Matrimonio y sacerdocio

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Matrimonio y sacerdocio
El Matrimonio y el Sacerdocio
1) Objetivo.– Que el joven comprenda la relevancia de los sacramentos del orden sacerdotal y del
matrimonio en la extensión del Reino, para erradicar las ideas malformadas que tiene de ellos y
motivar a que los considere como opciones de vida a la felicidad.
2) Toma en cuenta que...– Para esta charla se sugiere la comparta un matrimonio y de ser posible el pastor de
la comunidad o uno de sus vicarios.
Para la oración es primordial tener música adecuada y algunos elementos que apoyen el desarrollo de la misma.
Como lectura previa te sugerimos leer los números del 1533 al 1666 del Catecismo de la Iglesia Católica (CATIC) y el
documento Prebiterium Ordinis.
3) Dialoguemos con Dios.– Muchas veces nuestra oración es hablar nosotros y no dejar casi
espacio para Dios. Esta ocasión vamos a hacer al revés: vamos a callar nosotros y vamos a
intentar escuchar a Dios.
¿No sabes cómo te habla? Hay caminos privilegiados. Vamos a emplearlos este día. Luego
tendrás que buscar aquellos que te sean más adecuados para ti.
Por medio de su Palabra, la Biblia. Repasa algo que te preocupa de verdad ante lo que no
sabes exactamente qué hacer. No funciona sino es algo serio. Dale algunas vueltas al asunto: por
qué te preocupa, qué posibilidades tienes, qué querrá Dios ante eso... Ahora vamos a abrir la
Biblia en 1Cor. 13: 4-8 y léela con calma.
Finalmente, trata de unir ambas cosas: tu preocupación y lo que has leído. Reza desde ahí.
Por medio de las personas. Repasa las personas con las que has estado últimamente.
¿Qué has descubierto en ellas? ¿Qué esperaban de ti y no has sido capaz de responder? De lo
que tú puedes hacer, ¿qué les ayudaría a ser un poco más felices? Eso es lo que te está diciendo
Dios.
Por medio de su obra, la naturaleza. Contempla la naturaleza, aun cuando estés en medio de la
ciudad. Observa la maravilla que es. No es más que un pálido reflejo del amor que Dios te tiene.
¿No te parece que eso es más que hablar?
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Por medio de las necesidades que hay en tu entorno. Mira las necesidades de la gente de tu
entorno. Hazlo con un poco de calma. ¿Cuáles son las que te parecen más urgentes e
imperiosas? ¿Cuáles te queman por dentro? ¿Cuáles te vienen de vez en cuando a la cabeza?
Dios habla también por ese camino. ¿Qué piensas hacer por tu parte?
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Por medio de la persona que es el rostro de Dios, Jesús de Nazaret.
¿Qué es lo que más te sorprende de Jesús, lo que más te enamora? Si no hay nada, es que le
conoces muy poco. Piénsalo un poco más. ¿Es algo de lo que dice? ¿Es por lo que hace? ¿Es por
algún rasgo de su forma de ser? ¿Por su manera de tratar a la gente? Él es la manifestación más
clara de Dios. Él es la propuesta de Dios para tu propia vida. ¿Qué te pide ahora?
4) Desde la vida.– Antes del trabajo por subgrupos se sugiere hacer algunas preguntas al aire, a
manera de debate sobre cómo ven los jóvenes al matrimonio y al sacerdocio, incitándolos a hablar
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de los temas buenos y malos, posturas y hasta comentarios de toda índole. Anotar en una pizarra
o papelógrafo lo comentado.
Posteriormente proseguir con el siguiente trabajo. En subgrupos de 4 personas se leen y
comentan libremente dos hechos de vida que se ponen a continuación:
A) Sacerdote en un basurero
El pasado día 29 de septiembre, tuvo lugar en Asunción (Paraguay) la Ordenación Sacerdotal de
Fernando López Pérez, a la que tuve la alegría de poder asistir. La ceremonia se celebró en el
vertedero municipal de Asunción, junto al barrio en que él trabaja y donde vive con otros dos
jesuitas. Asistieron sus padres y su hermano Lucas, también jesuita, y concelebramos un grupo de
unos 20 jesuitas. El Obispo que lo ordenó, Mons. Joaquín Piña, también de la Compañía, había
sido su maestro en el Noviciado. Las circunstancias de la ordenación, por el lugar y los asistentes,
fueron muy emotivas: al lado mismo de los inmensos montones de basura, en un descampado, y
rodeado de aquellos pobres que se buscan la vida escarbando en la basura que vierten allí los
camiones que la llevan desde Asunción, se habían encontrado seis fetos humanos, como
resultado de abortos, arrojados a la basura, y un niño todavía con vida acabado de nacer. Aquella
pobre gente los había recogido, y el niño con vida había sido adoptado por un matrimonio. En el
acto penitencial iban seis niños pequeños llevando seis imágenes de angelitos, que representaban
a los fetos encontrados en la basura y que habían sido enterrados cariñosamente en las casas del
barrio. También iba el matrimonio con el niño adoptado en los brazos: se pidió perdón por éstos y
tantos pecados de injusticia que estaban presentes allí.
La ceremonia se realizaba ante un altar que era un cajón boca abajo, cubierto con un saco;
delante había unos cartones, sacados de la basura, que servían de alfombra. En ellos se postró
Fernando en el momento de las Letanías de los Santos. Durante la ceremonia estaba descalzo,
como abrumado por la presencia divina, manifestada en sus pobres que le rodeaban; llevaba
cruzada la estola de diácono, que estaba hecha de un trozo de saco. Después de presentar el P.
Provincial al obispo ordenante a Fernando, lo hicieron también varios hombres y mujeres del bardo
que, espontáneamente, pidieron que fuera ordenado sacerdote por el testimonio de su vida
entregada a ellos. Su padre también dio testimonio de su hijo, y pidió que fuera ordenado. El P.
Piña le impuso las manos y dijo la fórmula de la ordenación. El ambiente se quedó en silencio,
sólo roto por el ruido de los camiones que seguían pasando para verter allí la basura. De pronto,
un enorme aplauso corroboró todo lo que allí acababa de realizarse. Parecía que se palpaba la
presencia del Espíritu Santo.
Al terminar esta primera parte de la ceremonia, nos dirigimos todos a un tinglado en medio del
barrio, en donde iba a continuar la Eucaristía. Concelebramos con el Obispo y Fernando, y ellos
dieron la comunión a aquel enorme grupo de vecinos que llenaban el espacio cubierto y sus
alrededores. La prensa de Asunción publicó reportajes amplios sobre esta ceremonia: “Un jesuita
español fue ordenado en Cateura en opción vertical por los más pobres”; “Ordenan a un sacerdote
en el vertedero municipal”; “Valoran ejemplo de humildad y entrega total a los pobres”; “En original
ceremonia, un jesuita fue ordenado sacerdote en el vertedero”... A uno de estos periodistas,
declaraba Fernando al final de la ceremonia, como aparecía en uno de los periódicos: “Estoy
agradecido al Señor por permitir que el basural se convierta hoy en una gran catedral. Eso creo
que fue un designio de Dios con sus pobres, porque el Señor siempre está presente entre los más
humildes y necesitados. Los pobres fueron los que me ayudaron a descubrir mi vocación, mi
sacerdocio, y a ellos les debo esta gracia de Dios. Me siente uno más en esta comunidad del
bañado. Mis padres me apoyaron, al igual que mis otros dos hermanos que también son
sacerdotes”. Y después de decir el periodista que Fernando era licenciado en Física Nuclear en
España, él añade: “Dejé eso de lado porque he sentido una llamada mucho mejor, una opción
mucho mejor.
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Personalmente agradezco al Señor el haber podido asistir a la ordenación sacerdotal de
Fernando, al que acompañé desde que tenía 16 años y sobre todo, durante su carrera
universitaria en Sevilla. He
dado gracias a Dios por él y por pertenecer a una Compañía, en la que es posible ver una
ceremonia impecable en el Gesú de Rosa, junto a ésta en el vertedero municipal de Asunción, en
Paraguay.
B) El verdadero amor Un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se
declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo
constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando
éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.
El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio personal:
- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para
prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó
como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital
mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya
había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa
noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas
anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que dijera alguna reflexión sobre la muerte y la
eternidad. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte. Mi padre escuchaba
con gran atención. De pronto pidió "llévenme al cementerio".
"Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora!" Alzó la voz y
con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que
acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso
silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna
llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena
conmovidos: "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no
tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara.
"Ella y yo estuvimos juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me
echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó "Siempre estuvimos juntos.
Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro
la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos
apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y
estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor
de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida.
Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que
sufriera..."
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas.
Lo abrazamos y él nos consoló: - "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen
día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no tiene que
ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones que es posible porque somos
imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas allá de los sentidos y es capaz de sufrir y
negarse cualquier cosa por el otro."
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de
amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato,
podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro les había dado la lección más
importante de sus vidas.
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En plenario:
1. ¿Qué le habrá ocurrido a Fernando para dejar su licenciatura en Física Nuclear y elegir ser
sacerdote y ordenarse en un basurero?
2. Dí algún detalle de la ceremonia que más te llama la atención y por qué.
3. ¿Qué te parece la explicación que da Fernando a los periodistas de su decisión?
4. ¿Valdrá la pena ser sacerdote?
6. ¿Qué opinan de la historia del profesor? ¿Qué llamo más tu atención?
7. ¿El matrimonio es algo que sirve o es mera falacia? ¿Vale la pena arriesgarse unir la vida con
otra persona el resto de tu vida?
Es importante que el animador contraste las primeras respuestas anotadas en el papelógrafo con
las erogadas del plenario y de ahí abrir el siguiente momento.
5) Habla Dios.– El CATIC en el número 1534 nos habla sobre estos dos sacramentos y cita que
están ordenados a la salvación de los demás, por el servicio que por medio de ellos se presenta a
la comunidad.
Pero vayamos por partes. El sacramento del Orden sacerdotal, es un tema en el que muchas
veces esta lleno de contrariedades y de escabrosos momentos. Ciertamente hay personas que
ven al sacerdote como alguien bueno, otros como alguien curioso como el personaje de Cantinflas
en la película de “El Padrecito”, otros como hombres traicioneros, corruptos, ajiotistas como en la
película “El pecado del Padre Amaro”; otros tantos como hombres que ocultan verdades al pueblo
como vemos en películas como “El codigo Da Vinci”, “Estigmas”, “El péndulo y la rosa”…
La verdad única, es que e sacerdote es un hombre tomado de entre los hombres, puesto al
servicio de Dios, que conoce a los hombres y los comprende; lleno de flaquezas, por ello debe
ofrecer sacrificios a Dios. Pero nadie puede anotarse ese don, sino aquel que es llamado por Dios.
(Hb 5, 1-4) Lo anterior, es mencionado simplemente para descubrir que con la ordenación
sacerdotal y el llamado que Dios hace a ese hombre elegido, no se pierde nada de los que
humanamente es, como educación, carácter, gustos, debilidades, fortalezas… El sacerdote es
llamado a ser, hombre entre los hombres. A santificarse y santificarlos, ser luz y sal del mundo y
en el mundo.
Ser amigo de Jesús, pero lleno de pruebas, a lo que todos los días tiene que suplicar: “no nos
dejes caer en tentación”, y tomar ese cáliz de dolor y tratar de hacerlo lo mejor posible.
El sacerdote es el hombre, llamado, a saberse amado de modo especial por Dios, pero que vive
en el mundo, donde cada día se hace más difícil ser hombre integro.
Querido joven, cuando veas a tu sacerdote, no te pido que lo perdones, simplemente te pido que
lo ayudes, platica con él, felicítalo en sus aciertos, ayúdale en sus pruebas, corrígelo en sus
errores. Porque tú, también puedes ser llamado a vivir este sacramento, sólo trata de escuchar y
entender que la misión no es fácil, pero que si te llama es porque te necesita.
Por otra parte, el matrimonio no sólo es el contrato civil, que se hace para adquirir una carga o
pareja, es el don de Dios que ahora te invita a que en libertad y sin atadura, ames a tu pareja. No
es una compra venta, es la unión de dos seres que se aman y delante del ser supremo se juran
amarse.
En su esencia, la boda es, para cada uno de los novios, un acto libérrimo de amor (y, por ende, la
confluencia de ambos y lo que de ahí se deriva). El sí manifiesta un acto único, excepcional,
notabilísimo, por el que me entrego plena-mente a otra persona y nos comprometemos a amarnos
de por vida. Es «amor de amores»: amor libre y sublime que, además y más que obligar a hacerlo,
permite amar excelsamente.
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Ese acto tan impresionante me pone en condiciones de querer bien: fortalece mi voluntad y la
faculta para amar a otro nivel, me sitúa en una esfera mucho más alta: en otra galaxia. La boda
capacita para comenzar a amar de una manera superior, que luego habrá que ir mejorando día a
día, con detalles tan menudos como concretos y constantes.
Por eso, si no me caso, si excluyo ese acto de donación total, estaré imposibilitado para querer de
veras a mi cónyuge (más aún, justo por negarme a esa entrega radical, por falta de suficiente
amor —que lleva al claro «desamor» de no arriesgarme a darme por entero—, me iré
progresivamente incapacitando para amar bien).
Como quien no se entrena o no aprende un idioma, o se niega en redondo a hacerlo, no puede,
por más que lo desee, sobresalir en un deporte o hablar esa lengua con fluidez. O, mejor todavía,
como quien no se decide a lanzarse desde un trampolín, después de aprender lo necesario y
venciendo el miedo que inicialmente lo oprime, nunca estará en condiciones de saltar de nuevo,
con gusto y soltura, mejorando progresivamente la técnica y el estilo.
Una joven esposa, había escrito: «¿Me olvidarás a mí, que soy una provincianita, entre tus
princesas y embajadoras?», Bismark le respondió: «¿Olvidas que te he desposado para amarte?».
Estas palabras encierran una intuición profunda: el «para amarte» no indica una simple decisión
de futuro, incluso inamovible, lo cual ya es mucho; equivale, en fin de cuentas, a «para poderte
amar» con un querer auténtico, supremo, definitivo… imposible sin el mutuo entregarse del
matrimonio, sin casarse. ¡Qué grande era ese Bismark, el famoso canciller de hierro alemán!
Los sacramentos, son regalos de Dios, que por medio de signos sensibles Dios aumenta su gracia
entre nosotros, como vimos en el Sacramento del Orden Sacerdotal y en el del Matrimonio.
Un sacramento, es una oportunidad que Dios nos da para continuar con la obra d e su creación,
haciéndole ahora participe de sus mismas manos que hacen de este mundo nuestro hogar.
6) Andando...– Después de lo anterior. ¿Ha cambiado tu concepción del sacerdocio y del
matrimonio? ¿Estarías dispuesto a aceptarlo como estado de vida, como vocación?
En este momento sería bueno, tener la intervención del sacerdote y de la pareja, para comentar la
poca o mucha experiencia de vida, en la vivencia del sacramento al cual Dios les ha llamado. Este
momento es propicio para que los jóvenes externen sus dudas e inquietudes.
Terminamos el momento con una oración basada en el salmo 138 y la oración por las vocaciones.
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