MÍSTICA Y ESPIRITUALIDAD EN EL MEDIEVO

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MÍSTICA Y ESPIRITUALIDAD EN EL MEDIEVO
MÍSTICA Y ESPIRITUALIDAD EN EL MEDIEVO. (ciclo de charlas)
1º hacia una nueva comprensión de la edad media; desmontando mitos y tópicos (
charla introductoria)
2º amanecer del Islam y apoteosis del cesaropapismo
3º Hispania, Al Andalus, Sefarad
4º Las cruzadas y sus consecuencias
5º El florecimiento místico del siglo XIV
6º Maestras, monjas, guerreras y poetisas. La mística medieval en femenino
UNA NUEVA COMPRENSIÓN DE LA EDAD MEDIA.
Desmontando mitos y tópicos
-
¿qué es “edad media?
Las historias versus la historia
Edad oscura
Las hordas invasoras
Teocentrismo versus antropocentrismo
La ciencia adormecida
La dictadura de la ortodoxia.
¿QUÉ ES EDAD MEDIA?
Nos hallamos sumidos en la ignorancia; ella es sin duda “signora e padrona” en estos
tiempos de globalización neoliberal, pero el dogmatismo de nuestra época positivista
nos ha hecho caer en la autocomplacencia desde nuestra condición de individuos
liberados de la superstición y el oscurantismo y lo que es más importante, de toda fe en
la trascendencia. Nuestra vida se ha vuelto maravillosamente inmanente y nos
recreamos en una ignorancia grande, espesa y maloliente, formada por toda clase de
detritus culturales importados desde más allá del atlántico, pero eso sí envuelta en
brillantes colores y seductoras apariencias.
Así, sin más conocimiento del tema que las imágenes del cine (cuanto más
siniestras mejor) hacemos visajes con la testa hueca cuando la televisión nos muestra
imágenes de mujeres ajusticiadas por adulterio o cuando en la frontera de Marruecos
con Ceuta los funcionarios se demoran demasiado con nuestros pasaportes: “es que
están en la edad media” sentenciamos como quien constata que en medio de las tinieblas
occidente es una fortaleza de luz.
Ese occidente, ha asesinado al rey, a los cardenales, a la aristocracia y a todo
poder con pretensiones de sacralidad; De hecho, podríamos declarar que ha asesinado al
espíritu en aras de la razón y del mercantilismo a los que ha enaltecido hasta los altares.
Este occidente ha elaborado una historia oficial, la suya, y ha relegado a las demás
como subsidiarias. En los manuales escolares la historia de China, India y Japón queda
despachada como mero apéndice ilustrativo a pesar de que no podríamos entender a
Europa (esa entelequia) sin descubrimientos como la brújula, el papel o la pólvora todos
ellos alumbrados en extremo oriente, solo por citar un ejemplo.
De modo que esta historia oficial occidental y europea se ha convertido en la
medida del tiempo en al que las etapas históricas se suceden sin solución de
continuidad. Si tomamos al pie de la letra la expresión “edad media” tendremos que
concluir que es un largo periodo que ensambla otros periodos más felices y
determinantes para la historia de la humanidad (es otra manía de la historiografía
occidental el tomar el todo por la parte y así, en una clara muestra de su imperialismo
erigirse en historia de la humanidad) y así se la ha dado en llamar “edad oscura” o
“siglos oscuros” a la que va desde el saqueo de Roma por los ostrogodos en 476 DC
hasta la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1.453 poblándola en el
imaginario popular de brutales hordas vikingas, nobles analfabetos poco aficionados a
la higiene, campesinos miserables, clérigos torturadores y en el mejor de los casos del
universo mágico de las leyendas artúricas.
LAS HISTORIAS VERSUS LA HISTORIA.
Sin embargo, la realidad supera siempre los dogmatismos interesados. La gesta de
Marco Polo, aunque con los aderezos exagerados propios de la literatura de viajes, vino
a demostrar que la Europa occidental estaba unida a la ruta de la seda como si fuera su
cordón umbilical y que cuando los tártaros y mongoles hicieron su aparición devastando
reinos y haciendas la economía de las prósperas ciudades se vio seriamente afectada.
Cuando el viajero veneciano visita China esta es un imperio conquistado por el poder
mongol, pero, como tantas veces, el débil conquistado ha capturado al fiero
conquistador y así la corte de Kublai jan ya no cabalgaba por las estepas sino que
habitaba en palacios y desechaba sus vestidos de piel para vestir lujosas sedas. Los
fieros jinetes se vieron así subyugados por el esplendor de una civilización milenaria y
compleja, del mismo modo que el veneciano que admirado ante el refinamiento y los
avances tecnológicos chinos tuvo que pagar con la cárcel por las “herejías” contenidas
en el libro de las maravillas. No podía la cristiandad soportar el sentirse inferior a los
paganos de extremo oriente.
Londres y París en el siglo X no eran más que destartalados villorrios mientras la
Córdoba califal en la misma época, con sus espléndidas bibliotecas, palacios, jardines y
baños públicos era llamada por la monja alemana Rosvitha de Bingen “joya de
occidente”. El mundo islámico se hacía heredero del saber helénico, revitalizado en las
madrazas de una constelación de espléndidas urbes, algunas de ya larga historia como
Damasco y otras de nueva fundación como El Cairo y Bagdad, mientras que en la
Europa occidental el saber quedaba relegado a los monasterios dónde se conservaba,
pero no se difundía.
Estas historias confluyen durante todo el medievo. A veces en el diálogo y la
coexistencia, a veces en el enfrentamiento y la intolerancia. Esta coexistencia hace de
este periodo una época axial sin la que no podemos entender nuestra situación actual. Al
calor del contacto entre el cristianismo y el Islam (casi siempre traumático, esa es la
verdad) surgen en el occidente cristiano nuevas formas de entender, y de relacionarse,
como veremos más adelante inshallah, con lo divino modificando a pesar de la estrecha
vigilancia de la ortodoxia la piedad cristiana, el arte y aún los usos y costumbres. Lo
cierto es que la cábala judía, el sufismo islámico y la “devotio moderna” cristiana
acabarán por emancipar al hombre y la mujer medievales de la férrea tutela de los
pretendidos custodios de la fe, pagando muy a menudo con la persecución y la muerte.
EDAD OSCURA
Para muchos historiadores oficiales, guiados por la desaparición del imperio romano de
occidente y la transformación política que tuvieron lugar como consecuencia o por el
fenómeno milenarista (fragmentación en estados débiles y pequeños que guerrean entre
sí, germanización de la política y la sociedad, vacío de poder, desaparición de la vida
urbana, etc. Estamos ante un periodo particularmente oscuro, lleno de violencia y
opresión. Ya hemos dicho más arriba que, por más que la situación de occidente fuera
caótica, más a oriente Bizancio resplandecía, el Islam florecía y se propagaba con un
empuje raramente aplicable a ningún otro fenómeno histórico, absorbiendo y aún
mejorando el legado del mundo clásico, China, aún en decadencia brillaba con luz
propia y en Japón la literatura cortesana alumbraba a la que es, a mi juicio, la primera
novela moderna “la historia del príncipe Genji” .
Por otra parte, la creatividad humana se sobrepuso a la catástrofe y se
escribieron e ilustraron los bellos Apocalipsis de Liébana de reconocido prestigio en
toda Europa. Carlomagno intentó transformar su corte en un centro de saber y creó la
escuela palatina de Aquisgrán en tanto que iba cobrando forma una rica cultura oral que
será plasmada después en los cantares de gesta. En oriente, el sur del mediterráneo y en
Al Andalus, refulgía el saber, las artes y la espiritualidad mientras que en India florecía
el imperio de Harsha. Esto en cuanto a los primeros siglos.
Si hemos de tomar en consideración la aparición de soberbias figuras en todos
los campos: ( la espiritualidad, las artes, la filosofía), el resurgimiento de las ciudades en
la Europa occidental, las cruzadas como hecho terrible pero transformante, la evolución
de las lenguas vulgares y su devenir en lenguas literarias, los descubrimientos
geográficos, etc. Tendremos que calificar este término de edad oscura como inexacto y
desafortunado.
LAS HORDAS BÁRBARAS.
Apocalipsis total; pueblos salvajes, descontrolados que cabalgan por estepas,
montes y desiertos con la rapidez de los fenómenos metereológicos por más que las
cabalgaduras no puedan transportarse por mar, carezcan de herraduras y estribos y sea
imposible garantizar la alimentación de las tropas en miles de kilómetros de yermo, y
padeciendo climas tan extremos que hasta al hombre moderno, con toda su ciencia le
resultan intolerables.
Las hordas bárbaras como un huracán arrasaron Roma, la capital del mundo
conocido (siempre desde el punto de vista de historiadores occidentales) y en el año 476
el imperio romano quedó definitivamente listo de papeles.
De igual forma, la expansión del Islam avanza cual tormenta del desierto y en
apenas cien años las iglesias del norte de África, auténticas joyas de la cristiandad,
desaparecen enterradas en las arenas holladas por el invasor. Al Andalus, parece ser
conquistado en cuestión de días a pesar de que las embarcaciones de la época distaban
mucho de ser los modernos ferrys que cruzan el estrecho en una hora. Con apenas
medio millar de hombres Tariq abate el “poderoso” y bien centralizado estado godo;
Perdido según la leyenda por la lascivia del rey Roderic hacia la hermosa hija del
gobernador de Tarifa. De manera que Andalucía se acuesta una noche cristiana trinitaria
y se despierta al día siguiente musulmana.
Hasta aquí hemos enunciado de forma un tanto irónica la versión oficial que aún
se sigue enseñando en los colegios. La realidad es bastante más compleja y nuestra
propia actualidad nos alecciona sobre ello porque aunque la historia no tiene porqué
repetirse en una especie de círculo infernal si que responde a patrones similares en todos
los tiempos;
Esta claro, que Europa no es la misma que a principios del siglo XX. El
fenómeno de la inmigración no sólo aporta una fuerza de trabajo, sino también ideas
nuevas y por lo tanto conflicto. De la España bastión espiritual de occidente pasamos
lentamente a ser una sociedad multicultural donde las personas venidas de lejos aportan
formas de vida, tal vez desconcertantes o incluso repulsivas, pero por qué no, también
novedosas y liberadoras; Nuevas formas de relacionarse, de amar, de comunicarse que
ponen en cuestión la validez de ciertas tradiciones emanada de una cosmovisión rígida.
Ante este proceso es sensible no solo la sociedad de acogida sino también el inmigrante
que se ve asimismo cuestionado, seducido, aceptado o rechazado. Aunque en todo la
transformación social es imparable.
Algo similar ocurrió en la Roma de finales del siglo II de la era cristiana. El
aparato imperial, su eficaz burocracia, su imponente máquina de guerra y su
complejidad plurinacional y religiosa pronto se hicieron insostenibles para las espaldas
ciudadanas. Las inmensas fronteras se volvían cada vez más permeables y era más
apropiado e inteligente asimilar a los bárbaros (término despectivo griego que designa a
los extranjeros) que combatirlos; Pronto la administración romana se llenó de germanos,
dacios, britanos, etc. Y las legiones aprovecharon la bravura de los soldados germanos
que pasaban de ser enemigos al cómodo estatuto de aliados. La extranjería llegó a
ocupar las más altas instancias de poder y varios emperadores fueron de origen foráneo,
como Filipo el árabe (244-249), Claudio el gótico (268.270) y el sanguinario
Diocleciano (283-305), estos últimos de origen ilírico (actual Albania). Para el siglo V
la administración del imperio se hizo tan onerosa que se fragmentó en varios reinos
germánicos, cuyos reyes adoptaron, de forma precaria, la cultura romana y el
cristianismo trinitario oficial.
En cuanto al Islam, según las sensatas y bien documentadas tesis de Olagüe (por
otro lado razonablemente silenciadas por la historia oficialista) se expandió más por el
comercio y la comunicación individual de las ideas que por la espada como
tradicionalmente se nos hace creer. Las propias hordas mongolas siglos más tarde,
sucumbieron al esplendor de la cultura islámica si bien antes habían destruido su capital
cultural, Bagdad.
TEOCENTRISMO VERSUS ANTROPOCENTRISMO.
El hombre y la mujer medievales viven su mundo desde la fe y ello es valedero
para las tres grandes religiones monoteístas. A pesar de ello el pensamiento en el mundo
cristiano va emancipándose de la tutela eclesiástica, cuando ésta (la iglesia) no puede
hacer frente a sus conflictos internos más que mediante la intriga y la represión. Los
sabios musulmanes traducen y comentan a Aristóteles y por su medio Tomás de
Aquino, Guillermo de Ockham, Duns Scoto. La fe se intelectualiza e intenta
reconciliarse con la razón. Al tiempo, la estratificación social de derecho divino es
cuestionada por herejías que prenden en un pueblo miserable depredado por los
poderosos. Las humildes ovejas tiranizadas por los pastores y torturadas por los perros
encuentran su dignidad y la semilla de la rebelión en grupos como los valdenses,
bogomilos, fraticelli, cátaros y dulcinianos. Se trata de vivir la fe y una vida digna
independizándose de los poderes temporales y espirituales.
En el Islam, el hombre alcanza su plenitud reconociendo a su Señor. Y Éste no le
impone mediadores imbuidos de poder sacro, ni misterios cuya aceptación violenten su
racionalidad humana. Las continuas apelaciones del Corán al intelecto humano hacen
que la sociedad se articule en torno a la igualdad de todos los siervos ante Allah,
prescindiendo de fábulas en torno a la organización del cuerpo social. Por ello el ámbito
Islámico desarrolla un humanismo que la cristiandad solo alcanzará a duras penas
durante la edad moderna en el mal llamado “renacimiento”. Por todo ello es muy
desafortunado calificar a los estados musulmanes de “teocracia” dado que, salvo en el
caso de la shía, no existen jerarquías investidas por la divinidad.
LA CIENCIA ADORMECIDA.
En esta época de barbarie, miseria y superstición, dónde el mundo vivido es
explicado desde las sagradas escrituras, la ciencia no tiene lugar. En el campo se sigue
utilizando el arado romano, la cultura es patrimonio exclusivo de las órdenes monásticas
que la custodian en los monasterios. La medicina es reducida a prácticas mágico-rituales
y los fenómenos de la naturaleza no son más que manifestaciones de la ira y la
misericordia de la divinidad. El pueblo iletrado acude a las iglesias aterrado ante la ira
divina reflejada en pantocrátores pintados en sus ábsides.
Sin embargo, los pueblos del norte, inmersos según la oficialidad en el más
burdo paganismo y barbarie, desarrollan técnicas de navegación avanzadas que les
permiten hacer viajes a lejanas tierras (América del norte sufrió un intento de
colonización vikinga). Los sabios chinos inventaban la brújula y desarrollaban una
medicina que aún hoy resulta adelantada a la de occidente. En el mundo islámico la
óptica, el tratamiento de las enfermedades mentales, las instituciones sanitarias, el
estudio de los astros, la navegación, etc. Alcanzaron tal desarrollo que la revolución
científica acaecida en occidente a partir del siglo XVII se basó en sus descubrimientos.
Como vemos, es sólo la Europa occidental la que duerme por entender la Biblia como
un libro de saberes universales.
LA DICTADURA DE LA ORTODOXIA.
Todos tenemos en mente el resplandor de las hogueras medievales. Todos
podemos mencionar el caso del místico iraquí Al Hallach, crucificado por haberse
desviado peligrosamente de la ortodoxia. La iglesia practicó sin duda auténticos
genocidios contra los movimientos heréticos (en monsegur ardieron 400 personas en un
solo día) y sometió a los heterodoxos a una agobiante vigilancia. En el mundo islámico
Ibn taimiya sirve de inspiración a los grupos más antisufíes del Islam. Pero en ningún
otro periodo de la humanidad floreció tanto la mística que trasciende por completo la
ortodoxia. En sucesivas charlas hablaremos inshallah de grupos y de personas que
vivieron su fe desde una confesión más profunda en la mayoría de los casos a
contracorriente y con serio peligro de muerte. Para entenderlos, tenemos que
deshacernos de casi todo lo aprendido y entrar en este periodo como quien no sabe nada
y necesita aprender de sus ancestros.
PERO ALLAH ES EL QUE SABE.
Ahmad Jalil Moreno.

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