Crítica guion

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Crítica guion
A una primera lectura, Neruda en Neruda deja la sensación de que es obra
dramática, pero también poética. Y no sólo por la muy hermosa selección de textos
nerudianos, sino, además, por la acertada disposición con que se van estructurando los
parlamentos, por la fuerza y belleza de los diálogos entre Pablo, Calíope y los demás
personajes y por la emoción que emana en todo su desarrollo.
Ciertamente, el autor demuestra un conocimiento amplio y profundo de la vida y
obra del gran poeta y un criterio selectivo de alto vuelo. Aunque no es fácil, logra
hilvanar, desde el último momento de la vida del vate en días históricamente dolorosos,
recuerdos significativos: la madre muerta, resucitada en la mamadre; los sueños y
poemas juveniles en los crepúsculos de Maruri; las experiencias del Oriente y la Josie
Bliss del “Tango del viudo”; la muerte del padre, “capitán de trenes lastreros”, que le
permitió el encuentro temprano con insectos y plantas ---colores, formas--- del bosque
austral; el inicio del enorme Canto General; el encuentro con Gabriela, la otra grande e
intensa; la terribles vivencias de España, la del asesinato de García Lorca, la de España
en el corazón; y finalmente, para un muy buen término, Matilde. Y por si fuera poco, el
recuento de las grandes figuras literarias queridas por Neruda, esos patrones de tan buen
obrero.
Pero la obra es mucho más que conocimiento y selección: es urdimbre que aúna
la tensión, propia de la dramático, a través del momento de la muerte del poeta en días
aciagos, con la emoción, propia de lo lírico, a través de los recuerdos de momentos
relevantes de su vida. Están en ella sus “furias y sus penas”, sus combates y sus amores,
su vida y su poesía. Sobre todo la última. Lo dice Pablo hermosamente: “¡Cómo te
amaba en ese entonces, mi musa parlanchina! …te amé, te amo y te amaré mientras
tenga un hálito de vida.”
Hermosa obra, que nos permite acercarnos a Neruda desde Neruda y sentir con
hondura aspectos significativos de su vida y su obra. Y si su lectura lo hace posible, con
mayor razón lo hará su representación.
Por supuesto, la mejor felicitación para el autor.
Maximino Fernández Fraile.

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