1. Cuadernos de Investigación.indd

Comentarios

Transcripción

1. Cuadernos de Investigación.indd
Cuadernos de investigación
Cuadernos
de
investigación
(
NÚM. 1 – AñO 2007
Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias
La Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias no se hace responsable ni
comparte necesariamente las opiniones vertidas por los autores de los trabajos
publicados en este número de Cuadernos de Investigación.
Coordinación editorial: Orlando Moratinos Otero
La edición de este libro consta de 650 ejemplares
Edita: Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias
Museo Casa Natal de Jovellanos. Gijón
Administración y Secretaría:
c/ María Bandujo, 11 – bajo
33201 Gijón. Principado de Asturias – España
Teléfono: (+34) 985 357 156
[email protected] – www.jovellanos.org
Ilustraciones: los autores
Ilustración de la cubierta: Ex libris grabado por Goya para Jovellanos. Biblioteca Nacional. Madrid
Depósito legal: As. 02620-2008
ISSN: 1888-7643
Imprime: Gráficas Ápel. Gijón
Cuadernos de Investigación
Director
Jesús Menéndez Peláez
Secretario
Orlando Moratinos Otero
Comité de redacción
Fernando Adaro de Jove
Vicente Cueto González
Agustín Guzmán Sancho
Comité científico-Evaluadores externos
Mariano Abad Fernández (Universidad de Oviedo)
Rafael Anes Álvarez de Castrillón (Universidad de Oviedo)
Mª José Álvarez Faedo (Universidad de Oviedo)
Ramón Alvargonzález Rodríguez (Universidad de Oviedo)
Ignacio Arellano Ayuso (Universidad de Navarra)
Emilio Bejarano (I. E. S. Juan María Tornas. Palma)
Jesús Cañas Murillo (Universidad de Extremadura)
María Teresa Caso Machicado (Fundación Príncipe de Asturias)
Silverio Cerra Suárez (Centro de Estudios Teológicos del
Seminario Metropolitano de Oviedo)
Santos Manuel Coronas González (Universidad de Oviedo)
José María Fernández Cardo (Universidad de Oviedo)
Antonio Fernández Insuela (Universidad de Oviedo)
José Luis González Novalín (Rector de la Iglesia Nacional
Española de Santiago y Montserrat en Roma)
Pablo F. Luna (Universidad de la Sorbona)
Vicent Llombart Rosa (Universidad de Valencia)
Silverio Sánchez Corredera (I. E. S. Emilio Alarcos-Gijón)
Manfred Tietz (Universidad de Bochum)
Juan José Tuñón Escalada (Centro de Estudios Teológicos del
Seminario Metropolitano de Oviedo)
Sumario
Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Jesús Menéndez Peláez
11
I. Artículos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
Gaspar y Josefa. La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario . . . . . . . . . . . . María José Alvarez Faedo
17
Las censuras indianas de Jovellanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Santos M. Coronas González
41
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vicente Cueva Díaz
55
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Emiliano Fernández Vallina
73
El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ángela Gracia Menéndez
93
Teatro y pedagogía: El teatro escolar en la Asturias del siglo XVIII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
Silverio Sánchez Corredera
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos:
el caso de El delincuente honrado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
Marc Vitse
II. Discursos de investidura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
Jovellanos y la revolución industrial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
Ramón Álvarez Viña
10
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
El mapa de España en la época de Jovellanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
Ramón Alvargonzález Rodríguez
La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada . . . . . . . . . . . . . 187
Raúl Berzosa Martínez
Jovellanos y la naturaleza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
Bernardo Canga Meana
Evolución y violencia. La sociedad cautiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
Marcelo Palacios Alonso
Breve evocación analógica entre la sociedad en la que vivió
Jovellanos y la nuestra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 289
Román Suárez Blanco
III. Bibliografía Jovellanista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 293
Apéndice VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 295
Orlando Moratinos Otero
IV. Textos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 325
Propuesta al Ayuntamiento de Gijón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 327
María Teresa Caso Machicado
V. Recensiones y reseñas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 341
La mirada sobre Asturias. Reseña a Hugh Thomas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 343
Ignacio Gracia Noriega
Jovellanos visto por un filósofo. Reseña sobre Jovellanos y el jovellanismo, una perspectiva
filosófica, de Silverio Sánchez Corredera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347
Pelayo Pérez García
Publicaciones de la Fundación Foro Jovellenos del Principado de Asturias . . . . . . . . . . . . 353
Presentación
L
a Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias saca una nueva publicación periódica bajo la denominación de Cuadernos de Investigación, cuya génesis
y objetivos pretendo exponer.
Hasta ahora nuestra institución tenía una publicación periódica que con el nombre
de Boletín Jovellanista comenzó recogiendo, inicialmente de manera prioritaria, nuestras actividades anuales y breves reseñas bibliográficas relacionadas con el jovellanismo entre las que la ‘Bibliografía jovellanista’ jugó siempre un destacado papel; de
esta manera esta publicación cumplía una función importante en toda institución
para dejar constancia, a modo de acta institucional y pública, de lo que hoy se llama
memoria histórica. Poco a poco nuestro ‘Boletín’ se fue rellenando y enriqueciendo
con otras aportaciones de naturaleza más ambiciosa en el campo de la investigación
dando lugar a una publicación miscelánea donde se entremezclaban noticias sobre las
actividades de nuestro calendario jovellanista, de naturaleza más bien social y divulgativa, con artículos de fondo que podían tener un mayor eco dentro de una publicación
reglamentada de acuerdo con los nuevos moldes que hoy exigen las revistas con una
mínima aspiración de impacto en el mundo académico. Esto llevó a la Junta Rectora,
asesorada por nuestros patronos más expertos, a establecer dos publicaciones periódicas. El Boletín Jovellanista seguirá recogiendo aquellas contribuciones que ocurran en
el devenir de cada año y que dejan una fuerte huella social en la prensa diaria; los medios de comunicación son el termómetro que mide el índice de impacto social, una
dimensión nada despreciable para cualquier institución; asimismo será el canal de difusión de aspectos más divulgativos dentro de los objetivos que establecen nuestros
estatutos.
Los Cuadernos de Investigación son la otra cara que pretende canalizar la función
investigadora y académica, por muy modesta que ésta sea, que viene desarrollando
nuestra Fundación. No es, por tanto, una «creatio ex nihilo»; es tan solo una manera
de dar forma y canalizar la función investigadora que venimos desarrollando. Ahí es-
12
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
tán más de una veintena de publicaciones sobre Jovellanos y su entorno; ahí está el
premio de investigación con 9 ediciones al que concurren trabajos provenientes del
hispanismo internacional; ahí están las 5 ediciones del Curso de Extensión Universitaria sobre Jovellanos y su tiempo, con distintas denominaciones, que viene programando la Universidad de Oviedo con nuestra colaboración; en preparación se están
realizando otros proyectos, a petición de instituciones privadas, que pronto verán la
luz de la imprenta. Por tanto, una publicación periódica, con las pretensiones referidas, parece estar más que justificada, siguiendo el principio biológico de que ‘la función crea el órgano’.
A primera vista pudiera parecer que no es fácil abrir una nueva ruta en un paraje bien
hollado por otras publicaciones. Sin embargo, creemos que hay un sitio para nuestras
pretensiones. La vida, la obra y el entorno en el que vivió Jovellanos –es decir, la Ilustración– es un programa que dista mucho de estar ya agotado en su estudio. Somos
conscientes de las dificultades que ello conlleva; de ahí que nuestro primer objetivo es
lograr la confianza de la investigación para que nos pueda proporcionar colaboraciones
suficientes que garanticen y mantengan el ritmo de una publicación periódica. Nuestra
publicación podrá tener puntos de coincidencia con otras publicaciones que tienen en
la centuria ilustrada su centro de interés. Sin embargo, a este propósito genérico y de
telón de fondo queremos añadir una singularidad fundamentada en la experiencia de
los años de existencia que tiene nuestra institución. Una de las actividades más novedosas y de mayor apoyo y recepción de nuestro calendario jovellanista es el «Día de Jovellanos» en la Feria Internacional de Muestras de Gijón. Para quienes no estén
familiarizados con Asturias conviene decir que dicha «Feria» es uno de los acontecimientos empresariales más importantes del verano asturiano. Cada uno de los quince
días que dura el evento tiene una especial dedicación. En esa nómina hay un día dedicado al polígrafo gijonés que da nombre a la ciudad. Pues bien, el día dedicado a Jovellanos –con seis ediciones ya– se está convirtiendo en uno de los más señeros en la
efeméride ferial. Para ello homenajeamos a un personaje, nacido en un Ayuntamiento
asturiano, que haya tenido alguna relación directa o indirecta con Jovellanos; de esta
manera a través de Jovellanos pretendemos reivindicar la importancia de esa personalidad que quizás no haya tenido, debido a un determinado número de concausas, un
reconocimiento tan explícito como lo tiene Jovellanos. Así el «Día de Jovellanos» se
convierte en una jornada reivindicativa de la importancia que tuvo la ilustración asturiana. Este objetivo quisiéramos que fuera también una de las singularidades de la
oferta de la nueva publicación que acogerá la vida, la obra y el entorno en el que vivió
Jovellanos –con un apartado especial a la ilustración asturiana– sin olvidar el extenso
espectro de lo que fue la cultura del siglo XVIII con distintas manifestaciones nacionales: la Aufklärung alemana, el «siglo de las luces» francés, la ilustración hispanoamericana, etc. De esta manera creemos estar en sintonía con la actitud de un Jovellanos que
Presentación – Jesús Menéndez Peláez
13
vivía con intensidad los problemas de su Gijón y de su Asturias, abierto y expectante a
lo que ocurría no solo en el resto de España sino allende Los Pirineos y las nuevas tierras de Ultramar.
Para conseguir este logro hemos de empezar por revestir a nuestra publicación con
el ropaje que hoy exige la cortesía académica. Incluso las revistas más clásicas en el
abanico de las distintas ciencias han tenido que cambiar de modelo y adaptarse a estas
nuevas exigencias. Esos resúmenes en castellano e inglés que preceden al desarrollo
del tema son ya habituales en el mapa de las hemerotecas científicas. Aunque puedan
parecer superfluos, son criterios externos que son tenidos muy en cuenta por los organismos encargados de establecer la correspondiente evaluación de impacto de cada
revista.
En este contacto con el mundo académico e investigador hemos encontrado un
total apoyo que se materializa en la nómina de investigadores que han aceptado formar parte del Comité Científico; este compromiso lleva consigo anexo también la
promesa de colaboraciones tanto personales como del entorno en el que se mueve
cada uno de estos miembros. Con ellos y en sintonía con los patronos y amigos de
nuestra entidad iniciamos esta nueva singladura.
Jesús Menéndez Peláez
Presidente de la Fundación Foro Jovellanos
del Principado de Asturias
I
Artículos
Gaspar y Josefa: la relación de dos
hermanos a la luz de su legado literario
1
María José Álvarez Faedo
Universidad de Oviedo
Resumen
Este artículo aborda, desde una perspectiva neohistoricista, el estudio de la estrecha relación que unió al ilustrado asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos con su hermana Josefa.
A tal fin se ofrece un análisis de su legado literario, a saber, las memorias de Jovellanos, la
correspondencia entre ambos y otros documentos.
ABSTRACT
This essay offers, from a Neo-historicst perspective, a study of the close relationship between Gaspar Melchor de Jovellanos –an Asturian gentleman influenced by the Enlightenment– and his sister Josefa. With that aim in mind, their literary legacy –namely, Jovellanos’s
memoirs, their correspondence and other documents– is here subjected to analysis.
N
otoria fue la estrecha relación que unió a Gaspar Melchor de Jovellanos con su
hermana Josefa a lo largo de toda su vida. El propio Jovellanos así lo atestigua en
sus Memorias. Tan estrecha relación no sólo implicó el esperable intercambio de cariño fraternal, sino que cada uno de ellos ejerció gran influencia en la vida del otro.
Este artículo ofrece un estudio de esa relación entre hermano y hermana a la luz de su
legado literario: memorias, cartas y otros documentos, desde una perpectiva neohistoricista.
Este artículo se inscribe en el marco del proyecto de investigación financiado por la Universidad de
Oviedo: «Mujer y modelos educativos en España e Inglaterra: mujer y educación en el siglo XVIII»
(Referencia: MB-02-503).
1 18
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Los neohistoricistas leen la literatura como parte constituyente de un momento
histórico específico, que trata de revelar el modo en el que las estrategias de poder
operan dentro del discurso. Foucault afirma que: «El documento no es la herramienta
afortunada de una historia que es principalmente y fundamentalmente un recuerdo, la
historia es una manera de la que una sociedad reconoce y desarrolla una gran cantidad
de documentación a la que está inextricablemente unida»2. Según esto, el diario y las
memorias de Jovellanos, su correspondencia con su hermana Josefa y el resto de documentos que integran el corpus de estudio de este trabajo, son imprescindibles para
comprender tanto la historia personal como la pública de ambos.
Sus padres, Don Francisco Gregorio de Jovellanos (1706-1779) y Doña Francisca
Apolinaria de Jove-Ramírez de Miranda (descendiente del marqués de San Esteban y
de los marqueses de Valdecarzana) (1703-¿?) son recordados con ternura, respeto y
admiración en las Memorias de Jovellanos. Éste retrata verbalmente a su madre como
«señora de grande hermosura, virtud y dulzura de carácter»3, y de su padre dice que
«era de un corazón franco y generoso, de un entendimiento claro y sublime y de una
virtud ejemplarísima», «era lucidísimo en su conversación y la hacía desear a todos
por el donaire y agudeza con que se explicaba» y amó con «extremo a su mujer»4. De
ello se deduce que los hijos tuvieron una infancia feliz, en una familia donde reinaba
la armonía. Además, su padre siempre se preocupó de que su prole5 recibiera una
buena educación, como atestiguan las palabras del ilustrado, quien relata que aquél:
«vivió siempre una vida llena de cuidados, precisado a contraer algunas deudas para
costear las asistencias que señaló a sus hijos en las carreras a que los destinó»6.
«The document is not the fortunate tool of a history that is primarily and fundamentally memory,
history is one way in which a society recognizes and develops a mass of documentation with which it is
inextricably linked». Foucault, Michel, The Archaeology of Knowledge, 2003 (1969), pág. 7. Las traducciones del inglés que aparecen en este artículo son de la autora del mismo.
3 Jovellanos, Gaspar Melchor, «Memorias familiares (1790-1810)». En Artola, Miguel ed.,
Obras publicadas e inéditas de Don Gaspar Melchor de Jovellanos, 1956, Vol. V, tomo 87 de la BAE, pág.
207.
4 Ibidem, pág. 208.
5 Trece hijos en total –sin contar dos malos partos, en los que murieron al nacer tres criaturas– (cuatro de los cuales fallecieron en la infancia y un quinto, en su juventud). Gaspar Melchor de Jovellanos
nació en 1744, ocupando el décimo lugar, y, al año siguiente, vino al mundo su hermana Josefa.
6 Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 208. Para más información sobre la educación de
las mujeres en el siglo XVIII véase «Ideas educativas de Jovellanos» (1986) de Martín Domínguez Lázaro, «La mujer en Jovellanos» (1990) de E. Junceda Avello, «Jovellanos y las mujeres» (1999) de
María Teresa Álvarez García, Mujer y educación en el siglo XVIII en España e Inglaterra (2005) de María
Isabel García Martínez, María José Álvarez Faedo y Lioba Simon Schuhmacher. Para leer sobre la educación de Josefa Jovellanos en concreto, véase «Filantropía y educación en el siglo XVIII: las disposiciones
testamentarias de Josefa Jovellanos» (1995) de Álvaro Ruiz de la Peña y «Josefa de Jovellanos y la educación de la mujer en el siglo XVIII» (2003) de María José Álvarez Faedo.
2 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
19
Ese cariño rayando en veneración que trasluce en las descripciones de sus padres,
vuelve a detectarse en el retrato que ofrece de su hermana Josefa, «distinguida en su
juventud por su extraordinario talento y gracias, y en el resto de su vida, por su caridad
y virtud ejemplar»7.
Es perfectamente comprensible que Jovellanos sintiese tanto afecto hacia esta hermana, dado que, al haber tan sólo un año de diferencia entre ellos, seguramente ya de
pequeños habían compartido juegos y peripecias, y esa complicidad fraguada en la
tierna infancia se fue fortaleciendo en la edad adulta.
Y el afecto era mutuo, como confiesa Josefa cuando dice «soy su hermana; le amo
con extremo»8. Ella muestra también la admiración que siente por su hermano cuando
lo describe al Prior de la Cartuja de Valldemosa como alguien a quien Dios «distinguió con un talento aventajado, le dotó de una índole dulce y amable, y viéndole empapar en el mundo, le dio todas las pruebas de que le quisiera para sí»9.
El crítico neohistoricista Louis Montrose habla de la textualidad de la historia explicando que «no tenemos acceso a un pasado completo y auténtico, a una existencia
material vivida, no mediatizada por los vestigios textuales remanentes de la sociedad
en cuestión»10, o lo que es lo mismo, nuestra visión del pasado va a estar siempre mediatizada por la ideología y el enfoque de los textos que nos acercan a él. Esos «vestigios textuales remanentes de la sociedad» gijonesa del siglo XVIII, es decir, esos
intereses sociales, ideológicos y políticos que operan entre líneas en las grandes decisiones que se toman en la vida, afloran claramente en la referencia que Jovellanos hace
en sus Memorias a la boda de su hermana11:
Había nacido después que yo, y dada en matrimonio a D. Domingo González de Argandona, procurador general en Cortes del principado de Asturias, sin la aprobación de los
parientes, que desdeñaban este enlace como poco correspondiente al lustre de la familia,
pero con juicioso acuerdo de mis padres, que prefirieron a esta consideración de vanidad el
Ibidem, pág. 215.
San Juan Bautista, sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista al Prior de la Cartuja de
Valldemosa», 1801. En Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), 1988, pág. 14.
9 Ibidem, pág. 14.
10 «We have no access to a full and authentic past, a lived material existence, unmediated by the
surviving textual traces of the society in question». Montrose, Louis A., «New Historicisms». En
Greenblatt, Stephen y Gunn, Giles eds., Redrawing the Boundaries. The Transformation of English and
American Literary Studies, 1992, pág. 410.
11 Xuan Carlos Busto, tras sus investigaciones, llega a la conclusión de que ese matrimonio pudo haberse celebrado en mayo de 1765. BUSTO, Xuan Carlos, « Xosefa Xovellanos y los círculos d’ilustraos
de Madrid y d’Asturias», en Actas de la XIX Selmana de les Lletres Asturianes dedicada a Xosefa Xovellanos
1745-1807, 1998, pág. 37.
7 8 20
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
aprecio de las recomendables cualidades con que Argandona realzaba su noble, aunque menos ilustre, nacimiento12.
A una familia de rancio abolengo como la de Jovellanos le resultaba difícil aceptar a
un hombre que descendía de una familia menos ilustre, aunque fuera brillante por sus
méritos personales que, como explica Agustín Guzmán Sancho, no eran pocos:
Argandona, al casarse, era regidor perpetuo y alférez mayor del concejo de Parres. […]
También había sido juez de caballeros hijosdalgo y procurador general en la entonces villa
de Cangas de Onís, su concejo y jurisdicción. Y consta que ya en 1768 había obtenido el
título de regidor perpetuo de la ciudad de Oviedo, título que no llegó a presentar y por
tanto a ejercer13.
Una vez más, Jovellanos ensalza a sus padres resaltando su buen juicio al aceptar a su
yerno por sus propios méritos, dejando a un lado sus orígenes. Por otro lado, esa referencia al «juicioso acuerdo»14 de sus padres deja entrever su propio apoyo a la decisión
de su hermana. De hecho, Domingo González de Argandona resultó ser un interesante
contacto para su cuñado. Guzmán Sancho aventura que incluso pudiera haber sido «la
causa de que Jovellanos y Campomanes se conocieran»15 y cuenta que:
Dos años más tarde, cuando Jovellanos quiere salir de la miseria de su sueldo y lograr una
comisión del Consejo de Castilla, no busca directamente el favor de Campomanes, a quien
confesaba deber principalmente el destino de Sevilla, sino el de Argandona, ya su cuñado:
«Mi hermano, D. Domingo Argandona –escribe a Campomanes–, tiene el encargo de hacer presente a V.S. que, si hubiese lugar de proporcionarme algún encargo o comisión del
Consejo, podría recordar a V.S. mi nombre para él; yo lograría a un mismo tiempo tener
alguna ayuda de costa y dar a conocer mi ardiente deseo de servir a S.M., y contemplando
que una residencia podría ser encargo proporcionado a mis fuerzas, espero que V.S. le ayude
con su influjo al logro de esta solicitud». No obstante, le pide venia: «En todos casos, la
aprobación de V.S. debe preceder a cualquiera diligencia que haga a mi favor, y el de V.S. es
el único que podrá esforzarla»16.
Estas palabras no sólo ponen de manifiesto que «la influencia de Argandona en la
Corte, especialmente en el círculo de asturianos, debía ser grande para confiarle una reJovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 215.
Guzmán Sancho, Agustín, «Argandona ‹homo novus› I», La Nueva España, domingo, 8 de
mayo de 2005, pág. 16.
14 Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 215.
15 Guzmán Sancho, Agustín, ob. cit., pág. 16.
16 Ibidem, pág. 16.
12 13 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
21
comendación tan alta»17, sino también que la carrera política de Jovellanos en Madrid
pudo haberse vista impulsada, en sus comienzos, por su cuñado y los contactos de éste.
En cuanto a Josefa, ésta se trasladó a Madrid con su marido, al número 6 de la calle
Atocha. Jovellanos revela en sus Memorias la sensación que su hermana causó en la
Corte:
Trasladada a vivir en la Corte, fué allí tan amada de su marido, como generalmente estimada, así por su agradable trato, del cual estaba encantado el sabio conde de Campomanes,
cuya casa más frecuentaba, como por su recomendable conducta, hallando por uno y otro
el más distinguido lugar en todas las sociedades de la Corte18.
Sin embargo, aunque en esta cita el ilustrado parece encantado con la presencia de
su hermana en las reuniones sociales y tertulias de la Corte19, conviene tener presentes
las estrategias de poder de las que habla Foucault y el hecho de que Jovellanos es un
hombre del siglo XVIII, que, si bien cortésmente, relega a la mujer a un segundo plano.
Prueba de ello es que cuando se propuso integrar damas en la Real Sociedad de Amigos del País de Madrid, terminó por crearse una Junta de Damas aparte, «siguiendo el
criterio que expresó Jovellanos en 1786»20:
éste reconocido ilustrado defiende el valor de la aportación femenina pero sólo en aquellos asuntos que le son más propios, como la caridad referida a huérfanos y mujeres desfavorecidas y su contribución a la reforma general de las costumbres frente a la disipación que
las amenaza, pero desaconseja la integración en la misma sociedad que los hombres argumentando: «Pero no nos dejemos alucinar por una vana ilusión; las damas nunca frecuentarán nuestras Juntas; el recato las alejará perpetuamente de ellas: ¿cómo permitirá esta
delicada virtud que vengan a presentarse en una concurrencia de hombres de tan diversas
condiciones y estados, a mezclarse en nuestras disputas y contestaciones?»21
Ibidem, pág. 16.
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 215.
19 Para más información sobre salones y tertulias en el siglo XVIII, véanse Iglesias, María Carmen,
«La nueva sociabilidad: mujeres nobles y salones literarios y políticos» (en Iglesias, María Carmen,
ed., Nobleza y sociedad en la España moderna, 1997, págs. 199-230) y Álvarez Faedo, María José, «La
realidad de la mujer ilustrada en el panorama español e inglés del siglo XVIII» (en García Martínez,
María Isabel, Álvarez Faedo, María José y Simon Schuhmacher, Lioba, La educación de la mujer en el
siglo XVII en España e Inglaterra, 2005, págs. 29-50).
20 Zorrozúa, Pilar, «Literatura femenina en la España del siglo XVIII», en Actos de la XIX Selmana
de les Lletres Asturianes dedicada a Xosefa Xovellanos (1745-1807), 1998, pág. 13.
21 Jovellanos, G. M. de, Memoria leída en la Sociedad Económica de Madrid, sobre si se debían o no
admitir en ella las señoras, Madrid, Rivadeneyra, B.A.E. Tomo L, 1786, pág. 53. En Zorrozúa, Pilar, ob.
cit., pág. 14.
17 18 22
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
De ese modo establece una clara definición de lo que él entiende por roles femeninos y, para él, su hermana Josefa personificaba ese ideal pues, retomando la descripción que de ella ofrecía en sus Memorias, Josefa era epítome de «caridad y virtud
ejemplar»22.
Lamentablemente, la feliz existencia de esta dama ejemplar se vio nublada por el
fallecimiento de su esposo el 23 de mayo de 1774. Y si ella era una gran mujer, él también había sido un gran hombre, como atestigua el hecho de que el 30 de junio de ese
mismo año:
se reunió la Diputación del Principado para promover el nombramiento de nuevo comisario en la Corte y tomó el acuerdo de conceder a la viuda la cantidad de dos mil ducados
de vellón, sin que sirviese de precedente, en atención «al notorio mérito del difunto don
Domingo Argandona, bien acreditado en los muchos y graves encargos que ha puesto a su
cuidado este Principado en todo el tiempo que le estuvo sirviendo» y para que «le sirva de
consuelo a la señora viuda en la aflicción en que presentemente se le debe considerar,
prueba de la insinuada estimación que merecía el difunto»23.
Josefa Jovellanos dio a luz a un bebé «póstumo, que nació y murió a los pocos días
de la muerte de su padre»24. Con anterioridd, en ese mismo año también había fallecido su hermana Juana Jacinta. De modo que Josefa, hondamente afligida por los duros golpes que la vida le acababa de asestar, se dedicó al cuidado de su casa25 y de sus
dos hijas: Vicenta y Mª Isabel.
Parece ser que, unos años después de haber enviudado, la Argandona se enamoró de
otro hombre, y, al abrir su corazón a su hermano, recibe de él una carta nada alentadora:
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 215.
Guzmán Sancho, Agustín, ob. cit., pág. 16. A.G.P., libro 110, fol. 124v. (Archivo General del
Principado en Oviedo, Sección Junta General del Principado.)
24 Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 215. En su testamento de 18 de febrero de 1791,
la propia Josefa declara: «haber estado casada infazie (sic: in facie) eclesie con el eminenziado (sic) señor
Don Domingo González de Argandona, de cuyo Matrimonio tubimos (sic) por míos Hijos lexítimos á
las Señoritas Dña. Vicenta, Dña. Jertrudis y Dña. María Isabel, que fallecieron después del referido su
Padre, y de consiguiente he quedado por única y unibersal (sic) Heredera de las tres». En «Testamentos:
Uno otorgado por la Sª Dª Josefa Francisca de Jovellanos, Viuda del Sr. D. Domingo González de Argandona», de 18 de febrero de 1791, MS, folio 32 (anverso). En el Archivo Histórico de Asturias, Oviedo,
Fondo de Protocolos Notariales de Oviedo, Notario Pedro de Escosura, Signatura del Colegio Notarial
1346, Signatura del Archivo Histórico (Caja) 8493. Según esto, ese bebé póstumo al que Jovellanos denomina «niño póstumo» fue una niña.
25 Explica Jovellanos en sus Memorias que Josefa pasó «algunos años en la casa paterna cuidando de
la administración de sus fincas, que por la muerte de nuestro padre y por la ausencia de todos sus hijos
varones, empleados en el real servicio, estaba abandonada». Ídem.
22 23 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
23
en el asunto del que me hablas es casi un imposible que te hagan fuerza mis razones,
como a mí las tuyas. Tú tratas el asunto como enamorada y yo como que no lo estoy. Tú te
resuelves por razones de pura conveniencia o de capricho y por motivos del todo personales
y privados, y yo por razones de decoro respectivas a toda la familia, al público y aún a ti
misma y tu elegido, considerados en el estado de serenidad y sangre fría que debe suceder a
los accesos de pasión. Finalmente, lo que tú haces es un disparate a los ojos de todo el
mundo y un acierto a lo de dos personas interesadas en él. Pues dime ahora, ¿no es un empeño bien extraordinario querer autorizar una locura con la aprobación de muchos hombres de juicio?26
Preocupado por el «qué dirán» Jovellanos desprueba la idea de que su hermana
contraiga segundas nupcias. Siguiendo a Foucault (1977), se puede apreciar una inquietud, por parte de él, de ejercer su autoridad sobre Josefa y controlar sus decisiones: «Si te lisonjeas con la aprobación de madre, de tus tíos, de tu hermano mayor,
estás muy engañada. Yo sé lo que piensan, porque me lo han escrito, y de su dictamen
al mío no hay el negro de una uña de diferencia»27. Pero lo hace de manera sutil, consciente de la importancia que su opinión sobre el tema en cuestión tiene para su hermana: «Yo nunca daré un paso dirigido estorbar el complemento de tus ideas; pero
tampoco les daré mi aprobación»28. La Argandona tenía 28 años cuando falleció su
esposo. Era una joven hermosa y esbelta29, viuda en plena juventud. Pero Josefa respetaba tanto el criterio de su hermano que, aunque había conseguido volver a enamorarse seis años después de haber enviudado, nunca se volvió a casar.
En 1786 cae enferma la mayor de sus hijas y, cuando viaja a Toledo para visitar un
cirujano que valore su estado, Jovellanos, en carta a su hermano Francisco de Paula,
revela sus ansias de tener noticias del resultado de aquella consulta:
«He tenido carta de Toledo, donde habían arribado felizmente Pepa y Vicenta, y esperaban para el día siguiente por la mañana al cirujano consultor, cuyo dictamen espero en el
correo de mañana, y le deseo con ansia». Será el propio Jovellanos quien nos diga que ambas hijas no llegaron a la pubertad30.
Jovellanos, Gaspar Melchor, «De Jovellanos a su hermana Josefa», 1781. En Caso González,
José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo III. Correspondencia 2ª (Julio
1794-Marzo 1801)), 1986, pág. 197.
27 Ibidem, pág. 197.
28 Ibidem, pág. 198.
29 Ella firmó alguno de sus escritos con el pseudónimo «La Esbelta». Véase Gracia Noriega, José
Ignacio, «Entrevistas en la Historia: Josefa de Jovellanos», La Nueva España, lunes, 26 de octubre de
1998, pág. 26.
30 Guzmán Sancho, Agustín, ob. cit., pág. 16.
26 24
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Tras haberse ocupado de la casa paterna durante unos años, Josefa se traslada a
Oviedo, para vivir allí con su hermana, la condesa de Peñalba. Y después del disgusto
que su hermano Gaspar se había llevado con los devaneos amorosos de su hermana,
tan poco recomendables –al entender del ilustrado– para una dama de su condición,
ahora, sin embargo, se muestra muy complacido con el tipo de vida que lleva en
Oviedo, que, por otro lado, representa el ideal de conducta que, como se ha apuntado,
él consideraba que debía exhibir una dama:
Allí no sólo estableció una vida retirada y devota, sino que fué el ejemplo y se hizo como
la directora de todas las señoras del pueblo que estaban animadas del mismo espíritu. Ardiendo en la más pura y activa caridad, después de pasar en el templo la primera parte del
día, destinaba todo el resto a asistir y consolar a las infelices de su sexo, que por reclusas en
la cárcel y en la galera, o por dolientes en el hospital, excitaban más vivamente su compasión. Su caridad era tan discreta, como su virtud ilustrada y sólida. No se contentaba con
socorrer a estas infelices, sino que las instruía, enseñándoles y explicándoles la doctrina
cristiana, y las aconsejaba dándoles oportunos documentos de virtud y conducta, y las consolaba con amigables exhortaciones a la paciencia y resignación. Pero, sobre todo, cuidaba
de inspirarles amor al trabajo, y conociendo que la ignorancia y la ociosidad eran el primer
origen de sus desgracias, no sólo les representaba los bienes del honesto trabajo, sino que
enseñaba a hilar, hacer calceta y coser, a las que no sabían estas labores, y buscaba y proporcionaba a todas trabajo, para estimularlas más y más con el aliciente de la ganancia. A su
ejemplo, se dedicaron otras señoras a ayudarla en tan piadoso ejercicio, y cuando pudo
concebir la esperanza de dar alguna consistencia a este establecimiento de caridad, buscó
para su apoyo la autoridad pública31.
El ilustrado visitaba a su hermana con frecuencia, como queda registrado en su
Diario. Por ejemplo, en la entrada correspondiente al domingo 29 de agosto de 1790
(Cuaderno I) se puede leer: «Mieres; allí Pepa y Baltasar, a dormir en Oviedo; comí
allí»32. Él se muestra orgulloso de ella, que no sólo es caritativa con esas mujeres necesitadas, sino que hace gala de un espíritu fuerte y activo, pues las instruye y busca
apoyo en «la autoridad pública» para que su obra no desaparezca, sino que, en cierto
modo, se institucionalice:
Valiose a este fin de D. Carlos de Simón Pontero, que como gobernador del Principado
y regente de su real audiencia, no sólo abrigó el pensamiento, sino que aprobó una especie
de reglamento que mi hermana formara, y encargó la dirección espiritual de esta institución
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, págs. 215-16.
En nota al pie explica el editor «Su hermana Josefa y su hermano Baltasar Cienfuegos Jovellanos».
Caso González, José Miguel, Gaspar Melchor de Jovellanos. Diario, 1992, pág. 9.
31 32 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
25
al doctor D. Félix de Bobes, cura rector de la parroquial de Santullano, extramuros de
Oviedo33.
Jovellanos expresa su aprobación y admiración por la obra de su hermana en los
siguientes términos: «Así siguió por algunos años mi hermana dirigiendo esta piadosa y útil asociación, animando a las demás asociadas en este piadoso ejercicio y aumentando cada día su número, sus medios y su fruto, con gran provecho y edificación
del público»34. Estas últimas palabras hacen evidente su satisfacción ante los beneficios que la caridad de Josefa aporta a la sociedad.
Sin embargo, la Argandona, para consternación de su ilustrado hermano, no iba a
contentarse con eso: cansada de una vida plagada de contratiempos, que le habían
impedido ver cumplidos sus deseos, arrebatándole sin piedad lo que más amaba, fue
inclinándose hacia la paz y el sosiego de espíritu que ofrecía la vida conventual. Pero
su hermano no creía que esa vocación hubiera surgido espontáneamente, y −en total
desacuerdo con el nuevo rumbo que la vida de su hermana parecía tomar− recelaba de
aquellos que pudieran habérsela inculcado:
cuando su particular director, el canónigo dignidad de Oviedo, D. Lucas Zarzuelo, sujeto
de más celo y virtud que ilustración, hallando los progresos que su hija de confesión hacía en
la virtud, y creyendo conducirla a mayor perfección en el claustro, le inspiró o, si nació de
ella, le fomentó el deseo de retirarse a él; y como si no hubiera abandonado el mundo la que
sólo veía en él las miserias y aflicciones de sus prójimos para socorrerlas y consolarlas, o
como si pudiese haber una virtud más sublime que la caridad, que es la mayor, y la fuente de
apoyo de todas las virtudes cristianas, acordaron que tomase el velo en el convento de religiosas Recoletas de San Agustín de Gijón, situado en terreno de mi casa y contiguo a ella35.
Ese recelo −incluso desdén− hacia D. Lucas Zarzuelo vuelve a aflorar en una carta
que escribió a su amigo, Carlos González de Posada, de 7 de julio de 1793: «¿Se persuadirá usted que una mujer tan ejemplar está mejor en el claustro que en el mundo?
Pero hay cierta especie de enganchadores que pone toda su gloria en el número de los
reclutas»36. Por supuesto, la denominación de «enganchador» hace referencia al confesor de su hermana.
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 216.
Ibidem, pág. 216.
35 Ibidem, pág. 216.
36 Jovellanos, Gaspar Melchor, «Carta de Jovellanos a Carlos González de Posada. 6 de julio de
1793», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo II.
Correspondencia 1ª (1767-Junio 1794), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-II), Oviedo,
Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1985, carta nº 416, págs. 568-569.
33 34 26
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Desde el primer momento, Gaspar se opone a las intenciones de su hermana, convencido de que, una vez más, ella sacrificará sus anhelos en aras de los deseos de él:
«Poco tiempo antes, esta buena hermana, que siempre me distinguió en su amor de
todos los hermanos, me había descubierto su deseo de retirarse al cláustro, y yo le
había representado tan fuertemente mi desaprobación, que me pareció rendida a mis
razones»37. Esas razones eran las siguientes:
Díjela que retirada ya de todo trato, enteramente dedicada al ejercicio de la caridad, y
cuando conocía el copioso fruto que de ella y de su ejemplo resultaba en favor de tantas
infelices, privarlas de su auxilio y consuelo para sepultarse en un claustro, no podía nacer de
alta inspiración, y lo debía mirar como afecto de su extraviada imaginación38.
Josefa era consciente de ello, sin embargo, esta vez estaba decidida a llevar acabo
sus propósitos, pues, como explicará a su hermano en una carta muchos años después,
el 27 de agosto de 1804, siendo ya priora del convento: «tenía ya cuarenta y ocho
años cuando mi ingreso en este santo retiro; venía no sólo cansada del mundo, sino
también de los muchos trabajos padecidos en los estados de casada y viuda»39.
Así, entró en el convento en 1793. Jovellanos expresa su disgusto en la carta que
envió a Carlos González de Posada el 6 de julio de 1793: «Acaba por verificarse una
gran novedad. Nuestra hermana Pepa es monja en Gijón de dos horas acá. Mi sentimiento ha sido grande, no por otra razón, sino porque priva al público de un santo
ejemplo y a los pobres de un gran auxilio»40.
Aunque molesto con ella, era mucho el cariño que Gaspar sentía hacia su hermana
para que un desacuerdo los pudiera distanciar. Por ello, la visitaba a menudo al convento, como se puede leer en su Diario. En su Cuaderno V, en la entrada correspondiente al martes 14 de enero de 1794, Jovellanos escribe: «Bello día; llega el correo de
ayer; visita en el convento; paseo después de comer; a las tres y cuarto al Instituto»41.
También la agasajaba obsequiosamente pues, con motivo de la onomástica de su JoJovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 216.
Ibidem, pág. 216.
39 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas
Recoletas de Gijón, 27 de agosto de 1804». En Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), 1988, págs. 114.
40 Jovellanos, Gaspar Melchor, «Carta de Jovellanos a Carlos González de Posada. 6 de julio de
1793», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo II.
Correspondencia 1ª (1767-Junio 1794), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-II), Oviedo,
Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1985, carta nº 416, pág. 568.
41 En nota al pie explica el editor «De agustinas recoletas, donde estaba su hermana sor Josefa».
Caso González, José Miguel, Gaspar Melchor de Jovellanos. Diario, 1992, pág. 158.
37 38 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
27
sefa que caía en 17 de marzo, un día después, el 18 de marzo de 1794, le envía al convento dos salmones que hizo traer de Pravia42.
Por entonces, ella ya barajaba la idea de crear una escuela para niñas. A tal fin, había
pedido consejo a su hermano Gaspar, que le escribió, con fecha de 22 de mayo de
1794, aconsejándola al respecto:
primero, que dote bien la maestra; segundo, que deje el nombramiento y cuidado de su
cumplimiento a cargo de la villa, del Director del Instituto o otra persona que estos nombraren; tercero, que deje señalada la inversión del fondo en dotes para las niñas o en aumento de número43.
Él se daba cuenta de que Josefa estaba resuelta a seguir adelante, como luego relataría en sus Memorias, cuando, antes de ingresar en el convento, dejó sus disposiciones
testamentarias44 por escrito, en las que distribuía todos sus bienes:
entre sus parientes más necesitados, salvo los que destinó: 1º, para la dotación de una
escuela para la enseñanza de veinticuatro niñas huérfanas, que antes había fundado y fomentado; 2º, para la de un penitenciario en el mismo convento, y 3º, la casa y hacienda llamada de Las Figares, que nos dejó a nuestro hermano Francisco de Paula y a mí, y al que de
los dos sobreviviese45.
Finalmente, la Argandona profesó el 7 de julio de 179446 como Sor Josefa de San
Juan Bautista, en el convento de Agustinas recoletas de Gijón, y «cedió cuantos bienes poseía á sus hermanos D. Francisco de Paula y D. Gaspar Melchor, excepto tres
casa en Madrid y otra en Gijón, con las que fundó algunas memorias pías»47. Indignado, su hermano pone de manifiesto su decepción y enfado en sus Memorias, llegando incluso a tratar de tomar cartas en el asunto:
42 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Josefa. Gijón, 18 de marzo de
1794». En Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo III.
Correspondencia 2º (Julio 1794-Marzo 1801), 1986: 615.
43 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Josefa. Gijón, 22 de mayo de
1794». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1986: 639.
44 Véase «Filantropía y educación en el siglo XVIII: las disposiciones testamentarias de Josefa Jovellanos» (1995) de Álvaro Ruiz de la Peña.
45 Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 216.
46 Gracia Noriega, José Ignacio, «Entrevistas en la Historia: Josefa de Jovellanos», La Nueva España, lunes, 26 de octubre, 1998, pág. 26.
47 Serrano y Sanz, Manuel, «Jovellanos (Dª Josefa de)», Apuntes para una biblioteca de escritoras
españolas desde el año 1401 al 1833, 611.
28
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Pero pasado algún tiempo, fuese que no pudo reprimir la vehemencia de su deseo, o que
su director la indujo a ejecutarle, ello es que lo verifico súbitamente y con tanto secreto, que
aunque avisado en el mismo día, procuré estorbarlo por medio de una enérgica carta a su
director, ya, cuando yo la escribía, estaba mi hermana cubierta con el velo a pocos pasos de
mi casa48.
Sin embargo, el amor hacia su hermana es mayor que el rencor que le puede producir el que ésta desafíe sus directrices y, tan sólo unos días después, se muestra afligido
por los impedimentos que se le ponen a la creación de la escuela para niñas que ella
patrocina, como queda reflejado en el Cuaderno V de su Diario, con fecha de Domingo, 20 de julio de 1794:
Los diputados de la villa, don José de Llanos y don Miguel de Cifuentes, vienen con su
acuerdo: que no pueden admitir la cesión de las fincas, propuesta por nosotros, como apoderados de mi hermana, con las cargas indicadas; que si se venden admitirán el capital que
produjeren y cumplirán las cargas hasta donde alcanzaren sus réditos al 2 y medio por 100,
y esto con facultad de redimir. Lo miramos como una negativa, y sentimos el mal éxito por
el bien de la villa, que pierde una ocasión de tener bajo su mano unos establecimientos tan
útiles con ganancia49.
Un año después, por fin, tras múltiples avatares, Josefa logra fundar −con el beneplácito de su hermano− su escuela para niñas pobres con el nombre de Enseñanza
Caritativa de Nuestra Señora de los Dolores. Puntualiza Agustín Guzmán Sancho que
se la conocía como «la escuela de la Argandona» y añade que «como bienes de esta
fundación, dedicó tres casas en Madrid que había heredado de su esposo, una de ellas
la del número 6 de la calle Atocha que había sido su domicilio en la Corte»50. El propio Jovellanos deja constancia de ello en el Cuaderno VI de su Diario, en la entrada
correspondiente al Martes, 14 de julio de 1795: «Tarde al convento; la monja buena,
pero tomando la leche de burra; impaciente por acabar de solidar sus fundaciones.
Largo y delicioso paseo entre mis amados árboles»51. Tan sólo cuatro días después,
vuelve a hablar de la creación de la escuela en una carta dirigida a Carlos González de
Posada, de 18 de julio de 1795, donde explica que:
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 216.
En nota al pie explica el editor «Se trataba de una fundación de sor Josefa, por la que creaba en
Gijón una escuela gratuita de primeras letras para niñas». Caso González, José Miguel, ob. cit., 1992,
pág. 181.
50 Guzmán Sancho, Agustín, «Argandona ‹homo novus› I», La Nueva España, domingo 8 de
mayo, 2005, pág. 16.
51 Caso González, José Miguel, ob. cit., 1992, págs. 264-265.
48 49 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
29
mi hermana la monja ha fundado una escuela de caridad para enseñanza de 24 niñas
huérfanas, con fondos para dotar una de ellas cada dos años, la cual está abierta y corriente
desde el pasado, habiéndose hecho de tres pequeñas una casita decente para esta enseñanza,
frente a las ventanas de mi cuarto52.
Dos años después, el 8 de octubre de 1797, Gaspar Melchor de Jovellanos es nombrado embajador en Rusia53, sin embargo, muy a gusto en su Gijón natal, trata de postponer su partida a San Petesburgo lo más posible54. De hecho, finalmente habrá de
cambiar su destino en San Petersburgo por la Corte en Madrid, ya que el 13 de noviembre de 1797 le llega el nombramiento para el cargo de Ministro de Gracia y Justicia. Su hermana Josefa compuso un poema en su honor, titulado «Fiestes a
Xovellanos»55 (1798).
Meléndez Valdés56 describe el abatimiento de Jovellanos al partir hacia la Corte.
Éste parecía barruntar lo que allí le acechaba: envenenamientos y conspiraciones para
destituirlo de su cargo y provocar su detención «en la madrugada del 13 de marzo de
1801»57, a fin de alejarlo lo más posible de la Corte, recluyéndolo en el castillo de
Bellver, en Mallorca. Manuel Serrano y Sanz asegura que, en esta circunstancia, medió
entre Gaspar y Sor Josefa «una afectuosísima correspondencia, propia de dos almas
gemelas, siendo las cartas de la virtuosa monja el más dulce lenitivo que Jovellanos
experimentó en sus amarguras»58.
El 3 de julio de 1801 Sor Josefa de San Juan Bautista escribe una carta al Prior de la
Cartuja de Valldemosa, intercediendo por su hermano, que había sido «arrebatado de
su casa», para ir «muy lejos, sin haberme permitido saludarle en su partida» −lo que
la afligía en extremo−, rogándole que le hiciera más llevadera su estancia en «ese dulce
Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a Carlos González Posada. Gijón, 18 de julio de
1795». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1986, pág. 126.
53 Hace referencia a ello en una carta a la Universidad de Oviedo, de 11 de noviembre de 1797 (Artola, Miguel ed., ob. cit., 1956, pág. 208). Para más información sobre esa etapa de la vida de Jovellanos,
véase Jovellanos: enigmas y certezas, de Manuel Álvarez-Valdés y Valdés (2002, págs. 43-64).
54 Jovellanos apunta visitas al convento para ver a su hermana en el Cuaderno VI de su Diario, en la
entrada del Martes, 5 de enero 1796 y en el Cuaderno VIII, el viernes 20 de octubre de 1797, lo que demuestra que seguía en Gijón por esas fechas, en lugar de estar incorporado en su destino de embajador
en San Petersburgo.
55 Romance en bable q. compuso la Rda. Me. Priora de Recoletas Agustinas de Gixon / en celebridad de
haverse dignado S. M. nomvrar a su hermo. Embaxor. A Rusia y Minro. de Gracia y Justicia. Incluido en Obra
Poética (1997) de Josefa Jovellanos, edición y notas de Xuan Carlos Busto, págs. 175-183.
56 Caso González, José Miguel, ob. cit., 1992, págs. 425.
57 Álvarez-Valdés y Valdés, Manuel, Jovellanos: enigmas y certezas, 2002, pág. 65.
58 Serrano y Sanz, Manuel, «Jovellanos (Dª Josefa de)», Apuntes para una biblioteca de escritoras
españolas desde el año 1401 al 1833, 1903-1905, pág. 611.
52 30
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
y memorable y santo retiro»59 y le pide que le envíe noticias suyas. Por desgracia, Josefa −con el corazón partido y quebrantada la salud a causa del dolor provocado por la
ausencia de su hermano− no iba a saber de él hasta tres años después60, en una carta
escrita desde el Real Castillo de Bellver el 3 de julio de 1804, en la que, también enfermo, se mostraba resignado:
Mi muy amada hermana: Gracias a Dios que después de más de tres años puedo decirte
que vivo, y gracias a la piedad de nuestro buen Rey, que me concede este consuelo. Su Real
clemencia se ha extendido también al reparo de mi tan quebrantada salud, pues se digna
permitirme tomar baños de mar, cuya falta, como ya sabrás, me ha costado dos enfermedades en los veranos anteriores. Por fin me ha permitido también S. M. que pueda arreglar y
hacer mi testamento, que era mi mayor cuidado, porque habiendo cumplido ya sesenta
años y, además de otros achaques, estando amenazado a perder la vista, debo temer que la
muerte, que de nadie anda lejos, ande ya muy cerca de mí61.
En dicha carta pide ayuda a Josefa para «arreglar» su testamento, aunque es consciente de que «estos encargos son ajenos tu profesión y, lo que más me aflige, que tu
salud está muy quebrantada y débil»62. El 28 de ese mismo mes, vuelve a escribir a su
hermana antes de recibir respuesta a la misiva anterior, con más detalles sobre sus últimas voluntades, si bien, ésta vez, sazonando sus palabras con un ligero toque de humor: «Prevéngote que, aunque bien lo quisiera, no te escribiré de mi puño, así porque
mi letra, que siempre fue mala, es ahora malísima, como por cuidar mis ojos, cuyas
manchas crecen y con ellas mi temor de perder del todo la vista»63. Y le advierte a ella,
siguiendo con su vena humorística: «Tú debes hacer lo mismo, no sólo en contemplación a tu débil salud, sino porque ¿cuál será ahora tu letra, que cuatro años ha no podía
yo leer sin trabajo?»64.
Por fin, le responde Josefa el 14 de agosto de 1804, dando gracias a Dios «por el
consuelo de una carta tuya al cabo de tan prolongada ausencia»65, pero consternada
59 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista al Prior de la Cartuja de
Valldemosa», 1801. En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 14.
60 Hasta esa fecha, la información que de él le llegaba era por mediación de terceros.
61 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real
Castillo de Bellver, 3 de julio de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 71.
62 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real
Castillo de Bellver, 3 de julio de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 72.
63 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real
Castillo de Bellver, 28 de julio de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 98.
64 Ibidem.
65 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas de
Gijón, 14 de agosto de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 100.
La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
31
porque teme que su enfermedad no le permita cumplir con los encargos testamentarios de su hermano. Es tan grande su deseo de que su hermano se recupere totalmente
que, «convencida de que sólo los aires frescos de este país en que hemos nacido pueden recuperarlo»66, escribe al ministro de Gracia y Justicia José Antonio Caballero,
para que interceda por Jovellanos ante el rey Carlos IV y le haga llegar una súplica de
ella para que su hermano sea perdonado:
por los vuenos servicios que el mismo Don Gaspar hizo a V. M. y su Augusto Padre en
más de 30 años que empleó en la carrera de la Toga y en diferentes encargos y comisiones
importantes que desempeñó con la reputación de celo y desinterés que también es notoria,
y sobre todo por la ynagotable clemencia que resplandece en el magnanimo corazon de V.
M., le suplican …, nos dé el consuelo de volver á ver este último hermano en medio de
nosotros67.
El monarca no mostró clemencia, y Gaspar escribe a Josefa con fecha de 20 de
agosto de 1804, interesándose por el nuevo cementerio de Gijón, expresando su deseo de señalar allí su entierro: que «trasladen allá mis huesos, para que reposen al lado
de los de mis padres y hermanos»68.
Ella contesta el 27 de agosto a la carta de su hermano de 28 de julio, poniéndole al
corriente de las gestiones llevadas a cabo en relación con las disposiciones testamentarias de éste, revelándole lo precario de su salud y analizando las causas de su falta de
fuerzas para poder acometer con éxito todas las tareas por él encargadas:
La estrechez de facultades en que hallé y veo esta santa comunidad y el amor sin medida
que la profeso me hizo agitar de modo nuevo en molestas ocupaciones; el serio cargo de
prelada que sobre mis débiles hombros han puesto y no supe proseguir, y sobre todo la
sorpresa de tu partida y continuo dolor de tu prolongada ausencia me tienen tal, que si me
vieses te compadecerías para no darme nuevas ocupaciones. Estoy de verdad sin fuerzas, el
pecho muy lisiado, cansada la cabeza del continuo trabajo desde la edad de veintiocho años,
en que quedé viuda, hasta la de 60, en que ya entré, y más que todo debo conocer la necesidad de entrar dentro de mí a ver mis pecados, mis disipaciones y vehementes pasiones, que
por desgracia no se debilitan aunque lo están las fuerzas corporales69.
Ibidem, pág. 100.
Serrano y Sanz, Manuel, ob. cit., 1903-1905, pág. 611.
68 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista.
Real Castillo de Bellver, 20 de agosto de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988: 108.
69 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas Recoletas de Gijón, 27 de agosto de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 114.
66 67 32
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Parece ser que, a fecha de 7 de setiembre de 1804, el ilustrado aún no había recibido
carta alguna de su hermana, y así se lo hace saber, toda vez que le informa del progresivo deterioro de su vista70. Por fin, a finales de mes, el 28 de setiembre, le acusa recibo
de dos de sus cartas71. Ella, por su parte, continúa respondiendo correspondencia de
Gaspar y le confiesa que «has sido siempre entre nuestra dilatada hermandad el más
interesante objeto a mi atención para mirar tu suerte cual la mía propia», a pesar de
que «la divina Providencia te arrancó de la casa paterna y quedaba yo en edad muy
tierna, y que después hemos vivido ausentes la mayor parte del tiempo»72. Es tanto el
cariño que siente hacia su hermano que teme excederse «en el grado de amor»73.
Ese afecto era correspondido con creces por Gaspar, que preocupado por la salud
de Josefa, escribe a su hermana Catalina de Sena (a la que llama cariñosamente Catuja) para que se traslade a Gijón, «donde podrás asistir y aliviar a nuestra buena
monja en la aflicción y trabajos que la rodean, y darnos a ella y a mí este consuelo»74.
En carta del 7 de noviembre de 1804, Jovellanos hace referencia al «gravísimo
riesgo» que había corrido la vida de su hermana unos días antes, aunque se siente
aliviado porque le han comunicado que se hallaba ya «fuera de riesgo»75. Ese gravísimo estado consistió en una «grave enfermedad de pecho», que según Josefa, unido
a otras amarguras, forma:
una ola de angustias, presentando la desolación de una familia que en todas las épocas
dio servidores al estado, que nuestros hermanos fallecieron en la edad joven en las fatigas
del Real servicio, y acabando en ti te me han llevado a tal distancia y te hallas sin salud, sin
libertad ni medios de alcanzarla76.
Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista.
Real Castillo de Bellver, 7 de setiembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 115.
71 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista.
Real Castillo de Bellver, 28 de setiembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 118.
72 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas
Recoletas de Gijón, 24 de setiembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 117.
73 Ibidem, pág. 117.
74 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a su hermana Catalina de Sena. Real Castillo de
Bellver, 28 de setiembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 119.
75 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo
de Bellver, 17 de noviembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 127.
76 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas de
Gijón, 15 de noviembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 128.
70 La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
33
Así expresa esta mujer su justificado resentimiento hacia la ingratitud de un «Real
servicio» que llevó a la muerte a dos de sus hermanos y castigó con el destierro al que
primero había ensalzado a los puestos de embajador y ministro.
Gaspar está cada vez más preocupado por el deteriorado estado de salud de Josefa,
y escribe a su hermana Catalina, instándola para que vaya a visitarla al convento «así
para consolarla como para arreglar los encargos que la piedad del Rey nuestro señor
me permite haceros»77. Él precisa del buen juicio de la monja para resolver sus asuntos, por eso aclara a Catalina: «Tú, que siempre has vivido ausente de la casa paterna,
no podrás dar vado a ellos sin su consejo»78; aunque, consciente de la gravedad de la
enfermedad79 de Josefa, prosigue: «ni ella en su situación cumplirlos sin tu auxilio»80.
La propia Josefa ve acercarse su hora, pues anuncia a su hermano en una carta de 5 de
diciembre de 1804 que «yo debo estar prevenida a la muerte y tú a no sentirla»81.
Tanto le impresiona y conmueve el penoso estado de salud de su hermana, que se
apura a escribirle el 19 de diciembre para que no se preocupe más de sus disposiciones
testamentarias ni de sus asuntos, y se dedique solamente a cuidar su salud «pues ella
es la que me interesa sobre todo»82. El 2 de enero de 1805 Josefa relata cómo «se
contristó» el ánimo de su hermana Catalina, que fue al convento a visitarla, «al verme
en la portería tan desfigurada y el semblante extenuado»83. A partir de entonces, su
salud se deteriora aún más, y se niega a recibir visitas de su hermana. Gaspar, extemadamente interesado en la salud de la monja, le recrimina su actitud en carta del 28 de
febrero de 1805, aunque respetando su decisión:
Sé que te has resistido a que Catuja solicitase licencia para verte en tu celda, y aunque yo
lo creía muy conveniente para tu consuelo, el suyo y el mío, y además muy justo y hacedero,
por lo mismo que tu debilidad te reduce a la cama, y a que su entrada en el convento, atendida su edad y estado, no pudiera servir de distracción ni producir algún otro inconveniente
77 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a Catalina de Sena. Real Castillo de Bellver, 1 de
diciembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 137.
78 Ibidem, pág. 137.
79 Josefa padecía de insuficiencia cardiovascular. Para más información al respecto, véase Jovellanos:
Patobiografía y pensamiento biológico (1966: 155), de Jesús Martínez Fernández.
80 Ibidem, pág. 155.
81 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas
Agustinas de Gijón, 5 de diciembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 139.
82 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo
de Bellver, 19 de diciembre de 1804». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 142.
83 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas Recoletas de Gijón, 2 de enero de 1805». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988,
pág. 149.
34
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
en la comunidad, no por eso me atrevo a insistir en este punto, respetando tu repugnancia y
las razones de que pueda provenir, sean las que fuesen84.
Obedeciendo los deseos de su hermano, Sor Josefa vuelve a recibir a su hermana
en el convento. Así se lo comunica en una carta fechada el 7 de marzo de 1805, toda
vez que le comenta los efectos de la guerra en tierras asturianas: «También acá llegan las hostilidades de ese orgulloso enemigo, que nos pone un corsario tan cerca
que no se atreven los barquitos de pesca salir a ella, porque dicen haber cogido uno
de Candás»85.
Gaspar está pendiente de la salud de su hermana hasta tal punto, que insiste continuamente a Catalina a que vaya a verla, si bien no sólo para cuidarla, sino para aprender de ella, pues él siempre tuvo el intelecto de Josefa en muy alta estima. En su carta
a Catalina de 18 de marzo de 1805 dice, refiriéndose a la monja, que «en su talento y
virtud hallarás los consejos y ejemplos que tanto habemos menester para arreglar
nuestra conducta, como por el gusto que hallarás en asistirla y consolarla en la aflicción que este mismo interés le inspira»86.
Este ilustrado es un hombre que otorga una gran importancia a la familia y a la unidad familiar, por ello, aun en la distancia, trata de conservar lo que queda de la suya:
Tú sabes que la providencia divina ha reducido nuestra numerosa familia a solos tres
individuos, y pues permite que uno [Gaspar] haya sido separado para el dolor y sufrimiento,
debemos mirar la reunión de los otros dos [Catalina y Josefa] como dispuesta por aquella
bendita mano para su alivio y consuelo87.
Esa terna familiar se conservará, con los consabidos problemas de salud que aquejaban principalmente a Gaspar y a Josefa, hasta que la muerte le sobrevenga a ésta última el 7 de junio de 1807, afligida por la angustia de no poder ver a su hermano por
última vez antes de pasar a mejor vida. Si sólo hubiera conservado un hálito de vida
unos meses más, hubiera sido testigo de cómo el rey Fernando VII decretaba la libertad de Gaspar Melchor de Jovellanos el 22 de marzo de 1808, «más que por hacerle
justicia, para aparentar un giro político de 180 grados, a consecuencia de la renuncia
84 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Castillo de
Bellver, 28 de febrero de 1805». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 168.
85 San Juan Bautista, Sor Josefa de, «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas
Agustinas de Gijón, 7 de marzo de 1805». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág.
173-174.
86 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «De Jovellanos a Catalina de Sena. Castillo de Bellver, 18 de
marzo de 1805». En Caso González, José Miguel ed., ob. cit., 1988, pág. 175.
87 Ibidem, pág. 175.
La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
35
al trono de Carlos IV, y de la caída de Godoy»88. Paradójicamente, el encargado de
comunicarle su libertad «secamente» fue «el mismo ministro José Antonio Caballero, marqués de Caballero, que había organizado su detención»89.
Años más tarde, y como no podía ser de otra manera, Gaspar le dedicaría a Josefa
un hermoso epitafio en sus Memorias, como correspondía a alguien a quien le había
unido un profundo cariño y admiración en vida:
Su vida en el convento fue ejemplarísima. Falleció en él en 1807 en olor de santidad, y su
sólida virtud, unida a su extraordinario talento, después de haberle conciliado la veneración
de sus hermanas y de todo el pueblo, dejaron en pos de sí una memoria que durará entre los
moradores de Gijón, mientras fuere en él apreciada la virtud. En sus últimos días fue afligida
de una agudísima enfermedad, a que pudo dar causa la pena que le causó mi arresto y traslación a Mallorca, porque el amor que nos habíamos profesado había crecido y fortificado
con el trato, siendo yo la única persona de quien recibía visitas en el convento y a quien recurría diariamente para ejercitar su ardiente caridad; y sería yo muy ingrato a su tierno cariño si escribiendo las Memorias de mi vida no consagrase a la suya estas pocas líneas, regadas
con mis lágrimas90.
De este hermoso panegírico se desprende que la relación entre Gaspar y Josefa no
terminó con la muerte de ésta, sino que su hermano la llevó en su corazón, con cariño,
respeto y admiración hasta el fin de sus días.
En conclusión, a través del testimonio documental de memorias, cartas y otros escritos se ha demostrado, no sólo la estrecha relación que unía a Gaspar y a Josefa Jovellanos, sino también de qué manera cada uno de ellos influyó en la vida del otro,
propiciando oportunidades, situaciones y decisiones que afectarían tanto a su historia
personal como a la historia de España.
BIBLIOGRAFÍA
Álvarez Faedo, María José, «Josefa Jovellanos y la educación de la mujer en el siglo
XVIII». Boletín Jovellanista, Nº 5, 2004, págs. 15-34.
– «La realidad de la mujer ilustrada en el panorama español e inglés del siglo
XVIII», en García Martínez, María Isabel, Álvarez Faedo, María José y Simón Schuhmacher, Lioba, 2005, págs. 29-50.
88 89 90 Álvarez-Valdés y Valdés, Manuel, Jovellanos: enigmas y certezas, 2002, pág. 338.
Ibidem, pág. 338.
Jovellanos, Gaspar Melchor, ob. cit., 1956, pág. 216.
36
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Álvarez García, María Teresa, «Jovellanos y las mujeres», en Jovellanos y el Siglo
XXI. Conferencias organizadas por la Fundación Foro Jovellanos del Principado de
Asturias, Gijón, Fundación Foro Jovellanos del principado de Asturias, 1999,
págs. 89-106.
Álvarez-Valdés y Valdés, Manuel, Jovellanos: enigmas y certezas, Gijón, Fundación
Alvargonzález y Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, 2002.
Artola, Miguel ed., Obras publicadas e inéditas de Don Gaspar Melchor de Jovellanos,
Vol. V, tomo 87 de la BAE, Madrid, Real Academia Española, 1956.
Busto, Xuan Carlos, «Xosefa Xovellanos y los círculos d’ilustraos de Madrid y
d’Asturias», en Actas de la XIX Selmana de les Lletres Asturianes dedicada a Xosefa
Xovellanos 1745-1807, Uviéu, Serviciu de Publicaciones del Principáu d’Asturies,
1998, págs. 31-42.
Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas.
Tomo II. Correspondencia 1º (1767-Junio 1794), Colección de Autores Españoles
del s. XVIII (22-II), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1985.
– ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo III. Correspondencia 2º
(Julio 1794-Marzo 1801), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III),
Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1986.
– ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª
(Abril 1801-Setiembre 1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII
(22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988.
– Gaspar Melchor de Jovellanos. Diario, Barcelona, Planeta, 1992.
– Vida y obra de Jovellanos, Tomo II, Gijón, Caja de Asturias – «El Comercio», 1992.
Domínguez Lázaro, Martín, «Ideas educativas de Jovellanos». Boletín del Instituto
de Estudios Asturianos, Nª 117, año XL, enero-abril, 1986, págs. 217-234.
Foucault, M., Discipline and Punish: The Birth of the Prison, Nueva York, Vintage
Books, 1979.
– (Sheridan Smith, A. M. tr.), The Archaeology of Knowledge, Londres, Routledge,
2003 (1969).
García Martínez, María Isabel, Álvarez Faedo, María José y Simón Schuhmacher, Lioba, La educación de la mujer en el siglo XVIII en España e Inglaterra,
Lewiston (Nueva York), The Edwin Mellen Press, 2005.
Gracia Noriega, José Ignacio, «Entrevistas en la Historia: Josefa de Jovellanos»,
La Nueva España, lunes, 26 de octubre, 1998, pág. 26.
Greenblatt, S. & Gunn. G. eds., Redrawing the Boundaries. The Transformation of
English and American Literary Studies, New York, The Modern Language Association of America, 1992.
La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
37
Guzmán Sancho, Agustín, «Argandona ‹homo novus› I», La Nueva España, domingo 8 de mayo, 2005, pág. 16.
Iglesias, María Carmen, «La nueva sociabilidad: mujeres nobles y salones literarios
y políticos», en Iglesias, María Carmen ed., Nobleza y sociedad en la España moderna, Llanera (Asturias), Fundación Central-Hispano, Ediciones Nobel, Gráficas
Summa, 1997, págs. 199-230.
– ed., Nobleza y sociedad en la España moderna, Llanera (Asturias), Fundación Central-Hispano, Ediciones Nobel, Gráficas Summa, 1997.
Jovellanos, Gaspar Melchor de, «Memorias familiares (1790-1810)», en Artola,
Miguel ed., Obras publicadas e inéditas de Don Gaspar Melchor de Jovellanos, Vol. V,
tomo 87 de la BAE, Madrid, Real Academia Española, 1956, págs. 206-220.
– «De Jovellanos a su hermana Josefa. Madrid, 5 de mayo de 1781», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo III.
Correspondencia 2º (Julio 1794-Marzo 1801), Colección de Autores Españoles del
s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento
de Gijón, 1986, págs. 197-198.
– «Memoria leída en la Sociedad Económica de Madrid, sobre si se debían o no
admitir en ella las señoras», Biblioteca de Autores Españoles, Tomo L, Madrid, Rivadeneyra, 1786, págs. 52-56.
– «De Jovellanos a su hermana Josefa. Gijón, 18 de marzo de 1794», en Caso
González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo
III. Correspondencia 2º (Julio 1794-Marzo 1801), Colección de Autores Españoles
del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1986, pág. 615.
– «De Jovellanos a su hermana Josefa. Gijón, 22 de mayo de 1794», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo III.
Correspondencia 2º (Julio 1794-Marzo 1801), Colección de Autores Españoles del
s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento
de Gijón, 1986, pág. 639.
– «De Jovellanos a Carlos González Posada. Gijón, 18 de julio de 1795», en Caso
González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo
III. Correspondencia 2º (Julio 1794-Marzo 1801), Colección de Autores Españoles
del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1986, págs. 125-126.
– Memoria leída en la Sociedad Económica de Madrid, sobre si se debían o no admitir en
ella las señoras, Tomo L, Madrid, Rivadeneyra, B.A.E., 1786.
– «Carta de Jovellanos a Carlos González de Posada. 6 de julio de 1793», en Caso
González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo
II. Correspondencia 1ª (1767-Junio 1794), Colección de Autores Españoles del s.
38
–
–
–
–
–
–
–
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
XVIII (22-II), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de
Gijón, 1985, carta nº 416, págs. 568-569.
«De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de Bellver, 3 de julio de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 71-87.
«De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de Bellver, 28 de julio de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor
de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 97-99.
«De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de Bellver, 20 de agosto de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor
de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 108-109.
«De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de
Bellver, 7 de setiembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar
Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril
1801-Setiembre 1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III),
Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988,
págs. 115-116.
«De Jovellanos a su hermana Sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de
Bellver, 28 de setiembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar
Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril
1801-Setiembre 1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III),
Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988,
págs. 118-119.
«De Jovellanos a su hermana Catalina de Sena. Real Castillo de Bellver, 28 de
setiembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 119-120.
«De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de Bellver, 17 de
noviembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, pág. 127.
La relación de dos hermanos a la luz de su legado literario – María José Álvarez Faedo
39
– «De Jovellanos a Catalina de Sena. Real Castillo de Bellver, 1 de diciembre de
1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras
Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), Colección
de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S.
XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, pág. 137.
– «De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Real Castillo de Bellver, 19 de
diciembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 141-143.
– «De Jovellanos a sor Josefa de San Juan Bautista. Castillo de Bellver, 28 de febrero
de 1805», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos.
Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios
del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 167-168.
– «De Jovellanos a Catalina de Sena. Castillo de Bellver, 18 de marzo de 1805», en
Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas.
Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), Colección de Autores
Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre
Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 175-176.
Jovellanos, Josefa (Busto, Juan Carlos ed.), Obra Poética, Uviéu, Alvizores, 1997.
Junceda Avello, E., «La mujer en Jovellanos», Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Nº 133, Año XLIV, enero-marzo, 1990, págs. 3-18.
Martínez Fernández, Jesús, Jovellanos: Patobiografía y pensamiento biológico. Oviedo,
I.D.E.A, 1966.
Montrose, Louis A., «New Historicisms», en Greenblatt, S. & Gunn. G. eds., 1992,
págs. 392-418.
Ruiz de la Peña, Álvaro, «Filantropía y educación en el siglo XVIII: las disposiciones testamentarias de Josefa Jovellanos», Estudios dieciochistas en homenaje al profesor José Miguel Caso González, Vol. II., Oviedo, Instituto Feijóo de Estudios del
Siglo XVIII, 1995, págs. 285-294.
San Juan Bautista, Sor Josefa de, 1801, «De sor Josefa de San Juan Bautista al Prior
de la Cartuja de Valldemosa», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 14-15.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas de Gijón, 14 de agosto
de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos.
Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808), Co-
40
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
lección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios
del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 100, 107.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas Recoletas de Gijón,
27 de agosto de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 112-115.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas Recoletas de Gijón,
24 de setiembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor
de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 116-118.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas de Gijón, 15 de noviembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808),
Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 128-130.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas Agustinas de Gijón, 5
de diciembre de 1804», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de
Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 138-139.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Agustinas Recoletas de Gijón, 2
de enero de 1805», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre 1808),
Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 149-150.
– «De sor Josefa de San Juan Bautista a Jovellanos. Recoletas Agustinas de Gijón, 7
de marzo de 1805», en Caso González, José Miguel ed., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo IV. Correspondencia 3ª (Abril 1801-Setiembre
1808), Colección de Autores Españoles del s. XVIII (22-III), Oviedo, Centro de
Estudios del S. XVIII / Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1988, págs. 173-174.
Serrano y Sanz, Manuel, «Jovellanos (Dª Josefa de)». Apuntes para una biblioteca
de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833, 4 Vols., Madrid, Establecimiento
Tipográfico «Sucesores de Rivadeneira», 1903-1905, págs. 610-628.
Zorrozúa, Pilar, «Literatura femenina en la España del siglo XVIII», en Actos de la
XIX Selmana de les Lletres Asturianes dedicada a Xosefa Xovellanos (1745-1807),
Oviedo, Serviciu de Publicaciones del Principáu d’Asturies, 1998, págs. 11-29.
Las censuras indianas de Jovellanos
Santos M. Coronas González
Universidad de Oviedo
Resumen
Se estudia el pensamiento indiano de Jovellanos, no bien conocido, a través de sus censuras en la Academia de la Historia (1781-1790). Se apunta la hipótesis de haber sido el «honesto destierro» a Asturias (1790) la respuesta de la nueva corte de Carlos IV a los que,
como Jovellanos, intentaron conjugar la libertad económica y política del modelo indiano a
la llamada de la Ilustración.
Palabras clave: Jovellanos, Carlos IV, Indias, economía ilustrada, política ilustrada.
ABSTRACT
This article offers Jovellanos’s not-very-well-known Spanish-American thinking, through
his censorship in the Academy of History (1781-1790). The suggested hypothesis is that
his «honest exile» in Asturias (1790) was the answer given, by Charles IV’s new court, to
those who, the same as Jovellanos, had tried to apply the economic and political freedom of
the Spanish-American model to the Enlightenment call.
Key words: Jovellanos, Charles IV, Spanish America, the economics of the Enlightenment, the politics of the Enlightenment.
Jovellanos, censor académico de obras indianas
No existe en la bibliografía jovellanista registro alguno de la obra referida al pensamiento indiano de Jovellanos, salvo los tardíos de carácter político correspondientes a
su etapa como vocal de la Junta Central (1808-1810), favorable en general a la representación americana en las Cortes generales y extraordinarias del reino. Sin embargo,
en la obra de su temprana afición dramática, en la correspondencia con sus amigos de
América, en la económica y jurídica-política propia de su oficio de magistrado y aún
en la tendencia artística e historiográfica de su ilustración humanista, cabe rastrear un
42
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
corpus indiano del que forman parte sus censuras como académico de la Historia. Un
aspecto resaltado en el busto suyo encargado por su buen amigo lord Holland y regalado en 1844 por su viuda a la Academia de la Historia, en el que aparecía Jovellanos
representado al modo clásico como censor, es decir, magistrado al estilo romano junto
con los nuevos sentidos conferidos a esa palabra con posterioridad1.
Aunque Jovellanos (a propuesta de Campomanes, su mentor y guía y aún su venerado favorecedor, título que le dispensa en la correspondencia de su etapa inicial de
alcalde de crimen y oidor en Sevilla entre 1767-1778), ingresó en la Academia de la
Historia de Madrid como académico supernumerario el 27 de mayo de 1779, tuvo
que retrasar su incorporación a las tareas efectivas de la institución hasta que fue promovido al cargo de consejero de Órdenes, dejando el «maldito oficio» anterior de
alcalde de Casa y Corte que apenas si le dejaba vacar «para rascarse la cabeza»2.
Estas tareas vinieron precedidas de un brillante discurso sobre la necesidad de unir
al estudio del Derecho el de nuestra Historia y Antigüedades (4 de febrero de 1780), que
tuvo la virtud de fijar por vez primera en sede académica los diversos caracteres y épocas de la historia civil o constitucional de España, cuya realización no dejó de encarecer a la propia Academia3. Promovido ese mismo año al Consejo de Ordenes, pudo
comunicar a la Academia su mayor disposición a ocuparse de los trabajos que pudieran corresponderle como miembro de la corporación. Sus informes, censuras, oraciones y representaciones, confirmados o atribuidos como suyos, prueban que, también
en esta institución, cumplió sus compromisos de la manera habitual en él4.
Una parte significativa de las censuras referidas a América, unas veinte en los últimos registros fidedignos, tienen la firma de Jovellanos5. En ellas, no sólo descubre sus
1 En la Sala de Sesiones ordinarias de la Academia, «decorosamente instalado»como se recuerda en
la efemérides del centenario de su fallecimiento, figuraba desde esa fecha el busto de Jovellanos al estilo
patricio con la siguiente inscripción: Excmo. Señor D. Gaspar Melchor de Jovellanos./ Censor de la Real
Academia de la Historia. El busto de Jovellanos, esculpido por Ángel Monasterio, no se conserva actualmente en la Academia de la Historia, cf. H. González Zymla-L. Frutos Sastre, Archivo de la colección
de pinturas y esculturas de la Real Academia de la Historia. Catálogo e Índices. Madrid, 2002.
2 S. M. Coronas, Jovelllanos, jurista ilustrado, en Anuario de Historia del Derecho español, LXVI, 1996,
pp. 561-613.
3 S. M. Coronas, Las leyes fundamentales del Antiguo Régimen. Notas sobre la Constitución histórica
española. en Anuario de Historia del Derecho español, LXV, 1995, pp.127-218.
4 Si de «oráculo de la Sala» de Alcaldes de Crimen y después de la Audiencia de Sevilla le calificaba
su amigo y principal biógrafo Ceán Bermúdez, también, ya en Madrid, desplegó su celo no sólo en la alcaldía de Casa y Corte y, poco después, en el Consejo de Ordenes sino en diversas Academias y Sociedades, singularmente en las de la Historia, Lengua, Bellas Artes y Matritense (aparte de las marcadamente
jurídicas). Vid. sobre esta última, L. Domergue, Jovellanos à la Société Economique des Amis du Pays de
Madrid (1778-1795), Université de Toulouse-Le Mirail, 1971.
5 R. Contreras, Algunas censuras de libros hechas por la Real Academia de la Historia durante el siglo
ilustrado, en Coloquio Internacional Carlos III y su siglo. Madrid, Universidad Complutense, 1988, tomo II,
Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
43
postulados metodológicos y críticos sino la información y conocimientos precisos
para ejercer correctamente su labor censoria. Esta labor la desarrolló entre 1781 y
1790, iniciada con la censura de la tragedia Alcira o los americanos (traducida del francés por Bernardo Mª Calzada, del Compendio histórico de los establecimientos del Nuevo
Mundo de Bernardo Estrada, y cerrándose con la de los Medios para estrechar más la
unión entre los españoles, americanos y europeos del abate Ramón Diosdado. El «honesto destierro» a Asturias, provocado por su abierta actitud de apoyo a Cabarrús, al
amigo caído en desgracia y, tal vez, por su actitud política indiana en la línea crítica
historiográfica de Robertson y Campomanes frente al ministro de Indias, Gálvez,
puso fin a este ciclo de censuras jovellanistas.
El 9 de marzo de 1781 Jovellanos leyó ante la Academia su censura de la obra de
Bernardo Estrada, Compendio histórico de los descubrimientos del Nuevo Mundo, una
obra que, a juicio del propio autor, pretendía ser una síntesis, a manera de epílogo, de
las voluminosas historias indianas de Herrera, Solís, Romeral, Garcilaso…pero que al
no citarse luego en el cuerpo de la obra impedía hacer su cotejo. A partir de este primer defecto capital, la censura de Jovellanos se articulaba en otros referidos al método, materia, crítica y estilo. Ante todo, los derivados de una deficiente distribución
de la materia histórica y del hecho de no ser propiamente un compendio dada su extensión (527 hojas). A ello sumaba la falta de referencia a otras naciones; la necesidad
de anteponer lo geográfico a lo histórico, por lo mucho que contribuía a la comprensión de los hechos históricos «y a fijarlos en la memoria de los lectores», en sintonía
con el nuevo concepto ilustrado de geografía, a la vez física y civil o política6; la notapágs. 411- 428; cf. C. Fernández Duro, Catálogo sucinto de censuras de obras manuscritas, pedidas por el
Consejo a la Real Academia de la Historia antes de acordar las licencias de impresión, en Boletín de la Real
Academia de la Historia, 35, Madrid, 1899, págs. 369-434; J. Torre Revelló, Prohibiciones y licencias
para imprimir libros referentes a América, 1737-1807, en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas
XIV, 1932, págs. 17-78; L. Domergue, Censure et Lumières dans l’Espagne de Charles III. París, Centre
Nationale de la Recherche Scientifique, 1982.
6 Ejemplos lo daban, entre otras, las obras de Ponz, Capmany Montpalau y Antonio Alcedo: Viage
fuera de España, por D. Antonio Ponz, Secretario de la Real Academia de San Fernando,&, Madrid, J. Ibarra,1785 (edición actual de C. M. del Rivero, Madrid, Aguilar, 1988); A. Montpalau, Diccionario geográfico Universal, que comprehende la descripción de las quatro partes del mundo… Madrid4, M. Escribano,
1783; del mismo Capmany, Descripción Política de las Soberanías de Europa…Madrid, M. Escribano,
1786; A. Alcedo, Diccionario geográfico-Histórico de las Indias Occidentales o América. Es a saber: de los
Reynos del Perú, Nueva España, Tierra Firme, Chile y Nuevo Reyno de Granada, con las dscripción de sus
Provincias, Naciones, Ciudades, Villas, Pueblos, Ríos, Montes, Costas, Puertos, Islas, Arzpbispados, Obispados,
Audiencias, Virreynatos, Gobiernos, Corregimientos y Fortalezas, frutos y producciones con expresión de sus
conquistadores y fundadores, conventos y religiones, erección de sus catedrales y obispos…Madrid, Imp. De
Benito Cano, 1786-1789, 5 tomos; cf. a propósito del género, J. M. de Jovellanos, Discurso sobre el
lenguaje y estilo propios de un Diccionario Geográfico, en Obras publicadas e inéditas de Don Gaspar Melchor
de Jovellanos. Colección hecha e ilustrada por Don Cándido Nocedal I, (Biblioteca de Autores Españoles,
44
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
ble incoherencia entre el título y el texto, del que podía dar ejemplo la inclusión de
Filipinas como parte de América o del Nuevo Mundo. Por otra parte, si el objeto del
Compendio era la defensa de los españoles, vindicando su conducta en Indias, no debían omitirse ciertas cosas ni referir otras alterando la verdad. En este sentido, creer
que la conquista fue milagrosa, convirtiendo al Compendio en un «tejido de maravillas y portentos» poco podía aportar a la moderna concepción crítica de la historia.
En cuanto al estilo, «llano…, algunas veces contradictorio, muchas obscuro y casi
siempre desaliñado»poco podía dar de sí. Al concluir su juicio crítico Jovellanos y
Marín recordaban que, sin deseo alguno de ofender al autor miembro honorario de la
Academia, ésta debía tener en cuenta que se censuraba una Historia de América, objeto de atención reciente por dos sabias plumas de Francia e Inglaterra (en alusión a
Raynal y Robertson); que la Academia era cronista de Indias y que su aprobación la
haría responsable de todos los defectos de una obra de esta clase no sólo ante el público carente de ellas, sino también ante el Gobierno que no podía ser indulgente con
cierta clase de reparos.
De esta forma el manuscrito fue devuelto al autor, el cual lo presentó tres años más
tarde por segunda vez a censura, recibiendo el mismo varapalo de Jovellanos, acompañado en esta ocasión en su dictamen por su paisano, Jacinto Díaz de Miranda (13 de
junio de 1784). Los mismos defectos de entonces se reproducían nuevamente y aún
se aumentaban al pasar el texto de 527 hojas útiles a 679, «pero en nada varía el autor
el orden, la exactitud, la crítica ni el estilo de su obra, aunque se nota que en lo que
añadió a ella incurrió en defectos iguales a los que antes habíamos advertido», por lo
que Jovellanos se limitaba a reproducir lo dicho en su censura anterior7. Todavía el
infatigable Estrada representó a la Academia alegando la denegación por el Consejo
de Indias de la licencia de impresión de su obra como consecuencia del dictamen de
la Academia por lo que solicitaba copia de la censura de ésta al estar pronto para enmendarla en su conformidad; solicitud a la que accedió sin ningún inconveniente la
Academia en su sesión de 4 de febrero de 17858. De esta forma se cerró el primer ciclo
de censuras indianas de Jovellanos centradas por una obra que bien hubiera podido
presentarse como alternativa historiográfica nacional a la obra de Raynal y Robertson,
sino fuera por la crítica aguda del ilustrado asturiano que lo impidió.
Más comprometida fue la siguiente censura de temática americana encomendada
por el Director de la Academia, Campomanes, a Jovellanos: la traducción del francés
BAE, 46) Madrid, Atlas, 1963, págs. 309-310. En general, vid. H. Capel, Los diccionarios geográficos de la
Ilustración española, en Geo-Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana, 31, (enero 1981).
7 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 190-191.
8 Actas de la fecha, reproducidas en Jovellanos en la Real Academia de la Historia Jovellanos en la Real
Academia de la Historia, págs. 50-51.
Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
45
al castellano del Compendio de la revolución de la América inglesa, desde principios del
año 1774 hasta 1º de enero de 1779 (Acta de la sesión de 30 de noviembre de 1781),
cuyo manuscrito devolvió a la Academia sin extender la correspodiente censura al insistir los autores en su pronto despacho (Acta de la sesión 22 de marzo de 1782)9.
El 22 de agosto de 1783 se recibió formalmente en la Academia la Historia política
de los establecimientos ultramarinos de las naciones europeas, escrita por Eduardo Malo
de Luque, anagrama del Duque de Almodóvar, una obra que pretendía ser una traducción adaptada al modo hispánico político y cultural de la cébre Histoire Philosophique
et Politique des Étabibissements et du Commerce des Européens dans les Deux Indes, de
Guillaume Thomas Raynal10. Esta obra ya había sido enjuiciada por Pedro Francisco
de Góngora y Luján, una de las configuraciones posibles del nombre del Duque de
Almodovar, como «la más buena y más mala de quantas se han escrito en estos
tiempos»11. Ya por entonces consideraba útil que «una mano hábil se dedicase a extraer de dicha obra, entre tanto montón de espinas y cizaña, el bello trigo que en ella
se encuentra», teniendo en cuenta que «nuestra Iglesia, nación y gobierno son los
objetos mas enconadamente maltratados, y la parte mas llena de mentiras, equivocaciones y calumnias». Esta labor la acometió durante años el diplomático ilustrado
duque de Almodóvar, embajador extraordinario en Inglaterra (1778)12, al publicar entre 1784 y 1790 cinco volúmenes de la magna Histoire Philosophique, convertida ahora
simplemente en Política. Tomando como base la versión definitiva de la obra de Raynal, editada a partir de 1780, pero actuando sobre ella con toda libertad de supresión,
glosa o adición hasta el punto de pasar por autor y no meramente traductor para el
juicio de la época13, Almodovar a través del editor Sancha pidió la preceptiva licencia
Jovellanos en la Real Academia de la Historia pág. 41.
H. J. Lüsebrink/M. Tietz (eds.), Lectures de Raynal. L’Histoire des deux Indes en Europe et en
Amerique au XVIII siècle. Actes du Colloque de Wolfenbuttel. Oxford, Voltaire Foundation, 1995, especialmente, M. Tietz, L’Espagne et l’Histoire des deux Indes de l’abbé Raynal, págs. 99-130. Sobre su edición
científica: http://www.voltaire.ox.uk; M. Tietz, La vision corrélative de l’Espagne et du Portugal dans les
trois versions de l’Histoire des deux Indes (1770, 1774, 1780), en H. J. Lüsebrink/ A. Strugneli (eds.),
L’Histoire des deux Indes: reecriture et polygraphie. Oxford, Voltaire Foundation, 1995, págs. 263-277; A.
Strugneli, Dialogue et desaccord ideológiques entre Raynal et Diderot: le cas des Anglais en Inde, Ibidem,
págs. 409-422.
11 Década epistolar sobre el estado de las letras en Francia, Madrid, Antonio de Sancha, 1782, pág. 109;
Vid. al respecto, F. Lafarga, Un intermediario cultural en la España del siglo XVIII: el Duque de Almodóvar
y su Década epistolar, en H. Dyserink (ed.), Europa en España, España en Europa. Actas del Simposio internacional de literatura comparada. Barcelona, PPU, 1990, págs. 123-134.
12 A. Mestre, Relaciones culturales entre diplomáticos e ilustrados. El caso Almodóvar-Mayans, en Actas
del Congreso Internacional sobre «Carlos III y la Ilustración», vol. III, Madrid, Ministerio de Cultura, 1989,
págs. 175-198.
13 García Regueiro, Ilustración e intereses estamentales, cit. págs. 85-89. De esta autoría relativa, más
bien traducción combinada y adaptada al pensamiento español, puede ser un buen ejemplo su Apéndice
9 10 46
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
de impresión al Consejo de Castilla y éste a su vez la remitió a la censura de la Academia de la Historia, donde Jovellanos la enjuició muy brevemente un mes después de
haberla recibido. Según el Acta de la Academia de 26 de setiembre de 1783, Jovellanos
advirtió que la obra en cuestión estaba tomada de la Historia filosófica y política que
escribiera en francés el ex-jesuita Guillermo Tomás Raynal, «la qual fue prohibida por
el Parlamento de París y entre nosotros ha sufrido una severa condenación por el Tribunal del Santo Oficio»14, pero que examinada con el mayor detalle la había encontrado «limpia de errores e impiedades» hasta el punto de eliminar el autor discursos
que acaso hubieran podido correr sin tropiezo, conservando en todo caso en la versión «lo mejor y lo más apreciable de la Historia original». Al no encontrar en ella
nada opuesto al dogma, a la moral, a las leyes de España o a las regalías de la Corona,
dejaba al juicio de la Academia resolver el punto clave de si por basarse la obra en otra
prohibida podía ofrecer algún reparo su publicación15. Una cuestión sometida a su vez
por la Academia y, finalmente, por el Consejo de Castilla al juicio de un nuevo censor
comisionado por el vicario de Madrid y que fue resuelta destacando la autoría implícita en la obra del traductor16 De este modo pudo publicarse en 1783, de un modo
árido y descarnado al prescindir de los discursos filosóficos del autor, el primer tomo
de la Historia política de Raynal-Almodovar, ampliamente reseñado en la prensa de la
época, al que siguieron los restantes tomos en una cadencia cuasi anual hasta el V y
último publicado en 1790, todos censurados brevemente por Jovellanos salvo el último que lo fue por Vargas Ponce17.
Así, en sesión de 28 de mayo de 1784, Jovellanos leyó su juicio del tomo II de la
Historia política de los establecimientos ultramarinos, correspondiente al libro tercero
«de la obra principal», destinado a dar razón de los establecimientos de los ingleses
en el Oriente, considerándolo digna de publicación por la importancia de su objeto y
«la elegancia con que está desempeñado en esta obra», y no contener cosa contraria
al libro III de la Historia de los establecimientos ultramarinos de las naciones europeas, dedicado a la Constitución de Inglaterra y la continuación de los asuntos de la Compañia inglesa de las Indias Orientales, basada a
su vez con libertad en los Commentaries on the Laws of England de Blackstone (Oxford, 1765; traducción
francesa, Bruxelles, 1774) y en la Constitution de l’Anglaterre de De Lolme (Londres, 1785). Vid. al respecto la oportuna transcripción, estudio preliminar e índices de J. Vallejo, Constitución de Inglaterra.
Duque de Almodovar, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales-Boletín Oficial del Estado, 2000.
14 Por edicto de 20 de junio de 1779, cf. Contreras, Algunas censuras, pág. 426.
15 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, pág. 46 y 188-189; el texto de la censura, fechado el 24
de septiembre de 1783, puede verse también en Obras de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, Colección hecha e ilustrada por D. Cándido Nocedal, Madrid, Atlas, 1952 ( BAE, tomo L, vol. II de las de Jovellanos),
pág. 534.
16 Vallejo, Constitución de Inglaterra, pág. XXXVI.
17 Fernández Duro, Catálogo de censuras, pág. 406, núm. 26.
Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
47
a las leyes ni a las buenas costumbres18; a fines de ese año, en la sesión de 3 de diciembre, informó sobre el Apéndice manuscrito al libro III de la Historia, «el cual es, por
su materia, singularmente apreciable pues no sólo contiene una descripción bastante
exacta y cabal de la constitución inglesa, sino que continúa la historia de la Compañía
Oriental de aquella nación hasta el presente año, dando puntual noticia de las revoluciones que precedieron al famoso bill de reforma, que fijó últimamente su gobierno»19
El 20 de enero de 1786 Jovellanos recibió para censura el tomo III de la Historia y,
apenas un mes más tarde, el 17 de febrero, la leyó en sentido favorable, resumiendo de
nuevo brevemente su contenido (establecimiento de los franceses en la India y de su
antigua compañía en Oriente) en nada opuesto a la religión ni a las leyes, acordando
la Academia la remisión en conformidad del manuscrito al Consejo20. Finalmente, el
11 de enero de 1788, recibió a censura el tomo IV de la Historia, cuya impresión consideró digna de la prensa un mes después al no oponerse a la fe, a la buena moral ni a
las regalías 21.
En conjunto y siempre con la cautela que exigía la censura inquisitorial de la obra
principal22, Jovellanos contribuyó con rápidos apuntes a facilitar la aprobación académica
de la traducción libre y descarnada del duque de Almodóvar. Con su brevedad probablemente intentó cortar las prevenciones de un sector de la Academia y tal vez del propio
Gobierno en la etapa final del ministerio de Gálvez (†1787), impidiendo la reproducción de un caso análogo al de Robertson23, a lo que sin duda contribuyó la suspensión de
la traducción antes de llegar a los capítulos polémicos de Raynal sobre España.
La censura de Jovellanos lleva fecha de 24 de mayo de 1784, vid, acta académica y censura en Jovellanos en la Real Academia de la Historia, pág. 48 y 190; tambien en Jovellanos, Obras publicadas e inéditas.
Edición y estudio preliminar de M. Artola, Madrid, Atlas, 1956 (BAE, tomo LXXXVII) (V de las Obras
de Jovellanos), pág. 36.
19 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 49 y 199; y Obras, V, pág. 41.
20 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, pág. 51 y 201; Obras, V, pág. 43.
21 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 57-58 y 218; Obras, V, pág. 51.
22 Indice último de los libros prohibidos y mandados expurgar para todos los Reynos y Señoríos del Católico
Rey de las Españas, el Señor Don Carlos IV. Contiene en resumen todos los libros puestos en el Indice Expurgatorio del año 1747, y en los Edictos posteriores, asta fin de diciembre de 1789. Formado y arreglado con toda
claridad y diligencia, por mandado del Excmo. Sr. D. Agustín Rubín de Celis, Inquisidor General, y Señores del
Supremo Consejo de la Santa General Inquisición: impreso de su orden, con arreglo al Exemplar visto y aprobado por dicho Supremo Consejo. En Madrid: en la Imprenta de Don Antonio Sancha. Año de M.DCCXC
[1790], págs. 133, 262.
23 The History of America, by William Robertson, D.D. Principal of the University of Edimburg, and Historiographer to his Majesty for Scotland…London, Printed for W. Strahan; T. Cadell, in the Strand; and J.
Balfour. Edimburg, 1777; la versión francesa, L’Histoire de l’Amerique…Maestricht, Chez J. E. Dufour &
Ph. Roux, 1780. Vid. Mª T. Nava Rodríguez, Logros y frustraciones de la historiografía ilustrada española
a través de los proyectos de la Real Academia de la Historia, en Coloquio Internacional Carlos III y su siglo, 2
tomos, Madrid, Universidad Complutense, 1988, I, págs. 73-90.
18 48
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Cuando al final de este proceso de censura de la Historia política, Antúnez redacte
sus propias Memorias históricas sobre la legislación y gobierno del comercio de los españoles con sus colonias de las Indias occidentales (1790), se fijará como método reunir «muchos hechos históricos relativos a la legislación de nuestro comercio y pocas
reflexiones», exactamente lo contrario de lo que pedía la historiografía ilustrada y lo
mismo que veladamente criticara Jovellanos en la adaptación de Raynal del Duque de
Almodóvar. La reflexión histórico crítica que insensiblemente conducía al libre espíritu filosófico de la Ilustración todavía no tenía cabida en la historiografía oficial española y habrá que esperar al Ensayo histórico crítico de Martínez Marina (1808) para
descubrir unas reflexiones públicas centradas en la realidad española. Ni Jovellanos,
que años después se extasiaba ante el tesoro de erudición y libre espíritu del Ensayo, ni
Almodóvar o Antúnez pudieron superar por entonces los límites del poder señalados
por la fe y las regalías. Y estos referentes básicos de las censuras siguieron operando
hasta el final del Antiguo Régimen
Otro frente menos comprometido políticamente lo abrió una serie de obras de temática indiana varia remitidas igualmente a la censura de Jovellanos. En primer lugar
los Fasti novi orbis del ex-jesuita Ciriaco Morelli, antiguo profesor de la Universidad de
Córdoba de Tucumán24, una obra escrita en buena y pura latinidad y con bastante
gusto y erudición, según el juicio de Jovellanos. La obra, divida en dos partes como
indicaba el título, contenía en la primera unos anales del Nuevo Mundo con breve
descripción de los descubrimientos y establecimientos allí realizados hasta 1771 en
base a los fastos del jesuita francés Charlevoix, acrecidos por un padre misionero de
América, con el fin de contribuir a la comprensión de los documentos publicados en
la segunda. Ésta incluía todas las ordenaciones apostólicas relativas a las Indias Orientales y Occidentales, más los Breves Apostólicos relativos a los misioneros de la Compañía de Jesús, colocadas por orden cronológico, bien completas, bien en parte o en
extracto. Como confesaba «generosamente» el autor en el prólogo, tal colección no
era ni completa ni auténtica al provenir sus documentos de varias fuentes privadas,
pero sí anotada por mano del colector. Al hacer constar estas circunstancias, Jovellanos quería dar a la Academia información suficiente para que procediera con el debido conocimiento en la aprobación de una obra que, por lo demás, no se oponía al
dogma, a la moral recibida ni a las regalías, y que, por correr impresa en otros países,
no veía motivo «para que se le niegue entrada en estos reinos»25, principio de paridad
Fasti novi orbis et ordinationum Apostolicarum ad Indias pertinentium, breviarium cum annotationibus.
Opera D. Ciriaci Morelli presbiteri olim in universitate Neo Cordubensi in Tucumania professoris, Venecia,
1776.
25 Censura de 15 de julio de 1786 en Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 202-204; la
obra le fue entregada el 24 de marzo (Actas, Ibidem, pág. 52) y el informe por escrito de Jovellanos se leyó
en la Academia de 21 de julio de 1786, actuando él mismo como secretario en funciones (Ibidem, págs.
24 Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
49
cultural de imposible ejecución en la España de la «negra censura inquisitorial» que
él mismo tanto lamentara.
Remitida a la Academia una nueva obra de materia indiana, El compendio de la Historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile, su Director, Campomanes, dispuso
que la informara Jovellanos. La obra, escrita en toscano por el jesuita chileno Juan Ignacio Molina y traducida por Domingo José de Arquellada y Mendoza, sólo comprendía en su primer tomo, la historia natural de Chile, estando en curso de impresión,
según sus noticias, el segundo referido a la historia civil26. La obra le parecía a Jovellanos «muy digna de la luz pública, tanto por la excelencia y novedad de su materia,
cuanto por el orden, claridad y buen lenguaje en que está expuesta», apreciando asimismo en ella el valor de la traducción «muy exacta», incrementado por la pureza del
estilo27. Un año después de redactar esta censura, Jovellanos presentó a la Academia la
del Nuevo sistema de Gobierno económico para la América de José del Campillo y Cosío,
antiguo Secretario de Estado y del Despacho universal de Hacienda, Guerra, Indias y
Marina (22 de enero de 1788; remitida el 19 de octubre del año anterior)28. La obra,
«aunque escrita en estilo desaliñado y desigual –decían Jovellanos y el académico
quiteño Antonio Alcedo– contiene muchas excelentes máximas para gobernar con
acierto y utilidad aquellas ricas colonias». Leídas con cuidado les parecía además el
venero (almacén) de las medidas de reforma administrativa y comercial del reinado de
Carlos III: visitas generales de las provincias, abolición de los funestos derechos de palmeo, libertad general de comercio; establecimiento de correos marítimos y postas interiores, la erección de intendencias…, por lo que su publicación ya no sería tan
provechosa y oportuna en el día como en el tiempo en que se escribió. Dejando a un
lado algunos defectos por descuido o equivocación, como la de dar por supuesta en
Indias la existencia de millones de telares o una mengua extraordinaria de los efectos
de España en los consumos de América, así como algunas declamaciones exageradas,
76-77). Meses después, el 27 de abril de 1787 se leyó en la Academia un oficio del seccetario del Consejo
de Indias solicitando información y, en su caso, copia certificada, de la censura antedicha para conceder
licencia a un mercader de libros que la solicitaba para su impresión, aún contando ya con la licencia del
Consejo de Castilla precediendo censura de la Academia (Ibidem, págs. 55-56).
26 El tomo II [Compendio de la historia civil del reino de Chile, escrito en italiano por el abate Juan Ignacio
Molina. Parte segunda, traducida al español y aumentada con varias notas por Don Nicolás de la Cruz y Bahamonde. Madrid, Imprenta de Sancha, 1795], incorporó además un retrato del autor dibujado por Paret y
grabado por Moreno, así como algunos mapas y un catálogo de escritores chilenos. Vid. Juan Ignacio
Molina. Historia natural y civil de Chile. Selección, prólogo y notas de Walter Hanisch, S. J., Santiago de
Chile, Editorial Universitaria, 1978; Contreras, Algunas censuras, págs. 419-421.
27 Acta de la Academia de 1 de diciembre de 1786 y censura de Jovellanos de 17 de enero de 1787, en
Jovellanos en la Real Academia de la Historia, pág. 53 y 209; vid. asimismo la censura en Obras, V, (vol.
LXXXVII de la BAE), pág. 46.
28 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 57 y 215-218; Obras V, págs. 49-51.
50
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
como las relativas a la dura tiranía o al cruel cautiverio de los indios que se repiten en
varias partes de la obra, dignas de censura por inciertas o, en todo caso, por impolíticas, la censura venía a plantear la cuestión de si una obra semejante escrita con estilo
desenvuelto, «muy propio del carácter de Campillo», a manera de unos apuntamientos reservados para instruir al Gobierno, debía publicarse o no. En todo caso cabía la
duda de que todo el escrito fuera obra genuina de Campillo, pues por simple cotejo de
fechas de composición de la obra y vida del autor, parte de la primera obra y el tomo
segundo parecía como redactado una vez fallecido éste (el Jueves Santo de 1743). Por
lo demás, corregidos los defectos notados, no hallaban inconveniente en que la obra
se publicara. Y así el 25 de abril de 1788, una vez realizadas estas correcciones por el
editor más las añadidas de su mano por Jovellanos y Alcedo referidas en su segunda
censura, la Academia pudo devolver la obra al Consejo con certificación del acuerdo
favorable a su impresión pero haciendo presente la prevención sobre la autoría que
convenía añadir al Prólogo29. Menores contemplaciones se tuvo con la otra obra de
Campillo, Lo que España tiene de más y de menos, para que sea lo debiera ser y no lo que
es/ España despierta, críticas e instructivas reflexiones correspondientes a varios importantísimos asuntos para la mejor organización y régimen de la Monarquía española, sometidas igualmente a la censura de Jovellanos y Alcedo. A pesar de alabar de nuevo el
mérito de la obra, llena de sabiduría política, era tan viva su pintura de la «infeliz
constitución de nuestro Gobierno» y la serie de vicios que de ella nacían, que parecía
claro que obras de esta clase «sólo se escribían para los que tienen a su cargo la dirección del Gobierno…pero no para que se publique ni ande en manos de todos, pues
esto sería autorizar al público para censurar al Gobierno y a sus ministros, y quizá
causaría mayores daños», por lo que eran de dictamen de que no debía imprimirse30.
Estaba claro para los censores académicos los límites del sistema que, si bien admitía
reformas, apenas toleraba la crítica vivaz y enérgica al estilo desenvuelto, casi popular,
de Campillo31.
El 31 de agosto de 1787, la Academia acusaba recibo de la Relación de los progresos
de las Misiones del Colegio de Santa Rosa de Ocopa de Lima, encomendando su censura
a Jovellanos y Alcedo32. Un año más tarde daban cuenta de su encargo excusando la
Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 59 y 218; Obras V, pág. 51.
Ibidem, Acta de la Academia de 25 de enero de 1788 en que se les encarga la censura de la obra
(pág. 58), y censura de 6 de junio de 1788 (págs. 226-227); Obras, V, págs. 54-55.
31 Sobre otras censuras, como la favorable de la Sociedad Económica Matritense en 1786; nuevas
solicitudes de impresión (1792) y su tardía edición completa ya en nuestra época por A. Elorza (1969),
vid. D. Mateos Dorado, Estudio preliminar a su edición de estas obras de Campillo, en Dos escritos
políticos, Oviedo, Junta General del Principado de Asturias, 1993, págs. LIX-LXIII.
32 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 56 y 61. En realidad el título era Colección general
de las expediciones practicadas por los religiosos misioneros del orden de San Francisco, del Colegio de Propa29 30 Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
51
censura al faltarles los documentos e informes en que la obra de basaba. En todo caso
los mapas les parecían incompletos y creían que el títlo debía cambiarse por el más
preciso de Memorial presentado a S. M. por fray Pedro González de Agueros, a nombre del
colegio de Misiones de Santa Rosa de Ocopa, en que se da noticia de las últimas expediciones intentadas por sus individuos para la reducción de los indios gentiles de su distrito, una
obra nunca editada en su forma original pero sí en la nueva corregida, remitida por el
ministro de Indias, Porlier a la censura de la Academia. En esta ocasión (20 de mayo
de 1789) se pasó a Vargas Ponce y José Cornide, y al informar éstos favorablemente, a
salvo ciertos reparos geográficos y topográficos, la obra pudo publicarse dos años más
tarde33.
Mayor significación tuvo el informe y censura de la obra del ex-jesuita Valerio Pottó,
al convertirse al fin en un recordatorio al rey del oficio de Cronista de Indias de la
Academia34 En la sesión de 10 de julio de 1789, el Secretario de la Academia leyó una
Real Orden comunicada por el ministro Antonio Porlier al Director, remitiéndole
cinco tomos en folio, manuscritos, de la Historia de Filipinas del abate Valerio Pottó, al
efecto de su examen por algún académico que informara con la mayor brevedad posible sobre el mérito de la obra antes de su publicación, debiendo exponer en su vista su
propio dictamen la Academia. Nombrados Jovellanos y Vargas Ponce para efectuar
dicho examen no necesitaron ni quince días para dejar reducida a la nada el valor de
una obra que desde la misma introducción, con sus conjeturas sobre el descubrimiento de América por casualidad o providencia divina, anticipaba ya el tono general
de la misma. Una obra que, pese al título, refería con detalle los viajes de Colón a América, la conquista de Méjico por Cortés, las expediciones a California, incluso las modernas de los rusos y del capitán Cook, y también las misiones jesuíticas por tocarle
–decía– «muy al vivo»; que, centrado menos en la persona y en los viajes de Magallanes que en todos los viajes famosos al Pacífico, contenía «frecuentes y grandes equivocaciones» así como omisiones por sus malas fuentes de información («copia a
Herrera»), terminando así el primer tomo «sin haber hablado ni una palabra de Filipinas». Y al mismo tenor hasta que en el tomo III, libro V trata de la primera expediganda Fide de Santa Rosa de Santa María de Ocopa, situado en el Reino de Perú, arzobispado de Lima y provincia de Jauja, solicitando la conversión de los gentiles, con descrpción geográfica de la situación de aquel colegio
y sus misiones, por fray Pedro González de Agueros, 1786.
33 P. González de Agueros, Descripción historial de la provincia y archipiélago de Chiloé en el reino de
Chile y obispado de la Concepción. Madrid, Imprenta de Benito Cano, 1791; Vid. Contreras, Algunas censuras, págs. 417-419.
34 «La extensión de esta consulta, con una breve idea del contenido de los cinco tomos, se encargó a
los dos señores que la han revisto, para que S. M. se entere del desempeño de la Academia en el empleo
de Cronista de Indias» Acta de la sesión académica de 24 de julio de 1789, en Jovellanos en la Real Academia de la Historia, pág. 67.
52
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
ción que desde Nueva España salió al mando de Villalbos para descubrir y poblar las
Filipinas, pero desviando inmediatamente su atención hacia las Molucas portuguesas
a donde la armada se había visto obligada a arribar. Con este género de ex cursus la
obra llegaba al tomo V donde aún se planteaban cuestiones geográficas y topográficas
diversas, entre otras si las Islas habían sido conocidas de Ptolomeo, dejando «por
muy melancólico» los examinadores el cálculo de la extensión de la Historia Política
de Filipinas, de doscientos veinticinco años de dominación española, si para narrar lo
sucedido en menos de un año de la salida del primer poblador Legazpi, llevaba escrito
el «laborioso» Pottó 1.665 páginas en folio, y contando con que esta era una entrega
de la primera parte de la obra que prometía otras dos más a tenor de su título: Historia
de las Filipinas, Política, Natural y Christiana. En relación con la «mínima parte ejecutada» ya adelantaban sus examinadores «que no se hacía acreedora a la distinción de
que el ministerio de Indias grave al real Erario con la carga de su impresión», pero
que, corregido el primer tomo, tampoco se debía negar al autor que lo hiciera «si tiene
ánimo de costearla y exponerse a encontrar lectores»35.
Sobre esta base, la Academia en pleno emitió su censura el 7 de agosto de 1789
convertida al cabo en una lección de método: el plan de la obra era «muy difuso»,
sus noticias no siempre «exactas», las fuentes de conocimiento eran incompletas
(«faltan al autor manuscritos, impresos, noticias tradicionales y otros auxilios indispensables»), su extensión innecesariamente amplia. Con estas prevenciones y
recomendando «mucho» al autor que no omitiera lo perteneciente al comercio e
historia natural de las Islas, convenían en que su trabajo podía ser útil y muy digno
su celo para conseguir la regia protección36. En la pugna soterrada con el Ministerio
de Indias por la redacción de la Historia de América, el informe y la censura sirvieron para recordar la lección de método que, casi de corrido, podía dar cualquier
académico, y, al tiempo, como dejara apuntara el secretario Flores en el acta de la
sesión, «para que S. M. se entere del desempeño de la Academia en el empleo de
Cronista de Indias».
Cierra este elenco de censuras indianas de Jovellanos las referidas a las obras del
abate Ramón Diosdado Caballero, Consideraciones americanas y Medios para estrechar
la unión entre los españoles y americanos, remitidas igualmente por el ministro Porlier a
la Academia y por ella encargada su examen a Jovellanos.37 En su censura de 7 de enero
de 1790, Jovellanos unió ambas obras por considerar la de los Medios un mero apéndice de las Consideraciones. Brevemente, como correspondía a la naturaleza de las
obras, la primera, las Consideraciones, «una de tantas apologías que va produciendo
35 36 37 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 233-236.
Ibidem, págs. 238-239.
Actas de 16 y 23 de octubre de 1789, Ibidem, págs. 68-69.
Las censuras indianas de Jovellanos – Santos M. Coronas
53
nuestra edad, para hacer ver que cuanto han escrito los extranjeros de nosotros no es
otra cosa que un montón de infundadas e injustas invectivas dictadas por la malevolencia y la envidia», y la segunda, los Medios, «un cierto proyecto» de un género ya
desprestigiado, Jovellanos despachó el encargo. Si las Consideraciones americanas, al
tener por objeto la excelencia de las Indias hispánicas sobre todas las colonias de los
extranjeros en América como resultaba de comparar, de forma no muy concluyente a
juicio de Jovellanos, población, agricultura, industria y comercio, podía concedérsele
la licencia de impresión, pese a la inutilidad de este tipo de obras, teniendo en cuenta
la diligencia del autor y el hecho de no contener nada opuesto a la religión, buenas
costumbres y regalías de S. M., en cambio los Medios, una especie de proyecto para arreglar la justa distribución de los empleos civiles y eclesiásticos de Indias entre los españoles y los criollos con el fin de superar la emulación y celos entre unos y otros, era de
dictamen de elevarlo directamente al Gobierno que de proponerlo al público, por
cuya razón «y otras que no dejará de penetrar la Academia», juzgaba más acertado
negar la licencia de impresión38.
La Academia, en su sesión de 2 de enero de 1790, se conformó con el dictamen
sobre las Consideraciones americanas, pero por haber venido separadamente el proyecto de los Medios se devolvió a Jovellanos el texto para que a su vez lo analizara con
individualidad. Así lo hizo Jovellanos en su nueva censura de 11 de marzo de 1790
donde expuso con más detalle y abiertamente las razones en que se fundara para denegar su licencia de impresión. Para ello presentó un breve extracto de la obra y, a
continuación, su juicio sobre la misma que de hecho la impugnaba totalmente. Ante
todo, porque si, como afirmaba el autor, la oposición entre chapetones y criollos era
una suposición de los extranjeros la obra resultaba inútil y aún dañosa al no ser «ésta
materia para ser tratada hipotéticamente»; asimismo, que siendo propio de los Gobiernos prudentes tomar remedios después de haberse asegurado de los males, mejor
hubiera sido indagar éstos que aquéllos, sobre todo siendo del tipo de los propuestos
(separar físicamente a los frailes de uno y otro origen, situando a unos en la costa y a
otros en el interior; obligar a la juventud criolla a educarse, servir y trasladar sus fortunas a España; repoblar y defender con caballeros de Malta algunas posesiones, lo que
dio lugar a la jocosa reflexión de Jovellanos [«Que los malteses, instituidos para lidiar
con los mahometanos y profesar rigurosa castidad, sólo pueden parecer a propósito
para defender y poblar las costas de Indias a los que gustan de novedades políticas y
religiosas»]).
Mayor calado político tenían las reflexiones de Jovellanos sobre la pérdida de las
colonias inglesas en América, no por haberse fomentado el aumento de población,
como decía Diosdado, sino por haberla querido oprimirla con impuestos, haber ne38 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 240-241.
54
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
gado los derechos de los ciudadanos y no dejarles gozar de la felicidad que ellos mismos se habían labrado. De lo cual era preciso deducir que «las naciones nunca
apetecen la mudanza de gobierno, cuando el que reconocen es justo y suave»; «que
las colonias populosas son útiles, las despobladas dañosas»; las primeras enriquecen,
pueblan y honran la metrópoli; las segundas la empobrecen, la despueblan y la desdoran»; que, puestos a elegir uno de los dos caminos de perderlas «el de la humanidad
es, cuando no más trillado más justo que el de la opresión y más digno del espíritu de
la religión y aún de la política». Así, con este final tan próximo al de Cabarrús en su
Discurso ante la Matritense del año anterior39, concluía diciendo que esta obra «no
recomendada ni por su objeto, ni por su oportunidad, ni por su doctrina, y antes bien
desfavorecida por sus vacilantes principios, por su política dura e irreflexiva, y, sobre
todo, por su inutilidad», no era digna de la luz pública40. Ese mismo día, la Academia,
conformándose por unanimidad con el parecer del censor, acordó consultar al rey por
la vía reservada de Gracia y Justicia de Indias, insertando íntegramente su juicio crítico. Todavía, en las sesiones de 26 de marzo y de 9 de abril se corrigieron y rubricaron
las dos consultas hechas por la Academia al rey, quien, por la misma vía reservada,
comunicó sus Reales Ordenes de 20 de abril, una por cada obra, resolviendo que no
se publicaran41.
Así terminó la actividad censoria de Jovellanos en la Academia de la Historia con
una explícita declaración política en pro de los derechos de los americanos, pocos
años después de la independencia de los Estados Unidos y unos meses después de la
Revolución francesa, que, en la suspicaz y temerosa corte de Carlos IV, tuvo que resonar como un pistoletazo. El 26 de agosto de 1790 emprendía su «honesto destierro»
a Asturias.
39 S. M. Coronas González, Espíritu ilustrado y liberación del tráfico comercial con Indias, en Anuario de Historia del Derecho, LVII, 1992, págs. 67-116 (incluye el manuscrito de Cabarrús de 28 de febrero de 1778).
40 Jovellanos en la Real Academia de la Historia, págs. 241-245.
41 Ibidem, págs. 69-71 (incluyendo el texto de las dos Reales Ordenes).
La impronta de Fray Luis de León
en Jovellanos
Vicente Cueva Díaz
Violinista y compositor
Resumen
Partiendo, como punto de reflexión, de los trabajos de Joaquín Arce el autor ofrece una
serie de concomitancias entre la poesía del fraile agustino y Jovellanos. Es lo que en este
trabajo se denominará «actitud frailuisiana».
Palabras clave: Poesía del siglo XVIII, Jovellanos, Fray Luis de León.
Abstract
Using Joaquín Arce’s works as a starting point, this author offers a series of common
elements between the poetry written by that Augustinian friar and that written by Jovellanos. That is what, in this article, will be referred to as «frailuisian attitude».
Key Words: 18th-century poetry, Jovellanos, Fray Luis de León.
L
a literatura española del siglo XVIII, como en siglos anteriores, continuaba teniendo un escaso público que supiera leer además de sufrir una acerada censura.
Estas condiciones, que poco variaron durante la centuria ilustrada, hacían difícil que
los escasos autores se dedicaran al ejercicio literario y, cuando querían innovar se encontraban con la insoslayable realidad de que los gustos literarios de quiénes tenían
acceso a la misma se centraban en temas religiosos o pseudo históricos, muchos de
ellos de raíz medieval: vidas de santos, novelas de caballería…
Paralelamente surgió, con bastantes dificultades, una literatura de carácter más
culto, aunque éstas no fueron obstáculo para que los escritores de la época tomaran
conciencia de su importancia. En este contexto social no puede decirse que la literatura española alcanzara la brillantez de los siglos precedentes ni, por supuesto, la
56
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
fuerza y proyección europea que gozó en los campos clásicos de la prosa y la poesía.
Sin embargo, es cierto que el Setecientos conoció nuevos modos de expresión literaria, como el ensayo, el informe político o científico, la reseña bibliográfica o el artículo
periodístico practicados con acierto. E igualmente es verdad que hubo en la España
dieciochista buenos ejemplos de literatura de calidad, de escritores con talento que
conocían con detalle los diversos estilos literarios y que deben ser analizados con arreglo al entorno histórico en que les tocó vivir y escribir.
Respecto a la lírica, los tratadistas y preceptistas de poética españoles del XVIII no
siempre estuvieron de acuerdo, y ofrecieron una compleja diversidad de opiniones
tanto en cuanto al concepto como a su temática, a los elementos que la configuraban,
al estilo y al modo en que se escribía. En cualquier caso, lo indudable es el valor histórico de su producción lírica, expresión problemática y viva de un período, que nos
permite reconstruir el ambiente en el que se generó, a la par que abrió fructíferos caminos para la evolución posterior.
Tres fueron las fuentes preferidas de los literatos en sentido estricto: la literatura
clásica, los autores españoles de los siglos precedentes y la producción literaria que se
hacía más allá de sus fronteras (Francia, Italia, Inglaterra). En la Poética de Luzán, por
ejemplo, vemos que por sus páginas corren los más afamados autores foráneos, aunque mucho menos que los clásicos griegos como Horacio y Aristóteles.
La cultura clásica fue muy apreciada (Campomanes, por ejemplo, fue un reconocido helenista), pero no menos influyeron los escritores de los siglos XVI y XVII. Tras
muchos años sin ser reeditadas, las obras de Calderón, Garcilaso y Fray Luis de León
volvieron a ser publicadas.
Esta suma de influencias sobre los diversos autores tuvo sus efectos: a menudo en
la obra de un mismo autor, a lo largo de su vida, se aprecian el modelo clásico europeo
junto a la influencia de las propias tradiciones hispanas; y que el conjunto de la literatura española del Setecientos vivió fases diferentes en las que los estilos pugnaron por
ser dominantes.
La periodización de la literatura española dieciochista, en general, y de la lírica, en
particular, es un tema realmente importante y una cuestión muy debatida. Unas veces
los estilos se amalgaman en un mismo autor; en otras ocasiones, varios autores representan estilos distintos en una misma época, incluso los estilos podían ser diferentes
en un mismo autor según los temas tratados.
Merece traer al presente la preocupación del filólogo e historiador gijonés Joaquín
Arce por el tema de la periodización. Las investigaciones en el ámbito de la literatura
española de Arce, se han centrado de forma concluyente y profunda en el análisis e
indagación de las preferencias lingüístico-estilísticas que caracterizaron la producción
poética del período histórico de la Ilustración Española. Es necesario llegar hasta 1981
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
57
para encontrar en su libro La poesía del siglo ilustrado, un estudio panorámico y rigurosamente pormenorizado sobre esta materia1.
Con todas las precauciones conceptuales e históricas, cuatro ideas parecen presidir sucesivamente la literatura setecentista: barroco, rococó, neoclasicismo y prerromanticismo. Al respecto, Arce maneja los siguientes términos: post-barroco,
clasicismo, rococó, poesía ilustrada prerromanticismo y neoclasicismo2, declarándose introductor de la noción de «rococó» en el campo de la historiografía literaria
española, con la que ha intentado caracterizar «una de las vetas más fecundas de la
lírica dieciochesca»3. Igualmente maneja el término «neoclasicismo», tomado de la
historiografía del arte y de la historiografía literaria italiana, en el que incluye toda la
serie de actitudes que, después del primer tercio de siglo, surgen frente al barroquismo anterior.
Arce propone la siguiente periodización: en las primeras décadas del siglo se sigue
cultivando una poesía de tipo barroco. A mediados de siglo, la poesía de Luzán abre
camino a la tendencia clasicista. Entre 1750 y 1770 cobra un especial auge el rococó,
que persistiría durante todo el reinado de Carlos III. A partir de 1770 triunfa la lírica
ilustrada y a partir de la década de 1780 se advierten los primeros síntomas de «restauración del sentido formal clásico», lo que, en rigor, Arce llama «neoclasicismo»4,
que no debe confundirse con la «corriente racionalista y clasicista que discurre a lo
largo del XVIII».
Es importante dejar claro que todos los teóricos del XVIII proponían para la poesía
el abandono del tipo de escritura lírica cuyo grado de corrupción se había impuesto ya
a finales del XVI y principios del XVII.
Contra ese modo de escribir, con un lenguaje ampuloso, repleto de palabras huecas
impropias y expresiones metafóricas que hacían fastidiosa la Lengua –representativo
del «mal gusto» del barroco español (Góngora, Lope de Vega y Calderón en la poesía, no así en el teatro)–, los teóricos propusieron una literatura basada en el «buen
gusto», cuyo carácter en otro tiempo había sido «la gravedad, la vehemencia, la majestad y el nervio»,5 «cuyas características son claridad, naturalidad y sobriedad».
«Una literatura cuyos modelos áureos españoles serán Garcilaso (que se distinguió
por el genial cultivo de la «dulzura») y Fray Luis de León (que lo hizo por la suma
1 Checa Beltrán, José. «Poesía Lírica y Teoría Poética del Siglo XVIII», en La Poesía del Siglo
XVIII, Historia de la Literatura Española. T. 26. Gijón, Ed. Júcar, 199, pág. 51.
2 Checa Beltrán, José. Ob. cit., págs. 52 a 54.
3 Ibidem, pág. 54.
4 Ibidem, pág. 54.
5 Sempere y Guarinos, «Discurso sobre el gusto actual de los españoles en la literatura», añadido a su
traducción de Muratori, «Reflexiones sobre el buen gusto en las ciencias y en las artes» (1782). Vid. J. Checa
Beltrán, ob. cit., pág. 35.
58
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
«belleza de su poesía, con la que nos llena los entendimientos»), ambos comparables
a los antiguos».6
En opinión de Arce, el Neoclasicismo supone una restauración del sentido formal
clásico, que responde al gusto de la forma por sí misma, así como al gusto por revivir
el espíritu de la poesía de la antigüedad, alejándose de la rígida preceptiva anterior y
concediendo una mayor importancia a la forma, en detrimento del contenido», elemento privilegiado en el clasicismo anterior7. Efectivamente, conlleva una rigurosa
selección, muy del gusto de las minorías, no sólo a nivel del significado sino también
del significante y se caracteriza por «querer restaurar o revivir el clima de aspiraciones
–armonía, sobriedad, serenidad, perfección (conceptos propios de las artes plásticas)–, supuestamente asignadas al mundo greco-latino», movimiento que encaja en
los últimos decenios del siglo8.
¿Existen realmente rasgos distintivos, en lo literario, entre el clasicismo racionalista y el
neoclasicismo? El profesor americano Sebold (1985) viene en nuestra ayuda, en un intento de unificar la terminología, hablando de neoclasicismo en un doble sentido: «perteneciente a esas obras en las que se toma por modelo ya a un autor clásico greco-latino,
ya a un autor clásico español». Añade que ésta sería la única forma de «dar carta de ciudadanía a las letrillas, décimas, seguidillas, romances, romancillos y otras formas de tradición exclusivamente española cuando las cultivan los neoclásicos»9. No podemos obviar
que en el estricto campo de la literatura, y más concretamente en el de la lírica del XVIII,
los líricos y teóricos de las últimas décadas tenían como modelos literarios –junto a los
clásicos antiguos– a clásicos renacentistas (Garcilaso, Fray Luis de León, etc.).
Es el profesor Arce el primero, en 1947, en llamar la atención sobre la vinculación
de Jovellanos con Fray Luis de León, a excepción de un par de datos concretos que
señaló Gerardo Diego en su artículo «La poesía de Jovellanos»10.
Para calibrar la presencia de Fray Luis de León en la lírica dieciochesca, Arce se
centra en Jovellanos, al que presenta como modelo de auténtica sensibilidad poética y
humana, y ello porque le considera «la figura clave en los destinos de la lírica de fines
del XVIII, en cuanto auténtico maestro de la generación surgida de la Ilustración
madura»11 y porque cree que es «el más hondamente empapado tanto en la perspectiva crítica como en la realización poética de la poesía de Fray Luis».12
6 Burriel, Antonio P., «Compendio del Arte Poética» (1757). Vid. J. Checa Beltrán, ob. cit., págs.
42-43.
7 Checa Beltrán, J., ob. cit., págs. 54-55.
8 Ibidem, págs. 54-55.
9 Ibidem, págs. 54-55.
10 Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, XXII, Santander, 1046, págs. 209-235.
11 Arce, Joaquín, La poesía del siglo ilustrado, Madrid, Editorial Alhambra, 1981, pág. 123.
12 Ibidem, pág. 123.
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
59
En la literatura, al igual que en otros aspectos de la vida nacional, no sólo en la opinión
de Arce sino también en la de otros muchos autores, Jovellanos desempeñó un papel
fundamental. Al margen de su interés en cuestiones económicas y sociales, junto a su
preocupación por la renovación del teatro español, destacó por la exposición de sus ideas
estéticas y por su participación en la poética hispana. En el conjunto de la historia intelectual del asturiano, desde luego la poética no es el elemento más fundamental, pero en
el contexto literario español hay que reconocerle el logro de abrir nuevos caminos.
La sensibilidad poética de Jovellanos no se ciñe únicamente a la poesía, ya que aquélla
está siempre presente en su prosa (el Diario, epístolas, discursos, la Oración sobre el estudio de las ciencias naturales –que es una «pieza capital para entender su alma, en la que la
belleza de la prosa llega a extremos de reciente evidencia»13–, la Descripción panorámica
de Palma en la trágica circunstancia de su encarcelamiento en Bellver –«un verdadero
poema en prosa»,14 y no era considerada, de entre sus muchas facetas y aficiones, como
una de las más importantes; ni aún por él mismo, que nunca pretendió pasar por poeta.
Aún así no podemos dudar del Jovellanos-poeta. Las críticas, en general, lo evidencian, sobre todo las de los poetas próximos a nuestro tiempo. Azorín, en un fino y
breve artículo titulado Un poeta,15 hace una interpretación de la sensibilidad poética
de Jovellanos y Gerardo Diego sostiene que «Don Gaspar de Jovellanos fue poeta,
pero no fue un poeta».16
Sus más afortunadas composiciones poéticas deben remitirse, al margen de la poesía
amorosa de juventud –temas sentimentales que quedaron marginados en beneficio de
los asuntos «sociales»– a sus epístolas y sus elegías. Entre sus epístolas señalamos la
Carta de Jovino a sus amigos salmantinos (1776), como influenciadora del grupo helmántico. En 1778, la epístola A sus amigos de Sevilla, al ser trasladado desde ésta a la
corte madrileña, y la muy serena De Jovino a Anfriso, escrita desde El Paular, todo un
modelo en su clase, «permeada toda ella del espíritu leonino»17 (véase el influjo de la
Vida retirada de Fray Luis de León; en ambos ansia de soledad y apartamiento).
El gusto por el «dulce retiro» lo manifiesta Jovellanos en su Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias:
«… Pero la literatura, enemiga del mando y amartelada de la dulce independencia, se
acomoda mucho mejor con la vida privada, y en ella se recrea y en ella ejerce y desenvuelve
sus gracias», pág. 333 b.
Diego, Gerardo,»El paisaje en la prosa de Jovellanos», ABC, 21-1-84, pág. 27.
Ibidem, pág. 27.
15 Azorín, «Un poeta», en Clásicos y modernos, Buenos Aires. Ed. Losada, 1943.
16 Diego, Gerardo, «La poesía de Jovellanos», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, XXII, 1946,
págs. 209-235. Ver J. Arce, ob. cit., pág. 398.
17 Arce, J., ob. cit., pág. 132.
13 14 60
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Y hablando del hombre adornado con los talentos del «buen gusto»:
«… ora narre y exponga, ora reflexione y discurra, ora ría, ora sienta, (…) más de una
vez será arrojado de las conversaciones por su ignorancia y la mala educación, por la mordaz
y ruin maledicencia, y se acogerá más de una vez a su «dulce retiro… ». Pág. 333 b.
Se está refiriendo al tópico de la vida retirada. Compárese con el célebre poema de
Fray Luis de León Vida retirada, ya citado, y con la oda de Horacio Beatus ille…, también traducida por Fray Luis.
Las analogías y concomitancias con el fraile agustino no se ciñen solamente al
campo de la poesía. Es este un dato casi irrelevante en cuanto a la admiración que Jovellanos profesaba al fraile salmantino del XVI, pues «ningún otro lírico español o
extranjero le ha servido más de norma en su actitud ante la vida y el mundo»18, aspectos que ya vamos apreciando a medida que avanza la presente exposición.
Sus Sátiras a Arnesto (1786-1787) son sus dos producciones poéticas más reconocidas y de las que Gómez Hermosilla19 afirma ser tan admirables que bastarían para
colocar al asturiano entre los «restauradores de la poesía castellana en el último
tiempo.» En ellas Jovellanos critica con acritud el comportamiento frívolo y corrompido de las clases nobles y presenta una poesía preocupada por los temas éticos y morales, con resabios filosóficos. Aún siendo un severo purista, Gómez-Hermosilla
afirma: «Yo, por mí, quisiera más ser autor de las dos sátiras de Jovellanos y de las tres
epístolas que escribió en sus últimos años, que de todas las poesías amatorias y pastoriles de Meléndez».20
Dos epístolas más de indudable talla son la Respuesta de Jovellanos a Moratín, en
contestación a la carta de este último desde Roma en 1796 y la dirigida a Ceán Bermúdez en 1807, titulada A Bermudo sobre los vanos deseos y estudios de los hombres, que
Gómez-Hermosilla consideró «la primera epístola filosófica en verso libre que dictaron las musas castellanas».21 Ambas composiciones están presididas por temas como
la ordenación de la sociedad ideal y el perfeccionamiento intelectual del hombre, temas que eran ya preocupación de Fray Luis de León.
Con respecto al fraile salmantino, el tiempo de su formación transcurre durante el
reinado del Emperador Carlos I, en un clima de apertura y universalidad, mientras
que su etapa de actividad pública se produce bajo la monarquía de Felipe II, caracteriIbidem, pág. 124.
Gómez-Hermosilla, José, Juicio crítico de los principales poetas de la última era. Valencia, 1840.
Vid. J. Checa Beltrán, ob. cit., pág. 50.
20 Gómez-Hermosilla, J., ob. cit. pág. 160. Ver nota 4, págs. en J. Arce, ob. cit., pág. 394.
21 Ibidem, pág. 151. Ver nota 4, págs. J. Arce, ob. cit., pág. 394.
18 19 La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
61
zada por el nacionalismo y exclusivismo, una cerrazón en la que deberá desarrollar su
carrera intelectual y literaria. Pero elige y se arriesga por la senda de lo nuevo. Su preparación en la universidad salmantina se encauzó por los saberes humanísticos hasta
completar una formación propiamente renacentista. Su dominio de las lenguas clásicas –latín, griego y hebreo– hacen de él una autoridad en la exégesis bíblica y su sensibilidad lingüística es la que le lleva a la defensa de la lengua vulgar como vehículo de
expresión literaria y cultural.
Su espíritu modesto y sincero, al mismo tiempo que directo, apasionado y de aguda
sensibilidad, le empujarán a combatir siempre por la verdad y la justicia, y despreciar
la necedad y la falsedad.
En sus obras se aprecia siempre el trasfondo del idealismo platónico en torno a la
verdad, la belleza, la justicia y el bien. Actitudes de vida y de pensamiento que resplandecen en el comportamiento de Jovellanos a lo largo de su periplo vital –recordemos
su conducta ante Campomanes en defensa del amigo y también ministro Cabarrús,
cuando éste cae en desgracia– y en el conjunto de sus obras (véanse, por ejemplo, las
ya mencionadas Sátiras a Arnesto).
En torno a la poesía de Fray Luis de León, la riqueza cultural y estética que caracteriza su mundo poético son las propias del Renacimiento: las artes y las letras se convierten en el terreno propio del hombre universal, no buscando en ellas la transmisión
de lo útil, lo moral o lo religioso, sino que su aspiración será el logro de la belleza ideal
a través de un procedimiento, la imitación, y una filosofía, el neoplatonismo.
La imitación no está al alcance de cualquiera: supone un caudal importante de conocimientos y una recreación personal desde los modelos de partida. El resultado es
una imitación compuesta, en la que el artista con su originalidad y su genio transformará el contenido de temas conocidos en una creación personal nueva y única.
La poesía del Renacimiento toma de la antigüedad un entorno natural conforme con
la nueva concepción de la naturaleza y de la relación del hombre con ella. Puede diferenciarse un marco bucólico-amoroso, en el que se sitúa a menudo la pasión amatoria, de otro
bucólico-ascético, espacio al que aspira quién desea una vida retirada del bullicio del
mundo. En ambos se presenta una naturaleza idealizada, de una belleza serena y armoniosa, que responde al tópico de locus amaenus: vegetación frondosa, corrientes de agua,
canto de las aves, suaves brisas… La poesía amorosa suele proceder de las Bucólicas o
Églogas de Virgilio (s. I a. C.) y se carga de valores metafóricos relacionados con el yo del
poeta. El marco ascético se centra más en la idealización del mundo rural: las faenas del
campo, los frutos de las cosechas…, visión que procede de las Georgicas, también de
Virgilio. Sin embargo, el motivo principal de la vida retirada deriva más bien de Horacio.
En el marco de la poesía renacentista, Fray Luis incorpora y recrea nuevos elementos que permiten identificarla como poesía luisiana. Ante todo es un humanista y un
cristiano. Humanismo y religiosidad moldean una formación particular que se nutre
62
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
filosófica y conceptualmente de tres elementos esenciales: pitagorismo, neoplatonismo y estoicismo.
Según estas filosofías el hombre ha de llevar una vida ascética y practicar la moderación; dedicarse a la actividad científica e intelectual y reproducir la armonía del
mundo en su propio retiro –que conduce a que el alma recupere parte de su dignidad–
o en la poesía –que es una de las formas de concierto o armonía– o en la música. Sin
prescindir de Dios, el mundo ya no es un «valle de lágrimas», sino un espacio de
realización personal donde el hombre puede buscar la felicidad. El antropocentrismo
vendrá, pues, a sustituir al teocentrismo y la actividad intelectual, a las empresas caballerescas o guerreras.
A los ya mencionados, Fray Luis añade un cuarto elemento: la búsqueda de la verdad auténtica, propugnada por San Agustín, y todo ello por medio de las lecturas, el
estudio y las creencias. No obstante, los dos polos que marcan su ideal intelectual y
literario son la armonía, la moderación y el sosiego frente a la realidad de su existencia
plagada de disarmonías y desasosiegos.
Contemplado desde su época, Fray Luis no es exclusivamente un escritor, menos
un literato y menos aún un poeta. Las razones que impulsan a escribir al fraile salmantino quedan patentes en la dedicatoria que antecede a su obra De los nombres de Cristo,
que nos revela su firme voluntad de ser escritor moral y religioso y difundir las Letras
Sagradas para encaminar a los hombres a la virtud.
«Importantísima fue la huella de Fray Luis en la poesía del Neoclasicismo. Afectó
a gran número de poetas, especialmente relevante en Fray Diego González, Gaspar M.
de Jovellanos y Juan Meléndez Valdés».22
Efectivamente, la vida de Jovellanos cumple con rigor los ideales del Humanismo
renacentista. El profesor Polt,23 resume fielmente el pensamiento e ideas religiosas del
ilustrado: «Su decisión en 1768 demuestra que la carrera eclesiástica, aconsejable tal
vez desde el punto de vista de su familia, no era nada que hubiese salido de su propia
voluntad; pero no quita que haya seguido toda su vida siendo un hombre profundamente religioso, entendida la religión como veneración del Ser Supremo». Para Jovellanos, «Dios, la naturaleza y el hombre se hallaban ligados indisolublemente por el
poderoso vínculo de la razón».24
Cumplió siempre con los deberes de la Iglesia, pero –continúa Polt– «también encontramos en su diario comentarios duros sobre frailes inútiles, y le vemos siempre
22 Fray Luis de León, Poesía original, Ed. de E. Gutiérrez Díaz-Bernardo. Madrid, Castalia, 1995,
pág. 59.
23 Polt, John H. R., «Introducción» a su ed. Gaspar Melchor de Jovellanos. Poesía. Teatro. Prosa literaria, Taurus, Madrid, 1993, págs. 16-17.
24 Varela, Javier, Jovellanos, Alianza, Madrid, 1988, pág. 179.
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
63
enemigo de la curia romana y de la Inquisición. […] exigió el estudio de las fuentes de
la teología e insistía en la expresión práctica de los preceptos evangélicos. Si rechazó el
escolasticismo –igual que Fray Luis–, no rechazó el dogma de la Iglesia sino un método pedagógico que elevaba la dialéctica sobre la inducción. Era jansenista, en el sentido ético, reformador y algo nacionalista […], lo cuál no está reñido con que, según
ha dicho Caso González, dudar de su catolicismo sea ‘totalmente temerario’».25
En cuanto a la educación, Jovellanos luchó por modernizarla y que «la lengua de la
enseñanza fuese la española y no, como era la costumbre en las universidades españolas, la latina».26 Semejante posición a la sostenida por Fray Luis sobre la lengua en que
habrían de editarse las Sagradas Escrituras, La Vulgata.
Jovellanos tiene temperamento de educador y cree que la educación debe ayudar a
desarrollar, en armonioso conjunto, la personalidad humana al formar al hombre íntegro, cuerpo y espíritu, inteligencia y sentimiento. Su afán es armonizar en su enseñanza el humanismo con el cristianismo, el máximo perfeccionamiento en lo individual
con la máxima preocupación por las obligaciones sociales, la ciencia con el conocimiento útil a todos los hombres para su conducta y su felicidad.
En su Memoria sobre la educación pública Jovellanos sostiene que quisiera contemplar a la sociedad de los españoles «sirviendo fielmente a su patria en la realización del
trabajo que hace a los hombres felices».
Una y otra vez los ilustrados españoles declararon que el cauce de la felicidad era la
educación. «Si el hombre aumenta sus luces y nociones –dice Meléndez Valdés– se
aumentan al tiempo su poder y la suma de su felicidad, aligerándole sus pesares».
Cuando en el cultivo de la poesía abandona los temas amorosos, lo hace porque
considera más noble la tarea de escribir temas al servicio de la Nación y de la moral.
El humanismo de Jovellanos va ligado al concepto de responsabilidad social más
que por lo que se refiere a admiración erudita de la antigüedad clásica greco-latina.
Edith Helman afirma27 que «para Jovellanos el humanismo no es tanto un retorno a la
antigüedad clásica griega y romana cuanto un retorno a la antigüedad española– (Fray
Luis de León)–, un esfuerzo para restaurar los viejos tiempos en que la nobleza y el
clero sentían la debida responsabilidad ante las demás clases que dependían de ellos».
Para Jovellanos –continúa Herman– «… la Ilustración española es un esfuerzo inmenso y constante por reformar la vida individual y colectiva de los españoles y conseguir la compenetración de la tradición nacional viva y profunda con la ciencia
extranjera moderna, de la primitiva fe cristiana con el humanismo del Renacimiento».
Polt, John H. R., ob. cit., pág. 17.
Polt, John H. R., ob. cit., pág. 22.
27 Helman, Edith, «El humanismo de Jovellanos», en Jovellanos y Goya, Taurus, Madrid, 1970, págs.
15-16, 17-18, 19-20 y 28-29.
25 26 64
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Realmente parece que estuviésemos escuchando un análisis del pensamiento frailuisiano.
Fray Luis de León toma de la tradición clásica dos modelos de referencia esenciales: Virgilio y Horacio, tanto en los contenidos como en la forma.
En el setecientos hispano no siempre aparecen estos modelos en primer término y
hasta podría hablarse de una cierta revitalización del pasado medieval. Nos referimos al
nacionalismo28 presente en la poesía heroica y en la épica culta, y a la religiosidad29 que
funde los nuevos moldes con la herencia cristiana poesía «a lo divino»). Pero la renovación no fue sólo en el plano de los contenidos; en el aspecto formal nuevos modos y
géneros tomaron carta de naturaleza y de ellos, ninguno tuvo tanta trascendencia como
el endecasílabo.30 El endecasílabo, a veces combinado con el heptasílabo, integrará las
más significativas novedades en las formas estróficas, como el soneto, la estancia, la
octava o la lira, y también los principales géneros poéticos: el madrigal, la canción, la
égloga o la oda. En estas variedades líricas hallaremos a Fray Luis de León.
Jovellanos, como tratadista, en sus Lecciones de Poética, clasifica genéricamente la
poesía basándose, principalmente, en las composiciones antiguas: poesía pastoral, lírica, didáctica, poesía de los hebreos, épica y dramática.
La lírica es identificada con la oda («oda o poesía lírica», dice Jovellanos) y la reconoce un amplio campo temático. Reconoce cuatro tipos de oda o poesía lírica: odas
sagradas, heroicas, filosóficas y morales, y festivas y amorosas.
En cuanto a la realización poética, es «el más hondamente empapado de la poesía
de Fray Luis», aún cuando no empleara ni una sola vez la lira como forma métrica. El
molde rígido en rimas y metros de la lira no podía adaptarse al temperamento difuso
de Jovellanos, ni a su intuitiva resistencia a la concordancia que le inclinaba al empleo
del verso libre o blanco.
La formación poética de Jovellanos es rigurosa y amplia. Fiel seguidor de los preceptos horacianos, sometía sus poemas a una lima constante. Su obra poética no es
uniforme, pero sí coherente. Todas sus direcciones parten de una misma base que él
encarna con valor de prototipo: la del autor ilustrado, humano y virtuoso, es decir,
culto, sensible y cumplidor de las normas del bien.
Su creación lírica durante los años 1750-60 se corresponde con la poesía amatoria
de estilo rococó, de lenguaje colorista y cuya forma estrófica más relevante es la
anacreóntica,31 No es ésta la que más se asemeja a la de Fray Luis de León, sino la de los
últimos años del setecientos, por su concepción clásica y del buen gusto de las letras.
28 29 30 31 Fray Luis de León, ob. cit., ed. de E. Gutiérrez Díaz-Bernardo, pág.47.
Ibidem, pág. 47.
Ibidem, pág. 47.
Checa Beltrán, J., ob. cit. pág. 57.
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
65
Para una mejor comprensión de las analogías que se dan en lo expresivo el profesor
Arce hace un exhaustivo y detallado análisis del lenguaje y estilo, así como de los temas
gratos al agustino que reaparecen en el polígrafo asturiano. Nunca podríamos mejorar
el desarrollo de su trabajo por lo que preferimos transcribir sus palabras32: «Las semejanzas son evidentes aunque bien pudieran darse por peculiaridades de la época más
que al influjo directo de un autor en otro. El mismo sustantivo, idéntico adjetivo: dulce
sueño, enemigo crudo… Ambos emplean con frecuencia el adjetivo almo en sentido de
nutricio, vivificador, sustentador. Así aparecen en Fray Luis: almo reposo, alma región
luciente, almo coro y en Jovellanos: alma filosofía, alma Venus, alma paz, alma esposa.
El uso del artículo determinado con el sustantivo, aunque éste vaya precedido del
posesivo, es frecuente entre los asturianos. Pueden considerarse regionalismos estos
ejemplos de Jovellanos: la su lira, los tus amigos, la tu mano, pero también pueden explicarse como reminiscencia clásica. En efecto, Fray Luis en su Canción al nacimiento
de la hija del Marqués de Alcañices dice «los sus dos ojos sean».
Como detalle estilístico Fray Luis suele interrumpir la lógica fluyente del discurso
poético con la interjección ¡ay!, escapatoria de la emoción y el sentimiento, o con frases exclamativas seguidas del tipo:
¡Oh, monte! ¡Oh, fuente! ¡Oh, río!
…
¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
…
¡Ay, triste! ¡Ay, dichosos
los ojos que te vieren! …
Jovellanos usa frecuentemente de exclamaciones. En la epístola A Batilo:
… ¡Ah, cuánto gozo, cuánto
a vuestra vista siente el alma mía!
…
…¡Oh tiempo de horror y de tumulto! ¡Oh, gran Pelayo!
¡Oh valientes astures!…
La sugestión ejercida por Fray Luis –continúa Arce– es tan grande que, como ya
observó Gerardo Diego, la bipartición de la palabra final de un verso que usó en los
versos tan conocidos de la Vida retirada:
32 Arce, J., ob. cit., págs. 129-137.
66
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Y mientras miserablemente se están los otros abrasando…
es empleada cuatro veces por Jovellanos: tres en 1776, Carta de Jovino a sus amigos
salmantinos («irá recta/mente…»; «para que eterna/mente…»; «son impune/
mente…») y una en la epístola A sus amigos desde Sevilla (1778):
¡Ay cuán raudamente se alejan las veloces mulas…
Asimismo, el uso del de partitivo con el adjetivo determinado cuánto, a manera del
latín que Jovellanos emplea en ocasiones como:
él solo sabe cuánto de dulzura…
…
¡Ay, cuánto, cuánto de amargura y lloro
te costarán tus galas!
pudo tenerlo presente por la conocida estrofa de la Profecía del Tajo:
¡Ay! ¡Cuánto de fatiga!
¡Ay! ¡Cuánto de sudor está presente
al que viste lóriga, …etc.
Repasamos ahora algunos ejemplos convincentes en cuanto a la casi traslación de
imágenes e ideas. En Jovellanos la persistencia del espíritu frailuisiano fue constante a
lo largo de su azarosa existencia, ya que puede rastrearse desde las primeras poesías
del joven alcalde de la Audiencia de Sevilla hasta las cálidas composiciones escritas
por el anciano prisionero de Bellver, pasando por las íntimas y trascendentes del Monasterio de El Paular.
Examinemos el influjo de Fray Luis –dice Arce– en Vida retirada: ansia de soledad
y apartamiento es su motivo central, como también lo es de la más inspirada composición de Jovellanos, la epístola De Jovino a Anfriso desde El Paular. Dice éste:
dichoso el solitario penitente,
que, triunfando del mundo y de sí mismo,
vive en la soledad libre y contento!
Ideas que anteriormente hicieron vibrar al fraile salmantino con más fuerza por su
subjetivismo:
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
67
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza, de recelo.
La imagen del mundo como un mar tempestuoso, predilecta de Fray Luis de León, se
amplifica y racionaliza en el poeta del XVIII pero siguiendo fielmente a su predecesor.
En la epístola segunda A Posidonio, Jovellanos se eleva al Creador en su afán de
desvelar misterios:
Entonces sí que de naturaleza
gozaría el espectáculo, subiendo
desde él a contemplar al sumo Artífice,
que con benigna omnipotente mano
tantas lumbreras encendió en el cielo…
Es, sobre todo, este verso final el que mejor evoca aquellos de Fray Luis:
Quién rige las estrellas
veré, y quién las enciende con hermosas
y eficaces centellas.
No podemos dejar de mencionar el influjo que la Noche serena tiene en la epístola
De Jovino a Anfriso desde El Paular: «La luna como mueve/ la plateada rueda…» frente
a «La plateada luna en lo más alto/ del cielo mueve la luciente rueda»; y de la Profecía del
Tajo: «Acude, corre, vuela…» se refleja en la epístola A Batilo: «tan suaves delicias;
corre, vuela,…».
En De los nombres de Cristo, Fray Luis, al salir de la cárcel, hace elogio del sabio que
se retira del mundo:
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.
Palabras éstas, las finales, que recoge Jovellanos en su cuarto soneto A Enarda:
Y sólo aquél que logra, ni envidioso
ni envidiado… ».
68
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Ya hemos puesto de relieve varias veces, a lo largo del presente estudio, la hipersensibilidad lingüística y poética del fraile agustino, cabeza y guía en la Universidad de
Salamanca, en cuyo ambiente se forjó la posterior escuela salmantina, de cuyos principales integrantes, en el siglo XVIII y principios del XIX (Fray Diego González –Delio–, Meléndez Valdés –el «dulce Batilo»–, etc.) Jovellanos fue, igualmente, guía,
además de amigo y maestro.
Ya cuando Jovellanos remitió a su hermano Francisco de Paula un manuscrito con
sus poesías juveniles, lo acompañó con una dedicatoria que indicaba su filiación poética y el ambiente en que se desenvolvía. Después de hablar del «dorado siglo XVI» y
de los «corrompedores del buen gusto», aludiendo al XVII, dice:
«Poco a poco –se refiere al presente siglo XVIII– fue naciendo el buen gusto, y ya en el
día vemos con grande complacencia amanecer de nuevo los bellos días en que las Musas
españolas deben recobrar su antigua gloria y esplendor.
En cuanto a mí –añade un poco más adelante– estoy muy lejos de creer que mis versos
tengan un gran mérito; pero sí aseguraré que no se parecen a los del mal tiempo».
Finalmente, a modo de recapitulación, consideramos importante resaltar los principios universales de ese «buen gusto», cuyos modelos literarios españoles son Garcilaso y Fray Luis de León, y en los que Jovellanos se afirma con total convencimiento.
Son: claridad, naturalidad y sobriedad, que se oponen a la oscuridad y afectación del
«mal gusto», cuyo genuino representante fue Góngora.
Esta adhesión a los valores estéticos del sentido crítico y el buen gusto es mantenida por Jovellanos a lo largo de su vida, su obra y su magisterio. En el Elogio a Carlos III muestra especialmente su preocupación por la educación del sentimiento y la
sensibilidad y en su Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las
ciencias, refiriéndose a las obras de los antiguos: Homero, Píndaro, Horacio, Cicerón,
etc., afirma:
«[…] mi deseo es guiaros –se está refiriendo a los jóvenes para los que desea una formación adecuada a los principios de la Ilustración– por medio de esta nueva enseñanza […] y
sembrar en vuestro ánimo las semillas del buen gusto en todos los géneros del decir.
¿Queréis ser grandes poetas? […] ¿Queréis ser oradores elocuentes… políticos insignes
y profundos?…si la cultivareis (una lengua llena de majestad y de armonía), si aprendiereis
a emplearla dignamente, cantaréis como Píndaro, narraréis como Tucídides, persuadiréis
como Sócrates, argüiréis como Platón y Aristóteles […] Creedme: la exactitud del juicio, el
fino y delicado discernimiento, en una palabra, el buen gusto […] es el talento más necesario en el uso de la vida […] Él es el que nos eleva con los sublimes raptos de Fray Luis de
León».
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
69
La predilección de Jovellanos por Fray Luis –lo advierte el profesor Arce33– le lleva
a citarle en innumerables ocasiones en sus escritos entre las autoridades de nuestra
lengua. Se puede observar aún dos veces más en la Memoria sobre educación pública
(1802). Más explícito es en el Reglamento para el Colegio de Calatrava (1790), dónde
dice:
«Entre los autores […] preferirá a Fray Luis de León, el primero y más recomendable
entre todos».
Y del mismo modo, en el Curso de Humanidades castellanas34 inserta frecuentemente
versos del salmantino en comprobación de la teoría que explica. Véase el ejemplo que da
para explicar la aposición Fray Luis de León califica así a Saturno en su Noche serena:
Rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro.»
Innumerables ejemplos podríamos mencionar que darían testimonio de la convergencia entre ambas figuras y sus obras. Tantos que harían interminable el desarrollo
del presente trabajo, dándole un volumen impropio de su categoría.
Por ello, y para terminar, sólo nos detendremos en dos desgraciados hechos circunstanciales que parecen superponer en una sola figura las de ambos intelectuales.
Alude Arce «al injusto y afrentoso encarcelamiento que ambos sufrieron por la envidia de sus contemporáneos».35
El comportamiento de ambos en prisión revela sus recias personalidades. Fray Luis,
en la cárcel, muestra un orgullo y una gallardía que se funden con una casi infinita capacidad de sufrimiento. Todo un carácter, pero nada hay en él que se aproxime a la
indignidad o a la vileza. Ello se aprecia en la inmensa cantidad de polémicas y batallas
en el desgraciado proceso que le llevó al confinamiento durante casi cinco años. Su
obra Exposición del libro de Job parece un trasunto de la desesperación del propio Fray
Luis, pues en ella presenta al protagonista como «un campeón que sabe resistir».36
No menos digno fue el comportamiento del asturiano Don Gaspar cuando al amanecer del día 13 de marzo de 1801 fue sorprendido y sacado de su casa, sin cargos, por
el regente de la Audiencia de Asturias, y posteriormente encarcelado sin juicio previo.
Las diversas y reiteradas Representaciones hechas al rey Carlos IV desde la Cartuja de
33 34 35 36 Arce, J., ob. cit., pág. 126.
Arce, J., ob. cit. pág. 126.
Ibidem, pág. 125.
Fray Luis de León, ob. cit., pág. 37.
70
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Valldemosa primero, y desde el Castillo de Bellver después, muestran una suma dignidad y claro carácter:
«… he sufrido con resignación y en silencio todas las fatigas, vejaciones y humillaciones
que pueden oprimir a un hombre de honor… pero lo que más vivamente hiere mi corazón
es la dolorosa idea de haber perdido la gracia de S.M.»
En solicitud de juicio justo, se lamenta:
«¿Por qué se me pone en la absoluta imposibilidad de ser acusado y defendido?»
Y, con dignidad y orgullo, finaliza:
«Que declarada que sea mi inocencia –que da por seguro–, se digne V.M. no sólo reintegrarme… la nota y baldón que tantas violencias y atropellamientos cometidos en mi persona hayan podido causar en mi reputación y buen nombre».
(Representación hecha a D. Carlos IV desde la Cartuja de Mallorca).
Desde luego las analogías son sorprendentes; incluso hay unos versos del fraile
agustino en su composición A Nuestra Señora, escrita en la prisión, que muy bien se
podrían atribuir a Jovellanos –comenta Arce–, en su encierro de Bellver:
… envidia emponzoñada,
engaño agudo, lengua fementida,
odio cruel, poder sin ley ninguna
me hacen guerra a una.
Bibliografía
Arce, Joaquín, La poesía del siglo ilustrado, Madrid, Editorial Alambra, 1981, págs. 10,
11,16, 17, 31, 32, 33 y 34.
Azorín, «Un poeta» en Clásicos y modernos, Buenos Aires, Ed. Losada, 1943: 14.
Burriel, Antonio, Compendio del Arte Poética, sacado de los autores más clásicos, para
el uso e instrucción de los caballeros seminaristas, Madrid, 1757: 6.
Checa Beltrán, José. «Poesía Lírica y Teoría Poética del siglo XVIII», en La Poesía
del Siglo XVIII. Historia de la Literatura Española. Gijón, Ed. Júcar, T. 26, 1992,
págs. 1, 2, 3, 4, 7, 8, 9 y 30.
La impronta de Fray Luis de León en la poesía de Jovellanos – Vicente Cueva Díaz
71
Diego, Gerardo, «El paisaje en la prosa de Jovellanos», ABC, 21 de enero de 1984:
12 y 13.
– «La poesía de Jovellanos», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, XXII, 1946: 15.
Fray Luis de León, Poesía original, Madrid, Ed. de Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo.
Castalia, 1995, págs. 21, 27, 28, 29 y 35.
Gómez-Hermosilla, José, Juicio crítico de los principales poetas de la última era. Valencia, 1840: 18, 19 y 20.
Helman, Edith, «El Humanismo de Jovellanos», en Jovellanos y Goya, Madrid,
Taurus, 1970: 26.
Polt, John H. R., «Introducción». Poesía, Teatro, Prosa literaria de G. M. de Jovellanos,
Madrid, Taurus,1993, págs. 22, 24 y 25.
Sempere y Guarinos, Juan, Discurso sobre el gusto actual de los españoles en la literatura. Madrid, Imp. A. de Sancha, 1782: 5
Varela, Javier, Jovellanos, Madrid, Alianza,1988: 23.
Jovellanos de cara
a la lengua y autores latinos
Emiliano Fernández Vallina
Universidad de Salamanca
Resumen
En el presente trabajo se trata de ver la importancia que en Jovellanos tuvo la familiaridad y lectura de los autores clásicos greco-latinos, la huella que de ellos se refleja no sólo en
sus escritos sino también en su vida, y además el papel decisivo, pero equilibrado y adaptado a su tiempo, que la formación humanística juega en las teorías del polígrafo gijonés
sobre la mejor educación para los jóvenes españoles.
Abstract
In this paper the purpose is to see the importance that in Jovellanos had the familiarity
in his reading of the classic Greco-Roman authors, and to highlight the mark that of them is
reflected not only in his writings but in his life, and moreover to show the decisive and wellbalanced role, adapted to his time, which the humanistic training plays in the theories of the
illustrious gijonian polygraph on the best education for the Spanish young men.
P
ropósito de esta pequeña contribución es mostrar el lugar que ocupan los estudios
de las lenguas clásicas, así como el uso y la significación de los autores latinos que
Jovellanos aduce, en algunas de sus obras en prosa. Pues que no cabría toda la atención
que prestó al planteamiento de aquellas lenguas y su literatura, dentro del plan que imaginara el prócer asturiano para las Humanidades en toda su larguísima producción escrita, pasaremos revista a diversos escritos de D. Gaspar, muy significativas a este
propósito, y que se irán citando a lo largo de este trabajo1. Entre ellas ocupa lugar desta1 En sus poesías, por supuesto, hay multitud de alusiones, remisiones y ecos del mundo antiguo, señaladas aquí y allí, mas no sistemáticamente, por muchos estudiosos, desde Ceán Bermúdez a Caso. Para
74
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
cado el Curso de humanidades castellanas. Aun si discutida su autoría, es lícito atribuirlo,
al menos en parte2, al prócer gijonés, como lo parece indicar una cita del propio Jovellanos redactada un año antes de su muerte, esto es, en 18103, en la denominada Memoria
a la Junta Central, y no obstante la diferencia de estilo que a veces se percibe4:
A la enseñanza de las matemáticas puras, cosmografía y navegación, lenguas y dibujo
natural y científico, agregué en 1796 la de humanidades castellanas, en un plan que abrazaba, no sólo los principios de gramática general, propiedad de la lengua, poética y retórica
castellana, sino también los de dialéctica y parte de lógica que pertenece a ella 5.
Es bien sabido el interés de Jovellanos por la educación, muchos estudiosos lo han constatado6. Ésta nunca desapareció de las preocupaciones del egregio gijonés. Las mejoras
sociales, económicas y políticas están en él emparejadas siempre con la incardinación, a sus
ojos, en los proyectos educativos, cuyo diseño suponía un seguro norte en las deseables y
Horacio me permito remitir a un trabajo mío: «Horacio en Jovellanos», en Bimilenario de Horacio, Salamanca, 2004, págs 377-384.
2 Cf. J. Somoza de Montsoriú, Inventario de un jovellanista, Madrid, Sucesores de Rivadeneira,
1901, pág. 154. Vid. J. H. R. Polt, Gaspar Melchor de Jovellanos. Poesía, teatro, prosa literaria. Madrid,
Taurus, 1993, pág. 442; y José Caso González, Gaspar Melchor de Jovellanos. Poesías, Oviedo, Instituto
de Estudios Asturianos, 1961, pág. 11. Con todo, en el Tratado del Análisis del Discurso, se lee: «Sea, por
ejemplo, el trozo siguiente, sacado del discurso de don Ventura Rodríguez por don Gaspar de Jovellanos.
Trátase en él de la ereccion del nuevo templo de Covadonga» (BAE 46, pág. 151b). No parece obstar la
propia mención a la autoría de Don Gaspar (cf. la nota 1 de Nocedal en pág. 152a), y más en una composición no destinada a ser publicada.
3 Cf. para los datos de la vida de Jovellanos J. M. Caso González, Vida y obra de Jovellanos, Gijón,
Caja de Asturias-El Comercio, 1993, 2 vols; J. Somoza García Sala, Documentos para escribir la biografía de Jovellanos, 2 vols., Madrid 1911.
4 D. Gaspar de Jovellanos a sus compatriotas: Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra
los individuos de la Junta Central y se da razón de la conducta y opiniones del autor desde que recobró su libertad, número XXVI: ‘Resumen de los servicios y persecuciones del autor’. Esta memoria fue editada en
Coruña. En la Oficina de D. Francisco Cándido Pérez Prieto, 1811, 2 v. en 4º, y con un estudio preliminar
y notas por el imprescindible jovellanista José Miguel Caso González, Memoria en defensa de la Junta
Central, Oviedo, Junta General del Principado de Asturias, 1992.
5 No modernizo la ortografía al transcribir las citas de las ediciones respectivas.
6 Para las ideas pedagógicas de Jovellanos vid. Mª Ángeles Galino Carrillo, Tres hombres y un problema: Feijoo, Sarmiento y Jovellanos ante la educación moderna, Madrid, 1953, págs. 223-270; el estudio introductorio de nuestro antiguo profesor M. Artola a los tomos III y IV de las obras de D. Gaspar en la BAE
(números 85 y 96): Obras de D. Gaspar Melchor de Jovellanos. III, Madrid, 1956, (BAE nº 85), págs. 55-59;
J. H. R. Polt, «Jovellanos y la educación», Cuadernos de la Cátedra Feijoo 18 (1966), págs. 315-338 (= Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). No he podido consultar Felipe Bareño, Ideas pedagógicas de Jovellanos.
Gijón, 1910 ni José Caso González, «Las humanidades en el pensamiento pedagógico de Jovellanos»,
conferencia editada en: Real Instituto de Jovellanos, Memoria del curso 1961-1962, Gijón, 1968.
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
75
no cumplidas aplicaciones para toda España7. Con todo, habría que agregar que la mira
indefectible en este ideal jovellanista ha de entenderse siempre como buena educación.
Ni la educación, mal entendida o aplicada, libra de los males que ella misma puede
conjurar, si no se basa en su elemento fundamental: la educación moral. Valgan unos
pocos pasajes de tantos que se podrían aducir. Conviene que comencemos aduciendo
la cita, aun si larga, de su Memoria sobre Educación Pública, cuya oportunidad hoy en
nuestro solar no se sabría desdeñar. Luego de hablar Jovellanos del abandono de la
ética en la educación doméstica, de presentar el cuidado que se presta a «enseñar á los
jóvenes a presentarse, andar, sentarse y levantarse con gracia… comer con aseo», de
insistir en que se consume «mucho tiempo en enseñarles la música, la danza, la esgrima, y en cultivar todos los talentos agradables ó inútiles», prosigue con la contraposición de lo que constituye la base de la correcta formación a esas dedicaciones,
formación cuya cima reside en la luminosa doctrina del Cristianismo; recogemos algunos textos de su Tratado teórico-práctico de Enseñanza (TTPE):
y entre tanto se olvida la ciencia de la virtud, origen y fundamento de sus deberes naturales y civiles, y se les deja ignorar aquellos principios eternos de donde procede la honestidad…, fuente de las sublimes virtudes que hacen la gloria de la especie humana… Estoy
muy lejos por cierto de condenar aquellas enseñanzas; pero ¿quién no se dolerá de ver cifrada en ellas toda la doctrina de la buena crianza? No hay ya que contemporizar con este
error, no hay ya que despreciar sus consecuencias… porque este abandono, esta imperfección, estos vicios de la educación pública y doméstica son más o menos de todos los tiempos y todos los países. En ellos, si no la única, está la primera causa de los males y desórdenes
que inficionan y debilitan todas las sociedades (TTPE 251b).
Él solo [el estudio de la moral] puede hacer frente a tantos y tan funestos errores como
han difundido por todas partes estas sectas corruptoras, que ya por medio de escritos impíos, ya por medio de asociaciones tenebrosas, ya, en fin, por medio de manejos, intrigas y
seducciones, se ocupan continuamente en sostenerlos y propagarlos… Es preciso formar el
espíritu y rectificar el corazón de los jóvenes; es preciso desterrar de ellos aquella estúpida
ignorancia, que no solo está igualmente dispuesta á recibir la verdad que el error, sino más
expuesta a recibir este cuando lisonjea sus pasiones. En una palabra, la educación es el único
dique que se puede oponer a este mal, y por lo mismo el estudio de la moral es el mas importante y más necesario en su plan» (TTPE 252a).
Así que, sin traspasar los límites de la ética, ni pretender que se enseñe á los jóvenes un
tratado de teología moral, quisiéramos que la enseñanza de las virtudes morales se perfeccionase con esta luz divina, que sobre sus principios derramó la doctrina de Jesucristo, sin
la cual ninguna regla de conducta será constante, ninguna virtud verdadera ni digna de un
cristiano» (TTPE 260b).
7 Cf. F. Lázaro Carreter, Las ideas lingüísticas en España durante el siglo XVIII, Madrid, CSIC,
1949, pág. 62.
76
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Es más, una educación mala es el peor de los males, y precisamente lo asegura D.
Gaspar con un latinismo:
No por eso negaré que haya desórdenes y horrores producidos ó patrocinados por la
instrucción; pero por una instrucción mala y perversa, que también en ella cabe corrupción, y entonces ningún mal mayor puede venir sobre los hombres y los estados. Corruptio
optimi pessima» (TTPE, 232a).
Con estas jovellanísticas premisas, básicas en y para todo el sistema educativo, vengamos a ver de qué modo emplea Jovellanos sus conocimientos del mundo clásico en
materia lingüística y literaria, centrando nuestro interés en papel desempeña el latín
en la enseñanza gramatical y los autores latinos en la formación poética, aun si limitándonos a considerar cómo, dónde y con qué efectos hace uso de éstos.
Como para toda especie de lenguas, el latín y el griego se enmarcan en la concepción de nuestro Don Gaspar Melchor en un lugar secundario respecto al sistema entero del aprendizaje lingüístico. Hay que partir del hecho de que para Jovellanos, y
también para algunos predecesores suyos en este apartado del saber8, la lengua es el
requisito básico y necesario para poder acceder al pensar y para establecer el buen orden del intelecto. Puede resumir su idea de la conjunción íntima e inseparable de la
lengua con el intelecto lo que escribe en el apartado titulado «Estudio de las ciencias
metódicas» de la Sección Primera de la Memoria:
Mas como el hombre para pensar necesite de una colección de signos que determinen y
ordenen las diferentes ideas de que sus pensamientos se componen, la lengua ha venido a
ser para él un verdadero instrumento analítico, y el arte de pensar ha coincidido de tal manera con el arte de hablar, que vienen a ser virtualmente uno mismo… Y aunque no se
puede negar que el signo presupone la idea que representa, igualmente es constante que,
supuesto ya el conocimiento de una lengua, el hombre no solo la empleará en enunciar sus
pensamientos, sino también, y antes, en analizarlos y ordenarlos interiormente; de forma
8 Así Condillac y Locke, algo Wolf, para la poética Hugo Blair Lectures on rhetoric and belles lettres.
London, printed for W. Strahan, T. Cadell, in the Strand and W. Creech, in Edinburgh, 1783, pronto traducidas del inglés por Josef Luis Munárriz: Lecciones sobre la retórica y las Bellas Letras, Madrid, en la
Oficina de D. Antonio Cruzado, Oficina de García y Compañía, 1798-1801, Cf. evaluaciones distintas
sobre esas influencias en M. Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, lib. VI, III, pág.
565; Lázaro Carreter, l. c. de un lado, y de otro, Polt, art. cit. en la nota anterior. Cf. también el propio
Jovellanos que se remite a Condillac, Dumarsais, Gibelin y a las enciclopedias francesa y británica en
TTPE, 245a. No obstante, a pesar de lo dicho por Menéndez y Pelayo, sólo he encontrado dos coincidencias totales de citas de autores latinos entre Jovellanos (CHC, 129b) y Blair, Lectures…, I, pág. 67 (Farsalia
de Lucano), CHC, 123b y Lectures…, I, pág. 57 (aparte el título del epígrafe Elocuencia del púlpito (CHC,
134a) y Eloquence of the Pulpit: Blair, o. c., pág. 101).
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
77
que así se puede decir que el hombre piensa cuando habla, como que el hombre habla
cuando piensa, ó que para él pensar es hablar consigo mismo (TTPE 240a-240b).
Consecuencia de ello es el método que imagina para la formación cabal de los principiantes en el camino del aprendizaje. El orden del estudio de las lenguas que propone es el que sigue: primero, principios de lingüística general según un método
personal del gijonés y en español, segundo, de la gramática castellana, tercero, el estudio de las lenguas vivas o muertas y sus gramáticas correspondientes:
Empezará por los principios de la gramática general, enseñados según nuestro método…
y por este método, cuando los jóvenes hubieren de pasar al estudio de las lenguas muertas
o vivas, y de sus gramáticas, la enseñanza se reducirá á hacer esta misma comparación de la
lengua cuyo estudio emprendieron9.
Recordemos, como punto de partida en el que se encuadra el lugar concedido al
valor de la lengua latina, la postura de Jovellanos sobre la progresión educativa. Sus
ideas sobre la educación no iban ni mucho menos a la par de la que era moneda común
en la práctica universitaria de su tiempo. Y para reformarla no entraban en los planes
de nuestro ilustre polígrafo los instrumentos básicos del cultivo de las lenguas clásicas,
vale decir griego y latín. Estas desde luego son para él herramientas inmejorables, pero
en tanto sirven para la perfección de la educación, no para el manejo general ni como
cimientos de los demás saberes, papel que ha de ocupar la lengua castellana10. Con
todo, esa preferencia del castellano sobre el latín en la enseñanza de las humanidades
no surgía ‘ex novo’ con el ilustre gijonés, pues que ya ganara adeptos en el Colegio de
Lenguas salmantino. En el año 1767, una década antes de la redacción del Reglamento
por Jovellanos, en la propia Salamanca, preconizaba la preferencia de la lengua castellana sobre la latina el obispo de esa ciudad Antonio Tavira11. Si las lenguas son objetivo
Curso de humanidades castellanas, en BAE 46, Obras publicadas e inéditas de D. Gaspar Melchor de
Jovellanos. I (ed. Cándido Nocedal), pág. 101a. En adelante lo citaré como CHC. Así mismo un pensamiento no diferente en Memoria sobre educación pública, o sea Tratado teórico-práctico de enseñanza, ‘ibid.’,
pág. 245b: A la gramática general debe suceder la castellana. Puede verse también este último tratado en
la obra citada de Polt (1993, págs. 420-455).
10 Fue Jovellanos, en palabras del gran estudioso del papel jugado por nuestro humanismo, «quien
tuvo ideas más claras del papel que debía desempeñar el latín en la docencia y en la formación de la juventud», sin que ello supusiera, no obstante, abandonar el cultivo de las humanidades con la lectura de los
clásicos griegos y latinos en sus originales, cf. L. Gil, Panorama social del humanismo español (1500-1800),
Madrid, 1997, pág. 82.
11 Cuyo era el parecer siguiente: «La precisión de hablar latín en todas las funciones públicas acaso
convendría que se moderarse o se quitase en un todo, pero como el Consejo mandó años pasados lo
contrario, venero sus determinaciones», en Joël Saugnieux, La ilustración católica en España. Escritos
9 78
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
principal del aprendizaje, debe partirse, como decíamos, de la estructura mental insita
en el lenguaje materno, en el caso de nuestro país la lengua castellana, pero sin omitir
el estudio, como útil óptimo de valoración y entendimiento de la lengua, de las lenguas
vernáculas, incluido, claro es, el bable, pero sin descuidar ninguna clase de lengua, así
el mallorquín por ejemplo12. Vuelve a insistir en el valor del estudio metódico de la
lengua propia para los estudiantes de «ciencias útiles» en el Plan de Instruccion Pública
(PIP), pero inmediatamente admite el cultivo y estudio más profundo de las humanidades latinas para aquellos saberes que lo requieran, y, como se ve por la inicial expresión adverbial, sin que ello le cree sentido de contradicción alguna:
Pero al mismo tiempo determinará la junta cuáles son los estudios á que los jóvenes no
deben ser admitidos sin que antes acrediten por un riguroso examen, no solo haber estudiado la latinidad, sino hallarse bien instruidos en la propiedad y humanidades latinas; porque solo así podrán disfrutar con gusto y provecho las obras originales que contienen la
doctrina de su estudio» (PIP 271a-b).
Con todo, rechaza Jovellanos el monopolio que acapara lo «latino» en cuanto se refiere a humanidades, como se deja ver en respuesta a Posada el 7 de mayo de 1800: temeroso de que el posible requisito de conocimiento del latín reste alumnos a su Instituto,
protesta así: «no sé por qué han venido a arrogarse por sí solas [las humanidades latinas] este nombre»13. En fin, puede resumirse el objetivo pedagógico de Jovellanos en el
lema puesto al frente de su querido Instituto Asturiano: Quid verum, quid utile 14.
Lo que antecede es muestra del valor que en teoría o programáticamente concede
Jovellanos al puesto que debe ocupar la enseñanza del latín en la formación deseable
y de mayor utilidad para los jóvenes en general. Esto de un lado. Vengamos, sin embargo, a exponer el lugar que en la práctica de los desarrollos concretos del programa
educacional ocupan los autores latinos en algunas de sus obras, tanto en calidad de
autoridades como en la de fuentes resumidoras y equivalentes de su propio pensar y
sentir. Pues bien, tras estas premisas, a fin de ofrecer el interés que los autores latinos
despiertan en Jovellanos, aduciré las citas latinas de autores clásicos que no sólo le
venían de los tratados retóricos seculares, desde Guillermo de Conches o Alejandro
de Don Antonio Tavira, obispo de Salamanca (1737 – 1807), Salamanca, 1986, págs. 118-119. Para más
ejemplos de aquella preferencia cf. A. Astorgano Abajo, «Juan Meléndez Valdés, Humanista», Revista
de estudios extremeños 60 (2004), págs. 373-376.
12 TTPE, 245b.
13 Cf. J. Caso González, El pensamiento pedagógico de Jovellanos y su Real Instituto Asturiano, Oviedo,
1980, pág. 24.
14 Por cierto, extractando y uniendo dos versos de Horacio: qui, quid sit pulchrum, quid turpe, quid
utile, quid non (‘Ep’. I. 2, 3); quid verum atque decens, curo et rogo et omnis in hoc sum (‘Ep’. I. 1,11).
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
79
Neckham, sino de un ambiente que se incubaba, siguiendo la tradición visible en Salamanca desde hacía más de dos centurias, en los grupos poéticos con los que se relacionó Jovellanos15. Y, dado que no se han explicitado, a lo que yo sé, los pasajes traídos
a colación en los escritos de Jovino, lo hago ahora, poniendo en nota los lugares respectivos a donde remitir u ofreciendo los que están detrás de sus citas, escuetas como
son sin más que el nombre del escritor latino, reproduciendo los textos, en su caso, tal
como están en las ediciones actuales más reconocidas16.
Cicerón le sirve de ejemplo para ilustrar el fenómeno retórico de la «Derivación»:
Vos habeis vencido la victoria misma, bien es verdad que junto con otro ejemplo del Cid
de Corneille17.
Para el de «Reticencia» usa un pasaje del discurso ciceroniano en defensa de Ligario:
Si en la alta fortuna que gozáis no tuvieseis vos aquella dulzura á que por naturaleza
propendéis, yo os aseguro, y yo me entiendo, que vuestra victoria seria un manantial de
sangrientas catástrofes18 (CHC, 122b).
Para la figura del «Apóstrofe», Cicerón sin explicitar demasiado:
y por su mucha elevación se debe emplear solamente en la poesía, y muy rara vez en la
prosa. No obstante, Cicerón hace uso de ella [figura de apóstrofe] en una de sus oraciones
por Milón, hablando con el monte Albano, en cuyas inmediaciones fue muerto Clodio: Yo
os imploro y os pongo por testigos, oh sagrado monte Albano, bosques religiosos y altares albanos,
tan antiguos como los del mismo pueblo romano, y asociados á su culto; vosotros que fuisteis
profanados por este insensato con las masas enormes de sus edificios19 (CHC, 123b).
Pero también Virgilio:
¡Ah joven digno de compasión! Si por alguna vía logras romper los duros hados que te
amenazan, tú serás Marcelo 20 (CHC, 123b).
15 Vid. entre muchos otros F. Rodríguez de la Flor, «Aportaciones al estudio de la escuela poética salmantina (1773-1789)», Studia Philologica Salmanticensia 6 (1982), págs. 200-202.
16 Sólo en la MDJC se consignan las obras y capítulos, sea fruto de la precisión de Jovellanos o bien
de la de Nocedal.
17 Cic., ‘Pro Marcello’ 12. 7: Atque ipse cogitans sentio: ipsam victoriam vicisse videris, et misericordia
viceras: hodierno vero die te ipse vicisti (CHC, 121b).
18 Dicam plane, Caesar, quod sentio. Si in tanta tua fortuna lenitas tanta non esset, quam tu per te, per te,
inquam, obtines –intellego quid loquar–, acerbissimo luctu redundaret ista victoria (‘Pro Ligario’ 15, 1).
19 Vos enim iam, Albani tumuli atque luci, vos, inquam, imploro atque obtestor; vosque, Albanorum obrutae arae, sacrorum populi Romani sociae et aequales, quas ille praeceps amentia, caesis prostratisque sanctissimis lucis, substructionum insanis molibus oppresserat (‘Pro Milone’ XXXI. 84).
20 Heu miserande puer, si qua fata aspera rumpas, tu Marcellus eris ( ‘Aen’. 6, 882-883).
80
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Para «Hipotipósis», de nuevo Cicerón sin especificar obra:
Delito es grande encadenar un ciudadano romano, maldad terrible azotarle, casi parricidio matarle; pues ¿qué dirémos de ponerle en una cruz?»21 (CHC, 124b).
Del mismo modo, hablando del estilo florido alega:
Cuanto más viva y uniformemente hieren las cosas en nuestra imaginación, tanto más
pronto nos cansan y fastidian, como dice Cicerón en su Orador22(CHC, 127b).
Dentro de las figuras de pensamiento Virgilio es de nuevo propuesto como modelo
con una doble cita para «Interrogación y Exclamación»:
¿Quién pasará en silencio á los dos Escipiones, rayos de la guerra?. Oh piedad! Oh fe antigua!
Oh indomable diestra en las batallas!»23 (CHC, 123b).
Junto a fray Luis de León, de quien cita cuatro versos de la Profecía del Tajo, hace
referencia a Quintiliano para «Personificación» sin citar pasaje alguno:
Es de tanta elevación en este modo [cuando se hace hablar a las cosas inanimadas, á los
ausentes y á los muertos], que se necesita, según Quintiliano, prepararle el camino con un
esfuerzo grande de elocuencia, para que no parezca muy atrevida (CHC 124a).
Del mismo modo, al hablar de las «tres especies de estilo»:
Es tan natural, dice Quintiliano, la división que acabamos de hacer del estilo, que en
Homero, el escritor mas antiguo que conocemos, se nota y señala con sus propios caracteres 24 (CHC, 126b).
A propósito del estilo simple, recoge lo dicho, según él, por Quintiliano, de quien
había hablado antes, para resaltar la conveniencia de no juntar partes escritas con
21 La cita peretenece a las Verrinas : Facinus est vincire civem Romanum, scelus verberare, prope parricidium necare: quid dicam in crucem tollere? (‘Ver.’ 2.5.170.3).
22 El pasaje no es del Orator sino de ‘De oratore’: Difficile enim dictu est, quaenam causa sit, cur ea, quae
maxime sensus nostros impellunt voluptate et specie prima acerrime commovent, ab eis celerrime fastidio quodam et satietate abalienemur (‘De Oratore’ 3.98.3).
23 Quis te, magne Cato, tacitum aut te, Cosse, relinquat? Quis Gracchi genus aut geminos, duo fulmina belli,
Scipiadas… Heu pietas, heu prisca fides inuictaque bello dextera! (‘Aen’. 6, 841-842; 6, 878-879).
24 Cf. Quintiliano, Inst. 2, 17, 8; 2, 3, 10; 12, 11, 21.
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
81
«amable simplicidad» y otras adornadas con rasgos brillantes, que entonces repugnarían: en tal caso,
A un trozo escrito con una amable simplicidad, si se le quisiese adornar… le sucedería lo
que á una estatua de Lisipo, que Nerón hizo vestir ricamente; esto es, que la riqueza ofuscaba todas las gracias, y fue necesario despojarla y volverla á su primer estado, para restituirla su merito (CHC, 126b).
También utiliza al maestro de retórica a propósito del apartado «Elocuencia», encareciendo el valor preferente de las pruebas y la sencillez frente a la ampulosidad sin
consistencia real:
un rústico que hable al caso sin arte, prevalecerá generalmente sobre el mas diestro orador, que haga mas ostentación de flores y paramentos que de razones. ‘Póngase cuidado en
las palabras, y mucho esmero en las cosas’, dice Quintiliano25 (CHC, 132a).
Cuando ha de hablar del «sublime», a fin de evitar la excesiva tensión que produciría una elevación del ánimo querida por un escritor, e imposible de mantener si se
prolonga demasiado tiempo o con demasiadas palabras, escribe:
cuando un autor nos ha puesto en este estado… si multiplica las palabras sin necesidad,
si enriquece con adornos brillantes el objeto sublime que nos presenta, si prodiga las decoraciones y con ellas oculta la imagen principal, en el momento altera la clave, relaja la tensión del ánimo y enerva la fuerza del sentimiento; de forma que podrá quedar lo bello, pero
desaparecerá por grados el sublime. Cuando César dice al piloto, que tenía hacerse con él á
la mar en una tormenta: «Qué temes? Llevas á César», nos conmueve la osada magnanimidad de uno que reposa con tanta confianza en su causa y su fortuna; pero Lucano, tratando
de amplificar y adornar el pensamiento, le va demudando mas y mas del sublime, hasta que
al cabo viene á a parar en una hinchada declamación:
César, que siempre armó la confianza
Contra amenazas últimas del hado,
«Mi naufragio, responde, es la tardanza.
Larga velas en contra el golfo airado,
Combate su altivez, sus fuerzas doma,
Y si te niegan puerto, en mí le toma 26 (CHC, 129b).
Quintiliano, ‘Inst.’ 8, Prohoem., 20: Curam ergo verborum, rerum volo esse sollicitudinem.
Esta traducción, sin duda tomada de la que hiciera Jáuregui en octavas reales, corresponde a los vv.
de la Farsalia, 5, 577-589: fisus cuncta sibi cessura pericula Caesar, etc. Pudo leerla Jovellanos en la edición
de Armendáriz, La Farsalia. Poema español escrito por Don Iuan de Iauregui y Aguilar…, sacale a luz Sebas25 26 82
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Mientras que en Virgilio reconoce el acierto a la hora de elevar al estilo sublime la
caracterización de una tempestad:
Una tempestad es sin duda un objeto sublime en la naturaleza; pero las propias y grandes
circunstancias que Virgilio felicísimamente le acomoda, le presenta al ánimo en un grado
muy alto de elevación:
El mismo Padre celestial, cercado
De tempestad y noche tenebrosa,
Rayos fulmina con la diestra armada27 (CHC, 129b).
Hablando de la «Elocuencia del foro», aconseja tener presentes, sí, a los modelos
más excelsos de la elocuencia, Demóstenes y Cicerón, en tanto en cuanto pueden
mostrar mecanismos técnicos aprovechables siempre procesalmente, pero sin que
quepa –cree– en los tiempos en que vive la imitación de aquellos en la oratoria forense
en cuanto tienen de estructura declamatoria, ya que la oratoria política y la judicial
están para su tiempo más alejadas de lo que lo estuvieron en época clásica:
Siendo la elocuencia del foro mas limitada y modesta que la de las juntas populares, no
debemos considerar las oraciones de Demóstenes y Ciceron como rigurosos modelos de la
manera y estilo que conviene al estado presente del foro… Siempre se podrán estudiar con
mucho provecho estos dos famosos oradores, por la destreza con que abren la materia, por
la facilidad con que se insinúan para granjearse el favor de los jueces, por la buena coordinación de los hechos, por lo gracioso de su narración y por el plan y exposición de las pruebas.
Pero seria ahora ridículo imitarlos en sus exageraciones y amplificaciones, en su difusa y
vehemente declamación y en su empeño de excitar las pasiones (CHC, 133b).
En fin, a los obstáculos de conseguir en cualquier tipo de discurso una siempre difícil conjunción entre materia y expresión conforme, viene a culminarlos la oratoria
sagrada, o por mejor decir, homilética. Para el autor del Curso tres pueden ser los requisitos imprescindibles de la predicación: seriedad e ímpetu cordial en la ejecución
tian de Armendáriz. En Madrid, por Lorenzo Garcia Acosta de Sebastian de Armendariz …, cuya licencia es de 1684; o bien en la obra de Ramón Fernández, Rimas y Farsalia de don Juan Jauregui. Madrid,
Imprenta Real, 1786/1789. El buen latinista V. J. Herrero, en la introducción a su edición del poeta hispanoromano para la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos, M. Anneo Lucano, La Farsalia I,
(texto revisado y traducido por V.-J. Herrero), Barcelona, Alma Mater, MCMLXVII, pág. XLVII, dice que
«apologías del mismo estilo [buena defensa de Lucano] se encuentran en el Curso de humanidades castellanas de Jovellanos», pero, como se puede ver, no pasan los elogios de Jovellanos de citas y reconocimiento implícito de la autoridad del poeta latino.
27 Ipse pater media nimborum in nocte corusca fulmina molitur dextra (‘Georg’. 1, 328-329).
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
83
de un lado, y de otro, lo que bien se puede expresar con la cita bíblica que se esconde
en su consejo28, esto es, corazón abundante y ganas de llegar al público:
Los principales caracteres de la elocuencia del púlpito son dos, a saber: la gravedad y el
calor. La naturaleza de las materias pertenecientes al púlpito pide gravedad; su importancia
exige calor. No es fácil ni común unir estos dos caracteres en el grado conveniente. Si prepondera la gravedad, viene á parar en una mejestad informe y fastidiosa. El calor, cuando le
falta la gravedad, raya en teatral y ligero… Entonces conseguirán [los predicadores] aquella
manera de predicar afectuosa y penetrante, que nace de una fuerte sensibilidad de su corazón á la importancia de las verdades que tienen en la boca, y de un ardiente deseo de que
hagan la mas profunda impresión en el corazón de sus oyentes CHC 134a-b.
Dentro de las «Partes del discurso» al caracterizar el «Exordio» expone la conveniencia de que el orador predisponga a su auditorio a aceptar sus intenciones. Agrega
Don Gaspar:
Este es, ó debe ser siempre, el fin de toda introducción. Conforme á esto señalan Cicerón y
Quintiliano tres fines, de los cuales es necesario siempre acomodarse á alguno, cuando no á
todos ellos; es a saber, hacer benévolos, atentos y dóciles á los oyentes (CHC 134b-135a).
Sobre la «poesía didáctica» para recalcar la aconsejable posibilidad de introducir,
aun dentro del orden y método propios de tal clase de poesía, episodios y adornos que
hagan menos aburrida la exposición instructiva sin interrupción, escribe:
Pero los episodios deben estar enlazados con el asunto; y en esto se admiran el arte y la
felicidad con que los introducen Virgilio en sus Geórgicas y Lucrecio en los seis libros De la
naturaleza de las cosas (CHC 142a).
Cuando precisa la índole de la «Poesía épica» defiende a Lucano, mas no sin presentar la opinión contraria de algunos críticos:
Pretenden algunos que el poema épico, por su esencia, debe ser una alegoría ó fábula, fabricada para ilustrar alguna verdad moral; y aun por los mismo descartan de esta clase á la
Farsalia de Lucano y otros poemas que tratan materia puramente histórica. Pero los mayores
críticos están por la opinión contraria, y solo pretenden que el hecho que refiere este poema
esté adornado de tales circunstancias, ya verdaderas, ya fingidas, que interese y suspenda el
ánimo de los lectores. El fin que se propone el poema de esta clase es extender ideas acerca
28 Mateo 12, 34: ex abundantia cordis os loquitur.
84
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
de la perfección humana y excitar la admiración. Esto solo puede conseguirse por una representación propia de acciones heroicas y de caracteres virtuosos (CHC 142b-143a).
Y en esta misma sección, con idéntico criterio que antes a propósito de la poesía
didáctica, vuelve a Virgilio, aun si en paridad con Tasso, para aconsejar, a fin de evitar
la monotonía de inacabables batallas y hazañas cruentas, la intercalación, conveniente
a el autor épico que se precie de tal, de escenas «delicadas y placenteras», aunque no
todas las de esa clase, sino las más humanas:
De estas debe preferir aquellas situaciones que mas despiertan los sentimientos de humanidad, y estarán sin duda en ellas los pasajes mas interesantes de la obra, como se ve en
Virgilio y Tasso» (CHC 143b).
Y aun vuelve a Lucano como ejemplo, ‘sensu contrario’, del desarrollo de la preceptiva habitual en el campo de la epopeya:
El terror y la compasión son asuntos propios de la tragedia, y del poema épico la elevación de ánimo y admiración de lo heroico; y así, el éxito infeliz es mas propio de aquella que
de este; no obstante, hay algunos poemas de mucho nombre que le tienen infeliz, como la
Farsalia de Lucano, en la ruina de la libertad romana, y El Paraíso perdido de Milton en la
expulsión del hombre de este sitio feliz (CHC 144a).
También podemos encontrar huellas de la atención a los clásicos por parte de Jovellanos en el Reglamento para el Colegio de Calatrava de Salamanca29, en donde se hará también patente aquella contraposición de métodos, ya planteada, mutatis mutandis, en el
siglo XII con las irreconciliables posturas de Chartres y París. Está hablando el prócer
gijonés de la corrupción sufrida por el método escolástico en las Facultades de Teología
y Cánones, debida, según él, al empleo de las afiligranadas distinciones aristotélicas:
las ventajas del estudio sistemático de la teología desaparecieron luego que el escolasticismo… mezcló a la pura y santa teología positiva las sutilezas aristotélicas, y sustituyó al
estudio de las fuentes el de una increíble muchedumbre de cuestiones frívolas y ridículas, y
tanto mas peligrosas, cuanto se trataban por un método expuesto de suyo á oscurecer con
Escrito en 1787, por tanto antes del CHC. Editado asimismo en el tomo 46 de BAE, y luego también
por el muy benemérito jovellanista de Cangas de Onís: Reglamento para el Colegio de Calatrava (ed. J. M.
Caso), Gijón, Stella, 1964. En adelante RCC. Cito por la edición de la BAE. Contrapone M. Menéndez
y Pelayo, «Memoria presentada al concurso sobre el tema Jovellanos» BRAH 19 (1891), pág. 265, así:
«en pedagogía pasó desde el Reglamento de estudios del Colegio de Calatrava, lleno de resabios jansenistas
y enciclopedistas hasta el Tratado teórico-práctico de enseñanza, que es un libro casi tradicionalista».
29 Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
85
sofismas el esplendor de la verdad, cuyo mal se comunicó también al estudio de los cánones… Otro mal, nacido del mismo origen, acabó de embrollar el estudio teológico, y aun el
de cánones, cuando las opiniones nuevas y encontradas que produjo el escolasticismo, y en
las cuales era libre la elección de partido, abortaron varias sectas, que, inventando otras para
sostener las primeras, dividieron al fin todos los profesores de ambas facultades en escuelas,
obligándolos a dar al estudio y defensa de sus opiniones características toda la atención, que
solo debieran consagrar a los puntos del dogma, de disciplina y de moral, que forman el
verdadero patrimonio de las ciencias eclesiásticas (RCC, 201b).
Este menosprecio del método escolástico rutinario, que se había hecho estéril, y
cuya condena por favorecer la especulación pregona Jovellanos en pro del ensalzamiento de la ciencia empírica, siguiendo las trazas de lo que no mucho antes había
hecho Feijoo, no era nuevo en él. Para remediar la situación a que se había llegado en
la Universidad, propone nuestro pedagogo volver a las fuentes, tal como lo habían reclamado, casi seiscientos años atrás los de Chartres, insistiendo en ello y haciendo ver
sin atisbo alguno de minoración, su importancia:
Deberán considerar [los regentes de teología y cánones] a este fin que, así la teología
como el derecho canónico, aunque con bastante diferencia entre sí, son facultades de autoridad y tienen su apoyo en ella; que el verdadero y sólido estudio en una y otra se debe hacer
en las fuentes, y que por lo mismo será la primera obligación de su ministerio el darlas á conocer y entender a sus discípulos completamente, y dirigirlos sin cesar a ellas (RCC 201b).
Por otra parte, frente a los valores de los preceptos literarios, los métodos argumentativos de los escolásticos han permitido el olvido de las características que deberían
estar presentes en la forma de las enseñanzas. Lo afirma sin remilgos y sin concesiones
nuestro magistrado en un párrafo bien contundente:
a cuya sombra [de los escolásticos] han desaparecido de los teatros literarios la claridad,
la solidez, el orden, la belleza, y en una palabra, todas las dotes que recomiendan el estilo
didáctico ó doctrinal, y de que existen tan excelentes modelos en la antigüedad, y sobre
todo en Cicerón» (RCC 221a-b).
No obstante, y desde la categorización de las lenguas recordada antes, si bien no cabe
mengua en la descalificación aristotélica en la sección a que nos referimos30, no está separada la vuelta a las fuentes, como era de esperar, del atento apoyo en los autores latinos
30 Con todo, vid. el atemperado nº 20 del apartado De la forma de los ejercicios semanales, en donde no
se condena «el uso del silogismo, sino su abuso». Agrega Jovellanos: «Por tanto, y para que no se malcensuren ni malinterpreten nuestras ideas, prevenimos que nuestro ánimo es solo desterrar de los ejercicios
del colegio aquella forma árida e ingrata de argumentar, canonizada por los escolásticos» (RCC 221a).
86
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
como soporte de los estudios de humanidades, sin dejar de parar mientes en que van
dirigidas sus normas al bien de alumnos universitarios31. Veamos los ejemplos:
Los ejercicios de humanidades se reducirán á llevar de memoria algún trozo de un autor
clásico, y traducirle, explicarle, analizarle ó extractarle, á arbitrio de los oyentes, dando razón de todo lo que sea relativo á su mas completa exposición (RCC 219b).
Para los estudiantes de la primera etapa de humanidades sugiere el programa siguiente en los ejercicios de las prácticas, diríamos hoy, de Retórica32:
– Recitación, versión y explicación de las Vidas del Nepote.
– Algún trozo de los Comentarios de César o de los Oficios de Cicerón.
–Una ó mas estrofas de una oda de Horacio / Una ó mas estrofas de una égloga
de Virgilio33.
Para los de la segunda etapa:
–Un discurso de Tito Livio o de Salustio.
–Un libro –o bien un trozo– significativo de la Eneida.
–Una epístola o una sátira de Horacio.
Para los de la tercera etapa:
– Dos o tres partes seleccionadas de un discurso de Cicerón.
– Epístola a los Pisones o Epístola II. 1 (a Augusto) de Horacio.
–Un acto / una escena de una tragedia de Séneca.
Así mismo, los autores obligatorios que propone Jovellanos para ser enseñados en
los ejercicios de «construcción y versión» son los siguientes, en orden gradualmente
ascendiente:
– Nepote (vidas de Milcíades, Trasíbulo, Catón, Ático y Aníbal).
Es de mencionar el interés «pedagógico» en el sentido actual, es decir, en la atención individuada
a cada estudiante, de Don Gaspar: «La Junta, en el señalamiento de las materias particulares de cada
ejercicio, tendrá consideración, no solo al estado en que se hallare de sus estudios el individuo que le
debe tener, sino también á sus disposiciones y adelantamientos, no poniendo sobre cada uno mas carga
de la que corresponda á sus fuerzas», Ibidem.
32 Cf. RCC, 219b-220a.
33 Ambas opciones, virgiliana y horaciana, sólo para los ejercicios de Poética.
31 Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
87
– César (pasajes relativos a la guerra de las Galias y a la de Hispania).
– Terencio (Andria, Heautotimorumenos, Adelphos).
– Cicerón 1º (Brutus, De inventione rethorica, Topica, De officiis, De senectute, De
amicitia, Somnium Scipionis).
– Cicerón 2º (Pro lege Manilia, Pro Marcello, Pro Ligario, Pro rege Dejotaro, Pro
Archia poeta, Contra Catilinam, Pro Milone, Segunda Filípica, La quinta in Verrem).
– Tito Livio (segunda Púnica).
– Salustio (Conjuración de Catilina, Arengas de Jugurta).
Como autores aconsejables, mas que quedan al arbitrio del catedrático, propone
estos que se citan34:
–
–
–
–
–
–
–
–
–
–
–
–
Plinio el mozo (Panegírico de Trajano).
Tácito (Germania, Vida de Agrícola, De oratoribus35).
Quintiliano (Instituciones I y II).
Séneca (Cartas, Cuestiones Naturales).
Columela (Tratado de agricultura).
Virgilio (todas sus obras, especialmente las Geórgicas).
Horacio (Odas36; Sátiras: libro I: 1ª, 4ª, 6ª, 9ª y 10º; libro II: 1ª, 2ª, 6ª y 7ª, así
como todas las Epistolas37).
Catulo, Tibulo y Propecio (sus mejores y «más puras» elegías).
Ovidio (algunas de las Heroides, algo de Metamorfoseos).
Séneca (tragedias: Hipólito, Medea, Troyanas).
Juvenal (Sátiras: 1ª, 2ª, 3ª, 7ª, 8ª, 10ª y 14ª).
Propercio (sus seis sátiras)38.
Vid. RCC, 195a-195b.
Haciendo gala de espíritu crítico, no atribuye esta obra al gran historiador latino ni afirma con seguridad ser de Quintiliano.
36 Si bien «todas las honestas».
37 Sobre todo –añade– «particularmente la dirigida a Augusto, que es la primera del libro II, y la que
escribió á los Pisones». Y prosigue proclamándolas a efectos de formación literaria como las mejores
páginas escritas: Estas dos epístolas se deberán saber de memoria, y darán materia á la continua explicación
del catedrático, pues formarán por sí solas una especie de código del buen gusto con relación a todas las producciones del ingenio (RCC, 195b).
38 De los demás poetas latinos, dada la temprana edad de los estudiantes para los que está haciendo el
programa, ni hablar: en efecto, ellos no se podrán admitir jamás en la enseñanza de las humanidades, para que
sus vicios, agradables a la juventud, no corrompan el buen gusto de los discípulos; pues aunque hay entre ellos algunos dignos de ser leídos, son mejores para espíritus formados que para principiantes (‘ibid.’, 195b-196a).
34 35 88
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Es de sobra sabido: hasta el siglo XVIII las clases en la Universidad española habían
de impartirse en latín. Con problemas y multas por su incumplimiento ya en tiempos,
y en la persona, de fray Luis de León. Y tal práctica no era ajena en las sedes académicas durante la vida de Don Gaspar. Ante el panorama que el estado de dicha práctica
presentaba a los ojos de quienes lamentaban la pobreza que esparcía tal rutina, Jovellanos no duda en protestar y rechazar la inveterada costumbre, tanto en el Reglamento
como doce años después en el Tratado:
Las preguntas, observaciones y reparos, así como las respuestas y satisfacciones en los
ejercicios de humanidades, se harán precisamente en castellano, y prohibimos absolutamente que se puedan hacer en latín, con ningún pretexto. Ni de aquí se arguya que tenemos
en poco la lengua latina, cuyas bellezas amamos y admiramos; tenemos por muy importante y necesario el conocimiento de ella, y por lo mismo hemos recomendado tan particularmente su enseñanza (RCC 220b).
La lengua latina, por razones que se esconden a mi pobre razón, se ha levantado a la
dignidad de único y legal idioma de nuestras escuelas, y lo que es más, se conserva en ellas
a despecho de la experiencia y el desengaño (TTPE, I, 237a).
Insistamos en lo dicho más arriba. Tal veto del latín en las clases tiene, sin embargo,
una explicación fundada, que es el garantizar que se posea de un lado un conocimiento
y trato del latín tal como se usaba en el sistema de lengua de la época clásica y de otro
la total ausencia de ventajas prácticas, pues una cosa es para el autor el conocimiento
de la lengua del Lacio y otra bien distinta usarla como medio de expresión en las actividades cotidianas. Lo expone en los números 14 a 16 del Reglamento39:
pero pues la facilidad de hablarla de repente nos parece mas dañosa que útil, creemos
que podemos prohibir su uso, no solo sin inconveniente, sino con esperanza de gran utilidad. Consideren por lo mismo los maestros y discípulos de este colegio que la ventaja, si
acaso lo es, de hablar de repente una lengua muerta, nunca puede compensar el tiempo y
trabajo necesarios para adquirirla; que aun adquirida, seria perjudicial en estos ejercicios,
no solo porque en una lengua extraña nunca se podrán enunciar las ideas tan propia y distintamente como en la nativa, sino porque según la observación del Brocense, nada corrompe tanto la pureza de latinidad como el usos frecuente y familiar de ella; y en fin, porque
en el uso de la vida, sean los que fueren los ministerios en que el hombre se empleare, el
hábito de hablar en latín es de una absoluta y notoria inutilidad (RCC 220a).
39 E insiste en otros lugares: Con todo, la enseñanza de estas mismas ciencias [Teología y Cánones] se
haría mejor en castellano que en latín (TTPE, 244b), aun habiendo afirmado inmediatamente antes: Pero
¿abandonaremos la enseñanza del latín y el griego? No quiera Dios que yo asienta á esta blasfemia literaria. Y
sigue con las razones demostrativas de tal aserto.
Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
89
.Amén de las citas en sentido estricto, suele también nuestro autor encabezar con
un lema, bien tomado de algún autor latino, bien recogido del acervo tradicional de
latinismos, algunos apartados de estos tratados, sin contar con el resto de expresiones
latinas sembradas en sus otros escritos (cartas, informes, poesías, etc). Así:
Plurima posse dicere, sed pauca debere (CHC, 106) 40.
Hoc opus, hic labor est (TTPE 230a) 41.
Experto crede (INSTRUCCIÓN 277, 278b) 42.
Quis tam patiens ut teneat se (RCC 528a) 43.
Scribendi recte, sapere est et principium, et fons (TTPE 246b) 44.
Emollit mores, nec sinit esse ferox (sic) (CHC 114b) 45.
Cui lecta potenter erit res, nec facundia deseret hunc, neque lucidus ordo (TAD) 46.
Hay más ocasiones en otros escritos en las que Don Gaspar deja aflorar su embebimiento de latines. Traigamos aquí sólo un espécimen, tomado de la novena de sus
Cartas del Viaje de Asturias, en donde, en las diez y siete páginas en octavo que ocupan
en su última edición, cita dos veces a Tácito y una a Juvenal47:
pecorum fecunda, sed plerumque improcera. ne armentis quidem suus honor aut gloria frontis:
numero gaudent, eaeque solae et gratissimae opes sunt48.
monumentorum arduum et operosum honorem ut gravem defunctio adspernantur49.
De ecos quintilianeos (cf. Quint. Inst. 4, 2, 34), también pudo leerlo en San Jerónimo: Eiusdem
enim eloquentiae est, et pauca multis, et multa paucis verbis posse dicere (‘Contra Ioannem hierosolymitanum
episcopum ad Pammachium’, 13).
41 Virgilio, Aen. 6, 129.
42 Virgilio, Aen. 11,283: stetimus tela aspera contra / contulimusque manus: experto credite quantus / in
clipeum adsurgat, quo turbine torqueat hastam. Habría, con todo, un largo elenco de escritores en latín que
usaron el sintagma: desde Cicerón, Top.74, o interea (crede experto, non fallimus) aegris nil mouisse salus
rebus de Silio Itálico, (Pun. 7, 395) a San Bernardo: Experto crede!: aliquid amplius invenies in silvis quam
in libris (‘Ep.’ 106). Es probable que lo tome Jovino de Virgilio.
43 Nam quis iniquae / tam patiens urbis, tam ferreus, ut teneat se, Juvenal, S. 1, 30-31. Unas líneas más
adelante se refiere Jovellanos al «crimen de peculato».
44 Horacio, Ars Poetica, 309.
45 Aquí atribuida a Horacio (Horat.) y acompañada la cita en este caso de su traducción: Hace al
hombre suave y dulcifica sus costumbres (CHC 114b). Hay que decir que no son de Horacio los versos, sino
de Ovidio, incluido el cambio necesario en el último adjetivo: Adde quod ingenuas didicisse fideliter artes /
emollit mores nec sinit esse feros.(‘Ep. ex Ponto’, 2. 9. 48).
46 Horacio, Ars poetica, 40. Las siglas corresponden al Tratado del Análisis del discurso (TAD), pág.
150b, de la edición en BAE 46, y los versos oraciones sirven de lema a ese tratado.
47 Es la intitulada Sobre el origen y costumbres de los vaqueiros de alzada en Asturias. Cito por la edición del
citado J. Caso González, Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras en prosa. Madrid, 1987, págs. 156-173.
48 Tácito, Germania, 5, 2-3.
49 Hay en el texto una leve errata en el adjetivo sustantivado. Cf. Tácito, Germania, 27, 2: sepulcrum
caespes erigit: monumentorum arduum et operosum honorem ut gravem defunctis aspernantur.
40 90
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Cum frigida paruas praeberet spelunca domos ignemque laremque et pecus et dominos communi clauderet umbra50.
Pero quizá en donde más se echa de ver en cuánta medida hubieron empapado la
mente de Jovellanos las lecturas de los autores latinos es en la intercalación de citas de
ellos en el correr de su prosa, ante todo en la de rasgos polémicos, y de sus argumentaciones más apostróficas, como puede verse en las cinco muestras que siguen, pertenecientes a la segunda parte de la Memoria en defensa de la Junta Central (MDJC).
Comienza su alegato Jovellanos poniendo al frente de toda esa parte el siguiente
pasaje de una carta de Cicerón, en que se intenta dar esperanza en momentos amargos
a Aulo Cecina, contraponiendo la justicia, que ha de salir triunfante al fin en las personas y en las altas empresas, a los males pasajeros e inmerecidos:
Ea natura rerum est, et is temporum cursus, ut non possit ista, aut mihi51, aut ceteris fortuna
esse diuturna; neque haerere in tam bona causa, et in tam bonis civibus tam acerba injuria
(MDJC 534b)52.
Y para defender la integridad de los miembros de la Junta, al encarecer sus méritos
de lealtad y miras por el bien público, acude una vez más a Cicerón:
Quod enim est tam desperatum collegium, in quo nemo, e decem, sana mente sit? (MDJC 529b)53.
Ni encuentra mejor apoyo para expresar la inocencia de la Junta y las consiguientes
e inexorables descalificación y condena de sus enemigos que el recurrir al Arpinate:
aquella pena que explica tan admirablemente una sentencia de Ciceron…
Itaque poenas luunt, non tam juditiis, quam conscientia, ut eos agitent, insectenturque furiae, non
ardentibus telis, sicut in fabulis, sed angore conscientiae, fraudisque cruciatu (MDJC 533a)54.
Juvenal, Sat. 6, 2: Credo Pudicitiam Saturno rege moratam in terris uisamque diu, cum frigida paruas
praeberet spelunca domos ignemque laremque et pecus et dominos communi clauderet umbra.
51 El texto ha de decir tibi. Con buen criterio usa el editor letra redonda y no cursiva. Sirve el pasaje
de lema a la Parte Segunda del Reglamento.
52 Ad Fam. 6.5.2-3.
53 De leg., 3. 10. 24.
54 Esta lectura difiere de la del texto de Cicerón editado en nuestros días críticamente: Itaque poenas
luunt, non tam iudiciis-quae quondam nusquam erant, hodie multifariam nulla sunt, ubi <sunt> tamen, persaepe falsa sunt -<a>t eos agitant insectanturque furiae, non ardentibus taedis sicut in fabulis, sed angore conscientiae fraudisque cruciatu. (Cic. ‘De Leg’. 1.40.4).
50 Jovellanos de cara a la lengua y autores latinos – Emiliano Fernández Vallina
91
Asimismo, manifestando que ha tenido la lealtad a la patria y la integridad de buen
ciudadano, recurre de nuevo al gran Tulio:
Acabaré este artículo diciéndoles lo que Ciceron á Pompeyo en una de sus cartas: nulla
enim re tam laetari soleo quam meorum officiorum conscientia; quibus si quando non mutue
respondetur, apud me plus offici residere facillime patior (MDJC 560b)55.
Y a fin de desenmascarar a los advenedizos que sembraron en Cádiz la cizaña contra
el gobierno valiéndose de gente ruin, apela también al maestro de Roma cuando refutaba a Clodio, el cual pretendía culpar al pueblo romano de sus propias desgracias:
An tu populum Romanum esse illum putas, qui constat ex iis qui mercede conducuntur? Qui
impelluntur ut vim adferant magistratibus? Ut obsideant senatum? Optent quotidie coedem, incendia, rapinas? (MDJC 569b)56.
Basten, pues, los ejemplos que preceden, por más que no se agoten con ellos los
casos en que ya como maestros en los que ver el arquetipo de escritura, ya como modelo de los temas que tratar, recurre el polígrafo gijonés a los autores clásicos57. Por
concluir, pues, podemos decir que éstos en Jovellanos aparecen cual paradigmas de
ejemplaridad en la preceptiva literaria, si bien, en muchos casos, en paridad con los
escritores «modernos», sobre todo los del siglo XVI, o los actuales de su tiempo,
traídos a colación sin lugar a duda por el tratadista asturiano en calidad de «clásicos»
equiparables sin menoscabo alguno en a los de época grecorromana.
Y no obstante su rechazo del uso y abuso escolar cotidiano de la lengua del Lacio,
sin que obsten sus prevenciones contra el valor exclusivo de formación atribuible a las
lenguas clásicas, bien se ve cuán dentro de sí pesaban en su propia formación las lecturas y pasajes de los autores latinos que le servían de armazón sentida en sus argumentaciones y propósitos.
Antes aludíamos a la actitud, propia de los llamados renacimientos, tanto medievales como humanista, de acogida de los autores y textos literarios como fuente en que
Cic. Ad Fam. 5.7.2.3.
El texto habría de decir, tal como se establece críticamente en nuestros días: An tu populum Romanum esse illum putas qui constat ex iis qui mercede conducuntur, qui impelluntur ut vim adferant magistratibus,
ut obsideant senatum, optent cotidie caedem, incendia, rapinas? (Cic. ‘De Domo’. 89.1).
57 Homero, Píndaro, Horacio, Virgilio, Jenofonte, Tito Livio, Demóstenes y Cicerón aparecen como
modelos incomparables en la Oración que pronunció en el Instituto Asturiano, sobre la necesidad de unir el
estudio de la literatura al de las ciencias (BAE 46, pág. 331b). Sin salir de los escritos en prosa, más datos de
los expuestos aun podemos ver en el TTPE, en el RCC y en el Discurso sobre el lenguaje y estilo propio de
un Diccionario geográfico (BAE 46, pág. 310b).
55 56 92
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
acceder al pensamiento original y modélico de los mejores maestros que a los jóvenes
podían proponerse. Tal actitud «renacentista», nada alejada de la del Brocense, al que
expresamente se refiere Don Gaspar, es la escogida para la formación de los estudiantes en «humanidades», esto es: fuentes en vez de método científico. Curiosamente,
pues sabe el gran reformador y propugnador de las enseñanzas científicas en su Instituto que lo verdaderamente acertado, diríamos que «científicamente», en el camino
de los aprendizajes literarios iba a la par del estudio directo de las fuentes, no de la
mano del método escolástico-filosófico, tan general y abstracto cuanto infructuoso e
inapropiado a las materias engendradoras de literatura. No importa mucho si a fin de
ofrecer el camino renovado de los planes de estudio también hubiera propuesto como
modelos supremos los autores egregios de las literaturas modernas58. Ni a ello empece
el hecho de que, en las partes de preceptiva poética o retórica haga uso de Blair, de
Condillac u otros más cercanos a su tiempo. Todo ello, aun si pudiera parecer que hay
contradicción entre el planteamiento teórico o programático de los métodos renovadores en la enseñanza y la práctica reglamentada, va en consonancia con su concepción progresiva, y ante todo global, del saber, válido realmente si resulta sapiencial
para la vida, esto es, y según su propia formulación en escala ascendente, un saber capaz de lograr hombres libres de ignorancias, buenos ciudadanos, con la mira puesta en
la progresión en las virtudes, sumidos finalmente en el culmen de la perfección deseable a la humanidad, vale decir la que se alcanza en la esfera vital del cristianismo59. Y
para hacer explícito su programa tanto como para reflejar certeramente el estado de
ánimo o las circunstancias de sus actuaciones, bien como lemas, bien como apoyatura
y punto de partida, en los momentos álgidos recurre a los pasajes ‘ad hoc’ de los autores latinos que mantenía en su acervo. No se puede decir que ellos fueran ajenos, ni
mucho menos, al genio personal de Jovellanos.
Tasso, Milton, sobre todo. Expresamente coloca en paridad con Homero, Platón, Jenofonte, Cicerón, Livio y Virgilio a los siguientes: Fray Luis de Granada, León, Ambrosio de Morales, Oliva, Fray
Luis de León, Mariana, Herrera, Abril en TTPE, 244a-b, además de en otros pasajes del RCC. Nótese que
no menciona entre ellos a Cervantes. Sí lo hace al alabar el cultivo del «buen gusto» en Oración sobre el
estudio de la Literatura y las Ciencias, pág. 332b del mismo tomo de la BAE, y como uno de los autores de
prosa preferibles en RCC 196a. De Meléndez, Moratín, Cienfuegos y Quintana, al lado de Homero, Eurípides, Horacio y Virgilio, Milton, Pope, Boileau y Racine, afirma «que podemos citar [los] sin vergüenza» (TTPE, 247b).
59 TTPE, 253a.
58 El concepto de ‘lengua’
en Jovellanos
1
Ángela Gracia Menéndez
Universidad de Otago (Nueva Zelanda)
Resumen:
El objeto del presente artículo es exponer el concepto de lengua del polígrafo asturiano,
Gaspar de Jovellanos. Trataré de mostrar la variedad de sus enfoques puesto que esboza una
aproximación hermenéutica, se interesa por cuestiones históricas y diacrónica de la lengua,
por cuestiones dialectales como la compilación del léxico asturiano pero también por la
gramática general que se enseña en su Instituto de Náutica y Mineralogía de Gijón antes de
pasar a la gramática del castellano y las humanidades castellanas. Sus diferentes enfoques se
inscribirán en las ideas lingüísticas del siglo XVIII tanto en España como en Europa.
Palabras clave: Filología, lingüística, historiografía lingüística.
Abstract:
The aim of this article is to present Gaspar de Jovellanos’ concept of language.
I shall focus on the variety of his linguistic work and inscribe it into the 18th century writings related to linguistics within Spain but also Europe. Jovellanos touched almost all topics
discussed related to language and its study, such as the historic and the diachronic perspective on Spanish but also his native Asturian dialect, for which he intended to formulate
specific guidelines for its compilation. Being a judge, his first expression of interest for the
Castilian language was the reflection on the knowledge of the language as condition to be
able to understand old written legal texts with which he formulated a hermeneutical approach on language. One of his other interests was the tuition of General Grammar, Castil1 Este artículo es un esbozo del libro Gracia Menéndez, A.: Las ideas lingüísticas de Gaspar de Jovellanos que la Fundación Foro Jovellanos publicará en 2008 y que recibió en 2007 el IX Premio de Investigación de la Fundación Foro Jovellanos, patrocinado por Ideas en Metal. Fue también el tema de una
ponencia presentada en la Conferencia bianual de AILASA (Association of Iberian and Latin American
Studies of Australasia) en Sydney en septiembre de 2006.
94
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
ian Grammar and Castilian humanities at the Institute of Mining and Engineering he
founded in Gijón.
Key words: Philology, Linguistics, Historiography of Linguistics.
Gaspar de Jovellanos (1744-1811) es indudablemente el personaje más destacado
de la Ilustración española. Es considerado la figura más representativa para una fase
importantísima pero a la vez dificilísima de la historia de España, el siglo XVIII. Este
ilustre asturiano es normalmente asociado con una diversidad temática extraordinaria
que abarca temas desde economía, derecho, política, pedagogía, geografía, ingeniería
hasta arte, pero no consta una obra de carácter lingüístico. Un estudio minucioso del
conjunto de su obra nos revela, sin embargo, que también redactó algunos discursos,
escritos, anexos, epístolas, instrucciones, apuntamientos, etc. en los que Jovellanos
aborda cuestiones que atañen a la lengua y distintas perspectivas que afectan su estudio y que, en mi opinión, no se han examinado a fondo.
El objeto de este artículo es ceñirnos a su concepto de ‘lengua’ que expresa en varios escritos a lo largo de su vida y cuyo estudio aborda desde varios enfoques. Es cierto
que esos escritos pueden considerarse ‘menores’ en comparación con sus obras sobre
economía, derecho, política, literatura, enseñanza, por la escasa repercusión que tuvieron a nivel nacional si se compara con el impacto que tuvo la Memoria de ley agraria
que Miguel Artola calificó de “obra capital y el texto que mayor influencia ha tenido en
la historia de la España contemporánea”.2 Sin embargo, si consideramos las observaciones de carácter epistemológico que el gijonés le atribuye a la lengua me atrevo a
elevar esos escritos a un rango comparable al de su Memoria de ley agraria teniendo en
cuenta que para Jovellanos la función del lenguaje no es sólo un medio para comunicar ideas sino también un instrumento para el pensamiento. Con ello demuestra que
supo valorar la función crucial que tiene el lenguaje para el ser humano.
Un repaso crítico de las obras sobre el siglo XVIII español nos muestra una imagen
bastante variopinta. Yvonne Fuentes, por ejemplo, señala que la diferenciación fue
una parte esencial de la Ilustración española.3 Y en efecto, las obras más recientes hacen hincapié en la diversidad y heterogeneidad de todo el siglo del Setecientos. Guillermo Carnero lo define así:
El siglo XVIII es el resultado y la culminación de la cultura de Occidente. Es un siglo
vivo, complejo y rico en su diversidad y sus contradicciones, y plantea por ello graves pro2 Jovellanos remitió en 1794 el Informe en el expediente de ley Agraria a la Sociedad Económica del
Madrid. Artola, Miguel: Vidas en tiempos de crisis, Madrid, Real Academia de la Historia, 1999, pág. 53.
3 Fuentes, Yvonne: «British Aesthetics and the Picturesque in Spain: Jovellanos´s Affinity with
England», Hispania, vol. 87, número 2, Mayo 2004, pág. 210.
El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
95
blemas de delimitación y de definición, y la necesidad de no simplificarlo, evitando los esquematismos de una historiografía mecanicista y rutinaria, (…).
En el grado de mayor generalización, hoy vemos el XVIII como una dualidad dialéctica, cuyos polos son, por una parte, la razón normativa y, por la otra, la emoción y la
sensibilidad.4
Tal afirmación refiriéndose al siglo XVIII también resulta válida para el intelectual asturiano Gaspar de Jovellanos y, en concreto, sus escritos relacionados con la lengua. Cada
uno de esos escritos se caracteriza por un análisis crítico de máximo rigor por lo que
contribuye a una organización sistemática de nuevos campos de conocimiento que se
constituían precisamente en esa época. El interés por la lengua es recurrente en toda la
obra jovellanista. Sus escritos lingüísticos se inscriben por un lado en la tradición latina e
hispana y, por otro, en el racionalismo y empirismo característico de la Ilustración europea. Se encuentran perfectamente inscritos en el surgimiento de la historiografía del lenguaje que Gustavo Bueno ubica en el último tercio del XVIII.5 En el conjunto de sus
escritos con una temática lingüística confluyen su preocupación por la etimología, la gramática, la recopilación del léxico asturiano, pero también la relación entre pensamiento y
lengua. Por otro lado, constatamos un rigor metodológico excepcional en todos ellos.
La preocupación por asuntos lingüísticos en Jovellanos es un hilo conductor en
toda su obra. Tenemos por primera vez constancia de una reflexión sobre la lengua
cuando el 25 de septiembre de 1781 Gaspar de Jovellanos se dirige a la Real Academia
de la Lengua en su «Discurso sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el espíritu de la legislación».6 Hace una profunda reflexión sobre un aspecto
esencial de la jurisprudencia, el conocimiento de la lengua en la que son redactadas las
leyes antiguas con el objetivo de poder «comprender el espíritu de la legislación».
Plantea la dificultad con la que se topa el juez o magistrado a la hora de leer un texto
jurídico con la finalidad de comprender el espíritu de la legislación y poder aplicarla.
En él no sólo aborda la cuestión de comprensión sino que, presuponiendo ésta, indaga
en la posterior interpretación de un texto jurídico por parte del juez. Le dedica especial atención a los factores que obstaculizan precisamente ese proceso por tratarse de
textos jurídicos antiguos. Conociendo hoy día la relevancia que tiene la hermenéutica, concretamente como arte o ciencia de interpretación de textos que se establece
Carnero, Guillermo: La cara oscura del Siglo de las Luces, Cátedra, Madrid, 1983, pág. 13.
Abad, Francisco: «La constitución de las ciencias humanas en el siglo XVIII español», Actas del
Congreso Internacional sobre «Carlos III y la Ilustración» (Diciembre, 1988. Madrid), Vol. III, Educación y
pensamiento, Ministerio de Cultura, Madrid, 1989, pág. 462.
6 Jovellanos, Gaspar de: «Sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el espíritu
de la legislación», Obras publicadas e inéditas de Gaspar M. de Jovellanos, BAE, ed. de Cándido Nocedal,
tomo I, Atlas, Madrid, 1963, págs. 299-301.
4 5 96
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
como ciencia a principios del siglo XIX, sorprende que ese problema fuera reconocido y formulado por un juez dos décadas antes de que el teólogo alemán Friedrich
Schleiermacher le diera forma de teoría. Cuando aún no había cumplido los cuarenta
años este intelectual asturiano plantea esta cuestión de índole filosófica y, en concreto,
epistemológica. Este planteamiento resultaría posteriormente esencial no sólo para la
filología sino también para la filosofía y la historia como disciplina científica como se
comprobaría a lo largo del XIX por historiadores como Wilhelm Dilthey que analizan
y ponen de manifiesto su relevancia.
Sus observaciones son una indicación de que su capacidad analítica, su formación
humanística y su cargo como juez durante una década en Sevilla le capacitaban para
ver algo tan esencial y complejo. Conviene en ese contexto recordar las observaciones
hechas por el clérigo Edgard Clarke en sus Letters concerning the Spanish Nation (1763)
con respecto al estado de la crítica de textos de España: «El conocimiento de las lenguas sagradas y de la crítica de textos está muy descuidado. No he encontrado en los
últimos años nada publicado sobre esto: es un campo sagrado y es peligroso acercarse
a él.»7 Teniendo en cuenta esta observación del clérigo inglés, la reflexión de Jovellanos adquiere aún mayor trascendencia ya que España se encontraba en una situación
en la que la Iglesia Católica había erradicado cualquier posibilidad de que un individuo pudiera hacer su propia interpretación de la Biblia. Esto contrasta con la lectura
que podía hacer cualquier individuo de fe protestante en Alemania.
Esa problemática recobraría relevancia en Cádiz a lo largo del año 1809 cuando
Jovellanos trata de preservar el texto de la Constitución histórica y evitar cualquier
interpretación subjetiva que pudiera hacerse. Podemos apreciar cierta analogía entre
las observaciones hechas en 1781 y la postura que defiende en 1809 puesto que insiste
en que prevalezca «la Ley y nunca el hombre» procurando evitar que se interprete
«la Ley a su arbitrio».
Si el poder judicial pudiese juzgar libremente, ya en casos no determinados por la ley, ya
interpretando la ley a su arbitrio, se convertiría por este medio indirecto en poder legislativo
y ya no serían las leyes, sino los hombres los que dispusiesen de la fortuna y libertad de los
individuos.
Debe, pues, la Constitución poner un límite a la independencia de estos poderes, y este
límite no puede hallarse sino en una balanza que mantenga entre ellos el equilibrio.
Este equilibrio debe consistir en que gobierne siempre la Ley, nunca el Hombre, en
cuanto sea posible. El Cuerpo legislativo puede hacer leyes, pero no trastornar la Constitución que él mismo ha creado y reconocido; [interrumpido].8
Aguilar Piñal, Francisco: Introducción al Siglo XVIII, Júcar, Madrid, 1991, pág. 85.
Jovellanos, G. de: «Reflexiones sobre democracia», Censuras literarias y otras obras, tomo V, ed.
de Miguel Artola, Atlas, Madrid, 1956, pág. 415.
7 8 El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
97
Cabe tener presente que en ningún momento Jovellanos hace mención del término
‘hermenéutica’ ni tampoco de ‘teoría’. Sin embargo, sus observaciones son una indicación de que tiene la perspicacia de ver el problema y que es capaz de reflexionar sobre
lo que es esencial en el proceso de comprensión de un texto. Por ello, constituye una
aproximación tentativa a la hermenéutica ya que plantea el proceso cognoscitivo de la
comprensión y posterior interpretación de textos que puede calificarse de concepción
filológica en la que la comprensión de la gramática y la etimología determinan el significado del texto. En cierto modo, su enfoque gramático-literal constituye a la vez una
indagación histórica. Leventhal ha calificado ese tipo de interpretación filológica, que
era característica de la Ilustración alemana, también de «interpretación semiótica».9
Esa interpretación que se ciñe al significado del signo lingüístico guarda estrecha relación con la interpretación filológica de Jovellanos, ya que considera que el significado
de las palabras, en concreto, la etimología y la sintaxis son esenciales para determinar
el significado del contenido textual con el objeto, en segunda instancia, de establecer
«el espíritu de la legislación» en cuestión.
Dado que Jovellanos es también plenamente consciente de la relevancia del conocimiento del contexto histórico para poder reconstruir ese espíritu del texto, me referiré también al «Discurso sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de
nuestra historia y antigüedades»10, leído el 4 de febrero de 1780 en su recepción a la
Real Academia de la Historia en el que nos proporciona más detalles de sus ideas
tanto lingüísticas como históricas al respecto. En este discurso establece una estrecha
relación entre «la historia de cada país y su legislación» para su propósito que es poner de manifiesto «que el espíritu de estas leyes antiguas solo se puede descubrir a la
luz de la historia» (pág. 293). Según sostiene, esas reflexiones se las sugirió «la misma
experiencia» (pág. 289). Cabe suponer que también para el discurso ante la RAE se
guiara por su experiencia, ya que no hay constancia de que leyera alemán y, por ello,
no es probable que conociera los escritos de Herder, Lessing, Wolf o Ast. Teniendo en
cuenta la fecha de dicho discurso podemos constatar ciertas analogías con escritos de
los mencionados estudiosos considerados precursores de la hermenéutica.
El estudioso asturiano plantea el proceso cognoscitivo de la comprensión y posterior interpretación de textos desde una aproximación filológica. Esa interpretación
9 Leventhal explicita el concepto interpretación semiótica en los siguientes términos: «Chladenius
and Meier developed distinct, yet structurally analogous theories of interpretation, each of which presupposed the view that written words are the signs of spoken words, which in turn are the signs of ideas.»
Leventhal, Robert: The Disciplines of Interpretation. Lessing, Herder, Schlegel and Hermeneutics in Germany 1750-1800, de Gruyter, Berlin, 1994, pág. 64.
10 Jovellanos, Gaspar de: «Discurso sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de
nuestra historia y antigüedades», Obras publicadas e inéditas de Gaspar M. Jovellanos, BAE, ed. de C. Nocedal, tomo I, Atlas, Madrid, 1963, págs. 288-298.
98
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
que se ciñe al significado del signo lingüístico considera que las palabras, en concreto, la etimología y la sintaxis son esenciales para determinar el significado del contenido textual con el objeto, en segunda instancia, de establecer “el espíritu de la
legislación”. El conocimiento de la gramática del castellano es para Jovellanos condición necesaria para que cualquier jurisconsulto pueda de forma objetiva llegar a entender el texto. Cabe recordar que también Schleiermacher calificaría años después
la gramática de esencial: «Hermeneutics and criticism can only be carried out with
the help of grammar and they depend on grammar. But grammar can be established
only by means of hermeneutics and criticism».11 La extensión de la hermenéutica
bíblica que permitía la aplicación de técnicas de análisis gramatical a otros textos no
bíblicos dio lugar al desarrollo de la hermenéutica filológica. Esta fase sentaría las
bases para la creación de la filología como disciplina científica a finales del siglo XVIII
en Alemania y Francia.
La metodología utilizada por Jovellanos de, por un lado, tener en cuenta el contexto histórico y, por otro lado, tratar de reconstruir el lenguaje considerando la evolución etimológica refleja que su procedimiento es análogo al que utilizaron aquellos
filólogos alemanes y franceses considerados fundadores de la disciplina filológica a
finales del siglo XVIII y principios del XIX. Su discurso constituye un primer acercamiento a ese proceso cognoscitivo tan complejo y esencial por muy trivial que
pueda parecer a primera vista.
Esa preocupación por cuestiones históricas que tanto preocupó a estudiosos durante el XVIII lo extiende Jovellanos a la lengua, en concreto, al origen y evolución del
léxico tanto castellano como asturiano que aborda después en su «Instrucción para la
formación de un Diccionario Geográfico de Asturias» (1791)12, en menor medida en su
«Instrucción para la formación de un Diccionario del dialecto asturiano» (1801) para
cuyas etimologías refiere a Gregorio Mayans y a Sarmiento13, y en su «Apuntamiento
Schleiermacher, Friedrich: Hermeneutics and Criticism, edición de Andrew Bowie, Cambridge
University Press, Cambridge, 1998, pág. 4.
12 Jovellanos, Gaspar de: «Instrucción para la formación de un Diccionario Geográfico de Asturias», Obras Completas. Escritos asturianos, tomo IX, edición de Elena de Lorenzo/ Álvaro Ruiz de la
Peña, Oviedo, Ayuntamiento de Gijón/ Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, pág. 326-327.
13 «Por lo mismo, para hacer con acierto la definición de las etimologías, se establecerán las reglas o
cánones establecidas por don Gregorio Mayans en su obra intitulada Orígenes de la lengua castellana. Y si
la Academia pudiese adquirir una obra del maestro Sarmiento, intitulada Elementos de Etimología, escrita
por el método de los elementos de Euclides, (…) harán que los formantes estudien y sigan sus principios.»
Menciona también a Covarrubias y a Aldrete, pero advirtiendo a los formantes que sean críticos. Jovellanos, Gaspar de: «Instrucción para la formación de un Diccionario del dialecto asturiano », Obras
completas. Escritos asturianos, tomo IX, edición de Elena de Lorenzo Álvarez/ Álvaro Ruiz de la Peña
Solar, Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, 2005, pág. 274.
11 El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
99
sobre el dialecto de Asturias» (1804)14 en el que Jovellanos trata de demostrar que el
asturiano es una lengua romance. Aquí establece una relación entre la historia, en concreto, la romanización de la región, la lengua y la cultura. En ambos escritos formula
cuestiones esenciales de la filología europea del XIX que precisamente se centra en la
vertiente diacrónica así como en el parentesco de las lenguas. En esa época Jovellanos
asume el mismo concepto de significado para su diccionario que se reduce a señalar la
evolución de una palabra como de hecho lo hiciera Jacob Grimm para el alemán en su
Deutsches Wörterbuch que Manuel Seco precisamente califica de nacimiento de la lexicografía histórica15 y cuyo autor en Alemania es considerado el fundador de la germanística. Realiza un estudio histórico característico de la filología de finales de siglo al
ceñirse a la evolución del asturiano del latín.
El hispanista alemán Wolfgang Vogt sostiene que el conocimiento del castellano
antiguo resultaba muy útil para la historiografía moderna y así se explica la formación
de la filología histórica y califica a Jovellanos de entre los primeros estudiosos que se
ocuparon de la historia de la lengua.16 Veamos cómo plantea Jovellanos las dificultades
con las que se encuentra un lector al leer textos antiguos:
Esta dificultad consiste en el mismo lenguaje en que están escritas nuestras leyes antiguas; en este lenguaje venerable, que por mas que le motejen de tosco y de grosero los jurisconsultos vulgares, está lleno de profunda sabiduría y altos misterios para todos aquellos a
quienes la historia ha descubierto los arcanos de la antigüedad. Las palabras y frases que le
componen están casi desterradas de nuestros diccionarios, y el preferente estudio que han
hecho nuestros jurisconsultos en unas leyes extrañas, y escritas en un idioma forastero, las
ha puesto enteramente en olvido. Sus significaciones, o se han perdido del todo, o se han
cambiado o desfigurado extrañamente; los glosadores no las han explicado, y acaso no diré
mucho si afirmo que ni las han entendido; ¿qué dificultad pues tan insuperable no ofrecerá
a los jurisconsultos su lectura? ¿Y cómo podrán evitarla si el estudio de la historia y de la
antigüedad no les abre las fuentes de la etimología?17
14 Jovellanos, Gaspar de: «Apuntamiento sobre el dialecto de Asturias», Jovellanos y Asturias, selección de Jesús Menéndez Peláez, Caja de Ahorros de Asturias, 1986.
15 Seco, Manuel: «Lexicografía histórica y lexicografía general», Actas del IV Congreso de la Sociedad
Española de Historiografía Lingüística, La Laguna, 22-25 de octubre de 2003, Madrid, Arco Libros, 2004,
pág. 98.
16 «Die Kenntnisse des Altspanischen erwiesen sich für die moderne Geschichtsschreibung manchmal als sehr nützlich und so erklärt sich die Entstehung der historischen Sprachwissenschaft. So wie
die Gesetze betrachtete man nun auch die Sprache als historisch wandelbar, und Jovellanos selbst gehörte zu den ersten Gelehrten, die sich der Sprachgeschichte widmeten.» Wolfgang Vogt, Die “Diarios”
von Gaspar Melchor de Jovellanos, Frankfurt/ Main, Peter Lang, 1975, pág. 111-112.
17 Jovellanos, G. de: «Discurso sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el
espíritu de la legislación », pág. 294.
100
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Años después de reflexionar sobre cuestiones históricas su preocupación por el
castellano lo guía para incluir un apartado titulado «Rudimentos de la gramática castellana» en su «Curso de Humanidades Castellanas» (1795)18, el currículo para el
Real Instituto de Gijón. En él expone la relación entre la gramática castellana y la gramática general. Bajo el título de «Rudimentos de gramática general, o sea Introducción al estudio de las lenguas» esboza principios generales que en aquella época
venían a ser un estudio teórico sobre cuestiones lingüísticas. Lázaro Carreter califica
ese planteamiento de sumamente innovador y destaca que Jovellanos fue uno de los
primeros en España en incluir ese enfoque de tipo teórico antes de pasar a la gramática
del castellano: «En los años finales del siglo, Jovellanos y González Valdés marcan el
rudimentario principio de la incursión de la lógica en la gramática general en España».19
También su interés por el castellano se inscribe en una tendencia que se materializa
durante las últimas tres décadas del XVIII en el que como consecuencia de una preocupación ilustrada se reconoce y se defiende la necesidad de enseñar la lengua materna, el castellano. Éste había llegado a un grado de perfección que podía aproximarse
a la lengua perfecta, el latín, como de hecho había sucedido ya en Francia. La segunda
mitad del siglo XVIII, en especial el último decenio, se caracteriza por un aumento
significativo en la producción gramatical.20
Cabe tener presente que estudiosos de la talla de Gregorio Mayans y, entre ellos,
Gaspar de Jovellanos tenían un concepto de castellano que distaba bastante del que se
oía, pues en una carta a González de Posada el asturiano justifica por qué la enseñanza
del castellano es imprescindible: «¿No es un dolor ver hombres de gran mérito científico, que apenas saben hablar su lengua, ni escribir con orden y método, desde el
punto que se les saca de áridas fórmulas? Pues yo deseo que mis matemáticos contraiJovellanos, G. de: «Curso de Humanidades Castellanas», Obras publicadas e inéditas, colección
hecha e ilustrada por Cándido Nocedal, tomo I, Madrid, Atlas, 1963, págs. 101-155.
19 Lázaro Carreter, Fernando: Las ideas lingüísticas en España durante el siglo XVIII, Barcelona,
Editorial Crítica, 1985, pág. 204. Recordemos que el escolapio Benito San Pedro había incluido ese presupuesto teórico en su gramática Arte del Romance castellano (1769). Ridruejo, Emilio: «La gramática
racionalista a València: Benito de San Pedro», Prunyonosa, Manuel (editor): Historiografía lingüística
valenciana, Valencia, Universidad de Valencia, 1996, pág. 107. Niederehe, Hans-Josef: «La lingüística
española en el contexto internacional: centros de irradiación y periferias», Actas del I Congreso Internacional de la Sociedad española de Historiografía Lingüística. A Coruña, 18-21 de febrero de 1997, edición de Mauro Fernández Rodríguez, Francisca García Gondar, Nancy Vázquez Veiga, Madrid, Arco
Libros, 1999, pág. 103.
20 García Folgado recoge una veintena de obras entre 1769 con el Arte del Romance Castellano de
Benito San Pedro (1769) hasta 1800 con la gramática de Jaramillo. García Folgado, María José: «La
gramática a finales del siglo XVIII», Nuevas Aportaciones a la Historiografía Lingüística, Actas del IV Congreso Internacional de la SEHL, La Laguna (Tenerife) 22-25 de octubre de 2003, Vol. I, edición de C. Corrales Zumbado, Arco Libros, Madrid, 2004, pág. 562.
18 El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
101
gan los principios y el uso de un buen estilo didáctico, para que, consultando, informando, proponiendo, escribiendo, puedan dar orden y claridad a sus ideas.»21 Ya en su
Discurso leído en su entrada a la Real Academia Española defiende y justifica su estudio: «pero cuando nuestra profesión nos obliga a procurar el más perfecto conocimiento de nuestras leyes, ¿cómo es posible que parezca inútil el estudio de la lengua
en que están escritas?» Esa preocupación recurrente justifica que Ceán Bermúdez se
refiera a él con «Quien tanto se empeñó en conservar la pureza de la lengua castellana, como lo demuestran sus escritos…»22. Es obvio que para hablar bien una lengua
conocer la sintaxis es imprescindible y así lo entiende Jovellanos: «El estudio de las
Humanidades me hizo advertir después cuán necesario era para el conocimiento de la
lengua el examen analítico de su sintaxis (…).»23 Jovellanos es capaz de analizar el
componente más mínimo de la lengua, el signo o la palabra y de ahí llegar a la frase.
Pero este intelectual no se ciñe a la frase como unidad sino que en su «Tratado del
Análisis del Discurso», como ya indica el título, se refiere al «discurso» que define
recurriendo al significado.24
Es por ello que para su Instituto de Gijón Jovellanos se encontró en la privilegiada
situación de poder llevar a la realidad su concepto de enseñanza y optó por un equilibrio entre ingeniería y minería pero en las que no debían faltar las humanidades. Lo
verdaderamente relevante es que para este asturiano sabio ya no se trata de las humanidades griegas o latinas sino de las castellanas. A pesar de ser Jovellanos académico
desde 1781, puede sorprender de que decidiera dar él mismo un ‘esbozo’ de la gramática castellana en su «Curso de Humanidades castellanas» en lugar de usar la GRAE
que se concluyó en 1771.25 Es posible que la razón por no adoptarla para su Instituto
fuera que deseara incluir precisamente un apartado de gramática general, como de
hecho se tenía previsto para la GRAE. En ese sentido señala Gómez Asencio,
21 Jovellanos, Gaspar de: Obras completas, tomo III, Correspondencia, edición de José Miguel
Caso González, 1986, núm. 1.278, fechada el día 7 de mayo de 1800, pág. 534.
22 Ceán Bermúdez, Juan Agustín: Memorias para la vida del Excmo. Señor D. Gaspar Melchor de Jove
Llanos, y noticias analíticas de su obra, versión facsímile, Ateneo Jovellanos, Gijón, 2000, pá. 165.
23 Jovellanos, Gaspar de: «Cartas del viaje de Asturias», Obras Completas. Escritos asturianos,
tomo IX, pág. 156.
24 «De ahí se ve que el discurso no es mas que una serie de pensamientos expresados con palabras.
Luego, haciendo el análisis del discurso, se hace al mismo tiempo del pensamiento. Aun podemos decir
que el análisis del pensamiento se halla hecho en el discurso, porque las palabras nos representan las ideas
que percibimos por la sensación ó por la reflexion.» Jovellanos, G. de: «Tratado del análisis del discurso», BAE, Obras publicadas e inéditas de G. M. de Jovellanos. Colección hecha e ilustrada por Cándido
Nocedal, tomo I, Madrid, Atlas, 1963, pág. 150).
25 Para un análisis comparativo entre las gramáticas de la RAE y los Rudimentos refiero a Ridruejo,
Emilio: «Los Rudimentos de gramática castellana de Jovellanos y la Gramática de la Real Academia»,
Homenaje a D. Antonio Llorente, Philologica II, Salamanca, Universidad, 1989, págs. 399-414.
102
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Jovellanos es uno de los pioneros y primeros difusores y defensores de la gramática general en nuestro país y es también, salvo error, el primer gramático en la historia de la gramática española que define la gramática general y que contempla este campo de estudio del
lenguaje como complementario con el de la gramática particular.26
Otro gran proyecto fue el Diccionario asturiano. La Academia de la Historia había
impulsado una serie de Diccionarios histórico-geográficos, entre ellos el de Asturias.
Como consecuencia lógica de lo que había postulado en su discurso ante la Academia
de la Historia en 178027, Jovellanos muestra interés por colaborar en el Diccionario
geográfico de Asturias para el cual había reflexionado sobre aspectos formales.28 Tenía
previsto incluir un artículo sobre la lengua del Principado como elemento imprescindible para el Diccionario geográfico de Asturias y, en ese sentido, se lo participa a González de Posada en una carta:
Lo que sí me parece muy necesario es que en el artículo principal del Diccionario geográfico
haya uno subalterno acerca de nuestro dialecto, en que se indiquen su origen, su índole y sus
anomalías, confirmando su doctrina con pocos, poquísimos, pero muy escogidos ejemplos.
Esto, y dar las etimologías de las palabras geográficas, es todo lo que puedo convenir ahora.29
Ello demuestra que había pensado en todos los detalles, el objeto de estudio y la
envergadura del proyecto. Ese concepto que tiene en mente constituye a la vez un
método esencial y característico de todo el siglo ilustrado, el de la interdisciplinariedad, al aunar asuntos de tipo geográfico con asuntos lingüísticos con el fin de preparar
una obra que incluyera también la lengua que se habla en esa región. Ese proyecto le
llevará una década después en 1801 en su «Instrucción para la formación de un Dic26 Gómez Asencio, José Jesús: Gramática y categorías verbales en la tradición española 1771-1847,
Salamanca, Universidad de Salamanca, 1981, pág. 26.
27 «Yo no tengo empacho en decirlo: la nación carece de una historia. En nuestras crónicas, anales,
historias, compendios y memorias, apenas se encuentra cosa que contribuye a dar una idea cabal de los
tiempos que describen. Se encuentran, sí, guerras, batallas, conmociones, hambres, pestes, desolaciones,
portentos, profecías, supersticiones, en fin, cuanto hay de inútil, de absurdo y de nocivo en el país de la
verdad y de la mentira. Pero, ¿dónde está una historia civil, que explique el origen, progreso y alteraciones
de nuestra constitución, nuestra jerarquía política y civil, nuestra legislación, nuestras costumbres, nuestras glorias y nuestras miserias (…)?», pág. 298.
28 Jovellanos, Gaspar de: «Discurso sobre el lenguaje y estilo propio de un diccionario geográfico», edición de Cándido Nocedal, tomo I, Madrid, Atlas, 1963, págs. 325-329. Ver también su «Memoria sobre el estilo conveniente de Diccionario Geográfico», manuscrito, Academia de la Historia, Madrid,
legajo 9/ 5945.
29 Jovellanos, Gaspar de: Obras Completas, Correspondencia, tomo IV, edición de Caso González,
Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, 1988, pág. 95.
El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
103
cionario del dialecto asturiano» a dar un paso más y centrarse primero en el léxico del
asturiano como base para algún día escribir una gramática del bable y así lo expone:
«Y vea usted aquí por qué cuando emprendí mi viaje venía yo con tantos acosos, prometiéndome que a mi vuelta podría por lo menos escribir una Gramática, una Ortografía y un Glosario o Etimología del dialecto de Asturias.»30
En analogía a la recopilación y descripción basada en la observación de las ciencias
naturales, Jovellanos precisa en dicha «Instrucción» unos presupuestos metodológicos para recopilar el léxico del bable como condición necesaria para poder después
elaborar un Diccionario. Es por ello que ese escrito es el más destacado desde un
punto de vista metodológico para la dialectología, puesto que formula una metodología empírica para la recopilación del léxico asturiano pero cuya aplicación puede extenderse a cualquier habla. Esa analogía a la recopilación de una planta o mineral que
caracteriza el empirismo del siglo XVIII se desprende de su manuscrito autógrafo
«Sobre el vocabulario del dialecto y el diccionario geográfico de Asturias». Refiriéndose a las palabras que recopilará en su Diccionario, señala:
No están encerradas en las bibliotecas ni archivos, sino en el gran libro de la naturaleza, ni hay
necesidad de leerlas ni estudiarlas, sino que, presentándose a todas horas a nuestro oído y nuestra vista, se trata solo de recogerlas, apuntarlas y traerlas al depósito de nuestra academia.31
La carencia de un corpus del asturiano, sin embargo, le obliga a elaborar primero un
Diccionario del asturiano y, a su vez, para poder realizar con éxito dicho diccionario se
impone la necesidad de centrarse en cuestiones metodológicas con el fin de llevar a
cabo el proyecto con una sólida base científica. Su aproximación empírica le exige
primero recopilar el léxico asturiano. Para esa labor se basa en la observación de hechos, en este caso, de palabras enunciadas, lo que convierte su proyecto no sólo en un
proyecto empírico sino a la vez descriptivo. Queda explícito que no le interesan tanto
los documentos escritos que están encerrados en bibliotecas sino lo que es enunciado,
es decir, el lenguaje hablado, que sólo hay que recoger, apuntar y llevar a lo que algún
día sería la Academia de la Lengua Asturiana. Tal como él lo presenta la tarea parece
bastante más fácil de lo que realmente es. Se puede apreciar cierta influencia de la
RAE ya que procura remitir a autoridades que enumera como poemas y canciones
escritos en asturiano, lo que es una analogía al Diccionario de Autoridades.32 Si bien la
Jovellanos, Gaspar de: «Carta interrumpida sobre el dialecto asturiano», Obras completas. Escritos asturianos, tomo IX, pág. 156.
31 Jovellanos, Gaspar de: «Sobre el Vocabulario del dialecto y el Diccionario geográfico de Asturias»,
Obras completas, Escritos asturianos, tomo IX, pág. 260.
32 «Estas autoridades no se pueden tomar sino de tres orígenes: 1. de refranes asturianos; 2. de cantares usados en las danzas, endechas, esfoyazas , y otras juntas y diversiones del pueblo de Asturias; 3., de
30 104
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
tradición literaria del asturiano y, en consecuencia, escrita no podía compararse a la
del castellano, sí tenía una literatura medieval y barroca33, tradiciones populares como
el villancico34 y una rica tradición oral.35
Jovellanos era miembro de la RAE desde 1781 y, por consiguiente, conocedor de su
funcionamiento pero también del prestigio e influencia que gozaría de tener el apoyo
de la corona. Por ello, tenía la intención de fundar algún día una Academia de la Lengua
Asturiana con el fin de gozar de ese apoyo real para dicha institución. Es por ello que en
su «Instrucción para la formación de un Diccionario del dialecto asturiano» establece la
función de los colectores, pero especifica que la corrección final y la formación de las
entradas corresponderían a la futura Academia en sus reuniones semanales. Sostiene
que puesto que se trata del dialecto asturiano correspondería su estudio y análisis también a una institución ubicada en el Principado y no en la capital: «No es una vergüenza que una Academia que está a dos leguas de nosotros, trabaje un diccionario de
Asturias con materiales enviados de Asturias, y que nosotros lo suframos con nuestras
manos cruzadas? Así que la cosa a mi juicio no es de despreciar; (…).»36
Con el fin de asegurar que el método utilizado por todos los colaboradores involucrados sea idéntico sus instrucciones no permiten ambigüedad. Es por ello que Jovellanos
elaboró instrucciones precisas lo que reflejaba su concienciación científica por dar prioridad a aspectos metodológicos antes de emprender una obra de la envergadura como la
de formar un corpus adecuado, puesto que si las bases para su recopilación son deficientes, lo será, en consecuencia, el corpus que obtiene. El académico asturiano se propone
especificar la forma correspondiente en latín y la etimología de cada palabra.
Especificar la raíz de cada palabra es esencial ya que ésta facilitar información valiosa:
poesías correctas y genuinas de autores antiguos, conocidos y acreditados, escritas en idioma de nuestro
dialecto, llamado comúnmente Bable, como por ejemplo, las de don Antonio González, conocido por el
nombre de Antón de Mari-Reguera, las de Juan Fernández Porley, llamado Juan de la Candonga; las de don
Bernardino de Robledo, cura de Piedeloro; el romance Pintura del caballo de Benavides, etc.», «Instrucción
para la formación de un Diccionario del dialecto asturiano», Obras Completas, Escritos asturianos,
tomo IX, pág. 270.
33 García Arias, J. L., «La Lliteratura Medieval» Historia de la Lliteratura Asturiana, edición de
Miguel Ramos Corrada, Oviedo, Academia de la Llingua Asturiana, Grafinsa, 2002, pág. 19-30. Ramos Corrada, Miguel: «La cultura del Barrocu n´Asturies», pág. 61-94,
34 Menéndez Peláez, Jesús, «El villancico literario-musical en el siglo XVIII: nuevos textos en asturiano», Estudios dieciochistas. En homenaje al Profesor José Miguel Caso González, vol. II, Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, 1995, pág. 111-138. Pensado, J. L., «El asturiano en el siglo
XVIII: los villancicos», Lletres Asturianes, 30, 1998, págs. 173-190.
35 Ramos Corrada, Miguel, «El cuentu de tradición oral», Historia de la Lliteratura Asturiana, Academia de la Llingua Asturiana, Oviedo, Gráfinsa, 2002, pág. 36-45.
36 Correspondencia a Juan de Llano Ponte, obispo de Oviedo, 30 de agosto de 1800. Jovellanos,
Gaspar de: Obras Completas, edición de Caso González, tomo III, 1986, pág. 564.
El concepto de ‘lengua’ en Jovellanos – Ángela Gracia Menéndez
105
«Una vez determinada la raíz de cada palabra, se determinará para ella su verdadera pronunciación, y se tratará de escribirla con arreglo a ésta.» En una época en la que la ortografía española todavía se aferraba en gran medida a la etimología latina, Jovellanos recurre a
veces de ese criterio para determinar la escritura. Puntualiza refiriéndose a las palabras que
empiezan con l sola «así se escribirán también, porque el principio de origen debe ser en
nuestra ortografía más cierto que el de uso.» (pág. 275) Además tiene la intención de dar
una frase completa para cada palabra en cuestión, con el fin de ejemplificar su uso. Con ello
su presupuesto teórico adquiere un elemento a la vez de sincrónico y de descriptivo. Para
ello estipula además que se opte por el tiempo verbal que más discrepe del castellano. Ello
tiene una función pedagógica adicional muy concreta la de servir como referencia y así lo
manifiesta «para que se difunda mejor el conocimiento».
Con esa «Instrucción para la formación de un Diccionario del dialecto asturiano» Jovellanos anticipa aspectos metodológicos que resultarán relevantes para la dialectología
y la lexicología no sólo durante el siglo XIX sino también el XX, lo que demuestra su
capacidad de reflexionar sobre diversos aspectos relacionados con el estudio científico
de la lengua como la etimología, la sintaxis, la relación entre pronunciación y ortografía,
tanto para la lengua castellana como para el asturiano. Hay que tener presente en todo
momento que las disciplinas filológicas no se habían establecido aun como disciplinas
científicas en esa época. Eso ocurriría décadas después. Sin embargo, Jovellanos da un
primer paso para establecer los métodos para su estudio siempre partiendo de principios
filosóficos y científicos como en este caso el empirismo con el fin de llegar a conclusiones perfectamente válidas por su rigor, capacidad de análisis y crítica. Pese al valor que
Jovellanos atribuyera como académico o juez a los documentos escritos aceptó basarse
en el uso del habla asturiana, y en este caso permitió el concepto que tuviera el académico competente que lo recopilara: «Cuando no se hallare autoridad en que apoyar el
uso, como sucederá con frecuencia, entonces se pondrá una frase o ejemplar en que se
emplee la misma palabra según su verdadera acepción.» (pág. 346)
Una vez más, Jovellanos se adelanta a su época con una concepción sumamente
moderna de lo que es el habla y se aproxima al objeto de la lingüística tal como se
concibió en el siglo XX al centrarse en aspectos de cómo habla la gente. Al mismo
tiempo, su postura implica que por carecer un habla de abundantes documentos escritos no tiene menos valor. Jovellanos opta por recurrir al uso del asturiano, lo que constituye casi una equiparación del ‘uso establecido’ a la ‘tradición escrita’ que tiene una
lengua. Es precisamente lo que hacen disciplinas lingüísticas como la dialectología, la
sociolingüística y la pragmática que se alejan de estudiar la lengua como sistema y se
centran en el estudio del uso concreto de la lengua o más bien de las realizaciones
concretas en su contexto lingüístico y extra-lingüístico. Podemos concluir que con ese
concepto de captar el habla se aproxima bastante al concepto de ‘sincronía lingüística’
del siglo XX. Si bien la aproximación que asume para captar el léxico asturiano se ca-
106
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
racteriza por un empirismo, también podemos apreciar un elemento que Ángel del
Río calificó de «afán de inventariar»37 Con él ciertamente se aleja de un enfoque racionalista cuyo objeto de estudio son los principios comunes de las lenguas y el de la
lógica, aspectos que dominaban en sus Rudimentos de gramática general. Por otro lado,
responde al interés por las manifestaciones populares y dialectos regionales característico del siglo XVIII. Aunando ambas perspectivas, Ángel del Río resumió la relevancia
de su aportación para las dos disciplinas, la lingüística y los estudios culturales: «Sobre este fondo debemos situar sus estudios dialectales, de interés mayor, sin duda, por
su significación dentro de la historia de las actitudes culturales que como aportación
a la ciencia de la lingüística.» 38
Así como su pensamiento político y económico con frecuencia no pudo ser apreciado por sus coetáneos, lamentablemente tampoco su obra filológica o lingüística lo
fue. Sin embargo, un estudio minucioso de esas obras demuestra que también destaca en
ese campo. El ilustre asturiano aborda en cada obra cuestiones de la lengua desde una
perspectiva filológica distinta, lo que demuestra una variedad de enfoques. Su formación humanística y su rigor analítico le capacitan para analizar cuestiones esenciales de
índole epistemológica. En su proyecto de compilar el léxico del asturiano demuestra que
se desenvuelve perfectamente en su sólida aproximación lexicológica y lexicográfica.
Por haber contribuido al análisis y reflexión epistemológico y finalmente por haber
sentado las bases para el estudio científico de diversas vertientes de la lengua durante
el Siglo de las Luces, de forma análoga a la metodología de estudiosos germanos relacionados con la fundación de la disciplina filológica, el conjunto de sus escritos lingüísticos se inscriben dentro de la filología de finales del siglo XVIII y principios del
XIX. Así como la comprensión de un texto tiene para él una finalidad más amplia, la
de poder hacer la interpretación adecuada – en este caso de un texto legal –, el conocimiento de la lengua castellana tiene un propósito bastante más abstracto, el de servir
como instrumento para pensar y, en una segunda instancia, un medio para la instrucción y la educación de un individuo. Reconoce la función esencial de la lengua como
instrumento para llegar a adquirir conocimientos relevantes que para él son más trascendentales. En cada escrito Jovellanos aplica un enfoque filológico distinto que, pese
a no ser filólogo, resuelve con sumo rigor. Es por ese rigor metodológico en asuntos
muy puntuales así como por su capacidad de no perder de vista aspectos de la función
comunicativa del lenguaje humano que este intelectual ilustrado merece su lugar en la
historiografía lingüística del español.
37 Jovellanos, G. de: Diarios, estudio preliminar de Ángel del Río, tomo I, Instituto de Estudios
Asturianos, Oviedo, 1953, pág. 33.
38 Río, Ángel del: «Los estudios de Jovellanos sobre el dialecto de Asturias», Revista de Filología
Hispánica, año V, núm. 3, 1943, págs. 209, 215.
Teatro y pedagogía: el teatro escolar
en la Asturias del siglo XVIII
1
Carla Menéndez Fernández
Universidad Pontificia de Salamanca
Jesús Menéndez Peláez
Universidad de Oviedo
Resumen
Se ofrece un acercamiento a la función pedagógica y didáctica que tuvo el teatro escolar
en la Asturias ilustrada. Esta breve radiografía señala tres núcleos o centros que irradiaron
un teatro escolar: el colegio jesuítico de san Matías, los niños de coro de la catedral de
Oviedo y el Real Instituto de Náutica y mineralogía de Gijón.
Palabras clave: teatro escolar, Colegio de san Matías de Oviedo, Escuelas públicas de
Oviedo, Real Instituto de Náutica y Mineralogía.
ABSTRAT
This article offers an approach to the pedagogical and didactic role that school drama
played in Asturias during the Enlightenment. This������������������������������������������
brief radiography highlights three starting-points or centres which irradiated some kind of school drama: the Jesuit school of St.
Matthias, the choir boys at Oviedo cathedral and the Royal Institute of Navigation and
Mineralogy in Gijón.
Key Words: school drama, St. Matthias School in Oviedo, public schools in Oviedo,
Royal Institute of Navigation and Mineralogy.
Con este mismo título publicamos una monografía en Gijón, GH, 1986, en la que recogíamos
textos de un teatro escolar en la centuria dieciochesca asturiana. Desaparecida aquella editorial y agotada su edición, actualizamos aquel trabajo en esta nueva publicación. IDEM, «Teatro en los siglos XVII
y XVIII. Algunas noticias de teatro escolar y universitario en Oviedo», La Ratonera, n.º 22. Enero, 2008,
págs. 4-11.
En este sentido nos parece importante el trabajo de Roberto J. López, Oviedo: muerte y religiosidad en
el siglo XVIII, Oviedo, Consejería de Cultura, 1985.
1 108
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
1. Teatro escolar e ilustración
Durante muchos años el siglo XVIII sufrió el olvido y la marginación de los investigadores. Se le achacaba falto de originalidad, tributario del pensa­miento extranjerizante e infiel a los valores tradicionales. De ahí el calificati­vo de afrancesado con que
se quiso caracterizar la cultura española del siglo XVIII.
Hoy, afortunadamente, soplan nuevos vientos y la Ilustración española es considerada cada vez más como una de nuestras grandes etapas culturales. Desde hace varias
décadas asistimos a una revisión y rehabilitación de los estudios dieciochis­tas en todos
los Campos de la cultura. A este cambio axiológico ha contribui­do de forma relevante,
a nuestro juicio, la intensificación de los estudios regiona­listas. Entusiasmados los investigadores en la búsqueda del «Volksgeits» (ex­presión con que la crítica alemana
designó el fenómeno) de cada región, empezaron por estudiar aquello que les rodeaba
más inmediatamente. A partir de los resultados obtenidos, se fue entretejiendo una
compleja red de activi­dad cultural que desembocó en un nuevo punto de vista de nuestro pasado cultural que afectó de manera particular a la ilustración española.
Tradicionalmente se viene considerando la ilustración asturiana como el resultado
de la actividad intelectual de aquellos hombres, calificados de ilus­trados, vinculados a
la región por razones geográficas de nacimiento o de su actividad profesional. Desde
esta óptica la ilustración asturiana estaría en re­lación directa a la obra de Feijoo, Jovellanos, Casal, Campomanes, … A nuestro juicio, sin negar esta dimensión de nuestra
cultura regional, tal acercamiento peca excesivamente de unilateral y extrínseco, en el
sentido de que desde esa perspectiva se olvida la dimensión antropológica y étnica,
valo­res semánticos que tiene primordialmente el adjetivo asturiano. Por ello, sin olvidar lo anterior, sería necesario proyectar la investigación hacia Campos más heterogéneos, como puede ser la religiosidad popular o la literatura tradicional. Evidentemente,
esta perspectiva es más árida y, en principio, menos segura, ya que los materiales son
más complejos y menos abundantes al no tener en la mayoría de los casos una paternidad definida.
El teatro fue en el pasado el género literario más popular y de mayor incidencia en la
sociedad; prueba de ello son las censuras a las que con frecuencia se vio sometido. Circunscribiendo su significación a la centuria ilustrada hemos de decir que son muy
abundantes las monografías que estudian distintas parcelas del teatro español en el siglo XVIII2; una parcela de esta investigación se orienta al estudio de la función didác2 Pensamos obras como: Jorge Campos, Teatro y sociedad en España (1780-1820), Madrid, Editorial
Moneda y Crédi­to, 1969; Francisco Aguilar Piñal, Sevilla y el teatro en el siglo XVIII, Oviedo, Centro
de Estudios del Siglo XVIII, 1974; Arturo Zabala, El teatro en la Valencia de finales del siglo XVIII, Valencia, Diputació Provincial, 1982; Ángel Raimundo Fernández González, Aportación al estudio del tea-
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 109
tica y pedagógica que desempeñó el teatro en el programa ilustrado peninsular; esta
preocupación por conocer la didáctica y la pedagogía en la ilustración centra asimismo
su interés en la investigación del funcionamiento y significado de la escuela primaria
durante la ilustración española, estudios que nos ofrecen por el momento una historia
parcial de los estudios de este segmento educativo en la España del siglo XVIII3 . Esta
misma orientación se vivió con anterioridad en Francia donde son muy abundantes
monografías sobre te­mas pedagógicos4 y sobre la función que tuvo la escuela primaria
en la ilus­tración en el país vecino; esto explicaría el hecho de que sean los hispanistas
franceses quie­nes estuvieron durante mucho tiempo preocupados por lo que ellos calificaban de ausencia o laguna de la investigación dieciochista española.
Desde esta perspectiva creemos que sólo podremos valorar cuál fue la función que
tuvo el teatro escolar o infantil dentro del programa pedagógico de la ilustra­ción,
cuando tengamos esa visión de conjunto de los elementos constitutivos del didactismo ilustrado en los niveles más bajos de la enseñanza.
2. Núcleos de teatro escolar en la Asturias del siglo XVIII
2.1. El Colegio de San Matías de Oviedo
El colegio de san Matías, regido por los padres jesuitas, fue uno de los grandes núc1eos de la actividad teatral en Oviedo a partir del siglo XVI. La «Ratio Stu­diorum»
de la Compañía supo ver las posibilidades didácticas y pedagógicas que tenía el teatro,
tro en Mallorca, Palma de Mallorca, Estudio General Lulia­no, 1972; Miguel D ‘Ors, «Representaciones
dramáticas en la Pamplona del siglo XVIII», Príncipe de Viana, n° 134­-135 (1974), págs. 281-315. Como
excepción debe señalarse la monografía sobre el tema que nos ocupa: Miguel A. Figueras Marti, Teatro escolar zaragozano. Las Escuelas Pías en el Siglo XVIII, Zaragoza, Diputa­ción Provincial, 1981.
3 Conocemos tan sólo estudios parciales sobre este tema que a modo de cita rápida podemos señalar:
Aurelio Marcos Montero, «El magisterio español en la épo­ca de Carlos III», Revista de Pedagogía, 48
(1954); Francisco Aguilar Piñal, «La enseñanza primaria en Sevilla durante el siglo XVIII» Boletín de
la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, t. 1 (1973), págs. 39-83; Carmen Labrador Berraiz, «Los
maestros de primeras letras en el Catastro de la Ensenada», II Simposio sobre el Padre Feijóo y su siglo,
Oviedo, Centro de Estudios del Siglo XVIII, 1983, t. II, págs. 159-81; Victor Infantes, Ana Martínez
Pereira, Bernabé Bartolomé Martínez y Pedro Ruiz Pérez, De las primeras letras: cartillas españolas
para enseñar a leer del siglo XVII y XVIII, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2003, 2 vols.
Desde el punto de vista de una enseñanza confesional católica merece citarse Bernabé Bartolomé
Martínez (dir.), Historia de la acción educadora de la Iglesia en España, I. Edades Antigua, Media y Moderna, Madrid, BAC Mayor, 1995.
4 Véase la obra de Georges Synders, La Pédagogie en France aux XVII et XVIII siècles, Paris, Presses
Universitaires de France, 1965. En esta obra se cita una abundantísima bibliografía sobre el tema en la
ilustración francesa.
110
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
tanto desde una perspectiva académica como ascético­mística. Los Monumenta Historica Societatis Iesu, sobre todo los tres volúmenes dedicados a la pedagogía en los colegios de jesuitas, contienen amplia docu­mentación acerca de la función del teatro en la
educación escolar5.
El calendario de este teatro escolar estaba en función de la doble finalidad del
mismo: litúrgica y académica. Un momento importante para esta activi­dad literaria lo
constituía la inauguración del curso escolar, que coincidía con la fiesta de San Lucas
(18 de octubre). Existe documentación fidedigna, reco­gida en las Actas de la Catedral
de Oviedo, a través de la cual sabemos que el teatro escolar de san Matías tuvo una
función relevante en la fiesta del Cor­pus6. A lo largo del siglo XVI, durante todo el siglo XVII y una gran parte del siglo XVIII se puede asegurar que en dicho colegio fue
costumbre repre­sentar diálogos, églogas y tragedias, cuyos argumentos solían sacarse
de la Sa­grada Escritura.
Los mismos historiadores de la época testimonian una fecunda actividad de teatro
infantil desarrollada en el Colegio de san Matías. En la Historia del Cole­gio de Oviedo,
del P. Guzmán, al referirse a la enseñanza dice:
Es también ma­ravilloso el fruto que se ha hecho en los niños de escuela, con una que hay
en este colegio, tan completa y llena de niños como de abejas una colmena, do se labran
también paneles de cera y miel de letras y virtud. Es cosa de gran consuelo verlos juntos,
quietos, y modestos ocupados en su labor; verlos leer y escribir, contar, oírlos cantar; verlos
representar sus devotas comedias e ingeniosas invenciones7.
Asimismo, se recogen testimonios análogos en la Historia de San Matías de Oviedo,
por el P. Luis de Valdivia8. Las mismas «Cartas anuales» (Litterae Annuae) que cada
colegio de la Compañía había de mandar todos los años a Roma ratifican esta práctica
teatral desarrollada por el colegio. Es el caso de la Carta correspondiente al año 1595:
Las declamaciones, los diálogos, las trage­dias y comedias que se representan, respaldan
el honor y la autoridad de nuestros estudios.
5 Sobre el teatro jesuítico y su función educadora véase Jesús Menéndez Peláez, Los Jesuitas y el
teatro en el Siglo de Oro, Oviedo, Universidad, 1995, un estado de la cuestión sobre los estudios sobre el
teatro jesuítico: IDEM, «Estudios sobre el teatro jesuítico español en el Siglo de Oro: Status quaestionis», Ínsula, 695, Noviembre (2004)2-5.
6 Véanse Actas Capitulares (A.C.) de la catedral de Oviedo, t. 16, fol. 145v; también t. 19, fol. 335r.
7 Texto citado por José Mª Patac y Elviro Martínez, Historia del Colegio de san Matías de Oviedo,
Gijón, Monumenta Historica Asturiensia, nº 1, 1976, pág. 56.
8 Ibidem, pág. 67.
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 111
Esta costumbre se continuará a lo largo del siglo XVII, como lo testimonia la Carta
Anual de 1604:
Podría describir, dice el cronista, los debates, certámenes y representaciones que con
gran esplendor ce­lebran nuestros estudiantes en Oviedo, pero temo que resultase aburrido
pa­ra los adultos9.
Esta moda teatral se continuará con tanto ahínco y entusiasmo a lo largo del siglo
XVII y durante parte del siglo XVIII, que pronto se sintió la necesi­dad de poner freno
por los cuantiosos gastos que se hacían, ya que en algunos colegios estas representaciones alcanzaron los 400 ducados10.
A pesar de todo, siguió la costumbre de representar coloquios y tragedias el día de
san Lucas y en otras fiestas del año. Lo curioso es que en algunas ocasiones los autores
de estas obras fueron los propios estudiantes. Lástima que no se conserven. Sin embargo, las mejores piezas, es decir, las de mayor aparato y solemnidad, las escribían los
maestros de la Compañía, entre quie­nes destacó sobremanera Pedro Pablo Acevedo,
quien utilizaba normalmen­te el latín. No obstante, en algunos colegios, como en el de
Oviedo, prevale­ció pronto la costumbre de representar en castellano o, por lo menos,
de in­tercalar entre las piezas latinas algunos diálogos en lengua vulgar.
En los albores del siglo XVIII tenemos constancia de representaciones tea­trales a
cargo de los estudiantes del Colegio de San Matías. Manuel de Medra­no recoge, pormenorizada y detallada, una representación con motivo de las fiestas que se organizan
para celebrar la traslación de una antiquísima imagen de Nuestra Señora del Rey
Casto; dado el interés que puede tener el texto para la historia del teatro en el siglo
XVIII lo recogemos íntegramente:
Yaze en la parte oriental de la plaza el sumptuoso Colegio de San Matías de los Re­ve­ren­
dísimos Padres Jesuitas, cuya urbaníssima devoción, atendiendo todas las cir­cunstancias
deste gran día, previno un obsequio a las Pallas Asturianas, que siendo el más propio para el
culto, fue también un discreto estímulo, que encendió el ya com­movido y universal agradecimiento. Delante de la puerta principal de la fachada y de la iglesia se levanta un atrio como
de treinta pies de largo, y veinte de ancho, a quien da mucha hermosura todo el plano de la
plaza, que sirve de pórtico al sumptuoso templo. Aquí erigieron los Padres Jesuitas un altar
debajo de un rico dosel de tela verde, bordado de oro, donde se fabricó un trono para la
milagrosa imagen, y en la gradería muchas luces y ramilletes de hermosísimas flores. Todo
el circuito del atrio estaba rodeado de bancos, ocupando las primeras líneas unos de tercioTextos traducidos de las referidas cartas correspondientes a los años 1595 y 1604, respectivamente.
10 Monumenta Historica Societatis Iesu, vol. 263, texto nº 263, págs. 439-440.
9 112
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
pelo carmesí para el Cabildo y la Ciudad. Tan bien dispuesto que, a pesar de los continuos
emba­tes de la muchedumbre, pudieron tomar deshogadamente sus asientos, unos y otros
nobilísimos capitulares, luego que la sancta imagen de María SS. ocupó el trono de su altar.
Desde las primeras líneas hasta lo último de los escalones del atrio, avía otras dos órdenes
de bancos para la nobleza y personas de distinción, todo tan bien ordenado que esta vez se
vio que la prudencia puede poner el orden aun entre la multitud.
Después que la música huvo saludado con dulcísimos motetes a la triunfante Rei­na de
los Cielos y el preste asistido de ministros eclesiásticos turibulado el altar y di­cho la oración,
se dejó ver en el plano del atrio un muchacho de entre quinze y diez y seis años; pero que en
medio de su tierna edad representaba bien con el semblante, y los efectos que ayudaba mucho la propiedad del trage, a Mauregato, que, olvidando las elevadas obligaciones de su Ley
y de su sangre, firmaba aquel infame contracto que haziendo tributarias la honestidad y la
honra, pasó a vileza nuestros infortunios. Dexóse ver luego otro joven, que con mexor empleo y también instruido explicó vi­vísimamente los ilustres sentimientos, que a vista del
tamaño ultrage, hirieron el magnánimo corazón de Don Alfonso el Casto, y los generosos
designios de borrar tan negro pacto con la sangre de los africanos, no tanto fiado en sus generosos alien­tos, quanto en la justicia de tan noble causa y en los dominantes auspicios de
Maria SS. que reverenciaba con toda el alma. Prosiguió el festejo abreviando a lo concep­
tuoso de los versos los varios lanzes que abraza tan dilatado asumpto hasta coronarle felizmente con dar mil rendidas y afectuosísimas gracias a la celestial Protectora, cu­yos auxilios
no sólo convirtieron en triunfo esta ignominia, sino que estendieron la gloria y el nombre
de su rendido siervo Alfonso desde el uno al otro mar, poniendo ya su piedad los fundamentos a la grandeza del imperio español.
Duraría como media hora la representación, que tuvo a todo el nobilísimo con­curso devotamente suspenso y muy gozoso al contemplar la propiedad del asumpto, la puntualidad
de las noticias, lo bien seguido de la historia y el primoroso artificio de la narración, pero no
hizo novedad el primor considerando ser la acción de los eruditísimos Padres Jesuitas, cuyas
plumas sólo saben correr sino sobre las pautas de los aciertos y tienen un no sé qué de grandes aun en los asumptos que son más diver­timiento que trabajo. Fenecido el coloquio bolvió
la música a repetir el suave es­truendo de instrumentos y de voces, y los capitulares a tomar en
sus ombros la Santa Imagen que por el mismo camino y entre los mismos aplausos y alternadas armonías de suspiros y aclamaciones bolvió a la iglesia de San Salvador y desde ella se
colocó en el sumptuosísimo trono de la nueva capilla, donde está, siendo el imán dulcísimo
de los corazones asturianos y toda la firmeza de su salud y de sus dichas11.
Aunque no se conserva ninguna de las piezas representadas en el Colegio de San
Matías (al menos, en nuestra investigación, no tuvimos la suerte de encontrar­nos con
semejante hallazgo, a pesar de rastrear la documentación que sobre el colegio existe
reunida en el archivo del Ayuntamiento de Oviedo), a través de los datos extrínsecos
11 Manuel Medrano, Patrocinio de Nuestra Señora en España. Noticias de su imagen del Rey Casto y
vida del Ilmo. Sr. Fray Tomás Reluz, Obispo de Oviedo, 1719, págs. 212-218.
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 113
podemos pensar que era un teatro con una fuerte impronta docente. Se trataría, pues,
de un teatro mediante el cual la Iglesia presenta una concepción cristiana de la vida, en
ese ver los acontecimientos humanos «sub specie aeternitatis»; este teatro escolar
con estas característi­cas logró conquistar un público adicto, que estaba integrado por
los familia­res y amigos de los colegiales, y por una masa de gente, predominantemente
de clase culta y acomodada. De ahí el importante influjo social que hubo de tener este
tipo de teatro escolar desde mediados del siglo XVI hasta la segun­da mitad del siglo
XVIII (el colegio de San Matías se cierra el 2 de abril de 1767).
2.2. Los niños de coro de la Catedral de Oviedo y sus representaciones dramáticas
La catedral de Oviedo se constituyó en el primer teatro de la ciudad, fun­ción que
desempeñaron la mayor parte de las catedrales del mundo románi­co. La tesis sobre el
origen litúrgico del teatro románico es aceptada por una gran mayoría de los estudiosos del teatro medieval. La liturgia fue «célula generadora» de actividad dramática.
Teatro y música formaron desde muy pronto un maridaje perfectamente armónico.
La música servirá de vehículo difusor y de ropaje artístico a la ex­presión dramática.
Sin embargo, lo que aquí queremos subrayar es el papel que jugaron los niños de coro
de la catedral como protagonistas de un teatro in­fantil. Los orígenes de este teatro escolar a la sombra de la catedral se remon­tan a la época medieval. Las Actas de la Catedral de Oviedo (A.C.) ofrecen abundantes datos de la representación de obispillo12 y
otras similares, que tenían por principa­les protagonistas a los niños de coro.
Cuando el cabildo trata de este teatro infantil es para corre­gir los excesos que los
niños cometían en la puesta en escena. El jolgorio que se traían los muchachos durante las fiestas de Navidad dio lugar a que las reu­niones del cabildo se ocupasen de
ellos muy seriamente. Este «teatro infan­til» comenzaba con los maitines de Navidad.
Los niños asistían con disfraces y realizaban «juegos» y «burlas» que provocaban la
risa de cuantos asistían al culto. Por ello se pondrán multas y castigos a los bulliciosos
muchachos. A lo largo del siglo XVII se acentuará el problema que planteaban estas
represen­taciones. En el año 1637 el cabildo se reúne el 1 de diciembre para impedir las
aberraciones que pudieran cometerse durante la Navidad de aquel año:
Que en la noche de Navidad no haya disfraces, ni se atreva nadie a venir con vestidos ni
hábitos diferentes a los que se deban traer (A.C., 1637, fol. 8).
12 Véase un amplio tratamiento de estas fuentes en Jesús Menéndez Peláez, El teatro en Asturias
(De la Edad Media al Siglo XVIII), Gijón, Ediciones Noega, 1981.
114
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Estas representaciones infantiles se intensificaban en Oviedo durante las fiestas de
la Virgen de la O (llamada así porque las antífonas de las horas ca­nónicas correspondientes a esta festividad comenzaban por la interjección O), que se celebraban una
semana antes de Navidad, sirviendo de prólogo al gran ciclo litúrgico. Los niños de
coro con sus excesos y aberraciones vuel­ven a ocupar la atención del Cabildo. En el
año 1637 se determina que «no hagan acciones de entretenimiento» (A.C., 6 de abril,
fol. 6). Durante el siglo XVII volvemos a encontrar alusiones acerca de la decencia de
estas represen­taciones:
Acordaron dichos señores que los niños de coro que son de cele­brar las fiestas de la O…
celebren cosas que sean decentes… y que el maestro de capilla haga que los niños de coro
hagan algunos entretenimientos (A.C., 20 de diciembre de 1675, t. 31, fol. 211 v).
A lo largo del siglo XVIII continúa este teatro infantil al amparo de la cate­dral. Las
representaciones tenidas con motivo de las fiestas de la O habían re­percutido sobre las
gargantas de los pequeños cantores, de lo que se queja el maestro de capilla:
El señor maestro de ceremonias dijo sería bien quitar la mojiganga que en las fiestas de la
O se hacían en el coro, ya que por la extra­vagancia con que lo hacían, ya también porque
hacían falta en el coro voces, y que el maestro de capilla se quejaba de que a resulta de los
excesos que co­metían aquellos días quedaban inútiles las voces por mucho tiempo13 (A.C.,
16 de diciembre, 1768, t. 58, fol. 175).
El texto que acabamos de citar tiene una doble importancia. Por una parte, la fecha de
1768 nos indica que este tipo de teatro infantil subsistió a lo largo del siglo XVIII. Asimismo, se alude a una pequeña composición teatral per­fectamente tipificada dentro de
los géneros dramáticos: la «mojiganga» (breve composición teatral de tipo cómico).
Otro género dramático en el que representaron un papel importante los niños de
coro fue el villancico escénico tan peculiar del siglo XVIII. Algunas de estas representaciones enlazan con la fiesta del obispillo. El pequeño actor, en lugar de hacer el papel
del obispo, sustituía al maestro de capilla, mientras los demás encarnaban la personalidad de sochantres, salmistas, organistas y demás oficios de los beneficiados. Una
muestra de este juego escénico puede verse en el villancico que transcribimos a continuación y que muy probable­mente se representaba el día de los Santos Inocentes:
Ala, ala,
nadie se duerma en las pajas.
13 Actas Capitulares, 16 de diciembre de 1768, t. 58, fol. 175r.
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 115
No, porque viene esta noche el maestro con ganas
de dar colación.
El maestro que viene,
que ya llega,
ya me suena,
me suena muy mal
su condición.
¡Qué buena maula
y el maestro es lindo!
Sólo procura por su opinión
y con nosotros con sus solfeos
hace el oficio de tundidor.
Buena es la idea,
raro capricho, siga,
prosiga la diversión.
Vaya de solfa
porque es preciso
que al bello infante
divierta el son14
En la catedral de Oviedo se conserva un buen legajo de estos villancicos es­cénicos,
cuya naturaleza literaria fue ya tratada15.
2.3 El Real Instituto de Gijón
El 7 de enero de 1794 era inaugurado solemnemente «después de no po­cos disgustos y de una enconada guerra sorda»16 el Real Instituto Asturia­no. Si bien este centro
de enseñanza tenía como finalidad primera potenciar los estudios sobre minería y el
comercio asturiano, Jovellanos supo darle igualmente una orientación humanística.
Su ya famosa «Orientación sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de
las Ciencias» (1797), es una clara muestra de cuál era su pensamiento pedagógico y
la im­portancia que para él tenía la creación literaria.
Fruto de esta preocupación humanística y didáctica es la importancia que asignó
al teatro escolar como método didáctico. Como ya es bien sabido, Jo­vellanos partiAutor anónimo del siglo XVIII, legajo 14, nº 11 de la Catedral de Oviedo.
Jesús Menéndez Peláez-Ana Díaz Palacio, El villancico escénico en la catedral de Oviedo durante
el siglo XVIII [trabajo inédito].
16 José Caso González, El pensamiento pedagógico de Jovellanos y su Real Instituto Asturiano, Oviedo,
I.D.E.A., Cuadernos Culturales, nº 2, 1980, pág. 9.
14 15 116
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
cipa activamente en la larga polémica que se desarrolla a lo lar­go del siglo XVIII sobre la validez del teatro. Sus ideas aparecen claramente expuestas en Espectáculos y
diversiones públicas (1790). Para Jovellanos el teatro de los Siglos de Oro no tenía una
función didáctica y pedagógica. Sus contenidos temáticos eran malos y estaban plagados de vicios y defectos que la moral y la política no podían tolerar. Sin embargo, a
pesar de las críti­cas que Jovellanos hace al teatro barroco, no deja de ver el valor positivo del género dramático. ¿Cómo es el teatro prefigurado por Jovellanos? Lo define
en los siguientes términos: «Un teatro donde puedan verse continuos y he­roicos
ejemplos de reverencia al Ser Supremo y a la religión de nuestros pa­dres, de amor a
la patria, al soberano y a la Constitución; de respeto a las je­rarquías, a las leyes y a los
depositarios de la autoridad; de fidelidad conyugal, de amor paterno, de ternura y
obediencia filial; un teatro que presente prín­cipes buenos y magnánimos, magistrados humanos e incorruptibles, ciudada­nos llenos de virtud y de patriotismo, prudentes y celosos padres de familia, amigos fieles y constantes»17. Un teatro así es el que
desea para Gijón. Por eso dirá en uno de sus Diarios: «Ven, muelle, teatro, obras
nuevas»18.
Desde su Real Instituto intentará crear un teatro con esas características. Y, efectivamente, en el último decenio del siglo XVIII esta institución se convertirá en un importante centro de actividad dramática con una finalidad docente y escolar. Son muy
frecuentes las alusiones que se hacen en el Dia­rio a las representaciones que tenían
lugar en el Real Instituto y a los ensayos que precedían al acto público. Entresacamos
algunas de estas referencias:
1 de agosto de 1794: «A casa de Valdés donde sigue el ensayo del baile, y se lee el
drama; es celebrado y reído, pero aguardemos a ver su ejecución»19.
10 de agosto de 1794: «Por la tarde ensayo del drama; no me gusta; después del
baile va bien»20.
17 de septiembre de 1795: «Mejora el drama de los niños»21. 18 de octubre de 1795:
«La juventud del pueblo proyecta la repre­sentación de El viejo y la niña; me lo propone Tineo, y lo apruebo, pero no me gusta la repartición de papeles»22.
22 de octubre de 1795: «Al almacén donde se prepara el teatro»23.
23 de septiembre de 1795: «El alumno Inclán propone que sus com­pañeros (los
17 18 19 20 21 22 23 Jovellanos, Espectáculos y diversiones públicas, edic. de José Lage, Madrid, Cátedra, 1977, pág. 133.
Jovellanos, Diario, edic. BAE, vol. 85: Obras Completas, t. III, Madrid, 1956, pág. 201.
Ibidem, pág. 194.
Ibidem, pág. 196.
Ibidem, pág. 324.
Ibidem, pág. 324.
Ibidem, pág. 325.
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 117
alumnos más crecidos) quieran representar una pie­za de hombres solos. Cita una moderna, El Cid, con cinco actores. Se dice que está bien»24.
5 de octubre de 1795: «Corrección del drama Los alumnos, que devol­vió Peñalva»25.
El año 1795 es particularmente importante dentro de este teatro escolar desarrollado en el Real Instituto de Gijón. En noviembre de aquel año se ex­pusieron solemnemente los retratos de Carlos IV y del ministro de Marina, don Antonio Valdés. Con
este motivo Jovellanos compuso una pequeña pieza dramática, El Agradecimiento, representada por los alumnos del Instituto. Una vez terminada la función, Jovellanos
anota en sus Diario: «Al teatro: alguna confusión en el vestuario por la mucha gente
que peinar y vestir; afuera alguna bulla por haberse agolpado mucha gente a la vez; al
cabo todos se acomodaron sin molestia; sin ella y sin desgracia se llenó el espectáculo.
Bien ejecutado el drama; brillante la escena de exposición de los retratos en que Arce
se superó a sí mismo; lo mismo el baile, aunque algo atropellada la pan­tomima. Duró
dos horas y media. Por fin llenamos sin desgracia y con mucho placer este día tan señalado para mí y para nuestro Instituto»26.
En resumen, Jovellanos supo descubrir las posibilidades didácticas y pedagógicas
que tenía el teatro. La idea de que el teatro escolar forma parte de la educación aparece
explícitamente en su Diario, como acabamos de poner de relieve. En otro momento
de este relato autobiográfico vuelve a insistir en la misma idea, al echar de menos un
lugar apropiado en su Instituto: «Nos falta una pieza que sirva de Teatro para los certámenes que deben formar parte de la educación»27. Subrayamos por nuestra cuenta. En
este punto la actitud y el pensa­miento de Jovellanos es bien semejante al espíritu de la
«Ratio Studiorum» de los Jesuitas del siglo XVI.
2.4. Las Escuelas Públicas de Oviedo
En el año 1767, como ya dijimos, se cierra el Colegio de San Matías, regido por los
PP. Jesuitas. A partir de este momento se intensificará la escuela pú­blica como órgano
de instrucción en el nivel de la enseñanza primaria. Des­conocemos cuál fue la función
y la importancia que tuvieron estas escuelas dentro del conjunto de la ilustración asturiana. Un estudio en este sentido creemos que pudiera ser muy interesante y relativamente sencillo, pues las actas municipales proporcionan abundantes materiales.
24 25 26 27 Ibidem, pág. 326.
Ibidem, pág. 328.
Ibidem, pág. 334.
Ibidem, pág. 404.
118
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Lo que queremos poner de manifiesto es la importancia de un teatro esco­lar, cuyos
protagonistas son precisamente los niños de las escuelas públicas. Junto a un teatro
escolar, al estilo del teatro jesuítico, cuya herencia hubo de asumir, sin duda, la escuela
pública, esta nueva institución amenizará deter­minadas fiestas oficiales con una nueva
orientación del teatro escolar. Se tra­ta de dos acontecimientos que marcaron la vida
pública de Oviedo a finales del siglo XVIII. Nos referimos a los festejos que celebró la
ciudad con motivo del nacimiento de los infantes, Carlos y Felipe, hijos de Carlos III,
y el nombra­miento de Jovellanos como Ministro de Gracia y Justicia. Describiremos
por se­parado cada uno de estos acontecimientos.
2.4.1. El nacimiento de los infantes, Carlos y Felipe
Fue este acontecimiento uno de los más importantes para la vida del teatro en el
Oviedo del siglo XVIII. Por otra parte, al conservarse el documento que relata los
«públicos regocijos» con que celebró la capital del Principado tan grata noticia, se
puede seguir con todo detalle la naturaleza de ese teatro escolar. Intentaremos hacer
un pequeño análisis del mismo.
Comienza el texto haciendo alusión a una Real Orden por la que se invita­ba a la
ciudad a celebrar con «públicas demostraciones» el feliz aconteci­miento ocurrido en
la Corte. El Ayuntamiento nombra una comisión consti­tuida por Don Martín Ramón
de Cañedo y Vé1ez, Don José Gabriel Fernán­dez Cueto y Don José García Argüelles.
Dicha comisión pasa invitación a los principales organismos públicos a colaborar con
su participación en tan «plausibles regocijos»: el Cabildo de la Catedral, la Universidad, el Colegio de Abogados, los Maestros de las Escuelas Públicas, los Comerciantes
y los Gremios de Artesanos. Todos reciben con gozo esta invitación y contestan afirmativamente. Como era esperado, el teatro se convirtió en el gran centro de interés. El
gremio de Herreros y Cerrajeros representó tres cuadros escé­nicos: dos de inspiración
bíblica (El triunfo de la fe y El infierno) y uno de tema mitológico (La historia del Dios
Vulcano). El gremio de Sastres escenificó una «ingeniosa mojiganga» sobre la redención de cautivos y una Loa delante de la capilla de la Balesquida. El cronista nos describe con toda minuciosidad el programa de fiestas en lo que él titula «Descripción
breve». Esta minuciosi­dad se intensifica cuando el anónimo autor se detiene a describir el teatro es­colar realizado por los niños de las Escuelas Públicas. Comienzan las
fiestas el día 29 de diciembre de 1783 con la representación hecha por los niños «de
escribir» en la Plaza Mayor: «Por la tarde en un tablado que se construyó en la Plaza
Mayor representaron cuatro niños de Escuela la Loa siguiente como introducción de
las fiestas» (pág. 3 del folleto).
El día 30 los niños son de nuevo protagonistas de excepción: «un regimien­to de
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 119
niños que el buen gusto de los Comisarios a sus expensas, y de los indi­viduos del comercio hizo formar y vestir de los más pobres alumnos de las numerosas Escuelas
Públicas, (de que esta ciudad es patrona) dándole el nombre de el Regimiento de los
Infantes Gemelos, tan bien disciplinados y aguerri­dos a costa del desvelo de sus Maestros, que fueron el imán de quantos en es­ta y otras sucesivas funciones los admiraron.
Tenían por jefes otros chicos de la nobleza y de ricos hacendados, vestidos y armados
de su cuenta y todos con chupas, calzones, vueltas y collarines encarnados, blancas
casacas y botón do­rado: dividido en granaderos y fusileros con sus correpondientes
fornituras, sables, bayonetas, fusiles y gorras, todo muy al natural: siendo lo más
gracio­so de este hermoso cuerpo, la edad de sus miembros, que no excedían por lo
general de once años; aunque baxaban muchos hasta ocho, y subía alguno de doce»
(pág. 27 del folleto). El mismo día 30 a las tres de la tarde los niños de gramática representan otra Loa (pág. 28-40 del folleto). De esta «descripción» conviene señalar el
diálogo que «en lengua provincial» recita un «niño vestido de aldeano al uso del
país» (págs. 21-23)28.
El teatro escolar seguirá siendo la atracción de aquellos «plausibles feste­jos» los
días 8 y 9 de enero. Como el mal tiempo impedía el espectáculo al ai­re libre, la comisión de festejos «condescendiendo con el pueblo que ansiosa­mente lo apetecía», determinó que los niños de la escuela repitieran en la Ca­sa de Comedias las
representaciones que habían realizado días antes en la Pla­za Mayor; de nuevo el
espectáculo «aumentó el deleyte del innumerable con­curso que llenaba el ancho
corral».
El nacimiento de los dos gemelos, Carlos y Felipe, fue también motivo para que La
Real Sociedad Económica de los amigos del País de Asturias organizase una pe­queña velada teatral en la que el teatro escolar ocupó de nuevo un lugar rele­vante. Los personajes son Floro, pastorcillo, y Narciso, niño de la escuela.
2.4.2. El nombramiento de Jovellanos como ministro de Gracia y Justicia
En el trabajo sobre el teatro en Asturias29 pusimos de relieve la importancia que
tuvo la Univer­sidad de Oviedo como núcleo de actividad dramática. La fiesta de Santa
Eula­lia era el momento más importante de aquel teatro universitario. Durante el siglo
XVIII hay dos circunstancias en que la Universidad organiza unas fiestas para celebrar
28 Para Fermín Canella el autor de este texto sería Francisco Tamargo (Oviedo.Guía, Oviedo, Vicente Brid, 1888, pág. 62)
29 Jesús Menéndez Peláez, El teatro en Asturias (De la Edad Media al Siglo XVIII), Gijón, Noega,
1985.
120
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
los éxitos políticos de dos ilustres asturianos, hijos del «alma mater»: Campomanes
y Jovellanos.
Al serle concedida a Campomanes la gran cruz de Carlos III, el claustro uni­
versitario prepara los «públicos regocijos» para el mes de febrero de 1790. Todo lo
que con este motivo se realizó aparece descrito en el Memorial Litera­rio, Madrid, febrero, 1790, página 212.
Más importancia tiene para nuestro objetivo el programa festivo del nom­bramiento
de Jovellanos de Ministro de Gracia y Justicia. Todo el programa, incluidos los textos
literarios, fueron publicados por la propia Universidad en un raro folleto de difícil localización en la actualidad30. El teatro vuelve a ocupar el interés principal. Tres tipos de
representación tuvieron lugar. Las dos primeras fueron realizadas por los alumnos de
la propia Universidad; su naturaleza y significado fue ya analizado31. La tercera esce­
nificación era de naturaleza literario-musical con carácter alegórico, cuyos actores
eran ocho niños de las Escuelas Públicas, quienes hacían el papel de las Ciencias, la
Agricultura, las Artes y el Comercio. Tiene gran importancia para el conocimiento de
la realidad teatral del siglo XVIII el papel preponde­rante que se asigna a la escenografía. Transcribo la detallada descripción del cronista:
En el centro del patio se construyeron un octógono de treinta y cuatro pies de alto, con
capiteles en los ángulos y sin más entrada que la que facilitaba una escalera frente a la puerta
principal. Elevábase en el centro del octógono una estatua de seis pies de altura sobre un
plinto de uno. La estatua representaba al Excmo. Sr. Jovellanos. En los cuatro ángulos obtusos del octógono, correspondientes a cuatro rectos del patio se levantaron cuatro pi­rámides
de trece pies de altura, sostenidas cada una de tres bolas bronceadas y sus pedesta1es, en
cuyos frentes se veían los mismos geroglíficos de las Ciencias, la Agricultura, Artes y Comercio que distinguían los niños. Venido el Claustro ascendieron los niños a colocarse de
dos en dos junto a sus pirá­mides respectivas. Principiose la orquesta y cantaron las letras32.
3. Teatro y música
Literatura y música formaron desde siempre un binomio inseparable de mutua interdependencia. La música fue con frecuencia el vehículo difusor de la obra literaria,
y la literatura servía de apoyo textual a la melodía, influyén­dose mutuamente. Música
30 Noticia de los públicos regocijos con que la Real Universidad literaria de Oviedo celebró la feliz elevación
de su hijo el Excmo. Sr. D. Gaspar de Jovellanos…, Oviedo, Por el impresor de la Universidad, 1798.
31 Jesús Menéndez Peláez, El teatro en Asturias…, págs. 98-99.
32 Noticias de los públicos regocijos…pág. 7.
Teatro y pedagogía: El teatro escolar… – Carla Menéndez Fernández y Jesús Menéndez Peláez 121
y literatura fueron en muchos casos dos aspectos inseparables en la obra literaria. ¿No
es este un aspecto muchas veces olvida­do de la crítica literaria?33
La unión entre teatro y música tiene también una larga historia34. En las representaciones del drama litúrgico en la Edad Media la música jugaba ya un papel muy importante, como lo prueba la obra de L. Smoldon35. La naturaleza musical de estos dramas
litúrgicos solía ser el resultado de la unión de cantos populares con los cantos litúrgicos. La obra de Juan del Enci­na, recuperada en su mayor parte por Barbieri, es un claro
ejemplo de la unión entre literatura y música. Durante los Siglos de Oro la mayor
parte de los dramaturgos compusieron piezas dramáticas destinadas a ser cantadas. A
Lope de Vega se le suele considerar como el primer autor dramático que compuso una
comedia musical, La selva sin amor, obra completamente canta­da, aunque no se conserva la música ni sabemos el nombre de su autor. Cal­derón, por su parte, es el autor
de la primera zarzuela, El Laurel de Apolo, estre­nada en 1657 con motivo del nacimiento del primer hijo varón del segundo matrimonio de Felipe IV.
Durante el siglo XVIII la unión teatro y música se va a intensificar. En 1703 Felipe
V llama a los comediantes italianos, a quienes se les concede el usufructo del Teatro
del Buen Retiro. De esta manera la ópera italiana se convirtió en el espectáculo de la
corte bajo la dirección de Farinelli. Junto a este género mayor, a lo largo del siglo
XVIII, se representaron abundantes obras de dimensiones menores en las que la música jugaba un papel princi­pal. Dos géneros merecen citarse en este aspecto: el villancico escénico, que solía amenizar las funciones litúrgicas, del que se conservan
abundantes lega­jos en los archivos catedralicios 36, y la tonadilla que constituyó un
género muy del gusto del público que asistía a las representaciones.
Estas últimas obras se pueden calificar de «tea­tro escolar» y pertenecen a un género literario musical de difícil clasifica­ción. Se les podría denominar teatro musical
«de circunstancias», en el sentido de que la creación artística está en función de unos
33 Son muy escasos los estudios dedicados a estos temas. El problema se vislumbra con mayor claridad aplicado a la época medieval, pero se podría aplicar a otros períodos. Entre los trabajos que suelen
citarse como ya clásicos destaca: Menéndez Pidal, R. Poesía árabe y poesía europea, Buenos Aires, Méjico, Colee. Austral, 1946, págs. 9-67; en él se estudia la estructura musical del zéjel y el villancico. Salazar, Adolfo, Poesía y música en lengua vulgar y sus antecedentes en lo Edad Media, Méjico, Revista Filosofía
y Letras, 1943. La incidencia de la música en la creación poética medieval ha sido también estudiada por
Ewald Jammers, «Die Rolle der Musik in Rahmen der romanischer Dichtung des XII. und XIII. Jahr�����
hunderts» en Grundriss der romanischen Literaturen des Mittelalters, Heidelberg, Carl Winter, 1972, vol.
1, págs. 483-537.
34 Puede verse la obra de J. Subirá, Historia de la música teatral en España, Barcelona, Labor, 1945.
35 L. Smoldon, The Music of the Medieval Church Dramas, London, Oxford University Presse, 1980.
36 Véase Manuel Alvar, Villancicos dieciochescos, Málaga, Ayuntamiento, 1972, 2 vols.; Carmen
Barvo- Villasante, Vi­Ilancicos del siglo XVII y XVIII, Madrid, Magisterio Español, 1978; sobre el villancico
escénico en la Catedral de Ovie­do véase nota 17.
122
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
hechos circunstancia­les que la condicionan en su propia esencia de creación y de representación. Es un tipo de literatura «encomiástica» que hubo de ser muy frecuente
tanto para celebrar los felices acontecimientos de la corte como para festejar un acontecimiento político importante. Su estudio y divulgación quizás pueda contribuir a
conocer un aspecto más de nuestro siglo XVIII.
Etapas en la recepción
del pensamiento de Jovellanos
Silverio Sánchez Corredera
I.E.S. Emilio Alarcos, Gijón
RESUMEN
Tenemos, por un lado, el Jovellanos que vive entre 1744 y 1811, y, por otro, el Jovellanos
de los diversos jovellanismos que se sucedieron desde su muerte hasta nuestros días. En
«Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos» nos proponemos discriminar las
seis diferentes etapas en las que se despliegan otras tantas distintas proyecciones de nuestro
ilustrado español, analizar las causas de estas diferencias y apuntar los criterios que nos
permitan distinguir el «verdadero» de los falsos Jovellanos.
Palabras clave: Jovellanos. Jovellanismos. Ilustración. ��������������������������������
Liberalismo. Neocatolicismo. Julio Somoza. José Miguel Caso. Ética. Política. Moral.
ABSTRACT
On the one hand, we have the Jovellanos that lives between 1744 and 1811, and on the
other hand, stands the Jovellanos of the�����������������������������������������������
various jovellanismos movements that have followed each other from his death to nowadays. In “Periods in the Understanding of Jovellanos’ Thoughts,” we intend to differentiate the six different periods that display distinct
views of this Spanish Enlightenment thinker, analyze the causes of these differences, and
name the criteria that allow us to distinguish between the “true” and the false Jovellanos.
Key Words: Jovellanos. Jovellanismos. Enlightenment. Liberalism. Neocatholicism. Julio Somoza. José Miguel Caso. Ethics. Politics. Morals.
124
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
I. Presentación
¿Quién es Jovellanos? ¿Hay un Jovellanos verdadero y otros falsos?
Intentaremos responder a la cuestión de quién es el verdadero Jovellanos, acudiendo a las distintas versiones de los diferentes jovellanismos, para, desde ahí, mediante un análisis de ida y vuelta, poder llegar a alguna conclusión lo más fundada y
crítica posible.
Nos proponemos hablar, para conseguir este objetivo general, de las «etapas en la
recepción del pensamiento de Jovellanos», es decir, de los diversos modos como a lo
largo de los siglos XVIII, XIX y XX fue transfigurándose la interpretación de la imagen
de nuestro prohombre gijonés. Estas transformaciones no fueron sólo modificaciones
leves de perspectiva o meras intensificaciones hechas con distintos énfasis sino que
supusieron también verdaderas inversiones o vueltas del revés en la interpretación de
Jovellanos. De este modo, hablaremos de seis etapas diferenciadas en el modo de interpretar al ilustre asturiano. Estas etapas son el fruto de distintas proyecciones sobre
Jovellanos, en la medida que los contextos históricos específicos pasan a ser determinantes en la recepción histórica de su figura. Nos hablan no sólo de una deriva de
transformación de un personaje sino además de las propias inflexiones sufridas por la
historia de España. Si tenemos en cuenta que se dan además modos mixtos que funden dos o más etapas, tendremos un número considerable de efigies jovellanistas diferentes. Partiremos de un breve semblante de cada una de ellas, para desde ahí ir
estableciendo la imagen crítica que yo habré de defender.
II. Las seis etapas
Las seis etapas que transcurren en interludios de 30-45 años aproximadamente, se
corresponden grosso modo con 1º) la Ilustración, 2º) el Liberalismo, 3º) el Neocatolicismo decimonónico, 4º) la Restauración finisecular y las décadas iniciales del siglo XX
hasta la Segunda República, 5º) el Franquismo y 6º) la Democracia de las Autonomías.
Los nombres técnicos que atribuiremos a estas etapas los estableceremos en función de alguna de sus características esenciales, y así tenemos: la etapa «ilustrada»
discurriría desde 1767 (primer escrito de Jovellanos) hasta 1811, fecha de su muerte.
La segunda etapa, la «liberal», desde 1811 hasta 1857, supone el engarzamiento de
su figura ilustrada con la generación de jóvenes liberales, que en buena medida se
sienten seguidores suyos. La tercera, la «neocatólica», desde el giro político-religioso
que introduce Nocedal en 1858 hasta el reordenamiento y nueva síntesis elaborada
por Julio Somoza en 1888. La cuarta, pues, la «somozista» o «eticista» desde 1888
hasta 1934, fecha esta última donde volvemos a hallar un nuevo punto de inflexión
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
125
venido de los análisis de profesores universitarios (primero Ángel del Río), del campo
de la filología, de la literatura y de la historia, que nos situará en la quinta etapa: la
«histórico-filológica» o «casista» (por ser Caso el principal representante e impulsor de un nuevo balance de la figura de nuestro ilustre antepasado), desde 1935 a
1980. Finalmente nos hallaríamos en la sexta etapa, que hacemos arrancar parcialmente de la misma obra de Caso y de las primeras claras contribuciones que incluyen
estudios de carácter filosófico, a partir de 1980, etapa que si ha de durar el promedio
de la cadencia desarrollada hasta el presente podemos prever hasta 2010-2025, en
función de la densidad de los avatares que se produzcan o de nuevas distorsiones que
obliguen a nuevas derechuras (pero aquí estamos ya haciendo futurología, de la que
nos guardaremos prudentemente).
1ª etapa) Etapa «ilustrada» (1767-1811), simbolizada en el retrato que Goya le
hace siendo ministro. Tiene que ver con la imagen fundamental que se desprende del
conjunto de su vida, desde sus primeros escritos hasta su muerte. Podemos considerarlo, de este modo, como un ilustrado, al igual que Feijoo, Voltaire, Rousseau, Diderot, Kant, Hume y tantos otros.
2ª etapa) Etapa «liberal» (1811-1857), paralela a la revolución de ideas que arrastran las Cortes de Cádiz y la nueva Constitución de 1812. A lo largo de esta etapa
quienes se sitúan próximos a la obra de Jovellanos son el conjunto de liberales españoles, como Antillón, Quintana, Gallego, el Conde de Toreno, Alcalá Galiano, Blanco
White, Llorente y Lord Holland. Puede interpretarse como continuación de la anterior, pero teniendo que salvar un salto importante: el que hay entre el Antiguo Régimen del que se sale y el modelo liberal basado en el gobierno parlamentario y la
soberanía popular.
3ª etapa) Etapa «neocatólica» (1858-1888), corre pareja con la imagen de los
pontífices Pío IX (que se caracteriza por la reacción contra el liberalismo, tal como
quedó expresado en el Syllabus, publicado en diciembre de 1864). Esta etapa plantea
una ruptura abrupta frente a la anterior y se presenta como su antítesis. Enfrentándose
al modelo liberal anterior, se propone una vindicación desde el naciente conservadurismo español. Uno de los fundadores del partido conservador neocatólico, Cándido
Nocedal, y jovellanista de pro, se hace responsable de la edición de las obras de Jovellanos de la BAE y redacta un estudio preliminar donde plantea la reivindicación de
Jovellanos como el mismo fundador del conservadurismo español. Sus tesis serán seguidas por Gumersindo Laverde y a continuación por Marcelino Menéndez Pelayo,
referentes ejemplares –por la fama y nombre que especialmente alcanza este último–
de la posterior interpretación conservadora que llega hasta nuestros días.
126
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
4ª etapa) Etapa «eticista» o somozista (1888-1934), que discurre concomitante
al equilibrio de síntesis buscado por la política de los tiempos de Cánovas del Castillo
y de la España de la generación del 98. Se trata de una etapa de reivindicación ética
(«eticista»), como modo de superar la apropiación neocatólica anterior, pero no regresando sin más a los postulados liberales sino estableciendo otro plano diferente en
donde situar la figura de Jovellanos. Sin renunciar al estudio histórico que resitúa a
Jovellanos como ilustrado y que analiza en qué cuestiones fue liberal y en qué otras
puede hablarse de afinidad con los conservadores, aquí se trata de insistir que la grandeza de Jovellanos no provino directamente de su lineamiento político sino de sus
cualidades personales, de sus virtudes éticas. Se presenta como superación de los excesos de las etapas anteriores, no sin hacer concesiones a todas.
5ª etapa) Etapa «histórico-filológica» (1935-1980), cuyo punto de inflexión histórico coincidiría con la Segunda República Española pero cuyo curso se extenderá a
lo largo del franquismo. Supondrá la recuperación «científica» de Jovellanos de la
mano de Ángel del Río y, más tarde, principalmente, bajo la guía de José Miguel Caso.
Sobre el terreno abonado en las etapas anteriores, y singularmente Gracias a la investigación bio-bibliográfica precedente de Julio Somoza, se trata de elaborar una imagen
aséptica, no ideológica, «científica», utilizando para ello el instrumental analítico del
estudio histórico y filológico. Puede entenderse como un intento de superación del
mare mágnum ideológico-político anterior, no porque se sustraiga de esa problemática
sino porque su metodología histórico-filológica se propone desvelar la «verdad» de
los asuntos y no demostrar aquellas ideas que coincidan con los presupuestos o prejuicios de partida.
6ª etapa) Etapa «filosófica» (1980- ), que arranca coincidiendo con la recuperación estable del parlamentarismo democrático y, por tanto, con el cierre de un bucle
que se abrió en las Cortes de Cádiz. La llamaremos etapa filosófica por el afán de comprensión global de la obra de Jovellanos y por los intentos de enclavar su pensamiento
no sólo en virtud de su filiación política o de su trascendencia personal sino además en
el campo en el que es comparable a otros pensadores que están ya incluidos en la historia de la filosofía occidental. J. M. Caso no sólo puede ser considerado el principal artífice de la quinta etapa sino uno de los iniciadores de esta sexta, por empeñarse en
rescatar una visión globalizante capaz de conectar los distintos aspectos de las ideas de
Jovellanos. Tras de él, algunos han proseguido análisis que, aunque de radio parcial, se
han elaborado concediendo, de modo más o menos expreso, que hay un pensamiento
jovinista (según nuestra denominación) estructurado más allá de meras aportaciones
sueltas y desarticuladas. Aquí creemos que se encuentran estudios como los de Javier
Varela (1986-7, 1988), José Luis Fernández Fernández (1985,1991), Francisco Flecha
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
127
Andrés (1990) y Fernando Baras Escolá (1991, 1992, 1993), y, en consonancia con
este nuevo aire que contribuye a rescatar y poner en primer plano la idea de un Jovellanos teórico, teorizador, otras aportaciones menos globalizadoras pero de la misma textura, como las aportaciones de Vicent Llombart, Enrique Gil Novales, Horacio Capel,
Santiago Sagredo, Guillermo Carnero y Santos M. Coronas1. Y, finalmente, junto a estos estudios circunscritos a áreas determinadas de la producción jovellana (economista,
jurista…), han comenzado a aparecer intentos de presentar el pensamiento jovinista,
desde José Luis Abellán (1981), Amable Fernández Sanz (1995, 1996), María del Carmen Lara Nieto («La influencia de la filosofía inglesa en Gaspar Melchor de Jovellanos», T.D., 1997), José Manuel Souto Rodríguez (2000-1) y el mío mismo en Jovellanos
y el jovellanismo, una perspectiva filosófica (Pentalfa, 2004).
Aparecida una etapa posterior no desaparece la precedente, sino que se conjugan
en dialécticas distintas, confrontándose o imantándose a través de modelos de interpretación mixtos o de derivaciones particulares. Algunas interpretaciones demuestran ser muy pertinaces y tener sus seguidores asegurados, al compás de las ideologías.
En la actualidad siguen publicándose obras concebidas desde los esquemas de ideas
pretéritas, en función de las aguas ideológicas donde se beba y dependiendo de las
Fuentes bibliográficas que sean el referente principal, empezando por los dos grandes jovellanistas, Caso y Somoza. Todavía hoy abundan los perfectos somozistas y los
que prefieren insistir en las tesis nocedalianas. No es de extrañar, con toda justicia, que
lo que más abunde sean aquellos de la estela de Caso.
III. Sobre la conexión entre las seis etapas
Lo que hemos propuesto hasta el momento es que hay seis etapas a lo largo de estos
dos siglos amplios, fruto de algunos puntos de inflexión que fueron capaces de romper
o reestructurar la imagen precedente. Pero, como ya hemos sugerido, esto no debe hacernos creer que hay seis maneras puras de interpretar a Jovellanos, porque hay más. La
etapa que aparece nueva no tiene el poder de hacer desaparecer mecánicamente a las
precedentes y, de este modo, lo que sucede es que todas ellas entran en una dialéctica
peculiar, formándose confluencias y también ramificaciones subsidiarias. Este es el fePara una rápida y certera consulta a las contribuciones de los jovellanistas citados resulta muy útil
la ordenación y catalogación realizada por Moratinos Otero, Orlando y Cueto Fernández, Vicente: Bibliografía jovellanista, Gijón, Edición del Foro Jovellanos, 1998. Obra a la que se han ido añadiendo nuevas reseñas en el Boletín Jovellanista, núms. 1-6, Gijón, Fundación Foro Jovellanos del
Principado de Asturias, 1999-2006, a cargo ahora de Orlando Moratinos en «Bibliografía jovellanista.
Apéndices, I-VII».
1 128
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
nómeno que vamos a tratar de clarificar ahora, con el doble objetivo de señalar las características de cada etapa y, a la vez, de constatar la influencia de los contextos
históricos y políticos, capaces de reordenar las ideas anteriores –unas veces señalando
nuevos pliegues a tener en cuenta y otras introduciendo oscurecimientos– Y, en definitiva, para tratar de comprender cuáles fueron las causas que influyeron en estos cambios de sentido en la recepción de la figura, la obra y el pensamiento de Jovellanos.
Lo diremos muy escuetamente: en el siglo XIX, las causas fueron ideológico-políticas, y éstas, a su vez, influidas por distintas modulaciones político-religiosas. A partir
del siglo XX, sin poder neutralizar los componentes ideológico-políticos, las causas
tienen que ver con el esfuerzo por objetivar críticamente los escritos y las ideas de
Jovellanos. Pero entremos en algún detalle.
La primera etapa (ilustrada) se desprende «naturalmente» del contexto cultural
prevaleciente contemporáneo a la vida de Jovellanos. Podemos considerar que es una
interpretación verdadera, aunque no completa, en el sentido de que no sólo hay lo que
se ve porque ha de contar lo que se está gestando para el futuro.
La segunda etapa (liberal) se desprende del relevo histórico «natural» que se dio
entre las posturas de la ilustración más progresista y los primeros liberales españoles.
Podemos considerar, también, que se trata de una interpretación verdadera.
La tercera etapa surge sorprendentemente al establecerse una ruptura con las dos
anteriores. Se apoya en una conexión particular que se establece entre tres planos diferentes: por una parte, los textos de Jovellanos, y por otra la ortodoxia religiosa y las
ideas democráticas que se le atribuyen o se le discuten. Estos tres planos se utilizan
ideológicamente y dan lugar a una tergiversación. A mediados del siglo XIX, las ideas
democráticas del momento actuaban cada vez más abiertamente enfrentadas a la ortodoxia católica; aplicado a nuestro ilustrado asturiano, había escritos que, por una parte,
refrendaban que Jovellanos había profesado una sincera religiosidad católica y, por otra,
que mostraban el rechazo del prócer gijonés hacia el gobierno democrático. Y como los
demócratas de ahora eran los descendientes de los liberales y éstos los hijos de los ilustrados, había que reinterpretar a Jovellanos no como un ilustrado-liberal-demócrata
sino como algo nuevo, como el mismísimo fundador de los conservadores. La argumentación tenía su finura, pero se esgrimía sobre una confusión conceptual, porque la
articulación de ideas se hacía sobre tres medias verdades (es decir, sobre tres falsedades, en definitiva): la primera que el concepto de democracia al que Jovellanos se refería no coincidía con aquel que el Papado del Sillabus rechazaba, la segunda que su
ortodoxia no era una ortodoxia católica apostólica y romana en toda regla sino cristiana
y crítica con Roma, como aquella que defendían los demócratas de mediados del XIX.
Por eso, la interpretación de esta tercera etapa la consideramos globalmente como falsa.
Sin embargo, por su persistencia y por la confusión conceptual que conseguirá afianzar,
proyectará buena parte de su tesis principal en la posterior imagen de Jovellanos.
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
129
La cuarta etapa (eticista) reordena la imagen de la religiosidad de Jovellanos disponiéndola al lado de las otras características no-religiosas y situando todo ello en un
marco más fundamental: el de los grandes valores éticos de Jovellanos. Se concede,
por tanto, que las ideas religiosas de Jovellanos han de ser tenidas en cuenta como un
factor principal, pero dentro de su rica personalidad ética y no como la clave decisiva
de su pensamiento. Julio Somoza, y con él todos los que siguen este modelo, mostrarán que Jovellanos está más allá del reduccionismo neocatólico o de la interpretación
liberal y que como ilustrado mantiene sus distancias con la Ilustración europea, es
decir que elevarán la figura de Jovellanos a la altura de un personaje peculiar y único,
la de un gran hombre o, si se quiere, aunque pretendieron a veces evitar este sintagma,
la de un «santo laico».
La quinta etapa no puede sino reconocer muchas de las tesis centrales a que se ha
llegado en la etapa de Somoza, pero conoce que, de una parte, queda mucho por hacer
en la labor crítica de fijación, publicación e investigación de los escritos de Jovellanos
y, por otra parte, el conjunto de las interpretaciones hasta la fecha están en exceso
cargadas de componentes ideológicos y de apriorismos políticos y religiosos. La labor
que desempeñará será, por tanto, de clarificación crítica, contribuyendo a fijar de
modo más definitivo el contexto y sentido de las ideas jovinistas, pero, no pudiendo
sustraerse al mare magnum ideológico –puesto que las ideas político-religiosas forman
parte esencial de la trama del pensamiento de Jovellanos- han de verse obligados a
remover estas temáticas y, de ahí, a suscitar de nuevo las pasiones de antaño según las
cuales cabría ver tanto un Jovellanos de izquierdas como un Jovellanos de derechas.
La sexta etapa comienza a hacerse posible cuando se lleva ya muy avanzado el trabajo
crítico en la fijación del contexto histórico y de los escritos del prócer asturiano, cuando
las tesis más directamente ideologizadas empiezan a hacerse inviables, por ridículas, y
cuando se está en situación de poder abordar el valor del conjunto de la obra del ilustrado español. En esa etapa estamos ahora sumidos y, sin pretender ninguna fijación de
verdad absoluta alguna, toca afianzar un territorio suficientemente firme y consistente
sobre el que poder seguir reenfocando un pensamiento, que al ser complejo, no podrá
dejar de estar sujeto a continuas aclaraciones, intensificaciones y reordenamientos.
Estamos viendo que en el trayecto de la recepción y proyección de la figura de Jovellanos operan varias líneas de fuerza: a) la apropiación ideológica, b) el culto al personaje, c) el estudio erudito de su pensamiento y obra, y d) el intento de comprensión
del conjunto de sus ideas y la sistematización de su pensamiento. Los cuatro componentes pueden hallarse en cualquiera de las seis etapas, pero es claro que la apropiación ideológica y el culto al personaje son los móviles principales de las cuatro
primeras etapas y que las dos últimas etapas se centran más en el estudio erudito y en
la comprensión global de su obra. Sería falso creer que estas cuatro funciones no se
hallan operativas en todo momento; cambia, sí, su intensidad.
130
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Pasemos ahora de estos planos largos que hemos reseñado a enfoques más precisos
y minuciosos, que tengan la capacidad de mostrar de cerca las tesis generales defendidas hasta ahora. Nos referiremos a la segunda, tercera, cuarta y quinta etapa, y dejaremos de lado la primera y la última etapa, ésta porque aún no tenemos toda la distancia
histórica para referirnos a ella y la primera etapa, la que se desarrolla durante la vida de
Jovellanos, porque puede remitirse directamente a la lectura de su obra. Sólo diremos
a este respecto lo siguiente: a Jovellanos se le puede atribuir la paternidad de la convocatoria de las cortes modernas, las Cortes de Cádiz, y fue desde luego el que lideró –al
menos como referente intelectual respetado y seguido por todos los que estaban a favor de las cortes liberales- el grupo de los promotores de un marco constitucional que
enterraba el del Antiguo Régimen. Las limitaciones que cabe imputarle son las de que
no fue tanto un político «puro», capaz de manejarse con soltura en las mañas y tácticas, cuanto una «cabeza generalizadora» –como diría Marx–, que trató de sacar adelante un proyecto teórico que no encontró las condiciones para su realización en su
época: lo que yo llamo el modelo político-moral jovinista.
IV. Análisis sobre la 2ª etapa
La época en la que estamos (1811-1857) es el momento de enfrentamiento entre los
liberales y los autodenominados «serviles». Los liberales pretendían un cambio en el
reparto del poder político y sus contrincantes, los antiliberales, querían conservar el poder moral que venía dado por la sociedad del Antiguo Régimen, y con éste conservar,
por supuesto, el poder político. Jovellanos pretendió aunar las exigencias de reforma
política –de carácter liberal– con los determinantes morales históricamente dados en
España, que imponía unas condiciones de avanzar por etapas y no de golpe. Si puede
decirse que coincidía con los objetivos políticos liberales no se puede afirmar otro tanto
de la coincidencia con los postulados morales de los serviles, puesto que se trataba, en
contra de ellos, de proceder paulatinamente a un recambio en los usos y costumbres y a
una superación de los enquistamientos morales religiosos en la línea de una renovación
que enlazaba con el regalismo y el jansenismo español anterior y no con los posicionamientos ultramontanos del catolicismo del Antiguo Régimen. De este modo, la postura
de Jovellanos aplicada a esta época llevaba ineludiblemente a la separación entre el trono
y el altar, es decir, a la moderna separación entre la Iglesia y el Estado. Esto lo sabían los
liberales y por eso lo toman como referente; lo sabían también los serviles y de ahí que
su Informe sobre la Ley agraria2 sea puesto en el Índice de los libros prohibidos por la
2 Jovellanos, Gaspar Melchor de: Informe sobre la Ley Agraria, edición de Guillermo Carnero,
Madrid, Cátedra, 1997. (Hay reproducción facsimilar de la edición de Palma de 1814, Imprenta de
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
131
Iglesia. Jovellanos está, pues, con los liberales, pero el ritmo que imponen los acontecimientos hará que ambas perspectivas no coincidan totalmente, porque nuestro ilustrado-liberal será crítico con la marcha concreta de todo acontecimiento político que
tienda a separar demasiado los avances en la teoría política con la efectiva transformación moral de la sociedad, porque esos avances no serán, entonces, duraderos. Por su
parte, los liberales tenían que desarrollar todo lo que podían, en los textos jurídicos que
se debatían, sus tesis reformadoras, aunque los hechos inmediatos posteriores a las Cortes de Cádiz vinieran a mostrar que eran muy volátiles. Los jóvenes liberales tenían encomendado el papel histórico de ensayar en la práctica lo que debía ser la revolución
moderna a la española, aunque fracasara durante décadas. Jovellanos, como protoliberal
y como «cabeza generalizadora» -es decir, como filósofo-, había tenido la ocasión de
comprender que las reformas liberales no se realizarían si no era dentro de ciertas gradaciones en su avance y dentro de una perspectiva histórica de largo alcance, debido a las
condiciones político-morales de la sociedad española, y, por eso, articuló otro modelo
que difería en algunos puntos del de los jóvenes liberales.
Podemos bajar al análisis de los detalles de lo que estamos apuntando, si consideramos, por ejemplo, uno de los conceptos esenciales que en la época se debatían; el de
«soberanía». Los liberales españoles, al calor de la revolución francesa, defendían la
moderna soberanía nacional, es decir, el hecho de que el poder soberano debía entenderse residiendo en la nación y no en el monarca. Distanciándose de los liberales, Jovellanos, no para decir menos que ellos sino para ir filosóficamente más allá, había
propuesto que debía diferenciarse entre la soberanía y un concepto que él proponía,
el de «supremacía». La soberanía en cuanto expresión de la fuerza o poder que ha de
contener todo Estado está de hecho en el ejecutivo, y por tanto no en la nación en su
conjunto; pero por encima de esta soberanía o poder gubernativo efectivo ha de situarse la «supremacía», es decir el poder legitimador que no puede estar contenido
sino en la nación entera.
Sin duda la legitimidad procede del pueblo, de la nación, a quien hay que aplicar el
concepto de «supremacía» –para no confundirlo con soberanía-. No se puede atribuir la soberanía a la nación, a no ser que se pretenda defender la anarquía o behetría3,
porque equivaldría a atribuirle el poder ejecutivo y directo de darse el «orden púMiguel Domingo, en Gijón, a cargo de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias,
2000).
3 La palabra behetría es utilizada por Jovellanos, en diversas ocasiones, cargada de connotaciones
negativas. Aunque en el bajo latín significa «benefactoria» vendrá a significar fundamentalmente, durante la edad media, una heredad o un pueblo de campesinos libres que gozaban de la facultad de elegir
por señor a quien quisieran. La historia, según la concepción de Jovellanos, habría venido a demostrar
mayor inestabilidad política en estos gobiernos de behetría porque quien tiene un señor oscilante se
arriesga más a quedarse sin él cuando lo necesita.
132
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
blico» a sí misma. El orden público tiene que ser legítimo, pero no cabe que pueda ser
popular, según Jovellanos. Es en este sentido que la soberanía no debe atribuirse, en
puridad, al pueblo, sino al ejecutivo, al monarca; no a la persona del monarca, sino a lo
que representa y contiene. Pero el pueblo, la nación, está por encima, por eso se le
atribuye la supremacía.
En suma, Jovellanos está totalmente en la línea de la defensa de la moderna idea de
soberanía, que es un concepto que tiene un radio de aplicación de valor moral, antes
que político. Y para no confundir este bello concepto moral con el concepto político
del efectivo y cotidiano ejercicio del poder –que también se llamaba soberanía– Jovellanos propone acuñar un nuevo concepto, reservado para referirse al poder de la nación: el de «supremacía». Pero estas distinciones teóricas fueron borradas por el
ritmo de los acontecimientos del momento4, y, en todo caso, para quienes descubrieran en sus escritos, en las décadas posteriores, el rechazo de la soberanía de Jovellanos,
mal comprendido o insidiosamente utilizado, podía aplicarse para extraer consecuencias inapropiadas, como de hecho sucedió.
Si al hecho de que Jovellanos reparara teóricamente en una determinada concepción de la soberanía le añadimos que también fue crítico con el concepto de democracia, por similares razones a las que hemos aducido para aquel otro concepto, tenemos
abonado el terreno para reinterpretar a Jovellanos a la luz de su «rechazo» de la soberanía y de la democracia y, por tanto, para invertir su imagen y reconstruirla dentro de
otro modelo, a pesar de que dicho rechazo, como defendemos y sabemos, no es tal.
Esta inversión es la que va a propiciarse en la tercera etapa.
V. Análisis sobre la 3ª etapa
Simplificando al máximo, el esquema argumentativo que va a empezar a imponerse
a partir de 1858 se basará en la importancia que va a concedérsele a la religiosidad, en
4 El sobrino de Jovellanos, el canónigo Alonso Cañedo y Vigil, con quien mantiene correspondencia
sobre el asunto de la Constitución, tuvo información de primera mano sobre las ideas constitucionales
jovellanistas; en las cartas 2054, 2060, 2061, desde julio al 2 de septiembre de 1811, podemos ver cómo
el tío le recuerda sus reparos: la soberanía, el bicameralismo y el peligro de degeneración democrática.
Como no puede entrar en los detalles que serían precisos le remite a la Memoria en defensa de la Junta
Central a punto de publicarse, pero le resume que no te esconderé que en éste [en el ejemplar de la Memoria
que le enviará] he añadido una nota para explicar mi opinión sobre el famoso dogma de la soberanía nacional,
sancionado por ustedes, dogma que puede llevarlos a perpetuar la forma democrática en que ustedes se han
constituido, y a dejar sin garantía la Constitución que hicieren (Jovellanos: Obras Completas, Edición crítica, introducción y notas de José Miguel Caso González, Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del siglo
XVIII, CAES, V, 1990, carta 2060, págs. 483-484).
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
133
el contexto de la lucha por el poder político. La religiosidad tiene una importancia
central en la vida política y social, no sólo lateral o de cura de las almas. Es un hecho
constatable en sus escritos la religiosidad de Jovellanos. Apoyándose en este hecho y
tomándolo como argumento discriminador, se procederá a mediados del siglo XIX al
intento de recuperación del ilustrado-liberal como uno «de los nuestros». Su rechazo
de la soberanía popular y de la democracia confirman que no fue un revolucionario
sino el verdadero fundador del partido conservador5.
¿Por qué este afán de apropiación?, y, en todo caso, ¿era fruto de la proximidad
ideológica real o no? La respuesta creo que se enmarca dentro del siguiente esquema:
Jovellanos se había convertido en una figura objeto de deseo ideológico, porque aparecía revestido de una genialidad que se extendía a muchos campos del saber –economía, jurisprudencia, política, educación, literatura, etc.- y emergía adornado cada vez
más de una personalidad ética admirable, tan ensalzada por casi todos –menos por los
que desde el ultramontanismo seguían considerándole un jansenista y regalista peligroso, como el presbítero Miguel Sánchez6– que su figura iba convirtiéndose progresivamente en una imagen heroica, en un héroe de la patria, en un promotor principal
del nuevo nacionalismo español triunfante. A la altura de mediados del siglo XIX esto
interesaba tanto a la izquierda liberal y democrática como a la derecha conservadora.
5 El punto de inflexión que ocasiona el paso de la 2ª a la 3ª etapa viene dado por la aparición de la
sexta edición de obras de Jovellanos, quinta si descontamos la reedición de Linares. El responsable de
esta edición es don Cándido Nocedal, quien en 1858-59 vuelve a publicar las obras de Jovellanos en los
tomos cuadragésimo sexto (XLVI) y quincuagésimo (L) de la Biblioteca de Autores Españoles. El primer
tomo viene precedido del «Discurso preliminar» al que dedica cincuenta y una páginas (de la V a la LV),
fechado en Madrid, 27 de febrero de 1858; el segundo tomo está acompañado de un «Prólogo» de
veintiuna páginas, en Madrid, 4 de agosto de 1859. El conjunto de la obra está seguido con algunas notas;
la mayor parte tienen un carácter aclaratorio puntual, presentando sobre todo las circunstancias de gestación de los distintos escritos. Pero en alguna ocasión vemos también notas que pretenden ser críticas con
relación al contenido y al pensamiento jovellanista. El discurso preliminar y el prólogo vuelve a reeditarlos en obra separada en 1865 como Vida de Jovellanos (Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1865); en esta ocasión, seguidos de lo que llama «Juicios críticos» de la obra, a cargo de don
Aureliano Fernández-Guerra, don Manuel Cañete y don Severo Catalina, señores académicos, quienes
cumplen la misión en sus artículos respectivos de dar los parabienes al análisis revelador y fecundo de la
figura de Jovellanos que Nocedal habría desvelado. La crítica de D. Aureliano Fernández-Guerra había
aparecido publicada en el periódico El Parlamento, nº 1203, correspondiente al día 10 de octubre de
1858. La de D. Manuel Cañete, en el periódico El Reino, números 32, 34 y 36, en noviembre de 1859. La
de Severo Catalina, en el periódico El Estado, el 24 de noviembre de 1859.
6 Sánchez, Miguel: Examen Teológico-crítico de la obra del Excmo. Sr. Don Cándido Nocedal, titulada
Vida de Jovellanos, Madrid, Imp. de Enrique de la Riva, 1881. Ésta ha sido una obra muy demonizada, pero
se reúne en ella un buen análisis de las líneas de fuerza que atravesaban el pensamiento de Jovellanos, visto
desde la postura ultramontana. El caso era que las tesis del presbítero surgían ya muy a contrapelo de la
postura más mesurada de los neocatólicos y resultaban ser una denuncia feroz de la heterodoxia de Jovellanos, cuando se le había hecho nada más y nada menos que «fundador del partido conservador».
134
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
La inversión de la imagen que iba a operarse vino de la mano de insistir en la importancia central del factor religioso, convenientemente combinado con un análisis de las
concepciones políticas que tenían que ver con la defensa o no de la democracia, que
era lo que en aquel momento se debatía febrilmente en el foro político. Un hombre
piadoso, caritativo, honrado, veraz, sacrificado, valiente, patriota y amante de Dios y
de la religión verdadera antes que de cualquier otra cosa no podía, por definición, ser
un deísta, racionalista, «progresista», revolucionario…, es decir, no reunía las cualidades para alinearse con los representantes de las nuevas ideas democráticas, y, muy al
contrario, bien analizado, Jovellanos era el mismísimo fundador del conservadurismo
español. Había que reconocer que el de Cimadevilla había arrastrado algunos lunares
o defectos, disculpables dadas las circunstancias de la época que le tocó vivir –siglo
rabiosamente ilustrado, irreligioso y racionalista–. Don Cándido Nocedal fue el primero en iniciar esta maniobra de inversión, encaminada a convertir a Jovellanos en un
pensador de centro-derecha7.
La estrategia argumentativa de Nocedal se basó en establecer convincentes puntualizaciones mesuradas sobre algunos aspectos controvertidos de la imagen jovellanista,
en introducir la sugestión de un centrismo entre dos extremismos y en concluir, de
ahí, de forma natural que no pertenecía al bando de los radicales sino al conservadurismo. Es decir, según nuestra tesis, con muchos trozos de verdad (o medias verdades)
compuso una falsedad.
Nocedal apela sin más análisis a conceptos como democracia, revolución y jerarquía
social como si se tratara de conceptos igualmente utilizados por él y por Jovellanos.
Gaspar Melchor estuvo a favor de la democracia moral, es decir, del sentido democrático que se dará a los gobiernos a partir del siglo XIX, aunque nominalmente rechazó el vocablo democracia, puesto que lo interpretaba en sentido clásico, como
democracia política directa, es decir como sustitución de la monarquía por un gobierno popular; y, desde estrictos análisis políticos, era bien sabido, que los gobiernos
populares eran inviables dentro de los grandes estados, útiles sólo en todo caso para
pequeños estados. Nuevamente era una cuestión de palabras. Nocedal podía coincidir
con Jovellanos en la palabra –ambos rechazaban la democracia-, pero no en el concepto. La defensa de la monarquía por Jovellanos se realizaba desde una postura democrática –en sentido moral–, y su rechazo de la democracia lo era en cuanto
consideraba ilusorio ese modelo de gobierno en su sentido literal, es decir, en su senNocedal proclamará que se trata del verdadero fundador del partido conservador o moderado y denuncia en consecuencia la falsa apropiación que de él hicieron porque nos oponemos a que intenten llevársele a
sus filas, aun dado que prueben algún desliz o alguna equivocación propios de la juventud; nos oponemos a que
quieran hacer partidario suyo a quien no lo fue nunca, a quien los combatió tenazmente con sus escritos y con
sus acciones (Cfr. «Discurso preliminar», en BAE, I, págs. XLI, LIV, XLV).
7 Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
135
tido político. ¿Acaso algún pueblo ha conseguido gobernarse directamente a sí mismo?
Pero el neocatólico Nocedal estaba en contra de la democracia de su tiempo, es decir,
en contra de los que intentaban influir en la política extendiendo el poder moral de la
sociedad, de abajo arriba. A Jovellanos no le tocó vivir este horizonte histórico, el de
la democracia de mediados de siglo, pero es claro que todo su sistema de ideas se invirtió en emancipar de los prejuicios y la ignorancia al pueblo, y en defender su instrucción como medio dirigido a la emancipación política, la cual había de derivarse de
aquello.
VI. Análisis sobre la 4ª etapa
Si la tercera etapa se caracteriza por la pugna en torno a la filiación política de Jovellanos, y por darse en un radio de interés nacional –siempre con una clara intensificación asturiana–, la cuarta etapa se va a constituir como la reivindicación de un Jovellanos
ligado a la tradición liberal pero cuyo relieve y valor está más allá de las disputas partidistas, precisamente porque no se trata de un político más sino de un «hombre excepcional», que, como tal, representa lo mejor de la cultura española de su tiempo. Esta
tarea va a ir aparejada a una recuperación de nuevos textos y, sobre todo, al intento de
biografía definitiva al margen de distorsiones o visiones parciales, paralelo al intento de
publicación fallida una y otra vez de sus diarios. Esta empresa recuperadora tan definida no podía hacerse al margen de un centro neurálgico y energético, que no es otro
que el grupo de jovellanistas que cuaja en Asturias y muy concretamente en Gijón, en
torno a los documentos que se hallan en el Instituto, entre diversos propietarios privados y en torno a la labor continuada incansable y devota de Julio Somoza8. El hilo conductor que une la tercera etapa con esta cuarta viene dado por una serie de esfuerzos de
rehabilitación y exaltación patriótica y humana de la figura de Jovellanos, como la elevación de una estatua en la Plaza del Seis de Agosto de Gijón –nombre que también
recuerda el día del glorioso recibimiento del pueblo gijonés durante la guerra de la Independencia, en 1811-, y la asiduidad de conmemoraciones, homenajes y artículos de
prensa que van a aparecer habitualmente, incrementándose desde las últimas décadas
8 La cuarta etapa viene determinada por la entrada en escena de Julio Somoza. Si los primeros artículos sobre Jovellanos aparecen a partir de 1878, si su primera obra de investigador bio-bibliógrafo jovellanista sale a la luz en 1883 (Catálogo de manuscritos e impresos notables del Instituto de Jovellanos de Gijón,
Oviedo, Imp. y Litografía de Vicente Brid, 1883), podemos marcar los años 1884-89, con la publicación
de Jovellanos. Nuevos datos para su biografía (Madrid, Rubiños, impresor, 1885 –Habana, 1884–), rematado por Las amarguras de Jovellanos (Prólogo de Jesús Menéndez Peláez. Gijón, Editorial Auseva, 1989
–edición facsímil de la de 1889–) como el punto de inflexión a partir del cual un nuevo enfoque va a
empezar a cobrar cuerpo y trascendencia.
136
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
hasta las primeras del siglo siguiente. Puede considerarse a Somoza como al principal
impulsor objetivo, aunque no siempre el más reconocido si consultamos la prensa del
momento, dentro del proceso de difusión y de la importancia pública de la figura del
prócer gijonés ilustrado.
En el enfrentamiento entre los liberales y los serviles o absolutistas, a principios del
siglo XIX Jovellanos había caído del lado liberal; a mediados de siglo, en el enfrentamiento entre los liberales demócratas y los neocatólicos, ambos reclaman la afinidad
ideológica con él, y frente a los dos, a su vez, los ultramontanos (Franquet y el presbítero Miguel Sánchez) siguen repudiando en la segunda mitad del siglo XIX a Jovellanos. A partir de Somoza va a ir objetivándose una nueva realidad y de lo que se tratará
ahora es de, por encima del Jovellanos político, escindido por las ideologías enfrentadas, rescatar al «verdadero», es decir al de carne y hueso, a la persona, al sujeto ético
antes que al sujeto moral o político. La primera consecuencia general de este enfoque,
que no es totalmente nuevo, pero que se constituye ahora en el eje interpretativo preferente, es que ya no habrá nadie, ninguna opción política, que repudie a Jovellanos. Si en
el siglo XIX podíamos ver corrientes que le aborrecían ideológicamente –las posturas
más ultraconservadoras- a partir del siglo XX será prácticamente imposible que se produzca este rechazo, porque ahora ha quedado convertido en un clásico, en un gran
hombre, en un patrimonio común. Las críticas negativas a Jovellanos, a partir de aquí,
siempre serán parciales, reconociendo a la vez, cuando las hay, sus méritos generales.
En paralelo con los trabajos de quien será cronista de la villa –de Gijón–, de lo que
se trata ahora es de conocer el pensamiento de Jovellanos aprendiendo a pensar como
él pensaba y sentía, rastreando todas las vertientes subjetivas posibles y entendiendo
que en ellas está todo contenido o casi. El error de Nocedal habría residido en haber
tergiversado algunos rasgos de la personalidad de Jovellanos y en un trabajo deficiente
en el tratamiento de los textos, denunciando Somoza incluso manipulaciones partidistas en los escritos editados, que el neocatólico habría llevado a cabo conscientemente. El error de Laverde y de Menéndez Pelayo, que siguen a Nocedal, está en
proseguir las pistas falsas. Pero también es verdad que éstos contribuirían a poner de
manifiesto un elemento que habría sido relegado por los liberales, y que era signo inequívoco de la personalidad del ilustrado español, y, por tanto, de sus ideas: el «verdadero» catolicismo del de Cimadevilla. La religiosidad pasa a jugar un papel importante
en el conjunto de la personalidad, y como de lo que se trata es de llegar a las ideas
mediante el conocimiento de la persona, cuanto más íntima mejor, la lectura de Somoza, a pesar de nacer enfrentada a la neocatólica viene a coincidir con ella en un aspecto esencial y de esta manera a consagrar uno de los ejes que seguirán funcionando
posteriormente. Por lo demás, Somoza se opondrá a la versión política que los neocatólicos hacen, señalando todos aquellos rasgos y textos que indicaban un claro progresismo en el magistrado asturiano. Pero, obviamente, Somoza también tiene que
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
137
reconocer que las ideas de Jovellanos no coinciden en todos sus puntos con las de la
deriva liberal posterior; para empezar, Jovellanos había dado claras muestras de preferencia por la monarquía, entendiendo la república como un modelo inferior, y muchos de los que se preciaban de liberales en las últimas décadas del XIX, con la
Restauración, eran afectos a la república, como el mismo don Julio.
En los análisis de detalle, Julio Somoza toma partido por el lado liberal frente al
neocatólico, pero más allá de los enfoques cargados de argumentos, una tesis de carácter globalizadora viene a imponerse inercialmente, inercia histórica que resumiremos
así: 1º) los liberales no habían hecho un problema de la cuestión religiosa como tal en
Jovellanos, y, en todo caso, lo que entraba en discordia eran dos modos de concebir la
religiosidad (conservadora y reformista, podemos decir) –ninguna de ellas antirreligiosa–. 2º) Los neocatólicos harán de la cuestión religiosa la clave para reivindicar a
Jovellanos, sobreentendiendo que las posturas opuestas a las suyas son antirreligiosas,
puesto que parten de una religión única verdadera, la romana católica. De este modo,
pasa a valorarse el tema religioso como una cuestión de todo o nada. 3º) Somoza, y los
que actúan paralelamente a él, dan la razón a los liberales pero aceptan el argumento
de que la religiosidad sincera de Jovellanos es un componente importante, que contribuiría a centrar ideológicamente su figura. Si los neocatólicos recuperan a Jovellanos
desde el centro-derecha, Somoza lo hace desde el centro-izquierda, y, lo que resulta de
todo ello es el denominador común: Jovellanos se corresponde con un pensador político de centro. Esta conclusión inercial queda subrayada, además, cuando se constata
que los rasgos característicos de la personalidad de Jovellanos son los de un hombre
equilibrado, mesurado y prudente, interpretado todo ello como signos de centro.
VII. Análisis sobre la 5ª etapa
La quinta etapa se abre con Ángel del Río y alcanza su máximo desarrollo con José
Miguel Caso, quien por el volumen y la calidad de su aportación pasará a ser, él mismo,
el primer artífice de la sexta y última etapa hasta la fecha, precisamente porque en su
labor introduce los elementos para la reconstrucción de una visión global del pensamiento de Jovellanos y de la trascendencia histórica del jovellanismo. Por supuesto que
él no ha sido el único que ha hecho posible la madurez y éxito de la quinta etapa de
proyección del jovellanismo; al contrario, han sido muchos, un aluvión de investigadores, españoles y extranjeros, que se han esforzado por ir despejando y cuadrando lagunas, dudas y puntos críticos, a la vez que se han seguido metamorfoseando aspectos
polémicos sujetos a plural interpretación. En esta etapa, Jovellanos ha sido estudiado
sistemáticamente por especialistas de las distintas materias en las que incide el jovellanismo –derecho, política, economía, pedagogía, historia, arte, literatura, poesía, filoso-
138
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
fía, etc.– y por una caterva cada vez más numerosa de jovellanistas especializados, y por
curiosos del jovellanismo. Podríamos decir, si se nos entiende bien, que se cambia el
punto de anclaje político-religioso como referente polémico por otro que quiere ser un
estudio «científico» del jovellanismo, hecho en gran medida desde las universidades o
siguiendo su exigencia metodológica. Hay que recordar que las corrientes ideológicas
pretéritas que hemos estado señalando no desaparecen, ni mucho menos; continúan
su desarrollo y su juego de relevos con la tradición pasada: sigue habiendo un Jovellanos ilustrado-liberal, un Jovellanos conservador y un Jovellanos «tradicionalista». El
gijonés puede ser acondicionado al franquismo, al socialismo e incluso a algunas vertientes del comunismo, como en su crítica a la propiedad privada, y, desde luego, dado
su talante moderado personal, ¿cómo no?, al conservadurismo y al centro, al centroderecha y también al centro-izquierda. Pero al lado de estas reyertas se va abriendo
paso un jovellanismo histórico, en donde se aposentan lenta y continuamente, de forma
cruzada, algunas conclusiones que se elevan a título de consenso general, disintiendo
ahora únicamente en matices. Otros puntos permanecen aún oscuros, sujetos a las polémicas más encontradas, entreverados con los supuestos ideológicos que los sustentan, pero se configura, no obstante, un jovellanismo doctrinal –irradiado desde el
consenso sobre su personalidad- del que una serie de características importantes serán
patrimonio común. Zona de confluencia que no hay que entender de forma estática,
sino sujeta a las críticas propias del quehacer investigador, pero libre ya –en buena medida– de los puros vaivenes de la disensión política o confesional.
Caso será el principal artífice, como decimos, de una imagen de Jovellanos que podemos sintetizar en los siguientes rasgos:
1º) Como persona de carne y hueso, no fue un santo ni un ser inmune a los defectos,
pero en línea con la historiografía anterior encuentra en él un personaje dotado
de grandes cualidades intelectuales –capaz de dominar el conjunto de conocimientos de su tiempo–, de grandes atractivos ético-morales (íntegro, trabajador,
solidario, crítico, resolutivo, emprendedor…), de grandes empresas prácticas
(Instituto Asturiano, minería, carreteras, crecimiento económico asturiano, infraestructuras de Gijón, planes económicos de Estado…) y de hazañas históricas (su participación en la guerra de la Independencia y en la Junta Central…).
2º) Literato de primera línea en su siglo, que alcanzó timbres sobresalientes en algunas de sus poesías y el nivel de un clásico en el manejo de la prosa castellana.
3º)Católico practicante al modo de los ilustrados cristianos, crítico con la religión
folklórica, barroca, externa y supersticiosa, y alineado culturalmente con la corriente llamada jansenista en la época.
4º)Ilustrado progresista –defensor del progreso–, en línea con el enciclopedismo
de su tiempo.
Etapas en la recepción del pensamiento de Jovellanos – Silverio Sánchez Corredera
139
5º)Reformador social, conocedor y defensor de las profundas tradiciones de la
historia española; propulsor de cambios progresivos, protagonista en una
época en que se extinguía el modelo del Antiguo Régimen y se abría un panorama de nuevas libertades y una nueva forma de Estado.
6º)Crítico de su cultura desde la atalaya del conocimiento de los clásicos grecolatinos hasta las ideas más avanzadas del XVIII-XIX, pasando por el pensamiento
español de los últimos tres siglos.
7º)Demócrata en el sentido moderno más profundo, a pesar de que literalmente se
desdice de la democracia como modelo de gobierno, frente a la aristocracia y la
monarquía, sistema este último que le parece más perfecto históricamente.
Casi todos los análisis y propuestas interpretativas realizadas por José Miguel Caso
son muy aceptables y sin su contribución y la de todos los que en paralelo le acompañaron ahora habría todavía muchas zonas oscuras en el pensamiento, la obra y la personalidad de Jovellanos. Con todo, creemos que incurrió en algunas deficiencias que
afectan a la imagen global jovellanista. Y, precisamente, los dos principales errores que
arrastra los hereda de la etapa anterior, de esas tesis que se habían ido imponiendo
inercialmente. Son, en definitiva, 1º) la idea de que Jovellanos ha de ser entendido
desde el centro –con D. José Miguel, desde el centro-izquierda- y 2º) el peso que sigue
concediendo a la personalidad ética que pesa más que la obra moral y la propia trascendencia histórico-política de Jovellanos.
Creo que se hace una concesión cómoda y poco crítica cuando el concepto de «centro» se le aplica a Jovellanos. Una cosa es su personalidad ética, estoica, mesurada,
equilibrada y otra cosa confundir esto con características de carácter político. Jovellanos no fue un revolucionario a la manera jacobina francesa, es verdad, pero sus posturas
fueron para la época muy radicales, aunque nunca excéntricas. Ha de considerarse, además, que en España –salvo de modo muy aislado– no se generó la misma dinámica de
cambio que en la Francia revolucionaria, entre otras cosas porque cuando tuvo que
hacer su propia revolución se vio enfrentada a la Francia revolucionaria y napoleónica,
de donde se derivaba que el modelo debía ser distinto –aunque compartiera el componente esencial de la soberanía nacional–. Lo que tuvo España fue unas Cortes de Cádiz,
no una revolución francesa. Jovellanos no fue un Voltaire ni un Robespierre, porque
esas figuras pertenecen al modelo francés. Jovellanos estuvo en los lugares neurálgicos
más importantes de la revolución que se operó en España, y fue sin duda un protoliberal, el protoliberal por excelencia. Por tanto, hablar de centro ideológico aplicado a Jovellanos es confundir los planos y los momentos de la historia.
Por otra parte, no hay duda alguna de que la personalidad ética de Jovellanos está
llena de cualidades y que su figura ha de ser tomada como referente y ejemplo. Pero si
su imagen ofrece un relieve que merece ser conservado como modelo de integridad en
140
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
la memoria de la historia, lo que procedemos es a canonizarle exclusivamente como
santo laico y, por tanto, a dar más importancia a las características que conforman su
subjetividad que a los elementos objetivados que a través de sus ideas ha aportado a la
posteridad. Podemos seguir utilizando sus ideas como instrumentos en el presente,
pero no podemos hacer uso de sus virtudes personales, salvo como ejemplo a seguir.
Si no hubiera ideas de relieve dignas de ser conservadas, bien estaría quedarse con esta
dimensión de santo laico. Pero la cuestión es que hay un pensamiento que nosotros
denominamos «jovinismo» –en el que ahora no podemos entrar9– José Miguel Caso
contribuyó tanto a la clarificación de su imagen como al desarrollo de análisis fecundos sobre su obra, pero concedió en definitiva el peso fundamental a los elementos
éticos y personales, y aunque no hizo sino ensalzar sus ideas, de hecho, por comparación, su figura intelectual quedaba depreciada al lado de su dimensión personal. El
Jovellanos ético se agrandaba en Caso, como en Somoza y en muchos de sus seguidores actuales, sobre el Jovellanos político y moral. Por decirlo de modo gráfico: lo más
importante de Jovellanos pasaba a ser su biografía y no su obra. Nosotros creemos que
su biografía es ejemplar, pero que su obra es aún más importante.
Y aquí nos hallamos, en la sexta etapa. Nosotros. Pero una sexta etapa en la que las
corrientes anteriores siguen vivas y con las que hay que entrar en dialéctica, ahora10.
Gijón, 10 de julio de 2006 y 16 de abril de 2007
Véase, a este respecto, además de la parte III de Jovellanos y el jovellanismo (o. c.), mi artículo «Sobre
la filosofía de Jovellanos», El Catoblepas, revista crítica del presente, nº 61, pág. 1, marzo de 2007, http://
www.nodulo.org/ec/2007/n061p01.htm.
10 El presente artículo nace de la redacción de la conferencia pronunciada el 10 de julio de 2006, en
la Cátedra Jovellanos de Extensión Universitaria, de Gijón, dentro del curso de verano 2006, «Jovellanos
y su tiempo», organizado por la Universidad de Oviedo y dirigido por Jesús Menéndez Peláez.
9 Teoría y práctica del teatro
en Jovellanos: el caso de
El delincuente honrado
1
Marc Vitse
Universidad de Toulouse-Le Mirail
Resumen
Intento de caracterización de la teoría dramática de Jovellanos a través de un análisis de su
Memoria sobre diversiones públicas (varias redacciones, y varios títulos, entre 1790 y 1811): es
una teoría teatral abiertamente política (el objetivo es el «arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas»), elaborada para defender –contra los excesos de los teatrófobos y contra la ceguera de ciertos teatrófilos– la indispensabiliad del teatro, pero de un teatro
dirigido concebido para una clase dirigente, de un teatro selecto escrito para un público selecto. Se estudia luego la más célebre de las dos piezas salidas de la pluma del dramaturgo de
Gijón –El delincuente honrado (primera redacción 1773; primera edición 1787)–, leída como
ilustración modélica, aunque anterior cronológicamente, de dicha teoría.
ABSTRACT
This article is an attempt to characterise Jovellanos’s dramatic theory through an analysis
of his Memoirs concerning public entertainment (several re-writings, and several titles, be1 Este artículo es la forma escrita de una conferencia dictada el 23 de abril de 2004 en el Museo Casa
Natal de Jovellanos en Gijón, a invitación de Jesús Menéndez Peláez, presidente de la Fundación Foro
Jovellanos del Principado de Asturias. Se concibió, desde un principio, no como un trabajo de investigación para especialistas, sino como un intento de vulgarización (en el mejor sentido de la palabra): de ahí
la ausencia de referencias bibliográficas y la reducción del aparato científico a su mínima expresión. Los
textos de Jovellanos se citan según las ediciones siguientes:
–Espectáculos y diversiones públicas. Informe sobre la Ley Agraria, ed. Guillermo Carnero, Madrid,
Cátedra, 1997 (la Memoria ocupa las páginas 111-222).
–Poesía. Teatro. Prosa literaria, ed. John H. R. Polt, Madrid, Taurus, 1993 (El delincuente honrado está
en las páginas 223-288, que se basan sobre la edición crítica de las Obras completas de Jovellanos por José
Miguel Caso González, Oviedo, Centro de Estudios del siglo XVIII/Ilustre Ayuntamiento de Gijón,
vol. I, 1984, págs. 467-565).
142
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
tween 1790 and 1811): it is an openly-political dramatic theory (its objective is the «police
amendment of public shows and entertainment»), created to defend –against the excesses
of the dramaphobic and against the blindness of the dramaphile– the indispensability of
drama, but of that drama intended for a ruling class, of a select drama writen for a select
audience. After that, the best-known of the two plays which sprang from Gijon dramatist’s
pen –The Honest Criminal (first written in 1773; first edition in 1787)–, is read as an exemplary Enlightenment, though chronologically earlier, of that theory.
1769. Tiene Jovellanos unos 25 años. Está en Sevilla, donde hace de alcalde del
crimen en la Audiencia hispalense, y donde frecuenta la tertulia del famoso ilustrado
don Pablo de Olavide. Escribe en aquel año la única tragedia que salió de su pluma:
Pelayo o la muerte de Munuza. La corrige y prepara para la imprenta en los años
1771-1772, pero la obra seguirá sin publicar todavía en 1782, en que se da su primera
representación –de carácter privado– en Gijón, con actores aficionados. A partir de
ahí, se da un largo trabajo de reescritura (1782-1790), hasta la primera representación
pública en Madrid, en 1792, y una primera edición –pirata–­el mismo año.
1773. Tiene Jovellanos 27 años. A raíz de una disputa literaria en el cenáculo sevillano de Olavide, escribe la única «comedia» de su repertorio, a saber El delincuente
honrado. La pieza se representa en 1774 en Aranjuez, y luego en varios escenarios de
España. Se traduce al francés, al alemán, al inglés, y continúa circulando, con carácter
anónimo siempre, hasta su estreno en Madrid en 1787, fecha en que su autor decide
imprimirla, sin su nombre todavía, para anular la edición espuria y desfigurada que
acaba de salir en Barcelona.
1786. El Consejo de Castilla pide a la Real Academia de la Historia un informe
sobre las diversiones usadas en las diversas regiones de España. Dicha Academia
transmite el encargo a Jovellanos, que empieza a reunir numerosas fichas, pero aplaza
la redacción del informe hasta 1790.
Y, de hecho, el 20 de diciembre de 1790, entrega una primera versión –la llama
«trabajo preparatorio»– de su Memoria sobre las diversiones públicas. Una versión que
poco le satisface, ya que la reescribe para presentarla en 1796 ante los miembros de la
Academia de la Historia, y seguirá transformándola hasta su muerte, en 1811, un año
antes de su primera edición, póstuma, en 1812, a la que seguirán las ediciones de
1817, 1820 y 1839.
Así las cosas: desde su juventud hasta el fin de su vida, desde su ingreso en el ambiente hiperpolitizado del círculo sevillano del ilustrado Olavide hasta la turbia época
de la guerra de Independencia y sus compromisos políticos, el teatro revela ser una
preocupación constante de Jovellanos, de un Jovellanos que no deja de reflexionar y
de reescribir, para producir textos –obras de teatro o escritos sobre el teatro– evolutivos y fluctuantes.
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
143
La Memoria sobre las diversiones públicas
De ello, el mejor ejemplo es, sin lugar a dudas, su Memoria sobre las diversiones públicas, que ostenta, según manuscritos e impresiones diversas, no menos que una decena de titulaciones diferentes, de las que sólo mencionaremos aquí la de la primera
edición de 1812, en la imprenta de Sancha, y que reza: Memoria para el arreglo de la
policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España.
Un título, a decir verdad, que lo contiene todo, y que me servirá como punto de
partida para ordenar algunas consideraciones sobre la teoría teatral de Jovellanos. En
él, en efecto, la palabra esencial, que surge desde un principio, es la de policía («el
arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas»), en su sentido antiguo de lo que trata de la polis, de la civitas, de la ciudad o del Estado. Nos indica, con
otros muchos vocablos que pueblan la Introducción del tratado («bien general»,
«felicidad individual», «relaciones políticas del objeto estudiado», «informe para la
instrucción de un expediente gubernativo») que la teoría teatral de Jovellanos, más
que estética, y más que meramente ética, será una teoría política.
Lo cual, a su vez, justificará la estructura misma de la Memoria: ésta se constituirá
como una historia del pasado y, a un tiempo, como un programa para el porvenir. Y,
efectivamente, Jovellanos empezará desarrollando una historia de lo que él llama «los
juegos escénicos en España», una historia, pues, del teatro en España. Pero una historia
muy sui generis: su historia, por decirlo así, será una historia real, o, más exactamente,
monárquica. Su exposición de la evolución del arte escénico en España desde el siglo xv,
la ritmarán las figuras de los sucesivos monarcas, transformados en hitos para una periodización que no se fundamenta en presupuestos específicamente artísticos, sino en actitudes prioritariamente principescas, si me permite el adjetivo. Así, el período de apogeo
será el de Felipe IV, el rey teatrero, mientras que la época de Carlos II representará una
indudable decadencia, a la que –nos dice Jovino– no supieron en los tiempos presentes
dar remedio ni la orientación italianizante de un Fernando VI, ni la reforma ideada por
los ilustrados. Puede entonces el polígrafo gijonense declarar y preguntarse:
Acaso estaba reservada la gloria de reformarlo al augusto Carlos I V. ¿Por qué no lo esperaremos así, cuando el gobierno vuelve su atención a un objeto tan descuidado antes de
ahora, cuando nos convida a tejer la historia de este importante ramo de policía pública, sin
duda para ponerlo en la mayor perfección? La Academia no puede dejar de concurrir a tan
justo y provechoso designio; pero antes de discurrir sobre este punto examinaremos los dos
principales obstáculos que han retardado tan deseada revolución (pág. 174).
Las cosas se aclaran: la historia –en este caso esta historia peculiar del teatro
español­sólo sirve para intuir la situación presente (la de la España de Carlos IV), que
144
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
se caracteriza por la existencia de serios impedimentos a la voluntad de arreglo de los
espectáculos.
Por un lado, en efecto, hay el freno representado por los teatrófobos, o sea, para
Jovellanos y sin matices, muchos de estos teólogos que desde finales del xvi hasta finales del xvii no dejaron de vituperar contra el teatro. De ahí el retórico extrañamiento
de Jovino, que se interroga:
¿En qué puede consistir el encono con que ciertas gentes, al parecer sabias y sensatas; se
han empeñado en combatir el teatro desde sus primeros ensayos? (pág. 174).
para precisar más lejos:
Mientras el gobierno se convierte a mejorar y perfeccionar los espectáculos, hay, gentes
que se atreven todavía a predicar y escribir que es un grave pecado autorizarlos, consentirlos
y concurrir a ellos (pág. 176).
Y hay, por otro lado, los que defienden apasionadamente el teatro de su tiempo,
esos teatrófilos ciegos que hacen la apología de un teatro que Jovellanos no vacila en
calificar como «una peste pública, ante la cual el gobierno no tiene más alternativa
que reformarlo o proscribirlo para siempre» (pág. 178).
¿Reformarlo o proscribirlo para siempre? Tal era ya la pregunta que hacían los partidarios de una reforma del teatro en el reinado de Felipe III. Para quien haya, como
yo, frecuentado con alguna asiduidad los textos de la famosa Controversia sobre la licitud del teatro reunidos por Emilio Cotarelo, la semejanza entre el partido «centrista»
de los reformistas áureos y la posición «centrista» de Jovellanos el ilustrado, es evidente y comprensible.
Si, en efecto, hay tanta similitud entre unos y otros, es que ambos comparten el
mismo planteamiento del problema: conscientes ambos de los abusos e inmoralidad
del teatro representado en sus épocas respectivas, están, al mismo tiempo, parecidamente convencidos de la indispensabilidad política del teatro, y no tienen otra solución, por su misma conciencia política, que escoger y proponer la reforma del teatro, y
no su supresión. Escuchemos al propósito un último fragmento de la primera parte,
histórica, de la Memoria de don Gaspar:
Creer que los pueblos pueden ser felices sin diversiones es un absurdo. Creer que las
necesitan, y negárselas, es una inconsecuencia tan absurda como peligrosa. Darles diversiones y prescindir de la influencia que pueden tener en sus ideas y costumbres, sería una indolencia [una falta de sensibilidad, de capacidad, de percepción] harto más absurda, cruel y
peligrosa que aquella inconsecuencia. Resulta, pues, que el establecimiento y arreglo de las
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
145
diversiones públicas será uno de los primeros objetos de toda buena política. He aquí lo que
me ocupará en lo restante de esta memoria (pág. 179).
Entremos pues con él, ahora, en la segunda parte de su alegato. Se abre el apartado
en ella dedicado al teatro por una definición del mismo concebida en estrecha correspondencia con la perspectiva primordialmente política del ensayista:
Esta reflexión me conduce a hablar de la reforma del teatro, el primero y más recomendado de todos los espectáculos, el que ofrece una diversión más general, más racional, más
provechosa, y por lo mismo el más digno de la atención y desvelos del gobierno. Los demás
espectáculos divierten hiriendo fuertemente la imaginación con lo maravilloso, o regalando
blandamente los sentidos con lo agradable de los objetos que presentan. El teatro, a estas
mismas ventajas que reúne en supremo grado, junta la de introducir el placer en lo más íntimo del alma, excitando por medio de imitación todas las ideas que puede abrazar el espíritu, y todos los sentimientos que pueden mover el corazón humano.
De este carácter peculiar de las representaciones dramáticas se deduce que el gobierno
no debe considerar el teatro solamente como una diversión pública, sino como un espectáculo capaz de instruir o extraviar el espíritu, y de perfeccionar o corromper el corazón de los
ciudadanos. Se deduce también que un teatro que aleje los ánimos del conocimiento de la
verdad fomentando doctrinas y preocupaciones erróneas, o que desvíe los corazones de la
práctica de la virtud excitando pasiones y sentimientos viciosos, lejos de merecer la protección merecerá el odio y la censura de la pública autoridad. Se deduce finalmente que será la
más santa y sabia policía de un gobierno aquella que sepa reunir en un teatro estos dos
grandes objetos, la instrucción y la diversión pública (pág. 198).
Todo, en esta liminar declaración, todo está dicho ya. A lo que aspira Jovellanos es
a un intervencionismo estatal pronunciado; lo que quiere fomentar es un teatro dirigido, una inaudita combinación de provecho y de deleite, una como renovación del
«deleitar aprovechando» o, mejor dicho, del «aprovechar deleitando» del Siglo de
Oro. Y esta combinación sólo la hará posible –ésta será su palabra favorita– la legislación, instrumento imprescindible para, por una parte, canalizar el «casual progreso
debido a la ilustración» de algunos literatos y, por otra parte, neutralizar «la codicia
de los empresarios y la ignorancia de miserables poetas y comediantes»:
Pero ya es tiempo de pensar de otro modo. Ya es tiempo de ceder a una convicción que
reside en todos los espíritus, y de cumplir un deseo que se abriga en el corazón de todos los
buenos patricios. Ya es tiempo de preferir el bien moral a la utilidad pecuniaria, de desterrar
de nuestra escena la ignorancia, los errores y los vicios que han establecido en ella su imperio, y de lavar las inmundicias que la han manchado hasta aquí con desdoro de la autoridad
y ruina de las costumbres públicas (pág. 199).
146
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
A estas alturas, ya no le queda al pensador de Gijón sino formular concretamente
los ejes de su programa de reforma. Lo centrará, esencialmente, en el problema de la
escritura dramática, en la que distingue dos elementos básicos: la parte propiamente
poética (el teatro como poema u objeto estético) y la parte específicamente política (el
teatro como vector ideológico o instrumento ético). A partir de esta distinción, emperrará condenando todos los textos poéticamente indefendibles, y que, en su tiempo,
son la mayoría. Luego, reconocerá la validez poética de los admirables textos del Siglo
de oro –hay en estas páginas un elogio entusiasta de la Comedia y de sus bellezas inimitables–, pero dictaminará implacablemente su eliminación efectiva de los escenarios dieciochescos porque, a pesar de su perfección estética, aparecen ideológica y
políticamente, es decir, mirados «a la luz de los preceptos y principalmente a la de la
santa razón», como:
plagados de vicios y defectos que la moral y la política no pueden tolerar. ¿Quién podrá
negar que en ellos, según la vehemente expresión de un crítico moderno, «se ven pintados
con el colorido más deleitable las solicitudes más inhonestas, los engaños, los artificios, las
perfidias, fugas de doncellas, escalamientos de casa nobles, resistencias a la justicia, duelos
y desafíos temerarios y fundados en un falso pundonor, robos autorizados, violencias intentadas y ejecutadas, bufones insolentes, criados y criadas haciendo gala y ganancia de sus
tercerías infames»? (pág. 200).
Frente, pues, a esta herencia, a veces admirada y rechazable siempre, habrá que
construir un teatro nuevo, capaz de deleitar e instruir. Pero dejemos la palabra al propio ensayista en una de las páginas fundamentales de su Memoria:
He aquí el grande objeto de la legislación. Perfeccionar en todas sus partes este espectáculo, formando un teatro donde puedan verse continuos y heroicos ejemplos de reverencia
al Ser supremo y a la religión de nuestros padres; de amor a la patria, al soberano y a la constitución; de respeto a las jerarquías, a las leyes y a los depositarios de la autoridad; de fidelidad conyugal, de amor paterno, de ternura y obediencia filial. Un teatro que presente
príncipes buenos y magnánimos, magistrados humanos e incorruptibles, ciudadanos llenos
de virtud y de patriotismo, prudentes y celosos padres de familia, amigos fieles y constantes;
en una palabra, hombres heroicos y esforzados, amantes del bien público, celosos de su libertad y sus derechos y protectores de la inocencia y acérrimos perseguidores de la iniquidad. Un teatro, en fin, donde no sólo aparezcan castigados con atroces escarmientos los
caracteres contrarios a estas virtudes, sino que sean también silbados y puestos en ridículo
los demás vicios y extravagancias que turban y afligen a la sociedad: el orgullo y la bajeza, la
prodigalidad y la avaricia, la lisonja y la hipocresía, la supina indiferencia religiosa y la supersticiosa credulidad, la locuacidad e indiscreción, la ridícula afectación de nobleza, de
poder, de influjo, de sabiduría, de amistad; y en suma todas las manías, todos los abusos,
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
147
todos los malos hábitos en que caen los hombres cuando salen del sendero de la virtud, del
honor y de la cortesanía por entregarse a sus pasiones y caprichos.
Un teatro tal, después de entretener honesta y agradablemente a los espectadores, iría
también formando su corazón y cultivando su espíritu, es decir que iría mejorando la educación de la nobleza y rica juventud que de ordinario lo frecuente. En este sentido su reforma parece absolutamente necesaria, por lo mismo que son más raros entre nosotras los
establecimientos destinados a esta educación. No, nuestro extremo cuidado en multiplicar
cierta especie de enseñanzas científicas no basta a disculpar el abandono con que miramos
la enseñanza civil, aquella que necesita el mayor número, aun entre los nobles y ricos, 3e
que es tanto más importante cuanto más influjo tiene en el bien general, y sobre todo en las
costumbres públicas (págs. 200-201).
La teoría se va precisando: el teatro ideal, para Jovellanos, no será solamente un
teatro dirigido, sino más bien un teatro dirigido para una clase dirigente, un teatro moralizado destinado, por no decir reservado, a los «poderosos» y a la educación de la
nobleza y rica juventud, privada con excesiva frecuencia, en aquel entonces, de «enseñanza civil» (de educación cívica). Se tratará de un teatro aristocrático o plutocrático, cuyo acceso, gracias a la elevación del precio de las entradas, se limitará a las
clases pudientes. Las palabras de nuestro autor dejan translucir, al respecto, una indudable dosis de cinismo:
Esta carestía de la entrada alejará el pueblo del teatro, y para mí tanto mejor. Yo no pretendo
cerrar a nadie sus puertas; estén en hora buena abiertas a todo el mundo. Pero conviene dificultar indirectamente la entrada a la gente pobre que vive de su trabajo, para la cual el tiempo
es dinero, y el teatro más casto y depurado una distracción perniciosa. He dicho que el pueblo
no necesita espectáculos; ahora digo que le son dañosos, sin exceptuar siquiera (hablo del que
trabaja) el de la Corte. Del primer pueblo de la Antigüedad, del que diera leyes al mundo, decía Juvenal que se contentaba en su tiempo con pan y juegos del circo. El nuestro pide menos
(permítasenos esta expresión): se contenta con pan .y callejuela (págs. 214-215).
En definitiva, un teatro selecto para un público selecto, por cuya mediación se ilustrará progresivamente el pueblo, hasta que merezca tener sus propios teatros, baratos
y vastísimos.
Dejemos a Jovino con ese su iluso sueño de ilustrado, el de hacerlo todo por y para
el pueblo, pero sin el pueblo. Y, a sabiendas de habernos dejado en el tintero no pocos
aspectos secundarios de su teoría teatral –formación del actor, academias dramáticas,
reformación de la parte plebeya de «nuestra» escena (el «cómico bajo y grosero»: el
teatro menor), concursos y premios para dramaturgos, censura confiada a la Real Academia Española, reforma de la decoración, supresión de la contribución a los hospitales…–, tratemos de adentrarnos rápidamente en el examen de una abra «modelo»
148
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
escrita para el Jovellanos dramaturgo. O sea, de pasar de la teoría a la práctica, con el
estudio de la más célebre de las dos piezas salidas de 1a pluma de nuestro don Gaspar:
El delincuente honrado, de título tan voluntariamente e ilustradoramente paradójico.
EL DELINCUENTE HONRADO
Para entender la paradoja de este título, que deja adivinar las fuertes tensiones que
experimentarán los protagonistas de esta obra dramática, será necesario hacer un resumen ordenado y razonado de sus cinco actos escritos en prosa.
Acto primero («El delito y la conciencia»)
Alcázar de Segovia, en el estudio del corregidor local, el viejo don Simón de Escobedo, a las siete de la mañana del primer día. Monólogo apertural del primer protagonista, Torcuato, cuyo nombre remite inmediatamente a una de las encarnaciones más
célebres de la virtud romana, Torquatus Manlius, conocido por su severidad en la aplicación de la ley.
Dicho Torcuato –quien es el delincuente honrado, es decir, en un primer sentido, el
delincuente por honor– mató en duelo al marqués de Montilla, primer esposo de su
actual mujer, la linda y virtuosa Laura, hija de don Simón. Duelo que se quedó secreto,
o casi secreto, porque de él sólo tienen conocimiento Juanillo, criado del marqués, y
Anselmo, amigo íntimo de Torcuato. Pero es el caso que ese baluarte del secreto empieza a desmoronarse bajo los efectos de la encuesta eficacísima llevada a cabo por el
hiperactivo don Justo de Luna (nótese otra vez el valor significante de la onomástica),
alcalde de casa y corte encargado de reexaminar «la causa» y de encontrar el hasta
ahora no identificado criminal, agresor y causador de la muerte del marqués, para que
se le apliquen con el mayor rigor unas recientes «pragmáticas de los duelos». Don
Justo el justiciero, que está alojado en la misma casa de don Simón el corregidor, representa pues la primera amenaza que pesa sobre el desdichado Torcuato.
Pero no es ésta la amenaza mayor. Porque el que fue delincuente por honor es también un delincuente con honor, otra forma de ser un delincuente honrado. La culpabilidad y remordimiento que siente son los que le condujeron a ocultar la verdad a
Laura, su amante esposa, y a don Simón, su suegro bienhechor. Culpa de disimulación
la suya, que él mismo tilda de «atroz agravio» y de «pérfido engaño», y que le mueve
a huir, a pesar de las objeciones del amigo Anselmo, que destaca la responsabilidad del
provocante al duelo, el marqués, malísimo miembro de una alta nobleza corrompida e
insultante.
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
149
Tal es la situación del héroe al final del acto I, que se concluye como se abrió, esto
es, por un monólogo que lo comprende todo y que hay que leer para tener una idea de
la tonalidad general de este drama lagrimoso, dolorido y, en muchos aspectos, «prerromántico».
Torcuato, paseándose.
En fin, voy a alejarme para siempre de esta mansión, que ha sido en algún tiempo teatro
de mis dichas y fiel testigo de mis tiernos amores. ¡Con cuánto dolor me separo de los objetos que la habitan! Errante y fugitivo, tus lágrimas ¡oh, Laura! estarán siempre presentes a
mis ojos, y tus justas querellas resonarán en mis oídos. ¡Alma inocente y celestial! ¡Cuánta
amargura te va a costar la noticia de mi ausencia! Tú has perdido un esposo que ni te amaba
ni te merecía, y ahora vas a perder otro que te idolatra pero que te merece menos, pues te ha
conseguido por medio de un engaño. (Después de alguna pausa.) ¿Y adónde iré a esconder
mi vida desdichada…? Sin patria, sin familia, prófugo y desconocido sobre la tierra., ¿dónde
hallaré refugio contra la adversidad? ¡Ah!, la imagen de mi esposa ofendida y los remordimientos de mi conciencia me afligirán en todas partes (págs. 238-239).
Acto segundo («El amor y la amistad»)
Mediodía del primer día, en una sala de 1a casa de Laura. Torcuato, antes de huir
definitivamente del centro de su felicidad, empieza confesando a Laura la verdad: su
amor verdadero le impide dejarla en el engaño, su honor de marido le obliga a reparar
el engaño­-ofensa hecho a Laura, su traicionada esposa. Apenas si tiene ésta tiempo para
empezar a responder cuando surge Felipe, el criado de Torcuato, que anuncia el arresto
de Anselmo por don Justo. El honor, de nuevo, hunde al héroe en un dilema trágico: el
de denunciarse, o no, para salvar a su amigo injustamente «arrestado, deshonrado y
tenido por delincuente». De hecho, y a pesar de 1a súplica de Laura que ya le ha perdonado, Torcuato está resuelto y declara, en el monólogo, que, de nuevo, cierra el acto:
Torcuato, soto, muy pensativo y paseando.
En fin, ya no hay recurso… Ya no puedo salvar a mi amigo sin exponer mi propia vida.
¡Anselmo tiene contra sí tantas sospechas… ! Si se obstina en callar, sufrirá todo el rigor de
la ley… Y tal vez la tortura… (Horrorizado.) ¡La tortura…! ¡Oh, nombre odioso! ¡Nombre
funesto…! ¿Es posible que en un siglo en que se respeta la humanidad y en que la filosofía
derrama su luz por todas partes, se escuchen aún entre nosotros los gritos de la inocencia
oprimida…? Pero ¿sufriré yo que por mi causa…? No; el honor me sujeta a la dureza de las
leyes, y yo sería digno de ella si le expusiese por evitarla. Perdona, triste Laura, tú, cuyas
virtudes eran dignas de suerte más dichosa; perdona a este infeliz el sacrificio que va a hacer
de una vida que es tuya, en las aras del honor y de la amistad (pág. 251).
150
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Como se ve, nuestro delincuente por honor, se muestra cada vez más honrado, o
sea, cada vez con más honor. Y la cosa irá creciendo con el acto III.
Acto tercero («El padre y el juez»)
Estamos de nuevo en el estudio del corregidor, a las dos de la tarde, siempre del
mismo día. Ya Torcuato ha ido a la prisión; ya ha confesado la verdad a don Justo, ya
lo sabe todo don Simón, que en un primer momento se manifiesta duro y sin indulgencia ante el doble crimen –duelo y engaño– de Torcuato. Pero las lágrimas de su
hija, los ruegos de Anselmo y las intervenciones del propio Justo, lleno de compasión
por la virtud y generosidad características del comportamiento del honrado delincuente, el conjunto, pues, del amor de la esposa, de la fidelidad del amigo y de la piedad del juez acaban por convertir al padre y suegro de que hay que tratar de salvar, a
pesar de su «delito», a Torcuato. Todos forman ya un enternecido grupo de presión,
cuando llega la orden expresa del Rey: que don Justo mande con la mayor prisa –y sin
más detalles que los meros hechos, o sea, sin explicación de las motivaciones– todos
los autos o documentos originales a su Majestad, deseoso de aplicar con urgencia la
«última pragmática de los desafíos».
El conflicto, entonces, se va desplazando: los dilemas que conocieron sucesivamente el héroe, su esposa, su amigo y su suegro ya están resueltos, pero no los del juez
que, a partir de ahora, se va a hacer protagonista primero del drama y que, con tal,
tiene derecho al monólogo que, de nuevo, sirve de remate al acto. Escuchemos pues a
don Justo exponer su «conflicto», a raíz de aprender la voluntad monárquica:
Justo, paseándose con inquietud.
¡Tanta prisa! ¡Tanta precipitación…! ¡Así trata la corte un negocio de esta importancia…! Pero no hay remedio; el Rey lo manda, y es fuerza obedecer. Yo no sé lo que me
anuncia el corazón… Este don Torcuato… Él está inocente… Un primer movimiento…
un impulso de su honor ultrajado… ¡Ah, cuánto me compadece su desgracia…! Pero las
leyes están decisivas. ¡Oh, leyes! ¡Oh, duras e inflexibles leyes! En vano gritan la razón y la
humanidad en favor del inocente… ¿Y seré yo tan cruel que no exponga al Soberano…?
No; yo le representaré en favor de un hombre honrado, cuyo delito consiste sólo en haberlo
sido (págs. 262­-263).
Ya se va perfilando con mayor nitidez el problema central de lo que se ha convertido en un drama de magistrados (esto es, con protagonistas que son magistrados y
temas que remiten a su oficio). De lo que se trata, en efecto, es de saber qué deber ser
la ley y cuál es la posición del magistrado y la del ciudadano ante 1a ley, de saber sí
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
151
responden a 1a verdadera justicia los fundamentos de la ley y cómo se puede o se debe
comportar el juez que la aplica para humanizarla: o sea, mirándolo bien, la vieja dialéctica, ahora observable en su modalidad dieciochesca, entre el rigor y la clemencia.
Acto cuarto («El juez padre»)
En el acto IV se van a complicar aún más las cosas. Estamos ahora en la noche
–siempre del primer día–, y en la prisión-torre de Torcuato. Don Justo, más afligido e
inquieto que nunca, porque está esperando la respuesta del rey después de haber
cumplido –dice él– «su funesto ministerio sin olvidar la humanidad», don Justo,
pues, viene a la cárcel para consolar al que considera ya como un amigo. En realidad,
quiere, antes de que sea tarde, investigar sobre el misterioso origen de Torcuato, porque supone que bien podría ser éste el fruto desdichado de unos ilegítimos amores
suyos de juventud. Y, de hecho, Torcuato revela ser –«quel coup de théâtre!»– el hijo
de don Justo. El debate, ahora, ya no concierne solamente a la obligación del juez de
aplicar una ley que por sus convicciones personales no aprueba del todo; también se
sitúa, a través del personaje cruelmente dividido de don Justo, entre las exigencias de
su función judicial y la fuerza de sus sentimientos humanos de personaje paterno, sin
contar con el remordimiento que le inspiran las flaquezas de su liviana mocedad.
A estas alturas, parece sin salida el callejón en que todos se encuentran metidos, a
pesar o a causa, mejor dicho, de sus mismas virtudes, y en el clímax de una hábil progresión dramática intensificada por la concentración temporal. Las tinieblas de la ley,
y las angustias que genera, parecen triunfar de las luces particulares de sus involuntarias o indirectas víctimas, y vencer los esfuerzos conjuntos de una familia destrozada.
Bien puede don Justo, en el monólogo que, por cuarta vez, cierra el acto, exclamar, en
un parlamento de intensa tragicidad:
Justo, solo.
¡Santo Dios, encamina sus pasos…! Ve aquí el natural y dulce fruto de la virtud: todos se
complacen en protegerla, y todos corren ansioso a sostenerla en la adversidad. Pero ¡cuán
débiles son sus apoyos contra la fuerza y el poder! ¡Virtud santa y amable!, tú serás siempre
respetada de las almas sencillas; mas no esperes hallar asilo en los vanos y poderosos…
¡Cuánto ha cambiado mi suerte en solo un día! ¿Es posible que me he de hallar en la dura
necesidad de derramar mi propia sangre?… ¡Hijo desventurado… ! ¡La mano de tu bárbaro
padre te va a ofrecer el amargo cáliz de la muerte! ¡Funesta obligación…! ¡Horrible ministerio…! Si acaso don Anselmo… ¡Ah!, ¿qué podrán sus débiles ruegos contra los de tantos
importunos… contra el respecto de las leyes… contra la preocupación del Gobierno…?
¡Ah!… (págs. 276-277).
152
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Acto quinto («El rey juez y el rey-padre»)
El lector atento habrá adivinado que tantos suspiros y tantas quejas no significan el
abandono de la lucha. Antes de que empiece el V y último acto, Anselmo, el perfecto
amigo, se ha ido a San Ildefonso, el Sitio Real, para tratar de obtener el indulto de Torcuato gracias a una entrevista particular con el monarca. Dicha entrevista, conseguida
a pesar de las numerosas barreras y obstáculos de la corte, la tiene solamente a la siete
de la mañana, hasta alcanzar el perdón de un monarca atento y sensible, que deja correr también «tiernas lágrimas de sus augustos ojos». De modo que le queda solamente Anselmo el tiempo justo para volver a Segovia, donde llega apenas antes del
último toque de campana de las once, hora fijada para la ejecución del suplicio de
Torcuato. La terrible suspensión que provoca en todos extremos de emoción y torrentes de lágrimas deja entonces lugar a una explosión de gozo y a ríos de lágrimas de
alegría, contento y reconocimiento. Y puede don Justo, que confirma su protagonismo
en esta pieza, concluir:
Justo.
Hijos míos, empecemos a corresponder a los beneficios del Rey obedeciéndole. Vamos
a tratar de vuestro destino, y demos gracias a la inefable Providencia, que nunca abandona
a los virtuosos ni se olvida de los inocentes oprimidos (pág. 288).
Puede caer definitivamente el telón y pueden empezar nuestros escuetos comentarios, que ceñiremos a los tres temas del género de la obra, del concepto del honor y del
«espíritu de las leyes».
ALGUNOS COMENTARIOS
El género de la obra
El propio Jovellanos, cuando habla de El delincuente honrado, emplea indiferenciadamente los términos de comedia o de drama. La verdad, sin embargo, es que de comedia, en el sentido francés de `comedia cómica’, se puede afirmar que esta obra no tiene
nada, si se exceptúan la rara sonrisa que puede nacer de algunos parlamentos del
criado Felipe en su papel de gracioso evanescente o bien del refunfuñar ocasional y
manera anticuada de hablar de don Simón, el magistrado chapado a la antigua. Todo
lo demás –constante obligación de escoger entre un amor legítimo y un deber exigente, en todos los niveles, privado y público– pertenece a las claras al mundo de la
tragedia. Una tragedia que calificaremos de tragedia urbana, en la medida en que ya no
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
153
corresponden sus personajes al elenco de la tragedia clásica, sino que pertenecen al
estamento mediano, más precisamente a la mesoaristocracia de los caballeros particulares de la ciudad.
Pero también la podríamos llamar drama lacrimoso, al tener en cuenta el diluvio de
lágrimas que van vertiendo a cual más todos los personajes (salvo don Simón), y que
traducen la positividad de su sensibilidad, virtud esencial del modelo dieciochesco de
hombre honrado, cuando el destino viene a alterar el transcurso de su tranquilidad
ordinaria, cuando se producen mudanzas –infelices o felices– de fortuna, que pueden
conducir a la catástrofe o bien, como en nuestro caso, a un desenlace positivo, a un
lieto fine, como dicen los italianos.
Tragedia urbana, pues, o drama lacrimoso, o, también, como a veces se dice, drama
decoroso y serio, o género serio: poco importan en definitiva los términos utilizados, con
tal que no se clasifique la pieza, como ocurre muchas veces, en la categoría de la comedia, o, peor aún, en la categoría de la comedia neoclásica.
Lo que si es, en cambio, El delincuente honrado, es un drama moderno, en muchos de
los sentidos de este rico adjetivo. Moderno, en primerísimo lugar, porque constituye una
tragedización sentimental o «sentimentalización», muy al gusto del Setecientos, de la
comedia de capa y espada del siglo anterior, de esa comedia de capa y espada que, en
Calderón, ofrecía a veces una notable dimensión patética, pero no caía nunca, conviene
subrayarlo, en la excesiva –por sistemática– sensibilidad-sensiblería de nuestra pieza.
Y moderno también, El delincuente honrado, porque en él se da un clarísimo aggiornamento, una decidida puesta al día del mundo aristocrático que constituía el sustrato
de la comedia áurea. Si, en efecto, El delincuente honrado se puede leer como una renovación trágica de la comedia de capa y espada, es por la misma naturaleza estamental
o estatuto social de sus protagonistas. Lejos de ser representantes de la clase media
globalmente entendida, siguen siendo miembros de la mesoaristocracia, de ese mundo
de los caballeros particulares que constituían el elenco de la comedia doméstica áurea.
Por eso es poco admisible atribuirle a nuestro drama la etiqueta de comedia burguesa.
Burgueses no hay en esta obra, si exceptuamos a las personas que deben dinero a Torcuato, y que se ven calificados de insufribles «gentes de comercio», gentes excesivamente prolijas y demasiado amigas de formalidades. Y espíritu burgués tampoco hay,
porque en el universo de todos los protagonistas el valor socio-ético por excelencia
sigue siendo el honor.
El concepto del honor
No por casualidad dejé sin precisar hasta ahora lo que por honor había que entender en El delincuente honrado. Y es que nos encontramos, en realidad, con dos concep-
154
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
tos diferentes del honor, que Jovellanos trata de combinar en una novedosa síntesis,
que no es más que una modernización o adaptación a los tiempos ilustrados del antiguo concepto del honor aristocrático del Siglo de Oro.
Hay, por un lado, el honor-honradez u honor-virtud, basado en el respeto de la
«razón, de la humanidad y de la naturaleza», y del que no pocos ejemplos se pudieron
observar en la conducta de los héroes positivos de nuestro drama. Y hay, al lado de
este honor personal, íntimo –al lado de la conciencia, podríamos decir–, el otro honor, el honor social, el del hombre situado dentro de la colectividad, que Torcuato
define con toda precisión al explicar por qué, en definitiva, tuvo que aceptar el desafío
temerario del marqués a quien mató:
Torcuato.
¿Y quedará su honor bien puesto? El honor, señor, es un bien que todos debemos conservar; pero es un bien que no está en nuestra mano, sino en la estimación de 1os demás. La
opinión pública le da y le quita. ¿Sabéis que quien no admite un desafío es al instante tenido
por cobarde? Si es un hombre ilustre, un caballero, un militar, ¿de qué le servirá acudir a la
justicia? La nota que le impuso la opinión pública, ¿podrá borrarla una sentencia? Yo bien
sé que el honor es una quimera, pero sé también que sin él no puede subsistir una monarquía; que es el alma de la sociedad; que distingue las condiciones y las clases; que es principio de mil virtudes políticas; y, en fin, que la legislación, lejos de combatirle, debe fomentarle
y protegerle (pág. 237).
Y añade, por más señas:
Torcuato.
La buena legislación debe atender a todo, sin perder de vista el bien universal. Si la idea
que se tiene del honor no parece justa, al legislador toca rectificarla. Después de conseguido
se podrá castigar al temerario que confunda el honor con la bravura. Pero mientras duren
las falsas ideas, es cosa muy terrible castigar con la muerte una acción que se tiene por honrada (págs. 237-238).
Ahí tenemos la clave de todo el drama, o sea, en la clara percepción de la distancia
que media entre la aspiración ideal del héroe modelo, deseoso de satisfacer las exigencias de su honor-virtud radicado en la perfección de su conciencia íntima, y la realidad
social en la que le toca vivir y que, en este último cuarto del XVIII, se encuentra todavía más cercana al mundo de los aristócratas áureos que a la mentalidad nueva de los
«filósofos».
Tal contradicción la resuelve Jovellanos confiando en la evolución de los tiempos
futuros. Evolución deseable, hay que precisar en seguida, no sólo en el mero campo de
Teoría y práctica del teatro en Jovellanos: el caso de El delincuente honrado – Marc Vitse
155
la necesaria transformación de las mentalidades, sino, y más aún quizá, en el campo de
la legislación –palabra sagrada en nuestra obra–, que debe ser capaz de reflejar y adaptarse a las mutaciones de la sociedad.
«El espíritu de las leyes»
El pasaje esencial, a este respecto, lo encontramos en la última discusión que, sobre
el particular, mantienen don Justo y don Simón, figurando aquél el espíritu nuevo que
debería informar la concepción y la aplicación de las leyes, y encarnando éste el bloqueo arcaico de los juristas defensores de una interpretación dura y pura de la letra de
la ley. Escuchémoslos:
Don Simón
Ve aquí, señor don Justo, las consecuencias de los desafíos. Estos muchachos quieren
disculparse con el honor, sin advertir que por conservarle atropellan todas sus obligaciones.
No; la ley los castiga con sobrada razón.
Justo
Otra vez hemos tocado este punto, y yo creía haberos convencido. Bien sé que el verdadero honor es el que resulta del ejercicio de la virtud y del cumplimiento de los propios
deberes. El hombre justo debe sacrificar a su conservación todas las preocupaciones vulgares; pero por desgracia la solidez de esta máxima se esconde a la muchedumbre. Para un
pueblo de filósofos sería buena la legislación que castigase con dureza al que admite un
desafío, que entre ellos fuera un delito grande. Pero en un país donde la educación, el clima,
las costumbres, el genio nacional y la misma constitución inspiran a la nobleza estos sentimientos fogosos y delicados a que se da el nombre de pundonor; en un país donde el más
honrado es el menos sufrido, y el más valiente el que tiene más osadía; en un país, en fin,
donde a la cordura se llama cobardía, y a la moderación falta de espíritu, ¿será justa la ley
que priva de la vida a un desdichado sólo porque piensa como sus iguales, una 1ey que sólo
podrán cumplir los muy virtuosos o los muy, cobardes? (pág. 271).
Hasta que e1 mismo don Justo enuncie la conclusión del debate:
Justo
Cuando haya mejores ideas acerca del honor, convendrá acaso asegurarlas por ese medio; pero entre tanto las penas fuertes serán injustas y no producirán efecto alguno. Nuestra
antigua legislación era en este punto menos bárbara. El genio caballeresco de los antiguos
españoles hacía plausibles los duelos, y entonces la legislación los autorizaba; pero hoy pensamos, poco más o menos, como los godos, y sin embargo castigamos los duelos con penas
capitales (pág. 272).
156
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Artículos
Las cosas no dejan lugar a dudas: en El delincuente honrado, como unos años más
tarde en las Cartas marruecas de Cadalso, coexisten y se conjugan en síntesis armoniosa una intensa nostalgia del universo aristocrático-caballeresco antiguo y una ardiente aspiración a la modernización-moralización del mismo. Y para que se puedan
compaginar el uno con la otra se hace elemento cardenal la bondad definitiva de la figura paterna, aquí presente bajo tres formas:
– la del padre arcaico, don Simón, «hombre de malos principios pero de buen corazón», lo que le permitirá, sino promover, sí por lo menos aceptar las indispensables adaptaciones a la evolución del mundo;
– la del padre moderno, don Justo el bien nombrado, que Jovino pintó como «magistrado filósofo», esto es, ilustrado virtuoso y humano, ilustrado para que conociese los defectos de las leyes; virtuoso para que supiera respetarlas; y
humano para que se compadeciese en alto grado del inocente que veía oprimido bajo su peso;
– y, finalmente, por encima de ellos, la del rey-padre, a la vez funcionalmente intratable en el cumplimiento de la ley y padre humanamente clemente para cada
uno de sus virtuosos súbditos.
No hay, creo, mejor ejemplo para Torcuato, y para la juventud de la época, de la
negatividad de los duelos y de la positividad de la honradez moderna. Y no hay, creo,
mejor ejemplo que El delincuente honrado de un teatro que ilustre, en la práctica, los
presupuestos de la teoría teatral de Jovino.
II
Discursos de investidura
1
1 En esta sección se recogen los discursos de ingreso en la Fundación Foro Jovellanos. Se respeta de
manera excepcional el tema, el contenido y la extensión que cada patrono juzgó más oportuno para dicho
acto de ingreso. Es un foro plural y diverso que respeta las convicciones personales de tipo político, religioso u otros códigos plurales que genera la actividad intelectual y racional del ser humano.
Jovellanos y la revolución industrial
Ramón Álvarez Viña1
Presidente de la Fundación Álvarez-Viña
Resumen
El autor, desde una perspectiva divulgativa, pone de relieve la sintonía de la obra de Jovellanos con lo que más tarde será la gran revolución industrial del siglo XIX.
Palabras clave: Jovellanos, revolución industrial.
Abstract
This author, from an informative perspective, highlights how Jovellanos’s work is in tune
with what will later become the great industrial revolution of the 19th century.
Key words: Jovellanos, industrial revolution.
A
gradezco Al Sr. Presidente y Junta Rectora de la entidad: Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias que me hayan propuesto como Patrono de la
misma y a los miembros de la Junta General por su aprobación.Prometo cumplir con
la frase simbólica pronunciada en la imposición del distintivo de Patrono, a la que he
intentado ser fiel a lo largo de mi vida…
Al observar la bibliografía jovellanista, se aprecia que la mayor parte de posibles
temas referidos al insigne gijonés han sido tratados por ilustres especialistas en la política, la cultura, la agricultura, la minería, la medicina, la historia, la literatura, la ilustración, la naturaleza, la religión, etc. Encontré un pequeño hueco, que encaja con mi
1 El Dr. D. Ramón Álvarez Viña leyó su discurso de ingreso el 2 de noviembre de 2006. Hizo su semblanza el Dr. D. Joaquín Fernández García. Véase Boletín Jovellanista, nos. 7-8 (2006-2007), págs. 65-77.
160
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
profesión en laboratorios y plantas industriales durante más de cincuenta y cinco
años: «Jovellanos y la Revolución Industrial», un tema complejo que pretendo resumir en tres partes:
– La revolución industrial
– La actuación de Jovellanos ante la revolución industrial
– España y la revolución industrial
1. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: BREVE SÍNTESIS
La revolución industrial, como bien es sabido, es un conjunto de grandes cambios
sociales, técnicos y económicos que modificaron las formas de trabajo y de vida de las
personas. Fue un fenómenos bien localizado en las coordenadas espacio temporales.
La Revolución Industrial se inició con la invención de la máquina de vapor por
Jaime Watt en 1769 en Inglaterra y terminó en 1830 con la primera línea de Ferrocarril
entre Manchester y Liverpool, después de haber sido inventada la locomotora por
Stephenson en 1814 y haber aplicado la energía del vapor, inicialmente, a las minas de
carbón para accionar las bombas de extracción del agua y después a otras muchas industrias. Fue un cambio que modificó el sistema productivo, desarrolló la producción
mecanizada, nuevas fuentes de energía, el trabajo asalariado, la economía, la sociedad,
los problemas políticos, las ideas.
En el periodo citado, la Revolución Industrial y la Revolución Burguesa son la cara
y cruz de la misma moneda. Aquella fue el aspecto económico-social de una transformación más profunda que llamamos Revolución Burguesa. La interacción entre la
política y la economía constituye el núcleo de todo este cambio histórico. Se iniciaron
las condiciones sociales necesarias para desarrollar el capitalismo industrial, creando
las condiciones que ligan a los hombres para producir. Se modificaron las condiciones
técnicas como son: capacidad de producción, avances tecnológicos, organización del
trabajo.Todos estos cambios minaron desde dentro la sociedad feudal en su etapa final
y crearon las condiciones para transformarla.
La Revolución Industrial se inició, como he dicho, en Inglaterra, silenciosa, y sin
grandes turbulencias sociales y se opone a la Francesa, turbulenta y temible por muchos. Con ella surgió la clase obrera. Friedrich Engels escribía en 1845:
La historia de la clase obrera inglesa comienza en la segunda mitad del siglo XVIII con el
descubrimiento de la máquina de vapor y las máquinas para elaborar textiles de algodón
que dieron impulso a una Revolución Industrial, que transformó toda la sociedad burguesa,
que avanzó tanto más potente cuanto más silenciosa.
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
161
También escribió Engels:
Los pequeños patronos, que no podían competir con los grandes, fueron empujados a la
clase proletaria.
Engels probablemente lo manifestaba por su propia experiencia. Había sido propietario de un pequeño taller textil en Manchester.
Marx fue el primero que abordó la génesis de la sociedad capitalista industrial en
toda su dimensión económica y social; el primer volumen de su obra, El Capital, está
dedicado a su estudio.
1. Una nueva configuración social
Las relaciones sociales que ligan a los seres humanos en el proceso de producción
son, históricamente, muy diversas: La posición, la propiedad, el derecho sobre la tierra, el derecho sobre las personas, el derecho a apropiarse de una parte del producto
que han elaborado con su trabajo otras personas. Estas relaciones fueron cambiando
a lo largo de la Historia. La propiedad de tierras y esclavos y el trabajo esclavista, la
época feudal basada en la propiedad de la tierra – o derechos sobre ella – y en la servidumbre: Derecho de los señores feudales a extraer una parte del producto de los campesinos. Y, finalmente, aparece el capitalismo que se basa en la propiedad de los medios
que sirven para producir y en el trabajo asalariado. En el comunismo los medios que
sirven para producir son totalmente propiedad del Estado. En la sociedad feudal las
rentas se pagaban en trabajo, en especie, o en dinero, vendiendo una parte de la cosecha y entregando el dinero al señor feudal.
El paso del feudalismo al capitalismo fue lento y complejo y se inicia con el relajamiento de la servidumbre, de forma distinta en cada país; en Europa Occidental llevará consigo el inicio de la Edad Moderna.
¿Cómo se originó la acumulación inicial de capital? Primero se desposee a los campesinos de los derechos de uso (dominio útil, derechos comunales) y se les convierte
en mano de obra libre. Por otro lado, paralelamente, se altera la naturaleza de la propiedad feudal o comunal transformándola en capitalista, desvinculando de la tierra a
los campesinos que tenían derecho de uso como enfitéutas.
Una parte de la propiedad de la tierra pertenecía a la Iglesia (monasterios, conventos, abadías, etc). Otra parte eran «realengos» pertenecían a los monarcas, y la otra,
la más numerosa, eran señoríos solariegos, lores en Inglaterra, Junckers en Alemania,
príncipes, duques, condes, marqueses, barones, en España.
La diferencia entre la propiedad feudal y la capitalista radica en que en la propiedad
162
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
feudal la tierra se explota mediante servidumbre y en la capitalista mediante el trabajo
asalariado; en este caso la tierra es una mercancía, se compra, se vende, según interese.
No hay derechos de uso, consuetudinarios, etc.
En todos los países de Europa los señoríos eclesiásticos y realengos fueron expropiados y vendidos, pero en cuanto a los señoríos nobiliarios las cosas fueron distintas según
el país: En Inglaterra, en la guerra civil de mediados del XVII fueron confiscados, en
Francia fue peor, no se les reconocieron como propiedad particular en la revolución.
En España se actuó sobre los dominios de la Iglesia y terrenos comunales, en las
tres desamortizaciones a las que me referiré, pero grandes superficies de familias nobles, sobre todo en el Sur, permanecen en nuestros días.
En Inglaterra a principios del XVII se iniciaron los famosos «enclosures» cercados
para pastos de ovejas, arrasando pueblos y expulsando a sus colonos, perdiendo sus
derechos de uso.
No obstante, al acaparar la burguesía y concentrar las mejores fincas, dio lugar en el
siglo XVIII al desarrollo de la agricultura capitalista, aumento de la productividad, etc.
lo que permitió el desarrollo de la industria en un movimiento solidario, llegando a
producir la revolución industrial.
Una agricultura próspera da lugar a la Revolución Industrial; el concepto también
sirve al revés: La revolución industrial da lugar a una agricultura próspera.
La energía utilizada antes de la Revolución Industrial eran las corrientes de los ríos
y el viento que movían ruedas hidráulicas y molinos e impulsaban las velas de los barcos. Y la producción de bienes dependía de la energía humana y animal. Todas estas
energías fueron sustituidas por la que procedía del vapor de agua, al descubrirse la
máquina de vapor y al aplicar ésta a las máquinas que se irían descubriendo.
Al sustituir el carbón vegetal por el carbón mineral y obtener a partir de éste el cock
y al sustituir la madera con la que se hacía casi todo por el acero, permitió desarrollar
la Industria Siderúrgica y paralelamente a ella otros productos industriales básicos
para el desarrollo: detergentes, lejías, ácidos clorhídrico y sulfúrico, sosa, etc.
La industria textil, el carbón, el vapor, el hierro y el acero, el ferrocarril, la propulsión masiva a vapor fueron los impulsores del capitalismo industrial. Los protagonistas sociales fueron la burguesía industrial y la clase obrera.
La ‘burguesía industrial’ estaba formada por una clase alta: La Nobleza, los banqueros, los grandes propietarios de tierras, los nuevos industriales.
Una ‘clase media’ compuesta por médicos, abogados, agricultores con explotaciones pequeñas y medias, maestros, etc. y una ‘clase obrera’ que incluía a jornaleros agrícolas, obreros de las fábricas, sirvientes domésticos, y muchas personas con oficios
hoy desaparecidos: aguadores, faroleros, arrieros, etc.
Los campesinos emigraron a las ciudades para trabajar en fábricas, su vida era muy
dura, trabajaban muchas horas, vivían en barrios insanos, había trabajo infantil con
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
163
sueldos muy bajos; no era de extrañar que los obreros formaran asociaciones para
defenderse, dando lugar a los sindicatos. No todo fue muy ético desde el punto de
vista empresarial; hubo grandes negocios triangulares: captación de jóvenes de raza
negra africanos, su traslado en condiciones infrahumanas a Norteamérica e islas del
Caribe, su utilización en las inmensas plantaciones de algodón, envío de este a Europa
y su transformación en tejidos,. Grandes fortunas tuvieron su origen en este negocio.
Hermosas mansiones que hoy subsisten en diversas ciudades y villas Inglaterra y Francia proceden de entonces.
2. Jovellanos ANTE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
2.1. La educación y el progreso industrial
Jovellanos vivió 56 años del siglo XVIII y 11 del siglo XIX; bajo los reinados de
Carlos III y Carlos IV, le tocó conocer, sin duda, los hechos que se estaban produciendo en Inglaterra y Francia, relacionados con la Revolución Industrial; muchos
detalles de su biografía lo atestiguan.
En 1789 fue encargado por el Ministerio de Marina de examinar el estado de las
minas de carbón de piedra en el Principado y de proponer al Gobierno cuanto estimase necesario para impulsarlas; después de ciertas intrigas del ministro Lerena contra el Conde de Cabarrús, encerrándole en el Castillo de Batres, convencido de que no
se le quería en la Corte, al ser gran amigo suyo, regresó a Asturias en Septiembre y se
dedicó de lleno a estudiar todas las minas de carbón de piedra de sus diferente concejos, no sin antes haber consultado los tratados del Sr. Morand sobre el arte de beneficiar las minas de carbón fósil y del Sr. Venel sobre su aplicación a los usos domésticos
e industriales; Jovellanos estaba por consiguiente al corriente de las nuevas tecnologías y los grandes cambios que se estaban produciendo en la industria y minería y de
sus consecuencias políticas y sociales, que estaban dando lugar a la Revolución Industrial. Dirigió su Informe al Gobierno en 1791, en siete diferentes memorias:
En la primera dio una idea general y exacta de la riqueza y favorable situación de los
carbones de Asturias y de las muchas ventajas que podría sacar la Nación de su cultivo
y comercio, proponiendo los medios para dar impulso a esta riqueza sin aprovechar.
En la segunda, demostró que la propiedad de las minas no era de la Corona, como pretendía el Director General de Minas, Francisco Angulo, sino de los propietarios de las tierras en que se encuentra, hecho que fue confirmado por cédula Real en Agosto de 1792.
En la tercera, propone la apertura de una carretera desde las minas de Langreo, las
mejores del Principado, al puerto de Gijón, para facilitar y abaratar el transporte y fomentar el comercio exterior.
164
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
En la cuarta, expone la necesidad de fomentar en Asturias el estudio de la mineralogía para aprovechar mejor estas y otras diferentes minas que abundan en el país y a
este fin la de crear allí la enseñanza de matemáticas y física, conjuntamente con las
Ciencias Náuticas, estableciéndolas en Gijón como puerto habilitado para el comercio libre.
En la quinta y sexta, propone los medios de costear el camino y dotar las enseñanzas indicadas.
Y en la séptima, refiere las providencias y estímulos que convenían para la exportación marítima de los carbones y para crear una abundante marina carbonera… «que
produjese las grandes ventajas que había logrado la sabia economía de los Ingleses en
el tráfico de sus carbones».
En el año 1791 fueron remitidas todas sus memorias al Ministerio. En 1792 fue
nombrado Subdelegado General de Caminos en el Principado y propuso cuanto era
necesario para la continuación de la carretera Asturias-León. En 1793 se le encomendó medir la distancia entre lo construido hasta la altura que divide las dos vertientes (Alto de Pajares).
En el mismo año fue aprobado el establecimiento del Real Instituto de Náutica y
Mineralogía, con el informe del Consejo de Estado que decía: «Es digna de aprobación [la orden correspondiente] y muy propia de su conocimiento y celo». Su inauguración oficial, como muy bien es sabido, tuvo lugar el 7 de enero de 1794.
En el año 1797 Jovellanos recibió dos Reales órdenes de los Ministerios de Estado
y Marina; por la primera se aprobaban los arbitrios y se mandaba dar principio a las
obras de la carretera a León. Por la segunda se le pedía que pasase ‘reservadamente’ a
reconocer el estado de los Montes de Espinosa y la fábrica de cañones en la Cabada y
la mina de hierro de Ferrezuela, en Vizcaya, destinada a este establecimiento, debiendo
informar sobre una muchedumbre de recursos y quejas de los pueblos de Espinosa y
del Señorío de Vizcaya. Aprovechó el viaje para reconocer también diferente fábricas
de clavazón, de anclas y palanquetas que había en la costa: hornos de cementación,
fundiciones, y otros establecimientos industriales así como las riquísimas minas de
Somorrostro en Vizcaya. Son conocidos los hechos ocurridos a su regreso estando en
Pola de Lena; aquí recibirá el nombramiento para pasar a Rusia con carácter de Embajador, pero un mes después recibe otra Real Orden llamándole a Madrid para servir el
Ministerio de Gracia y Justicia. En aquel momento estaba Jovellanos ocupado en otra
empresa: La de construir un edificio nuevo para el Real Instituto Asturiano, colocando
la primera piedra el 11 de noviembre de 1797. Su paso poe el ministerio fue efímero.
En Agosto de 1798 se le exonera del Ministerio de Gracia y Justicia y fue nombrado
Consejero de Estado para regresar de nuevo a Asturias. El Real Instituto ocupa sus
desvelos; en 1799 agregó al plan de estudios una cátedra de Geografía Histórica, en
1800 la de Física experimental y en 1801 la de Química.
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
165
Lo que ocurrido en su Casa-Natal en la madrugada del 13 de marzo de 1801 es
conocido de todos así como su destierro a la Cartuja de Jesús Nazareno de Valdemosa
y después al castillo de Bellver en Palma. Este largo destierro constituye uno de los
episodios más tristes en la vida de Jovellanos; sin embargo, su estancia en Mallorca fue
aprovechada por aquel espíritu innovador ávido de cambio y transformaciones en el
campo social y tecnológico. Omito referirme a los detalles del largo destierro de Jovellanos y me detengo en su final. Puesto en libertad después del Motín de Aranjuez y la
caída de Godoy, regresa a la Península en 1808, recibiendo presiones para formar
parte como Ministro de Interior del nuevo Gobierno de José I, nombramiento que,
parece ser, se publicó en la Gaceta para venir a Asturias a calmar a los sublevados de la
Junta General del Principado. No acepta, en una carta dirigida desde Jadraque al propio José I, pero sí lo hace al nombramiento de miembro de la Junta Central en representación de Asturias.
Al iniciarse la Guerra de 1808, los muchos ilustrados que había en España optaron
por alguno de los tres destinos posibles:
1) Exiliarse: caso de Agustín de Betancourt, figura emblemática de los ilustrados
técnicos, creador de la Escuela de Ingenieros de Caminos, autor de numerosos
proyectos y en París de la realización de una exhaustiva colección de proyectos
de máquinas que reunió en el pabellón del Buen Retiro de Madrid en colaboración con Juan López Peñalver.
2) Colaborar con el nuevo Rey José I (los afrancesados). Unos, por conservar su
puesto, otros, por convicción, otros, principalmente los empresarios, por mantener sus negocios; tal es el caso del ilustre asturiano Antonio Raimundo Ibáñez,
Marqués de Sargadelos, Cervo (Lugo), asesinado vilmente en Ribadeo en 1811.
De 10.000 a 12.000 españoles afrancesados se exiliaron con José I a través del
puerto de Valencia o siguiendo a su ejército derrotado en la Batalla de Vitoria.
3) Colaborar con la Junta Central, en la preparación de la constitución de 1812,
etc. Es el caso de Jovellanos que luchará siempre por mejorar la situación del
hombre, de las familias, mediante la educación, la cultura, el bienestar, aunque
creía en los principios de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad, no fue realmente un afrancesado.
Marañon escribió sobre Jovellanos «He leído varias contribuciones a la vida de este
gran español en las que aparece como un revolucionario encubierto o como un gran
revolucionario, Jovellanos fue en realidad un hombre de su tiempo…» «La mejor
cabeza de la España dieciochesca» según Julián Marías y el primero de los españoles
de la conciliación, seguido de Balmes, Cánovas del Castillo, Giner de los Ríos, Ángel
Herrera, Ortega, Marañón y otros ilustres españoles (según García Escudero).
166
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
2.2. Las sociedades económicas
Convocados por el Conde de la Floridablanca, el 11 de octubre de 1764, se reúnen
en Vergara un grupo de caballeros ilustrados para crear la Sociedad Vascongada de
Amigos del País, teniendo como objetivo «fomentar, perfeccionar y adelantar la agricultura, la economía rústica, las ciencias y las artes…» El Conde de Campomanes fue
el gran impulsor para extender estas sociedades por todo el país.
En 1804 funcionaban 64 sociedades económicas en grandes ciudades, villas y pueblos. Jovellanos participó en la creación de la de Sevilla, de la de Madrid y la del Principado que presidió.
2.3. Proyectos jovellanistas para la industrialización Asturias:
– La carretera carbonera, a la que me he referido, de Gijón a Langreo, abortada
por el ruinoso proyecto de hacer navegable el Nalón, de Casado Torres, que
hizo realidad Alejandro Aguado (Marqués de las Marismas del Guadalquivir)
50 años después.
– Las comunicaciones con la meseta, el camino de Castilla, que había promovido
antes Campomanes y que estaba parado.
– El establecimiento de la aduana de Gijón, para equiparar su puerto al de La
Coruña, Santander, Bilbao, etc.
La industrialización de Asturias fue de alguna manera una preocupación constante
en Jovellanos. Enumera una serie de actividades que habrían de estar encaminadas a
esa industrialización:
– Industria rústica: se ocupa en preparar para el consumo los productos de la tierra, queserías, etc.
– Salazones: propone aplicarlos a las carnes y riquísimos pescados de sus ríos y
costas. La sidra, las frutas, se pudiesen reducir a pasas o confituras… El fruto
del haya «Fayuen» aceite para su uso en farmacia, etc.
– Industria doméstica o industria popular, término utilizado por Campomanes en
su «discurso para el fomento de la industria popular», Madrid, 1774: Lienzos,
paños, pieles, muebles, vasos, instrumentos rústicos, etc. es decir cuanto puede
necesitar un pueblo dedicado a la agricultura, ganadería y pesca.
– Industria moderna: Muy atrasada en Asturias, preparación de la madera para el
gran comercio del tablazón, de duelería (toneles y ferradas), muebles, etc. tene-
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
167
rías (curtidorías), por cierto la primera fábrica que se instalo en Gijón fue una
curtidora «Cortijo del Natahoyo» en 1772.
Fábricas de quincalla, a partir de los productos de nuestras ferrerías, fábricas de
pinturas y tejidos de lienzo, aprovechamiento de nuestros minerales, el mármol, el azabache, el ámbar, etc.
Jovellanos analiza las causas del atraso industrial en Asturias que él localiza en la
falta de conocimientos:
– Asturias está llena de minerales de hierro y sin embargo las ferrerías se surten
de mineral de Vizcaya.
– No se aprovecha el helecho y ocle marino.
– No se sabe hacer una botella para embotellar sidra.
– Falta de capitales para hacer industrias.
Es necesario traer la ilustración a este país, insiste. En otras partes se busca por medio de la industria la riqueza y felicidad de los pueblos; aquí en Asturias la infelicidad
y su ruina se deben evitar por medio de la industria que genera riqueza y bienestar
social. Que se erijan nuevas fábricas en que se puedan emplear y ganar su subsistencia;
que se aumente el tráfico interior, la marina mercantil, el comercio. Que se ofrezca
ocupación a tantas manos como la piden y necesitan. Eran los objetivos en la buena
voluntad de Jovellanos.
Entre todos sus escritos, informes, etc. destaca el «Informe de la Sociedad Económica de Madrid al Real y Supremo Consejo de Castilla en el expediente de la Ley
Agraria», calificada como su obra maestra en la que trabajó seis años (encargada en
1787, terminada en 1794 y publicada en 1795) y en la que ofrece soluciones para fomentar la agricultura, liberación de terrenos comunales, etc. que fue documento de
consulta del tema agrario durante dos siglos…
En su Informe, Jovellanos examina los problemas que afectaban a la agricultura,
políticos, morales y físicos, dando lugar a que se incluyera en el índice de libros prohibidos. Realmente Jovellanos pretendía una nueva agricultura más tecnificada y moderna que fuese el motor de los cambios como ocurrió con la inglesa. Hay un discurso,
muy poco conocido, hasta ahora, de Jovellanos a la Real Sociedad de Amigos del País
del Principado el 6 de mayo1782, publicado en el tomo 9º de sus obras completas en
el que propone enviar a Vergara un grupo seleccionado de estudiantes del Principado
para estudiar sendos cursos de matemáticas, física, química, mineralogía y metalurgia
y, acabados éstos, proponía que hicieran un viaje por Francia, Inglaterra, etc. que estaban en plena revolución industrial.
168
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
2.4. Reforma agraria
La idea de Jovellanos manifestada en el Informe sobre la Ley Agraria era poner en
producción y en circulación los bienes de las manos muertas (clero y nobleza) en orden a lograr el crecimiento económico.
Había dos posibles vías de reforma agraria:
1) Repartir las tierras dentro del antiguo orden mejorando cultivos, aumentando
la producción y con ello la recaudación.
2) Saneando la deuda pública directamente, nacionalizando los bienes de las manos muertas y poniéndolos a la venta…
Ha habido tres Leyes de desamortización en España:
1) La de Godoy en 1798 hasta 1808. Utiliza el segundo sistema afectando a bienes
raíces de la Iglesia (obras pías, hospitales, etc.). Al volver Fernando VII puso fin
a la venta de tierra.
2) La de Mendizábal (1833-1840) tiene por finalidad la liquidación de la deuda
interior y la creación de una clase propietaria para apoyar al trono, o sea, arrebatar a la Iglesia su base económica, hacerla dependiente del Estado y comprometer a la clase más rica del país. Poner en circulación una gran cantidad de
riquezas y hacer frente a la guerra Carlista. Las propiedades de los nobles no se
tocan para evitar que se pasen a las filas Carlistas.
3) La ley de Madoz (1855-1868) que afecta a los bienes comunales de los pueblos, que pierden su uso para obtener leña, pastos, etc. Conclusión: más pobreza para los habitantes de esos pueblos, subida de arrendamientos, expulsión
al no poder pagarlos y constitución de grandes propietarios…
Una diferencia de la ley de Madoz es que exigía el pago en metálico. No había
crédito agrario alguno, era por consiguiente imposible a campesinos y pequeños propietarios acceder a las tierras…
En Francia la Revolución fragmenta las grandes haciendas terratenientes, en USA
nunca existieron.
Respecto a la discriminación de los vaqueiros de alzada dice:
Como quiera que sea, ésta y semejantes distinciones han levantado otra barrera más insuperable entre los dos pueblos, que será eterna mientras la religión o la filosofía no venzan
el desprecio de los que ofenden y el desvío de los ofendidos. Entre tanto, toda alianza, toda
amistad, todo enlace están cortados entre unos y otros.
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
169
Respecto al retrato de la industria en Asturias:
Las demás causas que retardan el progreso de la industria son hijas de las antecedentes.
La pereza, que no se mueve sino a la vista de grandes y evidentes estímulos; la preocupación, que grita contra todo lo nuevo porque no lo conoce, y que prefiere una ignorancia que
la lisonjea a una ilustración que la acusa; la envidia, que nada deja crecer ni madurar y que
lucha continuamente por sofocar en la cuna todos los establecimientos que pueden hacer la
fortuna de su vecino, y sobre todo una cierta indolencia con que algunas gentes, que tienen
aquí como en otras partes la primera influencia, minan todos los medios de hacer el bien
que no están fiados a su mano, y sacrifican la felicidad común al interés de su clase, son sin
duda causas muy ciertas, aunque parciales, de este atraso. Pero reflexione usted que la principal nace de la ignorancia, y por lo menos es incompatible con la verdadera ilustración.
Tomo IX de Las Obras Completas de Jovellanos, edición del 2005 del Ayuntamiento de
Gijón.
3. ESPAÑA Y LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
España no pudo incorporarse a la Revolución Industrial como lo hicieron Inglaterra, Francia, Bélgica, USA, ni años más tarde como lo fueron haciendo otras regiones
y países: Renania, en Alemania, Lombardía, en Italia, Suecia, Austria, etc.Aquí podríamos recordar aquella frase del Cantar del Mío Cid en la Edad Media:«Qué buen vasallo si hubiera buen señor».
Los españoles, en el siglo XIX, no fuimos capaces de incorporarnos a la Revolución
Industrial; sin embargo tres siglos antes sí fuimos capaces de aportar nuestra cultura,
lengua y nuestra tecnología y desarrollar un continente, desde California a La Patagonia. En 1551 se fundaron las dos primeras universidades del continente americano; la
de Méjico (Virreinato de la Nueva España) y la de Lima (Virreinato del Perú). En Méjico comenzó a funcionar una imprenta en 1539, 18 años después de la toma de la capital azteca, 100 años antes de establecerse la primera imprenta inglesa en Boston. Pero
lo que realmente movió la economía de los países hispanoamericanos fue la minería:
ciudades, villas, pueblos, vías de comunicación, puertos, etc. se construyeron en función de los establecimientos mineros. Clérigos, médicos o simples operarios, sin estudios técnicos oficiales sobre minería, fueron los artífices de la industria minera… por
ejemplo: Bartolomé Medina inventó en 1555 el beneficio de la plata por amalgamación
(procedimiento de Patio – Pachuca Méjico), lo que permitió el control de su producción por la Corona (1/5 real según lo acordado, más el resto), al controlar todas las
minas de mercurio (Almadén, Méjico, Perú,); la técnica fue perfeccionada por Álvaro
Alonso Barba, nacido en Lepe, 1569, que llegó a ser párroco de Potosí; escribió «El
170
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
arte de los metales» en 1637, impreso en Madrid en 1640. Llegó a ser el tratado más
importante en su especialidad en Europa, inclusive en tiempos de la Ilustración y Revolución Industrial.
También hubo grandes técnicos en España en la época de la Ilustración y Revolución Industrial, pondré algunos ejemplos:
– Fausto de Elhuyar y de Zubice, (La Rioja 1755-1833). Carlos III le nombró
Director del Real Seminario de Vergara. Ilustre Químico, con 27 años descubrió el Tugsteno o Wolframio, elemento número 23, en 1785 y desarrolló una
gran labor técnica en Méjico posteriormente como Director de Minas.
– Andrés Manuel del Río (Madrid 1764-1849). En 1794 llega a Méjico como
profesor del Real Seminario de Minería; en 1801 descubrió el Vanadio, elemento número 74; había estudiado en Alcalá, Paris y Freigburg; trabajó con
Lavoisier, fue uno de los mejores científicos de la época.
¿Qué razones hubo para que España no se incorporara a la Revolución Idustrial?
– El mal gobierno durante el reinado de Carlos IV, en manos de su válido Godoy.
– La Guerra Peninsular de 1808 a 1813, una verdadera Guerra Civil, más que una
guerra contra Francia.
– El nefasto reinado de Fernando VII, con sus innumerables crisis institucionales, políticas, económicas.
– Otros factores negativos importantes fueron:
Una agricultura atrasada y estancada.
Unos núcleos industriales muy débiles.
Falta de una red viaria adecuada.
Falta de capitales para invertir.
Escasez y carestía del carbón mineral y otras materias primas industriales decisivas.
El inicio de nuestra industrialización no se dio de forma uniforme en la península
sino en aquellas comarcas con cierta tradición preindustrial y situadas en la periferia
con puertos de mar que salvaban la ausencia de comunicaciones terrestres: Cataluña,
País Vasco, Asturias, Málaga, Sevilla y Levante… que estaban más en contacto con los
países europeos que tenían ya una industrialización consolidada.
El ritmo industrializador estuvo supeditado a la dinámica política caracterizada por
el centralismo del siglo XVIII y XIX. Ante la amenaza del carlismo, la Corona inicia los
primeros pasos de la reforma de acuerdo con las fuerzas vivas que van apareciendo:
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
171
– Promulgación del código de comercio y liquidación del Banco de San Carlos
(1829).
– Ley de enjuiciamiento mercantil (1830).
– Creación de la Bolsa de Madrid (1831).
– Otras disposiciones favorables a la industrialización promovidas principalmente por los catalanes… con el triunfo del liberalismo esta tendencia se acrecienta, como la libertad para establecer fábricas e industrias útiles y supresión
de las corporaciones gremiales (1833).
– La guerra civil Carlista y la inestabilidad política en tiempos de la regencia de
Espartero fueron otro factor negativo.
Hacia el final del reinado de Isabel II el desfase se hace irreversible. Ni la propicia
coyuntura económica, ni la pacificación del país, la estabilidad política, el creciente
ahorro nacional, la llegada de capitales extranjeros, fueron suficientes para que España
recuperara su retraso.
No había política económica, ni organizaciones jurídico-institucionales para impulsar el desarrollo económico… La manipulación política, la inversión en sectores
especulativos de beneficios rápidos: FCC, minas, renta pública y el olvido de la agricultura, industrias básicas, etc. La cesión a Inglaterra de las minas de Riotinto por
92.000.000 pesetas; las de Almadén, etc.
La independencia de las nuevas repúblicas iberoamericanas, a partir de 1836. España pasa de «Imperio a Nación» afianzándose como un país de tipo medio.Pero
hubo aspectos positivos: La liquidación del antiguo régimen, la adopción de un Estado y sociedad liberales, la aceleración del ritmo modernizador…
Nuestro desfase industrializador tiene como problema fundamental el tránsito de
una sociedad tradicional, basada en una agricultura de subsistencia y en una ordenación en el que el privilegio sigue siendo fundamental a una sociedad capitalista, liberal
y burguesa. Con Isabel II subsisten múltiples vestigios de la articulación socio-económica del antiguo régimen. La vieja y nueva nobleza terrateniente, residente en Madrid, será un grupo de presión decisivo. A los terratenientes se contrapone una
burguesía en proceso formativo que se divide en tres tipos:
– La financiera, conectada al capitalismo internacional.
– La industrial: Cataluña y País Vasco principalmente.
– La mercantil: Madrid y sobre todo la periferia española: cerealistas, comerciantes catalanes, vinateros andaluces, salazoneros gallegos, ferreteros vascos, mineros del sueste, asturianos y vascos. El predominio de la minoría especuladora
madrileña sobre quienes creaban realmente riqueza es el principal defecto de la
infraestructura económica del XIX.
172
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Podemos decir que hasta los años 60 del siglo XX España no sobrepasa los umbrales de la industrialización; nos hemos mantenido más de 150 años en el subdesarrollo
industrial, nos beneficiamos de las circunstancias de la primera Gran Guerra en exportaciones puntuales de carbón, wolframio, etc. El plan Marshall, que acudió en
ayuda de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, pasó de largo en España,
como recordaba aquella película de Berlanga. Nuestra dependencia técnica y financiera del exterior. Los intereses del capitalismo foráneo casi nunca coincidían con el
interés nacional. Las concesiones, privilegios y monopolios que venían soportando
diferentes grupos financieros, compañías ferroviarias, empresas industriales francesas, inglesas y belgas impedían el desarrollo de una industria básica como la metalurgia, base de otros sectores industriales. El desarrollo agrícola también se vio frenado
por el retraso tecnológico, la escasez de abonos, etc. España en 1840 luchaba por mejorar la industria textil catalana, que ya había sido superada por Gran Bretaña, hacia
tiempo.No dieron resultado los intentos escasos de dotar el país y en especial a sus
zonas más pujantes Andalucía, Asturias, Cataluña, Vizcaya de una industria básica.
Nunca pudo España en sus intentos de industrialización compararse con los avances
de otras naciones europeas más desarrolladas. Hay que tener en cuenta que antes de
1860 no se puede contar con estadísticas fiables. España con respecto a otros países de
Europa representaba un retraso de 40 años y resultaba irreversible. Solamente a partir
del bienio 1857-1858 se inició el intento de acortar distancias con respecto a nuestros
vecinos.
La primera mitad del XIX confirma la situación de España como pequeña potencia.
El país fue impermeable en estos años a las transformaciones socio-económicas experimentadas por los países ya industrializados, pasó por grandes conmociones revolucionarias. Los esfuerzos del nuevo estado liberal español en la tarea de reconstruir el
país e incorporarlo a la Revolución Industrial se benefició de una coyuntura internacional favorable. En la etapa 1844-1875, mayoría de edad de Isabel II y sexenio democrático, especialmente a partir de 1851 hay una serie de factores favorables a España
que resumimos en:
– Fluidez monetaria.
– Incremento de la producción agrícola, minera e industrial.
– Desarrollo del comercio internacional, por el progreso del libre cambio en detrimento del proteccionismo y por la mejora de los transportes al utilizar el
vapor como fuerza motriz.
– Crecimiento de la capacidad adquisitiva de la población urbana en rápido desarrollo y de los campesinos al revalorizarse sus productos.
– 30 años de paz que disfrutó el país al terminar la primera guerra carlista.
Jovellanos y la revolución industrial – Ramón Álvarez Viña
173
A partir de 1843, sobreviene la expansión agraria como consecuencia de las desamortizaciones, el auge de las empresas ferroviarias y mineras, el nacimiento de la
moderna siderurgia vasco-asturiana y un nuevo empuje del comercio europeo y americano; hubo grandes diferencias entre salarios y precios, entre precios internos y externos y entre precios reales y especulativos y hubo una limitación entre los recursos
energéticos y financieros.
En el 1847, con España neutral en la guerra de Crimea, hay una nueva fase de recuperación de los precios de los productos agrícolas, reactivación del proceso de equipamiento industrial, expansión del comercio, importaciones masivas de material
ferroviario y naval. El pago se hacía con las exportaciones de minerales, vinos y productos coloniales. España se convirtió, en este periodo, en la cuarta potencia textil,
después de Inglaterra, Francia y USA, la sexta flota mercante, se configuran las redes
de ferrocarriles y carreteras.
La crisis económica internacional, iniciada en 1862, culminó en el bienio 66-67 y
trajo consigo el inicio del proceso pre-revolucionario que terminó con el derrocamiento de los Borbones en el siglo XX, la 2ª república y la guerra civil.
¿En qué medida intentó España incorporarse a la revolución industrial?
Hubo un doble proceso industrializador y desindustrializador, en el que influyó un
cúmulo de circunstancias sociopolíticas adversas, por el fracaso de la doble desamortización del suelo y subsuelo. Las protecciones arancelarias, la ausencia de una política
económica continuada, la debilidad del mercado interior, la escasez de carbón y otras
materias primas, la dependencia tecnológica y financiera del exterior, etc. El país tenía
una agricultura muy atrasada con escasos recursos energéticos, financieros, tecnológicos, con un mercado limitado. El atraso industrial generó el atraso agrícola y al revés.
Ambos sectores se influenciaron mudamente sin que ninguno de ellos tirara del otro
aunque siempre el subdesarrollo agrario precede al industrial. La industria nacional se
localiza en tres áreas: Barcelona, principalmente la textil, Vizcaya, Asturias y al principio en Málaga, la siderúrgica. No hubo diversificación industrial, la industria catalana
se centrará en el sector algodonero; Málaga comienza siendo un importante centro
siderúrgico favorecido por la guerra Carlista; por falta de hulla y de reconversión de
esta industria, se extinguió como zona industrial. Posteriormente el Norte, Bilbao y
Asturias tomaron el protagonismo siderúrgico. Cataluña fue la cuarta potencia mundial algodonera en 1860, pero mientras los productos belgas y suizos competían con
los ingleses y franceses, los catalanes resultaban muy caros, debido al proteccionismo
isabelino, encontrando mercados para sus productos solamente en el resto de España
y en ultramar. Cataluña es un ejemplo de región protoindustrializada. Le fue más fácil
pasar de la producción artesanal a la industrial; su caso es similar al de Francia septentrional, Bélgica, Renania, Suiza, Lombardía. Hubo un proceso desindustrializador,
sobre todo en Andalucía a partir de 1860 y en especial en el bienio 66-67.
174
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Es de notar que en los periodos industriales prósperos, el bienestar general del país
no progresaba, inclusive retrocedía, ya que los beneficios acumulados revertían en un
muy reducido sector del país. No obstante, el esfuerzo industrializador y de modernización desarrollado en España resulta digno de ser resaltado a pesar de sus limitaciones, aunque los niveles alcanzados en 1870 estaban muy por detrás de los países
industrializados punteros, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, USA.
El siglo XIX es un siglo turbulento en lo social y el lo político y, por añadidura, en el
plano del pensamiento. A lo largo de todo el siglo se va a entablar una dura batalla en
todos los órdenes entre las fuerzas que querían modernizar el país y los que querían
mantenerlo firme en sus añejas raíces. No éramos en esto los españoles diferentes al
resto de los europeos, también escindidos entre las fuerzas progresistas y las tradicionalistas. La diferencia estriba más bien en la correlación de fuerzas entre ambas tendencias, pues mientras Francia o Inglaterra contaban ya con una burguesía firmemente
asentada y puestas las bases de la revolución industrial, en España una burguesía débil
fue desarrollándose a duras penas, abriéndose camino en un ambiente reaccionario,
viendo frustradas sus esperanzas en un país casi analfabeto, apenas industrializado, en
plena decadencia económica y social, que soñaba con un Imperio del que sólo quedaban los jirones, que también perdimos en 1898. La España del siglo XIX es el crisol en
el que se formó la España del siglo XX, cuyo primer tercio es la prolongación y el estallido dramático de las fuerzas opuestas que fueron acumulándose durante tanto
tiempo. Jovellanos, repito, fue el primer español de la conciliación, el primero que intentó la armonía y no la discordia entre los españoles.
El mapa de España
en la época de Jovellanos
Ramón Alvargonzález Rodríguez1
Universidad de Oviedo
Resumen
Desde comienzos del siglo XVIII, tienen lugar varios intentos de realizar un preciso
mapa topográfico de España, aunque al finalizar esa centuria la única cartografía científica
ejecutada fue la del Atlas Marítimo de España, de Tofiño de san Miguel, levantada entre
1783 y 1789.
Palabras clave: siglo XVIII, mapa topográfico, Tofiño de san Miguel.
Abstrat
Since the beginning of the Century there have been several attempts to carry out a precise topographic map of Spain, although towards the end of that century the only scientific
cartography executed was the Maritime Atlas of Spain by Tofiño de san Miguel made between 1783 and 1789.
Key words: XVIII Century, topographic map, Tofiño de san Miguel.
A
l disponerme a cumplir con el reglamentario trámite de pronunciar una disertación para ser recibido como patrono de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, no quiero dejar de agradecer a su Presidente y miembros de su
Junta Rectora la propuesta de mi ingreso en tan distinguida corporación, y la benevo1 Disertación pronunciada el 2 de marzo de 2006 en el Museo Casa Natal de Jovellanos, de Gijón,
con motivo de la solemne recepción como Patrono de la Fundación del Foro Jovellanos del Principado
de Asturias. Hizo su semblanza el Prof. Dr. Manuel Ángel Sendín García. Véase Boletín Jovellanista 7-8
(2006-2007), págs. 47-51.
176
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
lencia con la que, en su momento, fue acogida por la Junta General. Benevolencia que,
asimismo, creo percibir en las generosas palabras de presentación del profesor don
Manuel Angel Sendín, que por ello deben ser objeto de mi gratitud.
Quiero manifestar, por otra parte, al incorporarme formalmente al Foro Jovellanos,
mi compromiso de leal colaboración con la institución que ahora me acoge, en especial con sus fines estatutarios: honrar la memoria de Jovellanos como paradigma de
servicio al bien común de todos los ciudadanos, así como difundir y mantener vivas
su obra y figura, y promover la aplicación y actualización de su pensamiento para el
beneficio de España.
I
Por razones de dedicación profesional, pero también por motivos más estrictamente jovellanistas, he elegido como motivo de mi disertación la evolución del mapa
de España en el siglo de las luces. En todo tiempo y lugar, el mapa ha sido instrumento
imprescindible para representar, apropiarse y controlar el territorio. Todas las sociedades, en los más contradictorios periodos históricos, no han soslayado esta necesidad. Y la historia de España, a este respecto, no es una excepción.
Por otra parte, el propio Jovellanos, con su preocupación por la enseñanza, por las
obras públicas, por el progreso de su patria, no dejó de prestar su atención al mapa
como instrumento de progreso.
En su Discurso sobre la Geografía Histórica, pronunciado ante los alumnos del Real
Instituto Asturiano el 16 de febrero de 1800 con la finalidad de poner de manifiesto la
naturaleza formativa de aquella disciplina, y justificar su inclusión en el plan de estudios del Instituto, reclamaba la formación de una nueva y exacta carta de nuestra
Península:
De aquella carta tan deseada, sin cuya luz la política no formará un cálculo sin error, no
concebirá un plan sin desacierto, no dará sin tropiezo un solo paso; sin cuya dirección la
economía más prudente no podrá, sin riesgo de desperdiciar sus fondos o malograr sus fines, emprender la navegación de un río, la apertura de un canal de riego, la construcción de
un camino o de un nuevo puerto, ni otro alguno de aquellos designios que abriendo las
fuentes de la riqueza pública, hacen florecer las provincias y aumentar el verdadero esplendor de las naciones2.
2 Jovellanos, G. M. de: Obras en prosa, Edición de José Caso González, Madrid, Clásicos Castalia,
1968, pág. 255.
El mapa de España en la época de Jovellanos – Ramón Alvargonzález Rodríguez
Fig. 1: Mapa de España del Compendium Geographicum de Pedro de Teixeira. C. 1634.
177
178
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Añadiendo más adelante:
Observamos con más ahínco el cielo que la tierra, y preferimos el descubrimiento de
regiones extrañas y remotas al conocimiento de nuestra propia morada. Estudiamos con
más afán las historias de Roma y Grecia que la de España, y la geografía del Japón que la de
nuestra península. Y mientras podemos señalar con el dedo el lugar que ocupa una estrella
solitaria en los cielos y una isla desierta en la inmensidad de los mares, ignoramos el origen
de nuestros ríos, las raíces de nuestros montes, la situación de nuestras provincias, y acaso
el punto que ocupa en España el centro de nuestra circulación y el asiento de nuestro gobierno. ¡Funesto abandono que parecería increíble si, propio de la humana flaqueza, no
fuese más o menos imputable a todos los gobiernos3.
Al finalizar, pues, el siglo de las luces, Jovellanos se dolía públicamente de la falta de
una cartografía topográfica ejecutada con criterios científicos, que en otros países de
nuestro entorno, en especial Francia, era ya una realidad. Pues, en efecto, en el siglo
XVIII se había desarrollado en Francia una cartografía de Estado, financiada por la monarquía y ejecutada por una saga familiar de cartógrafos, la de los Cassini. Dos miembros de esta familia, Jacques Cassini y su hijo Cesar François Cassini de Thury
acometieron, a partir de 1733, la triangulación geodésica de Francia; y en 1783, año de
la muerte del segundo de los citados, vió la luz la Description Géométrique de la France,
un moderno mapa en 182 hojas a escala 1:86.400, de cuidada ejecución y grabado4.
En España, los gobiernos ilustrados que ejecutaron las políticas de la nueva dinastía
de los Borbones, bien pronto se percataron de la necesidad de contar, para las tareas
de gobierno, con una renovada cartografía topográfica. A comienzos del siglo XVIII,
la cartografía disponible de la Península Ibérica era la contenida en los Atlas flamencos de la precedente centuria de Mercator, Ortelius, Hondius o Blaeu. No había otra
cartografía impresa, por más que la Biblioteca Real, o la de los principales nobles,
contasen en sus anaqueles con mapas manuscritos, fruto de encargos específicos, de
naturaleza secreta dada su aplicación militar. El Compendium Geographicum y el Atlas
del Rey Planeta, de Teixeira; o el Atlas del Marqués de Heliche, de Leonardo de Ferrari,
editados en 2001, 2002 y 2004 respectivamente, son ejemplos de esta cartografía secreta, los arcana imperii, que investigaciones recientes han sacado a la luz5.
Ibidem, pág. 255.
Crone, G.R.: Historia de los Mapas, México, FCE, 2000, pág. 177.
5 Teixeira, P. de: Compendium Geographicum, Ed. de Ramón Alvargonzález, Madrid, Museo Naval,
Universidad de Uppsala, Fundación Alvargonzález, 2001, 198 págs.; IDEM: El Atlas del Rey Planeta, Ed.
de Felipe Pereda y Fernando Marías, Fuenterrabía, Nerea, 2002, 398 pp; y Sánchez Rubio, R.; Testón
Núñez, I y Sánchez Rubio, C.M.: Imágenes de un Imperio perdido. El Atlas del Marqués de Heliche, 2
vols., Badajoz, Junta de Extremadura, 2004, 140 y 117 págs.
3 4 El mapa de España en la época de Jovellanos – Ramón Alvargonzález Rodríguez
179
II
En tiempos de Felipe V, según señala Isidoro de Antillón, se hicieron en toda la
extensión de las Audiencias del Reino operaciones geométricas «para acertar a construir una carta exacta y circunstanciada de España». Con arreglo a estas operaciones,
trazaron la deseada carta, entre 1739 y 1743, los padres jesuitas, profesores del Colegio Imperial de Madrid, Carlos Martínez y Claudio de la Vega. Bajo el título «Exposición de las operaciones geográficas hechas por orden del Rey N.S. Felipe V en todas
las Audiencias Reales situadas entre los límites de Francia y Portugal para acertar a
formar una (sic) mapa exacta y circonstanciada de toda España», ambos padres jesuitas trazaron 36 hojas a escala aproximada 1:442.000, que no cubren la totalidad del
territorio peninsular, pues falta todo el cuadrante Noroeste, y que hoy se conservan,
procedentes de la Real Sociedad Geográfica, en la Biblioteca Nacional de Madrid.
A más de incompleto, trátase de un mapa inexacto, pues carece de graduación de
latitudes y longitudes, y las coordenadas geográficas de muchos accidentes geográficos y núcleos de población no son los reales6.
Más adelante, a mediados de siglo, estando al frente de los destinos del gobierno
don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, dirigió una exposición a Fernando VI en la que, refiriéndose a las cartas geográficas, señala:
No las hay puntuales del Reino y de sus provincias; no hay quien las sepa grabar, ni
tenemos otras que las imperfectas que vienen de Francia y de Holanda. De esto proviene que ignoramos la verdadera situación de los pueblos y de sus distancias, que es
cosa vergonzosa 7.
Después, enumeraba las ventajas que podrían obtenerse de un nuevo mapa: desarrollo del comercio, de la industria, de las comunicaciones, recursos y productos de
cada comarca, datos preciosos para una más justa y mejor distribución de los impuestos, etc. El resultado práctico de estas reflexiones fue la comisión encomendada al jefe
de Marina Jorge Juan para levantar un mapa de España. Dadas la experiencia y prestigio alcanzados por este marino en su expedición al Perú, junto con Antonio de Ulloa,
para medir un grado de meridiano.
En 1751. Jorge Juan elevó a la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de
Marina un Método de levantar y dirigir el mapa o plano general de España con reflexiones a
las dificultades que pueden ofrecerse, al que en el mismo año incorporó un apéndice titulado Reflexiones sobre el método de levantar el mapa general de España. Jorge Juan propo6 Beltrán y Rózpide, R.: Isidoro de Antillón, geógrafo, historiador y político, Madrid, Imp. Del Depósito de la Guerra, 1904, pág. 86.
7 Cit. Por Marcel, G.: «El geógrafo Tomás López y sus obras», Boletín de la Real Sociedad Geográfica, 1908.
180
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
nía, en suma, la medición de un triángulo geodésico en el centro del Reino, a partir del
cual levantar ocho series de triángulos que siguieran los ocho rumbos de la aguja náutica hasta los extremos del país. A continuación detallaba los instrumentos necesarios,
así como el personal cualificado que formaría ocho compañías, integrada cada una de
ellas por cuatro «sujetos inteligentes» y otros dos «no tan inteligentes»; de entre los
primeros se nombrarían directores particulares para dar cuenta a un director general
con residencia en la Corte y la misión de centralizar y unificar los trabajos8.
Por otra parte, en 1752, el marqués de la Ensenada enviaba a Paris, pensionados por
el gobierno, a los jóvenes Tomás López, Juan de la Cruz y Manuel Salvador Carmona
para estudiar y perfeccionarse en las técnicas de elaboración y grabado de mapas. La
caída en desgracia, en 1754, del mentor de estos trabajos, Ensenada, dio al traste con
el proyecto, aunque indirectamente encauzó la vocación cartográfica de un joven Tomás López, que conoció y estudió en Paris la obra de los Cassini, Picard, La Hire o
Delisle.
III
En efecto, Tomás López quedó en Francia por su cuenta y al regresar se dedicó al
oficio aprendido como particular aunque sin la necesaria base matemática. Inicialmente se dedicó a vender un Atlas francés de España en castellano y francés, y comenzó a grabar mapas regionales, y mapitas para algunas obras de bolsillo, como una
muy conocida que se editó durante casi 200 años, desde 1730 a la II República (1931),
La guía de forasteros en Madrid.
Aparte de estos trabajos comerciales, en el último tercio del XVIII fue ejecutando
mapas regionales de España para formar un Atlas. Hacia 1780 ya había elaborado mapas de todas las regiones, con diferentes criterios de delimitación (divisiones eclesiásticas, históricas, provincias o intendencias entonces existentes), de modo que sus
mapas no obedecían a una delimitación territorial homogénea. Una vez elaborados
todos los mapas, formó con ellos un Atlas, añadiendo 16 mapas de América, en formato de 46x60 cm.; los mapas del Atlas se imprimieron entre 1775 y 1783, y de él se
hicieron varias ediciones consecutivas.
Falleció Tomás López en 1802, y sus hijos Juan y Tomás Mauricio siguieron con el
negocio, publicando en 1804 otro Atlas con un nuevo mapa de España en cuatro hojas
más los mapas regionales. El Atlas de Tomás López es un agregado de mapas de escalas diferentes, y consta de 98 hojas que representan 36 unidades administrativas: rei8 Martín Merás, Luisa: «El mapa de España en el siglo XVIII», Revista de Historia Naval, 1986,
pág. 39.
El mapa de España en la época de Jovellanos – Ramón Alvargonzález Rodríguez
Fig. 2: Mapa de los Reynos de España y Portugal, de Tomás López, geógrafo de los dominios de S.M., 1792.
181
182
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
nos, provincias, intendencias, obispados, con escalas comprendidas entre 1:140.000 y
1:646.000, de modo que ni siquiera son comparables unas hojas con otras.
El relieve está representado de forma figurada, y el meridiano de referencia es unas
veces el de Madrid y otras el del Teide, en Tenerife. La última edición data de 1831,
y apareció otra en 1844, de la mano de otro editor. La obra de Tomás López no es,
pues, una obra de Estado sino un conjunto de mapas publicados con una finalidad
mercantil, y con el mismo carácter acientífico de toda la cartografía clásica europea
del siglo XVII9.
IV
En el siglo XVIII no hubo en España más cartografía científica que la ejecutada por
la Armada. En esa centuria, se multiplicó en los principales países europeos la elaboración de cartas náuticas para dar respuesta al auge de la navegación por razones económicas, y a la aparición de nuevos tipos de buques; motivos todos ellos que
desembocaron en la creación de escuelas de guardiamarinas en diferentes países. En
España se crearon los Departamentos Marítimos con sedes en El Ferrol, San Fernando
y Cartagena. En la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz, establecida en 1747, los marinos comienzan a recibir una formación científica en Astronomía y Matemáticas, de
la que antes se carecía, pues la carrera de marino estaba basada sólo en la práctica de la
navegación; y el Real Instituto y Observatorio de la Armada, fundado en 1753, se
configura como el centro de estudios científicos superiores de la Marina.
El trabajo cartográfico por excelencia del siglo ilustrado en la Península Ibérica fue
el Atlas Marítimo de las costas de España, levantado por Vicente Tofiño de San Miguel
entre 1783 y 1789. Tras la llegada al poder de Floridablanca a mediados de la década
de 1770, fue tomando cuerpo la necesidad de un plan nacional de trabajos hidrográficos, hasta que Vicente Tofiño, entonces director de la Academia de Guardiamarinas,
fue encargado de la dirección de una comisión hidrográfica para el levantamiento de
las costas de España, formada por un grupo de oficiales expertos formados en el Observatorio de la Armada.
La Comisión de Tofiño contó inicialmente con dos barcos, una fragata y un bergantín, y con instrumentos cedidos por el Observatorio, o adquiridos al efecto. En los
buques utilizados por la Comisión, fueron embarcados los cronómetros de Berthoud,
del Observatorio de Cádiz, varios sextantes, agujas náuticas y una colección de instruHernando Rica, Agustín: «Sensibilidad territorial, imaginación geográfica y representación: El
Atlas Geográfico de España (1804) producido por Tomás López», El Atlas Geográfico de España producido por Tomás López, Madrid, Ministerio de Fomento, 2005, págs. 13-69.
9 El mapa de España en la época de Jovellanos – Ramón Alvargonzález Rodríguez
Fig. 3: Carta esférica de la isla de Menorca (1786), del Atlas Marítimo de España, de Tofiño de San Miguel.
183
184
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
mentos adquiridos en Londres, compuesta por un cuarto de círculo, un péndulo, dos
anteojos acromáticos, un teodolito, una cadena, un círculo de reflexión, un barómetro
marino y, por último, estuches con todo lo necesario para trazar planos.
Tofiño y sus colaboradores utilizaron un método geodésico basado en la combinación de operaciones terrestres y marítimas: trazado de una red de triángulos geodésicos a partir de una base medida con exactitud, determinación de la longitud de todos
los puntos principales de la costa respecto al meridiano de Cádiz, utilización de sondas, dibujo de vistas de la costa, etc.
Los trabajos de campo se iniciaron en las costas del Mediterráneo (veranos de
1783, 1784 y 1785), continuaron en las costas de Portugal y Galicia (verano de 1786),
en la costa cantábrica (verano de 1787), y por último en las islas Azores (verano de
1788). Durante estos seis años colaboraron con Tofiño la mayor parte de los marinos
ilustrados que después protagonizaron las grandes expediciones cartográficas de finales del XVIII y comienzos del XIX: Dionisio Alcalá Galiano, José de Espinosa, Alejandro Belmonte, Julián Ortiz Canelas, Alejandro Malaspina, José Vargas Ponce, Felipe
Bauzá, etc.
Al finalizar las campañas para el levantamiento de las costas mediterráneas, transcurrido el verano de 1786, uno de los integrantes de la Comisión, José Vargas Ponce,
fue el encargado de dirigir los trabajos de grabado, estampación e impresión de los
resultados obtenidos. En 1787 fue publicado, bajo su supervisión, el Derrotero de las
costas de España en el Mediterráneo y su correspondiente de África, y un primer volumen
del Atlas con quince cartas de las costas mediterráneas.
En 1789 salió de la imprenta el Derrotero de las costas de España en el océano Atlántico y de las Azores o Terceras, y el segundo volumen del Atlas con treinta cartas de las
costas atlánticas. El éxito de la publicación fue tal que, durante ese mismo año de
1789, se dio a la estampa una segunda edición del Atlas Marítimo de España que reunió en un solo volumen todas las cartas levantadas por la Comisión. La exactitud
conseguida era tan grande que algunas de las cartas de Tofiño se mantuvieron útiles
en los cuartos de derrota de los buques durante más de cien años10.
V
Pocos años después de publicado el Atlas Marítimo de España, en 1792, José Espinosa y Tello, entonces en Manila comisionado a las órdenes de Malaspina, presentó
Martín Merás, Luisa: Art. cit., pág. 37, y González, Francisco José: «Vicente Tofiño de San
Miguel y la cartografía científica de la España ilustrada», Marinos cartógrafos españoles, Barcelona, Lwnverg, 2002, págs. 93-109.
10 El mapa de España en la época de Jovellanos – Ramón Alvargonzález Rodríguez
185
un plan para hacer un levantamiento sistemático de España, aprovechando el material
técnico y el personal generado por la expedición alrededor del mundo de Malaspina y
Bustamante.
En su memorial, titulado Reflexiones sobre la necesidad de construir una carta geográfica de España, modo y medio de levantarla con exactitud, afirma que:
[…] está todavía muy atrasado en España el conocimiento de la geografía interior del
reyno. Se ignora la situación astronómica de las capitales y de los pueblos y sus distancias
respectivas: la extensión y límites de cada provincia y las ventajas que ofrece su terreno
para el cultivo de sus diversas producciones, el curso de los ríos, y el más benéfico que
pudiera dárseles, si se removiesen los estorbos que el tiempo o la ignorancia han opuesto
a su corriente en parages conocidos. En la incertidumbre en que se está de las leguas quadradas de superficie de cada provincia se carece de unidad de medida para comparar con
la de otras su población, su fertilidad y su riqueza y la proporción que guarda con estas
bases el número de propietarios que tiene y los impuestos que paga, y las exenciones y el
fomento que necesita.11
El método de trabajo propuesto consistía en levantar, partiendo de Cádiz, un mapa
de todo el Reino, determinar por observaciones celestes las posiciones astronómicas
de los puntos principales, medir la verdadera distancia itineraria entre unos y otros, y
establecer por medio del barómetro la altitud sobre el nivel del mar. Las triangulaciones terrestres se completarían con las descripciones de los Derroteros de Tofiño.
Al poco tiempo de su regreso a la Península, en 1794, recibió Espinosa en noviembre de 1795 una carta de su amigo y compañero Dionisio Alcalá Galiano, en la que le
anunciaba haber sido comisionado por el gobierno del Rey para la formación de una
carta geométrica de España, invitándole a participar en el proyecto. Los oficiales encargados de esta comisión iban a ser, además de Alcalá Galiano y Espinosa, que se
ocuparía de una de las tres secciones en que estaría dividido el trabajo, Juan Vernacci,
capitán de Fragata, y los tenientes de Navío Juan José Varela, Francisco Velasco, Juan
José Vildosola y Felipe Bauzá.
Este proyecto, que fue el que llegó más lejos, pues estaba aprobado por el Rey, y
contaba con instrumentos comprados por Juan Vernacci en Londres, fue inexplicablemente abandonado, reintegrándose cada oficial a su correspondiente Departamento
Marítimo.
11 Martín Merás, Luisa: Art. cit, págs. 39 y ss.
186
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
VI
La clausura del siglo de las luces se saldó, pues, en España, con una cartografía topográfica inadecuada. Prueba de ello es que, cuando estalla la guerra de la Independencia, el invasor francés sólo disponía de la inexacta cartografía de Tomás López, y
se vio obligado, a través de los ingenieros geógrafos del Depósito de la Guerra, a trazar
sus propios mapas de campaña que, como es natural, sólo cubrían los teatros de operaciones militares.
Sería necesario esperar al proyecto del Diccionario Geográfico de Pascual Madoz,
para que a partir de 1847 comenzase la publicación del Atlas de España y sus posesiones
de Ultramar, de Francisco Coello, la primera serie de cartografía topográfica precisa
de la España contemporánea.
No son, pues, de extrañar los lamentos del patricio gijonés citados como pórtico de
esta disertación, el desideratum que culmina el Discurso sobre la Geografía Histórica, y
que quiere ser también el colofón de esta alocución que ha contado con su benevolente atención:
¿Cuándo os verán mis ojos, precedidos de vuestros maestros, trepar por estas cumbres que nos rodean, con el teodolito al ojo y el compás en la mano, medir en vastos
triángulos el territorio de Asturias, y preguntar al cielo cual es el espacio que ocupa
vuestra patria en el globo, cuáles los límites que la dividen, las fuentes de sus rápidos
ríos, las concas de sus hondos valles, el rumbo y la altura de sus montes y la extensión
de estas tierras y playas, donde vuestros hermanos buscan con diario sudor el alimento
y la dicha de tantas familias? ¿Cuándo os veré yo reducir este trabajo a una breve y
exactísima carta topográfica, que multiplicada por el buril, difunda por todas partes,
con la imagen de vuestra patria, el más ilustre testimonio del amor que le profesáis?12.
Muchas gracias.
12 Jovellanos, G. M. de: Ob. cit., pág. 256.
La religiosidad en Jovellanos: entre la
tradición y la modernidad ilustrada
Raúl Berzosa Martínez1
Obispo Auxiliar de Oviedo
Resumen
El autor desarrolla su exposición en dos grandes apartados: 1/ La concepción religiosa
de Jovellanos en el contexto religioso de su tiempo: entre la modernidad ilustrada y la tradición. 2/ Su experiencia religiosa personal que gira igualmente entre la modernidad ilustrada y la tradición. Una profunda religiosidad iluminó la intensa actividad de Jovellanos.
Palabras clave: Jovellanos, religiosidad ilustrada.
Abstrat
This author structures his paper in two main parts: 1/ Jovelanos’s religious ideas within
his contemporary religious context: between Enlightened modernity and tradition. 2/ His
personal religious experience which, likewise, lies between Enlightened modernity and tradition. A deep religiosity inspired Jovellanos’s intense activity.
Key words: Jovellanos, Enlightened religiosity.
0. A modo de Prólogo
Aunque es cierto que se han venido publicando diversos estudios biográficos sobre
Gaspar Melchor de Jovellanos, salvo muy honrosas y contadas excepciones, el tema de
su religiosidad tal vez ha sido de los menos abordados. La razón de ello estriba en que
difícilmente se encuentra en sus obras algún tratado específico de este tema y, como
1 El Dr. D. Raúl Berzosa Martínez leyó su discurso de ingreso el 14 de julio de 2006. Hizo su semblanza el Revdo. D. Javier Gómez Cuesta. Véase Boletín Jovellanista 7-8 (2006-2007), págs. 61-64.
188
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
tendremos ocasión, es muy parco y restringido a la hora de expresar sus propias vivencias religiosas. Y, sin embargo, otorgando a veces excesiva importancia al factor religioso, en su vida y en su obra, se le ha tachado de ilustrado masón cuando no de
jansenista, de liberal, o de neocatólico carlista.
Abordaremos dicho tema de la religiosidad, resaltando el «Sitz im Leben», el «yo
y mis circunstancias» orteguiano, el contexto socio cultural en el que se mueve. De
alguna manera, para situarnos en coordenadas diacrónicas y sincrónicas. Conscientes
de que nuestra aportación no puede ser original. Nos corresponderá más bien hacer
de oteador o rastreador para nadar entre las dos orillas que ya preanunciamos: su religiosidad, como su vida y su obra, se mueve entre la Tradición y la Modernidad Ilustrada, en un fecundo y armonioso matrimonio.
Agradecemos ya desde ahora el valioso material y las sugerencias del profesor D.
Jesús Menéndez Pelaéz, responsable, junto a los miembros del Foro Jovellanos, de
haberme atrevido a navegar en el planeta de este ilustre e ilustrado asturiano, con una
máxima sincera: se aprende mucho mejor aquello que debe ser enseñado.
Dividiremos nuestra exposición en tres grandes apartados:
1. Su vida y su obra entre la modernidad ilustrada y la tradición.
2. Su concepción religiosa en el contexto religioso de su tiempo: entre la modernidad ilustrada y la tradición.
3. Su experiencia religiosa personal: entre la modernidad ilustrada y la tradición.
1. Su vida y su obra: entre la modernidad ilustrada
y la tradición
Aunque José Miguel Caso González escribió una autorizada y erudita biografía2,
nos serviremos ahora de lo que diversos autores han escrito sobre nuestro ilustre asturiano y que viene a ser algo así como el patrimonio común de su pensamiento, deseando poner de relieve en todo momento la conjunción, como venimos repitiendo,
vital entre modernidad y tradición en Jovellanos.
En este sentido, ya es un tópico afirmar que, a comienzos del siglo XVIII, España
era un país agotado y pobre, entre otros factores por los gastos militares, la ociosidad
2 Caso Gonzalez, José Miguel., Biografía de Jovellanos, Gijón, Fundación Foro Jovellanos, 2005.
Una visión amplia de las diversas etapas de Jovellanos y de las interpretaciones que se han ofrecido de él,
puede encontrarse en: Sánchez Corredera, Silverio, Jovellanos y el Jovellanismo, una perspectiva filosófica, Oviedo, Pentalfa Ediciones, Oviedo 2004. Del mismo autor se ha publicado recientemente: «Jovellanos y la religión. El problema religioso en Jovellanos», Boletín Jovellanista, VI/6 (2005) 235-260.
La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
189
y el desprecio al trabajo manual, el crecimiento de los tributos y la desigualdad de las
cargas, la mala organización del sector primario y el subdesarrollo de las vías de comunicación3.
Carlos III, en su idea de unir a los hombres por arriba y no por abajo, crea la «orden
de Carlos III», con las mismas prerrogativas que las de Santiago, Alcántara, Calatrava
o Montesa. La divisa pro virtute et merito, subraya el impulso ilustrado por destacar la
virtud y el mérito personales, mientras que en el orden político realiza una revolución
incruenta, un «movimiento ilustrado», tratando de hacer una síntesis entre tradición
católica y modernidad europea.
Precisamente aquí entra en escena Gaspar Melchor de Jovellanos, quien, tras cursar
estudios de Derecho, abandona la carrera eclesiástica para dedicarse al servicio del
Estado. En Sevilla se interesa por la economía, como motor para resolver el drama
social. Traduce Meditazione sulla economía política, de Pietro Verri, y estudia, por consejo de Olavide, a Adam Smith, del que va a aprender dos cosas: la primera, que es
imposible el desarrollo económico si no se amplía el mercado; la segunda, el «teorema de la mano invisible», que constituye la gran aportación de esta obra clásica4. De
esta manera Jovellanos adoptará tres principios para gobernar: buenas leyes para un
desarrollo económico; buenas luces para una renovada educación; y buenos auxilios
para crear infraestucturas de comunicación más adecuadas5. Se podría añadir: buena
religión para un sano crecimiento de la persona. Como ya se refleja en esta época en su
obra El delincuente honrado desea unificar nuestra tradición con las reformas a que
obligaba la modernidad.
Ya en Madrid entra en contacto con la tertulia de Campomanes, entablando una
gran amistad con el conde de Cabarrús, y convirtiéndose en uno de los ilustrados
más importantes del reinado de Carlos III6. Sigue manifestando esa existencial necesidad de unir tradición y modernidad, como puso de relieve su Discurso de ingreso en
la Real Academia de la Historia (21-mayo-1779), cuando expone «La necesidad de
3 En este apartado primero nos inspiramos en las pautas marcadas por Acedo Castilla, José F.,
«Modernidad y Tradición en Jovellanos» Razón Española, nº 109. En este sentido, se remite a: Polavide, P. de, «Informe de don Pablo de Olavide sobre la Ley Agraria», Boletín de la Real Academia de la
Historia» (Octubre-diciembre 1956) págs. 37 y 463.
4 Velarde Fuertes, Juan, «Reflexión española sobre las ideas de los economistas y su influencia en
nuestra realidad económica nacional», en Economía y economistas españoles, dirigida por Enrique Fuentes
Quintana, Barcelona, Galaxia Gutenberg, Barcelona 1999, Tomo I, pág. 538.
5 Fuentes Quintana, Enrique, «Una aproximación al pensamiento económico de Jovellanos a
través de las funciones del Estado», en IDEM, Economía y Economistas Españoles», t. 3. La ilustración,
Barcelona, Gutenberg, 2000, 331 y ss.
6 Abellán, José Luis, Historia crítica del pensamiento español, Tomo III. Del barroco a la ilustración
(siglos XVII y XVIII), Madrid, Espasa-Calpe, 1988 (2ª edic.), pág. 529.
190
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
unir al estudio de la legislación el de nuestra historia y antigüedades»7. Añádense los
discursos pronunciados en sucesivas ocasiones en sus respectivos ingresos en otras
instituciones culturales8. Siempre tratando de unir lo clásico y lo moderno, la tradición y la ilustración. Sin olvidar una obsesión de fondo: no se puede realizar un adecuado desarrollo económico sin un buen sistema de comunicaciones y una adecuada
educación.
No podemos ocultar sin embargo, y esto influirá decisivamente en Jovellanos, que
la implantación de la «modernidad ilustrada» es «a la española», respetando el sentido católico y tradicional, y que nada tiene que ver con el impacto dramático y violento de la Revolución Francesa. Precisamente, en medio de la sangre derramada en
Francia y el furor antirreligioso, Jovellanos fue designado Ministro de Gracia y Justicia. Jovellanos aportaba una vez más el sentido progresista y, a la vez, respetuoso con
el sentido tradicional. No era partidario de la Revolución pero al mismo tiempo cuestionaba muchas de las antiguas instituciones, usos y costumbres.
A los ocho meses de su gestión ministerial, fue cesado. Este hecho se atribuye a su
amistad con Cabarrús, a su supuesta inclinación «jansenista», o al conflicto que tuvo
con la Inquisición9. Al cesar como ministro se le nombró consejero de Estado, siendo
enviado a Gijón. El 13 de marzo de 1801 comienza su destierro en Mallorca. Allí escribe el Tratado teórico-práctico de la enseñanza10, siempre en esa línea de moderación
entre la modernidad y la tradición. Por un lado, juzga con dureza los excesos de la
Revolución Francesa, mientras por otro aboga por reformas profundas en cuestiones
pedagógicas.
El 5 de abril de 1808 se le concedió un indulto y la libertad. Se le quiso nombrar
ministro del Interior del primer gobierno de José Bonaparte. Pero Jovellanos rechaza
el sillón ministerial aduciendo razones de salud, aunque en carta a Cabarrús son otras
7 Jovellanos, Gaspar Melchor de, «Sobre la necesidad de unir el estudio de la legislación el de
nuestra Historia y antigüedades. Discurso leído en la Real Academia de la Historia», en Obras Completas,
edic. de Miguel Artola, Madrid, B.A.E., Tomo XLVI, 1955, 288-289. En adelante simplificamos la cita
con la referencia edición B.A.E.
8 G. Melchor de Jovellanos, Gaspar Melchor, «Elogio de las bellas artes. Discurso pronunciado
el 14 de julio de 1781 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando», en Obras completas, B.A.E.,
Tomo I, págs. 350-363; ID., «Sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el espíritu de
la legislación. Discurso de ingreso en la Real Academia Española», en Obras completas, B.A.E., Tomo
XLVI, 299-301; ID., «Elogios de Carlos III. Leído en la Real Sociedad Económico Matritense el 8 de
noviembre de 1788», en Obras completas, Madrid, B.A.E., tomo XLVI, 311-317; ID., «Memoria sobre si
se debe o no admitir a las señoras en la Sociedad Económica de Madrid», en Obras completas, B.A.E.,
Tomo L, Madrid, 1859, págs. 54-56.
9 Centurión Gómez, J., «Causas del destierro de Jovellanos», Boletín de la Real Academia de la
Historia», LXIV (1914)228.
10 Ibidem, pág. 228.
La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
191
dichas razones11, en las que se vuelve a poner de relieve su espíritu equilibrado entre la
modernidad y la tradición:
España no lidia por los Borbones ni por Fernando; lidia por sus propios derechos; derechos
originales, sagrados, imprescriptibles, superiores e independientes de toda familia o dinastía.
España lucha por su religión, su Constitución, por sus leyes, sus costumbres, sus usos; en una
palabra, por su libertad, que es la hipoteca de tantos y tan sagrados derechos. España juró reconocer a Fernando de Borbón, y España le reconoce y reconocerá por su Rey mientras respire.
Sin embargo Jovellanos aceptó la representación del Principado de Asturias ante la
Junta Suprema Central (1808). Y de nuevo aparecerá su espíritu moderado y reformista
cuando, frente a una tendencia que buscaba establecer como en Francia una Asamblea
General del Tercer Estado, él defiende el criterio de que las Cortes deben convocarse en
dos estamentos de acuerdo con el modelo inglés12. Ante la posterior Convocatoria de
Cortes (1809), y frente al discurso del diputado liberal don Diego Muñoz Torrero, quien
propuso la declaración de que «los diputados de la nación española se hallaban constituidos en Cortes y en ellos residía la soberanía nacional», Jovellanos reacciona tachando de
herejía política dicha propuesta no sólo «porque degrada el carácter del rey» sino también por ser contraria a los principios doctrinales de los filósofos y tratadistas españoles,
tales como Vitoria, Molina, Suárez y Saavedra Fajardo, entre otros, quienes sostienen
que «la soberanía por Derecho natural va inmediatamente de Dios a la sociedad en virtud de
un pacto, en el que marcan los cauces dentro de los cuales el soberano ha de ejercer dicha
autoridad»13. De nuevo, modernidad y tradición se dan la mano.
Tras la toma de posesión de los componentes de la Regencia, Jovellanos abandona
Cádiz a bordo del bergantín «Covadonga» con rumbo a Gijón. Más tarde, cuando los
11 Del Río, Ángel del Introducción a las obras escogidas de Jovellanos; pág. CVII. Poco después contesta en términos semejantes a otra dirigida al general francés Sebastiani: «Yo no sigo a un partido; sigo la
santa y justa causa que sostiene mi Patria, que unánimemente adoptamos los que recibimos de su mano el augusto encargo de defenderla y regirla, y que todos hemos jurado seguir y sostener a costa de nuestras vidas. No
lidiamos como pretendéis por la Inquisición, ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los grandes de
España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro Rey, de nuestra religión, nuestra Constitución y nuestra
Independencia. No creáis que el deseo de conservarlos esté distante del de destruir cuantos obstáculos puedan
oponerse a este fin; antes, por el contrario, y para usar de vuestra frase, el deseo y el propósito de regenerar la
España y levantarla al grado de esplendor que ha tenido algún día y que en adelante tendrá, es mirado por nosotros como una de nuestras principales obligaciones…» (Carta de Jovellanos al General Sebastián, recogida por Cándido Nocedal, en el discurso preliminar a las obras de Jovellanos, pág. XXXVII.)
12 Sánchez Agesta, L., El pensamiento político del despotismo ilustrado, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1953, pág. 248.
13 Jovellanos, Melchor Gaspar de, Nota a los apéndices de la memoria en defensa de la Junta Central,
en Obras Completas, B.A.E., Tomo XLV, pág. 620.
192
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
franceses ocuparon de nuevo la provincia cántabra, el 6 de noviembre huyó a Puerto
de Vega –entre Luarca y Navia–, donde se le declaró la pulmonía que acabó con su
vida el día 20 de noviembre de 1811.
A partir de aquí comienzan las interpretaciones: ¿Fue Jovellanos un liberal o un
tradicionalista; un jansenista o un católico irreprochable?14 ¿Un «monárquico
progresista»15 o un «monárquico conservador»16? ¿Un liberal a la inglesa, innovador
y respetuoso con las tradiciones, amante de la libertad del hombre y dentro de los límites de los dogmas de la Iglesia y de la fe de sus mayores17… o un prototipo del
«revolucionario», «cabeza de una misteriosa secta que preparaba una revolución
contra la Iglesia y el Trono»18?¿Es el escritor de la ortodoxia eclesial, antienciclopedista y resistente ante las ideas anticristianas?19… o más bien es un ecléctico ambiguo20? ¿Es compatible una mente libre con la ortodoxia de un creyente?21 En definitiva,
¿era un «cristiano ilustrado», un «moderno tradicionalista», un «humanista cristiano», o simplemente un «ilustrado a la española»?22
2. Su concepción religiosa en el contexto religioso
de su tiempo: entre la modernidad y la tradición 23
De entrada, la misma pregunta reiterativa: ¿Fue Jovellanos, en lo religioso, regalista,
jansenista o masón, como se ha tachado a la religiosidad de su tiempo? – RespondeArtola, Miguel, Estudio preliminar de la vida y pensamiento de Gaspar Melchor de Jovellanos, en
Obras Completas, Madrid, B.A.E., Tomo LXXXV, Madrid, 1956, pág. VIII.
15 Somoza, Julio, Jovellanos. Nuevos datos para su biografía, Madrid, 1885.
16 Nocedal, Cándido, Discurso preliminar a las obras de Jovellanos, B.A.E., pág. V y ss.
17 Seco Serrano, C., Historia del conservadurismo español, Ediciones Temas de Hoy, S.A., Madrid,
mayo de 2000, 20-21.
18 Baumgarten, H., «Don Gaspar Melchor de Jovellanos», Revista Contemporánea, núm. 47 (Noviembre 1877); M. Sánchez, Examen teológico crítico de la obra del excelentísimo señor don Cándido Nocedal, titulada Vida de Jovellanos, Madrid 1881.
19 Menéndez Pelayo, M., Historia de los heterodoxos españoles, Tomo V, Obras Completas, Edición
Nacional, Santander 1947, pág. 357.
20 Abellán, J. L., Historia del pensamiento español, o. cit. Tomo III, pág. 538.
21 Del Río, A., Introducción a las obras escogidas de Jovellanos, o. cit. pág.CXX.
22 Peñalver Simó, P., Modernidad tradicional en el pensamiento de Jovellanos. Escuela de E.H.A., Sevilla, 1953.
23
En este segundo apartado seguimos las indicaciones de Burrieza Sanchez, J., «Cambios religiosos en el período ilustrado», Biblioteca Arandina, 20 (2005) 209-252. Remitimos también la siguiente
bibliografía: Quesada, S., Historia Intelectual de España, Madrid, Acento, 2004, pág. 119; Laboa, J. M.,
La Iglesia en España (1492-2000), Madrid, San Pablo, 2000, págs. 91-103; Rodriguez Díaz, L., Reforma
e Ilustración en la España del s.XVIII, Madrid, Fundación Universitaria Pedro Rodríguez Campomanes,
14 La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
193
mos que no puede encasillarse dentro de dichas claves o parámetros de su tiempo. El
participó de las ideas de su ambiente, pero sin perder la clave que venimos desarrollando: fue, también en lo religioso, tan moderno como tradicional.
Según Caso24, falta aún un estudio serio y minucioso del Catolicismo del S. XVIII.
Cierta literatura ha calificado el Siglo XVIII como de impío y laicista por antonomasia,
bajo el disfraz de la Ilustración y de las denominadas «luces» racionalistas. No es extraño que se resalten por ello las supuestas paradojas, antinomias, y corrientes socioreligiosas de dicho siglo: regalistas versus antirregalistas, ilustrados versus antiilustrados,
jansenistas versus jesuitas25. En una palabra, se contrapuso la España supuestamente
ortodoxa a la afrancesada borbónica, de tintes más impíos y enciclopédicos. Dicha Ilustración oponía al catolicismo la religión natural, a la soberanía absoluta el despotismo
ilustrado y la soberanía del pueblo, y una nueva manera de pensar afrancesada a las
esencias del catolicismo español26.
Pero, como han hecho observar diversos escritores, el problema religioso del Siglo
XVIII, el siglo de Jovellanos, era mucho más complejo que la simple división entre
ilustrados, racionalistas, jansenistas o incluso masones. La sociedad, en su conjunto
seguía sintiéndose sacralizada y bajo el patrimonio espiritual del catolicismo. Un
grupo minoritario, radical, volvía a reivindicar, entre otros, el mismo derecho que en
su momento lanzó el erasmismo: acercar la lectura de la Biblia a todos los cristianos y,
por lo mismo, la necesidad de traducciones adecuadas27. La espiritualidad que predominó entre los ilustrados se puede calificar como «cristocéntrica», en contraposición
a ciertas manifestaciones externas y exageradas de religiosidad popular. Y, dicha espiritualidad, se encontraba a veces teñida de rigorismo, cercano al jansenismo y que,
además, comportaba los siguientes puntos destacados: aversión hacia la moral laxista
encarnada en los jesuitas y oposición general hacia la Compañía de Jesús; lucha teológica contra las obras de Luis de Molina; reivindicación de un catolicismo ilustrado; y
cierto apoyo al regalismo. Curiosamente, en lo eclesiológico, el catolicismo ilustrado
deseaba una vuelta a la «antigua disciplina eclesial», a la de los primeros siglos, para
1975; Mestre, A., Corrientes interpretativas actuales de la Ilustración española, en España a finales del s.
XVIII, Tarragona 1982, págs. 77-79; Abellán, J. L., Del Barroco a la Ilustración (ss. XVII y XVIII), en
Historia critica del pensamiento español, Vol III, Madrid, Espasa-Calpe, 1987;Herr, R., España y la Revolución el S.XVIII, Madrid, Aguilar,1990.
24
Caso González, J. M., De ilustración y de Ilustrados. Textos y Estudios del S. XVIII, Oviedo, Instituto
Feijoo de Estudios del SXVIII, Cuaderno 16, 1988, pág. 335.
25
Egidio López, T., La religiosidad de los Ilustrados, Madrid 1987, pág. 398
26
Llorente, D., Lecciones de Historia Eclesiástica, Valladolid 1937, págs. 173-179. Algún autor ha
afirmado que «el número de clérigos ilustrados y reformistas fue sorprendente en el s. XVIII, aunque su
reconocimiento en la historiografía española ha sido escaso» (Cf. Laboa, J. M., La Iglesia en España
(1492-2000), San Pablo, Madrid 2000, pág. 91).
27 Sánchez Caro, J. M., La aventura de leer la Biblia en España, Salamanca 1997.
194
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
así separarse de todos los rasgos de superstición y fanatismo. En resumen, los ilustrados trataron de actuar contra las manifestaciones de una religiosidad exterior, favoreciendo, al mismo tiempo, un Estado preocupado por lo social y lo asistencial, en orden
a hacer desaparecer las rancias y trasnochadas cofradías piadoso-asistencialistas. En
conclusión, los reformistas ilustrados solicitaban reformas en el campo de las costumbres morales, en el campo organizativo eclesial y de sus métodos beneficiales y de financiación, en el campo de las manifestaciones religiosas, y en el campo educativo. En
este último, eran conscientes de la necesidad de modernizar los estudios superiores,
introduciendo nuevas materias, suprimiendo otras y, particularmente, disminuyendo
el poder de las órdenes religiosas. En cualquier caso, se ha llegado a afirmar que la lucha no se entablaba entre teísmo (ortodoxia) y deísmo (ilustración), sino entre reformismo y contrarreformismo, entre renovación y anquilosamiento28.
Finalmente, en el siglo ilustrado de Jovellanos, se pone de relieve el protagonismo
de ciertos grupos laicales, en cuanto entendían que los asuntos eclesiásticos no eran
sólo asunto del clero ya que los «ministros no son la Iglesia, sino parte y miembros de
ella» (Campomanes), y los laicos también tienen su cultura y su palabra. Sin embargo
no nos engañemos: la formación general de los laicos, en lo cultural y en lo religioso,
era muy escasa y deficiente, Es más: algunos prestigiosos historiadores eclesiásticos,
realizando una equilibrada y necesaria autocrítica, han calificado al s. XVIII de «anodino y mediocre desde el punto de vista de la historia eclesial española». Porque los
clérigos, en general, se resistieron a todo cambio y las iniciativas en este sentido correspondieron a los laicos aunque sin demasiado éxito. En cierta manera, en el S. XVIII
aún se mantuvo el sentimiento religioso en la sociedad pero disminuyó la confianza en
la institución eclesial29.
La religiosidad en la época de Jovellanos y de la que él mismo participará, muestra
contradicciones, luces y sombras, avances y graves contradicciones. De todo ello son
netos exponentes las obras de arte barrocas, que mezclan la exhuberancia sentimental
junto a la racionalización de esos mismos sentimientos30.
Llegados a este punto, una pregunta obligada: ¿Dónde se sitúa Jovellanos?– Como
veremos a continuación, en una mezcla de todas las contradicciones señaladas anteriormente y, de nuevo, resumidas en dos palabras: entre la modernidad y la tradición.
Como se ha llegado a escribir de él:
Laboa, J. M., La Iglesia en España (1492-2000), 92-94; Domínguez Ortiz, A., Sociedad y Estado
en el S.XVIII español, Barcelona,1990.
29 Laboa, J. M., La Iglesia en España (1492-2000), o. cit. págs. 100-101; también: Burrieza Sánchez, J., Cambios religiosos en el período ilustrado, o. cit. pág. 250.
30 Zaparain Yáñez, M. J., «De la herencia barroca a la racionalización de la vivencia espiritual. Las
fábricas religiosas», Biblioteca Arandina 20 (2005) 254-292.
28 La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
195
Jovellanos quiere decir religión sin supersticiones, patriotismo sin patrioterías, ilustración sin descreimiento, reformas sin revoluciones, orden sin arbitrariedad, autoridad sin
despotismo, libertad sin licencia, justo medio sin extremos viciosos, sentido moral y sentido común…31.
Retomando de nuevo el s. XVIII, insistamos en dos de sus claves para comprender
la religiosidad jovellanista:
1. Hay que purificar «racionalmente los abusos que muestran ciertas prácticas y
creencias populares».
2. Hay que unificar las prácticas externas con las convicciones interiores32.
En resumen, los reformadores ilustrados pretendían cambiar las prácticas abusivas
y las manifestaciones creyentes supersticiosas por un mayor y más profundo conocimiento de la fe y de la moral. Particularmente se criticaba la superstición que procedía
de la ignorancia, que ata al hombre a creencias ridículas, que degrada lo sagrado y la
misma divinidad, y que no hace a las personas33 (32).
Jovellanos, como hijo ilustrado de su tiempo, es crítico con las manifestaciones de
exterioridad exuberante, como refleja en un artículo publicado en «El Diario de Madrid», el 13 de Agosto de 1788»34, en el que se duele de que la religión se tome a
broma, sea considerada como espectáculo, y donde se mezcle lo profano con lo sagrado. Igualmente se expresa en semejantes términos cuando en Gijón, el 31 de
Agosto de 1794, se vió obligado a ridiculizar una procesión de rogativas35:
31 Fechado en Asturias 1949, nota 1, pág 81 (dicho manuscrito se está preparando para un inmediata
publicación).
32 Caso González, J. M., De ilustración y de Ilustrados. Textos y Estudios del S. XVIII, o. cit. pág. 336.
Esta «racionalización» de la organización y de las prácticas religiosas chocaban con los intereses adquiridos que impedían modificaciones sustanciales (también Laboa, J. M., La Iglesia en España (1492-2000),
o. cit. pág. 94.
33 Jovellanos, Memoria sobre educación pública, I, edic. B.A.E., p.263. En este sentido de leyendas y
supersticiones, Jovellanos critica los cronicones y otros escritos como el manuscrito Historia de la Santa
Iglesia Catedral de San Salvador de la ciudad de Oviedo, de un tal J.F.E.S, donde se podía leer: «Es increíble la
credulidad de este escritor, que recogió cuantas fábulas andan en los cronicones y libros de mala nota. Según él,
Santiago aportó a Asturias. Según él, aquí hizo su primera predicación, convirtiendo a San Torcuato, que era natural de Oviedo. Según él, Oviedo existía más de mil años antes de Jesucristo. Según él, estuvieron en Asturias San
Pedro y San Pablo. Júzguese de lo demás por aquí. No quiero copiarle, y volverá a poder del señor cura» (Jovellanos, Diario, edic. de Caso González, Obras Completas (30 Julio de 1792), VI, CAES, o. cit. pág. 448.
34 Jovellanos, Diarios, I, I.D.E.A, Oviedo 1953, 480-481.
35 Jovellanos, Obras completas, I, Oviedo 1984, 263-265. Se muestra crítico igualmente cuando
debe censurar lo que él estima como comportamientos abusivos incluso por parte de la autoridad eclesiástica. Así, el enfrentamiento entre el Obispo y el Ayuntamiento de Gijón cuando aquel pretendía ce-
196
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Los regidores [iban] con coronas y sogas, cosas ridículas, atendida su representación– A
mi ver los metió en eso el cura, y a él el Machacón [se refiere a Antonio Vigil Sariego, Comisario del Santo Oficio].
Pero Jovellanos sabe también valorar el alma y el espíritu de fe auténtica de los
campesinos asturianos cuando hacen sus romerías36:
Cuantos vienen a la romería entran, luego que llegan y pueden, a la ermita a hacer las
preces y es, sin duda, admirable la sencilla devoción que se nota en estas pobres gentes.
Así mismo, en Burgos, ante el Santo Cristo, diferencia muy bien lo que es devoción
popular sana del comercio que allí se pretende con lo sagrado37.
En otro orden de cosas más profundo, Jovellanos también critica el que la moral
tuviera una importancia superior al dogma, cuando la práctica moral debe obedecer a
un íntimo convencimiento y no a una simple piedad o rutina casuística. Y esto es muy
grave sobre todo en la formación de los sacerdotes38.
Pero el ilustrado gijonés no sólo se queda en lo teoría o en la crítica sino que, de
forma nutricia, y para ayudar a los padres, maestros y sacerdotes, se atreve a proponer
en su Memoria sobre educación pública el que se reconcilien las dos tendencias o realidades: la tradicional, que se empeña en una educación desde la más tierna edad, y la
moderna ( más jovellanista) que desea dilatar el estudio de la religión hasta bien entrado el uso de razón. Su método, en concreto, habla de que el niño comience a aprender un breve catecismo y continúe con el estudio racional e histórico de los dogmas,
hasta comprender la materia estudiada; y termine con la lectura y meditación de la
Biblia. El domingo será el día elegido para esta tarea y así los jóvenes verán en él un día
de santificación e instrucción y no sólo de diversión y placer39.
En este afán por unir educación integral y religión es muy curioso observar cómo Jovellanos suscribe y matiza incluso el Reglamento para el Colegio de Calatrava (Capítulo IV,
rrar las inmediaciones de la casa de Contrueces donde existía una ermita y prados de propiedad comunal
( Jovellanos, Diario (24 de Mayo de 1794), Vol VI, CAES, o. cit. 583-584.
36 Jovellanos, Cartas del viaje de Asturias, edic. de Caso González, II, Edit. Ayalga, Salinas 1981,
29-30. Es interesante hacer notar que el tachar de jansenista a Jovellanos tendrá su origen, en definitiva,
en aquellos enemigos que se oponían a los nuevos y más puros aires morales ilustrados. Tal vez se pueda
afirmar que el jansenismo fue, antes de nada, una invención de los propios enemigos del jansenismo (Cf.
Sánchez Corredera, S., Jovellanos y el Jovellanismo, una perspectiva filosófica, Oviedo, Pentalfa Ediciones, 2004, pág. 771).
37 Jovellanos, Diarios, II, edic. del I.D.E.A., Oviedo 1954, 37.
38 Caso Gonzalez, J. M., De ilustración y de Ilustrados. Textos y Estudios del S. XVIII, o. cit. pág. 343.
39 Ibidem, 344.
La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
197
Título II, Art. 8, Párrafo III). En él se habla de «Ejercicios Piadosos»: misa diaria, vigilando la buena compostura en la Iglesia porque allí está presente el Señor; solemnidad en
las comuniones generales, y rezo de maitines en los tiempos, días y horas previstos, procurando que los rectores no sean laxos en las dispensas de dichos ejercicios piadosos40.
En todo lo anterior se refleja el concepto y vivencia de religión que tiene el propio
Jovellanos: comunión frecuente, apetecida libremente por el individuo y sin caer en la
rutina; precedida de una buena disposición interior. Cuando esto no se da, es preferible que el Rector dispense de ello. Deben quedar a salvo dos realidades: la libertad del
individuo y, al mismo tiempo, la pureza y rectitud del acto. De nuevo aparece el Jovellanos equilibrado y conciliador.
Si tuviéramos que resumir brevemente el concepto de religión que Jovellanos defiende, y actualizándolo a nuestra mentalidad, habría que recurrir a J. Menéndez Peláez
41
, cuando afirma que el universo intelectual jovellanista resulta prácticamente imposible de entender sin la envoltura del cristianismo. Aunque se separe de la tradición escolástica, su pensamiento sigue enraizado en la más genuina tradición cristiana, aceptando
la revelación y las verdades cristianas. Como tendremos ocasión de afirmar en el siguiente apartado, es un buen conocedor de la Biblia, la Patrística y otros autores y escritos clásicos cristianos. Si bien, siempre siguiendo a Menéndez Peláez, Jovellanos aceptó
de la modernidad el «sapere aude» («atrévete a saber») aunque su criticismo racionalista se imponga como frontera y autocensura las verdades reveladas. Se puede afirmar, en conclusión, que Jovellanos se inscribe dentro de la corriente de «humanismo
cristiano», queriendo y sabiendo conjugar las verdades reveladas con la promoción de
la cultura, la economía, la cuestión social y hasta la misma política.
3. Su experiencia religiosa personal:
entre la modernidad y la tradición
Es el momento ya de adentrarnos propiamente en su experiencia de religiosidad. Y lo
hacemos al hilo de algunos datos de su biografía personal y de su legado literario. Todo
ello sin prejuicios o presupuestos previos de comprensión hermenéutica que, por lo
demás, no deslegitimamos, pero con la sospecha fundada de que tal vez no logren alcanzar en su pureza y frescura el sentimiento y el pensamiento religioso de Jovellanos42.
40 Jovellanos, Reglamento para el Colegio de Calatrava, edic. de. José Caso González, Gijón 1964,
pág. 103.
41 Menéndez Peláez, J., «El humanismo cristiano de Jovellanos»: La Nueva España (5-1-2004) 26.
42 Por ejemplo: Sánchez Corredera, S., Jovellanos y el jovelllanismo, una perspectiva filosófica, Fundación Gustavo Bueno-Pentalfa Ediciones, Oviedo 2004.
198
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
En un estudio riguroso, y parafraseando lo sugerido por Caso González43, habría
que analizar en la religiosidad de Jovellanos los siguientes puntos:
1.
2.
3.
4.
5.
Si poseía una adecuada formación religiosa.
Si dicha formación era compatible o no con sus ideas.
Si se armonizaba su vida de fe con su quehacer cotidiano.
Si era practicante de hecho y cómo era dicha práctica.
Si su vida de fe sufrió un sano y adecuado proceso de crecimiento y formación.
Aunque no responderemos secuencial y directamente a todos y cada uno de estos apartados, sí nos servirán de trasfondo o hilo conductor de lo que diremos a continuación.
En una primera etapa de su vida, se ha tachado a Jovellanos de practicar una religiosidad fría y racionalista, al menos hasta su encarcelamiento en 1801. J. M. Caso, y
asumo dicha opinión, opina más bien que aquel dramático evento sí avivó su fe, su
esperanza y su abandono en la Providencia, como tendremos ocasión de comprobar
más adelante44. Pero Jovellanos no había dejado de rezar el oficio divino desde que
recibió la primera tonsura hasta que renunció a los beneficios eclesiásticos en 1774.
Repetimos que solía oír misa casi diaria y hasta se retiraba a Valdediós durante la Semana Santa para vivir los días grandes con sus «hermanos cistercienses»45.
Confiesa sobre su vida46:
[…] Señor tú eres mi único apoyo. Tú lo eras aun cuando mi alma andaba extraviada de
los senderos de la virtud…Tú sabes, Señor, que en medio de los errores y devaneos que me
rodearon en mi juventud, y de la ciega docilidad con que los seguí en los senderos del placer
y la disipación, ellos me guiaban continuamente hacia Ti, me hacían acudir a tu santo templo a lavar mis culpas en las santas aguas de la penitencia y acercarme, aunque indigno, a
aquella mesa inefable, donde tu bondad divina distribuye el pan purísimo de los ángeles a
los hombres frágiles y pecadores.
Caso González califica a Jovellanos, y con razón una vez más, como católico practicante al modo de los ilustrados, que es tanto como decir, según veíamos en el apartado
anterior, crítico con la religión folklórica y barroca, exterior y supersticiosa. Pero insiste Caso en que Jovellanos es el más honrado intento ilustrado de síntesis y de conjunción de todas las actitudes conjugables47.
Caso González, J. M., De ilustración y de Ilustrados. Textos y Estudios del S. XVIII, o. cit. pág. 336.
Ibidem, págs. 352-352.
45 Ibidem, págs. 353.
46 Ibidem, págs. 353-354.
47 Jovellanos, Obras en prosa, edic. de Caso González, Madrid, Edit. Castalia, Madrid 1987 (4ª
Edic), pág. 24.
43 44 La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
199
Jovellanos, es conveniente insistir en ello, no nos ha dejado demasiadas reflexiones
personales sobre cómo vivía su religiosidad personal. En La Epístola del Paular parece
acariciar el ideal de vida monástico. Incluso hay autores que afirman que Jovellanos
sufrió dos épocas: una juvenil, de tinte más deísta, y otra de madurez, profundamente
teísta y creyente. En la primera, hablaría el filósofo y el literato; en la segunda, el creyente cristiano. Incluso se ha querido emparentar el sentido religioso de Jovellanos
con la corriente Krausista en el sentido de que Dios daría una cierta coherencia y racionalidad al conjunto de la vida humana y, desde ahí, el creyente quedaría transformado en su ser y sensibilidad48. Sin embargo estas premisas no son sólo propias del
krausismo, sino compatibles con una sana espiritualidad cristiana.
También hay que resaltar que Dios, para Jovellanos, no es sólo consuelo en los momentos de sufrimiento y prueba, sino un Dios racional, misericordioso, portador de
belleza, sustentador de la ética. Este último aspecto es fundamental en la vivencia de
Jovellanos: la ética desemboca y reclama lo religioso; verdad revelada y descubrimientos de la razón natural no son incompatibles.
Pero dejemos los discursos más abstractos y volvamos a preguntarnos: «¿Cómo
era Jovellanos en cuanto a su experiencia religiosa?» – La respuesta más directa data
de 1795, cuando llega a escribir:
No necesito hacer profesión de fe; está hecha con mis principios y mi conducta, que
todo el mundo conoce49.
Ahondando, un pasaje de su amarga carta escrita al Rey en su cautiverio de la Cartuja de Valdemuza (24 abril 1808) nos aporta algunas claves muy valiosas50:
[…] Estoy muy lejos de creerme libre de imperfecciones, flaquezas y defectos, y antes
reconozco que mi natural flaqueza y docilidad me pueden haber hecho incurrir en ellos más
frecuentemente que a otro alguno. Pero en medio de este sincero reconocimiento, mi razón
y mi conciencia me autorizan para asegurar a V.M. que el más riguroso examen de mi conducta y mis escritos, nunca, «nunca!, podrá acreditar que yo, ni como ciudadano, ni como
magistrado, ni como hombre público, ni como hombre religioso, haya cometido jamás advertidamente el menor delito que me hiciere indigno de la gracia de V.M. y del aprecio de la
nación.
48 1973.
Díaz, E., La filosofía social del Krausismo español, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, Edicusa,
Cita tomada de Martínez Noval, Bernardo, Jovellanos, Gijón, Fundación Foro Jovellanos,
2006, pág. 72.
50 Ibidem, pág. 72.
49 200
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Y, si hacemos caso a lo que se ha escrito de él y de su estancia en Valdemuza, Jovellanos, en aquel destierro, no tuvo ninguna dificultad en vivir de la oración y de las
alabanzas, del estudio y del recogimiento porque era de natural religioso, sin artificios
ni afección51. No en vano, en un principio, se encaminó hacia una vocación clerical y
no en vano mantuvo siempre una relación muy especial con su hermana de sangre,
profesa Agustina en la vida religiosa, Sor Josefa de San Juan Bautista.
Siguiendo en su experiencia, hay que resaltar algunas de las confesiones realizadas
a sus amigos en su cautiverio mallorquín:
Si ud. me pregunta si dura todavía aquella esperanza (de redención), no sabré qué decirle, aunque sé que no ha revocado el propósito y también porque pone toda su confianza
en quien todo lo puede… Entre tanto, sufre, calla, espera, lee y reza» (habla en tercera
persona refiriéndose a sí mismo). «Alguna vez, recorriendo los salmos que convienen a un
penitente, tropieza en el ’inveteravi inter inimicos meos’, y luego sale así al paso aquel ’erubescant, et conturbentu’r, etc…Y esto último es lo que les desea más de corazón52».
Por lo demás, he aquí un precioso testimonio de Agosto de 1805, donde relata su vida:
Acudo, dice, a la Mesa Sagrada cada quince días; he leído de segunda vez toda la Biblia;
he decorado un salterio, acomodado a mi solicoro, y por toda lectura piadosa tengo el mejor
de los libros no canónicos, el Kempis, mi antiguo amigo53.
Por si lo anterior no fuere suficiente como muestra de su espíritu religioso, recogemos el conocido escrito, a modo de oración dirigido al Sr. Posada, en una carta que
parafraseaba el salmo 24 de la Vulgata «Judica me, Deus» en medio de la amargura de
su injusto castigo:
Ven, pues, Dios mío, y desde el trono de tu luz inmarcesible, vuelve hacia mí tus ojos y
mira el desamparo en que estoy y la oscuridad y los horrores de que me han rodeado mis
enemigos…¿A quién acudiré sino a Ti y dónde buscaré apoyo sino en Ti, Señor, que eres
escudo y protección de los inocentes y amparo y consuelo de los oprimidos?… Bien conozco, Dios mío, que nada se hace sobre la tierra sin el concurso de tu Providencia y, por
eso, rendido a tus santos decretos, sufro con resignación y paciencia el peso de humillación
y amargura que oprime mi alma54.
Ibidem, pág. 72.
Ibidem, pág. 72.
53 �
Ibidem, pág. 72.
54 Ibidem, págs. 60-61.
51 52 La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
201
En 1807 hizo testamento encabezado, como era costumbre, con la invocación al
Santo nombre de la Trinidad, en cuya santa presencia estaba confiado, y cuya infinita
bondad y asistencia implora para su último fin.
Declaro –dice– que desde mi primera edad y por todo el curso de mi vida he profesado
y actualmente profeso con sincera y constante fe la santa religión católica, apostólica romana, creyendo, como firmemente creo y confieso, todos los dogmas y artículos que su
santa iglesia tiene y confiesa; y que es mi deseo, así como he nacido y vivido, permanecer y
morir en su santo gremio y en la comunión de los fieles que la profesan, a cuyo fin imploro
también la protección en intercesión de la buena Virgen María, Madre de Dios y protectora
de los hombres, para con su Hijo Santísimo, Jesucristo, mi Señor, piadoso Redentor, en
cuya intercesión confío que, por el mérito e infinito valor de su preciosa sangre, lavando las
manchas de mi alma, le abrirá las puertas del cielo, para que goce de la presencia divina en
la eterna bienaventuranza, etc55.
Solicitaba, en el caso de morir en Mallorca, que se hiciese un entierro «sin distinción, pompa ni asistencia alguna», que fuese sepultado en la Cartuja de Jesús Nazareno
y que se cantara, además del oficio del sepelio, otros dos en Gijón, uno de ellos en la
Iglesia parroquial y el otro ene le convento de agustinos, «ambos sin convite ni distinción alguna». Además pedía que se oficiasen algunas misas por el eterno descanso de
su alma para lo cual dejaba en Mallorca 50 libras del país y en Gijón 50 ducados de
vellón». Estas misas deseaba las aplicaran los sacerdotes que los albaceas creyesen
más necesitados. Y dejaba 800 ducados para el socorro de niños pobres56.
Insistimos que el episodio del cautiverio de Mallorca, y su religiosidad, no fue algo
casual. En sus diarios de viaje, frecuentemente consignaba cómo rezaba el Salterio,
cómo era su costumbre oir misa allí donde estuviere, aunque no fuere domingo o
festivo. Si bien, como hemos expresado más arriba, en sus escritos se muestra parco y
contenido a la hora de expresar sus sentimientos religiosos.
Además de la Biblia, Santos Padres y Kempis, Jovellanos es muy aficionado a la lectura
de Fray Luis de León. Particularmente Kempis y Fray Luis de León son como dos caras
de una misma moneda: uno representa la oración piadosa y el otro la poesía mística; pero
ambos se refieren y priman una experiencia profunda e interior del único Dios.
Por lo demás, en su escrito ya aludido sobre «Memoria sobre educación pública», no
rechaza como asignatura «la Moral religiosa», por ser
estudio el más importante para el hombre, como escribe, y sin el cual ningún otro podrá
llenar el más alto fin de la educación. La enseñanza de la moral cristiana presupone el cono55 56 Ibidem, págs. 72-73.
Ibidem, pág. 63.
202
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
cimiento de los misterios de la religión que estableció su divino Autor. Se debe dividir en
cinco partes: el catecismo común, el catecismo histórico, el símbolo de la fe, la historia del
Nuevo y Viejo Testamento y la lectura de la santa Biblia. En la meditación de los santos
evangelios verán los jóvenes confirmados y sublimemente expuestos aquellos preceptos de
la ley natural y eterna que el criador grabó en nuestras almas. Verán cómo Jesucristo, lejos
de alterar o destruir los artículos de esta ley, vino solo a ilustrarla y perfeccionarlos. Verán
como todos los pasos, todas las acciones, todas las palabras de este divino maestro, las virtudes que ejerció, los prodigios que obró, los ejemplos y documentos que nos dejó, fueron
dirigidos a la perfección de esta doctrina. Verán, en fin, cómo después de haberla confirmado con la santidad de su vida, la consagró con la paciencia y voluntario sacrificio de su
muerte, dejándonos en una y otra un perfectísimo dechado de santidad, de mansedumbre
y de beneficencia, y marcando el camino que deben seguir cuantos aspiren a santificarse y
merecer la eterna recompensa, que prometió a los justos57.
De entre los escritos «privilegiados» para conocer la religiosidad de Jovellanos
destacamos, casi para finalizar, uno privilegiado: Oración sobre el estudio de las Ciencias
Naturales58), pronunciado ante los alumnos del Real Instituto Asturiano el 7 de Abril
de 1799. En él se unen ciencia, poesía, metafísica y religión59. En él habla, como algo
natural del Altísimo Creador y la su obra creadora y descubre que, aunque el hombre
tiene una insaciable sed de sabiduría, sólo a Dios le está permitido conocer los límites
de la creación. Habla incluso de la fraternidad universal que Dios mismo quiso establecer no sólo entre los hombres entre sí sino de los hombres con la naturaleza y con
los seres vivientes:
Así es como el Omnipotente ató los cielos con la Tierra, y cómo enlazó sobre ella todas
las cosas en un mismo vínculo de amor y de mutua dependencia60.
Más aún: afirmará que el hombre es el rey de la creación porque puede someterla y
conocerla y
penetrado de admiración y reverencia, reconoce aquella eterna y purísima Fuente de
bondad, en la cual esencialmente residen, y de la cual perennalmente fluyen los tipos de
cuanto es sublime, bello y gracioso en el mundo moral…Allí ve, en fin, cómo a él sólo le
fueron dados este amor a la verdad, este respeto a la virtud, este íntimo sentimiento de la
Ibidem, pág. 78.
Esta Oración sobre el Estudio de las Ciencias Naturales fue recogida por J. M. Caso González,
Obras en Prosa de Jovellanos, Madrid, Castalia, 1987, págs. 220-241.
59 Caso lo califica como de las más bellas y sublimes piezas oratorias de Jovellanos (Caso González-.
Canga Meana, B.,-Piñan, C., Jovellanos y la naturaleza, Fundación Foro Jovellanos, Gijón 2006, 51)
60 Ibidem, págs. 60-61.
57 58 La religiosidad en Jovellanos: entre la tradición y la modernidad ilustrada – Raúl Berzosa
203
divinidad, que desprendiéndole de todas las criaturas, le mueve y le fuerza a buscar solamente en el seno de su Criador la causa y el fin de toda existencia y el principio y término de
toda felicidad61.
Murió, como es conocido, el 27 de noviembre de 1811 en casa de su fiel amigo
Antonio Trelles Osorio, confortado con los auxilios sacramentales de la religión cristiana.
Si llegados a este punto, y ya finalizar esta exposición, se me pide resumir algo así
como los pilares o las líneas maestras de todo su edificio religioso, me atrevo a hacerlo
en una especie de decálogo, tal y como se deja entrever en sus escritos y tal y como
otros autores han ido poniendo de relieve y hemos escrito en el presente apartado de
nuestro discurso:
1. Existe un Dios Creador, Amoroso y Providente.
2. La naturaleza, y particularmente el hombre, es obra del Creador.
3. El hombre no sólo es una criatura que tiene cuerpo y alma sino constitutivamente es social e histórico.
4. En el Creador se unifican las realidades lógico-ético-estéticas-religiosas.
5. Existen verdades reveladas transmitidas por el Maestro Jesucristo. En la
Oración inaugural del Real Instituto Asturiano, llega a proclamar:
!Ah! Sin la revelación, sin esta luz divina que descendió del cielo para alumbrar y
fortalecer nuestra «oscura», nuestra «flaca» razón, ¿qué hubiera alcanzado el
hombre de lo que existe fuera de la naturaleza? ¿Qué hubiera alcanzado aún de
aquellas santas verdades que tanto ennoblecen su ser y hacen su más alta
consolación?62.
6. El cristianismo auténtico es compatible con las búsquedas de la razón humana.
7. La piedad verdadera debe responder a actitudes interiores y no sólo externas.
8. La religión potenciará una verdadera ética y una adecuada educación,
para hacer posible un hombre nuevo.
9. La religión es ámbito de verdad, bondad y belleza para la humanidad.
10. El misticismo es un puro y sublime sentimiento, penetrado de amor y
bondad capaz de llenar el alma.
61 62 Ibidem, pág. 61.
Jovellanos, Obras Completas, I, B.A.E, pág. 318.
204
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Reforzando este último punto, el del misticismo, muy recientemente se ha llegado
a escribir que
los ojos de Jovellanos ante el paisaje o ante el Universo no son sólo los ojos del poeta: son
también los del científico, o mejor, los del gran aficionado, y los del hombre profundamente
religioso, para quien la materia en sí es poca cosa y para quien la inteligencia humana, al
extasiarse ante los seres del Universo, lo primero que tendrá que reconocer es su limitación
y la grandeza del Ser Creador. De aquí que Jovellanos sea observador, captador de bellezas,
científico y hombre que adora al Dios omnipotente. Son cuatro maneras de colocarse ante
la naturaleza63. Yo añadiría: son cuatro maneras complementarias de situarse ante la realidad misma.
Una vez más confluyen en el pensamiento y actitud religiosa de Jovellanos la tradición y los ecos de la modernidad ilustrada; y, una vez más, se pone de relieve que Jovellanos, desde su bautismo en la Iglesia de Cimadevilla hasta su muerte, en Puerto de
Vega, vivió inmerso en el universo cristiano. Era católico practicante, o, con palabras
una vez más de Caso González, innovador pero con mesura; luchador infatigable del
bien y de la verdad pero sin perder de vista la justicia y la caridad; anuncio de nuevos
tiempos y de nuevas ideas pero sin romper los lazos de la tradición64.
El que les habla, después de este breve estudio sobre Jovellanos, no puede más que
dar gracias a Dios por este asturiano insigne. Valoro no tanto el haberles aportado alguna novedad como el haber aumentado en mi persona el conocimiento y aprecio hacia la persona y obra de nuestro ilustrado gijonés. No me resta sino dar gracias a todos
Uds. por la amabilidad de su atención y por la generosa paciencia de su escucha.
Caso González, J. M., Canga Meana, B., Piñan, C., Jovellanos y la naturaleza, pág. 48.
Caso González, J. M., De ilustración y de Ilustrados. Textos y Estudios del S. XVIII, 354. Esta misma
dimensión de un cristianismo continuado en Jovellanos se subraya, si bien con el matiz teísmo-deísmo
en: Sánchez Corredera, S., «Jovellanos y la religión. El problema religioso en Jovellanos», Boletín
Jovellanista VI/6 (2005) 235-260.
63 64 Jovellanos y la naturaleza
Bernardo Canga Meana1
I.E.S. Universidad Laboral. Gijón
Resumen
El autor hace una evocación de algunas rutas jovellanistas realizadas por Jovellanos; en
esta breve radiografía ocupa un lugar especial el «Camín de la Mesa», una de las rutas más
jovellanistas que el autor diseñó en su libro Jovellanos y la naturaleza.
Palabras clave: Jovellanos, naturaleza, Calzadas romanas, Camín de la Mesa.
ABSTRACT
This author evokes some of Jovellanos’s routes; in this brief radiography the «Camín de
la Mesa», one of Jovellanos’s favourite routes as designed by the author in this book Jovellanos y la naturaleza (Jovellanos and Nature)– deserves a special place.
Key words: Jovellanos, nature.
S
eñora Alcaldesa, amiga y compañera de marcha por la Naturaleza; Presidente del
Foro, también amigo y compañero de marchas jovellanistas; Teresa, digna sucesora del profesor Caso; Carmen, verdadera artífice de todo lo que hacemos en la Naturaleza y por Jovellanos, compañera ideal e inmejorable en todo.
A la alcaldesa la implico, pues ella es también algo cómplice, con su recordado Daniel, de mucho de los que hacemos Carmen y yo. Fue idea de ellos que empezásemos
D. Bernardo Canga Meana leyó su discurso de ingreso el 7 de enero de 2006 con motivo de la presentación del libro Jovellanos y la Naturaleza, prologado por el Dr. Jesús Menéndez Peláez. Véase Boletín
Jovellanista 7-8 (2006-2007), págs. 43-46.
1 206
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
con los programas medioambientales, primero de Cruz Roja, enviándonos a Madrid
y haciéndonos responsables de su sección medioambiental en Gijón y en Asturias,
luego trasformada en la Sección Verde de Protección Civil; y de la idea del programa
de educación ambiental Recreo en la Naturaleza, así como de rescatar la cita anual en
la Peña de los 4 Jueces. Allí nos quedamos incluso aislados, con el land rover averiado,
buscando la Peña y regresando a Gijón a pie.
Paz y Daniel siempre nos ayudaron y apoyaron en todo. Hay que reconocerlo, como
también tenemos que destacar que en todos los ayuntamientos de Asturias y en todas
las consejerías del Principado siempre se nos abrieron todas las puertas en esta labor
montañera-naturalista, de educación medioambiental y de recuerdo a Jovellanos; lo
mismo que en cualquier medio de comunicación (tanto prensa, como radio o televisión); siempre se nos recibió con los brazos abiertos. Por tanto, la labor así es mucho
más fácil. Gracias a todos y a ustedes que están ahora aquí: autoridades, responsables
de los cuerpos de seguridad y salvamento, amigos y compañeros.
Mientras vean las imágenes proyectadas, obra de Carmen, apreciarán algunas de la
Vía de la Plata, que también recorrió Jovellanos, por tierras castellanas, con puentes,
miliarios, empedrados de calzadas o cañadas (que no es igual, pues las personas y carruajes iban por la calzada y los rebaños por la cañada, paralela a esa vía); y esto último
fue gracias a Ramona Piñán, tía de Carmen y a su marido el recordado Manolo San
Román. Ellos hicieron posible, desde su finca salmantina, que, tomándola como base
(pues está a la vera de esa vía), pudiésemos estudiar también esa zona de la famosa
Ruta de la Plata. Ese podría ser nuestro próximo trabajo.
Siempre es una satisfacción que un libro en el que se puso mucho empeño e ilusión
vea la luz. Si encima se te concede el honor de ser patrono de una fundación como esta
del Foro Jovellanos, entonces la alegría es doble. La tristeza es que se me hace a mí tal
honor doble cuando en realidad los méritos –tengo que decirlo–, son más de otros.
Pues las marchas jovellanistas fueron ideadas y organizadas, dentro del programa de
educación ambiental «Recreo en la Naturaleza», desaparecido hace un par de años,
tras veintidós de feliz andadura, siendo la eficaz coordinadora del mismo Carmen Piñán [aplausos], con el asesoramiento de los monitores del mismo y los voluntarios de
la Sección Verde de Protección Civil de Gijón, con Severino Canal a la cabeza. Y este
libro, aparte de lo aportado sabiamente por los profesores Caso González y Menéndez
Peláez, es una obra, sobre todo, de esas personas especialmente. Incluso las fotografías,
de las que están viendo ahora alguna proyectada, son obra de Carmen Piñán principalmente. Por eso, en todo ello yo aporté poco. Y merezco, por tanto, muy poco. Santiago,
Álvaro, Iñigo, Severino, Carmen y otros muchos se merecen el verdadero reconocimiento jovellanista, tanto en el libro, como en las citadas marchas populares.
Si a mí se me hace patrono por este motivo, lo agradezco sinceramente, pero también
sinceramente no lo merezco más que ellos. Podría ser el primus inter pares, y así recoger
Jovellanos y la naturaleza – Bernardo Canga Meana
207
las distinciones en nombre de ese buen equipo, ahora, por cierto, muy activo con el
programa «Naturaleza y Cultura», ideado también por Carmen Piñán y Julio Maese.
Otra alegría es que cada vez más personas visitan la Naturaleza y eso es importante,
pues lo que no se conoce no se quiere, y lo que no se ama no se defiende como un
preciado tesoro para generaciones futuras. La Naturaleza es de todos y para disfrute
de todos. Lo triste es que hay aún desaprensivos que destrozan el monte con sus maquinas; otros lo arrasan o queman, otros exterminan animales y algunos especulan
con los preciados recursos naturales. ¡Si Jovellanos levantase la cabeza! Las autoridades no tienen muchas veces la culpa, sino sus asesores. Es muy necesario el desarrollo
sostenible, y saber compatibilizar el bien de todos con el uso (no abuso) del medio
natural, y tener en cuenta a los sufridos lugareños de esos apartados núcleos rurales
tan maltratados y olvidados.
Otra alegría es que ya se tome en serio la Naturaleza a través de foros como este.
Hoy es un ejemplo. La tristeza es que en otros entes con poder no se valore la educación ambiental, ni la prevención, ni la pureza natural. No se es aún sensible con el
Medio Ambiente. Por eso, desaparecen los programas de educación cívica, se destrozan vías históricas, caminos reales, puentes o calzadas romanas; la mayoría de las veces
por ignorancia no por mala fe. No valoramos lo que tenemos.
Afortunadamente, ahora, el Principado de Asturias, a través de su Conserjería de
Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras, lo está tomando ya
algo en serio Estas Navidades pasadas, el libro institucional del Principado La Construcción Histórica del Territorio Asturiano, en el que algo tuvimos que ver también
Carmen Piñán y el que les habla, así como Severino Canteli y la Sección Verde de
Protección Civil, trata sobre estos viejos caminos. (Curiosamente aún no se presentó
ese libro). Y pensemos que en los últimos 20 años se destrozaron más vías históricas
que en 20 siglos.
Entre los reconocimientos, por la publicación de este libro, aparte del dirigido al
Foro Jovellanos, tenemos que destacar la colaboración: extensa en el prólogo, de Jesús
Menéndez Peláez; y de Fernando Adaro, que tanto batalló con nosotros en múltiples
reuniones (buen heredero es Fernando de su padre D. Luis, en el amor a la Naturaleza); así como Orlando Moratinos, verdadero editor y alma de esta cuidada obra. Jesús –como dijimos– nos acompañó varias vez en las rutas jovellanistas, lo mismo que
la Alcaldesa de Gijón (con animo y tesón), así como otros muchos amigos y autoridades aquí presentes.
Y ahora, someramente, recordemos algunas frases que Jovellanos dejó escritas en
su Diario, hace dos siglos, al pasar por el Camín Real de La Mesa, cerca de Torrestío:
Subida larga, harto suave y accesible a carros. La Mesa, sin duda llamada así por alusión,
pues es una grande y tendida llanura entre dos altos. El vulgo dice que allí comió Don Pe-
208
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
layo y jur6 no dejar moro a vida en Asturias. En ella está la divisoria de Asturias y León, en
el punto de las vertientes, Acá entra el concejo de Somiedo. Mucho ganado:l os puercos
parecen a los teberganos. La Prida dice que un cura mejoró aquella casta trayendo padres
de Extremadura [téngase en cuenta que esa vía romana unía tierras extremeñas y asturianas]. […]
Venta de La Mesa, perteneciente al lugar de Saliencia y que sirve por turno un vecino
para disfrutar su producto. Es sólo para arriería y no tiene comodidad alguna. Ermita del
Ángel, llena de pellejos de vino y camas de arrieros. Son edificios nuevos y están cubiertos
de tablas de roble bien clavadas, no permitiendo los vientos otra techumbre. Están situados
en la montaña que corre de la derecha del puerto de La Mesa. Comimos con gran incomodidad, aunque bien, refrescados con el agua de su buena fuente.
Salimos siguiendo la misma cordillera hasta una garganta, en que, dejando a la izquierda
el camino de Somiedo, se entra al de Teberga (en La Madalena) y empieza a bajar el peor
camino que pasé en mi vida. Lo que más incomoda es la grande altura por donde se va y el
enorme precipicio que hay a la derecha. La bajada es cruel, por la peña viva, arenisca, en
vueltas y revueltas tomadas por una senda estrechísima. Después de mil afanes se baja al
lugar de Barrio».
Como se ve lo describe todo con detalle de buen divulgador y estudioso. Esta ruta
y otras veinte se recogen actualizadas y con algunos consejos en este libro de Jovellanos
y la naturaleza. Pero, ahora que se celebran tantos actos en honor del ilustre prócer, no
está de más recordar algunas de sus frases relacionadas con la Naturaleza. En especial
para que se tengan en cuenta las sabías palabras que el nos legó. Decía así:
Los antiguos crearon y nosotros imitamos, porque los antiguos estudiaron en la Naturaleza y nosotros en ellos. Sí queremos igualarlos ¿por qué no estudiamos como ellos? Sacudiendo de una vez las cadenas de la imitación, separaos del rebaño de los copiadores y
atreveos a subir a la contemplación de la Naturaleza. Hombre, si quieres ser venturoso contempla la Naturaleza y acércate a ella, en ella está la fuente del escaso placer y felicidad que
fueron dados a tu ser.
Siendo uno de los primeros divulgadores de la montaña asturiana, así como un
gran naturalista y escritor medioambiental. Ahora se escuchan por doquier las enseñanzas de muchos supuestos amigos del medio ambiente, de la naturaleza o de la ecología, que tienen cierta ignorancia muy atrevida. Por eso no esta de más recordar a
Jovellanos en su vertiente montañera-educativa.
Y, para finalizar, recordemos lo que dejo escrito al pasar entre Castañedo del
Monte y Trubia, bajando por Linares, del tramo principal de la calzada romana de La
Mesa (que venía para Gijón y no para Grado como hay quien asegura erróneamente).
Decía así:
Jovellanos y la naturaleza – Bernardo Canga Meana
209
Descanso a la orilla de un arroyo abundantísimo que baja de lo alto a entrar en el río por
su izquierda. Es sitio delicioso –a la margen de las sonoras aguas y a la sombra de un hermoso avellano. Todo es poético; la imaginación ayudaba, pero pasé la edad de esta especie
de ilusiones. Voy a dejarlo, aunque sienta arrancarme de tan agradable situación. ¡Oh Naturaleza! Que desdichados son los que no pueden disfrutar en estas augustísimas escenas
donde despliegas tan magníficamente tus bellezas y ostentas tu majestad.
Así hablaba él del medio natural, igual en Pajares, que en Llanes, Siero, Somiedo,
Teverga, Cangas del Narcea, Proaza, Quirós o en cualquier camino histórico. A Buiza
se refirió mucho; pero a veces, como en ese lugar, las pistas o carreteras lo cambiaron
todo. Por allí se hacen ahora muchos destrozos por la variante ferroviaria de Pajares y
alguna pista de tierra borró para siempre el viejo camino empedrado de la época romana. Y lo triste es que, al mes, se dese­chó pues no hacia falta esa nueva vía. ¡Se tendrían que planificar bien las obras!
Ya para terminar recordemos que, por ejemplo, Peña Ubiña también atrajo la atención de este gran asturiano. De ella dijo, al pasar cerca de Torrebarrio y Torrestio por
Candemuela:
A la derecha la famosa Peña de Ubiña, que se cree ser la más alta de España. Vese desde
tierra de Segovia y desde muy adentro del mar. Los de Cudillero, que navegan por ella, la
llaman la Becerra; va a dar al concejo de Lena.
Aunque su excursión montañera más famosa fue la que realizó por el camino romano de La Mesa (en realidad por allí iba la verdadera Ruta de La Plata).
Muchas gracias.
Evolución y violencia.
La sociedad cautiva
Marcelo Palacios Alonso1
Presidente de la Sociedad Internacional de Bioética
Resumen
En este trabajo y otros similares el autor viene considerando que la violencia fue un motor decisivo en la evolución del hombre, de modo que desde que nuestra especie se inició
como tal, la violencia fue cultural, convencional. La violencia es la agresividad instintiva
dirigida intencionalmente por el raciocinio para causar un daño contra el hombre y/o la
Naturaleza, y en su origen y manifestaciones es una conducta irracional.
La evolución hacia el hombre a partir de ciertos primates tuvo lugar en núcleos vitales de
complejidad y una vez superado el umbral máximo de supervivencia. El aparato locomotor
adaptado para el bipedismo, las manos polifacéticas y libres, el metabolismo de omnívoro y
los instrumentos creados forzaron la humanización progresiva, hoy todavía en sus inicios.
Nuestra evolución se produjo en razón de las concurrencias presentes en cada tramo
cronológico evolutivo y de los útiles y medios disponibles. Se debió, por tanto, a causas
circunstanciales, una de ellas decisiva: el proceso consciente cultural y creativo. Con ese
bagaje se impusieron al hábitat complejo y evolucionaron los mejor armados (con la cultura
técnica y sus artificios). Queda inequívocamente de relieve la influencia de la fabricación de
útiles en nuestra evolución, y que durante cuatro m.d.a las armas nos marcaron para la violencia, de las lascas y el mazo de piedra, la lanza, el arco, la flecha (el hombre se fue haciendo
al ritmo en que mejoraba las armas y habilidades).
La violencia no pertenece a la naturaleza del hombre, es una conducta adquirida desde
que la agresividad instintiva quedó supeditada a determinadas expresiones de la cultura
primitivamente técnica. Con los útiles creados los ancestros elaboraron y transmitieron estrategias de caza y lucha, modos de supervivencia que volcaron la disputa existencial a su
favor. Saber matar fue su principal recurso, reforzado al diversificar y perfeccionar los utensilios, y luego con el uso del fuego y el desarrollo del lenguaje y la intercomunicación. Con
el homínido faber se desplegó la violencia que sus seguidores continuarían hasta hoy; se
1 El Dr. D. Marcelo Palacios Alonso leyó el discurso de ingreso el 30 de marzo de 2006; hizo su semblanza el Prof. Dr. D. Arturo Cortina. Véase Boletín Jovellanista 7-8 (2006-2007), págs. 53-59.
212
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
abría el sendero de la cultura, con el paso del tiempo un asombroso universo de conductas.
A los primeros útiles se remonta la violencia que el hombre nunca dejó de ejercitar. Violencia y armas (incluidas las mentales) son inseparables de nuestra evolución.
Actualmente azotan la Hombridad lacras culturales de inusitada violencia, pautas de
conducta completamente deshumanizadas que actúan de forma selectiva, individual y colectivamente. Además, el hombre dispone de medios científicos y técnicos con que doblegar la Biosfera: si se lo propusiera decidirá su futuro como especie y el de su entorno, quién
sabe con qué consecuencias.
Si los antecesores fueron violentos durante al menos 4 millones de años (m.d.a.), podría
no sorprender que los sucesores lo sigamos siendo. Aún así, es incomprensible que las cualidades y medios con que contamos –la consciencia capacitada para el raciocinio, el lenguaje y la cultura positiva acumulada– no hayan servido para eliminar nuestra conducta
más indigna, que se reitera hasta límites de horror inimaginables.
Siendo la violencia de origen cultural, solo la cultura podrá anularla. Es una empresa
necesaria, esencial, con la que, de la imperante cultura de la violencia la Hombridad ha de
encauzarse hacia la cultura de la dignidad y profesarla sin exclusiones, de tal modo que la
persona, el ciudadano nunca debe perder. La democracia integral y coparticipada. la soberanía
del pueblo y la ciudadanía universales serán pilares fundamentales del orden mundial de la
convivencia pacífica y justa.
Palabras clave: Evolución, orígenes, genes, proteínas, células, teorías, vida, materialidad, cohesión, vegetalidad, animalidad, complejidad, núcleos, biológica, mixta, violencia,
cultura, tecnología, cronología, ancestros, pisadas, bipedismo, encefalización, matar, homos, Humanidad, Hombridad, ¿qué?, períodos, armas, vivienda, lenguaje, fuego, especie,
género, consciencia, conciencia, razón, inteligencia, arte, religiosidad, civilizaciones, deidades, atributos, dignidad, superior, bondad, malicia, puzzle, paradojas, lobos, liebres, moral,
desorden, clanes, clases, Factidad, Ajenidad, dominio, servidumbre, secuaz, crónica, mundos, pobreza, opulencia, analfabetismo, enfermedad, desempleo, Coprosfera, Ecobiocidio,
antropofagia, canibalismo, paraísos, infiernos, ética, moral, leyes, progreso, futuro, demografía, emigración, refugiados, especulaciones, regreso, involución, extratelúrico, apocalípsis, cautivo, simbiosis, capitulación, diseño, inventada, democracia, coparticipada, integral,
convivencia, autoridad, legitimada, pacífica, protagonista, empresa, esencial.
Abstract
In this and other similar works by the author, violence is considered as a decisive driving
force in the evolution of man, to the extent that, since our species first saw the light of day,
violence was cultural. Violence was a convention. Violence is instinctive aggressiveness intentionally guided by reason to cause harm to man and/or nature. Both its source and manifestations reflect irrational behaviour.
As of certain primates, the evolutionary path towards man took place in complex vital
settlements and after the maximum threshold of survival had been overcome. The locomo-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
213
tor system adapted for bipedism, the free and versatile hands, the omnivorous metabolism,
along with the tools created, forced progressive humanisation, which is still today only in its
beginnings.
Our evolution occurred as a result of the concurrence of several factors at each particular
stage of evolution and of the tools and resources available. Consequently, our evolution
came about for circumstantial reasons, one of which was especially decisive: the cultural
and creative consciousness process. Armed with this baggage, they imposed themselves on
the complex habitat in which they lived and became better equipped (with the technical
culture and its crafts). The influence of the manufacturing of tools as an outstanding feature
of our evolution is beyond doubt. For four million years, weapons marked us out for violence: the stone chips and the stone mallet, the spear, the bow, the arrow (man evolved as
weapons and crafts improved).
Violence is not an innate part of human nature, it is a behaviour pattern that has been
learned since his instinctive aggressiveness became subject to certain expressions of primitively technical culture. With the tools created, our ancestors conceived and handed down
hunting and combat strategies, ways of survival that balanced the fight for survival in their
favour. Knowing how to kill was their main resource, further reinforced by the diversification and perfecting of the implements, and later by the use of fire, the development of language and of intercommunication. Violence took off with the homo faber and has come
down to his followers today; the path to culture was opened, which, with the passing of time,
has given rise to an astonishing universe of differing types of conduct. The violence that
man has never left off employing dates back to the first tools. Violence and weapons (including mental ones) form an integral part of our evolution.
At present, Mankind is being lashed by cultural blots of exceptional violence, wholly
dehumanised behaviour patterns acting selectively, individually and collectively. Moreover,
man possesses the scientific and technical means to crush the Biosphere: were he to do so,
he would be deciding his future as a species and that of his environment, and who knows
what consequences such an action could bring with it.
If man’s ancestors behaved violently for at least 4 million years, it should come as no surprise that his descendants continue act in the same way. Even so, it is unbelievable that the
qualities and resources that we have at our disposal – a consciousness endowed with the capacity to reason, language and the accrued positive culture – have not served to do away with
our most despicable conduct, which has reared its ugly head to the most horrific limits.
Given that violence has its origin in culture, it is only culture that can wipe it out. This is
a necessary and essential endeavour. Consequently, Man has to turn away from the prevailing culture of violence and aim to institute a culture of dignity, a culture that must be professed without exception, in such a way that the person, the citizen must never lose. Full and
co-participated democracy, the sovereignty of the people and universal citizenship will become the basic foundations of world order, of a peaceful and just coexistence.
Key words: Evolution, origins, genes, proteins, cells, theories, life, nature, cohesion, vegetativeness, animality, complexity, nuclei, biology, mixed, violence, culture, technology,
chronology, ancestors, tracks, bipedism, encephalisation, killing, homos, Humanity, man-
214
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
ity(?) Hombridad), What?, periods, weapons, housing, language, fire, species, sex, consciousness, conscience, reason, intelligence, art, religiousness, civilisations, deities, attributes,
dignity, superior, goodness, malice, puzzle, paradoxes, wolves, hares, moral, disorder, clans,
classes, factualpower (Factidad), (foreing?)ness (Ajenidad), dominion, servitude, follower,
chronic, worlds, poverty, opulence, illiteracy, disease, unemployment, «coprosphere» (Coprosfera), ecobiocide, cannibalism, paradises, hells, ethics, moral, laws, progress, future, demography, emigration, refugees, speculations, return, regression, extratelluric, apocalypse,
captive, symbiosis, surrender, design, invented, democracy, co-participated, full, coexistence,
authority, legitimate, peaceful, protagonist, endeavour, crucial.
E
xcma. Sra. Alcaldesa, Ilmo. Sr. Presidente del Patronato del Foro Jovellanos y miembros del mismo, Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, Señoras y Señores. Buenas tardes.
Ante todo quiero reconocer la deferencia recibida del Patronato al incluirme en él,
que atribuyo a la generosidad de quien partió la propuesta y del Patronato al considerarla –al no ser yo un estudioso de la vida y obras del ilustre prócer, que conozco–,
máxime sabiendo que la entrega continua a mis actividades en el ámbito de la Bioética
apenas me permitirán dedicarme a las tareas propias de esta noble institución que
ahora me honra.
Al eminente y querido Prof. Dr. Arturo Cortina, vaya mi agradecimiento por su
detallada y amistosa presentación.
Sras., Sres.,
La panorámica con que contemplo la evolución del hombre –a la que dispongo desde
hace bastantes años un interés que supera con mucho el mero entretenimiento–, tan
ajustada como las incertidumbres sobre el transcurrir evolutivo lo permiten, es el soporte
del planteamiento principal, a saber, la violencia que estimuló y acompañó a la evolución
del hombre –sinécdoque hombre/mujer– de la mano de las tecnologías y los instrumentos creados. Y tratándose de la violencia se desvanece toda sospecha de improcedencia
por mi parte: como cualquier persona, la conozco, convivo con ella, la sufro y acaso la
propicio, y debo sopesar sus fundamentos, sus efectos y los posibles remedios.
LA VIOLENCIA
La violencia es la agresividad instintiva guiada por el raciocinio a producir un daño, y en
su origen y manifestaciones es una conducta irracional. Todas sus formas tienen los
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
215
componentes propios: la aceptación consciente del hecho y el perjuicio que provoca.
De modo que la intencionalidad y el daño (lesión física, psíquica, social, ambiental o
lisis) son los requisitos para definir la agresividad como violencia. Es una conducta
por acción u omisión contra el hombre y la Naturaleza, y no deja de ser violencia sea
cual sea la justificación o legitimación que se le quieran dar, o aunque nos desentendamos de sus terribles efectos.
El médico y etólogo austríaco Konrad Lorenz, galardonado con el Premio Nobel en
1973, define la agresión, común a los animales, como «el instinto que lleva el hombre a
combatir contra los miembros de su misma especie» (Sobre la agresión: el pretendido
mal, 1971). Se refiere al hombre únicamente en tanto que animal, no como animal capacitado para el ejercicio de la razón, lo que implica diferencias sustanciales, pues el hombre: a), no solo expresa el instinto agresivo como violencia contra su especie, sino
también contra la Biosfera; b), la agresividad así orientada no tiene el fin primordial que
tiene en los animales, al ir sus efectos más allá de su defensa o supervivencia; c) puede
controlar la agresividad y derivarla hacia conductas culturales civilizadas y no violentas.
Se ha buscado relacionar el comportamiento violento y criminal: con la concentración de neurotransmisores en el cerebro (la disminución de los niveles de serotonina
–que puede medirse en el líquido cefalorraquídeo a través de su producto metabólico,
el ácido 5HIAA– y la elevación de los de dopamina o las catecolaminas, cortisol, vasopresina, noradrenalina o norepinefrina, ésta demostrable con las excreciones de sus
residuos, la tiramina y la normetanefrina), o con la de determinadas sustancias del
organismo (descenso de glucosa –hipoglucemia– y de progesterona en la fase premenstrual, y el aumento de testosterona); con el raro patrón cromosómico XYY; con
un gen mutado y defectuoso del cromosoma X que codifica la enzima MAO A (monoaminoxidasa A), encargada de controlar los niveles celulares de los neurotransmisores citados; con la producción de la proteína alfa-CaMKII. O con la fisionomía
(Giambattista della Porta la define como «ciencia que descubre el carácter y la personalidad estudiando el aspecto exterior el cráneo»: De la fisionomía humana, 1586; el
anatomista austríaco Joseph Francis Gall, fundador de la Craneología o Frenología:
De las funciones del cerebro y cada una de sus partes, 1825); con los rasgos físicos (el
teólogo suizo Johan Kaspar Lavater: El arte de estudiar la fisiognomía y Fragmentos fisiognómicos, 1775); o con la «locura moral» o epilepsia larvada, y anomalías corporales (el médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso: El hombre delincuente, 1876;
La mujer delincuente, 1893), por hacer algunas citas. Con esta metodología se buscan
seres específicamente violentos para clasificar sus signos o síntomas definitorios, o el
trastorno de algún gen y sus funciones. Sin menoscabo de que el comportamiento
individual violento sea un escenario de análisis no desdeñable, lo que sobre todo
ocupa mi atención es la violencia masiva, tramada por una parte de la Humanidad y
con su beneplácito.
216
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
El hombre es un ser cultural, social y territorial. El antecesor remoto vivió en hábitat más o menos reducidos y constituyó poblaciones marcadamente endogámicas de
horda o clan; el homo histórico ocupa un territorio universal, muestra una gran diversidad y configura una sociedad supuestamente global. Protagonista destacada de su
evolución, a veces cruenta (desde sus albores el hombre no cesó de matar), otras cívica en apariencia (el hombre histórico no ha dejado de mentir), su violencia cursó de
modo análogo: focalizada en sus principios es hoy genérica, y por tal continuidad e
incidencia acaso acabe por estructurarse como un área cerebral reconocible.
La violencia no pertenece a la naturaleza del hombre, es una de sus conductas adquiridas desde que los ancestros superaron al simio y la agresividad instintiva quedó supeditada a determinadas expresiones de la cultura, por entonces primitivamente
técnica. Con los útiles creados elaboraron estrategias de caza y lucha, aprendieron y
transmitieron modos de supervivencia que compensaron su inferioridad y volcaron la
disputa a su favor, pasando de ser depredados a predadores. Saber matar fue su principal
recurso, reforzado al diversificar y perfeccionar los utensilios, y luego con el uso del
fuego y el desarrollo del lenguaje y la intercomunicación subsiguiente. Con el homínido faber se desplegó la violencia que sus seguidores continuarían hasta hoy; se abría
el sendero de la cultura, con el pasar del tiempo un asombroso y dual universo de conductas. A los primeros útiles se remonta la violencia que el hombre nunca dejó de
ejercitar, violencia y armas (incluidas las mentales) son inseparables de nuestra evolución. En suma, la violencia es convencional desde los principios; con ella recogimos una
conducta que prodigamos, buscarla fuera del hombre sería un empeño inútil.
Si los antecesores fueron violentos durante al menos 4 millones de años (m.d.a.),
podría no sorprender que los sucesores lo sigamos siendo, entendido que «la violencia es una estrategia básica para la experiencia de la interacción social» (David Riches:
El fenómeno de la violencia, 1988). Aún así, es incomprensible que las cualidades y
medios con que contamos –la consciencia capacitada para el raciocinio, el lenguaje y
la cultura positiva acumulada– no hayan servido para eliminar nuestra conducta más
indigna, que se reitera hasta límites de horror y depravación inimaginables.
EVOLUCIÓN
Se llama Evolución a los cambios de los organismos y seres vivos que causaron especies distintas, siguiendo a mi entender, dos trayectos distinguibles. Uno, la evolución
biológica simple, en que los genes, las proteínas y el medio ambiente fueron decisivos.
El otro camino, la evolución mixta, biológica y cultural, sólo se dio en nuestra especie; su
resultado fueron la hominización (yuxtaposición de la somación –morfología y funciones del cuerpo–, y el bipedismo –ponernos en pie duraderamente o bipedestación, y
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
217
andar, marchar, correr o saltar en esa postura) y la humanización (disponibilidad creciente del encéfalo con desarrollo de una consciencia y una razón peculiares, capacitadas para el raciocinio), de adquisición progresiva. Se deja fuera de la definición a los
cambios originados desde formación del Universo, los Sistemas Solares, los Planetas,
la misma Tierra, etc., sin duda también evolutivos.
El término Evolución, debido (1744) al botánico, poeta, anatomista y preformista
suizo Albrecht von Haller (Elementa physiologiae corporis humani, 8 tomos, 1757-66)
tras sus investigaciones con embriones de pollo, fue popularizado mucho después por
el psicólogo y filósofo inglés Herbert Spencer (Los factores de la evolución orgánica,
1887; Los principios de la biología, 1894).
Si la evolución general o simple es un hecho probado, la del hombre no; y ello es así,
porque siendo la de nuestra especie mixta y distinta a la del resto de organismos y seres vivos, a las causas de la primera se han añadido otras de primer rango, en especial
la consciencia y la razón que le caracterizan. Los vegetales han evolucionado como
vegetales y los animales como animales, de los que un grupo de primates evolucionó
hacia el hombre gracias en gran medida a sus inventos, hasta el punto que con los ingredientes de su cultura el hombre puede alterar la evolución de las especies y la suya
propia si se lo propone.
Físicos, matemáticos, astrónomos, ecólogos, arqueólogos, antropólogos, etnólogos, paleontólogos, biólogos, genetistas, bioquímicos y otros especialistas sobre los
orígenes del Universo y de la Vida, de la evolución de las especies y de las culturas y las
civilizaciones, aportan diversos enfoques de tales materias. Hay todavía grandes enigmas que no han resuelto la genética molecular o de poblaciones, la inmunología o la
datación de fósiles con isótopos radioactivos –entre otras disciplinas y procedimientos–, aunque se avanza en su desciframiento. Por ser muchas las lagunas, y a veces tan
inconexos los círculos del saber y marcado el antropocentrismo, las conclusiones no
siempre concuerdan; al contrario, colisionan frecuentemente por motivos como la
fiabilidad de las técnicas utilizadas, el valor de los hallazgos o los datos, y la protección
del prestigio, que llevan a algunos científicos a porfiar en diagnósticos evolutivos más
emocionales que fundamentados, pretendiendo para sí el descubrimiento decisivo y
el reconocimiento. Teorías de moda, fraudes como el Hombre de Piltdown –hallado en
1912 por el abogado y arqueólogo aficionado Charles Dawson, que con el paleontólogo Smith Woodward y otros lo consideraron el «eslabón perdido»– y afortunadas
contribuciones despiertan desde principios del siglo pasado rechazos y adhesiones,
con polémicas que, pese a la rémora que suponen, van dando luz a los peldaños –tal
vez de escaleras distintas (familias, géneros, etc.)– que condujeron a nuestros días.
218
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
LOS ORÍGENES
Por los estudios de radioactividad y otros se admite que la gran explosión llamada
Big Bang, generada hace unos 17.000 millones de años (m.d.a.) en un minúsculo
punto de la nada, determinó el origen y el volumen expansivo del Universo. Pero investigando con el Telescopio Espacial Hubble los inicios y la velocidad de expansión
(la constante de Hubble), el equipo de astrónomos de Wendy L. Freedman (Revistas
Nature, 1994, y The Astrophysical Journal, 2000) asegura que la edad del Universo es la
mitad de la antes dicha, con lo que la antigüedad de los orígenes no tendría confirmación definitiva.
La Tierra (y su satélite la Luna), entonces Pangea, se formó, como los demás planetas del sistema solar, en el tránsito de casi 100 m.d.a. que culminó hace unos 4.500
m.d.a., y evolucionó después con dinamismo propio (el superorganismo Gaia de James E. Lovelock –Las edades de Gaia, 1993–, que prefiero llamar Matria). En ella, con
un núcleo central caliente y rocas fundidas bajo la superficie, se originan corrientes de
convección que mueven masas gigantescas o deriva de los continentes –postulada desde
1912 por el científico alemán Alfred L. Wegener (El Origen de los continentes y océanos,
1915)– alojadas sobre plataformas que se desplazan –la tectónica de placas–, alterando
su forma y su «respiración»; unas, se separan y otras se aproximan y colisionan entre
sí bruscamente causando terremotos, volcanes y cambios en el perfil de su cubierta
sólida –con formación de montañas y cordilleras, grietas y valles–, y en la composición de la atmósfera y de las aguas. La tectónica de placas fraccionó el continente
único Pangea, y se redistribuyeron los hábitat de las especies, los ecosistemas y sus
recursos animales, vegetales o fósiles. Hace unos 400 m.d.a, en la Tierra había ya dos
continentes, Laurasia, que comprendía América del Norte y Eurasia, y Gowdwana,
constituida por América del Sur, Africa y la Antártida. En ellos se desarrollaron inmensas masas forestales, selvas y bosques que darían origen al carbón, al gas natural y
al petróleo que hoy explotamos. América del Norte y Europa se separaron 200 m.d.a.
después; Gowdwana se dividió hace 160 m.d.a., y 60 m.d.a. más tarde Africa y Sudamérica se alejaron entre sí; hace 80 m.d.a. se formó el Océano Atlántico, y en los 20-30
m.d.a. siguientes lo hicieron la Antártida y Australia y se delimitó el Océano Indico.
Hace 18 m.d.a se separaron Africa y Europa, con el Mar Mediterráneo por medio. El
Planeta que habitamos semeja el de hace 4-5 m.d.a., cuando se originó el Océano Ártico y la especie humana hizo su aparición, pero su configuración actual se produjo
hace 50.000 años con la unión de América del Norte y del Sur.
En sus inicios la Tierra era una enorme masa ígnea cuyo exterior se enfriaba muy
lentamente hasta acabar formando hace unos 3.800 m.d.a. la corteza terrestre, que no
ha cesado de modificarse. Durante m.d.a. chocaron contra el Planeta gran cantidad de
meteoritos y cometas (Época Hadiana o Infernal) desprendidos al crearse el sistema
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
219
solar, produciendo cantidades colosales de energía y gases, que con los liberados de la
corteza al exterior –dióxido de carbono, nitrógeno y metano–, las moléculas inorgánicas de metano, carbono, nitrógeno, hidrógeno y amonio de las erupciones volcánicas,
y el vapor de agua producido al actuar la luz solar sobre el metano, contribuyeron a
formar la atmósfera primitiva, carente de oxigeno (hay quien asegura que la superficie
de la Tierra estaba helada desde los principios y que la atmósfera de vapor de agua y
otros gases se produjo al impactar tempestuosamente los meteoritos contra el hielo).
El enfriamiento continuado de la Tierra condensó el vapor de agua, y la lluvia originada cayó sobre su corteza, acopiándose entre sus grietas, hendiduras y oquedades
en forma de ríos, lagos y mares; allí se fueron depositando el dióxido de carbono (y
el dióxido de azufre) arrastrado de la atmósfera en forma de calizas, y la materia inorgánica originada al actuar la energía de las radiaciones ultravioleta sobre el agua, el
anhídrido carbónico, el metano y el amoniaco, que al no existir oxígeno para transformarlos o destruirlos se acumularon a lo largo de muchos años. Para entonces la
presencia moderada de dióxido de carbono y otros gases en la atmósfera producía un
efecto invernadero (de 0 a 90-100 grados centígrados) compatible con la vida y con la
conservación de las aguas marinas y terrestres, pues el calor no era tan intenso como
para evaporarlas.
FORMAS DE VIDA
Solo puede dar vida lo que vive, y si la Tierra ocasionó tantas formas de vida ha de
ser un sistema vivo, como el Universo que la causó. Por consiguiente, y en primer lugar, las moléculas y elementos inorgánicos se combinaron para causar innumerables
variantes de VIDA COHESIVA (la Materialidad) –las aguas, rocas, gases, aire, barro o
lodos, etc.–, en sí misma sin seres u organismos con vida biológica.
Sir Fred Hoyle, astrofísico inglés tan prestigioso como polémico, consideró (La
Naturaleza del Universo, 1950; La nube negra, 1957) que ciertas nubes interestelares
magnéticas del Universo eran seres vivientes o «pequeños hombres verdes» formados por neutrones. Creía, además, que el Universo siempre fue como es ahora («Teoría del Estado Estacionario»), oponiéndose a la teoría de la gran explosión como el
origen del mismo, que denominó irónicamente Big Bang.
– En los lodos formados, en el magma o solución de agua y sustancias inorgánicas
(el caldo prebiótico) de las masas acuáticas de la Tierra, por efecto de la energía de las
radiaciones pudieron comenzar las reacciones químicas que ocasionaron los compuestos orgánicos (aminoácidos, los azúcares y los nucleótidos, etc.) que darían lugar
a los genes y las proteínas, y a las células, organismos y seres vivos, en suma a la VIDA
BIOLÓGICA.
220
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Para el bioquímico soviético Alexander I. Oparin (El origen de la vida sobre la Tierra, 1924) las moléculas orgánicas se agrupaban en gotas aisladas del agua o coacervados, que captaban o rechazaban moléculas del exterior facilitando la formación del
genoma primitivo y las síntesis proteicas, y se duplicaban en copias imperfectas; la
desecación causaría sus membranas semipermeables. De modo similar opinaba el
científico británico John Burdon S. Haldane (The causes of Evolution, 1926; El Origen
de la vida, Revista New Biologie, 1954).
Estas tesis se validaron cuando Stanley L. Miller, doctorando de 2º año de la Universidad de Chicago, logró algunos de tales compuestos imitando las condiciones de
la Tierra primitiva (Producción de aminoácidos bajo condiciones de la posible Tierra primitiva, Revista Science, mayo 1953): llevó vapor de agua, amoníaco, metano e hidrógeno a un matraz que comunicó a otro con agua, y enviando descargas eléctricas sobre
el primero días después se habían formado dos aminoácidos, la alanina y la glicina,
indispensables para la vida. El bioquímico español Juan Oró (Mecanismo de síntesis de
adenina del cianuro de hidrógeno en las supuestas condiciones de la Tierra primitiva, Revista Nature, 1961), mezclando amoníaco con cianuro de hidrógeno en una solución
acuosa obtuvo aminoácidos y una base nitrogenada, la adenina, que es parte del ARN
y el ADN, lo que significaba que en una atmósfera primitiva sin oxigeno la formación
de adenina habría contribuido a la aparición de la vida.
La construcción del genoma, o conjunto de genes de los organismos y seres vivos
(una parte del cual transmite la herencia), fue un requisito evolutivo. En el caso del
hombre, junto al acervo genético y las proteínas, intervinieron el medio ambiente –un
taller evolutivo determinante– y básicamente el desarrollo cultural.
De todos modos, en el abanico de conclusiones científicas sobre la variación genética y
su influencia en la evolución del hombre se pueden comprobar algunos errores de enfoque:
1. Se extrapolan conocimientos sobre la evolución de los microorganismos y seres vivos en general (evolución simple, biológica) a algo sustancialmente distinto
como es la evolución de nuestra especie (evolución mixta, biológica y cultural),
en la que la consciencia, la razón y la cultura influyeron por sí mismas y decisivamente en la ortogénesis (evolución lineal, debida a una fuerza directriz).
2. No se tiene en cuenta el papel circunstancial que hayan podido representar los
tóxicos (de la alimentación: carne, grasa, vegetales, frutas; de picaduras o mordeduras: venenos, etc.) y los agentes infecciosos (bacterias, virus, etc.) en la
vida de los ancestros como causas de mutaciones evolutivas, patológicas o no,
sin necesidad de recurrir al argumento de su transmisión hereditaria por selección natural de los mas aptos.
3. Tampoco se enfatiza que si el genoma surgió de la materia inerte lo puede seguir haciendo, sin olvidar el efecto recíproco, de modo que el genoma también
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
221
es permanentemente influido por el medio ambiente. En cuanto a nuestro organismo, es una realidad psicofísica ubicada en y sometida a ambientes también reales; y si los genes de los predecesores aportaron informaciones con
repercusiones físicas y psíquicas, también las recibieron del medio, añadiéndolas a sus estructuras funcionales, así que el hombre y su consciencia se fueron
configurando a la vez (coevolución) que lo hacía su genoma.
Aunque como norma general sin la información y expresión de los genes no es
posible la síntesis de las proteínas indispensables para la vida biológica, lo cierto es que
algunas, las proteínas no informadas, escapan a esa regla –un ejemplo son los priones,
causantes en el hombre de la «encefalopatía espongiforme transmisible» –enfermedad de Kreutzfeld-Jacob (en todo el mundo), Kuru (por el canibalismo de las tribus
Fore en Papúa-Nueva Guinea) y el Síndrome de Gerstmann-Straeussler-Scheinker
(muy raro y larvado)–, y en animales como «enfermedad de las vacas locas» (bovino), «scrapy» (ovejas, cabras), o en gatos, visones, ciervos, etc., sin descartar que
pudieron iniciar o contribuyeron a aquellos procesos. Por lo tanto, no es seguro qué se
originó antes, si los genes o las proteínas; acaso ocurrió a la vez (los virus no son materia viva pero pueden serlo dentro de una célula, están compuestos de proteínas y un
gen, y son sugerentes como puente evolutivo de los principios).
– Para otros científicos la vida surgió en las rocas. Las más antiguas, de 3.000-3.800
m.d.a, descubiertas en Warrawoona (Australia) y en Groenlandia, contienen sedimentos o estromatolitos, tal vez producidos por microorganismos, con microfósiles
que para el paleobiólogo J. William Schopf son bacterias y algas verdiazules o cianoverdes, células sin núcleo surgidas en ausencia de oxígeno y acaso las primeras formas de
vida sobre la Tierra. El astrofísico Thomas Gold (La profunda biosfera caliente, 1979)
considera que la vida surgió en las rocas calientes de la Tierra primitiva, hace alrededor de 4.700 m.d.a., pero a expensas del silicio, adaptándose más tarde a la bioquímica
del carbono. El astrobiólogo Karl Stetter halló en las chimeneas volcánicas y en los
fondos marinos microorganismos que pueden representar a aquellas bacterias, pues
utilizan metano y sulfúrico –y no el oxígeno– para liberar energía, y son indispensables para la vida de los animales luminosos de ese entorno abisal sin luz (Revista Evolución, 1982).
– Hay quien piensa que la vida llegó en los cuerpos celestes. El astrofísico de la NASA
Chrystopher Chyba obtuvo compuestos orgánicos y aminoácidos del meteorito de
Munchinson (Australia), tomados también del cometa Halley por la sonda Giotto y del
meteorito de Yucatán (Chicxulub, México), a cuyos efectos devastadores se atribuye la
extinción de los dinosaurios. Más apoyos: hay meteoritos con células precursoras de la
clorofila; en el meteorito de Marte ALH84001 de hace unos 3.000 m.d.a. y 1,9 kg. de
peso, hallado en 1984 en la Antártida, se encontraron estructuras que podrían ser bac-
222
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
terias; en 1993, Jeffrey Bada comunicó la presencia del aminoácido AIB, inexistente en
la Tierra, en hielo de Groenlandia; para Frank Drake, presidente del Instituto SETI
(programa Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), en nuestra galaxia, la Vía Láctea,
pueden existir 100.000 civilizaciones, distintas a la del hombre, y muchas de ellas podrían comunicarse entre sí por radio; y Jean Heidmann (La vida en el Universo, 1990),
astrónomo y miembro de dicho programa, considera fundada tal posibilidad.
Según el escrito persa Bundahish, con ideas de la época del profeta ario Zaratustra
(VII-VI a. de C), la creación original se produjo durante 12.000 años y 4 periodos; en
el 4º nacería el Salvador o Mesías, resucitarían los muertos, habría un Juicio Final y
serían formados un Cielo y una Tierra nuevos. Para el sacerdote del Templo del dios
Bel y escritor babilonio Berosio El Caldeo –siglo IV a. de C.– la vida se originó 2.112
m.d.a. antes del diluvio sumerio acaecido entre los años 3.500 y 3.000 a. de C., los
hombres se formaron 432.000 años antes de dicho diluvio, iban desnudos, se arrastraban, bebían del suelo y comían hierbas en vez de pan (3 Libros sobre la Cosmogonía e
Historia de Babilonia, en parte recogidos por los historiadores Eusebio Pamphilius,
264 a 338 a. de C. y Flavio Josefo, 37 a 100 a. de C., y por I.P. Cory posteriormente:
The Ancient Fragments, 1832); después, todas las mañanas salía del mar Oannes, una
criatura mítica anfibia que hablaba como los hombres y les enseñaba ciencias, artes,
organización social, construcción de ciudades, etc. En la cosmogonía china de 3.000
años a. de C. todo se inició 594.000 años antes, al crearse el cielo, la tierra y los seres
vivos: primero las «familias augustas» del Cielo, después las de la Tierra y luego las
del hombre. En el siglo XVII, el arzobispo inglés James Ussher (Annalis Veteris et Novi
Testamenti, 1650-1654) aseguró que la creación se remontaba al año 4004 a. de C. (el
domingo 23 de octubre se formaron el Cielo y la Tierra, el martes 25 se agruparon las
aguas, y el viernes 28 se creó al hombre). El naturalista y escritor Jorge Luis Leclerc,
conde de Buffón (Historia natural, general y particular, volúms. 1749 a 1783) daba a la
Tierra unos 70.000 años de antigüedad, y hasta 500.000 años); para el filósofo Immanuel Kant (Crítica de la Razón Pura, 1781) «el Mundo no tiene un principio en el
tiempo ni límite extremo en el espacio», aunque «su antigüedad podía ser de cientos
de millones de años».
Las células con núcleo o eucariotas, con múltiples y complejas funciones especializadas (respiración, anabolismo, catabolismo, formación de proteínas, herencia, movilidad, etc.) se desarrollaron hace 2.000 a 1.500 m.d.a., propiciando el aumento del
oxígeno atmosférico y una eclosión y diversificación de la vida biológica. Pudieron
originarse por «fagocitosis simbiótica» al penetrar las bacterias en las algas verdiazules y constituirse en su núcleo (a las mitocondrias, estructuras del citoplasma de las
células donde se transforma la energía indispensable para su vida, se las considera
vestigios de las bacterias arcaicas, y son de gran interés para la investigación evolutiva
del hombre).
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
223
Los primeros animales (»protozoos») surgieron hace unos 670 m.d.a. Al comenzar
el primer periodo o Cámbrico de la Era llamada Paleozoico, hace unos 600 m.d.a., los
animales invertebrados poblaban los mares ricos en oxígeno, en especial los gusanos,
moluscos, estrellas de mar, medusas, esponjas y sobre todo los trilobites. Los animales
vertebrados no se hicieron esperar, y al terminar el Cámbrico y desde comienzos del
Ordovícico, hace unos 500 m.d.a., los primeros peces sin mandíbulas habitaron las
aguas saladas y dulces.
Para ubicar cronológicamente a los organismos vivos hay métodos como la estratigrafía o estudio estratigráfico, que determina que las capas más profundas son las más
antiguas, y los estratos rocosos rotos también; al sedimentarse las rocas, los organismos unicelulares quedaron incluidos en ellas y se convirtieron en fósiles. La datación
de estratos arcaicos y fósiles se puede hacer calculando la vida media de transformación
de ciertos radioisótopos: la del uranio a plomo, la del rubidio a estroncio y la del potasio
a argón son los más utilizadas.
TEORÍAS EVOLUTIVAS
Repasando resumidamente algunas teorías evolutivas:
– La generación espontánea o autogénesis, –que para Aristóteles (De la Generación de
los animales; Historia de los Animales, años 347 a 330 a. de C.) tenía su origen en el
rocío, la humedad o el sudor por efecto de la fuerza que llamó «entelequia», tuvo por
principales valedores al médico alquimista Johann B. van Helmont (Obras de JBvH,
traducidas por J. Le Conte, 1671) y al jesuita naturalista John T. Needhan (Observaciones acerca de la generación, composición y descomposición de las sustancias animales y vegetales, 1748) que creían que los ratones, moscas, ranas, etc. surgen de la materia
inorgánica y las sustancias inertes como los lodos o trapos putrefactos. El biólogo y
médico Francesco Redi (Experimentos entorno a la generación de los insectos, 1668) y el
sacerdote y científico italiano Lázaro Spallanzani (Sagio di osservazione microsopiche,
1765) negaron esa teoría, siendo el químico francés Louis Pasteur quien demostró su
falsedad (Expériences rélatives aux générations dites spontanées. Informe a la Académia
de Ciencias de París, 1860).
El biólogo alemán Ernst Haeckel (Morfología general de los organismos. Aparición de
los primeros organismos, 1866) llamó abiogénesis a la formación en los mares primitivos
–a partir de materia inorgánica– del Uhrschleim, plasma que daría lugar a un ser unicelular o «mónada» origen de todos los demás.
– La teoría de la Panspermia (el filósofo griego Anaxágoras de Clazomene: fragmentos recopilados de Sobre la naturaleza –Peri physeos–, siglo IV a. de C.; el biólogo
224
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
sueco Svante A. Arrhenius: Panspermy: The Transmission of Life from Star to Star,
Revista Scientific American, 1907; Chandra Wickramsinghe y F. Hoyle: Orígenes astronómicos de la vida: pasos hacia la Panspermia, 2000) interpreta que la vida dispersa por
el Universo en forma de «semillas» (sperma) llegó a la Tierra (y a otros mundos)
transportada por los meteoritos o cometas.
– Para los preformacionistas o preformistas (Ch. Bonnet –Palingenésia filosófica. Preformación y evolución, 1769-1770–, A. von Haller, N. Harisoek, N. de Mallebranche, J.
Schwammerdam) los espermatozoides o los óvulos (había dos criterios distintos)
contienen seres diminutos de ambos sexos («homúnculos» en el hombre, «animálculos» en los animales) que crecerían durante el embarazo y se transmitirían de padres a hijos.
– El lamarckismo –teoría basada en la generación espontánea, la transmisión de los
caracteres adquiridos y en que la función crea al órgano y la inactividad lo pierde–, se
debe al zoólogo Juan Bautista de Monet, caballero de Lamarck, que acuño el término
«biología» definiéndola como «el estudio de los seres vivos» (Filosofía Zoológica,
1809; Historia natural de los animales invertebrados, 1815-1822).
– El darwinismo estableció los mecanismos generales de la evolución. Para Charles
Darwin, que los expuso en la obra On the Origin of Species by Means of Natural Selection
or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, citada como Sobre el origen
de las especies (1859), y en cuanto al hombre en El origen del hombre y la selección en
relación al sexo (1871), y que no utilizó el término «evolución», y con reparos, hasta
la 6ª edición del primer libro citado: a), los organismos semejantes vienen de un antepasado común y origen de la vida, y b), ello es posible por el mecanismo operante que
denominó «selección natural», de forma que en la lucha por la existencia sobreviven
los que tienen los caracteres genéticos más idóneos (la variabilidad genética de cada
generación, cuya causa desconocía) para enfrentarse al medio (clima, competidores,
enemigos), que se trasmiten a los descendientes y cambian las especies. Darwin cayó
en algunos errores de Lamarck (como el gradualismo o la transmisión de los caracteres adquiridos), y en el libro La variación de los animales y las plantas domesticados
(1868), sostuvo uno más, la pangénesis, teoría según la que la herencia (y los caracteres adquiridos) se trasmite por pequeñas partículas o «gémulas» producidas en todas
las células del organismo (incluidos los gametos) y que circularían libremente por él.
Alfred Russel Wallace, topógrafo y naturalista inglés, había enviado en 1858 a Darwin
su trabajo publicado On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original
type antes de que aquel publicara su famoso libro, en el que exponía que las especies
aparecen cuando ya existen otras, y proponía la selección natural como causa de la
evolución del hombre, aunque no suficiente, por lo que actúa la intervención divina.
De acuerdo con él, Darwin presentó el trabajo en la Linnean Society de Londres, reconociendo a Wallace como codescubridor de la teoría.
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
225
El darwinismo sufrió duros ataques de científicos, teólogos y filósofos que negaban
algo tan revolucionario e infundado (y vejatorio) como que el hombre evolucionara
de un antepasado primate común. Al gradualismo se opusieron los saltacionistas: Thomas H. Huxley (Evidence as to Man’s Place in Natur, 1863) y Hugo M. de Vries (La
Teoría de la mutación, 1909) propusieron la mutación como la causa de nuevas especies, mientras que Richard B. Goldschmidt (La base material de la evolución, 1940)
achacaba la evolución a mutaciones sistémicas. Los biometristas (el estadistico Karl
Pearson y el zoólogo evolutivo Walter F.R. Weldon, ambos ingleses, Biometrika, 1906)
la atribuían a pequeñas y continuas mutaciones y a la selección natural. También tuvo
enfrente, en línea con las ideas de Platón, a los esencialistas –sobre todo a quien acuñó
el término, el filósofo inglés de origen austríaco Karl R. Popper (La miseria del Historicismo, 1961; La lógica de la investigación científica, 1962; Conocimiento objetivo,
1992)–, que abogaban en el origen de nuevas esencias y en el salto espontáneo por
mutación; argüían: el acervo genético de las poblaciones posibilita la evolución gradual, muchos factores genéticos discontinuos pueden originar un cambio continuo y
evolutivo del organismo, y si muchas especies se extinguen no puede haber finalismo.
La selección natural fue rechazada en especial por los teologistas, para quienes la evolución tampoco podía deberse al azar sino a un factor cósmico (cosmogénesis que
estaría programada de antemano) y finalista al que Pierre Teilhard de Chardin (La
vida cósmica, 1916; El potencial espiritual de la materia, 1919) llamó ortogénesis, monogénesis o Punto Omega.
– Sirviéndose de la hibridación de guisantes Pisum Sativum el monje austríaco
Gregor Mendel (1822-1884) estudió la transmisión de los caracteres hereditarios (genotipo) y estableció las leyes que la rigen, que Darwin desconocía, un paso capital para
explicar los mecanismos de la herencia y la evolución. Sus impresionantes trabajos de
casi ocho años, publicados como «Experimentos de hibridación en plantas» en 1865
por la Sociedad de Ciencias Naturales de Brünn (actualmente Brno, en Moravia, República Checa) no tuvieron buena acogida o se ignoraron hasta que se reconoció su
excepcional importancia, mas de 30 años después. El genetista y zoólogo estadounidense Thomas Hunt Morgan (El mecanismo de la herencia mendeliana, 1915) y su escuela conocida como «grupo de las moscas« por sus estudios en la mosca Drosophila
melanogaster, sentó la base cromosómica de la herencia, confirmando el extraordinario acierto de los trabajos de Mendel.
– El neodarwinismo, término debido a Georg. J. Romanes (Darwin after Darwin
microform: an exposition of the Darwinian theory and discussion of post-Darwinian questions, 1892), daba especial importancia a la selección natural en la evolución y no a
otras causas. El biólogo alemán August Weismann (Das Keimplasma, 1892), cortando
la cola de ratones y observando varias generaciones demostró que los caracteres adquiridos no se heredan; diferenció las células somáticas de las germinales y propuso
226
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
como causas de la evolución la herencia del plasma germinal o germoplasma origen de
los gametos, y la selección natural.
– Para los defensores del neutralismo, el biólogo matemático Motoo Kimura (Tasa
evolutiva a nivel molecular. Revista Nature, 1968; La teoría neutral de la evolución molecular. Publicaciones de la Universidad de Cambridge, 1983), el genetista James F.
Crow (Basic concepts in population, quantitative and evolutionary genetics, 1986) y otros,
la mayoría de las mutaciones son neutras, los efectos evolutivos se deberían a la deriva
genética en genes mutantes iguales selectivamente; niegan la herencia de los caracteres
adquiridos y en cierta medida que la selección natural sea el mecanismo básico de la
evolución, que atribuyen al azar.
– La teoría sintética (hay quien la llama neodarwinismo) o de síntesis –T. Dobzhansky (Genética y el origen de las especies, 1937), E. Mayr (Sistemática y el Origen de las
Especies, 1942; La síntesis evolutiva, 1980), J. Huxley (Evolución, la Síntesis Moderna,
1942), G. Simpson (Tempo and Mode in Evolution, 1944), G. L. Stebbins (Variación y
Evolución en Plantas, 1950), John B. S. Haldane (Las causas de la evolución, 1932; Origen del Hombre, 1955, Nature), S. Chetverikov (Sobre ciertos aspectos del proceso evolutivo desde el punto de vista de la moderna genética, 1926, versión inglesa en Proceedings
of the American Philosophical Society 105,1961), J. W. Valentine (Evolución, 1977),
etc.– se elaboró entre 1930-1960 con el apoyo de la genética de poblaciones desarrollada por Ronald A. Fischer (La Teoría genética de la selección natural. Publicaciones de
la Universidad de Oxford, 1930), Sewald Wright (The roles of mutation, inbreeding,
crossbreeding and selection in evolution «Proceedings of the VI International Congress
of Genetics», 1932) y otros entre 1920 y 1930, y armoniza las ideas de Darwin y las
leyes de Mendel. Los fundamentos de esta teoría –«en la evolución son decisivas las
mutaciones y la recombinación»–, que rechaza la herencia de los caracteres adquiridos y admite su pérdida, son básicamente: a) la gradualidad de la evolución; b) la diversidad genética de las poblaciones, sin aceptar que se deba a procesos metabólicos o
al efecto del medio ambiente; c) la selección natural (sólo hay cierta unanimidad en
las respuestas a por qué se originaron las funciones y los procesos biológicos o qué
ventaja selectiva tuvieron al producirse); y d) la facilidad reproductora, pues la eficacia biológica de la población resulta de muchas interacciones y se relaciona muy directamente con el fenotipo, condicionante de la reproducción.
– Desde la perspectiva de la fe y no la científica, el Diseño o Creación inteligente
(Dios ha humanizado al simio en su evolución hacia el hombre) tiene entre otros precedentes el «diseño divino» del teólogo protestante Charles Hodge (¿Qué es el Darwinismo,1874) o la «inteligencia divina» del teólogo bautista Augustus H. Strong
(Teología sistemática, 1887).
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
227
TEORÍA CULTURAL DE LA EVOLUCIÓN
En mi teoría de la evolución cultural del hombre (publicada hace años y no refutada,
por indiferencia de la crítica o porque es acertada, como creo), argumento:
a) La evolución mixta (biológica + cultural) sólo se dio en nuestra especie, con el
resultado progresivo de la hominización (morfología y funciones) y la humanización
(cerebro capacitado para el raciocinio).
b) En la Tierra (Vida Cohesiva o Inerte, la Materialidad), la transformación de los
elementos inorgánicos en materia orgánica, la formación de membranas que delimitaron selectivamente los polímeros de su medio ambiente y la organización interna
de estos compuestos desde los puntos de vista primariamente metabólico y reproductor, dieron lugar a la aparición de la Vida Biológica (organismos o seres vivos), a
las primeras células y los organismos pluricelulares simples a los más complejos, siguiendo la evolución hacia los géneros de los dos grandes troncos o reinos vivos del
Planeta, el vegetal (la Vegetalidad) y el animal (la Animalidad), con su diversidad y
especiaciones, incluido, en el último caso, el hombre (la Homidad u Hombridad,
–¿Humanidad?–).
c) La evolución de los seres vivos está condicionada a que existan, sobrevivan y
pervivan. Para sobrevivir han de satisfacer sus necesidades vitales, y para pervivir deben reproducirse. No se puede hablar de su evolución sin la vida y, con ésta, cuando
faltan los alimentos o el agua, si las condiciones ambientales son insuperables o si la
reproducción se agota. Cualquier teoría que no lo tenga en cuenta se derrumba como
un castillo de arena, es puro divertimento.
Todo lo que vive, cambia, muta. En la Materialidad, la tectónica de placas, los climas,
la transformación de elementos o sustancias e infinitos ejemplo más, son prueba de su
constante vitalidad. En cuanto a la Vida Biológica, se agrega un aspecto fundamental:
la herencia se transmite de generación en generación, y con ellas las mutaciones genéticas causadas a lo largo de millones de años por diversos mecanismos y de las que el
organismo no se liberó. Estas mutaciones incorporadas han modificado el genoma a
lo largo de la evolución; si las bacterias primitivas tenían un solo gen, o sea un pequeño genoma, el genoma de nuestros ancestros contenía muchos más, era más
grande, y siguió evolucionando hacia nosotros. Así que el genoma de los Homos no
escapó de esta inexorable regla, pero las variantes genéticas acumuladas no decidieron
si el Homo trabajaba la piedra, la madera o el hueso, fabricaba una flecha o pintaba la
pared de una cueva, como no lo hacen ahora para construir un avión o una casa. El
papel de las mutaciones acumuladas será dar respuesta adaptativa –pondría a esto mu-
228
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
chos interrogantes, pero no procede hacerlo aquí– a situaciones de supervivencia natural, y nunca a las actividades de carácter cultural, que tiene su impronta propia.
d) La evolución hacia el hombre a partir de ciertos primates tuvo lugar en núcleos
vitales de complejidad y una vez superado el umbral máximo de supervivencia. Los australopitecinos surgieron hace unos 5 m.d.a. después de que sus predecesores, los primates hominoideos arborícolas, adaptaron sus conductas al hábitat abierto de las grandes
llanuras africanas a los que salieron, y lo vencieron. Allí, y luego en Euroasia, durante
el periodo Cuaternario, los homos arcaicos prosiguieron con sus cambios hacia nosotros. El aparato locomotor adaptado para el bipedismo, las manos polifacéticas y libres, el metabolismo de omnívoro y los instrumentos creados forzaron la humanización
progresiva, hoy todavía en sus comienzos.
Es difícil precisar cuando se establecieron la hominización y humanización; en
cualquier caso fue a lo largo de muchos años, y el bipedismo, la encefalización y la
culturización fueron las aportaciones evolutivas que las hicieron posibles, a mi entender las tres en sincronía, o acaso la cultural muy seguidamente. La bipedestación (ponerse en pié y caminar unos pocos pasos) era ocasional en los hominoideos; el tránsito
al bipedismo (andar, correr, saltar, etc., en posición erguida) que posteriormente ya se
evidencia en los australopitecos fue ante todo, en tierra o en el agua, un proceso forzado por las circunstancias del hábitat: en la llanura o la estepa, los hominoideos debían ponerse en pié para otear y vigilar por encima de las hierbas altas y los arbustos;
en el agua, observamos como gorilas y chimpancés vadean los ríos caminando, y sin
duda lo hacían también los ancestros y en las orillas del mar o de los lagos. Así los hechos, lograr el bipedismo fue cuestión de tiempo.
e) La violencia fue un motor decisivo en la evolución del hombre. Desde que nuestra especie se inició como tal, la violencia fue cultural, convencional. La agresividad de
los demás animales expresa una conducta instintiva, no cultural o convencional.
La llamada «selección natural» es una construcción teórica, los científicos analizan sus efectos a posteriori –y con discrepancias a veces serias sobre la procedencia o
no de su fundamento–, nunca los prevén, donde radicaría el mérito de su demostración. Es obvio que en la Naturaleza no hay la voluntad ni las preferencias que toda
selección presupone, que no tuvo ni tiene previstas la aparición o desaparición de especie alguna, no elige ni señala objetivos o intenciones evolutivas, como es obvio que
simplemente actúa y que cada una de las incontables variantes y condiciones de la
vida forma parte de sus circunstancias. Con la tesis de la selección natural se solapa
que los organismos nacen, viven o mueren en razón de las circunstancias concurrentes
en la Biosfera, y si algo ha de ser calificado no será la inconcreta selección natural.
Hablemos de evolución circunstancial como respuesta a un contexto vital concreto y
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
229
mantenido y a los factores (internos o externos) que en él actúan y la condicionan. Y
no debiera recurrirse a la selección artificial en apoyo de la selección natural con la
facilidad que se hace, puesto que la selección artificial es una técnica controlada por el
hombre (la mejora de las especies no tuvo lugar hasta que aparece la cultura) y es éste,
no la Naturaleza, quien decide las aplicaciones tecnológicas y la cantidad y calidad de
los individuos de ciertas especies que le son más útiles, etc.; en conclusión, la selección artificial es una actuación cultural, y no viene al caso.
Nuestra evolución se produjo en razón de las concurrencias presentes en cada
tramo cronológico evolutivo y de los útiles y medios disponibles. Se debió, por tanto,
a causas circunstanciales, una de ellas decisiva: el proceso consciente cultural, y por
ende, creativo. Con ese respaldo y acicate, al principio se impusieron al hábitat complejo y evolucionaron los mejor armados (con la cultura técnica y sus artificios) y
luego, los que también hablaron un lenguaje articulado y usaron e hicieron el fuego.
Queda así inequívocamente de relieve la influencia de la fabricación de útiles en nuestra evolución, y que durante cuatro m.d.a las armas nos marcaron para la violencia, de
las lascas y el mazo de piedra, la lanza, el arco, la flecha (el hombre se fue haciendo al
ritmo en que mejoraba las armas y habilidades) hasta la espada, el carro de combate y
la terrible bomba de neutrones actual.
Actualmente azotan la Hombridad lacras culturales de inusitada violencia, pautas
de conducta completamente deshumanizadas que actúan de forma selectiva, individual y colectivamente. Además, el hombre dispone de medios científicos y técnicos
con que doblegar la Biosfera: si se lo propusiera decidirá su futuro como especie y el de
su entorno, quién sabe con qué consecuencias.
HACIA EL HOMBRE
En la Época de los mamíferos, durante los fríos tiempos del Oligoceno (hace unos
35 m.d.a. a 23 m.d.a) y el Mioceno (acabado el anterior y hasta hace 5,2 m.d.a.) algunos prosimios evolucionaron a primates superiores o antropoides: los monos y los hominoideos, que incluyen los homínidos de los que descendemos.
Diferentes estudios y técnicas ponen de manifiesto que el homínido se separó del
tronco común ancestral hace 6-5 m.d.a, poco después que lo hicieran el gorila y el
chimpancé. Las técnicas basadas en la reacción antígeno-anticuerpo prueban (Morris
Goodman, 1963) que nuestra reacción a un suero antihumano (anticuerpo), medida
en unidades de distancia muestra un parentesco muy próximo con el gorila y chimpancé y más alejado con otras especies.
El llamado reloj molecular –«la acumulación cronológica de diferencias en las proteínas por las desigualdades en las cadenas de aminoácidos», habida cuenta que un
230
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
gen o una proteína semejan a relojes moleculares al ser su tasa de evolución bastante
constante durante mucho tiempo, con valores similares en especies distintas–, desde
las investigaciones de los genetistas Vincent M. Sarich y Allan C. Willson (Immunological time scale for hominid evolution, Revista Science 158, 1967) se muestra casi igual
en el ser humano que en el chimpancé (0,6-1 % de diferencias), parecido al del gorila
(1,9 %) y distinto crecientemente que en el orangután (2,8 %), los monos del Viejo
Mundo (3,9 %) y los monos del Nuevo Mundo (7,6 % de diferencias). La electroforesis
o estudio de las cargas eléctricas de las proteínas (las diferencias entre las proteínas
son mayores cuanto mayor es la distancia evolutiva entre las distintas especies) aporta
los mismos resultados. La comparación de la estructura del ADN hereditario, medida en
grados, demuestra una similitud del 99,4 % de nuestros genes con los del chimpancé
(D. E. Wilman, M. Uddin, G. Liu, L. I. Grossman and M. Goodman: Implications of
natural selection in shaping 99.4% nonsynonymous DNA identity between humans and
chimpanzees: Enlarging genus Homo. Revista Proceedings of the National Academy of
Sciences, USA, 2003)
Veamos algunos eslabones sucesivos hacia nosotros, y sus tecnologías.
Los homínidos dejaron la selva y el bosque y llegaron a un hábitat nuevo, abierto y
hostil, dominado por las fieras. Gunther Korschinek y otros científicos alemanes de la
Universidad Técnica de Munich comunicaron (Physical Review Letters, 23.11.04) haber encontrado en los fondos marinos del Océano Pacífico, a una profundidad de
4.800 metros, sedimentos –polvo cósmico, datado en 2,8-3 m.d.a– de la explosión de
una supernova que alteró el clima terrestre, con aumento del calor y sequía que duró
unos 300.000 años, con disminución de las selvas africanas, lo que obligó a los primeros homínidos a abandonarlas en busca de alimentos y pudo forzar a la bipedestación,
hasta conseguirla con el paso del tiempo (corresponde a la época en que vivió Lucy).
Como el hombre no tiene pelaje y las características y distribución subcutánea de
su grasa son como las de los peces, hay quien opina (el biólogo marino Sir Alister C.
Hardy: ¿Era el hombre más acuático en el pasado?, Revista New Scientist,1960; la escritora y feminista Elaine Morgan: La descendencia de la mujer, 1972, La hipótesis del simio
acuático, 1997) que nuestros ancestros fueron simios de vida acuática marina, lo que
les obligó a andar erguidos, y que su cerebro aumentó por la alimentación que obtenían del mar.
Dos apuntes. Primero: El ancestro fue una criatura negra hasta el Neanderthal,
cuando la piel se blanqueó por efecto del clima escaso en radiaciones solares y el vestido con que se cubrió del intenso frío. Es un hecho mal utilizado, por razones xenofóbicas que deben desterrarse. La mínima variabilidad genética citada anula la tesis de
racismo genético. Somos una especie única y diferenciada en razas, es decir a la vez
multiracial (el rol del genoma no es aquí relevante, su secuenciación el 12.2.2001 por
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
231
Craig Venter y Francis Collins con la colaboración internacional de otros investigadores mostró que la variabilidad del hombre es insignificante, un 0,02 %). Segundo: A la
aparición de una subespecie siguió no pocas veces la extinción de la precedente, y la
violencia intraespecífica desempeñó su rol. De ello a caricaturizarlos como simios corrupios y asesinos, como difundió el antropologista y escritor Robert Ardrey (Génesis
en Africa. La evolución y el origen del hombre, 1961) siguiendo y ampliando la tesis de
Robert Dart, el anatomista y antropólogo que descubrió parte de un cráneo fósil del
Niño de Taung (australopiteco africano), hay un interesado abismo.
Situando a nuestros predecesores en las llanuras o la sabana a las que llegaron, forzados a comer lo que fuera se arriesgan con despojos de las fieras, luego compiten con
ellas, poco a poco de recolectores pasan a ser también carroñeros y cazadores, y finalmente
omnívoros, con un acomodo metabólico nada fácil que ejerció sus efectos durante años
sobre su desarrollo corporal y su Sistema Nervioso Central (SNC).
Los predadores no devoran la masa encefálica ni la médula ósea de sus víctimas; de
modo que los ancestros podían nutrirse con ellas, convirtiéndolos en un hábito alimenticio acaso derivado en manjar (en muchos yacimientos se hallaron gran cantidad
de huesos, al parecer fracturados a propósito para poder comer el tuétano); o mataron
para disfrutar de aquellos manjares, además de practicar el infanticidio y el canibalismo
para obtener alimento cárnico.
Muchas especies animales viven del carroñeo si el hambre les obliga a hacerlo (o,
como la hiena, por oportunismo), y no es raro ver aves, roedores y mamíferos desplazados de su hábitat alimentándose en los vertederos urbanos. También carroñea el
hombre; los pobres buscan comida en contenedores y bolsas de basura de las ciudades, con casos sangrantes: el 15.4.94 se supo que personas de una favela de Olinda,
Brasil, se alimentaban con restos humanos (piernas, mamas, etc., a veces putrefactas)
que los hospitales arrojaban a un vertedero próximo.
Hay evidencias de que los Homos antecessor de la Sierra de Atapuerca, hace 1
m.d.a., realizaban el infanticidio y practicas de canibalismo. Por el análisis de cráneos
perforados y otros restos humanos manipulados se cree que los Hombres de Cromagnon del Paleolítico Superior eran caníbales. Los sacrificios humanos fueron rituales
en muchos pueblos, a veces asociados a canibalismo: los aztecas, tribus guerreras que
hacia 1.500 a. de C. llegaron al bajo México desde las montañas de Atzalán, no tenían
vacas, burros o caballos, y sus recursos cárnicos animales eran muy escasos, pues a ese
fin solo criaban pavos, cobayas y perros; así que su dieta básica de carne era humana
de los prisioneros capturados en sus batidas.
Actualmente se da el canibalismo tanto entre los hombres de vida primitiva como
en los que nos llamamos civilizados. En octubre de 1995, una expedición del explorador Pérez de Tudela descubrió clanes de indígenas arborícolas y antropófagos en los
bosques inundados de las Islas de Nueva Guinea. Un avión con 45 pasajeros, entre
232
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
ellos el equipo de rugby de Montevideo, chocó el 13.10.72 contra el volcán Tinguiririca (cordillera de los Andes, Chile); los supervivientes tardaron 72 días en ser rescatados; acuciados por el hambre y el frío algunos se alimentaron con los cuerpos de los
fallecidos. En las guerras se han dado casos de canibalismo (ocurrió en la de Angola,
1993; y en febrero de 2000 se informó que los soldados rusos en la guerra de Chechenia habían comido carne humana de los muertos).
– En 1992-93 el equipo de Tim White, B. Aslaw y G. Suwa encontró en Aramis
(Etiopía) colmillos y fósiles de la mandíbula y el antebrazo de 4,4 m.d.a de antigüedad
–deducida por los huesos de la base del cráneo– de unos 17 individuos que andaban
erguidos, el Ardipithecus ramidus, con algunas características del chimpancé pero con
los colmillos más pequeños y parecido al Australopiteco afariense que citaré a seguido.
– Huellas de pisadas de dos adultos y un niño (la primera familia conocida) en cenizas
volcánicas fosilizadas halladas en Tanzania por Mary Leakey, indican que hace unos 4
m.d.a. vivieron en Africa –de donde no salieron– los Australopitecinos o monos del Sur,
homínidos bípedos medio humanos medio simios de hace unos 4,4 a 2,9 m.d.a.
Fósiles de hace unos 4,2 a 4,07 m.d.a. hallados en las orillas del Lago Turkana (Kenia) corresponden al Australopitecus anamensis, considerado un Australopiteco afariense por algunos, con el que constituiría el tronco común hacia el Homo. Habitaba
en el bosque o en zonas secos y se alimentaba de vegetales y gramíneas, de consistencia más dura, por lo que sus muelas eran mayores y de corona más gruesa que las del
Ardipithecus ramidus.
El equipo de Donald Johanson oía la canción de los Beattles Lucy en el cielo de diamantes cuando encontraron fósiles de 13 Australopitecos afarienses datados en 3,2
m.d.a de antigüedad, y al más completo hallado hasta hoy, de una hembra, lo llamaron
Lucy. El afariense vivió hace 4 a 2,9 millones de años en zonas de bosque ralo, medía
alrededor de 1 a 1,4 metros de altura, pesaba unos 25 a 45 kilos (según fueran hembras o machos), tenía una capacidad craneal de 420-500 cc., algo superior a los 400 c.c.
del chimpancé, y era rechoncho, con tórax ensanchado en la base y pelvis amplia.
Otros tipos de australopitecos fueron: gahri, africano, robusto, etiópico y boisei (los
tres últimos se incluyen a veces en la subespecie Parantropo).
– El Homo Habilis vivió hace unos 2,4 a 1,4 millones de años en los hábitat abiertos
de la sabana con arbolado y matorral dispersos del Este y Sur de África, continente que
tampoco abandonaría. Medía alrededor de 1,4 metros, con un peso aproximado 50
kilos, tenía el cráneo más redondo (y la cara y las muelas más pequeñas) que el de los
australopitecinos, frente más señalada y volumen craneal de 510-670 c.c. (media=600
c.c.), extremidades inferiores cortas y las superiores largas, o sea similares, como su
tamaño, a los de los afariense y africano, de quienes se cree que desciende; caminaba
erguido y sus pies eran como los del hombre actual. Hizo instrumentos, lascas afiladas
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
233
y cortantes, al golpear la piedra, industria lítica Técnica Modo I, de los guijarros o cultura
olduwaiense (hallazgos de Olduwai, Tanzania, de hace 1,9 millones de años), atribuida
también a los australopitecos afariense y africano –por piedras trabajadas halladas en
Gona, Etiopía, de hace 2,5 m.d.a–, coetáneos suyos durante un tiempo, lo que sugiere
una fabricación común, en todo caso las primeras obras demostrables de la Humanidad
en ciernes, transformando los núcleos naturales en eco-culturales.
En cráneos fósiles de Homos habilis hay huellas probablemente causadas por la
presión de los centros encefálicos estructurados de Broca y Wernicke encargados del
lenguaje y localizados en las áreas parafrontal y temporal del hemisferio izquierdo del
cerebro. Por la posición de su cráneo y la forma o longitud de la laringe y la boca, y por
la insuficiente cefalización es improbable que hablaran un lenguaje articulado con entidad, aunque lo llamativo sea el supuesto de que hablaran; los chimpancés, y más
restringidamente los gorilas, pueden aprender y comprender palabras aisladas, lo que
debilita la opinión de ausencia de lenguaje por escasa cefalización e inadecuado aparato fonatorio, y reivindica la importancia de los «contenidos» de la consciencia.
– El Homo Ergaster (trabajador) o Erectus (erguido) –hay quien piensa que son
distintos y que el Erectus deriva del otro– vivió desde hace unos 2 m.d.a. a 1 m.d.a. en
Africa, de donde proceden los fósiles más antiguos, en particular el esqueleto muy
completo del niño de Turkana (Kenia), de unos 9 años, descubierto en 1984 por Kamoya Kimeu, del equipo de Richard Leakey, paleontólogo (El origen de la Humanidad,
1994). De tamaño y envergadura como los de un hombre medio de hoy o mayores, su
encéfalo estaba muy evolucionado, con una capacidad craneal de 800 c.c. hasta 1.100
c.c. o algo más grande. Es verosímil que comenzara a utilizar progresivamente el lenguaje articulado, con fonemas cada vez más variados. Utilizaba el fuego para calentarse,
iluminar los recintos y puede que para cocinar, y cabe preguntarse si lo supo hacer o
utilizaba el producido por los rayos, el calor o las chispas resultantes de sus trabajos
con la piedra.
Al principio el Ergaster continuó con la industria de guijarros tallados y lascas, hizo
también cantos rodados, hojas cortantes y cuchillos, y a él se debe el gran avance que supuso su cultura chelense o abbevilliense (hallazgos de Chelle y de Abbeville, Francia) o
Técnica Modo II, definida por hachas grandes de mano de forma ovalada o almendrada,
lanceoladas, planas y triangulares, y especialmente por los bifaces o tallas de doble
corte (fabricaron los primeros hace 1,4 m.d.a. en Konso, Etiopía)
Algunos ergaster salieron del continente africano y se dispersaron por Asia y Europa.
Por los fósiles de Ubeydiya (Israel), esta zona pudo ser el paso hacia Eurasia, aunque
se ha planteado también su origen asiático y no africano.
En el periodo Cuaternario, desde hace 2 millones hasta hoy, se suceden dos épocas
distintas, el Pleistoceno llamado también «Edad del Hielo, de la Piedra, del Hombre o
Antropozoica» termina hace 12.000 años, y el Holoceno, desde entonces hasta hoy.
234
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Durante el Pleistoceno, la evolución cursó con gran rapidez coincidiendo con los rigores climáticos de cuatro glaciaciones sucesivas, con periodos interglaciares templados y más cortos:
Primera
1er. PI
Segunda
2º.PI
Tercera
3er PI
Cuarta
Gunz
Mindel
Riss
Wurm
Hace 1 millón a 700.000 años
++
Hace 650.000 a 350.000 años
+++
Hace 250.000 a 120.000 años
+++
Hace 90.000 a 12-10.000 años
El último periodo postglaciar (PI) comenzó hace 12.000-10.000 años, durante el
Mesolítico, con posibles referencias en los escritos sobre la epopeya del héroe babilónico Gilgamés («Sha Tragba Imaru») hallados en biblioteca de Nínive, Asiria, fundada por el rey Asurbanipal (668-626 a. de C.); y después en el diluvio de la Biblia, o
los relatados en otros pueblos y lugares.
– En la sierra de Atapuerca, a 15 kilómetros de Burgos, se encuentran los yacimientos paleoantropológicos (Gran Dolina, Sima de los Huesos, Galería y otros) más importantes de los siglos pasado y actual. Cuando vivieron los dos tipos de Homos que
tratamos aquí, antecessor y presapiens, la Sierra de Atapuerca era casi como ahora,
abierta, con encinares dispersos y una fauna de ciervos, caballos, antepasados de los
mamuts, rinocerontes, bisontes, osos, lobos, leones y otros animales ( Juan L. Arsuaga,
Ignacio Martínez: La especie elegida, 1998; Juan L. Arsuaga: El collar del Neandertal. En
busca de los primeros pensadores, 1999)
El Homo antecessor (pionero) vivió hace 1 millón a 780.000 años, tenía una cavidad
craneal de unos 1. 000 c.c. y es considerado el primer europeo. En 1994 se dio a conocer
el hallazgo en el cerro Gran Dolina de tres dientes y un fragmento de mandíbula de
hace 500.000 años, completándose dos cráneos, y posteriormente otras piezas fósiles,
así como una industria tosca de la piedra a base de fragmentos de percutores y lascas
(Modo Técnico I). Mas primitivos que los homos de La Sima de los Huesos (presapiens), a los que no se parecen, practicaban el infanticidio y el canibalismo.
Sobre el primer poblador de Europa se han sucedido las especulaciones. Durante
tiempo fue tenido por tal al Homo de Mauer, de hace 600.000 a 500.000 años, aunque
esta primacía se debería atribuir al Homo de Cúllar de Baza (Granada) donde se encontraron útiles de hace 900.000 a 700.000 años; y, si se validan las dataciones de 1,7
millones de años de un hueso de cráneo hallado en Orce (Granada), este homo sería
el más antiguo (¿un H. Ergaster?).
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
235
En la Sima de los Huesos se hallaron 2.500 huesos y fósiles completos de 33 Homos
presapiens, de todas las edades y sexos, y en una cueva cercana unas 400 piezas arqueológicas de sílex y cuarcita datadas en 300.000 años, sin vestigios de fuego. Un cráneo
fósil es el más completo del mundo, y apenas tiene mentón, lo que le caracteriza. Eran
individuos fuertes, de 1,70-1,80 metros de estatura (y gran diferencia entre hombres
y mujeres) y edad máxima de unos 40 años. Con su cultura Modo Técnico II fabricaban
flechas tratadas por las dos caras, cantos tallados, raederas, punzones y raspadores, que
afilaban tras el desgaste por el uso, y fueron cazadores de manadas de caballos y grandes animales, también por despeñamiento o acorralándolos.
En el yacimiento Galería se encontraron fósiles de individuos de diferentes edades
y herramientas, como las de los homos de la Sima de los Huesos.
– El Homo presapiens, pre-neandertahl o sapiens arcaico, de morfología intermedia entre el Ergaster y el Neardenthal vivió hace 300 mil a 100 mil años en Africa,
Europa y Asia, y su cráneo era casi como el nuestro. Su cultura achelense (hallazgos de
Saint Acheul, Francia) o Modo Técnico II, que desarrolló en Europa Central y Occidental, Africa, Oriente Próximo (Palestina, Siria) y la India, y definida por el notable
progreso de los bifaces o piedras de pedernal, sílex o cuarcita con tallas por ambos
lados y de corte afilado, se mantuvo sin grandes variaciones hasta hace unos 100.000
años, e incluía picos o hendedores, hachas más perfeccionadas que las del Ergaster y
hojas cortantes.
– El Hombre de Neandertahl (valle de Neander, Alemania), con una cavidad craneal
de 1.300 a 1.600 c.c. y encéfalo mayor que el nuestro, vivió desde hace unos 130.000
a unos 25.000-30.000 años, coincidiendo con la Glaciación Wurm y el último avance
de los glaciares hacia el Sur. Se dispersó por Europa, Asia y la parte nororiental de
Africa.
Los hallazgos de Los Casares, Zafarraya y La Carihuela (España), Monte Circeo
(Italia), Spy (Bélgica) y Le Moustier (Francia) son del Neandertahl menos evolucionado. Por algunos cráneos y huesos largos muy curvados y con resaltes por la tracción
muscular, se dedujo que era feroz y se le caricaturizó de talla corta, burdo y cuadrado
o rechoncho, piernas arqueadas, frente estrecha y hacia atrás, arcos superciliares abultados, boca, labios y nariz avanzados, mentón solo insinuado y occipital resaltado
–imagen de «troglodita» cavernícola–, y el médico Rudolf Virchow y otros prestigiosos científicos los tomaron por esqueletos de hombres anormales o enfermos con retraso mental, artritis, raquitismo o infecciones, o los consideraron huesos de simios.
Al tipo más progresivo y parecido al hombre actual, aunque con apenas mentón,
pertenecen fósiles de Africa –Amud, Kebara y El Tabun (hace unos 50.000 años)–,
Asia –Qafzeh (hace 80.000 años)– y Europa (España –Cueva del Sidrón, Asturias, de
hace unos 70.000-30.000 años, Gerona, Valencia, Granada–, antigua Checoslovaquia,
Hungría, Austria, etc.).
236
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
El Neandertahl vivió en cuevas y chozas al aire libre, con estancias para diversas
funciones. Conocía el fuego (hogares y vestigios de fogatas de Pech de L’Azze y Terra
Amata, en Francia), que posiblemente sabía hacer, y se cubría (el primer vestido) con
pieles tratadas con rascadores, con las que también hizo chozas. Con su cultura tayaciense (de Tayac, Francia) basada en la industria de lascas y hachas de mano, y sobre
todo con su característica y novedosa tecnología, la cultura musteriense (de Le Moustier, Francia) o Modo Técnico III, hace 90.000 a 33.000 años, el Neandertahl define al
Paleolítico Medio, con distintos estilos de mejora del trabajo del pedernal (y del
hueso), utensilios más elaborados, finos y diversificados –hachas de mango y martillos,
y en particular raederas, puntas y hojas de cuchillo con o sin sierra, o puntas de lanza,
flechas y venablos (creados y usados por primera vez)– que permitieron manipulaciones más avanzadas de los materiales y perfeccionar la caza –con preferencia por los
grandes bóvidos, caballos o renos– junto con el cerco y los despeñamientos.
– El Homo sapiens sapiens, Hombre sabio, Cro-magnón, llegó a Europa al final de la
cruda glaciación Wurm, hace unos 40.000 años. Su origen no estuvo claro. Sapiens sapiens evolucionados directamente del Ergaster ya existían según la arqueóloga Hilary J.
Deacon (Suráfrica y el origen de los humanos modernos, Princeton University Press,1993)
en el Sur de Africa desde hace unos 100.000 a 120.000 años (huellas de pisadas en la
arena del río Klasies), y de allí se desplazaron (se les llama a veces «homo sapiens explorador») hacia el norte. Por los fósiles de hace 45.000-40.000 años de Mugaret el
Tabun, Skhul y Qafzeh (Israel), donde se encontraron los de 21 individuos datados en
unos 100.000 años, todo apunta a que en el río Omo y Oriente Medio se topó con el
Neanderthal (que en Europa podría derivar de los ergaster/presapiens) con el que coincidió durante 10.000 a 50.000 años. Su origen africano parece fuera de dudas, como
que coincidió con el Neandertahl hasta que este desapareció hace unos 24.000 años,
aniquilado por él (o por hibridación, como puede indicar un fósil de niño hallado en
Portugal), por la selección de que fue objeto (era fornido y de piel clara, y el Cro-magnón esbelto y de piel oscura), o porque su tecnología (principalmente la lanzadera) le
dio ventaja en la caza en espacios abiertos para obtener alimentos.
Estudiando las mitocondrias celulares Allan C. Wilson y Rebecca L. Cann, de la
Universidad de Berkeley (Origen africano reciente de los humanos, Revistas Scientific
American e Investigación y Ciencia,1992) afirman que venimos de una población africana de hace 200.000 años, y como sólo las madres transmiten las mitocondrias con su
ADN, llamaron (con Mark Stoneking) Eva negra o Eva mitocondrial a nuestra abuela
ancestral.
Verificando las variables de las secuencias llamadas «microsatélites» del ADN celular Anne M. Bowcock (Universidad Washington, San Luis), Andrés Ruiz-Linares
(Universidad de Antioquia) y otros (High resolution of human evolutionary trees with
polymorphic microsatellites, Revista Nature,1994) consideran que el Homo sapiens sa-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
237
piens salió de Africa hace unos 112.000 años. Pero hallazgos fósiles recientes en Asia
abren nuevas posibilidades sobre este trecho evolutivo.
El cráneo del Cro-magnon (unos 1.300 c.c. de volumen encefálico) y el mentón
eran como los nuestros, y hablaba un lenguaje organizado (las investigaciones de la
lingüista de la Universidad de Berkeley, Johanna Nichols: Diversidad lingüística en el
espacio y el tiempo, 1992; Origen y difusión de los lenguajes, 1998, concluyen que el lenguaje como el actual nació en los trópicos de Africa hace 100.000 años, y que de esa
lengua única derivaron todas las demás hasta llegar a las 300 familias lingüísticas existentes. Cuando hace unos 50.000 años comenzaron las emigraciones del homo sapiens de Africa a Oriente Medio y el sudeste de Asia, ya había muchas lenguas en el
Continente africano, que se habían difundido por todo el mundo al pasar a Eurasia
hace 40.000 a 35.000 años, Australia hace 50.000 a 30.000 años y América hace unos
20.000 años).
Con la Técnica Modo IV mejoraron la cultura musteriense del Neandertahl; usando
cuarcita y sílex, cuarzo y ofita, hicieron cuchillos más perfeccionados, raspadores de
pieles, buriles, puntas y varillas; inventaron el bumerang y la lanzadera (el primer aparato creado por el hombre), y desarrollaron una importante industria del hueso para
útiles de pesca, como anzuelos, puntas de arpones y lanzas, y también leznas y agujas
con que hicieron los primeros vestidos cosidos de la Hombridad.
Los Cro-Magnones fueron artistas, y debieron tener talleres de especialistas. Su arte,
caracterizado por el simbolismo de las pinturas, grabados, esculturas o arte mobiliario,
con una estética y precisión comparables a las nuestras, tuvo el máximo apogeo hace
unos 15.000 años y abarca hasta que se retiran los hielos hace unos 10.000 años.
El arte parietal o rupestre de las paredes de las cavernas (Asturias, Cantabria, Dordoña etc.) ofrece figuras o iconos en su mayoría zoomorfos, grabados, líneas, puntos y
signos, con representaciones de los genitales femeninos y las manos (cueva de Tito
Bustillo, en Asturias, por ejemplo). El 95 % de las figuras pintadas son animales, sobre
todo caballos, bisontes, toros y predadores de la época; escasean las humanas y son
muy raras las de varones, excepto en La Marche (Francia) donde hay pinturas y grabados humanos con cabezas de perfil. Las figuras de animales, como expresiones simbólicas, totémicas o mágicas, refieren a sus fuentes alimenticias, mientras que las
femeninas y las vulvas lo son a la fertilidad y la reproducción, tal vez anticipo del culto
ulterior a la Diosa Madre. Tantas manos pintadas deben significar la admiración del
Cro-magnon por un miembro cuya rol en la evolución ha sido decisivo. En las cavernas realizaron también esculturas de barro o sobre los salientes calizos, y lámparas de
piedra.
En el primer tercio del Paleolítico Superior (hace 35.000 a 25.000 años) el frío era
intenso, desciende el nivel de los mares y se extienden los inlandis. Se dieron varias
culturas: la c. auriñaciense (Aurignac, Francia), con buriles, raspadores y puntas de ve-
238
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
nablo, y: a), el primer arte mobiliario, en forma de esculturas (sobresalen, aunque en
escasa cantidad, las esculturas esteatopígicas –mujeres obesas, de anchas caderas,
grandes senos y prominencia de las zonas glúteas y la vulva– como las venus de Willendorf, en piedra caliza, de hace 30.000 años y tenida por la primera escultura conocida de
la Humanidad, o de Lespurge–, adornos y decoración de hueso y de astas, y b), el primer arte parietal (pinturas de mamuts, bisontes y una figura de mujer en Laussel, Francia); la c. perigordiense, representada en las puntas finas con borde recto y rebajado; la
c. chatelperrense (Chatelperron, Francia), también del Neanderthal, con puntas de
borde rebajado y dorso convexo; y la c. gravetiense (La Gravette, Francia, hace 25.000 a
20.000 años), con gran variedad de armas, y en cuyo arte escultórico abundan las figuras femeninas a las que suele faltar el rostro (que en algún caso, como en las de Malta,
está muy destacado y coloreado)
La época central del Paleolítico Superior, con climas más templados, se corresponde con la cultura solutrense (hallazgos de Solutré, Francia) de hace 20.000-15.000
años, con buriles, raspadores y la fabricación de las flechas con puntas bifaces de piedra,
triangulares y muy perfeccionadas, o con azagayas de asta o hueso. A este periodo pertenece la venus de Brassempuy, escultura de la cabeza de una muchacha tallada en marfil y datada en unos 20.000 años.
Del tercio final del Paleolítico Superior (hace 18.000 a 10.000 años) es la cultura
magdaleniense (La Madeleine, Francia), con una industria lítica de instrumentos sobre
todo de sílex de formas más perfeccionadas, y la creación del arpón. Coincide con el
intenso frío de la glaciación Würm y el auge del arte parietal (yacimientos del Cantábrico español –cuevas de El Castillo y Altamira, con una impresionante muestra pictórica, y La Pasiega–, de Francia –cuevas de Lascaux, con numerosos animales,
algunos de ellos atravesados por flechas, y un hombre muerto; de Le Tuc, con dos
esculturas de bisontes, de arcilla; y de Trois Fréres, con una pintura grabado mezcla de
animal y hombre (¿un «brujo»?)–, de Alemania, Polonia, norte y sur de Africa y Tanzania): del arte mobiliario, con esculturas femeninas más finas y redondeadas –hallazgos en La Madelene, Tito Bustillo, La Viña y el Pando–, bastones de mando y
ornamentos o ajuares, collares, cuentas de dientes, brazaletes, diademas, cascos, etc.–;
y del trabajo del hueso y del asta con grabados muy cuidados, también en cuernos y
pezuñas.
El Cromagnon fue un extraordinario cazador, en grupo o solo, con armas arrojadizas, lanzas, flechas, trampas, encierros y cercos con despeñamientos de yeguadas y otros
animales, y como sus antecesores contribuyó durante el Pleistoceno al exterminio de
buena parte de los grandes mamíferos.
La determinación, datación, de la antigüedad de hallazgos prehistóricos (fósiles vegetales o animales, instrumentos, pinturas etc.) se puede hacer por diversos métodos.
El de los isótopos de carbono radioactivo 12 y 14, combinado con los de espectrome-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
239
tría de masas en un acelerador de partículas, permite trabajar con muestras muy pequeñas, hasta de medio centenar de milímetros, aunque no sirve en todos los casos; es
muy válido, por ejemplo, si las pinturas fueron realizadas con materiales orgánicos
–carbón, carboncillo o tierra mezclada con rasas animales–, y no lo es si lo fueron con
pigmentaciones metálicas como el óxido de manganeso o si se deterioran las pinturas
al retirar las costras calcáreas que algunas veces las cubren. Las pinturas de Altamira
–sobre las que se especuló si eran obra de los jesuitas– tienen unos 14.000 años de
antigüedad, y las de El Castillo, unos 3.000 años.
Durante el Mesolitico, unos 12.000 a 8.000 años a. de C., en las áreas del Asia Menor cercanas al río Indo, y en las laderas feraces de las montañas del Oriente Medio
próximas a los ríos Nilo, Eúfrates y Tigris –el llamado Creciente Fértil– se produjeron
concentraciones humanas de gentes diversas (semitas, turcos, bereberes, mongoles,
arios, etc.), algunas dedicadas al pillaje. Muchos se asentaron en terrenos propicios,
haciéndose paulatinamente agricultores y derivando su actividad económica de la
caza y la recolección –que no dejaron de realizarse en un tránsito de 5.000 a 3.000
años– a la agricultura y después a la ganadería, cambio de actividades productivas y
económicas que no se produjo por igual en todos los lugares habitados del Planeta
–Europa, China y América Central se retrasaron hasta 5 milenios– ni en las mismas
condiciones.
Siguen el Neolítico (8.000-3.000 a. de C.), «Edad de la piedra nueva o pulimentada» con la organización de poblados y aparición de las grandes civilizaciones; el
Calcolítico, con la fabricación del cobre de forja o fundición, usado para hacer adornos
y armas; la «Edad del Bronce», aleando cobre y estaño; y la «Edad del Hierro», en
apogeo los años 800-450 a. de C., de gran de importancia por la fabricación relativamente fácil de ese metal (que ya se conocía en Armenia unos 2000 años a. de C. y en
Micenas unos 1600 años a. de C.), lo que permitió armarse abundantemente.
En aquellas civilizaciones incipientes surgieron acampamientos, aldeas, poblados,
ciudades, Estados o Imperios. Con la mayor producción de alimentos vegetales, cárnicos y lácteos la población aumentó considerablemente, se dispararon las necesidades
populares, de tierras de cultivo y de agua y se enconaron los enfrentamientos por la
propiedad y el poder. Se amurallaron las ciudades y se entablaron por primera vez las
guerras –«una organización colectiva, un despliegue de columnas y filas de hombres,
una estrategia y unas tácticas, el ataque a unas fortificaciones, y el empleo de armas
militares con el fin de vencer a un grupo enemigo»…»la violencia individual y las cacerías colectivas de la época paleolítica no son guerras» ( Jean-Pierre Mohen, Todos
tenemos 400.000 años, 1992), con ejércitos defensivos y para las conquistas, y el caballo
domesticado (más tarde con el carro) como aliado fundamental; se destruyó y aniquiló, y se propagaron la esclavitud y el vasallaje. El hombre inventó la escritura y recogió con ella su conducta, su Historia, con la violencia como protagonista invariable.
240
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
EL HOMO ARMADO
Retomo mi teoría de la evolución del hombre: en un medio abierto y difícil los mejor
dotados para sobrevivir fueron la horda o clan provistos y armados con utensilios. Es verificable que el medio ambiente deja vivir o mata, y que la evolución está regada de sangre.
Fue una interadaptación de m.d.a. en circunstancias determinadas y variables condicionada por la técnica, que permitió a los grupos imponerse al hábitat y a sus competidores. La aceleración casi vertical de la evolución a partir de la fabricación de lascas
prueba su estrecha relación con la tecnología. El aumento del encéfalo fue lento, en decenas de m.d.a., de los prosimios al Australopiteco, con 500 c.c. de cavidad craneal, y
a partir de éste el aumento fue considerable y acelerado: en 1,5-2 m.d.a. se duplicó a los
1.000 c.c. del H. ergaster. La rápida encefalización siguió su curso, pasando por el
Neandertahl (1.700 c.c de cavidad craneal) al Homo actual, con una capacidad craneal de 1.200-1.500 c.c., durante 1-1,3 m.d.a, periodo en que el encéfalo aumentó otro
medio kilo de peso, tanto como del Australopiteco al Ergaster pero en la mitad de
tiempo.
El sincronismo con la tecnología es evidente: en «sólo» 3-2 m.d.a., justo desde el
inicio de la industria lítica, la masa cerebral se triplicó, aumentando unos 1.000 c.c.,
dos tercios de la del hombre de hoy. Este hecho fundamental confirma que la evolución
fue pareja con la cultura técnica (herramientas y armas).
El incremento de las actividades mentales, la memoria, la creatividad y las habilidades fue posible con un encéfalo más y más evolucionado, que se agrandó (encefalización morfológica) y sobre todo se especializó (encefalización funcional, humanización
progresiva) gracias a la consciencia ejercitante del raciocinio.
No se puede aceptar la tesis que justifica la encefalización por mutaciones al azar,
ortogénicas, sucesivas, al menos por dos razones: primera, porque la evolución ocurrió desde los hominoideos en criaturas en que la morfología y estructuras humanas
estaban más que pergeñadas, por lo que su paso a la hominización (somación y bipedismo) no precisaba tanto de mutaciones genéticas como de la adaptación milenaria
posterior; segunda, porque la hipótesis admite demasiadas casualidades y coincidencias para una evolución bastante lineal como la seguida, y la adición de azares provocaría lo contrario, la monstruosidad y la inviabilidad; y tercera, porque una vez iniciada
la cultura técnica, el efecto creativo y motivador, el aprendizaje, las manualidades, la
repetición, la memorización y la transmisión de conocimientos a lo largo de m.d.a.
fueron los estímulos que propiciaron la encefalización.
La culturización fue el factor clave sobre el ritmo de encefalización, recayendo
principalmente el incremento de volumen en el neocórtex o «cerebro pensante», artífice fundamental de la creciente humanización. Las nomenclaturas no hacen más
que reconocerlo: denominamos faber al Homo habilis, trabajador al Homo ergaster-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
241
erectus, presapiens a algunos sus descendientes, sapiens a los Hombres de Neandertahl
y sapiens sapiens, hombres que piensan y saben, al Hombre actual.
La proporción entre el crecimiento del encéfalo y el resto del cuerpo se mide en
porcentajes o con índices de cefalización. Uno de estos relaciona el crecimiento evolutivo de la masa de sustancia gris del cerebro del hombre con la masa restante de su
organismo, y, al comparar los resultados con los obtenidos en otros animales, las diferencias son notables: por ejemplo, el índice de cefalización de nuestra especie tiene un
valor de 35, el del chimpancé de 5,2, el del gorila de 3, el del caballo de 0,97, el del
perro de 0,37 y el del avestruz de 0,02.
La complejidad del hábitat, la actividad y la movilidad fueron esenciales. El cerebro
del gato montés en libertad tiene más neuronas que el cautivo o domesticado; el de
chimpancés en espacios intermedios es muy semejante en áreas y funciones al del
hombre, y sus conductas en libertad son más variadas; y en ratones activos en recintos
con objetos que utilizar, la trama neuronal es más densa que en ratones menos móviles de recintos vacíos (esto corrobora que en los espacios abiertos la consciencia y la
inteligencia se desarrollaron en respuesta, con éxito, a la mayor complejidad vital que
hubieron de afrontar los ancestros con la creatividad, la información acumulada, el
aprendizaje, y la motivación superadora de las dificultades para sobrevivir).
En analogía, la práctica continua de ciertas tareas engruesa las áreas cerebrales motoras correspondientes a los miembros utilizados, por ejemplo las de los dedos de los
violinistas o pianistas. Al hilo de esto, se sabe que el encéfalo de personas brillantes
tenía un peso medio incluso superior a 200 gramos al normal: el del poeta Dante
Alighieri pesaba 1.450 gramos, el del historiador y poeta Johannes Schiller 1.570, el
del zoólogo Ernst Haeckel 1.575, el del poeta y lord George Gordon Byron 1.700, el
del estadista Oliver Cromwell 1.950, y el del escritor Iván Turguénev 2.012 gramos.
Pero no siempre ocurre así, pues en otros ilustres era menor: el del químico Justus von
Liebig pesaba 1.260 gramos y el del poeta Dante Alighieri 1.450 gramos (estudios de
Broemser, citado por J. L. Pinillos, La Mente Humana, 1991).
En consecuencia, el tamaño del encéfalo no supone que tenga más o menos capacidades para ejercitar la razón; el cerebro de algunos mamíferos es una cuarta parte más
grande que el de los primitivos, sin que con ello se hayan «humanizado». Lo que es
más voluminoso no necesariamente ha de estar «más lleno» de información, tener
contenidos de «más calidad «o ser «más eficaz» (el cerebro del Neandertahl era más
grande que el nuestro, y su inteligencia, menor). Lo que humaniza son los contenidos y
actividades específicos de la consciencia, en estrecha dependencia con el número de conexiones y circuitos de neuronas creados.
242
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
¿QUÉ SOMOS?
¿Somos el ser humano que aseguramos? Ese plantígrado con cinco dedos en manos y
pies, somos una especie muy reciente, con pocos genes «propios» (y proteínas) y desde
hace solo unos 4 m.d.a (el último segundo del día en un reloj que midiera la evolución
desde los inicios), y usa solo el 12-15 % del Sistema Nervioso Central (SCN).
El concepto especie se debe al naturalista Carolus Linnaeus, Karl Linneo o von Liné
(Systema Naturae, 1758), que clasificó taxonómicamente a la nuestra como Homo sapiens sapiens, el hombre sabio, capaz de entender: una totalidad de cuerpo y psique, componente ésta inmaterial e inespacial elaborada por la consciencia o entendimiento.
Por lo demás, se nos ha calificado pródigamente: de «bípedo implume» por Aristócles o Platón, el de las anchas espaldas, a los que ridiculizó Diógenes de Sinope echando
un pollo desplumado a la Academia por encima de la muralla, asegurando «He aquí el
hombre de Platón»; Aristóteles nos entendió como un «animal político»; para Carlos
Darwin somos un «animal que lucha por sobrevivir», y en analogía posterior Karl
Marx: un «animal que lucha por su subsistencia»; Sigmund Freud nos definió como
un «animal dominado por sus instintos naturales, sobre todo los sexuales»; el filósofo
y pedagogo alemán Ernest Cassirer nos tiene por «animal simbólico«; somos el
«homo ludens, homo que juega» para el historiador holandés Johan Huizinga; «el
único animal que sabe hacer y usar dinero» nos llama el economista Adam Schmidt;
«el mono desnudo» según el zoólogo y etólogo Desmond Morris; «el tercer chimpancé» de Jared Diamond»; el filósofo Ferrater Mora considera al hombre «un modo
de ser su cuerpo», y el escritor y humorista Bernard Shaw ironizaba asegurando que
«el hombre es el ser superior, eso dice él»; en criterio de Bernhard Grzimek, director
del Zoológico de Hamburgo «nos hallamos en el inicio evolutivo entre los antropomorfos hacia el ser humano»; para el biólogo Premio Nobel Jean Rostand el hombre
es «un animal como otro cualquiera». El antropólogo y científico social Gregory Bateson asegura que los diccionarios no deberían llamar al hombre animal racional, sino
definirlo como «esto» a la vez que se señala a un hombre, lo que compartía el matemático, filósofo y ensayista Bertrand Russell, al ser «esto» la única palabra que podía remitir a lo real. En mi criterio el hombre es una «especie cautiva de su violencia»
(cautividad manifiesta del poder y la servidumbre, de la fuerza y la debilidad, del saber
y la ignorancia, del amor y del odio, del vigilar y ser vigilados, de la frecuente apariencia
al ocultar o disimular sus actos, haciendo de la mentira verdad).
– La consciencia es el conjunto de capacidades o facultades psíquicas y físicas que se
originan y expresan en unas estructuras corporales, en particular en el «cerebro
nuevo» (neocórtex) del Sistema Nervioso Central. Tiene un triple componente: el
vegetativo o involuntario se traduce en los automatismos; el sensitivo y sensorial responde a los estímulos que nos llegan por los receptores de la sensibilidad (piel, mús-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
243
culos, etc.) y los órganos de los sentidos (olfato, gusto, tacto, vista, oído); el volitivo o
voluntario es consecuencia del raciocinio.
La conciencia es una faceta subjetiva de la consciencia que afecta a los principios éticos
y juicios morales, y determina el yo (autoconciencia). El alma o espíritu (algunos pueblos
primitivos dicen tener varias almas; Platón también lo aseguraba) es una de las categorías de la consciencia, no la dimensión aparte que plantean los reduccionistas.
Los elementos que configuran la consciencia se asocian al proceso consciente, ligado
al hecho integrador psicofísico del ser. En el proceso consciente los estímulos recibidos se transforman en impulsos, sensaciones, percepciones, emociones y afectos con
los que el raciocinio elabora reflexiones, significaciones, juicios y respuestas que causan y modulan la conducta.
La diferencia entre la consciencia de los animales y la del hombre es sobre todo
cualitativa: la nuestra está capacitada para el ejercicio de la razón o raciocinio, para el
juicio (racional o irracional) que el animal no realiza (o eso creemos). Al hilo de tal
apreciación, tenemos a los animales por irracionales, aunque si decimos que carecen
de razón no les serían aplicables ni posibles los raciocinios, así que no serían racionales ni irracionales sino arracionales.
– La razón es la facultad de la consciencia o entendimiento (procesos psíquicos)
que permite al hombre concebir, conocer y comprender los hechos y las cosas, compararlos, enjuiciarlos, establecer relaciones entre ellos, inducir y deducir, analizar y
sintetizar. Con carácter generalizador, es el pensamiento o capacidad de pensar. Está ligada estrechamente al potencial discursivo, en su vertiente natural –sin base aprendida que la ilustre (aunque la sociedad y el medio ambiente sean de por sí ilustradores,
aún sin instruir)–, y en la cultivada, si dispone de un bagaje cultural.
Lo racional refiere a la cualidad perteneciente, ajustada o relativa a la razón y fundada en ella, y respecto de los atributos que el hombre se asigna como exclusivos se
identifica con cuanto es conforme a la dignidad, los derechos humanos y los deberes
correspondientes. Al contrario, la irracionalidad socava y desbarata tales aspiraciones
y nos denigra (en este orden de cosas la conducta violenta de la Hombridad es bastante explícita). Por consecuencia, no es lo mismo estar dotados para el raciocinio que
ser racionales, que el raciocinio se traduzca en conductas considerados racionales en
el baremo de los atributos de «lo humano» que nos damos; también puede hacerlo
de manera irracional, antípoda de los valores humanos en los que fundamentamos lo
racional y de lo que habría de esperarse del ser cultural que somos. Así que es impropio, parcial, que nos califiquemos como un animal racional (zoón logikón, Aristóteles).
Por ende, al considerar inferiores y arracionales a todos los demás seres vivos, nos
queda el demérito de ser las únicas criaturas de conducta irracional.
– La inteligencia es la facultad de hacer abstracciones o consideraciones, en suma,
de entender o comprender. Sin un centro cerebral específico, se deriva de interaccio-
244
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
nes en todo el sistema nervioso mientras el proceso consciente es eficaz. No está en
relación con el tamaño del cerebro sino con el número de conexiones neuronales, los
circuitos que crean y su agilidad (el cerebro humano tiene un billón de células nerviosas). Francis Galton, inventor de la verificación de las huellas dactilares, estudiando
gemelos y niños adoptados, fundó la genética del comportamiento afirmando que las
funciones cerebrales están predeterminadas; es falso, pues en la adquisición de tales
funciones es esencial la experiencia vital; por tanto no hay un determinismo genético
que señale ineludiblemente el destino del hombre; si puede llamarse así, el único determinismo es cultural.
El cociente intelectual (CI) o nivel de inteligencia individual se calcula con tests y
ecuaciones que tienen en cuenta la relación entre las edades mental y cronológica,
multiplicada por un valor fijo. Por encima del valor medio normal (100) de CI están
las personas con inteligencia destacada, los superdotados y los genios, éstos con valores superiores a 140 y una media de 170 (se han deducido algunos ejemplos: la escritora George Sand 143, el emperador Napoleón Bonaparte 145, María Curie 153,
Albert Einstein 160, el compositor y músico Wolfgang Amadeus Mozart y el astrónomo y matemático Galileo Galilei 165, el físico y cosmólogo Stephen W. Hawking
174, el filósofo Inmanuel Kant 175, el pintor, escritor, científico y arquitecto Leonardo
da Vinci 180, el filósofo y científico René Descartes 180, el físico y matemático Isaac
Newton 190, el escritor Johann W. von Goethe 210, y la escritora Marilyn vos Savant
con 228 tendría el CI más alto). Entre 100 y 70 está la inteligencia discretamente limitada o torpe, y bajando, el retraso mental menos o más grave (70-50), la imbecilidad
(50-25) y la idiocia, cuyos valores de CI oscilan entre 25 y 0.
La estolidez es una tara de la razón con falta total de raciocinio y discurso; la estupidez, una considerable torpeza para entender las cosas; la necedad hace del necio un
ignorante, imprudente o falto de razonamientos que no sabe lo que podía y debía saber, de ahí mi propensión inicial a titular esta conferencia «La necia Hombridad»,
porque muchos no actuamos oportunamente en relación al mundo y desperdiciamos
lo que estamos en condiciones de saber y desarrollar, dañando así a buena parte de la
sociedad que constituimos y a la Biosfera de la que dependemos. Y me opongo a la
idea bastante generalizada de que no podemos vivir sin la violencia, pues con ella insultamos al raciocinio e inteligencia del hombre y renegamos espuriamente de ellos.
ATRIBUTOS CULTURALES
La humanización progresiva fue simultánea con el desarrollo de un rutilante y distorsionado universo psíquico, y, entre sus múltiples manifestaciones, el ser cultural se
concedió atributos exclusivos con los que iluminar y asentar su supremacía evolutiva,
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
245
indispensables en la inútil brega de sellar su condición humana, desconectada y eximida de lo animal.
Consideramos humano lo relativo al hombre en lo corporal y psíquico, resultado de
su transcurrir evolutivo desde el australopiteco. Para Francisco J. Ayala « lo humano,
lo que nos distingue de otros seres vivientes y del resto del universo, solo puede ser
entendido como producto de la evolución» (La teoría de la evolución. De Darwin a los
últimos avances de la genética, 2006)
Resistiéndose a su animalidad la razón del hombre demandó una dignidad que la
descalifique, una superioridad que la neutralice y una divinidad a la que elevarse, que
formula como pretextos e instrumentos. Como pretextos afianzan la superioridad, al
concebir la divinidad como la identificación personal más alta y la dignidad como un
patrimonio de su especie que sólo pueden ser partida y meta de lo humano. Como
instrumentos le sirven para repeler su animalidad invariable, exaltándose; y, a veces,
para operar sobre la Biosfera a su antojo.
En lo físico, los primates no son el agravio evolutivo que fueron hasta no hace mucho; si hay contrariedad es al reconocer la influencia agresiva del reptil vegetativo anclado en la parte más vieja del cerebro; descalificamos diciendo ¡eres una víbora
asquerosa!; tentados por el ofidio Adán y Eva perdieron el Paraíso; así que no extraña
que en las encuestas (Desmond Morris: El mono desnudo. Un estudio zoológico del animal humano, 1968) el animal más odiado sea la serpiente, y el chimpancé (con el caballo) el más querido.
– La dignidad es «una cualidad de lo digno, realce o excelencia proporcionada al
mérito y condición de una persona o cosa, tomándose en buen sentido cuando se usa
de manera absoluta»; y es digno «quién o lo que merece algo». Tal cualidad de lo
digno es sinónima de calidad (personalidad) y comprende «cada uno de los caracteres o circunstancias, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas o cosas».
Hemos vertido discursos, escrito montañas de volúmenes y aprobado convenios y
tratados para reafirmar el carácter intrínseco de la dignidad del hombre. Esta obsesión
sobre la inherencia de «su» dignidad (innatismo de lo humano) parte de un lapsus
prohibitivo, pues para que algo o una cualidad sean intrínsecos (connaturales o ingénitos) a un ser vivo deben estar informados por sus genes. En consecuencia, para que
la dignidad sea esencial ha de ser hereditaria, lo que obliga a resolver si hay un gen o
genes que la informen y expresen; la respuesta es negativa, como no lo/s hay de la
bondad, la libertad, la justicia o la igualdad que hacemos dimanar de la dignidad.
Si la dignidad fuera intrínseca la expresarían los cuantiosos genes heredados de todos nuestros predecesores, y muy pocos admitiríamos que el gusano del Cámbrico, el
pez óseo voraz, el reptil taimado, etc. hayan contribuido a la dignidad pretendidamente hereditaria del Homo sabio, pues en caso afirmativo han sido –y lo serían hoy
sus análogos– animales dignos. Además, si fuera intrínseca nadie podría perderla ni
246
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
sería indigno por una conducta así entendida (pero aceptamos que se pierde por los
comportamientos indignos, sea temporalmente). Por otra parte sería una apropiación
indebida, pues digno no sólo es quién sino también lo qué, así que la dignidad no sería
realce privativo del hombre sino de la Geosbiosfera, con lo que se diluiría el que decimos exclusivo a nuestra especie. Y respecto a «los caracteres o circunstancias naturales o adquiridos que determinan en parte la dignidad de las personas o cosas», el
hombre no es superior a ningún organismo sino diverso, así que la dignidad tampoco
se limitaría al hombre desde el punto de vista «natural».
Queda entonces lo adquirido (cultural) como único apoyo de la dignidad diferencial y exclusiva. El historiador y político francés Andrés Malraux (1901-1976) afirmó
«no saber qué es la dignidad, pero sí lo que no es», aunque lo primero tampoco
ofrezca dudas, por tratarse de un atributo cultural de los últimos tramos evolutivos
que no tiene que ver con la herencia biológica, un bien a conquistar y mantener (la
utopía), hazaña imposible si no se elimina la violencia. Dicho en tono precautorio y
sumario, además de una meta la dignidad viene a ser un oficio que debemos ganar,
atesorar y desempeñar con auténtica altura humana; no es un don ni una regalía naturales sino una opción existencial cuyas riendas deberíamos llevar todos algún día. No
somos dignos por nacer hombres, la dignidad no es consustancial a la especie Homo
ni lo será jamás. Tampoco es indispensable que así ocurra; si lo que nos hace dignos es
su merecimiento, la dignidad debe ser una reivindicación y una meta inequívocamente
humanas, sin duda todo cuanto deberíamos aspirar a alcanzar y profesar. Es imposible
borrar nuestra animalidad, pero sí guiar los instintos agresivos (anularlos no, pues nos
anularíamos) con conductas favorables al Hombre. Sin refrendarla universal y permanentemente con un comportamiento digno, la dignidad es una pegatina aparente expuesta a cualquier viento, y, en el peor de los casos, una argucia para el maniobrerismo
inhumano.
– Al tenerse por ser superior el hombre olvida su dependencia de la Biosfera y de
otros seres vivos –cada uno con su categoría evolutiva y originalidad como especie–
sin los que no podría existir, por lo que la superioridad atribuida sería, al menos, subsidiaria. Si la Tierra no ofreciera condiciones para la vida (clima, temperatura,
humedad, etc.), si las plantas no produjeran el oxígeno vital, si los microorganismos
no intervinieran en la formación y la fertilidad de los suelos ni habitaran simbióticamente en nuestro cuerpo, o los animales y vegetales no la proveyeran alimentos, por
traer algún ejemplo, nuestra especie se extinguiría.
El hombre soslaya también que ha evolucionado de las primeras bacterias y gracias
a su concurso. La bacteria fue su origen y un acompañante vitalicio –desde la aparición de los animales la bacteria vive en ellos, con ellos–, en una relación permanente
(en el aparato digestivo, en la piel, etc.) que les ayuda a realizar sus funciones fisiológicas –la digestión, la protección de la superficie corporal o la acidez de la vagina, entre
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
247
otras– o que rompe en ocasiones, agrediéndoles de forma patógena y causándoles
enfermedades o la muerte. Las bacterias son además aliados de los que el hombre se
ha beneficiado y a los que recurre para aplicar las nuevas biotecnologías, tal vez para
sufrir algún día cambios imprevisibles en su curso evolutivo. El hombre podrá dejar
de existir pero las bacterias pervivirán, porque están adaptadas a las situaciones más
álgidas, o resurgirán de los coacervados o procesos descritos de los inicios de la vida,
si es que no está ocurriendo ya; ellas, y no Pirra y su esposo Deucalión –que según la
mitología griega sobrevivieron al diluvio provocado por Zeus, consultaron al oráculo
de Termis para repoblar la Tierra y las piedras que echaron sobre sus hombros se convirtieron en la mujer y el hombre actuales–, podrían dar lugar al renacimiento de
nuestra especie biológicamente agotada. En suma, si en algún ser vivo hubiera de recaer la teórica superioridad no sería en el hombre sino en las bacterias (y las algas
cianoverdes), que han permanecido a lo largo de m.d.a. de evolución y de las que,
como los demás organismos vivos, somos descendientes, colaboradores y víctimas
también. Debemos recordarlo, porque así es en efecto, y que todo organismo, incluido
el hombre, tiene su propio valor evolutivo, sin ser superior o inferior a otro; porque,
simplemente, es diverso.
La peste, epizootia causada por el bacilo de Yersin (aislado por el microbiólogo
suizo Alejandro Yersin durante una epidemia en Hong-Kong) y trasmitida por las pulgas y piojos de las ratas y otros roedores, ya mencionada en el Antiguo Testamento
(Exodo 9,5) o por Hipócrates (Tercer Libro de las Epidemias), mató desde tiempos
históricos, y según M. K. Bennet y Josiah C. Russell a casi dos tercios de la población
europea en el siglo XIV. La sífilis producida por el Treponema Pallidum (bacteria Espiroqueta) tuvo una acción devastadora en el siglo XVI en Europa, actualmente hay
unos 12 millones de enfermos en el mundo. El SIDA, epidemia producida por el retrovirus VIH descubierto por Luc Montagner, afecta a 40-46 millones (se barajan
hasta 60 millones) de personas en el mundo, y ya han muerto 25 millones por su causa
(Informe ONUSIDA, 2006). La gripe o influenza aviar, debida en humanos a la cepa
H5N1 del virus, ha causado algunas muertes y trae al mundo entero en vilo. Son algunos de los muchos ejemplos.
Teniéndose por el ser superior que evocó en los dioses su propia imagen y semejanza, el hombre –algunos– trasunto del dios se entendió el final de su evolución, al ser
el dios un absoluto sin evolución posible. Conviniéndose sosia del dios todopoderoso y
ubicuo, el hombre con éste horizonte, más allá del que no puede haber mayor alteza,
da su evolución por culminada. El dios es su invento –el hombre reforzado que ansía
ser, invencible, óptimo y temible– al que confirió la divinidad, el poder y la sabiduría
inmensurables, puso en él todas sus aspiraciones y lo interiorizó hasta el punto de convertirse en el mismo dios. Así planteado, si nada supera ni trasciende al dios, también
ha de estar concluso el hombre deificado, clon/vicario que lo causó y reemplaza.
248
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Mientras el hombre prehistórico fue cazador si de algún culto puede hablarse es del
vinculado al alimento (de origen animal, sobre todo) y la reproducción, el «culto de
la caza y la fertilidad», recreado en el simbolismo artístico.
El arte pictórico parietal o rupestre asocia los Cromagnones con los animales que
seleccionaron por su carne, su cornamenta o sus pieles y parecen tener un sentido
animista, para invocación de los animales de los que dependían. Pinturas de hombres
con cabeza animal se interpretan como un hechicero, brujo, chamán, bailarín o cazador que confunde a la caza con danzas o conjuros mágicos para abatirla (la magia,
como procedimientos que se sirven de recursos ocultos o naturales para producir
efectos extraordinarios, habría sido también una práctica corriente). Las numerosas
manos pintadas, en ocasiones con los dedos mutilados, podrían traducir una alegoría
mediadora. Las figuras femeninas en tallas o en bajorrelieves, al igual que las esculturas
de mujeres posiblemente gestantes –venus de Willendorf, Grimaldi o Barma Grande,
acaso precursoras de la Diosa Madre–, en su mayoría obesas, de pechos enormes, caderas anchas, vulvas prominentes y en general con el rostro apenas formado, destacan
el rol reproductor de la mujer y, junto a las vulvas y otros abundantes símbolos fálicos,
la importancia que concedieron a la fertilidad; como otras piezas mobiliarias, pudiera
tratarse de fetiches o mascotas, el fetichismo sería el culto a los ídolos u objetos a los
que atribuyeron un poder mágico propiciador de prole, felicidad y suerte o el efecto
panacea que evitaba las desdichas o hechizos y curaba los males. El totemismo, creencia
de algunos pueblos primitivos según la que la tribu desciende de un Ser animado (casi
siempre un animal, y a veces un vegetal) o inanimado (el agua o la lluvia, por ejemplo),
antepasado idealizado, protector y benefactor que se reclama en el totem, representación espiritual y artística del animal o sus órganos o de los seres elegidos de los que
consideran formar parte; de él, a veces una vaguedad difuminada en los tiempos, por
lo general ni siquiera invocable y sin autoridad directa, provienen los principios básicos que regulan las relaciones convivenciales y las observancias de la tribu.
En las llamadas «civilizaciones primitivas» la primera deidad con ritos verificables
aparece durante el Mesolítico. Fue la Madre Tierra, la Diosa Madre de la fertilidad de
los pueblos más antiguos conocidos del Indo, del Creciente Fértil y de las civilizaciones históricas nacientes, origen de vida, de la renovación de la naturaleza, de las cosechas, y, con la espiga y el grano, venerada como símbolo de la existencia. Con ella y sus
émulas locales, nació y se consolidó el culto agrario, con grandes coincidencias de mitos y ritos.
Durante el Neolítico el hombre desarrolló las primeras «civilizaciones superiores»
en Mesopotamia (sumeria, babilónica, acadia y asiria), la India, Egipto e Irán, y causó
los dioses personalizados (entendiendo que sus poderes divinos son apropiados y detentados por el hombre) y las religiones, no reveladas, inspirados por los poderosos.
Instauradas las primeras monarquías del Neolítico, el jefe, sacerdote, rey sacerdote, rey
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
249
o faraón fue dios en la Tierra, otorgándose la inmortalidad que sabía inalcanzable y el
poder divino con que retener el terrenal que temía perder, aunque el dios del que se
hizo sinónimo en el mundo –e incluso vástago– sólo existía en su mente ladina y asustada. Creando y acaparando al dios el poderoso se diviniza a sí mismo, se impone y
enaltece en el mayor nivel, el empíreo; el hombre causante/imperfecto/inseguro encarna al dios causado/ perfecto/imbatible y se encumbra y hace aclamar por las muchedumbres fustigadas y no siempre dúctiles, recreando su majestuosidad en edificios
grandiosos, y su violento poder disuasorio en pinturas, grabados, esculturas y sangrientos rituales. Coincido aquí con Ruth Benedict (citada por el antropólogo Marvin
Harris en Nuestra especie, 1995) en que «la religión fue ante todo y sobre todo una
técnica para lograr el éxito».
En Mesopotamia (no se descarta que fuera en la India) nacieron posiblemente la
civilización y la religión más antiguas, y por las zonas centrales, marítimas y ribereñas de
paso influyeron en el entorno del Creciente Fértil, la India y el resto de Asia, sufriendo
todas el influjo de una gran variedad de culturas. El rey amorrita Hammurabi
(1728-1686 a. de C.) descendía directamente del dios babilónico y supremo Madurk,
al que encarnaba y del que recibía el poder; en consecuencia, su autoridad era divina,
universal y bienhechora. En la India los reyes-sacerdotes encarnación de la divinidad
ejercían en las ciudadelas una autoridad autocrática y teocrática suprema; la Monarquía era sagrada y estaba asociada a la Diosa Madre de la fertilidad, de la que fueron
reiteración las numerosas diosas locales. Unos 1.500 años a. de C., llegaron al valle del
Indo los arios o indoeuropeos, pueblo de invasores con una cultura guerrera y cultos
naturalistas y politeísta; en esta segunda etapa religiosa, recogida en los Vedas o libros
sagrados, Dyaus Pitar era el Ser Supremo y de la guerra, y entre otros dioses destacaba
Varuna, dios del Cielo, del orden universal, del bien y de la verdad, cuyo poder divino
estaba bajo el poder sobrenatural y el control del rey y de la casta sacerdotal de los
brahmanes, encargados de los ritos y libros sagrados. Al final del siglo VII a. de C.,
cuando los brahmanes adquirieron enormes poderes y privilegios sociales, se inició
una tercera etapa religiosa y tal y como recogen los Brahmanas o libros del ritual de sacrificios, el dios Prajapati era el Creador de cuyo cuerpo destrozado por otros dioses
saldrán todas las partes del universo, para crear más tarde a los hombres –los sacerdotes son su propia reproducción– y a los dioses; fue un panteísmo del Dios Absoluto
con un gobierno teocrático. En Egipto, en las aldeas nacieron los grupos políticos, y
cada grupo o comunidad fue religioso; el jefe o «señor» era también sacerdote y juez.
Los faraones de la I y II dinastías (3500-2990 a. de C.) del Egipto unificado constituyeron una monarquía absoluta, de carácter sagrado y hereditario, que alcanzó su apogeo con la III dinastía (terminó hacia el año 2.650 a. de C.), fundada por Djoser. Los
reyes de la IV dinastía (2600-2480 a. de C.) fueron la encarnación del dios Ra y ejercieron un poder absolutista: todos los cultos giraron en torno al dios y al faraón Keops,
250
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
que se dijo su encarnación e hijo, sometió la divinidad al poder real, con la oposición
de los sacerdotes, e impuso el culto personal y oficial del Estado. Durante la V dinastía
(2480-2350 a. de C.), con la desestabilización política impulsada por los sacerdotes,
se retornó a las tradiciones religiosas y se impuso una monarquía teocrática. El faraón
Amosis I (XVIII dinastía) se consideró hijo del dios Amón, fortaleció a la clase sacerdotal e impuso el absolutismo en base al rito, postulando la oración y el amor al dios
que encarnaba. Por los años 1.501 a 1.480 a. de C., durante la regencia de la reina
Hatsepsú, se instauró el poder espiritual del Estado, representado en el Sumo Sacerdote de Amón. El faraón Tutmosis III (1480-1435 a. de C.), gran caudillo militar y
político, se encarnó en el dios Amon y logró un equilibrio estable con el poder clerical
administrado por el Sumo Sacerdote. Amenofis IV (1377-1358 a. de C.), que se hizo
llamar Akhenaton o Aknatón y conocido también como «el rey hereje» por anular
los cultos antiguos, propugnó un imperio universal con una religión universal monoteísta basada en el amor y el culto a Atón, el dios nuevo que él representaba, creador
del mundo y simbolizado en el disco solar. Durante la XIX dinastía, con el rey Seti I
(1305-1292 a. de C.) y su hijo Ramses II el Grande (1292-1225 a. de C.) Amón era el
dios creador y señor del mundo y de los hombres; encarnado en él, el faraón –oponerse a él era ir contra el dios– fue el soberano universal a quien encomendaba el gobierno de los hombres. En Asiria pueblo de invasores dominadores y crueles con
poderosos ejércitos, el rey Asurbanipal (668-626 a. de C.), aseguró que los dioses le
concedieron la realeza. En México, los aztecas, tribus guerreras llegadas hacia el año
1.500 a. de C., se organizaron bajo un gobierno teocrático, militar y despótico. En
Perú, la civilización de los incas iniciada el año 1000 acaba en 1532 con la conquista
del Cuzco; fueron un imperio militar a cuyo rey, divinizado y soberano absoluto por
la gracia de los dioses, se le debía obediencia ciega. En Japón, la voluntad divina de
Amaseratu, diosa del Sol, dominadora del mundo, reina de lo visible y de la vida dio
origen al Estado japonés, delegando el poder en su descendiente y representante terrenal, el Mikado o Emperador, e instaurándose un gobierno teocrático y absolutista;
el Emperador era divinizado, imponía el shinto (sintoísmo) como religión y culto de
carácter patriótico, unificador y nacionalista, y los súbditos (la mayoría sintoísta o,
posteriormente budistas y cristianos) le debían obediencia y lealtad absolutas, y estaban obligados a seguir los cultos establecidos en los santuarios.
Más tarde los dioses surgirán de la fantasía de adivinos y augures y de los relatos de
vates y griegos señeros: al poeta Homero –con la Iliada y la Odisea–, los teólogos Hesiodo y Apolodoro, los filósofos Platón, Epicuro, Aristóteles, Celso u Orígenes se deben la vida y obras de los dioses del Olimpo y las ciudades, su reparto de la Tierra y su
relación con las conductas y los asuntos humanos (Henri-Charles Puech y otros: Las
religiones antiguas. Vol. I, 1989; E. O. James, Historia de las religiones, 1990; E. E. EvansPritchard, Las teorías de la religión primitiva, 1991)
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
251
MORAL, ÉTICA, LEYES
La lucha por la supervivencia de los predecesores se manifestó violenta en la caza,
como medio de vida, y en la defensa del grupo y de los bienes, pero no traducía juicios
morales hasta que contaron con una consciencia moral (el concepto violencia es un
juicio de valor del hombre, no del animal, y ellos fueron mucho tiempo poco más que
esto; del mismo modo que la heroicidad o el asesinato son categorías que desconocían). Eran cazadores y presas a la vez, rivalizaban en la lucha y sus exigencias y necesidades básicas les imponían matar, sin ningún apriorismo moral o jurídico, en una
actitud vital sin cuartel no sujeta a los principios, denominaciones, leyes o acuerdos
internacionales con los que el homo moderno se intenta proteger. Los instrumentos
surgidos de su naciente creatividad sustituyeron al mordisco y la dentellada, fueron
más eficaces que los colmillos y las uñas y evitaron más y más el peligroso cuerpo a
cuerpo. Es comprensible, por lo tanto, que sus motivaciones «lógicas» (¿por qué
«prelógicas», como a veces se asegura?) se proyectaran en la fabricación de armas y
en el aprendizaje de técnicas eficaces de defensa y muerte (el hombre civilizado mata
por los mismos u otros motivos y no se le tilda de asesino porque practique la caza,
abata a los animales o vegetales sistemáticamente –fines deportivo, alimenticio, industrial, etc.–, sacrifique a otros hombres en legítima defensa o lo haga en las guerras –fin
político– o al aplicar la pena de muerte. Héroe, en muchos casos, sí).
En alguna fase no tardía de su trayectoria humanizante la malicia y la bondad van
tomando sentido moral en su vida, con el miedo y el castigo por medio. El homo se
apercibe de que la violencia puede volverse en contra suya, amenazándole intereses y
seguridad. El homo adalid puede ser defenestrado; el querellante, apabullado; el
dueño de riquezas materiales o intelectuales, expoliado; el ubicado, expulsado de su
trabajo, vivienda y territorio; el enfermo, dejado a su suerte; el homo sin confines,
aprisionado; el homo patricio, esclavizado; el homo con familia puede perderla por
mor de otros. El temor a su conducta –la de la Hombridad– despierta en él la conveniencia de pautas protectoras y de buenas costumbres y se arma y encapsula, entre
otros, con un cuadro de principios morales disociados, tesis y antítesis: el bien es lo
humano y superior, el mal, lo deshumanizado, animal y rastrero.
El bien y el mal, contaron a buen seguro en la vida de los ancestros, pero es en el
Neolitico cuando aparecen historiados como principios primigenios en textos o documentos sobre las cosmogonías, teogonías, teologías, normas, etc.,
En Egipto, Osiris, dios de la fecundidad, la vida, la sabiduría y el bien, fue asesinado por su hermano Set, dios de la esterilidad, la muerte, la injusticia y el mal. En la
nueva cosmogonía tebana Ra y Amón formaban una trinidad con el dios Pta, el dios
creador era el bien y el áspid Apofis, el mal. La moral religiosa fue muy acentuada y
favorecedora de los humildes y de los hacedores del bien. El faraón Akenaton
252
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
(1377-1358 a. de C.) propugnó un imperio universal con una religión universal monoteísta de carácter ético basada en el amor. En China la civilización se inicia unos 3.000
a. de C., al principio sin ciudades, y 2.600 a. de C. ya con ellas. La moral se fundamentaba en las cinco relaciones: la del súbdito y el soberano, la de hijos y padres, la de
esposo y esposa, la de los amigos y la de los jóvenes y los ancianos. En Sumeria el
clero desarrolló, vinculándolo a la cosmogonía, el primer derecho internacional, que a
partir del año 2.900 a. de C. fundamentará los pactos de los reyes bajo la sanción
aprobatoria del dios Enlil. Según esa cosmogonía, Apsú, el creador y varón, principio
del bien y de la vida y Tiamat, la materia de las criaturas, hembra, origen de lo creado
y principio del mal se unen para formar el universo; el mundo del bien y mal es renovado permanentemente por Apsú. El Código de Hammurabi (1728-1686 a. de C.),
el primero conocido y escrito, establecía jurisprudencia sobre los actos y las jerarquías sociales y políticas, y las penas se ceñían a la «ley del talión». En la India 1.500
años a. de C. la religión aria consideraba a Varuna, dios del Cielo, del orden universal,
del bien y de la verdad. Al final del siglo VII a. de C., en la tercera etapa religiosa, con
gran influencia de los brahmanes, la cosmogonía de la religión hindú o brahmanismo
parte del mito de los principios del bien (el espíritu) y del mal (la materia). El gobierno teocrático se apoyaba en sus tres pilares: la obediencia, la aspiración al karma
(palabra procedente del sánscrito, que se puede i traducir como un estado de vida
elevado) junto al dios varón Brahma o en él, y el miedo a una reencarnación aborrecible si durante la vida la conducta y las obras no fueron buenas. En Persia, el monoteísmo ético del sacerdote y profeta reformista ario Spitama Zaraustra (Zoroastro, en
griego), que vivió probablemente entre los siglos VII-VI a. de C., o antes, se remonta
a una Diosa Madre. Zaraustra, cuyas escrituras fueron posteriormente recogidas en
iranio antiguo en los documentos Zend-Avesta y más tarde en lengua pahlevi, constituyó a Ahura Mazda en dios único (de quien se dijo enviado) al que estaban subordinados todos los espíritus previos del bien y del mal, los principios priimigenios. Es
esa teología Ahura Mazda era el creador universal y gran sabio, que da al hombre libertad para ejercer la moralidad con la que ganará la salvación; era el rey del bien, en
lucha permanente contra el principio del mal (Ahriman) que Zaraustra personificaba
en las tribus nómadas de los turanios –dedicados al pillaje de ganado para ofrecerlo
en sacrificio a las fuerzas del mal–, contra los que sostuvo guerras santas, en una de las
cuales murió. Se aseguró que nacería el tercer Mesías o Salvador al ser fecundada una
virgen por beber agua de un lago que contenía el semen de Zaraustra; entonces acaecería el fin del mundo, tendría lugar la resurrección de los muertos y habría un Juicio
Final, con la Prueba para comprobar cual había sido la conducta y como castigarla o
premiarla. A la muerte de Zaraustra, los dos principios primigenios se configuraron
en la religión dualista irania o mazdeísmo, con sus dioses contrarios: Ormuz (el anterior Ahura Mazda) era el creador del bien y la bondad de todos los seres y cosas –el
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
253
verdadero dios– y Ahriman era el mal, la enfermedad, las malas artes, los seres y los
hombres infernales.
Si bien no conocemos con exactitud la antigüedad del impreciso y recordado Ser
Supremo (animal, vegetal, fuerza natural, espíritu o nada ni nadie en concreto) de algunas tribus actuales del que reciben sin expresa concreción normas tribales, no es
menos cierto que forma parte de sus esquemas culturales y que las indicaciones o
mandatos morales a él atribuidos surgieron con los tiempos como pautas de comportamiento de la propia tribu. Este ser o entidad legendaria cae dentro de la fantasía y de
la inseguridad del hombre, es un soporte social.
Tal planteamiento es desacertado, porque la bondad y la malicia, anverso y reverso, pertenecen al arcón de nuestros pensamientos y reglas, son destilados del
alambique social, jugos de las costumbres según éstas se van produciendo, cuajan, se
remozan o desvanecen. En tanto que conjeturas de raíz cultural y tipificaciones que
se constituyen en opciones del hervidero social, a seguir o rechazar, y se traducen en
comportamientos zarandeados por las circunstancias individuales y colectivas, están
condicionadas por los parámetros no homogéneos de los que se aprovisionan y valen
los grupos de la Hombridad para dirigir y controlar sus actos y definir estrategias de
salvaguarda. Cada vez más redundantes, acabaron siendo asunto de las ciencias y
disciplinas sobre la ética (con el deber que es su objeto) y la moral, y tienen su principal notario en los tratados, declaraciones y convenios internacionales sobre derechos
humanos y libertades fundamentales, pero se incumplen hasta por sus valedores más
fervientes y facundos.
La Etica es una parte de la Filosofía que estudia la conducta del hombre con el fin
de proponer la considerada ideal, su jerarquía de valores y las obligaciones que contrae; y la Moral, la disciplina que se ocupa de nuestras acciones y de las costumbres, en
orden a determinar su bondad o malicia.
Aunque el individuo sea el determinante de los valores éticos y morales que le dictan su autonomía, su fuero interno y el libre albedrío o libre posibilidad de reflexión y
discernimiento, de ejercicio de la voluntad, de arbitrio y de elección según el imperativo que le ordena la razón, la ejecución de tales enfoques y decisiones no es asunto
sencillo en un mundo desarticulado y violento. Como ser social –no siempre integrado y partícipe en la vida común– su conducta está influenciada por elementos interpuestos y externos como las leyes, las normas profesionales, los mandatos
doctrinales, los juicios de valor (el lenguaje propio de la ética o la moral generales o
civiles), las confesiones (la moral religiosa) y las circunstancias sociales, políticas y
económicas.
La sociedad –ahora implacable sustituto de la selva, estepa, la llanura, la taiga, los
inlandis–, es la que adiestra y aliena al individuo, receptor muchas veces pasivo, según
su escala de valores y coordenadas de dominio y orden. Así que la bondad y la maldad,
254
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
como tantas estimaciones culturales, están influidas por la vocación y evaluación sociales (lo que es bueno o malo aquí, no lo es allá) en un momento dado (ahora o antes) y por motivaciones encomiables o recusables. El rasero aplicable según el lugar y
posibilidades de las sociedades multitudinarias –torres de babel de la injusticia, zigurat de dispersión y confusión de conductas– condicionan el relativismo ético y moral
y sus avatares.
Desentendiéndose de la moral y la justicia terrenas, el luteranismo (Martín Lutero,
teólogo y reformador protestante: 95 Tesis, 1517; De la libertad del Cristiano, 1520)
defendió que al margen de los méritos del hombre en la Tierra sólo la fe es el camino
de redención (la justificación), y la de Dios la única justicia. Retomando y ampliando
ciertos matices del Neolítico, en la reflexión griega, romana y judaica, y particularmente en el calvinismo ( Juan Calvino o Calvin, reformador religioso: Instituciones de
la Religión Cristiana, 1536) la ética y la moral prevalecen sobre la religión en un orden
universal predestinado, y son los actos del hombre, el cumplimiento de sus obligaciones, no su fe, sobre los que la divinidad hace justicia y gracia. Modernamente, el
ateísmo ético niega a Dios, vive sin él o contra él al considerarlo inexistente («la injusticia humana es la demostración de que Dios no existe») o injusto («si Dios existe, es
quien ha desordenado el mundo y debe rendir cuentas»), y, como en el eticismo, el
hombre se basta con la razón crítica para ser protagonista y juez de su propia conducta
ética; en tal caso, «Dios ha muerto» (Friederich Wilhelm Nietzsche, filólogo y filosofo: La Gaia ciencia, 1882; Así habló Zaratustra, 1885), y la ética debe plasmarse en
conductas autocríticas, en «el hacerse del hombre» ( Jean-Paul Sartre, filósofo y escritor: El existencialismo es un humanismo, 1985).
La maldad de la violencia del hombre cazador y destructor de prójimos manifiesta el
fracaso de lo que no hace de sí en tanto que el ser humano que asegura ser, y en lo que
por ese derrumbe padece buena parte de la Hombridad. La ablandada herramienta
ética de la especie dejó paso a la selva social atroz que constituimos. Hoy más que
nunca, cuando la violencia enseñorea por doquier y guía la oferta de sucesos, en particular por canales mediáticos a los que nos habituamos cual si fueran una adición.
Siendo los principios éticos y morales impotentes para regular racionalmente la
convivencia, y esta quebradiza y vulnerable, junto al apoyo de los mitos el hombre
buscó la garantía de las leyes para defenderse de su déficit de bondad, de su embrutecimiento, de su tirria, de su irracionalidad e incapacidad para hacer de la dignidad una
conducta-costumbre civil y paladina; y al ser cada vez más bestiales y variados los
trancos de la necedad, más imprescindibles y prolijas son las leyes con las que pretendemos atajarla. La violencia proteica se «perfecciona» y, a la par, las leyes se tornan
detallistas para cerrar las brechas –tanto que corrientemente operan en contra de los
más débiles y sin pericia, en vez de en su protección–, y hasta expeditivas, al fin y al
cabo poder asentido e ilimitado: al no acertar a inactivar o curar la violencia con el
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
255
plasma racional, ético, recurrimos –en sarcástica paradoja– a la «violencia legitimada» para intentar conseguirlo.
El hombre se empleó a fondo para construirse un andamiaje inauténtico de valores
innatos –dignidad, superioridad, bondad etc.–, y hasta manifiesta que sus genes guían
la ética y la religiosidad. Pero el hombre no es «por naturaleza» digno, ético, moral,
bueno o malo por mucho que nos empecinemos, ni hay una parte del genoma (ADN)
que le garantice el ejercicio de tan nobles atributos; realmente nace tan neutro y despojado de tales supuestos como cualquier ser u organismo vivo, incorporándose a una
Hombridad cuyas culturas adoptan formas sociales y normas cambiantes, en tiempos
y circunstancias variables, según el grupo o sociedad a los que pertenece, el lugar que
habite y las oportunidades del acontecer vital.
Hemos sacado de la chistera de prestidigitador calidades intrínsecas que no lo son,
y las domiciliamos en el tarro magmático de la cultura, pero en tanto inspiran hegemonías de pura verbosidad ni siquiera nos pertenecen, las usurpamos y les rendimos
la pleitesía del necio. Con tales disparates y parangones hemos abocado a un callejón
sin salida, somos ídolos de barro en un podio inmerecido e improvisado por nosotros
mismos.
CULTURA, LOBOS Y LIEBRES
El hombre es el único animal cultural del Globo, y durante su evolución reflejó tal
condición en las conductas. Manifestada, recopilada y transmitida la cultura es su herencia social, su memoria colectiva y su correlato. De las conductas culturales, la técnica y violenta fue la primera en aparecer, se hizo preeminente y persiste después de
varios millones de años; menos vieja fue la que trajo el lenguaje hablado; las otras
llegaron más tarde, algunas casi ayer –el arte, los sociogramas, la religiosidad, la escritura, las ciencias– en el incontenible tropel de los últimos milenios; las relativas a la
dignidad y los derechos humanos son retoños de ahora mismo.
La creatividad lleva a la motivación y la superación. Las técnicas perfeccionadas
hicieron evolucionar al animal cada vez más humano –hoy en el vestíbulo de ese camino inacabado–, con la cultura como utensilio troncal. Con ella, junto a una espiritualidad rica y desemejante, el hombre asperja toda su violencia, evocable hasta la
saciedad.
Razón y cultura habrían de significar dignidad, convivencia en paz, libertad, igualdad y justicia: y si del progreso hablamos, debería ser efectivo y universal. Mas no
ocurre así, el hombre ha desplegado su cultura de forma tan espectacular como contradictoria. Junto a la bella creación artística o literaria, la exacta producción matemática o física o la beneficiosa aportación científica, el hombre ha destruido a otros seres
256
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
vivos y al Planeta masiva y absurdamente (desde que inventó la luz eléctrica han seguido sus creaciones más inmisericordes: la bomba atómica de uranio, con la masacre
humana y la devastación de Hiroshima; la de hidrógeno, que hizo desaparecer un atolón de las islas Marshall del Pacífico; la de neutrones, que acaba con la vida sin afectar
a todo lo demás, y las armas químicas o bacteriológicas); al lado del amor desplegó el
odio más sañudo; entre el bienestar congestivo e insultante de unos se bate la pobreza
de las mayorías; la verdad flaquea ante el fingimiento universal; y la vida es un valor
exiguo zarandeado por la arbitrariedad.
La cultura no enmienda la violencia que genera y el lenguaje se malogra en circunloquios, la palabra no vale para entendernos en paz, son más efectivas la guerra o la
efracción para zanjar desa­cuerdos. Los laotsés, confucios, budas, cristos, luterokings,
teresasdecalcuta, rigobertasmenchú, taslimasnasrin, médicosinfronteras, crucesrojas,
mensajerosdelapaz, oeneges, aldeasinfantiles, madrescontralaintolerancia hicieron/
hacen cuanto pueden, con escaso resultado, contra la violencia perenne.
Es la gran paradoja de la razón y la cultura. Por un lado, inhiben y «civilizan» la
agresividad instintiva del hombre; por otro, la llevan a generar raudales de violencia
que no puede ocultarse ni maquillarse con lentes o barnices de conveniencia. A la par
que el hombre se compromete a defender los valores y atributos que se asigna, y oferta
su sensibilidad humanista, gran parte de la Hombridad sufre por su ruindad cultural.
En la batalla continua desde los tiempos de los ancestros artesanos hasta nuestros
días, algo ha cambiado llamativamente en nuestra biografía: nunca el miedo, la inseguridad, la crispación y las necesidades acuciaron a tanta gente ni la destrucción exhibió tanto apogeo e irresponsabilidad, jamás el dominador acumuló tales recursos de
poder o mostró tal menosprecio, ni las connivencias de silencios y el servilismo tuvieron tamaño surtido, influencia, arraigo y dispersión. La violencia física, psíquica y social está en el candelero de esta civilización del ojo y del oído (P. Laín Entralgo) cada vez
más miope y más sorda, y se sucede frecuentemente con la mayor impunidad.
–La cultura rudimentaria de los ancestros reforzó la organización social propia de
algunos primates, sustentada en la autoridad de uno/s y el acatamiento del resto. En los
primeros –los líderes a los que los demás obedecen, por debilidad, convicción o a la
espera de suplantarlos– concurren las cualidades para superar el temor vital y dirigir la
agresividad; son los más inteligentes, fuertes y acaso reproductores, en definitiva los
mejor equipados asegurar la pervivencia del grupo o clan.
Pese a los evidentes cambios sociales ocurridos, la imperante cultura de la violencia
(debiera calificarse anticultura) calca los viejos cimientos, hoy estigmas de la civilización: a) el dominio y la fuerza, y b) la docilidad y la mansedumbre (para el filósofo
español José Ortega y Gasset «entre otras razones el hombre es cruel y violento por
su increíble afán de servidumbre»). La Hombridad es heredera de su pasado, sus conductas tienen esos posos comunes, exagerados a partir del Neolítico, sin que las distin-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
257
tas civilizaciones, razas o etnias muestren diferencias de fondo. La competencia
existencial, la inseguridad y la violencia son sus compañeras seculares; la ambición y
la prevalencia de unos pocos y los pozos de aceptación y sumisión de grandes mayorías alienadas «desde fuera» (David Riesman, Nathan Glazer, Reuel Denney: La muchedumbre solitaria, un estudio del cambiante carácter americano. 1950, 1981) configuran
esa bipolaridad de conductas en el Desorden mundial establecido y ahormado.
–La sociedad instiga a la jefatura y el liderazgo, a la propiedad y el poder, al yo arriba
y los demás debajo. Distinguimos pronto los Campos de batalla, si mandamos legiones, somos soldadesca o puros observadores, y si podemos nos aprestamos al duelo
(o, lo habitual, tiramos la toalla o nos la sustraen). Aprendemos que la vida es dura
como el pedernal, que vales lo que tienes y nadie da nada de balde, que ser maza es
preferible a yunque, que el pez grande se come al chico (la vulgaridad, el achantar, la
pequeñez social), que tras una sonrisa se puede ocultar la traición, y que hay que sobresalir entre los mejores sin pararse en mientes. O se es el mejor (el dominador, el
influyente, el encumbrado) o se arriesga a no ser nadie o nada. Ser el mejor, según el
baremo al uso, equivale a dejarse la piel para auparse y vencer, lo que implica doblegar
o cargarse al otro, cebarse sin piedad en las liebres y muñecos del pim-pam-pum social. Así que en el ruedo despiadadamente competitivo de los hombres, nunca mejor
dicho lo de ¡leña al mono! (al homo desnudo y feble).
En su comedia Asinaria (2.200 a. de C.) el romano Tito Maccio Plauto acuñó Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit («Lobo es el hombre para el
hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro»), que mucho después
plasmó en un epigrama y popularizó el filósofo y político inglés Thomas Hobbes como
Homo hominis lupus («El hombre es lobo del hombre»), en que anticipa su teoría
social del egoísmo de cada uno contra los demás (Leviatán, 1651). Idealizando el buen
salvaje corrompido por la sociedad, al decir del filósofo suizo Juan Jacobo Rousseau
(Julie ou la Nouvelle Héloïse, 1761; El Contrato social y Emilio, 1762) no quedan amigos
ni hermanos, y a fuer de insolidarios, intransigentes o ejecutores muchos degeneramos a seres decrépitamente o nada humanos, a pobres hombres.
Se quedaron cortos, al ser la realidad mucho más bestial y enconada. El hombre es
un hombre (la peor alimaña) para el hombre, predador infinitamente más dañino que
el lobo o cualquier otro. Con tal panorama, se está preparando la cancha mundial de
todas las violencias.
PUZZLE Y DESORDEN. PARÁSITOS Y AJENOS
Los poderosos se repartieron la Tierra, marcaron sus fronteras y las defendieron
con ahínco, parcelando a la Hombridad y a la Tierra como puzzles de compartimentos
258
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
extraños entre sí y con los amos no pocas veces erizados y a la greña. Los imperios de
cualquier tipo tratan sin bajón de trocear el Planeta para ocupar, acordonar y custodiar
lo cachos netos, con el común de los hombres dentro, agitado por el sorteo y la comandita. El 7 de junio de 494 los Reyes Católicos, por Castilla, y el rey Juan II de
Portugal, con la confirmación del papa Julio II, firmaban el Tratado de Tordesillas:
ambos reinos establecían su jurisdicción en el océano Atlántico y formalizaban un
auténtico reparto del mundo. Ha transcurrido un milenio y medio y el mundo está
dividida en 58 regiones, forman parte de la ONU 186 estados (de los 205 reconocidos
hasta el momento en que tecleo) y retumban insistentes las tentativas secesionistas,
independentistas y fraccionadoras, como si de un complejo de vuelta al clan y al hábitat limitado del australopiteco se tratare.
La Hombridad se define por lo que somos (una especie) y por cómo actuamos (la
conducta), y es la conducta dominadora la que determina y encarrila su formato social
y composición. Irrita aceptarlo, pero es una realidad que no puede ser revocada con
desmentidos sin base. Entendida con criterios puramente «humanos» y sociales la
Hombridad es un puzzle disgregado, no una población razonablemente homogénea,
por estar organizada con diagramas de violencia en todo su sentido y variantes, que, a
grandes rasgos, la conforman en bloques disímiles y distinguibles. Pongo énfasis particularmente en dos: a) la Factidad (poderes económico, político, tecnológico, mediático), y de ella, a los efectos de la violencia, el reducto del dominador poseso en consuno
con su numerosa corte de secuaces, huestes herradas, reata y excipiente con la que se
inyecta y posibilita su dominio; b), la Ajenidad, una inmensa mayoría, los convidados
de piedra, el cero a la izquierda, los envainados sin paga o echando el bofe como acémilas, los pueblos indígenas y los estregados e inmolados de mil modos.
Según sus modos de vida y tipos de relaciones los microorganismos, animales o
vegetales son parásitos cuando viven a expensas de otros y los depauperan, a veces
llegando incluso a destruirlos; saprofitos, por extensión, si se desarrollan como comensales de los seres vivos sin interferir en sus funciones; y simbióticos, los que se
asocian con otros animales o vegetales sacando todos beneficios recíprocos de la existencia en común. Estableciendo analogías, el hombre parásito es quien vive a costa
ajena, hasta matando a los otros; su prototipo es el dominador perverso, y, por derivación, sus esbirros. Y el hombre simbiótico será, sin duda, el ideal de lo humano, el que
se alía permanentemente en la sociedad para dar y recibir provechosamente.
En el inculcado determinismo cultural (el único determinismo evidente) el Desorden
está meticulosamente diseñado y organizado, y la sintonía social determinada con el
pulso del marcapasos impuesto por la violencia añeja del dominio patológico.
– El dominador es el gran accionista e interventor del Planeta: escancia y fiscaliza
el bienestar, la democracia, el triunfo, la derrota y el lamento. La violencia, la injusticia, la desigualdad, la pobreza y el hambre son las consecuencias de un cálculo in-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
259
coado y tasado, del plan de pizarra con que aloja a la Ajenidad en la banda ínfima
concedida por el monopolio, la carga y la hipoteca del dominio poseso instituido.
Esta disarmonía perfilada sin tribulación y resuelta graníticamente es un desajuste
normalizado de proporcionalidades, la perversión ilícita (empero legitimada por la
ley del embudo) del Orden mundial teorizado, violentamente ahormada, inadmisible e insoportable para buena parte de la Hombridad. Los intolerables desequilibrios entre el Norte y el Sur, el Primer Mundo y el Tercer Mundo –o el Cuarto y el
Quinto ya emergidos– son un ejemplo descorazonador de ese ajuste de cuentas correoso y castrante.
El dominador elige el escenario y la partitura, y dirige la obra a su cadencia y arbitrio.
Vendimiador y adoctrinador de secuaces, es ducho en trasmutar al cauteloso en decidido, al dulce en iracundo, al incompetente en capaz, en al doblado en juncal, al disidente en prosélito, al adverso en saprofito, al imparcial en tornadizo y al enhiesto en
deslomado. Un panal de subalternos, mensajeros, fulleros y levitas, pule con unto de
babosa sus rodadas reprobables y sus sentinas/guadianas flanqueadas por rambos y
leguleyos. El bien es su careta y arquetipo; su obra subrayada, la Hombridad; sus hálitos, la obsequiosidad y la beneficencia cutres; sus carátulas, el grial periódico, el gallardete, el báculo, el fajín, el solideo y el estandarte; sus aras, el prestigio almibarado y la
nombradía; sus tácticas, la propaganda alienante, los comicios mofados, la crisopeya
mental, la intermisión, el nepotismo, la coerción, la directriz urbe et orbi, la presentación seráfica, los modales garridos y pulcros; sus escuadrones, los esbirros reverenciales y coplistas, en nómina o de quita y pon; sus enseñas y metas, los dividendos, el
diezmo, las deferencias o las mercedes; y sus barreduras, el desconcierto, el vahído y el
dolor machembrados de otros. Es el capo escurridizo y enrocado en sus enajenaciones. quien condena sin contemplaciones, hace la señal terrible o da la venia, tacha de
la lista o la completa, decide los pelotones, satura las mazmorras, musita la orden y el
placet abyectos, pulsa la tecla nuclear, gestiona gangrenas, mueve el capital arruinador,
prende la yesca, aprieta la tenaza de la miseria, compone códigos y plebiscitos, clava su
aguijón infiltrando cicuta sin pena, empece ilusiones de cuajo y labra gemidos, para
condolerse astuto en algún funeral discreto.
El brazo largo del sapiens dominador atraviesa el globo en lo que dura un bostezo,
trastoca acuerdos y regímenes, hace tiritar gobiernos e instituciones, alienta genocidios, magnicidios y matanzas, raja Estados y lleva la incertidumbre económica, política y social a millones de personas, la inestabilidad, la zozobra civil y la pobreza
irreversible. El susurro fulminante del fax, del E-mail, de una clave en página web o
internet, del telefonazo rojo vía satélite o del dossier exudado de su baúl de antropofagias, con las artes más certeras abre de par en par la veda del hombre, dejando la broza
sufriente mustiar y pudrirse allende las aduanas, candados y muros de sus paraísos de
dominio.
260
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
–No está solo, si lo estuviera no sería el dominador embrutecido. En la amalgama de
la Hombridad hozan los secuaces y mediocres mandatarios. Testaferros asilvestrados,
gregarios de coche, plato de lentejas o calderillas, respaldan a pies juntillas las fobias de
los dominadores o los suyos propios. Son, según convenga, avanzadilla o retaguardia
de los reinos invisibles del talón hipócrita, del poder sórdido que apoya o que degüella,
la mano y la lengua que serán mutiladas de cuajo si no ahogan o lamen cómo y cuando
deben hacerlo, si no asestan los golpes o zarpazos con precisión o si resultan incómodas a sus mentores. Vendedores del descrédito y la canonjía, cazadores de brujas e inconformes, omisores de honorabilidades y decencias, trufadores de ilusiones y
existencias, montadores recidivantes de entuertos, apaños, tercerías, sambenitos e infundios, al distante contacto y los golpes de tam-tam o tamboril del dominador se sienten linajudos y seguros. Florones y licántropos, centinelas y escuchas, se arrastran con
soltura y atetan en sus chiqueros de amanuenses cainítas perfectos, mueven la cola,
zalameros y agradecidos al kan, taifa, valedor o escabel que los desdeñan al privilegiarlos con el estribo y el establo, y con eventual descaro se alojan sin arrebol en el lumpen
de las democracias que no van con ellos como verdugos aborregados, y en el fimo de
las tiranías como el cortejo de caciques menores. Talludos o juveniles, en alpargatas o
trajeados, los albardados marchantes del libelo, el engaño, el petardazo, el aporreo, el
tiro o la cuchillada, anegan de fango la convivencia, cerrando filas engallados al servicio de su vileza y de las melodías más bastardas. Así se alimenta su vida: de turbios
peculios, toxinas, embolados, soborno, sangre acribillada y neuronas machacadas a
mansalva por su mente incivil y criminal, sin consciencia de ser náusea humana.
– En la auditoría de la Hombridad la Ajenidad son aquellos de los que cuesta comprender si son miembros putativos de la Humanidad que nada bueno les ofrece o
animales trashumantes, apátridas y peregrinos cuya ruta acaba en la desolación de
partida, la subhombridad sin voz ni pan, los que están entre tantos y no son nadie ni
nada, los polizones sin petate, los escocidos y corneados por los cerrojos sociales en
esta Tierra agridulce hollada y disfrutada por los menos. La Ajenidad es la dimensión
de toda adversidad, el sino del hombre apócrifo, sin viático y a merced de otros hombres; es la experiencia de la maldad de fuera, la identidad usurpada, la dignidad estafada, precintada, incautada, raptada y rehén; la justicia birlada y embargada; la libertad
empalizada o fugitiva; el cuerpo y el espíritu hollados sin consentir; la razón enlodada,
subastada, aletargada, crucificada; el pedagogo ausente, el silabario hurtado y mudo,
el graffiti y la exasperación en los torreones, los murales y las garitas.
Tan descabellada es la Hombridad que tolera dominio y lacayaje, vivir a lomos del
becerro de oro o al filo de la desazón, y, como sus despojos, a los menesterosos, censurados, inofensivos y desarmados culturales. E inmensa es la democracia –aunque insuficientemente estructurada para los tiempos y las convulsiones que arrecian–, que
acoge a quienes no creen en ella ni la merecen, los que la cobran e inutilizan camufla-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
261
dos en su barroca compostura, en la zarandaja o el secretismo por cuyas gateras endiñan sus dramáticas y catastróficas intenciones.
CLANES Y CLASES
Los cazadores-recolectores tuvieron avíos escasos y de poca monta, no acumulaban posesiones en abundancia, y dificultarían su movilidad nómada ya enlentecida
por los niños o las embarazadas avanzadas (el infanticidio obedecería, entre otras causas, al control de la población del clan). Constituían grupos pequeños que actuaban y
se desplazaban unitariamente, su economía era de cooperación y reparto, vitales para
el sostén y el mantenimiento numérico, y la parca propiedad y el habitáculo ocasional
eran comunes. No estaban habituados al depósito de grandes excedentes de provisiones, a las transacciones, a la vida en grandes contingentes humanos ni a sus conflictos,
circunstancias de las que podía esperarse, como ocurrió más tarde, que alumbrarían
más violencia.
En efecto, cuando fueron copiosos los bienes y alimentos vegetales y animales de
los agricultores (y ganaderos) dependientes de la tierra, cuando el Homo se estableció
en asentamientos fijos y surgieron las grandes civilizaciones con sus ciudades, Estados
o Imperios, cuando las haciendas y la fuerza de los poderosos les dieron dominio y
hubo un aumento demográfico considerable, en definitiva cuando la riqueza favoreció
a unos pocos y abandonaba o sometía a la miseria a las mayorías, se produjo un deslizamiento hacia la violencia, con el armazón reticular de tiranía y vasallaje que jamás se
atenuaría.
Miles de años más tarde, el economista británico Thomas Robert Malthus (Ensayo
sobre el principio de la población, 1798; La ley del pobre, 1817) teorizó sobre esas evidencias: las confrontaciones tienen por trasfondo intereses económicos contrapuestos, en particular ante colapsos sociales dados en que la crispación y la violencia se
disparan con el aumento (geométrico) de la población sin una correspondencia de
alimentos disponibles (crecimiento aritmético); la población aumenta con mayor rapidez que los alimentos producidos y procede realizar el control demográfico (en los
países pobres y con escasos recursos alimenticios la natalidad es mucho mayor que en
los desarrollados y ricos). Hoy hay que matizarlo, pues se han ido añadiendo motivos
para el descontento y las refriegas: los sentimientos de autoestima, dignidad, libertad
y democracia y las normas universales que los establecen, son algunos de ellos. En
cualquier caso, desde los orígenes del hombre la violencia va precedida de violencia o la
desencadena.
En suma, la violencia está también estrechamente relacionada con las circunstancias sociológicas y territoriales de la especie. Los pequeños clanes prehistóricos lucha-
262
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
ban por la supervivencia en hábitat en general reducidos, básicamente en buscar el
alimento y defender al grupo de las fieras y de sus congéneres (lucha de clanes); las
grandes poblaciones históricas viven en territorios vastos, nacionales o supranacionales, y miden sus intereses (lucha de clases) a tenor de la concentración del poder político y económico, la organización y valoración del trabajo (empleo, explotación e
inestabilidad laboral, paro), el logro y mantenimiento de las conquistas sociales y la
aspiración al Estado de bienestar. Para muchos dominantes se trata de conservar y
ampliar su hegemonía; para las muchedumbres maltratadas, de ganar poder en todas
sus vertientes, con miras de hacerlo justo y desconcentrado y acabar con la disimilitud
y el abuso sociales. Las luchas de clases lo son ahora entre grupos de dominio y muchedumbres de trabajadores, parados, perseguidos, pobres o analfabetos. En las confrontaciones sociales cristalizan los dos tipos de violencia, acarreando su peculiar
marchamo: la de los oprimidos, marcada por la penuria y la flaqueza, y la de los poderosos, por la riqueza y el dominio pro domo sua.
La lucha entre clases surgió con el hombre sedentario a causa de la concentración
económica, la masificación y diferenciación social, la hambruna, la movilidad zonal, la
cercanía de los individuos masificados y los abusos del poder cicatero e impositivo.
Viene de muy atrás. En Egipto, durante la VI dinastía (primera mitad del II milenio a.
de C.), coincidiendo con la invasión de los amorritas sirios, la tensa situación social
condujo a un levantamiento popular en las ciudades, acaso la primera revolución social
historiada, que acabó con los nobles y acomodados o les obligó a huir, y con las monarquías. En Mesopotamia, hacia 2.600 a. de C. los conflictos entre el pueblo y la burguesía favorecida llevaron al rey de Lagas a anular los privilegios, reconociendo
temporal y teóricamente a todos los ciudadanos iguales en derechos. En México, 500
años a. de C. se produjo un descontento popular en Teotihuacán, el primer Estado
Imperial del Nuevo Mundo, ciudad que 750 años d. de C. volvió a sufrir las revueltas
y fue saqueada, incendiada y abandonada; y 400 años a. de C., las agitaciones y sublevaciones de los plebeyos, que se negaban a pagar tributos y servir de mano de obra,
contribuyeron a poner en marcha la decadencia de la civilización olmeca.
El aforismo «la fusión lleva a la confusión, el contacto, contamina» ( Jean Baudrillad: La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos, 1993), ahonda en la permanente
conflictividad de la sociedad del hombre.
PARAíSOS E INFIERNOS
En el Neolítico surgieron las divinidades personalizadas y las religiones primeras,
por la voluntad autodefensiva de los dominadores. La lucidez del invento es inobjetable: se puede desobedecer, desheredar o eliminar al jefe-hombre, pero no al omnipo-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
263
tente dios al que encarna el hombre-divinizado que lo representa y con cuyo poder
actúa. El apólogo difundió la expectativa de una vida en el más allá, porfiando hasta
hoy en el diseño de paraísos e infiernos, el premio y ventura o las brasas eternas como
alternativas y destinos últimos.
Ya en el monoteísmo ético de Zaraustra (siglos VII-VI a. de C., o quizás antes), después del Juicio Final quien hubiera practicado el bien y seguido las palabras reveladas
por él pasaría la prueba del «Puente Separador» y llegaría a la Casa del Canto o Paraíso (palabra que procede del vocablo persa «faradis»), y quienes no lo hicieran o se
guiaran por el mal fracasarían y caerían al Lago Ardiente o Casa de la Mentira (analogía con el Infierno); a un estado intermedio irían aquellos en cuya vida estuvieran
equilibradas las acciones buenas y las malas
Según las doctrinas los diablos abominados atizan en los infiernos las llamas para
los remisos o enemigos de la fe ( Juan Pablo II afirmó en el verano de 1999 que el
Infierno de los católicos no es un lugar concreto ni hay fuego en él, como durante
siglos se dijo; el Infierno sería el estado espiritual de desolación interior y sufrimiento
de quien no haya seguido a Dios y cumplido sus mandatos). Para gran parte de los
homos contemporáneos la vida empieza y acaba en este mundo, se alejan de los dioses sin preocuparse del anatema, no sueñan con el paraíso prometido ni temen el
castigo anunciado. Los parias que sufren todos los varapalos y escarnios porque no
entienden a un dios que promete en otro lugar lo que pueda darles aquí y ahora para
evitar su agonía, ni por qué los dejó de la mano si los creó. Otros, porque sus miras
están puestas en asuntos prosaicos y gratificantes. Y algunos saben que los mitos y
dioses –ahora el poder, el dinero y el dominio– se traman y alientan en ellos mismos.
«La conducta de los hombres responde cada vez menos a motivaciones religiosas»…
«El hombre de hoy sin duda se preocupa más por lo inmediato, por finalidades empíricas y por comprobaciones pragmáticas» (Bryan Wilson, sociólogo: La religión en
la sociedad, 1969).
En el ínterin, millones de personas vagan por la Tierra que casi no habitan, porque
nada tienen que no sea el horror a borbotones, y no temen a los infiernos literarios
porque los conocen y los padecen aquí –sin ir más lejos–, en la caldera demoníaca
donde sufren, impotentes y resignados, cada segundo de su vida lastimera y atrapada.
No les intimidemos con ningún infierno, que están deshechos, desvanecidos, en él.
No les endulcemos su vida a rastras con promesas de paraísos, que los tienen a su vera
sin gozarlos lo más mínimo. Permitámosles pensar y decidir por sí mismos, curarse de
la anemia y la afasia sociales. Démosles lo que adolecen, alejémosles de la deuda, el
dolor y el lazareto, de nuestra violencia en suma. Ya sabrán, si quieren, de Mahoma,
Cristo, Cleantes, Pitágoras, Zenón de Tarso, Jenofonte, Antístenes, Plutarco, Demócrito, Sócrates, Cicerón, Alberto Magno, Séneca, Justiniano, San Agustín, Carlo
Magno, Tomás de Aquino, Occam, de las Casas, Descartes, Leibniz, Spinoza, Voltaire,
264
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Hume, Schopenhauer, Hegel, Kierkegaard, Gamboa, Croce, Weber, Jaspers, Marx,
Feuerbach, Engels, Foucault, Comte, Wittgenstein, Marcel, Heidegger, Camus, Marcuse, Zubiri, Freud, Bergson, Tocqueville, Heisenberg, Tugan-Varanosky, Smith, Ricardo, Keynes, Schumpeter, Friedmann y tantos otros (profetas, dioses, estoicos,
sofistas, epicúreos, retóricos, peripatéticos, fenomenologistas, positivistas, mecanicistas, ideologistas, realistas, tomistas, ascéticos, pragmatistas, racionalistas, criticistas,
revisionistas, espiritualistas, historiadores, deterministas, dialécticos, materialistas,
categoriales, existencialistas, estadistas, sociólogos y economistas) del cónclave de
pensadores sobre lo que somos –monadas, cristías, convergencias, desmitificaciones,
epifanías, reificaciones, elixires y piedras filosofales incluidas en el lote– y de lo que
vivimos prosaica o espiritualmente. Y extraerán sus propias conclusiones.
Los pregoneros perseveran en diseminar los preceptos del dios de cada uno, en aras
de acceder a la bienandanza del paraíso y de la elusión de los infiernos: hay que ganar
el pan con el sudor de la frente, amarse, multiplicarse y dominar la Tierra, trabajar los
Campos y respetar la vida y sus normas. El magisterio hace agua, dominan unos pocos, y los que se multiplican como hormigas no tienen empleo ni peonadas con los
que sobrevivir, ni terrenos generosos que cavar y labrar; la frente apurada ya no transpira, la población crece tanto que pronto no habrá sitio en la Tierra para todos, la vida
malograda vale menos que cualquier fruslería, los parientes y amigos se odian y matan
entre sí, de las reglas se hace befa o resistencia. La Ajenidad arrinconada no siembra
porque no le dejan, el milagro no se produce, el voceador perseverante y el taumaturgo no le dan grano ni sementera como a los pajarillos del cielo/paraíso profetizado;
las más de las veces, sin rubores ni circunloquios –propugnándoles un puntapié en el
bajo vientre, o con un corte de mangas desenvuelto y hasta cacofónico–, se lo quitan.
En esas tinieblas terrenales cercanas al mundo parpadeante y costoso de néon y
lentejuelas, de computadoras y turboreactores, de alacenas y escaparates a tope, de
clínicas, escuelas y campus, de tres platos, mostos de buena cepa, postre y hasta copa
y habano, padecen embotados y se extinguen, simplemente por su condición de seres
desinsertados sin valor alguno. En el zoo social agitado por la violencia se ahogan las
llamadas desencantadas y sin eco de sus gargantas vencidas por el clamoroso abandono al que les sometemos los ahítos y elocuentes. Son las víctimas de la violencia
cultural de los dominadores y rufianes llamados sus hermanos, en unas sociedades
que en gran parte se inclinan, prendadas, ante su fuerza.
El hombre causante de dioses trucados y a su servicio creó también los paraísos y
los infiernos. No son las entelequias que se propagandean, siempre estuvieron aquí, en
nosotros y en el Planeta tangible, los primeros en la saciedad y el dominio de algunos
hombres, los otros en las miserias terebrantes de la mayoría. Los dioses y diosecillos
existen, los infiernos y paraísos, también: somos cada uno, con nuestros territorios de
poderes, egoísmos, virtudes, flaquezas, odios, amores, opulencias y pobreza. La Tierra
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
265
es el Paraíso ideal para quienes sacrifican a los demás con su dominio enfermizo, y la
exprimen y degradan en su provecho desde los Olimpos en que, impertérritos, programan y disfrutan las hecatombes, que no de bueyes sino de prójimos. El único Paraíso fidedigno de cientos de millones de personas desamparadas y violentadas es la
comida, el agua potable y limpia, un médico, un hospital, un maestro, una escuela, un
hogar y un trabajo durable para asegurarlos en una Tierra en paz, la libertad, igualdad
y justicia. Ahí están el meollo del Paraíso y las auténticas bendiciones y expectativas;
nada de eso, o sus mondas y miajas, es el Infierno. Así que en este Infierno que es la
Hombridad, para millones de infelices desposeídos y violentados cuya existencia es
infinitamente menos amable y deseada que la muerte, los efluvios y tañidos retóricos
del amor y la bondad suenan hasta sarcásticos (lo dijo el filósofo: «los valores morales
son ilusorios si se comparan con los fisiológicos»).
MÍNIMA CRÓNICA DE LA VIOLENCIA
La mundialización y hondura de la violencia son ostensibles, con la contundente
violencia ideológica a la cabeza, aunque los hechos espantosos no sean primicia y se
sucedan con la mayor naturalidad, en una alineación nauseabunda con la estolidez y
frecuentemente con la más obscena aceptación, sin prurito de remordimiento ni castigo apropiado de los responsables.
Los teletipos, entrevistas, boletines y reportajes de las agencias y corresponsales se
suceden monótonos una jornada tras otra por las autopistas de la información, tan
fríos como el espectador, oyente o lector que desayunan, almuerzan, cenan o se relajan mientras los reciben. Fotografías, películas y vídeos despuntan con policromía la
cruzada del dolor irreparable e itinerante; los métodos para el desquite y el linchamiento, para flagelar, empalar, degollar y ametrallar al hombre o para destruir animales
y plantas, tierras, ríos y mares; pleitos sangrientos entre vecinos, amigos y familiares;
guerras encarnizadas y duraderas; la corrupción, la dilapidación, la insidia y el cinismo
groseros; la moralina, la insensatez y la falsedad, petulantes en su florilegio; la verdad,
la igualdad, la libertad y la justicia cerdeadas por quienes alardean de cultivarlas; el
pisoteo de los derechos de multitudes por la arbitrariedad, la envidia y los humores
acedos de otros; el escarnecimiento de mujeres, hombres y niños, y su venta, enteros
o despiezados; el boicoteo y desprecio de las capacidades intelectuales; los holocaustos étnicos o religiosos y las villanías si freno.
¿Por donde empezar? ¿Hablamos de los ejércitos oficiales o paramilitares, de guerrillas y grupos descontrolados y vandálicos, badermeinhofs, etas, ghias, jemeres rojos, del terrorismo islámico o de Estado, totalitarismos, integrismos o puritanismos
que operan con saña? ¿De los auschwitzes, treblincas o nagasakis, la xenofobia, las re-
266
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
presiones raciales y religiosas o de la lacra del narcotráfico? ¿Del homicidio que se
produce cada segundo? ¿Recordamos que la población indígena fue y sigue siendo
explotada o masacrada, que hace 500 años había en América 150 millones de indígenas y quedan unos 40 millones tras el exterminio por los Estados colonizadores y los
requerimientos conversores de la cruz y la espada (los del siglo XVI, por ejemplo); que
los estadounidenses en su propia nación, y los holandeses, ingleses, españoles, belgas,
portugueses, irlandeses o alemanes en países conquistados, en los siglos XVI-XIX sometieron o acabaron con millones? ¿Que la Primera Guerra Mundial causó 9 millones
de muertos y desaparecidos, 6,5 millones de inválidos y 8 millones de huérfanos?
¿Que la Segunda produjo 56 millones de cadáveres y 32 millones de heridos? ¿Que en
los 25 últimos años murieron 2 millones de niños soldados, 15 millones padecen amputaciones, discapacidades, extensas quemaduras o ceguera traumática, 25 millones
trastornos psíquicos, 12 millones perdieron el hogar y 14 millones viven en Campos
de refugiados? ¿Que las minas antipersonal causan 130.000 muertos anuales y más de
250.000 heridos, y hay casi 100 millones enterradas que no serán desactivadas hasta el
año 2.030? ¿Que una de cada 6 mujeres es violada durante su vida, 5 de cada 10.000
lo son al año en los países industrializados, y miles sufren y hasta perecen por la violencia doméstica o relacional (140.000 en 2005 en España, con 25 asesinadas ya en
2006), o que el 70 % de todos los analfabetos son mujeres? ¿Que numerosos periodistas fueron encarcelados, torturados y asesinados? ¿Que los experimentos de Mengele
tienen imitadores? (cientos de personas –embarazadas, niños con deficiencia mental,
pacientes, presos, esquimales e indios– fueron inyectados entre 1940-1973 con yodo
o hierro radioactivos o radiados con uranio, circonio y plutonio; visto el informe del
comité presidencial sobre 9 casos verificados, en 1995 Clinton pidió perdón a sus familias y les pagaron indemnizaciones). ¿Recordamos las bestiales masacres de la Torres Gemelas, de Madrid, de Chechenia, de Irak,? Etc. Etc.
Los ciudadanos corrientes viven más indefensos que ningún otro, bajo la amenaza
y la inseguridad. Toman plácidamente un refresco, pasean por la calle o cultivan la
amistad en el parque y las balas les saltan los sesos; van a la oficina, a la fábrica o a una
manifestación cultural y los secuestran o una explosión asesina los mutila o despedaza; entran en el supermercado, viajan, hacen turismo, están en la escuela, la universidad o un campo de refugiados, oran en la basílica, llevan el velo tradicional o se lo
quitan y el amosal sódico o un tiro en la nuca los envía al otro mundo; creen gozar de
salud y seguridad y los proyectiles o machetes los taladra y hace picadillo o un estallido nuclear les muta los genes de un bocado radioactivo con futuro cierto de malformaciones y cáncer. Las guerras se llevan por delante y a mansalva vidas e ilusiones; la
paz, acordada por los negociadores con muchos cabos sueltos, que no siempre sentida, se mantiene a duras penas con tanques blindados y soldados, a veces foráneos, de
gatillo nervioso y fáciles al desmán y la vejación.
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
267
Los acontecimientos más indecentes acaban como polvo en el metabolismo de los
comentarios superfluos, las tergiversaciones y los desmarques. Las acciones violentas
se mitigan e impermeabilizan con miras calculadas, se tergiversan con sustitutivos intrincados, se aliñan con galanura y frases malabares (desgraciadamente «la palabra le
fue dada al hombre para encubrir su pensamiento» –Charles M. de Talleyrand, obispo
de Autun y diplomático francés, 1754-1838), y la mentira campa a sus anchas, instalada sin recato alguno, se taponan los oídos, se hace la vista inabarcablemente gorda,
se olvida y cada palo que aguante su vela.
La rapiña, el mercadeo, la mancilla, el hostigamiento, el desistimiento y la muerte
llenan la cartelera inagotable del vandalismo y la sangre y dejan estelas aborrecibles en
el camino del hombre, en particular durante los últimos siglos de su recorrido. Son
practicas tan incrustadas en su intimidad cultural, y acaso en la memoria biológica,
que en el mejor de los casos costará mucho tiempo y esfuerzo erradicarlas o neutralizarlas adecuadamente.
¿Por dónde ir, en quién confiar, si seguir viviendo es una lotería administrada por la
necedad y el horror? ¿Qué clase de demencia es ésta? ¿Por qué el hombre alcanzó a la
par tales cotas de creatividad positiva y de violencia? ¿Por qué usa su portentosa consciencia de modo tan inhumano? ¿La encefalización cursó tan rápida y la especie es tan
inmadura que su razón no asimila las experiencias para corregir sus yerros y encauzarse sin la violencia?
MAS VIOLENCIA
Por los pagos podridos a menudo sólo se ofrece lo que nos sobra o satura, y si puede
revertir gangas y gabelas. Muchos no consideramos a alguien un igual, sino una inversión o un colindante apropiable o poco grato al que consumir, desalojar o dar la puntilla de modo expeditivo o larvado. Y de la Tierra hemos hecho una cloaca.
–El hombre vende el intelecto, las creencias, la amistad y el honor (la industria de la
conciencia, según H. M. Enzensberger, ensayista y poeta alemán, Premio Príncipe de
Asturias 2002 de Comunicación y Humanidades). Vende el cuerpo y las cualidades
físicas y a punto está de vender los genes, su privacidad biológica. Vende la Biosfera, la
tierra, el subsuelo, los animales, los vegetales y el agua que no sabemos aprovechar;
pronto venderá el aire, que se suministrará por tuberías y llevaremos a la espalda como
los gasógenos antiguos o los tanques de combustible de un automóvil.
La venta de niños está condenada –y objetivada, ¡qué vergüenza!– en la Convención sobre los Derechos del Niño. De los 200 millones que trabajan, 80 millones de
niños son explotados en minas, carga y descarga, tratamiento de plantaciones con plaguicidas y otras tareas duras y peligrosas, o son esclavizados y prostituidos; y 100 mi-
268
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
llones de niños callejeros viven amenazados (los «escuadrones de la muerte»
eliminaron desde 1990 a más de 8.000 niños marginados de las grandes urbes de Latinoamérica).
Se amasan inmensas fortunas y poder con el vampirismo económico y el negocio
de las drogas, las armas (que vendemos a enemigos de quienes acudimos luego a socorrer interesadamente), la prostitución y las vísceras. El caudal de algunos se asienta
con frecuencia en la destrucción de otros.
–Alfred Sauvy, demógrafo e historiador francés, llamó Tercer Mundo (semanario
l’Observateur, 14.8.1952) a los países subdesarrollados; el Cuarto Mundo son los pobres de países ricos, y el Quinto Mundo los pobres absolutos, casi 1.100 millones de
personas, el 70%, mujeres.
Hay 120 millones de parados y 750 millones de subempleados (para subsistir los
pobres de algún país venden sus riñones por unos pocos euros a quienes pagan fuertes
sumas a mediadores y por el transplante).
El 20-23 % de la población mundial consumimos el 60-70 % de los alimentos;
4.000 millones de personas, consumen el 30-40 % restante.
En los países pobres, 2.000 millones de personas (una tercera parte de la población
rural mundial) no tienen acceso al agua potable o limpia, y más de 1.000 millones
carecen de infraestructuras de saneamiento y tratamiento adecuadas
Unos 1.500 millones de personas no acceden a servicios de salud y mueren por causas evitables; por enfermedades de la pobreza: 26 millones por falta o malos alimentos;
15 millones por carecer de agua o consumirla no potable; o por enfermedades transmisibles, epidemias u otras. La mortalidad infantil es 10-30 veces superior en los países
pobres que en los ricos. Más de 600.000 mujeres mueren cada año durante el embarazo, el parto o la lactancia, por falta de higiene elemental o atenciones sanitarias y
transporte en urgencias, y unos 150.000 fallecimientos se deben al aborto clandestino.
–Las barreras al desarrollo intelectual han condenado a millones de personas al
analfabetismo, o llevado a la desmovilización creativa. La alfabetización infantil es del
90-100 % en los países desarrollados, que gastan en educación un 3,5-5 % del PIB; en
ellos la escolarización es unas 5 veces mayor, invierten por cápita 18 veces más en investigación y tecnología, hay 9 veces más científicos y técnicos que en los países pobres, 18 veces más teléfonos, 6 veces más aparatos de radio, y leen 8 veces más
periódicos.
Se han destruido las poblaciones indígenas y llevado a la esclavitud, la ignorancia,
al sometimiento y la muerte a millones de personas consideradas inferiores. El Papa
Julio II (papado durante los años 1.144 a 1.171) dictó una bula según la que los indios
eran seres humanos con alma, a condición de que fueran católicos.
–La Tierra se va convirtiendo en Coprosfera por la basura que el hombre ocasiona y
descuida. La producción de basura es proporcional al bienestar inmediato. El ser cul-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
269
tural es un animal/fábrica atípico y cáustico cuyas inmundicias artificiales agobian y
matan.
El 70-75 % de la contaminación se debe al 20-23 % de la población mundial, la más
desarrollada y rica de los países industrializados, donde se producen de media 10 toneladas métricas por kilómetro cuadrado de desechos peligrosos y se emite a la atmósfera cerca de medio kilo de productos por persona/año. Los 24 países de la OCDE
producen el 77 % de los residuos industriales, y los países del Hemisferio Norte el 80
% de los gases causantes del incremento perjudicial del efecto invernadero.
Casi 400 millones de toneladas al año de residuos industriales van a las tierras, la atmósfera y las aguas de todo el mundo: unos son tóxicos, corrosivos o infecciosos;
otros son radioactivos de la industria de la energía atómica «no reciclables», que precisan tratamiento en almacenamientos de seguridad, y los emplazamientos elegidos
son con frecuencia conflictivos. Los residuos sólidos urbanos o basuras domésticas suponen en Europa algo más de 1 kilo por habitante y día (3 kilos en los Estados Unidos).
–A las aguas de la Tierra (Hidrosfera, que ocupa casi el 75 % de la bola terrestre)
van al año unos 20.000 millones de toneladas de detritus procedentes en su mayor
parte de los residuos industriales, agrícolas o ganaderos, los desechos de las aglomeraciones urbanas del litoral y las cercanías de ríos o lagos y las avalanchas de turismo en
zonas determinadas, las guerras, los siniestros de buques, las plataformas petrolíferas
marinas, la construcción o la rotura de puertos, presas, diques y embalses, el transporte marítimo y fluvial, las edificaciones en las cuencas o la degradación de las aguas
freáticas. El 10 %, unos 2.000 millones de toneladas, son residuos tóxicos –de los que
el 25 al 27 % del total procede de las fábricas de pasta de papel– y metales pesados. Los
vertidos de los petroleros suponen el 15 %, y su siniestralidad el 10-12 % del total de
la contaminación por crudos. El hundimiento del petrolero Prestige, en noviembre de
2002, de triste recuerdo, con vertido de unas 40.000 toneladas de fuel y una enorme
marea negra, dañó considerablemente al ecosistema de la costa gallega, afectando
también a las costas asturiana, cántabra y vasca, francesas y portuguesas.
En pocas palabras, contribuimos con unas 4 toneladas de porquería por persona y
año a la degradación de las aguas, que se agrava por los efectos de los incendios forestales, la desertización o el arrastre de los suelos colindantes. La contaminación de los
mares y océanos rebaja su capacidad de amortiguar y regular el efecto invernadero,
agota el fitoplancton, el zooplancton y los caladeros, y aniquila las especies.
–Unos 1.000 millones de personas de las ciudades están expuestos a más de 300
productos químicos que van a la atmósfera y causan la contaminación ambiental (sobre todo el monóxido y el dióxido de carbono, el óxido nitroso, el azufre, el metano,
los CFC, el ozono, los compuestos metálicos y los residuos tóxicos o radioactivos),
de sombrías consecuencias para la salud humana por su acción directa o bioacumulativa. Emitimos 7,5 millones/año de toneladas de dióxido de carbono, responsables
270
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
del 50-55 % del calentamiento del globo (si el CO2 atmosférico se llegare a duplicar
el calor produciría un deshielo glaciar, las masas de agua se expandirían y crecería el
nivel de los mares peligrosamente). Los clorofluorcarbonados son responsables del
12 al 17 % del aumento del efecto invernadero, y dañan la capa de ozono (su reducción del 10 %, según Naciones Unidas dejaría paso a rayos ultravioleta dañinos y
produciría de 1,6 a 1,8 millones de cataratas y 300.000 cánceres de piel más que los
esperados).
–Se pierden unos 17 millones de hectáreas de bosque y 2.500 millones de toneladas de vegetales al año, en buena parte por la tala, el envenenamiento de la lluvia ácida
o los incendios provocados. Sólo en los últimos 30 años la deforestación ha sido mayor que la de los 10.000 anteriores. En los países desarrollados se eliminó casi el 80 %
de los humedales. En fin, reducimos la Naturaleza –y con ello la biodiversidad– unos
3.500 km2 al año, y apenas resiste (A los dominadores les importa un bledo, construyen sus remansos/camelot con el silo rebosante de conocimientos y logros que llamamos progreso; en esos edenes aislados de la Naturaleza achacosa y moribunda,
encierran entre hormigón y acrílicos lo mejor del Planeta claudicante, una Biosfera de
encargo).
Todo lo relatado, y mucho más, son expresiones cotidianas y dramáticas de nuestra
violencia. Si alguien considera que la exposición estuvo recargada, procedería valorar
si se opta entre la cruda realidad o los estilos oratorios o literarios. ¿Que hacemos con
los sustantivos y adjetivos de la estupidez del hombre? ¿Suprimirlos? Estéril intentona, la miseria y el dolor, y la catástrofe medioambiental que provocamos no desaparecerán porque prescindamos de los calificativos incómodos. Y, sobre todo ¿qué
hacemos con la cruda realidad? ¿Quitarle sus indumentos violentos y disfrazarla con
sedas estilísticas? Sería igual de inútil, la violencia sigue en la brecha, aunque ya hemos dado buena muestra de nuestra habilidad para encogernos de hombros o velar la
fea realidad con aparentes drusas. Zanjar la cuestión repitiendo que el hombre es un
fracaso evolutivo, sería un descargo demasiado tibio para nombrar la asfixiante estulticia. Queden, pues, las cosas como están, que no me motiva en modo alguno intentar
hacer un discurso maestro con la tragedia del «ambre», la «biolación», «la enfermedaz», «la inorancia», etc. de tantos que las sufren sin saber que se escriben con h, con
v, con d o con g, que detrás del verbo va el predicado, dónde está el mal gusto por tal
o cual forma de redacción o exposición o si en la mesa el tenedor se debe colocar a la
izquierda y el cuchillo a la derecha de los platos.
En definitiva, no pretendo sorprender con una intervención magistral, entretener
agradablemente y menos escandalizar al auditorio, sino, como hacen tantos ilusionados, sugerir reconcienciarnos, despertar de la pasividad, aguzar bien los ojos, clarear
las mentes y hacerlas permeables a los incidentes intolerables de la Hombridad, sin
pasar por alto los testimonios de la violencia mientras en el patio de monipodio los
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
271
bulldozer aprietan empuñaduras y destrozan las margaritas, o los compinches mediocres se aceptan gorriones con tal de arramblar el trigo y disfrutar los fueros y miradores.
Tampoco trato de negar o deslucir los logros del Homo, sino corroborar que la
cultura positiva no es un bien común por mor de la endémica violencia, que, ostensibles en tiempos y Campos variados, las transformaciones sociales no benefician a muchos hombres, y que ceñido tan sólo a hogaño el llamado progreso se empaña con el
déficit abrumador de una violenta realidad de la que deberíamos sentir bochorno.
¿PROGRESO, REGRESO, FUTURO?
Desde que en 1878 se inventó la luz eléctrica, hace sólo 128 años, la población
mundial creció más del 300 %. En este corto trecho de su historia el hombre ha desplegado el ingenio de forma espectacular, también con sus creaciones abominables.
En octubre de 1957 comenzó la carrera espacial con el satélite artificial Sputnik 1.
En marzo de 1961 Yuri A. Gagarin fue el primer viajero colocado en la órbita terrestre
y dio una vuelta alrededor de la Tierra en el satélite Vostok 1; le siguieron en agosto del
mismo año German Titov, en el Vostok 2, en febrero de 1962 John Glenn, en la cápsula
Mercury, y luego otros, poniéndose a seguido en marcha el proyecto Apolo, que permitió a los cosmonautas Amstrog y Aldrich aterrizar y pisar en la Luna el 21 de agosto
1969. En 1976 colocamos sobre la superficie del Planeta Marte dos sondas espaciales
Viking, después de un recorrido de 5.000 millones de kilómetros que duró poco menos de 2 años. En 1979 las sondas Voyager 1 y 2 sobrevolaron y exploraron Júpiter, y
en 1980 y 1981, el Planeta Saturno y su satélite Titán; la Voyager 2 continuó viaje a
Urano (1986) y a Neptuno (1989) y más tarde ambas fueron dirigidas a los límites del
sistema solar y la heliopausa, que alcanzarán antes del año 2015. La estación espacial
MIR fue lanzada el día once de febrero de 1986; visitada por 30 tripulaciones, 15 de
ellas rusas y otras 15 internacionales, el 23.3.2001 se la hizo desintegrar en vacío y
unos 1.500 pesados pedazos que cayeron en el océano Pacífico. La nave Galileo partió
en 1989 y tras recorrer 3.500 millones de kilómetros, llegó a finales de 1995 a la órbita
de Júpiter; desde allí el 7 de diciembre envió una «sonda suicida» que se desintegró
después de recoger y mandar datos sobre su atmósfera. Recién acordada la construcción de la Estación Espacial Alfa, en la que participan los Estados Unidos, Japón, Canadá, Rusia y los países de la Agencia Espacial Europea (ESA), nos perderíamos
citando cada uno de los más de 3.400 aparatos, transbordadores, plataformas, cohetes,
naves, satélites, módulos o pantallas (Soyuz, Skylab, Cosmos, Discovery, Endeavour, Pioneer, Soho, Iso, Helios, Atlantis etc.) que hemos lanzado a los aires, en su mayoría entre
los 900 y 1.500 kilómetros de altura.
272
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
Disponemos de métodos electrónicos o radioastronómicos de larguísimo alcance,
como el gigantesco telescopio espacial Hubble, y estudiamos los quasar (pequeños astros de gran luminosidad), los pulsar (astros menores que resultan de estrellas en su
final o estrellas de neutrones que giran sobre sí mismas), los agujeros negros, los más
complejos fenómenos del Universo y los vestigios de su origen. Conocemos la física
cuántica y medimos la cantidad de energía más pequeña del mundo físico o constante
de Planck (6,626.11 elevado a –34 julios/segundo). Con el acelerador de partículas
Tevatron se ha producido la fluctuación demostrativa del quark top, el último de los 6
quarks (las magnitudes físicas más pequeñas que existen, de unos 10 elevado a –18
metros, no observables, y parte de otras partículas mayores o hadrones) que junto con
6 leptons (el electrón, el muón, el tau y sus respectivos neutrinos) componen la estructura más simple del átomo (núcleo de protones y neutrones sobre el que giran los
electrones formando una partícula de 10 elevado a –10 hasta –13 metros de diámetro); partículas de los átomos con las que se construyen las piezas que dan lugar a toda
la materia existente desde que se formó el Universo.
Nos servimos de aparatos automáticos que secuencian casi 110.000 bases de ADN
al día y han permitido la secuenciación completa del genoma humano, de enzimas
que funcionan como «tijeras químicas» para cortar trozos de genes o para ligarlos o
«soldarlos» con otros, y de cromosomas artificiales de levaduras gigantes (YACs)
hasta con 10 millones de pares de bases, para producir clones genéticos de estudio.
Podemos pesar una picra o millonésima de gramo, medimos el nano o diezmillonésima de milímetro y conocemos los hox, genes capaces de poner en marcha un programa genético y responsables de dar la forma a los organismos, y la localización de
genes y sus variables identificados con determinadas enfermedades.
La investigación biológica continúa sin pausa en numerosos campos. Se avanza hacia la farmacógenómica, que permitirá el tratamiento a la carta de las enfermedades.
La terapia génica somática ya da sus balbuceos para tratar a los «niños burbuja», algunas patologías sanguíneas y tumores malignos terminales. Tras la fase experimental
con ratones hemos creado ovejas transgénicas (también se trabaja con pollos, cerdos,
vacas y otros animales) y otras, que producen leche con sustancias farmacológicas
incluidas. Las plantas han sido modificadas artificialmente para que resistan a las plagas de microorganismos parásitos y a las inclemencias, y para aumentar su cantidad y
calidad nutricia (alimentos transgénicos) y se estudia experimentalmente como podrán captar directamente el nitrógeno. Los animales con los que nos alimentamos
también se han manipulado para combatir sus enfermedades y mejorar el rendimiento
en carne, leche o lana. Se ha hecho rutinaria la fecundación in vitro para tratar ciertas
formas de esterilidad y para la mejora de especies y se ha realizado la clonación animal
intra e interespecífica, y de preembriones humanos, con propósitos hasta hoy insuficientemente aclarados o justificados, y en animales. Las células troncales, stem cells o
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
273
células madre de los blastocistos (embriones en fase de desarrollo de 5-6 días), presentes también en el cordón umbilical y en los tejidos corporales, son capaces de dividirse indefinidamente y, orientadas en el laboratorio, dar lugar a células, tejidos (y
quizás órganos) para transplante, sin reacciones inmunológicas de rechazo en algunos
casos.
En estos y otros sentidos que no es necesario circunstanciar, se avanzó mucho –y
acaso no sean más que los comienzos–, para bien o para mal, aunque los vendedores
de futuro insisten en los aspectos positivos y adelantan la maqueta de un siglo próximo
con tecnologías punta y accesibles.
Nos valdremos de la cibernética, telemática e informática ultramodernas, correo
electrónico e internet, de la fusión fría y fuentes de energía no contaminantes y baratas, y de tantas maravillas de alta precisión técnica. La televisión interactiva, con redes
de fibra óptica y cientos de canales e intercomunicación que permitirán al espectador
participar directamente en lo que visualiza, funcionará a modo de un ordenador inteligente y ofrecerá un retablo de servicios, como el teléfono, el vídeo, los sistemas directos de compra y cualquier información.
Los transportes colectivos y privados se diseñarán para prevenir los accidentes y la
contaminación, y desarrollar grandes velocidades. La Tierra será un lugar sin distancias; se acercarán los lugares más alejados entre sí con trenes de levitación magnética
a más de 500 kilómetros por hora u otros muy rápidos (el AVE, en España; el TGV, en
Francia; el ICE o el tren magnético, en Alemania; el tren oscilante del Japón; o el
Talgo, en muchos países, son algunos anticipos) y por medio de aviones a gran velocidad como los Concorde o Tupalov o de tipo comercial de casi 800 pasajeros. Los
vuelos económicos están al orden del día, y los viajes charter de agencia a un armatoste/ciudad espacial o la adquisición de una parcela en la Luna son posibilidades que
empiezan a tomar cuerpo.
La biología molecular y la inmunología harán avances importantes en el diagnóstico de enfermedades y su tratamiento específico, se ampliarán y perfeccionarán las
vacunas y posiblemente se combatirán el cáncer y el sida. La ingeniería genética
permitirá mejorar la cantidad y calidad de los alimentos, sanear el ambiente y evitar
o curar algunas enfermedades hereditarias. Si la ciencia venciera esas y otras patologías y carencias, las expectativas de que el hombre alcance los 120 años de vida son
bastante realistas. La clonación es un hecho, como ya se dijo; han nacido animales
con características especiales (la oveja Dolly es el referente) por transferencia de
núcleos de células somáticas de nacidos a óvulos previamente desnucleados (célula
resultante a la que se denomina nuclóvulo), se abre también el camino de esas técnicas con fines reproductivos (la clonación de seres humanos causa un rechazo casi
general) o no reproductivos (creación líneas celulares o de tejidos para trasplantes).
Se harán trasplantes quirúrgicos en el sistema nervioso para impedir su involución,
274
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
para tratar ciertas patologías eficazmente y para aprovechar al máximo las funciones
cerebrales.
Yendo a lo que importa ¿qué porvenir nos espera con ese bagaje? ¿Desaparecerán
los dominadores y sus secuaces? ¿Terminaremos con la inseguridad y la ansiedad provocadas por el hombre? ¿Se eliminarán para siempre las guerras, las escisiones y las
disensiones sangrientas? ¿Seguiremos empeñados en mojonar la Tierra y dividir la
Hombridad más todavía? ¿Evitaremos concitar los desmanes, los engaños, las fricciones y el rencor mundiales? ¿Pondremos la ciencia y la tecnología al servicio de la población entera?
Por lo pronto ¿a quién beneficiará tanto progreso en este mundo insolidario y destructor? Evaluando los signos inquietantes de lo que vivimos las perspectivas son
poco halagüeñas, únicamente podrán beneficiarse de las atenciones sanitarias, los alimentos, el agua potable, la educación, los transportes, las telecomunicaciones, etc.,
quienes dispongan el dominio o puedan pagarlos, que serán los menos, como siempre. Bienvenidos los propósitos de un desarrollo sostenible (Informe Brundtlan,
1987), los análisis del IDH (Indice de Desarrollo Humano) o del IL (Indice de Libertad) del PNUD, las evaluaciones de UNICEF y tantas otras estimaciones y sondeos,
pero cubren objetivos muy limitados o se quedan en aproximaciones, mientras los
monstruosos hechos sociales se multiplican y perpetúan.
DEMOGRAFIA
El crecimiento demográfico viene a complicar la situación. La población mundial aumentó 3,5 veces desde comienzo de siglo pasado (de 1.600 millones de personas en
1900 a más de 6.000 millones en 2007) y se dobló en los últimos 50 años. En un proceso inmutable «los ricos cada vez son más ricos, y los pobres, más».
Nacen 138 millones de niños al año y mueren 51 millones de personas en el mismo
tiempo, con lo que el crecimiento vegetativo de la población mundial es de unos 90
millones cada año. De no ponerle remedio –y las medidas tomadas hasta ahora son
demasiado tibias y parciales– a finales del siglo XXI habitaremos un mundo superpoblado, puerco y arrasado de casi 11.000 millones de personas, y muchas vivirán
hacinadas entre los detritus y la porquería.
La subida afectará muy especialmente a los países más pobres, subdesarrollados o
en vías de desarrollo, donde se prevé que hasta el año 2025 se producirá el 95 % del
crecimiento demográfico mundial. Por el contrario, la población de los países ricos y
desarrollados descenderá un 10 % en el año 2050; la de la Unión Europea aumentará
ligeramente y la de los Estados de la OCDE (el 15 % de la mundial) podría hacerlo
hasta el 6 % en el transcurso al año 2.025, para disminuir a partir de entonces.
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
275
El crecimiento demográfico se acompañará de una descompensación entre las zonas rurales y las urbanas, en la distribución regional y en los porcentajes grupales de
las pirámides de edad. La población rural continuará reduciéndose: unos 30 millones de personas dejan cada año los Campos, aldeas y pueblos y se trasladan a las
ciudades de sus países o de otros; si en 1950 la población rural suponía un 83 % de
la población mundial y en 1975 un 75 %, actualmente ronda el 50 % y seguirá disminuyendo.
La superpoblación y los desequilibrios demográficos causarán enormes déficit de
alimentos, de agua, sanitarios, de energía, de vivienda y laborales, desertizaciones y
deforestaciones gigantescas, explotación excesiva de los recursos, producción de billones de toneladas de basura, incontenibles migraciones y conflictos nacionales, regionales e internacionales. Millones de personas de los países pobres y en desarrollo
no tendrán otra fuente de energía que los vegetales y los combustibles fósiles, si es que
aún les quedan, y su consumo imperioso –desde 1970 ya se ha triplicado– aumentará
el efecto invernadero y el deterioro del medio ambiente. Las necesidades urgentes de
alimentos y de agua crecerán considerablemente en Asia y Africa y las gentes morirán
en masa por la hambruna y las enfermedades carenciales o vinculadas al aporte hídrico y potabilidad.
El hombre luchó y mató por el agua, en especial desde que se tornó sedentario en
el Creciente Fértil y el sur de Asia. Pronto pelearemos sañudamente, no solo por la
necesaria para el desarrollo económico, sino y sobe todo, por el agua absolutamente
indispensable para sobrevivir cada día.
–El desempleo, la pobreza, la hambruna, la guerra y las depuraciones seguirán produciendo emigrados económicos y refugiados en busca de asilo político. La difusión por
los medios de comunicación u otros cauces de mejores expectativas en los países
prósperos, oferta a los pobres lugares muy distintos en los que salvar y dignificar su
vida. En éste círculo vicioso que no parece tener desenlace, las alternativas a seguir les
ofrecen pocas dudas. Los sistemas de transporte facilitan los traslados, y, si no están al
alcance (razones económicas, políticas, etc.), se emprende la salida en pateras, balsas,
faluchos o cayucos y barcos cochambrosos, arriesgando la existencia y las ilusiones y
cayendo en ocasiones bajo la «protección» de mafias que les prometen ocupación y
soldada que acaban en la extorsión y la degradación.
Pero esas no serán las únicas causas de huida. El 70 % de la población mundial vive
a menos de 130 kilómetros de las costas y, si se produce el recalentamiento de la Tierra subirá el nivel de las aguas marinas y las anegaciones forzarán la emigración. En tal
sentido se estima que unos 300 millones de personas tendrán que desplazarse por razones medioambientales
La mayor parte de los emigrantes internos y externos se dirigirán a las ciudades,
supuestamente más esperanzadoras, cuyas poblaciones crecerán con celeridad (tam-
276
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
bién por el crecimiento vegetativo) hasta triplicarse en los 40 años próximos, con formación de megalópolis y aumento del número de ciudades medias y grandes.
A medida que el siglo XXI transcurra la vida en las ciudades será peliaguda. Los
vehículos motorizados –millones de metros cuadrados de chapa y de tubos de escape
envenenadores– invadirán y colapsarán las calles y aceras, entre la irritante capa de
aire viciado y hollín, los malos olores y los bocinazos y ruidos. Muchas personas residirán en zonas caras y ajardinadas, temerosas del exterior, aisladas en sus confortables
domicilios/bunquer repletos de artificios y cuidados celosamente por vigilantes armados hasta los dientes. Buen número de nativos e inmigrados se amasijarán en barriadas, arrabales y suburbios de promiscuidad y pobreza convertidos en el imperio
del hopeo y el estertor. Desde los fortines veremos en la lejanía circunvalante a los
marginales sin techo o en las villas cajón (Europa), cités soleil (Ahití), favelas (Brasil),
villas miseria (Argentina), los informal settlement (Surafrica), sanjuanicos (México) y
tantos otros asentamientos paupérrimos de barracones, tendejones, tablas carcomidas, retales de uralita y hojalata, con el recelo con que se observa a las fieras libres o en
cautiverio.
En esas ratoneras humanas con pegotes de paraísos artificiales y alguna antena parabólica, propicias a la delincuencia más versátil, las palabras fraternidad, solidaridad,
paz o ley serán ridículas e impronunciables, y la sociedad un medio implacable donde
un sorbo de agua o un pedazo de pan valdrán mucho más que la vida del hombre.
ESPECULACIONES EVOLUTIVAS
La formación del Universo fue un hecho extraordinario, como lo fueron en la Tierra la evolución en general y hacia el hombre, su sorpresa mayor, el único ser que se
acerca a entender la aparición de la vida y sus propios comienzos. Pero nacido de la
Tierra, el hombre la maltrata como si de un error suyo se tratare.
¿Qué puede ocurrir en adelante?
Según se agote su combustible de hidrógeno el Sol envejecerá, perderá masa y a los
12.150 m.d.a. de su formación se expansionará y dará lugar a una estrella gigante roja
que envolverá y convertirá en ceniza los planetas de su sistema, entre ellos la Tierra;
unos 250 m.d.a. años más tarde, desaparecerá, apagándose como una estrella enana
negra.
Dentro de 1.100 m.d.a las enormes temperaturas solares calentarán tanto la Tierra
que la vida en ella será imposible. Mucho antes, la escapatoria de la muerte habrá impulsado al hombre a vivir en plataformas espaciales o en planetas habitables.
No se puede conjeturar a tan largo plazo, pero sí plantear algunas hipótesis sobre
nuestro próximo devenir:
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
277
Involución/evolución en la complejidad umbral
Desde su origen los seres vivos sufrieron cinco grandes extinciones. En la línea evolutiva de las células procariotas desaparecieron un 99 % de todas las especies, sin disponer en muchos casos de una explicación suficiente. Pudo ocurrir por cambios telúricos,
choques de cuerpos celestes, infecciones o agotamiento biológico; lo último hace suponer que el ciclo evolutivo del hombre también tendrá un «final natural» en algún
momento (degenerar es retroceder: los raros niños lobo, con toda la piel cubierta de
pelo a causa de un gen alterado del cromosoma X, parecen abundar en ello). Sin descartar tal posibilidad, lo cierto es que las circunstancias han variado de forma considerable en relación al pasado, y que el agotamiento de especie seguramente podrá
impedirse con los avances técnicos.
Eso aparte, faltan argumentos serios para aceptar que la evolución del hombre ha
terminado. La evolución continuará por interadaptación circunstancial, sin que, por
las implicaciones añadidas, tengamos idea cierta de cómo lo hará. Dada la variabilidad genética de la especie y la fácil hibridación entre personas de cualquier característica (étnica o racial), se tiende a la uniformidad genotípica universal, con lo que
la evolución por mutaciones espontáneas en grupos aislados será cada vez menos
probable.
Se asegura que los géneros zoológicos aparecieron en la evolución cada 5 m.d.a.
aproximadamente, y las especies, cada 500.000 años. ¿Se halla nuestra especie cerca
del umbral de complejidad que pueda causar una evolución sensible? Si las mutaciones de interés evolutivo se han producido alrededor de cada 160.000 años, las futuras
mutaciones –sin saber si sus efectos serán equiparables a una supraespeciación– podrían ocurrir en las dos glaciaciones que tendrán lugar dentro de 50.000 y 90.000 años
respectivamente, con un periodo interglaciar por medio.
Evolución/involución por causas culturales (incluidas las científicas
y tecnológicas)
Lo probable es que no de tiempo a que lleguen esos grandes cambios climáticos, al
depender de la violencia y el Desorden social o de las aplicaciones cientifico-técnicas
que la evolución del hombre prosiga o cambie a otra especie.
–En el primer supuesto, los conflictos nacionales y mundiales, el racismo, la xenofobia, las persecuciones políticas, la superpoblación acuciante –sin alimentos ni atenciones sanitarias o educativas para contingentes muy numerosos–, los desequilibrios
biosociales y nuestro desdén con graves daños a la Biosfera, se harán notar muy pronto
y acelerarán los hechos.
278
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
El sinnúmero de desfavorecidos seguirán emigrando y huyendo, intentando orillar
denodadamente todo tipo de trabas, muriendo con frecuencia en el empeño, hasta
que de nada sirvan los cupos de inmigración, los visados, las alambradas, las escolleras, las murallas ni las pláticas edulcoradas, y estallen las fronteras. Las urbes y megalópolis serán junglas arracimadas en las que el favorecido –poco propicio a compartir
por las buenas su abundancia– y el desasistido –que desea al menos tener con qué
sobrevivir–, medirán sus fuerzas, entre toques a rebato, chorros de agua a presión,
gases lacrimógenos, pelotazos de goma, mandobles, cuchilladas y disparos. Cuando la
espita salte en pedazos las masas –triste calificativo de los hombres manipulados–
confluirán en una impresionante y resabiada marea que podrá llevarse por delante
cuanto halle al paso. Los enfrentamientos lucirán su rosario fratricida de irracionalidad y llevarán al cenit de la violencia.
–En el segundo supuesto, los efectos desfavorables de la aplicación de las tecnologías sobre el genoma, la acumulación celular de venenos y tóxicos, la adaptación al
medio degradado o las enfermedades o trastornos ocasionados por la liberación de
microorganismos mutados y desconocidas hasta ahora, pueden deparar –al tiempo de
los desórdenes de la Hombridad– consecuencias evolutivas a nuestra especie.
Con los avances científicos y técnicos, en particular con la ingeniería genética, el
hombre va camino de dominar tanto a la Naturaleza como a su genotipo, y de decidir
su fenotipo, sus reacciones mentales y su conducta, orientando su futuro y el de aquella. Dejando a un lado la muerte natural que la ciencia conseguirá retrasar, será el hombre quien determinará (ya lo hace en cierta medida): a) sobre sí mismo como ser
psicofísico, y b), sobre su entorno biológico y terreno. Se tratará de la selección verdadera, de carácter artificial y cultural, porque responderá a la voluntad de realizarla con
un fin, tal vez en la búsqueda de una perfección cuyas consecuencias son presumibles.
Viviremos la época del hombre antropo-psico-bioplasta no tardando mucho, que será
capaz de modificarse en cuerpo y psique en la dirección que estime. Todo sigue igual:
el hombre evolucionó desde la tecnología y lo seguirá haciendo con ella; por sus orígenes el hombre es un animal técnico.
El politólogo nipón-americano Francis Fukuyama sentenciaba en 1992 el término
de las ideologías con paso a la economía neoliberal (El fin de la Historia y el último
hombre), afirmando recientemente (Nuestro futuro poshumano: consecuencias de la revolución biotecnológica, 2002) que la historia del hombre seguirá vinculada al desarrollo científico, sobre todo a los avances de la biología.
La Bioética, como instrumento civil y auténtica cultura de nuestro tiempo, tiene
mucho que decir en estos escenarios biotecnológicos y la Sociedad Internacional de
Bioética, la SIBI, deja constantemente oír su voz desde Gijón o actúa como amplificador de opiniones del mundo entero.
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
279
Evolución/involución por circunstancias extratelúricas
–La evolución podría deberse a civilizaciones extraterrestres que llegarán a la Tierra y que, si nos superan en conocimientos y fuerza, programarán nuestros genes y
dirigirán nuestra conducta según sus propias pautas (si no deciden aniquilarnos).
–La involución podría ser causada por fenómenos naturales cataclísmicos.
El físico y Premio Nobel Luis Walter Alvarez (nieto del médico asturiano Luis F.
Alvarez) y su hijo Walter Alvarez, geólogo, atribuyen la desaparición de los dinosaurios y dos tercios de las especies, hace 65 m.d.a., a los efectos calóricos e intoxicantes,
los maremotos, etc., devastadores de un meteorito que chocó contra la península de
Yucatán, donde abrió un cráter de 180 kms. de diámetro (Extraterrestrial Cause of the
Cretaceous Tertiary Extintion. Revista Science, 1980); teoría que la geóloga Gerta Keller y algunos miembros de su grupo no dan por segura (Revista Proceedings, 2.3.04).
Según informa la NASA, en el año 1989 cruzaron la trayectoria de Tierra 90 cuerpos celestes, y en 1992 lo hicieron 128; y a finales de 1993 un meteorito de considerable tamaño no alcanzó la Tierra por una diferencia orbital de seis horas. Los científicos
creen que hay una posibilidad entre mil de que choque contra ella un cuerpo celeste y
origine una energía explosiva mayor que la de todo el arsenal energético mundial. Las
consecuencias serías caóticas para la vida.
Apocalipsis
–No faltan curiosas conjeturas. Para los mayas, y según su calendario, el 21 de diciembre de 2012 tendrá lugar el fin del mundo. Interpretando las profecías del arzobispo irlandés San Malaquías (Profecía de los Papas, escrita en 1139 y publicada en
Lignum Vitae del monje Arnold de Wyon, en 1595) la detención evolutiva y nuestra
desaparición ocurrirán con el último Papado, el de Petrus Romanus, número 112 después de San Celestino II (el actual es el penúltimo).
Sobre las profecías del médico-astrólogo Michel de Notre Dame, Nostradamus (El
libro de las Centurias, 1555), se consideró que el verso cuarteto 72 de la Centuria X:
«en el séptimo mes de 1999 vendrá del cielo el gran Rey del Terror…» aludía al final
de la humanidad. No acertó.
Para Teilhard de Chardin ocurrirá en 2050, con retorno del hombre a Dios, a la
integración en el Punto Omega ya mencionado, como superhombre psíquico encefalizado al máximo, la noosfera o cerebro universal (El Grupo Zoológico Humano, 1956;
El fenómeno humano, 1959).
Así calculado no nos queda mucho como especie. Aunque, en cualquier caso, nuestros derroteros en los años, siglos y milenios venideros son inciertos.
280
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
¿Es la nuestra una especie decadente, un residuo biológico no recuperable ni racionalmente reciclable y condenado a perecer? Me resisto a admitir que la evolución termine en el ser inconsecuente, en la piltrafa cultural que somos.
¿O es la cultura el mecanismo no previsto por la Naturaleza que acabará con la especie? Tal vez, pues sin caer en el derrotismo nuestra necia conducta anticipa un
Homo exterminador de la vida; después será posible volver a lo andado si las bacterias
reevolucionan en el Planeta residual o en cualquier otro cuerpo celeste.
Y si otro fuera nuestro futuro evolutivo ¿vivirán los descendientes todavía en la
Tierra? ¿Serán un ser psicofísico distinto, con otra denominación y los mismos o mayores vicios? ¿O se habrá llegado por fin al «ser humano», la Humanidad verdadera,
dominado el viejo reptil del cerebro y la necrocultura del hombre?; si esta hipótesis se
cumpliera se sorprenderán –se avergonzarán– del uso vandálico que hicimos de nuestra portentosa razón.
El ANIMAL CAUTIVO
El hombre es el animal cautivo de su violencia, como la sociedad que constituye. En
el desbarajuste del hormiguero de los hombres cada cual tira de su carro, los más a
hombros desnudos y seno descubierto, y unos pocos, con el látigo en la mente y la
piedra en las manos. Los riesgos de la violencia afectan o pueden hacerlo, en tono e
incidencia distintos, a la población que la padece y a los villanos que la provocan.
No somos simplemente una sociedad de riesgo, como se ha asegurado (Ulrich
Beck, sociólogo alemán: La sociedad del riesgo. En camino hacia otra sociedad moderna,
1998) sino, descartando los naturales, una «sociedad sometida a riesgos», cuya traducción tiene responsables generalmente reconocibles. Cuanta vida se echa a perder
o se desbarata, pudiendo evitarlo, no se debe a desastres de la Naturaleza ni a seres
venidos de otros mundos, sino al hombre irresponsable, que ha dañado más en los
años de predominio cultural que durante toda su evolución.
Recuerdo intencionadamente una cita de Claude Lévi-Strauss (Historia de Lince,
1992): «Convengamos en llamar célula a un conjunto de incidentes que forman un
todo, separable del contexto mítico particular en que lo hemos colocado inicialmente,
y transportable en bloque a otros contextos»; también, que el médico flamenco Andrés Vesalio, fundador de la Anatomía humana, describió la estructura o arquitectura
de nuestro cuerpo (De humani corporis fabrica, 1543-1555); y que casi tres siglos más
tarde, el fisiólogo y citólogo Theodor Schwann y el botánico Matthias Jakob Schleiden
propusieron la teoría celular (Microscopic Investigations on the Accordance in the Structure and Growth of Plants and Animals, 1839): «la célula viviente es la unidad básica
constitutiva y funcional de todos los organismos vivos», y la interrelación de las fun-
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
281
ciones. Pues bien, si el cuerpo celular –lo natural, lo biológico– de cada hombre, con
unos 60 billones células (para un peso de 60 kg), es una maravilla de coordinación
operativa, el cuerpo social (la sociedad como «conjunto de incidentes», la Hombridad con «sólo» sus 6.000 millones de personas, tiempo atrás muchos menos, la cultura) ha derivado en el Desorden evidenciable.
–La inmensa mayoría de los hombres pierde la libertad, sus derechos, sus ilusiones y hasta la vida por la violencia de los menos. Dondequiera que sea no hay escape
de su abyecta estupidez de la violencia, todos somos candidatos al censo de los fiambres y las extralimitaciones, los defensores de la paz y el bienestar, los que queremos
disfrutarlos y los infelices que nunca llegan a saber qué significan. La brutalidad es
añosa, psicótica y universal, millones de personas no disponen de los mínimos vitales
–alimentos, agua potable, atenciones sanitarias, enseñanza, trabajo, protección social,
hogar, libertad, igualdad, justicia, etc.–, y se está convirtiendo a la Hombridad en un
matadero inmundo donde actúa el metódico gran malvado, tal vez el exterminador de
su propia especie en un futuro que se vislumbra cada vez más descompasado y alarmante, y a la Tierra, en un albañal, un yermo cuchitril donde el hombre violento es el
defecador insensible de las basuras de su egoísmo.
–Los menos, los dominadores, son cautivos de su violento fundamentalismo, de su
aleatorio poder deshumanizado, de su furtivismo criminal, de su ambición patológica
–aunque no lo aireen–, que no de su conciencia. Su violencia masiva –a veces glaseada
con oratoria y filantropía campanudas, y otras, descarnada y extravertida– se cocina en
los tortuosos circuitos de connivencias, en los santuarios de dominio más o menos escamoteados donde unos pocos solventan sobre vidas y destinos, justificando sus excesos
sobre la inmensa mayoría acaso en nombre del equilibrio económico sostenido, del bien
común, la paz social o el prometido paraíso/pensil, eufemismos en su boca más anacrónicos y sin credibilidad cuantos más somos y más dominantes y secuaces/ esquejes –la
mediocridad que hace posibles sus tropelías– intervengan en la cacería. Urdidas en esos
arrecifes, las conductas cargadas de violencia (física, psicológica, ideológica, mercantil,
científica, técnica) arruinan existencias e inteligencias y arrasan la Naturaleza, aunque
resuenen con letanías de principios éticos y morales apenas balsámicos y acuerdos internacionales o normas legales en gran medida infringidos o burlados, y con ello, inoperantes. En esos circuitos y santuarios fermenta muchas veces su propia aniquilación.
Los torquemadas megalómanos embriagarán el futuro inmerecidamente con sus
carismas consagrados en panegíricos sin mancha –según nos vendan los exegetas eunucoides y tergiversadores, los glosadores de biografías mefíticas y los vates (alquilados) de glorias jaleadas y bien remuneradas–, que habrían de cundir como magisterio
moral y ejemplarizante.
O, nada infrecuente –matar con hierro aboca a morir con hierro–, por un desliz o
vencida su egolatría sin límites por las turbas de resentidos o rivales acabarán en pri-
282
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
sión, precipicio, paredón, patíbulo, silla eléctrica, haraquiri, fuga o cortijo de penumbra y exoneración, desmoronándose, sin escarmentar, en el sarro y la hiel de la
historia.
CAPITULACIÓN Y SIMBIOSIS UNIVERSALES
La violencia es la anticivilización, y nadie es culpable de la sandez del hombre dominador y violento salvo él mismo, al conducirse como un inquisidor endiosado.
Ante todo urge preguntarnos qué hemos hecho con la dignidad y hacia donde bascula
la razón, ventilar el desván mental de seres ficticiamente superiores, huir de la autoindulgencia obliterante sobre el animal cultural que somos y mirar a la Hombridad tal y
como es, con el hombre de señor y siervo, dueño y esclavo, prudente y zafio, destructor y creativo, verdugo y víctima. Pero no lo hacemos. El prosaico existir, la propensión a lo inmediato, los egoísmos insaciables, los poderes prepotentes, las servidumbres
acomodaticias, las subordinaciones ideológicas, las exégesis confesionales o las elucubraciones filosóficas desvían al hombre de una autocrítica absolutamente crucial para
esclarecer con ecuanimidad su auténtica ubicación en el mundo y el comportamiento
preciso para materializar una convivencia consecuente y encaminarse por otra senda
que la seguida hasta ahora, en gran medida decepcionante consigo mismo y con la
Naturaleza de la que forma parte como una existencia más. En suma, y, si aún fuera
posible (que lo es, aún aceptando las enormes barreras para conseguirlo), para entender como habría de conducirse con estatura ética humana en la Tierra que agobia,
desgaja y apenas comparte.
La Hombridad no puede seguir siendo una ruleta de cautiverios y bajezas. Dejar a
la violencia de lado como una conducta inevitable, sin interpelación ni anulación, supondría darle cancha y alas, volverla casi invulnerable. Siendo su origen cultural, ha de
erradicarse con la propia cultura. Las teorías y prédicas nos recuerdan que las mentes
no están en lo que tienen que estar y que se alcanza muy poco con el martilleo de
proyectos, si no se parte de una consciencia existencial colectiva, inequívocamente
humana y rigurosamente democrática y cívica. O se pone voluntad e inteligencia en
una convocatoria y sinergia universales, en una capitulación racional de la consciencia
universal –afianzándola sin flaquezas ante presión alguna, jerigonzas espirituales,
afrentas estudiadas o acusaciones de ingenuidad, credulidad o chifladura– o iremos de
mal en peor. Urge lograr esa capitulación de la razón, o la vida del hombre en la Tierra
acabara siendo una confrontación sin concesiones en la que cada cual usará sus armas
encarnizadamente.
Es la disyuntiva que tenemos por delante. Pensando en esa apasionante tarea, serán
indispensables algunos pasos a dar:
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
283
–De la ominosa incultura de la violencia hay que pasar a la cultura universal de la
dignidad, desoyendo monsergas como «la vida y las cosas siempre fueron así», «siempre hubo ricos y pobres, fuertes y débiles o cívicos y sinvergüenzas», que «la agresividad realiza al hombre» y «quién no lo admita es un soñador o un iluso», entre otras
diagonales del intelecto, porque provienen de los dominadores y avispados que la cultivan para mal ajeno y de algún que otro apuntador desencaminado de la psicología y
el psicoanálisis. Vienen a colación, aunque al homo/lupus le parecerán cándidas, las
oportunas palabras de K. Lorenz, ya citado: »La reorientación de la agresión es el
camino más prometedor y el primero que se le ofrece a uno para hacerla inofensiva.
Con mayor facilidad que los demás instintos, se conforma con objetos sustitutivos y
queda plenamente satisfecha», para referir como conductas reorientadoras a la catarsis griega, la lucha limpia (deporte, competiciones), el arte, la ciencia, los conocimientos sobre la biología del hombre, la solidaridad e implicación en los problemas de
otros, la educación, el respeto y defensa los valores humanos, etc.
–Se precisa un Orden mundial acordado y mantenido.
En el determinismo cultural provocado, el escalofrío espectral que sacude la Tierra
es el monumento medular al Desorden –con su realidad de diseño, inventada– del dominador, la etiqueta de su catadura moral, las muescas retorcidas de su vara de medir
y su pisada cáustica.
Incluso haciendo un barrido histórico superficial se objetiva el fracaso del hombre
en las orientaciones éticas y morales rígidamente encapsuladas y los principios mínimos aceptados por todos –pretensión infructuosa en la práctica– que resultan a todas
luces escasos para facilitar la convivencia universal, aunque se reiteren en el aparente
y estéril discurso cotidiano o se manipulen subrepticiamente por los las esferas del
poder y el dominio sin escrúpulos. Son limitados no solo porque al incumplirse en su
proyección social (igualdad, justicia, libertad, democracia, pluralismo político, etc.)
generan violencia de distinta extracción, sino también porque fuera de ellos quedan
valores anclados en tradiciones y culturas que nos son extraños y combatimos o pretendemos colonizar, edulcorar o anular, propiciando el caldo de cultivo para la aparición y exacerbación de fundamentalismos y fanatismos –de fanem, templo– igualmente
generadores de extrema violencia, en vez de aceptarlos desde la tolerancia y el respeto
mutuos. La paz, la justicia social y la concordia serán únicamente posibles si ejercitamos una ética de suficiencias (no de mínimos) que, desde la defensa de los derechos
humanos y el cumplimiento de leyes justas con la meta inequívoca en acabar con la
violencia, los reconozca e incorpore, pese a que no se compartan, y una moral convivencial que haga posible su efectividad entre los hombres y los pueblos.
El Desorden puede corregirse. Con actitudes de reconciliación y regeneración democráticas, cívicas y dignas, con políticas comunes atentas a la demografía y a la conservación de la Naturaleza y con un espacio económico, de producción y mercado
284
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
acorde con las exigencias de un nuevo talante universal y las necesidades reales, que
remedien en muchos lugares la inobservancia de los derechos humanos, la falacia instalada, la inestabilidad política y social, el desvalijamiento y el embargo debidos al
dominio sin entrañas. En definitiva, fomentando la ética de suficiencias y la moral
convivente y llevando hasta sus últimas y favorables consecuencias la capitulación racional de la consciencia para lograr una simbiosis universal de la Hombridad, una asociación de intereses comunes con resultados beneficiosos para todos, anuladas para
siempre las confrontaciones por diferencias culturales y las nefastas conductas de los
señores de la vida y de la muerte y las de los lacayos que los encumbran y sostienen.
– El mundo y las sociedades han cambiado, y la democracia ha de adaptarse. En
circunstancias y tiempos como los actuales y futuros previsibles es un desliz otorgar
completa validez a la democracia clásica, que necesita de una revisión para poder
afrontarlas satisfactoriamente.
Hay que configurar una democracia integral, coparticipada y sin latrías –lo que implica el derecho de todos a estar y participar, la obligación de contribuir y el deber
conciliatorio, anteponiendo que el ciudadano nunca debe perder, sea cual sea su opción ideológica–, con la que cada quien conserve su peculiaridad y cada país su autogobierno sin indisponer ni pulverizar los de otros.
Nacida en el siglo VII a. de C. en las colonias griegas de Asia Menor, perfeccionada
en Grecia, en el Imperio Romano (en representación de intereses civiles contrapuestos), durante la Edad Media (el autogobierno del pueblo en el municipio), en el siglo
XVI (la soberanía popular, la representación y el contrato social), en el Renacimiento
(la identidad del derecho natural, la exigencia de la razón y la convivencia asociativa)
y en siglos posteriores (con la organización de instancias democráticas), la democracia fue relativamente útil hasta el presente, con inconsistencias, vaivenes y retrocesos,
pues no sirvió a toda la población mundial (hoy mismo, sobre el papel sólo son formalmente democráticos el 60 por ciento de los Estados de la Tierra).
La democracia clásica resulta insuficiente y su endeblez la pone en peligro. Ha llegado el tiempo de avanzar en su concepción y actualizar su práctica. Si aspiramos a
que el mundo intercomunicado e interrelacionado sea de verdad la aldea global del
hombre, la democracia deberá constituirse como un quehacer coparticipado de la
Hombridad, de modo que lo político se traduzca social y económicamente en bienes
comunes, sin discriminación alguna.
i) Ha de ser el gobierno político de los Estados por quienes, libremente elegidos
por sufragio universal, representen la soberanía de los pueblos, entendida y
asumida como la soberanía de la convivencia pacífica, que extienda el parlamentarismo y el gobierno político no sólo a cada Estado sino también al contexto
mundial y constituya sostenidamente el pueblo y la ciudadanía universales.
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
285
ii) No solo los parlamentos, sino también los gobiernos, deberán basarse en representaciones proporcionales de los ciudadanos, de modo que el producto sociopolítico de aquellos provenga de la acción cohesionada de mayorías y minorías (la
cohesión es articulación y vertebración efectivas, no sólo unión o conjunción,
requisitos estos de aquella que pueden implicar cierto grado de artificio y disfuncionalidad).
La democracia es con frecuencia antitética de las minorías, condenadas no pocas
veces al ostracismo y batiéndose exclusivamente en la disonancia. La cesión legitimada de la gestión pública de la sociedad a las mayorías puede carecer de la necesaria
eficacia y tiene serios inconvenientes; las minorías representativas, apartadas de las
decisiones, y contrariadas temporalmente sus aportaciones a lo político y social, son
la oposición levantisca en pos del triunfo electoral para cambiar aquello en que no
fueran tenidas en cuenta o de lo que quedaron desligadas (si no es para tomarse la revancha, en justa correspondencia con el adversario) o para ponerlo patas arriba.
Traducida en una diferenciada y teórica «representación» popular para ejercer y
gestionar el poder en base a ideas y programas, la democracia clásica se va exfoliando
y pierde parte de su razón de ser en un mundo sin soluciones de continuidad (que no
sean las que obligan los dominantes fácticos); con su modelo vigente la alternancia
conduce con frecuencia al enlentecimiento operativo, al desgaste, a la suspicacia, a la
descalificación apriorística, al enredo, a la improvisación, a desequilibrios y conflictos
nacionales, regionales y mundiales y empobrecimientos territoriales que, por conocidos, no pueden ofrecer dudas. Por el contrario, los parlamentos y gobiernos constituidos proporcionalmente en la democracia integral tendrán efectividad muy superior
con menores tensiones, representarán al pueblo en su totalidad (si no participan lo
representan en vano, que es casi como no hacerlo) y en cada momento y asunto, se
granjearán su confianza, abocarán a soluciones compartidas de los problemas sociales
y evitarán los trastornos y desvíos que los cambios de gobiernos y la replanificación
inconexa de las políticas originan a menudo.
La democracia integral será asunto común y universal, todos habremos de remar
juntos, tendremos el derecho a estar y participar, la obligación de contribuir y el deber
conciliatorio, en aras del bienestar nacional y mundial en su sentido más amplio. Las
diferencias se arreglarán «desde dentro», en las mesas conjuntas de la deliberación
objetiva y la sensatez, así que los resultados de los acuerdos responderán a la voluntad
explícita de todos para conseguirlos. Se prosperará y se mantendrá con más seguridad
el bienestar colectivo estable cuando las mayorías y las minorías frenen o moderen sus
tendencias contrarias enzarzadas en duelos de hegemonía y flexibilicen sus líneas divisorias hasta el punto y medida en que sus actividades confluyan en beneficios sociales aceptados por y para todos –sin recelos, vencedores ni vencidos–, aunque en
286
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
determinados casos alguien o algún grupo no queden plenamente satisfechos con las
resoluciones adoptadas. La democracia coparticipada consistirá precisamente en que
cada uno sea capaz de ceder parte de esa plenitud propia en beneficio del interés general.
No se propone la panacea del imposible ni la solución irrealizable de la cuadratura del
círculo sino la puesta en vigencia del raciocinio y la lógica aplicados a la política, civilidad y el humanismo. Con ello quiero afirmar que el ciudadano debe estar representado por la opción política que eligió, aunque esta haya perdido unas elecciones.
Porque, aún en ese caso, la esencia de la nueva democracia radica en que el ciudadano
nunca debe perder.
Con la democracia clásica se ha trabajado por la unión de los pueblos (los Estados
Unidos de América, la Unión Europea y otras coincidencias de proyectos entre naciones son prueba de ello). La democracia integral y coparticipada culminará en una ciudadanía mundial enfocada hacia una auténtica comunidad de objetivos (la Unión
Mundial) cuando los hombres asuman y desempeñen sus derechos, deberes y responsabilidades con cohesión, compromiso democrático, transparencia y talante convivente. En lo público, supondrá: a), la desaparición definitiva del gobernante que tan
habitualmente acaba gestionando lo público como si fuera propio, despreciando que
su mandato legitimado en las urnas le exige administrar temporalmente los bienes
comunes encomendados sin sectarismo, corrupción, arbitrariedad y endogamia; b),
un no más «lo mío, lo nuestro o lo del país» como patrimonios enemigos de «lo de
los demás», no más exclusiones de territorios físicos o mentales que dejan fuera los
de los otros, y que «lo de todos» puede ser perfectamente «lo de cada uno», sin que
nadie se quede sin «lo suyo» merecido. En lo privado: a), que los beneficios no pueden asentarse en la explotación o injusta valoración de quienes con su trabajo contribuyen a ellos; b), que el producto ofertado debe eliminar o atenuar al máximo los
riesgos para el receptor. En ambos sectores, supondrá ante todo tomar en consideración que el protagonista social es el ciudadano, usuario y consumidor de bienes y servicios, y que su derecho al bien-estar («estar entre bienes y disfrutarlos cuanto sea
factible») debe fundamentarse en la información veraz, la seguridad y el acceso equitativo, efectivo y suficiente a aquellos.
– Es necesaria una instancia o autoridad democrática supranacional, paritariamente
representativa y universalmente legitimada y aceptada que, a tenor del derecho internacional oportuno (interpretado por un Tribunal Internacional) pueda actuar y decidir
sin cortapisas ni acusaciones de injerencia cuando proceda desbloquear, resolver o
impedir sin dilación los pleitos no democráticos ni pacíficos de las naciones o entre las
naciones, sin afectar a sus derechos de autodeterminación, integridad territorial e independencia reconocidos. Lo prioritario será evitar la o violencia acabar con ella y
mantener la paz, para dialogar razonablemente, entonces y después, sobre las diferencias significativas ocasionales causa de la fricción. Cada país reconocerá esta autoridad
Evolución y violencia. La sociedad cautiva – Marcelo Palacios Alonso
287
a los efectos que se le confieran, en especial los de proteger el orden tolerante, solidario y pacífico y preservar la libertad, la igualdad y la justicia.
Hechos como los propiciados por la vergonzosa política de presiones y cambalaches de las naciones, poderosas o no, y por la indolencia de las organizaciones o fuerzas internacionales deben terminar para siempre; sus actuaciones en las guerras del
Golfo, de Ruanda, de Chechenia, de la ex-Yugoslavia, Irak, etc., son prueba de su inutilidad, pese a las caras compungidas, las palabras vacías, las intervenciones bélicas y la
catarata de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, en gran medida mediatizadas, tanto por los intereses refractarios en juego como por las limitaciones que
adolecen sus estructuras desfasadas.
LA EMPRESA ESENCIAL
Hay soluciones a la violencia arrolladora, pero no se buscan asensos para ponerlas
decididamente en práctica, o se emprenden esporádica y sectorialmente con la tibieza
que marcan de las conveniencias o los intereses espurios. Y tal semeja que no serán
eficaces hasta que nuestra especie alcance, si lo consigue, la fase de su evolución en
que ya sea el ser humano verdaderamente y sienta y practique lo humano en su plena
dimensión.
El hombre no es un necio genético y puede replegarse a la racionalidad recomponiendo su conducta, ejercitando los valores que nos atribuimos y cargando su cultura con información y contenidos dignos y humanistas. No es una utopía luchar
por nosotros mismos, por los hijos y por la Tierra en que vivimos, que si lo fuera
bien merecería la pena. La Hombridad y la Vida nos incumben antes que nada, la
sociedad somos todos, y en la conducta común hemos de dar la medida ética de
nuestra especie, hasta ahora de poca altura. O ganamos con denuedo la dignidad –la
única salvaguardia contra la violenta estupidez– o no habrá Hombridad culminada
ni Tierra cuidada y común. Hablo de una Hombridad real, no mejor tan sólo, y de
una Tierra compartida que nos dé cuanto pueda: no las matemos, ni consintamos
que nadie lo haga.
«Siempre dejamos de considerar lo primordial», reza el principio de Tiresias (rey
de los adivinos griegos, castigado con ceguera por la diosa Atenea al sorprenderla en
el baño, aunque lo agració con la capacidad de ver el futuro).
Tengo por firme convicción que la empresa primordial del hombre es él mismo: es la
cultura triunfante contra toda violencia, física, psíquica social; del nacer para gozar la
vida al máximo posible y no para padecerla o perderla por el arbitrio egoísta y la
ruindad de otros; de la convivencia tranquila y consociada, sin famélicos, ignorantes,
odios, atropellos, vasallos, extremismos, tiranías, perseguidos, discriminados ni fosas
288
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
de infelices; del diálogo pacífico y sin mentiras como única arma; de la intercomunicación cosmopolita y la cooperación sin fronteras; de las normas iguales para todos;
de un mundo libre y justo y no más libre y más justo únicamente; del respeto y la
solidaridad como virtudes y costumbres; de la Tierra limpia y la Naturaleza conservada. En ésa tarea, la dignidad y el pan ganados por todos sabrán a dignidad y a pan
mientras nos vamos haciendo seres humanos, si ésos fueran nuestro propósito y el
futuro evolutivo.
Y pongo la confianza particularmente en los jóvenes que van tomando el relevo
generacional –en la vida común y en los puestos de decisiones en el interés general–
con la esperanza de que algún día logren constituir la Humanidad que no hemos sabido prepararles.
Gracias por su atención.
Breve evocación analógica
entre la sociedad en la que vivió
Jovellanos y la nuestra
Román Suárez Blanco1
Presidente de la Caja Rural de Asturias
Resumen
El nuevo patrono establece un comparación entre la sociedad en la que le tocó vivir a
Jovellanos y la nuestra, a la vez que extrae actitudes de comportamiento de nuestro polígrafo que pudieran ser aplicadas hoy.
ABSTRACT
This new patron establishes a comparison between that society Jovellanos had to live in
and ours, as he points out behavioural attitudes highlighted by our poligraphic author
which could still be applied today.
L
a vida de Jovellanos está marcada por la situación, también entonces crítica, de la
sociedad de su tiempo. Y resulta tentador establecer una relación entre aquélla y
ésta época, en que unos principios culturales peculiares de su anterior se hallan en
ocasión de revisión y naturalmente, se resisten al doloroso cambio que para una sociedad asentada en territorio y costumbres, mudarlas éstas o abandonar aquél y mucho
más cuando la mudanza es sustancial y afecta al meollo mismo del modo de vida que
se había supuesto e! buen camino de la felicidad que suele anhelar la especie humana.
Pero, a la vez, la sociedad humana, que en cada uno de los momentos contemplados
está en crisis, ha empezado a tomar conocimiento de ideas nuevas, sorprendentes, o
de la drástica mudanza de otras antiguas, que, revisadas, deslumbran y tientan a filó1 D. Román Suárez Blanco leyó el discurso de ingreso el 15 de noviembre de 2007. Hizo su semblanza D. Fernando Adaro de Jove. Véase Boletín Jovellanista 7-8 (2006-2007), págs. 79-81.
290
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
sofos primero, después a los políticos, a tratar de aplicar en su entorno inmediato lo
que ya cabe estudiar más o menos cerca.
Hay un tercer género, el de los filósofos, que cimientan cualquier cambio sociopolítico, y los políticos que lo ejecutan, y es el de aquellos que por curiosidad acuciante,
más que por profesión o por dedicación profesionalizada y por esa imperiosa necesidad que está en la esencia de fa criatura humana más representativa que es siempre el
humanista, que se echa al campo porque en la duda quiere saber, porque intuye que
en lo nuevo que viene está involucrado como individuo y como especie. Suele profundizar en el estudio de la realidad de su tiempo con ojos de tiempos nuevos, como si de
un viajero del tiempo de novela de ciencia ficción se tratara, con sólido conocimiento
de la tradición cuya vigencia se está poniendo legítimamente en duda. No pertenece a
unos ni a otros, en las guerras cruentas ni en la incruenta dialéctica de su espacio de
vida, que suele acabar en sacrificio, porque si bien todos tienden de antemano a incluirlos en su bandería, todos concluyen por desconfiar de su vacilación, que no es
más que duda producida por la tentación de escepticismo que amenaza a cada estudioso humilde, que constata, en contacto con los demás con que coincide en las dos
paradojas del tiempo y el espacio de su época, es decir, no es más que acreditación de
la sabiduría que su capacidad y su dedicación le han proporcionado, mutándolo en
escogido y diferente. A los digamos normales, de algún modo nos inquietan estos que
adivinamos convivientes con nosotros en este mundo y a la vez en otro mejor que
éste, sin perjuicio de estar en él.
Es ésta de Jovellanos una España en situación tan crítica, como la actual, porque en
España ha sido endémica la vacilación definitoria procedente de la concurrencia de
culturas, y en la vida y en obra de un hombre sensible, cultivado e inteligente, tal hecho se manifiesta en un evidente desasosiego intelectual, lleno por una parte de inquietudes -hay que abandonar gran parte de lo que tenemos, pero hay mucho que
debería conservarse en cuanto forma parte de nuestro comportamiento a la vez habitual y aparentemente esencial-, por otra de sugerencias -la sociedad ha cambiado sustancialmente en el ámbito europeo, incluso en la cultura occidental, de la que
formamos parte aunque no lo parezca -esta condición española que nos hace de galga,
de retranca y nos vino manteniendo a la cola de lo que cambia en nuestro entorno-,
por otra más ocupado en ahondar en los clásicos, donde queda tanto que aprender a
destilar desde un abigarrado modo de expresión, que evoluciona hacia las simplificaciones objetivos, saliéndose de la propensión nuestra a impregnar de sentimiento,
sentimentalizar nuestras reacciones. Y aún de los clásicos, todavía hay que decantar lo
que dentro de la misma estética era todavía ignorancia moral o ética en estado mutante, de la piedra dura en que cabe asentar lo que llamamos civilización.
A lo largo de lo que Priestley ha llamado el hilo sutil de la vida, lo que nos mantiene
en ser unos y los mismos, pese a los cambios que la progresiva madurez nos va impri-
Breve evocación analógica entre la sociedad en la que vivió Jovellanos… – Román Suárez
291
miendo al sufrir los sucesivos impactos circunstanciales, se advierte un Jovellanos n
que la situación, cambiante, sin patrones de comportamiento seguros, preocupa, y
desde la privilegiada atalaya de su posición social y de su categoría intelectual, taraceadas en un intelecto incuestionablemente privilegiado, advierte con preocupación que
cuanto le rodea se halla en revisión, y, como ahora diríamos, «se moja», es decir, se
compromete personalmente, opina con este acendrado sentido crítico, casi siempre
acertado, de algún modo cruel en su estimación de la realidad de las cosas y los conceptos, lo que ha de acarrearle, de manera inexorable, la sucesiva ira de muchos y
desde muy diversos puntos de vista, puesto que se ha permitido, o su condición de
erudito ilustrado se obliga a hacerlo, a opinar sobre los modos de gobierno, el alcance
y la trascendencia de los cuerpos de representantes colegiados de los estamentos, respecto de la subsistencia de cuáles de estos estamentos y su condición y categoría representativa, en lo referente a la soberanía y lo que es la libertad, apuntando ya ese
concepto que requiere dignidad del hombre libre, para la que le parece indispensable
la participación en el acervo cultural y el material de su tiempo, con lo que eso tiene de
sospechoso, recién salida Europa de la revolución e inmersa en la batalla final contra el
imperio. A todo lo cual hay que unir ese conocimiento de la tradición que le permite
opinar con deslumbrante lucidez acerca de la cuestión agraria, que suponía hurgar en
los entresijos del derecho mismo de propiedad y el aprovechamiento de la tierra, en
pugna con unas manos muertas tan poderosas como poco propicias a inexorables desamortizaciones baldías a la largo de su proceso histórico y unas vicisitudes de todos
conocidas.
Sufrió Jovellanos la situación del hombre de hoy, que, mientras los políticos dudan
respecto de la organización, vacilan ante la fórmula de soberanía y se enfrentan a la
globalización y la multiplicidad de su trascendencia, los filósofos tratan de reunir los
fragmentos de la realidad metafísica, y, ante el neorenacimiento, los más sensibles de
nuestros intelectuales contemporáneos intentan recomponer un organigrama social
que conserve lo que deba e implante parte de lo inimaginable que el futuro nos importa cada día desde los laboratorios y mechinales de unos investigadores cada vez
más sofisticados, pero también más polarizados en su respectiva obsesión.
No se arredró por ello. Fue dejando constancia, escrito, traducción, opinión, texto
tras otro, de lo que pensaba que cabía hacer ante cada una de las realidades que o maravillaban o sorprendían o aterrorizaban a sus contemporáneos. Y lo que resulta más
admirable es en mi opinión que son muy pocos los textos, o, dentro de cada texto, los
párrafos y las opiniones que puedan desecharse.
Alguien ha dicho que la historia se repite, pero se ha añadido que en la aparente
repetición histórica, el tiempo discurre como un helicoide y lo que parece igual se está
produciendo en un nivel cultural en todos los órdenes diferente. No quiero arriesgarme a imaginar cómo sería, desde qué perspectiva sociopolítica miraría Jovellanos
292
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Discursos de investidura
la realidad de nuestro tiempo. Resulta sin embargo muy interesante constatar que
desde casi todos los grupos modernos, por representantes y pensadores de todos los
partidos y tendencias, se le invoca como antecedente del modo de pensar que atribuyen a su propio grupo.
Todos ellos se equivocan cuando atribuyen a Jovellanos supuestas tomas de postura si viviera hoy, de acuerdo con éstos o con aquéllos, y al llegar a suponer con seguridad lo que supuestamente sin la menor duda diría ante los problemas de hoy.
De lo que si estoy seguro es de que contemplaría con la mas honda preocupación
una sociedad, como la de su tiempo, separada con violencia de lo tradicional, con una
profunda desconfianza respecto de la multitud de propuestas que en todos los órdenes y desde todos los grupos sociopolíticos se le harían para lo único que como entonces es tan oportuno y necesario como inexorable, nada menos que reorganizar la
convivencia social desde unos cimientos en que haya de ayer y esté lo indispensable
para la realidad de mañana, que avizoraría, como entonces, a partir de su hoy.
Jovellanos sería hoy, como ayer, dada su personalidad, su sentido de lo humano, su
profunda conocimiento de la persona como concepto y de la sociedad como única
posibilidad de la convivencia organizada indispensable para que se escriba la historia
humana. Y le volverían a tentar unos y otros y volvería a defraudarlos con su capacidad
constructiva de un sistema de convivencia imaginativo, ignoro si acertado o no, pero
sin duda posible, como punto de partida para la reorganización social que nuestro
neorenacimiento está imponiendo tras las dolorosas vicisitudes del siglo XX, caracterizado por la admisión de principios inmutables e indiscutibles, supuestamente justificativo del exterminio del enemigo, tenido como obstáculo para los beneficios del
progreso.
Vengo entre ustedes, agradeciendo profundamente la distinción que al convocarme, pese a mis escasos merecimientos y bagaje, me han hecho, con la inquietud, el
orgullo y la satisfacción que me producen haber sido llamado a mantener vivo el interés de las gentes de mi tiempo, respecto de la vivencia evidentemente ejemplar de un
modo de afrontar las crisis sociopolíticas y socioeconómicas que van cayendo sobre
cada época de la historia del hombre sobre la tierra, como hizo con riesgo de su prestigio personal y de su vida misma nuestro ilustre paisano don Gaspar Melchor de Jovellanos cuando ser hombre libre se predicaba como ideal de una sociedad estratificada
y tradicionalista y él lo hizo, a pesar de todo, y sufrió penalidades y destierros. Bien
poco es que nosotros le dediquemos con asiduidad y entrega personal el homenaje de
nuestro admirado recuerdo.
Y el mínimo esfuerzo de mantener viva y propalar su obra y su ejemplo.
Muchas gracias.
III
Bibliografía jovellanista
Apéndice VII
Orlando Moratinos Otero
A todos los jovellanistas que día a día se esfuerzan en divulgar la obra de Jovellanos, para que sea leída, comprendida, meditada y, además, tratar de llevarla a la práctica.
U
na nueva serie de registros pasa a engrosar la ya amplia Bibliografía Jo­vellanista.
Resulta arduo lograr encontrar nuevos registros, aunque no negamos que las
nuevas tecnologías ayudan en la labor de investigación y recopilación. Así todo, cabe
destacar que una serie impor­tante de registros (superior a la cuarta parte) continúan
siendo de actualidad lo que nos obliga a realizar un seguimiento constante y diario.
A partir de este Apéndice, la Comisión Editorial ha decidido trasladar la «Bibliografía jovellanista» del Boletín Jovellanista a esta nueva publicación periódica de Cuadernos de Investigación. Formar parte de una publicación periódica que nace con carácter
científico es motivo para superar aún más, si cabe, nuestra labor de investigación. Es
motivo de enhorabuena por esta nueva publicación, que logrará ser el complemento
perfecto del Boletín Jovellanista.
[email protected]
296
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Índice de localización de registros
Los apéndices I al VI se han venido incluyendo en los corres­pondien­tes números del
Boletín Jovellanista. Dado que, a partir del presente Apéndice VII, van a formar parte de
Cuadernos de Investigación, con el fin de situar al lector y facilitar la búsqueda de registros,
a continuación se detalla un índice esquemático de localización de aquellos registros
anteriores recogidos en la Bibliografía Jovellanista y Boletín Jovellanista así como la numeración de registros de cada apéndice ya publicado.
Bibliografía Jovellanista, 1998.
Registros 1-1984
Boletín Jovellanista, I, 1999.
Apéndice I
Registros 1985-2093
Boletín Jovellanista, II, 2001.
Apéndice II
Registros 2094-2327
Boletín Jovellanista, III, 2002.
Apéndice III
Registros 2328-2667
Boletín Jovellanista, IV, 2003.
Apéndice IV
Registros 2668-2866
Boletín Jovellanista, V, 2004
Apéndice V
Registros 2867-3023
Boletín Jovellanista, VI, 2005
Apéndice VI
Registros 3024-3224
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
297
ABREVIATURAS
ap.
art./arts.
cap./caps cat. cía. cm
coord.
corr.
col. ed./eds. edit. est. tip. facs. fasc./s
fol./s foll. fot./s. fragm./s h./hh. imp. ind.
il. int. lám./s. lib. may.
men.
apéndice
artículo/s
capítulo/s
catálogo
compañía
centímetros
coordinador/ra
corregido/a
colección
edición/nes-editor/es
editorial
establecimiento tipográfico
facsímil/es
fascículo/s
folio/s
folleto
fotografía/s
fragmento/s
hoja/s
imprenta
indistintamente
ilustraciones
introducción
lámina/s
libro
mayor
menor
ms./mss. n./s
núm./s pleg. pág./s. pról. reed. reg./s
rep. res. res. bibl.
retr.
rev. s.a. s.e. s.l. s.n.
sel.
seud. ss. tall./s t/tt. trad. vid. vol./s vda.
vv. aa.
manuscrito/s
nota/s
número/s
plegada
página/s
prólogo
reedición
registro/s
Reproducido/reproducción
reseñado/a
reseña/s bibliográfica/s
retrato
revista
sin año de edición conocido
sin mención del editor
sin lugar de edición
sin número/sin numerar
selección
seudónimo
siguientes
taller/es
tomo/s
traducción
véase(ficha entrada registro)
volumen/es
viuda
varios autores
298
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
SIGLAS1
AABADOM.
AEDEAN
AHDE
AHN.
BAE.
BA.
BBMP.
BHi.
BIBJOV.
BJ.
BIDEA.
BMP.
BOCES.XVIII BRAH.
CAA. CAE.
CEHIMO.
CES. XVIII
CSIC.
ICE.
IDEA.
IFES. XVIII
FFJPA
MAPA
MyC.
RAE.
RAH.
RIDEA
RSMAP.
RDP.
RHE.
R.CC.
RL.
ROCC.
RUO.
UNED.
1 Boletín de la Asociación Asturiana de Bibliotecarios, Ar­chiveros, Documentalistas
y Museólogos (Oviedo).
Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos (Sevilla).
Anuario de Historia del Derecho Español (Madrid).
Archivo Histórico Nacional (Madrid).
Biblioteca de Autores E­s­p­a­ñ­o­l­es.
Biblioteca Asturiana del P. Patac (Gijón).
Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo (Santander).
Bulletin Hispanique (Burdeaux).
Bibliografía Jovellanista (Gijón).
Boletín Jovellanista (Gijón).
Boletín del Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo).
Biblioteca Menéndez Pelayo (Santander).
Boletín del Centro de Estudios Siglo XVIII, (Oviedo).
Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid).
Caja de Asturias (Oviedo).
Cuadernos Aragoneses de Economía (Zaragoza).
Centro de Estudios de historia de Monzón.
Cuadernos de Estudios del Siglo XVIII (Oviedo).
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid).
Información comercial Española (Madrid)
Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo).
Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII (Oviedo).
Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias (Gijón)
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (Madrid).
Moneda y Crédito (Madrid).
Real Academia Española (Madrid).
Real Academia de la Historia (Madrid).
Real Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo).
Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.
Revista de Derecho Político (Madrid).
Revista de Historia Económica (Madrid).
Revista de las Ciencias (Madrid).
Revista de Literatura (Madrid).
Revista de Occidente (Madrid).
Revista de la Universidad de Oviedo.
Universidad Nacional de educación a distancia.
Se refiere a las siglas que se vienen utilizando desde el primer registro.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
299
Contenido
Ediciones de obras de Jovellanos. Obras completas, parciales y antologías. (Por orden cronológico).
II. Estudios, ensayos y artículos sobre Jovellanos. (Por orden alfa­bé­tico del primer
apellido del autor).
III. Artículos y citas en diccionarios y enciclopedias. (Por orden cro­no­lógico).
I.
Ediciones de obras de Jovellanos
Obras completas, parciales y antologías
(Por orden cronológico)
3225. Jovellanos, Gaspar Melchor de.- Descripción histórico-artística del Castillo de
Bellver. Con ns. de Gerónimo Rosselló y un pról. Juan Suau Alabern.Palma, Biblioteca Balear, Ed. Mallorquina de Fran­cisco Pons, 1945.- 191
págs.+3 fot.- 16,5 x 11 cm.
Existe segunda ed. de 1967. Vid. BIBJOV., reg. 133.
3226. – Descripción topográfica de la escena o Vista de la Isla de Mallorca observada
desde el Castillo de Bellver. Con una adición de Pedro Esterlich y ns. de Joaquín Mª Bover.- Palma, Biblioteca Balear, Ed. Mallorquina de Francisco
Pons, 1945.- 108 págs.+3 fot.- 16,5 x 11 cm.
3227. – Carta histórico-artística de la iglesia catedral de Palma de Mallorca.- Con ns.
de Antonio Furió Sastre.- Palma, Biblioteca Balear, Ed. Mallorquina de
Francisco Pons, 1945.- 125 págs.+3 fot.- 16,5 x 11 cm.
3228. – Instrucción que deberá observarse para la elección de los diputados en Cortes.Madrid, Congreso de los Diputados, Servicio de publicacio­nes, 3 vols.,1992.Págs. 574-590.- 23 cm.
Anteriormente impresa en Madrid, Senado, Editores Plateia, SA, 1983.- 12
págs.- 29 x 21 cm.
Ed. facs. de la de Sevilla, Imprenta Real, 1810, 18 págs.- 30 cm.
3229. – Escritos políticos y filosóficos.- Barcelona, Ed. Folio, Obras funda­mentales de
la filosofía, 80 vol., 2000.- 219 págs.- 21 x 12,5 cm.
Mismo contenido que la ed. de Orbis-Origen, Barcelona, 1982.
300
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Vid. BIBJOV., reg. 148.
Editado durante varios años por diferentes editoriales.
3230. –Borrador de un discurso sobre el influjo que tiene la instrucción pública en la
prosperidad social.- Madrid, Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid,
Educación y participación. Una perspectiva histórica, 2002.- 144 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 21-28.
También publicado por E. Herrero. En Historia de la Educación en España: I, del
Despotismo Ilustrado a las Cortes de Cádiz. MEC, Madrid, 1985.- Breviarios de
Educación. MEC. Madrid 1985.- Págs. 21-28.
3231. – Informe de la Sociedad Económica de esta Corte al Real Supremo Consejo de
Castilla en el Expediente de Ley Agraria.- Valladolid, Ed. Maxtor, 2003.- 149
págs.- 21 x 15 cm
Ed. facs. de la publicada en Madrid, Imp. de Sancha, 1795.
3232. – Informe sobre Ley Agraria.- Dueñas, (Palencia), Ed. Simancas, Col. El Parnasillo, 2005.- 191 págs.- 18 cm.
3233. – Obras completas. XI. Escritos políticos.- Ed. crítica, estudio preliminar, pról. y
ns. de Ignacio Fernández Sarasola.- Oviedo, IFES. XVIII, Colec. de Autores
Españoles del Siglo XVIII, 22-XI. Ayunta­miento de Gijón. KRK Edic., 2006.XCVIII + 981 págs. ils.- 24 x 17 cm.
Res. bibl. José Ignacio Gracia Noriega, «Escritos asturianos de Jove­llanos».
En La Nueva España, Oviedo, 24 de septiembre, 2006.- Pág. 35; otra de Leticia Álvarez, «Jovellanos, un político apolítico». En El Comercio, Gijón, 21 de
diciembre, 2006.- Pág. 62.
3234. – Jovellanos. Miscelánea de trabajos inéditos varios y dispersos de D.G.M. de Jovellanos dispuestos para la impresión por Vicente Huici Miranda (del Cuerpo de
Archiveros). Pról. de Julio Somoza.- Gijón, Rotary Club de Gijón, 2007.X+309 págs.+1 h.-19 x 13 cm.
Ed. facs. de la de 1931, editada por el Club Rotario de Gijón, con motivo del 75
aniversario de la primera edición.
3235. – Iphigenia. Tragedia escrita en Francés. Por Juan Racine y Tradu­cida al Español
por Dn. Gaspar de Jove y Llanos. Alcalde de la Quadra de la Rl. Audª de Sevilla.
Para uso del Teatro de los Sitios Rs. Año de 1769. Ed. y estudios de Jesús Menéndez Peláez (Coord.); Juan Bautista Olarte; Teresa Caso Machicado;
José María Fernández Cardo y Carla Menéndez Fernández.- Gijón, Fun-
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
301
dación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, Cajastur, Cuadernos de
Investi­gación. Monografías, II, 2007.- 355 págs. il.- 23,5 x 17 cm.
3236. – «Doña Prudencia mos diz a toes hores: cepos quedos».- Oviedo, La Nueva
España [Gijón], 7 de enero, 2007.- Pág. 8.
Estudios, ensayos y artículos sobre Jovellanos
(Por orden alfabético del primer apellido del autor)
3237. Adaro Ruiz-Falcó, Luis.- Consideraciones de un investigador de temas históricos. (Sobre minería, industria, obras portuarias y Real Instituto de Asturias). Discurso pronunciado por el Ilmo. Sr. Dr. Don Luis Adaro Ruiz-Falcó en el acto de su
toma de posesión de académico de número de la Real Academia de Doctores el 14
de marzo de 1988.- Gijón, Tip. La Industria, 1988.- 69 págs.- 24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 21-24, 45-61.
En el Ap. nº 1 (págs. 45-61) se recoge el «Informe general sobre el desarrollo de
la minería del carbón de piedra en Asturias de don Melchor Gaspar de Jovellanos». (Doc. inédito).
3238. Adaro de Jove, Fernando.- «El jovellanismo de Joaquín A. Bonet».- Oviedo,
La Nueva España [Gijón], 13 de diciembre, 2007.- Pág. 2.
3239. Adúriz, Patricio.- (Vid. 3411).
3240. Alonso, Cuca.- (Vid. 3409, 3459).
3241. – «Jovellanos y la Educación para la Ciudadanía».- Oviedo, La Nueva España
[Gijón], 7 de agosto, 2007.- Pág. 9.
3242. – «Jovellanos en escena, de Bonet».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 14
de diciembre, 2007.- Pág. 19.
3243. Álvarez, Leticia.- (Vid. 3233).
3244. Álvarez, Pipo, [José María Álvarez].- (Vid. 3370).
3245. Álvarez Areces, Vicente.- (Vid. 3459).
3246. Álvarez Barrientos, Joaquín.- Los hombres de letras en la España del siglo
XVIII: apóstoles y arribistas. Historia de la República de las Letras.- Madrid,
Editorial Castalia, 2006.- 398 págs. il.- 24 x 16 cm.
302
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Sobre Jovellanos vid. págs. 29, 52, 62, 109, 110, 113, 114, 118, 128, 136, 151,
173, 181, 183n, 196, 196, 200, 201, 252, 295, 297, 346.
3247. Álvarez-Valdés y Valdés, Manuel.- Noticia de Jovellanos y su entorno.- Gijón,
Fundación Alvargonzález, 2007.- 777 págs.+2 hh+ 1 suelta con addenda.- 24
x 17 cm.
Res. bibl. de Luis Miguel Piñera, «El último libro de Manuel Álvarez-Valdés», en La Nueva España, Oviedo, [Gijón], 9 de marzo, 2007, pág. 16; Ricardo García Cárcel, «Jovellanos: el mito y el hombre», en ABCD las artes
y de las letras, Madrid, 10 de marzo de 2007, pág. 23; Paché Merayo, «Dudas
razonables», en El Comercio, Gijón, 10 de marzo de 2007. pág. 72.
3248. Anónimo.- «Jovellanos». En Castropol, año VII, núm. 230, Castropol, 10 de
agosto, 1911.- Pág. 1.
Reproduce un retrato de Jovellanos. Como complemento del home­naje dedicado en el número anterior del mismo periódico de fecha 30 de julio de 1911.
3249. Anónimo.- La tertulia o el pro y el contra de las fiestas de toros.- Madrid, Imprenta de D. M. de Burgos, 1835.- 192 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 76, 97, 101, 105, 156.
3250. Antuña Alonso, Agustín J.- «Jovellanos, una vida ejemplar».-Oviedo, La
Nueva España [Gijón], 6 de agosto, 2006.- Pág. 5.
­3251. – «Jovellanos, una vida consagrada».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 5
de enero, 2007.- Pág. 6.
3252. – Jovellanos y las circunstancias.- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 9 de
agosto, 2007.- Pág. 6.
3253. Arce García, Victoriano.- «Jovellanos: el hombre y el pedagogo». En Pulso,
Universidad de Alcalá de Henares, Escuela Universitaria Carde­nal Cisneros,
28, 2005.- Págs. 139-156.
3254. Arias Argüelles-Meres, Luis.- «El encuentro entre Ortega y Jovella­nos».
En Ortega y Asturias. Personas, obras y cosas.- Pról. de Manuel Fernández de la
Cera.- Oviedo, Septem Ediciones, 2006.- 165 págs.-24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 43-52.
3255. – «Jovellanos en Yuso».- Oviedo, La Nueva España, 13 de agosto, 2007.Pág. 30.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
303
3256. Avello, Ramón.- «Pan y Toros».- Gijón, El Comercio, 6 de agosto, 2006.Pág. 6.
3257. Aymes, Jean-René.- Ilustración y Revolución francesa en España.- Pról. de Alberto Gil Novales.- Lleida, Ed. Milenio, 2005.- 336 págs.- 24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 20, 32, 32n, 33, 34, 34n, 37, 37n, 43, 54, 57, 57n,
58, 58n, 59, 60, 61, 64, 65, 66, 71, 74, 76, 77,78, 82, 84, 89, 89n, 90, 91, 91n,
92, 94, 110-113, 114n, 122, 122n, 140, 151, 286, 287, 315, 315n.
3258. Azorín. (José Martínez Ruiz). Int., ns. preliminares y ordenación por Ángel
Cruz Rueda.- «Nota sobre Jovellanos». En Obras Completas, Aguilar, t. 9,
Madrid, 1954.- Págs. 1430-1437.- 14 cm.
Publicado en ABC, Madrid, sin fecha conocida entre 1948 y 1953. Vid. BIBJOV., reg. 1318.
Rep. en Asturias vista por viajeros románticos extranjeros y otros visitantes y cronistas famosos. Siglos XV y XX. Introd., sel. y ns. de José Antonio Mases.- Gijón, Ed. Trea SL, 2001, pág. 609. Vid. BJ. III, reg. 2655.
3259. Barcia, Alberto R.- «Jovellanos: historiador y legislador».- Buenos Aires,
Legislar bien, [Web], 5 de marzo de 2006.
Web: http://www.legislarbien.com.ar/home.php?s=verA&id=42
El autor hace un análisis de las ideas del pensador asturiano, repre­sentante de la
Ilustración Española de fines del siglo XVIII y princi­pios del XIX, centrándose
en el tema de la calidad legislativa.
3260. Barrero, Miguel.- (Vid. 3459).
3261. Bas Costales, Xuan F. / Eduardo Núñez Fernández.- Una historia de papel.
500 años en los documentos del Archivo Municipal de Gijón.- Gijón, Ayuntamiento de Gijón, 2006.- 326 págs.- 24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 31-43, 47, 60, 66, 119, 137, 196, 302.
3262. Battistessa, Ángel J.- «Una época y su trayectoria estilística (el siglo XVIII)».
En El prosista y su prosa, Buenos Aires, Ed. Nova, 1969.- Págs. 54-55.
3263. Bejarano Galdino, Emilio.- (Vid. 3459).
3264. Bolufer Peruga, Mónica.- «Mujeres y hombres en los espacios del Reformismo Ilustrado: debates y estrategias».- Revista HMiC-2004, Departament
d’Història Moderna i Contemporánea, Universitat Autó­noma de Barcelona,
304
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Ponencia leída en las Jornadas Mujer y ciudadanía: del Antiguo Régimen a la
Revolución Liberal, 2003.- Págs. 155-170.
La autora recoge la ponencia presentada en las jornadas Mujer y ciudadanía: del
Antiguo Régimen a la Revolución liberal. Reflexiona sobre las líneas de continuidad y los puntos de inflexión en la organización social y política en relación con
la diferencia de sexos durante el reformismo ilustrado.
3265. Bonet Correa, Antonio.- (Vid. 3455).
3266. Bover, Joaquín Mª.- (Vid. 3226).
3267. Cabarrús, Conde de. (Francisco de Cabarrús Aguirre).- «Cartas sobre los
obstáculos que la naturaleza, la opinión y las leyes oponen a la felicidad pública, escritas por el conde de Cabarrús al Señor Don Gaspar de Jovellanos, y
precedida de otra al Príncipe de la Paz». En Epistolario español, colección de
cartas de españoles ilustres antiguos y modernos, recogida y ordenada con notas y
aclaraciones históricas, críticas y biográficas por don Eugenio de Ochoa.- Madrid,
B.A.E., Rivadeneyra, Biblioteca de autores españoles, tt. XIII y LXII,
1856-1870.- VIII+638 págs.- 27 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 550 a 602.
3268. Calvo Maturana, Antonio Juan.- «Elisabeth Holland: portavoz de los silenciados y cómplice de un tópico». En Cuadernos de Historia Moderna, 29, Universidad Complutense, Madrid, 2004.
Sobre Jovellanos vid. págs. 66, 69, 69n, 70, 70n, 80, 82, 84n, 84-85, 85n, 90.
El autor reivindica la importancia del «Diario de lady Holland» como fuente
para el conocimiento de la España de Carlos IV. Lady Holland hizo un retrato de
España y los españoles (entre los que se encuentra Jovellanos) que, hasta hace
escasas fechas, ha sido infra­valorado, y cuyo interés radica en su carácter de portavoz de la hete­rogénea oposición a Godoy y sus regios protectores.
3269. Calvo, Carmen.- «Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos».- Madrid, Arlanza Ediciones, Rev. Arte, junio, Año IX, 100, 2007.- Pág. 298.
3270. Canales Gili, Esteban.- (Vid. 3462).
3271. Canga Meana, Bernardo.- (Vid. 3344).
3272. Campal Fernández, José Luis.- «Erre que erre».- Oviedo, La Nueva España,
15 de marzo, 2005.- Pág. 10.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
305
Artículo continuación de otros aparecidos en el mismo medio en los que se recoge un debate sobre la carta V de Jovellanos, de las dirigi­das a Ponz.
Vid. BJ., Ap. VI, reg. 3058 y 3059.
3273. Capdevila, Arturo.- «Jovellanos y la emancipación Argentina». En Rivadavia y el españolismo liberal de la Revolución Argentina.- Buenos Aires, Junta de
Historia y Numismática, Biblioteca de Historia Argentina y Americana, X,
Ed. W. M. Jackson, 1931.- 268 págs.- 20 x 14,3 cm.
3274. Capdevila Muntadas, Alexandra.- Res. bibl. de Fernando Baras Escolá,
«Jovellanos: ilustración y catolicismo». En El conde de Aranda y su tiempo.
[Congreso Internacional celebrado en Zaragoza, 1 al 5 de diciembre de 1998].
Dir. José A. Ferrer Benimelli. Coord. Esteban Sarasa y Eliseo Serrano, tomo I,
Zaragoza, Institución «Fernando El Católico», 2000. En Índice Histórico Español, XLI, 116.- Barcelona, Universidad de Barcelona, 2003.- Pág. 304.
Vid. BJ., Ap. III, reg. 2380.
3275. Capel Martínez, Rosa María / José Cepeda Gómez.- El siglo de las luces.Madrid, Ed. Síntesis, 2006.- 383 págs.- 22 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 91, 103, 117, 133, 134, 139, 142, 149, 151, 265,
296, 336-337.
3276. Carantoña Álvarez, Francisco.- (Vid. 3459).
3277. Carrero Eras, Pedro.- (Vid. 3283).
3278. – «Carantoña y el pensamiento de Jovellanos».- Gijón, El Comercio, 20 de
mayo, 2005.- Pág. 36.
3279. Caso González, José Miguel.- (Vid. 3344, 3455).
3280. – «Los caminos de Jovellanos». En Un ‘hombre de bien’. Saggi di lingue e letterature iberiche in onore di Rinaldo Froldi.- Alessandria, Edizioni dell’Orso, A
cura di Patrizia Garelli e Giovanni Marchetti, vol. I.- 2004.- Págs. 233-244.
3281. Caso [Machicado], Ángeles.- (Vid. 3459).
3282. Caso Machicado, Teresa.- (Vid. 3235).
3283. Castro, Américo.- Españoles al margen. Sel. y pról. de Pedro Carrero Eras.Madrid, Júcar, La Vela latina, 1973.- 193 págs.- 20 x 13 cm.
Hay 2ª ed. de 1975.
Sobre Jovellanos vid. págs. 73-83.
306
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3284. Cepeda Gómez, José.- (Vid. 3275).
3285. Cienfuegos-Jovellanos, Domingo.- (Vid. 3357).
3286.Clément, Jean-Pierre.- «L’esprit scientifique dans l’Espagne du XVIIIe siècle, de Jovellanos au Semanario de agricultura y artes». En Cahiers du GRIAS,
Groupe de Recherches Ibériques et Ibéro-améri­caines de l’Université de
Saint-Étienne, núm. 2, 1997.- Págs. 109-122.
3287. Colom Cañellas, A. J.- «Jovellanos i la seva tasca educadora a Mallorca». En
Lluc, 145.- Palma, 1971.
3288. Crespo López, Mario.- «Los núcleos de población en la Cantabria que Jovellanos conoció. Percepciones ilustradas a finales del siglo XVIII».- Santander, Instituto de Estudios Cántabros, Centro de Estu­dios Montañeses.
Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore «Hoyos Sainz», vol. XV,
2000-2001.- Págs. 245-272.- 24 cm.
3289. Cro, Stelio.-«Utopía y romanticismo en Jovellanos».- Madrid, Cuader­nos
para la Investigación de la Literatura Hispánica, Fundación Uni­versitaria Española, Seminario Menéndez Pelayo, 2007.- Págs. 271-308.
3290. Cueto Fernández, Vicente y Carlos Acle Guervós. Acuarelas: Rionda.«Pravia: belleza natural, grandeza histórica». En Dovela, Rev. del Colegio
Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos del Principado de Asturias,
Segunda época, 12, 2006.- Págs. 54-56.- 29,5 x 23 cm.
3291. Cueva Díaz, Vicente.- «Retrato en cursiva».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 5 de agosto, 2006.- Pág. 4.- (Cuadernillo de páginas especiales Fiestas de
Begoña).
3292. – «Jovellanos, visto por Joaquín Arce».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 7
de agosto, 2007.- Pág. 8.
3293. Díaz [Sánchez], Lorenzo.- «La cocina de la Ilustración. El XVIII español.
Jovellanos: el primer inspector culinario. Dadivoso y dado a la buena mesa».
En Ilustrados y románticos. Cocina y sociedad en España. Siglos XVIII y XIX.Madrid, Alianza Editorial, 2005.- 188 págs.- 23 x 15,5 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 32-37.
3294. Díaz-Plaja, Fernando.- «Jovellanos o la cárcel cómoda». En Ilustres presos
españoles. Del Arcipreste de Hita a Miguel Hernández.- Madrid, Ed. Temas de
Hoy, Col. de la España Sorprendente, 1991.- 254 págs.- 21 x 13 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 157-164.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
307
3295. – La vida cotidiana en la España de la Ilustración.- Madrid, Ed. Edaf, Crónicas
de la Historia, 1997.- 331 págs., il.- 21 x 13 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 87, 112, 170, 179, 182, 204-210, 242-245, 286,
288-289, 291, 293.
3296. Díez Morrás, F. Javier.- (Vid. 3459).
3297. Díez Taboada, María Paz.- «Con Jovellanos y Larra en la diligencia de
Bécquer». En Actas del congreso ‘Los Bécquer y el Moncayo’ celebrado en Tarazona y Veruela, septiembre 1990. Int. de Jesús Rubio.- Tarazona, Centro de Estudios Turiasonenses, 31, 1992.- 509 págs. 62 il.- 27 x 20 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 319-330.
3298. Doménech Rico, Fernando.- (Vid. 3460).
3299. Durán López, Fernando.- Vidas de sabios. El nacimiento de la auto­biografía
moderna en España. (1733-1848).- Madrid, Anejos de Revista de Literatura,
65, C.S.I.C., 2005.- 513 págs.
Contiene:
 «Jovellanos, trapos sucios de familia».
 «Actos fallidos: las autobiografías de Jovellanos y Moratín».
3300. Feo Parrondo, Francisco.- «El consumo en el pensamiento ilustrado español». En Investigaciones Geográficas, 29. Alicante, Universidad de Alicante,
2002.- Págs. 83-97.
Se analizan las valoraciones que algunos de los principales ilustra­dos españoles
(Feijoo, Jovellanos, Campomanes, Floridablanca, Cadalso, Arriquizar, Flórez
Estrada y Canga Argüelles) hicieron sobre el consumo desde tres perspectivas
complementarias: social, económica y geográfica.
3301. Fernández Alonso, Rodrigo.- (Vid. 3459).
3302. Fernández Campo, Sabino.- (Vid. 3459).
3303. – «Asturias y España en los pensamientos de Jovellanos».- Madrid, Anales de
la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 82, 2005.- Págs. 87-98.
3304. Fernández Cardo, José María.- (Vid. 3235).
3305. – «Ifigenia por sorpresa».- Gijón, El Comercio, 12 de agosto, 2007.- Pág. 40.
3306. Fernández Felgueroso, Paz.- (Vid. 3459).
308
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3307. – «Palabras de un ilustre repúblico».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 6 de
agosto, 2006.- Pág. 3.
3308. Fernández Fernández, J. L.- «La reflexión pedagógica: Gaspar Melchor de
Jovellanos». En La Historia de la educación en España y América, «La educación en la España Moderna, (Siglos XVI-XVIII), vol. II, Morata, Fundación
Santa María, 1993.- Págs. 745-752.
3309. Fernández García, Joaquín.- (Vid. 3459).
3310. Fernández Méndez, Servando.-«Jovellanos en Puerto de Vega, una vida y
un destino».-Oviedo, IFESXVIII, Cuadernos de Estudios del Siglo XVIII, 15,
2005.- Págs. 45-63.-21 x 15 cm.
3311. Fernández Mieres, José Gonzalo.- (Vid. 3459).
3312. Fernández Sarasola, Ignacio.- (Vid. 3233).
3313. Ferrà i Martorell, Miquel.- Jovellanos, Bellver y Mallorca.- Palma, Miquel
Font editor, 2007.
Res. bibl. de M. Elena Vallés, «Tras la pista de Jovellanos», en Diario de Mallorca, Palma, 31 de diciembre de 2007.
3314. Fiallega, Cristina.- «Jovino y Batilo: un magisterio, una amistad». En Un
‘hombre de bien’. Saggi di lingue e letterature iberiche in onore di Rinaldo Froldi.Alessandria, Edizioni dell’Orso, A cura di Patrizia Garelli e Giovanni Marchetti, vol. I.- 2004.- Págs. 529-537.
3315. Fray Miguel.- «Último Auto de Fe en Sevilla». [Carta de un fraile de Sevilla
a Jovellanos]». En Revista de Ciencias, Literatura y Artes, cap. «Miscelánea»,
t. VI, Sevilla, 1860.- Págs. 184 y ss.
Se recoge una carta dirigida a Jovellanos (núm. 102 en OO. CC.) que José Miguel Caso dio por perdida. Dirigida por Fray Miguel (sic) a Jovellanos y tiene
fecha de 25 de agosto de [17]81. En ella le habla del suplicio sufrido por conocida beata llamada Dolores, último decretado por el Tribunal de la Inquisición
en la ciudad de Sevilla. Ya la había localizado Marcelino Menéndez Pelayo y se
refiere a ella en Historia de los heterodoxos españoles.
3316. Freire López, Ana María.- (Vid. 3435).
3317. Friera Álvarez, Marta / Ignacio Fernández Sarasola.- «Contexto histórico
de la Constitución española de 1812». En Biblioteca virtual Miguel de Cervantes:
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
309
www.cervantesvirtual.com > Portal temático > La Constitución espa­ñola de
1812 > Contexto histórico de la Constitución española de 1812.
Web: http://www.cervantesvirtual.com/portal/1812/contexto.shtml#1
3318. Friera Álvarez, Marta.- La desamortización de la propiedad de la tierra en el
tránsito del Antiguo Régimen al liberalismo. (La desamortización de Carlos IV).Gijón, Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, 22, 2007.- 376
págs.+ 16 rep. de retratos color.- 24 x 17 cm.
3319. Furió Sastre, Antonio.- (Vid. 3227).
3320. Furones Ferrero, Luis.- «Doctrinas políticas de Jovellanos».-[Madrid], Seminarios, Cuadernos de estudio de la Delegación Nacio­nal de Organizaciones, núm. 4, enero-febrero, 1961.- Págs. 91-105.- 24 cm.
3321. Gagliardi, Ricardo Guillermo.- (Vid. 3459).
3322. Gandía, Enrique de.- «La posible influencia de Jovellanos.- La liber­tad de
pensamiento».- En Mariano Moreno. Su pensamiento político.- Buenos Aires,
Ed. Pleamar, 1968.- 442 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 275-286 y 336-340.
3323. García, Eduardo.- El Hospital de Jove: los 200 años de una institu­ción.- Gijón,
Fundación Hospital de Jove, 2004.- 267 págs.- 31 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 13, 14, 15, 19, 25, 29, 37, 38, 50, 51, 53, 56.
3324. García Cárcel, Ricardo.- (Vid. 3247).
3325. – El sueño de la nación indomable. Los mitos de la Guerra de la Independencia.- Barcelona, Historia y Vida, Temas de hoy, Historia, 2007.- 415 págs.- 19 x 12 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 29, 33, 35, 40-43, 49, 61, 82, 111, 157, 158, 181,
190, 192, 236, 238, 239-241, 256, 261, 276-279, 282-284, 286, 298, 299, 313,
338, 343, 345, 359, 361, 362, 364.
3326. García de Cortázar, Fernando.- (Vid. 3466).
3327. García de León Álvarez, María Antonia.- La Excelencia científica. Hombres y
mujeres en las Reales Academias.- Madrid, Secretaría General de Políticas de
Igualdad, Instituto de la Mujer, Estudios, 88, 2005.- 295 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 92-93.
3328. Gea, Juan Carlos.- (Vid. 3459).
310
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3329. – «El bable desde Bellver».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 7 de enero,
2007.- Pág. 8.
3330. – «Jovino, en San Millán».- Oviedo, La Nueva España, (Más Gijón), 19 de
mayo, 2007.- Págs. 2-3.
3331. Gómez Cuesta, Javier.- «Jovellanos».- Gijón, El Comercio, 6 de agosto,
2006.- Pág. 6.
3332. Gómez Ojea, Carmen.- Pentecostés.- Oviedo, Biblioteca Caja de Ahorros de Asturias, 4, Col. Los Contemporáneos Asturianos, 1989.- 137 págs.- 20 x 13 cm.
Novela en la que la protagonista es una alcohólica que acaba conociendo a Jovellanos a través de su Diario; Diario que lee de una forma casual cuando se retira
al campo a pasar una temporada siguiendo la recomendación de una médica
amiga. La autora trata con intensidad un personaje altamente dramático, en el
que ahonda hasta lo más profundo de su ser.
3333. González Arias, Ismael.- «El último verano de Xovellanos».- Gijón, El Comercio, 10 de agosto, 2007.- Pág. 70.
3334. González Arrili, Bernardo.- «Jovellanos: unas notas al margen de su biografía».- Buenos Aires, La Prensa, 17 de septiembre, 1972.
3335. González Blanco, Edmundo.- (Luis Miguel Piñera).- «El patriotismo de
Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 3 de julio, 2006.- Pág. 8.
3336. González Delgado, Ramiro.- (Vid. 3411).
3337. González Delgado, José.- (Vid. 3459).
3338. González Duro, Enrique.- Fernando VII. El rey felón.- Madrid, Oberon Ed.,
2006.- 367 págs.- 23,5 x 16,5 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 49, 60-61, 61n, 65, 67, 159, 182, 194.
3339. González Santos, Javier.- La casa natal de Gaspar Melchor de Jove­llanos en
Gijón. Apuntes histórico-artísticos.- Gijón, Fundación Municipal de Cultura,
educación y Universidad Popular, Ayunta­miento de Gijón, 2006.- 2ª ed. corregida y actualizada.- XIV+73 págs.- 24 x 17 cm.
3340. Gou Vernet, Assumpta.- «Documentos inéditos del concejo de Valdés sobre el
nombramiento de Jovellanos, Ministro de Gracia y Justicia». Res. bibl. Mª Antonia Fernández Ochoa, en BRIDEA, LIII, núm. 153, Oviedo, 1999, Págs.
241-247 y en Índice Histórico Español, XXXIX, 114, 2001.- Pág. 321.
Vid. BJ., Ap. III, reg. 2444.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
311
3341. Gracia [Menéndez], Ángela.- (Vid. 3459).
3342. – «Los conceptos de gramática general, lógica, gramática castellana y elocuencia en el Curso de Humanidades Castellanas de Gaspar de Jovellanos».
En Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, 14, Rev. del Grupo de Estudios
del Siglo XVIII de la Universidad de Cádiz, 2006.- Págs. 193-208.
3343. Gracia Noriega, José Ignacio.- (Vid. 3233).
3344. – «Biografía y naturaleza de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España, 12 de
septiembre de 2006.
Res. bibl. de Biografía de Jovellanos, de José M. Caso González y de Jovellanos
y la naturaleza de José M. Caso González; Bernardo Canga Meana y Carmen [Sánchez] Piñán. Gijón, FFJPA, 2006.
Vid. BJ. Ap. VI., reg. 3070 y 3071.
3345. – «Jovellanos regresa a su tierra».- Oviedo, La Nueva España, Momentos estelares (29), 29 de enero, 2007.- Pág. 22.
3346. – «Caminos de agua y montaña».- Oviedo, La Nueva España, 12 de febrero,
2007.- Pág. 27.
3347. – «Como los viejos reyes».- Oviedo, La Nueva España, 5 de marzo, 2007.Pág. 30.
3348. – «Jovellanos, de paso por Sevares».- Oviedo, La Nueva España, 29 de julio,
2007.- Pág. 25.
3349. Guzmán Sancho, Agustín.- (Vid. 3409, 3459).
3350. – «Jovellanos en Jadraque».- Oviedo, La Nueva España, (Más Gijón), 25 de
noviembre, 2005.- Pág. 12.
3351. – «Conjeturas sobre la «Ifigenia» de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 14 de mayo, 2007.- Pág. 7.
3352. Herrero, E.- (Vid. 3230).
3353. Huici Miranda, Vicente.- (Vid. 3234).
3354. Huerta, Daniel, María José y Chema Sánchez.- «Jovellanos, pionero y visionario».- Salamanca, Foro de Educación, Pensamiento, cultura y sociedad,
Núms. 5 y 6, [Universidad Pontifica de Salamanca, Facultad de Pedagogía],
2005.- Págs. 120-126.
312
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Rev. electrónica en la Web:
http://www.forodeeducacion.com/index.php?action=numeros5_6.
3355. Jardine, Alexander.- «Cartas de España». Ed. crítica, trad. y ns. de José
Francisco Pérez Berenguel.- San Vicente del Raspeig, Universidad de Alicante, Secretariado de Publicaciones, 2001.- 442 págs.- 23 x 15 cm.
Sobre Jovellanos vid. 11, 16, 45, 53n, 55, 57, 78, 83-93, 108, 139, 140.
3356. Korn, Alejandro.- «La filosofía moderna ( Jovellanos y su ‘Informe sobre la
Ley Agraria’ y el ‘Elogio del Carlos III’». En Influencias filosóficas en la evolución nacional.- Buenos Aires, Ed. Solar, 1936.- Págs. 114-118.
3357. Llamazares Trigo, Gaspar.- «Gaspar Melchor de Jovellanos». En La Aventura de la Historia, 51, Secc. «Mi héroe», Madrid, octubre, 2003.
Este artículo fue respondido en el diario ABC, Madrid, 5 de marzo de 2004, por
M. Martín Ferrand. «Jovellanos entra en campaña» y por Domingo Cienfuegos-Jovellanos,- «Jovellanos y Llamazares», en ABC, Madrid, 10 de marzo de
2004.
3358. López Acevedo, Ramón María.- Oda a la sensible muerte del Excmo. Sr. D.
Gaspar Melchor de Jove Llanos.- Castropol, en la Oficina de D. Francisco Cándido Pérez Prieto, único impresor del Principado. Año de 1812.
Rep. en Castropol, año VII, nº 229, 30 de Julio, 1911.- Págs. 3-5.
3359. López Martínez, José.- «La integridad humana y política de Jovella­nos».Guadalajara, Jalisco, México, El Informador, 26 de enero, 1976.- Págs. 4-5.
3360. – «Lección inagotable de Jovellanos».- Guadalajara, Jalisco, México, El Informador, 20 de abril, 1977.- Pág. 4.
3361. – «Estampas españolas. La Casa y Museo de Jovellanos, en Gijón».- Guadalajara, Jalisco, México, El Informador, 6 de enero, 1980.- Pág. 8.
3362. Loredo Coste, Rafael.- (Vid. 3409).
3363. Lorenzo Álvarez, Elena de / Álvaro Ruiz de la Peña.- «A vueltas con la
carta V de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 14 de marzo,
2006.- Pág. 6.
Artículo continuación de otros aparecidos en el mismo medio en los que se recoge una controversia sobre la carta V de Jovellanos, de las dirigidas a Ponz.
Vid. BJ., Ap. VI, reg. 3140 y 3141.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
313
3364. Luna, Pablo F.- La reforma de la sociedad y la defensa de los dere­chos del propietario, según G. M. de Jovellanos, a finales del Antiguo Régimen.- Oviedo, RIDEA,
2006.- 90 págs.- 24 x 17 cm.
El autor (Premio de Investigación Fundación Foro Jovellanos del Principado de
Asturias, 2002) considera que el ilustrado gijonés jugó un papel primordial en
defensa de los derechos del propietario y que las medidas que propuso marcarían la dinámica en los países del mundo hispano.
3365. Márquez de Castro, Manuel.- «Jovellanos y la Sevilla de su época».- Sevilla, Publicaciones del Centro Asturiano de Sevilla, 1997.- 180 págs.- 20,5 x
20,5 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 136-141.
Publicación especial con motivo del XXV aniversario del Centro Asturiano de
Sevilla.
3366. Martí Cañellas, Bernando.- «Marià Antoni Togores i Sanglada, un poeta
mallorquí de la época de Jovellanos».- Palma de Mallorca, Bolletí de la Societat Arqueològica Lul-liana, BSAL, 51, 1995.- Págs. 181-198.- 24 cm.
3367. Martín Ferrand, Manuel.- (Vid. 3357).
3368. Martínez, Elviro.- (Vid. 3459).
3369. M[artínez] Junquera, Juan.- «Jovellanos».- Gijón, El Comercio, 3 de enero,
2007.- Pág. 6.
3370. Martínez Noval, Bernardo.- Jovellanos. Con bio-bibliografía del autor, escrita en 1949 por Fausto Vigil Álvarez. Int. Pipo Álvarez [José María Álvarez]. Coord. ed. y actualización de ns. Orlando Moratinos Otero.- Gijón,
Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, Cuadernos de Investigación, Monografías, I, 2006.
Publicado en España y América, Madrid, Imp. del Asilo de Huérfanos, 1911,
XXXI, año IX, 384-395 y 25-34, 502-511; 1912, XXXIV, año IX, 414-442;
XXXV, 119-129, 303-313, 502-510; XXXVI, 416-426.-XXXVIII + 123 págs.23,5 x 17 cm.
3371. Martínez Ruiz, José (Azorín).- (Vid. 3258).
3372. Mases, José Antonio.- (Vid. 3258).
3373. Masip Hidalgo, Antonio.- «Jovellanos y las Pelayas».- Oviedo, La Voz de
Asturias, 6 de marzo, 2007.
314
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3374. Menéndez Fernández, Carla.- (Vid. 3235, 3411).
3375. Menéndez Menéndez, Aurelio.- (Vid. 3459).
3376. – «Reflexión sobre la actualidad de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España,
7 de agosto, 2006.- Pág. 10.
3377. Menéndez Peláez, Jesús.- (Vid. 3235, 3411).
3378. – «Foro Jovellanos: nueva singladura».- Oviedo, La Nueva España [Gijón],
11 de mayo, 2006.- Pág. 39.
3379. – «El jovellanismo de don Luis».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 27 de
septiembre, 2006.- Pág. 5.
3380. – «La ‘Ifigenia’ de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España, 5 de agosto, 2007.Pág. 11.
3381. Merayo, Paché.- (Vid. 3247, 3414).
3382. Montes, Eva.- (Vid. 3459).
3383. Moratín, Jovellanos y Fígaro.- Escritos sobre tauromaquia.- Barce­lona, Ediciones de la Fiesta Brava, 1929.- 112 págs.- En 8º.
3384. Moratinos Otero, Orlando.- (Vid. 3370, 3411, 3459).
3385. Moreno G., Enrique.- «Don Gaspar Melchor de Jovellanos».- Guada­lajara,
Jalisco, México, El Informador, Temas Literarios, 10 de diciembre, 1978.Pág. 10.
3386. Muñiz, Mauro.- «Jovino».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 6 de agosto,
2007.- Pág. 6.
3387. Neira, Chus.- «El primer Jovellanos. San Millán y el misterio de la ‘Ifigenia’
de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España, (Siglo XXI), 390, 13 de mayo,
2007.- Págs. 1-4.
3388. – «El Jovellanos que tradujo a Racine».- Oviedo, La Nueva España, (Siglo
XXI) 391, 20 de mayo, 2007.- Pág. 16.
3389. Núñez Fernández, Eduardo.- (Vid. 3261).
3390. Olarte, Juan Bautista.- (Vid. 3235).
3391. Pascual, Luis.- (Vid. 3411).
3392. Pérez Berenguel, José Francisco.- (Vid. 3355).
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
315
3393. Pérez Pacheco, Pilar.- «La mujer del setecientos: entre la educación y la
costumbre: hacia una nueva lectura de Amar y Borbón, Cadalso, Moratín y
Jovellanos». En Campus stellae: haciendo camino en la investigación literaria,
Universidad de Santiago de Compostela, Vol. 1, 2006.- Págs. 487-495.
3394. Piñán, Carmen [Sánchez].- (Vid. 3344).
3395. Piñera, Luis Miguel.- (Vid. 3247, 3335).
3396. – «Los bocetos de Jovellanos y Ceán Bermúdez».- Oviedo, La Nueva España,
(Mas Gijón), 12 de junio, 2003.- Pág. 2
3397. – «La piedra de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 8 de agosto,
2006.- Pág. 4.
3398. – «Las veladas jovellanistas del Círculo de Instrucción y Recreo».- Oviedo,
La Nueva España [Gijón], 6 de agosto, 2007.- Pág. 6.
3399. Polt, John H.R. [Polt, John Herman Richard].- Jovellanos. El delincuente
honrado.-Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004.
Web: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24616196656
149508976613/index.htm
3400. Portillo Valdés, José M.- «Constitucionalismo antes de la Constitu­ción. La
Economía Política y los orígenes del constitucionalismo en España». En
Nuevo Mundo-Mundos Nuevos, mis en ligne le 28 janvier 2007, référence du 7
octobre 2007, disponible sur:
Web: http://nuevomundo.revues.org/document4160.html.
3401. Prendes Quirós, Francisco.- «Les lletres… de la ensenada».- Oviedo, La
Nueva España [Gijón], 10 de mayo, 2006.- Pág. 8.
3402. – «Desde Carlos Marx mirando a Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España
[Gijón], 5 de agosto, 2006.- Pág. 8.
3403. – «Jovellanos, con las luces y la industria».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 27 de septiembre, 2006.- Pág. 15.
3404. Presedo, A.- (Vid. 3459).
3405. Ramos Gorostiza, José Luis.- «Jovellanos y la naturaleza: economía, ciencia y sentimiento».- Barcelona, Scripta Nova. Revista electrónica de Geografía y
Ciencias Sociales, Vol. XI, núm. 241, 2007.- Págs. 234-252.
También en Web: http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-241.htm
316
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3406. Ramírez, Pedro J.- «Nación sin cabeza».- Madrid, El Mundo, 2 de septiembre, 2007.- Págs. 3-4.
3407. Reyes Mate, Friedrich Niewohner (coords.).- La ilustración en España y Alemania.- Barcelona, Anthropos, 1989.- 271 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 87, 99, 126, 158, 176, 182-183, 185, 196n.
3408. Reyes Palacios, Felipe.- «La comedia lacrimosa en España y México: Jovellanos y Lizardi». En Tramoya, Cuaderno de teatro, 69, Veracruz, [México],
2001.- Págs. 65-74.
3409. Rionda [Juan Martínez Rionda] / Agustín Guzmán Sancho. Pról. de Pedro de Silva.- Senderos de Agua y Piedra, tras la huella de Jove­llanos.- Gijón,
Ideas en Metal S.A., 2006.- 30,5 x 30,5 cm.- 115 págs.
Res. bibl. de Cuca Alonso en La Nueva España, Oviedo [Gijón], 16 de noviembre de 2006, pág. 11; Rafael Loredo Coste, en El Comer­cio, 23 de abril
de 2007, págs. 34-35.
La hermosa ruta asturiana entre Las Caldas y los altos de Ventana es retratada
por Rionda (acuarelas) y descrita por Guzmán (a partir del Diario de Jovellanos). Transcurre por los mismos lugares (viejas ventas, casonas, palacios, capillas, iglesias y pueblos) que, en junio de 1792, Jovellanos visitó durante un viaje
desde Gijón a tierras de León.
3410. Robles Muñiz, Emilio (Pachín de Melás).- (Vid. 3454).
3411. Robles Muñiz, Emilio y Vv. Aa.- Minucias trascendentales en torno a Jovellanos. Artículos de Emilio Robles Muñiz, «Pachín de Melás» en el diario «La
Prensa» (1928-1936). Homenaje al Ateneo Obrero de Gijón (1881-2006).Ed., sel. y ns. de Orlando Moratinos Otero.- Gijón, Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, 2006.- 198 págs., 27 il. y rep. facs. del diario
La Prensa.- 24 x 17 cm.
Contiene:
 Menéndez Peláez, Jesús.- «Homenaje al Ateneo Obrero».
 Pascual, Luis.-«Un rescate oportuno».
 Diecinueve artículos de Pachín de Melás en el diario La Prensa, de Gijón
(1928-1937).
Apéndice I. Otros autores:
 Señas Encinas, F.- «Los manuscritos de Jovellanos».
 Adúriz, Patricio.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
317
«Pachín de Melás. Resuena el cántico del ‘Miserere’».
«Del magisterio del Ateneo-Casino Obrero de Gijón».
 Menéndez Fernández, Carla.- «Pachín de Melás y el teatro asturiano».
 González Delgado, Ramiro.- «Pachín de Melás. A quien nada-y yera
ayeno».
Apéndice II. Documento.
 Acta de 1 de septiembre de 1936. Donde se da cuenta del tras­lado de los
restos de Jovellanos desde la iglesia de San Pedro hasta la Escuela de Comercio.
3412. [Robles Sánchez], Germán Horacio.- (Vid. 3454).
3413. Rodríguez Canal, José Antonio.- «Emprendedor espíritu de amor a Gijón».- Gijón, El Comercio, 7 de agosto, 2007.- Pág. 5.
3414. Rodríguez de Maribona y Dávila, Manuel.- Don Gaspar de Jovella­nos y Ramírez de Jove, caballero de la Orden de Alcántara: genealo­gía, nobleza y armas.Gijón, Fundación Foro Jovellanos del Princi­pado de Asturias, 21, 2007.- 360
págs. + il. 24 x 17 cm.
Res. bibl. de Paché Merayo, «La sangre pura de Jovellanos», en El Comercio,
Gijón, 3 de mayo de 2007, pág. 70.
3415. Rodríguez López-Brea, Carlos M.- Don Luis de Borbón. El cardenal de los
liberales (1777-1823).- Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2002.- 408 págs.- 24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 36, 38, 88, 161, 164, 169, 188.
3416. Rodríguez Menéndez, Francisco.- (Vid. 3459).
3417. Rosal, Theresina del. [Seudónimo de Pedro Manuel de Valdés Llanos].Cartes a Xovellanos (1804-1811).- Oviéu, Academia de la Llingua Asturiana,
2006.- 119 págs + 4 hh.- 26 x 18,5 cm.
3418. Rosselló, Jerónimo.- (Vid. 3225).
3419. Rueda, Ana.- «Jovellanos en sus escritos íntimos: el paisaje y la emo­ción estética de ‘lo sublime’».- Madrid, Revista de Literatura, Vol. LXVIII, 136, juliodiciembre, 2006.- Págs. 489-502.- 24 x 17 cm.
3420. Ruiz de la Peña, Juan Ignacio.- (Vid. 3448).
3421. Rull, Enrique.- La poesía y el teatro en el siglo XVIII. (Neoclasi­cismo).- Madrid,
318
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Taurus Ediciones, Historia de la Literatura Hispá­nica-12, dirigida por Juan
Ignacio Ferreras, 1987.- 153 págs.- 21 x 13,5 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 18, 24, 26, 27, 29, 30, 31, 32, 38, 91-92, 98-100,
141, 142.
3422. Saavedra, Pegerto / Hortensio Sobrado.- El Siglo de las Luces. Cultura y vida
cotidiana.- Madrid, Ed. Síntesis, 2004.- 415 págs.- 22 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 96, 100, 123, 144, 146, 151, 157, 159, 160, 161,
170, 176, 209-210, 242, 297, 299, 316, 330, 369, 371.
Los autores se centran en el análisis histórico de la cultura en un sentido amplio
y de la vida cotidiana de la España del siglo XVIII. Se presta atención a problemas muy diferentes, desde la ilustración a la superstición o desde la vida cotidiana de las minorías a la de las masas de campesinos y artesanos. Aborda la
meridiana influencia que el pensamiento de las elites y el reformismo político
tuvieron en el conjunto de la sociedad.
3423. San Martín Antuña, Pablo.- Asturianismu políticu: 1790-1936. Pról. de Xuan
Xosé Sánchez Vicente.- Uviéu, Trabe, 1998.- 198 págs.- 18 x 12 cm.
Sobre Jovellanos vid. «Historia, cultura, llingua y política nel Xove­llanos asturianista», págs. 23-62.
3424. – La nación (im)posible. Reflexiones sobre la ideología nacionalista asturiana.Oviedo, Ed. Trabe, Col. Atlántica, 3, 2006.- 426 págs.- 22 x 14 cm.
Sobre Jovellanos, vid. cap. III, «Uno de los nuestros», págs. 115-142; «Releyendo a Jovellanos», págs. 143-170. Además, págs. 171, 172, 173, 174, 174,
175, 182, 184, 190, 191, 192, 200, 205, 240, 241.
El título procede de la tesis doctoral leída por el autor en la Univer­sidad del País
Vasco, dirigida por el catedrático de Ciencia Política Francisco Llera Ramo. El
autor expone su ensayo desde claves teó­ricas interpretativas y realiza una revisión de los «datos objetivos» de la identidad asturiana y la interpretación y utilización de esa identidad a lo largo los siglos XVIII, XIX y XX, especialmente, a
la constitución en las últimas décadas del discurso asturianista, de sus bases teóricas y de desarrollo político. Coloca a Jovellanos como un referente en el pensamiento asturianista clásico.
3425. Sánchez Collantes, Sergio.- «La faceta jovellanista del republicanismo gijonés».- Gijón, El Comercio, 7 de agosto, 2007.- Pág. 32.
3426. Sánchez Corredera, Silverio.- (Vid. 3459).
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
319
3427. – «Opera jovinista: clasificación positiva y filosófica».- Oviedo, IFESXVIII,
Cuadernos de Estudios del Siglo XVIII, 15, 2005.- Págs. 233-310.- 24 x 17 cm.
3428. – «Anécdotas de Gaspar de Jovellanos. II».- Gijón, Cuaderno Cultural Prímula,
año 2, num. 3, Hospital de Cabueñes, mayo, 2006.- Págs. 6-10.- 30 x 21 cm.
3429. – «Jovellanos, doscientos años después. Reflexiones sobre la teoría política
del polígrafo gijonés».- Oviedo, La Nueva España, ‘Cultura’, 22 de febrero,
2007.- Págs. I-II.
3430. – «Sobre la filosofía de Jovellanos. Su pensamiento político-moral como
symploké de cinco teorías: de la historia, económica, política, jurídica y pedagógica». En El Catoblepas, rev. crítica del presente, 61, Oviedo, marzo, 2007.
Web: http://www.nodulo.org/ec/2007/n061p01.htm#kp01
Este artículo se ha reescrito sobre la conferencia que el propio autor pronunció
en el Salón de Actos del Antiguo Instituto Jovellanos, de Gijón, el lunes 4 de
septiembre de 2006, en la apertura del «Semina­rio internacional sobre estrategias del pensamiento en el aula» (4 al 8 de septiembre del 2006), y que llevaba
por título: «La trascenden­cia del pensamiento de Jovellanos: La estrategia jovinista».
3431. Sánchez Gómez, Luis Ángel.- «De nuevo sobre la carta quinta del «Viaje
de Asturias» de Jovellanos».- Oviedo, La Nueva España [Gijón], 5 de marzo,
2006.- Pág. 105.
Este artículo forma parte de la controversia generada en torno a la carta V de
Jovellanos, de las dirigidas a Ponz.
3432. Sánchez Pesquera, Miguel. Col. y colaboración de–.- Antología de líricos ingleses y angloamericanos.- Madrid, Librería de los Sucesores de Hernando, 7
vols., 1916.- 18 x 13cm.
Sobre Jovellanos vid. vol. II, págs. 253, 260-261.
3433.Sánchez Vicente, Xuan Xosé.- (Vid. 3423).
3434. Seco Serrano, Carlos.- «Godoy y Jovellanos». En Haciendo Historia. Homenaje al Prof. C. Seco Serrano. Universidad de Barcelona. Barcelona, 1989.- Págs.
89-106.
3435. Selimov, Alexander.- Res. bibl. de Prosa selecta. Ed. de Ana María Freire
López. En Dieciocho, XXVI, 2, Oviedo, IFES XVIII, 2003.
Vid. BJ., Ap. IV, reg. 2677.
320
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
3436. Señas Encinas, F.- (Vid. 3411).
3437. Silva, Pedro de.- (Vid. 3409).
3438. – «Jovellanos y el Papa».- Oviedo, La Nueva España, 7 de julio, 2006.- Pág. 1.
3439. Somoza, Julio.- (Vid. 3234).
3440. Suárez Fernández, Luis.- (Vid. 3448).
3441. Suau Alabern, Juan.- (Vid. 3225).
3442. Thomas, Hugh.- Carta de Asturias.- Madrid, Gadir Editorial, 2006.- 266
págs.- 22,5 x 16 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. IX-X, XI, XII, 10, 23, 41, 55, 68, 77, 78, 79, 82, 88,
89, 41, 55, 68, 77, 78, 79, 82, 88, 89, 91, 121-135, 159, 181, 183, 186, 188,
193, 194, 196, 204, 221, 235, 237, 248.
3443. Tolivar Alas, Ana Cristina.- «Enigmática ‘Ifigenia’».- Oviedo, La Voz de Asturias, 20 de mayo, 2007.
3444. – «¿Quién fue Braulio Cónsul?».- Oviedo, La Nueva España, Siglo XXI, 402,
5 de agosto, 2007.- Págs. 2-3.
La autora da a conocer el testamento del monje Braulio Cónsul Jove, quien
«guardó» la traducción de Ifigenia de Racine.
3445. Úbeda de los Cobos, Andrés.- Pensamiento artístico español del siglo XVIII.
De Antonio Palomino a Francisco de Goya.- Madrid, Museo Nacional del Prado,
Col. Universitaria, 2001.- 443 págs.- 21 x 15 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 3, 15, 39, 41, 46, 51, 104, 105, 156, 157, 160-161,
162, 240, 249, 257, 262, 288 il., 301, 317, 322-323, 332-333, 342, 343, 344,
345, 346, 349, 357, 362, 363, 366, 371, 373-379, 380, 401, 404, 405-415, 421,
437.
3446. Umbral, Francisco.- «Jota de Jovellanos».- Madrid, El Mundo, 9 de abril,
1997.- Última página.
3447. Uría Macua, Juan.- (Vid. 3448).
3448. Uría Riu, Juan.- El Reino de Asturias y otros estudios altomedievales. Ed. preparada por Juan Uría Macua. Pról. de Luis Suárez Fernán­dez. Int. de Juan
Ignacio Ruiz de la Peña.- Oviedo, Universidad de Oviedo, KRK Ed., 2005.LXXVIII + 1106 págs.- 17 x 12 cm.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
321
Sobre Jovellanos vid. págs. XXII, 22, 26, 34, 49, 83, 105, 129, 344, 528,
530-531, 561, 564, 569, 593, 609, 655, 658, 660, 662, 665, 675, 680-681, 691,
698, 700, 705706, 711, 753, 815, 904, 948, 1031.
3449. Urzainqui, Inmaculada.- «Dos hombres para un «Diario»: Jovellanos y
Lasaúca. Un caso atípico de escritura autobiográfica». En Un «hombre de
bien». Saggi di lingue e letterature iberiche in onore di Rinaldo Froldi.- A cura di
Patrizia Garelli e Giovanni Marchetti, vol. I.- Alessandria, Edizioni dell’Orso,
2004.- Págs. 643-665.
3450. Vallés, M. Elena.- (Vid. 3313).
3451. Varela Suanzes-Carpegna, Joaquín.- Asturianos en la política espa­ñola. Pensamiento y acción.- Oviedo, KRK ediciones, 2006.- 558 págs., il.
Sobre Jovellanos vid. págs. 17, 18, 20, 29, 34, 36, 41, 45, 48, 54, 55, 72, 85, 86,
90, 102, 176, 200, 203, 204, 221, 223, 227, 229, 236, 294, 320, 342, 344, 345,
345, 352, 354, 360, 390, 393, 400, 401, 406, 407, 415, 515.
3452. Vigil Álvarez, Fausto.- (Vid. 3370).
3453. – «Jovellanos y Siero». En La minería en Siero.- Oviedo, BIDEA, VIII, 22,
1954.- Págs. 239-241.- 24 x 17 cm.
3454. Vv. Aa.- Los Poetas. Antología de poetas asturianos. Pról. de Pachín de Melás.
Portada e ilustraciones de Germán Horacio.- Madrid, Imp. de Sordomudos,
57, 1929.- 78 págs.-17 x 12 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 2, 6, 7, 8, 9, 11-25.
3455. Vv. Aa.- Actas del Congreso Internacional sobre «Carlos III y la Ilus­tración».- I.El Rey y la Monarquía. II.- Economía y Sociedad y III.- Educación y Pensamiento.Madrid, Ministerio de Cultura, Actas del Congreso Internacional sobre
«Carlos III y la Ilustración» 3 tt., 1989.- T. I, 649 págs.; II, 573 págs. y III, 502
págs.- 21,5 x 15 cm.
Las actas de este Congreso se han recogido en 3 tt.
Sobre Jovellanos contienen:
 Caso González, José Miguel.- «Alabanza y crítica en los elogios de Carlos III».- T. I, págs. 323-347.
 Bonet Correa, Antonio.- «Agustín de Betancourt, Gaspar Mel­chor de
Jovellanos y la minería de Asturias en la época de la Ilus­tración».- T. II,
págs. 357-362.
322
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
Además, vid.:
T. I, «El Rey y la Monarquía», págs. 109, 204, 362, 600 y n.
T. II, «Economía y Sociedad», págs. 25 y n, 26, 40, 43, 44, 56, 57n, 66, 67, 68,
71, 77n, 79 y n, 80 y n, 124, 125 y n., 126, 127 y n, 128n, 149n, 201n, 286,
477n, 558, 560.
T. III, «Educación y Pensamiento», págs. 1, 5, 6, 12, 13, 16, 18, 19, 20, 22, 30,
81n, 139, 145, 146 y n, 147 y n, 150, 268 y n, 412, 413n, 435, 463.
3456. Vv. Aa.- Bellver 1300 - 2000. 700 anys del castell. Cicle de conferèn­cies.- Palma,
Ajuntament de Palma, 2001.- 88 págs.- 27 x 18,5 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 35, 36, 44, 56-57, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 83,
85, 88.
3457. Vv. Aa.- (G. M. Xovellanos, Xosé Sampil & Miguel Martínez Marina).- Tres cartes del s. XIX (1803-1805-1811).- Uviéu, Academia de la Llingua Asturiana.
Cartafueyos de Lliteratura Escaecida, 88, 2005.- 26 págs.- 21 x 15 cm.
3458. Vv. Aa.- La obra pública municipal en Gijón (1782-2006).- Gijón, Ayuntamiento de Gijón, 2006.- 494 págs.
Sobre Jovellanos vid. págs. 31, 42, 43, 53, 97, 94, 272, 273.
3459. Vv. Aa.- Boletín Jovellanista.- Gijón, Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, VI, 6, 2006.- 486 págs. il.- 23,5 x 17 cm.
Contiene:
 Díez Morrás, F. Javier.- «Jovellanos y las élites locales. El caso de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada», págs. 17-39.
 Fernández Campo, Sabino.- «Asturias y España en el pensa­miento de
Jovellanos», págs. 41-52.
 Fernández García, Joaquín | Rodrigo Fernández Alonso.- «Ciencia y
política en la España de la Ilustración (la aportación de Jovellanos)», pág.
53-90.
 Gagliardi, Ricardo Guillermo.- «Patria y libertad en Jovellanos y Domingo F. Sarmiento», págs. 91-112.
 Gracia Menéndez, Ángela.- «La Instrucción para la formación de un diccionario bable de Gaspar de Jovellanos dentro de la his­toriografía de la
variación lingüística peninsular», págs. 113-127.
 Menéndez Menéndez, Aurelio | Francisco Rodríguez Menén­dez.- «Jovellanos y la Universidad», págs. 129-164.
Bibliografía jovellanista – Orlando Moratinos Otero
323
 Martínez, Elviro.- «La manzana y la sidra en la obra de Jovella­nos», págs.
165-169.
 Bejarano Galdino, Emilio.- «Jovellanos en Mallorca, impulsor de la
nueva mentalidad europea», págs. 171-183.
 Moratinos Otero, Orlando.- «Bibliografía Jovellanista», págs. 185-219.
 Fernández Mieres, José Gonzalo.- «Un bravo por Jovellanos», págs.
223-233.
 Sánchez Corredera, Silverio.- «Jovellanos y la religión. El pro­blema religioso en Jovellanos», págs. 235-260.
 Caso, Ángeles.- «Retrato de un padre especial», págs. 267-270.
 Gea, J. Carlos.- «Memoria de un maestro ilustrado», págs. 271-274.
 Carantoña Álvarez, Francisco.- «Carantoña y el pensamiento de Jovellanos», págs. 277-283.
 Fernández Felgueroso, Paz.- «Notas sobre Carantoña», págs. 281.
 Alonso, Cuca.- «Brillante aniversario», págs. 287-289.
 Álvarez Areces, Vicente.- «Actualidad del pensamiento de Jovella­nos»,
págs. 293-308.
 Gea, J.C.- «Luna resalta el peso de la Ilustración asturiana en el reformismo agrario hispano», págs. 313-316.
 González Delgado, José.- «Presentación de la edición facsímil del ‘Informe en el Expediente de la Ley Agraria’», págs. 321-325.
 Guzmán Sancho, Agustín.- «Francisco de Paula Jovellanos, último alférez mayor de Gijón», págs. 329-361.
 Presedo, A.- «La ‘Jovellana’ llega a Gijón», págs. 367-370.
 Montes, E.- «A la espera de la flor violácea», págs. 371-372.
 Barrero, Miguel.- «Silverio Sánchez Corredera, filósofo», págs. 375-377.
3460. Vv. Aa.- Gaspar Melchor de Jovellanos. La comedia lacrimosa espa­ñola. Ed. de
Fernando Doménech Rico.- Madrid, Fundamentos, Biblioteca temática
RESAD, 2006.- 287 págs.- 21 cm.
Contiene: El delincuente honrado.
3461. Vv. Aa. - Luis Adaro Ruiz. Recuerdo.- Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de
Gijón y Adaro Tecnología, 2007.- 80 págs.- 22 x 22 cm.
3462. Yanes Cabrera, Cristina.- «Antecedentes de una educación para la tolerancia en la Historia de la Educación española a través de algunos de los educadores más representativos».- Madrid, Revista Iberoameri­cana de Educación,
vol. 39, 4, OEI, 2006.
324
Cuadernos de investigación. núm. 1 – año 2007
http://www.rieoei.org/1427.htm
La autora hace un recorrido por la historia de la educación hasta que, finalmente
recoge dos grandes aportaciones de los siglos XVII y XVIII españoles, las de
Baltasar Gracián y de Jovellanos, fieles reflejos de sus correspondientes sociedades y de la evolución que en aquellos siglos experimentó el concepto y significado de tolerancia.
3463. Yépez Piedra, Daniel.- España en el espejo: La Revolución política y la guerra de
1808-1814 en las fuentes británicas.- Trabajo de investi­gación realizado por – y
dirigido por el profesor Esteban Canales Gili. En Rev. HMiC (Historia Moderna y Contemporánea). Programa de doctorado d’Història comparada, social, política i cultural. Depar­tament d’Història Moderna i Contemporània.
Universitat Autònoma de Barcelona. Febrero/Junio 2006.- 153 págs.
[http://seneca.uab.es/hmic/recerca/Imagen%20revolucion%20politica.pdf]
Sobre Jovellanos vid. págs. 23, 37, 38, 39, 40, 53, 54, 60, 69, 70-77.
Artículos y citas en diccionarios y enciclopedias
(Por orden cronológico)
3464. González Herrán, José Manuel / Ermitas Penas Varela.- Cronología de la
Literatura española. Siglos XVIII y XIX.- Madrid, Cátedra, Crítica y estudios
literarios, 1992.- 1051 págs.- 25 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 107-111.
3465. Muñoz Marquina, Francisco.- Bibliografía fundamental sobre la lite­ratura española
(Fuentes para su estudio).- Madrid, Ed. Castalia, 2003.- 745 págs.- 24 x 17 cm.
Sobre Jovellanos vid. págs. 224, 225, 228, 229, 230, 233, 236, 238, 242-244,
250, 251, 273, 346.
3466. Vv. Aa., Fernando García de Cortázar. (Dir.).- La historia en su lugar. Nueva
historia de España.- Barcelona, Ed. Planeta, 2003.- Col. 10 vol.- 32 cm.
Sobre Jovellanos vid. v. 2, pág. 397; v. 3, pág. 369; v. 4, pág. 80; v. 5, págs. 310,
311, 312, 350, 386; v. 6, págs. 303, 304; v. 7, págs. 136, 136, 145, 146, 209,
365; v. 8, págs. 17, 21, 22, 24, 24, 33, 172, 250, 258, 270; v. 9, págs. 89, 90, 144;
v. 10, págs. 159, 187, 187, 189-190, 192, 192.
IV
Textos
1
1 Esta sección de «Textos» pretende ofrecer al lector breves aportaciones poco conocidas tanto de
Jovellanos como de otros ilustrados; tendrían una atención preferencial aquellos textos de ilustrados asturianos que por distintas razones hayan sido poco divulgados o incluso estén aún inéditos. Es una sección que pudiéramos llamar de «crítica textual» por lo que han de reunir los requisitos indispensables
que tiene esta parte de la crítica.
Plan de mejoras propuesto
al Ayuntamiento de Gijón
Edición, introducción y notas de
Teresa Caso Machicado
Introducción
No puede leerse este Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón, escrito por
Jovellanos en 1782, sin apreciar el valor que don Gaspar le daba al definitivo e imprescindible arreglo y ornamentación de su ciudad; sin atender, sobre todo, a su gusto por las
plantaciones de árboles, entonces inexistentes en la villa; sin comprender cómo quiere
que Gijón se convierta, definitivamente, en una ciudad moderna y ejemplar. Los árboles
son para él un elemento indispensable, pues, como asegura, contribuyen no sólo a la
hermosura sino también a la riqueza, a la abundancia de leña y madera de construcción,
a refrescar el ambiente y a transmitir a los visitantes la imagen de una ciudad limpia y
ordenada. «Este es el modo de pensar −concluye afirmando− de todas las personas de
buen gusto».
Sus propuestas incluyen, además, la desecación de las marismas, la construcción de
un muro para contener las arenas de la playa, que constantemente inundaban la villa y
hacían muy incómoda la vida en ella, la urbanización del actual barrio del Arenal, el
empedrado y saneamiento, el trazado de paseos y la construcción de fuentes públicas.
Aprovechando su viaje a Asturias a principios de la primavera de aquel año de
1782, Jovellanos redactó este escrito dirigido a la corporación municipal gijonesa. En
la carta de remisión que lo acompaña afirma su deseo de que se lleve adelante el plan
propuesto en el que les recomienda su patria y sus ideas1. El documento es, en palabras de Javier González Santos, «un prontuario de urbanismo y policía urbana para
una villa en expansión y que iba a convertirse en cabecera de una de las carreteras que
1 Vid. Gaspar Melchor de Jovellanos, Obras completas. Ed. crítica, introducción y notas de José
Miguel Caso González, Oviedo, Centro de Estudios del Siglo XVIII-Ilustre Ayuntamiento de Gijón, 1985,
tomo II, pág. 230, carta n.º 128. Durante más de dos años, Jovellanos se mantuvo atento y preocupado por
la marcha de los trabajos, como lo demuestra la correspondencia con distintos corresponsales gijoneses.
328
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
comunicaban la periferia peninsular con la capital del reino y en cuyo puerto, recientemente habilitado para el comercio ultramarino, se esperaba un gran tráfico»2.
Jovellanos regresaba a Gijón convertido en un importante personaje del mundo social y cultural de la Corte. Nombrado consejero de Órdenes desde 1780, era tertuliano
habitual en casa del Conde de Campomanes y formaba parte de la comisión establecida
para la creación del Banco de San Carlos. Era, además, socio de la Sociedad Económica
Matritense y miembro de la Academia de la Historia, de la de San Fernando, de la de la
Lengua y de la de Cánones.
Aprovechó bien su corta estancia en el Principado, pues, además de pronunciar un
discurso en la Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias, Sobre la necesidad
de cultivar en el Principado el estudio de las Ciencias Naturales, leído el 6 de mayo, recorrió Asturias extendiendo sobre ella, como en otras ocasiones, su mirada crítica y analítica, y aportando soluciones a algunos de los problemas seculares del campo y de la
incipiente industria.
Años más tarde, en 1804, al escribir los Apuntamientos para el Diccionario Geográfico-Histórico de Asturias, Jovellanos deja constancia de algunas de las obras que se
acometieron después de propuesto este Plan. Sus ideas sirvieron para iniciar un cambio radical en la urbanización y el futuro de Gijón.
PLAN GENERAL DE MEJORAS PROPUESTO
AL AYUNTAMIENTO DE GIJÓN3
Gijón, 30 de agosto de 1782
Don Gaspar Melchor de Jovellanos, del Consejo de S.M. en el Real de las Órdenes,
caballero de la de Alcántara, natural de esta villa y actual residente en ella4, con la deJavier González SANTOS, Jovellanos. Aficionado y coleccionista, Caja de Asturias-Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular. Ayuntamiento de Gijón, Gijón, 1994, pág. 45.
3 Este Plan de mejoras fue editado por Juan Junquera Huergo en Archivo general de Gijón o colección de
documentos para la historia, estadística y topografía de la villa y concejo de Gijón, sacados de varios archivos y
anotados, Gijón, V. González, 1851, y reeditado por Estanislao Rendueles Llanos en Historia de la villa de
Gijón, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, Gijón, 1867, págs. 471-481. También en B.A.E., V,
págs. 69-74. He seguido el texto propuesto por Elena de Lorenzo y Álvaro Ruiz de la Peña en: Gaspar Melchor de Jovellanos, Obras completas, t. IX, Escritos asturianos. Ed. crítica, prólogo y notas de _______,
págs. 213-225, que tienen a la vista el acta de la sesión municipal del 4 de octubre de 1782 en la que se transcribe el texto y se aprueba (Archivo Municipal de Gijón, Fondo Histórico. Libro de Actas: 1782-1785, fols.
138v-148r). Según afirma Caso González (Obras completas, t. II, pág. 230), la edición de Junquera Huergo
procede del original, firmado por Jovellanos, que estaba entre los manuscritos del Instituto.
4 Jovellanos había llegado a Gijón en el mes de marzo y partió para Madrid el 19 de septiembre. Hacía
2 Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
329
bida atención a V.SS., representa, que habiendo venido con real permiso a residir por
algún tiempo en su casa paterna, tuvo la satisfacción de que por S.M. y señores del
Real Consejo de Castilla se le encargase concurrir a la Junta formada de su orden para
el arreglo de las providencias previas a la apertura de la nueva carretera de comunicación desde esta villa a la capital de Oviedo, y que se previniese a la misma Junta que
todas las que tomase fuesen de acuerdo mío5.
Este encargo dio, desde luego, al que representa, una oportuna ocasión de manifestar a
esta villa el ardor con que se interesa en su bien y felicidad, porque siendo el objeto de su
comisión uno de los que más pueden contribuir a uno y otro, era preciso que sus desvelos,
dirigidos al mejor desempeño de aquel encargo, cediesen en beneficio y utilidad de su patria. Por esto, desde su llegada a este país hasta el día, no cesó un instante de promover la
apertura de la citada carretera con el mayor calor y sin perdonar molestia ni fatiga, pudiendo
ofrecer una prueba de su misma actividad en la presteza con que se ha empezado a trabajar
en las dos primeras medias leguas desde Gijón y Oviedo, la mayor parte de las cuales estará
acabada para el próximo San Martín6.
Se hubiera contentado el que representa con manifestar por este medio su amor a
esta villa, si el ardiente deseo que tiene de concurrir a su felicidad no le hubiese inclinado a promover otros objetos en que no estriba menos la esperanza de conseguirla.
Por esto, tampoco ha dejado desde su arribo de discurrir y proponer diferentes
medios de aumentar la población, la industria y el comercio de esta villa, ni de mover
y persuadir a sus vecinos y naturales a que los abrazasen y emprendiesen, pudiendo
lisonjearse de que la mayor parte de ellos han merecido la aprobación y aun el aplauso
catorce años que no regresaba a su ciudad natal, concretamente desde que en 1767 visitó Asturias para
despedirse de su familia antes de tomar posesión de la Alcaldía del Crimen de la Audiencia de Sevilla.
5 El tramo Gijón-Oviedo de la carretera de Castilla fue delineado por el ingeniero José Palacio San
Martín. Jovellanos propuso para la dirección de la obra a Manuel Reguera González (1731-1798), académico de mérito de la Real de San Fernando desde 1780, y, según don Gaspar, «el mejor arquitecto que
tiene el Principado y sin disputa el que más sabe en materia de construir caminos».
6 Obsérvese que dice Jovellanos «trabajar en las dos primeras medias leguas entre Gijón y Oviedo»,
pues, efectivamente, las obras se iniciaron en los dos sentidos a la vez en el mes de julio. En los Apuntamientos sobre Gijón, escritos por el propio Jovellanos, leemos: «El camino construido es de 32.847 varas castellanas de largo y de 24 pies de ancho [27,456 km de longitud y 6,72 m de anchura de la calzada], con buenas
cubijas y guardarruedas, rampas e hijuelas de comunicación para las heredades de su orilla; tiene además
dos buenos puentes, muchas cantarillas y zanjas para recoger y dar paso a las aguas. Tiene tres graciosas
fuentes para comodidad de los que le atraviesan y sus ganados. Tiene sus mijeros de media en media legua,
paredones de defensa, petriles y, en fin, cuanto requiere la firmeza, comodidad y hermosura de tales obras.
El costo total de esta fue de dos millones y medio de reales» (Gaspar Melchor de Jovellanos, Gijón.
Apuntamientos para el Diccionario Geográfico-Histórico de Asturias. (1804), Estudio preliminar, edición y notas de Javier González Santos y Juaco López Álvarez, Museo Casa Natal de Jovellanos-Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular. Ayuntamiento de Gijón, 2001, pág. 72). La carretera de
Gijón a Oviedo se concluyó en 1788.
330
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
de muchas personas, igualmente interesadas que el suplicante en las ventajas y utilidad de Gijón.
Sin embargo, como la residencia del que representa en esta villa debe ser muy
corta7, y faltando de ella sería difícil que pudiese influir eficazmente en la ejecución de
sus desingnios, le ha parecido proponerlos a V. SS. con toda claridad y distinción para
que tomándolos en consideración resuelvan lo que fuere más conforme a sus prudentes máximas y al celo con que siempre han promovido el bien de esta villa.
Cuando un país cualquiera piensa en su mejoramiento, exigen la razón y el buen
orden que antes trate de remover los estorbos que se oponen a él, que de promover los
medios que puedan asegurarle. Nuestra villa, conducida por esta sabia máxima, trató
primero de separar los inconvenientes que se oponían a la franqueza y seguridad del
puerto y después de librar la parte oriental de la población de las ruinas que frecuentemente causaban las arenas traídas por el nordeste. El primer objeto se ha conseguido
casi enteramente con la construcción del nuevo muelle y limpia de su dársena, en que
se está trabajando8, y en el segundo se ha logrado una considerable ventaja con el paredón de San Lorenzo, que acaba de construirse9. Con todo, la experiencia ha manifestado ya que para el logro de este objeto son aún necesarias otras mayores y más seguras
precauciones.
En efecto, ni la villa está enteramente libre de las arenas, pues entran todavía por el
boquete que forma el extremo del paredón, ni la inmensa porción de ellas que se halla
amontonada dentro de la línea del mismo paredón y se mueve frecuentemente de una
En efecto, partía para Madrid apenas quince días después. El escrito fue leído por Tomás Menéndez Jove, Mayordomo de Propios y Arbitrios del Ayuntamiento, ya ausente Jovellanos, en la sesión municipal del 4 de octubre.
8 «… en el invierno de 1749, una tormenta (en que el mar invadió lo más interior de la villa) venció
y arruinó la cortina del antiguo cay (que miraba al oeste) y la dársena y inutilizó el puerto. En este conflicto, el Ayuntamiento clamó sin pérdida de tiempo al Gobierno por los auxilios necesarios para reparar
la ruina; (…) nombró a su alférez mayor, don Francisco Gregorio de Jovellanos (…) logró no sólo demostrar la necesidad y ventajas de la obra, sino también que, en vez de reparos, se franqueasen a la villa la
facultad y los medios necesarios para construir un muelle nuevo más capaz y seguro. Confióse la empresa
al sabio ingeniero don Tomás Odaly, y, bajo sus órdenes, al arquitecto del país, don Manuel Menéndez..
Se colocó la primera piedra y se empezaron los trabajos en 1751 (o 52) y, después de muchas y reñidas
disputas con la Diputación del Principado (siempre envidiosa y opuesta a ellos), después de muchos recursos y suspensiones y reformas, se dieron al fin por concluidas en 1789 ( Jovellanos, Apuntamientos,
pág. 67).
9 «… se edificó un paredón en línea curva y de más de 1.000 varas de extensión sobre la playa oriental para defender la población no sólo del mar, sino también de las arenas que, arrojadas por el nordeste,
se la iban tragando por aquella parte. Cuarto: en el relleno del interior de este paredón se sepultaron las
colinas de arena que había acumulado por allí el nordeste, y hoy se ven sobre el suelo que defendió de
ellas muchas casas y huertas nuevas que extienden y hermosean la población» ( Jovellanos, Apuntamientos, págs. 69-70).
7 Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
331
a otra parte, llevada ya por el vendaval y ya por el nordeste, deja de amenazar mucha
ruina a las casas y edificios inmediatos. Es, pues, indispensable buscar algún medio
más seguro de librar esta hermosa población de tan próximo y temible enemigo.
No lo es menos el mar por la misma parte oriental de la villa, que todavía no está
bien defendida de él especialmente en el paso indispensable y frecuente que va a la
iglesia, por lo cual parece necesario pensar también en algún medio de librar esta parte
de la población de los riesgos que la amenazan.
Por lo que toca a este último, no aparece otro remedio que el de reparar el antiguo
paredón desde la Peña de Santa Ana hasta donde hace frente a la capilla de los Valdeses,
y construir otro nuevo que arranque de este sitio hasta unir con el que acaba de hacerse
cercando enteramente el mar por toda la parte oriental de la actual población.
Pero para librar enteramente nuestro pueblo de las arenas, hay otro medio que sobre ser más sencillo, seguro y menos costoso, ofrece a la villa otras ventajas que bastarían por sí solas para hacerle adoptar.
Redúcese primeramente este medio a cercar la villa con una simple tapia o pared seca
que corra desde el extremo del nuevo paredón de San Lorenzo, por delante de la capilla
de Begoña, hasta unir con la puerta que se va a colocar en el extremo de la calle Corrida,
cuya defensa, aunque no fuese de grande elevación, libraría para siempre la mayor parte
de la villa de las arenas del nordeste10.
Hecha ya la cerca, quedaría dentro de ella un considerable espacio lleno por la mayor
parte de arenas sueltas amontonadas, de que sería preciso librar a la villa por otros medios y aunque para esto hay dos, a saber: que los carros del concejo saquen precisamente
estas arenas y los peones destinados a la limpia de la dársena hagan la misma faena en las
horas en que cesa su trabajo; como estos medios son demasiado lentos y no del todo
seguros, parece preciso recurrir a otro que no esté expuesto a iguales inconvenientes.
El que parece más acertado sería repartir todo este terreno en diferentes suertes y
porciones y adjudicarlo a las personas que quieran tomarlo bajo de un canon moderado a favor de los propios de la villa y sin más pensión que la de cerrarlo desde luego
10 En carta dirigida casi con seguridad a Tomás Menéndez Jove el 6 de noviembre, leemos: «El señor
conde [de Campomanes] aprueba el pensamiento de nuevo paredón y cerca, y es de sentir que el primero
se solicite en los mismos términos que el que se ha ejecutado hasta el frente de Begoña. A esto añado yo
que debemos pensar en que la cerca se haga de mampostería y por el mismo medio; a cuyo fin, cuando se
proponga la necesidad de hacer el paredón proyectado, valiéndose para ello de los materiales y peones que
sobran de la limpia de la dársena, se podrá añadir que, puesto que el otro paredón no libra todavía la población del riesgo de las arenas, es indispensable tirar desde él una cerca de piedra de tres varas de alto hasta
la nueva puerta de la villa, con lo cual quedará esta enteramente segura» (Jovellanos, Obras completas,
t. II, pág. 234). En el plano de Gijón realizado por Coello en 1870 se observa el trazado de lo que llama
«Fortificación proyectada y en construcción». Arranca desde el final del paredón de la playa, sigue aproximadamente la actual calle de Capua hasta llegar a la que se conoce todavía con el nombre de carretera de
la costa, y desde allí hasta la Puerta de la Villa, en zigzag, se adaptaba al trazado de esta carretera.
332
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
de piedra seca, con facultad de destinarlo a huertas, prados, edificios o lo que tuvieren
por más conveniente, con tal que guardasen siempre la forma y orden de las líneas que
deberían tirarse y estacarse antes del repartimiento11.
Aunque habría mucha diferencia en la calidad de las suertes repartidas por este
método, pues las unas estarían libres de arena y las otras contendrían grandes montones de ella, no por eso debería ser diverso el canon señalado a sus poseedores, sino
que, para compensar el mayor dispendio de los que tomasen las últimas, se los podría
dispensar de toda contribución por seis, diez o quince años, de forma que pasados
estos plazos el canon fuese igual en todos, sin más diferencia que la que fuese respectiva a la extensión de las suertes.
Este repartimiento de suertes y delineación del terreno debería hacerse de manera
que no sólo contribuyese a conservar, sino también a mejorar la forma actual del pueblo. A este fin, la primera línea deberá seguir rectamente desde el frente de la casa de
Rectoría y huerta de don Antonio Rocandio, hasta tocar en la cerca proyectada; la segunda y tercera, desde la esquina de las casas que viven don Juan García Jovellanos y
don Juan Bautista González, hasta la misma cerca y las restantes, en continuación de
las calles que median entre la de San Bernardo y la Corrida, de forma que todas se
extendiesen hasta la cerca, sin desvío alguno de la debida rectitud.
Puede ser que nos engañen las esperanzas que hemos concebido de los aumentos
de esta villa, pero si por casualidad se verificasen, en población no podría extenderse
por otra parte que por la de que estamos hablando. Entonces, qué magnificencia no
resultaría a la villa de esta porción de largas y derechas calles, llenas de buenos edificios. Y mientras llega o no este dichoso día, ¿cuánto se ganaría en ver todo este espacio
lleno de prados y huertas y libre ya de la molestia y riesgos que causaban las arenas?
Pero volvamos a nuestra idea.
11 «Los que conocieron el antiguo Gijón saben que a la salida de él había una gran porción de terreno lagunoso cubierto en el invierno de dos a tres pies de agua, que menguaba pero jamás desaparecía
del todo, ni aun en los estíos más secos. Provenía esta estagnación de que, levantado por las arenas el
suelo de las playas de este y oeste, aquel terreno que tenía al norte la montaña, en cuya falda está la villa,
y al sur, las alturas que corren desde Deva al cabo de Torres, las aguas no hallaban salida y se derramaban
y detenían en toda la llanura que rodea la villa por el mediodía. […] Hallóle así el capitán de navío don
Francisco de Paula Jovellanos cuando, retirado del Real Servicio en 1784, volvió a cuidar del pequeño
mayorazgo que heredara por muerte de su padre […] trató también de poner en cultivo aquella hermosa
porción de terreno que el desagüe del Homedal dejara libre. Ayudado en esto por su hermano que estaba
en Madrid, obtuvo para la villa la facultad de cerrarle y repartirle entre vecinos pobres bajo un canon
moderado. Dividióle en varias suertes, las hizo cercar de piedra, formalizó el repartimiento y en lo que
antes era un hediondo e insalubre lagunal, se ven hoy gran cantidad de prados y heredades en que compiten la hermosura y el provecho. La villa gastó en estas obras al pie de 80.000 reales pero también aumentó sus propios con una renta anual y perpetua que se acerca al 5 por 100 del capital que empleó».
( Jovellanos, Apuntamientos sobre Gijón, pág. 74).
Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
333
Hecha esta división quedaría aún una gran porción de terreno descubierto desde la
primera línea que señalamos a la orilla del paredón y parece que convendría formar en
ella otra buena calle colocando una acera de casas frente a las huertas o edificios que
corriesen desde la espalda de la de don Antonio Rocandio hasta la nueva cerca. Pero
esta calle, a diferencia de las demás, debería ser enteramente cerrada y sin salida a la
parte del paredón para que las arenas no tuviesen entrada alguna en ella y los edificios
de aquella parte abrigasen el resto de la población de los nordestes.
Todas las demás nuevas calles deberían cortarse por otras que corriesen de oriente
a poniente en debidas distancias y en el centro de ellas se podría señalar una nueva
plaza, respecto de que la actual, sobre ser muy reducida para tanta población, quedaría
a mucha distancia de los extremos de ella. Para este fin, ningún sitio sería más oportuno que el medio de la gran calle que debe señalarse en continuación de la de San
Bernardo, de forma que, pasados los dos últimos edificios que hoy existen en ella, se
encontrase luego la plaza, cuya situación quedaría entonces a igual distancia de los
extremos de la villa.
No es posible pensar en una buena plaza para Gijón sin que se ofrezca a la imaginación el deseo de poner en ella uno de aquellos adornos que al mismo tiempo que
contribuyese a hermosearla perpetuaría la memoria de un héroe a cuyas virtudes deben la mayor veneración y un eterno reconocimiento no sólo esta villa, sino también
toda la monarquía de España. Hablo de una estatua de Don Pelayo, monumento que
todavía no debió aquel rey a la nación que redimió de la esclavitud y que acaso no
tendrá jamás si la gratitud de los asturianos no se lo consagra12.
Lo que dejo expuesto hasta aquí es respectivo a seguridad, extensión y adorno interior
de la población; pero todavía resta que proponer por lo que toca a su adorno exterior.
En este adorno será muy conveniente conciliar en cuanto sea posible la utilidad con
la hermosura. Con esta idea debería pensar la villa, ante todas cosas, en plantar de pinos todo el arenal que se extiende desde el extremo del nuevo paredón y fuera de la
cerca proyectada, hasta San Nicolás, y desde la orilla del mar hasta las caserías de Ciares. Este pensamiento es de más fácil ejecución que parece a primera vista, y una vez
logrado produciría a la villa ventajas increíbles. Lo primero, porque en este espacio
podrían criarse un millón de pinos que harían un excelente propio para la villa. Lo
segundo, porque estorbarían el curso libre de las arenas, librando del riesgo que ameMás de un siglo después, el 5 de agosto de 1891, se inauguraba en Gijón, en la Plaza del Marqués,
la estatua de Pelayo, obra del escultor José María López Rodríguez (Ribadeo, 1844-Gijón, 1913), fundida en los talleres de la Sociedad Fábrica de Moreda y Gijón por el maestro fundidor Carlos García
Nosti. Una de las inscripciones que adornan el pedestal es, con ligeras variaciones, la propuesta por Jovellanos al final de este escrito y recuerda a don Gaspar como inspirador de ella: «Infans Pelagius / è gothorum sanguine regum/ Hispanicae libertatis, religionisque restaurator./ Senatus Populusque Gegionensis/
Regali civi donum debere/ Inscriptio Gasparis de Jovellanos».
12 334
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
naza a todas las tierras y posesiones de los particulares que están sobre el mar. Lo tercero, porque fijarían y agramarían el suelo, proporcionando en los claros algún pasto
para los ganados comuneros. Y lo cuarto, porque hermosearían las avenidas y caminos
que vienen por aquella parte a la villa y darían a los que transitan por ellos un abrigo
contra las inclemencias del sol y de los vientos13.
Este pensamiento podría extenderse también al otro extremo de la villa que se halla
combatido del vendaval, pues aunque allí los arenales son más reducidos, todavía podrían admitir un número considerable de pinos desde el extremo del paredón de poniente hasta Natahoyo, y contribuiría del mismo modo a la hermosura y seguridad de
la villa.
El costo del plantío de estos pinares no podrá ser muy grande, respecto a que deben
ponerse de semilla, sembrándolos a granel en sus debidas estaciones. Al principio sólo
se debe aspirar a formar un bosque de ellos, pero una vez presos sería fácil entresacarlos, dejando sólo las plantas más robustas, tanto para que estas pudiesen crecer libremente cuanto para que su misma espesura no perjudicase al pasto ni al adorno y
seguridad de la población.
Estos plantíos serían de gran utilidad a la villa, pero hay otros que, aunque sólo
servirían a su adorno, merecen también ser promovidos con especial cuidado. Hablo
de los árboles de puro recreo, que deben ponerse a la orilla de los paseos y caminos
para hermosearlos.
En esta parte lleva Gijón muchas ventajas a otros pueblos por la buena proporción
que tiene para lograr fácilmente estos plantíos. El terreno es de los más oportunos,
especialmente para tales y tales árboles, y su misma profundidad, extendida del uno al
otro mar y desde la villa a Contrueces, ofrece una situación la más ventajosa para hacer inmensos plantíos, que serían para la villa de una hermosura y aun de una utilidad
imponderable.
Me parece que por ahora sólo se deberá pensar en poner álamos blancos por ser
preferibles a otros por muchas razones: la primera, porque es árbol que se pone de
13 «… trató el Alférez Mayor de poblar estas avenidas de árboles. No se veía uno solo en las inmediaciones de la villa, ni se creía posible lograrlos, porque los fuertes y fríos nordestes que reinan allí en primavera los hielan y destruyen, como había sucedido en otras tentativas. Pero nada hay que no ceda a la
constancia. El comendador Jovellanos, combinando la calidad del suelo y clima con las plantas más a
propósito para lograrse en ellos y prefiriendo los chopos y paleras (especie de sauce de gran tamaño y
lozanía muy común en Asturias), y plantando y replantando, y defendiendo y batallando con todos los
obstáculos, logró por fin vencerlos. (…) y hoy no sólo se halla una hermosa alameda de más de un cuarto
de legua, orilla del camino real, sino otras dos casitas grandes a la parte de poniente, un gracioso paseíto,
a que por su forma se dio el nombre de La Estrella y además, diferentes calles y encrucijadas pobladas de
varios y hermosos árboles; pues que entre los ya citados se han logrado también algunos fresnos, abedules, omeros o alisos, espinera y aun también algunos chopos de Lombardía, sauces de Babilonia, acacias
y plátanos y otros extranjeros traídos de Aranjuez» ( Jovellanos, Apuntamientos, pág. 76).
Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
335
vara y sirve al mismo tiempo de vivero; la segunda, porque prende fácilmente y viene
más pronto que otros árboles, y la tercera, porque se logra plantado en los arenales lo
mismo que en los sitios húmedos y pantanosos14.
Los sitios en que deberían ponerse estos árboles son bien conocidos; sin embargo,
los señalaré, al menos para indicar el orden con que deberán adornarse. La plazuela
que se está construyendo fuera de la nueva Puerta de la Villa15 merece ser coronada de
dos filas de álamos y una de ellas deberá continuar por una y otra orilla de la nueva
carretera hasta la torre de Roces. Otras dos filas deberían ponerse en el paseo del Humedal, empezando desde las Figares y continuando hasta Contrueces. También deberán de coronarse de árboles las dos zanjas principales que atraviesan el Humedal desde
el monte hasta el mar, no tanto para adornarlas cuanto para esconderlas, pues suelen
ser poco agradables a la vista y aun al olfato. Las orillas de los prados y heredades del
público y particulares también podrían adornarse con árboles, y la villa debería dar el
primer ejemplo plantando las de los suyos y animando a los demás propietarios a que
hagan otro tanto.
A la parte del paredón de San Lorenzo pudieran también ponerse diferentes líneas
de árboles, pero principalmente una que lo guarneciese por toda su orilla y continuase
desde su extremo hasta la iglesia. Las demás podrían repartirse a cordel en el espacio
que quedaría desde la orilla del paredón hasta la nueva calle que debe formarse a espaldas de la de San Lorenzo.16
14 Como anotan E. de Lorenzo y A. Ruiz de la Peña (Obras completas, t. IX, pág. 221), «esta propuesta tendría sus frutos», pues el 5 de febrero de 1784 Juan García Jovellanos escribe a don Gaspar comunicándole que: «Llevo casi concluido el plantío de álamos en Santa Catalina, siguiendo el orden de la
Representación que usted ha dejado al Ayuntamiento, y va tan bien, que a nadie dejará de agradar» ( Jovellanos, Obras completas, t. II, pág. 276).
Esta plazuela, en realidad una glorieta, que se llamó Luneta del Infante, estaba situada en el lugar
que hoy ocupa la Plaza del Seis de Agosto. La primera piedra de la Puerta de la Villa la colocó el propio
Jovellanos el 18 de septiembre, antes de regresar a Madrid. Su diseño se debía a Manuel Reguera González. Fue derruida en noviembre de 1886.
16 En carta a su hermano Francisco de Paula escrita el 31 de enero de 1787, Jovellanos hace un encendido elogio de los sauces: «Si nuestros muchachos lo permitieran, ve aquí una bellísima idea: coronar
todo el nuevo paredón, desde la huesera por detrás y por el costado de la iglesia, siguiendo su línea, ángulo y vuelta, hasta donde acaba el de San Lorenzo. Llevándolos a una regular altura, y haciendo pender
sus ramas a la parte del mar, ¿qué espectáculo tan caprichoso y agradable no formarían a los que viesen el
pueblo de la parte de Somió o el cabo de San Lorenzo, y sobre todo desde el mar? La misma operación
pudiera repetirse, coronando el monto de Santa Catalina desde la casa de las piezas hasta la iglesia, y todo
el paredón de la Trinidad hasta Natahoyo. (…) Yo no puedo negar que estas imaginaciones me arrebatan; pero ellas son posibles, y acaso bastaría calentar la fantasía de dos docenas de patricios, para que
concurriendo a una al logro de esta idea, se verificase en todo o en parte. Entonces bien mereceríamos
que este árbol perpetuase nuestra memoria y nuestro nombre, haciéndole conocer por el sauce de Jovellanos». ( Jovellanos, Obras completas, t. II, págs. 331-334, n.º 207).
15 336
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
Ni deberá contentarse la villa con estos plantíos, puesto que tiene otros muchos
sitios donde pudiera poner también gran cantidad de árboles. Uno de ellos es el monte
de Santa Catalina, que pudiera coronarse con dos filas dobles que empezasen desde la
rampa que sube del muelle a la casa de las piezas, y, corriendo por toda la cuesta del
norte, bajasen hasta la iglesia parroquial, abrazando todo el pueblo, y además pudieran
ponerse otras dos filas formando un paseo desde la espalda del convento de las monjas17 hasta la misma capilla de Santa Catalina, y formando delante de ella una ancha y
hermosa plazuela.
Los que no están acostumbrados a semejantes adornos tendrán acaso por extravagantes mis ideas, pero yo les ruego que consideren que los árboles no sólo contribuyen a la
hermosura, sino también a la riqueza de los pueblos; que hacen abundar en ellos la leña
y madera de construcción; que los libran de las inclemencias del sol y de los vientos; que
purifican, templan y refrescan los aires destemplados del invierno y verano y, finalmente,
que dan una idea a quien los ve de que el orden y la buena policía reinan en los pueblos
donde abundan. Este es el modo de pensar de todas las personas de buen gusto y cuando
no estuviese confirmado con el ejemplo de todos los pueblos cultos de Europa, bastaría
para autorizarle la inclinación del Rey nuestro señor a los plantíos, pues puede asegurarse que desde que entró al gobierno de esta monarquía se han plantado de su orden
muchísimos millones de árboles para adorno de su Corte y Sitios Reales.
Otra especie de adorno está olvidada en nuestra villa, que debe ser también objeto
de su celo. Ningún pueblo del Principado ha logrado ver acabados en su recinto tantos
ni tan considerables edificios y, sin embargo, no se ve en todos ellos una sola inscripción que pueda testificar a la posteridad el tiempo en que se ejecutaron. Los monumentos que nos restan de la antigüedad prueban cuán cuidadosos fueron los romanos,
los griegos y aun nuestros primeros reyes de Asturias en conservar por este medio la
memoria de los sucesos y de las obras dignos de ella, y cuando esto no bastase para
movernos a su imitación, debería bastar la Real orden expedida en el año pasado de
1778, por la cual se manda que en cualquier obra pública que se ejecutare se levante
una pirámide y ponga en ella una inscripción que exprese el tiempo en que fue construida y el fondo de que fue costeada. Seríamos, pues, culpados de omisión si en nuestras obras públicas no se colocasen semejantes monumentos; con este objeto tengo el
honor de presentar a V.SS. las adjuntas cuatro inscripciones. La primera para la obra
del muelle, que se podrá colocar en la traviesa de la nueva dársena. La segunda para la
nueva puerta. La tercera para la fuente principal de la villa. Y la última para que esté
reservada por si algún día logra Gijón tener una estatua del ilustre héroe de la nación,
el buen rey Don Pelayo18.
17 18 O sea, el convento de Agustinas Recoletas, detrás de su casa.
Vid. supra, nota 12.
Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
337
Estas son las ideas que me ha sugerido el amor que profeso a mi amada patria y las
que deseo depositar en V.SS., que están destinados por la Providencia al gobierno de
ella. Gijón se halla hoy día en proporción de aumentar considerablemente su comercio
y su industria y, por consiguiente, su población. Ningún medio será más seguro para
conseguir uno y otro que el de atraer a sí las personas de caudal para que fijen aquí su
residencia, como harán seguramente cuando a las proporciones que le da su puerto,
que sobre ser el único habilitado para el comercio de América, es sin disputa el mejor
del Principado, se junten los atractivos que le añadirán las obras que dejo propuestas y
otras que aún pueden ejecutarse. Por fortuna no he formado yo unos proyectos aéreos
de difícil ejecución ni de un inmenso costo. Cuantos van indicados pueden verificarse
en pocos años si hay algo de celo y constancia en la ejecución de ellos. Estas dos prendas las espero yo de V.SS., porque, habiéndolas acreditado hasta ahora en otros objetos
de menos importancia, no podrán faltarles para los que dejo propuestos, que tanto
pueden contribuir a la pública felicidad. Sobre todo, yo tendré siempre el consuelo de
haberlos manifestado a V.SS., dando en esto a mi patria un testimonio de cuánto me
intereso en sus aumentos y de que no dejaré de contribuir a ellos, según mis facultades,
desde cualquiera destino en que me colocare la Providencia.
Nuestro Señor guarde a V.SS. muchos años, como deseo.
Gaspar Melchor de Jovellanos
INSCRIPCIONES CITADAS
Para la traviesa de la dársena
Regnante Ferdinando VI. Optimo Principe
Provincia Asturiensis oere propio
demolito vetere, novum portum extruxit,
Foeliciter imperante Carolo III P. P. ampliavit
perfectumque reddidit.
Anno D. M. DCCLXXXII.
Para la puerta nueva
Annuente Carolo III. P. P.
Provincia Asturiensis, tributo sibi imposita
338
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Textos
viam hanc, á mari ad ovetum aperuit
comercio, ac utilitati incolarum consulens.
D. M. DCCLXXXII.
Para la puerta principal
Senatus Gegionensis,
Populum in-opia aqua laboreantem
gravatis sicera, vinoque
patrio, celo
duplici fonte dittavit.
D. M. DCCLXX.
Para la estatua de D. Pelayo
Infans Pelagius
è gothorum samguine regum
Hispanicae libertatis, religionisque restauratos.
S. P. Q. G.
Regali civi donum dedit.
(…) ( cartas 98, 128, 131, 132, 136, 138, 139, 147, 148, 150, 151, 152, 153, 159,
160, 162, 164, 166, 179, 181, 183, 187, 190, 204, 207, 208, 219, 223, 226 y 232 (tomo
II de O.C.). Las obras fueron encomendadas al maestro de la villa, Emeterio Díaz,
muerto en 1799; también interviono, a partir de 1794, el brigadier Diego Cayón y
Presno, profesor de náutica, matemáticas y dibujo técnico en el Real Instituto. La
Puerta de la Villa, cuya primera piedra colocó Jovellanos el 18 de septiembre de 1782
antes de partir de nuevo para Madrid, se debía al arquitecto Manuel Reguera González. Este singular monumento urbano, uno de los más dignos legados arquitectónicos
que ennoblecieron la villa de Gijón, fue derruido en noviembre de 1886. (O.C., II,
cartas 148, 151 y 159)
«El tramo Gijón-Oviedo, delineado por el ingeniero José Palacio San Martín, fue el
primero en construirse. El inicio de los trabajo y la elección de un director de obras
Plan de mejoras propuesto al Ayuntamiento de Gijón – Teresa Caso Machicado
339
fueron los motivos que trajeron a Jovellanos a Asturias en la primavera de 1782. Este
propuso a Manuel Reguera González (1731-1798), académico de mérito de la Real
de San Fernando desde 1780, y, en palabras del consejero, «el mejor arquitecto que
tiene el Principado y sin disputa el que más sabe en materia de construir caminos».
(…) Entre 1771 y 1808 sólo se habían calzado 50 kilómetros, los comrpendido entre
Gijón y Santullano de Mieres. Habría que esperar todavía 1834 para que la carretera
de Pajares quedase definitivamente abierta al tránsito rodado».
Carta a Tomás Menéndez Jove?? del 19 de septiembre:
Mi estimado amigo y dueño: Son las cinco, y vamos a montar para Cornellana. Ahí
va ese testamento para que usted le haga ver en la villa. Lo que importa es que se nombren buenos albaceas. Le recomiendo a usted mi patria y mis ideas, y le ofrezco de
nuevo mi corazón y mi amistad, como su afectísimo. Jovellanos
Tomás Menéndez Jove era Mayordomo de Propios y Arbitrios del Ayuntamiento
de Gijón.
V
Recensiones y reseñas
La mirada sobre Asturias
de Hugh Thomas
1
Ignacio Gracia Noriega
D
esde hace algunos años, Hugh Thomas visita habitualmente Asturias, recorre sus
caminos, contempla las altas montañas, el mar embravecido, los verdes va­lles y
las viejas iglesias del tiempo de los antiguos reyes y, entre etapa y etapa, se detiene para
comer (procurando que sea en establecimientos en los que los aderezos no modifican
el sabor de las viandas) y para charlar con sus gentes. El ilustre historiador inglés tiene
muchos amigos en esta tie­rra. Y aunque yo, que le acompañé en muchos de sus recorridos, jamás le vi sa­car un bloc y una pluma para hacer anotaciones, es evidente que
fue registrando muchas de las cosas que veía, escuchaba y observaba. Su propósito de
escribir un libro de viajes no obedece a ningún tipo de improvisación: lo anuncia en
1999, en el epílogo a mi libro El viaje del Norte (un libro, por cierto, dedicado a los
viajes por Asturias de Laurent-Vital, Joseph Townsend, George Borrow y Jovellanos),
donde escribe: «Y pienso que algún día debo escribir los recuerdos de mis viajes por
Asturias. Seguramente in­cluiré, como lo hicieron Starkie y Borrow, una visita a Muros
del Nalón, pero, aunque por supuesto resaltaré la hospitalidad que recibí allí, también
recordaré que en el año 1934 «La Turquesa» descargó su mercancía letal en un lu­gar
cercano. Sin duda mencionaré una visita a Villaviciosa, pero no solo ten­dré en la memoria al Emperador, sino también a la agradable estatua de la chica sonriente con un
cesto de manzanas que está delante del encantador teatro. Probablemente iré a Grado,
pero nunca me olvidaré del asombroso discurso que allí pronunció, en el balcón del
ayuntamiento, Manuel Grossi, un líder del POUM en el que pronosticaba ­­–no, mejor
aún, prometía, también en 1934 la creación de un mundo totalmente nuevo. Un
mundo comunista perfecto».
Al cabo de siete años, el libro prometido es una realidad. Carta de Asturias (A setter
from Asturias), Editorial Gadir, Madrid, 2006, título que parece evocar al del libro del
Blanco White sobre Inglaterra, es un libro importante por diversos motivos. Es la pre1 Thomas, Hugh: Carta de Asturias, Madrid, Gadir Editorial, 2006, 266 págs.
344
Cuadernos de investigación. núm. 1 – Recensiones y reseñas
sentación como autor de asunto viajero de uno de los grandes historiadores de la
época moderna. Y por otra parte, es el primer libro de un escritor inglés de esa talla,
dedicado íntegramente a Asturias. Otros autores ingleses de épocas pasadas, como
Edgard Clarke, Richard Ford, Widdrington, Walter Starkie y, sobre todo, Joseph
Townsend y George Borrow, dedicaron a Asturias páginas imprescindibles, aunque
no de manera monográfica. Sagazmente, observa Ana Clara Guerrero en su trabajo
sobre Viajeros británicos en la España del siglo XVIII, que «sus recorridos por el norte
de España llevan en ocasiones a los viajeros a Cantabria y Asturias, zona que por su
similitud es destacada de manera muy especial por Townsend, que escribe: «La semejanza de Asturias con algunas partes de Inglaterra es sorprendente. El aspecto del
país es el mismo por su verdor, sus cierres, sus setos vivos, sus hileras de árboles y sus
bosques; llama la atención la misma mezcla de arboledas, de tierra de labor y de ricos
pastizales; la misma clase de árboles, de cosechas, de frutos y de rebaños. Uno y otro
país son excesivamente húmedos en invierno; sin embargo, esto mismo les proporciona un gran resarcimiento en verano, y los dos gozan de un clima templado, si bien,
en cuanto a humedad y calor, éstos se extreman algo más en Asturias». Thomas, que
generalmente la visita en verano, la ve con vagos rasgos tropicales, sobre todo en la
comarca oriental, en la que sin duda se interfieren sus recuerdos de Méjico. Pero Méjico, en Asturias, es un accidente, por fortuna cada vez más lejano.
Carta de Asturias, debemos insistir sobre ello, es un libro de viajes, de recuerdos, de
impresiones paisajísticas. Por ello, aunque lo firme un historiador muy distinguido, no
debe tomarse como una obra histórica: ésta sería la peor manera de leer la obra, y solo
puede conducir a que se le hagan reproches tan pintorescos como que cierto señor
conocidísimo en su pueblo no sea suficientemente conocido por el viajero como para
que escriba su nombre correctamente. Tales desvaríos encuentran su antecedente en
la malhumorada crítica que cierto arqueólogo cuyo nombre no recuerdo le hizo a Salambó, de Flaubert, porque en cierta minúscula descripción no se atenía a la ortodoxia
en materia de erudición cartaginesa. En consecuencia, vaya por delante que Carta de
Asturias es literatura antes que historia o, como le gusta afirmar a Gustavo Bueno, ¿qué
otra cosa que literatura y relato es la historia, desde Herodoto acá? Por lo demás, Hugh
Thomas no solo es un gran historiador, sino también un buen escritor, en cuyos trabajos más profesionales el rigor no es inconveniente para la amenidad. Su gran historia
de la conquista de Méjico posee el vigor y el colorismo de la obra clásica de Prescott
(el cual, aunque ciego, era tan cromático como Homero, también ciego, según se admite) y su trabajo sobre el 2 de mayo de 1808 es ante todo un ensayo, en el sentido que
le daba Montaigne. Carta de Asturias, repetimos, es libro de viajes, género que se
aproxima a la definición de novela dada por don Pío Baroja: un saco en el que cabe
todo. Esto es, se trata de una obra miscelánea. Tan miscelánea que incluso los que
identifican a Thomas con la historia de la guerra civil española de 1936-1939, pueden
La mirada sobre Asturias. Reseña a Hugh Thomas – Ignacio Noriega
345
encontrar en esta obra lo que buscan, aunque mejor sería que lo buscasen, por estar
tratado con mayor amplitud, en otras obras del mismo autor.
Sabido es que Asturias se divide en tres comarcas: la central, la occidental y la
oriental. Sobre esta diferenciación geográfica se articula el libro, que se divide en cuatro grandes apartados o «Libros»: el primero, sobre la Asturias del oeste, más allá del
Nalón hacia Galicia, con desviaciones a la cordillera Cantábrica, Oviedo, Gijón y Avilés; el tercero está dedicado a las cuencas mineras, a Villaviciosa, Ribadesella y Cangas
de Onís y el cuarto libro a la parte oriental y a sus conexiones con el Nuevo Mundo, y
en medio, un «libro segundo» a modo de «intermedio profesional» en el que Thomas, en ochenta y pico páginas, resume la historia de Asturias, desde los reyes de Cangas de Onis, Pravia y Oviedo, hasta la época presente. No faltan las referencias a la
revolución de octubre de 1934 y a la guerra civil, más amplias a la primera que a la
segunda, aunque Thomas reconoce, no en este libro pero sí en cartas particulares, que
prefiere ocuparse de los grandes hechos españoles del siglo XVI y del siglo XVIII, especialmente. Lo que resulta sensato.
En Carta de Asturias se encuentran consideraciones de todo tipo: sobre el prerrománico, sobre hoteles, sobre la lluvia, sobre la arquitectura rural, sobre los pantalones
vaqueros del alcalde de Cudillero… Paisaje y paisanaje se mezclan y confunden, y
entre la multitud de personajes, desde don Pelayo en Covadonga hasta un abogado de
Gijón que se parece a André Malraux, destaca la egregia, noble, civilizada figura de
Jovellanos. Como asegura Thomas: si esta Carta de Asturias, tan afectuosa y tan variada, tiene un protagonista, ése es Jovellanos, de quien afirma, entre otras muchas
cosas, y con muchísima razón, que «puede leerse como si se tratara de una especie de
Tocqueville español».
Jovellanos, visto por un filósofo
Pelayo Pérez García
E
scribir una reseña del libro de Silverio Sánchez Corredera sobre Jovellanos y el jovellanismo1 es una ardua tarea, no ya por la exhaustividad de la obra en cuestión,
de la cual da cuenta su extensión, ni tampoco por la dificultad inherente al tratamiento
filosófico, que implica una metodología propia y un cierto lenguaje técnico –justificado en función de la fertilidad y potencia buscadas–, sino porque va dirigida a quienes conocen ya bien a Jovellanos. La «dificultad» que se nos añade, es, pues, que esta
reseña esté pensada y escrita para ser publicada en los Cuadernos de investigación, revista que se convierte en un foro donde acuden especialistas en la obra y en la vida de
Gaspar Melchor de Jovellanos, y además no unos especialistas cualesquiera, sino entusiastas apasionados del ilustrado español.
No es menos cierto que afrontar un libro como el de Sánchez Corredera, y con él,
la obra y la vida de Jovellanos, exige rigor y seriedad en cualquier caso, como creo así
lo hice cuando escribí, hace dos años, un comentario crítico al respecto. Pero entonces
tenía a la vista el horizonte de un espacio filosófico que me guiaba a insistir en la metodología filosófico-académica, utilizada en la obra que comento, y al que respondía la
publicación donde ese escrito vi