Año C • Vigilia de Pentecostés

Comentarios

Transcripción

Año C • Vigilia de Pentecostés
Leccionario Dominical
Vigilia de Pentecostés
18 mayo 2013
Año C
Génesis 11:1–9
o Éxodo 19:1–9a, 16–20a; 20:18–20
o Ezequiel 37:1–14
o Joel 2:28–32
Hechos 2:1–11
o Romanos 8:14–17, 22–27
San Juan 7:37–39a
Salmo 33:12–22
Cántico 6
Salmo 130
Cántico 2
Salmo 104:25–32
Salmo 104:25–32
Lectura
Génesis 11:1–9
Lectura del libro del Génesis
En aquel tiempo todo el mundo hablaba el mismo idioma. Cuando salieron de la región oriental,
encontraron una llanura en la región de Sinar y allí se quedaron a vivir. Un día se dijeron unos a
otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos en el fuego.» Así, usaron ladrillos en lugar de piedras y
asfalto natural en lugar de mezcla. Después dijeron: «Vengan, vamos a construir una ciudad y una
torre que llegue hasta el cielo. De este modo nos haremos famosos y no tendremos que dispersarnos
por toda la tierra.»
Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y pensó:
«Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por
nada del mundo van a dejar de hacerlo. Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se
entiendan entre ellos.»
Así fue como el Señor los dispersó por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. En
ese lugar el Señor confundió el idioma de todos los habitantes de la tierra, y de allí los dispersó por
todo el mundo. Por eso la ciudad se llamó Babel.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Salmo 33:12–22
Exultate, justi
12
Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor; *
bienaventurado el pueblo que él escogió para sí.
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
Desde el cielo mira el Señor, *
y ve a todos los seres humanos.
Desde el lugar de su morada observa *
a todos los moradores de la tierra.
El formó el corazón de todos ellos; *
atento está a todas sus obras.
El rey no se salva por la multitud del ejército, *
ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
Vano para salvar es el caballo; *
la grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
He aquí el ojo del Señor sobre los que le temen, *
sobre los que esperan en su misericordia;
Para arrancar sus vidas de la muerte, *
y para sustentarles en tiempo de hambre.
Nuestra alma espera al Señor; *
nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
Por tanto en él se alegra nuestro corazón, *
porque en su santo Nombre confiamos.
Sea tu misericordia, oh Señor, sobre nosotros, *
según ponemos nuestra confianza en ti.
Lectura
Éxodo 19:1–9a, 16–20a; 20:18–20
Lectura del libro del Éxodo
Los israelitas llegaron al desierto del Sinaí al tercer mes de haber salido de Egipto. Después de salir
de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí mismo, frente al monte. Allí Moisés subió
a encontrarse con Dios, pues el Señor lo llamó desde el monte y le dijo: —Anúnciales estas mismas
palabras a los descendientes de Jacob, a los israelitas: “Ustedes han visto lo que yo hice con los
egipcios, y cómo los he traído a ustedes a donde yo estoy, como si vinieran sobre las alas de un
águila. Así que, si ustedes me obedecen en todo y cumplen mi alianza, serán mi pueblo preferido
entre todos los pueblos, pues toda la tierra me pertenece. Ustedes me serán un reino de sacerdotes,
un pueblo consagrado a mí.” Diles todo esto a los israelitas.
Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y les expuso todo lo que el Señor le había
ordenado. Entonces los israelitas contestaron a una voz: —Haremos todo lo que el Señor ha
ordenado.
Moisés llevó entonces al Señor la respuesta del pueblo, y el Señor le dijo: —Mira, voy a
presentarme ante ti en medio de una nube espesa, para que la gente me oiga hablar contigo y así
tengan siempre confianza en ti. […]
Al amanecer del tercer día hubo relámpagos y truenos, y una espesa nube se posó sobre el
monte. Un fuerte sonido de trompetas hizo que todos en el campamento temblaran de miedo.
Entonces Moisés llevó al pueblo fuera del campamento para encontrarse con Dios, y se detuvieron
al pie del monte. Todo el monte Sinaí echaba humo debido a que el Señor había bajado a él en
medio de fuego. El humo subía como de un horno, y todo el monte temblaba violentamente. El
sonido de trompetas fue haciéndose cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le contestaba con
voz de trueno.
El Señor bajó a la parte más alta del monte Sinaí, y le pidió a Moisés que subiera a ese mismo
lugar. […]
Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relámpagos, del sonido de trompetas y del
monte envuelto en humo; pero tenían miedo y se mantenían alejados. Así que le dijeron a Moisés: —
Háblanos tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos.
Y Moisés les contestó: —No tengan miedo. Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que
siempre sientan temor de él, a fin de que no pequen.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Cántico 6: Cántico de Alabanza
Benedictus es, Domine
Bendito eres tú, Señor Dios de nuestros padres; *
digno de alabanza, eres bendito.
Bendito el fulgor de tu santo Nombre, *
alabado y exaltado sobre todo para siempre.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria, *
en el trono de tu reino eres bendito.
Bendito eres, sentado sobre querubines, *
alabado y exaltado sobre todo para siempre.
Bendito tú, que sondeas los abismos; *
en la bóveda celeste eres bendito.
Bendito tú: Padre, Hijo y Espíritu Santo, *
alabado y exaltado sobre todo para siempre.
Lectura
Ezequiel 37:1–14
Lectura del libro del profeta Ezequiel
El Señor puso su mano sobre mí, y me hizo salir lleno de su poder, y me colocó en un valle que
estaba lleno de huesos. El Señor me hizo recorrerlo en todas direcciones; los huesos cubrían el valle,
eran muchísimos y estaban completamente secos. Entonces me dijo: «¿Crees tú que estos huesos
pueden volver a tener vida?» Yo le respondí: «Señor, sólo tú lo sabes.»
Entonces el Señor me dijo: «Habla en mi nombre a estos huesos. Diles: “Huesos secos,
escuchen este mensaje del Señor. El Señor les dice: Voy a hacer entrar en ustedes aliento de vida,
para que revivan. Les pondré tendones, los rellenaré de carne, los cubriré de piel y les daré aliento de
vida para que revivan. Entonces reconocerán ustedes que yo soy el Señor.”» Yo les hablé como él
me lo había ordenado. Y mientras les hablaba, oí un ruido: era un terremoto, y los huesos
comenzaron a juntarse unos con otros. Y vi que sobre ellos aparecían tendones y carne, y que se
cubrían de piel. Pero no tenían aliento de vida.
Entonces el Señor me dijo: «Habla en mi nombre al aliento de vida, y dile: “Así dice el Señor:
Aliento de vida, ven de los cuatro puntos cardinales y da vida a estos cuerpos muertos.”» Yo hablé
en nombre del Señor, como él me lo ordenó, y el aliento de vida vino y entró en ellos, y ellos
revivieron y se pusieron de pie. Eran tantos que formaban un ejército inmenso.
Entonces el Señor me dijo: «El pueblo de Israel es como estos huesos. Andan diciendo:
“Nuestros huesos están secos; no tenemos ninguna esperanza, estamos perdidos.” Pues bien,
háblales en mi nombre, y diles: “Esto dice el Señor: Pueblo mío, voy a abrir las tumbas de ustedes;
voy a sacarlos de ellas y a hacerlos volver a la tierra de Israel. Y cuando yo abra sus tumbas y los
saque de ellas, reconocerán ustedes, pueblo mío, que yo soy el Señor. Yo pondré en ustedes mi
aliento de vida, y ustedes revivirán; y los instalaré en su propia tierra. Entonces sabrán que yo, el
Señor, lo he dicho y lo he hecho. Yo, el Señor, lo afirmo.”»
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Salmo 130
De profundis
1
2
3
4
5
6
7
De lo profundo, oh Señor, a ti clamo; Señor, escucha mi voz; *
estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.
Si tú, oh Señor, notares los delitos, *
¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?
Mas en ti hay perdón, *
por tanto serás venerado.
Aguardo al Señor; le aguarda mi alma; *
en su palabra está mi esperanza.
Mi alma aguarda al Señor, más que los centinelas a la aurora, *
más que los centinelas a la aurora.
Oh Israel, aguarda al Señor, *
porque en el Señor hay misericordia;
Con él hay abundante redención, *
y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
Lectura
Joel 2:28–32 (3:1–5 DHH)
Lectura del libro del profeta Joel
El Señor dijo:
«Después de estas cosas
derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad:
los hijos e hijas de ustedes
profetizarán,
los viejos tendrán sueños
y los jóvenes visiones.
También sobre siervos y siervas
derramaré mi espíritu en aquellos días;
mostraré en el cielo grandes maravillas,
y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra.
El sol se volverá oscuridad,
y la luna como sangre,
antes que llegue el día del Señor,
día grande y terrible.»
Pero todos los que invoquen el nombre del Señor
lograrán salvarse de la muerte,
pues en el monte Sión, en Jerusalén,
estará la salvación,
tal como el Señor lo ha prometido.
Los que él ha escogido quedarán con vida.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Cántico 2: Primer Cántico de Isaías
Ecce, Deus
He aquí es Dios quien me salva; *
confiaré en él y no temeré.
Mi fortaleza y mi refugio es el Señor; *
él se hizo mi Salvador.
Sacarán ustedes aguas con júbilo *
de las fuentes de salvación.
Aquel día dirán: *
Den gracias al Señor e invoquen su Nombre.
Cuenten a los pueblos sus hazañas; *
pregonen que su Nombre es excelso.
Canten alabanzas al Señor, porque ha hecho cosas sublimes, *
y esto es conocido por toda la tierra.
Vitoreen, habitantes de Sión, con gritos de júbilo, *
porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura
Hechos 2:1–11
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo
lugar. De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la
casa donde ellos estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre
cada uno de ellos se asentó una. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar
en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran.
Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas
partes del mundo. La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a
los creyentes hablar en su propia lengua. Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían: —¿Acaso
no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias
lenguas? Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del
Ponto y de la provincia de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas
a Cirene. Hay también gente de Roma que vive aquí; unos son judíos de nacimiento y otros se han
convertido al judaísmo. También los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y los oímos hablar en
nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios!
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Salmo 104:25–32
Benedic, anima mea
25
26
27
28
29
30
31
32
¡Cuán múltiples tus obras, oh Señor *
Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas.
He allí el grande y anchuroso mar, en donde bullen criaturas sin número, *
tanto pequeñas como grandes.
Allí se mueven las naves, allí está ese Leviatán, *
que modelaste para jugar con él.
Todos ellos te aguardan, *
para que les des comida a su tiempo.
Se la das, la recogen; *
abres tu mano, se sacian de bienes.
Escondes tu rostro y se espantan; *
les quitas el aliento; expiran y vuelven a su polvo.
Envías tu Espíritu y son creados; *
así renuevas la faz de la tierra.
Perdure la gloria del Señor para siempre; *
alégrese el Señor en todas sus obras.
Lectura
Romanos 8:14–17, 22–27
Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos
Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Pues ustedes no han recibido
un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de
Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: «¡Abbá! ¡Padre!» Y este mismo Espíritu se
une a nuestro espíritu para dar testimonio de que ya somos hijos de Dios. Y puesto que somos sus
hijos, también tendremos parte en la herencia que Dios nos ha prometido, la cual compartiremos
con Cristo, puesto que sufrimos con él para estar también con él en su gloria. […]
Sabemos que hasta ahora la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de
parto. Y no sólo ella sufre, sino también nosotros, que ya tenemos el Espíritu como anticipo de lo
que vamos a recibir. Sufrimos profundamente, esperando el momento de ser adoptados como hijos
de Dios, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos. Con esa esperanza hemos sido salvados. Sólo
que esperar lo que ya se está viendo no es esperanza, pues, ¿quién espera lo que ya está viendo? Pero
si lo que esperamos es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza.
De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos orar como es
debido, pero el Espíritu mismo ruega a Dios por nosotros, con gemidos que no pueden expresarse
con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe qué es lo que el Espíritu quiere decir, porque
el Espíritu ruega, conforme a la voluntad de Dios, por los del pueblo santo.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.
Salmo 104:25–32
Benedic, anima mea
25
26
27
28
29
30
31
32
¡Cuán múltiples tus obras, oh Señor *
Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas.
He allí el grande y anchuroso mar, en donde bullen criaturas sin número, *
tanto pequeñas como grandes.
Allí se mueven las naves, allí está ese Leviatán, *
que modelaste para jugar con él.
Todos ellos te aguardan, *
para que les des comida a su tiempo.
Se la das, la recogen; *
abres tu mano, se sacian de bienes.
Escondes tu rostro y se espantan; *
les quitas el aliento; expiran y vuelven a su polvo.
Envías tu Espíritu y son creados; *
así renuevas la faz de la tierra.
Perdure la gloria del Señor para siempre; *
alégrese el Señor en todas sus obras.
El Evangelio

San Juan 7:37–39a
Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan
¡Gloria a ti, Cristo Señor!
El último día de la fiesta era el más importante. Aquel día Jesús, puesto de pie, dijo con voz fuerte:
—Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, del interior
de aquél correrán ríos de agua viva.
Con esto, Jesús quería decir que los que creyeran en él recibirían el Espíritu.
El Evangelio del Señor.
Te alabamos, Cristo Señor.
Leccionario Dominical, creado por el Ministerio Latino/Hispano de la Iglesia Episcopal (www.episcopalchurch.org/latino •
212-716-6073 • P.O. Box 512164, Los Angeles, CA 90051). Los textos bíblicos son tomados de la Biblia Dios habla hoy®,
Tercera edición, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996. Usado con
permiso. Las colectas y los salmos son tomados de El Libro de Oración Común, propiedad
literaria de ©The Church Pension Fund, 1982. Usado con permiso. Leccionario Común
Revisado ©1992 Consulta Sobre Textos Comunes. Usado con permiso.
Puede mandar sus comentarios, preguntas, o informes acerca de errores a J. Ted
Blakley (M.Div., Ph.D.) en [email protected]
.

Documentos relacionados