anne zarraquiños benitez

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anne zarraquiños benitez
El anillo
* Cuentan que hace mucho tiempo en un país muy lejano vivía una hermosa princesa
llamada” Hiel”
Su pelo era rubio como el oro, los ojos azules como el mar y siempre tenía una sonrisa
en la boca.
Antes de morir sus padres la dieron dos perlas, que al juntarlas se convertían en un
anillo.
Este anillo era diferente a los demás, porque gracias a él, su país era hermoso, no
pasaban hambre, Vivían en paz y reinaba la felicidad.
En las montañas moraba un mago, que al enterarse de los poderes del anillo, quería
conseguirlo para ser el más poderoso.
El mago era muy alto, con el pelo negro y largo, unas manos muy grandes y a todo el
mundo asustaba.
Una noche, cuando se iba a la cama Hiel, guardó el anillo en su joyero.
El mago entró a palacio sin ser visto y robó el anillo.
Hiel se despertó y vio al mago correr, al darse cuenta que faltaba el anillo, llamó a la
guardia.
- El mago está en palacio. – dijo gritando-tiene mi anillo. Guardias, guardias.
Todos salieron detrás de él corriendo.
Tuvo la mala suerte de tropezarse con un jarrón y caerse, el anillo salió volando y cada
perla al golpear contra el suelo se fue por un lado.
Eduardo, su mejor amigo de siempre y que estaba enamorado de Hiel, al enterarse fue
corriendo a palacio.
Al entrar vio a la princesa llorar desconsoladamente y la preguntó :
- ¿Qué ha pasado, mi princesa?
- Me han robado el anillo y las perlas se han perdido. Sin el anillo el reino no será
lo mismo.
- No te preocupes, yo te ayudaré e iré a buscarlas- la contestó.
- Gracias, muchas gracias, Eduardo.
A la mañana siguiente, Eduardo subido en su caballo se dirigió a palacio a despedirse.
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- Hola Hiel, vengo a despedirme. Voy en busca de las perlas.
- Ten mucho cuidado, mi querido y gran amigo.
Hiel, le entregó una pequeña bola de cristal.
- Aquí tienes, esta bola te ayudará a encontrarlas .Cuando tengas la bola en las
manos, se ilumine y empiece a flotar, significará que estás cerca de las perlas y
ella te guiará. Buen viaje Eduardo. – dijo Hiel. Te echaré mucho de menos.
Eduardo comenzó su viaje.
Mientras en un lugar lejano
ESTELA Y LA PERLA PERDIDA (II)
Estela, una niña muy guapa, con los ojos verdes, de pelo negro y largo. Vivía en una
pequeña casita con sus padres en un valle, rodeado de montañas, un gran río y un
pequeño bosque
Los padres de Estela eran muy pobres, pero se esforzaban mucho para darle a su hija lo
que podían.
El padre era carpintero y la madre costurera.
Estaban pasando una mala racha y en su casa faltaba la comida, por esa razón le
encargaban a Estela por las mañanas que fuese al bosque a recoger frutas para comer.
Un día, que la niña salió a pasear y a recoger frutas, mientras caminaba distraída,
tropezó y se cayó al suelo
De repente, cerca de una piedra vio algo que brillaba, se acercó, lo recogió y se dio
cuenta de que era una perla preciosa. Estela se puso muy contenta y siguió recogiendo
frutas.
- ¡ Qué hambre tengo!
Empezó a imaginar una rica sopa de pollo y eso le provocaba más ganas de comer.
Cuando Estela regresaba a casa, comenzó a sentir un rico olor a comida.
Su sorpresa fue que ese olor salía de la cocina de su casa y al entrar vio una gran olla de
sopa de pollo en la mesa de la cocina.
- ¡Mamá, mamá! ¿qué es ese olor tan rico?
La madre asustada, no supo que responder pues esa sopa no la había hecho la madre.
¿Serán cosas de brujas? Pensó la madre
Al día siguiente, Estela se fue a recoger frutas, hacía tanto sol y estaba tan cansada que
se sentó debajo de un árbol. Mientras comenzó a desear lo bonito que sería que sus
padres tuvieran ropa nueva, porque la que tenían estaba vieja y rota.
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Al regresar esa tarde a casa, se encontró a sus padres vestidos con ropa nueva. Estela
estaba muy sorprendida y comenzó a pensar, dándose cuenta que desde que había
encontrado la perla, todo lo que deseaba, se hacía realidad.
Entonces Estela dijo: - * TENGO UNA PERLA MÁGICA*
Estela contó a sus padres lo que se encontró en el bosque y empezaron a encajar las
cosas.
- Estela, ¿por qué no lo has contado antes? – preguntó la madre
Estaban pasando cosas que no entendíamos.
- Lo siento mucho mamá
El otro día en el bosque cuando fui a recoger fruta, me encontré esta perla.
Estela cogió la perla y se la enseñó a la madre.
Mamá fue muy curiosa porque todo lo que deseaba, se hacía realidad.
No me lo podía creer... y a la vez estaba muy contenta.
Mientras, Eduardo seguía su viaje.
Una tarde que Eduardo estaba descansando, cogió entre sus manos la bola y esta
empezó a flotar y a iluminarse. Se puso muy contento porque alguna perla estaba cerca.
Con su caballo a galope, llegó hasta una casita y llamó a la puerta. Era la casa de
Estela.
- La tarde era fría y estaba lloviendo.
- ¿quién es? - preguntó Estela
- Soy un campesino, vengo de muy lejos, tengo mucho frío y hambre. Busco un
lugar para pasar la noche.
Estela llamó a sus padres y le dieron comida y una cama para descansar.
- Son muy amables. – dijo Eduardo.
Al día siguiente.
Eduardo contó a Estela y a sus padres quien era y que venía de un país muy lejano, la
historia del anillo y las dos perlas. La falta que hacía en su reino, pero tenía que
encontrar las dos.
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Eduardo tenía que convencer a los padres de Estela que la dejaran ir con él para
encontrar la segunda perla.
No fue fácil, pero al final la dejaron ir.
- No se preocupen, la cuidaré mucho y no dejaré que la pase nada.
Se fueron a la cama temprano porque al día siguiente tenían que madrugar y hacer un
largo camino.
Cuando se levantaron, la madre de Estela había preparado una mochila con comida y
una bolsita con su ropa.
Eduardo preparó su caballo y se subió en él, el padre la levantó y la sentó delante de
Eduardo.
Los padres la dieron un beso y les desearon buena suerte.
-
Cuide mucho de mi hija, - le dijo la madre
- Lo haré como si fuese mía. – le contestó Eduardo
Estela estaba un poco nerviosa porque nunca se había separado de sus padres, pero a la
vez estaba muy contenta porque sabía que iba a vivir una aventura que nunca iba a
olvidar.
Eduardo y Estela empezaron su viaje sin saber lo que iba a durar.
Antes de llegar al pueblo siguiente, tuvieron que pasar por un camino estrecho junto al
río , donde los árboles eran muy grandes y las flores de muchos colores, se oían
agradables sonidos de los animales, los pájaros cantaban, las ardillas corrían una detrás
de otras, las ranas cantaban y los peces saltaban las pequeñas olas del río.
Mientras, Estela contemplaba el maravilloso paisaje que la rodeaba.
Cuando se acabó el camino, se encontraron con un pequeño pueblo y sus habitantes
eran personas muy agradables. Eduardo y Estela se habían perdido y no sabían por
dónde ir.
Pasaron unos minutos y apareció una hermosa joven, la preguntaron:
- Perdona, soy Eduardo y no conozco muy bien la zona, ¿te importaría decirnos
por dónde se puede salir de este pueblo?
- Sí claro, seguir todo recto por esta calle y vais a ver un caminito, os llevará a
una hermosa pradera.
- Gracias, muchas gracias.
- De nada y buen viaje, - respondió la hermosa joven.
Eduardo y Estela siguieron su camino.
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Mientras, la princesa Hiel contemplaba desde su ventana cómo su pueblo iba
cambiando poco a poco: la gente era egoísta, los campos se iban secando, el reino iba
cambiando.
Se acordaba mucho de su gran amigo Eduardo y deseaba que volviese pronto.
SARA Y LA PERLA DEL RIO ( III )
Una tarde, cuando Eduardo y Estela descansaban, cogieron la bola y empezó a
iluminarse y a flotar en el aire.
Se pusieron muy contentos porque eso significaba que la otra perla se encontraba muy
cerca.
Recogieron sus cosas y se pusieron en camino.
En un pueblo cercano, vivía una niña que se llamaba Sara, su padre era panadero y su
madre hacia unos ricos pasteles.
Tiene los ojos marrones y una melena rubia y lisa. Todos la querían mucho porque
siempre estaba ayudando a los demás.
Todos los días después del colegio se iba al río a jugar con sus amigos y le encantaba
meter los pies y recoger piedras. Se lo pasaban genial........
Una tarde vio que algo brillaba en el río, pensando que era una piedra la cogió y su
sorpresa fue descubrir que era una perla muy bonita. Sara se puso muy contenta.
Cuando llegó a casa, contó a sus padres lo que había encontrado pero estaban muy
enfadados porque era muy tarde. Sara se puso muy triste.
Entonces descubrió que la perla había cambiado de color, ahora era morada, pero no le
dio importancia.
A la mañana siguiente, Sara se levantó para ir al colegio, sus padres ya no estaban
enfadados y se puso muy contenta. Entonces la perla volvió a cambiar de color, esta
vez a rosa.
Se dio cuenta que según su estado de ánimo la perla brillante, cambiaba de color.
Una tarde paseando por el pueblo, empezó a imaginar cosas buenas para sus amigos y
que la gente del pueblo fuese agradable y cariñosa.
En un momento, todo lo que deseaba se estaba haciendo realidad.
Estaba segura que esa perla tenía poderes mágicos.
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Sara se fue a jugar con sus amigos que corrían detrás de una pelota, a la cual el viento
llevaba. Sara deseó que el viento cambiara de dirección y trajera la pelota de regreso.
En ese momento, el viento cambió.
Así, Sara comprendió que lo que deseara para el bien de las demás personas, podría
hacerlo realidad gracias a la perla mágica.
Cuando Eduardo y Estela llegaron al pueblo con la ayuda de la bola, fueron en busca de
Sara.
- Hola, mi nombre es Eduardo
Estela se bajó del caballo y empezó a hablar con Sara sobre las perlas y lo que a ella le
había ocurrido.
Llegaron a casa de Sara y los padres muy amables les dieron comida y cama.
Eduardo contó a los padres la historia de las perlas y su reino, que poco a poco se iba
perdiendo.
Los padres no estaban muy convencidos en dejar a su hija, pero Eduardo les prometió
que nada la pasaría y que cuando acabara todo, él mismo la llevaría de regreso a casa.
Estela y Sara se hicieron muy buenas amigas en poco tiempo. Pasaron toda la noche
hablando, ya sabes, cosas de chicas...
El padre de Sara les dejó un caballo para que fuesen las niñas juntas.
Al amanecer emprendieron su viaje hacia su país donde “Hiel”, su princesa, la esta
esperando
Tras varios días de viaje, encontraron un bello bosque con muchos árboles y flores de
todos los tamaños y colores. De repente, salió de un arbusto un pequeño duende que se
llamaba Flobi, era de color verde y tenia unas grandes orejas. Enseguida se hicieron
muy buenos amigos.
Por la noche, mientras cenaban alrededor del fuego, Eduardo le contó lo que le pasaba
y el duende prometió ayudarle.
Estuvieron varias horas charlando y Flobi les contó una historia de un collar con
poderes.
Mis abuelos me contaron que hace mucho tiempo, había un niño llamado Felipe que
vivía con su abuela.
Era rubio y pecoso, tímido y muy miedoso.
Su abuela era muy cariñosa y divertida, ella guardaba un collar.
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Un día, llegaron unos piratas malvados, buscando el collar, pues decían que tenía
poderes.
Obligaron a la abuela a que les dijese donde estaba el collar. Dentro de la caja del collar
había una espina que solo pinchaba a los que eran malvados.
El pirata al querer coger el collar, se pinchó y cayó al suelo envenenado.
La abuela le dijo a Felipe que la cogiera, que ese collar era de sus padres y él era el
único que podía cogerlo sin pincharse.
Felipe lo cogió y se lo puso. Entonces notó que el collar le daba fuerza y valentía.
Echó a los piratas de una patada. La abuela se alegró mucho por su nieto y fueron muy
felices.
Desde ese momento, Felipe nunca ha vuelto a tener miedo.
A las niñas les gustó mucho la historia y se quedaron dormidas.
Se despertaron muy temprano y siguieron su camino. Eduardo estaba seguro de que
estaban cerca de su reino.
EDUARDO Y LA PUERTA HACIA CASA( IV)
Cuando pasaban por un valle, lleno de montañas y grandes ríos, a lo lejos vieron unas
puertas brillantes.
Cada una era de un color y estaban al cuidado de un hada.
Llamaron a una puerta y contestaron:
- ¿Quién llama?
- Soy Eduardo, un joven que necesita tu ayuda para volver a casa, creo que me he
perdido.
- ¿Y tú, quién eres?
- Yo soy Dora, el hada de las puertas.
- Y esas niñas tan guapas, ¿quiénes son? -preguntó Dora
- Se llaman Estela y Sara, me han ayudado mucho y me acompañan a mi país, y
este de aquí, es el duende Flobi.
- ¿En qué te puedo ayudar Eduardo? - preguntó Dora
Eduardo contó lo que le pasaba y Dora quiso ayudarle.
- Dora, ¿qué significan estas puertas?
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- Es muy fácil, cada puerta te lleva a un país, cada uno distinto al otro y al final
segura que llegarás al tuyo
- ¿Podríamos usarlas para llegar a mi reino?
- Sí claro - afirmó Dora
- Podéis pasar por las puertas, una de ellas, te llevará a tu reino.
En la 1ª puerta: era un país muy pequeño y todo era de color verde, los habitantes
vestían todos ropa de ese color y solo comían alimentos de ese color; espinacas,
lechugas, manzanas...
En la 2ª puerta: un país un poco mas grande y todo era de color rojo, las niñas paseaban
con sus elegantes vestidos rojos, y sólo comían alimentos rojos; tomates, fresas,
ciruelas...
Todo era un poco raro, pensaban Eduardo y sus compañeros, pero les pareció divertido.
Al llegar a la 3ª puerta: ¡Qué sorpresa!
Los colores estaban todos juntos y todo era más divertido. Ese era su país
Eduardo se iba acercando a su reino.
La princesa Hiel, asomada en su ventana veía como su reino se iba perdiendo, todo era
triste.
De repente, vio unos caballos que se iban acercando, era Eduardo y sus amigos.
Se puso muy contenta, bajó las escaleras corriendo para recibirlos y dio un fuerte
abrazo a Eduardo, dándole las gracias. Eduardo entregó las perlas a la princesa.
- Estos son mis amigos, princesa Hiel, los que me han ayudado en mi aventura y
han sido muy amables conmigo.
La princesa no tenía palabras para agradecerles lo que habían hecho por su reino
Hiel, estaba muy feliz, juntó las dos perlas y de repente, se convirtió en el anillo. Su
reino poco a poco volvía a ser el de antes.
En las montañas, el mago se enteró que la princesa tenía otra vez en anillo. Sólo
pensaba en ser su dueño y ser el más poderoso del reino.
El mago volvió a entrar en palacio y volvió a llevarse el anillo mágico.
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Al enterarse Eduardo y sus amigos, fueron en busca del malvado mago que vivía en
una torre, en las altas montañas de Ronsiland.
Cuando llegaron el mago estaba dormido. Eduardo cogió una espada de la pared y en
ese momento, el mago despertó y cogió otra espada.
Empezaron a luchar y las niñas estaban muy asustadas.
El mago dio un golpe a Eduardo y cayó al suelo, entonces el duende se tiró sobre el
mago, las niñas le pusieron la zancadilla y el mago se cayó por una ventana, cayendo a
un profundo pozo y se ahogó.
Eduardo entregó el anillo a la princesa.
Después de tantas aventuras, se dieron cuenta que estaban enamorados.
Unos días más tarde estaban planeando su gran boda.
Prepararon una gran fiesta y acudió todo el pueblo.
Estela y Sara estaban guapísimas con sus vestidos nuevos, hasta Flobi, el duende, iba
con traje.
El día de la boda fue estupendo y se lo pasaron todos muy bien.
Eduardo cumplió lo prometido y llevó a las niñas de regreso a casa, Hiel deseó con su
anillo, una bonita casa, lindos trajes y alimentos para los padres de Estela y Sara.
SU DESEO, SE HIZO REALIDAD.
TODOS FUERON FELICES PARA SIEMPRE
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