Texto sobre Percepciones de Dos Familias UTPMP

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Texto sobre Percepciones de Dos Familias UTPMP
Introducción
Como investigadoras conocemos que la pobreza extrema afecta al 28.3% (INIDE 2009), representando a
1,698,000 personas de la totalidad que habitan en Nicaragua. No conocemos al porcentaje de la población
que está consciente de esta cifra, pero sí deducimos que éste no es suficiente y que si lo fuera, la realidad
sería otra. ¿Cómo sería? Tratando de materializar esta respuesta, día a día miles de jóvenes en 16 países de
Latinoamérica trabajan junto a familias de los asentamientos.
Sabemos también que nosotras estas cifras, y nos incomodan, motivándonos a investigar sobre la incidencia
concreta desconocida hasta ahora que una organización de la cual formamos parte, Un Techo para mi País Nicaragua, ha tenido sobre dos de las familias que, adquiriendo rostros y nombres propios detrás de las
cifras, fueron beneficiadas con una vivienda. Es importante señalar que no pretendemos generalizar los
resultados, y que lo que se describe en este trabajo son las experiencias y el cambio que particularmente
perciben las familias de Doña Rosa y Meyling.
Como voluntarias permanentes de dicha institución y nos interesa registrar a través de métodos cualitativos
cuál es la incidencia que las familias beneficiadas perciben y reconocen de la primera etapa del método de
intervención de UTPMP, así como el significado simbólico que asignan estas familias a un bien material: su
hogar.
Para hacer el estudio, se eligieron intencionalmente a dos de las cinco familias que la organización benefició
en diciembre del año 2008, a cuyas jefas de hogar realizamos una entrevista a profundidad en sus casas con
el objetivo de conocer a fondo qué piensan que ha cambiado en sus vidas a partir de la construcción de su
vivienda de emergencia junto a voluntarios y voluntarias de la organización Un Techo para mi País.
Es importante destacar que ambas investigadoras conocemos a profundidad la organización y hemos sido
parte de la experiencia, lo que nos da ventajas en el acceso a la información y la apertura de las familias. La
recolección de los datos necesarios para construir dos estudios de casos se hizo inscrita a al marco
institucional de la organización cuya visión es una Latinoamérica sin extrema pobreza, con jóvenes
comprometidos con los desafíos propios de sus países, donde todas las familias cuenten con una vivienda
digna y puedan acceder a más oportunidades para mejorar su calidad de vida.
Esta investigación da cuenta, desde la subjetividad de las entrevistadas, las consecuencias del primer paso
de intervención de la organización que consiste en satisfacer la necesidad de una casa a través de la
construcción de una vivienda de emergencia. El proceso de construcción establece los primeros vínculos de
confianza con los pobladores y líderes de la comunidad, validando una relación que nos permite
posteriormente un trabajo más permanente en las comunidades. Al mismo tiempo, se presenta como una
oportunidad para que las y los jóvenes voluntarios se acerquen a la realidad de los asentamientos de su país.
El análisis de nuestros resultados respondió a las características de nuestra investigación, la cual fue
diseñada siguiendo una línea de análisis bajo los supuestos metodológicos de la teoría del Interaccionismo
Simbólico. Como investigadoras intentamos determinar el significado simbólico que tienen los objetos (la
vivienda), acciones (construcción junto a voluntarios universitarios) y palabras para los actores sociales.
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Dos historias que se unen por un asentamiento y una experiencia en común…
EL 30 DE MAYO
Un par de cuadras arriba del famoso tanque rojo del reparto Schick, se encuentra un asentamiento
espontaneo donde viven alrededor de 300 Familias. Desde que entras al “30 de mayo”, abandonas el
“privilegio” de las calles pavimentadas y de las aguas negras, el cielo se entrecruza por cientos de cables de
electricidad pegados que llevan la luz y la televisión a las viviendas de zinc, plástico y cartón que caracterizan
el asentamiento.
El 30 de mayo es un asentamiento que muchos podrían considerar como peligroso pero realmente lo que se
respira es un aire de precariedad más que de inseguridad o delincuencia. ¿A que huele? Los olores se
combinan… huele a polvo, huele al cause que está cerca, huele a frijoles cociéndose y a las tortillas recién
hechas por doña Salvadora, la dirigenta del asentamiento… Huele a una mezcla de indiferencia, olvido y
esfuerzo.
El asentamiento empezó a surgir en el año 2000, cuando pobladores de los barrios vecinos decidieron
tomarse ilegalmente, un 30 de mayo, las tierras que ahora lo conforman. Empezaron a dividir los lotes y
repartírselos, avisándoles a familiares sobre la disponibilidad de terrenos que había. Las familias que lo
llegaron a habitar, hicieron sus casitas a base de desperdicios. Algunas las han mejorado, y otras las siguen
tendiendo en las mismas condiciones.
En el pasado han tenido bastantes conflictos con las autoridades y antimotines que los han intentado sacar,
para los pobladores quedarse en sus terrenos ha sido una lucha y hoy todavía se encuentran ilegales,
cuentan únicamente con “permiso” para habitarlos.
Existe un coordinador perteneciente al Consejo del Poder Ciudadano, pero hay una dirigente natural del
área más vulnerable del barrio, la Salvadora, que tiene 8 años de habitar la zona, y con quien Un Techo para
mi País se ha avocado para coordinar todo el trabajo que hasta ahora se ha hecho. Cuando entrevistamos a
la Salvadora ella menciona con orgullo que ya se han construido 22 viviendas, que todas las familias han
sido responsables con los acuerdos y que el techo tiene una relación especial con el 30 de mayo, “¡Pues
claro! Si acá fue el primer lugar donde se construyó”.
Salvadora nos cuenta que los 22 beneficiados están “bien alegres” con sus casas y que los demás pobladores
están interesados en obtener una. Dice que le preguntan frecuentemente: “¿Cuándo van a venir de nuevo a
hacer más encuestas?” o “Yo quiero que me construyan una casita de paloma”, como popularmente
conocen a la vivienda de emergencia en la zona.
Como dirigenta ella ha gestionado la ayuda recibida de parte de la Alcaldía de Managua para construir un
puente vehicular de acceso al barrio en agosto del 2008 y la instalación de tuberías de agua potable en mayo
de 2009. Doña Rosa, una de los sujetos de la investigación, nos comentó que antes de que se instalara el
agua potable su vida cotidiana era muchísimo más difícil: “pasamos acarreando agua 8 años, y comprando
los barriles a 30, 40, 25 pesos, acarreando agua bajo el sol.”
Nadie en el barrio paga el servicio de la luz de forma legal. La luz eléctrica los pobladores la “prestan” a
pobladores de barrios vecinos, y entre vecinos internos deciden, por conveniencia, si la comparten o no. La
Salvadora nos cuenta que la instalación de tuberías de aguas negras se hará en abril de este año, y que antes
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de julio están esperando la entrega de títulos que hace años se les prometió. También esperan que en
colaboración de los CPC pronto se logren pavimentar las calles.
Las condiciones del asentamiento han ido mejorando un poco. El sentimiento de sus pobladores hacia él,
más que de rechazo por la precariedad de las condiciones, es de pertenencia a ese territorio que han visto
crecer y mejorar, a ese territorio relativamente seguro en comparación a cómo era antes y como es aún en
la actualidad el Reparto Schick y otros asentamientos cercanos como el Milagro de Dios.
MEYLING
Antes: inestabilidad y lucha…
Meyling Álvarez es una mujer trabajadora y perseverante, tiene 20 años y estudia 4to año de secundaria. Es
participante activa de la Iglesia de la Mención Metodista Libre, Iglesia de Dios, Efesios 2:20. Se encarga de
difundir la palabra de Dios e invitar a los jóvenes y niños a forma parte de la Iglesia y abandonar malas
costumbres. Es una mujer elocuente y muy capaz intelectualmente.
En el asentamiento “30 de mayo” es conocida como la hermana Meyling, sobre todo por las personas que
también pertenecen a la iglesia a la que ella acude. La hermana Meyling es la agradecida dueña de una de
las primeras 5 casas que construyó Un Techo para mi País en Nicaragua. “Así como es la casa de admirable,
así son las personas que trabajaron en ella” nos comenta durante la entrevista.
Meyling es una muchacha morena y delgada, agraciada, trabajadora y de voz aguda y muy dulce. Sofía
Vindas, voluntaria de Un Techo para mi País – Costa Rica que participó en la construcción de la vivienda de
Meyling, la describe como una mujer humilde y tenaz:
“De Meyling en este sentido una cosa me sorprendió mucho y era su actitud tenaz y positiva como mujer,
pero era una tenacidad humilde y algo inocente, y eso me impacto al menos a mí, porque pensé en lo que
sería vivir en ese lugar con un corazón tan vulnerable como el de ella.” (Sofía Vindas, Voluntaria)
Meyling y su familia llegaron al “30 de mayo” en el 2002, cuando Meyling tenía 13 años. Antes vivían en el
barrio Rubén Darío, por el lago Xolotlán. Ahí ella y su hermana Jessica, estudiaban en el colegio Rubén Darío,
y trabajaban junto a su madre en un tramo en el Mercado Oriental para poder alimentar a su hermanito
Joel, su hermana mayor Magdalena, su padre y una tía que vivía también con ellos.
“En el tramo sólo vendíamos café, leche y pan. Entonces venía la menor (Jessica), cuando le tocaba a ella
venir a trabajar, y traía la comida aquí a la casa. Cuando a mí me tocaba yo iba a trabajar, la menor se
quedaba cuidando la casa y yo venía con el dinero. Entonces el dinero que se tenía de ganancia se dividía
en dos; la comida y el ahorro para la casa, 50% y 50%. Cuando ya el monto nosotros lo mirábamos más
grande, entonces ya el plan era componer la casa. Se ganaba un total entre 150 y 200 córdobas al día, en
el mercado hay días buenos y días malos” (Meyling)
Los padres de Meyling decidieron separarse, y esto intensificó la crisis económica que vivía la familia. En este
momento fue que nació su hermanito menor y ella tuvo que abandonar la escuela para poder trabajar y
aportar dinero a la casa.
“Cuando mi papá y mi mamá hicieron planes de separación fue una situación bien dolorosa. Cuando
Joelito nació estábamos en una situación bien apretada; alquilábamos cuarto, pagábamos luz, no
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teníamos para la comida. A veces cuando nos tocaba dormirnos, solo tortilla con sal y un vasito de avena
y a dormirse ha dicho”. (Meyling)
Un día un tío le ofreció a la mamá una casa en el barrio “30 de mayo”. Ella y su familia venían con el deseo
de tener una casa más espaciosa y cómoda, además de una casa que fuera propia, en la que pudieran vivir
ella, sus 3 hermanos, su mamá y su tía.
“[Cuando llegaron]… el barrio era un montarrascal, la casa era bien pequeña, más pequeña de lo que es
ahora. Ahora es más grande. Eran 3 o 4 tijeras sobre la misma casa. Era bastante incómodo, los baldes de
agua se metían debajo de las camas”. (Meyling)
Con el tiempo, en el 2005 se compró otro terreno en este mismo barrio, en el cual vive ahora su mamá. Y en
la casita quedaron ella, sus dos hermanas (Magdalena que hoy tiene 25 y Jessica de 18 años), su hermanito
menor (Joel que ya tiene 8 años) y su tía. Magdalena tiene una enfermedad neurológica severa que no le
permitió asistir a la escuela regular ni le permite trabajar.
Jessica y Meyling, principalmente Meyling, tenían el propósito de ampliar la casa, porque todavía era
bastante incómodo vivir en ella.
“No me sentía como la encargada de la casa, si no que yo me sentía que era como la cabeza de la unión
de el salir hacia adelante(…) Antes dormíamos todos uno sobre otro y otro encima de otro, entonces
pues… Ahora ya no, es diferente”(Meyling)
Meyling considera el “30 de mayo” como un lugar lleno de dificultades, pero como su hogar. Lo considera
propio y muy valioso, y es muy optimista con respecto a su futuro en el mismo.
“Las dificultades son bastantes aquí, pero si vos las sabes llevar… Dicen que Dios manda pruebas y
tropiezos, pero no es para que nosotros caigamos y nos quedemos ahí. Si no que es para que nosotros
sigamos hacia adelante” (Meyling)
Jessica se fue a hacer su vida a Masaya, empezó a trabajar y se casó. Ahora Meyling también se casó, y sigue
trabajando, estudiando y participando en la Iglesia. Ella se encarga de llamar a los jóvenes del barrio a unirse
a la iglesia y las actividades y grupos que organiza, tiene comunicación con barrios vecinos; Villa Cuba,
Milagro de Dios, La Rampla, barrios donde también hay iglesias, y están unidas con la del 30 de Mayo. La
dimensión religiosa es muy importante para la vida de Meyling y evidentemente es determinante en la
forma en que percibe la experiencia junto a Un Techo para mi País.
“El propósito es llevar la palabra de Dios hacia la casa que no conocemos, así como ustedes [UTPMP] le
han llevado bendiciones a personas que no conocen” (Meyling)
La experiencia junto a UTPMP
“Al año de que mi hermana mayor (Magdalena) tuvo su bebé fue que vino el proyecto. A mí me
comunicó doña Salvadora. Y me dijo: Fijate que así y así, y yo le dije < Apúnteme, usted tiene que hacer,
Dios primeramente, un milagro>”.
Y Meyling empezó a trabajar más fuerte, se coordinaba con su hermana, antes de que ella se fuera a
Masaya, para cuidar la casa y los niños y poder traer dinero. A partir de que les avisaron Meyling y Jessica
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continuaron ahorrando el 50% de sus ingresos para pagar la segunda cuota de su futura vivienda digna,
segura y sobre todo; propia.
Meyling recuerda la construcción de la casa como si hubiera sido ayer, lo describe como un proceso que
implico mucho esfuerzo y lindos resultados.
“Todo fue tan lindo, nos comunicamos. Como en
2 días es la construcción de la casa, y estábamos
todos reunidos y nos dijeron: <A ver, necesitamos
piedras>. Y entonces Joelito dijo: <Yo voy a llamar
a mi amigo y vamos a conseguir piedras>. Se
organizó un grupo de 6 o 7 niños que ayudaron, y
entre todos nos ayudamos, y eso fue lindo porque
ya te imaginarás, todos llenos de tierra. A veces
nos salía un pilote demasiado alto, entonces otra
vez a escarbar y enterrar otra vez pues (…) La
casa se logró construir tipo 7, 7:30 de la noche.
Aparte de que fue la última en construirse, digo
yo; en la oscuridad pero bien hecho” (Meyling).
Meyling y Joel con la Cuadrilla durante la
construcción de la vivienda.
Según Sofía Vindas, ella parecía no tener apoyo suficiente de la comunidad, en cuanto a fuerza física, lo cual
indicaba no estar adecuadamente integrada en el barrio. Nosotras los atribuimos al hecho de que el círculo
social de Meyling, a como ella lo expresa, se limita al círculo de influencia de la Iglesia evangélica a la que
pertenece.
“Sentí que Meyling no tenía mucho contacto con la comunidad, sentí que ella percibe ese distanciamiento
con la comunidad, a excepción de tener algunos parientes y amigos, la sentí sola y preocupada por
nosotros por no poder disponer de más ayuda masculina para construir.”(Sofía, Voluntaria)
Meyling todavía se siente muy agradecida y ha reflexionado mucho en torno a los beneficios que la casa le
ha traído a su vida.
“¡Que bonito! Sinceramente es una ayuda grande la que Dios nos ha dado, porque hay que agradecer
primeramente a Dios, le dije yo, después a tantas personas que cada una de las piezas que están puestas
en esta casa pertenecen a parte de su esfuerzo, entonces más que todo estamos cubiertos por cada uno
de ellos porque ellos fueron los que actuaron con esfuerzo y valor. Porque yo cuando vi que pusieron la
primera pared, yo dije: Ay pobrecitos.” (Meyling)
Meyling valoró la ayuda de los jóvenes que le levantaron su casa. Y nos comentó que a pesar de no saber ni
de dónde venían ni dónde vivían los voluntarios, ella sentía que los conocía desde hacía años. Además es de
suma importancia señalar cómo nota ella la intención de Un Techo para mi País de involucrar
significativamente a los jóvenes universitarios a la realidad que se vive en los barrios más pobres de nuestro
país.
“todos comíamos juntos, platicábamos cosas lindas que nos hicieron abrir nuestros propios
entendimientos. Probaron mi mano en la cocina, y ellos decían <¡Ay! Que bien cocina>. Fue algo bien
bonito. Yo sentía que eran personas de confianza, aparte que no las conocía. Ya después en visitas que
hemos tenido, hemos venido conociendo bastante de cada uno de ellos, he hablado con algunos de ellos
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a través del teléfono. Ellos siguen haciendo obras más adelante y siguen hacia adelante. Y eso es bonito
porque nadie dice: <Ya hice esto y ahora ya no lo voy a hacer>, sino que ellos dicen: <Vamos a seguir
adelante>” (Meyling)
Meyling considera tener una buena comunicación con Un Techo para mi País. Dice que ha hablado de cosas
bastante importantes que no sabía. Se ha dado cuenta de lo tanto que hace el programa y lo importante que
es.
“[…] Y me siento apreciada. Yo no me he llevado nunca mal con ellos y siempre que hablamos, hablamos
cosas lindas. Para ellos mi puerta siempre está abierta, y cuando ellos no tengan donde dormir, aquí tan
siquiera al suelo, que se acuesten ahí, y si se puede pues tan siquiera la tasita de café en la mañana como
dice mi mamá. Siempre estará abierta mi puerta para cada uno de los que venga”(Meyling)
Los cambios…
Meyling dice percibir claramente los cambios que la construcción de la vivienda de emergencia trajo a su
vida. Uno de los cambios que identificamos es que ésta le permitió valorar, mantener y mejorar su
capacidad de administración financiera.
“Cuando nosotros llegamos al segundo pago de la vivienda de emergencia, nosotros nos seguíamos
turnando pero ya no día a día, si no la semana completa. Ella [Jessica] trabajaba una semana en Masaya
y otra semana se quedaba aquí. Entonces la semana que ella lograba quedarse aquí, ella se quedaba en
el tramo y lo que ella ganaba en el día a día, ella lo mandaba para acá semanalmente. Porque el esposo
de ella ya estando ahí en Masaya, le daba dinero a ella.” (Meyling)
Lo que Jessica mandaba, se ahorraba. Lo que Meyling trabajaba para la semana siguiente se iba todo para la
casa y la comida. Ahí es donde el dinero se logra recoger en el promedio del mes. El dinero que actualmente
se ahorra, con el mismo método va destinado a comprar cemento y piedras para ampliar la vivienda y
hacerla de “minifalda”, en lugar de destinarlo a comprar láminas nuevas de zinc para reemplazar las viejas
que antes componían la casita.
Uno de los cambios más relevantes que Meyling reconoce es que la construcción de la casa y sobre todo la
experiencia de haber convivido con jóvenes estudiantes, motivaron a Joel a continuar con sus estudios, los
cuales había abandonado.
“Joel tuvo un año que estudió, y luego salió. Joel decía que no quería ir pero yo le dije <Tenés que
estudiar. ¿Qué querés ser cuando crezcas?> Y él me dijo que quería construir casas como la Laura
(voluntaria de Un Techo para mi País). Entonces yo le dije que para eso tenía que estudiar Ingeniería
Civil” (Meyling)
Joel ve distante un futuro profesional como el que su hermana le aconseja, pero Meyling lo ha animado a
lograrlo, y ahora él dice: “Yo sí puedo”. Por otro lado, Meyling también tuvo que interrumpir sus estudios
por 3 años cuando su familia estuvo en la etapa de andar alquilando de cuarto en cuarto. Ahora la posesión
de una vivienda, le brinda la estabilidad que necesita para poder darle continuidad a sus estudios.
Meyling siente que la casa le ha brindado comodidad. Ya no son las 4 tijeras y los baldes debajo de las
camas. También ella valora la presentación de su hogar. Consideramos este factor como uno muy
importante en la mejora de la autoestima de Meyling y de toda su familia, la cual es clave en el proceso de
trazo de nuevas metas y expectativas a futuro.
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“Ahora pueden venir mis amigos, se pueden sentar cómodos adentro o donde ellos quieran, hay
comodidad. La casa no da mal aspecto, es representativa y aparte de eso tiene una historia fabulosa”.
(Meyling)
Ella destaca la seguridad que le brinda la casa, comparándola con las condiciones de su anterior vivienda.
Nos comenta mientras sonríe:
“La casa me ha dado seguridad porque antes vos sabes que una lámina te la jalan rápido, te despegan los
clavos y vos ni cuenta te das. En la madera, son 4 reglones los que están por dentro. ¿Esa cuándo la
despegan?” (Meyling)
Otro de los cambios que percibe es el mejoramiento de la higiene y la limpieza del hogar.
“Antes vos sabes que la casa era de lámina y se llenaba bastante de polvo las paredes. Ahora la casa de
noche es fresca por dentro. Cuando el piso esta polvoso se le puede dar una mojadita y se siente cómodo.
La mayoría del tiempo pasa seco y sin polvo. Hay bastante higiene, ya no hay polvo en las paredes. Antes
las láminas estaban llenas de polvo y uno cuando sacude se cae el polvo abajo, y hay que estar
sacudiendo la cama y lavando la ropa. Y ya no hay ese problema” (Meyling)
Viendo hacia adelante…
Meyling es una mujer llena de fe y esperanza, lo cual consideramos admirable, sobre todo para una persona
inmersa en un sector donde se materializan las injusticias de nuestra sociedad. La intervención de Un Techo
para mi País nos parece haber exacerbado su optimismo y su esperanza. Su mejora habitacional parece
haberle confirmado los beneficios del esfuerzo, el trabajo duro y sobre todo, la fe y la esperanza.
“Me he dado cuenta que hay formas diferentes de vivir, y la forma en que ahora vivo es mejor. Antes vivía
en un poquito de tormento (...) Vivía soñando con una nueva esperanza, y ahora que miro la esperanza
pues, todo es diferente, porque hay palabras pero no hallo como expresarlas. Son cosas tan
emocionantes que uno pasa (…) Me costó bastante para ver la realidad, pero ésta es la realidad. No me di
cuenta cómo pasó tan rápido el tiempo, que cuando miré yo dije: es cierto, ésta es mi realidad. Me costó
bastante comprender que este tipo de cosas pasan”. (Meyling)
Meyling ha logrado, con ayuda de su optimismo y apego a valores morales y cristianos, desarrollar un gran
sentido de superación.
“No han habido cambios dentro de la casa. Planes, si. Aunque las cosas se vean pequeñas, la visión tiene
que ser grande porque ahorita estas estudiando, es algo pequeño, pero vos tenes que pensar más allá…
Más allá de lo que sos ahorita. Entonces ese es el plan; ver más allá, no solamente la casa. Ver más allá
de la casa.” (Meyling)
Lo que su hermana y ella trabajaron considera que fue un esfuerzo bastante grande, pero valió la pena,
ahora siente que Joel tendrá muchas más oportunidades:
“…Joelito está estudiando y eso significa que hay superación en él. Y hay superación en todas las
hermanas también. Porque mi hermana Magdalena, aparte de ser la mayor y tener ese problema que
tiene, tomó un programa gubernamental llamado Todos con voz. Ese programa le ofreció un programa
que le ayudó a leer y a escribir, ella salió beneficiada porque mi papá fue un militar caído. Son
bendiciones que nadie se las espera” (Meyling)
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Es interesante darnos cuenta que su deseo de superación, a como ella misma lo reconoce, surgió en
momentos de extrema necesidad e incomodidad, cuando vivían de cuarto en cuarto en el Rubén Darío, y no
al momento de la construcción de la vivienda.
“Y nosotros decíamos: ¿Hasta cuándo vamos a dejar de alquilar cuarto? Cuando nosotros llegamos al
Rubén Darío, nosotros dijimos <Ya no queremos seguir así, ya no queremos vivir así>. Mi hermana me
decía: <Yo quiero una casa donde me tape el sol, porque el sol son los problemas. Yo le decía <Yo quiero
una casa donde se respire el aire, porque yo no podía respirar de tanta presión porque yo veía a mi madre
afanada tratando de lograr algo y nunca salía, y nunca pudo. Y yo decía: Ay Dios, ¿Que será? ¿Por qué?”
(Meyling)
Sin embargo, este deseo de superación fue intensificado al momento de ser asignada como beneficiaria y
vivir todo el proceso de la primera etapa de intervención de la organización. Al darse cuenta que su esfuerzo
sirvió para poder pagar las cuotas de una vivienda más grande, sus expectativas habitacionales se
incrementaron, y decidió seguir trabajando para poder ponerle cemento.
Este estilo cognitivo le permitió a Meyling sentirse motivada a trabajar duro por sacar adelante a su familia.
Su esfuerzo y dedicación nos parecen admirables, así como su optimismo. Meyling piensa que este barrio va
a mejorar y va salir adelante y van a haber muchos cambios. “Todo esto va a cambiar”.
Ella les ha dicho a los que le preguntan: “Vos sí podes comprar una casa y podes hacer que este barrio
crezca. Y entre más vaya creciendo el barrio, más beneficios van a venir. Ahorita está la casa así, después la
vamos a armar grande. Este barrio va a crecer, va a haber una mejor luz, las calles se van a componer, va a
entrar una tubería porque va a entrar. Hay que ser positivo. Hay que ver siempre hacia adelante, no hacia
atrás.”
Ella cree en el cambio, y a pesar de no palparlo a como le gustaría, no pierde las esperanzas de su llegada. Al
preguntarle a Meyling sobre su vida en 3 años, comprobamos la capacidad de resiliencia que Meyling tiene
ante todos los factores estresores que un asentamiento como el 30 de mayo le brindan a su diario vivir.
“Yo miro mi casa más grande, ya construida así como yo la quiero. Ya me miro en la universidad, saliendo
noche, tal vez saliendo noche. Tal vez mejore la forma de trabajar, yendo a la iglesia como siempre. Tal
vez la iglesia va a estar más grande, mejorada. Me imagino mejor a la gente aquí en el barrio, hay
bastantes tropiezos pero yo sé que va a mejorar el barrio”.
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DOÑA ROSA
Pencona de tiempo completo…
En el asentamiento 30 de mayo a Doña Rosa Argentina la conocen como Minga porque dicen que se parece
a una hermana de su papá que se llamaba así. Tal vez es una forma de diferenciarla de tantas rosas que hay
en su familia: su hija Rosa y dos de sus nietas que son gemelas: Rosa Iris y Rosa Argentina.
Para nosotras, ella es Doña Rosa, la dueña de la primera casa que se termino de construir en las primeras
construcciones de Un Techo para mi País-Nicaragua (diciembre del 2008).
Doña Rosa es una mujer alta, morena, de aproximadamente unos 45 años. Es importante destacar que es
una señora muy expresiva y que eso, sumado a su apertura y amabilidad, volvió la entrevista una
conversación muy amena y enriquecedora. Durante la entrevista menciona a Dios en repetidas ocasiones,
no sé si por costumbre o porque es una católica practicante.
Fernando Guzmán, voluntario que cumplió el rol de Jefe de cuadrilla en dicha construcción la describe como
una mujer “pencona”, y realmente eso ha demostrado ser: una mujer trabajadora, esforzada y que a pesar
de su situación económica y las dificultades que se han presentado en su vida no deja de sonreír, soñar y
luchar por un futuro mejor para ella y su familia.
Su núcleo familiar está compuesta por 9 personas. Su hija mayor, la Rosa, tiene 8 meses de embarazo de su
cuarto hijo y es madre soltera de las gemelas (6 años) y otro niño mayor, Axel (8 años). Tienen otra hija de
19 años, Margina, que es madre de una niña de un año y medio, Anyoli Carolina, y un niño de cuatro años,
Byron. Además doña Rosa tiene un hijo varón, Gustavo, que acaba de cumplir los 16 años.
Hace más de 9 años Doña Rosa y sus tres hijos vivían en lo que describe como un cuarto chiquito e
incomodo en el patio de la casa de su mamá en el Barrio Salomón Moreno. En dicho barrio ella oyó el rumor
de que había gente que se estaban tomando terrenos en un nuevo lugar que llamaban el 30 de mayo.
“Entonces vine y agarre mi lotecito… aquí eran unos grandes montarrascales, terrible, y vagancia, pandilleros
y todo...” recuerda Doña Rosa. Hoy el asentamiento ha ido mejorando e irse a algún otro lugar y comenzar
de nuevo no lo considera una posibilidad.
Desde que se instalo en el asentamiento había vivido en una champa con piso de tierra y sin divisiones, en
un espacio demasiado pequeño para su familia que empezó siendo de cuatro personas y que con los años
fue creciendo por los y las nietas.
“Mi casa era de zinc viejo arriba, de zinc bastante maltratadito al lado, no tenía cuarto, era uno sólo y ahí
nos acomodábamos todos con tijeritas… las sacábamos en el día para arreglar, barrer, limpiar, y así era
la forma en que vivíamos…” (Doña Rosa)
Doña Rosa se dedicaba a lavar y planchar ropa, además de que los martes vendía rifas con la lotería. Con
frecuencia tenía que estar fuera de su casa desde las cinco de la mañana hasta las siete de la noche para
poder conseguir el dinero suficiente para mantener su hogar. Ella era la única que trabajaba ya que su hija
mayor se había ido de la casa y había abandonado a las gemelitas y a Axel; mientras que su hija menor se
quedaba cuidando a todos los niños mientras ella no estaba.
Sonriendo y con el martillo en mano…
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Un Techo para mi País llegó a detectar un sector del asentamiento, doña Rosa no entendía bien de que se
trataba pero cuando llegaron a su casa a encuestarla comprendió un poco mejor. En un primer momento se
asignó la vivienda a 5 familias, dentro de las cuales no estaba la de ella. Nos comenta que se sintió muy
triste porque realmente necesitaba la vivienda, habló con “los muchachos” y le dijeron que no se
preocupara, que en el futuro iban a seguir trabajando con el asentamiento. Doña Rosa siguió asistiendo a las
reuniones e incluso en un momento los acompaño al Colegio Filemón Rivera para ayudarles a que les
prestaran la escuela, después de todo “me saliera o no me saliera la casa ellos necesitaban donde quedarse”
me comenta.
Luego, los encargados tuvieron que desasignar a una familia ya que la jefa del hogar no quiso la vivienda
porque decía que su familia era muy grande y no le interesaba. Entonces, Javiera Serani, que en ese
momento era la directora e implementadora social de UTPMP-Nicaragua y que ya conocía el caso de Doña
Rosa, la llamó y por teléfono le comunico que había sido asignada. Aunque obviamente la decisión se tomo
en base a parámetros de selección que establece la organización tomando en cuenta que su situación
habitacional era realmente urgente, es importante destacar su insistencia y perseverancia. Doña Rosa
describe el momento en que la Javi le avisa con una expresión muy particular: “apenas me dijo yo me arme
de alegría”.
Aproximadamente un mes después de la noticia, un sábado 20 de diciembre por la mañana llegaron a su
casa 12 jóvenes cargando herramientas y pilotes, ellos y ellas conformaban la cuadrilla que en dos días
construirían la que ahora es su casa. Fernando nos comenta que durante las construcciones doña Rosa los
atendió a todos como si fuesen sus hijos, muy atenta les compraba tortillas con cuajada y gaseosas con el
dinero que no tenía.
Doña Rosa y los niños aun se acuerda de muchos de los nombres y el vínculo que se creó entre ellos ante
una experiencia de alto impacto físico y emocional es muy fuerte. Al preguntarle por algún momento
significativo, nos comentó que desde el primer instante que ellos entraron todo fue significativo, desde que
vaciaron los materiales hasta cuando inauguraron.
“Esas personas, y no solo ellos pues, porque le
doy gracias a Dios, de que ellos y todos los
muchachos que construyeron en este barrio las
otras casitas, pues han tenido bastante amistad
conmigo y después de que construyeron mi
casa, ellos me han seguido visitando, es mas
han venido hasta celebrar sus cumpleaños aquí,
Rizito vino a celebrar su cumpleaños aquí… la
verdad es que me han dado un apoyo aquí
bastante, como si fuéramos como familia,
porque siempre se acuerdan de mí y yo me
acuerdo de ellos….” (Doña Rosa)
Abril 2010, piñata del cumpleaños No. 6 de las gemelas. Doña
Rosa y su nieta Carolina con los voluntarios que fueron los Jefes
de Cuadrilla durante la construcción: Fernando y Rosa María.
La experiencia fue muy diferente a lo que Doña
Rosa esperaba. Compartir con jóvenes que han tenido la oportunidad de ir a la universidad (algo que
históricamente ha sido exclusivo para personas de clase media y alta) y darse cuenta que ellos, sin esperar
nada a cambio, estaban dispuestos a trabajar en conjunto con su familia para levantar su vivienda cambió
significativamente la imagen que ella tenía de la juventud universitaria.
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“Yo no conocía mucho a los muchachos así pues, estee... estudiados, uno los ve todos delicaditos, me
parece que los muchachos son así como, como orgullosos, creídos así, pero no… ellos son guerrilleros…”
(Doña Rosa)
Doña Rosa comenta que los muchachos trabajaron mucho, orgullosa afirma que fueron los primeros en
terminar a pesar de que el terrenito estaba bien desnivelado y que para ellos era la primera vez que
construían. Fernando nos comenta que durante la construcción la participación de la familia fue muy activa.
Gustavo, hijo menor de Doña Rosa, participo todo el tiempo en la construcción mientras que las gemelitas
pasaron siendo mimadas por la cuadrilla que estaba cautivada por su dulzura. También fue muy importante
la ayuda de varios vecinos que se acercaron a aportar, hecho que demuestran que doña Rosa es una
persona muy querida y valorada en el asentamiento.
“Ella misma tomaba la pala y comenzaba a mostrar el deseo de ver finalizado el trabajo, esta actitud nos
dio fortalezas constantes, esas ganas que exteriorizaba con su sonrisa permanente y con el martillo en la
mano nos mostró la esencia de lo que estábamos haciendo en ese mismo instante.” (Fernando Guzmán,
voluntario)
La experiencia de la construcción fue algo que marco tanto a las y los voluntarios, como a Doña Rosa.
Cuando le preguntamos de forma general sobre la experiencia ella describe:
“… me siento como que fuera parte de mí, yo me siento bien con mi casa, me siento feliz de haberlos
conocido, y es una experiencia que no podría describirla pues y una felicidad desde que me dijeron por
teléfono, mire usted va, es una felicidad que ya llevo un año y pico de tener mi casita y es la mejor de
todititas, hasta que las que están haciendo nuevas, porque para mí, mi casita es la mejor.”
La vivienda construida puede verse como un simple bien material, pero para Doña Rosa esas cuatro paredes
significan trabajo en conjunto, esfuerzo y superación. Sin dejar de reconocer el aporte de la organización, es
realmente interesante ver que con algo tan simple, y hasta cuestionado, como el cobro de una cuota del
10% (C$2600) del valor real de la vivienda a la Familia se convierte en un factor determinante para la
valoración de la vivienda a partir del esfuerzo que implica. Doña Rosa nos comento en la entrevista mientras
sonreía con orgullo:
“es un logro que yo hice, pues con ayuda de la organización de Un Techo para mi País (…) Para ese
entonces mi esposo me abandonó, tuve problema con mis hijos también, yo quede solita con estas
chiquitas y yo me iba a buscar lavado y planchado, yo me lavaba hasta 13 o 14 docenas de ropa diario
para recoger para la comida y para pagar mi casita, me tocaban las promociones de un nietecito y de mi
hijo de sexto grado que tenía que pagar y todo… entonces en ese tiempito yo me hice lavando y
planchando, y fue algo bien duro, pero lo logré, yo lo logré..” (Doña Rosa)
Los cambios…
Por su significado simbólico y material, la construcción de la vivienda de Doña Rosa es un punto de partida a
algunos cambios en diferentes aspectos de la vida de la familia. Doña Rosa nos comenta que ella sintió
cambios de forma inmediata, desde el 21 de diciembre que se paso. Uno de los cambios más significativos es
en relación al hacinamiento; un día antes de la construcción dormían en una sola habitación 8 personas.
Hoy, con los materiales de la anterior vivienda Gustavo y Margina tienen su cuarto aparte; Rosa y sus tres
hijos viven en el terreno de al lado en otra vivienda que fue asignada y construida por UTPMP en noviembre
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del año pasado; y la vivienda de Doña Rosa es prácticamente para ella sola y los 2 hijos de la Margina que
por razones de comodidad duermen con ella.
“ahora yo tengo una casita, verdad, ya no tengo la chosita de Zinc que tenía antes, ahora tengo una
casita de madera con su cuarto y su salita, y la otra viejita la he hecho otro cuarto…” (Doña Rosa)
Fernando nos comenta que durante la construcción el noto que
los niños pasaban descalzos en el piso de tierra de la casa y por lo
tanto se mantenían muy sucios, propensos a diferentes
enfermedades. En la actualidad, en todas nuestras visitas postconstrucción hemos notado que los niños andan más limpios y
con zapatos.
“Los niños se sentaban a comer en el piso, en el suelo, ahora
no, ahora los chavalitos vienen, ya les barro y hasta se
acuestan en el piso de madera ya limpito, para ver televisión…”
(Doña Rosa)
Otro aspecto que doña Rosa nota es que ahora siente un poco
más de seguridad debido a que la vivienda es más cerrada y la
puede enllavar. También es importante destacar la seguridad que
implica no sentirse vulnerable ante el frío y la lluvia:
“Ahora si llueve que pase todo el día y toda la noche lloviendo
Las gemelas: Tina e Iris durante la
si quiere porque no se me pasa el agua… antes se me pasaba por abajo y por arriba.” (Doña Rosa)
construcción de la vivienda
A partir de la construcción, doña Rosa ha podido invertir en su hogar; la vivienda está ahora barnizada, con
una división en medio que separa su cuarto de su sala y con un “bajaretito” en la parte de enfrente de la
vivienda. Además, luego de su primera experiencia de ahorro con las cuotas de la casa, se ha dado cuenta
de su capacidad de ir ahorrando para comprar lo que necesite; en menos de un año y medio, y con
prácticamente el mismo salario, ya compro una refrigeradora, una cocina de gas, el mueble del televisor, un
dvd y un mueble con espejo que es su nueva adquisición.
“Fue la primera vez que ahorraba tanto dinero. Si, y me tocó duro porque usted sabe que eso lo tenía que
pagar en poco tiempo mientras que ahora ahí voy alzando. Ahorita quiero echar un murito ahí y ando en
mi mente que voy a comprar cantera.” (Doña Rosa)
Doña Rosa ahora ya no trabaja lavando y planchando por razones de salud, ahora trabaja vendiendo carne
que compra en el carnil y que lleva a pesar y vende en su casa. Además ella –con sus palabras- “se las
rebusca”: los martes continúa vendiendo rifas, si recoge algún dinero vende ropa que le encargan y como
ahora tiene refrigeradora vende helados, hielo y chicha para complementar sus actividades económicas.
Antes los niños estaban más pequeños y no estaban asistiendo a la escuela. Axel ya había estado en
preescolar pero por problemas del colegio lo habían sacado. Ya hace un año Axel entró y ahorita está en
primer grado. Las gemelas entraron este año a Preescolar y Byron, a temprana edad, ya entro también al
colegio. La vivienda no tiene mucho que ver con este hecho pero el seguimiento de las y los voluntarios ha
esta familia pudo haber tenido un impacto significativo:
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“Con los muchachos que me construyeron he tenido bastante comunicación con ellos, y ellos vienen y les
inyectan que tienen que ir al colegio, es más les ayudaron, aunque sea con alguito para ahorita meter a
las niñas al colegio… ese Pitufo me les trajo un uniformito a cada una, me les trajo media docenita de
cuadernos y el vive preguntando si están hiendo a colegio, está pendiente. La otra muchacha, la Ana
Lucía, las visita, les mira las tareas…” (Doña Rosa)
Los sueños y las esperanzas de superación…
Ante una situación de pobreza arrastrada por generaciones, un sistema económico que no le interesa que
esto cambie, un Estado que no cumple con muchas de sus responsabilidades y una Sociedad que se ciega
con la impotencia; la superación de la extrema pobreza, especialmente para los sujetos, no es visto como
una posibilidad. La pobreza suele ser cíclica porque las mismas condiciones donde uno nace y vive
generalmente limitan tus horizontes.
- “¿Cómo se ve usted en 5 años?”- le pregunto a Doña Rosa ya casi concluyendo la entrevista
-“En 5 años (sonríe)… teniendo una casa la mitad de concreto, primero mi muro y después hare mi casa,
aunque sea la mitad de piedra y arriba de madera.”- me contesta rápidamente.
-“¿Vos crees que hace dos años te podías ver cómo te ves ahorita o como pensás verte en 5 años?”
-“Hace dos años no” – y se queda pensando en silencio.
Doña Rosa se describe como una persona que siempre ha tenido sueños de superarse, sin embargo hace dos
años no se imaginaba que podía lograr lo que ahora ve como posible. La situación sigue siendo difícil, pero
hace dos años todo era más incierto, ahora Doña Rosa se encuentra muy positiva de que sus hijas van a
trabajar y responsabilizarse de sus hijos:
“la otra niña ya empezó a trabajar de limpieza y ya ella mira por sus otros dos niños, eso ya va
aminorando lo que yo gasto y me permite que yo lo pueda invertir en otras cositas…” (Doña Rosa)
Así mismo, reconoce que los voluntarios han tenido influencia en ella, valora muchas cosas tan simples
como las pláticas cuando la visitan y siente que en varias ocasiones ellos la han animado a seguir adelante.
“cuando hice el bajaretito y cuando no me miraron dicen: “mira, esa doña Rosa que bonito lo que le
hizo”… Entonces como que le dan uno como más ganas de seguir.” (Doña Rosa)
Doña Rosa es una mujer ejemplar y la esperanza que proyecta en relación a construir un futuro mejor para
sus nietos es impresionante. Definitivamente ella no representa, ni representó antes de la construcción de la
vivienda, el tipificado caso de la mujer pobre y resignada ante su situación. Fernando lo describe de una
forma que consideramos muy acertada y que expresa el sentido de Un Techo para mi País:
“Lo que realmente hicimos fue potenciar esa capacidad y esa voluntad que ella ya tenía incluso antes de
nuestra llegada” (Fernando Guzmán, voluntario)
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PERCEPCIONES EN COMÚN
¿Simples cuatro paredes?
“Cuatro paredes de madera de pino que rodean 18 metros cuadrados, 2 ventanas, una puerta y un techo de
zinc de dos agua” sería la forma objetiva que algún arquitecto utilizaría para describir la vivienda de
emergencia. “Una solución habitacional inmediata ante un problema urgente” diríamos nosotras como
parte del discurso de la institución. “Una vivienda que ni siquiera mide lo que según las leyes nicaragüenses
se puede clasificar como vivienda social” sería una crítica valida de quien no entiende el propósito del
modelo de intervención.
En esta investigación no nos interesan esas definiciones, lo que indagamos e intentamos transmitir es cuál
es el significado que dos de la familias junto a las que hemos trabajado atribuyen a su vivienda y a la
experiencia del trabajo en conjunto con Un Techo para mi País. Ese “cuarto de 18 metros cuadrados” es la
casa de la Meyling y Doña Rosa, cada parte de esa vivienda tiene una historia que incluye esfuerzo, trabajo
en conjunto, oportunidades y esperanza.
Para Meyling, desde su cosmovisión cristiana, la vivienda es una retribución de Dios a todo su esfuerzo. Las
creencias religiosas, en diferentes magnitudes, estuvieron presente a lo largo de las entrevistas. Dios y las
prácticas religiosas son elementos importantes en la vida cotidiana y en el lenguaje de ambas. Esto se vuelve
relevante en nuestra investigación cuando la influencia de este aspecto de su vida, particularmente en el
caso de Meyling, influye en las percepciones que ella tiene sobre la experiencia del trabajo en conjunto con
Un Techo para mi País y el significado de la intervención.
Meyling también valora la vivienda como la materialización de una experiencia que ella considera
significativa: la construcción. Ella ve el esfuerzo que su hermana y ella tuvieron que hacer para poder pagar
las cuotas de la vivienda como una oportunidad para trabajar unidas como familia y aprender a apreciar el
trabajo conjunto por un mismo fin. Lo más importante que logramos identificar de cómo ella percibe su
nueva casa es que esas cuatro paredes simbolizan principalmente un lugar que le brinda a su hermano Joel
la estabilidad habitacional que ella no pudo tener.
Por otro lado, a pesar de la influencia de la religión en las expresiones de Doña Rosa, la vida le ha enseñado
que no basta rezar y que la vivienda es y significa para ella un logro personal como resultado de su esfuerzo
por pagarla y convertirla en lo que es ahora: su hogar. La mediagua (como se le llama, por cariño a la
vivienda en Chile) es también un elemento importante para la vida de Doña Rosa que marcó el inicio de una
relación estrecha con jóvenes que hoy consideran su familia y que le da animo de seguir luchando por
cumplir sueños para ella y su familia.
Los cambios percibidos por ambas…
La experiencia del trabajo en conjunto con Un Techo para mi País concretizada en la vivienda de ambas
familias en estudio produjo diferentes cambios que han sido identificados e interiorizados por las dos jefas
de Familia.
La vivienda, como bien físico, ha aportado y producido cambios positivos en la vida cotidiana de Meyling y
Doña Rosa. Ambas percibieron cambios con relación a la seguridad, Doña Rosa destaca la cualidad que tiene
la vivienda de emergencia para proteger a la familia. Menciona que ahora puede ponerle llave a la puerta y
que el cambio más significativo en relación a la seguridad es que ahora la vivienda la protege a ella y a su
familia ante las lluvias. Por otro lado, Meyling nos comenta que su casa anterior hubiera sido muy fácil de
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arrancar, y vulnerable ante las malas intenciones de alguien. Y ahora la vivienda es segura, restándole
preocupaciones.
Durante la entrevista se menciona también la mejora higiénica de la familia, por el piso que ya no es de
tierra. Además la madera hace más difícil que entre el polvo a ensuciar el interior de la casa, y esto es
valorado sobre todo por las entrevistadas, que velan por la limpieza de sus hogares. Es importante destacar
que al mantenerse el lugar donde viven más limpios las familias viven en condiciones más saludables.
En ese aspecto los cambios más notorios es que los niños de donde Doña Rosa ahora se ven más limpios y
con sus zapatos. De la misma forma, Meyling valora el poder limpiar el piso de su casa sin sentir que de
todas formas quede sucio por el polvo que ingresaba antes a la casa a través de las maltrechas láminas de
zinc.
La vivienda también provocó cambios en la dinámica familiar ya que las protagonistas de ambos casos dan
mucha importancia a la comodidad que una vivienda de madera significa. Doña Rosa menciona la
comodidad de ahora tener su espacio, Gustavo y Margina tienen su cuarto aparte. Y su hija Rosa vive en la
casa de al lado con sus dos hijitas. Es interesante ver como un elemento meramente estructural lleva a una
jefa de hogar a darse cuenta de lo importante que es el espacio personal para la correcta funcionalidad de la
familia. Doña Rosa incluso hizo una división dentro de su casa, y cabe mencionar que es la única beneficiada
que hasta ahora lo ha hecho con playwood.
El tamaño de la vivienda es mayor que la anterior, lo cual permite tener un mayor espacio de interacción
familiar, además en el caso de doña Rosa la división de las habitaciones suprimió de cierta forma el
elemento de hacinamiento e intrusión a la privacidad ajena, sobre todo a la hora de dormir.
Meyling compara la situación de las 3 o 4 tijeras amontonadas en las que antes dormían y los baldes de agua
que ponían debajo de estas, con su situación habitacional más cómoda de hoy en día, que a su vez le ha
incrementado la autoestima, factor elemental para el mantenimiento de su estilo cognitivo de esfuerzo y
superación.
Existen algunos cambios, que incluso se pueden considerar más significativos, que no están relacionados
directamente con la vivienda como bien material, sino con el método de intervención que desarrolla la
institución. La experiencia por sí misma, y especialmente el trabajo en conjunto con las y los voluntarios
universitarios que ella implicó, tienen un papel determinante en relación a la asistencia escolar de los niños
y niñas de ambas familias.
Las condiciones socioeconómicas de las familias junto a quienes trabajamos tienden a limitar que los niños y
niñas asistan al colegio, ya que aunque los colegios públicos son gratuitos existen varios gastos previos y
durante el periodo escolar que son muy difíciles de cubrir por familias que viven en situación de pobreza.
Por lo tanto, tomando en cuenta dichas dificultades, es determinante para que ingresen y continúen en la
escuela que los padres valoren la educación como prioridad y que los niños tengan un fomento constante de
asistencia y rendimiento escolar.
Luego de la experiencia de la construcción, Meyling nos cuenta que ahora Joel se siente motivado por
estudiar debido a que tiene como ejemplo a algunas de las voluntarias que conoció durante la construcción
y seguir con sus estudios de primaria es un paso para, al igual que ellas, llegar a la universidad y cumplir con
su sueño de “construir casas”.
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De igual forma, según Doña Rosa, el seguimiento a su familia de parte de la cuadrilla que construyó junto a
ella hace más de un año ha jugado un papel importante para que Axel vuelva a estudiar y las gemelas
ingresen por primera vez a un centro educativo. Para que esto suceda ha tenido importancia las constantes
visitas a la familia, la ayuda material para el ingreso al colegio, las pláticas que fomentan la importancia de
estudiar, el seguimiento y preocupación constante en relación al tema de parte de muchos de las y los
voluntarios de la organización que tienen un fuerte vínculo afectivo con dicha familia.
Por otro lado, la vivienda como bien material también puede tener impactos positivos en la asistencia
escolar. Por ejemplo, la Meyling había dejado de estudiar por la inestabilidad en su hogar y desde el año
pasado que ya tiene su casa volvió a estudiar y ya está en cuarto año de secundaria.
Otro aspecto además de la educación que se ve influenciado por la estrategia de intervención de la
organización es la cultura del ahorro. Este es un tema que con poca frecuencia se reconoce por quienes
trabajamos en la organización, que aunque lo hemos escuchado en ciertas ocasiones, es un hallazgo
importante en esta investigación darnos cuenta la relevancia que puede llegar a tener para las familias.
En el caso de Meyling, su capacidad de ahorro ha mejorado debido a que ya no tiene que gastar o “invertir”
en ir reparando las láminas viejas de zinc que se fregaban de su vieja casa, es entonces evidente que en su
caso el ahorro es más frecuente por la vivienda que se construyo como bien material. Ahora, ante la
gratificación y seguridad que una vivienda de madera le brinda, se dio cuenta de que su hogar puede ser
todavía más seguro y definitivo, brindándole esto la motivación necesaria para destinar ahora sus ahorros a
la compra de materiales para añadir una parte de concreto a su casa.
Sin embargo, el caso de Doña Rosa es diferente, la vivienda como bien material no le ha brindado mayor
capacidad de ahorro ya que antes no invertía en su casa vieja. El impacto, consideramos, ha sido aún mayor
porque estimulada por la modalidad de intervención de Un Techo para mi País que exige la contribución del
10% del costo real de la casa a la familia, se dio cuenta de su capacidad de ahorro. A partir de eso se ha
vuelto una costumbre de su vida cotidiana permitiéndole la consecuente adquisición de bienes que ella
considera necesarios. El ahorro en el caso de doña Rosa también ha permitido diversificar y complementar
sus actividades económicas como una estrategia para tener mayores ingresos
Los horizontes…
Vivir en un asentamiento como el 30 de mayo evidentemente limita las oportunidades de sus habitantes. Es
difícil pensar que es posible salir de la situación de pobreza cuando existen condiciones estructurales que
limitan tus posibilidades. Lo generalizado al nacer y crecer en dichas condiciones es que tus expectativas
sean bajas y te resignes a reproducir tus condiciones a futuras generaciones.
Meyling y Doña Rosa no caben en ese estereotipo, evidentemente son dos personas positivas cuyos
horizontes son más amplios que los que su asentamiento les propone.
Ambas son luchadoras y trabajadoras y para ellas la experiencia de la intervención de Un Techo para mi País
influyo en aumentar la línea de sus horizontes, sus metas ahora son más grandes y sus expectativas de
lograrlas son esperanzadoras.
En la inauguración de su vivienda Meyling menciono: “Unidos somos unos y podemos lograr grandes cosas”.
La mediagua fue un primer paso en su camino por una vida que le reconozca plenamente su dignidad, un
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techo como respuesta a su necesidad de no estar vulnerable ante el siguiente invierno y definitivamente
esperanza en que con esfuerzo y unidad podemos lograr lo que nos propongamos.
Hoy, ambas no están conformes con su casa de madera, quieren una casa de concreto y están ahorrando y
trabajando para lograrlo. Hoy, a diferencia de antes de la intervención de Un techo para mi País, ese sueño
de la casa permanente y propia es una meta un poco más cercana, y lo más importante es que están
caminando hacía ella. El asentamiento va mejorando y la superación de su condición de pobreza es para
ellas y su familia una posibilidad.
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CONCLUYENDO…
Es importante mencionar que para nosotros los cambios son un poco más evidentes, no así para los sujetos
de investigación, ya que ellas son las que están viviendo el cambio, y entendemos que es difícil tener
consciencia propia de la magnitud del beneficio adquirido. El cambio en este caso es invaluable, pero al ser
algo abstracto, no fue fácilmente verbalizado por las entrevistadas, sino detectado e interpretado por las
investigadoras. Consideramos que al reconstruir su vida cotidiana hace dos años y en la actualidad fue un
ejercicio importante para que ellas fueran identificando los cambios que realmente han vivido a partir de la
intervención de Un Techo para mi País.
Al finalizar este estudio, podemos llegar a la conclusión general de que las jefas de hogar entrevistadas
valoran inmensamente la relación establecida con los jóvenes universitarios voluntarios de Un Techo para
mi País, tanto al momento de construcción de la vivienda, como durante la relación que hasta el día de hoy
han mantenido con ellos. La experiencia por si misma ha sido parte importante para algunos cambios que
tanto la Meyling como la Rosa han logrado identificar.
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación es que existen cambios en la forma de pensar y de
proyectarse que son muchas veces más significativos que los cambios materiales. La experiencia de
compartir con los jóvenes y el seguimiento que le han brindado muchas veces contribuye significativamente
a animar a estas familias que se han sentido excluidas por años a seguir luchando por mejor y cumplir sus
metas.
Específicamente, ambos sujetos de estudio perciben cambios ligados al aspecto estructural de la vivienda;
incremento de la seguridad, mejora de la higiene, dando esta a su vez pie al cambio radical en las
costumbres higiénicas familiares, y dinámica familiar, viéndose ésta dotada de funcionalidad ante las
ventajas estructurales y de espacio que la nueva vivienda brindó, además de haber sido esto un factor de
incremento en la autoestima, que se tradujo en motivación para seguirle haciendo mejoras estructurales.
Por otro lado, hay cambios ligados a las expectativas y estrategias de superación de la pobreza. Siendo la
ideación de estas estrategias propias la muestra de la superación de la resignación ante las condiciones en
que nacieron. La interacción con jóvenes estudiantes, el estímulo de parte de ellos, la modalidad de
intervención institucional, la toma de conciencia en cuanto a organización financiera y dinamismo familiar,
son los elementos que han potencializado el cambio en cuanto a expectativas de ambas entrevistadas.
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