Ed. Sex. Integral – Fainsod – TP1

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Ed. Sex. Integral – Fainsod – TP1
EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL (TRABAJO PRÁCTICO N° 1)
Consignas
ALeer la bibliografía propuesta para este trabajo.
BA partir de lo trabajo en las clases y tomando como insumo los aportes de los y las autores/as
consignados/as construir algunas aproximaciones a la sexualidad/sexualidades y al lugar de las
instituciones sociales en su producción. (extensión máxima 3 carillas – Letra TNR 12
interlineado 1,5)
CMirar los cortos: Hiyab / Vestido nuevo
Elegir dos escenas de los cortos que llamen la atención respecto de los textos leídos hasta el
momento en el taller. Efectuar algunas vinculaciones con los/as autores/as seleccionados para
este primer trabajo práctico.
Respuestas
B.
La sexualidad es inseparable de la cultura. Como cualquier pieza que puede
conformar nuestra identidad (religión, etnia, reza, etc.) la sexualidad también es una de
estas. A partir de esto, es necesario pensar la sexualidad como plantea el texto de
Weeks: “(…) no considerarla como un fenómeno primordialmente “natural”, sino como
un producto de fuerzas históricas y sociales.”(Weeks, p.19). Y, dentro de esta
definición, es importante pensar que en una sociedad capitalista como la nuestra las
relaciones entre las distintas personas o, se podría pensar, entre sus distintas identidades
se da en relaciones de poder y, por lo tanto, implican que una de las partes que se
supone superior y otra inferior. Por este motivo, es muy peligroso pensar al cuerpo
como algo natural, ya que dentro de una sociedad donde existe una cultura hegemónica
y otras culturas que no lo son, pensar en que algo es natural implica que otras cosas no
lo son y, por lo tanto, son antinaturales (y lo antinatural no es bien recibido en nuestras
sociedades).
A parir de esto, la importancia de pensar lo que dice Morgade en uno de sus textos:
“Desde Foucault en adelante (…), entendemos que los códigos sociales formalizados y
no formalizados (las leyes, las reglas, las tradiciones, etc.) en tanto efectos del poder, no
solamente reprimen o controlan sino que también y fundamentalmente, tienen un efecto
productivo en la vida social.” (Morgade, 2001, p. 2). Es decir, que el cuerpo nada tiene
de natural, ya que cada cuerpo esta dentro de una sociedad desde su nacimiento (y antes
de él también lo está, al menos como idea) y es, al igual que cualquier otra fracción de
la cultura, una producción de ésta.
En una sociedad en la cual existe una cultura hegemónica que es impuesta de
distintas formas y en distintos espacios, de forma explícita o no, resulta importante
entender que las sexualidades (todas las que existan) son construcciones socio-históricas
y que éstas, a su vez, se inscriben en distintas relaciones de poder que dependen también
del momento histórico en el que se dan, ya que la cultura determina qué es lo normal y
qué lo anormal y estas variables también se modifican según las distintas épocas.
En relación a lo que venimos diciendo queda claro que las instituciones tienen un
papel clave en la definición de identidades sexuales. El texto de Guacira Lopes Louro
cita a Foucault: “La sexualidad es un dispositivo histórico. (…) Un conjunto
decididamente heterogéneo que engloba discursos, instituciones, organizaciones
arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados
científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas (…) lo dicho y lo no dicho
son elementos del dispositivo. El dispositivo es la red que se puede establecer entre
estos elementos (Foucault, 1993, p.244)” (Lopes Louro, p2).
El problema que surge de esto no es que las sexualidades sean históricas y sociales,
sino que estas distintas identidades sexuales se inscriben dentro de determinada norma
que impone la sociedad y a partir de la cual se generan las relaciones de poder. Dice
Lopes Louro: “El reconocimiento del “otro”, de aquel o de aquella que no participa de
los atributos que poseemos, es hecho a partir del lugar social que ocupamos. De modo
más amplio, las sociedades realizan esos procesos y, entonces, construyen los contornos
demarcadores de las fronteras entre aquellos que representan la norma (que están en
consonancia con sus patrones culturales) y aquellos que están fuera de ella, en sus
márgenes.” (Lopes Louro, p.5).
Es evidente que desde el momento en que se entiende que las identidades sexuales
son culturales y que la cultura determina normas de lo que es “normal” y lo que no lo
es, se piensa que la norma es la uniformidad mientras que, en realidad, la norma es la
variedad. Desde esta premisa, sería interesante y necesario empezar a pensar las
identidades sexuales según lo que plantea Ana María Fernández en su texto: “(…)
pensar en diferencias que no remitan a ningún centro: diferencia de diferencia que
vuelve necesario construir la categoría de multiplicidad.” (Fernández, 2006, p. 129).
Considero que ésta es la única manera de dejar de pensar en la diferencia como algo
negativo sin dejar de reconocerla (es decir, sin pensar en una falsa igualdad que genera
nuevamente la discriminación). En la idea de multiplicidad se trabaja desde la lógica del
“y”, es decir que las situaciones no se definen según uno de los polos posibles sino que
se trata de trabajar a partir de las tensiones que pueden generar distintas formas de vivir
lo mismo entendiendo que todas ellas existen y que son igual de válidas.
C.
En el corto Hiyab se muestra claramente que en cada cultura hay normas que
determinan lo que está bien y lo que está mal, lo que es políticamente correcto y lo que
no. Lo que la cultura tolera y lo que considera, desde una falsa igualdad, va a ser lo
mejor para la convivencia.
La directora de la institución le dice: “Ésta es una escuela laica y todos somos
iguales. No queremos diferencias entre los alumnos”. Ésta oración en comparación a la
última escena donde Fátima entra en el aula, luego de haberse tenido que sacar el hiyab,
y observa que todos sus nuevos compañeros de clase tienen marcas culturales (gorras,
rastas, piercings, etc.) hace evidente esta idea equivocada de que todos son iguales. Lo
que en realidad sucede en esa situación es lo que plantea Lopes Louro en su texto
cuando explica que las identidades sociales son políticas: “(…) podemos afirmar que las
identidades sociales y culturales son políticas. Las formas como ellas se representan o
son representadas, los significados que atribuyen a sus experiencias y prácticas son
siempre atravesados y marcados por formas de poder”. (Lopes Louro, p. 5).
Esto explica que la directora de una escuela occidental considere que un hiyab está
atentando contra determinada igualdad, que en realidad es ficticia, entre los estudiantes
de dicha institución. También explica que Fátima diga que sus padres también quieren
que se lo saque, ya que ellos entienden estas formas de poder que operan dentro de la
cultura en la cual viven y saben que dentro de dichas relaciones ellos pertenecen a los
grupos que están fuera de la norma establecida en dicha sociedad. Entonces,
considerando que no quieren que su hija sea discriminada, ellos prefieren que su hija no
muestre marcas de su propia cultura.
En el momento en el que Fátima finalmente, y contra su voluntad, se quita el hiyab
se puede ver otro punto que señala Lopes Louro en relación a cómo los sujetos también
participan en la construcción de estas normas que propone e impone la cultura. Ella
dice: “La producción de sujetos es un proceso plural y también permanente. Ese no es,
entonces un proceso del que los sujetos participen como meros receptores, atacados por
instancias externas y manipulados por estrategias ajenas. Al revés de eso, los sujetos
están implicados y son participantes activos de la construcción de sus identidades.”
(Lopes Louro, p. 10). En este sentido, una se pregunta qué sucedería si Fátima se negara
a quitarse el hiyab y entrara a su nueva clase con esa marca cultural. Si tuviese una
actitud de resistencia frente a la cultura hegemónica a la que le tocó enfrentarse.
Evidentemente sería mejor pero los límites individuales dentro de la cultura son tan
difíciles de determinar que mucho más difícil (o imposible) es juzgarlos. Lo que queda
en evidencia es que frente a una cultura hegemónica que permite determinadas marcas
pero quiere ocultar otras, los individuos tienen la posibilidad de resistirse pero siempre
deben pagar un precio (más o menos caro) por hacerlo.
En el cortometraje Vestido Nuevo se ve cómo la cultura hegemónica va
introduciendo dentro de los niños las nociones de lo que se puede hacer y lo que no. En
la escena donde Elena y Mario tienen la siguiente conversación:
Elena: ¿Qué estás haciendo? No puedes vestirte de niña, es ilegal. Ni
puedes pintarte las uñas, mira todos como se han puesto.
Mario: En tu casa lo hemos hecho
Elena: Ya, pero fuera no puedes. Los niños no se visten de niñas.
Mario: Ya…
En esta conversación se evidencia las ideas confusas que los/as niños/as tienen de lo
que se puede y lo que no se puede hacer. Y muestra cómo la cultura puede imponer
dichas normas sólo si los sujetos se apropian de las mismas. Como dice Lopes Louro:
“Si múltiples instancias sociales, entre ellas la escuela, ejercitan una pedagogía de la
sexualidad y del género y colocan en acción varias tecnologías de gobierno, esos
procesos prosiguen y se complementan a través de tecnologías de autogobierno y
autodisciplinamiento que los sujetos ejercen sobre sí mismos.” (Lopes Louro, p. 10).
También se plantea la idea de que las identidades sexuales se muestran de forma
diferente en el ambiente público y el privado. Elena le explica a Mario que en la casa de
ella sí pueden vestirse de nenas y pueden pintarse las uñas pero en el espacio público no
porque los adultos se ponen muy nerviosos. Esto también se ve en la escena en la que el
director del colegio habla con el padre de Mario, el cual confiesa que en su casa a
Mario “le gusta disfrazarse”. Estas escenas demuestran que en lo privado pareciera que
son más permitidas determinadas acciones que refieren a las identidades sexuales que
escapan de la norma socialmente establecida, mientras que en el espacio público las
mismas acciones traen aparejadas la censura, la vergüenza y la culpa. Como dice Lopes
Louro: “Las preguntas y las fantasías, las dudas y la experimentación del placer son
remitidas a lo secreto y lo privado. A través de múltiples estrategias de
disciplinamiento, aprendemos la vergüenza y la culpa; experimentamos la censura y el
control. Acreditando que las cuestiones de la sexualidad son asuntos privados, dejamos
de percibir su dimensión social y política.” (Lopes Louro, p. 11). Así es como sucede
en el cortomentraje en el cual queda planteada una situación entre el padre de Mario y
la institución, en la cual ambas partes, de forma sutil, deciden que lo mejor es que
Mario se vaya de la escuela ese día hacia el espacio privado del hogar donde, tal vez,
sea menos juzgado que en la institución educativa.

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