando Díaz Quiñones habla aquí de «lengua española» no se aparta de la teoría de los lingüistas más
autorizados; si lo interpreto bien, su «lengua española» es aquí la «lengua histórica» de Eugenio Coseriu o «la lengua unitaria en lo variable» de Manuel Alvar, esto es, el idioma español como complejo de variedades regionales, una de las cuales, la puertorriqueña, es, como las demás, el resultado de complejos y lentos
Ibidem, p. 18.
Escrito desde la mejor historiografía crítica, por su ponderada actitud ante la compleja realidad
de los hechos y de las actuaciones humanas en sus circunstancias, me parece indispensable, para cercarse a la realidad puertorriqueña, la colección de trabajos de Gervasio Luis García, Historia crítica,
historia sin coartadas. Algunos problemas de la historia de Puerto Rico, San Juan, Ediciones Huracán,
1989.
17 Hago referencia, como es obvio, a José Luis González, El país de cuatro pisos y otros ensayos,
San Juan, Ediciones Huracán, [1ª ed. 1980], 9ª ed. 2001.
18 Ángel G. Quintero Rivera, «Vueltita, con mantilla, al primer piso», Enrique Vivoni Farage y Silvia Álvarez Curbelo (eds.), Hispanofilia: arquitectura y vida en Puerto Rico, 1900-1950, San Juan,
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997, pp. 250-274.
19 Arcadio Díaz Quiñones, «La política del olvido», La memoria rota, San Juan, Ediciones Huracán [1ª ed. 1993], 2ª ed. 1996, pp. 137-174.
15
16
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
275
procesos de elaboración particular. Estamos, por tanto, ante una modalidad local
del idioma español con las manifestaciones propias del espectro sociocultural
constitutivo de toda sincronía: lengua oral, vulgar o culta, y lengua escrita, literaria
o no literaria. La modalidad interna, con sus registros, fue lo que no supo ver, ni
entender, el Dr. Clark en su histórico informe sobre la educación de Puerto Rico,20
cuando en 1899, como Presidente del Insular Board of Education, sección dedicada a «Remarks and Recommendations», y fijándose exclusivamente en determinados estratos sociolingüísticos, describió el español de la Isla como un patois.21 El
error es evidente: Clark, sólo vio una manifestación de la lengua, dentro del conjunto total: de espaldas a la literatura que había ido construyendo el pueblo puertorriqueño en la tradición oral, no pudo escuchar las coplas, los romances, las décimas, las narraciones y leyendas, el refranero, las creaciones léxicas, los giros; por
otra parte, al desconocer las manifestaciones locales de la lengua culta, pasó por
alto el discurso argumentativo de Ramón Power, de Baldorioty de Castro, de Eugenio María de Hostos. Leal a sus motivaciones ideológicas, Clark no pudo, tampoco, percatarse de sus limitaciones.
En el siglo XIX, como es bien sabido, se habían abierto nuevos caminos de
acercamiento al lenguaje, pero, lamentablemente, pasarían inadvertidos en las Antillas. Los nuevos conocimientos, debidos al desarrollo del comparatismo alemán,
sí permitieron a Rufino José Cuervo dar el salto desde el cerrado refugio gramatical al horizonte abierto de la «interpretación filológica». Debemos a Guillermo
Guitarte22 el análisis de este cambio en Cuervo, a partir del estudio comparado de
las cuatro ediciones iniciales de sus Apuntaciones críticas al lenguaje bogotano
(1867, 1876, 1881 y 1885). En su importante Castellano popular y castellano literario, aparecido después de la cuarta edición de sus Apuntaciones (1885), Cuervo
ya recoge una nueva visión del español de América. El sabio colombiano, apoyado
en la reflexión científica, fue dándose cuenta de que el uso, en primer lugar, está
sobre la regla gramatical, y, en segundo lugar, de que no hay uso, por vulgar que se
considere en un momento dado, ajeno a las tendencias del idioma. La investigación filológica, que permitió a Cuervo dignificar los provincialismos como objeto
de estudio,23 le permitió alcanzar otro concepto de la corrección; su importante trabajo El castellano en América,24 es el resultado de este proceso, único en la América hispánica del momento.
No se da, en las Antillas de la época, un salto como el de Cuervo. Una vez más,
nuestro Álvarez Nazario25 ofrece un valioso testimonio de la ausencia general de
Víctor S. Clark, Report of the Commisioner of Education, 1901, p. 65.
Pedro A. Cebollero, A School Language Policy for Puerto Rico, San Juan, Superior Educational
Council, 1945, p.6, y Juan José Osuna, A History…, Opus cit., p.197.
22 Guillermo Guitarte, «El camino de Cuervo en América», Philologica Hispaniensia in Honorem
Manuel Alvar, vol. I, Dialectología, Madrid, Gredos, 1983, pp. 243-318.
23 Muchos años después, Tomás Navarro Tomás elevaría a estudio científico el español rural y popular puertorriqueño, dentro de la mejor tradición románica. Sobre este punto volveré más adelante.
24 Rufino José Cuervo, «El castellano en América 1899-1903», [Prólogo al poema Nastasio de
Francisco Soto y Calvo, Chartres, Imprenta de Durand, 1899], Obras Completas, 2ª ed., vol. III, Bogotá, ICCC, 1987, pp. 518-586.
25 A. Nazario, «Visión en el tiempo…», Opus. cit., p. 47.
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21
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
interés antillano en los estudios científicos de las hablas locales, consideradas por
amplios sectores de la sociedad letrada como desvíos sin valor. Álvarez Nazario
ilustra este desinterés cuando se refiere al silencio de Puerto Rico y de Santo Domingo ante la solicitud de Hugo Schuchard, quien, en 1882, necesitaba datos sobre
el afroantillano, para sus estudios sobre las lenguas criollas. En cuanto a la colaboración de Cuba, es posible que la respuesta al sabio alemán sea el trabajo de Bachiller y Morales cuyo título recoge, sin fisuras, la actitud esencialmente ajena a
los estudios de Schuchard y de la filología: «Desfiguración a que está expuesto el
idioma castellano al contacto y mezcla de razas».26 Hostos, por su parte, que llama
«distracciones lingüísticas» a sus propias reflexiones sobre el estudio del lenguaje
–escritas probablemente en Chile, entre 1889 y 199027- sí se acercó a las nuevas
corrientes, aunque, condicionado por su visión logicista, ve el lenguaje como traducción del pensamiento, evidencia de un ideario lingüístico propio del siglo
XVIII que no le permite aprovecharse mejor de las corrientes contemporáneas. Su
agudeza y conocimiento del medio permitieron a Hostos reconocer, sin embargo,
la personalidad variable del español de América, algo totalmente ajeno a su época,
lo que le llevó a distinguir el carácter dialectal del Caribe mucho antes de que Pedro Henríquez Ureña hablara de zonas dialectales. Sus criterios de corrección, sin
embargo, caen en determinismos externos, como cuando rechaza la «erre velar»
puertorriqueña por deberse a «la anemia jíbara del régimen colonial». Hostos, como el gran Henríquez Ureña ante la teoría andalucista, pagaría el tributo a su lealtad patriótica con este tipo de deslices ante los usos regionales. Hostos, sin embargo, más cerca de Sarmiento que de Bello, es, sin duda, una excepción en el
panorama antillano del siglo XIX, al defender una enseñanza de la lengua basada,
no en la gramática y sus conceptos, sino en los «hechos gramaticales» del lenguaje, que es otra cosa muy diferente. Estos principios hostosianos, extraordinariamente actuales, no cristalizaron en un proyecto aplicado a la enseñanza del idioma
en Puerto Rico. Me atrevo a afirmar que todavía están esperando su aplicación en
el país actual.
Lo que sobre la lengua llegaba explícitamente a la atención pública en Puerto
Rico, a finales del XIX, a través de periódicos y revistas era, o consideraciones
pintorescas sobre el lenguaje en general, o valoraciones de la enseñanza de la gramática como panacea de todos los males. Para citar un ejemplo del primer tipo de
publicaciones, podemos recordar que, a finales del siglo, aparece una serie de artículos de Enrique Álvarez Pérez,28 donde, en nombre de la ciencia del lenguaje, se
hace relación de los humanistas más notables de Oriente y Occidente, sin otra alusión a la lingüística moderna que la enumeración arbitraria de nombres ligados al
comparatismo alemán. En cuanto a las preocupaciones didácticas, nunca ausentes,
es importante destacar la abierta actitud de defensa del vernáculo, surgida después
26 Antonio Bachiller y Morales, «Desfiguración a que está expuesto el idioma castellano al contacto y mezcla de razas», Revista de Cuba, vol. XIV, La Habana, 1883, pp. 97-104.
27 Guillermo Guitarte, «Los trabajos lingüísticos de Hostos», Filología, vol. XXI, núm. 2, Buenos
Aires, 1986, pp. 80-115.
28 Enrique Álvarez Pérez, «Ciencia del lenguaje», Revista Puertorriqueña, vol. I, núm. 1, San
Juan, 1887, pp. 153-156.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
277
del 1898, acompañada de panegíricos exaltados y vibrantes. Este es el caso de un
artículo apasionado de Manuel Fernández Juncos, donde el idioma español se retrata con todos los atributos de las grandes lenguas de cultura, sin ningún defecto
posible:
Tiene nuestra lengua tanta dulzura como la italiana, sin sus extremados afeminamientos; es tan enérgica y cortés como la francesa, aventajándola mucho en soltura y ritmo;
tiene ventajas notables sobre la alemana en punto a suavidad y elegancia, y llega en muchos casos sin esfuerzo a la sobriedad de la inglesa, siendo más que ella flexible, grandilocuente y armoniosa. 29
El entusiasmo desbordante de Fernández Juncos no le impide aceptar la conveniencia de que el inglés y el español vivan en buena vecindad, ni que ambas lenguas «puedan coexistir en provecho del país y con favorable influencia en sus destinos futuros»,30 aceptando, incluso, que «Puerto Rico puede ser dentro de poco un
pueblo bilingüe, y derivar todo provecho posible de esta afortunada cualidad».31
Contradictorio parecería el pensamiento de Fernández Juncos si no tuviéramos
presente la actitud autonomista de finales del XIX, por él defendida en una de sus
versiones,32 identificada con la igualdad política que los Estados Unidos garantizaban: «Seremos americanos sin dejar de ser lo que somos», diría el autonomista y
liberal Matienzo Cintrón en un famoso discurso político de 1902.33 Como explica
Agrait,34 pronto empezarían los recelos, pues la «Ley del Idioma» de aquel mismo
año 1902, que oficializó el inglés, no caería en el vacío. Con todo, la paradoja implícita en las palabras de Fernández Juncos no debe sorprender en absoluto; si interpreto bien los análisis de Astrid Cubano,35 nuestro autor bien podía formar parte
de un ideario autonomista en que, además de contar más la ideología que el origen,
se perseguía el encuentro de la igualdad política sin traicionar la propia herencia
cultural.36 «Lo cortés no quita lo valiente», parece decir nuestro autor, y el texto
que me sirve de referencia es testimonio de esta actitud: para Fernández Juncos la
29 Manuel Fernández Juncos, La lengua castellana en Puerto Rico. Su importancia y utilidad en
Puerto Rico. Medios recomendables para enseñarla, Texto del Discurso ante la «Exposición Escolar de
Puerto Rico» celebrada en San Juan, Imprenta El País, 1903, p. 7.
30 Ibidem, p. 11.
31 Ibidem, pp. 11-12.
32 Mª de los Ángeles Castro Arroyo y Mª Dolores Luque de Sánchez, «Raíz y desarrollo del pensamiento autonomista», Puerto Rico en su historia. El rescate de la memoria, San Juan, Editorial La Biblioteca, 2001, pp. 221 y ss.
33 Sigo a Luis A. Agrait, «Puerto Rico en el vórtice del 98, “A prisa, a toda prisa, formemos la patria”», Consuelo Naranjo, Miguel Ángel Puig-Samper y Luis M. García (eds.), La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Madrid, Ediciones Doce Calles, 1996, pp. 98-107.
34 Ibidem, p. 102.
35 Astrid Cubano, «Criollos ante el 98: la cambiante imagen del dominio español durante su crisis
y caída en Puerto Rico 1889-1899», Revista de Indias, vol. LVI, núm. 211, Madrid, CSIC, 1997, pp.
637-655.
36 Sobre los anexionismos antillanos decimonónicos, sus actitudes y complejidades, véase: Gervasio L. García, «José Julio Henna Pérez: tema del traidor y el héroe (o los bordes dentados del fin de siglo)», Op. Cit. Revista del Centro de Investigaciones Históricas, núm. 11, Universidad de Puerto Rico,
1999, pp. 73-108.
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
lengua vernácula debe enseñarse de forma rigurosa, constante y progresiva. El discurso acaba con estas palabras, que no necesitan glosa:
No permitáis que se extinga ni decaiga entre vosotros la lengua más grandilocuente que
hablan hoy los humanos; […] y la única en que está escrito el inventario de los progresos aquí realizados durante cuatro centurias y el testimonio mismo de la cultura puertorriqueña.37
El siglo XIX, oficialmente castizo y académico, ventiló el armario y desempolvó la bien guardada veta local. Y lo hizo, no sólo al amparo de un costumbrismo irónico e inofensivo, sino también a la vanguardia de un discurso de resistencia, poco estudiado a mi entender, que arremetía contra la retórica oficial desde
el ensayo crítico o el artículo de opinión. Así es como se instala el lenguaje coloquial, por ejemplo, en los textos de Nemesio R. Canales, para quien el Puerto Rico real, sin exclusiones, es el punto obligado de toda referencia; este lenguaje
deliberadamente cercano podría servir como trampolín hacia lo propio, desde un
modernismo de vuelta.38 Es el momento de la «puertorriqueñización de la prosa», en palabras de la estudiosa Ortiz Lugo,39 para quien el discurso de Canales
tiene dos propósitos: a) la búsqueda de la identidad lingüística dentro de una
gran cultura compartida, frente al inglés, y b) la oposición a una expresión oficial incomprensible para el pueblo. Esta estudiosa nos lleva de la mano a la comprensión de un Canales que rescata y pone sobre el tapete el tipo de expresión
conversacional que tanto admiraba en Matienzo, «que no hablaba en párrafos»,40
y que hubiera deseado en De Diego. En otras palabras: si Alonso «habló por el
jíbaro», «Canales se propuso hablar con él»;41 no hay duda de que la actitud de
Canales retoñará mucho más tarde en los textos de Luis Rafael Sánchez.42 El siglo XIX, en fin, a la luz de lo que aquí, con toda la cautela que el asunto merece,
sólo aparece esbozado con algunos testimonios importantes, fue poniendo sobre
el tapete la posibilidad conciliatoria de una línea convergente, capaz de acoger la
realidad lingüística del país.
A principios del XX, a manera de torrente que ha ido tajando su propio cauce, el español de Puerto Rico se revela como la lengua construida en la tensión
de dos líneas igualmente tercas, orillas cercanas o próximas, con sus mutuos
trasvases y distanciamientos. De ambas, directa o indirectamente, tenemos
Manuel Fernández Juncos, La lengua castellana…, Opus cit., p. 7. Cursiva de la autora.
Antonio Crespo prepara en este momento su tesis doctoral sobre Nemesio R. Canales y su discurso de resistencia en La leyenda benaventina (Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico).
39 Julia Cristina Ortiz Lugo, Modernismo y estética de lo cercano en los artículos periodísticos de
Nemesio R. Canales, Tesis doctoral, Tulane University, Ann Arbor, 1989, pp. 155 y ss. (Debo esta ficha
bibliográfica a Antonio Crespo, citado en la nota anterior).
40 Ibidem, p. 164. Cita tomada de Canales, Glosario, 43.
41 Ibidem, p. 165.
42 Sobre este asunto: Efraín Barradas, Para leer en puertorriqueño. Acercamiento a la obra de Luis
Rafael Sánchez, Río Piedras, Puerto Rico, Editorial Cultural, 1981. María Vaquero, «Interpretación de
un código lingüístico: La guaracha del Macho Camacho», Revista de Estudios Hispánicos, vol. 5, Universidad de Puerto Rico, 1978, pp. 51-70.
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NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
279
testimonios,43 propios de una situación lingüística compleja. Si a finales del siglo
XX, se podrá poner en duda, no sin debate, que esta lengua sea signo de identidad,
por los años veinte, en el contexto que encontró Navarro Tomás en Puerto Rico, la
preocupación estaba, precisamente, en que, al perderla, se perdería la propia identidad. Esto era así porque la lengua española que estaba en juego ya no era «la lengua del otro», cercano o distante, sino una lengua española de todos los puertorriqueños, más o menos cortada a la medida, donde cabían, convertidos ya en carne
propia, purismos y provocaciones. Que esta misma lengua convertida en sangre
propia pueda, a finales del XX, ponerse en solfa como signo de identidad cultural,
merece otras reflexiones de indudable interés que no pueden abordarse aquí.44
ESPAÑA Y PUERTO RICO ENTRE DOS SIGLOS: COYUNTURA HISTÓRICA
PARA UNA RELACIÓN CULTURAL
Los intelectuales españoles del último cuarto del siglo XIX sintieron la necesidad de reflexionar sobre la imagen que la nación tenía de sí misma, con el propósito
de comprender lo que puede llamarse «conciencia histórica», asumida por la colectividad de forma más o menos intuitiva. Una serie de factores, podríamos decir de
«historia interna» (la tradición oral, el ideario transmitido por los libros de texto o
por la prensa, la propia experiencia vital e intransferible de cada uno)45 van configurando poco a poco esta conciencia colectiva, de efectos decisivos en la sociedad, por
cuanto es capaz de condicionar sensibilidades y comportamientos. Cánovas del Castillo, eslabón en una tradición de pensadores importantes, al proponerla como un hecho, ya había usado, en 1854, el término decadencia para arropar la imagen que España se había ido construyendo de sí misma a partir del siglo XVII.46 Años más
43 De la oficial, basten las referencias hechas. Como testimonio importante de la segunda, además
de los textos y autores aquí aludidos, vale la pena recordar las primeras observaciones sobre el habla
campesina del país que aparecen en Federico Pajeken, Gramática del español, Bremen, 1868, o el mismo testimonio de Hostos, citado más arriba, sobre pronunciaciones estigmatizadas en su época y rechazadas por él mismo (la «erre velar», por ejemplo).
44 Hasta ahora, en la documentación revisada sobre el proyecto de creación de los estudios hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, no he encontrado preocupación alguna por identificar el tipo de
lengua, general o local, que sería modelo para la enseñanza. No debe interpretarse, esta ausencia, como
indiferencia o rechazo de lo propio, pues no creo se pueda pedir, en épocas anteriores, incluso, al estructuralismo, la consideración y aplicación de los criterios y postulados de la sociolingüística o de la
lingüística aplicada, nacidos muchísimo después y mal conocidos en el mundo hispánico, todavía, a finales del siglo XX. Es oportuno recordar, en relación con la variedad dialectal y su lugar en la enseñanza, el trabajo pionero en este aspecto de Margot Arce Blanco, «Sobre la enseñanza de la pronunciación
española en Puerto Rico», Índice, vol. I, núm. 24. pp. 389 y ss., uno de los textos más sensatos que se
han escrito en el país sobre la didáctica del idioma en uno de sus niveles más importantes, el de la fonética, del cual hoy se ha llegado a afirmar que su conocimiento no le es necesario al maestro de español
para enseñar a los niños a leer y escribir el idioma (!) . (Véase el documento (abril de 2002) Reacción
de la Facultad de Educación a la Propuesta de Creación de un Certificado de Lingüística Aplicada a la
Enseñanza de la Lengua Materna, presentada por el Programa Graduado de Lingüística de la Facultad
de Humanidades ante las autoridades académicas del Recinto de Río Piedras, 2002).
45 José María Jover Zamora, «Restauración y conciencia histórica», España. Reflexiones sobre el
ser de España, Madrid, Real Academia de la Historia, 1997, pp. 331-363.
46 Antonio Cánovas del Castillo, Historia de la decadencia de España desde el advenimiento al
trono de Don Felipe III hasta la muerte de Don Carlos II, Madrid, 1854.
280
LOS LAZOS DE LA CULTURA
tarde, retoma la hipótesis47 para ampliarla, proyectándola hacia el futuro: para el
Cánovas de 1870, la decadencia española no era circunstancial sino esencial, dentro del destino reservado a las naciones latinas. La hipótesis inicial es, ahora, paralizante, por cuanto cierra el camino a la renovación: Cánovas «invita a asumir la
decadencia»48 desde una actitud derrotista, aunque vestida de dignidad y decoro;
pero los mismos acontecimientos históricos europeos (Francia adquiere protagonismo político-militar e Italia accede a la Triple Alianza) le obligarán a revisar su
teoría de la decadencia como componente esencial de los pueblos latinos, si bien
la mantiene en pie para el propio país. La noción de Cánovas tenía un arraigo considerable (la defendían otros intelectuales de paralelo prestigio y estaba enraizada
en el desengaño popular), pero el ambiente de finales de siglo, incluida la experiencia del 98, iba a poner en duda muchas ideas arraigadas, entre ellas la aceptación del determinismo histórico-cultural. Poco a poco, como ha explicado Jover
Zamora, se empezó a relacionar la noción de decadencia con la situación social en
su conjunto, desplazando hacia lo circunstancial las razones de su existencia. Este
cambio de perspectiva representó un giro radical: la paulatina aceptación de que
no hay decadencias esenciales ni determinadas, sino situaciones deficientes que
favorecen su desarrollo, como la paupérrima situación del campesinado, de la instrucción pública, de las instituciones, de la administración del Estado, del sufragio,
del nivel científico…, etc., que España había arrastrado durante mucho tiempo. Es
el conjunto de todas estas deficiencias lo que produce una «ciudadanía incapaz»,
que puede hacerse «solvente» tan pronto como cambien las situaciones. La noción
de decadencia no desapareció de la conciencia colectiva, de la noche a la mañana,
pero el cambio de visión abrió el camino a nuevas actitudes.
Todos los generacionistas, con distintos matices, participaron en los nuevos
debates. Me aparto de estos autores, muy conocidos, para detenerme en un texto
inclasificable y de excepción, Los tónicos de la voluntad, de Santiago Ramón y
Cajal,49 poco conocido, creo, pero fundamental para los propósitos de esta exposición, por cuanto es uno de los pocos trabajos dedicados a justificar que la elevación científica y cultural de un país, responsabilidad del Estado, se traduce,
automáticamente, en avance político, social y económico. Ramón y Cajal, hombre de reflexión probada en la investigación más exigente, sabe que la voluntad
individual necesita «tónicos», esto es ‘reconstituyentes’, que garanticen su »salud». Los «tónicos» que Ramón y Cajal incluye en el título feliz de su Discurso
de Ingreso a la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, además de
consejos invaluables, son los estímulos, apoyos y medios con los cuales el Estado puede vencer el atraso, la abulia o la indiferencia colectiva. Para Ramón y
Cajal, España era, y había sido, «un país intelectualmente atrasado, no decadente», «un pueblo ineducado, no degenerado»50; lo sería, si, con los cambios de si47 Antonio Cánovas del Castillo,«La cuestión de Roma» [Discurso pronunciado el día 26 de noviembre de 1870, en el Ateneo de Madrid], Obras Completas, vol. I: Discursos en el Ateneo, Madrid,
Fundación Cánovas del Castillo, 1981. Referencia tomada de José M. Jover [a quien sigo en este punto], Restauración y conciencia…, Opus cit., p. 335, n. 4.
48 Ibidem, p. 339.
49 Santiago Ramón y Cajal, Los tónicos…, Opus. cit.
50 Ibidem, pp. 139 y 140.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
281
tuación hacia lo positivo, continuase indefinidamente en el atraso secular. A Ramón y Cajal, con la fe en el pueblo español y la mirada en el futuro, le interesaba más proponer remedios concretos que lamentarse de un pasado irreparable,
razón de que su proyecto de elevación cultural y científica exigiera un ambiente
propicio y adecuado, donde se respirase un aire nuevo que habría que buscar
fuera del país, puesto que la renovación profunda de la vida intelectual siempre
ha exigido nuevas cabezas, sólo posibles si pueden distanciarse del ámbito circundante. Dirá, la vista puesta en el blanco:
…No reside, pues, el daño en los que aprenden, ni en el Estado que, en la medida de lo
posible, sufraga los gastos, sino en los que enseñan. De unos salen los otros. Ideal del
discípulo será siempre parecerse a su maestro, ¿cómo superarse si no halla cerca de sí
término más alto de comparación? Y pues es fuerza romper la cadena de hierro de nuestro atraso, rómpase por el anillo docente, único sobre el cual puede obrar directa y eficazmente el Estado.51
Desde la aristocracia del saber, y en su característica modestia personal, a Ramón y Cajal no le basta con denunciar el atraso o la abulia si no se vivifica la inteligencia dormida y se tonifica la voluntad enferma: diagnóstico y terapéutica. Gran
afinidad existe entre las ideas y planteamientos de Ramón y Cajal y el ideario que
Federico de Onís expondrá después públicamente, en otro discurso memorable,
pronunciado en la sesión de apertura del curso académico de 1912, en la Universidad de Oviedo. Para Federico de Onís la elevación cultural sólo sería realidad en
un porvenir de trabajo y esperanza.52
El problema de Puerto Rico era diferente. Aquí, mientras tanto, ante los nuevos
dueños progresistas, que tenían, también, su propia tradición (no dispuestos a traicionar), se iba desdibujando el sueño autonomista de construir el progreso en la
propia tradición cultural. Las reservas se convirtieron en alerta y la enseñanza academicista respondió ya, abiertamente, al freno del «deterioro idiomático», como
urgente postura de defensa y protección. Baste recordar a Teófilo Marxuach,53 con
su intención de corregir errores, lo cual le permite, por otra parte, y a manera de un
Appendix Probi moderno, dejar constancia de los usos populares. O a Epifanio
Fernández Vanga, que, preocupado por las interferencias del inglés en el español,
ofrece una serie de artículos publicados en la revista Puerto Rico Ilustrado, en los
cuales no falta la fina y demoledora ironía al referirse a la facilidad con que los estudiantes del momento leían el inglés con buen acento sin enterarse del contenido.
Las anécdotas que le permiten hacer las reflexiones correspondientes54 valen más
por sí mismas que todo cuanto se diga en defensa de las teorías más autorizadas en
Ibidem, p. 161.
Federico de Onís, «El problema histórico de la Universidad española», España en América, Estudios, ensayos y discursos sobre temas españoles e hispanoamericanos, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1968, pp. 53-90.
53 Teófilo Marxuach, El lenguaje castellano en Puerto Rico; mecanismo del lenguaje, vicios de
dicción, San Juan, San Juan News, 1903.
54 Epifanio Fernández Vanga, «La nueva hornada. Cómo lee la actual generación a causa del uso
del inglés y el español», Puerto Rico Ilustrado, núm. 208, 21 de febrero de 1914.
51
52
282
LOS LAZOS DE LA CULTURA
el aprendizaje de segundas lenguas.55 Si, como se ha dicho arriba, el siglo se abría
en España hacia la renovación de la conciencia colectiva, con instituciones organizadas y proyectos concretos de elevación cultural, en Puerto Rico surgía poco a
poco el recelo ante su más importante institución, la joven Universidad que, fundada en 1903 como la realización de un sueño reiteradamente pospuesto, parecía más
preocupada ahora por la enseñanza del inglés que del español, aunque la verdad
era (como ocurre a principios del siglo XXI) que las dos lenguas recibían enseñanza inadecuada.56 De esta primera Universidad, nacida en «la tradición norteamericana de los colegios y universidades»57 alejados de los centros urbanos, y al abrigo
de las Escuelas Normales,58 saldría, más adelante, la renovación intelectual del país, pero, en estos años, la Institución no parecía dispuesta a orientarse en la tradición local. Fue necesario esperar algún tiempo para que, con un rector en dedicación exclusiva, recibiera toda la atención necesaria, cumpliendo así el propósito
fundamental de educar a los maestros del país. Este primer canciller sería Thomas
E. Benner, un liberal norteamericano capacitado para desentenderse de la política
de adoctrinamiento vigente en los Estados Unidos, asumiendo el compromiso de
su cargo al servicio de la comunidad. Muchos años después, Jaime Benítez lo recordaría con estas justas palabras:
Thomas E. Benner started the basic academic orientations which distinguish our University to this day. He moved institutional leadership away from its Normal School tradition and led it towards its present day emphasis on the humanities and the sciences.
Asimismo, destaca su labor, como
…champion of Spanish culture and an advocate of Spanish as a vehicle of Instruction in
the Schools.59
Baste el siguiente dato para juzgar a Benner como persona comprometida con
el presente y con el futuro: llegó a Puero Rico en agosto de 1924, y, apenas pasados cuatro meses, en enero de 1925, aparece su texto «Nuestra Universidad»,60
55 Estos artículos de Fernández Vanga fueron reunidos y publicados más tarde con el título de El
idioma de Puerto Rico y el idioma escolar de Puerto Rico, San Juan, Ed. Cantero y Fernández, 1931.
56 Constante ha sido, desde principios de siglo, la miopía de no ver que la enseñanza deficiente del
español, al margen de sus épocas de marginación oficial, es un problema de la enseñanza y del diseño
curricular que suele afectar a todas las demás disciplinas. Las investigaciones serias en este sentido
siempre han demostrado que la enseñanza deficiente, por las razones que sean, nunca se manifiesta aislada en una sola área del currículo escolar.
57 María Luisa Moreno, La Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras,
San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2002. Este libro es imprescindible para conocer
la historia de la Universidad, con datos de primera mano; interesa aquí, sobre todo, el Capítulo I (19031923).
58 La primera de las cuales empezó a funcionar en 1891, precedida de los esfuerzos fallidos del
Ateneo y de las cátedras aisladas de principios del XIX. El antecedente inmediato fue la Escuela Normal Industrial de Fajardo, de 1901, trasladada a Río Piedras y declarada Universidad, por ley, en 1903.
59 Jaime Benítez (ed.), «Preface», Thomas E. Benner, Five Years of Foundation Building. The University of Puerto Rico, 1923-1929, Río Piedras, University of Puerto Rico, 1965.
60 ACUPR, Caja B-1 «Organización y sus funciones».
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
283
donde presenta la situación del Recinto, la enumeración de sus necesidades concretas y los proyectos de necesario apoyo oficial. La Universidad de Río Piedras
entraba, así, en la etapa brillante que le daría prestigio internacional, basado, sobre
todo, en el nacimiento y desarrollo de las Humanidades.
Ramón y Cajal había expuesto sus «tónicos de la voluntad» en 1897, publicados
en 1898 por primera vez. En 1912, fecha de la tercera edición, el autor añade al texto
original algunos capítulos nuevos, de los cuales nos interesa ahora el Capítulo XI. En
este último capítulo añadido, seguido de un Post Scriptum, el autor presenta los
«Órganos sociales encargados de nuestra reconstrucción» existentes ya en ese momento, dejando constancia de que su ideario, basado en la elevación cultural y compartido sin duda por otros muchos intelectuales, -sólo se hace, más arriba, referencia a
Federico de Onís por ser especialmente significativo para nosotros- no había caído en
el vacío. Efectivamente, cuando Ramón y Cajal añade este capítulo a su texto, quince
años después, ya funcionaban en España instituciones como la Junta de Ampliación
de Estudios y Pensiones y el Patronato de ingenieros y obreros, cuyo propósito era
educar a la juventud intelectual y obrera, dentro y fuera del país, sosteniéndola «en los
grandes focos de producción científica e industrial de Europa y América».61 Por su
parte, la Junta de Ampliación de Estudios, fundada en 1907 (de la cual fue Ramón y
Cajal su primer director), además de enviar pensionados al extranjero como medida
de renovación intelectual interna, creaba centros de investigación científica de alto nivel, tres de los cuales ya funcionaban en 1912: el Centro de Estudios Históricos, el
Instituto Nacional de Ciencias Físiconaturales y la Escuela de Roma para Arqueología e Historia. Y junto a ellos, iba apareciendo una serie de instituciones educativas
adecuadas y liberales, como la famosa Residencia de Estudiantes, ligada a las figuras
más significativas de la cultura en las décadas posteriores. La cosecha positiva de todos estos centros fue rápida y espléndida, razón de que, en 1912, Ramón y Cajal ya
pueda referirse al cambio de actitud de los docentes, uno de los efectos más importantes de la aplicación de estas reformas:
…en la nueva generación, el tipo mental del maestro declamador y meramente comentarista disminuye visiblemente, y de día en día aumenta el número de revistas científicas nacionales, de laboratorios y seminarios de investigación y de entusiastas profesores entregados a pesquisas originales.62
Una de las instituciones dependientes de la Junta de Ampliación de Estudios es
especialmente importante para el tema que nos ocupa: el Centro de Estudios Históricos de Madrid –analizado en este libro por Miguel Angel Puig-Samper y Consuelo Naranjo Orovio–.63
Santiago Ramón y Cajal, Los tónicos…, Opus cit., p.163.
Ibidem, p. 165.
63 Tanto de la Junta como del Centro de Estudios Históricos sólo se hacen aquí las referencias necesarias en función de la línea de exposición. Para detalles, véase el trabajo dedicado a estas instituciones en este mismo volumen. Para noticias muy importantes, y de primera mano, sobre el Centro, es imprescindible el trabajo de Rafael Lapesa, «Menéndez Pidal, creador de escuela: el Centro de Estudios
Históricos», ¡Alça la voz, pregonero! Homenaje a Don Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Cátedra-Seminario Menéndez Pidal y Corporación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza,
1979, pp. 43-79.
61
62
284
LOS LAZOS DE LA CULTURA
No podemos olvidar la presencia en el Centro de investigadores y estudiosos
puertorriqueños como Margot Arce y Rubén del Rosario,64 que pronto llegarían a
ser figuras de relieve en la Universidad de Puerto Rico y en la cultura hispánica.
Si, por los años veinte, el Centro de Estudios Históricos se había convertido en
uno de los focos de investigación más prestigiosos para el estudio de la cultura hispánica, no debe llamar la atención que la profesora Josephine W. Holt,65 en 1923,
propusiera a la Junta de Administradores de la Universidad de Puerto Rico66 su
plan de un programa en lengua y literatura hispánicas, con la invitación expresa a
D. Américo Castro, uno de los miembros de dicho Centro. Según este programa,67
el profesor invitado se haría cargo de los cursos de lengua y literatura hispánicas
dirigidos a profesores norteamericanos que, sin poder trasladarse a Madrid, pudieran perfeccionar sus conocimientos en un país hispanohablante. No pudo venir
Américo Castro en esta ocasión, pero las iniciativas de la profesora Holt, que serían la base de una relación cultural decisiva entre España y Puerto Rico, motivaron
la invitación a Tomás Navarro en 1925, determinada por su prestigio de fonetista.
Desde 1916 Navarro Tomás publicaba sus trabajos sobre los sonidos del español,
a partir de análisis hechos en el laboratorio del Centro de Estudios Históricos; preparaba, además, materiales didácticos para actualizar la enseñanza del nivel fónico del
lenguaje (así redactó su Manual de pronunciación española68), o transcribía incansa-
64 Es entrañable la relación de recuerdos que hace Rafael Lapesa, «Menéndez Pidal, creador…»,
Opus. cit., pp. 57-y 58, de los tiempos compartidos con los dos profesores puertorriqueños en Madrid,
cuando el Centro estaba en la calle de Almagro, época de 1920 a 1930 (después pasó a la calle Medinaceli, hasta 1938; en sus años iniciales, 1910-1920, había ocupado un espacio de la Biblioteca Nacional). Lapesa relata las dificultades de los antillanos ante el clima madrileño, en el ambiente poco
confortable de la época, y destaca la excelencia de sus trabajos e investigaciones. Los dos serían, después, figuras decisivas para la elevación cultural de Puerto Rico, puesto que sus nombres están ligados
a una de las épocas más brillantes del Recinto de Río Piedras y a la llamada «Generación del 30», comprometida con la búsqueda de la controvertida identidad nacional, junto a Antonio S. Pedreira y a otros
incansables estudiosos.
65 Pocas son las noticias, todas indirectas, que he podido allegar hasta ahora sobre Josephine W.
Holt; alguna referencia epistolar de la época me permite suponer que esta profesora tenía a su cargo la
organización y dirección administrativa del programa hispánico que ella misma había promovido, a
juzgar por las referencias al respecto que hace don Federico de Onís en carta dirigida al canciller Benner, el 11 de diciembre de 1925: «I sent Miss Holt some time ago the titles of my courses for next summer», ACUPR, R-3.
66 Rafael W. Ramírez, «El doctor Navarro Tomás y su viaje a Puerto Rico», Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, vol. I, núm. 1, Madrid, 1925, p. 1.
67 En carta del 2 de febrero de 1924, Samuel R. Quiñones y Vicente Géigel Polanco, «Estudiantes
de Derecho», envían una carta a la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico en la cual, después de haber notado «la ausencia de la literatura nativa», en el nuevo Programa de Estudios de la Universidad, solicitan «la creación de una cátedra de Literatura Puertorriqueña». Los autores se refieren al
éxito obtenido por Concha Meléndez en sus conferencias sobre Literatura hispanoamericana, como indicio del entusiasmo que generaría la literatura puertorriqueña. ACUPR, R-3.
68 Tomás Navarro Tomás, Manual de pronunciación española, Madrid, Junta para la Ampliación
de Estudios, Centro de Estudios Históricos, Publicaciones de la Revista de Filología Española, Sucs. de
Hernando, 1918. Además de sus más de veinte ediciones, apareció un resumen de esta obra en inglés
que fue, durante décadas, la referencia fonética obligada del español en los Estados Unidos: Tomás Navarro Tomás y Aurelio Espinosa, A Primer of Spanish Pronunciation, Boston, Sanborn and Co., 1926.
Aunque sus estudios sobre la prosodia son muy tempranos, su tratado de entonación es más tardío, pero igualmente prestigioso durante mucho tiempo: Tomás Navarro, Manual de entonación española,
New York, Hispanic Institute on the United States, 1944.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
285
blemente textos medievales que luego formarían el gran corpus de Documentos Lingüísticos de Castilla (1919) y los Documentos Lingüísticos del Alto Aragón, inéditos
hasta 1957. Su estancia en Hamburgo, dentro de los planes del Centro de enviar a sus
investigadores a los focos de prestigio del extranjero, lo habían puesto en contacto
con nuevas teorías y técnicas de investigación, y de Alemania había regresado con
los nuevos acercamientos de la joven Geografía Lingüística, método de trabajo con
que iniciaría el estudio científico del idioma español en Puerto Rico, pocos años después. Para un pueblo como Puerto Rico que
…no quiere desprenderse de la más grande herencia que le legaron sus antepasados,
y que, por amar la lengua española, quiere conservarla
en el mayor grado de pureza, pues a pesar de los esfuerzos de los profesores, la influencia de la lengua oficial, el inglés, se nota ya en el habla de aquellos que tienen que emplear ambos idiomas,
era necesaria una persona que,
libre de prejuicios raciales o políticos, presentara ante las autoridades del país, y sobre
todo ante el cuerpo estudiantil, el desarrollo de la lengua española, empezando, por
aquellas partes que tanto interés tienen hoy para los puertorriqueños: la pronunciación
española.69
Los trámites de permiso de salida, gestionados ante las autoridades españolas
desde Puerto Rico, se iniciaron a principios del año 1925.70 Concedido el permiso
oficial y en regla todos los procedimientos, Navarro Tomás llegó a Puerto Rico el
29 de junio de 1925. Antes, incluso, de hacer este primer viaje, Benner quiso comprometerlo también para el curso siguiente, como demuestra una carta de Navarro,
del 14 de mayo del mismo año, en respuesta a dicha invitación, enviada el siete de
abril; pero este segundo viaje tendría que esperar.71 Al fin, y equipado con la herencia de D. Ramón Menéndez Pidal, Navarro vendría dos veces a Puerto Rico;
traía, del viejo maestro, «la entrega cordial, el tesón contagioso, el don de consejo,
el sentido del trabajo solidario».72 La Universidad de Río Piedras lo recibió como
Rafael W. Ramírez, «El doctor Navarro Tomás…», Opus cit. pp. 1-6.
Benner escribe al Subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Paseo de Atocha, Madrid,
el 21 de enero de 1925, solicitando «le conceda permiso al Dr. Tomás Navarro para venir a Puerto Rico
a dar un curso de conferencias en la escuela de verano de Español de la Universidad de Puerto Rico».
ACUPR, R-3.
71 En esta carta de respuesta a Benner, del 14 de mayo, Navarro Tomás explica la imposibilidad de
aceptar la segunda invitación, por tener comprometido el año 1926 con el Instituto de Filología de Buenos Aires. Ante la imposibilidad de que viniera Américo Castro (los dos no podrían faltar al mismo
tiempo del Centro), en esta misma carta propone que se invite a D. Antonio G. Solalinde, entonces en
Wisconsin, con la aclaración de que, si éste tampoco pudiese, y de no encontrar a otra persona, podría
aceptar. No se encontró profesor, razón de que Tomás Navarro aceptase al fin esta segunda invitación
de Benner para el año 1927-28. ACUPR, R-3.
72 Rafael Lapesa, «Menéndez Pidal, creador…», Opus. cit., p. 61.
69
70
286
LOS LAZOS DE LA CULTURA
recibe el país a los embajadores de buena voluntad, junto a un grupo excepcional
de jóvenes puertorriqueños, personalmente comprometidos con la elevación cultural como herramienta de progreso (Antonio S. Pedreira, Concha Meléndez,73 Margot Arce o Rubén del Rosario), que eran, en aquel momento, la promesa de un futuro brillante para las Humanidades del Recinto; años más tarde, serían, junto a
otros nombres puertorriqueños, el centro de su prestigio internacional.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO
De acuerdo con su especialidad, Tomás Navarro dictó dos cursos en el verano
de 1925, uno sobre Fonética y otro sobre Lírica Popular. El éxito y la importancia
de Navarro no pasaron inadvertidos al recién nombrado canciller Benner, que inició rápidamente las gestiones para ampliar y oficializar la continuidad de aquellos
cursos, germen de los estudios humanísticos en la Universidad de Puerto Rico. A
este propósito responde la siguiente carta telegráfica enviada a D. Ramón Menéndez Pidal, director del Centro de Estudios Históricos de Madrid, en la cual se reconoce que Puerto Rico, inicia una «nueva vida» intelectual:
MENÉNDEZ PIDAL,
CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS,
MADRID.
Universidad de Puerto Rico, dotada medios amplio desarrollo, empieza nueva vida y saluda ese Centro, deseando íntima colaboración. País y Universidad agradecen presencia
doctor Navarro. Encantados su gran labor. Esperamos pueda volver curso completo
1926-1927. Recibirá carta sobre esto.
BENNER, CANCILLER74
Efectivamente, la labor de Navarro había sido ejemplar aquel verano, más allá,
incluso, de la cátedra. En este sentido, merece la pena destacar su colaboración
con otras instituciones culturales del país, no ya por su disponibilidad para dictar
las conferencias que se le pedían, sino porque, además, los temas seleccionados le
permitían presentar una imagen de la España revitalizada y comprometida con
nuevas actitudes. Nunca pagará España a Navarro Tomás, y a otros como él, la la73 El testimonio de lo que prometía la muy conocida después Dra. Concha Meléndez, consta en una
carta del propio canciller Benner a don Federico de Onís, entonces en Columbia University, fechada el
4 de agosto de 1925. En esta carta, Benner solicita acogida y ayuda para la joven Concepción Meléndez, «Instructor in Spanish at this institution, who intends to study under your direction next year. Miss
Meléndez is a young woman of brilliant promise we believe». No se equivocó el canciller Benner en su
valoración de la joven estudiante, como tampoco se equivocó en su valoración de Pedreira, según consta en otra carta escrita a Onís, el 13 de agosto del mismo año, en que le recomienda a «Mr. Pedreira. He
is a young man of promise who has a quick mind, a good personality and an enthusiatic interest in this
subject». El 21 de agosto Onís contesta a Benner con una larga carta en la cual explica lo que pensaba
hacer por los jóvenes puertorriqueños (les buscaría acomodo y trabajo, además de apoyo y orientación
académica). Benner, a su vez, agradece lo hecho por Onís, en otra carta del 9 de septiembre del mismo
año, en la cual le dice: «The University feals greatly under obligations to you.» Cartas posteriores demuestran el interés continuo de D. Federico en los estudios y progresos de Meléndez y Pedreira, así como su preocupación en asegurarles becas y ayudas. Todas las cartas citadas, en ACUPR, R-3.
74 Tomada de Rafael W. Ramírez, « El doctor Navarro Tomás…», Opus cit., p. 3.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
287
bor ejemplar de ir desmontando en el extranjero, al margen de la retórica gastada y
de la política de turno, tantos errores y prejuicios del pasado. Conferencias como
la dictada en la Biblioteca Carnegie sobre los Precursores españoles de la lingüística moderna, con importantes observaciones sobre la investigación española sobre los sordomudos, por ejemplo, o las ofrecidas en el Ateneo Puertorriqueño sobre los Problemas y métodos de la fonética experimental y sobre El movimiento
científico de la España actual, ponían, ante un auditorio sorprendido, la España renovada y confiable que se empeñaba, ahora, en la conquista más difícil, la de
«conquistarse a sí misma».
La colaboración de Navarro Tomás con las instituciones culturales del país, al
margen de sus compromisos universitarios, no fue casualidad. Desde antes del
1898 había ido apareciendo en Puerto Rico una serie de asociaciones, fundadas
por emigrantes españoles,75 que, no sólo sirvieron para que los peninsulares participaran en los debates culturales y políticos del país, sino que desempeñaron un
papel decisivo a la hora de perfilar los fundamentos de «la modernidad y la nacionalidad puertorriqueña».76 De acuerdo con Jaime M. Pérez Rivera, a quien sigo
en este punto, la ausencia de una política exterior efectiva de España hacia Hispanoamérica, a raíz de las independencias, hizo que estas asociaciones, unidas a la
prensa, desempeñaran un papel decisivo en las relaciones culturales de ambos países. En este contexto, una de las asociaciones de Puerto Rico, el Casino Español de
San Juan (SESJ), fundado en 1871, al tanto de los nuevos programas universitarios
en beneficio de la cultura hispánica, no vacilaría en felicitar con entusiasmo al
canciller Benner por:
la meritoria labor que el departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico viene desarrollando; labor trascendental que ha tenido una acentuación digna de todos los
encomios desde que usted asume la alta dirección de nuestro primer centro docente.77
Asimismo, y después de reconocer
con legítimo entusiasmo, la participación valiosa que en este movimiento cultural ha tomado el eminente lingüista Dr. Tomás Navarro, uno de los más sólidos prestigios de la
cátedra española…78
75 Sobre los españoles en Puerto Rico a raíz del 98: Jaime M. Pérez Rivera, «¿Qué pasó con los españoles en Puerto Rico después del 98?», Ivonne Acosta Lespuer, (ed.), El 98. Cuadernos del 98, San
Juan, Ateneo Puertorriqueño, Editorial LEA, 1999, pp. 235-254.
76 Jaime M. Pérez Rivera, Asociacionismo, prensa y cultura entre los inmigrantes españoles de San
Juan, 1871-1913, Tesis doctoral, Departamento de Historia, de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 2002, p. iii (inédita). Esta investigación es fundamental para el tema que nos ocupa y para conocer el contexto cultural y político condicionante de las reacciones adoptadas por los españoles residentes en la Isla antes y después de los acontecimientos del
1898.
77 Carta del «Presidente Accidental» del Casino Español de San Juan, de firma ilegible, dirigida al
Hon. Thomas Benner, Canciller de la Universidad de Puerto Rico, con fecha del 24 de agosto de 1925,
ACUPR, R-3.
78 Idem.
288
LOS LAZOS DE LA CULTURA
le hace saber el deseo del Casino de colaborar en el proyecto cultural iniciado,
ofreciendo al Profesor Don Rafael W. Ramírez,
un modesto presente: quinientos dollars [sic] para ayudarle en la realización de su
proyectado viaje a España a fin de obtener el doctorado en Letras y asimilar, para beneficio de los estudiantes portorriqueños [sic], los métodos del Centro de Estudios
Históricos de Madrid, que nos ha dado a conocer con tan rara perfección el Dr. Navarro Tomás.79
La conservación del español («castellano» en algunos documentos de la época) fue una de las responsabilidades de estas asociaciones, alguna, incluso, con
especial interés en establecer relaciones con la Real Academia Española, como
La Unión Iberoamericana80, idea retomada en 1915 por D. José de Diego cuando propuso en Puerto Rico la fundación de una Academia Antillana de la Lengua
Española, sin éxito en su momento pero con tres resultados positivos más tarde:
la Academia Cubana se fundó en 1926, la Dominicana en 1927 y la Puertorriqueña en 1955. En palabras de Jaime M. Pérez, ni antes ni después del 98 representan, estas asociaciones de españoles, ni los periódicos y revistas dirigidos por
los mismos grupos, «un sector derrotado», sino más bien «una épica hispánica
que sirvió de símbolo aglutinador»81. Esta voluntad de colaboración cultural explica la presencia de Navarro Tomás en estas asociaciones y sus continuas participaciones en los actos por ellas organizados durante el poco tiempo que estuvo en el país.
Navarro Tomás no pudo volver, como se ha dicho arriba, en 1926-27,82 por
estar ya comprometido para ir a Buenos Aires, donde se había puesto en marcha
el «Instituto de Filología», dirigido por su discípulo Amado Alonso. Sí pudo regresar para el año académico 1927-28, prestigiado por su estancia anterior, de
cuyo éxito hay testimonios coetáneos y posteriores,83 y fue desde aquí, en esta
segunda estancia, cuando llevó a cabo su gran obra de renovación científica de
la dialectología hispanoamericana. No abandonó, sin embargo, otros intereses,
como el de «reunir una bibliografía metódica de todo lo que se ha publicado en
libros y revistas acerca de la isla y sus habitantes»;84 este magno proyecto bibliográfico fue magistralmente completado y publicado después por Antonio S.
Pedreira, a quien Navarro entregó todas las fichas bibliográficas que él había re-
Idem.
Jaime M. Pérez, Asociacionismo…, Opus cit., «Introducción».
81 Idem.
82 En 1926, y también en el segundo semestre del año 1927-28, dictó cátedra Federico de Onís;
Amado Alonso lo hizo en 1927; Américo Castro y Fernando de los Ríos en 1928; Ángel Balbuena
Pratt, durante el año 1928-29. Para más detalles, Thomas Benner, Five years…, Opus. cit., p. 93. Para
detalles sobre Federico de Onís, véase el trabajo que se le dedica en este mismo volumen.
83 Rafael W. Ramírez, «El doctor Navarro Tomás…», Opus cit., p. 3, da cuenta de la actitud de Navarro ante los alumnos y ante la cátedra y Mª Teresa Babín, «Alrededor del lenguaje de Puerto Rico»,
Asomante, vol. II, núm. 4, Universidad de Puerto Rico, 1946, pp. 82-90, p. 84, evoca la figura de Navarro, siempre atento al destino de la lengua española en el país.
84 Tomás Navarro, «Impresiones sobre el estudio lingüístico de Puerto Rico», Revista de Estudios
Hispánicos, vol. II, núm. 2, Universidad de Puerto Rico, 1929, 127-147, p. 130.
79
80
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
289
copilado.85 Asimismo, no se limitó a Puerto Rico; desde aquí viajó a Venezuela
y al entonces llamado Santo Domingo, donde, en 1926, elaborados y publicados treinta años más tarde, recogió los materiales que le permitieron ofrecer los
rasgos característicos del español dominicano, primer estudio de esta variedad
antillana,86 puesto que la investigación de Henríquez Ureña es muy posterior.87
Estos rasgos dominicanos, modestamente identificados por su autor como
«apuntes», representan, por su semejanza con los obtenidos para Puerto Rico en
la misma época, el único testimonio de la unidad dialectal antillana a fines del
siglo XIX y principios del XX. Testimonian, por otra parte, la única aplicación
de la investigación geolingüística en tierras dominicanas, puesto que Henríquez
Ureña usaría, años después, otros criterios de investigación.88
LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA DE NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO
Las investigaciones de campo habían ido tomando forma en España,89 por iniciativa de don Ramón Menéndez Pidal, que había concebido el gran proyecto de
un Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI),90 semejante al de Francia, que
encargó, al fin, a Navarro Tomás, quien, por los años 20, diseñó la investigación,
marcó los puntos de encuesta, redactó los cuestionarios y seleccionó a sus ayudantes. Los primeros estudios a partir de estos materiales son de 1935 y 1936, pero lo
importante es que, desde mucho antes de estas fechas, Navarro Tomás estaba familiarizado con los métodos y principios de la nueva geolingüística. La Guerra Civil
dejó lamentablemente inconclusa esta obra, que sin duda habría rescatado un mundo ya irrecuperable, esto es, la situación lingüística de España antes de la «modernización de las técnicas agrarias, el creciente abandono del campo y la influencia
de los grandes medios de comunicación».91 Desparecido el Centro de Estudios
Históricos en 1938, y dispersos sus miembros por toda la geografía de América, la
geolingüística no murió: como si de un sustrato latente se tratara, reaparecería de
nuevo varias décadas después, con los modernos atlas peninsulares de Alvar, el
85 Antonio S. Pedreira, Bibliografía Puertorriqueña (1493-1930). Monografías de la Universidad
de Puerto Rico, Serie A., Estudios Hispánicos, núm. 1, Madrid, Imprenta de la Librería y Casa Editorial
Hernando (SA), 1932, 707 pp.
86 Tomás Navarro, «Apuntes sobre el español dominicano», Revista Iberoamericana, vol. XXI,
1956, pp. 417-428.
87 Pedro Henríquez Ureña, El español en Santo Domingo, Buenos Aires, Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana, 1940. [Hay cinco reimpresiones posteriores: Santo Domingo, Ediciones de Taller. La última es de 1987].
88 María, Vaquero, «La géolinguistique hispanique aux Caraibes», La géolinguistique en Amérique
Latine, Geolinguistique, Université Stendhal-Grenoble III, Hors série nº 2 de Géoloinguistique 20012002, pp. 7-31.
89 Para detalles sobre la investigación lingüística románica en tiempo de Navarro, especialmente
sobre la geolingüística, véase: María Vaquero (ed.), «Navarro Tomás y el español de Puerto Rico. Estudio preliminar», Tomás Navarro Tomás, El español en Puerto Rico, Edición conmemorativa al cumplirse los cincuenta años de su aparición, 1948-1998, San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico,
y Comité del Centenario del 1898, 1999, pp. I-LIX.
90 Para detalles sobre la elaboración del ALPI: Lorenzo Rodríguez Castellanos, «El Atlas lingüístico de la Península Ibérica», Archivum, vol. 2, Oviedo, 1953, 272-282, y Manuel Sanchis Guarner, La
cartografía lingüística en la actualidad y el Atlas de la Península Ibérica, Palma de Mallorca, 1953.
91 Rafael Lapesa, «Menéndez Pidal, creador…», Opus cit., p. 70.
290
LOS LAZOS DE LA CULTURA
de Andalucía a la cabeza92 y, actualmente, con el monumental Atlas Lingüístico de
Hispanoamérica.93
En su segunda estancia en Puerto Rico, durante el año académico 1927-28, Navarro Tomás dedica todo el tiempo que le dejan libre los cursos de la Universidad a
diseñar y poner en práctica el proyecto de investigación que le permitiría recoger
los materiales destinados a la elaboración del Atlas Lingüístico de Puerto Rico,
primero de Hispanoamérica, de acuerdo con los criterios teórico-metodológicos de
la geografía lingüística vigente en su momento y aplicada por él mismo en el diseño del ALPI. La recogida de los materiales puertorriqueños duró cinco meses, desde octubre de 1927 a marzo de 1928,94 pero la elaboración del atlas, con la interpretación de los datos recogidos en sus 73 mapas (a los cuales hay que añadir el
dedicado a los municipios de Puerto Rico, y otro a los lugares visitados, 1º y 2º del
conjunto, respectivamente) tuvo que esperar a 1948, fecha de la primera edición de
la obra,95 cuidada y encuadernada en tela. La caja tipográfica mide 10.5 por 17
centímetros, y la proporción de los márgenes consigue una composición y tamaño
de página que delatan el buen oficio de la casa editora. En 1966 aparece la segunda edición,96 con la única novedad de un PRÓLOGO del autor en el que se lamenta de no haber podido volver a Puerto Rico para observar la marcha de algunos fenómenos importantes registrados en 1927. Esta reimpresión altera la medida y
proporción de los márgenes, con la evidente reducción del tamaño de página y las
consecuencias correspondientes en el formato del libro. En 1974 aparece la tercera
edición,97 reimpresión exacta de la segunda. En 1999 aparece la cuarta edición,
facsimilar de la primera y conmemorativa de sus cincuenta años (1948-1998).98
92 Manuel Alvar, Atlas Lingüístico Etnográfico de Andalucía (ALEA), 6 Ts., con la colaboración de
A. Llorente y G. Salvador, Universidad de Granada-CSIC, 1961-1973; Atlas Lingüístico-Etnográfico
de las Islas Canarias (ALEICan), 3 tomos, Las Palmas, Ediciones del Excmo. Cabildo Insular de Gran
Canaria, 1975-1978; El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Aragón, Navarra y Rioja (ALEAR), 12 tomos,
con la colaboración de A. Llorente, T. Buesa y E. Alvar, Madrid, Edit. La Muralla, 1979-1983; El Atlas
Lingüístico y Etnográfico de Cantabria, 2 tomos, Madrid, Arco/Libros, 1995. Recientemente, y con
materiales recogidos para el Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, han aparecido, del mismo Alvar,
cuatro espléndidos volúmenes: El español en la República Dominicana, Universidad de Alcalá, 2000, y
El español en el sur de los Estados Unidos, Universidad de Alcalá, 2001, El español de Venezuela, Universidad de Alcalá, 2002, y El español en Paraguay, Univ. de Alcalá, 2002.
93 Manuel Alvar y Antonio Quilis, Atlas Lingüístico de Hispanoamérica. Estudios introductorios
de Manuel Alvar, Madrid, ICI, 1984.
94 En la conferencia leída ante la «Institución Cultural Española de Puerto Rico», antes de irse del
país, el 27 de abril de 1928, Navarro explica y da cuenta del trabajo realizado al respecto, además de
ofrecer muchos detalles sobre la forma de hacer las encuestas de campo, la solución de problemas imprevistos, etc. Remito, para detalles, al texto publicado correspondiente, Tomás Navarro, «Impresiones…», Opus cit., p. 134, donde asegura haber visitado cuarenta pueblos distintos, en cada uno de los
cuales aplicó un cuestionario de 450 preguntas relativas a pronunciación, morfología, sintaxis y vocabulario, con un total de 18.000 contestaciones transcritas. En la obra, sin embargo, se enumeran cuarenta y tres lugares, con sus nombres y la relación de los sujetos entrevistados en cada uno; se hace
constar, asimismo, que el cuestionario constaba de 445 preguntas.
95 Tomás Navarro, El español en Puerto Rico, New York, Manufactured in The United States by
Ganis and Harris, 1948, 346 pp.
96 México, Editorial Cvltura, T.G., S.A., con «Derechos asegurados conforme a la ley por la Universidad de Puerto Rico, 1966.
97 Barcelona, Talleres Gráficos de Manuel Pareja, 1974.
98 Fue publicado en San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico y Comité del Centenario
de 1898, Opus cit.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
291
La realidad geográfica de Puerto Rico –isla de 5.500 km2, equivalentes a unas
3.435 millas, con una población, en 1927, de 2.000.000 de habitantes– hizo posible la realización de un atlas nacional con las características que ni siquiera hoy se
han podido igualar en los mejores atlas regionales, en lo que a densidad de los lugares de encuesta se refiere. Si tenemos en cuenta que los 528 puntos seleccionados para el atlas lingüístico de toda la Península Ibérica, el ALPI , representan un
lugar de encuesta por cada 1.100 km2 y 68.000 habitantes,99 o que, en el Atlas de
Francia, el ALF, hay un punto de encuesta por cada 830 km2 y 64.000 habitantes,
el Atlas de Puerto Rico ofrece una densidad muy alta: una localidad investigada
por cada 127 km2 y 364 habitantes. Esta riqueza de puntos hace de este atlas una
obra de excepción, con posibilidades de aplicar técnicas no ensayadas antes en este tipo de trabajos,100 dentro de la geolingüística de aquel momento.101 A esta indiscutible superioridad del Atlas de Puerto Rico se puede añadir otra ventaja, relativa a la rapidez con que se recogieron sus materiales. Si tenemos en cuenta que el
gran enemigo de los atlas lingüísticos fue, y sigue siendo, el tiempo,102 no hay duda de que el de Puerto Rico ganó esta batalla, relacionada con la reducida extensión del territorio. En cinco meses, un solo explorador, Navarro Tomás, pudo recorrerlo completo y hacer las encuestas en los 43 lugares visitados, lo cual garantiza,
por otra parte, la ideal unidad de transcripción a la que se sigue aspirando en este
tipo de trabajos.
Otra cosa muy distinta es la relativa a la importancia dada por Navarro a los
medios rurales, según los criterios de su escuela, con escasa presencia de los
núcleos urbanos. La geolingüística del momento, no sólo intentaba rescatar las
hablas locales, sino que pretendía recogerlas en su estado más puro, sin la contaminación a que pueden estar expuestas en los medios urbanos. Navarro, fiel a
estos principios de método, no sólo dio preferencia a los barrios sobre los pueblos o cabezas de municipio,103 sino que, con la excepción de cinco, todos sus
informantes eran analfabetos, rasgo que garantizaba, aún más, la pureza de las
hablas recogidas, refugiadas en el uso rústico.104 Estos principios de escuela se
avienen con un hecho, detectado por Navarro en Puerto Rico y expuesto a raíz
de sus encuestas; se refiere a que las verdaderas peculiaridades del español de
99 Datos ofrecidos por Manuel Alvar, «Los atlas lingüísticos de España», Presente y futuro de la
lengua española, Madrid, OFINES, 1964, vol. 1, pp. 417-426, p 5. Se calculó a razón de los 600.000
km2 de superficie peninsular y los 36.000.000 millones de habitantes de la época.
100 Así lo reconoce Humberto López Morales, «Un capítulo de la historia lingüística antillana; El
español en Puerto Rico, de Navarro Tomás», Revista de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto
Rico, vol. 3, 1973, 5-21, reproducido en Dialectología y sociolingüística. Temas puertorriqueños, Madrid- Miami-Nueva York-San Juan, Hispanova de Ediciones, S. A. 1979, pp. 41-50.
101 Navarro Tomás era consciente de la superioridad de la red de Puerto Rico, como consta en la
nota 1 de la página 16 de su obra, donde la compara con las de las islas de Córcega y Cerdeña, en los
atlas de Gillièron y Jaberg respectivamente.
102 Para detalles sobre este punto: Manuel Alvar, «La cartografía lingüística. Los exploradores»,
Estructuralismo, Geografía Lingüística y Dialectología actual, Madrid, Gredos, 1969, p. 130.
103 Cada municipio de Puerto Rico encierra en su término, además del centro o cabeza de la jurisdicción (el pueblo propiamente dicho, identificado con el mismo nombre), una serie de barrios o núcleos rurales, en número diferente para cada municipio.
104 Tomás Navarro, El español…, Opus cit., pp. 16-19.
292
LOS LAZOS DE LA CULTURA
la Isla se dan en el nivel popular,105 puesto que «el español [...] de las personas
cultas se diferencia del de España mucho menos de lo que los mismos puertorriqueño creen».106 Y si tenemos en cuenta que el principal propósito de Navarro fue buscar, precisamente, las peculiaridades del español isleño, 107 no debe
sorprender, por varios motivos, su atención exclusiva a la lengua popular. No
olvidemos, por otra parte, que la población puertorriqueña se ha concentrado
con preferencia en los campos, a lo largo de la historia, razón de que la escasa
representación urbana en la muestra de Navarro no se aparte en exceso de la realidad isleña.108 En cuanto a la escasa presencia de las mujeres en su muestra,
se explica dado el carácter del cuestionario, cuyas preguntas se referían, casi en
su totalidad, a aspectos de la vida agrícola y a las faenas del campo, propias de
los hombres. Tampoco debe llamar la atención el predominio de informantes
blancos en la muestra, teniendo en cuenta que la mayoría de los lugares visitados pertenecen al interior del país, regiones de menor concentración africana,
frente a las costas. En resumen, si bien Navarro, en la composición de la muestra y en la selección de los puntos, trató de justificar los criterios seguidos, basándose en las realidades del país y en las tendencias seculares de su población,
no hay duda de que siguió fielmente los principios metodológicos de la geografía lingüística en boga. Superados hoy estos principios de escuela, Navarro Tomás es un clásico, por una razón fundamental: por su interés genuino, dentro de
un determinado marco teórico, en salvar de la muerte a los dialectos, más o menos marginados, como etapas indispensables en el conocimiento de las lenguas
y en su evolución. Esta ha sido, al fin y al cabo, la vieja y clásica preocupación
de los lingüistas, proyectada en las sucesivas escuelas y metodologías.109
En la geolingüística es fundamental el uso del cuestionario para allegar los materiales. Navarro, que, como se ha dicho, había colaborado en el del Atlas de la Península Ibérica (ALPI), publica su Cuestionario, con el título de Cuestionario lingüístico hispano-americano,110 antes de la aparición de su libro sobre Puerto Rico,
que, no lo olvidemos, tiene como subtítulo Contribución a la Geografía Lingüística Hispanoamericana. Graves cuestiones metodológicas se han venido planteando
ante la aplicación de un único cuestionario general en un dominio nacional exten105 Es sumamente importante, por otra parte, esta observación de Navarro, en momentos en que se
sometía a revisión la pretendida uniformidad del español de América, revisión iniciada por Pedro Henríquez Ureña en su trabajo «Observaciones sobre el español de América», RFE, vol. VIII, Madrid,
1921, 357-390, uniformidad aceptada hasta entonces, precisamente, porque se partía de las hablas cultas y de la escritura, únicas que trascendían las fronteras regionales. Hoy sabemos que lo característico
del español americano es «la variedad en la unidad», haciendo de él un conjunto de modalidades regionales, cada una con su propia estratificación social interna.
106 Tomás Navarro, «Impresiones…», Opus cit., pp. 132 y ss.
107 Ibidem.
108 El mismo Navarro recuerda la observación del historiador Fray Iñigo Abbad y Lasierra, del siglo XVIII, cuando se refiere a la arraigada preferencia de los puertorriqueños por el campo: Tomás Navarro, El español…, Opus cit., p. 17 y p. 18 n.1, con datos sobre censos de población de la época.
109 Para detalles: Manuel Alvar, Estructuralismo, Geografía Lingüística…, Opus cit., pp. 162 y ss.
110 Aparece en 1943, estando ya Navarro en Nueva York, reeditado en 1945, y publicado, en las dos
fechas, por el Instituto de Filología de Buenos Aires. Para detalles sobre la trascendencia de este cuestionario en las investigaciones dialectales de Hispanoamérica, véase: H. López Morales, «Un capítulo…», Opus cit. pp. 31-50.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
293
so, con el riesgo de que pueden quedar sin recoger muchos aspectos, propios de
determinadas regiones dentro del territorio. No es el caso de Puerto Rico, donde, al
margen del escaso número de preguntas que hizo Navarro (445 a cada informante),
se recogió, con un solo cuestionario, lo general y peculiar del territorio estudiado,
en lo que se refiere a la vida rural campesina.111
Es evidente la preferencia que dio Navarro al análisis fonético en su investigación, con el 33% del total de páginas (229) dedicadas a la interpretación de los datos fonéticos recogidos. La preferencia no debe llamar la atención, por dos razones
fundamentales: de un lado, el interés personal de Navarro en la fonética, con atención específica a los análisis instrumentales, y, por otro, la tradición foneticista que
pesaba sobre la geografía lingüística, nacida a la sombra de los problemas que dejaban sin resolver las leyes fonéticas de los neogramáticos.
Navarro recoge sus materiales en 1927-28, época del foneticismo a ultranza,
época de descripciones articulatorias aisladas y atomistas, como corresponde al
momento preestructural, sin referencia a los valores de las unidades en el sistema.
En 1948, sin embargo, cuando interpreta los materiales recogidos, ya eran bien conocidos los trabajos de la Escuela de Praga, y los Principios de Fonología de Troubetzkoy,112 pero la dialectología española, y la románica en general, con alguna excepción en Italia y Francia,113 siguieron fieles a los principios tradicionales.114 En
otras palabras, Navarro interpreta sus materiales en 1948, en general, como si nada
hubiera pasado desde 1927; sin embargo, y entre otras cosas, había nacido una
nueva ciencia, la fonología, que reconocía invariantes funcionales en las realizaciones infinitas del habla.115
Pero una cosa es la interpretación de los datos y otra los criterios seguidos para
dejar constancia de ellos. Está claro que Navarro se atiene a la precisión cartográfica del registro fonético, en el cual era un verdadero maestro, razón, por otra parte, de que sigan teniendo importancia sus minuciosas descripciones, por atomistas
que sean, como referencias obligadas y puntos de comparación. Navarro no entró
en las interpretaciones fonológicas de sus materiales puertorriqueños, aunque está
claro su conocimiento de las nuevas tendencias sistemáticas, pues no de otra forma
puede explicarse su referencia indirecta a la teoría del desdoblamiento fonológico
vocálico, con su cautelosa aceptación para Puerto Rico. En su obra, por otra parte,
y al final de su ANÁLISIS FONÉTICO, dedica un apartado a «Modificaciones fonológicas», donde aparecen explícitos sus criterios en cuanto a la función de la fo-
111 Sobre la conveniencia de usar un solo cuestionario en territorios de extensión abarcable, que recoja las particularidades de la zona, véase: Manuel Alvar, «Los atlas lingüísticos de España», Presente
y Futuro de la Lengua Española..., Opus cit., vol. 1, pp. 417-126.
112 Obra aparecida en alemán, en 1931, con traducción francesa de J. Cantineau, Principes de Phonologie, París, 1949, de bastante difusión en el ámbito hispánico.
113En Italia, Tagliavini aplicó enseguida estos principios en sus Modificazioni del linguaggio nella
parlata delle done, Milán 1938, y en Francia, lo hacía André Martinet, Description phonologique du
parler franco-provençal d’Hauteville, París, 1939.
114Sobre la aplicación de las nuevas teorías a la dialectología iberrománica, véase M. Alvar, «Fonética y Fonología», Estructuralismo, Geografía Lingüística..., Opus cit., pp. 35 y ss.
115 Véase, sobre el desarrollo de las nuevas corrientes en el mundo hispánico, el pionero y ya clásico trabajo de Antonio Quilis, «Hacia un nuevo concepto de la ciencia fonética española», Problemas y
principios del estructuralismo lingüístico. Madrid, CSIC, 1967, pp. 30-42.
294
LOS LAZOS DE LA CULTURA
nogía en la geolingüística, dando por hecho que una cosa es el registro fonético
cartográfico y otra la interpretación a posteriori. Dice así:
Las observaciones fonéticas reunidas en las anteriores páginas [...] representan principalmente un trabajo descriptivo de las particularidades articulatorias y acústicas de la
pronunciación puertorriqueña. La reducción de las variantes fonéticas a sus tipos básicos y funcionales corresponde a la fonología.116
Al margen de Navarro, y respecto a la discusión actual sobre si, en las encuestas, debe transcribirse con criterios fonéticos o fonógicos, Manuel Alvar ha hecho
observaciones definitivas, que transcribo:
De la exactitud de las descripciones formales que obtengamos dependerá la interpretación sistemática que en el cuarto de trabajo podamos hacer. [...]. ...veo difícil la aplicación de un método estrictamente fonológico a las encuestas dialectales: los rasgos pertinentes de cada sonido no se perciben inmediatamente y ya depurados; el fonema no se
limita sino con un preciso conocimiento del habla explorada. Justamente, tal conocimiento es a posteriori.117
Dos fueron los instrumentos usados por Navarro como complementos de sus
análisis auditivos en Puerto Rico, aplicados por primera vez a la lengua oral de
Hispanoamérica: el quimógrafo y el paladar artificial. Muy lejos, todavía, de la
electroacústica actual, encargada de la descomposición de la onda sonora en sus
componentes acústicos, con la posibilidad de identificar los rasgos de cada sonido,
en 1927 sólo se podía contar con aparatos, primitivos para nosotros, que detectaban la vibración vocálica o la nasalidad (el quimógrafo, activado por un mecanismo de relojería), o que permitían identificar las zonas de contacto articulatorio entre la lengua y el paladar (el paladar artificial). Las descripciones fonéticas de
algunos sonidos del español de Puerto Rico parten, en la obra de Navarro, de los
quimogramas y palatogramas correspondientes, encargados de hacer patentes las
articulaciones cuyos rasgos, perceptibles auditivamente, no están al alcance de la
observación visual. Véanse, entre otras, las páginas 96 y 97 de su obra. Este interés
en la experimentación, por otra parte, explica que, en 1927, ya estuviera instalado
en el «Edificio Janer» de la Universidad de Puerto Rico, bajo su estímulo y dirección, el primer laboratorio de fonética en el mundo hispanoamericano.118 A este laboratorio llegó el primer aparato de fonética experimental construido en España,
aparato que, fabricado para el Centro de Estudios Históricos de Madrid, se envió
definitivamente a Puerto Rico. Con este aparato se llevaron a cabo, entre otros, los
análisis fonéticos que realizó Rubén del Rosario para una minuciosa investigación
comparada entre el ritmo del habla puertorriqueña y el del castellano peninsular.119
Tomás. Navarro, El español en…, Opus cit., pp. 103 y ss.
Manuel Alvar, Estructuralismo, Geografía Lingüística..., Opus cit. , pp. 116-117.
118 La prensa madrileña de la época informó ampliamente sobre la fundación de este laboratorio,
sobre todo el periódico El Sol. Thomas Benner, Five Years…, Opus cit., p. 132.
119 Tomás Navarro, «Impresiones…», Opus cit., p. 132.
116
117
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
295
Quimógrafo del Laboratorio de Fonética del Centro de Estudios Históricos de Madrid.
Navarro se auxilió de estos instrumentos para precisar, por ejemplo, las zonas
articulatorias exactas de las consonantes alveólopalatales, las duraciones de los
^ o la intervención de la vimomentos oclusivos y fricativos de la africada sorda /c/,
bración laríngea en determinadas realizaciones. Sus análisis, que descansaron fundamentalmente en la percepción auditiva, muy desarrollada, y en el dominio de la
transcripción, aparecen respaldados por estos experimentos, a pesar de que hoy se
nos aparecen como extremadamente rudimentarios. Representaban entonces, sin
embargo, la única posibilidad de experimentación, y se debían a la imaginación y a
la habilidad manual del gran fonetista francés Rousselot, fundador del primer laboratorio de fonética, en París, en el siglo XIX, y autor del primer manual de fonética experimental.120
El español en Puerto Rico de Navarro Tomás consta de 346 páginas, divididas
en bloques de contenido (a los que llamaré «partes»). La «primera parte» incluye
las siguientes secciones:
ASPECTOS DE LA LENGUA (pp. 7-38), con todos los datos relativos a la
elaboración del trabajo, la relación de los informantes y de los lugares visitados, y
120 J. P. Rousselot, Principes de phonétique experiméntale, Paris, 1897-1908. Rousselot, estudioso
constante de la fonética, había sido colaborador de Gillièron en sus trabajos dialectales. En su famoso
tratado sorprende la minuciosidad con que describe los materiales con que él mismo construía sus aparatos, así como las formas más idóneas para entrenar a los estudiantes, o los métodos para obtener mejores resultados. Estas raras cualidades son, por sus consecuencias científicas, las que hacen de Rosselot un nombre memorable en la disciplina fonética.
296
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Quimógrafo de campo, con estuche de madera, utilizado en las encuestas dialectales.
Centro de Estudios Históricos de Madrid.
la referencia a los documentos histórico-lingüísticos más relevantes de Puerto Rico, a partir del siglo XVI.
ANÁLISIS FONÉTICO (pp. 39-114), la sección más larga, con descripciones
detalladas de vocales y consonantes, y atención al acento.
OBSERVACIONES GRAMATICALES (pp. 115-134), referencia, poco detallada, como su nombre indica, a las peculiaridades morfosintácticas más relevantes.
MATERIALES LEXICOGRÁFICOS (pp. 135-162), con las interpretaciones
del vocabulario recogido en los siguientes campos léxicos: ‘plantas y frutas’, ‘animales’ y ‘trabajo’.
ZONAS LINGÜÍSTICAS (pp. 163-176), donde se ofrece la variedad interna
del territorio, motivada por factores topográficos e históricos, muestra antillana
que corrobora, a su vez, la complejidad dialectal de Hispanoamérica.
CORRIENTES Y TENDENCIAS (pp. 177-225), donde se caracteriza el vocabulario recogido y la vitalidad del componente léxico indígena, el patrimonial, con
sus adaptaciones y pervivencias, los procedimientos para nuevas creaciones, la
unidad en la variedad y la influencia del inglés.
La «primera parte» acaba con un RESUMEN (pp. 226-232).
La «segunda parte», dedicada a TEXTOS (pp. 235-247), ofrece la transcripción fonética, seguida de la transliteración correspondiente, de cinco textos orales,
recogidos en distintos puntos.
El ATLAS, o lo que podría considerarse la «tercera parte», (pp. 251-327), recoge el conjunto de los 75 mapas, precedido de una breve ADVERTENCIA.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
297
La obra se completa con un ÍNDICE DE PALABRAS (pp. 331-342) y el ÍNDICE GENERAL (pp. 343-346)
La investigación de Tomás Navarro da respuesta a las siguientes preguntas:
¿Cuáles son las características del habla popular de la Isla? ¿Tiene más influencia
de Andalucía que de otras regiones peninsulares? ¿Hay diferencias entre unas zonas y otras, dentro de Puerto Rico? ¿Coincide con las demás hablas antillanas de
Cuba y Santo Domingo? ¿Qué es lo exclusivamente puertorriqueño?121
A las cinco preguntas dieron respuestas sus datos, que ofrecen un español rural
y familiar de principios de siglo cuyas características se reducen a unos cuantos fenómenos exclusivos, pocos, unidos a la gran cantidad de rasgos presentes en todas
las hablas rústicas del mundo hispánico (vacilaciones vocálicas, reducción de hiatos, ultracorrecciones de todo tipo, discordancias y vacilaciones de género y número), junto a los compartidos con las regiones lingüísticamente innovadoras (el máximo relajamiento articulatorio general de las consonantes, sobre todo en posición
implosiva, con variadas soluciones).122 Como fenómenos caracterizadores de
Puerto Rico, Navarro Tomás destaca, en la pronunciación, la especial pronunciación velar de la «RR», con varias y complejas realizaciones, que él describe
acertadamente por primera vez; se equivoca, sin embargo, al explicarla por influencia indígena, con evidente aceptación de las motivaciones externas del sustrato, propias de la época.123 En la morfosintaxis, es característico el avance de algunas tendencias generales del idioma español, como las relativas a la creación
analógica de ciertas formas léxicas (yerna, ovejo, cabro), o a las perífrasis (más
mejor, palo de china/de mangó, etc.). En el léxico, tal vez lo característico o propio
está en la riqueza de los recursos creativos y en la frecuencia de formas compuestas y derivadas, con distinto valor afectivo (sangrigordo, boquiduro, reguerete, tajureo, etc.).
La discusión sobre la influencia de las hablas meridionales de España en el español de América y de las Antillas, basada, sobre todo, en la evidencia de rasgos
fónicos compartidos (el seseo, el más importante), alcanzaba su punto culminante
por los años en que Navarro Tomás emprendía sus investigaciones en Puerto Rico.
No tiene nada de particular que uno de sus propósitos fuera comprobar, sobre el terreno, hasta qué punto tenían validez los argumentos encontrados de quienes sostenían acaloradamente la polémica del andalucismo. Eran tiempos en que hasta las
Tomás Navarro, «Impresiones…», Opus cit., p. 135.
Hoy sabemos que los mismos fenómenos lingüísticos, integrados a conjuntos diferentes de rasgos, adquieren valores distintos, razón de que lo exclusivo, en sí mismo, no sea característica dialectal.
Este principio, desarrollado mucho más tarde, no puede estar presente en Tomás Navarro.
123 Las explicaciones dadas a la pronunciación velar de la RR, tanto las debidas a causas externas
(sustrato indígena, influencia francesa y base africana, defendidas en el pasado), como las que parten
de la aceptación de fallas fisiológicas de los hablantes, han dejado paso en nuestra época a las explicaciones lingüísticas internas. La velarización de RR, como hecho de fonética general, es una de las posibles manifestaciones de la evolución de la vibrante, a partir de las lenguas indoeuropeas y dentro de las
románicas. Puerto Rico presenta, con alcance colectivo, esta realización velar de la / r̄/, una más dentro
de la variedad de realizaciones que presenta en Hispanoamérica, desde la alveolar (vibrante o fricativa)
, o la asibilada, hasta la velar mixta y la uvular. Véase, al respecto: María Vaquero y Antonio Quilis,
«Datos acústicos de /r̄/ en el español de Puerto Rico», Revista de Estudios Hispánicos, vol. XIII, Universidad de Puerto Rico, 1986, pp. 121-154.
121
122
298
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Quimógrafo de campo utilizado en las encuestas dialectales.
Centro de Estudios Históricos de Madrid.
mentes más equilibradas –la de Henríquez Ureña, por ejemplo– podían pagar su
tributo de lealtad a lo propio, confundiendo «orígenes» y «originalidad», esto es,
las bases andaluzas que sirvieron para el primer acriollamiento del español en
América (problema de orígenes), con la personalidad moderna del español americano, resultado de la integración de aquellos primeros rasgos en la totalidad de los
que hoy le dan su fisonomía propia.124 Los datos recogidos por Navarro en Puerto
Rico no son favorables precisamente, a los antiandalucistas, si nos atenemos al registro que él mismo hace de las pronunciaciones relevantes: seseo, aspiración, yeísmo, neutralizaciones de líquidas y vibrantes implosivas, relajamiento consonántico general, etc. Navarro adopta una actitud de cautela ante sus propios
materiales, y, sin rechazar abiertamente el andalucismo, propone también la posible influencia de otras modalidades del Norte peninsular, que explicarían el cierre
de -e, -o finales en -i, -u (lechi, puenti, poti, nudu, hechu), característico de los dialectos noroccidentales de España y encontrados en el interior de la Isla. (Véanse
las formas extremas recogidas en Jayuya para veinte y nudo, y el oscurecimiento
de estas vocales en toda la zona centra, en sus mapas 11 y 13). Al respecto, escribe
Navarro:
124 Es abundantísima la bibliografía al respecto. Véase, como somera síntesis, María Vaquero,
«Orígenes y formación del español de América. Período antillano», Historia y presente del español de
América, César Hernández (coord.), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1992, pp. 251-265.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
299
A primera vista, la impresión de las vocales en San Juan y sus contornos puede sugerir
correspondencias con la fonética andaluza. Los efectos son diferentes cuando se tiene
en cuenta el conjunto del país. 125
«La impresión andaluza a primera vista», a la que se refiere Navarro, incluye,
desde luego, el rasgo de abertura vocálica por pérdida de «ese» final, que es lo que
llama su atención, único rasgo fonético que él mismo interpreta fonológicamente,
a la manera andaluza oriental, como índice de desdoblamiento funcional.126 Conviene recordar, ante estos hechos, que el cierre de las vocales finales en lechi, poti,
puenti, lejos de invalidar la importancia del andaluz, la corrobora, si tenemos en
cuenta que estas formas, de uso rústico, no tenían prestigio en la capital. Entendiendo por «andalucismo» la ‘nivelación de distintas modalidades dialectales en
convivencia, bajo el signo meridional’, no hay duda de que una de dichas modalidades haya sido la noroccidental, que bien pudo refugiarse en las montañas del interior, mientras la lengua del país se nivelaba con los rasgos del sur.
Navarro también plantea en su obra la convivencia de «andalucismo» y «occidentalismo peninsular» en Puerto Rico, a propósito del vocabulario recogido.
Señala como occidentalismos piquiña o chifle, y como andalucismos o canarismos toda una serie de nombres relacionados con los productos básicos de la
agricultura, del azúcar, sobre todo, cultivo iniciado en el país por isleños: bagazo, trapiche, guarapo, y tantos otros. En síntesis, a la pregunta planteada sobre la
influncia andaluza en el español isleño, da una contestación cautelosa y coherente, por un lado, con sus acercamientos atomistas a los materiales recogidos, y,
por otro, acorde con los criterios de datación de fenómenos en que se había basado la polémica andalucista, esto es, los relativos a la fecha de documentación de
los rasgos compartidos. Ahora bien, si es cierto, como dice, que los cambios
pueden haberse desarrollado paralelamente en «ambos campos», ¿por qué, en
las Antillas, por ejemplo (y esto sí lo demuestran sus propios materiales de Puerto Rico), se desarrollan, precisamente, los fenómenos del Sur? No hay duda de
que Navarro, en 1948, ha superado el antiandalucismo a ultranza, que había defendido antes, más o menos abiertamente, si bien su nueva postura, que será la
definitiva, es más bien conciliatoria.
Otro de los problemas que motivó la atención de los estudiosos de la época, y
que Navarro somete a investigación empírica en Puerto Rico, se refiere a la pretendida uniformidad del español de América. La hipótesis de Henríquez Ureña, contraria a la uniformidad, lo llevó a postular, en 1921, la conocida división del español americano en cinco zonas dialectales,127 provisional y hoy totalmente
Tomás Navarro, El español…,Opus cit., p. 52.
Ibidem, pp. 46 y 48. El desdoblamiento fonológico vocálico, aceptado sin reservas, desde 1946,
para el español de Puerto Rico por Rubén del Rosario, La lengua de Puerto Rico, 6ª ed., San Juan, Editorial Cultural, 1985, pp. 8 y 9, ha perdido validez después de los análisis acústicos llevados a cabo, y
de los estudios de percepción y reconocimiento de los índices de superficie que se encargan de representar, en el discurso, los morfemas subyacentes de número o de persona verbal. Para detalles: María
Vaquero, «Estudios fonológicos de Puerto Rico: estado de la cuestión y revisión crítica», Voz y Letra
(Revista de la Universidad de Málaga), vol.1, 1991, pp.111-127.
127 Pedro Henríquez Ureña, «Observaciones…», Opus cit., pp. 357-390.
125
126
300
LOS LAZOS DE LA CULTURA
superada, pero con el mérito de haber planteado y divulgado las reflexiones sobre
la variedad dialectal de Hispanoamérica. En este contexto es en el que tiene sentido la pregunta que se hace Navarro en 1927, sobre la posibilidad de identificar variedades lingüísticas internas en Puerto Rico, primer territorio sometido a la investigación científica y posible microcosmos representativo de la complejidad general.
Catorce apretadas páginas de su obra dedica Navarro a la presentación de
las ZONAS DIALECTALES de Puerto Rico (pp. 163-176). Los materiales recogidos le permiten proyectar los datos de acuerdo con cuatro tipos de divisiones geográficas (diagonal, central, laterales y parciales), a partir de la distribución de variantes fonéticas y léxicas claramente delimitadas en el territorio.
Pronunciaciones como nieta/ñeta o palmiyo/parmiyo, y designaciones como
penca/rama, amapola/pavona o papaya/lechosa, se repartían, en diagonal, el
norte y el sur de la Cordillera Central, el este y el oeste por el centro, o extensiones incluso más reducidas. Los mapas 71, 72 ó 74 muestran la distribución
de las formas recogidas.
Que hoy no se oiga ñeta, no quiere decir nada, para el caso que nos ocupa: en setenta años, esta pronunciación rústica, propia del sur, ha desaparecido, junto a otros
muchos usos, frente al prestigio del norte y de la capital. El vocabulario, con la moderna movilidad de la gente, ha ido adquiriendo a lo largo del siglo un talante menos
específico de cada lugar, a pesar de las variantes que perduran («así se dice en Ponce», «eso es de Mayagüez», puede oírse con frecuencia, hoy todavía, pero, cada día,
las diferencias son menores). Ahora bien, con todas las nivelaciones ocurridas después, con tantos olvidos de palabras campesinas,128 una cosa quedó clara en el estudio de Navarro Tomás: si en un territorio reducido y sin barreras naturales como
Puerto Rico, se podía documentar tanta variación, la uniformidad del español de
América pasaba a ser creencia del pasado. Navarro, sin embargo, ante estos hechos,
buen cuidado tiene de aclarar que estas zonas no implican la existencia de dialectos
internos en el país, o sea, de conjuntos de fenómenos propios de cada una frente a las
demás; estamos, simplemente, ante ejemplos léxicos o fonéticos de la variedad, dentro de una única y bien perfilada modalidad del español, la puertorriqueña, caracterizada, como todas las del Caribe, por su gran riqueza polimórfica.
Seis páginas dedica Navarro en su obra a la situación de contacto entre el inglés y el español en Puerto Rico, motivadas por los resultados obtenidos en su
investigación (pp. 220-225). Teniendo en cuenta los criterios aplicados en la
configuración de su muestra (sujetos analfabetos de las zonas rurales), era lógico que la influencia inglesa se revelara nula, o mínima, en sus resultados. El
mismo Navarro reconoce que su marco teórico (diseñado con otros propósitos),
no había sido el idóneo para medir las posibles interferencias del inglés en el
español de la Isla, ya que estos resultados no se avenían bien con un hecho: en
128 Basta repasar las investigaciones léxicas dirigidas por Humberto López Morales desde el Instituto de Lingüística de la Universidad de Puerto Rico, encaminadas a actualizar el Vocabulario de Puerto Rico, de Augusto Malaret (1937), con porcentajes significativos sobre desconocimiento de tantas de
sus entradas en los municipios estudiados hasta ahora, para darse cuenta de la mortandad léxica del vocabulario recogido por Navarro y presente en Malaret. Para detalles: Humberto López Morales, «Desgaste léxico en el español de Puerto Rico. El Proyecto Malaret», Investigaciones léxicas sobre el español antillano, Santiago de los Caballeros, República Dominicana, PUCMM, 1991, pp. 169-177.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
301
Portada de la primera
edición, en Nueva York,
en 1948, del libro de
Tomás Navarro Tomás,
El español en Puerto
Rico.
1927, hacía tiempo que el inglés era la lengua de la enseñanza en el país, razón
de que su influencia se dejara sentir entre las personas de cultura media y superior. Por eso dirá, en 1948:
Hace veinte años el inglés no había alcanzado aún ningún progreso apreciable entre la clase campesina a que este estudio se refiere. Sólo los sujetos de Algarrobo, Dajaos y San Lorenzo, más jóvenes e instruidos que los restantes, poseían algunos conocimientos de la citada lengua. La influencia del inglés quedaba en realidad fuera del plan de investigación,
aunque las manifestaciones de asunto tan importante, observadas en otros sectores del país,
reclamaran la atención con poderoso interés. Resultaría extraño, en todo caso, que un libro
en que se trata del español en Puerto Rico no se dedicara alguna mención a un problema
lingüístico que es motivo de tantas preocupaciones y controversias.129
Al margen, por lo tanto, de sus datos, Navarro anota la abundancia de vocablos
ingleses entre las personas instruidas, unas veces crudos («sin adaptación fonética ni
129
Tomás Navarro, El español…, Opus cit., pp. 220 y 221 (Cursiva de la autora).
302
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ortográfica»), otras como anglicismos semánticos (aplicación por solicitud, planta
por fábrica, etc.), los cuales, disimulados en su apariencia, son, para él, los más nocivos. La aparición, por aquellos años, de los artículos de Rubén del Rosario, con su
actitud tranquilizadora frente al anglicismo en el español de Puerto Rico,130 hace que
Navarro añada una larga nota en la cual aclara sus puntos de vista al respecto.131 Las
ideas encontradas de los dos maestros serán el punto de partida del desarrollo de dos
actitudes distintas entre los intelectuales del país, mantenidas a lo largo de varias décadas: la actitud de vigilancia, acorde con Navarro, defendida, entre otros intelectuales, por Margot Arce, y la actitud del propio Rubén del Rosario y de algunos de
sus discípulos, para quienes el anglicismo en Puerto Rico no debe ser motivo de alarma.132 Ante la situación específica de Puerto Rico, Navarro, en 1948, lejos del positivismo, y dentro de los principios de la escuela idealista española, presidida por D.
Ramón Menéndez Pidal, se declara abiertamente defensor de la intervención decisiva del hablante en la marcha de la lengua. Por si los resultados a los cuales llegó su
investigación (que no era idónea para medir estos problemas), pudieran confundir al
lector, respecto a lo que él, como lingüista, opinaba, dejó escrito lo siguiente:
Es error poner confianza en que la lengua, por su propia virtud, salvará obstáculos y dificultades, para cumplir, como suele decirse, el destino que le esté reservado. La lengua
no tiene otro destino que aquel a donde la conducen las gentes que de ella se sirven.133
Asimismo, trata, con toda la cautela que el caso requiere, la errada política
educativa del momento, con la enseñanza en lengua extranjera, hecho que la prestigia frente al vernáculo, disminuido y marginado al ámbito familiar.134
¿Lo característico de Puerto Rico, en su contexto antillano? Lo propiamente
puertorriqueño se puede obtener, para la época que nos ocupa, sólo en comparación con el español dominicano, y de forma muy general, pues sólo disponemos de
los datos recogidos en 1926 por el propio Navarro en la república vecina, y publicados muchos años después.135 Bien es verdad que, en 1948, el español dominicano tenía ya la obra clásica de Henríquez Ureña,136 pero ya se ha señalado que sus
datos, obtenidos al margen de la geolingüística, y con otros propósitos, no son
comparables con los puertorriqueños de Navarro. En cuanto a Cuba, nada aprovechable puede ofrecer en este momento: Cuba saltó, desde las nóminas intuitivas de
fenómenos aislados, heredadas del siglo XIX, o desde las valoraciones pintorescas
130 Rubén del Rosario, «Anglicismos generales», «Localismo y arcaísmo», «Anglicismos fantasmas» y «Nacionalidad y lengua», La lengua de Puerto Rico, San Juan, Editorial Cultural, 1955.
131 Me refiero a la nota de la página 222, donde Navarro precisa las diferencias entre las situaciones
de contacto lingüístico por las que atravesó la historia peninsular y la situación de Puerto Rico, situaciones que Rubén del Rosario interpreta como semejantes.
132 María Vaquero, «Algunas reflexiones sobre las polémicas lingüísticas del siglo XX en Puerto
Rico», Revista de Estudios Hispánicos, vol. XXVII, núm. 1 [Volumen especial sobre El español de
Puerto Rico en el siglo XX. Estudios y Bibliografía, María Vaquero y Amparo Morales (eds.)], Universidad de Puerto Rico, 2000, pp. 339-348.
133 Tomás Navarro, El español en Puerto…, Opus cit., p. 225.
134 Ibidem, p. 224.
135 Tomás Navarro, «Apuntes…», Opus cit. pp. 417-428.
136 Pedro Henríquez Ureña, El español de Santo Domingo..., Opus cit.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
303
de los hechos lingüísticos observados,137 a los métodos y principios estructuralistas,138 sin pasar por la geografía lingüística.139
Ateniéndonos a rasgos generales, se puede decir que el español puertorriqueño
de principios de siglo compartía los fenómenos esenciales dominicanos, lo cual
permite proponer la hipótesis de una modalidad hispano-antillana bien definida.
Navarro registra en Santo Domingo las mismas formas puertorriqueñas lechi,
dienti, nudu; el mismo relajamiento consonántico general, la misma escasez de
«efe» labiodental, la neutralización de las líquidas implosivas o la aspiración de -s
final, aunque con la tendencia significativa a la pérdida total, que sigue siendo su
característica. Como rasgos propios de Puerto Rico se revelan, en esta comparación, además de determinadas palabras, el uso colectivo de la RR velar o posterior,
muy rara en Santo Domingo, y la especial pronunciación que tenía la «che» puertorriqueña en 1927,140 a la manera canaria, ausente en la modalidad dominicana.
Ambos territorios comparten la variedad léxica y el polimorfismo extremo, lo
cual, no sólo era propio de estas islas en los primeros años del siglo, sino en los últimos. Hoy, el español dominicano, el más innovador del Caribe, ha llevado a las
últimas etapas los procesos de cambio. Frente a él, Cuba y Puerto Rico, dentro de
la zona, presentan etapas más conservadoras.141
ÚLTIMAS REFLEXIONES
Si por investigación científica se entiende la búsqueda y avance del conocimiento
en un determinado campo del saber, mediante la aplicación del método que haga posible la obtención de datos confiables y accesibles a la interpretación cualitativa, no
hay duda que la investigación lingüística se inicia en Puerto Rico con Tomás Navarro.
Antes de él, la lengua de Puerto Rico era objeto de enseñanza o de preocupación, pe137 En las primeras décadas del siglo, Cuba seguía, sin desviarse, la tradición que había iniciado
Esteban Pichardo, en el «Prólogo» a su Diccionario provincial de voces cubanas, 1ª edición. Matanzas,
1836; o la que arrancaba de Antonio Bachiller y Morales, Cuba primitiva. Origen, lenguas, tradiciones
e historias de los indios de las Antillas mayores y las Lucayas, La Habana, 1883. Remito, para más
fuentes, a Humberto López Morales, El Español de América. Cuadernos Bibliográficos. LAS ANTILLAS, Madrid, Arco/Libros, 1994, pp. 41-97.
138 Humberto López Morales, Estudios sobre el español de Cuba, New York, Las Americas Publishing Co., 1971 (con trabajos de fechas inmediatas anteriores), y Cristina Isbasescu, El español en Cuba.
Observaciones fonéticas y fonológicas, Bucarest, Sociedad Rumana de Lingüística Románica, 1968.
139 Para la geolingüística cubana hay que esperar a tiempos recientes, con los trabajos de Jesús
Abascal y, más recientemente, con los de Raquel García Riverón, colaboradora en el moderno Atlas
Lingüístico de Hispanoamérica, iniciado en Cuba con las encuestas hechas por M. Alvar y A. Quilis en
1985. Véase: Humberto. López Morales, Cuadernos bibliográficos..., Opus cit., p. 93.
140 Era una «che adherente», con mayor duración del momento oclusivo. Después de 70 años, la
«ch» actual puertorriqueña, debilitada y polimórfica, tiende a las realizaciones fricativas andaluzas:
María Vaquero, «Hacia una espectrografía dialectal: el fonema /c/ en Puerto Rico», Humberto López
Morales (ed.), Corrientes actuales en la Dialectología del Caribe Hispánico [Actas del «I Simposio de
Dialectología», 1976], San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1978, pp. 239-246.
141Basta recordar los altos índices de ausencia de «ese» final dominicana, en contextos en los cuales Cuba y Puerto Rico mantienen hoy la aspiración, o la sibilante. Véase: María Vaquero, «El español
de Puerto Rico en su contexto antillano», César Hernández et al, (eds.), El Español de América III. Actas del II Congreso Internacional sobre el Español de América, Valladolid, Junta de Castilla y León,
1991, pp. 117-140. Véanse, asimismo, los trabajos de Tracy Terrell sobre el español cubano, Humberto
López Morales, Cuadernos bibliográficos..., Opus cit., pp. 42-97.
304
LOS LAZOS DE LA CULTURA
ro no objeto de estudio, razón de que las perspectivas ante la lengua estuvieran alejadas de su propia realidad. A partir de su presencia en Puerto Rico, el español isleño
adquiere valor en sí mismo y en su originalidad y carácter, por lo que su estudio abrió
los horizontes de la investigación científica. Bien es verdad que la geolingüística de
Navarro es cosa del pasado, pero cada estudioso es hijo de su tiempo y sólo en él tiene sentido el método que practica. Lo que importa señalar es que Navarro no dependió de la observación espontánea, de la intuición ni de las preocupaciones didácticas o
ideológicas, sino que partió de un modelo riguroso de análisis, de un plan de trabajo
cuidadosamente diseñado, que representa un eslabón, excepcional, en la cadena continua de esfuerzos hacia la mejor comprensión del español de Puerto Rico.
Esta obra, en su presente y para su futuro, fue el resultado de una relación cultural surgida en la coyuntura histórica de acercamiento entre dos países, España y
Puerto Rico, comprometido, el primero, con lograr la elevación cultural colectiva
como garantía del progreso, y decidido, el segundo, a lograr este progreso dentro
de su tradición cultural.
El programa de trabajo y esperanza propuesto en España por Santiago Ramón
y Cajal y secundado por tantos otros intelectuales, como Federico de Onís en
1912, llegaba a Puerto Rico, en los años veinte, limpio de retórica y dispuesto a la
colaboración. Lo traía, con su voluntad sin fisuras, un grupo de personas creyentes
en el valor personal y en el compromiso genuino; lo recibían en Puerto Rico otras,
de igual talante y actitud, al margen de diferencias profundas y de motivaciones diferentes. Pocas veces se dan estas coincidencias personales.
Este intercambio cultural, en momentos críticos para ambos países, trascendió su
presente y garantizó apoyos y confianzas mutuas para el futuro. Gracias a esta relación cultural sin precedentes, Navarro Tomás pudo hacer, de la lengua oral y popular
de Puerto Rico, el objeto de estudio a salvo de prejuicios. Después de haberse refugiado en la ficción costumbrista o de haberse instalado en el palco de la resistencia
discursiva, con Navarro Tomás, la lengua popular del país, recogida paso a paso por
costas y montaña, ocupó la escena sin disfraces y a cuerpo limpio, con la verdad de
sus pronunciaciones, de sus giros sintácticos, de sus préstamos, de sus piruetas léxicas, de su vitalidad provocadora. El científico la buscó y la sorprendió tranquila, en
su mestizaje robusto y ajena a toda teoría, instrumento hábilmente compartido por
rurales y urbanos, cultos y letrados: todos guares en la expresión y el acento. A principios del siglo XX, el español que Navarro recogió metódicamente por todo el territorio isleño, no pertenece, en la fibra de su esencia, a ningún registro o grupo en particular del país, ni se desvía, tampoco, de la savia hispánica; es la voz acordada en
que todos los puertorriqueños pueden reconocerse, desde sus propias diferencias. Si
el reconocimiento de afinidades esenciales es un reactivo de la identidad compartida,
la literatura del país es, hoy, su mejor testimonio.
Gris, querido amigo, es toda teoría,/ pero es verde el árbol dorado de la vida...
estos versos de Goethe, hace algunas décadas, abrían las puertas de un recinto necesario para los estudiosos de la Lingüística Románica.142
142 «Grau, teurer Freund, ist alie Theorie, / Doch grün des Lebens goldner Baum». (Faust, I.), Karl
Vossler, Gesammelte Aufsätze zur Sprachphilosophie [1923], Amado Alonso, (trad.), Filosofía del lenguaje, Buenos Aires, Editorial Losada, 4ª ed., 1963, p. 27.
NAVARRO TOMÁS EN PUERTO RICO: CAPÍTULO DE UNA RELACIÓN ARTICULADA EN…
305
Antonio S. Pedreira, Juan Ramón Jiménez, Carmen Gómez Tejera, Zenobia Camprubí, Muna Lee, Concha Meléndez, Seontine Camprubí y Rafael W. Ramírez en la Universidad de
Puerto Rico. De izquierda a derecha. (Indiferente General. Diversos Asuntos. Centro de Investigaciones Históricas, UPR).
Bajo el «verde árbol dorado» de Fausto, siguen habitando, intocadas, las palabras de Vossler: «…la historia de la cultura no puede ser rival de la historia lingüística». 143
143
Karl Vossler, Filosofía…, Opus cit., p. 49.
IX
LOS LAZOS DE LA CULTURA SE CONVIERTEN EN LAZOS DE
SOLIDARIDAD: LOS INICIOS DEL EXILIO ESPAÑOL
Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper
Instituto de Historia, CSIC
A pesar del cierre impuesto al Centro de Estudios Históricos en 1938 por el estallido de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, muchos de los miembros del Centro siguieron cultivando los estudios que habían emprendido en 1910. Las relaciones de
muchos de ellos con intelectuales e instituciones del extranjero, sus investigaciones
sólidas y comunes que habían alcanzado un nivel extraordinario, fueron los elementos
que hicieron posible, dentro de la ruptura y el dolor, la continuidad. La tragedia truncó la historia, la ciencia, la literatura...., y las vidas de millares de personas dentro del
país. Sin embargo, la labor que sus máximos gestores habían emprendido algunas décadas atrás hizo posible que estos hombres y mujeres, y la ciencia y la cultura en general siguieran en tierras americanas. No fue casual que ello sucediera en los países
que ellos antes habían visitado y en los que habían impartido conferencias y cursos,
en los mismos lugares que los intelectuales americanos habían creado instituciones similares al Centro de Estudios Históricos de Madrid, como la Casa de España en México, y que habían mantenido unas sólidas relaciones académicas y humanas. Asistimos a un momento en el que los lazos de la cultura se convirtieron en lazos de
solidaridad.
Federico de Onís fue una vez más el que ayudó a que muchos de sus compañeros encontraran un acomodo en Estados Unidos y Puerto Rico. Tomás Navarro Tomás, después de permanecer durante la guerra en Valencia, se integró en la Columbia University; Amado Alonso fue profesor de Harvard a partir de 1947 tras ser
destituido de su puesto en la Universidad de Buenos Aires, la docencia la compatibilizó con la dirección de Revista de Filología Hispánica, en Argentina, y después
con la Nueva Revista de Filología Hispánica, del Colegio de México; Antonio
García Solalinde fue profesor en la Universidad de Wisconsin, donde murió en
1937; Américo Castro fue profesor en el Instituto de Filología de Buenos Aires, en
1936, pasando tras el fallecimiento de Solalinde a la Universidad de Wisconsin,
después a la Universidad de Texas, en 1939, y más tarde de la de Princeton, hasta
jubilarse en 1953; Fernando de los Ríos tras abandonar su cargo de embajador en
Estados Unidos, también fue acogido en la academia norteamericana.1
1
Homenaje a Américo Castro, Madrid, Universidad Complutense, 1987.
310
LOS LAZOS DE LA CULTURA
Retrato de Juan Ramón
Jiménez durante su
estancia en Puerto Rico
en 1936, en su viaje a
La Habana. (Sala
Zenobia-Juan Ramón
Jiménez, Biblioteca
General, UPR).
Desde sus nuevos puestos continuaron apoyando a otros intelectuales que aún
se encontraban en los campos de concentración de Francia. Uno de ellos fue Tomás Navarro Tomás, que ya trabajaba en Columbia en marzo de 1939. Desde allí
escribe a Juan Ramón Jiménez –que desde Miami había iniciado una campaña de
ayuda económica para los intelectuales españoles– contándole cómo se estaba organizando esta ayuda a nivel internacional a partir de la fundación de un Comité
Central en París y sus delegaciones en diferentes países. En la carta también le comenta los últimos momentos que pasó con Antonio Machado:
Pasamos juntos la frontera de Prot-Bou a Cerbére. Corpus Barga y yo pusimos todo
nuestro esfuerzo en ayudar a Machado, para hacerle menos dolorosas aquellas horas terribles. No estuvo en campo de concentración. Le dejamos instalado con su madre y su
hermano José en un pueblecito de Colliure (Pirineos Orientales). Tan pronto como yo
llegué a París, la Embajada de España envió a Machado una cantidad suficiente para hacer frente a los gastos de algunas semanas. Estoy seguro que no ha muerto de necesidad,
LOS LAZOS DE LA CULTURA MSE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIADRIDAD…
311
ni de abandono, sino de dolor insoportable ante el espectáculo de la ruina y miseria de
España. Hacía tiempo que su salud estaba muy quebrantada. De todos modos su vida
pudiera haberse prolongado sino hubiera pasado tan profundas impresiones.
Antes de salir yo de París quedó organizado un Comité de ayuda a los intelectuales españoles, en el que figuran varios de nuestros amigos franceses, entre ellos Jules Roman,
Benjamin Cremieux, Marcel Bataillon, Jean Sarrailh y otros. Tenía que ocuparse de sacar a los intelectuales de los campos de concentración, arreglar su situación con la Policía francesa, proporcionarles medios de subsistencia y ayudarles a buscar colocación,
donde ganarse la vida. El número de amigos y compañeros que se encuentran sin el menor recurso en el extranjero constituye una enorme empresa para las tareas de este Comité, en las cuales debemos colaborar todos en la mayor medida que alcance nuestro esfuerzo.
Dentro de pocos días, se constituirá en Nueva York, otro Comité con el mismo objeto,
que trabajará en relación con el de París. Sería necesario, que en cada país y en cada
ciudad importante hubiera un Sub-Comité que aportara su esfuerzo a la empresa común. La iniciativa, expresada por Vd. en las cuartillas enviadas a Camprubí, es sumamente valiosa. Como Vd. se dirige a los españoles y a los hispano-americanos residentes en los Estados Unidos, nos parece que sería oportuno unir a su firma la de Gabriela
Mistral, que nos ha autorizado para ello.2
La desolación, el pesimismo y la diáspora causada por la guerra se la hacía
sentir Américo Castro a Federico de Onís en la carta que le escribió camino de Argentina, en agosto de 1936, donde pudo refugiarse al ser invitado por la Institución
Cultural Española de Buenos Aires. En ella no puede ocultar su estado de ánimo
–«Estoy hecho polvo..., la vida rota... todo perdido...», dice con toda franqueza
Américo a su amigo-, haciéndole partícipe de su preocupación por la familia, los
colegas, el futuro de España, y por todo lo dejado atrás –trabajo, apuntes, casa...– y
su incomprensión ante la locura desatada en España:
Señas: Instituto de Filología
Reconquista, 475
Bs. Aires
Querido Onís: Te escribo camino de Buenos Aires, adonde voy invitado por la Cultural.
En dos palabras te diré: Estuve en San Sebastián desde comienzos de la Revolución
hasta el 26 de agosto, en que pude salir con mi familia. Durante unos días estuve en
Hendaya, encargado de intentar alguna armonía entre los diplomáticos que estaban en
San Sebastián y el Gobierno, a efectos sobre todo de conseguir suavizar algo la actitud
respecto de los rehenes, niños, etc. No fue posible, porque en este caos demencial nadie
te oye. Con el gobierno socialista mi breve e infructífera misión, y claro está, no volví a
España, porque nada tenía que hacer en Madrid, de donde tal vez no habría podido salir.
Ya fue bastante escapar del horror de San Sebastián. Así las cosas, acepté como único
recurso venir a Buenos Aires, por dos o tres meses. Mi mujer y Luis están en Zurcí, y
Carmencita y su marido (Zubiri), en el Colegio de España en París. Como me negaron
2 Carta de Tomás Navarro Tomás a Juan Ramón Jiménez desde New York el 3 de marzo de 1939.
AFO, Serie Correspondencia O-MS/C-109.5.
312
LOS LAZOS DE LA CULTURA
licencia para ir a Buenos Aires, supongo que me habrán quitado la cátedra cuyo sueldo
destinaba a que mi madre y mi hermana vivieran en Madrid, hasta tanto que la tomen
los militares. No sé qué será de mi casa, de mis libros y de mis trabajos. Como es natural no podré vivir en España ni con la anarquía sangrienta de hoy, ni con lo que venga
después; -lo mismo con signo contrario. No siendo político de ningún partido, nada tendría que temer, ni hoy ni mañana. Pero como todo es locura, eso no podrá ser, al menos
en bastante tiempo. Ignoro si en la Argentina me podrán dar algo estable, por si acaso
no, dime si hay alguna esperanza de encontrar trabajo para mi en Estados Unidos. Mi
plan, no sé si podré realizarlo, será subir dando conferencias, desde Argentina hasta ahí.
Yo sé enseñar francés muy bien. ¿No habría algo en alguna parte? Te ruego tomes esto
con interés, y que hables a los amigos.
Temo por D. Ramón y por Navarro, al cual encargaron de muchas cosas. Hemos intentado
sacarlo de Madrid con invitaciones, y hasta el día que yo salí de París (30 de octubre) no
fue posible. Por lo visto pretenden allí que se queden éstos en la trágica ratonera.
Están en Inglaterra Castillejo, Alberto Jiménez, Zururiaga y Prieto Bauces. En Grenoble, Ortega muy enfermo; en Francia, Sánchez Román; en París, González de la Calle y
del Río Hortega, amén de gente de menor importancia.
Una catástrofe así no podía esperarse. Estoy hecho polvo, y así están todos. La vida
rota, todo perdido, y teniendo que empezar de nuevo o que acabar de una vez. Un
abrazo
Américo Castro3
La tragedia española llegaba a Onís de forma descarnada. Las cartas de sus
compañeros y amigos le mostraban la realidad, la persecución, la desesperanza y
el futuro que se avecinaba con toda crudeza. En otra carta fecha en Buenos Aires
en mayo de 1937, donde Américo Castro había logrado una Cátedra provisional en
la Universidad de Buenos Aires, y otra Cátedra estable en La Plata, le comentaba a
Onís la locura producida por la guerra española –desafectos, traiciones, odios...–,
y la situación de algunos de sus compañeros:
En esta catástrofe sin antecedentes (Don Ramón me dice que sólo es comparable a la de
la invasión musulmana), se han hundido hasta las mejores amistades, como si entre los
que tienen obligación de morar en los templos serenos se hubiera desencadenado también un frenesí confusionario. Yo estoy alejado de toda política, no abro la boca, y sobre
todo mantengo mi pluma a mil leguas de todo lo que huela a política. Y sin embargo
amigos de la infancia no me tratan, y parientes de reciente fecha piensan que tener relación conmigo es peligroso para ellos, para él. Cómo va a extrañar así que los que carecen de cabeza, se dejen llevar a extremos de barbarie...
[....]
Mis libros y mis papeles y mis papeletas, fruto de veinte años de esfuerzo incesante, están en Madrid, y no se qué va a ser de lo que tengo en casa y de lo que hay en el Centro.
A lo mejor se lo han llevado todo una bomba mientras escribo esto. No sé, y a pesar de
todo hay que trabajar....4
3 AFO,
4 AFO,
Serie Noticias y Actividades O-NA/C-44.77.
Serie Noticias y Actividades O-NA/C 44.42.
LOS LAZOS DE LA CULTURA MSE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIADRIDAD…
313
En la carta que a continuación reproducimos Américo Castro agradecía a Onís
su mediación ante Fernando Ortiz, que le había invitado a ir a La Habana, así como todas las gestiones para ayudar a escapar a otros intelectuales de «aquel horno». Asimismo, le comentaba la imposibilidad de sacar a Tomás Navarro, aferrado
a sus tareas en Valencia, a Dámaso Alonso, y a Claudio Sánchez Albornoz, deseosos de salir de España.
En otra carta de Américo Castro (Madison, 22 de abril de 1938) le decía:
Mi querido Onís: Aunque no dices ni pío, voy a escribirte yo. Te decía en una carta que
pensaras en algo para mi hija; pero ahora resulta que no quiere –no quieren– venir por
estas tierras.
Me dice Don Ramón que se va a Europa. En otro caso, le habría hecho algunas advertencias, pero ahora no le digo nada. Me parece que no debía romper sus amarras con
Columbia; porque él se las prometerá muy felices y pensará que enseguida se va a ver
en Madrid, etc. Ahora bien, la actitud de esas gentes se revela en varios hechos. EspasaCalpe de Buenos Aires ha roto conmigo, Alonso, Rey Pastor, por indicación expresa del
agente franquista. Hasta ahora eso es normal. Pero además, Espasa renuncia a sacar a la
calle ediciones listas (y arrostra la pérdida que eso supone) de lo siguientes autores:
Marañón, Ortega, (Tema nro. tiempo), Chesterton, Valle Inclán, etc. En suma, han trazado una raya divisoria, y en la España de ellos no queda sino literatura jesuítica o cosa
parecida. Esos hombres, algunos de los cuales han dado sus hijos a la causa de Franco,
son mirados como enemigos. No perdonan el pasado, ni el tener sesos. Es la España
fernandina, pero sin que sea metáfora. El ABC habla del Santo Tribunal de la Inquisición. Por otra parte, en un libro de W. Gz. Oliveros, Falange y Requeté (1937, seg. edición), hay unas páginas infectas contra D. Ramón, y –en tono menos soez- contra Ortega. Ahora desaguan todos los rencores contra las personas inteligentes: no las quieren,
no las necesitan. Siempre me río cuando oigo que tendrán que llamar a este y a aquel,
porque no tienen gente, etc. No. No llamarán a nadie, porque lo que pretenden es que no
haya quien marque desniveles; quieren estar en familia. Si esos hombres llegan a poder
entrar en España, vivirán en la sombra y como los penitenciados del Santo Oficio que
recobraban la libertad.[....]
Y como por otro lado, toda esperanza de luz se apaga, pues no hay sino hacerse una
mentalidad cisatlántica y disponerse a que le pongan a uno una lápida con el consabido
born in. Pero a mí ni siquiera me pueden poner lo de in Spain.5
El dolor y la barbarie causaron huella en Federico de Onís, quien en carta publicada en un periódico de Montevideo, en1938, dirigida a Antonio Machado y Tomás Navarro Tomás, manifestaba su solidaridad con la República –de cuyo gobierno había sido agregado en Misión Cultural en la Embajada de España en
Washington entre 1932 y 1934– y el apoyo a sus amigos:
Aunque no soy político, soy, he sido, y seré siempre un hombre que pone la libertad, la
democracia y la justicia social por encima de todo. Nunca he hecho una declaración de
5
AFO, Serie Noticias y Actividades O-NA/C-44.55.
314
LOS LAZOS DE LA CULTURA
adhesión a ningún régimen o partido político durante la Monarquía y la República; pero
en el momento crítico actual en que se encuentra en peligro un Gobierno que, en circunstancias dificilísimas ha logrado organizar a un pueblo heroico, que está muriendo
por las ideas en que yo creo, yo declaro mi solidaridad completa con ese pueblo y su
Gobierno.
Después amigos míos, si el Gobierno triunfa, yo volveré a mi independencia y alejamiento de toda actitud política; pero si el gobierno fuera derrotado, seguiré vuestra
suerte y sufriré lo que me toque por pensar lo mismo que vosotros. Nadie sabe cuál será
el provenir del mundo y de nuestras ideas, pero pase lo que pase, yo seguiré creyendo
en la libertad, la justicia y la democracia, y me sentiré incompatible con todos los sistemas llamados hoy «totalitarios» que pretenden destruirlas.6
En la ruptura, Onís y Navarro Tomás desde Columbia se esforzaron en que la
obra intelectual desarrollada por el Centro de Estudios Históricos tuviera una continuidad. Tanto Onís como Tomás Navarro se dieron a la tarea de reformar la Revista Hispánica Moderna, del Instituto de la Españas, en una publicación más amplia que cubriera los aspectos que abarcaba la desaparecida Revista de Filología
Española que editaba el Centro de Estudios Históricos.7 Es más, Onís pensó incluso en volver a crear el Centro de Estudios Históricos en el exilio, en Buenos Aires,
México, Cuba, Chile, Colombia, Estados Unidos. En Buenos Aires, La Habana y
Nueva York estarían la dirección y secretaría del Centro. Esta idea, así como la de
fundar una cátedra para profesores españoles en Estados Unidos y diferentes países latinoamericanos aparece en la carta que Onís escribió a Américo Castro el 13
de abril de 1937. En ella dice así:
Hice gestiones con el Institute of International Education, la Carnegie Foundation, el
Instituto Rockefeller, etc. para que se crease un comité que se encargase de proveer fondos y buscar la ayuda de las universidades para crear cátedras en ellas para los varios
profesores españoles emigrados. Esto lo hice pensando que era más factible resolver los
casos individuales mediante una organización de carácter general. El Dr. Duggan, director del Institute of International Education, se ha ocupado activamente del desarrollo de
este plan y ha adelantado mucho en él aunque sin llegar todavía a resultados positivos.
Pero de aquí saldrá algo.
Cuando tú llegaste a Buenos Aires, la primera idea que se me ocurrió fue la de tratar de
reorganizar el Centro de Estudios Históricos en América, mediante la creación de puestos en Buenos Aires, Méjico, Cuba, Chile, Colombia, Estados Unidos, la colaboración
con las instituciones existentes en dichos países, y el establecimiento de una base (Buenos Aires. Habana. Nueva York.) donde estuviera la dirección, secretaría y centro de publicaciones. Comuniqué este proyecto a Cuba y fue bien acogido; pero aun no sé lo que
Don Ramón ha decidido acerca de él.
Otro proyecto de carácter general que considero factible es la creación de una cátedra
para profesores españoles en varias universidades de los Estados Unidos y de la Améri-
6 AFO,
Serie Noticias y Actividades O-NA-20.6.
Carta de Federico de Onís a Pedro Salinas, profesor de Wellesley College, en Massachusetts, desde New York el 31 de marzo de 1939. AFO, Serie Correspondencia O-MS/C-109.7.
7
LOS LAZOS DE LA CULTURA MSE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIADRIDAD…
315
ca española para que los profesores turnasen en ellas en alguna forma. La Universidad
de Puerto Rico, según me ha dicho José Padín, quiere tomar la iniciativa en este proyecto. He escrito a Chacón, en Cuba, y aún no me ha contestado. Creo que si dos o tres universidades hispanoamericanas estableciesen dicha cátedra, algunas universidades norteamericanas se decidirían a hacer lo mismo.8
La idea de crear un Centro de Estudios Históricos fue retomada por Américo
Castro, quien, en carta de 8 de mayo de 1937, le contestaba desde Buenos Aires
comentándole la dificultad de crear allí una base del Centro de Estudios Históricos, debido a que los recursos disponibles se destinaban al Instituto de Filología; a
pesar de ello, le confesaba a Onís que se podría organizar un Centro si llegaran recursos desde el extranjero, contando con la colaboración de Amado Alonso, quien
dirigía en esa ciudad el Instituto de Filología, y con otros intelectuales dispersos
por otras ciudades americanas como el propio Menéndez Pidal, Salinas o Dámaso
Alonso; en su plan contemplaba la posibilidad de que Huntington apoyase económicamente el proyecto.9
La preocupación por los acontecimientos españoles y por la suerte de los amigos y colegas ha quedado impresa en la correspondencia que Onís mantuvo con
muchos de ellos. En carta de Américo Castro a Onís, el 29 de marzo de 1937,
Américo le comentaba:
Querido Onís: me piden de Texas nombres para un lingüista (piensan en A. Alonso) y
para un conocedor de literatura hispanoamericana. Me temo que Amado no pueda venir.
Vamos a ver si andamos listos entonces. Ya he propuesto a R. Iglesia para otra cosa en
N. México, que no sé si cuajará.
Cualquiera de las dos cosas en Texas podría servir para Dámaso Alonso; pero ahora no
lo dejarán salir éstos que dominan en España, lo mismo que antes lo bloquearon los
otros. Desventurado Dámaso.
Si Jorge Guillén no tiene nada, pudiera ir para lo de la Literatura Hispanoamericana.
¿Qué nombres se os ocurren ahí? Contéstame en una Night letter.
[.....]
Lo grave es que se acabó España para rato. Errores, brutalidades, antis infecundos, atavismos salvajes, ilusionismos pueriles y dañinos –todo eso que es pura negación, ha reducido
lo que fue país a un NIHIL horrendo. Qué le vamos a hacer. Todos somos culpables.
A ver si colocamos al mayor número de desventurados que podamos.10
La situación de los intelectuales españoles dispersos por el mundo en busca de
trabajo causó desde el principio una honda preocupación en Onís, cuya solidaridad
se demostró en la acogida de muchos de sus compañeros, y en las múltiples recomendaciones que de ellos hizo a universidades americanas. La situación que des-
8 Carta de Federico de Onís a Américo Castro el 13 de abril de 1937 (Fragmento). AFO, Serie Noticias y Actividades O-NA/C. 44. 41.
9 AFO, Serie Noticias y Actividades O-NA/C 44.42
10 Carta de Américo Castro a Federico de Onís desde Madison el 29 de marzo de 1937 (Fragmento). AFO, Serie, Noticias y Actividades O-NA/C.44.40.
316
LOS LAZOS DE LA CULTURA
cribe Claudio Sánchez Albornoz en mayo de 1937 recoge la experiencia y el sentir
de la diáspora de los intelectuales españoles:
Mi querido amigo y compañero:
He recibido su carta de primeros y le agradezco mucho sus noticias y excelente disposición y gestiones en Cuba. Por cierto que me extraña el silencio de Don Ramón a quien
he escrito y cablegrafiado sobre mi posible trabajo allá. Le escribo de nuevo, pero le
agradeceré que también lo haga V. Estoy inquieto. Mi trabajo aquí acabará el 15 Julio; y
después? Tenía empezadas negociaciones en Perú y Argentina y han fracasado. Y la
guerra de España va a ser larguísima. No se ve el fin. Tardamos ocho siglos en la Reconquista y ahora se trata de conquistar una mitad de España, por los unos o por los
otros. No veo salida a la guerra. Me parecen equilibradas las fuerzas y ningún frente
puede hundirse porque saben en cada bando que su derrota es su exterminio. Es angustiosa la situación de España. ¿Qué va a quedar de nuestra patria al cabo de unos años de
bombardeos, destrucciones y gastos enormes de un lado y de otro. No se podría hacer
algo para poner fin a la matanza y a la ruina?
Y los españoles dispersos hoy por Europa! Mi caso con tres hijos, mis viejos padres y
un hermano pequeño es poco agradable y aun hay otros peores! No habrá manera de
conseguir algunas conferencias en los Estados Unidos para mí?11
Federico de Onís no tardó en contestar a Sánchez Albornoz. Tras comunicarle
la disposición de Fernando Ortiz de pagarle en Cuba un cursillo en la Institución
Hispanocubana y la imposibilidad de sufragarle el pasaje desde Europa, aunque sí
desde Nueva York, Onís sugería que se pusiese en contacto con Chacón y Calvo,
entonces al frente de la Dirección de Cultura de Cuba. Además le indicaba:
En los Estados Unidos es imposible organizar conferencias suficientes para costear los
gastos de viaje. Aquí, la solución sería un curso en una universidad. El Institute of International Education escribió a las universidades y la mayoría contestaron que no podrían nombrar a nadie; pero algunas han pedido los nombres de los profesores que están
dispuestos a venir si hay posibilidad de traerlos. He enviado a dicho Instituto datos acerca de usted, y esperaremos a ver lo que contestan. Pero convendría que, si usted tiene
amistad con algunos profesores norteamericanos, les escriba.
Todo esto es inmediato y además es dudoso. Las soluciones de Hispanoamérica pueden
ser más rápidas. Gabriela Mistral me dice que Daniel Cosío Villegas está contratando en
París profesores para llevarlos a Méjico. Cosío debe estar en comunicación con Establier, del Colegio de España de la Sorbona. Es otra cosa que debe usted intentar enseguida, si le agrada ir a Méjico.
Continuaré con mis gestiones y le tendré al tanto de los que ocurra. Ojalá lo de España
termine pronto y bien, y así se resolvería todo. Pero esto es tan dudoso!.12
11 Carta de Claudio Sánchez Albornoz a F. de Onís, fechada en Burdeos el 21 de mayo de 1937
(Fragmento). AFO, Serie Correspondencia O-MS/C.144.2.
12 Carta de Federico de Onís a Claudio Sánchez Albornoz, de 24 de junio de 1937 (Fragmento).
AFO, Serie Correspondencia, O-MS/C. 144.3.
LOS LAZOS DE LA CULTURA MSE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIADRIDAD…
317
En la correspondencia mantenida por Federico de Onís y Fernando de los Ríos
se recogen las llegadas a América de muchos intelectuales y científicos españoles
como José Castillejo y Claudio Sánchez Albornoz, se anunciaban las de otros como José Gaos, y las solicitudes de ayudas para otros profesores como Odón de
Buen, muy delicado tras su prisión en Mallorca. La disposición de Onís a recibirlos y a ayudar a la causa republicana la refleja con claridad en la carta que envió a
Fernando de los Ríos, embajador español en Washington, el 4 de abril de 1938:
Mi querido amigo:
Se ha iniciado una campaña en La Voz contra el Instituto y contra mí, motivada por una
carta mía de la que le envío copia para su conocimiento. Hay debajo de todo esto motivos personales e interesados de baja índole pero esto no es lo que me importa ni le pido
que haga nada en ello.
Lo que sí me importa es que el Instituto quede limpio de toda sospecha de deslealtad
hacia el Gobierno legítimo de España que aprobó su actitud de independencia en la realización de sus fines propios y le ayudó económicamente a realizarlos. El Instituto seguirá manteniendo a la misma posición siempre, lo cual le impedirá tener relación alguna con ningún gobierno que se establezca en España en el caso de que el Gobierno sea
derrotado. Como esto parece ahora casi seguro e inminente, creo que ha llegado la hora
de que el Instituto, sin salir de su posición y como consecuencia de ella, se convierta en
el centro de organización en este país de los elementos que aquí lleguen de las actividades culturales españolas que quedarán interrumpidas por la derrota del Gobierno. La
independencia del Instituto y de la Universidad serán una garantía y una fuerza para llevar a cabo con éxito esta labor, buscando para ello la colaboración con las instituciones
y personas norteamericanas afectas al Gobierno o ajenas a toda significación política. 13
Su apoyo constante fue reconocido en múltiples ocasiones por sus amigos en
afectuosas cartas. En una de ellas Pedro Salinas, ya establecido en Estados Unidos,
en el Wellesley College, Massachusetts, en abril de 1938, le dice:
Vienen tiempos muy difíciles. Su decisión de V. de seguir trabajando por nuestra España, no por la de ellos, nos tiene que dar ánimos a todos. España no está sólo dentro de
sus fronteras: vive España allí donde haya españoles que la vivan, con verdad y fe. V. ha
vivido España, en New York, con encendimiento y lealtad, muchos años. Yo ahora empiezo a pasar por el mismo trance, en momentos más trágicos, y por eso acojo con tanta
alegría esa decisión de V. que tan fecunda puede ser en resultados, por su personalidad y
por la influencia del Instituto.14
Otros testimonios de estos primeros años del exilio, en el que la desesperanza y
el desgarro afloran en los escritos, son los de María Zambrano y de Claudio Sánchez Albornoz en las cartas que remitieron a Onís. María Zambrano, establecida
AFO, Serie Correspondencia O-MS/C.132.39.
Carta de Pedro Salinas a F. De Onís el 26 de abril de 1938 (Fragmento). AFO, Serie Correspondencia O-MS/C-143.29.
13
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LOS LAZOS DE LA CULTURA
Antonio S. Pedreira, director del Departamento de Estudios Hispánicos y Juan Ramón Jiménez en San Juan (Caja 1, cart. 2, núm. 4, Centro de Investigaciones Históricas, UPR).
en la ciudad michoacana de Morelia, el 25 de julio de 1939, le comenta su aislamiento con las siguientes palabras:
Le dábamos a Vd. noticias de nuestra estancia por estas tierras; enseguida comencé a
trabajar; doy doce horas a la semana de Filosofía en la Universidad y aún así me queda
tiempo para escribir; al principio la soledad era aterradora, después hemos hecho de la
necesidad virtud y es mucho mejor, puesto que trabajamos.
La vida aquí es terrible... pero al menos trabajo y tengo un sueldo; quizá nos marchemos a Chile pues nos mandó decir el poeta Neruda, amigo nuestro y cónsul actual de su
país en París, que teníamos los pasajes a nuestra disposición.15
Parecida sensación es la que trasmite Claudio Sánchez Albornoz en la carta fechada el 31 de enero de 1941, en Mendoza-Argentina, donde fue profesor de la
Universidad Nacional de Cuyo:
Por verdadero milagro me salvé de caer en manos de los alemanes en Burdeos y tras
muchos meses malos, en que me vi forzado a separarme de mis hijos y a enviarles a España, los Rockefeller me han traído a esta universidad, aún en formación. Para llegar a
Buenos Aires he tenido que hacer un viaje endiablado, en torno a España, y en un vele-
15 AFO,
Serie Correspondencia O-MS/C.169.3.
LOS LAZOS DE LA CULTURA MSE CONVIERTEN EN LAZOS DE SOLIADRIDAD…
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ro de 350 toneladas buena parte. Y aquí estoy, soñando con poder traer a mis hijos un
día y con la desesperación de no poder trabajar, por no tener materiales ni elementos y
por haber de proveer a ganarme el pan de mil maneras.16
La correspondencia mantenida entre Federico de Onís y muchos de los intelectuales españoles a lo largo del conflicto español nos acercan al drama de aquellos
años. Una pequeña selección de ésta aparece reproducida en el Apéndice 2.
El escepticismo y pesimismo de Onís y de otros intelectuales españoles sobre
el desenlace de los acontecimientos y el futuro de España se cumplió. El viaje que
emprendieron durante la guerra o terminada ésta se tornó, en muchos casos, permanente.17
Los lazos establecidos con instituciones y hombres de otros países como Puerto Rico, Cuba, Estados Unidos, México, Argentina, Venezuela, Colombia... sirvieron de ancla para estos hombres y mujeres, quienes emprendieron una nueva vida,
retomaron sus investigaciones, e iniciaron nuevos proyectos con la mirada puesta
en el lugar dejado.
AFO, Serie Correspondencia O-MS/C.144.12.
Sobre el caso del exilio en Puerto Rico véanse los libros Cincuenta años de e