BIENAVENTURANZAS: El sermón de la montaña Se llaman

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BIENAVENTURANZAS: El sermón de la montaña Se llaman
* BIENAVENTURANZAS:
El sermón de la montaña
Se llaman "bienaventuranzas" las sentencias con las que Jesús resumió el sermón de la
montaña. Son una síntesis del mensaje de Jesús, en una doble redacción: Mt 5,3-12 y Lc 6,2023). El tono de "bienaventuranza" (felicitación) es frecuente en toda la Biblia, pero en Jesús
tiene un significado especial, puesto que se trata de la proclamación de la "ley" de la nueva
Alianza, que es también del mandamiento nuevo del amor.
Propiamente se dirigen a las personas concretas que se encuentran en momentos de dificultad
(pobreza, dolor, persecución...), para indicarles que, aún en estas situaciones, hay motivos
suficientes para ser felices. Por esto se proclaman las "bienaventuranzas" con toda solemnidad,
para descubrir el verdadero sentido de la vida a la luz de la nueva ley del amor.
Las situaciones de dificultad que se describen (también en todo el sermón de la montaña) son
las que se encuentran en todo historia humana. Se promete un premio ("de ellos es el Reino de
los cielos"), que corresponde al encuentro con la persona de Cristo y con su mensaje. Se indican
también las líneas básicas para transformar las circunstancias de dolor en una nueva posibilidad
de amar ("como vuestro Padre").
Transformar la realidad concreta en donación
En Cristo, Dios sale al encuentro del hombre en su realidad concreta. Pero esa realidad debe
transformarse por medio de actitudes interiores, sin las cuales ni la pobreza ni el dolor podrían
ser fuente de felicidad. Se anuncia una liberación final, que ya comienza en el corazón y en la
vida de quien reacciona amando. Se promete, pues, una felicidad en la esperanza, que ya
empieza a ser realidad para los creyentes en Cristo.
En el sermón de la montaña se resume todo el mensaje evangélico de Jesús: "Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 5,3ss). Es la actitud de
reaccionar amando en toda circunstancia, siempre a imitación de Cristo que nos hace partícipes
de su filiación divina: "Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que
seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre
justos e injustos" (Mt 5,44-45). El "mandamiento nuevo" resumirá el mismo mensaje, tomando
a Jesús como modelo y maestro: "amaros como yo os he amado" (Jn 13,34).
Autorretrato de Jesús como Mesías
Comienzan a ser realidad las promesas mesiánicas (Is 61,1-3), cuando Dios, por medio de su
Cristo, consolará a los afligidos, mostrándose él mismo Señor y Rey, capaz de solucionar el
sufrimiento de todos los pobres, como privilegiados para entrar en su Reino. En Jesús, el
"Siervo" del Señor, crucificado, el creyente aprende a entrever, por medio de la fe, que también
las dificultades conducen a la resurrección en Cristo.
Las bienaventuranzas "son una especie de autorretrato de Cristo y, precisamente por esto, son
invitaciones a su seguimiento y a la comunión de vida con él" (VS 16). Efectivamente, "dibujan
el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la
gloria de su Pasión y de su resurrección" (CEC 1717).
El mensaje de las bienaventuranzas lleva a la perfección o "cumplimiento" (Mt 5,17) todas las
promesas de salvación que Dios ya había sembrado en la historia de la humanidad (en las
culturas y religiones) y, de modo especial, por medio de la doctrina revelada a Abrahán, Moisés
y los profetas del Antiguo Testamento.
La misión de anunciar y testimoniar las bienaventuranzas
Los seguidores de Jesús deberán ser los primeros mensajeros de las bienaventuranzas, como
"sal de la tierra y luz del mundo" (Mt 5,13-14). Cualquier pobre, hambriento o sediento, como
cualquier afligido y marginado, puede recibir de Cristo la dignidad de "hijo de Dios". La única
condición es la de amar (Mt 5,44), ser manso, humilde y misericordioso como Cristo. "Todos
los afligidos", imitando a Cristo "manso y humilde de", pueden llegar a recuperar "la paz en el
corazón" (Mt 11,28-29). "Fiel al espíritu de las bienaventuranzas, la Iglesia está llamada a
compartir con los pobres y los oprimidos de todo tipo" (RMi 60). "El misionero es signo del
amor de Dios en el mundo" (RMi 89) cuando se presenta como "el hombre de las
bienaventuranzas" (RMi 91)
El mensaje de Jesús gira en torno a los que sufren, los pobres, la misericordia, la paz, la sed, las
lágrimas, la persecución... Pero señala el camino para llegar a la verdadera felicidad ya en esta
tierra: hacer de la vida una donación, "sed perfectos como vuestro Padre del cielo" (Mt 5,48). La
misión de todo apóstol vive y traza este mismo camino, porque "viviendo la bienaventuranzas,
el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que
él lo ha acogido" (RMi 91; cfr. 60, 69).
Documentos: CEC 1716-1729; RMi 60, 69, 91; VS 16.
Estudios: J. DUPONT, El mensaje de las bienaventuranzas (Estella, Verbo Divino, 1979);
Idem, Bienaventuranza-Bienaventuranzas, en: Nuevo Diccionario de Teología Bíblica (Madrid,
Paulinas, 1990) 264-272; J.R. FLECHA, Las bienaventuranzas (Salamanca 1989); S.
GALILEA, Espiritualidad de la evangelización, según las bienaventuranzas (Bogotá, CLAR,
1980); H. HENDRICKX, El sermón de la montaña (Madrid, Paulinas, 1986); F.M. LÓPEZ
MELÚS, Las Bienaventuranzas, ley fundamental de la vida cristiana (Salamanca, Sígueme,
1988); Idem, Las bienaventuranzas, en: Diccionario Teológico de la Vida Consagrada (Madrid,
Pub. Claretianas, 1989) 104-118; J.F. SIX, Las bienaventuranzas hoy (Madrid, Paulinas, 1969);
U. PLATZKE, El sermón de la montaña (Madrid, Fax, 1965).

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