LA VERDAD DE LO QUE DECIMOS

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LA VERDAD DE LO QUE DECIMOS
LA VERDAD DE LO QUE DECIMOS
Por Juana María Coll Díaz
“Volvió Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado bautizando
antes; y allí se quedó. Mucha gente acudía a él, y decía: "Aunque Juan nunca hizo
ninguna señal milagrosa, todo lo que dijo acerca de este hombre era verdad". Y muchos
en aquel lugar creyeron en Jesús”. Juan 10:40-42
Vivimos en una sociedad en la que tenemos la posibilidad de comunicarnos con
desconocidos y llegar hasta el último rincón de la tierra con nuestro mensaje. Un tipo de
sociedad en la que predomina la información sobre la comunicación significativa,
perdemos horas abriendo correo electrónico que no nos interesa para nada, y podemos
hablar simultáneamente con multitud de personas a un tiempo, y con todo y con eso,
nuestra comunicación no nos lleva a ningún lugar.
Por ese motivo me llevaron esas palabras en el evangelio de Juan a reflexionar. Juan
estuvo predicando de la llegada de Jesús, y, como decían sus contemporáneos, no hacía
señales ni prodigios. Bueno, pues en eso estamos al mismo nivel que él, ¿no? Nosotros
no vamos por el mundo haciendo milagros, ni curaciones, ni señales de ningún tipo
(aunque haya hermanos con poder de sanidad y curación) pero no es nuestro caso. Juan
predicó de Jesús y anunció su llegada, Juan preparaba el camino del que iba a venir y
hablaba de Jesús. Y esas palabras que hemos leído tantas veces tienen dos vertientes
para profundizar. Por una parte nos enfrentan a nosotros, cuando hablamos de Jesús,
cuando testificamos, cuando hablamos de la iglesia, de los hermanos, del mundo
cristiano, sea a personas de la misma iglesia, sea a amigos que no pertenecen a nuestro
círculo cristiano, lo que decimos de Jesús, de Dios, ¿es cierto? Parece evidente que sí,
pero al leer esta palabra con detenimiento podemos enfrentarnos a nuestra propia
realidad. No siempre decimos con claridad lo que Dios quiere que digamos. No siempre
predicamos del amor de Dios, de su misericordia, no hablamos del poder que hay en Él,
no siempre decimos la verdad respecto de la iglesia, de los hermanos, podemos idealizar
la situación de cara a los extraños y decir que la iglesia es perfecta, podemos
equivocarnos muchas veces.
Lo que de verdad me preocupó al llegar esta palabra a mí fue: ¿tenemos nosotros la
misma credibilidad que Juan? Juan tuvo credibilidad por dos razones. La primera es la
vertiente que he desarrollado hasta ahora, es porque Juan decía cosas de Jesús que eran
ciertas y verdaderas. La segunda es porque la vida de Juan hacía creíble todo lo que
decía. No había contradicción entre lo que decía y lo que vivía.
¿Cómo es nuestra vida? A veces tenemos contradicciones en nuestra vida, somos
humanos y carnales, claro, pero no es excusa.
También al enfrentarme con esta palabra, leída después de tantas veces, pude entender
que no siempre somos como creemos ser. Juan era un hombre de una sola pieza,
íntegro, Dios le usó de una forma especial, pero siempre desde el servicio, la humildad,
y con ese buen testimonio y con toda su integridad acabó en prisión y ejecutado,
después de tanto servir al Señor. Parece una contradicción, nadie en su sano juicio
espera eso de Dios. Pero Juan siempre estuvo a la disposición de Dios.
Cuánto debiéramos aprender de él, a veces sólo recordamos esas palabras tan especiales
que tiene, cuando algunas personas quieren causar división entre Jesús y Juan, cuando
nos dice Juan “A él le toca crecer, y a mí menguar”.
Simplemente podríamos plantearnos de quién o de qué decimos mucho, porque eso
marcará nuestras prioridades, es un ejercicio práctico y eficaz. Analicémonos por unos
días, de qué o quien hablamos y cómo. Y lo que decimos y hacemos ¿es veraz?
Hay otra lectura, entre otras muchas, que podríamos hacer, y es que al hablar de Jesús,
Juan lo tenía fácil, porque Jesús iba a cumplir todas las expectativas y más, porque es
Dios mismo, sin embargo, tal como está expuesto pareciera que la gente creyera a Jesús
por el testimonio de Juan, no bastaba que fuera Jesús mismo. Evidentemente podría
haber sido innecesario pero en los planes de Dios estaba Juan cumpliendo un propósito
divino. Dios confía en nosotros a pesar de todo. Planteémonos nuestras prioridades,
como decíamos, y sobre todo, que todo lo que digamos sea íntegro, consecuente y
veraz.

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