Elogio de Sancho Panza

Comentarios

Transcripción

Elogio de Sancho Panza
Elogio a Sancho Panza
CAPÍTULO XLV
De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su
ínsula, y del modo que comenzó a gobernar
“... Ante el cual se presentaron dos hombres
ancianos; el uno traía una cañaheja por báculo,
y el sin báculo dijo:
Señor a este buen hombre le presté días
ha diez escudos de oro en oro, por hacerle
placer y buena obra, con condición que me los
devolviese cuando los pidiese; pasáronse
muchos días sin pedírselos, por no ponerle en
mayor necesidad, de volvérmelos, que la que el
tenía cuando yo se los presté; pero por
parecerme que se descuidaba en la paga, se
los he pedido una y muchas veces, y no
solamente no me los vuelve, pero me los niega
y dice que nunca tales diez escudos le presté,
y que si se los presté, que ya me los ha vuelto.
Yo no tengo testigos ni del prestado ni de la
vuelta, porque no me los ha vuelto; querría que
vuestra merced le tomase juramento, y si jurare
que me los ha vuelto, yo se los perdono para
aquí y para delante de Dios.
¿Qué decís vos a esto, buen viejo del
báculo? – dijo Sancho.
A lo que dijo el viejo:
Yo, señor, confieso que me los prestó, y
baje vuestra merced esa vara; y pues él lo deja
en mi juramento, yo juraré como se los he
vuelto y pagado real y verdaderamente.
Bajó el gobernador la vara, y en tanto, el
viejo del báculo dio el báculo al otro viejo, que
se le tuviese en tanto que juraba, como si le
embarazara mucho, y luego puso la mano en la
cruz de la vara, diciendo que era verdad que se
le habían prestado aquellos escudos que se le
pedían; pero él se los había vuelto de su mano
a la suya, y que por no caer en ello se los
volvía a pedir por momentos. Viendo lo cual el
gran gobernador, preguntó al acreedor qué
respondía a lo que decía su contrario, y dijo
que sin duda alguna su deudor debía de decir
verdad, porque le tenía por hombre de bien y
buen cristiano, y que a él se le debía de haber
olvidado el cómo y cuando se los había vuelto,
y que desde allí en adelante jamás le pediría
nada. Tornó a tomar su báculo el deudor y
bajando la cabeza, se salió del juzgado. Visto
lo cual Sancho, y que sin más ni más se iba, y
viendo también la paciencia del demandante,
inclinó la cabeza sobre el pecho, y poniéndose
el índice de la mano derecha sobre las cejas y
las narices, estuvo como pensativo un pequeño
espacio, y luego alzó la cabeza y mandó que le
llamasen al viejo del báculo, que ya se había
ido. Trujéronsele, y en viéndole Sancho le dijo:
Dadme, buen hombre, ese báculo; que le
he menester.
De muy buena gana, - respondió el viejo : héle aquí señorY púsosele en la mano. Tomóle Sancho y
dándosele al otro viejo le dijo:
Andad con Dios, que ya váis pagado.
¿Yo señor? – respondióle el viejo -. Pues
¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?
Sí - dijo el gobernador-; o si no, yo soy el
mayor porro del mundo. Y ahora se verá si
tengo yo caletre para gobernar todo un reino.
Y mandó allí, delante de todos, se rompiese
y abriese la caña. Hízose así, y en el corazón
della hallaron diez escudos en oro; quedaron
todos admirados, y tuvieron a su gobernador
por un nuevo Salomón.
Preguntáronle de dónde había colegido que
en aquella cañaheja estaban aquellos diez
escudos, y respondió que de haberle visto dar
el viejo que juraba, a su contrario, aquel
báculo, en tanto que hacía el juramento, y jurar
que se los había dado real y verdaderamente, y
que en acabando de jurar le tornó a pedir el
báculo, le vino a la imaginación que dentro dél
estaba la paga de lo que pedían. De donde se
podía colegir que los que gobiernan, aunque
sean unos tontos, tal vez los encamina Dios en
sus juicios; y más que él había oído contar otro
caso como aquel al cura de su lugar, y que él
tenía tan gran memoria, que a no olvidársele
todo aquello de que quería acordarse, no
hubiera tal memoria en toda la ínsula.
Finalmente el un viejo corrido y el otro pagado,
se fueron, y los presentes quedaron admirados,
y el que escribía las palabras, hechos y
movimientos de Sancho no acababa de
determinarse si le tendría por tonto, o por
discreto1”.
Luego, acabado este pleito, entró en el
juzgado una mujer asida fuertemente de un
hombre vestido de ganadero rico, la cual venía
dando grandes voces, diciendo:
¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si
no la hallo en la tierra, la iré a buscar al cielo!
Señor gobernador de mi ánima, este mal
hombre me ha cogido en la mitad dese campo,
y se ha aprovechado de mi cuerpo como si
fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!,
me ha llevado lo que yo tenía guardado más de
veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros
y cristianos, de naturales y extranjeros, y yo,
1
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Ediciones Orbis S.A.
p. 784-785
siempre
dura
como
un
alcornoque,
conservándome entera como la salamanquesa
en el fuego, o como la lana entre las zarzas,
para que este buen hombre llegase ahora con
sus manos limpias a manosearme.
Aun eso está por averiguar: si tiene
limpias o no las manos este galán – dijo
Sancho.
Y volviéndose al hombre, le dijo qué decía y
respondía a la querella de aquella mujer. El
cual, todo turbado, respondió:
Señores, yo soy un pobre ganadero de
ganado de cerda y esta mañana salía deste
lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro
puercos, que me llevaron de alcabalas y
socaliñas poco menos de lo que ellos valían;
volvíame a mi aldea, topé en el camino a esta
buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca y
todo lo cuece, hizo que yogásemos juntos;
páguele lo soficiente, y ella, mal contenta, asió
de mí y no me ha dejado hasta traerme a este
puesto. Dice que la forcé, y miente, para el
juramento que hago o pienso hacer; y esta es
toda la verdad, sin faltar meaja.
Entonces el gobernador le preguntó si
traía consigo algún dinero en plata; él dijo que
hasta veinte ducados tenía en el seno, en una
bolsa de cuero. Mandó que la sacase y se la
entregase, así como estaba, a la querellante; él
lo hizo temblando; tomóla la mujer, y haciendo
mil zalemas a todos y rogando a Dios por la
vida y salud del Señor gobernador, que así
miraba por las huérfanas y menesterosas y
doncellas; y con esto se salió del juzgado,
llevando la bolsa asida con entrambas manos;
aunque primero miró si era de plata la moneda
que llevaba dentro.
Apenas salió, cuando Sancho dijo al
ganadero, que se le saltaban las lágrimas, y los
ojos y el corazón se le iban tras su bolsa:
Buen hombre, id tras aquella mujer, y
quitadle la bolsa, aunque no quiera, y volved
aquí con ella.
Y no lo dijo a tonto ni a sordo; porque luego
partió como un rayo y fue a lo que se le
mandaba. Todos los presentes estaban
suspensos, esperando el fin de aquel pleito, y
de allí poco volvieron el hombre y la mujer más
asidos y aferrados que la vez primera, ella la
saya levantada y en el regazo puesta la bolsa,
y el hombre pugnando por quitársela; mas no
era posible, según la mujer la defendía, la cual
daba voces diciendo:
¡Justicia de Dios y del mundo! Mire
vuestra merced, señor gobernador, la poca
vergüenza y el poco temor de este desalmado,
que en mitad del poblado y en mitad de la calle
me ha querido quitar la bolsa que vuestra
merced mandó darme.
Y ¿Háosla quitado? – preguntó el
gobernador.
¿Cómo quitar?- respondió la mujer-.
Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten
la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me
han de echar a las barbas, que no este
desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y
martillos, mazos y escoplos no serán bastantes
a sacármela de las uñas, ni aún garras de
leones: antes el ánima de mitad en mitad de las
carnes!
Ella tiene razón – dijo el hombre-, y yo me
doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que
las mías no son bastantes para quitársela, y
déjola.
Entonces el gobernador dijo a la mujer:
Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.
Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió
al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:
Hermana mía, si el mismo aliento y valor
que habéis mostrado para defender esta bolsa
le mostrárades, y aun la mitad menos, para
defender vuestro cuerpo, las fuerzas de
Hércules no os hicieran fuerza. Andad con
Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en
toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda,
so pena de doscientos azotes ¡Andad luego
digo, churrillera, desvergonzada y embaidora!
Espantóse la mujer y fuese cabizbaja y mal
contenta, y el gobernador dijo al hombre:
Buen hombre, andad con Dios a vuestro
lugar con vuestro dinero, y de aquí en adelante,
si no le queréis perder, procurad que no os
venga en voluntad de yogar con nadie.
El hombre le dio las gracias lo peor que
supo, y fuese, y los circunstantes quedaron
admirados de nuevo de los juicios y sentencias
de su nuevo gobernador...”2
CAPÍTULO LI
Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros
sucesos tales como buenos
...”pero con su hambre y con su conserva se
puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le
ofreció fue una pregunta que un forastero le
hizo, estando presentes a todo el mayordomo y
los demás acólitos, que fue:
Señor, un caudaloso río dividía dos
términos de un mismo señorío (y esté vuestra
-
2
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Ediciones Orbis S.A.
p. 785-787
merced atento, porque el caso es de
importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que
sobre este río estaba un puente, y al cabo
della, una horca y una como casa de audiencia,
en la cual de ordinario había cuatro jueces que
juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la
puente y del señorío, que era en esta forma. “Si
alguno pasare por esta puente de una parte a
otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y
si jurare verdad , déjenle pasar; y si dijere
mentira, muera por ello ahorcado en la horca
que allí se muestra, sin remisión alguna.”
Sabida esta ley y la rigurosa condición della,
pasaban muchos, y luego en lo que juraban se
echaba de ver que decían verdad, y los jueces
los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues,
que tomando juramento a un hombre, juró y
dijo que para el juramento que hacía, que iba a
morir en aquella horca que allí estaba, y no a
otra cosa. Repararon los jueces en el
juramento, y dieron: “Si a este hombre le
dejamos pasar libremente, mintió en su
juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si
le jurado verdad, por la misma ley debe ser
libre.” Pídese a vuesa merced, señor
gobernador, qué harán los jueces de tal
hombre; que aun hasta agora están dudosos y
suspensos. Y habiendo tenido noticia dela
agudo y elevado entendimiento de vuestra
merced, me enviaron a mí a que suplicase a
vuestra merced de su parte diese su parecer
en tan intrincado y dudoso caso.
A lo que respondió Sancho:
Por cierto que esos señores jueces que a
mí os envían lo pudieran haber escusado,
porque yo soy un hombre que tengo más de
mostrenco que de agudo; pero, con todo eso,
repetidme otra vez el negocio de modo que yo
le entienda: Quizá podría ser que diese en el
hito.
Volvió otra vez el preguntante a referir lo que
primero había dicho, y Sancho dijo:
A mi parecer, este negocio en dos
paletas le declararé yo, y es así: el tal hombre
jura que va a morir en la horca, y si muere en
ella, juró verdad, y por la ley puesta merece ser
libre y que pase la puente; y sino le ahorcan,
juró mentira, y por la misma ley merece que le
ahorquen.
Así es como el señor gobernador dice –
dijo el mensajero; y cuanto a la entereza y
entendimiento del caso, no hay más que pedir
ni que dudar.
Digo yo, pues agora – replicó Sancho –
que deste hombre aquella parte que juró
verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la a
ahorquen, y desta manera se cumplirá al pie de
la letra la condición del pasaje.
Pues, señor gobernador – replicó el
preguntador-, será necesario que el tal hombre
se divida en partes, en mentirosa y verdadera;
y si se divide, por fuerza ha de morir, y así no
se consigue cosa alguna de lo que la ley pide,
y es de necesidad espresa que se cumpla con
ella.
Venid acá, señor buen hombre –
respondió Sancho-; este pasajero que decís, o
yo soy un porro, o él tiene la misma razón para
morir que para vivir y pasar la puente; porque si
la verdad le salva, la mentira le condena
igualmente; y siendo esto así, como lo es, soy
de parecer que digáis a esos señores que a mí
os enviaron que, pues están en un fil las
razones de condenarle o absolverle, que le
dejen pasar libremente, pues siempre es
alabado más el hacer bien que el mal, y esto lo
diera firmado de mi nombre si supiera firmar, y
yo en este caso no he hablado de mío, sino
que se me vino a la memoria un precepto,
entre otros muchos que me dio mi amo don
Quijote la noche antes que viniese a ser
gobernador desta ínsula: que fue que cuando
la justicia estuviese en duda, me decantase y
acogiese a la misericordia; y ha querido Dios
que agora se me acordase, por venir en este
caso como de molde.
Así es – respondió el mayordomo-, y
tengo para mí que el mismo Licurgo, que dio
leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor
sentencia que la que el gran Panza ha dado. Y
acábese con esto la audiencia desta mañana, y
yo daré orden como el señor gobernador coma
muy bien a su gusto3”.
“El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” es una joya de la
literatura española y universal. En ella intervienen dos personajes
principales: el idealista don Quijote, que en su locura es capaz de
pelearse con los molinos de viento, creyendo que son unos gigantes.
Aunque los escépticos de nuestros días emplean calificativos
peyorativos como quijotesco para referirse a lo que es inútil por ser
difícil de realizar.
No obstante ello, considero don Quijote encarna el idealismo, sin el
cual la humanidad no puede progresar. Un hombre sin ideales será
siempre un conformista. Quizá sea el momento de forjarnos un ideal
hacia el cual dirigirnos.
Pero estas líneas están consagradas al otro personaje, el escudero
Sancho, quien es considerado por muchos como el arquetipo del
hombre vulgar e inculto. Para otros, encarna al hombre realista,
pragmático, utilitario.
3
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Ediciones Orbis S.A.
p.827-828
Me atrevo a discrepar con José Ingenieros cuando dice que “Ningún
Dante podría elevar a Gil Blas, Sancho y Tartufo hasta el rincón de
su paraíso, donde mora Cyrano, Quijote y Estockmann. Son dos
mundos morales, dos razas, dos temperamentos: Sombras y
Hombres, seres desiguales que no pueden pensar de igual manera.
Siempre habrá evidente contraste entre el servilismo y la dignidad,
la torpeza y el genio, la hipocresía y la virtud. La imaginación dará a
unos el impulso original hacia lo perfecto. La imitación organizará
en otros los hábitos colectivos. Siempre habrá, por fuerza, idealistas
y mediocres”.
En los pasajes comentados, el comportamiento de Sancho dista
mucho de la mediocridad. Miguel Torres Méndez, señala que,
“como se sabe, algunos pasajes de la obra literaria en la que
interviene el fiel escudero de Don Quijote tienen bastante contenido
jurídico, sobre todo los pasajes que sacan a relucir lo que se conoce
como al “prueba pancista”, el cual es un criterio de probanza
judicial. Dichos pasajes son de un contenido jurídico tan rico e
interesante que han dado lugar a que se califique para la posteridad
el criterio susodicho, “prueba pancista”, calificativo que se le da en
símil o comparación con otro criterio de probanza judicial conocido
literariamente, el cual es el de la “prueba salomónica””4.
Como parte de una broma, Sancho es nombrado gobernador de un
lugar llamado ínsula Barataria. Como tal, le corresponde administrar
justicia. Entonces no existía el Poder Judicial como el órgano estatal
encargado de impartir justicia. Lejos estaba la montesquiana teoría
de la separación de poderes. Era el gobernante quien realizaba las
funciones jurisdiccionales.
A fin de probar su ingenio, los habitantes de la ínsula le traen varios
casos. No obstante el bromista contexto de la obra, considero que en
los pasajes comentados, Sancho, estuvo genial. Y es que todos
4
Jurisprudencia Literaria y Filosófica La aplicación del Movimiento “Derecho y Literatura” en la Jurisprudencia ,p. 148-149.
tenemos un poco que don Quijote y un poco de Sancho Panza. Ojalá
aflorara siempre en nuestros actos lo bueno que tenemos de cada
uno de ellos.
En el pasaje del viejo del báculo nos encontramos con un medio
probatorio de nuestros ordenamientos procesales derogados: el
Código de Procedimientos Civiles de 19125 y el Código de
Enjuiciamientos en Materia Civil6: el juramento decisorio. Ernesto
Perla Velaochaga7 señala que este medio probatorio consiste en la
confesión prestada por una parte a pedido de la otra, para que según
su resultado, se decida la controversia, y que elimina la posibilidad
de admitir otras probanzas. Después del juramento decisorio, no
cabe sino la expedición de la sentencia de conformidad con el
juramento prestado. Sin embargo, es evidente que cayó en franco
desuso.
El anciano del báculo manifiesta en un primer momento que no ha
recibido el dinero y que si lo recibió ya lo devolvió. El paciente
acreedor señala que no recuerda haber recibido el pago, pero difiere
al juramento de su contrario a quien considera un buen cristiano.
Perla Velaochaga anota que “sólo debe emplearse esta probanza en
el caso de tener completa confianza en la calidad moral de la
persona a quien se le solicita, cuando no hay otras pruebas que la
eventual confesión del contrario, o cuando se esté dispuesto a
cualquier riesgo antes de hacer públicos, mediante los otros medios
de probanzas, hechos bochornosos o denigrantes. En tales supuestos
debe emplearse esta prueba”.
El viejo del báculo jura haber pagado la deuda. Y dice la verdad
porque el báculo contenía el dinero que debía a su acreedor. Al
entregar el báculo a su adversario para que se lo sostuviera, era
cierto que le había dado el dinero. Sin embargo, Sancho va más allá
5
Artículos 381 al 393.
Artículos 699 al 709.
7
Juicio Ordinario, Sétima edición p. 317.
6
del artificio y ordena que se entregue la cañaheja en propiedad al
acreedor. Al romper el báculo, Sancho se convenció de que el dinero
prestado no había sido devuelto. No olvidemos que la prueba del
pago incumbe a quien pretende haberlo efectuado8. Pero el mérito de
Sancho es mayor porque sin tener esta norma sobre inversión de la
carga de la prueba que tanto nos facilita la labor jurisdiccional en
nuestros días, logró demostrar la falta de pago.
La experiencia de vida de Sancho le fue muy útil, al recordar el
relato del cura respecto a un caso similar. La experiencia es un fruto
que se cosecha con el paso de los años. No hemos de
menospreciarla, antes bien, hemos de sembrarla y regarla cada día.
La sentencia de Sancho al decir “Andad con Dios que ya vais
pagado”, no sólo obligó al deudor malicioso a pagar contra su
voluntad, como sucede al dictarse toda sentencia de condena. Fue
una ejecución de sentencia instantánea. El ideal de todo demandante.
La negación de la maldición gitana : “Pleitos tengas, y los ganes”.
La gente asombrada por el fallo compara a Sancho con el rey
Salomón. Tras semejante comparación ¿puede considerarse a
Sancho como un hombre mediocre? Considero que hacerlo sería una
injusticia. De pronto Ingenieros no leyó el Quijote con ojos de
jurista. Sancho es un hombre común, y serlo no es un demérito.
En el pasaje de la mujer y el ganadero, tenemos las versiones
contradictorias de la mujer, quien alegaba haber sido violada y la del
ganadero que alegaba que en realidad la mujer reclamaba u mejor
pago por la prestación de servicios sexuales. O sea que la mujer
presuntamente deshonrada era una prostituta.
A fin de resolver la querella, Sancho ordena al ganadero que
entregue su bolsa de dinero a la mujer. De esta manera actúa una
8 Código Civil, Artículo 1229.
singular reconstrucción9 de los hechos, medio probatorio importante
en los procesos penales, llegando a convencerse de que el ganadero
no tenía la fortaleza física suficiente para haber obligado a la mujer a
realizar el acto sexual contra su voluntad, y que ésta movida por la
codicia quería aprovecharse de la situación apoderándose del dinero
del ganadero. Al ordenar al ganadero que le entregue la bolsa de
dinero a la presunta víctima, y ordenarle que la recupere Sancho
descubre la impostura al advertir la primera reacción de la mujer,
que impulsada por la codicia adula al juzgador. Cuántas veces los
juzgadores nos vendemos a la adulación y nos dejamos engañar, y
creyendo hacer justicia, somos sorprendidos, fallamos sin acierto,
haciendo que un demandante malicioso se enriquezca a expensas de
su contraparte.
Al no dejarse quitar la bolsa pese a los constantes forcejeos, es
evidente que la mujer no hubiese permitido que el ganadero abusara
de ella. Asimismo Sancho toma en cuenta la declaración asimilada
de la mujer10, al manifestar que de ninguna manera se dejaría quitar
la bolsa. También tuvo en cuenta la declaración del ganadero quien
se reconoce incapaz de recuperar por sí mismo la bolsa.
La sentencia de Sancho tiene una estupenda valoración de la prueba:
“Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para
defender esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para
defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran
fuerza”. Como consecuencia de la reconstrucción, Sancho llega a la
convicción de que ni siquiera el mitológico hijo de Júpiter hubiese
sido capaz de violar a la mujer. Ergo, esta consintió la relación
sexual a cambio de una paga, pretendiendo luego una paga mejor de
la recibida, no dudando en calumniar a su ocasional amante. Abuso
9
Código de Procedimientos Penales, Artículo 146.- ... Asimismo, se podrá reconstruir la escena del delito o sus
circunstancias, cuando el juez instructor lo juzgue necesario para precisar la declaración de algún testigo, del agraviado o
del inculpado.
10
Código Procesal Civil,”Artículo 221.- Declaración asimilada.- Las afirmaciones contenidas en actuaciones judiciales o escritos
de las partes, se tienen como declaración de éstas, aunque el proceso sea declarado nulo, siempre que la razón del vicio no las
afecte de manera directa”.
del derecho es pretender el pago de una retribución mayor a la
convenida.
En el pasaje del puente, Sancho da otra gran muestra de ingenio,
dictando una sentencia que escarnecería a más de un magistrado.
Según la norma, el hombre mentiroso debía morir ahorcado. Al decir
que iba a morir ahorcado, el viajero puso a sus juzgadores en un
dilema: no podían ahorcarle por decir la verdad o tenían que
ahorcarlo por haber mentido. Al igual que Salomón ordenó que
partieran al niño que era reclamado por las dos prostitutas, Sancho
en un primer momento señala que la mitad veraz del hombre debía
morir y la mitad mentirosa debía morir. Al advertir su interlocutor
que ello no era posible, en lugar de perder tiempo en un estéril
análisis sobre la tipicidad de la norma, Sancho fija la cuestión en
discusión o controversia de una manera muy sencilla: no pudiendo
demostrarse antes de cruzar el puente si el hombre mintió o dijo la
verdad, al manifestar que iba a morir en la horca, ante la existencia
de una duda razonable, usando la misericordia resuelve ordenando la
absolución del reo.
Mención aparte merecen los consejos que le diera don Quijote antes
que fuese a gobernar la ínsula. En un pequeño folleto denominado
“Administración de la Justicia11” se dice que “Dirigiéndose a los
magistrados Cervantes les invoca “Si acaso doblares la vara de la
justicia, no sea con el peso de la dádiva sino con el de la
misericordia””. Y es que las palabras de don Quijote no son sólo
para Sancho, son para los magistrados de todos los tiempos12.
11
Administración de la Justicia. Serie Justicia Vol. I
“... Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.
Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir
la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere
y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso
que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva sino con el de la misericordia.
Cuando te sucediere juzgar el pleito d e algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.
No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más veces serán sin remedio; y si le
tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda. Si alguna mujer hermosa viniere a pedir te justicia, quita los ojos
de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se
anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al culpado que cayere debajo de tu juridición considere el
hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin
hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios son todos iguales, más
resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia”. (Capítulo XLII, 766-767).
12
El buen Sancho, sin saberlo, aplicó el principio del in dubio pro reo.
Aquel principio que es el eje fundamental del proceso, no solo
penal13 sino del proceso en general. No olvidemos el recurrido
artículo 200 del Código Procesal Civil14. Así mismo no olvidemos el
in dubio por operario laboral.
El reconocimiento del mayordomo al considerar a Sancho con
Licurgo, el gran legislador de los lacedemonios, es el
reconocimiento de la trascendencia de la función jurisdiccional
frente a la legislativa. Los roles son distintos. El legislador crea la
norma. El juez la interpreta aplicándola a un caso concreto.
Sin embargo hoy día muchos legisladores pretenden impartir justicia
a su leal saber y entender. Otras veces algunos jueces pretenden
legislar, cuando con motivación aparente dan cabida a curiosas
interpretaciones que distorsionan el sentido de la norma, dictando
sentencias arbitrarias.
Es el legislador quien debe legislar. Y el juez el llamado a impartir
justicia. Cada quien tiene su lugar en el sistema democrático.
Lamentablemente nuestro atávico autoritarismo surge a cada
instante y nos cuesta vivir en democracia.
En los dos primeros casos, una causa civil y una querella penal,
Sancho logra la finalidad de los medios probatorios y se forma
convicción respecto de los hechos expuestos por las partes. En el
último, en la consulta respecto de una causa penal, ante una duda
razonable en las cuestiones de hechos, absuelve al procesado.
Constitución de 1993, “Artículo 139.- Son principios y derechos de la función jurisdiccional:
...
11. La aplicación de la ley más favorable al procesado en caso de duda o de conflicto entre leyes penales”.
14
Código Procesal Civil, “Artículo 200.- Improbanza de la pretensión.- Si no se prueban los hechos que sustentan la pretensión,
la demanda será declarada infundada”.
13
Sancho es un hombre humilde En el caso del puente, reconoce
hidalgamente que ha sido su amo don Quijote el que le ha enseñado
el precepto y en el caso del viejo del báculo que fue el cura quien le
contó un caso similar.
Otro detalle que enaltece a Sancho es agradecer a Dios por haberle
permitido resolver con acierto. Esa humildad salomónica que es
inherente a la magistratura y que olvidamos muy de vez en cuando.
Porque Sancho es consciente de sus limitaciones: es un analfabeto,
un hombre vulgar, para muchos indigno de administrar justicia. No
obstante ello, es un hombre que tiene sentido de justicia como
cualquier persona.
Esperemos que muy pronto muchos Sanchos administren justicia en
el Perú, y que la prueba pancista nos ayude a mejor resolver las
controversias. Ojalá que al momento de resolver un asunto
complejo, al igual que el fiel escudero del caballero de la triste
figura, nos acordemos de pedir la ayuda del Altísimo.

Documentos relacionados